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¿Cómo tomar decisiones que no lamentarás?

Gracia Violeta Ross

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graciavioleta@gmail.com

Decisiones y consecuencias
¿A quién tratas de agradar cuando tomas una decisión? ¿Qué principios o condiciones
analizas al tomar una decisión? ¿Tomas decisiones por la presión de los amigos, la moda
o tu pareja?
Nuestras vidas son un acumulado de decisiones, condiciones y la capacidad de
perseverar, levantarse y de seguir adelante, eso es el destino y así se llega a la meta.
Nuestro destino no está en el horóscopo, se hace en base a las decisiones que tomamos
y el contexto en el que vivimos.
No todos los contextos son ideales, algunas personas tienen estudios universitarios y
una familia sana y llena de amor, otras personas nacen en condiciones de pobreza
extrema, otros nacen con enfermedades y discapacidades físicas y mentales. Muchas
personas tienen familias que han sido dañadas por el alcohol, la violencia y el divorcio.
Inclusive cuando los contextos en los que vivimos no son ideales, nuestro destino y el
caminar hacia nuestra meta, depende mucho de las decisiones que tomamos. Desde la
dieta que adoptamos, el lugar donde vivimos, el tener relaciones sexuales, la ocupación
que elegimos, los amigos que escogemos, la fe a la cual nos adscribimos o no, todo ello
son decisiones con consecuencias, buenas y malas. De nuestras decisiones podemos
cosechar buenos frutos y bendiciones, alegrías y éxito pero también podemos acarrear
lágrimas, tristeza, dolor y enfermedad.
Hoy quiero contarles una parte de mi vida y de las decisiones que tomé y las
consecuencias que tuve que enfrentar.
Nací en una familia cristiana, en un hogar de amor, mi familia no fue afectada por el
divorcio o el alcoholismo. No era perfecta pero era una buena familia. Tuve la oportunidad
de estudiar la biblia y crecer dentro de una iglesia cristiana.
Cuando llegó la adolescencia y juventud, me encontré en situaciones donde debía tomar
decisiones, tenía las enseñanzas de la iglesia y los principios que mis padres trataron de
ensenarme. Dos decisiones importantes se presentaron ante mí.
Decidir tomar alcohol
Como muchas personas presentes en esta sala, una decisión importante en mi
adolescencia, fue la de tomar ALCOHOL. La forma en que esta decisión se presentó fue
realmente muy inocente. No estaba decidiendo ser alcohólica, simplemente debía decidir
si tomaría “unos tragos” con los amigos. Parecía algo muy normal y poco dañino, todos
los hacían. Pasar un rato en la plaza Israel en San Pedro donde vivía, tomando unos
tragos con los amigos, no era muy grave, no era ser alcohólica, así que lo hice.
Al comienzo tenía dudas. Decía a mis amigos, “soy cristiana y no voy a tomar, solamente
voy a acompañarles”. Esto no les gustaba. En inglés hay una frase popular que dice
“Misery likes company” (A la miseria le gusta la compañía); quiere decir que siempre te
buscarán para infringir la norma. Nadie quiere ser el único culpable. Este discurso de
“soy cristiana y no voy a tomar” duró muy poco. En algún momento uno de los amigos
me confrontó y dijo: “si no vas a tomar ¿para qué vienes?
Hoy en día, mirando retrospectivamente, lo que estaba detrás de aquella decisión de
tomar alcohol, era una necesidad de ser aceptada en un círculo social, de cumplir el rito
de pasaje para ser joven de acuerdo a lo que ese grupo pedía. Hoy me doy cuenta que
a mi realmente no me gustaba tomar solamente quería bailar pero como sigue
sucediendo ahora, generalmente donde hay baile, hay trago y el ambiente te forzará a
que tomes o te vayas ¿Es posible que te encuentres en situaciones similares? ¿Quizás
aceptas ser parte de un grupo, tomar, estar en peleas, probar drogas, ser parte de
pandillas, grupos, vestir de alguna manera, etc., todo por ser aceptado?
Mi decisión de tomar alcohol socialmente tuvo consecuencias. Una de ellas fue la de vivir
una experiencia de violación a mis diecinueve años. Una noche cuando regresaba a mi
casa, a pie, a las tres de la mañana, dos hombres me golpearon, me cargaron y me
llevaron a un callejón y allí los dos abusaron sexualmente de mí. Por el grado de ebriedad
que tenía, era imposible que me defienda, ni siquiera recuerdo el rostro de mis agresores.
No justifico el accionar de ellos, pero si no hubiera estado tan borracha, quizás no hubiera
evaluado tan levemente el riesgo de caminar a casa sola a esa hora. La violencia sexual
que sufrí fue algo injusto y no fue una decisión que tomé, pero estar en el lugar en el que
estaba y en las condiciones en las que estaban fueron consecuencias de la decisión de
tomar alcohol. El alcohol nubla tu capacidad de juzgar el peligro y tomar decisiones
adecuadas. ¿Te recuerda esto a alguna experiencia que has vivido estando totalmente
alcoholizado? Yo sí me arrepiento de haber tomado aquella noche y me arrepiento de
haber caminado a mi casa a esa hora; si pudiera retroceder el tiempo y cambiar aquella
noche, lo haría.
Decidir tener relaciones sexuales
Una decisión puede llevar a otra decisión y a otras consecuencias de forma progresiva y
acumulativa, formando un círculo vicioso o virtuoso. Para mí la segunda decisión clave
fue la de TENER RELACIONES SEXUALES, esta decisión vino encadenada a la primera
de consumir alcohol.
Si frecuentas un grupo de amigos constantemente, entre esas personas se desarrollarán
amistades y quizás relaciones de parejas. Yo tenía amigos que solamente tomaban. Que
yo recuerde, se juntaban solamente para tomar y a veces para jugar billar. Y yo iba con
ellos cada día después del colegio. Obviamente al pasar mucho tiempo con ellos, llamé
la atención de uno de ellos, el cual siendo mucho mayor que yo me pidió ser su chica,
acepté, estaba fascinada con su aparente intelecto. Resulta que era casado pero cuando
lo descubrí me sentía ya tan enamorada que no pude terminar la relación y seguí con él.
Él me pidió tener relaciones sexuales. Para mí eso era una gran decisión. En mi familia
me habían enseñado que las relaciones sexuales estaban reservadas para el matrimonio
y para el esposo.
Ignorando todo este contexto de enseñanzas y principios, basada en la rabia de la
experiencia de violación y en la demanda de ese hombre que era mi novio acepté tener
relaciones sexuales. Detrás de aquella decisión estaba mi necesidad de ser consolada
luego de la violación Yo me preguntaba “¿Alguien me amará con una experiencia de
violación?” Ahí estaba él, no era ideal, era más o menos un vago borrachín, además
casado y 10 años mayor que yo, pero estaba ahí ofreciendo aquello que yo necesitaba
(aceptación, cariño) y accedí a sus demandas.
Aunque sentía cariño por él, también sentía rabia, porque él no me había dicho que
estaba casado y cuando lo descubrí, dijo que se iba a divorciar. Pasaron los años y no
lo hizo, es más, tuvo dos hijos además de los dos que ya tenía. Por causa de esa rabia
yo decidí tener mi venganza, decidí no serle fiel ya que él estaba casado. Parecía algo
justo. Nuevamente decisiones con sus consecuencias.
El año 2000 cuando realizaba mis primeras investigaciones de campo en Caranavi, para
obtener mi Licenciatura en Antropología, una hormiga grande me picó en la mano
izquierda y aquella herida se infectó mucho, mi mano se hinchó. Fui a los médicos y
dieron el diagnóstico presuntivo de Leshmaniasis pero no hallaron al parásito en los
exámenes. Mi hermana mayor que era la única persona que sabía de la violación, sugirió
un examen de VIH y éste salió positivo dos veces.
¿Estamos hablando de VIH, el virus que causa el SIDA? Justamente ese era el examen
que recibí el 19 de mayo de 2000. Entonces no habían medicamentos, no había una ley
del VIH, todos morían a la edad de 35 años máximo.
Decidir VIHVIR
Cuando recibí mi diagnóstico de VIH a los 21 años, considerando el contexto y las
opciones disponibles y quizás, habiendo aprendido algo de mis decisiones pasadas,
tomé otro tipo de decisión. Me arrodillé y pedí perdón a Dios por no haber cuidado bien
el cuerpo que ÉL me dio y dejé mi vida en SUS manos, ya que pensaba que iba a morir
muy pronto.
Esta fue una BUENA DECISIÓN. Dios arregló las cosas, transformó aquella historia de
dolor y violación y me ayudó a hacer de esa tragedia una historia de esperanza. Dios me
inspiró a estudiar el VIH en otros países. Me hizo recordar las capacidades de liderazgo
que me había dado en la niñez, me hizo recordar que sabía hablar inglés y que tenía
estudios universitarios, me recordó su amor que fue una bálsamo a través de mi familia.
Decidí contarles a mis padres todo lo que había pasado en una carta y si me aceptaban
luego de haber fallado tanto, decidiría vivir pero si me rechazaban, me iba a dejar morir.
Mis padres y toda mi familia dijeron que me amaban y que no había nada que explicar,
que estarían conmigo todo el tiempo que viva y entonces DECIDÍ VIVIR.
Informé a mis amigos del barrio con los que tomaba alcohol acera de mi diagnóstico de
VIH y dejé de reunirme con ellos. Decidí no tomar alcohol nunca más. Con los nuevos
amigos con VIH que conocí, fundé la Red Nacional de Personas con VIH. El año 2002,
cincuenta y dos personas que vivimos con VIH llevamos al Estado Boliviano a un juicio
ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pedimos medicamentos como
medida preventiva para no morir. Ganamos la demanda y el Estado Boliviano se vio
obligado a entregar los medicamentos de forma gratuita. Luego hicimos la Ley del VIH y
se aprobó en 2010.
Desde el año 2005, cada noche decido tomar los medicamentos para el VIH. No son
medicamentos fáciles, me dan gastritis, dolor de cabeza, de riñones, dañan mis huesos
progresivamente pero controlan la reproducción del VIH. Mi vida no es fácil, aún enfrento
muchas dificultades, vivo en un ambiente de estigma y discriminación, a veces estoy
enferma pero soy una de las siete personas que sobreviven desde el 2002 cuando los
cincuenta y dos firmantes enviamos la demanda internacional por los medicamentos.
Cada día me levanto con la decisión de vivir y vivir bien y vivir feliz. Muchos de mis
compañeros murieron muy jóvenes, he enterrado a muchas personas, he visto muchos
funerales, he estado en hospitales acompañado a muchos enfermos y moribundos. He
sobrevivido a un noviazgo con un hombre violento y adicto que amenazó con matarme.
He sido etiquetada por las personas como “la que tiene SIDA”, algunas personas han
cuestionado mi moralidad sexual por el hecho de vivir con el VIH. Me he sentido sola, me
ha costado y aún me cuesta conseguir un trabajo con una institución sin prejuicios sobre
el VIH. Muchas potenciales parejas y amigos se han alejado de mí por causa del VIH,
también algunos familiares. Aun así cada día me levanto con la decisión de vivir y cada
noche me acuesto habiendo tomado el medicamento; es de esta manera que he logrado
vivir diez y nueve años con el VIH.
¿Qué decisión debes tomar hoy?
A tu edad hay decisiones que tienes que tomar, algunas tendrán consecuencias
irreversibles. Otras decisiones tienen consecuencias temporales. Tu familia y Dios
podrán perdonar tus malas decisiones pero cuando sea la hora de enfrentar las
consecuencias, es probable que estés solo.
Aquellas personas que te instan a pelear, no irán contigo a la PTJ. Aquel chico que jura
que te ama, no vivirá contigo el embarazo. Aquella pareja que te pide sexo como prueba
de amor, no estará contigo si tienes una de las treinta y tantas infecciones de transmisión
sexual.
Aquí hay cuatro preguntas que pueden ayudarte a evaluar una decisión:
1. ¿Esta decisión contribuye o no al logro de mi meta?
2. ¿Cuáles podrían ser los resultados positivos o las consecuencias no deseadas de
esta decisión?
3. ¿En qué contexto estoy tomando esta decisión? (Esta pregunta te ayuda a
analizar las oportunidades que tienes)
4. ¿Cuál es la coherencia de esta decisión con mis principios?
Si tú no tomas una decisión, alguien más lo hará por ti, mejor que seas tú mismo quien
tome tus decisiones.
Las personas nacemos con capacidades, dones y talentos diferentes. Algunos tienen
mucho y algunos poco, algunos tienen buenas familias y seguridad financiera, otros no.
Pero si despertaste esta mañana, TIENES EL DÍA DE HOY y este día está en tus manos,
este día hay decisiones que tienes que tomar. Por favor considera las consecuencias,
toma decisiones que no vas a lamentar, toma decisiones que te permitan cosechar vida,
alegría, amor, paz y seguridad.

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