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Didáctica III 1

Emilio Cuello

2do Parcial de Didáctica III

Emilio Cuello – 4to B


Didáctica III 2
Emilio Cuello

1. Relevancia y pertinencia del uso de películas en el aula de Filosofía

Uno de los obstáculos epistemológicos que más dificultan la enseñanza-aprendizaje de la Filosofía es


la apatía de los estudiantes frente a los problemas filosóficos. El interés por el pensamiento de los
filósofos depende de la significatividad de los problemas que afrontan. No es posible que alguien
cualquiera simpatice con Kant, Descartes o Platón, si ese alguien no se siente afectado por los
problemas que ocuparon a estos pensadores. En definitiva, ¿cómo es posible ingresar a la Filosofía si
no nos sentimos conmovidos, movilizados, por las incógnitas y las hipótesis que la constituyen?,
iniciarse en Filosofía exige no solo del pensar (logos) sino además del sentir (pathos). La cuestión de
fondo es cómo se vincula el individuo con la Filosofía, qué dimensiones están en juego: ¿la relación
del sujeto con la Filosofía es estrictamente intelectual?, ¿la dimensión afectiva no interviene (o peor
aún, obstaculiza) el vínculo con la Filosofía? Esta es la cuestión que Julio Cabrera desarrolla en Cine:
100 años de filosofía para fundamentar la pertinencia del cine en la enseñanza-aprendizaje de la
Filosofía.

Se asume con escasa resistencia la pertinencia de la afectividad en lo se dio en llamar origen la de


filosofía (tanto el asombro como las situaciones límite, son estados de ánimo típicamente iniciáticos a
la Filosofía), pero no es tan frecuente aseverar que los afectos tengan alguna incidencia en la
continuación o desarrollo de la indagatoria filosófica. Cierta tradición profesionalizada de la filosofía
(Cabrera la llama tradición apática, esto es, sin pathos) ha excluido el componente emocional del
quehacer filosófico. Esta tradición, asumiendo que la comprensión del mundo sólo transita por vía
intelectual, ha clausurado la “mediación del afecto” tachándola de “obstáculo”, pero si estamos
dispuestos a aceptar que el cine tiene pertinencia filosófica, debemos superar esta tradición. Cabrera
se resiste a esta tradición intelectualista mediante el concepto de razón logopática (conjunción entre
logos y pathos), una racionalidad tanto lógica como afectiva. Esta racionalidad logopática la
encontramos en la filosofía (de los pensadores páticos), la literatura, y también en el cine. La tesis
fundamental de Cabrera es que, parafraseando a Heidegger, el cine piensa. Es decir que el lenguaje
cinematográfico tiene potencial filosófico: de estructurar sentido y atribuir significado a eso que
llamamos mundo. El cine instala en el sujeto experiencias concretas, y la pertinencia del uso de
películas radica en su potencial para una “experiencia vívida de un determinado problema filosófico.”
Según Cabrera, para comprender y apropiarse de un problema filosófico, es necesario ser afectado
por ese problema.

Una de las observaciones más interesantes de Cabrera es su crítica a la concepción de la filosofía,


esencialmente, como una forma de escritura, y se pregunta: el hecho de que gran parte de la filosofía
se haya desarrollado en forma escrita, ¿excluye otras formas de expresión filosófica? Podríamos
imaginar, afirma Cabrera, “una cultura filosófica desarrollada a través de fotografías o de danzas”, y en
principio, tal cosa no implicaría ninguna contradicción interna. Incluso sugiere que autores como
Heidegger o Hegel (filósofos cinematográficos, al decir de Cabrera) podrían haber encontrado en el
lenguaje cinematográfico un médium más idóneo para algunas de sus ideas. Es interesante recordar
que el mismo Platón manifestó disconformidades con el lenguaje escrito. En Carta VII Platón asevera
que no hubo ni habrá nunca un escrito suyo sobre los temas importantes que enseña, que existe una
enseñanza verdadera, enemiga del que se atreve a poner por escrito cualquiera de estas cuestiones,
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aunque si le pareciese que fuera expresable con palabras y pudiera dar cuenta suficiente del asunto
por escrito, sería la cosa más hermosa que hubiese podido realizar en la vida. Según Platón, es
necesario que el sujeto tenga afinidad con el asunto en cuestión, y gracias a un frecuente contacto con
el problema mismo y a la convivencia con él, súbitamente surge ese saber en la psyche. El sujeto solo
puede acceder a los eidos por sí mismo, frecuentando y conviviendo con el problema, pues los eidos
no son aprehensibles ni transferibles mediante el lenguaje escrito. Esta es la tesis fundamental en
Carta VII, que el conocimiento de los edios no se puede demostrar por las vías del discurso escrito.

Cabrera escinde el concepto en conceptos-imagen y conceptos-idea. Los conceptos-idea son aquellos


tradicionalmente empleados por la filosofía europea escrita, aquellos que son aceptados por la
tradición intelectualista. Sin embargo, están también los conceptos-imagen, a aquellos a través de los
cuales el cine piensa. Esto supone que además de entender significados, sentimos significados. Los
conceptos-imagen tienen valor afectivo y también valor cognitivo, en el sentido que desobstruyen y
habilitan vías de comprensión. Por lo tanto, en la mostración de las verdades que los filmes proponen,
el cine asume compromisos epistémicos. Mirar filosóficamente un filme consiste en capturar sus
conceptos-imagen. Pedagógicamente, el fin último de que el educando mire cine filosóficamente, es
que conceptualice y problematice filosóficamente su propia experiencia, esto es, que interprete e
interpele filosóficamente su propia vida. La consigna que propone Cabrera es “tratar de ver al cine
fuera de los cuadros del escapismo, para colocarlo en los de la reflexión.”
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2. Match Point y la filosofía moral de Immanuel Kant

Introducción

Ya desde los antiguos griegos, la tragedia de la fatalidad es un tópico recurrente en la literatura


occidental, pero a su vez, el azar no es menos trágico que la fatalidad. No sin razón, se podría decir
que no hay peor destino que el azar, y en esto consiste la tragicomedia de la existencia humana. La
película Match Point (2005, Woody Allen) tematiza precisamente la tragedia del azar, e instalándonos
en un mundo sin Dios y sin teleología, cuestiona y desafía el sentido de la moralidad. El problema
filosófico fundamental en Match Point es qué sucede con la moralidad en un mundo sin Dios y sin un
destino garante de justicia. En un mundo así, ¿es mejor ser bueno o ser afortunado?
Por otro lado, Immanuel Kant (1724-1804, Königsberg) afronta precisamente esta problemática, y se
propone dar cuenta de la moralidad sin recurrir a fundamentos religiosos, es decir, dar cuenta de la
moralidad en un mundo en el que son posibles tanto la impunidad de la injusticia como el castigo de la
justicia. Nietzscheanos y existencialistas simplemente concluyen las consecuencias lógicas de estar
situados en un mundo sin un ser supremo que imparta justicia, pero Kant afronta los resultados más
perniciosos de tal situación. En síntesis, ¿cuál es el sentido de los imperativos morales en un mundo
dominado por lo imprevisible? Match Point nos instala en ese mundo (que presuntamente es nuestro
mundo) y es el problema que en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785) Kant se
esfuerza por resolver. El proyecto filosófico de Kant, es lograr una moralidad a priori y fundada en la
razón práctica, es decir que se trata de una ética deontológica y cognitivista que intenta dar cuenta de
la moralidad en un mundo en que las consecuencias de nuestras acciones son imprevisibles, en el que
no hay garantías de premios o castigos.

Desarrollo

La primera escena de la película condensa todo su sentido. En ella nos encontramos con una pelota
de tenis que va de un lado al otro de la cancha sobre la red, y la voz del protagonista (Chris Wilton) en
off que dice:
El hombre que dijo: “prefiero ser afortunado que bueno” vio la vida con profundidad. La gente teme
aceptar que gran parte de la vida depende de la suerte. Da miedo pensar lo mucho que hay fuera
de nuestro control. Hay momentos en un partido en que la pelota pega arriba de la red, y por un
segundo puede ir adelante o hacia atrás. Con un poco de suerte va hacia adelante, y ganas. O
quizás no, y pierdes.
Este parlamento presenta la filosofía del protagonista: él concibe la vida como un partido de tenis
(juego en el que es profesional y admirado por muchos). Esta analogía, ya contiene algunos
supuestos, o presuntos supuestos: si la vida es como un juego, lo que debemos hacer es ganar,
además, en ella hay ganadores y perdedores, y ganar o perder muchas veces depende de la suerte.
Esta analogía de la vida con el juego, va a desplegar todas sus consecuencias filosóficas a lo largo del
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filme, concluyendo en la presunta verdad que se propone mostrar, a saber: es preferible ser afortunado
que ser bueno.
El protagonista de origen irlandés se muda a Londres con el
propósito de residir y trabajar como instructor de tenis. Allí
conoce a Tom Hewett, quien recurre a él para tomar clases.
De inmediato entablan amistad y conoce a la familia de
Tom, su padre (Alec), su madre (Eleanor), y su hermana
Chloe, una mujer común y superficial. Rápidamente ingresa
al mundo de la adinerada familia de Tom.
Pocos días después, en la casa de la familia de Tom, Chris
conoce por accidente a Nola Rice, “actriz incipiente”
estadounidense, hacia quien se siente poderosamente
atraído. Al principio, Chris se muestra confiado y seductor,
pero casi de inmediato se entera que es la prometida de
Tom.
Chris y Nola se conocen en una situación muy simbólica:
jugando tenis de mesa. Si bien Nola es buena jugadora, no
se imagina que su adversario es tenista profesional, y la
humilla en el juego. Él pretende enseñarle, y ella le dice que
lo estaba haciendo bien, antes que él llegara, y él responde
que es la historia de su vida. El protagonista se reconoce a
sí mismo como un profesional del juego, tanto en sentido
literal como metafórico (en referencia a la analogía entre el
juego y la vida).
El evento entre Chris y Nola queda en suspenso, y Chris
comienza a salir con Chloe (hermana de Tom). Chloe se
muestra muy interesada por Chris, aunque él no muestra el
mismo entusiasmo, de cualquier manera, comienzan un
romance. Así, Chris se integra definitivamente a la familia
de Tom: el mundo de la alta clase británica. Chris declara admirar los logros (en términos de capital,
tanto financiero como cultural) de la familia de Tom y Chloe. El ascenso social es, según el
protagonista, de los triunfos más admirables que un hombre puede lograr. Chris deja las clases de
tenis y se incorpora a la empresa de Alec (padre de Chloe). El juego de Chris comienza a su favor,
aunque es incapaz de reprimir su atracción por Nola (novia de Tom).
En una oportunidad, en una cena entre Chris, Chloe, Tom y Nola, Chris le pregunta a Nola sobre su
carrera como actriz, y es la oportunidad en que el protagonista expone su concepción de la existencia
humana dominada por el azar:
Nola - Creo que mi carrera no ha sido como yo planeaba.
Tom - Solo necesitas una oportunidad.
Chris - Es importante tener suerte.
Chloe - No creo en la suerte, creo en el esfuerzo.
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Chris - Esforzarse es obligatorio, pero temen ver qué tanto depende de la suerte. Parece que los
científicos confirman más y más que la existencia se debe a una casualidad. Sin propósito ni
diseño.
Chloe - Pues no me importa, a mí me encanta vivir.
Chris - Y te envidio por eso.
Tom - ¿Qué es lo que decía el vicario? “La desesperanza es el camino de menor resistencia”. Era
algo raro, ¿no?
Chris - La fe es el camino de menor resistencia.
Chloe - Dios, ¿podemos cambiar de tema, por favor?
La insistencia de Chris en el papel de la suerte en la existencia humana, tiene importantes
consecuencias éticas, sobre todo, en cuanto a la responsabilidad moral. Lo que el protagonista le dice
a Nola, la desresponsabiliza de su “fracaso” como actriz (más adelante ella misma se define como una
“actriz infortunada”). Ella no está destinada a fracasar, aunque tampoco destinada a triunfar, y si no
depende esencialmente de ella fracasar o triunfar, sino de la suerte, ¿es ella responsable de su
fracaso (o eventual triunfo) como actriz?
Todos los moralistas coinciden en que nadie es moralmente responsable por aquello que escapa a
nuestro control, y si es cierto lo que afirma el protagonista (que en el curso de nuestra vida, hay más
de lo que no depende de nosotros de lo que sí), ¿qué responsabilidad moral podemos asumir en
nuestra vida en general? Chris tiene una perspectiva decididamente pesimista, pero tiene mejores
razones que Chloe: cualquier concepción ética aún arraigada en lo religioso (aunque no sea declarada
y explícitamente religiosa) conserva la relación de la moralidad con los premios y castigos, es decir
que tanto la obligatoriedad como la prohibición moral están fundadas en el castigo de las acciones
inmorales y el premio de las morales (sea en “esta vida” o en “la vida después de la muerte”).
Esta concepción ética encuentra serias dificultades frente a la ausencia de un Dios garante de impartir
tales premios y castigos, y frente a la constatación de que acciones morales reciben castigo y de que
acciones inmorales no. Desde una perspectiva ética teleológica (cuyos criterios de evaluación moral
son a posteriori) la incertidumbre y el azar pueden ser un problema, aunque difícilmente lo sea desde
una perspectiva deontológica (evaluación moral a priori). Así, el filme problematiza la idea de deber
moral en el marco de una ética teleológica, es decir, si los fundamentos de evaluación moral son a
posteriori, y el curso de los acontecimientos es incierto y azaroso, ¿cómo fundamentar el deber moral?
En este sentido Kant es categórico:
“La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice ni por su aptitud para alcanzar algún
determinado fin propuesto previamente, […] Aunque por una particular desgracia del destino o por
la mezquindad de una naturaleza madrastra faltase completamente a esa voluntad la facultad de
sacar adelante su propósito; si, a pesar de sus mayores esfuerzos, no pudiera llevar a cabo nada y
sólo quedase la buena voluntad […], aun así esa buena voluntad brillaría por sí misma como una
joya, como algo que en sí mismo posee pleno valor. Ni la utilidad ni la esterilidad pueden añadir ni
quitar nada a ese valor.”
Kant se deslinda de toda consideración consecuencialista, nada de lo que resulte es moralmente
relevante al momento de juzgar las acciones y las conductas. Es decir que, según Kant, “con el objeto
de saber lo que he de hacer para que mi querer sea moralmente bueno no necesito ir a buscar muy
lejos una especial penetración. Inexperto en lo que se refiere al curso del mundo, incapaz de estar
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preparado para todos los sucesos que en él ocurren”. El valor moral de nuestras acciones no se ubica
en qué hacemos ni en qué se obtiene como resultado de lo que hacemos, sino en por qué hacemos lo
que hacemos. Kant asevera que “cuando se trata del valor moral no importan las acciones, que se ven,
sino sus principios íntimos, que no se ven.”

Chris y Chloe se casan, y comienzan una vida juntos, aunque él


nunca abandona su activo interés sexual por Nola. En este
sentido, Chris se muestra con pocos escrúpulos, como alguien
desleal (tanto con respecto a Tom como a Chloe). Aunque claro
que solo Nola y el espectador saben de este interés inconfesable.
Es imprescindible comprender que Chris es un jugador, para él la
vida es un partido de tenis sin árbitro (sin Dios). Así como juega
(en sentido literal) para ganar, vive también para ganar. En este
sentido, parece no respetar más que imperativos hipotéticos, es
decir, no se pregunta por el deber, sino por la conveniencia, no
se pregunta si sus acciones son buenas o malas en sí mismas,
sino si son buenas o malas como medios para los fines que, por
inclinación, se propone obtener. Decir que no se guía por
imperativos categóricos (es decir, imperativos morales) significa
que no tiene una conducta moral, sino estratégica (propia de un
jugador).
Tom y Nola terminan su relación (por decisión de Tom), por lo
cual Nola desaparece de escena. Mientras tanto, la relación entre
Chris y Chloe continua, ella se muestra cada vez más interesada
en tener hijos, aunque él, se muestra cada vez más frío y
distante. Tiempo después, Chris se encuentra accidentalmente
con Nola en una galería de arte. Una vez más, la suerte juega un
papel decisivo. En ese reencuentro, Chris le insiste a Nola que le
diga su número de teléfono, y lo logra. A partir de ese momento,
Chris y Nola comienzan una relación amorosa, mientras Chris continúa su matrimonio (cada vez más
rutinario y desapasionado) con Chloe.
A partir de que Chris comienza la relación extra-matrimonial con Nola, comienzan a su vez serias
dificultades para el protagonista. Además de que debe evadirse de múltiples situaciones con Chloe y
su familia para encontrase con Nola, Nola insiste cada vez más en que deje a Chloe. Él promete
dejarla, pero dilata la acción. Chris se arriesga permanentemente y desafía su suerte, pero cree poder
controlar la situación, hasta que ésta se hace cada vez más incontrolable, especialmente después de
que Nola queda embarazada de Chris. A partir de este momento, todo se hace cuesta arriba para el
protagonista.
Chris prioriza aquello que es favorable a su propio provecho, y desde la perspectiva kantiana, está al
servicio de sus inclinaciones, es decir que actúa y decide sin intervención de obligaciones morales.
Para él el fin de su propia satisfacción personal justifica los medios, aún aquellos decididamente
inmorales (contrarios al deber). Lo que lo hace, según la perspectiva de Kant, indigno de su propia
felicidad. Como se dijo anteriormente, Chris piensa en términos estratégicos, no morales. La cuestión
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del protagonista no es qué debo hacer, sino cómo debo


hacer para conservar y conciliar intereses que en la práctica
resultan contradictorios y excluyentes.
Kant distingue enfáticamente el valor estratégico de las
acciones de su valor moral, dos cuestiones muy distintas
son preguntarse si tal o cual acción es o no prudente o
sagaz, a preguntarse si tal o cual acción es o no conforme
al deber, esto es, preguntarse por la moralidad de la acción.
Kant utiliza el ejemplo de prometer en falso para esclarecer
la distinción:
“Sea, por ejemplo, la pregunta siguiente: ¿me es lícito,
cuando me encuentro en un apuro, hacer una promesa
con el propósito de no cumplirla? Fácilmente hago aquí
la diferencia que puede comportar la significación de la
pregunta de si es prudente o de si es conforme al deber
hacer una falsa promesa. […] Ciertamente veo con gran
claridad que […] hay que considerar detenidamente si no
podrá ocasionarme luego esa mentira contratiempos
mucho más graves que éstos que ahora consigo eludir; y
como las consecuencias, a pesar de cuanta astucia me
precie de tener, no son tan fácilmente previsibles que no
pueda suceder que la pérdida de la confianza en mí sea
mucho más desventajosa para mí que el daño que
pretendo evitar ahora, habré de considerar si no sería
más sagaz conducirme en este asunto según una
máxima universal y adquirir la costumbre de no prometer
nada sino con el propósito de cumplirlo. Pero pronto veo
con claridad que una máxima como ésta solo se fundamenta en la naturaleza inquietante de las
consecuencias. Ahora bien, es cosa muy distinta ser veraz por deber o serlo por temor a las
consecuencias perjudiciales, porque, en el primer caso, el concepto mismo de la acción contiene ya
una ley para mí, mientras que en el segundo tengo que empezar observando a mi alrededor qué
consecuencias puede acarrearme la acción.”
Ser veraz por prudencia o ser veraz por deber equivale a la distinción entre una voluntad determinada
a posteriori (la máxima de la prudencia, que tiene como fundamento el miedo a las consecuencias) y
aquella que es determinada a priori (la máxima del deber, que es independiente de las
consecuencias). Ahora bien, Chris está continuamente midiendo las consecuencias, y en sentido
kantiano, puede que la conducta de Chris sea hábil, pero no moral. Con esto a su vez podemos
comprender plenamente el significación de la distinción entre imperativos hipotéticos y categóricos,
esto es, entre reglas de habilidad o consejos de sagacidad, y mandatos o leyes de la moralidad. El
imperativo de la moralidad no es un imperativo hipotético, y por lo tanto, se debe sospechar siempre
que algunos imperativos aparentemente categóricos pueden ser en el fondo hipotéticos: así por
ejemplo, cuando se dice no debes prometer falsamente y se admite que la necesidad de tal abstención
es un simple consejo para evitar un mal mayor, entonces el imperativo de la prohibición es hipotético y
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no categórico (es decir, no guarda relación con la moralidad), pero el protagonista, ¿formula sus
dificultades en términos auténticamente morales? Según Kant, “la habilidad al elegir los medios para
conseguir la mayor cantidad posible de bienestar propio podemos llamarla «sagacidad», en sentido
estricto. Así pues, el imperativo que se refiere a la elección de dichos medios, esto es, el precepto de
la sagacidad, es hipotético.”
Retomando la historia, Chris siente la necesidad de confesarle a alguien su padecimiento, para esto
recurre a un viejo amigo suyo (Henry), con quien expone la naturaleza el dilema:
Chris - Tengo que hablar con alguien. En verdad estoy sufriendo.
Henry - Lo que me digas no saldrá de aquí.
Chris - Estoy pensando en dejar a mi esposa por otra mujer. Pero cuando quise decírselo… no pude.
Henry - No es lo más sencillo de hacer en el mundo, ¿cierto?
Chris - Es una locura. No veo un futuro real con la otra mujer, y tengo una vida muy cómoda con mi
esposa.
Henry - Sí, pero si no la amas…
Chris - No digo que no la ame. Pero no siento lo que siento por la otra mujer.
Henry - Correcto.
Chris - Creo que es la diferencia entre amor [love] y lujuria [lust]. Pero ¿qué diablos voy a hacer si
dejo a Chloe? No negaré que ya me acostumbré a cierto nivel de vida. ¿Se supone que debo
renunciar a todo? ¿Para qué?
Henry - ¿Por la mujer que amas?
Chris - ¿Para vivir cómo? ¿Dónde? ¿Para trabajar de qué?
Henry - Bueno, parece que eres muy bueno en lo que haces. Debe haber otro empleo en otra
empresa…
Chris - Admítelo, soy el yerno del jefe. Y me quiere.
Henry - No pareces amar lo suficiente a la otra mujer como para renunciar a lo que has logrado.
La relación entre Chris y Nola se vuelve más conflictiva, él le promete que romperá relación con Chloe
pero posterga la acción, y Nola tolera cada vez menos la indecisión y cobardía de Chris. El
protagonista es un ávido lector de Dostoyevski, de donde presuntamente extrae sus ideas acerca de la
tragedia del azar, así como la resolución del problema que lo atormenta. Chris toma una decisión
extrema, pero premeditada: asesinar a Nola mediante un plan que encubre su culpabilidad. Eso
implica asesinar a la vecina de Nola, a Nola, y por supuesto, al hijo de ambos. Sin dudas, este es el
momento más tenso y dramático del filme. El homicidio es brutal: con un rifle a menos de tres metros
de distancia. Todos los intentos de Chris por encubrir su crimen resultaron exitosos. Chris finalmente
gana, y la suerte tuvo un papel decisivo a su favor. Tal desenlace, pareciese confirmar la teoría del
protagonista.
Uno de los momentos filosóficamente más reveladores del filme es el diálogo entre el protagonista y
los fantasmas de sus víctimas, que es un diálogo consigo mismo, con su conciencia moral:
Chris - Nola… no fue fácil. Pero cuando llegó el momento, sí pude jalar el gatillo. Nunca sabes
quiénes son tus vecinos hasta que hay una crisis. Aprendes a esconder la culpa bajo la
alfombra y continuar. Debes hacerlo. Si no, te abrumas.
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Vecina - ¿Qué hay de mí? ¿Qué hay de la vecina de al


lado? Yo no tenía nada que ver en esta horrible
situación. ¿No te afecta que yo haya tenido que
morir siendo un inocente testigo?
Chris - Los inocentes a veces tienen que morir para lograr
un gran plan. Fuiste daño colateral.
Vecina - Y también tu propio hijo.
Chris - Sófocles dijo: “Nunca haber nacido quizás sea la
mayor bendición”.
Nola - Prepárate para pagar el precio, Chris. Tus
acciones fueron torpes. Llenas de evidencias. Casi
alguien suplicando que lo descubran.
Chris - Sería apropiado que fuera aprehendido y
castigado. Al menos habría una pequeña señal de
justicia. Una pequeña medida de esperanza para la
posibilidad de significado [meaning].
Chris siente remordimiento y temor por ser descubierto, por
no haber sido lo suficientemente sagaz, pero la complejidad
filosófica del personaje va más allá de la mera culpa.
¿Cómo conciliar las acciones (criminales) con el lamento
(existencial) del personaje?
No sería exacto interpretar a Chris como un sujeto inmoral,
sino que abría que interpretarlo más bien como un sujeto
amoral (aunque tal cosa, en efecto, difícilmente sea
posible), porque la fundamentación que nos provee el
protagonista no justifica las acciones inmorales, sino que
socaban los fundamentos mismos de la moralidad,
cuestiona la idea misma de deber o ley moral. ¿Pero cuál es el fundamento de su descreimiento en la
moralidad?, ¿la evidente contingencia de que las acciones morales traigan aparejadas alguna clase de
recompensa, así como las inmorales, alguna clase de castigo?, es decir, ¿la evidencia empírica de
habitar un mundo sin garantías de justica? Esto no parece afectar sustancialmente la filosofía moral
deontológica de Kant, pero continuemos interpretando al personaje.
El protagonista parece confiar plenamente en la afirmación de Ivan Karamazov (personaje de
Dostoyevski), según el cual “si Dios no existe, todo está permitido”. Chris no se propone
deliberadamente hacer el mal, sino que, según él, “todo está permitido”. ¿Está Chris más allá del bien
y del mal?, esta versión parecería contradecirse con su lamento por esta libertad moral radical como
irremediable condición ontológica.
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La impunidad del mal es el trasfondo del filme, y el severo


problema filosófico que nos desafía como espectadores
pensantes y sensibles. Ahora bien, tal impunidad es un
hecho, ¿pero nos es lícito inferir de este hecho, la
legitimidad moral de hacer el mal? Según Kant no importa
que no haya habido nunca acciones morales, porque no se
trata de si sucede esto o aquello, sino de lo que la razón,
por sí misma e independientemente de todo fenómeno,
ordena que debe suceder. Kant ofrece el ejemplo de que la
pura lealtad en las relaciones de amistad no podría dejar de
ser exigible a todo hombre, aunque hasta hoy no hubiese
habido ningún amigo leal, porque este deber reside, antes
que toda experiencia, en la idea de una razón que
determina la voluntad por fundamentos a priori, es decir,
porque se trata de lo que la razón ordena que debe
suceder, aun cuando el mundo no haya dado todavía
ejemplo alguno de tales acciones.
En cuanto a la facultad de juzgar prácticamente (distinta a
la de juzgar teóricamente), Kant asevera que es probable
que el hombre común acierte con más seguridad que el
filósofo (pongamos a Chris en lugar de “filósofo”), ya que es
frecuente que este último se aparte de la dirección recta,
enredando su juicio con consideraciones extrañas y ajenas
al asunto. En este sentido la sencillez y el uso común de
nuestra razón práctica (es decir, en cuanto a cuestiones
morales) no tienen ninguna desventaja con respecto a la
filosofía. Este es el diagnóstico que posiblemente hubiera
hecho Kant de Chris:

“El hombre siente en sí mismo una poderosa fuerza contraria a todos aquellos mandamientos del
deber que la razón le representa muy dignos de respeto; esa fuerza contraria radica en sus
necesidades e inclinaciones, cuya satisfacción total resume bajo el nombre de «felicidad». Ahora
bien, la razón ordena sus preceptos sin prometer nada a las inclinaciones, […] De aquí se origina
una dialéctica natural, esto es, una tendencia a discutir esas estrechas leyes del deber, a poner en
duda su validez, o al menos su pureza y severidad estrictas, acomodándolas en lo posible a
nuestros deseos e inclinaciones, es decir, en el fondo, a pervertirlas y privarlas de su dignidad, cosa
que al fin y al cabo, la propia razón práctica común no puede aprobar en absoluto.”

Según Chris, la impunidad del mal socaba los fundamentos de la moralidad, pero en perspectiva de
Kant es precisamente esta libertad de hacer el mal y la posibilidad de que la maldad no tenga
consecuencias perjudiciales, lo que da sentido a la moralidad, porque si no fuéramos libres o
actuáramos siempre para evitar consecuencias perjudiciales, la moralidad no sería posible. De ahí
que, según Kant, para una voluntad divina o santa (es decir, perfectamente buena) no valga imperativo
moral alguno, porque en estos casos el deber coincide con el querer, pero la voluntad humana no es
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determinada sólo por la representación del bien. Esto es lo que Kant denomina como la encrucijada de
la voluntad: el deber en conflicto con las inclinaciones. En síntesis, lo que Kant tendría para decirle a
Chris es que la moralidad no se trata de lo que sucede, sino de lo que debe suceder, y que actuar
eficazmente con respecto a un fin deseado, define a personas meramente hábiles, pero la moralidad
está hecha de imperativos incondicionales.
Chris y Chloe tiene un hijo (Terence), y el filme finaliza con un brindis familiar por Terence:
Alec - Por Terence Elliot Wilton. Con padres como Chloe y Chris, este niño será estupendo [great]
en todo lo que se proponga.
Tom - ¿Saben qué? No me importa si es estupendo [great], solo afortunado [lucky]
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3. Actividad

Estructura de la propuesta

Niveles de Habilidades
Tareas a realizar
complejidad implicadas

Interpretar el filme conceptualmente, no solo


Nivel 1 Interpretación
narrativamente.

Vincular los conceptos y problemas que propone o


Nivel 2 Asociación habilita el filme con los conceptos y problemas
propios de la filosofía.

Entablar un diálogo crítico y creativo con los


Nivel 3 Argumentación conceptos y problemas de alcance filosófico que el
filme propone o habilita.

Consigna general

Se deberá realizar una redacción que interprete y analice la película Match Point (2005, Woody Allen)
desde una perspectiva filosófica. La tarea es grupal y domiciliara, el número de los integrantes no debe
ser mayor a 3 personas. Es imprescindible que la redacción sea clara, ordenada y bien argumentada,
es decir, todas las respuestas deben estar debidamente justificadas, y es recomendable ejemplificar
recurriendo a la descripción de escenas o diálogos concretos. El listado de preguntas y consignas para
dicha tarea está dividido en tres niveles:

1er nivel: Se valora y evalúa la interpretación y


el análisis de la película en sí, sin referencia a la 1er nivel - resolver teniendo en cuenta:
filosofía o juicios y valoraciones a. El filme
personales/grupales.

2do nivel: Se valora y evalúa la relación de la 2do nivel - resolver teniendo en cuenta:
película con las teorías y problemas filosóficos
trabajados en clase, aún sin implicar perspectivas a. El filme
personales/grupales. b. Lo trabajado en clase

3er nivel: Se valora y evalúa la perspectiva y 3er nivel - resolver teniendo en cuenta:
opinión justificada y pertinente que genere el a. El filme
grupo de trabajo teniendo en cuenta los niveles 1 b. Lo trabajado en clase
y 2. c. Opinión del grupo
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Consigna específica y listado de preguntas y consignas

Responder a la las preguntas y consignas de cada nivel conjugadas en una misma redacción dividida
en tres partes (no es necesario que las preguntas o consignas estén explícitamente enunciadas en la
redacción): introducción (nivel 1), desarrollo (nivel 2) y conclusión (nivel 3).

- Ficha técnica.
- Breve sinopsis.
Nivel 1
- Tema central de la película.
- Relación entre el comienzo (primera escena) y el desarrollo del filme.

- ¿Cuáles pueden ser los imperativos morales que guían la conducta del
protagonista?
- ¿Cuáles son los dilemas o conflictos morales a que se enfrenta el protagonista?
Nivel 2 - ¿Qué papel juega la suerte o el azar en la vida del protagonista y cómo puede esto
relacionarse con la moralidad?
- ¿El protagonista actúa en algún momento por buena voluntad?, y si no, ¿cómo
actúa?

- El azar y la incertidumbre sobre el curso de los acontecimientos, ¿nos resta


responsabilidad moral?
- El éxito o la eficiencia del protagonista para lograr sus objetivos, ¿justifica
moralmente sus acciones/decisiones?
Nivel 3
- Si es posible cometer injusticias y dañar a otros con impunidad, ¿qué nos obliga a
ser justos y no dañar a los demás?
- En un mundo dominado por el azar sin un ser supremo que imparta justicia, ¿es
mejor tener suerte y ser afortunado o ser bueno y respetar imperativos morales?

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