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La ética del empresario

En el momento actual puede proponerse un razonamiento basado en una visión antropológica: toda
comunidad define sus propias modalidades de producción y de intercambio a fin de sobrevivir y mejorar
sus condiciones de vida. Este principio, poseedor ya de por sí de un contenido ético, encontrará una
realización concreta tanto más amplia cuanto más eficiente sea la solución del problema de la
producción y el intercambio. Esto significa que el progreso humano está vinculado al desarrollo
económico, aunque el solo desarrollo económico no pueda identificarse con el progreso humano.

1. INSPIRARSE EN LOS VALORES FUNCIONALES DEL DESARROLLO. El empresario tiene la responsabilidad


moral y el papel social de individuar las combinaciones productivas más eficientes y eficaces, es decir,
aquellas que potencien al máximo la aportación de todos los componentes de la empresa al desarrollo
económico.

Al desempeñar este papel, el empresario puede ciertamente, además de producir desarrollo, contribuir
al progreso humano; pero esto dependerá de la ética que inspire sus propios comportamientos. Quiere
ello decir que existen unas referencias éticas mínimas, a las que el empresario deberá atenerse siempre
como agente del desarrollo.

En cuanto agente de desarrollo el empresario desarrolla su papel cuando en la empresa la relación entre
recursos empleados y recursos producidos es positiva, en el sentido de que lo producido tiene un valor
de intercambio superior al valor de los elementos empleados para realizarlo. A esta diferencia se le da el
nombre de beneficio, y tiene lugar en el ámbito del mercado, es decir, como consecuencia de la
cantidad de los bienes que los sujetos están dispuestos a ceder con el fin de asegurarse aquel producto.
En este sentido el beneficio es un índice de la eficiencia y del "estado de salud" de la empresa y un
medio para su expansión. Una empresa en efecto, que no produzca beneficios está en contradicción con
su objetivo, por cuanto consume más de lo que produce. Semejante situación contraviene a las
referencias éticas mínimas de un empresario y puede considerarse inmoral, por cuanto que, sin
beneficios, la empresa no sólo está destinada a desaparecer, sino que empobrece a la colectividad en su
totalidad al sustraer recursos para inversiones más productivas que mejoren las condiciones de vida.

Los beneficios de la empresa moderna se diferencian de los obtenidos en las formas de producción
anteriores por ir unidos al crecimiento de los recursos disponibles y no ala apropiación de una cuota
resultante de la suma fija de recursos. En ausencia del desarrollo, los beneficios se obtienen de manera
autoritaria o incluso por medio del robo, dando lugar a la explotación del hombre por el hombre. Con el
desarrollo económico, en cambio, o lo que es lo mismo, con el esfuerzo continuado de crecimiento de la
empresa, los beneficios contribuyen al enriquecimiento de todos los ciudadanos.

La producción, en efecto, crea ulterior riqueza y permite que, a la hora de la distribución, se pueda jugar
con números positivos en lugar de a cero (si la riqueza no aumenta, quien incremente las propias
disponibilidades lo hará necesariamente a costa de las de los demás, con una suma de activo igual a
cero; si, por el contrario, la riqueza aumenta, cada uno podrá incrementar las propias disponibilidades y
la suma de los activos será positiva).

Por consiguiente, todo empresario tiene el deber ético de inspirarse en los valores funcionales del
desarro llo: eficiencia, eficacia, productividad. En esto consiste también la base mínima de su
responsabilidad para con la sociedad.

Obviamente, los valores funcionales típicos del desarrollo económico son compatibles con los valores
universales (justicia, libertad, solidaridad, etc.), en los que también pueden inspirarse los empresarios
dentro de la autonomía de su función y de la libertad de su conciencia.

Ésta del desarrollo económico (naturalmente en los países en los que se ha difundido el "espíritu
empresarial´~ constituye una de las novedades más sobresalientes de la época en que vivimos.

A la vez que implica la superación de la economía de subsistencia y de miseria, el desarrollo económico


plantea también a la reflexión moral interrogantes inéditos a los que es urgente hacer frente. Las
dificultades críticas constituyen otros tantos problemas abiertos (tanto para el empresario como para la
sociedad), que nos limitaremos solamente a enumerar, entre otras cosas por falta de una reflexión
moral consolidada.

2. ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD. La primera gran esfera ética en la que se manifiestan fuertes


exigencias de reflexión es la de la responsabilidad. En un contexto de desarrollo, ésta concierne
principalmente a los comportamientos inherentes a la función empresarial (a y b), a la laboral y a la de
consumo (c).

a) En lo concerniente a la función empresarial. Se entiende ésta en un sentido muy amplio. En una


sociedad plural y tendente al desarrollo, el afianzamiento de los intereses espirituales y materiales y de
las libertades civiles está confiado a la iniciativa individual y de grupo. La creación de empresas y de
asociaciones con el objetivo de satisfacer esos intereses (necesidades) constituye una clara
responsabilidad social; de que se asuman medidas en esta dirección depende, en efecto, la solución de
la mayor parte de los problemas individuales y sociales que se presentan en una realidad abierta y
compleja. Tales iniciativas, sin embargo, configuran también una responsabilidad económica, ya que el
logro de sus objetivos implica encontrar recursos y hacer el mejor uso posible de los mismos.

Existe, pues, una doble vertiente de lo empresarial y de la responsabilidad unidas en su ejercicio: la


económica y la social.

Lo empresarial en sentido amplio se puede considerar una función social, puesto que tiene por finalidad
la satisfacción de necesidades propias de una pluralidad de personas. Existe, pues, una esfera específica
de responsabilidad en la individuación de las necesidades (mercado) a las que dirigir la propia iniciativa
(producción). Y es totalmente evidente a este respecto que existen innumerables posibilidades de
elección en las iniciativas empresariales (desde la construcción de un hospital privado a la industria del
cine pornográfico), y no todas obviamente son compatibles con un planteamiento ético, en el sentido de
que no es moralmente lícita la producción de cualquier cosa (a este respecto se está prestando atención
cada vez mayor al impacto medioambiental de las iniciativas empresariales y a los problemas
relacionados con la contaminación; [l Ecología].

Por otro lado, a la hora de juzgar la calidad del desarrollo promovido por la iniciativa empresarial, parece
un deber ético atender a indicadores de desarrollo económico (PIL, productividad del trabajo, etc.),
indicadores de bienestar social (ocupación, nivel de los precios, etc.) e indicadores de calidad de la vida
(seguridad social, instrucción, sanidad, etc.).

La responsabilidad social del empresario resulta evidente en este campo, como resulta evidente la
escasez de normas éticas consolidadas en estos temas.

b) En lo concerniente a las relaciones del empresario con los colaboradores. Esta esfera de
responsabilidad concierne tanto a la incidencia que tienen en la vida de los trabajadores las grandes
opciones estratégicas y de gestión como las condiciones de organización del trabajo. Desde este último
punto de vista la situación actual ofrece perspectivas muy estimulantes y características, profundamente
diferentes de las del pasado.

La gran flexibilidad de organización y el ahorro de trabajo reiterativo y fatigoso que permiten las nuevas
tecnologías aumentan enormemente el grado de libertad en la organización del trabajo y hacen más
accesible el objetivo de la plena valoración de las cualidades personales de cada uno. Las opciones de
organización se presentan así al empresario con una gama mucho más amplia y, consiguientemente, con
una carga de responsabilidad para con los demás verdaderamente sin precedentes.

En una sociedad cambiante y en una empresa que cambia con ella, esta responsabilidad es continua,
cotidiana. Por ello mismo engloba también, al menos en el ámbito profesional, la responsabilidad de
enseñar a los colaboradores a cambiar y cómo cambiar en una verdadera relación de tipo pedagógico.

En definitiva, en una sociedad avanzada y compleja existe un espacio muy amplio de discrecionalidad en
la concepción, organización y gestión de cualquier iniciativa. Dentro de ese espacio, el ejercicio de las
opciones comporta responsabilidades crecientes en cantidad y calidad; pero dicho ejercicio no está
asistido por un magisterio ético de igual articulación y sofisticación. Y,sin émbargo, la particular
importancia del papel del empresario como persona que asume iniciativas en orden a la solución de
problemas colectivos estaría demandando la elaboración de unos principios en cierta medida
colindantes con la utopía.

Si la capacidad de innovación, la eficiencia y la profesionalidad con las que el empresario se mueve en el


propio espacio discrecional están animadas por el valor cívico y por la referencia a los principios y
valores de la persona, y orientadas a su vez a objetivos coherentes con todo esto, pueden dar vida a una
forma de uto pía inteligente, es decir, al desarrollo concreto de proyectos que representen un pasó
adelante, por pequeño que sea, en el progreso de la humanidad.

c) En lo concerniente al trabajo y al consumo. Paralela a la problemática ética del empresario, en cuanto


suscitada por los efectos concretos de su iniciativa, existe una problemática escasamente explorada,
concerniente al trabajo y al consumo.

La reflexión ética ha resaltado con toda justicia los problemas relacionados con el carácter subjetivo y
personal del trabajo y con la dignidad del trabajador, mientras que ha dejado en la sombra los
problemas vinculados a la relación existente entre trabajo humano y producción. Se trata de explorar las
dimensiones nuevas que asume el tema de la dignidad humana del trabajador en orden a su
responsabilidad como productor. Al hacer esto hay que tener presente que esta responsabilidad va
mucho más allá del respeto a los derechos y deberes, para adquirir un significado social mediante la
aportación de la productividad del trabajador al desarrollo no sólo de la empresa, sino de la sociedad
también.

Responsabilidades y problemas éticos análogos se encuentran en la esfera de los comportamientos de


con sumo. Junto a las conocidas distorsiones (consumismo) hay que profundizar en el significado moral
de la libertad de definir la propia "ficha de los consumos" (derecho de escoger el producto, respeto a los
gustos del consumidor, esfuerzo por satisfacerlos).

3. ÉTICA DE LA /SOLIDARIDAD. La segunda esfera importante en el comportamiento empresarial es la de


la solidaridad. Guarda relación con los problemas implicados en los mecanismos de producción y de
distribución. También aquí la reflexión debería encaminarse a recoger los aspectos positivos implicados
en el desarrollo económico creado por la capacidad empresarial.

Disponemos, en efecto, de una amplia contribución del magisterio en los aspectos distributivos
(solidaridad es distribuir equitativamente los recursos producidos); pero quedan aún numerosos
problemas por afrontar en lo concerniente a la ética de la producción (solidaridad es ante todo producir
riqueza para después poder distribuirla).

En las sociedades plurales con economía de mercado la organización social prevé que el sujeto que tiene
la responsabilidad del problema productivo sea la empresa, y que el sujeto que tiene la responsabilidad
de la distribución sea el Estado, al menos tocante a hacer efectivas unas condiciones mínimas de
solidaridad (los niveles ulteriores de solidaridad quedan confiados a las asociaciones voluntarias).

En este campo el empresario tiene al menos dos funciones, y por consiguiente dos obligaciones de
responsabilidad diferentes. 0 En cuanto gestor de la empresa tiene la responsabilidad y el deber moral
de no malgastar los recursos que utiliza y, por consiguiente, de perseguir la máxima eficiencia y
rentabilidad, enseñando a sus colaboradores (que no son empresarios) todo lo necesario para conseguir
estos objetivos. En cuanto ciudadano tiene la responsabilidad de pagar los impuestos, es decir, de
contribuir a financiar las transferencias necesarias para hacer efectiva la solidaridad social y de expresar
a través de la participación y del voto sus propias opciones acerca de los sistemas mejores para llevar
esto a cabo.

A la inversa, es necesario señalar las problemáticas éticas relacionadas con el gasto social del Estado. En
este campo se impone la difusión de la convicción de que la solidaridad se mide también en términos de
eficiencia; o, en otras palabras, que todo derroche sustrae recursos a alguien que tiene necesidad de
solidaridades primarias.

En este sentido otro tema fundamental de reflexión lo constituye la definición de los umbrales mínimos
de solidaridad que debe garantizar el Estado y, a la inversa, de los gastos en los que moverse
inspirándose en el principio de subsidiaridad.

La ética en la empresa
En una empresa u organización ser un administrador efectivo es una labor muy demandante, pero
en la actualidad, enfrentan desafíos muy particulares. La cada vez más alarmante contaminación
industrial nos recuerda que al destinar recursos los administradores inevitablemente incurren en
ventajas y desventajas, sin importar lo que hagan o dejen de hacer. El estudio de quién resulta, y
quién debe resultar beneficiado o perjudicado por una acción en particular se denomina ética, la
cual estudia también quien goza de derechos de cualquier índole, y quién goza de ellos. En un
plano superficial, es relativamente fácil juzgar si una práctica empresarial es correcta e incorrecta
en términos de ética. Lo complejo, en particular cuando las normas convencionales no son
aplicadas, consiste en comprender los conceptos y las técnicas de la toma de decisiones éticas
para poder establecer juicios de orden moral más adecuados.

Desde el punto de vista meramente filosófico, la ética es la ciencia que estudia las actuaciones
humanas en cuanto se relacionan con los fines que determinan su rectitud. En general toda ética
pretende determinar una conducta ideal del hombre. Desde la perspectiva de la ética especial o
de ontología que trata de los deberes que se imponen al hombre según los distintos aspectos o
campos en que se desarrolla su vida, es donde podemos ubicar su importancia en el desarrollo
del ejercicio profesional de la administración de personal.

Así las cosas, las normas éticas y morales sobrepasan las prohibiciones de la ley y el lenguaje de
"no debes", e incluyen las cuestiones del deber y el lenguaje de "se debe y no se debe hacer". La
ética se refiere al deber humano y a los principios en los que se apoyan estas obligaciones.

Todas las empresas tienen una obligación ética, y de hecho la administración de personal, hacia
cada uno de los cinco grupos que las constituyen: propietarios, accionistas, empleados, clientes,
proveedores y la comunidad en general. Pero, no solo en términos de normas y deberes como
reglas, sino en términos de valores: la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto activo y el
diálogo. La administración de personal, en consonancia con las directrices del ejecutivo principal
y de los propietarios, debe propender por la generación de tres elementos éticos fundamentales
que permitan el desarrollo de los valores: la ética de la responsabilidad, la ética hacia el interés
de todos, y la ética de la organización. Es decir, la administración de personal, debe propender
hacia la consolidación de una empresa ética basada en éstos elementos: una cultura corporativa
sólida (valores construidos colectivamente), el talento humano como capital principal de la
empresa, la calidad como aspiración fundamental, la combinación de la búsqueda de bienes
tangibles (materiales) e intangibles (armonía, cooperación, ausencia de conflictos, cordialidad)
preocupación por los clientes, trabajadores, proveedores y los competidores, en el marco de sus
actuaciones, y no solo por sus accionistas, asumir la responsabilidad social por las acciones de la
empresa, ejercer una dirección basada en los valores, y predominio de un contrato moral de la
empresa con sus integrantes, más allá del contrato legal.

La competencia y la ética

La Regla Clave es: Competir. Y esta competencia ya plantea reglas:

- Con los competidores. Aquí las reglas éticas reciben el nombre genérico de competencia leal,
sancionándose la deslealtad. Competencia leal es luchar con armas licitas: que son calidad y
precio bajo. Y desde luego, precio bajo fundado en eficiencia. Publicidad vinculada a la verdad:
no mentir ensalzando el propio bien; no rebajar ni denigrar el de la competencia.

 Con el público también hay deberes de competencia:

 No atentar contra la salud

 No atentar contra la seguridad

 No atentar contra el medio ambiente

Uno de los deberes importantes de los empresarios son aquellos vinculados a la publicidad, la
que debe ajustarse a padrones éticos, como la veracidad y buena fe.

Virtudes específicas del empresario:

Es indudable que hay virtudes especificas del empresario. Así como Platón, en su República,
analiza las virtudes esenciales del poeta, del guardián y de otros que desempeñan roles en su
sociedad ideal, así también podemos asignar virtudes esenciales al empresario. Si el militar debe
ser valeroso, el juez justo y prudente, ¿qué ha de caracterizar al empresario?

Planteó algunas de las muchas hipótesis posibles. el empresario ha de ser laborioso, imaginativo,
íntegro. tiene deberes que cabe referir a la verdad: la de ser veraz y transparente, garantizado con
esas virtudes la calidad de los productos y servicios que ofrece; la de ser prudente, no abusando
de información que logre y pueda perjudicar a sus competidores; la de ser audaz, asumiendo
riesgos, que son los que, en definitiva justifican la ganancia ha de ser mesurado en la obtención
de esta y no lograrla a toda costa.
Estimó que una cualidad del empresario, como de otras actividades, entres las que incluyo la del
jurista es la de cierta distinción en el logro de sus fines, en que el logro no haga desaparecer
cierta prestancia en la integridad de su acción.

El empresario debe preocuparse de los costos. Si incurre en altos costos no será competitivo pero
debe tener presente que faltara a la ética es para el un costo alto y aunque no necesariamente se
concrete en registros contables.

Empresa y misión del estado en la ética publica y privada

El estado como agente emprendedor de políticas gubernamentales y candado principal de apoyo


y gestiones empresariales, tiene dentro de su margen el estudio que hoy en día resaltara en el
futuro la economía del país el cual esta orientado a la educación, este objetivo que hoy la
educación tiene debe estar orientado principalmente al ámbito del trabajo no solo como un grupo
emprendedor sino que como un equipo de trabajo, de creatividad, y emprendedor hacia objetivos
comunes, esto porque hoy en día la empresa necesita mucho de estos conceptos para lograr su
que hacer diario y en el futuro.

Esto significa que la empresa no solo se compone de los empresarios sino que son:

Empresarios + Trabajo + Comunidad

Y este último factor por decir es el que la empresa debe poner cuidado para no ejercer fuerzas
que puedan dañar su integridad y no mirándolo desde el punto presente sino que el más
importante desde un punto de vista a largo plazo, visión de futuro.

La empresa como organismo no posee una sola relación con el estado, sino su campo va mucho
mas allá su relación con:

Proveedores clientes y trabajadores: Climas y Normas de Valores

Deben estar en un clima que se debe regir bajo ciertas normas de valores que permitan guardar el
equilibrio necesario y no se imponga reglas que signifiquen abusos o imposiciones indebidas
para unas de las partes como para todas las partes que en su conjunto no benefician a nadie.

La relación empresa estado se considera relevante, pero ha ido perdiendo importancia con
respecto a las otras variables debido a que principalmente el estado ha ido liberando regulaciones
y delegando directamente en las empresas sus funciones, ampliando su ámbito y responsabilidad
frente a numerables temas relacionado con la ética.

El modelo antropológico y la ética

El modelo tiene sus antecedentes en la Escuela de las Relaciones Humanas surgida


posteriormente a la segunda guerra mundial, y descansa sobre los estudios históricos erigidos en
torno al fenómeno de la "motivación humana".
El objetivo final propugnado por el Modelo Antropológico tiende a ir mucho más allá que el
objetivo financiero de "crear valor para los accionistas" a través de "la generación de mayor
valor de mercado posible para los titulares de capital de riesgo". El objetivo instrumental u
operativo, es el de crear más valor para la empresa y el cual alimenta el objetivo final de "servir a
la sociedad".

Los valores éticos se han impregnado en el acontecer empresarial y se está experimentando un


retorno de la espiritualidad, en el sentido de impregnarse de valores morales que reflejen un
comportamiento más integral, pero este regreso hacia una posición particular no obedece a un
signo de carácter religioso puro, sino que a un signo exclusivamente empresarial, que se
relaciona con el fin último de toda empresa, el cual es el de servir a la sociedad donde se inserta
y que se rodea de fines operativos importantísimos ligados estrechamente a la obtención y
generación de más valor para las empresas mismas. En consecuencia, el objetivo de los gerentes
de que sus empresas sean más valiosas, se supedita a una actitud y a un comportamiento de todos
sus dirigentes que se liga, a su vez, con la permanencia en el largo plazo. En suma, el actuar
éticamente no obedece a un puritanismo de los nuevos dirigentes, sino que a una necesidad para
la obtención de mayor valor para sus empresas.

Este valor se traduce en mayor competitividad, mayor productividad, mejor atención de clientes
y proveedores y consecuentemente, posicionamiento, que implica ganar una mayor participación
de mercado.

La creación de valor en las empresas

La base del "valor" reside en la forma como los nuevos gerentes dirigen los negocios. Ya no
basta con ser un "gerente competitivo" sino que se debe experimentar una transformación a
"líder"; que ante todo sabe, que es una persona y que está rodeado de personas. Ello implica en
ocasiones el perder la condición de gerente "parco" y aceptar la de ser el eje central de las
actividades que desarrollan todas las personas en la empresa que dirige.

Consecuentemente, el modelo antropológico sitúa en el centro a las personas, ya no como un


recurso "más", sino como seres que merecen el mejor y mayor de los respetos. Estas personas
son los accionistas, los directivos, los proveedores, los empleados y los clientes. Y tratarlos como
personas equivale a generar un clima propicio para el logro de la más alta de las productividades
que se refleja en el logro inevitable de los más altos rendimientos mercadológicos, económicos y
financieros.

De ahí que el actuar éticamente sea una necesidad, no porque se prescriba en textos místicos,
sino porque con ello estamos preparados para alcanzar éxitos financieros que conducen al
crecimiento y desarrollo permanente de las empresas.

Esta actitud, del quehacer ético, está ligada al intenso desarrollo de la tecnología de la
información, y a pesar de que siempre existe corrupción, fraudes y engaños, ahora es mucho más
fácil detectarlos y es en la actualidad que ahora se vive, que se sabe, que más temprano que
tarde, la verdad será conocida.
Tres valores que realizan las empresas son: 1) el valor económico, todos los que hicieron aportes
a la actividad productiva reciben su compensación que les permitirá satisfacer sus necesidades,
2) el valor psicológico, los que participan del proceso productivo logran asimilar el aprendizaje
para la toma adecuada de decisiones que afectan a otros o a ellos mismos de forma directa o
indirecta, 3)el valor ético, se aduce al cambio que se produce en el interior de las personas. Los
dos últimos valores son subjetivos pero su influencia es decisiva para la generación del valor
económico.

Liderazgo ético y la ética empresarial

El "Liderazgo Ético" es entonces una necesidad que hace mejor y más rica a la empresa. Por el
contrario, si se busca el enriquecimiento acelerado y sobre bases ilícitas, la empresa se condena a
sí misma.

Ya en estos tiempos, nadie puede negar la importancia de la inteligencia emocional para la toma
de decisiones en las empresas; que el cliente es cada día más y más exigente y más difícil de
engañar; que el mundo entero se ha reducido por efecto del inmenso desarrollo de las
telecomunicaciones y que el temor a una demanda por efecto de un error que afecte a terceros, es
ahora muy latente en todos.

Es por eso que la ética empresarial está teniendo, hoy más que nunca, una presencia
determinante en la dinámica de las empresas modernas. Ya no es el tiempo de las glorias
pasadas, alcanzadas sobre pedestales débiles o falsos.