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PRISIÓN PREVENTIVA: CRITERIOS GENERALES Y CASOS

PARTICULARES

Recopilación y sistematización realizadas por Pablo A. Bernardini y Álvaro E.


Crespo, integrantes del equipo de la Relatoría de Sala Penal del TSJ Cba.

SUMARIO
1. Criterios generales
1.1. Criterios generales referidos a la peligrosidad procesal
1.2. Forma de valorar los indicios
1.3. Forma de impugnar los indicios
1.4. Término ad quem para el mantenimiento de la libertad durante el proceso
2. Criterios específicos (indicios de peligrosidad procesal)
2.1. Indicio relativo a la gravedad delito (insuficiente per se para acreditar riesgo procesal).
2.2. Indicio relacionado a las características de la sentencia condenatoria efectiva o eventual (insuficiente
per se para acreditar riesgo procesal)
2.3. Indicios relativos a la falta de arraigo
2.4. Conductas de entorpecimiento (obstáculos para impedir el descubrimiento de la verdad)
2.5. Conductas de falta de colaboración
2.6. Conductas de intimidación o de manipulación hacia víctimas o testigos, por parte del imputado o de
terceros vinculados a él
2.7. Coimputado prófugo
2.8. Fuga inmediata del imputado tras el hecho (características para poder ser valorada como indicio)
2.9. Conducta de incumplimiento de normas, órdenes judiciales, etcétera
2.10. Conductas evasivas del proceso
2.11. Condiciones de la víctima
2.12. Condiciones personales del autor
2.13. Adicción al alcohol y/o drogas (per se no es indicador de peligrosidad procesal)
2.14. Conducta durante la ejecución de la pena: sanciones en el establecimiento penitenciario
2.15. Conducta del imputado durante los hechos atribuidos
2.16. Reincidencia
2.17. Necesidad de asegurar el juicio y el castigo (compromiso del Estado): su incidencia en la valoración
de los indicios de riesgo procesal
2.18. El beneficio de la prisión (preventiva) domiciliaria: su repercusión en el análisis de los indicios de
peligrosidad procesal
2.19. Circunstancias que no pueden valorarse como indicios de peligrosidad procesal.
2.20. Circunstancias que sí pueden valorarse como indicios de peligrosidad procesal.

1. CRITERIOS GENERALES

1.1. CRITERIOS GENERALES REFERIDOS A LA PELIGROSIDAD PROCESAL

1.1.1. Insuficiencia de la gravedad del delito

Presupuestos de peligrosidad procesal: pues bien, conforme lo resuelto por la CSJN, en cuanto a
los presupuestos que darán sustento a la afirmación de peligrosidad procesal para habilitar la privación
cautelar de la libertad, deberá atenderse a los siguientes extremos:
La gravedad del delito: ha dicho la CSJN que “las características personales del supuesto autor y
la gravedad del delito que se le imputa no son, por sí mismos, justificación suficiente de la prisión
preventiva". En consecuencia, si bien la severidad de la sanción legal conminada para el ilícito que se
atribuye al imputado resulta un primer eslabón de análisis, debe ir necesariamente acompañada de
indicios concretos de peligrosidad procesal.

“Loyo Fraire”, S. nº 34, 12/3/2014


“Oxandaburu”, S. nº 36, 14/3/2014

1.1.2. Necesidad de indicios de riesgo procesal concreto (requisito sine qua non)
Indicios concretos de peligrosidad procesal: como hemos anticipado, las prisiones preventivas
tanto anteriores como posteriores a la sentencia de condena deben en principio regirse por el mismo
baremo de concreción y –en términos de la CSJN-, disponerse el encierro cautelar cuando –entre otros
requisitos- sea necesario, en el sentido de que sean absolutamente indispensables para conseguir el fin
deseado y que no exista una medida menos gravosa respecto al derecho intervenido entre todas aquellas
que cuentan con la misma idoneidad para alcanzar el objetivo propuesto, lo que supone su
excepcionalidad (CIDH, “Chaparro Álvarez”, 21/11/2007).
Ello, a criterio de la CSJN, ocurre si los imputados hubieran intentado eludir la acción de la
justicia, si se hubiese dado alguna situación concreta respecto del curso de la investigación, o si
circunstancias objetivamente verificadas en la causa permitieran derivar una directa conexión con alguno
de los dos peligros referidos.

“Loyo Fraire”, S. nº 34, 12/3/2014


“Oxandaburu”, S. nº 36, 14/3/2014

Por otro lado, afirman los recurrentes que el imputado López nunca eludió la acción de la justicia
ni la entorpeció. No obstante, las circunstancias valoradas permiten razonablemente inferir que, si es
puesto en libertad, sí lo hará, y ello es justamente lo que pretende evitar la medida. Con otras palabras, no
se requiere necesariamente que el imputado se haya efectivamente fugado (o intentado fugarse) o que
concretamente haya entorpecido (o intentado entorpecer) la investigación, sino que "circunstancias
objetivamente verificadas en la causa" permitan "derivar una directa conexión con alguno de los dos
peligros referidos" (cf. TSJ Sala Penal, "Loyo Fraire", S. nº 34, 12/3/2014).

“López”, S. nº 71, 27/3/2015

1.1.3. Analizar las condiciones personales del autor con específica referencia al
caso
Las características personales del supuesto autor: la CSJN ha descalificado el estándar aplicado
por esta Sala en cuanto a que aquellas circunstancias que no desbordan el común denominador de los
sometidos a proceso no son suficientes para enervar la presunción de peligrosidad procesal. Entendió que
las características personales deben ser analizadas en su incidencia respecto de la situación particular de
cada acusado.
Así entonces, a futuro será necesario analizar estas condiciones subjetivas sin hacer foco en su
mayor o menor generalidad, con específica referencia al caso y en proyección concreta a peligrosidad
procesal del imputado.
Aclárase que la condición económica –en especial, la dificultad o imposibilidad de afrontar
cauciones reales- no puede constituir un obstáculo en este sentido. Resulta un peculiar dato que planteos
defensivos como los de marras sólo hayan sido formulados en relación a imputados de elevada o mediana
condición social, y que no se hayan registrado respecto de aquellos otros que pertenecen a los estratos
sociales más bajos, que incluso conforman un grupo numéricamente más significativo que los primeros. Ya
en la sentencia revocada afirmamos que “los estándares de procedencia del encierro cautelar, previo y
posterior a la sentencia de condena, han sido aplicados de manera invariable e igualitaria por esta Sala”,
aspecto éste que deberá ser cuidadosamente observado al resolverse acerca del modo en que se
reasegurará la comparecencia y sujeción al proceso, a través de los institutos previstos por la ley, a través
de cauciones personales o reales acordes a la capacidad económica de cada individuo u otros recursos
que quien imponga la prisión preventiva estimare pertinentes (arts. 288, 289, 290, 292, 296, etc.).
“Loyo Fraire”, S. nº 34, 12/3/2014
“Oxandaburu”, S. nº 36, 14/3/2014

1.2. FORMA DE VALORAR LOS INDICIOS

1.2.1. De manera conjunta con los demás indicios y contraindicios

Las circunstancias ponderadas por el juzgador como indicadores de peligro de fuga deben ser
valoradas en conjunto y no de forma aislada como realiza el recurrente.

“Calizaya”, S. nº 228, 3/7/2014

5. Los indicios de peligrosidad procesal en concreto, junto a las condiciones personales del
autor, deben ser valorados conjuntamente (incluidos los contraindicios señalados por el recurrente) en el
marco de análisis descripto precedentemente (pto. 4), lo cual permitirá dictaminar sobre la cuestión
discutida por el quejoso, esto es, la razonabilidad de la fundamentación de la medida de coerción con
relación al riesgo que la libertad del imputado acarrearía para los fines del proceso.

“Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014

En efecto, si bien de algunas de las circunstancias descriptas, tomadas aisladamente, no surge


expresamente un peligro de que el imputado Soria pueda darse a la fuga en caso de que se le otorgare la
libertad, la totalidad de ellas, valoradas en conjunto, permiten inferir claramente la posibilidad de que ello
se produzca.

“Barrera, Maribel Alejandra Soledad – Soria, Marcos Roberto”, S. nº 426, 11/11/2014

1.2.2. Un indicio no tiene valor tarifado (inmutable) para todos los casos.

Conviene tener presente que una circunstancia indicadora de riesgo procesal no tiene un valor
tasado para todos los casos, sino que variará de acuerdo a la gravedad del delito de que se trate, al
estado del proceso, al monto de la pena hipotética o a la efectivamente aplicada si hubo sentencia de
condena (no firme), a los indicios y contra indicios que lo acompañen, a las circunstancias personales del
imputado, al tiempo de encarcelamiento sufrido, etcétera. De tal manera que idénticos indicios pueden dar
suficiente fundamento a una privación de la libertad en unos casos pero no en otros, lo cual no tornará en
arbitrarios los fallos que así lo resuelvan si en ellos se destaca debidamente la totalidad de las
circunstancias que tornan razonable la conclusión a la que se arriba.

“Calizaya”, S. nº 228, 3/7/2014


“Britos”, S. nº 281, 7/8/2014

Lo que es menester aquí resolver es, por consiguiente, si en el contexto referido arriba, esto es,
considerando las condenas anteriores, la eventual declaración de reincidencia (e imposibilidad de libertad
condicional), y la inminencia del debate, tales indicios son suficientes para fundamentar la prisión
preventiva. También debe tenerse en cuenta el tiempo de encarcelamiento del imputado.
(…) conviene aclarar previamente que una circunstancia indicadora de riesgo procesal concreto
no tiene un valor tasado e inmutable para todos los casos, de tal manera que su presencia determine
necesariamente el dictado o la confirmación una prisión preventiva. Por el contrario, el valor de cada
indicio variará de acuerdo a múltiples factores, v. gr., la gravedad del delito de que se trate, el estado del
proceso, el monto de la pena hipotética o de la efectivamente aplicada si hubo sentencia de condena (no
firme), los indicios y contraindicios que lo acompañen, las características personales del imputado, el
tiempo de encarcelamiento sufrido, etcétera. De tal manera que indicios que pueden ser suficientes para
fundamentar la medida en algunos casos pueden no serlo en otros. Ello no tornará en arbitrarios los fallos
que resuelvan en uno u otro sentido si se exponen razonadamente la totalidad de las circunstancias que
tornan razonable la conclusión a la que se arriba, con arreglo a las reglas de la sana crítica racional (art.
193 CPP).
“Del Corro”, S. nº 243, 28/7/2014
“Arce”, S. nº 285, 13/8/2014

1.2.3. Un indicio de entorpecimiento de la investigación puede proyectarse, al


dictarse condena, como indicio de fuga

Aunque se trate de una prisión preventiva posterior a la sentencia de condena, igualmente podrá
proyectarse hacia el peligro de fuga el comportamiento del imputado que durante la investigación penal
preparatoria o el juicio hubiere intentado entorpecer el desenvolvimiento del proceso –v.gr., intentando
alterar la prueba- puesto que tales acciones muestran en concreto una actitud obstaculizadora de la acción
de la justicia que puede razonablemente extenderse como palmario indicio de insumisión al futuro
cumplimiento de la pena, en caso de que ésta resulte confirmada por las instancias revisoras.

“Loyo Fraire”, S. nº 34, 12/3/2014

1.2.4. Cuando hay condena sólo deben valorarse los indicios de fuga

En este último sentido, no puede dejar de advertirse la paradoja que resulta de la aplicación del
fallo de la Corte en relación a los imputados con sentencia no firme: dado que en estos casos sólo es
posible fundar la medida de coerción en el riesgo de fuga, cuando no exista ese riesgo, una eventual
condena los coloca en mejor situación que la de procesado para el cese de la privación de libertad.

“Nieto”, S. nº 55, 31/3/2014

1.2.5. En caso de condena sólo se deben valorar indicadores de fuga. Sin


embargo, de los indicadores de entorpecimiento del proceso se pueden realizar
inferencias no absurdas con respecto al riesgo de fuga.

Todos estos indicadores anteriormente señalados –personalidad, actitud de los padres de tentar
económicamente a la víctima para que cambie su declaración y luego, ante la negativa, amenazarla con
matarle los hijos y presión sobre la novia para obligarle a declarar falsamente a su favor-, configuran
concretos riesgos que, a más de impactar en la investigación y juicio ya concluidos, posibilitan inferencias
no absurdas respecto al riesgo de fuga. Ello es así porque las características individualizadoras de Britos y
los actos realizados por él o por otros a su favor (consistentes en manipulaciones y alteraciones de
pruebas), proyectan desconfianza acerca del sometimiento al accionar de la justicia.

“Britos”. S. nº 281, 7/8/2014

1.3. FORMA DE IMPUGNAR LOS INDICIOS

1.3.1. Necesidad de demostrar la arbitrariedad (lo absurdo) de la valoración de los


indicios efectuada por la cámara.

En efecto, en la resolución recurrida se destacaron una serie de circunstancias que tornan


absolutamente indispensable la privación de la libertad del imputado para asegurar los fines del proceso,
sin que el recurrente haya demostrado que exista arbitrariedad en la valoración de aquellas circunstancias,
esto es, que hubiera una apreciación irrazonable (absurda) de ellas.

“Romero”, S. nº 159, 19/5/2014

De esta manera, el recurrente no logra demostrar que la valoración de las circunstancias


referidas por el tribunal a quo sea palmariamente irrazonable, así como tampoco enuncia otras
circunstancias concretas que pudieran favorecer al imputado, en cuanto demostrativas de que
comparecerá a la audiencia de debate en ciernes.
“Act. Jaime”, S. nº 180, 12/6/2014

Todas estas apreciaciones de la defensa –junto con las remarcadas anteriormente-, soslayan la
valoración conjunta que debe hacerse de todos los indicadores anteriormente señalados, que conducen a
sostener que el peligro de fuga defendido por el Tribunal aparece cierto. De este modo, no se presentó
ningún elemento que haga suponer la irrazonabilidad de las conclusiones a las que arribó el sentenciante.

“Calizaya”, S. nº 228, 3/7/2014

De acuerdo con ese criterio, y ateniéndonos a las constancias de autos, podemos afirmar que la
valoración de las circunstancias del caso se ha realizado correctamente y, por tanto, que se ha arribado
razonablemente a la conclusión objetada. Por lo demás, la argumentación del quejoso no logra demostrar
irrazonabilidad alguna en la fundamentación de la cámara.

“Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014

c. De manera preliminar, es menester destacar que el quejoso no ha logrado ni intentado


demostrar la irrazonabilidad o arbitrariedad de la valoración de las circunstancias indicadoras de
peligrosidad procesal realizada por el tribunal a quo. Tales indicios fueron analizados por el Fiscal de
Instrucción al dictar la prisión preventiva, por el Juez de Control al confirmarla en dos oportunidades, por el
Fiscal de Cámara al dictaminar negativamente sobre el pedido defensivo de cese de prisión, y por el
Tribunal a quo al rechazar dicha solicitud (v. supra, pto. 3, letra e). Así las cosas, la necesidad de la
medida de coerción fue discernida por distintos órganos judiciales, los que coincidieron en la existencia de
indicios concretos de riesgo para los fines del proceso que justifican la medida.

“Brandán”, S. nº 400, 16/10/2014

Al análisis anterior -gravedad de los delitos y riesgo para los fines del proceso- se debe adicionar
que el abogado defensor no presenta ningún elemento que haga suponer la irrazonabilidad de las
conclusiones a las que arribó el Tribunal en la resolución impugnada. El letrado menciona genéricamente y
sin ningún tipo de valoración en el caso en particular analizado, que el encarcelamiento preventivo no es
justificado, lo cual denota una ausencia de análisis de las consideraciones efectuadas por la Cámara del
Crimen y mencionadas anteriormente.

“Álvarez, Cristian Edgardo”, S. nº 435, 17/11/2014

1.4. TÉRMINO AD QUEM PARA EL MANTENIMIENTO DE LA LIBERTAD DURANTE EL PROCESO


El término ad quem para el mantenimiento de la libertad durante el proceso: de manera congruente con lo
expuesto en “Olariaga” (TSJ, Sala Penal, S. n° 226, 10/09/2007), y en sintonía con la tesis propiciada por el Tribunal
de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires, Sala V, in re “Grassi” (16/01/2014), estimamos que una vez que
la sentencia de condena ha atravesado exitosamente las instancias locales de revisión -en nuestro caso, confirmada
por el recurso de casación e inadmitido el recurso extraordinario federal-, la probabilidad de la efectivización de la
condena se alza con una inminencia tal que amerita disponer, sin más, el encierro cautelar del imputado.

“Loyo Fraire”, S. nº 34, 12/3/2014

IV. En el caso son plenamente aplicables las consideraciones efectuadas por esta Sala en el precedente
“Loyo Fraire” (S. nº 34, 12/3/2014) con relación al término ad quem para el mantenimiento de la libertad durante el
proceso.
En efecto, de manera congruente con lo expuesto en “Olariaga” (TSJ, Sala Penal, S. n° 226, 10/09/2007) y
en sintonía con la tesis propiciada por el Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires, Sala V, in re
“Grassi” (16/01/2014), en dicho decisorio se expresa que una vez que la sentencia de condena ha atravesado
exitosamente las instancias locales de revisión –en nuestro caso, confirmada por el recurso de casación e
inadmitido el recurso extraordinario federal– la probabilidad de la efectivización de la condena se alza con una
inminencia tal que amerita disponer, sin más, el encierro cautelar del imputado.
(…)
V. Así las cosas, atento a que la condena dictada en contra del imputado Toledo ha superado todas las
instancias recursivas locales, y en razón del estrecho margen de revisión que se asigna al recurso extraordinario
federal (aquí denegado por esta Sala pero con recurso directo presentado ante la CSJN), al que tampoco surge que
se le haya otorgado efecto suspensivo, puede concluirse que existe suficiente fundamento para el encarcelamiento
cautelar del nombrado.
Esa conclusión adquiere mayor contundencia en el presente caso si se repara que la sentencia de
condena ha sido la culminación de un juicio abreviado, que como tal implica la confesión lisa y llana del hecho por
parte del imputado corroborada por la prueba (art. 415 CPP). Ello significa que las posibilidades de éxito de la vía
impugnativa federal quedan reducidas a su mínima expresión, ya que sólo la calificación legal y la individualización
de la pena quedan fuera del acuerdo que da origen a ese procedimiento especial.
Recordemos que en el precedente “Casal” (20/9/2005), el más alto tribunal de la Nación destacó que
“satisfecho el requisito de la revisión por un tribunal de instancia superior mediante el recurso de casación entendido
en sentido amplio, esta Corte se reserva sólo la función de corregir los casos en que resulte una arbitrariedad
intolerable al principio republicano de gobierno. En general, podría sintetizarse la diferencia afirmando que, en
materia de prueba, la casación debe entender en todos los casos valorando tanto si se ha aplicado la sana crítica,
como si sus principios se aplicaron correctamente, en tanto que incumbe a esta Corte entender sólo en los casos
excepcionales en que directamente no se haya aplicado la sana crítica”. Ha dicho la Corte, en otros precedentes,
que esa arbitrariedad debe acreditarse inequívocamente, de modo tal que resulte evidente que la resolución atacada
transgrede palmariamente las normas legales aplicables o implica un puro ejercicio de discrecionalidad judicial
desprovisto de fundamento mínimo que lo sustente como acto jurisdiccional (CSJ., H. 63. XX, "Hernández, Agustín
Osvaldo y otro", 15/4/86).
Por tales motivos, corresponde rechazar el recurso de casación interpuesto contra la resolución que
confirma la prisión preventiva.

“Toledo, Paulo Fabricio”, S. nº 467, 5/12/2014

2. CRITERIO ESPECÍFICOS (INDICIOS DE PELIGROSIDAD PROCESAL)

2.1. INDICIO RELATIVO A LA GRAVEDAD DELITO (INSUFICIENTE PER SE PARA ACREDITAR RIESGO
PROCESAL)

2.1.1. La gravedad del delito como base de análisis de los indicios de riesgo
procesal concreto

Hasta aquí, entonces, hemos expuesto los indicios valorados por el a quo, el que concluyó que
tales circunstancias objetivas, sumadas a la gravedad de la amenaza penal con la que en abstracto se
encuentran sancionados los delitos materia de imputación (diez a cincuenta años de prisión), corroboran el
cuadro de peligrosidad procesal y la posibilidad cierta de que el imputado en libertad pueda entorpecer la
realización del debate. Adviértase que no es la gravedad de los delitos lo que funda per se la medida de
coerción (cual presunción abstracta de peligro procesal, según objeta el recurrente), sino los indicios de
riesgo en concreto valorados en el fallo. Aun así, es innegable que la gravedad del hecho influye en la
valoración que de tales indicios efectuó la cámara.

“Arce”, S. nº 285, 13/8/2014

Es claro que, conforme estableció esta Sala en el precedente "Loyo Fraire", la gravedad del
delito tampoco basta para justificar una la prisión preventiva. Pero esa insuficiencia para justificarla no
significa que de ninguna manera pueda tomarse en consideración en la valoración de los indicios y
contraindicios de peligrosidad en concreto. Se trata, como se dijo en el precedente citado, el "primer
eslabón de análisis" que debe ir necesariamente acompañado de indicios concretos de peligrosidad
procesal.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

Es claro que, conforme estableció esta Sala en el precedente “Loyo Fraire”, la gravedad del
delito ya no basta para justificar la prisión preventiva (esto es, para demostrar en concreto el peligro que la
libertad del imputado significa para los fines del proceso: el descubrimiento de la verdad y la actuación de
la ley). Pero esa insuficiencia no significa que de ninguna manera pueda tomarse en consideración aquella
circunstancia en la valoración de los indicios y contraindicios de peligrosidad en concreto. Se trata, como
se dijo en el precedente citado, el “primer eslabón de análisis” que debe ir necesariamente acompañado
de indicios concretos de peligrosidad procesal. De manera tal que ante un delito de suma gravedad
bastará un respaldo indiciario mínimo para acreditar el riesgo procesal, mientras que uno de escasa
gravedad exigirá un respaldo indiciario fuerte.

“Lescano” , S. nº 392, 10/10/2014

Es claro que, conforme lo expuesto en el punto que antecede, la gravedad del delito no basta
para justificar la prisión preventiva (esto es, para demostrar en concreto el peligro que la libertad del
imputado significa para los fines del proceso: el descubrimiento de la verdad y la actuación de la ley). Sin
embargo, esa insuficiencia no significa que no tenga ningún tipo de incidencia en el examen que
necesariamente debe efectuarse de los indicios y contraindicios de peligrosidad procesal. Se trata, como
se dijo en el precedente citado, del “primer eslabón de análisis” que debe ir necesariamente acompañado
de indicios concretos. De esa manera, puede afirmarse que ante un delito de suma gravedad bastará un
respaldo indiciario mínimo para acreditar el riesgo procesal, mientras que uno de escasa gravedad exigirá
un respaldo indiciario fuerte. Lo que nunca podrá afirmarse, en cambio, es que la gravedad del delito baste
por sí misma para el dictado de la medida: deberá siempre demostrarse, a partir de circunstancias
concretas de la causa, la existencia de peligros para los fines del proceso. Es el criterio que
invariablemente aplica la Sala desde el mencionado precedente “Loyo Fraire”.
Desde esa perspectiva, no puede escapar al presente análisis que la imputada Fassano se le
atribuye –de acuerdo al requerimiento fiscal de citación a juicio y al auto que lo confirma– la comisión de
un delito de suma gravedad: “homicidio calificado por el vínculo agravado por alevosía y codicia”, arts. 79 y
80 inc. 1, 2 y 4 del CP. La pena prevista para tal figura es de prisión perpetua. Esta es, pues, la pena
extremadamente gravosa que recibiría la acusada si el juicio culminara con una sentencia de condena. En
consecuencia, la repercusión que tal circunstancia tiene en la valoración de los indicios es innegable.

“Fassano”, S. nº 407, 22/10/2014

Véase tb: “Barrera – Soria”, S. nº 426, 11/11/2014

En efecto, en primer término al quejoso intenta restar transcendencia al hecho de que el delito
que se le atribuye a su defendido sea de extrema gravedad y no susceptible de condenación condicional.
Invoca, en ese sentido, el principio de inocencia y el carácter excepcional de la medida de coerción. Ahora
bien, sus argumentos no logran rebatir el sentido con que el a quo mencionó la entidad del delito: cuanto
mayor resulte la pena en expectativa, mayor también va a ser el riesgo para los fines del proceso a causa
de una "tentación natural del ser humano". Y tal razonamiento no aparece como desacertado.
Es que conforme ya expuso esta Sala en cercanos precedentes referidos a medidas de coerción
("Arce", S. nº 285, 13/8/2014; "Palacios", S. nº 322, 4/9/2014), es claro que la gravedad del delito no basta
para justificar la prisión preventiva, esto es, para demostrar en concreto el peligro que la libertad del
imputado significa para los fines del proceso: el descubrimiento de la verdad y la actuación de la ley. Sin
embargo, esa insuficiencia –se aclaró– no significa que no tenga ningún tipo de incidencia en el examen
que necesariamente debe efectuarse de los indicios y contraindicios de peligrosidad procesal. Se trata,
como se dijo en "Loyo Fraire", del "primer eslabón de análisis" que debe ir necesariamente acompañado
de indicios concretos. De esa manera, puede afirmarse que ante un delito de suma gravedad bastará un
respaldo indiciario mínimo para acreditar el riesgo procesal, mientras que uno de escasa gravedad exigirá
un respaldo indiciario fuerte. Lo que nunca podrá afirmarse, en cambio, es que la gravedad del delito baste
por sí misma para el dictado de la medida: deberá siempre demostrarse, a partir de circunstancias
concretas de la causa, la existencia de peligros para los fines del proceso.
De ese modo, no se atenta contra el principio de inocencia cuando se afirma que la gravedad del
hecho permite inferir peligrosidad procesal, en tanto se lo haga en el sentido expuesto en el párrafo que
antecede. Repárese en que la elevación a juicio requiere un estado de probabilidad que indique que los
elementos de prueba de cargo priman cualitativamente sobre los elementos de descargo. Esta situación
de probabilidad acerca de la comisión de un delito de gravedad por parte del imputado (lo que será objeto
de debate en el juicio oral), y la pena elevada que le espera caso de que se dicte una sentencia de
condena, evidentemente inciden en la situación del imputado y permiten asignar mayor peso a las
conductas y circunstancias indicadoras de peligrosidad procesal.
En ese contexto, pues, adquieren especial relevancia dos de los indicios de riesgo procesal
concreto valorados por el a quo (…).

“Chacón”, S. nº 413, 28/10/2014

Repárese, en ese sentido, que así como la gravedad del delito o de la pena impuesta no basta
para confirmar un encarcelamiento cautelar (esto es, para demostrar en concreto el peligro que la libertad
del imputado significa para los fines del proceso: el descubrimiento de la verdad y la actuación de la ley),
tampoco lo contrario basta para disponer sin más la libertad (esto es, para demostrar en concreto la
inexistencia de peligro que la libertad del imputado implica para los fines del proceso). En el primer caso se
necesitan de otros indicios concretos de riesgo procesal, aunque sean débiles, para justificar la medida de
coerción; en el segundo, en cambio, puede haber indicios concretos fuertes que permitan inferir riesgo
procesal e impidan, por ello, la libertad.
(…)
Por otro lado, el defensor arguye que la prisión preventiva carece de sentido en delitos que no
son graves. Pero lo cierto es que en el presente caso, aunque las penas aplicadas no sean muy altas, las
circunstancias a partir de las cuales se colige el riesgo procesal son, como ya dijimos, determinantes. Con
otras palabras, el hecho de que las penas no sean altas no tiene, ante la contundencia de los indicios de
fuga, la virtualidad de enervar la inferencia de riesgo procesal efectuada por el tribunal.

“Almirón – Chiatti”, S. nº 460, 1/12/2014

Si bien la gravedad del delito no es suficiente para fundamentar, per se, una prisión preventiva,
sí tendrá repercusión en la valoración de los restantes indicios de peligrosidad procesal, de tal manera que
la existencia de un delito de suma gravedad va a potenciar la eficacia probatoria de aquellos, mientras que
uno de escasa gravedad la va a atenuar (cf. TSJ Sala Penal. "Arce", S. nº 285, 13/8/2014; "Palacios", S. nº
322, 4/9/2014; "Lescano", S. nº 392, 10/10/2014; "Fassano", S. nº 407, 22/10/2014; "Chacón", S. nº 413,
28/10/2014).
(…)
En efecto, contrariamente a lo invocado por el quejoso, la decisión objetada no se sustenta
exclusivamente en la gravedad de la pena en abstracto que se erige sobre el imputado Fortuna, esto es,
en una presunción iuris tantum de peligrosidad procesal, sino, tal como lo impone la reciente jurisprudencia
de la CSJN y de este Tribunal sobre el tópico, en concretos indicios que tornan absolutamente
indispensable la privación de la libertad del imputado para asegurar los fines del proceso, particularmente
el normal desarrollo del plenario.

“Fortuna”, S. nº 42, 17/3/2015

Como señalamos en numerosos y cercanos precedentes, la gravedad del delito (y la derivada


imposibilidad de que la eventual condena sea de ejecución condicional) es el primer eslabón de análisis,
insuficiente por sí solo para acreditar el riesgo procesal, pero susceptible de incidir en la fuerza probatoria
de los demás indicios de peligro concreto (TSJ Sala Penal, "Arce", S. nº 285, 13/8/2014; "Palacios", S. nº
322, 4/9/2014; "Lescano", S. nº 392, 10/10/2014; "Chacón", S. nº 413, 28/10/2014, "Almirón – Chiatti", S.
nº 460, 1/12/2014; entre otros).
Pues bien, en el sub examine, las circunstancias indicadoras de peligrosidad procesal valoradas
por el a quo, en el marco de un delito de gravedad, aparecen como adecuado basamento de la prisión
preventiva, sin que aparezca a la vista otra medida menos restrictiva que pueda reemplazarla a los fines
de asegurar el descubrimiento de la verdad y la actuación de la ley.

“López”, S. nº 71, 27/3/2015

En efecto, contrariamente a lo invocado por el quejoso, la decisión objetada no se sustenta


exclusivamente en la gravedad de la escala penal en abstracto que se erige sobre el imputado Rodríguez,
sino, tal como lo impone la reciente jurisprudencia de la CSJN y de esta Sala sobre el tópico, en concretos
indicios que tornan absolutamente indispensable la privación de la libertad del imputado para asegurar los
fines del proceso, particularmente el normal desarrollo del plenario, el que no aparece lejano de acuerdo a
lo señalado supra (3.4.d.).
Por lo demás, conforme ya expuso esta Sala en cercanos precedentes referidos a medidas de
coerción, es claro que la gravedad del delito no basta para justificar la prisión preventiva, esto es, para
demostrar en concreto el peligro que la libertad del imputado significa para los fines del proceso: el
descubrimiento de la verdad y la actuación de la ley. Sin embargo, esa insuficiencia –se aclaró– no
significa que no tenga ningún tipo de incidencia en el examen que necesariamente debe efectuarse de los
indicios y contraindicios de peligrosidad procesal. Se trata, como se dijo en "Loyo Fraire", del "primer
eslabón de análisis" que debe ir necesariamente acompañado de indicios concretos. De esa manera,
puede afirmarse que ante un delito de suma gravedad bastará un respaldo indiciario mínimo para acreditar
el riesgo procesal, mientras que uno de escasa gravedad exigirá un respaldo indiciario fuerte. Lo que
nunca podrá afirmarse, en cambio, es que la gravedad del delito baste por sí misma para el dictado de la
medida: deberá siempre demostrarse, a partir de circunstancias concretas de la causa, la existencia de
peligros para los fines del proceso (cf. TSJ Sala Penal, "Arce", S. nº 285, 13/8/2014; "Palacios", S. nº 322,
4/9/2014; "Lescano" , S. nº 392, 10/10/2014; “Fassano", S. nº 407, 22/10/2014; "Caballero", S. nº 398,
15/10/2014; "Chacón", S. nº 413, 28/10/2014).

“Rodríguez”, S. nº 72, 27/3/2015

2.2. INDICIO RELACIONADO CON LAS CARACTERÍSTICAS DE LA SENTENCIA CONDENATORIA EFECTIVA O


EVENTUAL (INSUFICIENTE PER SE PARA ACREDITAR RIESGO PROCESAL)

2.2.1. Pronóstico de condena efectiva: no es condición suficiente ni necesaria para


acreditar el riesgo procesal.
Con relación a lo primero, cabe referir que el pronóstico de condena efectiva –tomado como
punto de partida por el tribunal– sólo constituye un indicador de peligro abstracto para los fines del proceso
y, como tal, requiere necesariamente de una corroboración concreta, de tal manera que aquél no es
suficiente para el dictado de la prisión preventiva, así como tampoco lo es la gravedad del delito.
Asimismo, puede afirmarse que tal pronóstico de efectividad tampoco es un presupuesto necesario para la
medida de coerción, ya que un riesgo concreto para los fines del proceso, verificado por parámetros
objetivos, puede justificar el encarcelamiento preventivo aun en casos de pronóstico de condena
condicional (conforme tuve oportunidad de señalarlo en: TSJ Sala Penal, "Delpino", S. nº 227, 11/9/2007,
voto en minoría). En definitiva, la valoración de la efectividad de la condena como indicio de peligrosidad
procesal no es acertada, conforme la doctrina sentada en el precedente "Loyo Fraire", a la que ya
hiciéramos referencia.

“Reina”, S. nº 294, 14/8/2014

2.2.2. Condena a pena alta: no puede ser soslayada en el análisis de los indicios
de riesgo procesal concreto

De manera preliminar, resulta ineludible destacar el contexto en el que han sido valorados los
indicios de peligrosidad procesal que justifican en concreto la medida de coerción.
En primer término, hay que mencionar que nos encontramos ante un caso en el cual ha recaído
sentencia de condena, la que aún no se encuentra firme en virtud del recurso de casación interpuesto
contra ella por el defensor del imputado Palacios. De tal manera, existe una declaración de
responsabilidad penal en contra del nombrado tras la realización del correspondiente juicio oral, público,
continuo, contradictorio y con inmediación de la prueba. Declaración que, por exigencia legal, requiere un
estado intelectual de certeza acerca de los extremos de la imputación. Tal circunstancia, si bien es
insuficiente para justificar la prisión preventiva, tendrá incidencia en el análisis de las circunstancias
indicadoras de peligro procesal concreto, como ser verá más abajo.
Asimismo, cabe considerar la gravedad de los delitos por lo que ha sido condenado y la entidad
de la pena aplicada.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014


De otro costado, debe tenerse presente que el imputado Leonardo Gabriel González ha sido
citado a juicio por un delito de suma gravedad. En efecto, el delito de homicidio agravado por el uso de
arma de fuego (arts. 79 y 41 bis CP), cuya comisión se le atribuye en calidad de coautor, contiene una
escala penal cuyo mínimo (10 años y 8 meses) permite prever, en caso de condena, una pena altamente
gravosa para el imputado (arts. 79 y 41 bis CP). Ello se erige en una circunstancia indicadora de
peligrosidad que, aunque insuficiente para fundar una prisión preventiva, incidirá en valor de los restantes
indicadores de peligro concreto, como se verá a continuación.

“González”, Leonardo Gabriel, S. nº 444, 19/11/2014

c. A más de lo expuesto, no debe perderse de vista que el imputado Soria ha sido condenado
por atentar contra el bien jurídico que constituye la base del ejercicio de todos los derechos por parte de la
persona: la vida. Y nada menos que la vida de un niño, que como tal es objeto de la máxima protección a
nivel convencional y constitucional (Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, aprobada en nuestro país por ley 23.849,
con jerarquía constitucional desde el año 1994, art. 75 inc. 22 CN). En su artículo 6, la convención citada
establece que los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida (inc. 1), y
que garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño (inc. 2).
La conducta que se le atribuye al imputado, pues, implica el máximo desprecio por el derecho
fundamental de una persona que integra un grupo objeto de especial protección, lo que también debe
impregnar el análisis de los indicios de peligrosidad procesal que aquí se realice.
(…)
3.5. Teniendo presente el contexto de la causa descripto supra (delito contra la vida de un niño,
declaración de responsabilidad con grado de certeza, prisión perpetua), y las circunstancias concretas
valoradas por el Tribunal de juicio, entiendo que la medida de coerción se encuentra debidamente fundada
en cuanto a su presupuesto procesal (riesgo para los fines del proceso), no habiendo el recurrente
demostrado una apreciación irrazonable (absurda) de ellas.
(…)
“Barrera, Maribel Alejandra Soledad – Soria, Marcos Roberto”, S. nº 426, 11/11/2014

Debe repararse, entonces, que en el sub examen ha recaído sentencia de condena en contra
del imputado Álvarez, la que aún no se encuentra firme en virtud del recurso de casación interpuesto
contra ella por su defensor. De tal manera, existe una declaración de responsabilidad penal en contra del
nombrado tras la realización del correspondiente juicio oral, público, continuo, contradictorio y con
inmediación de la prueba. Declaración que, por exigencia legal, requiere un estado intelectual de certeza
acerca de los extremos de la imputación. Tal circunstancia, naturalmente, incide en el análisis de los
indicios de peligro procesal en concreto que pudiesen existir en un caso determinado.
Tal circunstancia, si bien es insuficiente para justificar la prisión preventiva, tiene una fuerte
influencia en el análisis de las circunstancias indicadoras de peligro procesal concreto.
Asimismo, cabe considerar la gravedad del delito por el que ha sido condenado y la entidad de
la pena aplicada, lo que sin dudas también incidirá en la valoración de los indicios concretos. Así, el
imputado Álvarez ha sido declarado penalmente responsable por los delitos de abuso sexual sin acceso
carnal agravado continuado (art. 119, 1º y últ. párr., en func. del inc. b del 4º párr., CP) y abuso sexual con
acceso carnal agravado continuado (art. 119, 3º párr., en func. del inc. b del 4º párr., CP), en concurso
real. La pena aplicada por el tribunal es de 14 años de prisión.
En definitiva, la gravedad de los delitos que se atribuyen al imputado Álvarez, la existencia de
una sentencia de condena que lo declara autor con grado de certeza, y la gravedad de la pena aplicada,
son circunstancias que también deben tenerse en consideración, como punto de partida, en el juicio de
peligrosidad procesal en concreto que justifica la prisión preventiva.

“Álvarez, Jorge Miguel”, S. nº 496, 19/12/2014

2.2.3. Sentencia condenatoria en un juicio abreviado (CPP, 415): repercute en el


examen de los indicios de peligrosidad procesal
6. Asimismo, debe sumarse una circunstancia que da mayor fuerza a la inferencia realizada
precedentemente. En efecto, se debe tener en cuenta al momento en que la cámara dictó la resolución
impugnada, esto es, en que confirmó la prisión preventiva, la causa se encontraba en los actos
preliminares del debate. Pero como ya hemos señalado, en el ínterin en que se enviaron a esta Sala los
cuerpos de copias por el cese de prisión, se dictó sentencia de condena contra Peralta y el coimputado
Bazán, como culminación –y esto es lo que queremos aquí destacar– de un juicio abreviado, tras la
confesión lisa y llana del hecho (art. 415 CPP). Ello significa que las posibilidades de éxito de la casación
contra la condena se reducen considerablemente, y se relacionan sólo con la calificación legal o la
individualización de la pena (tópicos que no forman parte del acuerdo), salvo que se acuse la
inobservancia de los requisitos que vulnere la base misma del consenso (cf. TSJ Sala Penal, “Roldán”, A.
nº 144, 28/5/2014; entre muchos otros).

“Bazán (Peralta)”, S. nº 491, 17/12/2014

2.3. INDICIOS RELATIVOS A LA FALTA DE ARRAIGO

2.3.1. Falta de actividad laboral, o incierta, o inestable. Falta de domicilio, o


domicilio incierto, o cambiante

De esta manera, la base para evaluar las circunstancias indicadoras del riesgo procesal es que
nos encontramos ante un delito de mediana gravedad y que la pena será necesariamente efectiva. De ello
–acierta el defensor– sólo se puede derivar un peligro abstracto para los fines del proceso que requiere
corroboración concreta. Pero precisamente en ese marco, teniendo en vista los numerosos antecedentes
delictivos y las condenas dictadas en su contra, el tribunal valoró como indicios concretos la falta de
coincidencia del domicilio que el imputado brindó al declarar con aquel en el que fue aprehendido, y la falta
de actividad laboral del imputado.
(…)
[L]a falta de arraigo y de trabajo fijo son circunstancias que efectivamente surgen de las
constancias de autos, y que adquieren importancia en tanto el imputado está en las puertas del juicio oral,
el que requiere necesariamente de la presencia del imputado. Además –y esto es lo relevante– es el
propio acusado quien con su conducta ante los órganos procesales (brindar datos imprecisos y falsos) ya
dio muestra de que, en libertad, no garantizará su comparecencia al debate.
(…)
Pero además el defensor, frente a todo ello, no da cuenta de ningún ofrecimiento concreto del
imputado tendiente a neutralizar tales indicios de evasión del juicio, esto es, a los fines de remediar la
incertidumbre originada en los datos falsos e inexactos por él brindados y así demostrar sometimiento al
proceso (por ejemplo, comprometerse a fijar domicilio en determinado lugar y desempeñar determinada
actividad laboral). Tampoco lo hace el imputado en los escritos presentados en forma pauperis para el
cese de prisión y el recurso de casación.
Y a lo anterior debe agregarse las imprecisiones y falsedades de los datos brindados en cuanto a
su situación laboral.
(…)
En conclusión, la incertidumbre y la falta de sinceridad del imputado en cuanto a su residencia y
su actividad laboral, y el hecho de encontrarnos a las puertas del debate que eventualmente podrá derivar
en una condena de cumplimiento efectivo de tres años como mínimo, tornan absolutamente necesario
asegurar la presencia del acusado en el juicio mediante la continuidad de su encarcelamiento preventivo.

“Act. Jaime”, S. nº 180, 12/6/2014

Como se puede ver, la falta de radicación en forma estable y la incertidumbre en cuanto a la


actividad laboral, han sido una constante en la conducta de Carina Alejandra Carrizo, lo que denota que
las posibilidades de huir del proceso no lucen remotas como sostiene la defensa. Estas circunstancias
adquieren importancia en tanto la imputada está en las puertas del juicio oral el que requiere
necesariamente de la presencia del imputado.

“Carrizo”, S. nº 204, 16/6/2014

Bajo el marco anteriormente citado –gravedad del delito-, hay que considerar los específicos
indicadores de peligro procesal que alega el representante del Ministerio Público Fiscal y que avaló la
Cámara del Crimen de Cuarta Nominación: desconocimiento del domicilio de la acusada. El Tribunal arriba
a tal conclusión, acertadamente, ponderando distintos elementos probatorios que surgen de la tramitación
del proceso: El lugar donde se practica el allanamiento y donde se fijan como ocurridos los hechos, resulta
ser el de calle…; al momento del citado procedimiento, la nombrada dijo vivir en…, mientras que tanto en
el acta de aprehensión, como en las correspondientes a sus declaraciones, Bustamante dio como domicilio
el situado en calle… Si bien aclara y reconoce que ha ido mutando de domicilio, lo cierto e incontrastable
es que no teniendo domicilio fijo, resulta más que probable presumir que en caso que obtuviera el cese de
prisión, impedirá la actuación de la ley mediante la fuga.

“Bustamante”, S. nº 209, 24/6/2014

Así, los testimonios receptados en la causa son evidentes en cuanto a dos circunstancias
concretas íntimamente ligadas entre sí: la precariedad laboral y la inestabilidad del domicilio. Tales
situaciones, de las que dieron cuenta –conforme el fallo impugnado– numerosos testigos, evidencian la
falta de arraigo del imputado en un lugar determinado, con un trabajo y familiares que lo retengan, lo que
permite concluir como probable que se sustraiga a someterse a la justicia en caso de que la sentencia que
le ha sido aplicada, ciertamente de gravedad, sea eventualmente confirmada por esta Sala.
No parece trascendente, al respecto, que los domicilios en los que el imputado ha alternado en
los últimos tiempos, o los trabajos esporádicos que ha desempeñado, sean conocidos o identificables,
como impugna el quejoso. Lo determinante es, en cambio, el modo de vida asumido por el imputado,
consistente en no emprender deliberadamente una actividad laboral estable, y en mudarse de un domicilio
a otro sin que nada (ni trabajo, ni familia, ni actividades sociales) parezca retenerlo en un lugar
determinado.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

Véase también: Calizaya, S. nº 228, 3/7/2014

El mismo imputado refirió que no tiene domicilio propio y vivía en una casa que prestada con su
pareja, la que finalizó su relación con él a causa del hecho delictivo. A ello debe agregarse que el padre
del imputado vive en Jujuy y la madre en Buenos Aires…, por lo que aunque resida desde hace tiempo en
la ciudad de Villa María (que lo hacía, reiteramos, junto a su concubina, la que cortó relación tras el
hecho), existe la posibilidad concreta de que pueda optar por alguno de esos destinos para evadir el juicio
(…)
En definitiva, la carencia de arraigo del imputado, más su pretensión de influir sobre una testigo
fundamental de la acusación, sumado a la obligación estatal de enjuiciamiento en este tipo de hechos,
asumen la suficiente entidad como para justificar la medida de coerción, la que aparece como única
alternativa para evitar el entorpecimiento de un debate oral que es inminente.

“Bautista”, S. nº 349, 17/9/2014

Asimismo, no puede soslayarse que en los últimos años la falta de residencia fija del acusado y
el movimiento por distintas ciudades ha sido una constante en su vida. Estas circunstancias proyectan
desconfianza acerca del sometimiento de Guerrero al accionar de la justicia, máxime cuando las presentes
actuaciones se encuentran en las puertas del debate.

“Guerrero”, S. nº 391, 9/10/2014

De este modo, los riesgos que fundamentan la medida de coerción no aparecen aparecen
pretéritos y carentes de actualidad como menciona la defensa, sino que, al contrario, se encuentran
presentes actualmente y, por ende, la medida de coerción se encuentra justificada para asegurar la
sujeción de Altamirano el proceso. La mención del abogado defensor de que la tía del acusado propone su
domicilio para que este resida, no permite suponer que Altamirano será encontrado en tal lugar debido a
que ya evidenció su actitud de evadirse del proceso en el nacimiento de la investigación, máxime cuando
las presentes actuaciones se encuentran en las puertas del debate.

“Altamirano”, S. nº 405, 20/10/2014


El acusado Corbalán carece de trabajo y ha desempeñado, mientras se encontraba en libertad,
actividad delictiva en varias ciudades de las provincias de Córdoba y Santa Fe.
(…)
De este modo, la mención del defensor que el Tribunal ha valorado en forma discriminatoria que
el prevenido no tiene trabajo, castigando de esta manera la exclusión y la pobreza, es una afirmación que
carece de sustento y soslaya el cuadro probatorio ponderado por el Tribunal. Se arriba a tal conclusión ya
que de autos surge con claridad que Corbalán se ha movido por distintas ciudades de dos provincias en
conjunto con una banda organizada.
(…)
El abogado defensor señala que Corbalán posee residencia formal en la ciudad de Rosario, pero
la multiplicidad de hechos cometidos en distintas ciudades de varias provincias y la organización previa
para la comisión de los sucesos, denotan habilidad y destreza de Corbalán para desplazarse a lo largo de
varias ciudades, utilizando conexiones para desempeñar su actividad, lo cual proyecta desconfianza
acerca de que el acusado pueda ser ubicado en tal domicilio si es puesto en libertad, máxime cuando las
presentes actuaciones se encuentran en las puertas del debate y el coimputado Viatri ya fue condenado
por la Cámara de Bell Ville por los hechos también atribuidos a Corbalán.

“Corbalán”, S. nº 437, 18/11/2014

Como se puede ver, la residencia del acusado aparece dudosa debido a los diferentes domicilios
revelados en distintas instancias y en el mismo lapso de tiempo. Es decir, nos encontramos con que el
acusado Montaño Martínez ha declarado una dispersión de residencias en diferentes ámbitos judiciales y
extrajudiciales. Esta circunstancia no puede ser soslayada al realizar el análisis de la justificación de la
medida de coerción ya que nos encontramos cercanos al comienzo del debate, el cual se vería frustrado si
no se asegura la comparecencia de Montaño Martínez en el proceso.
En definitiva, esta particular situación en que se encuentra el acusado en cuanto a su residencia,
valorada en el marco de la especial situación de vulnerabilidad de las víctimas que exigen poner atención
en todas las circunstancias que podrían frustrar el debate, torna imprescindible e irreemplazable la prisión
preventiva del imputado Montaño Martínez en los actos preliminares del juicio.

“Montaño Martínez”, S. nº 441, 19/11/2014

En efecto, el peligro de fuga surge sin dudas de la falta de arraigo del imputado, quien –conforme
surge de las constancias de autos– hasta su encarcelamiento habitaba en una vivienda en la que cumplía
la función de casero, junto a su concubina MP y la hija de esta última, FGP, víctima de los hechos, además
de una hija del imputado, M. Conforme reconoce el defensor, el domicilio era accesorio al trabajo que
realizaba su defendido al momento de ser detenido (hace más de dos años y medio), por lo que no se trata
de su residencia fija. Y si bien, como dice el impugnante, podría el imputado fijar un domicilio determinado
en caso de ser liberado, lo cierto es que hasta ahora no ha ofrecido ningún lugar de residencia concreto
cuya factibilidad pudiera ser analizada en esta instancia, por lo que la situación de falta de residencia se
mantiene y, por tanto, la posibilidad de evasión ante una condena gravosa.

“Álvarez, Jorge Miguel”, S. nº 496, 19/12/2014

Resulta clara la existencia de peligro procesal concreto, ya que no pudiendo verificarse sin
ambigüedad cuál es el verdadero domicilio del imputado –atento del contenido de sus declaraciones- es
asequible inferir su intención de sustraerse del accionar de la justicia, lo que ya ha efectuado aportando
domicilios diferentes en distintos actos procesales que se realizaron durante la instrucción.
De esta manera, la conclusión a la que ha arribado el Tribunal –incertidumbre respecto al
domicilio del encartado- aparece acertada, circunstancia que no puede ser soslayada ya que en caso de
recuperar su libertad la ubicación de paradero de Roque de Allende sería dificultosa, máxime cuando las
presentes actuaciones se encuentran en las puertas del debate y la incomparecencia del incoado podría
frustrar la realización del juicio.

“Roque de Allende”, S. nº 16, 4/3/2015.

Como se puede ver, la actividad desempeñada por Villacorta denota una gran habilidad para
desplazarse por la provincia con una estructura logística y humana que posibilitó la comisión de los hechos
delictivos con éxito y pasando desapercibido durante un largo período. Todo ello demuestra capacidad
para eludir los controles de la justicia y proyecta desconfianza acerca del sometimiento del acusado a la
justicia si es puesto en libertad.
De este modo, la mención del defensor que el Tribunal ha omitido ponderar circunstancias
particulares del acusado y ha tomado circunstancias generales sin fundamentación, es una afirmación que
carece de sustento y soslaya el cuadro probatorio ponderado por el Tribunal.
El abogado defensor señala que Villacorta posee residencia formal en la ciudad de La Calera,
pero la multiplicidad de hechos cometidos en distintas ciudades de esta provincia, la organización previa
para la comisión de los sucesos, denotan facilidad y destreza del acusado para desplazarse a lo largo de
varias ciudades, utilizando conexiones para desempeñar su actividad, lo cual permite desconfiar que el
acusado pueda ser ubicado en tal domicilio si es puesto en libertad, máxime cuando las presentes
actuaciones se encuentran en la instrucción.
“Apud Dragisich (Villacorta)”, S. nº 70, 27/3/2015

2.3.2. Falta de contención familiar

En referencia al entorno familiar, con relación a sus hijos, que están actualmente en la provincia
de San Luis al cuidado de sus abuelos maternos, uno de ellos es víctima de sus abusos y malos tratos.
Las declaraciones del menor son elocuentes en cuanto al sentimiento que tiene hacia su progenitor “mi
papá es muy malo… quiero que este último y Willy estén presos porque nos los quiere volver a ver…”. Por
ello, el deseo del acusado de ver a sus hijos como sostiene el recurrente, aparece, al menos, difícil
conforme las declaraciones del niño.

“Calizaya”, S. nº 228, 3/7/2014

Por lo demás, la contención familiar que invoca el recurrente, quien hace mención de frecuentes
visitas de los familiares en la cárcel, evidentemente no es tal cuando el imputado se encuentra en situación
de libertad. Y esto no es un razonamiento conjetural, sino la realidad constatada mediante la declaración
de numerosos testigos, que depusieron acerca del poco apego del imputado a residir en un mismo lugar y
a emprender una actividad laboral permanente, aun con la ayuda de sus familiares en ambos aspectos.
Por lo demás, no cuenta con pareja e hijos que lo retengan.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

2.3.3. Imputado reside en vivienda usurpada

En ese contexto, pues, adquieren especial relevancia dos de los indicios de riesgo procesal
concreto valorados por el a quo: las amenazas de familiares del imputado a la testigo que lo vinculó al
hecho delictivo, por un lado, y su arraigo precario, por el otro. Ambos aparecen como razonablemente
demostrativos –en el marco de un delito de gravedad y en la antesala del debate– de que Chacón pondrá
obstáculos al descubrimiento de la verdad o se sustraerá a la autoridad para impedir el desarrollo del
juicio… [C]on relación a la precariedad del domicilio, el recurrente no niega que la vivienda en la que vivía
el imputado sea usurpada, lo que evidentemente proyecta desconfianza acerca del arraigo del imputado,
aunque haya brindado siempre la misma dirección a la autoridad judicial.

“Chacón”, S. nº 413, 28/10/2014

2.4. CONDUCTAS DE ENTORPECIMIENTO (OBSTÁCULOS PARA IMPEDIR EL DESCUBRIMIENTO DE LA


VERDAD)

2.4.1. Conductas de (o que permiten inferir) obstrucción o alteración de pruebas

2.4.1.1. Policía/investigador de Sustracción de Automotores, que como tal,


daba información a integrantes de una asociación ilícita y de esa forma
entorpecía la investigación de los hechos a la que él mismo estaba
avocado

En efecto, el tribunal de apelaciones, por remisión, adoptó la postura del Juez de


Control de considerar, en primer término y como base del análisis, la entidad del delito atribuido
al encartado Nieto, que tiene una escala penal en abstracto de 3 a 10 años de prisión. A su vez,
efectúa un pronóstico punitivo hipotético según el cual la eventual condenación será
cumplimiento efectivo, por tratarse de un funcionario policial que aprovechó su calidad funcional
y de la información que por ella obtenía para facilitar la comisión de delitos.
Pero además de lo anterior –y en esto reside esencialmente la justificación de la
medida a la luz del referido criterio de la CSJN– el a quo destacó indicios concretos de
peligrosidad procesal. En efecto, concluyó como probable que el imputado, en libertad, intentaría
entorpecer la investigación valiéndose del conocimiento que tiene del funcionamiento, de los
integrantes y de los roles de la organización delictiva de la que formaba parte. Y ello surge
fehacientemente de la circunstancia concreta de que –conforme surge de la prueba– Nieto
informaba al imputado Fredes acerca de cómo debía actuar ante los controles policiales y qué
debía hacer para que sus actividades ilícitas no fueran puestas en descubierto. En definitiva,
efectivamente buscó desviar la investigación de los hechos que dieron origen a la presente
causa, brindando datos e información relevantes a autores de delitos contra la propiedad (ilícitos
que él precisamente debía investigar) para ayudar a eludir la acción de la justicia.
Frente a la contundencia de ello, quedan desvirtuadas las circunstancias personales
que los recurrentes enuncian como corroboradoras de la falta de riesgo procesal (falta de
antecedentes, domicilio fijo donde convive con su grupo familiar, sostenimiento económico del
grupo familiar con su sueldo de policía). Ellas, en realidad, se dirigen a neutralizar el peligro de
fuga y son idóneas efectivamente para ello, pero no lo son para contrapesar el contundente
indicio de peligro de obstaculización de la investigación resaltado por el a quo.

“Nieto”, S. nº 55, 31/3/2014

2.4.1.2. Policía de calle e investigador que utiliza instrumentos de la fuerza


y monta una escena de búsqueda de prófugo para facilitar la comisión de
un hecho contra la propiedad
De todos los elementos de prueba mencionados anteriormente, se observa con
claridad que Armando David Martín utilizó saberes previos como policía especialista en
investigaciones para cometer el hecho. En base a esa experticia, montó una escena de
búsqueda de prófugo con todos los elementos necesarios para que las partes puedan caer en
dicha trama.
Como se puede ver, las actitudes desarrolladas por Martín denotan habilidad y
destreza para desarrollar conductas contrarias a la ley con éxito, en particular para alterar y
desviar la prueba hacia alternativas más beneficiosas. Esa utilización de conocimientos
específicos de la función y experiencia de un investigador policial, quien además sabe del
funcionamiento de la justicia y tramitación de causas judiciales, proyectan desconfianza acerca
del sometimiento al accionar de la justicia, máxime cuando las presentes actuaciones se
encuentran cercanas al debate.

“Martín”, S. nº 385, 1/10/2014

2.4.1.3. Policía que actuó en conjunto, en forma organizada, con


armamento y medios de comunicación sofisticados, capuchas, con
impunidad ante el encuentro con otros policías, etc.
En definitiva, en el fallo impugnado se han valorado las siguientes circunstancias como
indicadoras de peligrosidad procesal: a) la calidad de policía del imputado Brandán; b) la
actuación en conjunto y en forma organizada con otros cuatro individuos, dos de ellos también
policías; c) los imputados demostraron moverse con la mayor impunidad por la zona, aun
divisado y controlado Brandán inmediatamente después del hecho por colegas policías, los que
no advirtieron su actuar delictivo; d) los autores actuaron de manera violenta; e) utilizaron
armamento e instrumentos de comunicación sofisticados; f) usaron capuchas para evitar ser
reconocidos posteriormente; g) conocen a las víctimas; h) restan tomar medidas de investigación
(desglose a fs. 1138 a fin de continuar la instrucción con relación a la responsabilidad de un
tercero aún no identificado). Con relación a esto último, se advierte que no se trata de
actuaciones ajenas a la causa, como reprocha el recurrente.
Así las cosas, no resulta arbitrario concluir que los mencionados indicios convergen a
demostrar que el imputado Brandán, en libertad, intentará frustrar los fines del proceso, ya
poniendo obstáculos para impedir el descubrimiento de la verdad, ya sustrayéndose a la
autoridad para impedir el desarrollo del juicio o el cumplimiento de una eventual pena. Todo ello
valorado en el marco de un delito de gravedad (cuya escala penal en abstracto parte de 6 años y
8 meses de prisión) y en el estado procesal que se encuentra la causa (debate en ciernes).

“Brandán”, S. nº 400, 16/10/2014

2.4.1.4. Imputado, al ser aprehendido, brindó domicilios distintos al que


realmente vivía. Impidió, de esa forma, realizar allanamientos en busca de
elementos relacionados con el delito (“skimming”, utilización fraudulenta
de tarjetas de crédito o débito clonadas, previa sustracción de datos)
c. Así, al momento de su aprehensión, conforme surge del acta, el imputado aportó un
domicilio que se correspondía efectivamente con el que figura en su DNI (calle Duarte Quirós
2446, barrio Alto Alberdi), pero en el que ya no vivía más, circunstancia corroborada por personal
policial (v. fs. 42, 45, 59). A ello se suma que al momento de su imputación brindó el domicilio
que corresponde a su hermana (calle Yuspe 1336 de barrio Villa Unión), pero ésta manifestó, al
momento de ser allanado su domicilio, que su hermano nunca vivió allí (fs. 43, 58, 77, 79).
A ello cabe agregar que, conforme corroboró personal policial, el domicilio que tenía
fijado el imputado en su actividad laboral era otro (calle Jujuy 2246 de barrio Alta Córdoba), y
como se comprobó después también, en él vivía efectivamente la concubina del imputado y su
hija (fs. 134 y 144).
Este último domicilio es, precisamente, el que el defensor menciona como el lugar en el
que su defendido vive con su concubina y la hija de ambos, y menciona un contrato de locación y
un certificado de convivencia presentados en su oportunidad. Del primero, de fecha 4/3/2013,
surge el alquiler de la vivienda por parte de Ivana E. Farías Loza como locataria, y del segundo,
de fecha 13/9/2013, su convivencia en ese domicilio con el imputado Caballero desde hace siete
meses (fs. 325/326 y 328).
No obstante, estos datos no hacen sino corroborar el indicio de riesgo procesal
valorado por la cámara: el imputado evitó dar el domicilio donde vivía con su pareja e hija, dando
en cambio uno en el que ya no vivía o el de su hermana en el que nunca vivió. Se trata, en
definitiva, de una concreta conducta entorpecedora de la investigación que permite realizar una
inferencia actual y no absurda de entorpecimiento para impedir el descubrimiento de la verdad y
de elusión para evitar la actuación de la ley. Repárese, en ese sentido, que los allanamientos
iniciales, destinados a obtener el secuestro de elementos relacionados con el delito, no pudieron
efectuarse en ese domicilio (acto procesal que se ordenó casi un mes después del hecho; fs.
153, 164, 166). A la postre, fue el domicilio que el imputado aportó en su declaración indagatoria,
efectuada con posterioridad a la corroboración del domicilio por el comisionado policial y a su
allanamiento.

“Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014

2.4.1.5. Imputado, al ser descubierto en su actuar delictivo, intentó


deshacerse del instrumento del delito (tarjeta de crédito clonada –
“skimming”)
d. Los indicios anteriores, si hasta aquí pudieran parecer insuficientes, se ven fortalecidos de
manera contundente con la conducta del encartado inmediatamente posterior al último de los
hechos por el que se lo acusa: controlado por personal de seguridad del local comercial,
Caballero trató de desprenderse del elemento utilizado en su intento de cometer el delito de
estafa, conforme surge de testimonios de fs. 70 y 72, el que habría utilizado también en los
hechos anteriores (nominados primero, segundo y tercero). En efecto, de las constancias de
autos surge que después de ser detenido en el local comercial, habría pedido permiso para ir al
baño y, aprovechando que lo dejaron solo en su interior, arrojó al inodoro la tarjeta de crédito
Visa (paralela) con la que habría intentado pagar, lo que se erige en una clara conducta dirigida
a obstaculizar el descubrimiento de la verdad (fs. 42 vta., 43, 72 vta., informe técnico grafocrítico
de fs. 140/141; informe Sección Informática Forense de fs. 156). Repárese que la acusación
atribuye el imputado la comisión de estafas mediante un tipo de fraude particular denominado
“skimming”, y que consiste en la utilización de tarjetas de crédito y débito clonadas o gemelas, en
cuya banda magnética se grava la información que se copió subrepticiamente de la tarjeta
original, a través de un software especial (v. fs. 116). En este caso, el imputado pretendió hacer
desaparecer, precisamente, el instrumento del delito.

“Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014

2.4.1.6. Conductas de allegados del imputado dirigidas a evitar secuestros


en allanamientos

[S]e puede colegir que el imputado, por todos los medios, procuró que la investigación
no obtuviera las pruebas necesarias, esto es, aquellas propias de la actividad delictiva por la que
se lo acusa (estafas y ejercicio ilegal de la medicina), así como influir sobre víctimas o testigos
(recordemos que la obra bajo la cual encubría su actividad delictiva contaba con gran cantidad
de pacientes, por un lado, como de personas que cumplían diferentes funciones en ella).
(…)
[C]abe referir que de las conversaciones telefónicas de las que se da cuenta en el
testimonio del comisionado policial… (acompañado también por el recurrente) surge
indiscutiblemente la voluntad, por parte de quienes continuaban desarrollando actividades en el
predio denominado “Pozo de Luz” (en el que el imputado ejercía su actividad ilegal), de que no
se obtuviera el secuestro de elementos comprometedores.
Puede mencionarse también, en ese sentido, que el testimonio del comisionado
policial… da cuenta de conversaciones telefónicas de la pareja del imputado Corsi, de las que
surge el objetivo de que no se lograran secuestros comprometedores de las vacunas.
Todo ello, a la postre, echa por tierra la pretensión de desvirtuar el claro indicio de
entorpecimiento de la investigación valorado por el tribunal.
(…)
[E]fectivamente existieron, por parte de integrantes de la estructura a través de la cual
el imputado Corsi estafó a numerosas personas que padecían graves enfermedades, acciones
tendientes a entorpecer la investigación…
(…)

“Corsi”, S. nº 222, 27/6/2014

2.4.1.7. Familiares cercanos al imputado ocultaron los hechos de carácter


sexual de que eran víctimas los menores *
Los parientes mayores de edad, a pesar de conocer lo que ocurría en el domicilio –
golpes reiterados y abusos sexuales- lo mantuvieron oculto, saliendo recién a la luz cuando los
menores lo contaron a terceros. En tal sentido, la tía del menor G., Ana Calizaya ha negado los
hechos. Tal declaración aparece hilvanada en un mismo sentido con la prestada por el imputado
en cuanto nada pasaba en la vivienda de los Calizaya y era imposible que ocurriera algo
negativo en la misma sin que otro lo detectara.

“Calizaya”, S. nº 228, 3/7/2014


2.4.1.8. Imputado se ha identificado con diferentes nombres, y ha brindado
pasaporte falso al momento de su detención
Las circunstancias anteriormente señaladas, permiten sostener que el encarcelamiento
del acusado aparece insustituible. Es que, en caso de ser beneficiado con la libertad, nada
asegura que Chávez comparezca a proceso ya que en otras oportunidades ha dado claras
muestras de un accionar elusivo de la justicia y dirigido a generar incertidumbre acerca de su
paradero –no informó el cambio de domicilio cuando había asumido la obligación en un cese de
prisión anterior, se identificó con diversos nombres, brindó pasaporte falso al momento de su
aprehensión, está en una situación migratoria irregular y no ha culminado los trámites que exige
la normativa-. Todas estas circunstancias que ponen en evidencia un actuar del acusado
contrario a la actuación de la justicia y tendiente a dificultar a los organismos estatales su
ubicación, cobran mayor vigor en la etapa del proceso que nos encontramos –muy cercanos a la
realización del debate-.

Chávez – Domínguez, S. nº 475, 10/12/2014

2.4.1.9. Imputado utilizó diferentes identificaciones en distintos procesos


judiciales

Las circunstancias anteriormente mencionadas y acreditadas en las presentes actuaciones –


utilización de distintas identificaciones en diferentes procesos judiciales y la existencia de una
condena en otra provincia lugar que no le es ajeno ya que ha vivido allí- demuestran que el
encarcelamiento preventivo del acusado aparece justificado. Se arriba a tal conclusión ya que,
en caso de una eventual concesión de la libertad, nada asegura que Domínguez no utilizará
otras identificaciones o se dirigirá hacia otra provincia donde ha residido, ya que con otros
procesos judiciales abiertos no dudó en realizar esas conductas claramentedemostrativas de un
accionar contrario a la actuación de la justicia y tendientes a no brindar certeza acerca de su
identificación.

Chávez – Domínguez, S. nº 475, 10/12/2014

2.5. CONDUCTAS DE FALTA DE COLABORACIÓN

2.5.1. Negativa a firmar el acta de detención

Junto a tales indicios, tampoco aparece como irrazonable valorar la negativa del encartado a
firmar el acta al momento de su detención, pues su fuerza indiciaria sólo resultaría insuficiente si se
valorara de manera aislada y sin tener en cuenta el contexto de la causa. Recuérdese aquí que las
circunstancias de peligrosidad procesal deben ser ponderada en conjunto (TSJ Sala Penal, "Calizaya", S.
nº 228, 3/7/2014).

Chacón, S. nº 413, 28/10/2014

En similar sentido: “Romero, Roberto Pío”, S. nº 480, 12/12/2014

2.5.2. Negativa a someterse a pericia psicológica (ejercicio del derecho de defensa,


y como tal no puede valorarse como indicio de peligrosidad procesal)

Por lo demás, la crítica referida concretamente al argumento relacionado con la negativa del
imputado a someterse a la pericia psicológica, aun cuando se comparte que no puede tomarse como
indicio de peligrosidad procesal, sea tanto por integrar el derecho de defensa o porque posteriormente
accedió a tal acto procesal, no tiene la virtualidad de contrarrestar el riesgo –derivado de otras
circunstancias– de que influencie sobre la víctima o testigos que depondrán en el debate, por lo que a esta
altura debe prevalecer la necesidad imperiosa de asegurar el juicio oral.

“Soria”, S. nº 307, 1/9/2014

En efecto, si bien de algunas de las circunstancias descriptas, tomadas aisladamente, no surge


expresamente un peligro de que el imputado Palacios pueda darse a la fuga en caso de que se le otorgare
la libertad (por caso, abstenerse de realizar pericia psicológica, que es ejercicio de su derecho de defensa,
o su capacidad de influir sobre la víctima, que carece de relevancia en cuanto el juicio ya se ha realizado),
otras en cambio permiten inferir claramente la posibilidad de que ello se produzca.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

2.6. CONDUCTAS DE INTIMIDACIÓN O DE MANIPULACIÓN HACIA VÍCTIMAS O TESTIGOS, POR PARTE DEL
IMPUTADO O DE TERCEROS VINCULADOS A ÉL*

2.6.1. Amenazas y lesiones a la madre de las víctimas de abuso sexual para que se
retracte (por un desconocido, pero con certeza vinculadas al caso)

En tal sentido, mencionó el tribunal la “marcada preminencia del imputado sobre las víctimas
(órganos de prueba) y [el] ostensible temor de estas últimas frente a la figura del imputado, todo lo cual
podría traer aparejado una variación del curso de la investigación y normal sustanciación del juicio de
debate en caso de encontrarse éste en libertad”. Remarcó que estamos ante presuntos hechos de abuso
sexual en los que el imputado se habría aprovechado del parentesco y la amistad de sus hijas con las
víctimas, y destacó que los hechos salieron a la luz mucho tiempo después de su acaecimiento,
precisamente en función de esa preminencia. Destacó, además, la complejidad de la investigación de este
tipo de delitos, por lo que consideró fundamental preservar el testimonio de las víctimas de cualquier
influencia o contaminación.
La recurrente, como vimos, intenta contrarrestar dicho indicio manifestando que las víctimas no
mencionaron en ningún momento sentir temor del imputado, y que la decisión de denunciar los hechos fue
motivada por el mensaje recibido en una ceremonia religiosa por parte de una de las víctimas, y no por
haber vencido el miedo que le causaba el imputado. No obstante, valoró el tribunal una circunstancia que
refuerza su conclusión: un episodio de violencia cometido por un desconocido contra la madre de las
víctimas, el que por sus características (contra un testigo de los hechos, con mensajes escritos de cuyo
tenor surge la finalidad de infundir temor a declarar sobre el hecho denunciado) se encuentra relacionado
directa o indirectamente con el imputado, quien a esa fecha se encontraba en libertad.
La referida circunstancia fue descripta por el Fiscal de Cámara, conforme se transcribió en la
resolución impugnada, en los siguientes términos: “A fs…. glosa denuncia efectuada por el Sr. Edgar
Eduardo Arias en contra del imputado, en la que relata que el día 26 de febrero de 2013, a las 07:30
horas, un hombre no individualizado agrede, a metros del colegio donde trabaja, a la señora María Elena
Arias, madre de las víctimas de autos, quien fue golpeada y cortajeada, en razón de lo cual sufrió un
traumatismo de cráneo. Al caer la mujer al piso, el agresor deja al costado de su cuerpo tres hojas que
contenían amenazas contra las víctimas y su familia, realizadas en letras de diarios y revistas, que
rezaban: „Seguí jodiendo loca, voy a agarrar a las pendejas y las culeo hasta que se desangren… Mara
(sobrenombre de la señora) te persigo‟, y „Eduardo si tus hermanas hablan (sic) las mato‟”. Surge así
evidente la finalidad de intimidar a las víctimas del hecho, que no puede provenir sino del imputado o de
personas a él allegadas.
La recurrente alega que no ha sido corroborada la autoría de Arce al respecto, y que además no
se trata de un hecho que penalmente haya sido acreditado con certeza. Sin embargo, ello no es óbice
para valorarlo como un hecho de existencia probable que permite inferir un riesgo cierto para la
investigación.

“Arce”, S. nº 285, 13/8/2014

2.6.2. Amenazas contra las dos víctimas por parte del imputado, tras un
allanamiento en su domicilio
El tercer hecho de la plataforma fáctica del requerimiento fiscal de citación juicio atribuido a
Zamora consiste en amenazar al marido de Jesica Dayana Oviedo y a la madre de aquél, luego de
producido el allanamiento que se llevó a cabo para recabar elementos de prueba y cuyo resultado fue
positivo. En tal sentido, Jorge Germán Peralta declaró que Norma Ferreyra y su hijo Ariel Zamora
“comenzaron a agredir verbalmente al dicente e incluso le decían que ya lo iban a agarrar, que lo iban
hacer cagar, como así también que culpa de ellos había estado la policía en su casa”, aclarando luego que
siente temor e intranquilidad por los dichos de estas personas temiendo que puedan hacer algo en contra
suya o de su familia.
Este hecho que está a punto de ser juzgado, junto con los otros que forman parte de la
acusación –el hecho primero y segundo también consisten en amenazas en contra de Jesica Oviedo-, es
indicativo del peligro de entorpecimiento del proceso que existe si el acusado es dejado en libertad.
Como se puede ver, la posibilidad que el acusado busque influir a las víctimas no luce como algo
descabellado ya que lo hizo en otras oportunidades y, específicamente, luego de producirse la actuación
de la policía en el allanamiento, demostrando de esa manera una actitud contraria a la actuación de la
justicia.

“Zamora”, S. nº 221, 27/6/2014

2.6.3. Amenazas a la víctima para que retire los cargos (“si no te mato”)

Al contrario de lo sostenido por el letrado, los progenitores del acusado intentaron obstruir la
tramitación del proceso con ofrrecimientos económicos a la víctima en reiteradas ocasiones y con visitas a
su trabajo en distintas oportunidades para recordarle el beneficio económico que podía recibir si aceptaba
a sus ofertas. Posteriormente y ante la negativa de la damnificada, el padre amenazó a Yáñez con matarle
a sus hijos si no retiraba los cargos.
Todos estos indicadores anteriormente señalados –personalidad, actitud de los padres de tentar
económicamente a la víctima para que cambie su declaración y luego, ante la negativa, amenazarla con
matarle los hijos y presión sobre la novia para obligarle a declarar falsamente a su favor-, configuran
concretos riesgos que, a más de impactar en la investigación y juicio ya concluidos, posibilitan inferencias
no absurdas respecto al riesgo de fuga. Ello es así porque las características individualizadoras de Britos y
los actos realizados por él o por otros a su favor (consistentes en manipulaciones y alteraciones de
pruebas), proyectan desconfianza acerca del sometimiento al accionar de la justicia.

“Britos”, S. nº 281, 7/8/2014

2.6.4. Presión del imputado sobre la principal testigo de la acusación

La testigo Tamara Soledad Borsato manifestó sentir “temor a las represalias que pudiera tomar
Bautista cuando salga de la cárcel”, en razón de haber sido ella quien dio a conocer el hecho a la madre
de la víctima. En ese sentido, depuso acerca de una conversación telefónica en la que el nombrado negó
rotundamente el hecho, manifestando “son mentiras todo lo que estás diciendo, seguramente estás
tramando algo… No me importa que tu papá sea abogado, si a mí me pasa algo, te voy a hacer la vida
imposible”. Y señaló que por ese motivo recibió varios llamados desde número desconocido y cuando
atendía era él, incluso estando detenido, por lo que decidió cambiar de número para que no la molestara
más. Ello supone una conducta orientada a influir sobre una testigo cuya declaración aparece como central
en la acusación y que aún debe deponer en el debate, por lo que se erige un claro indicio de
entorpecimiento del proceso.
En definitiva, la carencia de arraigo del imputado, más su pretensión de influir sobre una testigo
fundamental de la acusación, sumado a la obligación estatal de enjuiciamiento en este tipo de hechos,
asumen la suficiente entidad como para justificar la medida de coerción, la que aparece como única
alternativa para evitar el entorpecimiento de un debate oral que es inminente.

“Bautista”, S. nº 349, 17/9/2014


2.6.5. Caso en el que la posible influencia del imputado sobre testigos aparece
como genérica y abstracta

Finalmente, la cercanía del domicilio con la fábrica donde se produjo el hecho tampoco es, por
sí sola ni en relación con las circunstancias expuestas precedentemente, demostrativa de riesgo procesal
alguno. Tal circunstancia llevó a la cámara a inferir que el imputado podría presionar a testigos cuyas
declaraciones hay que preservar en el debate. Y reforzó su razonamiento con la consideración de que,
según un testigo de la causa (comisionado policial), se trata de una zona en la que se cometen muchos
delitos, e incluso los pocos vecinos de la zona manifestaron que no se atreven a hablar con la policía
porque si son vistos haciéndolo van a ser “cagados a tiros” por parte de los delincuentes de la zona.
Adviértase que en principio no se trata de un razonamiento incorrecto. Es realmente un indicio
válido de peligrosidad. Ahora bien, se trata de un indicio extremadamente débil en razón de su generalidad
y vaguedad, lo que justifica, por lo demás, que no se lo haya ponderado con relación al coimputado Zárate
al resolverse su libertad. Repárese que los delincuentes no actuaron con violencia contra las personas en
el hecho delictivo (eligieron un horario en que evidentemente no encontrarían resistencia de personas), por
lo que no puede inferirse, en verdad, que el imputado Lescano vaya a ejercer violencia contra la víctima o
los testigos sólo por la cercanía de su vivienda con la fábrica. Por lo demás, ¿sobre qué testigos ejercería
tal violencia o intimidación? El hecho se produjo sin que nadie se encontrara presente en el lugar. El
damnificado tampoco vive en la fábrica (…). [T]ampoco se ha acreditado que los peligrosos delincuentes
de la zona (al decir de los vecinos) tengan alguna relación con el imputado Lescano, quien no demostró
esa peligrosidad en la comisión del hecho que dio origen a la presente causa (no actuó armado ni hubo
personas violentadas). Así las cosas, la extrema debilidad inferencial, cuasi nula, de la circunstancia aquí
analizada, permite descartarla como indicio de riesgo de evasión o de entorpecimiento.

“Lescano”, S. nº 392, 10/10/2014

2.6.6. Manipulación del imputado sobre su pareja para que brindara una versión
falsa del hecho cometido en su contra y de esa forma lo desinciminara

Así, se tuvo en consideración que el imputado, apenas cometido el hecho, se retiró con la
víctima y el hijo de ambos de su residencia, esto es, se sustrajo de la ciudad y de su entorno familiar y
laboral con clara intención de ocultar su situación. Y si bien se presentó rápidamente ante la autoridad
policial del Cruz del Eje con su pareja e hijo, lo hizo al solo efecto de que la víctima brindara una versión
falsa del hecho y, de esa forma, lo desincriminara (golpe por un desconocido en un intento de robo).
Falsedad que fue reconocida por la propia víctima, quien en una segunda declaración admitió que el golpe
provino de su pareja, aunque le quitó intencionalidad.

“Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014

2.6.7. Manipulación del imputado sobre su novia para que declarara falsamente a
su favor
No puede soslayarse en el análisis de la situación procesal del traído a proceso, la imputación y
posterior declaración de responsabilidad penal del acusado como autor del delito de instigación al falso
testimonio (arts. 45 y 275 C.P.), en relación al tercer hecho. En dicho suceso, el Tribunal encontró probado
que Britos manipuló y determinó a su novia Noelia Carranza, sobre quien el imputado ejercía influencia, a
cometer falso testimonio en oportunidad que la joven fuera convocada a prestar declaración en relación al
primero de los hechos atribuidos al encartado.
Dicha instigación a falsear una declaración testimonial para crear, de ese modo, una coartada
falsa ha constituido una elocuente y concreta maniobra de entorpecer la investigación que se llevaba a
cabo en su contra.

“Britos”, S. nº 281, 7/8/2014

2.6.8. Presión intensa de los padres del imputado sobre la víctima para lograr su
retractación (ofrecimientos de ventajas económicas y, ante la negativa, amenazas)
También debe tenerse especialmente en cuenta la participación activa de los padres de Britos
sobre una de las víctimas, Judith Yánez: la damnificada en las sucesivas declaraciones que prestó a lo
largo del proceso dejó en claro que a raíz de la investigación judicial seguida en contra de Britos recibió
presiones.
Particularmente, relató al momento de presentarse ante la instrucción “…Hace aproximadamente
un mes y medio atrás se llegaron por mi negocio de ferretería el padre y la madre de Lucas Britos. Me
ofrecían un auto y una casa para que yo hiciera marcha atrás. Yo les dije que de ninguna manera, que no
estaba en mi esencia. La madre me dejó el celular para que yo la llamara y que pensara en el
ofrecimiento, yo no los llamé nunca. A la semana volvieron por mi negocio, se bajó la madre me dijo que
por favor necesitaba hablar conmigo que el hijo era inocente, que yo me pusiera en su lugar como madre,
le dije que no, que yo lo había pensado muy bien, que estaba muy segura lo que había hecho”.
También declaró en esa oportunidad Yáñez que unos días antes declarar recibió un llamado
telefónico y reconoció que era el padre de Britos a quien días antes había visto. Esa persona le dijo en la
comunicación “hija de puta, retirá todos los cargos porque voy a matar a tus hijos, estos en la puerta del
departamento de tus hijos esperándolos, si no cambiás de opinión te voy a cagar matando a tus hijos”.
(…)
Todos estos indicadores anteriormente señalados –personalidad, actitud de los padres de tentar
económicamente a la víctima para que cambie su declaración y luego, ante la negativa, amenazarla con
matarle los hijos y presión sobre la novia para obligarle a declarar falsamente a su favor-, configuran
concretos riesgos que, a más de impactar en la investigación y juicio ya concluidos, posibilitan inferencias
no absurdas respecto al riesgo de fuga. Ello es así porque las características individualizadoras de Britos y
los actos realizados por él o por otros a su favor (consistentes en manipulaciones y alteraciones de
pruebas), proyectan desconfianza acerca del sometimiento al accionar de la justicia.

“Britos”, S. nº 281, 7/8/2014

2.6.9. Eventual amedrentamiento a testigos: particular situación en causas de


estupefacientes.
En tal sentido, no puede soslayarse en el análisis de la justificación de la medida de coerción, el
contexto en el que se desarrollan los hechos aquí investigados –un barrio donde todos se conocen-, las
particularidades que presentan los ilícitos y la relación que existe entre las personas que venden
estupefacientes y los compradores. Además, debe ponderarse el conocimiento directo por parte del
encartado de una actividad tan específica, dado por su vínculo anterior con la comercialización de
estupefacientes (El Tribunal Oral Federal Nº 1 de esta ciudad, mediante Sentencia Nº 16 de fecha
13/04/05 le impuso la pena de cuatro años de prisión en cumplimiento efectivo por los delitos de
comercialización de estupefacientes y tenencia con fines de comercialización en concurso real, obteniendo
la libertad condicional a partir del 07/01/07 –fs. 23-).
En efecto, el testigo que ha aportado información de relevancia para la investigación no es una
persona ajena al acusado y en caso de recuperar su libertad, Pérez volvería a compartir el entorno con el
mismo. Ello por cuanto ambos forman parte de grupo de personas que se interrelacionan en el peculiar
ambiente de los vendedores consumidores de estupefacientes. Un mundo en el cual, la propia
clandestinidad de la actividad ubica, normalmente coloca a los reveladores de información (como el testigo
de autos) en una situación, al menos, comprometida, si se quiere.

“Pérez”, S. nº 416, 29/10/2014

En las presentes actuaciones, han declarado dos testigos que han mencionado que son clientes
habituales de estupefacientes de la imputada Sevilla. No puede soslayarse en el análisis de la justificación
de la medida de coerción el contexto en el que se desarrollan los hechos aquí investigados –una ciudad
pequeña-, las particularidades que presentan los ilícitos y la relación que existe entre la acusada y los
testigos.
En efecto, los testigos son conocidos por la imputada y en caso de recuperar su libertad, Sevilla
volvería a compartir el entorno con los mismos, ya que ambos forman parte de grupo de personas que se
interrelacionan en un ambiente muy particular como es de los vendedores-consumidores de
estupefacientes, en donde la clandestinidad de la actividad ubica a los reveladores de información (como
los testigos de autos) en una situación, al menos, comprometida. A esta singular característica del
mercado de estupefacientes, hay que sumarle que los presentes sucesos ocurren en una ciudad pequeña,
lugar de residencia de la acusada y los testigos, espacio en el cual la mayoría de personas se conocen y
la posibilidad de movilizarse sin pasar desapercibido aparece difícil.
Como se puede ver, la eventualidad de que se entorpezca el proceso a través de la influencia
sobre los testigos que han aportado datos de relevancia para la presente investigación, no luce remota o
descabellada, máxime cuando las presentes actuaciones se encuentran en la etapa del juicio.

“Sevilla, Andrea Romina”, S. nº 440, 18/11/2014.

No puede soslayarse en el análisis de la justificación de la medida de coerción el contexto en el


que se desarrollan los hechos aquí investigados –una ciudad pequeña como Villa Dolores– las
particularidades que presentan los ilícitos y la relación que existe entre el acusado y los testigos.
En efecto, los testigos son conocidos por el imputado –en algunos casos son amigos de él– y en
caso de recuperar su libertad, Díaz volvería a compartir el entorno con los mismos, ya que ambos forman
parte de grupo de personas que se interrelacionan en un ambiente muy particular como es de los
vendedores-consumidores de estupefacientes, en donde la clandestinidad de la actividad ubica a los
reveladores de información (como los testigos de autos) en una situación, al menos, comprometida.
Asimismo, debe tenerse en cuenta la peculiar manera en la que el imputado desarrollaba su actividad
acercando los estupefacientes hasta las casas de los clientes ("delivery"), lo cual es indicativo del
conocimiento y cercanía que poseía el acusado con los testigos.
A esa singular característica del mercado de estupefacientes, hay que sumarle que los presentes
sucesos ocurren en una ciudad pequeña, lugar de residencia del acusado y los testigos, espacio en el cual
la mayoría de personas se conocen y la posibilidad de movilizarse sin pasar desapercibido aparece difícil.
Como se puede ver, la eventualidad de que se entorpezca el proceso a través de la influencia
sobre los testigos que han aportado datos de relevancia para la presente investigación, no luce remota o
descabellada, y más aún, si las presentes actuaciones llegan al juicio y los testigos tienen que declarar en
esa instancia.

“Control Jurisdiccional solicitado a favor de Jorge Andrés Díaz”, S. nº 84, 6/4/2015

En efecto, los testigos son conocidos por el imputado –en algunos casos son amigos de él– y en
caso de recuperar su libertad, Navarro volvería a compartir el entorno con los mismos, ya que ambos –
según la acusación– forman parte del grupo de personas que se interrelacionan en un ambiente muy
particular como es de los vendedores-consumidores de estupefacientes, en donde la clandestinidad de la
actividad ubica a los reveladores de información (como los testigos de autos) en una situación, al menos,
comprometida. A esta singularidad, hay que sumarle que los presentes sucesos ocurren en una ciudad
pequeña, lugar de residencia del acusado y los testigos, espacio en el cual la mayoría de personas se
conocen y la posibilidad de movilizarse sin pasar desapercibido aparece difícil.
Como se puede ver, la eventualidad de que se entorpezca el proceso a través de la influencia
sobre los testigos que han aportado datos de relevancia para la presente investigación, no luce remota o
descabellada, y más aún, si las presentes actuaciones llegan al juicio y los testigos tienen que declarar en
esa instancia.

“Navarro, Gabriel Esteban”, S. nº 63, 25/4/2015

En efecto, la actividad que se le atribuye al imputado López presenta características particulares


relacionadas con el tráfico de estupefacientes que no pueden dejar de tenerse en consideración en la
justificación de la medida de coerción, las que fueron debidamente destacadas en la resolución que
ordena la medida cuestionada. Así, debe tenerse en cuenta el contexto en el que se desarrollan los
hechos investigados (venta de estupefacientes en zonas por lo general cercanas al domicilio del imputado
y a un colegio de la zona), las particularidades que presentan los ilícitos y la relación que existe entre las
personas que venden estupefacientes y los compradores, las que en el caso se ven reflejadas en las
escuchas telefónicas incorporadas a la causa. De ellas surge un especial cuidado en los aspectos
organizativos a los fines de proceder a la venta de las sustancias prohibidas y evitar ser descubierto por la
autoridad, y una mutua colaboración entre vendedor y compradores para que la venta se lleve a cabo
clandestinamente.
Además de lo anterior, un indicio importante de riesgo procesal lo constituye la amenaza de
muerte proferida por López al testigo Tapia, relacionada directamente con el tráfico de estupefacientes, sin
que obste a ello la antigüedad de la misma. Y por otro lado, las relaciones que el imputado estableció con
personas de un club deportivo (9 de Julio) que, por lo depuesto por personal policial y testigos, conforman
un grupo violento y ligado a actividades ilícitas. Todo ello se refleja en el temor que vecinos entrevistados
por personal policial manifestaron tener del imputado López, por conocer la actividad que realiza y la
capacidad de intimidar a quien evidencie o ponga obstáculos a su actividad.
(…)
En definitiva, la eventualidad de que el imputado López entorpezca el proceso a través de la
intimidación sobre los testigos que han aportado datos de relevancia para la presente investigación (César
Tapia, Fernando Daniel Pérez), o de testigos que aún puedan aportarlos, no luce remota o descabellada,
máxime cuando las presentes actuaciones se encuentran todavía en la investigación preliminar.
Cabe concluir, por todo lo expuesto, que en la resolución recurrida se destacaron una serie de
circunstancias que tornan absolutamente indispensable la privación de la libertad del imputado para
asegurar los fines del proceso, sin que los recurrentes –como dijimos al comienzo del presente análisis–
hayan demostrado que exista arbitrariedad en la valoración de aquéllas.
La medida de coerción pues, debe ser confirmada.

“López”, S. nº 71, 27/3/2015

2.6.10. Amenazas de familiares del imputado a la principal testigo de la causa


En ese contexto, pues, adquieren especial relevancia dos de los indicios de riesgo procesal
concreto valorados por el a quo: las amenazas de familiares del imputado a la testigo que lo vinculó al
hecho delictivo, por un lado, y su arraigo precario, por el otro. Ambos aparecen como razonablemente
demostrativos –en el marco de un delito de gravedad y en la antesala del debate– de que Chacón pondrá
obstáculos al descubrimiento de la verdad o se sustraerá a la autoridad para impedir el desarrollo del
juicio. En el primer caso, si bien es cierto que no se trata de conductas del imputado sino de terceros, no
se trata de personas ajenas a su entorno y es claro el destino de amedrentamiento para neutralizar una
prueba de cargo, lo cual permite inferir que objetivamente existe un riesgo, lo que en las puertas del juicio
es de imperiosa necesidad impedir.

“Chacón”, S. nº 413, 28/10/2014

2.6.11. Amenazas e intimidaciones del imputado a la víctima menor de edad en la


comisión de los abusos sexuales, y amenaza posterior del coimputado a la madre
de la víctima para que “no comentara nada” de lo sucedido.
Como se puede ver, la medida de coerción restrictiva de la libertad se encuentra justificada ya
que, en caso de recuperar la libertad, el acusado Álvarez podría intimidar a testigos del hecho y
presentarse personalmente ante la víctima a los mismos fines, como ya lo realizó en el momento de
comisión de los hechos y como lo hizo el acusado Ludueña manifestando que junto con el acusado
Álvarez matarían a la familia de la víctima si hablaban.
En definitiva, es la especial situación de vulnerabilidad de la víctima, en el contexto señalado
(amenazas e intimidaciones desarrolladas para cometer los sucesos, residencia en un lugar pequeño
donde imputado y víctima se conocen entre sí, y un hecho concreto de intimidación hacia la madre de la
menor por parte del acusado Ludueña, manifestándole que todos los imputados y otras personas matarían
a su familia si hablaba), lo que torna imprescindible e irreemplazable la prisión preventiva del imputado
Álvarez en los actos preliminares del juicio.

“Álvarez, Cristian Edgardo”, S. nº 435, 17/11/2014

2.6.12. Amenazas de familiar del imputado a familiar de la coimputada. Incidentes


entre familiares del imputado y personal policial durante el juicio.
De otro costado, la inferencia anterior acerca de la insumisión del imputado Soria a una futura
confirmación de la sentencia de condena se ve reforzada por otras circunstancias: las amenazas
proferidas por la hermana del imputado a la de la coimputada Barrera (que motivó una denuncia penal por
parte de esta última), las amenazas proferidas en los pasillos de la Cámara en el transcurso del debate, y
los incidentes entre algunos familiares de Soria y personal policial en las inmediaciones del Palacio de
Justicia II, tras el veredicto. Ello refuerza, como ya dijimos, la inferencia de no sometimiento del imputado a
una futura confirmación de la sentencia, conclusión que es válida a pesar de que (no) se trate de
conductas que hayan sido propias del imputado, como alega el defensor, porque aun así son
demostrativas de que aquel va a encontrar un ámbito propicio para sustraerse del cumplimiento de la pena
ante su eventual confirmación.
Finalmente, si lo anterior acaso no pudiera estimarse como suficiente fundamento de
peligrosidad procesal, cabe agregar que el domicilio ofrecido por el defensor tampoco da seguridad acerca
de su sometimiento al cumplimiento de la pena en caso de que sea ratificada por esta Sala. En efecto, se
trata del mismo domicilio en el que ocurrió el hecho, ubicado en cercanías de la familia de su ex
concubina, la coimputada Barrera, quien se encuentra también privada de su libertad. De esta manera, al
tratarse del lugar en el que los imputados habrían matado al niño (por comisión, el imputado Soria, y por
omisión equivalente a comisión, la imputada Barrera), lo que ya declaró un tribunal con grado de certeza,
aparece como inadecuado para que resida uno de ellos, máxime cuando el enfrentamiento y amenazas
entre las familias de ambos (aunque en rigor no habiten en el mismo barrio, como alega el quejoso) ha
quedado evidenciado durante el debate.

“Barrera, Maribel Alejandra Soledad – Soria, Marcos Roberto”, S. nº 426, 11/11/2014


2.6.13. Esposa y familiares del imputado reprochan a la víctima menor de edad la
“provocación” del hecho (abuso sexual) y el “objetivo de sacarle dinero”.
b. En segundo lugar, se suma la actitud de la esposa del imputado –y de otros familiares– de
reproche hacia su nieta y de inculpación por los hechos, negando que su esposo cometiera los abusos, y
reprochándole a la niña una presunta provocación a Rodríguez y el objetivo de sacarle dinero
(…)
c. En ese contexto, la fijación de domicilio en cercanías de la vivienda de la menor, aunque se
trate de la vivienda de toda la vida, como alega el defensor, fortalece los indicios anteriores, en tanto
potencia de manera cierta la posibilidad de que intente influenciar sobre la víctima para que no lo
comprometa en el juicio.
3.6. El recurrente, intenta contrarrestar estos indicios manifestando que ni la víctima ni los
testigos dijeron sentir temor del imputado Rodríguez, que a esta altura de la investigación ya declararon
todos los testigos, y, fundamentalmente, que durante el tiempo en que el imputado estuvo en libertad
(revocación de la prisión preventiva por el Juez de Control), no intentó presionar ni tuvo contacto con la
víctima ni sus padres. Ahora bien, cabe tener presente que si bien la investigación puede estar casi
terminada, resta aún la realización del debate, y es allí donde reside el peligro procesal valorado por el
tribunal a quo. Esa nueva situación, que no se presentaba cuando el imputado obtuvo la libertad el 22/7/14
(fs. 40) hasta la revocación de la resolución que así lo ordenaba por la Cámara, con fecha 4/9/2014 (fs.
81), nos lleva a realizar la valoración de los indicadores de riesgo procesal desde otra perspectiva. Y en
esta línea de análisis, aparece como altamente probable que el imputado, puesto en libertad, intente influir
sobre la menor o los testigos (entre ellos, su propio hijo) que deben deponer en el debate. Y a tal
conclusión nos habilita a llegar la circunstancia de que la menor ya fue sometida a una gran presión
familiar, especialmente de parte de su abuela paterna (esposa del imputado) en razón de haber develado
los abusos sexuales padecidos, lo que se suma a las advertencias del propio imputado al cometer los
hechos. Por lo demás, si bien la conducta de su cónyuge no puedes serle achacada directamente al
imputado (otra de las críticas del impugnante), se trata de una persona de su entorno íntimo y es claro el
destino de amedrentamiento para con la víctima.
En el presente caso, en definitiva, las circunstancias indiciarias consignadas por la cámara,
valoradas en conjunto, asumen, ante la gravedad de los delitos que se atribuye al imputado, la suficiente
entidad como para justificar la medida de coerción, como única alternativa para evitar el entorpecimiento
de la investigación y del juicio que aparece como cercano. Con otros términos, la única manera de evitar
que el presunto autor de los abusos sexuales se contacte con la víctima (con quien se encuentra unido por
una relación de parentesco) y altere el curso de la investigación o del próximo juicio.
Por lo demás, el tribunal enmarcó su análisis en la obligación asumida por el estado argentino de
proteger al niño contra explotación y abusos sexuales y a la mujer contra la violencia de género. Ello de
manera correcta, de acuerdo a los lineamientos que refiriéramos supra.
“Rodríguez”, S. nº 72, 27/3/2015

2.7. COIMPUTADO PRÓFUGO

2.7.1. Posible actuación conjunta para frustrar los fines del proceso

También luce acertada la valoración del Tribunal como indicio de fuga de la circunstancia que a la fecha
existe un co-imputado prófugo –Correa-. Se arriba a tal conclusión ya que la existencia de un sujeto que se ha
evadido con éxito del accionar de la justicia, puede abonar la sospecha de que, puesto en libertad el otro
coimputado, entre ambos podrían llevar adelante estrategias comunes tendientes a una fuga conjunta, o a
entorpecer la investigación. Y en este caso en particular no debe soslayarse el dato aportado por Juan Omar Vega
que al recurrente –Montenegro- lo conoce porque siempre anda con el Gringo (apodo de Correa). De esta manera,
al encontrarse Correa prófugo y la cercana relación que tiene con Montenegro –hasta tal punto que se refirió que
siempre andan juntos- abona seriamente la posibilidad de que (…) puedan ponerse de acuerdo para llevar a cabo
actos de entorpecimiento o de fuga.

“Montenegro”, S. nº 324, 5/9/2014

2.7.2. Necesidad de demostrar un posible actuar en conjunto para desvirtuar los fines del
proceso

“Por lo demás, cabe referir en general que la mera calidad de prófugo de uno o varios de los partícipes de
un hecho delictivo no necesariamente constituye, por sí solo, un indicio de riesgo procesal. Esa situación deberá
presentarse en un contexto, o deberá revestir ciertas características, que permitan inferir que el imputado asumirá,
junto al prófugo desconocido (…) una determinada conducta entorpecedora (véase, por ej.,. TSJ Sala Penal,
“Montenegro”, S. nºS. nº 324, 5/9/2014). [L]a existencia de un coautor prófugo en un delito que (…) no implica mayor
organización ni complejidad, no basta para inferir riesgo procesal”.

“Lescano”, S. nº 392, 10/10/2014

Finalmente, en el contexto hasta aquí descripto no luce desacertada la valoración del tribunal, como indicio
de fuga, de la circunstancia que a la fecha existe un coautor prófugo. Ello abona seriamente la posibilidad de que
puedan ponerse de acuerdo para llevar a cabo actos de entorpecimiento o de fuga (cf. TSJ Sala Penal,
“Montenegro”, S. nº 324, 5/9/2014).
Es menester acarar, conforme ya ha señalado esta Sala, que la mera calidad de prófugo de uno o varios
de los partícipes de un hecho delictivo no necesariamente constituye, por sí solo, un indicio de riesgo procesal, ya
que esa situación deberá presentarse en un contexto, o deberá revestir ciertas características, que permitan inferir
que el imputado asumirá, junto al prófugo desconocido, una determinada conducta entorpecedora (cf. “Lescano”, S.
nº 392, 10/10/2014).
En el presente caso, la actuación conjunta y organizada en el hecho y en el intento de fuga –con las
características ya señaladas– inmediatamente posterior a aquél (el que ha sido exitoso para el coautor prófugo),
autoriza a inferir un probable apoyo mutuo para evadir, ambos en libertad, la actuación de la justicia.

“Romero, Roberto Pío”, S. nº 480, 12/12/2014

2.8. FUGA INMEDIATA DEL IMPUTADO TRAS EL HECHO (CARACTERÍSTICAS PARA PODER SER VALORADA
COMO INDICIO)

Como se puede ver, la duración de la fuga (involucró a dos localidades), la velocidad impresa al
motovehículo a través de las calles de la localidad de Inriville, la multiplicidad de obstáculos evadidos (primero el
cerrojo en la ruta, luego la persecución de dos móviles policiales y finalmente el intento de obstrucción de la familia
de la novia del acusado) son todos elementos indiciarios de la voluntad del imputado de emprender no sólo una
simple elusión, sino además de excluir pruebas relevantes (téngase presente que el acusado tenía en su poder
elementos relevantes para la investigación, que finalmente fueron secuestrados) (en similar sentido se resolvió en
“Pelegrini”, S. Nº 300, 04/11/2008).
“Díaz”, S. nº 278, 6/8/2014

[S]e observa con claridad que la actitud asumida por Barrionuevo durante la comisión del ilícito y la
posterior huida tienen características particulares: el acusado logró fugar mientras el menor, a quien momentos
antes le había indicado que utilice el arma ante un eventual llamado a la policía, intercambiaba disparos con el
policía de civil colocando en riesgo la integridad de este último y de los ocasionales transeúntes. Por circunstancias
ajenas a su voluntad, Barrionuevo debió trasladarse hacia el Hospital Córdoba para ser asistido de las heridas que
presentaba. Allí inventó una hipótesis delictiva para evitar la actuación de la autoridad policial, lo cual no dio
resultado.
Como se puede ver, la actitud del enrostrado diciéndole a su compañero que dispare a unas de las
víctimas si llamaba a la policía, la huida ante la identificación del Agente Brentan como policía, el posterior
intercambio de disparos del uniformado con el menor y la intención de Barrionuevo de brindar una versión delictiva
para evitar la actuación de la autoridad policial son todos elementos indiciarios de la voluntad del imputado de
emprender no sólo una simple elusión, sino además de excluir pruebas relevantes (téngase presente que el
acusado ingresó a la casa del primo de su novia con la motocicleta que poseía los disparos que había recibido en la
persecución).
De esta manera, se cuenta con contundentes indicios de fuga y entorpecimiento del proceso,
demostrativos de un proceder de Barrionuevo contrario a la actuación de la justicia e indicadores de la actitud que
podría llevar a cabo el acusado si es puesto en libertad.

“Barrionuevo”, S. nº 292, 14/8/2014

Como se puede ver, la duración de la fuga (primero en el vehículo conducido por la menor de edad y luego
a pie), la velocidad impresa al motovehículo a través de las calles de Barrio Matienzo, el éxito de la huida que sólo
pudo ser frustrado ante la actuación de los vecinos del barrio que indicaron que Díaz había ingresado en un pasaje y
luego al interior de una vivienda contra la voluntad del propietario y el desprendimiento de la camisa que portaba
para despistar, son todos elementos indiciarios de la voluntad del imputado de emprender no sólo una simple
elusión, sino además de excluir pruebas relevantes (téngase presente que la menor llevaba consigo lo sustraído a la
damnificada Cisneros y Yonathan Díaz tenía entre sus pertenencias el arma utilizada para perpetrar el ilícito,
elemento que hasta el momento no ha aparecido).

“Díaz”, S. nº 311, 29/8/2014

Como se puede ver, la duración de la fuga (involucró grandes distancias de esta ciudad, entre Barrio
Arguello y Barrio Villa Páez donde finalmente fueron aprehendidos los acusados), la velocidad impresa al vehículo a
través de las calles de la ciudad de Córdoba durante varios kilómetros (los imputados llegaron a meterse en
contramano por una arteria muy transitada de la ciudad, como la avenida Costanera), la multiplicidad de obstáculos
evadidos (primero el policial en el Puente Zípoli donde se embistió con el auto a un Agente, luego la persecución de
varios móviles policiales por vía terrestre), la utilización de medios extraordinarios por la fuerza de seguridad para
vencer la tenacidad en la huida de los acusados (fue el apoyo aéreo el que finalmente pudo divisar a los acusados)
son todos elementos indiciarios de la voluntad del imputado de emprender no sólo una simple elusión, sino además
de entorpecer el proceso (los elementos sustraídos no han sido recuperados hasta el momento).
En conclusión, el temor a que el acusado se fugue y entorpezca el proceso y el hecho de encontrarnos a
las puertas del debate que eventualmente podrá derivar en una condena de cumplimiento efectivo de seis años y
ocho meses de prisión como mínimo, tornan absolutamente necesario la continuidad del encarcelamiento
preventivo...

“Bela”, S. nº 359, 18/9/2014

Como se puede ver, el prevenido tuvo actitudes que reflejan la voluntad de emprender no sólo una simple
elusión sino de tratar de vencer cada obstáculo que se presente y escapar a cualquier costo, poniendo incluso en
riesgo la integridad física de terceros. Esas conductas desempeñadas por Altamirano ante cada freno que encontró
a su plan de fuga inicial, son demostrativas de una capacidad concreta de asumir riesgos con el fin de no lograr el
sometimiento a la autoridad y evitar la actuación de la justicia.

“Altamirano”, S. nº 405, 20/10/2014


Véase tb. “Benedetti”, S. nº 410, 27/10/2014

“Los comisionados Manuel Sánchez y Javier Antonio Accietto ingresaron a la vivienda para realizar el
registro de la misma. Al advertir la presencia policial, Diego Esteban Pérez tomó una caja de plástico de color
naranja e intentó salir corriendo en dirección al patio, sin lograr su objetivo por haber sido aprehendido por los
mencionados agentes. Como se puede ver, la fuga practicada por Diego Esteban Pérez aparece burda y, debido a
lo fácil que fue frustrada, no evadió obstáculo alguno. En consecuencia, la huida emprendida por el acusado al
percatarse de la presencia policial, no presenta elementos que exterioricen la voluntad del acusado de emprender
algo más que una simple elusión”.

“Pérez”, S. nº 416, 29/10/2014 (voto de la Dra. Tarditti)

Esa actitud del acusado ante la inminencia de la actuación policial, buscando los estupefacientes para
intentar huir con ellos, evidencia una voluntad que va más allá de emprender una simple elusión y que se endereza
claramente hacia un objetivo de entorpecimiento de los fines del proceso. Adviértase que por su cantidad y el modo
en que se hallaban fragmentadas, esas sustancias constituían pruebas de fundamental importancia para las
presentes actuaciones y que ello no podía escaparse al encausado.

“Pérez”, S. nº 416, 29/10/2014 (voto del Dr. Rubio)

Estimo correcta la solución que da el señor Vocal del segundo voto, por lo que a ella me remito en su
totalidad, con excepción del argumento relativo al intento de fuga emprendido por el imputado ante la presencia
policial en su domicilio. Ello por cuanto entiendo que, las características de la acción intentada, sumadas a su
espontaneidad, no permiten inferir peligro procesal de fuga o de entorpecimiento de la investigación por parte del
encausado; sin perjuicio de que este último riesgo, sí pueda extraerse, en cambio y en modo suficiente, de los
restantes elementos considerados por el Sr. Vocal preopinante, que sí hago míos en esta remisión.

“Pérez”, S. nº 416, 29/10/2014 (voto de la Dra. Cáceres de Bollati)

c. A tales indicios se suma una circunstancia que aparece como determinante en el análisis efectuado por
el a quo: el intento de fuga del imputado Romero tras la comisión del hecho delictivo y la persecución policial que
inmediatamente se produjo, situación que, por sus características, evidencia objetivamente un tenaz ánimo del
imputado de sustraerse a la autoridad, y autoriza a colegir que muy probablemente ello se reiterará en caso de ser
puesto en libertad, esta vez para eludir el juicio o el cumplimiento de la pena en caso de condena.
Así, surge de la resolución impugnada que el imputado Romero intentó huir del domicilio donde, según la
acusación, habría cometido, junto a otros cuatro sujetos, un robo a mano armada, ante el arribo de la policía. Ello
derivó en una persecución policial contra los presuntos autores sobre los techos de las viviendas aledañas, con
intercambio de disparos de armas de fuego. A la postre, el incoado Romero fue aprehendido por efectivos policiales
en el patio de una cercana junto al coimputado Escobar.
De ese modo, el esfuerzo y la tenacidad puestas de manifiesto por el imputado Romero y los demás
partícipes del robo en la superación de obstáculos a los fines de escapar de la autoridad policial, pueden en esta
instancia proyectarse razonablemente como indicadores de una posible evasión de la acción de la justicia, máxime
la inminencia del juicio oral y la entidad de la pena que le espera en caso de condena. En definitiva, las
características de la fuga son contundentemente demostrativas de un proceder contrario a la actuación de la justicia
y claramente indicadoras de la actitud que podría llevar a cabo si es puesto en libertad.
De otro costado, la circunstancia de que la evasión precedentemente descripta surja del hecho que es
objeto del proceso y que será discutido en el debate, según objeta el impugnante, no impide que sus características
puedan ser ponderadas en el análisis de la prisión preventiva. Repárese que estamos ante eventos con relación a
los cuales existe un requerimiento de citación a juicio firme, en cuya plataforma fáctica se describe la evasión aquí
valorada (conforme se transcribe en el auto impugnado). De ese modo, sin necesidad de que este tribunal emita
juicio alguno acerca de los extremos de la imputación (existencia del hecho y participación del imputado), nos
encontramos en presencia de sucesos comprobados con el grado de probabilidad que la elevación a juicio requiere,
por lo que nada impide que puedan ser valorados con ese alcance en esta instancia, sin que ello implique –ni por la
cámara ni por esta Sala– un adelantamiento del juicio de mérito sobre los extremos de la imputación.

“Romero, Roberto Pío”, S. nº 480, 12/12/2014


Aparece como determinante, en ese análisis, la fuga del imputado Peralta tras el hecho y la persecución
policial que inmediatamente se produjo, situación que, por sus características, evidencia objetivamente un tenaz
ánimo del imputado de sustraerse a la autoridad, y autoriza a colegir que muy probablemente ello se reiterará en
caso de ser puesto en libertad, esta vez para eludir el cumplimiento de la pena en caso de que se confirme.
En efecto, en momentos en que el imputado Peralta escapaba de la vivienda donde cometió, junto a otros
dos sujetos, un robo a mano armada, trasladándose en un vehículo en el que los delincuentes habían cargado todos
los elementos sustraídos, fue interceptado por un móvil policial que se encontraba anoticiado del hecho delictivo, lo
que originó una intensa persecución…
(…)
[L]a duración de la fuga y el tramo recorrido (involucró varias cuadras de la ciudad de Carlos Paz), la
velocidad impresa al vehículo a través de distintas arterias (algunas a contramano), la multiplicidad de obstáculos
evadidos (varios móviles policiales), la realización de disparos de arma de fuego contra los perseguidores, y
finalmente la resistencia tenaz del imputado Peralta a ser aprehendido trabándose en lucha con un policía, son
contundentemente demostrativos de un proceder contrario a la actuación de la justicia y claros indicadores de la
actitud que podría llevar a cabo si es puesto en libertad.

“Bazán (Peralta)”, S. nº 491, 17/12/2014

Como se puede ver, el prevenido tuvo actitudes que reflejan la voluntad de emprender no sólo una simple
elusión sino de tratar de vencer cada obstáculo que se presente y escapar a cualquier costo, a pesar de las
complicaciones que presente su plan original. Esa conducta desempeñadas por Vega de no cesar en su voluntad de
huir y renovarla ante los nuevos obstáculos que iban apareciendo (en este caso la actuación progresiva de varias
personas que iban reforzando la persecución y resistirse a la intervención de los dos policías), son demostrativas de
una capacidad concreta de asumir riesgos con el fin de no lograr el sometimiento a la autoridad y evitar la actuación
de la justicia.
De esta manera, ha quedado demostrado que la actividad emprendida por Vega para lograr la impunidad
no constituye una reacción normal y esperable dentro de lo humanamente posible frente a una inminente
aprehensión, como sostiene la defensa”.

“Vega, Douglas Nazareno”, S. nº 1, 6/2/2015.

En efecto, una vez que el acusado y el otro imputado Leyría robaron en un local comercial ubicado en el
centro de la ciudad de Villa Carlos Paz, se fugaron a pie por las calles de esa ciudad. El damnificado Quevedo
comenzó a correrlos y otra persona que se trasladaba en motocicleta se ofreció ayudarlo en la persecución. A bordo
del motovehículo siguieron a los acusados, sin lograr atraparlos ya que se metieron por varias calles de la ciudad.
Luego, al ser anoticiado, personal policial ingresó en acción. Allí, Luna Sileoni se introdujo en una vivienda.
Posteriormente, ingresó a un local comercial y se cambió la campera para despistar a los uniformados que lo
seguían. Finalmente, Luna fue aprehendido en su vivienda tres meses después de ocurrido el hecho luego de
haberse evadido con éxito de la actuación de los particulares y policial.
Como se puede ver, el prevenido tuvo actitudes que reflejan la voluntad de emprender no sólo una simple
elusión sino de tratar de vencer cada obstáculo que se presente y escapar a cualquier costo. Esas conductas
desempeñadas por Luna son demostrativas de una capacidad concreta de asumir riesgos y tramar con facilidad
artimañas con el fin de no lograr el sometimiento a la autoridad y evitar la actuación de la justicia.
De este modo, los riesgos que fundamentan la medida de coerción no aparecen infundados como
menciona la defensa, sino que, al contrario, se encuentran presentes actualmente y, por ende, la medida de
coerción se encuentra justificada para asegurar la sujeción de Luna al proceso.
De esta manera, se cuenta con contundentes indicios de fuga, demostrativos de un proceder de Luna
Sileoni contrario a la actuación de la justicia e indicadores de la actitud que podría llevar a cabo el acusado si es
puesto en libertad, máxime cuando las presentes actuaciones se encuentran en las puertas del debate.
(…)
El letrado sólo menciona que la actitud asumida por Luna durante la persecución policial no puede ser
tomada en esta etapa sino recién al momento de la individualización de la pena. No hay ningún inconveniente para
ponderar ese accionar como indicador de riesgo procesal; es más, son esas conductas desplegadas ante el
accionar del auxiliar de la justicia las que demuestran lo que está dispuesto a arriesgar y tramar el acusado con el fin
de no lograr su actuación.

“Leyría por Luna Sileoni, Ever Nahuel”, S. nº 98, 10/4/2015


2.9. CONDUCTA DE INCUMPLIMIENTO DE NORMAS, ÓRDENES JUDICIALES, ETCÉTERA

2.9.1. Incumplimiento de medidas de exclusión y no acercamiento

Por último, mencionó la infracción a la orden de exclusión y la desobediencia a la prohibición de


contacto con la víctima, dispuestas por un juzgado del fuero de familia, con lo que el imputado demostró
una deliberada falta de acatamiento a las órdenes de las autoridades judiciales competentes. Medidas
judiciales que, según surge de las constancias de autos, se encontraban debidamente notificadas al
imputado

“Quevedo”, S. nº 174, 28/5/2014

2.9.2. Incumplimiento de las condiciones de libertad que se le concediera en una


causa penal anterior por un hecho cometido contra su pareja
Por lo demás, aunque también relacionado con lo anterior, el a quo señaló que el hecho que será
objeto de juicio en la presente causa implica que hubo, por parte de Mansilla, un incumplimiento de las
condiciones de libertad que se le concediera en una causa penal anterior por lesiones leves y amenazas
en contra de su pareja (no concurrir al domicilio de la víctima o a los lugares que frecuenta, lugar de
trabajo o vía pública; no relacionarse ni comunicarse, etcétera), tramitada por ante la Fiscalía de
Instrucción de Distrito II Turno 5, según surge de las constancias de fs… . Antecedente que ya había sido
valorado por el juez de control y por la cámara de apelaciones en cuanto hecho vinculado a la misma
víctima en el marco de la violencia familiar, y que fuera referido por ella y su madre en sus respectivas
declaraciones testimoniales brindadas en la causa.

“Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014

2.9.3. Incumplimiento de las condiciones de la libertad condicional (no cometer


nuevos delitos)

b. De esta manera, como único fundamento concreto de la medida de coerción queda


el indicio relativo al incumplimiento de las condiciones de la libertad condicional. Sin embargo, tal
circunstancia pierde todo valor como indicador de riesgo procesal en cuanto se advierte que el
incumplimiento se vincula a condenas que ya no pueden ser computadas para la reincidencia, de acuerdo
a los plazos fijados por el art. 50 del CP). Asimismo esas condenas han superado el plazo previsto por el
art. 51 CP, "a todos sus efectos". Por tanto tampoco puede extraerse de ellas el dato del incumplimiento
de las condiciones de subsistencia de la libertad condicional, en tanto implicaría derivar "efectos" de
sentencias que han caducado, contrariando la prohibición legal.

“Reina”, S. nº 294, 14/8/2014

b. Efectivamente, la comisión del hecho delictivo que dio origen a la presente causa implica un
incumplimiento de las condiciones de la libertad que se le concediera anteriormente al imputado en otra
causa por la cual fue condenado (v. supra, pto. 4, letra c). Ello permite inferir que en caso de que se le
otorgue la libertad en el proceso que aquí se le sigue por nuevos hechos delictivos, aquel va a tener una
conducta de sustracción a la autoridad y elusiva de la acción de la justicia.
Lo anterior no debe, sin embargo, equipararse a mera proclividad delictiva, pues no es la
comisión de un nuevo hecho delictivo lo que se valora como indicador de peligrosidad procesal, sino
concretamente la conducta de desobediencia de un compromiso asumido para la obtención de un
beneficio en la ejecución de la condena. Tal infracción tiene por consecuencia la revocación de dicho
beneficio (art. 15 CP), sin que ello obste a que pueda ser valorada como indicadora de insumisión a la
autoridad para impedir el desarrollo del juicio o el cumplimiento de la eventual pena.
Ahora bien, los indicios anteriores, por sí solos, acaso no tengan la suficiente entidad para
derivar el riesgo para los fines del proceso, máxime cuando no estamos ante delitos de extrema gravedad.
No obstante, existen otros indicios que fortalecen la inferencia que aquellos permiten realizar.
“Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014

No puede soslayarse en el análisis de la justificación de la medida de coerción, que a los dos


meses de obtenido el beneficio de la libertad condicional por parte de Mercado, se produjo el suceso por el
que está acusado el recurrente. Esta particular situación, violación por parte de Mercado de las pautas de
sometimiento al proceso a los pocos días de concedida la libertad condicional, con conocimiento de las
circunstancias de su otorgamiento y las consecuencias que aparejaba el no cumplimiento de las pautas,
resulta demostrativa de una clara actitud del acusado de no atenerse a las reglas de conducta que se fijan
en resoluciones judiciales. Esta circunstancia claramente proyecta desconfianza acerca del sometimiento
al accionar de la justicia si es colocado en libertad. El letrado defensor propone que el acusado sea
sometido a pautas de conducta alternativas al encierro, pero de lo mencionado anteriormente surge que
Mercado ha incumplido las pautas que se le fijaron al momento del otorgamiento de la libertad condicional,
por lo tanto la posibilidad que respete las pautas de sometimiento al proceso en una hipotética nueva
concesión de la libertad resulta, al menos, de difícil concreción.

“Mercado, Luis Alberto”, S. nº 464, 5/12/2014

2.10. CONDUCTAS EVASIVAS DEL PROCESO


Como se puede ver, contamos con fuertes indicios de que puesto en libertad el acusado optaría por
evadirse del accionar de la justicia como ya lo ha realizado en otras ocasiones. En efecto, Guerrero ante el
conocimiento de la causa judicial que se seguía en su contra omitió volver hacia esta ciudad, a pesar de tener fecha
de regreso.

“Guerrero”, S. nº 391, 9/10/2014

Como se puede ver, la posibilidad de que el acusado Lascano se evada del proceso no aparece
descabellada ya que antes de que acaezca el hecho por el que se lo acusa, junto con su mujer se habían
organizado para irse a vivir a otro país. La preparación de dicho plan se encontraba muy avanzada, a tal punto que
ya estaba tramitando los pasaportes de sus hijos y haciendo los trámites escolares para ellos.
La mención del defensor que el acusado presentó mantenimiento de la libertad, poniéndose a disposición
de la justicia, cuando todavía no estaba imputado no permite derribar la sospecha de fuga que se cierne sobre el
acusado, ya que ha quedado evidenciado que el acusado se había organizado para irse a vivir al extranjero. Esa
circunstancia no puede ser soslayada en el análisis de la justificación de la medida de coerción, máxime cuando las
presentes actuaciones se encuentran en las puertas del debate.

“Lascano”, S. nº 408, 23/10/2014

5. En consonancia con lo expuesto precedentemente, la Cámara a quo valoró, en primer término, que al
prevenido González se le atribuye la comisión de un delito especialmente grave cuya pena, en caso de recaer
condena, necesariamente será efectiva. Con esa base, consideró que existen también claros indicios de
peligrosidad procesal en concreto.
Describió, en efecto, una circunstancia en particular: desde el primer allanamiento efectuado en el
domicilio del encartado hasta su detención transcurrieron cinco meses en los que aquel se mantuvo prófugo de la
justicia, con conocimiento de la existencia de una orden de captura dispuesta en su contra.
(…)
En el mismo sentido, el Fiscal de Cámara señaló –en el dictamen transcripto por el a quo– que el imputado
fue aprehendido el 31/7/2013, esto es, algo más de cinco meses después del hecho y luego de que la policía
desplegara una intensa actividad tendiente a ubicar su paradero y posterior detención. Explicó que se practicaron
cuatro allanamientos a distintos domicilios aportados por los investigadores, todos con resultado negativo, y que se
requirió la intervención de líneas telefónicas que presumiblemente utilizaba para comunicarse con sus familiares.
De esa manera, el fallo impugnado nos presenta una conducta concreta del imputado en el presente
proceso que es claramente demostrativa de que, en libertad, intentará nuevamente eludir la acción de la justicia.
Frente a ello, el defensor sólo atina a argüir que su representado se puso a disposición de la justicia al
tomar conocimiento del pedido de captura. No obstante, no explica las razones por las que habría desconocido los
distintos actos de investigación que se dirigían en su contra y que recaían en domicilios a él relacionados, e incluso
los actos dirigidos contra el coimputado Castro, quien también se encontraba prófugo. De esta manera, deviene
plausible el razonamiento del Fiscal de Cámara transcripto por el tribunal: la conclusión acerca del riesgo de elusión
no es contrariada por el hecho de que González se haya entregado a las autoridades policiales, pues tal acción no
fue espontánea sino motivada por el cerco que se ciñó en torno a él.

González, Leonardo Gabriel, S. nº 444, 19/11/2014

Aparece como determinante, en ese análisis, que los imputados Almirón y Chiatti frustraron un proceso
anterior que se encontraba en la parte final de la audiencia de debate, al no comparecer en la fecha fijada para el
dictado del veredicto, tras el pedido de condena para ambos por parte del representante del Ministerio Público
Fiscal. Ambos permanecieron prófugos durante un año y ocho meses hasta que se logró su detención, tras diversas
tareas de investigación.
(…)
Por lo demás, repárese que cuando los imputados Almirón y Chiatti se sustrajeron a la autoridad, ya
conocían las penas solicitadas por el fiscal de cámara, que a la postre eran casi las mismas que las aplicadas en el
juicio que se llevó a cabo posteriormente. En consecuencia, resulta razonable ahora sostener que con su propio
proceder, los nombrados demostraron fehacientemente su intención de eludir el accionar de la justicia. Y ello por
cuanto ya lo hicieron en su momento cuando estaban siendo juzgados en libertad.

“Almirón – Chiatti”, S. nº 460, 1/12/2014

2.11. CONDICIONES DE LA VÍCTIMA

2.11.1. Extrema vulnerabilidad de la víctima (violencia de género y abusos


sexuales contra menores)

[E]l Juez Correccional argumentó que de acuerdo a la naturaleza de los hechos (violencia
doméstica y de género), y por expresas exigencias legales, es necesario que el juicio se realice, y la
recuperación de la libertad en forma anticipada podría provocar su frustración. (…) Ponderó, asimismo,
que en caso de que Romero recuperara la libertad, la denunciante podría estar expuesta a una posible
mayor influencia por parte del acusado. Ello queda evidenciado por la dependencia emocional y
económica de la víctima hacia aquél, y de la presencia de indicadores de vulnerabilidad, conforme surge
de la valoración psicológica del equipo técnico de violencia familiar…. Señaló el a quo, además, que a la
fecha de la resolución se encontraba pendiente la realización de la pericia psicológica en la persona del
acusado Romero, ofrecida por el defensor como prueba en la investigación suplementaria y ya ordenada
en autos.
(…)
La última circunstancia mencionada de riesgo procesal es la que tiene valor dirimente, en tanto
irradia el riesgo de manipulación de la prueba de cargo para la audiencia oral, por las características
singulares del autor y de la víctima, que ha merecido esta apreciación (capacidad de influenciar del
primero y vulnerabilidad de la mujer) por todos los fiscales y jueces que han intervenido en el proceso y se
encuentra asentada en pruebas técnicas. No estamos, pues, en presencia de criterios de peligrosidad
material (peligrosidad del imputado, por ejemplo en la posibilidad de reiteración de los hechos de violencia
contra la víctima) sino estrictamente de peligrosidad procesal (riesgo que la libertad del imputado supone
para la realización del debate, atento a la relación cercana con la víctima y la especial vulnerabilidad de
esta).
Por ello se torna razonable la subsistencia del encarcelamiento preventivo a los fines de
asegurar los fines del proceso, en concreto, la realización del debate, sin que el recurrente haya
demostrado –reiteramos– que la fundamentación de la medida de coerción fuese palmariamente
irrazonable.

“Romero”, S. nº 159, 19/5/2014

Como se puede ver, la medida de coerción restrictiva de la libertad se encuentra justificada, ya


que la libertad del acusado implica riesgos por las actitudes de hostigamiento y manipulación a la víctima y
testigos del hecho, como ya lo ha hecho en otras oportunidades. Tampoco puede soslayarse el particular
contexto en que se perpetraron los ilícitos tratados, la actitud de la madre de ausencia de colaboración con
la menor abusada y la influencia que tiene el acusado sobre el entorno familiar.
En definitiva, es la especial situación de vulnerabilidad de la víctima, en el contexto
anteriormente señalado, lo que torna imprescindible e irreemplazable la prisión preventiva del imputado
Quiñonez en esta etapa del juicio.

“Quiñonez”, S. nº 91, 7/4/2015

En efecto, contrariamente a lo invocado por el quejoso, la decisión objetada no se sustenta


exclusivamente en la gravedad de la pena en abstracto que se erige sobre el imputado Fortuna, esto es,
en una presunción iuris tantum de peligrosidad procesal, sino, tal como lo impone la reciente jurisprudencia
de la CSJN y de este Tribunal sobre el tópico, en concretos indicios que tornan absolutamente
indispensable la privación de la libertad del imputado para asegurar los fines del proceso, particularmente
el normal desarrollo del plenario. En tal sentido, la cámara valoró: a) En primer término, la marcada
preminencia del imputado sobre la víctima (órgano de prueba) y el ostensible temor de esta última frente a
la figura del imputado (éste amenazaba a la niña con matar a su madre si contaba lo que él le hacía), todo
lo cual podría traer aparejado una variación del curso de la investigación y la normal sustanciación del
juicio en caso de encontrarse aquel en libertad. b) Asimismo, la circunstancia de que el imputado se habría
aprovechado, para perpetrar los abusos sexuales que se le atribuyen, de la convivencia existente con la
víctima, hija de su concubina, y de la confianza y situación de cuidado de ello derivada. c) Además, la
naturaleza de los hechos de la causa, en tanto se trata de delitos contra la integridad sexual cometidos en
el ámbito intrafamiliar, en los que deviene sustancial el testimonio de la víctima, y la necesidad de
preservarlo de cualquier tipo de contaminación o influencia. d) Por último, los rasgos propios de la
personalidad del imputado, consignados en la pericia psicológica realizada sobre su persona. En ella
quedó reflejada su proclividad a incurrir en conductas inadecuadas, invasivas, agresivas y transgresoras,
que podrían abarcar la esfera de la sexualidad, en la que precisamente presenta conflictos, pudiendo
tender a priorizar la satisfacción de impulsos y necesidades personales en detrimento de los derechos de
los demás. Además, se informó que el imputado presenta una modalidad conductual con características de
manipulación. Todo ello refuerza la conclusión acerca de la posibilidad de la contaminación de la prueba a
incorporar en el juicio próximo a realizarse.
En virtud de tales circunstancias objetivas, valoradas no de manera individual sino en conjunto
(TSJ Sala Penal, "Calizaya", S. nº 228, 3/7/2014; "Caballero", S. nº 398, 15/10/2014), y teniendo en
consideración la gravedad de los delitos y el compromiso asumido por el estado argentino de proteger
especialmente a las mujeres y niños víctimas de violencia en general y de violencia sexual en particular
(Convención de "Belém de Pará" y Convención de los Derechos del Niño), la Cámara juzgó que la prisión
preventiva del imputado era absolutamente necesaria para salvaguardar los fines del proceso, como la
única manera de evitar que el presunto autor de los abusos sexuales se contacte con la víctima (con quien
se encuentra unido por una relación de parentesco) y altere el curso del cercano juicio.
En definitiva, es la especial situación de vulnerabilidad de la víctima con relación al imputado, en
el contexto señalado, lo que para el tribunal a quo torna imprescindible e irreemplazable la prisión
preventiva del imputado Fortuna.
3.6. Frente a ello, los argumentos del impugnante aparecen como demasiado generales y no
atienden a los especiales indicios valorados por el tribunal. En efecto, objeta el defensor la imposibilidad
de presumir qué hará el imputado en libertad, y denuncia la fundamentación a partir de meras
convicciones subjetivas. Sin embargo, el gran temor de la menor hacia el imputado (que determinó que
durante largo tiempo ocultara lo padecido), las características personales de rasgos manipuladores que
proyectan riesgos antes del juicio, y las amenazas (de matar a su madre) que le habría proferido a la niña
para que callara los abusos cometidos, no son meras conjeturas sino datos ciertos, surgidos de las
constancias de autos, que autorizan a inferir un peligro real de que, en libertad, aquel intente influir sobre
la menor o su familia para aliviar su situación procesal. En definitiva, existen fuertes indicios convergentes
de una posible conducta entorpecedora y aun elusiva del proceso por parte del imputado, lo que es
absolutamente necesario contrarrestar, en esta instancia, mediante la privación de su libertad.

“Fortuna”, S. nº 42, 17/3/2015

En tal sentido, existen en autos circunstancias que llevan inexorablemente a concluir en tal
sentido, y que complementan la inferencia de riesgo procesal que autoriza a realizar la gravedad del delito,
per se insuficiente –en razón del principio de inocencia– para fundamentar una prisión preventiva.
a. En primer término, la situación de vulnerabilidad de la víctima, que se deriva de su parentesco
con el acusado Rodríguez (relación nieta – abuelo paterno) y el control y dominio que el nombrado
efectivamente ejerció sobre ella en el tiempo en que los hechos se produjeron, y que motivó que
mantuviera la situación en secreto durante largo tiempo (más de un año desde el primer abuso). Por lo
demás, sin perjuicio de que esa relación de preeminencia se reflejara en los propios hechos investigados
(tres hechos de violencia sexual contra una mujer menor de edad, con aprovechamiento, por parte del
imputado, del parentesco con la víctima y de su calidad de guardador), y en las advertencias para que no
comentara lo sucedido y la entrega habitual de dinero a la niña con ese fin, el estado de alta vulnerabilidad
de la menor se encuentra corroborado con la pericia psicológica que sobre su persona se realizara durante
la investigación, que da cuenta de la vivencia de un acontecimiento traumático relacionado con la
conducta de su abuelo imputado, que incluso es re experimentado por medio de sueños recurrentes, y
también de la existencia de un severo daño psíquico (v. fs. 19/20). Por lo demás, la propia hermana de la
víctima, R.A.L., dio cuenta del nerviosismo y la angustia de aquella cuando le relataba lo sucedido. Ello
posibilita razonablemente inferir que Rodríguez puede influenciar sobre la niña, lo que adquiere relevancia
ante una investigación que se encuentra avanzada y, por ende, próxima a la elevación de la causa a juicio.
(…)
c. En ese contexto, la fijación de domicilio en cercanías de la vivienda de la menor, aunque se
trate de la vivienda de toda la vida, como alega el defensor, fortalece los indicios anteriores, en tanto
potencia de manera cierta la posibilidad de que intente influenciar sobre la víctima para que no lo
comprometa en el juicio.
3.6. El recurrente, intenta contrarrestar estos indicios manifestando que ni la víctima ni los
testigos dijeron sentir temor del imputado Rodríguez, que a esta altura de la investigación ya declararon
todos los testigos, y, fundamentalmente, que durante el tiempo en que el imputado estuvo en libertad
(revocación de la prisión preventiva por el Juez de Control), no intentó presionar ni tuvo contacto con la
víctima ni sus padres. Ahora bien, cabe tener presente que si bien la investigación puede estar casi
terminada, resta aún la realización del debate, y es allí donde reside el peligro procesal valorado por el
tribunal a quo. Esa nueva situación, que no se presentaba cuando el imputado obtuvo la libertad el 22/7/14
(fs. 40) hasta la revocación de la resolución que así lo ordenaba por la Cámara, con fecha 4/9/2014 (fs.
81), nos lleva a realizar la valoración de los indicadores de riesgo procesal desde otra perspectiva. Y en
esta línea de análisis, aparece como altamente probable que el imputado, puesto en libertad, intente influir
sobre la menor o los testigos (entre ellos, su propio hijo) que deben deponer en el debate. Y a tal
conclusión nos habilita a llegar la circunstancia de que la menor ya fue sometida a una gran presión
familiar, especialmente de parte de su abuela paterna (esposa del imputado) en razón de haber develado
los abusos sexuales padecidos, lo que se suma a las advertencias del propio imputado al cometer los
hechos. Por lo demás, si bien la conducta de su cónyuge no puedes serle achacada directamente al
imputado (otra de las críticas del impugnante), se trata de una persona de su entorno íntimo y es claro el
destino de amedrentamiento para con la víctima.
En el presente caso, en definitiva, las circunstancias indiciarias consignadas por la cámara,
valoradas en conjunto, asumen, ante la gravedad de los delitos que se atribuye al imputado, la suficiente
entidad como para justificar la medida de coerción, como única alternativa para evitar el entorpecimiento
de la investigación y del juicio que aparece como cercano. Con otros términos, la única manera de evitar
que el presunto autor de los abusos sexuales se contacte con la víctima (con quien se encuentra unido por
una relación de parentesco) y altere el curso de la investigación o del próximo juicio.
Por lo demás, el tribunal enmarcó su análisis en la obligación asumida por el estado argentino de
proteger al niño contra explotación y abusos sexuales y a la mujer contra la violencia de género. Ello de
manera correcta, de acuerdo a los lineamientos que refiriéramos supra.
En definitiva, es la especial situación de vulnerabilidad de la víctima, en el contexto señalado, lo
que torna imprescindible e irreemplazable la prisión preventiva del imputado Rodríguez en los actos
preliminares del juicio, sin que resulten suficientes para desvirtuar esa conclusión las circunstancias
favorables al imputado mencionadas por el defensor (contra indicios de peligrosidad procesal), por cuanto
se trata de situaciones que no logran proyectarse sobre las circunstancias fácticas de las que se ha
derivado el concreto riesgo de entorpecimiento del proceso, de un modo tal que demuestre su
irrazonabilidad.

“Rodríguez”, S. nº 72, 27/3/2015

2.11.2. Dependencia emocional y económica de la mujer víctima –cuya declaración


en el debate se encuentra pendiente– hacia el imputado (violencia de género)
Ponderó, asimismo, que en caso de que Romero recuperara la libertad, la denunciante podría
estar expuesta a una posible mayor influencia por parte del acusado. Ello queda evidenciado por la
dependencia emocional y económica de la víctima hacia aquél, y de la presencia de indicadores de
vulnerabilidad, conforme surge de la valoración psicológica del equipo técnico de violencia familiar.

“Romero”, S. nº 159, 19/5/2014

2.11.3. Vulnerabilidad de niños víctimas de delitos sexuales


El domicilio fijado por Rodríguez en el caso de obtener la libertad anticipada resulta ser el mismo
donde residía al momento de la comisión de los hechos. Se trata de una casa denominado “Palabra Viva”,
administrada por la Casa del Niño, ubicada sobre calle Centento s/n de la localidad de Unquillo, a una
cuadra de distancia del Hogar.
De este modo, de obtener la libertad Rodríguez se reubicaría en el mismo contexto espacial en
el que se encontraba al momento de la ocurrencia de los hechos, esto es en la población de Unquillo, a
una cuadra de la Casa del Niño, donde pasó la mayor parte de su vida y donde forjó vínculos personales y
laborales. Todo ello permite suponer que nada impediría que personas allegadas al acusado o bien ex
autoridades de la Casa del Niño trataran de influenciar el ánimo de la menor D.E.T. o del resto de los
testigos, perjudicando de este modo los fines del proceso, como ya ocurrió anteriormente y se referirá a
continuación.
En efecto, según surge de los informes de la SENAF, que en circunstancias en que el equipo
técnico de dicha Secretaría realizaba una visita domiciliaria a Serrezuela, el progenitor de D.E.T. hizo
saber que el 30/3/2012, personal de la Casa del Niño se había constituido en su domicilio (tres personas),
quienes preguntaron a la menor cómo estaba y si quería volver o pasar las fiestas de Pascuas en el
Hogar, llegando incluso a prometerle buscar a su madre por internet (ver fs. 68). Esta circunstancia, fue
valorada por los profesionales intervinientes como “una aparición intempestiva que no favorecía el proceso
que se estaba desarrollando, por desestabilizar emocionalmente al grupo de hermanos” (fs. 77). Asimismo,
y tal como lo señaló el representante del Ministerio Público que a la fecha de la señalada visita, la entidad
“Casa del Niño” ya se encontraba intervenida por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de esta
Provincia, con motivo de los hechos ilícitos que habían sido conocidos con anterioridad (ver fs. 404) y
sobre los cuales las personas visitantes de la menor tenían conocimiento. Todo ello revela,
independientemente de la intencionalidad que pueden haber tenido dichas personas, la extrema
vulnerabilidad de la víctima ante actos orientados a frustrar los fines del proceso que eventualmente
ocurran.
Asimismo, merece ser destacado que la presente causa es la segunda en ser elevada a juicio,
de una serie de investigaciones que se están llevando a cabo respecto a hechos de abuso sexual que se
habrían perpetrado en el ámbito de la Casa del Niño, cuyo común denominador es la extrema
vulnerabilidad social de las víctimas. Extrema vulnerabilidad que surge no sólo por ser niños, sino también
por tratarse de menores provenientes de familias en riesgo, que no contaban con la protección que
normalmente sus familias pueden prodigarles.

“Rodríguez”, S. nº 415, 29/10/2014

2.12. CONDICIONES PERSONALES DEL AUTOR

2.12.1. Personalidad del autor violenta, inadecuada, agresiva, transgresora


(violencia de género y abusos sexuales)

Valoró en ese sentido que el imputado, de 38 años de edad, es pareja de la denunciante con
quien tiene un hijo, y presenta adicción a la marihuana y la cocaína, además de una personalidad violenta.

“Romero”, S. nº 159, 19/5/2014

A todo lo anterior el a quo agrega, en calidad de indicio de riesgo procesal, que la pericia
psicológica efectuada sobre el imputado da cuenta de rasgos de personalidad agresiva, invasiva,
transgresora, proclive a incurrir en conductas inadecuadas. Ello, con seguridad, refuerza la conclusión
acerca de la posibilidad de la contaminación de la prueba a incorporar en el debate.
“Arce”, S. nº 285, 13/8/2014 (delito sexual contra niñas/adolescentes)

d) Por último, los rasgos propios de la personalidad del imputado, consignados en la pericia
psicológica realizada sobre su persona. En ella quedó reflejada su proclividad a incurrir en conductas
inadecuadas, invasivas, agresivas y transgresoras, que podrían abarcar la esfera de la sexualidad, en la
que precisamente presenta conflictos, pudiendo tender a priorizar la satisfacción de impulsos y
necesidades personales en detrimento de los derechos de los demás. Además, se informó que el
imputado presenta una modalidad conductual con características de manipulación. Todo ello refuerza la
conclusión acerca de la posibilidad de la contaminación de la prueba a incorporar en el juicio próximo a
realizarse.
En virtud de tales circunstancias objetivas, valoradas no de manera individual sino en conjunto
(TSJ Sala Penal, "Calizaya", S. nº 228, 3/7/2014; "Caballero", S. nº 398, 15/10/2014), y teniendo en
consideración la gravedad de los delitos y el compromiso asumido por el estado argentino de proteger
especialmente a las mujeres y niños víctimas de violencia en general y de violencia sexual en particular
(Convención de "Belém de Pará" y Convención de los Derechos del Niño), la Cámara juzgó que la prisión
preventiva del imputado era absolutamente necesaria para salvaguardar los fines del proceso, como la
única manera de evitar que el presunto autor de los abusos sexuales se contacte con la víctima (con quien
se encuentra unido por una relación de parentesco) y altere el curso del cercano juicio.
En definitiva, es la especial situación de vulnerabilidad de la víctima con relación al imputado, en
el contexto señalado, lo que para el tribunal a quo torna imprescindible e irreemplazable la prisión
preventiva del imputado Fortuna.

“Fortuna”, S. nº 42, 17/3/2015

2.12.2. Personalidad del autor extremadamente agresiva y transgresora (pericia


psicológica: rasgos psicopáticos, manipulación, disminución de frenos
inhibitorios, violación de normas)

La personalidad de Britos: La pericia psicológica contiene conclusiones relevantes en cuanto al


acusado, relativas en lo que aquí interesa a los rasgos psicopáticos y con características de manipulación
que pueden incidir en la violación grave de las normas, con disminución de los frenos inhibitorios.
(…)
Todos estos indicadores anteriormente señalados –personalidad, actitud de los padres de tentar
económicamente a la víctima para que cambie su declaración y luego, ante la negativa, amenazarla con
matarle los hijos y presión sobre la novia para obligarle a declarar falsamente a su favor-, configuran
concretos riesgos que, a más de impactar en la investigación y juicio ya concluidos, posibilitan inferencias
no absurdas respecto al riesgo de fuga. Ello es así porque las características individualizadoras de Britos y
los actos realizados por él o por otros a su favor (consistentes en manipulaciones y alteraciones de
pruebas), proyectan desconfianza acerca del sometimiento al accionar de la justicia.

“Britos”, S. nº 281, 7/8/2014

2.12.3. Personalidad propensa a reacciones impulsivas

Finalmente, el informe pericial da cuenta de una personalidad que presenta indicadores que lo
hacen proclive al desborde impulsivo agresivo ocasional como modo de expresión de sus frustraciones.
Por todo lo expuesto en cuanto a las circunstancias de peligrosidad procesal concreta, y atento a
que los delitos cometidos en el referido contexto de violencia contra niños exigen disponer todos las
medidas indispensables para asegurar la realización del juicio, entiendo que se torna razonable la
subsistencia del encarcelamiento preventivo, sin que aparezca otra medida como adecuada para ese fin.
Ello también aparece razonable si se tiene en consideración, además, que el imputado afrontará un
juzgamiento por delitos de gravedad, lo que fortalece los indicios de entorpecimiento supra analizados.

“Soria”, S. nº 307, 28/8/2014


2.12.4. Personalidad con rasgos impulsivos y tendencia a la fabulación
Por lo demás, las conclusiones de la pericia psicológica (…) convergen con tales indicios. Así, se
menciona que se destacan rasgos impulsivos y debilitamiento de frenos inhibitorios. Finalmente, el informe
da cuenta de indicadores de fabulación, esto es, tendencia a mentir y fantasear.
No se trata, pues, de hechos de los que la profesional psicóloga dé cuenta sin corroboración
alguna en la realidad (como objeta el defensor), sino de indicadores de ciertas características de la
personalidad que surgen de las técnicas administradas por aquellas, y como tales se erigen en indicios
concretos de riesgo de fuga que confirman los analizados precedentemente.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

2.12.5. Personalidad insegura, inestable, inmadura, dependiente, con baja


tolerancia a la frustración y signos de impulsividad
“También corresponde hacer mención a los estudios psicológicos realizados en autos al
acusado. Así, de dicha pieza surge que David Alejandro Rodríguez presenta una estructura de
personalidad “lábil con características de inseguridad, inestabilidad emocional, inmadurez y dependencia
afectiva, pobre autoestima, baja tolerancia a la frustración, oposicionismo y signos de impulsividad
subyacente(…) Es decir que ante situaciones de estrés o relacionadas a aspectos conflictivos de su
personalidad, tiende a reaccionar, intentando mantener el control de la conducta mediante actitudes
seguras, pudiendo en ocasiones tomar distancia de los sucesos que lo angustian, disociándose y
recurriendo a la intelectualización y racionalización…” (ver fs. 313/316).

“Rodríguez”, S. nº 415, 29/10/2014

2.12.6. Personalidad bordeline, de tipo psicoático obsesivo, propenso a la


autoagresión y a la heteroagresión
Así sucede, en primer lugar, con las condiciones personales de Soria. En efecto, se ha
destacado en el fallo recurrido que el nombrado ha tenido reiterados intentos de suicidio, generados por
episodios de violencia familiar anteriores que determinaron la sustanciación de causas judiciales. Ello es
valorado como claro indicio de desequilibrio emocional del que no puede prescindirse al resolver sobre el
cese de prisión, en cuanto la medida se fundamenta en la eventual conducta del imputado obstaculizadora
del proceso o elusiva de la actuación de la ley. Ello, por lo demás, se ve corroborado por los informes
psicológicos que enuncian historia familiar de violencia, indicadores de desborde emocional en contra de
una pareja anterior y en contra de sí mismo, personalidad lábil, características borderline con
manifestaciones conductuales de tipo psicopático obsesivo, apelación a mecanismos disociativos,
marcada impulsividad, tendencia a la descarga motriz, fallas en la integración racional impulsiva, propenso
tanto a la autoagresión como a la heteroagresión, afectividad caracterizada por bruscos cambios de
humor, escasa tolerancia a la frustración, modo regresivo y manipulatorio del manejo de sus conductas.
Así descriptas, tales características de la personalidad del imputado permiten inferir que si es puesto en
libertad, existen riesgos para el proceso por la inestabilidad a someterse a los límites que implica la acción
de la justicia, dadas sus singularidades (manipulación con faltas en la integración racional de impulsos).
El recurrente manifiesta, frente a lo indicado en el párrafo que precede, que Soria no se ha evadido en el
tiempo posterior al hecho en que estuvo libre y era investigado como sospechoso. A tal crítica debe
responderse que la situación actual difiere a la que él describe, en tanto el imputado ya ha sido condenado
como autor penalmente responsable del delito de homicidio calificado, con el grado de certeza que para
ello se requiere, y ha recibido la mayor pena dispuesta por el código de fondo. De ese modo, ya no se trata
de un mero sospechoso sino de una persona condenada en un juicio que, además, se realizó con jurados
populares, lo que le da mayor legitimidad social. Y si bien existe la posibilidad de que la casación sea
exitosa, la situación a la que se enfrenta –confirmación de una pena de prisión perpetua– es harto gravosa
para su persona, lo que unido a las características de su personalidad, proyecta desconfianza acerca del
cumplimiento de la eventual pena.
Afirma el quejoso, por otro lado, que tales características de la personalidad pueden ser
corregidas o atenuadas mediante la imposición de un tratamiento psicológico obligatorio. Sin embargo, ello
no anula el peligro para los fines del proceso que surge de características actuales de su personalidad,
con relación a las cuales parece difícil que un tratamiento –al cual también debería someterse– pueda
asegurar su desaparición inmediata.

“Barrera, Maribel Alejandra Soledad – Soria, Marcos Roberto”, S. nº 426, 11/11/2014

2.13. ADICCIÓN AL ALCOHOL Y/O DROGAS (PER SE NO ES INDICADOR DE PELIGROSIDAD PROCESAL)

2.13.1. En el marco de la falta de arraigo


Así, los testimonios receptados en la causa son evidentes en cuanto a dos circunstancias
concretas íntimamente ligadas entre sí: la precariedad laboral y la inestabilidad del domicilio. Tales
situaciones, de las que dieron cuenta –conforme el fallo impugnado– numerosos testigos, evidencian la
falta de arraigo del imputado en un lugar determinado, con un trabajo y familiares que lo retengan, lo que
permite concluir como probable que se sustraiga a someterse a la justicia en caso de que la sentencia que
le ha sido aplicada, ciertamente de gravedad, sea eventualmente confirmada por esta Sala.
(…)
En ese marco indiciario, tampoco se muestra como absurda la valoración que la cámara efectúa
del consumo de alcohol por parte del imputado, aunque no llegue a ser una adicción total y permantente.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

2.13.2. En el contexto de violencia de género, personalidad violenta del autor,


vulnerabilidad de la víctima, dependencia emocional y económica hacia el autor,
etc.
Y en concordancia con la descripta situación de pasividad, vulnerabilidad y dependencia en que
se halla la víctima, se valoró que la pericia psiquiátrica del imputado permite inferir riesgo de peligrosidad
(fs. 304/5), lo que evidencia la influencia determinante que podría tener sobre aquella, quien aún debe
declarar en el debate. Se destacó, además, que el acusado es consumidor de drogas y que tiene armas
de fuego a su disposición.

“Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014

2.13.3. Sin otros indicios, es insuficiente, y prevalecen las condiciones personales


favorables
Por todo lo anterior, tampoco adquiere relevancia el hecho de que al imputado se le haya
encontrado restos de marihuana en su organismo (pericia química fs. 107). Es que la ausencia de otros
indicios de relevancia determina que el consumo de estupefacientes, por sí solo, no permita inferir que el
imputado va a entorpecer el proceso o sustraerse del actuar de la justicia. En cambio, asumen importancia
las características de su personalidad: persona joven, que vive en un domicilio fijo en individualizable junto
a su concubina y dos hijas menores de 7 y 9 años, que se desempeña laboralmente como peón de albañil.

“Lescano” , S. nº 392, 10/10/2014

2.13.4. Consumo esporádico de estupefacientes

El Tribunal ha utilizado como fundamento de la justificación de la medida de coerción una única


circunstancia: como Sánchez es consumidor de marihuana y no surge de autos que haya realizado
tratamiento sobre su problemática de consumo, ello condicionará su actitud frente al proceso. Como
señala la defensora, al momento de exponer sus condiciones personales (constancia que el Tribunal ha
citado para hacer su razonamiento), el imputado manifestó consumir marihuana ocasionalmente. De dicha
situación no es posible inferir ningún riesgo para el proceso, ya que no se observa como esa sola
circunstancia –consumo esporádico de estupefacientes- puede llegar a impactar negativamente en el
cumplimiento de las pautas de sujeción al proceso que se impongan.
Sánchez, Matías Mauricio, S. nº 506, 23/12/2014.

2.14. CONDUCTA DURANTE LA EJECUCIÓN DE LA PENA: SANCIONES EN EL ESTABLECIMIENTO


PENITENCIARIO

2.14.1. Gran cantidad de sanciones

La acusada presenta gran cantidad de sanciones disciplinarias desde que se encuentra


alojada en la cárcel, circunstancia demostrativa que es una persona ajena al respeto de las normas
reglamentarias carcelarias, de lo que se infiere que menos aún lo será a las normativas procesales.

“Peralta Roure”, S. nº 310, 29/8/201

Esas conductas contrarias a la sujeción de las normas penitenciarias de distinta índole, que
van desde el no respeto a la autoridad funcional hasta acudir a conductas agresivas con los otros internos
para dirimir sus diferencias evidencian una clara actitud de desprecio por las normas, lo cual es un claro
indicador de entorpecimiento del proceso”.

“Montenegro, Francisca Paola”, S. nº 389, 7/10/2014

2.14.2. Necesidad de demostrar su relación con el riesgo procesal

De otro costado, con relación a las sanciones en el establecimiento carcelario, criticadas por el
recurrente como argumento válido para fundar una medida de coerción, podemos decir que en principio sí
“pueden ser evaluados en su potencialidad indiciaria de una peligrosidad procesal que desaconsejaría la
soltura preventiva” (cfr. TSJ, Sala Penal, “González, S. nº 304, 19/11/2012), aunque debe demostrarse la
relación concreta de ese mal comportamiento con el riesgo procesal en el caso (TSJ, Sala Penal,
“Benavídez”, S. nº 12, 27/2/2014). En el sub examine, el contexto en el que se inserta tal inconducta –
conforme lo expuesto en los párrafos precedentes– le quita fuerza indiciaria para concluir que Del Corro
evadirá, en libertad, la acción de la justicia.

“Del Corro”, S. nº 243, 28/7/2014

2.15. Conducta del imputado durante los hechos atribuidos

2.15.1. Violencia sistemática y reiterada del imputado


Asimismo, debe ponderarse el grado de violencia (tanto física como psíquica) desplegado por la
banda que protagonizó los hechos atribuidos en forma sistemática y reiterada, circunstancia demostrativa
de las conductas que está dispuesta a desarrollar Peralta Roure sobre los damnificados para lograr sus
propósitos ilícitos y podría llevar a cabo para entorpecer el proceso.

“Peralta Roure”, S. nº 310, 29/8/2014

2.15.2. Alto grado de violencia contra las víctimas

A pesar de esa situación, los traídos a proceso desplegaron un alto grado de violencia en contra
de los damnificados con la finalidad de cometer sus propósitos delictivos. El coimputado Correa, exhibió un
arma de fuego en contra de Jonathan Rodríguez y Juan Omar Vega, propinándole golpes de puño a este
último al exigirle que se arrojara al piso; luego se trabaron en lucha y al caer Vega al piso le disparó en la
pierna izquierda, causándole 180 días de curación e inhabilitación para el trabajo. Montenegro, luego de
amedrentar a Luis Ariel Vega con otra arma de fuego y ante el intento de aquel de acudir en auxilio de su
hermano, golpeó con el arma en la cabeza a Luis Vega causándole diez días de curación.
Este alto grado de violencia desplegado por los acusados en distintas etapas, que fue en
aumento ante los obstáculos que encontraron en su plan delictual inicial y con la particularidad de la seria
puesta en peligro de la integridad física de los damnificados, mas aún cuando conocen sus movimientos
por la relación previa que existe entre las partes, es una circunstancia demostrativa de los riesgos no
conjeturales de entorpecimiento del proceso, máxime que no se ha realizado el debate.

“Montenegro”, S. nº 324, 5/9/2014

2.15.3. Actitudes temerarias, desafiantes, sin temor a ser observados por terceros,
en la comisión reiterada y sistemática de hechos violentos
Como se puede ver, los imputados han desarrollado conductas claramente intimidatorias que
pusieron en peligro la integridad física de los damnificados como así también los vecinos en forma
reiterada y sistemática. Asimismo, no debe soslayarse que en el caso de los hechos cometidos por los dos
acusados (hechos ocho, nueve y diez) todos se cometieron a bordo de un vehículo taxi el cual llevaba su
patente colocada y sin ningún tipo de reparo ni temor a ser vistos por los vecinos del barrio (téngase
presente que en dos de las ocasiones Nahuel Fernández, quien conoce a los acusados, se encontraba
sentado con sus amigos en la puerta de la vivienda donde se produjeron los disparos). También debe
ponderarse como conducta demostrativa de la impunidad de los acusados, que a los pocos días de dichos
sucesos se los detuvo en el barrio en el vehículo citado y con armas de guerra en su poder, una de las
cuales era con la que se había efectuado los disparos en contra de la familia Fernández.
Esas actitudes temerarias, desafiantes, sin ningún tipo de reparo a ser observados por los
vecinos y conducidas a desarrollar las conductas intimidatorias a cualquier costo, son indicativas de la
actitud que podrían desempeñar Montenegro y Barrionuevo si son puestos en libertad, máxime cuando las
presentes actuaciones se encuentran en las puertas del debate.

“Montenegro, Francisca Paola”, S. nº 389, 7/10/2014

2.15.4. Nada impide que el indicio de riesgo procesal surja del mismo hecho del
proceso
De otro costado, la circunstancia de que la evasión precedentemente descripta surja del hecho
que es objeto del proceso y que será discutido en el debate, según objeta el impugnante, no impide que
sus características puedan ser ponderadas en el análisis de la prisión preventiva. Repárese que estamos
ante eventos con relación a los cuales existe un requerimiento de citación a juicio firme, en cuya
plataforma fáctica se describe la evasión aquí valorada (conforme se transcribe en el auto impugnado). De
ese modo, sin necesidad de que este tribunal emita juicio alguno acerca de los extremos de la imputación
(existencia del hecho y participación del imputado), nos encontramos en presencia de sucesos
comprobados con el grado de probabilidad que la elevación a juicio requiere, por lo que nada impide que
puedan ser valorados con ese alcance en esta instancia, sin que ello implique –ni por la cámara ni por esta
Sala– un adelantamiento del juicio de mérito sobre los extremos de la imputación.

“Romero, Roberto Pío”, S. nº 480, 12/12/2014

2.16. REINCIDENCIA

Ahora bien, la existencia de condenas anteriores sí pueden valorarse como indicio de riesgo procesal si se
la relaciona con la posibilidad de que el imputado, en caso de ser condenado por el hecho de la presente causa, sea
declarado reincidente (art. 50 CP), lo que tornaría más rigurosa la ejecución de la condena. Recordemos que los
efectos desfavorables de la reincidencia se ciñen a la posibilidad de su consideración como circunstancia agravante
en la individualización judicial de la pena (CP, art. 40 y 41), a la exclusión de la libertad condicional (art. 14 CP), y a
la inviabilidad, en algunos supuestos, de obtener la condena de ejecución condicional (cfr. art. 26 del CP). No
obstante, se observa que la ley n° 24.660 incluye a los reincidentes en el proceso de flexibilización del encierro. En
efecto, al igual que los que carecen de dicha propiedad, aquellos acceden a otras formas de libertad antes del
agotamiento de la pena, como son las salidas transitorias (art. 15, inc. 2 y concordantes de la ley 24.660), la
incorporación al régimen de semilibertad (arts. 23 y concordantes), la prisión discontinua (art. 36 y concordantes) y
semidetención (arts. 38 y 39), la sustitución de éstas por trabajos para la comunidad (art. 50), o por la prisión diurna
o nocturna (arts. 41 a 44). Además, cuentan con el beneficio de la libertad asistida (arts. 54 y concordantes), que es
una modalidad de la libertad condicional pero con un tiempo de cumplimiento mayor de la pena (arts. 17 y 54) (cf.
TSJ Sala Penal, “Pereyra Romero”, S. n° 339, 15/11/2011; “Garay”, S. nº 281, 4/10/2011; “Altamirano”, S. nº 338,
15/11/2011; “Manzano”, S. nº 340, 15/11/2011; “Campetti”, S. nº 341, 15/11/2011; “Quevedo”, S. nº 342, 15/11/2011;
“Salomón”, S. nº 343, 15/11/2011).
En definitiva, si bien la existencia de condenas anteriores es una circunstancia factible de ser valorada
como indicio de peligrosidad procesal (sólo en el sentido indicado en el párrafo que precede), su fuerza inferencial
es ciertamente débil para justificar una medida de coerción. Requiere, en consecuencia, de estar acompañado por
otros indicios que lo fortalezcan, lo que no sucede en el caso, a lo que se suma que la escala penal en abstracto por
el delito que se atribuye al imputado es de mediana a escasa gravedad (2 a 5 años), lo que por cierto no contrapesa
aquella debilidad inferencial.

“Lescano” , S. nº 392, 10/10/2014

a. En efecto, en primer término debe considerarse, como circunstancia indicadora de peligrosidad


procesal, que el imputado presenta una condena anterior, conforme se describió supra (pto. 4.b.), lo que tendrá
como consecuencia que la pena que se dicte por el presente hecho será no sólo efectiva (lo que no es suficiente
para derivar el peligro procesal), sino con declaración de reincidencia por no haber transcurrido el plazo del art. 50
del CP.
Recordemos que la reincidencia (real) es una situación jurídica del encartado cuya existencia depende de
la comprobación objetiva de dos circunstancias: el cumplimiento total o parcial de una condena anterior, y la
comisión de un nuevo delito antes de transcurrido el término indicado en el último párrafo del artículo 50 del CP
(“Baigorria”, S n° 84, 19/09/2001; “Sosa”, S.nº78, 29/4/2011; “Quiroga”, S. nº.94, 12/5/2011; entre muchos otros).
Cabe mencionar, sin embargo, que la mera proclividad delictiva del imputado, derivado de la existencia de
condenas anteriores, no puede ser valorada como indicador de peligrosidad procesal (TSJ Sala Penal, “Fernández”,
S. nº 179, 11/6/2014; “Romero”, S. nº 159, 19/5/2014; “Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014).
Ahora bien, la existencia de condenas sí puede valorarse como indicio de riesgo procesal si se la relaciona
con la posibilidad de que el imputado, en caso de ser condenado nuevamente, sea declarado reincidente (art. 50
CP). Recordemos que los efectos desfavorables de la reincidencia se ciñen a la posibilidad de su consideración
como circunstancia agravante en la individualización judicial de la pena (CP, art. 40 y 41), a la exclusión de la
libertad condicional (art. 14 CP), y a la inviabilidad, en algunos supuestos, de obtener la condena de ejecución
condicional (cfr. art. 26 del CP). No obstante, se observa que la ley n° 24.660 incluye a los reincidentes en el
proceso de flexibilización del encierro. En efecto, al igual que los que carecen de dicha propiedad, aquellos acceden
a otras formas de libertad antes del agotamiento de la pena, como son las salidas transitorias (art. 15, inc. 2 y
concordantes de la ley 24.660), la incorporación al régimen de semilibertad (arts. 23 y concordantes), la prisión
discontinua (art. 36 y concordantes) y semidetención (arts. 38 y 39), la sustitución de éstas por trabajos para la
comunidad (art. 50), o por la prisión diurna o nocturna (arts. 41 a 44). Además, cuentan con el beneficio de la
libertad asistida (arts. 54 y concordantes), que es una modalidad de la libertad condicional pero con un tiempo de
cumplimiento mayor de la pena (arts. 17 y 54) (cf. TSJ Sala Penal, “Pereyra Romero”, S. n° 339, 15/11/2011;
“Garay”, S. nº 281, 4/10/2011; “Altamirano”, S. nº 338, 15/11/2011; “Manzano”, S. nº 340, 15/11/2011; “Campetti”, S.
nº 341, 15/11/2011; “Quevedo”, S. nº 342, 15/11/2011; “Salomón”, S. nº 343, 15/11/2011).
En definitiva, si bien la circunstancia referida es factible de ser valorada como indicio de peligrosidad
procesal (sólo en el sentido indicado en el párrafo que precede), su fuerza inferencial es ciertamente débil para
justificar una medida de coerción. Requiere, en consecuencia, de estar acompañado por otros indicios que lo
fortalezcan. Ello sucede en el caso.

“Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014

Asimismo, debe tenerse en cuenta que en caso de resultar condenado, Mercado podría llegar a ser
declarado reincidente. La reincidencia constituye otro indicador de peligro procesal, ya que dicho instituto se debe
tener en cuenta al momento de la graduación de la pena y en la aplicación de institutos alternativos a la prisión.

“Mercado, Luis Alberto”, S. nº 464, 5/12/2014

b. La cámara, como señalé supra, ha valorado la existencia de una condena anterior y la posible
declaración de reincidencia en caso de que sea dictada una nueva condena por el hecho de la presente causa, lo
que, a su vez, dará lugar a una unificación de la pena que eventualmente se aplique con la que le resta cumplir de la
condena anterior, respecto de la cual se le otorgó el beneficio de la libertad condicional.
Frente a ello, el impugnante afirma que los antecedentes penales no pueden ser valorados en esta
instancia sino a la hora de la sentencia. Tal crítica debe ser rechazada. En efecto, si bien esta Sala ha establecido
que la mera proclividad delictiva del imputado, derivado de la existencia de condenas anteriores, no puede ser
valorada como indicador de peligrosidad procesal (TSJ Sala Penal, “Fernández”, S. nº 179, 11/6/2014; “Romero”, S.
nº 159, 19/5/2014; “Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014; “Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014), también se aclaró que la
existencia de condenas sí puede valorarse como indicio de riesgo procesal si se la relaciona con la posibilidad de
que el imputado, en caso de ser condenado nuevamente, sea declarado reincidente de acuerdo a lo establecido por
el art. 50 del CP (“Lescano”, S. nº 392, 10/10/2014; “Caballero”, S. nº 398, 15/10/2014)
Recordemos que los efectos desfavorables de la reincidencia se ciñen a la posibilidad de su
consideración, en lo que aquí interesa, como circunstancia que conduce a la exclusión de la libertad condicional (art.
14 CP), y en todo caso a la expectativa de libertad a través de otras alternativas diferentes (salidas transitorias, art.
15, inc. 2 y concordantes de la ley 24.660; la incorporación al régimen de semilibertad, arts. 23 y concordantes; la
prisión discontinua, art. 36 y concordantes, y semidetención, arts. 38 y 39; la sustitución de éstas por trabajos para
la comunidad, art. 50, o por la prisión diurna o nocturna, arts. 41 a 44; la libertad asistida, arts. 54 y concordantes).
En definitiva, si bien la reincidencia es factible de ser valorada como indicio de peligrosidad procesal (sólo
en el sentido indicado en el párrafo que precede), su fuerza inferencial es ciertamente débil para justificar una
medida de coerción; requiere, en consecuencia, de estar acompañado por otros indicios que lo fortalezcan
(“Lescano”, “Caballero”, cits.). Situación que se presenta sobradamente en el caso bajo estudio (…).

“Romero, Roberto Pío”, S. nº 480, 12/12/2014

2.17. NECESIDAD DE ASEGURAR EL JUICIO Y EL CASTIGO (COMPROMISO DEL ESTADO): SU INCIDENCIA EN


LA VALORACIÓN DE LOS INDICIOS DE RIESGO PROCESAL

2.17.1. Violencia de género (Belém do Pará). Necesidad de asegurar el juicio.


[C]abe reparar que en otros precedentes de esta Sala relacionados con la violencia de género,
se destacó la obligación, surgida de los compromisos internacionales asumidos por el Estado Argentino,
de asegurar el debate oral y de evitar instancias que lo impidan, por caso, la suspensión del juicio a prueba
(TSJ Sala Penal, “Guzmán”, S. nº 239, 31/08/2011; “Romero”, S. nº 377, 16/12/2011).
Tal criterio fue también fue sostenido, con posterioridad, por el máximo tribunal de la Nación
(CSJN, G. 61. XLVIII., Recurso de Hecho, “Góngora, Gabriel Arnaldo s/causa nº 14.092”, 23/04/2013).
Fue, asimismo, reafirmado por esta Sala en posteriores fallos, siempre con relación a la
suspensión del juicio a prueba, aunque con argumentos que son también aplicables, mutatis mutandi, al
presente caso. (TSJ Sala Penal, “Bringas”, S. n° 138, 30/5/2013; “Martínez”, S. n° 140, 30/5/2013;
“Cañete”, S. n° 141, 30/5/2013; “Lemos”, S. n° 150, 3/6/2013; “Flores”, S. n° 152, 4/6/2013; “Ramello”, S.
n° 156, 4/6/2013)
En efecto, en estos precedentes se destacó que el art. 7 de la citada Convención de Belém Do
Pará establece deberes para los Estados Partes, y dispone en su inciso f que los estados se obligan a
establecer procedimientos legales justos y eficaces para la mujer que haya sido sometida a violencia, que
incluyan, entre otros, medidas de protección, un juicio oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos
(el resaltado me pertenece). A su vez, se reseñó la postura de la CSJN en ya citado fallo “Góngora”, en el
que entre otras cuestiones consideró que “el desarrollo del debate es de trascendencia capital a efectos de
posibilitar que la víctima asuma la facultad de comparecer para efectivizar el „acceso efectivo‟ al proceso
(…) de la manera más amplia posible, en pos de hacer valer su pretensión sancionatoria” (el resaltado es
nuestro).
En el caso traído a estudio, las circunstancias valoradas por el a quo como indicadores de riesgo
procesal deben ser analizadas a partir del citado marco hermenéutico, toda vez que el hecho se perpetró
en un escenario que revela un contexto de agresión en contra de una mujer. Ello impone –de acuerdo a
los ya referidos compromisos internacionales– asegurar la realización del debate y, por ende, demanda
también poner especial atención en aquellas circunstancias que podrían impedirlo u obstaculizarlo.

“Romero”, S. nº 159, 19/5/2014


“Quevedo”, S. nº 174, 28/5/2014
“Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014
“Montaño Martínez”, S. nº 441, 19/11/2014
En el caso el acusado ha ejercido violencia física y sexual sobre una pluralidad de víctimas
mujeres seleccionadas por sus situaciones de necesidad de las que se abusó para colocarlas en contextos
de todavía mayor vulnerabilidad. El imputado, con distintas modalidades de sometimiento y prevalencia
física, accedió carnalmente en distintas circunstancias y de distintas maneras, evidenciando las
situaciones de violencia de género aludidas precedentemente.

“Montaño Martínez”, S. nº 441, 19/11/2014

2.17.2. Abusos sexuales contra niñas (Conv. Der. Niños y Conv. Belém do Pará).
Necesidad de asegurar el juicio

Al comenzar tal análisis resulta ineludible destacar que nos encontramos ante un caso de
violencia sexual en el que la víctima es una niña. Conforme lo ha sostenido esta Sala en numerosos
precedentes ("Grazioli", S. nº 186, 09/08/2011; "Laudin", S. nº 334, 9/11/2011; "Sigifredo", S. nº 150,
30/06/2011; "Garreto", S. nº 174, 29/07/2011; "Serrano", S. nº 305, 19/11/2012; "Ferreyra", S. nº 70,
26/03/2013), los niños conforman uno de aquellos colectivos que han merecido especial amparo por parte
de las cartas magnas y la legislación supranacional. La primordial razón de este énfasis tuitivo finca en su
marcada vulnerabilidad y dependencia
(…)
Pues bien, uno de los ámbitos en los cuales se verifica esta protección reforzada es el de la
victimización infantil. Es que cuando los derechos del niño se ven amenazados por la comisión de un
delito, su vulnerabilidad e indefensión se acentúan y llaman a activar –desde los distintos ángulos de la
intervención estatal– todos los mecanismos tendientes a eliminar o al menos minimizar el impacto del
ilícito en la esfera de su personalidad, de su vida e integridad física, de su patrimonio, etc.
(…)
En esa línea, cabe señalar que en otros precedentes de la Sala relacionados con la violencia
sexual y particularmente la ejercida sobre niños, se destacó la obligación, surgida de los compromisos
internacionales asumidos por el Estado Argentino en la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar, y Erradicar la violencia contra la mujer "Convención de Belém Do Pará", y la Convención de los
Derechos del Niño, de asegurar el debate oral y de evitar instancias que lo impidan, por caso, la
suspensión del juicio a prueba (TSJ, Sala Penal, "Ponce", S. nº 176, 25/07/2012; "Robidu", S. nº 284,
31/10/2012; "Pomba", S. n° 20, 25/02/2013).
Este criterio ha sido sostenido también por el Máximo Tribunal de la Nación en relación a las
obligaciones que asumió el Estado al aprobar la "Convención de Belem do Pará" (CSJN, G. 61. XLVIII.,
Recurso de Hecho, "Góngora, Gabriel Arnaldo s/causa nº 14.092", 23/04/2013) con argumentos que
resultan aplicables, mutatis mutandi, a casos como el presente, particularmente en cuanto se destaca que
"el desarrollo del debate es de trascendencia capital a efectos de posibilitar que la víctima asuma la
facultad de comparecer para efectivizar el "acceso efectivo" al proceso... de la manera más amplia posible,
en pos de hacer valer su pretensión sancionatoria".
(…)
Ello impone, de acuerdo a los ya referidos compromisos internacionales, asegurar la realización
del debate y, por ende, demanda también poner especial atención en aquellas circunstancias que podrían
impedirlo u obstaculizarlo.

“Andrada, S. nº 207, 16/6/2014


“Arce”, S. nº 285, 13/8/2014
“Soria”, S. nº 307, 28/8/2014
“Forguna”, S. nº 42, 17/3/2015
“Rodríguez”, S. nº 72, 27/3/2015

2.17.3. Abuso sexual contra menor y violencia de género. Necesidad de asegurar el


castigo
4. Al comenzar tal análisis, resulta ineludible destacar el marco específico en el que deben ser
considerados, en la presente causa, los indicios de riesgo procesal en concreto. Así, la lectura de los
hechos de la acusación da cuenta de que nos encontramos ante un caso de violencia sexual en el que
la víctima es una mujer menor de edad al momento de los hechos, y el autor, la pareja de su madre.
En efecto, se trata de una niña que contaba 9 años al comienzo de los abusos sexuales, que se
extendieron por aproximadamente cuatro años.
Conforme lo ha destacado recientemente esta Sala, en los casos de medidas de coerción en
contextos de violencia de género ("Romero", S. nº 159, 19/5/2014; "Mansilla", S. nº 178, 9/6/2014;
"Quevedo", S. nº 174, 28/5/2014), y en contextos de victimización infantil ("Andrada", S. nº 207,
16/6/2014; "Arce", S. nº 285, 13/8/2014; "Soria"), los compromisos asumidos por el Estado Argentino en
aras de una protección reforzada de aquellas víctimas vulnerables (mujeres y niños), que surgen de la
Convención de "Belém Do Pará" y de la Convención de los Derechos del Niño, imponen asegurar el
debate oral y, por ende, poner especial atención en las circunstancias susceptibles de impedirlo u
obstaculizarlo.
Como se advierte, tales consideraciones se han realizado con relación a casos de prisión
preventiva en los que el imputado se encuentra en las puertas del juicio (actos preliminares), y
determinaban que en el análisis de la peligrosidad procesal se tuviera en vista la posibilidad de frustrar o
entorpecer del debate. Ahora bien, lo que en definitiva exigen las citadas convenciones –como se
expresa en otros precedentes de esta Sala– es el castigo de ese tipo de conductas de violencia
contra mujeres y niños, para evitar que su impunidad constituya una forma indirecta de tolerancia
sobre esa clase de obrar (cf. TSJ, Sala Penal, "Ponce", S. nº 176, 25/7/2012; "Robidu", S. nº 284,
31/10/2012; "Pomba", S. nº 20, 25/2/2013, con relación a la suspensión del juicio a prueba).
De tal manera, en casos en los que la medida de coerción personal es analizada en el marco de
un juicio ya realizado y una sentencia de condena ya dictada, como ocurre en el presente, ese
compromiso demandará analizar cuidadosamente las circunstancias que podrían impedir –en caso
de confirmación de aquella– la ejecución de la pena, esto es, las que señalen un eventual riesgo de
fuga.
En definitiva, puede afirmarse que el contexto de violencia de género y de victimización sexual
infantil necesariamente repercutirá en la valoración de los indicios de peligrosidad procesal en concreto, ya
sea antes del juicio para asegurar su realización, ya sea después de realizado para garantizar el
cumplimiento de la condena si luego resulta confirmada.
5. En el caso traído a estudio, pues, las circunstancias valoradas por el a quo como indicadores
de riesgo procesal deben ser analizadas a partir del citado marco hermenéutico, toda vez que el hecho se
perpetró en un escenario que, como se dijo, revela un contexto de violencia sexual ejercida contra una
niña menor de edad. Ello impone, de acuerdo a los ya referidos compromisos internacionales,
asegurar el castigo y, por ende, demanda también poner especial atención en aquellas
circunstancias que podrían dificultarlo.

Álvarez, Jorge Miguel, S. nº 496, 19/12/2014

2.17.4. Abuso sexual contra mujer de 21 años con discapacidad mental (edad
cronológica de 6 años)

Finalmente, la lectura de los hechos de la acusación da cuenta de que nos encontramos ante un
caso de abuso sexual en el que la víctima es una mujer joven (21 años de edad al momento del hecho)
que cuenta con una discapacidad mental notoria. (…)
En efecto, la pericia psicológica efectuada sobre su persona da cuenta de un retraso mental
grave según el DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), estimándose una
madurez psicointelectual correspondiente a una edad cronológica de 6 años, según los resultados de los
distintos test aplicados.
En consecuencia, cabe traer a consideración, de manera preliminar, y como contexto en el que
será analizada la peligrosidad procesal, la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad de la O.N.U. (…)
Asimismo, las Normas Uniformes sobre la igualdad de oportunidades para las personas con
discapacidad de la O.N.U. (…)
A su vez, tratándose el presente caso de una incapacidad de carácter mental que asimila a la
víctima a un niño de 6 años, debe tenerse en especial consideración la situación de vulnerabilidad e
indefensión de aquella y la necesidad de una protección reforzada de la victimización, tal como surge
implícitamente de las convenciones específicas sobre discapacidad precedentemente enunciadas, y de las
recomendaciones –aplicadas aquí mutatis mutandi– efectuadas por la Convención sobre los Derechos del
Niño (cf. TSJ, Sala Penal, "Grazioli", S. nº 186, 09/08/2011; "Laudin", S. nº 334, 9/11/2011; "Sigifredo", S.
nº 150, 30/06/2011; "Garreto", S. nº 174, 29/07/2011; "Serrano", S. nº 305, 19/11/2012; "Ferreyra", S. nº
70, 26/03/2013).
Por lo demás, en razón de tratarse de una mujer víctima de violencia sexual (anotamos aquí que,
según su testimonio, no sólo ha sido abusada sexualmente con violencia –o con aprovechamiento de que
por su retraso mental no pudo consentir libremente la acción– sino que además ha sido entregada por el
autor a terceros para someterla a actos sexuales a cambio de dinero) debe tenerse en consideración la
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar, y Erradicar la violencia contra la mujer ("Convención
de Belém Do Pará"), de jerarquía constitucional (art. 75 inc. 22° CN).
En esa línea, cabe recordar que en otros precedentes de la Sala relacionados con la violencia
sexual y particularmente la ejercida sobre niños, se destacó la obligación, surgida de los compromisos
internacionales asumidos por el Estado Argentino en la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar, y Erradicar la violencia contra la mujer ("Convención de Belém Do Pará"), y la Convención de
los Derechos del Niño, de asegurar el debate oral y de evitar instancias que lo impidan, por caso, la
suspensión del juicio a prueba (TSJ, Sala Penal, "Ponce", S. nº 176, 25/07/2012; "Robidu", S. nº 284,
31/10/2012; "Pomba", S. n° 20, 25/02/2013).
Conviene tener en cuenta, por lo demás, que estas directrices han sido tenidas en consideración
por esta Sala en distintos casos de medidas de coerción relacionadas con menores de edad víctimas de
violencia sexual (“Andrada”, S. nº 207, 16/6/2014; “Arce”, S. nº 285, 13/8/2014), y con mujeres víctimas en
contextos de violencia familiar y de género (“Romero”, S. nº 159, 19/5/2014; “Quevedo”, S. nº 174,
28/5/2014; “Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014).

“Bautista”, S. nº 349, 17/9/2014

2.18. EL BENEFICIO DE LA PRISIÓN (PREVENTIVA) DOMICILIARIA. SU REPERCUSIÓN EN EL ANÁLISIS DE LOS


INDICIOS DE PELIGROSIDAD PROCESAL

c. Por lo demás, el presente caso presenta cierta característica adicional que, si bien no modifica la
conclusión referida, merece ser destacada en el análisis de la justificación de la prisión preventiva, y efectivamente
ha sido puesta de resalto tanto por la cámara como por el recurrente en sus respectivas argumentaciones (aunque,
obviamente, en diverso sentido). En efecto, no puede escapar al examen de la medida de coerción la circunstancia
de que esta se cumple, como ya adelantamos, bajo el régimen de prisión domiciliaria (art. 32 a 34 de la ley 14.660).
(…)
En consecuencia, frente a los indicadores de riesgo procesal señalados supra y la elevada gravedad del
delito por el que juzgará a la imputada Fassano, la prisión preventiva bajo cumplimiento domiciliario aparece como
un instrumento idóneo y razonable para asegurar la comparecencia de la nombrada al debate, en tanto asegura su
presencia permanente en un domicilio individualizado bajo el cuidado de una persona determinada. De esa forma se
garantiza, de la manera más beneficiosa para una imputada mayor de edad, la realización del juicio y el
descubrimiento de la verdad.

“Fassano”, S. nº 407, 22/10/2014

2.19. CIRCUNSTANCIAS QUE NO PUEDEN VALORARSE COMO INDICIOS DE PELIGROSIDAD PROCESAL.

2.19.1. La peligrosidad criminal o material (riesgo de reiteración delictiva)

“En la valoración que ha hecho el representante del Ministerio Público Fiscal y ha tomado como
suya el Juez, se observa que ha ponderado la peligrosidad material del acusado. Ese análisis no es
correcto, ya que las medidas de coerción se justifican únicamente con indicadores de peligro procesal.
Es decir, el Magistrado ha tomado únicamente la proclividad delictiva del acusado como un indicador de
riesgo procesal sin precisar ninguna otra circunstancia demostrativa de interés del acusado en huir del
proceso”.

“Fernández”, S. nº 179, 11/6/2014


“Romero”, S. nº 159
“Mansilla”, S. nº 178, 9/6/2014
No obstante, con relación a la circunstancia valorada en primer término, esto es, la existencia de
condenas anteriores, se observa que en verdad ha ponderado la peligrosidad material del acusado, lo
que surge indiscutiblemente de los términos utilizados (“capacidad delictiva… proclividad a soslayar las
reglas de conducta y reglamentaciones…”). Con otras palabras, el tribunal ha valorado tales condenas
únicamente en el sentido de la proclividad delictiva del imputado, sin precisar ninguna otra circunstancia
de suficiente entidad como para demostrar su interés en entorpecer el (o huir del) proceso. Ese análisis,
en definitiva, no es correcto, ya que las medidas de coerción se justifican únicamente con indicadores de
peligrosidad procesal (en el mismo sentido: TSJ Sala Penal, “Fernández”, S. nº 179, 11/6/2014).
Por lo demás, la mera propensión a cometer delitos derivada de sus condenas anteriores
aparece como la consagración de un prohibido derecho penal de autor incompatible con un derecho
penal liberal de acto o por el hecho, al que suscribió nuestro ordenamiento constitucional.
Ahora bien, la existencia de condenas anteriores sí pueden valorarse como indicio de riesgo
procesal si se la relaciona con la posibilidad de que el imputado, en caso de ser condenado por el hecho
de la presente causa, sea declarado reincidente (art. 50 CP), lo que tornaría más rigurosa la ejecución
de la condena
(…)
En definitiva, si bien la existencia de condenas anteriores es una circunstancia factible de ser
valorada como indicio de peligrosidad procesal (sólo en el sentido indicado en el párrafo que precede),
su fuerza inferencial es ciertamente débil para justificar una medida de coerción. Requiere, en
consecuencia, de estar acompañado por otros indicios que lo fortalezcan, lo que no sucede en el caso, a
lo que se suma que la escala penal en abstracto por el delito que se atribuye al imputado es de mediana
a escasa gravedad (2 a 5 años), lo que por cierto no contrapesa aquella debilidad inferencial.

“Lescano” , S. nº 392, 10/10/2014

2.19.2. Las conductas que no exceden de un legítimo ejercicio del derecho de


defensa

Por lo demás, la crítica referida concretamente al argumento relacionado con la negativa del
imputado a someterse a la pericia psicológica, aun cuando se comparte que no puede tomarse como
indicio de peligrosidad procesal, sea tanto por integrar el derecho de defensa o porque posteriormente
accedió a tal acto procesal, no tiene la virtualidad de contrarrestar el riesgo –derivado de otras
circunstancias– de que influencie sobre la víctima o testigos que depondrán en el debate, por lo que a
esta altura debe prevalecer la necesidad imperiosa de asegurar el juicio oral.

“Soria”, S. nº 307, 1/9/2014

En efecto, si bien de algunas de las circunstancias descriptas, tomadas aisladamente, no surge


expresamente un peligro de que el imputado Palacios pueda darse a la fuga en caso de que se le
otorgare la libertad (por caso, abstenerse de realizar pericia psicológica, que es ejercicio de su derecho
de defensa, o su capacidad de influir sobre la víctima, que carece de relevancia en cuanto el juicio ya se
ha realizado), otras en cambio permiten inferir claramente la posibilidad de que ello se produzca.

“Palacios”, S. nº 322, 4/9/2014

2.19.3. En caso de condena, los indicios puramente de entorpecimiento, que de


ninguna manera pueden proyectarse como indicios de fuga (regla-excepción).

V. supra, 1.2..3, 1.2.4 y 1.2.5.

2.20. CIRCUNSTANCIAS QUE SÍ PUEDEN VALORARSE COMO INDICIOS DE PELIGROSIDAD PROCESAL.

2.20.1. Datos que surjan de la pericia psicológica del imputado.


Los letrados defensores señalan que la valoración de la pericia psicológica en esta instancia
constituye un adelanto de opinión y una vulneración de la defensa en juicio. No hay ningún obstáculo para
vulnerar la pericia psicológica en esta etapa como indicador de peligro procesal. Su ponderación por parte
de la Fiscal de Cámara y el Tribunal tuvo como finalidad demostrar que el encarcelamiento preventivo se
encuentra justificado. No se observa violación alguna a la garantía constitucional de la defensa en juicio ya
que la defensa, a través de la impugnación de la resolución del Tribunal, pudo cuestionar las conclusiones
de la pericia tratando de demostrar la arbitrariedad de la confirmación de la medida de coerción.

“Quiñonez”, S. nº 91, 7/4/2015

2.20.2. Circunstancias que surjan del hecho objeto del proceso.

En cuanto a la crítica hacia la ponderación de circunstancias que se desprenden del hecho como
indicadores de peligro procesal, no hay ningún obstáculo para valorar las mismas y justificar la
procedencia de una medida de coerción. Es que, circunstancias objetivamente verificadas en la causa
pueden conducir a sostener la existencia de peligro de fuga. La omisión en la valoración de dichas
circunstancias podría llevar a no considerar situaciones relevantes indicativas de la actitud que podría
desarrollar el acusado si es puesto en libertad –en este caso, la existencia de contactos en distintas
provincias, la habilidad para planificar el hecho, la conexión entre los acusados y el tiempo que le tomó a la
justicia lograr individualizar a los mismos.

“Apud Dragisich (Villacorta)”, S. nº 70, 27/3/2015