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Sarha Marcela García Rodríguez 5 de septiembre 2019

Universidad Nacional de Colombia


El sida como realidad del proceso vital humano

Olvidar que somos humanos


Reseña de Historia del VIH
Se presume que la misión de todo ser vivo es mantenerse con vida, dando lugar al desarrollo
de infinitud de mecanismos para lograrlo, enfrentando batallas exitosas con uno de los más
grandes contrincantes: las enfermedades. El hombre lo ha conseguido, ha caminado a paso
fuerte sobre este planeta hace aproximadamente 300.000 años. Ha sobrevivido con eficacia
a múltiples padecimientos, a pesar de que en algunos momentos desaparecieran grandes
poblaciones. Con estos desafíos lo único que ha conseguido es aprender y sofisticar su
defensa. Sin embargo los intereses económicos y políticos han nublado este mar de
posibilidades, como lo demuestran Bernardo Useche y Marcela Arrivillaga, al exponer la
realidad sobre una de las enfermedades más recientes afrontadas por el humano: el VIH.

El virus de inmunodeficiencia humana fue reconocido en los 80’s. A pesar de la relevancia


médica y del riesgo que representa para la salud pública, ya que implica la destrucción del
sistema inmune dejando al afectado en manos de otro millón de complicaciones; el hallazgo
se vio entrometido en un problema de patentes. El reconocimiento y el dinero que estaban de
por medio, fue de mayor relevancia que la necesidad de buscar soluciones. Dejando de lado
los laboratorios involucrados (e incluso las naciones) los autores resaltan que la coyuntura,
con la dinámica neoliberal en furor, concedió el escenario perfecto para que un padecimiento
que requiere una solución urgente e inmediata, se convirtiera en la oportunidad perfecta para
el provecho de las farmacéuticas con el apoyo e impulso de la Organización Mundial de
Comercio.

De esta manera, las farmacéuticas crearon un imperio sobre los ARV, que en breves palabras
son los medicamentos que permiten llevar una vida sana una vez ya contagiado. De esta
manera, la gente que sin acceso económico a este costoso tratamiento, está destinada a morir
por las complicaciones del SIDA. Además el control monetario se extendió a la investigación,
dedicada exclusivamente al control farmacológico y no a la prevención. Teniendo lo anterior
en cuenta, es posible traer a colación lo discutido por Useche y Arrivillaga, quienes
consideran que la unicausalidad para una enfermedad entendida como epidemia es
insuficiente, no se debe basar únicamente en el remediar o tratar, es necesario ahondar en las
dinámicas sociales, económicas y políticas y así comprender que el mapa que expone los
puntos críticos de la epidemia es el mismo donde se ubican las zonas de pobreza extrema.
Por ello, es necesario establecer y desarrollar planes que combatan la pobreza y la
desigualdad social (Useche, Arrivillaga. 2011)

La principal razón para que surja dicha necesidad, es que la pobreza extrema es el contexto
perfecto para que múltiples conductas lleven a un contagio. La prostitución, el abuso de
drogas, aguas contaminadas, carencia de una buena dieta, entre otras causantes, generan que
este sea un espacio conveniente para que una epidemia de este estilo estalle. Sin embargo,
los autores no hacen el suficiente hincapié en la educación. Esta herramienta puede ser la
llave para una contundente solución, ya que como pilar fundamental de toda sociedad, es
capaz de ser un eje transformador tanto política y económicamente; sin dejar atrás la
educación sexual, fundamental para la prevención y cuidado.

Si se buscan metodologías adecuadas, donde se enseñe desde la solidaridad, la reciprocidad


y el cuidado, acompañadas por ayudas reales como alimentación, agua de calidad, posibilidad
de acceder a los medicamentos, investigación en pos del bienestar humano y no económico,
el VIH y el SIDA no son solo tratables, sino que pueden ser evitados y en algún punto,
exterminados. Con políticas que no olviden que somos humanos, la meta es clara.