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10/2/2019 Un adios para Silvana de José Martínez Sánchez

Un adios para Silvana de José Martínez


Sánchez

UNA NOVELA EN VETA DISTINTA

Por Efer Arocha

París, 3 de diciembre de 2014

El análisis literario exige, al abordar una obra, tener en cuenta todos los
elementos que la constituyen empezando por la carátula. El título cuando es
acertado es una de las claves para descodificar una creación. Sin embargo, lo más
difícil en un entramado literario es hallar sus verdaderos significantes estéticos,
los cuales en ocasiones resultan no ser conscientes hasta para los mismos autores,
puesto que es un derivado de todo el conjunto escritural. No obstante, toda obra
de arte, cualquiera que sea su género, tiene significantes literarios limitados y
accesibles que son los elementes que permiten emitir juicio en la exigencia del
rigor, donde no hay otros, sino ésos, y, no más que ésos.

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10/2/2019 Un adios para Silvana de José Martínez Sánchez

En la novela corta del escritor colombiano José Martínez Sánchez, en el título, UN


ADIOS PARA SILVANA, el lector no se encuentra con algo a la ligera, imprevisto
o espontáneo, como sucede algunas veces con autores que no saben cómo
nombrar su texto. En el caso, él hace parte de uno de los personajes en función no
conceptual, sino en su forma narrativa, con significantes abiertos a disposición de
la imaginación del lector.

En la primera página, en el primer párrafo; el estudioso descubre de manera


inmediata que está frente a un escritor robusto y líneas bien maceadas por el
autor, en razón de lo que está leyendo; aflorado en la depuración al elaborar la
frase y al tratamiento que le da al párrafo, la concatenación de significantes y el
caracoleo musical que exige el deleite de la palabra bien escrita. Elementos que se
sostienen de una u otra forma, pero que se desvanece muy rápido en los
componentes de la novela, para dar paso a una trama directa con rasgos
descarnados.

El autor haciendo uso de cierta técnica del cuento, en lo que concierne al hecho de
contar sucintamente y de estructurar, elabora el numeral I hasta XXVI, ejes
impecables que son pilares constituyentes de la brevedad. José en el anterior
recurso se revela en tanto que creador lúcido, la literatura en uno de sus aspectos
es la condensación de su tiempo. El ser humano de hoy, es una unidad breve e
intrascendente por lo circunstancial vivencial, donde la velocidad .ha instalado
sus dominios, y ya no nos permite ni siquiera digerir las innovaciones cotidianas
como paradoja del progreso. Nuestros choznos tenían ese inmenso deleite hoy
desaparecido, de mirar el tiempo, rumiarlo y lo que era extraordinario, ascender
al placer de leer, por el solo leer; goce estético indudable.

La economía hace presencia en el mismo momento en que el escritor


verdaderamente moderno empieza su primera página. Resultado escritural que
tiene efectos colaterales, incluidos algunos en apariencia distantes como es el caso
de las herramientas de la crítica literaria del siglo XX, la mayoría de sus
constituyentes son hoy elementos anacrónicos por su inutilidad, a causa del
hilvanar distinto de las nuevas generaciones. Aquí encontramos otro acierto de
Martínez; en sus 159 páginas el lector podrá constatar la exigencia de la
economía; empezando por el contar en forma veloz y de manera directa simple y
sencilla. Mediante ráfagas de tinta, los vocablos se articulan a un engranaje como
lo hacen las piezas de un motor en el que nada sobra o falta a causa de la
precisión. Por esto, José no hace uso de la ambigüedad, categoría de gran valor en
la crítica clásica, debido a que permite la interpretación polisémica. El texto que
me ocupa es todo lo contrario, anti-polisémico, significante literario que era antes
un elemento negativo en el texto actual de ruptura es ahora una cualidad. El
novelista de hoy que trabaja la brevedad, está obligado a sintetizar, comprimir al
máximo; causa que da nacimiento a su cualidad de narrador; en oposición al
autor de novela clásica, quien gozaba de espacio a voluntad trabajando por
acumulación, de ahí que no necesitaba narrar sino describir, asunto que se
encuentra prácticamente en las dos últimas obras de este tipo: La Montaña
Mágica y En Busca Del Tiempo Perdido. Remontando el pretérito se hallan
novelas kilométricas de varios tomos en los que la descripción por sí misma es un

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valor estético; es el caso de Las Tabletas Del Judío Errante, de Edgard Quinet, y
la novela Jean Barois, de Roger Martin du Gard.

La calidad de Martínez narrador, se encuentra de inmediato en la metodología


empleada en la construcción de los personajes; en este punto surge una aclaración
indispensable. Las categorías que he venido empleando no son herramientas de la
filología o de la lingüística ni tampoco del círculo de lingüistas de Moscú,
derivados de la escuela de Fortunatov, encabezada por Roman Jakobson dando
origen a la escuela formalista, la cual hizo un gran aporte a la crítica literaria al
introducir las categorías de contenido y forma, ellas no las uso en el presente
trabajo.

En la obra de Martínez la economía en la creación del personaje es total. Un


ejemplo, el lector lo encuentra en la presentación de Silvana. “Hace unos años
cuando regresé con la esperanza de ver morir a Silvana, pero ella continuaba
firme como una fiera inmensa descansando sobre los excrementos de su propia
perfidia”; en el texto no hay otros elementos de alusión directa. La idea del
personaje se alcanza a bosquejar en los roles de la trama. El lector es obligado a
imaginar su propia Silvana en tanto que personaje en la dimensión de sus gustos,
cuerpo y características femeninas. Lo mismo sucede con los demás personajes.

El tema, visto desde la perspectiva futurista, es a mi juicio el acierto mayor del


autor. En Colombia lo auténticamente popular, es una cantera inexplorada por la
literatura de calidad. Sus grandes obras siguen a la espera de ser abordadas en
razón de que la escritura refleja las asimetrías sociales que constituye la nación.

La veta de los significantes populares en la obra hace presencia en la


fenomenología de la migración campo- ciudad. Ella es invisible en lo más visible;
en Medellín se encuentra en la mezcla de cemento del edificio “Coltejer”, y en
Bogotá, en los ladrillos de la arquitectura de Carmona. Sudor y manos callosas de
seres venidos desde las montañas han forjado lo urbano de manera permanente y
como siempre en forma anónima; nadie conoce ni sus nombres ni sus apellidos.

UN ADIOS PARA SILVANA, en cuanto a espacio está situada en el cañón del río
Arma en Antioquia, y luego en la zona urbana, fundamentalmente en Medellín
que es el espacio principal del texto. En lo concerniente a lo temporal, el tiempo
cronológico es inexistente. Por el contrario, el tiempo narrativo en el que se
desenvuelve la acción o el protagonista, sí hace presencia pero no de manera
sobresaliente.

El rol de los personajes lo determina el estatuto de cada cual, donde el lector


descubre sin esfuerzo una clara separación entre protagonistas principales y
secundarios. Entre los principales se encuentran Silvana, Harold, Esteban,
Casadiego…, y secundarios como Eva Galarza, Josefina Balbín… Un aspecto que
llama la atención por el tema, es que la novela no tiene ni niveles de lenguaje o
texturas diferentes. El lector identifica al personaje en su dimensión sociológica,
no por la forma de hablar, sino por la forma de lo que hablan. La acción del
protagonista es muy corta y lo que es verdaderamente interesante es la velocidad
que le imprime a los hechos. Este rasgo la emparenta con el cine. Lo último la

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conecta con una de las grandes obras de la literatura latinoamericana, Pedro


Páramo.

No obstante todo lo anterior, la esencia de la novela sigue oculta. Al ser un escrito


artístico dedicado a un sector de la población que por su espacio en el seno de la
sociedad colombiana se ubica en la franja de la pobreza, marginalización y todo lo
que se quiera, realidad que le imprime un sello innegable de lo popular; sin
embargo, no es lo popular por ser popular, lo que le imprime el significante
esencial, si fuera así, el tema en arte sería una categoría definitoria. Y esto no es
cierto en ninguno de los casos. Pero no se puede negar de manera contundente el
papel del tema en el campo de lo esencial. Él define un rasgo de lo general
esencial, como es en el caso de UN ADIOS PARA SILVANA. Sin embargo, el tema
como elemento imprescindible de toda creación, es apenas un elemento
constitutivo pero nada más.

Lo cognitivo estético no lo encuentra el lector en las distintas partes narradas, ni


tampoco en el anterior análisis, el que resulta necesario para lograr descubrir la
esencia textual. La herramienta apta para develar el valor estético inasible en las
partes, sale a la superficie haciendo uso de la interrelación de los distintos
elementos que constituyen el cuerpo escritural que José Martínez Sánchez ha
creado, y se manifiesta en el dolor que producen las cadenas de la miseria de
todos los que viven la marginalización, producto del desplazamiento espacial, que
en términos de la estética se categoriza en el plano de la esencia en los
constituyentes de lo trágico.

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