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Reseña biográfica

Poeta española nacida en Madrid, en 1980.

Es licenciada en Filología Clásica por la Universidad Autónoma de Madrid.

Muy temprano empezó a escribir poesía y narrativa, convirtiéndose en una de las revelaciones
de la poesía joven

española. Fue merecedora de una beca de creación otorgada por el Ayuntamiento de Madrid.

En 1998, obtuvo el primer puesto en el II Premio de Poesía Dolores Mañas. En 1999, su libro,
"Las moras agraces",

fue proclamado ganador único por unanimidad, del XIV Premio de Poesía Hiperión.

Posteriormente, en 1994, publicó "Rincones sucios".

Su poesía ha sido catalogada como "una voz de amplio registro y sorprendentes hallazgos,
inscrita en el corazón

de la tradición". ©

De "Concupiscencia":

1. Será un centauro, un ser hermanfrodita...

2. Me pregunto si es cosa de la edad...

3. No comprendo. La sed del agua fría...

De "El ciclo satánico":

1. Me mira. Pero no desde la altura...

2. La soledad, no el ocio como dicen...

3. Hoy viene a verme...

4. ¿Cómo pude dudar?

5. Cuando una tiene sangre de ramera...

6. Tampoco es esto lo que yo buscaba...

7. Nada

1
Otros poemas:

Amor y psique

Divertimento erótico

¡Estériles! ¿Para qué lloras?

Femmes damnées

Fatiga

Oremos

Pastoral

Retrato gongorino

Señores, yo sé bien de los venenos...

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De "Concupiscencia":

1. Será un centauro, un ser hermafrodita...

Será un centauro, un ser hermafrodita,

el toro violador y la paloma,

con las mórbidas formas de una poma

y el escudo anguloso de un escita.

Será otro yo, y así, será exquisita

la unión. No dejaremos ni una coma

en donde estaba antes, y aun la Roma

de Nerón aparecerá marchita.

¿ "Noverat iam luxuriam..."? Las bacantes

serán vestales, y piadosas preces

sus gritos: ¡nadie gana a dos estetas!

Danzando sobre él con pies sangrantes,

quebraremos mil veces y mil veces

el cristal que cantaron los poetas.

**

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2. Me pregunto si es cosa de la edad...

Me pregunto si es cosa de la edad

o fruto de una mente depravada;

en uno u otro caso, jamás nada

puede apartarme de mi única idea.

Cada cosa que miro se recrea;

la inocencia del mundo, transformada,

me estremece; la carne delicada

se pudre con extraña enfermedad.

Suena un violín, y yo escucho un gemido;

miro andar a mi gato, y sólo veo

el movimiento firme y repetido;

oigo al viento soplar, y oigo un jadeo.

y un mundo diferente, enfebrecido,

agita con su vista mi deseo.

***

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3. No comprendo. La sed del agua fría...

No comprendo. La sed del agua fría

se calma al tercer trago; la del vino,

otro tanto, y el paladar más fino

se cansa del manjar que requería.

El sueño acaba al empezar el día,

y la pereza al verse en el camino;

todo anhelo se va tal como vino

apenas toma lo que pretendía.

Y sin embargo hay una sed extraña

que mantiene sin fin toda su saña...

Quizá sean cosas de la adolescencia,

pero devoré anoche la manzana

y de nuevo me hallaba esta mañana

trémula toda de concupiscencia

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De "El ciclo satánico":

1. Me mira. Pero no desde la altura...

Me mira. Pero no desde la altura,

como el Otro miraba,

sino asentado en la terrena grava,

sobre la roca dura.

Sonríe con sonrisa tan impura,

que la reina de Saba

no era más seductora que Él; me alaba,

como a fruta madura.

Yo rehuyo sus ojos en el suave

espejo de la alberca,

pero estoy deseando, y Él lo sabe,

ceder. Me olvidaré de Buda y Cristo

por verle más de cerca.

¡Mi Señor, Lucifer, Satán, Mefisto!

***

6
2. La soledad, no el ocio como dicen...

La soledad, no el ocio como dicen,

es la madre del vicio.

Yo, para descender el precipicio,

aguardé hasta que nadie me mirara.

Al dejar que mis manos se deslicen

por la pared de roca,

cuido siempre que no haya ojo ni boca

que hable de mí ni pueda ver mi cara.

Lo que entonces no hice

fue sospechar que acaso,

invisible, miraba y sonreía

el Mismo que hoy se dice:

"Ya dado el primer paso,

esta pobre muchacha será mía".

***

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3. Hoy viene a verme. Él, Él en persona...

Hoy viene a verme. Él, Él en persona.

No intento resistirme, por supuesto.

Irónico y burlón, llega dispuesto

a "salvarme de lo que me obsesiona":

tal dice. Su belleza desentona

con el eterno universal denuesto

de que le han hecho objeto; aparte de esto,

me ofrece lo que nunca se perdona.

Tendiendo, en fin, el ominoso pliego,

me ha mirado con ansia tan humana

que chispean sus ojos como el fuego.

¡Un alto precio por una manzana!

Temblando igual que Él, respiro y niego,

pero no sé lo que diré mañana.

***

8
4. ¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido...

¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido

vivir sin vida todos estos años?

Por evitarme daños, tuve daños,

y huyendo penas, penas me han venido.

¡Cuánto tiempo, cuánto placer, perdido

en virtud, muerte, ritos tan extraños

como inflexibles, místicos engaños,

humillaciones, Dios! ¡Qué buena he sido!

Me arrepiento del tiempo en que fui buena,

viviendo sin gozar el prodigioso

fulgor del mal, quebrando mi destino.

Y ahora que su goce me envenena,

¿cómo negarse, si es tan delicioso,

o cómo retornar al buen camino?

***

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5. Cuando una tiene sangre de ramera...

Cuando una tiene sangre de ramera,

brutal desprecio hacia la mayoría,

tendencia a decir no a todo consejo

e inclinación al mal por el mal mismo,

no podría ser casta aunque quisiera,

integrarse en la masa no podría,

y sin conseguir nada se hará viejo

quien intente apartarla del abismo.

Pero además ocurre

que ella no pondrá nada de su parte.

Ya tiene, y hace, y es, lo que prefiere;

pensar siquiera en la virtud aburre

a quien ha hecho del vicio todo un arte,

y ni encuentra salida, ni la quiere.

***

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6. Tampoco es esto lo que yo buscaba...

Tampoco es esto lo que yo buscaba.

Es mucho, pero aún no es suficiente.

No es más que otro camino diferente

que no lleva tampoco a parte alguna.

La pena sigue, si el placer acaba;

el más bello pecado no es potente

para cambiar las cosas, y el doliente

llora como lloró desde la cuna.

Ni la perversidad más deliciosa

logrará que me sienta yo dichosa,

como antes la virtud no lo lograba.

Ya tengo, y hago, y soy, lo que prefiero;

de acuerdo, claro... pero

tampoco es esto lo que yo buscaba.

***

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7. Nada

Sobre las altas bóvedas del cielo,

yo habité los palacios donde el hielo

brilla en azul, y en busca de consuelo

me embriagué de licores celestiales.

Y en las cámaras bajas del subsuelo,

los antros llameantes del desvelo

y del vicio, y en busca de consuelo

me emborraché con vinos infernales.

Ahora quieren que elija: o uno u otro.

No saben que, una vez la elección hecha,

seguiría buscando, insatisfecha

criatura a medio hacer, sobre la cresta

de la duda hasta el fin, y no hay respuesta

posible, nada, nunca...

Ni Uno ni Otro.

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Otros poemas

Amor y psique

Amor, hijo de Poros y Penía,

pobre como su madre la Pobreza,

cazador sin fortuna,

un solo pensamiento en la cabeza.

Lo que intenta alcanzar se desvanece

apenas alcanzado;

vuelve a buscar, y busca,

lanzando redes, flechas y añagazas,

infatigable, pobre desgraciado.

La diosa se está peinando

entre cortina y cortina;

los cabellos son de oro,

el peine de plata fina,

y entre pasada y pasada

toma néctar y ambrosía.

y la diosa está envidiando

a una pobre ninfa

que se debate perpleja, tan joven, tan joven,

tan joven y hermosa

como perdida.

¿Y bien?... Que se quemó el Amor los dedos

sobre su propia antorcha

por esa tan hermosa que ha irritado

a Afrodita la hermosa.

Porque tiene el encanto incomprensible

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de lo indefenso y lo recién nacido,

porque mira con ojos muy abiertos,

porque no entiende a Dios ni entiende el mundo,

y porque se devana la cabeza

tratando de entenderlos, y no puede,

y porque su estupor le pide a gritos

el trozo que ella siente que le falta...

Y porque el joven dios ve de repente

que ella es el trozo que le falta a él,

y todo hace que Afrodita sea

-tan fuerte, tan segura-, casi fea...

Y así fue, y así ha sido.

El uno que sabiendo lo que quiere

no logra mantenerlo,

la otra ignorante tanto de qué busca

como del modo de llegar a ello,

al margen de Afrodita,

al margen de la incomprensible espita

por la que orina el mundo incomprensible,

al margen de la vida y de la muerte,

para siempre abrazados.

Ahora son ya dos pobres desgraciados.

Pero dos. Para siempre.

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Divertimento erótico

Un gemido doliente entre la alheña,

un rítmico suspiro en el helecho,

musgo y pluma por sábana del lecho,

por dosel hoja, por almohada peña,

y la lujuria tiene como seña

violar mujeres y violar derecho

y ley y norma, y un hermoso pecho

sabe el pecado y el pecado enseña.

Trasciende de la fonda un olor suave

a sagrados ungüentos, y una queda

música, contenida y cadenciosa,

y el blanco cuerpo de la bella ave

y el blanco cuerpo de la bella Leda,

bajo el peso del cisne temblorosa.

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¡Estériles! ¿Para qué lloras?

¡Estériles! ¿Para qué lloras?

Si nunca podrás tener nada.

Si a demoras siguen demoras,

y la explicación huye alada,

y amargan tu lengua las moras

aún en agraz.

¿Y pides un poco de paz?

El drama es mil veces más viejo

que tú. Piensa en Grecia y en Roma,

y aún más atrás. No me quejo:

de siempre hubo cuervo y paloma

y la lucha atroz. ¿Un consejo?

Déjate estar.

La muerte te vendrá a buscar.

Porque nunca llega el verano

que endulce las moras agraces.

Amor ni divino ni humano,

ni salmos ni bromas procaces,

ni artista ni amigo ni hermano

te saciarán.

Ni vino ni agua ni pan.

Ni esto, ni eso, ni aquello.

Puedes probar cada camino:

acaban en nada. El destello

que un tiempo llamaste "divino"

no es luz, y apenas si es bello.

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Es frío y crual.

¿A qué preocuparse por él?

¿A qué tanta lucha, si luego

el fin es a todos igual?

¿A qué este jugar con el fuego,

si juegues bien o juegues mal

la muerte es el premio del juego?

¿O es el castigo?

¡Estériles...! Llora conmigo.

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Fatiga

Hay demasiadas cosas

de las que preocuparse,

siempre distintas, siempre imprescindibles,

y nunca se termina,

y apenas se respira... Y además

está el muchacho que jamás nos mira,

la chica que no sabe que la amamos

Y Platón predicando represiones...

Y a esto le llaman vida...

Femmes damnées

Muchacha, si te entregas a los cerdos,

merecerás morir en la matanza.

No sería en todo caso más horrible que la horrible,

cínica contradanza.

Pregúntate por qué has de estar debajo

si eres mejor que ellos.

Créeme, muchacha, la heteropatía

nunca fue un buen invento.

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Oremos

Líbranos de la pena porque ella

destroza el corazón larvadamente

y trae sombra a los ojos de los niños.

Líbranos de la dicha porque a ella

le siguen siempre penas que la hacen

aún más amarga que las penas mismas.

Líbranos del dolor que nos reduce

a tristes bestias de ojos humillados

que sólo buscan un rincón caliente.

Líbranos del placer que nos obliga

a creer que este mundo es dulce y bueno

justo hasta que salimos del encanto.

Líbranos del mal hado y la pobreza

que nos azotan con mano invisible

hasta que maldecimos nuestros nombres.

Líbranos del buen hado y la abundancia

que vierten la ponzoña gris del tedio

en la copa de oro del cinismo.

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Pastoral

A la serena duerme mi ganado...

Miguel Hernández

A un cordero que es entre los rebaños

lo que un muchacho hermoso entre la gente

lo quiero con cariño diferente,

más propio de un rapaz que de mis años.

Come en mi mano; bebe de los caños

de metal renegrido de la fuente;

me bala, y su balido sonriente

inunda de dulzor los aledaños.

Esta mañana en que yo estoy bordando

grecas en un mantel, y canta el tordo,

y mi cordero bala casi hablando,

mientras él bala y brilla el sol y bordo,

me pregunto si lo querré igual cuando

envejezca y se vuelva fuerte y gordo.

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Retrato gongorino

Es la hora aquella en que el carro Febeo

ha comenzado ha poco su carrera,

y una boca de hoguera

su aliento abrasador da ya encendido

a hemisferio dormido,

cuando aquel a quien nunca llaman feo

ni han razón, que alto más que Cipariso,

que Jacinto fragante

y más ensimismado que Narciso

y orgulloso que Apolo ser pudiera

si Olimpo griego su morada fuera

por ciudad castellana,

vuelve a la vida desde el oscilante

caliginoso mundo que se habita

a párpados bajados

y disuelve la luz de la mañana.

Sobre plumas y linos abrazados,

pasa de tierno ovillo a ancha corriente;

los paisajes que viera un selenita

tiemblan en ese río,

que a varón como a hembra quita el frío.

Al hilo dignifica la hermosura,

dulcemente inmadura,

del tendido durmiente,

porque en dieciséis años

no ha habido tiempo aún para los daños

de tiempo cruel o práctica natura,

que sacrifica el arte a la simiente;

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en el cuerpo yacente

hay candor y abandono y hay tersura

que vértigo provoca,

como provoca vértigo la boca,

roja rosa entreabierta

de riquísimo aroma,

con las mórbidas formas de una poma,

que al más dormido instinto lo despierta.

Y los párpados lisos,

y de las cejas las espesas líneas,

que no han tocado nunca las Erinias

con sus crueles avisos,

la barbilla perfecta,

la nariz intachablemente recta

y la suave mejilla ruborosa;

la cara más hermosa,

en fin, y el cuerpo más hermoso y noble

que engendrara jamás mujer alguna,

y no quiso el azar hacerlo doble

porque tanta belleza fuera una,

y pudiera decirse con justicia:

"¡Sin par!"; y, en su malicia,

por no excederse en buena la Fortuna.

Frunciendo el fino ceño,

la sublime criatura deja el sueño,

que parece llorar por su partida,

y en actitud que fuera,

para aquel que lo viera,

recompensa y gloria inmerecida,

se mueve y despereza

con voluptuosidad, y al fin bosteza

22
con tan dulce bostezo,

que le envidian las flores más preciosas

del naranjo, el almendro y el cerezo.

Su aliento es el aliento de las rosas...

Se yergue, y su hermosura al cielo embriaga

y al barro que su planta pisa halaga,

y el águila recuerda

sus misiones de antaño

y lamenta que hoy, para su daño,

sea la divinidad siempre tan cuerda.

Con leve pie el muchacho sale y deja,

más cuanto más se aleja,

arrebatada y anhelosa el alma

y vacía de calma.

23
Señores, yo sé bien de los venenos...

Señores, yo sé bien de los venenos

de la literatura:

la tiranía impúdica y terrible

de una Belleza impura

que nos mancha los labios de palabra,

los ojos de figura

y el cerebro de sueños o pecados,

en flagrante, diabólica impostura.

No la deseo a nadie, y nadie

debe desearla nunca,

pero benditos los que se someten

a su mirada oscura.

24
CONCUPISCENCIA, III

No comprendo. La sed del agua fría

se calma al tercer trago; la del vino,

otro tanto, y el paladar más fino

se cansa del manjar que requería.

El sueño acaba al empezar el día,

y la pereza al verse en el camino;

todo anhelo se va tal como vino

apenas toma lo que pretendía.

Y sin embargo hay una sed extraña

que mantiene sin fin toda su saña...

Quizá sean cosas de la adolescencia,

pero devoré anoche la manzana

y de nuevo me hallaba esta mañana

trémula toda de concupiscencia

25
Ha desencarnado una poeta de raza: “Que lo que quiero es quedarme tranquila,/ dormir mis
nueve horas cada noche/ y que nadie repare en mi existencia”, es lo que decía Carmen Jodra
Davó (Madrid, 1980), quien gustaba de citar a Wilde : “Los elegidos son aquellos para quienes
las cosas bellas sólo significan belleza”. Y es que Carmen tenía las cosas muy claras respecto a
la poesía, solo hay que leerla y no solo en Las moras agraces (Hiperión, 1999), que también, y
Rincones sucios (La Bella Varsovia, 2004 y 2011) y diversas antologías, como Aldea Poética II
(Opera Prima, 2000), en la que me sentí feliz de aparecer: pues uno se siente feliz de ser
contemporáneo de Carmen Jodra Davó y leerla, y Veinticinco poetas españoles jóvenes
(Hiperión, 2003), entre otras muchas antologías.

Hay que leer esta poesía sencilla, transparente, casi franciscana, con un lenguaje culto: se
formó en Clásicas. Su poesía es mitología de ayer para hoy y quien como Shakespeare , ambos
privilegiados, Jodra Davó supo crear y plasmar aquella belleza generada por la tensión creativa
de la poesía, que enfrentada al espejo de su propia existencia, nos ofrecía y ofrece como poeta
una muestra magnífica del genio humano.

Ha sido una poeta poco común, reivindicaba el realismo y no los ideales inaccesibles, de y en
nuestras letras, ya que leía y leía y sabía leer: voraz lectora a decir de todos los que la
conocieron, y se notan en sus versos esas sus lecturas. Versos que asumen en el poema la
tradición literaria que nos precede, pero que una vez conocida le servía para experimentar
desde la socarronería más castiza: hastío incluido, ante esta vida que le toco en suerte, ese
“cristal que cantaron los poetas”.

Siempre creí que esta poeta estaba marcada por el signo de Caín , dotada de una sensibilidad
especial para las artes, las letras en este caso, pues dominaba el lenguaje, sus poemas
conmovedores son un pulso al mismo lenguaje, son un batirse el cobre en cada poema. E
inteligente ella, sabía aprovechar todos sus recursos y sin duda alguna, fue la gran amante de
la literatura universal: melancolía, hastío de juventud, soledad, incomprensión, abandono,
muerte, estar al margen de la soledad y todo en y con unas estructuras tradicionales,
encofrado poético; y lo que más me llamaba la atención eran esos guiños a las formas y gestos
clásicos habidos y por haber. Qué poderío de imágenes, de metáforas, de romanticismo, de
paisajes y qué plasticidad. Lo sé bien desde la tristeza del momento. Posiblemente la poeta
más grande de nuestros días, dotada de una asombrosa capacidad de expresión. Una riqueza
espontánea de imágenes: “Desolada la niña que perdió su violeta,/ no la consuelan cintas,
lápices de colores”.

No me queda más, en estos apresurados apuntes, que dar las gracias a esta poeta, Carmen
Jodra Davó por escribir y esperar que sus versos sean leídos por doquier, pues como ya he
dicho muchas veces, más de las que quisiera recordar, no creo que exista mejor homenaje que
leer: y leer sus versos: por una vez, y aunque solo fuese por una vez, los y las jóvenes poetas
deberían leer a esta otra poeta: “-La tierra está mojada y huele a tierra/ bajo su peso. Han roto
los cristales/ en su sangre, violado los umbrales/ del templo y saqueado cuanto encierra”.
(Ayer fue Jordi Royo hoy Carmen Jodra Davó, los poetas no se van solos).

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En verano me gusta leer libros en préstamo de la biblioteca pública, la mayoría de ellos son de
poesía.

Acabo de terminar el libro de la joven poeta, Carmen Jodra Davó (Madrid, 1980), Las moras
agraces (Premio Hiperión, 1999), y me ha dejado una sensación de melancolía no fingida, sino
verdadera. El hastío de la juventud, la soledad, la incomprensión por este mundo, el
abandono, la muerte, el sentirse al margen de la sociedad, un ser escindido son los motivos
que recorren este poemario, con un continente cuidado, en un guiño a las formas clásicas
(sonetos, silvas, etc.), con una rima muy trabajada, pero que no rechina, referencias literarias
de nuestra tradición y de la extranjera.

Hasta mí vienen imágenes del romanticismo pictórico (Turner, Friedrich), de la soledad de los
personajes en el paisaje.

Carmen Jodrá ofrece sus versos descubiertos, su llamada sin contestar, su lamento sin fin. Ahí,
retomaría los versos de la poeta García Faet: "Lo mejor sin duda es quejarse temprano, / teñir
de oscuro todo, fingir ser depresiva / así como se escribe poesía, así es como / se triunfa. Así es
como te acercas / al absurdo, así es como se vuelve". Para estas poetas el sinsentido triunfa
sobre la vida, el cansancio y la tristeza sobre el optimismo.

Es, por esto, por lo que quería traer hasta aquí tres poemas conmovedores de Carmen Jodrá
que soportan y transmiten toda esta melancolía hasta sus últimos extremos:

HASTÍO

El bello mundo me produce asco.

Si pudiera, lo haría

saltar en pedacitos por los aires,

y con él a mí misma.

Yo no pedí vivir; si Tú me hiciste,

es tu culpa, y no mía.

Atrévete a juzgarme si tu pobre

criatura se suicida.

27
FATIGA

Hay demasiadas cosas

de las que preocuparse,

siempre distintas, siempre imprescindibles,

y nunca se termina,

y apenas se respira... Y además

está el muchacho que jamás nos mira,

la chica que no sabe que la amamos

y Platón predicando represiones....

Y a esto le llaman vida...

DEFINITIVAMENTE PESIMISTA

La vida es desengaño y desengaño,

uno detrás de otro, nada más,

sin más consuelos que la cama tibia

y chispas de Belleza inmaterial.

Y detrás de eso siempre estará el mundo

con su hedor cadavérico y su faz

de horribles cicatrices, y este agónico

e implacable terror al más allá.

28
MOMENTO CRÍTICO

Si yo lo entiendo; sí señora mía,

no le reprocho: ¿usted qué culpa tiene

si en cuanto que el octubre sobreviene

derrota a su nariz su artillería?

Sea comprensiva usted: la lluvia es fría,

el viento en nuestras calles se entretiene...

Mire el lado mejor: catarro tiene,

pero al menos no tiene pulmonía.

Si en mitad del silencio de la clase

su estornudo sonó -¡crueles instantes!-

igual que un cataclisno de los cielos,

¿qué le va a hacer, sino seguir la frase

que estaba usted dictando, no sin antes

rendir debido culto a los pañuelos?

29
EL HORIMENTO BAJO EL FIRMAZONTE

... la farandolina en la lejantaña

de la montaña, el horimento bajo el

firmazonte...

(Vicente Huidobro)

¡Democrad! ¡Puebla el vivo!

¡No dictaremos más admitidores!

pro lometemos, samas y deñores,

nuestro sotierno va a gobisfacerles.

Firmaremos la gaz, no habrá mas perra,

zaperán juntos el queón y el lordero,

y quiero promerer y lo promero,

vamos a felicirles muy hacerles.

(Y el horimento bajo el firmazonte,

y el firmazonte bajo el horimento

—ye ca no sé—, brillaba, grona y aro).

Que me se raiga un cayo si les miento:

fumos soertes y, mo lás pimportante,

¡blasamos hiempre claro!

[*] La Jitanjáfora consiste en alterar la morfología de las palabras dislocando sus morfemas y
pasándolos a otras palabras adyacentes.

Aquí CJD, se burla del lenguaje de los políticos)

30
Que estoy cansada y triste no es una novedad,

que me gustan las chicas no es una novedad,

que tú pasas de mí no es una novedad,

y que añoro la muerte no es una novedad.

Pero pensar que acaso ella tiene tus ojos,

con los que, igual que tú, me mira desdeñosa

antes de abandonarme al dolor de mi ansia,

pensarlo de ese modo, sí es una novedad.

Como fan de Carmen Jodra Davó (que no Jodrá Davo), llevaba queriendo leer su segundo libro,
Rincones sucios, desde que leí (¡hace ya siete años!) la reseña elogiosa de García Martín en El
Cultural. Lo publicó el Ayuntamiento de Talavera de la Reina, sin duda porque ganó un accésit
del Premio Joaquín Benito de Lucas del 2003, que convocan allí. Con lo que el libro debió de
moverse poco, tirando a nada (lo que siempre es más que otro que yo me sé...). Lo busqué en
su día en la Casa del Libro de Madrid y no hubo manera. Por suerte, hoy tenemos Iberlibro.

El volumen es breve (62 páginas), pero bien proporcionado. A mí me gusta más que el primero,
y el primero me encantó. Como ya no es menor (antes tampoco), la autora se desnuda
oportunamente, sin darle importancia, pero sin tapujos. Nos enteramos así que, además de la
poesía griega, le gustan las chicas, los barbitúricos y las epíforas y que cita sin citarlo a Pavese
(que no a Celan). Vaya la prueba como muestra, aunque los poemas que se podrían traer, por
sabrosos y bien hilados, son muchos:

31
CUMPLEAÑOS FELIZ

Ya tengo dieciséis años.

Ya soy más vieja que Británico,

más vieja que el dulce Domingo Savio,

más vieja que Antínoo cuando lo halló Adriano.

Ya tengo dieciséis años.

Se nos escapa el tiempo entre las manos,

y sigo virgen, y no bebo vino

ni conozco las dos lenguas de Claudio.

Hoy cumplo dieciséis años.

Me pregunto si Dios sigue esperando.

Muerte

Falleció a la edad de 38 años debido a una enfermedad maligna el 24 de julio de 2019.

Publicaciones

Poesía:

Las moras agraces 1999

Rincones sucios 2004

Antologías:

La generación del 99 (1999)

Antología de las mejores poesías de amor en lengua española (2000)

Aldea Poética II (2000)

Un siglo de sonetos en español (2000).

La voz y la escritura. 80 propuestas poéticas desde los Viernes de la Cacharrería (2001)

Mujeres de carne y verso (2002)

32
Ni Ariadnas ni Penélopes. Quince escritoras españolas para el siglo veintiuno (2002)

Orfeo XXI. Poesía española contemporánea y tradición clásica (2005)

Premios

XIV Premio Hiperión de Poesía 1999.

XIX Premio Joaquín Benito de Lucas 2004.

Fuentes

Artículo: Escritoras de España. Tomado de www.escritores.org. Consultado el 1 de agosto de


2019.

Artículo: Muere poeta española. Tomado de www.abc.es. Consultado el 1 de agosto de 2019.

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El verano no es un gran tema poético pero sirve de hermoso decorado para poetizar otras
cosas. Carmen Jodra (Madrid-1980) sin embargo, lo canta, exaltada de gozo, como una mora
que se saborea en el cálido remanso nocturno:

33
DÍAS DE TREINTA GRADOS

Es verano por fin. Por la mañana,

los jardines en flor, recién regados,

cantan su exuberante vida y sana

en mil aromas vagos.

Es verano por fin. A mediodía,

el sol hace empaparse nuestras sienes

de sudor animal, y una alegría

salvaje nos enciende.

Es verano por fin. Al caer la tarde,

un brillo anaranjado el aire tiene.

Arde una rosa, y la mejilla arde

de un bello adolescente.

Es verano por fin. Y por la noche,

una brisa estelar refresca el mundo,

y no hay lugar para ningún reproche.

Es verano por fin. !Que dure mucho! (1)

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