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Subjetividad es la cualidad de lo subjetivo. Aquello que depende de cada sujeto sin ser igual para todos.
La subjetividad integra ese conjunto de cualidades que singularizan a un determinado sujeto. La
subjetividad se construye en la medida en que el registro de las sucesivas experiencias va conformando
realidad psíquica.
El psicoanálisis es una práctica clínica y una reflexión teórica. Su axioma es la metapsicología definida en
sus aspectos económico, estructural y dinámico.
El término epigénesis indica que el registro de la experiencia que hace cada sujeto surge de la
concurrencia de aquellos estímulos específicos provenientes del medio y la particular capacidad de
almacenamiento y transformación de los mismos promovidos por la presencia de una determinada
disposición constitutiva.

LA CONCIENCIA

La sensación

Freud define a la conciencia como la capacidad del aparato anímico para captar las cualidades psíquicas.
La conciencia en el sujeto puede dar cuenta de la propia subjetividad.
En los inicios de la vida psíquica la conciencia está destinada a captar la intensidad de los estímulos,
endógenos y externos, que arriban al sistema perceptual.
La subjetividad inicial es pura sensación. Sensación extrema, no matizada, que oscila entre los polos del
placer y el displacer.
Principio de placer-displacer organizador del funcionamiento mental. Inicialmente genera un
funcionamiento evacuatorio que se comprende según el modelo del arco reflejo.
Luego modula la integración de la experiencia primitiva en torno a las vivencias de satisfacción y dolor.
Implican un complejo movimiento:
a) Percepción y conducción de los estímulos, función atribuida a un grupo particular de neuronas, Fi.
b) Captación de la intensidad del estímulo, función de conciencia atribuida al sistema de las neuronas
Omega. Captan el incremento displacentero de la tensión así como su caída placentera.
c) Registro indeleble del engrama vivencial por un grupo neuronal Psi. Inaugura el interjuego
representacional mnésico.
La vivencia de satisfacción es una experiencia originaria que muestra una primera articulación entre lo
interno, proveniente del soma, y lo externo resultante de la acción específica aportada por el medio.
La conciencia registra lo que será padecimiento y goce.
En Psi, queda registrada la asociación entre el padecimiento inicial y el alivio ulterior. Cada vez que
resurja se reinvestirán las huellas de la experiencia placentera, dando origen al movimiento de
realización de deseo (camino más corto para el reencuentro con satisfacción).
En este segundo tiempo, la psique descarga a través de la vía alucinatoria. La conciencia capta una
imagen y revive las sensaciones placenteras sin poder reconocer todavía que depende de un nuevo
aporte por un objeto externo para que el alivio sea real. Es necesaria una ampliación de la capacidad de
registro consciente.
Ante el dolor, surge la defensa primaria. El engrama doloroso es evitado.
Compulsión a la repetición: opera contradiciendo al principio de placer, da lugar a la reiteración de lo
displacentero dentro de lo mental.
Mientras que la conciencia se aleja de las vivencias perturbadoras como una vía hacia la sobrevivencia
psíquica organizada en torno a lo placentero, la compulsión de repetición, reinstala lo doloroso en la
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psique amenazando por un lado su integridad y posibilitando una posible integración ulterior.
El dolor psíquico se genera en el proceso de reconocimiento vivencial de lo irreparable de una pérdida
objetal. El funcionamiento de la conciencia ha adquirido un nivel integrador que le permite reconocer y
procesar experiencias negativas. La conciencia inicial absorbida por aquellas sensaciones corporales que
la determinan, debe lograr tomar distancia de ellas y aprehender la cualidad del objeto exterior
deslindando en él aquellos atributos significativos que le dan entidad propia y lo separan de sí.
La conciencia pasa de captar sólo sensaciones ligadas a las modificaciones de la cantidad a ejercer el
reconocimiento de las cualidades de los objetos y a delimitarnos del propio sujeto. Ocurre en la medida
que en Psi los registros mnemónicos van dando lugar paralelamente a procesos de pensamiento que
elaboran las vivencias originarias.

El Pensamiento

Concepción freudiana: pensamiento es epigenético, producto de un proceso de desarrollo. El pensar


experimenta una paulatina complejización que a su vez promueve cambios paralelos en otras funciones
dentro de la estructura psíquica.
La primera fase: Pensamiento asociativo por contigüidad. Implica un cambio en el nivel previo de
ligadura establecido en Psi.
Esta nueva ligazón retiene la investidura de la experiencia de satisfacción inhibiendo al movimiento
alucinatorio. Evitar la frustración que produce la descarga automática alucinada.
Las representaciones iniciales no tienden a agotarse alucinatoriamente, se produce un desplazamiento
de cierto nivel de carga hacia otros conjuntos representacionales (hacia el polo perceptual-motriz). Este
recorrido transforma la identidad de percepción alucinada originaria en una adecuación entre un cierto
recorrido de huellas mnésicas y la percepción final de un objeto. Cuando se produce esta percepción
ocurre la descarga.
Este pensamiento: estado originario mente cuerpo y exterior forman uno solo. Movimientos de pura
sensación reencontrarse con la dimensión placentera experimentada. Orientados libidinalmente. La
identidad de percepción alucinada se sustituye por un movimiento representacional que promueve una
correspondencia con el mundo exterior, consolida al Yo.
La identidad de percepción ha dado lugar a la identidad de pensamiento. Se instala el juicio atributivo
que vincula lo placentero a lo bueno y lo bueno al yo.
El decurso de este tipo de pensamiento, es inconsciente y presupone un adecuado posicionamiento del
objeto exterior como objeto auxiliador, sostén de todo el proceso.

Winnicott: funciones del objeto auxiliador (holding, handling, presentación del objeto) para asegurar la
consolidación tanto de la omnipotencia inicial como de la capacidad de ilusión del infante, base de la
futura creatividad del sujeto. La conciencia en el momento del encuentro inicial, capta una cualidad
específica en él, la incorpora y actúa como un modulador de la incipiente vida emocional que lo prepara
para ulteriores cambios de sus propias funciones.

Freud: surge en el psiquismo un movimiento atributivo que asimila lo placentero a lo bueno y a lo


interno. Lo displacentero, articulado a lo malo, es rechazado al exterior de lo psíquico.
En un segundo momento surge el juicio de existencia promoviendo al pensamiento judicativo. El
discernimiento opera sobre la dimensión negativa proyectada dando lugar al reconocimiento de lo
diferente como aspecto de lo existente fuera del sujeto, permitiendo la construcción de la realidad
externa sobre la diversidad y la divergencia. Vinculado al papel del lenguaje, el valor que le confiere la
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representación palabra.
El pensamiento asociativo es inconsciente, base del proceso primario. El discernimiento ligado al
proceso secundario, incluye la intervención de la conciencia. El proceso de consolidación del
pensamiento judicativo lleva a que las cualidades que capta la conciencia se amplíen. Captar cualidades
del entorno que favorecen su acceso a una realidad consensual más apropiada. Tamizada por valores
éticos se van incorporando paulatinamente. La conciencia alcanza un nuevo nivel de complejidad, el de
la conciencia moral.

La conciencia moral

La transformación de la función conciencia por la inclusión en el psiquismo de un sistema de valores,


capta cualidades psíquicas impregnándolas de connotaciones axiológicas.
Funcionamiento doble: tiene una vertiente ética, se asienta en el discernimiento, facilita el equilibrio
entre los intereses narcisistas y los de las relaciones con los objetos. La otra es moral, se liga a la
prohibición terminante de los aspectos rechazados y disruptivos de la sexualidad infantil, raíces en el
Inconsciente.

EL INCONSCIENTE

La estructuración del Inconsciente

La fijación de la experiencia en el aparato va incluyendo diversos registros representacionales que


organizan la estructura psíquica y asientan las bases para la futura subjetividad. Esta fijación esta por
fuera del registro consciente. La conciencia primitiva actúa en base al principio del placer-displacer
registrando los cambios tensionales.
Las primeras experiencias de satisfacción y dolor inauguran el régimen de funcionamiento de la
sexualidad humana. El cuerpo erógeno es ese conjunto de huellas, producto y origen de sucesivas
sensaciones cohesivas placenteras que llevan a una ulterior integración final. Este y las mociones de
deseo configuran la estructura primigenia del topos Inconsciente.
El deseo articula psíquicamente reactualizando la erogeneidad corpórea en pos del placer. El cuerpo se
organiza libidinalmente alrededor de zonas erógenas que se reafirman primero en lo interno y
propioceptivo para luego terminar de articularse desde lo exteroceptivo.

Winnicott: es una etapa de máxima dependencia y de máxima omnipotencia ya que el infante se


construye en torno a su propio deseo desconociendo que está sostenido por el deseo del otro.

Freud: el yo es primero ante todo un yo corporal. Investido libidinalmente, se asienta sobre un conjunto
de representaciones establemente catectizadas que configura teóricamente el concepto de narcisismo
primario.
El proceso de fijación representacional que nutre paulatinamente al topos Inconsciente es la modalidad
inicial de la Represión Primaria. Implica un primer nivel de ligadura.
Estas representaciones fijadas conforman al Yo y son muy cercanas al devenir vivencial. Forman parte
de la representación-cosa. La cosa representada es el propio cuerpo.
Junto con la consolidación representacional corporal perduran en el Inconsciente Tópico las mociones
de deseo. Funcionamiento anárquico.
El conflicto se establece entre la fijación narcisista y la fijación desiderativa.
Las primeras zonas donde se organiza el narcisismo son la zona erógena oral y la piel.
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Los primeros contactos con el pecho configuran una unidad sensorial indiscriminada entre el niño y el
objeto. En condiciones favorables el predominio de los receptores a distancia pone en juego a la mirada
y la imagen concomitante, la palabra y la voz ingresan en el proceso de construcción existencial. Este
nuevo acto psíquico es el que cierra una etapa en la construcción narcisista e inaugura otra en un nivel
de mayor delimitación sujeto-objeto. Pasaje del narcisismo primario al secundario y a un nuevo nivel
estructural.
La conciencia tendrá un registro más acabado de la propia integridad y registrar las amenazas. El deseo
tendrá que encontrar nuevos cauces apropiados dentro de la economía psíquica a partir de un
reconocimiento cada vez mayor del objeto. La realización de deseo deberá referirse a determinadas
relaciones con el objeto.

El Preconsciente

Se produce alrededor de un nuevo tipo de representaciones: representación-palabra, surgidas del papel


preeminente que la voz y la escucha juegan en la conformación del sujeto.
Implican una adquisición cultural que posibilita un nuevo nivel de ligadura psíquica. Consolida a la
Represión Primaria en la faceta Estructural. Instituya al topos inconsciente separado de un nuevo
espacio intrapsíquico, el Preconsciente. Es el que regula y tamiza el acceso de los diversos contenidos
psíquicos al plano consciente.
Va a facilitar el ordenamiento del pensamiento judicativo en torno al proceso secundario. La palabra
permitirá la construcción de los procesos lógicos. La lógica llevará a la construcción de categorías que
consolidarán la mente e integrarán el acervo cultural.
Se asienta sobre una delimitación vivencial espacio-temporal, lleva a la construcción de las categorías
propias del inconsciente: espacio y tiempo.
La amalgama entre la representación-cosa y la representación-palabra origina la representación-objeto.
Hay una apropiada conjunción inconsciente preconsciente (afectivo-representacional). Surgimiento del
Yo de Realidad Definitivo.
Los procesos de pensamiento asentados en la palabra articulada tienen a la conciencia como un
destinatario posible y la conciencia entonces diferencia e identifica cualidades y realidades objétales
sobre referentes más apropiados, construyendo lo que sería la realidad consensual, la objetividad.
El sujeto está condicionado por su prehistoria libidinal infantil registrada en el inconsciente,
determinante de la realidad psíquica. La apropiada interrelación entre estas dos, la consensual y la
psíquica, dependerá del resultado estructural alcanzado.

El Topos Inconsciente

Se consolida el esquema corporal y un modo de funcionamiento psíquico orientado por el proceso


primario. No hay contradicción ni negación. Hay atemporalidad. El flujo de energía es libre, determinado
por desplazamiento y condensaciones.
Se produce la concurrencia de dos dimensiones en los intercambios con el semejante: la de la palabra
que estructura al preconsciente y la de los límites, restricciones o prohibiciones que reestructuran al
inconsciente incorporándole nuevas facetas.
La última dimensión es la Orgánica. Es la que constituye los diques que bloquean esos modos de
funcionamiento inapropiado, que en un momento previo fueron fuente de placer y que han pasado a
ser interdictos. El sujeto establece sus límites, aprecia las características del objeto, reconoce su
dependencia con respecto a los aportes externos y su psiquismo reprime determinados grupos de
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representaciones que pasan a tener un efecto extemporáneo a la par que se van incorporando ciertos
rasgos de carácter que reorganizan al Yo.
Instaura los mecanismos de defensa inconsciente del Yo y es la base para que en la teoría se incluya el
segundo modelo tópico.
En el Topos Inconsciente se ha complejizado el nivel organizacional, donde hunden sus raíces los
monumentos caracterológicos de todo sujeto, proveniente de los procesos de identificación secundaria.

EL NARCISISMO

El sí mismo

Señala una totalidad compensatoria. En los orígenes se construye en torno a procedimientos


identitarios. El encuentro con lo idéntico placentero lleva a que el sujeto reencuentre el placer de
órgano ligado a ciertas huellas. La reiteración de la experiencia consolida esas huellas y construye al
cuerpo erógeno. Permite que se libidinice en forma estable la base vivencial corporal propia del Yo.
Esta catexia libidinal originaria es una narcisista.
La investidura libidinal del Yo da la base económica de la definición metapsicológica de narcisismo:
conjunto estable de cargas libidinales que invisten la representación del Yo.
El topos narcisista originario es ese espacio que va estableciéndose en la medida que se conforma un
territorio interior habitado por rasgos asimilados libidinalmente desde las experiencias primitivas.
El Yo del Narcisismo inicial va consolidando mismidad cuando la conciencia registra el placer
reencontrado una y otra vez, en esa sucesión virtuosa que el entorno le provee y que le permite entrar
en concordancia consigo mismo.
La relación de este Yo con su mismidad, cambia cuando la conciencia ampliada en las capacidades
operatorias puede discernir la mismidad como una totalidad ya establecida.
Esta transformación determina el pasaje del primario (falta de integración) al secundario.
Identificación primaria: el enlace afectivo previo a toda relación de objeto. La función de la mirada
permite la captación global de otro significativo en un movimiento que opera transformando el ser del
sujeto, dándole forma reconocible. Se establece cuando el niño toma originariamente como modelo a la
figura del padre preedipico y preambivalente.
La transformación del Yo, promueve cambios en el modo en que el sujeto se capta a sí mismo y en las
capacidades operatorias del Yo y lo habilita para enfrentar a nuevas exigencias.

La fase del espejo. Narcisismo primario y secundario

La expresión gozosa del infante de entre seis y dieciocho meses al ver su propia imagen reflejada en el
espejo manifiesta un proceso de integración imaginaria.
Esa imagen promueve un doble efecto: reafirma al sujeto y lo enajena. La imagen cumple, un papel
anticipatorio. Compensa la prematurez constitutiva del infante humano y le permite un dominio de su
cuerpo hasta ese momento desconocido.
El sujeto, por extensión de esta dimensión especular primera, quedará condicionado a la imagen de sí
que el otro le devuelva. El otro, se le impone significativamente (Otro).
Esta fase delimita dos momentos en la constitución del Yo del Narcisismo. En la del primario, previo al
estadio, la libido narcisista inviste a un cuerpo erógeno que es fuente de placer anárquico y coexiste con
mociones de deseo que buscan la obtención de placer autoerótico sin registro de la propia unidad ni de
la existencia del objeto como tal.
La del secundario, inaugura la dialéctica con el otro en el contexto de la integridad especular alcanzada.
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Este otro primigenio comienza a captarse inicialmente en el contexto transitivista y animista que lleva a
que el sujeto sea uno con el otro.
El establecimiento de la propia imagen transforma la omnipotencia inicial en un reconocimiento cada
vez mayor de la propia dependencia. La amenaza a la propia integridad promovida por la presencia de
otro que anonada establece un estado de alerta persecutoria que orienta el curso del pensamiento
desde una impronta paranoica.

Winnicott: el espejo está representado por el reflejo que la mirada materna le devuelve al sujeto. Debe
implicar funciones de sostén, entrega, presentación del objeto, que no obturen la capacidad de ilusión
del infante y le permitan crear su propio mundo.

La captura inicial del sujeto en su propia imagen especular da paso a la captura ulterior del mismo en el
deseo del Otro. En la estructura circula un deseo que es deseo de deseo de otro.

Winnicott: los propios deseos deben encontrar una vía creativa, dentro de un marco apropiado
suministrado por los padres, que potencie la propia autonomía del sujeto. La construcción del espacio
transicional es lo que permite al sujeto discernir del espacio del otro.

Estas vicisitudes propias de la relación con el otro en el contexto del narcisismo secundario, son las que
van incidiendo en el principio de placer dando lugar al de realidad. Los diques de la Orgánica van
confinando a estos deseos originarios en el Inconsciente Tópico, donde perduran inmutables. Los
diques se establecen a partir de los procesos de identificación secundaria.

El trauma. La Desmentida

Trauma: exceso de estímulo inasimilable para la estructura. Consecuencia no se pueden producir los
entramas resultantes de la situación traumática.
La reacción puede ser la Represión Primaria o la Desmentida
La Represión Primaria, fija la experiencia inicial, la indica y permite su curso a través del preconsciente.
El predominio de esta asegura el mantenimiento de una dimensión narcisista cohesiva en tanto que la
Represión Primaria Estructural permite la instauración de la función simbólica.
Lo traumático, queda confinado a esa impronta sexual previamente placentera que cambia de signo y
deviene amenazante para el Yo.
La Desmentida implica una operación que afecta a la integridad narcisista. El impacto traumático, no
permite una autoafirmación cohesiva. El sujeto carece de una apropiada capacidad de ligadura que
asimile la amenaza. El sí mismo desmiente y se escinde. El Yo no se desprende de su base de
sustentación previa. La mantiene escindida y construye paralelamente una nueva visión acorde con la
amenaza exterior que le permita adaptarse. En esta fase ya han operado la Funcional y Estructural.
Sucesos ulteriores impiden que el sujeto resuelva el nuevo obstáculo manteniendo la integridad
narcisista. Crea dos espacios separados dentro del Yo. Uno de funcionamiento primitivo, predominio de
pensamiento asociativo. El otro da lugar a una nueva realidad y dispone de un pensamiento judicativo
más desarrollado.

El tiempo pre-edípico

El principal mecanismo psicológico generador de estructura, cuando las condiciones vinculares son
favorables, es la Represión Primaria. La Desmentida interviene en la estructuración psíquica en
circunstancias traumáticas.
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Son mecanismos modeladores de lo mental. Los acontecimientos en el narcisismo primario y secundario


dan la base de diversos tipos de subjetividad.
El pasaje entre estos dos estadios tiene su encrucijada, la identificación primaria. No siempre es exitoso.
Si, el cuerpo erógeno consolidado en torno a sucesivas buenas experiencias adquiere unidad en el
momento en el que se identifica con la imagen integrada del semejante (Fase del Espejo).
El tiempo preedipico en Lacan es parte consustancial del Edipo ya que para él la estructura edipica precede
y constituye al sujeto (estructura transsujetiva – en Freud intrasubjetiva).
Las etapas del narcisismo primario y del secundario son preedípicas. El niño, en el momento original del
primario es alguien no estructurado y ahistórico. Su Yo debe advenir.
El pasaje al secundario, a través de la identificación primaria, le da al sujeto una primera organización
estructural. Su vida está signada por los intercambios presentes.
Estos intercambios promueven distinto tipo de efectos: a) incorporan pautas vinculares al registro
mnemónico vivencial, b) complejizan el movimiento desiderativo y lo van articulando con determinados
objetos establecidos ya en el preconsciente, c) fijan determinadas pautas, ciertos rasgos, que
establecen esbozos de una identidad subjetiva incipiente con una posible proyección futura, d)
construyen, con todos estos elementos, el fantasma inconsciente.
La incorporación en el sujeto de rasgos del objeto es producto del mecanismo de la identificación
secundaria (la base de la represión orgánica, construye diques al avance desiderativo y transforma
movimientos pulsionales en determinados modos de ser).
La identificación secundaria acontece cuando el sujeto incorpora el límite impuesto desde la
exterioridad del otro a su propio movimiento descante. Algunos rasgos del otro presentes en los
intercambios previos se introyectan psíquicamente y van a formar parte constitutiva del modo de ser.
El ser del sujeto queda signado, por la impronta transmitida desde el otro. El placer expulsivo anal, da
lugar al orden y limpieza impuestos en los intercambios vinculares.
La identificación secundaria, incide y remodela a los engramas identitarios aportados precedentemente
por el proceso de identificación primaria (indiscrimina al sujeto del otro).
Esta prehistoria del Edipo incluye: sobre la base inicial del narcisismo primario, el secundario con sus logros
y frustraciones, que determinará como ingresa al E. y su resolución.
Identidad y deseo experimentarán nuevas transformaciones en este nuevo estadio. El pasaje por el
complejo de E. resignificará los sucesos previos y ubicará al sujeto en una perspectiva propiamente
histórica, le es posible construir un pasado propio y proyectarse en un futuro de realización personal.
El sujeto emergente del E. construye la memoria del pasado (no recuerda etapa narcisista).
Freud señala que el complejo de E. consta de dos tiempos separados por el período de latencia. El
primero surge en el apogeo de la sexualidad infantil y contribuye a su sofocación. El segundo se
desarrolla en la época de la reactivación sexual de la pubertad y promueve la delimitación de la
identidad sexual y la elección del objeto sexual definitivo.

El primer tiempo del Complejo de Edipo freudiano: el Edipo fálico. (4-6 años)

El sujeto en el arribo al E. ya ha unificado sus tendencias debido a los procesos identificatorios previos,
mantiene una relación de dependencia, rivalidad y amor con sus objetos. El amor sexual se orienta hacia
ambos progenitores, también rivalidad y celos. Sus deseos son canalizados desde la impronta fálica.
Experiencias orales y anales; nuevos cursos de pensamiento; recorte del objeto; mundo de fantasías en
el contexto subjetivo cimentado un Yo con nuevas potencialidades. Estás permitirán desprenderse de
los objetos de amor primario y reorientar sus deseos sobre otros objetos. Este reordenamiento
subjetivo es operado por el complejo de castración.
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El E. fálico incluye el polo positivo (el objeto de amor predominante es el progenitor de sexo opuesto y
rival el del mismo sexo) y el polo negativo, con condiciones invertidas.
En la resolución positiva del varón éste conserva de su objeto de amor primordial una dimensión
fundamental, la femenina y la zona erógena dominante. Se resuelve desde una renovada y firme
identificación con el padre. Deja de ser un rival en la medida que se respete la premisa exogámica que él
mismo encarna, promovido por la amenaza de castración. En el negativo toma al padre como objeto de
amor sexual. La resolución de este enlace erótico surge por efecto de la amenaza de castración que aparece
como condición de la entrega amorosa al padre.
La niña, para llegar al positivo, debe abandonar su primer objeto (la madre) al vínculo con el padre y
cambiar de zona erógena (clítoris al vaginal). Este pasaje se favorece desde la decepción de no haber
recibido de la madre el atributo fálico que si el varón. Espera recibirlo del padre, inaugura equivalencias
simbólicas basadas en la ecuación pene-niño que llevan a las vías re realización femenina (concreción del
propio embarazo). El motor es la angustia inicial surgida ante la constatación de la diferencia sexual
anatómica (percepción de castración consumada). El sentimiento de humillación y decepción por la
traición del amor materno lleva a un anhelo del paterno. El predominio del negativo lleva que tome
como objeto a un sucedáneo materno (sostenida por la persistencia de una fantasía femenina de
posesión es posible en base al mecanismo de la Desmentida).
La fantasía de la madre fálica, para Freud, es universal. La superación de este trauma dependerá de la
disposición adquirida en los momentos previos de la constitución narcisista. Acontece por fallos en los
procesos identificatorios previos.
En el E. enfrenta intereses amorosos ligados a la consumación sexual en elecciones primarias de objeto con
intereses narcisistas relacionados con el mantenimiento de la propia integridad. Se resuelve si la disposición
es favorable, con un nuevo cambio estructural.
Los deseos incestuosos, fuente del intenso placer masturbatorio serán suprimidos por efecto de la
amenaza. Este proceso incorpora, una nueva subestructura en el aparato psíquico, el Súper Yo/Ideal del
Yo. El Yo si acata la prohibición del incesto, incorpora a su identidad nuevos rasgos de sus objetos
provenientes de la renuncia sexual dentro de sus vínculos primordiales.

El Súper Yo

La categoría de conciencia moral le permite al sujeto discernir desde la ética las alternativas más
apropiadas del Yo, está impregnada de condicionamientos morales, estas restricciones surgen del Súper
Yo. Se instaura como tal en la resolución del complejo de E. derivado intrapsíquico de la autoridad
paterna.
Condicionantes emocionales de la ley: la violencia, el medio y culpa. Se reencuentran en los procesos
individuales de construcción de subjetividad: intensa agresión por la frustración de los deseos
incestuosos, miedo ante la retaliación del rival paterno poderoso, culpa ante el reconocimiento del daño
promovido por las fantasías agresivas.
Las corrientes libidinal y agresiva, son bloqueadas y condiciona un incremento de tensión que debe ser
procesado. Si no es ligado o evacuado, promueve una situación traumática, una amenaza de
desestructuración de lo establecido (es la base de la definición instinto de muerte).
Tanatos, es aquella tendencia que lleva a la estructura a un estado anterior. Desliga lo ligado
previamente por Eros e impide la concreción de nuevas ligaduras en los momentos de pasaje a un nuevo
nivel estructural. Eros es la tendencia a la ligadura complejiza lo vital.
En el desarrollo narcisista previo (Yo Ideal) asimilaba lo bueno y evacuaba lo malo (el pensamiento
mágico, omnipotente). La consolidación de un pensamiento judicativo incipiente y de rasgos
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identificatorios apropiados en la etapa del narcisismo secundario permite que el procesamiento edípico
se realice en un contexto donde los niveles de violencia, miedo y culpa sean tolerables.
En esta transformación el Yo Ideal dará lugar a un Yo de Realidad que se dejará guiar por ideales. Si en el
desarrollo narcisista previo hubo dificultades los niveles de frustración, violencia, miedo, culpa
adquirirán una connotación disruptiva.

El Ideal del Yo. La latencia

Ideal del Yo es la denominación que recibe un conjunto de representaciones consolidadas en la mente y


surgidas como consecuencia de la resolución edípica. Son preconscientes e incons.
Su función, orientar al sujeto, guiarlo en sus elecciones, decisiones y conductas. Es el referente interno,
modelo ligado a pautas parentales previas.
El Ideal, preconsciente, incluye aspectos valorativos al alcance de la reflexión consciente del Yo.
Inconsciente, conserva imágenes impregnadas con libido narcisista que también se realimentan con los
logros que el sujeto obtiene en sus realizaciones cotidianas (Ideal del Yo heredero del Yo Ideal,
acotado).
El Yo regula su autoestima en el cotejo de sus realizaciones con las aspiraciones de su Ideal. Depende
del nivel de exigencia inconsciente que se desprenda del Ideal.
El Yo, una vez resuelto el primer E. entra en la latencia. Las pulsiones sexuales orientadas hacia los
objetos se encuentran sofocadas. Cambia de meta, fortalecer los diversos tipos de aprendizaje y en
ampliar los procesos de pensamiento. El judicativo da lugar al creativo.
Las relaciones objétales no poseen una finalidad sexual. La libido narcisista predomina y su fin es el
afianzamiento del Yo a través de los procesos de aprendizaje.

El segundo tiempo del Edipo freudiano: el puberal

El ingreso a la pubertad, marca el fin de la latencia. La reactivación de las mociones pulsionales sexuales
reactivan consecuentemente los deseos orientados hacia los objetos primordiales y ponen a prueba el
procesos de elaboración previa realizado.
Su identidad se ha consolidado en torno a ideales, que señalan a la diversidad como marco y la apertura
erótica exogámica como la tarea a concluir. Se resuelve en esta etapa la elección definitiva del objeto
sexual.
Los deseos primigenios perduran en el Inconsciente Tópico luego de la instauración del Súper Yo/Ideal
del Yo, buscan algún tipo de realización. La elección del objeto sexual definitivo generalmente oscila
entre el polo de la inhibición o de un enamoramiento condicionado por algún rasgo añorado del objeto
primordial que se intenta reencontrar.
Las relaciones de amor-odio son propias de un yo ya constituido. El Yo Ideal inicial, inviste libidinal y
agresivamente a los objetos en la búsqueda de una plena afirmación narcisista. EL conflicto con los
objetos se gesta en torno a la propia supervivencia psíquica. El amor a si mismo se contrapone con el
odio objetal cuando la afirmación narcisista se ve impedida.
Los rasgos remanentes del E. llevan a la consolidación de una identidad de género culturalmente
articulada con aquellos ideales narcisistas imperantes de cada sociedad. La masculinidad o la feminidad
resultante convalidan socialmente al sujeto y lo orientan la búsqueda de relaciones donde encuentre
atributos idealmente complementarios que suplan las pérdidas resultantes del abandono de los objetos
primarios.
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Bion: destaca el papel que juega la búsqueda de la verdad sobre los orígenes y la dimensión conflictiva.
Tres tipos posibles de vínculos: amor, odio, conocimiento. Implican ligaduras estables que interjuegan y
se contraponen a tendencias tanáticas anti vínculos. Conllevan tendencias conflictivas pasionales que
enfrentan el vínculo amoroso con el agresivo y con la búsqueda del saber. Pueden perturbar el equilibro
narcisista.

El Edipo temprano (Klein)

Para Klein la fantasía inconsciente es el correlato del instinto, que promueve en los albores de lo
psíquico un profundo mundo de fantasía que da lugar a una temprana realidad psíquica. La fantasía
tiene entre sus funciones dar cabida al objeto interno (opuesto a Freud objeto aparece tardíamente
cuando se articula preconsciente con inconsciente).
El objeto interno, protege o amenaza al Yo, la mente se modela no sólo a través de la experiencia con el
objeto sino en función de la intensidad instintiva predominante.
Para Klein es el instinto de muerte el que tiene una fuerte incidencia inicial, debe ser neutralizado por el
Yo. Tanatos tiene una expresión directa a través de la fantasía sin necesitar de la mediación de Eros. El
instinto de muerte se manifiesta a través de una fantasmática objetal específica, centrada en la
destrucción agresiva. Hay un yo precoz.
Para Freud, el engrama del deseo es la primera inscripción psíquica determinante de todo el desarrollo
psíquico ulterior. El fantasma inconsciente se consolida en la medida que se va estructurando el topos
inconsciente debido a los intercambios con el mundo. El objeto inicialmente está fusionado con el sí mismo
y no tiene representación como tal hasta que se diversifica la estructura psíquica.
Para Freud la escisión en la conformación de la estructura psíquica es resultado de la Desmentida,
interviene como respuesta a una situación traumática en la que el exceso de estímulo no puede ser ligado.
La situación amenaza al yo, actúa el instinto de muerte.
La escisión para Klein es un mecanismo de defensa del Yo. El principal de la posición esquizo-paranoide
por el cual el Yo separa dos dimensiones en su mundo interno, la buena y la mala, la idealizada y
persecutoria. El Yo necesita escindirse y escindir a sus objetos para evitar la confusión y la muerte
psíquica. El Yo en sus experiencias con los objetos parciales, se enfrenta a una fantasía inconsciente en
la cual precozmente el pecho bueno y malo coexisten con otros parciales. El escenario es el interior del
cuerpo de la madre, advienen precozmente fantasías que dan lugar a la triangularidad junto con los
efectos promovidos por la existencia de un Súper Yo primitivo, promotor de persecución y culpa
persecutoria.
A partir del segundo semestre, donde comienzan a predominar los fenómenos integradores propios de
la posición depresiva, los objetos parciales darán lugar a los totales.
La elaboración edípica está abocada a la reparación de los diversos efectos promovidos por el instinto
de muerte, mediados por las ansiedades primitivas.

Bion: modifica las posiciones, una oscilación entre momentos psíquicos de desintegración e integración.
Condicionada por el impacto psíquico de las sucesivas experiencias vehículo de sucesivos
acontecimientos, hechos seleccionados, algunos tienden a la integración, otros no. Hay una
formalización epigenética del pensamiento. El pensamiento se complejiza a través de sucesivas
transformaciones. La fantasía, el mito, el sueño, emergen en la estructura luego de que se ha producido
una serie previa que en primer lugar dio existencia mental a los elementos alfa.
Terror sin nombre, el sujeto se siente amenazado sin significado alguno que le de sustento.
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Los tres tiempos del Edipo en Lacan

La conformación de lo subjetivo es tributaria de factores y funciones subsidiarias del lenguaje y la


cultura, la preceden y la determinan. El sujeto se aliena1 en el Otro y en el lenguaje.
Los representantes pulsionales no absorben el exceso de la pulsión constituyendo inconsciente,
remiten a una dimensión faltante. La pulsión no se fija. En Freud el inconsciente es un conjunto de
representaciones singulares incorporadas en el devenir epigenético surgidas del procesamiento pulsional
ligado al registro de la experiencia.

Primer tiempo del Edipo

Implica la captura alienante del sujeto en el reflejo imaginario de su propia imagen ligado al papel de
un Otro primordial. Este tiempo es subsidiario2 de la fase del espejo.
El condicionamiento inicial del infante dado por el encuentro enajenante con la propia imagen a través
del reflejo de la misma en el Otro, da lugar a la sujeción3 del sujeto del deseo del Otro. El
reconocimiento del propio valor depende del deseo del otro. El valor es fálico. Deseo de ser el falo de
otro.
Este posicionamiento anticipa la ulterior captura del sujeto por el significante, el discurso del sujeto
sólo adquiere sentido por la confirmación retroactiva desde el discurso del Otro.
Existe un Otro del lenguaje del Otro primordial. La madre es el vehículo inicial de la metáfora paterna y
que en la medida en que el Otro primordial materno hable en nombre del padre el infante tendrá
asegurado un acceso pleno al mundo del sentido.

Segundo tiempo del Edipo

La relación imaginaria con el Otro se ve perturbada por la irrupción de una dimensión paterna gestora
de rivalidad que opera concomitantemente como una función de disyunción que incluye terceridad.
Introduce un tercero que disputa el lugar fálico que promueve dos movimientos: frustración y
privación.
Este tiempo promueve el modo de construcción del conocimiento característico de lo humano. Tiene
una impronta paranoica dada por el matiz persecutorio impuesto desde afuera por las operaciones
nombradas que instalan en el sujeto.
El padre en esta fase es interdictor4 del deseo materno y de la posición fálica del niño. Le disputa el
falo, está en juego el “ser o no ser”.

Tercer tiempo del Edipo

Surge en forma plena el efecto producido por una operación: la de castración simbólica. Se sustenta,
en ese hablar primero de la madre en nombre del padre y permite que la dimensión paterna
predominante se aparte de la rivalidad inicial y facilite la inscripción del sujeto en el registro de lo
simbólico.
La consolidación de este registro da lugar a la ley del padre y reubica la figura paterna, aparece como

Pérdida de la personalidad o de la identidad de una persona o de un colectivo.


2
Que sirve de ayuda o apoyo
3
Acción de sujetar.
4
la persona que causa o ejecuta una interdicción con la intención de inhabilitar o deshabilitar a
terceros.
12

garante de la diversidad. Permite que circule el valor fálico por fuera del objeto originario prohibido.
Se pasa de la dialéctica del ser al de tener.
En un principio el registro de lo imaginario ordena al sujeto a partir de una imagen totalizadora y
alienante5.
El registro de lo simbólico articula el orden del lenguaje en una combinatoria significante promotora
de significados diversos.
En la trama simbólico-imaginaria queda circunscripto el registro de lo real. Incluye un conjunto de
lugares y funciones que abarcan al sujeto y al contexto del que emerge.

Lacan incluye un conjunto de lugares y funciones que abarcan al sujeto y al contexto. Promueve un
inconsciente condicionado por el gran Otro del lenguaje, se renueva en sentidos múltiples surgidos en
un discurso que adquiere significancia en una dimensión excéntrica al registro representacional
vivencial.

El Objeto

Surge como una posibilidad para la captación subjetiva consciente cuando se han integrado las
respectivas representaciones-cosa y palabra a partir de colaboración (pre e icc).
Este es el momento en que el objeto puede ser ubicado por el sujeto como de máximo conocimiento,
nombrado en sus atributos y reencontrado experiencial y experimentalmente. El pensamiento
judicativo es el que permite esto. Opera la conciencia reflexiva.
Es el producto de una compleja articulación libidinal representacional que fija distintos rasgos sobre los
cuales circulará el deseo inconsciente en busca de una cuota vicariante de placer.
Klein: objeto fantaseado se apodera desde el inicio de los movimientos mentales.
Winnicott destaca la omnipotencia inicial del niño, una herramienta creativa necesaria desde la cual se
construirá tanto el mundo interno como el consensual. Asimila la experiencia y la hace propia, va dando
lugar al objeto. Es subjetivo fusionado con el infante. El objeto subjetivo deberá atravesar un proceso de
cambio para adquirir una objetalidad objetiva. Signado por un conjunto de experiencias activas
desarrolladas dentro de un ámbito específico (espacio transicional).
Freud: las experiencias de satisfacción y dolor, son pasivas. El deseo resultante de la experiencia de
satisfacción y defensa concomitante a la de dolor van a ser causa de actividad psíquica ulterior.
Winnicott, el niño en su desarrollo, crea precozmente, un espacio que opera como una prolongación de
sí mismo, sin ser interno o externo. El niño despliega omnipotentemente sus incipientes capacidades,
encontrando sus disposiciones, construyendo sí mismo.
Este proceso es de construcción de verdadero sí mismo. En este espacio creativo y creado por el niño se
pone a prueba y a los elementos que surgen en ese campo y que inicialmente son vividos como una
creación subjetiva. En esa posesión traslada la agresividad y la libido.
La resistencia que los elementos le oponen al niño, las diferencias entre lo esperado y lo acontecido, la
supervivencia de los objetos transicionales luego de haber soportado manifestaciones destructivas son
los acontecimientos que van a ir construyendo paulatinamente objetalidad.
Espacio transicional: está asentado en la capacidad de ilusión propia del infante.
Pone en acto al deseo, el niño acciona. La cultura en su conjunto es la heredera de ese espacio y es la
que pone a disposición de los sujetos aquellos elementos específicos.

5
fenómeno a partir del cual se suprime la personalidad de alguien, o sea, se lo desposee al individuo de
su personalidad, controlando o anulando su libre albedrío,
13

Este proceso de integración subjetiva, de reconocimiento del objeto y de mantenimiento de una


posición creativa es difícil de concretar.
Freud: tres factores responsables de la persistencia de funcionamientos inapropiados:
1) Depende de la prematuración biológica que es la determinante del prolongado desvalimiento y
dependencia de la criatura humana. Se compensa con los cuidados apropiados (Winnicott).
2) el filogenético. Condiciona en la especie humana, una sexualidad en dos tiempos. Fija arquetipos
sexuales infantiles vehículo de ulteriores exigencias pulsionales inasimilables por el Yo de Realidad
Definitivo.
3) Psicológico, el Yo durante su proceso de constitución y ya, debe defenderse activamente de los
peligros que lo acechan.
4) La impronta particularmente perturbadora en la cultura. Winnicott desarrolla el falso.
El falso sí mismo se adapta a las exigencias emanadas del entorno y mantiene sus capacidades
operatorias a costa de establecer simultáneamente un divorcio con sus deseos y acciones más genuinas.
El fantaseo se constituye en el núcleo del falso sí mismo y aparta al sujeto de un contacto vital con su
medio. Encubre al verdadero y lo protege.
El objeto una vez establecido, va a condicionar distintas posiciones subjetivas de acuerdo a como fue
construido. Puede ser de amor-odio, ternura-indiferencia, inhibición-creatividad.

El fantasma

Constituyen un acervo común de la especie, fantasmas originarios.


Se organizan en torno a ciertas escenas básicas: la primaria (observación del coito parental), la de
seducción y la de castración. Se articular ulteriormente en torno al E.
Es un sector organizado del topos Inconsciente.
Es un engrama que incluye una representación del sujeto (surgida de las identificaciones primarias y
secundarias), representación del objeto (emergente de la paulatina delimitación intrapsíquica) y una
pauta vincular (alentada por el deseo y orientada por el registro afectivo de los intercambios
originarios). Articula el deseo a aspectos del objeto, del Yo, SY, IdelYo.

La fantasía

Es un producto de transacción que necesita, para poder manifestarse, que el preconsciente se haya
establecido. La represión Primaria Estructural ha delimitado un nuevo espacio mental, el preconsciente,
en el que se ha incorporado la palabra, un funcionamiento lógico que posibilita la función de
discernimiento. La fantasía expresa sentidos emanados del fantasma inconsciente. El fantasma a través
de desplazamiento y condensación captura ciertas representaciones en el preconsciente y les transfiere
la impronta de su contenido.
Quedan expuestos al potencial reconocimiento consciente.
La fantasía media la realización de los contenidos inconscientes fantasmáticos en la vida cotidiana. No
deben alcanzar una dimensión conflictiva en la representación fantaseada.
El mecanismo de la Desmentida, enquista ciertos contenidos representacionales, no pueden seguir
siendo procesados psíquicamente. La fantasía es una adquisición frustra y su ausencia genera esa
irrupción cruda del fantasma en la vida cotidiana. Es accionada por estímulos muy específicos que
inciden directamente sobre el fantasma escindido activándolo en acto.
La fantasía en su función mediadora, puede ser objeto de reflexión por parte de la conciencia. El sujeto,
está sostenido por su fantasma y orientado por su conciencia.
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Winnicott, habla de fantaseo improductivo, evitan que el sujeto enfrente los aspectos inquietantes de la
realidad y forma parte del verdadero self.
Diferencia del ensoñar, es el modelo de un fantasear creativo, propio del verdadero self.

EL PENSAMIENTO

Capacidad de pensar, a partir de la inclusión de las primeras representaciones en el aparato psíquico.


Estructura al fantasma inconsciente y genera un doble movimiento: el juego de la fantasía y el de la
lógica. Sostienen al pensar y proveen el escenario donde se observan las oscilaciones entre la dimensión
fantasmática constitutiva y la de las relaciones de objeto.

Los elementos del psicoanálisis

Elemento dos modos diferentes: de modo genérico y de modo específico.

En sentido genérico, la base material que sustenta a la actividad del pensamiento, conformada por las
ideas y los sentimientos. Evoca a los representantes psíquicos de la pulsión freudianos: la
representación y el afecto. Están atravesados por tres dimensiones:
a) Del sentido: cada elemento dentro del pensamiento posee una integración correlacionada con otros
elementos, opera articulado en conjunto.
b) Del mito: cada elemento en el pensamiento establece una particular forma de correlación que
plasma, un conjunto determinado y no otro.
c) De la pasión: destaca un nexo vincular emocional activo, que se desprende de los elementos del
pensamiento y se proyecta en una vía comunicacional. Vínculos de amor, odio y conocimiento.

En forma específica cuando da cuenta del movimiento fundante de los procesos de pensamiento: la
transformación de los elementos beta en alfa dentro del psiquismo.
Los elementos beta aluden, a las primitivas sensaciones captadas por la conciencia inicial que son
perturbadoras del equilibrio psíquico. Promueven un estado intolerable en la mente y generar su
reacción evacuatoria. Los elementos beta ingresan precozmente en un circuito comunicativo que se
establece en la relación madre-bebé. La madre como receptora es la encargada de decodificar el
movimiento expulsivo y significarlo como un mensaje con un determinado sentido. Dos posiciones:
La del infante, que solo puede desprenderse de ese exceso inasimilable a través de la identificación
proyectiva. El de la madre que capta el estado mental sufriente de su hijo y lo metaboliza, dándole una
respuesta acorde con la necesidad (capacidad de ensoñación o reverie).
Cuando la madre ejerce apropiadamente le reintegra a su bebé los elementos beta transformados en
alfa. Incorporan la experiencia vivida dentro de una nueva dimensión emocional en la mente del bebé.
Establecen la función alfa. Promueve en el infante una capacidad transformadora autónoma de las
sucesivas experiencias por venir.
La identificación proyectiva acompaña este proceso operando en forma realista hasta el momento en
que los procesos de pensamiento puedan resolver problemas.
SI la capacidad de ensoñación es insuficiente los elementos beta no pueden ser modulados y amenazan
con retornar a la mente infantil sin metabolización. Promueve un incremento defensivo de la
identificación proyectiva que se vuelve patológica: hipertrófica.
En condiciones favorables los pensamientos maternos estimulan al aparato infantil para pensar. Esta
génesis es pensamientos sin pensador. Necesitan alojarse en una instancia apropiada que los contenga
y les permita desarrollar sus contenidos de sentimientos e idas.
15

La función alfa inicia una serie de transformaciones que establecen la secuencia: preconcepciones-
concepciones-conceptos. Esta función le permite al sujeto establecer correlaciones y crear
significaciones míticas específicas luego de ese encuentro fructífero con la función de ensoñación
materna. Sobre esta base luego puede advenir lo conceptual. El concepto es un nuevo elemento de la
serie que incorpora en su dinámica una determinación lógica junto a la mítica.

El aparato para pensar pensamientos

Estructura dimensión del mito equivalente a la de los sueños. Esta dimensión origina el pensamiento
onírico sustentado en los elementos alfa.
Activa ciertos engramas a la espera del encuentro con nuevas experiencias que las realices. Estas
disposiciones latentes son preconcepciones. Las experiencias específicas que las realizan se denominan
hechos seleccionados y el producto concepciones o pensamiento.
El concepto establece una fijación mayor de los elementos que contiene como resultado de la
experiencia transformada.
EL pensar implica la disposición a resolver situaciones problemáticas. Se establecen cuando a una
preconcepción se le adjunta un hecho seleccionado que incluye algún nivel de frustración en su nivel de
realización experiencial. Pone a prueba tolerancia a la frustración y a ausencia de realización inmediata.
La capacidad de reconocer la realidad y de procesar reflexivamente esa situación problemática a través
de las diferentes funciones lleva al ejercicio concreto de una acción apropiada sobre esta realidad.
El pensamiento promueve una modificación de la realidad y permite niveles de comunicación que
generan procesos de intercambio apropiados.

LOS AFECTOS

Psicoanálisis es una concepción acerca de la estructura y el funcionamiento mental y es una técnica


psicoterapéutica basada en la transferencia. Lugar preponderante para los afectos. La primera aporta
una delimitación teórica, de los afectos. La segunda, los afectos detectables actúan como un barómetro
del clima emocional que impera en las sesiones, como un indicador de las transformaciones que se van
produciendo en el proceso analítico.
Freud ubica al afecto junto con la representación como las bases materiales del funcionamiento mental.
Los representantes de la pulsión en la estructura.
Hay una dialéctica entre la representación y el afecto en la que ambos se influyen mutuamente y en
conjunto promueven un predominio variable de uno y otro principio de funcionamiento mental.

Los estados afectivos

Dimensión cuantitativa: la angustia es inicialmente definida como una respuesta evacuatoria de la


psique a una acumulación de energía de tipo tóxico. Acorde al afecto como una tendencia a la descarga
de cantidades. La descarga en el caso de la angustia promueve cantidades aún mayores. Cuando está
impedido el libre flujo libidinal y obstruida su descarga específica en un objeto apropiado se produce la
transformación de libido en angustia. Signado por una descarga hacia lo corporal a través de las
neuronas llave. Incrementa el flujo cuantitativo debido a que la impronta pulsional afectiva asentada en
la estructura psíquica reverbera en sus orígenes somáticos y dispara nuevos estímulos que llegan a la
mente y son imposibles de encausar.
Dimensión cualitativa: compara la manifestación afectiva con el síntoma histérico. Pueden considerarse
reminiscencias: la primera, de una circunstancia universal propia de la especie; el segundo de
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adquisición singular, propia de la historia personal. Los afectos siempre hay una cualificación específica
surgida dentro de la historia personal lo que hace que haya una singularidad en el mundo afectivo
propio de cada sujeto.
El Yo en la medida que complejiza su estructura construye su propio mundo afectivo.
- Inicialmente la conciencia registra la descarga afectiva como una intensa vivencia displacentera en la
medida en que el exceso de energía no ligada desencadena la situación traumática. La asistencia
apropiada del semejante modera la experiencia, permite su ligadura, favorece la consolidación narcisista
secundaria y la creación del objeto subjetivo. Luego, esta experiencia acumulada permite que el Yo
rememore. La conciencia más agudizada reconoce ciertas señales del entorno y el Yo, entonces,
anticipa activamente la situación de peligro a través de descargas controladas en forma de angustia. Por
último el Yo establece complejos vínculos afectivos con sus objetos. La conciencia subjetiva delimita
apropiadamente lo interno de lo externo. Se establece así un proceso donde el Yo, primero y ante todo
corporal, define como propias a un conjunto estable de representaciones impregnadas de emociones y
logra, como un punto de inflexión en su constitución, la capacidad de evocar separadamente a un
conjunto de ellas cargadas afectivamente y de dejarse guiar por ellas y de tomarlas como meta.
La secuencia de odio-amor propuesta por Freud como específica de la constitución de la vida emocional
indica que la libido en un principio catectiza narcisistamente al Yo, le da estabilidad y lo constituye como
única fuente de placer. Una vez consolidado el espacio intrapsíquico a expensas de la recusación
agresiva inicial de lo externo surge el objeto amoroso en ese derrotero que promueve el espacio
transicional.
La memoria afectiva alcanza su madurez cuando la plenitud narcisista se ve acotada por ese deseo que
se orienta hacia un objeto externo, fuente de placer como de sufrimiento.
El amor, como la relación del Yo con sus fuentes de placer, pasa del registro narcisista al registro objetal.
La señal de angustia se disparará ante la inminencia de una pérdida dentro de un vínculo objetal por la
posible pérdida del amor del objeto.

Transferencia positiva: sostenida desde una apropiada delimitación subjetiva previa del mundo vincular
objetal, asegura ese ligamen tierno, cohesivo que da margen emocional para la investigación del
inconsciente sin que la amenaza de lo afectivo disruptivo sea particularmente perturbadora.
Transferencia erótica u hostil: evidencian la persistencia de una cierta polaridad amor-odio propia de un
sujeto no totalmente consolidado en su capacidad simbólico-simbolizante que se encuentra ante la
disyuntiva de aferrarse desesperadamente al objeto o destruirlo para mantener su propio equilibrio.
Instala una situación de peligro, índice de un narcisismo perturbado que transforma la descarga afectiva
en descarga motora como única vía posible para la expulsión tanática frente al dilema destruir-serlo.

Transferencia: la reproducción de un campo afectivo-representacional que se liga o se descarga en la


figura del analista, se simboliza o se acentúa, se resignifica o se padece. El afecto y la representación, en
su mutuo condicionamiento, son la materia prima del funcionamiento mental y del análisis.
La interpretación ligará apropiadamente el afecto a representaciones develadoras de una determinada
dinámica psíquica reubicando al sujeto frente a sus compulsiones fantasmáticas, frente mundo afectivo.

Todo sujeto cuenta con un determinado caudal de matices afectivos que puede ser restringido o amplio.
Su nivel de sensibilidad le permite captar tonalidades emocionales y su capacidad representacional lo
ayuda a plasmar comprensivamente lo percibido.
La bonhomía, duda, agudeza, desidia, envidia, celos, amabilidad, simulación, entereza, coraje, perfidia,
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cordura, son matices de distintos talantes emocionales que circulan en los vínculos sin que sea sencillo
reconocerlos y ponerles palabras.