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TEMA Nº 4

DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

La inviolabilidad de la DIGNIDAD y de la VIDA de todos los seres


humanos es la premisa fundamental de la Doctrina Social de la
Iglesia.
El primer libro de la Biblia, el Génesis, señala que Dios creó al
hombre y a la mujer a su IMAGEN Y SEMEJANZA (Gn.1,1-24; Gn.2,
4 ss). Allí reside su dignidad.

La única imagen de Dios es la persona humana. Por ello, todo lo que hacemos a un hermano o
hermana, a Dios mismo se lo hacemos. Con el bien que dejamos de hacer al prójimo, a Dios
mismo estamos defraudando. Los hermanos y hermanas son Sacramentos Vivos, donde
debemos adorar a Dios y servirle (Cf. Compendio de la DSI Nº 105).

Cada persona es única e irrepetible. Desde el momento de la concepción, hasta el último


instante de la vida, todo ser humano es propietario de la Dignidad de Hijos e Hijas de Dios, que
los hace herederos y administradores de los bienes de su creación.

Por ello, la Dignidad del ser humano:

- No depende del color de la piel, del sexo, de la religión o de la posición económica. Todos y
todas somos IGUALES en dignidad y derechos (Cf. Directorio de la Pastoral Social de México Nº
234/ 247).

-No puede ser reducida ni por una ideología ni por un sistema de poder.
-No se pierde bajo ninguna circunstancia, ni siquiera por la maldad de la conducta, como es el
caso de los ladrones, asesinos o violadores.
De la inviolabilidad de la dignidad de quienes son imagen y
semejanza de Dios, se desprende la INVIOLABILIDAD DE LA
VIDA.
La pobreza, el hacinamiento, la falta de servicios públicos, el
hambre, la discriminación, la guerra, la violencia, las torturas, la
eutanasia, atentan contra la vida y la dignidad de la persona
humana.

Jesús es muy preciso cuando nos exige que reconozcamos su rostro en el prójimo, pero de
manera especial en quienes tienen hambre, sed, están desnudos, en la cárcel, en los más pobres
(Mt 25, 35-ss).
“La Iglesia defiende la dignidad de toda persona, contra cualquier forma de ESCLAVITUD,
EXPLOTACIÒN y de MANIPULACIÓN, que puedan disminuir su dignidad” (Directorio de la
Pastoral Social en México Nº 246).
Asimismo, la dignidad de la persona humana debe ser “el fundamento, la causa y el fin de
todas las instituciones políticas y sociales” (Cf. Gaudium et Spes Nº 25).
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LOS DERECHOS HUMANOS
Como lógica consecuencia de su opción por la Dignidad de los
hombres y mujeres, la Doctrina Social de la Iglesia convoca a todos los
cristianos y cristianas a promover y defender los DERECHOS
HUMANOS, contemplados en la Declaración Universal promulgada
por la ONU en 1948.

La Congregación para la Educación Católica expresa: “Los Derechos


humanos derivan, por una lógica intrínseca, de la misma dignidad de
la persona humana. La Iglesia ha tomado conciencia de la urgencia de
tutelar y defender esos derechos, considerando esto como parte de su
misma misión salvífica, a ejemplo de Jesús que se manifestó siempre
atento a las necesidades de los hombres, particularmente de los más
Pobres” (Orientaciones para el Estudio y Enseñanza de la DSI en la
formación de los sacerdotes Nº 32).

Los Derechos Humanos son: “Universales porque están presentes en todo ser humano, sin
excepción; inviolables, al ser inherentes a la dignidad de toda persona deben respetarse y su
ejercicio debe ser asegurado, por parte de todos y en todas partes; inalienables, porque nadie
bajo ningún pretexto puede privar de sus derechos a un semejante y son además
irrenunciables, pues al ser inherentes a la dignidad de cada persona nadie puede renunciar a
ellos” (Directorio para la Pastoral Social en México Nº 300).

La Iglesia defiende de forma irrestricta el derecho a la VIDA.

También con base en su Doctrina Social defiende los derechos a la SALUD, la EDUCACIÓN, la
INTEGRIDAD FÍSICA, a NO SER DETENIDOS ARBITRARIAMENTE, a un JUICIO JUSTO, a la
LIBERTAD DE EXPRESIÓN, a un AMBIENTE SANO y a la LIBERTAD RELIGIOSA, entre otros
(Gaudium et Spes Nº 27).

En relación con los derechos laborales destaca el de participar en el TRABAJO y obtener del
mismo el sustento propio y el de los seres queridos (Cf. SRS Nº 33. Centésimus Annus Nº 47, 48
).

La Iglesia prohíbe la práctica de la TORTURA inclusive contra quienes cometen los crímenes
más horrendos: “El discípulo de Cristo rechaza todo recurso a tales medios, que nada es capaz
de justificar y que envilecen la dignidad del hombre, tanto en quien es la víctima como en
quien es su verdugo” (Juan Pablo II a la Cruz Roja. 1982).
La Encíclica Pacen in Terris del Papa Juan XXIII es considerada la Declaración de los Derechos
Humanos de la Iglesia.

Para profundizar este tema Compendio de la DSI Nº 152/ 159/ 166

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TEMA Nº 5
DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES
Los bienes de la tierra fueron creados por Dios para ser disfrutados por TODOS sus hijos e hijas.

El sentido común nos indica que si Dios es Padre, todos debemos vivir como hermanos y
hermanas en JUSTICIA e IGUALDAD, no en una relación fratricida cual Caín y Abel (Cf. Gn. 4,
116) o con la escandalosa diferencia social entre el pobre Lázaro y el rico Epulón (Cf Lc. 16, 19-
31).
El Pueblo de Dios tenía muy claro que los bienes de la creación eran propiedad exclusiva
de Yahvé. Los seres humanos eran simples administradores, por lo cual debían hacer un
correcto uso de ellos, distribuyéndolos de manera tal que alcanzara para que todos pudieran
vivir dignamente.
De hecho, cuando Israel caminaba en el desierto hacia la conquista de la Tierra Prometida,
el Señor les envió el maná, el pan del cielo, que permitía alimentar a todos. No obstante Yavé
estableció que estaba PROHIBIDO ACUMULAR. Lo que se acumulada se llenaba de gusanos
(Cf. Ex 16, 19-21).
Frente a un modelo social basado en la acumulación, fruto de la explotación de los más
débiles, el Proyecto de Dios reivindicaba el derecho de todos a recibir lo que merecían y el
compartir los bienes como eficaces instrumentos para eliminar las escandalosas
desigualdades.
En este espíritu se inscriben leyes fundamentales como el JUBILEO o AÑO DE GRACIA DEL
SEÑOR (Lv.25, 11-ss; Dt 15, 1-ss). En el Jubileo cada cincuenta años la tierra se redistribuía
según las necesidades de cada tribu, las deudas eran perdonadas y los esclavos liberados, es
decir todos volvían a ser iguales; todos recuperaban lo que por muy diversas razones habían
perdido o les había sido arrebatado como consecuencia de la injusticia social. El mismo Jesús
al anunciar por primera vez su misión afirmó que vino a dejar libres a los oprimidos y a
proclamar el Año de Gracia del Señor ( Cf. Lc 4, 14-21).

Con el Principio del Destino Universal de los Bienes la Iglesia reafirma la naturaleza
comunitaria y fraterna de la posesión, al señalar que “Dios ha creado todas las cosas y se las
ha entregado a la humanidad para su desarrollo, SIN EXCLUIR NI PRIVILEGIAR a nadie”
(Directorio de la Pastoral Social de México Nº 255). Es decir, que los bienes tienen por destino
a la totalidad de los seres humanos, quienes poseen el derecho a disfrutar su porción de la
heredad.
“Este principio es prioritario respecto a cualquier intervención humana
sobre los bienes, a cualquier ordenamiento jurídico de los mismos , a
cualquier sistema y método económico” (Compendio de la DSI Nº 172).

Así pues, el uso social de los bienes priva por encima del uso individual o de la PROPIEDAD
PRIVADA. Lamentablemente los bienes de la creación están MAL DISTRIBUIDOS, concentrados en
las manos de unos pocos, quienes han sumido a las grandes mayorías en la miseria.

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LA PROPIEDAD PRIVADA
Según la DSI la Propiedad Privada es un derecho natural al
cual deben tener acceso todos los hombres y mujeres, como
ampliación de su Libertad.
Cita el Compendio de la DSI: “La Propiedad Privada es un
elemento esencial de una política económica auténticamente
social y democrática y es garantía de un recto orden social” (Nº
176).
Ahora bien, la DSI exige que la propiedad de los bienes sea
accesible a TODOS POR IGUAL (Compendio de la DSI Nº 176).
Propiedad Privada Sí, pero para todos , no sólo para una
minoría rica y privilegiada.
Subraya la DSI que este derecho siempre está subordinado al DESTINO UNIVERSAL DE
LOS BIENES: “El derecho de la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo, no
anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad. Los poseedores de
bienes deben usarlos con templanza reservando la mejor parte al huésped, al enfermo, al
pobre” (Catecismo de la Iglesia Católica 2403-2405).

“La enseñanza social de la Iglesia exhorta a reconocer la función social de cualquier


forma de posesión privada en clara referencia a las exigencias del Bien Común” (Cf.
Mater et Magistra Nº 53).
En la Gaudium et Spes se afirma: “El hombre no debe tener las cosas exteriores que
legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes en el
sentido de que no le aprovechen a él solamente sino también a los demás “(Nº 69).
La Iglesia considera que los propietarios no deben tener inoperantes los bienes, por lo
que rechaza el LATIFUNDIO y aprueba la EXPROPIACIÓN cuando sea para destinar lo
expropiado al bien común (Populorun Progressio Nº 24).
La Iglesia ha dicho que SOBRE TODA PROPIEDAD PRIVADA PESA UNA HIPOTECA
SOCIAL (Cf. Puebla Nº 975/ Laboren Excercens Nº 14).

Para profundizar estos temas: Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 176/ 177-182/
282-283

Al hacer una valoración moral sobre quienes mantienen su CAPITAL EN EL EXTERIOR la DSI
exhorta: “no es lícito en modo alguno que ciudadanos, provistos de rentas abundantes,
provenientes de recursos y trabajos nacionales, las transfieran en su mayor parte al extranjero,
atendiendo únicamente al provecho propio individual, sin consideración alguna para su patria, a
la cual con tal modo de obrar producen un daño evidente” (Populorum Progressio N 24).

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