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INSTITUTO SUPERIOR DE ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS

ESCUELA DE FILOSOFÍA
Ética II - Profr. Amadeo Orlandini Z.
Presenta: Cervantes Hernández Héctor Martín (FMAP) 2° A
Tlalpan, Ciudad de México D.F., 15 de enero de 2008

PROTOCOLO: LA LIBERTAD Y LOS HÁBITOS MORALES

LOS HÁBITOS MORALES

1. Introducción
El concepto de virtud (areté) fue utilizado generalmente por la ética griega para designar la
excelencia moral del hombre, aunque originariamente tenía un significado más amplio aplicable a
la excelencia de cosas, animales y dioses. Sócrates lo usa exclusivamente para el hombre como
ciencia del bien: para ser virtuoso basta conocer el bien, pues éste es tan bello e interesante que es
suficiente conocerlo para adherirse a él. La posición intelectualista encierra problemas como el
círculo de que para conseguir el bien se necesitan virtudes y éstas, a su vez, son conocer el bien.
Platón introduce la teoría de las cuatro virtudes cardinales. En el mito del carro alado, los
corceles son los apetitos irascible y concupiscible, guiados por la fortaleza y la templanza
respectivamente. El cochero es la razón práctica que sabe lo que hay que hacer en cada
circunstancia y está guiado por la prudencia. La justicia (armonía de las partes) unifica las
virtudes.
Para Aristóteles, la virtud es la perfección habitual y estable de las facultades operativas
humanas, tanto de las facultades intelectuales (virtudes dianoéticas) cuanto de las apetitivas
(virtudes éticas).

2. Virtudes intelectuales y virtudes morales


Se llaman virtudes intelectuales o dianoéticas a las que perfeccionan a la razón especulativa o
práctica. Las virtudes de la razón especulativa son: el habito de los primeros principios
especulativos o teóricos (intelecto) y morales o prácticos (sindéresis); el hábito de considerar las
cosas desde la causas últimas de toda la realidad, encontrando el punto que da unidad en la
diversidad (sabiduría); y el hábito de estudiar las causas últimas de cada género del fenómeno
(ciencia). Los hábitos de la razón práctica son la prudencia (recta ratio agibilium), que determina
y perpetúa lo que se ha de hacer en cada caso para vivir moralmente bien, y las artes o técnicas
(recta ratio factibilium), por las que sabemos qué se ha de hacer para producir objetos. Las
virtudes morales o éticas, en cambio, perfeccionan a la voluntad y a los apetitos sensibles.

3. Definición de virtud moral


No es difícil tener una idea general de lo que es vivir moralmente bien o de lo que da valor a la
vida humana. Lo que es difícil es la realización concreta de ese ideal cada día, porque implica
virtud. La virtud es un hábito electivo que consiste en un término medio relativo a nosotros y que
está regulado por la razón.
4. La virtud moral como hábito de la buena elección
La elección es un acto de la voluntad que decide a cada momento qué hacer para alcanzar un fin.
Hábito electivo es una disposición estable para elegir; el vicio es el hábito de domar malas
decisiones.. La virtud refuerza la libertad, entendida ésta como la capacidad de elegir, por eso la
virtud moral no es automatismo ya que no suprime la elección sino la perfecciona; no ahorra la
elección, sino permite que elijamos bien. Acto virtuoso es la elección moralmente buena. Para
que se pueda hablar de acción virtuosa, no basta un apego a la norma moral, sino que se requiere
saber lo que se hace, elegir interiormente la obra buena en cuanto tal y obrar con firmeza y
constancia, es decir, no retraerse ante el primer obstáculo y que esto sea lo habitual.

5. La virtud como elección de justo medio según la recta razón


La medida de lo justo de la acción nos lo indica la recta razón. Sin virtudes dianoéticas, la razón
no puede determinar el punto medio. El justo medio no puede ser determinado por una fórmula,
sino que es el resultado de una acto virtuoso continuo. La prudencia hace que la razón sea recta
(virtud intelectual) y nos refuerza la decisión de hacer el bien en cada momento (virtud moral).
La virtud perfecciona nuestra adhesión al valor, al bien. Todos tendemos al bien, pero
necesitamos de la recta razón para saber qué es el bien y dirigirnos hacia él.

EL PERFECCIONAMIENTO HABITUAL DE LA LIBERTAD MEDIANTE LAS VIRTUDES


MORALES
1. Los dos niveles de actuación de las virtudes morales
La elección recta comprende:
1) Intención del fin recto, disposición del fin y remoción de obstáculos (egoísmo, desorden
de los apetitos sensibles, etc.)
2) Idea clara de las acciones que nos posibilitan realizar el fin virtuoso, aquí y ahora. Saber
también cuáles son los obstáculos que nos dificultan esta claridad, regularmente las
pasiones antecedentes, las cuales obnubilan el juicio recto de la razón.
3) La actuación de la voluntad y de los apetitos sensibles según lo determinado por la recta
razón.
Las virtudes morales actúan en dos niveles (intelectual y electivo) conectados por la prudencia.

2. La adquisición de las virtudes


La adquisición de virtudes se da por medio de la reptición de actos virtuosos. La virtud no se
transmite, pero es favorecida por un contexto virtuoso o acompañamiento que sostenga el
esfuerzo. Solos es difícil ser virtuoso. Nuestra sociedad está imbuida por una actitud
individualista, habiéndose infiltrado esto en ambientes católicos. El otro extremo es dejar que
todo lo haga la comunidad, sin iniciativa personal.
En la adquisición de la virtud es importante el contexto por lo que las visiones individualistas y la
que transfiere la tarea personal al otro, son reduccionistas. Se necesita de una compañía educativa
que constantemente provoque y desafíe, sin sustituir la libertad. Si se cumple la regla, pero sin
asumirla, no se hace uno virtuoso. Las virtudes disminuyen y se pierden en la realización de actos
viciosos y al cesar de hacer actos virtuosos.
El hecho de que haya adquirido un acto virtuoso hoy no significa que lo vaya tener mañana.
Necesito cada día sostenerlo, con la ayuda de la comunidad. Toda la dinámica virtuosa tiene un
punto sintético que es el amor-caridad. Si no hay un afecto que me sostenga de manera
dominante, no puedo soportar el difícil esfuerzo virtuoso. El amor corona las virtudes.

3. El papel del amor


El amor es la esencia de la rectitud moral y las virtudes se pueden ver, con San Agustín, como
formas o aplicaciones del amor: el orden lo da el afecto más grande que tengo con base en el cual
todo se ordena, el orden no es un vacío, sino una presencia; la templanza es una entrega total a lo
que amo; la fortaleza es el amor que soporta todo por lo que se ama; la justicia es el amor que
sirve sólo al objeto amado y domina todo lo demás; la prudencia es el amor que discierne
sagazmente lo que lo favorece y lo que lo obstaculiza. Tomás de Aquino dice algo semejante
afirmando que la caridad es la forma de todas las virtudes, las cuales sin el amor no son virtudes
perfectas. Una comunidad es virtuosa en cuanto apunta a este amor.

4. La conexión de las virtudes morales


Se llama conexión de las virtudes morales a la propiedad de éstas según la cual no puede darse
una en estado perfecto sin que se den las demás. La razón de la conexión de las virtudes morales
es la participación de todas ellas en la única y unitaria prudencia. La recta razón es la razón
conducida por la prudencia.