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El autor ‘Bao Travers es uno dels més destacadas hstoriado- res dela ideas dl siglo XX, recomacido por sus etudias ceca de las consecuenias del nazismo, dela vilen- ea ttalitariayde as dos guaras mundiales en acu ‘ura europea. Graduado en la Universidad de Gée ‘rss, se decor on la ESS de Paris y erent dos Aécadas eer ladocenia univestaia en Francia a vec que fu profesor state en dstintos centas de Buropay América. Acuatmenteenseta en ta Comet Universit de Thaca, Estados Unidos. Entre sustibros se destacan La historia desgarrada. Ensayo sobre ‘Auschwitz y los intelectuales, A sangre y fuego De la guerra civil europea (19141945), El pa- sado, instrucciones de uso. Historia, memoria, politica, El rotalicarismo, Historia de un debate, La historia como campo de batalla. Interpre- tar las violencias del siglo XX y Mélancolie de gauche. La force é’une tradition cachée (KIXe-XXle sidcle) (2016). Nucstro sell publics &n 2013 2Qué fue de los intelectuales? Sus fue igaciones acerca dehistriografiacomtempornea, for ‘macion de identdades coetoas y memoria son na frenciaconstante ene capo acadénica. enzo traverso las nuevas caras de la derecha conversaciones con régis meyran ‘raduocion de horacio pons siglo velntiune KI Soe grupo exit siglo veintiuno PRO RES eee cronec.e BBcncinctdnr cere moon Soren Gerdes ania pececnn en ‘Traeno Emo Lasiuevs cates de a dereeha-1*<- Buenos Ate Sg Veindano Eaicores Argentina, 018. 160 20813 em. (Minima) ‘Traduccién de Horaco Pons // ISBN 9789872938018 1 Mistoria plea 2 Historia contemporinea 1 Pow, Horacio, GBD 52009, Gung, pins tebe du Peon faction Veta nampa, fi doen ett fon Agrne Enero pleads dene dl mac tl Progra Vaca Ocampo ‘Auda Pleo cunt cone poy dl na ang gene {Tilo orginal: Lar nomen staged faim © 2017, Les Hons Textel, Paris © 2018, Sig Veintuno Edores Argentina SAL Fotomonajey defio de cablerts Eugenia Ladi ISBN g789876098018 impress en Master GrfSA/ Naviano Moreno 4754 ‘ano, ea emer de marzo de 2038 Hecho el dept que marc a Ley 13.735 Impreso en Angeaina// Made i Argenaina indice Prefacio ale edicin castellana " Protege 16 Del fasciemo al postascismo? 7 En sus nuevas expresones, las exremas, \derechas 38 han emancipado de a maiz histérica que Iss vo nacer: a de los fscismos ‘da silo 20 Imregnados do un contenido |deotdgico fluctuante os partidos que Traverso calfca de *poslascistas" yao se presantan ‘como sulbversivos uepan la carta dela ‘normaldad para intantar transformer el sisterns dasde dentro. La Europa ulebera amenta «crecimiento de los nacionalsms ylos Popuismos. En Francia, los gobiernos todavia. van a lazaga del Frente Nacional FN), con poiticas autorteras y xenéfobas que propenen € protecciorisma y la defensa de las identilades acionales. Pro, sobre todo, esta evckicién 8 concorritante conf crisis de as patos Polticostraccionales. 8 postascismo es et sintoma de un sistema polio tambaleant, en <1 cual, cazentes ya de base social, los partie, ‘desde los de a deracha hasta os de la extrema lequierda, se enrean a cuevas formas de comunicaciin que los hacen abanconar su ies tradcione 2. Polticas identitarias El fscurs0 "tepustcano™ que los partidos \tacconales oponen alos partidos postascstas, nefioaz, porque todos sos compsrten una rnigma visi: nimben @ le Fepubica con un halo misico y simutneamente sa niegan 2 reconocer os crmenes colonies comatidos or Francia, sin admit que el pais ha exchido yy encerrado en guetos a los inmigrantes, tanto socal como étnicamente. Esta pola identi reeparece en ls visin problematica del eicerno, ‘que excl a ios musulmanes de la comunidad nacional. En tminos mds generals, Islemofabia nunca es ora cosa que la ‘menfestacien actual dela coesistencahistoca dela Republica y ol coboiasmo. Todos estos sementos expican el racaso al cual estén condenados fs intentos de corr el paso al FN, porque se valen de la misma retxca de est, 43 Antisomitismo e islamofobia En nuestros ds, tal como hacia antigemitiemo en la primera mitad del siglo XK, la slemofobia estructura los nacionaismos. feuropeos. Asi como en la Alemania de ines al siglo XIX se percibia los judios come un ‘elemento impuro de a nacion, actualmente se describe a los inusulmanes como invasores: ‘que amenazan fa entidad francesa. El ‘antisomiismo tind a dessparecer. La nuova judeotobia y ls expresones de volencias ‘que a acomparian no estén relacionadas con la tredcién nacionaist, sino canal Conticto entre israces y patestinos. Nacida «nla matrz colonial 1 islamofobia aspra 2 rechazer alas poblaciones provenientes doa inmigracion arabe y aticana, Prasente desde ot siglo 2 hoy en dla vwencia una ‘expansion sn precedentes desde la década de 1980, En vez de asstr a una corvergenca cdo las luchas ente minaviasdiscriinecas, en Francia presenclamos una regresin, {dado que iielecualesjucios se procismn |slaméfobos, y nagros 0 Sraes se muasiran como udeotobos. 4, zlslamismo radical o “islamofascismo"? El Estado Islémico a la uz de la historia del fascismo 107 Por su nacionalsmo racic, su valencia extrema yu hosted ala demooraci, mast hecho de haber surgido en un pais devastado por ‘quar, el Estado Iskmico(E}tane puntos en ‘omiin con be fascismos, Pero se cstngue por ‘completo de alos en cuanto a su nterpretacn de una refgén tradicional on forme itegita Pr ova pate, nacido en paises que jams ‘conocieron ls democraci, captaajovenes del ‘mundo entero por la ausencia de un pol raccal ‘de atracién enla equa, En Francis, 610 <4 desperter de una caverta anticconal ‘oda detene las carversionas a yhadisrno, ‘Come fora muy peculiar de “destruocn de ww to polio", 6 las ura respuesta agesiva frente a un mundo neoltseral extrermadamanta ‘olento, donde lafgica del mercado pone <{indrdvatsmo yl compstencia en todos ios panos oe nuestra estonia, Conclustén. imaginario politico x surgimiento del posfascismo Tanto os postascismos como el El surgieron {en un contexto global caracterzado por la desaparicion de un horzonte de expectativas, 121 ocas0 de las utopias y su péxcida de erect bled, como si condujeran sistemticamente al lolalitrismo, y con la ideologia de mercado ‘Como tnica fuente posibie de ibertad Por ende, las dereches radicals y lisleris- mo constituyen suoedéneos de as utopias desaparecides, Notas 131 149 Prefacio a la edicién castellana Las conversaciones que este pequeito libro pre- senta tuvieron lugar en Paris durante 2016; a continua: ‘én el texto se revi y diagramé en los Estados Unidos, a lo largo del agitado periodo de la campatia electoral presidencial que, ante fa estupefaccién del mundo en- tero, terminaria por evar a Donald Trump al poder. Esta traduccion castellana aparece meses después de las ‘lecciones alemanas, en que se constat6 la aparicién de ‘un movimiento de la derecha radical, Alternativa para ‘Alemania [Alternative fir Deutschland], que logré lle- var al Reichstag mas de ochenta diputados. La “excep- ‘ign alemana” yano existe En lavecina Austria acaba de formarse un gobiemo integrado por una coalicin de la derecha conservadora y la extrema derecha de origen neonazi. Como en opinién de fas autoridades del Banco Central Enropeo y a troika el pais es un buen alumno, Ja Uni6n Europea (UE) flicit6 al nuevo canciller sin ex- presar la mis minima inquietad. En cambio, los interto- gantes planteados en este librito persisten, ¢ incluso se toman més actuales y preocupantes. Tanto Alternativa para Alemania como la extrema derecha austrfaca, el Partido de la Libertad [Freiheitliche Partei Osterreichs, FPO}, exhiben todos los rasgos del ‘posfascismo” que se discute en estas piginas: una mezcla de autoritarismo, nacionalismo, conservadurismo, populismo, xenofobia, isamofobia y desprecio del phuralismo. Estos partidos ya no son fascistas ~surgicron luego de la consumacién de Ia secuenecia hist6rica de los fascismos clésicos-, pero seria imposible definirlos sin relacionarlos con el fascs ‘mo, una experiencia que marcé la historia del siglo XX y quedé grabada en nuestra memoria histrica La Argentina, donde se publica este libro, parece hoy al margen de esas tenelencias regresivas sélida- mente arraigadas tanto en Europa como en log Esta- dos Unidos. Sin embargo, si bien se mira, el pais no ces ajeno a ese debate. Los origenes del populismo son ruiltiples, pero en la Argentina fue donde este encon- tr6, con el régimen de Juan Domingo Perén, su forma aradigmatica. La simbiosis de nacionalismo, mesiae nismo politico, dominacién carismatica, autoritaris- mo e idealizaci6n mistica del pueblo que Perén supo evar a cabo sigue siendo un caso emblematico para la teoria politica. Con todo, esto no autoriza uasposi- cciones abusivas. El caracter social del peronismo —que se apoyaba en los sindicatos y aspiraba a integrar a las clases laboriosas al sistema politico lo distingue de los populismos reaccionarios europeos o norteame- icanos de nuestros dias. Sus herederos se Ilaman Hugo Chavez y Cristina Kirchner, no Marine Le Pen o Donald Trump. Y fue también en la Argentina donde, contra el peronismo y sus sucesores, surgié un nuevo populismo oligarquico, de impronta neolibe- ral, bastante cercano al que gané las elecciones presi- denciales en Francia, En el fondo, son muchas las aft nidades entre Mauricio Macri, empresario ingresado a la politica nacional para oponerse a Cristina Kirchner, y Emmanuel Macron, joven banquero que se impuso a Marine Le Pen. Los dos pretenden encarnar la nacién yyse han asignado la misién de salvarla, entregandola por completo a las fuerzas impersonales del mercado. 2 | i | i \ | i i En este caso vemos tuna nueva forma de populismo en ta eta de la globalizaci6n neoliberal Lo que sin duda podria hacer retroceder al posfas smo seria un populismo de izquierda, ni xendfobo ni regresivo; un populismo que defendiera el bien comin, contra los privilegios de una élite voraz que ha remo- delado el mundo a su imagen; un populismo capaz de defender las culturas nacionales para integrarias al vasto ‘mundo en ver de levantar muros. El primero en teorizar ‘ese populismo de izquierda fue un pensador politico ar _gentino, Ernesto Lactau; la corriente se manifesté Inego fen Espatia durante estos ilimos aftos. Su aparicién ha ‘marcado un viraje politico que despierta una gran espe- ranza a escala europea. Podemos ingres6 al Legislativo y ‘conquisté el poder en las principales ciudades del pats, ‘de Madrid a Barcelona y de Valencia a Zaragoza. Sus It deres tienen carisma, pero no son hombres providencia- les, ya veces son mujeres que han dirigido movimientos populares, como Ada Colau en Barcelona. Y no proce- den de kas altas finanzas, sino de la universidad de masas. ‘Tienen la edad de Macron y, como é1, sdlo han conoci- do el mundo de la pos-Guerra Fria y de la globalizacién, pero se han formado en les movimientos ltermundialis- ‘as. Elanalisis de este populismo mereceria, descle luego, ‘wo libro, Porlo demas, hay ya una bibliografia bastante abundante sobre el tema, y Espafia se ha convertido en un laboratorio para la iequierdas europeas. Bastar con, decir aqui que su existencia no es el timo factor que ‘explica la ausencia del posfascismo tanto en el conjun- to del Estado espaiiol como en Catala, la Comunidad ‘Valenciana o el Pais Vasco. Enzo Traverso Ithaca (Nueva York) y Paris, iclembre de 2017 8 En las sociedades occidentales sometidas a repetidas crisis econémicas, en la hora de la postideo- logia y el rechazo de un sistema democrético maltre- cho, el auge de las nuevas extremas derechas es tan soxprendente como preocupante. Sin embargo, me parecfa que este nuevo tipo de partidos, de ideologia Aluctuante, escapaba al andlisis, y que calificarios lisa y llanamente de “fascistas” no aclaraba cosa alguna: ‘ze6mo reinscribirlos en la historia y diferenciarlos de Tos fascismos del siglo XX? Las numerosas publicaciones sobre este tema no me ‘convencfan: no se in de un andlisissinerénico, ‘cuando no tomaban directamente, y con superficial dad, las opciones léxicas surgidas de su objeto de estudio, Asi, busqué un andlisis con més perspec tiva. El articulo de Enzo Traverso en la Revue du Grieur (junio de 2015)" lanzaba pistas inéditas, que le * Gozo Travoto, “Species asa, Les métamarphnoses ‘ne ots radials a Xe sc’ ene ty Gir. 1 un de 2015, pp. 101-121 fe. cast: "spectros da fs ‘coma, Metamorosis das derechias aceal ano slo xt, Pais, Reta co Pensaminto Centompevanes, 50, Er pquetante ib 00, pp 4-20). N. de] . propuse desarrollar en conversaciones més prolong das, Ante todo, insistfa en que la palabra “fascism” se pponia en circulacion de manera indiseriminada, pata designar a las personas o los grupos mis diversos, de Marine Le Pen al Estado Istémico (B1).” En cambio, Traverso cuits la palabra “posfascismo" para designar un tipo de movimiento en devenir, con origen en la matriz fascist, pero diferente. Proponiendo un nacionalismo estructurado por la jalamofobia, esos movimientos pretencien ahora ser partidos tan republicanos como los demés. Por otra parte, Traverso retoma su andlisis del eclipse de las ‘utopias (desplegado en {Qué fue de las intelctuales?) y, desde la caida del Muro de Berlin y la pérdida de credibilidad de las esperanzas revolucionatias, procit +a mostrar en que sentido esas nuevas extremas dere- cas, como los miembros del ET, constituyen una ces- puesta agresiva ala falta de horizonte de expectativas. Otros tantos elementos que, desarrollades, permiten ‘echar una cruda luz sobre nuestra atribulada época, Las conversaciones se realiziron en cos momentos d- ferentes, lo que permits a Enzo Traverso completa st andlisis de caraala victoria de Donald Trump en ls lec- ciones presidenciales estadounidenses, en especial, sobre Ja cuestiOn de ls relaciones entre populism yfascismo, Régis Meyran * Ongrizac también conocida como Dash 0, sag su sla nglsa ISIS. IN. de €) * Enzo Traverso, OY sant poss ls elects? Corversston roc Regs Meyran, Pare, Texts, 2013 [ed cast: 20 ‘ue db os ielecruies? Conereacion con Ris Mean ‘Buenos Aes, Siglo 24,2014). .N- eT) 16 i 4. gDel fascismo al posfascismo? En Europa entra, no pute dejar de advertrse larenovacin y la dfusin dels mavinientas de extrema de- techa. Peo cima caractriarls? Las eiteris para ecarar 1a letura de los fascismes, tal como las definia el histria- dor lan Kershaw en relacin con una serie de movimientos nacides ene siglo XX (entre elles, el nazismo ye fascism stalin), gsiguen siendo pertnentes hay en dia? La referencia a los fascismos clisicos de Europa centre las dos guerras mundiales se nos presenta de manera espontiinea, ya que ¢l fascismo forma parte de nuestra conciencia histérica y nuestro imaginario politico. Pero ya desde el inicio en esta referencia se ‘mezclan multiples clementos del contexte actual; ante todo, el terrorismo de credo iskimico, del cual habla remos més adelante, y al cual los comentaristas o los actores politicos suelen calificar de “islamofascismo”. ‘Mas adelante, el hecho de que esas nuevas derechas radicales se representan como un basti6n contra di- cho “islamofascismo”. Ahora bien, tan pronto comen- zames a reflexionar sobre ella, 1a palabra “fascismno” demuestra ser més un obsticulo que un elemento es- clarecedor del debate. Por mi parte, he sugerido la nocién de posfascismo, sin dejar dle sefialar sus limites. Esta nocién nos ayuda 7 a describir un fenémeno transitorio, en wansforma- ‘ibn, que todavia no ha cristalizado. Por eso, no tiene el mismo estatuto que el concepto de fascismo, del ‘cual existen varias definiciones, pero cuya legitimidad no se discute y cuyo uso es habitual. Desde luego, el debate historiografico sobre el fascismo esta lejos de haberse agotado pero, pese a todo, hoy en dia sabe. mos de qué estamos hablando: de un fenémeno con cotas cronolégicas y politicas bastante claras. Cuando ablamos de fascismo, no hay ambigitedad acerca del objeto de debate. A la inversa, las nuevas derechas ra- dicales son un fendmeno heterogéneo, muy mezcl- do. En Europa, no exhiben los mismos rasgos en todas partes: de Francia a Italia, Grecia, Austria, Hungria, Ucrania 0 Polonia, tienen puntos en comin, pero también muchas diferencias. —Entonces estas nuevas derechas extremas no pueden consi- derarse como nuevas fascismos. gPor qué? —Hle sugerido la nocién de posfascismo precisamente para diferenciarlas del negfascioma. En algunos paises este €5 un vestigio, un fenémeno residual, y en otros, un intento por prolongar y generar una vez més el viejo fascismo, As{sucede sobre todo con muchos par- tidos y movimientos aparecidos en Europa Central ‘durante los iltimos veinte afios (un buen ejemplo es ‘el Movimiento por una Hungsfa Mejor [Jobbik]), que reivindican abiertamente una continuidad idealégica ‘con el fascismo hist6rico. El posfascismo es diferente: s¢ ha emancipado del fascismo clisico, aunque en Ta ‘mayoria de los casos lo conserva como matriz. Ahora bien, la mayor parte de esos movimientos ya no reivine dca esa filiaciGn y, asi, se diferencia claramente de los 1 i ' neofascismos. Por lo dems, en el plano ideolégico ya no hay una continuidad visible suya con el fascismo clasico. Si intentamos definirlos, no podemos pasar por alto esta matriz fascista, sn la cual no existirfan, pero también debemos tener en cuenta su evolucién, porque se han transformado, y hoy en dia se despla zan en una direccién cuyo destino final no conoce- ‘mos. Cuando se hayan estabilizado en algo nuevo, con ccaracteristicas politicas ¢ ideol6gicas precisas, quizas habri que acutar una nueva definicidn. Lo que carac- teriza al posfascismo es un régimen de historicidad cespecifico el comienzo del siglo XXI- que explica su contenido ideolégico fluctuante, inestable, a me- nudo contradictorio, en el cual se mezclan filosofias politicas antinémicas. Qué le permite afirmar que las nuevas derechas radicales sontn fenimeno transitorio? jTal vex eso se deba a que toda- ‘via no cristalizaron, con una nueva matrizideoligica, desde luego con infleciones algo diferentes segtin los paises? —Tomemos el caso del Frente Nacional (FN) de Fran- cin -emblematico en muchos factores, segiin lo de- Iuestran su éxitos recientes, que Europa puso en el Candelero. Ens caso estamos ante un movimiento que tiene una historia bien conocida. Su matriz, bastante evidente cuando se creé en 1971, es la del fascismo francés, Mas adelante, durante la década posterior, este partido fue capaz de congregar diferentes correntes de ta extrema derecha francesa: la nacional, la catica Jntegrista, In powjadista, In colonialsta (especialmente, om los nostagicos de Ta Angelia francesa). Esta opera- cin fue posible porque In distancia histrica que to Separaba del régimen de Vichy y de las guerrs colonia: 19 les era relativamente limitada, El componente fascista crac elemento unificador y el motor de ese partido en el momento de su fundacién. Su evolucién comienza en la década de 1990; pero desde que en 2011 Marine Le Pen llega a su direccién, el FN intenta un cambio de piel: el discurso se transforma, las referencias ideol6gi- (2s y politicas ya no son las mismnas el posicionamiento de la agrupaci6n en el escenario politico también su- fre una notoria modificacién. Ahora se preocupa por su respetabilidad, procura integrarse al sistema de la ‘Quinta Repslica mediante la propuesta de protagoni- zar una alternancia politica “normal”, indolora. Si bien se exhibe como una alternativa, al sistema de Ja Unién Europea ya los partidos tradicionales, ya no desea apar recer como una fuerza subversiva. Quiere wansformar el sistema desde dentro, cuando el fascismo clisico queria cambiar todo. En efecto, podr objetarse que Mussolini y Hitler egaron al poder por vias legales, pero su voluntad de derribar el estado de derecho y borrar la democracia estaba fuera de discusion. El discurso politico del FN es muy diferente, como lo son los contextos histdricos que separan la Francia de nues- tos dias de la Europa de los afios treinta. Ese es un ‘cambio importance. Desde luego, es constatable una filiacién con res- ecto al primer FN, en el sentido literal del término, ya que el padre cedié el poder a su hija, lo que da ‘laros rasgos dinasticos a ese movimiento. Con todo, este movimiento nacionalista es dirigido ahora por ‘una mujer, caracteristica que, a decir verdad, es com- pletamente insélita para un movimiento fascista. Por afiadidura, esta surcado por tensiones, como es facil percibir en el conflicto ideolégico entre el padre ya hija, o también entre las corrientes vinculadas al FN de los origenes y otras que querrian transformarlo en, 20 algo distinto. Por lo tanto, la transformacién sigue en ppleno avance. Ha comenzado una metamorfosis, un cambio de linea que atin no ha cristalizado, 4 Co corcibe usted ol papel de la UE frente al crecimiento de as nucvas dvechas extremas? Esa insituciin es ss cousa osu remedio? —Me gustaria poder decir que la respuesta es un re ‘medio, pero, por desdicha, todo indica que no es asi: seria uma peligrosa ilusién. El ideal europefsta es an- tiguo y el primer proyecto de federalismo continental moderno se remonta a la primera mitad del siglo XIX. Los estadistas conservadores que, ya terminada la Se~ gunda Guerra Mundial, claboraron el primer esbozo de una comunidad europea estaban animados por una auténtica voluntad de devolver la paz al continen- te, dar vuelta la pagina de los fascismos y los naciona- lismos para iniciar una auténtica cooperacién. Podiriae ‘mos agregar que todos estos hombres adherian a la idea de una Alemania europea. En sus reuniones, el canciller alemén Konrad Adenauer, el primer minis- to italiano Alcide De Gasperi y el ministro de Rela cciones Exteriores francés Robert Schuman hablaban ‘en aleman, Adenauer habia sido alcalde de Colonia, la capital de Renania; De Gasperi habia sido diputado del Parlamento del Imperio de los Habsburgo,” y el * Hasta tl do ta Gren Gus, rein donde nals De {Gasp Trenino-Ako Adiga, fomaba pat cl ipa ‘Aus Hingera Elentncas eticante de Fibsofay Lates represerio crane ds perodos a Trot de egy alana ‘4 chs con sede en Ves. IN. dE a Jorenés Schuman se haba formado en las universida- des alemanas. Encarnaban una Alemania en los mai genes, europea, opuesta al nacionalismo prusiano. Ta Union Buropea de hoy se alej6 mucho de su pro- yectoinicial, que contemplaba laintegraci6n econémica {elcarbn yelacero} como premisa de una construccion politica, que en el futuro colminaria en una confedera- cid de Estados. En los heches, poco a poco erosioné las soberanias nacionales para someter el continente ala so- beranfa supranacional, global, de los mercado financie- ros, En 2015 la crisis griega mostré el verdadero poder dela Union: la troka ~el Banco Central Europeo (BCE), eL PML Ia Comision Europea, que es st faceta politica y reside en Bruselas-, Es sorprendente comprobar que ~después de haber dado pruebas de nula flexibil- dad con respecto a la deuda griega, la de wn pais cuya economia es saqueada por los grandes bancos interna cionales-, con todo, la Unién Europease haya mostrado por completo impotente ante la eri de Tos refugiados. El armonioso coro de los ministros de Economia y Finanzas dej6 su lugar a la cacofonia de las xenofobias nacionales,con el cerre de las fonteras entre los paises miembros. Ese especticulo indecente es una de las prin- Cipales fuentes de legitimacién de todos los movimien- tos nacionalistas,xen6fobos y populistasvtuperados por nuestras dltes europeas. Entre 2004 y 2014, la Comisién fue presidda por José Manuel Durie Barroso, actual ase- sorde Goldman Sachs; en 20141 reemplaz6 Jean-Claude Juncker, que durante veinte iis drigié el paraiso fiscal luxemburgués. Otro exponente de Goldman Sachs, Mario Draghi,dirige el BCE. Al lado de estos persone Jes, Adenauer, De Gasperi y Schuman parecen gigantes, hombres ce Estado sabios, previsores valientes Si después del trauma del Brexit la Unién Europea no ¢s capaz de cambiar de rumbo, uno se pregunta 2 como puede (ysiacaso merece) sobrevivir. Hoy, lejos de proponerse como barrera contra clascenso de las dere ‘chas extremas, las legitima y alimenta. Sin embargo, una Tlegada del FN al poder tendrfa consecuencias mas im- portantes que los éxitos electorales de la extrema den cha en Austria o Dinamarca y probablemente marcaria cl estalido de la Unién. Su disgregacién podria tener efectos imprevisibles en sus alternativas. En el caso de esa disolucidn y de la crisis econémica que le seguiria, el FEN podria radicalizarse: asf, el posfascismo podria adop- tarlos rasgos de un neofascismo. Por un efecto domin6, las extremas derechas de otros paises se fortalecerfan y experimentarian una evoluci6n ansloga. Esta hipstesis zo puede excluirse y por eso insisto en el cardcter tran- sitorio e inestable de las derechas “posfascistas Pero todavia no hemos Hegaclo a esa instancia. Ac- tualmente, las fuerzas que dominan la economia glo- ‘bal -el capitalismo financiero- no apuestan a Marine Le Pen, como vimos durante las elecciones presiden- ciales en Francia, ni a los otros movimientos xen6fo- 'bos y posfascistas del Viejo Mundo: sostienen la Union, Europea. Por eso se opusieron al Brexity por eso, en la campatia electoral estadounidense, Wall Street apoyé a Hillary Clinton, no a Donald Trump. El escenario antes descrito, de Hegada del FN al poder y disgrega- cin de la Unién Europea, implicaria una recompo- sicién del bloque social y politico dominante a esca- Ja continental, En una situacién caética prolongada, todo resulta posible. En el fondo, es lo que sucedi6 en. Alemania entre 1980 y 1933, cuando los nazis dejaron ‘su condicién de movimiento minoritario de “plebeyos cenfurecidos” para convertirse en Ios interlocutores de los grandes Konzeme [consorcios, empresas), de las éli- tes industriales y financieras y luego del cjército. es —iNo es riesgoso transformer la. Uniin Europea en una suerte de chivo expiatorio? Sin dua, las derechas extremas son un fenémeno continental (), en cieta medida, interna- ional), pero hay que combatilas ante todo en tos distintos ‘patses donde se expresan. —Tiene razén, porque la extrema derecha exhi- be rostros diferentes y no se la puede combatir de Ja misma manera en Grecia, Espaiia y Francia. Pero tomemos el caso francés, que nos toca de cerca y es el mas importante, porque amplia enormemente las dimensiones de la extrema derecha y amenaza tener efectos catastrdficos a escala continental. Después del erremoto de las elecciones presidenciales de 2002, ‘cuando Jean-Marie Le Pen Ilegé a la segunda vuelta, con cierta forma el FN dicta la agenda politica en el plano interno, Quince afios més tarde, Ia presencia de Marine Le Pen en la segunda vuelta de las elec- ciones presidenciales parecié un hecho normal, y en nuestros das es quien lidera la oposicién a Emmanuel “Macron. Con Sarkozy como ministro del Interior y lue- {go presidente, tuvimos en un primer momento la pro- mesa de “limpiar a fondo, con su hidrolavadora” los suburbios y, de inmediato, la creacién el Ministerio de Inmigraci6n e Identidad Nacional. Bajo la presidencia de Francois Hollande, en un clima de tensién exacer- bada por los atentados, la adopci6n de los temas de la ‘extrema derecha se acentué atin més. Pasamos de la Promulgacién del estado de excepcidn a la tentativa de legislar sobre la privacién de nacionalidad, y hasta la prohibicién de manifestar para los sindicatos que se oponian a la ley de trabajo (el job act francés), en un contexto de generalizacidn de la violencia policial, que se torn6 indiscriminada. La ret6rica republicana cdej6 su lugar a las medidas “securitarias’: se present6 | | la disidencia politica y el desaeuerdo como amenazas pparala seguridad, ala vez que se aplicaba una pot ‘a de discriminacin ydesconfianza conta las poblacio- nes de origen poscolonial (las ms afectadas por el tema de la doble nacionalidad), percibidas como la fuente del tervorismo. Si para garantizar la seguridad hace falta un Estado autoritario y xenéfobo, el FN siempre parecer la fuerza mas crefble, en comparacién con el Partido Socialista (y Marine Le Pen, mejor prepa- rada que Francois Hollande). Ahora Maeron querria insertar en la Constitucién estas leyes especiales cuya flosofia, segin algunos jurists destacados,retoma las propuestas que desde siempre hace el FN. Ademss—al contrario de las politicas de austeridad implemen- tadas por los gobiernos de derecha e izquierda, y mas recientemente, por un gobierno que se presenta ya sea como de derecha ya Como de izquierda—Le Pen se propone defender las intereses de las clases populares “blancas’, los “franceses de fuste” (0 "puros’, “de raza") Iibrados a su suerte. Es logico que esto seduzca a una parte del electorado popular que, abandonadlo por laiz~ ‘quierda, de unos aii esta parte perdé la brijula pol- ticayen ls tilimas décadas se refugis en la abstencién. —Pora califiar estos nuevos tpas de extrema derecho, spue- de hablarse de “nacionalpoputiomes” como hacen tos poi- logos Jean-Yoes Camus y Nicolas Lebourg?® Segtin elles, estas se caractrzarian por la captacién de as cuestiones sociales, la otencén festa «tas minors, a convocatora a wen pueblo fantasmoa, éicamente ro ala vex por el abando- no de la vieja cuestion racial, que habian suplantado con tuna nueva visén del mundo en términos de enfrentamiontos culturales. ea —A diferencia de Jean-Yves Camus, quien sin embar- go ha propuesto andlisis muy agudos de este nuevo fenémeno, no creo que lo que é! llama “nacionalpo- pulismos” pueda constituir una nueva familia politica fundada sobre una ideologia compartida. Ademés, desconfio mucho del concepto de populismo y, por to tanto, del de “nacionalpopulismo”. Este tiltimo aparecié ‘enlaescena intelectual a comienzos de la década de 1980, sobre todo por obra de Pierre-André Taguieff, que intent6 dar su definicién mas sistemtica* Es cierto, el concepto podria parecer més convincente en nues tros dias que en los afios ochenta, porque la diferencia centre el fascismo clisico y el FN es tanto mas evidente ahora que en esa Epoca. Pero el abuso del concepto de populismo es tan grande que, segtin creo, ya perdis ‘buena parte de su valor interpretativo, ‘No me malinterprete: no impugno la calificacién de “populista” para ciertos movimientos politicos, porque puede tener su pertinencia, pero representa un proble- ‘ma cuando se la utiliza como sustantivo, como concep- to. Prefiero utlizarla como adjetivo. Como fendmeno politico con todas las de Ta ley, con su perfil y su ideo- logia, creo que el populismo no parece corresponderse con la realidad contempordnea. Tiene un estatuto con- sensual y hasta muy sélido en el plano historiografico para fenémenos politicos del siglo XIX, como el popu- lismo ruso y el populismo estadounidense, el boulangis- ‘mo franeés en los comienzos de la Tercera Repaiblica e incluso, en el siglo XX, la gran variedad de populismos Jatinoamericanos* Pero el populismo es ante todo un estilo politico, no una ideologéa. Llegado el caso, es ‘un método retérico consistente en exaltar las virtudes “naturales” del pueblo, en oponer el pueblo a las lites, Ja sociedad civil al sistema politico, para movilizar a las ‘masas contra “el sistema", Ahora bien, encontramos i | j i | | i | cesta ret6rica en movimientos y lideres politicos muy diferentes unos de otros. ‘Em el transcurso de estos iltimos afios se tldé de adhe- rentes al ‘populismo” a Nicolas Sarkozy, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon en Francia; a Silvio Berlusconi, Matteo Salvini y Beppe Grillo en Ktalia a Jeremy Corbyn ‘en el Reino Unido; a Donald Trump yBernie Sanders en los Estados Unidos; a Hugo Chavez en Venezuela; a Evo ‘Morales en Bolivia; a Néstor Kirchner y luego asu mujer ‘Gstina en la Argentina... Dada la extrema diversidad de estos personajes, la palabra “populismo" se ha con- vertido en una céscara vacfa, que puede Hlenarse con los contenidos politicos més diferentes. En el fondo, com- parto el andlisis de Marco d'Eramo, quien, mis alla de la clasticidad y la ambigiiedad del concepto, enfoca laaten- ci6n en sus usos A su juicio, “populismo” es una catego- ra que califica mas a quienes la utilizan que a quienes suclen verse descriptos por ella. No es més que un arma de combate politico que apunta aestigmatizaral adversi- rio, Bluso recurrente de este término para designar a los adversarios politicos revela sobre todo el desprecio por el pueblo que sienten quienes to utlizan. Cuando el orden ‘neoliberal, con su politcas de ajuste sus desigualdades sociales, seve enarbolado como norma, automaticamen- te todas las oposiciones resultan populistas.“Populismo” ‘es una categoria con la cual intentan inmunizarse élites ppoliticas cada vez. mas alejadas del pueblo. ‘Vea la prensa europea, desde El Pais hasta La Repub- bica, destle Le Monde hasta The Guardian y Frankfurter Allgemeine Zeitung: el ascenso del populismo designa en un revolijo tanto una politica social ~el cuestionamien- to de las politcas de austeridad, el aumento del salario iinimo, la defensa de los servicios sociales, la negativa alos recortes a la inversiOn piblica- cuanto la xenofo- bia y el racismo. Este ¢s un ejemplo entre otros de la 2 confusi6n a la cual la palabra “populismo” puede llevar. |Segin esta logica, todas aquellos que critican la politica neoliberal de la Comisién Europea, el FMI y el BCE -el verdadero gobierno europeo- serfan populistas! Por lo demas, a Syriza en Grecia hasta 2015 y a Podernos en Es- afta -hoy en dft~se los califica habitmalmente de tales, Y de ese modo, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon en Francia, Donald Trump y Bernie Sanders en los Es tados Unidas... caen todos en la misma bolsa y con es0 se ignoran alegremente sus radicales divergencias ideo- 6gicas. Tan pronto como se acepta el concepto de po- ppulismo, la divisoria derecha/izquierda como guiaen el campo politico queda obsoleta y resulta ineficaz. Desde luego, otro ejemplo podria aclarar este tema. Hay una diferencia fundamental entre las inquierdas de América Latina y los movimientas posfascistas europeos: alos cuales se suele ubicar juntos en la categoria de po- pulismo. Tome el caso de Hugo Chavez: era un populista en todo su esplendor, en el sentido de estilo politico. A ‘menudlo wilizaba la demagogia como técnica de comu- nicaci6n, apelaba regularmente al pueblo, del cual pre- tendia ser la encarnacién. A veces incluso con buenos ‘motivos, porque fue un levantamienta popular lo que lo salv6 durante un intento de golpe de Estado organizado por la derecha venezolana y el embajador de los Estaclos Unidos en 2002. Ahora bien, los populismos de América Latina, més alld de todos sus limites, intentan redistri- bbuir la riqueza a fin de incuir en el sistema politico a estratos sociales que estén excluidos de él. Esta politica ‘econ6mica puede discutirse, por supuesto -la ineapaci- dad de diversificar la economia de Venezuela apoyada cen los plares de la renta petrolera, que representa la casi totalidad de la riqueza del Estado, llev6 al pats al horde de la catéstrofe después de la cafda del precio del barril-; pero su objetivo es esencialmente social. A Ia inversa, los 28 partidos “populistas” de Europa occidental se caracteri zan por la xenofobia y el racismo, y se asignan el objet- +o de excara categorias enteras de la poblacién. Marca Revell tiene raz6n cuando define al populismo de deze cha como una “enfermedad senil" de la democracia liberal, una "rebelién de los incluidos" que quedaron marginados” Por eso las conceptos de populismo y 4c nacionalpopulismo, a mi entender, no hacen més aque sembrar confusion, en lugar de esclarecer los términos del debate. Definen un movimiento poli co sobre la base de su estilo, que pueden compartir corrientes tanto de izquierda como de derecha; y es0 ‘opaca su carécter. —zha victoria de Donald Trump en las elecciomes presi denciales estadounidenses puede considerarse como sefial de tuna oleada neoconservadora transatlantica? —No cabe duda, desplaza hacia la derecha el eje politico del mundo, y sus consecuencias (conside- tables) empiezan a notarse a escala global, sobre todo en Europa. Pero habria que analizar esta victoria en sus reales dimensiones. Hasta la vispera de las elec- Giones, la totalidad de los medios consideraba tan inevitable el triunfo de Hillary Clinton que el resul- tado final fue una sorpresa y un profundo trauma. Segiin The New York Times, la candidata deméerata tenia més del 80% de posibilidades de ganar, y des- de su derrota una parte de la opinién piiblica tuvo la impresién de sumirse de pronto en una pesadi- Ta, de vivir una historia contrafictica, una ucronia, como el triunfo de Gharles Lindbergh en 1941 des- ‘rito por Philip Roth en La conjura contra América © los Estados Unidos de la posguerra dominados por los nazis y el Japén imperial en El hombre en el castillo” Dado que se consideraba inexorable Ia vi ‘oria de Hillary Clinton, lalegada de Trump pareci6. Ja violacién de una “Iey de la historia”. Por prove nir de Italia, un pais que pas6 por la experiencia de veinte afios de berlusconismo, mi sorpresa no fue tanta; desde luego, tuve una reacci6n un poco “des- ganada” (y estaria “desencantado” de antemano), aunque reconozeo que las consecuencias de Ia victo- ria de Trump seran tanto més profundas, Silos resul- tados del escrutinio se miran con més detenimiento, hhace falta devivar una conclusién bastante clara: en vez una enorme oleada neoconservadora, que no se produjo, antes bien los medios no supieron prever el derrumbe del voto demécrata. Trump gan gracias al sistema electoral estadounidense, con muchos me- ros votos no sélo que Hillary Clinton (wna diferencia de casi tres millones) sino también, probablemente, que Mitt Romney en 2002. Lo que explica su triunfo cs la caida en picada de Clinton en algunos estados de la Union tradicionalmente demécratas. No asis- timos a la fascistizaci6n de los Estados Unidos, un pais hipnotizado por un nuevo jefe carismtico; nos enfrentamos al rechazo profundo del establishment politico y econémico por una abstencién masiva y, a la ver, un voto protesta conquistado por un politico demagogo y populista A menudo se comparé @ Donald Trump con Mussolini 3 se lo caifics de fascsta. gLe parecen pertinentes la definicin ‘ye paralelohistrico? “Novela de Pollak. Oe IN. aE La cuestion reapareci6 constantemente en la tikima ‘campaiia electoral estadounidense. Se caracterizé a ‘Trump como fascsta no solo en las paginas de las revi tas de la inquierda liberal” como The Nation © The New Republic sino también en la pluma de algunas prest giosas firmas de The New York Times y The Washington Past (entre ellas, la de un intelectual neoconservador como Robert Kagan). Sin embargo, esos andlisis, sue- Jen ser superfiiales y hacen faco sobre la personalidad del candidato republicano. Destacan varios rasgos de Trump que recuerdan mucho a los lideres fascistas clisicos: Trump se presenta como un “hombre de ac- ci6n’”, no de pensamiento; da pruebas de um machismo aultranza y ultrajante al exhibir su virilidad de manera muy vulgar y agresiva; se muestra intolerante frente a ‘evalquier critica; hace del racismo y la xenofobia un arma de propaganda, al proponer expulsar a los mu- sulmanes y los latinos de los Estados Unidos, elogiar a la policfa cuando los agentes matan a afroamericanos € incluso sugerir que, por sus origenes, Obama no seria un verdadero estadounidense; lega la fibra chovinista de su electorado y se erige en defensor de las clases po- pulares golpeadas por Ja desindustrializacién del pais yl crisis econémica que, desde 2008, profundi6 atin mas las desigualdades sociales? Con su carisma acapara tas pantallas (las “atraviesa"), exhibe su autoritarismo y se vale de la demagogia para que los estadounidenses ‘comunes y corrientes (entre quienes no se cuenta y a ‘quienes explota deste siempre) se opongan al sistema politico corrupto de Washington. Durante los debates televisivos con Hillary Clinton, llegé a amenazar con ponerla entre rejas una vez elegido presidente. Todos sorta dala pasta ges, no dete casa. (de) 3 estos rasgos fascistoides son innegables, pero el fascis- mo no se reduce a la personalidad de un lider politico, En verdad, detrs de Trump no hay un movimiento fascista. Trump no es el jefe de un movimiento de ma- sas; ¢5 una estrella de las pantallas de television. Des- de ese punto de vista, seria tanto mis comparable con Berlusconi que con Mussolini. No amenaza con hhacer marchar a sus camisas negras (0 pardas) so- bre Washington, simplemente porque detrés de él no hay tropas organizadas. Ha sido capaz de encamar el hhartazgo popular de cara a las élites de Wall Street y Washington, cuyo simbolo ha terminado por ser la fa- milia Clinton, pero no puede oponerles otra cosa que su propia persona, que a la vez representa a la élite eco- ‘némica del pais, Esta lucha personal de Trump contra cl establishment es atin mss paradgjica porque se trata del candidato del Partido Republicano, el GOP (Grand ‘Old Party), uno de los pilares mismos del establishment Hasta el momento ha sido tanto mas eficaz en la de- molicién del GOP Ia casi totalidad de los notables del partido tuvo que tomar distancia respecto de ‘esa candidatura~ que en la construccién de un movi ‘iento fascista. Trump logré sacar provecho de la crisis identiaria y la pérdida de referencias ideol6gicas que caracterizan al Partido Republicano desde el final de Ia era Bush. En el plano politico, anuncia un viraje ae toritario, pero en el plano socioecondmico da pruebas de cierto eclecticismo. Es a la vez proteccionista y neo- liberal: por un lado quiere poner fin al tratado de libre ‘comercio con México, y por otro quiere una reduccién radical en los impuestos y una privatizacién completa de Tas servicios sociales, desmantelando la politica social ya ‘muy moderada del gobierno de Obama, especialmente cen el Ambito de la salud. Desde esa perspectva, las nue- vas derechas europeas opuestas al euro son mucho més 92 ‘sociales’. Pero en los Estados Unidos la oposici6n social al establishment era representada por Bernie Sanders. ‘Ahora bien, los fascismos clisicos no eran neolibera les, eran muy estatistas e imperialistas; ai, propiciaban politicas de expansién militar. Trump es antiestatista y ids bien aislacionista, porque querria poner fin a las ‘guermas estadounidenses y (entre muchas contradiecio- ‘nes) promnueve una reconciiaciGn con la Rusia de Putin El fascismo siempre sostuvo la idea de comunidad nacio- nal 0 racial, mientras que Trump predica el individua- lismo. Enearna la versién xenéfoba y reaccionaria del “americanismo”: el selfmade man propio del darwinismo social, el justiciero que reivindica su derecho a portar ar ‘mas, el resentimiento de los blancos que se volvieron mi- noria en un pais cle inmigracion, Ha cosechado los votos dde uma cuarta parte del cuerpo electoral e interpretado asi el miedo y las frustraciones de una minorfa, como lo habia hecho el nacionalismo WASP (White Anglo-Saxon Protestant) hace un siglo, cuando se levantaba contra la legada de inmigrantes catslicos, ortodoxos y judo del sur y del este de Europa. Ast, cabria definir a Trump como un lider posfascista sin fascismo y, segtin hace el historiador Robert ©. Paxton, agregar que sus postu- as fascistas som inconscientes e involuntarias, porque, sin lugar a duda, jamés ley6 siquiera un libro sobre Hitler o Mussolini.” Lo cierto es que ‘Tramp es una mina flotante, imprevisible e incontrolable. Usted exeluye entonces cualquier afinidad entre Trump ‘yet fascismo? —No, pero creo que hay que plantear la cuestion en su justa perspectiva hist6rica. En el fondo, esto equivale a preguntarse qué significa, a qué puede parecerse el fascismo del siglo XXI. Las compara- ciones historicas permiten esbozar analogias, no homologias, y no podemos superponer el perfil de ‘Trump a un paradigma fascista originado en Ios afios tanscurtidos entre Tas dos guerras mundiales. Los contextos son sumamente diferentes. Tal vez. podria mos decir que Trump esta tan lejos del fascismo cl sico como Occupy Wall Street, los Indignados y Nuit Debout [Noche en Pie] lo estén del comunismo del siglo pasado. Sin embargo, encarnan una polaridad social y politica tan profunda como esa que en épo- ‘cas pasadas oponia al fascismo y el comunismo. Esta analogia me parece legitima, aunque esto no signi- Aique que los sujetos de Ia polaridad se reconozcan en esa filiacién histérica. En otras palabras, hablar del fascismo de Trump no significa establecer una continuidad histérica, ni designar una herencia que 41 asuma conscientemente. Algunas afinidades, desde luego, son amativas. ‘Trump pretende defender a las clases populares {que han sido duramente golpeadas por Ia crisis eco- n6mica de 2008 y la desindustrializacién del pais, y para hacerlo no denuncia ‘a su principal respon. sable, el capital financiero, sino que sefiala chivos ‘expiatorios. Su campafia reproducia varios rasgos del antisemitismo fascista de la década de 1930, que defendia una mitica comunidad nacional, é camente homogénea, contra sus enemigos. Para el fascismo se trataba en primer lugar de los judios; ‘Trump ha modificado y ampliado la lista, que aho- ra incluye a los negros, los latinos, los musulmanes y los inmigrantes no blancos. La increible escision reyelada por el escrutinio entre las zonas rurales y las zonas urbanas de los Estados Unidos (Trump perdié en todas las ciudades, incluidos los estados 4 donde gan6 con mas del 60% de los votos) muestra el muy antiguo vinculo entre la crisis econémica y la xenofobia. Hay un temor y una reacci6n xendfoba de la nacién profunda, blanca, frente a la expansi6n irresistible de una nacién muldiétnica, que la politi- cadel chivo expiatorio amplifica y explota. En la re- t6rica de Trump, la palabra establishment reproduce y reformula el viejo cliché antisemita de una comu- nidad virtuosa, armoniosa y apacible, arraigada en ‘un territorio, amenazada por la metrépoli anénima, intelectual, cosmopolita y corrupta. Algunas analogias, para seguir en ese registro, son ‘caricaturescas, casi parédicas. AI mirar los videos en que Trump aterriza con su avi6n, baja y se dirige a la multitud reunida en la pista, una moultitud exaltada de gente comin que, al alzar el brazo para sacar una foto con sus teléfonos celulares, remeda el saludo fascista, no pueden dejar de recordarse las primeras escenas de El triunfo de la voluntad, el film de Leni Riefenstahl sobre el congreso nazi de Nuremberg ‘en 1936, con Hitler que sobrevuela la ciudad antes de ser recibido por una multitud en pleno delirio. Pero todo esto es anecdético. A diferencia de Mussolini y Hider, Trump jamds ley6 La psicologia de las masas de Le Bon, y su arte demagégico procede de su familiax ridad con los cédigos de la comunicacién televisiva. Entre sus partidarios son numerosos, sin duda, Ios que exhiben un nivel F (fascista) en la clasificacion de la “personalidad autoritaria” descrita por Erich Fromm y ‘Theodor W. Adorno en 1950," pero, como le decia, el {ascismo no se reduce al temperamento de un lider nia las predisposiciones psicolégicas ce sus seguidores, por importantes que estas sean, AY qué piensa del programa de Trump? EI problema reside precisamente en que no bay pro- gama, y esta es una diferencia que lo separa del fs. mo hist6rico, En el contexto catastréfico de los aos de entreguerras, ese tiltimo, a pesar de su eclectcismo {deol6gico, proponia una alternativa global a un orden liberal que parecia decadente. En otras palabras, pFS- ponia un proyecto de sociedad, una nueva cvilizaci6n, ima “tercera via” epuesta simulténeamente al comunis- ‘mo yal liberalism. Trump no propone ningiin mode- Jo alternatvo de sociedad. Su programa se reduce a la consigna Make Ameria Great Agcin. No quiere cambiar el ‘modelo econémico y social estadounidense, por la sen- cillarazén de que este le asegura enormes beneficios. Elfascismo surgid en una época de intervencionismo ‘masivo del Estado en la economia, un rasgo comparti- do, bajo formas diferentes, tanto porla Unidn Soviética los paises fascstas como por las democracias occden- tales (en primer lugar, el New Deal de Roosevelt). Era hijo del capitalismo fordista, la produccién en serie yla cultura de masas. Trump aparece en la época del neo- Iiberalismo, la era del capitalismo financievo, el indivi dualismo competitivo y Ia precariedad endémica. No moviliza alas masas, rae a un piblico de individuos atomizados, consumidores empobrecidos y alslados, ‘No ha inventado un nuevo estilo politico; no quiere pa- recer un soldado y no lleva uniforme. Exhibe un estilo de vida lujoso, escandalosamente kisch, que recuerda los decorados de ciertas series televisvas de Hollywood, Encama un modelo antropolégico neoliberal. Esa es la diferencia que lo separa de los movimientos naciona- lista, racstasy xenéfobos dela vieja Europa, que para conquistar cierta respetabilidad intentan emaneiparse de sus origenes fascistas. Paradjicamente, los Estados Unidos nunca tuvieron un presidente tan derechista como Donald Trump, pero las ideas fascistas estén qui- + menos difundidas hoy en dia que hace sesenta altos > un siglo, en la £poca del macartismo yla caza de rojos, able llega a ser wn accidenteaislado? —No, porque la victoria de Trump se insevibe en un com: texto intemacional, entre la crisis de la Union Europea, 1 Brexit y las elecciones francesas de Ia primavera paso da. Forma parte de una tendencia general: el surgimien: to de movimitentos que ponen en entredicho desde la dere- chalos poderes establecidos y hasta cierto punto la propia slobalizacién econdmica (el euro, la UE, el establishment cestadounidense), y que trazan una suerte de constelacién pposfascista; pero se trata de una tendencia heterogénea que retine corrientes diversas y cuya genealogia histérica puede variar en forma considerable —Voluamas ahora a ts cust del populism, al cuata veces se definié como wna forma de “antipoltica” :Qué piensa de so? Hay que ponerse de acuerdo ante todo sobre el signi- ficado de las palabras, porque hay varias definiciones de Ja “antipolitica’. Pierre Rosanvallon considera al popt lismo una “patologia politica”, Segtin este autor, consist rfa en una “antipolitica consumada’ 0, mejor, una forma de lo impolitico: la democracia representativa paralizada y finalmente “vampirizada” por Ia “contrademocracia"; vale decir, un conjunto de contrapoderes (instancias de ‘control y juicio del poder) que toda demacracia nece- sita, pero que puede matarla sila sustituye.!* El fl6sofo italiano Roberto Esposito define lo inpolttcs como un a cenfoque desencantado de la politica, que la reduce a su {acticidad, su pura materialidad.” La vision clasica de la politica moderna come secularizacion de la vieja talogia ‘oltica, una vision codificada por Cari Schmitt durante Ja década de 1920, se ha vuelto obsoleta." La politica ‘modema consistia en sacralizar instituciones Iaicas —la soberania del pueblo, sus representantes y la Constitu- ‘in en lugar de la vieja monarquia de derecho divino; los sfmbotos y los rituales republicanos reemplazaban a los emblemas y las liturgias del absolutismo, Desde esta pperspectiva, las fueraas politicas encarnan valores; la re- resentacién politica tiene una connotacién casi sagra- day el pluralismo politico expresa un contflico de ideas, compromisos intelectuales fuertes. Hoy en dia, todos las hombres de Estado se pretenden buenos administrado- res pragmaticos y, por sobre todo, “postideol6gicos": la politica ha dejado de encarnar valores para tomarse un lugar de pura gobernabilidad y distribucién del poder, de administraci6n de enormes recursos piiblicos. En el ‘campo politico ya no se combate por ideas, se constru- yen carreras. Lo impolitico devela la realidad material subyacente a la representacién politica. Lo que actual- mente se define como “antipalitica’ es el rechazo de la politica reducida a su “constitucién material”. Los eriticos a ultranza del populismo son ineansa- bles a la hora de denunciar la “antipolitica”, pero en la rmayoria de los casos nada dicen de sus causas. La anti- politica surge de la decadencia de Ia politica, vaciada de su contenido. De unos treinta afios a esta parte, la alternancia de gobiernos no produce una modificacién fundamental en su politica gubernamental, porque sig- nifica sobre todo un cambio del personal que adiminis- tralos recursos puiblicos, con sus redesy sus lientelas. Y ‘hay que sumar otras dos grandes transformaciones: por un lado, la creciente reificacién del espacio piiblico~el lugar de un uso critico de la razén, donde se analizan yy se critican las estratagemas del poder- debido a su absorcién por medios monopélicas y por la industria de la comunicacion; y por otro, la deriva bonapartista del poder que instaura un estado de excepeidn permanen: te, en el cual los Parlamentos quedan reducidos a de- sempefiar el papel de Cimaras “escribanias" de las eyes claboradas por los Ejecutivos. En un contexto de estas, caracteristicas la expansion de la “antipolitica” es inevi- table. En sfntesis, quienes denuncian la “antipolitica” populist suelen ser sus primeros responsables. Ahora bien, el posfascismo ya no expresa valores “fuertes” como sus ancestros de la década de 1980, pero pretende llenar el vacfo dejaddo por la politica reducida lo impolitice, Sus recetas son politicamente reacciona- +ias ysocialmemte regresivas. Postulan el restablecimien- to de las soberanias nacionales, la adopcién de formas de proteccionismo econémico y la defensa de [as “iden- tidades nacionales” amenazadas. Frente al descrédito de la politica, propician un modelo de democracia plebis- citaria que suprime cualquier deliberacién colectiva en una relaci6n fusional entre el pueblo y el lider, la nacién y su jefe. El término émpoliic tiene una larga historia ‘que se remonta a Thomas Mann, cuando al final de la Gran Guerra era uno de los portavoces de la revolucién conservadora en Alemania; pero las formas contem- pordineas de la antipolitica no son slo de derecha, ‘como lo prueba el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, que encama a la vez una eritica regresiva de la demo- cracia representativa y la busqueda de una alternativa democratica ala crisis contempordnea de la politica. El hecho es que una estigmatizacién de la “antipolitica” en nombre de la defensa de la politica realmente existente esti condenadla de antemano, Pero, pese a todo, no hay rasgos comunes on esas nuevas dorechas radicales? Estos movimientos tienen innegablemente varios rasgos en comin: ante todo, despliegan una xenofobia que se ha renovado en el plano retérico. Ya no se la plantea por medio de los vigjos clichés del racismo clasi- 0, aunque apunta en especial a las migrantes o las po- blaciones “provenientes de la inmigracién’, es decir, de origen colonial, ineluidas los nacidos en suelo europeo. En segundo lugar, el eje estructural de ese nuevo nacio- nnalismo ya no es el antisemitismo, sino la islamofobia; Iuego retomaremos esto. Comparten otros ejes, claro: el nacionalismo contra la globalizacién, el proteccionismo vel repliegue nacional contra Europa, el rechazo dle la ‘moneda nica, etc. Alo cual se suman el autoritarismo ‘yla seguridad: el FN, por ejemplo, ya no insiste verdade- ramente en la reinstauracion de la pena de muerte, sino cen un gobiemo fuerte, autoritario, la necesidad de un Estado soberano que rechace someterse al poder de las finanzas... Es un discurso que parece tener cierta cohe- renciay es también un discurso un poco ecléctico, pero que ya no se funda sobre una ideologia fuerte, como sucedia con los fascismos clisicos, La ret6rica militarista ¢ imperialista de Mussolini, Hider y Franco ya no tiene vigencia en nuestros dias, debido a transformaciones histricas mundiales, del contexto general. Los posfas- ‘ismos no quieren ni reconstruir imperios coloniales fomentar guerras, y comparten un antiamericanismo a primera vista “pacifista” (la oposicién a las guerras esta- dounidenses en Oriente Cercano y Medio). Dicho esto, hhay que recordar una cuestién que los historiadores debaten desde hace tiempo: también el fascismo esta- ‘ba marcado por incoherencias, tensiones, conflictos. El fascismo italiano y el nazismo alemin habian reunido «0 asimismo corrientes diferentes, desde las vanguardias futuristas hasta los neoconservadores, de los militarstas ‘mis belicosos a los pacifistas mmuniqueses, et Et vgimen de Vicky, aunque no todo el mundo lo conside- re un fascismo (Robert Pazton habla més bien de “régimen autoritario")" también reunié diferentes corrientes: de la Accién Francesa a los regionalistas reaccionaries. En efecto, Para Zeev Stermhell, Francia es el lugar de nacimiento del fascismo, producto de una sfntesis que tuvo lugar a fines del siglo XIX, en la época del caso Dreyfus, entre una irquierda convertida en nacionalisia twas su ruptura con el marxismo y una derecha convert da en “revolucionaria’, populista, ras el abandono del conservadurismo legitimista."" Paxton matiza més las cosas: reconoce una mayor proximicad ideol6gica de la “revolucién nacional” con el conservadurismo que ‘con el fascismo, pero también destaca la pertenencia de Vichy al “campo magnético” de los fascismos. Es bastante claro al respecto: "Medias draconianas to- ‘madas por una burguesfa asustada: esa podia ser una buena definicién del fascismo, En ese sentido, Vichy cra fascista’." La tesis “inmunitaria”, que postula una Francia ajena a la contaminaci6n fascista, es antigua y ‘se remonta a René Remond, el teérico de las “tres de- rechas"; legitimista, orleanista y bonapartista, pero no fascista." Sus tltimos representantes han sido Pierre Milza y Serge Berstein. Los miembros de esta corriente ‘iis adelante se vieron obligados a matizar su postu- 1a, y en nuestros dias son muchos los investigadores {que reconocen el caracterilusorio de la visi6n de una Francia *inmune" a cualquier contaminacién fas- cista en la Europa de las décadas de 1980 y 1940. a Pero, mas alld del régimen de Vichy, el fascismo fran- és es una nebulosa de fuerzas politicas,ligas y reagru- pamientos, que se inscriben en una ideologia fuerte, a pesar de su eclecticismo, En los afios veinte y treinta, dentro de esta nebulosa, la ideologia tiene un papel ‘muy importance (por supuesto, més importante que cen el caso de la derecha radical actual). Detras del FN no se ven figuras intelectuales como Mautice Barrés, Charles Maurras, Robert Brasillach, Henti de Man, —Pese a todo, no puede tomarse on ena a quienes recibie on el nombre de “nueva derecha”, que, con grapes como el Club det Reig” o ef GRECE™ y revistas como Nouvelle Ecole oKrisis, procuraronrefrmar la ideolgta de la exrema dere cha en Francia, justamente al dectarar obsoleta la vga lgica racial y hacer hincapié ene racism de tipo cultural (lo que Piere-André Taguiff lama “etnodifrencialisno")?® —Podemos detectar conexiones entre esas tentativas de ‘renovaci6n intelectual y la transformacién de las formas politicas en la extrema derecha. Pero el GRECE era un ‘movimiento intelectual, no un grupo politico. Yme pare- ‘ce que Alain de Benois, el representante mas mediatico {de ese movimiento, no tuvo papel alguno en la metamor- fosis del FN. En nuestros dias, el papel de legitimacion de Las ideas del FN en la cultura francesa est a cargo de * B.Okb dol Heroge eedo 2015, Caro de Hovoge) 65 un cul de pensadore poicos dado en 1274 pars ‘soaene fs pcos repubicnesy ulralberals.(N dE] “* Sig dal Groupement ce Recherche ot ives pour 8 CGisaton Eurepéerne, thik tank fue en 1988 pre Parody esitor lan de noi. (N. do T] personas que no son idedlogos fascistas ni miembros de ese partido: pienso en figuras como Bric Zemmour Alsin Finkielkraut. Algunos apoyaron. abiertamente al FN, como Renaud Camus, te6rico de “la gran sustieu- Yamencionado ane pretcio a esla edn 9 un pari to doreca y "euros findaco on 2019. 2] ot tuna de las matrices del “patriotismo constitucional", segtin la formula de Jiirgen Habermas,® de un pais que ha desterrado el nacionalismo étmico. Francia, en cambio, nunca se hizo cargo realmente de sv pasado colonial, que regresa como un biimeran. Sie vigio BN se alimentaba de un imaginaria clonal, gel ucv0 no elimind por complet, sino me equivace, cualquier referencia al colomiatisino? Si no se los aye eiticar a las mili- ‘antes “descoloniates” gseré tal vee porque se sumen en esta (ica vepublicana que usted critica? —Si, con seguridad ese es uno de los perfiles del pro blema, Pero, al mismo tiempo, hay algo nuevo que merece analiarse, El éxito del FN la popularidad det discurso xenéfobo y racsta comportan una dimension reaccionaria en el sentido propio del término: revelan ‘una debilidad, una falta de autoconfianza, una postu ra defensiva. Esa es uns de las razones por la cuales me parece pertinente la comparacién con el papel del an- tisemitismo en a primera mitad del siglo XX. Cuando tno le el libro de Eric Zemmour, Le suicide francais}? ‘encuentra una evidente postura defensiva: hay que de- fenderse de las nuevas invasiones barbaras, las de los ‘musulmanes que vienen de Africa y del mundo arabe También encontribamos este factor en las fSrmulas tristemente célebres de Nicolas Sarkozy, que conste Jaban sus discursos: “A Francia se la ama o s¢ la deja” 7 mas recientemente, “Tan pronto como uno se con: vierte en francés, sus ancestros son los gatos”. Hoy en dla, las minorias provenientes de la inmigracién bien podirian hacer suyo el primer eslogan y retrucar que Francia es un pats plural en el plano social y cultural, religioso, tnico, un mosaico de identidades. Es ass no la amas, no tienes més que marcharte, Francia ha sido forjada por mas de un siglo de inmigracién y por 30 este discurso violento contra los inmigrantes es un discurso verdaderamente “ut6pico", jen sentido live- rall Es imposible volver atris,y el discurso reacciona- rio sobre los franceses “de fuste”, que descontfia de los descendientes de inmigrantes, postula e idealiza una Francia que no existe, que dej6 de existir hace mas de un siglo y medio y que, en la era de la globalizacién, |jamas podra regresar. No s6lo no puede regresar: si alguna ver eso fuera posible, serfa una catdstrofe para cl pais, el origen de un repliegue, un aislamiento y un empobrecimiento general Por lo dems, esto vale para Europa en su conjunto, aque desde hace afios da muestras de una miopia suici- da, La inmigracién es el porvenir del Viejo Mundo, la condicién para evitar su decaimiento demografico, su decadencia econémica, para pagar las jubilaciones de una poblacién que envejece, para abrirse al mundo, para renovar sus culturas y hacerlas dialogar. Todos Jos analistas hacen exa constataci6n elemental, pero ‘nuestros politicos no quieren admitirla, en funcién de ruines cileulos electorales. La critica ritual contra el “comunitarismo” es apenas un pretexto para afirmar ‘una forma retr6grada de etnocentrismo.* ‘Ademis, estas consideraciones valen para mi pais, Italia, donde no existe fa ciudadania fundada sobre el ius sol, Al contrario de un antiguo pais de inmigracién ‘como Francia, durante un siglo Italia fue un epicentro del cual se irradiaron oleadas migratorias destinadas a distintos continentes, tanto més alld de Europa. De treinta afios a esta parte, la peninsula se transformé en una tierra de inmigracién, donde nacié casi un mi- én de jévenes que, en cuanto hijos de inmigrantes, siguen siendo extranjeros en su pais. Podrian discu- co dre Iago rato los origenes de una ley de cudadania gue reconoce como tnico principio consiitve a fhe sangunisla misca de a sangre ea uno de les ras sos dstacados de inden de nacion surgi dela cal tura del Rusoginena italiano pero resulta evidente aque no es la mas adecuada para la Talia de nuestros dis No sl ls echin de a cudadanta pra Hones de personas que viven y tabajan en el pais muchos de los cuales naccron all et una intoler, ble dserminaién,indigna de un pas ci, sino que también es contraproducente ynefasta desde un pun. to de vista econémicoy socal. Cualquiern escapade entender que, ante lox desaios dela gobalzatén, la Dresencia de una nueva generacion de ialianos que pueden hablar éabe, chino, castellano, urd, miso es tna ventaja para la exportaciones, los intercambios econémicos,cientiicos, eenoloyicos, etc Peo la te forma aly de ciudadanfa sigue frenada, dematura. lzada yacaso extancada por la sumisign del conjunto de ls fuereas politica alos prejucios xendfoboty cis que reptan ef la sociedad —El discurso sob la identiiad nacional se ha banclizado en ‘aera de Sarkar y sus asesores, como Claude Guéanty Patrick Biuisson. ¢Cémo explica usted que en muestra dpoca la ideologia reacciomaria y ensfoba histiricamentesostenida por la extrema derecha se hay difundlido con gran aanplitud enol espacio pri- ico, cuando, por otra parte, les parties posfascistas avanzan ando cabida a elementos ideoligicos muy diferentes ya la com- iliac com ideas tradicionalmente més progresstas? —Como decia, la postura defensiva es anacrénica ¥; por lo tanto, condenada de antemano al fracaso, Nicolas Sarkozy creé el Ministerio de Inmigracién & o Beer ei {entidad Nacional para oponer una ala ota, ylanz6 ‘proyecto de la Casa dela Historia de Francia, y en Sinbos casos el resultado fue un completo fiasco, La jniciatva abortada de la Casa de la Historia de Fran- {Gaes un ejemplo istructvo, Los textos fundacionales Gel proyecto “en concret, los dacarsos de Sarkozy yun primer borrador redactado por los diectivos del Tnuseoy expecialistas en herdldica-hacfan un uso muy Gesenfadado de autores como Pierre Nora y Fernand Braudel. Desde luego, abreraban en le comtradiccio- nes que pescaban en estos dos historiadores respecto Ge la cuestion de Ia identidad, Con oxo, se veia sure fg una concepcion tradicional y conservadora cet pais: Francia como nacién étnicamente homogénea, Eomo encamacin de una historia continayteleol6- fica que tba de la Edad Media ala Quinta Repiblicss fea concepcidn monoliica de la naciGn es la propia dea derecha nacional. ‘Result interesante comparar el proyecto inci con su tltima versin, tan diferente de la primera que yo Inismo habia podido susrbirla! Cando ya parecia imposible rescatar el proyecto, se To habia puesto, im fine en manos de bistoriadores como Benjamin Stora, Etienne Francois, Pascal Oryy Francis Hartog, para auienes Francia es una constuccién caltural y s6lo este por cus hibridaciones sucesivas con otras cule ras. Esta inversion completa es claro ejemplo del care. ter defensvoy también de Ia inanidad de I retsrica sobre laidentidad. De todos modos, la base ideolgica tera muy frdgl Sarkozy queria lanzar una initia po- jicamente resonante, pero nunca fue capaz de legi- timarla en el plano cultural. Hay en esta cuestién un enémeno revelador, En nuestros dias, 1 politica yano deriva de la ideologa; en cambio, esta tima se impro- visa, a posteriori, en busca de legitimar una politica. El «8 punto de partida deberd ser la idea de que, si las de- rechas radicales tienen una dimensién “posmoderna” desde el punto de vista de los referentes ideol6gicos, esto también es valido para los exponentes liberales y conservadores. En cuanto al Partido Socialista, me pa- rece que desde hace tiempo los intelectuales cercanas a 1, como Benjamin Stora o Michel Wieviorka, han renunciado a orientar su politica. Suelen moverse en. plan de obtener el mal menor, controlar los datios, —Usted menciona el culto mistico de la Replica que hoy en dia despliegan muchos politicos. Pero gel otro aspecto pro- Dleméticn actual no es un discurso muy rigida del lacismo? _Jean Baubérot por gemplo, estima que en el transcurso de sins ailtimas aries se ha desarvollado una concepcin identi- taria al respect, que encontramos a la vez en Marine Le Pen, Nicolas Sarkoxy y Los Republicanos, y hasta en wnos cuan- ts socialists. Esta visin ideoligica del laicismo, orientada contra el islam, pasa por alto el hecho de que ella supone por tun lado la neutratidad det Estado, pero por ofr, en el caso de cada indéviduo, el respeto de la libertad de crer o no. gCudl es su posicion rspecto de esta temitica® EI uso que se hace hoy de lo Iaico es mis que discutible y, a menudo, francamente reaccionario. Esto se entiende por las ambigtiedades de la tradi cién republicana, que expliqué hace un rato. Es hab ‘tual oponer dos concepciones del laicismo originadas cen el Tluminismo, una anglosajona y otra francesa, que podlrfamos resumir mediante una formula muy simple: libertad “para” (for) y libertad “respecto de” (from) lareli- gin. Fary frome estas los preposiciones representan una gran diferencia. La primera concepei6n, muy arraigada en los paises protestantes, hace del Estado el garante de todas las minorias religiosas, permitiéndoles expresarse en la sociedad civil, En Jos Estados Unidos, ese princi- pio tiene un papel estructurante para un pats que ha sido una terra de acogida para las minorias religiosas proscritas y perseguidas en Europa. En ese contexto, la palabra “laicismo” ni siquiera existe en el sentido fran- cés e] Estado asegura desde el principio ¢! pluralismo religioso, mucho antes de la aparicién del multiculea- ralismo en Ia acepcién moderna de este término. En. Francia, al contrario, la nocién de laicismo [aictél na- i6 como resultado de una lucha emancipatoria respec- to de la religién y como una conquista en un combate tenaz contra el Antiguo Regimen: el espacio piblico se liberé gradualmente de la tutela de la Iglesia catdlica, En este contexto, la ley de 1905 es una medida que la Repiiblica adopta para defenderse de los ataques del nacionalismo conservador, antirrepublicano y catdlico, Podirfamos muy bien adherir a la concepcién de lo lai- cco que se dedujo de ella: Ia separacién entre el Estado ‘ylos cultos y, al mismo tiempo, el reconocimiento de la libertad de expresién para todas las confesiones religio- sas (asi como para los no creyentes) en la sociedad civil, En Francia, sin embargo, hay intersecciones entre la historia del laicismo yla del colonialismo, porque la Ter- cera Reptiblica leva adelante su combate por lo laico al mismo tiempo que construye su imperio. Se deriva de cso una suerte de antropologia politica subyacente a la nocién misma de ciudadania republicana: bajo la Ter- cera Repiiblica, el ciudadano se opone al indigena, que no dispone de los mismos derechos. En otras palabras, la Reptiblica nacié no s6lo defendiéndose de sus ene- :migos internos, sino también fijando fronteras juridicas y jerarquias politicas respecto de sus sujetos coloniza- dos. En el paso del siglo XIX al XX, la Tercera Reptbl cca defendia el laicismo para hacer frente a una serie de o ‘amenazas reaccionarias; hoy en dia la utiliza como un arma de exclusi6n de minorfas a las cuales niega dere- ‘chos. Hay cierta continuidad en esas posturas de exclue sin republicanas y lacs, \Con la salvedad de que, en. nuestros dias, el laicismo apunta a poner en entredicho el caracter plural de la Francia reall Asi, no ¢s cuesti6n, de poner en entredicho el principio de lo laica, que sigue siendo irreemplazable para cualquier sociedad It bre y democratica, sino de tomar conciencia de las con- twadicciones de su historia, de la hipocresia de muchos de sus defensores y del carécter a menudo neocolonial de sus usos. Las polémicas recientes en relacion con la burkini en las playas de la Francia continental son un ‘ejemplo elocuente de eso: una interpretacién sectaria det laicismo como “laicidad” no como neutralidad del Estado con respecto a los cultos, sino como obligacién, impuesta a los ciudadanos de ajustarse a una postura antirreligiosa encarnada por el Estado ha sido el vec- tor de una campafa islaméfoba, La cuestién de Ia bur- Kini revel6 (una vez més) las ambigiiedades de cierta concepcién de lo laico, pero el fondo del problema no es esa concepcién, sino la islamofobia, Por lo demas, en nombre del laicismo se han elevado varias voces para ‘condenar las intervenciones odiosas de la policfa con- ‘ra mujeres con velo en las playas y defender una visi6n, de una Francia multicultural gta deriva actual del laicismo es una consecuencia de la problemética interna republicana o se debe también a elementos de contexto,y en especial al posfascismo? Las dos cosas estén ligadas: el cambio de piel del FN ‘en clave republicana no es comprensible sino se lo re- laciona con esta especificidad de I historia republicana francesa. Por otra parte, no podlemos mis que recono- cer una convergencia objetiva bastante perturbadora centre esa forma de “laicidad’ y cierto feminismo islae méfobo, de Elisabeth Badinter a Caroline Fourest. —Esas personas presentan el velo islamico como wn instruc mento de dominacién masculina en una reigién rerdgrada —A finales del siglo XIX, Cesare Lombroso, elfundador de la antropologia criminal, gran cientifico positivista y devoto del Progreso, vefa en los origenes europeos de Ja Gilosofia del Tluminismo la prueba irrefutable de la superioridad det hombre blanco sobre las “razas de co- Jor’ El feminismo que usted menciona en su pregun- ta postula Ja superioridad de la civilizacién occidental y, segiin me parece, se inscribe en esa concepcién, propia del fluminismo. En definitiva, desde esta perspectiva, la existencia de las mujeres con velo iskimico seria tan s6lo la expresién de que la misi6n civilizadora del colo- nialismo europeo permanece inconclasa, ‘Muchas investigaciones han demostrado que el uso del velo o fular iskimico responde a una multiplicidad de decisiones que, sin duda, no pueden atsibuirse ex clusivamente a la dominacion masculina. Al expresar- se al respecto, muchas musulmanas (con velo ono) hhan reconocido la heterogeneidad del fenémeno, Cualquier docente universitario que tenga entre sus cestudiames a chicas con velo podria confirmarlo. Y aun al postular de manera univoca su caracter patriat= cal, [a idea de combatirlo a través de medidas represi- vas y legales ~como la prohibicién de los cultos en la ex Unidn Soviética~ me parece contraproducente.® —Por era pat, hace poco Elsah Bainter dear: "Na Gabemos toner ue nas tale de slaméjebs Si Legitima asi una serie de pulsiones xen6fobas y reac- cionarias que actualmente son transversales ala sociedad, francesa y alimentan al FN. En efecto, si ser laco significa arrancar el velo las musulmanas que han decid levar- Jo, jel mejor defensor del feminismo es entonces' el FN! Sea como fuere, estas convengencias se nutren de la vieja simbiosis entre Repiiblica y colonialismo, Eso explica el uso islaméfobo de! laicismo tal como se fo practica hoy en, dia, y también a reinvindicacion de la tradicin repubi- cana que el FN realiza con tanta facitidad. Si el populisno es ante todo una forma de demagogia politica, me parece claro que el uso actual del concepto de lo aco es popuulista cen el més alto grado. En efecto, sempre se intenta dis ‘ular el verdadero objetivo de una propuesta legislativa: {quienes hicieron la ley contra la “ostentaci6n de simbolos religiosos" en el espacio puiblico no dejan de repetir que incumbe a todas las religiones y no apunta especialmen- te al islam, es decir, la tinica religi6n contra la cual se ha, aplicado hasta el dfa de hoy. De igual modo, la enmien- dda constitucional tendiente a establecer la pérdida de la nacionalicad en el caso de los binacionales se justificaba con argumentos ret6ricos de toda clase para negar que se dirigia esencialmente contra fos musulmanes; se trataba, aclemds, de una antigua propuesta del FN, El mensaje era claro: los terroristas no pertenecen a Francia (pese a que Jos engendrs la propia sociedad francesa) y el slam es un, ‘cuerpo ajeno a la nacién (pese a que se ha implantado cen ella). Tal vez retomemos esta cuestion después, pero resulta evidente que asistimos a tentativs de poner coto al FN mediante la adopcién de su retorica y su discurso. precisamente Francia debe protegerse contrauma parte de s{misma proceciente de su pasado colonial. 7” —gNo hay que tomar en cuenta también un efecto de mi- nora? El catolicismo es la religiin mayoritaria de Fran- cia, pese a que su priblico tiende a reducirse drasticamen- te, mientras que el islam es minoritario. Asi, las efectos de la critica laica son diferentes en uno y otro caso. —Si, eso recuerda los debates que se produjeron justo después de Ios atentados contra Charlie Hebda. Desde nego, podemos defender, el derecho a la blasfesnia y la erftica de la religién, pero uno y otra se ejercen, siempre en un contexte hist6rico dado. Una broma se percibiré de diferente manera sega el contexto. ;Las ‘mismas bromas sobre los judios pueden suscitar risas cn [a Tel Aviv de hoy, pero tantas menos en la escena del Berlin de 1935, en la época de las leyes de Norem- berg, y resultar muy siniestras en 19441 De igual modo, Jas caricaturas de Mahoma publicadas en la prensa oc- cidental no tienen la misma significaci6n que las del ‘oscurantismo islémico en los paises del Magreb. En edn, un dibujante satirico se expone a riesgos ~que a menudo paga muy caros- si reivindica una libertad que se le niega bajo un régimen de opresi6n. En Fran- ia o en Dinamarca hay caricaturistas que aprovechan, su libertad para burlarse de quienes son objeto de ex- lusién. En eso vemos una diferencia fundamental, En todo caso, es perturbador ver que una conceprin ast de lo laico atraviesa ta totalidad o casi la totalidad del espectro politico, porque va de Charlie Hebdo al EN. Hasta la extrema izquierda, dado que el debate sobre el laicismo abre surcos en la propia izquierda ¥y no coincide con la divisién tradicional derecha/ n izquierda. Tome el caso del Nuevo Partide Anti- capitalista (NPA), que se enfrent6 a una situacién imprevista. Querfa implantarse en los barrios popu- lares, y cuando comenz6 a ganar cierta influencia en ellos, aparecié en sus listas electorales una joven militante con velo, Esta se convirtié en objeto de una verdadera campaiia de odio en Ios medios, que ‘empezaron a denunciar el “islamoizquierdismo” de se partido, la presunta convergencia entre la extre- ‘ma izquierda y el islamismo radical, etc. Esa joven militante de origen marroqui, que Ievaba el velo y reivindicaba su derecho a llevarlo, afirmaba con conviccién su feminismo, su anticapitalismo y su compromiso a favor de los palestinos. Ahora bien, debido a su cultura, el NPA se mostré incapaz de ‘manejar esa situacin inédita. No podia expulsar a la joven; la aceptd como uno de sus representantes, pero record6 al mismo tiempo su anclaje en una tradicién marxista y atea. De facto, eso equivalfa a es- tablecer una suerte de doble estatuto de los miem- bros del NPA: los ateos y los religiosos, tolerados pero “al margen de la norma". El anticolonialismo fue, desde la década de 1980 y sobre todo durante la Guerra de Argelia, uno de Ios rasgos distintivas de los antecesores del NPA, pero su visién del hecho religioso no iba mas alld de la critica del oscurantis- ‘mo heredada de! fluminismo radical A pesar de tos esfuerzos de algunos de sus miem- bros -en especial, de un socislogo de las religiones ‘como Michael Lowy, autor de obras importantes sobre la teologia de la liberacién en América Latina ese partido no estaba preparado para enfrentar esta crisis, ¥ se vio desgarrado entre posiciones contradictorias. Por ende, muchos militantes j6venes lo abandonaron, EL pasado anticolonialista del NPA lo habia ayudado n ‘a echar rafces en la juventud “salida de la inmigra- ‘ci6n”; su atavismo ideol6gico lo paraliz6. La Francia de nuestros dias no es Ia de 1905, jes un pais con un pluralismo cultural y religioso tanto mas importante ‘que hace un siglo! Por lo tanto, no se puede “defen- dex” de modo abistérico el laicismo. Otros movimien- {os tuvieron una trayectoria exactamente opuesta. Los Indigenas de la Republica no tenian nada de religioso al comienzo, pero hoy reivindican el islam como pos- ura cultural y politica, mas que religiosa. La iaquier- da dista de haber arreglado las cuentas con el hecho religioso,® especialmente después de la derrota de las, revoluciones del siglo XX; en ese momento la religion, volvi6 a ser una dimensidn fundamental de lo politico. —Si, la idea de un partido musulmiin se pensé siguiendo las hauellas det PIR. —Pero, precisamente, avancemos en la compare: cién con los afios teinta: en el periodo de entre- guerras, cusintos judios que no tenfan nada que ver con el judaismo como religién y jamas habian pues- to los pies en una sinagoga, y que habian adherido incluso a movimientos marxistas o radicales ateos, comenzaron a reconocerse como judjos en el pla- xno cultural, simplemente para asumir con dignidad tuna identidad estigmatizada que les atribufa el an- tisemitismo. Durante su conferencia de recepcién del Premio Lessing, Hannah Arendt afirmaba que cn Ia Alemania previa a la guerra la nica respues- 1a que podia concebir a la pregunta "2Quign es us- ted?" era: “Una judia" "Solo esa respuesta’, escribe, “tenia en cuenta la realidad de la persecuci6n”. La célebre respuesta de Natin el Sabio ("Soy un hom- bre") en las circunstancias del momento le parecia una huida, “una grotesca y peligrosa evasion de la realidad”? Admitémoslo: la Europa de comienzos del siglo XXI no es la de los aftos treinta, pero el mecanismo del odio sigue siendo el mismo, pese al cambio de contexto historic, Creo que un proceso similar se da actualmente en el caso de personas con “origenes musulmanes”: renegar de estos serfa una bhuida de la realidad o equivaldria a avalar el discur- 80 de la opresin y la exclusién que sufren. Al mismo tiempo, sabemos que Arendt, durante las polémicas desencadenadas luego de la publicacién de su ensayo Eichmann en Jerusalén, se negé a cualquier actitud etno- centrista que la obligara a expresarse en nombre del pueblo judio o expresar su lealtad a una supuesta co- ‘mnunidad judia. No queria a ningiin pueblo ~escribia a Gershom Scholem-™ s6lo a sus amigos. Esta actitud, de dignidad frente a la estigmatizacién y de rechazo a una lealtad comunitaria me parece saludable. —Pese a todo, a iltino libro de Howria Boutldja, Les blancs, les juils et nous, ha soportado la acometidas de la critica, en especial por parte de oan Segr, porgue al parecer {a portavor det PIR™ asignaba a los individuos identidades inanovibls, que les acaiabo a grupos como “as Blancos’, “os judas” o “Tos drabes, cosa que -usted tl vex estar de acuerdo connigo— es problemitica, Por otra arte hay qui ‘es consideran que el iro promueveexpresiones antisemitas. Cdl ess sensacin al respecto? —Lei el libro y opino que no tiene nada de anti- semita. Una acusacién como esa puede basarse en tal 0 cual pasaje extrapolado de su contexto, y no cabe duda de que algunas formulaciones son de- 1% safortunadas; pero el reproche no se sostiene si se hace una lectura honesta. Querria recordar una vez més que Frantz Fanon y Malcolm X fueron acusados de “racismo antiblanco”. No comparto algunas pos ‘auras de Houria Bouteldja, pero su ensayo me parece interesante y Gti. Se trata de un texto muy personal, fntimo, producto de una pluma refinada, y al mis mo tiempo muy politico: una provacacién, en el mejor sentido del término. La autora desgarra el velo de la hipocresfa republicana y, sin eufemismos, afirma, que en Francia hay una cuestién racial, ligada a la herencia colonial. Tiene razén. Me parece obvio. Hay que ser ciego para no notarlo, si pensamos hasta ‘qué punto el paisaje urbano estd marcado por la se- gregacidn espacial de las minorfas. Hay que ser ciego ara no notarlo después del crecimiento del FN, los motines de 2005, los controles cotidianos por porta- idn de rostroo color de piel, las discriminaciones estudia- das y comprobadas por una multitud de investigacio- nes. ¥ para dar la caraa esta realidad constantemente inhibida por el discurso dominante, Bouteldja utiliza palabras que incomodan: los “blancos”, los “judios” y los “indigenas”, es decir, los negros y los arabes, en st mayor parte musulmanes, Los Estados Unidos no son un modelo de coexisten- cia entre grupos étnicos diferentes, pero en cellos se reconoce la diversidad. Este tio The New York Times, el diatio del establishment estadounidense, publics en st sitio web una investigacién, con muchas entrevistas en linea, titulada “Race in America’, En ella se expresan personas de todos los origenes y todas las religiones, y Gicen lo que significa para ellas ser estadounidenses, cules son sus raices culturales 0 religiosas, con qué prejuicios se han topado a lo largo de su vida en el pais. Jams hubo cosa parecida en Le Monde. Ahora 1s bien, 1a provocacién semntica de Houria Bouteldja no cae del cielo, no se lanza “en frio". Es resultado de mas de weinta arios en que se silencié Ia cuestién colonial en Francia, desde mediados de la década de 1980, cuando la "Marcha de los Beurs"® por ta igualdad chocé contra una pared (se le opuso el pa- ternalismo blanco, con ese distintivo de las manitos: “No toques a mi amigo"),” hasta las manifestaciones del 11 de enero, cuando la Francia republicana adop- {6 el rostro de Charlie Hebdo. Las causas comunes no surgen espontineamente, hay que construirlas, lo ‘cual implica el reconocimiento de las subjetividades que las componen. Sin ese reconocimiento, el univer- salismo sera siempre hipécrita y engafioso, tal como fue el del colonialisino republicano, Lo problematico en el libro de Houria Bouteldja no es que hable de los blancos, los judios o los ne- ‘gros; es que, si bien aclara que usa esas categorias ‘en un sentido "social y politico” y las sustrae a toda forma de “determinismo biolégico”, las convierte en centidades homogéneas, borrando las diferencias y las contradicciones que las atraviesan. Asi, ignora las re- voluciones arabes y transforma el islam en un grupo monolitico opuesto a Occidente, un poco como hace Samuel Huntington en EI chogue de las civitzaciones, y nno creo que ella sienta gran simpatia por ese autor. ‘Tampoco dice nada del terrorismo islimico, que, sin ‘embargo, tiene una actuacién crucial ala hora de defi nir las relaciones entre es0s distintos grupos. Podemos apostar que el humor del ex presidente irani Mahmud * Aus aa mano con aeyend Touahe pos @ mon pee ‘sca en apa, que sev de exresen gic dat mo meno. N36) Ahmadineyad hizo sus delicias; reaccién que no sera compartida por los homosexuales de Teheran, como tampoco su apologia del machisino magrebf por las mujeres que lo sufren, sea cual fuere el origen de elias “La castraci6n viil, consecuencia del racismo, ¢s una humillacién que los hombres nos hacen pagar muy ‘cara’, escribe, y concluye que “la critica radical del patriarcado indigena es un lujo” que el “feminismo descolonial” no puede permite. Ese feminismo “pa- sar obligatoriamente por una fiel sumisién comuni- ‘aria, al menos mientras exista el racismo”*" Su ensayo oscila constantemente entre una escritura seductora, sincera, analisis sutiles y contundentes sorpresas poco sgratas que los borran, lo cual hace casi imposible a priori toda causa comtin. Este mecanismo psicol6gico no es nuevo: en efecto, fue por “lealtad comunitaria’ ‘que muchos judios, pese a haber conocido el antise- mitismo nazi, se negaban por principio a criticar a Israel, 0 que los militantes comunistas se abstenfan de denunciar el estalinismo, para no hacerle el juego all cenemigo. Esta actitud es psicolégicamente comprensi- ble, pero sus resultados siempre son catastr6ficos. En exe libro también se considera alos blancos como tuna categoria homogénea, un bloque sin fiuras. Ahora bien, me parece que las cosas son més complejas. Me disculpo por dar el ejemplo de Ttalia, que seguramente ‘conozco mejor, pero creo que es bastante aprapiado. ‘Vistos desde Libia o Etiopfa, los italianos son indudable- ‘mente blancos, la encarnacién misma de Ta “ferocidad blanca’, con su herencia de campos de concentracién, yde exterminio mediante armas quimicas. Para los afri- ‘canos que cruzan el Mediterrineo en barco con la espe- ranza de llegar sanos y salvos a la costas scilanas, Italia sla frontera de una fortaleza blindada que se llama ‘Unién Europea. Sin embargo, los inmigrantes italianos 7 que un siglo atrés desembareaban en Ellis Island no eran tan "blancos’. En su caricter de campesinos del sur de Europa, catslicos, “feos, sucios y malos", no esca- paron, durante porlo menos una o dos generaciones, a Jun estatus de “raza inferior”, muy distinta de los WASP ominantes, Gérard Noiriel nos ha recordado que hace tun siglo en Francia hubo pogroms antitalianos,"° los inmigrantes turcos de nuestros dias, herederos del Im- perio Otomano, ciudadanos de un Estado que opritne a los kurdos, ;son "blancos”? Yo haria un uso menos tajante de esas categorias. Varios pasajes del libro de Houria Bouteldja parecen ratificar el andlisis de Vivek. Chibber, quien pone de relieve que el poscalonialismo adopta la forma de orientalisino invertido:* —Suele hablarse en Francia de un desplacamiento actual de a cuestin social hacia ta cuestin identitaria, gCudl es su sensacién al respecto? Bl tema de la identidad suscita wna ‘gran hostilidad en casi todo el tablero politica, como si la identided apuntara a suprimir la cuestin social. Sin embar- £0, ¢las cosas no pueden verse de otra manera y considerarse ‘que la identidad (el gener, la “raza”) se combina con to s0- ‘ial? Lo que ta feminista estadounidense Kimberlé Crenshaw Wana “intersecionalidad” —En los Estados Unidos, se abusa del concepto de intersecionality, que esti un poco desvirtuado, pero ‘comparto la idea de Kimberlé Crenshaw de que la ‘cuestién social y la cuesti6n racial estin profunda- ‘mente imbricadas. Esta idea fecunda inspira la cam- paiia Black Lives Matter, la més importante conoct da en ese pats desde Occupy Wall Street (seis afios tras). La cuestiGn de la “identidad” se planted en los Estados Unidos ~de un modo que suele ser interesan- Eo ve, aunque a veces problematico~ mucho antes que cea Buropa continental En el origen de esta sensbii- ad vemos el movimiento de los afroamericanos por los derechos civicos, que favorecié la aparicion de otros movimientos cuyas reivindicaciones no eran in- mediatamente econémicas (feminismo, LGBT, eco- Togia, etc). Esto alienta una reflexidn ertica sobre los “fundamentos" de Ia izquierda en Europa. Las iaquierdas radicales, comunistas y socialists siempre tuvieron dificultades para articular clase, género, raza y religidn. Desde el siglo XIX intentaron jerar- Gquizar esas diferentes dimensiones y siempre atribu- yeron priotidad a la de clase, en torno de la cual ha- bia que articular, de manera subordinads, el género, Ta raza, la religidn, ete. La Now Left estadounidense, porsu parte, postulé muy tempranamente la idea de tina articulaci6n no jerarquizada entre esos dstintos componentes, sin reducirlos a meros corolarios de Ia identidad de clase. La derecha radical, en cam- bio, propone una fuerte articalacién entre cuestién social € identidad: el discarso del FN denuncia las Aesigualdades sociales de la manera mas auclible (y clara) y propone a Ia vez una respuesta reaccionaria la defensa de los “blancos humildes” ‘Su éxito obedece a miiiples factores; en primer Iogar, al derrumbe electoral del Partido Comunista y al agotamiento de su cultura. Histéricamente, el fascismo encontraba su razén de ser en el antico- rmunismo, lo cual limitaba el aleance de su discur- $0 social. Hoy en dia, la extrema derecha puede de- sarrollar su critica de la Europa neoliberal casi sin temor a caer en ambigiedades, desdibujando sus Iirgenes ideoldgicos. Donde el antiliberalismo de inquierda es fuerte y asume una dimen: pitalista, como suceié en Grecia hasta el verano ~ de 2015, la extrema derecha es neofascista (Ama- necer Dorado): su discurso social queda completa- mente eclipsado por el racismo y la xenofobia, Si el EN logra convencer a los electores en ese terreno, se debe a que la izquierda es incapaz de proponer una alternativa —Sin embargo, no pueden equipararse el tratamiento de la {identidad planteado por el EN y el prapuestopor el PIR, ,no? ‘Me parece que hay mas motivos para reivindicar una iden- tidad cuando uno es dominado y estigmatizade, cosa que no sucade priori en el caso det elector de base del FN, que mas bien forma parte de la mayaria oprimida, —Es cierto, la idea de poner en un mismo plano el FN y el PIR me parece aberrante, El discurso identitario de la extrema derecha ~heredera, en esto, le los fascis- ‘mos clasicos y de los nacionalismos de finales del siglo ‘XIX- es puramente negativo. Basta leer a Drumont, Barrés, Maurras, Driew La Rochelle en Francia, o a ‘Wemer Sombart y Houston Stewart Chamberlain en Alemania (este tiltimo, un inglés que se habia radica- do en ese pais). Las “identidades” que estos poseulan son siempre reactivas: antirrepublicana, antidreyfusis- ‘a, antimoderna, antisocialista, antibolchevique, anti= intelectual y, sobre todo, antisemita. La historiadora Shulamic Volkov ha expuesto con claridad que el anti- semitismo alemén era una suerte de “cédigo cultural” ‘que permitia a conciencias nacionales débiles definir- se por demarcacién. Privados de mitos findacionales positivos (como la RevoluciGn Francesa), los alemanes se forjaban una identidad negativa constituida por el relorno a los valores tradicionales la Kultur contra la Zivilisation, las “ideas del 14” contra las de 1789, ete 0 ‘en oposicin a una minorfa percibida como el vector de penetracién de una modernidad destructive: ser alemén significaba, en primer lugar, no ser judo. Por eso, habia que neutralizar a los judios en el seno de la nacién alemana, En nuestros dias los temas trata dos ya no son Tos mismos; pero el resorte fundamen- tal del discurso identitario de derecha resulta andlogo defender Ia identidad significa salir de la Union Euro- pea para volver a las moneda y las antiguas soberantas nnacionales, expulsar a los inmigrantes para sentirse le nmuievo en casa, recuperar una mitica armonia nacional contra a globalizacin, etc. fin de enentas, es la“iden- tidad desdichada” de Alain Finkielkraut, que sufre al ver la proliferacién de locales de comidas rpidas halal” yor [a lengua de Moligre maltratada por las minorias *éimico-eligioss” que pueblan los suburbios france- ses*"A més de un sigo de distancia, Finkielkraut repro- duce el grito de dolor de Heinrich von Treitschke, el historiador prusiano que, en 1879, denunciaba la “in- trusin” de los jets en el seno de la cultura alemana y legaba a esta conchusin: “Los judos son nuestra desdi- cha” (Die Juden sind unser Unghic). ‘A fin de cuentas, lo que interesa 2 la derecha cuan- do habla de identidad es en realidad la identificacin, es decir, las poiticas de control socal establecidas desde 1 siglo XTX en Europa: control de ls fljos dle poblx ‘Gomes y migraciones internas, fichaje de los extranjeros, Jos delineuentes, los subversivos. La invencin de los documentos de identidad obedece mas a esa inquietud » En opasicén a ara ¢vedado), yn senco espacio, ral degra a amano “to ya que ss materias pias _ypteperactn son aco als precapo cvaricesy 8 vrastn proca. do] de control que a un reconocimiento de la ciudadanta como conquista de derechos juridico-politics. Laiden- tificacién no es mas que una faceta de lo que Foucault lamaba el advenimiento del poder bigpolitia, con sus dlispositivos de control y adminisuacién de los tertto- ¥ios y las poblaciones, de las naciones consideradas no como categorias juridico-paliticas, sino como cuerpos Las politicas identitavias de iequierda son de indole diferente. No postulan Ia exelusién, sino que reivin- dican el reconocimiento.* El matrimonio igualitario ‘es una demanda de reconocimiento de las parejas ho- ‘mosexuales y de ampliacin de los derechos existen- tes, no de limitacién © negacién de los derechos de Jos otros, en este caso, los heterosexuales. En Europa, las mujeres con velo iskimico pidlen ser aceptadas; no quieren prohibir las minifaldas. Black Lives Matter no ‘es un movimiento “antiblanco”, es una protesta con- tra a opresién sufrida por una minoria, objeto de ere- cientes violencias policiales. Lo cierto es que mas valdria eliminar las ambigite- dades que rodean a los discursos identitarios, ya que la noci6n de identidad (del latin idem, “el mismo") se presta a cualquier tipo de usos. No serfa imitil vol yer a la distincién hecha por Paul Ricawur entre dos tipos de identidad: la mismidad y la ipsidad® La pri- ‘mera responde a la pregunta “zqué somos?" y remite una identidad biol6gica, a nuestro ADN, es decir, algo dado e inmutable. Esta identidad es la fantaseada por la derecha, una identidad ontolégica, ligada al ser de la persona y, por lo tanto, una identidad determi- znada por el nacimiento: “nuestros ancestros los galos”. Laipsidad, en cambio, responde a la pregunta "zquié- hes somos?” y tiene un cardcter reflexivo. Somos Io que nuestra vida ha hecho de nosotros yo que hemos clegido ser. Esta identidad es subjetiva abierta y pasi- ble de transformaciones. Debe distinguirsela de la ciu- dadania, que designa la pertenencia a una comunidad politica, y funda una concepeién fructifera del laicis- mo, porque implica el pluralismo cultural y religioso, Hay mil maneras de ser miembro de una comunidad, de pertenecer a ella y de sentirse implicado en un des. tino comtin, Lo que constituye la riqueza de Francia y Europa es esa multiplicidad de sus identidades. En el caso de Francia, por ejemplo, el hecho de haber sido un imperio colonial conlleva al menos un factor positivo: la riqueza de identidades y de cultue ras que la habitan y que no siempre se encuentran en, ‘otros lugares. Le daré s6lo un ejemplo, bien analizado por Benjamin Stora: a diferencia de Argelia, donde domina una memoria oficial, en Francia coexisten Jos herederos de la Angelia francesa, los pieds-noirs, los disidentes exilados del Frente de Liberacién Nacic nal, los argelinos emigrados después de la guerra, Jos harkis,” los ex combatientes y los anticolonialistas franceses. Todos expresan una parte de esa memo- ria." Estas identidades no pueden reducirse a la *no- vela nacional”, al relato de los origenes. La identidad es subjetiva y no puede mas que ins- cribirse en un tejido social y culturalmente plural. Exige ser reconocida, y la politica debe tomar en consideracién esta exigencia; pero una politica iden- titaria -reducir la politica a reivindicaciones relacio- nadas con Ia identidad~ seria forzosamente miope, * Peds noi: tancwsas de Age , po extension, dl norte ce Arca, har togrrtes dees ropa aulecones 209- lions que conbateren lado farce cuanto Gusta do ‘gela. N. do) oo porque su papel consiste en superar, trascender las, subjetividades. En e] mundo anglosajén, la identity politics existe desde hace mucho, con resultados con- tradictorios: o bien supo crear movimientas, o bien los encerré en guetos (feminista, gay, negro, ecolo- gista, sindical, etc.), dejando de lado cualquier pers- Pectiva integradora. Gon eso se corre el riesgo de con- vertirla en una postura conservadora, No es asi como se construyen causas comunes."! 3. Antisemitismo e islamofol Usted dice que la islamofobia tendria hoy et ppet (que pudo tener ef antisemitisma en el siglo XIX y hasta la década de 1930. zm qué medida es vilida esta compara- iin? Es pertinente una comparacion desie el punto de vis ta de la Sfuncién ideoligica”? ¥ por timo, gla islamafobia sustituyd por completo al antisemitismo? Si te parece bien, comencemos por l antisemitismo. Sin ser el vinico en eso, intenté comprender esta gran mutacién en el paisaje cultural y politico, ya ple- namente visible de diez afios a esta parte. Hist6rica- mente, el antisemitismo fue uno de los pilares de Jos nacionalismos europeos y no se encuentran cul- ‘turas nacionales del Viejo Mundo que no hayan sido afectadas por ese prejuicio. Sin embargo, este prejui- ‘cio nunca fue homogéneo: en Alemania, en Francia, ‘en Ttalia 0 en Inglaterra exhibia caracteristicas bastan- te diferentes. Tome el caso del fascismo italiano: en el origen, este régimen no era antisemita; lego a serlo poco a poco en los aiios treinta por contagio del nazis- ‘mo, y en 1938 promulg6 leyes raciales que introduje- ron el antisemitismo en su ideologia oficial, con toda 1una serie de medidas legislativas tendientes a excluir alos judios, que hasta entonces, en muchos casos, ha- ban sido fascistas. La otra funcién de esas leyes raciales 8 era definir una estractu cchas leyes siguen ala Gu Ja cual la Telia vietoriosa su imperio, pero para eso de una estructura juridict Tenciar entre los ciudadat Proclamé el nacimiento ae Fequeria el establecimientg orpolitica tendiente a dife. como fuere, en Italia el anti bien a la tradicién catéliea nacionalismo se habia cons los nacionalistas no eran En ese aspecto, el antise Y comeradora ycomes siuido ont a a especialmente antscnien no saline era maya encontrane en Alena -xiste un antisemitismo mas Richard Wagner, para quien Precoz en el compositor fos judos son ajenos alate, ala misica. Pero ‘esverdad ‘ e diez afios despues de I Suillrmino, se desarrotia Ma del antisemitism en la des figuras intetectuales de a la creacién estética y que en Alemania, menos la fundaci6n del imperio la Berlinersiet, una quere- ‘cual Se oponen las gran- la época, en especial los 26 0 eee a tra juridica del im perio. Di. | verra de Etiopia (1985), try pistoriadores Heinrich von Treitschke (antisemita) y Theodor Mommsen (favorable a la emancipacion de Jos judios). Por lo demas, en Alemania es donde apa- fece el término mismo de “antisemitismo", acufiado por el periodista Wilhelm Marr, que Io justifica como fefensa de la germanidad contra Ia amenaza judi La aparicidn de esta palabra traduce una mutacin desde el antijudaismo religioso, tradicional, hacia tuna hostilidad mas moderna contra los judfos, ahora definidos como una comunidad étnico-racial. Este antisemitismo moderno, que aparece en Alemania al mismo tiempo que en Francia, sera sistematizado en ‘1 plano ideol6gico por diferentes antores -algunos ya mencionados, como Arthur Moeller van den Bruck 0 Houston Stewart Chamberlain-, e irrigara las ligas ppangermanistas y vélksch para constituir luego uno de Jos elementos centrales del nazismo. En Francia, el antisemitismo tenia una dimension tanto més literaria, menos ideol6gica. Los autores antisemitas eran ante todo escritores como Maurice Barrés, y mas adelante, Driew La Rochelle o Céline. Bl antisemitismo de Charles Maurras tenia una con- notacién literaria, al igual que el del ideslogo antise- ita por excelencia, Edouard Dramont, autor del best soller La Francia ju. Es cierto, este cikimo procuraba dar una definicién mas sstemitiea de! antisemitismo, pero no hace teoria; su obra es una especie de tratado fenomenol6gico que puede leerse como un reperto- Flo de todos los prejuicios antijudios de su época. En stuma, el antisemitismo se difunde en Europa du- rante lo iltimos veinticinco aft del siglo XIX, que es también un periodo de metamorfosis del nacionalis: ‘mo. Este se deshace entonces de su herencia universa- lista, de sus vinculos con la tadicin del Iluminismo, de su dimensién europea ~que atin predominaba or en 1848~y adopta nuevas caracteristicas, como el cule to de la raza, el mito de los origenes, etc. De ese modo, Jos nacionalismos se convierten en antisemitas. Ahora bien, este antisemitismo desaparece paulatinamente después de la Segunda Guerra Mundial Used hace det antsemitismo una expeificidad exropea, pero 470 fe también importante en los Estados Unidos? :No habria que hablar de wna espeifcidad occidental de! antisemitismo? En efecto, Hemry Ford fue su principal “tesrico” Fue él quien introdujo en América Las Protocols de os Sabi de Sin, una supercheria creada por la policia zaristaen los comienzos mismos del siglo XX." Claro hheredero del antisemitismo briténico, este antisemits: mo es uno de los componentes de la ideologia WASP, pero de todos mods es menos virulento que en Euro- a continental. ¥en el paso del siglo XIX al XX no es ms agudo que el antcatolcismo, El Ku Klux Kian y 4os supremacistas blancos son movimientos ante todo aninegros,y su antiemitismo viene por afiadidura. El racismo WASP, que aspiraa conserva a matriz blanca, Anglosajona y protestante del pais, percibe como una amenaza la oleada inmigratoria alos Estados Unidos. la inversa, en Europa el antisemitismo esté en el centro de los nacionalismos y se exacerba despues de Ja Gran Guerra para aimentar ls fascismos naciente. Ahora bien, después de Ia Segunda Guerra Mundial, el Holocausto en cierto modo hizo “esallar el absee. 40° del antisemitism. Los actos de antisemitismo per sisten, es cierto, pero este ya no estructura con tanta fuerza el imaginario, la cultura y los dispositivos men tales del nacionalismo. Segiin los sondeos de opinién del Instituto Francés de Medio Oriente anaizados por Nonna Mayer, la percepeién de los judios como “fran ceses iguales alos demas” era compartida al final de la ‘guerra por un tercio de la poblacién, y en 2014, por ‘1 B5% de los encuestados.* {Qué sucede, en comparacion, con ta islamofobia? 1a islamofobia es un fonémeno mucho més reciente Es cierto, ise waza su genealogia pueden encontrirse- Je races antiguas, pero su expresion es reciente. Tiene sobre todo una matrz colonial, porque se tata de un rechazo que se dirige alas poblaciones procedentes de Ja inmigracin drabe y africana. La hostilidad hacia el islam se remonta a la época de las Crazadas, es decir, ala Edad Media, del siglo XI al XII, pero ef mie se atenus poco a poco desde el sigio XVIII y pare desaparecer tras el desmembramiento del Imperio Otomano, al final de la Primera Guerra Mundial, Este enfrentamiento con el islam es uno de los elementos constitutives del mito de la “identidad” europea, cons- tantemente mencionado por los defensores de sus origenes “judeocristianos". Sin embargo, a partir de Ja década de 1980, en un principio con la Guerra de Afganistan, Iuego con la Guerra del Golfo y la guerra en Traky, por timo, con el crecimiento del terrorismo islamico, la islamofobia experimenta una considerable exacerbacion. ‘A finales del siglo XIX, el “judio” se habia converti- do en una figura metalérica: una palabra destinada a designar a una minoria €tnicay cultural que trascendia 1a relgién, dado que inclufa a judtos que no frecuen- taban la sinagoga y sin identidad de tipo religioso. En amuestros dias, el arabe y el islam cumplen una funcién similar. Para el islaméfobo, el islam significa mucho ‘ms que una religién: engloba toda una parte de la poblacién francesa, por ejemplo, que no esté forzosa- ‘mente familiatizada con las pricticasreligiosas y repre- senta un islam secularizado. Como el “cédigo cultural” antisemita antes mencionado, necesario para definir la nacién alemana mediante una demarcacién negativa, cel miedo al islam se vuelve hoy “un nuevo lazo identi- tari’, tal cual escribe Rachid Benzine.* Esbozo aqui ‘una comparacién que, como todas, debe tomarse con cierta cautela: las comparaciones sirven precisamente para poner de relieve afinidades y diferencias. Ahora bien, creo que la comparacién enwe el antisemitismo y la islamofobia esta sesgadla por la memoria colectiva, ‘Como el antisemitismo produyjo ¢l Holocausto, el he- cho de comparar antisemitismo e islamofobia suscita de inmediato la idea de un racismno genocida hoy diti- gido contra los musulmanes. Sin embargo, este razon miento de un racismo que leva necesariamente al ge- nocidio no tiene pies ni cabeza: todos los historiadores inciden en decir que el Holocausto acontecié en las ircunstancias historicas excepcionales de la Segunda Guerra Mundial y que de ningtin modo era inexorable, No estaba inscrito de antemano en Ia ideologia wlkisch © el antisemitismo del siglo XIX. Este argumento tam- bién ¢s valido para el genocidio de los armenios en el Imperio Otomano declinante o para el exterminio de Jos tutss en Ja Ruanda de 1994, sumergida en una gue- 11a civil. Todos los genocidios tienen premisas, pero no se deducen meciinicamente de ellas: no hay una causa lidad determinista. Dicho esto, si se quiere desarrollar la comparacién, me parece que la islamofobia de nues- tos dias se parece més al antisemitismo de Ia Alemania de finales del siglo XIX que al de la Tercera Reptiblica francesa. En efecto, el antisemitismo que se eristaliz6 en el caso Dreyfus era nacionalista y antirrepublicano; denuncaa aos ods como un Exado denies de Seeds cag Replica ua y ane a (a Spaion de Bsa, percbids como conpradores we Mfngban fon or del Edo dee dent, una Prana’ que haba oma el pner* En cambio, eritalomans de fglsdlaigo XD, clantiemiono Sana preserva carlo y genni ‘Pitino moda po a atria prota stra alos jules coms unecerpo extra dentro de nacon slemana, en un plan 2 vez €ecoY rele fina Ena ina pon apreio unaserie de grupos Bio je era exc oe ud las seeds tsar que inocaban un orden tenes, os sromientosjoenles de os Wendevee Tina ls Primera Guerra Munda, Alemania se modern din dj de buscar ala vx preserva as Circa shoes de fs moar pr, epg un anise de exclu: lo jus 1SSer gles al margen dl echo, de as tas tees adnate, ela universioad. Resa sr todo lo contaro de Hania, donde el ansemitsmo Satna ncn ya integrand ojos la Republi, htc yl part de Extado. Agu Ia ve tapes anperio et la“dereca revlon ti ysomslonarin ata cual se rele Zee Stebel Te pene la Repia como fs consimacion per ate a Revolucion Frances, un acoteciniento {fer entender, proved una conmodon en todas we clcrras tadionaes de fa sociedad, dea Pacia iin eterna or eo la taesoba actual me parece mucho ms compare a antoemitsmo lei de Sales det fo NE efecto a minora que os Danco de ese seu ex mel itgrada, sue dveras formas de eel dserminacon no est en leengo de os aparatos de dominacién, Ast, consiste en una islamofo- bia de exclusiOn. La retérica de la invasién musulma. na, de una Repiiblica islamizada, constituye un espan- ‘ajo para preservar cierta concepciéa de la identidad francesa, y la encontramos en Alain Finkielkraut, Eric Zemmour, Renaud Camus, ete, ¥ recuerda de cerca Jas campafias alemanas de fines del siglo XIX contra la “invasi6n judia" [Vjudung). Habria que comparar sta propaganda con la extensa campatia que desde la década de 1890 hasta la Gran Guerra denuncié la inmi- {gracién ~descrita como una ‘invasi6n’~ de los judos corientales, sobre tio polacos, a Alemania o Francia. Actualmente fa islamofobia pone en primer plano Ja amenaza de una invasién, pero no puede focali- zarse en figuras paiblicas como la de Léon Blum en Jos afi treinta. No existe ningtin jefe de gobierno ‘musulman en Francia, como no sea en la imagina- , que resume os ‘eau doa ereuesa. Los meses de a lafeba araizan con ctridad en E Pana, ob, 160 George L. Mosse, Oe te Grance Guar au toaiaris- ‘me. 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