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Chambú.

Guillermo Edmundo Chaves.

NOTICIA
Guillermo Edmundo Chaves es natural de la Ciudad de Pasto. Hizo sus estudios
en la Universidad de Nariño, se graduó como Abogado en Bogotá donde ha
ejercido la profesión. Ha desempeñado algunos cargos judiciales y ha sido
Diputado y Representante al Congreso Nacional. En1.940 publico su libro de
poemas “Oro de Lámparas” que le dio autentico relieve entre las nuevas
promociones literarias de Colombia.
En la novela”Chambú”, donde parece culminar un depurado proceso de estilo y
concepción, Guillermo Edmundo Chaves ha realizado un poderoso cuadro de vida
americana. Rafael Maya, de tan vasto prestigio intelectual, ha dicho de este libro:
“OJALA QUE EL PUBLICO SEPA VALORAR LAS EXCELENCIAS DE ESTA
OBRA, QUE ES TODA UNA NOVELA SI ATENDEMOS AL INTERES DEL
RELATO, A LA VERDAD DE LOS CARACTERES, Y A LO QUE VALE MAS QUE
TODO ESO, CIERTA INTERPRETACION O ADIVINACION DEL SENTIDO DE
TIERRA. SU LECTURA ME HA DEJADO UNA PROFUNDA EMOCION”. Y Juan
Lozano y Lozano, eximio ensayista y escritor, afirma: “POR SU CONJUNTO
TREMENDAMENTE VIGOROSO Y HUMANO, NO VACILO EN CONSIDERAR
ESTA OBRA COMO UNA DE LAS CUATRO O CINCO NOVELAS DE NUESTRA
LITERARTURA COLOMBIANA”
Una vida de constante lucha y superación, aunque poco afortunada en sus
realizaciones económicas, ha dado al autor de “Chambú” esa penetrante visión de
humanidad que crea el fondo de los sucesos que relata. En sus interpretaciones
psicológicas y sociológicas se adentra en zonas emocionales de su propia gente,
que bien pueden universalizarse a pueblos de la misma condición tropical y de la
misma sangre mestiza. Por aquel intimo sentido, terrígena y racial, se debe
considerar a “Chambú” como obra genuinamente americana.
1. CHAMBU

CAPITULO I

LIMITES DE NIEBLA

- Ese es el Gualcalá, patrón…. Hasta ese morro de fraliejonales llega el paramo


de Chimangual. Alli Mayasquer. Alla Sotomayor…. Y más, y más, volteando ese
cresterío, las salitreras del Pacual donde murió mi viejo.
Empinándose sobre los estribos de la silla, Ernesto contemplo desde la cima del
paramo el afaranollado poniente de la sierra. Era un cerco vastísimo de rampas
gigantescas y volcaneras hendidas, que tajaban de pronto su reciedumbre de
picachos cotr ael cielo desnudo. Luego, en los horizontes del sureste, se dilataba
el cuadro del nudo andino ecuatorial donde la cordillera parecía dislocarse en
alborotado tumulto de cumbres.
A un lado, ya distante, el claro vislumbre de los terrales de labor donde sestearon
a la solana; y allí, como estrechándolos, densos repliegues de mesetas pardas y
pajonales resecos.
- Allí Cumbal -continuaba la parlería del arriero-. Aquí, cerquita, el cerro de
Colimba…. Bajo esa nube Chautalá….
Ernesto seguía con creciente interés la mano que señalaba los cuatro puntos del
paisaje. Deslumbrado por la visión inesperada sintió el alma ascender cual si
surgiera un límite de nieblas. Y mientras que su cabalgadura tornaba a seguir
pareja al caminero, los nombres que acaba de oír repercutieron en el recuerdo de
otros, a los cuales estaba ligada su vida de infancia. Nombres “quechuas” de u
recio esplendor vocalizante; nombres que un día crecieron para él, como castizos
ya, entremezclados con las primeras voces del lenguaje nativo. En forma
imprecisa sintió el dominio de su fuerza enraizada en su propia mocedad; y en sus
labios se apretaron, en gozoso temblor, los nombres de las cumbres y pueblos y
ríos familiares.

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