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Romero, José Luis, Latinoamérica: las ciudades y las ideas, Buenos Aires, Siglo XXI, 1986.

“...la masa inmigrante se encontraba agregada al conjunto de las clases populares tradicionales y
multiplicaba su número, esto es, acrecentaba enormemente la proporción numérica de las clases
populares en relación con las otras clases. Muchos tuvieron la sensación de que la ciudad podía
estallar en cualquier momento, porque, además, la tasa de crecimiento vegetativo era alta en las
clases populares. Y algunas estallaron. Las tensiones sociales se intensificaron, porque el
crecimiento desmesurado de la población urbana originó un círculo vicioso: mientras más crecía la
ciudad, más expectativas creaba y, en consecuencia más gente atraía porque parecía poder
absorberla; pero, en rigor, el número de quienes se incorporaban a la estructura urbana era siempre
superior a lo que la estructura podía soportar. Era inevitable que la explosión urbana, nacida de una
exploción demográfica, desencadenara a su vez grandes explosiones sociales en el seno de las
ciudades.” (p. 327)

“En aquellas ciudades donde se produjo la concentración de grupos inmigrantes la conmoción fue
profunda. Muy pronto se advirtió que la presencia de más gente no constituía sólo un fenómeno
cuantitativo sino más bien un cambio cualitativo. Consistió en sustituir una sociedad congregada y
compacta por otra escindida, en la que se contraponían dos mundos.” (p. 331)

“La formación de la masa urbana -contemporánea en las ciudades latinoamericanas del proceso de
industrialización...” (p. 337)

“En poco tiempo, aquellas ciudades donde se había constituido una sociedad escindida empezaron a
revelar en sus estructuras físicas la peculiaridad de su estructura social.” (p. 349)

“...el observador que se enfrentaba con las ciudades que sufrieron más intensamente los efectos de
la crisis posterior a 1930 no sólo percibió grados de diferenciación sino verdaderos abismos
sociales. Ciertamente, las migraciones y las polarizaciones sociales que enseguida se produjeron,
transformaron a las ciudades en una yuxtaposición de guetos, zonas urbanas poco comunicadas
entre sí o con contactos muy superficiales y convencionales.” (p. 363)

sociedad normalizada y sociedad anómica: “Tenía cada grupo, en conjunto, actitudes tan diferentes
que podía suponerse que eran dos mundos en contacto más que dos sectores de una sociedad, que,
en última instancia, vivía en común.” (p. 364)

“No sólo suscitó la masificación esas transformaciones que se operaron en las formas de vida de los
distintos grupos de la sociedad escindida. También suscitó una renovación profunda y sutil de las
ideologías que sustentaron a las nuevas situaciones y les propusieron vías de salida en relación con
el juego de los distintos factores que operaban en la vida social, económica y política. Nadie quedó
ajeno a esa sacudida que conmovió las opiniones tradicionales. Sin duda la crisis despertaba una
urgente curiosidad por entender sus términos, por adivinar sus secretos y avizorar sus perspectivas.”
(p. 378)

Ideología conformista (tradicional liberal) e incorformista (progreso positivista y socialismo y


revolución) (380)