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MAURICE DOBB

(RESPUESTA)
El autor plantea que seguir la línea de pensamiento de Sweezy con un método
marxista en cuanto al trabajo con los problemas sobre la transición de feudalismo a
capitalismo, da lugar a un análisis claro y beneficioso para la comprensión del tema.
Dobb considera que Sweezy logra hacer un buen trabajo y estudio sobre el tema,
y coincide en varios puntos que plantea, pero sin embargo discierne en otros, tratando los
mismos de errores metodológicos (los planteados por Sweezy).
En primer lugar, Dobb plantea que no le queda claro si Sweezy rechaza la
definición que propone sobre feudalismo o la considera incompleta. Esta definición, se
basa en identificar al feudalismo con la servidumbre, debemos tener en cuenta que sobre
esta ultima no se refiere únicamente al servicio obligatorio, sino también a la explotación
del productor en virtud de una coacción jurídico-política directa.
“Si lo que quiere decir es que el feudalismo así definido abarca algo más amplio que la
forma medieval de la economía europea e incluye una gran variedad de tipos que (en
cualquier estudio sobre el feudalismo) merece un análisis más cuidadoso, estoy de
acuerdo. Pero cuando se refiere a un «sistema de producción» parece estar hablando de
algo distinto a lo que acabamos de indicar, al tiempo que contrasta un sistema de
producción con un modo de producción, en el sentido que da Marx a este último término.”
(Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo, 1892, págs. 78-79)
Dobb no logra ver con claridad que es lo que abarca un sistema de producción.
Sin embargo, teniendo en cuenta el contexto, se deduce que el término está pensado para
considerar las relaciones entre el productor y el mercado.
A ambos autores los separa una diferencia fundamental. Dobb utilizo una
definición para sus estudios, basándose en las relaciones de producción características del
feudalismo, es decir, las relaciones entre el productor directo y su señor. La relación
coercitiva, consistente en la extracción del trabajo directo y el excedente de los
productores por parte de la clase dominante, estaba condicionada por un cierto desarrollo
de las fuerzas productivas.
“Los métodos de producción eran relativamente primitivos y, al menos en lo que
concierne a la subsistencia de los propios productores, de un tipo que Marx calificaba
como «régimen de pequeña producción», en el que el productor posee sus medios de
producción y constituye una unidad productiva individual.” (Hilton , Transición del
feudalismo al capitalismo, 1892, págs. 79-80). Esta característica es fundamental, y
cuando diferentes formas económicas tienen este rasgo, el elemento en común que
comparten tiene mayor importancia que los aspectos en los que difieren.
Las diferencias entre las condiciones imperantes en E. Occidental y E. Oriental
fueron importantes, pero también es preciso considerar que hubo analogías muy
remarcables a lo que respecta a la “forma en que se arrancó al productor directo el trabajo
excedente no retribuido”. Dobb desea presentar al feudalismo Eu. Occidental como un
“genus” particular al cual solo le darle el título de “feudal” es producto de un análisis de
historiadores BURGUESES (carameloegoista) y en su tendencia de solo centrarse en las
características jurídicas.
“Por lo que hace referencia al «carácter conservador y resistente al cambio del
feudalismo europeo occidental», me muestro bastante escéptico respecto a la acusación
de que se me ha pasado por alto la necesidad de intervención de alguna. fuerza externa a
él para mudarlo. Cierto es que por contraste con la economía capitalista la sociedad feudal
es extremadamente estable e inerte, pero esto no equivale a decir que el feudalismo no
tuviera la menor tendencia al cambio. Afirmar lo contrario equivaldría a convertirlo en
una excepción de la ley general marxista del desarrollo, según la cual toda sociedad
económica se ve impulsada por sus propias contradicciones internas. (Hilton , Transición
del feudalismo al capitalismo, 1892, pág. 81). De hecho, vale considerar que durante el
desarrollo de lo que fue el feudalismo, existieron considerables cambios en el campo de
la técnica.
Sweezy indica que el sistema feudal no es forzosamente estático, aunque por ello
no deja de sostener los movimientos que se dan en su seno “no tienen tendencia a
transformarlo”. A pesar de tal afirmación, se sigue manteniendo el planteo de que, bajo
un sistema feudal, la lucha de clases no puede tomar un papel revolucionario. Dobb
plantearía que nadie sugiere que la lucha del campesinado contra la dependencia del
señor, llevaría directamente al cambio del sistema (hacia uno capitalista). Lo que sí hizo
fue modificar la dependencia sobre el modo de pequeña producción, respecto a la clase
feudal más dominante, finalmente repercutiría en la liberación del campesino en relación
a esta explotación.
Sweezy plantearía que un feudalismo internamente estable solo podría ser
desintegrado con la fuerza externa (que significó el comercio y el mercado), también se
sostiene del planteo de Dobb, como si considerara que el declive feudalismo es obra
exclusiva de fuerzas internas, y que nada tuvo que ver el comercio sobre su decaimiento
(el del sistema feudal). Parece que analiza el problema tomando tanto la postura de que
se dio con conflictos internos, o con fuerzas externas. Para Dobb, esa forma de análisis
es muy simplista. El considera que se trata de sí de una interacción de ambos tipos de
factores, pero sin embargo hay uno que debe tener una importancia primordial; los
conflictos internos, pues estos operarían fuera cual fuese la situación. Sin embargo, no
niega que el crecimiento de las ciudades mercantiles y el comercio, sirvieron como
agentes desestabilizadores sobre el sistema feudal. Pero afirma que el comercio solo sirvió
para agravar la desestabilidad ya existente por los problemas internos. Por ejemplo, lo
que logró fue acelerar la diferenciación social en regímenes de pequeña producción, lo
que dio lugar a una clase “kulak” (serían terratenientes que contratan trabajadores), y una
clase de semiproletariados. A su vez se daba un “efecto imán” sobre los siervos fugitivos.
“De ahí que no esté de acuerdo en que deba «demostrar que tanto la creciente
necesidad de ingresos de la clase feudal dominante como el abandono de la tierra por
parte de los siervos pueden explicarse en términos de fuerzas que operan en el seno del
sistema feudal», o que «el crecimiento de las ciudades constituyó un proceso interno del
sistema feudal» (aunque hasta cierto punto creo que esto último es cierto y que,
precisamente porque el feudalismo estaba muy lejos de ser una «economía natural» pura,
alentaba a las ciudades para que satisfacieran sus necesidades de comercio a larga
distancia).” (Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo, 1892, pág. 83). Sweezy se
equivoca (desde la postura de Dobb), en afirmar que existe forzosamente correlación entre
la desintegración del feudalismo y la cercanía de los centros comerciales. Dobb plantea
ejemplos para refutar esta postura simplista tomada por Sweezy. “En Inglaterra, donde
más pronto desapareció la servidumbre bajo la forma de prestaciones personales fue en
las regiones atrasadas del norte y el 'oeste, mientras que, en el sudeste, zona más avanzada
a causa de sus mercados urbanos y de su vinculación con las rutas comerciales, fue el
lugar donde persistió por más tiempo.” (Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo,
1892, pág. 84).
Dobb se manifiesta totalmente de acuerdo en la afirmación que hace Sweezy sobre
la economía europea occidental de comienzos del siglo XIV y finales de siglo XVI,
enormemente compleja y en plena etapa de transición, donde a la vez que iban
desintegrándose las viejas formas, iban apareciendo otras nuevas. Otro argumento que
comparte con Sweezy es considerar que, por estos tiempos, el modo de pequeña
producción estaba en camino a emanciparse de la explotación feudal, pero que aún no se
ligaba a las relaciones capitalistas de producción. Además, para Dobb, este hecho es de
vital importancia para comprender la transición de feudalismo a capitalismo. Sin
embargo, Sweezy va más allá de mencionarlo como una fase de transición en un sentido
que excluye la posibilidad de que siguiera siendo feudal (inclusive ni como una economía
feudal en una fase de desintegración avanzada). Por parte de Dobb, puede ser válida la
postura, pero solo si sostenemos que no estamos ni en un modo de producción feudal, ni
capitalista. Piensa que se trata de un planteo insostenible, y Sweezy parece compartir esta
opinión, pues en su tesis no expresa lo contrario. Por ende, estas dos partes parecen quedar
flotando, siendo clasificadas como híbridos sin filiación dentro del proceso de desarrollo
histórico.
“La pregunta clave que, al parecer, no se ha planteado Sweezy (o si lo ha hecho
parece que ha eludido su respuesta) es la siguiente: ¿Qué clase era la dominante durante
el período que nos ocupa? Dado que, como reconoce el propio Sweezy, no existía todavía
una producción capitalista desarrollada, no puede haberse tratado de una clase
capitalista.” (Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo, 1892, pág. 86). Si
respondemos que nos encontramos en un punto medio entre feudalismo y capitalismo,
donde hay una burguesía que aún no invirtió capital en el desarrollo de un modo de
producción burgués, caeríamos en un concepto de “capitalismo mercantil”. Si la clase
dominante estaba conformada por una burguesía mercantil, el estado debió haber sido
algún tipo de estado burgués. Y si el estado ya era burgués incluso al siglo XV ¿Cuál fue
el resultado esencial de la guerra civil del siglo XVII? Según este punto de vista, no pudo
haber sido la revolución burguesa. Así pues, nos vemos enfrentados a la alternativa de
aceptar una suposición como la expuesta hace ya algunos años en un debate sobre este
mismo problema, la de que se trataba de la lucha frente a una tentativa de
contrarevolución organizada por la Corona y la Corte para oponerse a un poder estatal
burgués ya existente.
Aquí se da una discusión muy importante entre los historiadores marxistas
ingleses. El problema es si rechazamos las opciones antes mencionadas, sólo nos queda
la posibilidad de aceptar (y a mí me parece la suposición correcta) que la clase dominante
seguía siendo feudal y que el estado seguía siendo el instrumento político de su dominio.
Y si es así, dicha clase dominante debió depender para la obtención de sus ingresos de los
métodos feudales supervivientes de explotación del modo de pequeña producción.
“Ciertamente, puesto que el comercio había pasado a ocupar un lugar predominante
dentro de la economía, dicha clase dominante mostró interés por él (igual que lo habían
hecho muchos monasterios medievales en pleno apogeo del feudalismo), asociándose
económicamente con ciertos sectores de la burguesía mercantil (en especial con los
comerciantes dedicados a la exportación) y políticamente consigo misma (de ahí que
emergieran de entre sus filas muchas de las figuras de la «nueva aristocracia Tudor»).”
(Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo, 1892, pág. 87). Por consiguiente, la
forma de explotación feudal en disolución a lo largo del período de poder estatal
centralizado era muy distinta a la explotación feudal de los silgos precedentes, y no cabe
dudas de que en muchos aspectos el feudalismo se veía sometido a un desgaste
importante.
Dobb propone analizar la importancia de la burguesía para lo que fue esta
transición, quienes se vieron incubados en el seno de un modo de pequeña producción.
Hay signos que permiten afirmar que comienzan a aparecer tempranamente (alrededor
del siglo XV). “Los historiadores de este período han puesto de manifiesto en fecha
reciente que uno de los rasgos distintivos del desarrollo en la era Tudor fue la facilidad
con que los pequeños propietarios kulak ascendieron en la escala social hasta convertirse
en una pequeña nobleza mediante la compra de feudos y el ingreso en las filas de la
hidalguía (squirearchy).” (Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo, 1892, pág.
89). Por otra parte, Dobb considera que es de vital importancia considerar la aparición y
el desarrollo de la “burguesía”, nos permitirá comprender posteriormente las posturas
tomadas en las revoluciones burguesas.
“De modo análogo, en los gremios artesanales urbanos existían muchos
empresarios de un tipo similar dedicados al comercio y a emplear a artesanos más pobres
bajo el sistema de trabajo domiciliario. Ya he sugerido (y si no recuerdo mal la idea
original procede de los trabajos de Unwin) que tales desarrollos son los responsables de
los movimientos gremiales que se detectan a finales del siglo xvi y comienzos del x v ii,
en particular del ascenso de las nuevas corporaciones de la era Estuardo. Hasta donde nos
es dado vislumbrar, fueron gentes como los pañeros no urbanos quienes apoyaron con
todas sus fuerzas la revolución inglesa, y no los ricos propietarios de cartas patentes, como
los mencionados por Nef, muchos de los cuales eran adictos al rey porque dependían del
privilegio y éste derivaba de su influencia en la corte.” (Hilton , Transición del feudalismo
al capitalismo, 1892, pág. 89). Dobb no entiende la posición de negar la importancia de
la génesis de la primera fase del capitalismo, lo que fue el estadio previo a la revolución
industrial. Plantea que incluso en plena revolución, muchos de los grandes empresarios
burgueses, comenzaron siendo personas desconocidas que desempeñaban el rol de
comerciante o fabricante.
En cuanto a la llamada “fase de consolidación real” del proceso de acumulación,
Dobb reconoce que Sweezy ha puesto el dedo en la llaga. El que dicha fase haya existido
o no, no afecta para nada a su argumento principal (el de Dobb), a saber, que la esencia
del proceso de acumulación la constituye el desposeimiento de otros, y en modo alguno
la mera adquisición de ciertos niveles particulares de riqueza por parte de los capitalistas.
Sin embargo, esto no equivale a negar su plaza al enriquecimiento del burgués por
caminos no directamente expropiatorios, en cuyo caso sigue sosteniendo que distinguir
entre las “dos fases” mantiene cierta importancia. Se trata de un punto en el que sería útil
llevar a cabo una investigación según el método marxista, y sigo pensando que la hipótesis
de la “segunda fase” corresponde a algo real.
Podemos convenir en que no es el caso de que la burguesía consolide de forma
real unos bienes, previamente acumulados, a expensas de una nueva clase. De hecho, no
es necesario que proceda a ello como clase, puesto que una vez creado el proletariado el
único «costo» que tiene para la burguesía (tomada en su conjunto) la extensión de la
producción capitalista es el de proporcionar a los obreros sus medios de subsistencia (en
forma de salarios), hecho del que eran plenamente conscientes los economistas clásicos.
(Hilton , Transición del feudalismo al capitalismo, 1892, pág. 91)