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CONTENIDO

INTRODUCCIÓN
SITUANDO LA REFLEXIÓN
1. Hablar de oración hoy ...............................................
2. Perspectiva, estructura y fuentes ...............................

PRIMERA PARTE
CONOCER A BERGOGLIO PARA COMPRENDER A FRANCISCO
1. El mismo, pero no lo mismo .......................................
2. El nieto de la abuela Rosa .........................................
3. “Miserando atque eligendo” .....................................
4. El jesuita ....................................................................
5. El que ora mucho por su pueblo ................................
6. Francisco, hombre de oración ...................................

SEGUNDA PARTE
EL MAGISTERIO DE FRANCISCO SOBRE LA ORACIÓN
1. El primado de la oración ...........................................
2. “Solo tú eres Santo” ..................................................
3. Orar es decir “Padre” ...............................................
4. Nuestra carne en oración ...........................................
5. Rezad por mí ..............................................................
6. Liturgia y oración ......................................................

INTRODUCCIÓN
SITUANDO LA REFLEXIÓN

Antes de abordar directamente la temática propuesta, quisiera situar la reflexión aludiendo a “la búsqueda
de espiritualidad” como uno de los rasgos de nuestra cultura actual. La Iglesia, desde hace ya treinta años, se
viene preocupando expresamente por la oración cristiana y por este fenómeno actual de búsqueda, queriendo
dar unos criterios de carácter doctrinal y pastoral, “que permintan educar en la oración, en cualquiera de sus
manifestaciones, permaneciendo en la luz de la verdad revelada en Jesús, que nos llega a través de la genuina
tradición de la Iglesia”1. Los obispos españoles, en su última asamblea plenaria, han aprobado un documento
referido a esta cuestión, que aunque no ha trascendido mucho a la luz pública, fue publicado con fecha del
pasado 28 de agosto bajo el título: “Mi alma tiene sed del Dios vivo. Orientaciones doctrinales sobre la oración

1
Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Orationis formas. Carta a los obispos sobre algunos aspectos de la meditación
cristiana (1989), n. 1.
cristiana”. Un documento certero, si bien más analítico que propositivo que, sin duda, hemos de tener en
cuenta, pues nos invita a enfocar la visión sobre este particular a nivel local en nuestro país.
1. Hablar de oración hoy
A pesar de la fuerte secularización de nuestras sociedades occidentales, parece que los analistas y
estudiosos de la fenomenología de la religión siguen afirmando que hay una especial sed de espiritualidad en
nuestros contemporáneos. Al menos en muchos de ellos. Hay un interés más allá de la Iglesia pero, sin duda,
también hay un interés de muchos cristianos por profundizar en las cuestiones del espíritu, por aprender a
rezar más y mejor. Nuestra sociedad y nuestra cultura no nos ponen las cosas fáciles. Se hace difícil el silencio,
el sosiego y ese recogimiento tan necesario para encontrarse con uno mismo, con los otros y con Dios. Vivimos
tiempos caracterizados por el cambio constante, la hiperconectividad, el movimiento “nervioso” y por esa
“rapidación” de la que habla el papa Francisco en Laudato si’, que afecta a nuestros intensos ritmos de vida y
de trabajo2. En el número 277 de Christus vivit, Francisco ha advertido, sobre todo a los jóvenes, del peligro
de aturdimiento al que los somete esta velocidad3.
Esto nos complica la búsqueda, ciertamente, pero, a su vez, en el ambiente hay como un anhelo o nostalgia
de que “no siempre fue así”, que hace que se acreciente también en nosotros el deseo de Dios. Nuestra cultura
lleva la impronta de esa sensación de vértigo y de velocidad que nos está invitando, sin duda, a “bajar el
pistón” y buscar un poco la calma para no perder el equilibrio que necesitamos y volver a conectar con Dios
y lo sagrado.
En estos últimos años (lo vemos España y en otros lugares de la vieja Europa y Estados Unidos) han
proliferado mucho, dentro y fuera de la Iglesia, diversas asociaciones, escuelas de espiritualidad, y formas de
meditación, que buscan esa conexión con lo sagrado. Estas experiencias son diversas y, más o menos
acertadamente, y con más o menos éxito de convocatoria, se nutren de lecturas, cursillos, retiros y encuentros
de diferente cuño. Algunas de estas experiencias están vinculadas a algunos aspectos o, al menos, adoptan –
no siempre con el filtro necesario– algunos rasgos de las religiones orientales. Otras experiencias están ligadas
a aspectos de lo que se entiende por “religión natural”. El profesor y escritor Daniel Gamper caricaturiza este
fenómeno en su libro Las mejores palabras4 diciendo que: “No es raro hoy encontrar grupos de hombres y
mujeres de mediana edad bailando entorno a un árbol y acariciando su corteza. De hablar con Dios se ha
pasado a abrazar troncos y lamer piedras. Podría ser peor”.
Francisco, en Evangelii gaudium, califica estas búsquedas como de “fenómenos ambiguos” (EG 89). En
Gaudete et exsultate habla de que estamos ante formas de “espiritualidad sin Dios”, en medio de lo que
pareciera ser un “mercado religioso” (GE 111). Ante esto, muchos cristianos nos preguntamos: ¿Qué valor
tienen estas formas de meditación de matriz no cristiana? ¿No podríamos enriquecer nuestra “oración cristiana
de siempre” con elementos extraídos de otras religiones o culturas? ¿Estamos buscando bien? ¿Hay ahí una
verdadera espiritualidad o hay más confusión que claridad? ¿Se trata tal vez una espiritualidad sin religión o
sin Dios? ¿Las ofertas de este tipo que hay en la sociedad actual, satisfacen la sed de Dios realmente? Es, sin

2
Cf. FRANCISCO, Carta Encíclica Laudato si’, n.18.
3
“Pero hoy la ansiedad y la velocidad de tantos estímulos que nos bombardean hacen que no quede lugar para ese silencio interior
donde se percibe la mirada de Jesús y se escucha su llamado. Mientras tanto, te llegarán muchas propuestas maquilladas, que parecen
bellas e intensas, aunque con el tiempo solamente te dejarán vacío, cansado y solo. No dejes que eso te ocurra, porque el torbellino
de este mundo te lleva a una carrera sin sentido, sin orientación, sin objetivos claros, y así se malograrán muchos de tus esfuerzos.
Más bien busca esos espacios de calma y de silencio que te permitan reflexionar, orar, mirar mejor el mundo que te rodea, y entonces
sí, con Jesús, podrás reconocer cuál es tu vocación en esta tierra” (ChV 277).
4
GAMPER, D., Las mejores palabras. De la libre expresión, Barcelona: Anagrama, 2019, p. 21. (Premio Anagrama de Ensayo,
2019).
duda, un fenómeno actual que tenemos que tener muy en cuenta. El aludido documento de la Conferencia
Episcopal Española, que ha aparecido bajo el rango de “Orientaciones doctrinales” quiere salir al paso de estas
búsquedas, proponiendo criterios que ayuden al discernimiento y valorando las posibles desviaciones
doctrinales que estas búsquedas suponen respecto a la verdadera oración cristiana.
En Evangelii gaudium, Francisco nos advierte: “si los hombres de hoy no encuentran en la Iglesia una
espiritualidad que los sane, los libere, los llene de vida y de paz al mismo tiempo que los convoque a la
comunión solidaria y a la fecundidad misionera, terminarán engañados por propuestas que no humanizan ni
dan gloria a Dios” (EG 89). Así, descubrir lo que es la naturaleza íntima de la verdadera oración cristiana de
la mano de quien comenzó su pontificado poniéndonos a todos a rezar puede resultarnos no solo instructivo,
sino vitalmente enriquecedor.
2. Perspectiva, estructura y fuentes de esta reflexión
La perspectiva en que quiero que nos situemos es la de tomar una nueva conciencia de que la oración es,
sin duda, una dimensión fundamental de la vida de todo creyente, de todo discípulo-misionero.
“Solo quien tiene una relación íntima con el Señor puede llevárselo a los demás”. Así de contundente decía
Benedicto XVI en la homilía de unas ordenaciones sacerdotales en el año 2010. El papa Francisco lo ha
repetido también de diferentes maneras. En Evangelii gaudium lo deja plasmado en el número 259, dentro de
ese capítulo dedicado a los “Evangelizadores con Espíritu”:
“Sin la oración, toda acción corre el riesgo de quedarse vacía y el anuncio, sin alma. Jesús quiere
evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no solo con palabras, sino, sobre todo, con una vida que se ha
transfigurado en la presencia de Dios”.
No está de más insistir en ello. Más aún cuando estamos a punto de comenzar un mes misionero. Nadie da
lo que no tiene. No hay evangelización verdadera que contagie vida si antes no está la experiencia viva del
encuentro con Jesús en el corazón del evangelizador. Solo un corazón enamorado es capaz de convencer y
llamar a otros a la fe.
Desde esta perspectiva netamente misionera, a partir de aquí divido la exposición en dos partes
fundamentales. La primera, referida a la persona del papa Francisco. La segunda, centrada propiamente en los
aspectos o subrayados fundamentales sobre la oración que aparecen en su magisterio pontificio. Las fuentes
en que podemos encontrar su pensamiento y su doctrina sobre el tema están muy dispersas en sus homilías,
discursos, catequesis, documentos magisteriales e incluso en las entrevistas periodísticas que han sido
publicadas. También encontramos ideas sobre la oración en Francisco en sus escritos anteriores a ser Papa.
Tenemos la suerte de que Francisco ha hablado y reflexionado en múltiples ocasiones sobre esta cuestión, de
forma que vemos una línea clara, insistente y coherente en su reflexión y magisterio.

PRIMERA PARTE
CONOCER A BERGOGLIO
PARA COMPRENDER A FRANCISCO

Tenemos la suerte que poder conocer a este Papa en muchas de sus dimensiones, pues el ministerio de
Francisco está siendo narrado y difundido al detalle, por los medios de comunicación, día a día, desde que
comenzó el pontificado. En Italia hay incluso un programa diario en la TV de la Conferencia Episcopal que
se titula Il giornale di papa Francesco (El diario del papa Francisco).
Sabemos mucho de su biografía. Varios periodistas nos la han contado con pelos y señales5. Hay también
estudios que han examinado la antropología del magisterio de Francisco, su eclesiología, su pneumatología,
las influencias intelectuales que le han configurado; se ha escrito sobre sus gestos, sus actitudes… y sobre
tantas otras dimensiones de su vida y doctrina. Autores como Massimo Borghesi, Antonio Spadaro,
Dominique Wolton, Chris Lowney, Victor Fernández, Austen Ivereigh, Diego Fares, José Luis Narvaja
(sobrino de Bergoglio), entre otros, nos han ayudado a comprender mejor al Francisco de hoy mirando al
Bergoglio de ayer.
1. El mismo, pero no lo mismo
A comienzos de su pontificado, tres meses después de haber sido elegido Papa, Francisco respondía una
carta a su amigo Enrique Martínez, sacerdote de la diócesis de La Rioja en Argentina, en la que le decía lo
siguiente:
“Yo estoy bien y no he perdido la paz frente a un hecho totalmente sorpresivo, y esto lo considero un don de
Dios. Procuro tener el mismo modo de ser y de actuar que tenía en Buenos Aires, porque, si a mi edad cambio,
lo más seguro es que haga el ridículo”.
Es evidente que mucho de lo que vemos en el actual pontificado y en la persona de Francisco, no es nuevo,
ni mucho menos improvisado. Francisco es el mismo de siempre, aunque no sea lo mismo de siempre. En
Bergoglio se ve una evolución. En la exhortación Christus vivit, dirigida a los jóvenes, el papa Francisco hace
una confesión de cómo durante esta nueva etapa de su vida [el pontificado] ha recibido, no obstante, algunos
frutos nuevos de Gracia, sintiéndose bendecido por la gracia especial de “ampliar horizontes y ser bendecido
con el regalo de una nueva juventud” (ChV 160).
Ahora es el Papa, pero en su trayectoria vital hay una maduración, una continuidad sin saltos espectaculares.
Muchos decían de él en Buenos Aires que el Card. Bergoglio era el P. Jorge. Hoy muchos dicen que Francisco
es el cardenal Bergoglio.
Buceando en su biografía y en sus escritos, extraigo a continuación algunas claves de su experiencia vital
que nos pueden ayudar a conocer más a Francisco en su propia maduración y, aunque muchas cosas son
conocidas, recordarlas nos puede ayudar a comprender mejor las raíces de su espiritualidad y de su doctrina
sobre la oración, que es el tema que nos traemos entre manos.
2. El nieto de su abuela Rosa
Le preguntaron a Francisco en una entrevista: ¿Qué salvaría usted en caso de incendio? Francisco contestó:
“salvaría el breviario y la agenda. En la agenda tengo todos los contactos y quehaceres; el Breviario es lo
primero que abro por la mañana y lo último que cierro antes de acostarme. Además, ahí llevo el testamento
de mi abuela”6. Uno de los párrafos de ese testamento dice así:
“Que mis nietos, a los cuales entregué lo mejor de mi corazón, tengan una vida larga y feliz, pero si algún día
el dolor, la enfermedad o la pérdida de una persona amada los llenan de desconsuelo, recuerden que un suspiro
ante el Tabernáculo (Santísimo), donde está el mártir más grande y augusto, y una mirada a María al pie de la
cruz, pueden hacer caer una gota de bálsamo sobre las heridas más profundas y dolorosas”.

5
Destaco como más completo y mejor trabado el libro biográfico escrito por la periodista italo-argentina Elisabetta Piqué,
corresponsal en el Vaticano del diario argentino La Nación, que apareció bajo el título: Francisco, vida y revolución (Ed. Planeta,
2013) y que posteriormente fue llevado al cine por el director Beda Docampo Feijóo en el film: Francisco, el Padre Jorge (2015).
6
F. AMBROGETTI-S. RUBIN, El jesuita. Conversaciones con el Cardenal J. M. Bergoglio, Buenos Aires: Ed. Vergara, 2010, p. 124.
Francisco ha dicho que fue su abuela Rosa la que le enseñó a rezar y la persona que más influyó en él en
su vida. De su abuela, sin duda, Francisco aprendió a valorar la fe como dimensión central de su persona y a
comprender la oración como algo muy unido a la vida, especialmente, como aquello que nos ayuda a vivir
confiando en Dios, incluso en la dificultad. La abuela Rosa, que tuvo que emigrar del Piamonte italiano a la
Argentina, sabía que la única manera de superar todas las dificultades que estaban experimentando como
emigrantes era aferrarse a la fe en Dios. Esta fe probada es la que transmitió a su nieto Jorge7. Francisco es
también, desde niño, un hombre de una fe profunda y también probada. Vemos un ejemplo de ello en el
episodio de enfermedad que tuvo en su juventud y que lo tuvo al borde de la muerte. Esa enfermedad incluso
le frustró irse como misionero a Japón, tal y como él soñaba. La fe le ayudó a crecer y a aceptar la dificultad.
A lo largo de su vida como provincial, obispo y cardenal no le han faltado pruebas. También hoy como Papa
es así. Somos testigos de ello.
Añado aquí una nota más sobre algo que le viene a Francisco también de su abuela Rosa: la devoción a la
Virgen María. Desde niño la abuela le enseño a rezar el Rosario y a acogerse bajo su manto en los momentos
de dificultad. Francisco recibió esta piedad mariana, sin duda, como herencia de su abuela. Es conocido que
Bergoglio, al volver de sus estudios doctorales en Alemania, introdujo en Argentina la devoción a María
Desatanudos. Ahora, siendo ya Papa, no es extraño ver que siempre saluda a la Virgen antes y después de
realizar un viaje pastoral, yendo a rezar a la capilla de Santa María la Mayor. También lo hace a su regreso.
“Siempre en cada viaje pido ayuda a la virgen para que sea Ella quien hable y actúe. Con Ella viajo seguro”,
ha dicho Francisco8. La devoción a María es parte de la piedad popular que Francisco estima como fuerza
evangelizadora y vive personalmente. En una carta escrita a los sacerdotes, con motivo del 160º aniversario
de la muerte del cura de Ars hacía Francisco esta confesión: “Cada vez que voy a un santuraio mariano, me
gusta ganar tiempo mirando y dejándome mirar por la Madre, pidiéndole la confianza del niño, del pobre y
del sencillo que sabe que ahí está su Madre y que puede mendigar un lugar en su regazo. Y en ese estar
mirándola, escuchar una vez más, como el indio Juan Diego: ‘¿Qué hay, hijo mío, el más pequeño?,¿qué
entristece tu corazón?¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre?”9.
Incluso en la Liturgia, Francisco ha dejado su sello mariano introduciendo la Memoria obligatoria de María,
Madre de la Iglesia, el lunes posterior al Domingo de Pentecostés.
3. “Miserando atque eligendo”
Esta frase de Beda el Venerable no solo es un lema al azar que tomó hace ya muchos años Francisco para
su escudo episcopal. Ahí se recoge la experiencia vital del encuentro con Jesús que Francisco sintió siendo
joven y que le ha marcado de por vida. Lo ha contado muchas veces. Profundizando en lo que le sucedió aquel
día de su juventud en que se fue a confesar, con 17 años, Francisco ha dicho que él se siente identificado con
la figura de Mateo, tal y como aparece en el famoso cuadro de Caravaggio que está en la Iglesia de S. Luis de
los Franceses en Roma, que tantas veces visitó y ante el que tantas veces oró. Él se sintió, como Mateo10,
como ese “pibe” que estaba, como en el cuadro, al fondo de la escena con la cabeza gacha, contando las
monedas, enredado en su vida. El Señor le mira con misericordia y, a pesar de su pecado, lo llama a dejarlo

7
Cf. R. APPENDINO-G. LIBERT, Nonna Rosa. La roccia della Langhe. Desde Cortemilia a Argentina, Librería Editrice Vaticana,
2018.
8
Rueda de prensa en el vuelo de regreso de Mozambique, Madagascar, Isla Mauricio, 10 de septiembre de 2019.
9
FRANCISCO, A mis hermanos presbíteros. Carta a los sacerdotes en el 160 aniversario de la muerte del cura de Ars. (4 de agosto
de 2019), Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 27.
10
Entrevista de Antonio Spadaro el 19 de agosto de 2013, publicada simultáneamente en 16 revistas de la Compañía de Jesús. En
España: Razón y Fe 1380 (2013).
todo y a seguirle. Francisco, desde joven, tiene muy viva la experiencia de que, aun siendo pecador, el Señor,
desde su infinita misericordia, le ama y le llama. Él ha dicho que se sintió “Misericordiado” por Jesús. Es la
experiencia fuerte de encuentro con Jesús de la que nace todo y que se mantiene muy viva en él. “Dios nunca
se cansa de perdonar. El problema es que nosotros nos cansamos de pedir perdón”11. Esa Misericordia es una
clave hermenéutica importante que se echa de ver en el talante de Francisco como pastor y en todo su
pontificado. Todo nace de esta convicción profunda. Es la conciencia viva de ser un pecador perdonado,
invitado a testimoniar la compasión del Señor. Cuando aceptó ser Papa, así lo dijo también en el Cónclave:
“No sabéis qué habéis hecho. Soy un pecador, pero… por la Misericordia de Dios, acepto”. Solo desde un
corazón que mantiene vivo este encuentro y esta experiencia vital se comprende ese párrafo magistral de la
Evangelii gaudium en el que Francisco nos exhorta a vivir esta experiencia y nos transmite su testimonio
personal más vivo.
“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro
personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin
descanso. (…) Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús,
descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo:
«Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi
alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores».
¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de
perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia (…)12.
Así entiende Francisco a Dios: un Dios profundamente misericordioso. Es el “Deus Semper primus” que
nos primerea, “como la vara florecida del almendro a la primavera”13 y, a su vez, el “Deus semper maior”
cuyo amor nos supera y va siempre más allá, tal y como lo subraya la tradición jesuítica.
4. El Jesuita
Es también el título del libro-entrevista, fruto de numerosos encuentros, que publicaron Francesca
Ambrogetti y Sergio Rubin en el año 2010. En ese título se capta, sin duda, lo que más define a Francisco: su
ser Jesuita. El P. Jorge, Mons. Bergoglio, ahora Papa Francisco, desde su juventud está “marcado a fuego”
por la formación y por la espiritualidad recibidas en la Compañía de Jesús.
En el noviciado de Jorge Mario Bergoglio, la lectura de los Padres del desierto fue algo muy importante en
la formación espiritual de su generación, que fue educada de una forma muy austera y exigente. Según parece,
calaron hondo en él, sobre todo, los sermones sobre la humildad de Doroteo de Gaza. Escritos de Bergoglio
como La acusación de sí mismo, por ejemplo, nos lo recuerdan. Francisco insiste en ello: solo desde la
humildad podemos situarnos correctamente ante Dios. Francisco es un hombre que ha aprendido la humildad,
la ha experimentado desde la dificultad y la ha trabajado en su oración desde joven.
Francisco es un hombre “trabajado en la humildad” y lo muestra en su relación con los demás,
exquisitamente respetuosa hasta el detalle con cualquiera, en la que manifiesta una ternura especial, sobre
todo, hacia los más pequeños14. Cualquier grafólogo que estudiara la caligrafía del papa Francisco, vería que
incluso en su letra microscópica se proyecta esta humildad. Relacionado con esto, al inicio de sus últimas
catequesis sobre la oración y comentarios al Padre Nuestro, a caballo entre 2018 y 2019, Francisco dice así:

11
FRANCISCO, Angelus, 17 de marzo de 2013
12
FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n.3.
13
J. M. BERGOGLIO, Reflexiones en Esperanza, Buenos Aires: Ed. Diego de Torres, 1992, p. 205.
14
Cf. E. FERNÁNDEZ, Francisco, el Papa de la ternura, Madrid: Planeta, 2019.
“El primer paso para rezar es ser humildes, ir donde el Padre y decir: ‘Mírame, soy pecador, soy débil, soy
malo’, cada uno sabe lo que tiene que decir. Pero se empieza siempre con la humildad, y el Señor escucha. La
oración humilde siempre es escuchada por el Señor”15. Francisco está convencido de que la humildad es
indispensable para que no se arruinen las mejores obras. Esto le viene de su formación jesuítica.
Pero como jesuita, sin duda, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio son la fuente de su espiritualidad
más profunda. Francisco profundizó mucho en ellos y llegó a convertirse en un gran predicador o director de
Ejercicios (por ejemplo, a los obispos españoles, 200616).
Cuestiones como “El Principio y Fundamento” de los Ejercicios le han enseñado a Francisco a situarse ante
Dios correctamente, como criatura ante el Creador, como “oyente de la Palabra” (K. Rahner). La
contemplación de la vida de Jesús le ha enseñado a contrastar su propia vida y a buscar siempre un más (magis)
de configuración con Cristo, desde el discernimiento de espíritus, entre consolaciones y desolaciones, como
dice la propia Fórmula de la Compañía: examinando el Espíritu que lo mueve y auxilia17.
En la Compañía aprendió también que el cristiano ha de vivir en actitud de combate espiritual constante
contra todo aquello que lo quiere apartar de Cristo. No es extraño haber leído en Gaudete et exsultate al Papa
Francisco hablar del Maligno, “ese ser personal” (GE 160), que todo lo desbarata y bajo cuya bandera nunca
se puede uno situar. El himno de San Ignacio, originalmente escrito en Euskera, nos habla de esto. La vida
cristiana y la vida espiritual es un combate constante en el que solo bajo la bandera de Cristo se puede salir
triunfante y en la que cada hijo de san Ignacio se siente “soldado de Dios” para “servir solo al Señor a su
esposa la Iglesia”, como continúa diciendo la fórmula, “según pareciere conveniente para la gloria de Dios
(ad maiorem dei gloriam) y para el bien común”18. Ese es, pues, el trasfondo ignaciano de Bergoglio. Él es,
sin duda, uno de los grandes conocedores de la Espiritualidad jesuítica. Basta leer alguno de sus libros en el
que explica en qué consiste ser jesuita19, o escuchar la gran lección sobre espiritualidad jesuítica y
discernimiento que les dio a sus hermanos jesuitas reunidos en la 36ª Congregación General de la Compañía,
en octubre de 201620.
5. “El que ora mucho por su pueblo”
Otra de las claves de la espiritualidad de Francisco es la que le viene de su vida como pastor. “Este es el
que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo”, es una frase bíblica (2Mac 15,14) que rezamos en
el responsorio de las II Vísperas del Común de Pastores. Francisco aprendió a ser pastor en Buenos Aires.
Abraza a las viejitas, besa a los pobres, a los enfermos, a las personas con discapacidad, vemos cómo visita a
cualquiera, atiende o llama a las personas más sencillas… Desde su tiempo como provincial y como pastor en
Buenos Aires, se cansó de pedir a los curas que estuvieran disponibles para el pueblo, que se mantuvieran
abiertos a la escucha y al diálogo, que no fueran funcionarios de lo sagrado ni jueces implacables. Que
conocieran a la gente. El pastor tiene que conocer a su pueblo. Así lo hacía él también, predicando con el
ejemplo. Alguno ha apuntado que a Francisco le brillan especialmente los ojos cuando dice la expresión “santo

15
FRANCISCO, “Señor, enséñanos a orar”. Catequesis sobre el Padrenuestro, Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 12.
16
J. M. BERGOGLIO, “En Él solo la esperanza”. Ejercicios espirituales predicados a los obispos españoles en 2006. Madrid: BAC,
2013.
17
Fórmula del Instituto aprobada y confirmada por el Papa Julio III mediante Bula «Exposcit debitum,» 21 de Julio de 1550, n. 2.
18
Fórmula del Instituto aprobada y confirmada por el Papa Julio III mediante Bula «Exposcit debitum,» 21 de Julio de 1550, n. 1.
19
J.M. BERGOGLIO, Reflexiones espirituales sobre la vida apostólica, Santander: Sal Terrae, 2013, pp. 229-290.
20
<<http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/october/documents/papa-francesco_20161024_visita-compagnia-
gesu.html>> (acceso: 20.09.19).
pueblo fiel de Dios”21. Escribía Bergoglio en el año 92: “Estoy convencido de que Dios se liga a la historia y
asegura su presencia en medio del pueblo”22. El pueblo, para Francisco, es el santo pueblo fiel de Dios. Un
lugar teológico de hondo calado espiritual en el que Dios también habla y se manifiesta. La oración del pastor
siempre ha de estar unida a su pueblo, escuchándolo, intercediendo por él, dejándose ayudar por él. Hay que
saber escuchar sus demandas y leer también en ese libro, más allá de preconceptos o de toda ideología23. Así
lo dijo Francisco a los sacerdotes en uno de sus discursos: “De la misma manera que escuchamos a nuestro
Padre es como escuchamos al pueblo fiel de Dios. Pasar sin escuchar el dolor de la gente, sin enraizarnos en
sus vidas, es como escuchar la Palabra de Dios sin dejar que eche raíces y sea fecunda”24. Así decía también
a los jesuitas de Rumanía: “El pueblo de Dios tiene un sentido, el sensus fidei que te corrige la línea y te pone
en el recto camino. La oración del pastor siempre ha de estar unida a su pueblo. Escuchándolo, intercediendo
por él, dejándose ayudar por él”25. Ser “parte” de este santo pueblo fiel de Dios, aun como pastor y como
Papa, es importante en la espiritualidad y en la oración del Francisco.
6. Francisco, hombre de oración
Francisco es muy tradicional y a la vez intenso en su manera de orar. Él ha comentado en algunas entrevistas
cómo reza. Se levanta temprano, a las 4 y media de la mañana, sin despertador, y lo primero que hace, tras
asearse y vestirse, es ir a su capilla personal y ponerse ante Dios, ante el crucifijo y el sagrario. Ahí reza laudes
y el oficio divino, como enseña “la Fórmula de la Compañía”, en particular, sin coro26, como lo hizo siempre.
Así se siente unido a toda la Iglesia que ora. Tiene una pequeña capilla al lado de su habitación, en la segunda
planta de Santa Marta, al lado de la habitación 201, contigua a la suya, donde residía durante el cónclave y en
la que, bromea él, habita el Espíritu Santo. Su meditación la hace ante el crucifijo y ante el sagrario,
Tabernáculo lo llama él, como lo llamaba su abuela Rosa.
Después de un buen rato, vuelve sobre las lecturas de la Liturgia de la Palabra del día, que la tarde anterior
ha leído y ha orado, para ultimar así, mentalmente, la homilía que de seguido va a predicar en la misa. A las
7 baja a celebrar la Eucaristía. Una Eucaristía sencilla, austera, como la que se puede celebrar en la misa de
diario de una pequeña parroquia o en cualquier comunidad religiosa. En su minimalismo, el clima de oración
y fervor es sobrecogedor. Tras la Eucaristía, Francisco se sienta con el pueblo cinco minutos para orar y ofrecer
el día al Señor. La mañana la dedica a despachar asuntos y a recibir citas en el palacio apostólico. En torno al
medio día, Francisco lee y medita un rato la Liturgia de la Palabra del día siguiente, subrayando ideas y
rezándolas, dejando que la sabiduría de la Escritura le ayude a extraer lo esencial que quiere predicar a los
demás27. Después deja que a lo largo del día esa Palabra vaya madurando, encontrando sus ecos. Antes de
comer, el Papa dedica unos minutos, siquiera mentalmente, para realizar el Examen, tal y como él lo aprendió
en la Compañía. Nos lo ha recomendado a todos en la exhortación Gaudete et exsultate (GE 169).
Francisco se echa la siesta. Cuarenta minutos. Después, por la tarde, a veces recibe visitas, otras veces lee
o escribe en su cuarto, despachando cuestiones que le prepara su secretario, reza vísperas. Sigue rumiando la
palabra de Dios. En caso de que lo meditado sobre la palabra no deje ideas claras, lo “deja dormir”. Después

21
G. CARRIQUIRY, “La teología del Pueblo en el magisterio pastoral del papa Francisco” en el Congreso Rediscovering Pope
Francis, Milwaukee, USA. Ver en: <<https://bit.ly/2XvLEtW>> (acceso: 20.09.19).
22
J. M. BERGOGLIO, Reflexiones en Esperanza, Buenos Aires: Ed. Diego de Torres, 1992, p. 210.
23
Véase la obra de J. C. SCANNONE, La teología del pueblo. Raíces teológicas del papa Francisco, Santander: Ed. Sal Terrae, 2015.
24
FRANCISCO, Discurso a los sacerdotes, religiosos y seminaristas, Sta. Cruz de la Sierra-Bolivia, 9 de julio de 2015.
25
FRANCISCO, Encuentro con los jesuitas en el viaje apostólico a Rumanía, 31 de mayo de 2019.
26
Fórmula del Instituto aprobada y confirmada por el Papa Julio III mediante Bula «Exposcit debitum,» 21 de Julio de 1550, n. 5.
27
Cf. FRANCISCO, En tus ojos está mi palabra, p. 17.
de cenar y de tener un tiempecito de relax o conversación en el comedor, sube de nuevo a su habitación, lee
un rato y, antes de acostarse, abre de nuevo el breviario para rezar las Completas, dedicando otro rato al
Examen, tal y como lo propone la Liturgia de esta Hora.
Toda similitud con la jornada tipo en la vida de Jesús que se describe en el capítulo primero del evangelio
de Marcos (Mc 1,21-39) es mera casualidad. O quizá no. Lo cierto es que no hay duda de que Francisco imita
ese rasgo orante de Jesús. Es un hombre “rezador” de verdad, preocupado por vivir conectado a la fuente, por
contemplar, meditar y discernir. Se ha dicho de él que no toma las decisiones en el despacho, sino en la
capilla28. No tiene planes demasiado preconcebidos, sino que vive en constante discernimiento. Santa Marta
es el corazón del pontificado29. Es el sancta sanctorum, el lugar donde Francisco reza, lee, escribe, prepara
homilías y discursos, vuelve a rezar, discierne, recibe gente e incluso algunos días escucha un poco de música,
preferiblemente Wagner. Francisco reza con disciplina ascética y, además, le sale de natural vivir en la
presencia de Dios aun en medio de tanta actividad. Francisco es, sin duda, un “contemplativo en la acción”.
Un hombre de Dios que hace vida claramente esa dimensión tan importante del carisma de San Ignacio de
Loyola.

SEGUNDA PARTE
EL MAGISTERIO DE FRANCISCO SOBRE LA ORACIÓN

En un discurso de su viaje a México en 2016, Francisco se dirigía así a los sacerdotes, a los seminaristas y
a las personas consagradas30:
“Hay un dicho entre nosotros que dice así: ‘Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré
cómo rezas, porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo
vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas’; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de
nuestra vida. A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración
es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración”.
El mundo de hoy, decía Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, “escucha a los testigos antes que a los maestros.
O, si escucha a los maestros, es porque son testigos” (cf. EN 41). Francisco puede ser para nosotros un buen
maestro de oración porque es un hombre orante, un testigo. Estoy convencido de que aquello que dice
Francisco sobre la oración no lo dice de oídas. Lo dice porque lo vive. Vive como reza, reza como vive.
Además, no deja de animarnos a todos en general y a cada uno en particular a poner la oración en el centro de
nuestra vida. Él está convencido de que la vida de la Iglesia y de la misión dependen, primariamente, de ello.
Dice Francisco que “a base de tanta actividad y proyecto que hay que llevar a cabo, casi no nos queda
tiempo y perdemos de vista lo fundamental: nuestra vida del corazón, nuestra vida espiritual, nuestra vida que
es encuentro con el Señor en la oración”31. Necesitamos orar, pues necesitamos afrontar la vida unidos a Dios.

28
J. M. POIRIER-LALANNE, Entrevista con Antonio Spadaro. En el diario La Nación. Ver en: <<https://bit.ly/32AR2yS>> (acceso:
20.09.19).
29
Cf. F. PRADO, “Cinco años con Francisco”, Semanario Alfa y Omega 1064 (2018).
30
FRANCISCO, Homilía en la santa misa, Morelia, 16 de febrero de 2016.
31
FRANCISCO, La Santa Misa explicada a los creyentes. Catequesis sobre la Eucaristía, Madrid: Publicaciones Claretianas, 2018,
p. 18.
1. El primado de la oración
Nos lo ha dicho a toda la Iglesia en distintas ocasiones, pero así les decía a los obispos, por ejemplo, en
una visita pastoral a Milán: “¿Cuál es el carisma más importante de un obispo?: la oración. ¿Cuál es la tarea
de un obispo, la primera tarea? La oración. La segunda, el anuncio de la Palabra”32. Hablándoles a los nuevos
obispos recientemente sobre la necesaria cercanía, les decía lo siguiente. “No se puede comunicar la cercanía
de Dios sin tener experiencia de ella, sin experimentarla cada día, sin dejarse contagiar por su ternura. Cada
día, sin ahorrar tiempo, debemos estar frente a Jesús, llevarle las personas, las situaciones, como canales
siempre abiertos entre él y nuestro pueblo”33.
A los seminaristas, futuros sacerdotes, ya en el año 2013 les decía lo siguiente: “El sacerdote encuentra en
la oración la luz y la fuerza de su acción. En efecto, nuestra misión pierde su fecundidad, e incluso se apaga,
en el mismo momento en que se interrumpe la conexión con la Fuente, con el Señor. Sin la relación constante
con Dios la misión se convierte en función”34. También a la vida consagrada le ha dicho en diversas ocasiones
que “El ‘meollo’ de la vida consagrada es la oración”35, advirtiéndola también así: “la oración es el aire que
nos hace renovar la llamada. Un aire sin el que no podríamos ser buenos consagrados”36. En Christus Vivit,
dirigiéndose especialmente aunque no sólo a los jóvenes, Francisco dedica unos números bien interesantes
sobre la importancia de la oración (ChV 150-157).
Partiendo de este papel fundamental que la oración juega en la vida de la comunidad cristiana, voy a tratar
de condensar, en la medida de lo posible, algunos rasgos de la oración que aparecen en los múltiples y muy
dispersos textos e intervenciones de Francisco en los que se hace ver su doctrina. Son algunos de los núcleos
sobre los que el Papa, a mi juicio, insiste en su Magisterio. Evidentemente, el estilo de Francisco no es el del
teólogo que aborda técnicamente problemas teóricos sobre la oración, sino el del pastor, que da pautas para
una vida de oración y, como vemos, resalta su importancia decisiva. A los que crean que van a encontrar algo
novedoso quisiera advertirles: Francisco es muy clásico respecto a este tema. En él encontramos una
concepción clásica sobre la oración cristiana, su lógica y sus exigencias. Sucede con este tema lo que sucede
con otros en Francisco. Cuando lo lees, te suena a nuevo lo que es viejo. En mi opinión, Francisco tiene ese
don de hacer que suene a nuevo lo que es tradicional; mejor dicho, clásico37.
2. “Solo tú eres Santo”
Lo primero que encontramos en Francisco sobre la oración, cuando leemos sus escritos, es una claridad
meridiana sobre lo que es y ha de ser siempre la oración cristiana. Se trata, dice él, de un diálogo, de una
relación personal entre el hombre y Dios. Una relación entre dos libertades. Corresponde esto a la propia
estructura dialogal de la fe y de la antropología cristiana. Sin duda, su raíz ignaciana le ha ayudado a
profundizar en la idea clásica del “sobrenatural” que aparece en los Ejercicios Espirituales. El hombre es
criatura que está ante su creador y en la comunión con Él encuentra su meta y su destino. Francisco subraya
esta cuestión claramente en muchos de sus discursos. Hay una distancia radical entre las dos realidades: Dios
y el hombre. Al comentar el Padrenuestro en sus catequesis, Francisco dice que la frase “que estás en los

32
FRANCISCO, Encuentro con los sacerdotes y las personas consagradas. Visita Pastoral. Catedral de Milán, 25 de marzo de 2017.
33
FRANCISCO, Encuentro con los nuevos obispos. Sala clementina, 12 de septiembre de 2019.
34
FRANCISCO, Encuentro con los seminaristas, novicios y novicias, Sala Pablo VI, 6 de julio de 2013.
35
FRANCISCO, Homilía en el día de la Vida Consagrada, Basílica Vaticana, 2 de febrero de 2016.
36
FRANCISCO, Discurso en el congreso organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de
Vida Apostólica, Aula Pablo VI, 4 de mayo del 2018.
37
J. M. BERGOGLIO, Reflexiones en Esperanza, Buenos Aires: Ed. Diego de Torres, 1992. p. 212-213.
cielos” no quiere expresar distancia en el sentido de lejanía, sino más bien “una diferencia radical de amor”38.
Comentaba Francisco hace años en uno de sus escritos39: “A veces pregunto: ¿a quién le reza Usted? Y no es
difícil encontrarse con la respuesta: ‘A Dios’… Por supuesto que la mayoría de las veces, detrás de esa palabra
‘Dios’ está la figura del Padre o del mismo Jesús... pero también existen personas que rezan a Dios como si
rezaran a la esencia divina. Y esto no es oración. La oración del cristiano es fundamentalmente personal, un
diálogo de persona a persona”, decía entonces Francisco. Para Francisco, Dios no es una energía cósmica
impersonal. Tampoco se identifica con el yo profundo con el que uno trataría de conectar a través del silencio
y la concentración. El Papa resalta la alteridad divina. No está centrada en el yo, no es intimista, sino que está,
sobre todo, abierta al tú trascendente de Dios. Precisamente, en otra de las catequesis sobre el Padrenuestro40,
Francisco nos hace caer en la cuenta de cómo en la oración que Jesús mismo nos enseñó no aparece ni una
sola vez la palabra “yo”. Aparecen el tú y el nosotros, pero nunca el “yo”. A Dios todo se lo debemos. Él nos
precede en amor, en gracia. No podemos comprar su amor ni su favor. Todo nos lo da gratis, inmerecidamente.
Frente a toda sutil tentación de pelagianismo, que cree poder comprar a Dios, en la intimidad del diálogo con
Dios descubrimos que Él es pura Gracia.
En relación con esta alteridad aparece el tema de la adoración como cuestión nuclear en la doctrina de
Francisco sobre la oración. A esta alteridad trascendente, la adoramos. Nos movemos en esa alteridad descrita,
que hace que nos situemos ante Dios como lo que somos, criaturas, concediendo a Dios el lugar que le
corresponde. “Eso es rezar”, dice Francisco, “mirar a Dios y dejarse mirar por Dios”41.
La adoración, dice Francisco, es más que situarse ante el Santísimo en el Sagrario. “Solemos usar la oración
de petición -dice Francisco-, la de acción de gracias, a veces la alabanza… pero la adoración es algo que te
desnuda y te presenta ante el Señor tal cual eres. Adorar es decir: Tú eres grande, yo no soy nada. Es estar en
la presencia de Dios así” (…) “La adoración -continua diciendo- nos ayuda, sobre todo, a ubicarnos
correctamente ante Dios y decirle: Tú solo eres santo, tú solo Señor, tú solo altísimo Jesucristo”42. “La
adoración -decía Francisco a unos jóvenes religiosos- nos despoja de todo narcisismo. Decirle ‘Tú eres el
Señor’ es lo contrario del reflejarse propio del narcisismo”43.
“Esto es la adoración: ponerse ante el Señor, con respeto, con calma y en silencio, dándole a Él el primer lugar,
abandonándose confiados, para pedirle después que su Espíritu venga a nosotros y dejar que nuestras cosas
vayan a Él. Así, también las personas necesitadas, los problemas urgentes, las situaciones difíciles y pesadas
entran en la adoración… El que adora, el que va a la Fuente viva del amor solo puede permanecer, por así
decirlo, ‘contaminado’. Y empieza a comportarse con los demás como el Señor hace con él: se vuelve más
misericordioso, más comprensivo, más disponible, supera su rigidez y se abre a los demás”44.
3. Orar es decir “Padre”
Hablar de la trascendencia es hablar de un tú. Francisco tiene claro que ese tú que está al otro lado en el
diálogo con nosotros tiene rostro. Es el Padre. Es el Hijo el que nos lo ha revelado. En el hijo vemos el rostro
visible del Dios invisible, como dice S. Pablo. Jesús, rompiendo el enigma de un nombre impronunciable, nos
ha revelado su rostro y nos ha enseñado a llamar a Dios, Padre. Más aún, a llamarlo cariñosa y familiarmente

38
FRANCISCO, “Señor, enséñanos a orar”. Catequesis sobre el Padrenuestro, Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 44.
39
FRANCISCO, Mente abierta, corazón creyente, Madrid: Publicaciones Claretianas 2013, p. 206.
40
FRANCISCO, “Señor, enséñanos a orar”. Catequesis sobre el Padrenuestro, Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 36.
41
FRANCISCO, “Señor, enséñanos a orar”… op.cit., p. 35.
42
FRANCISCO, La fuerza de la vocación. Una entrevista con Fernando Prado, Madrid: Publicaciones Claretianas, 2018, p. 73.
43
FRANCISCO, Discurso a los participantes en el Congreso internacional de jóvenes consagrados, 17 de septiembre de 2015.
44
FRANCISCO, “Discurso a la familia Vicenciana con motivo del IV centenario de su fundación (sábado, 14 de octubre de 2017)”,
en Frecuentar el futuro II. Palabras a la vida consagrada (2016-2018), Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 290.
Abbá, Papá. Esto es algo nuclear y también novedoso. Podemos decir Abbá por el Espíritu que habita en
nosotros. Lo hacemos “por medio del Espíritu Santo”, dice Francisco. Así es la estructura de la Revelación.
“Oramos al Padre, en el Hijo, por el Espíritu Santo”.
Podemos llamar así a Dios “porque es un Padre –dice Francisco– lleno de ternura”. Así lo sentimos en la
oración, pues la oración cristiana, tal y como nos la ha enseñado Jesús es, en definitiva, dice Francisco, un
“ponerse en manos de Dios con amor filial” (Bella definición). En una de las catequesis sobre la Eucaristía,
Francisco dice rotundamente: “Orar es saber decir Padre. Si no soy capaz de llamar ‘Padre’ a Dios, entonces
no soy capaz de rezar”45. Tenemos que aprender a ponernos en su presencia siempre con esa confianza filial.
Para Francisco es importante comprender quién es ese Padre, cómo es y cómo nos piensa a nosotros. Él es
el que nos ha amado primero, el misericordioso, el que nos abre a la fraternidad y por eso decimos nuestro, el
que se preocupa por todos nosotros, por nuestra salvación, por la realidad concreta de cada uno, sin
anestesiarla, “por cada inquietud que se lanza hacia el cielo”, dice Francisco. “No rezamos al Padre de un
‘todos’ genérico o demasiado anónimo, sino a Aquél que te ha generado, que te ha dado la vida, a ti, a mí,
como persona individual. Es el Padre ‘que te acompaña en tu camino’, quien conoce toda tu vida, toda46”. Y
es que la oración solo se comprende unida a la vida real y concreta. Él es el padre de todos. Esto nos hace
hermanos. La fraternidad y la preocupación por los demás es una nota netamente cristiana. Es una
preocupación compartida por muchas personas de buena voluntad, incluso no creyentes, pero para nosotros,
es insoslayable. Los demás son nuestros hermanos. Eso hace que haya un vínculo con el otro que tiene un
carácter afectivo que añade un plus a la mera solidaridad. Esta nota de la fraternidad, por lo general, no es
subrayada por otras espiritualidades. Podría ser una prueba del nueve en el discernimiento para ver si nuestra
oración está bien enfocada. “Se reza –ha dicho Francisco– con el tú y con el nosotros”47.
Junto a esto, también quisiera llamaros la atención sobre un tema que el Papa ha subrayado en numerosas
ocasiones. Es el tema de la súplica y de la oración de petición. Si antes decíamos que a la alteridad la
adorábamos, ahora decimos que a este Padre, cercano, lleno de bondad, le pedimos. Para Francisco, fijémonos
en sus palabras, “lejos de ser una forma débil de fe es la forma de oración más auténtica, espontánea, pues
cree en Dios que es Padre, que es bueno, que es omnipotente. Es una oración noble. Dios, que es Padre, tiene
una inmensa compasión de nosotros y quiere que le hablemos llamándolo ‘Padre’, también en las dificultades”.
Estamos necesitados de Dios. No somos autosuficientes. En el libro Mente abierta, corazón creyente,
encontramos esta afirmación de Bergoglio: “Negar que la oración de petición sea superior a las otras oraciones,
es la soberbia más refinada, pues sólo cuando somos pedigüeños nos reconocemos criaturas”48. En Gaudete
et exsultate dirá: “No quitemos valor a la oración de petición, que tantas veces nos serena el corazón y nos
ayuda a seguir luchando con esperanza” (GE 154). La recomendación sobre la insistencia en la oración que
suele dar Francisco, va en esa misma línea. La oración es siempre insistente, pedigüeña, humilde y confiada
a la vez49, en ese Dios Padre que está al final de todo, que nos escucha, nos da lo que nos conviene y apuesta
siempre por nosotros.
¿Cómo conocer mejor al Padre? Francisco nos da una clave al recomendarnos leer todos los días, aunque
sea, unos versículos del Evangelio. «La lectura diaria del Evangelio nos ayuda a vencer el egoísmo y a seguir
con Decisión a Jesús, el Maestro», ha dicho Francisco en uno de sus tweets50. En esto, como en tantas cosas,

45
Cf. PAPA FRANCISCO, La Santa Misa. Catequesis sobre la Eucaristía. Madrid: Publicaciones Claretianas, 2018, p.17.
46
FRANCISCO, Homilía en Santa Marta, 28 de junio de 2013.
47
PAPA FRANCISCO, Señor, enséñanos a orar. Catequesis sobre el Padrenuestro. Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 37.
48
FRANCISCO, Mente abierta, corazón creyente, Madrid: Publicaciones Claretianas 2013, p. 20.
49
Homilía en Santa Marta, 6 de diciembre de 2013.
50
FRANCISCO (@Pontifex_es), tweet, 21 de agosto 2015
Él predica con el ejemplo, ya lo hemos visto. Sobre todo lo recomienda para los pastores, pues de la Escritura
extrae el pastor para sí y para los demás la fuerza que Dios ha depositado en ella. Es el principal sostén del
presbítero, su principal fuente para conocer a Cristo. Conocer la Escritura es conocer a Cristo (San Jerónimo).
Necesitamos, dijo S. Juan Pablo II, acercarnos a la Palabra “con corazón dócil y orante”, para que penetre
a fondo en nuestros pensamientos y sentimientos. El creyente se deja estremecer por la palabra de Dios. Es
parte de esa alteridad entre el yo y el tú. El creyente es oyente de la Palabra, no oyente de sí mismo.
En Vultum Dei quaerere (VDQ), documento dirigido a la vida contemplativa, Francisco dirá a las monjas
claustrales que no sólo ellas, sino «toda la Iglesia necesita volver a descubrir la centralidad de la Palabra de
Dios» (VDQ 19), pues es, como decía Juan Pablo II, la «fuente primera de toda espiritualidad» (Vita
consecrata, n. 94).
4. Nuestra carne en oración
En esas catequesis del Padre Nuestro, Francisco nos dice que ese diálogo filial del que hemos hablado es
íntimo y confidencial, e incluso busca el silencio para escuchar mejor y discernir, pero también nos advierte
de que no podemos caer en la tentación escapista, más propia de ese neo-gnosticismo del que nos ha hablado
en Gaudete et exsultate, que tiende a huir de la carne, de la historia, y quedarse en el mundo de las ideas,
desconectado de la vida51. Aunque la oración requiera también apartarse al silencio, “este nunca es evasión
que niega el mundo que nos rodea”, nos ha dicho en Gaudete et exsultate. “El cristiano no deja el mundo fuera
de la puerta de su habitación cuando va a rezar, sino que lleva en su corazón personas, situaciones, problemas
y muchas otras cosas”. La verdadera oración, dice Francisco, “nos remite siempre al amor al prójimo y así,
paradójicamente, nos acerca más a Dios” (GE 152).
Así lo decimos en ese bello himno de la Liturgia de las Horas:
“Padre nuestro / padre de todos / líbrame del orgullo / de estar solo. / No vengo a la soledad / cuando vengo a
la oración, / pues sé que, estando contigo, / con mis hermanos estoy; / y sé que, estando con ellos, /tú estás en
medio, Señor”52.
Es una insistencia de Francisco al hablar de la oración. La oración cristiana para Francisco es lo más opuesto
al escapismo, al intimismo que busca consuelo en uno mismo: es, más bien, una mirada de Esperanza y
confianza, expresión de la fe en el poder de Dios, que es amor y nos acompaña siempre en el camino de la
vida. Creemos en un Dios con nosotros, en un Dios que se ha hecho historia por su encarnación y quiso hacerse
uno de nosotros para salvarnos.
No se puede orar al margen de la vida y de la historia. Ni de la nuestra propia, ni de la de los demás. En un
escrito del año 2007, dirá el entonces cardenal Bergoglio que “Situarnos plenamente en nuestra dimensión
trascendente no tiene nada que ver con separarnos de las cosas creadas (…) El misterio de la Encarnación es
el que marca la línea divisoria entre la trascendencia cristiana y cualquier forma de espiritualismo o
trascendentalismo gnóstico”53. Una verdadera espiritualidad, nunca puede pecar de ensimismamiento, de
olvido del hombre, de los demás, especialmente de los que más sufren y de los pobres. “El hombre –nos
advirtió Juan Pablo II– es el camino de la Iglesia (…), camino trazado por Cristo mismo”54.

51
FRANCISCO, Gaudete et exsultate, nn. 36-46.
52
Liturgia de las horas. Himno del Sábado de la Semana I.
53
BERGOGLIO, J. M., En tus ojos está mi palabra. Escritos de Buenos Aires (1999-2013), Madrid: Publicaciones Claretianas, 2017,
p. 638.
54
JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptor hominis, n.14.
En Mente abierta, corazón creyente, Francisco dice que hemos de “Orar en la vida”: “allí donde hay alegría,
alabanza y acción de gracias; allí donde también hay lamento, dolor y súplica; está también la reflexión acerca
de los problemas de la existencia”55.
Ahí es donde debemos “volver” a encontrarnos a ese Dios que pasa por nuestras vidas, actuando de forma
salvadora, como lo ha hecho a lo largo de la historia de la humanidad y de la historia de cada uno de nosotros,
si lo sabemos leer. Así, orar es recordar. Es traer a la memoria, volver a pasar por el corazón, las hazañas de
Dios sobre nosotros. Recordar una y otra vez que Dios camina con nosotros y agarrarnos a esa certeza.
Francisco llama a esta memoria “deuteronómica”. Es una memoria agradecida a Dios por tanto bien
realizado, como cuando el pueblo de Israel fue salvado de la mano de los egipcios por el Señor. Una memoria
que siempre vuelve a la raíz de donde todo nace: de Dios Padre.
“Dios no es un spray, una nebulosa56”, ha dicho tantas veces Francisco. Dios interviene en la historia de
los hombres y de los pueblos con una voluntad clara: su voluntad es salvadora. Explica Francisco en esas
catequesis del Padrenuestro mencionadas que cuando decimos “hágase tu voluntad” estamos pidiendo, en
definitiva, que vuelva a buscarnos y a salvarnos, pues su voluntad es siempre salvadora57. La oración confía
porque tiene memoria. Incluso en las momentos más difíciles o en las pruebas más duras.
5. Rezad por mí
Con estas palabras, el papa Francisco suele concluir sus intervenciones en público y los encuentros con las
personas. Es una especie de “cantinela” a la que ya estamos habituados. Sin embargo, no debe escapársenos la
profundidad de tal petición. El Papa, que se hace mendigo de nuestra oración, nos enseña con su ejemplo que no
se puede hacer nada sin la ayuda divina: es necesario ponerse en manos de Dios para cualquier cosa que queramos
hacer. La oración de intercesión es otro de los núcleos importantes en los que Francisco insiste cuando habla de la
oración. Esta oración intercesora pretende, dice Francisco, conmover el corazón del Padre que, como en la
parábola del amigo inoportuno (Lc 11,5-13), acaba por inclinar el oído para conceder lo que se le pide a favor de
otros. El papa Francisco es un hombre de confianza y cree profundamente en las palabras del Evangelio: “Pedid y
se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá la puerta”. La oración de intercesión tiene un valor particular,
dice Francisco en el número 154 de Gaudete et exsultate, porque es un “acto de confianza en Dios y, al mismo
tiempo, una expresión de amor al prójimo”. Según el Papa, “la oración de intercesión expresa el compromiso
fraterno con los otros cuando en ella somos capaces de incorporar la vida de los demás, sus angustias más
perturbadoras y sus mejores sueños”. La semana pasada, el papa Francisco ha pedido que no dejemos de orar
e interceder por los políticos, “incluso por los que no piensan como nosotros”58.
La oración de intercesión nace de la sensibilidad hacia el prójimo como hijo de Dios y hermano nuestro.
“Escuchar la voz de Dios en la oración nos hace ver, oír, conocer el dolor de los demás”59. De ahí nace la
oración de intercesión. Pocos meses después del inicio de su pontificado, Francisco decía esto en una
audiencia, hablando sobre la comunión de los santos. “La comunión de los santos nos recuerda que no estamos
solos, sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo. Por eso, nuestra fe necesita

55
FRANCISCO, Mente abierta, corazón creyente, Madrid: Publicaciones Claretianas 2013, p. 200.
56
FRANCISCO, Homilía en Santa Marta, 18 de abril de 2013. Ver también la homilía del 9 de octubre de 2014.
57
Cf. FRANCISCO, Señor, enséñanos a orar. Catequesis sobre el Padrenuestro. Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, pp. 57-60.
58
FRANCISCO, Homilía en Santa Marta, 16 de septiembre de 2019.
59
FRANCISCO, “Discurso en el encuentro con sacerdotes, religiosas, religiosos, consagrados, consagradas y seminaristas en la
catedral de Kaunas (Lituania), 23 de septiembre de 2018.
del apoyo de los demás, especialmente en los momentos difíciles. ¡Qué bello es sostenernos los unos a los
otros en la maravillosa aventura de la fe .60”!
Esta oración es de especial relevancia para los pastores: “¡Cuántos dramas tienen que ver, tantas veces, en
su interacción pastoral con la gente! Eso -dice Francisco- cansa el alma y te lleva a la oración de intercesión”61.
Los pastores saben bien de la importancia de la oración de súplica por todo su pueblo. En medio de tanta
actividad fuerte de acciones y celebraciones, han de recordar permanentemente el responsorio de la liturgia al
que aludíamos antes: “Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo” (II Vísperas del
común de Pastores). Ciertamente, la oración del pastor es una oración con un doble vínculo: “habitada tanto
por el Espíritu que clama a Dios llamándolo Abba, Padre, como por el pueblo que le fue confiado”62.
6. Liturgia y oración
Por último, no quisiera pasar por alto la cuestión de la oración común que se expresa en la liturgia. El Papa
no ha ofrecido hasta el momento un pensamiento ex profeso sobre esta cuestión, ni parece que la liturgia forme
parte de las grandes prioridades de este pontificado63. Sin embargo, Francisco sí ha dicho algunas cosas que
nos ofrecen el marco o la clave fundamental para comprender cómo hemos de vivir la oración litúrgica que
según él es lugar donde se expresa la fe del pueblo de Dios (lex orandi, lex credendi) “…lugar de la comunión
inclusiva de todos y de edificación de todo el pueblo de Dios”, ha dicho Francisco. “La liturgia –continúa
diciendo– no es la expresión de una piedad personal, para mí, sino de la piedad de todo el pueblo”64.
Francisco ha invitado a que se siga profundizando en la reforma litúrgica que viene del Concilio Vaticano
II, y que ha calificado de “irreversible”65.
El pensamiento de Francisco sobre la oración litúrgica está en estrecha relación con la misión. Alaba la
sencillez y la belleza de la liturgia (cf. EG 24), pero también nos advierte de aquellos que “se preocupan por
el cuidado ostentoso de la liturgia sin preocuparse de que el Evangelio tenga una real inserción en el pueblo
fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia. Así, -continúa diciendo Francisco- la vida de la
Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos” (EG 95).
Francisco ha impartido también unas catequesis sobre la Eucaristía y sus partes durante su pontificado. En
la segunda de ellas habla de la Eucaristía como “la oración por excelencia, la más alta, la más sublime y a la
vez la más concreta. Es el encuentro con Dios mediante su Palabra y el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es un
encuentro con el Señor que construye la Iglesia”66. Sin duda Francisco tiene en alta estima a la Eucaristía.
En la exhortación Gaudete et exsultate, Francisco nos ha recordado que este encuentro con el Señor, que
se realiza en la liturgia eucarística, tiene unas condiciones: “Nuestro culto agrada a Dios cuando allí llevamos
los intentos de vivir con generosidad y cuando dejamos que el don de Dios que recibimos en él se manifieste
en la entrega a los hermanos” (GE 104). Es importante la belleza del culto, pero también que no separemos la
liturgia de la caridad. Es una advertencia que nos hace el Papa, en su línea habitual, preocupado siempre por

60
FRANCISCO, Audiencia general, 30 de octubre de 2013.
61
FRANCISCO, “Discurso en el encuentro con sacerdotes y consagrados”, Génova, 27 de mayo de 2017.
62
FRANCISCO, A mis hermanos presbíteros. Carta a los sacerdotes en el 160 aniversario de la muerte del cura de Ars. (4 de agosto
de 2019), Madrid: Publicaciones Claretianas, 2019, p. 22.
63
cf. AUGÉ, M., “El papa Francisco y la liturgia”, Phase 349 (2019) 9-20.
64
Cf. FRANCISCO, Discurso del Papa a los participantes de la 68ª Semana Litúrgica nacional de Italia (24 de agosto de 2017).
L’Osservatore Romano, 25 de agosto de 2017.
65
Idem.
66
FRANCISCO, La santa Misa explicada a los creyentes. Catequesis sobre la Eucaristía, Madrid: Publicaciones Claretianas, 2018,
pp.15-19.
que lo secundario no nuble lo primario, y por que el Evangelio se traduzca en vida de fraternidad y en actos
concretos que abracen la “carne”, como nos enseñó Jesús.

PALABRAS FINALES

No quisiera terminar este recorrido sobre el tema sin compartir un testimonio personal de primera mano
que, a mi juicio, nos da la clave de todo lo indicado en esta conferencia. Creo que contarlo no es traicionar la
confianza de Francisco, pues no es una murmuración, sino algo que nos puede edificar a todos.
Era la víspera de su viaje apostólico a Chile. Había quedado con el P. Antonio Spadaro (director de la
Civilttá Catòlica y editor de muchos libros de Francisco en Italia) para ir a entregar en propia mano a Francisco
el libro En tus ojos está mi palabra67, que contenía todas sus homilías y discursos como pastor de Buenos
Aires. Antes había estado con el Papa en diversas ocasiones, con motivo de la misa en Santa Marta, pero esta
vez era especial. Era la primera vez que iba a estar hablando con el Papa frente a frente largo y tendido.
Estuvimos conversando una hora y media larga. Al final de la conversación, al despedirme, le dije a Francisco
que esperaba que le fuera bien en el viaje a Chile. Los medios de comunicación estaban hablando mucho
aquellos días sobre los problemas que había en la Iglesia de aquel país, con motivo del tema de los abusos a
menores. Le pregunté: “¿Qué le espera en Chile?”. Él me respondió: “No lo sé. Que hay problemas, hay
problemas. No hay duda. Pero, en medio de los problemas, el Señor también está”. Su respuesta me conmovió.
El Papa me había revelado, de forma natural, al gran creyente que tenemos en Francisco.
Preparando esta conferencia, volví a releer la citada entrevista de Ambroguetti y Rubin68, en la que, al final
del libro, antes de los anexos, le preguntan al entonces cardenal Bergoglio:
“¿Usted tiene una visión optimista del futuro?”.
Él responde: “Yo diría que es útil no confundir optimismo con Esperanza. El optimismo es una actitud
psicológica frente a la vida. La Esperanza va más allá. Es el ancla que uno lanza al futuro y que le permite
tirar de la soga para llegar a lo que anhela. Es esforzarse en la buena dirección. Además, la esperanza es
teologal: está Dios de por medio. Por todo eso, creo que la vida siempre va a triunfar”.
No me cabe duda: Francisco es un hombre de Dios, un profeta verdadero para estos tiempos, un hombre
enamorado de Jesucristo69 y de la humanidad.

SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA

AMBROGETTI, F.-RUBIN, S., El Jesuita. Conversaciones con el Cardenal J. M. Bergoglio. Ed. Vergara, Buenos
Aires,2010.
BERGOGLIO, J. M., En tus ojos está mi palabra. Escritos de Buenos Aires (1999-2013). Publicaciones Claretianas,
Madrid 2017.
- La acusación de sí mismo. Publicaciones Claretianas, Madrid 2013.

67
J. M. BERGOGLIO, En tus ojos está mi palabra. Homilías y discursos de Buenos Aires (1999-2013). Madrid: Publicaciones
Claretianas, 2017.
68
F. AMBROGETTI-S. RUBIN, El jesuita…, op. cit., 165.
69
FRANCISCO, La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una conversación con Fernando Prado. Madrid: Publicaciones
Claretianas, 2018, p. 114.
- Mente abierta, corazón creyente. Publicaciones Claretianas, Madrid 2013.
- Reflexiones en esperanza. Ed. Diego de Torres, Buenos Aires 1992.
- Reflexiones espirituales sobre la vida aposstólica. Sal Terrae, Santander 2013.
BORGHESI, M., Jorge Mario Bergoglio, una biofrafía intelectual. Ed. Encuentro, Madrid 2018.
DIANICH, S., Magistero in movimento. Il caso di papa Francesco. EDB, Bologna 2016.
FARES, D., “Bergoglio, tiempista de la actualidad”, en https://radiomaria.org.ar/programacion/diego-fares-sj-bergoglio-
tiempista-la-espiritualidad/ (acceso: 20.09.19)
FERNÁNDEZ, V. M., “Bergoglio a secas”, en <<https://bit.ly/2Eny5WF>> (acceso: 20.09.19)
LUCIANI, R., “La centralitá el popolo nella teologia socio-culturale di papa Francesco”. Concilium 54 (2018) 92-106.
FRANCISCO, La Santa Misa. La eucaristía explicada a los creyentes. Publicaciones Claretianas, Madrid 2018.
- Encíclica Laudato si’, LEV, Ciudad del Vaticano 2016.
- “Señor, enséñanos a orar”. Catequesis sobre el Padrenuestro. Publicaciones Claretianas, Madrid 2019.
- Exhortación Apostólica Evangelii gaudium. LEV, C. del Vaticano 2014.
- Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate. LEV, C. del Vaticano 2018.
- Frecuentar el futuro (I y II). Palabras a la vida consagrada. [El volumen II se está preparando y se publica en
octubre]. Publicaciones Claretianas, Madrid, 2019.
- Homilías Domus Sanctae Marthae, en <<https://vatican.va>> (S. Marta)
- La fuerza de la vocación. La vida consagrada hoy. Una entrevista con Fernando Prado, Madrid: Publicaciones
Claretianas, 2018.
- Misericordia et Misera. Año de la Misericordia. LEV, C. del Vaticano, 2015.
PIQUÉ, E., Francisco, vida y revolución. La esfera de los libros, Madrid, 2014.
SPADARO, A., “Entrevista al papa Francisco”. Razón y Fe 1380 (2013).
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