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Cantar de los Cantares 1:1-4

En este día, amigo oyente, vamos a continuar considerando el


mensaje que nos transmite esta obra poética que es el Cantar de
los Cantares del rey Salomón.
Es importante leer la totalidad de esta hermosa historia antes de
analizar los detalles del texto. En la introducción ya presentamos
una perspectiva general de la narración y sus protagonistas.
En este libro hay cinco canciones breves. Ellas describen la
experiencia y la historia de una campesina, una Sunamita, que
reside en la región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor
y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje
pero le prometió que regresaría algún día. El no regresó tan
pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que
había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla.
Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su
presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.
Algunos intérpretes creen que esta es una historia cuyas
secuencias están relacionadas. Por nuestra parte no nos
inclinamos por ese punto de vista. Creemos que hay cambios de
escena, y escenas retrospectivas, es decir, de tiempos anteriores.
Sin embargo, para nosotros el interés principal de nuestro estudio
es la aplicación de este libro para usted y para mí como creyentes.
La historia es una hermosa figura de la relación de amor que
existe entre el creyente y el Señor Jesucristo.
(Usted recordará que en un programa anterior dijimos que en el
Primer Libro de Reyes, capítulo 4, versículo 32, se dice que el rey
Salomón escribió 3.000 Proverbios. Bien, nosotros tenemos 915
de ellos. Así es que tenemos muy pocos de los Proverbios que
escribió Salomón. Luego se nos dice que él escribió 1.005 cantos,
él en realidad fue un compositor muy prolífico en su día. Y
nosotros tenemos probablemente solo 5 de ellos. Pensamos que
esa es la razón por la cual ese número cinco, fue mencionado
aquí. Uno habría esperado que se diera un número redondo como
1.000, sin embargo, se mencionan 1.005. Nosotros, pues,
tenemos solamente 5, así que en realidad tenemos una cantidad
menor de los cantos que de los Proverbios. )
El autor comenzó diciéndonos en el primer versículo:
"El «Cantar de los cantares», de Salomón."
Suponemos que quizá uno podría comparar este libro con una
obra de música folklórica, o más probablemente con una ópera.
Estas canciones han sido reunidas para proporcionarnos una
hermosa historia. Esta es una de las maneras que Dios usó para
hablar a Su pueblo. Contradice al ascetismo pero también
condena la lujuria y la infidelidad en los votos matrimoniales. No
es una radionovela, ni es simplemente una novela de amor.
Tampoco es una representación donde el héroe es un neurótico,
la heroína erótica y el argumento un disparate. Es una hermosa
canción que exalta el amor matrimonial.
Ahora, notemos cómo comienza esta historia, en la cual en ese
momento la novia estaba hablando del novio. Leamos el versículo
2, que podríamos titular:
Su beso
"¡Ah, si me besaras con besos de tu boca!, porque mejores son
tus amores que el vino."
En esta primera canción encontramos al novio y a la novia juntos
en una maravillosa relación. El beso en aquellos días era como
una promesa de paz. Y después de todo, el nombre de Salomón
quiere decir paz. Él era el príncipe de paz, y gobernó en Jerusalén,
la ciudad de la paz, y la muchacha sunamita, era la hija de la paz.
El beso indica la existencia de una relación muy personal, íntima,
como la que el Señor Jesús tiene con los Suyos. El puede
comunicar Su mensaje personalmente a usted y a mí a través de
la Palabra de Dios. Es por ello que hoy existe la necesidad de
regresar al estudio de la Palabra de Dios, que es más, que
simplemente aprender las formas y métodos para estudiar la
Biblia o memorizar un texto de la Biblia. Se trata de tener una
relación personal con el autor de la Biblia para que él pueda hablar
a nuestros corazones por medio de Su Palabra. Por ello
recalcamos la frase de este versículo 2, ¡Ah si me besaras con
besos de su boca! Podemos apreciar que Él nos ha transmitido
paz, solamente El puede transmitir paz al corazón humano.
En el Antiguo Testamento hemos visto tipos o figuras de Cristo.
En una sucesión histórica de personajes hemos visto llegar, a
Moisés y a los profetas, Aarón y los sacerdotes y después, a David
y a los reyes. Pero finalmente llegó Cristo como el verdadero
profeta, sacerdote y rey de todo Su Pueblo. Un expositor Bíblico
comentó lo siguiente: "No escucho a Moisés, como él mismo
declaró, hablaba con lentitud". El profeta Isaías, por su parte, dijo
que sus labios eran inmundos. El profeta Jeremías dijo que él no
podía hablar porque era como un niño, y todos los profetas,
humanamente hablando, eran como mudos. Ninguno de ellos
podía comunicarse de la manera en que el Señor Jesucristo podía
hacerlo. Por ello Bernard dijo: "Ellos hablaron de Él, dejemos que
Él hable de Sí mismo."
Aquel que tiene oídos para oír y ha escuchado Sus Palabras de
paz, paz lograda por medio la sangre derramada en la cruz para
el perdón de nuestros pecados, puede dar el paso siguiente. Si
usted ha sido reconciliado con Dios por medio de la redención que
nosotros tenemos en Cristo, espiritualmente hablando, El ofrece
el beso de un contrato nupcial solemne. Es el beso el que sella la
relación matrimonial entre Cristo y el creyente.
Encontramos la misma costumbre en las ceremonias
matrimoniales actuales, que el pastor o el ministro, después de
haber intercambiado los votos matrimoniales, pide que el hombre
levante el velo que cubre el rostro de la novia y que le de un beso
matrimonial. Ese beso es una acción solemne, pues sella el pacto
matrimonial.
En la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que
también nos da libertad. "Si el Hijo os libertare, seréis
verdaderamente libres" - dijo el Señor en Juan 8:36. Pero, ¿qué
clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él y
decirle: "Yo presento mi cuerpo ante Ti como un sacrificio vivo",
como pidió el apóstol Pablo a los Romanos en 12:1. Es la libertad
para ofrecer una dedicación que nos coloca en una relación
personal con el Señor Jesucristo, nuestro Salvador.
Permítame hacerle una pregunta, estimado oyente: ¿Es usted un
hijo de Dios? ¿Tiene usted temor de que hoy no pueda lograr Su
gracia? Él quiere que usted se apropie de Su gracia. Vimos
anteriormente, cuando estudiamos la epístola del Apóstol Pablo a
los Efesios, que Él es rico en misericordia y que Él es rico en Su
gracia. Y Él quiere compartir con usted las riquezas de Su gloria.
Yo no se qué siente usted en cuanto al ofrecimiento del Señor. En
lo que a mi concierne, yo necesito Su gracia, Su misericordia. Y
esa fue la invitación que El expresó en Mateo 11:28, cuando dijo:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os
haré descansar". ¿Conoce usted estimado oyente, en realidad, lo
que es un descanso espiritual verdadero? No se trata
simplemente de un día de reposo a la semana, sino un reposo
espiritual para todos los días. Es descansar en la redención que
el Señor consumó. En el mismo pasaje Bíblico de Mateo 11:29 y
30, El continuó diciendo: "Llevad mi yugo sobre vosotros y
aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis
descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y ligera
mi carga". El yugo es el instrumento de madera al cual se uncen
por el cuello o la cabeza a animales, como las mulas y los bueyes.
Estar unidos a El por cargar su yugo, constituye una hermosa
relación. Y Él es quien lleva esa carga por usted.
Aquí tenemos la declaración poética que hizo Erskine: "Su boca
revela el gozo del cielo; sus besos que vienen de arriba son
perdones, promesas, y sellos de un amor eterno".
Ahora, en este mismo versículo 2, y también en el versículo 3,
consideraremos
Su amor
En la segunda parte del versículo 2 hemos leído la frase porque
mejores son tus amores que el vino. En aquella época el vino
tipificaba el lujo más elevado que podía ofrecer esta tierra. A
propósito, era como una cena con champaña, un banquete que
incluía todo lo que se podía comer. Y aquí el texto nos habla de
aquello que trae la mayor alegría al corazón humano. Recordemos
que el apóstol Pablo escribió en Efesios 5:18: No os embriaguéis
con vino, lo cual conduce al desenfreno, sino sed llenos del
Espíritu. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa
emoción, esa alegría, ese éxtasis de pertenecer a Cristo y de
tener una relación de comunión y compañerismo con El.
Quizás estemos hablando de una experiencia acerca de la cual ni
usted ni yo sabemos mucho. Los cristianos, por supuesto,
asistimos a la iglesia. Suponemos que somos creyentes
dedicados, comprometidos, simplemente porque estamos
sumamente ocupados en diversas actividades, tan ocupados
como las hormigas termitas y, por cierto, a veces producimos los
mismos efectos que estos insectos, que roen la madera de la cual
se alimentan. Necesitamos llegar a tener esa actitud de la que
escribió el apóstol Pedro en su primera carta 1:8, cuando dijo:
Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque
ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.
En el Antiguo Testamento vemos que el profeta Habacuc escribió
lo siguiente en 3:17 y 18; Aunque la higuera no florezca ni en las
vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados
no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la
majada y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré
en el Señor, me gozaré en el Dios de mi salvación. Estimado
oyente, ¿ha llegado usted a ese lugar en su recorrido espiritual,
ha alcanzado usted ese estado de ánimo, esa actitud?
Por todo ello no nos sorprende que el poeta del Cantar de los
Cantares haya llegado a decir mejores son tus amores que el vino.
El vino puede proporcionar una alegría momentánea, o una
euforia pasajera. Pero una vez pasados los efectos, su estado de
ánimo volverá a su condición anterior. Si usted depende de ese u
otros estimulantes de efectos transitorios, se sentirá defraudado
y pasará a depender de esos medios, que nunca podrán traerle
una satisfacción permanente. Por ello le sugerimos que le permita
al Espíritu de Dios entrar en su vida y actuar en ella. El derramará
el amor de Dios en su corazón. Por tal motivo, necesitamos al
Espíritu Santo para lograr una satisfacción completa y para
controlar nuestro andar en la vida cristiana.
Y luego poeta continuó diciendo en el versículo 3, de este capítulo
1:
"Delicioso es el aroma de tus perfumes, y tu nombre, perfume
derramado. ¡Por eso las jóvenes te aman!"
Cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para
que fuera colocada en Su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma
en toda Su vida en este mundo que le acompañó desde su
nacimiento hasta Su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de
Su amor por nosotros cuando murió en la cruz?
Leamos ahora el versículo 4, en el cual destacaremos otro aspecto
el Señor,
Su poder de atracción
"¡Llévame en pos de ti!... ¡Corramos!... ¡El rey me ha llevado a
sus habitaciones! Nos gozaremos y alegraremos contigo, nos
acordaremos de tus amores más que del vino. ¡Con razón te
aman!"
Llegamos aquí a este hermoso pasaje de las Escrituras.
Constituye una expresión de alguien que está enamorado de El,
que llegar a tener una íntima relación de compañerismo y
comunión con El. Pero entonces somos conscientes de que no
podemos alcanzar ese estado; no podemos lograrlo porque es
demasiado elevado para nosotros. Y esa es la posición desde la
cual clamamos diciendo: Llévame en pos de ti.
Bonar lo expresó de la siguiente manera: "Amo el nombre de
Jesús, Emanuel, Cristo el Señor. Como la fragancia en la brisa, se
derrama Su nombre."
¿Qué significa para usted, estimado oyente, el nombre de Jesús?
Alguien quizá diga: "Yo nunca experimenté esa maravillosa
relación". Entonces escuche a la novia de esta historia y haga
suyas sus palabras Llévame contigo. Y si usted es un hijo de Dios,
entonces dígale también: Llévame contigo. Permítale que El le
eleve, que le lleve a ese lugar que usted no puede alcanzar por sí
mismo. Reconozca que por usted mismo, por sus propias fuerzas,
no puede elevarse a ese nivel.
Dios nos dice que Su poder está a nuestra disposición. El dice que
Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. El responderá a
nuestro clamor, cuando le pedimos Llévame contigo. Hay una
gran emoción y un verdadero éxtasis al ser llevados a la presencia
de Cristo por el Espíritu de Dios. El Espíritu puede hacer que Cristo
sea real para nosotros.
En el Evangelio de Juan 6:44, el Señor dijo: Nadie puede venir a
mí, si el Padre, que me envió, no lo atrae; Y el Señor también les
dijo a los Suyos en el mismo Evangelio de Juan 15:16, No me
elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. Nosotros
no buscamos a Dios; fue Dios quien nos buscó a nosotros. Y El
aun nos está buscando hoy. Solo podemos despertarnos y decir,
"Señor, llévame contigo". Necesitamos al Espíritu de Dios para
que nos de el Agua de la Vida. Si bebemos del Agua de Vida, de
lo más profundo de nuestro ser brotarán ríos de agua viva.
En el versículo 4 la novia continúa diciendo ¡Corramos! La idea no
es que pedimos ser atraídos por El porque seamos perezosos o
indiferentes, sino que el pensamiento es que, somos impotentes.
Tenemos el deseo, es decir, que el espíritu está dispuesto, pero
el problema es que el cuerpo es débil. Queremos correr en pos de
El, pero el tendrá que fortalecer nuestras piernas para que
podamos hacerlo así. El tendrá que darnos la capacidad, la
capacidad divina, es decir, el poder. El tiene que atraernos. De
esa manera podremos correr en pos de El. Como dijo el escritor
a los Hebreos 12:1 y 2: corramos con paciencia la carrera que
tenemos por delante, Y el profeta Isaías en 40:31 lo expresó de
la siguiente manera: mas los que esperan en el Señor tendrán
nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no
se cansarán, caminarán y no se fatigarán.
El versículo 4 contiene otro elemento importante del esposo, que
son
Sus habitaciones
Así que cuando clamamos Llévame en pos de ti El responde. Y el
resultado es la siguiente experiencia, como expresa el resto de
este versículo 4: El rey me ha llevado a sus habitaciones. La
habitación es el secreto de Su presencia. Su pabellón, como el
Lugar Santísimo que se encontraba en el santuario del Antiguo
Testamento. Es el lugar secreto alejado de la multitud. Es el lugar
situado en la hendidura, en la grieta de la roca, que El ha
preparado para nosotros, en el cual puede cubrirnos, protegernos
con Su mano, y estar en contacto con nosotros. Esta actitud se
ve en la invitación de Cristo registrada en Apocalipsis 3:20, que
dice lo siguiente: Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.
¡Qué gran privilegio es disfrutar de una relación de comunión y
compañerismo con El!
Y sin embargo, nosotros nos apartamos y tenemos que clamar
como el profeta Isaías, que dice en el capítulo 6:5: ¡Ay de mí que
soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y
habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han
visto mis ojos al Rey, Señor de los Ejércitos". Pero, aquí en el
Cantar de los Cantares dice "el Rey me ha llevado a sus
habitaciones". Él es quien ha provisto esa redención. Y como
relata el pasaje que acabamos de citar de Isaías 6, Él es quien
tomó uno de esos carbones encendidos que estaban en el altar,
y tocó con él mis labios. Es Él quien realizó el sacrificio supremo.
Y por medio de la muerte en la cruz, habiéndole aceptado como
nuestro Salvador y Señor, somos hijos de Dios y tenemos acceso
a Su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna, que es
también la nuestra.