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HISTORIA UNIVERSAL

Esta sección (en construcción) contiene un esbozo de la historia de la humanidad. No pretendo analizar ni explicar los
hechos, sino tan sólo narrarlos con el detalle suficiente para dar una visión de conjunto de cómo ha evolucionado la cultura
humana. Cuando los historiadores discrepan sobre cronologías, nombres o sucesos, no he procurado mostrar todas las
posibilidades, sino que he optado arbitrariamente por una de ellas. La idea no es establecer cómo fueron las cosas, sino,
al menos, cómo pudieron ser de acuerdo con la información disponible. Sin duda habrá muchas imprecisiones e
inexactitudes. Agradeceré toda corrección que se me haga llegar.

Ésta es la lista de las páginas. Cada una empieza en la fecha indicada entre paréntesis, mientras que el suceso citado a
continuación es una muestra orientativa de su contenido, aunque no se corresponde necesariamente con la fecha inicial.

1. El origen del hombre (12.000 millones de años) Desde el Big Bang hasta la aparición del hombre.
2. El origen de la civilización (20.000 años) Antecedentes de las primeras civilizaciones históricas.
3. Los sumerios (4000) Los sumerios inventan la escritura.
4. La Edad del Bronce (3000) Unificación de Egipto.
5. Los acadios (2500) Sargón de Acad funda el primer imperio de la historia.
6. El fin del tercer milenio (2225) Altibajos de Mesopotamia y Egipto.
7. Los amorreos (2000) Los amorreos invaden Mesopotamia.
8. Babilonia. (1800) Babilonia domina Mesopotamia. Egipto cae en manos de extranjeros.
9. El Nuevo Imperio Egipcio (1600) Egipto expulsa a los extranjeros y reconstruye su imperio.
10. El Egipto faraónico (1400) Egipto se convierte en la mayor potencia del Oriente Próximo.
11. La Edad del Hierro (1300) Apogeo de la Grecia Micénica. Los israelitas invaden Canaán
12. Un siglo de crisis (1200) Pueblos indoeuropeos hacen decaer a Grecia, Egipto y Mesopotamia.
13. Los israelitas (1100) Los israelitas eligen a Saúl como rey.
14. El rey David (1000) David es elegido rey de Israel.
15. El rey Salomón (975) Salomón sucede a David en el trono de Israel.
16. Los asirios (900) Asiria se convierte en la mayor potencia del Oriente Próximo.
17. La fundación de Roma (800) Según la tradición, Roma fue fundada en el año 753.
18. El apogeo de Asiria (750) Asiria resurge bajo Teglatfalasar III.
19. La caída de Israel (725) Israel desaparece con las deportaciones forzosas establecidas por Asiria.
20. La Grecia clásica (700) Grecia sale de su edad oscura.
21. La caída de Asiria (650) Los caldeos y los medos destruyen Asiria.
22. El Imperio Caldeo (600) Nabucodonosor II se convierte en rey de Babilonia.
23. El judaísmo (575) Los judíos son deportados a Babilonia.
24. El Imperio Persa (550) El rey Ciro II funda el Imperio Persa.
25. Sabios y filósofos (530) Confucio, Buda, Pitágoras, Heráclito.
26. El final del siglo VI (520) Darío I organiza Persia, surge la república romana y la democracia ateniense.
27. La revuelta jónica (500) Atenas ayuda a las ciudades jónicas en una rebelión contra Persia.
28. Las guerras médicas (480) Jerjes I de Persia invade Grecia.
29. La Atenas de Pericles (470) Pericles llega al poder en Atenas.
30. La Edad de Oro (450) Atenas llega a su apogeo político y cultural.
31. La guerra del Peloponeso (430) Estalla la guerra entre Esparta y Atenas.
32. El fin de la guerra (416) Termina la guerra del Peloponeso.
33. La recuperación de Atenas (400) Atenas logra reponerse de la derrota frente a Esparta.
34. La caída de Esparta (390) Esparta es derrotada por Tebas.
35. El ascenso de Macedonia (370) Filipo II de Macedonia convierte a su país en la mayor potencia griega.
36. Filipo II de Macedonia (350) Filipo II conquista Grecia.
37. Alejandro Magno (337) Alejandro Magno conquista Persia.
38. El fin de Alejandro (330) Muerte de Alejandro Magno.
39. La Grecia helenística (320) El imperio de Alejandro se fragmenta en varios reinos.
40. El ascenso de Roma (300) Roma se convierte en la mayor potencia de Italia.
41. Pirro (280) El rey Pirro de Épiro combate contra Roma.
42. La primera Guerra Púnica (270) Roma y Cartago se disputan Sicilia.
43. Amílcar Barca (250) Amílcar Barca al frente del ejército cartaginés.
44. La Liga Aquea (230) La Liga Aquea disputa el dominio del Peloponeso a Esparta y Macedonia.
45. Aníbal (220) Aníbal entra en Italia y los romanos son incapaces de derrotarlo.
46. El triunfo de Roma (210) Roma derrota a Cartago y se convierte en la primera potencia de Occidente.
47. Roma en el Este (200) Roma empieza a intervenir en Macedonia, Grecia y Asia Menor.
48. Los Macabeos (175) Antíoco IV persigue el judaísmo y Judas Macabeo se rebela.
49. El fin de Cartago (160) Los romanos destruyen Cartago hasta los cimientos.
50. Los Gracos (140) Los Gracos intentan reformar la República Romana y son asesinados.
51. La guerra de Yugurta (120) Roma se enfrenta al númida Yugurta y a una invasión de tribus germánicas.
52. Mario y Sila (100) Mario y Sila rivalizan por la dominación de Roma.
53. La conquista de Oriente (80) Roma se anexiona Bitinia, El Ponto, Siria y Judea.
54. La conjuración de Catilina (63) Cicerón hace fracasar la conspiración de Lucio Sergio Catilina.
55. La Guerra de las Galias (58) Julio César conquista la totalidad de la Galia.
56. Julio César (50) César se adueña de Roma.
57. Marco Antonio (45) César es asesinado. Octavio y Marco Antonio se reparten el poder.
58. El fin de la república (35) Octavio se convierte en el primer emperador romano.
59. La época de Augusto (25) Los primeros años del Imperio Romano.
60. El año cero (0) El año cero no existe.
61. Tiberio (1) Tiberio sucede a Augusto y se convierte en el segundo emperador romano.
62. Jesús de Nazaret (25) Jesús de Nazaret es crucificado, acusado de proclamarse Rey de los Judíos.
63. El cristianismo (30) Los discípulos de Jesús afirman que éste ha resucitado y crean el cristianismo.
64. Pablo de Tarso (35) Pablo de Tarso sienta las bases del cristianismo moderno.
65. Claudio (40) Calígula es asesinado y Claudio es elegido emperador.
66. Nerón (50) Agripina envenena a Claudio y su hijo Nerón se convierte en emperador.
67. Vespasiano (70) El Imperio Romano bajo Vespasiano y sus hijos, Tito y Domiciano.
68. Trajano (100) Bajo Trajano, el Imperio Romano alcanza su máxima extensión.
69. Adriano (117) Adriano sucede a Trajano como emperador.
70. Marco Aurelio (140) El Imperio Romano bajo Antonino Pío y Marco Aurelio.
71. Septimio Severo (180) El Imperio Romano bajo Cómodo, Pertinax y Septimio Severo.
72. El fin de la dinastía Han (210) Tras cuatro siglos y medio de existencia, el Imperio Chino se desmembra.
73. La anarquía (235) El Imperio Romano se desmembra bajo una rápida sucesión de emperadores débiles.
74. Diocleciano (270) El emperador Diocleciano restablece la autoridad imperial.
75. Constantino (300) El emperador Constantino se convierte en protector del cristianismo.
76. Constantinopla (325) Constantino funda Constantinopla y la convierte en capital del Imperio.
77. Los hunos (365) Los hunos se desplazan hacia Occidente.
78. Teodosio (380) Teodosio I convierte el catolicismo en la religión mayoritaria del Imperio Romano.
79. Las invasiones bárbaras (400) Suevos, vándalos, alanos y visigodos penetran en el Imperio Romano.
80. Genserico (420) Francos y burgundios cruzan el Rin. El vándalo Genserico funda un reino en África.
81. El saqueo de Roma (450) Genserico entra en Roma y la saquea.
82. La caída del Imperio Romano (470) Fin de la Edad Antigua e inicio de la Edad Media.
83. Clodoveo (500) El rey franco Clodoveo I conquista la Galia.
84. Justiniano (511) Justiniano se convierte en emperador.
85. La conquista de Occidente (532) Justiniano se propone reconquistar el Imperio de Occidente.
86. El apogeo de Justiniano (550) Los últimos años del reinado de Justiniano.
87. El fin del arrianismo (575) Los visigodos y los lombardos se convierten al catolicismo.
88. Mahoma (600) Mahoma empieza a predicar en La Meca.
89. El islam (615) Mahoma une a los árabes mediante la religión islámica.
90. La expansión árabe (630) Los árabes conquistan Siria, Egipto y el Imperio Persa.
91. La guerra civil (645) Los califas Alí y Muawiya se disputan el gobierno del islam.
92. El islam contra Constantinopla (665) El califa Muawiya asedia Constantinopla.
93. El fin de los visigodos (700) Los musulmanes conquistan el reino visigodo.
94. Carlos Martel (720) Carlos Martel derrota a los musulmanes en Poitiers.
95. Pipino el Breve (740) Pipino el Breve se convierte en rey de los francos.
96. Carlomagno (760) Carlomagno se convierte en rey de los francos.
97. El Imperio Franco (790) El papa León III nombra emperador a Carlomagno.
98. El apogeo de Carlomagno (800) Carlomagno consolida su imperio.
99. Ludovico Pío (815) Ludovico Pío sucede a Carlomagno.
100. El tratado de Verdún (835) Los hijos de Ludovico Pío se reparten el Imperio.
101. Los nietos de Carlomagno (850) Los nietos (y bisnietos) de Carlomagno se disputan el Imperio.
102. El fin del Reino Medio (860) Carlos el Calvo y Luis el Germánico absorben el Reino Medio.
103. Alfredo el Grande (870) Alfredo el Grande libra a Wessex de la conquista danesa.
104. Carlos el Gordo (880) Carlos el Gordo hereda todo el Imperio Franco.
105. Francia y Alemania (900) Conrado I se convierte en el primer rey no carolingio de Alemania.
106. Abd al-Rahmán III (915) Abd al-Rahmán III toma el título de califa en Córdoba.
107. Los reinos medievales (930) Inglaterra, Alemania y León se fortalecen mientras Francia sobrevive.
108. Otón el Grande (950) Otón I de Alemania se convierte en emperador.
109. Almanzor (970) Almanzor gobierna al-Ándalus y sus ejércitos son invencibles.
110. El fin de los carolingios (985) Hugo Capeto sucede a Luis IV, el último rey carolingio.
111. El mundo en el año 1000 (1000) Panorámica del mundo civilizado al fin del primer milenio.
112. El matador de búlgaros (1001) El emperador bizantino Basilio II aplasta a los búlgaros.
113. Canuto el Grande (1015) Canuto de Dinamarca crea un imperio escandinavo.
114. Los reinos de taifas (1030) El Califato de Córdoba se disgrega en pequeños reinos.
115. Guillermo el Bastardo (1040) Guillermo el Bastardo se convierte en duque de Normandía.
116. El cisma de Oriente (1050) Las Iglesias de Roma y de Constantinopla se separan definitivamente.
117. Guillermo el Conquistador (1060) El duque de Normandía conquista Inglaterra.
118. La querella de las investiduras (1070) El papa Gregorio VII y Enrique IV de Alemania se disputan la
supremacía.
119. El Cid Campeador (1080) El rey Alfonso VI destierra a Rodrigo Díaz de Vivar.
120. Los almorávides (1090) Los almorávides se adueñan de Al-Ándalus.
121. La primera Cruzada (1095) El papa Urbano II predica la primera Cruzada.
122. Los Estados latinos de Oriente (1100) Los cruzados fundan varios Estados en Oriente.
123. Las órdenes religiosas (1110) Constitución de las órdenes del Císter, los Hospitalarios y los Templarios.
124. La sucesión en Alemania e Inglaterra (1120) Intrigas en torno a la sucesión de Enrique V y Enrique I.
125. Las guerras de sucesión (1130) Guerras de sucesión en Alemania, Inglaterra y Aragón.
126. La segunda Cruzada (1140) Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania dirigen la segunda Cruzada.
127. El Imperio Angevino (1150) Enrique II Plantagenet forma el Imperio Angevino.
128. Tomás Becket (1160) Tomás Becket es investido arzobispo de Canterbury.
129. El papa y el emperador (1170) Termina el conflicto entre el papa Alejandro III y el emperador Federico I.
130. La decadencia de Constantinopla (1180) El Imperio Bizantino se desintegra poco a poco.
131. La tercera Cruzada (1190) Ricardo Corazón de León dirige la tercera Cruzada.
132. La cuarta Cruzada (1200) La cuarta Cruzada se desvía y conquista Constantinopla.
133. El Imperio Latino de Oriente (1205) Los cruzados organizan un Imperio Latino con capital en
Constantinopla.
134. La cruzada albigense (1209) Inocencio III envía una cruzada contra los cátaros del condado de Tolosa.
135. La quinta Cruzada (1215) Andrés II de Hungría encabeza la quinta Cruzada.
136. La sexta Cruzada (1222) Federico II recupera Jerusalén negociando con el sultán al-Kámil.
137. La reconquista de España I (1230) Sancho II, Fernando III y Jaime I conquistan la mayor parte de Al-
Ándalus.
138. La reconquista de España II (1240) Al-Ándalus se reduce a los reinos de Granada, Murcia y Niebla.
139. La séptima Cruzada (1248) El rey Luis IX de Francia dirige la séptima Cruzada.
140. La caída de Bagdad (1255) Los mongoles destruyen el Califato de Bagdad.
141. La reconquista de Constantinopla (1260) El emperador Miguel VIII de Nicea toma Constantinopla.
142. El fin de los Hohenstaufen (1265) Carlos I de Anjou derrota a los últimos Hohenstaufen.
143. La octava Cruzada (1269) El rey Luis IX de Francia organiza la octava Cruzada.
144. El fin de la dinastía Song (1275) Los mongoles conquistan China.
145. Pedro III el Grande (1280) El rey Pedro III de Aragón se adueña de Sicilia y derrota a Felipe III de Francia.
146. El fin de los Estados latinos (1285) Los mamelucos expulsan a los occidentales de Tierra Santa.
147. Jaime II el Justo (1291) Los primeros años de reinado de Jaime II de Aragón.
148. Felipe el Hermoso (1295) Felipe IV de Francia se enfrenta a Inglaterra y al papa Bonifacio VIII.
149. El mundo al final del siglo XIII (1300) Panorámica del mundo en 1300.
150. La caída del papado (1301) Felipe IV de Francia triunfa sobre Bonifacio VIII y somete a sus sucesores.
151. El fin de los templarios (1305) Felipe IV acaba con la orden del Temple.
152. Felipe V de Francia (1314) Felipe V de Francia implanta la ley sálica.
153. El fin de Eduardo II (1320) Eduardo II de Inglaterra es derrocado por la nobleza.
154. La sucesión de Carlos IV (1328) El rey Carlos IV de Francia muere sin descendencia masculina.
155. La Guerra de los Cien Años (1334) Eduardo III de Inglaterra reclama el trono de Francia.
156. Petrarca y Boccaccio (1340) La Edad de Oro de la literatura italiana.
157. La peste negra (1346) La peste negra causa estragos en Europa.
158. Juan el Bueno y Carlos el Malo (1350) Carlos II de Navarra reclama el trono de Francia a Juan II.
159. La batalla de Poitiers (1355) Eduardo, el príncipe de Gales, derrota a Juan II de Francia en Poitiers.
160. Los dos Pedros (1360) Guerra entre Pedro el Cruel de Castilla y Pedro el Ceremonioso de Aragón.
161. Enrique de Trastámara (1365) Enrique de Trastámara derroca a su hermanastro Pedro el Cruel.
162. El cisma de Occidente (1373) Urbano VI y Clemente VII son elegidos papas el mismo año.
163. Juan I el Grande (1380) Juan I es proclamado rey de Portugal y evita la anexión a Castilla.
164. Carlos el Loco (1386) El rey Carlos VI de Francia se vuelve loco.
165. Benedicto XIII (1393) Benedicto XIII es elegido papa en Aviñón.
166. Timur Lang (1400) El turco-mongol Timur Lang muere tras descalabrar el Imperio Otomano.
167. El compromiso de Caspe (1406) Fernando de Antequera es elegido rey de Aragón.
168. La batalla de Azincourt (1412) Enrique V de Inglaterra invade Francia.
169. El fin del cisma (1415) El concilio de Constanza pone fin al cisma de Occidente.
170. Brunelleschi, Donatello y Masaccio (1420) La renovación del arte en Italia.
171. Juana de Arco (1428) Carlos VII de Francia es coronado en Reims gracias a Juana de Arco.
172. El Renacimiento (1431) El resurgir de la cultura europea.
173. El concilio de Florencia (1435) El papa Eugenio IV trata de poner fin al cisma de Oriente.
174. Los aztecas y los incas (1440) Los orígenes de los Imperios Azteca e Inca.
175. La exploración de África (1443) Los portugueses entran en contacto con el Imperio de Mali.
176. El fin de la Guerra de los Cien Años (1450) Inglaterra pierde todas sus posesiones en Francia.
177. La Guerra de las Dos Rosas (1455) El duque Ricardo de York reclama la corona de Inglaterra.
178. La guerra civil aragonesa (1461) Cataluña se rebela contra el rey Juan II de Aragón.
179. Isabel y Fernando (1466) Isabel de Castilla se casa con Fernando de Aragón.
180. El fin de Carlos el Temerario (1471) Luis XI de Francia acaba con el duque de Borgoña.
181. La guerra de Granada (1477) El rey de Granada Muley-Hacén declara la guerra a Castilla.
182. Cristóbal Colón (1482) Cristóbal Colón busca financiación para llegar a las Indias por Occidente.
183. La conquista de Granada (1487) El reino musulmán de Granada es anexionado a Castilla.
184. El descubrimiento de América (1492) Cristóbal Colón llega a América creyendo haber llegado a las Indias.
185. La guerra de Italia (1493) El rey Carlos VIII de Francia trata de conquistar el reino de Nápoles.
186. La exploración del mundo (1497) Castilla, Portugal e Inglaterra exploran el planeta.
187. La Edad Moderna (1500) El mundo al final de la Edad Media.
188. El Gran Capitán (1501) Gonzalo Fernández de Córdoba conquista el reino de Nápoles.
189. La sucesión de Isabel la Católica (1504) Muere la reina Isabel I de Castilla.
190. La colonización de las Indias (1508) Castilla funda colonias en América y Portugal en la India e Indonesia.
191. Selim I (1512) El sultán otomano Selim I declara la guerra a Persia.
192. Martín Lutero (1515) El agustino Martín Lutero protesta contra las indulgencias.
193. Hernán Cortés (1517) Hernán Cortés inicia la conquista del Imperio Azteca.
194. Las comunidades y la germanía (1520) Rebeliones en España contra Carlos I.
195. La vuelta al mundo (1521) Juan Sebastián Elcano completa la primera vuelta al mundo.
196. La conquista de América Central (1522) Nueva España y Castilla del Oro se disputan Centroamérica.
197. El saco de Roma (1525) El ejército de Carlos V se amotina y saquea Roma.
198. La reforma protestante (1527) Los protestantes perfilan su doctrina y la difunden por Europa.
199. Francisco Pizarro (1530) Pizarro inicia la conquista del Imperio Inca.
200. Juan Calvino (1534) Calvino instaura una dictadura protestante en Ginebra.
201. La conquista de Sudamérica (1537) Los conquistadores españoles se extienden por Sudamérica.
202. Nicolás Copérnico (1540) Copérnico publica su teoría heliocéntrica.
203. El concilio de Trento (1543) El papa Paulo III convoca el concilio de Trento.
204. La batalla de Mühlberg (1547) El emperador Carlos V derrota a los protestantes.
205. El mundo a mediados del siglo XVI (1550) Europa se consolida como la vanguardia de la cultura mundial.
206. La abdicación de Carlos V (1552) Carlos V abdica en favor de su hermano Fernando y de su hijo Felipe.
207. Isabel I y Felipe II (1557) Los primeros años de reinado de Isabel I de Inglaterra y de Felipe II de España.
208. Las guerras de Religión (1560) En Francia estalla la guerra entre católicos y protestantes.
209. La rebelión de Flandes (1565) Los Países Bajos se rebelan contra la intolerancia religiosa española.
210. La batalla de Lepanto (1568) España, Venecia y los Estados Pontificios derrotan a los turcos en Lepanto.
211. La matanza de san Bartolomé (1572) Sangrienta matanza de hugonotes en Francia.
212. El Imperio Español (1576) Felipe II de España se convierte en rey de Portugal.
213. Las Provincias Unidas (1581) El norte de los Países Bajos se independiza de España.
214. La Armada Invencible (1586) Felipe II de España declara la guerra a Inglaterra.
215. Enrique IV de Francia (1592) Enrique IV de Francia pone fin a las guerras de religión.
216. El mundo al final del siglo XVI (1600) Termina el Renacimiento europeo.
217. Don Quijote de la Mancha (1601) Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo...
218. Kepler y Galileo (1606) Johannes Kepler y Galileo Galilei encabezan la revolución científica.
219. La colonización de Norteamérica (1610) Ingleses, franceses y neerlandeses fundan colonias en
Norteamérica.
220. La Guerra de los Treinta Años (1616) Los protestantes de Bohemia se rebelan contra los Austrias.
221. El conde-duque de Olivares (1621) España bajo el gobierno del conde-duque de Olivares.
222. El cardenal Richelieu (1627) La Francia del cardenal Richelieu.
223. La condena de Galileo (1632) La Santa Inquisición obliga a Galileo a abjurar del heliocentrismo.
224. René Descartes (1637) Descartes inaugura la filosofía moderna.
225. La revolución inglesa (1642) El parlamento inglés se rebela contra el rey Carlos I.
226. La paz de Westfalia (1647) Fin de la Guerra de los Treinta Años.
227. Oliver Cromwell (1650) Inglaterra cae bajo la dictadura militar y puritana de Cromwell.
228. La restauración inglesa (1655) Carlos II es reconocido como rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda.
229. El rey Sol (1661) El rey Luis XIV instaura el absolutismo en Francia.
230. La guerra de Devolución (1667) Luis XIV invade los Países Bajos españoles.
231. La guerra de Holanda (1672) Luis XIV declara la guerra a las Provincias Unidas.
232. El apogeo de Luis XIV (1676) Luis XIV llega a la cumbre de su poder.
233. Isaac Newton (1682) Isaac Newton sienta las bases de la física.
234. La segunda revolución inglesa (1687) Jacobo II de Inglaterra es derrocado tras suceder a Carlos II.
235. La sucesión de Carlos II (1692) El problema de la sucesión de Carlos II de España.
236. El mundo al final del siglo XVII (1700) El apogeo del absolutismo.
237. La guerra de sucesión española I (1701) Felipe de Borbón y Carlos de Austria se disputan el trono español.
238. La guerra de sucesión española II (1706) Inglaterra y Escocia forman el Reino Unido de Gran Bretaña.
239. El tratado de Utrecht (1712) Fin de la guerra de sucesión española.
240. La Cuádruple Alianza (1717) Inglaterra, Francia, los Países Bajos y Austria se alían contra España.
241. La sucesión de Pedro I el Grande (1724) Muere el zar Pedro I el Grande.
242. La guerra de sucesión de Polonia (1732) Austria y Rusia se enfrentan a Francia y España por Polonia.
243. La guerra de sucesión de Austria (1738) Europa contra María Teresa de Austria.
244. La paz de Aquisgrán (1743) Fin de la guerra de sucesión de Austria.
245. La ilustración (1750) El mundo a mediados del siglo XVIII.
246. Benjamin Franklin (1751) Franklin se revela como el primer científico americano.
247. La guerra de los Siete años (1756) Gran Bretaña arrebata a Francia sus colonias norteamericanas.
248. Las trece colonias (1761) Las colonias británicas en Norteamérica reivindican derechos.
249. El motín de Esquilache (1765) Revueltas en España y en Norteamérica.
250. Catalina la Grande (1769) Catalina II de Rusia introduce la Ilustración en su país.
251. La Revolución Americana (1773) Las trece colonias se rebelan contra Gran Bretaña.
252. La declaración de independencia (1776) Los Estados Unidos de América se declaran independientes.
253. La guerra de Independencia (1778) Washington, con ayuda francesa, derrota a los británicos en Yorktown.
254. El tratado de Versalles (1781) Gran Bretaña reconoce la independencia de los Estados Unidos.
255. La Constitución de los Estados Unidos (1786) George Washington es elegido primer presidente de los
Estados Unidos.
256. La Revolución Francesa (1789) Los franceses desafían al rey Luis XVI y reclaman un gobierno
constitucional.
257. La República Francesa (1791) Luis XVI es guillotinado y Francia se convierte en una república.
258. La guerra de la Vendée (1793) Guerra civil en Francia entre monárquicos y republicanos.
259. El Terror (1793) Robespierre instaura en Francia el terrorismo de Estado.
260. El Directorio (1794) Los moderados toman el poder en Francia.
261. Napoleón Bonaparte (1796) Tras haber conquistado el norte de Italia, Bonaparte se lanza a la conquista de
Egipto.
262. El Consulado (1799) Un golpe de Estado convierte a Bonaparte en la máxima autoridad de Francia.
263. La Edad Contemporánea (1800) El mundo al final del siglo XVIII.
264. El ascenso de Bonaparte (1801) Bonaparte se hace con el poder absoluto en Francia.
265. El Imperio Francés (1803) Napoleón se corona emperador de Francia.
266. El fin del Sacro Imperio (1805) Napoleón disuelve el Sacro Imperio Romano Germánico.
267. La guerra de la Independencia Española (1808) España se rebela contra la ocupación francesa.
268. Las insurrecciones sudamericanas I (1809) Las colonias americanas se rebelan contra el gobierno español.
269. Las insurrecciones sudamericanas II (1810) Venezuela proclama una declaración de independencia.
270. El declive de Napoleón (1812) El ejército de Napoleón es destrozado por el invierno ruso.
271. Occidente en guerra (1813) Europa contra Francia, los Estados Unidos contra Gran Bretaña, Sudamérica
contra España...
272. La restauración (1814) Restauración del absolutismo en Francia y España.
273. El congreso de Viena (1815) Las grandes potencias rediseñan Europa.
274. La independencia de Sudamérica I (1816) Bolívar y San Martín contra la corona española.
275. La independencia de Sudamérica II (1818) Simón Bolívar funda la República de Colombia.
276. La independencia de México (1820) Agustín de Iturbide proclama la independencia de México.
277. El trienio liberal (1821) Los Cien mil hijos de san Luis restauran en España el absolutismo de Fernando VII.
278. La insurrección griega I (1823) El Imperio Otomano intenta sofocar la insurrección independentista griega.
279. La insurrección griega II (1825) Gran Bretaña, Francia y Rusia deciden apoyar la revolución griega.
280. La independencia de Grecia (1827) Las potencias europeas establecen la independencia de Grecia.
281. El Libro de Mormón (1828) Un embaucador llamado Joseph Smith recibe revelaciones divinas.
282. Las Tres Gloriosas (1830) El rey Carlos X de Francia es derrocado por el pueblo de París.
283. La independencia de Bélgica (1831) Las grandes potencias europeas reconocen la independencia de Bélgica.
284. La guerra de Halcón Negro (1832) La política de traslado de indios al Oeste del presidente Jackson provoca
una guerra.
285. La primera Guerra Carlista (1833) La muerte del rey Fernando VII desencadena una guerra de sucesión en
España.
286. La revolución texana (1834) Los colonos estadounidenses en Texas se rebelan contra el gobierno mexicano.
287. La independencia de Texas (1836) El dictador mexicano Santa Anna es hecho prisionero y Texas proclama
su independencia.
288. Las revueltas canadienses (1837) Canadá exige a Gran Bretaña más autonomía.
289. La guerra del Opio (1838) Gran Bretaña declara la guerra a China.
290. El Imperio Británico (1840) Canadá, Sudáfrica, Afganistán, la India, Australia, bajo el gobierno británico.
291. El tratado de Nanking (1841) China acepta las condiciones británicas tras la guerra del Opio.
292. La caída de Espartero (1842) Un golpe de Estado implanta un gobierno moderado en España.
293. La anexión de Texas (1844) La posible anexión de Texas genera tensiones tanto en los Estados Unidos como
en México.
294. La guerra entre México y los Estados Unidos I (1845) La anexión de Texas hace estallar la guerra.
295. La guerra entre México y los Estados Unidos II (1847) El ejército estadounidense toma la capital mexicana.
296. La primavera de los pueblos I (1848) Una ola de revoluciones liberales recorre Europa.
297. La primavera de los pueblos II (1849) Francisco José I asciende al trono de Austria y reafirma el absolutismo.
298. El mundo a mitad del siglo XIX (1850) La Europa de la reina Victoria y el emperador Francisco José.
299. Napoleón III (1851) Luis Napoleón Bonaparte es elegido emperador de Francia.
300. La guerra de Crimea I (1854) Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Rusia.
301. La guerra de Crimea II (1855) Los aliados toman Sebastopol y el zar Alejandro II pide la paz.
302. Kansas sangrante (1856) Luchas entre esclavistas y abolicionistas en Kansas.
303. La rebelión de los cipayos (1857) Rebelión de los soldados indios contra las autoridades británicas.
304. Abraham Lincoln (1858) Lincoln se presenta a senador en los Estados Unidos y destaca por sus discursos
contra la esclavitud.
305. Italia contra Austria (1859) Victor Manuel II de Cerdeña entra en guerra con Austria con la ayuda de Francia.
306. La unificación de Italia (1860) Víctor Manuel II de Cerdeña y Garibaldi se hacen con el control de casi toda
Italia.
307. La guerra de Secesión I (1861) Once Estados de los Estados Unidos deciden abandonar la Unión.
308. La guerra de Secesión II (1862) Robert Lee derrota estrepitosamente al ejército federal en Fredericksburg.
309. La guerra de Secesión III (1863) Lee es derrotado en Gettysburg y poco después Grant toma Vicksburg.
310. La guerra de Secesión IV (1864) Grant acorrala a Lee en Richmond mientras Sherman devasta Georgia.
311. La guerra de Secesión V (1865) Abraham Lincoln es asesinado en los últimos días de la guerra civil.
312. La guerra Austro-Prusiana (1866) Prusia arrebata a Austria la hegemonía sobre Alemania.
313. La reconstrucción de los Estados Unidos (1867) Los Estados Unidos en la posguerra.
314. La era Meiji (1868) El emperador japonés Meiji recupera el poder tras la caída del último Shogun.
315. La aniquilación del Paraguay (1869) El dictador Francisco Solano López lleva a Paraguay al borde de la
extinción.
316. La caída de Napoleón III (1870) Prusia invade Francia y captura a Napoleón III.
317. El segundo Imperio Alemán (1871) El rey Guillermo I de Prusia es coronado como emperador alemán.
318. La República Española (1872) El rey Amadeo I de España abdica y se proclama la república.
319. La tercera República Francesa (1874) Francia se constituye oficialmente en una república.
320. El centenario de los Estados Unidos (1876) Los Estados Unidos celebran el centenario de su declaración de
independencia.
321. La guerra ruso-turca (1877) El ejército ruso llega hasta las puertas de Constantinopla.
322. La guerra del Pacífico (1879) Chile declara la guerra a Bolivia y Perú.
323. La colonización de África (1881) Las potencias europeas en Egipto, Túnez, Argelia, el Congo, etc.
324. La guerra Sino-francesa (1883) Francia ataca a Vietnam y termina en guerra contra China.
325. El reparto de África (1885) Las grandes potencias fijan las reglas para repartirse el continente africano.
326. El año de los tres emperadores (1887) Muere el Kaiser Guillermo I de Alemania, y poco después su hijo
Federico III.
327. La carrera africana (1889) Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Bélgica se apresuran a abarcar en África
el máximo territorio posible.
328. La guerra civil chilena (1891) El parlamento chileno se rebela contra el presidente Balmaceda.
329. La revolución hawaiana (1893) Una revuelta en Hawai derroca a la reina Lili'uokalani y solicita la anexión
a los Estados Unidos.
330. La guerra sino-japonesa (1894) Japón declara la guerra a China.
331. El nacimiento del cine (1895) Edison, los hermanos Lumière y varios inventores más rivalizan por la
audiencia.
332. La guerra de Cuba (1896) La rebelión cubana contra el gobierno español se extiende por toda la isla.
333. La guerra greco-turca (1897) Grecia apoya la independencia de Creta y el Imperio Otomano le declara la
guerra.
334. La guerra hispano-estadounidense (1898) Los Estados Unidos apoyan la revolución cubana contra España y
entran en guerra.
335. La guerra filipino-estadounidense (1899) Los Estados Unidos arrebatan a España Puerto Rico y las Filipinas,
pero éstas se rebelan.
336. El mundo al final del siglo XIX (1900) El apogeo del imperialismo europeo.
337. La segunda guerra bóer (1901) Gran Bretaña se anexiona la República Sudafricana y el Estado Libre de
Orange.
338. La guerra ruso-japonesa (1903) Japón ataca a Rusia para disputarle la influencia sobre China y Corea.
339. La revolución rusa I (1905) Las protestas populares obligan al zar Nicolás II a promulgar una constitución.
340. La revolución rusa II (1906) Nicolás II frustra todas las reformas liberales que le había impuesto la
revolución.
341. El nacimiento de la aviación (1908) Los hermanos Wright y el conde von Zeppelin hacen viable la aviación
civil y militar.
342. La revolución mexicana (1910) El dictador Porfirio Díaz se ve obligado a abandonar México.
343. Las guerras balcánicas (1912) Italia y los países balcánicos declaran la guerra al Imperio Otomano.
344. La Primera Guerra Mundial I (1914) Austria y Alemania (y luego el Imperio Otomano) declaran la guerra a
Servia, Rusia, Francia y Gran Bretaña.
345. La Primera Guerra Mundial II (1915) Italia se une a los aliados y Bulgaria a las potencias centrales.
346. La Primera Guerra Mundial III (1916) Muere el emperador austro-húngaro Francisco José I.
347. La revolución bolchevique (1917) El zar Nicolás II es derrocado por una revuelta popular, que finalmente
cae bajo el control de Lenin.
348. La guerra civil rusa I (1918) El ejército rojo se enfrenta a los monárquicos y a los socialistas moderados
contrarios a la dictadura bolchevique.
349. El fin de la Primera Guerra Mundial (1918) El colapso de los Imperios Centrales.
350. El tratado de Versalles (1919) Alemania firma con los aliados un tratado de paz humillante.
351. La guerra civil rusa II (1919) El ejército rojo avanza sobre Siberia y acorrala a Kolchak.
352. La guerra de independencia turca (1920) Los nacionalistas turcos se rebelan contra el reparto de Anatolia
entre los aliados.
353. La revolución irlandesa (1920) El Ejército Republicano Irlandes (IRA) inicia una campaña de atentados
contra la policía y el ejército británicos.
354. La independencia de Irlanda (1921) Gran Bretaña reconoce la independencia de Irlanda.
355. El ascenso del fascismo (1922) Los fascistas toman Roma e imponen a Mussolini como primer ministro.
356. La independencia de Turquía (1923) Europa alcanza finalmente la estabilidad tras la Primera Guerra
Mundial.
357. La Unión Soviética (1924) Stalin inicia su ascenso político tras la muerte de Lenin.
358. Il Duce (1925) Mussolini instaura una dictadura en Italia.
359. Chiang Kai-shek I (1926) Chiang Kai-shek inicia una campaña contra los señores de la guerra que
controlaban el norte de China.
360. Chiang Kai-shek II (1927) Chiang Kai-shek rompe con los comunistas y desata una sangrienta persecución
contra ellos.
361. La reunificación de China (1928) Chiang Kai-shek toma Pekín.
362. La Gran Depresión (1929) El hundimiento de la bolsa de Nueva York marca el inicio de una crisis económica
mundial.
363. La caída de Primo de Rivera (1930) Dimite el dictador Miguel Primo de Rivera y la monarquía del rey
Alfonso XIII de España se tambalea.
364. La Segunda República Española (1931) Alfonso XIII es obligado a abdicar y se proclama la república en
España.
365. La invasión japonesa de Manchuria (1932) Japón invade Manchuria y crea un Estado títere.
366. Adolf Hitler I (1933) Hitler transforma la república alemana en una dictadura.
367. Adolf Hitler II (1934) Tras la muerte del presidente Hindenburg, Hitler se convierte en la máxima autoridad
alemana.
368. La Larga Marcha (1935) Mao Zedong se convierte en el líder de los comunistas chinos.
369. El fin de la república española (1936) El Frente Popular gana las elecciones en España y el fascismo se
multiplica.
370. La guerra civil española (1936) Un golpe de Estado parcialmente fallido origina una guerra civil en España.
371. Las purgas estalinistas (1937) La Unión Soviética se convierte en el territorio más inseguro del planeta para
los comunistas.
372. La segunda guerra sinojaponesa (1937) Japón invade China y los nacionalistas se unen a los comunistas para
repeler el ataque.
373. La anexión de Austria (1938) Hitler invade Austria y la incorpora al Tercer Reich.
374. La crisis de los Sudetes (1938) Gran Bretaña y Francia consienten que Hitler inicie el desmembramiento de
Checoslovaquia.
375. La victoria de Franco (1939) Los nacionales ganan la guerra civil española.
376. La Segunda Guerra Mundial (1939) Hitler invade Polonia. Gran Bretaña y Francia le declaran la guerra.
377. La batalla de Francia (1940) Hitler invade Francia.
378. La batalla de Inglaterra (1940) Hitler inicia una campaña de bombardeos contra Gran Bretaña.
379. La invasión de Yugoslavia y Grecia (1941) Hitler invade Yugoslavia y Grecia.
380. La operación Barbarroja (1941) Hitler invade la Unión Soviética.
381. Pearl Harbor (1941) Japón ataca las colonias estadounidenses, británicas y neerlandesas en el Pacífico.
382. La expansión japonesa (1942) Japón se extiende por las Filipinas, Birmania, Malasia, Indonesia y las islas
del Pacífico.
383. Los primeros éxitos de los aliados (1942) La flota japonesa es derrotada en Midway y en Guadalcanal,
Rommel es frenado en Alam el Halfa.
384. Victorias en África (1942) Montgomery derrota a Rommel en El Alamein. Los aliados desembarcan en
Marruecos y Argelia.
385. Stalingrado (1943) Los soviéticos derrotan al Eje en Stalingrado y los estadounidenses, británicos y
franceses liberan el norte de África.
Aquí termina esta entrega de Historia Universal. Las páginas siguientes aparecerán mensualmente a partir de
febrero de 2020.

EL ORIGEN DEL HOMBRE


El suceso más antiguo que puede datarse en el universo que conocemos se remonta a unos 12.000 millones de años. En este primer
instante, toda la energía (y todo el espacio) del universo se encontraba concentrada en un punto, que fue el origen de una gran
explosión (big bang). Durante los primeros segundos, la temperatura era de más de un billón de grados y toda la energía se hallaba en
forma de radiación. Durante los primeros 10 segundos se formaron las partículas elementales y al cabo de 15 minutos se
formaron núcleos de hidrógeno y helio, en proporción de cuatro a uno. Unos 10.000 años después la temperatura había descendido a
unos 100.000 grados y se formaron los primeros átomos de hidrógeno. Al cabo de unos 400.000 años el hidrógeno empezó a
condensarse en nubes (las futuras estrellas), las cuales a su vez se agrupaban en cúmulos mayores (las futuras galaxias).

Hace 11.000 millones de años la temperatura del universo era de unos 3.000 grados, y se formaron las primeras estrellas: la gravedad
hizo que los núcleos de muchas nubes de hidrógeno alcanzasen temperaturas elevadas, del orden de 15 millones de grados, lo que
permitió la fusión del hidrógeno en helio, proceso que origina la emisión luminosa de las estrellas. Cuando las estrellas agotan el
hidrógeno del núcleo son capaces de seguir generando energía fundiendo a su vez el helio en materiales más pesados. De este modo, en
los núcleos de las primeras estrellas se formaron todos los elementos químicos que actualmente hay en la Tierra. En las estrellas más
grandes, este proceso genera cada vez más energía, hasta que llega un momento en que la gravedad no es capaz de contenerla y la estrella
explota lanzando al espacio gran parte de su materia. Esto sucede a una edad diferente según la masa de cada estrella. Las explosiones
de estrellas llenaron el espacio de nuevas nubes de gas (esta vez relativamente rico en toda la gama de elementos químicos), a partir del
cual se formaron nuevas estrellas, las llamadas estrellas de segunda generación, entre las cuales se encuentra el Sol.

El Sol empezó a brillar hace unos 5.000 millones de años. En esta época el universo se había enfriado ya a unos 100 grados bajo cero.
Existen muchas teorías sobre cómo se formaron los planetas del sistema solar, pero fuera como fuera, la edad de la Tierra se estima en
unos 4.600 millones de años. Al principio era una masa incandescente cuya superficie tardó relativamente poco en enfriarse. Parte de la
atmósfera se licuó y se crearon así los mares y océanos. La composición química de la atmósfera y de los océanos era muy diferente de
la actual: No existía la capa de ozono que actualmente nos protege de los rayos ultravioleta, la atmósfera soportaba una intensa actividad
eléctrica. Estas condiciones fomentaron la formación en las aguas de compuestos químicos cada vez más complejos y variados:
compuestos orgánicos que culminarían con la aparición de formas de vida.

La vida en la tierra surgió hace unos 3.500 millones de años. Se inició así un proceso evolutivo de animales y plantas del que tenemos
pocos datos, pues las primeras formas de vida eran microscópicas y luego animales y plantas blandos (algas, gusanos) que no dejan
restos fósiles. Este primer periodo de la vida se conoce como precámbrico, y se extiende hasta el momento en que podemos seguir más
fielmente la evolución biológica a través de los fósiles. A partir de aquí, los biólogos dividen el tiempo en eras:

La era primaria o paleozoica comienza hace 570 millones de años. Se distinguen a su vez varios periodos:

En el periodo cámbrico abundan los trilobites, moluscos y crustáceos. En el periodo ordovícico (que se inicia hace 505 millones de
años) siguen abundando los trilobites, se extienden los equinodermos y braquiópodos y aparecen los primeros peces. El
periodo silúrico se inicia hace 440 millones de años. Aparecen peces acorazados gigantes, las primeras plantas terrestres y de
pantanos, grandes escorpiones marinos. El periodo devónico empezó hace 410 millones de años. Aparacen los peces modernos y
los anfibios, evolucionan las plantas terrestres. En el periodo carbonífero (iniciado hace 360 millones de años) se extienden los
anfibios, aparecen los primeros reptiles, la tierra se llena de musgos y helechos, cuyos restos formarán las cuencas de carbón. En el
periodo pérmico (que empezó hace 285 millones de años) se extienden los reptiles, mientras los anfibios pierden importancia, se
extinguen los trilobites y aparecen las primeras coníferas.

La era secundaria o mesozoica empezó hace 245 millones de años. Su primer periodo es el triásico, en el que aparecen los
primeros dinosaurios y grandes reptiles marinos. También aparecen los primeros mamíferos. Abundan los amonites, aparecen nuevas
especies de plantas, se forman grandes bosques de coníferas. Durante el periodo jurásico (iniciado hace 210 millones de
años) los dinosaurios dominan la Tierra. Aparecen reptiles voladores y las primeras aves, junto con nuevas especies de pequeños
mamíferos. Durante el periodo cretácico aparecen las primeras plantas con flores. Al final del periodo se extinguen los dinosaurios y
muchos otros reptiles, al igual que los amonites.

La era terciaria o cenozoica se inicia hace 65 millones de años. Comienza con el paleoceno, en el que proliferan los mamíferos. En
el eoceno (hace 60 millones de años) aparecen nuevas especies de animales (caballos y elefantes primitivos) así como de plantas.
El oligoceno se inicia hace 35 millones de años. Proliferan las plantas con flores, aparecen muchos de los mamíferos actuales, entre
ellos los primeros primates. Hace 25 millones de años, en el mioceno, se multiplican los primates, especialmente abundantes en África.
Los primates vivían cómodamente en los árboles, alimentados de frutos, prácticamente sin predadores. Sin embargo, hace unos 14
millones de años las cosas empezaron a cambiar. Muchos primates se vieron obligados a abandonar su hábitat arbóreo. Tal vez su vida
fácil condujo a la superpoblación y algunos grupos fueron expulsados de los bosques, hacia las sabanas, un ambiente hostil para unos
animales incapaces de digerir hierba y pobremente dotados para la caza. De esta época datan los restos más antiguos conocidos de una
especie de primate llamada Ramapithecus, que pobló buena parte de Europa, África y Asia (el primer ejemplar se encontró en la India).
En su esqueleto se advierten vestigios de posición erguida. Podemos suponer que estos primates desplazados compensaron su debilidad
formando manadas, al estilo de los mamíferos cazadores. La postura erguida favorecía que cada miembro de la manada pudiera mantener
contacto visual con los restantes, de modo que podían avisarse más eficientemente si detectaban algún peligro. Así pues, la selección
natural favoreció a los individuos mejor dotados para la "incómoda" postura erguida.

El Ramapithecus se extinguió hace 8 millones de años, pero no era el único primate expulsado del paraíso. Hubo más especies en sus
mismas circunstancias que sobrevivieron más o menos tiempo. En general, estos monos cazadores reciben el nombre
de homínidos. Desde hace unos 6 millones de años fueron apareciendo en el este de África varias especies de homínidos agrupadas por
los biólogos bajo el género Australopithecus. En realidad son los primeros a los que se puede aplicar sin discusión el calificativo de
homínido: paulatinamente, las distintas especies de Australopithecus fueron adquiriendo la postura erguida como postura habitual y su
capacidad craneana -aun siendo pequeña en comparación con la del hombre actual- fue aumentando. Lo que estaba sucediendo era que
los homínidos compensaban sus pocas dotes de supervivencia con un incremento de sus habilidades: la postura erguida hizo que ya no
necesitaran sus manos para caminar, y pronto aprendieron a usarlas para matar presas pequeñas con piedras, potenciaron su agilidad, su
capacidad de comunicación y su capacidad de observación, y todo ello se corresponde fisiológicamente con un incremento de la
complejidad neuronal de su corteza cerebral.

El plioceno se inicia hace unos 5 millones de años, con un enfriamiento del clima que provoca la extinción de muchos grandes mamíferos.
Sin embargo, los Australopithecus proliferaron y se vieron obligados a extenderse, pues no había muchas presas a su alcance y una
pequeña porción de territorio no podía alimentar a muchos individuos. Poco a poco fueron ocupando todo el este de África, desde Etiopía
hasta el extremo sur. La naturaleza proporcionó entonces una ayuda más a los homínidos: la maduración retardada. En un momento
dado, aparecieron homínidos con un defecto genético: nacían prematuramente y su crecimiento era demasiado lento. A primera vista,
esto era un grave inconveniente: con el tiempo, las crías llegaron a nacer sin pelo, sin dientes, con la caja craneal todavía sin soldar, sin
capacidad de andar, y tardaban un tiempo desmesurado en valerse por sí mismas. Sin embargo, estos inconvenientes eran compensados
con creces por una única ventaja: una infancia más larga implicaba mayor tiempo para aprender. En efecto, las crías de los primates
actuales muestran un alto grado de curiosidad durante su relativamente breve periodo juvenil, pero después ésta desaparece casi por
completo. Los homínidos conservaron su interés por observar y aprender durante toda su vida, y esto los hizo notablemente más
inteligentes. Ésta es la razón por la que la selección natural estimuló la maduración retardada, que se fue agudizando a lo largo de las
sucesivas especies de homínidos. Hace unos 2.5 millones de años apareció entre los Australopithecus una nueva especie que ya no puede
englobarse en este género. Se trataba del Homo habilis, al que, como vemos, los biólogos le han asignado el nuevo género
llamado Homo.

El Homo habilis superaba a los Australopithecus en capacidad craneana y en inteligencia. Como muestra de ello, nos encontramos con
que el Homo habilis fue el primer homínido que aprendió a tallar piedras para hacerlas cortantes o punzantes. Dispuso así de armas de
caza significativamente más eficientes. Con la aparición del género Homo y su habilidad para fabricar útiles de piedra se inicia la
llamada Edad de Piedra, cuyo primer periodo se conoce como paleolítico y cuya primera etapa, a su vez, es el paleolítico
inferior. El Homo habilis se extendió rápidamente por los territorios habitados por los Australopithecus. Poco después de su aparición
se produjo un drástico cambio climático: las temperaturas descendieron notablemente en todo el planeta. Desde el precámbrico, la Tierra
había pasado por varios periodos de frío conocidos como glaciaciones, algunas de las cuales habían extinguido a algunas especies, pero
ésta era la primera glaciación que arrostraban los homínidos.

Evidentemente, las condiciones de vida empeoraron. La caza fue más escasa y los inviernos eran periodos de hambre. Pese a ello, los
homínidos se adaptaron a las circunstancias. Más aún, en plena glaciación, hace 2 millones de años, surgió una nueva especie del
género Homo: el Homo erectus. Con él da comienzo la era cuaternaria, cuyo primer periodo se conoce como pleistoceno. La glaciación
duró cerca de un millón de años, es decir, hasta hace 1.5 millones de años, pero la era cuaternaria reservaba cuatro glaciaciones más,
separadas por breves periodos interglaciares.

La primera glaciación de la era cuaternaria se inició hace algo más de 1 millón de años y fue más intensa que la anterior. La competencia
entre las distintas especies de homínidos terminó con la extinción de los Australopithecus poco después del inicio de la glaciación y la
del Homo habilis hace 800.000 años. El Homo erectus sobrevivió, entre otras cosas porque aprendió a valerse del fuego. Por aquel
entonces no sabía producirlo ni controlarlo, sino que se lo encontraba cuando un rayo incendiaba un árbol. Tal vez aprendió a conservarlo
como algo valioso. La glaciación terminó hace unos 700.000 años y no debió de pasar mucho tiempo hasta que el Homo erectus aprendió
a controlar el fuego. Esto le supuso una mayor protección frente al frío y los animales carnívoros, así como la posibilidad de alimentarse
de la carne de muchos animales que difícilmente podía digerir en estado crudo.

La segunda glaciación de la era cuaternaria se extendió desde hace 600.000 años hasta hace algo más de 300.000 años. Durante esta
época el Homo erectus aprendió a organizarse para cazar grandes mamíferos. Su modo de vida era ya muy similar al de otros mamíferos
cazadores, pues su inteligencia había compensado ya con creces su inferioridad física.
Así pues, la adversidad climática ya no era un obstáculo serio para el Homo erectus, que empezó a proliferar, pero, al igual que les
ocurrió a los Australopithecus, se encontró con que cada pequeño grupo requería una gran cantidad de territorio para cubrir sus
necesidades, por lo que se extendió paulatinamente por toda la Tierra. No obstante, el número total de habitantes nunca debió de superar
el medio millón. Tras un breve periodo interglaciar sobrevino la tercera glaciación, desde hace algo más de 200.000 años hasta hace
algo más de 100.000 años. A su término el Homo erectus ya ocupaba medio planeta: poblaba toda África, buena parte de Asia y casi
toda Europa (excepto el norte). También había aprendido a fabricar cabañas que le protegieran de la intemperie en ausencia de cuevas
naturales, que hasta entonces habían sido su único refugio.

Durante la tercera glaciación surgieron las primeras formas de dos nuevas especies: el Homo sapiens y el Homo neanderthalensis. En
Alemania se encontró un fósil preneandertalense de al menos 200.000 años y en Israel se ha encontrado un fósil de hace unos 100.000
años antecesor del Homo sapiens, en compañía de restos neandertalenses y de los últimos vestigios de Homo erectus, que se extinguió
hace unos 90.000 años. Con la aparición de estas especies se inicia el paleolítico medio.

La capacidad craneal de las nuevas especies triplicaba a la del Homo habilis. En un primer momento, las diferencias entre los Homo
neanderthalensis y los Homo sapiens eran pequeñas, al igual que las diferencias culturales respecto al Homo erectus. No obstante, al
principio de la cuarta glaciación, hace unos 80.000 años, encontramos ya una cultura neandertal claramente definida. Entre sus nuevas
costumbres se encontraba la de enterrar a los difuntos, y entre sus nuevas habilidades la fabricación de flechas. Respecto a las
inhumaciones, no es razonable suponer en ellos una capacidad de pensamiento abstracto o religioso, pero sí podemos entrever cierto
grado de autoconciencia. La selección natural fomentó la existencia de relaciones afectivas de los padres hacia los hijos en mayor grado
que las usuales en otros animales, pues unas crías absolutamente inválidas no podían sobrevivir sin una buena dosis de paciencia en sus
progenitores. Probablemente, sus crías fueron las primeras en reír como recurso para agradar y mantener la atención de sus padres. Estas
relaciones afectivas debieron de mantenerse entre adultos, de modo que llegaron a sentir el dolor de la muerte e hicieron lo posible para
evitar que sus cadáveres fueran alimento de las fieras.

El Homo sapiens y el Homo neanderthalensis se extendieron por Europa, Asia y África. Cazaban todo tipo de animales y se adaptaron
con eficiencia a cada medio ambiente. Hace unos 40.000 años el Homo sapiens se convirtió en el primer poblador humano de Australia.
Hace unos 35.000 años empezó a manifestar su superioridad cultural frente al hombre de Neandertal, dando inicio así al paleolítico
superior. Una buena prueba de esta superioridad es que la población mundial pasó en un tiempo muy breve de poco más de un millón de
habitantes a casi cinco millones. A esta época corresponden los restos más antiguos conocidos de arte prefigurativo (incisiones y
marcas decorativas en hueso y en piedra). Las primeras muestras conocidas de arte figurativo (cabezas y cuartos delanteros de animales
pintados en piedra) datan de hace unos 30.000 años. Este avance hay que asociarlo a una significativa evolución intelectual. Es imposible
poner fechas a esto, pero el hombre adquirió la capacidad de pensamiento abstracto, es decir, la capacidad de pensar en algo sin necesidad
de ningún estímulo externo que le impulsara a ello. Así mismo desarrolló el lenguaje articulado: los homínidos llevaban mucho tiempo
comunicándose entre sí con gran eficiencia, pero siempre mediante signos cuyo significado lo fijaba el contexto (un grito en un momento
dado podía ser la señal de iniciar un ataque conjunto a una presa, o el indicio de algún peligro cuya naturaleza había que percibir
directamente, etc.). El lenguaje articulado suponía la posibilidad de aludir a algo de forma unívoca independientemente del contexto. Tal
vez las figuras esquemáticas fueron al principio un método de ponerse de acuerdo en el significado de las palabras, de convenir qué caza
iban a buscar, tal vez se quedó como costumbre hacer dibujos de las presas que esperaban cazar, tal vez llegaron a imaginar que dibujar
los animales era una forma mágica de atraerlos. Es difícil saber cómo concebían el mundo estos primeros hombres.

A medida que el Homo sapiens fue cobrando conciencia de su existencia en el mundo debió de percibir su debilidad e impotencia frente
a la naturaleza: había animales feroces a los que era mejor no enfrentarse salvo extrema necesidad, otros, en cambio, podían ser
dominados con habilidad. Por otra parte, nada había que hacer contra las fuerzas del cielo, los rayos y los truenos. Sin duda el Sol y la
Luna debieron de intrigarle. Probablemente llegó a la conclusión de que en el cielo habitaban seres muy poderosos y de humor voluble,
a los que era mejor tener contentos, pues ejercían gran influencia sobre la tierra. En manos de estos seres estaba que hubiera o no buena
caza, que las mujeres tuvieran o no hijos... La imaginación del Homo sapiens ante lo desconocido pudo ir por mil caminos diferentes,
creando creencias de toda índole, acompañadas de ritos y costumbres. Es difícil saber qué finalidad concreta tendrían los objetos que
hoy calificamos de "manifestaciones artísticas". Se conocen estatuillas femeninas fabricadas desde hace unos 27.000 años. A partir de
aquí se van produciendo imágenes pictóricas, bajorrelieves y esculturas cada vez más perfeccionadas.

Hace unos 25.000 años se extinguió el hombre de Neandertal, con lo que el Homo sapiens pasó a ser la única especie humana sobre la
Tierra y ya podemos referirnos a él simplemente como "el hombre". Aparte de mínimas diferenciaciones raciales, no se ha producido
ninguna evolución fisiológica importante desde entonces. La extraordinaria evolución del hombre ha sido puramente cultural. Hace al
menos 23.000 años el hombre pobló América por primera vez. Accedió a ella desde Siberia, cruzando un estrecho de Bering seco (el
nivel del mar era inferior al actual a causa de la glaciación) o helado. Así, el hombre no tardó mucho en poblar la práctica totalidad de
la Tierra.

EL ORIGEN DE LA CIVILIZACIÓN
Hace unos 20.000 años, durante la cuarta y última glaciación de la era cuaternaria, el hombre vagaba por la Tierra en busca de caza y
un grupo humano llegaba a una zona rica en caza o en vegetación comestible, establecían campamentos temporales hasta agotar los re
especialmente fértiles, hasta el punto de que se regeneraban antes de ser agotados, de modo que poco a poco fueron surgiendo campa
recolección. Así fue cómo el hombre se hizo sedentario.

Tal vez los ejemplos más antiguos de este tipo de poblados (aunque no muy numerosos al principio) son una serie de asentamien
en el actual Egipto, los primeros de los cuales datan de hace 19.000 años. Al parecer, sus habitantes recogían anualmente cosechas de
el norte de África era una selva rica en fauna y vegetación, pero pronto terminaría el periodo glaciar y comenzaría un proceso de dese
obstante, la zona noreste continuó siendo fértil mucho tiempo gracias al río Nilo. Se trata del río más largo del mundo, que nace en e
sus aguas hacia el norte hasta el Mediterráneo. De todos modos, esto sólo se descubrió mucho más tarde. En la antigüedad, ningún hom
una serie de cataratas impedían seguir su curso río arriba a través de la selva.

Otra zona donde hay indicios tempranos de recolección de cereales es la costa más oriental del Mediterráneo, lo que hoy es Palestina
demuestran que en esta región el hombre había aprendido a moler el grano. Palestina formaba parte de una zona de condiciones espec
fértil. Se trata de una región que, como indica su nombre, tiene forma aproximada de media luna. Su parte este es lo que podríamos ll
de Palestina al sur y Fenicia al norte, si bien estos nombres están relacionados con pueblos que habitarían la región posteriormen
llamado corredor sirio y luego desciende hacia el sur siguiendo el curso de dos ríos que fluyen paralelamente: el Éufrates y el Tigri
en el Golfo Pérsico. En la antigüedad el mar cubría una extensión mayor de terreno, de modo que el Éufrates y el Tigris tenían dese
los dos ríos (y, por extensión, sus alrededores) se conoce como Mesopotamia. Mesopotamia limita al este con los montes Zagros
poblaron estos montes hace casi 13.000 años.
La vida en poblados estables supuso un cambio cultural importante. Se abre así una última fase del periodo paleolítico conocida com
son sus primeras manifestaciones, si bien la cultura mesolítica sólo empezó a ser representativa desde hace unos 12.000 años, es decir,
que empieza el último periodo de la era cuaternaria: el holoceno. De esta época se conservan poblados palestinos con cabañas circula

En el IX milenio terminó la cuarta glaciación. La cultura mesolítica se extendió desde Palestina hasta Siria siguiendo la media luna
estado mesolítico durante varios milenios, en el Oriente Próximo se produjeron cambios relativamente rápidos. Los hombres seden
comportamiento de las plantas y los animales. Lentamente, descubrieron que era posible retener y alimentar a algunos animales en lu
su carne cuando fuera más necesaria. Hay indicios de que por esta época, en un asentamiento que más tarde sería la ciudad de Jericó
los hombres de la parte occidental de la media luna fértil se hicieron pastores y agricultores.

Los que optaron por reunir animales y apacentarlos se encontraron con que tenían que viajar de un sitio a otro en busca de pastos, lo q
en pueblos nómadas. Por el contrario, los agricultores debían permanecer junto a sus tierras, las cuales requerían toda clase de trab
numerosos, pues, por una parte, la tierra trabajada proporcionaba alimento para más personas y, por otra, necesitaban defenderse de
escrúpulos de llegar y llevarse sin esfuerzo el fruto del trabajo ajeno.

Con la aparición de la agricultura y la ganadería entramos en la segunda etapa de la Edad de Piedra: el neolítico. Las primeras manife
Palestina a partir del año 8600. Por aquel entonces, la Tierra debía de contar con alrededor de ocho millones de habitantes. Los nuevo
junto con otras innovaciones. En el año 8000 se descubrió la cerámica en el Sahara y en Siria independientemente. Las vasijas de barro
de piedra. No obstante, el labrado de la piedra también se perfeccionó. De hecho, la denominación paleolítico/neolítico marca el trá
bien, como ya queda dicho, no es ésta la diferencia más significativa entre ambas culturas, sino la aparición de la agricultura y la gana

Hacia el 7500 se empezó a cultivar el trigo en Jericó, y se domesticaron el cerdo y la cabra. Por esta época la agricultura y la ganad
su parte norte, la más alejada del mar). Palestina continuaba a la cabeza de la civilización: Hacia el año 7000, las viejas cabañas circula
rectangular, subdivididas en habitaciones y con las paredes y el suelo cubiertos de arcilla. Sus pobladores enterraban a los difuntos b
cubrían de arcilla y lo adornaban con pinturas. Esto indica un complejo ceremonial religioso.

En general, las culturas agrícolas desarrollaron una religión más compleja y sofisticada que los pueblos nómadas. Los nómadas ll
capaces de dominar su entorno. Eran gente ruda y fuerte. A menudo efectuaban provechosas incursiones en aldeas de agricultores ind
que era la escasez o falta de recursos. Las únicas cosas que no podían controlar eran las tormentas, las enfermedades y tal vez los en
sus religiones se limitaban a algún "dios de las tormentas" o "del trueno" o "del rayo", a quien implorar clemencia en las tempestades, o
y pedir protección antes de un enfrentamiento. Por el contrario, los agricultores estaban rodeados de eventos que escapaban a su con
momento oportuno, de que no hubiera tormentas devastadoras, de que las cosechas fueran buenas, de que los ríos trajesen agua sufic
estaciones del año y las vinculaban con los cambios de posición del Sol y las estrellas en la bóveda celeste. Así, el agricultor apre
extendió rápidamente entre los pueblos agrícolas, y surgieron toda clase de ritos para mantener propicios a los dioses de la lluvia y de
tardan en surgir sacerdotes especializados en velar por que los dioses estuvieran satisfechos con el pueblo. Los sacerdotes tienen fam
preguntas de todo tipo, para las que siempre tienen alguna respuesta basada en historias sobre tal o cual dios. Así, cada pueblo fu
imaginación de sus gentes, y en consonancia con el grado de sofisticación de cada sociedad.

Durante el VII milenio la densidad de población en la media luna fértil aumentó notablemente. Se domesticó al buey. En Siria se ex
de recipientes de cal, aunque estas técnicas no tuvieron continuidad. La agricultura se extendió por la península de Anatolia (Turquía)
pueblos de cerca de 6.000 habitantes, con casas y santuarios de ladrillo crudo y frescos de divinidades femeninas y toros. A finales del
adornos, puntas de lanza y objetos diversos, pero el metal era escaso y el descubrimiento no tuvo muchas repercusiones.

Por esta época empieza a aparecer también la agricultura en algunas zonas del actual México.

Al comienzo del VI milenio las técnicas agrícolas se habían perfeccionado notablemente en la zona occidental de la media luna fér
extendió desde Siria por ambos "cuernos" de la media luna. El Éufrates y el Tigris suministraban excesiva agua en primavera y poca e
grandes aldeas de obreros que construyeron presas y canales para almacenar y distribuir el agua. Se ocupó la baja Mesopotamia, que

Los agricultores podían cosechar más de lo que necesitaban consumir, lo que propició que algunos hombres optaran por especia
los agricultores por sus sobrantes. Así, tras la cerámica surgió la cestería y luego la elaboración de tejidos. Se formó una im
de Ur. Allí surgió una comunidad de comerciantes que llegaron a recorrer por mar las costas de Arabia. Su emplazamiento está actua
hasta sus inmediaciones. Hay constancia de que durante un cierto periodo la aldea fue completamente inundada por el mar. Es posible
pervivió durante milenios en la zona sobre un "diluvio universal", que supuestamente había inundado la totalidad de la Tierra. El ma
con el tiempo se convertirían en ciudades importantes. Al norte de la media luna fértil, cerca del nacimiento del Tigris, se fundó Nín
poderoso imperio.

Mientras tanto, la vida en Anatolia debió de ser especialmente difícil. El único avance cultural durante el sexto milenio fue la con
sufrían frecuentes incursiones de pueblos nómadas vecinos. En Egipto las condiciones eran más propicias que las de Mesopotamia o
avances de estas regiones y continuó en su tradición mesolítica de caza y recolección durante todo el milenio. Por el contrario, la cu
hacia Europa. Hacia el año 6000 aparecen las primeras comunidades agrícolas en el sureste de Europa y a lo largo del milenio se e
mismo apareció la agricultura alrededor del valle del Indo (en el actual Pakistán).
A lo largo del V milenio la cultura neolítica se expandió y consolidó por Europa, Asia y África. La prosperidad fue tal, que en este per
de habitantes hasta casi 50 millones. En Europa y África central surge la cultura megalítica, caracterizada por la construcción de gran
levantadas a modo de columnas, a veces alineadas según ciertos patrones, otros en forma de enormes losas horizontales apoyadas
construcciones debían de estar asociadas a nuevos rituales y creencias más o menos sofisticadas, típicos de la cultura neolítica. En G
llegó hasta la isla de Creta. En Asia la agricultura continuó extendiéndose lentamente por el valle del Indo.

En América el progreso fue ligeramente más lento: en algunas zonas de México y Perú hubo pueblos de cazadores-recolectores que em
animales e inventaron la cerámica. Los cultivos eran muy variados, pero la agricultura les proporcionaba sólo una pequeña parte d
vegetales.
En China se formaron asentamientos mesolíticos a lo largo del río Amarillo (Huang He), donde finalmente se aprendió a cultivar el ar
nómadas que se extendieron y diversificaron por Siberia y Asia central. Su influencia llegó hasta China. Al oeste de los montes Ura
mar Caspio y el mar Negro. Sus integrantes hablaban una lengua común, conocida como Indoeuropeo. La península arábiga y el nor
también hablaba una misma lengua, conocida como Afroasiático o Camitosemítico. No obstante, el desierto del Sinaí supuso una s
que las variantes dialectales del Afroasiático de Arabia formaron pronto un grupo de lenguas bien diferenciadas de las africanas, cono
se hicieron ganaderas, mientras que las del norte de África continuaron viviendo durante mucho más tiempo de la caza y la recolecció

Los mayores avances se produjeron en la Baja Mesopotamia, esto es, la parte más cercana a la desembocadura del Éufrates y el Tigris
alta de la región llegó hasta el sur, lo que permitió aprovechar plenamente las posibilidades que ofrecían los ríos, dando origen a una
más fértil y próspera de la época. Además de la agricultura, florecieron el comercio y la alfarería. Los mercaderes inventaron un ant
barro se marcaban con sellos planos que imprimían un relieve distintivo de su propietario o de su contenido. A finales del milenio algun

Hasta entonces, las aldeas pequeñas tenían una estructura tribal, formadas por unas pocas familias que obedecían a algún patriarca, pe
que no descansara en vínculos familiares. Así, las ciudades mesopotámicas se fueron convirtiendo en ciudades-estado. Cada ciudad
gobernada por un rey. La administración corría a cargo de los sacerdotes. Éstos ejercían de tesoreros y recaudadores de impuestos y,
de intermediarios con los dioses, la religión se fue sofisticando más y más. El templo era el centro de cada ciudad. Además de la clase
que originó una demanda de adornos, tejidos y obras de arte. El modo de vida de la Baja Mesopotamia fue imitado rápidamente po
cultura similar.

En la península del Sinaí se descubrió la fundición del cobre, y el sistema se extendió rápidamente tanto hacia Mesopotamia como
invadido por un pueblo que conocía la fundición del cobre. Por la misma época aparecen los primeros poblados neolíticos en Egipto, ju
Las inmediaciones del Nilo hubieran requerido un sistema de canales similar al de Mesopotamia para ser aprovechadas adecuadamente,
alejadas de las súbitas crecidas del río) eran más adecuadas para una población que acababa de descubrir la agricultura y la ganadería

La metalurgia del cobre prosperó en Irán, que importaba el mineral de la India y lo exportaba manufacturado a Mesopotamia, jun
especialmente útil en Mesopotamia. El oro y la plata son blandos, y sólo servían para confeccionar adornos. El cobre, en cambio, es
que las de piedra, armas con que repeler las incursiones de los nómadas, que se hacían más frecuentes cuanto más prosperaba el
habitaban en los montes Zagros, al este, y por otra los habitantes del desierto arábigo al suroeste. Las ciudades-estado se fortificaron,
Egipto, en cambio, estaba rodeado por el mar, el desierto y las cataratas del Nilo, así que vivió mucho más tranquilamente que Mesop

Hacia el año 4000 la Baja Mesopotamia no pudo resistir por más tiempo la presión de los pastores, que invadieron la región desde lo
en una profunda crisis.

LOS SUMERIOS
Con la invasión del 4000, la Baja Mesopotamia pasó por varios siglos de desorden y decadencia, pero los invasores
terminaron por asimilar la cultura de la región que habían conquistado y se esforzaron por alcanzar el nivel de vida
anterior. Surgió así una nueva civilización, conocida como Sumer. Los sumerios dominaron la Baja Mesopotamia
durante todo el cuarto milenio y se vieron obligados a defenderla de las incursiones de los pueblos vecinos, que la
hostigaban como ellos la habían hostigado durante el milenio anterior.

Naturalmente, los sumerios trajeron consigo sus propios dioses, que pronto se combinaron con los de los pueblos
conquistados. El panteón resultante tenía tres dioses destacados: Anu era el dios del cielo, y tenía su santuario más
importante en la ciudad de Uruk, Enlil era el dios de la tierra y su santuario principal estaba en Nippur, mientras
que Ea era el dios de los ríos y era especialmente adorado en Eridu. Probablemente los dos últimos eran dioses previos
a la invasión, pues la tierra y los ríos son preocupaciones típicas de los agricultores, mientras que Anu sería el dios
principal que trajeron los sumerios, un dios de pastores. Por supuesto, cada ciudad adoraba también a otros dioses
menores.

Como cabía imaginar, el dios más importante resultó ser Anu. Esto queda reflejado en el mito de la creación: al principio
de los tiempos, el mundo era un caos dominado por Tiamat, diosa del mar (el mar era signo de caos y destrucción para
un pueblo que no tenía ningún conocimiento de navegación). Fue Anu quien la derrotó y con su cuerpo creó el Universo.
Esta victoria era la que le otorgaba la preeminencia sobre los otros dioses.

La forma habitual que tienen los pastores de contentar a sus dioses celestes es quemar animales sacrificados, haciéndoles
llegar así el agradable humo perfumado. Tal vez los sumerios sintieron que al mudarse de las montañas al valle se habían
alejado de sus dioses, por lo que solían escoger lugares elevados para hacer sus sacrificios y erigir sus templos. No
obstante, las principales capitales sumerias estaban en lugares bajos, de modo que se originó la costumbre de crear grandes
plataformas elevadas sobre las cuales realizar los sacrificios, para que éstos pudieran ser mejor contemplados por los
dioses. Con el tiempo se fueron construyendo plataformas menores sobre otras mayores y así en el último cuarto del
milenio los sumerios llegaron a construir imponentes pirámides escalonadas llamadas Zigurats. Hoy en día no se
conserva ninguno íntegro debido a que estaban hechos de ladrillos de barro. La religión sumeria fue sofisticándose en
concordancia con su nueva cultura agrícola, pero nunca perdió su orientación hacia el cielo. Los sacerdotes sumerios se
convirtieron en los primeros astrónomos. Desde los Zigurats observaban las estrellas y las llegaron a conocer bien.
Descubrieron cómo el Sol se desplaza durante el año por la banda del zodíaco. Fueron ellos quienes dividieron esta banda
en doce partes y crearon mitos alrededor de cada signo zodiacal.

El número doce no es casual: los sumerios (y tal vez también sus antecesores) contaban señalando con el pulgar las doce
falanges de los otros cuatro dedos de la mano, y marcaban los múltiplos de doce con los cinco dedos de la otra, de modo
que el mayor número que podían contar con los dedos era 60. Por ello dividieron el zodíaco en 12 signos, y el año en 12
meses y el día en dos grupos de 12 horas, y cada hora en 60 minutos.

Mientras tanto Egipto iba organizándose. La cultura neolítica propició el típico desarrollo de la religión y el surgimiento
de una poderosa clase sacerdotal. Los primeros dioses los debieron de modelar los cazadores, que los vinculaban a ciertos
animales, de tal suerte que adorando al dios adecuado se podía esperar una buena caza del animal deseado. Así, había
dioses con cabeza de halcón, de chacal, de hipopótamo, etc. Con la agricultura aparecieron nuevos dioses, el más
importante de los cuales fue Ra, el dios del sol, al que vinculaban con el cambio estacional, las crecidas del Nilo, etc. Los
egipcios contaban que fue el dios Osiris quien les enseñó las artes agrícolas. Osiris era, pues, un dios de la vegetación.
Se le representaba con forma humana. Fue asesinado y descuartizado por su hermano Set, pero su esposa Isis recogió los
pedazos y lo devolvió a la vida. No obstante, uno de los fragmentos se perdió, y Osiris no quiso permanecer así entre los
hombres, sino que descendió al mundo subterráneo, donde reinaba desde entonces sobre las almas de los muertos. Isis y
Osiris habían tenido un hijo, Horus, representado con cabeza de halcón (lo que hace pensar en un mito del tiempo de los
cazadores que pervivió en las leyendas de los agricultores). Horus vengó la muerte de su padre matando a Set.

Posiblemente, los egipcios fueron el primer pueblo que desarrolló una teoría sofisticada sobre la vida después de la muerte.
La supervivencia a la muerte no era automática, sino que dependía de ciertos ritos que controlaban los sacerdotes. Es
probable que estas creencias fueran expresamente desarrolladas por los sacerdotes para conseguir la sumisión del pueblo
a su autoridad. Y en verdad que no pudieron tener más éxito. La supervivencia a la muerte debió de ser durante cientos
de años casi una obsesión para los egipcios de todas las clases sociales, que nunca en su historia abandonaron una
incondicional sumisión a la autoridad religiosa.
Hacia el año 3500 empiezan a aparecer casas semisubterráneas en México.

Los sumerios descubrieron cómo extraer cobre de ciertas rocas, con lo que el uso de este metal se generalizó y permitió
a los sumerios construir armas mejores con que defenderse de los pueblos nómadas. También inventaron el carro con
ruedas, tirado por un asno. En Uruk se inventó el sello cilíndrico, un pequeño rodillo de piedra con un relieve que se
marcaba repetitivamente en la arcilla al hacerlo rodar sobre ella. Los mercaderes usaban estos sellos a modo de marca de
sus productos. Con el tiempo adquirieron la costumbre de marcar los recipientes de barro con señales que representaran
la naturaleza o cantidad de su contenido. Pronto descubrieron que no necesitaban hacer las marcas sobre los propios
recipientes, sino que marcando tablillas de arcilla podían guardarse registros de existencias, etc. Al principio cada
mercader usaría sus propios convenios, pero hacia el 3400 ya estaba extendido un mismo código común.

Por aquel entonces los reinos egipcios del delta del Nilo (el Bajo Egipto) se unificaron bajo la monarquía de Buto, cuyos
reyes ostentaban la corona roja, mientras que el resto del territorio (el Alto Egipto) estaba gobernado por los reyes
de Hieracómpolis, que ostentaban la corona blanca. No parece que estas unificaciones se produjeran violentamente, sino
más bien por medios políticos. Egipto nunca había sufrido amenazas externas, por lo que carecía de ejércitos.

La actividad comercial de Canaán fue en aumento. Hacia el año 3300 se fundó la ciudad de Biblos, que pronto empezaría
a comerciar por mar con Egipto y las islas del Mediterráneo. Probablemente fue a través de comerciantes cananeos cómo
Egipto fue conociendo los avances culturales que se estaban produciendo en la media luna fértil.

Hacia el 3200 el rey Nármer de Hieracómpolis unificó el Alto y el Bajo Egipto en un único reino y ciñó las dos
coronas. Él y sus descendientes (la I dinastía de reyes de Egipto) consolidaron el poder real y la unidad del país
difundiendo la idea de que el rey era un dios dueño de todo el valle del Nilo. Nármer estableció la capital del reino
en Tinis, de donde al parecer era originario, si bien construyó la ciudad de Menfis en la frontera entre el Alto y el Bajo
Egipto, tal vez con la intención de convertirla en capital si el Bajo Egipto recelaba de ser gobernado desde el Alto Egipto,
cosa que no llegó a suceder.
Bajo la primera dinastía los egipcios construyeron canales con que regar las zonas del valle más alejadas del Nilo.
Surgieron trabajadores especializados, se idearon barcas con que transportar materiales por el río, se fomentó la
agricultura y la ganadería, etc. Indudablemente todo esto es una clara huella de la influencia cananea-mesopotámica.

Los sacerdotes sumerios aprovecharon el código de signos que habían elaborado los mercaderes y lo extendieron para
reflejar ideas abstractas. Hacia el 3100 los sumerios disponían de una auténtica escritura. Escribían sobre tablas de arcilla
mediante un punzón que producía marcas en forma de cuña. Cada palabra se representaba con un signo que, si bien en un
principio podía haber sido un esquema de su significado, la práctica lo había reducido a una agrupación de cuñas
puramente convencional. Este tipo de escritura se conoce como escritura cuneiforme. La escritura era entonces una
técnica muy compleja, pues los sumerios tenían un signo para cada palabra, lo que suponía un inventario enorme de signos
que sólo los sacerdotes dominaban. Esto proporcionó mucho poder a la clase sacerdotal.

Así, el sumerio es la lengua más antigua de la que tenemos constancia escrita. Es una lengua completamente diferente a
todas las que se conocen hoy en día: sus palabras son monosilábicas y las oraciones se forman aglutinando palabras, de
modo que muchas de ellas actúan como prefijos y sufijos de otras.

Mientras tanto, el resto de la media luna fértil se alimentaba de la cultura sumeria. Al este de la Baja Mesopotamia, al sur
de los montes Zagros, en el actual Irán, se formó un pueblo conocido como Elam, que prosperó con el control del
comercio entre Irán y Mesopotamia. Los elamitas adoptaron la cultura sumeria, pero conservaron su propia lengua, que
subsistió hasta el siglo XI d.C.
El resto del mundo continuaba su lenta evolución neolítica. Hacia el 4000 había surgido una nueva comunidad agrícola
en China en el bajo Yang-Tse Kiang, probablemente por influencia de la civilización del río Amarillo. En el valle del
Indo la civilización se perfeccionó sensiblemente a lo largo del milenio: se construyeron ciudades de ladrillo, empezó a
usarse el cobre y se inició el comercio con Mesopotamia. En Europa el neolítico estaba ya muy extendido. No hay muchos
datos, pero parece ser que la Europa neolítica "típica" estaba formada por sociedades agrícolas sedentarias, poco belicosas,
matriarcales, que tendían a formar pueblos y ciudades relativamente numerosos. Por el contrario, los pueblos
indoeuropeos, que habitaban el oeste asiático, formaban sociedades eminentemente pastoriles, de carácter patriarcal y
espíritu guerrero. Habitaban en pequeños poblados con casas semisubterráneas.
LA EDAD DEL BRONCE
Hacia el año 3000 una nueva oleada de nómadas invadió la media luna fértil, tal y como había sucedido mil años antes
con los sumerios. Esta vez no provenían de las montañas del este, sino que eran pueblos semitas de Arabia. Probablemente,
las condiciones de vida debieron de volverse más arduas, o debió de haber un exceso de población, o algún conflicto
tribal. Fuera como fuera, varias de estas tribus se lanzaron hacia el norte con un ímpetu inusitado, fenómeno que se iba a
repetir varias veces en la historia.

Los sumerios consiguieron mantener a los semitas alejados de sus ciudades principales, a lo largo del Éufrates inferior,
pero perdieron muchas ciudades en la Alta Mesopotamia, como Mari, que había sido fundada recientemente. Otros
grupos de semitas se asentaron en la costa norte de Canaán y a lo largo de Siria. Al igual que había sucedido con la
ocupación sumeria, los territorios conquistados entraron en un periodo de decadencia del que tardarían siglos en
recuperarse. La zona que se recuperó más rápidamente fue la costa norte de Canaán, cuyos nuevos habitantes se dedicaron
pronto al comercio por mar, y son los que hoy conocemos como Fenicios. Es probable que la crisis moviera a algunos
cananeos a abandonar su patria. Quizá algunos marcharon a la isla de Creta, lo que explicaría que por estas fechas empezó
a usar el cobre y a construir buenos barcos con los que inició unas relaciones comerciales con Egipto y Canaán.
Por su parte, los sumerios seguían progresando. El tercer milenio se inició con un descubrimiento crucial: la posibilidad
de mezclar el cobre con el estaño para fabricar bronce. El cobre es un metal bastante blando, y el estaño mucho más, pero
la mezcla de ambos en una proporción adecuada produce una aleación mucho más fuerte que los dos ingredientes. Esto
permitió fabricar armas mucho más efectivas que las anteriores. Con ello, los sumerios tuvieron la posibilidad de
imponerse definitivamente sobre los pueblos bárbaros que les amenazaban, pero las ciudades-estado prefirieron emplear
las nuevas armas para enfrentarse las unas a las otras y formaron ejércitos cada vez mejor organizados. Los comerciantes
elaboraron un complejo sistema de pesos y medidas. Incluso se estableció una especie de servicio postal.
Egipto siguió recibiendo y asimilando los conocimientos sumerios. Poco después del 3000 había adaptado su sistema de
escritura. En lugar de escribir sobre tablillas de arcilla los egipcios usaron un soporte más sofisticado: de unas cañas que
crecían en abundancia a orillas del Nilo extraían unas fibras que entretejían en varias capas, las empapaban en agua, las
prensaban y con ello obtenían unas láminas llamadas papiros, en las que era muy fácil escribir con tinta. La escritura
sobre papiro era mucho más cómoda que sobre arcilla, por lo que los signos egipcios no se volvieron esquemáticos, como
los sumerios. Al contrario, representaban figuras muy claras, como águilas, ojos, etc. Eso sí, seguían el principio sumerio
de que a cada palabra le correspondía un signo, con toda la complejidad y elitismo que ello conlleva. La escritura egipcia
se conoce como escritura jeroglífica. Indudablemente la escritura resultó indispensable para la organización del estado
egipcio.

Los reyes egipcios desarrollaron una ostentación y un lujo inusitados hasta entonces. En parte era necesario: cuanto más
lujosa era la monarquía más convencido quedaba el pueblo de su naturaleza divina y más fervorosa era su devoción. Esto
se plasmó en su preocupación por la vida de ultratumba: Tras la muerte, el alma realizaba un viaje hasta la gran Sala del
Juicio. Si llegaba sana y salva (lo cual podía lograrse con los rezos y ritos adecuados), su vida era juzgada y si resultaba
absuelta de todo mal ganaba la gloria eterna junto a Osiris. Al parecer, para lograr la vida eterna era necesaria la
conservación del cadáver, por lo que los egipcios desarrollaron una sofisticada técnica de momificación para conservar
los cadáveres incorruptos durante un largo periodo de tiempo. Los ataúdes, o sarcófagos, se depositaban en unas
construcciones oblongas de ladrillo llamadas mastabas. Se incluían estatuas del difunto y las paredes se decoraban con
escenas de su vida (quizá para abogar por sus virtudes). La idea de la vida después de la muerte se entendía en un sentido
muy literal, pues también se depositaban alimentos y bebidas, así como las riquezas del difunto. Los entierros reales
debieron de ser ceremonias fastuosas. Muchas tumbas de reyes de las dos primeras dinastías se encuentran en Menfis,
pese a que la capital oficial era Tinis. Esto puede significar que algunos monarcas gobernaron en la práctica desde Menfis,
o tal vez que era más conveniente celebrar el espectáculo en un lugar al que podían acudir fácilmente los habitantes del
Alto y el Bajo Egipto. Pronto los cortesanos influyentes consideraron que también ellos debían "disfrutar" de esta clase
de rituales, y exigieron ser momificados. Debió de establecerse una cierta competencia en quién tenía la tumba más
fastuosa y con más tesoros. Esto hizo surgir la figura del ladrón de tumbas, que conseguía fácilmente grandes tesoros de
oro y plata expoliando tumbas, pese a que con ello horrorizaba a sus devotos paisanos. Se promulgaron leyes contra ellos,
se les amenazó con la venganza divina, se trató de esconder bien las tumbas y de sellar sus entradas, pero pocas de ellas
han llegado intactas a nuestros días.

El desierto aumentaba paulatinamente su extensión. El lago Moeris, centro de riqueza de una importante región de Egipto,
amenazaba con secarse. Los egipcios construyeron un sistema de canales que lo conectaba con el Nilo, una imponente
obra de ingeniería gracias a la cual la zona conservó su prosperidad de antaño. Los problemas de reparto de tierras hicieron
prosperar la geometría (cuando el Nilo se desbordaba, las divisiones se borraban y había que restablecerlas), el comerció
fomentó la aritmética, el afán por predecir los desbordamientos anuales del Nilo llevó al estudio de la astronomía. Hacia
el año 2800 los egipcios adoptaron un calendario de 365 días, que mejoraba al sumerio, que constaba tan sólo de 12 meses
de 30 días (360 en total).

Por aquel entonces, la ciudad sumeria más poderosa era Kish, que había sido fundada a finales del cuarto milenio. Su
preeminencia no debió de durar más que unas décadas y pronto fue reemplazada por Uruk, pero su efímera grandeza dejó
una gran huella, pues los reyes sumerios posteriores se llamaban a sí mismos "reyes de Kish", pese a que no reinaban en
esa ciudad. De entre los reyes de Uruk, el más famoso fue Gilgamesh, quinto rey de la I dinastía de Uruk, que reinó hacia
el año 2700. Mientras tanto, la ciudad de Kish fue absorbida por los semitas. La cercana Nippur, en cambio, siguió siendo
sumeria, pues, aunque había perdido su importancia política, continuó siendo un centro religioso que aunaba a los
sumerios en el culto al dios Enlil.

Hacia el 2680 se produjo un segundo cambio dinástico en Egipto (del primer cambio que dio origen a la II
dinastia sabemos poco más que el hecho de que se produjo). El primer rey de la III dinastía fue Zoser, quien estableció
definitivamente la capital en Menfis, confirmando una tendencia ya marcada por las dinastías anteriores. Con Zoser
termina un primer periodo de la historia egipcia conocido como periodo arcaico y comienza el llamado Imperio
Antiguo. La nueva dinastía llevó el lujo de la casa real hasta extremos nunca vistos. Tal vez los nuevos reyes temían que
el pueblo recelara del cambio de dinastía, por lo que se vieron en la necesidad de confirmar su naturaleza divina mediante
una ostentación inusitada. Entre los consejeros de Zoser se encontraba Imhotep, al que podemos considerar como el
primer científico conocido en la historia. Con el tiempo se crearon muchas leyendas en torno a él. Se dijo que era un
médico casi milagroso, se dijo que fue capaz de predecir un gran periodo de sequía, lo que permitió almacenar reservas
de trigo que salvaron al pueblo del hambre. Al margen de lo que estas leyendas puedan tener de verdad, Imhotep fue el
primer arquitecto del que tenemos constancia. Construyó la tumba de Zoser, que era de piedra y no de ladrillo. En un
principio tenía 63 metros de lado y 8 de altura, pero a Zoser no le debió de parecer suficientemente grandiosa, por lo que
Imhotep la amplió hasta que la base midió 121 x 109 metros, luego construyó otra menor sobre la primera, y luego otra,
hasta llegar a seis pisos con una altura total de unos 60 metros. El monumento tenía otras estructuras auxiliares a su
alrededor, y el conjunto estaba rodeado por un muro de unos 550 por 275 metros. Aunque bastante deteriorada, la mastaba
de Zoser subsiste en nuestros días. Se terminó sobre el 2650, por lo que tiene casi 5.000 años.

Las ciudades sumerias disminuyeron en número, pero las restantes aumentaron de tamaño. Por estas fechas, la ciudad
de Ur alcanzó la supremacía en Sumer, a expensas de Uruk. Los reyes y reinas de Ur fueron enterrados en tumbas
monumentales, acompañados de tesoros y siervos. Los sumerios fundaron la ciudad de Assur en la Alta Mesopotamia,
junto al Tigris, que prosperó rápidamente.

Mientras tanto Egipto empezó a explotar zonas vecinas: extraía cobre del Sinaí e importaba toda suerte de productos de
Nubia, la región situada al sur: trigo, ganado, marfil, ébano, plumas de avestruz, pieles de leopardo y de pantera, etc.

Hacia el 2614 se instauró en Egipto la IV dinastía. Su primer rey fue Snefru que, movido de la aparente necesidad de
ostentación que acompañaba a cada cambio de dinastía, decidió construir una mastaba que superase a la de Zoser. La
suya tenía ocho pisos, pero Snefru mandó rellenar los escalones de cada piso para que las caras presentaran una figura
triangular uniforme. Después cubrió toda la estructura con piedra caliza blanca y brillante. El resultado fue una
impresionante pirámide sin comparación con ningún monumento anterior. Después empezó a construir otra pirámide sin
pisos, en la que la sección disminuía paulatinamente a un ritmo constante. Sin embargo, a partir de cierta altura se aumentó
significativamente la inclinación. Parece ser que tuvo que variar el ángulo porque los cimientos no resistían y aparecieron
grietas. Además parece que hubo un accidente laboral en el que se perdieron muchas vidas, y la construcción fue
abandonada. Luego hizo otro ensayo que sí que concluyó, también variando la inclinación para disminuir el peso y
aumentar la estabilidad. Aparecieron grietas que no aseguraban que fuera a durar muchos años, de modo que la pirámide
fue usada como sepulcro falso, en un intento de engañar a los posibles saqueadores de tumbas. En un tercer intento
consiguió ya una pirámide estable, siempre con la punta más inclinada.
Por otra parte, Snefru organizó un ejército que afianzara la dominación de Egipto sobre las regiones vecinas,
especialmente Nubia y el Sinaí. Creó la figura del visir o primer ministro, a cuyo cargo dejó el ejército y un cuerpo de
policía. Se rodeó también de una corte de altos funcionarios. Por esta época los sacerdotes de Ra empezaron a ganar
influencia. Ra era el dios principal de la ciudad de Heliópolis, un poco al norte de Menfis, en el Bajo Egipto. En cambio,
el dios principal de Menfis era Ptah, que para los egipcios era el creador del mundo. Sin embargo, los sacerdotes de Ra
consiguieron convertirlo en el dios principal del panteón egipcio. Snefru fue declarado hijo de Ra, título que ostentarían
también sus sucesores, ratificando así su naturaleza divina, pero, a su vez, vinculando precisamente a Ra con la divinidad
del Rey.

Snefru envió barcos a Fenicia. Su contacto principal fue Biblos, de donde importaba entre otras cosas resinas y metales.
Otro producto de la zona muy cotizado fue la madera. Los cedros del Líbano gozaron de un gran prestigio en el mundo
antiguo. Los egipcios no eran grandes marineros. Sus barcos, que hasta entonces sólo habían recorrido las tranquilas aguas
del Nilo, bordeaban cautelosamente la costa mediterránea hasta Fenicia y volvían por el mismo camino. Snefru también
envió expediciones por el mar Rojo, que llegaron a Arabia y Somalia, de donde traían incienso, resinas y lapislázuli. La
isla de Chipre se convirtió en un importante suministrador de cobre. Por estas fechas la isla de Creta entró en la Edad del
Bronce. Surgió una nueva civilización conocida como cultura minoica (en una primera etapa conocida como
periodo minoico antiguo) que también mantuvo estrechas relaciones comerciales con Egipto.
El sucesor de Snefru fue Jufu, más conocido por la versión griega de su nombre: Keops. Jufu construyó la mayor de todas
las pirámides. Fue emplazada cerca de la ciudad de Giza. La obra se terminó hacia el 2580. La base era cuadrada, de unos
227 metros de lado y su altura era de 147 metros. Estaba formada por más de dos millones de bloques de piedra, la
mayoría de los cuales pesaban más de dos toneladas. Estos bloques de granito se extraían de las canteras del sur, junto a
la primera catarata del Nilo, y se transportaron en barcos por el río. Los egipcios afirmaban que se construyó en 20 años
y que en ella trabajaron 100.000 hombres.

Jufu fue sucedido por su hijo mayor Jafre (o Kefrén) y luego por su hijo menor Menkure (o Micerino). Ambos
construyeron pirámides monumentales junto a la de su padre, aunque un poco menores. La de Jafre se terminó hacia
el 2530, y la de su hermano hacia el 2510. Las tres pirámides formaban un mismo complejo arquitectónico: cada una de
ellas estaba rodeada de mastabas menores, destinadas a otros miembros de la familia real o de la corte, había templos,
estatuas y otros monumentos. Tal vez el más famoso sea la Esfinge, una gigantesca figura con cuerpo de león y cabeza
humana que los griegos pensaron que era de mujer, pero al parecer es una imagen de Jafre.

LOS ACADIOS
La segunda mitad del tercer milenio fue una época de grandes cambios. Los pueblos indoeuropeos del oeste de Asia se
desplazaron hacia el sur. Una tribu de grecohablantes ocupó el noreste de los Balcanes. Por aquel entonces los
indoeuropeos ya conocían la agricultura, si bien se decantaban más por la ganadería. Sus armas eran de piedra, pues no
conocían la metalurgia. En el sur de Grecia, la población nativa (no indoeuropea) hacía tiempo que comerciaba con el
bronce, que obtenía principalmente de Chipre. Los pueblos semitas que habían invadido Mesopotamia cinco siglos
antes empezaron a salir de su "edad oscura". La ciudad de Mari desarrolló una cultura mixta que conservaba su lengua
semítica, pero, por ejemplo, adoraba a los dioses sumerios.

En Perú aparecen las primeras casas semisubterráneas, mayoritariamente en zonas costeras o junto a cauces de ríos, pues
sus habitantes eran principalmente pescadores.

En Egipto se instauraba la V dinastía, que reinó desde el 2500 hasta el 2430, cuando se instauró (obviamente) la VI
dinastía. Al parecer, el monarca que sucedió a Menkure fue un sacerdote de Ra, lo que culminaba el ascenso político de
este cuerpo sacerdotal. La construcción de pirámides entró en decadencia. Probablemente los egipcios decidieron invertir
sus esfuerzos en cosas más útiles, como el refuerzo de sus ejércitos.

Mientras tanto, alrededor del 2425, los elamitas se unieron por primera vez bajo la dinastía de Awan. Siglos después
pervivió una tradición según la cual esta ciudad había dominado Mesopotamia antes de la llegada de los sumerios. Puede
ser cierto y puede ser que la leyenda se creara a partir de este periodo de esplendor. Por esta época, los elamitas ya habían
adaptado la escritura sumeria a su propia lengua.
Hacia el 2400 en Sumer destacó Eannatum, rey de la ciudad de Lagash, que al parecer derrotó a los ejércitos unidos de
Uruk y de Ur. Como conmemoración de sus victorias, Eannatum erigió una serie de columnas de piedra o estelas con
inscripciones e imágenes. La más famosa es la Estela de los buitres, en la que se ve una formación de soldados con cascos
y lanzas avanzando sobre los cadáveres de los enemigos devorados por perros y buitres. Según las inscripciones, el ejército
vencido era el de la ciudad de Umma, que provocó la guerra al quitar ciertas piedras que marcaban las fronteras.
Naturalmente, no conocemos la versión de los vencidos. Lagash conservó su preeminencia durante algo más de un siglo.
Llegó a dominar un territorio de unos 4.500 kilómetros cuadrados. Su último rey fue Urukagina, que ascendió al trono
alrededor del año 2350. Por estas fechas los semitas crearon otro reino poderoso alrededor de la ciudad de Ebla, en Siria,
cerca de Fenicia, que llegó a dominar muchas ciudades del norte de la media luna fértil, de Anatolia y de la Alta
Mesopotamia. Otro tanto sucedió con la ciudad de Mari, que dominó muchas ciudades de su entorno, entre ellas Assur.

Volviendo a Lagash, parece ser que Urukagina fue un rey ilustrado, que trató de impulsar reformas sociales para reducir
el excesivo poder de los sacerdotes en beneficio del pueblo. Sin embargo, los sacerdotes podían llegar a tener más poder
que el rey sobre un pueblo temeroso de los dioses. Lagash se debilitó por sus convulsiones internas y Umma encontró la
ocasión de vengar su pasada derrota. A la sazón su rey era Lugalzagesi, que se apoderó de Ur, se proclamó rey de Uruk
y, desde allí, en el año 2330 atacó Lagash y la saqueó. Pronto adquirió el control de todo Sumer.

Naturalmente, si conocemos todos estos detalles es porque a partir del año 2800 los sumerios empezaron a usar
sistemáticamente la escritura con fines históricos y literarios (los egipcios harían otro tanto a partir del 2100). A los
sumerios de siglos posteriores les debió de sorprender la ausencia de registros anteriores al 2800. Posiblemente no se les
pasó por la imaginación que la causa fuera que antes se desconocía la escritura o, por lo menos, que ésta tenía un uso aún
muy restringido, así que conjeturaron que ésa debía de ser la fecha del Diluvio Universal, una leyenda sobre una inmensa
inundación que posiblemente era mucho más antigua. Los sumerios ubicaron todas sus leyendas en la época
"antediluviana".

Según dichas leyendas, el mundo fue creado en siete días. El número siete se debe a que los astrónomos sumerios habían
identificado siete cuerpos celestes, aparte de las estrellas: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno.
Estos astros eran divinidades que influían sobre los hombres. El destino de una persona dependía fuertemente del astro
dominante el día y la hora de su nacimiento. Cada día se nombraba según el astro que dominaba en su primera hora, y así
surgió la división del tiempo en semanas de siete días.

Las listas de reyes sumerios fueron completadas con diez reyes antediluvianos, a los que atribuían reinados de decenas
de miles de años. El último y más famoso de estos reyes fue Gilgamesh, rey de Uruk. Su leyenda se basa indudablemente
en el Gilgamesh histórico que reinó hacia el 2700, pero el Gilgamesh legendario fue situado antes del Diluvio, como era
preceptivo. Según la leyenda fue un héroe valiente que realizó hazañas increíbles. Tras la muerte de un amigo se puso a
buscar el secreto de la vida eterna. Así pasó una larga serie de peripecias. Entre ellas sobrevivió al diluvio, causado por
unos dioses enojados. Otro de los supervivientes fue Utnapishtim quien, favorecido por los dioses, construyó un barco
en el que se salvó juntamente con su familia. Los dioses, sin hombres que les ofrecieran sacrificios, sintieron hambre,
pero Utnapishtim, cuando el Diluvio hubo pasado, sacrificó animales en acción de gracias. Dice el poema:

Los dioses olieron su aroma,


Los dioses olieron el dulce aroma,
Como moscas, se agruparon sobre el sacrificio...
En agradecimiento, los dioses otorgaron a Utnapishtim el don de la inmortalidad. Se encontró con Gilgamesh y le
indicó que debía buscar cierta planta mágica. La encontró, pero, cuando se disponía a comérsela, una serpiente se la
robó (lo que explicaba la creencia antigua de que las serpientes rejuvenecen al cambiar de piel).

Otra ciudad semita que había alcanzado cierto esplendor era Kish. Mientras Lugalzagesi reinaba en Uruk y ejercía su
influencia sobre todo Sumer, el primer ministro del rey de Kish se las arregló para usurpar el trono, tras lo cual adoptó el
nombre de Sargón, que significa "Rey legítimo". Su legitimidad no debía de estar tan clara, pues el nuevo rey prefirió
trasladar la corte a una nueva capital fundada por él mismo y que no estuviese asociada a la monarquía anterior. Esta
capital fue Agadé, o Acad, y desde entonces el rey fue conocido como Sargón de Acad. Alrededor del 2300 Sargón se
enfrentó a Lugalzagesi y lo derrotó. Según sus inscripciones conmemorativas, esta victoria le dio el dominio de todo
Sumer, pero parece ser que en realidad necesitó varias campañas más para lograr esta meta. En cualquier caso, Sargón
acabó dominando una extensa región de Mesopotamia que incluía a todo Sumer y que fue conocida como el Imperio
Acadio. Más aún, sometió al reino de Elam, dejándolo bajo el gobierno del rey de Susa, una de sus ciudades menos
destacadas, que a partir de este momento empezó a ganar influencia.
Sargón siguió combatiendo y sojuzgando ciudades del norte y del este, mientras la capital de Acad iba engrandeciéndose.
Por ejemplo, la ciudad de Assur se había liberado recientemente del dominio de Mari, e instauró una monarquía propia,
pero sus reyes se convirtieron en tributarios de Sargón. La propia Mari no tardaría en someterse también al yugo acadio.
Por el contrario, Ebla estuvo a punto de derrotar a Sargón, quien, no obstante, logró rehacerse. Ebla conservó su
independencia y se convirtió en un importante centro cultural que absorbió la cultura acadia (que a su vez había
incorporado la cultura sumeria). En sus restos se han encontrado numerosas tablillas cuneiformes escritas en eblaíta con
textos jurídicos, religiosos, diplomáticos, administrativos y económicos. Incluso se han encontrado diccionarios sumerio-
eblaítas. Según los escritos acadios, Sargón llegó en sus campañas hasta la costa de Canaán.

El Imperio Acadio fue el primer imperio histórico en el sentido de un pueblo que dominó militarmente a otros pueblos
extranjeros. En este sentido, el Imperio Antiguo egipcio no era un imperio, sino una cultura homogénea que poblaba un
territorio extenso. El gobierno de Sargón fue opresivo para los pueblos que sojuzgó. Los gobernantes sumerios del sur
fueron sustituidos por guerreros brutales, lo que causó muchas revueltas que Sargón tuvo que sofocar. Por otra parte,
Sargón instituyó el acadio como lengua oficial del imperio y debió de tomar medidas para fomentarlo pues, a pesar del
prestigio que tenía el sumerio, terminó desplazándolo.
Indudablemente, la entrada de los acadios conquistadores en las ciudades de Sumer debió de generar una gran confusión,
agravada por el hecho de que los recién llegados hablaban una lengua que casi nadie entendía. Tal vez las gentes más
humildes, cuya visión del mundo se reducía a su entorno más inmediato, ni siquiera entendían por qué "de repente" habían
aparecido hombres que hablaban una lengua tan extraña que ahora se veían coaccionados a aprender. Era natural pensar
en un castigo de los dioses. Con el tiempo, cuando Sumer y Acad se borraron de la memoria de las gentes, pervivió la
leyenda de que hubo un tiempo en que todos los hombres hablaban la misma lengua (o sea, el sumerio), pero que un día
los dioses los castigaron y sembraron la confusión haciendo que hablaran dos lenguas distintas. Por otra parte, los zigurats
eran ya monumentos del pasado y lo que la gente sabía de ellos es que habían sido construidos para acercarse al cielo.
Esto era cierto: muchos pueblos con divinidades celestes eligen lugares elevados para estar más cerca de sus dioses al
hacer sus sacrificios, y los zigurats fueron la peculiar forma que tuvieron los sumerios de plasmar esta idea. Sin embargo
la gente encajó muy bien ambas historias: los antiguos construían torres cada vez más altas con la pretensión de alcanzar
el cielo, pero los dioses se enojaron por este intento de "invasión" y lo evitaron sembrando la confusión: les hicieron
hablar cientos de lenguas distintas, con lo que ya no podían trabajar conjuntamente y el proyecto fracasó. Los hombres
se dispersaron según sus lenguas, y esta era la causa de que en el mundo hubiera tantos pueblos con tantas lenguas
diferentes. Por una cuestión de coherencia esta leyenda tuvo que ubicarse después del Diluvio (los hablantes de lenguas
extrañas no habían perecido), lo cual, por otra parte también encajaba en la historia: tal vez los antiguos querían llegar al
cielo para salvarse en caso de que los dioses provocaran otro diluvio universal.

Hacia el 2300 se inicia un periodo de esplendor en el valle del Indo. La llamada civilización del Indo fue extendiéndose
hasta ocupar un territorio mayor que el actual Pakistán. Se construyeron grandes ciudades de ladrillo con casas
rectangulares y calles de 8 metros de ancho, disponían de instalaciones sanitarias, almacenes, piscinas y un sistema de
canales muy estudiado. Sus habitantes cultivaban el trigo y la cebada, y se han encontrado los restos más antiguos del
cultivo del algodón. Disponían de una escritura reducida de 270 signos diferentes (cuyo significado se desconoce), que
únicamente se han encontrado en sellos, por lo que debían de ser identificaciones de mercancías. Sorprende la ausencia
de templos en las ciudades, si bien se han encontrado objetos de culto, tal vez antecedentes de la futura religión de la
India. Tampoco había palacios, lo que suscita muchos interrogantes sobre el tipo de estructura social de esta cultura. Las
capitales más importantes eran Harappa y Mohenjo-Daro. Se ignora si eran capitales de estados distintos o si formaban
parte de un mismo imperio. Hay constancia de un intenso comercio marítimo con Sumer.
Por esta época reinaba en Egipto el tercer rey de la VI dinastía, Pepi I, nativo de Menfis. Los nómadas del desierto de
Libia empezaron a hostigar el país, pero fueron rechazados cinco veces por los ejércitos egipcios, dirigidos por un general
llamado Uni. Este general consolidó también el dominio de Egipto sobre la península del Sinaí, rica en metales, e incluso
supervisó expediciones a Nubia, al sur de la primera catarata del Nilo. El Imperio Antiguo alcanzó así su apogeo.
Probablemente, Pepi I decidió que las relaciones comerciales que Egipto mantenía con Fenicia desde hacía mucho tiempo
no eran satisfactorias: los cananeos pagaban poco por las exportaciones egipcias y cobraban mucho por sus productos.
(Cuando dos personas negocian y una tiene a sus órdenes un ejército poderoso, es natural que llegue a esta conclusión.)
Los fenicios fueron exhortados a pagar periódicamente un tributo al rey, pero algunas ciudades decidieron negarse. Como
consecuencia, Uni dirigió una expedición contra Fenicia: una columna marchó por tierra y otra, transportada por mar,
desembarcó hacia el sur de Biblos. El ejército derribó murallas, incendió ciudades, destruyó cosechas, se apoderó de toda
clase de objetos valiosos y, sin duda, consiguió que las ciudades castigadas se comprometieran a pagar el tributo.
Hacia el año 2280 muere Sargón de Acad. Inmediatamente, Sumer y los pueblos de los montes Zagros vieron en la muerte
del rey una oportunidad para liberarse de la tiranía acadia y se rebelaron. Sin embargo, Sargón fue rápidamente sucedido
por su hijo mayor Rimush, quien, con ayuda de su hermano Manishtusu, sofocó las revueltas.

En 2272 el hijo de Pepi I subió al trono de Egipto con el nombre de Pepi II. Era sin duda un niño, pues su reinado duró
noventa años, y es, al parecer, el más largo de la historia.

En 2252 Naram-Sin, nieto de Sargón, ocupa el trono de Acad. Tras sofocar varias revueltas internas, Naram-Sin continuó
la tradición imperial de su abuelo, reemprendiendo expediciones a tierras lejanas. En el 2200 destruyó el floreciente reino
de Ebla. Para consolidar su autoridad se hizo proclamar dios, organizó un cuerpo de nobles-funcionarios que supervisaban
o sustituían a los reyes locales e instaló colonias de acadios en las ciudades sospechosas de rebeldía. La cultura floreció
en la corte de Acad. Los escribas acadios desarrollaron y superaron las tradiciones sumerias. Aunque el lenguaje de la
cultura siguió siendo el Sumerio, los comerciantes y la administración hablaban acadio.

Mientras tanto, como es habitual, en los cielos se reproducían los acontecimientos de la tierra: Los dioses acadios se
mezclaron con los sumerios. Es fácil distinguirlos porque tienen nombre semíticos. Además son todos dioses celestes,
como corresponde a las culturas de pastores. Así, Sin, dios de la luna, se convirtió en el dios principal de Ur (Naram-Sin
significa "amado por Sin"); Ishtar, identificada con el planeta Venus, diosa del amor y la belleza, se convirtió en la diosa
principal de Uruk, desplazando el culto a Anu. Esto era aceptable, pues pronto se descubrió que Ishtar era hija de Anu.
También estaba Shamash, dios del Sol, que no consiguió tanta notoriedad como sus compañeros.

EL FIN DEL TERCER MILENIO


En el último cuarto del tercer milenio la civilización se encontró con cambios aún más drásticos que en el periodo
precedente. En China aparece el primer reino del que tenemos constancia histórica. Los historiadores chinos
situaban en los inicios de su historia unos reyes legendarios, a cada uno de los cuales se le atribuía un avance
cultural: Fuxi inventó la adivinación, Shennong la agricultura, Huangdi la técnica, Yao y Shun el arte de gobernar
y Yu es presentado como un ingeniero que acabó con una gran inundación. Una de las leyendas en torno a Yu dice que,
cuando éste reguló las aguas, apareció una tortuga divina que llevaba números escritos en su caparazón. Yu los examinó
y los ordenó según el esquema de la derecha. Los chinos llamaban a este diagrama el Loh Shu (escrito del río Loh),
porque, al parecer, la primera referencia por escrito (posterior a la época que nos ocupa) fue encontrada junto al río Loh.
El Loh Shu es lo que los matemáticos modernos llaman un cuadrado mágico, y su "magia" consiste en que se trata de
una ordenación de los números del 1 al 9 en la que las tres filas, las tres columnas y las dos diagonales del cuadrado
suman la misma cantidad, a saber, 15. Otra leyenda atribuye a Fuxi la invención del Loh Shu, lo que lo
remonta principios del milenio.

Siempre según la leyenda, Yu fundó la dinastía de los Xia, que reinó durante cerca de 500 años. No se conocen detalles
concretos sobre este reino. Según las leyendas su capital estuvo en Anyi. Los chinos eran, por aquel entonces, un
pueblo de cazadores, pescadores y cultivadores de cereales. Edificaban con tierra batida, practicaban la adivinación con
caparazones de tortuga y celebraban fiestas con danzas y cantos rituales. Tenían un sentido muy fuerte de la cohesión
familiar y un gran respeto hacia los ancianos y los antepasados.

Mientras tanto, en 2218 moría Naram-Sin, el rey de Acad, a quien sucedió su hijo Sharkali-Sharri. Por esta época el
imperio estaba muy debilitado. Tantos siglos de represión habían mermado la capacidad bélica de los territorios
sometidos, y toda la fuerza estaba centralizada en torno a los ejércitos de la capital. En ausencia de influencias exteriores,
esta situación sería la óptima para Acad, pero Mesopotamia nunca dejó de estar amenazada por los pueblos nómadas,
tanto por Arabia como por los montes Zagros, y ahora la población no sólo no estaba capacitada para defenderse de sus
incursiones, sino que cualquier ataque al imperio era bien recibido y alentado por sus súbditos. Por otra parte, el control
de un territorio extenso había obligado a los reyes a transferir parte de su autoridad a una nobleza que no tardaría en
generar diversos aspirantes al trono. Para derrocar a un rey hace falta un ejército propio o, al menos, un estado de confusión
que anime al ejército a cambiar de jefe. Por ello parte de la nobleza vio también con buenos ojos las incursiones bárbaras.

Así, hacia el 2200 una tribu de bárbaros invadió Mesopotamia desde los montes Zagros. Se llamaban a sí mismos
los guti. Los intentos de Sharkali-Sharri de detener los saqueos fueron vanos, y en 2193 fue asesinado, al tiempo que la
ciudad de Acad fue arrasada. La destrucción fue tan minuciosa que Acad es la única ciudad importante de la época cuyo
emplazamiento se desconoce. Es razonable pensar que los sumerios y los elamitas se unieron a los guti y descargaron
sobre Acad todo el odio y las ansias de venganza que habían acumulado desde muchos años atrás. El resultado fue que
no quedó piedra sobre piedra.

Ahora bien, los habitantes de Mesopotamia no tardarían en descubrir que los guti no eran mejores que los acadios. Los
guti tenían el poder, pero carecían de la cultura necesaria para emplearlo con la eficiencia de los acadios. Los sistemas de
canales de los ríos se deterioraron y sobrevino una época de hambre.

En 2182 murió Pepi II, el último rey de la VI dinastía egipcia. La evolución del país había sido similar a la del
Imperio Acadio. Desde el reinado de Pepi I la nobleza adquirió cada vez más poder. Esto debió de acentuarse en los
años en que el rey Pepi II era un niño y, por consiguiente, no ejercía directamente el mando. Mientras el rey vivió, todo
estaba aparentemente bien, pues la lealtad al rey del ejército y el pueblo debía de ser poco menos que inquebrantable. Tal
vez la nobleza consiguió que el rey muriera sin descendencia, de modo que muchos ocultaran aspiraciones de ocupar el
cargo tras su muerte. El caso es que nadie lo consiguió y el Imperio Antiguo se desmembró en muchos reinos pequeños
en lucha continua. Como en Mesopotamia, ésta fue una época de miseria. En un papiro que ha sobrevivido, su
autor, Ipuwer (tal vez con cierta exageración poética), describe así la situación:

...la risa ha perecido y no se ha vuelto a dar. La aflicción ronda por el país mezclada con lamentos... El país se ha
entregado al hastío... el trigo ha perecido por todas partes... el granero está vacío y quien lo custodiaba yace cuan largo
es sobre el suelo...
Durante este periodo fueron saqueadas todas las tumbas de la época de las pirámides. Muchos de los reyes que figuran
en los anales egipcios tras Pepi II fueron gobernantes locales que reinaron simultáneamente. Así, los reyes de
las dinastías VII y VIII reinaron en Menfis o en Heliópolis, en el Bajo Egipto, mientras que los de las dinastías IX y
X eran de Heracleópolis, junto al lago Moeris.

Tanto en Egipto como en Mesopotamia, los primeros signos de recuperación de la crisis los encontramos en las ciudades
alejadas de lo que habían sido los grandes centros de poder. Así, en Egipto empezó a prosperar la ciudad de Tebas, al
Sur, de cuya historia anterior se sabe muy poco. Probablemente era una aldea fundada durante la V dinastía que vivió de
las rutas comerciales que llegaban hasta Nubia, más allá de la primera catarata del Nilo. Los gobernantes de las ciudades
del norte se olvidaron del "lejano sur" en sus disputas, así que Tebas prosperó. Su dios principal era Amón, un dios de la
fertilidad completamente desconocido en tiempos del Imperio Antiguo.

En Mesopotamia, mientras tanto, los guti se habían asentado hacia el norte, donde había estado la capital de Acad. Esto
permitió a algunas ciudades de Sumer comprar su libertad comprometiéndose a pagar un tributo. Uruk progresó bajo
su IV dinastía, Ur bajo su II dinastía, pero el gobernante más notable del periodo fue Gudea de Lagash, hacia
el 2141, bajo el cual la ciudad prosperó en paz, libre de los afanes conquistadores de los tiempos del rey Eannatum. Gudea
embelleció los templos ya existentes y construyó otros quince nuevos. Los escultores de Lagash aprendieron a trabajar la
diorita, una piedra muy dura que se traía del exterior. El primer resto sumerio que se descubrió (a finales del siglo XIX
d.C.) fue el palacio de Gudea. Tras su muerte, el pueblo mostró su agradecimiento incluyendo al rey entre sus dioses.

Mientras tanto, los guti fueron absorbiendo la cultura acadia, al igual que los acadios habían absorbido la cultura de los
sumerios y éstos la de los habitantes primitivos de la región.

Volviendo a Egipto, en 2132 se inicia una dinastía de reyes tebanos, registrada como la XI dinastía egipcia, que combatió
a los reyes de Heracleópolis, de modo que en 2124 Tebas dominaba todo el Alto Egipto.

Paralelamente, en 2123 el rey Utu-Hegal, de la V dinastía de Uruk logró expulsar a los guti de Mesopotamia, en coalición
con la ciudad de Ur. Uno de los oficiales de Utu-Hegal se erige en rey de Ur (iniciando así su III dinastía) bajo el nombre
de Ur-Nammu. Bajo su reinado, toda Mesopotamia quedó unida en un imperio tan grande como el acadio, pero de
carácter más comercial que militar. Aunque no es probable que fuera el primero, lo cierto es que el código de leyes más
antiguo que conocemos procede de este periodo. Es sorprendente el carácter progresista de estas leyes. Los antiguos
tendían a castigar los delitos mediante la muerte o la mutilación, mientras que en el código de Ur-Nammu se establecen
compensaciones monetarias. Tal vez esta idea fuera natural en un pueblo de comerciantes. Bajo la III dinastía de Ur se
construyó el mayor Zigurat edificado hasta entonces. Su base medía 90 por 60 metros, y sus muros inferiores (hechos de
ladrillo) tenían un espesor de dos metros y medio. Se conservan dos plantas, pero parece ser que tenía una tercera, con
una altura total de 40 metros. El sumerio volvió a ser la lengua oficial de Mesopotamia y este periodo se considera la
Edad de Oro de su literatura.
Hacia el 2052 el quinto rey de la XI dinastía tebana de Egipto, conocido como Mentuhotep II, conquistó el Bajo Egipto,
con lo que todo el país volvió a estar unificado bajo un solo rey, esta vez tebano. Surgía así el Imperio Medio egipcio.
Habían pasado 130 años desde el desmembramiento del Imperio Antiguo. Aquí surgió un conflicto religioso, pues el dios
principal de Tebas era Amón, mientras que en el Bajo Egipto los sacerdotes de Ra seguían dirigiendo la religión y, con
ella, gran parte de la política. Afortunadamente, Amón no tenía un cuerpo sacerdotal tan desarrollado, y los sacerdotes de
Ra descubrieron rápidamente que en realidad Amón y Ra eran el mismo dios, que a partir de entonces fue llamado Amón-
Ra. La idea funcionó y los sacerdotes de Ra mantuvieron su status en los nuevos tiempos. Tebas, la nueva capital del
imperio, fue creciendo y enriqueciéndose con templos y monumentos.

Entre tanto, los días de gloria de la III dinastía de Ur fueron acabando. En efecto, Mesopotamia mantuvo bastantes guerras
con las regiones vecinas, especialmente con el reino de Elam. Sin embargo, en un momento dado las ciudades sumerias
retomaron la antigua costumbre de luchar entre sí. El último rey de la dinastía fue Ibbi-Suen, que reinó desde 2028 sin
más dominio que su propia ciudad. En 2004 un ejército elamita aprovechó la anarquía y un periodo de hambre que azotó
a la propia Ur para entrar en la ciudad y hacer prisionero a Ibbi-Suen.

LOS AMORREOS
El periodo de anarquía en que se vio envuelta Mesopotamia al final del tercer milenio facilitó una nueva invasión del
territorio por una nueva oleada de pueblos semitas. Éstos se llamaban a sí mismos Amurru, pero actualmente son más
conocidos como Amorritas o Amorreos. La invasión no fue tan traumática como las anteriores, en parte porque esta
vez el caos de la región no lo habían ocasionado ellos, en parte porque su lengua era muy similar al acadio, por lo que
fueron asimilados fácilmente y no se les tuvo por odiosos extranjeros, como había sucedido con los guti. Tal vez no
sería exagerado afirmar que los amorreos, pese a su falta de cultura, impusieron el orden necesario para que la cultura
mesopotámica siguiera floreciendo. No obstante, fueron necesarios unos dos siglos para que la vida volviera a ser la de
antes. Los amorreos se asentaron en lo que había sido Acad y también en Canaán. La ciudad más importante tras la
caída de Ur fue Isin. El reino de Elam también ejercía su influencia sobre las ciudades mesopotámicas más cercanas.
Más al norte destacaban las viejas ciudades de Mari y Assur, así como la ciudad de Eshnunna. No fueron ocupadas por
los amorreos, pero parece que dependieron seriamente de ellos.

Los amorreos no introdujeron muchas novedades. Se limitaron a asimilar la cultura preexistente. Ni siquiera introdujeron
nuevos dioses, pues la similitud de su lengua con el acadio favoreció que sus dioses se identificaran con algunos de los
ya existentes. Tenían un dios nacional, Amurru, que pervivió como un dios secundario.

También hubo movimientos en el norte. Los indoeuropeos domesticaron el caballo. Hasta entonces los únicos animales
de carga eran los bueyes y los asnos. El caballo, aun domesticado, no servía para estos fines, pues los arneses primitivos
les oprimían la tráquea y los asfixiaban. Durante un par de siglos tal vez fue usado únicamente como alimento. Ya hacía
tiempo que un pueblo indoeuropeo se había asentado en el norte de Grecia, y ahora otro se asentó al sureste de Anatolia.
Se les conoce como Hititas. Como es habitual, tanto los hititas como los griegos tardaron varios siglos en asimilar la
cultura de la zona y durante este periodo dieron poco que hablar.

Al mismo tiempo, la civilización empezaba a cuajar en dos zonas de América: En México aparecen los primeros núcleos
urbanos con viviendas rectangulares de techos de paja. En las ciudades se desarrolló una economía autosuficiente basada
en la agricultura, caza, pesca y recolección. El metal era desconocido. En Perú los avances fueron más espectaculares,
allí las ciudades contaban con edificios públicos para ceremonias y en Las Haldas destaca un templo piramidal
compuesto por siete terrazas superpuestas. No conocemos muchos detalles sobre la sociedad que llevó a cabo estas
construcciones, pero en cualquier caso podemos deducir que había excedentes económicos y una organización social
estratificada que regulaba la actividad comunal.

La isla de Creta se convirtió en una nueva potencia. Ya llevaba mucho tiempo comerciando por mar con Egipto y Canaán
principalmente, pero ahora la isla se unió bajo un gobierno poderoso, cuya capital fue la ciudad de Cnosos. Ahora los
barcos comerciales cretenses estaban protegidos por una flota militar. La prosperidad y la influencia de la isla fue
aumentando gradualmente en los siglos siguientes. La Grecia continental fue ocupada por un pueblo indoeuropeo que
implantó una cultura homogénea en la región, típica de las primeras fases de la Edad del Bronce. No obstante esta cultura
no llegó al Peloponeso ni a las zonas costeras, que continuaron habitadas por una población nativa bajo la influencia de
Creta.

Egipto estaba en los mejores días del Imperio Medio. Los reyes Mentuhotep IV y Mentuhotep V tuvieron un capaz
primer ministro llamado Amenemhat, de origen tebano. De algún modo se rebeló y en 1991 se convirtió en rey con el
nombre de Amenemhat I, inaugurando así la XII dinastía. Trasladó la capital del imperio a Lisht, cerca de Menfis, pues
debió de juzgar que Tebas estaba demasiado al sur para controlar eficazmente el Bajo Egipto. La construcción de
pirámides continuó, si bien éstas nunca volvieron a alcanzar las proporciones de las del Imperio Antiguo. Amenemhat
reforzó el dominio egipcio sobre el Sinaí, restableció el comercio con el sur y mantuvo controlada a la nobleza. Así mismo
ordeno la limpieza y restauración del canal que unía el Nilo con el lago Moeris, lo que aumentó considerablemente la
fertilidad de la región.

La XII dinastía fue considerada en épocas posteriores como la Edad de Oro de la literatura egipcia. A esta época
corresponden los ejemplos más antiguos que conocemos de literatura de ficción no relacionada con la mitología, como el
cuento del náufrago que se encuentra con una serpiente monstruosa, o el cuento de Sinuhé, que cuenta la vida de un
exiliado egipcio entre las tribus nómadas de Siria. También las ciencias progresaron. Se conoce un papiro que explica
cómo operar con fracciones, así como el cálculo de ciertas áreas y volúmenes. Hay recopilaciones de refranes y
proverbios. Se cree que uno de ellos fue escrito por el propio Amenemhat I para su hijo. Parece que la vida de palacio no
era del todo fácil, pues entre otros consejos leemos:

Ten cuidado con tus subordinados... ten cuidado con tu hermano, no conozcas al amigo y no intimes con nadie...
En 1971 Amenemhat I fue sucedido por su hijo Sesostris I, quien conquistó la región de Nubia, situada al sur de la
primera catarata del Nilo. Los nativos eran un pueblo primitivo que no tenía nada que hacer frente al ejército egipcio.
Quince siglos después, cuando Egipto había perdido su poderío, los sacerdotes contaban historias legendarias sobre las
extraordinarias hazañas de los reyes del pasado, que habían conquistado todo el mundo conocido, y el mayor de todos
los conquistadores era Sesostris I.

Mientras tanto, en Mesopotamia, la ciudad de Larsa se liberó de la dominación de Elam, en 1924 derrotó a Isin y tuvo
su propio siglo de grandeza. Podemos decir que hacia 1900 los sumerios habían desaparecido de la historia. No fueron
exterminados ni expulsados. Simplemente perdieron su identidad nacional. Ya nadie hablaba sumerio, si bien la lengua
se conservo como "lengua culta" en los rituales religiosos (algo similar a lo que le sucedería al latín mucho después).
Durante 2.000 años los sumerios habían inventado el transporte con ruedas, la astronomía, la matemática, la empresa
comercial, la construcción con ladrillo a gran escala y la escritura, y a partir de este momento fueron paulatinamente
olvidados, hasta tal punto que no se volvió a saber de su existencia hasta los descubrimientos arqueológicos del siglo XIX
d.C.
A esta época corresponden los sucesos narrados en la parte final del libro del génesis, en la Biblia. El génesis fue escrito
por sacerdotes judíos más de mil años después. Su primera parte es una versión de los mitos sumerios sobre el Diluvio y
las épocas anteriores, drástica y sistemáticamente adaptados para dejar como único protagonista al dios judío, que en la
época que tratamos ahora no existía todavía. Por ejemplo, se conserva una tablilla sumeria de esta época que hace
referencia a un conflicto entre un dios pastor y un dios agricultor, en los que no es difícil reconocer a los que la Biblia
presenta como Caín y Abel. Los diez reyes legendarios de antes del Diluvio son sustituidos por diez patriarcas de Adán
a Noé. Luego viene la adaptación de la leyenda sobre los hombres que querían construir una torre que llegara al cielo.
Ahora es el dios judío el que lo impide haciendo que cada cual hablara una lengua distinta. La Biblia sitúa la historia en
la ciudad de Babel o Babilonia. Al parecer los judíos encontraron una falsa etimología que relaciona el nombre con la
palabra "confusión", cuando en realidad Babel es una derivación de Bab-Ilum (puerta de Dios), nombre de una pequeña
ciudad mesopotámica que tomaron los amorreos y que pronto iba a destacar en la región. Tras una larga lista de
descendientes de Noé, el génesis prosigue con la historia del patriarca Abram. Las fuentes de esta última parte ya no son
mesopotámicas, sino cananeas. No se conoce ninguna otra versión más que la de la propia Biblia. En principio, toda la
historia de Abram podría ser una invención muy posterior, pero hay indicios de que existe un sustrato que se remonta
realmente a los finales del siglo XX o principios del XIX. Por una parte, se describe una situación política que cuadra con
la realidad histórica:

Aconteció por aquel tiempo que Amrafel, rey de Senaar; Arioc, rey de Elasar; Codorlahomor, rey de Elam y Tadal, rey
de Naciones, hicieron la guerra contra Bara, rey de Sodoma, y contra Bersa, rey de Gomorra, y contra Senaab, rey de
Adama y contra el rey de Bala, la misma que después se llamó Segor. Todos estos vinieron a juntarse en el valle de las
Selvas, que ahora es el mar salado. Y el motivo fue que, habiendo estado doce años sujetos a Codorlahomor, al
decimotercero sacudieron el yugo. (Gen. XIV, 1-4)
Senaar es el nombre que la Biblia da a Mesopotamia, mientras que Elasar debe de ser Larsa y, obviamente, el mar
salado es el mar Muerto. Las ciudades de Sodoma, Gomorra, etc. eran cananeas. Debían de estar cerca del mar Muerto,
pues la Biblia sigue explicando que allí tuvo lugar el enfrentamiento como consecuencia del cual fueron derrotadas y
saqueadas. En el texto hay una aparente contradicción, pues parece que Elam es la potencia más poderosa (era la que
tenía sometidas a las ciudades cananeas), mientras que a Amrafel se le presenta como rey de Mesopotamia.
Probablemente Amrafel era rey de Babel, y se le atribuye el gobierno de toda Mesopotamia anacrónicamente, pues poco
después la ciudad dominaría en verdad toda la región.

Otro indicio del valor histórico de la última parte del Génesis es que la historia de Abram parece haber sido modificada
varias veces, en particular para encajarla con el siguiente libro de la Biblia, el Éxodo. Así, los protagonistas cambian de
nombre de forma repentina y a veces muy forzada. El propio Abram (padre excelso) pasa a llamarse Abraham (padre de
una multitud excelsa), su mujer Sarai (señora mía) pasa a llamarse Sara (señora) y sus nietos Esaú (velloso) y Jacob (que
echa la zancadilla) pasan a llamarse Edom e Israel. Estas modificaciones sugieren que existía una primera versión que
fue necesario conciliar con la que más convenía a los judíos.

El núcleo de la historia de Abram es el siguiente: Abram parte de Ur con su padre, su mujer y su sobrino y se asienta en
Canaán (donde muere el padre). Durante un periodo de hambre viajan a Egipto, donde son bien recibidos por el rey, pero
Abram le hace creer que Sarai es su hermana, el rey la toma como esposa y Dios castiga a Egipto con terribles plagas.
Cuando el rey se entera de que Sarai es la mujer de Abram, le invita a marcharse de sus tierras con ella y toda su familia.
Vuelven a Canaán. Abram se asienta en la ciudad de Hebrón, a mitad de camino entre la costa y el mar Muerto, mientras
que su sobrino Lot se asienta en Sodoma, que debía de estar junto al Jordán, al norte del mar Muerto. Entonces tuvo lugar
el enfrentamiento descrito más arriba, en el cual Lot fue hecho prisionero por Codorlahomor. Abram se entera, recluta un
ejército, persigue y derrota a Codorlahomor, librando así a Lot y restituyendo a Sodoma sus prisioneros y riquezas
incautadas. Luego Abram pasa a la ciudad de Gerara, donde nuevamente hace creer a su rey que Sarai es su hermana y se
repite el mismo incidente que en Egipto, pero esta vez se aclaran las cosas y el rey de Gerara permite a Abram que ocupe
la parte de su territorio que más le plazca. Pero la parte más importante de la leyenda es que, en varios momentos, Dios
promete a Abram que entregará a sus descendientes toda la tierra de Canaán. A partir de aquí, los distintos apaños
posteriores de la leyenda parecen intentos de unos y otros por considerarse descendientes directos de Abram y, por
consiguiente, legítimos propietarios por voluntad divina de la tierra de Canaán.

El primogénito de Abram es Ismael y la Biblia afirma que sus descendientes poblaron la costa arábiga del mar Rojo. (Más
de dos mil años después, Mahoma se consideraría descendiente de Ismael.) Pero resultó que no era hijo de Sarai, la mujer
legítima, sino de una esclava, luego el verdadero primogénito era Isaac. A su vez, éste tuvo dos hijos gemelos, Esaú nació
primero y Jacob nació después cogiéndolo por el tobillo (como intentando nacer antes, de ahí su nombre). Teóricamente,
la posesión de Canaán correspondía a Esaú, pero éste la vendió a su hermano por un plato de lentejas y, mediante un
engaño, Jacob logró que Isaac ratificara el trato en su lecho de muerte.

Un posible análisis de esta fábula sería el siguiente: El hecho de que Abram pudiera reclutar un ejército indica que en
realidad debía de ser un rey de alguna ciudad o bien un caudillo de una de las tribus amorreas que llegaron de Arabia. La
procedencia de Ur no es verosímil. Tras todo el folletín de la descendencia de Abram, los judíos terminaban siendo
(obviamente) sus legítimos herederos. Son muchos los pueblos que remontan su origen a un personaje concreto, y siempre
tratan de atribuirle un origen ilustre. Cuando se escribió el Génesis, la ciudad de Ur conservaba la leyenda de su antigua
fama, y es natural que los judíos la eligieran como patria de su antepasado. Lo más razonable es que Abram fuera un
caudillo amorreo que no consiguió un buen territorio en la invasión, por lo que llevó a sus hombres hacia Egipto con la
esperanza de encontrar mejores oportunidades. Allí se encontró con un poderoso Imperio Medio que debió de rechazarlo
sin apenas esfuerzo. Naturalmente los hombres de Abram debieron de silenciar rápidamente esta parte de la historia, por
lo que se convirtió en un punto oscuro que los judíos rellenaron con fragmentos posteriores: por una parte, las plagas de
Egipto están tomadas del siguiente libro bíblico, el Éxodo, y el incidente entre Sarai y el rey tiene toda la traza de ser una
duplicación del incidente análogo con el rey de Gerara. Es probable que los hombres de Abram se sintieran descontentos
con un caudillo que los llevaba de un sitio a otro infructuosamente. Tal vez Abram los aplacó con alguna historia sobre
un dios portentoso enfadado con los cananeos y los (restantes) amorreos y que estaba dispuesto a usarlos a ellos como
brazo de su venganza, de modo que con su ayuda conquistarían todo Canaán. No podemos saber nada sobre el dios de
Abram, pues la Biblia atribuyó toda intervención divina al dios de los judíos, eliminando cualquier resto de otra religión.
En cualquier caso, parece que los hombres de Abram cobraron ánimo y, de vuelta en Canaán, tuvieron alguna victoria
destacada (probablemente no tan importante como derrotar al rey de Elam). Finalmente pudieron asentarse en Gerara (la
historia de que el rey les ofreciera voluntariamente su territorio es increíble). Fuera así o de otro modo, es plausible que
los amorreos de alguna ciudad de Canaán se formaron la leyenda de que un dios les había otorgado el territorio que
ocupaban a través de un pacto con su primer caudillo, Abram. Tal vez fueron muchos los toscos invasores amorreos que
se sentían acomplejados frente a la cultura de los pueblos conquistados, por lo que acogieron gratamente la historia y se
apresuraron a encontrar líneas genealógicas que los remontaran al patriarca y legitimaran así (con la voluntad divina) su
posición dominante. La genealogía de Abram que recoge la Biblia es posterior, pues termina con pueblos que todavía no
habían entrado en escena.

Otro hecho notable que narra el Génesis es la destrucción de Sodoma y Gomorra. Es posible que la caída de un meteorito
o, más probablemente, un terremoto acabara con estas ciudades. Naturalmente una catástrofe de esta envergadura debió
de suscitar muchas historias cuya conclusión natural era el castigo divino. De todos modos no debía de haber muchos
detalles (o los que había debían de discordar mucho de la religión judía) porque para describir la vida pecaminosa de
Sodoma y Gomorra los autores bíblicos tuvieron que adaptar una historia posterior contenida en el libro de los Jueces
sobre unos hombres que trataron de sodomizar a un levita (capítulo XIX) y en su lugar éste les ofreció a su mujer para
que la violaran. (Irónicamente, los pecados que los judíos atribuían a los sodomitas están basados en historias sobre los
propios israelitas.)

Por esta época, las ciudades más importantes del sur de Canaán eran Siquem, Betel, Salem, Hebrón y Beersheba. Salem
no debía ser la más destacada por estas fechas, pero tal vez era la mejor emplazada, sobre una colina con fuentes de agua,
lo que la hacía fácil de defender y la capacitaba para resistir asedios. Más adelante cobraría importancia bajo el nombre
modificado de Jerusalén. En general, lo amorreos pasaron los siglos XX y XIX entre tensiones y disputas. Durante el
siglo XIX la ciudad de Kish tuvo una época de predominio, pero no tardó en cedérselo a Babel. En 1850 los amorreos
tomaron la ciudad de Assur, que por aquel entonces era una próspera ciudad comercial.

En 1842 murió el rey de Egipto Sesostris III, poco después de haber sometido a su dominio a todo Canaán. Le sucedió
su hijo Amenemhat III, que extendió la hegemonía egipcia a algunas ciudades interiores de Siria. La ciudad de Biblos
se benefició de su larga tradición de buenas relaciones con Egipto, y gozó de una especial protección. Hacia el sur, Egipto
dominó el curso del Nilo hasta la tercera catarata. Por esta época debió de implantarse en Canaán la circuncisión, un rito
egipcio tal vez relacionado con la fecundidad que los cananeos terminarían interpretando como símbolo del pacto entre
Abram y su dios. Aunque no sabemos nada a ciencia cierta sobre este dios, el hecho de que los cananeos se circuncidaran
en su nombre es indicio de que ser identificados como descendientes de Abram era de suma importancia para ellos.
Amenenmhat III construyó dos pirámides junto al lago Moeris, además de numerosas estatuas colosales con su imagen y
un complejo grupo de palacios, todo ello rodeado de un mismo muro. Al parecer la construcción contaba con tres mil
quinientas habitaciones, la mitad de las cuales eran subterráneas y se usaban como cámaras funerarias. Al parecer el rey
trató de burlar a los ladrones de tumbas escondiendo las momias y los tesoros en un complicado sistema de pasadizos en
lugar de bajo una mole de piedra. Los egipcios denominaron a esta construcción con una palabra que significa "el templo
a la entrada del lago", pero los griegos de tiempos posteriores la deformaron a Labyrinthos, esto es, Laberinto. El
Laberinto egipcio debió de ser una obra imponente, hecha de mármol blanco, con una cuidada ornamentación, si bien no
cumplió su cometido, pues todas las tumbas que contuvo fueron saqueadas con el tiempo. También la ciudad de Tebas
fue embellecida con nuevos templos, estatuas y otros edificios notables.

En 1822 ocupó el trono de Larsa el rey Rim-Sin, que tuvo que luchar frecuentemente con Isin para mantener la
supremacía de su ciudad sobre la región. En 1814 un amorreo consiguió hacerse con el poder de Assur, fundando una
dinastía que iba a gobernar durante mil años. Se llamaba Shamshi-Adad I. Sometió a Mari, que por entonces era la otra
gran potencia comercial del entorno, y dominó así el norte de Mesopotamia, formando un pequeño imperio que más
adelante crecería y sería conocido como el Imperio Asirio.

BABILONIA
A principios del siglo XVIII el norte de Mesopotamia empezó a sufrir los ataques de los hurritas, un pueblo que contaba
con una nueva arma de guerra: el caballo. Este animal era completamente desconocido en el mundo civilizado, pero hacía
ya tiempo que los indoeuropeos lo usaban como alimento. Ahora los hurritas (aunque no eran indoeuropeos) habían
resuelto los problemas técnicos que impedían usarlo como animal de tiro. Diseñaron nuevos arneses, así como nuevos
carros de dos ruedas, más ligeros y maniobrables, consistentes en apenas una plataforma para el auriga. Incluso las ruedas
fueron perfeccionadas, pues las nuevas eran anulares con radios en lugar de macizas. Con los carros, las incursiones
nómadas multiplicaron su eficiencia. Podían desplazarse mucho más rápidamente que un ejército de infantería, que a lo
sumo contaba con pesados carros tirados por asnos para transportar la carga pesada. Podían elegir los lugares más
desprotegidos, atacar y huir con el botín antes de que llegaran las defensas. No obstante, en un primer momento estos
pueblos carecían de la organización y la amplitud de miras necesarias para ser algo más que una lacra dolorosa. Por el
momento, el rey asirio Shamshi-Adad I seguía fortaleciendo su imperio y sirvió de pantalla contra los ataques hurritas,
pero la llegada de una invasión seria era sólo cuestión de tiempo.

En 1794 Rim-Sin, el rey de Larsa, venció definitivamente a Isin y unió bajo su dominio el sur de Mesopotamia. Dos años
después, en 1792 subía al trono de Babilonia el sexto rey de su I dinastía (instaurada con la invasión amorrea). Se
llamaba Hammurabi. Su situación era delicada, pues su pequeña ciudad estaba entre dos grandes potencias: Asiria al
norte y Larsa al sur. Sin embargo, Hammurabi era joven y los reyes Shamshi-Adad I y Rim-Sin eran ya mayores.
Hammurabi se sometió a Shamshi-Adad I y, bajo su protección, arrebató a Larsa las ciudades de Ur e Isin.

En 1790 murió el rey de Egipto Amenemhat III. No se conocen bien las causas, pero el Imperio Medio se desmoronó y
el país se sumió en la confusión. Los egipcios registran dos dinastías que debieron de reinar simultáneamente: la XIII
dinastía gobernó el Alto Egipto desde Tebas y la XIV dinastía gobernó el Bajo Egipto desde Xois, en el centro del delta
del Nilo.

En 1782 murió Shamshi-Adad I, y bajo su sucesor el poder asirio declinó. Hammurabi aprovechó para concentrar sus
fuerzas contra Larsa. En 1762, tras un año de guerra, aplastó a Rim-Sin y se hizo con el control de lo que había sido
Sumer. Después se dirigió hacia el norte. En 1758 saqueó Mari, en 1755 se apoderó de Eshnunna y, tras unos años de
resistencia, hacia 1754 Assur se hizo tributaria de Babilonia. Su rey conservó el trono, con lo que la dinastía fundada por
Shamshi-Adad I no se vio interrumpida.

En 1750 la cultura cretense inició un periodo de apogeo. Se construyeron grandes palacios, construcciones complejas con
salas de uso religioso, de ceremonias y de banquetes. Había almacenes con reservas de vino, aceite, grano, lana, metales,
etc. Alrededor de los palacios estaban los talleres de los artesanos metalúrgicos, de los grabadores y los alfareros. Se
conservan magníficas piezas de cerámica y orfebrería. La influencia de Creta sobre las islas del Egeo y el sur de Grecia
debió de reforzarse en esta época. Probablemente, fue este periodo el que dio origen a la leyenda griega sobre un poderoso
rey cretense llamado Minos, al cual los atenienses debían pagar anualmente un tributo humano para alimentar al
Minotauro, un monstruo, hijo de Minos, con cabeza de toro. Ciertamente en Creta se celebraban rituales con toros.
Mientras tanto un grupo de pueblos indoeuropeos que se llamaban a sí mismos Arios (nobles) comenzó a descender sobre
la India. Parece ser que la invasión se produjo lentamente a lo largo de varios siglos, pero es posible que hubiera una
primera oleada especialmente violenta, ya que la civilización del Indo, que ya contaba con más de medio milenio de
historia, se extinguió repentinamente. Se ha constatado que uno de sus centros principales, la ciudad de Mohenjo-Daro,
fue víctima de una cruenta matanza. La lengua de los arios era el sánscrito. Eran pastores de rebaños bovinos. Habían
domesticado el caballo y conocían el uso del arado. Tenían muchos dioses, pero el principal era Idra, que les ordenaba
la guerra santa para dar muerte a los dasa (los aborígenes de la India), que tuvieron que desplazarse hacia el sur. Las
ciudades fueron destruidas y sustituidas por pequeños poblados de pastores.

Aún más al este, en China, tras el largo periodo de la dinastía Xia, se instauró la primera dinastía de la que se tiene
un auténtico conocimiento histórico: la dinastía de los Chang. Su capital estaba en la ciudad de Erlitou y dominaba
una buena parte del valle del río Amarillo. La organización política era rudimentaria y no estuvo exenta de tensiones y
luchas con los vecinos. Durante el reinado de los Chang se fijaron los rasgos específicos de la antigua China: la escritura,
el transporte mediante carros, la fundición del bronce, y una organización política estructurada en torno al rey y la capital.

Volviendo a Babilonia, Hammurabi murió en 1750, siendo rey de un territorio tan extenso como el que había gobernado
el acadio Naram-Sin seis siglos atrás. El ascenso de Babilonia tuvo muchas consecuencias en todos los ámbitos. Desde
su fundación, el dios principal de Babilonia había sido Marduk, totalmente desconocido fuera de su entorno inmediato.
Cuando los amorreos tomaron la ciudad, adoptaron también a su dios y lo pusieron a la cabeza de su panteón. El segundo
dios en importancia fue Nabu, que era el dios principal de una ciudad situada un poco más al sur, llamada Borsippa. Las
victorias de Hammurabi se reflejaron en un ascenso análogo de Marduk en el cielo mesopotámico. Al final de su reinado
la epopeya de la creación ya no era la misma que habían imaginado los sumerios. Ahora el dios Anu ya no lograba vencer
a la oscura Tiamat, sino que retrocedía mientras Marduk (que, por cierto, resultó ser hijo de Ea) se enfrentaba sin temor
a la diosa del caos y la mataba. Así, Mesopotamia se enteró de que en realidad fue Marduk el heroico dios que creó el
Universo y, por consiguiente, su legítimo gobernante. Nabu acabó siendo hijo de Marduk, con la notoriedad que ello
conllevaba. No obstante, esto no era así en Assur, cuyos habitantes se aferraron al culto del dios Assur, que daba nombre
a la ciudad.
Al igual que ya habían hecho muchos reyes anteriores, Hammurabi puso por escrito las leyes de su reino. El
llamado código de Hammurabi es el sistema de leyes más antiguo que conocemos en su integridad. Fue inscrito en una
estela de diorita de casi tres metros de altura. En lo alto hay una imagen de Hammurabi arrodillado ante Shamash, el dios
del Sol, que al parecer fue quien le dictó el código. En una fina escritura cuneiforme, la estela contiene las casi trescientas
leyes de que constaba el código, indudablemente basadas en las legislaciones precedentes. La estela estaba situada en el
templo de Shamash de la ciudad de Sippar, al norte de Babilonia. Podía ser consultada por cualquiera (que supiera leer),
lo que garantizaba en cierto modo la objetividad de la justicia.

La ley dividía a los hombres en tres categorías: nobles, campesinos y esclavos. Las diferencias de clase están
cuidadosamente estipuladas: era mayor la pena por dañar a un noble que a un campesino, y ésta era a su vez mayor que
la pena por dañar a un esclavo. Por otra parte, un noble debía sufrir un castigo mayor que un campesino por el mismo
delito. Los esclavos eran marcados en la frente, y estaba prohibido ocultar la marca. Había métodos por los que los
esclavos podían comprar su libertad, así como leyes que los protegían de un trato abusivo. El código de Hammurabi tiene
un pronunciado carácter comercial: considera los contratos como compromisos sagrados, da leyes sobre la posesión, venta
y transferencia de bienes, regula el comercio, los beneficios y los alquileres, prohíbe el engaño en el peso, los artículos
de mala calidad y los fraudes en general. También regula el matrimonio, el divorcio y la adopción. El marido podía
divorciarse a voluntad, pero debía restituir la dote a la esposa. Las mujeres y los niños gozaban de protección legal. Se
legislaba incluso sobre los delitos pasionales. Los hombres eran responsables de los diques y canales. Si por negligencia
se producía una inundación, el culpable debía pagar fuertes multas. En cuanto a las penas, la más frecuente era la
mutilación: Si un hombre golpeaba a su padre, se le cortaba la mano, si un carpintero construía una casa, ésta se
derrumbaba y moría el inquilino, el carpintero debía morir, pero había atenuantes por accidente. Se regulaba la profesión
médica, su ética y sus honorarios. Un cirujano inexperto podía perder la mano.

A la vista de este código, podemos afirmar que la moral de los babilonios (y, probablemente la de los mesopotámicos en
general) era muy similar a la moral moderna, con las diferencias obvias (esclavitud, rigor en las penas, etc.) Durante
mucho tiempo ha existido una falsa imagen de perversión en las culturas paganas motivadas por las difamaciones de la
Biblia. En realidad, la única diferencia notoria entre la moral babilónica y la judía parece ser el exacerbado puritanismo
de ésta en materia sexual.
Hammurabi estableció una compleja y eficiente red administrativa que él mismo supervisaba. Bajo su reinado el acadio
se convirtió en una lengua literaria, si bien el sumerio continuó siendo una lengua culta. En 1749, tras la muerte de
Hammurabi, ocupó el trono su hijo Samsuiluna, que conservó bastante bien su herencia. El acoso de los hurritas era por
entonces mucho más intenso. En 1720 Samsuiluna consiguió rechazar una oleada hurrita que arrasó Canaán, bien provista
de carros, arcos y flechas. La horda no se detuvo, sino que siguió hacia el sur, engrosada con cananeos, y llegó hasta
Egipto. Por aquel entonces, Egipto estaba desmembrado y débil, por lo que no pudo oponer ninguna resistencia. Los
egipcios llamaron hicsos a los invasores (que, al parecer, significa "extranjeros") y contaron a sus reyes en las dinastías
XV y XVI. No sabemos gran cosa de los hicsos, pues los egipcios los odiaron profundamente y no escribieron nada sobre
ellos, salvo algunos pasajes difamatorios. Los hicsos formaron un imperio que comprendía el Bajo Egipto y Canaán. Su
capital estuvo en Tanis, sobre la rama más oriental del Nilo en el delta. Al parecer, el delito de los hicsos a ojos de los
egipcios (aparte del hecho de que eran extranjeros y su invasión había herido el orgullo nacional) fue que no adoptaron
los dioses y el culto nativo. Egipto era un pueblo firmemente arraigado a su tradición y no podía concebir otra forma de
vida decente que no fuera la suya. Acusaron a sus conquistadores de ateos y crueles y nunca dejaron de mostrarse hostiles
con ellos. El imperio hicso tenía su capital en Egipto, pero su fuerza estaba en Canaán, donde fueron bien aceptados. Los
hicsos no extendieron su dominio sobre el Alto Egipto, pero lo dejaron sumido en un estado de caos del que tardaría en
recuperarse.

Mientras tanto, los hititas, que tiempo atrás habían ocupado Anatolia, empezaban a dar muestras de organización. El
primer rey del que tenemos noticia se llama Anitta, rey de Kussara, que emprendió un proceso de conquista y unificación
del territorio. Hacia 1700 dominaba la mitad de la península. Los hititas adoptaron la escritura cuneiforme y la adaptaron
a su lengua indoeuropea. Mientras tanto, los nómadas de los montes Zagros, llamados ahora casitas, aprendieron la
técnica del carro y el caballo e iniciaron un proceso de incursiones sobre el Imperio Babilónico.
Por estas fechas un terremoto sembró la destrucción en la isla de Creta, que perdió temporalmente su hegemonía en el
Mediterráneo. Es posible que los griegos aprovecharan la situación para infligir una derrota a los cretenses. Tal vez esto
diera pie a la leyenda sobre Teseo, el príncipe ateniense que mató al Minotauro y liberó a su ciudad del tributo que debía
pagar al rey Minos de Creta.

Hacia 1645 la ciudad de Tebas estaba recuperada de los estragos de los hicsos. El dios principal de la ciudad era Amón,
y sus sacerdotes lograron restablecer el orden y eligieron entre ellos un rey, el primero de la XVII dinastía, que coexistió
con la XVI dinastía hicsa. Los reyes tebanos se consideraban los reyes legítimos de todo Egipto, si bien en la práctica
sólo dominaban la ciudad y sus alrededores.

Hacia 1640 el rey Hattusil I de Kussara logró dominar a los hititas del oeste de Anatolia y a los hurritas del norte de
Siria, formando así un reino poderoso con capital en Hattusa. Con el tiempo, la capital se convertiría en un importante
centro cultural. En 1610 Hattusil I fue sucedido por su nieto Mursil I, que reafirmó su poder en la región y puso su mirada
en Babilonia. De este modo, Babilonia se vio enfrentada simultáneamente a los hititas al noroeste, a los hurritas al norte
y a los casitas al este. El fin estaba cerca

EL NUEVO IMPERIO EGIPCIO


Durante el siglo XVI, la isla de Creta se recuperó de su declive. Se volvieron a construir palacios más grandiosos que los
de los tiempos anteriores. Los nuevos palacios tenían un gran patio central con gradas monumentales para espectadores,
donde se celebraban competiciones de lucha (algo similar al boxeo, aunque también se golpeaba con los pies) y juegos
rituales con toros: unos atletas saltaban sobre los animales y, tras una voltereta, caían de pie. El toro tenía una gran
importancia religiosa en esta cultura. La parte de la leyenda griega sobre el Laberinto, que el rey Minos había hecho
construir para encerrar al Minotauro, parece remontarse a esta época. Las casas particulares tenían hasta cinco plantas
con escaleras interiores. Se conservan pinturas de escenas cotidianas, en las que los hombres juegan a un cierto juego de
tablero mientras el ama de casa teje lana, hay escenas de caza, otras de hombres acompañados de perros y gatos, etc. Los
cretenses tenían un dios principal poderoso e iracundo, pero también había una diosa Madre a la que se podía rogar que
aplacara a su hijo. El rey era descendiente de este dios y, de hecho, era éste quien le decía en cada momento lo que
convenía hacer, de modo que oponerse a una orden real era oponerse a la voluntad divina. Todo esto es lo que se desprende
de las numerosas pinturas de la época. De los testimonios escritos no se puede concluir nada, pues no se conoce la lengua
cretense. La escritura del periodo anterior (la que terminó en 1700) era pictográfica, pero ahora se usaba una nueva en
forma de líneas onduladas irregulares (escritura Lineal A).

La cultura cretense se extendió por las islas Cícladas y por el Peloponeso, cuyas ciudades principales a la sazón
eran Micenas, Tirinto y Argos. Otras ciudades que más adelante adquirirían importancia eran Esparta y Corinto y, ya
fuera del Peloponeso, Atenas y Tebas.
En 1595 el rey hitita Mursil I tomó Babilonia. No obstante, no pudo controlar la ciudad, pues los casitas aprovecharon la
ocasión, descendieron definitivamente de los montes Zagros e impusieron su dominio sobre lo que había sido el Imperio
Babilónico. Una vez más, la región pasó por un largo periodo de decadencia mientras los bárbaros invasores fueron
asimilando lentamente la cultura mesopotámica y la versión babilónica de la religión sumeria. En 1590 Mursil I fue
asesinado por su cuñado y sucesor, Hantil I.

Por otra parte, las ciudades civilizadas habían aprendido de los hicsos el uso bélico del caballo, con lo que éste dejó de
ser una ventaja para los pueblos nómadas. Los reyes tebanos del Alto Egipto tenían caballos y los usaron para combatir a
los invasores. El último rey de la XVII dinastía fue Kamosis, que redujo el dominio hicso a las vecindades de su capital.
En 1570 fue sucedido por su hermano Ahmés (que, por algún extraño motivo, los egipcios catalogaron como primer rey
de una XVIII dinastía). Ahmés libró una batalla decisiva en el Delta, en la que derrotó a Apofis III, el último rey hicso.
El ejército hicso huyó a Palestina, pero Ahmés lo siguió y lo volvió a derrotar. Indudablemente, los hicsos ya no eran
entonces los toscos guerreros de antaño, sino que habían asimilado los lujos egipcios y se habían debilitado. A partir de
aquí desaparecen de la historia: la mayoría de ellos permanecieron en el territorio entre los fenicios, cananeos, amorreos,
etc., pero ya sin ninguna identidad que los uniera.

Con sus victorias, Ahmés logró imponer su autoridad sobre un Nuevo Imperio Egipcio. Parece que las tensiones entre
el rey y la nobleza quedaron atrás. Ahora Egipto tenía carros y caballos, así como un nuevo orgullo nacional. El rey ya
no sólo era sacerdote y dios, sino también un gran general. Su autoridad era indiscutible. Una muestra de la nueva
reverencia que se le reservaba es que los egipcios ya no se referían a él como "el rey", sino con el circunloquio más
pomposo de "la gran casa" o "el palacio", voz que ha derivado en la expresión Faraón. Aunque anacrónicamente se llama
faraones a todos los reyes egipcios, lo cierto es que este título surgió con el Imperio Nuevo.

En 1560, el rey hitita Hantil I fue asesinado junto a su hijo y sus nietos por su yerno y sucesor Zidanta I, que años atrás
había sido su cómplice en la conjura contra Mursil I. Las leyes hititas no establecían claramente la fórmula de sucesión
del rey, por lo que las conjuraciones eran cada vez más frecuentes. A los pocos años de subir al trono, Zidanta I fue
asesinado por su hijo Ammuna. Los desórdenes dinásticos, unidos a una grave sequía sumieron al reino en una profunda
crisis.

En 1545 el faraón Ahmés fue sucedido por su hijo Amenofis I, quien retomó Nubia, el Sinaí y todo Canaán hasta
Fenicia, como en los tiempos del Imperio Medio. Al oeste, los pastores libios protagonizaban frecuentes incursiones
en territorio egipcio desde tiempos de los hicsos. El nuevo faraón puso fin a esta situación ocupando una buena franja del
desierto libio.

En 1525, tras la muerte de Amenofis I ocupó el trono Tutmosis I, quien extendió el control egipcio sobre el Nilo hasta la
cuarta catarata, mucho más allá que en cualquier época anterior. En Canaán llegó hasta la ciudad de Karkemish, en plena
siria, a orillas del Éufrates. Los soldados egipcios quedaron fascinados por la abundante lluvia: "un Nilo que cae del
cielo". El propio Éufrates fue también causa de sorpresa, pues los Egipcios usaban la misma expresión para referirse al
Norte que para decir "río arriba". Así, el Éufrates era un río que, "fluyendo hacia el norte, fluye hacia el sur".

La ciudad de Tebas gozaba ahora de más prestigio que nunca. Tutmosis I construyó grandes templos, y cada uno de los
reyes posteriores trató de superar a los precedentes. La construcción de pirámides se abandonó definitivamente (todas
habían sido saqueadas por los ladrones de tumbas). En su lugar, Tutmosis I optó por ocultar su mausoleo tras una compleja
red de túneles excavados en la roca de una colina cercana a Tebas. Durante los últimos años de su reinado gobernó junto
a su hijo y sucesor, Tutmosis II.

Mientras tanto, hacia 1500, los hurritas, que llevaban hostigando a Mesopotamia desde hacía tres siglos, finalmente se
organizaron en un estado conocido como Mitanni, que ocupó una buena parte de lo que había sido el ahora decadente
Imperio Asirio. Asur conservó su independencia, pero fue tributaria del nuevo reino. Mitanni arrebató también a los hititas
gran parte de sus dominios, mientras éstos seguían bajo monarquías débiles que se disputaban el poder. El
rey Telibinu trató de establecer una ley de sucesión clara, pero no pudo evitar que el reino hitita sucumbiera ante los
hurritas de Mitanni.

En la actual Guatemala se estaban formando las primeras comunidades agrícolas.

En 1490 murió el faraón Tutmosis II. Siguiendo una costumbre egipcia, éste se había casado con su
hermana Hatshepsut (probablemente, los orgullosos reyes egipcios consideraban que ninguna mujer era digna de ellos
salvo que fuera de su propia familia). Fue ella quien realmente gobernó el Imperio desde la muerte de Tutmosis I. Por su
parte, Tutmosis II había tenido un hijo con una concubina, Tutmosis III, a quien teóricamente le correspondía el trono,
pero era menor de edad y su tía y madrastra quedó como regente. Hatshepsut es la primera mujer gobernante conocida en
la historia. En los monumentos que construyó se representa a sí misma con vestimentas masculinas, sin pechos y con una
barba postiza. Bajo su mandato dejó de lado la expansión militar y, en su lugar, fomentó el comercio, las minas y la
industria. En aquella época estaba de moda la construcción de obeliscos gigantes: finas columnas de piedra de tal altura
que todavía no está claro cómo conseguían erigirlas sin que se rompieran. Originalmente fueron erigidos en honor al dios
Ra, en tiempos del Imperio Antiguo, pero entonces no eran especialmente altos: unos tres metros y medio. En el Imperio
Medio se construyeron obeliscos de más de 20 metros de altura, Tutmosis I construyó uno de 24 metros y Hatshepsut
llegó a los 30 metros.

Hatshepsut murió en 1469, cuando Tutmosis III tenía unos veinticinco años. Indudablemente, debió de vivir oprimido
por su madrastra, pues tras su muerte ordenó eliminar su nombre de todos los monumentos en los que aparecía,
sustituyéndolo por el suyo o por el de su padre o su abuelo. Incluso dejó su tumba incompleta, que es la mayor venganza
que podía tomarse, de acuerdo con la mentalidad egipcia.

El periodo pacifista de Hatshepsut había acrecentado a las ciudades cananeas. El nuevo faraón había sido un títere de su
madrastra, así que los cananeos debieron de pensar que sería un monarca débil y que era el momento idóneo para librarse
del yugo egipcio. El reino de Mitanni fomentó la rebelión, que fue encabezada por la ciudad de Cadesh, tal vez el último
resto del Imperio Hicso.

Sin embargo, el nuevo monarca resultó ser un buen general. En 1468 se enfrentó con un ejército cananeo en Megiddo, un
enclave estratégico para la defensa de Cadesh. Tutmosis III aprovechó que el grueso del ejército se encontraba en otra
parte (pues tomó una ruta diferente a la que sus enemigos habían conjeturado) y consiguió así una primera victoria. Dejó
parte de su ejército sitiando la ciudad y siguió avanzando. A los siete meses Megiddo cayó en poder egipcio. Año tras
año, Tutmosis III reanudaba sus campañas en Canaán, hasta que en 1462 llegó a la misma Cadesh y la destruyó. Luego
cruzó el Éufrates y se internó en Mitanni, pues Cadesh no habría resistido tanto tiempo sin su ayuda. No obstante no se
atrevió a ocupar permanentemente una región tan alejada. Durante un siglo, el dominio de Egipto sobre Canaán no tuvo
discusión.

Mientras tanto, el dominio de Creta sobre el Mediterráneo fue decayendo en favor de la civilización micénica.
Hacia 1450 se aprecian signos de destrucción en muchas ciudades cretenses, e incluso periodos de ocupación griega.

En 1438 murió Tutmosis III y fue sucedido por su hijo Amenofis II, que continuó la política de expansión de su padre y
reprimió dos levantamientos en Asia.
Hacia 1430 el reino hitita encontró finalmente un gobierno estable bajo el rey Tudhaliyas I, que logró algunas victorias
sobre Mitanni.

Amenofis II reinó hasta 1412, cuando fue sucedido por su hijo Tutmosis IV. Éste promovió una política de paz con
Mitanni, y llegó incluso a tomar por esposa a una de sus princesas (algo completamente inusitado hasta entonces). Con
Tutmosis IV empezó a cobrar importancia un dios que hasta entonces sólo había desempeñado un papel secundario en el
panteón egipcio, el dios Atón. Es probable que en ello influyera la reina. La religión hitita era mucho más simple que la
egipcia, por lo que tal vez a la reina le resultó más fácil identificar sus creencias con el culto a un dios modesto como
Atón frente al sofisticado culto a Amón-Ra. En cualquier caso, lo cierto es que Tutmosis IV le rindió un ostensible
homenaje.

Hacia 1400 murió el rey hitita Tudhaliyas I, que fue sucedido por su yerno Arnuanda I.

EL EGIPTO FARAÓNICO
Con el siglo XIV se inicia la llamada Edad Micénica griega. Las ciudades del Peloponeso, con Micenas a la cabeza,
arrebataron gradualmente a Creta su dominio sobre el mar Egeo. Al parecer, los griegos micénicos eran el resultado de la
fusión entre un pueblo indoeuropeo que llevaba ya siglos ocupando el norte de Grecia con un pueblo nativo no
indoeuropeo, conocido como Pelásgico, que ocupaba las costas y las islas. No tenemos muchos detalles de este periodo,
pero de algún modo los indoeuropeos grecohablantes absorbieron la cultura de los pelásgicos (que a su vez éstos habían
tomado de los cretenses) y se convirtieron en una clase dominante. Prueba de ello es que en 1400 cayó definitivamente
en manos de los griegos micénicos la ciudad de Cnosos, y a partir de entonces la escritura lineal A (no descifrada) fue
sustituida por una escritura de aspecto similar, la lineal B, que ha resultado ser una forma de griego arcaico. Los
documentos descifrados contienen recetas e instrucciones para el trabajo. No hay literatura, ni ciencia, ni historia, por lo
que podemos pensar que los micénicos eran una mezcla sencilla de comerciantes, navegantes y guerreros. Tal vez los
griegos indoeuropeos fueron los que promovieron la rebelión contra el dominio cretense y ello les diera a su vez el
predominio sobre los pelásgicos. La lengua pelásgica debió de conservarse en un segundo plano frente a la griega durante
varios siglos. Por su parte, los griegos situados más hacia el interior no recibieron con igual intensidad la antigua cultura
cretense, sino que permanecieron en un estadio más primitivo frente a los griegos micénicos. Es probable que esta
diferenciación cultural se corresponda con la diferenciación de dos de los dialectos más importantes del griego clásico:
los griegos micénicos debían de hablar el dialecto jónico, mientras los griegos del interior debían de hablar el eólico. La
cultura micénica se extendió hasta el sur y el centro de Italia.

Mientras tanto Canaán florecía bajo el protectorado egipcio. Los fenicios revolucionaron la escritura. Todos los sistemas
de escritura conocidos hasta entonces se basaban en asignar un signo a cada palabra. Esto hacía que la escritura fuera un
arte muy complejo, pues había que recordar cientos de signos distintos. Ocasionalmente, algunos signos se usaban con
valor fonético para modificar el significado de otro signo, pero los fenicios fueron los primeros que desarrollaron la idea
y crearon un sistema de escritura alfabética, es decir, un sistema en el que cada signo representa un sonido, de tal modo
que con un reducido inventario de signos (alfabeto) se puede representar cualquier palabra. Para ello eligieron palabras
que empezaran por cada uno de los signos de su lengua y convinieron en usar sus signos para representar únicamente a
dicho sonido inicial. Por ejemplo, la palabra "buey" era aleph, cuyo primer sonido era una oclusión glótica que no existe
en castellano, y su signo pasó a ser la primera letra del alfabeto cananeo. Las siguentes fueron beth, gimel y daleth, que
significan "casa", "camello" y "puerta", respectivamente, pero que para los fenicios pasaron a representar los sonidos b,
g y d, respectivamente. El alfabeto fenicio no tenía signos para las vocales. Ello se debe a que en las lenguas semíticas
cada raíz léxica está asociada a un grupo específico de consonantes, de modo que las vocales sólo tienen una función de
apoyo, en todo caso con un valor gramatical que puede deducirse del contexto, es decir, en la lengua cananea no había
grupos de palabras como "peso" y "piso", que comparten las mismas consonantes con significados completamente
distintos, por lo que, si se escribían las consonantes, cualquier hablante podía reconstruir las vocales. La escritura ha sido
inventada independientemente por varias culturas a lo largo de la historia, pero todos los sistemas de escritura alfabética
conocidos provienen del fenicio.

Por otra parte, el comercio fenicio se enriqueció con productos novedosos. Mejoraron las técnicas egipcias de fabricación
del vidrio, pero sobre todo descubrieron la púrpura, un tinte rojo extraído de unos moluscos con el que se elaboraban
tejidos de color brillante que no desteñían al ser lavados. Los fenicios guardaron celosamente el secreto de la elaboración
de este tinte, con lo que monopolizaron su comercio durante siglos. La púrpura fue muy codiciada, y se vendía a precios
elevados. Entre las ciudades que más se beneficiaron de estas innovaciones estaban Tiro y Sidón.
En 1387 ocupó el trono de Egipto Amenofis III, hijo de Tutmosis IV y de la princesa de Mitanni con la que se casó. Bajo
su reinado Egipto disfrutó de un largo periodo de paz. El nuevo faraón se casó también con una princesa de Mitanni,
llamada Tiy, de la que estaba profundamente enamorado, como se deduce de diversas inscripciones. Construyó para ella
un monumental lago de recreo de más de un kilómetro de largo en la orilla occidental del Nilo. Durante su reinado el dios
Atón siguió ganando protagonismo. Es posible que Amenofis III, influido por sus padres y su esposa, llegara a
considerarlo como a su dios principal, si bien oficialmente mantuvo los ritos tradicionales. Sin embargo, parece ser que
su hijo no recibió una educación religiosa "tradicional", sino que nunca llegó a identificarse con las antiguas creencias
egipcias.

La alianza entre Egipto y Mitanni había perjudicado gravemente al reino hitita. En 1385 el rey Arnuanda I murió
enfrentándose a invasiones y rebeliones internas, y fue sucedido por su hijo Tudhaliyas II, quien, reuniendo los restos
del ejército real, logró recuperar el control del estado.

Mientras tanto, Babilonia seguía sumida en el periodo de decadencia que produjo la invasión de los casitas. Mitanni cayó
en una crisis interna debido a disputas en la sucesión al trono, al igual que había ocurrido en el reino hitita en los años
anteriores, mientras que éste se recuperó con las campañas militares del príncipe Shubbiluliuma, hijo de Tudhaliyas II,
que fue proclamado rey en 1371, después de que una conspiración derrocara a su hermano Tudhaliyas III.

En 1370 murió Amenofis III. En su honor se construyó un magnífico templo, cuya entrada estaba flanqueada por dos
enormes estatuas suyas. Una de ellas tenía la propiedad de emitir una nota al amanecer. Sin duda los sacerdotes habían
preparado algún dispositivo mecánico que dio lugar a muchas leyendas. El trono fue ocupado por el que en un principio
se llamó Amenofis IV, pero que en 1366, cuatro años después, cambió por el de Akenatón. Su antiguo nombre
significaba "Amón está complacido", mientras que el nuevo era "Agradable a Atón". Con ello el nuevo faraón declaraba
su apostasía respecto del dios principal de los egipcios, Amón-Ra, y su intento de sustituirlo por el dios Atón. El nuevo
faraón tenía ideas revolucionarias en materia religiosa. Al principio representaba a Atón con cuerpo humano y cabeza de
halcón, pero pronto abandonó esta imagen y la sustituyó por una representación del Sol, como un disco del que partían
rayos que terminaban en manos. Al igual que Ra, el dios Atón era para Akenatón el dios del sol, pero el faraón negaba
todos los mitos que los egipcios habían reunido en torno a Amón-Ra. Para Akenatón, su dios era el mismo Sol, no un dios
antropomorfo que dominaba el Sol, sino el mismo Sol, un ente celeste que proporcionaba la luz, el calor y la vida a la
Tierra y velaba por todas las criaturas. Más aún, Akenatón no se conformó con elevar el rango de Atón entre los dioses
egipcios, sino que lo convirtió en sumo hacedor y afirmó que era el único dios verdadero. Se trata del primer caso de
monoteísmo en la historia (la tradición judía remonta su monoteísmo al principio de los tiempos, pero es muy improbable
que Abraham tuviera a su dios por único).

Akenatón trató de abolir la religión egipcia, objetivo que, naturalmente, era imposible incluso para el monarca más
poderoso del mundo. Se encontró con la incomprensión del pueblo y con la oposición implacable de los poderosos
sacerdotes. Decidió construir una nueva capital dedicada íntegramente al culto a Atón. La llamó Aketatón (el horizonte
de Atón) y fue emplazada a mitad de camino entre Menfis y Tebas. Allí construyó templos y palacios para sí mismo y
para la nobleza que le era leal. El templo de Atón era un edificio singular, pues carecía de techo, para que el Sol pudiera
lucir siempre en su interior. Akenatón terminó aislándose en su nueva capital desatendiendo los asuntos exteriores. Se
dedicó casi exclusivamente a perseguir al antiguo clero, a rectificar inscripciones eliminando las referencias a los dioses
y a difundir sus creencias en el entorno reducido de su familia y la corte.

La mujer de Akenatón se llamaba Nefertiti, y es muy conocida porque se conserva un hermoso busto de piedra con su
imagen. Probablemente era una princesa asiática, como su madre. La familia real (el matrimonio y sus seis hijas) ocupaba
un lugar central en el nuevo culto que ideó el faraón. Sus himnos hablan de amor universal y revelan un pensamiento
místico y humanista. Akenatón propició también un arte natural y verista. Hasta entonces, los egipcios representaban
siempre las cabezas de perfil, el tronco de frente y las piernas de nuevo de perfil, de modo que las poses resultaban
artificiales y las expresiones faciales eran siempre similares. En cambio, Akenatón y Nefertiti se retrataron en poses
informales, en escenas cotidianas, jugando con sus hijas, en momentos de afecto, etc. El propio Akenatón es representado
como un hombre feo, barrigudo y de muslos gruesos, un realismo inusitado en Egipto.

Durante el reinado de Amenofis III había ascendido al poder un general semita llamado Yanhamu, que llegó a ser
gobernador de los territorios egipcios en Palestina. No fue el único cananeo que gozó de una posición de prestigio en
Egipto. Es probable que alguno de ellos (o varios) diera origen al mito bíblico sobre José, un cananeo que ascendió de la
esclavitud a virrey de Egipto. Bajo el reinado de Akenatón Yanhamu estuvo en Egipto, y es plausible que ocupara el alto
cargo de "director de los graneros", lo que acabaría vinculándolo con una antigua leyenda egipcia, originariamente
atribuida a Imhotep, según la cual José interpretó los sueños del faraón y previno siete años de hambre, y así ordenó a
tiempo almacenar las provisiones necesarias para alimentar al pueblo en los años de escasez.

Mientras tanto, el rey hitita Shubbiluliuma había recuperado las provincias que su reino había perdido años atrás y
en 1365 asoló Mitanni. Formó así un imperio (conocido como Nuevo Reino Hitita) al que los reyes del suroeste de
Anatolia y el norte de Siria estaban sometidos por tratados desiguales. Al tiempo que Mitanni decaía, en Asiria surgió un
rey poderoso, Ashur-Uballit, que logró la total independencia de su reino respecto de Mitanni.

Se suponía que Mitanni era aliado de Egipto, pero Akenatón no respondió a las peticiones de ayuda, ni tampoco a
las de los virreyes y generales de Egipto en Siria, que le informaban de que las posiciones egipcias se veían
seriamente amenazadas y solicitaban que enviara a Yanhamu con un ejército. En efecto, unas nuevas tribus nómadas
semíticas habían surgido de Arabia, al igual que sucediera con los amorreos tiempo atrás, y amenazaban las posesiones
egipcias en Canaán. Eran los hebreos. Pese a la negligencia de Akenatón, los ejércitos egipcios pudieron impedir que los
hebreos se instalaran permanentemente al oeste del Jordán. Sin embargo, los recién llegados formaron tres reinos al
este: Amón, Moab y Edom. Los hebreos adoptaron la lengua cananea (estrechamente emparentada con la suya), así
como el alfabeto, con algunas adaptaciones. Paulatinamente fueron asimilando diversos aspectos de la cultura cananea.

En 1362 murió Akenatón, con seis hijas, pero sin ningún hijo que pudiera sucederle. El trono fue ocupado por uno de sus
yernos, Smenkere, que teóricamente profesaba el culto a Atón, pero no hizo nada para impedir que todas las innovaciones
religiosas promovidas por Akenatón quedaran en el olvido. Los conversos a la nueva religión la abandonaron rápidamente,
los sacerdotes recuperaron todo su poder. En 1352 ocupó el trono un segundo yerno de Akenaton, que en principio se
llamaba Tutankatón, pero que cambió su nombre por el de Tutankamón, confirmando así el retorno a la religión
tradicional. Tebas pasó a ser de nuevo la capital del imperio. La ciudad de Aketatón fue abandonada y se convirtió en una
especie de "ciudad fantasma". Como faraón, Tutankamón no tuvo gran importancia: tenía unos doce años cuando inició
su reinado y murió sobre los veinte. No obstante ha pasado a la historia por ser el único faraón cuya tumba no fue saqueada
por los ladrones. Ello se debió a que en la construcción de una tumba para un faraón posterior la entrada de la tumba de
Tutankamón fue cubierta por unas piedras de forma accidental, y así pasó desapercibida.
A la muerte de Tutankamón, en 1338, el trono egipcio no tenía heredero. Finalmente se hizo con el poder un devoto de
la religión de Akenatón, llamado Ay, que al parecer no era de sangre real, pero se casó con la viuda de Tutankamón para
legitimar su título. Ay intentó reconstruir la obra de Akenatón, pero se trataba de un intento desesperado. Los sacerdotes
buscaron el apoyo de un general competente, Horemheb, al que lograron convertir en faraón en 1333 casándolo con una
princesa. Horemheb erradicó definitivamente el culto a Atón y reorganizó el país. Envió expediciones para restablecer el
control egipcio sobre Nubia, pero prefirió no enfrentarse a los hititas en Siria.

En 1330 murió el rey asirio Ashur Uballit, que fue sucedido por su hijo Enlil-ninari.

Babilonia empezaba a dar muestras de recuperación tras la invasión de los casitas. Éstos habían reconstruido el templo
de Marduk y ahora patrocinaron la reconstrucción de Ur.

En 1322 murió el rey hitita Shubbiluliuma victima de una epidemia, que al año siguiente mató también a su hijo y
sucesor Arnuanda II. El trono pasó entonces al segundo hijo de Shubbiluliuma, Mursil II. El nuevo rey supo mantener
el poder del Nuevo Reino conteniendo eficazmente las revueltas relativamente frecuentes de los reinos sometidos. Ocupó
las posiciones egipcias en Siria y sometió completamente a Mitanni.
En 1319 murió el rey asirio Enlil-ninari, que fue sucedido por su hijo Arik-den-ili, que a su vez fue sucedido
en 1308 por su hijo Adad-ninari I.

En 1306 murió el faraón Horemheb y es reemplazado por uno de sus generales, Ramsés I, con el que comienza la XIX
dinastía. En realidad sus dos antecesores no pertenecían a la familia de la XVIII dinastía salvo por matrimonios de
conveniencia, pero los egipcios los incluyeron en ella. Ramsés I era ya mayor, por lo que reinó poco más de un año.
En 1304 fue sucedido por su hijo Seti I. El nuevo faraón restableció todo el poderío del Nuevo Imperio egipcio.
Recuperó las posiciones de Siria, si bien no pudo aplastar a los hititas, con los que tuvo que firmar una paz de
compromiso.
LA EDAD DEL HIERRO
A principios del siglo XIII los hombres aprendieron a fundir el hierro y combinarlo con carbón para producir acero. El
hierro mineral es blando e inútil, pero el acero es un metal duro que permitía fabricar armas mucho más poderosas que
las de bronce, por lo que tenía un valor estratégico incalculable. El descubrimiento tuvo lugar al sur del Cáucaso, en una
zona controlada a la sazón por el poderoso reino hitita. Las técnicas de fundición del hierro eran mucho más complicadas
que las del bronce, pues requieren temperaturas mucho más elevadas. Además no se conocían muchos yacimientos. Los
hititas mantuvieron la nueva técnica en secreto, a la espera de poder utilizarla a gran escala. Así, durante algún tiempo las
regiones civilizadas ignoraron su existencia. Sin embargo, para las tribus nómadas indoeuropeas unas pocas armas de
hierro podían ser decisivas en pequeñas luchas con tribus vecinas, así que las nuevas técnicas se difundieron hacia el norte
entre los pueblos indoeuropeos. Se iniciaba así la Edad del Hierro.

El hierro llegó hasta Grecia. Hay constancia de que las tribus eolias que habitaban la Grecia interior, menos civilizadas
que las tribus jónicas de la Grecia micénica, importaban del norte hierro fundido en pequeñas cantidades, si bien no lo
fabricaban. Los historiadores griegos se refieren a estas tribus con el nombre de Aqueos. No hay muchos datos sobre
quiénes eran los aqueos. Tal vez fueran simplemente los griegos eolios o tal vez éstos absorbieron, pacíficamente o no, a
nuevas tribus del norte que les trajeron el conocimiento del hierro junto con nuevos rasgos culturales. Por ejemplo, una
costumbre diferenciada de los aqueos que permite seguirles el rastro frente a los micénicos es que en lugar de enterrar a
sus muertos los incineraban. La incineración parece haber surgido con las nuevas técnicas de fundición que requería el
hierro. Los aqueos debieron de ser un pueblo más rudo que los micénicos, pero éstos debieron de ver en ellos un refuerzo
conveniente para sus campañas militares.

Combinando la arqueología con la tradición griega posterior, la Grecia micénica ofrece esta imagen: había una oligarquía
dominante (probablemente indoeuropea, frente a un pueblo de origen pelásgico). Los nobles son carnívoros y prefieren
los lechones, mientras que el pueblo es vegetariano y se alimenta principalmente de trigo tostado y pescado. Los nobles
beben vino y usan la miel como edulcorante, mientras que el pueblo bebe agua. La propiedad de la tierra está vinculada
a la familia, en cuyo seno rige una especie de régimen comunista. No hay una división del trabajo en oficios, sino que
cada familia se fabrica lo que necesita. Hasta el rey siega, cose y clava tachuelas. No labraban metales, sino que
importaban el bronce del norte y, en escasas cantidades, el hierro. Usaban carros tirados por mulos, aunque eran caros y
pocos podían permitírselos. Había esclavos, pero poco numerosos y, por lo general, bien tratados. Principalmente eran
mujeres que se ocupaban de las labores domésticas. Usaban el oro como dinero (a peso, sin acuñar monedas), pero sólo
para transacciones importantes, lo habitual era pagar con pollos, medidas de trigo, cerdos, etc. La riqueza de una familia
no se medía por su dinero sino por sus posesiones. Daban gran importancia a la elegancia y la belleza física. Sus trajes
eran de lino, a modo de saco con un agujero para la cabeza, si bien trataban de adornarlos con bordados y otros detalles.
Un buen vestido era considerado como algo muy valioso. Las casas de los pobres eran de adobe y paja, las de los ricos
de piedra y ladrillo. Constaban de una estancia única con un agujero en el techo a modo de chimenea. No tenían templos,
sino que las estatuas de los dioses quedaban al aire libre.

Por esta época debió de empezar a cobrar importancia la ciudad de Troya. Estaba situada en la costa de Anatolia, en un
lugar estratégico para controlar el paso por el Helesponto, un estrecho que comunica el Mediterráneo con un pequeño
mar, la Propóntide, que a través del estrecho del Bósforo comunica a su vez con el Mar Negro. El Mar Negro, ofrecía
grandes posibilidades para el comercio, alejado del disputado Mediterráneo y con una extensa costa llena de pueblos no
muy civilizados a los que se podía ofrecer artículos de lujo a cambio de minerales y otras materias primas. Algunos
comerciantes llegaron incluso a China por esta vía, de donde importaban artículos exóticos, como el Jade. Así pues, Troya
estaba en condiciones de aprovecharse directa e indirectamente de este comercio, sin más que exigir un tributo a todo el
que quisiera cruzar el Helesponto.

No se sabe a ciencia cierta quiénes eran los troyanos. La ciudad estuvo habitada desde mucho tiempo atrás, pero ahora
había caído bajo el control de una nobleza grecohablante. Tal vez fueran griegos micénicos que la habían ocupado a modo
de colonia, pero es más plausible que los "nuevos" troyanos fueran un grupo de cretenses que, ante la decadencia de su
nación, decidieron trasladarse a un lugar más propicio para "volver a empezar". Su buen conocimiento del Mediterráneo
les habría llevado a Troya, donde habrían sometido a la población asiática y se habrían convertido en un molesto rival
para los griegos micénicos.

Mientras tanto, las grandes potencias cambiaban de reyes. Hacia 1300 el rey Ashur-Uballit ya había muerto, pero su hijo
continuó reforzando a Asiria y llegó a saquear el agonizante reino de Mitanni. En 1295 muere el rey Mursil II y es
sucedido por Muwatalli, bajo cuyo gobierno el reino hitita siguió siendo la potencia dominante en Siria y, por
consiguiente, la mayor preocupación para Egipto. En 1290 murió el faraón Seti I, y fue sustituido por su joven
hijo Ramsés II, que reinó durante sesenta y siete años, marca sólo superada en la historia de Egipto por el antiguo rey
Pepi II. Ramsés II resulto ser el ególatra más poderoso del mundo. Cubrió Egipto de monumentos en su honor, con
inscripciones que relataban jactanciosamente sus victorias y su grandeza. Incluso puso su nombre en monumentos más
antiguos para atribuirse méritos ajenos. Amplió el ya enorme templo de Tebas, de modo que se convirtió en el templo
más grande y fastuoso construido jamás en la historia. La mayor sala del templo, la sala hipóstila, medía unos 5.000
metros cuadrados y su techo se sustentaba mediante 134 columnas de 21 metros de altura.

En 1286 se enfrentó al rey hitita Muwatalli cerca de la ciudad de Kadesh. La única información que tenemos sobre ella
es la versión oficial del faraón, según la cual el ejército egipcio fue pillado por sorpresa y se tuvo que retirar
precipitadamente, pero Ramsés decidió vencer o morir, se lanzó él solo contra todo el ejército enemigo y lo mantuvo a
raya hasta que sus hombres se reorganizaron y recibieron refuerzos. Finalmente los hititas fueron estrepitosamente
aniquilados. No hay motivos para creer nada de todo esto. Pasara lo que pasara en la batalla, la realidad es que el poder
hitita no disminuyó lo más mínimo, sino que la guerra se mantuvo durante tres años, hasta que ambos reyes firmaron una
paz de compromiso en 1283.

Se inició entonces el periodo de mayor esplendor de la cultura hitita. En los archivos de Hattusa, su capital, se han
encontrado miles de tablillas escritas en hitita y algunas en acadio con anales, tratados, leyes, actas de distribución de
tierras y textos religiosos, algunos en lenguas muertas (en la época). Egipto, pese al acuerdo de paz, inició una serie de
intrigas, estimulando a Asiria contra el reino hurrita. El rey Adad-Ninari I ocupó el reino de Mitanni, vasallo de los hititas,
tras lo cual se otorgó a sí mismo el título de Gran Rey, y envió una carta al rey Muwatali tratando de rebajar la tensión
ocasionada por la invasión. En ella trataba a Muwatalli de hermano, algo frecuente en la época entre los reyes de potencias
del mismo rango, pero la respuesta de Muwatalli fue bastante brusca: ¿Acaso somos hijos del mismo padre o de la misma
madre? Pese a todo, no estalló la guerra entre ambos reinos, ya que Muwatalli estaba más preocupado por Egipto que por
Asiria. Adad-Ninari I murió en 1275, y fue sucedido por su hijo Salmanasar I. Luego murió Muwatalli, en 1272, y fue
sucedido por su hijo Mursil III.
En 1270 Salmanasar I arrebató definitivamente a los hititas lo que había sido el reino de Mitanni, fecha en la que podemos
considerar que éste desaparece definitivamente de la historia, pasando a formar parte del que se conoce como Primer
Imperio Asirio. Asiria recuperó todo el territorio que había poseído en tiempos de Shamshi-Adad I, el fundador de la
dinastía que había gobernado ininterrumpidamente en Assur tanto en los buenos como en los malos tiempos. Salmanasar
usó las riquezas y los esclavos obtenidos con sus conquistas para embellecer Assur, la capital, y Nínive, la segunda ciudad
más emblemática del reino. Sin embargo, consideró que su nuevo imperio requería una nueva capital, y así fundó a mitad
de camino entre ambas la ciudad de Calach.

Mursil III murió en 1265, y fue sucedido por su tío Hattusil III.

Hacia 1250 Canaán empezó a recibir el embate de nuevas tribus nómadas emparentadas con los hebreos que cien años
antes habían ocupado el este de Canaán. Sin embargo, este parentesco no influyó en los hebreos, que rechazaron a los
recién llegados. Las primeras en hacer su aparición debieron de ser las tribus de Rubén, Isacar y Zabulón, formaron la
coalición de Lía (el nombre de una diosa de los pastores cananeos, vinculada con la Luna), a la que luego se sumaron
como tributarios Gad y Aser. La primera de estas dos tribus deriva su nombre de un dios de la buena fortuna, cuyo culto
se extendía desde Fenicia hasta Arabia. Aser proviene de Ashir, que era una diosa cananea también de culto muy
difundido. La ciudad de Hesbón, situada en el límite septentrional de Moab, aprovechó que el ejército moabita estaba
concentrado al este contra los recién llegados y se rebeló con éxito, deshaciéndose de las pocas tropas moabitas de la
zona. Las tribus de Lía reaccionaron rápidamente y aprovecharon el caos creado por Hesbón. Atacaron la ciudad y la
arrollaron, con lo que se abrieron paso hasta el Jordán. Ocuparon un territorio entre Amón y Moab que más adelante se
quedaría en exclusiva la tribu de Rubén.

En 1245 murió Salmanasar I, y fue sucedido por su hijo Tukulti-Ninurta I, bajo el cual el imperio asirio llegó a su
máxima extensión. Condujo campañas a los montes Zagros y llegó hasta el Cáucaso, donde un grupo de hurritas se
acababa de asentar formando el reino de Urartu. Luego derrotó a los casitas en el sur y los sometió a tributo, y más tarde
ocupó Elam. De este modo, Asiria dominaba ahora toda Mesopotamia. Además, Asiria conoció así las nuevas técnicas
hititas para tratar el hierro, si bien todavía no se disponía de él en cantidades necesarias para que fuera relevante.
En 1237 el rey hitita Hattusil III fue sucedido por su hijo Tudhaliyas IV. Durante su reinado la cultura hitita recibió
muchas influencias hurritas y mesopotámicas (probablemente el reino hitita recibió muchos refugiados de lo que había
sido Mitanni y de otras regiones ocupadas por Asiria). El nuevo rey supo sofocar las revueltas que periódicamente se
producían en distintos puntos de los dominios hititas, e incluso extendió sus fronteras hacia el oeste, alcanzando el Egeo.

Mientras tanto, el Imperio Egipcio disfrutaba de un periodo de paz y prosperidad. La corte era ostentosa y magnificente
como nunca lo había sido, Ramsés II tenía muchas esposas que le dieron una multitud de hijos, pero a medida que se iba
haciendo mayor fue dejando de lado los asuntos del gobierno, y como consecuencia la nobleza fue ganando poder. La
mejora del nivel de vida hizo difícil encontrar hombres con vocación militar, por lo que el ejército se nutría cada vez más
de mercenarios extranjeros, de los que no se podía esperar el arrojo de los soldados movidos por un fervor patriótico, e
incluso podían volverse peligrosos en épocas difíciles. Así, aunque aparentemente todo estaba en orden, lo cierto es que
las bases del poder egipcio estaban siendo minadas poco a poco.

Durante los últimos años del reinado de Ramsés II la presión sobre los reinos hebreos de Edom, Amón y Moab seguía
aumentando. Llegó una nueva tribu dirigida por un caudillo poderoso: Josué. Esta tribu debió de ser especialmente
belicosa y parecía tener muy claro el objetivo de cruzar el Jordán e invadir Canaán. Tal vez por ello acogió gustosa en su
seno a los hombres más fieros que encontró en la zona: por una parte a una tribu de honderos ambidiestros de gran puntería
y por otra a un pueblo de pastores oriundo del norte de Palestina llamado Bene-jamina, cuyo caudillo tenía el título
de Dawidum, (posible origen del nombre David). Éstos formaron la tribu de Benjamín, y formaron con los hombres de
Josué una coalición identificada con el nombre de Raquel, una diosa de características similares a las de Lía (tal vez las
diferencias de culto Lía/Raquel se usaron como signos distintivos de los dos grandes grupos tribales que acechaban
Canaán). La coalición de Raquel se engrosó pronto con las tribus de Dan y Neftalí.

Josué debió de pactar una alianza con las tribus de Lía para facilitar su plan de invasión. La confederación se
llamó Israel, que significa algo así como "Dios lucha con nosotros". Hacia 1226, Josué cruzó el Jordán con sus hombres
y ocupó una rica franja de tierra a la que llamaron Efraím (región fértil), mientras que Benjamín ocupó la zona
inmediatamente más al sur. Probablemente, la tribu original de Josué estaba formada por dos clanes poderosos, uno de
los cuales ocupó Efraím y el otro fue extendiéndose hacia el norte hasta tener su territorio propio, al que dio el nombre
de Manasés. Así, las tribus de Raquel pasaron a ser tres: Efraím, Manasés y Benjamín. De la federación de Raquel
original surgió también una tribu diminuta: la tribu de Leví, que en realidad era una clase sacerdotal que no ocupó más
que unas pocas ciudades dispersas. Posteriormente la tribu de Leví fue considerada como una tribu de Lía, en lugar de
una tribu de Raquel.

En 1223 murió Ramsés II y fue sucedido por Meneptah, su decimotercer hijo, que ya tenía entonces sesenta años.
Meneptah condujo el ejército egipcio a Canaán para rechazar a los israelitas invasores. Como testimonio de la campaña
dejó una inscripción según la cual "Israel está arrasado y no tiene semillas". Evidentemente esto era una exageración
propia de los "partes oficiales", pues los israelitas seguían allí. Sin duda el faraón no pudo terminar con los israelitas
porque se vio obligado a volver a Egipto a marchas forzadas, ya que su reino se encontró con un peligro proveniente de
un lugar insospechado: el mar. Hasta entonces el tránsito marítimo por el Mediterráneo había tenido un carácter
esencialmente comercial. Es verdad que Creta había desarrollado una armada con la que había impuesto su hegemonía
en el Egeo, pero debieron de encontrarse con una resistencia mínima. Los mismos egipcios usaban barcos para transportar
sus tropas a Canaán, pero siempre bordeando la costa. Nadie hasta entonces había enviado tropas en barcos para librar
una batalla importante lejos de sus costas. La idea de llevar tropas al otro lado del mar debía de ser considerada una locura
para los egipcios.

Sin embargo, los griegos micénicos empezaron a aventurarse por el mar con fines militares. Sin duda les llegaron
productos exóticos provenientes de tierras lejanas a través del mar Negro, pero esta vía comercial estaba enteramente bajo
el control de Troya. Oriente debió de adquirir fama de ser una tierra rica y paradisiaca. En efecto, los griegos tenían una
leyenda al respecto, según la cual mucho tiempo atrás un grupo de cincuenta héroes mitológicos capitaneados
por Jasón emprendieron una arriesgada aventura hacia oriente en busca del vellocino de oro, la piel de un carnero divino
cuya lana era de oro, símbolo de la prosperidad de las tierras lejanas. Embarcaron en la nave Argos, por lo que eran
conocidos como los Argonautas, entre los cuales estaba el mismo Teseo, el que venció al Minotauro y liberó a Atenas del
dominio cretense, y con él Hércules, y su padre Peleas, y Orfeo, y muchos otros. Respecto a Troya, resultó ser un
pequeño obstáculo en el camino, pues, cuando trató de impedir el paso a la expedición, Hércules desembarcó, saqueó la
ciudad y mató al rey Laomedonte junto con todos sus hijos excepto Príamo, que era el rey a la sazón. Nada de esto tiene
visos de realidad. Más bien debemos suponer que estas historias fueron inventadas por los griegos micénicos para animar
al pueblo, o tal vez a los aqueos, pueblo tan poco interesado por el mar como Egipto, a lanzarse sobre Troya y acabar con
su hegemonía. Las leyendas griegas al respecto hablan de una coalición de Argivos y Aqueos en una expedición contra
Troya. En principio "argivo" hace referencia a la ciudad de Argos, que era una de las ciudades micénicas más importantes,
pero es probable que el término se usara para referirse indistintamente a todos los griegos micénicos. Naturalmente,
el casus belli según los griegos no fue tan prosaico como el de borrar del mapa una ciudad molesta. Según la tradición, la
guerra se debió a que Paris, el hijo de Príamo, se llevó (no está muy claro si por la fuerza o de mutuo acuerdo) a Helena, la
mujer de Menelao, rey de Esparta, quien solicitó la ayuda de su hermano Agamenón, rey de Micenas, para recuperarla. A
su vez, éstos reclamaron la ayuda de otros reyes, como Ulises de Ítaca o el aqueo Aquiles. Al margen de los detalles
poéticos, las tradiciones griegas parecen describir dos facciones en pie de igualdad: los argivos, capitaneados por
Agamenón y los aqueos, capitaneados por Aquiles. La ciudad de Troya fue destruida y los griegos convirtieron el
acontecimiento en una de sus gestas más memorables.

Las leyendas griegas continúan explicando que, al volver a su patria, los héroes se encontraron con una situación
turbulenta. Las fábulas se inclinan hacia sucesos más románticos en torno a adulterios, envenenamientos y disputas por
el poder, pero la realidad histórica subyacente era de otra naturaleza. Los pueblos indoeuropeos se habían ido extendiendo
por la Europa oriental, eran belicosos y en estos momentos debían de pasar por un periodo de escasez o superpoblación,
por lo que se expandían en todas direcciones y desplazaban a su vez a otros pueblos. La Grecia micénica empezó a sufrir
el acoso de otro pueblo indoeuropeo, emparentado con los griegos pero mucho menos civilizado: los Dorios. Los dorios
tenían armas de hierro, lo que les concedía una superioridad contra la que los griegos micénicos no tenían nada que hacer.
Como fruto de estas convulsiones el Mediterráneo se llenó de hordas de piratas que sobrevivían atacando y saqueando
las ciudades costeras. Estaban formados por mezclas heterogéneas de dorios, griegos micénicos y habitantes de
poblaciones variadas que no encontraron mejor salida que lanzarse al mar. Un grupo numeroso de estos piratas
desembarcó en las costas de Libia y se unió a los nativos en un ataque contra Egipto.

Los sorprendidos egipcios, que nunca habían sufrido un ataque por mar, llamaron "Pueblos del Mar" a los invasores, y
así se les conoce en la historia. Meneptah consiguió expulsarlos a duras penas, pero el poder egipcio se vio seriamente
dañado. De Egipto, los pueblos del mar pasaron a Chipre, desde donde amenazaron las costas de Canaán y de Anatolia.
En 1211 un nuevo faraón, Seti II, se hizo con el trono de Egipto, destronando para ello a Meneptah y casándose con su
viuda. Se inicia así una rápida sucesión de faraones débiles que reinan durante breves periodos de tiempo (Seti II reinó
cinco años).

En 1209 murió el rey hitita Tudhaliyas IV, que fue sucedido por su hijo Arnuanda III. La presión de los pueblos del mar
se hacía cada vez más insoportable para todos los pueblos del Mediterráneo, a la vez que los pueblos indoeuropeos
presionaban a la ya descoyuntada Grecia micénica por un lado y a los hititas y otros pueblos de la Europa oriental por
otro. Mesopotamia seguía bajo el Imperio Asirio, pero tras la muerte de Tukulti-Ninurta en 1208 se sumió también en la
crisis que afectaba a sus vecinos. Canaán sufría mientras tanto los embates de los israelitas. En 1207 murió Arnuanda III
y le sustituye el que iba a ser el último rey hitita: Shubbiluliuma II.

UN SIGLO DE CRISIS
Durante el siglo XII aparece en México la cultura Olmeca. Los olmecas construyeron centros ceremoniales y
desarrollaron el arte sacro: altares monolíticos, estelas con bajorrelieves, esculturas. Idearon una escritura jeroglífica y
tenían un calendario. Las aldeas aumentaron de tamaño y se construyeron casas sobre plataformas de tierra. Adoraban a
deidades jaguares, relacionadas con la lluvia. El control social estaba en manos qude chamanes y hechiceros.

Las estepas euroasiáticas, desde el Danubio hasta Siberia, fueron ocupadas por los Escitas, un pueblo indoeuropeo cuya
lengua estaba emparentada con la de los arios. Eran ganaderos itinerantes, y sometieron a la población campesina.

Mientras tanto, la mayor parte del mundo civilizado sufría conmociones en mayor o menor medida. Egipto había
rechazado a los pueblos del mar, pero tras la muerte de Meneptah cayó casi en la anarquía. Los pueblos del mar pasaron
a Chipre, y desde allí atacaron Fenicia. En 1200 arrasaron las ciudades de Tiro y Sidón. En 1191 muere el rey
Shubbiluliuma II y, con él, el imperio hitita desaparece de la historia, desmembrado por los pueblos del mar y las
sublevaciones internas. No obstante, la cultura hitita no se perdió, sino que se conservó en una serie de minúsculos reinos
neohititas que sobrevivieron dominados por una u otra potencia según los tiempos. Al noroeste de Anatolia empezaron
a destacar los Frigios. En la Ilíada son mencionados como aliados de Troya, luego ya estaban allí antes de la llegada de
los pueblos del mar, pero su auge llegó tras ellos. Tal vez se aprovecharon de los desórdenes o tal vez los invasores
ocuparon Frigia y se convirtieron así en "nuevos frigios".

Asiria inició un largo periodo de luchas frustrantes en las que trataba de dominar sin éxito a los territorios circundantes,
pero no pudo controlar a Babilonia y, sobre todo, al poderoso reino de Urartu. En realidad Asiria ganaba la mayoría de
las batallas, pero sus enemigos se recuperaban más fácilmente mientras estaba ocupada en otros lugares. De todos modos,
la situación fue sin duda caótica e incierta para toda la zona.

Por su parte, Egipto logró reponerse temporalmente. En 1186, un gobernante tebano llamado Setnajt, que afirma ser
descendiente de Ramsés II, logra unificar todo Egipto y se convierte en el primer faraón de la XX dinastía. En 1184 le
sucede su hijo con el nombre de Ramsés III. Mientras tanto la Grecia Micénica iba de mal en peor. Equipados con armas
de hierro, los dorios fueron abriéndose paso lentamente sin que los orgullosos aqueos pudieran hacer nada por evitarlo.

Desde Chipre, los pueblos del mar atacaron Canaán y avanzaron de nuevo hacia Egipto. En 1177 Ramsés III logró
rechazarlos en la que se considera la primera batalla naval de la historia, pero ésta sería su última campaña. Egipto perdió
sus posesiones imperiales. A partir de entonces sus fronteras se redujeron al valle del Nilo. El Nuevo Imperio había
terminado. Palestina fue ocupada por los pueblos del mar. Éstos se llamaban a sí mismos Peleset, aunque actualmente se
les conoce como Filisteos. El nombre de "Palestina" deriva de Peleset. Los filisteos eran principalmente griegos, una
oleada que precedió a la de los dorios y que fue empujada al mar por éstos, pero al llegar a Palestina se encontraron con
una cultura superior a la suya y no dudaron en asimilarla. En poco tiempo habían abandonado su propia lengua y adoptado
la de los cananeos (una forma arcaica de hebreo). Esencialmente, los filisteos ocuparon cinco ciudades gobernadas cada
una por su propio rey, pero que mantenían una débil coalición. Tres de ellas estaban junto a la costa: Asdod,
Ascalón y Gaza, mientras que otras dos estaban en el interior: Ecrón y Gat.

Sin la intervención egipcia, los israelitas pudieron penetrar más fácilmente en Canaán. Poco a poco fueron enfrentándose
a las ciudades locales, esclavizando a las más débiles y pasando a cuchillo a las más beligerantes. En cambio, no pudieron
imponerse a los filisteos que, pese a ser pocos, tenían armas de hierro. Más aún, los filisteos consiguieron someter a
tributo a la tribu israelita de Dan y a otras dos tribus invasoras que sólo más tarde fueron incluidas en la federación de
Israel: las tribus de Judá y Simeón. La primera parece estar muy relacionada con los edomitas, mientras que la segunda
fue una tribu menor que no tardó en ser absorbida por Judá.

Babilonia había quedado libre de la dominación asiria, pero sus gobernantes casitas no fueron capaces de aprovechar la
situación y quedó en la anarquía. Quien sí supo reaccionar fue el antiguo Elam, que envió expediciones para saquear
Babilonia. En 1174 los elamitas se llevaron dos grandes reliquias: la estela con el código de Hammurabi y la estela de
Naram-Sin.

En 1158 murió Ramsés III, que fue sucedido por una larga serie de reyes llamados todos Ramsés, conocidos
como ramésidas. Se abría así un periodo en el que el poder del faraón fue decayendo en favor del poder sacerdotal. Todas
las tumbas de Tebas (excepto la de Tutankamón) fueron saqueadas.

Mientras tanto los dorios ocupaban posiciones cada vez más al sur de Grecia y con sus movimientos desplazaban a las
tribus eolias. Hacia 1150 una de ellas, la formada por los tesalios ocupó la región en la que se establecerían
definitivamente, y que tomó el nombre de Tesalia.

Por esta época la ciudad fenicia de Sidón se había recuperado del ataque de los pueblos del mar y había logrado
hacerse con armas de hierro. Las tribus israelitas estaban distribuidas más o menos como indica el mapa. La de Leví
era la menor de todas y no ocupó más que unas pocas ciudades dispersas. La tribu de Dan estaba junto a los territorios
filisteos, pero un grupo de danitas que no estaba dispuesto a soportar la dominación filistea decidió emigrar hacia el norte,
tomó la ciudad de Lais, la saqueó y se estableció en ella, rebautizándola con el nombre de Dan. Judá y Simeón estaban
sometidas a los filisteos, mientras Gad y Rubén, al otro lado del Jordán, litigaban con los reinos hebreos de Amón y Moab.
Aser, por su parte, quedó bajo la dominación de Sidón. Las tribus del norte (aparte de Aser) tenían menos problemas, y
parece que la de Efraím disfrutaba de un cierto liderazgo entre ellas.

Los cananeos del norte aprovecharon el resurgimiento de Sidón para planear una gran ofensiva contra los israelitas. La
liga cananea fue encabezada por Jabín, rey de la ciudad de Hazor. La tribu más cercana sobre la que se cernía la amenaza
era Neftalí, que a la sazón tenía como caudillo a Barac. Éste debió de comprender que sus hombres no podrían resistir
por sí solos a un ejército bien dotado, así que se apresuró a pactar con Efraím. Según la Biblia, por aquel entonces Efraím
estaba dirigido por una mujer llamada Débora, la cual (bajo la condición de capitanear el ejército) aportó no sólo sus
propios hombres sino también los de las tribus de Manasés y Benjamín (las otras dos tribus de Raquel, al parecer bajo el
dominio de Efraím). Puesto que también les afectaba de cerca la amenaza cananea, las tribus de Zabulón e Isacar se
unieron a la coalición, con lo que en total fueron seis las tribus a las que se enfrentó Jabín. Los israelitas aplastaron a sus
oponentes junto al monte Tabor, destruyeron Hazor y, a partir de entonces los cananeos ya no supusieron ningún peligro
serio para Israel.

Hacia 1120 otra tribu eolia, los beocios, se vio obligada a asentarse al sur de Tesalia ante el avance dorio. La región se
conoció desde entonces con el nombre de Beocia.

Hacia 1124 un babilonio nativo consiguió hacerse con el poder y puso fin a la dominación casita. Se
llamaba Nabucodonosor I. También derrotó completamente a los elamitas. Por un momento parecía que Babilonia iba a
dominar de nuevo Mesopotamia, pero no fue así. Por aquel entonces, Asiria también estaba recuperándose. En 1115 llegó
al trono Teglatfalasar I, el cual dispuso de un ejército con armas de hierro con el que derrotó a Nabucodonosor I
en 1103 y reconstruyó lo que había sido el imperio de Tukulti-Ninurta. Por el oeste llegó hasta Fenicia, donde hizo
tributarias a Biblos y a Sidón. La frontera más conflictiva era Arabia. Durante los años de anarquía precedentes, las tribus
árabes habían hostigado como de costumbre a Mesopotamia. Ahora Teglatfalasar I intentaba detenerlas. Esta vez se
trataba de los Arameos, contra los que Asiria inició una serie de campañas. En general, las campañas contra los nómadas
nunca son definitivas, pues los guerreros nómadas se retiran fácilmente y aparecen por otras zonas indefensas, o
sencillamente desaparecen hasta que pasa el peligro.

También los israelitas sufrían ahora los ataques de los nómadas de Arabia. Los llamados Madianitas azotaban
principalmente a la tribu de Manasés. El caudillo de esta tribu era entonces Gedeón. La Biblia describe una trama con la
que Gedeón cuestionó la supremacía de Efraím. Al parecer, Gedeón formó una coalición con las tribus del norte que
habían luchado contra los cananeos en el monte Tabor, pero sin dar a Efraím ningún trato preferente. Al contrario, le
informó tarde y parcialmente de sus planes, de modo que cuando atacó por sorpresa a los madianitas los guerreros de
Efraím no estaban presentes, sino que Gedeón los condujo a los vados del Jordán, por donde esperaba que huyeran los
madianitas. Así, Efraím destruyó a los madianitas en fuga, pero todo el mérito recayó sobre Gedeón. Sin embargo, Efraím
no acepto la situación e Israel estuvo al borde de la guerra civil. Gedeón tuvo que reconocer la supremacía de Efraím.

Las tribus de Israel tuvieron que enfrentarse cada vez con más frecuencia a luchas internas por el poder. Hasta entonces,
cada tribu estaba dirigida por un caudillo o juez elegido por aclamación popular. Esto funcionaba bien cuando los israelitas
eran sencillas tribus nómadas, pero ahora el poder significaba riqueza, con lo que cada vez fue más codiciado. Así, con
la fama que había adquirido Gedeón era natural esperar que fuera sucedido por uno de sus hijos, así que uno de
ellos, Abimelec, decidió matar a sus numerosos hermanos para ser el único pretendiente legítimo a la judicatura. Sucesos
como estos movieron a algunos israelitas a proponer una monarquía hereditaria que evitara los conflictos en la sucesión.
El problema era que elegir un rey podía ocasionar conflictos mucho más violentos que la sucesión de cualquier juez. Entre
tanto, las aspiraciones al liderazgo continuaban. En la tribu de Gad surgió un caudillo capaz, llamado Jefté, que consiguió
una victoria completa contra el reino de Amón. Por lo visto, Efraím consideró que Jefté no le había consultado
debidamente sus planes, por lo que le exigió cuentas igual que lo había hecho con Gedeón. Sin embargo, Jefté no se
amilanó, sino que dejó que Efraím enviara un ejército a pedirle cuentas, lo derrotó, e incluso pudo cortarle la retirada por
los vados del Jordán hasta aniquilarlo completamente. Esto sucedió hacia el 1100 y así terminó la supremacía de Efraím.

LOS ISRAELITAS
Durante el siglo XI China experimentó cambios importantes en su estructura política y social. Tras un reinado de
unos 500 años, la dinastía de los Chang fue derrocada, y se instauró la dinastía Cheu. Su primer rey fue Wu, y provenía
de los confines occidentales del país. Estableció la capital en Hao, en el valle del Wei. Distribuyó el territorio entre los
miembros de su familia y los aliados. Se originó así un sistema feudal en el que unos grandes señores ejercían a la vez la
autoridad política y religiosa, regulando el culto tradicional a los antepasados. Estos señores gozaban de gran
independencia, y la sumisión al rey era meramente formal. Sólo los parientes más próximos (que ocuparon los estados
de Qi, Lu y Jin) estuvieron realmente sometidos al monarca. En los siglos siguientes se llamó Wu a una clase de
sacerdotes hechiceros que gozaron del respeto (o a veces del temor) de los chinos de todas las clases sociales. En esta
época la diversidad cultural china se había subsumido en una identidad nacional por la que los chinos se distinguían a sí
mismos de los bárbaros no civilizados del entorno. El mundo se concebía como un cuadrilátero, a cada uno de cuyos
lados correspondía un color y una divinidad. Por encima de los dioses de los puntos cardinales, del Sol, de la Luna, de la
Tierra, de las montañas, nubes, ríos y demás fenómenos naturales, estaba Shangdi, la divinidad suprema omnipotente,
que residía en un palacio junto con cinco ministros. No obstante, Shangdi no contaba con santuarios, ni se le ofrecían
sacrificios. Los antepasados del rey estaban en contacto con Shangdi. Los vivos podían ponerse en contacto con sus
antepasados mediante un oráculo basado en la observación de huesecillos.

El rey Wu fue sucedido por su hijo Ch'eng, cuyo reinado legitimó definitivamente el cambio dinástico. Se conservan
muchos documentos sobre ceremonias y actos de investidura encaminados sin duda a que la antigua nobleza aceptara a
los nuevos amos.

En México aparecen las primeras manifestaciones arquitectónicas olmecas: los poblados se concentran alrededor de los
centros ceremoniales, se construyen casas sobre plataformas de piedra, templos, basamentos escalonados y montículos
funerarios. Aparece una mitología más estructurada. Los principales dioses eran Huehueteotl, dios del fuego
y Tlaloc, dios de la lluvia. Se han encontrado cabezas colosales de más de dos metros de altura, lápidas, sarcófagos y
muchas obras de gran maestría técnica.

Hacia 1100 los dorios ocuparon el Peloponeso, con lo que completaron la conquista de Grecia y terminó definitivamente
la Edad Micénica. Grecia cayó en la paz de los cementerios. Durante los desórdenes de los años precedentes, los
campesinos tendieron a atrincherarse en ciudades amuralladas, que ahora se convirtieron en unidades autosuficientes bajo
el dominio dorio, conocidas como Polis. La palabra Polis significa "ciudad" en griego, pero la polis no era una ciudad en
el sentido usual. Era una ciudad-estado sin ninguna relación con las polis vecinas, con una economía de subsistencia y,
en esta época, en los umbrales de la miseria. Mientras los griegos micénicos se habían mezclado con los pelásgicos, los
dorios adoptaron una actitud clasista, o incluso racista, frente a los micénicos, reducidos a la esclavitud. Esparta se
convirtió en una de las principales polis dorias, mientras que Micenas, Tirinto y otras ciudades importantes del periodo
anterior fueron incendiadas y reducidas a tristes aldeas. Hubo, no obstante, unas pocas regiones que se libraron del
dominio dorio. Una de ellas fue el Ática, con Atenas a la cabeza, y otra era Arcadia, situada en los montes más altos del
Peloponeso. En estas zonas surgió una identidad jonia que reivindicaba su legítima ocupación de Grecia, frente a los
dorios invasores. Así, mientras los dorios tenían a los jonios como iguales a sus esclavos, los jonios tenían a los dorios
como salvajes. Una parte de la población jonia emigró a las islas del Egeo. La primera en recibirlos fue Eubea, la isla
mayor del Egeo y más próxima al continente. Allí se fundó la ciudad de Calcis, cuyo nombre deriva de la palabra griega
para "bronce". Probablemente fue un centro de trabajo del bronce. Al este de Calcis estaba la ciudad de Eretria, que
también alcanzó cierta importancia.

Mientras tanto, Egipto seguía bajo el reinado oficial de los ramésidas y bajo el dominio real de los sacerdotes. En 1093 fue
asesinado el rey asirio Teglatfalasar I y sus sucesores no supieron mantener el imperio. Las invasiones arameas se hicieron
más efectivas y toda Mesopotamia permaneció en la anarquía durante más de un siglo, a lo largo del cual se libraron
continuos y estériles combates entre Asiria, Babilonia y Urartu. En 1075 murió Ramsés XI y fue sucedido por el sacerdote
de Amón, pese a no guardar ningún parentesco con el antiguo rey. Por otro lado, en la región del delta se proclamó rey
simultáneamente otro sacerdote que inauguró la XXI dinastía. Egipto volvía a estar dividido.

En Canaán, los fenicios y los filisteos ocupaban la costa con cierta prosperidad, mientras los israelitas iban afianzando
sus conquistas. Aunque originalmente eran un conglomerado de tribus muy distintas en todos los aspectos, la necesidad
de hacer causa común frente a los cananeos fue unificándolos y paulatinamente fueron creando una mítica historia común
basada en tradiciones diversas.

El relato afirma que los israelitas eran originariamente esclavos en Egipto, a los que un patriarca llamado Moisés liberó
con la ayuda de un dios poderoso. Éste hizo un pacto con los israelitas: a cambio de ser adorado les concedería una tierra
prometida, habitada hasta entonces por pecadores a los que debían destruir en su nombre y con su ayuda. La forma en
que debían adorar a este dios quedaba completamente estipulada en la alianza a través de un código escrito de diez
mandamientos. Los israelitas (incluido el propio Moisés) incumplieron en muchas ocasiones estas leyes, así que fueron
castigados a vagar por el desierto del Sinaí durante cuarenta años, de modo que sólo sus hijos verían la tierra prometida.
Moisés fue sucedido por Josué, que conquistó fácilmente Canaán con la ayuda divina.
Se ha puesto en cuestión que algo de esto tenga una base histórica, pero indudablemente la ley mosaica existe y, aunque
probablemente tiene muchos añadidos posteriores, su núcleo es un complejo sistema de leyes diseñado para regular la
vida de un pueblo de ganaderos nómadas. Además de los diez mandamientos primitivos, había todo un sistema de leyes
transmitidas oralmente que regulaban por completo la vida itinerante de los israelitas en sus aspectos penales, sociales
(regulación de la propiedad, incluida la esclavitud), religiosos y hasta cuestiones de higiene y alimentación. La base del
sistema de justicia era el ojo por ojo y diente por diente: los delitos de sangre se pagaban con la muerte y los daños a la
propiedad con multas. No es razonable suponer que dichas leyes fueron creadas después, cuando los israelitas ya no eran
un pueblo nómada (al contrario, muchas de ellas quedaron desfasadas) y, a la vez, la ley mosaica era demasiado refinada
para haber sido ideada por unos toscos pastores. Por otra parte, la leyenda de Moisés y sus antecedentes están adornados
con varias fábulas de indudable origen egipcio.

Una conjetura razonable es que Moisés dirigió la retirada de un grupo (relativamente pequeño) de cananeos cuando los
hicsos fueron expulsados de Egipto y los condujo hacia el Sinaí. Tal vez planeó reclutar un ejército entre la población
nómada de la península con el que reconquistar Egipto o al menos una parte de Canaán. Tal vez alertó a los nativos de
que un Egipto resurgido amenazaba con dominar de nuevo sus tierras y los llevó consigo hacia el sur (librándolos, en
cierto sentido, de la esclavitud egipcia). Tal vez así se convirtió en caudillo de una tribu (la que después se desdoblaría
en las tribus de Efraím y Manasés). En cualquier caso, podemos aceptar que alguien llamado Moisés guió por el desierto
a un pueblo de pastores nómadas y que, según la Biblia, les dio unas leyes. El relato bíblico encaja aquí muy bien: como
todos los legisladores de la época, Moisés no podía esperar que sus leyes fueran respetadas si no tenían un origen divino,
así que debió de escoger el dios más temido por sus hombres, un dios de las tormentas al que los pastores suplicaran
clemencia en los peores temporales, se retiró a un monte y volvió con unas tablas de piedra en las que estaban esculpidos
los diez mandamientos básicos de su ley.

Moisés fue más meticuloso que Abraham al describir a su dios. Probablemente no lo inventó, sino que lo tomó de entre
los numerosos dioses que a la sazón debían de tener sus hombres. Probablemente, este dios se llamaba Eloím. Se conocen
dos textos de la época en la que los israelitas ya estaban asentados en Canaán, uno correspondiente a la tribu de Efraím y
otro a la de Judá, los cuales relatan tradiciones similares, pero el dios de Efraím se llama Eloím,mientras que el dios de
Judá se llama Yahveh. La tribu de Judá fue una de las últimas que se unió a la confederación de Israel, y es probable que
identificara un dios propio con el dios de Efraím (igual que los egipcios identificaron en su día los dioses Ra y Amón).
La versión final de la Biblia fue escrita por los judíos, por lo que el nombre definitivo del dios de Moisés fue Yahveh. De
hecho, los israelitas desarrollaron más adelante la idea de que pronunciar el nombre de dios era un sacrilegio. Es posible
que ello fuera un medio con el que los sacerdotes trataron de evitar polémicas sobre si el dios común de los israelitas era
Eloím, Yahveh, u otro. Esto casi hace que los judíos olvidaran el nombre de su dios. En efecto, el hebreo sólo escribe las
consonantes, si bien más tarde se ideó un sistema de signos ortográficos para indicar las vocales. En las ediciones de la
Biblia, sobre las consonantes YHVH los judíos anotaban las vocales de Adonay, el Señor, que es lo que leían en la práctica
para no pronunciar el inefable nombre de Dios. La combinación de las consonantes de Yahveh con las vocales de Adonay
produce una palabra extraña al oído hebreo que evoluciona de forma natural a Jehovah. Aún hoy hay creyentes que llaman
así a su dios, sin darse cuenta de que este nombre es simplemente un híbrido absurdo de vocales y consonantes de dos
palabras distintas.

Volviendo a Moisés, sus leyes muestran claramente su esfuerzo por asegurar el temor de dios en su pueblo, así como un
intento de excluir la competencia de otros cultos. Basta leer los dos primeros mandamientos:

1) Yo soy el Señor, dios tuyo, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. No tendrás otros dioses
delante de mí.

2) No harás para ti imagen de escultura ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
de las que hay en las aguas, debajo de la tierra. No las adorarás ni rendirás culto. Yo soy el Señor, dios tuyo, el fuerte,
el celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, de aquellos que me
aborrecen; y que uso de misericordia hasta millares de generaciones con los que me aman y guardan mis
mandamientos. (Ex XX, 2-6)

Es de notar que Moisés no tenía las pretensiones de Akenatón, y en ningún momento insinuó que su dios fuera el único
verdadero. Sólo decía que su dios no toleraba que quienes le adoraban rindieran culto también a otros ídolos. Moisés
instituyó una clase sacerdotal que cuidaba de las cuestiones del culto y le sustituían como juez en los casos menores.
Según la Biblia, el sacerdocio estaba encomendado a la tribu de Leví, a la cual pertenecía el propio Moisés. Tal vez los
levitas fueran los cananeos que escaparon de Egipto con Moisés cuando los hicsos fueron expulsados.

Las Tablas de la Ley fueron guardadas en un arca sagrada, el Arca de la Alianza, pues Dios prometió a los israelitas
una "tierra de la que mana leche y miel", como a menudo es descrita en la Biblia, si seguían sus leyes. Éstas son las
palabras de la Alianza:

Respondió el Señor: Yo estableceré Alianza con este pueblo en presencia de todos; haré prodigios nunca vistos sobre la
tierra, ni en nación alguna: para que vea ese pueblo que tú conduces la obra terrible que Yo, el Señor, he de hacer. Tú
observa todas las cosas que Yo te encomiendo en este día y Yo mismo arrojaré de delante de ti al amorreo, y al cananeo,
y al heteo, al ferezeo también, y al heveo, y al jebuseo. Guárdate de contraer jamás amistad con los habitantes de aquella
tierra, lo que ocasionaría tu ruina. Antes bien destruye sus altares, rompe sus estatuas y arrasa los
bosquetes [consagrados a sus ídolos]. No adores a ningún dios extranjero. El Señor tiene por nombre Celoso. Dios quiere
ser amado Él solo. No hagas liga con los habitantes de aquellos países, no sea que después de haberse corrompido con
sus dioses y adorado sus estatuas, alguno te convide a comer de las cosas sacrificadas. No desposarás a tus hijos con
sus hijas, no suceda que, después de haber idolatrado ellas, induzcan también a tus hijos a corromperse con la
idolatría. (Ex XXXIV, 10-16).
Evidentemente este texto contiene anacronismos, pero tal vez refleja una prevención original de Moisés, que no estaba
dispuesto a que sus hombres cometieran el mismo error que los hicsos y así, para evitar que convivieran con los pueblos
invadidos con riesgo de que éstos terminaran alzándose contra ellos, inventó e inculcó en sus hombres la intolerancia
religiosa. En efecto, cada vez que los israelitas tienen ocasión de conquistar una ciudad, el mandato divino es siempre
pasar a cuchillo a todos sus habitantes, incluso a las mujeres y a los niños. Los israelitas aplicaron esta política siempre
que la ocasión lo permitió.

Si en efecto Moisés salió de Egipto cuando la expulsión de los hicsos, entonces su peregrinaje no fue de cuarenta años,
sino de unos trescientos. Tal vez el plan original de Moisés fue reconquistar Egipto o, al menos Canaán, lo antes posible,
pero en un momento dado debió de darse cuenta de que el Nuevo Imperio Egipcio era intocable, por lo que debió de
comunicar a su pueblo que, a causa de sus muchos pecados, Dios había decidido que ninguno de ellos vería la tierra
prometida, sino que se la daría a sus hijos, después de que ellos murieran en el desierto. Los israelitas usaban la palabra
"hijo" en un sentido muy laxo, que igual podía significar "nieto", o "bisnieto", o lo que fuera. De este modo, los israelitas
(o una parte de los que después serían llamados israelitas) debieron de permanecer en la península del Sinaí, o tal vez en
Arabia, mientras Egipto fue invencible, conservando siempre la ilusión de la tierra prometida, y salieron de nuevo a escena
tan pronto como detectaron signos de debilidad.

Hay una parte del relato bíblico que no encaja con esta interpretación, lo que indica una procedencia distinta. Según esta
parte, los israelitas descendían de José (en realidad de José y sus once hermanos, pero este añadido es sin duda muy
posterior), que era un cananeo que, de esclavo, había pasado a virrey de Egipto. La leyenda de José parece provenir de
los tiempos de Amenofis III y Akenatón (cuando Moisés ya llevaría muerto mucho tiempo). La familia de José proliferó,
pero "Entre tanto, se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José" (Ex. I, 8) y los israelitas fueron reducidos a la
esclavitud. Después, el dios de Moisés lanza sobre Egipto una serie de plagas hasta que el rey decide liberar a los israelitas,
luego se arrepiente de su decisión y sale a perseguirlos, pero el dios de Moisés abre un pasillo en las aguas del mar Rojo
y lo vuelve a cerrar cuando los israelitas ya habían pasado al otro lado, mientras el rey egipcio moría ahogado. ¿De qué
faraón escaparon los israelitas? La Biblia dice también que los esclavos israelitas "... edificaron al faraón las fuertes
ciudades almacenes de Fitom y Ramsés" (Ex. I, 11), Así que el faraón debía de ser Ramsés II o, a lo sumo, su hijo
Meneptah. Ahora bien, por supuesto, ninguno de ellos murió en el mar Rojo.

Es muy probable que alguna de las tribus israelitas escapara de la parte oriental del delta del Nilo en tiempos de Meneptah
(los que edificaron las ciudades de Fitom y Ramsés). Las siete plagas pueden ser un recuerdo de las calamidades que
sufrió Egipto con la invasión de los pueblos del mar y, ciertamente, éstas pudieron darles la oportunidad de escapar. El
nombre de la tribu de Isacar parece provenir de Sokar, que era un dios egipcio. Las historias de los recién llegados
acabarían fundiéndose anacrónicamente con las leyendas sobre Moisés, aportando más colorido a la salida de Egipto. El
intervalo tradicional de cuarenta años puede ser un compromiso entre los tres siglos de una fuente y los pocos años de
otra.

Al llegar a Canaán, los israelitas entraron en contacto con la leyenda de Abraham. Probablemente fue a través de los
hebreos. Al parecer, los Idumeos se consideraban descendientes de Esaú, el primogénito de Isaac, hijo a su vez de
Abraham, y, por consiguiente, legítimos herederos de la tierra que le había sido concedida a éste por su dios. Por su parte,
los moabitas y amonitas se consideraban descendientes de Lot, sobrino de Abraham. Esto obligó a modificar las leyendas
no sin cierto descaro. Por ejemplo, la relación de Esaú con Edom es explicada así en el Génesis:

Había un día guisado Jacob cierta menestra cuando Esaú, que volvía fatigado del campo, se llegó a él y le dijo: Dame
esa menestra roja que has cocido, pues estoy sumamente cansado. Por cuya causa se le dio después el sobrenombre de
Edom [que, por una falsa etimología, se interpreta como "rojo"]. (Gn XXV, 29-30).
Esta teoría legitimaba las posesiones hebreas, pues el dios de Abraham había otorgado Canaán a sus descendientes. En
Gen. XIV, 13, Abraham es llamado Abram el hebreo. Ahora bien, Josué llegaba también con un dios que le había
prometido una tierra que, sin duda, tenía que ser Canaán. No debió de ser difícil identificar el dios de Moisés con el dios
de Abraham. Para consolidar la recién creada confederación israelita, Josué debió de convencer a sus socios de que
todos ellos descendían de Abraham a través de su nieto Jacob. Con el tiempo se limarían los detalles: al igual que Esaú
había tenido doce hijos (que se correspondían con otras tantas tribus idumeas), también Jacob tuvo doce descendientes,
uno de ellos era José, que a su vez tuvo dos hijos: Efraím y Manasés, y once hermanos, en correspondencia con las once
tribus restantes. Sin embargo la leyenda necesitaba algunas modificaciones que, de nuevo, la Biblia recoge sin
complejos. Por ejemplo, intercalado en la historia de Jacob, sin que guarde relación alguna con lo anterior y lo
posterior, encontramos este sorprendente pasaje:
Quedóse solo y he aquí que se le apareció un personaje que comenzó a luchar con él hasta la mañana. Viendo este varón
que no podía sobrepujar a Jacob, le tocó el tendón del muslo, que al instante se secó. Y le dijo: déjame ir, que ya raya el
alba. Jacob respondió: No te dejaré ir si no me das la bendición. ¿Cómo te llamas?, le preguntó. Él respondió: Jacob.
No ha de ser ya tu nombre Jacob, sino Israel [que, por una etimología no del todo correcta, significa "hombre que lucha
con Dios"], porque si con el mismo Dios te has mostrado grande, ¿cuánto más prevalecerás contra los hombres?
Preguntóle Jacob: ¿cuál es tu nombre? Respondió: ¿por qué quieres saber mi nombre? Y allí mismo le dio su
bendición. (Gn XXXII, 24-29)
En lo que sigue, Jacob sigue llamándose Jacob. Sólo en el libro del Éxodo pasa a ser llamado Israel. De este modo, los
israelitas pasaron a considerarse hijos de Jacob. Según estas cuentas, las tribus de Israel pasaron a ser doce: Efraím y
Manases eran dos medias tribus, que componían la tribu de José. La diosa Raquel pasó a ser la madre de José y
Benjamín, mientras que Lía se convirtió en la madre de Rubén, Isacar y Zabulón. Gad y Aser pasaron a ser hijos de una
esclava de Lía, mientras que la madre de Dan y Neftalí fue una esclava de Raquel. El supuesto antecesor de la tribu
sacerdotal de Leví, así como los de los últimos miembros de la coalición, Judá y Simeón, debieron de incorporarse
tardíamente entre los hijos de Lía. La tierra concedida por el dios de Abraham a sus descendientes se convirtió en una
mera promesa que no se realizó hasta que sus auténticos herederos, esto es, los israelitas, ocuparon Canaán. De nuevo,
algunos puntos débiles del argumento se fueron retocando más adelante. Por ejemplo, Jacob no era realmente el
heredero de Abraham (por línea directa), sino que lo era Esaú, pero Esaú decidió cederle amablemente los derechos a
cambio de la famosa menestra roja (que, más concretamente, era un plato de lentejas). Además, Jacob se las arregló con
la ayuda de su madre para que Isaac lo declarara su heredero en su lecho de muerte, confundiéndolo con Esaú. En fin,
añadiendo a esto una serie de profecías que garantizaban que era voluntad divina que Jacob heredara los derechos de
Abraham, los israelitas se encontraron con que su invasión era, se mirara como se mirara, la voluntad de Dios.

La Biblia da indicios de que Josué debió de aprovechar la historia de Abraham para infundir ánimo a sus hombres. Al
parecer, Dios ordenó a Josué que los circuncidara a todos. Probablemente fue Josué quien "descubrió" que el dios de
Abraham (o el de Moisés) había ratificado su alianza con el rito de la circuncisión (rito de origen egipcio que practicaban
los cananeos, pero no los israelitas). Josué debió de explicar a sus hombres que durante los años de peregrinaje por el
desierto habían abandonado la circuncisión, y sin duda ése era el motivo por el que Dios no les ayudaba a conquistar la
tierra prometida, pero la orden que Dios le daba ahora hacía presagiar que, una vez circuncidados, los reconocería como
su pueblo elegido y los conduciría triunfantes a la victoria. Filosofías aparte, es razonable pensar que unos hombres toscos
amedrentados por la opulencia de las tierras civilizadas (algo revueltas, pero civilizadas al fin) redoblarían su ánimo tras
un ritual tan molesto como el que se les proponía (un hombre dispuesto a eso merecía sin duda los favores del "dios de
los ejércitos", como se le empezaba a llamar).

Según el libro de Josué, el efecto de la circuncisión fue inmediato: los israelitas ganaron todas las batallas. Dios separó
las aguas del Jordán para facilitar el paso de su pueblo. Para tomar Jericó, sólo tuvieron que hacer sonar unas trompetas
(siguiendo la indicación divina) y las murallas cayeron, luego fueron tomando una ciudad tras otra matando a cada rey
junto con todos sus habitantes, el Sol detuvo su curso para que Josué pudiera terminar una batalla, etc. En cambio, en el
libro de los Jueces la invasión se describe como un proceso mucho más penoso, lleno de avances y retrocesos, un proceso
que se llevó a cabo a lo largo de unos cien años.

La religión israelita era muy diversa. Todas las tribus debieron de adoptar como dios principal al dios de Efraím,
identificado con el de Abraham, llamado Eloím o Yahveh. Le erigieron un santuario en Silo, en territorio de Efraím,
donde se guardaba el Arca de la Alianza, que contenía las tablas con los diez mandamientos y era el centro de numerosas
peregrinaciones y rituales. Los levitas consiguieron que las pocas ciudades que quedaron a su cargo se convirtieran en
una especie de santuarios respetados por todos, donde podían refugiarse los perseguidos en busca de justicia. Tal vez ellos
conservaron más o menos íntegras las tradiciones del culto a Yahveh, en particular su recelo y desprecio hacia otros
dioses, pero lo cierto es que esta pretendida exclusividad fue siempre minoritaria entre los israelitas: cada tribu había
traído sus propias creencias a las que no estaba dispuesta a renunciar. Los israelitas adoraban a una multitud de dioses de
origen cananeo o incluso egipcio: Baal, Astarté, Anat, etc. Estaba muy difundida la creencia de que los muertos viajaban
a un lugar llamado Seol, sobre el que, al parecer, Dios no tenía jurisdicción, donde permanecían para siempre, si bien se
les podía invocar con ayuda de unas estatuillas sagradas llamadas Terafim con las que se les podía consultar y predecir el
futuro. Otra manifestación religiosa israelita la constituían los profetas. Aunque el concepto de profeta evolucionó
considerablemente a lo largo de la historia, en esta época eran una especie de místicos que entraban en trance y
supuestamente tenían visiones adivinatorias. Los profetas en éxtasis debían de intimidar bastante a las gentes sencillas,
así que gozaban de cierta autoridad.

Los principales enemigos de los israelitas eran, sin duda, los filisteos. La Biblia contiene muchas leyendas sobre las luchas
entre israelitas y filisteos, la más famosa de las cuales es la de Sansón y Dalila. Hacia el 1050 los filisteos infligieron una
grave derrota a los efraimitas cerca de Silo. Efraím trató de reponerse recurriendo a sus aliados, pero la disciplina filistea
superó con creces a la desorganización israelita y los filisteos vencieron de nuevo. Una derrota completa de Efraím podía
suponer la creación de un imperio filisteo y el desastre para todos los israelitas. Efraím trató de dar un golpe de efecto:
transportó el Arca de la Alianza desde Silo hasta las inmediaciones de los ejércitos filisteos. Esto infundió ánimos a sus
hombres, pues pensaban que ahora su dios estaba con ellos (la idea de que Dios está en todas partes no se le había ocurrido
todavía a nadie, la cuestión entonces para los israelitas era más bien si Yahveh sería capaz de derrotar a los dioses
filisteos). Sin embargo, los filisteos confiaron en sus propios dioses, atacaron inmediatamente y las armas de hierro
prevalecieron una vez más sobre las armas de bronce y el dios israelita juntos. Silo fue destruida para siempre y el Arca
de la Alianza fue capturada. Los filisteos dominaron los territorios de Efraím y Benjamín, poniendo en jaque al resto del
territorio israelita.

Sin embargo, parece ser que resistió una especie de guerrilla en las montañas encabezada por un líder religioso
llamado Samuel, que pronto ganó una gran reputación entre todos los israelitas. Más tarde, cuando Samuel ya era mayor,
destacó un joven benjaminita llamado Saúl. Hacía tiempo que los israelitas se planteaban la conveniencia de elegir un
rey, pero ahora Samuel retomó la cuestión con más insistencia y propuso elegir a Saúl. Si Israel quería sobrevivir
necesitaba unirse bajo un mando único. La idea no acababa de convencer a los profetas y, aunque la mayoría de los
israelitas debía de verla con buenos ojos, el problema era que ninguna tribu parecía dispuesta a aceptar un rey de otra
tribu por el mero hecho de que conviniera aceptar uno.

Sin embargo, Saúl logró la reputación necesaria gracias a unos incidentes ocurridos en Gad, al este del Jordán. Los
amonitas habían cercado la ciudad de Jabes-Galaad y sólo aceptaban la rendición si sus habitantes consentían que se les
sacara el ojo derecho (o al menos, así lo contaron luego los israelitas). Por ello, los sitiados decidieron resistir y pidieron
ayuda a las tribus del otro lado del Jordán. Saúl aceptó la petición, reunió todos los hombres que pudo, eludió a los
filisteos, llegó a la ciudad antes de lo previsto, sorprendió a los amonitas y liberó la ciudad. Fue la primera hazaña de la
que los israelitas podían enorgullecerse desde los tiempos de Jefté. El éxito de Saúl hizo triunfar a la corriente partidaria
de elegirlo rey y Samuel, haciendo valer su propia reputación, se apresuró a investirlo con un ritual religioso apropiado.
Esto sucedió hacia el 1020. El nuevo rey estableció su capital en Guibá, en el territorio de Benjamín, a unos cinco
kilómetros al norte de Jerusalén.

Por esta época llegó al trono de Tiro el rey Abibaal. La ciudad tenía ya varios siglos de historia, pero hasta este momento
había estado supeditada a Sidón, la principal ciudad fenicia. Sin embargo, ahora la situación iba a cambiar. La ciudad
entera fue trasladada a una isla rocosa, donde era prácticamente inexpugnable y podía ser bien defendida con la ayuda de
una flota. Los fenicios contaban con una larga tradición naval que se había venido abajo con la llegada de los pueblos del
mar. Bajo Abibaal, la ciudad de Tiro fue recuperando esa tradición y ello le dio la supremacía frente a la antigua Sidón.
Volviendo a los israelitas, los filisteos se propusieron abortar la creación del reino de Saúl, pero no les resultó
fácil. Jonatán, el hijo de Saúl, derrotó a una pequeña guarnición filistea cercana a Guibá, mientras su padre se
atrincheraba en Michmash, un poco más al norte. Los filisteos avanzaron contra Michmash, pero fueron sorprendidos
por una rápida incursión de Jonatán. Los filisteos calcularon mal el número de tropas que les atacaba y decidieron retirarse.
Ante esta situación, Judá, sometida desde un principio a los filisteos, decidió rebelarse y se declaró fiel a Saúl. Un ejército
unido judeo-israelita derrotó a los filisteos en Shocoh, al sur de Jerusalén, y toda Judá quedó anexionada a Israel. Saúl
llevó sus tropas a Judá y derrotó a los amalecitas, un pueblo nómada que vivía al sur y que causaba los típicos estragos
periódicos. Así el rey mostró su poder a Judá al tiempo que se ganaba su gratitud.

Sin embargo, Saúl no fue tan buen diplomático como general. Por una parte recelaba de su hijo Jonatán, que había
conseguido gran popularidad ante el ejército y temía que pudiera derrocarle. Llegó a ordenar la ejecución de Jonatán por
cierta violación de un ritual, pero el ejército se opuso y tuvo que revocar la orden. La situación se volvió más tensa. Por
otro lado, Saúl disputó a Samuel la autoridad religiosa, lo que le valió la enemistad del propio Samuel. Tras otros roces
menores, la situación más tensa se produjo a raíz de la campaña contra los amalecitas. Al parecer, Samuel había indicado
a Saúl cuál era la voluntad de Yahveh:

Ve, pues, ahora y destroza a Amalec, y arrasa cuanto tiene: no le perdones ni codicies nada de sus bienes, sino mátalo
todo, hombres, mujeres, muchachos y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos. (Samuel XV, 3)
Sin embargo, Saúl sólo mató a los amalecitas, pero perdonó la vida a su rey Agag, (tal vez para usarlo como rehén) y
distribuyó el botín entre sus soldados como recompensa (en lugar de sacrificarlo a Dios). El caso es que Samuel humilló
públicamente a Saúl, tras lo cual consideró prudente retirarse a un segundo plano, pero Saúl sabía que en lo sucesivo
contaba con la oposición de Samuel y, con él, la de los profetas. Saúl se volvió receloso hasta la paranoia. Entre las
víctimas de sus sospechas estaba, además de su hijo, un joven judío que se había trasladado a Guibá tras la anexión. Se
llamaba David, y pertenecía a una importante familia de Belén, al sur de Jerusalén. David era un político inteligente
(más que Saúl) y también un buen general. Al principio gozó del favor de Saúl, que le concedió la mano de su
hija Mical, pero era íntimo amigo de Jonatán, lo que suscitó los recelos del rey. Como David no era hijo suyo, lo tenía
más fácil para urdir su muerte, pero Jonatán le previno y David abandonó sigilosamente Guibá y llegó a Judá, donde
tuvo que mantener una guerra de guerrillas contra Saúl. David contaba con el apoyo de Samuel y los profetas, tal vez
por el mero hecho de que se oponía a Saúl.

El rey persiguió implacablemente a David. Llegó a matar a un grupo de sacerdotes al enterarse de que uno de ellos había
ayudado a David cuando huyó de Guibá. Con el tiempo, logró que a David le costara más obtener ayuda, hasta el punto
que en un momento dado decidió pasarse al bando de los filisteos. Éstos vieron ahora su oportunidad. Israel estaba
convulsionado por revueltas internas entre los partidarios de Saúl, los de Jonatán, los profetas, y ahora uno de los
oponentes de Saúl se aliaba con ellos. Sin duda, un vigoroso ataque filisteo en estas condiciones iba a tener éxito.

Hacia 1000 un ejército filisteo se enfrentó nuevamente a Israel. Jonatán optó por ayudar a su padre ante la gravedad de
los hechos, pero el ejército israelita fue arrollado por el pesado armamento filisteo. Jonatán murió en la batalla y Saúl,
cuando lo vio todo perdido, se suicidó. Los filisteos obtuvieron de nuevo la hegemonía sobre Israel, como si Saúl nunca
hubiera existido.

EL REY DAVID
A principios del primer milenio (si no antes) los pueblos indoeuropeos llegaron hasta Italia. Llevaron consigo el hierro y
las nuevas costumbres asociadas a la metalurgia, como la incineración de los muertos. No introdujeron ningún tipo de
organización política, sino que con el tiempo irían cristalizando distintas culturas a lo largo de toda la península. Francia
empieza a ser ocupada por los Celtas, que introducen nuevas técnicas agrícolas.

En el este, los arios estaban plenamente instalados en la India. Por esta época se consolidó una rígida división social en
cuatro clases. Estaban los brahmanes (sacerdotes), los chatria (guerreros), los vaisya (ganaderos y comerciantes) y
los sudra (los antiguos aborígenes de la India, ahora reducidos a la esclavitud). En un largo proceso que arranca incluso
antes de la invasión, los arios fueron desarrollando una religión antecedente del actual hinduismo. Los brahmanes eran
los únicos que podían conocer los ritos y los textos sagrados, conocidos como veda, o revelación, redactados en sánscrito
pero no por escrito, sino que se transmitían oralmente. El dios principal era Visnú, también llamado Siva, quien se
ocupaba del mundo a través de sus numerosas esposas, entre ellas la benevolente Parvati, la guerrera Durga y la
destructora Kali. El hinduismo se refiere a su doctrina como sanatana-dharma, que significa algo así como "ley cósmica
universal sin origen", pues, al contrario que otras religiones, el hinduismo no tiene ningún fundador renombrado. Uno de
sus aspectos más destacados es la idea de los ciclos y la reencarnación. Por ejemplo, cuando un hombre muere, se
reencarna en una de las cuatro clases según la medida en que hubiera respetado el orden cósmico en sus vidas anteriores.
Así, bien mirado, las desigualdades por el nacimiento eran una expresión de la justicia universal.

Las acciones de un individuo que determinan su próxima reencarnación son su karma, pero el hombre cuenta con distintas
vías para salir del ciclo de reencarnaciones (samsara) y llegar finalmente a la liberación (moksa). Puesto que todo
pensamiento influye en el karma, una de las vías era el control del pensamiento mediante la meditación (la vía de la
meditación). La principal técnica de meditación era el yoga. Por otra parte, estaba la vía de las obras, consistente en
observar cuidadosamente los rituales tradicionales con la esperanza de acumular así un karma favorable y meritorio.

En Guatemala proliferan las comunidades agrícolas formadas por pueblos con una lengua común y que se extienden
por la península de Yucatán. Es el preludio de la cultura Maya.

En Perú aparece la cultura Chavín, ya plenamente agrícola, que aunó a un amplio territorio cuyos habitantes adoraban a
un dios felino. Su orfebrería en oro es la más antigua de América. En Chavín de Huantar se halla una plaza bordeada
de plataformas presidida por una gran pirámide truncada, cuyo interior es un conjunto de galerías, cámaras y escaleras.
Dispersas por todo el territorio, se encuentran estelas con representaciones de seres humanos con atributos felinos y
aspecto feroz.

La ciudad fenicia de Tiro seguía afirmándose como potencia marítima. Comerciaba con Egipto y con Grecia, y empezaba
a explorar el Mediterráneo occidental.

Los griegos jonios, tras haber ocupado paulatinamente las islas del Egeo, empezaron a poblar la costa oriental. Fueron
ellos quienes la bautizaron como "Anatolia", que en griego significa "sol naciente". Así mismo adaptaron las palabras
semitas "assu" y "ereb" (este y oeste), convirtiéndolas en Asia y Europa. Más precisamente, parece ser que fueron los
cretenses quienes adaptaron así las palabras semitas, y los jonios las tomaron de los cretenses. La costa oriental del Egeo,
juntamente con las islas, recibió el nombre de Jonia. Se fundaron doce ciudades en la costa, la más importante de las
cuales era Mileto. Así los griegos entraron en contacto con los frigios, que por aquel entonces dominaban casi toda la
mitad occidental de Anatolia, pero no se opusieron a la colonización griega. Al contrario, se sintieron atraídos por su
cultura y mantuvieron siempre relaciones amistosas. Su capital más importante era Gordion. Los griegos decían que ha
había fundado Gordias, que había sido un campesino al que Zeus designó para ser rey de Frigia mediante un oráculo.

La Grecia continental empezaba a conseguir cierta estabilidad tras los estragos de la invasión doria. Hesíodo describe la
Grecia de tres siglos más tarde y habla de cabañas de adobe con una única estancia para hombres y animales. Se pasa frío
en invierno y calor en verano. Se come grano, cebollas, queso, leche y miel, pero no muy a menudo. Hay paludismo, y
para huir de él hay que ir a colinas pedregosas, donde en su lugar hay hambre. No se podía comprar o vender con oro o
cualquier otra cosa que sirviera de moneda. Para comprar un carro varias familias tenían que juntar sus reservas de grano.
Periódicamente, los amos dorios venían de la ciudad a requisar parte de la cosecha, o incluso parte de los hombres, como
soldados. Los nobles dorios llevaban una vida sobria, pero más llevadera. Algunos hombres encontraron una nueva forma
de ganarse la vida: entreteniendo a sus amos con historias antiguas y no tan antiguas. Naturalmente, no eran historias
sobre campesinos y sus cabañas de adobe. Trataban sobre héroes, reyes y dioses. Así, en Grecia fue surgiendo una de las
mitologías más ricas de la historia, modelada en gran parte a conveniencia de los nuevos amos.

Por ejemplo, el triunfo de los dorios frente a los griegos micénicos tuvo su lógica contrapartida celestial: el dios principal
de la religión micénica era Cronos, pero fue abatido por el dios principal de los dorios: Zeus, exactamente igual como
Cronos había desplazado en su día a la diosa Gea. Naturalmente, el relevo de poder no podía deberse a una usurpación
ilegítima. La leyenda explicaba que cuando Cronos derrocó a su padre Urano, éste le vaticinó que lo mismo le sucedería
a él. Para evitar la profecía, Cronos devoraba a sus hijos tan pronto nacían, pero su esposa Rea reemplazó uno de ellos
por una piedra, que el padre se tragó sin apreciar la diferencia. El hijo que se salvó fue Zeus, quien, tras una serie de
vicisitudes, destronó a su cruel padre y le obligo a regurgitar a sus hermanos (que seguían vivos, porque eran inmortales).
Entre ellos estaban Hera (la que sería su última esposa), Poseidón y Hades. Los tres hermanos se repartieron el universo:
Zeus quedó como rey de los cielos, Poseidón como dios de los mares y Hades como dios del mundo subterráneo de los
muertos. De ellos surgiría la nueva generación de dioses griegos que gradualmente eclipsaría a las dos anteriores (la
pelásgica y la micénica).
Igual que los sumerios situaron sus héroes míticos antes del diluvio, ahora los griegos situaban a los suyos en la era
micénica, la Edad de Oro que había precedido a la presente Edad del Hierro, como ellos la describían. En la historia
mítica de los griegos, Europa se convirtió en la primera pobladora de Creta, madre del rey Minos. Había una leyenda que
debió de gustar especialmente a los dorios (si no es que fue íntegramente diseñada para ellos). Hacía referencia
a Hércules, hijo del propio Zeus y de la reina Alcmene, esposa del rey tebano Anfitrión. Se contaban muchas historias
sobre él, que lo convertían en el héroe griego por excelencia, pero la que ahora nos ocupa hace referencia a sus
(numerosísimos) hijos, que resultaron ser una horda de poderosos bandidos, los heráclidas. Uno de ellos retó uno por
uno a los soldados que el rey de Micenas había enviado para expulsarlos de Grecia. Las condiciones eran que si él les
vencía a todos, los heráclidas gobernarían Micenas, mientras que si perdía se iría del país con todos sus hermanos, que se
comprometían a no volver al menos hasta cincuenta años más tarde (esto es, en las personas de sus hijos y nietos). El caso
es que perdió, por lo que los heráclidas se fueron, pero a la tercera generación, cumplido el pacto, volvieron y se adueñaron
de Grecia. Evidentemente, los nietos de los heráclidas eran los dorios que, por consiguiente, al invadir Grecia no hicieron
sino volver a la tierra de sus antepasados. Es la versión griega de la tierra prometida de los israelitas.

En cuanto a los israelitas, tras la muerte de Saúl se encontraban completamente a merced de los filisteos. No
obstante, Abner, el que había sido el principal general de Saúl, se retiró con parte del ejército llevándose consigo
a Isbóset, el único hijo de Saúl que quedó con vida, y se retiró al este del Jordán, lejos de la influencia filistea. Los reinos
hebreos, siempre hostiles hacia los israelitas, aprovecharon las circunstancias. Así, el reino de Moab absorbió totalmente
a la tribu de Rubén. Mientras tanto, David aprovechó la situación y convenció a los ancianos de Judá de que lo
proclamasen rey de Judá, y estableció su capital en Hebrón, una ciudad fortificada a unos 30 kilómetros de la capital
filistea de Gad. Al contrario que Saúl, el rey David era un astuto diplomático, y supo convencer a los filisteos de que bajo
su gobierno los israelitas serían un fiel títere del que jamás tendrían que preocuparse.

David tuvo suerte: Isbóset discutió con Abner a causa de una mujer, y éste se enfadó hasta el punto de iniciar
negociaciones con David para ayudarle a derrocar al que había sido su protegido. David exigió a Abner que le entregara
a Mical, la hija de Saúl que había sido su esposa antes de verse obligado a huir de Guibá. Sin duda David comprendía la
importancia de poder presentarse como yerno de Saúl a la hora de reclamar el trono de Israel. Abner le entregó a Mical y
pactó con David. Posiblemente le cedió una parte del ejército israelita. Luego Joab, el general de David que hacía de
intermediario, mató a Abner a traición, teóricamente por una venganza personal (pues Abner había matado a su hermano,
o al menos eso dijo Joab), pero es más probable que siguiera órdenes de David, para impedir que Abner pudiera volverse
atrás y revelara el pacto a Isbóset. David lamentó públicamente la muerte de Abner, pero Joab siguió en su cargo.

Cada vez estaba más claro que la casa de Saúl decaía, mientras David se hacía más fuerte. Tal vez ello movió a dos
oficiales de Isbóset a cortar la cabeza de su rey y llevársela a David. No sería descabellado suponer que David fue el
inductor de esta nueva traición, pero oficialmente se mostró más consternado aún que con la muerte de Abner. Según la
Biblia, mandó matar a los dos asesinos, se les cortó las manos y los pies y fueron colgados públicamente junto al estanque
de Hebrón. Ahora Israel estaba sin rey. En una situación tan crítica, bajo la doble amenaza hebrea y filistea, la necesidad
de un rey fuerte era indiscutible, y el único candidato era David, el poderoso rey de Judá, yerno de Saúl. Una embajada
israelita fue recibida en Hebrón, donde suplicó a David que aceptara reinar en Israel y éste aceptó. Era el año 991.

La Biblia llama Israel al reino de David, pero en realidad nunca fue un reino unido. Constaba por una parte del Israel
propiamente dicho, que ocupaba los dos tercios septentrionales del territorio, y del reino de Judá, en la parte sur. Los
israelitas nunca acabaron de considerar a Judá como parte de su pueblo. La Biblia se esfuerza por ocultar este hecho
porque fue escrita por judíos, pero el verse obligados a recurrir a un rey judío debió de ser humillante para los israelitas.
David era consciente sin duda de estos problemas y empleó toda su diplomacia en paliarlos. Su primera medida fue
cambiar la capital (los israelitas no hubieran tolerado mucho tiempo ser gobernados desde el centro de Judá). La ciudad
ideal era Jerusalén. Estaba situada en la frontera entre ambos territorios, era una ciudad amurallada fácil de defender. Ésta
era a la vez su mayor virtud y su mayor inconveniente: Jerusalén era tan fácil de defender que israelitas, judíos y filisteos
nunca habían podido conquistarla. Seguía en poder de una tribu cananea, los Jebuseos.

De algún modo, en 990 David se las arregló para tomar Jerusalén. La Biblia no explica cómo lo hizo, así que es probable
que empleara alguna treta no muy honrosa. Tampoco es fácil explicar por qué los filisteos toleraron impasibles el ascenso
de David. De algún modo, David debió de convencerles de que trabajaba para ellos, pero tras la toma de Jerusalén los
filisteos le exigieron que abandonara la ciudad como muestra de lealtad. David se negó y así entró en guerra. Sin embargo,
los israelitas estaban ahora crecidos por su notable victoria en Jerusalén y David disponía de buenos generales. El
resultado fue una victoria completa sobre los filisteos, que desde este momento abandonaron para siempre toda idea
imperialista. Se retiraron a sus ciudades tradicionales y pagaron tributo a David.

Una vez establecida la nueva capital en Jerusalén, los esfuerzos de David por unificar su reino bimembre se encaminaron
hacia la religión. Desde que los filisteos destruyeron el santuario de Siló, los israelitas no tenían ningún centro religioso
común. Cada aldea adoraba a sus dioses locales en pequeños altares, situados especialmente en las colinas (sin duda un
vestigio de la antigua cultura nómada de los israelitas: los pastores suelen venerar a sus dioses celestes en lugares
elevados). De entre la fértil mitología israelita, la parte que más posibilidades unificadoras brindaba era la referente a
Moisés y su alianza con Dios. En torno a ella se conservaba el Arca de la Alianza, que los filisteos habían capturado y
conservado en la ciudad de Quiryat-Yearim, al norte de Judá (los filisteos temían a los dioses extranjeros tanto como a
los propios, así que no se atrevieron a destruir el Arca, y tampoco a introducirla en su territorio). David llevó el Arca a
Jerusalén y la situó en un santuario próximo a su palacio. Aunque él mismo ejerció buena parte de las funciones
sacerdotales, nombró sumo sacerdote a Abiatar, el único superviviente del grupo de sacerdotes que Saúl hizo ejecutar
por considerarlos partidarios de David. Posiblemente fue en este periodo cuando empezaron a tomar forma las leyendas
bíblicas que presentan a las doce tribus de Israel viajando unidas por el desierto a las órdenes de Moisés ayudados por su
dios.

Unida política y religiosamente la nación, David se vio con fuerzas para iniciar una expansión imperialista. En el fondo
esto puede verse como una medida más para aunar a su pueblo con un sentimiento de superioridad patriótica. Uno a uno,
conquistó los reinos hebreos de Amón, Moab y Edom. Luego avanzó aún más al norte. No intentó atacar a los fenicios
(hubiera sido un suicidio sin la ayuda de una flota). En su lugar, firmó con ellos tratados comerciales. Sin embargo,
sometió a tributo a las poblaciones del Éufrates superior. De este modo los israelitas se vieron dueños de un imperio de
dimensiones respetables. Los límites que Dios fija a la tierra prometida cuando le habla a Abraham según la Biblia son
precisamente los de este imperio.

EL REY SALOMÓN
Una de las cuestiones que más problemas ocasionaron al rey David fue la sucesión. Por una parte estaba la casa de Saúl.
Ahora que los tiempos eran buenos, era fácil que surgieran corrientes nacionalistas israelitas (anti-judías) que reclamaran
un rey israelita. Bajo uno u otro pretexto, David se las arregló para ejecutar a todos los descendientes de Saúl que pudieran
reclamar un derecho de sucesión. Sólo quedaba un hijo lisiado, incapacitado para reinar, por lo que David lo acogió en
su casa, como muestra de buena voluntad hacia la casa de Saúl. Más problemas le ocasionaron sus propios hijos. Era
costumbre entre los monarcas orientales disponer de un harén tan numeroso como fuera posible. Esto daba una imagen
de magnificencia tanto a los súbditos como a los extranjeros. Una forma de sellar una alianza con otro pueblo era
incorporar al harén una de sus princesas. Era todo un honor. El problema era que las distintas mujeres rivalizaban entre
sí, y todas trataban de que sus hijos gozaran de mayores privilegios frente a los de las demás. Particularmente delicada
era la cuestión de cuál de ellos heredaría el trono. Era frecuente que cuando el rey moría, uno de los hijos matara a sus
hermanos, dirimiendo así toda disputa por la sucesión. Sin embargo, una jugada inteligente podía ser matar a la vez al rey
y a los hermanos, mientras éstos estaban desprevenidos esperando la muerte de su padre.

La monarquía de Israel era joven, pero cayó en todos estos tópicos. El hijo favorito de David era Absalón, quien fue
gradualmente ganando partidarios hasta que en 970 reunió un ejército en contra de su padre y marchó contra Jerusalén.
David fue cogido por sorpresa, pero seguía siendo un buen estratega. En lugar de resistir un asedio en la capital (hubiera
sido humillante) logró escabullirse, huyó al otro lado del Jordán, organizó a todas las tropas leales de que pudo disponer
y volvió a Jerusalén, donde no tuvo dificultad en aplastar a su inexperto hijo. David ordenó capturarlo vivo, pero Joab, el
jefe del ejército, consideró más prudente matarlo.

La crisis alentó a los israelitas descontentos con un rey judío. Un benjaminita llamado Seba encabezó un alzamiento que
David sofocó con relativa facilidad. Aunque el rey demostró por segunda vez tener las riendas bien sujetas, lo cierto es
que estas rebeliones mostraban que su gobierno no estaba tan bien afirmado como él había pretendido.

Mientras tanto murió Abibaal, el rey de Tiro. En 969 fue sucedido por Hiram, que siguió impulsando la expansión de los
fenicios por el Mediterráneo. Parece ser que fue por esta época cuando los fenicios aprendieron a orientarse en mar abierto
mediante las estrellas, lo que facilitó las grandes expediciones a tierras lejanas.
Volviendo a Israel y el rey David, en 961 estaba ya próximo a la muerte y las tensiones de la sucesión eran mayores que
nunca. Al parecer, David había designado como heredero a Adonías, su hijo mayor tras la muerte de Absalón. Adonías
contaba con el apoyo de Joab y con el de Abimelec, el sacerdote. Sin embargo, la esposa favorita de David era Betsabé, la
cual gozaba de cierta influencia, la necesaria para intrigar en favor de su hijo Salomón. Se ganó el apoyo del
general Banaías, que sin duda vio la posibilidad de sustituir a Joab, y el del sacerdote Sadoc, que vio la posibilidad de
sustituir a Abimelec. Al parecer, Adonías se vio prácticamente coronado rey y antes de la muerte de su padre ya lo celebró
con un banquete. La reina jugó bien sus cartas. Ella, Banaías y Sadoc afirmaron que David les había expresado en su
lecho de muerte su voluntad de que su sucesor fuera Salomón. Acusaron a Adonías de usurpador y lograron volver al
pueblo contra él. Joab y Abimelec no pudieron hacer nada. El primero fue asesinado y el sacerdote tuvo que retirarse de
la vida pública. Banaías consiguió la jefatura del ejército y Sadoc el sumo sacerdocio.

Hacia 960, la ciudad de Tiro fundó su primera colonia de ultramar: fue Útica, situada en la costa africana justo al sudoeste
de la isla de Sicilia. Sin duda, las largas expediciones fenicias necesitaban de ciudades intermedias donde hacer escalas.
El Mediterráneo estaba libre de competencia, pues Grecia y Creta prácticamente no existían y Egipto casi tampoco.

Volviendo a Salomón, el nuevo rey hizo lo que frecuentemente ha hecho un usurpador con medios al llegar al trono:
desplegar tal magnificencia que nadie se atreva a cuestionar su realeza. La Biblia describe el harén de Salomón, formado
por unas mil mujeres, entre esposas y concubinas. Salomón ordenó construir un soberbio templo a Yahveh en Jerusalén,
donde residiría el Arca de la Alianza. La construcción quedó al cuidado de los arquitectos y artesanos de Tiro.

El rey Hiram puso dos flotas a disposición de Salomón, una en el Mediterráneo y otra en el mar Rojo. La primera llegó
hasta España y pasó incluso el estrecho de Gibraltar, con lo que, por primera vez, un barco navegó por el océano Atlántico.
En la desembocadura del Guadalquivir fundaron la ciudad de Tartesos, y a poca distancia la ciudad de Gades, la
actual Cádiz. La segunda flota tenía su base en Elat, en el extremo norte del mar Rojo, y en sus expediciones llegaba
hasta el sur de Arabia.
En 954 se terminó el templo, tras lo cual Salomón inició la construcción de un palacio real, mucho más grandioso que el
templo, así como otros templos para otros dioses distintos de Yahveh, en especial para los dioses principales de los reinos
sometidos de Moab y Amón.

La Biblia describe con orgullo que Salomón tenía en su harén una princesa egipcia. Esto es cierto, pero el Egipto de la
época no era el de antaño. La esposa egipcia de Salomón era hija de Psusennes II, que gobernaba únicamente sobre el
delta del Nilo, en un reino menor que el de Salomón. Su ejército estaba compuesto mayoritariamente por mercenarios
libios. Su comandante se llamaba Sheshonk. Indudablemente Sheshonk acabó por tener en sus manos el poder real, hasta
el punto que Psusennes II debió de verse obligado a casar una de sus hijas con el hijo de Sheshonk, signo de que éste
albergaba aspiraciones al trono. Probablemente fue esta situación la que llevó a Psusennes II a solicitar la ayuda de
Salomón, de modo que probablemente fue el faraón el que tuvo por un honor que una hija suya formara parte del harén
de Salomón, y no al revés.

Con la riqueza que obtuvo con el comercio, Salomón aumentó su ejército, compró caballos en Asia Menor y construyó
carros. Paulatinamente, los gastos de la corte empezaron a superar los ingresos. Salomón tuvo que reformar el cobro de
impuestos. Para ello dividió el imperio en doce distritos que no tenían nada que ver con las antiguas fronteras tribales, y
puso a cargo de cada uno de ellos a un gobernador. La mayor eficiencia en el cobro de impuestos causó un lógico
descontento del pueblo, que también se veía obligado a colaborar en las grandes construcciones. Además, Salomón dejó
a Judá libre del pago de impuestos, mientras que los israelitas se veían equiparados a los pueblos conquistados, como
Amón, Moab y Edom. Esto causó aún mayor resentimiento. Algunas autoridades religiosas israelitas empezaron a
cuestionar la legitimidad del templo de Jerusalén, recordando que el auténtico santuario de Yahveh debía estar en la
antigua Siló.

Por otra parte, la situación exterior, hasta entonces tan favorable a Israel, empezó a cambiar. En 940 murió Psusennes II,
con lo que terminó la dinastía XXI. El primer rey de la dinastía XXII fue, naturalmente, Sheshonk I, quien estableció su
capital en Bubastis y poco después logró hacerse con el control de Tebas, con lo que Egipto volvió a estar unido. Mientras
tanto, las tribus arameas que llevaban más de un siglo infiltrándose y hostigando a Asiria empezaron a organizarse. Los
arameos no parecen haber aportado ninguna cultura nueva, sino que absorbieron la de los pueblos que encontraron, en
especial la de algunos reinos neohititas. Al norte de Israel se formaron principados arameos. Un hombre
llamado Rezón fue erigido rey y estableció su capital en Damasco, muy cerca de la frontera israelita. El nuevo reino es
conocido como Siria, si bien éste es el nombre que le dieron los griegos mucho después.

La situación explotó en 938, cuando un efraimita llamado Jeroboam estaba a cargo de los grupos de trabajo forzado
encargados de las construcciones. Influido por Ajab, un líder religioso que defendía la restauración de Siló, inició una
rebelión que Salomón pudo sofocar, pero Jeroboam recibió mucho apoyo popular y logró huir a Egipto, donde Sheshonk
I lo acogió amistosamente. No era el primer prófugo israelita al que Sheshonk acogía. Ya tenía alojado a Hadad, un
edomita que también había intentado rebelarse sin éxito contra Salomón. Probablemente Sheshonk I vio en Israel una
amenaza desde que su antecesor entabló alianza con Salomón, y ahora estaba proyectando lentamente un ataque.

La ocasión se presentaría con la muerte de Salomón, que tuvo lugar en 931. Fue sucedido por su hijo Roboam. Éste no
tuvo dificultades en la realización del ritual necesario para ser proclamado rey de Judá, pero para ser aceptado como rey
de Israel debía pasar otros rituales en Siquem, el antiguo centro político de Efraím. Los israelitas trataron de obtener
concesiones y exigieron una disminución de los impuestos. Roboam respondió con una altanera negativa, e Israel se
rebeló. Probablemente Sheshonk estimuló la rebelión, e inmediatamente envió a Jeroboam, que fue proclamado rey de
Israel y estableció su capital en Siquem, si bien pronto la trasladó a Tirsa, algo más al norte. Esto no supuso únicamente
una partición del reino, sino un completo desmembramiento. Siria se apropió del norte de Israel, Amón recuperó su
independencia, mientras que Israel retuvo a duras penas a Moab. Judá retuvo a Edom. En 926 Sheshonk I invadió Judá,
saqueó Jerusalén y se llevó buena parte de los tesoros que Salomón había acumulado. Sin duda Judá se convirtió en
tributaria de Egipto durante algún tiempo.

Mientras tanto, Jeroboam se encontró con ciertos problemas políticos que debía resolver. Durante los reinados de David
y Salomón se hizo un considerable esfuerzo por aunar a todos los israelitas y judíos en torno a un culto común, con centro
en Jerusalén. Sin embargo, dicho culto era ahora una amenaza para la monarquía israelita. Si Israel seguía rindiendo culto
al dios de Jerusalén, sus ejércitos podrían negarse a atacar a Judá en caso de necesidad por cuestiones religiosas. Jeroboam
podría haber reconstruido Siló, pero tal vez consideraba peligroso de todos modos compartir un dios con Judá. En su
lugar, fomentó dos centros religiosos, uno al sur, en Betel, a sólo 16 kilómetros de Jerusalén, y otro al norte, en Dan. En
ambos colocó la figura de un toro joven, cuyo culto estaba muy arraigado en Efraím, y organizó una clase sacerdotal que
cuidara de los rituales. Esto originó una perpetua enemistad entre la realeza y la aún poderosa clase sacerdotal dedicada
al culto de Yahveh o, mejor dicho, de Eloím, que era el nombre que los israelitas daban al dios bíblico.

De esta época datan los documentos más antiguos que se conocen sobre la religión judeo-israelita. En ellos podemos
apreciar los esfuerzos realizados durante los reinados de David y Salomón por dotar a judíos e israelitas de una tradición
común. Supuestamente, las doce tribus de Israel llegaron juntas a Canaán conducidas primero por Moisés y luego por
Josué. En realidad Josué debió de ser uno de los jueces o caudillos que tenía cada tribu, pero los mandatos simultáneos
de estos caudillos son presentados como sucesivos, de modo que aparentemente las doce tribus estuvieron siempre bajo
un mando común incluso antes de la monarquía. El dios de Moisés, identificado con el de Abraham, desempeña un papel
central en el destino de Israel: cada vez que los israelitas sufren un revés, ello se interpreta como la represalia divina por
una ofensa atribuida al pueblo o a sus dirigentes (normalmente la adoración de otros dioses); cada vez que las cosas van
bien, ello es signo del favor de Dios hacia algún varón virtuoso. (Entre los casos más forzados está el de una epidemia de
peste que hubo durante el reinado de David. Según la Biblia, la causa fue que David ofendió a Dios ordenando hacer un
censo de Israel.)

Además de los textos históricos y pseudohistóricos (con la historia de Abraham, Isaac, Jacob-Israel, sus doce hijos, etc.)
también encontramos mitos cananeos de origen sumerio adaptados a la visión del mundo judeo-israelita. Hay una vaga
historia de la creación del hombre, así como una versión del diluvio universal seguida de extensas genealogías de los
patriarcas, que se corresponden con nombres de pueblos y tribus. Por ejemplo, Noé, el superviviente del diluvio según la
versión israelita del mito, tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Del último descendían los pueblos más lejanos, entre ellos
los egipcios, de Sem descendían los propios israelitas y pueblos afines, como los hebreos, mientras que Cam era el
antecesor de los cananeos y otros pueblos sojuzgados (Canaán era uno de los hijos de Cam). En una primera versión, Cam
(o Canaán) castró a su padre mientras éste dormía borracho. La versión final de la Biblia suavizó el crimen de Cam
reduciéndolo a "ver desnudo a su padre y no cubrirlo". En cualquier caso, Noé maldijo a Cam (y a sus descendientes),
condenándolo a ser "esclavo de los esclavos de sus hermanos", lo que justificaba que los israelitas mataran o esclavizaran
a los cananeos. Los egipcios habían importado tiempo atrás esclavos negros procedentes del África central. Los israelitas
explicaron el color negro de su piel como signo de que eran descendientes del maldito Cam, y así introdujeron en la
historia una idea que, aunque no consta explícitamente en la Biblia, sería retomada en muchas ocasiones de la tradición
judía por su extremada conveniencia: que los negros están hechos para ser esclavos.

Mientras tanto, en 919 murió el rey de Egipto Sheshonk I y fue sucedido por Osorkon I, que heredó un Egipto
relativamente próspero, si bien el nuevo rey no supo o no pudo hacer más que mantenerlo a duras penas.

El rey Roboam de Judá murió en 913 y fue sucedido por su hijo Abiyyam, que murió a los dos años y fue sucedido a su
vez por su hijo Asa, en 911. Los judíos recordaban el reinado de David como su época más gloriosa, y nunca cuestionaron
el derecho al trono de sus descendientes. No ocurría lo mismo en Israel, cuya mayor debilidad fue en todo momento la
falta de una tradición tanto política como religiosa. Por esta época los arameos estaban sólidamente instalados en Siria.
El reino de Damasco, bajo el rey Benhadad I, se había extendido en los últimos años hasta convertirse en una nación tan
grande como Israel. Sin embargo, también la vecina Asiria estaba resurgiendo. El mismo año que Asa subió al trono de
Judá, el rey Adad-Narari II ocupaba el trono de Asiria y empezó a reorganizarla. Pronto empezó a mostrar su poder
sobre los principados arameos.

Jeroboam murió en 910 y fue sucedido por su hijo Nadab, pero no logró mantenerse en el trono más de un año. Un
general llamado Basa dio un golpe de estado en 909 y ocupó el trono. Para consolidar su cuestionable derecho al trono
estimuló la guerra contra Judá. El rey Asa envió presentes al rey sirio rogándole que atacara a Israel. Benhadad I accedió
complacido ante esta posibilidad de expansión, y así se formó una alianza gracias a la cual la débil Judá pudo resistir a
Israel.

LA FUNDACIÓN DE ROMA
En el siglo VIII unos grupos olmecas procedentes de la zona de Veracruz se instalaron en nuevos poblados, el más
importante de los cuales fue Monte Albán. Éstos fueron el origen de la cultura Zapoteca. Realizaron construcciones en
piedra, desarrollaron la numeración, la escritura jeroglífica y el calendario. En Monte Albán los zapotecas construyeron
una enorme plaza limitada al norte y al sur por plataformas elevadas, mientras que en los otros dos lados había templos y
otras construcciones. En el centro se alza una hilera de templetes. La plataforma norte se abría al exterior mediante una
amplia escalinata y un pórtico de doce columnas de dos metros de diámetro. En la plataforma sur se alzaba una gran
pirámide. En el lado oeste se alzaba el Templo de los Danzantes, que era la parte más antigua de la ciudad.

Los celtas poblaban ya el norte de España, con lo que la cultura indoeuropea estaba extendida a lo largo de toda Europa.
Allí se mezclaron con la población indígena, los Íberos. Los celtas usaban flechas, hondas, espadas cortas de hierro y una
especie de alabarda. Rendían culto a Lug (el Sol), Taranis, (el rayo) y a muchos otros dioses, hasta cerca de 400. Sus
sacerdotes, los druidas, tenían fama de buenos médicos. Eran buenos agricultores y amigos de las novedades. Cuidaban
la forma física y practicaban el deporte. No tenían estructuras políticas a gran escala. Cada clan estaba gobernado por un
jefe y la jefatura la heredaba el primogénito. Los otros hijos tenían que emigrar para asentarse en nuevos territorios. Tal
vez por ello fueron el pueblo indoeuropeo que más se extendió por Europa.

Los historiadores antiguos dicen que los íberos eran de mediana estatura, morenos y enjutos. Muy caballeros, leales y de
carácter indomable, muy buenos guerreros. También dicen que eran indolentes y perezosos, y odiaban todo lo extranjero.
Las tribus íberas se agrupaban en diminutos estados monárquicos o republicanos. Habitaban poblados construidos en
lugares altos y muy fortificados. Pero la cultura más importante en la península ibérica seguía siendo Tartesos, al sur,
bajo la influencia fenicia.

Mientras, en Italia coexistían dos coaliciones rivales de ciudades-estado: Etruria al noroeste y el Lacio inmediatamente
al sur. El resto de la península itálica estaba poblado por tribus primitivas.

Grecia progresaba muy lentamente. No hacía mucho que Homero había compuesto sus dos famosos poemas: la Ilíada y
la Odisea, rememorando para los señores dorios las glorias de la era micénica. La vida seguía siendo dura. La vida en las
polis (o ciudades-estado) condicionó fuertemente la evolución de la sociedad griega. La figura del rey perdió relevancia
(en una ciudad pequeña y pobre, el rey no podía tener grandes atribuciones, ni hacer grandes ostentaciones). En muchas
polis llegó incluso a desaparecer, y el gobierno quedaba en manos de asambleas de nobles (la aristocracia o gobierno de
los mejores). Cada ciudad tenía su propio ejército. Estos ejércitos eran, naturalmente, pequeños, formados por soldados
de infantería pesadamente armados, los hoplitas. La calidad de vida de una ciudad, dentro de la pobreza generalizada en
que vivían todas, dependía en gran medida de la calidad de su ejército, así que los griegos eran ejercitados en el combate
desde niños. Las polis más fuertes sometían a sus vecinas.

Así, por ejemplo, Esparta controlaba toda Laconia, formada por las ciudades del valle del Eurotas. Su forma de
gobierno era atípica, pues tenía simultáneamente dos reyes, probablemente fruto de que dos tribus dorias se la
repartieron siglos atrás (los espartanos decían que sus reyes descendían de los dos hijos gemelos de su primer rey). No
obstante, el poder de los reyes se limitaba a dirigir el ejército. Los asuntos internos estaban regulados por una asamblea
de treinta ancianos (la gerusía) en la que los reyes contaban como dos votos más. Además había cinco éforos o
magistrados encargados de hacer cumplir las decisiones de la asamblea. Tenían incluso autoridad para multar o castigar
a los reyes si violaban la ley. Los espartanos propiamente dichos no superaban apenas el cinco por ciento de la población.
Las únicas actividades que consideraban honorables eran el gobierno y la guerra. El resto de las actividades estaban en
manos de los ilotas (esclavos) y los periecos, hombres libres pero sin ningún poder político. La mayor rival de Esparta
era Argos, que controlaba la Argólida. Su organización era similar a la espartana (sin la duplicidad de reyes), pero algo
menos rígida. Así podríamos recorrer ciudades y más ciudades, cada cual con sus características propias, cada cual con
su propia identidad nacional que se negaba a identificarse con cualquier otra, pese a la afinidad cultural que, sin duda,
había entre todas ellas.

Una ciudad que destacó por otras razones fue Delfos. Estaba situada en la región llamada Fócida, al pie del
monte Parnaso. En tiempos micénicos se llamaba Pito,y en ella había un santuario dedicado a la antigua diosa Gea,
atendido por una sacerdotisa de la que se creía que podía hablar con los dioses. Tras la invasión doria, Pito cambió su
nombre por Delfos y se consagró al dios Apolo (Gea no significaba nada para los dorios). Con este cambio de imagen
consiguió que perdurara su tradición de interlocutora de los dioses. El oráculo de Delfos fue ganando en reputación, y
todas las ciudades enviaban periódicamente embajadores a consultarlo. Los embajadores llevaban ofrendas, con lo que
Delfos se enriqueció.

Entre tanto Egipto seguía sumido en el caos, con un ejército incontrolable sobre el que el faraón no tenía ninguna
autoridad. Si el oriente próximo no hubiera estado tan convulsionado por esta época, sin duda Egipto habría sido una
presa fácil para el saqueo.
Asiria había quebrado el poder de Siria para poco después decaer ella misma. Israel y Judá aprovecharon la situación.
En 798 el rey Joacaz de Israel fue sucedido por su hijo Joás, cuyo ejército no tuvo dificultad en derrotar al rey sirio
Benhadad III en tres batallas sucesivas, con lo que Israel recuperó los territorios que había poseído en tiempos de Ajab.
En Judá, el descontento de los sacerdotes y del ejército con el rey Joás culminó con un golpe de estado en 797, tras el cual
se proclamó rey a su hijo Amasías, quien pronto restableció el dominio de Judá sobre Edom. Joás y Amasías, viendo que
la fortuna les sonreía, no tardaron en medir sus fuerzas. Esto sucedio en 786, en la batalla de Betsamés, cerca de Jerusalén.
Israel logró una victoria decisiva. Amasías fue tomado prisionero y Jerusalén fue ocupada. Parte de sus fortificaciones
fueron destruidas y el templo fue saqueado. Amasías continuó siendo rey de Judá, pero su reino se convirtió en tributario
de Israel. Joás de Israel murió en 783 y fue sucedido por su hijo Jeroboam II, que sometió completamente a Siria e hizo
de Samaria la ciudad más influyente de la mitad occidental de la media luna fértil.

En 782 murió el rey Hsüan, y el trono chino fue ocupado por su hijo Yü. Ahora un pueblo bárbaro procedente de las
estepas del norte, los Ch'uan-jung, amenazan las fronteras.

En 778 subió al trono de Urartu el rey Argistis I, quien aprovechando el declive asirio logró unir bajo su dominio el norte
de Mesopotamia. Por su parte, Babilonia cayó en poder de los caldeos.

En el año 776 se celebraron los primeros Juegos Olímpicos en Grecia. Se celebraban cada cuatro años en la ciudad
de Olimpia, al oeste del Peloponeso en honor del dios Zeus. Los griegos llegaron al compromiso de suspender toda guerra
durante el periodo de los juegos, para que todo el que quisiera (de sexo masculino, eso sí) pudiera acudir a presenciarlos.
Olimpia se convirtió en una ciudad sagrada, al igual que Delfos, ciudades a las que nadie se atrevía a atacar, pues con ello
se ganaría la represalia conjunta de toda Grecia. Los representantes de las distintas ciudades podían reunirse allí a
parlamentar aunque sus ciudades estuviesen en guerra, sin temor a un ataque a traición. Los ganadores de los juegos no
recibían ninguna recompensa, aparte de una rama de olivo y, por supuesto, la fama.

En 771 los Ch'uan-jung, aliados con miembros descontentos de la familia real, ocupan el valle del Wei, con lo que se
perdió la mayor parte de las tierras reales. El rey Yü murió en los desórdenes y su hijo P'ing se hizo cargo del gobierno
y se vio obligado a trasladar la capital hacia el este, a Luoyang. El rey P'ing contó con la ayuda del estado de Qin, pero
cuando éste recuperó la tierra que habían invadido los bárbaros, no la devolvió al rey, sino que la incorporó a sus dominios,
lo que le convirtió de repente en una nueva potencia en China. A partir de este momento los nuevos monarcas (Cheu
orientales) dejaron de tener poder real, pero conservaron una autoridad formal que se mantuvo durante mucho tiempo.

Volviendo a Canaán, el derrotado rey Amasías de Judá fue víctima de un golpe de estado como lo fuera su padre. Fue
asesinado en 769 y sucedido por su hijo Ozías. Bajo su reinado Judá siguió supeditada a Israel, pero el rey no hizo nada
por modificar la situación. Al contrario, se centró en recuperar económicamente el país y tuvo éxito. Reconstruyó las
fortificaciones de Jerusalén, tomó algunas ciudades-estado filisteas y reconstruyó el puerto de Elat, a orillas del mar Rojo,
que había tenido cierta importancia en tiempos de Salomón. Con ello revitalizó notablemente el comercio en Judá.

En 761 Egipto se fragmentó una vez más. En Tebas se instauró la XXIII dinastía, mientras en el Bajo Egipto continuaba
reinando (formalmente) la XXII. En realidad había un tercer centro de poder. Desde el desmoronamiento del Imperio
Nuevo, Egipto había perdido el control de Nubia, que pasó a ser gobernada por nativos, con capital en Napata. Sin
embargo, Nubia había asimilado completamente la cultura egipcia. Cuando Sheshonk ocupó Tebas, algunos sacerdotes
de Amón se refugiaron en Napata, donde fueron bien recibidos y formaron una especie de gobierno en el exilio, que en
estos momentos era tan fuerte o más que las dos partes en que se había dividido Egipto.

En 760, un pastor de Judá llamado Amós se atrevió a penetrar en el santuario israelita de Betel y habló en nombre de
Dios con unos planteamientos novedosos:

... Porque tengo sabidas vuestras muchas maldades y vuestros escandalosos delitos; enemigos sois de la justicia,
codiciosos de recibir dones, opresores de los pobres en los tribunales. [...] Buscad el bien y no el mal, a fin de que tengáis
vida; y así estará con vosotros el Señor Dios de los ejércitos, como decís que está. [...] Yo aborrezco y desecho vuestras
festividades, no me es agradable el olor de los sacrificios en vuestras reuniones, y cuando vosotros me presentéis vuestros
holocaustos y vuestros dones, no los aceptaré, ni volveré mi vista hacia las gordas víctimas que me ofrecéis en
voto. (Amós, V 12-22)
En suma, Dios acusaba a los israelitas de respetar los rituales al tiempo que llevaban una vida corrupta, y por ello les
amenazaba con mil desgracias si no se arrepentían. El sacerdote de Betel conminó a Amós a que volviera a Judá y así lo
hizo, pero fue la primera voz entre otras muchas que se alzaron a partir de entonces anteponiendo la rectitud de
costumbres a la práctica de los rituales.

El año 753 es, según la tradición, el año en que se fundó una ciudad llamada Roma. La tradición es pura leyenda: habla
de un rey de Alba que usurpó el trono a su hermano, mató a los hijos de éste y obligó a su hija a hacerse virgen vestal
(algo parecido a lo que hoy en día es una monja). No obstante, la virgen concibió dos hijos gemelos del dios
Marte, Rómulo y Remo, que fueron abandonados, criados primero por una loba y luego por unos pastores y, cuando
fueron adultos, restauraron a su abuelo en el trono y se dispusieron a fundar una nueva ciudad. Discutieron sobre el lugar
idóneo para ello, Rómulo eligió el monte Palatino, y marcó con un arado los límites de la ciudad. Remo cruzó el surco
para indicar que no reconocía la autoridad de su hermano sobre el territorio, y entonces éste lo mató. Así Rómulo fundo
Roma y se convirtió en su primer rey. Los colonos eran latinos, pero entre ellos había escasas mujeres, así que se las
arreglaron para secuestrar mujeres sabinas, lo que ocasionó una guerra. A causa de una traición, los sabinos lograron
entrar en Roma, pero las sabinas, que se habían aficionado a sus esposos, intercedieron por ellos, y así la Roma primitiva
resultó ser una mezcla de latinos y sabinos.

¿Qué sucedió en realidad? Por supuesto es imposible decir nada a ciencia cierta. La Roma primitiva estaba emplazada
sobre el monte Palatino, junto al Tíber, pero con el tiempo se extendió hasta otras seis colinas vecinas, siete en total. Se
sabe que el Palatino estaba ocupado por cabañas de pastores desde al menos el siglo X y que en la fecha tradicional de la
fundación las demás colinas tenían también habitantes. Probablemente, Alba decidió fundar una colonia fortificada en el
Palatino para contener a los etruscos (Roma estaba situada justo en la frontera con Etruria). Por algún motivo, Roma
escapó al control de Alba, probablemente con la ayuda de los sabinos y, por qué no, de los propios etruscos. La actividad
de los primeros romanos fue rural. Los ciudadanos estaban divididos en tres tribus: tricios, ramnos y lucerios, que tal
vez se correspondan con tres colectivos, uno de latinos, otro de sabinos y otro de etruscos, que se unieron para formar
Roma. Cada tribu se dividía en diez curias, a su vez formadas por varias familias. Poco se puede decir de Roma en esta
época. De hecho, sería absurdo ocuparse de una ciudad tan insignificante si no fuera por que siglos más tarde iba a dominar
el m

EL APOGEO DE ASIRIA
En la segunda mitad del siglo VIII el mundo civilizado experimentó muchos cambios. En 750 el rey nubio Kashta avanzó
hacia el norte y conquistó Tebas, tras lo cual los sacerdotes nubios descendientes de los sacerdotes de Amón exiliados
tiempo atrás recuperaron el poder de sus antepasados.

Mientras tanto, Hesíodo escribe "Los trabajos y los días". Era un campesino beocio, y en su obra enseña la administración
de una granja. Su descripción de la Grecia de su tiempo, desde el punto de vista de un hombre humilde, es desoladora,
pero por estas fechas Grecia empezaba a salir de su edad oscura. Una de las zonas más prósperas a la sazón era la isla de
Eubea. Llegó a tener tal exceso de población que buena parte de ella tuvo que emigrar. La ciudad de Calcis llegó a fundar
en cien años hasta treinta colonias al norte del mar Egeo, en la que pasó a llamarse península Calcídica.

En el Peloponeso, la ciudad de Argos llegó a la cumbre de su poder bajo el rey Fidón. Su influencia sobrepasó la Argólida
y llegó hasta el oeste, e incluso hasta algunas islas próximas.

Israel vivía un periodo de esplendor bajo Jeroboam II, mientras que Judá progresaba bajo Ozías. Sin embargo, en Judá
había un conflicto interno, y era la rivalidad entre el rey y el sumo sacerdote. Desde los tiempos de David y Salomón, el
sumo sacerdote había estado supeditado al rey, pero el reinado y el derrocamiento de Atalía había dado alas al clero. Joás
y Amasías no consiguieron imponerse y fueron asesinados, y ahora Ozías luchaba también por reafirmar su autoridad.
Hasta trató de presidir los sacrificios en el templo, pero de algún modo fracasó. La versión de la Biblia (tal vez no muy
fiable) es que Ozías enfermó de lepra (por castigo divino, naturalmente), y un leproso no podía entrar en el templo.
Desde 749 su hijo Jotan actuó como regente.

En 748 murió Jeroboam II y su hijo Zacarías le sucedió en el trono de Israel, pero sólo reinó medio año, tras lo cual hubo
un golpe de estado al que siguieron unas semanas de conmoción. Finalmente fue hecho rey un general
llamado Menajem. Era año olímpico en Grecia. Los juegos anteriores los había organizado Élide, ciudad cercana a
Olimpia, pero en esta ocasión Argos consiguió arrebatarle la organización. Élide pidió ayuda a Esparta y así se inició una
enconada rivalidad entre Esparta y Argos. No se sabe muy bien lo que sucedió, pero Esparta debió de imponerse, pues a
partir de entonces Élide organizó casi ininterrumpidamente los juegos, y los registros de 748 fueron borrados. Desde
entonces, Argos se unió a todos los enemigos de Esparta y jamás participó en ninguna actividad en la que la conductora
fuera Esparta.

Desde la muerte de Salmanasar III, Asiria había sido gobernada por monarcas débiles, pero en 745 un general dio un
golpe de estado, con lo que puso fin a una dinastía que había gobernado el país durante mil años, desde que la fundara
Shamshi-Adad I. El nuevo rey adoptó el nombre de un gran conquistador asirio y pasó a ser Teglatfalasar III. Bajo su
mandato, Asiria resurgió. Empezó por reorganizar el Imperio. Ajustó la maquinaria administrativa e hizo a todos los
funcionarios responsables ante él. Creó un ejército profesional asalariado, que podía actuar constantemente, sin necesidad
de reclutar campesinos durante periodos limitados de tiempo. Esto requería dinero, para lo cual tuvo que saquear a los
pueblos tributarios. Luego pasó a ocuparse de pueblos circundantes. Los medos nómadas llevaban años campando a sus
anchas. Fueron perseguidos y sometidos a tributo. A continuación se dirigió al oeste.

Las naciones cananeas se coaligaron contra Asiria. La coalición estaba encabezada por Ozías de Judá, pero el intento fue
un fracaso y en 738 el ejército cananeo fue derrotado por Teglatfalasar III. Israel, Judá, Siria, Tiro y las demás ciudades
fenicias fueron sometidas a tributo. Ese mismo año murió Menajem de Israel, que fue sucedido por su hijo Pecajya.

Según la tradición griega, 738 fue también el año en que ocupó el trono de Frigia el rey Midas. Buena prueba de la
prosperidad de Frigia en esta época es la conocida leyenda griega según la cual Midas convertía en oro todo cuanto tocaba.

Volviendo a Israel, el rey Pecajya hizo cuanto pudo para contentar a Asiria, pero el pago del tributo exigía recaudar
muchos impuestos y el pueblo estaba descontento. Además en Judá había desde siempre un sentimiento de odio hacia los
extranjeros, lo que unido a una subestimación del poder asirio culminó con un golpe de estado en 736, que le dio el trono
a un general llamado Pecaj, que se apresuró a organizar una nueva coalición contra Asiria. No tardó en conseguir el apoyo
del rey Rezin de Siria, hijo de Benhadad III, pero tuvieron dificultades en convencer a Jotan (el hijo de Ozías, regente de
Judá). En 735 apareció en la vida pública de Judá el profeta Isaías, profeta en la línea reformista inaugurada por Oseas
años antes. Sin embargo, a diferencia de Oseas, Isaías era de familia aristocrática, por lo que tenía fácil comunicación con
el rey y los sacerdotes, y estaba en contra de una rebelión contra Asiria. Para complicar más las cosas, en 734 murió Ozías
y poco después murió también Jotan, con lo que el trono pasó a su hijo Ajaz. El nuevo rey estuvo de acuerdo con Isaías
y optó por la neutralidad de Judá en un hipotético enfrentamiento contra Asiria por parte de Israel y Siria.

Este mismo año los corintios fundaron la ciudad de Siracusa, al oeste de Sicilia. Se abría así un proceso de expansión de
Grecia por el Mediterráneo. La política de los griegos fue fundar colonias en zonas costeras adecuadas para el comercio.
Sus ciudades se especializaban en elaborar productos de artesanía con materias importadas que después intercambiaban
con tribus del interior, más primitivas, que les suministraban alimentos.

Mientras tanto, las fuerzas conjuntas de Siria e Israel invadieron Judá, en represalia por su negativa a integrarse en la
coalición antiasiria. No tuvieron dificultades en tomar todo el país. Los edomitas y los filisteos aprovecharon para
independizarse y Ajaz vio reducido su reino a los alrededores de Jerusalén. El rey pidió ayuda a Asiria y Teglatfalasar III
no tardó en responder. Sus ejércitos llegaron a Siria en 732 y la aplastaron sin dificultad. Con ello Siria desapareció para
siempre de la historia como nación independiente. Esta aniquilación se debió a que Teglatfalasar III empleó una política
mucho más astuta de la de sus predecesores. Mientras éstos trataron de contener a los pueblos sometidos mediante el
terror, Teglatfalasar III decidió realizar deportaciones en masa. Diseminaba la aristocracia de un pueblo entre otras
regiones lejanas, mientras que otros extranjeros eran llevados a ocupar el vacío dejado. Así logró borrar muchos
sentimientos nacionales, a la vez que creaba fricciones internas entre los antiguos habitantes de una zona y los recién
llegados, fricciones que consumían unas energías que de otro modo podrían haberse empleado contra Asiria. El caso fue
que los sirios se diseminaron por el imperio Asirio, y con ellos se llevaron su lengua, el arameo. Se trataba de una lengua
mucho más simple que el acadio, la lengua de Asiria, por lo que fue rápidamente adoptada por los mercaderes y se
convirtió en una especie de idioma internacional del Asia occidental. Con el tiempo desplazaría también al hebreo.

Israel sobrevivió a las represalias asirias, pero el reino de Pecaj se redujo a los alrededores de Samaria. El descontento
dio pie a un golpe de estado por el que fue proclamado rey el general Oseas, que logró la aprobación de Asiria
comprometiéndose a pagar el correspondiente tributo.
En 730 el rey nubio Pianji, sucesor de Kashta, conquistó el delta del Nilo, con lo que se convirtió en rey de un Egipto
unido de nuevo. Se le considera el primer rey de la XXV dinastía. En realidad pequeñas zonas del Bajo Egipto quedaron
bajo el control de reyes nativos, englobados en una XXIV dinastía.

En esta misma fecha surgió un conflicto en Grecia. Al oeste de Esparta, en el Peloponeso, se extendía la región
de Mesenia. Los dorios que se habían establecido en Mesenia se mezclaron con la población nativa, al contrario de lo
que sucedió en Esparta, por lo que los espartanos despreciaban a sus vecinos. No conocemos los detalles, pero en 730 se
inició la Primera Guerra Mesenia, con una invasión repentina por parte de Esparta. Tras algunos años de lucha, los
mesenios, conducidos por su rey Aristodemo, se vieron obligados a parapetarse en el monte Itome, un pico de unos 800
m de altura, donde resistieron algunos años más.

Mientras tanto Teglatfalasar III dirigía su atención hacia Babilonia, que ahora estaba gobernada por un rey caldeo. Cuando
éste murió marchó sobre la ciudad y se proclamó él mismo rey con el nombre de Pulu (tal vez su verdadero nombre). Esta
unión fue corroborada en los cielos como era habitual, de modo que el dios asirio Asur obtuvo la supremacía sobre el dios
babilónico Marduk.

Teglatfalasar III murió en 727 y fue sucedido por su hijo Salmanasar V. Egipto había observado con inquietud el
progreso de Asiria. Temía que en cualquier momento los asirios pudieran llegar a sus fronteras, así que se dedicó a apoyar
todo intento de rebelión contra el Imperio. La muerte del rey era el mejor momento posible para una rebelión, así que el
rey egipcio indujo a Oseas de Israel a rebelarse. Éste aceptó la propuesta y se negó a pagar el tributo pactado.
En 725 Salmanasar V puso sitio a Samaria.

LA CAÍDA DE ISRAEL
El rey asirio Salmanasar V se encontró con serios problemas para tomar Samaria. El asedio se prolongó infructuosamente
durante tres años. No sabemos bien lo que sucedió, pero tal vez un ejército acostumbrado a victorias fáciles se exasperó
ante las dificultades. El caso es que Salmanasar V fue depuesto y sustituido por un nuevo rey (quizá uno de sus generales),
que adoptó el nombre de Sargón II (que, como ya sabemos, significa "rey legítimo"). Samaria fue tomada finalmente
en 722. Sargón II se atribuyó la conquista, mientras que la Biblia la atribuye a Salmanasar V. Babilonia aprovechó el
cambio de monarca para rebelarse. Un noble caldeo se apoderó de la ciudad y se proclamó rey con el nombre de Marodac-
Baladán. Su reinado duró mientras Sargón II estuvo ocupado en otros puntos de su imperio.

El rey Oseas no sobrevivió a la caída de Samaria, y con él desapareció para siempre el reino de Israel. Sargón II siguió la
política de deportaciones iniciada por Teglatfalasar III, de modo que 27.000 personas tuvieron que abandonar Israel, entre
aristócratas, terratenientes y funcionarios. Fueron trasladados a más de 700 km de distancia, al extremo oriental de la
media luna fértil, donde perdieron su identidad al mezclarse con la población nativa. Para ocupar las regiones despobladas
se llevó allí deportados de otras regiones, que al mezclarse con la población nativa se convirtieron en los que en
generaciones posteriores fueron llamados samaritanos. Los samaritanos adoptaron el culto a Yahveh, así como las
tradiciones principales de los israelitas.

El poder de Sargón II llegó hasta la isla de Chipre, donde se han encontrado estelas erigidas por él. Mientras tanto, el
Mediterráneo estaba cada vez más transitado. Los fenicios potenciaron sus expediciones comerciales ante la necesidad
de reunir a tiempo el tributo que periódicamente les exigía Asiria. Los griegos les iban a la zaga. En 721 fundaron la
ciudad de Síbaris en el empeine de la "bota" italiana. Por aquel entonces ya había una colonia Griega en la península
itálica. Era Cumas, que según la tradición había sido fundada sobre el año 1000. Probablemente fue una colonia temprana
de Calcis, pero de ningún modo podía ser tan antigua. Fue el asentamiento más al norte que ocuparon los griegos.

Mientras tanto a Sargón II le surgieron problemas en su propia capital, Calach. Al parecer, la dinastía a la que él mismo
había derrotado contaba con mucho apoyo en la ciudad. Eligió un lugar al norte de Nínive y puso a trabajar
implacablemente a una legión de prisioneros de guerra en un proyecto monumental. Se trataba de una nueva capital, que
iba a llamarse Dur-Shakurrin (fuerte de Sargón) cuya planta era un cuadrado perfecto de más de kilómetro y medio de
lado. Sus ángulos estaban orientados exactamente según los puntos cardinales. Las obras comenzaron en 717.

Por esta época China estaba sufriendo transformaciones importantes. Los señores feudales se otorgaban ya el título
de reyes, y el monarca Cheu era ahora un emperador meramente nominal que ejercía una débil influencia en los
estados más cercanos a la capital, los Reinos del Centro. Algunos señoríos periféricos se aliaron ocasionalmente con
pueblos bárbaros y aumentaron su poder hasta eclipsar el de la monarquía Cheu. Destacaron cinco reinos, conocidos como
los cinco supremos: Qin, Jin, Qi, Chu y Song. En los siglos siguientes serían los auténticos protagonistas de la política
china. Pese a ello, los Reinos del Centro se negaban a admitir la situación. Para ellos el rey Cheu era considerado el Hijo
del Cielo y su dominio era "Todo bajo el Cielo". China era una isla rodeada por bárbaros y por "los cuatro mares". El
estado más poderoso era Qi, pues tenía el ejército más fuerte y contaba con riquezas naturales. El estado monopolizó la
extracción del hierro y de la sal.

Según las leyendas romanas, Rómulo reinó hasta 716, tras lo cual desapareció (al parecer porque los dioses lo llevaron
consigo, convertido en el dios Quirino) y fue sucedido por el sabino Numa Pompilio, el segundo rey de Roma (tal vez
en realidad fue el primero). La tradición dice que Numa instituyó la religión romana, si bien ésta era esencialmente la de
los etruscos y los sabinos. Por ejemplo, Quirino era el dios sabino de la guerra, equivalente al dios
latino Marte. Posteriormente los romanos identificaron sus dioses con los dioses griegos, con lo que trasvasaron
directamente a su mitología todas las leyendas griegas. Así, Zeus se identificó con el principal dios romano, Júpiter, sus
hermanos Poseidón y Efesto se identificaron con Neptuno y Plutón. El dios de la guerra Ares se identificó con Marte, la
diosa de la belleza Afrodita con Venus, etc. Durante un tiempo, los mitos sobre los dioses griegos fueron más conocidos
a través de sus equivalentes romanos. No obstante, algunos dioses romanos no hallaron un equivalente entre los griegos.
Aparte de que cada familia tenía sus propios dioses menores como protectores, estaba, por ejemplo, Jano, dios de las
puertas y, por extensión, de las entradas y salidas, de los cambios. Había un templo en Roma dedicado a Jano cuyas
puertas se cerraban únicamente en tiempos de paz. Dichas puertas estuvieron cerradas durante el reinado de Numa, pero
una muestra de la trayectoria posterior de Roma es que en los siete siglos siguientes las puertas del templo de Jano sólo
estuvieron cerradas cuatro veces, y ello por cortos periodos de tiempo.

La máxima autoridad religiosa en Roma era el Pontifex Maximus. Es interesante que Pontífice significa literalmente
"constructor de puentes". Tal vez aquí encontramos un vestigio de una antigua cultura palafítica, esto es, de viviendas
construidas sobre el agua a modo de protección, en la que el cuidado y la vigilancia de los puentes era una cuestión vital
encomendada a los sacerdotes.
También se atribuye a Numa Pompilio una modificación del calendario. El calendario primitivo de los latinos contaba
con diez meses lunares, de los cuales sólo los cuatro primeros tenían nombre propio: Martius (dedicado a
Marte), Aprilis (el mes en que se abren las flores), Maius (dedicado a la diosa Maya), Iunius (dedicado a la diosa Juno, la
esposa de Júpiter, identificada con Era). Los siguientes se enumeraban: Quintilis, Sextilis, September, October,
November y December. Al parecer, fue Numa quien añadió dos meses más: Ianuarius (dedicado a Jano) y Februarius (el
mes de unas fiestas llamadas Februa). El número de días de cada mes sufrió algunas variaciones a lo largo de la historia,
pero el año tenía 354 días (que hacen un total de 12 ciclos lunares completos). Para ajustar el año a los ciclos estacionales
faltaban 11 días, que se añadían normalmente en bloques de 22 días cada dos años, pero la decisión correspondía al
Pontifex Maximus y había cierta flexibilidad.

En 715 unos colonos procedentes de Calcis fundaron Zancle en Sicilia. Ese mismo año murió el rey Ajaz de Judá, que
fue sucedido por su hijo Ezequías. Su política fue compleja, pues pagaba tributo a Asiria, pero no dejaba de oponer
resistencia a dicha dominación. La principal arma de Ezequías fue la religión. Siguiendo la forma de pensar común de la
época, los asirios daban por sentado que su dios Assur era más poderoso que Yahveh, pues sólo así se explicaba que los
judíos estuvieran postrados ante Asiria. Por consiguiente, esperaban que los judíos adorasen a Assur con el debido respeto.
En cambio, Ezequías fomentó el culto a Yahveh, trató de eliminar otros cultos, centralizando así en el templo todo el
sentimiento religioso de su pueblo. Los sacerdotes difundieron y modelaron las antiguas historias sobre el cautiverio en
Egipto y la forma en que Yahveh liberó a su pueblo, fomentando así la esperanza de una nueva liberación. Los primeros
libros de la Biblia empezaron a tomar su forma actual en esta época. Por otra parte, Ezequías fortificó y aprovisionó varias
ciudades, construyó una canalización de agua para abastecer a Jerusalén y consiguió financiación de Egipto. Sólo faltaba
encontrar la ocasión adecuada para sublevarse.

Por esta época, la región comprendida entre el mar Negro y el mar Caspio estaba ocupada por los cimerios, que al parecer
eran una tribu escita. Otras tribus escitas iniciaron un proceso de expansión, y los cimerios huyeron hacia el sur, a través
del Cáucaso. Siguieron las rutas que habían seguido anteriormente los hititas, los hurritas y los arios, pero tuvieron menos
suerte, pues se encontraron con el poderoso Imperio Asirio. En realidad primero se encontraron con el maltrecho reino
de Urartu, y apenas empezaron a acosarlo por el norte cuando Sargón II se lanzó sobre él por el sur. En su campaña,
siguiendo la tradicional política asiria de terror, Sargón II destruyó el sistema de irrigación de Urartu, lo que supuso un
duro golpe para la tierra, pues reconstruirlo suponía una tarea de años. Por otra parte, el rey admiró el sistema de acequias
subterráneas y llevó la idea a Asiria, de donde se difundió por el mundo antiguo en general. En 714 Urartu capituló
definitivamente ante Asiria, aunque sus reyes conservaron su poder (siempre como tributarios de Asiria). Juntas, Urartu
y Asiria se enfrentaron a los cimerios y los expulsaron de la Media Luna Fértil. A continuación Sargón II pudo por fin
ocuparse de Babilonia. El rey caldeo Marodac-Baladán fue depuesto y enviado al exilio en 711.

En 710 se fundó Crotona, unos 80 Km. al sur de Síbaris. Síbaris y Crotona mantuvieron desde siempre una enconada
rivalidad. Este mismo año Esparta logró la capitulación de Mesenia en la guerra que libraban contra dicha región desde
hacía 20 años. Encolerizados por tanta resistencia, los espartanos convirtieron en ilotas a los mesenios. También en esta
fecha, el rey egipcio Pianji fue sucedido por su hermano Shabaka, que trasladó la capital de la lejana Napata hasta Tebas.

Por esta época Etruria se estaba convirtiendo en una de las grandes potencias del Mediterráneo, junto a los griegos y los
fenicios. Etruria era (y sigue siendo) una de las regiones más fértiles de Italia, así que no es extraño que los etruscos se
dieran pronto al comercio. Hubo grandes contactos e intercambios culturales. Así, los etruscos adaptaron a su lengua el
alfabeto griego (alfabeto que éstos habían adaptado a su vez del fenicio). Las primeras inscripciones etruscas conocidas
datan de estas fechas. Así mismo recibieron influencias religiosas. Las ideas etruscas sobre el Averno que les aguardaba
tras la muerte eran muy similares a las griegas. Paulatinamente fueron imitando el arte griego. En arquitectura llegaron a
aventajar a los griegos, pues los etruscos sabían construir arcos que reducían el número de columnas necesarias para
sostener una construcción.

Se han encontrado restos etruscos en Campania, la región de Italia situada al sur del Lacio, donde se encontraba la colonia
griega de Cumas. De aquí se infiere que los etruscos navegaban por las costas de Italia. De hecho, también fundaron
colonias en la isla de Cerdeña. Los griegos distinguían claramente entre pueblos bárbaros y civilizados. No cabe duda de
que a los etruscos los tenían entre los segundos. Un hecho notable es la imagen que los griegos, y más tarde los romanos,
tenían de las mujeres etruscas. Por ejemplo, Teopompo de Quíos (en el siglo IV a.C.) escribe:

Entre los tirrenos es costumbre arraigada que las mujeres sean propiedad común. Éstas prestan mucha atención al
cuidado de su cuerpo y hacen ejercicio desnudas, a menudo con hombres y en ocasiones entre ellas. No comen con sus
maridos, sino con quien se encuentren por azar en ese momento, y beben a la salud de quien quieren, pues son grandes
bebedoras y muy bellas. Los tirrenos crían a todos los niños que vienen al mundo sin saber de qué padre procede cada
uno.
Al parecer, nada de esto tiene fundamento. El origen de esta imagen parece deberse al desconcierto que en griegos y
romanos producía la posición social y la independencia de que gozaban las mujeres etruscas, similar a la de las mujeres
de los países civilizados de hoy en día. Las mujeres griegas nunca salían de casa por placer, y cuando tenían que salir lo
hacían bien cubiertas para no llamar la atención de los hombres y carecían de instrucción y de iniciativas. En Atenas la
costumbre era que comieran aparte, sin participar en las conversaciones de los hombres. Plutarco cuenta que en Mileto
hubo en una ocasión una racha de suicidios femeninos, signo de la frustrante vida que llevaban las mujeres. Por cierto,
que las autoridades resolvieron el problema decretando que las víctimas serían exhibidas desnudas en público. Por el
contrario, las mujeres etruscas participaban en todos los aspectos de la vida social. Una diferencia frente a las mujeres
romanas era que tenían nombre propio. En efecto, un ciudadano romano como Numa Pompilio tenía dos nombres:
Numa era su nombre propio, mientras que Pompilio era el nombre de su familia. Las mujeres, en cambio, tenían sólo el
nombre familiar. Si Numa hubiera tenido una hija, se habría llamado irremisiblemente Pompilia, y si hubiera tenido otra
más le habrían improvisado una forma de llamarla lo más simple posible. En cambio, Clelia, Ati, Larthia, son ejemplos
de nombres propios de mujer etrusca, algo prácticamente desconocido en Roma. Por último, las inscripciones funerarias
muestran que cada difunto conocía perfectamente su árbol genealógico.

Al terminar la Primera Guerra Mesenia, Esparta se lanzó al mar como sus vecinos. En 707 fundó Tarento, que llegó a
convertirse en la ciudad griega más importante de Italia. Por esas fechas terminaba la construcción de la que había de ser
la nueva capital de Asiria. El "fuerte de Sargón" era una ciudad magnífica, con un zigurat de siete pisos, muchos templos
y un palacio para Sargón II con una extensión de 100.000 metros cuadrados. Además había una biblioteca en la que el
rey reunió las tablillas cuneiformes que contenían la antigua literatura mesopotámica.

En realidad Sargón II no llegó a habitarla, pues los cimerios rechazados en el norte de Asiria se desviaron hacia el oeste
e invadieron Asia Menor, donde los frigios, ahora también tributarios de Asiria, no eran capaces de contenerlos. El rey
tuvo que acudir a marchas forzadas y en 705 murió en una batalla contra los nómadas.
Sargón II fue sucedido por su hijo Senaquerib. La sucesión trajo consigo los habituales disturbios, por lo que los frigios
tuvieron que arreglárselas por sí mismos contra los cimerios. Edom había acogido al rey caldeo Marodac-Baladán y ahora
le estimuló a recuperar su trono. Senaquerib tuvo que descender a poner orden en Babilonia.

Por alguna razón, Senaquerib no quiso ocupar la ciudad construida por su padre, que nunca fue habitada. En su lugar,
eligió Nínive como capital. Nínive siempre había sido una ciudad importante del Imperio Asirio, pero nunca había sido
la capital. Senaquerib la reconstruyó desde sus cimientos, la dotó de un gran acueducto que garantizaba el suministro de
agua y se edificó un gran palacio de 80 habitaciones.

Mientras tanto, el rey Ezequías de Judá había aprovechado también la sucesión asiria para llevar a la práctica sus proyectos
de rebelión. En alianza con Fenicia, los filisteos y Egipto, se negó a pagar el tributo. En 701 Senaquerib pudo dejar
Babilonia y enviar un ejército a Canaán. Las ciudades fenicias fueron asoladas, y el rey de Tiro tuvo que huir a las colonias
fenicias de Chipre. Tras varios años en que el único apoyo de Egipto a Canaán había sido monetario, el rey Shabaka
consideró que ya se hacía necesario intervenir militarmente, así que envió a su sobrino Taharka contra Senaquerib. El
encuentro se libró en territorio filisteo y los asirios vencieron sin dificultad. Luego Senaquerib se dirigió a Judá y tomó
todas sus ciudades excepto Jerusalén, a la que puso sitio. Los egipcios atacaron de nuevo y fueron nuevamente rechazados,
pero el ejército asirio se debilitó. Además, Senaquerib debió de recibir noticias de una rebelión en Babilonia, y Babilonia
era sin duda mucho más importante de Jerusalén, por lo que no podía permitirse un largo asedio. Así pues, llegó a un
acuerdo con Ezequías, que se comprometió a seguir pagando el tributo y el rey asirio se marchó.

LA GRECIA CLÁSICA
Los historiadores toman la instauración de los Juegos Olímpicos como fecha de inicio del "Periodo Helénico" en el que
Grecia alcanzó su máximo esplendor. Pero el resurgir de Grecia fue, naturalmente, un proceso gradual, y es a partir
del siglo VII cuando la recuperación se hizo realmente palpable. Entre la heterogeneidad de las polis griegas, había dos
que llaman especialmente la atención. Por una parte la belicosa Esparta, que había demostrado su tesón y su fuerza en la
larga guerra de veinte años contra Mesenia. En un extremo contraste con ella estaba Atenas.
Atenas fue pionera en un proceso que poco a poco iría afectando a la mayoría de las polis: la decadencia de la monarquía.
En una ciudad pequeña y austera, un rey no era muy diferente de otros nobles ni podía acumular mucha autoridad. Esto
facilitó la experimentación de formas de gobierno alternativas. Atenas carecía de rey desde hacía mucho tiempo. Según
la última tradición, su último rey fue Clodro, que en tiempos de las invasiones dorias luchó por mantener libre a Atenas.
Un oráculo predijo que vencería aquel ejército cuyo rey muriese primero, por lo que Clodro decidió dar su vida para que
Atenas siguiera siendo jónica. Los atenienses decidieron que un rey tan bueno no podía tener sucesor, pues ninguno estaría
a su altura. A partir de entonces Atenas fue gobernada por un Arconte, (que en griego significa algo así como
"presidente"). Al principio el cargo era vitalicio y pasaba de padre a hijo a partir de los descendientes de Clodro (o sea,
el arconte era un rey), pero luego se estipuló una duración de diez años para el arcontado, así como que éste no tenía por
qué pasar necesariamente de padres a hijos, pero sí conservarse dentro de la nobleza. Evidentemente la historia del origen
del arcontado es falsa, pero lo cierto es que de un modo u otro Atenas había pasado a un sistema de gobierno diferente de
la monarquía usual.

Mientras Esparta imponía su autoridad sobre el Peloponeso por la fuerza de sus hoplitas, Atenas logró la supremacía
sobre el Ática por procedimientos exclusivamente políticos. Lentamente fue absorbiendo a las poblaciones vecinas, en el
sentido de que todos los habitantes del Ática eran considerados atenienses aunque no hubieran nacido ni habitaran en la
ciudad. Este proceso de unificación del Ática terminó en 700, cuando se incorporó Eleusis, ciudad situada al noroeste del
Ática.

En Eleusis se practicaban unos ritos que en muchos aspectos fueron más importantes que la religión oficial griega, la de
los dioses del Olimpo, que había sido modelada en gran parte a gusto de los grandes señores, pero aportaba poco al
hombre común. Los Misterios Eleusinos eran probablemente un resto de la religión arcaica de Grecia. Los iniciados tenían
prohibido revelar nada sobre ellos bajo pena de muerte. Estaban relacionados con ciertos dioses agrícolas, con el grano
que muere en otoño pero deja una semilla que le hace renacer en primavera. Al principio debieron de ser ritos para
garantizar buenas cosechas, pero más tarde se aplicaron sus principios de muerte y resurrección a los hombres, de modo
que quien participaba en los ritos moriría y resurgiría otra vez en otro mundo. La religión olímpica, en cambio, sólo
ofrecía a los muertos un Averno desolador.
Al norte de Grecia había cinco regiones diferenciadas: Al noroeste estaba Iliria, que permanecería lejos del contacto con
la civilización durante siglos, salvo la presencia de algunas colonias griegas en su costa. Al sur de Iliria
estaba Épiro, habitada desde los tiempos de Homero por diversos pueblos grecohablantes en los que sólo se encuentran
pequeños vestigios de la cultura griega, como el culto a Zeus. En esta época los preponderantes eran los Tesprotas. Al
este de Iliria y Épiro estaba Macedonia, ocupada en un principio por pueblos tracios, pero unas tribus que descendieron
del monte Pindo los expulsaron hacia el este y se organizaron en una monarquía cuyo primer rey fue Perdicas I. Éste
construyó la ciudad de Egas y la convirtió en la capital de Macedonia. Al sur de Macedonia estaba Tesalia, una región
fértil y llana que había gozado de cierta notoriedad en la época micénica. Es la única zona de Grecia lo suficientemente
llana como para que los caballos tengan utilidad en las batallas. Por ello fue cuna de buenos jinetes. Los mitos griegos
sitúan a los legendarios centauros en Tesalia, probablemente un recuerdo de los primeros encuentros de los griegos del
sur con los jinetes tesalios. Según la tradición, un rey llamado Alevas organizó el territorio en
cuatro tetrarquías confederadas, dirigidas conjuntamente en tiempos de guerra por un único líder llamado tagos. Por
último, al este de Macedonia, sobre la costa norte del Egeo, estaba Tracia, región que ya había empezado a alojar
numerosas colonias griegas, especialmente en la península calcídica.

Mientras tanto, Judá acababa de librarse por poco de la destrucción total. Senaquerib dejó entera a Jerusalén, si bien
Jerusalén fue lo único que quedó entero en Judá. En 697 el rey Ezequías, cansado y deshonrado, delegó el gobierno en su
hijo Manasés. Mientras tanto Senaquerib se preparaba para un ataque definitivo contra Babilonia. Comprendió que el
reino de Elam era responsable en gran parte de las rebeliones periódicas de Babilonia, pues había adoptado como forma
de defensa el ayudar a todos los rebeldes babilónicos para que mantuvieran ocupados los ejércitos asirios. Así que decidió
atacar primero a Elam, pero no a través de Babilonia, lo que haría llegar a sus ejércitos debilitados, sino mediante un
ataque inesperado por mar. Construyó secretamente una flota, para lo que recurrió a los fenicios y tal vez a los griegos.
Es posible que este fuera el primer contacto de los griegos con Asiria y el origen de las leyendas sobre Nino y Semíramis.
La flota descendió por el Éufrates, pasando junto a Babilonia sin detenerse y desembarcando en Elam. Sin embargo, los
elamitas respondieron al inesperado ataque de forma igualmente inesperada: dejaron en el país una mínima defensa
mientras el grueso de su ejército huyó a Babilonia, para unirse allí con los rebeldes y amenazando con incomunicar al
ejército asirio.
Esta jugada debió de provocar la cólera de Senaquerib. Hasta entonces, Asiria había sido relativamente respetuosa con
Babilonia. Sin duda, la ciudad tenía una tradición cultural que impresionaba a los asirios. Aunque Asiria superaba sin
duda alguna a Babilonia en cuanto a poderío militar, tanto asirios como babilonios reconocían la superioridad cultural de
Babilonia, pero ahora Senaquerib ya no estaba dispuesto a reconocer nada. En 689 se abrió paso hasta Babilonia, arrasó
sus canales, derribó los diques, llenó las acequias del barro de las casas que hizo abatir desviando el Éufrates, destruyó
incluso los templos y se llevó a Asiria la estatua del mismo Marduk.

En 687 murió Ezequías y su hijo Manasés ocupó el trono. Su política fue la de una total sumisión a Asiria. Pagó
puntualmente el tributo, fomentó el culto a los dioses asirios y se opuso al culto a Yahveh, cuyos partidarios continuaban
propugnando la rebelión contra el yugo asirio. Naturalmente, esto le hizo blanco de toda suerte de descalificaciones en la
Biblia. Pese a ello, el reinado de Manasés fue un periodo de paz para Judá.

El mismo año en que murió Ezequías surgió un nuevo reino en Asia Menor. Se trataba del reino de Lidia. Los lidios eran
una tribu que había estado bajo el dominio frigio y que lucharon junto a ellos contra los cimerios. Ahora habían encontrado
un general capaz llamado Giges, que fundó el nuevo reino y continuó la lucha contra los nómadas invasores.

En 685 el duque Huan se convirtió en el señor del estado chino de Qi. Por esta época nuevos pueblos bárbaros
amenazaban a China: las tribus de Man e I al sur y las de Jung y Ti al norte. Se trataba de pueblos seminómadas que
compartían los rasgos fundamentales de la cultura china, por lo que "bárbaros" ha de ser entendido simplemente como
"extranjeros".

Mientras tanto, colonizadores griegos llegaron hasta el estrecho del Bósforo y fundaron una ciudad en la costa asiática a
la que llamaron Calcedonia, por las minas de cobre que había en sus cercanías. Ese mismo año, la opresión que Esparta
infligía a Mesenia se hizo tan insufrible que los mesenios se alzaron de nuevo en armas, dirigidos por Aristómenes, dando
así comienzo a la Segunda Guerra Mesenia. Poco después Atenas modificaba ligeramente su sistema de gobierno.
En 683 el arconte dejó de ser el gobernante absoluto. La ciudad pasó a estar gobernada por nueve hombres elegidos
anualmente entre los nobles. Uno de ellos era el arconte, que daba nombre al año, pero también estaba el polemarca, que
gobernaba el ejército, otro ejercía de sumo sacerdote, y así las tareas de gobierno se distribuían entre los nueve. Además
surgió el Areópago, un consejo de nobles que actuaba como tribunal supremo.

En 681 Huan, el señor de Qi, negoció una alianza con Song, Lu, y otros estados chinos periféricos, a la que paulatinamente
se fueron incorporando nuevos miembros, preocupados por las incursiones bárbaras.

Entre tanto, el rey asirio Senaquerib fue asesinado en una conjuración organizada por sus dos hijos mayores. No
conocemos los detalles, pero algo debió de salir mal, pues ambos se vieron obligados a huir a Urartu, donde reclutaron
un ejército. Otro hijo del rey asesinado reclamó el trono y consiguió el respaldo de la nobleza. Se llamaba Asarhaddón, y
no tuvo dificultad en derrotar a sus hermanos. Su política fue radicalmente diferente a la de sus antecesores. Inició la
reconstrucción de Babilonia, una tarea que le llevó años. Llegó a un acuerdo de paz con Elam, el cual se comprometió a
no fomentar más rebeliones en Babilonia. Con Judá no tuvo problemas, pues Manasés no dejó de pagar el tributo
convenido. En 679 tuvo que dirigir una campaña contra los cimerios, que ante la presión de los escitas volvieron a penetrar
en Urartu. Asarhaddón los derrotó, pero a la vez trató de llegar a un acuerdo con ellos, el cual fue sellado, según era
habitual, incorporando a su harén una de sus princesas.

El rey asirio tomó medidas para que su propia sucesión no pusiera en peligro el poder asirio, como había ocurrido con las
sucesiones precedentes. Tenía dos hijos adultos y no estaba dispuesto a pasar por traiciones o intentos de asesinato que
pudieran terminar en una guerra civil. Eligió a su hijo menor como sucesor y obligó a toda la nobleza a jurarle fidelidad
como futuro rey. A su hijo mayor lo nombró virrey de Babilonia.

Finalmente a Egipto le tocó el turno de enfrentarse a Asiria. El rey actual era Taharka, el que había dirigido el ejército
egipcio contra Senaquerib mientras sitiaba Jerusalén. Asiria era consciente de las mil intrigas que Egipto había urdido en
los últimos años, y ahora estaba dispuesta a pedirle cuentas. En 675 Asarhaddón envió una expedición a Egipto que,
contra todo pronóstico, Taharka supo rechazar.

En 673 dice la tradición que murió el segundo rey de Roma, el sabino Numa Pompilio. Su sucesor fue Tulo
Hostilio. Hasta entonces Roma ocupaba tres colinas: los montes Palatino, Capitolino y Quirinal. El nuevo rey la extendió
al monte Celio edificando allí su palacio. El poder del rey no era absoluto, sino que era aconsejado por el Senado, una
asamblea de cien ancianos, representantes de los diversos clanes que componían la ciudad.

En 671 Asarhaddón pudo enviar de nuevo a Egipto un ejército mayor y mejor equipado que el anterior. Tomó Menfis y
el Delta, mientras Taharka se vio obligado a retroceder hacia el sur. En 669 Babilonia estaba completamente reconstruida
y recuperó su esplendor.

Mientras tanto Esparta seguía enzarzada en la Segunda Guerra Mesenia, que ya duraba 17 años. Argos debió de pensar
que era un buen momento para atacar a Esparta y efectivamente ganó una batalla, pero no pudo sacar mucho partido, pues
al año siguiente, en 668, Esparta pudo derrotar finalmente a los mesenios. Su caudillo Aristómenes y un grupo de aliados
tuvo que abandonar su patria, mientras Mesenia quedaba postrada una vez más ante Esparta. Fueron acogidos en la ciudad
de Zancle, en Sicilia, donde un poco después se hicieron con el poder y le cambiaron el nombre por el de Messana, en
honor a su tierra de origen.

El mismo año en que terminaba la Segunda Guerra Mesenia murió el rey asirio Asarhaddón, mientras marchaba a Egipto
en una tercera campaña. Tal y como había sido dispuesto, fue sucedido por su hijo menor, Asurbanipal. Bajo su reinado
Nínive llegó a su apogeo. Su población alcanzó los 100.000 habitantes y sus caravanas comerciales llegaban hasta la
India. Asurbanipal había recibido una esmerada educación, y se interesó por la cultura babilónica. Construyó una inmensa
biblioteca en su palacio en la que catalogaba cuidadosamente ejemplares de cuantas tablillas cuneiformes interesantes
llegaban a sus manos. Gran parte de los conocimientos que tenemos de Mesopotamia se deben a esta biblioteca.

En 667 la alianza de estados chinos que había promovido Huan se convirtió en una confederación de todos los estados
periféricos liderada por el propio Huan. Los estados de la confederación dejaron de considerarse bárbaros, y se incluyeron
entre los reinos del centro, que reconocían formalmente la autoridad Cheu. La capital se trasladó a la ciudad de Yong, más
hacia el este. La supremacía de Huan se debió en gran parte a la eficiencia de su primer ministro Kuan Tsong, que realizó
notables reformas económicas y fiscales. Entre otras cosas, introdujo en China el uso de monedas. A pesar de la
confederación, las incursiones bárbaras seguían produciéndose. Algunos estados más alejados se aliaron con los bárbaros
y aumentaron su poder. Entre ellos estaban Wu y Yue.
Entre tanto Roma se vio enfrentada a la que hasta entonces era considerada la mayor potencia del Lacio: la ciudad de
Alba Longa. Los detalles están envueltos en la leyenda. Según los historiadores romanos Roma y Alba convinieron en
sustituir una eventual batalla por un duelo de tres hombres contra tres hombres, con el compromiso de acatar los
resultados. Los romanos eligieron a tres hermanos de la familia de los Horacios, mientras que los albanos escogieron a
tres hermanos de la familia de los Curiacios. Dos de los Horacios murieron, pero el tercero echó a correr y fue perseguido
por los otros. Entonces se detuvo y luchó con ellos uno a uno, a medida que llegaban a él, y los mató a los tres. Alba
aceptó el resultado, pero poco después aprovechó una ocasión para rebelarse, con lo que en 665 fue tomada y destruida
por Roma. En resumen, que Roma acabó de un modo u otro con la hegemonía albana y se inventó una leyenda para
demostrar que su conducta fue justa.

En 661 Asurbanipal dirigió una nueva campaña contra Egipto. Esta vez llegó hasta Tebas y la saqueó, con lo que puso
fin a la dinastía de reyes nubios. Éstos continuaron reinando en Nubia mil años más, pero su civilización declinó pronto.
Asurbanipal nombró virrey de Egipto a Necao, un príncipe del Bajo Egipto que había sido prisionero de guerra durante
algunos años, con lo que conocía bien a Asiria y sabía lo peligroso que era rebelarse contra ella.

En 660 una expedición griega fundó una ciudad en la parte europea del Bósforo, enfrente de Calcedonia. Se
llamó Bizancio. Según la tradición, el nombre procede de Bizas, que era el jefe de la expedición, pero los griegos eran
muy dados a inventar personas que daban nombre a pueblos o ciudades. Calcedonia y Bizancio se hallaban en la situación
de privilegio en que antes había estado Troya, pues podían regular a su antojo el comercio con el mar Negro (o el Ponto
Euxino, como lo llamaban los griegos), que cada vez era más floreciente. A partir de esta fecha, las costas del mar Negro
fueron poblándose con más y más colonias griegas.

Ahora nos encontramos con un precedente de un fenómeno que iba a ser común en las ciudades griegas de los años
posteriores. Cuando una ciudad pequeña, como lo eran todas las polis griegas, alcanza un cierto nivel de prosperidad, el
pueblo podía ejercer mucha presión sobre un gobernante ineficaz, y algunos hombres carismáticos podían canalizar la
insatisfacción del pueblo para hacerse con el poder, lo cual ahora (antes no) suponía un ascenso social significativo. Así
empezaron a surgir los tiranos, palabra que designaba simplemente a alguien que asumía el poder sin ninguna clase de
respaldo dinástico, nobiliario o religioso, sin las connotaciones negativas que hoy tiene esta palabra para nosotros. Así,
en 655, Cipselo se hizo con el poder en Corinto.

Por estas fechas murió Necao, el gobernador de Egipto nombrado por los asirios, y su hijo Psamético ocupó su lugar.
Compró mercenarios lidios y con su ayuda plantó cara a las guarniciones asirias destacadas en Egipto. Al mismo tiempo,
Asurbanipal recibió la petición de auxilio de los principados de Asia Menor, que sufrían de nuevo los ataques de los
cimerios. Decidió atender antes este asunto, con lo que combatió una vez más al lado del rey lidio Giges contra los
nómadas. Entre ambos consiguieron abatir a los cimerios, pero Giges murió en la lucha, en el año 652. Este mismo año
Psamético había expulsado definitivamente a los asirios de Egipto y fue convertido en Psamético I, el primer rey de
la XXVI dinastía. Estableció la capital en Sais, al oeste del Delta. Por ello su dinastía es también conocida
como saítica. Asurbanipal no pudo ocuparse de él porque al mismo tiempo le surgió un problema mucho mayor. Elam
había vuelto a su antigua política de intrigas y había convencido al hermano del rey, que gobernaba Babilonia, a que se
rebelara, con lo que Asiria se vio envuelta en una guerra civil.

LA CAÍDA DE ASIRIA
En la segunda mitad del siglo VII el mundo civilizado vio muchos cambios. En la India empiezan a reaparecer las
ciudades, extinguidas desde la invasión aria. Egipto parecía haber vuelto al pasado. Bajo el gobierno de Psamético
experimentó una renovación económica y un renacimiento artístico. Los tiempos de los constructores de las pirámides
fueron ensalzados, se estudiaron los rituales religiosos que se describían en las tumbas antiguas, se recordaron los clásicos
literarios del Imperio Medio y se repararon los daños causados en Tebas por los asirios. Sin embargo, Egipto no contaba
ya con buenos soldados, y éstos eran ahora más necesarios que nunca. Psamético contrató hoplitas griegos mercenarios y
los instaló en guarniciones al este del Delta, para prevenir un posible ataque asirio. Las continuas luchas entre las diversas
polis griegas habían hecho de los hoplitas unos guerreros muy eficientes, tal vez los mejores soldados de la época. Por
eso muchos de ellos encontraron como forma de ganarse la vida el ofrecer sus servicios a otras ciudades o naciones.

También Esparta cambió radicalmente tras su experiencia en las dos largas guerras contra Mesenia. La ciudad entera se
convirtió en un cuartel. Los niños eran examinados al nacer para ver si eran lo suficientemente robustos. Si no lo eran se
les abandonaba para que murieran. A los siete años se les separaba de sus madres y se les criaba en una especie de
academia militar, donde aprendían a soportar el frío y el hambre, el cansancio y el dolor. Tenían que saber luchar, cumplir
órdenes ciegamente y morir antes que retirarse.

Los espartanos adultos comían en una mesa común, a la que cada uno llevaba su parte, y todos contribuían con lo que
producían sus tierras con el trabajo de sus ilotas. La comida era austera (los griegos de otras ciudades decían que
vomitiva). El arte, la música y la literatura fueron erradicados de Esparta. Hasta la oratoria fue mal vista desde entonces.
Aún hoy usamos la palabra lacónico para referirnos a la parquedad de palabras que fue característica en Laconia a partir
de entonces, en contraposición con el gusto por la dialéctica de que los demás griegos siempre hicieron gala. Esparta
abandonó todo interés por el comercio o la colonización y se concentró en ser la ciudad más poderosa del Peloponeso y,
con el tiempo, de toda Grecia. En siglos posteriores, los espartanos decían que las leyes que configuraban su modo de
vida, la constitución espartana, habían sido implantadas por Licurgo en el año 850 a.C., pero esto es falso: hasta
el 650 Esparta contaba con músicos y poetas. Fueron las guerras mesenias las que hicieron triunfar al militarismo en la
ciudad. Probablemente Licurgo jamás existió.

En el reino de Lidia surgió una innovación. El gobierno empezó a emitir pepitas de oro con un sello que garantizaba su
valor, de modo que podían ser usadas cómodamente en las transacciones comerciales. Eran las primeras monedas. Los
comerciantes griegos adoptaron la idea. Al parecer, la primera ciudad que usó este sistema de cambio fue Egina, una
pequeña isla situada en el golfo formado entre el Ática y la Argólida. El uso del dinero la enriqueció, y otras ciudades-
estado se apresuraron a imitarla.

Etruria vivía su época de mayor esplendor. Por esta época, las ciudades etruscas empezaron a rodearse de sólidas murallas,
construidas con rocas cuidadosamente unidas sin cemento. No se sabe si para protegerse de enemigos exteriores o para
protegerse unas de otras. Los griegos los tenían por guerreros valerosos. Su influencia se extendía bastante más allá de
sus fronteras por tierra y por mar. Por esta época se refuerza su presencia en la Campania, al sur del Lacio, que se veía
así rodeado por los etruscos, al norte y al sur.
Asiria, en cambio, vivía un momento delicado. El ejército de Asurbanipal tuvo que enfrentarse al de su hermano en
Babilonia. En 648 éste se vio acorralado y se suicidó. El rey asirio comprendió que Elam estaba detrás de todos los
problemas que ocasionaba Babilonia, así que emprendió una campaña contra dicho reino.

En 643 murió Huan de Qi, lo que permitió a otros estados chinos competir por la hegemonía. El estado de Chu se extendió
hacia el norte.

En 642 murió el rey Manasés de Judá, y fue sucedido por su hijo Amón, que continuó la política de su padre de total
sumisión a Asiria.

En 641 murió Tulo Hostilio, el tercer rey de Roma, y el Senado Romano eligió como rey al nieto de Numa Pompilio,
cuyo gobierno siempre fue gratamente recordado por los romanos. El cuarto rey se llamaba Anco Marcio. Según la
tradición, Anco Marcio llevó a Roma nuevos colonos que contribuyeran al crecimiento que estaba experimentando la
ciudad. Los alojó en el monte Aventino, que pasó a ser la quinta colina de Roma. Sin embargo, los recién llegados no
llegaron con igualdad de derechos. No se les permitió enviar representantes al Senado ni ocupar cargos públicos. Los
senadores eran llamados también patricios, porque eran como padres que dirigían la gran familia que era la ciudad. Por
extensión, la palabra se aplicó también a las familias de los senadores, en oposición a los recién llegados, que fueron
llamados plebeyos. Los patricios se agrupaban en grandes familias, llamadas gentes, que veneraban a un antepasado
común. Junto a ellas vivían los clientes, pobres o antiguos esclavos que buscaban la protección del pater familias, o jefe
de la familia.

En 640, tras sólo dos años de reinado, fue asesinado el rey Amón de Judá, y fue sucedido por Josías, su hijo de ocho años.
No sabemos exactamente cómo ocurrió, pero es razonable conjeturar una intriga de los sacerdotes yahvistas, pues los
últimos reyes habían adoptado el culto asirio y un rey de ocho años sería fácil de manipular. De esta forma había muchas
posibilidades de restaurar el culto a Yahveh, como en efecto ocurrió.

Ese mismo año la ciudad de Megara siguió el ejemplo de su vecina Corinto y eligió como tirano a Teágenes, quien hizo
construir un magnífico acueducto que suministrara agua dulce a la ciudad. Los tiranos necesitaban ganarse el respaldo
del pueblo con todo tipo de reformas y mejoras, por lo que en general las tiranías eran preferibles a las oligarquías de
nobles, que no se sentían obligadas a justificar de ningún modo su autoridad.

El debilitamiento de Asiria favoreció la prosperidad de Fenicia. Aunque los griegos se estaban apoderando del
Mediterráneo oriental, los fenicios se aventuraron hacia el oeste. Crearon bases en la que ahora es Argelia, ocuparon las
islas Baleares y extendieron su ocupación de la costa española. Más aún, sus barcos se adentraron en el océano Atlántico
y bordearon la costa hasta llegar a las que llamaron "islas del estaño", que al parecer eran las islas Scilly, situadas frente
a la costa de Cornualles, al suroeste de Inglaterra. De allí y tal vez de la misma Cornualles llevaban estaño a Tartesos,
donde lo usaban para fabricar bronce.

Por esta época el rey de Egipto Psamético tuvo una idea atrevida. Instó a los griegos de Mileto a fundar una colonia en el
Delta del Nilo. Los griegos aceptaron encantados y construyeron Naucratis, que en griego significa "soberana del
mar". La idea de Psamético era usar a los griegos para distribuir por el Mediterráneo los excedentes egipcios, y funcionó
bien. Ésta fue la principal toma de contacto de Grecia con Egipto desde hacía muchos años. La mayoría de las palabras
con que nos referimos a muchos aspectos de la cultura egipcia son de origen griego y datan de esta época (pirámide,
jeroglífico, esfinge, obelisco, etc.), así como muchos nombres de ciudades y de reyes egipcios. Por ejemplo, los egipcios
llamaban No a la ciudad que, por algún motivo, los griegos decidieron llamar Tebas, que era también el nombre de una
polis al oeste del Ática.

En 639 Asurbanipal logró la victoria definitiva frente a Elam. Tomó su capital, Susa, y la destruyó. Todo el país quedó
devastado y el reino que había existido desde tiempos de los sumerios desapareció finalmente de la historia. Por esta
época el rey debía de rondar los sesenta años y probablemente estaba cansado. Ya no emprendió más campañas militares
y los pueblos sojuzgados por Asiria empezaron a notar que sus cadenas se debilitaban.

En 637 el duque Hsiang del estado de Sung se enfrentó con el estado de Chu, pero éste aniquiló su ejército y sometió a
Sung. Hsiang murió en la batalla.
En 632 un ateniense llamado Cilón, casado con la hija del dictador Teágenes de Megara, trató de convertirse en tirano de
Atenas. Un día festivo, mientras los atenienses estaban distraídos con celebraciones, se apoderó de la Acrópolis (la colina
fortificada de la ciudad) con la ayuda de algunos nobles y de soldados megarenses. La oligarquía ateniense no era muy
popular y la Acrópolis era prácticamente inexpugnable, por lo que un mínimo apoyo del pueblo habría dado la victoria a
Cilón, pero no obtuvo ninguno a causa de los soldados megarenses. Ningún ateniense estaba dispuesto a deshacerse de la
oligarquía al precio de someterse a unos extranjeros. No intentaron tomar la Acrópolis, sino que esperaron a que los
asaltantes se rindieran por hambre. Cilón logró escapar, pero los demás tuvieron que rendirse a cambio de la promesa de
que se respetaran sus vidas. El arconte de Atenas de ese año era Megacles, miembro de una de las familias más poderosas
de la ciudad, los Alcmeónidas. Megacles pensó que era más prudente deshacerse de los traidores y los mandó matar, pese
a la promesa que les había hecho de conservar sus vidas. Esto llenó de preocupación a los atenienses: Megacles había
roto una promesa efectuada solemnemente ante los dioses. El arconte y otros miembros de su familia fueron juzgados por
sacrilegio y expulsados de la ciudad. Por su parte, Teágenes declaró la guerra a Atenas.

Ese mismo año, el rey Josías de Judá, a sus dieciséis años de edad, ya era un perfecto yahvista, y suprimió el culto asirio.
En China, Wen, señor de Jin, logró una victoria decisiva que detuvo el avance de Chu con la ayuda de Qi y Qin. De este
modo Wen se hizo con la hegemonía de la confederación china, hegemonía que fue ratificada por el propio rey Cheu.

En 630, los griegos fundaron la ciudad de Cirene sobre la costa libia, fuera de las fronteras egipcias. Esta colonia sería el
núcleo de una próspera población griega en la zona. Además descubrieron la existencia de Tartesos y entablaron
relaciones comerciales. A raíz de ello fundaron la colonia de Mainake, cerca de la actual Málaga. Los fenicios perdieron
así el monopolio del comercio con Tartesos.

En 628 el estado chino de Qin inició una expansión hacia el este que le enfrentó a los estados de Jin y Chu.

En 627 murió el virrey que Asurbanipal había impuesto en Babilonia cuando derrotó a su hermano, y varios pretendientes
a la sucesión se disputaron el poder por un breve tiempo. Finalmente venció un caldeo llamado Nabopolasar. Por esta
época, los escitas habían estado luchando contra los medos, pero ante el declive de Asiria decidieron aliarse contra ésta.
El mando fue asumido por un jefe medo llamado Ciaxares.
En 625 Cipselo se las arregló para que su hijo Periandro heredara la tiranía de Corinto. Bajo su gobierno Corinto se
convirtió en la ciudad más culta de la Grecia continental, así como la más próspera. Acogió en su corte al famoso
poeta Arión (del que se contaba que fue arrojado al mar por unos piratas, pero que con su canto logró atraer a unos
delfines que lo llevaron a la costa). Por esta época los griegos empezaron a construir templos de piedra y no de madera.
Corinto desarrolló el llamado orden dórico, basado en líneas de columnas adornadas con acanaladuras que sostenían los
techos.

Cuando Asurbanipal murió en 622, Asiria se encontró rodeada de enemigos preparados para abatirse sobre ella. Ciaxares
se erigió en rey de Media, dominando un territorio aproximadamente igual al del Irán actual. Nabopolasar también declaró
la independencia de Babilonia. Naturalmente, esto supuso la guerra con Asiria. Por su parte, el ejército de Judá avanzó
rápidamente hacia el norte y se adueñó del territorio que antaño ocupaba Israel. El rey Josías ordenó la renovación del
templo, que estaba muy deteriorado desde los tiempos del último rey yahvista. En un hueco de la construcción, el sumo
sacerdote Helcías afirmó haber encontrado una primera versión del Libro de la Ley, un libro presuntamente escrito por
Moisés del que hasta entonces no se tenía noticia. No conservamos este libro, pero parece que era una primera versión
del Deuteronomio, el quinto libro de la Biblia. En él se recordaba la historia de Moisés, se detallaba minuciosamente la
ley mosaica, así como todo el ritual del culto, se establecía el Templo como único lugar admisible para dicho culto y se
exhortaba al pueblo a obedecer a los profetas que hablaban en nombre de Dios. En resumen, el Libro de la Ley fue la
forma en que los sacerdotes dijeron a Josías qué era exactamente lo que tenía que hacer. Josías creyó que el libro era
auténtico y fue eliminando del país todo culto no yahvista. Todos los santuarios locales, yahvistas o no, fueron
clausurados, de modo que el Templo de Jerusalén quedó como único santuario.

Mientras tanto, Atenas se defendía precariamente de Megara. Las dificultades en la guerra aumentaron la insatisfacción
del pueblo frente a la oligarquía gobernante. Se elevaron voces que afirmaban que los nobles eran injustos en su
administración de las leyes tradicionales. Esto era difícil de sostener sin un código escrito, y así el pueblo exigió la
redacción de un sistema de leyes.

Dicho código fue elaborado en 621 por Dracón, un noble partidario de la oligarquía. Su sistema de leyes simplemente
reflejó la práctica al uso con todas sus injusticias y arbitrariedades. Solamente hubo un cambio, y fue la extremada dureza
de las penas. Por ejemplo, robar una col conllevaba la pena de muerte. Cuando se le preguntó por qué, se dice que Dracón
respondió "Porque no puedo concebir un castigo más severo". Un acreedor podía esclavizar a sus deudores si no podía
pagar las deudas. Este artículo llevó a la esclavitud a muchos agricultores atenienses.

Ese mismo año murió el rey Perdicas I de Macedonia y fue sucedido por su hijo Argeo I. Sus descendientes fueron
conocidos como argéadas, e iban a gobernar Macedonia durante dos siglos. La organización del reino recuerda a la Grecia
arcaica: nada parecido a las ciudades-estado del sur. El "rey de los macedonios" era el jefe de los guerreros y gobernaba
asistido de un consejo de "compañeros". Los campesinos estaban sometidos al poder del rey. Su lengua era un dialecto
griego.

En 617 el trono de Lidia fue ocupado por Aliates, el nieto del rey Giges, quien extendió las fronteras lidias a lo largo de
Asia Menor al tiempo que continuaba la lucha contra los cimerios.

En 616 Nabopolasar pactó una alianza con Ciaxares. El sucesor de Asurbanipal no estaba a la altura de su padre y
Nabopolasar avanzaba lentamente hacia Nínive, pero quería asegurarse de que su suerte no cambiaría por un revés
imprevisto. El acuerdo fue sellado con el matrimonio entre la hija de Ciaxares y el hijo de Nabopolasar. Ciaxares no tardó
en tomar Assur, la antigua capital.

Este mismo año murió Anco Marcio, y Lucio Tarquinio Prisco fue elegido quinto rey de Roma. Aquí Tarquinio es el
nombre familiar, que indica el origen etrusco de este rey, pues Tarquinia era una importante ciudad etrusca. El tercer
nombre, "Prisco", es un apelativo diferenciador añadido que algunos romanos recibían a lo largo de su vida o a veces
incluso heredaban (algo similar a un mote o un alias, pero más institucionalizado). En este caso significa "el primero" o
"el mayor", probablemente para distinguirlo de un hijo tocayo. Es difícil saber si los romanos eligieron libremente un rey
etrusco (tal y como afirmaban sus historiadores) o si les fue impuesto desde Etruria (cosa bastante probable). Lo cierto es
que Roma prosperó bajo su mandato, pues se benefició de la avanzada cultura etrusca. Él construyó el Circo Máximo, un
recinto ovalado en el que se celebraban carreras de carros. Introdujo también juegos atléticos, usuales entre los etruscos,
construyó un gran templo a Júpiter en el monte Capitolino. El templo fue llamado Capitolio, y fue al mismo tiempo una
fortaleza donde pudieron refugiarse los romanos en los peores momentos de su historia. También construyó la Cloaca
Máxima, que desecó las zonas pantanosas del valle entre el Capitolino y el Palatino. Allí estaba el foro, un mercado, pero
ahora se convirtió en un lugar público donde la gente se reunía para comerciar y realizar todo tipo de actos públicos.

Todas estas construcciones se realizaron bajo la dirección de ingenieros y artistas etruscos, que habían aprendido gran
parte de su oficio de los griegos, aunque también habían realizado muchas aportaciones propias, tales como el uso del
arco, que permitía reducir el número de columnas necesarias para sostener un edificio. Roma no tardaría en tener sus
propios ingenieros y arquitectos, que con el tiempo realizaron magníficas obras de las que los romanos siempre se
mostraron muy orgullosos.

Tarquinio obtuvo victorias militares frente a otras ciudades latinas (que tal vez veían a Roma como una ciudad etrusca
más) e introdujo la costumbre etrusca del Triunfo. Cuando un general lograba una gran victoria entraba en la ciudad
precedido por funcionarios del gobierno y seguido de su ejército y de los prisioneros y el botín conquistado, y avanzaba
hasta el Capitolio entre los aplausos del pueblo. En el Capitolio se celebraban unos oficios religiosos y la ceremonia
terminaba con una gran fiesta. Hay que advertir que Roma no tenía entonces un ejército profesional, sino que sus soldados
eran los propios agricultores, que dejaban sus tierras mientras era necesario para defender la ciudad o ajustar cuentas con
alguna ciudad vecina.

En 615 murió el rey Argeo I de Macedonia, y fue sucedido por su hijo Filipo I. Durante este periodo de su historia,
Macedonia permaneció ajena al progreso que estaban experimentando las ciudades griegas del sur. De hecho, a pesar de
su lengua, los griegos tenían por bárbaros a los macedonios.

En 614 el estado chino de Chu aumentó su influencia bajo el gobierno de Chuang.

Volviendo a la acorralada Asiria, en su desesperación se vio obligada a pedir ayuda a Egipto. Psamético aceptó ayudarla,
no por simpatía, ciertamente, sino porque a Egipto le interesaba una Asiria débil, pero no una Asiria acabada que
fácilmente fuera reemplazada por otra potencia amenazadora, como Babilonia o Media. Pero la ayuda egipcia fue escasa
y tardía. En 612 Nabopolasar y Ciaxares sitiaron conjuntamente Nínive y la tomaron, para regocijo de todo el Oriente
Próximo. Nínive fue literalmente arrasada y jamás se consintió que fuera reconstruida. De no haber sido porque su historia
aparece en la Biblia, su nombre habría quedado completamente olvidado en los siglos posteriores. De todos modos,
algunos fragmentos del ejército asirio sobrevivieron al desastre y se retiraron a la ciudad de Harrán, al norte de la Media
Luna Fértil, donde resistieron un tiempo bajo la conducción de un general llamado Ashur-Ubalit.

En 610 ascendió al poder en Mileto uno de los tiranos más famosos, Trasíbulo, bajo cuyo mandato Mileto fue
probablemente la ciudad más próspera del mundo griego. Ese mismo año murió Psamético, cuyo reinado fue el más largo
desde los tiempos de Ramsés II. Fue sucedido por su hijo, Necao I, quien decidió socorrer a los asirios refugiados en
Harrán con la esperanza de que mantuvieran entretenidos a medos y caldeos y que éstos no tuvieran ocasión de fijarse en
Egipto. En el camino hacia Harrán estaba Judá y, aunque Necao I hubiera preferido no perder el tiempo con los judíos, el
caso era que Josías no estaba dispuesto a dejar pasar a los egipcios por su territorio. En 609 el ejército egipcio se enfrentó
al judío en Megiddo, justo donde seis siglos antes el gran Tutmosis III había derrotado a los cananeos. Josías murió y fue
sustituido por su hijo menor Joacaz, pero éste sólo reinó un mes, pues Necao I consideró que no era suficientemente fiel
a los intereses egipcios, así que lo llevó preso a Egipto y puso en el trono al hijo mayor de Josías, llamado Joaquim. El
nuevo rey juró lealtad a Egipto y se comprometió a pagar un tributo.

El ejército de Necao I siguió avanzando hacia el norte, pero llegó demasiado tarde. Nabopolasar había tomado Harrán y
Ashur-Ubalit tuvo que huir hasta encontrarse con el ejército egipcio, con ayuda del cual trató de recuperar Harrán, pero
fue inútil. A partir de 605 no hay noticias de Ashur-Ubalit y con él desapareció definitivamente el último resto de Asiria.
En ese momento Nabopolasar se sintió enfermo y regresó a Babilonia, pero dejó a su hijo Nabucodonosor (el que se
había casado con la hija de Ciaxares) con la misión de deshacerse de los egipcios. Tras un enfrentamiento en Karkemish,
Necao I tuvo que retirarse precipitadamente a Egipto. Nabucodonosor podía haberle seguido, pero le llegó la noticia de
la muerte de su padre y tuvo que ir a Babilonia para asegurarse la sucesión. En efecto, allí se convirtió en Nabucodonosor
II, rey de los caldeos.

Nabucodonosor II y Ciaxares se repartieron amistosamente los territorios conquistados. Mientras el primero se enfrentaba
a Egipto, el rey medo destruyó el reino de Urartu, que a partir de aquí desaparece de la historia, convertido en una parte
de Media. Ciaxares se quedó con la Media propiamente dicha (el actual Irán), lo que había sido Urartu y la parte oriental
de Asia Menor (la parte occidental estaba en manos del rey lidio Aliates). Por su parte Nabucodonosor II se quedó con
toda la Media Luna Fértil, un territorio más pequeño pero mucho más rico, que ahora conformaba el Imperio Caldeo o
el Nuevo Imperio Babilónico.

Por esta época surgió en Judá un profeta llamado Jeremías. En sus predicaciones advertía de que Babilonia era en realidad
Asiria con otro nombre y otro rey, pero que seguía siendo la misma amenaza de antaño. Al parecer, los judíos
infravaloraban el poder de Babilonia, pues la historia les había llevado a creer que el Templo hacía invencible a Jerusalén.
Al igual que los demás profetas, Jeremías denunciaba las inmoralidades del pueblo que, no obstante, se creía protegido
por Dios. Afirmaba que si los judíos no se arrepentían inmediatamente, Dios les castigaría a través de los caldeos. Al rey
Joaquim le aconsejaba abandonar su política de sumisión a Egipto y sustituirla por unas buenas relaciones con Babilonia,
pero Joaquim no le escuchó.

En 601 Nabucodonosor II condujo sus ejércitos contra Egipto, pero Necao I pudo rechazarlo en la frontera. Esto bastó
para confirmar al rey Joaquim la conveniencia de aliarse con Egipto y se negó a pagar tributo a Nabucodonosor.

EL IMPERIO CALDEO
A principios del siglo VI, la ciudad de Babilonia debía de ser la mayor del mundo. Los arqueólogos han encontrado la
puerta de Ishtar, una de las entradas a la ciudad, decorada con ladrillos azules esmaltados con relieves, en rojo y blanco,
de toros y dragones. En una eminencia del terreno se levantaba el palacio real, con una superficie de 52.000 metros
cuadrados. La estancia mayor era la sala del trono, que tenía 70 metros de largo y casi lo mismo de ancho. Sus muros
también estaban decorados con leones en ladrillos esmaltados. Al parecer el rey mandó cubrir de tierra ciertas
construcciones, tras lo que se plantaron arbustos y flores. Eran los famosos Jardines Colgantes de Babilonia. Al parecer
los construyó para agradar a su esposa meda, pero la tradición griega los atribuyó más tarde a la legendaria reina
Semíramis. También embelleció y amplió los templos, de los que había más de cien. Marduk recuperó su categoría de
dios principal.

En Babilonia se reunían comerciantes de todas las naciones. En sus escuelas se enseñaba la ciencia acumulada desde los
tiempos de los sumerios, tres mil años atrás. Muchos griegos acudieron a estudiarla, y así fue como la cultura griega
asimiló la ciencia babilónica. Fueron los griegos los que llevaron a occidente el sistema sexagesimal babilónico, en virtud
del cual la circunferencia tiene 360 grados, una hora tiene 60 minutos, etc. Pero la ciencia por excelencia en Babilonia
era la astronomía, y así la palabra "caldeo" pasó a ser sinónimo de "astrónomo" y, más adelante, de "adivino". Los
astrónomos caldeos elaboraron un calendario lunar, formado por meses lunares de 28 días. Para mantener la coherencia
con el año solar establecieron ciclos en los que algunos años tenían 12 meses y otros 13. Los griegos adoptaron este
calendario.

Mientras tanto Egipto disfrutaba todavía de una prosperidad amenazada por Babilonia. Según Heródoto, Necao I quiso
descubrir si podía pasarse del mar Mediterráneo al mar Rojo bordeando África, para lo cual organizó una expedición
integrada por marinos fenicios para que lo comprobaran. Heródoto cuenta que la expedición logró su propósito en un
viaje de tres años. Él no da crédito a la historia, pero la razón por la que no la cree es, de hecho, un buen motivo para
aceptar que es cierta. Al parecer, los marineros afirmaron a su regreso algo que para Heródoto era sin duda una burda
mentira: durante una buena parte del viaje, el sol del mediodía estuvo al norte, en lugar de al sur (como ciertamente sucede
en el hemisferio sur).

Entre los griegos que estudiaron en Babilonia se encontraba Tales de Mileto. Bajo la tiranía de Trasíbulo, Mileto había
alcanzado un alto nivel de vida basado fundamentalmente en el comercio y la industria textil. La ciudad había fundado
unas ochenta colonias, incluyendo la ciudad de Naucratis en Egipto, y muchas otras en la costa del mar Negro, por aquel
entonces salpicada toda ella de colonias griegas. Esta prosperidad la convirtió también en un gran centro artístico y
cultural. Tales había nacido sobre 625, hijo de un mercader acomodado. Tenía fama de meditabundo y despistado. Decían
que de joven se había caído en un pozo mientras caminaba distraído, convirtiéndose en objeto de burla de sus
conciudadanos. Estudió en Babilonia y en Egipto, donde aprendió geometría y calculó la altura de las pirámides, que
nadie conocía a ciencia cierta. Para ello se basó, naturalmente, en el llamado teorema de Tales, midiendo la sombra y
comparándola con la de un palo. Se cuenta que a su regreso a Mileto logró predecir una buena cosecha de aceitunas, por
lo que el invierno anterior se las arregló para comprar a bajo precio todas las almazaras de la ciudad. Cuando su predicción
se confirmó obtuvo grandes beneficios al monopolizar la producción de aceite. Tales fue un gran observador. Fue el
primero en estudiar cómo el ámbar atrae pequeños objetos tras ser frotado, así como una piedra negra que obtuvo en la
ciudad cercana de Magnesia, que tenía la propiedad de atraer el hierro. Se trata de los primeros estudios sobre electricidad
(ámbar en griego se dice elektron) y magnetismo. Afirmó que el Universo se rige por leyes inmutables que nada tienen
que ver con dioses o demonios, sino que pueden ser conocidos mediante la razón. Su línea de pensamiento fue el primer
precedente del razonamiento y el método científico moderno.

Hacía ya varias décadas que los griegos habían entablado relaciones comerciales con los escitas que habitaban en
la costa norte del mar Negro. Es posible que la península de Crimea deba su nombre a los cimerios, que entonces la
ocupaban junto con otras tribus escitas. Los griegos la llamaban Quersoneso Táurico, pues en ella habitaban también
los Tauros, que tal vez estuvieran allí antes de la llegada de los escitas. Los primeros griegos en establecerse en esa zona
habían sido los milesios, en Panticapea, en la orilla del Bósforo Cimerio, el estrecho que comunica con el lago
Meotis (el actual mar de Azov), y por esta época fundaron Teodosia, que fue un centro exportador de trigo durante los
siglos siguientes. Poco después, unos exiliados de la Heraclea Póntica (colonia fundada recientemente por los mesenios)
crearon una nueva colonia a la que llamaron simplemente Quersoneso.

Durante la primera mitad del siglo, una nueva religión surgió en el actual Irán, al sur del mar de Aral, más allá de las
fronteras del Imperio Medo. Un sacerdote llamado Zaratustra, también conocido por la versión griega de su
nombre, Zoroastro, afirmó que se le había aparecido Ahura-Mazda, el Señor de la Sabiduría, quien le había
encomendado la misión de predicar la verdad. Si bien había muchos dioses, Ahura-Mazda era el más grande de todos, y
el único digno de adoración. No sólo representaba la verdad, sino también el bien. Si en el mundo existe el mal ello es
debido a que existe otro dios tan poderoso como Ahura-Mazda, pero que personifica al mal y a la mentira. Su nombre
es Ahrimán, en perpetua lucha con Ahura-Mazda. Este conflicto entre ambos dioses divide a todo el Universo. Los
hombres buenos son servidores de Ahura-Mazda, mientras que los malos están poseídos por Ahrimán. Zaratustra tuvo
muchos seguidores y propagó su religión, conocida como Mazdeísmo o Zoroastrismo, por todo el territorio medo,
reformando el culto preexistente. Los sacerdotes medos, que paulatinamente fueron adoptando el Mazdeísmo, eran
llamados magos. Con el tiempo esta palabra se extendió para referirse a cualquier poseedor de poderes sobrenaturales,
equiparándose a "caldeo".

En 600 la ciudad de Sición, situada al noroeste de Corinto, fue gobernada por el tirano Clístenes. Mientras tanto, el rey
lidio Aliates había acabado definitivamente con los cimerios. La actitud de Lidia hacia las ciudades griegas de Asia Menor
no era tan amistosa como la de los frigios, pero sus luchas contra los cimerios favorecieron a los griegos. Tales advirtió
de la amenaza que suponía Aliates y propuso una alianza de todas las ciudades jonias, pero no fue escuchado y, una a
una, todas las colonias griegas de Asia Menor fueron cayendo bajo el dominio Lidio, a excepción de Mileto. Ahora el
reino de Lidia se extendía sobre toda la mitad occidental de Anatolia. El río Halis marcaba al este la frontera con el
Imperio Medo. La capital lidia fue instalada en Sardes, a unos 80 kilómetros del mar Egeo. Era la primera vez que unas
ciudades griegas quedaban bajo dominio "bárbaro". No obstante el yugo lidio fue ligero. Con el tributo que le rendían las
ciudades griegas, Lidia se enriqueció notablemente.

Mientras tanto, colonos griegos procedentes de la ciudad jonia de Focea fundaron la ciudad de Marsella. El comercio
griego se había ido extendiendo por la actual Francia a través del Ródano, con lo que la cultura celta empezó a mostrar
influencias griegas, al igual que etruscas. Estas relaciones no siempre fueron amistosas. Por esta época empezaron a
producirse incursiones celtas por el norte de Italia, causando estragos en muchas ciudades etruscas. Los griegos de Cumas
fundaron otra ciudad un poco más al sur, también en la costa occidental. La llamaron "ciudad nueva", o sea, Neápolis
o Nápoles. Así los griegos reafirmaron su posición en la Campania, por lo demás controlada enteramente por los etruscos.

Esparta estaba relativamente en paz. En el Peloponeso dominaba a Mesenia, y su mayor enemiga, Argos, no se atrevía a
provocarla. Sólo quedaba la región conocida como Arcadia, cuyas ciudades principales eran Tegea y Mantinea, que
luchaban entre sí con frecuencia, y alguna vez tuvieron también conflictos aislados con Esparta, pero ésta no quiso
involucrarse seriamente en una guerra que pudiera prolongarse como las guerras mesenias.

En 598 Nabucodonosor II, ante la negativa de Judá de rendirle tributo, asedió Jerusalén. En el curso del asedio murió el
rey Joaquim y fue sustituido por su hijo adolescente Joaquín. A los tres meses de su reinado Jerusalén cayó.
Nabucodonosor II se llevó exiliados a Babilonia a Joaquín y a mil hombres de la clase dirigente. No obstante respetó la
ciudad y consintió que Sedecías, tío de Joaquín y tercer hijo de Josías, ocupara el trono.

En 597 Chuang, señor del principado de Chu, derrotó al principado de Jin y se puso a la cabeza de la confederación china.
Poco después el estado de Wu invadió a Chu con la ayuda de Jin.
En 595 murió el faraón Necao I, y fue sucedido por su hijo Psamético II, quien dirigió una campaña militar contra Nubia,
como prevención contra un posible intento de recuperar el dominio de Egipto que había tenido poco antes. No obstante
Psamético II no trató de mantener un dominio permanente sobre Nubia, pues Egipto no era entonces lo suficientemente
fuerte para lograrlo. Se limitó a reforzar la isla de Elefantina, junto a la primera catarata del Nilo, que se convirtió así en
el límite meridional de Egipto.

Mientras tanto las tensiones políticas en Atenas iban en aumento. La guerra contra Megara duraba ya casi cuarenta años.
Los nobles contemplaban con inquietud cómo el tirano Periandro estaba destruyendo a las casas nobiliarias de Corinto,
así que pensaron que convenía hacer algunas concesiones. En 594 se nombró arconte a Solón, con el encargo de revisar
las leyes. Se trataba de un noble, perteneciente a la antigua familia real, que se había enriquecido con el comercio, pero
contaba con una fama de inteligencia y honradez con la que se había ganado la confianza del pueblo. Dicha confianza
resultó estar bien justificada, pues probablemente las reformas de Solón fueron mucho más lejos de lo que la nobleza
hubiera deseado.

Abolió todas las deudas, para que el pueblo pudiera empezar de nuevo. Acabó con la práctica de esclavizar a la gente por
deudas y liberó a los que ya habían sido esclavizados. Los atenienses esclavizados que habían sido llevados fuera de
Atenas fueron liberados a costa del tesoro público. Instituyó tribunales integrados por gente del pueblo a los que los
ciudadanos podían apelar en lugar de al Areópago. Pero la mayor revolución de Solón fue la de dividir a la población
según el censo. Los ciudadanos se dividían en cuatro clases atendiendo exclusivamente a los impuestos que pagaban (no
a sus títulos nobiliarios). Instituyó una asamblea, constituida por ciudadanos de las cuatro clases, con la potestad de elegir
a los arcontes y a los miembros del Areópago, si bien los arcontes sólo podían elegirse entre las dos primeras clases, y los
miembros del Areópago entre los de la primera exclusivamente. Así apareció la primera democracia de la historia, es
decir, la primera ciudad organizada (no una tribu rudimentaria) en la que el pueblo elegía y controlaba sistemáticamente
a sus gobernantes.

Solón debió de tener unas inmensas dotes diplomáticas para llevar adelante su proyecto. Para conservarlo, consideró
como delito permanecer neutral ante una revuelta. A diferencia de otros legisladores, jamás pretendió que sus leyes
hubieran sido dictadas por los dioses. Aceptó cuantas críticas se le hicieron. Cuando le preguntaron si consideraba a sus
leyes las mejores en sentido absoluto, respondió que no, que sólo eran las mejores en sentido ateniense. En 590, la ciudad
de Crisa, cercana a Delfos, trató de apoderarse del oráculo, lo que originó la Primera Guerra Sacra, en la que las ciudades
vecinas se unieron para defender a Delfos.

Ese mismo año, el principado chino de Lu inauguró el primer sistema de reclutamiento, que no tardó en ser imitado por
los principados más poderosos. Hasta entonces la guerra había sido patrimonio de los nobles, mientras que ahora la
infantería formada por campesinos quitó importancia a los carros de guerra. Esto destruyó los planteamientos heroicos de
la nobleza y el prestigio ritual cedió terreno frente al poder real. La organización social sufrió muchos trastornos.

En 589 un tirano se hizo con el gobierno de Mitilene, la principal ciudad de la isla de Lesbos. Se trataba de Pítaco, quien
tiempo atrás había participado en una rebelión contra un mal gobernante, pero se negó a asumir el poder, hasta que le
convencieron de que la única forma de garantizar que la ciudad tuviera un buen gobierno era que él mismo aceptase la
tiranía. Bajo su mandato la isla floreció. Es la época de Safo, la primera poetisa conocida en la historia, cuya obra no se
conserva, pero los griegos la equiparaban a Homero. Los atenienses habían establecido un puesto en Sigeo, cerca de
donde había estado Troya, en la parte asiática del Helesponto. El territorio era lesbio, y Pítaco envió una expedición que
expulsó a los atenienses de la zona.

El mismo año murió Psamético II y su hijo Haibria ocupó el trono de Egipto. El nuevo rey continuó la antigua política
egipcia de fomentar disturbios en el Oriente Próximo como medida de seguridad. Haibria consiguió convencer a Judá,
Moab, Amón y Tiro para que se resistieran contra Nabucodonosor II, prometiendo ayuda militar si fuera preciso. Judá y
Tiro dejaron de pagar tributo a Babilonia, lo que atrajo inmediatamente a Nabucodonosor II con su ejército. Sin embargo,
los presuntos aliados, incluido Egipto, dejaron en la estacada a los rebeldes. El rey caldeo fue drástico. Saqueó Jerusalén
y destruyó el templo hasta los cimientos. El rey Sedecías fue capturado mientras huía. Una cantidad ingente de judíos fue
deportado a Babilonia y el gobierno de la región quedó a cargo de Godolías, perteneciente a la nobleza Judía, pero que
no pertenecía a la familia real ni tuvo el título de rey, sino el de gobernador de una provincia caldea. El reino de Judá
había desaparecido. Tres meses después Godolías fue asesinado. Los judíos comprendieron que Nabucodonosor II vería
eso como un intento de rebelión, por lo que muchos de ellos emigraron a Egipto (llevándose a Jeremías contra su
voluntad).
A continuación Nabucodonosor II se volvió contra Tiro, entonces gobernada por el rey Etbaal III. En 587 asedió la
ciudad, pero ésta resultaba más fácil de defender que Jerusalén, pues los caldeos no disponían de una flota con la que
impedir que barcos fenicios abastecieran la ciudad. Este enfrentamiento permitió al faraón Haibria reforzar su territorio.
Creó una flota integrada por marinos griegos y ocupó la isla de Chipre.

En 586 murió Periandro, el tirano de Corinto. Fue sustituido por un sobrino que fue derrocado a los pocos meses, tras lo
cual la nobleza recuperó el dominio de la ciudad.

Poco después se produjo un enfrentamiento que hacía ya tiempo que se estaba haciendo esperar: el reino lidio y el Imperio
Medo trataron de extender sus dominios uno a costa del otro con el fin de dominar toda el Asia Menor. Se enfrentaron
el 28 de mayo de 585. Es el primer hecho histórico del que conocemos la fecha exacta, y ello se debe a que ese día hubo
un eclipse de sol. Los ejércitos quedaron tan aterrorizados que los reyes Aliates y Ciaxares firmaron inmediatamente la
paz, cada cual volvió a su patria y la frontera natural marcada por el río Halis nunca más volvió a ser cuestionada. Por
cierto, Tales de Mileto se hizo famoso entre sus conciudadanos porque predijo el eclipse (aunque casi lo acusan de
brujería). Poco después, en 584 murió Ciaxares y el Imperio Medo quedó en manos de su hijo Astiages. No se sabe nada
de él, lo que significa que no libró ninguna batalla, sino que gobernó pacíficamente su imperio.

En 582 terminó la Primera Guerra Sacra. El ejército del tirano Clístenes logró derrotar a Crisa, la ciudad que se había
apoderado de Delfos. La ciudad fue arrasada y se promulgó una maldición contra quien osara reconstruirla. Para
conmemorar la victoria, Clístenes instituyó los Juegos Píticos, que se celebraban en Delfos cada cuatro años, en medio
de cada Olimpiada. Mientras el ganador de los Juegos Olímpicos recibía una guirnalda de hojas de olivo, el premio en los
Juegos Píticos era una guirnalda de hojas de laurel, pues el laurel, al igual que el oráculo de Delfos, estaba consagrado a
Apolo. Desde entonces el laurel es símbolo de la gloria.

En 579 Pítaco renunció a la tiranía en Mitilene a los setenta años de edad. Fue recordado por los griegos como un
gobernante ejemplar.
En 578 el rey de Roma Lucio Tarquinio Prisco fue asesinado por hombres pagados por los hijos del rey anterior, Anco
Marcio (descontentos por no haber heredado el trono). Sin embargo, un yerno de Lucio Tarquinio reaccionó rápidamente
y tomó el poder. El sexto rey de Roma fue Servio Tulio. También era etrusco, y tal vez la historia del asesinato de
Tarquinio esconde un intento de rebelión de Roma contra la dominación etrusca. Sin embargo, lo cierto es que el nuevo
rey no favoreció en absoluto a los intereses etruscos. Al contrario, formó una nueva Liga Latina por la que Roma se puso
a la cabeza de las demás ciudades del Lacio. La ciudad se extendió sobre dos colinas más, el Esquilino y el Viminal, y las
siete colinas fueron rodeadas por una muralla (la muralla Serviana) que marcó los límites urbanos durante los quinientos
años siguientes.

Entre tanto las ciudades de la India iban prosperando. En el valle del Ganges surgieron varias repúblicas aristocráticas
gobernadas por oligarcas. Una de las más importantes fue Sakya, cuya capital estaba en Kapilavattu. Contaba con un
parlamento de 500 miembros, dirigido por un presidente elegido periódicamente. Otras de estas repúblicas se unieron en
una confederación liderada por los Vrji, de la que formaban parte también los Videha, los Jñatrka, los Licchavi, y
otros. La ciudad de Vaisali, capital de los Licchavi, debió de ser una de la

EL JUDAÍSMO
La política de deportaciones iniciada por Asiria y continuada por Babilonia había logrado destruir muchas identidades
nacionales, y todo parecía indicar que lo mismo sucedería con el nacionalismo judío. Sin embargo no fue así. La cultura
judía sobrevivió en Egipto y en la propia Babilonia. Nabucodonosor II era un monarca ilustrado. Se limitó a hacer lo que
consideró necesario para que los judíos dejaran de ser una amenaza, pero, una vez instalados en Babilonia, los trató con
total indulgencia. No prohibió ni desalentó en absoluto el culto a Yahveh. Pese a todo, el exilio debió de ser traumático
para los judíos, pues su creencia de que el Templo de Jerusalén era inviolable se había desmoronado. Más aún, la última
tendencia del yahvismo había sido la de inculcar que el Templo era el único lugar donde se podía rendir culto a Yahveh.
Los judíos creían que Yahveh sólo tenía poder sobre su territorio, y que al ser arrancados de él se les había alejado
completamente de su dios. Estas creencias hubieron de ser modificadas rápidamente. No tardaron en descubrir que, en
realidad, Yahveh estaba en todas partes, y que se le podía rezar y adorar en cualquier lugar del mundo. Disponían de
textos escritos con parte de sus tradiciones, y formaron congregaciones (en griego sinagogas) para estudiarlos y continuar
el culto.

En las sinagogas, la tradición judía sufrió fuertes transformaciones. Muchos judíos aceptaron con interés los mitos
babilónicos, por lo que los sacerdotes tuvieron que terminar por admitirlos también, debidamente modificados para que
fueran compatibles con el culto a Yahveh. Los judíos conocían desde mucho antes versiones vagas de los mitos
mesopotámicos sobre la creación, el diluvio, etc., pero ahora descubrieron de primera mano las versiones originales, que
incorporaron a sus creencias de forma mucho más precisa y fiel, salvo por la criba que eliminó casi toda referencia a
dioses extraños. Por ejemplo, la diosa Tiamat (el caos que Marduk destruyó) se convirtió en tehom (lo profundo) en la
versión hebrea del Génesis, es decir, en la profundidad sobre la que estaba el espíritu de Dios. (Recordemos también la
"curiosa" semejanza entre la versión bíblica del diluvio y la del poema de Gilgamesh.) La antigua leyenda sobre la Torre
de Babel debió de impactarles mucho, sobre todo porque pudieron presenciar la construcción de un magnífico zigurat
dedicado a Marduk que había quedado inconcluso tiempo atrás a causa de las guerras con Asiria, pero que Nabucodonosor
II ordenó terminar. Probablemente, la impresionante visión de un ejército de sacerdotes subiendo y bajando por la inmensa
estructura debió de terminar deformándose hasta convertirse en un extraño pasaje del Génesis, donde Jacob ve unos
ángeles subiendo y bajando del cielo por una gran escalera. Los mitos propiamente judíos también se vieron afectados.
Probablemente, la patria original de Abraham había sido Harrán, pero ahora se convirtió en la que el Génesis llama
anacrónicamente "Ur de los caldeos", cuando los caldeos no aparecieron hasta muchos siglos después de Abraham.
Indudablemente, la cultura caldea impresionó tanto a los judíos que dieron por hecho que su patriarca tenía que ser de
origen caldeo.

También en el exilio los judíos adoptaron la costumbre mesopotámica de descansar el sábado. Los caldeos dividían el
tiempo en periodos de siete días en correspondencia con los siete cuerpos celestes que conocían (aparte de las estrellas):
El Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. También los asociaban con dioses, idea que los griegos
transmitieron a Occidente. Por ejemplo, el planeta Venus estaba asociado a Ishtar, diosa de la belleza y del amor.
También éste era el origen y significado de unos candelabros sagrados de siete brazos que usaban los caldeos y que los
judíos incorporaron a sus objetos de culto. Paulatinamente, los judíos fueron olvidando su lengua, el hebreo, que fue
sustituida por el arameo, la lengua que los sirios expandieron por Asiria cuando fueron desterrados.
Pero el cambio más significativo que experimentó la religión judía en el exilio no fue la incorporación de nuevos mitos y
tradiciones. Los judíos asumieron que el exilio era un castigo divino a causa de sus muchos pecados, pero al mismo
tiempo se convencieron de que si cambiaban de actitud y se aferraban a sus creencias, Dios les perdonaría, les devolvería
a su tierra y les enviaría un descendiente de David para que ocupara de nuevo el trono. Ahora bien, sobre este punto
debieron ser cautos. Nabucodonosor II no puso objeciones a que mantuvieran su religión, pero nunca hubiera tolerado
que esperaran un rey que le arrebatara parte de su territorio. Por ello esta parte crucial de sus creencias tuvo que ser
expresada de forma más oscura o ambigua. El ritual para ocupar el trono de Judá exigía que el sacerdote ungiera con un
aceite sagrado al nuevo rey, como signo de la aprobación divina. Así, en lugar de decir que esperaban a un rey, decían
que esperaban a un "ungido", lo que podía pasar también como un jefe religioso políticamente inocuo. Nos son más
conocidas las versiones hebrea y griega de "ungido", que son mesías y cristo, respectivamente. Vaticinaron que el profeta
Elías (que no había muerto, sino que había ascendido al cielo en cuerpo y alma) volvería para ungir al mesías, el cual
reconstruiría el reino de Judá. Muchos pasajes de los textos prebíblicos de que disponían los judíos fueron sacados de
contexto para reinterpretarlos como profecías mesiánicas.

Se formó así lo que podemos considerar realmente como una nueva religión, el judaísmo, muy diferente de la religión
judeo-israelita precedente. A menudo se considera como padre del judaísmo a Ezequiel, un sacerdote que fue llevado a
Babilonia junto con el rey Joaquín en la primera deportación. Ezequiel creía en la restauración del reino y describió con
detalle una reconstrucción del Templo, junto con los rituales posteriores a la restauración.

Mientras tanto, en Canaán se estaban produciendo algunos cambios. Un pueblo árabe, los Nabateos, ocuparon Edom y
establecieron su capital en Petra. Desde allí controlaron varias rutas comerciales, especialmente la del mar Rojo. A su
vez, los edomitas expulsados por los nabateos avanzaron hacia el norte e invadieron el sur de Judá, que no pudo ofrecer
ninguna resistencia, y allí se establecieron en la región que más adelante los griegos llamarán Idumea. Otro punto
neurálgico de la ruta comercial del mar Rojo era la región que los antiguos llamaron la Arabia Feliz, donde actualmente
está el Yemen. Allí había varios reinos muy antiguos que habían alcanzado gran prosperidad y riqueza gracias al comercio.
El más famoso era el reino de Saba, cuyo origen parece remontarse al tercer milenio a. C.
Por otra parte, la política china era cada vez más turbulenta. Las luchas por la hegemonía ya no sólo se daban entre los
distintos estados, sino que internamente se producían enfrentamientos entre los nobles, y esto fue debilitándolos a todos.

En 574 hacía ya trece años que Nabucodonosor II mantenía infructuosamente el sitio de Tiro. Finalmente, la ciudad
decidió negociar la paz. El rey caldeo estaba también deseando terminar su campaña, así que los términos de la rendición
fueron suaves. Tiro no iba a ser ocupada ni saqueada, conservaría su autonomía, el rey Etbaal III renunciaría al trono,
pero sería sucedido por su hijo Baal I, quien juraría fidelidad a los caldeos. Aunque Tiro había, pues, quedado indemne,
lo cierto es que el asedio la debilitó tanto que perdió el control de sus colonias. A partir de este momento fue Cartago
quien reguló la política exterior fenicia, si bien siguió existiendo un vínculo emocional hacia la metrópolis. El
Mediterráneo occidental se fue repartiendo gradualmente entre cartagineses, etruscos y griegos.

En 572, Solón, que había conservado su cargo de arconte en Atenas durante 22 años, renunció a él. Le propusieron
conservarlo de por vida, pero tenía ya sesenta y cinco años y no quiso aceptar. "Ya es hora", dijo, "de que me ponga a
estudiar algo". Tras conseguir la promesa de sus conciudadanos de que conservarían su sistema de leyes durante al menos
diez años, partió hacia oriente.

Pero la guerra contra Megara continuaba. Se había atenuado con la muerte de Teágenes, pero continuaba. Ahora el punto
más conflictivo era la isla de Salamina, situada cerca de la costa, frente a la frontera entre el Ática y Megara. Los
atenienses citaban unos versos de la Ilíada (que los Megarenses consideraban espurios) para argüír que Salamina
pertenecía al Ática. Los intentos atenienses de ocuparla habían fracasado, hasta el punto de que la daban ya por perdida,
pero en 570 era polemarca (arconte encargado de la guerra) un primo de Solón llamado Pisístrato, quien se las arregló
para tomar la isla. Megara se rindió y así termino la guerra. Por aquel entonces la ciudad se había dividido en tres partidos:
el de la llanura, encabezado por Milcíades, reunía a la antigua aristocracia que esperaba recuperar su antiguo poder; el
de la costa reunía a los mercaderes y armadores y, en general, a la burguesía, que aceptaba el sistema democrático de
Solón y estaba dirigido por uno de los Alcmeónidas. Solón les había permitido regresar, pero los nobles no los admitieron
entre ellos, por lo que se hicieron demócratas. Finalmente, el partido de la montaña estaba integrado por el proletariado
urbano y campesino, deseoso de más reformas, al frente del cual se puso el propio Pisístrato, quien sin duda albergaba
ambiciones de poder y comprendió que la mejor manera de conseguirlo era ganarse la confianza de los menos favorecidos.
Mientras tanto, el faraón Haibria se encontró con un problema en el oeste. La colonia griega de Cirene se había extendido
a costa de las tribus libias vecinas, y éstas pidieron ayuda a Egipto. Haibria no podía permitirse tener a unos bárbaros
descontentos al oeste si Nabucodonosor II le atacaba por el este, así que decidió enviar un ejército contra Cirene. Ahora
bien, el grueso del ejército egipcio estaba formado por mercenarios griegos, y no era prudente enviar griegos a luchar
contra griegos, pues podían cambiar de bando. Así que envió un ejército formado por nativos. Dicho ejército consideró
que el faraón favorecía a los griegos frente a los egipcios, pues les asignaba los puestos de mando y, en cambio, les
enviaba a ellos a enfrentarse a un ejército griego, contra el que tenían pocas posibilidades de victoria. Así pues, los
soldados nativos se rebelaron y Haibria tuvo que enviar a Ahmés, un oficial nativo que gozaba de gran popularidad entre
las tropas, para que dialogara con los amotinados. Sin embargo, Ahmés era demasiado popular entre las tropas, que le
propusieron convertirse en su nuevo faraón. Ahmés aceptó y dirigió a sus hombres contra Haibria, derrotó al ejército
griego que éste envió contra él, ejecutó al antiguo rey y ocupó el trono como Ahmés II. Pronto se casó con una hija de
Psamético II (hermana o hermanastra de Haibria), con lo que oficialmente se le consideró integrante de la XXVI dinastía.

Tras zanjar el conflicto con Tiro, cabría esperar que Nabucodonosor II se ocupara de Egipto, pero estaba ya cansado y
decidió no emprender una nueva campaña. Pese a ello, el nuevo faraón continuó preparando el país para un posible choque
con el Imperio Caldeo. Incrementó los efectivos griegos en su ejército, permitió que la colonia de Naucratis se convirtiera
en una gran ciudad, y firmó numerosas alianzas con los griegos.

En 562 murió Nabucodonosor II y fue sucedido por su hijo Amel-Marduk. La Biblia lo menciona porque, al parecer,
liberó de la prisión al derrocado rey Joaquín.

En 561 Pisístrato se presentó ante los atenienses mostrando una herida. Afirmó que se la habían causado los "enemigos
del pueblo", que querían asesinarlo, y solicitó permiso para contratar una guardia personal, de 50 hombres, algo prohibido
por las leyes de Solón. Los atenienses, vacilantes, llamarón a Solón, quien, al parecer, les dijo:

Escuchadme bien, atenienses: yo soy más sabio que muchos de vosotros, y más valeroso que muchos otros. Soy más sabio
que los que no ven la malicia de este hombre y sus fines ocultos; y más valeroso que los que, aun viéndola, fingen no
verla por evitarse problemas y vivir en paz.
Pero Pisístrato tenía a su favor al partido de la montaña y Solón tenía en su contra al de la llanura, por lo que no le
hicieron caso. Dicen que al darse cuenta añadió:
Siempre sois iguales: cada uno de vosotros, individualmente, obra con la astucia de una zorra, pero colectivamente sois
una bandada de gansos.
La petición de Pisístrato fue aceptada, pero en vez de 50 hombres contrató 400, tomó la Acrópolis y se convirtió en
tirano de Atenas. Su posición era débil, por lo que se apresuró a ganarse la confianza de sus ciudadanos. Hizo editar las
obras de Homero en la forma en que actualmente las conocemos, instituyó unas fiestas en honor del dios Dionisio, en
las que se cantaban unas "canciones de machos cabríos" en alabanza al dios. En griego se llamaban tragedias. Al
principio eran cantos a coro alegres y bulliciosos, pero más tarde los poetas empezaron a escribir versos serios para la
fiesta. En un momento dado, un poeta llamado Tespis tuvo la ocurrencia de hacer callar al coro de tanto en tanto y dejar
que un actor solista relatara e interpretara una historia tomada de los viejos mitos. Fue el primer paso de una compleja
evolución que experimentaría el género en los siglos siguientes.

Pisístrato construyó templos en la acrópolis e inició el proceso de embellecimiento de Atenas que terminaría
convirtiéndola en la gran capital que llegó a ser. Instituyó los Juegos Panhelénicos, que reunían en Atenas no sólo a los
atletas, sino a los políticos más importantes de Grecia. En cuanto a la política exterior consiguió que Atenas dispusiera
de colonias en lugares estratégicos. Se preocupó especialmente de proteger las rutas comerciales con el mar negro.
Reconquistó el puesto de Sigeo en el lado asiático del Helesponto, que Pítaco le había arrebatado a Atenas tiempo antes.

En 560 murió Solón, y también fue asesinado el rey caldeo Amel-Marduk en una intriga palaciega. El trono pasó a su
cuñado Neriglisar. También murió el rey lidio Aliates, y fue sucedido por su hijo Creso. Al contrario que su padre, Creso
admiraba la cultura griega, consultaba los oráculos griegos, especialmente el de Delfos, al que enviaba regalos mucho
más valiosos que los que podía enviar cualquier ciudad griega. Por ello Creso adquirió la fama de ser extraordinariamente
rico.

En Esparta fue elegido éforo Quilón, quien reprobó la tolerancia que Esparta estaba teniendo con las ciudades de Arcadia
y reclamó una política fuerte. Los espartanos no tuvieron dificultad en derrotar a los arcadios, que se apresuraron a
someterse. A la ciudad de Tegea se le permitió conservar su independencia, y desde entonces fue la ciudad más leal a
Esparta de todo el Peloponeso, que ahora estaba dominado por Esparta casi en su totalidad (salvo la Argólida).

Mientras tanto, un nuevo gobernante apareció en la región de Anshan. Esta región se encontraba al norte de lo que había
sido Elam, y estaba poblada por medos que fueron incorporados al Imperio por Ciaxares, si bien conservaron
gobernadores locales. El nuevo príncipe se llamaba Ciro II, y hacía remontar su rango a un antepasado
llamado Aquemenes, que había gobernado siglo y medio antes, por lo que su dinastía es conocida
como aqueménida. Anshan formaba parte de una región más amplia llamada Fars por los nativos, pero que nosotros
conocemos por la versión griega de su nombre: Persia. En 559 Ciro II declaró a Anshan independiente de Media.
Astiages envió un ejército que fue fácilmente derrotado por Ciro. En el lugar de la victoria mandó construir la ciudad
de Pasargadas (fortaleza de Persia), que se convirtió en su nueva capital.

En 556 el tirano ateniense Pisístrato organizó una expedición para ayudar a los nativos del Quersoneso Tracio (la actual
península de Gallípoli, en el lado europeo del Helesponto). Como jefe de la expedición eligió a Milcíades, el cabecilla
del partido de la llanura, su principal rival político. (Tal vez fue una forma de librarse de él.) La expedición fue un éxito
y Milcíades acabó siendo tirano de toda la península. Ahora Atenas controlaba los dos lados del Helesponto.

Ese mismo año murió el rey caldeo Neriglisar. Su hijo fue rápidamente destronado y diversos partidos se disputaron el
trono. Al parecer nadie en el partido vencedor quiso asumir el riesgo de convertirse en rey, por lo que asignaron el trono
a un personaje que juzgaron fácil de manipular. El nuevo rey fue Nabónido, quien no demostró ningún interés por la
política. En su lugar, se dedicó a estudiar reliquias antiguas. Desenterró y restauró antiguas tablillas cuneiformes,
desatendió Babilonia y, en cambio, se interesó por ciudades más antiguas, como Ur y Larsa. Para colmo, Nabónido no
había nacido en Babilonia, sino que era natural de Harrán (actualmente bajo dominio medo), hijo de una sacerdotisa de
Sin, dios de la Luna, por lo que también desatendió a Marduk y, en cambio, se interesó por Sin y las ciudades que lo
veneraban. Es evidente que todo esto causó un gran descontento en la corte. En todo lo tocante a la política delegó en su
hijo Baltasar. Un rey títere era lo menos conveniente para Babilonia cuando Ciro II estaba expandiendo sus dominios.
Nabónido creyó que Media y Persia se enzarzarían en una larga guerra civil y así dejarían tranquilo a su Imperio. Incluso
estimuló a Ciro II a atacar a Astiages, y aprovechó los problemas de éste para arrebatarle Harrán en 553. Sin embargo, el
conflicto entre Media y Persia no fue largo. Ciro II usó más de la diplomacia que de la fuerza y consiguió en poco tiempo
tener de su parte a casi todo el Imperio Medo. Finalmente, en 550 marchó sobre la capital meda, Ecbatana, la tomó y la
convirtió en la capital de su nuevo imperio, conocido como Imperio Persa.

Por estas fechas la ciudad jonia de Focea inició la colonización de Córcega y Cerdeña, con lo que pronto entraría en
conflicto con los intereses etruscos.

EL IMPERIO PERSA
En 548 murió Tales de Mileto. Se había ganado el calificativo de "sabio". Cuando le preguntaron cuál era la empresa más
difícil para un hombre dijo "conocerse a sí mismo". A la pregunta de qué es la justicia respondió que "es no hacer a los
demás lo que no queremos que sea hecho con nosotros". Dejó un discípulo, Anaximandro, que fue el primero en trazar
un mapa del mundo conocido, y también realizó descubrimientos notables en matemáticas y astronomía, el cual tuvo
como discípulo a Anaxímenes. Fueron los principales representantes de la escuela de Mileto.

Entre tanto, el rápido ascenso del rey persa Ciro II no pareció preocupar mucho a sus vecinos. El rey lidio Creso pensó
que tantas agitaciones en el este podían marcar un momento propicio para extender sus dominios, así que decidió rebasar
con un ejército el río Halis, que desde hacía tiempo constituía la frontera natural entre Lidia y el Imperio Medo. Se dice
que antes de acometer tal empresa consultó al oráculo de Delfos sobre su conveniencia, y la respuesta fue: "Si Creso
cruza el Halis, destruirá un gran imperio". Creso no preguntó qué imperio sería destruido, sino que inició el ataque
en 547 y no tardó en lograr la completa destrucción de su propio imperio. En efecto, las tropas de Ciro II rechazaron
fácilmente a los invasores. Cuentan que los caballos lidios se sintieron desconcertados por el olor de los camellos persas,
lo que produjo una confusión en la batalla que Ciro II supo aprovechar muy bien. Los lidios fueron perseguidos más allá
del Halis, y en 546 Ciro II se había adueñado de Sardes, la capital lidia.

Mientras sucedía todo esto, el rey caldeo Nabónido permanecía ocupado en una expedición arqueológica en las regiones
desérticas del sudoeste. Cuando resultó evidente que el siguiente paso de Ciro II sería anexionarse el Imperio Caldeo,
Nabónido entabló una alianza con Egipto, que no le reportó ningún beneficio real y, al contrario, le sirvió de excusa al
rey persa para atacar a Caldea.

Las ciudades griegas de la costa de Asia Menor, esto es, las ciudades jónicas que hasta entonces habían estado bajo el
dominio lidio, temieron que, en cuanto Ciro II terminara con los caldeos, terminaría de consolidar su victoria sobre Creso
y las anexionaría a su imperio. Bías de Priene sugirió que todos los griegos de la zona embarcaran hacia el oeste, pero
nadie le hizo caso. Por aquella época el poder griego en el Mediterráneo occidental iba en aumento. Acababan de
establecer colonias en Córcega y Cerdeña, además de las que ya tenían en Sicilia. Esto preocupó tanto a los etruscos como
a los cartagineses, que temían que los griegos pudieran llegar a monopolizar el comercio marítimo en la zona. No tardó
en declararse la guerra. En 540 la flota etrusco-cartaginesa derrotó a la griega frente a la colonia griega de Alalia, en
Córcega, que (según los vencedores) se había convertido en una base de piratas. El resultado fue que los etruscos se
quedaron con toda Córcega, mientras que los cartagineses tomaron Cerdeña. Los griegos mantuvieron a duras penas
algunas colonias en Sicilia, en constante conflicto con las colonias cartaginesas de la isla. Con la batalla de Alalia terminó
prácticamente el periodo de colonización griega.

Mientras tanto el rey Bimbisara ocupó el trono de Magadha, que bajo su reinado se convirtió en el imperio más
importante de la India. Se anexionó el reino de Anga, en el este, cuya capital, Campa, tenía un puerto en el que se reunían
los barcos que navegaban por el Ganges y los que recorrían el sur de la India. El nuevo rey se esforzó por reorganizar el
país. Despidió a los funcionarios incapaces, realizó viajes de inspección, controló la construcción de carreteras y otras
obras públicas. Construyó la ciudad de Rajagrha y la convirtió en la nueva capital del reino.

En 539 Ciro II llegó a las puertas de Babilonia. Nabónido confió la defensa de la ciudad a su hijo Baltasar, pero no hubo
ninguna defensa. Nuevamente, Ciro II usó más de la diplomacia que de la fuerza. Consciente del descontento que el rey
caldeo se había ganado entre la nobleza y el clero, consiguió fácilmente una rebelión interna y la rendición de la ciudad.

Entre los partidarios más incondicionales que Ciro II se encontró en Babilonia estaban los judíos exiliados. En los últimos
años había surgido entre ellos un nuevo ideólogo. Su nombre nos es desconocido, pues sus escritos fueron posteriormente
atribuidos al profeta Isaías, que había vivido dos siglos antes (sin duda para darles mayor autoridad). En efecto, los
primeros capítulos del libro bíblico de Isaías se refieren a la época de Senaquerib, mientras que a partir del capítulo XL
mencionan a Ciro. Por ello este autor anónimo es conocido como "el segundo Isaías". Desde el punto de vista religioso,
el pensamiento del segundo Isaías supuso una revolución sin más precedente en la historia que el del faraón Akenatón.
Hasta entonces, Yahveh era el único Dios al que podían adorar los judíos, pues Yahveh se enojaba si adoraban a otros
dioses. El segundo Isaías afirmó que Yahveh no era sólo el dios de los judíos, sino que era el único dios verdadero. Todo
lo demás eran ídolos, trozos de piedra, de metal o de madera sin ningún poder a los que resultaba estúpido adorar (además
de herético, naturalmente). Sin duda, esta postura surgió como una defensa frente a la gran influencia que debía de ejercer
sobre los judíos la religión babilónica: la mejor manera de rebatir la evidencia de que Marduk era mucho más poderoso
que Yahveh era negar la existencia de Marduk. Si el Templo había sido destruido y los judíos habían sido sometidos a los
caldeos, ello no se debía a que Marduk ayudaba más eficientemente a los caldeos que Yahveh a los judíos, sino únicamente
a que Yahveh había usado a los caldeos como instrumento para castigar los pecados de los judíos, pero ahora que se
habían arrepentido Yahveh les devolvería su reino a través del mesías. Para el segundo Isaías, este ungido o mesías no
era sino Ciro II. El que el propio Ciro no estuviera al corriente de este hecho carecía de importancia:

Esto dice el Señor a mi ungido Ciro, a quien he tomado de la mano para sujetar a su persona las naciones y hacer volver
las espadas a los reyes, y para abrir delante de él las puertas, sin que ninguna pueda resistirle. Yo iré delante de ti, y
humillaré a los grandes de la Tierra, despedazaré las puertas de bronce y romperé las barras de hierro. Yo te daré a ti
los tesoros escondidos, y las riquezas recónditas, para que sepas que yo soy el Señor, el Dios de Israel, que te llamo por
tu nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre, te puse el sobrenombre de
Mesías, y tú no me conociste. Yo el Señor, y no hay otro más que yo, no hay dios fuera de mí, yo te ceñí la espada, y tú
no me has conocido, a fin de que sepan de oriente a poniente que no hay más dios que yo: Yo el Señor, y no hay otro. (Is.
XLV, 1-6)
En 538 el Imperio Caldeo era ya una parte del Imperio Persa. Ciro debió de sorprenderse mucho de la devoción que le
profesaron los judíos, pero debió de disimular y aprovecharla, pues al contrario que los asirios, el rey persa adoptó
desde el primer momento la política de tratar bien a los pueblos que conquistaba, con tacto y diplomacia, tratando de
que se sintieran cómodos dentro de lo posible. Así, Ciro autorizó el regreso de los judíos a su tierra (aunque no se habló
nunca de fundar un reino independiente, por descontado). Si para los judíos pasó como enviado de Yahveh, en
Babilonia asumió las funciones sacerdotales propias de un rey caldeo, y se presentó como un humilde servidor de
Marduk. Así se ganó el respeto de los sacerdotes, que mantuvieron a Babilonia leal al Imperio Persa.

Sin embargo, fuera de Caldea estaba ganando terreno la doctrina mazdeísta fundada por Zaratustra a principios de siglo.
Sus discípulos la desarrollaron notablemente, de modo que es difícil determinar qué parte de ella proviene del propio
Zaratustra. El atractivo principal del mazdeísmo consistía en que explicaba la presencia del mal en el mundo y prometía
una recompensa final para los hombres de bien. En efecto, la historia del mundo se dividía en cuatro periodos de tres mil
años. El primero correspondía a la creación de los dos espíritus principales: Ahura-Mazda y Ahrimán, y al conflicto entre
ambos. El segundo correspondía a la creación del mundo material, y concluía con la aparición del primer
hombre, Gayomart. Durante el tercer periodo dioses y hombres luchan unos a favor del bien y otros del mal. Ahura-
Mazda tiene bajo su mando a seis divinidades, los Amesha Spentas, que a su vez dirigían a otras muchas (antiguas
divinidades indoiranias que se reincorporaron al mazdeísmo, tras un primer intento de erradicarlas). Similarmente,
Ahrimán dirigía a un ejército de brujas y demonios. Tras la muerte, las almas de los hombres que han luchado por el bien
van al "mejor de los mundos", mientras que los malos acaban en "la morada del dolor". Aquellos cuyas buenas y malas
acciones se equilibran van a un lugar llamado Hamesta-Kan. Todos ellos esperan el cuarto periodo, cuando Ahura-Mazda
destruirá a Ahrimán, los muertos resucitarán, llegará el Salvador, Sawsyant, que los juzgará y destruirá el infierno y a
todos los condenados. El mundo será purificado y los justos vivirán en un Universo donde sólo existirá el Bien.

En cuanto a la lengua, los persas eran un pueblo indoeuropeo, por lo que el acadio les resultaba una lengua extraña y
difícil. Ciro II mostró en todo momento una gran admiración (tal vez real) por la cultura caldea, pero fomentó el uso del
arameo frente al acadio, pues si bien ambas lenguas eran semíticas, al menos el arameo tenía una base alfabética y
resultaba más sencillo. Bajo la dominación persa el uso del acadio se redujo exclusivamente al ámbito religioso.

Si bien Ciro había autorizado a los judíos a volver del exilio, lo cierto es que sólo una minoría estuvo dispuesta a hacerlo.
La mayor parte de la población judía estaba bien instalada en Babilonia y su vida era próspera. No obstante, hubo varios
grupos de judíos que decidieron partir. El primero fue dirigido por Sebasar, al que cierta tradición consideró hijo del
derrocado rey Joaquín, si bien esto no es sostenible. Ciro II había autorizado también la reconstrucción del Templo, y al
parecer Sebasar presidió el inicio de las obras. No obstante pronto desaparece de la historia (probablemente murió). Fue
sucedido por Zorobabel, al parecer sobrino de Sebasar y presuntamente nieto de Joaquín. Junto a él estaba Josué, hijo
del sumo sacerdote que oficiaba en Jerusalén cuando el Templo fue destruido. Así, los judíos se formaron la imagen más
ficticia que real de que se había restituido el status anterior al exilio: Zorobabel representaba a la casa de David (aunque
sin ningún poder efectivo) y Josué a la familia sacerdotal que se remontaba hasta Sadoc, el sacerdote del rey Salomón.

En realidad, el retorno del exilio no fue tan idílico como los judíos habían supuesto. En la antigua Judá habían quedado
muchos hombres humildes que seguían practicando la religión judía en su forma primitiva, completamente ajena a los
muchos cambios que ésta había sufrido en Babilonia. Los recién llegados no reconocieron como judíos a los nativos y los
llamaron samaritanos, identificándolos con los nuevos pobladores que trajo en su día Sargón II a Israel cuando deportó a
los israelitas. Los samaritanos ofrecieron su ayuda para reconstruir el Templo, pero no fue aceptada, con lo que se
generaron tensiones y recelos. Terminaron concluyendo que los judíos habían corrompido la religión incorporando
elementos caldeos (lo cual era cierto), así que judíos y samaritanos se tacharon mutuamente de herejes. Tal vez sea éste
un buen momento para abandonar el nombre de Judá y referirnos a la región en su nueva situación política
como Judea, que es el nombre que algo después le darían los griegos y más tarde los romanos.

Además estaban Amón, Moab, los antiguos edomitas, ahora idumeos, y los filisteos, que en la reconstrucción del Templo
vieron un resurgir del imperialismo judío. Naturalmente, toda la región estaba bajo el dominio persa, por lo que no podían
hacer uso de la fuerza, pero sí empezaron a urdirse intrigas para indisponer a los judíos frente a la autoridad persa. No fue
difícil conseguirlo. Por aquel entonces los judíos tenían dos profetas destacados: Ageo y Zacarías. Ambos consideraban
a Zorobabel como el Mesías (al parecer, Ciro II no dio la talla, después de todo), así que no debió de ser difícil convencer
a los persas de que los judíos pretendían convertir en rey a Zorobabel. No conocemos los detalles, pero lo cierto es que
Zorobabel desaparece de la historia y la autorización para construir el Templo fue revocada (tal vez no por el propio Ciro
II, sino por alguno de sus funcionarios locales). Probablemente Zorobabel fue ejecutado como rebelde, pero los autores
bíblicos no consideraron oportuno mencionarlo.

En 535 la oligarquía dominante en la isla de Samos fue depuesta por un tirano llamado Polícrates. Hizo construir un
centenar de barcos piratas con los que se adueñó del Egeo. Por otra parte, como era habitual entre los tiranos, fomentó la
cultura y las obras públicas. En especial mandó construir un gran acueducto. Entabló una alianza con el faraón Ahmés II,
una de las muchas que éste estableció con diversas ciudades griegas para fomentar el comercio y la defensa de Egipto.
Mientras tanto, griegos focenses fundan una nueva colonia en la costa suroeste de Italia: Elea.

En 534 fue asesinado Servio Tulio, el sexto rey de Roma. Al parecer, la conjuración fue organizada por Lucio
Tarquino, hijo del antiguo rey Tarquinio Prisco, y esposo de una hija de Servio Tulio. El conspirador se proclamó rey
inmediatamente, y pronto fue conocido como Tarquino el Soberbio. Los romanos contaban que el séptimo rey gobernó
con un despotismo y una crueldad desconocidos hasta entonces. Decían que nombró una guardia personal que le garantizó
la impunidad necesaria para gobernar sin más ley que su voluntad.

El trasfondo de estas historias es sin duda que el reinado de Tarquino el Soberbio fue un periodo en que Roma quedó bajo
la dominación etrusca, cosa que los historiadores romanos nunca hubieran estado dispuestos a admitir abiertamente. En
efecto, aunque parece ser que Servio Tulio era de origen etrusco, lo cierto es que su política no favoreció en nada los
intereses etruscos. Al contrario, había organizado la Liga Latina, con la que el Lacio estaba en condiciones de mantener
su independencia frente a los etruscos. Sin embargo, tras la batalla de Alalia, Etruria se había convertido en la mayor
potencia de la zona, y debía de estar en condiciones de influir en Roma y lograr que el poder acabara en manos de un rey
leal a sus intereses. Éste fue Tarquino el Soberbio. Por ejemplo, los historiadores relataban que el nuevo rey hizo ejecutar
a varios senadores, en lo cual podemos ver una "depuración" del Senado, por la que se deshizo de los principales oponentes
a la dominación etrusca.

Mientras tanto Ciro II continuaba expandiendo su Imperio. Sus generales tomaron una a una las colonias griegas de Asia
Menor que habían estado anteriormente bajo el dominio lidio. Nuevamente Mileto logró conservar su independencia, al
menos formalmente, como ya había hecho antes con Lidia. En las crónicas del Imperio Persa aparecen por vez primera
pueblos "nuevos" como los armenios o los partos. Eran pueblos indoeuropeos que llegaron tras los medos y fueron
ocupando distintos territorios. Los partos, por ejemplo, eran un pueblo ario cuyo nombre es de hecho una variante de
"persa". Otro grupo de arios conservaron su nombre primitivo y la región que ocuparon recibió el nombre de Aria, que
se conserva aún en el actual "Irán". El propio Ciro II dirigió varias campañas hacia el este, anexionándose Margiana,
Bactriana y la lejana Sogdiana. Así el Imperio Persa alcanzó una extensión mayor que la que había tenido el Imperio
Asirio. Ciro II murió en una de sus campañas, en 530. Su fama de gobernante justo e ilustrado le valió el sobrenombre
de Ciro el Grande.

Durante la ausencia de Ciro II, su hijo mayor estaba en Babilonia como regente. Al conocerse la muerte de su padre le
sucedió en el trono sin ningún incidente, con el nombre de Cambises II. Pronto se dirigió al este a completar los proyectos
que su padre había dejado inacabados.

ABIOS Y FILÓSOFOS
En los últimos años del siglo VI surgieron pensadores notables en los puntos más distantes del mundo civilizado. Desde
los principios del siglo, en la India habían surgido corrientes divergentes respecto de la religión brahmánicat oficial. Éstas
se interesaron por los aspectos más filosóficos del brahmanismo: la relación entre el cuerpo y el alma, la reencarnación,
etc., relegando a segundo plano los rituales, a los que a menudo dieron una interpretación alegórica. Una de estas
corrientes fue desarrollada por un grupo de místicos que se retiraron a los bosques y compilaron una serie de abstrusos
tratados conocidos como los Upanisads (que significa algo así como "sentarse junto al maestro"). La filosofía de los
Upanisads es monista, en el sentido de que considera a la materia una ilusión y concibe el Universo como una unidad
espiritual, en contraste con la filosofía dualista conocida como Samkhya, atribuida a Kapila (que tal vez vivió en el siglo
precedente), según la cual existen dos realidades eternas: una es la materia, o mundo de las apariencias, y la otra la
componen un número infinito de almas individuales. Cada alma es prisionera de su cuerpo, al que se cree ligada, y sólo
consigue la salvación cuando comprende su naturaleza distinta, y asimila que es sólo un espectador, no un actor, en el
mundo, y se libera de los deseos, procedentes del cuerpo.

Esta corriente Samkhya fue el punto de partida de lo que ya no puede clasificarse como corriente, sino más bien como
herejía respecto al brahmanismo. Su creador fue Vardhamana, hijo del jefe de un clan, nacido cerca
de Vaisali. Consideró que la única forma en que el alma podía llegar a comprender su naturaleza independiente del
cuerpo, dotada de sabiduría, poder y bondad ilimitados, y lograr así su liberación, era mediante una vida rigurosamente
ascética. Así lo aplicó a su propia persona y, tras doce años de severa ascesis, a la edad de cuarenta y dos años, alcanzó
el conocimiento espiritual pleno y se convirtió en Mahavira (el venerable). Durante los treinta años siguientes recorrió
la región enseñando su sistema, que recibió el nombre de jainismo (dominio de las pasiones). Sus seguidores se
organizaban en comunidades sin un reglamento concreto, que más tarde se dividieron en dos facciones rivales: los vestidos
de blanco y los vestidos de aire, llamados así porque los primeros iban vestidos y los segundos desnudos. Les estaba
prohibido quitar la vida a todo ser animado, así como la mentira, el hurto, la sensualidad y todo tipo de atadura terrena.
También había laicos que, sin abandonar el mundo, hacían los mismos votos, pero sustituyendo el celibato por una vida
casta, y la renuncia absoluta por la reducción de sus pertenencias al mínimo imprescindible. El jainismo no reconoce
ningún dios, sino que la fe se interpreta como el recto conocimiento de la relación entre materia y pensamiento. Los
jainistas no pudieron dedicarse a ninguna actividad como la agricultura, la pesca, etc., que conlleva la muerte de seres
vivos (las plantas también cuentan) así que se dedicaron a actividades comerciales, y hoy en día forman una minoría
próspera, integrada por banqueros, abogados y terratenientes.

En 530 empezó a enseñar en China Kongfuzi (el maestro Kong), al que conocemos como Confucio. Sus enseñanzas
versaban sobre todo sobre ética social. Instruyó a un grupo de discípulos que terminaron ocupando posiciones destacadas
en el gobierno, lo que les dio la oportunidad de poner en práctica las ideas de su maestro. Para Confucio y sus discípulos,
el sabio difunde un orden que se va extendiendo del individuo al universo entero. El hombre debe respetar este principio
de orden tomando ejemplo de los sabios y los grandes hombres del pasado. Las virtudes confucianas son
el ren, compasión o simpatía que induce a socorrer a los semejantes, y el yi, la equidad que lleva al respeto de los bienes
ajenos y de la posición social. La sabiduría se consigue con el estudio, la reflexión y el esfuerzo, y su meta es llegar al
ideal de hombre superior, sereno, virtuoso, sabio y recto, que ha asimilado el principio del orden universal y puede hacer
lo que le place sin transgredirlo.

Confucio atribuye una naturaleza divina al principio de orden universal, pero por lo demás adopta una postura agnóstica,
y no acepta los mitos y rituales religiosos. En contra de lo que podría pensarse, este agnosticismo racionalista fue bien
recibido por el pueblo. Mientras los judíos podían atribuir sus vicisitudes a un castigo divino por sus pecados, los chinos
cumplían escrupulosamente con los ritos religiosos, y ello no impedía que de tanto en tanto se produjeran inundaciones o
periodos de sequía, sin que los dioses parecieran responder a los debidos sacrificios. Así se empezó a dudar de que
realmente los dioses se ocuparan del mundo y que tuviera algún sentido tratar de relacionarse con ellos. A esto hay que
añadir que la religión oficial estaba en manos de los hechiceros Wu, al servicio del Rey, y por aquel entonces estaban
muy desprestigiados. Se contaban historias de un rey que ordenó a un Wu que disparara flechas contra muñecos
representando a los nobles que no acudían cuando eran convocados a palacio, o de otro que se sirvió de un Wu para
encontrar posibles conspiradores, con lo que la población estaba tan atemorizada que apenas se comunicaban por señas.
Evidentemente esto son exageraciones, pero muestran que la religión Wu incomodaba al pueblo.

En realidad el confucianismo fue sólo una de las muchas líneas de pensamiento que surgieron en China como reacción
contra la religión tradicional. Otra no menos importante fue la iniciada por Lao-Tse, del que se tiene poca información,
pero parece ser que fue historiador y astrólogo en la corte real. Escribió un libro llamado Tao-Te-King, en el que sentó
las bases del Taoísmo, una religión mística que puede practicarse en solitario. El taoísmo predica la meditación, la quietud
y la inactividad. Su filosofía es "no hacer nada para alcanzarlo todo", hay que dejar que la naturaleza siga su curso. El
Cielo y la Tierra permanecen porque son la materialización de una realidad inmutable que crea sin esfuerzo ni objeto. La
mayor virtud del sabio es la contemplación, impregnarse del Tao hasta el punto de identificarse con él como realidad
última impersonal y amoldar la propia existencia a su acción incesante y silenciosa. Se dice que Confucio había rechazado
a Lao-Tse calificándolo de soñador incomprensible.

Por esta época un jonio llamado Jenófanes dejó su ciudad natal, Colofón, y decidió emigrar a Sicilia, lejos de los persas.
Más tarde pasó a Elea, donde fundó una escuela de pensamiento conocida como la Escuela Eleática, cuyas figuras más
importantes surgirían en el siglo siguiente. A Jenófanes se le recuerda principalmente por su idea de que la existencia de
conchas marinas en regiones montañosas es un indicio de que en otros tiempos ciertas regiones estuvieron sumergidas
bajo el mar.

Otro jonio ilustre fue Pitágoras de Samos, que, al igual que otros griegos, aprovechó la unidad del gran Imperio Persa
para viajar por sus confines. Pitágoras estudió en Babilonia, e incluso llegó a visitar la India. Cuando volvió a su patria,
Samos, la encontró gobernada por el tirano Polícrates, mientras que él formaba parte de la aristocracia a la que éste había
derrocado. Consideró que la vida en Samos se le hacía insoportable y en 529 se fue a Crotona, la colonia del sur de Italia,
donde había oído que florecía la cultura.

Allí fundó una institución muy peculiar. Podían ingresar tanto hombres como mujeres, pero tenían que hacer voto de
castidad y comprometerse a no tomar nunca vino, huevos ni habas (nunca se sabrá por qué). Debían vestir sencilla y
decentemente, la risa estaba prohibida, y al final de cada curso los alumnos debían hacer una autocrítica en público,
confesando toda infracción de las reglas que hubieran cometido. Los alumnos se dividían en externos e internos. Los
últimos eran los que vivían en la propia institución. Sólo éstos podían ver al maestro, y ello tras cuatro años de iniciación.
Hasta entonces les mandaba las lecciones por escrito, firmadas con authos epha (lo ha dicho él), indicando que no había
lugar a discusión.

Si Tales fue el primer científico, podríamos decir que Pitágoras fue el primer universitario. Timón de Atenas, que le
admiraba intelectualmente, decía que era solemne hasta la pedantería, que había conseguido importancia a copia de
dársela él mismo. Se llamaba a sí mismo filósofo (amigo del saber), término que con el tiempo se aplicaría a todos los
pensadores griegos. En sus descubrimientos había poco de original. La mayor parte de ellos eran cosas que había
aprendido en Egipto y Babilonia. Sus enseñanzas versaban sobre los números, la geometría, la música y la astronomía,
siempre desprovistas de cualquier posible (a la vez que despreciable) aplicación práctica. Parece ser que Pitágoras fue el
primero que afirmó que la Tierra es una esfera que gira sobre sí misma. A estos hechos realmente prometedores, unía
supersticiones tontas (tal vez tomadas del hinduismo), como que, tras la muerte, el alma abandona el cuerpo y, tras una
estancia en el Hades (el infierno griego), vuelve a encarnarse en un recién nacido. Él mismo recordaba haber sido en otra
vida una famosa cortesana, y luego un destacado héroe de la guerra de Troya.
Otra figura destacada en la época fue Heráclito. Había nacido en Éfeso, una de las ciudades griegas de Asia Menor. Fue
más soberbio que Pitágoras y, en añadidura, un misántropo. Despreciaba prácticamente todo lo que le rodeaba, incluso
llegó a escribir:

La gran cultura sirve de poco. Si bastase para formar genios, lo serían hasta Hesíodo y Pitágoras. La sabiduría no
consiste en aprender muchas cosas, sino en descubrir aquella sola que las regula todas en todas las ocasiones.
Con esta forma de pensar, Heráclito decidió abandonarlo todo e irse a vivir a una montaña. Pasó toda su vida
meditando. Reunió sus conclusiones en un libro llamado Sobre la Naturaleza, poco menos que incomprensible, pues al
parecer no quería que los hombres mediocres le entendieran, y con ello se ganó el apelativo de Heráclito el oscuro. La
base de su filosofía consistía en que la realidad es un continuo cambio: todo fluye, nada permanece. Toda la realidad es
el cambio incesante de un único principio: el fuego. De él surgen los gases, que luego se condensan en líquidos y de sus
residuos al evaporarse surgen los sólidos. El universo es fuego en distintos estados. No hay dioses. ¿Cómo iba a existir
un dios eterno e inmutable, si ya ha quedado claro que todo es cambiante? A lo único a lo que en cierto sentido
podríamos llamar "dios" es al fuego, pero teniendo bien claro que el fuego no es bueno ni malo, ni distingue entre el
bien y el mal. Llamamos "bien" a lo que nos conviene llamar "bien", pero nuestro juicio no está avalado por el de
ningún dios antropomorfo. La existencia de algo conlleva necesariamente la posibilidad de cambiar a su contrario. No
puede haber día sin noche, riqueza sin pobreza, vida sin muerte. El cambio de algo en su contrario es una necesidad
inevitable. El sabio debe comprender la necesidad de que existan los opuestos, y resignarse ante el dolor, la pobreza o la
enfermedad como complementos necesarios del placer, la riqueza o la salud.

Por esta época había ganado fama Epidauro, una ciudad de la Argólida a la que acudían todos los enfermos de Grecia.
Allí estaba el templo de Asclepios, dios especializado en curaciones milagrosas. Se han encontrado muchas lápidas con
inscripciones como ésta:

Oh Asclepios, oh deseado, oh invocado dios, ¿cómo podría conducirme dentro de tu templo si tú mismo no me conduces
a él, oh invocado dios que sobrepasas en esplendor el esplendor de la Tierra y de la primavera? Y ésta es la plegaria de
Diofanto: Sálvame, oh dios socorredor, sálvame de esta gota, que sólo tú lo puedes, oh dios misericordioso, sólo tú en la
tierra y en el cielo. Oh dios piadoso, oh dios de todos los milagros, gracias a ti he sanado, oh dios santo, oh bendito dios,
gracias a ti, gracias a ti Diofanto no caminará más como un cangrejo, sino que tendrá buenos pies, como tú has querido.
El templo estaba rodeado por unos pórticos de setenta y cuatro metros de longitud, donde acudían los peregrinos y, tras
darse un baño obligatorio, podían entrar en el templo. No sabemos qué clase de curas se dispensaban allí.
Probablemente los sacerdotes de Asclepios eran unos embaucadores, pero también es posible que conocieran unos
rudimentos de medicina basados en hierbas y aguas termales. De todos modos el ingrediente principal de las curaciones
era sin duda la sugestión de las ceremonias espectaculares.

En 527 murió el tirano ateniense Pisístrato. En un par de ocasiones había sido obligado a abandonar el poder (y la ciudad),
pero logró recuperarlo poco después. Finalmente se ganó el respeto de sus conciudadanos, pues en ningún momento tomó
represalias o trató de instaurar un régimen policial. Al contrario, organizó elecciones libres para los arcontes, se sometió
al control del Senado y la Asamblea, e incluso cuando alguien le acusó de asesinato, su respuesta fue una querella ante
un tribunal. Ganó la causa porque el acusador no se presentó. Su autoridad se basaba en una personalidad arrolladora. Se
hacía lo que él quería, pero sólo después de haber convencido a los demás de que era también lo que ellos deseaban hacer.
Entre sus reformas más destacadas estaba una reforma agraria por la que destruyó los latifundios en favor de los pequeños
propietarios. Había establecido que a su muerte sería sustituido por sus dos hijos, Hipías e Hiparco, y así fue. Éstos
continuaron la política de su padre y Atenas continuó progresando económica y culturalmente.

En 525 murió el faraón Ahmés II y fue sucedido por su hijo Psamético III, quien ese mismo año tuvo que enfrentarse al
desastre para el que su padre había ido preparando a Egipto: El rey persa Cambises II había terminado de ordenar la parte
oriental de su imperio y ahora se dirigía hacia Egipto. Hubo un encuentro en Pelusio, al este del delta, pero las tropas
persas arrollaron a las egipcias sin dificultad. Seguidamente Cambises II tomó Menfis, aceptó la rendición sin resistencia
de los libios, marchó hacia el sur, saqueó Tebas y penetró en Nubia, puso bajo su control la parte norte del país y retornó
a Menfis para aprovisionarse.

Los egipcios describieron a Cambises II en su historia como un gobernador cruel, pero, como en otras ocasiones, "cruel"
puede significar simplemente "extranjero". Contaban que Cambises II fue derrotado en Nubia (lo cual no es probable), y
que al volver a Menfis se encontró a los egipcios en una celebración. Se imaginó que estaban celebrando su derrota y
montó en cólera. Los egipcios le explicaron que la fiesta se debía a que habían encontrado un toro que satisfacía unos
exigentes requisitos que demostraban que era el dios Apis, lo cual prometía buenas cosechas. Cambises II, aún enfadado,
desenvainó su espada e hirió al toro, lo que para los egipcios era un abominable sacrilegio.

En 524 la ciudad griega de Cumas, en Italia, derrotó a una coalición etrusco-itálica. Las tropas griegas estaban
capitaneadas por Aristodemo, que poco después se convertiría en tirano de Cumas. Esta derrota no pareció afectar
sensiblemente al poder etrusco en Italia, ni siquiera en la Campania, la región de Cumas, pero lo cierto es que esta fecha
puede considerarse como el inicio de la decadencia etrusca, que se iría acentuando en las décadas siguientes.

En 523 empezó a predicar en la India Siddhartha Gautama, conocido como Buda (el iluminado). Había nacido en el
bosque de Lumbini, en las laderas del Himalaya. Su padre era el jefe de una aldea y su madre había muerto a los pocos
días de su nacimiento. Por aquel entonces en la India había sociedades muy diversas. Algunas se encontraban todavía en
el neolítico, otras estaban bajo la dominación Aria, y entre ellas algunas estaban empezando a desarrollarse económica y
culturalmente. Gautama tuvo una infancia fácil y protegida, se casó y tuvo un hijo, pero a la edad de 29 años se sintió
conmovido por todo el sufrimiento que veía a su alrededor, con lo que decidió abandonar a su familia y entregarse al
ascetismo. Finalmente, meditando al pie de un árbol, obtuvo la iluminación y se convirtió en Buda, momento en que
empezó a difundir sus enseñanzas. Contaba con la amistad y la protección del rey Bimbisara de Magadha.

Buda aceptó algunas ideas del hinduismo, como la reencarnación de las almas, si bien la concebía en un sentido más
débil: el alma es un agregado de cinco elementos:

1. El cuerpo y los sentidos,


2. los sentimientos y sensaciones,
3. la percepción sensorial,
4. las voliciones y facultades mentales,
5. la razón o conciencia.
Estos elementos están en continuo cambio y su unión se disuelve con la muerte. Lo que se transmite en las
reencarnaciones no es el alma, sino el karma que ésta ha acumulado, un flujo de energía que se reviste de un cuerpo tras
otro hasta que alcanza el fin último, llamado nirvana. Como el jainismo, el budismo es una religión sin dios. Según
Buda hay cuatro verdades excelentes:

1. La existencia humana es sufrimiento,


2. El sufrimiento está causado por el deseo,
3. El sufrimiento puede ser superado por la victoria sobre el deseo,
4. Esta victoria puede lograrse siguiendo el camino de las ocho etapas: visión justa; resolución justa; palabra justa,
verdadera y buena; comportamiento correcto; trabajo correcto; esfuerzo correcto; memoria o atención correcta
y contemplación. A su vez, la contemplación requiere cuatro etapas: aislamiento, que se convierte en
alegría, meditación, que proporciona la paz interior, concentración, que provoca el bienestar del cuerpo,
y contemplación, que es recompensada con la indiferencia ante la felicidad o la desgracia.

El budismo era concebido como un "camino intermedio" para lograr la liberación del alma, intermedio entre las dos vías
(fáciles y superficiales) que reconocía el brahmanismo y el ascetismo riguroso de los jainistas. Aceptó los votos
jainistas modificados para ser compatibles con una vida normal. Así, la muerte de seres vivos era permitida con fines
alimenticios, la castidad fue sustituida por la fidelidad en el matrimonio, etc., pero las bebidas embriagadoras, el juego,
el trato con personas indeseables, etc. estaba rigurosamente prohibido.

En 522 murió Polícrates, el tirano de Samos. Parece ser que fue sorprendido en una emboscada por un enemigo y fue
cruelmente asesinado. Ese mismo año, un sacerdote medo llamado Gaumata afirmó ser Smerdis, hermano del rey persa
Cambises II, y fue proclamado rey por algunos nobles medos mientras Cambises II estaba en Egipto. Sin embargo, el
sacerdote no podía ser quien dijo ser, pues el propio Cambises II había mandado asesinar a su hermano antes de su partida,
en previsión de una posible traición como la que, aun así, tuvo lugar. Cambises II se enteró de lo sucedido mientras volvía
de Egipto. Hizo saber que el verdadero Smerdis estaba muerto, pero no pudo hacer más, porque pronto fue asesinado.
Junto a él estaba un pariente lejano, también, pues, de la familia aqueménida, quien inmediatamente se puso al frente de
las fuerzas leales a Cambises II, marchó sobre Media, mató al falso Smerdis, se hizo proclamar rey y, tras unos meses de
incertidumbre, en 521, logró el control absoluto del imperio. Su nombre era Darío I.

Es muy probable que bajo estos hechos haya motivaciones nacionalistas e incluso religiosas. Por ejemplo, Ciro y
Cambises II aceptaron la religión babilónica, mientras que el falso Smerdis y Darío I eran mazdeístas. Tal vez Cambises
II descubrió o sospechó que un grupo de nobles medos descontentos con el dominio persa estaban urdiendo una rebelión,
y que su hermano podría estar pensando en aprovechar las circunstancias para proclamarse rey. Tal vez Darío I aprovechó
las circunstancias para proclamarse rey matando a Cambises II. Tal vez era mazdeísta o tal vez juzgó que los mazdeístas
eran entonces la facción más poderosa, con lo que la mejor forma de verse respaldado era aparecer como mazdeísta pro
medo a la vez que como aqueménida con derecho al trono. Sea como fuere, Darío I acabó contando con el apoyo de
Media y con los recelos de Babilonia, justo al revés de lo que le había ocurrido a Cambises II.

En 520 Cleómenes I ocupó uno de los dos tronos de Esparta. Poco después marchó sobre la Argólida e infligió a Argos
una decisiva derrota, tras la cual Esparta dominó definitivamente todo el Peloponeso. Estrictamente poseía un tercio del
territorio, otro tercio era Arcadia, que desde hacía tiempo era su aliada incondicional, y el otro tercio era la Argólida, que
ya nunca más se atrevió a cuestionar la autoridad espartana. En el Peloponeso no se movía un soldado sin permiso de
Esparta, y la ciudad fue considerada como el líder del mundo griego, pese a que culturalmente era con diferencia la ciudad
más pobre.

EL FINAL DEL SIGLO VI


Si a lo largo del siglo VI hemos encontrado notables novedades culturales y religiosas, en sus últimos años se produjeron
los acontecimientos políticos más interesantes. El Imperio Persa estaba gobernado por el que sería uno de sus gobernantes
más eficientes, el rey Darío I. Sin embargo, sus primeros años de reinado fueron difíciles. Cuando aparentemente tenía
las riendas del poder en su mano estalló una peligrosa rebelión en Babilonia. Un hombre de impresionante apariencia y
fácil elocuencia dijo ser hijo de Nabónido y se proclamó rey con el nombre de Nabucodonosor III. Levantó defensas a
lo largo del Tigris y se dispuso a impedir que Darío I las atravesara cuando llegara de Media. Darío I no quiso un
enfrentamiento directo, sino que hizo que sus hombres cruzaran el río en grupos reducidos y en puntos muy alejados unos
de otros, y luego ordenó que se reunieran en la retaguardia enemiga, con lo que pillaron por sorpresa a los hombres de
Nabucodonosor III, los derrotó y marchó sobre Babilonia en 519.

Darío I no destacó tanto por sus hazañas militares como por la eficiencia con la que organizó el imperio. Lo dividió en
veinte provincias independientes llamadas satrapías, al frente de cada una de las cuales puso a un virrey
o sátrapa (protector del reino). No obstante extendió ligeramente la frontera del imperio hacia el este. En 518 creó las
satrapías de Gandhara y el Sind, en el valle del Indo. Hizo construir buenos caminos y creó un sistema de mensajeros a
caballo de valor incalculable a la hora de mantener unidos sus territorios. Reorganizó las finanzas, estimuló el comercio,
acuñó moneda y estandarizó los pesos y medidas.

Aunque Darío I era mazdeísta, su actitud para con las demás religiones fue extremadamente tolerante, concedió a los
babilonios el derecho a adorar a sus dioses, y lo mismo hizo en Egipto, quienes lo consideraron como un buen rey pese a
ser extranjero. Los reyes persas fueron incluidos en la XXVII dinastía de reyes egipcios. Los judíos aprovecharon la
situación para solicitar de Darío I el permiso para reconstruir el templo, que les había sido denegado bajo el reinado de
Ciro II. Darío I no puso inconveniente, y en 516 el llamado segundo templo estuvo acabado.

Darío I había establecido la capital de su imperio en Susa, la antigua capital de Elam, pero ordenó construir una nueva
ciudad a unos 40 Km al sur de Pasargadas, destinada a ser la nueva capital, si bien nunca llegó a ser ocupada como tal.
En la práctica nunca pasó de ser una residencia real. Se la conoce como Persépolis. Una obra de Darío I que iba a resultar
valiosísima para los historiadores fue una gigantesca efigie suya que mandó esculpir en un lugar elevado, casi inaccesible,
donde inscribió la historia sobre el falso Smerdis tal y como la conocemos. La inscripción estaba en persa antiguo, en
elamita, en acadio y en arameo. Gracias a ella en 1833 pudo descifrarse el acadio y, más tarde, a su vez, a partir de él se
descifró el sumerio.

Mientras tanto, Hiparco, que junto con su hermano Hipías gobernaba Atenas como tirano, se enamoró de un joven
llamado Harmodio, del cual estaba enamorado también Aristogitón, quien optó por asesinar a Hiparco. Para disimular
sus motivos personales trató de dar tintes políticos al asunto matando de hecho a los dos tiranos con el apoyo de algunos
nobles. Pero los planes no salieron como estaban previstos, sino Hipías quedó con vida y mandó ejecutar a los
conspiradores. Sin embargo, el suceso le amargó y decepcionó tanto que en su desencanto cambió drásticamente su forma
de gobierno e inició un reinado del terror. Naturalmente, entre los atenienses cundió el descontento y Aristogitón se
convirtió en un mártir.

En 514 Ho-hü se convirtió en señor del estado de Wu, bajo cuyo mandato empezó a destacar frente a los desgastados
Reinos del Centro.

Mientras tanto, una vez organizado el imperio, Darío I se interesó por la expansión territorial. Puso los ojos en Europa y
en 512 avanzó sobre Tracia. Avanzó por la costa del mar Negro hasta la desembocadura del Danubio. En esta campaña
cayeron en poder persa nuevas colonias griegas, entre ellas el Quersoneso tracio, conquistado por Milcíades para Atenas
tiempo atrás, así como algunas de las islas del norte del Egeo. El rey Amintas II de Macedonia reconoció el dominio
persa, pero su reino no fue invadido y conservó el trono. El Imperio Persa había alcanzado su máxima extensión.

Volviendo a Atenas, el descontento del pueblo con el tirano Hipías fue canalizado por el alcmeónica Clístenes, nieto de
Megacles, quien construyó un hermoso templo a las autoridades de Delfos a expensas de su familia. Esto indujo al oráculo
a aconsejar a los espartanos que ayudasen a los atenienses a conseguir su libertad. Los espartanos accedieron de buen
grado. Desde que se habían hecho dueños del Peloponeso se las habían arreglado para eliminar todas las tiranías de la
región, y ahora tenían la oportunidad de continuar su obra más al norte. En 510, el rey espartano Cleómenes I marchó
sobre el Ática, derrotó a Hipías y lo condenó al exilio. Esparta pensaba haber restaurado la oligarquía en Atenas, pero
dicha "oligarquía" tenía a la cabeza a Clístenes y, desde los tiempos de la maldición, los alcmeónidas eran demócratas,
así que Clístenes usó su autoridad para reorganizar Atenas bajo un régimen democrático al estilo de Solón.

Ese mismo año se libró una batalla decisiva en el sur de Italia, por la que Crotona destruyó definitivamente a su
rival Síbaris. Los sibaritas habían adquirido fama por su afición a los lujos más refinados. Se decía que un sibarita
se hizo un colchón relleno de pétalos de rosa, pero que dijo que era incómodo porque uno de los pétalos estaba arrugado.
Respecto a la batalla, los historiadores griegos contaban que los sibaritas habían enseñado a bailar a los caballos para los
desfiles, y que los crotonenses aprovecharon el hecho y llevaron músicos al frente, de modo que los caballos se pusieron
a bailar al oír la música y desorganizaron el ejército sibarita. Síbaris fue arrasada de tal modo que durante mucho tiempo
los historiadores dudaron de su emplazamiento exacto.

Por esta época se difundió en China la fundición del hierro.

En 509 Roma logró librarse de la dominación etrusca. El rey Tarquino el Soberbió usó su poder en Roma para doblegar
a las demás ciudades latinas. En aquel momento Roma estaba en guerra con los Volscos, que habitaban el sureste del
Lacio. Mientras el rey estaba en el frente, en la ciudad triunfó una revuelta encabezada por un primo suyo, Tarquino
Colatino, y por un patricio llamado Lucio Junio Bruto (Lucio Junio el estúpido). Al parecer, el rey había ejecutado al
padre de Bruto y a su hermano mayor, y él mismo habría sido ejecutado también si no hubiera fingido exitosamente ser
un débil mental, de donde le vino el apelativo que después llevó con orgullo, como recuerdo de su inteligente estratagema.
Bruto fue recordado como un héroe y por ello el apelativo de Bruto fue honrosamente aplicado a muchos romanos en los
siglos posteriores a pesar de su significado literal. Respecto a Colatino, los historiadores romanos contaban que su esposa
fue violada por el hijo del rey, incidente que hizo saltar la chispa de la rebelión.

El gobierno de Roma quedó en manos del Senado, pero era necesario dotar a alguien de la autoridad necesaria para tomar
decisiones con rapidez, por lo que se creó el cargo de Pretor (el que va delante), elegido anualmente por el Senado con
funciones de presidente de gobierno. Sin embargo, la monarquía dejó tan mal recuerdo en la historia de Roma que, en los
siglos posteriores, lo peor que podía ocurrirle a un político era ser acusado de pretender convertirse en rey. El recelo por
que un solo hombre pudiera acumular demasiado poder hizo que pronto se eligieran dos pretores simultáneamente, de
modo que ninguna de sus decisiones era válida si no estaba avalada por ambos. Con ello se pretendía que cada pretor
cuidara de que el otro no abusara de su autoridad. Poco después los pretores pasaron a llamarse Cónsules (los que se
sientan juntos), palabra de la que deriva el verbo "consultar", pues los cónsules necesitaban consultarse uno a otro para
poder llevar a cabo cualquier acción. Este sistema de gobierno Senado-cónsules era muy similar al de Cartago. La política
pasó a ser considerada responsabilidad de todos (de todos los patricios, se entiende), por lo que el estado (y por extensión
la nueva forma de gobierno) pasó a denominarse República (los asuntos públicos, o del pueblo). También se creó otro
cargo doble: cada año se elegían dos Cuestores que supervisaban los juicios penales en la ciudad.

Pero el rey exiliado no se resignó a su suerte, sino que pidió ayuda a Lars Porsena, rey de la ciudad etrusca
de Clusium, al norte del Lacio. En 508 se presentó ante Roma con un ejército en un ataque por sorpresa. La leyenda
cuenta que los romanos lograron atrincherarse en la ciudad gracias a que Publio Horacio Cocles (el tuerto) retrasó el
avance del ejército etrusco manteniéndolo a un lado del puente de madera sobre el Tíber mientras los romanos lo destruían,
primero con la ayuda de otros dos hombres, luego solo. Cuando el puente fue destruido se arrojó al Tíber y nadó hasta
llegar a la otra orilla y ponerse a salvo.

Porsena se dispuso a asediar Roma. Según la leyenda, un joven patricio llamado Cayo Mucio se ofreció voluntario para
infiltrarse entre los enemigos y asesinar a Porsena, sin embargo fue capturado y Porsena le amenazó con quemarle con
una antorcha si no le revelaba las condiciones en que se encontraba la ciudad y sus posibilidades de resistir el asedio. Sin
embargo, la respuesta de Mucio fue poner él mismo la mano en el fuego y esperar impertérrito a que fuera consumida.
Impresionado, Porsena consideró que era inútil enfrentarse a un pueblo capaz de "poner la mano en el fuego" por su
ciudad (de aquí viene la expresión) y optó por liberar al que desde entonces sería conocido como Cayo Mucio Escévola
(el zurdo) y retirarse sin restaurar la monarquía.
Las leyendas de Horacio y Mucio fueron inventadas por los romanos para ocultar un desenlace menos glorioso: Roma
debió de rendirse ante Porsena y aceptar la dominación etrusca a condición de que la monarquía no fuera restaurada. Al
rey etrusco le debió de parecer un trato razonable y se marchó.

En 507 Roma firmó un tratado comercial con Cartago.

Mientras tanto los nobles atenienses lograron el apoyo de Esparta para expulsar a Clístenes y poner fin a su proceso
reformista. El argumento oficial fue que los alcmeónidas eran malditos y debían ser expulsados. El rey espartano
Cleómenes I volvió a Atenas, los alcmeónidas fueron expulsados y el gobierno quedó en manos de una oligarquía
encabezada por Iságoras. Sin embargo, Cleómenes I pecó de exceso de confianza. El ejército que llevó era demasiado
reducido, el pueblo se rebeló y sitió a los espartanos en la Acrópolis. Cleómenes I accedió a volverse a Esparta, Clístenes
regresó y logró llevar a cabo las reformas políticas.

Dividió al Ática en un complicado sistema de grupos sin apenas relación con la división anterior en función de la riqueza.
Su finalidad era que estos grupos fueran operativos a la vez que carecieran de todo significado, de modo que los
ciudadanos se sintieran simplemente atenienses. Duplicó el número de ciudadanos con derecho a voto. Instituyó
la Asamblea de los Quinientos, dividida en diez secciones que rotaban sus funciones a lo largo del año. Acrecentó y
reglamentó las atribuciones de la Asamblea de los Ciudadanos (Ecclesia), en la que inscribió por primera vez a una gran
masa de metecos y libertos (artesanos y esclavos liberados, hasta entonces sin derecho a voto). Repartió el control del
ejército entre diez estrategas. El Areópago, formado por los nobles, seguía administrando la justicia. Para proteger el
sistema estableció que una vez al año los ciudadanos con derecho a voto se reunieran en la plaza del mercado provistos
de una pieza de cerámica donde podían escribir el nombre de cualquier ciudadano que consideraran peligroso para la
democracia. Las piezas se recogían en urnas y si el número total de votos superaba los seis mil, el más votado debía
abandonar el Ática durante diez años. Este procedimiento se llamó ostracismo, pues los griegos
llamaban ostraka (conchas) a los trozos de cerámica usados en la votación. (Eran fragmentos de vasijas rotas, más baratos
y abundantes que el papiro, y que se usaban habitualmente para escribir notas y mensajes cortos.)
La región colindante con el Ática era Beocia, y entre sus mayores ciudades estaba Tebas, que aspiraba a tener la
hegemonía en la región. La pequeña ciudad de Platea se negaba a aceptar la dominación tebana, y Atenas decidió ayudarla.
Por su parte, Tebas se alió con Esparta. El rey Cleómenes I estaba deseoso de resarcirse del triste papel que había
representado el año anterior, y en 506 atacó a Atenas desde el sur mientras Tebas lo hacía desde el este. Por su parte, la
ciudad de Calcis, rival comercial de Atenas, se unió a los tebanos en el ataque.

Atenas parecía condenada a la destrucción, pero en el último momento Corinto decidió no participar en la expedición
espartana. La principal rival comercial de Corinto era Egina, que por estas fechas era pionera en el uso sistemático de la
moneda en las relaciones comerciales, y sucedía que Atenas y Egina eran rivales, por lo que Corinto pensó que destruir
Atenas sería hacerle el juego a Egina. Esparta no estaba dispuesta a que se cuestionara su autoridad en el Peloponeso, por
lo que prefirió dejarse convencer por Corinto y dejó plantada a Tebas. Los atenienses derrotaron a los tebanos y
confirmaron la independencia de Platea. A raíz de esta derrota, Tebas mantendría una actitud hostil hacia Atenas durante
todo el siglo siguiente. Seguidamente Atenas atacó a Calcis y obtuvo una victoria aún mayor. Obligó a Calcis a cederle
la soberanía de la parte sur de la isla de Eubea, al norte del Ática. Sus habitantes pasaron a ser considerados ciudadanos
atenienses con todos los derechos que ello conllevaba. La ciudad de Eretria, enemiga de Calcis, situada también en
Eubea, se convirtió automáticamente en aliada de Atenas.

El estado chino de Wu derrotó al de Chu, pero inmediatamente después fue invadido por Yue desde el norte. Wu se
defendió y pudo seguir al mismo tiempo la guerra contra Chu.

LA REVUELTA JÓNICA
A la entrada del siglo V, el mundo civilizado gozaba en general de cierta tranquilidad y prosperidad. La moneda hizo su
aparición en la India. El rey Darío I gobernaba suave y eficientemente el vasto Imperio Persa, desde Libia hasta el Indo.
Al norte estaban los escitas. Los restos arqueológicos escitas muestran un estilo artístico bastante homogéneo, desde el
norte del Mar Negro hasta Siberia. En las cercanías de Mongolia se han encontrado tumbas escitas muy bien conservadas
por el hielo. Contenían los cuerpos de altos personajes acompañados de sus caballos. El hielo ha conservado objetos
perecederos, como vestidos de tela, cuero, piel y fieltro, y útiles domésticos de madera. Las tumbas son de gran riqueza,
con telas bordadas, decoradas con perlas y láminas de oro. Sin embargo, hacía ya casi cien años que un nuevo pueblo
indoeuropeo avanzaba hacia Europa desde Asia. Eran los Sármatas, tal vez una rama lejana de los escitas, pues sus
lenguas y sus costumbres tenían ciertas semejanzas.

En el sur de Arabia, los reyes sabeos conquistaron una región de África, en la actual Etiopía, donde fundaron la ciudad
de Aksum. Poco a poco se fue formando una aristocrácia árabe que se impuso sobre la población negra nativa.

En México aparece una nueva cultura alrededor de Teotihuacán. Se trata de pequeños pueblos de agricultores que
veneraban a Tlaloc, divinidad del agua y de la lluvia.

Grecia continuaba su ascenso imparable. La ciudad de Egina alcanzó su apogeo, fruto de su idea de introducir la
moneda en el comercio griego un siglo atrás, que ahora estaba ya plenamente consolidada. La única excepción era
Esparta, que había prohibido el uso de monedas y la importación de artículos de lujo. La oligarquía espartana tenía sus
razones para esto. En otras ciudades, el comercio estaba dando poder a los grandes mercaderes, que rivalizaban con la
antigua nobleza y a menudo contribuían a derrocarla favoreciendo tiranías. La cultura griega seguía
progresando. Hecateo de Mileto viajó por el Imperio Persa y escribió libros de geografía e historia en los que descartó
cualquier explicación mitológica. De hecho, mostró escepticismo y burla hacia las presuntas intervenciones divinas en
los asuntos humanos.
En Elea destacaba Parménides, un pitagórico discípulo de Jenófanes que desarrolló una teoría filosófica opuesta a la de
Heráclito. Frente a la opinión de éste según la cual la realidad es un continuo cambio, Parménides sostenía que lo
auténticamente real es inmutable. Sus argumentos según los cuales todo cambio es ilusorio mantuvieron ocupados a
muchos pensadores griegos en los años posteriores.

Los etruscos se veían obligados a retirarse del norte de Italia ante las incursiones de los galos, esto es, los pueblos celtas
que ocupaban las actuales Francia, Alemania y Polonia y que poco a poco fueron asentándose también al sur de los Alpes,
a lo largo del valle del Po, en la región que los romanos llamarían más tarde la Galia Cisalpina, (la Galia de este lado de
los Alpes). Por esta época, otros pueblos celtas penetraron en la isla que actualmente es Gran Bretaña. El oeste fue ocupado
por un grupo conocido como Gäels, mientras que el este lo ocuparon los celtas britónicos. Parece ser que ambos pueblos
llegaron simultáneamente, pero tenían distinta procedencia y siguieron rutas distintas.

En España desapareció la monarquía de Tartesos. El reino se diluyó en pequeñas ciudades independientes que fueron
perdiendo importancia rápidamente y terminaron siendo absorbidas por los cartagineses. Al parecer, el comerció del
bronce en que se basaba su economía fue decayendo conforme se extendió la metalurgia del hierro, mucho más abundante.

Sin embargo, la tranquilidad no tardaría en acabarse. El detonante fue una revuelta organizada por las ciudades jonias (las
ciudades griegas de la costa del Asia Menor) contra el dominio persa. Los jonios habían tolerado el gobierno lidio porque
habían terminado helenizando a sus dominadores, pero las autoridades persas les gobernaban desde muy lejos y les
imponían unas costumbres muy alejadas de las suyas propias. Sólo necesitaban un líder y lo encontraron
en Aristágoras, cuñado del tirano de Mileto, que al parecer se había enemistado con los persas y no tenía nada que perder
con la revuelta, mientras que si todo iba bien podía acabar como tirano de toda Jonia. En 499 Aristágoras declaró a Mileto
independiente y las otras ciudades jonias, siguiendo su ejemplo, expulsaron a los gobernadores persas.

Inmediatamente Aristágoras viajó a Esparta a pedir ayuda para derrotar a los persas, pero cuando el rey Cleómenes I se
enteró de que había un viaje por tierra de tres meses hasta la capital persa, ordenó a Aristágoras que se marchara. Esparta
no combatiría contra un enemigo tan lejano. Aristágoras marchó a Atenas y allí tuvo más suerte. Los atenienses estaban
acrecentados por su reciente victoria sobre Tebas, además sabían que Hipías, el hijo de Pisístrato que había sido exiliado
años atrás, se encontraba en la corte de uno de los sátrapas persas. Cabía la posibilidad de que aspirara a recuperar el
poder en Atenas con la ayuda persa. Aristágoras volvió a Mileto anunciando que Atenas enviaría barcos y hombres. Sólo
Hecateo pareció juzgar insensato el proyecto. Él conocía bien el poder de los persas, poder que los griegos infravaloraban
indudablemente. De todos modos, recomendó que si la revuelta se llevaba a cabo era crucial disponer de una buena flota
en el Egeo que mantuviera conectadas a las distintas ciudades, pues si los persas lograban incomunicarlas no tendrían
ninguna dificultad en derrotarlas una a una. Nadie le hizo caso.

En Atenas, Clístenes también se mostró en contra de apoyar a los jonios. Los atenienses optaron por desterrarlo. Él y su
familia fueron considerados partidarios de los persas durante el medio siglo siguiente, así que los Alcmeónidas no tuvieron
ninguna influencia sobre la ciudad en este periodo.

En 498 murió el rey Amintas II de Macedonia y fue sucedido por su hijo Alejandro I. Ese mismo año tuvo su primer
éxito el más famoso de los poetas griegos: Píndaro. Había nacido en Tebas, hijo de un aristócrata, pero se educó en
Atenas.

Entre tanto Atenas cumplió su promesa y envió veinte barcos a la Jonia, junto con otros cinco de su aliada Eretria. En
vistas de la situación, otras ciudades griegas de Tracia y Chipre decidieron rebelarse también contra los persas. En Tracia
gobernaba como tirano Milcíades, sobrino del otro Milcíades ateniense que había conquistado el Quersoneso años atrás.
El joven Milcíades había aceptado el dominio Persa y ahora vio la ocasión de librarse de él. Anaxágoras condujo a los
milesios en un ataque sorpresa a Sardes, la antigua capital lidia. Se apoderó de la ciudad, la incendió y volvió a Jonia.
Cuando volvió a Mileto se encontró con el ejército persa que le estaba esperando y fue derrotado. Los atenienses
decidieron marcharse.

Pero el daño estaba hecho. El rey Darío I estaba furioso. Tenía ya más de sesenta años, pero no estaba dispuesto a dejar
las cosas como estaban. Reunió barcos fenicios y se hizo con el dominio del mar Egeo, aislando a las ciudades jonias tal
y como había predicho Hecateo. Aristágoras huyó a Tracia, donde murió poco después. Chipre fue tomada y después la
flota se dirigió contra Mileto.
En 496 subió al trono de Yue el rey Kou Chien, que terminaría logrando una victoria definitiva frente a Wu. Entre tanto,
el rey derrocado Tarquino el Soberbio hizo un último intento de apoderarse de Roma. De algún modo, logró enemistar a
Roma con las ciudades del Lacio, y así, un ejército latino capitaneado por el viejo rey y sus hijos se enfrentó a los romanos.
Esta vez la victoria de Roma fue absoluta, la familia real fue exterminada con excepción del propio Tarquino, que se
exilió en Cumas, donde murió más tarde. Los historiadores explicaban que en la batalla los romanos habían sido ayudados
por Cástor y Pólux, hermanos de Helena de Troya, que desde entonces recibieron honores especiales.

Roma quedó muy debilitada con estas guerras. La peor parte se la llevaron, naturalmente, las clases bajas, los plebeyos.
Muchos se arruinaron y tuvieron que venderse a sí mismos como esclavos, lo que mejoró la posición de la oligarquía
dominante, los patricios, pero a costa de grandes tensiones sociales. En 495 fue nombrado cónsul Apio Claudio, que era
sabino de nacimiento, pero que de joven había acudido en apoyo de Roma con un ejército, por lo que finalmente fue
admitido entre los patricios. Gobernó con mano dura y logró que en 494 los plebeyos terminaran optando por abandonar
la ciudad y establecerse en una colina cercana. Los patricios no podían permitirse prescindir de su mano de obra, así que
tuvieron que negociar.

Se llegó a un acuerdo por el que los plebeyos tendrían funcionarios propios, elegidos por votación como representantes
de la plebe. Eran los tribunos (nombre que antes designaba al jefe de una tribu). Su misión era defender los intereses de
la plebe e impedir que se aprobasen leyes en su perjuicio. Los tribunos tenían derecho de veto en el Senado, de modo que
ninguna ley podía aprobarse sin su consentimiento. Dada la hostilidad con que sin duda iban a ser acogidos entre los
arrogantes patricios, se acordó que los tribunos fueran inviolables, y que cualquier falta de respeto hacia ellos fuera penada
con una multa. Se nombraron ayudantes de los tribunos, llamados ediles, cuya misión era recaudar las multas, pero que
en parte ejercían también una labor policial. Con el tiempo su labor administrativa se extendió, y los ediles llegaron a
estar al cuidado de los templos, las cloacas, el suministro de aguas, la distribución de alimentos y los juegos públicos.
También regulaban el comercio.

El ascenso del poder de la plebe debió de generar un nuevo género de conflictos sociales en la antigua Roma. Los detalles
están ocultos tras leyendas que carecen de fundamento histórico, pero que atestiguan un pulso entre patricios y plebeyos
que terminó con la consolidación de los privilegios recientemente conseguidos por éstos últimos. La más famosa es la
de Cayo Marcio Coriolano. Según contaban los romanos, hubo un periodo de escasez de alimentos que obligó a importar
trigo de Sicilia. Coriolano propuso privar del trigo a los plebeyos si no renunciaban al tribunado. Los tribunos vetaron la
propuesta y Coriolano fue expulsado. Éste marchó a la ciudad volsca de Corioli en el Lacio (recientemente conquistada
por él mismo, de ahí su tercer nombre) y propuso a los volscos, conducirles hasta Roma y saquearla. Según la leyenda,
Roma sólo pudo librarse del desastre por la intercesión de la madre de Coriolano, que le convenció para volverse atrás, a
raíz de lo cual los volscos le mataron.

También en 494 Darío I acabó con la revuelta jónica. Mileto fue incendiada y ya nunca recuperó su ventajosa situación
anterior, si bien las otras ciudades fueron tratadas con indulgencia. Luego el rey envió a su yerno Mardonio a reconquistar
Tracia. Mientras tanto la ciudad de Argos decidió rebelarse contra Esparta, pero Cleómenes I sofocó la revuelta sin
dificultad.

Por esta época, en China, la vida de Confucio sufrió un cambio drástico. Parece ser que llegó a ocupar un cargo político
importante, pero viendo que le era imposible emprender las reformas que pretendía, abandonó y se dedicó a viajar de un
lugar a otro ofreciendo su consejo a cuantos señores se lo pedían, enseñando historia y filosofía.

Atenas se preparaba contra un eventual ataque persa. En 493 fue elegido arconte Temístocles, quien comprendió que la
única esperanza de Atenas era disponer de una flota poderosa, que por el momento no poseía. De todos modos,
Temístocles reforzó una posición en la costa cercana a la ciudad con la intención de convertirla en el futuro en la base de
una flota.

En 492 Mardonio había pacificado Tracia, forzando a Milcíades a volver a Atenas. Mardonio podía haberle seguido, pero
una tormenta dañó en parte a su flota, así que decidió volver a Persia. Pero Darío I no quiso olvidar que Atenas había
ayudado a los jonios en su revuelta. Parece ser que aquí intervino Hipías, que ahora estaba en la corte del mismo Darío I.
Al parecer, el rey persa no había oído hablar de los atenienses hasta que Hipías le explicó lo peligrosos que eran y lo
conveniente que era enviar tropas para dominar la zona. Entre tanto había surgido una disputa entre Cleómenes I y el otro
rey espartano, Demarato, que fue desterrado y huyó a la corte de Darío I. Mientras éste preparaba una expedición contra
Grecia, envió mensajeros a todas sus ciudades exigiéndoles que aceptaran la soberanía persa. La mayoría de las islas del
Egeo aceptaron inmediatamente. La ciudad de Egina sentía tal rivalidad contra Atenas que decidió someterse a los persas
aun antes de que llegaran los mensajeros. Naturalmente, Esparta no aceptó el dominio Persa. Se dice que cuando llegó el
mensajero reclamando "la tierra y el agua", los espartanos lo tiraron a un pozo y le dijeron "ahí tienes ambas". Poco
después el rey Cleómenes I fue víctima de los recelos de la oligarquía espartana, que temían porque estaba acumulando
cada vez más poder, así que también fue exiliado.

En 490 la expedición persa estuvo lista para partir. No era muy grande, pero sí suficiente para someter a unas pequeñas
ciudades belicosas, a juicio de Darío. Atravesó el Egeo ocupando sobre la marcha las islas que no habían aceptado la
rendición. Luego, una parte del ejército desembarcó en Eubea, donde Eretria fue incendiada, mientras la otra parte
desembarcó en el Ática, con el propio Hipías al frente, que la dirigió a una pequeña llanura, cerca de la aldea
de Maratón. Mientras tanto Atenas envió un mensajero llamado Fidípides para que pidiera ayuda a Esparta. Las
tradiciones de Esparta mandaban que no se emprendiera ninguna acción hasta que fuera luna llena, y cuando Fidípides
llegó todavía faltaban nueve días.

Atenas tuvo que enfrentarse sola a los persas, con un total de 9.000 hombres, más otros 1.000 enviados por Platea. A la
cabeza del ejército estaba Milcíades, que había logrado acallar las voces que optaban por la rendición. Milcíades conocía
a los persas y estaba convencido de que el hoplita griego estaba mejor preparado que el soldado persa, tanto en armamento
como en preparación. No sólo insistió en resistir a los persas, sino que afirmó que era esencial atacar primero. Así lo hizo
y, de algún modo, logró coger desprevenidos a los persas, que sufrieron grandes bajas y no pudieron hacer más que
retirarse malamente hasta sus naves. Podrían haberse recuperado y atacado a Atenas, pero su moral estaba destrozada y
les llegaron noticias de que los espartanos estaban en camino, así que volvieron a Persia.

La tradición cuenta que los griegos enviaron un mensajero a Atenas, el mismo Fidípides que había sido enviado a Esparta
poco antes. Recorrió a toda velocidad los 42 kilómetros que separan Atenas de Maratón, balbuceó la noticia de la victoria
y murió con los pulmones reventados. Los espartanos llegaron al campo de batalla poco después de que ésta terminara,
elogiaron a los atenienses y se volvieron a Esparta.
Este mismo año, Ajatasatru se hizo con el trono del reino indio de Magadha tras matar a su padre Bimbisara. Ello lo
enfrentó con su tío Prasenajit, rey de Koraba. Según la tradición Ajatasatru fue hecho prisionero con su ejército, pero
Prasenajit decidió dejarlo en libertad y sellar con él una alianza. Así Ajatasatru se casó con la hija de Prasenajit. Un tiempo
después, Virudhaka, el hijo de Prasenajit derrocó a su padre, que se vio obligado a huir a Rajagrha, donde murió al llegar.

Volviendo a Grecia y Persia, los resultados de la última campaña enfurecieron más aún a Darío I, que inmediatamente
empezó a preparar una nueva expedición. Para colmo de los males, cuando Egipto se enteró de lo sucedido en Maratón
decidió rebelarse. Mientras tanto, Milcíades logró que los atenienses pusieran a su mando una flota de 60 naves, con la
que fue a la isla de Paros en 489 y reclamó a sus habitantes una fuerte cantidad con el pretexto de que habían aportado
un barco a la flota persa. Milcíades pretendió quedarse con este dinero, pero el gobierno ateniense lo reclamó. La disputa
no llegó más lejos porque Milcíades murió entretanto. También murió ese mismo año el rey espartano Cleómenes I. Fue
llamado del exilio, pero enloqueció y tuvo que ser aprisionado. Sin embargo, logró hacerse con una espada y se suicidó.
Su trono fue ocupado por Leónidas, medio hermano de Cleómenes I. Entre tanto Atenas declaró la guerra a Egina, como
represalia por su pronta rendición ante los persas.

En 487 se decidió en Atenas el primer destierro por ostracismo del que se tiene notica. Se trataba de un político
llamado Hiparco.

Darío I no tuvo ocasión de ocuparse de los griegos y los egipcios, pues murió en 486. Fue sucedido por su hijo Jerjes
I, que tuvo que elegir a qué frente acudir primero. Optó por Egipto, que sin duda era más importante para el Imperio Persa
que unas ciudades belicosas. Las convicciones mazdeístas de Jerjes I eran mucho más firmes que las de su padre, y la
revuelta egipcia debió de acrecentar sus recelos frente a las otras religiones. Así, el dominio sobre Babilonia se hizo más
severo y los babilonios terminaron por rebelarse también.

En 485 Gelón se convirtió en tirano de Siracusa. Dedicó todos sus esfuerzos a incrementar la prosperidad de la ciudad y,
ciertamente, consiguió que Siracusa se convirtiera en la ciudad más rica y poderosa del occidente griego, status que
conservó durante casi tres siglos.
En 484 Jerjes I había sometido a Egipto y sus ejércitos se encaminaron a Babilonia. Allí se encargó de destruir la religión
babilónica. Lo hizo sistemáticamente, hasta el punto de que ordenó desmantelar la gran estatua de oro de Marduk, cuyo
culto desapareció para siempre, y con él la grandeza de Babilonia. La ciudad entró en un proceso de decadencia del que
ya nunca se recuperó.

Ese mismo año consiguió su primer éxito en el teatro de Atenas el dramaturgo Esquilo. Se le considera el padre de la
tragedia griega. Hasta su aparición la tragedia consistía en cantos corales que alternaban con un solista. Esquilo introdujo
un segundo solista, con lo que se hizo posible el diálogo. También perfeccionó las técnicas teatrales, la maquinaria
escénica, los decorados y las vestimentas de los actores.

En 483 murió Buda. Sus discípulos organizaron un concilio en Rajagriba, donde se puso por escrito la doctrina del
maestro y se reguló la forma de vida de los monjes budistas de acuerdo con la tradición que él había instaurado. Los
monjes viajaban por toda la India ayudando al pueblo y predicando la religión, pero en los meses del monzón se retiraban
a unos refugios que pronto se convertirían en monasterios. Poco después el rey Ajatasatru de Magadha invadió la
confederación de los Vrji, al tiempo que Virudhaka de Kosala atacó a la república de los Sakya y la destruyó casi
completamente.

Mientras tanto los atenienses estaban sumidos en una controversia sobre la forma más apropiada de hacer frente a los
persas, en caso de que -como era de esperar- volvieran. Naturalmente, se consultó al oráculo de Delfos, cuyo consejo fue
que los atenienses "se protegieran con murallas de madera". Uno de los ciudadanos más ilustres de Atenas
era Arístides. Había sido colaborador de Clístenes, luchó en Maratón y tenía fama de absoluta honestidad e integridad.
Contaban que una noche en el teatro un actor declamaba unos versos de Esquilo que decían: "Él no pretende parecer justo,
sino serlo", y todas las miradas se volvieron hacia Arístides.

Arístides interpretó literalmente el consejo del oráculo: debían construir murallas de madera alrededor de la Acrópolis y
prepararse a resistir. Sin embargo Temístocles encontró una interpretación mucho más sensata: el consejo de Apolo era
construir barcos de madera que protegieran la ciudad. Por aquella época se empezaban a construir trirremes, barcos con
tres filas de remos, mucho más veloces y con mucha más capacidad de maniobra que los barcos viejos. Temístocles
repetía una y otra vez que Atenas tenía que construir una flota de trirremes. Una evidencia a favor de esta postura la
proporcionó la guerra contra Egina, que sí disponía de una buena flota y ello le permitió resistir impune incluso a una
coalición de Atenas y Esparta.

Naturalmente, construir trirremes era caro, pero Atenas tuvo mucha suerte. Al sureste del Ática se descubrieron unas
minas de plata, con lo que de repente los atenienses fueron ricos. La primera idea fue repartir democráticamente la plata
entre todos los ciudadanos, pero Temístocles se opuso: de nada servía que cada ciudadano tuviera un poco más de dinero,
pero con toda esa riqueza se podían construir 200 trirremes. Arístides lo consideró un despilfarro y la disputa entre los
partidarios de Arístides y los de Temístocles se acentuó. Finalmente, en 482 se convocó una votación de ostracismo y
estaba claro que uno de los dos iba a ser desterrado.

Se cuenta una anécdota, según la cual un ateniense que no sabía escribir pidió a Arístides (sin reconocerlo) que escribiera
su voto por él. -¿Qué nombre quieres que ponga? -preguntó Arístides, -El de Arístides -respondió el votante, -¿Por qué?,
¿qué daño te ha hecho Arístides?, -Ninguno, pero ya estoy harto de oír a todo el mundo llamarlo Arístides el Justo.
Arístides escribió su propio nombre y se marchó.

El caso es que Arístides perdió la votación y, si bien podemos decir que no se merecía el destierro, lo cierto es que eso
salvó a Atenas, pues inmediatamente Temístocles ordenó la construcción de la flota de trirremes, justo a tiempo, pues
Jerjes I ya estaba ultimando los preparativos de una campaña contra Grecia.

En 481 las ciudades griegas celebraron un congreso en Corinto presidido por Esparta, si bien Atenas estaba alcanzándola
en prestigio, después de la victoria en Maratón. Se consiguió formar así una coalición única en la historia de Grecia. No
obstante, Argos se negó a incorporarse por su enemistad con Esparta y Tebas hizo lo propio por su enemistad con Atenas.
El congreso aprobó solicitar ayuda de las ciudades griegas más alejadas: Corcira, Creta y Sicilia. Corcira tenía una buena
flota, pero decidió permanecer neutral al ver a los persas demasiado lejos. Creta era débil y sus ciudades mantenían sus
propias disputas al estilo de las de la Grecia continental, con lo que realmente no podía ofrecer ninguna ayuda. Por último,
en Sicilia sólo respondió la ciudad de Siracusa, aunque no parece que la respuesta fuera muy seria, pues el tirano Gelón
se ofreció a colaborar siempre que se le pusiera al mando del ejército conjunto, cosa que nunca habría sido aceptada por
Esparta, por lo que su oferta fue rechazada. También es verdad que Gelón tenía sus propios problemas. Por aquel entonces
los cartagineses habían encontrado un general capaz, Amílcar, que se proponía expulsar definitivamente a los griegos de
Sicilia.

En

LAS GUERRAS MÉDICAS


En 480 murieron Pitágoras y Heráclito. Unos años antes, Pitágoras había sido expulsado de Crotona. En efecto, su escuela
no sólo tenía intereses científicos, sino también políticos. Los crotonenses se dieron cuenta con espanto de que los
hombres más influyentes de la ciudad eran pitagóricos, serios y autoritarios, aburridos y eficientes. Un movimiento
antioligárquico obligó a huir a muchos miembros de la academia, entre ellos el maestro, pero el pitagorismo político
continuó influyendo en la ciudad durante algún tiempo. Las malas lenguas dicen que Pitágoras, en su huida, fue a dar en
un campo de habas y, dado el odio que les tenía, se negó a esconderse en él y fue asesinado por sus perseguidores, pero
lo cierto es que Pitágoras sobrevivió y se trasladó a la ciudad de Metaponte, donde permaneció hasta su muerte.

La muerte de Heráclito fue más pintoresca. Su dieta de eremita no debía de ser muy saludable, pues acabó enfermando
de hidropesía. Si el sabio hubiera sido fiel a su doctrina, debería haber aceptado su enfermedad como parte del devenir,
como mal necesario para que pudiera concebirse la salud, pero no fue así, sino que abandonó su retiro y fue desesperado
de ciudad en ciudad y de médico en médico hasta que le llegó la muerte.

Por esta época llegó a Atenas un joven de unos veinte años llamado Anaxágoras. Había nacido en la ciudad jonia
de Clazómenas y había estudiado con Anaxímenes. Debía de tener cierta fama, pues un almirante ateniense
llamado Jántipo lo había llamado para educar a su hijo Pericles. Allí abrió una escuela de filosofía de la que salieron
muchas de las grandes figuras que iba a producir la ciudad en los años siguientes. Anaxágoras creía que los cuerpos
celestes no eran diferentes a los de la Tierra. Afirmaba que estaban compuestos de las mismas sustancias y obedecían a
las mismas leyes. Las estrellas eran rocas en llamas. El Sol era una roca caliente al rojo blanco, por lo menos del tamaño
de Peloponeso. Fue el primero en explicar los eclipses solares y lunares. Practicó la disección de animales, descubrió que
los peces respiran por las branquias. También estaba convencido de que los otros planetas estaban habitados por seres
similares a los hombres, al igual que la Tierra.

Pero el acontecimiento más notable del año fue sin duda el enfrentamiento entre griegos y persas, que los primeros
contaron como la Segunda Guerra Médica. (Los griegos identificaban a los persas con los medos. La Primera
Guerra Médica fue la que se resolvió con la victoria de Maratón.) Jerjes I dirigió su flota hasta Tracia, donde desembarcó
y se internó en Macedonia y el rey Alejandro I tuvo que confirmar el sometimiento del país al dominio persa que había
aceptado su padre ante Darío I, aunque parece ser que las simpatías del rey macedonio estaban con los griegos. Desde
allí, Jerjes I avanzó hacia el sur. Los tesalios solicitaron ayuda de las otras ciudades que habían participado en el congreso
de Corinto el año anterior. Éstas enviaron una expedición, pero el rey Alejandro I les aconsejó que se retiraran, pues el
ejército persa era demasiado poderoso. Los griegos siguieron el consejo y Tesalia fue ocupada por Jerjes.

Para que el pequeño ejército griego pudiera enfrentarse con éxito a los persas era necesario hacerlo en un lugar estrecho,
donde el contacto real involucrara necesariamente a pocos hombres. Un lugar adecuado era el desfiladero de las
Termópilas, unos 160 kilómetros al noroeste de Atenas. Allí acudieron 7.000 hombres bajo el mando del rey espartano
Leónidas. Con los persas estaba Demarato, el rey espartano exiliado por Cleómenes I, quien advirtió a Jerjes I de que los
espartanos combatirían duramente.

Así fue, los espartanos resistieron tenazmente al ejército persa, pero éste encontró finalmente un estrecho camino por las
montañas que conducía hasta la retaguardia griega. Jerjes I envió un destacamento y los griegos se dieron cuenta de que
iban a ser rodeados. Leónidas ordenó la retirada, pero él mismo y sus 300 mejores hombres decidieron quedarse (la
retirada hubiera sido deshonrosa). Con ellos se quedaron unos 1.000 beocios, parte de los cuales se rindieron al siguiente
combate, mientras que el resto resistió con Leónidas luchando mientras pudieron hacerlo, y al final murieron
todos. Plistarco, el hijo de Leónidas, era menor de edad, así que Pausanias, primo del rey fallecido, actuó como regente.

La batalla de las Termópilas fue recordada durante siglos como ejemplo del heroísmo griego e infundió gran valor a sus
soldados, pero lo cierto es que Jerjes I seguía avanzando. Llegó a la misma Atenas, la ocupó y la quemó, pero lo que el
rey persa se encontró fue una ciudad vacía. Todos los atenienses se habían refugiado en las islas vecinas y los barcos
griegos esperaban entre Salamina y el Ática. Aunque la flota era mayoritariamente ateniense, estaba bajo el mando de un
general espartano, Euribíades, pues en aquellos momentos los griegos sólo se sentían seguros bajo mando espartano,
pero los espartanos no se sentían cómodos en el mar, y a Euribíades sólo le interesaba defender Esparta. Su intención era
dirigirse hacia el sur para proteger el Peloponeso. Temístocles se opuso con tanta insistencia que en un momento dado
Euribíades perdió los estribos y levantó su bastón con ademán de golpearle. Temístocles gritó ¡Pega, pero escucha! El
general escuchó los argumentos del ateniense y sus amenazas de embarcar a todos los suyos y marcharse a Italia. Los
espartanos no podrían resistir mucho tiempo ellos solos sin una flota. Euribíades aceptó quedarse y hacer frente a los
persas, pero Temístocles temió que en cualquier momento cambiara de parecer, así que preparó una estratagema.

Envió un mensaje a Jerjes I proclamándose amigo de los persas y recomendándole que se apoderara de la flota griega
antes de que pudiera escapar. El rey persa confió en el consejo. Al fin y al cabo, Grecia estaba llena de traidores, había
sido un griego quien le reveló el camino alternativo en las Termópilas, igualmente Temístocles podía estar dispuesto a
salvarse a cambio de traicionar a los suyos. Durante la noche, los barcos persas bloquearon la salida al mar de la flota
griega. Esa misma noche llegó hasta la flota Arístides, procedente de Egina, donde había vivido desde su destierro. Al
parecer Temístocles había requerido su presencia. Arístides comunicó a los generales el bloqueo persa y, en efecto, al
amanecer vieron que no podían escaparse sin luchar. La situación era parecida a la de las Termópilas, pero en el mar. En
la estrecha manga de agua no cabía más que una pequeña parte de las naves persas, y los trirremes griegos eran mucho
más ágiles. Fingían embestir a los persas, pero en el último momento giraban y, rozando el barco enemigo, le arrancaban
los remos, con lo que lo dejaban indefensos. En la batalla de Salamina la flota persa fue completamente destruida.

Temístocles hizo llegar otro mensaje al rey persa, según el cual estaba convenciendo a los griegos de que no persiguieran
a los pocos restos de la flota persa, pero que si no huía rápidamente tal vez no pudiera contenerlos. Jerjes I le hizo caso y
marchó a Sardes con un tercio del ejército. El resto quedó bajo las órdenes de su cuñado Mardonio. Griegos y persas
acordaron una tregua durante el invierno, pues ambos necesitaban recuperar fuerzas. Los atenienses volvieron a ocupar
su ciudad.

Los griegos de Sicilia tuvieron que enfrentarse a los cartagineses. Las ciudades de Himera y Agrigento estaban en guerra.
Agrigento consiguió la victoria y expulsó a los oligarcas de Himera, que no dudaron en pedir ayuda a los cartagineses.
Cartago aceptó de buen grado. Los griegos del este estaban enfrentados a los persas, por lo que no podían ayudar a los
sicilianos. Amílcar transportó un ejército a las bases cartaginesas del oeste de la isla, y de allí partió hacia Himera.
Agrigento pidió ayuda a Siracusa, que envió un ejército. En vísperas de la batalla, Amílcar decidió hacer un sacrificio a
los dioses griegos, para persuadirlos de que retirasen el apoyo a su pueblo. Envió a buscar a sus aliados griegos para que
le indicaran el ritual adecuado, pero fueron interceptados por los siracusanos, que enviaron un grupo de sus propios
soldados haciéndose pasar por los que esperaba Amílcar. Se les permitió entrar en el templo y allí mataron al general
cartaginés. Pese a su muerte, la batalla se celebró igualmente, pero sin su general los cartagineses sufrieron una derrota
espectacular, con lo que su amenaza desapareció durante casi un siglo.

No obstante Cartago siguió prosperando. Una expedición cartaginesa al mando de un almirante llamado Hannón cruzó
el estrecho de Gibraltar y llegó hasta las Canarias. Parece ser que continuó bordeando la costa de África hacia el sur y
luego hacia el este, esperando llegar al mar Rojo, pero cuando llegó a Camerún y vio que la costa continuaba de nuevo
hacia el sur, decidió volver a Cartago. Otra flota cartaginesa conducida por Himilcón exploró la costa atlántica de España.

En 479 murió Confucio. Pocos años antes había regresado a Lu, su país, donde estuvo enseñando hasta su muerte. Se le
atribuye el Chunqiu (Anales de las primaveras y los otoños), la primera crónica china fechada de que se dispone, que
abarca el periodo comprendido entre 722 y 481, de un laconismo extremo.

Mardonio envió a Atenas al rey Alejandro I de Macedonia garantizándoles la independencia si permanecían neutrales en
la guerra. Los atenienses se negaron y trataron de convencer a Esparta de que se dispusiera al combate. Esparta siempre
fue lenta de reflejos. Cuando estuvo dispuesta Mardonio ya había hecho una incursión por el Ática e incendiado Atenas.
El rey Pausanias se encaminó al norte con un ejército de 20.000 hombres del Peloponeso, de los cuales 5.000 eran
espartanos. Se les unieron contingentes de otras ciudades, entre ellos 8.000 atenienses dirigidos por Arístides. En total los
griegos disponían de casi 100.000 hombres. Los persas contaban con más de 150.000. Las tropas se encontraron en Platea.
Fue una batalla difícil, pero tras muchas adversidades su armamento pesado les dio la supremacía. En un momento dado,
Mardonio realizó una carga al frente de 1.000 hombres, pero murió alcanzado por una lanza. Los persas se desmoralizaron
y trataron de huir. Los que lo consiguieron se marcharon a Asia.
Los griegos avanzaron sobre Tebas, que en ningún momento había dudado en alinearse con los persas. La ciudad fue
incendiada, sus oligarcas fueron expulsados y se instituyó una democracia. La isla de Samos envió una petición de auxilio.
Estaba siendo amenazada por los pocos barcos con los que Jerjes I había regresado de Grecia después de Salamina. La
flota griega, bajo el rey espartano Leotíquidas, navegó hacia el este, pero los persas no estaban dispuestos a librar otra
batalla naval. Desembarcaron en Micala y esperaron a los griegos. Éstos también desembarcaron y atacaron el
campamento persa. Tan pronto como se vio que la batalla era favorable a los griegos, se rebelaron las tropas jónicas
obligadas por los persas a combatir a su lado, lo cual decidió la contienda. Los persas huyeron y así, tras la batalla de
Micala, las ciudades jónicas recuperaron su independencia.

En 478 la flota avanzó bajo conducción ateniense para despejar el Helesponto y el Bósforo, con lo que terminó la Segunda
Guerra Médica. Ese mismo año murió el tirano Gelón de Siracusa. Fue sucedido por su hermano Hierón I, que había
luchado valerosamente en Himera. Bajo su gobierno la ciudad siguió prosperando y ganando poder. Recibió en su corte
a los artistas más afamados, como Píndaro y Esquilo. Fue en las dos décadas siguientes cuando Píndaro compuso el grueso
de su obra. Su poesía era brillante en estilo y muy espiritual y emotiva en cuanto a su contenido. Los temas eran
principalmente religiosos.

Las ciudades jonias consideraron que necesitaban la flota ateniense para protegerse de la amenaza persa, así que
decidieron formar una alianza con Atenas destinada a presentar un frente único contra Persia. Se estableció que cada
ciudad debía contribuir con barcos para una flota común o con dinero para un tesoro central. El número de barcos o la
suma de dinero fue establecida por Arístides según el tamaño y la prosperidad de las ciudades, y lo hizo tan bien que
ninguna ciudad se quejó de que se le exigiera demasiado o de que a sus vecinas se les exigiera demasiado poco. El tesoro
de la alianza fue depositado en la pequeña isla de Delos, por lo que el grupo de ciudades que conformaban la alianza fue
conocido como la Confederación de Delos.

El punto débil de la Confederación de Delos era la propia Atenas. La flota podía proteger las islas y las ciudades jónicas,
pero era fácil atacar a Atenas por tierra. Temístocles decidió construir una muralla alrededor de la ciudad. Naturalmente,
Esparta se opuso. La misma Esparta no tenía murallas, e incluso pidió que todas las ciudades derribaran las suyas. Pero
los espartanos eran tan lentos de reflejos como rápidos eran los atenienses. Mientras Temístocles los tuvo entretenidos
discutiendo, las murallas empezaron a construirse, y cuando por fin los espartanos se decidieron a actuar, el muro era lo
suficientemente alto como para disuadirlos del intento. Además se reforzaron las fortificaciones que ya Temístocles había
dispuesto en la costa antes de Maratón, convertidas ahora en el Pireo, el puerto de Atenas.

Tras la guerra contra los persas, Esparta y Atenas eran las ciudades con mayor prestigio y poder en toda Grecia. Esparta
receló de la expansión de Atenas, pero no pudo hacer gran cosa en un principio debido a varias crisis internas. En 477 el
regente Pausanias marchó a la conquista de Bizancio. Allí tuvo ocasión de comparar la austera vida espartana con la
lujosa vida oriental, y parece ser que juzgó más interesante la segunda. Los espartanos recibieron con desagrado las
noticias de que Pausanias se había entregado al lujo y a las riquezas. Le ordenaron volver a Esparta y una vez de regreso
le acusaron de negociar no se sabe qué con Jerjes I. Fue juzgado por traición y absuelto por falta de pruebas. Sin embargo
no se le permitió conducir más ejércitos espartanos. Pausanias no se resigno y organizó expediciones privadas al
Helesponto, pero la flota ateniense, bajo el mando de Cimón, el hijo de Milcíades, le arrebató Bizancio.

En 476 el rey Leotíquidas fue hallado culpable de aceptar sobornos y fue desterrado. Fue sucedido por su joven
nieto Arquidamo II. Estos sucesos fueron minando el prestigio espartano. Si los héroes de Platea y Micala eran unos
traidores corruptos, difícilmente se podía pensar que hubiera espartanos dignos de confianza. Atenas, en cambio, cada día
parecía más admirable.

En 474 Hierón I envió una flota en auxilio de la ciudad de Cumas, amenazada por los etruscos. Se libró una batalla que
terminó en una victoria completa para los griegos. Los etruscos nunca se recuperaron de esta derrota. Tuvieron que
abandonar la Campania y contentarse con evitar que los galos descendieran más allá del valle del Po. Etruria también
perdió su influencia sobre el Lacio. Por ejemplo, hasta esta fecha era frecuente encontrar nombres etruscos en las listas
de cónsules romanos, pero a partir de la derrota de Cumas ya no aparece ninguno. A largo plazo, esto debió de favorecer
a Roma, pero a corto plazo la decadencia etrusca supuso también un periodo de recesión para Roma.

La decadencia de Esparta fue inmediatamente aprovechada por Argos, ya recuperada de sus pasadas derrotas. Se apoderó
de Micenas y Tirinto (que entonces ya no eran sino pequeñas aldeas). No obstante, pronto se le unieron otras ciudades
del Peloponeso, incluso Tegea, que hasta entonces había sido firmemente proespartana. En 473 Arquidamo II derrotó a
Argos y sus aliados en Tegea. Argos se retiró de la guerra, pero sus aliados continuaron, con Tegea a la cabeza.

Cimón iba ganando a Temístocles en popularidad. Había destinado gran parte de su riqueza a construir parques y edificios
públicos, era un brillante general y carecía del arrogante orgullo de Temístocles, justificado sin duda, pero desagradable
a los ojos de los atenienses. Además Temístocles no era exactamente un modelo de honradez. Parece ser que aprovechó
su poder para enriquecerse y aceptó sobornos. En 472 fue desterrado por una votación de ostracismo. Se fue a Egina y
desde allí continuó confabulando contra Esparta. Por su parte, Cimón llevó adelante una política proespartana. Su opinión
era que la alianza entre Esparta y Atenas que se había producido durante la guerra debía prolongarse para hacer frente a
los persas. Cimón obligó a las islas del norte del Egeo a incorporarse en la Confederación de Delos.

Los éforos llamaron a Pausanias de nuevo a Esparta. Disgustado con esta orden, Pausanias tramó el peor complot que
podía tramarse en Esparta: organizó una revuelta de ilotas. La conspiración fue descubierta en el último momento.
Pausanias se refugió en un templo, donde no se le podía ejecutar. Los espartanos aguardaron a que le venciera el hambre,
lo sacaron cuando estuvo lo suficientemente debilitado y, una vez fuera del templo, lo ejecutaron. Esto sucedió en 471.

480 Jerjes I se lanzó sobre Grecia con un ejército muy superior al que su padre llevara en su momento.

LAS GUERRAS MÉDICAS


En 480 murieron Pitágoras y Heráclito. Unos años antes, Pitágoras había sido expulsado de Crotona. En efecto, su escuela
no sólo tenía intereses científicos, sino también políticos. Los crotonenses se dieron cuenta con espanto de que los
hombres más influyentes de la ciudad eran pitagóricos, serios y autoritarios, aburridos y eficientes. Un movimiento
antioligárquico obligó a huir a muchos miembros de la academia, entre ellos el maestro, pero el pitagorismo político
continuó influyendo en la ciudad durante algún tiempo. Las malas lenguas dicen que Pitágoras, en su huida, fue a dar en
un campo de habas y, dado el odio que les tenía, se negó a esconderse en él y fue asesinado por sus perseguidores, pero
lo cierto es que Pitágoras sobrevivió y se trasladó a la ciudad de Metaponte, donde permaneció hasta su muerte.
La muerte de Heráclito fue más pintoresca. Su dieta de eremita no debía de ser muy saludable, pues acabó enfermando
de hidropesía. Si el sabio hubiera sido fiel a su doctrina, debería haber aceptado su enfermedad como parte del devenir,
como mal necesario para que pudiera concebirse la salud, pero no fue así, sino que abandonó su retiro y fue desesperado
de ciudad en ciudad y de médico en médico hasta que le llegó la muerte.

Por esta época llegó a Atenas un joven de unos veinte años llamado Anaxágoras. Había nacido en la ciudad jonia
de Clazómenas y había estudiado con Anaxímenes. Debía de tener cierta fama, pues un almirante ateniense
llamado Jántipo lo había llamado para educar a su hijo Pericles. Allí abrió una escuela de filosofía de la que salieron
muchas de las grandes figuras que iba a producir la ciudad en los años siguientes. Anaxágoras creía que los cuerpos
celestes no eran diferentes a los de la Tierra. Afirmaba que estaban compuestos de las mismas sustancias y obedecían a
las mismas leyes. Las estrellas eran rocas en llamas. El Sol era una roca caliente al rojo blanco, por lo menos del tamaño
de Peloponeso. Fue el primero en explicar los eclipses solares y lunares. Practicó la disección de animales, descubrió que
los peces respiran por las branquias. También estaba convencido de que los otros planetas estaban habitados por seres
similares a los hombres, al igual que la Tierra.

Pero el acontecimiento más notable del año fue sin duda el enfrentamiento entre griegos y persas, que los primeros
contaron como la Segunda Guerra Médica. (Los griegos identificaban a los persas con los medos. La Primera
Guerra Médica fue la que se resolvió con la victoria de Maratón.) Jerjes I dirigió su flota hasta Tracia, donde desembarcó
y se internó en Macedonia y el rey Alejandro I tuvo que confirmar el sometimiento del país al dominio persa que había
aceptado su padre ante Darío I, aunque parece ser que las simpatías del rey macedonio estaban con los griegos. Desde
allí, Jerjes I avanzó hacia el sur. Los tesalios solicitaron ayuda de las otras ciudades que habían participado en el congreso
de Corinto el año anterior. Éstas enviaron una expedición, pero el rey Alejandro I les aconsejó que se retiraran, pues el
ejército persa era demasiado poderoso. Los griegos siguieron el consejo y Tesalia fue ocupada por Jerjes.

Para que el pequeño ejército griego pudiera enfrentarse con éxito a los persas era necesario hacerlo en un lugar estrecho,
donde el contacto real involucrara necesariamente a pocos hombres. Un lugar adecuado era el desfiladero de las
Termópilas, unos 160 kilómetros al noroeste de Atenas. Allí acudieron 7.000 hombres bajo el mando del rey espartano
Leónidas. Con los persas estaba Demarato, el rey espartano exiliado por Cleómenes I, quien advirtió a Jerjes I de que los
espartanos combatirían duramente.

Así fue, los espartanos resistieron tenazmente al ejército persa, pero éste encontró finalmente un estrecho camino por las
montañas que conducía hasta la retaguardia griega. Jerjes I envió un destacamento y los griegos se dieron cuenta de que
iban a ser rodeados. Leónidas ordenó la retirada, pero él mismo y sus 300 mejores hombres decidieron quedarse (la
retirada hubiera sido deshonrosa). Con ellos se quedaron unos 1.000 beocios, parte de los cuales se rindieron al siguiente
combate, mientras que el resto resistió con Leónidas luchando mientras pudieron hacerlo, y al final murieron
todos. Plistarco, el hijo de Leónidas, era menor de edad, así que Pausanias, primo del rey fallecido, actuó como regente.

La batalla de las Termópilas fue recordada durante siglos como ejemplo del heroísmo griego e infundió gran valor a sus
soldados, pero lo cierto es que Jerjes I seguía avanzando. Llegó a la misma Atenas, la ocupó y la quemó, pero lo que el
rey persa se encontró fue una ciudad vacía. Todos los atenienses se habían refugiado en las islas vecinas y los barcos
griegos esperaban entre Salamina y el Ática. Aunque la flota era mayoritariamente ateniense, estaba bajo el mando de un
general espartano, Euribíades, pues en aquellos momentos los griegos sólo se sentían seguros bajo mando espartano,
pero los espartanos no se sentían cómodos en el mar, y a Euribíades sólo le interesaba defender Esparta. Su intención era
dirigirse hacia el sur para proteger el Peloponeso. Temístocles se opuso con tanta insistencia que en un momento dado
Euribíades perdió los estribos y levantó su bastón con ademán de golpearle. Temístocles gritó ¡Pega, pero escucha! El
general escuchó los argumentos del ateniense y sus amenazas de embarcar a todos los suyos y marcharse a Italia. Los
espartanos no podrían resistir mucho tiempo ellos solos sin una flota. Euribíades aceptó quedarse y hacer frente a los
persas, pero Temístocles temió que en cualquier momento cambiara de parecer, así que preparó una estratagema.

Envió un mensaje a Jerjes I proclamándose amigo de los persas y recomendándole que se apoderara de la flota griega
antes de que pudiera escapar. El rey persa confió en el consejo. Al fin y al cabo, Grecia estaba llena de traidores, había
sido un griego quien le reveló el camino alternativo en las Termópilas, igualmente Temístocles podía estar dispuesto a
salvarse a cambio de traicionar a los suyos. Durante la noche, los barcos persas bloquearon la salida al mar de la flota
griega. Esa misma noche llegó hasta la flota Arístides, procedente de Egina, donde había vivido desde su destierro. Al
parecer Temístocles había requerido su presencia. Arístides comunicó a los generales el bloqueo persa y, en efecto, al
amanecer vieron que no podían escaparse sin luchar. La situación era parecida a la de las Termópilas, pero en el mar. En
la estrecha manga de agua no cabía más que una pequeña parte de las naves persas, y los trirremes griegos eran mucho
más ágiles. Fingían embestir a los persas, pero en el último momento giraban y, rozando el barco enemigo, le arrancaban
los remos, con lo que lo dejaban indefensos. En la batalla de Salamina la flota persa fue completamente destruida.

Temístocles hizo llegar otro mensaje al rey persa, según el cual estaba convenciendo a los griegos de que no persiguieran
a los pocos restos de la flota persa, pero que si no huía rápidamente tal vez no pudiera contenerlos. Jerjes I le hizo caso y
marchó a Sardes con un tercio del ejército. El resto quedó bajo las órdenes de su cuñado Mardonio. Griegos y persas
acordaron una tregua durante el invierno, pues ambos necesitaban recuperar fuerzas. Los atenienses volvieron a ocupar
su ciudad.

Los griegos de Sicilia tuvieron que enfrentarse a los cartagineses. Las ciudades de Himera y Agrigento estaban en guerra.
Agrigento consiguió la victoria y expulsó a los oligarcas de Himera, que no dudaron en pedir ayuda a los cartagineses.
Cartago aceptó de buen grado. Los griegos del este estaban enfrentados a los persas, por lo que no podían ayudar a los
sicilianos. Amílcar transportó un ejército a las bases cartaginesas del oeste de la isla, y de allí partió hacia Himera.
Agrigento pidió ayuda a Siracusa, que envió un ejército. En vísperas de la batalla, Amílcar decidió hacer un sacrificio a
los dioses griegos, para persuadirlos de que retirasen el apoyo a su pueblo. Envió a buscar a sus aliados griegos para que
le indicaran el ritual adecuado, pero fueron interceptados por los siracusanos, que enviaron un grupo de sus propios
soldados haciéndose pasar por los que esperaba Amílcar. Se les permitió entrar en el templo y allí mataron al general
cartaginés. Pese a su muerte, la batalla se celebró igualmente, pero sin su general los cartagineses sufrieron una derrota
espectacular, con lo que su amenaza desapareció durante casi un siglo.

No obstante Cartago siguió prosperando. Una expedición cartaginesa al mando de un almirante llamado Hannón cruzó
el estrecho de Gibraltar y llegó hasta las Canarias. Parece ser que continuó bordeando la costa de África hacia el sur y
luego hacia el este, esperando llegar al mar Rojo, pero cuando llegó a Camerún y vio que la costa continuaba de nuevo
hacia el sur, decidió volver a Cartago. Otra flota cartaginesa conducida por Himilcón exploró la costa atlántica de España.
En 479 murió Confucio. Pocos años antes había regresado a Lu, su país, donde estuvo enseñando hasta su muerte. Se le
atribuye el Chunqiu (Anales de las primaveras y los otoños), la primera crónica china fechada de que se dispone, que
abarca el periodo comprendido entre 722 y 481, de un laconismo extremo.

Mardonio envió a Atenas al rey Alejandro I de Macedonia garantizándoles la independencia si permanecían neutrales en
la guerra. Los atenienses se negaron y trataron de convencer a Esparta de que se dispusiera al combate. Esparta siempre
fue lenta de reflejos. Cuando estuvo dispuesta Mardonio ya había hecho una incursión por el Ática e incendiado Atenas.
El rey Pausanias se encaminó al norte con un ejército de 20.000 hombres del Peloponeso, de los cuales 5.000 eran
espartanos. Se les unieron contingentes de otras ciudades, entre ellos 8.000 atenienses dirigidos por Arístides. En total los
griegos disponían de casi 100.000 hombres. Los persas contaban con más de 150.000. Las tropas se encontraron en Platea.
Fue una batalla difícil, pero tras muchas adversidades su armamento pesado les dio la supremacía. En un momento dado,
Mardonio realizó una carga al frente de 1.000 hombres, pero murió alcanzado por una lanza. Los persas se desmoralizaron
y trataron de huir. Los que lo consiguieron se marcharon a Asia.

Los griegos avanzaron sobre Tebas, que en ningún momento había dudado en alinearse con los persas. La ciudad fue
incendiada, sus oligarcas fueron expulsados y se instituyó una democracia. La isla de Samos envió una petición de auxilio.
Estaba siendo amenazada por los pocos barcos con los que Jerjes I había regresado de Grecia después de Salamina. La
flota griega, bajo el rey espartano Leotíquidas, navegó hacia el este, pero los persas no estaban dispuestos a librar otra
batalla naval. Desembarcaron en Micala y esperaron a los griegos. Éstos también desembarcaron y atacaron el
campamento persa. Tan pronto como se vio que la batalla era favorable a los griegos, se rebelaron las tropas jónicas
obligadas por los persas a combatir a su lado, lo cual decidió la contienda. Los persas huyeron y así, tras la batalla de
Micala, las ciudades jónicas recuperaron su independencia.

En 478 la flota avanzó bajo conducción ateniense para despejar el Helesponto y el Bósforo, con lo que terminó la Segunda
Guerra Médica. Ese mismo año murió el tirano Gelón de Siracusa. Fue sucedido por su hermano Hierón I, que había
luchado valerosamente en Himera. Bajo su gobierno la ciudad siguió prosperando y ganando poder. Recibió en su corte
a los artistas más afamados, como Píndaro y Esquilo. Fue en las dos décadas siguientes cuando Píndaro compuso el grueso
de su obra. Su poesía era brillante en estilo y muy espiritual y emotiva en cuanto a su contenido. Los temas eran
principalmente religiosos.

Las ciudades jonias consideraron que necesitaban la flota ateniense para protegerse de la amenaza persa, así que
decidieron formar una alianza con Atenas destinada a presentar un frente único contra Persia. Se estableció que cada
ciudad debía contribuir con barcos para una flota común o con dinero para un tesoro central. El número de barcos o la
suma de dinero fue establecida por Arístides según el tamaño y la prosperidad de las ciudades, y lo hizo tan bien que
ninguna ciudad se quejó de que se le exigiera demasiado o de que a sus vecinas se les exigiera demasiado poco. El tesoro
de la alianza fue depositado en la pequeña isla de Delos, por lo que el grupo de ciudades que conformaban la alianza fue
conocido como la Confederación de Delos.

El punto débil de la Confederación de Delos era la propia Atenas. La flota podía proteger las islas y las ciudades jónicas,
pero era fácil atacar a Atenas por tierra. Temístocles decidió construir una muralla alrededor de la ciudad. Naturalmente,
Esparta se opuso. La misma Esparta no tenía murallas, e incluso pidió que todas las ciudades derribaran las suyas. Pero
los espartanos eran tan lentos de reflejos como rápidos eran los atenienses. Mientras Temístocles los tuvo entretenidos
discutiendo, las murallas empezaron a construirse, y cuando por fin los espartanos se decidieron a actuar, el muro era lo
suficientemente alto como para disuadirlos del intento. Además se reforzaron las fortificaciones que ya Temístocles había
dispuesto en la costa antes de Maratón, convertidas ahora en el Pireo, el puerto de Atenas.

Tras la guerra contra los persas, Esparta y Atenas eran las ciudades con mayor prestigio y poder en toda Grecia. Esparta
receló de la expansión de Atenas, pero no pudo hacer gran cosa en un principio debido a varias crisis internas. En 477 el
regente Pausanias marchó a la conquista de Bizancio. Allí tuvo ocasión de comparar la austera vida espartana con la
lujosa vida oriental, y parece ser que juzgó más interesante la segunda. Los espartanos recibieron con desagrado las
noticias de que Pausanias se había entregado al lujo y a las riquezas. Le ordenaron volver a Esparta y una vez de regreso
le acusaron de negociar no se sabe qué con Jerjes I. Fue juzgado por traición y absuelto por falta de pruebas. Sin embargo
no se le permitió conducir más ejércitos espartanos. Pausanias no se resigno y organizó expediciones privadas al
Helesponto, pero la flota ateniense, bajo el mando de Cimón, el hijo de Milcíades, le arrebató Bizancio.
En 476 el rey Leotíquidas fue hallado culpable de aceptar sobornos y fue desterrado. Fue sucedido por su joven
nieto Arquidamo II. Estos sucesos fueron minando el prestigio espartano. Si los héroes de Platea y Micala eran unos
traidores corruptos, difícilmente se podía pensar que hubiera espartanos dignos de confianza. Atenas, en cambio, cada día
parecía más admirable.

En 474 Hierón I envió una flota en auxilio de la ciudad de Cumas, amenazada por los etruscos. Se libró una batalla que
terminó en una victoria completa para los griegos. Los etruscos nunca se recuperaron de esta derrota. Tuvieron que
abandonar la Campania y contentarse con evitar que los galos descendieran más allá del valle del Po. Etruria también
perdió su influencia sobre el Lacio. Por ejemplo, hasta esta fecha era frecuente encontrar nombres etruscos en las listas
de cónsules romanos, pero a partir de la derrota de Cumas ya no aparece ninguno. A largo plazo, esto debió de favorecer
a Roma, pero a corto plazo la decadencia etrusca supuso también un periodo de recesión para Roma.

La decadencia de Esparta fue inmediatamente aprovechada por Argos, ya recuperada de sus pasadas derrotas. Se apoderó
de Micenas y Tirinto (que entonces ya no eran sino pequeñas aldeas). No obstante, pronto se le unieron otras ciudades
del Peloponeso, incluso Tegea, que hasta entonces había sido firmemente proespartana. En 473 Arquidamo II derrotó a
Argos y sus aliados en Tegea. Argos se retiró de la guerra, pero sus aliados continuaron, con Tegea a la cabeza.

Cimón iba ganando a Temístocles en popularidad. Había destinado gran parte de su riqueza a construir parques y edificios
públicos, era un brillante general y carecía del arrogante orgullo de Temístocles, justificado sin duda, pero desagradable
a los ojos de los atenienses. Además Temístocles no era exactamente un modelo de honradez. Parece ser que aprovechó
su poder para enriquecerse y aceptó sobornos. En 472 fue desterrado por una votación de ostracismo. Se fue a Egina y
desde allí continuó confabulando contra Esparta. Por su parte, Cimón llevó adelante una política proespartana. Su opinión
era que la alianza entre Esparta y Atenas que se había producido durante la guerra debía prolongarse para hacer frente a
los persas. Cimón obligó a las islas del norte del Egeo a incorporarse en la Confederación de Delos.

Los éforos llamaron a Pausanias de nuevo a Esparta. Disgustado con esta orden, Pausanias tramó el peor complot que
podía tramarse en Esparta: organizó una revuelta de ilotas. La conspiración fue descubierta en el último momento.
Pausanias se refugió en un templo, donde no se le podía ejecutar. Los espartanos aguardaron a que le venciera el hambre,
lo sacaron cuando estuvo lo suficientemente debilitado y, una vez fuera del templo, lo ejecutaron. Esto sucedió en 471.

LA ATENAS DE PERICLES
Durante el agitado siglo V, la cultura griega seguía dando frutos. En Elea, Parménides tuvo un discípulo
distinguido: Zenón, que transformó las sofisticadas paradojas de su maestro sobre la ilusión de todo cambio en
argumentos elementales capaces de desconcertar a los incautos y a los no tan incautos. La más famosa de sus paradojas
es la que demuestra que el corredor Aquiles nunca podrá alcanzar a una tortuga que le lleve una mínima ventaja: para ello
debería alcanzar el punto de partida de ésta, pero, para entonces, el animal ya habrá recorrido una pequeña distancia
adicional que Aquiles debería recorrer también, pero para cuando lo consiga la tortuga ya estará un poco más adelante y
Aquiles deberá recorrer también este nuevo tramo, pero entonces, etc. Zenón de Elea es considerado el "padre de la
dialéctica", es decir, del arte de razonar para alcanzar la verdad y no sólo para ganar una discusión.

En Agrigento vivía el gran Empédocles, político, legislador, poeta, médico, profeta, purificador y, si hemos de creer en
su fama, incluso taumaturgo (o sea, hacedor de milagros). Más aún, parece ser que también afirmaba que un día sería
llevado al cielo y convertido en un dios. Había estudiado en la escuela de Pitágoras, donde le encantó la teoría de la
transmigración de las almas, y no tardó en descubrir que en otra vida él había sido un pez, pero habló de todo esto fuera
de la escuela, cosa que estaba terminantemente prohibida, así que lo echaron. Dejando de lado estos detalles de su
personalidad, lo cierto es que desarrolló una teoría interesante en la que se oponía al desprecio que Parménides mostraba
hacia los sentidos y la opinión común. Empédocles afirmaba que la base del conocimiento está en el análisis cuidadoso
de los datos que proporcionan los sentidos. Elaboró una teoría de la naturaleza según la cual todas las sustancias son una
combinación en proporciones variadas de cuatro elementos básicos: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Entre ellos se dan
relaciones de amor y odio que provocan los cambios.

Grecia dio también grandes pintores, pero prefería la escultura. Uno de los maestros de la época era Geladas, pero fue
notablemente superado por sus discípulos, entre los que se encontraba Mirón. Las obras de Mirón tenían fama de un
extraordinario realismo. Sus motivos preferidos eran atletas y animales, en los que con una técnica innovadora conseguía
plasmar perfectamente el movimiento. Entre sus obras destacan el Discóbolo y su famosa Ternera, a la que cuentan que
un admirador le gritó ¡muge!

Sin embargo, el mayor escultor griego fue sin duda Fidias, que empezó a trabajar por esta época. Su padre era pintor,
pero Fidias dejó pronto la pintura y se dispuso a ejercitarse en la escultura. Recorrió las principales escuelas de la época
y trató de aprender de todos los maestros que encontró. Llegó a dominar tanto la fundición del bronce como el labrado
del mármol. Se hizo un maestro en una compleja técnica conocida como escultura criselefantina, que consistía en realzar
estatuas de mármol con incrustaciones de oro y marfil, usando madera como engarce.

Las dificultades de los etruscos con los galos iban en aumento. Las ciudades del Lacio, que habían permanecido
relativamente en paz mientras los etruscos las dominaban, empezaron a gozar de la libertad de pelearse entre ellas. Los
volscos del sureste del Lacio estaban ganando poder y no tardaron en enfrentarse abiertamente a las otras ciudades, entre
ellas Roma. Volviendo a Grecia, cuando los persas se retiraron de Tracia, un pueblo nativo, los Odrisios, lograron
organizar un imperio que llegó hasta el Danubio. Su rey se llamaba Siltaces.

En 469 Esparta logró vencer definitivamente a Tegea y con ello volvió a ser la dueña indiscutible del Peloponeso. En
Atenas Cimón era el líder indiscutible. Su popularidad iba en descenso, pero contaba con el apoyo de la nobleza. Por
ejemplo, la isla de Naxos consideró que los persas ya no suponían ningún peligro y optó por abandonar la Confederación
de Delos para usar sus naves según sus propios intereses, pero descubrió que no tenía derecho a ello. Cimón atacó Naxos,
la tomó, destruyó sus fortificaciones y confiscó su flota. Como ya no tenía flota con la que contribuir a la Confederación,
a partir de entonces su contribución fue monetaria.

Estas actitudes autoritarias e imperialistas contrariaban cada vez más a los demócratas, a cuya cabeza
estaba Efialtes. Éste acusó a Cimón de haber sido sobornado por Alejandro I de Macedonia, pero Cimón fue absuelto
triunfalmente con el apoyo de la oligarquía del Areópago. Estaba claro que no había nada que hacer contra Cimón mientras
no sufriera un revés.
En 468 murió Arístides el Justo. Aunque había administrado el enorme tesoro de la Confederación, su capital personal no
fue suficiente para pagar su entierro. Todos los años se celebraba en Atenas una competición teatral durante las fiestas en
honor a Dioniso. El ganador más habitual era Esquilo, pero este año arrebató el premio un joven competidor
llamado Sófocles. Había sido alumno de Anaxágoras. Su aportación principal fue la de incluir un tercer actor en sus
tragedias. Mientras Esquilo estaba más interesado en el argumento fatalista y moralizante de sus tragedias, a Sófocles le
interesaba más la caracterización de los personajes, que presentaba altamente idealizados. Al año siguiente volvió a ganar
Esquilo, pero en los sucesivos Sófocles se mostró imbatible.

En 467 Pericles, que se había convertido en uno de los miembros más ilustres del partido demócrata, fue nombrado
arconte. Su madre era sobrina de Clístenes, por lo que pertenecía a la familia de los Alcmeónidas. Además de con
Anaxágoras, parece ser que también estudió con Zenón.

En 466 murió el tirano Hierón I de Siracusa, y con él terminó la tiranía en la ciudad.

En 464 murió Jerjes I, víctima de una confabulación palaciega. El rey había pasado los últimos años de su reinado recluido
en su palacio, empeñado en proyectos inútiles, como ampliar los palacios de Persépolis. Fue sucedido por su
hijo Artajerjes I, que necesitó cierto tiempo para consolidar su trono. Esto desencadenó una rebelión en Egipto. Más
concretamente, surgió de Libia. Un jefe tribal libio, llamado Inaros, llevó a sus hombres al delta, donde se le unió de
buen grado una multitud de egipcios. El virrey persa, hermano de Jerjes I, fue depuesto.

Ese mismo año un terremoto destruyó Esparta. Los ilotas decidieron aprovechar la ocasión y llevar a cabo la rebelión que
años atrás les propusiera Pausanias. Pero los espartanos reaccionaron y los ilotas tuvieron que retirarse y fortificarse en
el monte Itome, donde antaño se refugiaron los mesenios. Se inició así lo que vino en llamarse la Tercera Guerra
Mesenia. Efialtes propuso ayudar a los ilotas, a lo que Cimón se opuso radicalmente. Recordó a los atenienses los muertos
espartanos en las Termópilas y sus hazañas en Platea. Cimón afirmaba que Esparta y Atenas eran como dos bueyes que
conducían a Grecia: si uno era destruido, toda Grecia sería mermada.
En 462 Atenas envió un ejército a ayudar a los espartanos, pero éstos se sintieron heridos en su amor propio. No pudieron
soportar que los atenienses acudieran a ayudarles contra sus propios esclavos, así que les ordenaron volverse sobre sus
pasos. Efialtes se encargó de presentar esto ante Atenas como una terrible humillación, de la que el único responsable era
Cimón. En 461 se hizo una votación de ostracismo y Cimón fue desterrado. Efialtes dirigió graves acusaciones de
corrupción contra miembros del Areópago cuidadosamente fundamentadas. Como consecuencia, varios de sus miembros
fueron ejecutados o exiliados. Los intentos de comprar a Efialtes fracasaron, por lo que en 460 fue asesinado. Sin embargo
los demócratas no perdieron el poder, sino que Efialtes fue reemplazado por Pericles, que llevó a Atenas a su apogeo.

Pericles extendió internamente la democracia: decretó que los funcionarios públicos cobraran un salario, de modo que
también los más pobres podían servir a la ciudad. Aunque Atenas y El Pireo estaban fortificados, la distancia que los
separaba era de unos ocho kilómetros, de modo que en caso de asedio Atenas se quedaba igualmente incomunicada del
mar. Por ello decidió construir un pasillo amurallado desde la ciudad al puerto, "los largos muros".

Por esta época empezó a destacar Policleto, otro discípulo de Geladas. Además de un gran escultor fue un gran teórico
de la escultura. Se propuso aplicar a su arte reglas deducidas de las observaciones naturales y elaboradas e idealizadas
mediante la geometría. Estas reglas rigieron gran parte de la estatuaria griega. Fidias estudió con Policleto y las incorporó
a su técnica.

En Grecia iba surgiendo una "clase" diferente de sabios. Eran conocidos como sofistas. Hombres que enseñaban las
cualidades más importantes para la vida pública. Entre estas cualidades figuraba, sin duda, la oratoria. Muchos sofistas
afirmaban abiertamente que (por una suma adecuada) podían enseñar a defender cualquier causa o argumento y llevar a
cualquier tribunal, o jurado, o simplemente a la opinión pública, en la dirección deseada. Justo lo contrario de lo que
pretendía Zenón con su dialéctica.

El más famoso de los sofistas fue Protágoras, había nacido en Abdera, aunque pasó varias temporadas en Atenas, Sicilia
y el sur de Italia. Parece que fue él quien acuñó el término "sofista". Rechazaba la existencia de una verdad objetiva. Por
el contrario, para Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas. Enseñó a preparar discursos bien estructurados,
sin buscar el apoyo de la verdad. Sin embargo, parece ser que él mismo no se entregó a estas técnicas (o lo hizo sumamente
bien), pues los que le habían conocido reconocieron que sus argumentaciones eran honestas. Fue el primero en analizar
la lengua griega y su gramática.

Artajerjes I envió un ejército a Egipto a sofocar la revuelta iniciada tras la muerte de Jerjes I. Egipto pidió ayuda a Atenas
y Pericles envió una flota que tomó Menfis, pero los persas resistieron y se inició una larga guerra.

En 459 terminó la guerra que Esparta mantenía con los ilotas rebeldes. No se puede hablar de una victoria aplastante. Los
esclavos se rindieron a cambio de que se garantizara su libertad. Los espartanos les permitieron marcharse y naves
atenienses los transportaron a Naupacta, una estación naval fundada recientemente por Atenas al norte del golfo de
Corinto.

En 458 los largos muros entre Atenas y el puerto de El Piero estaban terminados. Atenas aplastó a Egina, tomó parte en
una querella entre Corinto y Megara. Corinto fue derrotada y Megara quedó bajo protección ateniense. Además se firmó
una alianza con Argos, signo claro de desafío hacia Esparta. Ese año Esquilo logró ganar a Sófocles con la Orestíada, pero
los años siguientes Sófocles vovió a imponerse. Tal vez por esto Esquilo decidió emigrar a Siracusa, donde ya había sido
huésped de Hierón I, que le había tributado grandes honores.

Un nuevo grupo de judíos decidió trasladarse de Babilonia a Judea. Entre ellos se encontraba un escriba (esto es, un
estudioso de la Ley) llamado Esdras. Probablemente, la realidad con que se encontró difería bastante de lo que esperaba
encontrarse. Los judíos se estaban mezclando con la población autóctona y los rituales religiosos estaban perdiéndose.
Esdras reunió al pueblo y leyó los libros de la Ley (los primeros cinco libros de la Biblia actual). Los leyó en hebreo, que
para entonces era prácticamente una lengua muerta, pues los judíos hablaban arameo, pero debió de explicarlos con tal
énfasis y personalidad que despertó gran entusiasmo y una parte suficientemente grande de la población aceptó su
doctrina. Reconocieron el grave pecado que habían cometido al casarse con mujeres extranjeras y acordaron repudiarlas.

Así empezó la separación de los judíos con respecto a los gentiles (los no judíos). Ante la imposibilidad de cualquier clase
de autonomía política, los judíos se aferraron a las costumbres tradicionales consignadas en los textos sagrados como
única forma de preservar su identidad. La circuncisión, la prohibición de trabajar en sábado o de tomar ciertos alimentos
impuros, etc. se aplicaron con el máximo rigor y los judíos rehuyeron el trato con cualquiera que no observara estas y
otras muchas costumbres diferenciadoras. La idea (relativamente nueva) de que su dios era el único dios verdadero les
dotó de una nueva arma ideológica: el sarcasmo. Ahora los judíos se burlaban de las creencias de sus vecinos. Apareció
una nueva leyenda sobre Abraham, sin fundamento bíblico, según la cual su padre, Téraj, estaba al mando de los ejércitos
del rey Nemrod, en Babilonia y adoraba doce ídolos de madera y piedra (todo esto antes de que abandonara Ur con su
hijo, que es donde comienza la narración bíblica):

Abraham llegó a Babilonia y, al ver los ídolos, ordenó a su madre que matase y cocinase un cordero. Después colocó la
comida delante de los ídolos y esperó a ver si alguno comía. Como no fue así, se burló de ellos y le dijo a su madre: "¿Es
posible que el plato sea demasiado pequeño, o que el cordero esté insípido? Por favor, mata otros tres corderos y
aderézalos con más delicadeza." Ofrecido de nuevo el manjar a los ídolos, éstos tampoco se movieron. El espíritu de
Dios descendió sobre Abraham, quien tomó un hacha y destruyó todos los ídolos menos el mayor. Puso el hacha en una
de sus manos y se marchó.
Cuando llegó Téraj, mandó llamar a su hijo y le pidió explicaciones. Abraham dijo: "Ofrecí comida a tus ídolos, sin duda
deben de haberse peleado por ella. Según parece, el mayor ha despedazado a los otros." Téraj exclamó: "¡No me
engañes!, se trata de imágenes de madera y piedra, hechas por la mano del hombre." Abraham preguntó: "Si es así,
¿cómo pueden responder a tus plegarias?". Luego proclamó al "Dios vivo", tomó el hacha y destruyó el último ídolo.
Pese a todo, el judaísmo no se vio libre de influencias externas. Una parte de los judíos que terminó siendo mayoritaria
aceptó algunas de las ideas novedosas del mazdeísmo, que ahora era la religión dominante en todo el Imperio Persa.
Naturalmente el gran Ahura-Mazda se identificó con Yahveh, pero el mazdeísmo tenía una figura de la que carecía el
judaísmo: la representación del mal, Ahrimán. Los judíos le dieron el nombre de Satán, si bien no estuvieron dispuestos
a concederle el mismo poder que a Yahveh. Las deidades al servicio de Ahura-Mazda se convirtieron en toda una
jerarquía de ángeles, o mensajeros de Dios, mientras que las divinidades supeditadas a Ahrimán, se convirtieron
en demonios capitaneados por Satán. Se formaron historias que presentaban a Satán como un "ángel caído" que se había
rebelado contra Yahveh. La idea del Salvador que llegaría al final del mundo para juzgar a vivos y muertos se asimiló a
la del Mesías. El infierno tradicional judío, muy similar al de los griegos, donde iban a parar todos los muertos (con
contadas excepciones) se transformó en el limbo, donde los muertos esperaban el juicio final. La mayor parte de estas
ideas no llegó a incorporarse a la Biblia y parece ser que la clase sacerdotal más conservadora nunca las aceptó.
Roma se hallaba en serias dificultades ante los ecuos, una tribu que habitaba las regiones montañosas del este del Lacio
y que se habían aliado con los volscos y habían logrado acorralar a uno de los cónsules con su ejército. La ley romana
admitía que el consulado fuera suspendido temporalmente en casos de extrema necesidad, de modo que se confería poder
absoluto a un solo hombre durante un periodo de seis meses. Este gobernante era llamado dictador (el que dice lo que
hay que hacer). El Senado decidió nombrar dictador a Lucio Quincio Cincinato (Cincinato significa "de pelo rizado").
La leyenda lo presenta como un modelo de virtud: un patricio conservador al estilo de Coriolano que había decidido
retirarse de la política porque un hijo suyo había sido exiliado por ofender a los tribunos. Siempre según la leyenda,
cuando Cincinato recibió la noticia estaba arando su campo. Dejó el arado, marchó al Foro, reunió un ejército, se dirigió
hacia los ecuos, los derrotó, rescató al cónsul y a su ejército, volvió a Roma y renunció a la dictadura, todo ello en un día.
Esto no es muy creíble, pero el conflicto entre Roma y los ecuos y los volscos sí que es real. Es probable que la leyenda
de Coriolano date también de estos tiempos, aunque después se situó anacrónicamente en la época en que se creó el cargo
de tribuno. Los romanos tuvieron siempre a Cincinato como ejemplo de uso del poder sin abuso.

En 457 Esparta estaba recuperada del serio desgaste que le había supuesto la rebelión de los ilotas. Inmediatamente se
volvió contra Atenas y sus "largos muros", que nunca había aprobado. Atenas estaba concentrando sus fuerzas en la lucha
contra los persas en Egipto y no quería enzarzarse en una lucha en Grecia. Por ello mandó llamar a Cimón del destierro
para que firmara una tregua con Esparta.

En 456 murió Esquilo, en Siracusa. Los atenienses quisieron conocer la última tragedia que había compuesto en Sicilia y
le dieron, después de muerto, el primer premio del certamen anual.

En 455 Artajerjes I logró dominar la rebelión en Egipto. El cabecilla, Inaros, fue ejecutado. La victoria persa pasó por la
destrucción casi completa de las tropas enviadas por Atenas. Fue un duro golpe, que sembró cierta desconfianza entre los
griegos, incluidos los propios atenienses. Como signo de autoafirmación, el tesoro de Delos fue trasladado a la propia
Atenas, dando a entender que era ella quien dominaba sobre todas las demás ciudades de la Confederación. Las tropas
persas se trasladaron de Egipto a Chipre, que también se había rebelado. Atenas mandó de nuevo una flota, esta vez bajo
el mando de Cimón. Los persas fueron derrotados, pero Cimón murió en la batalla y los atenienses firmaron la paz.
Ese año murió el rey Plistarco, el hijo de Leónidas, que asumió el trono tras la muerte del regente Pausanias. Fue sucedido
por Plistoanacte, hijo de Pausanias.

En Atenas hacía su debut un nuevo poeta trágico, que obtuvo un honroso tercer premio con Las Pelíadas. Se trataba
de Eurípides, aunque hijo de familia humilde, recibió una esmerada educación. Entre sus maestros figuraron Anaxágoras
y Protágoras. Sus obras no fueron bien acogidas por los críticos, por lo que sólo iba a ganar el primer premio cuatro veces.
Ello se debía a que eran menos solemnes que las de Esquilo o Sófocles. Sus personajes no estaban idealizados, sino que
tenían defectos humanos y hablaban un lenguaje cotidiano. Eurípides se interesa menos por la acción y más por las
situaciones y las reacciones de los personajes. A menudo las situaciones sin salida se resuelven al final de la obra de modo
inesperado por una intervención divina.

En 454 murió el rey Alejandro I de Macedonia. Fue sucedido por Perdicas II, quien tuvo que enfrentarse a los odrisios.
Por esta época Tesalia empezó a declinar. Hasta entonces había sido una de las primeras potencias griegas, gracias a su
poderosa caballería, pero las rivalidades entre las grandes familias, la intervención de los medos, las luchas sociales y la
aparición de nuevas ciudades debilitaron la Confederación.

En 453 se produjo el desmembramiento del estado chino de Jin en los reinos de Chao, Han y Wei. Este acontecimiento
marca el inicio del periodo de la historia de China conocido como "de los reinos combatientes", en el que se produjeron
continuas guerras, alianzas, invasiones y anexiones.

LA EDAD DE ORO
La evolución de Roma durante la primera mitad del siglo V debió de estar marcada por las tensiones sociales entre
patricios y plebeyos. No conocemos detalles de esta lucha salvo a través de leyendas como la de Coriolano o la de
Cincinato, pero en ellas se pone de manifiesto la resistencia de los patricios a conceder poder a los plebeyos, así como el
avance imparable de éstos. Una de las armas que tiene una oligarquía contra el pueblo es su potestad de dictar leyes según
su conveniencia, y por ello una parte de las presiones populares se encaminan a que las leyes se pongan por escrito para
que se pueda analizar si son justas o no y, sobre todo, para que no puedan ser cambiadas de un día para otro según
convenga. En 450 los plebeyos lograron el compromiso por parte de los patricios de elaborar un código escrito. Eso sí,
dicho código sería elaborado por los propios patricios. Concretamente, el Senado encargó la tarea a diez patricios a los
que otorgó también todo el poder mientras llevaban a cabo su trabajo. Fueron llamados decenviros (que significa "diez
hombres"), a la cabeza de los cuales estaba Apio Claudio Craso (el gordo), hijo o nieto del Apio Claudio que había
provocado la secesión de los plebeyos medio siglo antes.

Las leyes se grabaron en doce tablas de bronce, por lo que se conocen como las Doce Tablas, que se convirtieron en el
fundamento del futuro Derecho Romano. Sin embargo, parece que todo el proceso fue en realidad un intento de los
patricios de recuperar definitivamente el poder, pues, una vez confeccionadas las leyes, los decenviros no renunciaron a
sus cargos. Al contrario, cada uno de ellos se rodeó de una guardia de corps formada por doce lictores. Los decenviros
ostentaban el símbolo del poder en Roma, que era un haz de varas atadas con un hacha en el medio. Había sido el símbolo
de la monarquía y después del consulado. Representaba el poder de azotar con las varas y de matar con el hacha. Estos
símbolos eran llamados fasces (haces).

Ese mismo año moría Cimón en Atenas. Pericles era el gobernante indiscutible de la ciudad, reelegido democráticamente
una y otra vez sin que la nobleza pudiera hacer nada para evitarlo. El gobierno de Pericles coincidió con el apogeo cultural
de Atenas, por lo que este periodo es conocido como la Edad de Oro Ateniense, e incluso como la Era de Pericles. Por
esta época destacaba Leucipo de Mileto, quien afirmaba que la materia está formada por diminutas partículas que no
pueden dividirse en partes más simples. Su teoría fue desarrollada por su discípulo Demócrito, que había nacido en la
ciudad tracia de Abdera y llamó átomos a estas partículas. También afirmaba que la Vía Láctea era una acumulación de
estrellas. Fue un gran viajero. Su padre era un rico mercader, y al morir le dejó una sustanciosa suma de dinero, que él
empleó en visitar Egipto, Nubia, Persia y la India. "La patria de todo hombre razonable es el mundo", decía, y "Es más
importante conquistar una verdad que un trono". Parece ser que compuso tratados de Medicina, Astronomía,
Matemáticas, Música, Psicoterapia, Física, Anatomía, etc.

En 449 murió Temístocles. Después de su ostracismo se había retirado a Egina, pero por algún motivo Atenas lo declaró
traidor y tuvo que huir de Grecia. Llegó a territorio persa y allí fue tratado con gran deferencia. Los persas recordaron
que Temístocles había tratado de ayudarles en Salamina tendiendo una emboscada a los griegos, pues al menos eso era
lo que él les había hecho creer entonces. A los historiadores siempre les ha quedado la duda de si la actuación de
Temístocles durante la guerra fue siempre leal a Atenas o si, por el contrario, arregló las cosas deliberadamente de modo
que él resultara beneficiado ganara quien ganara.

Los focenses se apoderaban de Delfos, y Esparta envió una expedición para derrotarlos. Era la Segunda Guerra
Sacra. Los focenses fueron derrotados, pero cuando se marcharon los espartanos Atenas se puso de parte de Fócida y le
ayudó a recuperarse.

Los decenviros romanos fueron obligados a dejar el poder. La versión de la historia transmitida por los romanos es, como
de costumbre, muy humana. Cuenta que Apio Claudio quiso hacerse con una joven llamada Virginia, hija de un plebeyo.
Ante la oposición del padre presentó unos falsos testigos según los cuales en realidad Virginia era hija de uno de sus
esclavos, lo que automáticamente la convertía en su esclava. El padre, viendo que no podía hacer nada, tomó la decisión
de apuñalar a Virginia en el juicio, como única forma de salvar su honor. Esto hizo saltar a los plebeyos, que amenazaron
con marcharse de la ciudad otra vez, con lo que finalmente los decenviros tuvieron que ceder.

Fuera así o de otro modo, lo cierto es que el poder de los tribunos aumentó. Se les permitió sentarse en el Senado. Se les
otorgó el derecho de interpretar los presagios, cosa más importante de lo que podría parecer, pues si los presagios eran
malos las sesiones del Senado podían ser interrumpidas, al menos temporalmente.

En 447 Pericles ordenó la construcción de un grandioso templo dedicado a la diosa Atenea en la Acrópolis. El arquitecto
fue Ictino y el escultor Fidias. Al contrario que sus maestros, Mirón o Policleto, Fidias pronto demostró su preferencia
por las obras gigantescas. Había esculpido una estatua colosal de Atenea para el templo de Platea y un monumento en
honor de Milcíades en Delfos. Unos pocos años antes Pericles ya le había encargado algunas estatuas monumentales en
bronce para la Acrópolis, pero éste iba a ser el proyecto artístico más grandioso y emblemático que emprendería Atenas.

Las ciudades griegas que se habían sometido a Atenas cuando la amenaza persa no aconsejaba disensiones, empezaban a
reclamar su tradicional independencia. Beocia se levantó contra la dominación ateniense, con Tebas a la cabeza. Atenas
envió un ejército, pero fue derrotado. Tebas se hizo con el control de Beocia e instauró oligarquías en las ciudades donde
Atenas había instaurado democracias. Los focenses estaban separados de Atenas por Beocia, por lo que consideraron más
conveniente abandonar la alianza con Atenas que se había establecido tras la Segunda Guerra Sacra.

Al año siguiente, en 446, fueron Eubea y Megara las que se rebelaron. Atenas no tuvo dificultad en someter a Eubea
porque era una isla, y la fuerza de Atenas estaba sin duda en el mar. Sin embargo, Megara estaba en tierra firme, recibió
ayuda del Peloponeso y Atenas la perdió para siempre. Viéndose en desventaja, Atenas decidió firmar la llamada Paz de
los Treinta Años con Esparta, comprometiéndose a no ejercer su influencia sobre la Grecia continental. Como
compensación Pericles trató de extender el dominio de Atenas en ultramar. Envió colonos a diversas islas del Egeo y del
Quersoneso tracio. Barcos atenienses penetraron en el mar Negro (el mismo Pericles fue en una de esas expediciones), y
estableció relaciones con diversas ciudades costeras griegas.

En 445 Roma dio una muestra más de progreso social: por primera vez se permitía el matrimonio entre patricios y
plebeyos.

En 444 el rey espartano Plistoanacte fue desterrado y sucedido por su hijo Pausanias.

En 443 Atenas fundó la ciudad de Turios en Italia, donde había estado Síbaris. Hacía más de un siglo que los griegos no
fundaban nuevas ciudades. Así Pericles continuaba fortaleciendo la confederación ateniense frente a los golpes que había
sufrido los últimos años.

En 440 llegó a Jerusalén un judío llamado Nehemías. Era copero de Artajerjes I, y usó su influencia para obtener del rey
el permiso necesario para fortificar Jerusalén como defensa frente a los enemigos circundantes. Derruyó las viejas
murallas y empezó la construcción de otras nuevas, con la obvia oposición de los pueblos vecinos, recelosos de un nuevo
imperialismo judío, pero con el apoyo del rey.

La isla de Samos y la ciudad de Mileto se enzarzaron en una disputa sobre el dominio de la ciudad de Priene. Solicitaron
el veredicto de Atenas, y ésta se puso de parte de Mileto. Para prevenir problemas expulsó a los oligarcas de Samos e
instauró una democracia. Samos se rebeló y repuso a los oligarcas, y Atenas necesitó un año para restaurar el orden. La
campaña estuvo dirigida por Sófocles. Surgieron muchas más querellas entre ciudades, y Atenas era requerida casi
siempre como juez, y normalmente Atenas se ponía de parte de unos y Esparta de los otros. La política griega se volvía
cada vez más tensa. También es el año de la muerte de Parménides.

En 438 los griegos crearon el reino del Bósforo Cimerio, con capital en Panticapea, que se extendía por parte de la
península de Crimea (el Quersoneso Táurico) y a orillas del Bósforo Cimerio. Este mismo año murió el poeta Píndaro,
colmado de honores.

En 437 las murallas de Jerusalén estaban terminadas. El área que protegían era pequeña, pero elevó considerablemente la
moral de los judíos. Carecían de autonomía política, pero ahora tenían una capital en condiciones donde -hasta cierto
punto- eran los amos.

En 436 Atenas fundó una segunda ciudad, Anfípolis, en la costa norte del Egeo. En 435 la isla de Corcira sufría una
enconada guerra civil entre aristócratas y demócratas. Los oligarcas llamaron en su ayuda a la ciudad de Corinto, también
gobernada por una oligarquía. Corinto envió una flota, pero los demócratas la destruyeron rápidamente.

La aristocracia ateniense, incapaz de debilitar directamente a Pericles, optó por atacar a sus amigos. Una víctima fácil fue
Anaxágoras. Tenía una teoría cosmológica elaborada sobre la base de que no era necesario invocar a nada sobrenatural
para explicar lo natural. Según él, el cosmos se había generado como consecuencia de un gran remolino que había
separado los cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego, que se recombinaron formando los seres naturales. El
hombre salió favorecido gracias a que al andar sobre sus dos piernas tenía las manos libres y ello le permitió un desarrollo
cultural del que carecieron los demás animales.

Estas ideas no tardaron en escandalizar a una parte de la sociedad ateniense, que no veía con buenos ojos que Zeus quedara
al margen de todo. Cuando Anaxágoras se dispuso a escribir un libro con su teoría, al que llamó Sobre la naturaleza, se
dio cuenta del peligro e introdujo un concepto al que llamó Nous (pensamiento, mente) como origen del remolino inicial.
Lo citaba tan a menudo que algunos atenienses le llamaban cariñosamente nous. Un día, en 434, Anaxágoras puso en
evidencia al clero a raíz de una disputa sobre un presunto carnero sobrenatural que tenía un solo cuerno. Poco después,
Anaxágoras fue acusado de impiedad y un tribunal se puso a escrutar su libro. La conclusión final fue que el nous era una
estratagema para disimular su ateísmo. Fue condenado a muerte, pero Pericles se las arregló para preparar su fuga. Se
refugió en la ciudad de Lampsaco, en el Helesponto,

En 433 Corinto había preparado una nueva expedición contra Corcira para apoyar a los oligarcas. Los demócratas
pidieron ayuda a Atenas, que envió otra flota. Cuando ésta llegó, las naves de Corinto estaban imponiéndose lentamente
sobre los corcirenses, pero los atenienses descompensaron las fuerzas y Corinto tuvo que retirarse por segunda vez. En
venganza, Corinto se las arregló para que la ciudad de Potidea, en la península calcídica, se rebelara contra Atenas, pero
Pericles logró controlar rápidamente la situación. Corinto, fuera de sí, solicitó la ayuda de Esparta. Sin embargo, el rey
Arquidamo II se opuso. Era amigo de Pericles y se las arregló para mantener la paz, apelando a la Tregua de los Treinta
Años firmada entre las dos ciudades.

Mientras tanto, en Atenas le tocó el turno a Fidias. En 432 estuvo acabado el templo de Atenea, que recibió el nombre
de Partenón. El escultor fue acusado de haber robado parte del oro y el marfil que se le suministró para la obra. Tras un
proceso fue encarcelado, pero el hecho causó tal escándalo que la ciudad de Olimpia se prestó a pagar la cantidad
presuntamente robada y encargó a Fidias que esculpiera una estatua de Zeus para el templo de la ciudad. Tal vez el
maestro agradeciera más a Olimpia este encargo que su libertad, pues por fin encontró la posibilidad de esculpir la estatua
de sus sueños: tenía más de veinte metros, y eso que Zeus aparecía sentado. Estaba hecha de mármol con marfil y oro.
De ella no queda más que un trozo del pedestal, pero todos los que la vieron la tuvieron por una obra maestra.

El éxito de los ataques contra Anaxágoras y Fidias llevó a la aristocracia ateniense a intentar un golpe más alto. Tiempo
atrás había llegado a Atenas una mujer llamada Aspasia. Allí fundó una especie de escuela de filosofía según unos, de
prostíbulo según otros, a la que concurrían las figuras más destacadas de la ciudad. Aspasia defendía la emancipación de
la mujer. En la edad de oro ateniense, las mujeres de buena familia permanecían confinadas en sus casas desde niñas, sin
recibir más educación que la concerniente a las tareas domésticas, se casaban con quien su padre decidía y cuando él lo
decidía y luego quedaban obligadas a la más absoluta fidelidad hacia su marido, pues no estaba muy mal visto que un
marido matara a su esposa para limpiar su honor. Es cierto que, en respuesta a esta situación, Aspasia defendía una vida
más promiscua y licenciosa, y no fue la única, sino que poco a poco en Atenas surgió una clase de mujeres "liberadas"
llamadas hetairas, que resultaron ser las únicas mujeres cultas de la época. Vivían del dinero que les ofrecían los
personajes interesados en su compañía y en sus favores, pero no hay que confundirlas con las prostitutas comunes,
o pornai, que se concentraban sobre todo en los barrios portuarios de El Pireo.

El caso es que Pericles se enamoró de Aspasia, repudió a su mujer y la primera dama de Atenas pasó a ser una hetaira.
Ésta aprovechó su influencia para organizar clases de filosofía para mujeres, pero las que asistían eran muy mal vistas.
Finalmente, Aspasia fue acusada de impiedad por los conservadores. La acusaron de haber convertido la casa de Pericles
en un burdel donde se corrompía a las mujeres de la buena sociedad. Estas acusaciones no pudieron ser probadas ante el
tribunal, donde el propio Pericles se encargó de defenderla.

En 431 Fidias decidió volver a Atenas, y fue un error, pues inmediatamente volvió a ser acusado, esta vez de impiedad al
haber esculpido su propio rostro y el de Pericles en el escudo de la diosa Atenea en el Partenón. Fue encarcelado y murió
a la espera del juicio.

Pericles decidió imponer un embargo a la ciudad de Megara, que se había aliado con Corinto en rebelión contra Atenas:
Ningún mercader megarense podía comerciar en un puerto controlado por Atenas, medida que prácticamente asfixiaba el
comercio y la prosperidad de la ciudad. Megara era una de las ciudades bajo protección espartana, y así los espartanos
empezaron a entender lo grave que podía resultarles la hegemonía de Atenas en el mar, a la que hasta entonces no habían
dado importancia. Los éforos espartanos decidieron que Atenas había roto la Tregua de los Treinta Años, e hicieron
prevalecer su punto de vista sobre el del rey Arquidamo II. Éste se vio obligado a conducir un ejército contra Atenas. Se
inició así la Guerra del Peloponeso.

Pericles no intentó enfrentarse a los ejércitos espartanos. En su lugar ordenó a toda la población que se refugiara tras los
"largos muros" que unían Atenas con El Pireo y se dispusieran a resistir. Mientras la flota Ateniense pudiera traer
suministros, no había nada que temer. Los espartanos arrasaron el Ática, pero no consiguieron doblegar a Atenas. Llegado
el invierno se retiraron, y sabían que el año siguiente se encontrarían con la misma situación.

En 430 se publicó el libro de historia griega más antiguo que se conserva íntegro. Su autor es Heródoto, nacido en la
ciudad de Halicarnaso, al sur de Jonia. Tendría ya más de cincuenta años cuando se decidió a escribir. Había viajado por
Persia y Egipto interesándose por todo. El tema principal de su libro era la guerra con Persia. Los atenienses le concedieron
un premio en metálico por su obra.

Ese año volvieron los espartanos, pero Atenas se encontró con un enemigo inesperado: Una virulenta peste se extendió
rápidamente por la ciudad. Los atenienses no sabían cómo combatirla y murió el veinte por ciento de la población. Pericles
fue destituido por votación y juzgado por malversación de fondos públicos, pero no encontrando quien le sustituyera en
el mando, se le volvió a elegir.

LA GUERRA DEL PELOPONESO


A finales del siglo V, la mitad del mundo civilizado, desde Egipto hasta el Ganges, estaba bajo el dominio persa. El rey
Artajerjes I había renunciado a imponerse sobre los griegos e incluso se había resignado a soportar su continuo aguijoneo
en las fronteras. Hacia el este, la India continuaba un lento proceso de organización política. Una tribu aria llegó a la isla
de Ceilán, cuyo nombre procede del nombre de esta tribu: los Sinhala, (de simha, león). Los invasores expulsaron a los
nativos e introdujeron el cultivo del arroz y un excelente sistema de riego. Desde entonces se les conoce
como cingaleses. Más al este aún, las relaciones entre los distintos principados chinos se volvían cada vez más tensas.

En el otro extremo, los cartagineses buscaban rutas comerciales por el océano Atlántico, ya que los griegos les habían
expulsado del Mediterráneo. Etruria decaía. Los galos la acosaban por el norte y Roma la acosaba por el sur. En especial
Roma mantenía casi continuos combates con la ciudad etrusca de Veyes, situada veinte kilómetros al norte. El vacío de
poder dejado por los etruscos en Italia fue llenado en parte por los samnitas, pueblos itálicos que poblaban el este del
Lacio y que empezaron a expandirse y a ganar poder.

El arte griego estaba abandonando la simplicidad de las formas clásicas y se decantaba por estilos cada vez más
recargados. Uno de los primeros pasos en esta dirección lo dio el arquitecto Calímaco, que ideó la columna corintia, más
ornamentada que la tradicional columna dórica. Por esta época murió Demócrito. Al parecer siguió unas normas de
higiene que él mismo recomendaba, lo que le permitió vivir más de noventa años. Algunos dicen que más de cien.
En 430 surgió un reino poderoso en Épiro. Tras el declive de los tespotas, la región había sido dominada por los caonios, y
ahora eran los molosos los que se organizaron bajo una poderosa dinastía con capital en Fenice.

Pero los acontecimientos más dramáticos de la época tenían lugar más al sur, donde acababa de estallar una guerra mundial
en miniatura. Atenas, apoyada por las islas de la confederación, se enfrentaba a Esparta, apoyada por Beocia y todo el
Peloponeso excepto Árgos (que se mantuvo neutral). Al mismo tiempo, Atenas tuvo que enfrentarse con una epidemia de
peste. Fue llamado a la ciudad un joven médico, de hecho el primero que practicó la medicina como ciencia, sin mezclarla
con la religión. Se llamaba Hipócrates y había nacido en la isla de Cos, frente a la costa de Asia Menor, cerca de la
ciudad de Halicarnaso. Su padre era curandero, y vivía de los muchos enfermos que acudían a la isla para bañarse en sus
aguas termales. Hipócrates los examinaba y elaboró una casuística sobre la que basó sus diagnósticos. Sus escritos fueron
organizados en un Corpus Hippocraticum, pero parece ser que la mayor parte del texto fue escrito por sus discípulos tras
su muerte. No parece que Hipócrates hiciera muchas aportaciones científicas, pero lo importante es que recuperó la
dignidad de la medicina, bastante desprestigiada a la sazón, pues hasta entonces estaba en manos de charlatanes y
sacerdotes. Hipócrates se comprometió a sí mismo y a sus discípulos con un juramento que no sólo obligaba a ejercer la
medicina como ciencia, sin engaños, sino también a guardar unas normas de higiene y decoro que inspiraran confianza a
los pacientes. Organizó un gremio de médicos que se reunían periódicamente para intercambiar experiencias y
descubrimientos. No sabemos qué resultados obtuvo en Atenas, pero es posible que ayudara a combatir la peste
recomendando normas de higiene. En 429 la peste acabó con el mismo Pericles.

A la muerte de Pericles, la figura más destacada del partido democrático era Cleón, que abogaba por continuar la guerra,
mientras que a la cabeza de los conservadores estaba Nicias, partidario de firmar la paz con Esparta. En un primer
momento triunfó Cleón, bajo cuyo gobierno Atenas siguió luchando con energía, pero sin la prudencia de Pericles. Por
estas fechas destacaba en Atenas un autor cómico: Aristófanes. Era de familia aristocrática y en sus comedias se burlaba
descaradamente de Cleón y los demócratas, hasta extremos que hoy en día serían inadmisibles por su mal gusto.

Por esta época había adquirido fama en Atenas un hombre singular. Se llamaba Sócrates. Había estudiado con
Anaxágoras (o tal vez con un discípulo de éste, Arquelao de Mileto) y había combatido por Atenas en Potidea. Parece
ser que la guerra del Peloponeso le llevó a la conclusión de que el enemigo del hombre no es la naturaleza, sino el hombre,
por lo que era más importante estudiar al hombre que al mundo. En otras palabras, de los intereses científicos que podía
haberle inculcado Anaxágoras, pasó a interesarse por la ética. En lugar de desarrollar y predicar una teoría como todos
los filósofos anteriores y posteriores, Sócrates paseaba por la ciudad preguntando a la gente cosas como qué es el bien, o
la justicia, o la virtud, etc. Ante la respuesta fácil de "eso lo sabe todo el mundo", Sócrates alegaba ignorancia. Su frase
más característica llegó a ser el famoso "sólo sé que no sé nada". Así, Sócrates forzaba a sus conciudadanos a explicarle
lo aparentemente obvio y, con ello, les hacía caer en contradicciones y les obligaba a reconocer que sus preguntas no eran
tan simples como a primera vista pudieran parecer. Aunque ya otros pensadores habían denunciado la confianza en "el
sentido común" o "la opinión general" en cuestiones científicas, Sócrates fue el primero en cuestionarlos en lo tocante a
la ética, y el primero en señalar lo dañino que es para la sociedad el que se acepten irreflexivamente ciertas opiniones
comunes sobre lo que es bueno o justo. Debía de tener una gran personalidad, pues no tardó en encontrar numerosos
discípulos entre los jóvenes atenienses.

En 428 los samnitas se apoderaron de Capua, la mayor ciudad no griega de la Campania, con lo que pasaron a dominar
la región.

En 427 murió el rey espartano Arquidamo II y fue sucedido por su hijo Agis II. Mientras tanto Esparta logró tomar la
ciudad de Platea, tras un asedio de dos años. Atenas, por su parte, realizaba fructíferas incursiones navales. Es también el
año de la muerte de Anaxágoras. Por otra parte, el rey desterrado Plistoanacte fue admitido de nuevo, y su hijo Pausanias
fue cesado.

En 425 el almirante ateniense Demóstenes tomó y fortificó el promontorio de Pilos, sobre la costa occidental de Mesenia.
Esparta envió un contingente que tomó posiciones en la isla de Esfacteria, situada frente al puerto de Pilos, y puso sitio
a los atenienses, pero la flota ateniense, que se había retirado, volvió y puso sitio a los sitiadores. Allí había un número
demasiado grande de espartanos para que Esparta pudiera permitirse el lujo de perderlos (la supremacía frente a las clases
dominadas podía verse en peligro). Por ello Esparta pidió la paz. Si hubiera estado Pericles, sin duda Atenas habría sacado
el máximo provecho a la situación, pero Cleón decidió imponer condiciones exageradas: la devolución de las regiones
perdidas veinte años antes. La guerra continuó y los espartanos resistieron en Esfacteria. Cleón pronunció enérgicos
discursos en los que afirmaba que los generales atenienses en Pilos eran unos cobardes y que si él estuviese allí sabría
cómo actuar. Entonces Nicias tuvo una idea astuta: pidió rápidamente una votación y se acordó que Cleón fuera enviado
a Pilos. Contra todo pronóstico, Cleón tuvo una suerte increíble: hubo un incendio en los bosques de Esfacteria, donde
estaban refugiados los espartanos. El humo los obligó a salir y fueron capturados definitivamente por los atenienses.
Cleón los llevó como rehenes a Atenas y así la ciudad estuvo varios años a salvo de las incursiones espartanas.

En 424 murió el historiador Heródoto. Aristófanes estrenaba su comedia Las Nubes, donde se burlaba de Sócrates.
Probablemente, tras la caricatura se muestra la imagen que del sabio tenían los atenienses incapaces de comprender las
sutilezas del método socrático: era un harapiento que paseaba descalzo por las calles de la ciudad importunando a los
hombres de bien con preguntas estúpidas y seguido por una comitiva de jóvenes que corrían el riesgo de convertirse en
una nueva generación de Sócrates que atormentaría la ciudad en pocos años. Tal vez, más en el fondo estuviera el rencor
y la humillación de quienes comprendían que un harapiento descalzo les aventajaba intelectualmente.

También murió ese año el rey persa Artajerjes I. Dos de sus hijos fueron asesinados poco después, pero el tercero logró
hacerse con el trono, con el nombre de Darío II. Persia veía con satisfacción la guerra del Peloponeso y confiaba en que
tras ella Grecia quedaría suficientemente debilitada como para que dejara de ser una amenaza. Por ello el nuevo rey hizo
cuanto pudo para avivar la contienda, financiando a las ciudades griegas sin intervenir directamente. Puesto que había
sido Atenas la que tras las guerras médicas continuó arrebatando ciudades a Persia, el apoyo persa fue siempre a favor de
Esparta.

Nicias tomó la ciudad espartana de Citera. Luego los atenienses capturaron Nisea, el puerto de Megara. La propia Megara
estuvo a punto de caer si no hubiera sido porque ese mismo año Esparta encomendó la dirección de la guerra al que resultó
ser un brillante general: Brásidas. En el primer año de la guerra había rechazado una incursión en Mesenia, y luego había
combatido en Esfacteria, pero una herida lo apartó de la contienda. Ahora, con el ejército espartano bajo su mando, alejó
a los atenienses de Megara y se lanzó hacia el norte, a través de Tesalia y Macedonia, hasta la península calcídica, que
era una fortaleza ateniense.

Los atenienses intentaban invadir Beocia, pero fueron derrotados por los tebanos en Delio, sobre la costa que está frente
a Eubea. Allí combatió valerosamente Sócrates, donde salvó la vida a uno de sus discípulos, Alcibíades. Entonces
llegaron a Atenas las noticias de lo que Brásidas estaba haciendo en el norte. A pesar de ser espartano, Brásidas resultó
tener grandes dotes diplomáticas. Había convencido al rey Pérdicas II de Macedonia -hasta entonces aliado de Atenas-
para que se cambiara de bando, y lo mismo sucedió con la mayor parte de las ciudades por las que pasó. Finalmente
avanzó hasta Anfípolis. La defensa de la ciudad estaba a cargo de Tucídides, pero cuando llegó Brásidas no estaba allí.
Llegó tan pronto como pudo, pero fue demasiado tarde. Anfípolis se había rendido ante las buenas condiciones que ofreció
Brásidas.

En 423 los atenienses exiliaron a Tucídides, quien aprovechó su exilio para escribir un libro sobre la Guerra del
Peloponeso (fue él quien le dio este nombre). La inició donde la había acabado Heródoto, pero la diferencia entre ambos
es abismal. La historia de Heródoto está llena de mitos y fantasías, mientras que la de Tucídides es un ejemplo de
racionalidad a la vez que de imparcialidad. En su obra se nota la influencia de los sofistas, con quienes se había educado
y de quienes había absorbido su escepticismo. No emite juicios, destaca lo bueno y lo malo de todos los sucesos, no se
advierten simpatías ni antipatías. Su única debilidad fue poner en boca de sus personajes discursos grandilocuentes
inventados por él.

Este mismo año un grupo de atenienses que habitaban en la península calcídica decidieron dejar sus ciudades y se
trasladaron a la ciudad de Olinto, con el consentimiento de Perdicas II. La ciudad no tardó en dominar a sus vecinas y se
puso al frente de una Liga Calcídica que logró la independencia de Atenas.

Atenas trató de negociar la paz con Esparta, pero ahora fue Brásidas el que se negó a ello. En 422 Cleón marchó hacia el
norte con un ejército, pero murió en una batalla en Anfípolis. Ahora bien, en la batalla también murió Brásidas. Una vez
desaparecidos los principales defensores de la guerra en ambos bandos, se abría la posibilidad de llegar a un acuerdo de
paz. Esparta quería recuperar a sus rehenes, y Atenas estaba prácticamente arruinada. Había tenido que apropiarse de los
tesoros de los templos y duplicar el tributo a las ciudades de la confederación ateniense. En 421 el rey Plistoanacte firmó
la Paz de Nicias, llamada así porque Nicias fue el principal negociador ateniense. Esparta recuperó sus rehenes y la
situación quedó más o menos como al inicio de la guerra, salvo que Anfípolis se convirtió en una ciudad independiente.
Esto disgustó a Atenas, que se negó a devolver a Esparta Pilos y la isla de Citera.
Los plebeyos romanos accedieron a la cuestura. Por aquella época los cuestores no sólo ejercían de jueces, sino que
también se encargaban de las finanzas del estado y de la recaudación de impuestos.

Por esta época se terminó en Éfeso la construcción del templo de Artemisa, una construcción monumental que había sido
iniciada en tiempos de Creso y que impresionó a quienes lo vieron durante casi un siglo.

Corinto y Tebas no se consideraron obligadas por la Paz de Nicias. Querían la destrucción de Atenas. Al mismo tiempo,
Alcibíades se mostró partidario de continuar la guerra. Su madre era prima de Pericles, por lo que pertenecía a la familia
de los Alcmeónidas. Era rico, guapo, inteligente, encantador, y sin escrúpulos. Deseaba realizar grandes hazañas, y para
ello necesitaba la guerra. Organizó una alianza contra Esparta entre Argos, Élide y la ciudad arcadia
de Mantinea. Prometió ayuda ateniense, pero Nicias se opuso a ello y Alcibíades acudió con un ejército escaso.

En 418 el rey Agis II no tuvo dificultades en vencer a la coalición y así Esparta recuperó plenamente el control del
Peloponeso, pero ahora estaba nuevamente en guerra contra Atenas.

Desde la muerte de Cleón, los demócratas estaban dirigidos por Hipérbolo, quien mostró su furia hacia Nicias, pues, en
su opinión, por su culpa Atenas no había podido intervenir adecuadamente en la coalición contra Esparta. En 417 pidió
un voto de ostracismo, confiando en que los seguidores de Alcibíades (demócratas moderados) se unirían a los suyos
(demócratas radicales) y se impondrían sobre los conservadores que apoyaban a Nicias. Sin embargo, los partidarios de
Nicias y los de Alcibíades se pusieron de acuerdo y el desterrado fue el propio Hipérbolo, con lo que el sistema del
ostracismo quedó en ridículo y no volvió a ser empleado.

EL FIN DE LA GUERRA
En los últimos años del siglo V las ciudades griegas de Sicilia seguían luchando entre sí. En 416 la mayor rivalidad se
daba entre Selino, en la costa norte, y Segesta, en la costa sur. Segesta era la más débil, y pidió ayuda a Atenas. Alcibíades
consideró que Sicilia podía ser una útil fuente de suministros durante la guerra contra Esparta, así que propuso enviar
barcos a Sicilia. Esto suponía enfrentarse con Siracusa, que era la mayor potencia de la isla y odiaba toda intervención
externa. Además había sido una colonia de Corinto, por lo que estaba a favor del bando espartano. Nicias se opuso a la
intervención, pero Alcibíades logro convencer a los atenienses de que el dominio de la próspera y rica Sicilia reportaría
grandes beneficios para la ciudad. La expedición partió en 415, dirigida por Alcibíades y Nicias y otros hombres, entre
los que estaba Sófocles.

Una noche, poco antes de partir, unas estatuas del dios Hermes fueron mutiladas. Esto causó cierta conmoción entre los
atenienses, que lo vieron como un mal augurio. Los partidarios de Nicias responsabilizaron a Alcibíades, el cual defendió
su inocencia (de la que es difícil dudar, hubiera sido absurdo por su parte). Finalmente la expedición se hizo a la mar,
pero poco después un mensajero ordenó a Alcibíades que volviera a Atenas para ser juzgado por el asunto de las estatuas.
Alcibíades comprendió que, en su ausencia, sus enemigos se habían hecho con el poder, y que volver a Atenas sería un
suicidio. Marchó, pero no a Atenas, sino a Esparta. Allí convenció a los espartanos de la importancia de impedir que
Atenas se hiciera con el dominio de Sicilia. Nicias estaba obteniendo algunas victorias, pero no tenía grandes dotes
militares y Siracusa siempre lograba recuperarse. En 414 Esparta envió un ejército al mando de un general
llamado Gilipo. Nicias estaba construyendo una muralla alrededor de Siracusa, pero cuando llegaron los espartanos aún
no estaba terminada, lo que les permitió entrar y unirse a los sitiados. Siracusa había estado a punto de rendirse, pero con
la llegada de los refuerzos se recuperó e hizo retroceder a los atenienses. Nicias pidió refuerzos, y en 413 llegó una nueva
expedición ateniense al mando de Demóstenes, (el general que había tomado Pilos). Efectuó un ataque, pero fue
rechazado. Demóstenes era mejor general que Nicias, y comprendió que lo mejor era retirarse. Sin embargo, Nicias estaba
al mando y se tomó un tiempo para pensárselo (sabía que la responsabilidad de la derrota era suya y no quería volver a
Atenas en esas condiciones). El 24 de agosto de 413 hubo un eclipse de luna. Nicias era supersticioso y prohibió toda
acción hasta que fueran realizados ciertos rituales. Cuando terminaron, la flota de Siracusa había cortado la salida al mar
de los atenienses. Tras dos batallas navales, los atenienses se vieron obligados a abandonar sus barcos. En tierra no
tardaron en ser capturados. Muchos murieron, entre ellos Nicias y Demóstenes, y los prisioneros fueron cruelmente
torturados y no tardaron en morir también.

Mientras tanto, Alcibíades hizo ver a los espartanos que en lugar de enviar ejércitos contra Atenas en verano y retirarse
en invierno, era más sensato tomar y fortificar un puesto en el Ática donde permanecer todo el año, de modo que los
atenienses se vieran obligados a permanecer todo el año asediados tras los largos muros sin ocasión de recuperarse. Los
torpes espartanos comprendieron que la idea era buena y enviaron una expedición al mando del rey Agis II. Atenas quedó
acorralada. Tenía, por supuesto, la salida por el mar, pero lo más grave era que no podía acceder a sus minas de plata.
Afortunadamente, la ciudad disponía de una reserva de dinero para un caso de necesidad y parecía claro que éste era el
momento de emplearlo. Se construyó una nueva flota que reemplazara a la perdida en Sicilia y con la que trató se sofocar
las revueltas que Esparta estaba promoviendo en las islas del Egeo.

Ese mismo año murió Perdicas II, el rey de Macedonia. Fue sucedido por su hijo Arquelao. Mientras su padre había
negociado con Atenas y Esparta para mantener la independencia del reino, el nuevo rey se dedicó a fortalecerlo y
estructurarlo. Hizo construir fortalezas y carreteras, reorganizó el ejército y fortaleció con su ayuda el poder real.
Estableció la capital en Pela, y en su palacio acogió a numerosos músicos y poetas, entre ellos a Eurípides.

Esparta comprendió que nunca derrotaría a Atenas mientras ésta dominara el mar. Decidió construir una flota, pero para
ello necesitaba dinero, y no le costó encontrar quién se lo diera. En 412 llegó a un acuerdo
con Farnabazo y Tisafernes, los sátrapas de las dos satrapías en que estaba dividida el Asia Menor persa. Ese mismo
año Alcibíades tuvo que huir apresuradamente de Esparta y se refugió en la corte de Tisafernes. Al parecer, el rey Agis
II había descubierto que su esposa había acogido al extranjero con más hospitalidad de la que permitía su honra, así que
mandó un mensajero tras Alcibíades con orden de asesinarlo.

En 411 los conservadores atenienses aprovecharon la situación crítica en que se veía la ciudad para instaurar una
oligarquía. Se la llamó "de los cuatrocientos", porque estaba formada aproximadamente por este número de hombres.
Eran proespartanos y se esperaba que llegaran a un acuerdo con Esparta que pusiera fin a la guerra, pero uno de los
generales atenienses, Tresíbulo, decidió rebelarse e instauró un régimen democrático sobre la flota, que entonces estaba
en Samos. Puesto que los cuatrocientos no tenían el control sobre la flota, Esparta no negoció con ellos. Al cabo de unos
meses la oligarquía fue reemplazada por otra más moderada, formada por unos 5.000 hombres. Quien negoció con
Tresíbulo fue Alcibíades. No debía de sentirse muy seguro en Persia (aliada espartana) teniendo al rey Agis II en su
contra, así que propuso a Tresíbulo dirigir la flota ateniense. Tresíbulo sabía de las grandes dotes de estratega que tenía
Alcibíades, y no estaba en situación de tener en cuenta la doble traición que había cometido (y que estaba a punto de
convertirse en triple), así que aceptó. Bajo su mando, los barcos atenienses derrotaron a los espartanos cada vez que se
encontraron. En 410 infligió una seria derrota a la flota espartana en Cízico, en la costa sur de la Propóntide. Cuando la
noticia llegó a Atenas se produjo una rebelión que instauró de nuevo la democracia.

En 409 la ciudad siciliana de Segesta seguía en guerra contra Selino y, tras su frustrada petición de auxilio a Atenas,
también se hallaba enfrentada a Siracusa. Ahora decidía llamar en su ayuda a Cartago. Una de las figuras más
destacadas en Cartago era Aníbal, el nieto de Amílcar, que incitó al Senado a que aprobara una intervención. Desembarcó
en la isla de Motya, que era un puerto fortificado cartaginés, una de las escasas posesiones que Cartago había conservado
en la isla. Desde allí avanzó hasta Selino y la tomó por sorpresa. Tras unos días de combate cuerpo a cuerpo por las calles,
la ciudad fue destruida y los supervivientes esclavizados. Desde allí Aníbal marchó con sus hombres contra Himera,
donde su abuelo había sido asesinado. La flota de Siracusa estaba en Grecia, apoyando a Esparta, pero recibió orden de
volver a socorrer a Himera. Cuando estuvo cerca, Aníbal fingió abandonar el sitio de Himera para dirigirse a Siracusa.
La flota cambió de rumbo para proteger a su ciudad, pero Aníbal volvió a Himera y la tomó antes de que pudiera llegar
la ayuda de Siracusa. Los historiadores griegos afirman que Aníbal hizo sacrificar a 3.000 prisioneros en el lugar donde
había muerto Amílcar. Luego volvió a Cartago.

En 408 murió el rey espartano Plistoanacte, y su hijo Pausanias, que había ocupado el trono durante el destierro de su
padre, volvió a ocuparlo. Mientras tanto Alcibíades había logrado el dominio completo de la ruta del mar Negro, la base
del aprovisionamiento de Atenas. En 407 su fama en la ciudad era tan grande que juzgó que ya podía regresar a ella sin
que nadie le recordara su traición. Así fue, los atenienses le recibieron con todos los honores. La ciudad se permitió
incluso el lujo de rechazar una oferta de paz por parte de los espartanos.

Ese año Esparta logró recomponer su flota, destrozada en Cízico. Al mando de las nuevas embarcaciones puso a un
general llamado Lisandro. Éste formó una alianza con Ciro el hijo del rey persa Darío II, conocido como Ciro el
Joven, para distinguirlo del fundador del imperio. La capacidad militar de Lisandro combinada con el dinero de Ciro
resultaron letales para Atenas. Lisandro evitó enfrentarse directamente con Alcibíades, y esperó una oportunidad.
Alcibíades tuvo que abandonar temporalmente la flota para conseguir financiación. Ordenó a sus subordinados que no
emprendieran ninguna acción en su ausencia, pero éstos desobedecieron la orden y atacaron a Lisandro frente a las costas
jónicas, donde la flota ateniense fue derrotada. Cuando Alcibíades volvió ya no había nada que hacer. Los atenienses
recordaron su pasado y le acusaron de haber pactado la derrota con Lisandro. Una vez más, Alcibíades huyo, ahora al
Quersoneso tracio, donde tenía unas propiedades.

En 407 Aníbal fue enviado de nuevo a Sicilia junto a su primo Himilcón, pues Cartago vio que se le abría la oportunidad
de dominar de nuevo la isla. En 406 puso sitio a la ciudad griega más al oeste, que era Agrigento, pero murió en el intento
de tomarla. Ese año Roma inició a su vez el asedio de la ciudad etrusca de Veyes, que se prolongaría durante diez años.
Mientras tanto Cartago seguía con el sitio a Agrigento, que se convirtió en una cuestión de suministros: la flota siracusana
abastecía a Agrigento y la cartaginesa a los sitiadores. Al cabo de nueve meses Cartago triunfó y la ciudad fue tomada.

Ese mismo año Eurípides moría en Macedonia y Sófocles en Atenas. Se cuenta que pocos años antes el hijo de Sófocles
trató de que los tribunales declararan incompetente a su padre para administrar su fortuna. El dramaturgo leyó en su
defensa algunos pasajes de Edipo en Colona, la obra en la que estaba trabajando en ese momento, y no tuvo dificultad en
ganar el juicio.

Entre tanto Atenas había construido una nueva flota. Para ello tuvo que fundir todas las estatuas de oro y plata de la
acrópolis. La flota espartana fue derrotada gracias a que los éforos, recelosos de los éxitos de Lisandro, le habían quitado
el mando. La batalla se llevó a cabo en medio de una tormenta, y eso hizo que los atenienses perdieran muchos hombres.
Esto supuso una gran frustración. Los almirantes fueron juzgados. En el tribunal estaba Sócrates, que votó por la
absolución, pero la mayoría decidió decapitarlos. Poco después los partidarios de la ejecución fueron ejecutados, pero el
caso es que Atenas se quedó sin buenos almirantes. La flota quedó al mando de Conon.

Ciro el Joven exigió a los espartanos que Lisandro fuera restituido en su cargo de almirante, y éstos le hicieron caso. Las
flotas de Lisandro y Conon estuvieron maniobrando hasta que se encontraron en 405 cerca de Egospótamos, en el
Querconeso tracio. Por allí vivía Alcibíades, que conocía bien la región y no había perdido sus dotes de estratega. La flota
ateniense había atracado en un lugar peligroso, desde donde podía ser atacada fácilmente. Alcibíades cabalgó hasta la
costa para advertir a los atenienses que su posición era peligrosa, pero se le respondió que la flota no necesitaba consejos
de traidores. Pocos días después, Lisandro atacó, y casi toda la flota ateniense fue capturada sin lucha. Conon logró huir
hasta Chipre con unos pocos barcos, pero Atenas se había quedado sin flota, sin dinero, sin buenos generales y casi sin
jóvenes que mandar al combate. Lisandro envió un sicario para matar a Alcibíades y éste huyó de nuevo a Persia, pero
los persas lo asesinaron.

Los cartagineses tomaron las ciudades de Gela y Camarina, en Siracusa, situadas al este de Agrigento. El avance
cartaginés provocó conmociones internas en Siracusa. El descontento fue canalizado por un hombre con grandes dotes de
oratoria, que logró convencer a los generales para que pasaran al retiro y se hizo con todo el poder. Se llamaba Dionisio. El
nuevo tirano se apresuró a firmar un tratado de paz con Cartago, por el que Siracusa le reconocía el dominio sobre el
tercio occidental de la isla. Cartago aceptó satisfecha y Dionisio aprovechó la paz para fortalecer su ciudad. Fortificó una
isla del puerto, formó un fuerte séquito a su alrededor, sofocó toda oposición en la ciudad y se apoderó de las ciudades
vecinas. Contrató mercenarios, organizó un ejército y aumentó su flota, tanto en número como en calidad. Con esto
Siracusa se convirtió en la ciudad más poderosa del mundo griego.

En 404 Lisandro dominaba el Egeo y, cuando apareció frente a Atenas, la ciudad no tuvo más opción que rendirse. Tebas
sugirió que Atenas fuese arrasada por completo, pero Esparta recordó lo que Atenas había hecho por Grecia y le permitió
sobrevivir. Los "largos muros" fueron derribados y se instauró una oligarquía en la ciudad. Fue conocida como la Tiranía
de los Treinta. El más famoso de los treinta tiranos fue Critias. Expulsó de Atenas a algunos demócratas e hizo ejecutar
a otros. Incluso hizo matar a los aristócratas cuya conducta le pareció demasiado blanda. Entre otras mil prohibiciones,
prohibió enseñar a Sócrates (pese a que había sido su maestro), orden que el filósofo se negó a cumplir y por ello fue
encarcelado.

Entre los atenienses exiliados estaba Trasíbulo, que reunió a otros exiliados y logró tomar la fortaleza de File, a unos 18
kilómetros al norte de Atenas. Los oligarcas trataron de reconquistar la ciudad en dos ocasiones, en la segunda de las
cuales murió Critias. Trasíbulo logró hacerse con El Pireo. Los oligarcas pidieron ayuda a Esparta. Hasta ese momento,
Lisandro era el hombre más poderoso de toda Grecia, y se había dedicado a instaurar oligarquías, pero se había vuelto
arrogante y los éforos recelaban de él más que nunca. El rey Pausanias, de acuerdo con los éforos, retiró toda autoridad a
Lisandro justo cuando éste se disponía a responder a la llamada de los oligarcas atenienses y, para humillarlo, permitió
que la democracia fuera reinstaurada en Atenas.
Ese año regresó a Atenas de su largo exilio el historiador Tucídides. También fue el año en que murió el rey persa Darío
II, sucedido por su hijo Artajerjes II. Como había ocurrido tras la muerte de cada rey persa, Egipto volvió a rebelarse,
esta vez con éxito, y el trono fue ocupado por una dinastía nativa, la XXVIII. Artajerjes II no pudo ocuparse de Egipto
debido a que su hermano Ciro el Joven consideró que había llegado el momento de pedir a Esparta que le devolviera los
muchos favores que él le había hecho durante la guerra del Peloponeso. Pidió un ejército de espartanos que le ayudaran a
usurpar el trono. Esparta no quiso involucrarse abiertamente, pero el fin de la guerra había dejado a muchos soldados
dispuestos a ofrecer sus servicios como mercenarios. Un exiliado espartano llamado Clearco reunió casi 13.000 soldados
griegos bajo su mando y en 401 se puso a disposición de Ciro.

El ejército atravesó el Asia Menor y llegó al Éufrates superior. Luego avanzó aguas abajo a lo largo de 560 kilómetros.
Artajerjes II reunió apresuradamente un ejército, que contaba incluso con algunos mercenarios griegos, y se dispuso a
hacer frente a su hermano. Los ejércitos se encontraron en Cunaxa, una aldea junto al Éufrates, a unos 159 kilómetros al
noroeste de Babilonia.

Los griegos extendieron su línea con el flanco derecho tocando el río. Frente a ellos estaba el ejército imperial, al mando
del propio Artajerjes II. Ciro comprendió enseguida la situación: Lo único importante era matar a Artajerjes II. Si moría,
Ciro se convertía en rey legítimo, y todos los soldados persas se pondrían a sus órdenes. Por ello sugirió a Clearco que
concentrara el ataque sobre el centro del ejército imperial, que por la desigualdad de número se encontraba frente al flanco
izquierdo del ejército griego. Pero Clearco no era más que un tosco espartano y no estaba dispuesto a aceptar innovaciones.
La tradición decía que el puesto de honor era el lado derecho, y allí iba a ponerse él mismo y sus mejores hombres, y allí
iba a concentrar el ataque.

Así lo hizo, pero, naturalmente, no se encontró ante sí con los mejores hombres del ejército enemigo, sino con su flanco
izquierdo al que los griegos iban menguando sin dificultad, mientras Artajerjes II concentraba su ataque sobre el centro
y el flanco izquierdo griego no menos eficazmente. Ciro, irritado por la ineptitud de Clearco reunió cuantos jinetes pudo
y dirigió un ataque directo hacia donde estaba su hermano, pero éste se hallaba muy bien protegido, con lo que los jinetes
fueron repelidos y Ciro murió. Así terminó la batalla. Clearco se encontró solo a 1.700 kilómetros de su patria sin saber
qué hacer.
Artajerjes II, que prefería evitar un combate, envió una embajada proponiendo escoltar a los griegos hasta el mar. Clearco
no se fiaba, así que el rey persa le dijo que con mucho gusto le recibiría a él y a sus oficiales para darle todo tipo de
detalles sobre rutas posibles y ayuda para volver a Grecia. Clearco aceptó y en cuanto los generales griegos entraron en
la tienda del monarca fueron asesinados. Los persas esperaban que el ejército griego, sin oficiales, se rendiría y sería
dominado fácilmente, pero no fue así. Eligieron como jefe a un soldado raso, un ateniense llamado Jenofonte, que los
condujo unidos hacia el norte, sin que los persas se atrevieran a atacarles. En un momento dado pasaron junto a un enorme
montículo y tuvieron que preguntar qué era aquello. Era imposible reconocer a Nínive, la antigua capital del Imperio
Asirio. Hasta ese punto había sido arrasada. Luego abandonaron el río y penetraron en la región que había sido Urartu,
donde los persas esperaban que fueran destrozados por las feroces tribus locales. Sin embargo, los desorientados griegos
supieron hacer frente a todas las contingencias y en 400 llegaron a la ciudad griega de Trapezonte, en las costas del mar
Negro.

LA RECUPERACIÓN DE ATENAS
Durante el siglo IV, los celtas Gaëls llegaron a la actual Irlanda. Redujeron y asimilaron a la población autóctona y se
dividieron en un centenar de pequeños reinos. Pronto los jefes más importantes obligaron a los demás a reconocer su
autoridad, y a su vez eligieron un "rey supremo", si bien esta jerarquía política era muy débil.

En 400 murió Tucídides. Por aquel entonces su Historia de la guerra del Peloponeso iba por el año 411, y ahí la dejó.
Ahora Grecia estaba recuperándose de aquella guerra. El rey Arquelao de Macedonia debió de pensar que Grecia debía
de estar agotada, así que pasó de la política diplomática que había mantenido en el periodo anterior a invadir Tracia.
Ocupó la ciudad de Larisa, pero Esparta demostró tener el control de Grecia y en 399 el rey fue asesinado. Macedonia
pasó por un periodo de confusión.

Atenas continuaba su proceso de "depuración" para fortalecer la democracia, amenazada por la influencia espartana. Los
demócratas tomaron una decisión particularmente desdichada: la de acusar a Sócrates. No parece plausible que la
acusación fuera fundada. Al contrario, Sócrates había mostrado desobediencia contra los Treinta y había denunciado el
mal gobierno de Critias. De hecho, los cargos fueron de orden moral, signo inequívoco de que eran inmorales. Se le acusó
de impiedad y de "corromper a la juventud".

Tal vez fuera decisivo que entre los discípulos del sabio habían estado Alcibíades y el propio Critias, pero parece
razonable suponer que en el fondo se encontraba la animadversión que Sócrates causaba en una parte influyente de la
ciudadanía con sus preguntas impertinentes, su ironía y su facilidad para dejar al prójimo sin respuestas. También es
probable que no hubiera tenido dificultad en salir absuelto si no hubiera optado por defenderse a sí mismo y de una forma
tan torpe como lo hizo.

En principio no tuvo dificultad en refutar los cargos. Respecto a la impiedad, pudo probar fácilmente que nunca había
incumplido las obligaciones de culto hacia los dioses. Indudablemente Sócrates no creía en ellos, pero eso a nadie le
importaba. Respecto a la acusación de corromper a los jóvenes, desafió a cualquiera que pudiera negar que siempre había
tratado de inculcar la piedad, la templanza y la prudencia a sus discípulos, pero a continuación se lanzó a la más orgullosa
apología de sí mismo, proclamándose elegido por los dioses para revelar la verdad.

La legislación ateniense exigía que tanto la acusación como la defensa solicitaran una decisión concreta del tribunal, de
modo que los jueces sólo podían elegir entre conceder a una de las partes lo que pedía. Sócrates no sólo pidió la absolución,
sino ser proclamado bienhechor público y alojado en el Pritaneo, una especie de templo en que la ciudad agasajaba a sus
héroes. Puesto que esta opción era descabellada, el tribunal aceptó la petición de la acusación, que era la pena de muerte.
No obstante, la votación fue reñida (780 votos frente a 720).

Los discípulos de Sócrates lograron hacer entrar en razón al maestro y solicitaron que el tribunal volviera a reunirse. La
defensa pasó a solicitar como pena el pago de una multa (que sus discípulos se comprometían a reunir, pues Sócrates no
tenía dinero). Sin embargo era demasiado tarde. Cuando se volvió a contar los votos el número de partidarios de la pena
de muerte había aumentado en 80.

El más prestigioso discípulo de Sócrates era un joven de treinta años llamado Aristocles, aunque es más conocido por el
sobrenombre de Platón. Sócrates no dejó ningún escrito, así que lo que conocemos de su doctrina se debe al testimonio
de quienes le conocieron, y Platón es la fuente más importante. Él nos ha narrado la ejecución: murió ingiriendo cicuta.
Ante el desconsuelo de sus seguidores, sus palabras fueron:

¿Por qué os desesperáis?, ¿no sabíais que desde el día que nací la Naturaleza me ha condenado a morir? Mejor es
hacerlo a tiempo, con el cuerpo sano, para evitar la decadencia.
Ciertamente, Sócrates tenía ya 70 años. No es descabellado pensar que se buscó la condena porque sintió que le
quedaba ya poca vida y así tenía la oportunidad de inmortalizar su obra. Fuera como fuera, así sucedió. La ciudad no
tardó en reaccionar. Uno de los que habían promovido la acusación contra Sócrates fue lapidado, y los otros se vieron
obligados a abandonar Atenas. Por su parte, Platón decidió marcharse también y se exilió en Megara, poco después
marchó a Cirene y luego a Egipto, donde estudió matemáticas y teología.

Otro discípulo famoso de Sócrates fue Antístenes, quien desarrolló las ideas de su maestro sobre la necesidad de
renunciar a toda dependencia como único medio posible para alcanzar la felicidad. Esto incluía renunciar a las posesiones
para no verse esclavizado por el temor a perderlas, pero también alertaba contra la dependencia de la opinión ajena.

Una filosofía radicalmente distinta fue la que desarrolló Aristipo. Había nacido en Cirene, pero vivió en Atenas y fue
también discípulo de Sócrates. Enseñó que el único bien es el placer, y que el mejor sentido que un hombre podía dar a
su vida era el de buscarlo. Evidentemente, para defender coherentemente tal postura era necesario tener ciertas dotes.
Parece ser que Aristipo tenía una gran personalidad y un aspecto refinado que inspiraba simpatía entre los hombres y
atraía a las mujeres. Gastaba con prodigalidad el dinero ajeno, por lo que tenía muchos amigos.

Ese mismo año murió el rey Agis II de Esparta. Dejó dos hijos. El mayor se llamaba también Agis, pero sobre él rondaba
la sospecha de que su verdadero padre era Alcibíades. El hijo menor era Agesilao, quien se presentó como legítimo
heredero del trono. En esa época Lisandro, apartado de la política por la fuerza años atrás, vio la oportunidad de recuperar
su antiguo poder. Agesilao era bajo, cojo y de apariencia débil. Pensó que sería un rey fácil de gobernar y le apoyó hasta
convertirlo en Agesilao II. Sin embargo, se equivocó en sus cálculos. El nuevo rey tenía muy claro lo que quería hacer y
Lisandro no pudo sacar ningún partido.
En 398 Dionisio de Siracusa tenía ya organizada su ciudad para imponerse sobre el resto de Sicilia. Disponía de un ejército
de 80.000 soldados de infantería y 3.000 de caballería. Avanzó hacia el oeste y redujo a los cartagineses hasta un pequeño
reducto en la isla de Motya. Los cartagineses confiaban en que podrían resistir un asedio, bien suministrados por su flota.
Sin embargo Dionisio presentó al mundo un nuevo ingenio bélico: la catapulta. Con su ayuda logró ahuyentar los barcos
cartagineses mientras construía un malecón por el que acercarlas a sus fortificaciones. Finalmente la ciudad se rindió y
fue arrasada. Sus habitantes fueron vendidos como esclavos. A Cartago sólo le quedaba un fragmento de costa en el norte,
alrededor de Panormo, (la actual Palermo). Parecía imposible que pudiera resistir, pero había llegado el invierno y
Dionisio se retiró a Siracusa hasta el año siguiente. Cartago reaccionó. Himilcón condujo una expedición que desembarcó
en Panormo, se desplegó por la parte occidental de la isla y fundó una ciudad fortificada llamada Lilibeo en la costa, unos
siete kilómetros al sur de la devastada Motya.

En 396, tras diez años de asedio, Roma logró tomar la ciudad etrusca de Veyes. La ciudad fue destruida y su territorio
anexionado a Roma. Por primera vez Roma gobernaba directamente un territorio más allá de los límites de la ciudad.
Según la tradición, el asedio a Veyes fue dirigido por Marco Furio Camilo. En contra de lo que podría pensarse, esto no
supuso una enemistad entre Roma y Etruria, sino que algunas ciudades-estado etruscas, como Cerverteri y Clusium,
aprobaron la actitud romana. Esto significa que Roma supo aprovechar en su beneficio las disensiones internas entre los
etruscos.

El rey Agesilao II de Esparta decidió acometer una gran empresa. El sátrapa Tisafernes había vuelto a Asia Menor y atacó
a las ciudades griegas como represalia por haber ayudado a Ciro el Joven. Por su parte, el general ateniense Conon,
derrotado en Egospótamos, había conseguido aliarse con los persas, quienes le proporcionaron una flota de 300 barcos
con los que se lanzó a perseguir espartanos. Sin embargo, la aventura de Jenofonte y sus hombres había revelado la
fragilidad del aparentemente poderoso Imperio Persa. Un ejército griego desorientado había podido moverse libre e
impunemente por su territorio. Jenofonte decidió poner su odisea por escrito. La llamó la "Expedición de los Diez Mil" y,
si bien su relato no tiene la objetividad de Tucídides, lo cierto es que es uno de los documentos más importantes que
conservamos sobre la época. El caso es que Agesilao II había perdido todo el temor que Persia había suscitado sobre los
griegos de las generaciones anteriores, así que decidió dirigir una expedición contra Persia.
Al parecer, el rey veía su proyecto como una emulación de la expedición legendaria encabezada por Agamenón contra la
ciudad de Troya. Como Agamenón, antes de partir decidió realizar un sacrificio en la ciudad beocia de Aulis, pero Tebas
no estaba dispuesta a consentirlo. Había sido aliada de Esparta en la guerra del Peloponeso y, al final, no había conseguido
su objetivo, que era destruir a Atenas, debido a la oposición de Esparta. Agesilao II fue expulsado. Pese a ello partió,
llevando consigo a muchos de los "diez mil", entre ellos el propio Jenofonte. En 395 derrotó a Tisafernes, el cual fue
ajusticiado por los persas poco después a causa de esta derrota. Ese año Platón volvió a Atenas, pero pronto decidió
marcharse de nuevo a estudiar la filosofía pitagórica en Tarento.

El general cartaginés Himilcón había logrado avanzar hasta asediar la propia Siracusa. Dionisio no aceptó un combate
directo y se dispuso a resistir un asedio. Al parecer, el tirano era un experto en asedios y ataques por sorpresa, pero nunca
confió en un combate frente a frente.

El rey persa Artajerjes II decidió emplear contra los griegos la misma política que su padre, no muy honrosa, pero efectiva:
financiar a los enemigos de Esparta. Ya lo estaba haciendo con Conon y ahora se ocupó de alzar a Tebas y a Corinto en
contra de su antigua aliada. Pausanias dirigió una expedición contra Tebas. Atacó por el sur mientras Lisandro atacaba
por el norte. Sin embargo, Lisandro murió en una escaramuza y Pausanias tuvo que retirarse. Temiendo un juicio, abdicó
y se exilió a Tegea. Fue sustituido por su hijo Agesípolis I.

Atenas se alió con Tebas, y pronto se unieron Argos y Corinto. En 394 Esparta ordenó a Agesilao II que volviera, pues
sería mucho más útil en Esparta que en Asia. Éste aceptó con renuencia. Por el camino le llegaron malas noticias: Conon
había destruido la flota espartana frente a Cnido, una de las ciudades dóricas en la costa del Asia Menor. Así terminó el
breve periodo en que Esparta tuvo una flota. Cuando llegó a Beocia, tuvo que combatir contra las tropas de la coalición
antiespartana. Logró vencer, pero por un pequeño margen, así que se apresuró a descender hasta Esparta. El sátrapa
Farnabazo reconquistó las guarniciones espartanas en Asia Menor, Conon volvió a Atenas y en 393 los "largos muros"
fueron reconstruidos. En 392 Corinto y Argos se unieron para formar una única ciudad-estado. La situación de Esparta
era cada vez más delicada.
Dionisio de Siracusa logró lanzar un ataque sorpresa por tierra y por mar sobre los cartagineses que asediaban su ciudad,
muy debilitados a causa de una epidemia de peste. Las tropas de Himilcón terminaron cercadas alrededor de Lilibeo,
mientras que Siracusa dominaba el resto de Sicilia.

En 390 Roma pasó por el periodo más crítico de su historia. Hasta entonces, los etruscos le habían servido de pantalla
contra las incursiones galas, pero, ahora que Etruria era una sombra de su pasado, una tribu gala llegó hasta la ciudad, la
conquistó y la sometió a tributo. Su jefe se llamaba Brenno. Los romanos de siglos posteriores tejieron numerosas
leyendas para suavizar esta página de su historia. La versión oficial dice que los galos sitiaron a los romanos en el
Capitolio, pero, incapaces de lograr una victoria definitiva, decidieron retirarse si Roma les pagaba un tributo en oro. Los
galos empezaron a pesar el oro que iban reuniendo los romanos, cuando un general romano observó que un objeto cuyo
peso conocía era tasado por menos valor. Las pesas galas eran falsas. El general protestó, y entonces Brenno exclamó la
famosa frase: Vae uictis! (¡Ay de los vencidos!), y arrojó su espada al plato de la balanza en el que estaban las pesas, para
desproporcionarla más aún. Entonces, los romanos, indignados, se rebelaron contra los galos dirigidos por Camilo, quien
los alentó con la no menos famosa y no menos ficticia frase de "Roma compra su libertad con hierro, no con oro". Los
galos tuvieron que abandonar la ciudad con las manos vacías.

Aunque sin duda los galos se fueron victoriosos, con su tributo y con la amenaza de una próxima visita, sí parece cierto
que Marco Furio Camilo representó un papel destacado en esta crisis. La leyenda en torno a él es más amplia. Cuenta que
tiempo atrás había sido acusado de irregularidades en el reparto del botín obtenido tras la toma de Veyes y que, ofendido,
había partido a un exilio voluntario un año antes (si bien volvió en cuanto tuvo noticias de que Roma estaba en apuros).
Tras la retirada de los galos, los romanos se plantearon la posibilidad de abandonar Roma y establecerse en Veyes, a lo
cual Camilo se opuso enérgicamente, por lo que fue llamado "el nuevo Rómulo" o segundo fundador de Roma.

Parece ser que la invasión gala destruyó la mayor parte de los documentos romanos, de forma que la historia anterior sólo
nos es conocida a través de las obras de los historiadores posteriores, muy poco rigurosas. Sin embargo, el conocimiento
que tenemos de la historia romana posterior a 390 es mucho más fiable y documentado.
En Corinto vivía un general ateniense llamado Ifícrates, que había formado un pequeño grupo de soldados de
características muy diferentes a las del hoplita tradicional. Se llamaban peltastas, por el escudo ligero que llevaban,
llamado pelta. Todo el armamento de los peltastas era ligero. En un combate frente a frente, no podrían hacer nada
frente a los hoplitas, pero Ifícrates los había entrenado para aprovechar su agilidad, para atacar y huir rápidamente y
volver a atacar. El primer enfrentamiento entre peltastas y hoplitas se produjo cuando unos 600 espartanos pasaron
cerca de Corinto. Fue todo un éxito. Los desconcertados espartanos fueron totalmente derrotados. Grecia comprendió
que, si los espartanos no podían ser derrotados por la fuerza bruta, sí podían serlo mediante una estrategia superior.

LA CAÍDA DE ESPARTA
En 389 el rey Amintas III se hizo con el trono de Macedonia. Entabló una alianza con Esparta, que le protegió contra
Olinto.

Por esta época Siracusa se había afirmado como la mayor potencia de occidente, gracias al gobierno autoritario del tirano
Dionisio, que tras asegurarse el dominio de Sicilia había enviado ejércitos al sur de Italia y en el 387 dominaba casi
totalmente la región. Estableció colonias y puestos comerciales en la costa del Adriático, una de las cuales estaba muy al
norte, cerca de la moderna Venecia. También impuso su dominio sobre Épiro, al otro lado del mar.

Es conocida la leyenda de Damocles, un cortesano que envidiaba abiertamente la fortuna de Dionisio, y un día éste le
ofreció ser tirano durante una noche. Damocles aceptó y esa noche se sentó en el sitio de honor durante un banquete, sin
embargo pronto descubrió que Dionisio había mandado colgar de un hilo una espada sobre su cabeza. El tirano le explicó
que su vida estaba siempre pendiente de amenazas, de modo que si Damocles quería disfrutar las ventajas de su posición
durante toda la noche, también debía sufrir sus inconvenientes.

En efecto, parece ser que Dionisio tomaba muchas medidas de seguridad. Se dice que había construido una cámara
acampanada sobre la prisión que conectaba con su habitación, de modo que podía oír las conversaciones de los presos.
Dejando las leyendas, uno de los muchos griegos que acudieron a la lujosa corte de Dionisio fue, cómo no, Aristipo, que
se las arregló para disfrutar de la vida según su costumbre, para lo cual tuvo que soportar constantemente el desprecio
que le demostraba el tirano. Cuentan que una vez Dionisio le escupió en la cara, y que más tarde Aristipo dijo a sus
amigos: "Un pescador ha de mojarse más para capturar un pez más pequeño que un rey".

Dionisio tenía un hijo del mismo nombre, así como una hermana, que se había casado con un joven siracusano
llamado Dión. El tirano lo puso al mando de su flota y estando en Tarento conoció a Platón, por el que sintió gran
admiración y al que decidió invitar a Siracusa, para que se encargara de la educación de su sobrino Dionisio. Platón
aceptó, pero su encuentro con el tirano no fue muy afortunado. El tirano pensó que podía tratar a Platón como hacía con
Aristipo, y en un momento dado le dijo "hablas como un estúpido", pero Platón le respondió: "y tú como un
prepotente", tras lo cual Dionisio prendió al filósofo y lo vendió como esclavo.

Afortunadamente, Platón tenía muchos admiradores, y no tardó en ser rescatado por un tal Aníceres de Cirene, que pagó
las tres mil dracmas requeridas y luego se negó a aceptarlas de los amigos de Platón. Platón volvió a Atenas, donde fundó
una escuela filosófica. Al parecer, el propietario anterior del terreno donde fue instalada se llamaba Academo, por lo que
la escuela fue conocida como "la Academia", y alcanzó tal fama que este nombre se aplicaría después para nombrar
cualquier centro de enseñanza. En efecto, la Academia fue una especie de universidad elitista. Sus alumnos vestían lujosas
capas y se distinguían por su esmerada forma de hablar y de comportarse. No pagaban matrícula, pero, como provenían
de las familias más ricas de Atenas, era frecuente que la Academia recibiera sustanciosos donativos. Allí aprendían
matemáticas, astronomía, música, derecho y ética, entre otras cosas. El sistema de enseñanza incluía clases, diálogos,
conferencias y debates públicos. Las mujeres también eran admitidas. Platón demostró ser un feminista convencido.

Con Platón la filosofía griega alcanzó una de sus mayores cotas. Expuso sus teorías en forma de diálogos, pues
consideraba que el diálogo era la forma natural de plasmar el razonamiento humano (sin duda una herencia de Sócrates).
La creación platónica más genuina es su teoría de las ideas. Platón defendía que la existencia de un objeto material
presupone la existencia de su idea, esto es, no podrían existir mesas si no existiera previamente la idea de mesa, no como
un contenido mental de los hombres, sino como algo objetivo e inmutable. Los objetos reales son reflejos imperfectos de
las ideas y el conocimiento que obtenemos de su observación es impreciso e incompleto, como el de quien observa las
sombras en lugar de los objetos que las producen. Sólo la razón proporciona el verdadero conocimiento. Para explicar
cómo es esto posible, Platón concluye que las almas viven en el mundo de las ideas hasta que son unidas a los cuerpos,
momento en que olvidan todo lo que han aprendido, pero van recordándolo paulatinamente. Para Platón, la más excelente
de todas las ideas es la idea del Bien, en un sentido amplio que contiene el aspecto moral, pero que no acaba ahí. Conocer
la idea de Bien es también comprender lo que es un argumento bien construido, comprender lo que es una obra de arte
bien hecha y, en suma, comprender plenamente todas las demás ideas. Las ideas platónicas son eternas y no podrían ser
de otro modo sino como son, así que es absurdo pretender que sean obra de un dios más o menos caprichoso. Sin embargo,
Platón admite la necesidad de que el caótico mundo sensible sea obra de un creador, pero aún aquí introduce una novedad,
y es que no presenta a dicho creador como un dios omnipotente, sabio y justo, sino más bien un dios menor. Platón lo
llama el demiurgo (el artesano), un dios cuyas capacidades limitadas únicamente le han permitido crear un mundo
imperfecto, en el que las ideas se ven pálidamente reflejadas y, a menudo, desvirtuadas.

Al margen de todo el folklore con que Platón adornó sus teorías, lo cierto es que fue el primero que planteó de un modo
suficientemente argumentado y racional el principio según el cual las ideas son algo objetivo más allá de los contenidos
mentales de cada individuo particular, principio sobre el que los filósofos han debatido durante siglos hasta la actualidad
y constituye la base de las distintas corrientes idealistas de la filosofía occidental.

Volviendo a 387, Esparta, preocupada por la derrota que Ifícrates le había infligido tres años antes, había estado
negociando la paz con Persia y finalmente se firmó la Paz de Antálcidas, llamada así por el principal negociador
espartano. Esparta tuvo que devolver a Persia todas las ciudades griegas de Asia Menor, mientras que Persia reconocía la
libertad de las demás ciudades griegas. De todos modos, Persia tampoco quería problemas, y las ciudades de Asia Menor
fueron gobernadas muy suavemente, hasta el punto de que conservaron sus propios gobernantes.

Una vez libre de Persia, Esparta trató de reafirmar su posición en la Grecia continental. Arguyó que la libertad de las
ciudades griegas que había pactado con Persia suponía que todas las ciudades griegas debían ser libres, o sea,
independientes unas de otras, por lo que instó a Corinto y Argos a que disolvieran su reciente unión y la ciudad de
Mantinea se vio así mismo obligada a disolverse en cinco aldeas. (Naturalmente Esparta no pensó en liberar a las ciudades
que tenía bajo su yugo). De este modo Esparta consiguió debilitar en parte a sus enemigos.
En 386 murió Aristófanes. Antes que él murió su género. Al parecer, el público debió de hastiarse de sus comedias
satíricas llenas de calumnias e infamias. El caso es que sus últimas obras eran comedias frívolas sobre maridos que
engañan a sus mujeres, mujeres que engañan a sus maridos, siervos que engañan a sus señores, etc.

Roma iba recuperándose de la invasión gala. Eran tiempos difíciles donde los más perjudicados eran, por supuesto, los
pobres. Muchos plebeyos fueron esclavizados por deudas. Un patricio llamado Marco Manlio Capitolino (porque al
parecer había salvado el Capitolio de un ataque galo) vio cómo un soldado que había servido valientemente bajo sus
órdenes corría esta suerte, así que decidió pagar la deuda del soldado. Luego empezó a vender sus propiedades y anunció
que mientras él tuviera dinero ningún hombre sería esclavizado. Naturalmente, los demás patricios desaprobaron esta
conducta, afirmaron que Manlio estaba tratando de ganar popularidad para proclamarse rey (y el pueblo romano no podía
concebir traición más horrenda), tras lo cual fue juzgado y ejecutado en 384.

En 383 Dionisio de Siracusa trató de tomar Segesta, uno de los pocos reductos cartagineses en la isla. Con ello estalló
una nueva guerra contra Cartago.

Esparta seguía afirmando su posición frente a las demás ciudades griegas. El rey Agesilao II estaba especialmente
interesado en Tebas, a causa de la humillación por la que le había hecho pasar antes de su campaña contra Persia. Tebas
era la cabeza de la confederación beocia y le exigió que la disolviera. Tebas se negó, pero algunos aristócratas tebanos,
partidarios de Esparta, tomaron la Cadmea (la ciudadela fortificada tebana) y se la entregaron a Esparta, que la tomó
en 382. Con las tropas espartanas en la Cadmea, Tebas se convertía en territorio espartano. En 380 murió el rey Agesípolis
de Esparta (ese mismo año murió también su padre Pausanias) y fue sucedido por su hermano Cleómbroto I.

Por esta época empezó a hacerse oír en Atenas uno de sus más famosos oradores: Isócrates. En realidad no tenía mucha
voz y no se le daba bien pronunciar discursos, pero escribió mucho, y fue el maestro de toda una generación de oradores.
Isócrates insistía en que los griegos debían dejar de luchar entre ellos, que debían unirse en una liga panhelénica. Incluso
propuso una guerra contra Persia si ello servía para unir a los griegos. Sin embargo, estaba luchando contra la esencia del
carácter de sus paisanos y no tuvo ningún éxito.
Por su parte, Persia, tras haber hecho las paces con los griegos, se preparaba para recuperar Egipto. En 379 subió al trono
de Egipto el primer rey de la XXX dinastía. Era Nectanebo I, quien contrató los servicios como mercenario
de Cabrias, un general ateniense con numerosas victorias en su "hoja de servicios". Cabrias reorganizó el ejército egipcio
y lo instruyó en las técnicas de combate más modernas. Convirtió el Delta en un campamento poderosamente defendido.
Artajerjes II no se atrevió a atacar, sino que en su lugar presionó a Atenas para que llamara a Cabrias. El general obedeció,
pero había hecho un buen trabajo. Artajerjes II atacó pero los egipcios supieron defenderse y los persas tuvieron que
retirarse.

Entre tanto los cartagineses lograron infligir una dura derrota a Dionisio de Siracusa cerca de Panormo, el cual se vio
obligado a pedir la paz, pagar una fuerte indemnización y permitir que los cartagineses extendieran su dominio de la isla
unos 50 kilómetros hacia el este.

En 378 volvió a Tebas un hombre llamado Pelópidas, que había permanecido exiliado en Atenas desde que Esparta ocupó
su ciudad, pero que ahora regresaba para encabezar una conspiración. Cierto día que los ocupantes espartanos celebraban
una fiesta, Pelópidas y un pequeño grupo de hombres se unieron al banquete disfrazados de mujeres. Se dice que en el
último momento un traidor tebano envió un mensaje al general espartano para advertirle de la conjuración, pero éste
despachó al mensajero diciendo "los asuntos, para mañana". Los infiltrados sacaron sus cuchillos e hicieron una matanza.
Entre la confusión reinante, los tebanos se apoderaron de la Cadmea. Los comandantes espartanos fueron devueltos a
Esparta, donde fueron ejecutados por rendirse.

En 377 llegó al poder el sátrapa Mausolo, gobernador de Caria, en el interior de Asia Menor. Antes de las invasiones
dorias los carios dominaban también las costas, pero se replegaron al interior cuando llegaron los griegos, fueron
dominados por los lidios y, cuando Ciro II conquistó Caria, sus príncipes conservaron el poder en calidad de sátrapas con
gran independencia. Mausolo expandió sus dominios a costa de las ciudades griegas. Trasladó su capital a la ciudad
costera de Halicarnaso y empezó a construir una flota. Ese mismo año murió Hipócrates.

Tebas se alió con Atenas contra Esparta. Atenas estaba rehaciendo la antigua confederación con las islas, sólo que ahora
de forma más diplomática, sin intentar imponerse como en tiempos de Pericles. Esparta no podía consentir esta alianza y
se inició una nueva guerra. En ella destacó Epaminondas, amante de Pelópidas, que encabezó un grupo especial de
soldados comprometidos a luchar hasta la muerte. Era la Hueste Sagrada, con la que pudo mantener a raya a los
espartanos. Mientras tanto Atenas lograba victorias navales. Esparta trató de organizar una flota, pero en 376 fue
interceptada en Naxos por la flota ateniense y quedó prácticamente destruida. Siracusa envió barcos en ayuda de Esparta,
con lo que las fuerzas quedaron equilibradas de nuevo.

Un nuevo líder unificó Tesalia mediante maniobras políticas y el uso de tropas mercenarias. Se llamaba Jasón, y había
nacido en la ciudad de Feres, en el centro de Tesalia. En 371 fue elegido general en jefe de los clanes tesalios. Puesto que
Esparta se oponía a toda confederación en Grecia, Jasón se alió con Tebas. En este momento la guerra entre Esparta y la
coalición Tebas-Atenas había llegado a un punto muerto y ambos bandos eran partidarios de firmar la paz. Sin embargo,
el rey Agesilao II se dejó llevar por su odio hacia Tebas, y exigió que cada ciudad de Beocia debía firmar la paz por
separado, de modo que no aceptaría que Tebas firmara por todas. Con ello logró que Atenas firmara la paz con Esparta,
mientras que ésta seguía en guerra con Tebas. El rey Cleómbroto I dirigió el ejército espartano contra ella.

La costumbre griega en el combate era desplegar los soldados en un máximo de ocho filas, de modo que todos podían
combatir simultáneamente. En estas condiciones, Tebas no habría tenido nada que hacer contra Esparta, pues los
espartanos eran los mejores soldados. Sin embargo, Epaminondas empleó otra estrategia. Dividió su ejército en tres partes.
Dispuso el centro y la derecha según la disposición habitual, pero la parte izquierda (que se enfrentaría a los mejores
soldados espartanos, según la costumbre de éstos) la ordenó en una columna de cincuenta filas de profundidad. Esta
estructura recibió el nombre de falange tebana, de una palabra griega que significa "leño", pues el plan de Epaminondas
era que actuase como un ariete que penetrara en las filas espartanas sumiéndolas en la confusión.

Los ejércitos se encontraron en la aldea de Leuctra, a 15 kilómetros de Tebas. Los espartanos vieron la extraña
formación tebana y reforzaron sus líneas hasta formar en doce filas, pero no fue suficiente. Todo sucedió según los
planes de Epaminondas, las líneas espartanas se quebraron y murieron mil de sus hombres, incluido Cleómbroto I. Fue
el fin del dominio espartano.

EL ASCENSO DE MACEDONIA
En 370 fue asesinado Jasón de Feres. Parece ser que Jasón planeaba convertir a Tesalia en la mayor potencia griega, pero
con su muerte Tesalia perdió la oportunidad. El gobierno pasó a manos de su sobrino Alejandro, pero éste era un hombre
cruel que perdió el apoyo de las demás tribus tesalias. También murió el rey Amintas III de Macedonia, que fue sucedido
por su hijo Alejandro II. Macedonia trató de imponerse sobre la decadente Tesalia, y así durante un tiempo los dos
Alejandros estuvieron en guerra.

Entre tanto Tebas seguía triturando a Esparta. Epaminondas liberó a Mesenia. En 369 los mesenios fundaron la ciudad
de Mesene alrededor de la fortaleza del monte Ítome, donde tiempo atrás resistieron los ilotas. Esparta se vio reducida
únicamente a Laconia. En este momento Alejandro II de Macedonia pidió ayuda a Tebas contra los tesalios. Tebas envió
un ejército al norte al mando de Pelópidas, quien firmó un tratado con el rey macedonio. Esto dio un respiro a Esparta.
Además, Atenas se inquietó con el ascenso de Tebas y se puso de parte de Esparta. También Siracusa envió tropas y con
esta ayuda el rey Agesilao II pudo defender Laconia de dos intentos de invasión por parte de Tebas.

En 368 Dionisio de Siracusa se vio en condiciones de resarcirse de la derrota que once años atrás había sufrido frente a
Cartago. Marchó de nuevo hacia el oeste y sitió la nueva plaza fuerte cartaginesa: Lilibeo. Sin embargo no pudo tomarla
y, en su lugar, tuvo que contemplar desde la costa una batalla naval en la que su flota fue destruida. Mientras tanto, el rey
Alejandro II de Macedonia fue asesinado por Ptolomeo de Aloros, un cortesano que se proclamó tutor del hermano de
su víctima, ahora convertido en el nuevo rey Perdicas III, y asumió la regencia. Esto deshizo el acuerdo entre Macedonia
y Tebas, por lo que en 367 Pelópidas volvió a su ciudad. Sin embargo, como medida de precaución para evitar que Tebas
pudiera verse amenazada por Macedonia, se llevó como rehenes a algunos nobles, entre ellos Filipo, el tercer hijo de
Amintas III.

Ese mismo año murió Dionisio de Siracusa. Tras la última derrota ante Cartago su imperio estaba desmoronándose. No
obstante, parece ser que tuvo una alegría. Dionisio era aficionado a la poesía y a menudo enviaba sus trabajos a los muchos
certámenes que se celebraban en Grecia. Había llegado a ganar ocasionalmente un tercer y hasta un segundo premio, pero
nunca el primero, hasta este año, en que logró el primer premio con su poema dramático "El rescate de Héctor". Se cuenta
que tras conocer la noticia organizó un gran banquete que le hizo enfermar y le condujo a la muerte.
Dionisio fue sucedido por su hijo, llamado Dionisio el Joven. Tenía entonces veinticuatro años y no mucha experiencia,
pero se dejó aconsejar por su tío Dion y por el historiador Filisto. Dion había pasado varios años en la Academia de
Platón, y convenció a su sobrino para que llamara de nuevo al filósofo a la corte de Siracusa. Platón accedió. Tal vez
tuviera la esperanza de que el nuevo tirano podría poner en práctica sus teorías políticas, que esencialmente consistían en
una férrea dictadura de los sabios. Dionisio se sintió impresionado por el maestro, y empezó a estudiar matemáticas.
Filisto esperó a que el joven se cansara de los teoremas y luego empezó a sugerirle que su tío trataba de distraerle con
Platón para hacerse con el gobierno de la ciudad. Finalmente Dionisio exilió a Dion y Platón optó por volver a su
Academia en Atenas, adonde acudió también Dion.

En Roma los plebeyos lograron finalmente la igualdad de derechos frente a los patricios. Parece ser que en el proceso fue
decisiva la influencia de Camilo, que logró que se aprobaran las leyes Licinio-Sextianas (llamadas así por los dos cónsules
de ese año). Estas leyes establecían que los plebeyos podían acceder al consulado, y un tiempo después se estableció la
costumbre de que al menos uno de los dos cónsules fuera de familia plebeya. Además, se imponían límites a la cantidad
de tierra que podía pertenecer a un solo hombre, de modo que los patricios dejaron de presionar a los agricultores plebeyos
para quedarse con sus tierras. Desde entonces las leyes y los decretos fueron promulgados con las siglas SPQR (Senatus
PopulusQue Romanus, el Senado y el Pueblo Romano), como signo de que el Senado y el Pueblo actuaban conjuntamente.
A partir de este momento Roma inició una vertiginosa recuperación que la convertiría en poco tiempo en una de las
potencias de Italia. Camilo murió en 365.

Ese mismo año el joven rey Perdicas III de Macedonia pudo hacer que asesinaran a su tutor, el que tres años antes asesinara
a su hermano. Acto seguido restableció los tratados con Tebas y así Pelópidas dirigió una expedición contra Tesalia, pero
fue capturado y mantenido prisionero durante varios meses, hasta que otra expedición dirigida por Epaminondas pudo
liberarlo. En 364 Filipo, el hermano de Perdicas III regresó a Macedonia, Pelópidas partió de nuevo hacia Tesalia y se
enfrentó a Alejandro en Cinoscéfalos, al norte de Feres. Los tebanos ganaron, pero Pelópidas murió en la batalla.
Alejandro perdió toda influencia más allá de la propia Feres. Desde entonces se dedicó a la piratería.

En 362 Epaminondas atacó a Esparta por cuarta vez. El viejo rey Agesilao II se mostró dispuesto a defender la ciudad
hasta la muerte, pero Epaminondas debió de pensar que una derrota definitiva de Esparta podría unir a las demás potencias
griegas contra Tebas, así que se las arregló para evitar el combate directo y en su lugar llevó el combate a la ciudad
de Mantinea, donde se enfrentó a las tropas aliadas de Esparta y Atenas. Los griegos seguían sin saber cómo hacer frente
a la falange, y Epaminondas logró nuevamente una victoria total, excepto por el hecho de que una jabalina le alcanzó y
le mató. Con la muerte de Epaminondas y Pelópidas se inició la decadencia de Tebas.

En 361 el estado chino de Qin pasó a manos del duque Xiao. Nombró consejero a Shang Yang, que había ocupado un
cargo menor como funcionario en el reino vecino de Wei. Shang Yang impulsó un sistema de recompensas y multas que
llevó a la mayor parte de la población a adoptar oficios productivos. Fue la primera de una serie de medidas que reforzarían
espectacularmente la posición de Qin frente a los demás estados.

En 360 murió Nectanebo I, rey de un Egipto floreciente, y fue sucedido por su hijo Teos. El Imperio Persa seguía siendo
una amenaza, y el nuevo rey decidió poner su ejército en manos de un general griego. Eligió nada menos que a Agesilao
II de Esparta. El viejo rey no tenía nada que hacer ya en su extenuada ciudad y se vio obligado a ofrecer sus servicios
como mercenario a cambio de una paga. Sin embargo, Teos se sintió decepcionado cuando vio a aquel anciano cojo y
marchito, así que no le dio el mando supremo de su ejército, sino que le confió únicamente las tropas griegas. Mandó
llamar al ateniense Cabrias y lo puso al mando de su flota.

Teos consideró que estaba en condiciones de atacar a Persia, y así sus tropas penetraron en Siria. No obstante surgieron
disputas entre atenienses, espartanos y egipcios, por lo que el proyecto abortó. Por otra parte, un pariente de Teos reclamó
el trono y trató de que Agesilao matara al rey. Éste se negó, pero Teos se vio obligado a huir a Persia, y el pretendiente al
trono lo ocupó con el nombre de Nectanebo II. Agesilao decidió volver a Esparta, pero murió en el viaje. Fue sucedido
por su hijo Arquidamo III.

En 359 Filipo, el hermano del rey Perdicas III de Macedonia, se casó con Olimpia, sobrina del rey de Épiro (tras la muerte
de Dionisio de Siracusa los molosos habían recuperado el gobierno del país). Ese mismo año murió Perdicas III en una
de las muchas escaramuzas que se veía obligado a mantener para proteger su reino de los bárbaros del norte. El trono fue
ocupado por su hijo Amintas IV, pero era menor de edad. Macedonia tenía enemigos en todas direcciones, así que no
podía permitirse un gobierno débil. Filipo fue nombrado regente, con tan sólo veintiún años. Fue una sabia decisión. En
su estancia en Tebas había aprendido mucho de Epaminondas. Atacó en todas direcciones: primero contra los peonios (al
norte), luego contra los ilirios (al oeste). En 358 había puesto fin a las incursiones fronterizas. Las relaciones con Épiro
eran buenas, gracias a su matrimonio. De hecho fue Filipo quien puso en el trono de Épiro a su cuñado, Alejandro
I. Entonces se fijó en el este, en la Calcídica, donde Olinto dirigía una confederación que competía con Atenas. Filipo
supo intervenir en las continuas disputas entre Olinto y Atenas ayudando a una o a otra parte pero siempre en beneficio
propio. Su mayor logro fue apoderarse de Anfípolis. Cuando Olinto y Atenas empezaron a darse cuenta de que estaban
jugando con ellas, Filipo usó de la diplomacia y las mantuvo en calma. Luego amplió y reforzó una ciudad situada a unos
cien kilómetros de Anfípolis y la rebautizó como Filipos. Cerca había valiosas minas de oro cuyos rendimientos supo
aprovechar.

Entre tanto murió el anciano rey persa Artajerjes II, y fue sucedido por su hijo Artajerjes III. El cambio de rey provocó
las convulsiones acostumbradas. Uno de los que más ávidamente había estado esperando la muerte del rey era Mausolo,
el sátrapa de Caria, que en los últimos años había estado preparándose para algo grande y ahora le llegaba el momento de
poner en práctica sus planes. Su primer paso fue intrigar en las islas mayores del Egeo hasta persuadirlas para que se
rebelaran contra Atenas. En 357 Atenas envió una flota, pero fue derrotada y sus generales fueron destituidos. Ese mismo
año murió Alejandro de Feres.

En 356 Filipo de Macedonia tuvo un hijo, al que llamó Alejandro. Tal vez esto le llevó a la conclusión de que su posición
como regente no era la más adecuada. Por ello hizo deponer a Amintas IV y se convirtió en Filipo II de Macedonia. Por
aquel entonces el ejército de Macedonia era sin duda el mejor preparado de toda Grecia. La caballería había sido siempre
parte importante del ejército macedónico. Además, Filipo adoptó las ideas de Ifícrates y entrenó a numerosos peltastas y
honderos. Además perfeccionó la falange tebana. En lugar de concebirla como un mero ariete humano, la hizo menos
densa y con más capacidad de maniobra. Los hombres de la retaguardia hacían reposar sus largas lanzas sobre los hombros
de los soldados siguientes, pero en cualquier momento las podían desplegar en cualquier dirección. Así surgió la falange
macedónica, que durante mucho tiempo iba a ser la más perfecta arma de guerra del mundo civilizado.

Ese mismo año, el grandioso templo de Artemisa en Éfeso fue consumido por el fuego. Resultó ser un incendio provocado.
Cuando se capturó al culpable y se le preguntó por qué lo había hecho, respondió que para que su nombre perdurara en
la historia (tal vez no sea cierto, hoy en día no faltan desequilibrados que se atribuyen falsamente asesinatos y otros delitos
impactantes para conseguir celebridad). El individuo fue ejecutado y se acordó que su nombre fuese borrado de todos los
testimonios y jamás fuera pronunciado para frustrar su propósito, pero lo cierto es que se conoce el presunto tarado: se
llamaba Eróstrato.

En 355 el general ateniense Cares desembarcó en Asia y no tuvo dificultad en imponerse sobre las tropas persas de
Mausolo, pero Atenas no quería conflictos en Asia. Ya no tenía aspiraciones coloniales y aprovechó su ventaja para firmar
una paz generosa con el sátrapa. Admitió la independencia de las islas del Egeo y las abandonó a su suerte. Así se disolvió
para siempre la confederación ateniense. Este año murió Jenofonte.

Dion, el tío de Dionisio el Joven, logró regresar a Siracusa, echó a su sobrino y se hizo con el poder. Gobernó tan
despóticamente como sus predecesores, pero no pudo impedir que Siracusa continuara su declive.

Por otra parte, Fócida se apoderó una vez más de Delfos, en un nuevo intento de dominar la ciudad sagrada que tiempo
atrás fuera suya. Empezó así la Tercera Guerra Sacra. Tebas marchó contra Fócida, y en 354 logró una victoria, aunque
no definitiva. Fócida liberó Delos y decidió expandirse a costa de Tesalia.

Entre tanto, las ciudades del Lacio fueron obligadas a incorporarse a una nueva Liga Latina de la que Roma era el líder
incuestionable. Al mismo tiempo, la parte meridional de Etruria reconocía la soberanía romana, con lo que Roma
dominaba un territorio de unos 7.500 kilómetros cuadrados en el centro de Italia.

Los Tesalios, amenazados por Fócida, decidieron pedir ayuda a Filipo II de Macedonia. Por aquel entonces el rey había
logrado apoderarse de la última posesión ateniense en el norte. Los focenses le hicieron frente, pero finalmente,
en 353 Filipo II venció y se apoderó de toda Tesalia. Los griegos vieron entonces que Macedonia se estaba convirtiendo
en una seria amenaza, así que Esparta, Atenas y otras ciudades se aliaron con Fócida. No obstante Esparta se desvió del
interés común y trató de apoderarse de Megalópolis, antigua posesión suya, así que Atenas retrocedió para impedirlo y el
frente contra Filipo II se rompió.
Ese mismo año Mausolo se anexionó la isla de Rodas, pero murió poco después, con lo que Caria perdió todo
protagonismo. No obstante, Mausolo es más recordado por su muerte que por su vida. Su viuda, Artemisa, decidió erigirle
un magnífico monumento funerario en Halicarnaso. Estaba adornado con gigantescas estatuas del matrimonio, con frisos
esculpidos a su alrededor. Fue llamado el Mausoleo, y su fama fue tal que hoy en día se sigue llamando mausoleo a todo
monumento funerario.

También fue asesinado Dion, el tirano de Siracusa. Tras un periodo de confusión, Dionisio el Joven logró recuperar el
poder que su tío le había arrebatado. Siracusa fue gobernada con más crueldad e ineficiencia que nunca.

En 352 Filipo II se dirigió a Tracia y dominó las rutas por las que Atenas se aprovisionaba desde sus colonias en el mar
Negro. Esto causó la alarma en Atenas. Una de las voces más elocuentes que denunciaron la amenaza macedonia fue la
de Demóstenes. Tendría entonces unos treinta y dos años. Su infancia debió de ser difícil, pues su padre murió poco
después de su nacimiento y un pariente huyó con la fortuna familiar. Se cuentan muchas anécdotas sobre su juventud,
como que se afeitaba sólo la mitad de la cara para obligarse a permanecer alejado de la gente, estudiando. También se
cuenta que superó un problema de pronunciación hablando frente al mar con piedras en la boca. El caso es que terminó
convirtiéndose en uno de los oradores griegos más famosos.

Demóstenes pronunció su Primera Filípica, tratando de convencer a los atenienses de que le declararan la guerra a Filipo
II, pero no tuvo éxito. Parte del pueblo no creía ya que la ciudad pudiera embarcarse con éxito en tales aventuras, e incluso
otra parte no veía a Filipo II como una amenaza, sino como un griego poderoso capaz de unificar definitivamente a Grecia.
Entre los partidarios de Filipo II estaban Isócrates y Esquines, también famoso por su oratoria.

En 351 Artajerjes III estuvo dispuesto para invadir Egipto, pero fue rechazado gracias en gran parte a los mercenarios
griegos. El rey persa tuvo que retirarse, pues Siria se rebeló y cada vez había más piratas griegos causando disturbios en
el imperio.

FILIPO II DE MACEDONIA
En la segunda mitad del siglo IV los estados chinos seguían enzarzados en combates entre ellos mismos y contra los
bárbaros. La amenaza bárbara hizo surgir, especialmente en los reinos fronterizos, un gran sentimiento patriótico. Se
construyeron grandes murallas de adobe para marcar fronteras entre los distintos reinos y, sobre todo, frente a las estepas
del norte.

El estado de Qin seguía progresando con el duque Xiao y su consejero Shang Yang, el cual en 350 dividió el territorio en
31 comandancias, presididas por un director nombrado por el gobierno central. A través de este sistema centralista se
potenció una agricultura eficiente y un ejército fuerte. Por el contrario, la artesanía y el comercio fueron descuidados. Los
señores feudales perdieron todo su poder. Se suprimió el vasallaje y se modificó el código penal, de tal modo que toda la
población tenía los mismos derechos. Las relaciones de vasallaje fueron sustituidas por un sistema de responsabilidad
colectiva que resultó ser muy eficiente. Su principal rival era el estado de Chu, al este, que había absorbido a varios reinos
pequeños.

En el este, los sármatas estaban ocupando la región que iba a ser conocida como Sarmacia. Comprendía las estepas
situadas al norte del Mar Negro hasta el Báltico. Los escitas conservaron los territorios meridionales, pero paulatinamente
fueron siendo desplazados o absorbidos por los sármatas.

Atenas decaía. Paulatinamente se había extendido un sentimiento de desencanto que había culminado con la disolución
de la confederación ateniense cinco años atrás. Durante las numerosas guerras y desastres por las que había pasado, sólo
una cosa se mantuvo intacta: el valor de la dracma. La moneda ateniense conservó siempre el mismo valor equivalente
en plata. Esto convirtió a los banqueros de Atenas en los más poderosos de Grecia. La población se había trasladado a las
ciudades y los campos eran cultivados por esclavos que el gobierno alquilaba a unos pocos terratenientes. También fueron
usados en las minas de plata. Las desigualdades sociales aumentaron. Platón decía que había dos Atenas: la de los ricos
y la de los pobres, una en guerra contra la otra. Isócrates añadía:

Los ricos se han vuelto tan antisociales que preferirían tirar al mar todos sus bienes antes que ceder una parte a los
pobres, los cuales, por su parte, tienen más odio a la riqueza ajena que compasión por sus propias estrecheces.
Se dice que había un club aristocrático cuyos miembros se comprometían por juramento a obrar contra la comunidad.
Los banqueros fomentaron el comercio, el cual hizo crecer a una burguesía sedienta de oro. Ante esta situación
surgieron algunas reacciones individuales. Una de las más famosas fue la de Diógenes. Había nacido en Sinope, una
ciudad de Asia Menor. Su padre había sido banquero, pero fue desterrado por falsificar moneda. Diógenes se hizo
discípulo de Antístenes y llevó más allá sus ideas. Según él, la virtud es el bien soberano. La ciencia, los honores y las
riquezas son falsos bienes que hay que desterrar. El sabio debe liberarse de los deseos y reducir al mínimo sus
necesidades. Platón lo llamaba "Sócrates delirante", porque caminaba descalzo, dormía en los pórticos de los templos y
tenía por única habitación un tonel. Cuentan que un día vio a un niño beber agua con las manos en una fuente. Diógenes
dijo: "Este muchacho me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas", y acto seguido tiró su escudilla. Profesaba
un gran desprecio por la humanidad. En una ocasión apareció en pleno día por las calles de Atenas llevando una linterna
encendida y diciendo: "Busco un hombre". Los atenienses se burlaban de él, pero al mismo tiempo le respetaban y le
temían. No cabe duda de que Diógenes disfrutaba escandalizando a sus conciudadanos. Sostenía que el hombre era un
animal y que debía vivir como tal, en armonía con la naturaleza. Hacía sus necesidades en las calles. Una vez alguien le
recriminó por masturbarse en la calle y el respondió "Ojalá pudiera calmar el hambre frotándome el estómago". Tal
vez por esto, Antístenes, Diógenes y sus seguidores fueron llamados Cínicos, que en griego significa algo así como
"perrunos". Otra teoría es que Antístenes vivía en una calle llamada "Perro blanco", y él se llamaba a sí mismo "el
verdadero perro".

Por esta época vivió Teodoro de Cirene, llamado el Ateo, porque en su libro Sobre los dioses negaba la existencia de
cualquier divinidad.

Filipo II de Macedonia había puesto su mirada en Olinto, cuyo territorio constituía la única parte de la Calcídica que
todavía no estaba bajo el poder macedonio. Olinto pidió ayuda a Atenas y Demóstenes pronunció tres discursos en favor
de que su petición fuera atendida, pero Atenas se limitó a enviar a Cares al frente de unos pocos mercenarios. Filipo II
venció sin dificultad y en 348 se apoderó de Olinto. Atenas envió diez embajadores para pedir la paz. Entre ellos estaban
Demóstenes y Esquines. El rey dilató las negociaciones con diversas excusas hasta que tuvo asegurado su dominio sobre
toda Tracia. Finalmente firmó un tratado con Atenas en el que le cedía el Quersoneso tracio. En esta fecha Roma y Cartago
renovaron un antiguo acuerdo comercial firmado en los primeros años de la república.
En 347 murió Platón. Había pasado sus últimos años absorbido por su Academia. Cuentan que un alumno le invitó a ser
su padrino de boda, él aceptó y participó en el banquete, luego se retiró a descansar y a la mañana siguiente lo encontraron
sin vida. Toda Atenas lo acompañó al cementerio.

Uno de los alumnos que más lloró la muerte del maestro fue Aristóteles, que le erigió un monumento. Por aquel entonces
estaba cerca de los cuarenta años. Había nacido en Estagira, una ciudad de Macedonia, y su padre, Nicómaco, había sido
en Pella el médico personal de Amintas III, el padre de Filipo II. Nicómaco le inició en el estudio de la medicina y la
anatomía, y luego lo envió a Atenas, a la edad de 17 años, donde pasó unos veinte años con Platón. Parece ser que destacó
como el más inteligente y el más diligente de sus alumnos. Trató de convertirse en el sucesor de Platón al frente de la
Academia, pero al final la sucesión recayó en Espeusipo, sobrino del maestro. Indignado, emigró a la ciudad
de Atarmea, en Asia Menor, donde gobernaba su amigo Hermias, que había pasado un tiempo en la Academia años
atrás. Allí se casó con Pitia, la hija de Hermias y escribió el diálogo Sobre la Filosofía, en el que expone ideas que le
distancian de las posiciones de Platón. Al mismo tiempo se dedicó a compendiar la obra de los principales filósofos
griegos.

Otros famosos discípulos de Platón fueron Eudoxo y Heráclides. Eudoxo había nacido en Cnido unos sesenta años atrás.
Realizó muchas contribuciones a la geometría y a la astronomía. Fue el primer griego que demostró que el año no tiene
exactamente 365 días, sino 6 horas más. Se dio cuenta de que las observaciones de los planetas contradecían la teoría
platónica de que éstos giran alrededor de la Tierra en órbitas circulares. Platón creía que las estrellas y los planetas estaban
fijados a unas esferas en constante rotación. Eudoxo refinó la teoría suponiendo un total de 26 esferas, cada una de las
cuales gira uniformemente sobre un eje fijado a la esfera siguiente, de modo que los movimientos combinados de todas
ellas se ajustaban a las observaciones. No obstante, el ajuste de Eudoxo no era perfecto y, un poco más tarde, un discípulo
suyo, Calipo de Cízico, tuvo que aumentar el número de esferas hasta un total de 34.

Por otra parte, Heráclides, nacido en Heraclea Póntica (en la costa de Asia Menor en el mar Negro), que tendría unos 43
años por aquel entonces, había señalado que no era necesario suponer que la Tierra permanece inmóvil en el centro del
universo mientras todos los astros giran a su alrededor, sino que el mismo efecto se produciría si fuera la Tierra la que
girara sobre sí misma. Es el primer hombre conocido que conjeturó la rotación de la Tierra. Heráclides también observó
que los movimientos de Mercurio y Venus podían explicarse mejor si se suponía que en lugar de girar alrededor de la
Tierra lo hacían alrededor del Sol.

En 346 Filipo II puso fin a la Tercera Guerra Sacra aliándose con Tebas y expulsando de Delos a los focenses. Ese año
presidió los juegos Píticos, establecidos dos siglos antes con motivo de la Primera Guerra Sacra. Demóstenes siguió
intentando que Atenas declarara la guerra a Macedonia, pero los partidarios de Filipo II se iban imponiendo en la ciudad.
En 344 pronunció su Segunda Filípica.

Entre tanto Sicilia estaba sumida en el caos. Cada ciudad tenía su propio tirano y todas combatían entre sí. A menudo
unas ciudades pedían ayuda a Cartago en contra de otras. Finalmente Cartago puso sitio a Siracusa, la cual pidió a Corinto
en 343 que le enviara un general capaz de unificar a los griegos contra los tiranos y contra los cartagineses. Era mucho
pedir, pero casualmente existía el hombre idóneo. Se llamaba Timoleón, y era a la vez un gran luchador y un gran
idealista. Sus convicciones democráticas eran tan hondas que cuando su hermano se erigió en tirano de Corinto, unos
veinte años atrás, él mismo aprobó su ejecución. Su familia, indignada, lo envió al exilio. Ahora tenía ya casi sesenta
años, pero aceptó la invitación de Siracusa y embarcó a mil hombres en diez naves, con las que navegó hacia Reggio, una
ciudad griega del sur de Italia. Allí se encontró con una flota cartaginesa que le exigió que volviera a Grecia. Timoleón
pidió discutir la cuestión en el concejo ciudadano de Reggio. Allí retrasó la discusión mientras sus barcos se hicieron a la
mar en secreto. Él mismo se escabulló en el último momento y, cuando los cartagineses se dieron cuenta del engaño, ya
era demasiado tarde. Trataron de perseguirle, pero Timoleón llegó a Siracusa. Allí aceptó la rendición de Dionisio, que
se retiró a Corinto.

Timoleón logró convertirse en el centro del patriotismo griego en Sicilia, hasta el punto de que los cartagineses decidieron
levantar el sitio a Siracusa por el temor de que los griegos que tenían de su parte cambiaran de bando. Paulatinamente se
fue haciendo con el dominio de toda la isla, y en cada ciudad afirmó en el poder a la facción anticartaginesa.

Aristóteles vio frustrado su intento de fundar una academia en Atarnea, pues tuvo que huir cuando el sátrapa Mentor tomó
prisionero a Hermias, lo hizo ejecutar y se apoderó de la ciudad. Aristóteles se dirigió a Lesbos, donde pasó un tiempo en
las propiedades de otro antiguo compañero de la academia, llamado Tírtamo, aunque es más conocido con el nombre que
le dio Aristóteles, Teofrasto (el divino hablador). Allí murió Pitia, tras dar a luz a una hija. Poco después Filipo II lo
llamó a Pella para que se encargara de la educación de su hijo Alejandro, que a la sazón tenía trece años de edad. Junto a
Aristóteles, mandó llamar a Lisímaco para que le enseñara literatura y al príncipe moloso Leónidas para que le adiestrara
como soldado.

Poco antes había estallado una especie de guerra civil en Italia entre los samnitas del Samnio propiamente dicho y los que
habían ocupado la Campania tras la retirada de los etruscos. Los samnitas de la Campania pidieron ayuda a Roma, que se
había convertido en una de las grandes potencias de la región. Roma firmó una alianza con la ciudad de Capua y declaró
la guerra a los samnitas. Se iniciaba así la Primera Guerra Samnita. Tras dos años de combates, en 341 ambas partes
acordaron la paz sin una victoria definitiva. Probablemente Roma optó por la paz al darse cuenta de que las ciudades del
Lacio no estaban participando en la guerra como se esperaba, y temió que terminaran rebelándose contra la supremacía
romana.

Ese mismo año Filipo II fundó la ciudad de Filipópolis a unos 160 kilómetros al norte del Egeo. Ningún ejército civilizado
había llegado tan al norte desde los tiempos en que Darío I conquistara Tracia. Ese mismo año Demóstenes consiguió
finalmente que las ciudades griegas de la Propóntide se levantaran contra Filipo II. Entre ellas estaba Bizancio, y gracias
a su Tercera Filípica Demóstenes logró que recibiera el apoyo de Atenas, lo cual puso de nuevo en guerra a Atenas y a
Macedonia. Por primera vez Filipo II sufrió un revés. Tras un largo asedio, se vio obligado a abandonar Bizancio. Esto
aumentó el prestigio de Demóstenes.

Por esta época se celebró el segundo concilio budista, en la ciudad de Vaisali. En él se condenó la relajación de la regla
de los monjes de Vajji, y se acordó que cada monje pudiera almacenar un cuerno de sal, beber leche cuajada después de
la comida y comer durante la tarde.

En 340 Artajerjes III marchó de nuevo contra Egipto. Se produjo un enfrentamiento cerca de la ciudad de Pelusio, en el
Delta. En realidad fue en gran medida una batalla de griegos contra griegos, pues buena parte de ambos ejércitos estaba
formada por mercenarios. El bando persa venció y el rey Nectanebo II tuvo que huir a Nubia. Fue el último rey nativo
que tuvo Egipto.
Ese mismo año las ciudades del Lacio se rebelaron contra Roma. Se inició así la Guerra Latina. Se confirmó la habilidad
de Roma para hacer las paces a tiempo con el Samnio. Sus ejércitos ya habían regresado del sur y estaban listos para
enfrentarse a los latinos. En dos batallas campales derrotaron al grueso de las fuerzas rebeldes. Se cuenta que en una de
ellas, el cónsul Publio Decio Mus (el ratón) se hizo matar deliberadamente para que sus hombres contaran con el favor
de los dioses. Es probable que los romanos combatieran más animosamente sabiendo que Marte estaba con ellos, así
como que los enemigos se sintieran desalentados. Tras las batallas, Roma se dedicó a ajustar cuentas con las ciudades del
Lacio una por una.

En 339 Cartago se vio en condiciones de hacer frente a Timoleón en Sicilia. Envió una gran fuerza a la isla, y Timoleón
tuvo que hacerle frente con un número de hombres mucho menor. Marchó rápidamente hacia el oeste y pudo llegar al
borde del valle del río Crimiso, a unos 65 kilómetros al este de Lilibeo. Se desató una espesa niebla, de modo que los
cartagineses no vieron a los griegos sobre ellos mientras empezaron a cruzar el río. Cuando la niebla se disipó, sólo una
parte de su ejército había cruzado. La caballería y las tropas de elite estaban en el lado griego, pero el grueso del ejército
no. Timoleón atacó inmediatamente y destruyó a la parte más valiosa, pero inferior en número del ejército enemigo.
Cuando el resto del ejército logró atravesar el río se desencadenó una tormenta, y el viento soplaba de forma que la lluvia
daba en la cara a los cartagineses. Éstos se vieron obligados a retroceder hacia el río desbordado y, cuando sus filas se
rompieron, muchos murieron ahogados. Timoleón obtuvo una victoria completa. Tras comprobar que Sicilia estaba libre
de peligro, renunció a todo su poder y se retiró de la vida pública. Murió al año siguiente.

Mientras tanto sucedió que Anfisa, una ciudad focense, estaba cultivando unos campos que habían sido declarados
malditos tras la Primera Guerra Sacra. Los sacerdotes de Delfos denunciaron el hecho y se inició una Cuarta Guerra
Sacra. Filipo II fue llamado una vez más y su ejército acampó en las costas del golfo de Corinto. Demóstenes logró
entonces su mayor victoria diplomática. Logró que Tebas se aliara con Atenas en contra de Filipo II. El enfrentamiento
se produjo junto a la ciudad beocia de Queronea, en 338. Las tropas atenienses se dispersaron y huyeron
deshonrosamente. Entre ellas estaba el propio Demóstenes. Cuando le reprocharon su huida, se cuenta que respondió con
una frase que se ha hecho célebre: "Quien combate y huye, vive para combatir otra vez." La actuación tebana fue más
honorable. La Hueste Sagrada no había sido derrotada desde que la formara Epaminondas, pero para todo hay una primera
vez. La falange macedónica pudo con ella, aunque los tebanos murieron todos de cara al enemigo.
Ese año murió también el rey espartano Arquidamo III. Al igual que su padre, terminó sus días como mercenario, esta
vez al servicio de los tarentinos, que habían solicitado su ayuda contra las tribus nativas italianas. Fue sucedido por su
hijo Agis III.

Filipo II ocupó Tebas y la trató con dureza. En cambio, a Atenas la dejó intacta. Tal vez decidió que era lo más
conveniente, pues, ciertamente, con ello logró que los atenienses promacedónicos se impusieran en la ciudad. A
continuación fueron las ciudades del Peloponeso las que aceptaron la dominación macedonia. Todas menos Esparta, que,
pese a que carecía de todo poder real, se aferró a su orgullo y declaró que no se sometería. Filipo II envió un mensaje que
decía: "Si entro en Laconia, arrasaré Esparta."
Se cuenta que el rey Agis III respondió: "Sí". Es el laconismo más famoso de la historia.

Por algún motivo, Filipo II decidió dejar en paz a Esparta. Tal vez le admiró su respuesta, o simplemente pensó que
destruir una Esparta inerme podría generarle animadversiones en Grecia. Por primera vez, toda la Grecia continental
(salvo Esparta, nominalmente) estaba gobernada por un solo hombre.

Por aquel entonces Roma ya había pacificado por completo el Lacio a base de severos castigos. Desde entonces Roma ya
no aparentó ser la cabeza de una coalición. El Lacio pasó a ser considerado territorio romano y sus ciudades perdieron
toda forma de autogobierno. Fueron gobernadas por las leyes de Roma y cualquier litigio que surgiera tenía que ser
resuelto en Roma. Por otra parte, cualquier latino podía obtener la ciudadanía romana y todos los derechos que ella
comportaba si se trasladaba a Roma.

Entre tanto murió asesinado Artajerjes III y fue sucedido por su hijo Arses, pero, a diferencia de sus predecesores, no
supo hacer frente a los desórdenes que seguían indefectiblemente a la muerte del rey, y el Imperio cayó en la anarquía.
Este mismo año murió Isócrates, y también el duque Xiao de Qin, en China.

En 337 Filipo II convocó una asamblea de ciudades griegas, que se reunió en Corinto. Se votó la guerra contra Persia y
Filipo II fue elegido comandante en jefe del ejército griego. Se envió a Persia una avanzadilla de tropas macedónicas
para preparar el ataque.
ALEJANDRO MAGNO
Filipo II de Macedonia se había preocupado de proporcionar a su hijo Alejandro la mejor educación, y parece ser que éste
la aprovechó plenamente. El rey debió de estar muy complacido de la labor de Aristóteles, pues lo nombró gobernador
de Estagira, su ciudad natal, y parece ser que hizo bien su trabajo, pues desde entonces su aniversario fue declarado día
festivo. Alejandro le escribió una vez a Aristóteles: "Mi sueño, más que acrecentar mi poderío, es perfeccionar mi
cultura." Pero el joven no sólo contentaba a su profesor de filosofía. Su profesor de literatura, Lisímaco, pudo comprobar
que Alejandro se había aprendido de memoria la Ilíada, y Leónidas logró hacer de él un excelente jinete, esgrimista y
cazador. Su personalidad era compleja. Había algo de vanidad: En cierta ocasión le invitaron a participar en las
olimpiadas, pero su respuesta fue "lo haría si los demás participantes fueran reyes". Era excesivamente sensible: se decía
que a menudo lloraba al oír una canción emotiva. Dicen que era capaz de escribir largas cartas a un amigo ausente a causa
de una nadería. Le gustaban los retos y los riesgos hasta la insensatez. Se cuenta que domó él mismo al que se convertiría
en su caballo simplemente porque le dijeron que todos los que lo habían intentado habían fracasado. Lo
llamó Bucéfalo, porque tenía en la cabeza una marca que parecía un buey. Otra vez se encontró con un león y luchó contra
él sin más arma que un puñal. Era abstemio, y afirmaba que una buena caminata le daba apetito para el desayuno, y que
un desayuno ligero le daba apetito para la comida. Además era guapo, atlético y lleno de entusiasmo. Desde los dieciséis
años Alejandro estuvo al frente de Macedonia, mientras su padre asediaba Bizancio, y supo mantener a raya a los bárbaros
limítrofes. A los dieciocho años participó en la batalla de Queronea, y fue él quien condujo la carga definitiva. Los
soldados le admiraban y le adoraban. Su padre también estaba orgulloso: Dicen que cuando domó a Bucéfalo su padre
gritó: "Hijo mío, Macedonia es demasiado pequeña para ti".

Pero la casa real sufrió algunas conmociones. Filipo II era mujeriego, y su mujer Olimpia tenía un carácter demasiado
fuerte para aceptarlo discretamente. En cambio, se dedicó a participar en rituales dionisiacos (o sea, orgías). En una
ocasión, el rey la encontró dormida junto a una serpiente, y Olimpia le explicó que era una encarnación de Zeus, y que
éste era el verdadero padre de Alejandro. Filipo II no dijo nada al respecto, pues no está claro si tenía más miedo a los
dioses o a su esposa, y desde entonces empezó a circular el rumor de que Alejandro era un hijo ilegítimo. Esto enfrió las
relaciones entre Alejandro y su padre.
En 337, justo cuando sus planes de guiar a Grecia a la conquista de Persia estaban empezando a ponerse en marcha, Filipo
II decidió divorciarse de Olimpia y casarse con Cleopatra, la hija de uno de sus generales, Atalo, la cual estaba encinta
de un hijo del rey (que luego resultó ser una hija). Se dice que en un banquete, Atalo propuso un brindis por el
hijo legítimo del rey, y subrayó lo de "legítimo". Alejandro le arrojó un cáliz diciendo: "¿pues yo qué soy?, ¿un
bastardo?" Filipo II se lanzó espada en mano contra Alejandro, pero estaba borracho, tropezó y cayó. "Mirad", dijo
Alejandro, "no se tiene en pie y quiere alcanzar el corazón de Asia".

Tal vez Filipo II vio que Olimpia le podía traer problemas si contaba con el apoyo de su familia, la casa real de Épiro, así
que trató de ganársela para sí. El rey tenía una hija, hermana de Alejandro, y le ofreció su mano a su cuñado (tío de ella),
Alejandro de Épiro, el cual aceptó. La boda se celebró en 336, y en la ceremonia Filipo II fue asesinado. No cabe duda
de que Olimpia debió de planearlo, tal vez con la complicidad de Alejandro. Además el testamento del rey no se encontró,
por lo que Alejandro, con apenas veinte años, fue aclamado por el ejército como nuevo rey de Macedonia. Era Alejandro
III, pero sus hazañas posteriores harían que fuera conocido como Alejandro Magno.

El rey persa Arses fue asesinado, y el trono cayó en manos de un pariente lejano, Darío III, bajo el cual terminó el periodo
de anarquía que se había desatado con la muerte de Artajerjes III. Sin embargo, el carácter del nuevo rey distaba mucho
de poseer la energía de sus predecesores, y que tan necesaria le hubiera sido a Persia en los años siguientes.

Alejandro hizo ejecutar a todo aquel que pudiera disputarle el trono. Entre ellos estaban Cleopatra, la segunda mujer de
Filipo II, su hermanastro recién nacido, e incluso su primo, el que había reinado como Amintas IV hasta que su padre lo
depuso. Entre tanto las ciudades griegas disolvieron la confederación que Filipo II había organizado en Corinto.
Demóstenes organizó fiestas en Atenas e incluso propuso conceder un premio al asesino de Filipo II. Pero Alejandro
pronto estuvo dispuesto a marchar sobre Grecia, aunque los griegos se apresuraron a enviar representantes a Corinto para
aclamarle como general y reconstituir la confederación antes de que llegara.

Hay una anécdota famosa sobre la llegada de Alejandro a Corinto. Cuentan que se encontró con Diógenes, que por
entonces tendría más de setenta años, y estaba tomando el sol fuera de su tonel. Alejandro le preguntó si deseaba algún
favor de él. Diógenes contempló al hombre más poderoso de Grecia y le contestó: "Sí, que no me tapes el sol". Alejandro
se apartó y dijo: "Si no fuera Alejandro, quisiera ser Diógenes".

En 335 Alejandro tuvo que partir precipitadamente hacia el norte, pues supo que Iliria estaba planeando invadir
Macedonia. Los ilirios fueron arrasados en un tiempo mínimo. Mientras tanto, en Grecia corrió el rumor de que Alejandro
había muerto, así que Tebas se rebeló contra la guarnición macedónica, a la que terminó degollando, mientras Demóstenes
reorganizaba su partido con oro persa. Pero Alejandro volvió, su ejército se enfrentó al tebano, que no tardó en huir. Los
macedonios persiguieron a los tebanos, y dicen que entraron en la ciudad al mismo tiempo. Alejandro mandó destruir
todas las casas de Tebas una por una, excepto los templos y el que fuera hogar de Píndaro. Con Atenas, en cambio, fue
indulgente y no tomó represalias. Parece ser que Alejandro sentía una cierta inferioridad frente a la cultura ateniense.
Cuentan que una vez, cuando dos amigos atenienses le visitaron en Pella, les dijo "Vosotros que venís de allá, ¿no tenéis
la sensación de hallaros entre salvajes?" El caso es que Alejandro llegó a Corinto, donde la confederación se rehízo una
vez más. Los griegos estaban deseando que partiera hacia Asia, a ver si moría allí, por lo que no le regatearon los veinte
mil hombres que pidió como refuerzo de sus propios diez mil infantes y cinco mil jinetes.

Por estas fechas muchos príncipes chinos empiezan a otorgarse el título de rey, mostrando con ello que dejaban de acatar
la autoridad del rey Cheu.

En 334 Alejandro marchó hacia Asia. Dejó en Grecia un tercio de sus hombres, al mando de su general Antípatro, pues
ya había tenido ocasión de comprobar la clase de lealtad que podía esperar de los griegos.

Aristóteles había vuelto a Atenas. Allí cumplió finalmente su proyecto de crear una escuela al estilo de la Academia de
Platón. La situó junto a un templo dedicado a Apolo Liceo (Apolo el matador de lobos), por lo que terminó siendo
conocida como El Liceo, y resultó ser una dura competencia para la Academia. Aristóteles escribió cerca de 400 libros,
de los que se conservan unos 50. Si Platón fue el primer gran filósofo, Aristóteles fue el primer gran científico. No escribía
diálogos, sino tratados y ensayos. No dejaba que su imaginación acariciara ideas interesantes, sino que analizaba
racionalmente los hechos y llegaba a las conclusiones más sensatas. Desarticuló la teoría de las ideas de su maestro, y en
su lugar su metafísica se convirtió en un marco para el estudio racional del mundo. En particular desestimó las teorías
paradójicas sobre la imposibilidad del movimiento y los cambios, o de la irrealidad del mundo sensible, defendidas por
Parménides y Zenón. Puede objetarse que sus teorías físicas y astronómicas eran menos acertadas desde un punto de vista
moderno que las de algunos de sus contemporáneos (por ejemplo, descartó el atomismo de Demócrito, o las teorías
heliocéntricas de Heráclides), pero también hay que señalar que en la época no había elementos de juicio para tener a
tales teorías más que como meras fantasías o especulaciones vanas.

Aristóteles creó una física muy distinta a la moderna, pero sin duda la más sensata para su época: la materia es continua,
los cuerpos tienden al ocupar su lugar natural: la tierra más abajo, a continuación el agua, por encima el aire y, más arriba
el fuego. Por eso las piedras caen y el humo sube, etc. A los cuatro elementos clásicos, añadió un quinto, el Éter, del que
ya había hablado Platón, que constituía los cuerpos celestes. Aristóteles creía que un cuerpo dejado a su suerte termina
parándose, por lo que postuló la existencia de un "motor inmóvil", esto es, algo capaz de proporcionar movimiento al
universo (a los astros, al viento, etc.) pero que excepcionalmente no necesitaba de nada que lo moviera a él. Donde mejor
pudo demostrar sus grandes dotes como científico fue en biología. Estudió y clasificó cuidadosamente las distintas
especies que encontró. Fue el primero en observar la forma en que parían los delfines, lo que le llevó a afirmar que no
eran peces. Aristóteles no se interesó por las matemáticas, pero a cambio fue el primero en sistematizar la lógica. Antes
de desarrollar una teoría, Aristóteles se preocupaba de precisar el significado de los términos que empleaba, distinguiendo
entre definiciones, premisas, ..., recogía y analizaba los trabajos precedentes, etc. Tal vez fue el primer "profesor" en el
sentido académico moderno. Naturalmente, también escribió sobre ética, política, etc. En política se mostró partidario de
una Timocracia, mezcla moderada de aristocracia y democracia, pero seguía pensando en términos de ciudades-estado,
estructura que en su tiempo ya se estaba viniendo abajo.

Por las mañanas daba clases a sus alumnos, pero no lo hacía desde la cátedra, sino paseando, razón por la cual sus alumnos
fueron llamados peripatéticos, o paseantes. Por las tardes abría las puertas a los profanos, dando charlas sobre temas más
elementales.

Volviendo a Alejandro, el principal rival con el que tendría que enfrentarse no era persa, sino griego. Se
llamaba Memnón, de Rodas, y estaba al cargo de los mercenarios griegos contratados por Persia. Memnón había luchado
con cierto éxito contra Filipo II y conocía el ejército macedónico. Sugirió dejar que Alejandro avanzara para después
cortarle las comunicaciones por mar, al tiempo que se estimulaban revueltas en Grecia. Sin duda, sabía bien lo que decía,
pero los sátrapas locales no estaban dispuestos a dejar que Alejandro pasara por sus provincias. Pensaban que sería uno
más de los griegos que habían pasado por allí: que deambularía un poco y se iría. Lo importante era que lo hiciera por las
provincias vecinas y no la propia, para lo cual había que hacerle frente.

Los ejércitos se encontraron junto al río Gránico, cerca de donde se había alzado Troya. La caballería de Alejandro
desorganizó a los persas, y la falange pudo con los mercenarios griegos. Luego no tardó en apoderarse de la costa asiática
del Egeo. Esto permitió a Memnón poner en práctica sus planes, y lentamente se dedicó a reconquistar las islas con el fin
de controlar el Egeo y aislar a Alejandro. Tal vez lo habría conseguido, pero murió en 333 mientras sitiaba Lesbos.

Alejandro avanzó hacia el interior y llegó a Gordion, la antigua capital de Frigia. Allí le contaron la leyenda según la cual,
el rey Gordias, fundador de la ciudad, había dedicado a Zeus su carreta cuando éste lo eligió como rey, y había hecho en
ella un nudo intrincado con la profecía de que quien fuera capaz de desatarlo dominaría Asia. Es difícil saber en qué
momento se creó esta leyenda, pero Alejandro se interesó por ella y, sacando su espada, cortó el "nudo gordiano". Esta
técnica no estaba en las reglas, pero fue muy significativa.

El rey Darío III reunió un gran ejército de casi un millón de hombres, muchos más que los que seguían a Alejandro, pero
el número importaba poco. El encuentro se produjo en Isos, donde los mercenarios griegos del lado persa lograron
controlar momentáneamente la falange, pero cuando los hombres de Alejandro se acercaron a las posiciones del rey persa,
éste huyo descaradamente, y con ello los persas se desmoronaron. Darío III envió embajadores ofreciendo a Alejandro
toda Asia Menor y una gran suma de dinero si aceptaba la paz. Dicen que Parmenio, un general de Alejandro, dijo: "Si
yo fuera Alejandro, aceptaría", a lo que Alejandro replicó: "Y yo también, si fuera Parmenio". En cambio, Alejandro
exigió nada menos que la entrega incondicional de todo el Imperio Persa, así que la guerra continuó. Darío III se retiró a
Mesopotamia, pero Alejandro no le siguió. Quería asegurar toda la costa mediterránea para que el plan de Memnón no
pudiera llevarse a la práctica. Para ello tenía que conquistar Fenicia y Canaán.

Las ciudades fenicias no opusieron resistencia. No hacía mucho que se habían rebelado contra Persia y habían sufrido las
represalias de Artajerjes III, así que vieron a Alejandro como un libertador. La única excepción fue Tiro, cuyo
rey Azemilkos, temeroso precisamente de una nueva represalia persa, intentó que Alejandro pasara de largo. Le envió
una embajada aceptando su soberanía, pero a cambio de que Tiro tuviera autonomía en sus asuntos internos. En particular,
cuando Alejandro pidió introducir un contingente en la ciudad, el rey tirio se negó. Alejandro no podía aceptar.
Precisamente, lo que más le interesaba era disponer de la flota de Tiro y de su puerto. Así que inició el asedio.

La empresa era difícil, porque Alejandro no disponía de una flota, y Tiro podía ser abastecida por mar sin dificultades.
La situación se agravaría si Tiro recibiera finalmente la ayuda de Cartago. Siglos atrás, el rey Nabucodonosor II necesitó
trece años para tomar la ciudad, y aun así tuvo que llegar a un acuerdo razonable. Sin embargo, Alejandro no necesitó
más de nueve meses para lograr la rendición total de Tiro. Para ello hizo construir un malecón de 800 metros que uniera
la ciudad a tierra firme. El primer intento fue frustrado por incursiones tirias, pero entonces Alejandro se dispuso a
construir uno nuevo más ancho y más fácil de defender. Por otra parte, los barcos de las ciudades fenicias sometidas a
Alejandro se pusieron de parte de éste y obstaculizaron el abastecimiento de Tiro. Los tirios no se amilanaron. Sacaron
por mar cuantas mujeres y niños pudieron y los llevaron a Cartago. Los barcos leales fueron reunidos junto a las costas y
la ciudad se dispuso a resistir a ultranza. Se terminó el malecón, las máquinas de asedio se acercaron y destruyeron la
muralla, y en 332 la ciudad fue definitivamente tomada. 8.000 tirios fueron acuchillados y 30.000 vendidos como
esclavos. Azemilkos fue el último rey que tuvo la ciudad. Con el tiempo, el mar acumuló arena alrededor del malecón
construido por Alejandro, con lo que Tiro dejó de ser una isla. La roca se halla hoy en la punta de una península de
kilómetro y medio de ancho.

Con la flota fenicia a su disposición, Alejandro pudo seguir hacia el sur, por Palestina. Tampoco allí encontró resistencia
digna de mención, salvo en Gaza, la antigua ciudadela filistea. Los judíos de tiempos posteriores afirmaban que Alejandro
quiso castigar a Jerusalén porque había rechazado una petición de ayuda para el asedio de Tiro, pero a las puertas de la
ciudad se encontró con el sumo sacerdote y su séquito. Al verlo, Alejandro bajó de su caballo y se inclinó, pues, según le
explicó a un general, había visto una figura similar en un sueño. Luego entró en Jerusalén pacíficamente y dejó que los
judíos se gobernaran según sus propias leyes.

Todo esto es falso sin lugar a dudas. Jerusalén era entonces una ciudad insignificante a la que Alejandro nunca habría
pedido ayuda, y lo más probable es que pasara junto a ella sin saber que existía. Gaza era diferente. Tenía importancia
táctica y Alejandro no estaba dispuesto a dejarla en su retaguardia. Estaba rodeada por terreno arenoso por el que no podía
transportar las máquinas de asedio, así que ordenó construir una rampa hasta las murallas sobre las arenas, similarmente
a como había hecho con Tiro sobre el mar. Rompió las murallas con las máquinas mientras sus zapadores excavaban
túneles, penetró en la ciudad y realizó una matanza peor que la de Tiro. Alejandro estaba cada vez más impaciente y toda
resistencia que le hiciera perder tiempo le irritaba cada vez más.

De Gaza llegó a Egipto casi sin luchar. Parece ser que los egipcios habían contactado con Alejandro en Isos pidiéndole
que liberara su país del dominio Persa. Fuera como fuere, el caso es que fue recibido como un libertador. Alejandro tuvo
el cuidado de fomentar esta imagen favorable que tenía entre los egipcios y logró que éstos lo coronaran como faraón,
para lo cual siguió pacientemente todos los rituales oportunos. Fue a un templo de Amón muy venerado en Libia, donde
se declaró hijo de Amón (al que identificó con Zeus, con lo que siguió la corriente a su madre). Algunos ven en esto una
actitud megalómana, pero también hay que objetar que los egipcios nunca hubieran aceptado de buen grado ser
gobernados por un extranjero que no fuera hijo de Amón.

Tarento pidió ayuda a Alejandro de Épiro contra las tribus italianas del norte. El rey aceptó de buen grado. Estaba al tanto
de las hazañas de su sobrino en oriente y tal vez soñara con imitarle en occidente. Inmediatamente se trasladó con un
ejército y empezó a lograr victorias sobre los italianos.

En 331 Alejandro estaba dispuesto para adentrarse en Persia. Dejó el país en manos de autoridades nativas, excepto en lo
tocante a los impuestos y la economía, que dejó en manos de un griego de Naucratis llamado Cleomenes. Su idea era dar
una imagen de que Egipto estaba gobernado por nativos pero, al mismo tiempo, dejar el dinero en manos griegas. Así
Cleomenes fue el verdadero gobernante del país, si bien oficialmente no tenía ningún título. Antes de partir, Alejandro se
fijó en una pequeña ciudad en la desembocadura del Nilo. Ordenó construir allí un nuevo barrio al oeste. La ciudad así
extendida pasó a llamarse Alejandría, aunque el propio Alejandro nunca llegó a verla. Fue proyectada por el
arquitecto Dinócrates de Rodas, y Cleomenes se encargó de que la voluntad del rey se llevara a término.

Darío III estaba esperando a Alejandro. Eligió una región llana situada junto a la ciudad de Gaugamela, cerca de donde
se había alzado Nínive. Hizo eliminar la menor irregularidad del terreno, con la esperanza de que su caballería pudiera
imponerse al comparativamente pequeño ejército griego. Al parecer su plan era expulsar a la caballería griega con la suya
y usar su numerosa infantería para desgastar lentamente a la falange. En realidad no era una buena estrategia, pues las
llanuras favorecían a la falange. Por otra parte, el ejército persa contaba con carros equipados con cuchillas en sus ruedas.
Alejandro llegó a donde Darío III le esperaba. Las líneas persas desbordaban a las griegas por ambos flancos, pero
Alejandro se contentaba con no dejarse rodear. Conocía a Darío III y su plan era muy simple: aguardar la ocasión para
atacarle a él personalmente y provocar su huida como había sucedido en Isos. El combate estaba desplazando al ejército
griego hacia los bordes de la llanura. Temiendo que sus carros no serían efectivos fuera del llano, Darío III los lanzó
prematuramente, pues el ejército de Alejandro todavía estaba perfectamente organizado, y no tuvo dificultad en matar a
los aurigas con flechas mientras se acercaban a la carrera. A los pocos que llegaron se les dejó pasar y los griegos ganaron
confianza mientras seguían avanzando. Finalmente Darío III se puso a tiro y Alejandro ordenó a la falange que avanzara
directamente hacia él. El final fue el previsto: Darío III huyó y con él se llevó la moral de sus hombres.

Tras la batalla, Alejandro llegó a Babilonia, donde fue recibido sin resistencia. Por aquella época, Babilonia seguía sin
rehacerse de la destrucción a que la condenó Jerjes. El templo de Marduk seguía en ruinas. Alejandro adoptó la misma
política que en Egipto: se declaró defensor de las costumbres nativas frente a los zoroastrianos, ordenó la reconstrucción
del templo de Marduk y aceptó participar en cuantos rituales consideraron convenientes los babilonios.

El rey Agis III de Esparta se rebeló contra Antípatro. Desde la partida de Alejandro, Agis III había estado recibiendo
dinero persa, con el que logró levantar a casi todo el Peloponeso contra Macedonia. Únicamente Megalópolis no quiso
unirse a Esparta. Agis III la asedió, pero Antípatro llegó desde el norte con un gran ejército. Los espartanos fueron
derrotados y Agis III murió en la batalla. Antípatro tomó rehenes espartanos y obligó a la ciudad a pagar una gran suma,
pero respetó su independencia.

Al mismo tiempo Alejandro se dispuso a dejar Babilonia para continuar la conquista del Imperio Persa. Dejó la ciudad
bajo el gobierno de Harpalo, que pensó que el rey nunca regresaría de su expedición, así que en lugar de llevar a cabo
los proyectos que le había encargado Alejandro, decidió aprovechar el poder en su propio beneficio. El caso es que
Alejandro partió hacia Susa, y luego fue a Persépolis, donde incendió los palacios persas en represalia por el incendio de
Atenas que ordenara Jerjes. Luego avanzó hacia el norte, hasta Pasargadas, donde visitó la tumba de Ciro. Después supo
que Darío III estaba en Ecbatana y mandó a buscarle, pero el rey persa huyó hacia el este. Finalmente, en 330, uno de sus
sátrapas, Besso, que gobernaba sobre Bactriana, decidió asesinarlo y entregar su cuerpo a Alejandro. A continuación se
hizo proclamar rey, con el nombre de Artajerjes IV.

EL FIN DE ALEJANDRO
Ya hacía algún tiempo que Alejandro se había ganado el sobrenombre de "el grande". Paulatinamente había abandonado
los modos de un rey macedonio (un noble entre los nobles, al estilo homérico), para adoptar las costumbres de los
monarcas persas. Gustaba de las adulaciones y las reverencias, y hasta parecía que empezaba a creerse que era hijo de
Zeus. Estas actitudes empezaron a crear reticencias entre sus hombres o, al menos, así se lo pareció a él. A finales
de 330, cuando se encontraba en el actual Afganistán, acusó de conspiración a Filotas, uno de sus generales, lo llevó a
juicio y lo hizo ejecutar. Filotas era hijo de Parmenio, que estaba a cargo de las tropas de Media, unos 1.500 kilómetros
al oeste. Alejandro comprendió que no podía confiar en Parmenio una vez que éste se enterara de la muerte de su hijo,
así que envió mensajeros con el encargo de asesinarlo, y así lo hicieron.

Grecia seguía firmemente gobernada por Antípatro. Esparta había sido doblegada y Atenas había permanecido al margen,
si bien Demóstenes había estimulado la revuelta espartana. La ciudad le otorgó una corona de oro en reconocimiento de
sus servicios, pero Esquines se levantó para hablar en contra del homenaje pronunciando un magistral discurso.
Demóstenes le replicó con el que sería el más famoso de sus discursos: "Sobre la corona". La victoria de Demóstenes fue
tan completa que Esquines se vio obligado a abandonar Atenas. Se retiró a Rodas, donde pasó el resto de su vida dirigiendo
una escuela de oratoria. Se cuenta que años después un estudiante que había leído el discurso de Esquines contra la corona
se maravilló de que su maestro hubiera perdido. "Ah", respondió Esquines, "no te maravillarías si hubieras leído la
réplica de Demóstenes".

Por esta época, un viajero griego llamado Piteas viajó por la costa atlántica, y de sus informes se desprende que debió de
llegar hasta las Islas Británicas y a Islandia. También exploró el norte de Europa, hasta el mar Báltico. En el Atlántico
observó las mareas, y conjeturó que eran causadas por la luna.
Durante los dos años siguientes, Alejandro siguió combatiendo contra los sátrapas y las tribus salvajes. Nunca fue
derrotado. Persiguió a Besso (o Artajerjes IV), obligándole a abandonar Bactriana. En 329 fue traicionado por sus propios
hombres, que lo entregaron a Alejandro. Éste mandó que le cortaran la nariz y las orejas. Luego lo mandó a Ecbatana,
donde fue ejecutado. En 328 llegó a Maracanda (la actual Samarcanda), en las fronteras orientales del Imperio Persa.
Allí dio un gran banquete. Según la costumbre, varios hombres se levantaron para brindar adulando a Alejandro, diciendo
que era mucho más grande que su padre. Alejandro parecía más complacido cuando más se menospreciaba a Filipo II.
Sin embargo, un viejo veterano llamado Clito no aguantó más y se levantó para defender a Filipo II. Dijo que él había
puesto los cimientos de la grandeza macedónica y que Alejandro había obtenido sus victorias con el ejército de Filipo.
Alejandro, borracho, cogió una lanza y mató a Clito.

El Imperio de Alejandro Magno

Alejandro de Épiro seguía en Italia ayudando a las ciudades griegas del sur contra las tribus italianas del norte. Había
sellado una alianza con Roma, lo que debió de preocupar a los samnitas, que podían verse atacados simultáneamente por
los romanos al este y los griegos al sur. De momento sólo estaban en guerra con los griegos, pero Roma fundó una colonia
en Fregellae, justo en la frontera con el Samnio.

Alejandro Magno quería considerarse rey de griegos y persas por igual. En 327 se casó con una princesa persa, Roxana, y
empezó a entrenar a 30.000 persas a la manera macedónica, para que sirvieran en el ejército. Ese mismo año un rey indio
le pidió ayuda contra un rey rival. Las crónicas griegas le llaman Taxiles, si bien no está claro que fuera su nombre, sino
más bien un nombre derivado del de su reino, Taxilia, situado al norte de la India, cerca de la frontera con Persia. Su rival
era Poros, cuyo reino se extendía al este de Taxilia. Alejandro aceptó inmediatamente y cruzó el Indo, más allá de las
fronteras persas. El ejército de Poros contaba con un arma nueva para Alejandro: elefantes. En 326 tuvo lugar una batalla
junto al río Hidaspes, afluente del Indo. Alejandro maniobró hábilmente su ejército de tal forma que desconcertó a Poros
y no le dio ocasión de aprovechar sus elefantes. En la batalla murió Bucéfalo, el caballo de Alejandro. Tras su victoria,
se dice que preguntó al orgulloso Poros cómo esperaba ser tratado. "Como un rey", respondió él, y así fue. Alejandro le
dejó gobernar su reino en calidad de sátrapa, y Poros le fue leal mientras vivió.

Ese mismo año los tarentinos, que habían llamado a Alejandro de Épiro en su ayuda, decidieron que éste se estaba
volviendo demasiado poderoso, y que les traía mejor cuenta enfrentarse ellos solos a los italianos. Le retiraron su
apoyo y fue derrotado en Pandosia, al sur de Italia. Su sucesor tuvo dificultades para hacerse con el trono epirota, así que
no se ocupó de Italia. En cuanto Alejandro desapareció, los samnitas se volvieron hacia Roma. Por su parte, Roma estaba
deseando la confrontación, y un incidente en Campania sirvió de excusa para iniciar la Segunda Guerra Samnita. Al sur
del Samnio había dos regiones: Lucania y Apulia. Las tribus italianas que las habitaban habían luchado junto a los
samnitas contra Alejandro, pero los samnitas eran para ellas más peligrosos que la lejana Roma, así que se pusieron de
parte de Roma. Para los griegos del sur, Lucania y Apulia eran sus inmediatos enemigos, así que se pusieron de parte del
Samnio. De este modo, los dos tercios de Italia estuvieron en guerra. Etruria no intervino. Hacía tiempo que había
concertado una paz con Roma y la mantuvo escrupulosamente.

Alejandro Magno planeaba atravesar la India y llegar así al fin del mundo, según las creencias de la época, pero sus
soldados estaban cansados. Llevaban seis años luchando lejos de su patria y lo único que querían era volver. Alejandro
estuvo enfurruñado tres días, pero al final consintió en volver. Construyó una flota que navegó por el Indo, mientras el
ejército le seguía por la orilla. Tenía que someter a tribus hostiles a medida que avanzaba. Se cuenta que en una ocasión,
mientras asediaba una ciudad, perdió la paciencia y saltó la muralla junto a tres hombres nada más. Sus hombres lograron
entrar poco después y rescatarlo, pero fue seriamente herido. La flota fue enviada de vuelta por el Indo al mando de un
general llamado Nearco. Llegó hasta Babilonia por el golfo Pérsico. Fue la primera flota occidental que navegó por el
océano Índico.

En 325 el nuevo duque de Qin, se otorgó el título de rey, como ya habían hecho otros príncipes chinos. Qin siguió
haciéndose más poderoso al tiempo que su administración se hacía más eficiente.

Mientras tanto Alejandro atravesaba con su ejército el desierto de Gedrosia, donde sus hombres sufrieron el hambre y la
sed. Se especula sobre la posibilidad de que Alejandro hubiera decidido castigarlos por haberle obligado a volver. En
Babilonia se hallaba Harpalo, que no estaba en condiciones de rendir cuentas a Alejandro sobre su gestión, así que, al
tener noticias de su regreso, huyó y en 324 se presentó en Atenas llevando consigo un gran tesoro. Allí pidió ser admitido
y protegido frente a Macedonia. Por primera vez Demóstenes hizo prevalecer la prudencia frente a su odio a Macedonia.
Sostuvo que Atenas no debía permitirle la entrada. Sin embargo Harpalo hizo ver que con el dinero que traía se podría
hacer que Grecia y Asia se rebelaran contra Alejandro. Con la oposición de Demóstenes, los atenienses acogieron a
Harpalo.

Antípatro exigió a Atenas que entregara al traidor. Demóstenes se opuso por considerarlo indigno. De todos modos,
Harpalo fue arrestado y su dinero guardado en el Partenón con el fin de devolvérselo a Alejandro cuando volviera (sí
volvía, claro). Ahora bien, entre el momento en que Harpalo entregó el dinero y el momento en que éste fue contado y
depositado en el Partenón, la suma se había reducido a la mitad. Tal vez Harpalo hubiera mentido respecto a la cantidad
que poseía, pero ¿no creería más bien Alejandro que los atenienses le habían robado la mitad que faltaba? Para colmo,
Harpalo logró huir a Creta, donde fue asesinado poco después. Atenas abrió una investigación para encontrar responsables
que pudieran aplacar a Alejandro. En la lista se incluyó a Demóstenes, que probablemente era inocente, pero sin duda era
un buen chivo expiatorio. Se le condenó a pagar una cantidad que Demóstenes no poseía, así que fue encarcelado. Sin
embargo logró huir.
Alejandro había llegado a Babilonia y había tomado medidas contra los gobernantes que, siguiendo a Harpalo, habían
desobedecido sus órdenes. Luego continuó con su plan de unificar a griegos y persas. Ordenó a 10.000 de sus soldados
que se casaran con mujeres asiáticas. Además ordenó a las ciudades griegas que le reconocieran como dios, al igual que
hacían los persas. Incluso Atenas aceptó la divinidad de Alejandro, pues con la crisis de Harpalo no estaba para llevarle
la contraria. Incluso Esparta cedió. Sus éforos dijeron con desprecio: "Si Alejandro desea ser un dios, que lo sea".

Ese año murió Hefestión, amigo y amante de Alejandro, lo que afectó gravemente al rey macedonio. Hizo matar al
médico que no pudo salvarle, se negó a comer durante cuatro días, ordenó unas fastuosas honras fúnebres y mandó
consultar al oráculo de Ammón si podía venerar al difundo como a un dios. Naturalmente la respuesta fue afirmativa.

Los planes de Alejandro se volvieron cada vez más grandiosos. Parece ser que empezó a preparar una flota para tomar
Cartago. Sin embargo, en 323 enfermó y a los pocos días murió. Se sospecha que fue envenenado.

Como cuando murió Filipo II, toda Grecia se rebeló contra Macedonia en cuanto se tuvo noticia de la muerte de Alejandro.
Se formó un ejército griego que derrotó a Antípatro en Beocia. El general tuvo que retirarse a Lamia, al norte de las
Termópilas, donde fue sitiado por los aliados griegos. Aristóteles, que era macedonio y no muy popular entre ciertos
sectores atenienses, huyó discretamente a Eubea. Demóstenes entró triunfalmente en Atenas. La ciudad pagó su multa.

La sucesión de Alejandro no estaba nada clara. De la familia real quedaban su madre Olimpia, su mujer Roxana, un
hijo, Alejandro, que nació unos meses después de su muerte, una hermanastra, Tesalónica, y un hermanastro deficiente
mental, Filipo. Ninguno de ellos estaba en condiciones de reclamar el trono. Se dice que, poco antes de morir, le
preguntaron a Alejandro quién debía ser su sucesor, y que la respuesta fue: "El más fuerte". El poder efectivo estaba en
manos de una treintena de generales dispersos por el imperio y que pronto iniciarían una maraña de confusas guerras con
el fin de apoderarse de las conquistas de Alejandro. Fueron conocidos como diádocos (sucesores). Uno de los más hábiles
fue Ptolomeo, del que se rumoreaba que era hijo ilegítimo de Filipo II y, por consiguiente, hermanastro de Alejandro
Magno. (Tal vez el propio Ptolomeo difundió este rumor para legitimar sus pretensiones al trono.) Inmediatamente
después de la muerte de Alejandro se dirigió a Egipto, donde ejecutó a Cleomenes y se apropió del gobierno. Más aún,
tuvo la astucia de apoderarse del cuerpo de Alejandro y enterrarlo en Menfis.
Por su parte, Lisímaco se apoderó de Tracia y Cratero acudió a Grecia para ayudar a Antípatro, asediado en Lamia.
En 322 los griegos fueron derrotados en Cranón por los macedonios, al tiempo que una flota macedonia vencía a la flota
ateniense junto a la isla de Amorgos, al sudeste de Naxos. Toda Grecia cayó en manos de Antípatro. Atenas convino en
entregar a Demóstenes, pero éste huyó a una pequeña isla, donde se refugió en un templo para evitar a los enviados de
Antípatro. Trataron de hacerle salir, pero decidió envenenarse. También ese año murió Aristóteles, al parecer por una
úlcera de estómago. El Liceo quedó bajo la dirección de Teofrasto, cuya investigación se centró principalmente en la
botánica, y llegó a describir laboriosamente más de 500 especies de plantas. Por esta época, Dicearco, un geógrafo que
había estudiado también en el Liceo usó la información traída por los ejércitos de Alejandro para elaborar los mejores
mapas del mundo antiguo. Fue el primero en usar líneas de latitud.

La primera guerra entre los diádocos la inició Perdicas, que había ejercido de primer ministro en la época de la muerte
de Alejandro y dominaba a su hermanastro. Trató de que éste fuera reconocido como Filipo III y, al tiempo, ejercer como
regente. Ante la negativa general, atacó a Ptolomeo sin éxito, luego se alió con Eumenes, a quien Cratero, que acababa
de regresar de Grecia, le disputaba Asia Menor.

Unos años antes, un nativo (no griego) se había erigido en rey de la antigua satrapía de Capadocia, con el nombre
de Ariarates I. Sin embargo, Perdicas lo mató en 321 y se apoderó de la región, poco después Cratero murió en una
batalla y luego Perdicas fue asesinado por un grupo de oficiales conducidos por Seleuco, que logró el control sobre
Babilonia. Capadocia conservó a sus reyes, pero, al igual que Asia Menor, quedó en manos de Eumenes.

En Italia, la Segunda Guerra Samnita duraba ya cinco años, con una leve ventaja para Roma. Un ejército romano de
Campania recibió un falso informe difundido por los samnitas, según el cual una ciudad de Apulia, aliada de Roma, estaba
siendo atacada. Los romanos decidieron acudir en su ayuda, para lo cual tenían que atravesar el Samnio. El camino les
llevaba por un estrecho valle situado junto a la ciudad samnita de Caudio, por lo que era conocido como las Horcas
Caudinas. Cuando los romanos llegaron al final del desfiladero lo encontraron bloqueado por árboles y rocas. Dieron
media vuelta y se encontraron con un ejército samnita. Estaban atrapados (deshonrosamente, además). Los samnitas
optaron por no pelear. Dejaron que los romanos acabaran con sus víveres y esperaron a que murieran de hambre.
Evidentemente, los romanos se vieron obligados a rendirse. Los samnitas exigieron el fin de la guerra con algunas
condiciones adicionales en su favor. Los generales romanos no podían firmar la paz. Sólo el Senado tenía esa atribución,
y los samnitas lo sabían. Así pues, decidieron quedarse con 600 rehenes, tomados de entre los mejores oficiales romanos,
y dejaron marchar al resto del ejército para que negociara la paz.

Cuando el ejército llegó a Roma, el Senado se reunió para tomar una decisión. Uno de los generales propuso que él y su
compañero fueran entregados a los samnitas por haberlos engañado con un falso acuerdo y que los rehenes fueran
abandonados. Casi todos los senadores tenían parientes entre los rehenes, pero la propuesta fue aceptada. Los samnitas
mataron a los rehenes, pero perdieron la oportunidad de obtener una victoria definitiva. La guerra continuó.

En 320 se produjo un cambio dinástico en el reino indio de Magadha. La nueva dinastía fue inaugurada
por Chandragupta, de la familia de los Maurya, que asesinó al último miembro de la casa real con la ayuda de un grupo
de proscritos. Estableció su capital en Pataliputra, e inició un proceso de expansión que convertiría a su reino en el
primer imperio indio históricamente conocido.

LA GRECIA HELENÍSTICA
A finales del siglo IV el estado chino de Qin inició un proceso de expansión hacia el sur y el noroeste por el que
aumentó considerablemente su territorio. Los demás estados tuvieron que hacer grandes esfuerzos diplomáticos, bien para
aliarse en su contra, bien para mantener relaciones amistosas con Qin. Por esta época vivió Mengzi, un filósofo
confuciano del que se conserva el libro que lleva su nombre y en el que desarrolla rigurosamente las teorías de Confucio.
También se redactó en esta época el Zhuangzi, una de las obras fundamentales del taoísmo filosófico. No se sabe nada
de su autor, pero su estilo es mordaz y polemista, características poco habituales en la filosofía china.

En Europa hacía ya algún tiempo que un grupo de pueblos marineros de origen indoeuropeo había iniciado un proceso
de expansión desde la península de Jutlandia o sus alrededores. Por esta época se habían extendido por Escandinavia y
el norte de las modernas Alemania y Polonia, desde el Weser al Vístula. Este último territorio había estado poblado por
celtas, que fueron desplazados hacia la actual Francia. Los celtas llamaron Germanos a estos nuevos pueblos. Al
abandonar el mar, los germanos se convirtieron en guerreros-agricultores. Estaban gobernados por una oligarquía de
nobles, sometidos a un rey cuya autoridad era de origen divino. Adoraban esencialmente a la naturaleza, campo de
batalla para Odín, o Wotan, dios de las tempestades y de las victorias, Tyr, dios de las asambleas,
y Thor, o Donar, dios del rayo. Practicaban su culto en lugares elevados, o al pie de árboles majestuosos, en fuentes,
etc. A diferencia de los celtas, no existía una clase sacerdotal semejante a los druidas, sino que eran los nobles o los
jefes de las familias los que hacían las veces de sacerdotes. En cambio, sí que tenían cantores análogos a los bardos que
en las fiestas sagradas relataban historias sobre los dioses, historias que fueron componiendo una extensa mitología
germana. Por ejemplo, los germanos creían que los guerreros, al morir, eran conducidos hasta Odín por unas hermosas
amazonas, las Valquirias, y en el paraíso gozaban para siempre de la vida feliz de los banquetes y los grandes
combates.

En México la cultura olmeca desaparece rápidamente. Se desarrollaron entonces varias culturas regionales, pero habrán
de pasar varios siglos antes de encontrar nuevos progresos significativos en la zona.

En el occidente civilizado, el final del siglo estuvo marcado por las disputas por el poder entre los diádocos, los antiguos
generales de Alejandro Magno. En 320, Ptolomeo, que dominaba Egipto, envió un ejército a Canaán. Atacó Jerusalén en
sábado, y los judíos se negaron a combatir en su día sagrado, con lo que no tuvo dificultades en tomar la ciudad. Antípatro
dominaba Grecia y Macedonia, pero murió en 319 y, por alguna extraña razón, designó como regente a Polispercón, otro
diádoco, en lugar de a su hijo Casandro. Éste no aceptó la situación y buscó apoyos en Grecia para derrocar a Polispercón.
Los hijos de los diádocos que, como Casandro, también participaron en las disputas por los restos del Imperio, fueron
llamados Epígonos (nacidos después). Casandro trató de legitimar sus aspiraciones controlando a Filipo III, el
hermanastro deficiente mental de Alejandro, pero Olimpia lo hizo asesinar.

En Siracusa había aparecido un nuevo personaje: se llamaba Agatocles, y era de origen humilde, pero tenía un gran
encanto, lo que le permitió casarse con una viuda rica y con ello se convirtió en uno de los hombres más influyentes de
la ciudad. Fue expulsado a causa de sus actividades políticas, pero reclutó un ejército privado y se dedicó a combatir
como mercenario en distintas partes del mundo. Finalmente, en 317 volvió a Siracusa, la tomó e hizo ejecutar a muchos
oligarcas y partidarios de la tiranía. Tras ello, él mismo gobernó como un tirano, pero se ganó el apoyo de las clases
humildes.
Mientras tanto Casandro tomaba Atenas con la ayuda de las ciudades griegas más importantes, y en 316 marchó contra
Olimpia en Macedonia y la hizo ejecutar. Luego encarceló a Roxana, la mujer de Alejandro, junto a su hijo pequeño. Así
se hizo con el dominio de Macedonia y Grecia que le había negado su padre. Ese mismo año, otro
diádoco, Antígono, derrotó a Eumenes en una batalla y lo hizo ejecutar, con lo que se apoderó de Asia Menor. Luego
marchó sobre Babilonia y expulsó a Seleuco. Antígono y su hijo Demetrio no tardaron en dominar la parte asiática del
imperio de Alejandro, y todo parecía indicar que no tendrían dificultades en hacerse con el resto. Pero, precisamente por
ello, Ptolomeo y Casandro se aliaron con Seleuco contra ellos.

En 313 Casandro venció al rey de Épiro, un primo de Olimpia que había sucedido a Alejandro de Épiro tras su muerte en
Italia. Su hijo fue proclamado rey, el cual aceptó el dominio de Macedonia.

En 312 Demetrio atacó a Ptolomeo en Gaza. Llevó allí un formidable ejército formado por 11.000 soldados de infantería,
2.300 de caballería y 43 elefantes. Desde que Alejandro se los encontró en la India, los elefantes pasaron a ser un arma
de guerra griega, parecían un poderoso elemento para desorganizar las tropas enemigas, pero poco a poco se vio
claramente que era fácil rechazarlos: los elefantes reconocían rápidamente el peligro y rápidamente daban media vuelta
y terminaban volviéndose contra quienes los llevaban. Así sucedió en Gaza: Ptolomeo colocó estacas de hierro a intervalos
regulares en el campo de batalla. Cuando los elefantes se las encontraron se detuvieron y Ptolomeo aprovechó el
desconcierto que dominó a sus adversarios, con lo que Demetrio se vio obligado a retirarse apresuradamente. Tras esta
retirada, Ptolomeo arrasó todas las fortificaciones de Judea y Siria, para evitar que Antígono o Demetrio pudieran usarlas
contra él. Además, ayudó a Seleuco a reconquistar Babilonia, de modo que Antígono se viera obligado a luchar en dos
frentes. Por su parte Demetrio decidió combatir a Ptolomeo en el mar. Ptolomeo poseía una flota poderosa, y Demetrio
se apresuró a reunir la suya propia.

Roma seguía en guerra contra los samnitas. Tras el revés sufrido en las Horcas Caudinas, la guerra se encomendó a Lucio
Papirio Cursor (el corredor), que fue cinco veces cónsul y dos veces dictador. Era un hombre que imponía una férrea
disciplina y no era querido por las tropas, pero obtenía victorias. En este periodo, el ejército romano fue perfeccionándose
paulatinamente. En los tiempos anteriores a la invasión gala, la técnica de combate consistía simplemente en reunir una
cantidad adecuada de hombres, entre 3.000 y 6.000, y lanzarse al ataque armados con largas espadas. Este grupo de
hombres era llamado legión, que en latín significa eso mismo: grupo, conjunto. Por otra parte, los soldados no eran
profesionales, sino campesinos que dejaban momentáneamente sus tierras cuando se necesitaba combatir en las cercanías.
Sin embargo, el largo asedio de Veyes obligó a muchos soldados a permanecer lejos de sus tierras durante un periodo de
tiempo indefinido, lo que llevó a instituir una paga, de forma que algunos ciudadanos pasaron a dedicarse exclusivamente
a la milicia. Esto les daba más tiempo para ser entrenados con técnicas más sofisticadas que el mero atacar cuando se les
daba la señal.

Durante las guerras contra el Samnio, la legión se especializó. Se dividió en un grupo de unos 3.000 hombres pesadamente
armados, unos 1.000 ligeramente armados para maniobras más rápidas y unos 300 jinetes para maniobras aún más rápidas.
Se formaron grupos de 10 hombres, llamados decurias, bajo la responsabilidad de un decurión, y 10 decurias formaban
una centuria, bajo las órdenes de un centurión. En la batalla, la legión se ordenaba en tres líneas, todas las cuales llevaban
espadas pesadas y cortas, las dos primeras llevaban también jabalinas y dardos, mientras que la tercera llevaba las espadas
largas. Las dos primeras líneas se dividían en manípulos (algo así como puñados) que se colocaban dejando espacios
entre ellos, de modo que las dos primeras líneas formaban una especie de tablero de ajedrez. Esto permitía una serie de
maniobras adaptadas a cada situación concreta: la primera línea podía atacar, lanzar sus jabalinas y retirarse cuando
estuviera agotada, mientras que la segunda línea podía adelantarse entonces por los huecos de la primera sin que los que
retrocedían entorpecieran a los que avanzaban. La caballería podía reforzar rápidamente los puntos más débiles, etc.

Por otra parte, en 312 fue elegido censor el patricio Apio Claudio. Fue conocido como Apio Claudio el Censor hasta que
se quedó ciego, y entonces se le llamó Apio Claudio el Ciego. Ese mismo año ordenó la construcción de un camino que
uniría Roma con Capua, en la Campania, a una distancia de unos 212 kilómetros. Fue conocido como la Vía Apia. Fue el
primero de los muchos caminos que construirían los romanos. Su objetivo era, naturalmente, permitir a los ejércitos
desplazarse con rapidez a donde fueran requeridos. Otra innovación debida a Apio Claudio fue que extendió la ciudadanía
romana a los individuos que no tenían tierras, lo que indica que en Roma estaba surgiendo una clase media de mercaderes
y artesanos. También estudió gramática, escribió poesía y fue el primer romano que puso por escrito sus discursos. Apio
Claudio es considerado el padre de la prosa latina y con él se pone de manifiesto que la cultura romana estaba sufriendo
también profundos cambios.
Ese mismo año, las ciudades etruscas, que hasta entonces habían respetado y renovado antiguos acuerdos de paz con
Roma, decidieron que los problemas de Roma en el sur les permitirían mejorar su situación en el norte, así que le
declararon la guerra. Roma no se amilanó. Dejó a Papirio Cursor en el sur y envió tropas al norte al mando de Quinto
Fabio Máximo Ruliano (el cuarto nombre indica que fue adoptado de la familia Rulia). Anteriormente, Fabio había
derrotado a un ejército samnita contraviniendo unas órdenes del dictador Papirio Cursor. Éste se mostró indignado, pues
para él una victoria no excusaba la desobediencia. Tal vez estaba dispuesto a ejecutar a Fabio, pero se encontró con la
oposición tajante de los soldados y tuvo que ceder para evitar una rebelión.

En 311 los enemigos de Agatocles decidieron pedir ayuda a Cartago, que envió gustosa una fuerza expedicionaria al
mando de un nuevo Amílcar, que fue aproximándose lentamente a Siracusa, victoria tras victoria.

En 310 Casandro se decidió a ejecutar a la mujer y al hijo de Alejandro Magno, a los que tenía encarcelados. De este
modo, el único descendiente de la casa real era Tesalónica, la hermanastra de Alejandro, con la cual se casó. Además
reconstruyó una ciudad en la Calcídica y le puso el nombre de Tesalónica (la actual Salónica) en honor a su esposa.

Amílcar había llegado a sitiar la misma Siracusa. La situación de Agatocles era comprometida, pues se había excedido
en las matanzas de oligarcas y ahora no encontraba apoyo en ninguna parte. La desesperación le llevó a un plan audaz.
Dejó en la ciudad una pequeña fuerza y embarcó con el resto de sus hombres. Aprovechó que una parte de la flota
cartaginesa rompió un instante el cerco para abordar unos barcos que traían provisiones, y entonces Agatocles zarpó a
toda velocidad hacia el agujero. Cuando los cartagineses se dieron cuenta y cambiaron de rumbo, ya había escapado (más
aún, las provisiones pudieron entonces llegar a Siracusa). Desembarcó cerca de Cartago y, como sus tropas eran
demasiado escasas para llevar parte consigo y dejar parte custodiando la flota, tuvo otro golpe de audacia: hizo quemar
sus naves, de modo que la única posibilidad que tenían sus hombres de volver sanos y salvos era vencer. Luego acampó
en las afueras de Cartago.

Los cartagineses supusieron que el ejército de Amílcar había sido aniquilado, pues de otro modo Agatocles no habría
podido llegar hasta allí. Enviaron mensajeros para enterarse de lo ocurrido y ordenar el regreso de los posibles
supervivientes. Mientras tanto atacaron a Agatocles con un improvisado ejército que fue fácilmente desarticulado, pero
entre tanto la ciudad se pudo preparar para un asedio. Amílcar recibió la orden de regresar, pero no quiso hacerlo antes
de tomar Siracusa, esto le hizo precipitarse, fue derrotado y murió. Las tropas cartaginesas regresaron finalmente a su
ciudad, pero Agatocles había tenido tiempo de construirse nuevos barcos y regresar a Siracusa, que le recibió como un
héroe.

Este mismo año abrió una escuela en Atenas Zenón de Citio. Había estudiado con filósofos cínicos, pero elaboró una
filosofía mucho más refinada. Enseñó que el hombre debía estar por encima de las emociones, debe evitar la alegría y el
dolor, y de este modo hacerse dueño de la fortuna, tanto si es buena como si es mala. Su objetivo ha de ser la virtud y el
cumplimiento del deber. El mayor poder, afirmaba, es el poder sobre uno mismo. Su escuela tenía un pórtico adornado
con pinturas, por lo que los griegos la llamaban la Stoa Poikile (el pórtico pintado). Por ello, Zenón y sus seguidores son
conocidos como estoicos, y su filosofía como estoicismo.

En 309 Seleuco se anexionó Bactriana, la región más oriental del antiguo Imperio Persa y trató de extender su dominio
más al este, lo que le enfrentó al rey indio Chandragupta. Lisímaco fundó la ciudad de Lisimaquia en Tracia y la convirtió
en su capital. Ese año Ptolomeo I nombró gobernador de Cirene a Magas, que se acababa de casar con una hija del rey.

En 308 Fabio logró la rendición de Etruria tras una serie de exitosas campañas, mientras la guerra contra los samnitas
continuaba en el sur. En 307 los cartagineses se vieron obligados a firmar un tratado de paz con el que reconocieron el
dominio de Agatocles sobre la mayor parte de Sicilia. Entre tanto la flota de Demetrio tomaba Atenas y en 306 derrotó a
la flota de Ptolomeo frente a Chipre. Definitivamente, Demetrio se había adueñado del mar. Tras esta victoria, Antígono
decidió que no podía esperar más. Tenía ya setenta y cinco años y las posibilidades de verse con todo el imperio de
Alejandro bajo su dominio eran cada vez menores. Por ello decidió nombrarse rey de Asia Menor, y los otros diádocos
se apresuraron a seguir su ejemplo. Con esto se reconocía finalmente el desmembramiento del imperio.

Ptolomeo pasó a ser Ptolomeo I, el primer rey de la XXXI dinastía, conocida también como dinastía Ptolemaica, porque
todos sus sucesores se llamarían también Ptolomeo. Estableció su capital en Alejandría, que se convirtió en un reducto
de la cultura griega en Egipto. En efecto, los Ptolomeos respetaron totalmente las costumbres egipcias y reverenciaron a
sus dioses, al menos formalmente, y permitieron que todo el país fuera gobernado según las tradiciones por gobernantes
nativos. En cambio, Alejandría fue a todos los efectos una ciudad griega que los egipcios no consideraban parte de su
país. El resultado fue una simbiosis perfecta, de tal modo que los egipcios nunca se rebelaron contra el dominio de los
Ptolomeos, al contrario de lo que había sucedido con los hicsos, los asirios o los persas. Ptolomeo I fue el primer monarca
egipcio que acuñó moneda, lo que dio un gran impulso a la economía del país.

Por su parte, Seleuco se convirtió en Seleuco I, el primer monarca del Imperio Seléucida, que no solo comprendía
Mesopotamia, sino también todos los territorios orientales del imperio de Alejandro. Seleuco I trató de potenciar la
decadente cultura mesopotámica, en detrimento de la cultura irania, e incluso trató de protegerla de la influencia griega.
Desalentó el zoroastrismo y potenció el culto babilónico y la lengua aramea. Parece que decidió dar continuidad al
proyecto de Alejandro de unir a griegos y asiáticos en una cultura común. Fue el único diádoco que conservó a la mujer
asiática que le había impuesto Alejandro. Su intención fue que Babilonia conservara su propia cultura al tiempo
que Seleucia, una nueva ciudad que había mandado construir a 55 kilómetros de Babilonia, fuera como la Alejandría de
Egipto. Sin embargo, la cultura griega arrasó a la antigua cultura de los sumerios. El griego y su alfabeto desplazaron a
las tablillas y la escritura cuneiforme y paulatinamente Babilonia dejó de tener la más mínima relevancia.

Lisímaco se proclamó igualmente rey de Tracia. También Agatocles, en Sicilia, siguió el ejemplo de los diádocos y se
proclamó rey. El siguiente paso de Demetrio tras su victoria en Chipre fue asediar la isla de Rodas, que era aliada de
Ptolomeo I.

En 306 llegó a Atenas un hombre nacido en Samos, si bien sus padres eran atenienses. Se llamaba Epicuro, y enseñó una
versión moderada de la filosofía del placer de Aristipo. Epicuro afirmaba, en efecto, que el placer era el bien principal,
pero añadía que éste sólo podía obtenerse a partir de una vida moderada y virtuosa.

En 305 Seleuco I fue definitivamente derrotado por Chandragupta en la India y firmó un tratado de paz, tras el cual la
India empezó a recibir la cultura occidental a través de sus relaciones con el imperio Seléucida.

Mientras tanto Papirio Cursor lograba expulsar definitivamente a los samnitas de Campania e invadía el mismo Samnio.
Los samnitas se vieron amenazados y no tardaron en pedir la paz. Ésta se firmó en 304, de modo que se reconoció la
soberanía romana sobre Campania, pero el Samnio conservó su independencia. Ese año Demetrio decidió levantar el sitio
de Rodas. Había empleado máquinas aparatosas, pero los rodios lograron resistir. El sitio de Demetrio se hizo tan famoso
que desde entonces fue conocido como Demetrio Poliorcetes (el sitiador). Los rodios, por su parte, decidieron emplear
las máquinas abandonadas por los sitiadores para construir una gran estatua en conmemoración de su victoria. Se trataba
de un proyecto muy ambicioso que tardaría más de una década en completarse.

Tras abandonar Rodas, Demetrio volvió a Atenas, que estaba siendo asediada por Casandro. Demetrio liberó a Atenas y
se hizo con el control de la mayor parte de Grecia. En 302 fue elegido general en jefe de las ciudades griegas, como lo
fueron Filipo II y Alejandro Magno. Pero Casandro envió tropas a Asia Menor para enfrentarse con Antígono. Demetrio
tuvo que volver a Asia para ayudar a su padre, lo que permitió que Casandro retomara Grecia. Finalmente, en 301 todos
los demás diádocos se unieron contra Antígono y Demetrio en una batalla que se libró en Ipso, en el centro de Asia
Menor. En la batalla participaron unos 300 elefantes entre ambos bandos. Antígono fue finalmente derrotado. Se cuenta
que murió gritando "Demetrio me salvará", pero Demetrio tuvo que huir. Lisímaco extendió su reino anexionando a
Tracia los territorios de Antígono en Asia Menor. Seleuco I reprochó a Ptolomeo I que apenas se había implicado en la
batalla de Ipso, y tomó esto como excusa para reclamar Siria. Por otra parte, un persa descendiente de una familia de
sátrapas aprovechó la confusión tras la batalla de Ipso para erigirse en rey de una región de Asia Menor, la correspondiente
a la costa nororiental, conocida como El Ponto (el mar, en griego). El nuevo rey adoptó el nombre de Mitrídates I.

Por esta época abdicó el rey Chandragupta y se hizo discípulo del santo jainista Bhadrabahu. Fue sucedido
por Bindusara, al que los griegos llamaron Amitrajates (Asesino de enemigos).

L ASCENSO DE ROMA
A principios del siglo III los griegos dominaban la mayor parte del mundo civilizado. Las ciudades de la propia Grecia
se habían reducido a una sombra de lo que fueron, pero los restos del imperio conquistado por Alejandro Magno estaban
gobernados por griegos, lo que hacía que a cualquier griego de cualquier condición social le fuera muy fácil encontrar un
trabajo, montar un negocio, viajar, estudiar o establecerse en cualquier parte. Los historiadores distinguen entre el Periodo
Helénico, en el que la preponderancia política la tenían las ciudades de la Grecia continental y el Periodo Helenístico, que
tradicionalmente se acepta que empezó tras la muerte de Alejandro. El mundo helenístico estaba dividido en cuatro partes:
la primera comprendía Grecia, Épiro y Macedonia, gobernadas por Casandro, la segunda incluía Egipto y Canaán,
gobernados por Ptolomeo I, la tercera, bajo el gobierno de Lisímaco, contenía a Tracia y Asia Menor, excepto el reino
del Ponto, al norte, que se acababa de independizar, y la cuarta era el Impero Seléucida, bajo el poder de Seleuco I, que
comprendía Siria y toda la parte asiática del imperio de Alejandro. Aparte estaba Demetrio, que se había quedado sin
territorio, pero todavía conservaba su flota. Por otra parte, también Sicilia era griega casi en su totalidad (gobernada por
Agatocles) y por último había colonias griegas en el sur de Italia.

Seleuco I celebró la reciente anexión de Siria a su Imperio construyendo en 300 una ciudad en la región, a unos 15
kilómetros del mar. La llamó Antioquía, en honor a su padre, que se llamaba Antíoco, y la convirtió en la capital de su
imperio.

Pero la ciudad más importante del siglo iba a ser, sin duda, Alejandría. Ptolomeo I mandó construir una gran biblioteca.
Contrató a un erudito ateniense para que supervisase la organización. Sus primeros ejemplares fueron nada menos que
los que habían constituido la biblioteca de Aristóteles, pero pronto fueron incorporándose nuevos volúmenes. Junto a la
biblioteca había un templo dedicado a las musas, era el Museo, donde los sabios podían vivir y trabajar tranquilamente,
con un sueldo del estado. Se dice que en su apogeo el Museo llegó a acoger a 14.000 estudiantes.

Por otra parte, Ptolomeo I estimuló la emigración de judíos a Alejandría. Parece ser que estaba interesado por su cultura
y su religión. Al menos, la conocía lo suficiente como para haber atacado Jerusalén en sábado. Además de un
enriquecimiento cultural, tal vez el rey pensó que una presencia judía en la capital le daría un ambiente cosmopolita que
atenuaría las fricciones entre griegos y egipcios. Hasta cierto punto fue así, pues en la capital convivieron en relativa paz
las tres culturas, pero lo cierto es que cada parte despreciaba a las otras dos: para los egipcios, los demás eran extranjeros
y no querían saber nada de ellos; para los judíos, ellos eran los únicos que conocían al verdadero dios y abominaban las
costumbres heréticas de griegos y egipcios; los griegos, por su parte, se consideraban los amos del mundo y tenían a su
cultura por infinitamente superior.
Roma había estado afianzando su posición en Italia. Se anexionó un territorio etrusco al norte del Samnio, con lo que
llegó por primera vez al Adriático. Fundó ciudades en los Apeninos que le serían de gran ayuda en una hipotética guerra
contra los samnitas. La expansión romana inquietaba tanto a los samnitas, como a los etruscos y a los galos del norte de
la península, lo que les llevó a aliarse contra su enemigo común. Así, cuando en 298 unas tribus lucanas enviaron una
embajada a Roma para quejarse de que los samnitas les estaban hostigando, Roma no dudó en iniciar la Tercera Guerra
Samnita, e invadió el Samnio, pero los samnitas no opusieron resistencia, sino que su ejército se abrió paso hacia el norte,
para unirse a los etruscos y los galos.

Ese mismo año murió Casandro y sólo dejó dos hijos pequeños, el mayor de los cuales se convirtió en Filipo
IV. En 295 Demetrio puso sitio a Atenas y nuevamente la tomó. Desde allí conquistó Grecia y luego entró en Macedonia,
donde hizo asesinar a Filipo IV. A continuación descendió sobre el Peloponeso y se dirigió a Esparta. Una vez más, los
espartanos se negaron a rendirse y Demetrio tuvo que dejar la ciudad a causa de problemas surgidos en otras partes. El
caso es que, milagrosamente, una Esparta inerme se había salvado sucesivamente de la ocupación por Epaminondas,
Filipo II, Alejandro, Antípatro, y ahora Demetrio. Ese mismo año murió el rey de Épiro, y el trono pasó a su
hermano Pirro. Era uno de los mejores generales de la época. De hecho, la guerra era su mayor, tal vez única, afición. A
los diecisiete años había participado en la batalla de Ipso, del lado de Demetrio, y desde entonces había estado
combatiendo aquí y allá.

Roma envió al norte a Fabio Máximo, el que años atrás había derrotado a los etruscos, sólo que esta vez tenía que
enfrentarse a etruscos, galos y samnitas juntos. Se libró una batalla cerca de Sentinum, a unos 180 kilómetros al norte de
Roma. Los galos y los samnitas resistieron, pero los etruscos se dispersaron en cuanto Roma envió un destacamento a
saquear Etruria. El segundo cónsul, junto a Fabio, era Publio Decio Mus, hijo del cónsul que se había inmolado en la
guerra latina. El hijo decidió hacer lo mismo que su padre y, tras los rituales apropiados, se lanzó él solo contra los
enemigos para morir y ganar el favor de los dioses. Nuevamente, los dioses se sintieron complacidos, pues los galos
fueron barridos y los restos del ejército samnita se retiraron con enormes bajas. Así los romanos se libraron del temor que
les inspiraban los galos desde que Brenno entrara en Roma. Por esta época la vía Apia fue empedrada con grandes bloques
de piedra. En lo sucesivo, los caminos romanos serían empedrados de esta forma y durarían más de mil años.
En 294 Etruria hizo una paz separada con Roma y sólo el Samnio siguió combatiendo.
Por estas fechas Tarento volvió a solicitar ayuda externa para enfrentarse a sus vecinos italianos del norte. La última vez
había apelado a Alejandro de Épiro, ésta llamó a Agatocles. Roma estaba demasiado ocupada contra los samnitas para
prestar atención al asunto, pero al final quedó en nada, pues, al igual que le había sucedido a Alejandro de Épiro, Agatocles
se encontró con que los tarentinos no deseaban que se perturbara excesivamente su cómoda vida, así que, viendo que no
podía hacer nada serio en Italia, decidió volverse a Siracusa.

Los samnitas se rindieron finalmente en 290, pero Roma no se vio en condiciones de exigir demasiado. La paz fue casi
una alianza entre partes iguales. La única condición favorable a Roma fue que el Samnio renunciaba a combatir
independientemente. Sus soldados sólo podrían luchar bajo la dirección romana. No obstante, el Samnio conservaba su
independencia. En 289 murió Agatocles y Sicilia cayó en un periodo de anarquía y desorden. Esto se debió a que
Agatocles había llevado a la isla un grupo de mercenarios italianos llamados Mamertinos (hijos de Marte) que formaban
una especie de guardia de corps. Muerto su jefe, decidieron cobrar su salario saqueando una ciudad tras otra.

En 288 Lisímaco invadió Macedonia, hizo prisionero a Demetrio y se alió con Ptolomeo I, casándose con su
hija Arsinoe. En 287 muró Teofrasto, y la dirección del Liceo pasó a Estratón, de Lampsaco, quien realizó interesantes
experimentos de física y tuvo ideas acertadas sobre el vacío, la caída de los cuerpos y las palancas. En 286 Pirro, el rey
de Épiro, decidió invadir Macedonia, con lo que el reino cayó en un estado de confusión. Pirro fue expulsado a los siete
meses, pero la confusión continuó.

En 285 Ptolomeo I tenía ya ochenta y dos años, y decidió abdicar. El rey tenía varios hijos de varias mujeres. El
primogénito era hijo de su primera esposa, Eurídice, y se llamaba también Ptolomeo. Era conocido como Ptolomeo
Ceraunos (el rayo) para distinguirlo de su hermanastro, llamado también Ptolomeo, hijo de su segunda
esposa, Berenice. Ésta había convencido a su marido de que su hijo estaba más capacitado para gobernar Egipto, así que
unos años antes había exiliado a Ceraunos y desde entonces había compartido las tareas de gobierno con el segundo
Ptolomeo, que ahora se hizo cargo del trono definitivamente como Ptolomeo II. Éste se casó con una hija de Lisímaco,
que se llamaba Arsinoe, como su madrastra.
En 284 Arsinoe convenció a su marido, Lisímaco, de que su hijo Agatocles pretendía asesinarle para usurpar el trono,
por lo que Lisímaco lo hizo matar. Esto provocó una sublevación en Asia Menor. Además, la mujer de
Agatocles, Lisandra, huyó a la corte de Seleuco I, y lo persuadió para que se enfrentara a Lisímaco. Ptolomeo I murió
en 283, el mismo año que Demetrio moría en su cautiverio. Mientras tanto, Ptolomeo Ceraunos acabó en la corte de
Seleuco I, que probablemente vio en él una posibilidad de hacerse con Egipto.

En 282 una ciudad griega del sur de Italia, Thurii, pidió ayuda a Roma contra las tribus italianas de Lucania. Roma se
ofreció inmediatamente y envió un destacamento a Thurii. No era la primera ciudad griega que acudía a Roma, ya Nápoles
había firmado un tratado con ella tiempo atrás, pero Tarento se escandalizó de ver a unos bárbaros en territorio griego,
así que cuando sus barcos se encontraron con unas pequeñas naves romanas que iban hacia Thurii, las hundieron y mataron
a su almirante. Acrecentados por su éxito, enviaron un ejército a Thurii y expulsaron a los romanos.

Por aquel entonces, Roma estaba ocupada en el norte, consolidando los territorios de Etruria y la Galia Cisalpina, así que
no quería problemas en el sur, y mandó una embajada a Tarento para concertar una tregua y pedir la devolución de Thurii.
Los tarentinos se burlaron de la forma en que los romanos hablaban el griego y, cuando uno de los delegados abandonaba
la reunión, alguien de entre la multitud se meó deliberadamente en su toga entre las risas de los presentes. El embajador
anunció montado en cólera que la mancha sería lavada con sangre. Volvió a Roma y mostró la toga al senado.
En 281 Roma declaró la guerra a Tarento. Los tarentinos no tardaron en comprender que se habían metido en un buen lío
y que necesitaban ayuda. Roma dominaba completamente el Lacio, la Campania y Etruria, tenía sometido al Samnio,
atemorizados a los galos y mantenía alianzas con los pueblos de Lucania y Apulia y algunas ciudades griegas. En suma,
era la mayor potencia de Italia con diferencia.

Finalmente, los tarentinos encontraron la persona que estaban buscando: era Pirro, el rey de Épiro. Tras su aventura
macedónica, llevaba varios años sumido en una paz que le hastiaba, así que aceptó encantado la petición de auxilio de los
tarentinos y empezó a preparar una expedición.

Ese mismo año Seleuco I venció finalmente a Lisímaco junto a la ciudad de Corupedion, en el interior de Asia Menor.
Lisímaco murió en la batalla, con lo que Seleuco I fue el último diádoco que quedó con vida. Con la ayuda de Ptolomeo
Cerauno conquistó Macedonia. Arsinoe, la viuda de Lisímaco, se casó con su hermanastro Ptolomeo Cerauno. Seleuco I
quiso viajar a Macedonia para tomar posesión del nuevo territorio, pero allí Ptolomeo Cerauno lo apuñaló, lo que le
permitió apropiarse de Macedonia. El Imperio Seléucida lo heredó el hijo de Seleuco I, Antíoco I.

El cambio de rey fue aprovechado por Filetero, un gobernador local de Asia Menor, para independizar su territorio y
erigirse en monarca del reino de Pérgamo, llamado así por la fortaleza del mismo nombre que pasó a ser su capital,
situada a unos 30 kilómetros de la costa mediterránea, hacia el norte, frente a la isla de Lesbos. Filetero había estado al
servicio de Antígono, Lisímaco y Seleuco, pero se había apropiado de un tesoro que le había confiado Lisímaco con el
que consolidó su poder en la región. En realidad Filetero nunca ostentó el título de rey, sino que fue después de su muerte
cuando fue considerado como tal. El caso es que el territorio dejó de formar parte del Imperio Seléucida.

PIRRO
Bajo Ptolomeo II, Egipto siguió floreciendo. El nuevo rey se preocupó aún más que su padre por la economía egipcia. El
sistema de canales se hizo mucho más eficaz. Puso de nuevo en funcionamiento el canal que unía el Nilo con el mar Rojo,
exploró el Alto Nilo, fundó ciudades en ambas orillas del mar Rojo para proteger el comercio, modificó la política sobre
el lago Moeris: en lugar de mantener alto el nivel del agua, lo drenó parcialmente y dispuso una amplia red de canales
para regar el suelo que había quedado al descubierto. La población de la zona aumentó, al igual que las ciudades. Para
proteger el comercio por el Mediterráneo mandó construir una alta torre en el puerto de Alejandría, en la isla
de Faros: tenía una base cuadrada de unos 25 metros de lado y su altura debía de ser de más de 150 metros (algunos dicen
que 250). Estaba coronada por una estatua del dios Poseidón, y en su cúspide se mantenía encendida una gran hoguera
que por la noche se veía desde lejos y orientaba a los barcos. Otra obra monumental en la ciudad fue un mausoleo para
Alejandro Magno, cuyos restos fueron trasladados desde Menfis.

También continuó la política de mecenazgo de su padre. Persuadió a un sacerdote llamado Manetón para que escribiera
una historia de Egipto en griego. Por desgracia la obra no se conserva, pero las referencias a ella por parte de otros autores
son una de las mejores fuentes que tenemos de la historia del país.
La biblioteca de Alejandría siguió creciendo. Entre los numerosos científicos que acogió estaba Euclides, del que no
sabemos gran cosa, salvo que vivió en el siglo III, pero escribió un tratado en el que exponía la aritmética y la geometría
griegas de forma sistemática y siguiendo un método axiomático que ha sido considerado perfecto durante miles de años,
y hasta hace poco seguía usándose como libro de texto fundamental.

Otra figura ilustre de la época fue Aristarco de Samos, que midió la distancia relativa de la Tierra a la Luna y al Sol. Su
teoría era correcta, pero, como no disponía de instrumentos de medida adecuados, concluyó que el Sol está veinte veces
más lejos que la Luna (cuando en realidad está 400 veces más lejos). De aquí llegó a la conclusión de que el Sol tiene un
diámetro siete veces mayor que el de la Tierra (en realidad es 100 veces mayor). Lo importante es que a partir de estos
datos Aristarco consideró poco creíble que el Sol gire alrededor de la Tierra, y pensó que era más razonable suponer que
la Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol. Desgraciadamente, las ideas de Aristarco no fueron compartidas
por sus contemporáneos y fueron olvidadas.

En 280 Rodas terminó la construcción de la estatua con la que se propuso conmemorar su resistencia al sitio de Demetrio
años atrás. Se trataba de una imagen del dios del Sol, que al parecer era el que les había salvado. Pasó a ser conocida
como el coloso de Rodas, pues medía unos 35 metros de alto y estaba situada en el puerto, de modo que podía verse desde
lejos.

Pero el acontecimiento más interesante que estaba a punto de tener lugar era el enfrentamiento entre los dos ejércitos
más sofisticados del mundo: la legión romana y la falange macedónica. Ese mismo año Pirro desembarcó en Italia
con 25.000 soldados y 20 elefantes en auxilio de Tarento. Al contrario que Alejandro de Épiro y Agatocles, Pirro supo
manejar a los tarentinos. Cerró los teatros y otras sociedades de ocio y empezó a entrenar a los ciudadanos. Envió a Épiro
a los que más protestaron y eso acalló a los restantes. Ese mismo año se dispuso a enfrentarse a los romanos. Preparó el
terreno para la falange cerca de la ciudad de Heraclea, a mitad de camino entre Tarento y Thurii.

Los romanos atacaron, pero cuando Pirro lanzó contra ellos a los elefantes tuvieron que retirarse. Los romanos habían
quedado desconcertados, por no decir aterrorizados, frente a unos animales que nunca habían visto. Los llamaron "bueyes
lucanos". Sin embargo, Pirro paseó por el campo de batalla y observó que todos los muertos tenían las heridas delante.
Todos habían muerto peleando. No se retiraron hasta que no recibieron la orden de hacerlo y, aún así, supieron hacerlo
en buen orden, sin dejarse llevar por el pánico.

Los samnitas recibieron con júbilo las noticias de la derrota romana, e inmediatamente se unieron a Pirro. Sin embargo,
Pirro no veía las cosas tan claras. Envió a Roma a un orador griego, Cineas, para concertar una paz razonable. Cineas
habló ante el Senado, y su discurso estuvo a punto de convencer a los senadores, pero entonces apareció Apio Claudio
Caecus, el viejo censor ciego, tan débil que tuvieron que llevarlo hasta el senado, pero habló muy claramente: nada de
paz mientras un solo soldado extranjero permaneciera en Italia. Claudio infundía un gran respeto, y el senado aceptó
inmediatamente su posición. Cineas tuvo que marcharse y Pirro tuvo que combatir. Marchó hacia la Campania, tomando
ciudad tras ciudad, y llegó a 40 kilómetros de Roma, pero no pudo conmover la lealtad de las ciudades latinas, así que
tuvo que volver a Tarento para pasar el invierno.

Durante el invierno, Roma envió una embajada para negociar la liberación de unos prisioneros romanos. A la cabeza
estaba Cayo Fabricio, que había sido cónsul dos años antes. Pirro recibió a Fabricio con grandes honores y trató de
convencerlo para que abogara por la paz ante el Senado. Le ofreció sumas de dinero cada vez mayores, pero Fabricio las
rechazó todas. Se cuenta incluso que hizo llevar un elefante a su espalda y le hicieron bramar, pero a Fabricio no se le
movió un músculo. Impresionado, Pirro decidió liberar a los rehenes sin rescate alguno (esto lo cuentan los romanos, así
que puede que no sea cierto).

También cuentan que el verano siguiente el médico de Pirro acudió secretamente al campamento romano y propuso
envenenar a Pirro a cambio de un dinero, pero Fabricio lo hizo apresar y se lo entregó a Pirro.

En 279 Pirro se enfrentó nuevamente a los romanos. Eligió un terreno llano junto a la ciudad de Ausculum, a unos 160
kilómetros al norte de Tarento. Uno de los cónsules era entonces Publio Decio Mus, hijo y nieto de los que se inmolaron
para derrotar a los latinos y a los galos, respectivamente. También éste decidió hacer lo mismo, pero esta vez los dioses
ya debían de estar cansados del número, porque los romanos no supieron vencer a la falange, y cuando Pirro lanzó a sus
elefantes tuvieron que retirarse una vez más.
Sin embargo, el ejército de Pirro sufrió muchas bajas, especialmente entre los hombres que había traído consigo. Esto era
grave, pues no podía confiar plenamente en los tarentinos, ni mucho menos en los italianos. Su ejército estaba tan
mermado que cuando los romanos se retiraron optó por no perseguirlos. Cuando alguien le felicitó por la victoria dijo:
"Otra victoria como ésta y volveré a Épiro sin un solo hombre". Desde entonces se usa la expresión "victoria pírrica", para
referirse a una victoria a un coste que no compensa.

Pirro no podía esperar refuerzos de su país, pues mientras tanto una horda de galos había descendido sobre Macedonia y
Épiro. Ptolomeo Ceraunos murió tratando de defender Macedonia y durante unos pocos años el país no tuvo gobernante.
Cada ciudad se las arreglaba como podía para defenderse de los pillajes galos. De hecho, Pirro hubiera hecho bien en
volver a Épiro a defender su país, pero no quiso dejar a medias lo que había empezado.

Tras la muerte de Ptolomeo Ceraunos, su viuda y hermanastra, Arsinoe, volvió a Egipto, donde se convirtió en la segunda
esposa de su hermano Ptolomeo II. Desde entonces fue conocida como Arsinoe Filadelfo (la que ama a su hermano). Tras
su muerte, también Ptolomeo II fue conocido como Ptolomeo II Filadelfo. Casarse con una hermana era tradición entre
los reyes de Egipto, y parece ser que Ptolomeo II quiso continuar esta tradición como un rasgo más de integración entre
las culturas griega y egipcia. Ahora Ptolomeo II estaba casado con dos mujeres llamadas Arsinoe. Se produjo una rivalidad
entre ambas y la primera (la hija de Lisímaco) terminó tomando parte de un complot, por lo que fue desterrada. Por su
parte, la otra Arsinoe dio nombre a varias ciudades y tras su muerte fue divinizada como Afrodita Zefiritis.

Siracusa pidió ayuda a Pirro. Por una parte estaba la antigua amenaza de Cartago, pero además por Sicilia seguían vagando
los mamertinos, los soldados que Agatocles había llevado de Italia y que ahora se dedicaban al pillaje. Pirro debió de ver
aquí una buena excusa para cambiar de aires durante un tiempo y partió hacia Sicilia. Allí libró una guerra de dos frentes:
acorraló a los cartagineses en Lilibeo, en el extremo occidental de la isla y a los mamertinos en Messana, en el extremo
septentrional.

En 278, los galos que habían invadido Macedonia avanzaron hacia el sur, a la misma Grecia. Atenas estuvo al frente de
la defensa griega una vez más. Esta vez a su lado no estaba Esparta, sino Etolia, la región situada al suroeste de la
península, que había tenido escasa importancia durante todo el periodo helénico, pero que ahora empezaba a tenerla.
Atenienses y Etolios esperaron a los galos en las Termópilas. Sucedió casi como la otra vez: los griegos resistieron
firmemente, hasta que unos traidores enseñaron a los extranjeros el paso por las montañas. Pero ahora los griegos estaban
al corriente de esta posibilidad y sus tropas pudieron ser evacuadas por mar. Los galos siguieron hacia el sur y se acercaron
a Delfos, donde a lo largo de los siglos se habían acumulado innumerables tesoros que ningún griego habría osado tocar.
De algún modo, los galos fueron derrotados. No se sabe muy bien lo que sucedió, pues los griegos atribuyeron la victoria
a la intervención divina. Es posible que al ver Delos amenazado todos se hubieran dispuesto a combatir a cualquier precio.
El caso es que los galos abandonaron Grecia, y pasaron a Tracia.

La región que comprende la costa noroeste de Asia Menor, al oeste del reino del Ponto y al norte del reino de Pérgamo,
se conocía como Bitinia. Esta región era prácticamente independiente en los últimos años del Imperio Persa, y Alejandro
nunca envió un ejército allí. Bajo Seleuco I, su gobernador, Zipetes, conservó dicha autonomía, aunque formalmente
Bitinia formaba parte del Imperio Seléucida. Hacía un año que Zipetes había muerto y había sido sucedido por su hijo
Nicomedes, que ahora decidió convertirse en Nicomedes I, rey de Bitinia. Su situación no era muy fuerte, no sólo por la
obvia oposición de Antíoco I, sino porque el trono tenía otros pretendientes. En busca de ayuda, invitó a una tribu gala
de las que estaban por Tracia a pasar a Asia Menor. Pero los galos, después de cumplir su cometido, resultaron
incontrolables: se dedicaron al pillaje como habían hecho en Grecia y se convirtieron en una pesadilla.

En 277 murió el más célebre poeta de la China antigua. Se llamaba Qu Yuan, y fue ministro del estado de Chu, pero fue
destituido por una calumnia y terminó arrojándose a un río. Su obra se conserva como una gran parte de la
antología Elegías del país de Chu, en la que destaca el poema Lisao (dolor de la lejanía).

Mientras tanto Roma selló una alianza con Cartago contra Pirro. Mientras Pirro estaba en Sicilia, los romanos habían
hecho grandes progresos en Italia, así que en 276 los tarentinos le pidieron que volviera. Así lo hizo y avanzó hacia el
noroeste. Mientras tanto, Macedonia lograba unirse bajo un nuevo rey. Era Antígono Gonatas (el patizambo), un hijo de
Demetrio Poliorcetes que había quedado en Macedonia tras su cautiverio. Había pasado un tiempo estudiando en Atenas
con Zenón, el estoico, pero luego volvió a su país para hacer frente a los galos. Finalmente logró hacerse con el trono.
Ese mismo año estalló una guerra entre Antíoco I y Ptolomeo II, es la Primera Guerra Siria, en la que se discutía la
frontera entre Siria (que formaba parte del imperio Seléucida) y Judea (que era egipcia). En esta época, las guerras entre
los reinos helenísticos eran más bien tácticas. Los dos bandos valoraban demasiado sus ejércitos como para ponerlos a
luchar. Se trataba de un juego de toma de posiciones más que otra cosa, y había poca sangre.

En 275 se produjo un nuevo encuentro entre la legión y la falange, pero esta vez los romanos ya contaban con ideas para
resolver el problema. Atacaron en un lugar montañoso, sin permitir que Pirro eligiera un llano como las veces anteriores.
Además, antes de atacar lanzaron flechas con cera ardiendo en las puntas contra los elefantes, que retrocedieron ante el
fuego y rompieron las líneas de Pirro. La falange no pudo constituirse adecuadamente y el ejército de Pirro fue totalmente
derrotado. Decidió regresar a Épiro y dejó que los griegos del sur de Italia se las arreglaran como pudieran contra
Roma. Mientras tanto, Magas de Cirene se casó con Apama, hija de Antíoco I, entabló una alianza con éste y obligó a
Ptolomeo II a reconocer la independencia de Cirene.

En 274 Pirro invadió Macedonia y expulsó a Antígono, pero éste no tardo mucho en recuperar el poder. Macedonia no
tenía la fuerza de antaño, pero Antígono se las arregló para conservar su independencia e incluso ejercer cierto dominio
sobre Grecia. También logró ciertas victorias frente a Egipto que le valieron el dominio del Egeo.

En 272 terminó la Primera Guerra Siria. El resultado fue que Ptolomeo II extendió su dominio sobre Fenicia y algunas
partes más de Asia Menor.

Los romanos tomaron Tarento y se aseguraron de destruir toda su capacidad bélica, pero respetaron su independencia.
Ahora todas las ciudades griegas del sur de Italia reconocían la autoridad de Roma, excepto Reggio, que ofreció resistencia
durante algún tiempo. Por su parte, Pirro recibió una petición de ayuda por parte de Cleónimo, un príncipe espartano que
trataba de acceder al trono. Inmediatamente invadió el Peloponeso y atacó a Esparta. No tuvo dificultad en abatir a su
ejército, pero una vez más Esparta se salvó porque Pirro tuvo que ir a Argos a atender otros asuntos. Allí murió, al parecer
porque una mujer le arrojó una teja desde lo alto mientras él pasaba por la calle. Fue sucedido por su hijo, que reinó
como Alejandro II.
En 270 los romanos tomaron Reggio, con lo que dominaban todo el sur de Italia. Tal vez Ptolomeo II fue el primer griego,
después de Pirro, que comprendió que Roma era una potencia respetable. Por eso, y pese a la lejanía, decidió firmar un
tratado de amistad con Roma.

Cuando Pirro dejó Sicilia, los siracusanos se ocuparon de mantener a Cartago en los límites que Pirro le había impuesto,
pero mientras tanto los mamertinos se recuperaron. Por aquel entonces, el mejor general que había en la isla era un
siracusano llamado Hierón, que había combatido a las órdenes de Pirro y ahora se enfrentaba nuevamente a los
mamertinos. Los derrotó y los confinó de nuevo en Messana. Los siracusanos lo hicieron rey, con lo que pasó a ser Hierón
II de Siracusa. Mientras tanto, los galos de Asia Menor formaron su propio estado, que se llamó Galacia y ocupaba la
parte central de Asia Menor, al sur de Bitinia.

LA PRIMERA GUERRA PÚNICA


De todo el mundo helenístico, Egipto seguía siendo la región más próspera. En 270 vio la luz un nuevo proyecto cultural
de Ptolomeo II. El monarca había heredado el interés de su padre por la cultura judía, y financió una traducción de la
Biblia al griego. Los textos bíblicos estaban escritos en hebreo, si bien la lengua de los judíos era desde hacía tiempo el
arameo. Ambas lenguas eran semíticas, por lo que a los judíos no les resultaba difícil manejar el hebreo como lengua
muerta de uso religioso. Por eso nunca se plantearon traducir la Biblia al arameo. Incluso la idea habría podido verse
como sacrílega, pues, obviamente, el hebreo era la lengua que hablaba Dios. Sin embargo, a un judío de habla griega el
hebreo le resultaba extraño, y así, en Alejandría estaba surgiendo una generación de judíos incapaces de leer la Biblia. La
traducción encargada por Ptolomeo II recibió el nombre de Biblia de los Setenta, porque según la tradición fueron setenta
sabios, entre judíos y griegos, los que la tradujeron. La tradición dice también que los setenta sabios tradujeron
independientemente la totalidad del texto, y que al final comprobaron que las versiones eran idénticas. Evidentemente
esto se dijo para que los judíos lo interpretaran como un milagro con el que el mismo Dios sancionaba la traducción.

Más adelante, la Biblia de los Setenta sería la única versión de los textos sagrados judíos de que dispondrían los cristianos,
así que la traducción tuvo mucha influencia. Sucedió que, pese al milagroso acuerdo entre los sabios, la traducción no era
muy buena. Hubo un error de traducción que influyó particularmente en el pensamiento judeocristiano posterior. En el
libro de Isaías, hay un pasaje en que éste advierte al rey Ajaz que Israel y Siria iban a ser destruidas por Asiria. El pasaje
empieza diciendo: "Una joven grávida dará a luz un hijo y lo llamará Emmanuel". Posteriormente, este pasaje (pese a
que no tenía nada que ver) fue reinterpretado como un anuncio de la llegada del Mesías. El caso es que los setenta
tradujeron la palabra hebrea "almah" (joven) por "parthenos", que es la forma en que los griegos se referían habitualmente
a una joven, pero que literalmente significa "virgen". Puede pensarse que la traducción era a todas luces inapropiada,
hablando de una embarazada, pero la idea de vírgenes embarazadas era familiar en la antigüedad. Muchos personajes
insignes se consideraban descendientes de dioses a través de mujeres que no habían "conocido varón". El mismo
Alejandro tenía fama de ser hijo de Zeus, Rómulo y Remo eran hijos de la virgen Rea Silvia y del dios Marte, y hay
muchos casos más. De este modo, la traducción de los setenta introdujo un nuevo elemento en la profecía mesiánica: el
Mesías tenía que nacer de una virgen y, por consiguiente, sería literalmente hijo de Dios. Esto es más importante de lo
que pueda parecer, pues los judíos habían reconocido el Mesías en varios personajes históricos, para luego caer en la
cuenta de que se habían equivocado. Cuantos más detalles se conocieran a priori sobre el Mesías, más fácil resultaría
descartar falsos pretendientes. Ahora el listón se había puesto muy alto.
En 269 murió el rey indio Bindusara y subió al trono Asoka el Grande, el tercer rey de la dinastía Maurya, que gobernaba
sobre casi toda la India. En efecto, el relativamente pequeño reino de Magadha se había extendido notablemente desde
que el abuelo de Asoka ocupara el trono. Se conservan numerosas inscripciones en columnas y rocas donde explica los
principios de su autoridad, basada en la no violencia y en la adhesión a la Ley. Por esta época la India experimentó un
notable enriquecimiento artístico, principalmente en la escultura y la arquitectura. En el periodo precedente al reinado de
Asoka se deja ver la influencia persa, pero a continuación aparece un estilo propio. En China, Qin sufrió una derrota
frente a una coalición de los estados Zhao y Wei.

En 267 Ptolomeo II decidió poner a su hijo y heredero, llamado también Ptolomeo, al frente del gobierno de Canaán.

Roma estaba acabando de poner en orden la península italiana. Una vez dominado el sur de Italia, se volvió hacia los
samnitas, que habían apoyado a Pirro. No necesitó más de una campaña (a veces llamada la Cuarta Guerra Samnita) para
destruir todo lo que quedaba de la independencia samnita. Luego se volvió contra Etruria y en 265 fue tomada la última
ciudad etrusca independiente. Ahora únicamente los galos del norte y (nominalmente) algunas ciudades griegas del sur
escapaban al gobierno directo de Roma. Cada ciudad italiana estaba sujeta a Roma por un tratado cuyas condiciones eran
más o menos duras en función de la resistencia que la ciudad había ofrecido a la conquista.

Desde la creación de la República, la política romana había experimentado muchos cambios. Las tres tribus originales se
habían convertido en treinta y cinco. Además de la división en curias, se había establecido una nueva división
en centurias. El pueblo se reunía en tres tipos de asambleas llamadas comicios: los comicios tributos, los comicios
curiados y los comicios centuriados, donde cada unidad (tribu, curia o centuria), contaba como un voto
independientemente del número de miembros de que constara. Esto hizo que los comicios curiados se ocuparan sólo de
asuntos menores, mientras que eran los comicios centuriados los encargados de elegir los magistrados más importantes,
de votar las leyes y de dictar sentencias en apelación contra las penas de muerte dictadas por los magistrados contra los
ciudadanos. La razón era que los ciudadanos ricos tenían más votos en los comicios centuriados a pesar de su inferioridad
numérica. Estos ciudadanos ricos, de origen tanto patricio como plebeyo, constituían una nueva clase social,
la nobilitas, que, gracias a este ingenioso sistema electoral, se reservaba las magistraturas y privaba de todo poder político
a los más pobres. Los comicios tributos habían ganado importancia cuando los plebiscitos, que al principio sólo eran
válidos para la plebe, pasaron a ser considerados leyes con efecto sobre todos los ciudadanos. Además elegían a los
tribunos de la plebe (cuya autoridad se extendía también a todos los ciudadanos) y a los magistrados menores. La nobilitas
también dominaba los comicios tributos, pues se las arregló para dar más valor a los votos de las cuatro tribus urbanas
frente a las treinta y una rurales. De todos modos, el poder real lo ejercía el Senado, cuyos consejos (senatus
consultus) tenían fuerza de ley y eran respetados por todos los magistrados. Tenía a su cargo el tesoro público y la religión.
Mientras aparentemente era el pueblo quien gobernaba Roma a través de los magistrados, era el Senado el que ejercía el
poder real. Roma era una oligarquía.

Los mamertinos seguían dando guerra en Sicilia tanto a griegos como a cartagineses, así que, de forma excepcional, los
eternos enemigos decidieron unirse para aniquilarlos definitivamente.

En 264 Nicomedes I de Bitinia estrenó capital: la llamó Nicomedia. Había sido una antigua colonia de Megara destruida
por Lisímaco y que él se encargó de reconstruir.

Los griegos y cartagineses unidos arrinconaron en Messana a los mamertinos una vez más, pero ahora estaban dispuestos
a llegar hasta el final. Los mamertinos estaban en un serio aprieto, pero pensaron que, como eran italianos, podían pedir
ayuda a Italia, es decir, a Roma. Así lo hicieron y Roma aceptó inmediatamente la defensa de su causa. Envió a Sicilia un
ejército comandado por Apio Claudio Cáudex, (el zoquete), un hijo de Claudio Caecus. A pesar de su sobrenombre,
Claudio no tuvo dificultad en batir al ejército de Hierón II en 263. El rey comprendió perfectamente la situación y se
apresuró a firmar una paz separada con Roma. Sólo Cartago continuó la guerra, que se convirtió así en la Primera Guerra
Púnica, pues los romanos llamaban Poeni (fenicios) a los cartagineses.

Ese año murió Filetero, el gobernador de Pérgamo, y fue sucedido por su sobrino e hijo adoptivo, que más adelante fue
recordado como el rey Eumenes I de Pérgamo, si bien, al igual que su tío, nunca llevó el título real. Antíoco I trató de
recuperar el dominio de Pérgamo, pero Eumenes I le derrotó en 262, por lo que a menudo se considera que fue Eumenes
I quien logró la independencia del país frente al Imperio Seléucida (bajo Filetero fue independiente porque Antíoco no
tuvo tiempo de ocuparse de él).
Ese mismo año Roma obtuvo una gran victoria frente a Cartago en Agrigento, al sur de Sicilia. Sin embargo, tras duros
combates, Lilibeo parecía inexpugnable. El problema era que Cartago tenía la mejor flota del Mediterráneo y Roma no
tenía más que unos pocos barcos pequeños. Los romanos ni siquiera sabían construir barcos del tamaño y las prestaciones
de los cartagineses. Todas las victorias las habían obtenido en tierra, y enfrentarse a Cartago en el mar era una locura. Los
barcos romanos eran trirremes, esto es, tenían tres hileras de remos en cada lado, mientras que Cartago contaba con
quinquerremes (barcos mucho mayores, con cinco hileras de remos). Roma tuvo la suerte de que un quinquerreme
cartaginés naufragó y fue arrojado a la costa meridional de Italia. Los romanos lo estudiaron y, con ayuda de los griegos,
lograron construir un quinquerreme.

En 261 murió Antíoco I, y fue sucedido por su hijo Antíoco II. Al año siguiente, en 260, inició la Segunda Guerra
Siria contra Egipto. Por aquel entonces Roma contaba ya con una flota de quinquerremes y estaba dispuesta a enfrentarse
a Cartago en el mar. Es verdad que, además de los barcos, Cartago tenía siglos de experiencia naval, cosa que no es tan
fácil de obtener como una flota. Pero los romanos lo tenían previsto más o menos. Unas pocas naves romanas fueron
fácilmente capturadas por barcos cartagineses, pero poco después salió del puerto el grueso de la flota, al mando de Cayo
Duilio Nepote (el sobrino, para distinguirlo de un tío tocayo). Los barcos romanos maniobraron para situarse
paralelamente a los cartagineses. En principio esta no era una posición favorable, lo ideal (y lo difícil) era ponerse en
posición de embestir lateralmente a una nave enemiga, así que los cartagineses no se preocuparon en exceso, pero Duilio
había diseñado unos palos con garfios en la punta articulados para caer sobre los barcos enemigos y sujetarlos así para
permitir un abordaje. Así sucedió, los soldados romanos saltaron sobre las naves enemigas y libraron una batalla terrestre
sobre las cubiertas de los barcos. Los cartagineses, atónitos, no tuvieron nada que hacer. Catorce barcos fueron hundidos
y treinta y uno tomados. Pero Cartago contaba con muchos más barcos y Lilibeo continuaba intacta.

En 259 el hijo de Ptolomeo II, gobernador de Canaán, se rebeló contra su padre, pero fue asesinado por sus propios
soldados. Mientras tanto Qin logró una victoria definitiva frente a Zhao. Los 200.000 soldados que se rindieron fueron
pasados por las armas. En 256 el monarca Cheu reconoció al rey de Qin como rey de toda China.

Los romanos decidieron imitar a Agatocles y atacar a la propia (y aún indefensa) Cartago. La flota partió al mando del
cónsul Marco Atilio Régulo (el príncipe) bordeando Sicilia. Frente a la costa de Ecnomo, se encontró con una flota
cartaginesa y allí se libró una batalla naval aún mayor que la precedente, de la que Roma salió nuevamente vencedora.
Desde allí se encaminó a Cartago, donde Régulo desembarcó a sus hombres y no tuvo más que presentarse ante las
murallas de Cartago para que los aterrorizados cartagineses le pidieran la paz. Sin embargo, Régulo planteó condiciones
tan duras que Cartago optó por luchar. Casualmente estaba en Cartago un espartano llamado Jántipo. La grandeza militar
de Esparta había desaparecido hace ya tiempo, pero los espartanos seguían pensando como siempre. Jántipo habló
elocuentemente a los cartagineses y afirmó que no habían sido derrotados por los romanos, sino por la incompetencia de
sus generales. Los cartagineses le dieron el mando, Jántipo logró reunir y entrenar un ejército que contaba con 4.000
jinetes y 100 elefantes. En 255 condujo estas tropas contra los romanos que asediaban la ciudad, algo debilitados en
número porque parte de las tropas habían sido trasladadas a Sicilia. El caso es que Régulo fue tomado prisionero y su
ejército fue derrotado.

Ese mismo año terminó la Segunda Guerra Siria, y con ella Antíoco II recuperó parte del territorio que su padre había
perdido ante Ptolomeo II.

Cuando llegaron a Roma las noticias del desastre de Régulo, el Senado envió la flota a África. La flota derrotó a los barcos
cartagineses que trataron de impedirle el paso, pero la astucia con la que habían suplido su falta de experiencia naval para
derrotar a los cartagineses no les valió ante un enemigo mayor: los marineros experimentados sabían reconocer los signos
de tormenta y se apresuraban para resguardarse en el puerto más cercano. Los romanos carecían de la experiencia
necesaria, así que una tormenta les sorprendió en alta mar, la flota fue destruida y miles de soldados murieron ahogados.
Los cartagineses, al enterarse de esto, enviaron refuerzos, y hasta elefantes, a Sicilia. Pero Roma construyó una nueva
flota en tres meses. Zarpó hacia Sicilia y ayudó a tomar Panormo, pero nuevamente fue sorprendida por una tormenta que
la aniquiló, como a la flota precedente.

La Grecia continental dio síntomas de recuperación de su larga decadencia. Desde hacía décadas que estaba sometida al
yugo de Antígono Gonatas de Macedonia. No era un yugo muy opresivo, pues Macedonia tampoco tenía la fuerza de
antaño, pero, por ejemplo, unos años antes había ocupado Atenas y le había obligado a derruir los Largos Muros. Hacía
tiempo que las ciudades-estado se habían aliado en dos "ligas", la Liga Etolia, que reunía a varias ciudades al norte del
golfo de Corinto, y la Liga Aquea, que reunía a otras tantas del Peloponeso. Eran dos asociaciones locales de escasa
relevancia, pero en 251 un hombre llamado Arato se puso al frente de la liga Aquea y se dispuso a hacer de ella un
instrumento eficaz.

La Primera Guerra Púnica continuaba en Sicilia sin que ningún bando mostrara una clara ventaja. Cartago consideró
oportuno negociar una paz de compromiso. Envió una embajada a Roma en la que tomó parte Régulo, quien prometió
volver a Cartago si la embajada fracasaba. En la audiencia ante el Senado, para espanto de los cartagineses, Régulo dijo
que no merecía la pena salvar a prisioneros como él, que se habían rendido en lugar de morir en la batalla, y que la guerra
debía continuar hasta el fin. Régulo cumplió su palabra y volvió a Cartago, donde (según los romanos) fue torturado hasta
la muerte. La guerra continuó.

En 250 murió Magas, y con su muerte terminó la independencia de Cirene, que pasó a formar parte de Egipto
nuevamente.

AMÍLCAR BARCA
En 250, el reino de Qin continuaba el proceso de expansión iniciado años atrás que le había llevado a apoderarse de media
China y a derrocar a la monarquía Cheu. Por estas fechas se anexionó el pequeño territorio dominado por los Cheu, con
lo que la dinastía fue definitivamente destruida. El rey nombró canciller a un magnate comercial llamado Lu Buwei. Poco
después murió el monarca y Lu asumió la regencia del sucesor Cheng, menor de edad.

En la India tuvo lugar el Tercer Concilio Budista, en Pataliputra, por iniciativa del rey Asoka. Parece ser que Asoka se
convirtió al budismo. En cualquier caso, durante su reinado el budismo se expandió más allá de las fronteras de la India.
Según la tradición, Asoka envió misioneros a Bactriana (en el Imperio Seléucida), a Birmania y Ceilán. A pesar de esto,
los Maurya potenciaron igualmente las otras dos religiones indias: el jainismo y el hinduismo. Los fundamentos del
hinduismo están recogidos en los Vedas, antiquísimos textos transmitidos oralmente, considerados como
una revelación. A ellos se añadieron los textos correspondientes a la tradición, interpretación humana de la doctrina
revelada. Estos textos fueron adquiriendo su forma definitiva en un largo periodo que se inicia con el reinado de los
Maurya.
El brahmanismo había generado nuevas variantes. Su versión más popular reconocía una tercera vía para la liberación del
alma: la devoción incondicional hacia alguna de las antiguas divinidades brahmánicas. Los dioses que contaron con mayor
número de adoradores fueron Visnú y Siva. El budismo, por su parte, empezó a escindirse en dos sectas principales. Una
era conocida como el Gran Vehículo, porque consideraba que el budismo podía llevar a la salvación a toda la humanidad,
y consideraba a Buda como una divinidad encarnada. Frente a ella estaba el Pequeño Vehículo, más fiel a las enseñanzas
originales de Buda, que reconocía a su doctrina como incompleta y según la cual la salvación requería una vida monástica.

Ceilán era a la sazón un reino con capital en Anuradhapura, y ese mismo año se había convertido en rey Tissa, el
introductor del budismo. Algo después de que los cingaleses llegaran a la isla les siguieron los Tamiles, y actualmente
ambos rivalizaban por la hegemonía.

El Imperio Seléucida se desmembraba sin que su rey Antíoco II pudiera hacer nada para evitarlo: Diódoto, el gobernador
de Bactriana, declaró su independencia y lo mismo sucedió en Partia, donde un caudillo de una tribu nómada,
llamado Arsaces, afirmó también su independencia. Dijo ser descendiente de Artajerjes II, lo cual era falso sin duda, pero
le dio popularidad entre sus súbditos. De este modo se desgajaron del Imperio dos extensas regiones, que se sumaban a
las que ya se habían segregado los años anteriores. Por el contrario, las relaciones de Antíoco II con Egipto habían
mejorado, hasta el punto de que repudió a su esposa Laódice para casarse con Berenice, hermana de Ptolomeo III. Ese
año murió Nicomedes I de Bitinia y fue sucedido por Ziaelas. El trono del Ponto fue ocupado por Mitrídates II, que tuvo
que hacer frente a los gálatas (los galos que se habían asentado en Asia Menor).

Por esta época destacaba en Alejandría el matemático Apolonio, de Perga, una ciudad costera de Asia Menor. Destacan
sus estudios sobre las secciones cónicas. También estaba Ctesibio, que usó agua y chorros de aire para mover máquinas.
Construyó un reloj de agua en el que un chorro iba levantando un flotador cuya altura marcaba la hora. Pero la figura más
notable de la época era a la sazón el director de la biblioteca: Eratóstenes, de Cirene, quien calculó nada menos que el
radio de la Tierra. En efecto, le llegó la noticia de que en Siena, una ciudad cercana, más al sur, el día del solsticio de
verano (el 21 de junio) el Sol se hallaba a mediodía justo en el zenit (las columnas no producían sombra alguna). Esto se
debía a que la ciudad estaba justo sobre el trópico de Cáncer. Por otra parte, observó que ese día en Alejandría no ocurría
lo mismo, sino que los palos producían una pequeña sombra. Entendió que esto sólo podía deberse a la curvatura de la
Tierra, de modo que mandó medir la distancia entre las dos ciudades y, junto con la medida de un palo y la de su sombra,
calculó que la Tierra es una esfera de 40.000 kilómetros de circunferencia, una cifra casi exacta.

Había otro genio griego, amigo de Eratóstenes, pero no vivía en Alejandría, sino en su ciudad natal, Siracusa. Era pariente
del rey Hierón II. Se llamaba Arquímedes, realizó importantes descubrimientos matemáticos, sobre el cálculo de áreas y
volúmenes, obtuvo una aproximación del número pi con 10 decimales exactos, pero sus avances en física tuvieron mucha
más fama. Descubrió la sencilla fórmula matemática que regula la palanca y comprendió que no había ningún límite
teórico a su posibilidad de multiplicar las fuerzas, lo que le llevó a exclamar: "Dadme un punto de apoyo y moveré el
mundo". Se cuenta que Hierón II le retó a mover algo grande. Arquímedes eligió un barco situado en el muelle y lo llenó
de carga y pasajeros. Construyó un complicado sistema de poleas y con él sacó el barco del agua sin ayuda de nadie.

Más famosa es la historia de la corona. Se cuenta que Hierón II encargó a Arquímedes que descubriera si una corona de
oro que había encargado a un joyero era auténtica o si el joyero había empleado otros metales para abaratarla. Para ello
Arquímedes necesitaba conocer el peso y el volumen. Lo primero era fácil, lo segundo no (el rey no estaba dispuesto a
fundir su corona). Un día Arquímedes observó cómo el agua se desbordaba de su bañera al introducirse él, y comprendió
que el agua desplazada debía tener el mismo volumen que la parte sumergida de su cuerpo, así que podía determinar el
volumen de la corona metiéndola en un recipiente con agua hasta el borde y recogiendo el agua desbordada. Se cuenta
que salió del baño gritando ¡Eureka! (lo encontré) y, en su euforia por contarle su idea al rey, se olvidó de vestirse.

Mientras tanto, Roma y Cartago seguían en guerra. En 249 Roma dispuso de una nueva flota y la envió contra Lilibeo
bajo el mando de Publio Claudio Pulcro (el hermoso), hijo menor de Claudio el Ciego y hermano de Apio Claudio
Caudex. En lugar de mantener el asedio a Lilibeo, Claudio decidió atacar a la flota cartaginesa, que estaba
en Drepanum, algo más al norte. Como era habitual en la época, en las naves iban sacerdotes encargados de dictaminar
si los augurios eran buenos, para lo cual se basaban en el comportamiento de unos pollos. Los pollos no querían comer,
lo cual era muy mala señal, pero Claudio demostró su opinión acerca de tales sandeces arrojando los pollos al mar. "Si no
quieren comer, que beban", dijo. Pero si él no era supersticioso, sus hombres sí que lo era, así que su sacrilegio debió de
causar no poca inquietud. El caso es que los cartagineses vieron venir a la flota romana, cuando Claudio confiaba en un
ataque por sorpresa. Su flota fue destruida y a él se le impuso una pesada multa por traición. Poco después se suicidó.
Finalmente, los cartagineses encontraron a un excelente general. Se llamaba Amílcar Barca y, con tan sólo 22 años, fue
puesto al mando de los ejércitos sicilianos en 248. Trató de llevar la guerra a Italia, y durante dos años dirigió ataques
contra las costas de la península. En 246 tomó Panormo (Palermo) por sorpresa y continuó haciendo incursiones por
Sicilia. Lilibeo resistía mejor que nunca.

Ese mismo año murió el rey parto Arsaces I, y fue sucedido por su hermano Tirídates, que estableció su capital en Dara y
luego en Hecatómpilos. Bajo su reinado Partia extendió sus fronteras. También murió Ptolomeo II, y fue sucedido por
su hijo Ptolomeo III. Poco después murió Antíoco II. Su primera esposa, Laódice, se las arregló para envenenar a su
exmarido, asesinar después a Berenice junto al hijo de ésta, y poner en el trono a su propio hijo, que pasó a ser Seleuco
II. Inmediatamente Ptolomeo III inició la Tercera Guerra Siria para vengar a su hermana, y llegó a conquistar
Mesopotamia. Se cuenta que la esposa de Ptolomeo III, una princesa cirenaica llamada también Berenice, decidió cortarse
el pelo y depositarlo en un templo de Afrodita como ofrenda para que los dioses protegieran a su marido. Un día, la
cabellera desapareció y, para consolar a la reina (o tal vez para evitar que rodaran cabezas cuando volviera Ptolomeo III),
un astrónomo griego le explicó que la cabellera no había sido robada sacrílegamente, sino que los dioses habían aceptado
la ofrenda y la habían depositado en el cielo y, en efecto, le señaló una constelación "nueva" que desde entonces es
conocida como la Cabellera de Berenice (Coma Berenices, en la nomenclatura latina posterior).

En 245 subió al trono de Esparta un rey revolucionario. Se llamaba Agis IV. Trató de imponer un nuevo orden y sugirió
que la tierra fuera redistribuida entre 4.500 ciudadanos, entre los cuales incluía a los periecos (pero no a los ilotas). Sin
embargo, una buena parte de Esparta no aceptaba estas ideas, y logró el apoyo del otro rey, Leónidas II.

En 242 Arato había logrado unir a casi todo el Peloponeso en la Liga Aquea. Faltaba Esparta, con la que no se podía
contar, y Corinto. Con unos pocos soldados, realizó una hábil incursión con la que logró tomar el Acrocorinto (la fortaleza
de la ciudad), expulsó a la guarnición macedónica y logró la adhesión de los corintios a la Liga. Este año murió Alejandro
II de Épiro. Estaba casado con su hermana Olimpia, que continuó como regente del reino. Por esta época, un ilirio
llamado Agrón, que era jefe de un grupo de bandidos, se proclamó rey de Iliria, independizando así su territorio de
Macedonia.
Mientras tanto Roma había construido una nueva flota, con la que derrotó a la flota cartaginesa y privó de suministros a
Amílcar, que no tardó en comprender que no estaba en condiciones de seguir luchando. En 241 Amílcar firmó la paz, con
lo que puso fin a la Primera Guerra Púnica. Cartago se vio obligada por primera vez a abandonar completamente Sicilia,
que pasó a manos de Roma, salvo Siracusa, que siguió gobernada por Hierón II, aliado de Roma. Además Cartago tuvo
que pagar una pesada indemnización.

Roma se encontró así en una situación nueva. Hasta entonces, los territorios conquistados estaban habitados
mayoritariamente por pueblos italianos (con unos pocos griegos) con una cultura y una lengua afines. Roma no tuvo
excesiva dificultad en vender la idea de una "confederación italiana", aunque ella era la única con poder decisorio en
última instancia. En cambio, en Sicilia había una mezcla de griegos, cartagineses y tribus nativas, que poco tenían que
ver con la cultura italiana. Por ello un nuevo sistema de gobierno fue inaugurado. El territorio fue considerado como un
botín de guerra, encomendado a un nuevo funcionario encargado de las "tareas de gestión de la victoria" (en
latín, provincia). Con el tiempo, la palabra "provincia" fue aplicada al territorio mismo. El funcionario fue
llamado pretor, (algo así como presidente, el nombre que antiguamente se había dado a los cónsules).

Ptolomeo III regresó de Babilonia. Comprendió que no estaba en condiciones de afirmar sus conquistas, así que decidió
abandonar Mesopotamia y conservó únicamente las posiciones de Siria y Canaán que juzgó le podían ser útiles. A su paso
por Jerusalén hizo una ofrenda en el templo siguiendo los ritos judíos. Los Ptolomeos siempre tuvieron muy clara la
importancia de contentar a todos sus súbditos en cuestiones religiosas. El rey se llevó a Egipto algunas estatuas y objetos
religiosos que Cambises había tomado siglos antes, por lo que los agradecidos egipcios le concedieron el sobrenombre
de Ptolomeo Evergetes (el benefactor). Ptolomeo III usó su potencial bélico también en Nubia, donde hacía siglos que
no se conocía el dominio egipcio. Durante su reinado, la biblioteca de Alejandría llegó a albergar 400.000 volúmenes. El
rey ordenó que todos los viajeros que llegaran a la ciudad prestasen sus libros para ser copiados.

Seleuco II tenía un hermano, Antíoco, que aprovechó los disturbios causados por Ptolomeo III para apoderarse de Asia
Menor. Muchas ciudades griegas de la zona lograron igualmente la independencia. Los dos hermanos se encontraron
en Ancira. Antíoco se había aliado con Mitrídades II, el rey del Ponto y entre ambos derrotaron a Seleuco II. Luego
Mitrídates II se casó con la hermana de Antíoco, que le dio como dote Capadocia, de modo que Mitrídates II vio
multiplicada la superficie de su reino. Entre tanto murió Eumenes I de Pérgamo, y fue sucedido por Atalo I. Al mismo
tiempo, el rey espartano Leónidas II logró llevar a juicio a Agis IV, que terminó siendo ejecutado. También murió este
año el rey de Macedonia Antígono I Gonatas. Fue sucedido por su hijo Demetrio II, que se casó con Olimpia, la hermana
y viuda de Alejandro II de Épiro, de modo que Épiro fue anexionado a Macedonia. El nuevo rey tuvo que enfrentarse a
la Liga Etolia y se alió con el rey Agrón de Iliria.

La derrota de Cartago frente a Roma le había ocasionado serios problemas con sus soldados mercenarios, a los que no
podía pagar. Una parte de ellos estaba en África, y en 240 ocuparon las ciudades de Útica e Hipona, devastaron los
campos y llegaron a asediar la misma Cartago. Amílcar reunió a todos los hombres leales que pudo hallar y se dispuso a
hacerles frente. El norte de África, desde el actual Marruecos hasta Libia, estaba poblado por tribus nómadas
llamadas bereberes. Había muy poca cohesión y abundantes disputas entre ellas, pero se unían rápidamente ante
cualquier amenaza exterior. Las tribus bereberes que poblaban el oeste de Cartago eran los númidas, que formaban dos
tribus, los masilios y los masesilios. Eran excelentes jinetes, y Amílcar logró que muchos de ellos entraran en sus filas.
Al mismo tiempo, otro grupo de mercenarios se rebeló en Cerdeña. Éstos observaron con preocupación cómo Amílcar
iba reduciendo poco a poco a los rebeldes de África, y comprendieron que en cuanto la situación allí estuviera dominada,
Amílcar pasaría a Cerdeña. Por ello en 239 solicitaron la protección de Roma. Una vez más, Roma aceptó la petición de
ayuda y envió tropas a Cerdeña. Cartago protestó con todo derecho, pues esto era una violación del tratado de paz, pero
Roma declaró la guerra a Cartago y exigió como condición para anularla que Cartago cediera no sólo Cerdeña, sino
también Córcega. Los cartagineses, indignados, no tuvieron más remedio que aceptar este abuso, y Roma se apropio de
las islas, si bien tuvo que iniciar una larga campaña de luchas contra las tribus locales.

En 238 cumplió 21 años el rey Cheng de Qin, que relevó de la regencia al canciller Lu, que permanece como consejero,
pero en 237 es sucedido por Li Si, que iba a diseñar la política china de las próximas décadas.

Ese mismo año Amílcar logró derrotar definitivamente a los mercenarios que amenazaban Cartago. A partir de entonces
pudo planear la reconstrucción de su país. Roma había expulsado a Cartago de Sicilia y después le había arrebatado
Córcega y Cerdeña. Con esto, Cartago había perdido toda influencia sobre el Mediterráneo y el comercio, la base de su
prosperidad, se veía amenazado de muerte. Esto produjo un enfrentamiento entre los gobernantes de Cartago y Amílcar.
La oligarquía que gobernaba Cartago vivía del comercio, por lo que era partidaria de evitar en el futuro cualquier
confrontación con Roma y tratar de recuperarse cuanto antes de los estragos de la guerra. En cambio, Amílcar odiaba a
Roma con todo su ser, pues si bien había vencido a Cartago honorablemente, luego la había extorsionado rompiendo
todos los acuerdos en su beneficio. Ambas partes llegaron a un acuerdo. Amílcar persuadió al senado cartaginés para que
le pusiera al frente de una expedición a España. Allí Cartago tenía unas pocas colonias, pero Amílcar planeaba extender
la influencia cartaginesa sobre toda la costa y también en el interior. Su idea era reclutar y entrenar allí un ejército con el
que poder atacar a Roma, aunque se guardó muy bien de revelar estos planes. El senado cartaginés aceptó con gusto la
idea de que Amílcar se alejara de Cartago. Tal vez muriera en España antes de que pudiera volver. Amílcar partió
acompañado por su yerno Asdrúbal y su hijo Aníbal, de nueve años de edad. El plan inicial de Amílcar había sido dejar
a su hijo en Cartago, pero éste le imploró que le llevara con él, a lo cual Amílcar accedió a condición de que el niño jurara
enemistad eterna hacia Roma. Estableció su base en Gades (la actual Cádiz), desde donde ocupó fácilmente varios
poblados del valle del Guadalquivir, pero luego se encontró con la firme oposición de los turdetanos, descendientes de
los tartesios, según la tradición. Su caudillo Istolacio formó un gran ejército de celtas e íberos, pero Amílcar venció y
mandó ejecutar a Istolacio. Esto no dio fin a la resistencia turdetana. Otro caudillo, llamado indortes, consiguió el apoyo
de los vetones y los lusitanos y, comprendiendo que no podían detener a los cartagineses en los terrenos llanos,
ofrecieron resistencia desde las montañas, probablemente en Sierra Morena.

En 235 Atalo I de Pérgamo se enfrentaba definitivamente a los galos, que todavía continuaban sus pillajes por Asia
Menor. Desde esta fecha, los galos permanecieron en Galacia, donde no tardaron en civilizarse. Atalo I hizo esculpir una
estatua en Atenas en conmemoración de su victoria. Se llamaba El galo moribundo, aunque a veces se la conoce por el
título erróneo de El gladiador muerto. Es una de las muestras más famosas del arte de la época que se conserva en la
actualidad.

Los gálatas establecieron un sistema de gobierno muy diferente de la monarquía, más acorde con las tradiciones galas. El
territorio estaba dividido en tres regiones, correspondientes a tres tribus galas que habían entrado en Asia Menor. Cada
una de ellas estaba gobernada por cuatro tetrarcas.
Ese año murió el rey Diódoto I de Bactriana, y fue sucedido por su hijo Diódoto II que, aliado con el rey parto Tirídates,
frustró el intento de Seleuco II de recuperar lo que había sido la parte oriental del Imperio. También murió el rey de
Esparta Leónidas II y fue sucedido por su hijo Cleomenes III. Éste se había casado con la viuda de Agis IV, y decidió
continuar su proyecto, pero comprendió que primero necesitaba afirmar su autoridad. Reunió cuantos hombres pudo y se
enfrentó a la Liga Aquea en una serie de batallas de las que salió siempre victorioso.

En 232 los romanos eligieron tribuno de la plebe a Cayo Flaminio, que logró imponer una distribución de tierras en favor
de los más pobres, pese a la oposición de los senadores y, en particular, de su propio padre. Estimuló la creación de juegos
para los plebeyos y trató de disuadir a los senadores de todo interés por el comercio (donde podían ejercer muchas formas
de competencia desleal sobre los menos poderosos). Entre tanto Amílcar había sitiado a Indortes, que fue capturado y
asesinado cuando trató de romper el cerco. Ahora Amílcar dominaba el sur de España y logró engrosar su ejército con
indígenas.

En 231 Roma había sometido finalmente a los nativos de Córcega y Cerdeña, y convirtió a ambas islas en su segunda
provincia, después de Sicilia. Por primera vez desde el reinado de Numa Pompilio, las puertas del templo de Jano
estuvieron cerradas, en señal de que Roma no mantenía guerra alguna. Sin embargo contemplaba con recelo los éxitos de
Amílcar en España, que, tras haber afianzado el sur, se estaba ocupando de la costa oriental. Puesto que no tenía motivos
para actuar, se limitó a enviar una embajada con la intención de intimidar a Amílcar, cosa que no logró. Amílcar fundó la
ciudad de Akra Leuké, cerca de la actual Alicante, y la convirtió en la base de sus operaciones.

Ese mismo año, el rey Agrón de Iliria, que ya había conquistado varias ciudades de Épiro, realizó una incursión por el
Peloponeso. Al año siguiente, en 230, ayudó a Demetrio II de Macedonia a levantar el sitio que los etolios habían impuesto
a la ciudad macedónica de Medione, pero murió inmediatamente después de esta victoria.

LA LIGA AQUEA
En 230, Atalo I de Pérgamo asumió el título real. Fue un gran protector de la cultura helenística. Amplió la biblioteca de
Pérgamo y adornó la ciudad con muchos monumentos, entre los que destaca el gigantesco altar de Zeus, cuyo friso, de
200 metros de longitud, representa el combate de los dioses contra los titanes, símbolo de la lucha del helenismo contra
los bárbaros gálatas. Mientras tanto, el reino de Iliria estaba gobernado por Teuta, la viuda del recientemente fallecido
rey Agrón. La escarpada costa iliria se había convertido en un nido de piratas que operaban por todo el Adriático con la
connivencia de la casa real, para desesperación de los comerciantes griegos. Además Teuta mantuvo la alianza que su
marido había establecido con Demetrio II de Macedonia, lo que le permitió atacar Épiro, donde mató a unos mercaderes
itálicos establecidos en la capital, Fenice. Tras este incidente, los griegos consideraron que era el momento idóneo de
pedir a Roma que les ayudara a erradicar la piratería iliria. Roma envió dos embajadores a Iliria, pero Teuta hizo asesinar
a uno de ellos.

En 229 murió Demetrio II de Macedonia. Su hijo tenía doce años, así que el trono fue ocupado por su tutor Antígono
II. Mientras tanto, Demetrio de Faros, uno de los generales de Teuta, conquistó la isla de Corcira. Sin embargo, la
prosperidad de Iliria no podía durar mucho. Ese mismo año llegaron a sus costas 200 barcos romanos dispuestos a pedir
cuentas a la reina. Tras una fácil victoria, Teuta tuvo que comprometerse a no salir del Adriático más allá de Lisos.
Demetrio de Faros negoció independientemente con los romanos, les cedió Corcira y, a cambio, Roma lo impuso como
gobernador de una parte de Iliria. Además Roma estableció su protectorado sobre varios puntos de la costa (Partinia,
Atintania, Epidamno, Apolonia, Orico y Corcira). Los griegos se mostraron agradecidos ante los romanos. Hasta les
permitieron participar en algunas fiestas religiosas, signo de que consideraban a los romanos un pueblo civilizado al par
de los griegos. También murió el rey Zialeas de Bitinia, y fue sucedido por su hijo Prusias I.

En 228 murió Amílcar Barca. Había sitiado la ciudad de Helice (tal vez la actual Elche), pero un
caudillo oretano llamado Orissón acudió a liberarla, Amílcar tuvo que huir y murió ahogado en un río a los 42 años de
edad. El gobierno de las tropas cartaginesas en España pasó a manos de Asdrúbal, quien reorganizó el ejército con
mercenarios indígenas y contingentes africanos. Mediante una política conciliadora consolidó los territorios ocupados por
su suegro Amílcar. Mientras tanto, Atenas lograba expulsar a la guarnición macedónica que la ocupaba y se incorporó a
la Liga Aquea, que llegó entonces a la cumbre de su poder. Sin embargo, no pudo impedir que el rey Cleomenes III de
Esparta obtuviera una victoria tras otra. Sin embargo, el rey estaba más interesado en ganar prestigio que en aprovechar
sus victorias. En 226 consideró que su autoridad en Esparta no tendría ya discusión, así que volvió a la ciudad, hizo
ejecutar a los éforos y puso en práctica las reformas económicas que había planeado Agis IV.
Seleuco II estaba teniendo cierto éxito frente a los partos, pero tuvo que abandonar ante un ataque de su hermano Antíoco
en Asia Menor. Antíoco fue derrotado y muerto, y a continuación Seleuco se dispuso a atacar a Atalo I de Pérgamo, pero
murió durante los preparativos. Fue sucedido por su hijo Seleuco III, quien se dispuso a continuar los planes de su padre
frente a Pérgamo.

Asdrúbal seguía avanzando hacia el norte, y esto inquietó a dos colonias griegas de la costa
mediterránea: Sagunto y Massalia (la actual Marsella). Ambas habían firmado una alianza con Roma, así que apelaron
a ella y Roma envió una embajada a Asdrúbal, por la que éste se vio obligado a aceptar que la expansión cartaginesa no
superaría el río Íbero (el Ebro) y que se respetaría la independencia de Sagunto (pese a que quedaba más al sur del Ebro).
Asdrúbal consideró que el acuerdo le dejaba suficiente margen de maniobra. En 225 fundó una nueva ciudad al sur de
Alicante, a la que llamó Nueva Cartago. Los romanos tradujeron el nombre a Cartago Nova, la actual Cartagena.

Mientras tanto unas tribus galas cruzaron los Alpes, y en alianza con sus parientes de la Galia Cisalpina se lanzaron sobre
Etruria, y llegaron hasta la ciudad de Clusium. Roma envió al norte a Cayo Flaminio, que no era muy buen general, y en
un primer encuentro fue derrotado. Tuvo que recibir muchos refuerzos para conseguir finalmente una victoria.

En 224 un terremoto destruyó el coloso de Rodas. Posteriormente los griegos exageraron su tamaño. Dijeron que se había
apoyado sobre los dos extremos del puerto, de modo que los barcos pasaban entre sus piernas, pero lo cierto es que no
había sido tan grande. Ese año el rey espartano Cleomenes III consideró que Esparta estaba en condiciones de reclamar
de nuevo el dominio del Peloponeso. Partió nuevamente y derrotó a los ejércitos de la Liga Aquea, capturando y
saqueando Megalópolis. También capturó Argos, mientras Corinto y otras ciudades se rindieron y entablaron una alianza
con Esparta. Esto era el fin de la Liga Aquea, pero Arato prefirió entregarla a Macedonia antes que a Esparta. Apeló a
Antígono II, quien le impuso unas condiciones que prácticamente equivalían a una rendición: Arato renunciaba al
liderazgo de la Liga Aquea en favor de Antígono II, Corinto debía ser entregada a Macedonia y, además, la Liga Aquea
debía apoyar en todo momento las acciones de Macedonia.

En 223 Seleuco III estaba combatiendo contra Atalo I de Pérgamo, pero fue asesinado por uno de sus oficiales, y el
Imperio Seléucida pasó a manos de su hermano Antíoco III.
En 222 Antígono II, al frente de su propio ejército macedónico más el de la Liga Aquea y en alianza con el ilirio Demetrio
de Faros, descendió hacia el sur y encontró al ejército espartano en Selasia, a unos ocho kilómetros al norte de Esparta.
Aunque los espartanos lucharon como en los viejos tiempos, su enemigo era muy superior, y fueron derrotados. Además,
esta vez Esparta no contó con la milagrosa suerte que le había salvado en ocasiones similares. Antígono II ocupó la ciudad,
restauró a los éforos y obligo a Esparta a incorporarse a la Liga Aquea. Cleomenes III tuvo que refugiarse en Egipto.

Cayo Flaminio dirigió una nueva campaña por la que la Galia Cisalpina quedó finalmente sometida a Roma. Ahora toda
la península italiana hasta los Alpes estaba bajo el dominio romano.

En 221 Antígono II murió en una batalla contra los ilirios, y el trono de Macedonia pasó a Filipo V, el hijo de Demetrio
II. También murió Ptolomeo III, que fue sucedido por su hijo Ptolomeo IV. En España, Asdrúbal murió a manos de un
esclavo del rey celta Tago, que quiso vengar a su señor, ejecutado por orden de Asdrúbal. A su muerte el dominio
cartaginés llegaba hasta las actuales Salamanca y Zamora. El mando de los ejércitos cartagineses pasó a Aníbal, el hijo
de Amílcar, que a la sazón contaba con 26 años de edad.

Pero el suceso más notable ocurrido ese año tuvo lugar en la lejana China, donde el reino de Qin conquistó el de Qi, con
lo que toda la China civilizada quedó unida bajo el rey Cheng. En este momento, el monarca decidió cambiar su nombre
por el de Qin Shi Huang Di, que podría traducirse por "Primer divino emperador de China". El emperador afirmaba que
la dinastía que él inauguraba iba a gobernar China durante 10.000 generaciones. Modificó la religión para establecer que
el emperador no sólo estaba por encima de todos los chinos, sino también por encima de todos los dioses chinos. Por si
los dioses no le ayudaban lo suficiente, tomó las medidas necesarias para desarticular completamente el sistema feudal
anterior. Los campesinos dejaron de ser arrendatarios, para convertirse en propietarios que pagaban un impuesto fijo. Las
antiguas divisiones territoriales fueron abolidas, y se establecieron otras nuevas. El imperio quedó dividido
en comandancias o prefecturas subdivididas a su vez en distritos. Al frente de cada comandancia había un gobernador
civil, un gobernador militar y un inspector, todos ellos funcionarios cuyos cargos no eran hereditarios, sino que podían
ser nombrados y cesados en cualquier momento por la cancillería imperial. La capital del Imperio se estableció en Xiang
Yang (en la parte oriental del antiguo estado de Qin). La imponente maquinaria burocrática de Qin se aplicó a toda China.
Esto no sólo incluía el estricto código legislativo, sino también todo el sistema de pesos y medidas y las monedas. Una
de las iniciativas más importantes para la unificación fue la simplificación y la normalización de la escritura, que
presentaba variantes en las distintas regiones. El emperador se hizo construir un suntuoso palacio que reflejaba las ideas
de la época sobre cómo era la morada de los dioses. Además se dedicó a recorrer todo su dominio, en parte para ganarse
el respeto de sus súbditos, en parte para relacionarse con los dioses locales del Imperio. Según decía, en las regiones
costeras le resultaba más fácil comunicarse con sus colegas divinos.

En 220 Cayo Flaminio fue elegido censor, e inició la construcción de la que se llamaría via Flaminia, un camino que
uniría Roma con el norte para que los soldados pudieran acudir rápidamente en caso de necesidad. Cuando fue terminada,
la via Flaminia cruzaba oblicuamente Italia a través de los Apeninos y llegaba a las costas del Adriático, en la frontera
con la Galia Cisalpina.

Ese año murió el rey Mitrídates II del Ponto y fue sucedido por su hijo Mitrídates III. Por esta época Capadocia se
independizó del Ponto bajo su rey Ariarates IV. También murió Diódoto II de Bactriana, pero Eutidemo, el sátrapa de
Sogdiana (antigua satrapía persa que ahora formaba parte de Bactriana) desposeyó a su descendencia y usurpó el trono.
Bajo su reinado Bactriana extendió sus fronteras hacia la India.

En Egipto sucedió un triste incidente. Mientras Ptolomeo III había recibido bien al rey espartano Cleomenes III, su hijo
debió de verlo como un estorbo y lo tuvo virtualmente arrestado en Alejandría. Aprovechando que Ptolomeo IV estaba
ausente de la ciudad, Cleomenes se escapó, y luego trató de sublevar a los griegos de Alejandría contra el rey, pero
aunque hablaba de libertad, del antiguo prestigio de Grecia y de cosas similares, la gente no vio en él más que a un viejo
loco. Al año siguiente se suicidó.

ANÍBAL
Aníbal Barca se había criado en España desde los nueve años. Su padre había sido un magnífico estratega y le había
enseñado cuanto sabía, a la vez que le había inculcado un odio visceral a los romanos. Cuando se puso al frente de las
tropas cartaginesas en España, los soldados lo aclamaron, pues había crecido entre ellos, todos le querían y conocían sus
cualidades. Asdrúbal le había preparado un magnífico ejército. Contaba con una firme infantería íbera, con jinetes
númidas, con honderos de las islas Baleares, capaces de arrojar piedras o bolas de plomo con más precisión que los
arqueros, y también contaba con algunos elefantes norteafricanos. No eran los grandes elefantes centroafricanos, sino
otros más pequeños, poco mayores que un caballo. En estas condiciones, Aníbal se propuso realizar el sueño de su padre:
derrotar a Roma. El mayor inconveniente al que tenía que enfrentarse era Cartago. Los gobernantes de Cartago no querían
ni pensar en un enfrentamiento con Roma. Eran comerciantes y lo que querían era comerciar. Pero Aníbal supo cómo
tratar a Cartago.

En 219 asedió Sagunto y exigió su rendición. Los saguntinos apelaron a Roma, que envió mensajeros a Aníbal
inmediatamente para recordarle que estaba violando el tratado firmado por Asdrúbal. Aníbal trató a los romanos de forma
deliberadamente insultante, y les invitó a llevar sus quejas a Cartago, con la esperanza de que los romanos airados
declararan inmediatamente la guerra, pero para su disgusto aceptaron su sugerencia y se dirigieron a Cartago. Aníbal
envió sus propios mensajeros a Cartago, que se adelantaron a los romanos, y trataron de lograr el máximo apoyo posible
a la guerra, a la vez que entorpecieron al máximo las conversaciones entre Roma y Cartago.

Éstas no fueron muy ágiles, porque al mismo tiempo Roma había iniciado una segunda campaña contra la piratería iliria,
bajo la dirección del cónsul Lucio Emilio Paulo (el pequeño). En su primera campaña, Roma había dejado parte de Iliria
bajo el gobierno de Demetrio de Faros, pero éste consintió que los piratas siguieran dominando el Adriático.
Aprovechando la llegada de los romanos la reina Teuta atacó a Demetrio, pero finalmente Paulo arrasó Faros y Demetrio
se vio obligado a huir a Macedonia. La campaña de Paulo puso fin definitivamente a la piratería iliria.

Una disputa entre la Liga Aquea y la Liga Etolia indujo a Filipo V de Macedonia a enfrentarse a los etolios. El rey
demostró ser un excelente general y la campaña le valió para imponer una monarquía absoluta sobre Macedonia.

En 218, tras ocho meses de asedio, Sagunto cayó, y se produjeron los habituales saqueos, que Aníbal no trató de frenar
para encolerizar a los romanos. Confiscó el tesoro de la ciudad y lo envió a Cartago. El caso fue que cuando Roma planteó
el ultimátum: guerra o paz, los cartagineses, enardecidos por la victoria de Aníbal y satisfechos con el oro, respondieron
a los romanos que eligieran ellos. La elección fue la guerra, y así comenzó la Segunda Guerra Púnica.
Aníbal salió de Cartagena con 90.000 soldados de infantería, 12.000 de caballería y algunos elefantes. Dejó a su hermano
Asdrúbal en España al mando de otros 15.000 hombres. Avanzó hacia el norte. Sus hombres terminaron dándose cuenta
del objetivo: se dirigían a Italia. Aníbal permitió desertar a los más temerosos, para que su miedo no se contagiara al resto.
Mientras tanto, Roma, desconocedora de los planes de Aníbal, envió tropas a España, bajo el mando de Publio Cornelio
Escipión. Cuando desembarcó, se enteró de que Aníbal estaba cerca del Ródano, así que volvió a embarcar para dirigirse
al norte. Cuando llegó a la desembocadura del Ródano supo que Aníbal había avanzado a lo largo del río para alejarse de
él, y que se dirigía a toda prisa hacia los Alpes. Escipión no trató de seguirlo, pues cruzar los Alpes era una locura. En su
lugar, envió a su hermano Cneo a España mientras él volvía a Italia, dispuesto a esperar a Aníbal al otro lado de los Alpes,
si es que llegaba.

Aníbal tardó quince días en cruzar los Alpes. Tuvo que librar dos batallas contra los galos y ganó ambas, aunque con
muchas pérdidas. Se acercaba el invierno y sus hombres tuvieron que soportar el frío y la nieve. Cuando llegó al norte de
Italia, sus tropas se habían reducido a unos 26.000 hombres. Carecía de bases, líneas de comunicación o de reservas. Su
empresa parecía un suicidio. Escipión le estaba esperando junto al río Tesino. Allí se produjo un enfrentamiento entre las
caballerías en el que los romanos resultaron derrotados. El mismo Escipión fue herido y al parecer habría muerto si su
hijo no le hubiera salvado la vida. Escipión logró retirar su ejército al otro lado del Po y se replegó al este del
río Trebia. Allí esperó la llegada del otro cónsul, Tiberio Sempronio Longo (el largo), que traía su propio ejército.
Aníbal no estaba dispuesto a mantener otra pequeña escaramuza con los romanos. Quería un combate en serio, así que
esperó al oeste del Trebia y no trató de impedir que los dos ejércitos se unieran. Escipión comprendió que Aníbal era
peligroso, y fue partidario de retirarse, pero Sempronio no estaba dispuesto a aceptar tal deshonra. Aníbal envió un
destacamento de caballería al otro lado del río, los romanos atacaron y, tras una breve resistencia, los cartagineses
huyeron. Los romanos los siguieron de cerca y su infantería se lanzó tras ellos a través del río. Era invierno y el agua
estaba helada. Los romanos llegaron a la otra orilla ateridos de frío, mientras allí les esperaba un ejército seco y en plenas
condiciones. Las legiones romanas lucharon con su profesionalidad y lograron abrirse paso entre las líneas de Aníbal,
pero no pudo resistir la carga de la caballería y los elefantes. Además Aníbal había ocultado dos mil hombres al mando
de su hermano menor, Magón, que atacaron a los romanos por la retaguardia en el momento oportuno. Parte del ejército
romano pudo salvarse, pero a costa de grandes pérdidas. Roma conservó dos guarniciones en la Galia Cisalpina, pero
tuvo que abandonar el resto, ya que los galos, recientemente sometidos, se unieron con júbilo a los cartagineses, con lo
que Aníbal compensó con creces las pérdidas que había sufrido al cruzar los Alpes.

Tras la batalla, Aníbal acampó para pasar el invierno, y los romanos lo dejaron tranquilo mientras reconstruían sus
legiones. Cneo Cornelio Escipión fue enviado a Emporion (Ampurias) para atacar la base de abastecimientos de Aníbal
y evitar así que pudiera recibir refuerzos. Descendió por la costa y se encontró con los cartagineses en Cissa (Tarragona).
Allí, el general Hannón se había aliado con Indíbil, caudillo de los ilergetes, que poblaban la actual Lérida, pero fue
derrotado por Escipión.
Antíoco III había sofocado algunas rebeliones propias del cambio de rey, y luego declaró la guerra a Ptolomeo IV. Así se
inició la Cuarta Guerra Siria. Al principio tuvo una cierta ventaja, pero en 217 se enfrentó al grueso del ejército egipcio
encabezado por el propio Ptolomeo IV. El combate tuvo lugar en Rafia, junto a la frontera egipcia. Los elefantes asiáticos
de Antíoco III se enfrentaron a los africanos de Ptolomeo IV. Los africanos eran más grandes, pero menos dóciles. Hasta
entonces, los ejércitos ptolemaicos habían estado formados únicamente por griegos, pero, ante la amenaza seléucida,
Ptolomeo IV había formado una falange de 20.000 egipcios nativos. También contaba con un buen número de mercenarios
gálatas y tracios. Con estos efectivos, Ptolomeo IV ganó la batalla.

La derrota le reportó numerosos problemas a Antíoco III, que tuvo que enfrentarse durante unos años a una revuelta en
Asia Menor. Por su parte, Ptolomeo IV debió de pensar que Egipto quedaba libre de todo peligro y descuidó las labores
de gobierno en manos de sus ministros. Entre sus aficiones estaba la de construir barcos gigantescos, sin ningún valor
práctico a causa de su nula capacidad de maniobra. El mayor que llegó a tener medía unos 130 metros de largo y tenía
cuatro mil remos.

Publio Cornelio Escipión fue enviado a España para ayudar a su hermano, y también Aníbal mandó a España a su hermano
Magón para ayudar a Asdrúbal. Mientras tanto él condujo a su ejército por los Apeninos hasta las cercanías del
lago Trasimeno, en Etruria. El camino no fue fácil, se perdieron todos los elefantes menos uno. Invirtieron cuatro días
en cruzar una marisma, lo que desencadenó una epidemia de peste. Aníbal perdió la vista en un ojo a causa de la infección.
Roma envió contra él un ejército mayor que el anterior, al mando de Cayo Flaminio.

Junto al lago Trasimeno, Aníbal observó un estrecho sendero que corría por el margen de una colina. Colocó a todos sus
hombres tras la colina y esperó. El ejército romano llegó a la mañana siguiente a lo largo del camino. Aníbal lanzó sus
tropas colina abajo, pilló completamente desprevenidos a los romanos, desparramados en una larga, débil y delgada línea,
y el resultado fue una matanza.

Sin embargo, pese a la victoria, Aníbal sufrió un fuerte revés. Su esperanza era levantar a toda Italia en contra de Roma.
Ciertamente, los galos del norte se le habían unido en cuanto hubo derrotado a Escipión, pero los etruscos no hicieron lo
mismo tras la segunda victoria. Permanecieron fieles a Roma, aunque Aníbal decidió liberar a todos los prisioneros
italianos. Aníbal debió de pensar que necesitaba otra victoria más.

Filipo V se interesó mucho por lo que estaba sucediendo en Italia y se apresuró a firmar la paz con los etolios. Quería
tener las manos libres para intervenir en el momento oportuno.

Roma estaba aterrorizada, así que el Senado nombró un dictador: Quinto Fabio Máximo (el mayor). Fabio adoptó la
política que menos favorecía a Aníbal. Él necesitaba una victoria y Fabio no estaba dispuesto a ofrecérsela. Evitó en todo
momento el enfrentamiento directo. Sus hombres seguían de cerca a los cartagineses y atacaban a cualquier destacamento,
pero se retiraban si Aníbal se acercaba con el grueso del ejército. Fabio recibió el sobrenombre de Cunctator (el que
dilata) y su estrategia fue desgastando lentamente al ejército invasor. Sin embargo, con el paso del tiempo la actitud de
Fabio fue puesta en entredicho en Roma. Los romanos fueron olvidando la capacidad de Aníbal y fue surgiendo la opinión
de que Fabio era un cobarde, y que había que hacer frente a Aníbal de una vez por todas. Así, en 216, cuando terminó la
segunda dictadura de Fabio, fueron elegidos cónsules Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo. El primero había
sido uno de los más agresivos críticos contra Fabio, y el Senado les encomendó que se enfrentaran a Aníbal. Lo
encontraron en Cannas, en la costa de Apulia, al sur de Italia. Aníbal tenía unos 50.000 hombres, mientras que el ejército
romano contaba con 86.000. Pero Aníbal no rehuyó el combate. Al contrario, dispuso a sus hombres en forma de
semicírculo, con la parte convexa de cara a los romanos. Cuando éstos atacaron, el centro fue retrocediendo poco a poco,
y los romanos avanzaron con la esperanza de partir las líneas enemigas. Pero en su avance no observaron que los extremos
del frente cartaginés permanecían firmes, mientras que si el centro retrocedía era porque así lo tenía ordenado. El
semicírculo se convirtió en una recta, y luego se volvió cóncavo con los romanos dentro. Cuando los romanos
comprendieron lo que pasaba trataron de impedirlo con la caballería, pero fue rechazada por la caballería cartaginesa que
a continuación cerró definitivamente el círculo en el que el ejército romano fue sistemáticamente aniquilado. Paulo murió
en la batalla y Varrón sobrevivió, pero prefirió suicidarse antes que volver a Roma y dar explicaciones.

La victoria de Cannas dio algunos frutos, aunque tal vez menos de los que Aníbal hubiera esperado. La ciudad de Capua,
en la Campania, decidió apoyar a Aníbal, y a ella le siguieron algunas más, pero pocas. Por otra parte, Filipo V de
Macedonia firmó una alianza con Aníbal.
Hasta ahora, Aníbal le había costado a Roma unas cien mil vidas, pero los romanos no quisieron mencionar siquiera la
palabra rendición. Se prohibió toda señal de luto por los muertos en Cannas y se volvió a la política de desgaste
propugnada por Fabio. Lo esencial era evitar que a Aníbal le llegaran refuerzos. Escipión se mantuvo en España con su
hermano luchando con Asdrúbal. No tuvo mucho éxito, pero mantuvo a Asdrúbal ocupado. La flota romana fue conducida
al Adriático para impedir que Filipo V de Macedonia enviara refuerzos. El cónsul Marco Claudio Marcelo (Marquito),
que había destacado junto a Flaminio en la conquista de la Galia Cisalpina, obtuvo un pequeño éxito al evitar que Aníbal
capturara la ciudad de Nola, cerca de Nápoles, lo cual no era gran cosa, pero sirvió para levantar los ánimos de los
romanos.

En 215 murió el rey Hierón de Siracusa, que fue hasta su muerte un fiel aliado de Roma, pero su hijo Hierónimo decidió
ponerse de parte de Cartago. No era descabellado: si Aníbal vencía, Roma tendría que ceder Sicilia a Cartago, y los
cartagineses habrían sido implacables con una Siracusa prorromana. Puesto que Marcelo había sido pretor en Sicilia, fue
enviado a la isla, derrotó a un ejército cartaginés y puso sitio a Siracusa. Respecto a Macedonia, Roma estableció una
alianza con la Liga Etolia y con Esparta y envió un reducido número de tropas, con lo que empezó la Primera Guerra
Macedónica. Mientras tanto Aníbal llevó su ejército a Capua, donde pasó una temporada recobrando fuerzas. Los romanos
rodearon la ciudad. En España, Asdrúbal trató de avanzar hacia el norte para reunirse con su hermano, pero los Escipiones
le derrotaron en Hibera (cerca de Tortosa) y le obligaron a retroceder.

Entonces los romanos establecieron una alianza con Sífax, rey de los masesilos, los númidas occidentales, quien arrebató
el trono a Gea, rey de los masilios y atacó Cartago. En 214 Asdrúbal tuvo que dejar España para ayudar en la lucha contra
los númidas, y en su ausencia los Escipiones pudieron ocupar el sur de la península con la ayuda de soldados íberos
mercenarios.

Ese mismo año murió Demetrio de Faros en una batalla, y en 213 murió Arato, el que había dirigido la Liga Aquea hasta
que tuvo que ceder ante Macedonia. Filipo V consiguió reforzar ligeramente su dominio sobre Grecia.

Mientras tanto el emperador Qin Shi Huang Di (o, mejor dicho, su ministro Li Si) seguía imponiendo la autoridad
imperial en China. Evidentemente, el nuevo régimen tenía muchos detractores, y este año se tomó una decisión
drástica: se ordenó la quema de los libros subversivos y se condenó a la pena de muerte a todo aquel que los conservara.
La orden se extendía a los textos clásicos del confucianismo, a las notas de las escuelas filosóficas y a todas las obras
históricas excepto la Crónica de Qin. No eran subversivos los libros de medicina, agricultura, etc. Incluso se aceptaban
los libros sobre adivinación. En cambio, se prohibió expresamente "criticar el presente evocando la antigüedad". Esto
hacía alusión a los confucianos, que ponían como modelo de sus teorías políticas a los míticos reinos antiguos.

Por otra parte, las fronteras del Imperio continuaron expandiéndose hacia el sur. En el norte aumentó la presión de los
bárbaros. Ahora dominaban los Hsiung-nu, aunque ya llevaban más de un siglo hostigando a China. Habitualmente se les
conoce como los hunos, aunque es difícil saber si estaban emparentados con el pueblo del mismo nombre que apareció
en Europa siglos más tarde. Las murallas defensivas que habían construido los reinos del norte fueron unidas en una
monumental Gran Muralla de 6.000 kilómetros de longitud. Por el contrario, las murallas interiores que marcaban
límites entre distintos reinos, así como las fortificaciones, fueron destruidas. El emperador potenció grandes obras
públicas: además de la Gran Muralla, construyó un sistema radial de carreteras que unía la capital con los territorios
fronterizos, así como canales de riego y muchos palacios.

Volviendo a Italia, en 212, tras un largo asedio de dos años, Siracusa cayó. La tradición dice que durante el asedio la
pesadilla de los romanos fue Arquímedes, que construyó toda suerte de artefactos, desde catapultas hasta espejos cóncavos
que concentraban los rayos del sol sobre los barcos romanos y los quemaban. Dicen que cuando los soldados veían
aparecer algo extraño sobre las murallas, echaban a correr por si acaso. Naturalmente, es de suponer que los historiadores
griegos posteriores exageraron la lucha entre un cerebro griego frente al ejército romano. El caso es que, al parecer, una
parte de la muralla quedó sin vigilancia durante una fiesta y los romanos lograron entrar. Marcelo dio órdenes de que
Arquímedes fuera llevado a su presencia sin daño alguno. Se cuenta que un soldado lo encontró trazando figuras en la
arena, ajeno a la invasión. Le ordenó que le acompañara, pero el anciano replicó: "No destroces mis círculos", y el soldado
lo mató. Marcelo se contrarió al saberlo y ordenó que se celebrara un honroso funeral en su memoria, a la vez que se
aseguró de que su familia estuviera protegida. Luego se dedicó a limpiar Sicilia de cartagineses.

Los cartagineses lograron dominar al númida Sífax con la ayuda de Masinisa, el hijo del rey Gea. El senado cartaginés
envió de vuelta a España a Asdrúbal, a su hermano Magón y a otro general llamado Asdrúbal Giscón. Con ellos fue
también Masinisa, al mando de un contingente de jinetes númidas. Entre todos y con la ayuda de los ilergetes de Indíbil
lograron derrotar a los Escipiones en Ilorci (Lorca), donde murió Cneo, mientras que Publio tuvo que huir hasta el Ebro
y murió poco después combatiendo contra Asdrúbal Giscón cerca de Cástulo. Las tropas romanas en España quedaron
al mando del hijo de Publio, llamado también Publio Cornelio Escipión. (Algunos sobrenombres, como Varrón o
Escipión, pasaban de padres a hijos). Asdrúbal Giscón regresó a Cartago, donde logró sellar una alianza con el númida
Sífax, al cual le dio en matrimonio su hija Sofonisbe, pese a que estaba prometida a Masinisa, y ésta le hizo olvidar su
antigua alianza con Roma.

Antíoco III trató de reconstruir el disgregado imperio de Alejandro o, al menos, la parte de él que formaba el primitivo
Imperio Seléucida antes de su fragmentación. En los casos que pudo, trató de hacerlo amistosamente. Así, casó a tres de
sus hijas con otros tantos monarcas: una con Mitrídates III del Ponto, otra con Ariarates IV de Capadocia y otra
con Demetrio, el hijo de Eutidemo de Bactriana. Formalmente, estos reinos reconocieron la soberanía de Antíoco III, si
bien gozaban de gran autonomía.

Aníbal había marchado de Capua hacia el sur, buscando unos aliados que no encontraba. La ciudad de Tarento se puso
de su lado y, con ayuda de los propios tarentinos, expulsó a la guarnición romana de la ciudad. Mientras tanto los romanos
asediaron Capua, con la que estaban particularmente enojados, por su pronta rendición. Aníbal dejó Tarento y acudió en
ayuda de Capua, pero los romanos desaparecieron. Cuando volvió a Tarento, los romanos volvieron a Capua. La situación
era frustrante para Aníbal. En 211 se dirigió a la misma Roma. En realidad no disponía de los elementos necesarios para
asediar la ciudad y no estaba en condiciones de recibir suministros. Los romanos no se inmutaron. Ni siquiera llamaron a
sus tropas de Capua, que terminaron tomando la ciudad. Simplemente se dispusieron a soportar un asedio que no podía
durar. Aníbal lo sabía. Se cuenta que llegó a sus oídos que el propietario del terreno sobre el que había acampado lo había
puesto en venta, y que había sido adquirido en todo su valor. También se dice que Aníbal se acercó a la muralla y arrojó
una lanza dentro de la ciudad.

En 210 los romanos tomaron Agrigento, en Sicilia, y con ello los cartagineses quedaron fuera de la isla.

EL TRIUNFO DE ROMA
En 210 murió el emperador de China, Qin Shi Huang Di, en el transcurso de uno de sus viajes. Según su voluntad, fue
enterrado bajo un enorme túmulo de 48 metros de altura, y en su tumba fueron emparedados algunas de sus mujeres y los
obreros que habían transportado los tesoros. En 197 se encontró una fosa anexa al túmulo que contenía un ejército de
estatuas de terracota compuesto por 6.400 soldados de infantería, dispuestos a lo largo de 11 corredores de 200 metros de
largo por 3 de ancho. Tienen un tamaño ligeramente superior al natural, y estan seguidos de caballos y carros de combate.
El ejército estaba formado según una táctica militar común en la época. En otra fosa se encontró otro ejército, esta vez de
bronce, con figuras de talla ligeramente menor.

Los últimos años de su reinado fueron especialmente cruentos. Unos 460 letrados fueron enterrados vivos. Hubo
deportaciones masivas hacia los territorios de la gran muralla. El hijo mayor del emperador se enemistó con su padre y
se vio obligado a suicidarse. Por ello el trono fue ocupado por el segundo hijo, que gobernó más despóticamente, si cabe,
que su padre.

En Roma destacaba el primer autor teatral de importancia: Tito Maccio Plauto. Escribió comedias basadas en los
argumentos de las comedias griegas. Desde que Roma había conquistado las ciudades griegas del sur de Italia, la cultura
griega fue difundiéndose cada vez más entre los romanos de buena familia, que contrataban maestros griegos para sus
hijos, aprendían sus mitos y los adaptaban a su propia religión. Por esta época surgió la idea de que Alba, la ciudad latina
de donde eran originarios Rómulo y Remo, había sido fundada por Eneas, tras escapar de la destrucción de Troya.

Continuaba la guerra entre Roma y Macedonia. La liga aquea, que contaba con el apoyo de Filipo V de Macedonia, se
puso bajo el mando de Filopemén de Megalópolis. Había luchado en Selasia y luego había marchado a Creta en busca
de aventuras. Ahora había regresado a Grecia y reformó el ejército aqueo, con el que se enfrentó a Esparta, la cual recibió,
por su parte, el apoyo de Roma.

Egipto decaía bajo el torpe gobierno de Ptolomeo IV. Años atrás, el rey cometió el error de formar un ejército nativo, y
desde entonces los griegos tuvieron que sofocar una rebelión tras otra.
Ese año murió el rey parto Tirídates, lo cual fue inmediatamente aprovechado por Antíoco III, que en 209 logró pactar
con los partos la anexión de su territorio al Imperio Seléucida. Éstos conservaron, no obstante, una gran autonomía. De
este modo, el Imperio volvía a tener casi su extensión original.

Volviendo a China, eran muchos los sectores descontentos con el régimen imperial. Por una parte, el pueblo llano se
sentía oprimido por el duro código penal, los antiguos nobles y señores feudales estaban resentidos por haber perdido sus
privilegios, y los intelectuales estaban perseguidos y censurados. Aún no había pasado un año del cambio de emperador
cuando estalló un levantamiento popular en lo que había sido el estado de Chu. Estaba encabezado por Chen She, y fue
la primera de las muchas rebeliones a las que el nuevo monarca tuvo que hacer frente.

Entre tanto Escipión ocupaba Cartago Nova. Tomó la decisión de liberar a los rehenes que habían capturado los
cartagineses, con lo que se ganó las simpatías de los nativos. Incluso Indíbil se puso del lado de Roma. Luego Escupión
derrotó a Asdrúbal en Baecula (Bailén).

Pese a sus victorias fuera de Italia, Roma no se atrevía a atacar a Aníbal, cuyo ejército se iba desgastando lentamente.
Pidió ayuda a Cartago, pero Cartago nunca se la dio. Los gobernantes cartagineses recelaban de que un Aníbal victorioso
y carismático pudiera adueñarse de Cartago tras la guerra, así que trataban de ganar la guerra fuera de Italia. Aníbal apeló
a Asdrúbal, quien en 208 decidió repetir la hazaña de su hermano y, evitando a los romanos, se dirigió a Italia a través de
los Alpes.

Al sur de China se formó el reino de Nam-Viet, fundado por Trie Da, que implantó un régimen señorial muy
jerarquizado. El pueblo vietnamita había surgido por la fusión de diversas culturas: muongs, thais y chinos.

En China, las rebeliones se extendían por todo el territorio. El emperador no sabía en quién podía confiar. El propio
ministro Li Si, artífice de la unificación, fue acusado de traición y murió en el patíbulo. Uno de los principales insurrectos
fue Xiang Yu, un guerrero perteneciente a la antigua clase noble. Tomó como lugarteniente a Liu Bang, quien, por el
contrario, procedía de familia humilde. Había sido campesino y luego ocupó un puesto de funcionario menor, una especie
de "jefe de policía rural". En 207 tomó la capital, Xiang Yang. El emperador abdicó y su hijo, el tercer emperador de la
dinastía, no fue más que un títere a las órdenes de Liu Bang.

Ese mismo año Filopemén derrotaba al tirano de Esparta Macánidas, que fue sucedido por Nabis. Éste completó las
reformas iniciadas por Agis IV y Cleomenes III. Hasta llegó a poner fin a la esclavitud en Esparta. Por esta época la
práctica totalidad de Egipto estaba fuera de control. Ptolomeo IV pidió ayuda a los sacerdotes egipcios, que gozaban de
gran autoridad sobre el pueblo. Éstos le concedieron el rango de faraón y lograron mantenerle en el poder, pero despojaron
la monarquía en su provecho.

Asdrúbal había llegado al norte de Italia, y su objetivo era reunirse con Aníbal, que estaba en el sur. Dos ejércitos romanos
los vigilaban, pero no se atrevían a atacar. El ejército que vigilaba a Aníbal estaba bajo el mando de Cayo Claudio
Nerón, que había luchado a las órdenes de Marcelo. Asdrúbal envió mensajeros a su hermano comunicándole un plan de
ruta y un punto de reunión, pero estos mensajeros fueron interceptados por Nerón, que decidió abandonar a Aníbal y
partir apresuradamente hacia el norte. Los dos ejércitos romanos se unieron y atacaron a Asdrúbal por sorpresa a orillas
del rio Metauro. Asdrúbal trató de retirarse cruzando el río, pero perdió mucho tiempo buscando un vado y, cuando lo
encontró, ya era demasiado tarde, los romanos cayeron sobre él y tuvo que luchar. Los romanos obtuvieron una victoria
completa. Asdrúbal murió en la batalla, su cadáver fue encontrado, le cortaron la cabeza, la llevaron al sur y la arrojaron
al campamento de su hermano. Aníbal debió de comprender que la guerra estaba perdida, pero aún no había sido
derrotado. Se retiró con su ejército a Bruttium, en la punta de la bota italiana, donde los romanos le acorralaron, pero sin
atreverse aún a luchar contra él.

En 206 Xiang Yu se arrepintió de haber dejado la capital china en manos de Liu Bang, volvió, la saqueó y se inició una
lucha por el poder entre ambos líderes. El tercer emperador murió sin descendencia, con lo que la dinastía de Qin Shi
Huang Di duró apenas tres generaciones, en lugar de las 10.000 que estaban previstas.

Cartago envió refuerzos a España y se reunió un gran ejército para aplastar a Escipión. El encuentro se produjo
en Ilipa, unos 100 kilómetros al norte de la actual Sevilla. Durante varios días, los ejércitos estuvieron frente a frente sin
combatir. Cada día, a primera hora de la mañana, las tropas eran llevadas a campo abierto dispuestas para la batalla, pero
nadie daba el primer paso. Un día, Escipión formó a sus soldados antes de lo habitual y en una disposición distinta de la
esperada: puso a los aliados españoles en el centro y a las legiones en las alas. Atacaron mientras los cartagineses estaban
desayunando. Éstos formaron precipitadamente según lo habitual, con los aliados en los extremos. Así la legión barrió
rápidamente a los españoles enemigos, rodeó a los cartagineses y obtuvo una victoria definitiva, tras la cual no tardó en
expulsar completamente a los cartagineses de la península. Magón, el hermano de Aníbal, se retiró a las Baleares, donde
fundó una ciudad a la que dio su nombre, la actual Mahón.

Este mismo año terminó la Primera Guerra Macedónica. Sucedió que los aliados griegos ya estaban cansados de la guerra,
así que Roma se vio obligada a firmar la paz para no quedarse sola. También Filipo V estaba deseándolo, así que fue una
paz de compromiso, por la que Roma perdió parte de su influencia en Iliria.

Escipión llegó a un acuerdo secreto con el númida Masinisa. Éste se había aliado con Cartago con la esperanza de
recuperar el trono que Sífax le había arrebatado a su padre, pero ahora Sífax se había aliado con Cartago y se había casado
con su prometida Sofonisbe, así que Masinisa se volvió prorromano.

En 205 Escipión volvió a Italia. Tras sus victorias en España, los romanos pensaban que si alguien podía derrotar a Aníbal,
ése era Escipión. Tenía sólo treinta y un años y no había desempeñado todos los cargos previos que se requerían para
poder ser elegido cónsul, pero fue elegido de todos modos. Cuando se le propuso enfrentarse a Aníbal en Bruttium, el