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Partenaires a lo singular

Angelina Harari

Lalengua (lalangue) y la enunciación

Mi recorrido analítico es sinuoso, un tanto nómade, se extendió a lo largo de 32


años, con tres analistas y dos interrupciones, una de tres y otra de dos años.
Mi lengua propia, lalangue, me dificultó escoger la lengua con la cual haría mi
primer testimonio. Tuve dos analistas de la École de la Cause Freudienne, análisis
realizados en francés, más el dispositivo del pase. También fue en la enseñanza
de Lacan, a través de la lectura de la orientación lacaniana, que reencontré la
lengua francesa de donde surge lalangue, y con ella mi singularidad. No por azar
me dedico a las ediciones brasileras de los Escritos y del Seminario de Jacques
Lacan.
Mi singularidad pasa por el francés, pero pesó en la decisión de dirigirme a
ustedes en portugués el hecho de la transmisión del psicoanálisis -en la cual estoy
incluida- por darse en esta lengua y teniendo como contexto la Escuela Brasilera
de Psicoanálisis (EBP). La última función que ocupé en la EBP suscita el sueño
con el cual termina mi análisis, un sueño de castración y de desnudamiento del
semblante fálico, En fin, es la lengua portuguesa que drena la producción que se
hace necesaria para sustentar mi enunciación.
Centraré este testimonio en el tercer análisis, de 2000 a 2009, período en el que
se ve claramente -ustedes tendrán la oportunidad de ver-, la particularidad de la
solución sinthomática, encontrada a partir de una nueva alianza con el goce. Esta
tuvo inicio en septiembre de 2000, al volver de un viaje familiar "histórico" al Egipto
-país donde nací-, busco a mi supervisor decidida a retomar un análisis.
Transformar la supervisión en análisis, transponer la frontera supervisión/análisis,
tuvo una incidencia fundamental en la sinuosidad del recorrido analítico, el propio
supervisor me había señalado que se trata de una frontera tenue. Hoy en el pase
3, o sea en el testimonio, que se retrotrae al pase 2, el del dispositivo, entiendo por
qué yo registré en la memoria y fuertemente las frases del supervisor y ellas me
sirven de referencia hasta hoy; desde el principio, en 1.987, cuando inicié la
supervisión (control), ya había transferencia analítica en juego. Debo agregar al
análisis de nueve años los trece de supervisión, período que casi coincide, en el
tiempo, con el segundo análisis.
Entre los fuertes registros de esta práctica de supervisión, situado entre lo trágico
y lo cómico, están las frases de la primera supervisión: me presento asentada en
una posición infatuada de analista kleiniana, sin embargo desafiante de la IPA,
habiendo tenido el alta analítica, discípula directa de Karl Abraham, linaje
promulgado por mi primer analista franco-argentino. Presento como material la
narración del análisis de una joven histérica entristecida y soy interpelada con la
pregunta: ¿dónde está el sujeto del inconsciente? ¡Sorpresa! En aquélla época,
para mí, el inconsciente estaba por todos lados, bastaba hablar de alguien. Frente
a la insistencia del supervisor comencé a inquietarme y a introducir más detalles,
hasta que impaciente él cuestiona qué diferencias habría entre mi modo de hablar
del sujeto -se trataba de una joven mujer- y el de su mejor amiga. ¿Estaría él
insinuando que no habría diferencias entre la formación kleiniana, en la cual me
asentaba, y la forma de la amiga de ella de abordar el mismo contenido? El jaque
mate no llegaba aún, pues él dejó para el final la estocada mortal: al cerrar dijo
preferir oír a la mejor amiga hablar de ella, pues a una amiga se le hacen
confidencias mayores.
La decisión del pase se madura en el pasaje del año, de 2008 a 2009, animada
por las intervenciones de Jacques-Alain Miller sobre "¿Qué política lacaniana para
2009?"·

La caída del semblante y de una identificación primordial

En la segunda sesión, en septiembre de 2000, me encuentro hablando de un


personaje de la novela familiar, la abuela paterna, como figura identificatoria y S 1,
nunca había asociado nada con ella; no era que ella no fuese un personaje central
en la historia familiar, pero parecía tan distante de mi trayectoria; se devela
entonces para mí el lado mujer fálica identificada con esa mujer fuerte, de origen
europeo, que vivía en países árabes. Tenemos el mismo nombre, Angelina Harari.
El supervisor había mantenido la misma posición de dureza de aquélla primera
supervisión que comenté, esto durante varios años; es la misma posición de la
abuela paterna, mujer dura que prefería a los hombres, pero, mientras tanto, fue la
transferencia dulce y afectiva con que este supervisor me acogió como analista,
traspuesta la frontera supervisión/análisis, lo que devela esta identificación con la
mujer dura y consecuentemente con el semblante de dureza que encarnaba.
Los analistas anteriores fueron escogidos a partir de este rasgo de dureza, algo a
lo cual yo aspiraba en cuanto mujer sefaradí, tímida, afecta a dejarse llevar por el
Otro, siempre dispuesta a responder a la expectativa de este Otro.
Responder a la expectativa del Otro fue una fórmula planteada por el analista:
"Usted es el joker de la expectativa del analista", carte à tout faire en francés, o
curinga en portugués [N. de T.: comodín en español], señalando en la escena una
mirada atenta al Otro para atender a su deseo.
En la transferencia la dureza de los analistas me llevaba a estar preparada a todo,
desde luchar por la independencia de la mujer o por la liberación sexual en los
años 70, sacrificando hijos y marido. Estaba sumergida en acting-outs, buscando
vías alternativas al psicoanálisis, pero también, en el segundo análisis, a la
búsqueda de la normalización de la vida amorosa, pues liberada del conjugo
-expresión en latín para quien aspira a lo conyugal-, rompo con el casamiento de 7
años, marido que escogí principalmente por ser distante y duro, y con quien tuve
dos hijos. La liberación del conjugo me coloca a merced de la faceta identificatoria
con la abuela paterna que sólo percibo retroactivamente, pues ésta históricamente
rechazó la costumbre del levirato en complicidad con la hermana más joven, que
se negaba a casar con el cuñado. Las dos, apoyadas por la familia, abandonan
Siria para ser profesoras en el Cairo, Egipto. La ley judía del levirato determina
que la viuda se case con el cuñado. Yo admiraba mucho a esa mujer intratable
que viuda, por su cuenta, crió a sus hijos con "correa corta", haciéndose obedecer
a toda prueba. De su prole de ocho, seis eran hombres.
Liberada del conjugo, pero no del semblante de mujer aspirando al poder, la
entrada en análisis se presenta con una falsa salida: la de encarnar la Otra mujer
sobre la cual el hombre no tiene derechos de posesión absoluta. Un sueño permite
la localización subjetiva: "Era de noche, estaba en mi cuarto en la casa de playa,
cuando veo un murciélago colgando en el techo". Este animal que vive de noche
condensa el goce clandestino del cual extraía un placer y me quejaba al mismo
tiempo. El goce clandestino de la Otra mujer que yo me tornaba en la relación con
los hombres, una forma de no constituir pareja, de no someterme a las
condiciones masculinas. En este sentido la sumisión que existe en el goce
clandestino traía sufrimiento ya que iba en contra a esta identificación de mujer
dura.
Como fue mencionado anteriormente, la transferencia dulce y afectiva del analista,
en contraste con la dureza de él en las supervisiones y de la dureza de los otros
dos analistas permitió la caída del S1, al descubrir esta identificación con la mujer
fuerte y entender por qué no había hablado de esta identificación en los análisis
precedentes.
La versión fantasmática del dejarse llevar por el Otro fue interpelada por la fórmula
"Joker de la expectativa del analista", colocando en escena la vigilancia y la
mirada sobre el Otro. Esta fórmula se encadena con otra, una interpretación que
no apunta al fantasma, pero sí al funcionamiento en la vida amorosa: “Usted entra
de buen grado en los juegos de amor: usted elige, no es la elegida”.

Declinación de la no-relación en la vida amorosa

Este acento colocado en mi posición histérica desestructura la defensa del


"dejarse llevar", se mueve el contexto de la relación con los partenaires del amor.
Creía ser elegida, si soy la que elige. ¿Cómo hago entonces? La interpretación
indica el funcionamiento con el partenaire-síntoma.
Cambia el contexto con el partenaire del amor, o sea, el binario clandestino-oficial
en que me encontraba presa, como en un impasse, y por eso intentando encontrar
una salida para el impasse, la salida aparecía siempre como la normalización de
mi vida amorosa, una solución para el goce clandestino, como si hubiese solución.
Al cambiar el contexto, cae por tierra la pretensión de casarse o de abrazar la
causa del celibato, no es más necesario el "todo o nada".
No más empujada a aspirar a lo conyugal, al conjugo, el binario clandestino-oficial
se deshace, permitiéndome aflojar la relación con el goce.
Al renunciar a formar pareja en el sentido de "formar Uno", se introduce una otra
manera de formar pareja, de hacer Uno. ¿Qué quiere decir esto? Una forma de
introducir la singularidad, en la singularidad de formar pareja. El impasse había
establecido una condición de amor de no formar pareja: casamiento o nada,
entonces nada. En la dirección del tratamiento, volver permitido el goce
clandestino a través de su oficialización es un revés normativo de la vida amorosa,
que da solución al goce.
Entiendo este impasse como el mantener la esperanza en la expectativa de
erradicar el goce opaco del síntoma: de clandestino a oficial, lo oficial confundido
con el goce permitido esperado en el final de un análisis. El goce oficializado había
deslizado hacia el goce del matrimonio. Y en ese sentido había un progreso en
cuanto al sentido que se puede esperar de un análisis.
Me acuerdo bien de un momento de las entrevistas preliminares, ya con el tercer
analista, donde planteé esta cuestión del matrimonio como un bien que debe ser
alcanzado y la respuesta fue: "Estamos casados con el objeto a". La pregunta
señala bien mi expectativa de volver transparente el goce opaco del sinthome, de
liquidar los restos sintomáticos. Confundía síntoma con sinthome, pues éste jamás
es eliminado (J.-A. Miller, Opcáo Lacaniana 55).

Sueño de castración y caída del semblante fálico

Como evoqué en el inicio fue un sueño el que reveló una demanda de pase, un
sueño que llamo de castración: "En la noche del cambio de año, o sea, en la
madrugada del 2009, una vez que nos dormimos después del gong de la media
noche, sueño que estoy en reunión de Consejo, hablo en voz baja, casi
susurrando; hablaba de mi gestión en la presidencia del Consejo como un fracaso,
e interpreto la presencia de un colega que no forma parte del Consejo como la
presencia de la muerte, pues él acababa de perder a su padre".
Este sueño ocurre después de una interpretación del analista hecha tres meses
antes -que en los análisis transoceánicos, como fue mi caso, es como si hubiese
ocurrido en la víspera del sueño-. El analista señala un punto de satisfacción, de
autosatisfacción, dicho al modo freudiano. ¿Y de qué hablaba yo en esta sesión?
De la renuncia a formar pareja, en el sentido de "hacer Uno", dividiéndome entre
dos amantes, con encuentros esporádicos en lugares muy distintos, y agrego la
frase que el analista retuvo: con cada uno de ellos formo pareja de modo diferente.
Esto puede sugerir -aquí es donde el análisis se vuelve Uno, como comentó JAM
en el Forum del 11 de abril de 2010- que el desplazamiento sinthomático de mi
posición histérica consiste en "hacer pareja" de otra forma, admitiendo la ligereza
y la contingencia, al modo de la "pareja" analítica que se constituye y se deshace.
En este punto del testimonio la lengua francesa juega mejor con la homofonía,
faire couple, qui peut se faire et se défaire [N. de T.: hacer pareja, que puede
hacerse y deshacerse]. Libertad de la cual sentí los beneficios en mi práctica
analítica.
Pero no fue suficiente para ser nominada, mi pase fue relanzado por el cartel y los
dos pasadores pidieron mayores precisiones, lo que me permitió agendar las
entrevistas al día siguiente de las jornadas "históricas" de la ECF. Diferí el
relanzamiento del pase dos meses, me hice esperar para así poder asistir a la 38°
Jornada de la ECF. Y el cartel tenía razón, forma parte de mis restos sintomáticos,
acostumbro detenerme y no entregar todo, como efecto de la fuerte inhibición y de
la inmersión en el goce clandestino del cual padecí durante muchos años. Y como
cabe al pasante la decisión de parar... me quedé corta, como se dice en
castellano.
Circuló, en esa época, que el cartel del pase había interpretado la función del
pasador, publicado en el Journal des Journées, evocando una inhibición de la
curiosidad, atontados bajo las anotaciones, muchas veces transmitiendo al cartel
textos escritos por los pasantes.
En mi pase el relanzamiento fue esencial, pues sé que hay, fuertemente de mi
parte, una tendencia a soltar lo que tengo que decir solamente cuando soy puesta
contra la pared; hay una expresión en francés que me gusta, pressé comme un
citrón [N. de 1: apretada como un limón]. El dejarse llevar por el Otro deja restos y
rastros. El cartel quiso saber más de la particularidad de la solución sinthomática
encontrada en análisis, sobre el nuevo arreglo de mi vida afectiva, detalles que no
adelanté sobre el estilo de las relaciones, en fin, cuál es la nueva alianza o
reconciliación con el goce, qué tipo de pareja, etc. ¿Por qué jamás Un hombre?
+Quelle est sa mise? ¿En qué apuesta ella? se pregunta el cartel, ¿no será Un
hombre, pero sí una serie, bajo la dirección de la gula del superyó de la abuela
paterna? Otro, otro, otro...
Es preciso tener en cuenta que entre los bastidores de las reticencias al amor
pasional, posesivo y exclusivo, corría la vía fantasmática: dejarse llevar por el
Otro, con episodios bien precoces en mi infancia, seducida por primos más
grandes, al punto de haber tragado píldoras peligrosas, remedio de la abuela,
cedidas a mí con mucha gentileza por uno de esos primos. Seguidos por un exilio
familiar "voluntario", pero del tipo elección forzada, cuando toda la comunidad
judía es exiliada en el inicio del conflicto político y religioso entre árabes y judíos.
Doble y al mismo tiempo triple traumatismo: juegos sexuales, exilio, enfermedad
del padre, ¿cómo se entrelazó esta trenza?
Formar pareja de forma diferente cada vez es mi singularidad, rehúso la idea de
serie, incluso porque esta solución sinthomática de armar pareja también se ejerce
en el par analítico y en el lazo con las mujeres, no ocurre solamente en el juego de
la comedia de los sexos.
Lalengua entra en escena en la formación de la pareja, por ser lenguas distintas
cada vez, no cualquier lengua, pero sí las lenguas en las cuales tengo destreza,
pero también porque hay en cada pareja razones singulares. En función de la
interpretación "usted es quien elige" busco relaciones cada vez más
enriquecedoras, donde admiro y soy admirada, liberándome del juego pasional,
del dejarse engañar. En este "formar pareja de forma diferente" la relación sexual
puede ser colocada a distancia, minimizada, postergada. El "usted elige" me lleva
a relaciones que contemplan mi pasado, mi cultura: "hablar de amor" en mis
lenguas, el árabe remite a mis orígenes, el francés y el español abren la vía que
remite a mi familia del exilio, forzadamente cosmopolita, expandida: Ginebra, San
Francisco, New York, Buenos Aires, Johannesbourg, Melbourne.
En la elección amorosa se trata de encarnar el objeto para el otro, formando una
pareja diferente con cada uno que me toca por razones singulares de lalengua. Mi
solución particular ha dado al goce cierta plasticidad, puedo hacer uso, sin
desborde, pero no sin algunos pasajes al vacío y momentos de inhibición, en fin
sin buscar dominarlo. El deseo de Singularidad ocupa la escena analítica, ser
plástico en cuanto a hacerse causa de deseo del otro testimonia sobre la posición
femenina y la del analista, buscando la singularidad de los otros.
La "pareja analítica" es algo que se vuelve y se hace paulatinamente: incidencias
sobre una práctica marcada por la psicoterapia en el inicio de la formación en
París. Razón que lleva al supervisor a decirme que no le parecía que yo
practicaba el psicoanálisis kleiniano, pero sí que yo me mantenía en reserva,
distante, en francés usó la expresión Vous n'étes pas sortie de votre quant-à-soi, y
como yo no entendí la expresión me entregó un papel con la expresión escrita,
incitándome a buscar la acepción en el diccionario. Guardo el papel hasta hoy,
esperando, quién sabe, que Judith Miller proponga una exposición de
interpretaciones concretas en algún evento.
Una forma de salir de mi reserva es por la alteridad, el "hombre sirve de relevo
para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él"
(l'homme sert ici de relais pour que la femme devienne cet Autre pour elle méme,
comme elle l'est pour lui), fórmula de Lacan. La orientación hacia lo singular está
inscripta en esta primera supervisión en 1987, retomada 13 años después, a
través del pedido de análisis (Escritos, "Ideas directivas para un Congreso sobre la
sexualidad femenina", p. 711). La orientación hacia lo singular, según Jacques-
Alain Miller, no quiere decir que no se descifre lo inconsciente, es "junto al
inconsciente donde eso habla, está lo singular del sinthome, donde eso no habla a
nadie. Razón por la cual Lacan lo califica de acontecimiento del cuerpo" (La Cause
freudianne 71, p. 78).
El sinthome, que es condicionado por lalengua, para la cual no hay salida, es esto
lo que se trata de alcanzar, un sin salida que considera los restos sintomáticos y
acepta que "el pase no sea del orden del todo, sino del no-todo" (J.-A. Miller,
"Semblantes y Sinthome", Conferencias porteñas 3, p. 251).

Traducción: Patricio Álvarez

Jacques-Alain Miller –Haré algunos comentarios sobre su testimonio. A grandes


trazos, hay uno puesto en tensión -Freud hubiese dicho un conflicto-entre el
registro de la identificación y la dimensión del deseo y del goce. Es un gran
clásico.
Es ya más preciso cuando se retoman sus propios términos: la identificación o la
mujer dura y fuerte -tomado del registro familiar, que representa una potencia
fálica- y lo dimensión del deseo donde se trata, al contrario, de dejarse hacer.
Usted expresó muy delicadamente en brasilero que hay un costo en dejarse hacer
por el deseo del Otro.
Finalmente, usted recuerda que la posición del analista es una posición femenina,
y usted tiene esto, rápidamente, en el bolsillo. Lacan decía que, de una cierta
manera, las mujeres son analistas natas. Este es el comodín, usted es el
comodín. Está usted y el sujeto Angelina y la carta o todo hacer [N. de T.: carta o
naipe comodín] que se deja captar por el deseo del Otro, que se deja dar un valor
por el deseo del Otro.
El analista señala entonces un desfasaje suplementario: en estos asuntos de
amor era igualmente usted la que elegía y, en el interior del dejar-hacer, usted
continuaba siendo lo mujer dura y fuerte.

Reserva, pudor y permiso

En el registro del goce, hay ese rasgo de clandestinidad -bien localizado por
Freud- con lo que se puede ahí atribuir de culpabilidad, con lo que la
clandestinidad comporta de sumisión, y una salida hacia la sublimación. Ahí
todavía tenemos un conflicto con la identificación a la mujer fuerte, puesto que es
necesario someterse, ocultarse. Hay un goce en ocultarse, pero hay asimismo una
tensión. Esto está muy bien resumido en una expresión que usted, Angelina
Harari, dice amar mucho -pressée comme un citron (exprimida como un limón)- en
francés en su texto. Exprimida como un limón por el Otro -como usted lo es por lo
demás aquí de alguna forma- exprimida por el Otro de la AMP. Pero hay al menos
una parte donde usted no se deja exprimir como un limón totalmente, puesto que
usted no comienza su relato más que en el segundo analista. Esto está también
muy bien representado por el término quant-à-soi [N. de T: en español: en cuanto-
a-sí ó relativo-a-sí, ó respecto-a-sí]. No perder jamás su quant-á-soi, es el pudor
que se exige en los relatos del pase. Este no es el velo integral, pero sigue siendo
un velo, y usted no ha perdido el norte a este respecto.
Se asiste así a las tribulaciones de una soltera. Usted emplea el término "la causa
soltera, pero usted no quiere hacerse el saltimbanqui. Se trata pues de las
tribulaciones de una soltera que no llega a satisfacerse de un hombre, que no
llega a hacer pareja, lo que es también un gran clásico. El no todo femenino de
Lacan quiere decir que ninguna mujer se satisface de un hombre. Pero el rasgo
particular de su testimonio, es que no hay del al menos Uno. La amarra fálica
masculina no aparece en su texto. Lo que se le asemeja un poco es la
interpretación que figura sobre ese papel que usted ha guardado. Ahí, usted no ha
salido de su quant-á-soi
Usted instaba a Judith Miller a exponer un día este género de objetos de
interpretación. ¡Yo no sé si es de una práctica muy difundida escribir
interpretaciones sobre pedazos de papel! Es especial. Yo no sé si hay con qué
hacer una exposición, ciertamente no un museo, en todo caso.
De cierta manera, usted ha salido al menos de su quant-á-soi Decidir hacer el
pase y ponerse a contar todo lo que usted ha relatado delante de todo el mundo,
es la demostración en acto de la salida del quant-á-soi en una justa medida.
¿Qué del sinthome? Leyendo su texto con la cuestión de saber lo que ha
cambiado, la fórmula lacaniana del pasaje de la impotencia a lo imposible volvió a
mí -uno no llega a desprenderse de Lacan y se lo exprime como un limón. Hay un
cambio de modalidad lógica concerniente a lo que usted experimentó y tradujo por
un Yo no arribo ahí y lo sufro. Yo me decía, a propósito de lo mejor en el sinthome,
de lo mejor en el cuadro del modo de gozar, que en el fondo esto está bien
traducido por ese simple cambio de modalidad lógica. Modalidad lógica, eso dice
que no se cambia la proposición, que la proposición sigue siendo la misma. Lo
que cambia, es el pequeño signo que se pone adelante y que es -o necesario, o
imposible, o contingente. Acá, se cambia el signo impotencia en signo imposible.
Es ya una manera muy simple de aprehender cómo puede haber algo mejor en
algo en algo que no cambia.
Puede ser un poco reductor, pero esto abre sobre lo que me parece estar
presente en su relato: desemboca un cierto permiso. Aunque usted no haya dicho
la palabra prohibido, todas esas dificultades o esos padecimientos se ordenan en
el hecho de que hay un prohibido, que usted transgrede, sin duda, pero está de lo
prohibido. E inmediatamente usted hace lo mismo, pero está permitido. El hecho
que esté permitido cambia el estatuto de la clandestinidad, y muchas otras cosas.
El permiso, finalmente, es también una suerte de modalidad lógica. El enunciado
es el mismo, simplemente, delante, está el signo prohibido o el signo permitido.

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