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S RN 5 Eó
HARVARD COLLEGE LIBRARY
SOUTH AMERICAN COLLECTION -

THE CIFT oF ARCHIBALD cARY cooLIDGE, ’87


AND CLARENCE LEONARD HAY, 'o8
IN REMEMBRANCE OF THE PAN-AMERICAN SCIENTIFIC CONGRESS

SANTIA GO DE CHILE DECEMBER MDCCCCVIII


-

o E. As Bo v A Nos.

Boc RAFA

D. Dºs e o

s. A NT A G o
srael cinero rocar co o so, r -
calle de la Compañía, nº 79 .
87o,

a
POETAS BOLIVIANOS.

II.

D ON DAN EL CALVO .
- -----------====* - — — —
--★ →––––––- --
b

P O ETAS B O L IV IA NO S.
----
--

BIOGRAFIA

DE

D. JDAN el 2 a Lvo.

S ANTIA G O .
EsTABLECIMIENTo TIPogRAFico DE EL INDEPENDIENTE,

calle de la Compañía, nº 79 F.
187o.
SAST o C , \

Harvard nº "a-o Lh rary


C “t o «
Archibalcº Cary Cooldge
r, º r

Clarence Leonard Hay


April 7, 19O9.

MiCROFLMED
ATHARVARD
**º
BIOGRAFÍA.

Dichosos los que recibieron al nacer los dones del injenio, i que
trajeron al monumento incipiente de la literatura hispano-ameri
cana un trozo siquiera labrado en su taller. Para algunos de estos
beneméritos obreros los estimulos del renombre, las espectativas
de la fama, los lauros de gloria inmortal.

Pobres de los que llevaron al cultivo de las letras los anhelos


mas caros i ardientes de su alma, conociendo ellos mismos que
las fuerzas mas viriles de su espiritu no llegarian jamas hasta la
impulsion que inventa i que produce. Ocio estéril son sus labo
res. Grato olvido descienda sobre ellos si aceptaron su suerte sin
envidia ni amargura, i si ántes al contrario preconizaron los titu
los literarios de los otros, empleando su sentido comun en trillar
el sendero todavía agreste de la critica.

La critica desinteresada i previsora nunca estará mas obligada


a usar de su derecho democrático de exámen, como en esta época
primitiva i rudimentaria en que nuestros jérmenes literarios se
agrupan buscando cohesion i solidez, i cuando los diversos ensa
yos que aparecen van acaso destinados a las basas i cimientos de
la nueva literatura que se levanta.
Hoi por hoi es un libro de poesias, que viene ¿de dónde? de

Bolivia, que busca asilo en tierra de Chile, que se hospeda en


esta capital, imprenta de El Independiento, i que sale despues a la
calle, mui si señor, vestido con la estampa tipográfica bajo el
nombre de Rimas de don Iraniel ("alco. Donde quiera hoi se le

verá; en los clubs, en las librerías del comercio, en los salones de


lectura, en las bibliotecas úlicas. Los hombres del charqui
aprensado i del ocho i medio por into lo arrojarán "como im
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portuno; los políticos militantes que no sueñan sino en la salvacion


de la patria lo mirarán con desden; los cultos i letrados se de
tendrán a observarlo; i como su cálculo, en materia de versos crio
llos, fué siempre cometer una sola injusticia probable para esca
par de noventa i nueve chascos seguros, acabarán por apartarse
del libro distraidos e indiferentes. No le queda a éste por de
pronto sino la acojida jenerosa i benévola de los amigos de las
letras del continente, animados a este respecto de un noble cuanto
ventajoso espíritu de corporacion i confraternidad internacional.

Para ellos, afortunadamente, el autor no es un estraño desco


nocido. Las gacetas de Bolivia i algunas publicaciones literarias
de Chile i aun de Europa, han presentado ya algunas muestras de
su cosecha poética. Desechando no pocos de esos primeros ensayos
e incluyendo la leyenda Ana Dorset, que corre impresa desde 1869,
el presente volúmen ha recojido con enmiendas algo de lo ya pu
blicado i mucho que todavía no ha visto la luz pública.

«Muchos padres, dice Lope de Vega, son como las aves; en sa


biendo volar el pájaro, válgale el aire i ayúdele el pico.» Pero en
la paternidad poética es siempre de otro modo; porque el bardo
ruiseñor queda ahí, a responder del vuelo i pico de los hijuelos
que privó de los arrullos del nido para lanzarlos a los rigores de
fuera.

I ante todo ¿quién es ese projenitor aventurero? La respuesta a


esta pregunta de la curiosidad vidriosa, es mui breve en el caso
presente.

Nacido en Sucre el 18 de setiembre de 1832, don Daniel Calvo


tiene la dicha poco comun de haberse mantenido en Bolivia cons
tºntemente fiel al honor, «cuyos altares, aunque estén abandona
dos, reclaman siempre i siempre sacrificios.» º

Ha enseñado i dirijido con fruto algunos años a la juventud.


Luciano decia, que «a esos que Júpiter detesta los hace en cual
quiera parte maestros de escuela».... I profesores en Bolivia, era
de agregar para encarecer debidamente estos servicios de Calvo.

1 Sucre, imp. de España, º de 90 pájinas.


2 Chateaubriand.
7

En el bendecido recinto de su hogar i en su pequeño mundo de


relaciones, estudios i quehaceres, la poesía no fué nunca para
Calvo una bagatela pasajera; sino un comercio íntimo, un recoji
miento grave, una predileccion sin reparos, hambre del alma.

Cuando uno ve en Bolivia estas vocaciones irrevocables i, como


prueba de ellas, un volúmen literario sin necedades ni barbaris
mos, quisiera al punto trabar disputa con ciertos pesimistas recal
citrantes i burlescos de Hispano-América.

Parapetados tras un muro de gacetas de toda especie, boletines,


carteles de anuncios, memorias del despacho, ordo recitandi oficii,
redactores del congreso, recetarios de guisos i postres, guias de
litigantes, precios corrientes, bandos de policía, vindicaciones so
bre empréstitos, tarifas de avalúos, bulas de cruzada, informes de
sociedades anónimas, lenguajes de las flores, alegatos de bien pro
bado, manuales de táctica para las tres armas, oráculos de la buena
ventura, pastorales, silabarios, novenas, almanaques i pólizas, que,
entre varios otros frutos del pais, son los renglones con mas de
manda en el mercado i forman por lo mismo el sustento habitual
de nuestra industria tipográfica; parapetados, decimos, tras este
muro enorme, entre risas i bravos irónicos los utilitarios empe
dernidos lanzan contra su contendor una lluvia de parnasos, nar
ratorias, arengatorias i de cuanto aborto literario acertó, en el
espacio de treinta años, a servir de ludibrio a la malignidad hu
mana en las repúblicas latinas de América. I como su estratejia
estriba en escojer bien su momento i en no dejar al contrario
punto de reposo, en logrando asentar el pié en la efectividad de
algunos hechos i ponerse del lado de las apariencias, la burla
anti-literata como que se tornara de repente en campeon inven
cible.

Dejémosla ahí con su buen humor, i hablemos acá formalmente.

Por poco que uno se detenga a examinar la presente actividad


intelectual de Hispano-América, no dejará, sin duda, de conocer
que, en lo que mira a las labores literarias i poéticas, esa activi
dad no corresponde ámpliamente al despertamiento de ahora quince
o veinte años. Los que hallaren este aserto aventurado confesarán
8

a lo ménos, que si aquellas épocas fueron una alborada precursora,


no ha brillado aun el claro dia de una rica primavera.

No se crea que aqui vamos a entrar en la abstracta i consabida


tésis del progreso i de las decadencias. La civilizacion de un pue
blo es algo de mui complejo, para que, con solo ver el lento jiro
de una de sus ruedas durante algunos instantes, vayamos a afir
mar que la máquina anda trabada en sus movimientos o que ame
naza ruina. La verdad es que las mejoras i adelantos que por
entre mil obstáculos vamos allegando, i esa gravitacion irresisti
ble que a la sociedad hispano-americana impulsa a un estado mas
próspero, son hechos de primera evidencia, como que ellos mis
mos constituyen nuestra porcion de bienestar moral, social i po
litico.

Mas no por eso es ménos cierto que en la suma de tamaños


bienes no entra por mucho, ni aun en la mera parte que debie
ra, la manifestacion escrita del pensamiento. La prensa cotidiana
subviene a nuestras necesidades mas urjentes; pero el injenio no
busca todavía con ardimiento sus formas predilectas, esas formas
que ajustándose aqui a los peculiares requisitos requeridos por
nuestros paises, constituirian al arte literario en hecho notorio a
la vez que en ajente eficacisimo de cultura i progreso.

A otros pueblos cupo la gloria incomparable de amamantarse a


si propios, de formarse por sí mismos, de adquirir sin estraña
ayuda el vigor i robustez de la civilizacion. Una lei providencial
e histórica dispuso que esta América en un principio tuviese a
España por madrastra, i mas tarde (i quién sabe hasta cuándo) a
la vieja i sábia Europa por inevitable nodriza.

Lanzados de improviso i en edad temprana a rejir sus propios


destinos, los raquíticos pueblos hispano-americanos gastan hoi los
mas activos conatos de su pensamiento, i consumen lo mejor de
su enerjia i de sus esfuerzos, en el afianzamiento de sus nuevas
cuanto movedizas instituciones; i no es mucho que de esta coti
diana tarea, a las veces terrible i sangrienta, salga el individuo
mºl dispuesto para la meditacion espontánea i serena, fuente de
la orijinalidad creadora, i que se contente con acopiar en su me
"ºriº los tipos ultra marinos, que en la esfera de lo útil i de lo
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bello, viene a brindarle aqui a sus mismas puertas una civiliza


cion forastera, pero sin disputa la mas avanzada de cuantas re
jistra la historia.

La imitacion: hé aquí, pues, un lazo mui conocido de paren


tesco i el aire mas comun de familia entre nuestros bardos. La
imitacion jenérica, sin ahinco i como por efecto de un ascen
diente inevitable; la imitacion, decimos, de ciertos liricos fran
ceses de la primera i lejítima jeneracion de la casta romántica,
es en la fisonomía de los versos compuestos por don Daniel Calvo
una faccion mui pronunciada.

La verdad es que (volviendo a los contratiempos de nuestra


literatura), la verdal es que no se divisa cuándo tendremos acá
una labor incesante con muchos i espertos operarios. Por ahora
es en vano volver los ojos a ciertos hombres que mostraron alguna
vez felices disposiciones, que tienen dadas pruebas de ilustracion i
saber, i que nunca pierden la aficion ni los hábitos del literato.
Porque fuera de algunos casos notables en el Plata, Chile i Co
lombia, ellos están prendados de sus autores favoritos i como en
frascados, o refinados, o saciados, o estragados, o repletos i sa
tisfechos con las literaturas estranjeras; las cuales, si a menudo
suelen levantar en los cerebros juveniles ventoleras de imitacion,
en la inventiva de estos repastados sibaritas dejan casi siempre la
impotencia i la esterilidad incurables.

Vedlos, i qué soberbios, i cómo derraman a torrentes el desden


sobre cuantos ensayos dieron a la publicidad jóvenes mal prepa
rados sin duda, pero animados siquiera de nobles i levantadas
miras! Aduaneros inexorables de la república literaria ai del
temerario que sin la vénia fiscal junta su bagaje i se asoma a
los sagrados linderos. Custodios solapados del sancta-sanctorum
de la poesia, incapaces de adorar con ofrendas, ahi están ellos
para castigar las profanaciones; i en sus manos el buen gusto se
convierte en lima acerada, la critica en hacha de leñadores, la
erudicion en maza para demoler.

¿Qué estraña es esta furia de los doctos, cuando el vulgo, que


nunca supo desdeñar a los vocingleros perjudiciales, suele ensa
ñarse a tontas i a locas contra ciertos principiantes estudiosos i
-
o

de buenas aptitudes? Años atras decia el poeta Cortez en una


carta: «He alentado a Calvo miéntras muchos le hacian la gue
rra.» I era en efecto un justo motivo de orgullo. Mas tarde, Cor
tez ministro destituyó a Calvo rector, que se habia separado del
amigo para militar en su contra, sin duda por aquello de Cice
ron: Ab amicis discedendum esse, si peccem in rempublicam: «Se debe
romper con los amigos cuando pecan contra la patria.»

Loado sea Dios; i maravillense cuanto quieran los burlones, los


apáticos i los indolentes. Asi i todo, hai ya una naciente litera
tura en América, compuesta de cierto número no despreciable
de obras duraderas, aparecidas aquí i allá, años atras i ayer,
en dias serenos i en noches de tempestad; acabadas con el arte
algunas, arranques las mas de una afortunada improvisacion; fru
tos de semillas importadas de otros climas entre flores indíjenas
que brotaron a la intemperie en el cráter de los volcanes.

Sin duda alguna el cultivo literario exije en nuestro suelo vir


jen una estacion todavía mas benigna; pero que no se abatan los
pueblos del continente abrumados por un cúmulo de desdichas, ni
se engrian tampoco los que supieron fundar la paz pública i a su
sombra el bienestar privado. Porque este nuevo injenio que se le
vanta no tiene por lo visto hijos desheredados, ni preteridos, ni
mejorados; i los que por su cultura precoz ganaron en correccion
i abundancia, perdieron la gallarda sencillez de los que yacen en
rústico abandono; i porque donde quiera truenan los ímpetus de la
pasion en unos, al lado del melodioso murmurio i la blandura me
lancólica de otros.

I eso que acá no hai jenios-lumbreras, sabios-palancas, focos


académicos, patriarcas consagrados de tradiciones venerables, após
toles de innovaciones flamantes, falanjes de sectarios, culminan
1 «Solo diré a Vd. que he sido de contínuo alentado en mis trabajos por las
insinuaciones repetidas i jenerosas de mis annigos, entre los cuales, por el vivo in
eres que siempre me manifestó, ha figurado ántes de almora don Manuel Jusé
Cortez, de quien desgraciadas ocurrencias politicas me han alejado un tanto últi
mamente. Fué tal nuestra confraternidad literaria, que hemos sometido alternati
vamente a nuestra reciproca censura nuestros versos trabajos de todo jémero,
aceptando con franqueza i agradecimiento nuestras mútuas correcciones. Así, he
tenido largo tiempo en mi poder el libro de composiciones literarias de Cortez,
como él ha tenido en el suyo cuanto bueno o malo ha salido de mi pluma, º Car
ta de Calvo, fecha 20 de mayo de 1864.
1

tes jerarquias, palestras de las artes, etc., etc. Resortes ya vistos


de literaturas conocidas; i cuán errado anda quien, por solo
echar ménos vuestro imponente estrépito, concluye que aqui el
afan literario no consume una parte de nuestras fuerzas espontá
meas con visos de tornarse en trabajo forzoso de la vida!

No hai en verdad todavía con que sostener las pompas i los


esplendores de un culto público, solemne, nacional; pero el culto
privado i solitario de los espíritus está ahí de firme, i se puede
certificar su existencia con documentos fehacientes mui estima

bles. Así como las praderas de los valles andinos se fueron for
mando por aluviones sucesivos i eventuales, el monumento popular
de la literatura hispano-americana, se va componiendo poco a
poco de agregaciones de partes justapuestas, labradas en dis
tintos parajes, en ocasiones diferentes i en variedad de matices i
figuras: que a cualesquier jiros del pensamiento i a toda suerte
de gustos provinciales se sabe adaptar en su riqueza esta flexible
lengua castellana. Singular i estraordinaria arquitectura, que
vinculará los caractéres de su orijinalidad, no talvez en las piezas
separadamente ni en el invento de tipos desconocidos hasta ahora,
sino en las mismas estrañas circunstancias de su formacion, en la
profunda unidad democrático-cristiana del conjunto, en el aspecto
i proporciones de perspectiva que le darán los destinos misterio
sos de esta raza ilusa, turbulenta i apasionada.

Miéntras tanto, la imitacion no es mas que una travesía donde


muchos consumirán sus provisiones i sucumbirán. En rigor no es
vorájine sino escollo. Las poesías de don Daniel Calvo nos lo re
cuerdan tanto itan naturalmente hoi, cual ántes de ahora las de
otros poetas estimables de nuestra América.

No hai duda que la imitacion timida, servil, artificial, colmo


de aspiraciones, es a menudo signo de impotencia i rauda lleva
en derechura al olvido. Pero librenos Dios de pensar que la mu
chedumbre de nuestros bardos distinguidos, don Daniel Calvo
entre ellos, pertenecen en alma, vida i corazon a esta escuela de
maniáticos. Lo que podriamos sostener aqui, contrayéndonos a
éste, es que el defecto de su poesía o, mas bien, la deficiencia de
su poesia, diImana de haber él frecuentado, sobre todo al comien
2

zo de su carrera, las vias imitadoras. El manoseo de la imita


cion voluntaria le hizo caer en la imitacion imprevista.

Calvo, con todo, no se muestra mui esperto en la ciencia de


verter poesias francesas, inglesas i alemanas a nuestra lengua, ni
mui inspirado en el arte de la imitacion especifica de ciertas
piezas deliberadamente escojidas. Heine, Byron, Lamartine, Hu
go, tienen por ello graves cargos contra él. En el volúmen que
nos ocupa pueden verse unas pocas de esas poesías estranjeras,
una de ellas tan mal avenida con la carta castellana de natu

raleza que ha querido otorgarle Calvo, que no cede un ápice en


mérito a la caterva de traducciones e imitaciones de esta especie
que pululan cada mañana en América; i esto es mucho decir de
quien no es ciertamente un rimador pedante. Pero es mui proba
ble que Calvo no haya atribuido ninguna importancia a estas
inocentes profanaciones autorizadas por la moda. De otra suerte,
su propia conciencia fuera la primera en reclamar contra estos
cuasi-delitos. Por lo demas, no puede escaparse a su buen cri
terio, que si entre la mortandad cotidiana de esos partos siete
mesinos subsisten todavía, por ejemplo, todas las imitaciones que
atesoró el ilustre Bello, las que estampó Irisarri i las dos traduc
ciones que de Byron dejó el malogrado Arcesio Escobar, es por
que en su primor concienzudo el arte acertó a modelar en ellas
lo que el alma habia sagazmente interpretado i concebido.

La plaga de la imitacion vaga i jenérica, i el calco i el reme


do específicos con su alarmante estadistica de defunciones, han
infundido un pánico terrible a ciertos pensadores, que cºn estos
i otros males ven puestas en inminente riesgo la suerte i la
existencia de la literatura hispano-americana.

No participamos de terror semejante; i es fuerza que él no ha.


ga olvidar a sus victimas los ejemplos, en contrario, de la his
toria.

Una nacion inmensa, en grado subido intelijente i sensible,


que hablando una lengua inmortal en medio de una naturaleza
virjen i espléndida, se ejercita heroicamente en la vida libre por
todos los caminos de la civilizacion, constituye, de grado o por
fuerza, mas tarde o mas temprano, una personalidad poderosa, ori
13

jinal e irresistible en la manifestacion literaria de su pensamiento.


Los obstáculos actuales i otros aun mas graves que sobrevengan,
retardarán quizá los resultados necesarios; pero no cambiarán la
existencia eficiente de este hecho fundamental.

Ademas, como adherencia de una iniciativa individual espontá


nea i libre, la imitacion en sí misma es fuerza i lleva a la oriji
malidad. En las bellas letras no es derecho inviolable el dominio.
Con un solo rasgo bien acentuado, el injenio puede hacer tam
bien suyo eso mismo que ya era de otro. En pedestal ajeno se
esculpe estátua propia, i vice-versa; o el mismo material se refun
de conforme a una actitud nueva; o en la alhaja el engaste es de
uno i la piedra de otro. Sobran casos de las mil diversas mane
ras de esta comunidad en las obras del arte.

Esta libertad suele convertirse en despotismo. El timbre fuer


te, por ejemplo, borra el timbre débil. El título antiguo cede en
tónces al nuevo, cuyo poseedor entra al punto a adquirir con do
minio pleno, absoluto, sin participes ni comuneros. Lo peor es
que, segun lo acredita la esperiencia, estos despojos violentos no
son los mas espuestos a ulteriores revocatorias. Pero son raros.
Lo mas corriente es apropiarse lo que, no llevando todavia sello
personal, impreso o grabado, se reputa res nullius, aunque ya
otro lo haya arrojado en el comercio humano.

¿No imitaron Olmedo i Heredia entre nosotros? El entusiasmo


lirico, esencialmente personal, repentino, fugaz, no está con todo
ménos espuesto que los otros a las invasiones periódicas de las
influencias literarias. Los siglos gloriosos imitaron. La historia
del arte escuela es de buen gusto. Modelarse en sus dechados no
es intrepidez en muchos; pero siempre es cautela. Es buscar un
tipo de lo perfecto por el camino de la esperiencia; i lo perfecto
es requisito de la inspiracion, nó la inspiracion misma.

La anarquía i el despotismo, enjendrando en Bolivia el decai


miento moral, han encorvado el ánimo de la juventud hácia el vasa
llaje de la imitacion inconsiderada; bien asi como han arraigado el
predominio del tambor mayor de palacio, de los prostidijitadores ale
ves, de los histriones patibularios, de los saltimbanquis, las concu
binas, los cacos i los jugiares de que at i charango. Belzu decia.
14

con sonrisa irónica ahora veinte años: «Déjenlos conspirar, que


ahí les soltaré yo mis perros rabiosos.» Pero es la verdad, que
ni en sus accesos de hidrofobia dió suelta aquí i allá a mas de un
can. Tiempos atrasados. Bolivia es hoi presa de la jauria ham
brienta de todos los perros rabiosos.

Como puede notarse en la coleccion de sus rimas, esta pobre


patria ha arrancado a Calvo nobles, sentidos i varoniles acentos.
Aunque los estadistas bolivianos nada durable acertaron a consti
tuir, i aunque entre tantos escombros hoi solo quedan de pié dos
de las tres cosas que dejaron los fundadores; esto es, la inde
pendencia nacional i la democracia ya que el territorio ha visto
cercenada su integridad últimamente), la musa de Calvo se ha
espaciado tejiendo guirnaldas a tres de esos estadistas. Sea en
buen hora; i no estamos nosotros para rebatir al poeta su idea
lismo de admiracion patriótica ni sus quimeras en materia de
biografía heroica.

Aplaudimos de paso el olvido a que ha condenado él mismo su


canto furibundo contra Belzu. No carece en verdad de cierta
fiereza vibrante; pero sus estrofas sobrepasan en su mayor nú
mero el diapason del arte.

Si Calvo no lo publicó en febrero de 1853, fecha de su composi


cion, no fué por cobardia sino por prudencia. Algo mas que
lanzar al rostro del tirano una invectiva en cuartetos alejandri
nos, fué alzarse a fines de l854 contra él en la sublevacion del
entónces coronel Achá; campaña que, como la del sur en 1865
contra la usurpacion de Melgarejo, a que concurrió Calvo en ca
lidad de secretario jeneral, tuvo un éxito desastroso i junto con
muchos llevó a este último rápidamente al estranjero.

En Bolivia no hai conservadores ni liberales; i las facciones


victoriosas, perversas o tolerables, no se designan con otros nom
bres mas significativos que los meses del año i aun los dias de la
semana. Calvo fué partidario de la causa de setiembre, como hoi
es enemigo de la causa de diciembre.

La causa de setiembre no es otra que la dictadura de Linárez,


que se entronizó en 1857 i vino a tierra por lo que allá se llama el
15

golpe de Estado de 186l, en que los mismos ministros del des


pacho, solidarios políticos del dictador, maniataron a éste i lo en
viaron a Chile a morir de pena i enfermedad.

Al inaugurarse el réjimen setembrista, Calvo sirvió una jefetura


de seccion en las secretarías de Estado. Al principio, en los dias
tempestuosos de la jenerala i del combate, habia redactado ofi
cialmente el Boletin Republicano. Mas tarde, en la época del afian
zamiento, fué rector de Junin, confirmado a propuesta en terna
de ambos consejos universitario i municipal, i escribió en favor del
gobierno el Siglo de Sucre.

Merece notarse que como redactor gobiernista Calvo se apartó


de la ruta ordinaria de la adulacion al poder; i todavía se recuer
dan las nobles palabras que en el Boletin dirijió a sus correlijio
narios i a la prensa amiga, cuando comenzaba a rujir horas des
pues del triunfo el frenesí de las reformas i de las venganzas.

La negrura sin ejemplo de los palaciegos de 1861, señaló como


puesto obligatorio a su honor las filas opositoras. Calvo lo aceptó
con denuedo.

Pocos dias despues, Calvo preguntaba con visible inquietud en


la Causa de setiembre, si habia todavía setembristas. Cómo no los
ha de haber, se contestaba a sí mismo, cuando la sociedad nece
sita subsistir, i la bandera de aquéllos fué: civilizacion contra
barbarie.

Esta manera de plantear el problema político de Bolivia es en


abstracto de una exactitud matemática. Pero en concreto, «civi
lizacion contra barbarie» es fórmula que allá no abona a ningun
partido de oposicion política, en virtud de aquella reglita peripa
tética: Argumento que prueba demasiado, no prueba nada.

Ante la impotencia radical, cien veces probada i comprobada,


de todos los partidos para constituir el público sosiego, i cuando
con tiranía o con libertad la anarquía devora cada vez con mas
furia el cuerpo social, los lemas políticos bien o mal intenciona
dos no significan nada; nadie puede decir con acierto yo estoi por
1 Boletin Republicano, de Sucre, números 13 i 25, correspondientes al 25 de
octubre i 26 de noviembre de 1857.
16

la civilizacion i aquél por la barbarie; i la sociedad puede echar


léjos a rodar a los estadistas con su ciencia política i a los partidos
con su derecho público.

En Bolivia todo gobierno, por espúreo que sea su orijen, por


depravados que sean sus hombres, por ruinosos que sean sus me
dios, hoi se presenta de hecho o de derecho como ejecutor de esta
lei suprema i salvadora: «Necesidad moral del órden.» Hé aquí un
programa categórico, evidente, preferible a otros mas bellos, por
cuanto para su ejecucion cuenta desde luego con el poder i la
fuerza pública.

Lo duro i lo triste está en que con la majestad soberana de


este principio, que fluctúa entre manos aviesas i osadas, encubre
su lodo, su podre i su veneno el éxito de la fuerza brutal de los
cuarteles. Pero es esta la estremidad a que han llegado las cosas; i
ni poltrones ni revolucionarios tienen por que quejarse; i, pres

cindiendo de escepciones individuales, ninguna faccion o partido co


lectivo puede arrojar con mano limpia la primera piedra; i en pro
de la civilizacion i contra la barbarie es claro que esas facciones i
partidos tienen, por ejemplo, para con el gobierno mismo de la
causa de diciembre, hoi triunfante, graves, imperiosos i heroicos
deberes.

La causa de setiembre acabó con su caudillo. Sobre erróneo,


era ya inoficioso levantar a los aires como estandarte suyo el
principio de los derechos esenciales de la sociedad. Pero sea dicho
en su elojio, esa causa logró dejar ciertas tradiciones políticas
honorables. Convenia, pues, no desperdiciarlas, ántes bien utilizar
en otra forma los esfuerzos combinados de sus partidarios fieles.

La fundacion i organizacion de un partido constitucional con


currió a este propósito, i es sin disputa en Bolivia un ensayo polí
tico de la mayor importancia, aun en vista de su ineficacia actual
i de los sacrificios infructuosos que ha costado.

Calvo coadyuvó a él desde un principio i hasta lo último. Dos


campañas electorales, una lejislatura de oposicion parlamentaria,
lº destitucion que ya sabemos, la redaccion del Constitucional en
1864, la signatura de la Protesta en masa contra la apelacion al
17

pueblo con que un gobierno quiso derribar la lei fundamental, la


persecucion consiguiente a este acto valeroso, la campaña militar
i la emigracion de 1865, la inseguridad constante de su hogar, si
son gajes de la vida ordinaria en Bolivia, tienen su distintivo ho
norifico cuando se sabe que, como soldado de la causa constitu
cional, Calvo no «vivió con variedad de costumbres, » variis mori
bus egit, como dice Tácito, historiador de tiempos nefandos; ni es
como esos otros poltrones del mismo partido, magis ectra vitia
quam cum virtutibus, «mas bien sin vicios que con virtudes.»

En medio de circunstancias tales, el bardo boliviano ha prose


guido su labor literaria, siendo siempre tributario sumiso de las
musas desde 185l en que dió a luz sus primeros ensayos métri
cos º hasta el presente que aparece este volúmen.

—«Soi mozo, soi rico i soi enamorado.—Las tres partes se tie


ne vuesa merced andadas para ser buen poeta.»

Este diálago pasó entre un rimador de pacotilla i Cervántes,


que estensamente i con su habitual donaire lo cuenta en la Ad
junta al Parnaso.

Si la postrera i cuarta parte de la jornada es el talento, un


talento indisputable (acerca de lo cual calla Cervántes), no cabe
duda que Calvo tiene ganada ya la mansion de los buenos poetas.

Es rico, porque no está condenado a una lucha enérjica i cons


tante contra la miseria, porque su bienestar le ayuda a mante
nerse en lo que es debido a la dignidad del arte, i porque puede
decir con Juvenal:

Est aliquid, quocunque loco, quocunque recessu,


Unius dominum sese fecisse lacertae.

“Algo es poder llamarse dueño de un pedazo de tierra, por


pequeño que sea i donde quiera que esté situado.»

En cuanto a enamorado, Calvo lo está siempre de la misma que


ºshoi su esposa, a la cual, como Eloisa a su Abelardo, pudiera
llamar mi única.

1 Melancolía. Poesías de D... Chuquisaca, imp. de Sucre, cuaderno 1.º en 16.”


18

En la pieza intitulada Separacion, de una verdad i sobriedad


perfectas, se hace referencia al misterio de otra pasion antigua
contrariada por el deber. La reserva del autor a este respecto es
un rasgo de sensatez i buen gusto, que aplaudimos doblemente
por lo demasiado confidencial, doméstico e indiscreto que se va
haciendo cada dia el parnaso entre nosotros. Es en vano buscar
en las poesías de Calvo endechas, madrigales i anacreónticas almi
baradas para requerir de amores a las damas; ni quejas, maldicio
nes o sarcasmos amasados con sangre i lágrimas para contur
barlas i sublevarlas. Ni Filis ni Teresas. La fe de una sola per
sona amada no es en verdad una nota ámplia, bien sentida i nu
merosa de su poesia; pero el culto de este afecto profundo, sere
no e invariable consta de sus versos mas o ménos sincera i na
turalmente, a veces al trasluz de uno que otro requiebro román
tico al uso de la época.

Sollozo elocuente de ternura casi filial, que rompió con inde


pendencia i fuerza en la famosa oda elejiaca Al cadáver de Fany,
i que se prolonga todavia en algunos suspiros vagos i fujitivos,
En un dlbum de....., Visita fúnebre i algunas otras, Fany en rea
lidad no es otra cuerda diferente, sino una modulacion mui par
ticular i acentuada de la misma nota erótica; o, si se quiere,
otra nota, pero nota dominante, de un mismo acorde armónico.

«Soi mozo,» pudiera decir tambien Calvo; i si nó, aqui están


sus poesías que lo declaran mas bien.
Ante todo una restriccion.

Esas poesías no son un himno del májico poema que vive o que
vivió dentro i fuera de cada uno de nosotros: la juventud. En ellas
no alienta la espansion exhuberante del alma en sus años floridos,
con su tráfago de alegrías, penas i desengaños; no brilla la fiesta
primaveral con sus trasportes e inexorables inquietudes, i con sus
ensueños de amor, de gloria i de libertad.

«La juventud, dice un malogrado poeta frances, la juventud se


parece a las florestas virjenes combatidas por los vientos: ella
sacude a todos lados los ricos presentes de la vida, i en su follaje
reina siempre algun profundo murmullo.» º
1 Guérin. Le Centa ure.
19

Es esto último solamente, este rumor quedo i misterioso, estos


estremecimientos vagabundos del viento en la espesura, lo que
de la ardiente juventud canta i jime en las poesías de don Daniel
('alvo.

I hénos ahora en campo abierto i frente a frente con aquella


deficiencia de su musa, deficiencia que arriba hemos atribuido a
un estrago de la imitacion. -

Porque es menester convenir en que esta frescura juvenil que


se contenta con ser lozana, afable, simpática, tierna, pero que no
se atreve impunemente a ser pomposa, magnifica, profunda, mar
cial, tétrica, novelesca, hábil, injeniosa, fantástica, mística, etc.,
no muestra en verdad el abatimiento de una esclava sino la volun

taria sujecion de una musa libre.

El mendigo dadivoso fuerza es que hurte. Calvo no se halla en


este caso. Distamos vive Dios! de increparle un crimen, cuando
solo queremos tildarle una imprudencia.

El injenio que se embelesa a menudo voltejeando en los cam


pos-eliseos de las musas, i se pára de repente a dejar un invento
que allí viva, es ni mas ni ménos un temerario; pues se arriesga
entónces a un peligro, el de caer en las reminiscencias, peligro a
que no está espuesto quien inventa a solas, sin emulacion, reco
jido i absorto en sí mismo.

¿Cómo en ese instante de exaltacion discernir con delicadeza lo


lícito i lo ilicito? ¿Cómo separar escrupulosamente lo propio de
lo ajeno? ¿Cómo abstraer la emocion de lo que uno acaba de
admirar en otros, a fin de que brote puro, injénito, espontáneo
el propio acento del alma? ¿Es éste el momento oportuno para
arrancar a ésta sus secretos, provocar su pujanza nativa i lan
zarla en alas de un entusiasmo concentrado en su misma inten
sidad?

La lima, el yunque, el crisol......

Pero no lo olvidemos: estos purificativos son tardíos, se emplean


o nó, a menudo no se emplean, mortifican, apagan el entusiasmo
lirico, su eficacia no es perfecta ni segura. Ademas, el cantor
- 2O

descansa tranquilo en su buena conciencia; i allá va esa oda hija


del alma. No hai que temer al vulgo; pues para él es nuevo i la
mante lo que le llega primero, i en punto a reminiscencias vive
siempre en la mas saludable ignorancia.

Segun las Doce Tablas, los hombres o son injenuos, o libertos,


o siervos. Esta division del estado civil romano es aplicable a la
condicion de los espiritus en la república literaria. Despues de
una buena lectura el libre aplaude i pasa, el que fué alieni juris
admira i se siente subyugado, el esclavo a nativitate idolatra i
cae de hinojos; i como está escrito en la lei que no sea persona si
no cosa, si se levanta es para servir de recipiente.

El epigrafe, la cita nominal, la traduccion de algunas piezas,


la imitacion espresa de otras, las tésis poéticas, las reminiscencias
persistentes: hé aqui los tributos que, aun largos años despues
de sacudida la voluntaria servidumbre, el talento de un fiel liber
to suele prestar en homenaje a sus patronos.

Sobra mérito para creer que don Daniel Calvo se ha emanci


pado ya completamente; pero los que quisieran ver siempre lozanos
los laureles que ha sabido conquistarse, deben decirle todavía:
alerta contra las reminiscencias involuntarias; alerta contra las
odas deliberadamente compuestas conforme a una tésis precon
cebida.

No fuera exacto decir que Calvo pertenece a una escuela mís


tica cualquiera; pero es indudable que en sus versos el sentimien
to relijioso aparece como cuerda de su lira. Mui bien puede ser
que ciertas cadencias cristianas no sean en rigor acentos oriji
nales de su alma, sino ecos simpáticos de melodías venidas de
léjos, simples reminiscencias lamartinianas. Con todo, la presencia
divina en las maravillas de la naturaleza i el coro de las armo

nias universales al Ser Supremo, son cuando ménos una idea poé
tica de su imajinacion, cuyo ardimiento consiguiente la lira de
Calvo ha querido en épocas distintas de su carrera modular al
canto.

A nuestro juicio, el gran himno de Jehovah todavía no ha sido


entonado con acento duradero por ningun poeta hispano-america
2.

mo, Dios ha sido para ellos un tema lirico mui brillante, un asunto
de oda propio para ostentar fuego i riqueza de fantasía. Los
padres griegos con el lujo oriental de su elocuencia, i Bossuet i
Fenelon en el rio majestuoso de su prosa oratoria, no lo consi
deraron de otra suerte cuando querian declarar i exaltar la razon
filosófica, cristiana i providencial de las cosas creadas. Pero ya se
deja ver que por este camino los mas afortunados de nuestros va
tes no habian de hacer sino paisajes magníficos, en el fondo de los
cuales, merced a algunas tintas de Chateaubriand, Lamartine i
Hugo, la omnipotencia divina se diseña como formando hácia los
confines del horizonte un cielo profundo i sereno.
Si por el camino de la fantasía trazaron cuadros, pero no logra
ron entonar a toda orquesta la sinfonia de la naturaleza en home
naje a su Creador, tampoco lo han conseguido por la via mucho
mas breve i adecuada del sentimiento. A la verdad, no escasean
acá cierta clase de piezas del jénero sagrado, i hasta se han prelu
diado melodias simples e individuales que desenvuelven el motivo
de la alabanza divina mas o ménos ámpliamente en una forma flo
rida. Pero el alma penetrada de las maravillas de Dios está aquí
léjos todavía; i preferimos, miéntras tanto, la salmodia cotidiana
del salvaje patagon, que, sin imitar a nadie i levantando al cielo
su alimento, dice: «¡Hombre poderoso, jefe de las tribus, dueño
del sol! Yo soi un pobre poyuchi protéjeme. Que mañana tenga yo
agua, caza i sueño. Mi comida de hoi aquí está; mui escasa, ya
lo ves. ¿Tienes hambre? Tómala, padre mio.»
Un sentimiento vivo de la naturaleza en sus relaciones simpá
ticas con el hombre i con lo infinito, i la uncion relijiosa de una
alma entusiasta i apasionada: tales son, a nuestro juicio, las fuer
zas virtuales del estro que haya de convertir en ritmo lírico, el
trasporte de amor de la creatura humana al contemplar la gloria
de Dios en los esplendores del universo. Este cántico tiene coros
de melodías unísonas i acordes con diversidad de armonias concer
tantes. El fervor relijioso no basta; pero sobre todo abandonemos
como fin i medio esclusivos i primordiales la descripcion i la enu
meracion. Ante todo, es menester «sentir alta i magníficamente
de Dios», como dice frai Luis de Granada, pintor sublime de la
naturaleza, que confuso i enternecido arroja de repente su paleta,
i dice:
22

ºl por esto suplico yo ahora, Dios mio, a vuestra infinita bon


dad, que en tanto que yo estuviere apocando vuestra gloria con
mi rudeza, por no saber mas, glorificándoos estén allá en el cielo
los que os saben alabar, i ellos compongan lo que yo descom
pongo, i doren ellos lo que el hombre desdora con su poco saber.»
. ¡Qué música!

De las fuerzas elementales que constituyen el injenio poético,


la imajinacion, en su carácter de facultad pasiva, es sin disputa
de las mas susceptibles de cultura i desenvolvimiento. El entu
siasmo, i sobre todo esta flor del entusiasmo que se llama númen
lírico, es brote espontáneo i natural. Pero si en todo caso era
forzoso que al producirse quedase atenido el estro a sus propios al
cances, a lo ménos, ¿han sido, en su apoyo, muchas i mui fuertes
las imájenes que en la memoria de Calvo han dejado mediante
una esperiencia personal los libros, la reflexion, la vida? La res
puesta es interesante porque se refiere a un bardo fiel i todavia
en Carrela.

En la estrofa octava de Voces del corazon, pieza de algun méri


to escrita en junio de 1854, están exhibidas las alhajas principa
les del cofre patrimonial de su musa: el ave, la flor, la brisa, la
nube i el arroyo. Estas galas i sus conjéneres inmediatas han for
mado siempre el atavío diario. En las fiestas de guardar, la musa
mas bien que a empréstitos forzosos, ha recurrido a las reminis
cencias vagas i mui a menudo a la fantasia, servidora de apuros,
caballito de siete colores ponte allá, que en sus alas le trajo no
sin deterioro preciosidades lejanas i nunca vistas por el poeta.

Abrimos al acaso el volúmen en las pájinas 17, 24,49 i 74; i hé


aquí a las aves, las flores, las brisas, los arroyos i las nubes, solas
o con sus amplificaciones, sirviendo de vestidura al pensamiento
en tres no nada malas poesías: A F. Ll. de L. señalada por su acen
to de sinceridad; Ayer, Lucy, tristísimo.... soledad florida en don
de, a los sitios que denuncian con su fijeza la fuga sin retorno de
las dichas allí pasadas, nada añaden las nubes volanderas; i A El
vira, sáficos-adónicos intencionalmente sin rima i accidentalmente
con algunas rimas. El asonante furtivo i clandestino afea muche
dumbre de composiciones de Calvo. La cuarta intitulada La Vuel
ta, galano ejemplo de sobriedad selecta, es mui natural en la pin
23

tura del sentimiento juntando a los matices de la naturaleza la


iglesia de la aldea i la lámpara del santuario.

A veces cualquiera de esos objetos o imájenes constituye lo


principal de un pequeño cuadro, o forma el marco, o es la pince
lada que da el tono a la tela. De esta clase son los dos sonetos Para
el dilbum de..... i 'La flor de las ruinas, i tambien La rosa, Emi
gracion, Visita fúnebre, Separacion.

Pero si se escapan de continuo a la percepcion del poeta mil


sensaciones pertenecientes a otros gremios; si éstas de la naturaleza
campestre, para él quizá las ménos familiares, no le ayudan a im
primir una fisonomía individual a sus obras, con todo, cuando el
poeta sabe con claridad de antemano lo que va a decir, lo cual no
sucede con frecuencia, estos pocos colores le bastan por sí solos
para un breve paisaje mediante un procedimiento mui natural: la
figura humana, diestramente colocada en los planos posteriores, da
animacion i vida a todo el esbozo, haciendo resaltar los contornos
del primer plano. Desconsuelo pertenece en cierta manera a esta
especie; pero mas propiamente Otoño i Primarera, bellas compo
siciones escritas en épocas mui distantes.
Apesar de unos pequeñísimos descuidos métricos i gramatica
les, Primavera es una pieza notable por mas de un título. Esbel
ta aparece alli la musa lanzando una mirada centellante i me
lancólica sobre la vida humana. Uno teme por el brio con que
prorrumpe; pero la vivacidad lirica cruza con rapidez i garbo lo
trivial, i va a morir muellemente entre las sombras que ella mis
ma empujó i acumuló. Leyendo El premio del bien hablar de Lope de
Vega i El májico prodijioso de Calderon, nos hemos preguntado
várias veces ¿por qué los consonantes pareados del estilo precioso
de la comedia clásica, no pasan con mas frecuencia al lirismo puro
de la oda? Primavera ha venido a mostrar que, asociados en largas
ºstrofas con el pentasilabo doble en su apariencia rigurosa de
unidad, no ofrecen los inconvenientes conocidos hasta ahora, ántes
bien su recurrencia sirve para ligar las notas mas variadas, re
pasando a la vez en escalas ascendentes o descendentes los tonos
de la anacreóntica i la elejia.

Estos felices aciertos no autorizan a Calvo a seguir confiada


24

mente la via pecaminosa de los paisajes decorativos. Unas cuantas


de las obras mas estimables de sus últimos diez años confirman
esta predileccion suya por la fantasia de los colores. No es ojeri
za la nuestra al jénero descriptivo; pero verdaderamente nada hai
superior a la conmocion del alma, i el prurito de esas pinturas
tiende a sustituir, a lo moral, lo material de los sentidos. No des
conocemos el mérito de esas telas de Calvo; pero durarán?

No están en el volúmen las poesías colocadas en el órden crono


lójico de su composicion. Con todo, Compensacion, Saturnino i Es
ter, que figuran al fin de las poesías sueltas, son de fecha punto
ménos que reciente. Sin pretender apocarlas, declaramos que a
muestro juicio no son ellas en si ni un progreso ni una renovacion.
Compensacion es un soneto inferior a la mayor parte de los de
Calvo, i Calvo los ha trabajado excelentes: uno puede calificarse
de obra maestra. Saturnino contiene un romance descriptivo no
exento de colorido local; pero la composicion en jeneral es casi in
significante. En la primera parte de Ester hai verdad i merece ser re
comendada. Pero con ella acabó el aliento de la inspiracion. En la
segunda i tercera partes comenzó la tarea del fantaseo por el ri
mador que forja su estrofa. La actualidad repentina en que vuela
el estro lirico, no consta en Calvo, como en la mayoría de los bar
dos, sino de un solo momento preciso. La oda dividida en capítulos
ha sido el escollo de la secta que proclamaba l'art dans la réverie et
la réverie dans l'art. Motivos diversos aconsejan a Calvo no fiarse
mas que del primer arranque de su entusiasmo, i de esa forma
simple e independiente, casi imprevista, que admite mas tarde lima
pero no tijera.

Nuestro bardo es siempre tierno en la espresion de un senti


miento entrañable de la naturaleza. A mi hijo Eduardo no es una
poesia para el paladar delicado de los hombres del arte; pero tiene
su sabor a fruta del huerto de casa, fruta que todos hemos probado
i cuyos gratos dejos no se pierden jamas. A mi padre, familiar
en el ritmo, es amante i sentida. Dos de noviembre, acabada en
la forma, es una lágrima purisima. No se lee una vez sola sino
tres i cuatro, que es ademas mui breve. Elejia es un lamento
conmovedor, artístico en las dos primeras estrofas. El soneto A
mi madre es una joya de primer órden. Se parece a las obras que
25

al pasar graban de un golpe los bardos soberanos. Hasta esas


telarañas que tapizan los muros del hogar desierto, son de una
verdad pintoresca mui sobresaliente.

Al cadáver de Fany i Visita fúnebre son flores del mismo jér


men, pero que dos estaciones apartadas hicieron brotar, jentil la
una, aromática la otra. Fuerza i suavidad. Como arte son dos
términos importantes de comparacion: lo improviso de la partida,
i un punto en la carrera desahogado ya. La elejía Al cadáver de
Fany es conocida con aplauso en la América española.

Si una veintena de composiciones sueltas de poesía, distinguidas


o notables, han establecido ya la reputacion de Calvo como bardo
cantor, Ana Dorset ha venido últimamente a confirmar el valor de
sus aptitudes en el jénero lírico. La citada obra es un esfuerzo vi
goroso i sostenido de entusiasmo. Un amor irresistible i criminal,
que fué a esconder sus deliquios en las tempestades del Océano, i
que, arrojado entre angustias i remordimientos a los verjeles de
una isla salvaje i hasta entónces ignorada, halla en seguida una do
ble tumba en las soledades de la naturaleza, es sin duda uno de los
asuntos mas romanescos, patéticos i brillantes que en cualquiera
época pueda brindar al injenio la historia de los descubrimientos
jeográficos. Sin inventar un ápice en esta aventura, llamando en

su ausilio en casos apurados i para justificar sus furores pindári


cos a autores irrefutables, arrebatado por su asunto como en los
mas privativos instantes de la improvisacion lírica, Calvo entona
un canto en variedad de conmociones, que se suceden en el mis
mo órden con que se van representando a lo vivo en la fantasia
del poeta las peripecias de aquella memorable historia: oda de
largo aliento, semejante a esas oberturas que resumen los moti
vos principales de una ópera, insinuando i desflorando conforme
al contrapunto algunas de sus consecuencias melódicas.

Pero el asunto, los títulos de la obra, la advertencia preliminar


e ilustrativa de la edicion de Sucre, i, entre las espesuras del liris
mo i del énfasis filosófico, uno que otro claro donde se deslizan algu
nas corrientes naturales de narrativa, nos vienen a notificar, que si la
nave recaló en las costas de la poesía lírica i sentó sus reales el nú
men de concierto con los canarios, las brisas i las cascadas en la
a« a
. s 26

resta del poema elejiaco, el inesperto piloto, sin madurar su de


rrotero, sin fuerza de velas ni timon para vencer las olas ni los
vientós, habia hecho rumbo a otras playas, playas donde se es
tienden las llanuras de la poesía narrativa, con la mira sin duda de
que sus tripulantes sintiesen i obrasen allí al uso de otro tiempo,
mostrando en sus actos sus pasiones i desenvolviendo en la prácti
ca de la vida sus caractéres, ni mas ni ménos que los hombres
vivos i sanos que habitan la venerable ciudad de la epopeya lejen
daria.

Talvez entre Portia de Musset por un lado, i el gran maestro


ingles i el gran discípulo español por otro, el vate boliviano,
no queriendo adoptar francamente el relato simple i natural, tomó
consejo en el ardimiento de estos últimos con sus odas parásitas i
sus divagaciones nómades, i no paró mientes en lo principal de
Musset, la concision lapidaria estrujando i esprimiendo el jugo
dramático del argumento.

No dudamos que en el volúmen de Rimas de don Daniel Calro


haya piezas de oro i plata labradas al gusto de otros. Nuestras pre
ferencias particulares son por las que trasparentan en la nitidez
del ritmo la verdad nativa, afluente, individual de los sentimientos
de su alma.

Cultura literaria, corazon sano i afectuoso, espíritu serio i con


vencido, el vate boliviano, a quien con este prolijo estudio hemos
querido demostrar simpatías por su conducta civica, está en ca
mino de producir esa poesía jenerosa, bebida cordial grata asi a
los fuertes como a las almas flacas en peligro de contajio.
Santiago de Chile, enero 1, º de 1871.
El .

OICTA)()R LINARES

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Harvard College Library


Cift of
Archibald Cary Coolidge
and
Cla rence Leonard Hay
A pril 7, 19O9.
EL DICTADOR LINARES

La fortuna que han corrido los paises de la América Españo


la despues de alcanzar su independencia ha sido mui desigual
entre ellos. Al paso que algunos han sabido aprovecharse del
nuevo órden de cosas, ganando inmensamente en progreso, bie
nestar i riqueza pública, otros han dejado esterilizarse por com
pleto los sacrificios de sus libertadores, i léjos de ganar algo,
han perdido mucho, valiendo en la actualidad ménos de lo que
valian cuando estaban unidos a la madre patria. Pero, hai otros
tambien, que si no han tocado a este extremo de abandono i re
troceso, que han cabido a Méjico i Venezuela, no han adelanta
do tampoco como los primeros, manteniéndose en un estado de
paralizacion que equivale a un verdadero atraso. Parece que en
éstos el reloj del tiempo se ha parado en la hora que indicaba
cincuenta años atras, sin que desde entónces ni en ideas, ni en
luces, ni en industria hayan avanzado un solo paso.
Entre los últimos se cuenta desgraciadamente Bolivia.
¿A qué atribuirlo? Parte a una extraña fatalidad, parte a sus
especialísimas condiciones topográficas. Enclavado en el cora
zon de Sud-América i completamente mediterráneo, separado
del resto del mundo por fragosas montañas i dilatadísimos
bosques, se agrupan en torno suyo para hacerlo inaccesible al
— 6 —

movimiento civilizador del siglo, que como ola inmensa invade a


sus vecinos, una multitud de circunstancias desfavorables i de
gravísimos inconvenientes, difíciles de vencer. Le faltan cami
nos, sus rios cruzan rejiones casi completamente desconocidas,
por el oriente lo rodean tribus salvajes, al poniente tiene las cor
dilleras de los Andes, al sur el desierto: es el Tibet de nuestro
continente.
El viajero que lo visita se siente sorprendido ante el aspecto
vetusto de sus edificios, la imponente tristeza de sus paisajes, la
soledad de sus mesetas, la falta de actividad i de vida en sus
pueblos. Tienen éstos impreso el sello de una monotonía melan
cólica indescriptible. Por lo que a mí toca puedo decir que cada
vez que he trepado sus jigantescas montañas para subir a la al
ti-planicie, donde tienen su asiento las ciudades de la Paz, Oruro
i Potosí, he sentido mi ánimo profundamente aflijido; i ¿cómo
nó? La historia nos cuenta que Potosí, la gran Villa Imperial de
las leyendas, llegó a tener en otra época ciento sesenta mil ha
bitantes, i hoi apénas si sube a quince mil; que Oruro llegó a se
tenta mil, i hoi no sé si alcanza a cinco, agonizante entre sus
ruinas.
¡Quién sabe si acaso contribuye en mucho a la triste impre
sion que produce Bolivia la clase i condicion misma de sus via
jes! -

En casi todos los demas paises de América hai vías férreas,


o a lo ménos, carruajes que comunican a las ciudades principa
les entre sí: en éste, solo la bestia para el viajero, las tropas de
mulas i las recuas de llamas para el comercio. En esas largas i
penosas travesías no se encuentra nada que alegre el corazon: el
frio es intenso en la noche i el calor seco i excesivo durante el
dia: los pulmones funcionan con dificultad a efecto de la rarifi
cacion del aire, pues la alti-planicie está situada a catorce i quince
mil piés sobre el nivel del mar: las distancias son mui largas, las
posadas mui miserables i desamparadas, las aldeas que pueblan
allá de vez en cuando el trayecto mui pobres i habitadas única
mente por indios rudos i egoistas: en fin, todo no es mas que de
solacion i tristeza. Es verdad que dobladas esas empinadas cres
tas por el lado del oriente se desciende a valles profundos llenos
de la vejetacion exuberante de los trópicos, que allí se recoje el
mejor café del mundo, que crecen los bosques de la cascarilla,
— 7 —

que los pájaros de plumas mas hermosas, las plantas mas esti
madas i las medicinas mas valiosas se producen en sus bosques;
es cierto tambien que riegan esas rejiones rios poderosos que
están destinados a abrir las puertas del Atlántico al comercio bo
liviano i en cuyas orillas con el tiempo se formarán grandes cen
tros de poblacioni de riqueza: pero, entretanto, bien escasos son
los viajeros que llegan hasta allá, no hai todavía interes inmedia
to ninguno para visitar esas provincias, i, sobretodo, no hai ca
minos que los pongan en comunicacion cómoda con el resto de
la República. Esos inmensos territorios cuentan escasísima po
blacion, la industria está en ellos atrasadísima, no hai para ex
plotarlos espíritu de trabajo, ni de sociabilidad ninguno, i, lo que
es peor, en su mayor amplitud están todavía dominados por tri
bus salvajes. Así es que lo que propiamente en el lenguaje comun
se entiende por Bolivia, es la Bolivia de la Paz, de Potosí, de Su
cre, i no la otra, la inexplorada, la de los climas tropicales, la de
los rios caudalosos que se dividen entre el Plata i el Amazo
nas. Los viajeros ordinariamente no conocen mas que la pri
mera i no doblan las cordilleras del Illimani para admirar la se
gunda. I de aquí es que la impresion de la Bolivia de las mese
tas de los Andes es tan penosa que predispone de una manera
mui desfavorable para juzgar de todo el pais. Pero, aun en aque
lla, aunque la naturaleza sea mas hermosa, no por eso los viajes
son ménos difíciles, i sí, mucho mas peligrosos, porque es el de
sierto, cerrado todavía, inaccesible al brazo del hombre, en me
dio de selvas vírjenes, climas mal sanos, cataratas estrepitosas i
falta absoluta de civilizacion i de industria.
De esta suerte por uno i otro lado su situaeion topográfica
es fatal: i hasta que el buque a vapor no penetre en sus rios para
arrancar las riquezas que quedan escondidas en su seno i la lo
comotora no cruce sus altísimas llanuras de la hoya del Titicaca
para dar vida a sus minerales, no habrá para Bolivia esperan
zas de salud.
El porvenir, sin duda, puede presentársele brillante, porque,
en fin, tarde o temprano concluirá el malestar del momento: pero,
entretanto, el presente no puede ser mas desconsolador. La anar
quía todo lo ha destruido, todo lo ha desmoralizado, i ha hecho
al cabo, a fuerza de azotar al pais por tan largos años, un caos
de confusion terrible, en que aparecen virtudes, vicios, heroismo,
— 8 —

bajeza, grandeza i miseria, todo envuelto, todo mezclado, todo


en una especie de ebullicion diabólica. En las horas que corren el
mal no ha hecho todavía crisis: algunos años mas de prueba i de

Famosos en las crónicas de Potosí son los antiguos combates


que entre sí trababan Vascongados i Andaluces, famosas las cri
minales hazañas de los célebres Vicuñas: aun se recuerdan i
cuentan con horror los asesinatos de aquellos gobernadores de
triste memoria i de aquellos riquísimos mineros que pagaban
millones de quintos: mas, si han cambiado los actores con el
trascurso del tiempo, no ha cambiado mucho la escena, i con so
lo sustituir los nombres en cualquiera de ámbas, se tienen cono
cidas una i otra historia con poca diferencia. Esos antecedentes
prepararon los sucesos posteriores: i los hechos contemporáneos
que venimos presenciando desde principios del siglo hasta nues
tros dias, no distan mucho, por cierto, de los que leemos de aque
llos lejanos tiempos; i probablemente los nietos han hecho pali
decer la memoria de los abuelos. - -

No sé qué maldicion tremenda pesa sobre esa infeliz rejion


siempre anarquizada i abatida, apesar que en sus hijos hai jér
menes de virtud que podrian haberse tan favorablemente explo
tado. Son valientes, como los mejores; hasta un grado admirable
sufridos en los trabajos; en sus contratiempos i resoluciones, fuer
tes; los caracteriza, sobretodo, un espíritu de noble hospitalidad
que los hace acreedores al mas cumplido elojio. Tan bellas cua
lidades, con todo, se han perdido lastimosamente; i las virtudes
varoniles han abierto paso a los actos criminales de que vamos
siendo testigos de cincuenta años atras. Leccion para los pue
blos que dan el primer paso en el camino de las guerras civiles
Natural, pues, que este modo de ser, que ha venido, por decir
lo así, a connaturalizarse con la raza, la haya viciado de una
manera lastimosa. Las bases de la sociedad están profundamen
te conmovidas. La idea de lo bueno i de lo justo eclipsada. El
criterio pierde su dominio. El cumplimiento del deber no tiene
prestijio. I en efecto, de ello ha nacido la falta de fé política, los
odios implacables, las traiciones consagradas por la costumbre i
hasta santificadas por las pasiones de partido, el entronizamien
to del militarismo mas absurdo, la relajacion de los lazos de la
familia, hásta el punto de batirse en los campos de batalla el pa
— 9 —

dre con el hijo i el hermano con el hermano, los excesos de todo


jénero que de ordinario quedan impunes i muchas veces triun
fantes.
Condicion terrible i singularidad extraña es la de Bolivia bajo
este punto de vista.
¿En qué pais del mundo habria subido al poder supremo un
hombre como Morales, aclamado por todos los pueblos, despues
de haber manchado sus manos con la sangre del jefe del estado
en una frustrada tentativa de aleve asesinato? A Morales, cuando
en 1864 se presentó en la Asamblea de Cochabamba, el pueblo
entero lo arrojó con los gritos de “¡Afuera el asesino!”.... i al
mismo hombre, pocos años mas tarde, en 1871, ese mismo pue
blo gritaba en las plazas i en las calles para darle el título i las
atribuciones de Dictador. -

¿Se explica racionalmente la dominacion de siete años de un


personaje de la talla de Melgarejo?
Es verdad que el pais entero se levantó contra él, i que todos
los hombres de virtud i carácter batallaron los mismos siete años
para derrocarlo del poder; pero tambien es cierto que lo rodeaba
un círculo fuerte, i que tenia partidarios decididos que se batian
por su causa. -

Yo ví de cerca a ese déspota, que mas parece pertenecer a la


leyenda que a la historia; cien veces hablé con él en su propio pa
lacio i no llegué a comprender cómo encontraba apoyo hasta que
conocí de cerca a su jente i a su corte.
La siguiente escena me dió la clave del secreto.
Recuerdo que una vez estaba con él en uno de los salones del
palacio, contiguo al principal. Acababa de tener lugar una espe
cie de recepcion pública, en la cual los nombres de “héroe,” “pri
mer soldado americano,” “émulo de Napoleon i Bolívar,” etc.,
etc., i cuanto puede inventar la adulacion mas rastrera, se le ha
bian prodigado por muchos vecinos de la Paz: Melgarejo, cansa
do de estas humillantes manifestaciones de servilismo, se habia
retirado al salon en que hablaba conmigo, mui jóven entónces,
sobre asuntos de Chile. Los edecanes, ministros de Estado i je
nerales, llenos de los piés a la cabeza de bordados i entorchados
de oro de mal gusto, estaban en el salon principal, como corte
grotesca de un monarca bárbaro, i hablaban entre sí i hacian al
gun ruido. Fastidióse el caudillo con el murmullo que llegaba
2
— 10 —

hasta él, i abriendo la puerta i asomando la airada cabeza, dijo


a los cortesanos estas textuales palabras, que aun conservo fres
cas i palpitantes en mi memoria: “Silencio, canalla!”
La turba calló i Melgarejo continuó la conversacion interrum
pida.
No es lícito ni lójico deducir de aquí que los que así son capa
ces de pensar i obrar en Bolivia son los mas, nó; pero es permi
tido creer que los buenos, que así no piensan ni obran, son de
masiado débiles o sobrado indolentes para permitir que suban
tales reptiles, i que de tales hombros pendan los entorchados de
los mas altos destinos militares. Duele, ademas, que escenas co
mo éstas puedan extraviar el criterio de los extranjeros, testigos
de ellas, que, no conociendo bien el pais, jeneralizan hasta el
punto de suponer en toda la historia de Bolivia semejantes infa
mes actos. No son jenerales; pero han sido mui comunes, desgra
ciadamente, i de aquí es que el descrédito se ha afianzado con la
repeticion de los hechos.
El que pretenda buscar en su historia i en sus revoluciones
contínuas lójica estricta, órden de ideas, tal o cual sistema, pier
de su tiempo. Un azar cualquiera, un acto del momento, cam
bia completamente el rumbo de las cosas i el carácter de los
hombres, i se ve de repente, i sin saber cómo, todo al reves del
dia anterior, cosas, hombres, principios, etc., etc. Es aquello, en
una palabra, algo como la historia del Bajo Imperio.
La pobreza nacional, como consecuencia lejítima de este esta
do de desórden, se ha hecho sentir de un modo terrible. Las ren
tas públicas están léjos de haber aumentado desde la indepen
dencia hasta la fecha; los ricos minerales no se explotan sino a
medias, la industria está muerta, la deuda interna se reconoce
sobre el papel sin esperanzas de pagarse jamas, ni siquiera sus
intereses, al paso que la deuda exterior va aumentando dia a dia,
acumulando intereses, desprestijiando el pais i aglomerando ci
fras; la bancarrota es inminente i el déficit anual de algunos mi
llones.... ¡I, entre tanto, no se alcanzan a cubrir los sueldos de
los maestros de escuela
— 11 —

Cuando, en medio de este torbellino de malas pasiones, de


abusos injusticiables, de orjías de poder i de vicios nacionales,
se levanta un hombre noble, que alienta un corazon honrado i
que abriga sentimientos jenerosos con el amor santo de la patria,
de la virtud i del bien, se comprende cuánto debe sufrir i qué de
íntimas congojas i de luchas terribles debe sentir en el fondo de
su conciencia!
Se comprende que se encienda en su alma un fanatismo irre
sistible e impetuoso que lo arrastre a luchar sin tregua, sin tér
mino, para cambiar ese órden de cosas i hacer aparecer como
bueno lo que las turbas extraviadas juzgan malo, i como honrado
i digno lo que ellas no alcanzan a distinguir en medio de la no
che que las ciega. Por lo mismo que esta clase de hombres son
escasos, sienten con mas viveza que los otros porque ven mas cla
ro i poseen un don que los demas no tienen, el de la fé profunda
en sus destinos. Así es como filosóficamente se explican tantos
fenómenos históricos, i tantos martirios, i tantos, sacrificios; que
sin eso parecerian sueños de locos mas que arranques de nobles
almas!
¿Cómo resignarse un hombre honrado, cuando piensa que los
otros obran mal, a seguir como ellos la misma perniciosa corrien
te que los empuja al abismo? ¿Cómo no alentarse en su propia
conciencia e ir de frente contra ella hasta sucumbir o llegar a la
opuesta ribera a clavar enseña victoriosa?
Yo no comprendo la dignidad del hombre sin esos atributos:
solo la bestia puede excusarse de tenerlos.
Estas brevísimas reflexiones revelan el misterio de la ajitada
vida de don José María Linares, i dan la clave de por qué, segun
lo asegura en un manifiesto al pais el ex-presidente Córdova,
anudó treinta i tres revoluciones en el espacio de nueve años.
El que esto escribe no es ni apolojista, ni siquiera partidario
— 12 —

de las revoluciones en jeneral; pero en ciertos casos, en determi


nadas circunstancias, cree que las revoluciones son no solo un
bien, sino una necesidad absoluta i juzga entónces que los que
a ellas se lanzan con patriotismo i desinteres son héroes i após
toles. ¿Habría álguien que se atreviera a condenar a los revolu
cionarios del año 10? ¿Qué voz se creeria autorizada para lanzar
el anatema sobre los que conspiraron contra los gobiernos de
Rosas, de Mosquera i de Melgarejo?....
Lo mismo aconteció a Linares, que hizo de su vida de espa
triacion una conspiracion perpétua, una propaganda activísima i
audaz para derrocar a los gobiernos de Belzu i de Córdova.
Pero, ántes de llegar a este punto i para no precipitar los he
chos, conviene dar alguna idea de los antecedentes i de los pri
meros años de la vida pública de nuestro héroe.
Nació en 1810 en una finca llamada Ticala, del departamento
de Potosí, en las altas mesetas de la cordillera. Su padre era an
daluz, de distinguidas cualidades i de virtud reconocida; su ma
dre era la heredera única de los condes de Casa-real i de los se
ñores de IRodrigo en Navarra, ilustre raza que remonta su oríjen
hasta los mas remotos tiempos.
Linares bebió en la leche de esta digna matrona la noble alti
vez que formaba el fondo de su carácter, i agregó con su ejem
plo una prueba mas a aquello que recuerda un notable escritor
en un interesante libro, a saber: que siempre los hombres ilus
tres de la historia han sido el reflejo de sus madres i que es mui
cierto aquello de que en el seno maternal i en el hogar domésti
co se bebe la savia de las ideas i se forma la fisonomía del ca
rácter. Como Lamartine, como Byron, como los antiguos Gracos,
Linares fué el retrato mas acabado, con las mismas grandes i no
bles pasiones i los mismos arranques jenerosos de la señora con
desa de Casa-real.
Su padre lo dejó huérfano, aun mui niño, i heredero de una
cuantiosa fortuna. Esmerada educacion recibió en Sucre, donde
desde el principio se distinguió entre sus compañeros por su ta
lento i por su carácter, obteniendo el aprecio especial de sus
maestros i rodeándose de una aureola de gloria precursora de su
futura grandeza. La lectura de buenos libros, el fuego sagrado
del patriotismo que ardia en su pecho i las circunstancias en que
Se encontró, en medio de la ajitacion social i política de Bolivia,
— 13 —

que pugnaba por nacer a la vida democrática con inmensos es


fuerzos i desgraciadísimo éxito, lo lanzaron desde mui temprano
a la vida pública: naturalmente tomó en ella, apénas dió sus pri
meros pasos, un puesto culminante conquistado de golpe, por
decirlo así, sin que nadie ni se lo disputara, ni lo tuviera a mal.
¡Tan persuadida estaba ya la conciencia pública de sus méritos
i tan prevenida a su favor! -

Adivinaron sus conciudadanos al futuro caudillo en el elocuen


te jóven que se presentaba en escena con tan puros antecedentes
i pecho tan levantado, i pensaron, con razon, porque en estos ca
sos el pueblo suele ordinariamente ser buen profeta, que el tri
buno audaz i jeneroso era el único hombre capaz de salvar al
pais del horrible naufrajio que lo amenazaba; i así como con fé
ciega se entregan los pasajeros al piloto que guia el timon de la
nave, así ellos se le entregaron. Premio es este o mision que re
ciben siempre de los suyos los que obran como hablan i los que
ponen su brazo al mismo tiempo que su palabra, sin excusar sa
crificios, al servicio de su causa.
I aquí es la ocasion de referir un episodio característico. Lina
res tenia diezisiete años, cuando un dia, en las altas horas de la
noche, estalló un movimiento revolucionario en la ciudad de Po
tosí: el jóven, apénas sintió los tiros de fusil, dejó el lecho violen
tamente i corrió a tomar el puesto que le correspondia. Inmensa
fuó su sorpresa cuando tendida sobre el umbral de la puerta de
calle vió a su madre, por la cual tenia profundo respeto, con la
manifiesta intencion de impedirle salir. Contaba la noble señora
con el respeto del hijo, que no pasaria sobre el cuerpo de la ma
dre, que al mismo tiempo con lágrimas le pedia se volviera a su
aposento; pero, no contaba con que el cariño del hijo cedia el pa
so al cumplimiento del deber i estaba subordinado a la voz de la
conciencia del hombre! El jóven saltó sobre el cuerpo de su ma
dre, fusil en mano, i fué a batirse en las calles. ¿No es verdad que
en este acto de niño se revelaba lo que habia de ser despues el
hombre de Estado?
Plutarco refiere que Alcibíades reveló su carácter tirándose
delante de un carro en las calles de Aténas con el propósito de
hacerlo detener por capricho i con inminente peligro de ser hecho
pedazos entre los piés de los caballos. La antigüedad ha conser
vado el hecho elojiando la intrepidez del niño .... ¡Qué inmensa
— 14 —

diferencia en la manera de descubrirse el jenio i la futura entere


za de ánimo entre el Republicano de Grecia i el Republicano de
América!
Desde ese dia tomó su puesto en la política activa i ardiente,
empeñado en la grande obra de organizar a Bolivia, con el áni
mo resuelto a triunfar o quedar en la demanda. Veremos mas
adelante cómo cumplió su palabra.
Linares, desde que se dió a conocer, se elevó sobre el nivel co
mun de sus conciudadanos: era uno de aquellos caractéres com
pletos, poderosamente fuertes, que están destinados a excitar en
torno suyo o el fanático amor de los amigos o el odio irreconci
liable de sus enemigos, i que hacen o mucho bien o mucho mal
a sus semejantes. Si así como se inclinó al bien, se hubiera in
clinado en opuesto sentido, su enerjía indomable habria sido
crueldad, su dignidad orgullo desmedido, su franqueza cinismo,
i los grandes pensamientos que alimentó como el mas sagrado
don de su alma se habrian trocado talvez en ideas de tiranía, de
egoismo profundo i de grandes males, i Bolivia habria tenido que
llorar la existencia de ese l:ombre.
Su aspecto físico revelaba su espíritu: de aventajada estatura
i algo delgado, su andar era airoso i desembarazado; su nariz
aguileña i perfilada; su frente ancha i limpia, como quien no
quiere ni tiene para qué disfrazar sus pensamientos; su boca
franca, acariciando siempre una sonrisa lijera i afable; su color
un tanto moreno, porque era, como queda dicho, por su padre, de
oríjen andaluz; pero, era en sus ojos negros i dotados de una mi
rada profunda donde se traslucía todo su sér. Cuando hablaba
en público, sobre todo, cuando peroraba a la multitud, sus ojos
se dilataban, adquirian una brillantez extraordinaria i fascina
ban: i quien sabe si muchas veces mas que a sus palabras debió
a ellos los magníficos triunfos oratorios que obtuvo. El conjunto
jeneral de sus facciones era en extremo agradable i simpático,
de modo que la primera impresion que causaba era siempre fa
vorable.
Mucho han ponderado sus enemigos la irascibilidad de su ca
rácter: pero, esto no es exacto. Yo largas horas en el seno de la
mas estrecha confianza i con especial i prevenido empeño he tra
tado este punto con personas que han vivido en intimidad con él;
i a todas les he oido expresar el mismo juicio, i sin excepcion de
— 15 —

una sola, sus mas allegados me han asegurado que, al contrario, su


trato íntimo era afable, hasta llegar a una amabilidad exquisita
con los suyos. Léjos de tener un espíritu terco, era conciliador, be
névolo, cariñoso i noblemente humilde. Su mesa, su fortuna siem
pre estuvieron a disposicion de sus amigos; i su jenerosidad lle
gó hasta el caso de contraer fuertes deudas para gastar en la
causa que sostenia primero i para pagar compromisos del Estado
mas tarde. Así se explica como él, que habia recibido una gruesa
herencia, murió pobre, casi en la miseria.
En esto, como en muchos otros puntos, hallamos cierta seme
janza entre Linares i nuestro grande hombre de Estado, Porta
les: ámbos, dotados por la naturaleza de grandes cualidades, pu
sieron sobre la carta en que jugaron el destino de su patria todo
cuanto tenian, sin guardarse nada, hasta morir sin fortuna i víc
timas ámbos de traiciones infames

En los últimos años de la administracion del jeneral Santa Cruz


se formó un partido poderoso en Bolivia, partido nacional, que mi
raba con malos ojos la confederacion Perú-Boliviana i conspiraba
abiertamente contra el Protector. Estalló por fin la revolucion en
los peores momento para éste, que en su angustiosa situacion le
fué imposible sojuzgarla, perdiendo el dominio de Bolivia al mis
mo tiempo que le arrancaban el del Perú las armas chilenas a
las órdenes del valiente jeneral Búlnes. Los pronunciamientos
de Velasco i de Ballivian tuvieron lugar los dias 9 i 15 de febre
ro i la batalla de Yungai el 20 del mes de enero (1839).
Subió al poder el jeneral Velasco, hombre de puros antece
dentes, de prestijio i altamente respetado por sus conciudada
nos: a su alrededor se agruparon los personajes mas notables del
pais, i con ellos se instaló un congreso libre e independiente.
Esta asamblea, que hacia un fuerte contraste con las anteriores,
hechuras exclusivas de Santa Cruz, ha dejado en la historia bue
— 16 —

nos recuerdos. Imprimió marcha serena i firme a una política


sana i elevada; reformó muchos abusos; discutió con brillo los
altos intereses de la República; trabajó con teson i verdadero pa
triotismo; oyó resonar en su seno las voces de los mas distingui
dos oradores de Bolivia; i promulgó una constitucion que es re
putada como la mas cuerda i sensata entre todas las que ha te
nido este pais.
Linares hizo en ella un brillante papel. Terció en los debates
mas importantes, influyó poderosamente en sus resoluciones i
acabó por afirmar el prestijio de que habia venido rodeándose
desde sus primeros años de vida pública. Su elocuencia se elevó
a la par de Olañeta; pero su tacto político lo hizo superior a
todos. Su popularidad de esta suerte fué aumentando notable
blemente, de tal modo que, despues de haber desempeñado por
corto tiempo el cargo de prefecto del departamento de Potosí,
fué llamado a instancia de todos sus correlijionarios políticos i
con la aceptacion de los demas círculos, a ocupar el puesto de
ministro del interior i relaciones exteriores. “Al tomar esta me
dida, le decia el presidente de la República en oficio de 16 de
noviembre de 1839, comunicándole su nombramiento, he tenido
presente no solo la notoria capacidad i el acendrado patriotismo
que V. E. reune en su persona sino tambien los señalados i rele
vante servicios que ha prestado a la causa de la restauracion de
Bolivia.”
La situacion era en aquellos momentos en extremo difícil. El
nuevo ministro necesitó desplegar mucha prudencia i mucha
enerjía para contener con una mano las tentativas revoluciona
rias del jeneral Ballivian i de los antiguos amigos del Protector
caido, que no perdian ocasion de mover la opinion pública en fa
vor suyo, i con otra las pretensiones de dominio i conquista que
manifestaba el presidente del Perú, que lo era a la sazon el jene
ral Gamarra. Las intemperancias anárquicas del primero com
plicaban la situacion en favor del segundo, i éste, hábil i astuto
como era, sabia aprovecharlas admirablemente. Ciego de odio
hácia Bolivia no perdonaba medio de crearle enemigos i dificul
tades dentro i fuera de su territorio: su propósito era hacerla al
cabo víctima de su ambicioni sus intrigas, i encontró para ayu
darlo excesivamente dócil al congreso peruano i poco preparados
para medirse con él a los hombres que le enviaron de Bolivia para
— 17 —

tratar con su gobierno. La fortuna parecia sonreir a sus planes, i


su triunfo definitivamente sellado. Mas, las cosas se le cambiaron
repentinamente de aspecto, porque el gobierno Bolivia se negó a
ratificar los tratados ignominiosos que le imponia i se preparó
a resistirle con las armas: a lo que él en el acto contestó pasan
do el Desaguadero con un numeroso ejército i ocupando militar
mente los departamentos de la Paz i Oruro. Velasco i Linares
hicieron prodijios de actividad, apoyados por el congreso, para
salvar del peligro que los amenazaba, i lo habrian conseguido
con glorioso éxito a no haber mediado otras circunstancias har
to fatales para los IRestauradores.
Estalló en el sur un movimiento revolucionario encabezado
por el jeneral Agreda, que invocaba el nombre de Santa Cruz:
Ballivian, prófugo, pero no vencido, levantaba en armas los mis
mos departamento, invadidos: el incendio de la discordia civil se
propasaba de una manera rapidísima: las conspiraciones de
adentro impedian atender a los ataques de afuera: era imposible
tener brazos, armas, elementos de guerra para dominar al mismo
tiempo a tantos enemigos: flaqueó el presidente, i el gobierno de la
Restauracion vino estrepitosamente al suelo. La opinion pública,
sin embargo, levantó el nombre de Linares en medio de esa ajita
cion con honrosos aplausos. Comprendió que habia hecho cuan
to humanamente era posible para parar el golpe i que se habia
rendido solo al número, a la impotencia física, a la fatalidad de
las cosas. Esos breves dias fijaron la estrella del ministro caido.
I aquí tiene lugar un episodio histórico glorioso para Bolivia i
mucho mas para el hombre ilustre que fué parte en él. Velasco
se hallaba en la frontera ajentina con una fuerza respetable que
habia logrado juntar a su alrededor i se preparaba a ir al encuen
tro de Ballivian, ya proclamado presidente de la IRepública por
los revolucionarios, cuando llegó a sus noticias que el enemigo
comun, el jeneral Gamarra, se encontraba frente a frente de Da
llivian en vísperas de librar una batalla decisiva. Velasco no vió
ni oyó mas: volvió su espada a la vaina, se desprendió de la ban
da tricolor, entregó espontaneamente a su émulo todo su ejérci
to, sacrificando ante el altar de la patria, en provecho de la cau
sa de la libertad de Bolivia, sus derechos mas lejítimos i sus re
sentimientos mas justos. -

La victoria de Ingavi hizo disculpar el bastardo oríjen del po


3
— 18 —

dor del jeneral Ballivian. Sus laureles brillantes echaron una capa
de olvido sobre sus ambiciones ardientes; i su gobierno de hecho
quedó lejítimamente constituido despues de disparado el último
cañonazo del combate. El sepulcro de Gamarra fué la cuna de
la gloria de su feliz rival. La IRepública se dejó un cir voluntaria
al carro del triunfador. -

Linares, entretanto, emprendió un viaje a Europa. Allá com


partió su tiempo de ostracismo entre estudios serios, a que se
consagró con entusiasmo, i negocios de familia, que tuvo necesi
dad de ventilar ante los tribunales de Navarra. Los antiguos bie
nes de sus opulentos abuelos corrian riesgo de pasar a manos
usurpadoras: a langos litijios habian dado lugar en años anterio
res i ahora era la ocasion de salvarlos, haciendo reconocer sus
buenos derechos: el ex-político se convirtió en abogado i se hizo
oir con gusto en los estrados de aquellos tribunales, dejando re
cuerdos de su elocuencia notable i obteniendo las reparaciones
reclamadas i la posesion tranquila de sus lejítimos intereses.
Las cartas que dirijia a sus amigos de América descubren la
clase de estudios que particularmente lo ocuparon. La ciencia
social fué el objetivo de sus vijilias. Conservamos algunos de esos
fragmentos, que revelan profundos conocimientos, meditaciones
largas, apreciaciones admirablemente exactas de lo que entónces
pasaba en el viejo mundo. El viajero americano veia venir la re
volucion i la estudiaba con el mas recto criterio, indicando con
escalpelo segurísimo las hondas llagas de la sociedad europea.
Los sucesos posteriores confirmaron sus enérjicas afirmaciones.
Allí lo sorprendió en 1847 el nombramiento de ministro pleni
potenciario de Bolivia en España. Investido de este carácter ce
lebró con el ministro de relaciones exteriores de esa corte, don
Joaquin Francisco Pacheco, nombrado plenipotenciario ad hoc,
un tratado de paz i amistad, en el cual se reconoció solemnemen
te la independencia de aquella República. Si ese pacto, que costó
no pocas conferencias, que orijinales he tenido en mi poder para
escribir estas pájinas, no fué desde luego ratificada por el go
bierno de Bolivia, fué, como recuerda el mismo plenipotenciario
en su célebre mensaje de 1861, porque Belzu no quiso hacerlo
canjear por haberlo mandado negociar el jeneral Ballivian i ha
ber sido él el negociador.
Repetidas muestras de alto aprecio mereció el doctor Linares
— 19 —

durante su permanencia en Europa. El, por lo que toca a sus con


veniencias personales, sobradas razones tenia para establecer
se en el viejo mundo italvez de buen grado lo habria hecho si
una voz mas solemne no le hablara en el fondo de su conciencia.
Vivir en Europa con una brillante fortuna, con un título de no
bleza, con viejos pergaminos que le daban entrada a aquellas
cortes, sin afanes, ni ajitaciones de ningun jénero, sin peligros
constantes en torno de su vida: era una tentacion fuerte. Pero,
la tentacion se disipaba cuando aquella voz le hablaba. La oia, i
contemplaba la situacion anormal de su patria i comprendia en
toda su majestad la grandeza del austero deber que sobre él pe
saba de poner a su servicio su brazo i su alma para salvarla de
su fatal crisis: i no podia dudar un momento, i natural i esponta
neamente volvia allá sus ojos i se resignaba a las futuras luchas
i a los terribles odios que en su porvenir vagamente i con lúgu
bres colores se dibujaban. Entre el placer de vivir en medio do
los goces de Europa, sin los azares, ni el perpetuo vaiven i la
constante alarma de un pais desorganizado, lleno de sangre, en
medio del torvo rumor de las contiendas civiles, él no pudo du
dar un momento: se decidió por el lado que le marcaba el deber
i volvió a América.
Durante su ausencia, Bolivia habia sufrido el férreo yugo del
dominio militar del jeneral Ballivian; se habia sentido sacudida
por fuertes convulsiones anárquicas; habia pasado de un extre
mo a otro con reacciones violentas i aclamaciones de caudillos
improvisados, del depotismo de Ballivian a la rejeneracion pro
clamada por Guilarte i de la audacia revolucionaria de Belzu a
la serena actitud de Velasco, aclamado nuevamente en los depar
tamentos del sur como el presidente legal.
-

Volvió Linares a ser elejido miembro del congreso; i reconoci


do como la persona mas culminante de la nueva asamblea, fué
llevado a su presidencia, quedando de esta suerte, en virtud de
lo prescrito en la Constitucion del 39, ahora en pié, investido del
carácter de vice-presidente de la República. Es necesario tomar
nota de esta disposicion constitucional, porque ella justifica ple
namente la vida revolucionaria posterior de nuestro héroe. Si las
revoluciones en jeneral no pueden condenarse a prima facie, sin
estudiar primero sus antecedentes ¿las que tienen su oríjen en el
derecho son dignas de un anatema irreflexivo?....
— 20 —

El vice-presidente del congreso sostuvo al gobierno con su in


flujo i su palal ra i no contribuyó poco a darle popularidad.
La figura del doctor Linares era la mas notable de aquellos dias.
Los arranques juveniles se habian templado con la reflexion; ha
bien modificado favorablemente su carácter sus viajes por el vie
jo mundo; sus estudios se habian hecho mas profundos i sus gol
pes de vista mas certeros i mas jenerales; en su palabra se con
servaba el mismo fuego sagrado de la elocuencia de sus pri
meros años, pero era mas reposada i mas conveniente; ménos
utopista que ántes, los ejemplos que habia visto i palpado en
el extranjero, le habian enseñado con sabias i prácticas leccio
nes cuál era el rumbo que convenia seguir a las nuevas repú
blicas para alcanzar la meta de la libertad i del progreso; hom
bre maduro, en fin, inspiraba al pueblo mas confianza, tenia
mas conciencia de su propio valeri su influjo pesaba con mas
enerjía en la balanza de los destinos públicos de su pais. Los
años daban el primer puesto a Velasco; pero la opinion se lo
daba a él.
El presidente del congreso indudablemente merecia el puesto
que ocupaba de vice-presidente de la República.

IV.

Pero, un hombre, no mucho ántes oscuro, crcado en los cuarte


les i lleno de una ambicion desenfrenada, que era en el fondo
de su alma una especie de torbellino de gloria i una sed inmensa
de mando, se levantaba a lo léjos como una sombra fatídica i se
afianzaba en las bayonetas de sus soldados para escalar el poder
i abatir a las clases acomodadas con el predominio de las clases
mas humildes de la sociedad. De instintos extraños, de tipo, ca
rácter i apellido árabes, de audacia reconocida, casi sin educacion
ninguna, llegó a ejercer sobre la multitud un fanatismo tan in
menso, que algunos años mas tarde, despues de su muerte, los
indios aun creian en su vuelta i mandaban comisiones de entro

— 21 —

los suyos a sacar su cadáver del sepulcro para cerciorarse de que


realmente ya no existia.
Ese hombre era el jeneral Belzu.
El nombre de Belzu en Bolivia es algo como el de Mahoma
en el Oriente. Sus hechos, los episodios de su vida, han pasado a
la tradicion, como pasan las hazañas medio fabulosas de los an
tiguos héroes; i los despojos últimos de la fraccion política que
se creó a su alrededor, apesar del trascurso del tiempo, aun con
serva el nombre de Belzista.
Este caudillo militar, que contribuyó mas que nadie a derro
car a Balivian, que se adhirió a la proclamacion de Velasco i
que llegó a ser ministro de la guerra de esta administracion, dió
el grito revolucionario en Oruro, se proclamó él mismo presi
dente de la República, i en la batalla de Yanmparaez destrozó las
fuerzas fieles a la autoridad, que mandaba en persona el jeneral
Velazco, (1848) despues de una campaña de tres meses.
Quedó de hecho el pais bajo su mando; pero, no de derecho,
porque ahí estaban Velasco, presidente, i Linares, vice-presi
dente, elejidos constitucionalmente por el pueblo. La fuerza de
las armas podia sostener a Belzu; pero no la lei de la justicia. En
el campo de batalla el triunfo podia ser suyo; pero en la opi
nion, nó.
Velasco, vencido, comprendiendo que ya no era el hombre que
exijia la situacion, dejó a Linares el cuidado de volver por la
causa legal, i de hecho i de derecho abandonó en sus manos el
cargo de la presidencia de la República. La revolucion, sin em
bargo, le habia quitado ese cargo; pero la Constitucion se lo ha
bia dado de antemano: deber era ejercerlo. Así lo comprendió el
vice-presidente i juró reconquistarlo.
Ilhé aquí de donde arranca la parte interesante de su vida.
Brazo a brazo trabó una lucha terrible con los dominadores
de su patria, sin darse una hora de tregua, sin desmayar un ins
tante, con una constancia i una actividad admirables. Tan pron
to se le veia en Salta reuniendo a su alrededor algunos proseri
tos e invadiendo las fronteras de Bolivia, cruzando asperísimos
caminos, quebradas irios profundos, desiertos inmensos i sufrien
do toda clase de peligros; tan pronto, cuando las armas de Bel
zu destrozaban sus débiles fuerzas en esas campañas improvisa
das i naturalmente mal preparadas i creia el caudillo triunfante
— 22 —

que su enemigo estaba reducido a la impotencia i aniquilado


completamente, se le encontraba en las playas de Chile, o en las
costas del Perú, anudando los hilos de otra revolucion, reunien
do junto a sí los fragmentos rotosi dispersos de los antiguos par
tidos de Bolivia i armando a los suyos para intentar un golpe
de mano. Fallidos nuevamente sus cálculos i cuando ninguna
esperanza parecia quedarle en medio del naufrajio de sus pro
yectos, de su salud, de su fortuna, se le volvia a hallar con asom
bro en Salta, en Tucuman, en Buenos Aires, en Copiapó, en
Santiago i en Tacna, siempre haciendo una guerra implacable
a su enemigo, persiguiendo siempre el mismo objeto sin desviar
se un punto de su meta, i con la misma enerjía, la misma reso
lucion i casi podemos decir el mismo odio sagrado contra los
opresores de su patria,e -

Mas, para que no le faltaran toda clase de inconvenientes i


dificultades en la árdua empresa, hasta Rosas, a solicitud de
Belzu, tomó cartas en el asunto. Linares fué obligado a residir
en Buenos Aires i sujetado allí durante un año bajo el mas es
tricto espionaje: i cuidado, que el carcelero no era manso. La
batalla de Monte Caseros vino a abrirle las puertas de la liber
tad.
Es inconcebible la rapidez de sus movimientos: su vida erran
te sobre el caballo i en medio de los desiertos supera a toda
exajeracion: su alma de ajitador parecia multiplicarse, i al con
tacto del fuego de sus pasiones jenerosas se encendian todos los
que se le acercaban i convertia a sus amigos en sectarios: de es
ta suerte sus mismos sacrificios estimulaban su enerjía incontras
table i se iba habituando en su modo de ser diario i comun a
pensar i obrar como héroe: era el ministro de estado, el diplo
mático, el hombre de letras convertido repentinamente i como
por encanto en aventurero, en gaucho, en soldado, que se habia
creado una segunda naturaleza de fatigas, de luchas i de peli
gros.
En una de esas expediciones de centenares de leguas, sus ami
gos, que lo creian en Salta, se admiraron sobremanera hallándolo
de repente en Valparaiso: acababa de cruzar la alta cordillera de
los Andes, que divide a la República Arjentina de Chile, en ple
no invierno, cuando las nieves impedian la comunicacion entre
uno i otro pais. Al principio ninguno de los suyos lo conoció: tan
— 23 —
notable cambio habia producido en su semblante el penoso viaje
que venia de hacer. Habia perdido la barba i las cejas entre los
hielos de las montañas, su cútis estaba tan tostado que parecia
negro completamente, sus lábios hechos pedazos, su naturaleza,
en fin, destrozada, pero no abatida.... i no abatida, porque su
espíritu era tan superior que se cernia, como el cóndor sobre las
nubes, sobre los males materiales i los dolores físicos. Era a la
sazon el caso de decir de Linares lo que aquel célebre goberna
dor de Jamaica decia de Bolívar: “The flame has consumed the
oil.” Quedaba el espíritu vigoroso i fuerte: la materia, el aceite
de la lámpara, se habia consumido
Es necesario saber por experiencia propia lo que son los cami
nos de Bolivia i de sus fronteras i en jeneral, todos los caminos
del interior de la América Española, para apreciar en su justo
valor cuántos sacrificios imponen al viajero que los cruza, cuán
ta resolucion se necesita para resignarse a recorrerlos contínua
mente en son de guerra i en todas estaciones: porque si es en el
verano, los furiosos aguaceros, los súbitos i violentos temporales,
los rios que salen de madre, las sendas de las montañas que es
tán echadas a perder, son verdaderos obstáculos que es preci
so armarse de ánimo para dominarlos; si es en el invierno, los
frios son intensísimos, escaso el forraje para las bestias, peli
grosas las súbitas enfermedades que suelen sobrevenir; en cual
quier tiempo, en cualquiera época del año, las incomodidades
son de todo jénero, i las posadas, lo que es mucho cuando las hai,
son sucias, miserables, i escasas a veces hasta del agua. Las
distancias son inmensas: las cordilleras empinadísimas: todo sal
vaje i triste por medio de tribus de indios bárbaros o a medio civi
lizar todavía. Cuánto aumentarán estos naturales inconvenientes
en días de lucha en que el enemigo va a las espaldas i no se en
cuentra en el camino nada mas que asechanzas i peligros
Las dificultades son estímulos para las almas fuertes: i ellas
encendieron mas i mas el corazon indomable de Linares. Tan
activa se hizo su propaganda de odio a sus adversarios que se
puede decir sin temor de errar que el gobierno de Belzu no gozó
un solo dia tranquilo, porque cuando no en las fronteras, en el
interior le buscaba enemigos, i le hacia una guerra sin descanso,
que a no triunfar, llevaba visos de ser eterna.
Sin embargo, conviene declarar en esta ocasion que en el crímen
— 24 —

perpetrado por Morales sobre la persona del jeneral Belzu, ni parte


ninguna, ni siquiera conocimiento previo tuvo Linares: ni su con
ciencia se lo permitia, ni necesitaba de recurrir a medios tan infa
mes por obtener al cabo el triunfo de su causa. El crímen de Mo
rales es aislado, de él solo únicamente, sin cómplices políticos,
nacido de una mala alma i dirijido por un brazo pérfido: pesa
sobre él i nadie mas la responsabilidad histórica. El mismo Mo
rales así repetidas veces lo ha declarado en el curso de su vida,
i ha hecho bien, porque si él para sí solo queria aspirar a esa
gloria no comprendo que hombre ninguno en Bolivia quisiera
compartirla con él. Al contrario, se queja de que lo hayan su
puesto unido a algun partido político en su hazaña, “gloria, dice,
de que no quiero ser despojado por la maledicencia;” i añade:
“Si los sucesos del 6 de setiembre coincidieron con la apari
cion en Bolivia del doctor Linares i del jeneral Ballivian no pue
de inferirse racionalmente que hubo connivencia conmigo. Este
hecho solo prueba que todo el pais estaba horrorizado de la ti
ranía de Belzu i que era universal la persuacion de su caida
próxima e inevitable.” (1)
No con tales armas: era con otras con las que luchaba el in
fatigable proscrito. La espada i no el puñal debian servirle para
herir en el pecho a sus pujantes adversarios.
Entre las muchas pequeñas escaramuzas e innumerables pe
queños combates de aquella larga lid, hai uno que merece un
recuerdo: es uno de tantos de esos sangrientos episodios de la
historia de Bolivia. Prendido el fuego en la provincia de Chi
chas, llegó Linares a Tupiza cuando ménos se lo esperaba: llegó
a la tarde, i pronunció, sin bajarse del caballo, tales palabras,
dicen, que hizo derramar lágrimas a toda la tropa. A la mañana
siguiente se preparaba al combate, porque a marchas forzadas
venia el jeneral Córdova sobre la revolucion i estaba a las puer
tas del pueblo: tres dias mas tarde se encontraban las fuerzas de
uno i otro bando en los campos de Mojo (1853). Desgraciada
mente para Linares, sus fuerzas reclutas mal podian medirse con
los aguerridos cuadros de su enemigo, i mas desgraciadamente
todavía, medió otra circunstancia, que vino a decidir en veinte
minutos el éxito de la jornada. Por la torpe codicia de un hom
(1) El 6 de setiembre de 1850 en Sucre, por Agustin Morales.
— 25 —

bre, dicen algunos, por una necesidad imprescindible de tomar


lo que se encontrara, dicen otros, el hecho fué que la caballería,
que era la mayor parte de las fuerzas revolucionarias, iba mon
tada en caballos aun no del todo domesticados, lo que a los pri
meros tiros de cañon produjo el mas grande desórden, sin que
fuera dado a los chicheños, que son, sin embargo, excelentes
jinetes, sujetarlos, i ménos volverlos a la refriega. Inútiles fue
ron los esfuerzos de los jefes para restablecer la línea i tomar
alguna medida oportuna. La derrota se pronunció en la caba
llería i no hubo remedio. Jefe de ella era un valiente co
ronel Tejerina, que en su desesperacion cargó con solo treinta
hombres sobre el cuadro de Córdova i fué a morir entre las mis
mas bayonetas enemigas, quemada su ropa por el fuego de
los fusiles: que tan cerca alcanzó. Aunque con fin ménos des
graciado, no fué ménos heróico el hecho del jeneral Carrascó,
viejo de la independencia, de sesenta años de edad: una vez
que vió pronunciada la derrota, cargó sobre las filas contrarias,
llegó a unos cuantos pasos de distancia, descargó sus pistolas i es
capó. Pero ¿cómo tampoco habian de triunfar esos valientes revo
lucionarios si, sobre estas circunstancias citadas, iban tan mal
armados, que en la primera descarga solo salieron trece tiros?
No contaban sino con cinco soldados de línea, coraceros, que esa
misma tarde se les habian pasado del campo opuesto, i eran en
número menor que los otros. Entre sus jefes se contaban el ex
presidente Velasco i el distinguido orador don Casimiro Olañeta,
entre otros de alta importancia. Muchos jóvenes entusiastas, que
mas tarde han hecho brillante papel en Bolivia, allí recibieron
su bautismo de fuego, i de uno de ellos yo he recibido los datos
que consigno. (1)
En esta jornada, Linares, que se batió como bueno, perdió su
caballo; su salvacion la debió a otro que le proporcionó un sol
dado de los que andaban desparramados por el campo.
¿Creeis que la derrota abatió al héroe? Pocos meses despues
se internaba al territorio boliviano por la frontera del Perú, en
el norte, una cruzada linarista, i él estaba allí, siempre el mismo,
infatigable, tenaz en sus propósitos. -

“Si fractus illabatur orbis, impavidum ferient ruinae.” (Hor.)

(1) Don Gregorio Pacheco.


— 26 —

No fueron, sin embargo, estériles estas fatales campañas, por


que lograron un objeto, i fué el de fatigar a Belzu. Cansado de
la lucha, el caudillo se rindió i dejó el mando a su yerno, el jene
ral Córdova. “Protesto solemnemente, decia en su mensaje al
Congreso de 1855, que ninguna consideracion me obligará a con
tinuar desempeñando un cargo que me es ya insoportable, de to
do punto insoportable, sí, mil veces insoportable”
Pero hai aun otros datos que prueban hasta qué punto de irri
tacion profunda habia llegado este caudillo en aquellos momen
tos.
Leed su mismo famoso mensaje citado.
—“Bolivia se ha hecho incapaz de todo gobierno. No se divisa
en ella un solo elemento permanente de órden. La virtud, que es
el alma del sistema republicano i el principio vital de su conser
vacioni progreso, ha sido reemplazada por una profunda desmora
lizacion que contamina todas las clases. El patriotismo es un va
no nombre. En su lugar se ha apoderado de todos una fria indi
ferencia para el bien comun, i un duro egoismo que solo apetece
el medro personal de los individuos. La lealtad se ha hecho du
dosa, i el gran sentimiento del deber, que es la relijion del hom
bre de bien, ha sido desterrado de los corazones por el ruin cál
culo de las conveniencias i razones utilitarias.
“El primero de los males públicos es la falta de ocupacion, la
ociosidad profesional de la mayor parte de los bolivianos. Des
deñando el trabajo, hermoso atributo del hombre, i para el que
ofrece un campo tan vasto como fecundo el rico suelo en que
Dios nos hiciera nacer, se han acostumbrado a vivir de los em
pleos, de las vicisitudes de la política, del juego de las intrigas,
del movimiento de las pasiones.
“Cada revolucion les ofrece una esperanza, un acontecimiento
que explotar, fundando los unos su ventaja en las desgracias i
ruina de los otros. Hé aquí por qué el desórden cuenta siempre
con partidarios, pudiendo asegurarse que esta guerra inmoral de
empleos i de bienestar entre los hijos de una misma patria, data
desde la funesta época de la Restauracion. -

“La empleomanía deprava todo corazon, corroe toda morali


dad, mina todo órden social. Aunque las rentas del Estado
se invirtieran solamente en pagar empleados, imposible seria
crear tantas plazas cuantos son los pretendientes. El gobierno,
— 27 —

al elejir uno, se ve precisado a desatender a los demas, que se


convierten inmediatamente en acérrimos enemigos, i van a en
grosar las filas de la sedicion.
“Para cada uno, el gobierno que le da un empleo es el mejor.
El que se lo quita o no le otorga es arbitrario itiránico. Tal es
la lójica de la empleomanía I para descubrir de una vez el se
creto de las revoluciones, os diré, señores, aunque con rubor: to
dos los partidos, todas las facciones, todas las revueltas en que
se apellida los santos nombres de Patria i Libertad, no tienen
realmente otro significado ni tendencia que apoderarse de los
empleos i adjudicar a sus adeptos el presupuesto nacional, desde
sus primeras hasta sus últimas partidas.
“Los hombres mismos a quienes sus talentos i servicios ele
varon en otro tiempo a los altos puestos, i de donde han descen
dido por las vicisitudes de los trastornos que ellos mismos han
provocado, no quieren conformarse ya con su actual posicion.
No contentos con cuantiosas fortunas, cediendo a estímulos de
la ambicion, i creyéndose, por una de las comunes ilusiones del
amor propio, absolutamente necesarios en todo órden de cosas,
desean recobrar a toda costa sus antiguos puestos, i conspiran
constantemente contra cualquier gobierno que no crea necesarios
sus servicios o que no tenga fé en sus talentos i virtudes.
“No hai gobierno que pueda satisfacer las exijencias de tantos
itan variados aspirantes, de los que unos se han hecho indignos
de consideracion por sus vicios, su ineptitud i sus cuotidianas
traiciones, otros por haber pasado el tiempo de su valer, i por
que el espíritu de la época demanda nuevos hombres i nuevos
pensamientos. No aceptan aquéllos tan razonables postergacion,
i en el furor de sus pretensiones burladas invocan la revolucion,
llamándola la causa de la Patria i de la Libertad. ¡Qué lójica
¡Qué funesta perversion de ideas!”—
— 28 —

Córdova, mozo liviano, entregado a los placeres, sin talento,


ni prestijio, mal competidor era para sostener con éxito la ruda
contienda a que lo retaba el jenio infatigable del doctor Li
11.116S.

El nuevo presidente de Bolivia estaba dotado de ciertas cua


lidades que en buena escuela podrian haberse utilizado con ven
taja; era humano, benévolo i valiente; pero, lo viciaron desde ni
ño el cuartel i la vida de los campamentos, i se entregó a una
disipacion vergonzosa, indigna del alto puesto a que lo llevaron
sus relaciones de familia con Belzu. A ellas debió su rápido as
censo en la carrera militar i a ellas la presidencia de la Repúbli
ca. Pero, si en condicion mas subalterna fué poca cosa, en esta
fué una nulidad completa. Sin estar dotado de la intrepidez de
Belzu ni gozando del ascendiente de éste sobre las turbas, no
pudo sostener el peso del poder como el caso exijía; i para las
circunstancias porque atravesaba el pais, desgraciado sucesor de
aquel era por cierto.
Así fué que desde los primeros dias de su gobierno lo aturdie
ron los golpes repetidos del brazo de su temible adversario.
A los ojos de la multitud la causa de éste acababa de afian
zarse mas enérjicamente en la conciencia pública; en las eleccio
nes a que Belzu llamó a los ciudadanos para la designacion de
su yerno, Linares obtuvo un número inmenso de sufrajios, i,
apesar de la activa intervencion del gobierno, fué superior al
que obtuvo el mismo Córdova: de esta suerte a sus derechos
indisputables como presidente legal en virtud de lo dispues
to, como queda dicho, en la Constitucion del 39, pues de tiempo
atras ya Velasco habia desaparecido de la escena para dejar su
lugar a su vice-presidente, se agregaba ahora la nueva eleccion
que fué honrosísima para la causa legal i su brillante caudillo:
este resultado electoral trajo consigo a Linares nuevos adeptos,
fortificó a los que empezaban a sentirse débiles i acabó de poner
— 29 —

la situacion en un punto excesivamente tirante idifícil para Cór


dova i los suyos.
Indudablemente Linares ganó mucho con el cambio personal
en el gobierno de Bolivia. Belzu hizo una errada eleccion, i se
arrepintió cuando ya era tarde.
La conspiracion siguió activísima dentro i fuera de la Repú
blica. Corria Córdova a batir una cruzada por el norte, i apénas
habia vuelto las espaldas al lago del Titicaca, cuando oia el le
jano clamor de los insurrectos en las provincias del sur. No se
acababa de sacudir el polvo del camino, i ceñia de nuevo la es
pada para ir a las fronteras arjentinas a dominar a los chiche
ños, constantes partidarios de Linares, cuando un correo venia a
anunciarle que Oruro i la Paz estaban nuevamente amenazadas
por los emigrados de Tacna. Buscaba tregua a estos afanes en
brazos del placer, i hasta allá iba a turbarlo la propaganda irre
sistible de la conspiracion que como su propia sombra lo seguia
a todas partes. -

El pais se convirtió en un verdadero campamento militar, no


quedó nada por hacer de una i otra parte, ésta aumentando sus
soldados i sus armas, aquélla redoblando su vigor i su actividad
inaudita. No hubo tregua. La tempestad estaba encima i mo
mento a momento se aumentaban las nubes i se ennegrecía mas
imas el horizonte. Nuevos ataques, nuevos hilos de sorda cons
piracion, nuevos robustos esfuerzos, nuevas francas amenazas
venidas en pájinas de folletos ardientes se sucedian en torno al
bamboleante poder de Córdova, no de otra suerte que las olas
del mar sobre la playa que siempre se repiten i no cesan nunca.
La obra empezada en los primeros dias de la administracion del
padre continuaba con el mismo aliento en los últimos dias de la
administracion del hijo.
“Este es el campo, dice, con sobrada razon, el escritor bolivia
no don Daniel Calvo, donde debe estudiarse la vida de Linares
para apreciarla en su valor histórico.” “Cómo se le vé cobrar
ánimo, añade, en medio mismo de las desgracias i de los con
trastes!” -

I realmente: no lo habian detenido en su áspero camino ni el


estado de su salud, ni las propuestas de amistad que le fueron
hechas, ni las persecuciones contínuas hasta en el extranjero:
todo, a trueque de dar cabo a su propósito i de vencer a sus
— 30 —

enemigos, lo habia sobrellevado con la paciencia del mártir i la


enérjica voluntad del apóstol. Como el hierro en el fuego, pa
recia su carácter templarse en la adversidad: condicion inhe
rente a las grandes almas! Un fogoso admirador suyo, el doc
tor Baptista con este motivo exclama: “Una derrota postra a
la jeneralidad de los hombres. Dos vencimientos ya son un cri
sol de fortaleza. Caer treinta i tres veces para levantarse otras
tantas, es el carácter del heroismo. Luchar en el aislamiento, al
zarse solo entre sus enemigos dispersos, intimidados o muertos;
avanzar siempre entre apostasías que se suceden, traiciones que
se multiplican, envidias que destrozan, rencores personales que
embarazan: aceptar la vida como una mision de amargura; que
hiere al padre en la ausencia del hijo, al hijo en las agonías de
la madre, al ciudadano en las humillaciones de la patria, i for
mular ese sacrificio, entregarse a esa victimacion por treinta i
tres veces.... eso solo tiene un nombre: abnegacion!”
Cuántos contrastes! ¡qué de agrios desengaños en este espa
cio de tiempo! Cada uno de esos multiplicados desastres cuán
tos peligros i cuántas fatigas habia traido tambien consigo Fal
ta de alimento, de abrigo, de seguridad por do quiera; en unas
partes la traicion, en otras la indolencia egoista: enfermedades
terribles contraidas en esas campañas, a riesgo de morir cien ve
ces; en un combate perdiendo el caballo, en otro saliendo heri
do, en otro salvándose de las lanzas enemigas en medio de la as
pereza del monte; viéndose amenudo obligado a pasar largas no
ches sucesivas con las armas en la mano bajo el hielo de las cor
dilleras con grave peligro de quedar helado, como aconteció a
los soldados de Belgrano años atras en esas mismas alturas; en
fin, todo sacrificio imajinable durante nueve años: hé ahí lo que
fueron sus placeres.
Hubo ocasiones en que le faltaron casi por completo los re
cursos, i entónces tuvo que recurrir al medio de empeñar su fu
tura herencia para proporcionarse fondos. No faltaron, por cier
to, especuladores que a la gruesa ventura jugaron sobre la carta
de su fortuna. Ihé ahí en lo que disipó sus riquezas el opulento
heredero de Potosí.
Un breve i hermoso paréntesis, sin embargo, hizo el doctor
Linares en aquellas horas ajitadas de su revuelta i azarosa vida.
Algunos dias de calma i de tranquilidad le fueron concedidos
— 31 —

por la Providencia en el seno de una felicidad verdadera, a la


sombra de los hermosos naranjos del Tucuman, bajo el techo de
un hogar apacible i en medio de una familia bondadosa i respe
table. Le sucedió lo que al peregrino del desierto, que despues
de fatigas sin número bajo un sol abrasadori sobre un suelo de
arena inflamado i seco, llega a un bello i apartado oasis, donde
lo convidan a detenerse en su jornada la sombra de los árboles,
el rumor de las fuentes, la amenidad del valle: se da entónces un
instante de tregua i refleja en el fondo de su alma el imponente
espectáculo que lo rodea, formándose en ella, en medio de las
desgracias reales de la vida, el ensueño de un oasis, de un placer
dulce i sereno: parece que el espíritu obedece a las impresiones
del cuerpo, i el reposo que blandamente se apodera de los miem
bros rendidos, envuelve tambien en su delicioso éxtasis a los sen
timientos morales, de manera que en realidad se goza de grata
paz i de bienhechor olvido.
El amor de una jóven amable i buena, consagrado en los alta
res, cautivó al revolucionario en sus blandas redes i lo retuvo al
gunos meses léjos i apartado de sus aventuradas empresas.
Pero, aunque apasionado en sus afectos, no estaba Linares
vaciado en el molde de aquellos hombres a quienes el placer o la
molicie enervan. A poco de casarse, volvió a emprender nuevos
viajes, pasó a Chile por la cordillera de Copiapó i de allí a Tac
na, donde llegó a mediados de 1857. Noticias exactas habia re
cibido de la situacion interior de Bolivia, sabia a cuan inmenso
desprestijio habia caido el desmoralizado gobierno de Córdova;
juzgaba, como nunca, oportuna la ocasion de echar al suelo de
una vez i para siempre el fatal dominio de las turbas i de la fuer
za bruta; trazaba por última vez i con mas enerjía que nunca,
en fin, el vasto plan que se habia propuesto realizar i que perse
guia de tantos años atras respecto a la organizacion definitiva
de su desgraciada patria. La resolucion, madurada en largas vi
jilias, fué pronta; la ejecucion, intentada sin éxito en diversas
ocasiones, fué rápida; el resultado, como era de esperarse aten
dida la honradez de los propósitos i la fé en la causa, fué cum
plido. La hora de los desenlaces habia llegado, tocaba a su fin
la demagojia entronizada i se levantaba triunfante la virtud so
bre las ruinas del pasado!....
Linares se apoderó de Oruro el 8 de setiembre de 1857.
— 32 —

VI.

No es posible dar una idea exacta del entusiasmo que desper


tó en todo el pais la noticia de la revolucion de Oruro, que voló
como un rayo desde el uno al otro extremo de la IRepública. A
esto contribuyeron dos causas eminentemente personales, el po
bre concepto a que habia descendido Córdova i la brillante idea
que se tenia de Linares, i otras dos causas de alta política, basa
das en la constitucionalidad del nuevo gobierno, que se reputaba
para unos como la continuacion legal del de Velasco, i para otros
como el único presidente lejítimo por el número de sufrajios ob
tenidos por él en la eleccion última.
Los pueblos se volvieron con los brazos abiertos al redentor
que les traia palabras de progreso, de libertad i de órden: i no
lo miraron como a uno de tantos caudillos afortunados, porque
juzgaban que habia estado de su parte la justicia cuando habia
sido el conspirador mas activo i el enemigo mas ardiente de los
gobiernos anteriores. Vieron en él vinculada la causa constitucio
nal, i a él unida la porcion mas culta de la sociedad i la juven
tud mas ilustrada. Subieron de ochenta millas firmas de las ac
tas de la revolucion.
“Los corifeos de los partidos en Bolivia son, de ordinario, no
los mas esclarecidos ciudadanos, sino los mas resueltos i auda
ces,” ha dicho un escritor de ese pais, i esto, que es la mas pro
funda verdad, ha tenido una que otra excepcion en todo el curso
de la historia, desde Sucre hasta nuestros dias: de ella, la mas
hermosa excepcion es Linares, porque este hombre de Estado se
presentó siempre el mismo desde sus primeros dias de vida pú
blica, hasta sus últimos, alma superior, eminentemente hon
rada!
Una vez dominado Oruro i prendido el fuego revolucionario
en el resto del pais, Linares se dirijió a Cochabamba, cuya pobla
cion entera tomó las armas, hizo barricadas en las calles i procla
mó con resolucion la causa de setiembre. El gobierno, entretanto,
— 33 —

salió con una respetable division de Sucre i se dirijió a batir a los


insurrectos: los halló en sus puestos, resueltos a morir ántes que
dejarse vencer: corrió la sangre en abundancia en los diferentes
ataques que Córdova intentó sobre la plaza: la juventud cocha
bambina desplegó en la defensa un arrojo singular: el caudillo,
en medio del humo del combate, animaba a los suyos con el ejem
plo i con la palabra; i los que fueron testigos de estas escenas
agregan que jamas la elocuencia de Linares brilló a una altura
semejante. Su figura misma, entre el estallido de la metralla i el
humo de la pólvora, se presentaba ante los ojos de los suyos im
ponente i llena de severa majestad. El resultado fué que Córdo
va se retiró de la plaza, i que vencidas sus tropas en diversos en
cuentros en otros puntos de la República, se vió obligado a buscar
refujio en las fronteras del Perú.
Triunfante la revolucion, Linares no pensó mas que en asegu
rar definitivamente el nuevo órden de cosas i en realizar su pro
grama de gobierno. Pero, para ello, mucho tenia que reformar,
porque, la horrible anarquía que durante tantos años azotara a
Bolivia, habia dejado profundas i tristísimas huellas en todas par
tes; en la sociedad, en la familia, en la administracion pública: por
do quiera se habia hecho sentir de una manera funesta su perverso
influjo i la corrupcion lo habia invadido todo: los gobiernos, desde
el sucesor del jeneral Sucre hasta Córdova, con cortísimos inter
valos, no habian sido otra cosa que el dominio brutal de los caudi
llos, i la República una especie de cacicazgo, donde la hacienda pú
blica, la administracion de justicia, los ascensos militares habian
obedecido al despilfarro i al capricho de los jefes del Estado: nada
habia en pié del edificio social, i todo era necesario construirlo de
nuevo, moralidad, costumbres, hábitos de trabajo, respeto a la lei,
instituciones: nave destrozada en tremendas borrascas era la Re
pública, sin timon, sin mástiles i sin piloto: se necesitaba para re
jenerar el pais un brazo fuerte i una intelijencia elevada, mucho en
tusiasmo por la virtud i la mas completa abnegacion de sí mismo.
Los tremendos dramas de que habia sido testigo el pais i acto
res sus principales ciudadanos, lo tenian fatigado, i anhelaba por
algo estable i bueno. Estaba hastiado de desgracias i trajedias, i
cansado de los hombres de espada.
¿Qué quedaba de esa larga historia? Tristes recuerdos. IBlanco
perpetra un crímen, i aun caliente la sangre pura del vencedor de
5
Ayacucho, derramada en las calles de la capital, sube al poder
para ser vilmente asesinado a los pocos dias en los claustros
de la Recoleta de Sucre: Velasco pasa en sus tres diferentes
administraciones, (1829, 1839, 1848), sin dejar rastro ni de alta
gloria ni de oprobio, pero sí de lonradez sincera; el clamor po
pular alza a Santa Cruz, i éste, en vez de contribuir con todas
sus fuerzas al verdadero engrandecimiento de su patria, pien
sa en el engrandecimiento de sí mismo, el humo de la lisonja
lo ciega, se deja aturdir con el ruido de las músicas militares, le
vanta el trono de su poder sobre el Perú, que en sus sueños de
ambicion se imajina perpétuo para su descendencia, i despues
de haberse asegurado una autoridad vitalicia, grandísimos hono
res i cuantiosas riquezas, cae al empuje vigoroso de las bayone
tas chilenas que escriben su eterna ruina con letras de sangre en
los valles de Yungai: Ballivian recorre en pocos años una carrera
brillante de gloria, coronada con los laureles de Ingavi, que lo
hacen aclamar por todos los pueblos como el salvador de la pa
tria; pero su mala educacion de cuartel, sus venganzas sangrien
tas i sus numerosas arbitrariedades le hacen perder su populari
dad, hasta el punto que la nacion en masa se subleva contra él i
lo obliga a huir al extranjero abrumado con el peso de su odio:
parece entónces que el fanatismo musulman se apodera de las
turbas de Bolivia embriaga sus cabezas i dirije sus instintos i
arranca sus aplausos con el triunfo de Belzu, que se acaba de
asegurar derramando a manos llenas el dinero de la nacion i arro
jándolo a las turbas desde las ventanas de palacio i haciendo, en
fin, un festin público del poder, sin que, apesar de sus promesas
i agrias quejas, haga nada, nada absolutamente por el bien del
pais, i no dejando a su paso mas que los tristes rastros de una
desorganizacion terrible: Córdova, en fin.... pero, Córdova pue
de solo pronunciar las palabras que en boca de Cárlos II supone
Quintana en sus magníficos versos al Panteon del Escorial: “yo
inútil!”
I hé ahí la administracion de Bolivia en mas de treinta años
Inmensa tarea tenia delante de sí Linares: para llevarla a hon
roso cabo se necesitaba ser, lo que llamamos en nuestro lenguaje
familiar, mui hombre.
IReaccionar contra esas administraciones bastardas, diferen
ciarse completamente de esa série de mandatarios, malos o extra
— 35 —

viados, probar al pueblo que el poder no era ni el cebo de la co


dicia o de la ambicion de uno, ni el botin de muchos; sentar, en
fin, las virtudes cívicas, la moralidad personal bajo el solio a cu
ya sombra se habia sentado el virtuoso Sucre: hé ahí la obra que
le tocaba hacer al nuevo jefe de la República.
De la inmensa dificultad de tamaña empresa, de los innume
rables inconvenientes que el reformador necesariamente tenia
que encontrar en su camino, nació en el ánimo de los revolu
cionarios la idea de darle la mayor suma de poder posible,
las mas latas facultades: de otra suerte, pensaban ellos, la san
gre derramada seria enteramente estéril, la revolucion verifica
da i el triunfo obtenido de todo punto inútiles. De aquí la dic
tadura con que se invistió a Linares. Cumple confesar que sin
ella nada podia avanzar el nuevo gobierno, tanto habia que
hacer, que era imposible dar un paso sin el uso de una autoridad
ámplia.
Si las dictaduras ordinariamente no son buenas, hai casos en
que son de absoluta necesidad, i en que la experiencia, la sana
razon, la acertada política la aconsejan. ¿Cómo, de otra suerte,
reorganizarlo todo, modificarlo todo, sacar un mundo, en fin, del
seno de un cáos? Evitar los terribles escollos que se presentaban
al paso i que habian traido el desprestijio i la ruina de los go
biernos anteriores, satisfacer los lejítimos intereses del pais,
abrazando desde los mas nímios detalles hasta los mas trascen
tales problemas de la administracion, corresponder de una ma
nera brillante a las esperanza de la opinion i a las aspiraciones
de la ilustrada mayoría, reformar prudentemente, sin herir sus
ceptibilidades, respetando derechos adquiridos, cortando abusos
i poniendo piedra sobre piedra sin atropello ni abandono en el
edificio de la organizacion social: era alto empeño para un hom
bre solo, i exijia una sabiduría sagaz al mismo tiempo que una
prudencia exquisita. Necesario era, ademas, luchar con la ambi
cion de los que se habian alistado en las filas de la revolucion
con esperanzas de lucro i que venian a reclamar su premio, pues
de éstos, como no encontraron botin de que echar mano, el ma
yor número bien pronto se convirtió en enemigos acérrimos del
nuevo órden de cosas, i sabido es que no hai peor rivalidad que
la que se levanta de entre las mismas filas, cuando es el vientre
i no el alma el móvil que opera sobre la voluntad.
— 36 —

El estado de Bolivia era entónces lo que ha sido siempre, lo


que ahora mismo es, anómalo, fatal, completamente anárquico, i
reclamaba un gobierno represivo i fuerte, que tuviera fáciles me
dios de ejecutar su voluntad, rapidez en sus órdenes i autoridad
bastante para imponerse como un freno a la anarquía i a las pa
siones i como una reforma inmediata a los abusos: solo la dic
tadura podia salvarlo.
La dictadura, ademas, habia sido hasta entónces el gobier
no que siempre habia tenido Bolivia; la única diferencia del de
Linares consistió en el nombre; i esto nació de la franqueza
del uno i de la hipocresía de los otros. Francamente se llamó
dictadura entónces lo que gobierno constitucional o presidencia,
hipócritamente, en tiempos pasados. El nombre era distinto; la
cosa la misma. I sin embargo “la dictadura fué de pura forma,”
dice uno de los hombres que estuvieron mas cerca del nuevo go
bierno, don Miguel Rivas, oficial mayor de hacienda a la sazon,
“no hai un solo acto de su administracion que no fuese acordado
en consejo de ministros, teniendo por norte la lei o el bien del
pais.” -

El Dictador, en su célebre mensaje de 1861, se encarga de dar


nos la razon de por qué asumió la autoridad en esta forma. Hé
aquí algunas de sus reflexiones:
“Sin un poder fuerte en manos vigorosas, ni el talento mas
distinguido, ni la voluntad mas perseverante, ni el patriotismo
que obra prodijics cuando raya en cierta altura, bastan para re
jenerar a un pais en el que, por la espantosa corrupcion de todas
las clases que lo componen, viene a ser el menor de sus males
el atraso de la industria, las ciencias i las artes. ¿I no era esa la
situacion de nuestra patria ántes del levantamiento de setiem
bre? Por cierto que no fué otra desde que Bolivia habia caido
en la desgracia de ser subyugada durante nueve años por hom
bres que el pais ha juzgado. I rejenerarlo ¿no fué el objeto de la
revolucion de setiembre? Tal fué, i de ahí la necesidad de la dic
tadura; necesidad que la sintieron los pueblos, desde que alza
ron el grito contra Córdova, i por eso me invistieron de la dic
tadura i por la misma causa la acepté, sin vacilar un instante,
apesar de que nunca dejé de ver que ella serviria de pretexto a
enemigos i amigos hasta para el crímen... .
“Sujetos como están por su peculiar organizacion i para el
— 37 —

acierto de sus deliberaciones, a una marcha lenta, a un procedi


miento tardío, no son los congresos los destinados a rejenerar un
pueblo, ni en el caso de que sus miembros todos poseyesen las
mas eminentes dotes, porque ni en él pueden las resoluciones ser
tan oportunas o prontas, cual con harta precaucion se necesita,
cuando están en choque los viejos intereses con los nuevos, el
espíritu de reforma i de mejora con el reaccionario, con los ma
los hábitos antiguos, las preocupaciones inveteradas, el vicio i la
inmoralidad, hondamente arraigados; i esa pugna, unas veces
solapada o sorda, otras abierta i ruidosa, ha sido constante en
nuestra patria desde mi elevacion al mando hasta mi caida.
“Ménos a propósito para tan árdua empresa pueden serlo,
cuando, en vez de una intelijencia clara i dispuesta a ceder
al convencimiento, en lugar del patriotismo i de la abnegacion,
de la dignidad del hombre, de la noble altivez del representante
de un pueblo, i, en fin, del deseo de paz i de concordia, se lleva
al santuario de las leyes o la perversion de las ideas o el capri
choso aferramiento a ellas, o las miras personales, el servilismo
mas abyecto, o los odios o los enconos de funesto espíritu de
partido; i con pocas honrosas excepciones se han compuesto de
esa clase de hombres los congresos de Bolivia, i sobre tan triste
verdad apelo al testimonio de vuestra conciencia.”—
No necesitaba hacer muchos esfuerzos de argumentacion el
dictador Linares para probar esto último, porque la historia de
las asambleas de Bolivia es por cierto vergonzosa. Desde aque
llos famosos congresos de los primeros i borrascosos dias de la
independencia i de la administracion de Santa Cruz, que mere
cieron los apodos de Convulsionales i de canalla deliberaute, hasta
los últimos de nuestros dias, que se han visto atropellados por
el ébrio Morales, bien raros son los que se han conducido a la
altura de su mision i quién sabe si mucho aventuramos en decir
que ninguno. En ellos bien pocos son los hombres que han com
prendido el papel que les correspondia: fuera de unos cuantos
nombres ilustres que aparecen sobrenadando en ese gurgite vasto,
la mayor parte no vale nada, turba sin fé, ni enerjía, indócil i al
tiva cuando el gobierno ha sido prudente o débil, humilde i
arrastrada cuando el ojo del primer mandatario se ha clavado
en ella con ira o con dominio.
I no soi yo, es todo el pais el que así piensa, todos los boli
— 38 —

vianos que algo conocen de su historia son los que así juzgan.
Razon sobrada tuvo el presidente de la asamblea de Oruro de
1863, don Vicente Dorado, cuando despues de tantos ensayos
infructuosos, i clausurando las sesiones, hizo públicos los sérios
temores i desconfianzas que abrigaba el pais “de que Bolivia
es un suelo en que no puede alimentarse la planta parlamenta
ria, marchita otras veces por la mano misma de sus representan
tes.”
Ahora bien, con congresos de este jénero, ¿no era disculpa
ble el que Linares asumiese la dictadura sin tomarlos en cuenta
para nada? Si en Europa mismo, en paises organizados, el sis
tema de las asambleas es todavía objeto de vivas discusiones,
llegando un autor notable (Capefigue) a decir que “no conoce
nada grande, nada elevado que se haya realizado bajo el siste
ma representativo,” ¿cómo nosotros no tendríamos una razon en
defensa del gobierno de setiembre, que se instalaba en un pais
donde la historia de los parlamentos es una historia de intrigas,
de odios, de conspiraciones i de vergüenzas? La posteridad, que
ya se ha pronunciado favorablemente sobre el dictador Linares, i
los hechos posteriores se han encargado de justificarlo.
A lo ménos si erró, tuvo el mérito de ser franco i no esquivar
la inmensa responsabilidad que se echó encima.

Es un trabajo, por cierto, harto ingrato aquel que expone a las


acusaciones mas duras i a las decepciones mas amargas de parte
de enemigos encarnizados que no reconocen nada en el adversa
rio i de parte de amigos exijentes i de sectarios fanáticos que
quieren en medio de perpétua guerra, persecuciones constantes.
Entónces, combatido por tan encontradas corrientes, le es mas
que nunca difícil al hombre de Estado mantenerse en el justo ni
vel de la balanza, sin ser débil, ni violento, sin acceder a las am
biciones mezquinas i a los rencores de los unos, ni permitir que
— 39 —

la audacia de los otros tome creces i se atreva a conspiraciones


sangrientas. Conservar entónces la popularidad, que no siempre
es justa apreciadora de los verdaderos méritos, nunca consisten
te, ni sólida, es cosa difícil; i basta una hora, un momento para
perderla, aunque haya sido necesaria una vida entera de sacrifi
cio para obtenerla.
Cuando Linares puso brazo a la obra conoció la dificultad de
la empresa en todo su valor. Cuánto habia que reformar! ¡Cuán
to que hacer. Pero para hacerlo todo, reformarlo todo i asegurar
el porvenir de la República, era preciso perder la popularidad
adquirida porque habia que herir muchos intereses i dominar
muchas pasiones: no dudó un punto el Dictador, i a trueque de
lo primero dejó perder de buen grado lo segundo. En efecto, un
año despues de su brillante triunfo Linares era impopular....
Pero, conviene hacer un breve paréntesis sobre este punto.
¿Sabeis lo que es la popularidad? En Chile, en Estados Unidos,
en Europa, como en Bolivia, como en todo el mundo, la popula
ridad es uno de tantos caprichos de la fortuna, que de ordinario
se adquiere no por el mérito intrínseco, salvo algunas excepcio
nes, sino por la condescendencia con las turbas i no pocas veces
con la mentira. Suele empezar siendo justa: pero miéntras mas
justa i verdadera fué al principio, mas pronto empieza a decaer;
i empieza a oscurecerse la estrella a menudo cuando con buenas
razones debiera estar mas léjos de eclipsarse.
Se necesita adular a las turbas para conservarla, aunque la
haya conquistado la virtud, contemporizar con las tiranías del
número i las exijencias del momento, que siempre, mas o ménos,
existen i son de moda, i en una palabra, dejarse llevar por la co
rriente; i el que no lo hace así raras veces deja de rodar en el
abismo del público desprestijio. Un hecho cualquiera, un artícu
lo de diario, una desfachatez insensata, la da: un acto de inde
pendencia moral, de respeto a la lei, la quita. Nosotros, los re
publicanos, que solemos afianzar nuestras opiniones en ella,
¡cuánto erramos! de qué extravío tan lamentable nos hacemos
víctima! No es ella, sin embargo, lo que imprime su carácter de
virtud o de vicio a las acciones: es el peso moral de la accion
misma. ¿Qué me importan los gritos de las turbas que piden mi
cabeza, si obro bien? ¿En qué me pueden disculpar ante el san
tuario de mi conciencia sus aplausos, si obro mal?....
— 40 —

Ser virtuoso, eso es ser varon fuerte: no lo es el gozar de


popularidad. En nuestro proceder, no debemos poner los ojos en
el presente sino en el porvenir: la posteridad es la justa aprecia
dora de los pasados méritos, no siempre los contemporáneos.
Mas cuán léjos desgraciadamente está la multitud de pensar
así!
En Bolivia, pais mas extraviado que el nuestro, mayor que en
el nuestro tambien es la falsedad de ideas a este respecto; i así no
es de extrañar que el dictador Linares solo alcanzara a gozar un
año de los halagos de la efímera Diosa de la popularidad. En
conquistarla fué excepcion: en perderla siguió las aguas de la re
gla jeneral.
Se inició en el gobierno Linares por rodearse del personal que
creyó el mejor en el pais; agrupó a su alrededor a varios jóvenes
de talento, que andando el tiempo han hecho distinguido papel
en Bolivia, como Baptista, Ballivian, etc., etc.; las prefecturas i
los altos puestos administrativos i judiciales fueron ocupados
por personas dignas e idóneas, lo mismo que el ejército; buscó
para el desempeño de los cinco ministerios que organizó nom
bres ventajosamente conocidos en el pais, i su gabinete quedó
formado de la manera siguiente: lacienda, don Tomas Frias;
relaciones exteriores e instruccion pública, don Lucas Mendoza
de la Tapia; fomento, don Manuel Buitrago; guerra, el jeneral
don Gregorio Perez, i gobierno, culto i justicia, don Ruperto Fer
nandez. -

Mas tarde el ministerio de instruccion pública fué ocupado por


don Evaristo Valle i el de la guerra por el jeneral don José María
Achá.
La hacienda pública, que estaba arruinada, se levantó rápida
mente, merced a la economía estricta que se introdujo en los
gastos, i de este modo el crédito nacional mereció subir algunos
grados del bajo nivel en que se hallaba. Aunque el presupuesto
de gastos de 1860 ($2.339,704) excedia a las entradas en $ 115,417,
lo que era un enorme déficit, atendidas las circunstancias del
pais, sin embargo, el ministro de hacienda no desesperó de
equilibrar en poco tiempo los gastos con las entradas; i lo habria
a buen seguro conseguido si hubiese podido realizar sus planes
maduramente concebidos i hábilmente preparados. Reconocida,
se buscaron con acierto los medios de pagar la deuda pública in
— 41 —

terna, que hasta entónces habia sido completamente olvidada;


se permitió la libre exportacion del oro i de otros metales, en
cargándose la redaccion de un código de minería, que necesita
ba el pais, a personas competentes; se abolió el banco de quinas,
dejándose expedita i fácil para todo el mundo la exportacion de
la cascarilla; se lanzaron al comercio monedas de buena lei para
remediar el mal de la circulacion de la moneda feble, de donde
nació el nombre de pesos- Frias, en razon al nombre del ministro
que los emitia; se disminuyeron los derechos subidísimos que pe
saban sobre los tocuyos extranjeros importados por Arica i Co
bija, favoreciéndose a este último puerto; se reglamentaron las
sociedades anónimas con acertadas determinaciones; i, en fin,
fuera de muchas otras medidas importantísimas, se inició la rea
lizacion de un empréstito de un millon de libras esterlinas en
en Europa destinado a la canalizacion del Desaguadero i a la
construccion de una via, que partiendo de este punto, llegase con
cómodos caminos al litoral boliviano, poniendo a un paso del
mar a las ciudades de la Paz, Oruro i Potosí. La caida del Dic
tador no permitió realizar el empréstito, cuando estaba ya casi
del todo concluido el negocio, i echó por tierra uno de los pro
yectos mas interesantes para el progreso i prosperidad de Boli
via.
Lo que este pais indudablemente necesita son vias de comu
nicacion: no tiene ninguna, no digo buena, sino apénas medio
cre. La idea de la canalizacion del Desaguadero, brillante
mente desarrollada por don Avelino Aramayo en un folleto es
crito sobre el particular, debe merecer la entusiasta aprobacion
de todos los Bolivianos: desde este rio tranquilo, de un cauce re
gular, facilísimo para ser canalizado sin fuertes gastos, hasta el
puerto de Cobija, las mesetas de la alti-planicie de los Andes
van descendiendo gradualmente, sin grandes quebradas, ni altas
montañas de por medio; de modo que no es difícil en manera al
guna la contruccion de un camino carretero o de una línea fé
rrea. Esta última podria costar inmensas sumas; pero un cami
no simplemente no seria cuestion de notables desembolsos. Esto,
que se proponia el gobierno de Linares, i que es lo único que
puede sacar a Bolivia de su postracion actual, quedó sin efecto
por las razones que despues veremos.
Respecto a la instruccion pública, mucho se alcanzó a hacer,
6
— 42 —

aunque en honor de la verdad, fuerza es decir que el pais no es


taba preparado para las reformas iniciadas, así como no lo está
todavía ni lo estará en muchos años mas. Las ideas sanas del
Dictador i del ministro Valle cayeron en terreno estéril, i la opo
sicion prévia i pública para rejentar las clases de los colejios na
cionales, la organizacion de las academias forenses, la supresion
de los internados en los establecimientos del Estado no tuvieron
efecto ni resultado ninguno. Hé aquí como el mismo Linares, en
breves palabras, explica las ideas que tenia sobre el particular:
“Realizando empresas que hiciesen comprender prácticamente
los beneficios de la educacion industrial, me proponia difundir
la lo mas que fuese posible, i sin duda que a eso debe contraer
el gobierno de Bolivia los mas empeñosos esfuerzos, porque so
lo con el trabajo i la aficion a él pueden utilizarse las riquezas,
que con tanta profusion ha derramado sobre nuestro suelo la
Providencia, i desaparecer la empleomanía, oríjen inmediato en
tre nosotros del furor por la política, de los trastornos públicos,
de los escándalos de familia, de la falta de consecuencia en to
das las relaciones sociales, i de la dignidad i buena fé; azote, en
fin, de nuestros pueblos.”
“La educacion popular, agregaba el ministro, es la primera
necesidad de toda sociedad i la condicion mas indispensable pa
ra los pueblos que gozan de las formas representativas. Desde
que el hombre conoce sus derechos los estima i solo así sabe de
fenderlos al precio de su sangre, sin estar expuesto ni a la opre
sion del poder que tiraniza, ni a las sujestiones de la demagojia
i la venalidad que todo lo pervierte i profana. No es bastante
ilustrar el espíritu, es preciso, ante todo, formar el corazon del
hombre desde la niñez por medio de sentimientos de virtud que
tengan por base los dogmas del cristianismo: solo así tendrá mo
ralidad i amor al trabajo para encaminarse a los estudios de apli
cacion que le produzcan una subsistencia independiente.” (1)
lºn aquel mismo documento citado el Dictador nos da la razon
de las medidas que tomó referentes a la rejeneracion del clero,
que, dicho sea de paso, está, salvo cortas i honrosas excepciones,
a un nivel tristemente mui bajo. Copiamos los siguientes frag
mentos que manifiestan puro i neto su pensamiento: “I siendo

(1) Exposicion del ministro Valle.—1861.


— 43 —

entre nosotros de tan poderosa influencia el clero, ¿sin la re


forma de éste seria posible la rejeneracion del pais? Nó; i en
esa reforma estuve empeñado, i para tal fin, entre otras medidas,
proyecté el establecimiento de grandes seminarios.... etc., etc.”
“Al ver derruidos los templos, convertidos otros en pocilgas, i
cubierta de andrajos a la esposa i de galas a la concubina
¿podia no llenarme de indignacion? La sentia porque estoi pene
trado de lo que corresponde a la grandeza del Ser que adoramos
en los templos i de cuanto el mal estado de ella contribuye no
solo a entibiar la devocion, sino a destruir el espíritu relijio
so. ... etc., etc.”
Movido de estas i otras semejantes ideas, fué como el Dicta
dor metió su mano en la reforma eclesiástica, sin ánimo nunca
de herir los fueros de la Iglesia, pero con sentimientos cristianos,
dignos de su alma profundamente relijiosa. Juicio falso han
formado los que de otra suerte han interpretado los actos del
Dictador sobre este negocio.
Los curatos, los seminarios, las misiones, los templos, todo
quiso rejenerarlo i mejorarlo hasta la perfeccion; i aunque no
todo, mucho, sin embargo, obtuvo.
La administracion de justicia le debió igualmente notables re.
formas: se puso en vijencia una nueva lei de organizacion judi
cial que cambiaba completamente el antiguo sistema, creándose
una corte de casacion, tres cortes de apelaciones i doce tribuna
les de partido, compuesto cada uno de tres miembros i un fiscal;
se promulgó un nuevo código de procedimientos criminales; se
dictaron, en fin, muchas providencias relativas al mejor órden
de las oficinas públicas, a la creacion de juzgados especiales de
comercio, a los sueldos i a la responsabilidad de los empleados,
al ejercicio de la profesion de abogados, etc., etc., reformas to
das exijidas por el pais, que hicieron inmenso bien; pero que
concitaron odios contra el gobierno.
No fueron ménos importantes en el réjimen interior la nueva
division territorial i la organizacion de las municipalidades, obe
deciendo a la máxima del célebre Cormenin: “centralizar los
grandes negocios, descentralizar los pequeños;” el buen servicio
establecido en los correos; la moralidad introducida en todas
las clases sociales con decretos sabios i enérjicos que recuerdan
los antiguos tiempos de la grandeza romana. A este propósito,
— 44 —

en su célebre mensaje, dice el mismo Linares estas bellas pa


labras, bellas porque son la expresion exacta de la verdad: “En
mi época nadie medraba, ni se levantaba sobre la ruina de
otro por medio de chismes, de la adulacion o de la calumnia,
como por desgracia sucedia en épocas anteriores; el favoritismo
estaba desterrado i el color político era lo último que se tenia en
cuenta para los destinos públicos, i el error en las personas se
reparaba luego que era conocido: los abusos de autoridad i los
mas leves desmanes eran prontamente repremidos; i del emplea
do se exijia contraccion, probidad i pureza.”
En el ramo militar fué igualmente activa la iniciativa del Dic
tador para realizar importantes reformas. Tenia ideas las mas
sanas sobre el particular, pensaba, con razon, que era por allí
por donde se debia empezar la organizacion de Bolivia. Las
contínuas revoluciones que habian azotado al pais, salvo dos, la
del 39 i la del 57, que acababa de triunfar, habian tenido su orí
jen en los cuarteles, siendo todas ellas exclusivamente militares.
El predominio del sable se habia afianzado de una manera te
rrible, i parecia a la multitud que solo a los que cargaban cha
rreteras les estaba dado ocupar los altos destinos públicos, que
eran a sus ojos como un ascenso natural i lejítimo. Los je
fes de cuerpo se daban los aires de señores de la nacion, i a títu
lo de tales, de sus fondos públicos, de sus empleos, de sus aplau
sos mismos: mal comun a todo Sud-América, a excepcion de
Chile, que, gracias a Portales, rompió tan odiosas cadenas. Por
estas razones “habria sido la revolucion de setiembre uno de
esos acontecimientos que agravan el mal estado de un pueblo si
no hubiese procurado destruir el predominio del sable,” decia el
Dictador, i en consecuencia puso pecho a la obra i se empeñó
en ella con toda ese jigantesco empuje de enerjia que era propio
de su alto carácter.
El tiempo ha venido por completo a justificar a Linares. Los
tiranos militares que despues de su administracion han pesado
sobre Bolivia han venido a poner de manifiesto cuánta razon te
nia. El comprendió que el mal iba subiendo de punto hasta un
grado excesivo i que urjía el remedio: ¿i no era así?
Por cierto, a cumplir aquél su programa en toda la extension
de sus propósitos, no habrian ceñido sus pechos con la banda
tricolor ni Melgarejo, ni Morales: no habria Yañez llenado de
— 45 —

horror al pais con la sangrienta matanza de Ioreto: no se habrian


visto las escenas de depravacion que en los últimos años han
avergonzado la conciencia pública: no habrian flotado las plu
mas blancas de jeneral boliviano sobre cabezas que merecian es
tar colgadas de la horca o clavadas en una pica en los caminos
públicos como malhechores!
Las ideas de Linares eran otras, i consecuencia de ellas fueron
los decretos que organizaban las guardias nacionales como un
émulo digno i elevado de los ejércitos de línea, que declaraban
al beodo borrado de la lista militar, que arreglaban i uniformaban
la contabilidad de los cuerpos, que ponian bajo la proteccion del
ministerio público a los desgraciados indios, objeto siempre de
las mas atroces vejaciones de los soldados, que tendian, en fin, a
moralizar i educar el ejército, desde el sarjento hasta el jefe, des
de el jóven de la academia hasta el jeneral de division. “Mer
ced a esfuerzos tan constantes, dice un escritor boliviano de
la época, el ejército de Bolivia es ahora digno de ese nombre. Su
lista de jefes i oficiales es formada de honrados veteranos i de
distinguidos jóvenes, igualmente aptos para los peligros de la
campaña como para los triunfos de la intelijencia. En cada cuer
po ha establecídose una escuela de instruccion primaria que sir
va para el mejoramiento de todos los individuos de tropa, medio
injenioso de popularizar la instruccion primaria entre los hijos
del pueblo, que se restituirán a sus hogares provistos de un po
deroso auxilio para la adquisicion de los conocimientos.”

VIII.

Las relaciones internacionales estuvieron durante toda la ad


ministracion de Linares en un estado sumamente tirante por la
actitud del gobierno del Perú. -

Sobrado conocidos son los antecedentes históricos de esta


eterna querella entre ámbos paises. Desde los dias de la indepen
dencia hasta la fecha, parece que aquel pais se ha propuesto ejer
cer cierta especie de tutela sobre Bolivia i disponer a su antojo
de sus destinos. Las intrigas del gabinete de Lima han tenido
siempre mucho influjo en los sucesos de Bolivia, i las interven
ciones armadas de ámbos pueblos han traido hartos dias de
dolor a América i han hecho correr rios de sangre. La revo
lucion de Chuquisaca en 1828 i la renuncia de Sucre de la presi
dencia de Bolivia, fueron la obra exclusiva de la política i de la
invasion de Gamarra; las intrigas de este mismo caudillo i de
Orbegoso trajeron la sangrienta contienda con Salaverry i la
creacion de la confederacion Perú-Boliviana que vino al suelo en
Yungai, no sin dejar tristísimos rastros de fatales consecuencias
i de largas discordias civiles en ámbas Repúblicas; vuelto Gama
rra al poder, volvió a anudar la pérfida cadena de embustes i de
violencias para humillar a Bolivia, alentando las ambiciones de
algunos conspiradores de este pais i al mismo tiempo finjien
do con falaz apariencia el deseo de un arreglo diplomático,
que nunca se llevó a cumplido efecto; la brillante jornada de
Ingaví (18 de noviembre de 1841), que abrió el sepulcro de
Gamarra i cubrió de gloria las banderas de Bolivia, apartó por
el momento el peligro i la ilícita intervencion peruana, pero no
evitó el que las asechanzas siguieran el curso natural de los acon
tecimientos que se desarrollaban i de los caracteres que subian
al solio del poder en la nacion vecina, i continuaron las cosas,
poco mas o ménos, como ántes. “Desde entónces, dice el distin
guido historiador de Bolivia, Sotomayor Valdes, en el suelo pe
ruano, asilo natural de los prófugos i emigrados de Bolivia, en
contraron éstos, no solamente seguridad, sino tambien facilida
des para conspirar i amenazar constantemente el órden público
de su patria. Bolivia adoptó pronto, por represalia, esta táctica,
i ya fué costumbre que los descontentos del gobierno de una Re
pública encontrasen en el gobierno de la otra un protector inte
resado o un cómplice mas o ménos decidido.” -

Cuando cayó Ballivian estaba a punto de empeñarse de nuevo


la guerra con el Perú, guerra que hacia popular el cebo de la
adquisicion de los departamentos de Moquegua i Tarapacá, lími
tes naturales i casi necesarios para redondear el territorio boli
viano. Castilla, para escalar la presidencia, fué despues ayudado
por Belzu, i por consiguiente Belzu i los suyos contaron mas tarde
con su aliado para volver a ocupar el poder. En una palabra,
— 47 —

cuando no los unos, eran los otros los que buscaban pretextos
para entorpecer las relaciones mútuas, haciéndose notar, sin em
bargo, que jeneralmente el abuso i la injusticia estaban de parte
del Perú, como que era de ámbos émulos el mas fuerte i el mas
ambicioso.
De aquí es que el desabrimiento entre ámbas cancillerías
siempre fué grande, la mala voluntad entre los naturales de
ámbos paises no flaca, ágrios los resentimientos creados por las
anteriores guerras, no escaso el partido que en uno i otro pais
suspiraba por romper las hostilidades, éstos para vengar efecti
vos o supuestos insultos, aquéllos para lavar la mancha de terri
bles derrotas. Castilla a la sazon dominaba al Perú, i, Castilla,
aunque amigo de Belzu, no podia olvidar la injuria personal que
recibió en el campo de Ingaví de manos del jeneral Ballivian,
donde se dice que éste le dió con el látigo en la espalda, i abri
gaba un odio profundo, comparable solo al de Gamarra, contra
todo lo que era boliviano o tenia relacion con este pais. No se
olvidaba tampoco del destierro penoso a que fué reducido en
aquel tiempo en las comarcas apartadas de las orillas del Beni.
Injurias personales primero, promesas empeñadas . con Belzu
despues, fueron causa para que no aceptara de buen grado el
advenimiento de Linares al poder. Con él estaban los antiguos
atizadores de odios, los viejos i constantes enemigos de Bolivia,
los obstinados partidarios de la confederacion Perú-Boliviana, i,
últimamente, los emigrados de esta nacion, que eran muchos.
Razones suficientes eran estas, a faltar otras, para la malqueren
cia del gobierno del Perú i los recelos justificados del de Bo
livia.
Tal era la situacion en 1867: Linares la midió en todo su al
cance i la afrontó con enerjía i prudencia.
Para dar término a las quejas que alegaba el gobierno perua
no, envió de plenipotenciario a Lima a don Ruperto Fernandez,
quien en enero de 1859 llevó a cabo un convenio en el cual se
comprometian ámbos gobiernos a impedir toda tentativa de re
volucion e invasion en el territorio recíproco de parte de los emi
grados políticos. A Bolivia a la sazon le convenia particularmen
te este pacto por cuanto en los mismos dias en que se firmaba en
Lima, se conspiraba abiertamente en Tacna i en Puno con el
propósito de invadir su territorio. Apesar del convenio, el gobier
— 48 —
no del Perú finjió no conocer estas conspiraciones i dejó franco
el paso a los revolucionarios bolivianos, que en efecto trajeron
una fuerza armada al interior bajo el mando del ex-presidente
Córdova i del jeneral Agreda.
Razon tuvo Linares para quejarse entónces del Perú, i el con
venio no fué aceptado: la dignidad de Bolivia exijia su rechazo
por cuanto era violado abiertamente al tiempo mismo de acor
darse i descubria a las claras el doble papel que representaba
el jeneral Castilla, espejo fiel de la política anterior del gabine
te de Lima, a cuya fé ha podido mas de una vez aplicársele, en
el curso de la historia Sud-Americana, el calificativo de fides
Punica. El representante de Bolivia, despues de haber exijido
inútilmente explicaciones satisfactorias sobre la conducta del
gabinete de Lima, pidió sus pasaportes i regresó a la Paz. Sin
respuesta igualmente, o con una contestacion breve i terca, que
daron algunos otros documentos diplomáticos de esta cancillería
que elevaban justos reclamos i exijían lejítimas explicaciones. Se
añadia el desprecio a la ofensa.
Bolivia entónces cortó sus comunicaciones con el Perú (14 de
mayo de 1860) i se mantuvo en una interdiccion absoluta, pre
parándose al propio tiempo a la guerra i aumentando sus fuer
zas militares. La situacion necesariamente se hizo mas tirante i
penosa para Bolivia, por cuanto, siendo pais mediterráneo, todos
sus artículos de consumo extranjeros eran importados por el
puerto de Arica; que por lo que toca a las importaciones por Co
bija, éstas eran pocasi llegaban al interior recargadas con gran
des gastos de flete en razon de la inmensa distancia a que se ha
lla i de los dilatados desiertos que lo separan de los pueblos del
interior. El Perú, por el contrario, poco o nada perdia, salvo el
sostenimiento del ejército que acercó a las fronteras bolivianas,
que, si bien tenia por principal objeto estar de atalaya sobre los
movimientos del gobierno de Bolivia, servia tambien para do
minar los avances revolucionarios de Arequipa i del Cuzco, de
partamentos hostiles a la administracion de Castilla.
De esta suerte, la parte peor la llevaba Bolivia: lo que visto por
Linares, trató de remediarlo de una manera honrosa, una vez
apagados los ímpetus primeros, volviendo a abrir las relaciones
comerciales entre ámbos paises, sin dejar por eso, que esto recla
maban el honor i la prudencia, de seguir manteniendo cortadas
— 49 —

las relaciones diplomáticas i continuar robusteciendo i adoctri


nando sus tropas.
Su intencion fija i constante, dicen los que conocieron de
cerca los secretos de su política, era la de invadir tarde o tem
prano al Perú. Le halagaba talvez la idea de completar los lími
tes naturales de Bolivia i de llevar a efecto el pensamiento que
por egoismo i ambicion personal no realizó Santa Cruz i que por
la mala fortuna que lo arrojó del poder en los momentos mismos
en que se proponia, no la realizó tampoco el jeneral Ballivian.
Esta idea, que acarician los hombres de Estado i el pueblo todo
de Bolivia, tarde o temprano, si no se lleva a efecto, ha de oca
sionar desastrosas guerras entre uno i otro pais.
Concluia, entretanto, el año 1861.

El pensamiento exacto de las reformas que iniciaba i llevaba


adelante con tanto ardor i el fondo de su carácter, no siempre
bien interpretado en los actos públicos, se deben buscar en su vi
da íntima, allá en los salones de palacio en medio de los suyos,
en la mesa, en sus conversaciones privadas, en la confianza de
sus amigos, que siempre fueron pocos, pero escojidos.
“El verdadero mérito consiste en la virtud, decia, i mas que
bajo otra forma, bajo la democracia es necesaria; pero no puede
existir donde reina la inmoralidad, donde se ofrezcan estímulos
a la incontinencia i donde se hubiese pervertido a la familia...”
“Allí donde el lejislador no mire el hogar doméstico como el san
tuario del pudor i de la decencia, es difícil, sino imposible, que
haya moralidad pública i por lo mismo que la sociedad marche
ordenadamente...” Hé almí en sus propias palabras las basas de
sus reformas, i a ellas obedecieron todos los actos de su gobierno.
Empezó por guardar él mismo una conducta intachable i por
hacer que la guardaran los que vivian a su alrededor; como toda
alma elevada, detestaba el chisme i persiguió como a indignos
7
— 50 —

reptiles a los chismosos; la adulacion, planta desde antaño acli


matada en los palacios, no fructificó jamas a su lado; buscaba el
mérito donde se hallaba, sin hacer alto en las opiniones políticas
para ocupar los destinos públicos; inflexible en el cumplimiento
del deber con los empleados, pero nunca exijente i lleno al mis
mo tiempo de benevolencia para con ellos, no transijia con el vi
cio ni la pereza; modesto en sus vestidos, severo en sus palabras,
cariñoso sin afectacion i digno sin orgullo en su trato con los de
mas, llegó a inspirar al rededor de sí entre las personas que vi
vian en su intimidad una atmósfera de afecto i de respeto, una
especie de dulce aureola, en la cual iban confundidos la admira
cion i el cariño. Apesar de los años que han trascurrido, todavía
vive en el alma de sus antiguos amigos, puro, íntegro, ardien
te como entónces, el mismo entusiasmo por él, la misma deci
sion abnegada i franca; i cuando se ofrece traer a la conversa
cion sus recuerdos i su historia, hai tanto enternecimiento en las
palabras de los suyos, que es imposible dudar del verdadero
mérito de aquel hombre extraordinario.
v Solo las grandes virtudes, los grandes caracteres se imponen
de esta suerte despues de la vida!
A manos llenas derramó su fortuna en beneficio del Estado i
en socorro de la indijencia. No hai cualidad mas bella que la je
nerosidad, i él la tenia en sumo grado, casi hasta la prodigalidad
porque gastaba mas de lo que podia. A su mesa comian todos
sus amigos, i su sueldo apénas bastaba para el sustento diario;
vació su bolsa párticular para imprimir a la vida de palacio ese
carácter de buen tono, esa magnificencia severa i ese aire caba
lleresco que han dejado recuerdos imperecederos en la sociedad
de Bolivia. Fué esto en pequeña escala algo como aquello que
nos cuentan de los antiguos palacios de Florencia i de las ciuda
des italianas, donde los hombres de letras i los artistas hallaban
cordial acojida: i así como se recuerda en Francia la época de
Luis XIV como la mas noble, ilustrada i galante, se trae a la
memoria de los viajeros en Bolivia la época del Dictador.
Ultimamente, cuando no tuvo mas que gastar, despues de ha
ber cedido al pais parte de sus sueldos i de haber con fondos
suyos propios cubierto algunas deudas nacionales, suspendió la
mesa de palacio i se redujo a la mas extrema modestia. Su
cuantiosa herencia estaba agotada!
— 51 —

¡Qué alto se muestra en su citado testamento político cuando


llega a este punto. Cuando desciende a tocar esas cuestiones per
sonales de dinero en su Mensaje, él, que derramó a manos llenas
el suyo sin guardarse nada con qué dignidad, con qué acento
tan lleno de airada grandeza se queja de sus viles calumniadores
Es el hombre justo que se siente ofendido en lo mas hondo i
estalla.
“Tampoco, dice, por medio de los caudales públicos, he procu
rado ganar prosélitos, o contentar la avidez de los que tuviese, ni
con ellos he hecho pagar mis diversiones, i ménos recompensado
el crímen; ni he extraido del tesoro talegos para arrojarlos por
las ventanas con el objeto de corromper mas la chusma, i de
hacerla servir mejor, para avasallar las demas clases de la socie
dad i tenerlas bajo la presion del terror. Nó, jamas; i limpias i
puras descansaron mis manos en el seno de mi respetable madre
i limpias i puras las conservo;i las lágrimas de la miseria con un
buen nombre, han de ser la única herencia que deje a mi mujer
i a mi hija, porque cuanto podia poseer en bienes de fortuna lo
he consumido en aliviar en la proscripcion estrecheces ajenas, i
en procurar los medios de salvar nuestra patria de la presion de
dos funestos gobiernos. No me pesa por ello, ni me pesará nunca,
i ojalá que mis detractores no me hubiesen puesto en el duro ca
so de tener que decirlo!.... Pero si lo digo, no es porque desee
arrancaros aplausos, i ménos por pediros indemnizaciones o acep
tarlas. Nó: mi conciencia me indemniza de todo con usura. Lo
hago únicamente para que veais con cuánto derecho os exijo
que seais mas que nímios en la pesquisa de mis supuestos robos,
i si mis detractores no son villanos, recojan el guante que les
arrojo, el desafío para que me desmientan.”
Nadie se atrevió a desmentirlo!....
Este era el hombre: i, sin embargo, apesar de tan bellas cualida
des que se reflejan en sus actos de vida pública, iba paso a paso
rodeándose de numerosos i fuertes enemigos que le movian cru
da guerra, con las armas en la mano los unos en los campos de
batalla, con intrigas traidoras los otros en el seno de la confianza
mas íntima.
Pero, ¿sabeis quienes eran sus enemigos? Los empleados que por
inepcia o fraude habian sido separados de sus destinos; los parti
darios violentos i exajerados que exijian contra los enemigos po
— 52 —

líticos una persecucion intolerante i perpétua i no eran atendidos;


los militares borrados del escalafon por mala conducta, o retira
dos por vehementes sospechas de complicidad en las conspira
ciones que dia a dia reventaban; los viejos parásitos de palacio,
séres alimentados en la miseria moral del vicio, desnudos de pu
dor i dignidad, que se veian sin fuerza, ni oficio, ni lucro delante
de la austeridad severa del Dictador; los amigos de la víspera,
en fin, que pedian empleos por premio a su anexion, que hacian
la política del vientre en lugar de la política de las ideas i de los
principios i que no eran satisfechos a su sabor en sus ruines am
biciones.
Estos últimos son siempre los peores porque nada hai mas fatal
para el buen réjimen i el progreso de un pais que ese deseo inmo
derado de empleos, especie de sed hidrópica que es la mas vil de
las enfermedades sociales. Corrompe todo el cuerpo de la nacion,
prostituye la conciencia, i hace a los que domina capaces de to
do vicio: puede en tales casos el desenfreno llegar hasta el exce
so, la ambicion hasta el crímen, los medios que se emplean has
ta la bajeza mas rastrera. La dignidad que salva al hombre en
todos los actos de la vida, suele ser para los pretendientes con
hambre el primer despojo que echan a los piés de sus amos; i la
resistencia que encuentran para satisfacer su apetito suele igual
mente ser el oríjen del odio profundo que se apodera de sus co
razones hácia los que se les han resistido.
Añadid a estos, los antiguos amigos de Belzu i Córdova, par
tido ya formado i que naturalmente tenia pretexto justificado
para combatir al que los habia derrocado del poder, i tendreis
una idea cabal de la oposicion que se levantó i fué condensán
dose al rededor de Linares. Añadid, ademas, algunos traidores
que.... pero, aun nó ... despues nos ocuparemos de estos mi
serables
— 53 —

Las revoluciones son un mal endénmico en Bolivia; i todos los


gobiernos, desde la independencia hasta nuestros dias, o mejor,
desde los tiempos de Pizarro i Almagro, las han sufrido con mas
o ménos violencia. Lójico que la administracion de Linares no
se eximiera de la regla jeneral.
En agosto de 1858 estalló en la Paz el primer movimiento
contra la causa de setiembre: no eran los conspirados jente de
importancia política, ni de posicion social, que ésta casi en su to
talidad estaba por ella; pero, no por eso fueron ménos de temer
sus esfuerzos ni ménos terribles sus propósitos, atendido el mo
do como los llevaron a cabo. El plan consistia en dar muerte al
Dictador i en seguida sublevar la tropa: i al efecto el dia 10 por
la mañana se apostaron algunos en la plaza principal frente a
palacio, otros en la calle lateral que corre al sur i los demas que
daron convenidos en asaltar los cuarteles a la hora oportuna.
Al rumor que se levantaba afuera, Linares, que estaba en aque
llos momentos en el salon de palacio que mira a la plaza, corrió
a ver lo que sucedia al mismo tiempo que los revolucionarios,
en confuso peloton se agrupaban al pié de las ventanas. Quiso
la suerte que el jeneral Prudencio, con quien se hallaba a la sazon
el Dictador, se adelantara ántes que él al balcon. En el instante
en que el desgraciado hacia este movimiento i al llegar justamen
te a las rejas, una bala de rifle le atravesaba el pecho, dejándolo
exánime en el acto. Dicen que el jeneral Prudencio era mui pa
recido a Linares i de ahí nació que la bala destinada por un ex
celente tirador al segundo fuera a dar muerte al primero. El Dic
tador, impaciente por dominar con su presencia el tumulto i
arrastrado de su valor natural, se empeñó en salir al mismo bal
con; pero se lo impidieron los que con él estaban. Algunas ba
las mas cruzaron el aire, una de las cuales hirió mortalmente al
edecan, coronel Viruet, que imprudentemente se habia asomado
— 54 —

a otra ventana. Salió la guardia de palacio, dió fuego sobre los


amotinados i los hizo huir en pocos minutos: los que sabian asesi
nar no se sabian batir, que tal es la condicion de los malvados!
Se tomaron algunos de los cómplices del delito, se hicieron las
investigaciones necesarias, i despues de un proceso concienzudo
i ajustado estrictamente a la lei, se condenaron a muerte a algu
nos, i entre ellos a un fraile franciscano Porcel, de no mui buenos
antecedentes. La sentencia fatal que recaia sobre este último,
movió a compasion a algunas personas timoratas, que pusieron
vivos empeños por hacerla suspender, en atencion a las órdenes
sagradas que investia: nada, sin embargo, valió para doblegar la
voluntad inflexible de Linares, que se negó a hacer excepcion fa
vorable en el que, por las mismas razones que se alegaban para
salvarlo, resultaba ser el mas criminal de los reos. El fraile fué de
gradado conforme a lo que en tales casos determinan las leyes
canónicas i fusilado en seguida. Algunos condenaron este acto,
pero yo creo, despues de haber formado mi conciencia con el
conocimiento exacto de los hechos i de las circunstancias espe
ciales porque entónces atravesaba el pais, que Linares hizo lo
que debia hacer i que cumplió fielmente con su deber, mostrando
a la faz de Bolivia que la lei era igual para todos. Si no se hubie
ran observado las prescripciones canónicas, si se hubiera atrope
llado el sentimiento relijioso del pais no tomando a aquéllas en
cuenta, si la culpabilidad del infeliz Porcel no hubiese sido cum
plidamente manifestada, entónces razon tendrian los que conde
nan la ejecucion del fraile: de otra suerte, ninguna.
Acto de fiereza llaman siempre los pusilánimes o los sectarios
del exajerado sentimentalismo a lo que justicia los hombres de
órden i la lei. Al fin i al cabo, ménos mal es que corra en el patí
bulo la sangre de cuatro asesinos, que no en los campos de bata
lla la sangre de todo un pueblo.
El año siguiente fué testigo de otra nueva revolucion: los jene
rales Córdova i Agreda llevaron a Bolivia lo que en este pais se
llama una Cruzada, curioso nombre con que se ha bautizado toda
invasion de los emigrados para derrocar al gobierno establecido.
Del Perú sacaron hombres i elementos de guerra i pasaron la
frontera. Linares, que a la sazon se hallaba en Oruro i que tuvo
noticia del suceso, con una rapidez extraordinaria se puso en el
acto en movimiento: los dos cuerpos de ejército, el de la revolu
— 55 —

cion i el del gobierno, se encontraron sobre el alto de la Paz el


mismo dia; de manera que Córdova i Agreda bajaban a la ciudad
por los cerros del norte al mismo tiempo que Linares descendia
por el camino que se llama de Potosí, que está situado frente a
frente de aquéllos. El combate se empeñó en las faldas del Cal
vario a diez o doce cuadras de la plaza de armas; no duró mucho
tiempo porque eran mui inferiores las fuerzas de los revolucio
narios, i fueron éstos completamente derrotados. Los jefes huye
ron al Perú, salvándose a uña de caballo: el gobierno usó de cle
mencia con los prisioneros.
En esta revolucion, parece fuera de duda que tomaron alguna
parte las autoridades peruanas, si no dando fuertes auxilios, to
lerando a lo ménos i simpatizando con los preparativos i caudillos
del movimiento.
Agreda, cuyo nombre figura en esta Cruzada, es un personaje
digno de estudio, el símbolo mas fiel, la expresion mas exacta de
lo que es la educacion de cuartel en algunos de nuestros paises, i
casi nos atrevemos a decir que es el retrato fotográfico del cuar
tel de Bolivia. Su vida fué una constante ajitacion revolucionaria,
sin obedecer a idea ninguna, ni ser consecuente con ningun go
bierno: hoi se batia por uno i mañana conspiraba contra él; hacia
en la víspera guerra tenaz a un caudillo i al dia siguiente, defen
diéndolo, combatia a sus antiguos amigos; su pasion era la lucha,
porque estaba dotado de un valor extraordinario, i a trueque de
pelear, encontraba bueno cualquier pretexto i malo cualquier go
bierno. Así como nunca conoció el miedo, tampoco no conoció
nunca la lealtad, ni supo jamas distinguir de qué lado estaba la
razon o el derecho. Se embriagaba con el humo de la pólvora, el
peligro lo atraia, ejerciendo en su alma una perversa fascinacion,
i la paz le era profundamente antipática: se aburria horriblemen
te en ella. Se sublevó contra Santa Cruz a favor de Velazco, i
mas tarde por Santa Cruz en contra de Velazco, por i contra de
Ballivian, i así con todos, hasta el punto de poner su espada en
la balanza a favor de Melgarejo, su antiguo enemigo, en las últi
mas horas de la administracion de éste. Valiente como el que
mas, e igualmente desgraciado como el que mas, porque no ven
ció nunca; malísimo jeneral i brillante soldado, tenia el corazon
de un héroe en curioso contraste con la cabeza mas vulgari
mas vacía que ha habido en Bolivia.
— 56 —

Domeñadas estas tendencias anárquicas, el gobierno pareció


mas que nunca poderoso i estable, i Linares, despues de haber
hecho un viaje por el pais, estudiándolo i mejorándolo todo, pen
só en convocar un Congreso. Juzgaba que para consumar su obra
i dejar el poder, que era ya lo único a que aspiraba, le era nece
sario dar cuenta de sus acciones en el seno de una asamblea na
cional. En su patriotismo, creia que la reorganizacion de Bolivia
estaba a punto de terminarse.... santa ilusion! Fijos sus ojos en
el sol, bañado en la luz de su propia conciencia, no alcanzaba a
distinguir los puntos negros del horizonte, que se iban poco a po
co levantando i formando densas nubes a su alrededor.
Su virtud lo engañaba.

Permaneció el Dictador cuatro meses en Sucre, i en esta ciu


dad tranquila i culta, en medio de sus viejos amigos i compañe
ros de juventud, en el seno de su familia i al lado de su jóven e
interesante esposa, pasó algunos dias felices: ai eran los últimos
resplandores de su estrella que se eclipsaba!
Quien lo hubiera visto en el patio interior de su casa cultivan
do por sus propias manos las flores de su jardin o jugando como
un niño con su hijita de cuatro o cinco años de edad, i recibiendo
sus caricias, i sentándola en sus rodillas, i enseñándole a pronun
ciar el nombre de Dios, no habria por cierto hallado en ese buen
padre i en esas distracciónes sencillas, el ceño adusto, el carácter
agrio, las palabras duras i la tiranía insoportable que sus enemi
gos se empeñaban en suponerle para desprestijiarlo a los ojos de
todos dentro i fuera del pais. Su vida, durante este breve tiempo,
fué parecida a aquellos dias serenos del Tucuman: eran los goces
de la faumilia los que le arrancaban sus horas mas hermosas, i él
se entregaba a ellos con toda la franqueza i la efusion de las al
mas nobles. A sus verdugos les fué dado el don de amargarlas
primero i de calumniarlas despues. Lo hacian aparecer como un
— 57 —

carácter cruel i sanguinario, i él era todo lo contrario; terco, i él


era bondadoso i hasta excesivamente familiar con sus inferiores
egoista, i él para sí no guardaba sino sus dolores i sus trabajos
insufrible, i era el ídolo de cuantos vivian a su lado.
En medio de estas escenas de familia i de esta vida un momen
to sosegada, que eran, por decirlo así, un breve paréntesis de
calma en las recias borrascas de la época, llegó una tarde triste,
que la tradicion ha guardado con respeto relijioso i que es una
pájina terrible en la historia de nuestro héroe.
Tenia Linares una hermana que mui jóven se habia encerrado
en un convento i profesado en las Carmelitas de Potosí. Quien
sabe si el rigoroso ascetismo, si las profundas soledades del claus
tro, si las meditaciones de largas horas no convenian a su natu
raleza impresionable i viva, o quien sabe si otras fueron las cau
sas, el hecho es que la desgraciada perdió la razon. Se vieron las
monjas en la necesidad de entregarla a su familia para atender
mejor a la curacion que la penosa enfermedad reclamaba; i allí,
al lado de su anciana madre, atendida con solícito esmero, com
placida hasta en sus menores caprichos, si no sanó del todo, se
templó, a lo ménos, la irritacion violenta de sus nervios i se apagó
algun tanto el inquieto brillo de sus ojos negros. La pobre tenia
un gran placer en visitar a su hermano, a quien llamaba “mi José
María,”i éste dió órden expresa de que jamas se le negara la
entrada hasta él, por mas que estuviera cargado de ocupaciones.
Gracias a esta medida, la loca veia continuamente al Dictador a
todas horas del dia i penetraba hasta en su gabinete de trabajo.
Una tarde, Linares estaba rodeado de sus ministros, cuando
vino su hermana. Trataban de una cuestion de alta importancia:
Frias i Valle, como de costumbre, proponian medidas prudentes
i conciliadoras, Achá callaba i Fernandez contradecia a aquéllos
exijiendo medidas de persecucion i violencia. La loca, benévola
mente recibida, clavó sus ojos, primero en su hermano, despues
en los ministros iguardó un profundo silencio, no sin dejar tras
lucir que en su frente cruzaba una nube de inmensa tristeza: rom
piólo despues de un breve instante, i dirijiéndose alternativamente
a Achá i a Fernandez, exclamó:
—Traidores!
Huyó súbitamente cerrando la puerta a sus espaldas, i sin de
cir mas i llorando a mares, salió del palacio, -

f
— 58 —

Desde aquel dia no dirijió nunca la palabra al ministro Fer


nandez, se irritaba cuando se le nombraba en su presencia, i a la
esposa de Linares le solia decir en voz baja i como en secreto:
—“Pobre mi José María! ese hombre es malo, ese hombre lo
traiciona. Créeme, hermana mia: ese hombre es malo.”
—Ese hombre, sin embargo, se le replicaba, ha comido el pan
en la mesa del Dictador largo tiempo, ha corrido su misma suer
te, le da el nombre de padre, vive con él en la mas estrecha inti
midad, le debe cuanto es i quién sabe si no es el designado como
su sucesor, porque tal es el afecto que le tiene i la confianza que
en él deposita; ese hombre no puede ni debe traicionarlo, porque
la causa del uno es la del otro, en mil documentos públicos han
puesto sus firmas juntas, las acusaciones que se levanten contra
el Dictador alcanzarán naturalmente a su ministro de gobierno,
secretario jeneral en los primeros dias de la revolucion: levantar
se contra él es cavarse su propio sepulcro; seria, en último caso,
cometer una infame felonía sin ventaja, etc., etc......
Esto le decian, pero la loca seguia repitiendo las mismas pala
bras:-“Ese hombre es malo, ese hombre lo vende.... pobre mi
José María....”

Era el 14 de enero de 1861.


Desde la madrugada vagos i siniestros rumores circulaban en
la ciudad de la Paz, se notaba un singular i extraño movimiento
en los cuarteles i se veian entrari salir de palacio mas jente que
de costumbre: nadie sabia lo que pasaba, pero todo el mundo pre
sentia algo de grave, i se iba la multitud apiñándose en la plaza
i en las esquinas de las calles a averiguar lo que sucedia. Entre
tanto, en el interior del palacio tenia lugar otra escena diferente
i se resolvia dentro el problema que era todavía ignorado fuera.
El dictador Linares, a media voz, con la frente llena de una
sombra oscura, pero sereno i tranquilo, leia una comunicacion que
— 59 —

le acababan de entregar i que llevaba la firma de sus dos ministros


Achá i Fernandez i del inspector jeneral de ejército, jeneral
Sanchez. Los nombres puestos al pié no revelaban, por cierto,
el contenido del escrito: éste, sin embargo, concebido en pocas
líneas, decia al Dictador que su poder habia dejado de existir,
que no era mas gobierno.
¡Qué ideas cruzarian en aquel momento por la cabeza de ese
hombre ilustre, al verse vilmente traicionado por sus mismos mi
nistros! ¡Qué ideas de profundo desprecio hácia aquel que habia
sido su favorito, casi su hijo i que dos dias ántes habia llorado
en sus brazos jurándole ser suyo hasta la muerte, i esto en pre
sencia de muchos! ¡Qué tremenda amargura al sentirse encade
nado con tanta alevosía, en su propia casa, en medio de los su
yos i sin defensa i sin remedio
El pueblo supo lo que realmente pasaba cuando el Dictador
acompañado de unos cuantos amigos salió de palacio a buscar
asilo en una casa vecina i hospitalaria i cuando los batallones
sublevados no por sus propios deseos sino por la intriga i la
mentira, vivaron formados en la plaza al triunvirato de Achá,
Sanchez i Fernandez. I aun entónces el engaño iba a paliar la
falta cometida, porque se hizo circular el rumor de que el Dicta
dor habia abdicado voluntariamente. Tanta vergüenza tenian ellos
mismos de su accion en los momentos mismos en que la come
tian!
El pueblo al dia siguiente recien vino a conocer la historia
de cómo se habian urdido los planes i desarrollado los sucesos,
que es la siguiente.
La ambicion, que cuando se desborda es la pasion mas funes
ta en el corazon humano porque no se para en medios, se apode
ró de algunos de los hombres que rodeaban a Linares. Juntá
ronse éstos para dividirse el poder, como en otro tiempo los cru
cificadores de Cristo para rifar su túnica, i tomaron la resolucion
que con fortuna llevaron a cabo el 14 de enero. De ellos los
principales, los que se atrevieron a salir a luz porque obtuvieron
el premio, fueron los que formaron el famoso triunvirato. Pre
meditada la accion, madurado el modo de hacerla triunfar,
lentamente fueron sus autores urdiendo medios i tendiendo los
hilos, aislando al Dictador i formándole una atmósfera de des
crédito, suponiéndole o llevando adelante a su nombre persecu
— 60 —

ciones que él ignoraba i a las cuales era completamente ajeno,


creando dificultades de todo jénero a su administracion, pero
sin atreverse jamas a contradecir su voluntad en los conse
jos de gabinete, dando mas que nunca pruebas de adhesion al
caudillo que vendian, como Judas que besaba a su maestro cuan
do lo entregaba, separando del ejército a los jefes i oficiales de
mas lealtad i sustituyéndolos por otros de ménos probidad o
mas faltos de enerjía, i no perdonando, en fin, nada, ni la calum
nia, ni el soborno para llegar al infame fin propuesto. De los je
fes alejados de esta suerte porque les causaban miedo fueron
Campero, Yañez, Ballivian i Rivas, don Benjamin. I todo esto lo
hacian con tanto disimulo, con tanto talento para la maldad,
con un tacto tan exquisito, que ni una leve sospecha se cruzaba
por la mente de nadie: i ¿quién habria de sospecharlo? De Fer
nandez nadie, porque Fernandez era el brazo, el ministro favo
rito de Linares; de los demas, tampoco, porque eran, al cabo,
personas mui cercanas al Dictador i le eran, ademas, deudores
hasta de favores personales. La revolucion se temia en otra par
te: nunca en medio de los amigos, ménos en el seno del minis
terio. -

A Linares alguien le manifestó sospechas respecto de Fernan


dez, i él se irritó con el que se atrevia a dudar.... ¿Por qué?
“Porque la prevision de las grandes infidencias, no está en la
mente de las almas honradas, a ménos de tristísimos i frecuen
tes desengaños,” dice Sotomayor Valdes.
Cuanto mas que dias ántes en el cumple-años de aquel, Fernan
dez, contestando a un brindis del ministro Valle despues de otros
exajerados elojios, agregó: “que no se podia suponer, siquiera, hu
biese un mal boliviano que sin llevar la nota de traidor, abando
nara al hombre eminente, al republicano por excelencia, al que
nos habia sacado de la degradante humillacion, al que estaba,
en fin, encargado de hacer feliz la patria por medio de las mas
grandes concepciones.”
“El mismo fué, dice el señor Valle (1) quien aquel dia como
ministro accidental de la guerra, a la cabeza de los señores jefes
i oficiales del ejército le dirijió en audiencia solemne las mas
sentidas palabras de respeto i admiracion por sus excelsas virtu

(1) Exposicion del ministro Valle.


— 61 —

des como buen administrador del Estado, i jurando lealtad i


obediencia a nombre del ejército, arrasados los ojos en lágrimas
le dió un abrazo de paz i amistad.”
La causa del golpe de Estado, nombre que neciamente se ha
dado a la traicion del 14 de enero, no fué otra que la ambicion
de los tres cómplices: conveniente es repetirlo porque conviene
que las cosas queden claras i las perfidias en trasparencia. Esa
es la historia.
Fortuna fué para ellos que el Dictador se hallara tan grave
mente enfermo i que el ejército estuviera tan repartido, i no difí
cil, por cierto, el que siendo ministros, pudieran tomar sus me
didas con tanta seguridad, mantener al mismo tiempo su secreto
en los dias de la víspera i separar a los que pudieran oponerles
resistencia. Mas, el por que no hubo inmediatamente una reaccion
favorable al Dictador, se explica: primero, por la condicion del
pais en que se hizo la revolucion, acostumbrado a la anarquía,
dócil para sufrir el yngo impuesto i falto de una conciencia bas
tante fuerte para dominar con su opinion o su protesta al crí
men; i segundo, porque no hubo un hombre de alto prestijio que
se pusiese en el primer momento al frente del pueblo i del ejér
cito i que juntamente con la audacia dispusiera de los elementos
necesarios para arrancar la máscara a los impostores. Cierto es
que algunos jóvenes valientes propusieron al honrado señor
Frias algun plan contrarevolucionario, que era, mas que una
acertada combinacion asentada sobre bases sólidas, un jeneroso
arranque de abnegacion que no tenia probabilidades de éxito.
Frias no creyó prudente aceptar el estéril sacrificio i todo quedó
en nada, e impunemente se consumó el delito. Trataron algunos
de los jefes repartidos en los diversos cantones militares de unir
se para proceder de consumo; pero, la traicion que habia madu
rado bien su plan i tomado de antemano sus medidas, burló sus
nobles esfuerzos, i no pudieron ni ponerse entre sí de acuerdo,
ni reunirse, ni hacer movimiento ninguno.
No le quedó al Dictador enfermo, insultado, hasta amenazado
en su vida, otro camino que el de la proscripcion. En medio del
silencio profundo i del respeto del pueblo que se agrupaba a su
paso contemplando atónito el suceso, salió de la Paz seis dias
despues de su caida, el 20 de enero de 1861. Lo acompañaron
hasta el Alto algunos leales amigos, que bañados en lágrimas le
— 62 —

dieron su último adios al pié de esa blanca pirámide que domi


na la ciudad i que ha sido testigo mudo de tantos hechos notables
en la historia de Bolivia....

XIII.

El noble proscrito fué a buscar un asilo a ese pueblo de li


bertad, que se ha hecho un deber de abrir los brazos a los des
graciados i perseguidos de los pueblos vecinos, ofreciendo a to
dos sin excepcion ninguna la mas franca i benévola hospitalidad.
Las olas del Pacífico en Valparaiso con sus tristes rumores
hicieron eco en sus últimos dias a los melancólicos pensamien
tos del Dictador caido.
Fué allí, en su retiro pobre i apartado, donde escribió su fa
moso Mensaje, destinado a dar a conocer su administracion, que
vino a Bolivia a caer como una bomba en medio de sus feroces
enemigos. Ya hemos citado en el curso de estas pájinas algunos
fragmentos de él; pero no está de mas decir que es uno de los
documentos mas notables de nuestra historia contemporánea.
Arranque de justa i lejítima indignacion, desahogo sublime de
la suprema angustia, testamento brillante de un moribundo, la
posteridad lo recoje con veneracion i simpatía. En él es ver
dad que arroja el insulto sobre el rostro sin rubor de sus verdu
gos; pero, en cambio, consigna tantas i tan buenas doctrinas
políticas, que los hombres públicos de su pais deben leerlo mas
de una vez i meditarlo con calma para juzgar al hombre que lo
escribió i fijarse su línea de conducta en los actos de su vida.
¿Condenareis el documento porque en él deja espansion libre a
sus sentimientos de dolor i de santa cólera? Pues, si él no tenia
razon para estampar su queja con letras de fuego, no tiene la
virtud tampoco derecho para hacer oir su voz!.... Sed justos,
los que así pensais, i ántes de dar vuestro fallo condenatorio, po
ned la mano en vuestro pecho i decid: ¿qué habrias dicho voso
tros mismos?
— 63 —

Como el crímen arrastra de precipicio en precipicio, i como no


hai enemigo mas encarnizado que el tránsfuga, amigo de la vís
pera, no es extraño que al llegar el Mensaje del Dictador a Boli
via, el Congreso, cuya mayoría acababa de ser elejida entre los
secuaces de los triunviros, propusieran un proyecto de lei que
declaraba a Linares “indigno de la confianza nacional.” Era es
to el colmo del delito. Algunos hombres honrados levantaron su
voz contra tamaño ultraje al honor del mismo Congreso, i el mal
gobierno i la torpe mayoría se vieron en la necesidad de ceder.
Los nombres de los diputados Valle i Frias, antiguos i leales mi
nistros de la Dictadura, Cortes, Aspiazu, Ballivian, Quijarro i Ri
vas merecen el aplauso sincero que la historia guarda para la
virtud por sus nobles palabras i elevada conducta en esas dis
cusiones en que lidiaban brazo a brazo la honradez i el vicio, el
odio del partidarismo ciego i el patriotismo puro i sin mancilla.
Merecen trascribirse las palabras que cierran el exordio al re
ferido Mensaje, porque ellas revelan el estado de ánimo en que
se hallaba el Dictador i los propósitos que tenia formados.
Helas aquí: “Señores: No porque abrigue el deseo de volver a
mandar i mucho ménos alguna intencion siniestra, me dirijo hoi
a vosotros, pues que en pechos no pervertidos nada cabe que sea
indigno, i el mando miéntras lo tuve, no fué para mí sino un su
plicio, al que solo podia haberme resignado por mi ardiente
amor a Bolivia i mi anhelo de procurarle el bien. Ejerzo un de
recho que no lo he perdido: lleno un sagrado deber. He sido el
caudillo de la hermosa revolucion de setiembre i manejado las
riendas del gobierno por mas de tres años. Desde los diezisiete
de mi edad he servido a nuestra patria, olvidado siempre de mi
persona i sacrificando por la ventura de aquélla cuanto hai de
mas caro para un hombre, i objeto de mis mas ardientes votos
será su felicidad miéntras yo viviere. Empero, es ya tiempo
de que no piense en mas que en buscar en el seno de la amistad
i de la familia el descanso de las fatigas i la indemnizacion de
las amargas decepciones, fruto único que durante sus dias reco
je en nuestros pueblos quien se consagra con entera abnegacion
a la causa pública. Ime conoceis lo bastante para que dudeis de
la sinceridad de mis palabras. Desconozco el finjimiento, detes
to la hipocresía i la verdad en todo es la regla de mi conducta, i
ajustado a ella voi a daros cuenta de todos mis actos, miéntras
estuve en el poder. Escrupuloso i severo debe ser el exámen, i
por vuestro nombre, por el crédito de Bolivia i el lustre de la
revolucion de setiembre, exijo que así lo hagais.”
El desgraciado soñaba todavía con encontrar en el seno de la
familia el descanso a sus fatigas largas i antiguas: era tarde.
Una enfermedad terrible lo consumia, i su vida iba huyendo
gradualmente. El golpe tan duro que acababa de recibir habia
concluido de postrar sus fuerzas, ya agotadas casi del todo en el
ejercicio de su gobierno; i cuando pisó las playas de Chile, su
semblante profundamente pálido, sus ojos apagados i hundidos,
su aspecto, enflaquecido ya, revelaba el cercano fin de su exis
tencia. Parecia que el peso del poder labia doblado sus hom
bros i el peso del ajeno delito su frente.
Desde entónces cada dia que pasaba le traia un nuevo dolor,
cada recuerdo de la patria un nuevo sacrificio; i no bastaron ni
las drogas, ni los consuelos de los amigos, ni las últimas espe
ranzas que no abandonan nunca, a disminuir esa fiebre constan
te que lo abrumaba, ni a alargar esos rayos de la luz de la vida
que se iban apagando. Cuando volvia los ojos a su desventurado
pais, por el cual habia sufrido i trabajado tanto, veia allí solo
miserias, venganzas, odios profundos en el campo de la política,
i en el seno de la familia una viuda i una huérfana i un hogar
frio i abandonado, i talvez de personas queridas intrigas cobar
des para usurparle los últimos miserables restos de su perdida
fortuna. En la soledad jemia i se le veia horas enteras, hundida
la cabeza en el pecho, entregarse a meditaciones profundas. La
pobreza lo oprimia con sus brazos de fierro i casi llegó a faltar
le, sin que en esto haya exajeracion ninguna, el pan diario de la
vida. En su retiro tristísimo, en medio del abandono inmenso
que pesaba sobre él, lo único que le daba consuelo era la fé ca
tólica, la meditacion cristiana, la lectura de los libros santos de
la Iglesia: que siempre es la relijion el asilo último de los gran
des infortunios sobre la tierra
Estas confidencias postreras de la vida, estos jemidos de do
lor sobre la almohada moribunda, estos secretos íntimos de su
miseria, que lo redujo al fin a vivir en una habitacion humilde,
eran recojidos por un solo amigo. ... El que lo habia acompa
ñado al destierro, que vivia a su lado, que velaba sus penosos
insomnios i que hacia con él las veces del mejor hijo con el me
— 65 —

jor de los padres, era su antiguo oficial mayor de relaciones ex


teriores, don Mariano Baptista.
Baptista no se le habia separado un instante desde los prime
ros dias de su gobierno, consagrado a la causa de setiembre
con todo el ardor del jóven i la abnegacion del patriota sincero.
Si este notable boliviano merece un lugar preferente en la histo
ria de su pais por su alto talento, sus grandes servicios presta
dos a la causa de la libertad desde sus mas juveniles años, i su
singular elocuencia, llena de ciencia, de inspiracion, de brillo,
que lo ha puesto en primera línea entre los mas distinguidos
oradores americanos, merece, sin duda, un lugar mas elevado
aun en la sagrada historia de la virtud por su conducta en la
desgracia de Linares. Todo lo dejó por seguirlo, i todo lo sufrió
por no abandonarlo: hermoso ejemplo de caridad i de cariño que
el corazon admira i los labios honrados bendicen.
De él he recojido parte de los datos que me han servido para
esta biografía, i de él tambien el siguiente breve episodio, que
refiero porque acaba de poner en trasparencia la situacion del
Dictador en sus últimos dias.
Compañero de su destierro habia sido un antiguo sirviente,
que aun vive i cuyo nombre es Atanasio: lo asistia con una con
sagracion admirable, negándose a cobrar sueldo alguno, porque
mejor que nadie conocia las estrecheces de la difícil situa
cion de los nobles emigrados. Con una fidelidad admirable ser
via a su señor, no lo dejaba jamas solo, i ántes al contrario,
con el propósito de hacerle mas dulces sus horas, buscaba pa
labras en su tosca rudeza para consolar sus dolores. Bien pudie
ra entónces aplicársele aquella comparacion del perro fiel, que,
no por ser vulgar, deja de ser mui bella i mui exacta. Fueron
acabándose los escasos fondos i fué tocando la estrecha mise
ria a las puertas de la casa: el sirviente aceptó la situacion con
nobleza i no dejó escapar ni un murmullo, ni la mas leve queja
de fastidio o de cansancio. Uno de tantos de esos dias de angus
tia halló Baptista a Atanasio profundamente pálido i abatido:
preguntóle la causa de ello, i él se negó a darla, intentando reti
rarse, pero las fuerzas le faltaron i cayó al suelo: lo levantó el
primero e insistió en saber qué mal aquejaba al desgraciado; i al
fin, entre medias palabras, mal articuladas, vino a saber el se
creto de su postracion; era víctima del hambre Hacia tres dias
9
— 66 —

que el infeliz, porque no habia dinero en casa, no tomaba un


pedazo de pan; i de la pequeña fonda donde iba ordinariamente
a comer lo habian expulsado por falta de pago!....
Linares murió el 6 de octubre de 1861.

XIV.

La triste noticia llegó a Bolivia i excitó el mas profundo do


lor. El pueblo vino entónces a estimar en su justo valor la pérdi
da que sufria, i se operó contra los traidores, en particular con
tra Fernandez, la reaccion mas formidable.
“¿El descenso de Linares del poder, se preguntaba un escritor
(1) ha sido su caida o su apoteósis?” i el pais entero con sus lá
grimas, con su luto, con las pomposas exequias que en todas las
ciudades se tributaron a la memoria del proscrito, le contestaba
que su caida del poder, que su muerte desamparada, que su mis
ma miseria eran el principio de la apoteósis mas brillante que
puede tener un hombre público.
Innumerables fueron los discursos fúnebres i las composicio
nes poéticas que salieron a luz en aquellos dias. Los hombres
mas notables se empeñaron a competencia en dar muestras de
su sentimiento i en hacer manifestaciones de alto respeto i de
entusiasta afecto a la sagrada memoria del ilustre caido. De las
plumas mas bien cortadas de Bolivia brillaron elocuentes páji
nas i en la cátedra sagrada resonaron las voces mas respetables
en su obsequio. La multitud llenaba las iglesias i lloraba.... I
entretanto, los hombres del poder apénas se atrevian a presen
tarse en las calles, porque eran mostrados con el dedo i mirados
con el mas profundo desprecio.
Manuel José Cortes, autor de la historia de Bolivia, Daniel
Calvo, Emilio Fernandez, Manuel María Rivero, Donato Vaz
quez, Hermójenes Mier, Jorje Oblitas, Emeterio Tovar, Federi

(1) Don Manuel María IRivero. Sucre.


— 67 —

co Gonzalez, Manuel José Tovar, J. Rosendo Gutierrez, Benja


min Lens, Francisco Caballero, Antonio Quijarro, Modesto Omis
te, Daniel Campos, Ricardo Bustamante, la señorita María Jose
fa Mujia, i muchos otros literatos importantes de Bolivia dieron
a la prensa hermosos trabajos que merecieron con justicia jene
rales aplausos.
“Linares, exclamaba uno de ellos (1) en un elocuente apóstro
fe, tú fuiste el redentor de tu patria, tá el que hiciste la entrada
de Jerusalen en medio de palmas i olivas con los cánticos de
hossanna que te entonaban.... i en aquel momento mi corazon
hizo un paralelo espantoso i una tremenda profecía salió de
mis labios: No hai redentor que no sea crucificado.”
“En su frente, agregaba otro, (2) escribió Dios estas palabras
Jenio i Desgracia i el texto bíblico con que empezaba el digno
sacerdote señor Mier su oracion fúnebre en Oruro era el siguien
te: in paradisum deducant te angeli: in tuo adventu suscipiant te
martires et perducant te in civitatem sanctam Jerusalem.
Los restos de Linares fueron enterrados en Valparaiso, i años
mas tarde trasladados a Bolivia por el ilustrísimo arzobispo se
ñor Puch. En la actualidad duermen el sueño eterno bajo las bó
vedas de la iglesia de San Felipe de Neri en la ciudad de Sucre.
Iántes de concluir estas pájinas, una palabra mas.
Yo he visto en Bolivia un lienzo de un pincel desconocido que
representa una alegoría interesante. Son tres figuras brillantes
que se destacan sobre un fondo oscuro, dos de ellas vestidas con
traje militar i llenas de entorchados de oro, la otra vestida senci
llamente con el frac negro del diplomático. La pintura, si no es
obra maestra de arte, representa con tanta exactitud la fisono
mía de los personajes que retrata que a primera vista se com
prende la alegoría que el pintor quiso dibujar i se conoce a los
héroes que en ella aparecen. Tiene cada cual una inscripcion al
pié, i estas inscripciones lacónicas, que revelan una larga histo
ria, dicen: “la fundé, la constituí, la organicé.”
Comprenderán mis lectores que refiriéndose a Bolivia los per
sonajes son Bolivar, Sucre i Linares.
La compañía de tan altos nombres americanos son el mejor

(1) Francisco Caballero.


(2) Jorje Oblitas,
— 68 —

homenaje del fallo de la posteridad: pero, seria del caso agregar


al pié de ese cuadro aquellas palabras que en su Exposicion a sus
compatriotas estampó el mismo Linares despues de su caida: “En
Bolivia no se han perdido, ni se perderán jamas los sentimientos
elevados, i cuando no hoi, mañana me harán la justicia a que
tengo derecho.”
Se ha hecho esa justicia: la revolucion de setiembre ha sido
absuelta i la causa del Dictador santificada por la historia.
NOTAS
T

IMIE IN S A. «J E

QUE DIRIJE EL CIUDADANo

Jos E MARIA LINAREs

(0NVENCI0N B0LIVIANA DE 1861

SEÑoREs:

No porque abrigue el deseo de volver a mandar, i mucho ménos alguna intencion


siniestra, me dirijo hoi a vosotros, pues que en pechos no pervertidos nada cabe
que sea indigno, i el mando, miéntras lo tuve, no fué para mí sino un suplicio al
que solo podia haberme resignado por mi ardiente amor a Bolivia i mi anhelo de
procurarle el bien. Ejerzo un derecho que no he perdido: lleno un sagrado de
ber. He sido el caudillo de la hermosa revolucion de setiembre, i he manejado las
riendas del gobierno por mas de tres años. Desde los diezisiete de mi edad he servi
do a nuestra patria, olvidado siempre de mi persona i sacrificando por la ventura de
aquélla cuanto hai de mas caro para un hombre, i objeto de mi mas ardientes votos
será su felicidad miéntras yo viva. Empero, es ya tiempo de que no piense mas
que en buscar en el seno de la amistad i de la familia el descanso de las fatigas, i la
indemnizacion de las amargas decepciones, fruto único que durante sus dias recoje
en nuestros pueblos el que se consagra con entera abnegacion a la causa pública. I
me conoceis lo b stante para que dudeis de la sinceridad de mis palabras. Desco
nozco el finjimiento, detesto la hipocresía, i la verdad en todo es la regla de mi
conducta, i ajustado a ella voi a daros cuenta de todos mis actos miéntras estuve con
el poder. Escrupuloso i severo debe ser el exámen, i por vuestro nombre, por el
crédito de Bolivia i el lustre de la revolucion de setiembre, exijo que así lo hagais.
Sin un poder fuerte en manos vigorosas, ni el talento mas distinguido, ni la vo
luntad mas perseverante, ni el patriotismo que obra prodijios cuando se halla en
— 72 —

cierta altura, bastan para rejenerar un pais en el que por la espantosa corrupcion
de todas las clases que lo componen, viene a ser el menor de sus males el atraso de
la industria, las ciencias i las artes. ¿I no era esta la situacion de nuestra patria
ántes del levantamiento de setiembre? Por cierto que no era otra ni podia ser, des
de que Bolivia habia caido en la desgracia de ser subyugada durante nueve años
por hombres que el pais ha juzgado. I rejenerarlo ¿no fué el objeto de la revolucion
de setiembre? Tal fué, i de ahí la necesidad de la dictadura; necesidad que la sin
tieron los pueblos, desde que alzaron el grito contra Córdova, i por eso me in
vistieron de ella i por la misma causa la acepté sin vacilar un instante, apesar
de que nunca dejé de ver que ella serviria de pretexto a enemigos i amigos hasta
para el crímen, como en efecto les sirvió a Fernandez, Achái Sanchez.
Sujetos como están por su peculiar organizacion i para el acierto en sus delibera
ciones a una marcha lenta, a un procedimiento tardío, no son los congresos los des
tinados a rejenerar un pueblo, aun en el caso de que sus miembros todos poseyesen
las mus eminentes dotes, porque ni en él pueden las resoluciones ser tan oportunas
o prontas, cual con harta frecuencia se necesitan que lo sean, cuando están en cho
que los viejos intereses con los nuevos, el espiritu de reforma i de mejora con el
reaccionario, con los malos hábitos antiguos, las preocupaciones inveteradas, el vi
cio i la inmoralidad hondamente arraigados; i esa pugna unas veces solapada o
sorda, otras abierta i ruidosa ha sido constante en nuestra patria desde mi elevacion
al mando hasta mi caida. -

Ménos apropósitc para tan árdua empresa pueden serlo, cuando ni al pueblo en
que han nacido lo conocen bien los mas de los diputados, i mal pudieran por lo
tanto saber apreciar debidamente una situacion política o social, i cuando en vez
de una intelijencia clara i dispuesta a ceder al convencimiento, en lugar del patrio
tismo i de la abnegacion, de la dignidad del hombre i de la noble altivez del repre
sentante de un pueblo, i, en fin, del deseo de paz i de concordia, se lleva al santua
rio de las leyes o la perversion de las ideas i el caprichoso aferramiento en ellas, o
las miras personales, o el servilismo mas abyecto, o los odios o los enconos del fu
nesto espíritu de partido:i con pocas honrosas excepciones se han compuesto de esa
clase de hombres los congresos en Bolivia, i sobre tan triste verdad apelo al testi
monio de vuestra conciencia.
Para las terribles conmociones, para las escenas de sangre i horror, sin las que
parece imposible la rejeneracion de un pueblo, parece tambien que los congresos
fueran los mas adecuados, porque nunca pueden tener lugar aquéllas sin el delirio
de la pasion i del fanatismo por el triunfo de ciertas ideas, i en el seno de los con
gresos está el verdadero foco de ese delirio: la prueba nos la suministra la Conven
cion francesa. Felizmente nuestra patria no se ha encontrado todavía en tan fatal
extremo, i Dios la preserve siempre de caer en él.
Darle a un pueblo instituciones apropiadas a su índole, a su carácter i a sus de
mas condiciones sociales es la verdadera mision de un congreso; mision por lo difí
cil de su buen desempeño delicada aun bajo las mas favorables circunstancias, i de
grave trascendencia, cuando se la ejerce, no estando el pueblo bien preparado para
entrar en las vias constitucionales, sino hai espíritu público, ni se oye mas grito que
el tumultuoso i desorganizador de las pasiones bastardas.
Excusado es que ocupe vuestra atencion con la pintura del Estado de Bolivia,
miéntras reji sus destinos. Debo sí llamarla sobre un hecho, en el que quizá pocas
personas se habrán fijado lo bastante: el de la ninguna estabilidad de las leyes
fundamentales en las repúblicas hispano-americanas. ¿I cuál la causa de hecho se
— 73 —

mejante? Entre otros, el afan en nuestros caudillos de no dejar pasar la época de


su poderío, sin reunir congreso, a fin de que éste dé instituciones amoldadas ex
clusivamente al gusto de ellos, resultando de aquí el desapego del pueblo a tales
instituciones, i que éstas sean lo primero que se conculque i se pisotee en nuestros
trastornos politicos, i que cada dia se haga mas dificil contraer hábitos de órden,
pues que no se forman sino mediante la devocion i el respeto a la lei.
Tambien quiero preguntaros ¿si fuera de la corta época de la administracion del
inmortal Sucre se ha conocido entre nosotros el verdadero réjimen constitucional?
Nadie podria afirmarlo, desde que los presidentes estaban casi siempre investidos
de facultades extraordinarias, es decir, de la dictadura con otro nombre, i aunque
se reunian las cámaras en el período designado por la constitucion, ésta era para
lo demas letra muerta i la reunion de aquéllas se hacia principalmente para reves
con las apariencias de la legalidad actos que emanaban de un poder discrecio
nal. ¿I cual la causa de este otro hecho, que tambien lo es de la ninguna estabilidad
de nuestras constituciones? El funesto error o el absurdo de querer constituir un
pueblo ántes de tiempo. Porque no queria caer en él, i no he estado ni estaré para
nada por el engaño o la mentira, i mucho ménos para el gobierno de un pais, pla
zaba la reunion del congreso para cuando la constitucion pudiese ser una verdad
práctica, no una patraña.
Tibio yo en mi amor a Bolivia, o indiferente para la suerte de ella, apesar de la
inconveniencia, habria reunido cuanto ántes el congreso. Empero, la he amado i
la amo con pasion, i el anhelo por su bien me cuesta lo que a nadie, i por eso mi
irrevocable resolucion de arrostrarlo todo i hasta de ofrecerme de holocausto, ántes
que contribuir por la prematura reunion del congreso a empeorar la condicion de
aquélla. I lo hubiera reunido, cuando la locura, que despertó en mi favor el triun
fo de la revolucion de setiembre, llegaba hasta el punto de querer deificárseme, si
yo fuera de los hombres que no escuchan sino lo que les dice su vanidad, su orgu
llo o la bastarda ambicion; pero, a Dios gracias, he podido conocer desde mui tem
prano qué estrago hace en el corazon mas sencillo i modesto el humo del incienso
que se quema, 1 para el bien, sea al individuo o a la comunidad, nunca he tenido
en cuenta mi persona, i he pensado siempre que perdian mucho de su mérito las
buenas acciones cuando se mezclaba con ellas algo de interesado.
Profundamente convencido de que la paz es la primera necesidad de todo pueblo,
i en especial para las repúblicas hispano-americanas por el atraso en que se encuen
tran, penetrado igualmente de que el progreso i la vida misma de los Estados
vecinos dependen en mucho de su armonía i union basada en la conveniencia
recíproca; sin ambicion por otra parte a las glorias militares, por la sangre i los
demas sacrificios que cuestan i por los odios que enjendran entre el vencedor i
el vencido; i resuelto a la guerra únicamente en el caso de que se quisiera humillar
a Bolivia o arrancarle concesiones incompatibles con la justicia; cuánto no ha sido
mi empeño por firmar con el jeneral Castilla un tratado de paz honrosa, que rea
nudase de una manera sólida entre Bolivia i el Perú sus naturales vínculos, i con
tribuyese al desarrollo de la riqueza de ámbos pueblos Empero, tenia que habér
melas con un gobernante que no oye, i es difícil que oiga otros consejos que los
de su injusto i antiguo odio a Bolivia, i de su politica insidiosa i aleve, no solo
con nosotros, sino tambien con otras de las repúblicas hispano-americanas, i tal es
el orijen de las varias agresiones armadas hechas a nuestro territorio por los
emigrados bolivianos residentes en Puno i Tacna, i lo que es peor que todo, de la
situacion incierta e indefinible en que nos mantenia dicho gobernante. ¿I esto no
10
— 74 —
era una causa mas para postergar la reunion del congreso? No sé quién pndiera ne
garlo. Sin embargo, viendo que ya duraba mucho, i calculando por lo mismo, que
ya de un modo, ya de otro, cambiaria pronto situacion tan violenta, ocho o diez
dias ántes de que Fernandez, Achá i Sanchez consumaran su perfidia, ordené al
primero que con antipacion i con preferencia a lo demas, prepararse todo lo ne
cesario para la reunion del congreso, i lo hubiese inaugurado tan luego como hu
biese tenido la fortura de haber ajustado la paz con el Perú, porque entónces ha
brian perdido mucho de su fuerza los demas elementos desorganizadores que aun
quedasen subsistentes en el pais.
Hé ahí, señores, la causa porque habia diferido la reunion del congreso hasta el
momento que llevo insinuado. Ahora bien, pesadlas, pero puesta en el corazon la
una mano i tomando con la otra la balanza de la imparcialidad. Examinad asimis
mo sin prevencion i sin fijaros en el nombre, para que él no preocupe vuestro espí
ritu, los actos todos de la dictadura, i si en cualquiera encontraseis el menor abuso,
fulminad contra mí el anatema de la execracion, como que teneis derecho para ello
i deber de hacerlo, pues que si es un poder fuerte la dictadura i de mas ensanche
que cualquier otro, sus límites están trazados por los principios de la justicia i de
la conveniencia pública, i todo lo que sale de ellos es punible.

Hacer que el individuo recobre su dignidad perdida: levantar el pais de la pos


tracion i del abatimiento a que lo redujeron Belzu i Córdova: darle nuevo sér: en
una palabra, rejenerarlo: tal fué el objeto de la revolucion de setiembre. ¿I cómo lle
narlo, sino obligando por el ejemplo al particular a que se respete a sí mismo i a los
extraños; combatiendo con mano firme el vicio; procurando secar las fuentes de la
corrupcion; i en fin, moralizando el pais? I a moralizarlo consagraba especialmente
mis afanes i desvelos, i no habia conseguido poco en ese órden. A lo ménos en mi
época nadie medraba ni se levantaba sobre la ruina de otro por medio del chisme,
de la adulacion o la calumnia, como por desgracia sucedia en épocas anteriores; el
favoritismo estaba desterrado, i el color político era lo último que se tenia en cuen
ta para los destinos públicos, i el error en la eleccion de las personas se reparaba
luego que era conocido; los abusos de autoridad i los mas leves desmanes eran
prontamente reprimidos; i del empleado se exijia contraccion, probidad i pureza.
Cierto que aun quedaba mucho por hacer para completar la obra; pero, considerado
bajo tal respecto el estado lastimoso de ántes, era mas que notable la diferencia baj
mi gobierno. -

Allá donde el lejislador no mire el hogar doméstico como el santuario del pudor
i de la decencia, o donde relaje los sagrados vínculos de la familia, confundiendo,
aunque no sea sino en cierto órden a los hijos de distinta procedencia, es dificil,
sino imposible, que haya moralidad pública, i por lo mismo que la sociedad marche
ordenadamente. Cierto que nuestras leyes no han hecno de igual condicion para el
lbeneficio de la herencia a los hijos de matrimonio i a los habidos fuera de él; pero
por el mal entendido principio de la igualdad han equiparado para el goce de los
derechos políticos i para la opcion de puestos i dignidades con el hijo lejítimo al
adulterino, al sacrílego i al incestuoso. Semejante aberracion, disculpable, si se
— 75 —
quiere, en la época en que nació, ya no podia serlo en la nuestra, i por eso, i como
mas necesario, iba a derogar las disposiciones que habilitan a toda persona para las
órdenes sagradas i para los beneficios en la Iglesia; pero para darle a la derogacion
el doble peso de la autoridad civil i eclesiástica me insinué con el ablegado de la
Santa Sede, el ilustrísimo señor Eyzaguirre, porque la pidiera oficialmente, co
mo en efecto la pidió. Por la misma razon declaré que para obtener becas gra
tuitas en los seminarios era indispensable la lejitimidad de natales. Se objetará
quizá, que el nacido de ilícito comercio no era culpable por ese hecho, i que inca
pacitándolo para los destinos públicos, por una parte se cometeria una gran injusti
cia, i por otra se privaria a la sociedad de servicios de importancia, i que en la de
mocracia no debia conocerse otra diferencia que la del mérito o demérito personal.
El verdadero mérito consiste en la virtud, i mas que bajo otra forma bajo la demo
crática es necesaria; pero no puede existir donde reine la inmoralidad, donde se
ofrezcan estímulos a la incontinencia, i donde se hubiese pervertido a la familia.
La buena educacion es la que hace útil al hombre, i regularmente se crian en el
mayor abandono los hijos ilejitimos. Sin embargo, hai excepciones; pero el lejislador,
que debe conciliarlo todo, no ha de poner en la misma línea al individuo que con
su talento i sus prendas morales llega a borrar lo impuro de su oríjen con el que no
se encuentra en el mismo caso, i autorice a ésta o la otra corporacion, para que ha
bilite al primero de entre aquéllos, como tan sábiamente lo tiene establecido la
Iglesia para los que pretendan entrar en ella i para los que admitidos ya en el seno
de la misma, se hagan acreedores a los ascensos. La injusticia desaparece con la
medida indicada; pero cuando asi no fuera, la injusticia con el individuo nunca
pesa en la balanza como el mal que se causa a la sociedad, minándola por su base,
que es la familia.
Hai en nuestro clero, i me complazco en decirlo, eclesiásticos dignos de venera
cion, verdaderos discípulos del Santo de los Santos; pero qué pocos! i cuánta igno
rancia, i cuánto abandono en los demas! ¡Oh! a milagro debe atribuirse que se con
serve la fé en Bolivia, i nada extraño es que la inmoralidad haya cundido tanto en
las otras clases, desde que la abominacion sale del santuario, i que el infeliz indio
sea un sór tan abyecto i degradado, desde que por espíritu de logrería fomenta en
él la crápula i la supersticion quien debiera inspirarle horror al vicio i hacer que
penetre en su intelijencia la bienhechora luz del Evanjelio. I siendo entre noso
tros de tan poderosa influencia el clero, ¿sin la reforma de éste seria posible la re
jeneracion del pais? Nó, i en esa reforma estuve empeñado, i para tal fin, entre otras
medidas, el establecimiento de grandes seminarios, interpretado por la mala fé de
la manera mas inicua, i con tendencias las mas criminales, habiéndose señalado en
eso el obispo Salinas, que debia haber seguido otra conducta, siquiera para hacer
olvidar que fué el cortesano de funestos mandarines. Tales seminarios son, seño
res, de absoluta necesidad en nuestro pais, i al fin los hubiese planteado, vencien
do toda resistencia; i si examinais el decreto de su ereccion no vereis mas que una
copia de las leyes de la Iglesia, o ignoradas o completamente olvidadas por los
obispos.
Al ver destruidos algunos templos, convertidos otros en pocilgas, i cubierta de
andrajos a la esposa i de galas a la concubina, ¿podia no llenarme de indignacion?
La sentia porque estoi penetrado de lo que corresponde a la grandeza del Sór que
adoramos en los templos, i de cuánto el mal estado de ellos contribuye, no solo a
entibiar la devocion, sino a destruir el espíritu relijioso; i como una de las causas
de escándalo tan grave i trascendental es la criminal indiferencia con que los pre
— 76 —

lados miran la inversion de los fondos de fábrica, impuse a las municipalidades i a


los jefes políticos el deber de inspeccionar los respectivos libros, i de dar cuenta
del resultado al gobierno, sin perjuicio de la obligacion que a ese respecto tienen
los prelados. I para volverle al altar su esplendor, dispuse igualmente que los curas
interinos solo llevasen la cóngrua necesaria para una decente manutencion, desti
nándose para el piadoso fin que llevo indicado los demas proventos de los benefi
cios. -

Por ver si lograba que se moderasen los clérigos en sus escándalos, i que no de
jasen los jueces eclesiásticos impune el delito, eternizando el curso de los procesos i
para su publicacion por la prensa ordené, que por cuatrimestres, i expresando la
fecha en que se hubiesen iniciado i el motivo, se pasase a la secretaria de justicia el
cuadro de las causas pendientes en las respectivas curias. El mismo objeto me pro
puse con la publicacion de las acusaciones elevadas al gobierno i de las iniciativas
de éste a la autoridad eclesiástica. Nada conseguí, i viendo que no habia otro re
medio que la abolicion del fuero, para estipularla despues por escrito, la tuve acor
dada de palabra con el señor Eyzaguirre. I de igual manera, i como un freno mas,
tuve tambien acordado que en lo sucesivo se darian los curatos solo interinamente.
La relijion, la sociedad i hasta la bien entendida conveniencia del cura recla
man que, suprimiéndose los derechos obencionales, se le tenga a sueldo, porque
solamente así no se veria al pobre huérfano, a la infeliz viuda jemir mas por la
crueldad del curi, que por la pérdida del padre, del esposo o del bienhechor; cesa
rian las sacrílegas profanaciones, tan frecuentes entre nosotros, con el nombre de
fiestas relijiosas; el cura seria realmente el pastor de su grei i no el lobo que la de
vora; i en fin, la supersticion no ocuparia el lugar de las verdaderas creencias i de
las santas i saludables doctrinas i prácticas, que forman el conjunto maravilloso
de la relijion del Crucificado. En el sistema de impuestos, de que os hablaré des
pues, entra la parte correspondiente a la dotacion del culto i del clero.
Nadie habia cuidado de poner remedio a la relajacion en algunos de nuestros
monasterios i de nuestros conventos, i yo sujeté a la vida comuna las Clarisas de
Cochabamba, i mandé, que dejándoles el suficiente número de criadas, se despidie
ra de la casa a tantas ociosas que introducian el desórden en ella i ocasio uban
despilfarros. Otro tanto debia hacerse en las Concebidas de la Paz i las Mónicas
de Sucre, i por imposible la reforma en tales conventos, iba a cerrar el de Merce
darios en la primera de las dos últimas ciudades, i el de Franciscanos en Cochabam
ba, destinando sus rentas a los importantes i piadosos objetos, de que tambien os
hablaré despues.
Palpando por momentos que la causa principal del estado lastimoso de nuestro
clero, mas que la criminal indiferencia de nuestros prelados por el cumplimiento
de sus deberes, era su falta de idoneidad i de todo merecimiento, estaba resuelto a
pedir a la Santa Sede que, por el bien de la Iglesia i del Estado, confirmase los
coadjutores que le presentaba para los obispados de la Paz i de Cochabamba; i co
mo a tan dignos por su ilustracion, su virtud i celo apostólicos, presenté para la
mitra de Charcas al doctoral don Pedro Puch, i para la de Santa-Cruz al reverendo
padre Mutzani, sin que me hubiese detenido la consideracion de ser extranjero el
último, porque para mí en un pais no hai mas extranjero que el hombre vicioso o
corrompido, i porque profeso la máxima de que para los puestos públicos debe bus
carse únicamente el mérito.
Extendiendo mis miradas a lo porvenir, i llevado de mi conviccion de que en
nuestros pueblos, jeneralmente hablando, es difícil que sin un buen clero haya mo
— 77 —

ralidad, i casi imposible la civilizacion de nuestras masas, pnes por el estado en


que se encuentran, sobre ellas no ejerceria su saludable influencia ni la inmigra
cion mas escojida i viendo ademas que los antiguos seminarios no eran apropósito
para formar clérigos de virtud i ciencia, día esas casas nueva planta adecuada a su
fin, i para que éste no se malograse, si dejaba aquéllas bajo la absoluta dependencia
de los obispos, limité a lo necesario la injerencia de éstos i reservé para el gobier
no, entre otras cosas, el derecho de inspeccion, de que, a mi juicio, nunca debe
desprenderse ningun gobierno, si se quiere evitar que algun dia tome la educacion
un jiro perjudicial o funesto.
Mucho se adelantaria en la conquista pacífica del salvaje, si cumpliendo con su es
tatuto, habitasen ménos en las ciudades los misioneros, i quizá nada le costaria aqué
lla a la nacion, si de los sobrantes, que no puede ménos que tener cada colejio de
propaganda fide, se formase un solo fondo para atender con él a la mejora de las
misiones ya establecidas i a la fundacion de otras; mas para lo uno i lo otro seria de
necesidad que todos los colejios estuviesen sujetos a un superior, que entre sus obli
gaciones tuviese la de presentar cada año al gobierno una relacion del número de
relijiosos, del de las misiones, del estado de éstas bajo el pnnto de vista económico,
industrial i relijioso, i por fin, del monto del fondo comun i de sus varias inversio
nes. Penetrado de semejante necesidad, i porque para nombrarlo estaba faculta
do el señor Eyzaguirre, iba a presentar para prefecto jeneral de nuestras misiones
al reverendo padre guardian de la Recoleta de Potosí. Tambien, para introducir en
nuestro pais esa jerarquía eclesiástica, influia en mi ánimo la consideracion de que
estando los misioneros exentos de la jurisdiccion de los obispos i a tanta distancia
de Roma, era preciso que tuviesen un superior que pudiese hacerles pronta justi
cia, i premunirlos contra la mala voluntad, el capricho o el odio de los prelados
particulares. I no es contradictorio que haya prefecto jeneral de misiones habiendo
obispos, pues por inm jorables que éstos fueran, a cansa de sus much asi graves
atenciones no podrian contra ºrse al cuid lo de los colejios del modo que puede ha
cerlo quien no tenga mas que ese deber especial, ni seria posible establecer el fon
do comun para las misiones, por cuanto sin una persona encargada de administrar
lo, i responsable por la inversion de él, de ningun modo podria existir. ¿I a cuál de
nuestros obispos estaria sujeta esa persona? A ninguno, porque la preferencia a
cualquiera seria un agravio a los demas.
No tanto porque juzgueis si por escrúpulos de conciencia o en realidad por mo
tivos nada propios de la justificacion de un prelado i su celo por el bien de las al
mas, se resistió por fin el doctor Ponce Leon a ordenar la division del curato de
Sacaca, como porque veais cuan de ningun valor, para concordar beneficios, son
en los tribunales eclesiásticos los fallos de los laicos, condenando a un clérigo a pe
na corporal e infamante, pedid los expedientes mandados organizar para ambos fi
nes i las notas cambiadas con tal motivo entre el gobierno i aquel como vicario ca
pitular, i llamo mucho vuestra atencion sobre semejante anomalia que echa por
tierra la organizacion judicial, pues que pone a un tribunal a merced de otro, si no
inferior, igual en jurisdiccion.
Por falta de número suficiente de capitulares en Santa-Cruz, el doctor Ponce
nombró de vicario capitular para esa diócesis al cura Ribero, i dió cuenta del nom
bramiento al gobierno. Este prestó su aquiescencia, porque creyó que aquél se
habria fijado en persona digna. En tales circunstancias acaeció la vandálica rebe
lion de Martinez, i como Achá, encargado de sofocarla, hubiese informado que ha
bla tomado parte en ella el cura Ribero, se dispuso que éste saliera del obispado, i
— 78 —

que por el cabildo eclesiástico, como que ya estaba completo, se procediese al nom
bramiento de nuevo vicario capitular. Se procedió en efecto, i recayó la eleccion en
el doctor Granados, eclesiástico de lo mas recomendable; pero haciendo valer el
principio de la ausencia ad breve tempus mui fuera de camino, delegó el cura Ribe
ro su fenecida autoridad en el doctor Aguilera, fulminando contra los que recono
ciesen otra la excomunion mayor. Escándalo de tan grave trascendencia, pues que
podia turbar la paz de la Iglesia boliviana, i poner en tortura conciencias timora
tas, pero poco ilustradas, bien merecia un severo castigo, i hubiese mandado en
juiciar a su autor, si volviendo éste a tiempo sobre sus pasos no se hubiera someti
do a la lejítima autoridad del doctor Granados.

Si la situacion política del pais, i sobre todo la financiera, no me lo hubieran es


torbado, hoi habria tenido el placer de anunciaros que no habia rincon en nuestra
patria sin escuela, i que la enseñanza secundaria i la facultativa ofrecian para lo
futuro las mas halagüeñas esperanzas. Sin embargo de tales obstáculos i de la falta
de hombres competentes, no es poco, merced al esmero de mi gobierno, el adelan
to en la educacion de ámbos sexos; i para que se pusiera cuanto ántes en el pié que
es de desear, se pidió con repeticion a Europa hábiles profesores que viniesen con
los aparatos convenientes para la enseñanza práctica de las ciencias que la necesi
tan; pero por desgracia sin resultado.
Con el mismo fin de mejorar la instruccion, i con el político de ligar a los hijos
de un pueblo con los de otros mediante los dulces i casi indisolubles lazos del con
discipulaje, abrigaba el pensamiento de no dejar en la Paz sino la facultad de me
dicina, en Cochabamba la de ciencias i en Sucre la de letras i derecho. ¡I ojalá que
no hubiéramos caido en el ridículo de tener tres Universidades! I digo en el ridí
culo, porque estando tan atrás en la carrera de la civilizacion, nos hemos conside
rado mui adelantados i querido presentar a nuestro pais como un jigante cuando
todavía no es mas que un pigmeo. L ojalá tambien que en lugar de tantos colejios
sostenidos por la nacion se hubiesen fundado únicamente dos o tres! Se habria co
jido mejor fruto, porque entónces no habria sido dificil encontrar prafesores de los
mas hábiles, por lo mismo que se hubiera necesitado de mui pocos i quizá hubiéra
mos podido ofrecer al extranjero científico el aliciente de un buen sueldo.
Realizando empresas que hicieran conocer prácticamente los beneficios de la
educacion industrial, me proponia difundirla lo mas que fuere posible, i sin duda
que a eso debe contraer el gobierno de Bolivia sus mas empeñosos esfuerzos, por
que solo con el trabajo i la aficion a él pueden utilizarse las riquezas, que con tan
ta profusion ha derramado sobre nuestro suelo la Providencia, i desaparecer la em
pleomanía, orijen inmediato entre nosotros del furor por la política, de los trastor
nos públicos, de los escándalos de familia, de la falta de consecuencia en todas las
relaciones sociales i de la dignidad i buena fé, azote, en fin, de nuestros pueblos.
Impulsado por mi deseo de sacar la instruccion de los estrechos límites a que se
halla circunscrita entre nosotros, i de hacerla mas provechosa al pais, facilité el es
tablecimiento de un Liceo en la Paz para la enseñanza mercantil, i a fin de que
pudiese jeneralizarse despues, hice que la nacion costeara el aprendizaje de un jó
ven por cada departamento; pero, por la incompetencia de los directores tuve que
cerrarlo a los dos años.
Con el nombre de colejios de artes habia en la Paz i en Cochabamba malos talle
— 79 —

res que sin singun provecho para la nacion le costaban cada año una fuerte suma.
Conservarlos por mas tiempo no podia ser, i con no pequeña economía en los gas
tos, los convertí en escuelas de primeras letras, en las que ademas aprendiese el ar.
tesano los rudimentos de su oficio.
Deseaba mucho poner en vijencia el decreto expedido por el jeneral Ballivian
haciendo obligatorio para los curas el tener a su costa en sus parroquias una escue
la de instruccion primaria elemental para los hijos de nuestros indios, i estaba ya
redactada la órden; pero me retraje de publicarla por la justa consideracion de que
mal pudieran contraerse al desempeño de ese deber, quienes, si no habia lucro, se
mostraban pocos solícitos en el ejercicio del ministerio parroquial.
Si comparais el gasto que ocasiona la instruccion primaria con el de la secunda
ria i la facultativa, notareis una diferencia enorme, i cuánto nos hemos separado de
lo que se hace donde la educacion es bien comprendida, i cómo de allí viene que
tengamos tantos clérigos i abogados. Extiéndase, pues, la enseñanza primaria hasta
lo infinito, si posible fuere, i sea la nacion quien la pague; pero, que la secundaria
i la facultativa las costeen los que se dediquen a ellas.
Con ímprobo trabajo i a costa de no pocos padecimientos en sus viajes, habian
logrado los jóvenes Ondarza i Mujía reunir los datos necesarios para un buen mapa
de Bolivia; pero ni el gobierno que la promovió ni los que le sucedieron, impulsa
ron la obra, i el mio le dió la última m ano, i por eso poseemos un buen mapa.
Quizá por mucho tiempo no se consiga que vengan buenos profesores extranje
ros, i para que lo mas pronto posible se introduzcan en nuestro pais ciertos conoci
mientos, lo mejor que podria hacerse es mandar a Europa, para que los adquie
ran cierto número de jóvenes escojidos por su talento, su juicio i capaces de sentir
la necesidad i las ventajas de contraerse a un estudio sério, i precisamente bajo la
direccion i responsabilidad de un boliviano digno de tan hermosa i delicada con
fianza: de otra manera nó, i no necesitais de que os exprese el motivo.

Si algunas veces nos regala la prensa con bellas i hermosas producciones o artí
culos cscritos con sensatez, comunmente retozan por medio de ella las mezquinas
pasiones, la atroz calumnia i la baja isoez adulacion, i no es raro entre nosotros que
se la haga servir de bandera para las revueltas. Tan pernicioso jiro dado al mejor
vehiculo de la civilizacion, al morijerador mas activo de las costumbres, quien sa
be si a la larga sepulte en un abismo a nuestros pueblos, mas dispuestos para el mal
que para el bien, porque están en la infancia.... ¿L qué remedio? ¿La supresion de
la imprenta? Nó, porque nunca puede autorizar el abuso para destruir lo bueno:
penas ménos suaves que lus que tenemos: tribunales que sepan aplicarlas; i que al
pie de los escritos estampen los autores su nombre i apellido. Esto último lo man
dé, teniendo en consideracion que hai ménos osadiº para herir cuando no puede
ocultarse la mano, i que el procurar esconderla debe dejarse para el ruin. Dispuse
tambien que en los juicios de imprenta entendiesen los tribunales del fuero comun,
por cuanto el jurado to la vía no puele ser entre nosotros mas que farsa, o tribunal
que mui rara vez condena, miéntras que de los ordinarios hai que prometerse in
parcialidad i mesura.
Como el que paga lo hace para que se le sirva a su humor o a su antojo, i nada
esclaviza mas que el salario cuando el suspenderlo o continuarlo está a discrecion
del que lo da, i se estima poco quien lo recibe, declaré que por incompatibles con
— 80 —
la libertad de imprenta no se darian mas las subvenciones, con que los anteriores
gobiernos sostenian todos los periódicos o diarios en nuestro pais, i como por des
gracia algunos de nuestros antiguos mandatarios gustaban mucho del hnmo de la
adulacion a su persona, i de la hiel de la diatriva contra sus verdaderos o supues
tos enemigos políticos, ví en esas subvenciones una de las causas del mal jiro de la
prensa, i esto me decidió tambien a retirarlas.
No por lo acre i apasionado de la invectiva, sino porque servia ella de señal para
lanzarse al terreno del crímen, tuve que prohibir por algun tiempo que se escri
biera sobre la política i las disposiciones administrativas de mi gobierno. Rabioso
fué el grito por la medida: debia serlo, porque con ella corté las alas a la iniquidad
i ahorré dolores a nuestra patria.

Por la necesidad de una corporacion que se encargase de ciertos trabajos impor


tantes, que conociese en lo contencioso administrativo, i que ayudase con sus luces
al gobierno cuando éste lo solicitara, creé un Consejo de Estado. Por la ignorancia
de las funciones que tenia que desempeñar, su creacion excitó la crítica al principio,
i aunque entónces, por haberlo exijido las circunstancias, se compuso de once vo
cales, quedó reducido despues a cinco.

Bien puedo decir que en ninguna parte como en Bolivia se halla establecido el
municipio bajo bases mas anchas ni mas propias para el importante destino de
aquél; mas en la jeneralidad de los bolivianos hai una fuerza de inercia casi inven
cible i la peregrina pretension de que hasta el pan que debe costarle al individuo
el sudor de su frente, ha de ser el gobierno quien lo dé: por eso las municipalida
des son hasta hoi cuerpos inertes o muertos; pero dia vendrá en que se comprenda
mejor la conveniencia propia i en que se despierte el espíritu público, i entónces
empezarán a brotar i desarrollarse los preciosos jérmenes que er cierra el munici
pio. Yo, a ser de los que creen que deben abolirse las instituciones, porque no dan
inmediatamente buenos resultados, habria suprimido las municipalidades; pero las
conservaba, porque sé que hai cosas que no dan fruto sino despues de mucho tiem
po, i que no parecen las ideas saludables, los pensamientos benéficos por mucho
que se tarde en conocer su importancia.

Por esa misma inercia, i porque en Bolivia se clama por lo que no se tiene, i se
le mira, si no con aversion, con la última indiferencia despues que se le ha obteni
do, no existe la guardia nacional, habiendo sido el gobierno blanco de murmura
ciones por haber retardado un poco la organizacion de ella.
Nadie puede desconocer ya lo ventajoso de la division de la república en jefatu
ras por provincia, i el sistema recibirá su complemento luego que las municipali
dades empiecen a tener vida, i cuenten las jefaturas con tesoros independientes de
los departamentales.
No están bien determinadas las funciones de los jefes políticos, i debeis apresu
raros a llenar esa laguna. Es tambien de necesidad formar por ahora una sola pro
— 81 —
vincia de las de Gutierrez i Acero, pues a esa union las llaman lo escaso de sus
pobladores i su mutua conveniencia, i a Lipez erijirla en jefatura por lo extenso de
ello i la mucha distancia de sus cantones a Potosí.

La planta que hoi tienen en Bolivia los tribunales i los juzgados, el procedimien
to en los asuntos ejecutivos i los criminales i el contencioso administrativo, son
mejoras introducidas en mi época, i cuyos beneficios empezaron a sentirse con pron
titud, i serán acabados estableciéndose mas tribunales de partido i dotando mejor a
los jueces instructores; cosas que no me fué posible hacerlas por la escasez de los
recursos fiscales; pero que se habrian remediado con el sistema rentístico de que
repito, os hablaré despues, como desaparecerá el inconveniente de las distancias
con el aumento de poblacion i los buenos caminos. Iningun vacío, fuera del que
deja siempre la mejor obra humana, se habria sentido en la administracion de jus
ticia por lo que respecta a las leyes que fijan los derechos i las obligaciones, i el
modo de amparar los primeros i de hacer efectivas las segundas, si, como iba a ve
rificarlo, despues de un sério exámen, se hubiera puesto en vijencia el código civil
trabajado en tiempo de Córdova por ilustres patricios, i el de procedimientos en lo
civil que yo mandé redactar con un jurisconsulto de primera nota.
Deben seros conocidas las disposiciones encaminadas a evitar el retardo en la ad
ministracion de justicia, i puedo aseguraros que mi respeto por la integridad de
los jueces i su independencia lo llevaba hasta el punto de no acordarme de los
asuntos litijiosos, sino cuando por queja de los interesados era preciso dirijir a los
tribunales las correspondientes incitativas.
Desnaturalizado se hallaba entre nosotros el ministerio fiscal, pues que confun
diéndolo con el del juez en algunos negocios, en los demas estaba reducido a la
simple asesoría, i en mi época se le dió su verdadero carácter, es decir, el de repre
sentante de los derechos de la nacion; de parte de las cuestiones en que estuviese
de por medio el interes público; de perseguidor del crímen i de consejero del go
bierno, cuando éste quisiese oir el dictámen de los que ejercieran aquél.
En mi época igualmente se declaró anexa al ministerio fiscal una funcion impor
tante i de rigurosa justicia. Bajo el coloniaje tenia la clase indíjena protectores ofi
ciales; pero, ni eran bastantemente caracterizados, ni su accion protectora alcanzaba
hasta donde era preciso para amparar como corresponde al infeliz indio, miéntras
que si nuestros fiscales no le hacen el mayor bien posible, será únicamente porque
no lo quieran o excite en ellos poco interes el desvalido.
I a propósito del infeliz indio, a su triste condicion de hombre embrutecido se
agregaba la de esclavo, pues tenia el forzoso deber de servir gratuitamente o por un
miserable salario al cura, al gobernador i al correjidor, i nadie se habia acordado
de cortar abuso tan inícuo hasta que yo lo corté: i porque lo hice, empezaron a su
blevarse los curas, que debieron haber sido los primeros en aplaudir la medida i los
mas empeñosos en sostenerla como ministros del que vino al mundo, entre otras
cosas, a establecer el dogma de la verdadera igualdad i a dignificar al hombre.

Como sin casas de correccion, sin penitenciarias o sin colonias agrícolas, tan úti
º ºjº el punto de vista moral i económico, i reclamadas imperiosamente en
11
— 82 —

nuestro pais, son estériles los mas bien meditados reglamentos de policía, dejé sub
sistentes los pésimos que rijen en Bolivia, hasta que hubiese podido proporcionar
los fondos de que se necesita para tener aquellos establecimientos.
Angustiosa pesadumbre me ha causado siempre la idea de lo que bajo todos res
pectos son nuestras cárceles; pero, no ha habido como reemplazarlas ni mejorarlas
siquiera. -

No hubo calabozo que Belzu no lo abriera, ni malchechor a quien no indultase:


por mí jamás ha sido alentado el crímen ni ha quedado burlada la vindicta pública.
Tal es entre nosotros la falta de verdaderos nmedios de represion, que puede mui
bien aseverarse, que está completamente desarmada la sociedad, o que puede ser
ofendida sin que tenga como esperar un justo desagravio.

Por su mala construccion i la peor asistencia en ellos, la humanidad doliente,


en vez de hallar en nuestros hospitales pronto alivio, se ve condenada a la prolon
gacion de sus achaques o a una muerte prematura. Construir edificios con todas las
condiciones de salubridad era imposible por la falta de recursos; pero con la supre
sion del convento de la Merced en la Paz i de San Francisco en Cochabamba, i
con los productos de las cuartas que se adeudan en la arquidiócesis desde la muer
te del señor Prado, iba a tener lo preciso para hacer venir hermanas de la caridad;
i me habia propuesto mandarlas traer en número bastante para entregar a unas
nuestros hospitales i a otras nuestros colejios de niñas o señoritas, i con ellas de
bian venir ademas padres lazaristas para encargarles la enseñanza en los seminarios.

Aun mo se usaban entre nosotros las estampillas para las cartas, i yo las introdu
je; pero para que el ramo de correos esté mejor servido, es necesario aumentar
la dotacion a los conductores de la balija, i cuidar de que se conserven en buen
estado las postas i los caminos.
Por ser suficientes tres correos, reduje a ese número los cuatro que por mes ha
bia para las capitales de departamento i una que otra de las provincias.

Habria sido la revolucion de setiembre uno de esos acontecimientos que agravan


el malestar de un pueblo, si no se hubiese procurado destruir la preponderancia
del sable, tan funesta para las repúblicas hispano-americanas, i hacerle compren
der al militar que era el amigo i el protector del paisano, no su verdugo; que hacer
respetar las instituciones, los fueros i la independencia de la patria era su primer
deber; que el pundonor, el patriotismo i la abnegacion debian brillar en él mas que
en nadie; que los ascensos ganados por medio de la infidelidad o la perfidia eran
un verdadero baldon, un crímen; i que la espada del honor se convertia en el pu
ñal del asesino desde que con ella se disponia de la suerte de un pais. Por desgra
cia, fuera de dos cambios políticos efectuados por los pueblos para mejorar de con
dicion, el uno en febrero de 1839 i el otro en setiembre del 1857, todos los demas
bautizados entre nosotros con el mismo nombre, no han sido en realidad mas que
motines de cuartel para adquirir grados, obtener empleos i colocar en el solio a éste
— 83 —
o al otro candillo, i el despotismo, la arbitrariedad, el odio i desprecio mas pro
fundo al paisano, la licencia i el libertinaje caracterizaban al soldado en las épocas
de Belzu i de Córdova, i nunca fué mas grande que entónces el predominio de la
fuerza bruta. Bajo mi gobierno se operó un cambio completo: teneis la conciencia
de ello, i hasta sabeis a qué fué debido. Es verdad que no dejó de salir de entre sus
filas uno que otro desórden; pero ni le hicieron perder su moralidad al ejército, ni
fueron de trascendencia para la causa pública, ni los contaminados pasaban de dos
o tres oficiales subalternos i de unos cuantos soldados, todos ellos de los antiguos
ejércitos, admitidos en el nuevo por honrados, i pervertidos por una constante i ac
tiva seduccion. Pero eso se me dirá tal vez, que de intento callo sobre la complici
dad del ejército en la perfidia de Fernandez, Achá i Sanchez. Nó, esa complicidad
no ha existido: al ejército se le engañó de la manera mas infame; i la negra mancha
que han echado aquéllos sobre su frente, no podriais encontrarla sino en la de ellos
mismos i en una media docena de militares.
Como la beodez trae consigo la degradacion i el envilecimiento i no hai crímen
al que al fin no arrastre, i en nuestros antiguos ejércitos se habia hecho mas que
comun vicio tan detestable, dispuse que el beodo, por solo el hecho de serlo, fuese
borrado de la lista militar; i como sin el sentimiento del deber, sin la propia esti
macion i sin el noble orgullo, seria imposible sujetarse con gusto a las privaciones
i las fatigas anexas a la profesion de las armas, i arrostrar con serenidad los peli
gros, me afanaba porque en sus mismas penalidades viese la gloria el soldado, i no
permitia que se hiciera con él nada que pudiera humillarlo o hacerle perder la dig
nidad de hombre. -

Tampoco era raro ántes que se le defraudase su haber al soldado, i que los jefes
se manchasen en el manejo de los fondos de su cuerpo, i esos robos o se toleraban
o estaban autorizados. Para con ellos me mostré siempre severo e inexorable, i pa
ra asegurar mas la buena administracion de esos fondos, dictaba las órdenes que
creia mas convenientes. Con tal fin, i ademas para que en la secretaría de la guerra
se tuviese conocimiento exacto de la situacion de cada cuerpo del ejército, unifor
mé el modo de llevar los libros de mayoría i de formar los estados, aprovechando
para ello los conocimientos en ese ramo del distinguido coronel Campero, e iba a
darle a la contabilidad la última mano, adoptando el preciso i sencillo sistema, in
ventado por el bizarro teniente coronel Ballivian, cuando la perfidia me derribó
del poder.
Para conseguir mas fácilmente formar un ejército moral i penetrado de su única
i verdadera mision, solicitaba con empeño para oficiales a jóvenes bien educados i
de antecedentes honrosos, i despues de apurados los medios suaves retiraba del
servicio a todo militar incorrejible en cualquier defecto grave.
Para hacer de la milicia una institucion civilizadora, ordené que cada cuerpo del
ejército tuviese un capellan encargado de la instruccion moral i relijiosa del solda
do, i de enseñarle a leer, escribir i contar; pero la escasez de eclesiásticos aptos pa
ra tan delicado encargo, me obligó a suspender la ejecucion de él. -

Ya que la mayor o menor respetabilidad de un pueblo en el exterior, i hasta su


paz doméstica, dependen en mucha parte del pié en que se encuentran sus armas, es
de todo punto necesario establecer en nuestro pais una escuela, en la que los jóve
nes que quieran dedicarse a la milicia, reciban la correspondiente educacion. Tam
bien lo es, porque solo así dejará de estar reducida entre nosotros la ciencia del
militar al conocimtento rutinario de la táctica española, i no veríamos jenerales
que apénas medianos sarjentos serian entre otros pueblos, ni con las insignias del
— 84 —
honor i de la decencia la escoria de la sociedad, ni convertido por su ignorancia i
necia presuncion en holgazan vicioso i dañino al soldado, a quien se le hubiese he
cho desnudarse de la casaca. Esa escuela la hubiera yo planteado si me lo hubiesen
permitido el tiempo i las circunstancias; mas, para suplir de algun modo su falta, i
dar los primeros pasos, mandé entrar en el Liceo, de que os he hablado ántes, un
subalterno de cada cuerpo del ejército, para que fuera de otras cosas que nunca es
tá de mas saberlas, aprendiese matemáticas i dibujo lineal, tan indispensables para
llegar a ser buen militar.
Fuera de la enorme suma en armamento, municiones, caballos, herrajes i equi
po del soldado, éste le cuesta al pais una onza por mes, i hai jenerales que ganan
mas sueldo que un ministro de Estado, i tal la causa de que consuma el ejército dos
tercios de la renta nacional. No desconozco, que entre los diferentes servicios pú
blicos, el de las armas es el mas penoso i el único sujeto a ciertos azares; pero di
chas circunstancias no quitan que el salario sea excesivo, i a Belzu se le debe tambien
el mal de haber subido al doble el pré del soldado. Si lo dejé subsistir i no dismi
nuí los sueltos de la alta clase militar, fué, porque para esa reforma era necesario
preparar poco a poco el terreno, i así estuve preparándolo.
El concubinato del soldado es otro grave mal, i a mi juicio solo podrá estirparlo
una sólida i avanzada civilizacion, por mui viejo que es entre nosotros, i porque
afecta la clase de la sociedad en que se arraigan tantos ciertos excesos.
Por las extorciones i las violencias que ántes se cometian, eran una verdadera
plaga los cuerpos del ejército en sus marchas o sus acantonamienios fuera de la re
sidencia del gobierno. Entre tanto, si me ocasionaron sérios disgustos las graves i
repetidas quejas contra el díscolo Flores, tenia la dulce satisfaccion de oir en
comiar la conducta de los demas jefes i de todos sus subalternos en cualquiera de
los dos casos arriba insinuados; i como entre los abusos, uno de los mas intolera
bles consistia en que cada batallon para su movilidad sacase de los diferentes pun
tos del tránsito de ciento cincuenta a doscientos borricos, lo corté, permitiendo que
se pudiese tomar únicamente treinta, por ser suficientes para los enfermos, que en
circunstancias ordinarias puede tener cualquier cuerpo del ejército, i haciendo res
ponsable al jefe por el exceso, o porque no se hubiesen pagado los fletes o el impor
ta del animal perdido, inutilizado o muerto. I he dicho abuso de los mas intolera
bles, porque con él se acostumbraba al soldado a la poltronería, i porque al indio
se le arrebataba su borrico, quizá cuando mas lo necesitaba para emplearlo en pro
vecho propio, i cuántas veces el infeliz no quedaba con mas que las vejaciones que
se le habian inferido, al arrastrarle aquél!....
En un pais como el nuestro, en que el máximun del ejército debe ser de mil dos
cientos hombres en tiempo de paz, cuando subí al poder me encontré con mas de
mil quinientos zánganos entre jefes i oficiales, muchos de ellos indignos de vestir
la casaca, i todos esquilmando el pais: con mano firme dí de baja a unos i dejé a
los demas con la tercera o cuarta parte de sueldo, despues de haberlos sujetado a la
calificacion de sus grados para quitarles los que indebidamente hubiesen obtenido.
Como acontece en tales circunstancias, durante la revolucion de setiembre se or
ganizó en varios puntos de la república fuerzas que llegaron a formar un ejército de
tres a cuatro mil hombres, i reducirlo a mil doscientos fué mi primer acto, obteni
do el triunfo de aquélla. En el mismo pié lo conservaba hasta que me obligaron a
ponerlo en el de tres mil la política insidiosa i pérfida del jeneral Castilla i el fun
dado temor de un rompimiento.
En antro donde quedaban sepultados los caudales públicos, para que reaparecie
— 85 —
sen en el bolsillo de tales o cuales personas, habia sido convertida la comisaría del
ejército, i suprimirla fué tambien uno de mis primeros actos.
Por ser mas conforme al espíritu republicano, porque tampoco necesitamos de mas,
i porque así minoraría la aficion a la milicia, no debiera conocerse entre nosotros
mas grado de coronel para arriba que el de simple jeneral, sin otra dotacion que la
del jeneral de brigada.
Mas que por los vacíos i las contradicciones que hai en él, por la dureza de las
penas, que bien pudiera calificarse de barbarie, es urjente la revision del código
militar.

Desde ántes de la revolucion de setiembre estaba en bancarrota el erario, i cuan


do entré a Oruro i Cochabamba encontré tan exhausto el tesoro de ámbas ciudades,
que tuve que ocurrir al empréstito para hacer frente a los gastos que demandaba
aquélla. En la misma época dejó el gobierno anterior sin un centavo la moneda, el
banco i el tesoro de Potosí con mas el de Chuquisaca. La epidemia sepultaba por
centenares a los indios, i consiguientemente disminuia la contribucion indijenal:
por el contrabando daban mui poco las aduanas i el rescate de pastas, i nada la cas
carilla, produccion tan valiosa en otro tiempo: el enjambre de jefes i oficiales suel
tos desangraban al pais, i en éste habia pobreza por causas que se habian ido aglo
merando desde años atras. Todo el mundo tenia pleno conocimiento de ellas, i sin
embargo, la maledicencie ha osado gritar que la bancarrota i la pobreza eran oriji
nadas exclusivamente por mis escandolosos robos. Jamas la hacienda pública ha
estado manejada ni con mas economía mi mas pureza, i a ese manejo se debe que si
de las deudas contraidas por mí i otras autoridades durante la revolucion de setíem
bre i que no ascendian a poco, quede algo por pagar, sea mui exiguo, i que por tres
años largos se hubiese sostenido la nueva situacion política, sin mas que algun
atraso en el pago de sueldos de las listas civil i eclesiástica, i uno que otro pequeño
sacrificio; i si el jeneral Castilla no me hubiese forzado al aumento del ejército, en
el año 59 los ingresos naturales habrian bastado para todos los gastos ordinarios.
Tampoco por medio de los caudales públicos he procurado ganar prosélitos, o con
tentar la avidez de los que tuviese, ni con ellos he hecho pagar mis diversiones, i
ménos recompensado el crímen; ni he extraido del tesoro talegos para arrojarlos por
las ventanas con el objeto de corromper mas la chusma, i de hacerla servir mejor pa
ra avasallar las demas clases de la sociedad i tenerlas bajo la presion del terror. Nó,
jamas; i limpias i puras descansaron mis manos en el seno de mi respetable madre,
i limpias i puras las conservo; i las lágrimas de la miseria, con un buen nombre,
han de ser la única herencia que deje a mi mujer i a mi hija, porque cuanto podia
poseer en bienes de fortuna lo he consumido en aliviar en la proscripcion estreche
ces ajenas, i en procurar los medios de salvar muestra patria de la presion de dos fu
nestos gobiernos. No me pesa por ello, ni me pesará nunca, i ojalá que mis detrac
tores no me hubiesen puesto en el duro caso de tener que decirlo!.... pero si lo di
go, no es por que desee arrancaros aplausos, pues nunca los he ambicionado de na
die, iménos por pediros indemnizaciones o aceptarlas. Nó: mi conciencia me in
demniza de todo con usura. Lo hago únicamente porque veais con cuanto derecho
os exijo que seais mas que nimios en la pesquisa de mis supuestos robos, i si mis
detractores no son villanos, recojan el guante que les arrojo, el del desafío para que
me desmientan. -
— 86 —
Por el retiro de Fernandez de Lima, los motivos para él i otros antecedentes, se
temió, cuando estuve en Sucre, un próximo rompimiento por parte del jeneral Cas
tilla, i consiguientemente se sintió la urjencia de aumentar el ejército i nuestros
gastos, ocurriendo para éstos, por la deficencia del tesoro, a medios extraordina
rios, i entre algunos que se propuso en junta de ministros, se adoptó el de tomar
suplida con calidad de reintegro la plata labrada de las iglesias del Beni, que por
robos está desapareciendo; pero, por haberse escojitado mejor arbitrio, quedó sin
efecto la providencia. ¿I qué colorido le dieron?.... de robo.... de sacrilejio....
Otro no podian haberle dado hombres que ni concebir pueden que hubiera sana in
tencion i limpieza, porque siempre han tenido tiznadas sus manos i su conciencia.
Para que todos conocieran cómo se habian manejado los fondos públicos en las
últimas épocas, i tambien para dejar un precedente que pudiese servir de rémora al
que, contando con que todo habia quedado ántes de mi época sepultado en el se
creto o el misterio, quisiera no ser mui puro en la administracion de aquéllos, nom
bré visitadores a los señores José Manuel Baptista i Juan José Ibarguen, para que
uno en el sud i otro el norte examinasen los libros de todas las oficinas de hacien
da, desde que Belzu consumó su infamia hasta el triunfo de la revolucion de se
tiembre; mas al primero, apénas iniciados sus trabajos, fué preciso darle otra ocu
pacion porque hacia falta para ella: los del segundo están publicados. I a propósito
de tal medida quiero preguntar ¿si hai ladron que prepare su proceso?.... Tambien
vereis cuán medido he andado en los gastos discrecionales, i los únicos objetos, .
ninguno reprensible, en que han sido invertidos.
Para encubrir robos, si hubiese caido en la desgracia de querer mancharme con
ellos, no se hubiesen presupuestado como lei financial los ingresos i egresos de la
república i bien sabeis que excepto el primer año, en que no pudo hacerse porque
no estaban concluidos ciertos trabajos preparatorios, en cada uno de los siguientes
se verificaba la operacion. Tampoco hubiese ordenado que se publicaran aquéllos
mensualmente como se hacia.
No sé si será justo que yo pague créditos abiertos ántes del 57 a mi nombre por
otras personas, para hacerles la guerra a f3elzu i a Córdova. No lo considero, i sin
embargo, teniendo con qué los satisfaria, como en gran parte tengo satisfechos con
mi peculio los contraidos por mí para el mismo fin político, i satisfaré el resto,
aunque he creido i creo, que por todo le tocaba responder a la nacion, pues ella
sacaba el provecho. Repetidas i punzantes reconvenciones de algunos acreedores
por los primeros débitos me pusieron en el caso de exijir de los ministros que die
ran una resolucion, i declararon en consecuencia que era privativo del Congreso el
reconocimiento de tales débitos. Ninguno hubiese quedado pendiente, si a ejemplo
de algunos de mis antecesores en los primeros dias del mando, hubiese ordenado
el pago por tesorería; pero preferí sacrificar mi fortuna, i sufrir en silencio las li
jeras murmuraciones de los prestamistas, a dar pretextos para que se dijera que
habia hecho negocio, o mandado pagar indebidamente.
Habiendo resultado defectuosa la calificacion de la deuda interior practicada por
órden del jeneral Ballivian, dispuse que se hiciera, fijando para ello reglas precisas,
i el Consejo de Estado se ocupa con esmero en operacion tan importante por todo,
i especialmente como base para nuestro crédito en el interior i fuera del pais.
Circunscritas en la contaduría jeneral las funciones de los contadores mayores
a pasarle al gobierno los informes i los trabajos preparatorios que le pidiese, i he
cha la glosa por el respectivo contador fiscal, a resolver sobre la exactitud ilegali
dad de las cuentas en las oficinas de hacienda, pensaba dejar un solo contador ma
— 87 —
yor, porque podria desempeñar mui bien las primeras funciones ayudado por cual
quiera de la oficina, i la última con dos contadores fiscales en calidad de jueces,
por turno entre los que no hubiesen tenido parte en la glosa, i creo no equivocar
me sobre la conveniencia del arreglo, por cuanto siendo suficientes para todo los
contadores fiscales, él no causaria atraso en el despacho de los negocios i se aho
rraria el sueldo de dos funcionarios de categoria.
Si os fijais bien en la variedad del impuesto entre nosotros, su índole, lo desi
gual de su distribucion, lo mucho que se pierde en recaudarlo, i recordais lo que
ántes de mi tiempo era la contabilidad, no podreis ménos que decir que la hacien
da pública entre nosotros es un verdadero caos o un absurdo. En verdad, que su
arreglo es de las obras mas difíciles; pero tambien de las mas vitales para un pue
blo, i épocas hemos tenido en Bolivia en que pudo haberse mejorado tan importan
te ramo de la administracion pública, i no sé por qué no se pensaria en ello. Yo
voi a exponeros mis ideas sobre el sistema rentístico, que formulado en proyecto
de lei, me habia propuesto someter a vuestra deliberacion.
Dejando con todos sus defectos la contribucion indijenal hasta que pueda ser
arreglada del modo conveniente, las aduanas, la utilidad de la amonedacion, mién
tras no se cambie nuestro sistema monetario i los derechos del papel sellado, la
correspondencia epistolar i la cascarilla, el impuesto predial es el que debiera es
tablecerse. Por cierto que seria imposible obtener el catastro; pero no difícil una
razon simple del número de nuestros fundos rústicos i urbanos, i como hasta cierto
punto es conocida nuestra riqueza territorial, i sabido de igual modo el precio de
nuestras casas, a proporcion de ámbos valores se le fijaria a cada departamento una
cantidad, que con la de las contribuciones que se dejasen diera no solamente lo que
se necesitase para todos los gastos de la administracion pública, sino un sobrante
anual de trescientos mil pesos para emplearlos en mejoras materiales, o para hacer
frente a conflictos en casos extraordinarios. Por supuesto que para poner término
a la injusticia en nuestro pais de que los gastos jenerales no pesen mas que sobre
tres departamentos, cada uno deberia dar lo necesario para sus gastos locales, i un
tanto proporcional para los nacionales i para el superavit. Pero ¿cómo hacer el re
partimiento entre cada uno de los contribuyentes? Por medio de las municipalida
des que se hallan en situacion de conocer poco mas o ménos el capital que en bie
nes raices posea cada comarca. La injusticia se repararia, reclamando de ella ante
el Consejo de Estado, i para el fallo no habria mas tramitacion que un memorial
de la parte, i la respuesta o informe de la respectiva municipalidad, pudiendo re
cibirse a prueba solo en el caso de ser abolutamente necesario para el esclareci
miento del hecho, i el término para producirla seria el menor posible. Para el ex
ceso seria mui buena cortapiza distribuirlo entre los miembros de la municipali
dad, como la mala fé del interesado doblar la cuota del impuesto.
Para la constancia de él i su fácil recaudacion, cada municipalidad debiera llevar
un libro, abierto en el primer dia del año económico i cerrado en el último, todo
foliado i rubricadas sus hojas por el presidente de la corporacion, i en el que, por
órden alfabético i por pájinas para cada individuo, se sentase la partida, empezan
do por el nombre i apellido del contribuyente, su residencia o domicilio, i conclu
yéndose por la cuota que debia pagar la propiedad afecta al pago i su ubicacion.
I como bajo el sistema que propongo no puede haber mas alteraciones que las pro
venientes del cambio de propietario, o del deterioro, abandono de la finca, o de su
ruina, se anotarian en otra partida, a continuacion de la primera, expresándose la
causa que hubiere motivado la alteracion.
— 88 —

Para que se mande al ministerio de hacienda i a la respectiva tesorería departa


mental, se sacarian de ese libro dos copias firmadas por el presidente i el secretario
de la municipalidad i autorizadas por el escribano i por los primeros se le daria al
interesado una boleta en que constase lo que hubiere de pagar i la época.
Para no despertar la tentacion, que suele ser provocada por la existencia durante
mucho tiempo de una fuerte suma, i porque al contribuyente le seria ménos sensi
ble o gravoso tal modo de pagar, i en fin, para que no hubiere entorpecimientos en el
servicio público por falta de numerario, la recaudacion deberia hacerse por trimes
tres anticipados, i como hasta aquí por medio de colectores con fianzas i con el pre
mio del seis al siete por ciento, en razon de que son mui raros los que se prestan a lo
que no les deja provecho o pudiera perjudicarlos, i cualquiera de estas dos cosas ten
dria lugar, si a los colectores que tienen que hacer gastos de viaje se les asignase
una gratificacion menor, ni de la indicada resulta dispendiosa la recaudacion. Qui
zá se crea que seria mas ventajoso encomendarla a los jefes políticos, porque su au
toridad haria mucho mas fácil aquélla i costaria ménos, porque son rentados. Esta
ria por ello si por su categoría i las funciones que desempeñan no fuese preciso
apartar de ellos cuanto pudiera tentarlos a mancharse con el oro, i ademas si fuesen
inamovibles; pero no lo son, ni pueden serlo, i nuchas veces el servicio público re
clamaria que se les retirase de su puesto en los momentos en que estuviesen ocupa
dos de la recaudacion. ¿I seria de poca monta el perjuicio que ocasionase al erario
ese retiro?
Las traba-cuentas, el enredo i la confusion en nuestras oficinas de hacienda pro
venian, entre otras cosas, de no estar separados los gastos locales de los jenerales, i
de la falta de una oficina especial para los segundos i de un buen sistema de con
tabilidad. En mi tiempo se hizo la separacion, se estableció la oficina con el nom
bre de pagaduría central, i en ella se llevaba la cuenta de un modo tan sencillo i
exacto que para entenderla no se necesitaba ciencia, i en ella contaba el ministro
de hacienda con todos los datos precisos para estar siempre al corriente de la si
tuacion financiera del pais. Al nuevo sistema rentístico son aplicables las tres inno
vaciones, i en las oficinas particulares habrian tambien producido la ventaja de re
ducir sus numerosos empleados al jefe de ellas, a un oficial tenedor de libros i a dos
auxiliares, ventaja que en este año se hubiese estado ya palpando, porque iba a pres
cribir que en dichas oficinas se siguiese para la cuenta el método de la pagaduría
central.
Conociéndose entre nosotros curatos de primera, segunda i tercera promocion,
la misma escala debe servir para la dotacion de los curas, i para los de los prime
ros beneficios serian suficientes mil quinientos pesos, mil doscientos para los de los
segundos i mil para los de los terceros, por cuanto todos ellos contarian siempre
con el pié de altar, no poco productivo entre nosotros.
Solo el infeliz indio sin tierras paga la odiosa gabela que aun recuerda la escla
vitud de su raza a consecuencia de la conquista de nuestra América por la España.
Lo que paga el orijinario es denominado tributo, indebidamente, i mui exiguo, com
parado con el valor que posee en terrenos. La mensura de éstos i su apreciacion por
personas próvidas e intelijentes serian necesarias para fijar el lejítimo cánon que
deberia pagar aquél, i de rigurosa justicia seria declarar exento de toda contribu
cion al indio sin tierras. I no temais que la medida diese por resultado que se de
jase abandonada una porcion considerable de terrenos, o que un número crecido de
indios quedase entregado a la ociosidad. No hai que temerlo, porque el indio tiene
aficion a la agricultura i apego supersticioso al suelo.
— 89 —

Hai todavía quienes piensan que seria un gran beneficio para el indio declararle
la propiedad del terreno en todas las regalías anexas a ella. La experiencia ha he
cho ver lo contrario, pues que con el tiempo que así lo tuvieron declarado nuestras
leyes, no pocos indios fueron víctimas de la codicia i la mala fé de algunos de la
raza española, que merced a eso son dueños de fundos valiosos, i es mejor que
miéntras el indio no salga de su iguorancia, tenga únicamente el dominio útil del
terreno.
No son pocos los que se le usurpan a la nacion, i no sé en qué principio econó
mico o motivo de conveniencia pública se fundarian nuestros lejisladores para dis
poner que se adjudicara gratuitamente los terrenos baldíos, cuando no se debe ad
judicarlos sino por venta pública o por enfiteusis, i ordené en consecuencia, que en
adelante solo se dieran del primer modo. Esas adjudicaciones gratuitas han dado
lugar a fraudes i despojos en todas partes, i en Tarija a la pérdida de brazos, por
que allí proponiéndose cuatro gamonales abarcarlo todo, han estrechado al pobre
labriego hasta el punto de obligarlo a que emigre a la Confederacion Arjentina en
busca de suelo en que vivir. I conoceis bastante la importancia de Tarija, i cuán
grave mal se le hace a todo nuestro pais ahuyentando a sus hijos, i es preciso por
lo tanto no retardar mas el remedio, que no puede ser otro que la presentacion de
títulos por parte de los poseedores de terrenos de adjudicacion i la mensura indica
da por los que disfruta el indio comunario.
En las instrucciones que como pauta para lo sucesivo se dieron a los visitadores
de provincia para el arreglo de la contribucion indijinal, se llenaron los vacíos de
nuestras antiguas disposiciones sobre la materia, i una vez hecha una revista, ob
servándose bien aquéllas, no habria habido por que repetirla mas, siempre que los
curas llevasen con prolijidad i esmero el libro de nacidos i muertos, i tuviesen las
municipalidades abierto el rejistro de los derechos civiles; pero ni son mui cuida
dosos los primeros en el cumplimiento de sus deberes, ni podrian las segundas
abrir el rejistro miéntras no se publicase el Código Civil.
Cálculos equivocados i la avidez de grandes ganancias tuvieron muerta por algu
nos años una de nuestras producciones mas valiosas, la cascarilla. Quizá convendrá
hacerle tomar despues otro jiro a su venta; pero de pronto para darle vida a ese
precioso artículo, no pudo haberse hecho otra cosa que permitir su libre extrac
cion con un derecho mui moderado. El remate de éste solo produjo mil pesos por
mes, lo que no debe causar extrañeza por ser la primera vez que se verificaba des
pues de algun tiempo, i en el de la mayor depreciacion de la cascarilla; pero como
el precio de ésta tiene que aumentar año por año, tambien crecerá anualmente el
rendimiento de aquél.
Nada ha demostrado de una manera mas palmaria lo absurdo del sistema protec
cionista, que lo sucedido entre nosotros con el tocuyo, pues ni se ha fabricado en
mayor escala, ni ha mejorado en calidad i precio, i el extranjero se ha introducido
siempre, sin producirle al fisco un solo maravedí. Tales hechos i mis principios
diametralmente opuestos a toda restriccion industrial, me decidieron a bajar el fuer
te derecho con que se tenia gravado el tocuyo extranjero, i desde entónces nos vie
ne legalmente, si no en su totalidad, en su mayor parte. -

Es un error en algunos de nuestros hombres de Estado que ha contribuido a


la adopcion de las medidas restrictivas, el creer que podemos ser manufactureros
cuando no lo podremos ser ni en muchos años. Entre tanto parece que nadie se fija
en que seria para nosotros un riquísimo venero el cultivo esmerado de las materias
primeras.
12
— 90 —
No pudiendo por la situacion del erario abolir la alcabala revivida entre nosotros
con justo desagrado de todos, la modifiqué exceptuando de ella las compras de bie
nes comunes que se hiciesen por los coopartícipes.
Ni nuestro antiguo Monte de Piedad estaba bien arreglado, ni las jubilaciones ni
pensiones tenian una base equitativa, que asegurase el pago de ellas, i por lo tan
to, hice que el Consejo de Estado formulara un proyecto de decreto, por el que to
do estuviese debidamente conciliado. Existe el proyecto, i para su sancion, prévio
exámen en junta de ministros, habia ordenado que por sí lo estudiase cada uno de
ellos.
Por incuria en los funcionarios encargados de calificarlas, resultaban no pocas
veces deficientes las fianzas que se prestan en garantía de las obligaciones contrai
das por contratos con el gobierno i por el remate de ciertos derechos fiscales, i para
prevenir en adelante el grave daño que recibia de ello el erario, declaré solidaria
mente responsables con sus bienes en caso de insuficiencia de aquéllas a dichos
funcionarios, sin que pudiera eximirles de la responsabilidad, sino cuando se pro
base que la disminucion o la pérdida del valor provenian de ruinas o deterioros
posteriores de la finca afecta al crédito.
Por la mayor facilidad para el contrabando i por las trabas al comercio, es per
judicial toda aduana interior, i quitar las que tenemos fué uno de los objetos que
me proponia en el tratado que debia negociar, i que desgraciadamente no lo consi
guió Fernandez. Por las instrucciones dadas a éste vereis como la manera de reem
plazar aquéllas nos hubiera traido la ventaja, no solo de extinguir el contrabando i
de darle al comercio un gran ensanche, pues que habria quedado el comerciante en
libertad de conducir sus efectos por donde hubiese querido, sino tambien la de ha
cer innecesarios tantos empleados, que consumen no poca renta, i entre los que
suele no faltar algunos que se vendan al comerciante para que haga contrabando
con toda seguridad.
Frustrado mi empeño de suprimir nuestras aduanas interiores, dí nuevas formas
a las guias i tornaguias con el fin de minorar el contrabando que muchos, olvidan
do que es un robo la defraudacion al erario, han llegado hasta considerarlo como
acto mui laudable; i puedo aseguraros que no se ganaba poco con la medida.
Por condescender con el clamor de los mineros, i por via de ensayo, permití que
internaran derechamente a Corocoro ciertos artículos extranjeros, poniendo en el
pueblo una aduanilla para el cobro de los derechos; pero, pronto tuve que retirar la
concesion, porque sin mucha utilidad para aquéllos, aumentó el contrabando de los
efectos que no se puede espender, sin haber sido despachados por la aduana de
la Paz.
Se necesita una en Tarija por el comercio de alguna importancia con la plaza de
Salta i otras mas de la Confederacion Arjentina.
O hai que cambiar nuestra moneda, adoptando por sus conocidas ventajas el
sistema decimal, o limitarse a sellar únicamente la que se destina para la circu
lacion interior, dejando que las pastas se extraigan con el derecho de cuatro reales
por marco. Esto último lo preferiria yo, porque siempre es mejor retorno que la
plata acuñada; porque solo así se cortaria el contrabando de pastas; estarian de mas
nuestros bancos de rescate, i la casa de moneda seria un elaboratorio simple i que
costase poco al pais, i no tan complicado i dispendioso como lo es ahora. No ha
biéndome permitido las circunstancias decidirme por el uno u otro partido, i vien
do la preciosa necesidad de disminuir el grave daño que nos habia causado i causa
ba la falsificacion hecha por el jeneral Santa Cruz, mandé acuñar la nueva moneda
— 91 —

que tenemos, i se logró el objeto; pero como solo ha minorado el mal, i no hai mo
neda sin mas o ménos desventajas, hai un motivo mas de preferencia por el segun
do partido que he insinuado.
La influencia de la última fraccion de nuestra moneda para las compras al menu
deo, i la imposibilidad de fraccionarla mas, me determinaron a introducir el cobre
acuñado como único medio conocido de hacer aquéllas sin fraudes i sin desventaja
de ningun jémero, i tambien como el único que podia desterrar el uso que para di
chas compras se hace de materias viles, i que es tan vario en cada pueblo; pero de
jé para mejor oportunidad la medida por haber manifestado ciertos temores sobre
ella en su dictámen la opinion del Consejo de Estado, que en ese entónces funcio
naba en la Paz.
Propuso Mr. Fauçon simplificar a costa de seis mil pesos la vieja i complicada
maquinaria de que nos servimos para sellar moneda; pero, luego se retractó, sea
porque se le hubiese impuesto la condicion racional i conveniente para el pais de
que enseñara tantos jóvenes, o que hubiese llegado a ver que no era competente pa
ra la obra.
Llevando adelante mi propósito de acabar con todo lo supérfluo en el servicio pú
blico i de mejorar lo malo, converti en colejio de enseñanza secundaria la casa de
moneda de la Paz, i en la de Potosí hubiera refundido el banco de rescate luego
que hubiese conseguido que en la segunda se construyese un buen horno de fundi
cion para darles su lejítima lei a las pastas que se les compra a los mineros; i para
los ahorros posibles en los gastos de dicha casa, i mejorar el réjimen de ella, nom
bré una comision compuesta de los señores el finado don Rafael Borda i don José
Eustaquio Eguivar. Sus trabajos los tiene el señor Ibarguien, pues se los pasé para
que me diera su juicio sobre ellos, ántes de que yo los examinase con los secretarios
de Estado. -

Tanto por proteccion a la minería, cuanto porque disminuyese el contrabando de


pastas, aumenté un peso al rescate de ellas; pero, debia irse reteniendo en el banco
hasta que se reuniera cierta suma para entregarla entónces al interesado, o para
saldar su deuda por azogue, dándosele entre tanto una cédula con la que él i cual
quiera otro minero podian comprarlo.
Con el mismo fin de darle mayor impulso a la minería, i con el de proporcionar
le un retorno mas a nuestro comercio, declaré libre de todo derecho la exportacion
de nuestros metales en bruto por agua i tierra; pero, a poco tuve que restrinjir el
beneficio a la salida por agua, a causa de que con motivo de él ya no se llevaban de
Chichas pastas al banco, i consiguientemente empezaron a disminuir mas las uti
lidades de la amonedacion, que, como lo sabeis, son un recurso fiscal inextinguible,
miéntras no se arregle de otro modo nuestro sistema rentístico. Cuanto han ganado
con la franquicia el distrito litoral i nuestro puerto, no lo ignorais.
Como toda proteccion se debilita faltando leyes que deslinden bien cuanto es pe
culiar de un ramo, i tienen las antiguas ordenanzas sobre minas muchos vacíos i
no pocas disposiciones, buenas para otro tiempo, pero inaplicables en el nuestro,
mandé formular con las cámaras del sur i del norte un proyecto de código, i come
didamente redactó otro el mui laborioso i recomendable señor don Avelino Arama
yo. Todos los proyectos han visto la luz pública.
Sea que se permita la exportacion de las pastas, o que no, el gobierno debe mo
nopolizar siempre el azogue, porque léjos de que sea alguna vez perjudicial al
minero ese monopolio, siempre le será útil en razon de que aquél debe tener cons
tantemente la obligacion de darle la especie al segundo a costo i costo, miéntras
— 92 —

que el comerciante no puede hacerlo, sin sacar utilidad, i porque conocida como
está la cantidad de azogue que se necesita para cada piña, por lo que recibe de
aquella especie el minero, hai como deducirle cargo lejítimo, si dejase de ir ternar
sus pastas en el banco; disminuiria consiguientemente de una manera notable el
contrabando, i éste desapareceria del todo si no se acuñase otra moneda que la des
tinada para la circulacion interior, pues no seria admitida en los mercados extran
jeros i no habria por lo tanto con qué comprar el azogue, para internarlo furtiva
mente. ¿I con qué lo compraria entónces el gobierno? Con barras de las que no
dispondrian para el mismo objeto los particulares, porque hacerlo no les daria el
menor provecho,
Por su contrata se obligó el señor don Pedro Saenz a proveernos de azogue por
cincuenta i cinco pesos el frasco; pero hubo que aumentársele hasta sesenta pesos
por la alza repentina e inesperada que tuvo lugar a consecuencia del pleito sobre
la propiedad de la mina en California, i el aumento se hizo de acuerdo con el Con
sejo de Estado.
Debiera renunciarse a las contratas para surtirnos de azogue, pues por ellas hai
que ligarse a un precio fijo, perdiendo por lo tanto el beneficio de la baja; no hai
garantías que puedan asegurar siempre su fiel cumplimiento i seria irreparable el
daño que se propusiera hacer la mala fé. Lo mejor seria comprar el azogue al precio
corriente por medio de una casa extranjera de las mas respetables, teniendo cui
dado de mandarle con anticipacion los fondos para utilizar la baja.
Escandaloso es el contrabando de pastas, especialmente en la provincia de Chi
chas, e infructuosas han sido las varias medidas escojidas para impedirlo.
Acojiendo siempre con interes toda propuesta para mejorar nuestras vias de co
municacion, estaba resuelto a imponer como forzosamente obligatorio para todo
varon, desde los veintiun años, el trabajo por seis dias al año para la apertura i
buena conservacion de caminos. El gobierno fijaria las dimensiones, e intervendria
en la ejecucion de la obra en las capitales de departamento i de provincia un mu
nícipe designado por la corporacion, i en los cantones el ajente municipal, todos
éstos sujetos a una multa de ciento a doscientos pesos en caso de incuria, i por ro
bo de los fondos el castigo que para esa clase de delitos establecen nuestras leyes, i
a la respectiva responsabilidad los jefes políticos por la falta de inspeccion esmera
da en la recorrida que cada año tienen que hacer de todo su distrito. El que quisie
se eximirse del trabajo lo pagaria, i los encargados de él tendrian la obligacion de
pasar anualmente por el órgano de sus superiores al ministerio de fomento un in
forme que abrazase la extension del camino, su rumbo, la cantidad en dinero que
se hubiese colectado durante el año, nombrando a los contribuyentes, i en fin, la
existencia o fondo con que se contase al terminar aquél. Con el censo no quedaria
eximida del trabajo persona ninguna de las reatadas a él, i a Fernandez le comuni
qué la órden para que de una vez lo mandara levantar, acompañando los modelos.
Con las correspondientes modificaciones el sistema que acabo de indicar, es al
que le debe California haberse visto cruzada en poco tiempo por magníficos cami
nos, i mediante él los tendríamos nosotros, cuando no buenos, regulares siquiera, i
habria ocupacion que dar por grado, o como pena a tanto vago imal entretenido de
que está plagada nuestra sociedad.
He dicho que acojia siempre con interes toda propuesta pára la mejora de nues
tras vias de comunicacion, i responden de ello la del señor don Lorenzo Frias, pa
ra abrir un buen camino de Chiquitos a la capital del Paraguay, la del señor Her
soct para hacer carretero el de herradura que va de Corocoro hasta nuestra linea
— 93 —

divisoria por la parte de Tacna, i la del señor don Fernando Guerrero para el esta
blecimiento de postas desde la Paz hasta la misma línea.
Por su fondo para caminos debia tener de los mejores nuestra rica provincia de
Yungas; pero, ni ha sido limpia la inversion de aquél, ni se abrian caminos sino los
que interesaban a propietarios de influencia o poderio. En mi tiempo no sucedia lo
mismo por el arreglo que se hizo, de que debeis tener conocimiento, i a eso se debe
que se hubiese comenzado a trabajar un hermoso camino de la Paz a la capital de
aquella provincia sin mas costo que el preciso.
Merced al patriotismo de sus habitantes i a la actividad i empeño del jefe polí
tico el señor don Francisco Buitrago, tiene nuestro puerto un buen hospital i una
linda iglesia, i se han hecho otras mejoras mas. Las cuenta la provincia de Cinti,
debidas al patriotismo de su jefe político el señor don Mariano Cabero.
Intimamente convencido de que un empréstito es de la mas grande necesidad
para Bolivia, pues que solo por medio de él se pueden acometer empresas que le
den nuevo ser, desde los primeros momentos de mi gobierno me empeñé en
procurarlo, limitándome entónces a la suma de trescientos a quinientos mil pe
sos, por ser la primera vez que se solicitaba, i porque lo queria únicamente para
proveer de un buen fondo nuestros bancos de rescates i para salir de algunos apu
ros ocasionados por la deficiencia de nuestras rentas. Estando a punto de realizarse,
vino el acontecimiento del 10 de agosto del 58, i entre otros males que nos trajo,
fué uno de ellos destruir la confianza de los prestamistas. Igual resultado produjo
para la realizacion del mismo empréstito la agresion hecha por Agreda; pero, sea
que el triunfo en el Calvario i la paz que por algun tiempo gozamos despues hu
biesen despertado la idea de la estabilidad de mi gobierno, o que para ello hubiese
habido otras causas, es lo cierto, que en el año anterior se me dirijeron por varias
casas extranjeras propuestas para un empréstito de un millon de libras esterlinas.
Examinadas con detencion i dispuestos siempre a modificar o variar las bases, se
gun el resultado de los primeros pasos, se las mandé con los necesarios poderes al
señor don José Seoane, uno de los mas cumplidos caballeros que conozco, con mui
buenas relaciones en Europa i de completa decision por Bolivia, i para que pudiese
tener mas fácil acceso a toda clase de personas, lo nombré Encargado de Negocios
de nuestro pais en Inglaterra i en Francia. Mas que probabilidades habia por la
consecucion del empréstito; pero quién sabe lo que será a consecuencia de lo que
se ha hecho el 14 de enero.
Fuera de ciento o doscientos mil pesos para fondo de nuestros bancos de rescate,
i de lo que costare un ferrocarril en el punto mas adecuado, debia destinarse el
empréstito a la canalizacion del Desaguadero, empresa realizable en poco tiempo,
muilucrativa por la gran riqueza mineral a una i otra márjen del trayecto, muerta
hoi para todo el mundo por la dificultad de la explotacion de ella i su salida al ex
terior, pero que abierto aquél, atraeria los capitales i satisfaria la avidez del especu
ldor; empresa que ligaria a los hijos del sur con los del norte por la facilidad para
buscarse i por el cambio de sus productos; que estimularia la inmigracion europea,
que tanta falta nos hace; i en fin, que traeria a la larga otros beneficios de la mas
mas alta importancia para Bolivia, i que excuso expresarlos, porque no podeis dejar
de conocer los por vosotros mismos.
Como para muchos es un sueño dorado la navegacion de nuestros rios, nada ex
traño seria que notaran el que no se destinase con preferencia a tal empresa el em
préstito. Nadie desea mas que yo ver nuestros rios surcados de naves, que nos im
Pºrten las riquezas materiales e intelectuales del Viejo Mundo; pero creo, sin estar
— 94 —

equivocado, que no basta para esa obra un fiat del hombre, i que no puede ser lle
vado a cabo, ántes de que las márjenes de los rios estén pobladas de jente laboriosa
que esplote la riqueza derramada profusamente en aquéllas, i ofrezca a las especu
laciones lejanas, i por lo mismo costosas i expuestas, ese poderoso cebo.
Por algun tiempo mas tienen que seguir bajo un réjimen especial los naturales
del Beni i de Chiquitos, i para que gocen mas pronto de los beneficios de la civi
lizacion, déseles por autoridades hombres celosos por el bien de la humanidad, i
así fueron los varios hombres de mi época.
Es escasa la renta del jefe político de Chiquitos, i es preciso dotarlo mejor.

Las autoridades de la Paz, cuando la revolucion de Setiembre, habian condescen


dido con el señor Dana, Ministro de la Union, en que fuera a casa de él en calidad
de asilado don Agustin Tapia, prefecto de Córdova, i preso a la sazon por aquéllas;
mas a los dos dias, sino al siguiente, lo mandaron arrancar de la casa con fuerza
armada. Apénas llegado a la ciudad, me dirijió por escrito el señor Dana una amar
ga queja, exijiendo solemnes reparaciones por la ofensa; pero, tuve la fortuna de
captarme su benevolencia i terminó el negocio sin mas que una nota secreta que a
nadie humilla.
En el archivo de la secretaría de Relaciones Exteriores deben existir los tratados
concluidos con el gobierno de la Union i con S. M. el rei de Béljica.
En ocho dias se ajustó con el señor don Ramon Alvarado, representante de la
Confederacion Arjentina, un tratado el mas liberal i conveniente para ella i para Bo
livia; pero quedó sin efecto, porque a mérito de haberlo dispuesto las cámaras, el
gobierno del primer Estado exijió que en el acta del canje se consignase una reser
va sobre el derecho que cree tener la Confederacion para reclamar a Tarija, reserva
que si la hubiésemos admitido, habria importado nada ménos que nuestro recono
cimiento del supuesto derecho, e innecesaria de parte de la Confederacion, por
cuanto en el tratado se habia estipulado "ue se fijarian los límites por medio de una
convencion especial, sometiéndose al arbitraje los puntos sobre los que no hubie
sen podido ponerse de acuerdo los negociadores o sus gobiernos.
Por falta de paciencia en el señor don Macedonio Salinas, por haberse preocupa
do de la idea de que al negocio de que se le habia cometido debia dársele precisa
mente cierto jiro, i por sus instancias para que se le retirase, hubo que retirársele,
i para el mismo asunto i para otro de suma importancia, se le subrogó con el señor
don José Maria Santibañez, que aun permanece en Santiago.
Algo os he dicho ya sobre el tratado con el Perú. Si se hubiese concluido, estaria
Bolivia ligado con ese pueblo hermano por lazos difíciles de romperse; pero, mién
tras mas franca, leal i noble era mi política con el jeneral Castilla era mas solapada
la de éste, mas insidiosa i hostil para con nosotros. Conocimiento teneis de las notas
cambiadas entre ámbos gobiernos, ya por la secretaría de relaciones exteriores, ya
por medio de sus ajentes diplomáticos. Justicia nos han hecho los extraños que las
han leido, como tambien sobre el paso de nuestras fuerzas por territorio peruano
a Copacabana los que han podido estar al cabo de las poderosas causas que obliga
ron a mi gobierno a ordenarlo. Dios le abra al fin los ojos al jeneral Castilla para
que vea mejor la conveniencia del pais que rije i la suya propia!
Debia pasar a nuestro pais el señor Rego Monteiro como ministro de S. M. el
emperador del Brasil: pero dejó de verificarlo por el crímen consumado en la Paz
— 95 —
el 14 de enero. Urjente es el arreglo de nuestras cuestiones con el Brasil, i se de
biera zanjarlas cuanto ántes.
Hasta la fecha debe haber tenido lugar el canje del tratado con España que, como
lo sabeis, no quiso Belzu hacerlo canjear, por haber mandado negociarlo el jeneral
Ballivian i haber sido yo quien lo negoció.
No existen mas tratados que los tres que he mencionado. Yo deseaba firmarlos
con todos los gobiernos del mundo civilizado, por lo mucho que importa que sea
conocido nuestro pais, que lo es tan poco.
¡Ojalá que algunos millones de extranjeros se trasladasen a Bolivia! ¡Qué pronto
se cambiarian nuestros malos hábitos I cuán pronto se haria nuestro pais uno de
los mas importantes del globo Procúrese, pues, atraerlos, brindándoles con el so
siego público, la seguridad, las consideraciones i el respeto. Por mí solo no podia
ofrecerles lo primero; pero, en mi época han contado con todo lo demas hasta el
punto que en varias ocasiones tuve el placer de oirles expresarse que bajo mi go
bierno estaban en todo tan bien, que para nada les hacian falta los representantes
de su nacion.

Hé ahí, señores, el Dictador, sus actos, sus motivos para ellos, sus miras i hasta
sus deseos. Cumple ahora a vosotros.... pero no, que aun tengo que hablaros de
algo mas. Me clasifican de tirano, sanguinario, sacrílego, feroz. ... ¿i por qué? por
que para ahorrarme el dolor de derramar sangre i economizar espectáculos que con
mueven fuertemente a las almas sensibles i calamidades para nuestra patria, confi
naba a esos hombres que nunca han dejado de pensar en el crímen i de trabajar por
la consumacion de él; i porque la salud pública me habia puesto en el duro caso de
tener que levantar el patibulo. ¡Oh! si hubiere alguna sangre inocentemente derra
mada, alcen el brazo: que cruzadas las manos, les inclinaré la cabeza, para que des
carguen sobre ella el golpe de su justa indignacion.... El desgraciado padre Por
cel sufrió la pena capital, porque tomó parte activa en un plan que debia llevarse
a cabo por medio del incendio, el saco i el asesinato, i porque para toda mi vida
hubiera quedado en mi conciencia un cruel remordimiento, si fusilando por una
triste necesidad las víctimas de la seduccion hubiese perdonado a los autores de
ella i a quien por su ministerio tenia mas que nadie obligacion estrecha de obser
var una conducta ajustada a las conveniencias sociales, a la moral i los preceptos
evanjélicos.
No he sido ingrato con mis amigos; la verdadera amistad no es exijente ni egois
ta; es modesta, desinteresada i celosa por el buen nombre del amigo, i esos falsos
amigos mios i de la causa de Setiembre, i verdaderos únicamente de su convenien
cia personal, nunca bien entendida, vociferan ingratitud en mí, porque no satisfacia
sus insaciables pretensiones o no toleraba sus abusos. Yo podria nombrarlos uno
por uno i manifestar el motivo, porque llenada la medida de la prudente amonesta
cion o se les separaba de los puestos públicos, o se les imponia un castigo; pero no
quiero ni puedo nombrarlos en un documento como éste, i me reservo hacerlo para
cuando su falta de pudor los arrastre a nuevas quejas injustas, o a una acusacion
formal a que los provoco. -

Los hombres que odian i que se vengan me acusan de flojedad en el ejercicio de


la dictadura, porque no quise, ni por mi carácter i mis principios podia haber que
rido servirles de instrumento. Otros al contrario, me acusan de tirantez, porque
— 96 —
atacaba con mano firme el abuso, el vicio, la licencia i el crímen; ni falta quien ha
ga consistir todo mi pecado en suponer que habia preferido el imperio de mi volun
tad al de las ideas, i rara suposicion ésta, explicable solamente por la infatuacion
que causan en ciertas cabezas las doctrinas mal comprendidas, o por la ignorancia
que hace desconocer una situacion política i sus exijencias: ya he manifestado los
motivos, porque ejercia la dictadura, i no sé qué acto emanado de ella pudiera ci
tarse que no entrañe ideas organizadoras i de mejora real i positiva. Pero todavía
mas peregrino, que haya entre nosotros personas de las que se creen mui adelanta
das, a quienes les suenen mui mal ciertos nombres i les impresione mui poco las
peores cosas, i que la burla, por estar revestida de éstas o las otras formas, le dis-.
guste ménos que la noble franqueza. Yo fui Dictador, anunciándolo abierta i solem
nemente, i como tal preparaba el pais para que entrase en las vias de la verdadera
constitucionalidad, i para todos mis actos tuve siempre por norte la justicia i el
bien de nuestro pais; pero, tomé un título, escándalo para los que se dicen liberales,
i con eso provoqué su enojo, como, porque se denominaban presidentes constitu
cionales, no lo habian excitado los que faltando a la fé de uno de los mas sagrados
juramentos, pisoteaban la Constitucioni la convertian en verdadero sarcasmo.
Quisiera pasar por alto un hecho que me ha llenado de amargura, no por su rela
cion con mi persona, pues bajo ese respecto lo tengo olvidado, sino por sus funes
tas consecuencias para Bolivia; pero, debo hablar de él, porque mas que mi crédito,
el de nuestro pais lo reclama. El hecho es la perfidia de Fernandez, Achái Sanchez,
la mas negra en los anales de la depravacion: por ella los acuso, ratificando el
contenido de mi exposicion publicada en este pueblo con fecha 19 de febrero último,
i agregando que si realmente hubiese estado descontento el ejército, que por cierto
nunca lo estuvo, deber tenian los traidores de avisármelo para que hubiese procu
rado el remedio. Pero nunca me hablaban de él sin ponderar su decision por mí.
Las órdenes jenerales que se ha querido presentar como ridículas i como la
causa para el disgusto, me honran; i pedidlas, teniendo entendido que aplausos
eran las respuestas de Achá cuando le mandaba que las redactase.
He sabido que han sorprendido la credulidad de algunos jefes, haciéndoles con
sentir que les tenia odio. Los traidores son los únicos que lo abrigaban, i a no ser
por mí, víctimas de él hubieran sido las mismas personas a quienes hoi halagan pa
ra sus fines particulares.
No seria extraño que hubiesen hacinado nuevos embustes, creyendo que con ellos
lograrian engañaros i que su crímen fuese canonizado, i si lo han hecho, protesto
contra ello, i os pido que me lo comuniqueis para desmentirlo plenamente.
Señores, un homenaje al merecimiento. Ornato i orgullo de Bolivia es el ilustre
señor Frias, i a su contraccion asidua i sus talentos le debe ella mucho de lo poco
bueno que he podido hacer durante mi administracion, como tambien le debe mu
cho de lo mismo al hábil, laborioso i honrado señor Valle. Fernandez ha tenido de
dicacion al trabajo, actividad italento de segundo órden; pero, no le concedo, ni le
puedo conceder otras dotes, i que habia sido fecundo para el crímen me lo ha reve
lado el 14 de enero. Achá, traba de mi gobierno, presentada por las circunstancias,
ni como jeneral, ni como ministro me ha sido de ningun auxilio. Debo igualmente
recomendaros por la parte que tuvo en el glorioso acontecimiento de Setiembre, al
modesto i brillante coronel de artillería don Antonio Vicente Peña, i recordando
otra vez al ejército deciros que, si tres o cuatro personas de él han participado de la
infamia de Fernandez, Achá i Sanchez, ántes i despues de ella todos los demas, je
neralmente hablando, se han distinguido por su decencia, su lealtad, su patriotismo
— 97 —
i su abnegacion. Los traidores no podian haberle hecho insulto mas grande al ejér
cito que haber figurado que proclamaria a Belzu si ya no caia. Ellos i solamente ellos
han colocado en las puertas de Bolivia a ese hombre funesto, i han hecho que algu
nos secuaces del mismo, que no conocen, ni conocerán otra bandera que la de sus
egoistas pasiones, levanten con insolencia la cabeza.
Terminada está mi tarea. Es mui probable que haya olvidado algunas cosas,
porque ha sido escrita esta exposicion, sin haber tenido a la mano ni un solo docu
mento; pero todo está rejistrado en la Gaceta del Gobierno, i lo que en ella no en
contrareis, debe conservarse en el archivo de los ministerios, i ojalá que no me
hubiesen robado tanto tiempo la obstinacion de los enemigos de la causa de Setiem
bre, i la torcida política del jeneral Castilla!.... Mucho mas hubiera hecho por la
ventura de nuestro pais. ... Ahora bien, juzgadme i juzgad a los infames que he
acusado; pero, hacedlo sin olvidar el carácter que investís, i sin olvidar a Bolivia ni
por un momento. Basta por Dios de las profanaciones del santuario que ocupais: no
mas descrédito para nuestra patria; i cuando no por amor de ella i de la virtud, si
quiera por conveniencia propia, para que no caigais tambien en él, no ensancheis
mas el abismo que ha cabado en nuestro suelo la inmoralidad.
Señores: ¿querrias sentarme en el banco del acusado? Hacedlo, que os lo agrade
ceré en el alma.
Lejisladores: el cielo derrame entre vosotros las luces i os inspire los sentimien
tos que se necesitan para desempeñar con acierto vuestra tan difícil i delicada mi
sion, i que las desgracias todas caigan sobre mí, si eso fuese necesario para la feli
cidad de nuestra patria!

Valparaiso, abril 9 de 1861.

José MARía LINARns.

Valparaiso, abril 10 de 1861.

A Los sEÑoREs DocToREs DoN ToMAs FRIAs I DoN EvARISTo VALLE.

Señores:

Como a Uds. aun cuando no sean diputados, no les pueden rehusar un asiento
en la Convencion por su carácter de ministros bajo mi gobierno; i como por haber
conocido durante él todos mis pensamientos, i haber escuchado mis últimas palabras
despues de la perfidia de Fernandez, Achá i Sanchez, son Uds. los que pueden dar a
mis actos su verdadera significacion, les remito el Mensaje a aquélla. Justicia es lo
único que pido, i espero alcanzarla porque estoi en la creencia de que el recuerdo
de tanto mal, que en ciertas épocas le han hecho a la patria los que se titulaban
sus escojidos, desterrará en esta vez del santuario de la lei toda mira interesada,
toda pasion mezquina. Me dirijo a la Convencion, no solo porque he creido que
así lo reclamaban mi nombre, el crédito de Bolivia i el lustre de la hermosa revo
lucion de Setiembre, sino para dejar un precedente que sirva para correjir el fatal
13
— 98 —
prurito que ha reinado tanto entre nuestros pueblos i en algunos de nuestros con
gresos, de condenar sin haber oido, i tambien para que ningun mandatario se con
sidere dispensado por su caida de dar cuenta a la representacion nacional de cuanto
hubiese hecho. Yo ambicionaba cumplir personalmente con tan sagrado deber i
desnudarme de las insignias de la autoridad suprema en el seno de un congreso.
La traicion me ha arrebatado esa gloria; pero no la de acatar desde léjos la sobera
nía del pueblo.
El Ser Supremo colme a Uds. de prosperidad, i escuche mi constante i fervorosa
plegaria por la felicidad de nuestra patria.
De Uds. siempre amigo i servidor.

José MARíA LINAREs.


IIII

C ATER, "T" A

DE

IN MARIAN) BAPISA A N MAS RIAS


EOBRE

L0S ULTIMOS MOMIENTOS DEL D0CTOR LINARES

Valparaiso, octubre 23 de 1871.

SEÑoR DoN ToMAs FRIAs:

Otros le han anunciado a Ud. ya el deplorable suceso que tuvo lugar en la ma


drugada del 6 del corriente mes de octubre. Como observador mas inmediato, a mí
me toca satisfacer esa dolorosa ansiedad, que nos lleva a desear el conocimiento
minucioso de cuanto sufrió léjos de nosotros la persona querida. Ud. tiene este
último i supremo interes por las relaciones que lo han unido al amigo, al colega, al
presidente i al proscrito. Empiezo, pues, señor, esta sencilla i dolorosa confi
dencia.
Usted ha estado en la proscripcion, i en la proscripcion del pobre, Así, le será
fácil comprender parte de los sufrimientos de su amigo, En este puerto la posicion
del viajero es bien marcada: hotel de 1. º clase, de 2.º i 3.º, posada i arrabal,
significan comodidad, pesar, pobreza, miseria. Todos esos grados los ha recorrido
el señor Linares. Empezó por alojarse en el “Hotel Lóndres" i ha muerto en una
modesta habitacion de una plazuela a estramuros. La vida doméstica ha seguido el
mismo descenso: desde el servicio cómodo hasta despedir al cocinero, hasta pro
veerse de una fonda de tercera clase, hasta suspender el pago de la fonda; del de
cente mueblaje al desvencijado sofá i al alfombrado de cáñamo; del fondo pecunia
rio para uno o dos meses hasta los apuros del dia, hasta el favor de los siguientes;
i despues, señor Frias, hasta la compra del ataud por ajena limosna, hasta la sepul
— 100 —
tura por suscricion. No sé si la miseria humana dé un paso mas, salvo solo el que
precipita a la Inmuerte por el hambre.
No habria llegado a tales extremos el señor Linares, si hubiese podido trabajar,
como lo habia resuelto en el único mes que disfrutó aquí de alguna salud; pero los
enfermos no trabajan, i Linares ha sido presa de una larga i terrible enfermedad,
que lo ha aflijido con intensos dolores dia i noche, privándole del sueño casi abso
lutamente, debilitando su constitucion de una manera lenta e irresistible. Cuando
médicos i amigos han reclamado familia para aliviar el alma herida, hogar para
darle reposo i prolongarle sus dias, era ya tarde. Habíamos demandado tambien
para él el aire de la patria: nos le habian concedido; pero cuando recibimos la con
soladora nueva, acababamos de enterrar a nuestro amigo. Con qué sentimientos de
juvenil frescura no deseaba él acabar sus dias en una finca vecina de Chuquisaca!
Dios habia dispuesto que el infatigable político no reposara su cabeza en una sola
hora de paz. Los dias ingratos del poder le arrebataron el último abrazo de su ma
dre. En estos últimos meses se volvia con ansiedad a su esposa i a su hija; i las ha
dejado sin verlas una vez mas.
He notado en el alma del señor Linares dos períodos de vida mui marcados du
rante la proscripcion. Antes de nuestro viaje a Cauquénes, esa vida se ajitaba bus
cando un objeto. El señor Linares leia, escribia apuntaciones históricas, pensaba
terminar sus primeros ensayos, proyectaba otros nuevos. Apesar de sus no inte
rrumpidos dolores, estudiaba el idioma ingles por tres horas diarias, con esa firme
atencion que le distinguia en todas sus ocupaciones. La exaltacion de su ánimo por
el insólito modo de su caida política habia desaparecido totalmente. Algunas veces
hablaba de ellas con profunda melancolía, humedecidos los ojos por el torcedor de
una inmerecida decepcion, pero nunca ajitado de cólera. Sus confidencias en los
últimos meses respecto a sus enemigos fueron la queja del hermano i del amigo; ja
más el vituperio del Presidente. Un mayor número de veces se ocupaba enternecido
en comentar la noble conducta de sus amigos.
En Cauquénes sintió el paciente la necesidad de contraerse únicamente a la me
ditacion de la verdad católica. Leia con profundo interes los sermones de Lacor
daire, i era interesante oirle tratar con lucidez i fé las cuestiones relijiosas. Su es
píritu se iba haciendo cada vez mas abstraido. Solo le agradaban las reminicencias
de la vida íntima. La memoria de sus padres, de su esposa i de su hija, le traia ex
pansiones tristes i dulces. La enfermedad parecia mitigarse, pero él estaba persua
dido de su mayor incremento.
A nuestra vuelta de Cauquénes todo ha variado. Linares no habla; no mira. Re
costado en su asiento pasa dias i dias con la cabeza inclinada, cerrados los ojos i
absolutamente silencioso. Dolores agudos de garganta, molestia en las heridas, do
lores en el cuerpo, imposibilidad de alimentarse, creciente debilidad, todo lo so
porta sin exhalar una queja, sin un jesto de impaciencia, quieto siempre, siempre
mudo e impasible. Era doloroso i sorprendente ver consumarse el terrible drama
en el secreto de esa alma. Cuánto llanto, cuántos gritos, cuántos dolores estallarian
allí sin eco, sin desahogo!!! Yo veia esa frente serena, esos labios cerrados para to
da protesta, esa cabeza inclinada con sublime resignacion, i callaba tambien, res
petando tanta desgracia i tanto valor. Porque habia mucho valor, señor Frias, en
ese hombre que arrostraba la muerte minuto a minuto, viéndola alzarse dia i no
che ante sí, mirándola en sus meditaciones de hito en hito sin estremecerse un so
lo instante, sin pestañear siquiera. Porque habia valor en ese hombre que combatia
solo, sin barra i sin aplausos, testigo i actor único de su propia grandeza. Tanto
— 101 —
heria al observador este sublime intrínseco de su alma, que su médico, el ilustrado
aleman doctor Henkel, me decia: “He asistido a la muerte de muchos hombres. Ja
mas ví otro igual. Es una alma noble i grande. Quisiera que sus enemigos le vie
sen. Así lo comprenderian. Repito a usted que he estudiado muchos caractéres. Ja
más ví otro igual.”
Bien se comprende que este hombre de naturaleza poderosa no se hubiese cuida
do de complacencias personales: ni para sí, ni para los demas; que hubiese impues
to secamente el deber, porque sabia llenar el suyo; que hubiera prescrito el sacri
ficio, porque él se sacrificaba; i hubiese considerado suficiente galardon para los
demas la aprobacion de la conciencia, porque a él le bastaba esa voz interior. Al
mas de ese temple no son buenas para estar reuniendo a cada instante el polvo dis
perso de la popularidad, i variando sus fines i objetos a cada cambio de este vien
to. En su programa no entran como bases de conducta las simples conveniencias
de sus amigos. Por eso, estos mismos en momento dado se encojerán de hombros,
le volverán las espaldas, i arrojarán de su puesto al intratable.
Era imposible que al señor Linares le faltase el sentimiento relijioso, aceptado
como el mayor, como el bien total, ansiado con esperanza, amado con toda la rea
lidad del amor. Alta intelijencia, carácter sério, acerbos infortunios, son tres gran
des fuerzas que acercan a Dios. Ud., señor Frias, no se sonreirá, i me compren
derá mui bien cuando le asegure que Linares ha orado con fervor, se ha enterneci
do comulgando, i ha exhalado su alma a los piés de un Crucifijo.
Procuraré que Ud. asista a estas últimas escenas. Antes de mencionarlas ¿será
preciso que le asegure de la ternura con que siempre lo ha recordado el señor Lina
res? Su voz se cortaba al mencionarlo. Deseaba tener un retrato de Ud. Ha sentido
momentos de íntima satisfaccion con los nobles actos de su amigo don Adolfo Ba
llivian. Muchas veces se ha ocupado del señor Puch, del señor Valle, del señor Ve
lasco i demas amigos. Pueda esta indicacion sencilla llenar parte de la deuda del
finado hácia tan leales corazones. ¿Por qué no añadiré el nombre de mi honrado i
viejo padre don José Manuel Baptista? Pueda este recuerdo llevar un rayo de luz a
las tristes horas de su desamparada vejez.
El paciente no se redujo a permanecer en su lecho hasta dos dias ántes de su
muerte. Asi es que recibió el Viático en su habitacion de recibo. Cruzadas las ma
nos sobre el pecho, crecida la barba entrecana, inclinado el cuerpo hacia el Cristo,
yo le ví momentos ántes del acto relijioso, ante una mesa cubierta de toallas, con
dos velas a los extremos, yo le ví abstraerse sobre la imájen del Salvador, con la
mirada abierta, fija, radiosa. Yo he retrocedido, señor Frias, cojido de terror reli
jioso. Nunca habia sentido una mirada semejante. Fé, resignacion, esperanza, todo
brotaba de allí, envuelto en una luz, que ya no era de este mundo. Repito que Ud.
comprenderá esto. Dejo la incredulidad para el que nunca ha asistido a estas últi
mas revelaciones.
Todo se reunia para dar a esta escena un tinte de belleza cristiana. Dos hermanas
de la caridad se acercaron al enfermo, i cambiaron con él palabras de consuelo en
el dulce idioma de Fenelon. Cuando el Santísimo pasaba los umbrales.... ¿qué le
diré, señor Frias? ¿cómo pintaré la emocion de Linares? Ha extendido sus brazos,
ha abierto sus manos suplicantes i confiadas. He visto que sus ojos se llenaban de
lágrimas, i de las entrañas conmovidas del paciente salia un grito, un acento como
sollozos de ternura.
Nunca se borrará de mi memoria la imájen del viejo Linares, recitando el confi
teor profundamente inclinado. No olvidaré las palabras del sacerdote, que con la
— 102 —

forma en la mano repetia: “Creo en Jesucristo i en su palabra.” “Espero en Jesu


crito i en su palabra.” ¿I quién podrá afirmar esto con mas fé que Linares, él, a
quien habia engañado toda palabra humana?
Recibidó el Viático, se le ha administrado la Extremauncion, recostado en el mis
mo sofá donde estaba sentado. Durante estos actos ha pronunciado palabras que la
memoria no conserva porque su poderosa repercusion nos aturde. Otra vez, ántes
de retirarse se ha inclinado la hermana de caridad, i la mirada del viejo se ha alza
do con indecible dulzura hácia el ánjel, i con él ha cruzado votos i esperanzas, cuya
elocuencia solo tiene el que sufre i el que cree.
Quisiera, señor Frias, poder ofrecer a la juventud de mi patria un vivo análisis
de esas supremas palpitaciones del grande corazon, que dejó algunas huellas de su
poder en la vida política de Bolivia. Quisiera hacer notar cuánto hai de instructivo
en los últimos destellos de una mente elevada, cuánto de convincente i de eficaz en
los úlimos momentos de un moribundo como Linares. Dios quiere que nuestros
grandes hombres al morir nos leguen, entre los sublimes arranques de su agonía,
una herencia de fé. Dios ha puesto en sus labios por última palabra una oracion,
por último cetro del talento la cruz estrechada con amor. Algo deben significar pa
ra nosotros Olañeta, el grande orador, prosternándose ante la Hostia católica; Li
nares, el grande carácter, llorando de amor ante el inefable ministro del amor ca
tólico.
Tenia todavía Linares que llenar un penosísimo deber, la faccion de su testa
mento. No habia dejado ya la cama, porque habiéndose levantado tres veces, otras
tantas le fué imposible sostenerse. Pero el testamento lo dictó él mismo, palabra
por palabra, frase por frase, sobrellevando con indecible enerjía esa pausada tritu
Facion. Yo le contradicto con el mas penoso esfuerzo. La voz de Linares ha reco
rrido firme la primera fórmula del testamento: despues la protesta de la fé. Un mo
mento su voz ha salido del pecho rota, desgarradora, como envuelta en oleadas de
lágrimas porque ha nombrado a su esposa, pero sin poder repetir todas las letras
del nombre querido, porque ha nombrado a su hija, llamándola con delirio pater
nal, preciosa criatura que Dios me concedió. Seguidamente un grito de ardiente ca
riño ha caido sobre el que escribia. Yo he sollozado. Otro recuerdo para Atanasio;
el heróico amigo ha cérrado esta cruel enumeracion. Firma dos veces su testamento
con sorprendente facilidad; pero la muerte le invadia por momentos, i ya la firma
de la cubierta era confusa. Sin embargo, recibe al notario con la esmerada atencion
de costumbre, agradece sus buenos oficios, i tiene la serenidad suficiente para pe
dir todavía a su amigo el señor Caso una disculpa cariñosa, por haberle dado equi
vocadamente un tratamiento que desdecia a la confianza que reinaba entre ámbos:
tan soberano reposo cabia en su alma.
A la noche de ese mismo dia se declaró la agonía, sin mas síntoma de ajitacion
que un vivo deseo de sentarse, lo que le causaba un síncope parecido a la muerte.
En esos momentos yo me inclinaba a recibir su aliento, i podia notar que la vida
volvia a sus miradas, sus labios oraban, su alma sentia, con íntima lucidez. Nunca
me habia inclinado yo sobre una frente mas henchida de pensamientos cristianos,
sobre una fisonomía moribunda mas radiante de fervor. Recibe, en fin, por cuatro
veces la absolucion del sacerdote. Su respiracion disminuye, su aliento es frio, hai
una lijera contraccion en los labios.... Linares descansa en el seno de Dios.
Un caballero i una señora chilenos, dueños de la casa (Gutierrez), el señor Caso,
el señor B. Peró, Atanasio i yo rodeamos el lecho mortuorio.
Linares habia sido enterrado en seccion de comunidad. Sus amigos, llevados de
— 103 —
una delicadeza que enternece, han tenido la fuerza de elejir para depositar los restos
de su amigo una tierra digna de su infortunio: la tierra del pobre. Por lápida han
colocado una tabla blanca, en cuyo centro se lee: J. MARíALINAREs; una cruz de
madera se alza en el sepulcro. -

No es en una carta rápida donde pudiera contraerme al exámen meditado de esa


noble figura, que acaba de pasar por nuestra historia contemporánea. Ud. puede
medir mejor que yo las vigorosas proporciones del político i del hombre de Esta
do. Apénas si he tenido tiempo de ordenar mis ideas, arrastrado como de un vérti
go por ese abismo de dolores, que se llama la proscripcion del Dictador. Pero no
podria disimular cuanto me ha conmovido siempre esa admirable rectitud de con
ciencia, esa intencion decidida por el bien, que han determinado su conducta pú
blica. Linares era un carácter. Sabia lo que queria, i lo queria con eficacia. Su alma
no quedó nunca entre las sombras del deseo. Fué voluntad, i así combatió infatiga
ble, durante su vida entera, i en sus últimos doce años, como director de un movi
miento político, al que llevó su fé incontrastable i su actividad inmortal. Dos gran
des pasiones velaban en los extremos de su vida pública, el jeneral Sucre i la causa
de Setiembre. Partió de un gran dolor i acabó en una decepcion; i así como a los
matadores de su amigo, así perdonó tambien a los que habian llevado a sus amorte
cidos labios la copa amarga que nunca temiera haber gustado.
Por única increpacion a ciertas personas les diré yo: a ese hombre fuerte, a ese
varon egrejio, con vuestras obras le habeis hecho sufrír i llorar! ¡Puedan esas lá
grimas pesar tanto en las misericordias de Dios, que vuestra agonía sea tan serena,
tan resignada, tan creyente, como lo ha sido la de Linares!
Antes de concluir recomendaré a la gratitud de Ud. al noble amigo Aq. Ried i
a Sarratea, que lo fué íntimo del que lloramos. Son extranjeros, por eso los men
ciono. En cuanto a todos los bolivianos residentes aquí, su adhesion al infortunio
del ex-presidente ha sido un simple deber.
No deseara, señor, que esta comunicacion mia tuviese una frase injusta contra
nadie. Mucho enseña la agonia de un Linares, seguida instante por instante, i en
tre ese mucho hai algo superior a la tolerancia, mas íntimo que la filantropía, mas
valeroso que el olvido: la caridad.
Su afectísimo servidor.

(Firmado)—MARIANo BAPTIsTA.
IIII

EXEQUIAS H0N0RES

TRIBUTADOS

A LA MEMORIA DEL D0CTOR LINARES

Habíamos pensado publicar en esta parte de nuestro libro todos los discursos,
oraciones fúnebres e inspiraciones poéticas que se publicaron en Bolivia con oca
sion de las honras fúnebres que se tributaron a la memoria de Linares. Pero, hemos
desistido de nuestro propósito, pues nada o poco de nuevo traerian a lo que dejamos
dicho en la biografía i alargaríamos inútilmente estas pájinas con producciones que
necesariamente tienen que ser monótonas tratándose del mismo triste asunto.
El número a que ascienden éstas, i que tenemos en nuestro poder, pasa de treinta,
todas ellas de las plumas mas aventajadas de Bolivia.
Los pueblos i escritores de esta República tomaron a competencia i como el cum
plimiento de un sagrado deber el enaltecer i honrar la memoria póstuma del ilustre
Dictador.

Damos, sin embargo, lugar a la oracion fúnebre que pronunció en Oruro el pres
bítero don Hermójºnes Mier por pertenecer al jénero especial de la oratoria sagra
da, i salir por esta misma razon del comun de los otros discursos que corren impre
sos en las coronas fúnebres de Potosí, Oruro, Sucre, etc. Tambien entre las nume
rosísimas poesías escojimos tres de las mas breves, i que llevan las conocidas firmas
de la señora Mujia i los señores Cortes i Calvo; seria alargarnos demasiado trascri
bir las otras:

In paradisum deducant te angeli: in tuo adventu


suscipiant te martires et perducant te in civitatema
sanctam Jerusalem.
Los ánjeles os conduzcan al paraiso; los márti
res salgan a vuestro encuentro i os hagan entrar
en Jerusalen, la ciudad santa.

Señores:

La sabiduría infinita en sus inescrutables designios lo ordenó todo en la creacion,


de modo que cada sér volviera al seno de donde habia salido, así el hombre inmortal
14
— 106 —
vuelve al seno del eterno, como el hombre mortal vuelve a la tierra de que fué for
mado: esta misteriosa transicion, que llamamos muerte, ha tocado a uno de los mas
ilustres varones de Bolivia, el señor José María Linares, i su pérdida la lloran i la
llorarán todos los hombres de corazon recto. En efecto, señores, ¿a qué nos halla
mos reunidos hoi en el templo del Señor? A elevar nuestras preces al Dios de las
misericordias por ese hombre muerto en la proscripcion..., a verter una lágri
ma de profundo dolor por la memoria de ese hombre muerto en el abandono, en
la indijencia i en tierra extranjera.... premio, bien amargo, por cierto, de sus
excelsas virtudes. Nó, no es el hombre, por grande, por ilustre que sea, quien debe
esperar, ni ha de recibir en el tiempo digna recompensa a sus sacrificios, porque
ahí está la muerte que pone término a todas las grandezas con que los hombres
pueden engalanarlo, ahí está la tumba donde no se llevan riquezas, honores ni glo
ria; porque ahí está, señores, la historia mostrándonos al inmortal Sucre destrozado
el brazo que nos diera patria e independencia, muerto en el desierto por alevosa
mano.... al héroe de Ingavi que sellara nuestra independencia, muerto en el des
tierro.... a Linares, en fin, a quien debe Bolivia cruentos sacrificios por darla li
bertad, moralidad, honor, muerto tambien en el destierro.... ¡Oh! triste, mui tris
te es ver a un hombre, como el señor Linares, cQnsagrar su vida entera a la patria,
sacrificar a ella las mas caras afecciones del corazon—madre, esposa, hijos; servirla
con abnegacion i desinteres; amarla con pureza, entrañablemente; para verlo luego
abandonado, arrojado léjos de su patria, i a algunos de los hijos de su misma pa
tria empeñados i afanosos para estamparle en la frente un signo de reprobacion. ...!
Si en tales momentos no viniera la muerte a sustraer a la inocente víctima de las
injusticias de los hombres, i a poner término a todas las tribulaciones del corazon,
mui cruel fuera la vida i mui desgraciado el hombre, i mas miserable talvez que los
séres irracionales. Linares debió morir, porque era llegado el dia en que debia re
cibir el premio verdadero de sus sacrificios. In paradisum deducant te angeli.
Sí, señores, Linares debió morir porque así lo exijia el bien de su patria; i debió
morir como ha muerto, pobre i abandonado, porque los hombres no podian ofrecer
le recompensa igual a sus servicios; porque esa muerte resignada i ejemplarmente
cristiana, es la mas elocuente protesta contra todas las injusticias con que los hom
bres despedazaron su corazon. Erubescant, el conturbentur vehementer, ommes inimici
mei. “Avergüenzense i en extremo sean conturbados todos mis enemigos.”
¡El hombre grande ya no existe: mas sus obras no han muerto, ni morirán jamas,
porque ellas son de verdad i de justicia ellas sirven no solo a Bolivia sino a la hu
manidad, porque quien difunde la ciencia i la virtud, quien proclama un principio
i lo establece, aunque sea en el punto mas aislado del globo, no sirve tan solo a ese
lugar, si que tambien a la humanidad toda. I Linares, jóven aun, fué el mentor de
la juventud de su patria; Linares fué el héroe de la gloriosa restauracion, que en 9
de febrero de 1839 reintegró a Bolivia en sus derechos de nacion libre; Linares fué
el sabio ministro de Estado que inauguró la famosa Carta del mismo año, que ha
sido i será el libro del pueblo: a su pujante capacidad, a sus concepciones liberales
i altamente sociales se debió en gran parte la formacion de aquel libro; Linares, re
presentante de IBolivia ante una de las principales cortes de Europa, sancionó la
independencia de su patria: Linares, presidente del por siempre memorable congre
so de 1848, dió nueva vida a los principios republicanos consagrados en la Carta
del 39. Bien sabeis, señores, que en aquellos momentos sopló el jenio del mal e hizo
escollar con un motin de cuartel cuantos bienes se iban a realizar para el pueblo.
En momentos tan difíciles, la nacion confió a Linares las riendas del Estado, i en
— 107 —
tónces fué cuando este hombre se mostró grande, i tal cual era, dando a conocer que
su mano manejaba con igual destreza la pluma del literato como la espada del solda
do; que tan bien podia servir a su patria en el gabinete, en el parlamento, como en
el vivac del soldado; que su privilejiada cabeza concebia con tanta perfeccion un
plan político, como un plan de campaña; que su ardiente corazon sentia los dolores
de su patria.... Pero no hai poder sobre la tierra que ni el bien pueda hacer con
tra los secretos designios del Señor: estaba decretada la pérdida de la República con
la jornada de Yamparaez, i Linares, destrozado el corazoni abatido el espíritu, fué
a llorar los males de su patria léjos de su patria. Soldado de la libertad, cambió
desde entónces la espada por la pluma, i no cesó de combatir con denuedo admira
ble, con heróico valor, i sostuvo mueve años de lucha sin tregua contra los opresores
de Bolivia, i se hizo el Mesías de nuestra redencion política.
Grande fué Linares difundiendo la ciencia, enseñando al pueblo sus derechos, pe
leando por la libertad.... mas hoi ¿dónde está esa grandeza? se disipó en la eterna no
che de la muerte, así como se disipa el humo en la inmensidad de los espacios. ¿Qué
galardon ha recibido por tanto sacrificio, por tanto valor, por patriotismo tanto?...
¿Sabeis cómo i en qué situacion ha exhalado el último suspiro? Exánime por sus do
lencias físicas, desfallecido por las decepciones que han torturado su alma, solo, sin
recursos ni para proporcionar un momento de alivio a sus dolores, sin mas auxilios
que los que presta la relijion de Cristo.... así ha acabado el hombre grande de Bo
livia, el campeon de la libertad. ¿Qué ha dejado a su familia? La miseria, el llanto i
el desconsuelo a su pobre i desvalida viuda, un nombre sin mancha a su tierna hija:
hé ahí todo. Grandes de la tierra.... ved vuestro fin! Soldados de la libertad, ser
vidores del pueblo: ved vuestras recompensas! Pero no retrocedais, seguid intrépidos
vuestro camino, que el galardon está allá, allá donde no alcanzan las injusticias del
hombre; allá donde el Dios remunerador os espera con los brazos abiertos.—Los
ánjeles os conduzcan al Paraiso. In paradisum deducant te angeli.
Despues de nueve años de lucha encarnizada, de martirio i de sacrificios sin cuento,
Linares entra a Bolivia, i es alzado al poder por el pueblo redimido, en medio del ho
sanna que entonaron los libres: en aquel memorable dia se proclamó la gloria de Li
nares, i Linares proclamó la libertad de Bolivia, i para realizarla consagró todo su
saber, todo su valor, su vida entera al bien prometido: le hemos visto trabajar dia i
noche, sin conceder a su rendido cuerpo mas que un escaso sueño, encerrado entre
cuatro paredes, privado de todos los goces i ventajas que brinda el poder, i abundan
temente colmado de todas las amarguras i desventajas: así hemos visto, que con in
telijencia superior i con irresistible voluntad anonadó en un instante cuanto de malo
existía i empezó a crear nuevos elementos de vida i de progreso para el pueblo: lejis
lacion, administracion, ejército, clero, todo lo removió, con mano audaz i atrevida;
todo lo quiso trastornar para establecer un nuevo órden segun el ideal que habia
creado, sin que lo arredrasen ni su despopularidad, ni las resistencias de los hombres
malos, ni las injurias ni las calumnias, ni, en fin, su mismo descenso del poder. Mu
cho bien quiso hacer, obra de jigante fué la que emprefidió, i mostróse en ella tan gran
de como era necesario; i parece que el Dios creador le hubiera detenido en su carrera
i le hubiera dicho alto ahí, audaz reformador, no arrebates al tiempo lo que solo es
obra del tiempo! Porque cierto que a nadie está concedido el poder de una repentina
metamórfosis, siendo necesario seguir la marcha lenta del progreso, que fué estable
cida por la naturaleza; i vencido así el jenio arrogante que queria el bien mas allá
de lo que le fuera permitido, cayó, como caen todos los hombres grandes: fué nece
saria su expatriacion, obedeció! Grande cuando con el cetro del poder en la mano
— 108 —

decia en público que su poder era inconmovible, porque le venia del pueblo, i pri
vado lloraba los males que no podia prevenir; fué mas grande aun cuando sometido
a otro poder bajó los escalones de aquél a que fué encumbrado con la misma sereni
dad, con la misma altiva frente con que habia subido, i emprendió su viaje de pros
crito con sublime resignacion.... Permitidme, señores, que pase en silencio los tris
tes detalles de tal viaje, que bien conocidos son por vosotros, i todos sabemos que ese
viaje no lo hacia al extranjero a mendigar su pan, sino a pedirle un poco de tierra
para cubrir su cuerpo; que no salia de su patria sino a la patria celestial, donde,
espero en la misericordia infinita, habrá recibido la corona de su prolongado mar
tirio, porque el grande Linares mártir ha sido, cuando combatia por la libertad del
pueblo, i mártir cuando levantado al poder por ese pueblo, trabajaba por el bien
exclusivo de ese mismo pueblo; pero ai! que así como acabó su gloria en la tumba,
ésta misma tambien cerró sus martirios. Los mártires salgan a vuestro encuentro i os
hagan entrar en Jerusalen, la ciudad santa. In tuo adventu suscipiant te martires et
perducant te in civitatem sanciam Jerusalem.
¡Oh! Señor de las alturas, que estás sobre todas las potestades: tú, que con sola tu
voluntad destruyes pueblos, tronos, ejércitos, no permita tu infinita misericordia
que se destruyan i se pierdan las obras que por mano de un siervo tuyo se hicieron
para este pueblo, porque esas obras, bien sabes, Dios mio, están selladas con la
sangre de millares de patriotas i santificadas con el martirio de su autor: santifica
las tambien con tu bendicion; i pues que amas el patriotismo, recibe al pié de
tu excelso trono al patriota que lloró sobre los muros de Bolivia oprimida. Así sea.

Oruro, 15 de noviembre de 1861.

HERMóJENEs MIER.

A- L-A- INACUTEDER. D." DEC

IDEL.

SEÑOR DOCTOR DON JOSE MARIA LINARES.

La muerte arrebató con mano cruda


Al héroe que a Bolivia diera gloria;
Cayó el Coloso, mas su ilustre nombre,
Que con ternura queda en la memoria,
Con voz eterna—honrará la historia.

Al jenio de setiembre, al fuerte atleta,


Con la virtud de un Job i faz serena,
En medio del dolor i el sufrimiento
Vémosle sucumbir en patria ajena,
Cual el gran Napoleon en Santa Elena.
— 109 —
Yace abatida la columna firmo
Do de la libertad la estátua santa
Posó gloriosa con altiva frente:
Hoi Bolivia le llora en pena tanta,
I sus hechos la fama alegre canta.

Cual héroe de los tiempos de la Esparta,


Infatigable con su amor i celo,
A su patria querida le consagra
Siempre constante i fiel con dulce anhelo
Hasta el postrer suspiro en otro suelo.

En brazos de la fé i relijion santa,


Víctima i mártir, noble i jenerosa
Hasta las heces consumió del cáliz,
I esa alma grande, humilde i fervorosa
Al seno de su Dios voló dichosa.

Hombre de hierro, jenio incomparable,


Miéntras tú duermes, vive tu memoria;
La causa santa de setiembre vive,
No morirá jamás, como tu gloria,
I así como tu nombre en nuestra historia.

Recibe de Bolivia el tierno llanto


I sus plegarias a tu tumba vuelen;
Descansa en paz;i en ese helado lecho
Justicia i libertad tu sueño velen,
I que a los siglos la verdad revelen.

Sucre, noviembre 8 de 1861.


MARíA JosErA MUJIA.

A- L-A- INAITUTOEDIERT. E.

SENOR DOCTOR DON JOSE MARIA LINARES.

SONTETO.

¿Quién es aquel que, léjos de sus lares,


Pordioseando el pan del extranjero,
Tenaz resiste al infortunio fiero,
Como al Noto los cedros seculares?
— 110 —

—El eterno proscripto, el gran Linares,


Mártir de libertad, bravo guerrero,
Dictador admirable, jefe austero,
Que del dolor surcó todos los mares.

Luchando brazo a brazo con la suerte


Al fin sucumbe, i en ajeno suelo
Yace encerrado su despojo inerte.

Derrama, oh patria, lágrimas de duelo!


Sepulcro de mendigo halla en su muerte
El que ayer ensalzastes hasta el cielo.

Sucre, noviembre 4 de 1861.

DANIEL CALvo.

AL SEÑOR LINARES.

Cayó lozano, como el fuerte roble


Que desafía al huracan potente:
Estalló el rayo del fatal destino
Sin lograr abatir su altiva frente.

Miró sin inmutarse la morada


Eterna, do el terror su faz levanta:
Desdeñoso volvióse hácia la patria,
I hundió en la tumba la segura planta.

No le lloreis; que su jigante sombra


De piedad la sonrisa os mostraria:
Esquivad vuestro llanto i vuestro enojo:
Dejadle solo en su mansion sombría.

No es ya el hombre del tiempo i las pasiones;


Es el hombre eminente de la gloria:
Dejad que teja cívica corona
La justiciera mano de la historia.

Sucre, noviembre 6 de 1861.

MANUEL JosÉ CoRTÉs.


TV

IETIER, A G-MIENTO

DEL "

ESTUDI0 HIST0RI00 DE B0LIVIA

DEL

SEÑOR SOTO MAYOR VAL DES

—La asamblea, cuyas primeras sesiones se distinguieron por la calma i la modera


cion, sancionó al principio una lei de amnistía jeneral i absoluta. Mas no tardó en
perder la templanza, hasta tocar en la acrimonia de un duelo entre partidos. Eran
miembros de la asamblea los doctores Frias i Valle, ministros que habian sido
del Dictador, los cuales, unidos con los diputados Ballivian (don Adolfo), Irigó
yen (don Natalio), Rivas (don Miguel), Quijarro, Palazuelos i otros pocos partida
rios de Linares, no temieron desafiar la ira de los enemigos de la dictadura, defen
diéndola en su conjunto i ostentando a los ojos de la mayoría i del gobierno el
blason de su color político i cierto desden con relacion a aquellas medidas que te
nian por objeto evitar los cargos i recriminaciones personales. Frias exijió expresa
mente que se le juzgase como a ministro de hacienda; pero la dificultad de especi
ficar los cargos i precisar el procedimiento en un juicio de esta naturaleza, hizo
que la asamblea esquivase el proceso.
La borrasca mal contenida rompió al fin sus diques con ocasion de un manifiesto
o memoria fechada en Valparaiso a 9 de abril de 1861 bajo el título de mensaje,
que los señores Valle i Frias presentaron al congreso, a nombre del doctor Linares.
Varios diputados fueron de opinion que la asamblea constituyente rechazase este
documento, sin considerarlo. Veintitres diputados propusieron que se devolviese el
mensaje al ex-dictador, i que para hacerle sentir su impopularidad i el estado de la
opinion del pais, la asamblea hiciese la siguiente declaracion:
“1. º La junta gubernativa de la República, instalada a consecuencia del golpe
del Estado de 14 de enero último, i el ejército nacional que concurrió a ese acto,
han merecido bien de la patria.
— 112 —
“2. º El dictador don José María Linares se ha hecho indigno de la confianza
nacional.”
Leido apénas este proyecto de acuerdo, el diputado Rivas hizo indicacion para
que se incluyese en el segundo artículo a todos los ministros de la dictadura.
Esta indicacion, nacida de un diputado que se vanagloriaba de haber servido al
Dictador, tendia a herir directamente a los autores del golpe de Estado, i colocaba
a la asamblea en una situacion anómala i embarazosa. El diputado don Manuel José
Cortés fué de los primeros en formular su juicio sobre el proyecto en debate, cali
ficándolo de extemporáneo e inútil i aun negando a la asamblea el derecho de pro
nunciar un fallo sobre la administracion de Linares. “¿Cuál de nosotros (dijo) no
ha sido actor en las distintas escenas que han tenido lugar en la República? ¿Quién
no se ha afiliado bajo alguna bandera política? Enconadas las pasiones, vivos los
odios, ¿tenemos ni podemos tener la severa imparcialidad que debe dictar un fallo?
Acusadores i jueces apareceremos ante la nacion con una mancha indeleble. No
olvidemos que hace poco hemos decretado una amnistía jeneral i absoluta: pronun
ciar hoi una condenacion seria contradecirnos....”
A esto contestaba el diputado Villamil (don Emeterio) con la historia de los juz
gamientos políticos desde Cárlos I de Inglaterra a Napoleoni Cárlos X. “Este juicio
(decia) no es otra cosa que el fallo sumario e inapelable de la conciencia nacional,
que absuelve o condena en concreto, en virtud del derecho que ejerce de pronun
ciar una sentencia dictada por la mayoría de la opinion.”
Aspiazu, diputado por la Paz, sin haber sido adicto al gobierno caido, rechazaba,
no obstante, el proyecto, i motejando a sus sostenedores por el encono que ostenta
ban contra el Dictador i reprobando, sobre todo, la acritud de la discusion, se ex
presaba así: “Creí que desde el instante en que penetramos a este sagrado recinto,
nos hubiésemos despojado de los inmundos harapos de las personalidades para po
nernos el alba de los verdaderos sacerdotes de la patria, i para ofrecer en holocaus
to nuestros intereses i nuestras vidas; pero yo veo que siempre seguimos la senda
trillada de los demas congresos; yo veo que el templo de las leyes solo se ha abierto
para cantar el Te Deum a los vencedores, para arrojar frases de maldicion a los ven
cidos i para ofrecer en holocausto la moribunda víctima del caido. Se trata de im
poner una pena al que ayer fué el ídolo i la esperanza de los pueblos. Sea; pero
para que la pena sea justa, es menester no imponerla en el fervor de las pasiones
exaltadas: de lo contrario nos exponemos a que la razon i la posteridad nos califi
quen de injustos. El virtuoso Bailly es condenado al último suplicio por el tribu
nal de la salud pública del 93; despues la historia le hizo justicia. El jeneral Santa
Cruz es declarado infame, traidor i puesto fuera de la lei por el congreso del 39;
calman las pasiones i el que fué denominado traidor e infame, es honrado poste
riormente con el título de ministro plenipotenciario ante las primeras cortes de Eu
ropa. El jeneral Ballivian es tambien infamado por uno de los congresos; las pasio
nes se aquietan, es aclamado presidente de la República, i hoi los pueblos recuerdan
con gratitud la memoria del vencedor de Ingavi. El jeneral Belzu es puesto fuera
de la lei por el congreso del 48, sube a la silla de la presidencia, i tres congresos
consecutivos lo declaran el salvador, el padre de la patria, el bienhechor del mun
do. Hoi, en el recinto de esta asamblea, no se escuchan mas palabras que dictadura,
sangre, tiranía, despotismo, talvez para que mañana otra asamblea conteste dicta
dura, virtud, abnegacion i patriotismo.
“Linares, como todos los presidentes de la República, ha tenido errores, excesos
i demasías; pero tambien es menester confesar que ha habido en él patriotismo, mo
— 113 —
ralidad, pureza i una pasion vehemente por la mejora de su patria. ¿A cuál de ám
bos lados se inclina el fiel de la balanza? No lo sabemos, porque yo no veo en el seno
de la asamblea mas que dos bandos de perseguidos i favoritos. Para los unos Lina
res es el jenio del bien, i para los otros Linares es el jenio del mal evocado del in
fierno. Dejemos que la posteridad lo juzgue....”
En apoyo de estas mismas ideas el diputado Ballivian discurria en estos térmi
nos: “Pesa en la conciencia del pueblo, como lo ha dicho mui bien el honorable
señor Cortés, la seguridad de que ningun provecho, ningun beneficio ha de repor
tar el pais del proyecto que por mera forma estamos discutiendo, puesto que de
antemano ha sido sancionado en secreto. Para probarlo no es necesario buscar los
ejemplos que el honorable señor Villamil ha encontrado en otra parte i en otros
tiempos, porque los tenemos en nuestro propio pais i en nuestra propia historia.
Basta recordar que en los primeros dias de nuestra infancia política se rompió a
balazos el brazo que en Ayacucho nos diera independencia i patria. ¿Qué extraño,
pues, que hoi se cumpla en Linares el destino reservado a todos los mandatarios
de Bolivia? Cúmplase, pues, ese miserable destino, si asi lo habeis resuelto, pero no
será sin que os diga: ¿no estais viendo que vais a justificar uno de los mas injustifi
cables errores de la dictadura? ¿No estais viendo que vais a dar al Dictador el dere
cho de deciros: Lejisladores de Bolivia, hé ahí la razon que tuve para no reuniros
en congreso, porque sabia que solo os ocupariais de destruir el edificio que encon
traseis a medio construir, para no edificar en su lugar ninguno, i sepultaros en el
polvo de los escombros de nuestras leyes, de nuestras instituciones, de nuestras li
bertades? Cúmplase, pues, señores, ese destino, si así lo habeis resuelto, pero que no
sea por falta de hombres que en el seno mismo de esta representacion se opongan
con todas sus fuerzas a la repeticion de semejante escándalo....”
En medio de esta discusion, un diputado por Potosí, don Antonio Quijarro, pi
dió la lectura del Mensaje del Dictador. Muchos de los diputados tenian apénas vaga
idea de su contenido; pero cuando toda la asamblea oyó la solemne lectura de aquel
documento escrito con una destemplada frar queza i en el cual abundaban los con
ceptos ofensivos a diversas clases sociales, i desagradables al orgullo nacional, re
crudecióse el debate i las imputaciones al Dictador i su partido se hicieron mas
punzantes i encarnizadas. El diputado Guerra (don Luis) se esmeró en la cuenta
de las faltas i arbitriaridades de la dictadura. “Este mismo salon (decia en un aca
lorado discurso) sirvió de cárcel a mas de ochenta ciudadanos, de lo mas selecto de
esta ciudad, quienes, colocados en diferentes i peligrosas actitudes en estos asientos
i en aquellas cornisas, fueron el blanco de las mas bajas humillaciones. Hablo en pre
sencia del pueblo que fué testigo de este hecho. ¿I qué diré de la sangre derramada
en los cadalsos? Horroriza, señores, el recuerdo de los asesinatos políticos efectu -
dos en nombre del órden contra el expreso mandato de los pueblos, consignado en
actas solemnes. Todavía humea la sangre de un unjido del Señor en la plaza i ca
lles de esta ciudad; i esa sangre es la mas elocuente protesta contra la dictadura..."
“El honorable señor Guerra ha dicho (contestó el diputado Quijarro) que los re
sultados del golpe de Estado han sido magníficos, i que por ello conviene votar la
accion de gracias. Yo creo que siendo la política no mas que la moral aplicada a
los gobiernos, hai que tener en cuenta los medios que tocan para llegar a ciertos
resultados. Debo creer que los autores del golpe de Estado, al consumarle, se halla
ban animados de las mas patrióticas intenciones; pero, no obstante, me parece que
su calidad de ministros i colaboladores del Dictador les prescribia otra línea de
conducta. Si la dictadura les parecia una usurpacion, si creian que el señor Lina
— 114 —
res falseaba los principios de setiembre, nada mas natural i conforme al sistema re
presentativo, que haber abandonado las carteras, protestar i colocarse en las filas
de la oposicion. Esto habria sido verdaderamente glerioso; pero refrendar con su
firma i con su aquiescencia todos los actos de la dictadura, confinamientos, destie
rros, fusilamientos, i luego estigmatizar esa misma dictadura, esto me ha parecido
inconcebible.... Debo declarar que en mi concepto el juicio sobre el golpe de Es
tado, se halla reservado a la posteridad, al fallo de la historia, i que por el honor de
la asemblea debemos abstenernos de fulminar sentencias de condenacion contra el
Dictador i de discernir guirnaldas cívicas a los que derrocaron su poder.”
Todavía hicieron oir su palabra en este caloroso debate los diputados Salinas,
Bustillo, Soto, Acuña, el presbítero Rodriguez, Moreno, Gutierrez, Mariscal, Guz
man, Caballero, Barrientos, Aguirre, Roca, Leon i otros de la mayoría, que opina
ban al ménos por la sancion del primer artículo del proyecto, mién tras los diputa
dos Valle, Irigóyen, Frias, Iturri i demas de la minoría sostuvieron la negativa del
proyecto entero.
En el curso de la discusion el diputado Rivas calificó de “falsa, cobarde idésleal"
la declaracion del proyecto, i encarándose al ministro Bustillo, le apostrofó con es
tas palabras: “Se acusa hoi al Dictador por la sangre derramada en los patíbulos
durante su administracion. ¿I quiénes son los que llaman asesinatos políticos a es
tos fusilamientos? ¿Vos, señor Bustillo, vos, el presidente del tribunal de sangre de
1850? ¿I la sangre del inocente Lagunas? ¿I la de Benito Lopez ¿I....”
El diputado Rivas fué llamado al órden.
Al fin, melladas ya las armas del debate i cansados los mas de los combatientes,
sustituyóse por algunos de los diputados al artículo que declaraba al Dictador in
digno de la confianza nacional, la siguiente declaracion: -

“La asamblea nacional, para restablecer la con raternidad, la paz i concordia en


tre los bolivianos, relega a perpétuo olvido todos los actos políticos ejercidos por el
Dictador don José María Linares.”
-- se quiere correr un velo de olvido sobre nuestras acciones (dijo a este propó.
sito el diputado Ballivian). Solo el crímen se olvida. Renuncio por mi parte a ese
jeneroso olvido, i si fuese preciso, yo rasgaré por mis manos ese velo de infamia
con que se quiere encubrirnos. Si hemos cometido crímenes, que esos crímenes se
castiguen i no se olviden, porque esto será en beneficio de nuestra patria, de la so
ciedad, de la humanidad entera.”
-- “No acepto el envilecimiento (dijo a su vez el diputado Valle). Prefiero el in
sulto franco i declarado de un partido, que al fin expresa sus odios sin cubrirse con
el manto de la hipocresía. Solo al criminal se le amnistía. Declaro, a nombre del
Dictador, como su ministro que fuí, que no paso por tal humillacion, i que esta
mos prontos a contestar ante la cámara i Bolivia sobre toda nuestra conducta polí
tica. Nada tememos."
El resultado fué quedar rechazado el art. 2. º con todas sus enmiendas, aprobán
dose solamente el art. 1. º segun el proyecto orijinal.—(Capítulo tercero.-—Pájinas
157 a 162.)
El Dictador Linares. . . . . . . ....... .... ..... ... .... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... 5

INT CD"I".A.S.

.—Mensaje que dirije el ciudadano José María Linares a la Convencion bo


liviana de 1861...... ...... .... ... ... ...... - º * - • - • - - • - - • • - « - - • • • • 71
II.—Carta de don Mariano Baptista a don Tomas Frias sobre los últimos mo
mentos del doctor Linares. ............ ................ ... ....... 99
III.—Exequias i honores tributados a la memoria del doctor Linares......... 105
IV.—Fragmento del Estudio Histórico de Bolivia, del señor Sotomayor Valdes... 111
- sJ -

RASGOS BIOGRAFICOS

DE

AI)0LF0 BALLIVIAN
POR

JosÉ MARÍA SANTIvAÑEz

SANTA CO

lMPRENTA DE «LA REPUBLICAD DE JACINTONUÑEZ

1878
SA 575ó

Harvard College Library


Cift of
Archibald Cary Coolidge
and

Clarence Leonard Hay


A pril 7, 1909.
Nuestro respetable amigo el señor José María Santi
vañez nos hizo la honra de enviarnos de Cochabamba
sus manuscritos sobre historia nacional bajo el título
modesto de IRasgos Biográficos de Adolfo Dallivian. En
vista de la importancia de la obra i de su interes, no
podemos resistir al deseo de darla a conocer, publi
cándola sin mas comentario que estas breves líneas.
El distinguido escritor i profundo estadista no ha ol
vidado ninguno de los rasgos característicos de Balli
vian, ni de los hechos notables de su corto pero lumi
noso período presidencial, que principió en 8 de mayo
de 1873 i concluyó en 14 de febrero de 1874.
Al escribir la vida del ejemplar mandatario de Boli.
via, cuya figura se alza mui alto al frente de sus prede
cesores i por mucho tiempo quizá de los que le sigan,
se ha elevado el autor a las severas rejiones de la his
toria, anticipándose de esta suerte al juicio que el tiem
po se encargará de comprobar.
Los Rasgos Biográficos son una estensa biografía don
de ningun pormenor ha sido olvidado.
— II —

Despréndese de ellos la noble figura, poco a poco, sin


precipitacion, con amplitud. La muestra el autor en su
conjunto, sin recargar coloridos aquí ni allá; de manera
que es preciso examinar toda la obra, para ver dibujada
la fisonomía moral de Ballivian tal como era en suma.
Ha llenado la difícil tarea de retratar al orador, dan
do vida a su palabra muerta; lo que solo se consigue
haciendo que, en su ajitada corriente, envuelvan i arras
tren esa palabra los acontecimientos que se narran.
Ha pintado al hombre privado, interponiendo para
ello con naturalidad la anécdota reveladora, i recreándo
nos con toques sencillos hallados como de paso.
Ha mostrado al estadista en sus actos positivos i
concretos i en sus resultados, sin esas vaguedades que
nunca dibujan un contorno preciso, sin esos encomios
que nada ofrecen de característico: especie de disfraces
cortados al uso de todos i con los cuales suele vestir a
sus héroes una literatura frívolai vulgar. Achaque suyo
es convertir la biografía en discurso apolojético; escollo
que ha evitado el señor Santivañez, con la parsimonia
de los comentarios i con la constante serenidad del jui
cio.
Grave i sentida, su relacion despierta en el ánimo un
sentimiento melancólico; pero tambien suscita, a veces,
santas indignaciones contra hechos bastardos que ya
habíamos puesto en perjudicial olvido.
El cuadro de las cosas es completo. Despues de re
corrido i cerrados los ojos, él se desenvuelve de nuevo
en la memoria i en el corazon, tal como lo ha trazado
la mano firme i honrada del autor, i tal sin duda alguna
como las cosas pasaron en la realidad.
I es que no se ha contraido el biógrafo a diseñar la
fisonomía de Ballivian, sino que ha hecho una narracion
filosófica i concienzuda de toda su administracion po
lítica, tan llena de episodios interesantes, de dificulta
— III -

des, de contradicciones provocadas por el exaltado es


píritu de sus enemigos; i tambien porque a ese ensan
che de perspectiva se prestaba el carácter anárquico
propio de esa época, de transicion de la tiranía i el ab
solutismo al pacífico reinado de las instituciones.
Sirvan las luminosas lecciones de esa época, no leja
na, a fortalecer el patriotismo de los buenos ciudadanos,
que, identificados con los principios de la verdadera
democracia, no cifran su triunfo en el éxito pasajero de
la ilegalidad política, ni gradúan la importancia de esos
principios en la mezquina escala de las conveniencias.
Que la juventud boliviana siga la brillante huella que
deja Ballivian: fe pura, patriótica i desinteresada en la
prosecucion del bien; lealtad i firmeza en el sosteni
miento de los principios republicanos; amor austero al
órden i a la lei: ¿de dónde, sino de ahí, la honradez sin
mancilla de todos sus actos? Esta es la escuela que a la
jeneracion que se levanta conviene seguir, para alejarse
de ese funesto escenario preparado por las intrigas de
ciertos políticos, cuyo ejemplo ha causado tantos males
al país i cuyos desaciertos tendremos que deplorar tal
vez por mucho tiempo.
La Paz, 6 de junio de 1878.

JENARo SANJINÉs,—NICoLÁs AcosTA.


RASGOS EIOGRAFICOS

DE ADOLFO BALLIVIAN.

Encuéntrase hoi Bolivia en una de esas épocas de transforma


cion, por las cuales pasan los pueblos ántes de sentar sobre bases
sólidas su constitucion social i política. En esa dolorosa evolucion,
lucha permanente entre la idea nueva que aspira a la reforma, i
la idea añeja que tiende al estacionarismo o al retroceso; entre la
justicia, el derecho i la libertad que proclaman su imperio, i el
despotismo que solo puede caminar por la ancha vía de la arbitra
riedad; entre los intereses creados que defienden su posesion, i los
nuevos que demandan su puesto i representacion en nuevas insti
tuciones sociales i políticas: los gobiernos que brotan de en medio
de esas acciones i reacciones, son la representacion jenuina de las
ideas, de los principios e intereses que han logrado el triunfo; i
los caudillos de las causas no son mas que la personificacion de los
elementos que se disputan la supremacía. Por eso ha dicho algu
no que las circunstancias por las que pasan los pueblos, crean los
hombres apropiados a cada situacion.
Adolfo Ballivian era una de las creaciones de esa difícil i tu
multuosa elaboracion que la causa de la libertad, de la justicia i
del derecho viene haciendo en la república desde los primeros
dias de su fundacion. I en verdad, pocos bolivianos reunian en tan
— 4 —

alto grado las cualidades necesarias para representar, en los últi


mos tiempos, las exijencias de la situacioni las aspiraciones del
país. -

El militarismo, predominio esclusivo de la clase encargada de


sostener el órden i la tranquilidad pública, debia producir la reac
cion, proclamando el gobierno civil contra esa usurpacion violenta
de la soberanía nacional.
El asalto del poder a mano armada habia sido el oríjen de la
mayor parte de nuestros gobiernos: el país aspiraba a que el
poder fuese la obra de los pueblos por la espresion libre del su
frajio.
El peculado i la dilapidacion habian agotado los caudales pú
blicos: la economía i la probidad administrativa podian solas res
tablecer la hacienda, para responder a las exijencias públicas e im
pulsar la prosperidad nacional.
La demagojia habia relajado los vínculos sociales i políticos i el
respeto a la lei: menester era restablecer el principio de autoridad,
es decir, el imperio de la autoridad por la lei.
La independencia de los poderes públicos consignada en nues
tras diferentes constituciones, i asegurada con mas o ménos acier
to en sus disposiciones de detalle, habia sido en todos tiempos ilu
soria: debia ser en adelante una verdad.
Tendencias despóticas o intereses esclusivos habian establecido
escision o antagonismo entre los poderes lejislativo i ejecutivo.
No parecia sino que cada uno tuviese ideas, propósitos, intereses
i una política propia, distintos de las ideas, miras i aspiraciones
de la nacion. Era menester que estos poderes activos conver
jiesen a una política comun, a una política esencialmente nacio
nal.

A estas aspiraciones concretas, definidas, cuya satisfaccion era


urjente, que eran la órden del dia por decirlo así, añadíanse otras
no bien definidas, que tendian a reformas que correspondiesen a la
renovacion que en ideas e intereses venia verificándose, por el de
sarrollo moral i material del país.
Sentíase, en fin, la necesidad de romper con la rutina, los abu
sos i tradiciones de un pasado funesto, para formular una política
InU10V3,

Tales eran las aspiraciones de la nacion, ultrajada por el despo


tismo, agotada en sus recursos fiscales, cansada de luchas intes
— 5 —

tinas, e impulsada instintivamente hácia un mejor órden de co


SlS,

¿Cuál era el ciudadano que representaba estas exijencias? ¿Quién


era el llamado a satisfacerlas?
El sentimiento popular, que suele tener las adivinaciones del
jenio, lo habia señalado há mucho tiempo:—era Ballivian.
I no se engañaba.
Militar, no por vocacion, sino como sectario de una gran causa,
habia servido poco tiempo en las filas del ejército, sin haber ad
quirido los hábitos de arbitrariedad que da el empleo de la fuerza,
ni el espíritu de clase que tan fatal influencia ejerce aun en los
hombres mas ilustrados i en los caractéres mejor formados. Solda
do republicano, al servicio de ideas i no de ambiciones o intereses
bastardos; conocedor de la historia de su patria, en cuya triste suer
te tuviera el ejército una parte decisiva, deseaba reducir la fuer
za armada a su verdadera mision, a fin de que no fuera un peligro
para el órden ni para la preservacion de las libertades públicas.
Liberal por conviccion, celoso defensor de los dorechos del ciu
dadano, miraba con temor las revoluciones que, como jefe de par
tido, hubiera de tener que acaudillar. Sabia bien que en las luchas
armadas de los partidos, estados anormales en que imperan la fuer
za i la violencia, no es posible marchar siempre por la senda de la
justicia, de la lei i del derecho. Penetrado de esta conviccion, temia
caer en esa sima de desprestijio en que han caido tantas revolu
ciones liberales, tantos caudillos patriotas i severos republicanos,
a quienes las exijencias de la lucha i los obstáculos que encuen
tran las innovaciones, han puesto en contradiccion con sus princi
pios i el respeto de las garantías públicas i privadas que habian
proclamado (1). -

Quien profesaba apego tan escrupuloso a los principios, no era


ciertamente el hombre de las tormentas revolucionarias, sino del
reinado del órden i de la paz.
Modesto hasta la humildad, sobrio, de costumbres sencillas, era
el mas apropiado para fundar en la escuela de la vida privada i en
las esferas oficiales, la sencillez i severidad de las costumbres re
publicanas. Habia visto tantas caidas, inclusa la de su padre Niño
todavía, habia descendido de la opulencia a las situaciones mas
estrechas de la vida; i azotado por el infortunio, habia aprendido
(1) La caida de Castelar i de su partido en España, nos ofrece un ejem"
plo de esta verdad histórica.
— 6 —

a mirar con filosófica indiferencia el fausto, el orgullo, la vanidad,


que ofuscan tantas cabezas. «Afirmo, decia a los diputados en su
discurso de presidencial recepcion, que la ausencia ha depurado
mis pasiones políticas de todos los rencores que brotan de la lu
cha, así como confieso haber recibido esas heridas saludables de las
humillaciones, que la desgracia infiere con provecho a todo orgullo
que no es rebelde al bien...»
I él presentaba un ejemplo de esta verdad.
Jóven todavía, representaba las jenerosas aspiraciones de la
juventud; como ella, tenía fé en el triunfo definitivo de las ideas i
de la libertad. Los que han estado largo tiempo en la política mi
litante suelen perder aquella virtud: han sufrido tantas decep
ciones; han hallado tantos obstáculos en la prosecucion de sus
patrióticas aspiraciones, que el hielo del escepticismo ha llegado
al fin a apoderarse de sus corazones! Un escritor ha dicho: «Lo
que se llama egoismo de la vejez, no es mas que la esperiencia;»
i tenia razon. Felizmente para la humanidad, nuevas fuerzas vivi
ficantes vienen a allanar los obstáculos con que el progreso tro
pieza en su camino.
Enrolado desde su juventud en la causa liberal, jamas dejó de
pertenecer a ella, sin que los desengaños, los contrastes i las pe
nurias de su vida privada, hubieran hecho vacilar su fe, debilitar
su constancia i la firmeza de sus propósitos.
Bajo esta faz, Ballivian ofrece un ejemplo del tipo de esos polí
ticos de ideas sistemadas, de propósitos definidos i de un carácter
bien formado, que saben lo que quieren, a dónde van i lo que de
ben hacer; a diferencia de aquellos otros, prontos siempre a alis
tarse en cualquiera causa, aun en aquéllas que difieren esencial
mente por sus principios i por los intereses sociales i políticos
que representan.
Como escritor, como diputado, fué siempre el propagandista i
defensor de los sanos principios de la democracia, exento de las
exajeraciones que desvirtúan i desacreditan las mejores cau
SaS.

De este modo, las circunstancias, los acontecimientos, las adver


sidades de su propia vida, habian ido perfeccionando i modifican
do los rasgos de la fisonomía de Ballivian, asimilándolos a la situa
cion i necesidades de su patria.
Hé ahí el secreto del prestijio de que gozaba al frente de hom
— 7 —

bres de antecedentes ilustres, de conocidos talentos, el jóven cuya


carrera era tan corta como sencilla.
Ballivian era la figura fundida por los acontecimientos.
Era él quien representaba las necesidades i aspiraciones de su
época.
¿Era, en fin, la esperanza de la nacion?
¿Correspondió a esa esperanza?
La historia lo dirá: entre tanto, toca a la biografía anticipar
algunos de los rasgos de esa interesante i simpática figura.
II.

Adolfo Ballivian nació en la ciudad de La Paz el dia 15 de no


viembre de 1831. Fueron sus padres el jeneral don José Balli
vian, antiguo presidente de la república i doña Mercedes Coll.
Sus primeros años no ofrecen esos rasgos brillantes con que los
biógrafos suelen rodear la aurora de la vida de sus héroes. Resen
tíase quizá su infancia de los defectos propios de los niños que
pertenecen a las clases elevadas i ricas de la sociedad. Nacido en
medio de la opulencia, niño todavía cuando su padre ocupaba el
solio del poder, hallóse rodeado de los halagos con que los palacie
gos suelen lisonjear a la familia i deudos de los mandatarios.
Apénas contaba siete años, cuando en 1839 salió al esterior con
su familia, estrañada a consecuencia de los acontecimientos políti
cos de aquel año. Así empezó a iniciarse en esa vida de persecu
ciones i ostracismo que caracterizan su existencia. -

Su padre, que en la brillante posicion a que se elevó, habia sen


tido el vacío que dejára en su espíritu la falta de instruccion, falta
que él supo llenar despues con provecho por medio del estudio,
comprendió la necesidad de dar a su hijo una educacion científica,
i lo puso en uno de los colejios de la capital de la república, en
la que debia residir como jefe del Estado. Como le amase con el
mas tierno cariño, solia llevarlo consigo en sus visitas a los depar
tamentos, lo cual le ocasionaba frecuentes interrupciones en el
curso de sus estudios.
Como todos los niños dotados de una intelijencia precoz, a
quienes les bastan algunos ratos para aprender la leccion, el jóven
Adolfo no era mui aplicado: la equitacion, la caza i otros entrete
nimientos propios de la edad, absorbian la mayor parte de su
tiempo.
— 8 —

En esta edad empezó a recibir las primeras lecciones de músi


ca, arte en que despues mostró tanto jenio como gusto delicado.
Siguiendo las costumbres del réjimen colonial, Adolfo, como
hijo de un oficial jeneral, era cadete nato; i en 1836 su padre, al
servicio de la Confederacion entónces, le dió de alta en Lima en
esta clase. En 1842 fué hecho subteniente de la escolta, conti
nuando no obstante sus estudios en el colejio de Junin, de Su
cre. Cuando la campaña de Vitichi acompañó a su padre, i du
rante el corto pero recio combate de aquella jornada (7 de no
viembre de 1847), peleó a la cabeza del ejército, con tal valor i se
renidad que dejó sorprendidos a los viejos soldados. Su brillante
comportamiento le valió el grado de capitan.
Merece mencionarse un episodio de la niñez de Ballivian, que
se enlaza con una de las guerras de la Confederacion Perú-Boli
Vla na.

Era el año de 1837. Tenia entónces apénas seis años de edad.


La escuadra chilena sitiaba el Callao. El jeneral Ballivian encar
gado de una comision importante, zarpó furtivamente de aquel
puerto a bordo de la corbeta «Confederacion,» con direccion a
Arica. Iban tambien allí doña Mercedes Coll, sus hijos Adolfo i
Benigna i algunos jóvenes cadetes. ,
Al tercero o cuarto dia de navegacion, a eso de las siete de la
mañana, la «Confederacion» apareció rodeada de la escuadra chi
lena mandada por Simpson. No era posible escaparse: la «Confe
deracion», que de buque mercante habia sido transformada en
buque de guerra, carecia de las condiciones propias de este jénero
de naves: era pesada en el andar i de construccion débil; estaba
por otra parte mal tripulada i peor armada. Habria sido una teme
ridad la resistencia. La evasion era imposible en medio de una
escuadra de seis buques, cada uno de los cuales tenia mejores con
diciones marineras que la «Confederacion».
Ballivian, a pesar de encontrarse en situacion tan desfavorable,
creyó indigno del honor militar rendirse sin combate, i determinó
al capitan French a pelear.
El combate fué corto, pues la «Confederacion» bajo los disparos
combinados de la artillería enemiga, recibió tan graves averías que
estaba a punto de zozobrar. French representó al jeneral en aquel
momento que todo estaba rendido i que era inútil la resisten
cia. Ballivian replicó:—«Aun nos queda un recurso».—«¿Cuál?»
preguntó el capitan lleno de sorpresa.— «Prender fuego a la Santa
— 9 —

Bárbara». Admirado de un rasgo tan sublime, dictado por el


pundonor militar, se limitó a observarle «que allí abajo estaban su
mujer i sus hijos.» Ballivian, absorto en el cumplimiento de su
deber, habia olvidado que en aquella temeraria resolucion estaba
comprometida la vida de los objetos mas caros de su corazon. La
naturaleza recobró su imperio: resolvió capitular.
Antes de empezar el combate, Ballivian habia cerrado la puerta
del camarote en que habitaba su señora; i respecto de Adolfo
habia tomado la precaucion de meterlo en la bodega, cerrando en
seguida la escotilla. Allí se encontró éste con un grumete del buque,
de diez a doce años de edad, de oríjen ingles. Apénas comenzaba
el combate, cuando se apoderó de los niños una viva curiosidad de
espectar la pelea.—«Mira, dijo Adolfo a su compañero de encierro,
no conoces tú alguna salida?»—«Sí, conozco una.»--«Pues bien,
vamos sobre cubierta.» El grumete obedeció, púsose de guia, lo
llevó por varios retretes del buque, hasta que al fin fueron a dar
a una claraboya. Adolfo sirvió de apoyo a su compañero para
franquear aquella salida, i fué luego suspendido por éste. Una vez
sobre cubierta, se instalaron los dos rapazuelos encima de un tro
zo de palo mayor que a la sazon se hallaba tendido en la proa: de
allí espectaron el combate. Atento solo a la pelea el jeneral no ha
bia reparado en la presencia de su hijo.
Cuando despues de concertada con French la capitulacion, ba
jó a la cámara a ponerse de parada, siguióle Adolfo i entró corrien
do al camarote de su madre, a la cual encontró desolada—«No
tenga Ud. cuidado, mamita,» se apresuró a decirle para tranquili
zarla.——«¿Por qué, hijo mio?» le preguntó ella con la mayor an
siedad.—«Porque mi padre ha dicho al capitan que todavía hai
un remedio.»-—«¿Cuál?» dijo la señora iluminado su rostro por
este rasgo de esperanza.—«Prender fuego a Santa Bárbara,» con
testó el inocente niño, persuadido de que prender fuego a la Santa
Bárbara era encender una cera, acto relijioso al cual habia visto
apelar muchas veces a su madre en momentos de conflicto.... Fe
lizmente para ella, el desenlacesc precipitó con la ocupacion in
mediata del buque por los enemigos, i la nueva de la rendicion
vino a sacarla del espantoso terror de que se hallaba sobreco
jida.
1II.

Cuando el jeneral Ballivian, despues de la dimision que hizo de


— 10 —

la presidencia de la república, se dirijió a Chile en calidad de en


cargado de negocios, llevó consigo a Adolfo.
Apénas llegado a Valparaiso lo puso en un colejio mercantil, en
el cual, entre otros estudios, hizo los de las lenguas francesa e in
glesa, que despues llegó a hablar con bastante perfeccion.
En aquel puerto se desplegó más su aficion por la caza, i tan
diestro llegó a ser en este ejercicio, que siempre empleaba la bala
en lugar de municion. Llevado de su aficion al manejo de las ar
mas, concurria frecuentemente al «Palitroque de Polanco, º donde
se habia hecho notable por lo certero de sus tiros. Una tarde de
gran concurrencia, hallábase entre los espectadores un marino in
gles: admirado de la precision con que en diez o doce ocasiones
consecutivas acertára al blanco, corrió a ponerse él mismo de blan
co, diciendo al tirador:—«Vamos a ver si me quita Ud. el sombrero
de un balazo.» Un instante despues la certera bala despedida por
Ballivian hacia volar por el aire el sombrero del atolondrado ma
rino, sin haberle tocado un solo cabello. Comentando al dia siguien
te el hecho, el Mercurio, de Valparaiso, terminaba preguntando
cuál de los dos habia sido mas temerario, si el que se presentó de
blanco o el que lo aceptó (1).
Refiriendo luego el hecho en sus detalles, aseguraba que él nun
ca tuvo intencion de disparar el arma. Pone los puntos contra
el atrevido marino, simplemente para probar su sangre fria; mas
éste continúa impávido apoyado en la plancha que sirve de blan
co, levantando por toda precaucion algunas líneas su sombrero, de
copa tan baja como los que ordinariamente usan los marineros. Los
concurrentes se estrechan para contemplar con avidez tan peligro
sa prueba: el afortunado tirador de pistola cree comprometida su
reputacion, i sin darse cuenta de lo que haéia oprime el gatillo,
dispara el tiro, i tiene la suerte de repetir una hazaña análoga a la
que se cuenta de Guillermo Tell.
En esa misma época corrió inminente peligro de morir ahoga
do. Nadador famoso, se complacia con frecuencia en atrave
sar dos o tres veces seguidas la ancha bahía de Valparaiso. En
una de esas ocasiones se habia alejado mucho de la costa sin re
parar en ello, cuando de repente empieza a soplar un viento
norte recio. Lucha por algunos momentos contra las embravecidas
(1) El Palitroque de Polanco era un establecimiento de recreo, situado
eu el Estero de las Delicias. Entre varios entretenimientos que en él se pro
curaba a los concurrentes, era uno de ellos el tiro de pistola.
— 11 —

olas, mas, cansado de fatiga i aterido por el frio, se rinde, desapa


reciendo luego bajo las olas. Don Francisco Rico que lo habia
acompañado, contemplaba sobrecojido de espanto aquella lucha
desigual, i no sabia qué hacerse, cuando despues de una fuerte
marejada apareció bajo el muelle el cuerpo exánime de su amigo.
Logró asirle de los cabellos i sacarle a tierra. Fueron necesarios
los recursos mas eficaces de la ciencia para volverle a la vida: mas
de media hora habia durado la asfixia.
La época de su residencia en Valparaiso fué sin duda la mas
feliz de su vida: la época de la vida de colejial. Bastábanle para
ser dichoso una escopeta, un caballo, un campo en que correr i
algunas monedas en el bolsillo para satisfacer sus inocentes pla
CeleS.

Mas entretanto que él gozaba de la edad florida, corrian los


años, i el adolescente se hacia hombre. Pronto se enjendrarian en
su alma otros sentimientos, que cambiarian sujénero de vida i de
cidirian talvez de su rumbo.
Cultivaba su padre amistad íntima con el señor don Manuel
Pinto, casado en la familia del señor don Juan Grimwood. En
medio de las relaciones frecuentes de las dos familias, Adolfo con
cibió por Cármen, una de las hijas menores de don Juan, niña
todavía, uno de esos afectos que nacidos entre los juegos de la in
fancia i fortalecidos por el hábito de hallarse juntos los amantes,
llegan a arraigarse profundamente, participando de la ternura i
sinceridad de los afectos fraternales. Los corazones de Adolfo i
Cármen estaban identificados en este sentimiento: la union era
inevitable.
Sin contrariar abiertamente las inclinaciones de Adolfo, procu
raban sus padres distraerlo de este afecto, no porque Cármen des
mereciese su mano, sino porque era demasiado jóven para contraer
los graves i delicados deberes que impone el matrimouio. Es pro
bable que el jeneral viese tambien contrariados, por este enlace, los
proyectos que como todo padre forjára respecto al destino futuro
de su amado hijo.
Mas no era posible separar dos almas que se hallaban enlazadas
por un afecto que habia identificado su vida i su destino; i el en
lace tuvo lugar el dia 22 de diciembre de 1851.
Hasta este momento la vida de Adolfo se habia deslizado por
entre los pasatiempos de la juventud i el cultivo tranquilo de su
amor a Cármen. Pronto debia empezar para él esa cadena de pe
— 12 —

sares, desgracias i contrariedades que solo terminarian en su


tumba.

A poco de haberse casado, perdió a su padre. Gastos de una


larga emigracion, especulaciones desgraciadas, inversion de cuan
tiosos fondos en espediciones sobre el litoral i en trabajos revolu
cionarios en el interior de la república, habian agotado el capital
metálico de la familia; i las rentas de los pocos bienes raices que
quedaban, no bastaban para satisfacer las necesidades de una casa
acostumbrada a las comodidades, i aun al lujo i la ostentacion.
Sucedió entónces con la familia Ballivian lo que con todas las
familias que descienden de la cima de la prosperidad a la pobreza:
apelar primero a la venta de alhajasi objetos de arte; luego a la de
los muebles i vestidos. Para colmo de calamidades, un incendio
devoró en Valparaiso los pocos muebles i utensilios que queda
ban. -

En esa época de penuria, Adolfo logró mitigar las necesidades


de la familia con las cortas ganancias que le procuraron algunos
negocios sobre azúcares, madera i otros artículos. *,

Dominaba entónces en Bolivia Belzu, contra quien las tentati


vas de los partidos Velasco i Ballivian habian sido tan estériles
como desastrosas. Las costas del Perú, Chile i los pueblos fronte
rizos de la República Arjentina, habíanse hecho el asilo de una nu
merosa emigracion que ansiaba por abrirse las puertas de la pa
tria.

Lináres, jefe de los velasquistas, comprendiendo que la division


de los partidos de oposicion era una de las causas que habian con
tribuido al sostenimiento del partido de Belzu, habia concebido
el jeneroso i patriótico pensamiento de unir los partidos Velasco i
Ballivian; fusion que pactada ántes por los jefes, fué despues reci
bida con entusiasmo por todos sus partidarios.
Esta fusion daba nuevo vigor a la causa liberal. Prescindiendo
del carácter enérjico, del valor i distinguidas dotes intelectuales
de Lináres, la idea de erijir un gobierno civil, apoyado por un
jeneral del prestijio de Ballivian, halagaba a los liberales i espe
cialmente a la juventud. Belzu se habia levantado a nombre de
los intereses del ejército, i los abusos i arbitrariedades de su go
bierno, habian inspirado a los pueblos la resolucion de derrocar un
órden de cosas que se calificaba como la mas alta espresion del
militarismo. No habia soportado todavía Bolivia la ruda tiranía
—13 —

de Melgarejo, que debia atenuar los tristes recuerdos de aquella


administracion!
Una espedicion organizada por Lináres en la frontera seten
trional de Bolivia, a fines de 1852, penetró en la provincia de
Omasúyos al mando del jeneral Mariano Ballivian, i recorrió va
rios cantones de ella hasta febrero de 1853, en que tuvo que di
solverse. Figuraba en sus filas don Adolfo, que desde Chile habia
venido a reunirse con sus amigos.
Los nuevos trabajos que el partido unido emprendió con acti
vidad por todas partes, se aceleraron en 1855, en que se abrigaba
la conviccion de que la trasmision legal del mando, ofrecida por
Belzu, era tan solo una farsa que terminaria por una nueva usur
pacion del poder.
Todo estaba preparado a mediados del año; así es que Córdova
subia al poder, amenazado por un partido fuerte i bien organiza
do, sin contar, por su parte, ni con los prestijios de que gozaba su
padre político, ni con los elementos poderosos de que éste habia
podido disponer.
En setiembre del mismo año invadia el norte de la república
una espedicion, que debia obrar en combinacion con otros movi
mientos preparados en el interior. Mandábala en persona el mismo
Lináres, asociado del doctor La-Tapia i otros personajes distingui
dos.
Lináres traia a su lado entre otros jóvenes a Adolfo Ballivian
a quien estimaba con afecto verdaderamente paternal, del cual
supo él hacerse digno por su respeto, lealtad i cariño.
Durante esta corta pero penosa campaña, a la cual se apellidó
despues cruzada de Achacachi, Ballivian, por la jovialidad de su
carácter, por el entusiasmo e intelijencia con que desempeñaba las
comisiones que se le encomendaban, captóse las simpatías de sus
camaradas.
Desbaratada la espedicion, Ballivian volvió a la costa, sin sacar
otro fruto de la campaña que haber robado tiempo a sus ocupacio
nes i gastado no poca parte de sus pequeños recursos.
Dos años fueron necesarios al partido unido para reanudar sus
trabajos revolucionarios rotos en Achacachi; pero con mejor éxito
en esta ocasion. -

Lináres, con audacia heroica, acompañado de unos pocos amigos,


habia penetrado en el centro mismo de la república i logrado su
blevar un rejimiento de artillería (setiembre de 1857). La capital
-
— 14 —
habia secundado el movimiento con aquella enerjía, decision i
buen éxito que acompañó a todos los movimientos revolucionarios
de la época. -

La pequeña fuerza armada que guarnecia la capital se habia re


tirado a Potosí, donde, unida a la guarnicion existente allí, ofrecia
al gobierno una buena base de operaciones contra los revoluciona
rios del sud. Don Tomas Frias, prefecto de Chuquisaca por elec
cion popular, concibió el pensamiento de reducir amigablemente
las fuerzas de Potosí, i para el efecto envió como parlamentarios
al doctor Julian Dorado i a Adolfo Ballivian, que a la sazon se
hallaba en la capital con motivo de ciertos reclamos que su familia
tenia pendientes ante el congreso.
Cuando se supo en la ciudad que Dorado i Ballivian partian
como parlamentarios, cuantos conocian el carácter arbitrario i
poco escrupuloso de los antiguos servidores de Belzu, concibieron
temores por la suerte de los emisarios, i un grito unánime de de
saprobacion se levantó contra la medida inconsulta del prefecto.
Sus temores no eran vanos: a pesar de su carácter de parlamenta
rios, Ballivian i su colega fueron hechos prisioneros en el Terrado.
Conducidos luego a la ciudad i reducidos a prision en la casa de
moneda, se les juzgó i condenó a muerte por un consejo de gue
TTa.

Fué necesaria toda la influencia de los amigos antiguos de su


padre, para salvar a Ballivian i a su colega de aquella bárbara
violacion del derecho de jentes.
Entretanto la victoria de Cuchihuasi abria a la fuerza de Sucre
las puertas de Potosí. Verificado el cambio en esta ciudad, mu
chos vecinos se insinuaron con Ballivian para que aceptase la
prefectura; pero, modesto siempre, rehusó tan elevado cargo, i pre
firió aceptar la intendencia de policía, ya que se creian necesarios
sus servicios para consolidar el nuevo órden de cosas.
En el corto espacio de tres meses que desempeñó la intenden
cia, tuvo ocasion de hacer conocer las eminentes cualidades de su
corazon i de su espíritu, cualidades que le captaron las simpatías
de aquel pueblo jeneroso, simpatías que le acompañaron hasta el
sepulcro.
Terminada la campaña, Lináres llamó a Ballivian a su lado en
clase de edecan. Las frecuentes relaciones que entre ellos se es
tablecieron con este motivo, permitieron a Lináros apreciar de
cerca las aptitudes i bellas prendas del jóven oficial, a quien
— 15 —

trataba i estimaba siempre con cariño de padre. A pesar de la di


ferencia de edades i de puestos, hablábale el presidente de cues
tiones de Estado, i llegó a ser su amigo, su confidente, sirviéndole
con frecuencia de secretario en su correspondencia privada.
Su puesto en palacio le permitió tratar a los ilustres persona
jes que formaban el gabinete, i contraer íntimas relaciones de
amistad con la brillante juventud que ocupaba la covachuela: Bap
tista, Calvo, Carmona, Galindo... i tantos otros, que desde entón
ces se ligaron a él por la identidad de principios i nobles propó
sitos patrióticos. Las secretarías de Estado fueron entónces la
verdadera escuela de política práctica para esa pléyade, que hasta
entónces solo habia servido a su causa en la prensa, el parlamento
i en los campos de batalla.
Mas Ballivian no estaba en su puesto. Érale necesario otro en
que pudiese desplegar sus aptitudes i servir con mas provecho a su
patria, aleccionado como estaba ya lo suficiente en esa escuela que
permite conocer de cerca los hombres i las cosas: la de los palacios.
Pronto llegó la ocasion. Lináres, que se habia propuesto rejene.
rar el ejército colocando en sus filas jóvenes decentes, de ins
truccion i moralidad, que ofreciesen garantías al gobierno i a
la nacion, destinó a Ballivian al escuadron Sucre en clase de se
gundo jefe.
Tal nombramiento fué vivamente censurado: eran desconocidas
por la jeneralidad las aptitudes e instruccion militar de Ballivian.
En su niñez, durante el gobierno de su padre, habia ascendido a
capitan honorario, i durante las dos cortas campañas de 1853 i
1855 en Omasúyos, habia militado como uno de tantos volunta
rios que se alistan en las tropas revolucionarias. Los veteranos del
ejército, que abrigaban la conviccion de que no debe llegarse a los
altos puestos de la carrera sino mediante largos años de servicio,
se consideraron altamente ofendidos: tacharon de favoritismo la
colocacion de Ballivian.
Participaba de esta opinion el primer jefe del cuerpo, coronel
Celedonio Várgas, que habia hecho su carrera desde simple solda
do. Disimulando su desagrado, resolvió vengar el desaire hecho a
sus antiguos camaradas, escarneciendo al jefe novel. Para llevar a
cabo este propósito, ordenó cierto dia en que debia tener lugar
un ejercicio en la plaza de armas de la ciudad de La Paz, que el
teniente coronel Ballivian mandase el cuerpo.
Una sonrisa burlona animaba el semblante de los antiguos
-
— 16 —

militares, cuando el jefe jóven se puso a la cabeza del cuerpo.


Con la confianza i aplomo propios de un veterano, mandó las evo.
luciones, demostrando tal pericia que dejó sorprendidos i aun aver
gonzados a los autores de tan indigna trama. Despues en las aca
demias, en los ejercicios prácticos, en el mecanismo interior del
cuerpo, manifestó una superioridad que no pudo dejar de ser re
conocida por sus compañeros de armas.
Abatido el primer jefe con el resultado de su desleal manejo,
ofuscado por el talento e instruccion de su segundo, abdicó, por
decirlo así, su puesto, trasmitiéndolo íntegro a su subalterno. Ba
llivian supo aprovechar de esta abdicacion voluntaria, para intro
ducir las reformas que demandaba el cuerpo, i restablecer en toda
su severidad la moralidad i la disciplina. En poco tiempo logró
hacer considerables economías que fueron empleadas en beneficio
del mismo cuerpo.
La bondad de su carácter, su moral severa i el espíritu justi
ciero que dirijia sus actos, captaron a Ballivian el respeto i cari
fio de sus subalternos: era uno de esos pocos hombres que saben
conciliar la dulzura con la justicia i la severidad con la indul
jencia.
El ejército empezó a entrever a su futuro capitan jeneral en
aquella noble figura que se diseñaba con tan relevantes dotes.
Cuando el golpe de Estado de 1861 (14 de enero), Ballivian se
hallaba acantonado con su cuerpo en el pueblo de Sapahaqui. Por
ajentes clandestinos enviados para turbar la fidelidad del escua
dron, supo luego lo ocurrido en La Paz. Bien hubiera podido,
aprovechando del prestijio de que gozaba, hacer de su tropa un
núcleo de resistencia, en cuyo torno hubieran podido acumularse
poderosos elementos de oposicion contra el nuevo órden de cosas
que se levantaba. Pero quiso ahorrar a su patria las calamidades
de una guerra civil; i obrando con la franqueza i lealtad que le
caracterizaban, reunió a los jefes i oficiales del escuadron, a quie
nes informó de los sucesos ocurridos, para que en consecuencia
tomaran la resolucion que juzgasen mas conveniente.—«Por lo
que a mí hace, les dijo, ni el honor, ni el deber militar, ni los
compromisos políticos i personales que he contraido con el jefe del
Estado, me permiten tomar parte en el movimiento de La Paz;
mas tampoco creo prudente i patriótico, despues de consumado,
oponerle resistencia, esponiendo el país a grandes males.»
Entregó en seguida el cuerpo al segundo jefe, i rompiendo la
— 17 —

espada i arrojando al suelo las charreteras, se retiró a la vida pri


vada, resuelto a no volver más al campo de la política.
Cuando ese mismo dia o al siguiente leyó a un amigo suyo la
carta que se le habia dirijido, invitándole a que secundára la revo
lucion i presentándole en espectativa una brillante carrera, escla
mó al terminarla:—«Los mismos que ayer, a nombre de la leii de
la disciplina militar, fusilaban a unos miserables soldados i sarjen
tos, complicados en un motin de cuartel, me invitan ahora a que
cometa el mismo crímen que ellos castigaron con el patíbulo!» No
ble arranque de indignacion que revelaba la moral severa de sus
acciones.
IV.

Habia convocado el gobierno de enero una asamblea que debia


inaugurarse el 1.º de mayo siguiente. La nobleza i lealtad con
que Ballivian se habia conducido cuando el golpe de Estado, atra
jeron sobre él la atencion de sus conciudadanos, i mereció los su
frajios de la provincia de Pacájes e Ingavi para diputado a aque
lla asamblea.
Aunque jóven, sin esperiencia todavía, habíase ya formado un
sistema de ideas políticas en la causa liberal, que desde los prime
ros dias de Bolivia viene persiguiendo el establecimiento i reali
dad de las instituciones republicanas.
Llamaron tanto la atencion sus primeros discursos, que muchos
los creyeron inspirados por el doctor Tomas Frías, quien, como
Lináres, tenia por su jóven deudo i amigo el mas tierno afecto.
Solo para los que le habian tratado de cerca no fueron un moti
vo de sorpresa las brillantes dotes con que se iniciaba como orador,
i que hacian augurar cuánto habia que esperar de él en el terreno
de la política.
Pocas asambleas atravesaron una crísis tan difícil i peligrosa
como la de 1861: odios profundos creados por una lucha encarni
zada de cerca de siete años, antagonismo de intereses individuales
i de partido, ambiciones de todo linaje; i al lado de todo esto, la
causa nacional amagada por la reaccion que se mostraba audaz i
resuelta para disputar el poder al partido liberal, que lo conquis
tára en 1857.
Todas estas circunstancias dieron a los debates parlamentarios
un carácter apasionado e intransijente. Para cada uno de los par
tidos contendientes aquella asamblea, en la que merced a la liber
3
— 18 —

tad eleccionaria, se hallaban representados todos los intereses, to


das las ideas, era el palenque en que iba a resolverse el problema
de su predominio: la lucha era decisiva.
Felizmente el contrapeso de miras e intereses tan opuestos, cuya
representacion en la asamblea se hallaba casi equilibrada, i las
lecciones del pasado igualmente provechosas para todos, hicieron
que predominasen la prudencia, el buen sentido i los dictados de
una política conciliadora. .
Uno de los asuntos graves que ocupó a la asamblea en sus pri
meras sesiones, fué la organizacion del poder ejecutivo provisorio.
Muchos diputados creian que, para que la asamblea gozase de
plena libertad en la discusion de la nueva carta que iba a darse a
la nacion, era menester separar del mando a los hombres del go
bierno existente, hasta la sancion de aquélla. Ballivian con otros
diputados participaban de esta idea, i el mismo dia 1.º de mayo
presentaron un proyecto de lei para que la asamblea reasumiese
el poder ejecutivo, que debia ser ejercido por una comision nom"
brada de su seno, miéntras se discutiese la constitucion, i «solo
hasta que, sancionada ésta, se encargase del mando de la repúbli
ca el presidente provisorio o constitucional.»
No obstante esta condicion, el proyecto alarmó al gobierno que
creyó ver en él una asechanza al nuevo órden de cosas, i sus auto
res se vieron precisados a cejar ante las exijencias del poder apo
yadas por la fuerza, i ante la necesidad de conservar la paz públi
ca, para alcanzar bajo sus auspicios la realizacion del gran propó
sito de organizar la república conforme a las aspiraciones del país.
Proyectos de lei para el reconocimiento legal del golpe de Es
tado i declaracion de indignidad del ex-presidente Lináres, susci
taron discusiones tempestuosas que estuvieron a punto de produ
cir la disolucion de la asamblea. Notabilísimos son los discursos
que pronunció Ballivian en esta última cuestion, en las sesiones de
25 i 29 de mayo. Ideas elevadas, esposicion de principios de una
política sana, vista clara de la situacion, rasgos valientes, son los
caractéres que los distinguen.
En medio de la situacion apasionada, intransijente, que provo
caron estas cuestiones, Ballivian asumió una actitud firme, resuel
ta, a la vez que conciliadora, para llevar hasta el sacrificio lo que
él consideraba como un deber sagrado: la defensa de los caidos,
contra quienes « 1 tales ocasiones, suelen ensañarse almas ruines i
mezquina
— 19 —

Estos discursos están salpicados de bellísimos pensamientos, de


máximas de moralidad política i de profundas observaciones filo
sóficas. Son dignos de notarse los siguientes pasajes:
«Hai copas cuyo acíbar es preciso beber hasta el fondo; hai
amarguras que es necesario paladear gota a gota; hai sacrificios
que no debian ser aceptados por las almas bien puestas si no fue
ran completos.»
«No prejuzguemos de las acciones ajenas para no dar derecho
a que se sospeche de las nuestras.»
«Es mas fácil abjurar las creencias que sostenerlas: para lo pri
mero basta un momento; para lo segundo, no siempre alcanza to
da una vida colmada de infortunios.»
Tomó tambien parte en la discusion que provocó la competen
cia suscitada entre la asamblea i el ejecutivo, con motivo de la de
rogacion hecha por éste de la lei de 25 de noviembre de 1856, que
establecia un impuesto; en la cuestion sobre libertad de imprenta,
i en otras de importancia. -

A pesar de ser uno de los diputados mas jóvenes, mereció el


honor de ser nombrado presidente de la asamblea. Distínguense
los discursos que, en calidad de tal, pronunció en la investidura
del presidente provisorio i en la clausura de aquélla, por su espíri
tu altamente liberal i sanos principios. A los que ansiosos de po
pularidad pervierten al pueble, desnaturalizando los dogmas de
mocráticos que sirven de base a muestras instituciones, les arroja
esta justa increpacion:
«En cuanto de vos dependa, enalteced, señor, decia al presiden
te de la república, ese hermoso principio democrático en vez de
prostituirlo, a la manera de aquéllos que, sin comprender siquiera
en su verdadero sentido la igualdad que esa palabra encierra,
pretenden realizar a su modo la nivelacion de las clases sociales,
derribando a tajos las cabezas que descuellan en medio de la mul
titud por el saber, la intelijencia o las virtudes. Levantar al pueblo
a la altura de la civilizacion, de la moral i de las buenas costum
bres, es la tarea de esos obreros del porvenir, que por medio solo
de la probidad, abnegacion i patriotismo, se han propuesto alcanzar
en todas las cosas verdad i justicia.»
Así comprendia Ballivian la democracia.
En sus últimas sesiones, la asamblea, por medio de una lei, or
denó que los restos mortales del jeneral don José Ballivian, que
yacian en tierra estranjera, fuesen trasladados a su patria. A
— 20 —

nadie con mejor título que a su hijo correspondia el honor de de


sempeñar la comision nombrada para aquel efecto; así lo compren
dió la asamblea, i lo designó como uno de los que debian consti
tuir aquélla. Este acto de justicia i de gratitud nacional no se
cumplió, como tantos otros decretados por la nacion en favor de
sus ilustres servidares.
Durante los largos i espinosos trabajos de la asamblea constitu
yente, Ballivian contribuyó con el continjente de sus ideas i de
sus esfuerzos al triunfo de las ideas liberales, consignadas en la
carta de 1861, i que no eran otra cosa que la fórmula de las aspi
raciones i el fruto de los sacrificios hechos por los pueblos en una
larga lucha. Hé aquí cómo califica él mismo este carácter eminen
temente popular de aquella carta.
«... Era, pues, necesario dar una fórmula completa i palpable a
la espresion de los votos del pueblo, consignada en sus mil revolu
ciones imui especialmente en su gran revolucion moral de 1857;
era, pues, necesario convertir en leyes absolutas los principios
proclamados entónces; i para esto, nada mas natural, bajo la in
fluencia de la impresion causada por la esperiencia de nuestras
pasadas desgracias, que el propósito de establecer los fundamentos
de esa obra, sobre prácticas distintas de aquéllas que habia acu
mulado en nuestra historia política una interminable serie de ca
lamidades desastrosas.» (Alusion al principio de alternabilidad del
poder consignado en la constitucion) (1).
V.

En 13 de mayo de 1862, Ballivian fué nombrado por Achá


ayudante jeneral del ministerio de la guerra, cargo que rehusó
aceptar fundándose en la prohibicion de obtener empleo, o emolu
mento alguno, que la constitucioni una lei terminante de la asam
blea imponian a los diputados.
La conducta franca, honrada, altamente liberal, i la entereza de
carácter que reveló en la asamblea constituyente de 1861, le
merecieron de nuevo la confianza de sus comitentes para la asam
blea lejislativa del siguiente año.
Habiendo tratado algunos de los electores de imponerle «la con
dicion espresa de que atacaria en el congreso la eleccion de presi
(1) Discurso pronunciado en la sesion de 12 de agosto de 1862, en la dis
cusion de la lei de proclamacion de presidente constitucional de la repú
blica.
— 21 —

dente de la república verificada en la persona del jeneral Achá, i


sostendria a todo trance la del jeneral Perez,» rehusó aceptar se
mejante condicion, que restrinjia la libertad del diputado. «Acep
to, contestó, la eleccion que se me propone, siempre que ella se rea
lice sin condicion alguna; porque no creo que un diputado pueda
cumplir con su deber, si se halla reatado por condiciones previas,
que pudieran contrariar las obligaciones que le impongan las
prescripciones de su propia conciencia.» *

Tan noble i leal proceder, léjos de retirarle los votos de sus elec
tores, solo sirvió para aumentar su confianza i redoblar los esfuer
zos para el triunfo de su candidatura.
La asamblea de 1862 se reunió bajo auspicios poco favorables.
La lucha eleccionaria habia sido entónces, como en 1873, activa,
entusiasta, apasionada. El partido vencido acusaba al gobierno de
haber empleado el fraude, la coaccion i la intriga, i contestaba
la legalidad de la eleccion del jeneral Achá. Asomaban, por otra
parte, por el norte indicios bien claros de que las vias de hecho
seguirian bien pronto a las protestas de palabra. El parlamento
ba, pues, a ser el palenque en que se disputaria su triunfo al par
tido gobiernista.
Ballivian, en la cuenta que daba a sus electores de Pacájes e
Ingavi, diseñaba la situacion con los siguientes rasgos:
«Los primeros dias del mes de agosto vieron agruparse de tro
pel, en la capital de la república, los intereses, los deseos, las pre
tensiones, las exijencias mas o ménos exajeradas de todos los
partidos. Los pocos diputados cuya eleccion habia podido obte
nerse a despecho de los esfuerzos del poder, eran objeto, con
respecto a su supuesta conducta futura, de las conjeturas mas
aventuradas i contradictorias. Tan pronto se hablaba de defeccio
ñes escandalosas, de transacciones vergonzosas, como de sacrificios
heroicos, de abnegaciones desinteresadas. Ya se les suponia mise
rablemente vencidos, confundidos, agobiados por el temor, por la
fuerza i el número, como se les consideraba impertérritos, fulmi
nando cargos i acusaciones terribles, que debian arrastrar a los
culpables hasta el banco de los reos. Entre tanto, lejano, sordo
pero para todos sobrado perceptible, se escuchaba hácia el norte
ese fragor misterioso, precursor infalible de las jigantes tempesta
des.»
Las últimas pinceladas revelan la difícil situacion en que se en
contraba la minoría, esa falanje, pequeña, sí, pero compuesta de
— 22 —

jóvenes hábiles, ardientes i resueltos, que marchaban con la fir


meza que inspiran la fe i las convicciones profundas (1).
La lucha se entabló desde las sesiones preparatorias, en que la
asamblea se ocupaba en la revision de los poderes.
Los diputados de la constituyente, por motivos de delicadeza i
decoro personal, a la vez que por razones de alta política, dieron
una lei prohibiendo que ningun miembro de la asamblea pudiese
recibir, hasta la próxima lejislatura, empleo ni comision cuyo nom
bramiento dependiese de la voluntad del poder ejecutivo. El in
fractor de esta lei debia ser declarado indigno de la confianza na
cional, sin perjuicio de ser castigado conforme al artículo 344 del
código penal. -

Los diputados Rafael Bustillo i Aniceto Arce habian aceptado,


el primero una legacion diplomática al Perú, i el segundo la jefa
tura política de una provincia: se hallaban, pues, incursos en la
sancion de la lei.
La cuestion era en estremo, grave: para Bustillo i Arce era de
aquéllas que se llaman de vida o muerte, pues amagaba la muer
te de su honor, de su dignidad. Para los diputados, pertenecia a
la esfera de aquéllas que torturan la conciencia, produciendo la
duda i la vacilacion entre las frias prescripciones de la lei que
condena, i las consideraciones de equidad i de otro linaje que dic
tan la absolucion. La circunstancia de afectar a personas, le im
primia un carácter por demas odioso.
Las discusiones que provocó fueron tempestuosísimas. Los go
biernistas, en el calor de la pasion, llamaron a la lei de indignidad
lei de enridia, sin recordar que Bustillo era uno de los diputados
que con su voto habian concurrido a su sancion. Inculpacion tan
ofensiva contribuyó a acibarar más los debates en esta cuestion, de
suyo odiosa i que ponia a prueba los jenerosos sentimientos de la
minoría.
«Yo debo confesar, decia despues Ballivian a sus electores,
que sostuvimos flojamente el debate.... Sentíamos que no era jene.
roso desplegar toda la fuerza de nuestros recursos, contra un hom
bre de tan conocidos antecedentes políticos, i quien, a pesar de su
talento, ahogado por los desesperantes esfuerzos empleados para
encontrar una justificacion imposible, se ofuscaba hasta el punto de
creer que podian obrar en su defensa palabras como las que dijo.»
(1) Formaban esa minoría Ballivian, Baptista, Zilveti, Daniel i José
María Calvo, Rafael Peña, Vacaflor i otros.
- 23 —

Bustillo desplegó en esta ocasion toda la habilidad, todos los


recursos de su poderosa intelijencia. No obtuvo, sin embargo, del
gran jurado nacional, mas que uno de esos veredictos en que la
conciencia torturada trata de conciliar la equidad con las severas
prescripciones de la justicia, i que mas que un fallo son una sali
da. La asamblea admitió en su seno a ámbos diputados, declaran
do, no obstante, libre la accion de los tribunales que debian juz
garlos.
El escrutinio de votos para la proclamacion de presidente cons
titucional de la república, trajo luego al debate la espinosa cues
tion sobre la legalidad de la eleccion hecha en la persona del jene
ral Achá.
Al principio, la discusion recayó sobre la validez o nulidad de
los votos emitidos en favor de aquel jeneral, consideradas única
mente en el punto de vista de la pureza i libertad del sufrajio,
condiciones indispensables para la legalidad de la elecion. Pero
luego se planteó la cuestion por otra faz mas elevada i trascen
dental: si en conformidad con el principio de alternabilidad, con
signado en el artículo 52 de la constitucion, podia Achá, presiden
te provisorio, ser elejido presidente constitucional.
La diminuta minoría arrojaba así audazmente al campo enemi
go una bomba, cuyo estallido iba a turbar su pacífica posesion del
poder, aplazándola a un nuevo combate eleccionarió.
Los debates, enardecidos por el fuego de las pasiones i la defen
sa de los intereses heridos, fueron tempestuosos.
La mayoría incurrió en la falta de apelar contra sus adversa
rios a un arbitrio mezquino i desleal, cuando, segura como estaba
de su poder i de los fáciles triunfos que éste le procuraria, debia
tratarlos no solo con justicia sino con jenerosidad e hidalguía.
Murmuró al principio i lanzó luego contra ellos, por medio del
diputado Renjel, una formal acusacion, atribuyéndoles miras anár
quicas.
El conflicto estalló. Ballivian i varios diputados pidieron que
Renjel fuese llamado al órden, solicitud que ocasionó un largo al
tercado con el presidente de la asamblea, señor La-Tapia, quien
pretendia negarles el uso de un derecho lejítimo, que al fin
les fué acordado. La mayoría resolvió negativamente la peti
cion.
Esta resolucion colocó a los diputados opositores en una situa
cion harto difícil; i en la sesion siguiente presentaron a la asam
— 24 —

blea, por medio de Baptista, una solicitud que en aquel acto de


bia ser precedida de una esposicion de motivos que la apoyasen,
esposicion que consideraban indispensable para que la comision
la tomase en cuenta ántes de formular su dictámen. La asamblea
les rehusó el uso de la palabra, por el voto decisivo de su presi
dente en el empate que hubo.
Bajo una presion semejante, no quedaba a los diputados de la
minoría otro recurso que el de la protesta, i el abandono de un
puesto en que se les negaba hasta el derecho de defensa. Ballivian
dejó el primero el suyo, i fue seguido de los señores Baptista, Da
niel i José María Calvo.
Llamados por el presidente a reincorporarse en el seno de la
asamblea, contestaron con la renuncia de su cargo de diputa
dos.
Este nuevo incidente determinó a los demas diputados de la
oposicion a seguir el ejemplo de los primeros, i abandonaron tam
bien sus puestos. -

El conflicto habia llegado a su colmo.


La presion que la mayoría ejerciera sobre la oposicion, habia
sido altamente impolítica, i dañaba sus mismos propósitos quitan:
do a sus triunfos el prestijio moral que da a las deliberaciones
una amplia libertad en la discusion. Comprendiólo así, i resolvió
entrar en vía mas prudente i conciliadora.
Esta evolucion, precedida de una esplicacion que el diputado
Renjel dió de sus palabras, fué luego seguida de un nuevo llama
miento a los diputados ausentes por medio de una comunicacion
atenta.
«Satisfechos así en cuanto podíamos exijir personalmente, di
ce Ballivian, no tuvimos ya inconveniente en concurrir a dar una
prueba de nuestras buenas intenciones, al mismo tiempo que de
nuestra sumision i respeto» (1).
Tal incidente tenia lugar en los momentos en que, terminado el
escrutinio, se trataba de la proclamacion de presidente consti
tucional de la república por medio de una lei. La asamblea nom
bró una comision compuesta de cinco diputados para presentar
el proyecto correspondiente. Ballivian i Daniel Calvo formaban
parte de ella.
Consecuentes ambos con las ideas que habian sostenido, disin

(1) Cuenta que da el diputado de Pacájes e Ingavi a sus electores


— 25 -

tieron del dictámen de la mayoría, formada por los diputados Bus


tillo, Eyzaguirre i Reynolds.
El discurso que pronunció Ballivian en esta ocasion, es uno de los
de mas largo aliento en su carrera parlamentaria. Comienza por
esponer los motivos del disentimiento de la minoría; pide que se le
otorgue el uso libre i desembarazado de la palabra, «secuestrada, di
ce, con violenta infraccion del reglamento i notable menosprecio de
las prácticas jeneralmente establecidas para los cuerpos parlamen
tarios.» Hace notar la angustiosa situacion de los diputados de la
minoría con motivo de los sucesos ocurridos en las sesiones ante
riores; se vindica del cargo lanzado contra ellos, de perturbadores
de la tranquilidad pública, i formula con este motivo una brillan
te i formal protesta contra las revoluciones, contra el hecho. En
tra luego a tratar del principio de la alternabilidad del poder,
consignado en la constitucion. Este fragmento es una lucida es
posicion de la letra i del espíritu del artículo 52 de ésta, i honra
altamente a la tribuna boliviana.
El discurso pronunciado en la sesion de 25 de agosto, con mo
tivo de la interpretacion del artículo 11 de la constitucion, se dis
tingue por la sencillez i claridad de la esposicion i el vigor de la
argumentacion. La asamblea se habia dividido en dos opiniones
sobre el sentido de aquel artículo: considerábanle unos como pre
ventivo, sosteniendo que el gobierno podia declarar en estado de
sitio una ciudad o departamento en que no hubiera habido con
mocion; otros, por el contrario, como represivo, es decir, que segun
ellos la declaracion del estado de sitio solo podia tener lugar des
pues de estallada la conmocion. Ballivian estaba por esta última,
que era la mas liberal, por que tendia a evitar los abusos del poder
en ocasiones semejantes.
Poco tiempo despues (diciembre de 1862), Ballivian ofreció
el primero el ejemplo de dar cuenta a sus comitentes del desem
peño de su cometido. Tal acto revela toda la importancia que
él daba al cumplimiento de los deberes que impone el cargo de
diputado.
Este escrito contiene apreciaciones sagaces sobre la situacion
política de la época i sobre la actitud respectiva de los partidos en
la asamblea, reseñas interesantes sobre los trabajos de ésta i sobre
la lucha ardiente i resuelta que sostuvo la minoría, formada por ese
grupo de jóvenes nutridos de ideas liberales, que despues figuraron
con tanto brillo en los altos puestos de la república, lucha contra la
4
— 26 —

mayoría compacta i disciplinada, dirijida por el hábil político don


Rafael Bustillo,

VI.

El gobierno de Achá estuvo cercado de asechanzas de todos los


partidos desde los primeros dias de su existencia. Al nacer llevaba
ya en sus entrañas el jérmen de la anarquía, que estalló en el
sangriento motin del 23 de octubre de 1861, i terminó en el des
cabellado pronunciamento del ministro Fernandez (30 de no
viembre). Siguieron luego la revolucion belcista de Sucre en la
capital de la república, i de agosto encabezada en La Paz por el
jeneral Perez, debelada esta última en la sangrienta batalla de San
Juan, i cuyos restos habian ido a atrincherarse en las barricadas
de La Paz.
El gobierno habia dominado la revolucion en todas partes: era
dueño de la situacion. Mas cuando el jeneral Achá, ceñida su cien
de laureles, contemplaba su solio cercado de lagos de sangre i de
montones de cadáveres, amargas i sombrías reflexiones asaltaron
su espíritu. Habia reprimido, es verdad, con tanta fortuna las fac
ciones; mas ¿era ésta su mision? Aterrado por esta reflexion, habia
detenido en Viacha su marcha triunfal: estuvo a punto de abdi
car. No fué sino despues de dudas i vacilaciones que atormenta
ron su espíritu, cuando emprendió el asalto de las barricadas de
La Paz.
Despues de la toma de esta ciudad, tres de los ministros habian
renunciado sus carteras; i el nuevo gabinete, presidido por el señor
Lúcas Mendoza de La-Tapia, estudiando la situacion, creyó en
contrar la causa de las revoluciones que cercaron al gobierno, en
la viciosa organizacion política de la república. En concepto suyo,
os lejisladores de 1861, preocupados de garantir los derechos del
ciudadano, tan frecuentemente hollados por el despotismo, habian
descuidado asegurar el órden i la paz, «primera necesidad de toda
asociacion humana.» Partiendo de esta observacion, creian que
el poder ejecutivo se hallaba débilmente organizada, i que era
necesario reorganizarlo, de manera que fuese mas eficaz su accion
para la conservacion de la paz pública contra los embates de la
anarquía.
Al pensar así, olvidaban que el espíritu demagójico, que aflije a
la mayor parte de las repúblicas sud-americanas, reconoce causas
— 27 —

múltiples, complejas, profundas, sociales mas bien que políticas,


que no es dado remover por una combinacion política mas o
ménos hábilmente concebida; que miéntras smbsistan aquéllas, la
represion política por el hierro i el fuego será siempre tan eficaz,
como la accion de aquellos tópicos con que se logra cicatrizar
temporalmente ciertas úlceras del cuerpo humano, que reaparecen
luego en otras partes, mas estensas, mas profundas, bajo la in
fluencia de las causas que las han producido. Las tres últimas
revoluciones, que con diferente carácter i tendencias habian esta
llado en ménos de un año, ¿no eran una prueba de esta verdad?
¿La historia de la república no nos revela que la anarquía ha bro
tado lo mismo bajo el réjimen de gobiernos legales, moderados,
sumisos a la lei, que bajo el látigo de la arbitrariedad i del despo
tismo?

Mas no pensaba así el nuevo gabinete, i preocupado tan solo de


proveer a la preservacion de la tranquilidad pública, resolvió dar ,
un golpe de Estado a la constitucion, a fin de reconstituir la repú
blica bajo otra forma, que hiciese mas eficaz la accion del gobier
no para reprimir el espíritu sedicioso de los partidos.
w.
Los considerandos del decreto de 18 de noviembre, al cual se
apellidó despues apelacion al pueblo, resumen el pensamiento del
gobiermo.
La constitucion de 1861, obra de todos los partidos en la hora
propicia en que los pueblos vuelven del vértigo de las pasiones
políticas; la constitucion de 1861, fórmula de las aspiraciones de
la nacion i fruto de largos i cruentos sacrificios, habia sido rasga
da por el poder mismo encargado de su guarda, por el mismo que
a nombre de ella habia derramado sangre de hermanos en los úl
timos combates.
El decreto de 18 de noviembre era una verdadera revolucion
contra la carta; solo que en esta ocasion el revolucionario era el
gobierno.
Tan atrevida evolucion, que colocaba otra vez a la república en
su punto de partida, para lanzarla en todos los peligros i eventua
lidades del porvenir, causó una profunda sensacion en todos los
ánimos.
Cochabamba dió la primera señal de resistencia por medio de
una protesta sencilla i enérjica, suscrita por notables ciudadanos,
entre los cuales figuraba el señor don Miguel María Aguirre.
— 28 —

Casi al mismo tiempo aparecieron las protestas de cuatro di


putados de la capital i varias manifestaciones populares.
Hallábase a la sazon Ballivian oculto en la hacienda de Cebo-,
llulo, a consecuencia de la persecucion tenaz de que era víctima,
a pesar de la absoluta prescindencia que habia guardado durante
los últimos sucesos políticos.
Luego que tuvo conocimiento del decreto de apelacion al pue
blo, creyó de su deber como ciudadano, como diputado constitu
yente que fué, como diputado constitucional que era, protestar
como prostestó «contra el atentado que envolvia aquel acto.»
Esta protesta, que lleva la misma fecha del 18 de noviembre, es
uno de los pocos escritos en que Ballivian se aparta de la modera
cion que se habia impuesto como regla de conducta. Hace en él
un sarcástico comentario de los considerandos del decreto; recuer
da al jeneral Achá el juramento prestado en sus propias manos de
ser fiel a la constitucion; lanza acerbos reproches contra él i los
miembros de su gabinete, i termina haciendo resaltar con encendi
dos colores la enormidad del atentado. Es una de las hojas mas
incendiarias que rejistran nuestros anales políticos.
El hombre moderado, el ciudadano pacífico, el político concilia
dor, habíase tornado en tribuno ardiente i enarbolaba belicoso
la bandera constitucional. «Esa hoja de papel, decia al jeneral
Achá, que arrojais por vuestro despecho en el charco formado
con la sangre de un pueblo, es nuestra bandera. Siempre la hemos
tenido, solo que ántes os aferrabais a ella buscando salvacion. Li
bre de vuestra mano, se desplega hoi al soplo de nuestro patrio
tismo, para tremolar majestuosa en el cielo sereno de nuestro por
venir.»
El gobierno intentó reprimir con mano enérjica estas primeras
manifestaciones de descontento, i dictó órdenes de confinamiento
contra sus principales promotores.
Pero estas medidas, léjos de intimidar a la oposicion que se ha
bia levantado, solo sirvieron para exaltar más los ánimos. Los
partidarios mismos del gobierno, en vista del estado de la opinion,
no se hallaban mui dispuestos a sostener su política: comprendian
bien que rasgaban el solo título que tenian a la posesion del po
der.
Ante una situacion tan amenazante i preñada de peligros, Achá
tuvo el buen sentido i el patriotismo de retroceder: abrogó el de
creto i cambió de gabinete.
— 29 —

Si en la evolucion política de 18 de noviembre hubo de su par


te audacia, inconsecuencia con sus antecedentes políticos, falta de
conocimiento de la situacion, en la contra-revolucion de 22 de di
ciembre, hubo docilidad, tacto político i respeto a la opinion.
Por este acto de elevada política, conjuróse como por encanto la
tormenta que empezaba a rujir, i la oposicion quedó desconcer
tada. -

Tal proceder honra altamente al gobierno de Achá, i ofrece un


bello ejemplo que imitar a aquéllos que pretenden gobernar con
tra la opinion de los pueblos.
Poco despnes, el gobierno convocó a la asamblea a una sesion
estraordinaria que debia tener lugar en Oruro el 5 de mayo de
1863.

Ballivian, que a la sazon se hallaba emigrado en Puno, se abs


tuvo de concurrir a ella. La persecucion arbitraria de que él i
otras personas habian sido víctimas despues del decreto de apela
cion al pueblo, le inspiraron la persuasion de que, los diputados
opositores que protestaron contra aquel acto, no gozarian de la
libertad necesaria para el ejercicio de su cometido. Juzgó, por otra
parte, que la precipitacion i apremio con que se reunia una asam
blea estraordinaria, inmediatamente despues de la que acababa de
funcionar, sin razones bastante plausibles que justificasen tal me
dida, entrañaba el pensamiento secreto de dar un nuevo golpe a la
constitucion, o do obtener una «ilegal i violenta reforma de
ella» (1).
Muchos concibieron la misma presuncion; mas fueron otros los
motivos que determinaron a aquel acto. El gobierno de agosto
habia marchado penosamente en medio de la tenaz resistencia que,
ya en el terreno de la prensa i del parlamento, ya en los campos
de batalla, le presentaron los partidos de oposicion. La contra-revo
lucion de 22 de diciembre habia calmado algun tanto la escitacion
de los ánimos, i el gobierno se propuso aprovechar de esta situa
cion favorable, para distraer a los pueblos de las cuestiones de po
lítica interior, i encaminar los espírítus hácia un asunto de honor
i de interes nacional: la cuestion de límites con Chile. Tal fué
el pensamiento del gobierno.

(1) Nota de escusa que desde Puno dirijió a los secretarios de la asam
blea (1.º de mayo de 1863).
— 30 —

VII.

Desde 1861 se habian verificado en la república graves sucesos,


cuyas consecuencias, acumulándose sucesivamente, iban a repercu
tir de un modo convulsivo en la asamblea del 64, por aquella lei
lójica e inflexible de la jeneracion de los hechos históricos.
Una moral severa habia condenado el golpe de Estado, atra
yendo, primero sobre el triunvirato i despues sobre el gobierno
Achá, una poderosa oposicion. Quizá los consejos de una política
moderada i previsora habrian exijido que se pasase por este hecho
consumado, como por tantos otros que se han aceptado, procuran
do encaminarlo hácia el establecimiento de un órden regular; por
que desgraciadamente la justicia política no es tan estricta en su
sancion, como la justicia universal: la necesidad de evitar mayores
males suele imprimir a sus fallos cierto carácter de equidad e in
duljencia.
Mas, para esto es necesario tambien que las revoluciones co
rrespondan a las protestas i promesas con que ellas procuran
atraerse la voluntad de los pueblos. -

Achá, jefe del triunvirato, habia seguido las huellas de Santa


Cruz, Velasco, Ballivian, Belzu, conquistando sucesivamente las
tres presidencias: la presidencia por asalto, o sea por plebiscito; la
presidencia provisoria, por razon política; i la constitucional, o por
voto espontáneo i libre. Estas presidencias han llegado a formar un
derecho consuetudinario en Bolivia.
Es posible que él hubiese seguido esta funesta senda, impulsado
por sentimientos patrióticos (1). Hai, en verdad, hombres que se
creen llamados a desempeñar una mision providencial sobre la tie
rra, i que se hallan dispuestos a llenarla salvando por sobre todos
los obstáculos; i esto esplica la audacia, actividad i perseverancia
en la prosecucion de sus propósitos. -

Talvez Achá obraba al impulso del sentimiento de la mision a


que se creia llamado; pero deben inspirarnos siempre poca fe esas
conquistas del poder, despues de promesas de abnegacion i des
prendimiento; i el asalto a las tres presidencias armó a los bandos
de oposicion de motivos justificativos para apelar a la revolucion,
que no tardó en manifestarse con diferentes tendencias i caracté
T8S,

(1) Así lo afirmaba a sus amigos en sus confidencias.


— 31 —

La victoria de Sucre habia apartado en masa al partido belcista


(4 de abril de 1862).
La sangrienta represion de que fueron víctimas los peristas en
San Juan i las barricadas de La Paz, habian dejado un encono pro
fundo en este departamento, cuyos hijos fueron diezmados en aque
llas jornadas.
La apelacion al pueblo habla ocasionado una profunda descon
fianza sobre la preservacion de las libertades conquistadas a costa
de tantos sacrificios.
La prensa era la espresion mas o ménos apasionada, de esta di
fícil i compleja situacion.
Achá, rodeado de resistencias de todo linaje, obligado a reprimir
las revueltas, habia cometido sin necesidad i sin advertirlo tal
vez, trasgresiones de la lei fundamental, que aumentaban la fuer
za moral de la opinion.
A pesar de estos lunares, la administracion Achá, por su políti
ca moderada, progresista i moral, habria merecido bien que se le
perdonasen las ilejitimidades de su oríjen i las trasgresiones de la
carta, emanadas éstas mas bien del cúmulo de dificultades que em
barazaban su marcha, que de un plan preconcebido de un réjimen
despótico. -

Achá habia establecido un órden constitucional, tal cual era po


sible en medio de los elementos anárquicos que bullian en la repú
blica; i habria sido talvez prudente i patriótico que la oposicion
hubiese concurrido a la conservacion de este órden de cosas, im
perfecto, es verdad, pero que habria puesto al pais en camino de
cimentar las instituciones adquiridas, i alcanzar ese imperio real
de adquisiciones hechas por medios estrictamente legales.
Mas, existian en la oposicion jóvenes impacientes que aspiraban
a establecer en lo absoluto el réjimen de la verdad constitucional;
que miraban como una falta de patriotismo la tolerancia de las mas
leves violaciones de la lei; i que, dominados de impaciencia, se
hallaban dispuestos a emplear la revolucion como el único medio
de llegar pronto a la consecucion de sus propósitos. El ejército
abrigaba en sus filas muchos de estos jóvenes ardientes.
Aun no habia llegado ni para los unos ni para los otros la ruda
esperiencia, que debia manifestarles que el medio mas pronto i se
guro de llegar a fundar el imperio de la justicia i de la libertad,
es su conquista pacífica, i que las revueltas no hacen mas que ale
jar más i más a los pueblos del blanco de sus aspiraciones,
— 32 —

En medio de la impaciente aspiracion del partido liberal i de


las pasiones e intereses que lidian siempre en el campo de la po
lítica militante, se reunia en Cochabamba la asamblea de 1864.
Los partidos de oposicion no podian dejar de aprovechar es
ta coyuntura para minar el poder: cuestiones políticas, de ha
cienda, internacionales i otras muchas ofrecian un campo vasto
para la lucha que iban a empeñar.
La Asamblea del 64, como la del 62, iniciaba sus sesiones con
un negocio por demas odioso, pues afectaba a la persona de uno de
los corifeos de la oposicion: tratábase de la legalidad o ilegalidad
de la eleccion del coronel don Agustin Moráles, diputado nombra
do por la capital de la república.
En 1850 Moráles habia sido condenado a muerte por un conse
jo de guerra, i como tal inhabilitado para el ejercicio de los dere
chos civiles i políticos.
Para algunos diputados la cuestion era puramente de derecho:
para los más era de aquéllas de política militante, que promueven
o de que se aprovechan los partidos, a fin de librar combates mas o
ménos decisivos. El partido gobiernista estaba empeñado en escluir
de la asamblea a uno de sus adversarios, hombre audaz, resuelto i
que gozaba de bastante popularidad en el sur. Los belcistas no ha
bian olvidado el hecho del 6 de setiembre de 1850, oríjen de la
condenacion de Moráles, i querian aprovechar la ocasion para
marcar su frente con un nuevo estigma de infamia. Para muchos
del partido liberal era tambien coyuntura de hacer oposicion al go
bierno.
Bajo tales sentimientos i propósitos, exaltados por la conducta
altamente provocativa de Moráles, la discusion tomó un carácter
de acritud i violencia indescriptibles. La situacion de Ballivian
era en estremo difícil. Enemigo personal de Moráles, temia que su
opinion fuese tachada de parcial: su abstencion podia dar lugar
tambien a interpretaciones desfavorables. En medio de la vacila
cion que le ocasionaba este difícil dilema, optó por el último es
tremo. «En semejante trance,» decia a la asamblea, al presentar
su escusa, «he interrogado a mi conciencia, que me ha mostrado
dos términos fatales. Yo desconfio de mis propias pasiones, lo
bastante para temer el peligro de obedecer ciegamente las inspi
raciones de un juicio demasiado severo, que me arrastre tal vez
mas allá del deber, si le niego mi voto; como igualmente temo
obedecer al irresistible atractivo por el que hai que ejecutar una
— 33 —

accion jenerosa, si se la concedo. Por todas estas razones, que mis -

honorables colegas sabrán estimar en toda la delicada importancia


que tienen para mí, yo pido a la asamblea que me dispense de dar
mi voto en la cuestion presente.»
Este rasgo de delicadeza fué debidamente apreciado por la
asamblea, i le valió los elojios de sus propios adversarios.
Ballivian tomó parte en la discusion promovida por la interpe
lacion hecha por el diputado José R. Gutierrez al ministerio de
gobierno, con motivo de un artículo publicado en el periódico
La Voz de Bolivia por el oficial mayor de uno de los ministerios,
en el cual, por autorizacion del presidente de la república i de sus
ministros, se descargaba una série de insultos i recriminaciones
contra los diputados de la oposicion.
Ballivian tomó la cuestion bajo el punto de vista de la necesi
dad «de correjir, de mejorar, de dignificar la accion jeneral de la
política del país, para elevarla, a la altura de la moral, de la civi
lizacion i de las buenas costumbres,» i queria que la iniciativa be
néfica de esa accion, emanase de las rejiones del poder.
Bajo este aspecto, improbaba enérjicamente la conducta del
gobierno; pero limitaba su demanda a una promesa formal del
ministerio, de que no se prostituiria la mision de la prensa.
Defendiendo a la prensa de la oposicion, decia:
«Ante todo, se hace necesario no aceptar las recriminaciones que
el señor ministro ha formulado contra los desmanes de la prensa de
oposicion. La prensa de La Paz no es al presente otra cosa, a mi
juicio, que la espresion desenvuelta i sincera de la suprema angus
tia, del ardiente delirio, del desahogo forzoso i por esto mismo dis
culpable, en la situacion a que la violenta represion del gobierno ha
reducido a ese pueblo, ahora desgraciado i siempre jeneroso. La
prensa de Cochabamba no necesita, señores, mi defensa: esta pren
sa i su oposicion son la honra de Bolivia. Yo no haré esa defensa,
porque no es con palabras, nó con mentidas e interesadas alaban
zas, como yo entiendo que pudiera descargarse del peso de la in
mensa gratitud con que esa oposicion ha querido abrumarme
haciéndome el objeto de tantas distinciones. Ella no necesita
tampoco mi defensa, porque al mismo tiempo que sabe que hoi
me honro en marchar de perfecto acuerdo con sus ilustradas opi
nines, conoce tambien mucho la independencia de mis convicciones
i de mi palabra, para ignorar que soi capaz de obedecer las pres
cripciones de mi deber i mi conciencia, cuando éstos me ordenen
5
— 34 —

marchar de frente contra la corriente de ese viento variable de la po


pularidad, que nunca he cortejado i que jamas alcanzaré a trueque
de doblar la rodilla ante las que puedan ser injustas erijencias de
estraños intereses i ajenas voluntades. Nada diré tampoco i por
idénticas razones, de la prensa de Sucre, desde que al proponerme
hacerlo, encuentro de por medio a personas respecto de las cuales, la
misma intensidad de mis afectos íntimos, inhabilita mi palabra.»
Estos rasgos revelan la independencia de su carácter i una es
quisita delicadeza para salvar el escollo en que suelen tropezar los
jefes de partido, cuando tienen que elojiar a sus adeptos sin incu
rrir en la bajeza i adulacion, faltas en que caen con frecuencía
caudillos vulgares.
Tomó tambien parte en la sesion de 26 de agosto, en que se tra
tó de la contestacion al mensaje presidencial, i en la discusion del
tratado de comercio i aduanas celebrado con la república peruana.
La comision de constitucion i policía judicial del congreso, a la
cual pertenecia, formuló varios cargos de responsabilidad constitu"
cional contra el gobierno.
Entre los doce capítulos de acusacion, habia algunos graves, en
los que las transgresiones de la carta eran evidentes; otros, cuya
ilegalidad podria ser puesta en duda, por interpretaciones mas o
ménos sofísticas; i otros de un órden inferior, que no merecian to
marse en consideracion.
La acusacion revestia un carácter tanto mas grave, cuanto que
la comision obraba en cumplimiento de un deber que le imponia
la carta (artículo 26, inciso 4.º).
Ella ofrecia un campo vasto a la lucha de los partidos: iban a
condensarse en ella los odios i pasiones enjendrados por las últi
mas revoluciones i las pretensiones mas o ménos lejítimas de los
partidos.
La comision de constitucion, en vista de las graves complica
ciones i peligros que habria traido al país la aplicacion de la res
ponsabilidad al gobierno por las infracciones que ella habia acusa
do, limitaba su demanda a la censura de sus actos, «por no hallar
se en ejercicio, decia, todas las instituciones constitucionales pa
ra la aplicacion de la responsabilidad legal,»
Mas la censura, como lo espresaba angustiosamente el ministro
de gobierno, era una pena peor que la de muerte: el pronuncia
miento de esta sancion debia producir una verdadera revolucion
moral, cuya primera consecuencia habria sido la caida vergonzosa
— 35 —

del gabinete; i como el presidente era, segun la constitucion, res


ponsable mancomunadamente con sus ministros, el desprestijio
completo de la suprema autoridad de la república.
Era de temer tambien que colocado el gobierno en trance tan
difícil, hubiera tomado una resolucion estrema, apoyado como es
taba por una fuerte mayoría de la asambea, por una buena parte
de la opinion i por un ejército que le era adicto.
Los partidos de oposicion no advertian tal vez bastante la gra
vedad de la situacion, i procuraban un conflicto cuyas consecuen
cias no era fácil prever.
El gobierno, por su parte, cometia el error de sostener como
rigurosamente constitucionales, actos cuya defensa era insosteni
ble en este terreno. Habríale valido más confesar francamente sus
faltas, presentándolas como emanadas del imperio de las circuns
tancias i de la necesidad de conservar la paz pública, primera
obligacion de los gobiernos. Política tan elevada habria desarma
do la oposicion, i procurádole un honorable triunfo ante la asam
blea i el país.
La moral política condena siempre ese sistema de los gobiernos,
de sostener sus errores a todo trance. Semejante conducta estra
vía la conciencia pública, desmoraliza a los pueblos i desacredita a
los gobiernos. No hai dialéctica que baste a oscurecer la verdad, i
ante el tribunal de la opinion la absolucion de hechos probados
condena a los jueces; i el juez en esta ocasion era nada ménos que
la asamblea.
En medio del conflicto provocado por la acusacion, de la actitud
hostil de los partidos i de sus pretensiones estremas, la lucha de
bia ser ardiente, apasionada i resuelta.
Ballivian entraba en ella franca i decididamente, dispuesto a
arrostrar todas las consecuencias. Al anunciarlo a la asamblea
decia en el exordio de su discurso de 14 de octubre:
«Si esto acaeciese en adelante (la esplosion de las pasiones de
partido), se veria, señores, que no trepidamos en aceptar con to
dos sus peligros esa esforzada lucha a que las circunstancias pu
dieran conducirnos, i que la aceptaríamos para marchar de frente
al objeto de los intereses que representamos, sin buscar otro apo
yo que el que hallamos en la perfecta quietud de nuestra concien
cia. En prueba de esto, mostraré que me abstengo de hacer pré
vias esplicaciones de conducta; mostraré que me abstengo de toda
salvedad i aun de toda palabra que propenda a encontrar el res
— 36—
guardo de mi propia persona, que yo entrego indefensa a la res
ponsabilidad de mis actos presentes i a los trances i riesgos de la
actual situacion, por grave que ella sea.»
I terminaba esta hidalga declaracion, citando con mucha opor
tunidad aquellas célebres palabras del púlpito francés: «Hasta hoi
hemos marchado sobre cenizas calientes; en adelante caminaremos
sobre carbones encendidos. Podemos estar conmovidos; pero no
estamos exaltados. Tenemos que decir cosas en estremo difíciles;
pero si fuese necesario, las diremos, señores, suceda lo que quiera.»
Ballivian desplegó en este discurso sus eminentes dotes orato
rias: esposicion brillante de los principios de la carta, argumenta
cion sólida, réplica vigorosa, elevacion de ideas, acompañado todo
esto de un acento de conviccion, de fe, que tan buen efecto suele
producir en el auditorio.
Iluego cierto arte para pintar los hechos con un colorido que
hacia resaltar toda su deformidad. A los que trataban de defen
der al gobierno del cargo de no haber tomado, despues del espan
toso suceso de 23 de octubre, medidas que habrian podido ahorrar
a la nacion el otro no ménos horrible del 23 de noviembre, fun
dando la defensa en la necesidad de obrar con cautela i prudencia
para asegurar el castigo de sus autores, les lanzaba estos acerados
reproches.
«Es decir que, si se me permite la espresion, no se hizo en
aquellas terribles circunstancias otra cosa que echar guindas a
la tarasca, sin preocuparse siquiera de que las guindas con que
se saciaba la necesidad del monstruo, eran cabezas de hom
bres. Entre tanto, señores, nadie nos ha esplicado cómo el que era
gobierno, el que tenia poder i fuerza suficientes para sacrificarlo
todo a la necesidad de conservar eso que se llamaba órden públi
co, i que fué unicamente conservacion de su dominio, no alcanzó a
ser gobierno, ni a tener poder i fuerza suficientes para garantizar
i defender la vida de los ciudadanos. Entre tanto, señores, nadie
nos ha esplicado cómo los que en distintas ocasiones i siempre que
se ha tratado de su propio interes, han mostrado resolucion bas
tante para cargar a la bayoneta sobre la garganta de un pueblo,
pudieron arredrarse i retroceder por la airada presencia i ante la
valuntad de un hombre solo. No tenemos esplicacion a este res
pecto; pero la exijimos, porque interesados, como debemos estar
en la honra i dignidad de Bolivia, nos interesa tambien la honra i
dignidad del gobierno que la representa. Por eso preguntamos lo
— 37 —

que se hizo desde el momento de la desgracia del 23 de octubre,


hasta ese otro momento en que el populacho batió sus palmas so
bre un cadáver mutilado i sangriento. Por eso preguntamos lo que
se hizo durante todo aquel interregno en que las garantías queda
ron, sin merced ni resguardo, libradas a eso que se ha llamado
justicia popular.»
Hablando de la apelacion al pueblo, que la comision habia ca
lificado como un acto revolucionario, decia: e

«No siendo, pues, el órden público otra cosa que el movimiento


ordenado i uniforme de los poderes constitucionales, en la esfera
restrinjida de sus respectivas atribuciones, bajo cuyo resguardo se
amparan los derechos sociales i políticos de todo ciudadano, cual
quiera que rompa ese equilibrio, cualquiera que altere esa armo
nía, ejecuta uua accion que lleva un nombre propio: el de revolu
cion. Este nombre es el mismo, sea que la iniciativa de esa accion
parta de las garitas de un cuartel, ya de las esquinas de una plaza
pública, o de los aposentos de palacio. Tan revolucionario es el
conspirador que asalta en noche lóbrega las puertas de un cuartel,
como el ministro que en su gabinete firma un decreto subversivo
del órden constituido. Hai, sin embargo, señores, una diferencia.
El conspirador que desenvuelve el pecho al golpe de las balas, sa
crifica su vida e intereses en servicio de la conviccion que lo arras
tra, en tanto que el ministro que abusa de la confianza de que
parecia digno, sin correr riesgo alguno, ejecuta una fácil aunque
grande traicion.»
Estos recios golpes arrancaban estrepitosos aplausos de la nu
merosa barra de oposicion, así como la improbacion colérica de
la gobernista.
En medio de esta viva escitacion de los espíritus, las discusio
nes tomaron un carácter tempestuoso. En nna de las sesiones,
varios diputados de pié hablaban a la vez, entre tanto que la barra
se entregaba a manifestaciones estrepitosas. En vano el presidente
llamó al órden repetidas veces: su voz no se dejaba escuchar, has
ta que al fin i no pudiendo dominar el tumulto, se vió en la necesi
dad de doblegar su cabeza sobre el tapete de la mesa, i la sesion
se levantó en el mayor desórden.
Ocurria con frecuencia que la barra entraba en diálogo con los
diputados, i no pocas veces les dirijia interpelaciones.
Estas relaciones entre el pueblo i su representantes, daban a las
deliberaciones un carácter ultra-democrático; i el espectador, si
— 38 —

bien sobrecojido de temor al prever que esas olas encrespadas se


tornasen en deshecha tormenta, sentia cierto orgullo al ver reali
zada en tan alto grado, con tanta pujanza, la vida democrática,
viniendo a su memoria los bellos tiempos de Grecia i de Roma re
publicanas.
El gobierno mismo, apesar de hallarse abrumado por el peso de
cargos injustificables, debia sentirse satisfecho de la libertad de
que gozaba la nacion.
Al fin, despues de varios dias de la mas viva anciedad, la asam
blea pronunció su veredicto. El gobierno fué absuelto.
Esta resolucion, si bien prevista, por cuanto el gobierno tenia
una considerable mayoría, produjo vacilaciones i una verdadera
perturbacion en la conciencia pública; podria decirse que ella es
taba satisfecha e insatisfecha al propio tiempo. Considerada bajo
el punto de vista estrictamente legal, la absolucion era injusta;
mas ante los consejos de una política prudente i previsora, ella
habia sido necesaria. Muchos ciudadanos que aspiraban sincera
mente a la verdad constitucional, se preguntaban si antepondrian
esta patriótica aspiracion, a los intereses no ménos vitales que se
hallan vinculados a la conservacion de la tranquilidad pública: la
conciencia nacional sufrió una verdadera tortura.
El gobierno habia triunfado; mas no estaba plenamente satisfe
cho de su victoria: comprendia que el prestijio de su autoridad
habia sufrido un recio sacudimiento. -

VIII.

Un tanto restablecida la calma, la asamblea se ocupó en cues


tiones de hacienda, administracion, ejército i otras, en las que
Ballivian tomó una parte mas o ménos directa. En la de presu
puesto, trabajó con éxito en el sentido de economías que restable
ciesen el estado deficiente de la hacienda; i se logró mediante un
acuerdo amigable entre el gobierno i la oposicion, disminnir los
gastos del ministerio de la guerra en la notable cifra de 200,000
pesos, con la cual quedaba restablecido el apetecido equilibrio.
Impelido con frecuencia, como jefe que era de partido, a obrar
en conformidad con las ideas i propósitos de sus correlijionarios,
se mostró siempre moderado, circunspecto, independiente. Ínti
mamente convencido de que la moral es inseparable de la política,
i que nada perjudica tanto una causa como el empleo de las in
— 39 —

trigas i de las arterías, procuró siempre templar la exaltacion de


los suyos, rechazando con indignacion las combinaciones que se
separaban de esta política honrada i patriótica.
Ballivian introdujo en la tribuna de Bolivia un nuevo gusto li
terario. No se nota en sus dircursos ese sabor forense o académico
que resalta en los discursss de muchos diputados, tal vez porque
los mas de ellos son elejidos entre los miembros del foro i entre
los profesores de las universidades. Hai en ellos algo de la tribu
na francesa, quizá porque sus viajes a Francia o porque la lectura
de los diarios europeos, a que era mui aficionado, le hubieran ins
pirado ese gusto. Cuando trata de hacer una esposicion de princi
pios, huye de toda fraseolojia científica, i lo hace de un modo sen
cillo; lo que da a sus discursos un nuevo realce.
Sus exordios son un verdadero modelo, por lo adecuados a la
posicion personal del orador, a los incidentes del debate, a la si
tuacion política de la nacion. Pueden presentarse como ejemplos
los siguientes:
«He tenido ya muchas ocasiones de estimar la inmensa desven
taja que hai en suceder inmediatamente en el uso de la palabra al
señor ministro de gobierno, porque son positivas, porque son in
finitas, las dificultades que él sabe relegar a los que, de alguna ma
nera, se consideran en obligacion de contestarle. Yo respeto, seño
res, el talento, i el homenaje de mi admiracion es un tributo que yo
no sé rehusar; pero por esto mismo deploro ahora, así como he
deplorado en otras ocasiones en que me ha cabido el honor de ser
su contendiente, el no unir a mi admiracion, la satisfaccion since
ra de ver a ese talento utilizado en provecho de las libertades
públicas i de los verdaderos intereses del país, en lugar de verlo
esclusivamente consagrado a favorecer, a estimular, a disculpar,
a patrocinar las faltas administrativas.» Sesion del 9 de agosto
de 1864.
«Pedí, señores, con anticipacion la palabra, para hacer uso de
ella despues de nuestro mui digno contendor de opinion en este
debate, el honorable señor La Tapia, porque esperaba con razon que
la conocida templanza de sus ideas i la mui esmerada cultura de su
lenguaje parlamentario, me preparasen la ocasion de aprovechar
de un momento de calma, para buscar sencillamente el lugar a
que mis obligaciones me impelen en esta discusion. Me felicito,
pues, de que mi prevision se haya cumplido, permitiéndome llenar
ese deberántes de que se hubiese realizado en el seno de la repre
— 40 —

sentacion nacional, con ardiente delirio, la esplosion de las pasio


nes de partido que todavía pudiera venir a sujetarnos a duras con
diciones...» Sesion del 14 de octubre de 1864.
Nunca escribia los discursos que iba a pronunciar; se prepara
ba mentalmente, de ordinario en las altas horas de la noche, pa
seándose en su habitacion. Este sistema le procuraba la ventaja
de aprovechar de los incidentes del debate, para dar a sus discur
sos un jiro conveniente a las circunstancias del momento i hacer
una réplica oportuna; ventajas a que no se prestan siempre los
discursos hilados de antemano i consignados por escrito. Dábales
tambien los carácteres de improvisacion, circunstancia que tanto
favorece al orador.
Con la clausura de la asamblea cerraba Ballivian su brillante
carrera parlamentaria. Desde entónces fué ya jefe sin rival del
partido que habia consignado en su bandera el lema: verdad cons
titucional.

IX.

Ballivian ejercia la jefatura de su partido sin vanidad ni osten


tacion. Fuese por su natural modestia, o como medio preconcebido
de política, no dejaba sentir a los suyos el peso de las riendas de
su autoridad, i parecia recibir mas bien que dar el impulso que
imprimia a la opinion, por sus escritos, en la tribuna i en las ín
timas i tranquilas discusiones privadas, que eran el verdadero fo
co de la propaganda de sus ideas i propósitos.
Era éste uno de los secretos de su política, i así se esplica cómo
hubiera podido conservar por tan largo tiempo i sin despertar ce
los, la direccion de su partido que compuesto de hombres de alta
intelijencia i de espíritu independiente, se distingue por su altivez,
su indocilidad e indisciplina; partido que, como lo ha dicho alguno,
se compone de puros jefes, cada uno de los cuales aspira a impri
mir a la política el sello de sus propias ideas i de su propia volun
tad. -

Mas el verdadero poder de Ballivian sobre la opinion consistia


en la rijidez de su moralidad política, que inspiraba respeto a sus
propios adversarios.
Dió una prueba relevante de esta cualidad, tan rara en los po
líticos de todos tiempos, en uno de los lances mas comprometidos
de su partido: la acusacion al ejecutivo,
- 41 —

Tratábase en esta odiosa investigacion de saber la parte que el


gobierno, o la oposicion, habian tenido en la sangrienta catástrofe
del 23 de octubre. En medio de la exaltacion de las pasiones, los
reproches i recriminaciones habian tomado el lugar de la investi
gacion serena, i cada partido trataba de hacer caer sobre su ad
versario la mancha de aquel espantoso crímen. -

Entre los actores de fuera del parlamento, figuraba en esta


ocasion el jóven Darío Yañez. Sea depravacion moral, o el senti
miento natural de salvar la memoria de su padre, de aquella man
cha de sangre, el hecho es que este desgraciado jóven concibió
el abominable propósito de lavar un crímen con otro crímen.
«Ofreció a Ballivian una carta orijinal del presidente Achá diri-,
jida a su padre, por la cual quedaba indemne la responsabilida
de éste en las matanzas del Loreto. Creyólo Ballivian al punto de
dar tregua al debate contra el gobierno, miéntras se recojiese el
documento de manos del señor Ramon Struch, en cuyo poder
aseguraba Yañez estar depositado. Entre tanto fraguaba éste una
falsificacion, contando para ello con el auxilio de su amigo i pro
tector el señor Struch, excelente calígrafo. Delatada por éste la
superchería a Ballivian i sus amigos, produjo en ellos una justa
indignacion, que la hicieron sentir al jóven los señores Palazuélos
i Néstor Galindo, testigos de sus innobles instancias al señor
Struch, que les deparó en su misma casa una pieza inmediata de
donde asistieron a la entrevista.»
Hízose constar todo esto de un sumario, que se leyó en la asam
blea en medio de la impresion muda, pero elocuente, que produjo
el contraste de la lealtad i honradez de la oposicioni el desgracia
do propósito del jóven Yañez.
«En aquellos mismos dias recibió Ballivian una comunicacion
del norte, en la cual se le incitaba a encabezar la revolucion de La
Paz, donde el partido belcista parecia disponer de bastantes ele
mentos bélicos, i se le conminaba al propio tiempo a una pronta
resolucion con la amenaza de entregar todos aquellos recursos al
jeneral Belzu. El gobierno habia sido instruido de esta tentativa i
la dejaba seguir, con la esperanza de sorprender a Ballivian i a
sus amigos en delito de conspiracion desde la asamblea, que apa
receria de la respuesta dada a la invitacion del norte. Dióla incon
tinenti Ballivian negándose a ella en lo absoluto i por respeto a
sus deberes de diputado en ejercicio. Tomado el conductor de este
documento en su paso por Caracollo, vió allí el gobierno una po
6
— 42 —

sitiva confirmacion de la lealtad con que procedian los oposito


reS,

«Sean estos hechos particulares, sea una consideracion mas ma


dura del conjunto de los actos políticos de la oposicion, sea el temor
que inspiraba la candidatura invasora i a todas armas del jeneral
Belzu, resolvieron al señor Miguel María Aguirre, ministro auto
rizado del presidente Achá, a provocar en casa de los señores
Santivañez una reunion solemne de opositores de dentro i fuera
de la cámara. Allí estaban presentes Frias, Ballivian, Baptista,
con otros muchos diputados; los Terrázas (Mariano i Ricardo) i N.
Irigóyen con otros vecinos. Enalteció el señor Aguirre a la oposi
cion, manifestando lo convencido que estaba el gobierno de su
vírtud política i cómo la consideraba su correctivo natural i su luz
indicadora, acabando por insinuar que gobierno i oposicion reu
niesen sus propósitos en un solo candidato que entónces habia de
señalarse. Indicóse a Ballivian, quien desvió en el acto la nomina
cion, por no hallarse con las condiciones de edad que requeria la
lei constitucional. Pidióse al señor Aguirre su opinion, que es
cusó provocando la de los otros. A procederse con mas franqueza,
quizá la junta hubiese dado un resultado mas eficaz. Se decidia
pasivamente el señor Frias por la presidencia del señor Aguirre.
Trepidaban sus amigos.
«La premura del tiempo no dió lugar a reanudar las negocia
ciones. Grande lástima fué, porque quedó la candidatura Agreda
impuesta con la fuerza pública, torturando la conciencia del país,
que ya se inclinaba a los espedientes revolucionarios, mui luego
puestos en planta por Ballivian desde La Paz, a impulsos de una
obcecacion constante, que tantas veces resis ió aquí mismo. Salvó
entónces su buena fé, pero quebrantando la lójica de su progra
ma. La ansiedad pública permitió a Melgarejo consumar su golpe
de aventura.»
A la reseña sencilla i verdadera que entrañan las líneas que
preceden, tomadas de los Apuntes de uno do los actores en la po
lítica de aquella época, hai que añadir como amplificacion alguuos
otros hechos que han sido olvidados por el autor.
La oposicion aceptó con sinceridad aquella iniciativa de fusion,
que consideraba como el medio mas eficaz de poner término a una
lucha sin tregua de cuatro años, que mantenia el espíritu público
en una tension que no podia dejar de conducir al país a la revolu
ClOIl,
— 43 —

Apénas habia dejado el señor Aguirre el salon, cuando los que


quedaban empezaron a discutir seriamente sobre las combinacio
nes mas apropiadas para realizar la fusion propuesta. Entre varias
indicaciones que surjieron, fué una la de que el partido gobier
nista indicaria el candidato para la presidencia i la oposicion el
gabinete, o vice-versa. Que como corolario lójico de esta combina
cion, cualquiera que fuese el término que se adoptase, se daria a
ámbos partidos igual participacion en la jerencia de la adminis
tracion pública.
No es necesario advertir que la base de la fusion debia ser el
compromiso serio de ambos partidos de llevar la realidad de la
carta hasta sus últimas consecuencias.
Aceptada casi por unanimidad, se esperó la respuesta del go
bierno para modificarla segun sus ideas; mas la respuesta del
gobierno se dejó esperar en vano. El tiempo revelará talvez cuá
les fueron los motivos que determinaron al presidente Achá i su
gabinete, a desistir de un propósito que quizá hubiera salvado al
país.
X.

Apénas acababa de clausurarse la asamblea, cuando un golpe


audaz echó en tierra todo un órden constitucional, que imperaba
tres años há: defecciones escandalosas i algunas horas de combate,
bastaron para arrebatar a la nacion instituciones que le costaron
cruentos sacrificios i las elucubraciones de sus mas distinguidos
estadistas.
El movimiento de 28 de diciembre, fecha sangrienta i fatídica
en la borrascosa vida de Bolivia, no fué una revolucion en la
acepcion jenuina de esta palabra. Melgarejo no era cabeza de
partido; no representaba por consiguiente ningun sistema de
ideas, ni siquiera los intereses i aspiraciones de una faccion polí
tica. Fué solo un levantamiento a nombre de la aspiracion de un
soldado ambicioso, llevado a feliz término por el valor, ayudado
de la ciega fortuna. I al sentarse el audaz aventurero sobre las
ruinas del réjimen que acababa de derribar, encontrábase solo,
aislado, sin base en la opinion pública, ni siquiera en un círculo
político.
La nacion recibió atónita aquel golpe de audacia con que se
derribaban sus instituciones, sobre cuyos despojos se entreveia tan
— 44 —

solo una ruda dictadura. Mas, vuelta luego de su sorpresa, aprestó


se a reivindicar su soberanía. -

Si ha habido ocasion en que Bolivia hubiese podido reconquistar


su libertad, fué ésta: en la encumbrada posicion a que se habia le
vantado de la noche a la mañana, el héroe de la jornada del 28
se hallaba ofuscado por decirlo así; ignorante de toda nocion de
gobierno, sin sistema ninguno de ideas, sin plan preconcebido, sin
blanco alguno social i político a que encaminar sus propósitos, no
sabia qué hacer de su conquista ganada a tan poca costa: aun no
habia adquirido esa confianza que le dieran mas tarde los fáciles
triunfos que le fueron procurarando la impaciencia e impericia de
sus adversarios -

Fácil habria sido en aquellos primeros momentos operar una


contra-revolucion, apoyada en la opinion unánime de la república
i en poderosos elementos materiales.
En el sud, el honrado jeneral Velasco Flor resuelve sostener el
órden constitucional, i cuenta con la fuerza que guarnece la ciu
dad, los recursos pecuniarios que le ofrece la casa de moneda, i
los elementos que pueden procurarle Chíchas i Tarija.
Se halla en Oruro un brillante cuerpo del ejército, el batallon
3.º al mando del teniente coronel Rendon, que puede servir de
base a la resistencia que se organice en el norte.
Así lo comprenden algunos patriotas de La Paz, i entre ellos el
jeneral Gregorio Perez i el teniente coronel Ballivian: la resis
tencia está resuelta.
Muchos opinan porque se confíe al último la direccion del plan
concebido; mas él, moderado siempre i fiel observador de la jerar
quía militar, rehusa tan distinguido honor i se pone bajo las ór
denes del primero. -

Segun el plan trazado, Ballivian que se habia entendido ya con


algunos amigos suyos de que marcharia sobre aquel pnnto para
ganar el batallon 3.º quedando entretanto Perez en la Paz para
preparar la resistencia. -

Apénas habia llegado Ballivian a Sicasica, cuando recibe co


municaciones de Oruro en las que se anuncia que aquel cuerpo
se habia pronunciado por Melgarejo; que todos sus planes estaban
descubiertos i que toda tentativa seria temeraria i estéril.
Tal resultado desalienta a los afiliados de La Paz, la cual pocos
dias despues era ocupada por Melgarejo; sin resistencia alguna,
— 45 — s
pero tambien en medio de una indiferencia glacial, muda protesta
contra el atentado del 28.
A su arribo, se informó Melgarejo de la parte que Ballivian to
maba en el plan de resistencia; no obstante, fuesen consideracio
nes de respeto i gratitud que debia a la familia de aquél, fuese
que le pareciera impolítico entrar en la peligrosa senda de las per
secuciones, ya que hasta entónces no habia encontrado obstáculo
alguno en su marcha desde Cochabamba hasta aquella ciudad, el
hecho es que no tomó medida alguna de represion. Pero resolvió
alejar a Ballivian, cuyos prestijios le eran bien conocidos. Para
realizar este propósito, sin emplear medios violentos, le confiere
una mision diplomática a Buenos Aires, haciéndole intimar al
propio tiempo que optase entre este puesto i la persecucion contra
él, su familia i sus amigos políticos.
La solucion del dilema era harto difícil: aceptar la mision de
quien acababa de derrocar el órden constitucional, asumiendo au
dazmente la dictadura, habria sido romper con sus antecedentes,
faltar a sus principios, i lo peor, deshonrarse; mas tampoco podia
ponerse en abierta contradiccion con Melgarejo i esponerse a la
persecucion en las estrechas circunstancias en que se hallaba, ro
deado de numerosa familia i sin recursos que le permitiesen afron
tar los azares i penurias de la emigracion.
En trance tan difícil, resolvió parar el golpe por el momento, a
fin de darse tiempo para ver lo que mas conviniese a su persona i
a los intereses del país; mas, franco i leal siempre, creyó deber ha
cer conocer al gobierno, a su partido i a la nacion, sus ideas i sus
propósitos: i al aceptar la mision, declaraba francamente: «... que
tenia invariable vinculada en fé i sus creencias políticas a las ideas
e intereses que en esos momentos se hallaban apartados de la lu
cha, i que miéntras tanto obedecia la órden que se le habia comu
nicado, por no ofrecer obstáculo al cumplimiento de las obligacio
nes contraidas por el gobierno provisorio, en el sentido de obtener
para el país una situacion preferible a aquélla a que se habia sobre
puesto, para alcanzar con esto, el único justificativo con que las re
voluciones adquieren derecho a las absoluciones de la conciencia na
cional.»
Tales palabras no necesitan comentario: son una declaracion
franca de los compromisos que tenia contraidos con su partido, i
todo un programa político que debia seguir Melgarejo, si queria
hacerse perdonar el crímen de usurpacion.
— 46 —

Poco tranquilizadoras debieron ser para éste los términos de


aceptacion, así es que luego recibió Ballivian en Valparaiso órde
nes perentorias para marchar a su destino. Fuéle menester tomar
entónces una actitud resuelta i definida: así lo hizo, renunciando
la mision.
En su oficio de renuncia, fechado en Valparaiso a 29 de marzo
de 1865, se encuentran los siguientes notables pasajes.
«...Insinúanse los motivos que tengo para contrarestar hasta las
apariencias de cualquiera connivencia, que pudiera atribuírseme
en el órden político que hoi impera en Bolivia.... Pocos ignoran
que, simulado con el nombre de mision diplomática, se me impuso
un destierro cuyas penalidades me resigné a sufrir, bajo el domi
nio de la situacion creada por los raros sucesos del último diciem
bre, cuando no era posible resistir la violencia del poder que se
alzaba a nombre del estupor que conturbó los ánimos i deprimió
la accion del sentimiento público.... Teniendo consagrado mi en
tusiasta aunque débil esfuerzo al servicio de las ideas, de los prin
cipios i de las instituciones, que impulsando el franco desarrollo
de nuestras libertades, propendan, segun creo al engrandecimien
to de mi patria... nada habria bastado a cohonestar mi participa
cion, por remota que fuera, en un órden de cosas inconciliable con
mis antecedentes, contradictorio a todos mis empeños, i esencial
mente adverso a todos mis propósitos.—Por todo esto renuncio
una i mil veces el nombramiento de Encargado de Negocios cerca
del Gobierno Arjentino.»
Franqueza i firmeza de carácter campean en esta nota.
Al propio tiempo publicaba en Valparaiso, en justificacion de
su conducta, el brillante manifiesto «Dos palabras al partido cons
titucional de Bolivia.»
Al dirijirse en esta ocasion a sus correlijionarios, toma ya la
bandera de la jefatura de partido, mas no sin «sentirse oprimido
por ciertas sujestiones de duda i desconsuelo,» duda i desconsuelo
que enjendra en su alma el silencio con que el país parecia acep
tar el inaudito ultraje inferido a la dignidad i soberania de la na
cion; «porque es fuerza sospechar, dice, que esto solo se cumple
cuando se ha degradado el sentimiento público, cuando se han
agobiado las nobles intenciones que alientan el vigor de la con
ciencia nacional, cuando en fin se ha dictado la sentencia de opro
bio, de abyeccion i de vergüenza que cae sobre los pueblos conde
nados a un mísero destino, º
— 47 —

Para salir de esta duda aflictiva, se dirije a la nacion: «preciso


es comprobar, dice, hasta qué punto la voluntad del país intervie
ne en apoyo de lo que ahora sucede; hasta qué punto la opinion
jeneral se encuentra dispuesta a contemporizar con esa situacion
que han venido a imponerle los malos accidentes de una simple
aventura; hasta qué punto en fin, el egoismo de algunos, la abs
tencion de otros muchos i la indiferencia mas o ménos comun
para la accion pública, han podido enervar el sentimiento patrio i
dañar la conciencia de los deberes públicos; i esto solo es posible
apelando ante esa voluntud con toda la enerjía que demanda la
necesaria urjencia de evitar que se prolonguen los peligros de una
situacion cuyos males se harian irreparables, si se les permitiese
subsistir por mas tiempo.»
Este trozo es un hábil recurso oratorio destinado a levantar el
espíritu público, i recordar a los indiferentes, a los egoistas los
sagrados deberes que les impone la patria oprimida.
Hace en seguida algunas consideraciones sintéticas sobre el de
sarrollo que desde la fundacion de la república han seguido ciertas
aspiraciones radicales de la nacion, a despecho de mil contradic
ciones, «cobrando nueva vida con los dias subsiguientes a los nue
vos estragos; rejenerándose con los mismos despojos de sus pro
pios desastres, reclamando con admirable esfuerzo por su accion
política una preponderancia indispensable como lei de su natura
leza, como condicion propia de su tranquilo desarrollo i como atri
bucion de su noble destino....»
Considera como la fuente primitiva del impulso i desarrollo de
las ideas radicales en la república los fundamentos que dejó esta
blecidos el Gran Ciudadano (Sucre), i despues como sus mas po
derosas manifestaciones el estallido de la «I'estauracion i el clamor
de setiembre.
Juzga que si en esas épocas, las aspiraciones radicales no tuvie
ron una influencia tan perfecta i eficaz como llegó a esperarse,
debe atribuirse a la falta de cohesion, por hallarse diseminadas
entre los intereses de todos los partidos. No alcanzando a formar
el conjunto cabal de un cuerpo de doctrina que las hiciese percep
tibles ante la opinion pública, ni siquiera ante un círculo determi
nado de personas que estuviesen de acuerdo, mal pndieron, dice,
lograr la consistencia de las grandes verdades que solo se revelan,
a la vista de todos, por el concurso asiduo de variados i penosos
esfuerzos i el consejo severo de una larga esperiencia.»
- 48 —

Estas observaciones son exactas. Escritores nacionales i estran


jeros, sin haber estudiado bastante nuestra marcha social i políti
ca, han afirmado que en Bolivia no ha habido ni hai mas que par
tidos personales.—Pero un exámen mas detenido nos revela que
desde los primeros dias de la república, han existido esas aspira
ciones que Ballivian llama radicales, aspiraciones que han ido
abriéndose camino, desarrollándose, definiéndose al traves de los
obstáculos que han encontrado en medio de nuestras vicisitudes
políticas. Mas, en la marcha de los pueblos es menester que las
ideas sociales i políticas, cualesquiera que ellas sean, reaccionarias,
conservadoras o progresistas, sean representadas por círculos mas
o ménos estensos, que se llaman partidos; los cuales en las exijen
cias que demanda la lucha, confian su direccion i organizacion a
un hombre que llega a ser la encarnacion, la personificacion de
ellas. De donde resulta que los partidos llegan a tomar el nombre
de los jefes que los representan i dirijen su marcha i sus luchas.
Deducir de aquí que esos partidos son personales, es error grave.
Denominar personales a los partidos Sucre, Velasco, Santa Cruz,
Ballivian, Linales, Morales, Frias, Ballivian hijo, es considerar
personales los partidos representados por Mirabeau, Danton, Ro
bespierre, en la primera época de la república francesa, i a los re
presentados por la Lamartine, Favre, Gambeta, Thiers i Mac
Mahon en las últimas.
Respecto a Bolivia, lo que ha habido, como sagazmente lo ob
serva Ballivian, es que las ideas democráticas no bien conocidas,
no bien formuladas, perseguidas mas bien por sentimientos que
por convicciones profundas, no alcanzaron a formar un cuerpo de
doctrina, cuya realizacion fué tambien el blanco de trabajos siste
mados i bien organizados.
En la época de la reunion de la asamblea constituyente de 1861,
los principios democráticos, que él apellida tendencias radicales,
habian adquirido cierta consistencia, cierto enlace sistemado que
propendia a formularse como derecho público de la nacion. Segun
él, a esa época «estuvo reservada la tarea de reunir los derechos
dispersos por la revolucion i conquistados a espensas de tanto sa
crificio, lo que fué mas posible, por medio de los intereses combi
nados de todos los partidos que a ello contribuyeron sin esclusion
alguna.»
La carta de aquella fecha fué, por fin, la fórmula de sus princi
—49 —
pios, i desde entónces sirvió de enseña a todos los partidos de ideas
i de propósitos verdaderamente nacionales. -

Consigna en seguida algunas consideraciones sobre las causas


que contribuyeron a desnaturalizar el réjimen constitucional, «que
no pudo sustentarse, cuando se amenazó al principio esencial de
toda su estructura, es decir, la verdad del sufrajio.»
Fué en verdad la última de las faltas en que incurrió el gobier
no Achá, i de la cual supieron aprovecharse la impaciencia del
partido que inscribiera en su bandera de lema el verdad consti
tucional i la insensata ambicion de un soldado audaz.
El 28 de diciembre debia, pues, inaugurar una nueva lucha,
nuevos esfuerzos i sacrificios para reconquistar las instituciones
perdidas. -

Ballivian debia ser uno de los patricios que se alistasen en esa


causa, i así lo hizo desde los primeros momentos, tomando parte
en la resistencia que en enero se intentó en la Paz, aunque con .
éxito tan desgraciado.
He aquí cómo esplica el mal éxito que tuvieron entónces sus
patrióticos propósitos.
«Despues del estupor causado por la sublevacion que en el mes
de diciembre presenció Cochabamba con angustia infinita, hubo,
dice, un momento supremo en que un pequeño esfuerzo habria si
do bastante para restablecer el imperio de las instituciones i pre
servar al país de los irreparables males que ha sufrido. La repú
blica entera esperó aquel esfuerzo valeroso del pueblo de La Paz,
que pudo entónces resolver a su arbitrio ese trance fatal. La si
tuacion era ésta: si La Paz optaba por la constitucion, el país se
habia salvado; si La Paz permanecia impasible ante el grito de
espanto que lanzaban al viento las hordas sublevadas, el vandalis
mo entónces tenia razon de ser. Para todos, aquello era evi
dente. - -

«Así lo comprendí en aquellos momentos en que, cediendo a las


impresiones de mi propio deber, mas que a otras exijencias que
venian a su apoyo, quise hacer cuanto me era posible a fin de or
ganizar de un modo conveniente la gloriosa defensa de esa heroi
ca ciudad. La situacion me mostró entónces dos caminos i en cier
to modo me permitió elejir entre tomar la direccion de aquella
magna empresa o confiarla mas bien a algun otro que pudiera
ejercerla con mas facilidad o con mas ventaja.
«Mui honroso habria sido para mi digno desempeño de ese ele
7
— 50 —

vado cargo que por una vez mas me hubiese procurado la ocasion
de reiterar mi humilde sacrificio en obsequio de una constitucion,
que tanto he defendido, no obstante que a ser cierta esa triste
ambicion que se me ha presupuesto, debiera mas bien haberla
combatido como el mayor obstáculo que se me representaba para
satisfacerla. Pero ántes que yo, estaba un hombre a quien la suer
te i la estraña afeccion del pueblo jeneroso, en que me hizo nacer
la Providencia, unjieron con el soplo del aura popular. Aquel
hombre ademas habia lidiado siempre en nuestra filas, i los ante
cedentes de su carrera pública le prescribian deberes que lo iden
tificaban con nuestros intereses. Mil otras circunstancias i consi
deraciones me hicieron comprender que era mas conveniente dar
le a él la preferencia, ofrecerle naas bien mi leal cooperacion i en
tregarle las prendas de mi desprendimiento.
«Funesto error que confieso i deploro, aunque fué ocasionado
por patrióticas, nobles i puras intenciones! Aquel hombre sacrifi
có de nuevo todas las esperanzas, prosternó de rodillas al pueblo
mas erguido, i se aprestó, por fin, a recibir con palmas al nuevo
triunfador. Aquel hombre creyó que las ideas, los principios i las
instituciones, no merecian la pena del mas pequeño esfuerzo.
Aquel hombre estimó que el porvenir no merecia la pena del sa
crificio de una gota de sangre siquiera, de aquella misma que él
derramó a torrentes cuando pretendió alzar su personalidad al pi
náculo de todos los honores.»
Las pinceladas con que pinta la decepcion amarga que causó en
su alma la conducta del viejo jeneral, son dignas de la pluma de
Larra.
Al contemplar la resignacion con que la república parecia so
meterse al yugo de Melgarejo, hace una honrosa escepcion de Po
tosí i de Cochabamba, cuya temprana protesta (13 de enero) sal
vó en su concepto el honor del país.
En medio del desaliento que sufre su espíritu, «al investigar,
hallar i descubrir las afrentas que la perversidad infiere a la honra
nacional, siente no obstante reanimarse el fuego de su patriotis
mo.» «I Dios sabe, dice, si hubiéramos hallado el valor necesario
para afrontar el riesgo de sucumbir bajo la inmensa pesadumbre
de esa carga siempre desmesurada en proporcion a nuestras po
bres fuerzas, si no hubiéramos sabido confortarnos al calor de ese
fuego que da la conviccion i alienta el patriotismo, si no hubiéra
mos sabido escuchar en las horas de prueba, como escuchamos
— 5l —

hoi, el eco de esa voz que nos ha dicho: «No calleis ni delante de
la espada que os amenace, ni delante de la majestad que os mire,
ni delante de vuestra hermana que os conjure, ni delante de vues
tra madre que se arrodille para suplicaros, ni delante de los que
griten: silencio ni delante de las olas del mar que se ajitan para
sofocar vuestra voz: hablad!»...
No es posible dar a la espresion del patriotismo, de la abnega
cion i de las resoluciones un tono mas firme mi mas decidido.
I habló, i sus palabras fueron escuchadas por los pueblos con la
misma fé, con el mismo entusiasmo i abnegacion con que fue
ron lanzadas por su corazon inflamado por el patriotismo; porque
ellas no eran mas que el intérprete de los deseos i aspiraciones de
toda una nacion.
I esa voz, hecha poderosa por la conviccion i la fé, contribuyó
eficazmente en esta ocasion a ese levantamiento jeneral de la re
pública, marcado con tantos rasgos de abnegacion i heroismo,
frustrados por la ambicion de unos, i por los celos i rivalidades de
otros. La historia, con fallo imparcial, vendrá a señalar la parte
que tuvo cada uno en los desastres que afianzaron el poder de la
dictadura.

XI.

Al trazar las «Dos palabras,» no debió augurar que ellas le atra


erian seis años de persecucion los mas penosos de su vida...; mas,
aun a haberlo augurado, habria aceptado tal sacrificio en toda su
plenitud.
Desde entónces se consagró asiduamente al servicio de su causa,
cuyos principios habia formulado con tanto brillo; i la heroica
lucha de seis años entre el pueblo i su opresor, tuvo siempre en él
uno de sus mas abnegados adalides.
La prensa oficial que en aquella época campeaba sola, sin con
tradiccion de ningun linaje, habia logrado estraviar la opinion, no
solo del continente, sino de la Europa misma, respecto al gobierno
de Melgarejo, al punto de que se considerase a éste como a uno
de los mandatarios mas progresistas i liberales de la América.
Aherrojada en el interior la libertad de la prensa, debia sentar
sus reales en el esterior. Deber imperioso era de la oposicion res
tablecer la verdad, no solo para justificar la causa do los pueblos
contra la tiranía, sino para reivindicar a la América toda de la in
fundada creencia de que sus revoluciones provienen únicamente
de un espíritu demagójico arraigado profundamente en ella. Era
menester hacer conocer ante el mundo las desgracias de un pue
blo que luchaba tan heroicamente por su libertad.
Felizmente, existian en las costas del Pacífico numerosos emi
grados aptos para desempeñar esta tarea patriótica.
Entre ellos distinguese Adolfo Ballivian, que ora como redac
tor en jefe de «El Progreso,» ora como corresponsal de varios
diarios acreditados de la costa, hace conocer la verdad de los he
chos, despierta en favor de su patria las simpatías de los estados
vecinos, i en diferentes publicaciones sostiene los derechos de
Dolivia contra la política usurpadora del Brasil.
Mas, no es éste el único terreno en que lucha, sino tambien to
mando parte o iniciando tentativas de revolucion contra la domi
nacion Melgarejo. - -

Cuando en 1865 tuvo lugar en la ciudad de la Paz el movimien


to encabezado por el coronel Arguedas, trasladóse Ballivian de
Chile. A pesar de la distancia que lo separa del teatro de la revo
lucion, i de que las circunstancias de su familia eran en estremo
difíciles, no trepida en abandonarlo todo para enrolarse entre los
defensores de la libertad de su patria.
En su tránsito para Tacna ocupóse activamente en procurarse
algunos artículos de guerra, i, merced al favor de algunas buenas
relaciones con que contaba en aquella ciudad, se procuró cien ri
fles bien municionados que al punto fueron encaminados a la Paz.
Luego se puso en marcha acompañado de don Casimiro Corral,
con quien habia venido desde Tacna, i de sus fieles amigos el coro
nel Andres Soto, Espectador Rivas, Exequiel Zalles, Pastor Cuni
canqui i N. Tirado.
A su arribo al tambo de Chulluncayani, supieron los espedicio
narios por don IPelipe IBallivian i su señora, que a la sazon se
hallaban en aquel lugar, que los principales revolucionarios de la
Paz no les eran simpáticos. En prueba de ello, refiriéronles que
cuatro dias ántes habia arribado a aquel punto una partida de seis
hombres, la cual, segun la espresion del oficial que la mandaba,
un tal N. Sorocho, tenia por objeto impedir que «un intruso como
Ballivian, tomase parte en la revolucion de la Paz.» Añadian que,
a no haber llegado tan oportunamente el armamento, de cuya
custodia se encargó Sorocho, era indudable que hubieran caido
— 5.3 —

en aquella indigna celada que se les habia armado. Aconsejában


les, en consecuencia, no pasar adelante.
Confiados en la sinceridad de sus propósitos, resolvieron conti
nuar en marcha. A su llegada a San Andres, varios vecinos les
confirmaron los avisos de don Felipe Ballivian, i aun les inspira
ron recelos respecto a su seguridad individual.
Con la franqueza i lealtad que guiaban siempre sus actos, resol
vió Ballivian dirijirse al jeneral Arguedas. En esa carta, que lleva
fecha de 3 de julio, despues de espresarle su propósito de cooperar
al triunfo de la causa proclamada, que era tambien la suya, le pre
guntaba lisamente: «si su cooperacion i la de sus amigos serviria o
perjudicaria a los intereses de la revolucion» o en otros términos:
«si esa cooperacion se aceptaria o no.»
Zalles i Cunicanqui fueron encargados de ponerla en manos de
Arguedas. Don Casimiro Corral se ofreció a formar parte de la
comision, prometiendo a Ballivian hacer valer sus influencias ante
los principales revolucionarios para que sus servicios fuesen acep
tados. Todos saben cómo cumplió este caballero su compromiso.
El mérito de Ballivian inspira celos a los revolucionarios, que
en vez de aceptar sus servicios i aprovechar de la valiosa coopera
cion de sus amigos, apelan al desleal arbitrio de consultar un
consejo de oficiales jenerales, cuya opinion se habia ya formado de
antemano. -

Arguedas, en su contestacion (10 de julio), despues de frases


atentas, estudiadas i profundamente diplomáticas, termina así:
«con respecto a Ud., me es sensible decirle que su persona en el
país causaria una situacion azarosa, escitando los ánimos, lo que a
mas de comprometer gravemente a sus amigos, ocasionaria en el
país conflictos perjudiciales i acaso peligrosos a la marcha actual.
Esta verdad se la espreso para evitarle a Ud., al país i a sus ami
gos, compromisos que les serian desagradables, tanto mas cuanto
que algunos de sus referidos amigos manifiestan trabajos que, com
plicando i haciendo difícil la actualidad, han escitado susceptibili
dades.»
Susceptibilidades se habian despertado, en efecto, porque Balli
vian debia ser un contrapeso a la satisfaccion de ciertas aspiracio
nes, que se apresuraron a ponerse en salvo, por la proclamacion
de Arguedas como presidente provisorio de la república (julio 9
de 1865).
Tal proceder de incalificable esclusivismo indigna su alma; mas
— 54 —

deseando no oponer obstáculo alguno al curso de la revolucion,


vuelve a tomar el camino de la peregrinacion, proscrito por los ce
los i rivalidades del partidarismo político (1).
XII. e

Poco despues sobrevino la revolucion de Potosí, encabezada


por el coronel Flores. La decepcion que acaba de esperimentar,
no ha entibiado su patriotismo i resuelve marchar al sud a ofrecer
los servicios que se habia rehusado aceptar en el norte.
El movimiento del Litoral le abre las puertas por aquella parto
de la república; mas, encuéntrase en Cobija bajo la influencia de
esos mismos celos i rivalidades que fatalmente condujeron la
revolucion de 1865 a las derrotas de la Cantería i Letanías. Las
autoridades del Litoral, sin revelar tan abiertamente su mala vo
luntad, les opusieron obstáculos pasivos, negándose a cooperar a
su pronta marcha al interior (2). «Literalmente estábamos planta
dos por falta de medios de movilidad,» dice uno de los espedicio
narios; «tuvimos que permanecer ocho dias hasta que la casa Ar
tola Hs, nos proporcionó los recursos necesarios para llegar a Po
tosí» (3).
El acta popular de la revolucion de Cobija, que bien podria ser
vir de modelo a documentos de esa naturaleza por sus principios
altamente liberales i sin ningun tinte de esclusivismo, se redactó
bajo la inspiracion de Ballivian que acababa de desembarcar en
ese puerto. -

Inmediatamente se dirije al coronel Flores esponiéndole sus


propósitos (12 de agosto). Aunque amargada su alma por el re
chazo que acababa de esperimentar en el norte, disculpa este acto:
«Varios motivos,» le dice, «que por ahora no debo mencionar, i
(1) Justo es consignar aquí, que a pesar de la prevencion incalificable
desplegada contra Ballivian por los jerentes de la revolucion, habia en el
ejército jefes i oficiales que deseaban la cooperacion de ese distinguido ciu.
dadano. Alejado ya él, como se ha visto, tuvo lugar en La Paz el movi
miento frustrado de 14 de setiembre, en que se hallaban comprometidos los
mas de los jefes i una parte lucida de la juventud. Su objeto era dar a la
revolucion contra Melgarejo un jiro Iménos egoista, mas patriótico, i sobre
todo mas conforme a los principios constitucionales que se habian procla
mado.
(2) El Prefecto Alcalde, a pesar de las insinuaciones del Comandante
joneral, Vicente Urdininea, se negó a abonar los bagajes que Ballivian habia
pedido para él i sus compañeros Soto i Rivas.
(3) Breve relacion de la actual campaña de don Adolfo Ballivian en el
sud de la república en 1865.
— 55 —

ademas los recelos propios de la situacion i hasta cierto punto natu


rales en los que no conocen a fondo mi carácter, ni la solidez de mis
ideas i mis principios, me impidieron consumar los nuevos sacri
ficios, a que estaba dispuesto i a que me sentía impelido por las
exijencias de mi deber político.» Manifiesta luego la confianza de
que sus servicios serán aceptados. «Al verlo a Ud., dice, al fren
te de la revolucion del sud, realizando en el hecho la conciliacion
de todos los partidos por el concurso indistinto de los que con
buena voluntad se asocian a un mismo pensamiento protejidos por
la sombra de una misma bandera, i al verlo sobre todo rodeado de
los amigos a quienes estoi íntimamente ligado por una estrecha
comunidad de ideas, i cuya sinceridad i abnegacion me son tan
conocidas, he sentido reanimarse la esperanza de que se haga po
sible el restablecimiento de las instituciones en vez de la discor
dia, i he creido que no podia escusarme de participar de la suerte
que a Uds. les está reserva la i de unir mis esfuerzos a sus no
bles esfuerzos.»
Acaba espresando la persuasion que le asistia de «que solo ofre
ciendo manifiestos ejemplos de abnegacion completa podrian re
frenarse las pretensiones que se desencadenaban por medios que
el pundonor desdeña, la dignidad reprueba i la moral condena.»
Desgraciadamente, esta persuasion dictada por sus patrióticas
aspiraciones, fué luego frustrada por las disensiones que tanto en
el sud, como en el norte i en el Litoral, hicieron estériles los lie
roicos sacrificios de los pueblos.

XI.

Flores aceptó de buena voluntad la cooperacion de Ballivian, i


se apresuró a enviarle un oficial, que le llevaba dos caballos que
facilitasen su marcha.
El oficial, sea por incertidumbre acerca de la ruta que traia
Ballivian, sea por otra causa, se detuvo en un lugar a dos jorna
das de Potosí, de donde le dirijió una carta, en la que le comuni
caba que aquella plaza habia sido ocupada por Melgarejo, i que
el ejército revolucionario se retiraba al sud. Ballivian recibió esta
comunicacion en Canchas Blancas, i en vista de ella, resolvió di
rijirse a Tupiza, donde creyó encontrar a Flores con el ejér
cito.
La entrada de Ballivian a Tupiza fuó una ovacion: una nume
— 56 —

rosa cabalgata, «compuesta de lo mas notable del vecindario,» sa


lió a su encuentro, i el pueblo le recibió con muestras del mas vi
vo entusiasmo, vitoreando la constitucion.
Desgraciadamente, las esperanzas que aquel pueblo concibió con
la presencia de Ballivian, se disiparon pronto con la llegada al
dia siguiente de algunos derrotados de la Cantería.
En medio de la aflictiva situacion en que los colocaba este de
plorable suceso, brilla para ellos un nuevo rayo de esperanza. Re
ciben noticias de que el jeneral Ávila organizaba fuerzas en Tari
ja para defender la constitucion, i sin vacilar emprenden su mar
cha al dia siguiente de la fatal nueva, alentados con la idea de
que la topografía de aquel departamento i la de la provincia de
Chichas, les permitirian hacer una ventajosa campaña de guerri
llas.
Ballivian fué recibido en Tarija con las mismas muestras de
simpatía i entusiasmo que en Tupiza.
Ávila se ocupaba realmente en organizar fuerzas, i en los mo
mentos de la llegada de los espedicionarios, contaba con cien fusi
leros al mando del comandante Víctor Navajas i 60 lanceros mon
tados bajo las órdenes del coronel Mariano Leon.
Ballivian indicó a Ávila la necesidad de reorganizar aquella
pequeña falanje de un modo conforme a las Ordenanzas militares.
En consecuencia, se formó un estado mayor compuesto de los co
roneles Soto, Belisario Antezan, i Andres Rivas i otros subalter
nos. El mando de fusileros se confió al coronel José H. del Carpio,
i fueron nombrados segundo itercer jefe Navajas i Wenceslao
Urei.—Espectador Rivas i Lino Morales mandaban el Escuadron
Lanceros: Ballivian fué nombrado jefe de Estado Mayor.
Existia en la plaza una pieza de artilleria de a 8,—i se organi
zó una brigada de 20 hombres, cuyo mando se encomendó a un
artillero prusiano, recomendado por el jeneral O'Conor.
La organizacion de esta pequeña fuerza estaba completa; faltá
bale tan solo una caja, que fué jenerosamente provista por el pa
triota i entusiasta vecindario.
En aquellas circunstancias, se les pasaron un señor Campero i
el coronel Oton Jofré a la cabeza de una fuerza de 25 carabineros,
destinada a la pacificacion de Tarija.
Jofré recibió colocacion en el Estado Mayor jeneral i los cara
bineros fueron incorporados a la infantería.
Despues de 8 dias empleados en disciplinar la fuerza, se em
— 57 —

prendió campaña sobre Chichas. Ávila, a la cabeza de algunos


hombres, se encaminó rectamente a Tupiza; el resto, al mando de
Ballivian, marchó a Cinti. -

A su aproximacion a este punto, supo Ballivian que el Sub-Pre


fecto de la provincia, N. Ávila, se hallaba allí cometiendo todo jé
nero de estorsiones con sus rifleros i un oficial de línea, i destacó
contra ellos al coronel Soto con cuatro rifleros, que lograron sor
prenderlos i hacerlos prisioneros.
«Si en Tupiza i Tarija,» dice uno de los espedicionarios, «hubo
gran entusiasmo por la revolucion, en Cinti era mayor el espíritu
constitucional, sin escepcion de personas: su patriota vecindario
hizo mil manifestaciones de adhesion a la constitucionalidad, pro
digando pruebas de estimacion a Ballivian i su tropa. Espontá
neamente reunieron una bolsa de mas de mil quinientos pesos que
fueron entregados al comisario de Guerra; i se nos incorporaron
como 20 individuos armados i algunos jóvenes montados.»
Despues de tres dias de descanso emprendieron marcha sobre
Santiago de Catagoita, donde se encontraba el Sub-Prefecto
Aillon a la cabeza de 200 hombres bien armados i equipados. A
la aproximacion de las fuerzas de Tarija, Aillon emprendió una
retirada precipitada hasta las inmediaciones de Potosí.
Dos dias despues Ballivian se unia a Ávila en Tupiza.
La llegada de la division aumentó mas el entusiasmo de los
tupiceños que pedian armas para formar un nuevo cuerpo; apénas
se logró armar 30 hombres que se incorporaron a la inf. ntería, i
muchos jinetes engrosaron la caballería.
Entre tanto, avanzaba contra ellos una fuerza de 200 hombres
de línea destacada por Melgarejo a las órdenes del coronel Rave
lo, que, unida a la de Aillon, formaba una division de cerca de
400 hombres.
A su aproximacion, Ávila i Ballivian resolvieron levantar e
campo, para librar un combate en alguna de las posiciones venta
josas que ofrecia la quebrada de Tupiza. La moral de la tropa era
excelente i reinaba en ella el mayor entusiasmo.
Hasta este momento existió entre los dos jefes la mas perfecta
armonía; mas, a la llegada de un oficial Quiroga con comunica
ciones de la Paz, cambiaron completamente las disposiciones de
Ávila respecto de su Jefe de Estado Mayor. Habia recibido aquél
instrucciones para no dar participacion alguna a Ballivian en la
campaña.
Bien pronto se dejaron sentir las consecuencias de este espíritu
de partidarismo que tan fatal fué a todas las campañas de la revo
lucion.—Ballivian opinó por que se esperase al enemigo en un
lugar situado a un cuarto de legua de Tupiza hácia Potosí, que
ofrecia una ventajosísima posicion; Ávila desechó el plan, alegan
do que siendo colecticias las fuerzas, era menester buscar otra po
sicion que fuese mas conveniente. Ballivian cedió i se emprendió
la marcha al sud con gran deseontento de los tupiceños «que
creian que se habia perdido la ocasion de humillar la bandera de
Melgarejo.»
En Nazareno, a seis leguas de Tupiza, creyó Ballivian haber
encontrado una de esas posiciones que buscaba el jeneral: era la
cima de una pequeña cuesta. Consistia su plan en colocar la infan
tería en unos farellones inaccesibles que la coronaban, i la pieza de
artillería en otro punto apropiado para flanquear al enemigo si in
tentaba subir la cuesta. La caballería ocuparia la meseta de la cima.
Ballivian que se hallaba aprensivo con la conducta hostil de
Ávila, le comunicó el plan que acababa de concebir por medio de
Rivas. Este incidente vino a hacer estallar la mala disposicion de
aquél; desechó cl plan, bajo el pretesto de que la tropa carecia de
bastimentos necesarios para mantenerse miéntras la llegada de
Ravelo. Contrariado por el ofrecimiento que con este motivo le
hizo un tupiceño, que estaba presente en la conferencia, de pro
curarle todo el ganado i cebada que fueren necesarios, subió al
punto su cólera i dirijiéndose a Rivas le preguntó con voz acen
tuada: «¿Quién manda aquí? Yo o Ballivian?»
Con todo, despues de haber reflexionado un poco, aparentó
aceptar el plan, i dijo a Ballivian: «voi a anticiparme con algunos
oficiales para estudiar la posicion, i allí lo aguardaré para trazar
el plan de batalla.»
Poco despues se movió la division con Ballivian a la cabeza,
que, ansiando por conocer la resolucion del jeneral se adelantó, con
un ayudante. Cuando llegaron a la meseta, solo encontraron allí
a un oficial que le comunicó la órden de continuar la marcha.
Este incidente le causó una contrariedad tanto mas viva cuanto
que el nuevo reconocimiento que acababa de hacer del lugar le
confirmó en la conviccion de que allí habria podido obtenerse una
victoria segura.
El desaliento que inspiran las decepciones, se apoderó de su al
ma, i desde aquel instante resolvió apartarse de aquella desacerta
— 59 —

da compañía. «Aquí,» decia a sus amigos, «léjos de ser útil soi un


obstáculo: esta retirada va a convertirse pronto en una derrota
sin combate; no quiero ser responsable de faltas ajenas.»
Al dia siguiente, en Libilibi, villorrio situado a cuatro o cinco
leguas del camino a Tarija, comunicó su resolucion al jeneral, que
la aceptó con sumo agrado, «pues no deseaba otra cosa,» dice uno
de los espedicionarios. No obstante, Ballivian, deseando que la
tropa no notara el verdadero motivo de su retiro i se introdu
jera en ella la indisciplina, pidió al jeneral que se convocase al
cuerpo de jefes i oficiales, a quienes dirijió algunas palabras, es
presándoles que la necesidad de ir a buscar recursos a la repúbli
ca vecina le obligaba a separarse de la campaña, en la cual sus
servicios no eran, por otra parte, necesarios, i terminó recomen
dándoles la mas severa disciplina, sin la cual, decia, es imposible
alcanzar victoria.
A pesar de su reserva, los jefes i oficiales conocieron el ver
dadero motivo de su retiro, i muchos de ellos, los mas influyen
tes, le propusieron deponer a Ávila; mas él se negó a autorizar
un escándalo semejante, que habria manchado i comprometido la
revolucion. -

Llenos de amargura Ballivian i sus compañeros Emilio Fer


nandez Costas, Andres Soto, Espectador Rivas, Francisco Buitra
go i algunos subalternos, emprendieron su marcha a la República
Arjentina.
Una vez fuera de las fronteras de la república, resolvieron des
cansar por algunos dias en Yaví (1) de las fatigas de tan dila
tada campaña. Ballivian, desde su partida de Valparaiso a Lima,
i despues a Cobija habia caminado cerca de 600 leguas por
mar i mas de 400 por tierra!... I aun le quedaban 500 que recorrer
hasta Buenos-Aires
Apénas hacia pocos dias que gozaban de la triste tranquilidad
del emigrado, cuando una noche fueron advertidos por uno de los
vecinos del pueblo, de que la casa se hallaba rodeada por una par
tida de soldados que acababa de llegar. Pusiéronse inmediatamen
te en pié i tomaron sus rifles para defenderse; pero se encontraron
sin sus municiones, que habian sido robadas (2). Entónces solo
3 Pueblecito arjentino situado a una legua de la raya.
(2) Dos dias ántes de la sorpresa, se habia presentado en casa de los emi
¿ un cholo, aparentando ser amigo de la causa i mui adicto a don
Francisco Buitrago, i como a tal le recibieron i agasajaron. Fué éste el au
tor del robo de las municiones. Habia sido mandado por Ravelo.
— 60 —

pensaron en darse a la fuga escalando las paredes del interior que


daban a las casas vecinas.
Cayeron prisioneros Fernandez Costas, Rívas i Soto.
La captura de este último ofrece un episodio que honra alta
mente a un hijo del pueblo. Deseando salvar a todo trance de ma
nos de Melgarejo, ofrece aquél al soldado que lo guardaba un re
loj valioso de oro como precio de su libertad; pero entre tanto que
éste, lleno de pudor, vacilaba en aceptar aquella prenda, «un ofi "
cial con gran desembarazo se lanzó a perfeccionar el contrato i
dejó escapar al coronel.» -

La tropa invasora mandada por N. Salinas constaba de 36 hom"


bres, seis de ellos armados de escopetas i tercerolas, otros seis de
rifles, el resto era de coraceros.
Cuando se supo en el pueblo lo ocurrido, el sentimiento nacio
nal se excitó vivamente, se tocó a rebato, i los vecinos i jentes de
los alrededores comenzaron a llegar a la plaza, armados, dispues
tos a vengar el ultraje que se habia inferido a la inviolabilidad del
territorio nacional. -

En vista de esta actitud amenazante, la tropa se intimidó i em


pezó a dar muestra de desmoralizacion. El centinela que guarda
ba a Rivas le hizo una guiñada apresurándose a decirle: «No per
mitiremos que lleven a los presos a Bolivia,» i dió luego la voz
«que queden los presos.» Salinas acudió pronto a informarse de
dónde habia partido aquélla, mas el coracero la repitió, i fué se"
cundado en coro por todos los demas. Al frente de la actitud ame .
nazante del pueblo i de la desmoralizacion de la tropa, Salinas se
abatió i no pensó ya mas que en retirarse, llevando el botin que
habian hecho del equipaje de los emigrados.
Miéntras esto sucedia en la frontera, aquella campaña abier
ta bajo tan favorables auspicios, terminaba como lo habia pre di
cho Ballivian. Desde la separacion de éste, la tropa que tenia en
él la mas plena confianza, empezó a desertarse. Ávila siguió su
retirada a Tarija resuelto, decia, a defenderse en barricadas. Mas
a la aproximacion de Ravelo a aquella ciudad «se retiró hacia la
frontera ocupada por los indios tobas. La tropa comprendiendo la
suerte que le aguardaba en aquellos lugares desiertos, se amotinó,
dió de balazos a sus jefes i se dispersó.»
Ballivian hubiera podido en esta ocasion desempeñar un bri"
llante papel, desplegando su jénio: mas para ello habria sido pre
ciso que mandase en jefe. Su plan de campaña consistia en apro
— 61 —

vechar de las posiciones estratéjicas que le ofrecian la provincia


de Tupiza i el departamento de Tarija para batir ventajosamente
al enemigo, i en ocasiones tentar sorpresas bien calculadas. Com
prendia que algunos golpes de mano felices, aumentarian el buen
espíritu que reinaba en la tropa, i levantarian en el resto de la
república el abatimiento que habia producido el desastre de la
Cantería.
Mas, para llevar a buen término este plan, era necesaria la uni
dad de accion. Bien hubiera podido, aprovechando de las buenas
disposiciones que le habian manifestado los jefes i oficiales i la ad
hesion de la tropa, destituir a Avila i asumir el mando; mas, tal re
solucion chocaba a su carácter modesto i a sus ideas i conviccio
nes. Militar honrado, de principios, se habia impuesto como un
deber severo la subordinacion, sin la cual no puede haber ejército,
ni buen éxito en las campañas. Sabia, por otra parte, que un paso
semejante, habria desmoralizado aquella falanje que por lo mismo
de ser pequeña, necesitaba mas de la fuerza que produce la cohe
sion (1).
XIV.

Despues de la sorpresa de Yavi, Ballivian, en la imposibilidad


de volver a las costas del Pacífico para unirse a su familia, resolvió
marchar a Buenos Aires con el designio de embarcarse para Lón
dres, adonde lo llamaban arreglos importantes de familia. Diversas
circunstancias le hicieron diferir este último viaje.
El calor de la estacion, la falta de buenas aguas potables i el
cambio de alimentos, hicieron penoso su viaje hasta las orillas del
Plata. Al llegar a Santiago del Estero se sintió con una fuerte
calentura, i creyendo que el calor que le abrasaba era solo efecto
de la ardiente irradiacion solar, apénas llegó a las orillas del pue
blo cuando preguntó si allí o en los lugares inmediatos habia al
gun riachuelo en que pudiera bañarse. Se le contestó que no ha
bia mas que nna acequia con agua detenida; mas la tal acequia
era un charco inmundo en el cual se revolcaban algunos cerdos.
(1) La historia de esta campaña es poco conocida, porque ningun escritor
que sepamos, se ha ocupado de ella. Esta circunstancia nos ha determinado
a describirla en sus detalles mas interesantes, habiéndonos servido para ello
la «Relacion» de uno de los espedicionarios, i los informes verbales del mis
mo Ballivian. La historia jencral de L3olivia la consignará en sus rasgos mas
prominentes.
— 62 —

Resolvió, no obstante, bañarse para mitigar el calor que lo devora


ba. Esta imprudencia agravó la calentura i así en ese estado con
tinuó hasta Córdova, donde logró restablecerse, habiendo quedado
desde entónces enfermo de una gastrítis crónica que le duró por
toda su vida.
Despues de una peregrinacion penosa, llega a Chile i encuentra
a Bolivia sometida todavia a Melgarejo, cuya dominacion adquiria
mas i mas rasgos de una bárbara tiranía. Recibe poco despues
comunicaciones de los numerosos emigrados de la costa i de mu
chos amigos del interior, en las cuales le manifiestan la necesi
dad de uniformar i dar direccion a los esfuerzos de los pueblos
para derribar aquella odiosa dominacion.
No podia dejar de aceptar esta patriótica mision, i a fin de es
tar mas cerca del teatro de los sucesos traslada su familia a Tac
na, a pesar de los sacrificios que le impone este cambio de domi
cilio.
Desgraciadamente, la falta de acuerdo entre los emigrados lo
mismo que entre los opositores del interior; la desconfianza de los
pueblos causada por los desastres de la Cantería, Letanías i Tarija, i
mas que todo la falta de recursos, no le permiten desenvolver sus
planes con la prontitud i enerjía que hubiera deseado.
La última causal era especialmente la que mas entrababa la ac
cion de los emigrados, porque la cuestion dinero es i será siempre
en los negocios humanos, i particularmente en las revoluciones, la
de mas difícil solucion; i cuantos esfuerzos se hacian en este sen
tido, tanto en el interior cuanto en el esterior, eran siempre va
nos. Verdad es que la emigracion hubiera podido procurarse en
mas de una ocasion ausilio de armas i municiones; mas las condi
ciones que se imponian por los prestamistas eran tan onerosas, co
mo sucede en todos los préstamos a la gruesa ventura, que ningu
no queria aceptar la responsabilidad de comprometer a su patria
en créditos tan gravosos. Fuera de esto, lo ocurrido en otras oca
siones con el pago de deudas de esta naturaleza, i que tanto des
crédito atrajo sobre los jerentes de las revoluciones i sobre el país
mismo, retraia a los emigrados de apelar a este medio. ¿No debian
temer, por otra parte, que el espíritu de partido hiciese recaer
sospechas de impureza sobre ellos en el manejo de estos nego
cios?
En medio de tantas dificultades, la accion de Ballivian i de los
emigrados, no podia ser pronta i eficaz.
— 63 —

Algunos, dominados por la impaciencia, querian lanzarlo en


empresas de éxito dudoso, a las cuales se opuso siempre, porque
sabia bien que en las luchas de la libertad contra la tiranía, toda
tentativa que fracasa afianza el poder de los déspotas, desacre
dita las revoluciones, causa sacrificios estériles a los pueblos i
agota sus fuerzas. Queria, pues, que si habia de acometerse algu
na empresa, llevase ésta consigo, si no la seguridad, las probabili
dades al ménos de resultado favorable.
Proceder tan prudente como patriótico, aveníase mal con la
impaciencia de los emigrados, que se le dirijian por parte de los
pueblos oprimidos; i fácil es comprender la mortificacion que es
tas contrariedades producian en su ánimo, habiéndolo resuelto
mas de una vez a emprender esos golpes de mano, que suelen,
ayudados de las circunstancias, producir éxitos felices.
En una de estas ocasiones, se concertó un plan en el sud, a cu
ya ejecucion debia concurrir él mismo en persona. La empresa era
ardua: debia acometerla como Linares la de Oruro, asociado tan
solo de dos o tres amigos. Todo estaba listo i ansiosos los espedi
cionarios para partir, cuando se recibió aviso de que todo se habia
desbaratado.
La cuestion de personas es inseparable de los negocios políticos,
particularmente en los trabajos de partidos que, reunidos acciden
talmente para un fin comun, conservan sus ideas i aspiraciones
propias. En casos tales, cada uno procura enderezar los negocios
hácia los intereses de su bando. Persuadido de esto Ballivian, i
viendo que su persona iba a ser un obstáculo a la prosecucion de
los fines comunes, renunció en los últimos tiempos la jefatura, ofre
ciendo cooperar a los trabajos revolucionarios, con la misma abne
gacion que hasta entónces, pero en calidad de simple soldado.
La emigracion accedió a su patriótica renuncia, i en 1868 ocu
paba otro la jerencia de los trabajos revolucionarios.
No obstante su dimision, trabaja con no ménos actividad, i en
noviembre de 1868 se dirije a Lima con el objeto de concertar con
Moráles un plan revolucionario. Apénas se habian iniciado las con
ferencias, cuando recibe la noticia de haber estallado en Sucre i
Cochabamba la revolucion que proclamaba al doctor Lúcas M. de
la Tapia, i al punto vuelve a Tacna con el objeto de prestar sus
servicios a la causa constitucional. A su arribo a aquella ciudad,
recibe la noticia de los desastres de Torata i Potosí, que en su cu
na ahogaron ese nuevo i jeneroso esfuerzo de los pueblos.
— 64 —

Mas, si tantas contrariedades frustraban su actividad en el te


rreno de los hechos, tenia otro en que podia dar vuelo a sus traba
jos patrióticos —la prensa.
Fué en esa época cuando en compañía de otros emigrados fundó
El Progreso, que tan merecido crédito gozó en las costas del Pa
cífico.
Así pasó Ballivian los seis años de la dominacion de Melgarejo,
trabajando con infatigable actividad, pero contrariado siempre en
sus patrióticos propósitos por los hombres i las cosas. Reservada
estaba a otro la gloria de libertar a Bolivia de la sangrienta dicta
dura de aquel déspota.

XV.

Uno de los rasgos mas prominentes de la vida de Ballivian, es


la renuncia que en 1872 hizo de su candidatura para la presiden
cia de la república. Este acto, que mas que ningun otro talvez, ca
racteriza al republicano modesto, prudente i desprendido, mal in
terpretado por las pasiones políticas de la época, estuvo a pique
de echar en tierra esa reputacion que hasta entónces habia per
manecido pura en medio de las difíciles pruebas a que suele some
ter a los hombres mas severos i de convicciones mas profundas, la
marcha anómala, apasionada i no pocas veces vertijinosa que, ha
ce medio siglo, siguen la repúblicas sud-americanas.
Un esfuerzo supremo de los pueblos, tan glorioso como desgra
ciadamente iniciado en el sud i coronado por un brillante éxito en
el norte, habia derrocado el poder de Melgarejo que se habia crei
do incontrastable. Moráles, el héroe de las barricadas de la Paz;
rodeado de inmenso prestijio, saludado en su paseo triunfal por la
república, como salvador de la Patria, ocupaba la suprema majis
tratura del estado, con el carácter de Presidente provisorio, i ha
bíase convocado a elecciones para Presidente constitucional.
TLa renovacion del personal de los poderes públicos, ofrece siem
pre luchas mas o ménos animadas i no pocas veces peligrosas en
pueblos como Bolivia, cuyas instituciones no se hallan sentadas
sobre sólidas bases. La cuestion electoral no podia, pues, dejar de
preocupar vivamente el espíritu público.
Hallabánse divididos los electores en dos bandos bien defini
dos—el constitucional i el reaccionario o melgarejista.
— 65 —

El primero, formado por una inmensa mayoría, habíase dividido


en tres fracciones o matices—el moralista, el ballivianista i el ta
pista. Este último se componia en su mayor parte de jóvenes que,
con tantafé como entusiasmo, se inscribieron bajo la bandera fe.
deral enarbolada por su caudillo.
Los ballivianistas i federalistas, sin desconocer el mérito que
Moráles habia contraido comtribuyendo a libertar al país de la
dominacion de Melgarejo, aspiraban en la eleccion pendiente a
realizar uno de los principios que habian venido sosteniendo des
de 1862 como el fundamento mas sólido i la espresion jenuina del
sufrajio popular—la alternabilidad del poder. Dábanle, por otra
parte, mas confianza para una administracion intelijente i liberal,
el talento, instruccioni honrosos antecedentes de sus caudillos.
Es de advertir que el brillante prestijio del héroe del 15 de ene
ro habia empezado a eclipsarse. Nada causa una decepcion mas
profunda en los pueblos que el ver a los hombres en quienes han
creido, flaquear i aun caer ante los incentivos del poder. Moráles
que en sus arengas, en sus bríndis, en sus espansiones privadas,
manifestaba en los primeros dias de su gobierno los principios mas
liberales i el mas abnegado desprendimiento, revela, llegada la ho
ra de la prueba, una desenfrenada ambicion, i mira con celos, i aun
con odio profundo, a cuantos pudieran disputarle la posesion del
tan codiciado puesto. Su hipócrita renuncia de la presidencia pro
visoria, no pudo siquiera soportar la prueba de la simple indica
cion hecha por un diputado para que se la pusiera en tela de dis
cusion. El ultraje inferido a la asamblea con este motivo, dió ya a
conocer a los pueblo lo que debian esperar de un hombre que tan
cínicamente faltaba a sus promesas i a los compromisos que con
trajera con ellos. La reaccion contra él comenzaba con la misma
asombrosa rapidez con que su gloria i su nombre se habian levan
tado tan alto. - -

Entre los personajes a quienes miraba con ojo mas receloso,


estaban La-Tapia, Ballivian, Campero i Rendon, i no perdia oca
sion de lanzar contra ellos acerbas injurias, muchas veces en len
guaje soez i grosero (1).
En tales circunstancias, volvia Ballivian a América (2).
(1) A su paso por Oruro, viajando de Sucre a La Paz, calificaba a La
Tapia de tramposo.
(2) En 1809 habia realizado su segundo viaje a Europa, con el objeto de
recojer en Lóndres siquiera parte del patrimonio de su esposa, lo que no
pudo conseguir, pues a pesar suyo se vió metido en un largo i dispendioso
9
— 66 —

A su paso por Tacna recibe numerosas comunicaciones, en las


cuales se le anuncia que una inmensa mayoría le llamaba a rejir
los destinos de la nacion.
Cuán alto se presenta Ballivian en esta ocasion! ¡Cuán distinto
se muestra de tantos otros colocados en idénticas o parecidas cir
cunstancias
Un hombre vulgar, no solo hubiera aceptado de lleno el alto
puesto que se le ofrecia tan espontáneamente, sino que desde este
momento hubiera puesto en juego todos los medios que estuviesen
a su alcance para llegar a él a toda costa.
Pero Ballivian estaba fundido en otro molde. Para él la supre
ma majistratura de la república, no era la satisfaccion de una
ambicion personal:-—era un mandato, un sacerdocio, cuyo delicado
i difícil ministerio le imponia serios deberes a la vez que una
inmensa responsabilidad.—Necesitaba conocer la situacion del
país.
Las primeras noticias que recibe de sus amigos no le bastan
para formar su juicio a este respecto, ni acerca de la opinion en
favor suyo. Para cerciorarse sobre ámbos puntos, resuelve dirijir
se al señor Frias i a otros personajes notables de la república (1.º
de febrero de 1872).
Despues (23 de febrero) dirije otra comunicacion a su familia,
encaminada al propio objeto.
El fondo político de ámbas es uno mismo; pero como la segunda
contiene revelaciones íntimas, es la que mejor da a conocer la
cuestion personal i de familia que entrañaba la presentacion de su
candidatura, cuestion que imponia a su alma luchas acerbas.........

«Las mujeres, dice, suelen no comprender la intensidad que en


los pesares de los hombres produce la idea de ver manchado i hu
millado el propio nombre que tienen que legar a sus hijos, i a cu
ya honorabilidad i a cuyo brillo han vinculado, por un deber de he
rencia, así como por un sentimiento de honor que Dios pone en
pleito. Allí le envió Melgarejo el título de cónsul jeneral en el Reino Unido
de la Gran Bretaña e Irlanda, que Ballivian, sin embargo de la estrechez i
penuria de sus recursos, rehusó admitir, devolviéndolo con estas significati
vas palabras: «Devuelvo a usted ese nombramiento que no puedo aceptar.»
La prolongacion forzosa de su residencia en Europa le privó de concu
rrir, como anhelaba, a las últimas luchas sostenidas en Bolivia contra Mel
garejo, i que al fin fueron coronadas con el éxito el 15 de enero de 1871; i
tambien de asistir a las sesiones de la asamblea constituyente de ese año, a
la que fué elejido diputado por la ciudad de La Paz.
— 67 —

nosotros, han vinculado, digo, el interes de su propia existencia.


Para que tú comprendas la realidad de tales pesadumbres, que en
gran parte te he ocultado, a veces por no hacerte sufrir inútilmen
te, te bastará pensar en que tantísimos años que para mí han pa
sado en sacrificios hechos por mi país, en persecuciones sufridas,
en viajes, emigraciones i miserias, no han podido trascurrir sin
arrastrarme a empeños, deudas i compromisos inevitables que han
ido agravándose i acumulándose sucesivamcnte, a medida que mi
vida, mis fuerzas i mis recursos propios se consumian rápidamen
te, i hasta el punto de presentar a mi vista como irremisible el
desamparo i la desdicha de tantos séres queridos como son aqué
llos que de mí dependen. Bajo el peso de tales reflexiones i del
recuerdo reciente de los terribles trances por que yo acababa de
pasar, trances en los cuales varias veces desesperé de volver a ver
a la familia, natural era que yo anhelase vivamente emanciparme
de aquellas mismas causas de mi desgracia, i que como único re
medio a ella procurase adquirir la tranquilidad i la independencia
necesarias para poder consagrar con fruto el último resto de mi
vida i mis fuerzas a la conservacion de mi honor i a la atencion
de reparar los males pasados i los que me amenazaban, para librar
de sus fatales consecuencias el porvenir comprometido de mi fa
milia.»
Estos renglones, cuya lectura afecta dolorosamente el corazon,
pintan a lo vivo toda la ternura, delicadez i nobleza de sus senti
mientos. ¡Qué lucha aquélla entre los deberes del ciudadano i del
jefe de partido, i los no ménos sagrados que la naturaleza le im
ponia como a esposo i padre! ¡Qué presion tan terrible debian cau
sar a su espíritu el recuerdo de un pasado de penurias, de desgra
cias i sacrificios, i la contemplacion de los nuevos sufrimientos
que a él i los objetos amados de su corazon, le atraeria el cumpli
miento de nuevos deberes para con su patria! I cuántas otras ve
ces dilemas tan difíciles habian dilacerado su corazon!
Felizmente para él en esta ocasion, sus ideas, sus convicciones,
el conocimiento de los verdaderos intereses de su patria i la con
ciencia de sus deberes para con ella—se conciliaban con sus pro
pios intereses i los deberes que le imponian la suerte i el porvenir
de su familia.
Esta conviccion tranquilizaba su espíritu: «De acuerdo con es
tas necesidades imperiosas, íntimas i privadas de mi situacion
personal, decia, se hallan por fortuna mis convicciones políticas
— 68 —

imparcial i dolorosamente formadas, en la escuela de larguísimos


padecimientos, i fortalecidas por la esperiencia i el espectáculo de
la suerte de otros paises cuya prosperidad i aniquilamiento me
han sujerido reflexiones aplicables a la investigacion de las causas
que, a mi juicio, han producido esclusivamente la deplorable i de
sesperante situacion en que hoi se halla mi país. Creí, pues, i creo
firmemente que la única causa del atraso, de la corrupcion, del
descrédito, de la miseria i de la barbarie a que hemos llegado en
Bolivia, es el constante desórden i escándado en que hemos vivido
políticamente desde muchos años a esta parte. Solo a favor de ese
desórden creo que han podido surjir i ser posibles gobiernos i do
minaciones tan monstruosas i absurdas, como las de Belzu, Córdo
va, Melgarejo i Moráles. Creí i creo que miéntras no abandonemos
definitivamente el camino que nos ha conducido ántes a semejan
tes resultados, volveremos a producir inevitablemente, por idénti
ca senda i por idénticos medios, otros igualmente desastrosos. Creí
i creo por fin que persistiendo en los mismos i perpetuando este
estado de cosas, podemos consumar la ruina no solo del órden in
terior de Bolivia, sino la de su integridad territorial i de su porve
nir e independencia.»
Aparte de las importantes observaciones filosófico-históricas que
encierran los pasajes anteriores, cuán superior se manifiesta Balli
vian en esta situacion solemne, a esos políticos vulgares, dispues
tos no solo a aprovecharse de las situaciones difíciles de su patria,
sino a revolverlo todo, porque tienen la conciencia de que solo de
ese rio revuelto puede salir su encumbramiento sobre las desgra
cias de su país! Al honor que le dispensan sus conciudadanos, tal
vez a la satisfaccion de una aspiracion lejítima, anteponia Balli
vian los grandes intereses de la nacion, vinculados en su concepto
a la conservacion de la paz pública, al afianzamiento de las ins
tituciones i a su desarrollo en el terreno pacífico de la lei.
Pero es preciso seguirle todavía en esa discusion íntima con su
familia, i mejor se diria tal vez, en esa discusion aflictiva consigo
mismo, para resolver el problema en que los grandes intereses de
la nacion dependian quizá de sus resoluciones.
«Impresionado,» dice, «con estos peligros i ademas con la ca
rencia absoluta que tenemos en Bolivia de ese sentido práctico
indispensable para alcanzar el logro de todo fin político, a mi lle
gada a Tacna escribí al señor Frias una carta cuya copia hice cir
cular en consulta entre todas las personas de la república cuya
— 69 —

opinion merece mi sumision i mi respeto, i que contenia la espre


sion compendiada pero categórica de mis juicios sobre la situacion
de Bolivia, sirviéndome hoi de no poca satisfaccion i consuelo, al
mismo tiempo que de resguardo para la responsabilidad que voi a
asumir ante el sentimiento irreflexivo, apasionado, interesado o
impaciente de otros grupos de la opinion del país; sirviéndome,
digo, el apoyo, el aplauso i el mas perfecto acuerdo de personas
como los señores Frias, Baptista, los Calvos, Reyes Cardona, San
tivañez, Torrico, Aguirre i muchos otros: acuerdo de ideas i de
propósitos tácitamente formado i adquirido, aun ántes de que los
datos que a ello han contribuido se confirmasen i aumentasen con
el conocimiento real e inmediato de las cosas que me ha procurado
mi entrada en Bolivia, i con un vigor i fuerza que yo mismo esta
ba léjos de esperar.»
«En mi carta al señor Frias decíale yo en sustancia lo si
guiente: -

«He venido a encontrar en Bolivia una mala situacion política


establecida por la fuerza de los acontecimientos i afianzada i lega
lizada por ustedes en la última asamblea, que le ha procurado de
este modo los medios de prolongarse i subsistir mas allá de los lí
mites entre lo provisorio i lo constitucional. Moráles tiene la fuer
za, los medios de abuso, usuales, conocidos, eficaces, i con todo
esto, el propósito firme i la ambicion vulgar de mandar a todo
trance, a buenas o a malas, i sacrificando a este fin, no solo los in
tereses internos de Bolivia, sino tambien los que están gravemen
te comprometidos ante Chile i la República Arjentina, para aho
gar con la amenaza de estos peligros, sustentados intencionalmen
te, la voz de la opinion i apellidar traidores a todos sus adversa -

rios. Por los antecedentes conocidos i por todo lo que hoi vemos,
es indudable que si la opiuion se uniforma en su cóntra i se pre
senta como una séria amenaza de hacer fracasar sus propósitos,
no habrá elecciones, ni Congreso, ni Constitucion, ni cosa que lo
valga. Solo habrá arbitrariedad, abusos i violencias de todo jéne
ro, i todo cederá al grito de «la patria está en peligro,» lanzado
por los pretendidos salvadores del pais. En tales condiciones pien
so que seria una injusta i estéril tiranía de la opinion designarme
como a demoledor de una situacion a cuya creacion no he contri
buido, i una deplorable i funesta ilusion en mis amigos i partida
rios, confiar en la eficacia de los únicos medios de opinion i de
influencia moral que puedo emplear en el terreno de una lucha en
— 70 —

que solo hai lugar para la fuerza como hecho, para la corrupcion
como medio político de los partidos, para la especulacion como
fin del interes individual en los que colaboran.—En vista de todo
esto, ¿no seria mas prudente, patriótico i acertado no agravar los
males que no podemos remediar, obligando a Moráles a que se
convierta en otro Melgarejo por nuestras resistencias apasionadas
i tenaces, así como ántes obligamos a Achá a que hiciera un go
bierno mucho peor de lo que sin eso hubiera sido?—Tengamos,
pues, alguna vez sentido práctico, reconozcamos el deber i la ne
cesidad de someternos a la aceptacion de ciertos hechos superiores,
por su naturaleza i en ciertas circunstancias, a nuestras fuerzas i
a nuestra voluntad, es decir, reconozcamos la inutilidad de demo
ler murallas con alfileres.—Renunciemos por fin a la violencia que
solo nos ha traido i solo nos traerá males incalculables públicos i
privados, i compremos a costa de cualquier sacrificio el inestima
ble bien de la paz pública, que puede levantar gradualmente a Bo.
livia del abismo en que ha caido.»
Apénas habia pisado el territorio de su patria, despues de larga
ausencia, cuando su clara intelijencia le permitia conocer la situa
cion, que era tal cual la pintaba con los firmes rasgos de la ver
dadera conviccion. Verdad es que la falta de ambicion i de todo
interes individual, le permitian juzgar de las cosas con severa im
parcialidad. -

En su juicio sobre la situacion i la política que ella demandaba,


revela cuánto habian cambiado sus ideas respecto de los medios
por los cuales debia llegarse a la consecucion de las lejítimas as
piraciones de los pueblos.—Al exaltado liberalismo, a la impacien
cia e imprevision habian sucedido en él las ideas moderadas, la
calma i la esperiencia con sus frios consejos. Era ya un verdadero
hombre de Estado. -

Mas, al frente de los hombres, los mas de edad madura, cuyos


consejos, dictados por la esperiencia i el conocimiento de la situa
cion, habian contribuido a fortificar las ideas i resoluciones de
Ballivian, existian infinitos grupos, de diversos matices, que di
verjian de aquéllos en ideas i propósitos. Segun éstos, los conse
jeros de Ballivian no conocian bien la situacion, desconfiaban de
la fuerza moral de la opinion, exajeraban los peligros, i sus con
sejos eran hijos de la timidez, del egoismo o de los intereses indi
viduales.

Mezclábanse en todo esto, a los propósitos sinceros i patrióticos


— 71 —

de unos, las miras e intereses de bandería o personales de otros.


Esto era natural: la renovacion del personal de los poderes públi
cos, es siempre un acto trascendental en las repúblicas, sobre todo
en aquéllas en que, no estando cimentadas sus instituciones, tienen
que esperar mucho, si no todo, de las cualidades personales de sus
mandatarios.—I al triunfo de esta renovacion están vinculados
el triunfo de ciertas ideas políticas, el predominio de ciertos inte
reses, i la satisfaccion de ambiciones personales. Esto sucede en
particular, cuando unidos accidentalmente algunos círculos o par
tidos políticos, cada uno trata de enderezar las cosas hácia el lo
gro de sus propósitos.
Tal era la situacion creada por la cuestion electoral i que Balli
vian, lleno de angustia i de contrariedad, pintaba a su familia i al
círculo de sus amigos íntimos con estas enérjicas pinceladas: «En
Potosí dice Rendon que jamas transijirá conmigo, porque en el
congreso de Cochabamba me opuse a que lo ascendieran a coro
nel; otros quieren allí que yo ofrezca restablecer el sistema de la
antigua casa de moneda con sus abusos. En Cochabamba los cholos
dicen que no quieren aristócratas, i La-Tapia pone por condicion
de su alianza que se proclame el principio federativo.—En La Paz,
Valle i otros ponen la condicion contraria, es decir, que se com
bata ese principio. Obispo i clero pretenden que se les devuelva
los bienes que les quitó el congreso del año 26; al paso que mu
chos otros exijen la devolucion de los terrenos de comunidad ven
didos i regalados por Melgarejo. Por último, muchos amigos mios,
empleados en toda la república, me conjuran a que no los ponga
en el conflicto o de romper sus vínculos conmigo o de faltar a los
compromisos que tienen con el gobierno. En resúmen, anarquía,
desunion, pretensiones absurdas o indecorosas, confusion i falta
de juicio i patriotismo,—tal es la situcion del país actualmente.»
El cuadro de la situacion no podia ser mas fiel; solo que en el
fondo de ese verdadero cáos de pretensiones contrarias, se descu
brian miras sinceras i propósitos verdaderamente patrióticos, es
pecialmente de parte de la juventud, que, noble i desinteresada
siempre, veia que habia llegado el momento de realizar los prin
cipios proclamados por la revolucion. Aludiendo a esta actitud de
la juventud, decia Ballivian a un amigo suyo de Cochabamba:
«Fuera de la influencia de tales intereses se halla de pié i lleno de
fé i firmeza el grupo de los hombres (jeneralmente jóvenes) inde
pendientes, jenerosamente apasionados, que no ven mas que un
— 72 —

camino hácia el deber ni otra fuerza superior a la eficacia i santi


dad de su derecho, grupo respetabilísimo es cierto i cuya actitud
noble nos consuela de tantas otras decepciones, pero que por nu
meroso que se le considere, no alcanza ni con mucho a formar la
mayoría de la opinion del país. En tales condiciones, me parece
que la lucha electoral seria una feria de transacciones desleales por
ser impracticable» (19 de marzo de 1872—La Paz).
Sacudida su alma por tan contrarios estímulos, vaciló algunos
instantes i pidió un poco de tregua para meditar. Fué de este mo
mento del que algunos de sus amigos impacientes aprovecharon
para presentar su candidatura, sea porque creyesen que esas vaci
laciones debian tomarse por una aceptacion, o porque juzgasen que
era el mejor medio de comprometerlo ante la nacion.
Respecto de esta presentacion de su candidatura, decia: «Esto
se ha hecho ya aquí en una publicacion suelta a despecho de mi
obstinada resistencia i de la manifestacion categórica que he hecho
de mis juicios i convicciones sobre el particular, sirviendo ello a
demostrar que mi permanencia pacífica en Bolivia es imposible i
que me es forzoso tomar de nuevo el camino de la espatriacion
para que no se me haga instrumento de estravíos i sucesos funes
tos que repruebo i deseo evitar.» (Carta citada) -

Esta firmeza con que él, obedeciendo a sus convicciones i sin


otro norte que los verdaderos intereses del país, contrarrestaba a la
corriente de la opinion, no era comprendida por muchos que se
dejaban llevar por sus aspiraciones patrióticas o por miras parti
culares. Aludiendo a esto decia: «El pensar así, contrariado, resis
tiendo las ilusiones, las pasiones políticas i la especulacion i espe
ranzas de muchos, me empieza ya a costar la impopularidad con
todas sus iras i calumnias, pues sabrá Ud. que parece que siendo
mia la presidencia de Bolivia, la he vendido a Moráles, por 10.000
bolivianos que me ofrece como sueldo de una doble mision a Euro
pa i Estados Unidos. Comision honorífica i útil, sea dicho de pa
so, i cuyo desempeño me daria ocasion para servir a mi país mejor
que gobernándolo i sobre todo mejor que revolucionándolo.»
Todas estas confidencias revelan lo incontrastable de las reso
luciones de Ballivian en la grave cuestion electoral; mas, entre tan
to que él daba así espansion a su alma comprimida, la presenta
cion de su candidatura habia sido acojida con entusiasmo en toda
la república, especialmente en Cochabamba. A un amigo suyo de
esta ciudad que, en vista de esa manifestacion espontánea de la
— 73 —
opinion, le escribia observándole que no le parecia ya ni prudente
ni patriótico contrariar la voluntad decidida de la nacion, i que
en caso de persistir en su renuncia, no aceptase mision alguna,
pues que esto podria comprometer su reputacion ante los que no
le conocian a fondo, respondia: «Si en política fuese posible mar
char dando un paso atras i otro adelante, i abandonar las resolu
ciones mas graves i meditadas para seguir el rumbo de los inci
dentes fortuitos, segun nuestra inclinacion i sentimiento, ya me
tendria Ud. adherido al movimiento de opinion operado en Co
chabamba i que me ha impresionado vivamente. Sin embargo, las
consideraciones que me dictaron i han sostenido mi resolucion de
no aceptar la candidatura, subsisten i se aumentan diariamente
con mas fuerza que nunca.................................................
«Permítame ahora que le diga francamente mi juicio sobre la
insinuacion que Ud. me hace para que no aceptando nada a nadie,
marche al esterior a asumir mi viejo papel de proscrito i de már
tir.—Creo que tal partido seria el que mas conviniese a mi orgu
llo, a mi amor propio, al interes egoista de conservar mi prestijio
personal con cierto barniz de celebridad teatral i romanesca. Todo
esto sin provecho de nadie. Sin provecho del partido con el que
me pondria en desacuerdo rehusando satisfacer sus propósitos sin
ninguna razon séria, i que quedaria desconcertado, debilitado e
impotente; sin provecho del país al que igualmente rehusaria toda
clase de servicios; i por último con perjuicio del órden i la paz
pública para los que mi nombre i mi persona serian una constante
amenaza i un pretesto i una arma puesta al alcance de los descon
tentos i de los interesados en turbarla» (Abril 1.º de 1872. La
Paz).
Entre tanto que Ballivian, desde su silencioso gabinete, sostenia
con sus amigos i partidarios esta lucha que sacudia vivamente su
alma, lucha en que brillaban las virtudes del ciudadano honrado
i del austero republicano, pasaba allí en los salones de palacio otra
tormenta no ménos ruda aunque de distinto linaje.
La sola noticia del arribo de Ballivian a las costas del Pacífico
habia causado una inquietud secreta en el espíritu de Morales.
Las muestras de simpatía con que fuera recibido en la ciudad de
La Paz i el movimiento espontáneo de la opinion en el resto de la
república en favor suyo, acabaron por desconcertar la ciega con
fianza que le habian inspirado sus gloriosos antecedentes i los im
portantes servicios que acababa de prestar a su país. -

10
— 74 —

Como todos los mandatarios que han subido al poder sobre los
laureles de la victoria o alzados por el aura popular, no compren
dia que pudiese operarse un cambio repentino en la opinion.
Mas, el jeneral afortunado que ayer libertara a los pueblos de la
ruda dominacion de Melgarejo, el caudillo de la víspera que elec
trizara a los pueblos con protestas de desprendimiento i promesas
liberales, espresadas con el acento de la sinceridad i del patriotis
mo, no era el mandatario de hoi dominado de una ambicion vul
gar, de una codicia ruin, que acababa de ultrajar a la nacion en
sus representantes, i se revelaba en todos i cada uno de sus actos
como un déspota dispuesto a sacrificarlo todo a su ambicion.
El triunfador del 15 de enero, el simpático caudillo, el reforma
dor liberal, habia dejado de ser el mismo, i la opinion cambiada,
dejaba tambien de ser la misma para con él.
Esto no lo comprendia.
Ofuscado por los resplandores de la gloria, desvanecido por el
incienso de la adulacion, su ardiente fantasia le presentaba a cada
momento el cuadro palpitante de sus entradas triunfales a los pue
blos; esas multitudes entusiastas apiñadas en derredor suyo, que
retardaban su marcha triunfal, las cintas de variados colores, los
ramos, las guirnaldas que desde lo alto de los balcones caian sobre
su cabeza radiante de gloria; las arengas de los representantes de
las diferentes clases sociales; el eco atronador de los vítores..... En
estos momentos de verdadero arrobamiento, considerábase el ídolo
de los pueblos i el árbitro de su destino. -

En tales condiciones de su espíritu, no podia imajinar siquiera


que álguien pudiera disputarle el voto de los pueblos. ¡Cómo el
niño que ayer acariciara sobre sus rodillas en el palacio de su pa
dre! ¡Cómo el novel militar cuya carrera carecia de hazañas bri
llantes, solos títulos verdaderos para escalar el solio del poder!
¡Cómo el hombre público de tan corta carrera, habia de venir a
arrebatarle un puesto a que tenia derecho perfecto, inalienable!
Tales reflexiones hacíanle mirar con el mas profundo desden a
sus rivales—llamaba muchacho a Ballivian. La-Tapia era descalzo
nado.
I cuando en momentos de reaccion se apoderaba la desconfian
za de su espíritu, acusaba de ingratitud a los pueblos i se conside
raba víctima de una de esas volubilidades con que éstos suelen co
rresponder a sus bienhechores.
Mas, este estado febril de acciones i reacciones, debia tener su
— 75 —

crísis; era menester que cesase la duda; preciso era que ese tor
bellino de pasiones, eneontrase una válvula para espandirse; era
necesario, en fin, que la situacion se definiese.
Para almas fogosas como la de Moráles, la solucion de las difi
cultades no se deja esperar mucho tiempo; hombres de su temple
no se detienen pacientemente en desatar el nudo de la dificultad.—
lo rasgan.
Invitó a Ballivian a una conferencia, i en ella le espuso franca
mente sus ideas i sus propósitos, si bien apoyándolos en razones
de estado, en conveniencias nacionales. El estado alarmante en
que se hallaban las cuestiones de límites con Chile i con la Repú
blica Arjentina, la desmoralizacion del país, las facciones que lo
dividian i debilitaban en presencia de la reaccion que se mostraba
audaz i activa; todas estas circunstancias, decia, exijian ante todo
la conservacion de la paz i el establecimiento de un gobierno fuer
te que dominase las facciones en el interior i presentase respetable
a la nacion en el esterior. Él, vencedor del 15 de enero, no podia
consentir que la obra de sus esfuerzos i sacrificios, cayese desga
rrada por manos de la demagojia o de la reaccion. Él no abrigaba
(ciertamente) ambicion ninguna personal, pero tenia sagrados de
beres que cumplir, compromisos solemnes que llenar.
Hai hombres que creen sinceramente o aparentan creer, que la
suerte de los pueblos está vinculada a su persona, i son para ellos
una verdadera calamidad. Mejor lo pasarian sin sus servicios, sin
su abnegacion i patriotismo
Ballivian escuchaba sin estrañeza estos rasgos de sublime pa
triotismo: lo habia comprendido ya todo. Mas, su alma no podia
dejar de esperimentar el hielo de la decepcion: aquella escena de
entre bastidores era la fiel representacion de lo que son en la ma
yor parte de las repúblicas sud-americanas las instituciones demo
eráticas, lo que es el ejercicio de su soberanía, simulacro en que la
ambicion, las imposturas i el cinismo juegan con la libertad i los
derechos de los pueblos!...... I despues de todo, el mandatario ha
sido elejido por el voto espontáneo de los pueblos
Despues de sus observaciones dictadas por el mas acendrado
patriotismo, Moráles procuró persuadir a Ballivian de la inconve
niencia de su candidatura, i manifestarle que podria prestar a su
patria otros i mas importantes servicios en el esterior: acabando
por decirle que estaba dispuesto a salvar el país contra todo obs
táculo. I el obstáculo era la aspiracion, el derecho del país a elejir
— 76 —

libremente a su mandatario. Mui mas fácil, glorioso i patriótico,


habríale sido garantizar la libertad electoral i prestar el apoyo de
su potente brazo i de su popularidad al elejido por los pueblos!
Ménos estrañeza causarian a Ballivian estas patrióticas resolu
ciones, i tanto ménos, cuanto que las conocia de antemano i es
taban de acuerdo con sus ideas sobre la situacion i con sus reso
luciones formadas ya. No encontró, pues, obstáculo alguno su
impaciente ambicion, que fué a estrellarse no contra otra ambicion,
sino contra el desprendimiento de ese jóven que un peligro tan
inminente habia ofrecido al logro de sus miras personales, i cuya
actitud serena, franca i sincera venia a ser el mas cruel reproche
a sus desenfrenadas pasiones. -

Ballivian aceptó con resignacion el nuevo ostracismo que bajo


el velo de una mision diplomática o financiera, venia ahora, como
en 1865, a imponerle la ambicion sostenida por la fuerza.
Mas ya que le era forzoso aceptar este nuevo sacrificio, quiso
aprovechar de él para satisfacer una exijencia nacional, que desde
hacia tiempo preocupaba su espíritu.
Las riquezas minerales decubiertas en el Litoral, habian hecho
que todas las miradas de la nacion se dirijesen a aquella comarca,
llamada a dar un impulso rejenerador a la república toda. Ella
estaba destinada a salvar el país de la bancarrota que le amenaza
ba. Entre tanto, la cuestion de límites con Chile habia vuelto a
exacerbarse, i Moráles mismo tendia a promover nuevas dificulta
des, con el objeto de distraer el país de las cuestiones de política,
para encaminar su atencion a otras de interes nacional. Era, pues,
de todo punto indispensable asegurar nuestra posesion pacífica de
aquellos valiosos intereses, al propio tiempo que la integridad del
territorio nacional. Esta era una de las aspiraciones de Balli
vian.
Escribiendo a propósito de ella a sus amigos, discurria de este
modo: «Me ha convencido de lo imperioso de esta necesidad» (la
de garantir los intereses del Litoral), «la reflexion de que hasta el
fin del mundo, entre naciones, el derecho no será nunca nada sin
el apoyo de la fuerza. En todas las disputas internacionales se re
produce el caso del que teniendo una mina, necesita ampararla i
trabajarla para disfrutarla. La nacion a la que de improviso se le
abre a la orilla del mar la ancha puerta de una riqueza i un por
venir incalculables, o debe cerrarla, o custodiarla convenientemen"
te contra la codicia, la rapacidad i la impunidad de la violencia.
— 77 —

El que quiera costas, puertos i ferrocarriles, no puede prescindir de


aquello a que eso obliga. El discurrir así me ha colocado en el con
flicto de que se me encomiende la ejecucion de lo que yo acon
sejo.» \
Moráles, de carácter belidoso i ansioso de glorias militares, habia
en efecto, aceptado la grande idea de asegurar nuestros intereses
del Litoral. La carta de Ballivian de 9 de abril datada en la Paz,
da una idea de los graves asuntos que se le encomendaron, así co
mo de las ideas i propósitos que abrigaba sobre su Patria al aban
donar otra vez su suelo ingrato.
«Voi a consumar mi último i mas penoso sacrificio en obsequio
de nuestra pobre patria.» -

«El gobierno, rehusando las varias propuestas que tiene para la


celebracion del empréstito a que está autorizado, me encomienda
la iniciacion del crédito de Bolivia en Europa, bajo condicioues
honorables, ventajosas i propias a prepararnos incalculables recur
sos para el porvenir. Entre otros encargos útiles, se me hace el de
contratar profesores científicos para el incremento i solidez de
nuestra instruccion pública, i por último o mas bien en primer
lugar, se me facilitan los medios de traer al fin de un año la ban
dera de Bolivia a Mejillónes en dos buques blindados de primera
clase, no para buscar camorra a nuestros vecinos, sino para dar
fuerza i respetabilidad a nuestros intereses i derechos, al mismo
tiempo que para dar posibilidad i apoyo efectivo a la espectativa
de alianzas e influencia en el desarrollo de nuestras futuras com
plicaciones internacionales de Sud-América. Si tenemos paz, jui
cio, prevision i patriotismo, yo confio en que ántes de diez años
el porvenir de Bolivia se habrá asegurado, i que no por medio de
la violencia, sino por la fuerza irresistible de las necesidades socia
les, políticas, industriales i de progreso, se hará realizable la aspi
racion constante de mi padre, de engrandecimiento i prosperidad
para Bolivia. El concurrir a este propósito me parece digno del
nombre que llevo, i digno tambien del sacrificio de mi salud, de mi
vida, de mi familia, de mis afecciones, de cuanto tengo en fin. Que
me calumnien hoi, que me ultrajen, que me maldigan aquéllos a
quienes rehuso ayudar para el logro de sus pasiones o espectativas
personales: entre tanto, tengo la satisfaccion de mi propia concien
cia i la esperanza de conservar la estimacion de los hombres de
bien que pueden comprenderme.» -

Así, apénas habia llegado a la patria i pisado el dintel del ho


— 78 —

gar despues de largos años de trabajos i de peregrinaciones, cuan


do, segun su triste i amarga espresion, «se veia obligado a abando
nar esta tierra en que su planta no dejaba huella.»
Su modestia i el hábito que habia contraido de cumplir desinte
resadamente sus deberes de ciudadano, no le permitian ver que de
jaba una huella iluminada por el brillo de las virtudes republica
nas, mui mas útil para la marcha de las naciones, que esas huellas
esplendentes que dejan las hazañas brillantes i las aventuras auda
ces, huellas regadas con frecuencia con sangre i sembradas de in
finitas calamidades.

XVI.

Bajo las penosas impresiones que producian en su alma, el ale


jamiento de su patria, i el abandono de su querida familia, partió
Ballivian para Europa, fortificado, no obstante, con la esperanza
de que su mision, en cuyo desempeño se proponia realizar sus pro
pios designios, seria provechosa al país.
Apénas llegado a Europa, se consagró asiduamente a su cometi
do. En sus primeros pasos encontró graves dificultades; no pudo
lograr siquiera una entrevista con los jerentes del ferrocarril Ma
dera—Mamoré, ni con los prestamistas. Gracias a la intervencion
del Sr. Church, pudo al fin entrar con ellos en conferencias que le
allanaron las primeras dificultades.
He aquí cuál era el estado en que se encontraban los fondos
procedentes del empréstito.
El 17ºlo correspondiente al gobierno no estaba aun depositado.
Otro tanto sucedia con los tres millones destinados al ferrocarril.
Estas gruesas sumas carecian, pues, de toda caucion que asegu
rase su conservacion i manejo.
Hallábase Ballivian facultado para recojer el primero de estos
fondos e invertirlo en los objetos de su mision. Uno de los artícu
los de la reglamentacion de la lei de 25 de agosto de 1871 prohi
bia que el ejecutivo pudiese disponer de ellos sin espresa autori
zacion de la asamblea. Por una lei secreta de ésta, Moráles se ha
llaba munido de dicha autorizacion; mas, como en ella se designa
ban al propio tiempo los objetos de su inversion, Ballivian no po
dia presentarla sin comprometer el secreto; i los prestamistas
oponian dicha prohibicion a la entrega de los fondos. Púsole esta
circunstancia en posicion harto difícil, que él supo orillar con sa
— 79 -

gacidad, habiendo logrado obtener la consignacion de todos los


fondos i revestido su inversion de las seguridades necesarias.
Fué en los momentos de estos arreglos cuando recibió las prime
ras noticias del trájico suceso de 27 de noviembrei del nuevo órden
de cosas que habia sobrevenido. Poco despues llegaba a sus ma
nos la autorizacion que le conferia el gobierno para regresar a
Bolivia, encargando su cometido al Ministro Plenipotenciario de
la República, jeneral Campero, i al propio tiempo cartas de sus
amigos en las que le anunciaban el propósito de presentar su can
didatura en la próxima eleccion para presidente a que se habia
convocado por el nuevo gobierno. En todas ellas le insinuaban la
necesidad de su inmediata presencia en Bolivia.
Ballivian debió comprender toda la importancia de esta insi
nuacion, pues su candidatura, hallándose ausente, al frente de las
de otros, uno de los cuales ocupaba nada ménos que la cartera de
gobierno, estaba espuesta a fracasar. Un aspirante vulgar no ha
bria vacilado en tomar la resolucion de volver inmediatamente
para ponerse a la cabeza de su partido, tanto mas cuanto que po
dia hacerlo sin responsabilidad alguna.
Mas, el alma de Ballivian vibraba al impulso de otros sentimien
tos que los de la ambicion. Sus negociaciones sobre la caucion i
entrega de los fondos del empréstito, habíanle permitido conocer
el asunto, medir a sus adversarios i adivinar, por decirlo así, sus
designios. Abandonar en tal estado los graves i delicados asuntos
que se le habian encomendado, habria sido tal vez comprometer su
éxito, por grande que fuese la confianza que le inspirase su suce
sor i amigo Campero.
Por otra parte, ¿cómo desprenderse de su cometido, para venir
a América a ponerse a la cabeza de un asunto que le era personal?
Tal proceder le pareció poco patriótico i aun pueril, i no exento
de responsabilidad moral. Resolvió, pues, sacrificarlo todo ante el
cumplimiento de un deber que él consideraba indeclinable, sa
grado.
De este modo quedaba librado el triunfo de su candidatura a
los solos trabajos de sus amigos i al prestijio de sus honrosos an
tecedentes. Todos saben el partido que sus adversarios sacaron de
su ausencia, atribuyéndola no pocos al mal estado de su salud.
No salió de Europa sino cuando creyó logrado el principal ob
jeto de su mision, pues el cambio político que acababa de operar
— 80 —

se en Bolivia, exijia la suspension de los otros que podian no ha


llarse de acuerdo con la nueva política que se inaugurase.
A su llegada a Bolivia, se encontró con que la cuestion electo
ral habia sido ya resuelta en favor suyo con una mayoria relati
vamente notable.
«Su entrada a la ciudad de la Paz fué acojida con entusiastas
manifestaciones de simpatía popular. La cholada misma, que se
creia que no le fuese adicta, salió en tropel a recibirlo a los subur
bios de la ciudad. Su modesto alojamiento no podia contener, du
rante los primeros dias, el gran número de personas de todas las
clases sociales, agrupadas para espresarle su salutacion de bienve
nida por medio de un afectuoso apreton de mano.»
Sensible a esta manifestacion espontánea escribia a uno de sus
amigos de Cochabamba estas sencillas palabras.
«Aunque sea en pocas palabras, quiero anunciarle a Ud. mi
arribo a esta ciudad que tuvo lugar el 21 en medio de manifesta
ciones tan espontáneas que hasta hoi me tienen sumamente impre
sionado.» «.

«Hoi ompiezan las sesiones preparatorias de la asamblea de cu


yas resoluciones, como siempre, lo espera todo el país.» -

«La situacion es solemne i llena de dificultades, no obstante


confio en que podremos vencerlas. (25 de abril de I873)
La situacion, en efecto, era en estremo tirante: pocas veces la
lucha electoral habia despertado tan grande interes; tres partidos
se habian disputado el triunfo—el melgarejista, cuyos miembros
dispersos habíanse reunido en torno de la jefatura del señor Que
vedo. Este partido representaba los intereses vencidos el 15 de
enero, entre los cuales figuraba la devolucion de los terrenos de
comunidad, que habian sido restituidos por la revolucion a sus le
jítimos dueños; i los partidos Ballivianista i Corralista, fracciones
del partido constitucional, que formaban la gran mayoría de la
nacion. Todos tres habian proclamado en sus programas los prin
cipios mas liberales, todos habian hecho ostentacion de sentimien
tos nobles ijenerosos, i protestado someterse al que hubiese obte
nido la victoria.
El partido constitucional, debilitado por la escision, tuvo que
luchar no solo con su comun adversario, sino consigo mismo. Por
grande que fuese la mayoría que representaba, dividido, apénas
alcanzaba a sobrepasar la fraccion quevedista. El resultado de tal
descomposicion del bando constitucional no podia ser dudoso-to
— 81 —

nor dos lo habian previsto. Ninguno obtuvo la mayoría absoluta re


querida por la lei, si bien Ballivian habia alcanzado uua mayoría
ectº relativa considerable. Aunque tal triunfo no fuera completo, exal
a relii, tó sobre manera a los partidos vencidos, por lo mismo que habia
reinado en las elecciones la mas amplia libertad, i no podia prove
ussis nir su derrota sino de hallarse en minoría, hecho que no podian
u º contradecir i que contrastaba con la ostentacion que cada uno hi
stir. ciera de ser partido nacional, i de la confianza que en consecuen
er, r cia abrigara de obtener la victoria.
No obstante el hecho notorio de la libertad electoral, confesado
bien: por cada uno de los partidos durante la lucha, los Ballivianistas i
Corralistas se reprochaban de haber empleado influencias ministe
de riales ilejítimas. Los primeros atribuian el hecho de no haber ob
tenido su candidato la mayoría absoluta, a la debilidad con que el
ni presidente de la república conservaba a Corral en el gabinete, des
ies : pues de presentada su candidatura, miéntras que los segundos su
ponian apoyada la de Ballivian por influencias ministeriales. Lo
imº
contradictorio de esas aseveraciones, prueba la neutralidad que el
de Cr gobierno observó en esta ocasion. Con todo, no puede ponerse en
duda que la presencia de Corral en el gabinete hasta los últimos
momentos favoreció grandemente a su partido.
stº
Mas, sea de esto lo que se quiera, la asamblea debia elejir al
presidente de la república. Nada parecia mas conforme con la ra
eces
zon, la equidad i el principio de las mayorías que el que la elec
as cion recayese en el que habia obtenido la mayoría relativa. Un pro
mbr:
ceder contrario habria sido injusto i sembrado peligros para el
r Q porvenir.
15 d. No obstante, reinaba en el país la mas plena inquietud, la cual
nos º provenia de que habiéndose verificado las pasadas elecciones de
sus lº diputados bajo las influencias del gobierno Moráles, del cual era
cole miembro Corral, contase éste en la asamblea con una buena ma
de yoría. Añadíase a este temor otro,—lo mucho que pueden los par
r tidos activos, audaces i bien organizados, i el de Corral reunia en
mer alto grado estas cualidades.
dº Las escitaciones de la opinion no podian dejar de reflejarse en
la asamblea, i se comprende las influencias contrarias que se em
0 º pleaban cerca de ella para obtener cada uno el triunfo en una
y, Por cuestion en que se jugaban no solo los grandes intereses naciona
º les, sino tambien los de partido i los sentimientos de orgullo i va
d nidad de cada uno de ellos que se titulaba partido nacional.
11
-”
— 82 —

La asamblea, que desde luego debia proceder a la eleccion, se


tomó no obstante un aplazamiento para reconocer mejor el terreno
que pisaba e inspirarse en la opinion pública.
Era grande la ansiedad pública, i el aplazamiento vino tan solo
a hacerla mas impaciente: cuando en la sesion de 6 de mayo se
puso el nombramiento de presidente a la órden del dia—la inquie
tud llegó a sus colmo. La numerosa barra que concurria a este
acto solemne i trascendental,—el primero de su linaje que ocurria
en la república,—ansiaba por que la primera votacion fuese decisi
va, a fin de que se definiese situacion tan escabrosa; mas no sucedió
así, i tuvieron lugar las diferentes votaciones prescritas por la lei.
Durante éstas, reinaba en el salon del cuerpo lejislativo un silen
cio imponente: parecia que nadie se atrevia a respirar siquiera por
temor de perturbar el acto, o para no perder la cuenta que men
talmente llevaba cada uno del número de votos. Cuando en el ter
cer escrutinio anunció el secretario el voto 43, que decidia de la
eleccion en favor de Ballivian, una aclamacion $eneral de parte de
la barra anunció al pueblo reunido en la plaza el nombre del ciu
dadano que debia rejir sus destinos (1).
El dia 8 fué destinado para la investidura del nuevo mandata
rio, la cual tuvo lugar en medio de manifestaciones de júbilo.
El discurso de recepcion i las proclamas que Ballivian dirijió a
la nacion i al ejército, en esta ocasion solemne, son documentos
clásicos por mas de un respecto.
En cuanto al fondo, una política sana i moderada, la tolerancia
de los errores i agravios pasados, la necesidad de fundar una polí
tica verdaderamente nacional, i a cuya realizacion llama a todos
los bolivianos. Semejante política respondia a las necesidades de
la situacion.
La moderacion, virtud característica suya, brilla en todos estos
documentos. En su discurso de rccepcion, no halla el modesto re
publicano la causa de la confianza nacional que acaba de elevarlo
a ese puesto, i encuéntrala tan solo en la suerte que le cupiera ha
cia 12 años de luchar en ese mismo asiento como diputado nacio
(1) Si no escribiésemos mas que para Bolivia i para el dia de hoi, habría
mos omitido los detalles que preceden, así como otros que contiene el pre
sente escrito, pues siendo contemporáneos los hechos, son harto conocidos
del público; pero es posible que estas líneas pasen la frontera i sean alguna
vez consultadas para la historia. En este concepto, he creido que debia ha
cer constar esos hechos palpitantes, (permítaseme la espresion) de la vida
republicana en que entraba de lleno la nacion despues de largos sufrimien
tos i sacrificios, i no de pocas decepciones.
— 83 —
nal «para el establecimiento de las mismas instituciones liberales
que al traves de las vicisitudes venian a rejirnos.» -

A diferencia de tantos caudillos que no desperdician, o diríase


mejor, que buscan ocasiones para enrostrar sus servicios a los pue
blos i acusarlos de ingratitud por no haber sabido reconocerlos i
premiarlos, Ballivian, desconociendo sus merecimientos, decia a los
diputados:......» entre tanto «los otros que me hayan atribuido
servicios que no he prestado, virtudes que no tengo i aptitudes de
que carezco, han padecido una de esas jenerosas ilusiones de la
pasion política a cuyo desengaño yo debo anticiparme»—rasgo de
moderacion sublime.
Desde los primeros años de su juventud habia sido azotado por
la desgracia—fué su escuela la de la adversidad. Es posible que
allá en lo íntimo de su corazon el recuerdo de las glorias de su
padre, sus antecedentes nobiliarios i la posicion elevada de su fa
milia, hubieran despertado alguna vez en él los sentimientos de
vanidad i orgullo; mas la adversidad habia venido a depurarlos
para fortuna suya i del país que iba a gobernar, i con la injenui
dad propia tambien de su carácter, decia a este respecto a la
asamblea: dº

«Señores: yo afirmo que la ausencia ha depurado mis pasiones


políticas de todos los rencores que brotan en la lucha, así como
confieso haber recibido esas heridas saludables de las humillaciones
que la desgracia infiere con provecho a todo orgullo que no es rebelde
al bien. Por esto es que me siento con ánimo bastante para invo
car en nombre de la patria que hemos hecho tan desgraciada con
nuestras pasadas disensiones, la bendicion del abrazo de confrater
nidad de todos los partidos en torno de la lei, para fundar al fin
los cimientos de la prosperidad nacional, la paz i el órden público.»
Cuán distante estaba de creer al pronunciar estos elevados i
patrióticos votos, que mui en breve la ambicion i las pasiones, en
tregarian de nuevo la república a la anarquía i al despotismo,
echando al suelo sus caras instituciones!
Notables son los pensamientos que preceden al llamamiento que
hace a los bolivianos a la obra comun de la felicidad de la patria.
«Los gobiernos personales, dice, que no conocen la eficacia de
otra fuerza que aquélla que se deriva de su propia arbitrariedad,
pueden bastarse a sí mismos aunque sea solo por un tiempo siempre
limitado por sus propios eccesos; pero aquéllos que solo buscan la
fuerza de la opinion, del derecho i de la conveniencia pública, los
— 84 —

gobiernos, en fin, de todos para todos, necesitan del apoyo de to


dos. Yo reclamo, señores, ese apoyo al consagrarme con toda la
sinceridad de mi alma a ese ensayo patriótico.»
Jamas gobierno alguno hubiera proclamado mas injeniosamen
te el principio en que reposan los gobiernos democráticos, ni lan
zado un reproche mas justo a los gobiernos personales.
Terminaba ese bello discurso proclamando la realidad de la cer
dad constitucional para Bolivia.
Diputados i barra, fascinados por tan sublimes i patrióticos con
ceptos, acojieron con entusiastas aplausos el anuncio de la buena
717l6U (l.

No ménos notables son sus proclamas a la nacion i al ejército.


Jamas hubiera escuchado éste palabras de un patriotismo mas sin
cero, ni recibido estímulos mas delicados para perseverar en la
nueva via en que habia entrado en la memorable noche del 27 de
noviembre. Era digno ciertamente de tan dignos estímulos el ejér
cito que rompiendo con las tradiciones del pasado, que lo habia
convertido o en ajente del despotismo, o en instrumento de las re
vueltas, se constituia en defensor de la lei i apoyo de las institu
ciones.
Los siguientes pasajes son notables por la galanura del estilo i
lo sentido de la espresion:
«Soldados! Al incorporarme despues de una larguísima ausen
cia en las filas sagradas de nuestro ejército nacional, beso con
amor los colores de su bandera i me prosterno ante ella para pres
tar el juramento de no emplear nuestra espada sino en defensa de
la lei i del honori de la integridad del suelo boliviano. Ayudadme
en esta obra, i sabreis merecer el galardon de la gratitud nacional
i el afecto indeleble de vuestro amigo i compañero» (1).
Ocho meses de gobierno liberal, moderado i justo en que reinó
el imperio severo de la lei, confirmaron que no fueron vanas las
promesas del jóven mandatario. -

XVII.

Siguiendo las prácticas establecidas, los miembros del gobierno


que acababa de dejar el poder, presentaron su dimision. Como la
segunda asamblea extraordinaria debia empezar a funcionar desde
(1) Apénas recibido del mando, ofreció a Corral una legacion cerca de
una de las naciones amigas, ofrecimiento que éste rehusó aceptar.
— 85 —

luego, era urjente organizar el gabinete. Acto es éste grave siem


pre, delicado, trascendental, i especialmente en los gobiernos que
se inauguran. La eleccion de los que han de tomar parte en las ta
reas del mandatario, es jeneralmente una muestra de la política
que va a seguirse;—los miembros del gabinete son en todas oca
siones un programa vivo.
Fuera de la importancia que bajo este aspecto tiene la organi
zacion de un ministerio, la aspiracion de los partidos a apoderarse
de las riendas del gobierno, a ser al ménos representados en él,
dale un nuevo interes i es ocasion de grandes embarazos.
Despues de madura deliberacion, el gabinete quedó constituido
del modo siguiente:
Rafael Bustillo. Antiguo hombre de Estado, que en diferentes
administraciones habia desempeñado con brillo las carteras de
Hacienda i Relaciones Esteriores. A un talento distinguido, a una
instruccion vasta, reunia serenidad i aplomo, cualidades que lo
hacian hombre superior para la deliberacion en casos graves.
Esta eleccion impresionó vivamente el espíritu público. Minis
tro de Belzu i Achá, habia Bustillo sostenido con el partido rojo
una lucha de largos años, lucha que podria calificarse de encarni
zada. Bajo la administracion Achá una cuestion de carácter per
sonal, habia venido a agriar aun mas, si era posible, los antiguos
odios de partido. Podria decirse, en una palabra, que Bustillo era
lo que se llama un enemigo capital del partido que subia al poder.
«Bustillo, dice un político contemporáneo, fué llamado por Ba
llivian a dirijir la hacienda, i a la accion íntima del partido rojo en
el poder, siendo su enemigo político mas hábil i mas inveterado,
aquél con quien se habian sostenido constantemente las luchas
mas ardientes. Sospechados de intransijentes, daban los rojos la
prueba de su tolerancia, llamando a su consejo una grande enemis
tad, que no la tomaban en cuenta, parando miéntes únicamente
en el estadista que inspiraba confianza. Era para Ballivian prueba
de desinteres político i de sentido nacional.»
Mariano Baptista i Daniel Calvo. Desde los primeros pasos de
su vida pública, habíanse alistado ámbos en la causa liberal, que
supieron sostener con la abnegacion i entusiasmo que inspiran
profundas convicciones, sin que su fé hubiera vacilado un instan
te en medio de los desastres de su causa i de los sufrimientos i sa
crificios que cuestan siempre las conquistas del derecho. -

Político distinguido, debia especialmente el primero la justa re


— 86 —

putacion de que goza, i la influencia que ha ejercido en la juven -

tud, a sus eminentes dotes oratorias. Estudiante todavía de dere


cho en 1855, fué nombrado diputado por la capital i sorprendió
al auditorio con esa elocuencia viva, fácil, arrebatadora, que des
pues le conquistara tantos como brillantes triunfos.
En 1872 fué nombrado presidente de la asamblea que lo llevó
por la totalidad de sus votos al Consejo de Estado, del cual fué
luego vice-presidente.
Desempeñaba el cargo de presidente de esta alta corporacion,
en lugar de Frias, i acababa de ser presidente de la asamblea del
73, cuando se le llamó por Ballivian a la cartera de Gobierno i
Relaciones Esteriores. Tal eleccion era, pues, eminentemente par
lamentaria.
Hábil escritor, poeta distinguido, Calvo habia hecho su carrera
en la enseñanza, como profesor i rector del colejio de Junin en
Sucre, cargos que desempeñó con merecido crédito, i que le valie
ron mas tarde el prestijio que tuvo en la juventud que educara en
las aulas. De presidente en la Asamblea del 73, fué llamado a la
cartera de Instruccion Públíca, Justicia i Culto. Dos de los minis
tros salian, pues, del seno de la representacion nacional.
Ámbos habian iniciado su carrera de estadistas bajo la admi
nistracion Lináres, el primero como oficial mayor del ministerio
de Relaciones Esteriores, i el segundo en igual puesto en el de
Instruccion pública.
Por su probidad i honrosos antecedentes, eran prenda segura
de que sabrian corresponder a la confianza del gobierno i a las es
peranzas del país. -

Jeneral Mariano Ballivian. Antiguo militar, a cuyo nombre es


taba ligado el recuerdo de mas de una gloria nacional; honrado,
moderado, de instruccion, lleno de esperiencia, representaba al an
tiguo ejército de la república. Aparte de sus distinguidas cualida
des que lo hacian digno del ministerio de la Guerra, ciertas exijen
cias de política de actualidad, habian determinado al sobrino pre
sidente, a colocar al tio en ese puesto, aun a riesgo de que se cali
ficara este acto de nepotismo.
Así constituido el gabinete, llevaba en su seno dos hombres de
antigua carrera, cuya esperiencia representaba el principio con
servador; i dos jóvenes ávidos de gloria i de trabajo que represen
taban la reforma, i la bandera verdad constitucional enarbolada
por el nuevo gobierno.
— 87 —

nh . Con tales elementos, no podia dejar de merecer, como mereció,


la de : una aceptacion jeneral; i si hubo censores i descontentos, la impar
se cialidad de la historia dirá si obraron con justicia, o por móviles
a r poco honorables i lejítimos.
La situacion en que se encontraba el nuevo gobierno no podia
el ser mas grave i comprometida. Subia al poder uno de los caudi
ll. llos de la causa liberal. Llegaba la época de la realizacion de las
promesas de ese partido, que el presidente en su discurso de re
cornº cepcion habia resumido en estas palabras—verdad constitucional,
sa cuya significacion i alcances importa dar a conocer.
El partido liberal de Bolivia tuvo oríjen en los primeros dias
tempº de su vida independiente (1); pero habiendo adoptado, como to
das las demas secciones sud-americanas, la forma de gobierno repu
10 s (. bllcana sin hallarse para ello suficientemente preparados, carecian
d: 13 sus directores de principios sistemados acerca de esta forma de
k tº gobierno, i los pueblos tenian mas que lá conciencia, el instinto de
º ej: la libertad i de sus derechos i garantías. Plajiarios, no lejislado
lud res, nuestros políticos de las primeras épocas, habian copiado frag
estº mentos de constituciones de pueblos estraños, sin tener en cuenta
ll el modo de ser del país a que iban a dar una organizacion política.
De esta falta de armonía entre las instituciones i la constitucion

llmº última de la sociedad, prescindiendo de la parte que la ambicion
30 l e interes mas o ménos lejítimos tuvieran en la marcha de la polí
tica, han nacido las luchas intestinas que durante medio siglo han
su sº ajitado sin cesar la república. Despues de una larga i sangrienta
misº elaboracion, cuyo desarrollo i apreciacion corresponde a la histo
ria, el partido liberal consignó sus principios i aspiraciones en la
o nº popular carta de 1861.
mil rº El gobierno que surjió entónces i el partido de oposicion que
luego se organizó a su frente, tomaron ámbos por bandera la
seis º
uis cº constitucion i se apellidaron constitucionales; mas el segundo acu
saba al primero de falta de sinceridad i verdad en sus propósitos;
s
de haber violado la constitucion, o desnaturalizado sus prescrip
sitº ciones mas liberales por una falsa i preconcebida interpretacion,
esº i aspiraba a que aquélla fuese una realidad. De aquí el lema ver
dad que añadió a su bandera la faccion liberal, a la cual la pasion
los asº
º (1) El vitalicismo en el poder, consignado en la constitucion de 1826, i
º º las miras ambiciosas que se achacaban a Bolívar, dieron oríjen a las prime
ras manifestaciones de oposicion al gobierno eminentemente liberal i pro
º gresista del vencedor de Ayacucho.
— 88 —

política quiso manchar con el apellido de rojos, cuando su verda


dera calificacion habria debido ser la de liberal moderado, puesto
que sus modestas aspiraciones se limitaban «al réjimen de las ins
tituciones comunes, al establecimiento de la lei, a su práctica i per
feccionamiento por los mismos medios que ella señala.»
Ballivian, al subir al gobierno a la cabeza de este partido, sen
tia el peso abrumador de la responsabilidad que asumia, i el país
se preguntaba si a los liberales les seria dado cumplir su progra
ma, o si, como en otras ocasiones, bajarian del poder abrumados
por la lucha contra las ideas reaccionarias e intereses creados des
de largo tiempo.
XVIII.

Desde que se le encomendó la mision a Europa, habian preocu


pado vivamente su espíritu las cuestiones financieras (1). Esta
dista distinguido, sabia bien que la Hacienda es la clave de la ad
ministracion i el principal resorte de la prosperidad de los pue
blos,—que sin hacienda nada es posible, ni en la vida individual n
en la colectiva. -

A estas consideraciones puramente especulativas, añadíanse


ahora otras de carácter práctico i personal. Hallábase a la cabeza
de una nacion, debia administrar sus rentas, responder de su in
version. Aparte de esto, pueblos como Bolivia, agotados por las
revoluciones, sienten numerosas i apremiantes necesidades: cada
cambio de gobierno hace concebir esperanzas, diríamos mejor,
locas ilusiones;—espérase todo de los gobiernos nuevos,—no pa
rece sino que creyeran que en sus manos está la vara májica que
ha de hacer brotar de donde quiera raudales de riqueza. º

A tales ilusiones del país uníanse sus propias aspiraciones. El,


que habia hecho tres viajes consecutivos a Europa, visitado a Es
tados Unidos i algunas repúblicas sud-americanas, habia visto,
observado tanto, habia concebido tantos proyectos para mejorar la
suerte de su patria! El contraste de la prosperidad de otros pue
blos con la decadencia i atraso del suyo—contraste desconsolante
que mortifica el amor patrio de los bolivianos que viajan por na
ciones adelantadas,—habia tambien preocupado vivamente su es
píritu.

(1) Véase la carta de que hemos copiado algunos fragmentos.


La posesion del poder supremo habia puesto en sus manos los
recursos de la nacion. Habia llegado para él la ocasion de realizar
sus patrióticos ensueños.
Apénas hecho cargo de la administracion, llama al oficial mayor
del ministerio de Hacienda para informarse del estado de las finan
zas. «I bien,» le dice, «¿cómo andamos de fondos?». «Señor», con
testa éste, «segun el presupuesto sancionado por la asamblea de
1872 los ingresos ascienden a Bs. 2.229,573-85 cvs., i los egresos
a Bs. 4.225,361-37 cvs., resultando por consiguiente el enorme
déficit de Bs. 1.995,787-52 cvs.»
Compréndese la impresion que tal informe debió causar en el
ánimo del flamante mandatario, que al hacerse cargo del mando
concibiera la halagüeña idea de impulsar la prosperidad de la na
cion.
Vuelto de su primera emocion, replicó: «¿I con qué recursos
cuenta el país para llenar ese déficit?»—«Señor, con los recursos
eventuales señalados en el presupuesto, que hoi están reducidos a
cero, cero.»
La contrariedad subió a su colmo, mas recobró luego la calma
i entereza de ánimo, que adquiriera con su trabajosa vida.
Habia tenido el feliz pensamiento de llamar a la cartera de Ha"
cienda al distinguido i malogrado estadista señor Rafael Bustillo;
pero estaba ausente, i los demas ministros, nuevos como eran, no
se hallaban al cabo de los complicados negocios de Hacienda. En
tre tanto, la segunda asamblea extraordinaria funcionaba ya, i el
término señalado a sus sesiones era demasiado corto.
En tan difícil situacion, Ballivian debió bastarse a sí mismo, to
mando a su cargo la difícil cuestion financiera, para la cual habia
sido convocada aquélla. -

Pidió los antecedentes i se puso a estudiarlos. Concibió entón


ces el proyeto de empréstito que pronto se convirtió en ariete de
la oposicion para intentar demoler el órden de cosas que acababa
de inaugurarse.
Juzgando que razones de conveniencia pública exijieran que
este asunto se tratase con reserva, provocó una sesion secreta, la
cual tuvo lugar el dia 11 de junio.
Presentóse en ella personalmente; principió por dar cuenta de
su mision en Europa; hizo en seguida una esposicion acerca del
estado de las finanzas, i concluyó presentando el proyecto que en
12
— 90 — -

su concepto debia remediar la apremiante situacion de la Ha


cienda.
Fué largo i luminoso el discurso que pronunció con este moti
vo. Sobresalian en él claridad i método en la esposicion de los
hechos, elevacion de ideas, i en fin, las vastas miras del político
i del administrador. Acababa de revelarse el hombre de Estado.
La asamblea escuchó con profunda atencion i no poca admira
cion la elocuente palabra del jóven orador. Es indudable que si en
aquellos momentos se hubiera votado sobre su proyecto habria si
do acojido casi por unanimidad.
Su plan era sumamente sencillo: consistia en sustituir nuestros
diversos créditos con uno solo, cuyo servicio no impusiera al país
un gravámen mucho mayor que el actual. Una vez realizado, sal
dar los créditos de plazo cumplido, cuyo pago se exijia perentoria
mente.

La principal base del plan era la sustitucion, pues mediante ella


quedarian libres las rentas i bienes afectos a la deuda esterna. Li
bres ya, podria contraerse bajo condiciones ventajosas un emprés
tito cuyo monto habria sido suficiente para amortizar nuestra deu
da interna i esterna, ganando así la nacion en crédito.
Hemos dicho que el gravámen que impusiese al país el nuevo
empréstito, aunque mayor en cantidad, no excederia en mucho al
servicio que demandaban los antiguos créditos. Esto se esplica fá
cilmente.
Muchos de ellos, como el de Meiggs, Valdeavellano i Cº, Co
ret, etc., reconocian un alto interes; uno de ellos, el segundo, ver
daderamente usurario. Se concibe que contrayendo un crédito con
el interes de 6 o 7 ºlo, se podia atender con la misma cantidad el
servicio de una deuda mayor. -

Esta operacion ofrecia ademas la ventaja de pagar deudas de


plazo cumplido i por consiguiente exijibles, i cancelar o consolidar
nuestra deuda interna, obligacion que habia contraido la república
por varios actos solemnes.
Segun cálculos del gobierno, un empréstito de 15 millones de
pesos al tipo de 70 ºlo, 6 o 7 de interes, 2 de amortizacion i comi
siones de servicio, habria dejado un saldo neto de 10 millones de
pesos, cuyo servicio debia importar al año un millon doscientos
mil pesos, que era poco mas o ménos lo que nos costaba el servi
cio de los créditos existentes. -

Dicha suma habria sido empleada en pagar los créditos Coretº


— 91 —

Meiggs, Valdeavellano, i Cº., Gama, Colton i Ondarza; consolidar


la deuda interna i recojer los Bonos del empréstito Church, ope
racion que habria rendido una considerable ganancia al país.
La cuestion presentaba su lado desfavorable: si por una parte
el servicio que nos imponia el nuevo crédito era casi igual al an
tiguo, el capital subia considerablemente, aunque su amortizacion
fuese lenta.
¿Habria sido, por otra parte, posible que contrajésemos un em
préstito bajo condiciones equitativas, base de la operacion?
Por los estudios que Ballivian habia hecho en Europa sobre la
materia i por las relaciones que contrajera con algunos banqueros,
creíalo posible.
Sin embargo, en el corto tiempo trascurrido desde que dejó la
Europa, las condiciones de aquellos mercados habian empezado a
cambiar rápidamente; comenzaba entónces la crísis monetaria
que reina todavía, i que iba a hacer difíciles i onerosos los em
préstitos hasta para los estados que de mejor crédito gozan.
I respecto a Bolivia, el mal estado de su hacienda i las dificul
tades con que comenzaba ya a tropezar la empresa Church, eran,
a no dudarlo, desfavorables a nuestro crédito.
La asamblea comenzó a ocuparse en el asunto con la atencion
que demandaba su importancia; mas no podian dejar de mezclarse
en él las pasiones e intereses de partido, enardecidos por la lucha
electoral en que acababa de triunfar el partido Ballivian.
Contaba, no obstante, el proyecto del gobierno con una buena
mayoría; mas sucedió que dias ántes de votarse sobre él, muchos
diputados unos por motivos de salud, otros por la necesidad ur
jente de volver a sus hogares, abandonaron sus puestos: hubo em
pate en la votacion, que fué decidido en cóntra por el presidente
de la asamblea.
Desalentábanle a Ballivian hasta lo sumo estas deserciones de
los diputados bajo diferentes pretestos, i en carta de la Paz de 6
de junio, se quejaba a un amigo suyo a este respecto: «En los úl
timos dias, la asamblea, decia, nos está ocasionando serias dificul
tades por su lijereza, i por la tendencia a disolverse, a impulso
únicamente de su impaciencia por descargarse de los trabajos se
rios que el deber i patriotismo le imponen. Nadie piensa en otra
cosa que en recobrar cuánto ántes las comodidades del hogar i la
familia, sin que las necesidades apremiantes i las mas graves solu
ciones para el porvenir del país, merezcan, a juicio de los diputa
— 92 —
dos, el sacrificio por su parte de unos pocos dias mas. Confieso a
Ud. que esta falta de patriotismo i hasta de buen sentido, que no
to en la jeneralidad de nuestros hombres públicos para prestar su
cooperacion al gobierno mas modesto, si se quiere, pero al mismo
tiempo mas bien intencionado que el país ha podido tener, me
tiene exasperado i a punto de estallar en resoluciones estremas
que me permitan descargar el fardo que hoi abruma mis hombros
sobre las espaldas de los que merecen soportarlo. No obstante, es
pero todavía que a fuerza de paciencia i resignacion venceremos
las primeras dificultades que se ofrecen, arrastrando la cadena de
nuestros sacrificios hasta donde nuestras fuerzas nos lo permi
tan.»
Inmediatamente despues de la negativa, algunos diputados pre
sentaron mocion para que la asamblea clausurase al siguiente dia,
mocion que fué acojida por la mayoría. No parecia sino que esta
cuestion era para la asamblea una brasa de fuego que queria arro
jar de sus manos por temor de quemarse. La mayoría habia acep
tado sinceramente el proyecto del gobierno como el único medio,
aunque oneroso, de salvar la crísis financiera. En cuanto a la mi
noría, muchos de sus miembros obraron solo a impulso del espíri
tu de partido: habíanse propuesto desprestijiar al gobierno en el
momento mismo de su inauguracion i privarle para lo sucesivo de
los recursos que habia menester para sentar su administracion so
bre bases sólidas. Otros no tenian conciencia bien clara ni sobre
las ventajas ni sobre los inconvenientes de la operacion, i obraron
solo bajo el temor de la responsabilidad que atraeria sobre ellos
el aumento de la deuda esterna considerable ya.
Es de advertir que el proyecto del gobierno constaba de una
segunda parte: el gobierno habia dicho a la asamblea: «Si el pro
yecto que os presento no es de vuestra aprobacion, os ruego que
procureis los medios necesarios para poner al gobierno en estado
de atender al servicio público.»
La asamblea, obrando con una deslealtad incalificable, i faltan
do cobardemente a sus deberes, negó el empréstito, sin proveer a
la justa demanda del gobierno. De modo que por una parte se ne
gaba el proyecto, i por otra se dejaba al país i al gobierno sin los
recursos necesarios para salvar la crísis.
Fácil es comprender las impresiones que en el ánimo de Balli
vian causó esta doble negativa. Encontrábase en los primeros pa
sos de su gobierno, encerrado en el laberinto sin salida que ofrecia
— 93 —

la hacienda,—todos sus proyectos caian en tierra minados por su


base. Lo que mas le preocupaba era el descrédito en que iba a
caer el honor nacional, dejando de satisfacerse deudas de plazo
cumplido, cuyo pago se exijia arrogantemente i de un modo de
presivo a la delicadeza del país. Él, que en Europa habia llegado
a conocer lo que importa el crédito, podia juzgar mejor que nadie
de lo transcendental del asunto considerado bajo este punto de
vista.
Añadíase a todo esto lo que de personal tenia para él la cues
tion. Acababa de ser elevado al poder por dos tercios de sufrajios
de la asamblea. Los antecedentes todos de su vida pública i priva
da, debian inspirar una plena confianza en que su administracion
seria pura. ¿Cómo es que esa misma asamblea le negaba su con
fianza? ¿Proceder tan contradictorio no menoscabaria su crédito
en el esterior?
Tales consideraciones pesaban dolorosamente en su ánimo, i
existia otra no ménos grave. No hacia mucho, aun no habian pasa
do dos años, que la asamblea constituyente otorgara sin dificultad
al gobierno de Moráles una confianza ilimitada autorizándolo para
que contrajera un empréstito de diez millones de fuertes, destina
dos a los propios objetos que el actual. ¿Por qué se rehusaba igual
confianza a un gobierno intelijente, honrado, nacido de la fuente
mas pura del sufrajio popular?
En el esterior, que es donde se juzga siempre con mayor impar
cialidad de las cuestiones de un país, la prensa, aun aquélla que
no era simpática al gobierno de Ballivian, no podia esplicarse tan
estraño fenómeno.
Bajo la influencia de las primeras impresiones, resolvió renun
ciar el mando; mas, las reflexiones de los amigos i de personas im
parciales, que temian las consecuencias de tan grave paso, logra
ron disuadirlo. Cuando con ellos platicaba a este respecto, les de
cia: «En verdad que estoi afectado, contrariado; mas no por moti
vos de vanidad o amor propio. Por acertado que considerase mi
proyecto, no tenia la pretension de creerlo perfecto, i mucho mé
nos la de hacerlo prevalecer contra la opinion de la asamblea; lo
que me ha contrariado mas vivamente, es que habiéndose negado
el medio propuesto por el gobierno, se hubiera rehuido atender a
la segunda parte de mi pedido, dejándome en el atolladero, priva
do de los recursos necesarios para atender las apremiantes exijen.
cias del servicio público. Ha habido deslealtad i falta de patriotis
— 94 — -

mo en semejante proceder; pues que yo con la sinceridad i fran


queza que me caracterizan, habíale pedido los medios de salvar
nuestro crédito. Se me ha negado esta justa demanda; yo no pue
do gobernar, si no se me dan los medios de hacerlo.»

XIX.

Poco despues se incorporó en el gabinete el distinguido estadis


ta, a quien, con aprobacion jeneral del país, confiara la cartera de
Hacienda.
En su primera conferencia con él, Ballivian le informó del es
tado en que se encontraba este ramo. Luego que el ministro oyó
la relacion del presidente, «Señor, le dijo, no creí que nuestra si
tuacion rentística fuese tan deplorable, i asegúrole que, a haberlo
sospechado siquiera, no hubiera aceptado el puesto; mas, ya que
ha querido Ud. honrarme con tan alta confianza, procuraré co
rresponder a ella, estudiando el asunto con la detencion que me
reCe.))

Pocos dias despues, le informaba en estos términos: «La situa


cion es realmente difícil, mas creo que con un poco de perseve
rancia i trabajo podremos vadearla.»
Conmo resultado de sus estudios o como medio necesario para
realizar los propósitos financistas del gobierno, Bustillo creyó in
dispensable consultar a la asamblea, i en consejo de gabinete se
espidió el decreto de convocatoria, o, si se quiere, la apelacion al
país en esta grave cuestion. De este modo, la opinion de uno de
los mas distinguidos estadistas, venia a confirmar con su voto las
ideas de Ballivian. Era el solo medio de salir de la difícil alterna
tiva en que se encontraba el gobierno: o de mantener el statu quo
con todos sus inconvenientes hasta la reunion de la asamblea or
dinaria, o apelar al recurso que ponia en sus manos la constitu
cion, convocando a una sesion estraordinaria.
«El equilibrio fiscal de un Estado, dice uno de nuestros estadis
tas, hablando de las finanzas de aquella época, no es obra de me
dida determinada, sino el resultado de un conjunto de causas me
diatas e indirectas. Mediatamente toma sus elementos en el em
préstito, en el ahorro i en el impuesto. El crédito fué propuesto,
demostrado i detallado por Ballivian como un todo de medidas
estudiadas, concretas, prácticas que fracasó en la asamblea. Se
guia el ahorro para el que no daba mucho campo nuestro presu
- — 95 —
puesto de egresos. Quedaba el impuesto que la asamblea tocó con
terror. Bustillo aceptó naturalmente las medidas jenerales de eco
nomía i con decision la combinacion de crédito reconstituido,
propuesto por Ballivian. Mas, su pensamiento propio, su medio
actual para salvar la hacienda, consistia en el impuesto sobre es
tacaminas estensivo a todos los minerales de la república. «Esa
contribucion, decia a Ballivian, es de incalculables resultados: so
lo Corocoro nos los dará cuantiosísimos.»
«Su larga práctica en los negocios, añade, su elevado talento,
hubieran servido en mucho al gobierno, habiendo tantos asuntos
que se rozaban con la política esterior i con empresas iniciadas
fuera del país.»
Desgraciadamente para el país i para la nacion, el ministro que
inspiraba tan gratas esperanzas, fallecia víctima de una grave en
fermedad. Esta pérdida irreparable produjo en el ánimo de Balli
vian una dolorosa impresion. No parecia sino que una mala estre
lla guiaba los primeros pasos de su gobierno por una senda sem"
brada de escollos.
Por este golpe inesperado, veíase otra vez solo para afrontar la
crísis. Comprendia que hallándose próxima la reunion de la asam
blea, ningun ciudadano, por competente que fuese, aceptaria, sin
hallarse suficientemente preparado, un puesto difícil, en momentos
en que merced a trabajos sistemados de la oposicion, toda combi
nacion de crédito se habia hecho antipopular.
Resolvió, pues, con la confianza que le inspiraban sus sanos
propósitos afrontar la situacion, ayudado tan solo del continjente
que en medio de sus numerosas i apremiantes ocupaciones, podia
ofrecerle su colaborador i amigo, el ministro de gobierno i Rela
ciones Esteriores.
I es éste el lugar de hacer notar uno de los rasgos con que em
pezaba a diseñar i que iba a distinguir la administracion, que aca
baba de inaugurarse, de las de sus predecesores.
Casi desde los primeros tiempos de la república, congresos igo
biernos se habian presentado como poderes antagónicos, en vez de
considerarse como ramas de un solo poder—la soberanía popular,
debiendo por consiguiente armonizar sus actos para concurrir jun
tos al solo fin para que han sido organizados.
Enderezando los gobiernos su política a hacer prevalecer ideas
esclusivas, o a caminar desembarazados de la accion de la lei i de
las indicaciones de la opinion, los diputados, por su parte, convir
— 96 —

tiendo el augusto recinto de la representacion nacional en teatro


de maquinaciones demagójicas, habian creado antagonismo o esci
cion de los poderes públicos, con grave detrimento de la patria i
de la administracion.
Como consecuencia, el poder ejecutivo ha visto siempre con re
celo la reunion de los parlamentos, los cuales a pesar de sus com
placencias en varias épocas, eran considerados como obstáculo al
desembarazoso desenvolvimiento de miras, desgraciadamente no
siempre conformes con las de los pueblos.
Ballivian empieza a inaugurar una política nueva, verdadera
mente nacional, o diríase mejor política verdaderamente democrá
tica. Gobierno nacido de la fuente pura del sufrajio popular; per
suadido de que solo son durables los poderes que obran en la esfe
ra de la lei i en conformidad con la voluntad de la nacion, queria
inspirarse en su pensamiento, gobernar por ella i con ella. La
convocatoria de la 3.° asamblea estraordinaria, prueba hasta qué
punto estaba decidido a llevar adelante esta política, pues que en
la cuestion finanzas apelaba de la asamblea de mayo a la de octu
bre.
Un sentimiento de probidad i delicadeza le inspiraba ademas es
ta conducta. Queria reeibirse de la hacienda pública bajo un for
mal inventario, no solo para asentar la marcha de su administra
cion sobre bases conocidas i seguras, sino para deslindar su res
ponsabilidad i la de sus predecesores i contestar al país de la suya
propia. -

Semejante conducta importa una verdadera revolucion en polí


tica i moralidad administrativa,—fijaba las bases del juicio de re
sidencia, imposible casi en el cáos de la administracion rentís
tica.
Esto no se comprendió, o no se supo apreciar debidamente el
pensamiento que presidia a su política.
XX.

Desde que fué convocada la 2° asamblea estraordinaria para


tratar de la importante cuestion financiera, vió en ella la oposicion
una poderosa arma de partido i la discutió con calor i marcado
tinte de hostilidad.
El aumento de la deuda esterna i, consiguiente recargo de gastos
de servicio; el quebranto considerable que sufriria el monto del
empréstito atendido el poco crédito de que gozaba Bolivia; i la po
sibilidad (decian) de llenar el déficit del presupuesto con ahorros
en el servicio ordinario de la administracion, eran los principales
argumentos en que la oposicion se apoyaba para negar toda com
binacion de crédito.
I miéntras el gobierno era blanco de un ataque sistemado i
perseverante, nada o poco hacian sus partidarios para contraba
lancear las aserciones de la oposicion: el manifiesto de los diputa
dos que en la última asamblea apoyaron el empréstito, i en el cual
solo se habian emitido algunas ideas jenerales acerca de la combi
nacion Ballivian, i algunos artículos aislados reducidos casi esclu
sivamente a desmentir los supuestos ahorros presentados por «La
República,» era todo lo que algunos partidarios del gobierno ha
bian opuesto a las demostraciones de la oposicion que, aunque
basadas en falsos o exajerados supuestos, estaban consignados en
cifras a las que preciso era contestar con otras cifras.
Todos estrañaban la falta de un trabajo serio en que se espusie
se el pensamiento ministerial con todos los desarrollos que mani
festasen su conveniencia (1). -

¿De dónde provenia tal reserva, tal silencio de parte de los go


biernistas, llamados por deber i patriotismo a concurrir a la dilu
cidacion de una materia a que estaban vinculados altos intereses
de la nacion?
No puede atribuirse sino a la falta de datos positivos sobre una
cuestion que era de números.
Una de las bases de la combinacion Ballivian consistia en obte
ner el empréstito bajo condiciones relativamente ventajosas. ¿Mas
cuáles serian estas? Desde que el gobierno presentó en mayo su
proyecto, las circunstancias de los mercados prestamistas habian
cambiado, i respecto a Bolivia, se habian hecho mas desfavorables
cada dia: la revelacion de la bancarrota (debida a la publicidad de
la discusion); la negativa de la asamblea al empleo del crédito;
las dificultades con que tocaba la empresa del ferrocarril Madera
Mamoré; las desavenencias entre los tenedores de bonos i la com
pañia constructora; todas estas circunstancias rebajaban las condi
ciones de nuestro crédito en el esterior. Por consiguiente, no era
(1) Esta indolencia de parte de sus correlijionarios, afectó profundamen
te el ánimo de Ballivian, qub se quejaba de haber sido abandonado por sus
amigos.
13
— 98 —

posible ni aproximativamente siquiera calcular el tipo a que podia


contratarse el empréstito.
Faltaba por consiguiente uno de los datos mas importantes para
resolver uno de los puntos de la combinacion ministerial,—el pro
ducto neto que produciria el empréstito, para saber si éste era su
ficiente para satisfacer la deuda interna i esterna.
Faltaban otros datos, —saber a qué suma podrian alcanzar los
ingresos efectivos señalados en el presupuesto para cubrir el déficit
existente. Punto es éste en que reinaba la mayor oscuridad; el
gobierno mismo no se hallaba en aptitud de suministrarlos a causa
del desórden en que se encontraba la administracion de las rentas
del Litoral, desórden de que Ballivian tuvo conocimiento desde
que subió al poder, i que dió márjen a la inspeccion encargada al
Dr. Manuel Virreira. -

Sin este conocimiento, no podia aventurarse cálculo alguno.


Reinaba, pues, la oscuridad en los mismos datos que eran nece
sarios para resolver la cuestion; i es de presumir que esta carencia
impidió a los gobiernistas el afrontarla en toda su plenitud, a fin
de no esponerse a ser desmentidos por los hechos.
Era prudente en verdad no aventurarse en una discusion que
no estuviese apoyada sobre bases incontrastables.
No fué sino en los últimos momentos, cuando la asamblea esta
ba reunida ya, cuando apareció un folleto bastante estenso, en el
cual, despues de presentar el cuadro de la hacienda, se desenvolvia
la combinacion de mayo i se trataba de las muchas cuestiones de
detalle relativas a la materia. Pero este trabajo mismo, a pesar de
las prolijas investigaciones a que parecia haberse entregado el au
tor, estaba basado sobre datos inexactos respecto a los ingresos fu
turos del Litoral, como apareció despues del informe del inspector.
Los opositores podian en esta cuestion entregarse a cálculos
mas o ménos exactos, a aseveraciones que mas conviniesen a sus
miras, porque la responsabilidad moral de la oposicion no es tan
severa como la que asume el partido gobiernista. ¿Comete errores
la oposicion? Se descarta fácilmente: habia procedido sobre datos
falsos, i cambia de frente para colocarse en otro terreno en que
tal vez no serán mas sólidos los fundamentos de sus cargos. No su
cede lo propio con el partido gobiernista; mas severa es con él la
opinion, pues se le considera como a partido que estando en el
poder posee los datos necesarios, sobre todo en materias de ha
cienda.
—- 99 —

Es, pues, de presumir que los gobiernistas en el cáos que pre


sentaba la hacienda i en la imposibilidad de aventurar nada sobre
las condiciones con que habia podido contraerse el empréstito, se
abstenian de tratarla seriamente.
Pero, entre tanto la oposicion ganaba terreno, el empréstito se
desprestijiaba: los enemigos del gobierno, fecundos en arbitrios,
habian logrado inocular sus ideas hasta en las masas i el emprés
tito llegó hasta a ser tema de cantos populares.
Un empréstito de 15 millones de pesos arredraba a todos;—no
se tenia en cuenta que debiendo cubrirse con él los créditos exiji
bles i amortizando el crédito Church, disminuiria en otro tanto la
antigua deuda, i que 15 millones no gravaban al país en 15 millo
nes mas, sino en la diferencia que resultaria saldados los créditos
esternos e internos, con la circunstancia de que el servicio perma
neceria casi el mismo, pues se ahorraban créditos usurarios.
En una palabra, gran parte de la nacion estaba contra el em
préstito.—En Cochabamba se firmaba una manifestacion en favor
del autor del folleto «La cuestion del empréstito puesta al alcance
del pueblo,» i en Sucre se escribia una protesta.
En este estado de cosas se reunia la asamblea, llamada a reme
diar la crísis financiera.

XXI.

A pesar de las presunciones del presidente de la república, en


contró a su arribo a la capital un ciudadano bastante abnegado i
patriota que, en medio de la espantosa crísis en que se hallaba la
hacienda i en los instantes mismos en que debia reunirse la lejisla
tura, se resolvió a prestar su valiosa i honrada cooperacion.
Desde la muerte del malogrado Bustillo, habíale designado gran
parte de la opinion para sustituirle; i al nombrarlo el gobierno
obedecia a la opinion pública. -

La inauguracion de la asamblea tuvo lugar el dia 8 de octu


bre.
He aquí como describe uno de los diputados este acto solemne.
«Viva ansiedad dominaba en los señores diputados i en el pú
blico para saber cuál seria la palabra de inauguracion que iba a
pronunciar el presidente de la república en esta singular apelacion
del fallo de la Asamblea ante ella misma, en presencia del país aji
tado por diversas ideas, bajo la accion de una polémica ardiente i
— 100 —

sin restricciones que parecia haber agotado todos sus recursos en


la discusion empeñada desde la clausura de la segunda Asam
blea.
«El recinto destinado para el público hallábase plenamente ocu
pado, i las tribunas estaban embellecidas por la numerosa con
currencia de señoras de la primera sociedad.
«Honda fué la sensacion producida por la lectura del mensaje.
Todos sentian el efecto necesario de verdades proferidas con el
acento de la mas perfecta sinceridad, i en aquel acto de alta so
lemnidad percibíase no sé qué de triste que tenia oprimidos los
espíritus.
«Algunos accidentes personales del presidente de la república
parecian hacer resaltar mas profundamente ese tinte de melanco
lía que reinaba en la augusta reunion. El visible quebranto de su
salud, lo anheloso i fatigante de la respiracion que le imponia
pausas forzadas, i aquella espresion de modestia que caracteri
za sus facciones i le hace aparecer humilde a pesar de la posicion
suprema a que se halla encumbrado, todo esto escitaba vivo inte
res i despertaba sentimientos de adhesion marcada i de una sim
patía tan espontánea como afectuosa i llena de respeto.»
El Mensaje que el presidente acababa de presentar a la asam
blea, en medio de las circunstancias diseñadas con tanta maestría
por el autor del cuadro anterior, es un documento notable bajo
todos aspectos. -

Desde luego es uno de los pocos que hayan salido de la pluma


del jefe de Estado, pues no se conocen otros que los de Sucre i
Frias. -

Elevacion de ideas, apreciaciones exactas sobre la situacion po


lítica i económica de la nacion; lenguaje culto, delicadeza en los
pensamientos; moderacion unida a la franqueza; lealtad i since
ridad que inspiran las convicciones i rectitud de miras,—he ahí
las cualidades que distinguen este precioso documento.
Principia el jefe del Estado por congratularse de que la reunion
de la 3.º asamblea estraordinaria tenga lugar en la capital de la
república, i con tal motivo dirije a ésta un delicado cumplimiento,
calificándola de centro natural de nuestra armonía política i admi
nistrativa, i asiento al mismo tiempo de las mas venerables tradi
ciones de nuestra historia nacional.
Por insignificante que parezca el hecho de haberse reunido la
lejislatura en la capital de la república, era no obstante mui signi
— 101 —
C&
ficativo ante nuestros antecedentes políticos que habian hecho de
l, las
Sucre la capital nominal de la república.
Revela desde luego el propósito deliberado en el jefe de la na
El I.
cion, de restablecer hasta en sus ápices el réjimen constitucional.
S3
Aparte de esto, manifiesta un valor moral de que estuvieron lé
jos sus predecesores. Aun no hacia un año, el jeneral Moráles, en
ms cuya frente se hallaban todavía frescos los laureles del 15 de ene
ast ro, i que contaba con la adhesion de un fuerte ejército, no se ha
e is
bia atrevido a abandonar la ciudad de La Paz, habiendo inaugura
mis do en ella la primera asamblea constitucional; miéntras que Balli
vian que acababa de subir al poder, con un ejército que le era es
rela traño, dejando a retaguardia un partido fuerte de oposicion, salió
m para el sud en agosto de 1873, sin mas escolta que los oficiales de
o ¿s su secretaría i dos ordenanzas desarmados. El ejército habia deja
impº do de ser en aquella ocasion la cauda de los cometas llamados pre
care sidentes (1).
sº Tal rasgo de valor civil, que causó miedo a sus amigos pusilá
iroir: mines, contribuyó grandemente a dar fuerza moral a su gobierno,
urusº —era un reto a la demagojia.
Da cuenta en seguida de la paz de que gozaba la república, paz
asº debida en su concepto «al influjo de un réjimen que habia empe
és zado a hacer práctico en toda su plenitud el ejercicio de las liberta
des públicas, de las garantías lejítimas que otorgara la constitucion,

(1) Enemigo de las pompas, de la ostentacion i de manifestaciones po


l º pulares, las mas de ellas artificiales i engañosas, i que no obstante han sa
¿S: tisfecho en alto grado la vanidad i orgullo de muchos mandatarios de Boli
via, Ballivian al emprender este viaje hacia a un amigo suyo las siguientes
prevenciones:
cº «A propósito de mi marcha a Cochabamba, diré a Ud. que interponga su
influencia para que mis amigos i todos comprendan mi deseo de evitar todo
agº jénero de manifestaciones ruidosas i que puedan gravar a los empleados i a
liº los mismos amigos. Deseo allí un alojamiento, sea en palacio, si es posible,
o en cualquiera otra parte, para poder contraerme a ocupaciones útiles en
— ¿amilia.”
¿: dias que ¿ permanecer allí. Advierto a Ud. que voi solo i sin
Las autoridades i sus amigos llenaron fielmente los deseos del Jefe del
l tº Estado: no fueron echadas a vuelo las campanas, no hubo arcos triunfales,
d cabalgatas oficiales promovidas, ni bandas de plebe aleccionadas para aplau
sos;—la entrada, en una palabra, fué sencilla, republicana, concurrida úni
mº camente por los que de buena voluntad habian querido ir a ofrecer sus ho
sidº menajes al nuevo Jefe del Estado. Tal entrada contrastó con las de costum
bre, i la oposicion sacó partido de esta innovacion demócrata, para afirmar
aº que la poca concurrencia era efecto de la impopularidad del presidente.
Será menester por mucho tiempo en Bolivia, que la impostura i el artificio
entren como resorte de la política; porque ai de los que no hagan entra
tº das triunfales, promovidas por los ajentes de la autoridad
diº
— 102 —

i que sintiendo por lo mismo robustecida la autoridad con el apo


yo de la opinion nacional, la ejercia sin esfuerzo, sin resistencia
alguna, i no necesitaba recurrir a ningun jénero de violencia o ar
bitrariedad.» *

Pocos mandatarios podian hacer aseveraciones semejantes, ni


esperimentar satisfaccion mas dulce i tranquila al anunciarlas.
Hablando de los antecedentes que habian creado la situacion
rentística de la república, léjos de dirijir reproches a la adminis
tracion pasada, se limita con la prudencia i moderacion que le erau
características, a hacer notar el contraste que presentaba la situa
cion con las amenazas de un porvenir comprometido sacrificado
de antemano por estravíos i errores, cuya espiacion nos imponia
el destino, i que teníamos que aceptar con la resignacion propia
del patriotismo i del deber.
Despues de trazar con hábiles rasgos los males que producen
en los pueblos los turbiones de la anarquia i los abusos del despo
tismo, alienta a la nacion a que haga un esfuerzo para reparar
esos males, i con tal motivo hace una protestacion de sus princi
pios políticos (programa de gobierno), manifestando que «los ad
ministradores actuales, léjos de codiciar la absorcion i el monopo
lio de tan comprometida direccion, desean pugnar e insistir en
buscar la participacion de esa jerencia en los altos poderes del Esta
do, para entregar de este modo a la nacion misma la cautela de los
graves intereses de cuya preservacion depende su escistencia.»
Esplica en frases concisas la importancia del sistema económico
de los pueblos, del cual depende casi siempre su prosperidad o de
cadencia; i la necesidad en que se veia de presentar desnuda a los
ojos de la asamblea la deplorable situacion rentística de la repú
blica, i el deber indeclinable en que se hallaba de repararla, solici
tando para ello la cooperacion de la asamblea.
Con este motivo cree oportuno recordar a los que lo hubieran
olvidado, que nuestros aciagos desastres no eran suyos, que lo úni
co que era suyo, de la asamblea i de todos los bolivianos, era «la
herencia de un pasado, cuyo recuerdo, dice, es útil que desterre
mos de nuestra memoria para sosiego de nuestras pasiones, pero
cuyo completo olvido nos privaria del fruto que tenemos derecho
a esperar de nuestras crueles esperiencias.»
Traza en seguida a grandes rasgos la situacion de la Hacienda, i
espone en consecuencia los motivos que lo determinaron a someter
— 103 —

a la asamblea de mayo la solucion de las graves cuestiones que en


trañaba.
«La prevision i la prudencia, dice, aconsejaban no permanecer
inactivo en presencia de tan serios peligros, i fué de mi deber llamar
vuestro concurso para conjurarlos en vuestra última sesion lejisla
tiva. El cumplimiento de ese deber habria sido incompleto si hu
biese estado limitado a mostraros la angustia de nuestra situacion,
sin proponeros un recurso cualquiera para librarnos de ella. Com
prendiéndolo así, creí entónces que el crédito era el único arbitrio
a que podíais recurrir. El crédito, señores, esa palanca poderosa e
impulsora del pasmoso progreso de los tiempos actuales, i que dis
cretamente utilizado, tiene la propiedad de multiplicar los capita
les i de suplirlos muchas veces; el crédito que acaba de levantar i
salvar a la Francia de la catástrofe mas grande que puede rejis
trar la historia de los pueblos; el crédito, en fin, de cuyos benefi.
cios disfrutan hoi todas las naciones civilizadas de la tierra, gran
des o pequeñas, i que empiezan tambien a utilizar aun las mas
apartadas en Oriente del centro de ese movimiento, como la Per
sia i el Japon. Creí, señores, repito, que el crédito prudentemente
empleado, nó para acrecentar la deuda pública como la malignidad
de las intrigas de partido ha pretendido hacer comprender, sino
mas bien para la conversion de esa misma deuda, bajo condiciones
que nos la hiciesen soportable, siendo regulares, mas equitativas i
ménos onerosas, fuera el único recurso que pudiese salvarnos. A
este fin os propuse una combinacion, cuyos detalles conoceis por
el informe verbal que entónces tuve a bien haceros, i por los da
tos que se os suministraron por el gobierno en las discusiones a
que dió lugar.
«E)esautorizado este propósito por vuestra negativa, i malograda
así la única oportunidad de realizarlo que se ofreció poco despues,
el gobierno no podria ya insistir en llevarlo adelante sin dar pábu
lo ardiente a la malevolencia de las pasiones de partido, interesa
das en calumniar sus rectas intenciones i en promover las diferen
tes ajitaciones de opinion, cuyo jérmen se siente i cuyas conse
cuencias habria de deplorar mas tarde o mas temprano. Por esto
es que declina la responsabilidad de resolver las cuestiones actuales,
responsabilidad que habeis querido asumir por completo con vues
tra decision de negativa de 11 de junio último, librando a vuestra
competencia i confiando en vuestro patriotismo para esperar como
todos esperan de vosotros, la serena consideracion de esas graves
— 104 —

cuestiones, de cuya solucion está pendiente la salvacion o la ruina


del país. No por esto os faltará el concurso de las ideas i de las
opiniones que profesa el gobierno con la copia de datos de que
está en posesion i que os serán suministrados por los ministros
respectivos cuando la necesidad de vuestras discusiones lo requiera.
La cooperacion que aquéllos os presten será leal, i ojalá llegue a
ser para vosotros tan valiosa como lo es para mí desde el momen
to en que, despues de haber compartido conmigo durante largos
años de adversidad i prueba la mas perfecta conformidad de pen
samiento i aspiracion sincera por el bien de Bolivia, llevaron su
constancia al punto de compartir tambien las muchas mas ingratas
tareas de la administracion, en cuya labor diaria sucede con fre
cuencia que sacrifican las simpatías mas caras, las afecciones mas
íntimas del alma, al austero deber i a la intencion inquebrantable
de hacer siempre justicia. Así es como el gobierno propende a dig
nificar la política interior del país, levantando su práctica a una
rejion serena de paz, de tolerancia, de conciliacion i de armonía,
que nos separe al fin de esas bajas atmósferas en que se han com
batido i destrozado las facciones.»
Resume en breves palabras los actos de su administracion en
materia de hacienda; i termina asegurando a los honorables di
putados la absoluta libertad en que se hallaban para deliberar so
bre las importantes cuestiones que se habian sometido a su ilus
tracion i patriotismo, cuestiones que entrañaban, no interes algu
no individual o de partido, sino eminentemente nacional.
Las últimas palabras espresan toda la importancia que daba a los
trabajos de la lejislatura, i el voto de que ellos serian cumplidos
con todo el interes del patriotismo. «Señores diputados, dice, no
creo que ninguna asamblea boliviana haya sido llamada a resolver
cuestiones mas graves que las que hoi se os ofrecen. En presencia
de tan solemne trance, que el cielo os ilumine imprimiendo en
vuestros corazones sobre todos los otros sentimientos el grande senti
miento del amor a la patria, para que de allí brote la palabra de
paz i salvacion que todos esperan de vosotros.»

XXII.

Consecuente a la declaracion que el presidente hiciera en su


mensaje, el gobierno resolvió abstenerse de toda iniciativa en la
cuestion finanzas.
— 105 —

¿Era conveniente esta política?


El diputado Quijarro en el escrito que acaba de citarse, la apre
cia del modo siguiente:
«Al llegar a este punto de mi brevísima narracion, no puedo
abstenerme de hacer observar cuán singular vino a ser la posicion
del gobierno respecto de la Asamblea i en especial de los amigos
decididos que en ella cuenta.
«Los ministros de Estado, fieles al programa formulado en el
mensaje presidencial, se redujeron a la mas estricta abstencion,
aunque por otra parte se sabia a punto fijo que ellos, lo mismo
que el presidente, estaban distantes de aceptar los recursos i com
binaciones propuestas por la comision de hacienda, i en cuya dis
cusion se estaba ocupando la cámara. Sabíase, sobre todo, que esta
ban quejosos de que sus amigos no hicieran algun esfuerzo para
abreviar la distancia que la anomalía de las circunstancias vino a
crear insensiblemente entre unos i otros, i a la vez los diputados
que eran objeto de esas quejas, estrañaban que la reserva ministe
rial se prolongara tan considerablemente despues de conocidos los
proyectos de la comision i cuando les constaba que en el seno de la
cámara no brotaba iniciativa alguna que ofreciera mejores combi
naciones. No dejaban los ministros conocer su pensamiento, lo re
pito, ni a sus mas señalados amigos, i se concretaban a demostrar
su disentimiento. Enhorabuena que hubiesen abrazado este pro
ceder ántes de la apertura de las sesiones i hasta despues de some
tidos los planes de la comision; i mui plausible tambien se encuen
tra que no hubiesen dado paso alguno que tendiera a coártar o a
influenciar la independencia del diputado, en lo que ciertamente el
escrúpulo fué llevado a los últimos términos de la exajeracion,
puesto que ni oficial ni privadamente se dejaba sentir la accion
del gobierno en los trabajos lejislativos; pero yo entiendo que esta
abstencion o retraimiento debia tener límites i que en los dias a
que esta reseña se está refiriendo es indispensable que cesara del
todo para dar paso a una política franca i esplícitamente formu
lada, a una política en que el pensamiento del gobierno i el fruto
de sus meditaciones, aparecieran espuestos a las claras, sin amba
jes, ni reservas, con aquel acento de firme conviccion que es el sig
no de los gobiernos animados de enérjica vitalidad, de inspiraciones
propias, de convicciones luengamente elaboradas. ¡Qué golpe de
escena, cuánto prestijio i qué fecundas consecuencias no habrian
venido en pos de una iniciativa ejercida resueltamente i con toda
14
— I06 —

franqueza, de una iniciativa que se hubiera presentado en el mo


mento ménos esperado al apoyo de un proyecto sabiamente com
binado en que la luz, la oportunidad, la eficacia, los dictados de la
esperiencia, estuvieran ostentándose como en relieve cual rasgos
distintivos de un pensamiento superior que se impone irresistible
mente a la opinion imparcial i se hace respetar de la opinion por
obcecada que fuere!
«No se hizo así; se prefirió encastillarse en el retraimiento, i se
dejó que las voluntades, aunque entrañando escelentes i honoríficos
impulsos, siguieran flotando en la incertidumbre, con el sabor que
las infundadas aprensiones i recelos dejan filtrar en los corazones,
cuando esas aprensiones i esos recelos promedian entre hombres
de bien, entre amigos i correlijionarios.» -

Consideradas bajo este punto de vista jeneral, son exactas las


observaciones anteriores; mas ha olvidado el autor de ellas que la
política en manos de los gobiernos es una ciencia de aplicacion
práctica que tiene que ceder a cada instante a mil circunstancias
imprevistas i acomodarse a cada situacion dada; i las en que se
encontraba entónces el pais no eran ciertamente propias para la
política aconsejada por el honorable señor Quijarro.
En los pueblos antiguamente constituidos donde el órden cuenta
con sólidos elementos; donde los partidos están organiza dos, i sa
ben lo que quieren i a donde van; en pueblos, en fin, donde las
cuestiones están bien definidas, es posible hacer aplicacion a los
principios deducidos de la marcha jeneral de las asociaciones hu
manas, o de las particulares de cada uno.
Mas, en pueblos que no se hallan en tales condiciones, en Boli
via, por ejemplo, cuya organizacion política está en ensayo, cuya
organizacion social misma pasa por una transformacion tumultuo
sa; cuyas instituciones no reposan sobre fundamento alguno sóli
do; en Bolivia que apénas lleva medio siglo de existencia indepen
diente, compartida entre la guerra civil i el depotismo; en Bolivia
que despues de tan largas perturbaciones lucha para pasar al
imperio del órden; en Bolivia, en fin, cuyos elementos sociales i po
líticos se hallan flotantes i en ajitacion constante, en Bolivia, deci
mos, la política mas que en ninguna nacion, debe ser de circuns
tancias i acomodarse a las situaciones: ella no debe aspirar a lo
que debe ser, sino a lo que es; a lo que puede hacer, i no a lo que
debe hacerse. Hallándose en tales condiciones, un instante de in
flexibilidad, i la resolucion de caminar con los principios en mano,
— 107 —

puede comprometer su presente i su porvenir, esponiéndola a


perder conquistas que le cuestan tan largos como cruentos sacri
ficios.
. En pueblos como aquéllos, pueden afrontar resueltamente los
gobiernos las cuestiones mas graves, pues están seguros de que
en último resultado no traerán ellos otra consecuencia que la caida
de un ministerio. -

Pero en Bolivia, en la cual los partidos no limitan sus aspira


ciones a subir tan solo al poder por medios legales, sino a trastor
nar las instituciones, cuestiones tales asumen proporciones colosa
les, para tornarse en pretestos revolucionarios. -

Bolivia, como las mas de sus hermanas, es el país de las ano


malías, de lo imprevisto. Está siempre en ella la revuelta a la ór
den del dia: la infraccion de un simple artículo reglamentario es
suficiente justificativo para que los partidos se lanzen a conspirar.
Revolucion ha habido en que ha figurado como cargo a un go
bierno la supresion de un impuesto!! Aun en medio de una marcha
regular, tranquila, no es posible prever por lo que hoi pasa lo
que sucederá mañana. Sus políticos mas hábiles encuéntranse de
sorientados cada paso, i porque la declinacion de la aguja no es
regular jamas. A los mas espertos que creen navegar con la brú
jula de la esperiencia en mano, les sucede lo que a Colon—que la
aguja se desvia marcando otro rumbo; cuántos gobiernos no han
caido en los momentos mismos en que creian mas sólido su poder,
i se entregaban confiados a la grata ilusion de un largo domi
nio!
Esto por lo que hace a aspiraciones jenerales, que en cuanto a
la situacion del país en la época en que se reunia la asamblea es
traordinaria, era por demas vidriosa, difícil. Era menester cami
nar a tientas, so pena de esponerse o esponer al país a caer en un
abismo.
Dos partidos políticos unidos habian hecho de la cuestion em
préstito un grito de guerra. Las numerosas cartas publicadas con
motivo del proceso Resini, prueban que ella era el ariete destinado
a demoler el órden de cosas fundado en mayo. I no se diga que
esto era tan solo obra, o la aspiracion de algunos políticos de se
gundo órden: un hombre de nota aconsejaba a Corral «que se lan
zase a la revolucionántes de que se reuniera la asamblea; porque,
decia, si se concede al gobierno el empréstito, para cuya realiza
cion todo lo tiene preparado Ballivian en Europa, difícil si no im
— 108 —

posible, será echar abajo al partido rojo que va apoderándose de


todas las avenidas.»
La situacion estaba, pues, preñada de dificultades i una política
previsora aconsejaba obrar con prudencia,—desarmar a la revolu
cion, quitándole todo pretesto.
Así lo comprendió el gobierno, i ni los consejos de sus amigos,
ni las insinuaciones mismas de algunos diputados de oposicion,
bastaron a hacerlo retroceder de su política de abstencion.
Esa política se encaminaba a un gran fin,—a hacer de la cues
tion que la pasion política habia convertido en cuestion de partido,
una cuestion nacional, empeñando las luces i patriotismo de todos
i de cada uno de los diputados en su acertada solucion.
Hé aquí cómo.
Descartada toda iniciativa de parte del gobierno, la oposicion
no tenia razon de ser: ¿a quién i a qué iba a hacer oposicion? Ha
bia dejado de existir el blanco de sus conatos. No tenia luchas que
empeñar con el gobierno, riesgos que correr ni laureles que cose
char. Si la asamblea optaba por el empréstito o lo rehusaba, suya
era la obra. -

Por su parte, los constitucionales i ministeriales no podian co


honestar su conducta, haciendo valer influencias gobiernistas.
Unos i otros se hallaban en la mas plena libertad, dueños de sus
ideas, de sus convicciones i de su patriotismo propio. Ninguno
tenia que obedecer a una consigna dada, ni alegar la necesidad
en que se hallan los partidos de marchar unidos, de guardar fé i
lealtad a compromisos contraidos, ni a las exijencias de una políti
ca sistemada, concertada de antemano. Jamas los diputados fueron
mas dueños de sí mismos, de su autonomía, que en esta ocasion.
En tal situacion, cada uno tenia necesidad de concentrarse en
sí mismo ante la gran responsabilidad que pesaba sobre cada uno.
Así sucedió en efecto: cada uno procuró estudiar la cuestion,
buscando luces, inspiraciones en donde quiera que creyese encon
trarlas; la cuestion habia tomado el carácter de nacional que tenia,
i la responsabilidad del diputado se habia hecho a la vez colectiva
e individual. -

De este modo, las luces, la conciencia i el patriotismo iban solos


a dirijir las deliberaciones de la asamblea en esta grave cues
tion.
A esta situacion estraña, escepcional, pues que la historia de los
parlamentos no ofrece, tal vez, otra igual, se debe la laboriosidad,
— 109 —
ritis mesura i patriotismo con que procedió la asamblea en el curso de
esta cuestion, pues si hubo sesiones tempestuosas, ellas versaron
Ti, sobre emerjencias u otras circunstancias, promovidas por imper
a 3 tinencias que jamas faltan en cuerpos colejiados.
Limitó el gobierno su papel a esponer por órgano del minis
ssna tro de gobierno los principios i razones que habian guiado su con
ducta al presentar a la 2." asamblea extraordinaria su combinacion
s:
0,
para liquidar los créditos de la nacion; i a protestar que cualesquie
his
ra que fuesen las resoluciones de la lejislatura, él, como ejecutivo,
se hallaba firmemente dispuesto a cumplirlas con lealtad.
der Merced a política tan prudente, la situacion fué salvada en aque
d
llos momentos. -

Otra no ménos grave e íntimamente ligada con ella se pre


sentó a la deliberacion de la asamblea—la del ferrocarril Ma
s: dera-Mamoré, que habia atraido ya sobre el gobierno las mas tor
c5.
pes recriminaciones i calumnias. Hé aquí la conducta que el go
Iris bierno observó en ella. -

º Los estudios que Ballivian hiciera sobre esta materia con motivo
t, de su mision, le habian suministrado las convicciones siguien
tes:
piº 1." Que la compañía constructora no habia tenido ni tenia in
sas. tencion séria de llevar a cabo la obra.
sis 2". Que los compromisos que ésta tenia contraidos parecian
Nº identificados con los jerentes del empréstito, o lo que es lo mismo,
es que Erlanguer i Cº., i Sociedad constructora eran una sola i mis
rir II1l COSl. -

d º 3.° Que al contraer el empréstito i aplicarlo a sus objetos no se


s: habian cautelado bastante los intereses del Estado (1). º

as, A su arribo a Bolivia se habian añadido otras convicciones.


Rº d El enorme déficit de la hacienda no permitia, ni con mucho, cu
da º brir el servicio del empréstito, i una vez agotados los fondos con
s signados para este propósito del importe del mismo empréstito—
º el servicio se hacia imposible. -

Los costos que demandaba la construccion del ferrocarril eran


de º en su concepto superiores a los presupuestos, i Bolivia tendria
pronto que hacer nuevos i mayores sacrificios.
s Entre tanto, los rendimientos de la obra, consistentes solo en
º
una parte de los derechos de importacion, no llegarian a prestar
(1) El tiempo ha venido a confirmar la perspicacia con que Ballivian
el comprendiera los manejos de los que entendieron en este asunto.
si
— 110 —

un ausilio eficaz, ni siquiera para atender a los gastos de conserva


cion de la via.
Mandatario prudente, honrado, en cuya política no entraron
jamas el engaño, el charlatanismo i la impostura, creyó que era
un deber sagrado de su parte hablar la verdad a sus conciudada
nos i despues a la nacion, en la persona de sus representantes.
Tan leal como patriótica conducta le valió el cargo de enemigo
de la empresa: sospechas indignas sobre los móviles que la deter
minaban hiciéronse correr por lo bajo entre todas las clases de la
sociedad, i la cuestion ferrocarril Madera-Mamoré, como la cues
tion empréstito, se convirtió en política i arma de partido.
Fácil hubiera sido al gobierno parar los golpes que se le asesta
ban, halagando las gratas espectativas que el país cifraba en esta
gran empresa, convirtiéndola tambien por su parte en arma de po
lítica. Pero ántes que los intereses transitorios de ésta, habia en su
concepto otros permanentes i de alta trascendencia. Hombre pro
bo, era incapaz de artificio; i como mandatario creia que no debia
ocultar sus convicciones, i que hablar la verdad era siempre un
deber ineludible, i al cual debian sacrificarse las exijencias transi
torias de la política.
Firme en esta austera conducta, hizo por medio del ministro
de gobierno, en las sesiones de 28 i 29 de octubre, la declaracion
de sus ideas, protestando como en la cuestion empréstito-que
cualesquiera que fuesen las resoluciones de la asamblea, serian
cumplidas con lealtad por el ejecutivo.
El tiempo ha justificado plenamente las vistas del distinguido
jóven estadista.
XXIII.
Uno de los asuntos, el principal, para el cual habia sido convo
cada la 2.º asamblea extraordinaria, fué la consideracion del estado
financial del país: negada la combinacion ministerial, los demas
asuntos quedaban reducidos a la esfera de los trabajos ordinarios
administrativos.
La negativa del empréstito, sin haberse provisto al gobierno de
los fondos necesarios para atender al servicio corriente de la ad
ministracion i de la deuda esterna, venia a agravar la situacion.—
Ballivian, que daba a las cuestiones de hacienda la importancia que
merecen, i que preveia que en breve se veria el gobierno cercado
de acreedores, hallábase vivamente preocupado, cuando su mente
— 111 —

se tornó hácia los recursos que el desarrollo de los intereses mine


ralójicos del Litoral podia ofrecer en tan duro trance.
Tiempo hacia que circulaba una censura que, por lo mismo de
ser reservada (sotto voce), habia dañado mas a los gebiernos Mel
garejo i Moráles. Esta censura la provocaba la mala administra
cion de aquel departamento.
Era notorio que los ingresos de la aduana de Cobija no corres
pondian a las valiosas importaciones que se hacian por este puerto,
calculadas cuando ménos en la mitad de las importaciones de la re
pública toda. So murmuraba que el inmoral tráfico del contraban
do se hallaba establecido allí de un modo regular i sistemado.
Despues del descubrimiento de Caracoles i cuando sus labores
habian llegado a establecerse de un modo regular, habia sido de
esperar que acreciesen rápidamente los ingresos fiscales de aquella
parte. I sin embargo, no sucedia así, i los derechos sobre metales
eran tan exiguos que formaban contraste con los anuncios que la
prensa nacional i estranjera hacian acerca de las inmensas espor
taciones de minerales. -

¿Habia impericia o neglijencia de parte de las autoridades, o


fraude de parte de los esportadores de metales?
Sea de esto lo que se quiera, pero el hecho cierto era que allí la
administracion no era buena; que los derechos fiscales eran de
fraudados; que el crédito de la nacion estaba seriamente compro
metido ante Chile, coparticípe de los derechos de la zona comun.
Ballivian fué uno de los primeros mandatarios que se habian
atrevido a poner mano en esa llaga en cuya curacion se habia
adoptado la máxima nolli me tangere.
Apénas incorporado Bustillo en el gabinete, se tomó la medida
de enviar un inspector competente que escudriñase los secretos
que encerraban las aduanas i tesoros del Litoral.
El informe presentado por el inspector Virreira, Manuel, a este
respecto, ha sido objeto de una larga controversia, que ha puesto
en tela de juicio sus aseveraciones; de modo que la comision enca
minada a producir la luz en aquel cáos, solo sirvió para suscitar
nuevas dudas.
Contrajo luego su atencion a otras cuestiones de hacienda que
le legaron sus predecesores.
La ruidosa cuestion estaca minas de beneficencia en el mineral
de Aullagas, la cual diera lugar bajo el gobierno Moráles a un se
vero voto de censura de parte de la asamblea, fué definitivamente
— 112 —

sometida a la decision de los tribunales ordinarios, declarando ter


minantemente que el poder ejecutivo no podia inmiscuirse en las
atribuciones del poder judicial.
Otro tanto se hizo respecto de las usurpaciones que en las minas
de Caracoles se habian cometido respecto de dichas estacas. Por
esta resolucion quedaban plenamente garantidos los intereses de la
industria minera, i el gobierno tenia que hacer valer los derechos
del Estado ante la justicia ordinaria. Dejaba de ser juez i parte a
la vez. -

Las exajeradas i abusivas concesiones hechas por el gobierno


Melgarejo a la sociedad de las Salinas del Cármen, habia llegado a
hacerse cuestion seria, que amagaba asumir el carácter de inter
nacional. El gobierno Frias, en conformidad con las leyes de 9 i
14 de agosto del 71, por las cuales se habian declarado nulos to
dos los actos de aquel gobierno, que no estuviesen ajustados a lei,
trató de zanjarla i dictó algunas disposiciones que, sin ser abierta
mente rechazadas por los interesados, eran eludidas en su ejecu
cion. Esta resisteucia pasiva ponia en difícil situacion al gobierno i
comprometia el honor de la nacion misma, pues que la legalidad
de los actos del gobierno i de las leyes mismas de sus asambleas
eran contestadas por una sociedad particular o al ménos eludidas
en su cumplimiento.
Aparte de esto, la insolucion de este asunto perjudicaba gran
demente la realizacion del ferrocarril de Mejillones, pues las in
fluencias de la Sociedad del Cármen privaban a los empresarios
de los capitales i crédito que necesitaban para llevarlo al cabo,
fuera de otras cuestiones de incompatibilidad de derechos i conce
siones de que ámbas empresas creian hallarse en posesion.
Ballivian, haciendo valer con sagacidad las buenas relaciones
que tenia con los interesados de ámbas empresas, logró arreglar
este enojoso asunto con algunas lijeras concesiones otorgadas a la
Sociedad del Solar del Cármen. -

La empresa ferrocarril de Mejillones, habíase visto obligada a


suspender sus trabajos a consecuencia de las cuestiones anteriores;
entre tanto, el gobierno, en conformidad con las bases del contrato
de 10 de julio de 1872, tenia obligacion de cubrir el servicio de
los bonos por las sumas empleadas ya en el trabajo: nueva ero
gacion que venia a acrecentar el servicio de los créditos de la na
cion, i a ahondar mas por consiguiente el vacío de la hacienda.
Persuadido el gobierno de que el Estado no debe ser especula
* — 113 —

dor ni empresario, i mas que todo de que era imposible atender al


servicio de este crédito, concluyó con los empresarios el contrato
de 24 de noviembre de 1873, por el cual tomaban éstos a su car
go la obra, redimiendo así al Estado de la garantía. -

De este modo, dueños de la empresa, podian llevarla a término,


al mismo tiempo que el Estado quedaba, no solamente libre de to
do gravámen i de la odiosa i siempre estéril inspeccion de cuentas,
sino que aun tenia la espectativa de alguna ganancia, pues se le da
ba la mitad de las utilidades libres.
Asuntos tan complicados preocuparon vivamente a Ballivian, i
cuando se trataba de ellos i de la crísis financial, decia a sus ami
gos con cierto desaliento: «¡Qué cuestiones las que me ha tocado
resolver, i, atento el estado de nuestra hacienda, algunas de ellas
insolubles como la cuadratura del círculo!»
Otro de los asuntos de su preocupacion constante era la cuestion
de límites con Chile, que habia llegado a complicarse con el con
venio Lindsay—Corral. La asamblea extraordinaria de mayo ha
bia aplazado la consideracion de éste, tanto porque no creia de su
competencia resolverle, por su carácter de extraordinaria, cuanto
porque consideraba que eran necesarios nuevos estudios sobre él.
Pero este aplazamiento no bastó para evitar incidentes que le
complicaran. Las leyes dictadas por la 3." asamblea extraordinaria
sobre derechos de esportacion de metales i, el medio de pago de
estos derechos, dieron lugar a la protesta conocida del ministro
Ibáñez.
Coincidia ésta con la falta de datos estadísticos del Litoral, que
embarazaba al gobierno para dictar una reglamentacion acertada
de las citadas leyes; i creyó conveniente suspender su ejecucion
ántes de eumplido el plazo señalado para la licitacion de los dere
chos de esportacion. Esta circunstancia permitia al gobierno acce
der a los deseos del gabinete de Santiago sin desdoro de la digni
dad nacional, i así lo hizo no sin hacer valer ántes con entereza
los derechos de Bolivia que Chile trataba de desconocer.
La lei de 22 de noviembre de 1872, por la cual se establecia la
libertad de enseñanza, al mismo tiempo que se suprimia la oficial
en los grados de instruccion secundaria i la de las facultades libe
rales, no habia sido aun reglamentada. Para proceder con acierto
en tan delicado asunto, pidió el gobierno proyectos a los diferentes
consejos universitarios, i en 15 de enero de 1874 espidió el Esta
tuto que desenvolvia las disposiciones fundamentales de15aquella lei,
— 114 —

Bien hubiera querido el gobierno, siguiendo sus ideas i convic


ciones propias, dar otro rumbo al importante departamento de ins
truccion pública, haciendo de las universidades un cuerpo autóno
mo, independiente del gobierno, con facultades i rentas propias;
reforma audaz cuyo alcance i consecuencias no es posible apreciar
hoi.
Pero existia una lei i la accion del gobierno estaba limitada a
reglamentarla.
La ejecucion del Estatuto dió lugar, al tiempo de su aplicacion,
a infinitas dudas i consultas consiguientes de parte de los inspec
tores jenerales, i a reclamaciones de parte de algunos consejos de
partamentales, que creyeron atacadas sus atribuciones i amenazada
su autonomía por tendencias centralizadoras del gobierno.
Era natural que tratándose de ponerse en ejecucion reformas
tan repentinas como trascendentales, adoleciese el Estatuto de de
fectos que solo la práctica podia hacer conocer, i cuya rectifica
cion por la naturaleza misma de las cosas estaba confiada al tiem
po. Entre tanto, era injusto atribuir al gobierno de mayo i a su
liberal gabinete tendencias de centralizacion o absorcion de pode
res. Puede asegurarse que a haber llenado su período el gobierno
de mayo, la descentralizacion sobre todo administrativa hubiera
dado pasos que satisficiesen aun a los mas avanzados en reformas
de este linaje.
Entregadas como han sido a los Consejos las rentas de instruc
cion pública, una de los consecuencias de la aplicacion esclusiva
de ellas a la instruccion elemental, será la difusion de las escue
las.
En los primeros años de la fundacion de la república, se esta
blecieron colejios de artes i oficios que funcionaron durante largos
años, pero que, organizados sobre la base de una enseñanza pura
mente rutinaria, no llegaron a alcanzar sino mui imperfectamente
los fines de su institucion. Por otra parte, en medio de las revuel
tas que elevan gobiernos de partido, en las cuales no siempre se
consulta la indoneidad i honradez, habian caido estos estableci
mientos en manos de personas incompetentes que procuraron tan
solo esplotarlos en provecho propio, de donde provino su descré
dito, i al fin fué necesario abolirlos.
Los progresos que alcanzaba la república, a pesar de sus fre
cuentes revueltas, hacian necesario el establecimiento de una es
cuela tecnolójica. La falta de fondos i de personas competentes,
— 115 —
eran obstáculos poderosos a la satisfaccion de esta urjente necesi
dad. El gobierno de mayo creyó que si no era posible restablecer
los antiguos colejios de artes con todas los condiciones que ellos
requieren, menester era iniciarlos siquiera con los recursos de que
podia disponerse, i dió el decreto de 15 de agosto de 1873, que los
establecia en las principales capitales de departamento, echando
mano de los fondos destinados a gastos estraordinarios.
La falta de locales i otros inconvenientes aplazaron la ejecucion
de este decreto, que al fin quedó escrito como tantos otros.
Las instituciones de instruccion de la república adolecen de un
vacío: puramente docentes, fáltales un instituto encaminado a
cultivar las ciencias i las artes, objeto desempeñado en otras na
ciones por academias o institutos semejantes. Aparte de esto, la
falta de estímulos i las dificultades con que la juventud especial
mente toca para la publicacion de sus trabajos, son otros tantos
motivos que retraen a muchos de labores de esta naturaleza.
Habíase intentado dos veces la fundacion de academias bajo las
administraciones de Santa Cruz i Ballivian, mas sin fruto al
guno.
¿Habian sido mal organizadas, o el progreso intelectual del país
no habia llegado aun a la sazon necesaria para darles elementos
de vitalidad? -

Sea de esto lo que se quiera, despues del progreso intelectual


alcanzado en los últimos 30 años, creyó el gobierno llegado el
tiempo de hacer un nuevo ensayo que lo formuló en su decreto
de 2 de julio de 1873, sobre la base de la independencia mas am
plia.
Este nuevo ensayo no ha sido coronado de mejor éxito que los
que les precedieron.
Al revisar los actos de Ballivian en el importante ramo de ins
truccion pública, no debe pasarse en silencio la esposicion de pro
ductos de artes i oficios decretada para Cochabamba.
En una época esencialmente industrial como la de hoi, las es
posiciones, estimulando uno de los sentimientos mas nobles del
hombre, han dado un poderoso aliento al trabajo—de aquí la
aceptacion entusiasta con que han sido acojidas por las naciones
mas avanzadas. Bolivia no podia dejar de ser arrastrada por el
impulso de toda una época. Desde tiempo inmemorial, se hallaba
º establecida en la Paz la esposicion de productos en miniatura, i en
º Potosí fué ensayada con buen suceso en 1858.
3.
— 116 —

• - Cochabamba, pueblo laborioso, cuyos hijos se distinguen por


una singular aptitud para las artes, era digno sin duda de que se
le ofreciese una ocasion de esponer sus pocos, pero adelantados
artefactos.
El entusiasmo con que la esposicion de 1874 fué acojida por
todas las clases de la sociedad manifiesta que el gobierno respon
dia a una verdadera necesidad.
En el ramo de justicia la independencia del poder judicial ha
sido amplia, absoluta, habiéndose prescrito el gobierno la absten
cion mas severa de todo acto que pudiera afectar en lo mas míni
mo la libertad de los juzgados i tribunales.
La responsabilidad de las autoridades políticas por faltas o deli
tos cometidos en el ejercicio de sus funciones, habia sido un vano
precepto de la lei, que jamas, o en mui raros casos, habia llegado
a tener lugar. Esa responsabilidad se hizo efectiva durante su ad
ministracion; pues hánse visto casos de Sub-prefectos juzgados i
condenados por la justicia ordinaria, i Prefectos sometidos a jui
C10,

La responsabilidad fiscal fué aplicada con no ménos severidad


por erogaciones hechas en contravencion a la lei financial de la
república; i a este respecto se dictaron disposiciones eficaces en cau
tela de los intereses nacionales.
En el departamento de gobierno, fué pleno el imperio de la
lei.
Verdad constitucional fué el lema de su política—i verdad cons
titucional fué un hecho durante su corta administracion. I cuando
se dice verdad constitucional, se habla de la verdad de todos los
derechos i de todas las garantías consignadas en la liberal carta
de 1871.
Amplia libertad en la eleccion de municipios.
Libertad parlamentaria absoluta en las dos asambleas estraor
dinarias, hasta el punto tal vez de haber abdicado el gobierno esa
influencia lejítima que el ejecutivo, representante del principio
conservador, ejerce aun en los gobiernos mas liberales.—Influen
cia necesaria en el poder que, hallándose encargado de la jestion
inmediata de los negocios públicos, conoce mejor las necesidades
del país, los recursos de la administracion, los inconvenientes con
que en la práctica tropiezan leyes e instituciones que basadas en
la teoría, suelen ser dictadas por la impericia de los diputados i
acojidas con entusiasmo por la opinion.
— 117 —

Ejercicio ámplio del derecho de reunion, que dió lugar no pocas


veces a manifestaciones verdaderamente sediciosas, i que no obs
tante fueron respetadas. -

Libertad de la prensa hasta la licencia i la demagojia.


Libertad de la palabra hasta la difamacion i la calumnia.
Respeto a la seguridad personal i derecho de propiedad.
Economía i moralidad en el manejo de la hacienda pública.
Consagracion asídua a las tareas administrativas, al punto de
haber agotado sus fuerzas i sacrificado su propia vida. ”
En una palabra, el ejercicio de todos los derechos i libertades,
llevó el sello de una realidad que solo se ve en los pueblos mas
avanzados en la práctica de las instituciones democráticas; sin que
los abusos a que diera lugar tan ámplia libertad, hubieran deter
minado al gobierno a dictar medidas de persecucion ni siquiera
precaucionales.
El reinado de la arbitrariedad habia sido estinguido por com
pleto; i en numerosas consultas dirijidas al gobierno en asuntos
de administracion pública, ellas fueron resueltas siempre en el sen
tido de la libertad i progreso de las instituciones republicanas.
Háse acusado a la administracion Ballivian de falta de inicia
tiva.
Al lanzar semejante acusacion no se han tenido en cuenta los
trabajos administrativos que ha ejecutado ni las dificilísimas cir
cunstancias en que subió al poder.
Bancarrota de la hacienda nacional.
Cuestiones económicas i administrativas que se rozaban con la
política esterior. -

Cuestiones internacionales graves.


I en fin, la demagojia que, ora sordamente, ora con indecible
audacia, minaba sin cesar los fundamentos del órden.
Fácil, harto fácil es la iniciativa, tanto en los negocios priva
dos como en los públicos. Una persona de mediana instruccion
puede ser fecunda en proyectos. I en parte alguna, como en Boli
via, que carece de todo, la satisfaccion de necesidades imperiosas,
inspira proyectos mas o ménos vastos. Mas no está la dificultad
en esto, sino en la posibilidad de realizarlos,—i sin hacienda no
hai realizacion posible: cada proyecto de mejora debe traer consi
go la correspondiente partida en el presupuesto de egresos.
Gobierno sério i honrado, no ha querido emprender, ni iniciar
siquiera nada que no fuese posible ejecutar. El engaño i la im
— 118 —

postura no entraron jamás en los resortes de su política. Habríale


sido harto fácil, imitando a otros mandatarios, hacer de sus secre
tarías de Estado, máquinas de decretos i proyectos, para mante
ner como aquéllos en espectativa i en medio de halagüeñas espe
ranzas el espíritu público; pero esto habria sido indigno; algo
mas—una burla cruel (1).
Lo que debieron haberse preguntado sus detractores, es cómo
Ballivian habia podido, durante ocho meses, atender siquiera a los
servicios urjentes de la administracion en medio de la estrecha si
tuacion de la hacienda.
I no obstante tan difícil situacion, el ramo de obras públicas no
fué completamente desatendido.
En cuanto a los otros ramos de la administracion, fué notable
la actividad del gobierno, en todas aquellas esferas en que la cues
tion fondos no venia a decirle: «No puedes.»
Numerosos decretos, reglamentos, órdenes, resoluciones, etc.,
que rejistra la Coleccion Oficial, son la mejor vindicacion que po
dria oponerse al cargo de inactividad, de falta de iniciativa, que a
falta de otros se ha querido hacer pesar sobre su gobierno.
XXIV.

Ballivian era un escritor notable: lenguaje culto i elevado; esti


lo conciso, claro, sencillo, a la par que elegante, jeneralmente pe
riódico, habiéndose ensayado con buen éxito alguna vez en el es
tilo cortado, a imitacion del de Víctor Hugo i Lamennais, como en
su «Protesta» de 18 de noviembre de 1862, i en el artículo «Las
glorias de la patria,» que se distinguen, sobre todo el último, por
la enerjía de la espresion i la riqueza de la imajinacion.
Como era poeta i de oido delicado, los períodos de sus escritos
son cadenciosos. En cierta ocasion en que uno de nuestros poetas

(1) En su último viaje a Europa tuvo ocasion de ver funcionar los ferro
carriles colgantes de un nuevo sistema. Comprendió al punto el partido que
podia sacarse de este jénero de vías para Bolivia, cuyo suelo erizado de
montañas ofrece a cada paso gradientes tan fuertes que hacian imposible el
ascenso de los trenes ordinarios. A su paso por Cochabamba (1873) ordenó
que el injeniero Harris hiciese estudios desde esta ciudad a Oruro por el ca
mino de Arque para ver si podria establecerse un ferrocarril barato por
aquel sistema. El resultado fué satisfactorio i aun Harris llegó a formular el
presupuesto. Con tal motivo, uno de sus amigos le insinuó la idea de que se
publicasen por la prensa esos estudios, Mas él contestó «Esa via no puede
practicarse sino despues de establecido el ferrocarril de Tacna a la Paz;
cuando éste se haya principiado, será oportuno hacer conocer esos estudíos.»
— 119 —

leia uno de esos escritos, esclamó diciendo: «¡Ah, esto no es prosa,


sino verso!» i en efecto, era una série de versos octosílabos. -

Es una coincidencia mui singular la de que su primer escrito


hubiese sido consagrado a la defensa del honor i dignidad de su
patria. Era mui jóven todavía i se hallaba en Valparaiso, cuando
apareció en el Mercurio un artículo, en el cual, hablando de Boli
via, se decia que era un pueblo indigno de ser independiente, i
que estaba destinado a desaparecer del mapa de la América, absor
bido por sus vecinos.
Tan amargo como inmerecido reproche, hirió vivamente el cora
zon del jóven patriota, i envió inmediatamente a los redactores
del mismo periódico una refutacion en que hacia un relato de los
hechos gloriosos del Alto Perú durante la guerra de la indepen
dencia, i los no ménos gloriosos de su vida como nacion indepen
diente; concluyendo de aquí que un pueblo semejante, era no solo
digno de ser nacion, sino que le estaban reservados grandes des
tinos.
Sea que los redactores del Mercurio reconociesen la injusticia
del reproche, o que no quisiesen hacer polémica de un asunto en
que se heria tan gratuitamente la dignidad de una nacion herma
na, el hecho es que se abstuvieron de contestar. -

A mediados de 1860 publicó en forma de folleto una correspon


dencia que cruzó con el coronel don Agustin Moráles, con motivo
de ciertas apreciaciones desfavorables que éste hizo de la política
de su padre, el jeneral don José Ballivian. Indignado el corazon
del hijo por la impertinencia con que aquél trataba de tiznar la
memoria de su padre, con el solo propósito de que el nombre de
éste «sirviese siempre de realce al pedestal en que Moráles queria
colocarse a sí mismo,» creyó de su deber rectificar los hechos, pa
ra reivindicar su veneranda memoria. «He de defender ésta, decia,
contra el error i la calumnia, miéntras haya voz en mi pecho; he
de conservar siempre puro este nombre, miéntras haya sangre en
mis venas.»
Es éste uno de los pocos escritos en que Ballivian sale de la
calma i circunspeccion que lo caracterizaban; i aunque disculpable
por los ienerosos i naturales sentimientos que lo estimulaban, cree
no obstante deber suyo dar satisfaccion al lector, diciendo: «Hai
cosas que solo pueden decirse con vehemencia, i ésta es la causa
de la destemplanza de mi lenguaje. Si se tienen en consideracion
los móviles que me impulsan, creo tener derecho a la induljencia
— 120 —

del público.»—En otra parte: «Hai impertinencias que vencen los


mas esforzados atrincheramientos de la moderacion i de la pacien
cia.»
En esta correspondencia revela eminentes dotes para la polémi
ca, a pesar de que la templanza de su carácter no lo llamaba a es
tejénero de composicion literaria, sobre todo cuando ella tenia un
carácter personal.
Hé aquí algunos fragmentos notables.
«Decis que os he provocado: veamos si teneis razon.
«Hace mucho tiempo, coronel Moráles, que os ocupais de poner
vuestro nombre a un sin número de artículos i folletos. En todos
ellos hai otro nombre que parece indispensable al brillo de vues
tras declamaciones: el nombre de Ballivian, siempre tiznado por
vuestra palabra; Ballivian sirviendo siempre de realce al pedestal
en que colocais a don Agustin Moráles.
«Esto era ya insufrible.» -
En 1863 escribió en El Independiente de Cochabamba un artí
culo, con motivo de la admision de la bandera española en muestro
territorio, a consecuencia del tratado de amistad que acababa de
promulgarse, artículo que fué reproducido en La Epoca de Ma
drid (núm. 4767), correspondiente al 14 de setiembre de 1863,
encabezando su trascripcion con las líneas siguientes que pueden
servirle de comentario:
«Insertamos a continuacion un artículo referente a las relacio
nes entre España i Bolivia, publicado en El Independiente de Co
chabamba, ciudad de aquella república, por el distinguido jóven
don Adolfo Ballivian, hijo del famoso ex-presidente que inició en
el período de su mando las relaciones con España, enviando al
efecto al doctor Lináres como plenipotenciario.
«Ademas de ser el espresado escrito fruto del claro talento, de
la ardiente imajinacion i del verdadero patriotismo del caballero
Ballivian, en quien el amor que profesa a su país natal i a las ins
tituciones republicanas, no le ciega al estremo de abrigar preven
ciones contrarias a las de los pueblos monárquicos estranjeros,
tiene en su favor la noble tendencia de borrar prevenciones en
Bolivia respecto a España, i encaminarse a que se estrechen mas
i mas cada dia los vínculos que deben unir a ámbos pueblos.
«Llamado por la opinion de la parte mas sensata de la repúbli
ca a ocupar la primera majistratura, i estando para venir a Espa
ña el caballero Ballivian, tendremos la satisfaccion de conocer i
— 121 —

espresar nuestras simpatías a una persona que tan adicta se mues


tra a las cosas de España i tan identificada con los progresos de la
civilizacion.»
Hasta aquí La Epoca de Madrid.
En el escrito de Ballivian hai pasajes que deben ser conocidos,
como el mejor desmentido a aquéllos que animados de odio salva
je han llevado su encono contra él hasta mas allá de la tumba,
ratando de presentarlo ante el pueblo sencillo como hombre que
profesaba ideas anti-relijiosas.
Hélos aquí:
«Saludemos, pues, todos el glorioso estandarte que Pizarro con
dujo a estas rejiones del error itinieblas para purificarlas con la
bienhechora luz de la civilizacion i la ardiente i purísima fé del
cristianismo. Saludemos tambien a los que nos hicieron deletrear
en las primeras pájinas de ese libro inmortal, emblema de la ense
ñanza humana i fuente inagotable de todas las verdades, a los
que nos enseñaron a pronunciar el nombre de ese mártir sublime
que realizó el ejemplo del primer sacrificio definitivo de la justicia
eterna. Bendigamos, por último, a los que nos iniciaron en la com
prension de los excelsos misterios que simbolizan ese libro i ese
hombre: el Evanjelio i Cristo.»
Este escrito lleno de bellezas literarias, termina con la siguiente
estrofa, espresion sintética de la historia de nuestra desgraciada
, patria. -

«¡Oh, sol! yo te saludo postrado en esta tierra, ,


Empapada en el llanto de nuestro ardiente amor:
Tambien regada en sangre de fratricida guerra,
Vertida a los embates del odio i del rencor.»

El desastre de la Cantería afectó profundamente su corazon.


Moderado, prudente, circunspecto, dueño siempre de sí mismo
cuando hablaba o escribia, por herido que estuviera por los ultra
jes i la calumnia, en esta ocasion, como en otras pocas, el espectá
culo de un desastre en que corrió junta la sangre del obrero i del
propietario, del rudo hombre del pueblo i del literato; el salvaje
abuso que se hizo de la victoria, asesinando a sangre fria tantas
víctimas ilustres, sublevaron su alma, i el calor de la indignacion,
de esa indignacion santa que provoca el crímen, da a este escrito
un nervio i vehemencia que no eran el carácter distintivo de sus
16
— 122 —

escritos i discursos. Es un jemido de dolor, a la vez que un anate


ma contra los desafueros de una salvaje tiranía.
Mas, parece que aun en medio del hervor de su alma hubiera
tenido una censura por su exaltacion, i se apresura a disculparla,
haciendo las siguientes observaciones filosóficas:
«El estallido del dolor, cuando es justo, no debe reprimirse: su
espansion es mas bien provechosa cuando puede favorecer el de
sarrollo de esas indignaciones bienhechoras que rejeneran el vigor
amortecido de los pueblos. En la hora del supremo peligro, en la
hora de las grandes catástrofes, las sujestiones de la calma i la
moderacion no pueden escucharse: propensiones del miedo, inspi
raciones del egoismo, todos estos narcóticos del alma proscriben
la pasion, esa madre fecunda de las acciones jenerosas; ahogan el
sentimiento que es la vida, en la palabra que vibra i que conmue
ve; matan la conviccion que es el alma, en la palabra que afirma i
que persuade. Así lo comprendemos; por esto hablamos claro i a
todos preguntamos: ¿Con qué derecho impera Melgarejo? ¿con
qué derecho roba, con qué derecho mata? ¿qué objeto se pro
pone, a dónde se encamina? ¿lo sabe acaso nadie, lo sabe acaso él
mismo?»
Sus numerosas correspondencias a los diarios de la costa i en
especial a «La Patria» de Valparaiso (1867), estaban destinadas,
como la mayor parte de los escritos de este linaje, a trasmitir no
ticias, principalmente de Bolivia i el Perú. Mas en esta ocasion no
desempeñaba el simple papel de cronista: soldado de una noble
causa, tenia otra mision sagrada que desempeñar,—hacer la pro
paganda de los principios por los que combatia su patria; revelar
sus desgracias i fortalecer el ánimo de sus conciudadanos, a veces
decaido por las derrotas en los campos de batalla.
La prensa de Chile, ora porque no tuviese otros elementos de
criterio que la prensa oficial de Bolivia, la sola que entónces cam
peaba; ora porque, en los primeros tiempos de la alianza, las nece
sidades de la guerra con España exijiesen enaltecer a los gobier
nos aliados; ora por otras causas que no es del caso escudriñar en
este escrito, la prensa de Chile, de ordinario tan sóbria en elojios,
circunspecta i frecuentementemente feliz en sus apreciaciones po
líticas, habíase convertido en apolojista del gobierno Melgarejo,
dañando así grandemente, tanto en el interior como en el esterior,
el éxito de los esfuerzos que hicieron los pueblos para recobrar sus
perdidas instituciones. El apoyo moral que de este modo prestaba
— 123 —

Chile a la causa del depotismo que imperaba en Bolivia, contribu


yó no poco a la prolongacion de ese estado de cosas.
Persuadido de esta dañosa influencia, el conato de Ballivian se
dirijia a restablecer la verdad i con ella a reivindincar a su pa
tria, cuyos jenerosos i viriles esfuerzos podian ser mal interpreta
dos, i confundidos con la demagojia que frecuentemente tiene
turbada la paz de muchas naciones de Sud-América. Con tal pro
pósito escribió en la «Revista del Sud» de Tacna, un artículo ti
tulado «Estravios de la prensa chilena,» en el que se queja de la
parcialidad con que trataba aquélla los asuntos de Bolivia.—
«Tiempo hace, decia, que la prensa de Chile persiste en una pro
paganda que da por resultado representar la situacion en que hoi
se halla Bolivia bajo una faz contraria a la verdad i a la justicia,
sin que por esto se haya levantado en aquel pueblo que se llama
sensato ni siquiera una voz jenerosa que proteste contra tal estra
vío i sirva de consuelo en su acerba desdicha, a ese pueblo herma
no cuyo dolor se ultraja.»
Una de las correspondencias de que se ha hecho mérito (5 de
junio de 1867), motivada por un canto en que un jóven poeta bo
liviano enalteciera a Melgarejo por cima de todos los héroes an
tiguos i modernos, es notable por las observaciones filosófico-his
tóricas respecto de la perniciosa influencia que los gobiernos des
póticos ejercen en la dignidad i moralidad de los pueblos enjen
drando el servilismo i la adulacion.
Vése en estos escritos que el alma del patriota pasa con frecuen
cia por esas emociones de aliento i esperanza que esperimentan los
partidos políticos, i en especial los emigrados, para caer de nuevo
en el desconsuelo i el abatimiento, cuando aquéllas se desvanecen.
-
Por lo demas estos escritos, como todos los salidos de su pluma,
se distinguen por su sencillez, concision, juicio recto i delicado so
bre los hombres i las cosas. Muchos de ellos contienen bellezas li
terarias de alto mérito. -

Fué en esta época (4 de noviembre de 1867) cuando publicó en


la «Revista del Sud,» de Tacna, un interesante artículo «Desmen.
bracion del territorio boliviano.» En el corto espacio de tres co
lumnas trata con maestría las principales faces de la cuestion de
límites entre Bolivia i el Brasil, para condenar en seguida el tra
tado de 27 de marzo.
Asociado del señor Miguel Rivas fundó en Tacna en 1865 un
periódico bisemanal «El Progreso.»
—124 —

Algunos de los artículos de esta publicacion llamaron tanto la


atencion pública, que los redactores recibieron proposiciones del
empresario del «Mercurio» de Valparaiso para hacerse cargo, no
solo de la redaccion de este diario, sino tambien de la administra
cion misma de la empresa.
A pesar de su posicion bastante estrecha entónces, Ballivian
rehusó la honrosa como lucrativa propuesta que se le hacia. An
tepuso a sus intereses los de su patria, que creyó servir mejor con
servando su posicion independiente, para hallarse libre, siempre
apto para emprender cualquiera espedicion encaminada a librar a
la república de la dominacion de Melgarejo.
Los artículos que escribió en ese periódico pueden formar un
grueso volúmen.
Ballivian no cultivó la poesía, a pesar de los brotes espontáneos
que le revelaban sus aptitudes para este jénero de literatura. Fal
tábanle siempre el tiempo i las condiciones de espíritu que requie
ren las relaciones con las musas. Una vida de penalidades i amar
guras; el espectáculo de una familia que yacia en la pobreza i en
la orfandad, i a cuya subsistencia era necesario atender, no eran
ciertamente circunstancias propicias para entregarse a trabajos
que requieren tiempo desocupado, tranquilidad de espíritu i una
posicion social cómoda e independiente.
Sus amigos han podido recojer algunas de sus composiciones,
las mas de ellas producto de las impresiones de su edad juvenil.
El ilustrado editor del libro «Escritos literarios i políticos de
don Adolfo Ballivian» ha publicado las que llevan por título: «La
flor de mi esperanza,» «Acróstico,» «Insomnio,» «A Rosa,»
«Quién será él,» i «El Ladron honrado.»
Estas muestras bastan para revelar lo que de él hubiera podido
esperarse en este jénero de literatura, si le hubiera sido dado cul
tivarlo en circunstancias propicias.
Tenia suma facilidad para escribir, i tal vez por esto mismo era
perezoso para este jémero de trabajo. Escribia solo por necesidad,
aguijoneado por móviles poderosos. Sus artículos para la prensa
los redactaba por lo comun a última hora, cuando el cajista venia
a anunciarle que solo faltaba su escrito para armar la planeha.
Sucedíale otro tanto con su correspondencia epistolar.
Tal sistema le esponía a graves inconvenientes, que dieron lugar
a que sus amigos le aconsejaran que se corrijiese. Pero él respon
dia siempre: «Nó, no es posible que me enmiende,» i añadia luego:
— 125 —
«Ademas, lo que se escribe de prisa, urjido por el tiempo, es lo
que mejor sale.» º

I así era en verdad respecto de él: sus obras escritas bajo la


presion del tiempo, se distinguen por su claridad, por la fluidez i
naturalidad del lenguaje, por esa especie de descuido que da cier
ta lijereza a las producciones de la prensa diaria, cualidades que
no campean en tan alto grado en sus escritos meditados. Parece
que entónces se apoderaban de él las pretensiones de escritor i po
nia mas cuidado en la forma. Estos escritos son jeneralmente pro
fundos, i su lenguaje i estilo sin ser rebuscados, son limados i ca
recen por lo mismo de la naturalidad de los improvisados.
A pesar de su poca aplicacion a escribir, sus trabajos literarios
no son escasos: las exijencias de la política militante, cuestiones
personales suyas, i los deberes que tenia que llenar como jefe de
partido, eran otros tantos aguijones que sacudian su natural indo
lencia.
Ballivian tenia el privilejio de comprender las cuestiones bajo su
verdadero punto de vista. Era digno de ser oido en las conferencias
que sobre política militante tenia con sus correlijionarios. Modes
to siempre, usaba pocas veces de la palabra; i cuando lo hacia, era
por la necesidad que se tenia de conocer su opinion. En tales ca
sos, cuando la discusion parecia agotada, i se habia formado ya
, una conviccion en tal o cual sentido, Ballivian presentaba la cues
tion bajo nuevos puntos de vista, bajo su verdadera faz. Sus con
clusiones eran por lo comun las que se aceptaban,
Otra de las cualidades de su alta intelijencia era la facilidad, o
diríase mejor la singular aptitud que tenia para las ciencias i las
artes: era poeta, músico, publicista, economista; i hubiera podido
aplicarse con igual provecho al estudio de ciencias de diferente li
naje, aun de aquéllas que, segun algunos filósofos, requieren apti
tudes diversas i aun opuestas; i si hubiera querido, habría podido
ser tan buen astrónomo o injeniero, como era estadista.
Siendo mui jóven todavía, construyó una caja de música i va
rios cilindros con sus composiciones.
Debido a esta flexibilidad de su talento, escribia con la misma
facilidad un artículo sobre economía política o una crítica musi
cal. Como muestras de esta universalidad se encontrarán en el
Apéndice tres escritos suyos publicados en «El Progreso» de Tac
na.—Uno de ellos es la crítica de una ópera que se representó en
aquella ciudad; otro titulado «Nueve de diciembre», nutrido de
— 126 —

consideraciones filosófico-políticas sobre la emancipacion de la


América del Sud; i el tercero, un artículo económico-político,
con motivo del proyectado ferrocarril de Tacna a La Paz.

XXV.

Al hablar de los escritos de Ballivian, no puede prescindirse de


la carta que en forma de folleto dirijió de Puno al coronel Melga
rejo en abril de 1863, pues es ella una contestacion satisfactoria a
los cargos que, por órgano de éste, hacia el partido gobiernista al
constitucional.
Hé aquí los antecedentes de este asunto que por largo tiempo
preocupó la atencion pública.
A principios de ese año, algunos de sus amigos políticos que se
creian bien informados acerca de designios hostiles que decian
abrigaba Melgarejo contra la administracion Achá, le aconsejaron
que invitara a éste a tomar parte en un cambio político que debia
tener lugar.
Debe advertirse que entre Ballivian i Melgarejo existian desde
largos años, aparte de yínculos políticos, relaciones de la amistad
mas íntima. Al dar un paso tan grave, contaba, pues, el primero
con la seguridad de que si su invitacion no era aceptada, guarda
ría al ménos Melgarejo la reserva a que le daban derecho víncu
los tan sagrados. Pero éste manifestó hallarse mui distante de las
delicadas consideraciones que habian dictado la conducta de su,
amigo, i denunció el hecho ante el gobierno.
El partido gobiernista recibió la delacion con alborozo, creyen
do haber hallado la ocasion de dar un récio golpe a la oposicion i
a su jefe. La contestacion fué redactada por uno de los oficiales
de la covachuela, bajo las inspiraciones del gabinete. Contenia ésta
en resúmen un reproche a Ballivian por haber tentado la lealtad
de un servidor fiel del gobierno, cual lo era él, i el cargo de haberse
tratado de derribar la Constitucion por los mismos que se jactaban
de ser constitucionales, i a pesar de las protestas que en ocasiones
solemnes hicieran contra las vías de hecho.
Otro militar que Melgarejo, otros que los gobiernistas de entón
ces, habrian tenido derecho de mostrarse tan celosos por la morali
dad política; que, en cuanto a haberse intentado las vías de hecho,
tanto el partido constitucional como su jefe habian llevado hasta
donde habian creido conveniente a los intereses del país, no sola
— 127 —

mente sus compromisos, sino tambien sus propias aspiraciones, de


ver realizarse la carta por los solos medios señalados por ella
misma.
Consecuente con sus propósitos firmes a este respecto, Balli
vian i los suyos habian cooperado a la preservacion dcl órden cons
titucional en mas de una ocasion en que su enrolamiento en las
filas contrarias a las del gobierno habria podido ser decisivo.
Cuando la rebelion de Fernández, Ballivian habia apoyado mo
ralmente al gobierno. Cuando en mayo de 1862 estalló una revo
lucion en la capital de la república, había ofrecido sns servicios
desinteresados en favor del órden. En la revolucion de agosto del
mismo año, habíase mostrado neutral, a pesar de hallarse compro .
metidos en ella muchos de sus amigos i partidarios. .
Mas, llegó el momento en que la constitucion fué amagada por
los mismos que juraron defenderla i que a nombre suyo derrama
ron tanta sangre, i entónces creyó Ballivian como su partido que
era a ellos a quienes tocaba sostenerla, pues que la Constitucion i
la verdad de ella habian sido el blanco de sus aspiraciones patrió
ticas. Había en esto una consecuencia rigurosa con sus principios
i propósitos. El gobierno era entónces el revolucionario; la oposi
cion se encaminaba al restablecimiento del órden.
Mas, no desvirtuemos la defensa de Ballivian: que él mismo la
haga. -

«Despues de terminada la mision de la asamblea constituyente


de 1861 con la inauguracion del gobierno provisorio constitucio
nal, me hice un deber de contribuir por medio de mis relaciones
i con todos los recursos de mi pequeño influjo, al sostenimiento
del nuevo órden de cosas que con tanta abnegacion acabábamos
de establecer, a pesar de ser, a juicio mio, poco satisfactorias sus
condiciones de provechosa estabilidad, i aun a pesar de mis natu
les repugnancias personales. Creía entónces que el ejemplo del
franco sacrificio de nuestras afecciones, intereses i opiniones pri
vadas, obraria poderosamente en obsequio del afianzamiento defi
nitivo del órden, i que la lucha leal i bien intencionada a que nos
invitaba la seductora liberalidad de nuestras flamantes institucio
nes, nos procuraria mui en breve la conquista segura i positiva de
la verdad constitucional. Segun mi opinion, manifestada entónces
libremente, el rol de la oposicion, en cuyas filas permanecía yo
inscrito, quedaba reducido a la censura de las faltas administrati
vas para refrenar, por medio de manifestaciones de opinion, las.
— 128 —

rebeldes i pertinaces tendencias al abuso que mostraba a cada pa


so i desde entónces la política tenebrosa del jeneral Achá.
«La nueva complicacion que agregó a los negocios públicos la
revolucion del ministro Fernández, me encontró firme en mis pro
pósitos de órden i oposicion legal, aun a pesar de la perturbacion
que ocasionó en esos negocios el jeneral estupor causado en los
ánimos por la catástrofe del 23 de octubre. En la misma ciudad
de La Paz nadie supo darse justa cuenta sobre lo que en realidad
habia ocurrido, i en cuanto a mí, tiempo, observacion i datos ne
cesité para entrar i confirmarme en el juicio que, sobre aquellos
sucesos, dejé consignado en «La verdad constitucional.»
«La revolucion de mayo aglomeró sérios peligros idió lugar a
la perpetracion de otros escándalos. El gobierno venció la nueva
crísis con la fuerza que le suministró el partido constitucional de
oposicion. Bien sabia ese partido jeneroso que solo era buscado en
la hora del peligro, para ser desdeñado despues de la victoria: no
fué grande su asombro cuando asistió al mercado en que el perdon
interesado compró el sufrajio de la humillacion i la bajeza.
«Sobrevino la lucha electoral. La espresion mas jenuina i mo
derada, aunque mas circunscrita, de la oposicion legal, necesitó
una fórmula que espresase con propiedad el conjunto de sus aspira
ciones políticas de verdad constitucional. Un nombre distinguido
que se pronunció entónces correspondia a esta fórmula. El eco de
este nombre fué pronto sofocado por el prestijio del triunfoi el
torrente de la opinion que instintivamente buscaba un apoyo en la
fuerza material, contra el abuso de la misma fuerza, que, en efec
to, lo atropelló i subyugó todo al poco tiempo. Desde este momen
to, la corriente de los sucesos fué precipitada por otra pen
diente.
«Nombrado yo entónces diputado por la oposicion, a despecho
del gobierno, rehusé firmemente, a mi salida de la Paz, tomar
parte en los aprestos de la revolucion que allí se preparaba, aun
que no estuviese todavía resuelta definitivamente. Al ménos me
inducia a presumirlo así la esperanza de que un franco cambio
en la política del gobierno, impuesto por la libertad de las discu
siones parlamentarias, lograria detenerla. Triste es, i no de este lu
gar, la corta historia de la asamblea lejislativa. Por otra parte, me
escusan del trabajo de hacerla los datos que la esposicion del se
for Baptista ha suministrado sobre los motivos que reglaron la
conducta de la minoría, conducta que entónces fué juzgada en el
— 129 —

i termómetro de las pasiones de cada uno de los partidos conten


dientes. Se sabe, pues, que la asamblea cerró atropellada e ins
si constitucionalmente sus sesiones, satisfecha, al parecer, de haber
3. llenado el único objeto de su reunion. Se habia fabricado un pre
t sidente constitucional: poco importaba, pues, que los demas pode
res, tambien constitucionales, no existiesen i que la máquina ad
ministrativa marchase montada en una sola rueda. -

«Es conocida la prescindencia de mi accion personal en la lucha


armada que luego sobrevino i que pareció terminada en San Juan.
Creyéndolo yo así, regresaba a la Paz, cuando a poca distancia
fuí detenido por el terrible estrépito de otra mayor catástrofe. A
pesar de las negociaciones establecidas ya, el recinto sagrado de
habitantes pacíficos, de mujeres i niños, la ciudad de la Paz habia
sido tomada a sangre i fuego Córdova no hizo tanto. Se dice que
no pudo; dicen que fué cobarde. No examinaré yo si el jeneral
Córdova fué incapaz de un valor semejante al que necesitó el je
neral Achá para tomar las barricadas de La Paz. Cualesquiera
que fuesen los motivos, he pensado a menudo que la conducta
que a espensas de propios intereses evita tantos males, merece
algun respeto, merece un nombre honroso.
«No referiré mis impresiones personales en presencia de la co
mun desgracia, en presencia de mi familia saqueada i sin hogar.
Haré solo mencion del nuevo i repentino temor de haberme equi
vocado que me sobrecojió; del secreto rubor que sentia al ver mi
propia suerte mucho mas soportable que la de mis amigos, que la
de aquéllos a quienes debia considerar como a mis compañeros;
de la preocupacion constante que, hasta en sueños, me mostraba
el lugar que como a soldado me estuvo destinado en las humanas
hecatombes de San Juan i de las barricadas.
«Fué entónces cuando empezó a realizarse para mí la infundada
e injustificable persecucion de que fuí objeto. Se espió mi conduc
ta privada, se violó mi correspondencia, i mi ocultacion en el cam
po pudo salvarme apénas de la misma proscripcion que sufrió el
señor Frias. Nunca supe deber al señor Tapia ninguna suspension
a la órden de mi persecucion.
«A consecuencia de todo esto, permanecia yo tranquilo en mi
retiro, cnando llegó a mis manos el famoso decreto de 18 de no
viembre. Difícil me seria esplicar cuán súbita i estraña fué la im
presion que en mí produjo semejante suceso, pues rehusaba creer
aquello mismo de que no era posible ya dudar. Acababa yo de
17
— 130 —

atravesar los desolados campos de San Juan, i al buscar el aire


de la tierra natal, habia respirado hasta en los templos el humo de
la pólvora, habia tropeazdo en los escombros que amontonara la
metralla, habia resbalado en la sangre de los que allí murieron,
me habia sobrecojido al escuchar el lamento de los que agoniza
ban. Me pregunté, pues, a mí mismo: ¿por qué tantos horrores?
¿cuál es la causa del espectáculo que nos ofrece un pueblo en el
lóbrego dia de su infortunio, levantándose airado, indefenso i ven
cido, para alzar, sin embargo, una bandera en que llevaba es
crito: «quiero morir ántes que ser tu esclavo?» ¿Cuál la razon de
conquistarlo nunca? ¿Cuál la razon de reducirlo a sangre i fuego?
¿Cuál el derecho de sofocar ese grito de angustia, aunque el grito
de un pueblo no fuera la espresion de su propio derecho sino tan
solo la espresion de su orgullo, de su delirio i de su soberbia?
«El jeneral Achá habia vencido a nombre de la Constitucion e
invocando la salvacion de ese único principio, pero resultaba aho
ra que todo era mentira i que la consumacion de tantos sacrificios
no habia tenido otro objeto, no presentaba otro resultado que
afianzar la dominacion personal del jeneral Achá, su dominacion
con facultades estraordinarias, sin responsabilidad, sin freno, sin
límites. Era, pues, ya imposible permanecer indiferente en pre
sencia de tal desgracia pública, en presencia de tanta iniquidad.
Bajo la influencia de impresiones tan dolorosas escribí una pro
testa i una carta al jeneral Achá. No puedo hoi responder de las
muchas i graves alteraciones que estos documentos sufrieron al
copiarse por infinitas manos; pero debo decir que entónces mismo
confesé a mis amigos que esos escritos llevaban, a mi juicio, el "
sello de una exaltacion febril i acaso algo violenta. Por lo demas,
i segun la espresion del señor Tapia, ellos pueden ser inconvenien
tes en la forma como frutos de mi inesperiencia, lo que no obsta,
sin embargo a que mi conciencia repose tranquila a este respecto,
en la seguridad que me asiste de no haber sido injusto.
«En este estado de cosas, el derecho de la revolucion no solo
quedaba reconocido i proclamado, sino que, siendo hasta ridículo
conservar la esperanza de remediar el mal por medio de un re
curso pacífico ilegal, esa revolucion era ya impuesta como deber
a los defensores de la Constitucion. Así lo creia yo al recibir de
diferentes puntos de la república i casi al mismo tiempo, instan
cias reiteradas por las que se me compelia a que prestase mi asen
timiento i aceptase la responsabilidad de un cambio político. Las
— 131 —

personas que me hablaron en este sentido, i cuyas cartas conservo


para su caso, saben que mi contestacion fué poco mas o ménos la
siguiente: «Antes de ahora he tenido ocasion de decir a mis ami
» gos que no me sentia incapaz del patriotismo necesario para
sea » aceptar esa responsabilidad, siempre que llegase el caso en que
nstr » pudiese demostrárseme que aceptarla era un deber. En el órden
ps » de los sacrificios políticos, sé que no es el de la vida el mayor de
dºs » los que pueden hacerse, desde que a menudo sea tambien nece
u » sario abandonar valerosamente nuestra reputacion al escarnio
» de nuestros enemigos, sin que la misma enormidad de semejante
» sacrificio dispense de la obligacion que hai en cumplirlo. En
» cuanto a mí, confieso, que me siento privado de un estímulo ne
» cesario, de una condicion ventajosa para esta clase de negocios:
» carezco de ambicion personal. Conozco la desgracia política;
» conocí la de mis padres; tambien la de Lináres. He visto mui de
» cerca ese tonel en que se encaraman los presidentes de Bolivia,
» i en que encuentran siempre al caer el mono i la culebra de los
» ajusticiados. Estoi íntimamente persuadido de que en las crísis
» que actualmente atravesamos, todo es efímero, transitorio, pasa
» jero i que ántes de arribar al establecimiento de un órden de
» cosas estable i ventajoso, habrá de hacerse el sacrificio sucesivo
» no de uno, sino de muchos nombres. Si el del mui modesto que
» yo he adquirido con la estimacion de las pocas personas que me
» han favorecido con su intimidad, sirve de algo en el sentido de
» aproximarnos al triunfo definitivo de nuestras aspiraciones de
» moralidad i progreso, sea en hora buena, i que este nombre mar
» che por delante. Fuera de las condiciones jenerales i conocidas
» de persistencia en nuestros principios políticos, solo una de de
» talle estableceré como prévia e inalterable en este nuevo arre
» glo. Para el caso de triunfar la revolucion i despues de restable
» cida en toda su fuerza i verdad la constitucion de 1861, en la
» eleccion que sobrevenga, debe escluirse formalmente la candida
» tura del que ejerza el poder ejecutivo, quien quiera que éste sea.
» Tengo fé en el provecho que resultaria del ejemplo en la realiza
» cion de este pensamiento que, en principio, he defendido en la
» última asamblea, como única garantía de la libertad del sufrajio
» electoral, sin cuyo requisito son, a mi juicio, irrisorias las insti
» tuciones democrático-representativas.» Ésta fué mi ambicion,
éste ha sido mi sueño. Pudo ser insensato, pero al ménos tengo
derecho a esperar que se me juzgue desinteresado.
— 132 —

«A este punto habian llegado los sucesos cuando, por mi pro


testa, fuí reducido a prision en la ciudad de La Paz i conducido
con destino al Beni hasta el pueblo de Caracollo, donde el señor
jeneral Agreda tuvo a bien ponerme en libertad, imponiéndome
la prohibicion de entrar a La Paz i obligándome a permanecer
confinado en Sebolludo. Allí me retiré, confundido, en cierto mo
do, por las mil contradictorias reflexiones a que daba lugar la in
sólita conducta del gobierno, que acababa de abrogar su decreto
de 18 de noviembre. Sabia yo que las dificultades del camino del
bien arredran a menudo al comun de las jentes, i que solo es dado
vencer esas dificultades a hombres de cierto temple, al paso que
es harto frecuente la obstinada perseverancia en el error i el mal.
No podia comprender que el gobierno, que evidentemente habia
mostrado tener un interes contrario al afianzamiento de la cons
titucion, cuyo descrédito habia procurado con todos sus recursos;
que el gobierno, que se mostraba poseido de la ambicion de fuerza,
por lo mismo tal vez de haber debilitado el principio de autoridad
con tanto abuso, i recientemente con el hecho de haber reconoci
do la revolucion, negociando con ella, consintiese ahora en retro
ceder para darse a sí propio el golpe de gracia, al revelar en su
conducta la mas completa carencia de todo plan político, la mas
ridícula, al mismo tiempo que funesta, volubilidad administrativa,
cuando le era imposible encubrir semejantes miserias con la careta
de fé i apego a las instituciones. Era, pues, necesario esperar, i
permanecer durante algunos dias en observacion del revisamiento
que podian imprimir a la opinion tan inesperados i estraños suce
sos. No tardé en convencerme de que la corriente era la misma,
porque todos se jactaban de no morder el anzuelo.
«En efecto, la conducta del gobierno, subsiguiente a su decreto
de abrogacion, era mui poco a propósito para restablecer la per
dida confianza pública. Las imprecaciones de la prensa oficial
contra la Constitucion, no solo se aumentaban, sino, que subian de
tono. El señor jeneral Agreda, como el órgano mas autorizado
por la política del gabinete, hacia en documentos públicos osten
tacion de desprecio a las instituciones liberales i pregonaba el dog
ma administrativo de la fuerza. Una patraña imajinada por un
coronel (M.A.) que poseido de terror, se muestra al mismo tiem
po animado de la estraña pretension de alcanzar una celebridad
igual a la de Yañez, ocasionó en La Paz la violenta prision de in
finitas personas, muchas de las que se presumió estuviesen en re
— 133 —

lacion conmigo. En el juicio que se les siguió, no faltaron las in


fames delaciones ni los falsos testigos de otros tiempos. A pesar de
esto, todos fueron absueltos del delito que se les imputaba, i el
tribunal ordenó su libertad, que fué negada por las autoridades
militares i reemplazada con destierros i confinamientos. Desde
entónces i hasta hoi permanece en la cárcel de La Paz un deudo
mio. Es de este modo como la Constitucion ha existido siempre solo
para el gobierno, que posteriormente ha decretado, sin facultad al
guna, el repartimiento i venta de los bienes nacionales.
«En vista de éstos i otros muchos hechos, no era posible opo
nerse al clamor de la opinion, cada dia mas exacerbada. Por otra
parte, aunque yo lo hubiera querido, no era ya dueño de detener
el irresistible curso de los acontecimientos, que habian recibido un
impulso anterior.»
En otro lugar, recordando los antecedentes de su conducta po
lítica, que marchaba siempre en el círculo de la mas estricta le
galidad, dice: «Para no dar un carácter estrepitoso i alarmente a
la cuestion acusacion; para no convertirla en poderoso estímulo de
la revolucion que avanzaba a velas desplegadas, i que interior
mente reprobaba yo entónces, subyugado como estaba por mi exce
sivo respeto a las formas que creia indispensables a la realizacion
de la constitucionalidad del país, i alucinado con la quimérica es
peranza de que se alcanzase por otros medios esa constitucionali
dad, aun a pesar de las prevenciones tenazmente adversas que se
revelaban a cada paso en las ideas i tendencias del gobierno i su
círculo; para someterla, en fin, a las condiciones de una discusion
tranquila, razonada, justa i de resultados provechosos, por el ejem
plo, para todos, de respeto a la lei; la cuestion acusacion, iniciada
por el gobierno, que tenia recontados sus votos, se sometió a pe
ticion mia (pese esto a los que han dicho otra cosa) al exámen de
la comision de policía judicial, para que ésta prestara su informe
en breve término. La inconstitucional i brusca clausura de la asam
blea, clausura a que dió, no razon, sino pretesto, la noticia de la
revolucion acaecida en La Paz el 19 de agosto, interrumpió ésta
i otras cuestiones que los diputados de oposicion estaban mui léjos
de esquivar, quedando así burlada la espectacion pública..........»
Por lo demas, este escrito encierra bellísimos pasajes, ora por
la delicadeza de los sentimientos, ora por la enerjía de la espresion.
—Son dignos de transcribirse los siguientes.
«...Me será mui sensible que la necesidad de mi propia defensa
s — 134 —

me obligue a emplear tal vez alguna recriminacion en este escrito,


pues a pesar de todo, i quizás aun a pesar mio, protejen a Ud. en
mi ánimo, contra todo sentimiento adverso a su persona, los re
cuerdos para mí sagrados, de esos vínculos de amistad i cariño
cuyo falso bosquejo ha permitido usted trazar a no sé que mano
estraña i enemiga. Le he visto a usted sentado en el hogar de mi
propia familia, participando de sus alegrías, mezclando sus lágri
mas a las lágrimas harto frecuentes de sus tribulaciones, i no ha
mucho que era usted el depositario no solo de mis afectos, sino
tambien el depositario de una confianza, torpe si se quiere, pero no
por eso ménos jenerosa. La transicion del estado de relaciones que
entre dos personas producen antecedentes de esa clase, a otro dia
metralmente opuesto, es para mí sobrado difícil i penosa para que
pudiera cumplirse en un momento. El tiempo hará tal vez pausa
damente lo que no ha realizado todavía la sorpresa causada por su
estraña conducta; pero entre tanto, confieso a usted que nunca he
podido ser bastante dueño de mis afectos íntimos para conseguir
arreglarlos a las indicaciones falaces del termómetro variable de
las conveniencias....»
«El dolor, como la relijion, tiene su culto, cuyo santuario exis
te en el corazon de los que sufren. Hai dolores cuya santidad se
profana con solo el recuerdo....»
«Pocas serán las horas de mi corta existencia que no muestren
la huella bien marcada de la desgracia, de la persecucion o del
destierro. He visto el desengaño; he aprendido el nombre de todos
los dolores. He visto a mi familia despojada, desnuda, dispersa i
fujitiva, buscando en tierra estraña el pan de la indijencia regado
con las lágrimas de una honrada pobreza, pero nunca amasado
con el sudor del pueblo. Un dia, huérfana, abandonada, presa de
amargo duelo, tornaba esa familia en busca de la patria. No podia
yo seguirla. En tan penoso trance la confié a los cuidados de un
jeneroso amigo que le alargó sus brazos: ese amigo era usted.
Hai una triste anciana que es dos veces mi madre, ciega, descon
solada, privada del cariño de su hijo predilecto. No há mucho to
davía que apoyaba en mis hombros su brazo fracturado contra las
duras rocas del segundo destierro, a que la condenara el crímen
solamente de haber dado existencia a aquél que usted conoce por
vencedor de Ingavi....»
«... La interesada calumnia abriera un dia sus fauces asquerosas
para designar, como pasto a la delirante i ensangrentada cólera
— 135 —

de la incipiente multitud, cabezas de hombres puros, familias de


inocentes. Horrenda prevision! La descarriada sociedad de la
venganca popular, debia apartar sus golpes de la frente denegrida
de todos los culpables, de la frente de aquéllos que en aplauso sa
tánico, llamaron inmortal a la noche terrible del 23 de octubre
¿l quereis que la sangre no hierva en nuestras venas? ¿Que no ru
ja la cólera en el pecho? Sí, podeis tener calma, hombres de piedra
o bronce, que nosotros no podemos tenerla. Seremos exaltados,
somos... lo que querais, porque no se ha secado todavía en nues
tro corazon la fuente de los sentimientos, no se ha roto el nervio
de la indignacion, no se ha rasgado la fibra del dolor.»

XXVI.

Ballivian tenia jenio i delicado gusto para la música, que cul


tivó desde niño, i poseia el arte por principio i por inspiracion.
Rara vez tocaba composiciones aprendidas, i cuando estaba solo
o entre sus amigos de confianza, se le oía tocar en el piano du
rante una o dos horas fragmentos de distinguido mérito; i cuando
e le preguntaba qué pieza era, respondia con neglijencia «Nada».
Era que se habia entregado a la improvisacion. Durante esos mo
mentos estaba como estasiado,—parecia que el mundo no existia
para él. -

Pasan de sesenta sus composiciones musicales de alguna impor


tancia. Jamas tuvo el pensamiento de darlas a la estampa. Gracias
a la benevolencia de un amigo suyo, el Dr. Ried, profesor tam
bien de música, algunas de ellas vieron la luz pública: fueron im
presas en Alemania. Despues se publicaron otras en Lóndres.
Segun el juicio de personas competentes, tienen un mérito nota"
ble (1).
En los últimos tiempos compuso una ópera, Atahualpa, que
llevó consigo a Europa para darle la última mano. Se ignora la
suerte que hubiera corrido.

(1) El señor A. Ried era de oríjen aleman, doctor en medicina. Habia vi


sitado a Bolivia i conocia a muchas personas notables de la república, i entre
ellas a Frias i Lináres. Tenia grande estima por todo lo que era boliviano.
Avecindado en Valparaiso, poseia una bonita casa de campo en el Cerro
Alegre. Aficionado a la música, acostumbraba dar los domingos un concier
to en compañia de otros dilettanti. Ballivian era de los afiliados a este ino
cente pasatiempo, i es con tal motivo como el Dr. Ried llegó a conocer sus
sobresalientes aptitudes para la música.
— I36 —

El cultivo de la música fué para él un verdadero bálsamo con

Qlue.3 en mas de una ocasion,3 pudo mitigar


8->
sus pesares.

XXVII.

Ballivian era de estatura alta, de temperamento nervioso-san


guíneo, de constitucion robusta, fortificada por los ejercicios de
equitacion i caza. Enfermedades crónícas, i mas que todo preocu
paciones de espíritu, decepciones i trabajos, debilitaron en los úl
timos años su natural robustez: cuando subió al mando, hallábase
ya en un verdadero estado de demacracion.
Tenia frente espaciosa, nariz recta, ojos grandes i rasgados, de
color verdi-pardo, boca regular, labios delgados, cabello taheño
lijeramente rizado, lo mismo que la barba. El color de su tez en
los últimos tiempos, era de un blanco pálido. El conjunto de su
fisonomía tenia una espresion dulce, melancólica, que la hacia su
mamente simpática, sobre todo para el bello sexo.
Carácter suave, sereno, reflexivo, franco, enemigo de toda fic
cion. Llevaba su modestia hasta la humildad. Jamas se vieron en
él manifestaciones de cólera o indignacion. Las decepciones, los
trabajos, los obstáculos que encontraba a la satisfaccion de sus je
nerosas aspiraciones, lo contrariaban, mas no lo encolerizaban
IlllIn Cl,

En una ocasion (en los últimos dias de la administracion Achá,


cuando Ballivian era ya candidato) díjole uno de sus amigos: «Lo
tachan a usted de orgulloso; dicen que no saluda Ud. a nadie, i
que a los saludos contesta con mucha seriedad. Seria bueno que
gastase Ud. un sombrero mas al año, para dar gusto a estas jen
tes.»—«En toda mi vida, contestó Ballivian, me han conocido frio
o sério como soi, i si de la noche a la mañana, despues que me
han hecho Uds. candidato, cambio de carácter, ya comprenden...»
Un tercero que oía este diálogo, se apresuró a terminar la frase:
«Dirian que era un ambicioso vulgar, que trataba de captarse po
pularidad por ese medio: nó, nó, es preciso que don Adolfo sea
siempre en todas circunstancias el mismo, como Dios lo crió.»
En otra ocasion, cuando Ballivian era ya presidente, i en que
hablaba familiarmente con un amigo suyo, díjole éste: «Adolfo,
Ud. no sabe hacer su papel de presidente: hai ocasiones en que
carece su trato de esa flexibilidad, o diria mejor, galantería de
que tanto partido han sacado algunos caudillos; en otras, le falta
-

— 137 —

ese tono o arrogancia propia de quien ejerce la suprema majistra


tura de un Estado. De todo esto sacan partido nuestros adversa
rios: dicen unos que es Ud. orgulloso; otros, que no da Ud. bas
tante tono a la presidencia.»—«Amigo, contestó Ballivian, son
riéndose: puedo trabajar veinte horas al dia; sufro con resignacion
i calma las impertinencias anexas al mando; tengo corazon bas
tante jeneroso para olvidar las injurias; mas lo único que no podré
hacer jamas, es eso que Ud. llama presidentear.»
Era alegre, jovial, i no fué sino cuando los reveses i las adver
sidades abatieron su alma, cuando se hizo melancólico. Los nego
cios domésticos i los públicos lo preocupaban a veces tan profunda
mente, que parecia estático, i no paraba miéntes en nada de cuan
to pasaba a su rededor. -

No obstante, todavía en los últimos tiempos, en los momentos


en que olvidaba sus penas, volvia a la jovialidad de su primera
juventud. Gustábanle las chanzas: con sus amigos de confianza
solia usarlas mui espirituales, i a veces con verdadera sal anda
luza.
Poseia suma gracia para la narracion de las anécdotas i de las
cosas que habia visto u observado en sus viajes; así es que sus
conversaciones eran amenas e instructivas.
Debido a estas bellas dotes de su corazon i de su carácter, ejer
cia un atractivo verdaderamente májico sobre todas las personas
con quienes tenia relacion. No era posible acercársele sin amarle.
Su familia i amigos cuentan infinidad de casos de esas simpa
tías afectuosas, ardientes, que solia inspirar a los que le trataban.
En Chile, estando aun jóven, un europeo llegó a tener por él tan
to cariño, que no podia vivir sino en su compañía.
En la misma Europa, donde los hombres parecen sepultados en
su densa poblacion, i donde el estranjero pasa sin ser notado,
Ballivian encontró este jénero de adhesiones simpáticas. Siempre
tenia a su lado dos o tres personas que no podian pasar sin él.
Uno de los rasgos mas recomendables de su belo carácter era
el desinteres. Nunca pensó en adquirir ni acumular riquezas, i
nadie ciertamente como él, que pasara dos tercios de su vida en
estrema pobreza, debia conocer cuánto importa el dinero. En una
ocasion, hallándose en Chile, un ministro diplomático, antiguo
amigo de su padre, que tenia entre manos una cuestion grave i
delicada que tratar, llamóle como consultor i secretario. Grande
fué su sorpresa al verse llamado a prestar consejo al viejo diplo
- 18
— 138 —

mático, cuyos conocimientos i esperiencia estaba acostumbrado a


mirar con respeto. Sintiéndose, no obstante, con fuerzas para ello,
no trepidó en aceptar, i trabajó con entusiasmo. Cuando termina
do su cometido, le preguntó el ministro ¿cuánto debo a Ud., ami
go Adolfo, por su honorario? contestó lleno de rubor: «Nada, se
ñor; harto recompensado estoi con el alto honor que me ha dis
pensado de hacerme partícipe de sus importantes tareas.» Pocas
horas despues, ponia uno de los dependientes de la legacion en
manos del novel secretario una suma de algunas centenas de pe
sos, que rehusó recibir al principio, pero que se vió obligado a
aceptar despues, no sin haber sostenido una lucha mortificante
con la delicadeza de su carácter. Al referir el hecho a sus amigos,
añadia con un candor infantil: «¡Nunca he ganado dinero con mas
gusto! ¡qué bien me vinieron esos reales!»
En situacion lamentable se encontraba Ballivian en Pachía,
despues de la catástrofe que sufrieron Arica i Tacna en 1868.
Una tarde, despues de su modesta comida, le anunció su esposa
que no contaban ya con recursos para el dia siguiente, i todos sus
hijos con los ojos humedecidos le rodearon. Al escuchar esas pa
labras, se levantó silencioso Ballivian, tomó su baston i se enca
minó a pié hasta Tacna, en busca de algun alivio para su familia.
Apénas arribó a la ciudad, cuando un amigo suyo le entregó una
carta rezagada que le habian dirijido de la capital de Bolivia; él
la abrió sin mucho interes, porque hacia tiempo que todos le ha
bian olvidado; pero, quién creyera! encontró dentro una letra de
1,000 pesos, i estas palabras en la carta: «Haga Ud. el uso que le
convenga de esa suma, i no se preocupe nunca de su pago.» Tal
fué la impresion que este suceso produjo en el espíritu atribulado º.

de Ballivian, que al punto, i sin hacer efectiva la letra, regresó a


Pachía, puso la carta sobre la mesa, comunicó su sentido a su es
posa e hijos, i se echó a llorar. Esta triste escena de família mani
fiesta que la Providencia vela siempre por la honradez i la virtud.
Cuántos de esos dolorosos episodios han tenido lugar en la nove
lesca vida de Ballivian!
Viajaba por Italia en diciembre de 1872, i en una de las esta
ciones donde debia almorzar se encontró con que habia perdido
su cartera, que contenia sus pocos fondos de viaje. Solo unos cen
tavos tenia en el bolsillo, insuficientes para pagar ni un plato de
almuerzo. Entre tanto él no solo tenia apetito de comer, sino tam
bien ansias de fumar un cigarro. Parado delante del mostrador,
— 139 —

vaciló por largo rato sobre si compraria un pan para desayunarse


o unos cigarrillos, hasta que al fin se decidió por lo segundo. Al
referir despues ese episodio, decia: «Siempre el vicio tiende a do
minar mas al hombre.»—Por la tarde, al recojer sus útiles de ca
mino del carro en que viajaba vió que su cartera habia estado me
tida en una pequeña abertura entre su asiento i el siguiente. Cuál
seria su alegría al salvarse así de algunos dias de miseria, i en po
blaciones desconocidas!
A su arribo a La Paz, en 1873, despues que habian pasado las
elecciones, su caja estaba agotada. «En tales circunstancias, dice
uno de sus confidentes, tres amigos íntimos suyos, que conocían la
estrechez de recursos en que se encontraba, comprendiendo las
exijencias de la situacion en que se hallaba colocado, resolvieron
obsequiarle una suma de dinero para que pudiese subvenir a las
necesidades apremiantes de su posicion. Aun cuando esos señores
conocían toda la delicadeza de carácter de su amigo D. Adolfo,
confiaban no obstante en vencerla, escudados de su posicion inde
pendiente i del todo apartada de las antesalas de palacio, a donde
no podría conducirlos nunca ningun negocio que demandase el fa
vor del mandatario. -

«Presentado el obsequio por el amigo de mas confianza, fué re


chazado como se temió, en términos mui corteses pero decididos.
Instado, sin embargo, con argumentos que solo la amistad i el cari
ño pueden emplear, Ballivian comprendió que una negativa abso
luta no podia ménos que ofender a sinceros i antiguos amigos, de
cuya elevacion de sentimientos tenia repetidas pruebas, i se resig
nó a lo que importaba para él un sacrificio de digna altivez, acep
tando en condicion de préstamo lo que se le ofrecia espontánea
mente como un mero obsequio.
«Trascurrió el corto espacio de tiempo que medió entre la ele
vacion al mando i el prematuro fallecimiento del malogrado ami
go, sin que los que proporcionaron la mencionada suma hubieran
vuelto a acordarse del asunto. Miéntras tanto, el primer cuidado
del hijo del finado al ocuparse en el arreglo de la pobre testamen
taría de su padre, fué manifestar en Sucre a uno de aquellos caba
lleros que tenia pronta la suma que sabia habian prestado a su pa
dre, quien no habia hecho uso de ella, dejándola depositada en la
oficina del Banco nacional de Bolivia en La Paz, desde que se la
entregaron. Al poner Ballivian este hecho en conocimiento de su
hijo, le habia espuesto: que si bien se habia creido obligado a ad
— 140 —

mitir tan espontánea cuanto confidencial manifestacion, por no


herir los sentimientos delicados de amistad que la habian inspira
do, no se habia creido, sin embargo, autorizado a hacer uso de una
suma que solo podia haber aéeptado como prestada, i cuya consi
guiente devolucion le habria sido mui difícil realizar, por la esca
sez de sus recursos.»
La correspondencia que Ballivian sostenia con sus amigos, es
pecialmente en las épocas de crísis o sacudimientos políticos, es la
que mejor que sus actos públicos diseña su fisonomía moral. Es
en esas confidencias íntimas, cuando escribia exitado por la grave
dad de los sucesos o por lo premioso de la situacion, donde espre
saba sus ideas i sentimientos con toda la llaneza de las intimidades
de la amistad. Si alguna vez llegan a publicarse, serán ellas las
que acaben de darlo a conocer, porque son la verdadera fotografía
de su corazon i de su espíritu. Ellas revelarán la liberalidad de
sus principios, la sanidad de su política, la nobleza de sus senti
mientos; i en fin, ese conjunto de cualidades morales e intelectua
les que hicieron de él uno de los mas ilustres ciudadanos de la re
pública.
XXVIII.

Cuando subió al poder, su salud se hallaba ya profundamente


perturbada. Sus antiguas afecciones, vinieron a complicarse con
una albuminuria, enfermedad considerada como incurable casi
siempre. Aprovechó de su residencia en Europa para consultar a
los médicos mas acreditados de Paris i Lóndres; mas los trata
mientos que emplearon ellos, no sirvieron para atenuar siquiera
sus dolencias. Comprendió entónces su situacion i se resignó.
Los trabajos de gabinete, que le obligaban a permanecer senta
do todo el dia en un clima como el de La Paz, i en pleno invierno,
aceleraron el curso de sus enfermedades. Como todos los enfermos
que adolecen de afecciones crónicas incurables, sentia repugnan
cia por los remedios i tenia poca fe en su eficacia. A los que le
aconsejaban que se curase, respondia con una dulce resignacion:
«Es estéril; los mejores médicos de Europa no han podido sanar
me... Voi a mortificarme inútilmente.»
En diciembre de 1873 habíanse agravado de tal modo sus en
fermedades, que amigos alarmados le aconsejaron que dejase el
mando, para poder curarse con alguna tranquilidad; i es ésta otra
— 141 —

ocasion en que él manifestó mas que nunca la firmeza de su volun


tad, i la severidad con que comprendia sus deberes. -

Los partidos vencidos en las últimas elecciones habian apelado


a la conspiracion, i trataban de esplotar su enfermedad i su muer
te para trastornar el órden. Así lo comprendió Ballivian, e hizo un
esfuerzo sobrehumano para encubrir la gravedad de su estado,
asistiendo, como de ordinario, a los trabajos de gabinete. Pero
llegó el momento en que la entereza de su espíritu no bastó ya a
dominar la debilidad del cuerpo; el servicio mismo de la adminis
- tracion se resentia del mal estado de su salud. Fué menester to
mar una resolucion: dictadas las medidas necesarias para la con
servacion del órden, pasó el poder al presidente del Consejo de
Estado, señor Tomas Frias (31 de enero de 1874)...
Dejamos ahora la pluma para cederla a uno de sus leales ami
gos, a quien le cupo contemplar, con la angustia en el corazon,
los resplandores de esa llama próxima a estinguirse, i no obstante
batida por el soplo airado de las pasiones, hasta que se apagó en
los dinteles de la eternidad.
Hé aquí la relacion verídica i sentida que nos ha dado de los
últimos dias de esa preciosa existencia:
«Los espíritus superiores viven considerando su muerte. Se ha
cen habitual esa imájen i la enlazan a su existencia como el anillo
principal que la sostiene. En julio de 1873, dos meses despues de
su ingreso al poder, recorriendo su habitacion a pasos lentos, gra
ve i pálido el semblante, decia Ballivian a un amigo suyo: «Llevo
en mí el jérmen de la muerte; acompañaré a Uds. un año, i eso es
mucho. Les he dicho que abreviarian mis dias con este llamamien
to, i no me han creido. Entre tanto, me angustia pensar que mi
sacrificio será estéril. Mucho hemos luchado i sufrido por susti
tuir la lei a la violencia, el réjimen de las instituciones a los gol
pes de aventura. Pero nuestra victoria se parece a una transicion.
¿Cómo evitaremos que a mi muerte recobren los violentos su pre
dominio? ¿Cómo haremos para que este tránsito sea el principio
de la vida en el derecho? ¿Qué combinacion me ofrece Ud. para
ese evento? Piénselo; a mí se me ocurre la siguiente:................
«El amigo no contradijo la persuasion incontrastable de aquel
hombre. Continuaron ámbos discurriendo en el dintel de una
muerte prevista i aceptada.
«Los dias posteriores fueron el acto continuado de una voluntad
suave i firme, incesantemente hostigada por odios estrechos, por
— 142 —

resistencias locas, por afectaciones de independencia personal sin


la dignidad que da el peligro, o sin el motivo que suministran los
temores de la arbitrariedad; por la tirantez i la descortesía nunca
prodigadas a los tiranos, i tan fácilmente ostentadas con los hom
bres de conciencia i de derecho.
«Abatido, pero entrañablemente preocupado de sus deberes po
íticos, hizo el largo viaje, que, siguiendo por Oruro i Cochabam
ba, lleva a rematar a Sucre.
«En las reuniones que allí le ofrecieron, apénas podía tenerse en
pié para corresponder a la benevolencia de sus amigos.
«La atencion a los negocios era incesante. Hasta que pasasen los
accesos nerviosos de que adolecia, suspendíanse frecuentemente las
deliberaciones. Con mano trémula i mente clara, redactó su últi
mo mensaje a la cámara, aquél en que decia: «Las cuestiones de
que vais a ocuparos no interesan personalmente a nadie, i seria un
crímen convertirlas en bandera o en arma de partido.»
«Cierto dia que quiso dar ejemplo de deferencia i respeto a la
asamblea, presentándose en la tribuna con la sencillez i desenfado
de un ciudadano particular que tomaba su parte entre los concu
rrentes a la sesion, (¿fué impremeditacion o crueldad?) hubo dipu
tado que violentó la discusion, permitiéndose alusiones ofensivas
al presidente. La sorpresa tal vez impuso silencio a los demas. Un
momento brilló la indignacion en los ojos de Ballivian: sus meji
llas palidecieron; pero nunca hizo alusion a lo sucedido.
«Poco despues se discutieron las facultades que se concederian
al ejecutivo para contraer un empréstito. Algunos mui estrema
dos, o en sus ideas, o en sus desconfianzas, querian reducir a tasa
señalada e invariable todas las condiciones del negociado: intere
ses, prima, tipo. Sublevóse el ánimo del paciente con esas eondi
ciones que maniataban al negociador 3 hacian frustráneas sus ini
ciativas. De pié, jadeante el pecho: «Me maltratan, decia, como
al mas bribon de los administradores: no me prestan el crédito
que se concede al último de los mayordomos: la ignorancia i el
ultraje se dan la mano para herirme.»
«Merced a los esfuerzos de diputados concientes i a la conmovi
da declaracion del ministro que señaló como estériles las ofensas
inferidas a un moribundo, dióse en términos racionales la lei de
empréstito en la noche de ese mismo dia. Las once eran, cuando
el ministro dió este aviso al presidente, ya recojido. Media hora
despues yacía sin sentido con todas las apariencias de la muerte.
".

— 143 —

El ajitado empeño de los facultativos le volvió a la vida. Para


sostenerla, si era posible, clausuradas las cámaras, le resolvieron a
tomar dias de campo en Nucchu, a cinco leguas de la ciudad. Allí
continuaban casi diariamente los trabajos de oficina en el gabine
te, no habiendo punto ninguno de administracion que no se discu
tiese con el presidente. Preocupábanle los amagos de conspiracion
i la necesidad de refrenarlos con medios estrictamente legales.
Muchas veces suspendia la discusion hasta dominar las sordas
convulsiones que le ajitaban.
«A la tarde de esos dias, se dejaba llevar de su dulce i melan
cólica fantasía. Recostado en un sillon con frente a un ancho valle,
dominado por altos cerros, veia perderse en sus cimas los últimos
rayos del sol con cuánta resignacioni tristeza! Al cerrarse la no
che, a la luz confusa del crepúsculo, descendia por esas empinadas
sendas, se mostraba en las colinas tocando la flauta campestre el
pastor con su rebaño de cabras... i esas notas que lloraban i esa
luz que se iba, las saludaba el enfermo como el último eco de la
vida, como la final despedida de esta naturaleza que tanto aman
los seres delicados que han sufrido; i su imajinacion vagaba, i su
conversacion fluia dulco i quejumbrosa. No hemos vuelto a ver ni
esos cerros en cuya cresta se destacaba sobre un horizonte pálido
tal cual árbol disperso, ni esa choza donde bajaba el pastor, ni el
humo de la tarde en ese hogar, ni la llama nocturna que se refle
jaba en las frentes dichosas de esa familia de indios... última mi
rada humedecida i lánguida de Ballivian en este mundo.
«Si Dios nos permitiese ver otra vez ese, para nosotros, me
lancólico panorama, nos postraríamos con el recuerdo tierno i se
reno de aquella alma.—La insultaron i no cobró agravios. Amó la
verdad, Practicó el derecho en toda su estension. Respetó la liber
tad de la iglesia i honró a su sacerdocio como ningun mandatario.
Aspiró con ánsia la ráfaga impetuosa i avasalladora que, para ser
vicio del bien, desencadenó Lacordaire en este siglo. Pudo ser i
sucedió que algun error parcial se deslizase en esa existencia tan
espuesta a las seducciones de apariencia jenerosa que Dios, que
es amor i misericordia tiene en cuenta. Bendita sea esa iglesia
tan mal conocida; benditos sean sus intérpretes debidamente ta
les, por la autoridad, por el ejemplo, por su independencia de la
política egoista; que apoyada en la lei canónica, con la caridad
evanjélica en el corazon, con verdadero sentimiento de su respon
sabilidad, se detuvieron donde la iglesia se detiene, callaron donde
— 144 —

ella guarda silencio, i cubrieron i protejieron los restos de Balli


vian contra el ceño i la cólera de los que avanzaron al cajon mur
tuorio sus manos crispadas i azuzaron con el fuego de sus iras las
pasiones de la multitud!... bendita multitud que se detuvo en el
recojimiento i en el respeto al grito angustiado de los sacerdotes,
que no aborrecen, ni se vengan ni ambicionan Perdonados sean
todos ellos, los que ofendieron, perdonados en el recuerdo de Ba
llivian que supo perdonar injurias
«Le seguian éstas en sus últimos dias. Cuando se restituyó a la
ciudad, fué luego trasladado de la casa de gobierno a una casa
quinta. Con ojo avizor seguian el paso del coche los espías políti
cos. «Morirá, escribian, morirá en breve, por mas que los minis
tros se den trazas de ocultar la situacion.» Al entrar en la casa
quinta, se dobló sobre sus rodillas; una contraccion dolorosa des
figuró sus facciones. «Ha caido como una masa,» añadian los po
liticos con una fruicion inhumana.
«Es mi deber: lo llenaré hasta el fin» siguió diciendo el man
datario, i se arrastraba con pena, apoyándose en los muebles o el
brazo de sus amigos hasta la mesa de su despacho, donde contr
nuaba sus tareas diarias. Fué precisa la representacion oficial de
sus ministros que le garantizaban la paz pública para que consin
tiese en dejar su ingrata ocupacion.
«En su lecho divagaba. La realidad i el delirio confusamente
mezclados, se posesionaron de su espíritu. Reconocia a las perso
nas, hablándoles de asuntos comunes, con su bondad habitual Pero
el fondo de sus percepciones, en el que se proyectaban las reali
dades de la existencia, era una poética fantasía: Venecia, la ciudad
estraña i i silenciosa, su grande San Márcos, su palacio ducal,
sus edificios aristocráticos, monumentos de crímenes i de grande
zas, el rielar de sus anchos canales, la plácida bahia en que está
sentada.... «Estraña, murmuraba el enfermo, que estraña ciu
dad....» v

«A las ocho de la mañana del 14 de febrero, suplicó un amigo


al médico de cabecera le precisase el pronóstico, como estaba con
venido, para ocurrir a las disposiciones relijiosas del paciente. «A
la una P. M., respondió el facultativo, solicito una junta privada
de colegas que Ud. convocará. Pasada ella, queda Ud. libre de
atender a esa necesidad.» El prelado de Chárcas se habia presen
tado poco despues, i recibido las esperanzas consoladoras de cos
tumbre, sin otra esplicacion.
— 145 —

«De la espectativa indicada por el médico prevínose al señor


obispo electo de La Paz; siendo seguro que éste o el prelado acu
dirian en la hora señalada. -

«A las once del dia se ajitó el enfermo. Tomólo en brazos su


médico i amigo, estrechó su cabeza, i díjole: «¿Qué desea Ud.,
señor?»—«Morir,» contestó.
«I su tránsito fué esta palabra, leve, fujitiva, estinguiéndose en
sus labios sin crisparlos. -

«Ahí yace el abnegado. Cayó en media jornada, exhausto, a


orillas de ese camino donde tantos han sucumbido mas acá, avan
zando el ideal de nuestra política,—la justicia.»

FIN
APÉNDICE
¿SRI(S ) ))N AI) BAIIIVIAN
TEATRO (1).

3.

La concurrencia del domingo no fué ni grande mi"pequeña


Fué corta para el mérito de la funcion, qué la exijia mayor; i fué
numerosa para la costumbre ordinaria, que nos tiene habituados
a ver el teatro casi siempre desierto.
Si supiéramos darnos cuenta de la contrariedad que deben en
contrar los artistas, cuando están en presencia de una multitud de
localidades vacías i ante un público avaro de estímulos para con
ellos, por hallarse compuesto en su mayor parte de personas que no
asisten por aficion al espectáculo, sino por que no encuentran otra
cosa mejor que hacer en ese instante, seríamos mucho mas indul
jentes con las faltas i mucho mas pródigos i entusiastas en nues
tros aplausos, cuando éstos son debidos.
Los que en la noche del domingo se tributaron a la señora La
rumbe fueron mui merecidos. La señora Ilarumbe, ya lo hemos
dicho, posee una hermosa voz natural, cuya estension es notable en
las escalas que recorre sin esfuerzo i con firmeza i claridad. No nos
parece, por esto, estraño que la clasificacion de su voz haya sido
motivo ¿ controversia en otras partes: cuando se oyen sus notas
agudas, se cree que es un soprano; cuando se le oye descender con
vigor a las graves, se cree que es un contralto. Claro es, por con
siguiente, que el tono característico es el término medio, que los
eruditos del arte denominan mezzo soprano. Este timbre de voz
en la mujer, asi como la de barítono en el hombre, es el mas or
dinario; i de aquí proviene su desventaja para sostenor la compa

(1) Los trabajos que siguen, así como muchos otros suyos, no se hallan
insertos en la coleccion de Escritos literarios i políticos de Adolfo Ballivian,
publicada en Valparaiso el año 1874.
4 - APfNDICE

racion con la orijinalidad de las voces que están en los estremos i


que agradan jeneralmente mas, por ser mucho mas raras. Para
sobrepujar esta nueva dificultad se necesitan dotes especiales, i
la victoria que se obtiene en tales condiciones es, por lo mismo,
mucho mas meritoria. La señora Larumbe la ha obtenido sin du
da, i esto solo bastaria para formar sus elojio.
La impresion que produce es sumamente grata en sus escalas
ascendentes, que si no son fuertemente acentuadas, tienen en cam
bio una pureza i claridad notables; pero gustamos mas de la sono
ridad de sus cadencias graves, ya sea que manifiesten la majestuo
sa indignacion de la supuesta victimadora de Atila, o ya sea que
interpreten en la feroz Lucrecia la ternura sombría del amor ma
ternal recóndito i culpable. Esos acentos graves han tenido el po
der de imprimir, en el ánimo de los que la escuchaban con aten
cion constante, la opresion inefable de la melancolia, i en otras
ocasiones toda la pesadumbre de una intensa tristeza.
Despues de la cavatina de Atila, de la gran aria de Nabucodo
nosor y del rondo de Lucrecia, en que Verdi refleja todo el vigor
de su estrepitoso jenio musical, y Donizetti infunde el siniestro
avor que se alberga en el drama romántico del autor de Han de
¿ debian contrastar fuertemente los alegres i triviales acen
tos de las tonadas andaluzas.
Las canciones españolas es cierto que requieren de suyo esa de
senvoltura que las caracteriza, i esa provocacion picante i voluptuo
sa a la sensualidad de los espectadores, ávidos muchas veces de tales
impresiones. No faltó quien notase en la señora Larumbe la falta de
esa sal; i aunque esta observacion no careciese de verdad, se nos
permitirá no ser de la opinion de los que ven en ello un defecto
notable. El carácter artístico de la señora Larumbe nos parece
que es serio, i no puede exijírsele que desempeñe con igual distin
cion el carácter opuesto. Ciertamente, la señora Larumbe no es una
manola; pero es mucho mas que esto: es una artista poseida de la
dignidad del arte. Ella puede tener las condescencias necesarias en
ciertas ocasiones, para satisfacer la variedad de gustos del público
que la oye; pero hará siempre bien, a nuestro humilde juicio, en
no sacrificar la nobleza del arte ni su propio decoro, para arran
car aplausos a ese público.
El señor Frenchel como pianista distinguido merece ciertamente
una mencion mui especial. Su ajilidad, la limpieza de su perfecta
ejecucion i la poderosa enerjía de su mano izquierda, son cualidades
raras, que él ostenta amenudo con gran soltura. Pero no debe
mos considerarlo únicamente en su aspecto mecánico, si así puede
decirse; porque tales ventajas se adquieren mas o ménos por me
dio del estudio i la perseverancia. El artista músico no es tan so
lo una máquina de producir sonidos: si no siente el calor de la pa
sion i el sentimiento que se alberga en el seno de las almas sensi
bles; si no lo anima el fuego de esa candente inspiracion que sacu
de las sienes en que reposa el jenio, no será nunca artista. Para
ESCRITOS DE ADOLFO BALLIVIAN, 5

saber si el señor Frenchel posee estas dotes morales i hasta qué


punto, es necesario oirlo.
En la noche del último domingo hizo su primera exhibicion con
la gran fantasía de Thalberg, sobre algunos motivos de la Sonám
bula. Perdónenos el maestro i perdónennos tambien sus entusiastas
admiradores, si nos atrevemos a decir, que esta que ellos reputan ca
si como obra maestra, ha sido siempre para nuestros torpes oidos
de un efecto harto ingrato. Verdadera jimnástica de dedos; gran
esfuerzo acrobático i de prestidijitacion musical; hacinacion confu
so de tours de force i de dificultades en cuanto a su estructura ma
terial; modulaciones bruscas, fracturas estravagantes i repentinas
de la melodía i de la unidad del sentimiento musical,—pueden ha
cer de esta obra un modelo romántico, propio para inspirar algun
sueño dislocado i fantástico, mas no para evocar esa sombra tras
parente i divina de la Sonámbula, es decir, del sueño mas placen
tero i delicioso que ha tenido Bellini. No es, pues, por tanto, estra
fío que la atencion se pierda i se fatigue con esta tirantez que nada
dice al alma, aunque a veces sorprenda, i que los espectadores se
distraigan, acompañando con el murmullo de la conversacion con
sus vecinos los quejidos del piano, i no advirtiendo que la pieza
concluye sino cuando concluye el ruido i el artista cambia de ac
titud, levantándose exámine, talvez lleno de orgullo, pero difícil
mente satisfecho. - • -

Vino poco despues el magnífico duo para dos pianos sobre Gui
llermo Tell, de Ascher, ejecutado por los señores Weiss i Frenchel
con admirable precision i grande sentimiento. Esto ya era otra
cosa. Los efectos grandiosos del instrumento están allí hábilmente
esplotados, sin sacrificarse a ellos la majestad sublime de esas ins
piraciones con que la libertad inflaumó la centella del jenio de Ro
Slnl. -

En la segunda parte nos dió el señor Frenchel una muestra de


su habilidad como compositor, en una graciosa polca de concierto
i en un brillante capricho llamado «El Ruiseñor,» que no nos es
posible juzgar imparcialmente, con el fugaz recuerdo de las rápi
das impresiones de la primera i única vez en que oimos esas pie
zas. Tenemos, ademas, nó prevencion, pero si desconfianza con
respecto a ese jénero de música imitativa, cuyo mérito las mas ve
ces consiste únicamente en la habilidad mecánica del compositor
o del ejecutante. Con todo, en estas piezas, como en las variacio
nes del carnaval de Venecia que ejecutó despues, el señor Fren
chel hizo un lujoso alarde de sus brillantes dotes de pianista.
El espacio nos falta para ser minuciosos; así es que reservare
mos con gusto el que nos queda para hacer una honorable men
cion de los señores Weiss i Neuhaus, quienes, con su amable co
operacion i su jenerosa confraternidad artística, realzaron los atrac
tivos de esa agradable noche.
Entendemos que el señor Weiss no ha hecho de la música su
profesion, aunque tenga para ello i en grado mui notable todas las
- º
6 A PfNDICH

ventajas necesarias, i haya adquirido las que lo dejan en aptitud


de hacer depender estas ventajas de su voluntad. Esto lo pone a
cubierto hasta de los elojios que merece i que quisiéramos tribu
tarle. Nos limitaremos, por tanto, a agradecerle que nos haya
procurado el placer de escucharlo, ya que es este gusto mui raro
para los que no tienen la ventaja de encontrarse con él en socie
dad frecuente.
En cuanto al señor Neuhaus, tuvo en la noche del domingo la
fortuna que siempre lo acompaña. Para él no hai el temor inevi
table que conmueve al artista en el momento de presentarse a un
público desconocido, el que impone siempre respeto, por pequeño
que sea i por desautorizado de criterio que se le suponga. El se
muestra ante el público de Tacna cual si lo hiciera en un salon de
amigos. A todos nos conoce i para todos es simpático. Toque mal o
bien en esa noche, no por eso dejarán todos los espectadores de ser
al dia siguiente sus amigos, ni todas las señoritas sus discípulas. I
téngase entendido que decimos «toque mal o bien» solo para ser
virnos de una fórmula que esplique nuestro pensamiento, i no por
que haya nunca el menor riesgo de que suceda lo primero. Mas,
si por una parte es esta una ventaja, tambien le perjudica en di
verso sentido, porque su desempeño, por brillante que sea, no pue
de sorprendernos, Le escuchamos ayer cómodamente reclinados
en alguna poltrona de salon, i le oiremos mañana embelesados
con el dulce murmullo que producen sus dedos en las teclas, cual
si las ajitara el contacto del ala fugaz i delicada de alguna golon
drina; i por esto no aplaudimos con mayor estrépito, aun su hábil
ejecucion en el gracioso duo para dos pianos sobre un motivo
húngaro del elegante Ketterer.

ANIVERSARIO.

BATALLA DE JUNIN.—INDEPENDENCIA DE ROLIVIA.

I.

Solícito «El Progreso» en tributar el homenaje reverente de


sus patrióticos recuerdos a los hechos gloriosos de nuestra inde
pendencia, no podria prescindir de hacer ahora lo mismo con la
fecha dos veces memorable del gran dia de mañana.
En las llanuras de Junin, el 6 de agosto de 1824, los escua
drones de la patria afianzaron la enseña majestuosa de la emanci
pacion americana, sobre el egrejio pedestal de una victoria in
signe.
ESCIRITOS DIE ADOLFO B.A.I.L.IVIAN. 7

En agosto del año 1825, surjió resplandeciente la estrella de


Bolivia en la constelacion republicana que irradia sus destellos de
gloria i libertad sobre el suelo bendito en que nacimos.
Bien puede reposar orgullosa i tranquila la mirada de los ame
ricanos en el símbolo augusto de ese primer recuerdo, porque
ninguna mancha viene hoi a interceptar el resplandor purísimo de
aquella claridad, de aquella luz gloriosa que ilumina la jigantesca
sombra de Bolívar, enaltecida por nuestra gratitud sobre la emu.
lacion i la bajeza de los que no debieran apellidarse libres, puesto
que perseveran en ser todavía ingratos. -

El susurro liviano de la murmuracion i la calumnia, no impedi


rá jamas que llegue a los confines de la posteridad, la vibracion
profética del trueno de esa voz que señala en Junin la libertad de
América, como gran esperanza de todo el universo.
Entre tanto, el segundo recuerdo apena nuestro espíritu por el
espectáculo de la vicisitudes desgraciadas en que se halla hoi en
vuelto. -

La independencia de Bolivia surjió de la victoria que la Amé


rica, obtuvo sobre sus opresores. Ofrecióle el baustimo de esa
gloria inmortal, i la sostuvo en sus primeros pasos hácia la liber
tad el brazo poderoso del héroe de Ayacucho, el gran republica
no cuyas inspiraciones jemerosas le hicieron la promesa de su pro
greso i el presajio feliz de un porvenir risueño i venturoso.
En el Alto Perú, en ese suelo ilustre en que no habrá una sen
da que no se haya empapado en la sangre copiosa de los que de
¿ la libertad de América, se levantó Bolivia a ocupar un
asiento en la federacion republicana de nuestro continente, lle
vando en sí los jérmenes que debian producir el fruto bendecido
de un pueblo floreciente. -

Al tornar la mirada a los hechos grandiosos de esos felices


¿ nos parece que viéramos una águila jigante viniendo a
saludar la aurora de Bolivia, para remontarse de nuevo a los es
pacios, seguida de los espíritus de aquellos que alli dieron su vida
por nuestra independencia.
¡Cuán grande es al contrario la congoja que sobrecoje el ánimo
de los que aman el bien, al contemplar hoi dia la impetuosa vorá
jine en que se precipitan aquellas esperanzas i aun aquella exis
tencia, que en 43 años ha sido estremecida por los cálidos vientos
que llevan en su atmósfera las discordias civiles
A las grandes promesas de la prosperidad i de un reinado de paz
i de justicia, ha sucedido al fin el dominio brutal de la arbitrarie
dad, del vicio i del escándalo; a los aniversarios de Junin i Ayacu
cho ha suplido el recuerdo de los hechos luctuosos con que se
glorifica al «héroe de diciembre,» i en aquellas tinieblas de la abo
minacion i del oprobio, ahora solo se ciernen las aves carniceras
sobre los campos yermos de duelo i de matanza, en que sin com
pasion se ultima a vencidos que exhalan en su aliento la aspiracion
sublime de libertar su patria a espensas de la vida.
20
s APEN1DICE

¡Qué contraste, Dios Santo! ¡Qué horrible retroceso en la veloz


pendiente de su adverso destino. La cuna de Bolivia abriga la es
peranza. Arriba está la vida, arriba está la gloria; abajo está la
muerte, abajo está el abismo.
¿Se hundirá en él Bolivia?

II.

Tan antigua es la historia de esos pueblos que se sumerjen en el


cáos, como antigua es la historia de la familia humana.
Al traves de los siglos ha discurrido el eco estrepitoso de esos
derrumbamientos, prefijados por el siniestro estigma con que el
dedo de Dios acostumbró marcar la frente de los hombres que
osaron entregarse al deplorable olvido de las leyes divinas.
En los primeros tiempos, cuando estaban dispersos los jérmenes
sociales por el vacío del mundo, hablaba Dios al hombre dándole
sus preceptos como los fundamentos de la justicia eterna.
En seguida se forman las familias por necesidad, para su bien .
estar; tienen que derivar de esas revelaciones las premisas que
sirven de cimiento para la lei moral.
Algo mas adelante disminuye el vacío; se encuentran ya los
hombres; i en la necesidad de regularizar la condicion precisa de
su conservacion mutua i durable, deducen de los mismos oríjenes
la prescripcion que ha servido de base para la lei social.
El hombre, recibiendo en su seno el jérmen trasmisivo de la
muerte por condigno castigo a su primer olvido de las leyes divi.
nas; la familia disuelta por el quebrantamiento de las leyes mora
les; la comunidad destruida por la relajacion de las leyes sociales:
hé ahí la sucesion interminable de los infinitos oleajes que han en
vuelto la peregrinacion del humano linaje por la estension del
mundo.
El deber como nocion sintética de la verdad social; la virtud
como condensacion de la verdad moral; la justicia como intuicion
divina de la verdad suprema: hé aquí los tres preceptos que no
es dado al hombre violar impunemente.
A este corto catálogo de los grandes preceptos, la progresion
creciente con que la humanidad se ajita en seguimiento de sus al
tos destinos, la civilizacion, ha agregado otros dos no ménos im
periosos: el honor, de que los hombres no pucden prescindir: la
dignidad, que las naciones no pueden abdicar.
¿ así cómo dos causas enjendran las catástrofes que quebran
tan la cerviz de los pueblos en la hora en que se estingue la pos
trimera aurora de su vida: depravacion moral del individo; de
gradacion social en el conjunto.
Síntomas precursores de este funesto trance vienen a ser los
hechos que se llaman: abdicacion de la conciencia pública i olvido
del deber. -
EscnITos DE ADoLFo BALLIvIAN 9.

La historia nos lo enseña.


En las viejas edades, sumerjidas dentro de las tinieblas que se
proyectan al otro lado de la Cruz, i sucumbiendo por la lei de es
terminio que la fatalidad inexorable impuso a su existencia, se re
flejan Sodoma, Babilonia i Ninive. --

En los tiempos que ruedan ya en los siglos iluminados por la


luz de la verdad cristiana i la evidencia histórica, subyugadas, por
lei de servidumbre que el derecho de fuerza impuso a su destino,
se postran sin aliento Grecia, Irlanda i Polonia.
En nuestro mismo suelo i en los dias que alcanzamos, sin los
dolores de la reparacion que soporta la Grecia, sin . la mística fé
que hace amar a la Irlanda, sin aquel grande heroismo que hace
tan respetable a la triste Polonia, han pagado el tributo de humil
de sumision, Méjico a la conquista, Bolivia a la anarquía.
Los pueblos que durmieron para no despertar en la lóbrega no
che de las leyendas bíblicas, pasaron sin dejar un vestijio siquiera
ue pudiese servir de reivindicacion para sus tristes nombres mal
¿ por la historia.
No sucede lo mismo con los que desfallecen en los tiempos ac
tuales. Es raro que sucumban sin piedad ni consuelo; pues cuando
nó un prodijio, suele llegar un hombre unas veces temprano, otras
veces a tiempo, i aunque a veces sea tarde, siquiera llega entónces
para dignificar el duelo de su patria, para rejenerarla en muchas
ocasiones i enaltecer su gloria, ciñéndose la aureola que le presta
el reflujo de la honra nacional.
Sucre, como Espartaco, aparece mui pronto: Washington i Bo
lívar saben llegar a tiempo; O'Donell i Kosciusko son los que lle
gan tarde. Se pudiera decir que no puede faltar un precursor para
cada esperanza, un salvador para cada principio, un redentor para
cada martirio.
Para Méjieo, Juarez; para Bolivia, nadie todavía.
Porque Méjico se ha levantado ya para recuperar con arrogan
cia su honor comprometido, arrancando su afrenta del infausto
catálogo en que escriben su nombre los pueblos que sucurben.

III.

El espectáculo de esas vindicaciones portentosas reanima la


confianza, fortalece la fe i levanta el espíritu; porque nos represen
ta al derecho triunfante en esas luchas desproporcionadas en que
la defensa del bien se encuentra conferida a la debilidad.
¡Venturosos los pueblos que tienen la fortuna de retemplar su
aliento, haciéndose campeones de la razoni la justicia en las re
cias contiendas que a menudo promueven las agresiones brutales
de la fuerza!
Todavía ventnrosos, aunque como Polonia, desaparezcan bata
llando hasta el fin en esa ¿ gloriosa, si logran por su heroismo
r, A Pf:N Dl Cll

merecer el respeto que infunden las víctimas ilustres de las domi


naciones perpetradas por el abuso del poder i aconsejadas por la
rapacidad, el odio i la soberbia.
Pero desventurados aquellos que perecen únicamente por haber
sosteniado durante largo tiempo, en sus propias entrañas, el jér
men corrosivo de la inmoralidad, de la disociacion i del escándalo,
que solo la conquista, entónces reclamada por el bien jeneral,
puede ya estirpar.
Es natural, por eso, que dos fallos distintos, el primero que ab
suelve i el otro que condena, broten irremisibles de la conciencia
humana en presencia de esas victimaciones consumadas por causas
igualmente distintas, del mismo modo que son contradictorios los
sentimientos que ambas orijinan: queda para las unas la simpatía
profunda que siempre nos inspira el suplicio del justo; se alza pa
ra las otras la repugnancia natural que siempre nos infunde la
muerte del suicida.

IV.

Al saludar con alborozo la aurora de Junin, saludamos tambien


la aurora de Bolivia.
Aunque ahora esté velada, ella renacerá con mayor esplendor,
no es posible dudarlo, así que se disipen los oscuros cendales que
amontona en su cielo la fiera tempestad de sus crueles discordias.
Así lo espera a lo ménos esa fe inquebrantable de algunos de sus
lmijos, que aceptando por suyas las desventuras de la patria, sopor
tan en su obsequio toda la pesadumbre de un martirio sin treguas
y sin límites, esclamando: «¡Bolivia!»... Solo nosotros que hemos
venido al mundo en la soberbia falda de sus grandes montañas;
solo nosotros que hemos sido mecidos en la cuna por el soplo es
truendoso de sus recias tormentas, i hemos bebido en él un entra
ñable amor a esa que es nuestra patria; solo nosotros podemos com
prender cuán digno es ese suelo de una mejor fortuna, cuán digna
es de respeto su inmensa desventura

FERROCARRIL A BOLIVIA.

J.

Carecer en la época presente de los poderosos medios que el inje


nio i la actividad del hombre han descubierto para abreviar el cum
plimiento de la lei del progreso social, es ya para los pueblos ca
ESCltITOS DE ADOLFo BALLIVIAN. 1.

recer de los elementos que son indispensables a su misma existen


cia; detenerse en medio del jeneral impulso que ajita a los demas,
es ya retrogradar; retrogadar, cuando todos avanzan es hoi dia
condenarse a la decrepitud, a la esterilidad i por fin a la muerte.
De este modo, la marcha del espíritu humano es hoi una carre
ra cuya impetuosidad ha anulado las leyes del reposo, i ha borrado
los puntos intermedios entre los dos estremos que marcan su des
tino i que están comprendidos en esta doble fórmula: progresar
es vivir; detenerse es morir.
La evidencia moral de la verdad que encierran semejantes ideas
las ha hecho tan comunes, que no hai quien desconozca la conve
niencia de favorecer esa tendencia irresistible al movimiento, que
en los pueblos modernos ha llegado a ser una necesidad de su con
servacion, ántes que una exijencia de su prosperidad i su adelanto.
Por la presion de esta necesidad hace ya mucho tiempo que
Tacna ha conocido lo incompleto de las condiciones de su actual
existencia, i la ineficacia de los medios que hoi tiene para satisfa
cer sus lejítimas aspiraciones de engrandecimiento, alcanzando el
fruto realmente apetecible de las opulentas promesas de su por
venir.
Pero era necesario el concurso de varias circunstancias para que
despertara esa esperanza, adormecida por las dificultades de su
realizacian, o mas bien por la ausencia de los varios peligros que
ahora han aparecido, i que han estimulado la justa prevision con
que se pone en guardia contra las amenazas que están compro
metiendo mal sus grandes intereses.
Consisten estos riesgos en que otras poblaciones, con un dere
cho idéntico por cierto i con mayor fortuna, se han puesto ya en
camino de i la esfera de su prosperidad, de propasar la de
otras, robustecer su vida a espensas de la ajena i absorber la sus
tancia con que Tacna se nutre i se sostiene.
Hablemos de esos riesgos, i con todo franqueza, entremos en
materia.
Nada hai ya que detenga, ni debe detenerse, el impulso que
tiende a ligar la ciudad de Arequipa con su costa inmediata por
medio de un camino de fierro cuya obra está empezada.
Desde el punto de vista industrial i económico esta obra dispen
diosa, así en su ejecucion como en su subsistencia, para solo en
lazar un pueblo inproductivo con su costa marítima, se ha juzgado
insensata i lo seria en efecto si a esto se redujera. Mas, no siendo
posible que en la época presente se aplique la riqueza a ser dise
minada sin provecho efectivo en las arenas del desierto, pareco
inevitable que la necesidad de reportarla en proporcion siquiera
del capital empleado en semejante via, la impulsa a prolongarse
en busca de alimento i en demanda tambien de su conciliacion con
otros intereses de mayor importancia, hasta tocar al fin, sea por
medio del lago Titicaca, o sea por otro punto, en la inmediata
frontera de Bolivia.
12 APENDICB

Con este resultado no se puede dudar que el importante tráfico


que la república vecina sostiene con el esterior por nuestro terri
torio, afluiria a aquella via que le ofreceria entónces mayor como
didad i economía de gastos i de tiempo.
Arequipa obra perfectamente bien, no es posible negarlo, persi
guiendo ese objeto importante que ensancharia de un modo des
medido las abundantes fuentes de su prosperidad; pero Tacna, en
tretanto, hará, igualmente bien en precaverse contra el enorme
daño que esto le causaria; no combatiendo ciertamente los recur
sos que adquiere su vecino, sino mas bien buscando otros arbitrios
propios que le permitan utilizar las ventajas de su mayor proxi
midad al manantial que sustenta su vida, i le aseguren de un modo
permfanente los mismos beneficios de que está en posesion.
Ademas de este riesgo, que compromete de una manera seria el
porvenir de Tacna, hai otro semejante en el proyecto del camino
de fierro entre Iquique i la Noria, que está hace ya algun tiempo
en via de ejecucion.
Este nuevo camino, así como el primero, careceria de objeto
por falta de alimento luego que se agotasen-lo que seria bien
pronto— los productos que solo consistiesen en los salitres que ac
tualmente se esplotan en las inmediaciones del término indicado;
pero, habiendo vencido para llegar hasta él la gran dificultad de
su penoso ascenso sobre la altiplanicie que está al pié de los Andes,
tendria que prolongarse ya con facilidad, para buscar esos mismos
productos algo mas adelante, i para utilizar la inagotable i en es
tremo valiosa esplotacion de la estendida zona mineral en que, por
esa parte, se reunen las fronteras del Perú i de Bolivia.
Abriéndose de este modo otro nuevo derrame al tráfico indus
trial de la república vecina, Tacna recibiria el golpe decisivo de
gracia, quedando como una isla entre las dos arterias en que cir
cularian, ya sin aprovecharle, las sustancias vitales con que aho
ra se alimenta.
Bolivia, por su parte, que cifra la esperanza de su prosperidad
en abrir con vias férreas la sólida barrera que la encierra i la opri
me, se precipitará al encuentro inmediato de la corriente salvado
ra que ántes que otra se le aproxime, por no estar a su arbitrio la
eleccion del camino directo a que está acostumbrada i a que segu
ramente daria la preferencia en igualdad de circunstancias.
Son estos poderosos motivos de temor i de preocupacion para
los que meditan con algun interes i con detenimiento en la suerte
venidera de Tacna, i con mayor razon despues de que han venido
algunos accidentes a poner en relieve la condicion precaria de su
actual existencia. -

La gravedad i duracion de las perturbaciones interiores de la


república vecina; el hondo malestar que éstas han producido en el
curso ordinario de su comercio i de su industria; i por último, el
cáncer de la mala moneda que obstruyó las corrientes en la circu
lacion de aquel mercado, fueron causas bastante poderosas para
ESCRITOS DE ADOLFO BALLIVIAN. 13

arrastrar al nuestro, que vive de aquel otro, a una penuria estre


ma i a una crísis funesta i desastrosa, que ya se aproximaba i que
se ha consumado inopimadamente con la grande catástrofe del 13
del pasado, que en mui pocos minutos ha sepultado en ruinas
muestro puerto marítimo, i ha destruido ademas en el departamen
to, valores mui cuantiosos, cuya restauracion no puede improvi
Sa I'Se.

El encadenamiento de tamaños contrastes, es mas que suficien


te para postrar las fuerzas de un pueblo mercantil, que ya desfalle
cia por la notoria imperfeccion i deficiencia de sus antiguos medios
de trasporte i comunicacion con las lejanas fuentes de su industria
i de su actividad.
Es la solemnidad de este trance angustioso lo que hoi ha
despertado su vehemente deseo de vencer el peligro i reparar
cuanto ántes sus desastres. Por esto se lanza con ánimo resuelto
en la persecucion del único recurso a que puede apelar para sal
varse del naufrajio, recurso que se le presenta con todo el atracti
vo de una grande esperanza.
La manifestacion que la ciudad de Tacna dirije hoi al gobierno
pidiéndole un camino de fierro que la ponga en contacto inme
diato con la frontera de Bolivia, es la fórmula clara de ese voto
ferviente i decidido.
Los detalles del proyecto que encierra, con las muchas ideas e
intereses opuestos que se han hecho valer para su discusion, son
materia de exámen para un segundo artículo.
º

II.

Demostrada, como creemos que se halla, i sentida por todos des


de hace mucho tiempo, la conveniencia de un ferrocarril que úna
este departamento con la frontera de Bolivia, no solo como una
condicion de su progreso sino tambien como una imperiosa nece
sidad de su conservacion, resaltó mas la urjencia de propender
cuanto ántes a la realizacion de ese proyecto con la presencia de
los enormes daños que ha traido el terremoto, i con la espectativa
de las facilidades que puede procurarle la aplicacion de los arbi
trios que el gobierno ha pedido al Congreso, para impulsar, por
medio de un empréstito de 50 millones, la ejecucion de empresas
de este jénero en los departamentos del sud de la república.
Este gran pensamiento ajitó los espíritus en los dias subsiguien
tes al desastre de agosto, despertando la voz de los variados inte
reses con que está en relacion, i que se hallan llamados a partici
par de sus incalculables beneficios de un modo mas o ménos di
recto e inmediato.
Las discusiones parciales que surjieron a propósito de esto en di
ferentes círculos, ¿ asaron los límites de la parcialidad i de la
exaltacion, estimulando al choque de algunos intereses que están
14 A PéN DICI.

estrechamente ligados entre sí, que deben ser armónicos, i que, si


pretendieran sobreponerse a todo trance los unos a los otros, anu
larian sus fuerzas respectivas i harian brotar los jérmenes funestos
de los antagonismos, que aumentan sus obstáculos a los mui pode
rosas que tiene por si misma la colosal empresa cuya realizacion
apetecemos
Para buscar en lo posible la conciliacion de las diversas opinio
nes que habian ya circulado, i para que este acuerdo ofreciese la
fórmula de las ideas predominantes, la honorable Municipalidad
convocó al vencindario a la reunion que se verificó el dia 3 del co
rriente, i en la que se convino en hacer al Congreso la manifesta
cion que ya hemos publicado i que ha sido por todos aceptada con
notable entusiasmo, a lo ménos en el fondo, cuando nó en sus de
talles.
No dependiendo, pues, únicamente de esta solicitud la amplia sa
tisfaccion de las aspiraciones que Tacna manifiesta; debiendo con
sultarse ante todo su practicabilidad en proporcion a los recursos
que están a nuestro alcance, así como la preferencia que merezcan
sobre otros tales o cuales intereses, cuando no sea posible satisfa
cerlos todos; hallándose librada esta resolucion al exámen prolijo
que hará de ella el Congreso i la opinion del país,—creemos que es
necesario discutirla de nuevo, no encerrarla en los estrechos lími
tes de un sentido absoluto que pudiera dañarla i hacerla inpracti
cable, i por fin abrir campo por medio del debate a todas las ideas
que puedan ilustrarla.
Por esto, aunque esté terminada i se halle ya en camino la re
presentacion a que nos referimos, nos parece oportuno ocupar
nos hoi en ella, renovando el recuerdo de las indicaciones princi
pales que se hicieron valer para su discusion.
Prescindiendo de algunas opiniones que se desatendieron desde
luego por sus notoria inconveniencia o por la nulidad de sus pe
queños resultados, pueden reducirse las que se discutieron a dos
fundamentales: una que sostenia la conveniencia de un camino de
fierro entro Tacna i Moquegua, desviándose de allí a la frontera de
Bolivia, i la otra que daba preferencia a una línea directa entre
Tacna i Bolivia i con rumbo a La Paz.
Se apoyó fuertemente la primera de estas dos opiniones, en to
das las ventajas que resultarian de combinar las producciones de
Moquegua, de Suma, de Locumba i de otros puntos inmediatos,
con el continjente que el tráfico mercantil de Tacna con Bolivia
debia ofrecer para alimento de esa via, i ademas en la mayor fa
cilidad que, a juicio de sus sostenedores, debia presentar a la eje.
cucion de la obra ese trayecto por la naturaleza del terreno i la
menor altura que, en esa direccion, se aseguró que tiene la cordi
llera de los Andes, siendo allí el desnivel mucho ménos violento.
El segundo proyecto estuvo en contradiccion con este pensa
miento, pues era reducido a buscar el camino mas corto i que nos
condujese mas pronto i mas directamente al objeto de ponernos
r

EscRITos DE ADoLFo BALLIvIAN. 15

en comunicacion con ese foco de nuestra actividad que se en


cuentra situado en la república vecina, por medio de una línea
que partiendo de Tacna se encamine a la Paz, sea por la ruta de
Corocoro que a primera vista parece la mejor, o sea por otro pun
to que ofrezca mas ventajas i que resulte mas practicable mediante
los estudios científicos que deben preceder a la ejecucion de estos
proyectos.
No habiéndose hecho hasta hoi ningun estudio serio, cuyas de
mostraciones puedan autorizar los diferentes juicios que se emitan
sobre esta delicada cuestion, i los cuales parten de datos mas o mé
nos apasionados i arbitrarios, era mas natural que la ciudad de Tac
na se hubiese por ahora limitado a espresar la exijencia de sus ne
cesidades, sin entrar en detalles que aumenten los obstáculos ital
vez embaracen, haciendo quizá impracticable la aspiracion lejítima
en que cifra desde hoi la condicion precisa de su vida industrial
i de su porvenir.
Careciendo nosotros igualmente de esos datos fehacientes, solo
podemos emitir en esta discusion el juicio que nos dicta nuestra
propia razon, el buen sentido práctico de los que cual nosotros
anhelan vivamente alcanzar las primicias de esta grande promesa,
i las ideas que por fin sujieran la esperiencia i las comparaciones
de los variados resultados que hasta hoi se han obtenido con la
realizacion de empresas semejantes. -

Procuraremos llenar este deber en un tercer artículo, ya que


son estrechos para su desarrollo los límites que cierran el espacio
de que ahora disponemos.
III.
.

Conviene recordar que la situacion respectiva de las ciudades de


Tacna, Moquegua i La Paz marca un triángulo cuyos lados miden
aproximadamente estas distancias.

De Tacna a La Paz.................. 74 leguas.


De id. a Moquegua.............. 38 o
De Moquegua a La Paz............ 85 »

Resulta por consiguiente, que una línea que partiendo de Tacna


tocase en Moquegua i siguiese a La Paz, abrazaria dos lados del
triángulo indicado, cuya suma, fuera de los desvíos inevitables,
llegaria a la distancia de 123 leguas, mas o ménos; lo que a pri
mera vista sujiere la idea de un gasto exorbitante, en considera
cion a las enormes dificultades del ascenso hasta la cordillera.
De este modo el trayecto indicado excederia al directo entre
Tacna i La Paz, con una considerable diferencia.
En cuanto a las dificultades materiales de la ejecucion, tales an
tecedentes dan lugar a ciertas dudas.
21
16 APfNDICE

¿Es posible arbitrar los cuantiosos recursos que demanda una


obra semejante?
¿Los resultados de ella compensarian su costo?
Faltando, pues, los datos necesarios para formar un acertado
juicio sobre el particular, tememos sin embargo que, con ellos, la
solucion de semejantes dudas no sea satisfactoria.
Desde el punto de vista de los mas esenciales i grandes intereses
cuya actividad i desarrollo se quiere promover, la cuestion nos
sujiere otras dudas i consideraciones.
El importante tráfico tanto de importacion como de esporta
cion que sostiene Bolivia con el interior, ¿encontraria ventajas en
la prolongacion de este trayecto i se avendria con el recargo con
siguiente de gastos de trasporte i pérdida de tiempo?
Nos parece que nó.
Haciéndose en tal caso la ciudad de Moquegua el punto de con
fluencia de la circulacion de tantos intereses, i trasformándose en
un centro absorvente de nuestra actividad i nuestro movimiento,
ya no podria evitarse que la impetuosidad de esa doble corriente
rectificase su cauce natural, abriéndose camino irresistiblemente
hácia la costa i con direccion a Ilo que está tan inmediato.
Posible es que a Bolivia le fuese indiferente hasta cierto punto
esta o aquella via, siempre que consiguiese medios mas convenien
tes que los que hasta ahora tiene para su movimiento; pero no
es ya lo mismo con relacion a Tacna, que reflejaria entónces la
imájen verdadera del cauce de su rió, siempre que se divisa el
curso de sus aguas. ¿Se debe desear esto? ¿Hai conveniencia en
ello?
No habrá, pues, quien vacile en responder que nó, aun ponien
do de un lado las consideraciones de afecto i sentimiento, para bus
car tan solo los resultados prácticos de mayor conveniencia en la
comparacion i el equilibrio de los intereses respectivos de ambas
localidades.
Siendo tan conocidos estos diversos intereses, creemos innece
sario hacer ese cotejo; pero no está demas que insinuemos la idea
de estar hoi demostrado que, aunque las producciones únicamente
agrícolas contribuyan en algo a alimentar el tráfico, no bastan por
sí solas a suministrar pábulo suficiente a la absorcion constante i
abundante de los ferrocarriles, que mas bien se sustentan con la
circulacion mas permanente de las demas industrias; i segun este
concepto, no puede equipararse la mediana importancia que ahora
tiene Moquegua con la que tiene Tacna.
Estas i otras razones que omitiremos ahora debian prevalecer
i hacer mas aceptable, como lo ha sido al fin, el pensamiento de
una línea directa que demanda menores sacrificios i que pondrá
mas pronto en ejercicio mayores intereses.
Debiendo llegar ántes, por esta direccion, al territorio de Boli
via, debe tambien pensarse en que disminuirá para el Perú el
gravámen, si lo hai, de su sostenimiento en los primeros tiempos,
ESCRITOS DE ADOLFO BALLIVIAN. 17

desde que se compartan, como es natural, en proporcion las car


gas de la empresa entre uno i otro país.
Hemos emitido ántes la opinion de que Tacna hubiera debido
limitarse a manifestar la exijencia imperiosa que tiene de un fe
rrocarril que active su contacto con la frontera de Bolivia, libran
do los detalles de su ejecucion i de su trazo al estudio de los me
dios que sean mas apropiados i acequibles, i sin embarazar con
otras exijencias el logro de este objeto. -

Creemos que es de este jénero la condicion inclusa de un ramal


a Moquegua; i lo decimos francamente, porqus anteponemos el
interes de que se realice el principal propósito a la conveniencia
de contemporizar con los intereses que están en relacion con esa
idea. I no porque desconozcamos sus ventajas, sino porque descon
fiamos únicamente de la posibilidad por ahora de su realizacion.
Importando este ramal otro camino de bastante estension i de
un costo subido, preciso es preguntar si el alimento que las pro
ducciones de Moquegua darian a ese camino llegaria a costearlo,
lo que podria saberse con los datos de dichas producciones, que
ahora no conocemos. -

Nadie, como nosotros, estima mas las ventajas de unir las po


blaciones por medio de vias férreas, ni deseará tampoco con ma
yor avidez que no quede una sola sin participar de ellas. ¿Pero
es esto siempre posible? -

Concluiremos por ahora nuestras observaciones para esplanar


las mas en adelante si fuese necesario. Entre tanto, diremos que
la cuestion en que nos hemos ocupado nos parece de tan grande
importancia para la suerte de este país, i tan relacionada con sus
variados intereses, que nos habríamos arredrado de tratarla, si
hubiera sido preciso hacerlo considerándola en todos sus aspectos
con la profundidad i acierto de que realmento es digna.
Requiérense para esto datos que no tenemos, ciertos conoci
mientos superiores en mucho a nuestra competencia, i una proli
jidad i detencion que se avienen mui poco con la brevedad propia
de esta clase de escritos.,
Servirá, pues, de escusa, a lo superficial i aventurado que pudiera
encontrarse en nuestras opiniones, nuestra buena intencion, preo
cupada actualmente con la necesidad de no desperdiciar las opor
tunidades que nuestra veleidad malogra habitualmente, i penetrada
de la conveniencia de esculpir en el fondo de la conciencia pública,
i de vulgarizar en cuanto sea posible, los pensamientos útiles i las
ideas fecundas. -

Cuando se ha dicho que querer es poder, para hallar una fór


mula que exalte la firmeza i excite la enerjía con que ha obrado
prodijios la voluntad del hombre, no ha podido encontrársele
aplicacion mas propia, que refiriéndola al formidable empuje que
produce el concierto uniforme de las multiplicadas voluntades de
un pueblo convencido.
Quisiéramos que Tacna o estuviese de la necesidad de recurrir
18 A PfNDICE

al medio en que ha pensado, como el único qne puede levantarla


de la postracion en que ha caido por una combinacion funesta de
sucesos adversos, i entónces tendríamos la esperanza de ver en
poco tiempo alzarse esta ciudad al rango de las mas florecientes
que mira el mar Pacífico.

RECTIFICACION HISTÓRICA.

Lóndres, abril 21 de 1871.


Señor redactor del Mercurio de Valparaiso.
En un artículo editorial que publica el Mercurio con fecha 10
de febrero último bajo el epígrafo de La tierra de asilo, he leido
el párrafo siguiente.
«Recordamos i nó con poca vergüenza la manera con qne el
jeneral Ballivian correspondió nuestra jenerosa hospitalidad, bur
lando la palabra de honor que habia empeñado al gobernador de
Valparaiso don Victorino Garrido, quien le abrió su casa de par
en par i a quien dejó en la estacada tomando la fuga como un
pirata.»
Prescindiendo de la inconveniencia de semejante lenguaje, que,
segun creo, daña mas al que lo emplea sin razon ni justicia que a
aquel sobre quien recae inmerecidamente, me cumple restablecer
la verdad de los hechos i desmentir con ella una aseveracion qu
mancilla el honor de mi padre.
En la época aludida, el jeneral Ballivian no fué voluntariamente
a buscar en Chile la jenerosa hospitalidad de que se hace mérito i
que solo halló allí diez años mas tarde. En aquel tiempo, el gobier
no de Chile, violando el tratado de Paucarpata a que debió entónces
la salvacion de su ejército, envió su escuadra sin ninguna notifica
cion previa de hostilidades a sorprender los buques desprevenidos
i dispersos de la Confederacion Perú-Boliviana. En uno de estos
el jeneral Ballivian, que mui ajeno de sospecharlo, viajaba pací
ficamente con su familia, fué capturado i conducido a Valparaiso
en calidad de prisionero de guerra. A su arribo a ese puerto se le
dió por prision la casa de gobierno, que como de costumbre servia
tambien de habitacion al señor Garrido, gobernador de la plaza.
En la noche de ese dia el señor Simpson, comandante de la escua
dra chilena, sacó bajo su responsabilidad al prisionero para ha
cerle en su casa una manifestacion de amistad personal. Si el je
neral Ballivian hubiera sido capaz de la felonía que se le imputa,
habria seguramente aprovechado esa ocasion propicia que entónces
se le presentaba para fugar, sin ninguna de las dificultades i peli
DE ADOLFO B.ALLIV 1AN. 19

gros que venció i afrontó al dia siguiente; pero mui léjos de esto,
regresó en la misma noche a presentarse al gobernador i a entro
garse de nuevo prisionero. Al otro dia por la mañana, consiguien
do burlar la vijilancia de dos soldados que lo custodiaban, salió a
la calle, llegó al muelle, tomó una chalupa, i pagando primero a dos
fleteros e intimidándolos despues, logró hacerse conducir a bordo de
la fragata de guerra francesa Andromede, en la que tomó asilo, no
sin haber sido perseguido en su tránsito i mui de cerca por el go
bernador en persona, quien, habiéndose apercibido en el acto de
la ausencia de su prisionero, armó con tropa i jente del resguardo
la falúa de la capitanía i le dió caza hasta llegar, casi al mismo
tiempo que él, a la escala del buque frances. Allí en presencia de
M. de Villeneuve, jefe de la estacion naval francesa en el Pacífico,
el jeneral Ballivian i el señor Garrido tuvieron una larga discu
sion, en la que el segundo no hizo la mas lijera mencion de la su
puesta palabra de honor empeñada, si debe creerse el testimonio
de M. de Villeneuve, consignado en su comunicasion oficial al
gobierno frances, de que poseo una copia. Solo despues pensó el
señor Garrido en esquivar su responsabilidad imputando al jeme
ral Ballivian una falta vergonzosa, ante la que a menudo retroce
den los soldados mas vulgares i oscuros. Este lo desmintió en
tónces por la prensa enérjicamente i con argumentos que no deja
ban duda. En efecto, a un prisionero bajo palabra de honor no
se le guarda custodiado; esa palabra de honor no se toma en se
creto, pues, si nó por escrito, se requiere ante testigos o con otras
formalidades que establezca la prueba para el caso posible de in .
fidencia. Dicha prueba faltó al señor Garrido, i, entre su simple
aseveracion i la contraria, la opinion imparcial tuvo que optar na
turalmente por la que revestia el carácter de mas verosímil i sin
cera. Sin embargo, el jeneral Ballivian, no contento con esto, ape
ló al juicio leal de los jenerales de Chile, a quienes escribió espo
niéndoles el hecho i ofreciendo entregarse de nuevo prisionero si
en concepto de ellos hubiese faltado de algun modo a la lealtad i
el honor. Todos ellos, a escepcion únicamente del jeneral Blanco
Encalada, que no dió respuesta alguna, tuvieron la honorable
rectitud de absorverlo, reconociendo el derecho que tiene todo pri
sionero para recobrar su libertad cuando se le presenta la ocasion
i sabe aprovecharla.
La mayor parte de los documentos a que me refiero se publica
ron en Valparaiso en esa época (1838); sin embargo, yo me pro.
pongo reproducirlos, completándolos tan luego como me sea dado
restituirme a mi domicilio. Entre tanto, señor redactor, lo espues
to me parece suficiente para hacerme esperar, que en obsequio a la
verdad histórica i en homenaje a la justicia, se digne Ud. dar lu
gar a esta retificacion, retirando una afirmacion que, contradicha i
desnuda de pruebas, no podria subsistir sin merecer el nombre de
calumnia.
Aloo. Fo BALLIVIAN.
O P ÚS CUL () S

DEL SEÑOR J. M. SANTIVAÑ EZ IMPREsos EN COCHABAMBA.

Formas de tamaño en 4.º esp.


p u 8.º franc.
-

Memoria sobre la instruccion pública en Bolivia, lo que es i lo


que debe ser... al presentarse el proyecto de Código Jeneral de
Instruccion.—1857; Quevedo i Cº; II i 62 pájs.
Estudios sobre la moneda feble boliviana, seguidos de un pro
yecto para la reforma del sistema monetario actual.—1862; Gutie
rrez; 44 pájs.
Bolivia i Chile. Cuestion de límites.—1863; Siglo; IVi 162 pájs.
Bolivia i Chile.... Refutacion de la obra que con el título de
«Cuestion de límites entre Chile i Bolivia,» ha publicado el señor
Miguel Luís Amunátegui.—1864; Siglo; Vi96 pájs.
Bancos hipotecarios. Breve reseña de sus ventajas i del meca
nismo de sus operaciones.—1864; Siglo; 19 i una pájs.
Proyecto de lei de caminos.—1864; Siglo; 49 pájs.
Amortizacion de la moneda feble boliviana.—1871; Siglo; una i
29 pájs.
Reivindicacion de los terrenos de comunidad.—1871; Siglo;
una, III i 56 pájs.
Reivindicacion de los terrenos de comunidad, o sea Refutacion
del folleto titulado «Lejitimidad de las compras de tierras realen
gas.»—1871; Siglo; 53 i una pájs.
Regla de interes i modo de llevar la cuenta corriente con inte
reses. Seguida de un apéndice sobre las operaciones de cambio i
descuento.—1878; Siglo; una i 25 pájs.
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