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Salto de fe, marcos 6:

El elemento esencial para nuestras vidas es la fe

Nuestra confianza en Dios es lo que va a garantizar el milagro, no nos enfoquemos en


el milagro sino en el Dios que hace el milagro, antes de creer en el milagro tenemos
que creer en el Dios que va hacer el milagro; y quizás aquí esta nuestro problema,
nuestro enfoque está en el milagro y no en Dios.

“No sé cuál es la situación que estás viviendo, pero tienes por delante la mejor
oportunidad de tu vida para dar ese salto de fe, y demostrarle al mundo que Dios es
quien tiene tu esperanza. Al leer este libro, verás tu vida cambiar y reconocerás al
Dios de Poder que sana, restaura y levanta. Disfruta todas las enseñanzas a través
de esta experiencia de vida”. Reza un aparte de la contraportada del libro.

Cuando era niña solía hacer actividades que comprometían mis condiciones
físicas, tales como nadar, correr, andar en bicicleta, patinar, saltar la cuerda, entre
otros. Era muy divertido, sobre todo cuando había amigos con quienes competir.

Una de las categorías que más admiro de las Olimpíadas es la de los saltos
olímpicos. Muchas mujeres son reconocidas como medallistas, por practicar triple
salto, salto de longitud y salto de altura. Estas atletas llevan un ritmo de vida muy
disciplinado, para conseguir tanta habilidad, movilidad y rapidez.

De igual modo, cada una de nosotras somos llamadas a vivir, dando saltos, no
físicos u olímpicos, sino, saltos de fe cuando enfrentas circunstancias donde no
encuentras salida, solución o sentido de las cosas, y en lugar de estresarte, tomar
decisiones apresuradas o perder el control, decides creerle a Dios, y dejar todo en
Sus manos.

En el libro de Hebreos en la Biblia se nombran grandes hombres y mujeres que vivieron


por fe. Estos hijos de Dios, por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron
promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de
espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas y pusieron en fuga
ejércitos extranjeros (Heb. 11: 33-34).
La fe no es algo que se puede palpar o medir. La fe es creer sin ver. Es saber que
las promesas de Dios se cumplirán, porque El lo dijo. Podemos estar tan seguras
de esto a través del Espíritu Santo que nos trae convicción. (Heb 11:1).

Un ejemplo increíble de lo que es dar un salto de fe, lo encontramos en la vida de


Pedro cuando a pesar de las circunstancias, en una barca azotada por las olas y
con un viento contrario, él escuchó la voz de Jesús que caminaba por las aguas, y
le dijo:Ven, Pedro descendió de la barca y anduvo sobre las aguas para ir hacia
El.

La enseñanza principal de ese evento, no es solo la fe de este hombre pues


vemos que tuvo miedo, y comenzó a hundirse, debiendo Jesús extender Su mano
para ayudarle a la vez que le decía “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. La
clave para no hundirnos cuando demos un paso de fe es mantener nuestra mirada
en Jesús y no dudar.

Aunque haya mucho ruido a nuestro alrededor y tengamos miedo, sin importar lo
que ocurra, miremos a Jesús. Así como un padre atrapa a su hija al lanzarse en
la piscina, nuestro Padre Celestial estará ahí para sostenernos cuando demos ese
salto de fe. Puestos los ojos en Jesús. (Hebreos 12:2)

bsolutamente todo, lo que necesite, piense, sueñe y anhele.

Ah! Les aclaro: no me tiré de ningún precipicio literal.

Sólo tomé un par de decisiones radicales que me permitieron conocer el maravilloso,


eximio y sobreabundante amor de Jehová, Dios de los ejércitos; la inconmensurable
paz que sólo Jesús puede dar; el dulce sentir del Espíritu Santo y su brillante luz con
la que todo lo alumbra para que podamos ver todo lo que es preciso cambiar.

Y de ahora en más, lo haré cada vez que lo crea necesario. Es maravilloso saltar. La
fe funciona y el amor de Dios es una gran red con doble malla: Jesús y el Espíritu
Santo.

Ahora, es imposible no practicar salto.-


Contrarresta, neutraliza la incredulidad con Fe,

Una Fe Constante
Posición de fe
Santiago 1:6-8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
6
Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es
semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y
echada de una parte a otra.
7
No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del
Señor.

Él nos ha dado la victoria en nuestro Señor Jesucristo para equiparnos


con la habilidad de estar firme y constante en nuestra fe. No importa la
situación. No importa lo que pasa. Nuestra posición no debe cambiar.

Contrarresta la incredulidad con Fe, no dejes que la incredulidad


drene tu fe, no deje que la debilite

La duda es enemiga de la fe

El verso 7 de Santiago 1, No piense, pues, quien tal haga, que


recibirá cosa alguna del Señor.

Para recibir del Señor, tenemos que estar en la posición de fe. No


podemos movernos a la posición de duda. ¡El creyente
Estable, firme, y constante puede recibir de Dios todo el
tiempo!
Cuando mandaron a buscar a Jesús para sanar aquel endemoniado, en mateo y los discípulos
asombrados le preguntaron que porque ellos no pudieron echarle fuera, por vuestra poca fe , les
contesto Jesús
Si hay incredulidad en ti no podrás ejercer poder, dominio ni autoridad sobre el enemigo

Entramos a la mitad de este movimiento de fe y muchas dudas van a entrar a tu vida, no


permita de que la duda te visite, es tiempo de creer por mas, el señor te dice no es tiempo de
dudar, nunca te he dejado, nunca te e desamparado, no vuelvas a dudar

El señor te dice no te he dicho que si crees veras la gloria de Dios

Muchas veces me cuestiono mi fe, en el sentido que para algunas cosas tengo mucha fe y para
otras no y esto me ha hecho reflexionar en que nuestra vida debe ser una vida de Fe diaria,
una fe practica, no una fe solo cuando esté pasando tiempos difíciles, puesto que el justo por
su fe vivirá.

Debemos vivir en el terreno de lo sobrenatural, porque nuestra fe es sobrenatural, la fe es


cien por ciento divina, el miedo, la duda es totalmente humana, entonces cuando dudamos,
estamos viviendo al nivel de nuestra carne la cual no permite que le creamos a Dios.

n muchas ocasiones es por incredulidad. Lo que nos lleva a entender que la


incredulidad nos impide recibir nuestra sanidad, nuestra liberación, nuestro
milagro, etc. La incredulidad es algo que Dios detesta. ¿Sabe por qué? Porque la
incredulidad lo hace pequeño.

qué nos referimos cuando decimos que la incredulidad hace a Dios


pequeño? A que cuando usted dice: “yo no creo”, usted le está diciendo al Señor:
“Tú no eres capaz de hacerlo”. Podemos decir que la incredulidad levanta una
pared a nivel espiritual que impide que el poder de Dios se manifieste a favor de
la persona.
Todos conocemos el famoso pasaje de la Biblia en el que Jesús, caminando sobre el
agua, le dijo a Pedro que fuera donde Él estaba[1]. ¿Pedro tuvo fe? Claro que sí, porque
comenzó a caminar sobre el agua, pero luego tuvo miedo y dudó. A veces nos sucede lo mismo,
emprendemos algo con fe, aunque frente a las situaciones adversas, dudamos y nos debilitamos.
¡A mí se ha sucedido! Por ejemplo, al casarme le creí al Señor por un regalo de bodas que aún
no ha llegado, sin embargo, sigo creyendo. Cuando la promesa tarda en llegar, dudamos: “¿Será
que debí pedir eso?” Si la sanidad no llega pronto, nos preguntamos: “¿Será que Dios quiere
sanarme?” Frente a dichas situaciones, ¿cuál debe ser nuestra actitud?

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