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Los principios pueden concebirse como criterios que regulan las diferentes

actuaciones que integran el procedimiento.

Existen muchos principios y su adopción obedece al momento histórico y al


sistema político de cada país, los principios se refieren a determinados
procedimientos cuando su ámbito de actuación es mayor y constituye el medio
rector del proceso, estructura a lo que se le denomina sistemas. Los principios de
dividen en principios generales o fundamentales y principios del proceso, donde
también influye mucho el carácter de su rama. Como la de nuestro estudio es la
civil; entonces desarrollaremos a lo largo de nuestra investigación, los Principios
que rigen el proceso civil en Venezuela.

FORMA PROCESAL

Principio procesal conforme al cual, las formas del proceso son las que
imponen las normas de procedimiento, no pudiendo ser relajadas por la voluntad
de las partes.

Este principio, se consagra en el Art. 7 del Código de Procedimiento civil


venezolano vigente, el cual; establece lo referente a la estructura del proceso.

Ahora bien, tomando en cuenta el “proceso” como una relación procesal o


como una situación jurídica, es evidente, como plantea Cuenca, H. (1986), que el
mismo constituye el desarrollo encadenado y sucesivo de una serie de actos y,
que el modo para su realización, es lo que denominamos “formas procesales”.

Sobre este particular, hay que destacar, que el código ejusdem, constituye el
inicio del proceso, tomando en consideración, que la ley especial deberá
prevalecer y, que en ausencia de una norma que lo determine, el acto procesal
será suplido por el prudente arbitrio del juez.

Del artículo in comento derivan tres principios fundamentales:

1) El principio de legalidad: cuya esencia estriba en la facultad que poseen las


autoridades competentes para generar o producir actos válidos, apegados y
fundamentados en una norma legal.

Para Cabanellas, G. (2008), este principio representa la observancia de las


leyes de procedimiento, en cuanto a su forma, por la impugnación posible en otro
caso para anular lo actuado y reiterar adecuadamente lo desconocido u omitido; y,
en cuanto al fondo, la resolución conforme a las normas legales en cada caso o
recurrir en la forma autorizada por las normas de enjuiciar.

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2) El principio de formalidad: que alude a que todo acto, deberá cumplir (in
strictus sensu), con los requisitos que la ley establece para su legitimación y
validez.

3) El principio finalista: se centra en la obtención eficaz del fin perseguido,


señalando que en presencia de un vacío de ley, el juez podrá indicar el
procedimiento que ayude al logro de aquél.

El principio de legalidad de las formas de los actos del proceso, cuenta con
dos elementos a saber:

• Subjetivo: expresa una voluntad de actuar (acceso a la justicia art. 26


CRBV).

• Objetivo: es la expresión del acto

En consecuencia, para que pueda considerarse plena la forma procesal, es


menester que se cumplan estos dos elementos, es decir, la existencia de la
voluntad y su correspondiente expresión.

ESCRITURA Y ORALIDAD

La escrituración, estriba en la demostración de la verosimilitud de un hecho,


deducida de toda clase de escritos, sean cuales sean la forma y el fin para que
fueron redactados.

La oralidad por su parte, requiere para su existencia y validez, que las


manifestaciones y declaraciones dirigidas a los jueces, se formulen de palabra, es
decir, a viva voz; normalmente en audiencia y reduciendo las piezas escritas a lo
estrictamente necesario.

Según Cuenca, H. (1986), las dos formas tradicionales de la expresión del


proceso son la palabra hablada y la escrita. Sin embargo, alude que ningún
proceso puede ser absolutamente oral ni exclusivamente escrito, ya que casi
siempre se combinan ambas formas.

Cabe destacar, que el principio de la oralidad no excluye la escritura. Hay


procesos que de acuerdo a su naturaleza, aplican uno u otro principio; o una
combinación de ambos, en diversas etapas del proceso.

El procedimiento oral, al que se refiere el título XI del Código de


Procedimiento Civil; para Chiovenda (Calvo, 2001), cuenta con las siguientes
características:

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1) Prevalencia de la palabra como medio de expresión, atenuada por el uso de
escritos en algunos actos como la demanda y la prueba documental;

2) Inmediación del juzgador en la recepción de pruebas;

3) Identidad de las personas físicas que constituyen el Tribunal durante el


proceso;

4) Concentración del proceso en una audiencia o en el menor número posible de


audiencias, y

5) Prohibición de impugnar y recurrir separadamente de la sentencia, las


providencias interlocutorias.

Este principio de escritura y oralidad, se consagra en el Art. 257 de nuestra


Carta fundamental y de forma expedita en el Art. 25 del Código de Procedimiento
Civil; el cual plantea, que los actos generados en virtud de un proceso, deberán
hacerse de forma escrita; debiéndose generar del mismo, un expediente, el cual
deberá contar con las especificaciones que el mismo código demanda.

Más ampliamente, el mismo código destina el título XI, para establecer lo


concerniente al procedimiento oral.

CONCENTRACIÓN Y FRACCIONAMIENTO

Este principio según Cabanellas, G. (2008), está al servicio de la economía


procesal, actitud legal que ha de procurar el juez y recomendable a las partes,
para tramitar en un solo juicio, las diversas cuestiones litigiosas que tengan
conexión.

Para Cuenca, H. (1986), el principio de concentración se resume en una


sola palabra: “brevedad”, ya que reúne diversas actividades procesales en una
sola audiencia o en el menor número de ellas. Alude que de ello deriva, que la ley
haya tomado en consideración, la abreviación de los lapsos procesales.

Finalmente, Couture, E. (1981), planteando lo dicho por los otros autores


pero de forma más sintetizada, dice que es el que pugna por aproximar los actos
procesales unos a otros, concentrando en un breve espacio de tiempo, la
realización de ellos.

En cuanto al fraccionamiento, los actos procesales no se realizan en una sola


audiencia, sino en intervalos de tiempo más o menos prolongados.

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Lo anteriormente expuesto, pareciera contradictorio pero, cabe destacar, que
el principio de concentración se aplica en procesos orales y el de fraccionamiento,
en procesos escritos.

MEDIACIÓN E INMEDIACIÓN

Estos principios derivan de los juicios orales o escritos. La inmediación


tiene plena aplicación en los procesos orales porque consiste en la cercanía del
juez con la realidad, las partes y todo lo que constituye el proceso, es decir, es el
involucramiento del juez y su conocimiento directo con el ámbito real de la
controversia.

Por otro lado, la mediación se aplica en los procesos escritos, ya que versa
sobre el conocimiento de las personas y de las cosas que conforman el proceso a
través de referencias y no por la percepción directa del juez. En este principio, se
le concede al juez de la causa, la facultad para comisionar a jueces inferiores para
realizar determinados actos procesales

Estos principios se fundamentan en los Arts. 234, 235 y 236 del C.P.C. En
ellos, se plantea la facultad que tiene un juez de comisionar a un inferior o de igual
jerarquía para la realización de cualquier diligencia, bien sea de sustanciación o de
ejecución, siempre que tal práctica se realice dentro de su jurisdicción.

El art. 234 en su único aparte, estipula las restricciones que posee tal facultad.

PRINCIPIO DISPOSITIVO E INQUISITIVO

(NEMO IURE SINE ACTORE)

El principio dispositivo, consiste en que el ejercicio de la acción procesal en


sus dos formas (activa y pasiva) está encomendado a las partes y no al juez.
Queriendo decir esto, que el juicio civil, no se inicia sino a instancia de parte, por
tanto, confiere a las partes una serie de facultades de orden material y procesal,
quedando el proceso configurado conforme a ello.

En virtud de este principio, el objeto del proceso, o sea, sobre lo que el juez
debe conocer, se fija taxativamente por las partes de modo que aquel no se puede
separar de las peticiones de las partes, a menos de incurrir en incongruencias, ni
puede conceder lo que no ha sido pedido por las partes ni más que ello.

Este principio no constituye más que la proyección en el proceso de las


características de los derechos subjetivos. El otorgamiento a las partes de las
referidas facultades no significa que el juez sea considerado un mero observador
de las actividades pues el mismo dirige la función pública de administrar justicia.

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El principio inquisitivo, es opuesto al dispositivo; consiste en que el juez no es
sujeto pasivo del proceso sino que adopta la calidad de activo por cuanto está
facultado para iniciarlo, fijar el tema de decisión y decretar pruebas necesarias
para establecer hechos, el principio inquisitivo ha sido asignado a los procesos en
donde se controvierten o ventilan asuntos en que el estado o la sociedad tiene
interés, porque se considera de acción pública y, por tanto, no susceptibles a la de
terminación por desistimiento o transacción.

Este principio al igual que el dispositivo no rige con totalidad de sus


presupuestos porque las partes gozan de ciertos derechos como es el de solicitar
pruebas

Ambos principios se fundamentan en los Arts. 11, 12, y 254 del C.P.C.

El art. 11 plantea que no hay proceso sin demanda ni jurisdicción sin acción.
Cobija en su contenido, ambos principios, ya que lo que las partes establecen
como objeto litigioso, no puede separarlo el juez para su consideración, quedando
así obligado a decidir sobre lo probado por las partes (p. dispositivo), sin condenar
algo diferente (extra petita) ni excederse de ello (ultra petita).

Establece además, las excepciones que la ley establece para que un juez
pueda iniciar de oficio un proceso (p. inquisitivo).

El art. 12 además de recoger el principio dispositivo, se sustenta en los


principios de verdad procesal y legalidad. Aquí se establecen los deberes y las
limitantes que tienen los jueces en el proceso a la hora de decidir. Elude que sus
decisiones deben estar conforme a su conocimiento común o máximas de
experiencia.

En el art. 254 se establecen restricciones para el juez a la hora de decidir,


conforme a lo establecido en los art. 11 y 12 del mismo código.

PRINCIPIO DEL IMPULSO PROCESAL POR EL JUEZ O DE DIRECCIÓN


FORMAL Y MATERIAL DEL PROCESO

El impulso procesal es la fuerza o actividad que pone en movimiento el


proceso y lo hace avanzar hasta su fin una vez iniciada. Según que tal actividad
proceda de las partes o del tribunal (a instancia de parte o de oficio).

El impulso de oficio tiene la ventaja de evitar vacíos procesales, el órgano


jurisdiccional dicta las resoluciones precisas para hacer avanzar el proceso sin
necesidad de petición de partes; le imprime al proceso mayor celeridad en la
tramitación y solución de los asuntos, ya que le otorga la facultad al tribunal de

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impedir que el proceso se paralice una vez que se promueva por la parte
interesada.

Aún cuando se haya paralizado el proceso por inactividad del demandante, es


preciso que la parte impulse la consecución de los actos nuevamente para su
continuación, para evitar caer en perención.

Este principio se configura en el art. 14 del C.P.C., donde podemos vincularlo


al principio inquisitivo, no como elemento iniciador del proceso, sino en lo que
respecta al impulso del mismo; ya que como dijimos, el juez como director del
proceso, debe impulsarlo desde su inicio (activado por las partes), hasta su
conclusión, de oficio.

PRINCIPIO DE QUE LAS PARTES ESTÁN A DERECHO O DE CITACIÓN


ÚNICA

Previsto en el art. 26 del C.P.C., plantea que las partes quedan a derecho,
una vez realizada la citación para la correspondiente contestación de la demanda.

Lo contenido en este dispositivo, significa que bastará con una sola citación
para la contestación, salvo disposición en contrario prevista de forma especial en
la ley. Cuando se hace referencia de esta verbigracia, estamos en presencia de
una excepción expresa, como sucede en el art. 251 ejusdem, con relación a la
sentencia dictada fuera del lapso de diferimiento ó en el art. 233 respecto a las
notificaciones que se hacen imprescindibles para la continuación del juicio o la
realización de algún acto del proceso.

Para Calvo Baca (2001), este principio constituye un medio para lograr una
especial celeridad en el curso del proceso, por la supresión de las notificaciones y
traslados a las partes, de los actos o resoluciones que se dicten en el juicio;
procurando así, una actividad continuada y automática que no queda sujeta a la
voluntad de las partes o a la discrecionalidad del juez sino regulada y dirigida
expresamente por la ley.

PRINCIPIO DE IGUALDAD PROCESAL

Constituye un principio que establece igual trato e iguales oportunidades en


cuanto a derechos y obligaciones en la tramitación de los juicios. Se resume en el
precepto “audiatur altera pars” (óigase a la otra parte).

Toda petición formulada por una de las partes en el proceso, debe ser
comunicada a la parte contraria, a fin de que pueda formular sus correspondientes
alegatos.

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Este principio tiene su base en el principio constitucional de la igualdad de
todos los ciudadanos ante la ley, previsto en el art. 21 de nuestra Carta magna y
en el art. 15 del C.P.C.

El dispositivo contenido en la ley especial, concede igualdad a las partes en


todas las formas, en cuanto al derecho a la defensa, a la promoción y evacuación
de pruebas, a los lapsos procesales otorgados e incluso a las restricciones
conferidas. Vale decir, que lo que se le permite o prohíbe a uno, deberá
permitírsele o prohibírsele al otro, allí radica la esencia de este principio.

PRINCIPIO DE PUBLICIDAD

Es una consecuencia necesaria de la oralidad. Implica que determinados actos


se realicen en audiencia pública donde el pueblo al igual que las partes, puedan
presenciar el actuar del tribunal. El fin de la publicidad es poner al alcance de
todos los ciudadanos la actividad judicial, darles la oportunidad de conocerla,
proporcionándole confianza en la administración de justicia; constituyendo a su
vez una garantía de esta función por la crítica y fiscalización que permite.

Este principio se encuentra garantizado en el art. 24 del C.P.C., el cual


establece, los lineamientos para la publicidad de los actos procesales, las
excepciones que la ley contempla para tal publicidad y la multa que se aplicaría al
sujeto que contravenga tales excepciones. De ello, se puede dilucidar, que la
publicidad recae sobre la sentencia y los actos que puedan ventilarse en público,
pero esto; no constituye que el proceso judicial en pleno y su procedimiento sean
completamente públicos, esto va a depender de la naturaleza de la causa y de la
etapa que se esté desarrollando.

PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD

Constitucionalmente, este principio se fundamenta en el art. 255, segundo


aparte y; legalmente en los arts. 18 y 829 del C.P.C.

Los arts. 255 de la CRBV y el 18 del C.P.C., establecen que los funcionarios
encargados de la administración de justicia, son personalmente responsables por
las infracciones disciplinarias, civiles y penales que cometan en el ejercicio de sus
funciones.

Por otro lado, el art. 829 del código in comento, confiere la posibilidad de
ejercer acciones contra los funcionarios judiciales, en los casos que el Título IX
establece y conforme a las disposiciones en él contenidas. Pero cabe señalar,
que de conformidad con el art. 833 ejusdem, las demandas a que se refiere dicho
título, sólo puede realizarla la parte agraviada o sus causahabientes.

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Para Calvo Baca (2001), la responsabilidad de los jueces se deslinda de tres
casos:

1) La jurisdicción disciplinaria que ejerce el Consejo de la judicatura conforme


a su Ley orgánica.

2) De conformidad con los arts. 829 y siguientes del Código de Procedimiento


Civil; y

3) En virtud de lo establecido en el art. 27 del mismo código.

PRINCIPIO DE PRECLUSIÓN

La preclusión es el agotamiento del derecho o facultad procesal por el


transcurso del tiempo o algún acto incompatible. Para Couture (1981) es la
extinción, clausura o caducidad del derecho para realizar un acto procesal, por
prohibición de ley, transcurso de la oportunidad para verificarlo o realización de
algo incompatible.

Este principio procesal presupone, que el juicio se divide en etapas, cada


una de las cuales requiere la clausura de la anterior, sin posibilidad de renovarla.
Se está entonces frente a las distintas fases de la tramitación o del procedimiento,
que requieren fijeza y temporalidad para impedir que la parte negligente o
malintencionada no supere la iniciación ni disponga de medios para dilatar
indefinidamente la resolución definitiva sobre el litigio.

La preclusión es lo contrario al desenvolvimiento discrecional, ya que en un


proceso discrecional, siempre es posible retroceder a etapas ya cumplidas, en
cambio, cuando se extingue la oportunidad procesal para realizar un acto, éste no
podrá realizarse más.

Para Chiovenda (Cuenca, 1986), la preclusión es la pérdida, extinción o


consumación de una facultad procesal, por tanto, se da por cualquiera de estas
tres circunstancias.

El art. 364 del C.P.C., es muy específico a lo que corresponde a los plazos
precluidos, pues no admite luego de ellos, oportunidad alguna para realizar una
contestación, alegación de nuevos hechos o para adicionar a la causa, nada
diferente a lo que ya había sido incluido y permitido durante el proceso antes de su
preclusión.

PRINCIPIO DE LEALTAD Y PROBIDAD EN EL PROCESO

Plantea que el proceso debe lucharse de buena fe. Esto se debe a que en
los últimos tiempos, ha surgido la tendencia de acentuar la efectividad de un leal y

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honorable debate procesal, a fin de evitar la malicia en la conducta de las partes
contendientes.

El Código de Procedimiento civil trata de evitar estas conductas desleales


entre las partes, garantizando así la lealtad y probidad que el proceso requiere
para tornarse justo y confiable; ya que el propósito del debate judicial, es
constituirse en un correcto instrumento de exposición de ideas y hechos.

En su art. 17 exhorta a los jueces para que de oficio o a instancia de parte,


tome las medidas que considere necesarias o las que la ley establezca, si en
efecto, ha habido un agravio a la lealtad y probidad hacia el proceso, las partes,
los procedimientos u otra conducta que considere no ser la idónea.

En cuanto a las partes y a los terceros involucrados en el proceso, el art. 170


alude que deben actuar conforme a lo que el mismo dispositivo establece, a fin de
darle fiel cumplimiento a este principio. También establece la presunción de
temeridad o mala fe, en los actos que se señalan, estableciendo de igual modo, la
responsabilidad por los daños y perjuicios que causaren con tales acciones.

PRINCIPIO DE CELERIDAD PROCESAL

(Brevedad)

Principio general procesal, conforme al cual deben evitarse en el proceso, los


trámites que lo prolongan sin contribuir a los fines jurídicos de las actuaciones,
lográndose así la máxima celeridad compatible con la efectividad y seguridad del
sistema de justicia.

El C.P.C., establece en el art. 10, que la justicia debe administrarse lo mas


brevemente posible. Esto no quiere decir, que los casos se ventilaran
precipitadamente, sino que deben evitarse, aquellos procedimientos que no sean
indispensables para la realización del fin último. Para ello, puntualiza lo que debe
hacer el juez, en caso de que el mismo código o ley especial no establezca
término para librar una providencia.

Sin embargo, el hecho de que la celeridad constituya un principio procesal, no


significa, que se ha de constreñir el derecho que tienen los administrados de gozar
de las prerrogativas procesales que las leyes establecen.

PRINCIPIO DE LA UNIDAD Y ESPECIALIDAD DE LA JURISDICCIÓN CIVIL

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La jurisdicción es la potestad, derivada de la soberanía del Estado, de aplicar
el Derecho en el caso concreto, resolviendo de modo definitivo e irrevocable una
controversia, que es ejercida en forma exclusiva por los tribunales de justicia.

Uno de los principales rasgos de la potestad jurisdiccional es su carácter


irrevocable y definitivo, capaz de producir en la actuación del derecho lo que
técnicamente se denomina cosa juzgada.

La jurisdicción se clasifica en: jurisdicción civil, jurisdicción penal y jurisdicción


contencioso-administrativa.

La jurisdicción civil a la que se refiere este principio, conoce de los asuntos


relacionados con las cuestiones de familia y patrimoniales. De ella, se desprende
la jurisdicción del trabajo, tránsito, menores, agrario y mercantil.

El art. 1 del C.P.C., señala que la jurisdicción civil será ejercida por los jueces
ordinarios según su competencia, dejándolos obligados a administrar justicia a
venezolanos y extranjeros, sin más restricciones que las establecidas en la ley (en
concordancia con lo establecido en el art. 253 de la CRBV).

PRINCIPIO DE LA INDEROGABILIDAD DE LA JURISDICCIÓN VENEZOLANA

Se fundamenta en los arts. 2, 4, 6, 53 y sig. del C.P.C.

El art. 2 consagra que la jurisdicción es inderogable; sin embargo,


contempla la posibilidad de recurrir a la jurisdicción o arbitraje extranjeros, salvo
en los casos que el mismo dispositivo establece, como los asuntos que atañen a
bienes inmuebles ubicados dentro del territorio nacional o cuando estos asuntos
sean de orden público o atenten a las buenas costumbres.

Del art. 4 se deslinda, que aún cuando en un asunto intervenga un juez


extranjero, la jurisdicción civil no queda excluida de una causa u otra conexa,
salvo lo descrito en el art. antes mencionado.

Este principio, como dice Calvo Baca (2001), es la expresión del interés que
tiene el Estado en el ejercicio de la jurisdicción, ya que a través de esta última, es
que se mantiene y aplica su ordenamiento jurídico.

En caso de tener dudas sobre la jurisdicción de la República, el art. 6


establece que de oficio, deberá consultarse al Tribunal Supremo de Justicia en
sala Político-Administrativa, debiendo a posteriori cumplirse con el procedimiento
que contempla el mismo C.P.C en el art. 62 y sig. para la regulación de la
jurisdicción competente.

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Sobre la Competencia Procesal Internacional, el C.P.C., en los arts. 53 y
siguientes, se dilucidan las actuaciones que les son permitidas a los Tribunales
venezolanos.

Aún abordando el principio de “inderogabilidad de la jurisdicción”, cabe


señalar que los art. 46 y 47 del C.P.C., plantean la posibilidad de derogar la
jurisdicción. El primero, cuando haya renuncia del domicilio por parte del
demandado, ya que podrá demandársele según su ubicación y; el segundo, por
convenio de las partes, pudiendo demandarse en el lugar que hayan elegido como
domicilio procesal, salvo casos donde intervenga el Ministerio Público o cuando la
ley de forma expresa lo determine.

PRINCIPIO DE LA PERPETUATIS IURISDICTIONIS

Dice Calvo Baca (2001) que el momento determinante de la jurisdicción es


el de la demanda y que la competencia jurisdiccional se determina en base a la
situación existente en el momento en que la demanda es propuesta.

Esto no supone, que si cambia la situación en el curso del proceso, la


jurisdicción cesa por eso; en ello, radica la esencia de este principio y a esto se
refiere el art. 3 del C.P.C cuando alude que la situación de hecho existente para el
momento de admitirse la demanda, determina la competencia que va a regir todo
el proceso, aun habiendo modificaciones sobrevinientes, salvo disposición en
contrario, como las previstas en los arts. 38 y 50 del mismo código.

PRINCIPIO DE LA IRRETROACTIVIDAD DE LA LEY PROCESAL

Cuando hablamos de irretroactividad, estamos en presencia de un principio


legislativo y jurídico según el cual las leyes no tienen efecto en cuanto a los
hechos anteriores a su promulgación, salvo expresa disposición en contrario.

Este principio se encuentra consagrado en el art. 24 de la Constitución de la


República de Venezuela, la cual con especial distinción, especifica que
“(omissis)… Las leyes procesales se aplicarán desde el momento mismo de entrar
en vigencia aún en los procesos que se hallaren en curso…(omissis)”.

De esto se sustenta el art. 9 del Código de procedimiento civil, el cual, añade


que los efectos procesales no verificados aún, que deriven de actos y hechos ya
cumplidos, serán regulados por la ley anterior.

Esto, según Calvo Baca (2001), se debe a que el principio general aplicable
en Venezuela es el de “tempus regit actum”, en virtud del cual los actos y
relaciones de la vida real se regulan por la ley vigente al tiempo de su realización
(validez temporal de la ley).

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Sin embargo, en los procesos terminados la nueva ley procesal carece de
eficacia, debido a que los actos quedan firmes y sin modificación alguna.

PRINCIPIO DEL IMPULSO PROCESAL DE PARTE PARA INICIO DEL


PROCESO

“Sin iniciativa de la parte interesada, no hay demanda, y, en consecuencia,


proceso” (Couture, 1981).

De lo dicho por Couture, tenemos que este principio se desdobla del P.


Dispositivo antes desarrollado y el mismo, se sustenta en los art. 11 y 339 del
C.P.C.

El primero de los artículos mencionados, lo explicamos con anterioridad. En


cuanto al segundo, se tiene que respecto a las demandas realizadas como
instrumento introductorio de la causa en procedimiento ordinario, éstas deberán
hacerse por escrito en cualquier momento ante el funcionario competente, lo que
determina que toda causa (salvo disposiciones contrarias de ley) que ha de
ventilarse por vía ordinaria, deberán ser inducidas por las partes ante el órgano
jurisdiccional competente.

Serán excepciones, las dispuestas en los arts. 713, 717 ejusdem sobre
interdictos prohibitivos, en cuanto que el juez a fin de evitar un eminente daño,
peligro o bien; considerando la constitución de una garantía suficientemente sólida
para responder a tales daños; podrá, una vez cumplidas con las formalidades de
ley, proceder a la inspección que ha solicitado el demandante en su querella y
resolver sin necesidad de tener en audiencia a la parte demandada.

Y será también una excepción, la que el juez decida abrir un proceso de


averiguación para emitir juicio sobre inhabilitación o interdicción, ante una
presunta demencia de alguna de las partes involucradas en una causa
determinada (art. 733 C.P.C).

PRINCIPIO DEL INTERES PROCESAL

Para Cabanellas, G. (2001) el interés es el provecho, beneficio, utilidad o


ganancia de algo; valor de una cosa. Según el mismo autor, Carnelutti, alega que
el interés procesal lo configura la necesidad de acudir al órgano jurisdiccional para
satisfacer legalmente el interés en litigio.

Pero para nosotros, las afirmaciones que mejor explican éste principio, son las
que realiza Garsonnet, citado por De La Huerta, sobre la esencia del interés
jurídico procesal. Este letrado francés, plantea muy asertivamente, que “si no
existe el interés, no existe la acción”. “El interés es la medida de la acción” y que

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“una persona no tiene derecho de promover litigios que no le interesen o sobre
cuestiones que le son indiferentes.”

En sentencia definitiva emanada del Juzgado Agrario Primero de Primera


Instancia de la Circunscripción Judicial del Estado Carabobo, en fecha 23 de
Marzo de 2009, expediente Nº JS-51201-69, se establece que el principio de
interés procesal, exige como requisito de la demanda que haya un “interés jurídico
actual”, y esa actualidad se demuestra no sólo por las consecuencias que emana
de un acto que se cuestiona en la esfera subjetiva de la parte peticionante, sino
también implica el interés puesto por el peticionante de requerir de los Órganos
Jurisdiccionales el pronunciamiento que corresponda según la etapa procesal de
que se trate.

En dicho instrumento, la Sala ha dejado sentado que la presunción de


pérdida del interés procesal puede darse en dos casos de inactividad: antes de la
admisión de la demanda o después de que la causa ha entrado en estado de
sentencia. En el resto de los casos, es decir, entre la admisión y la oportunidad en
que se dice “vistos” y comienza el lapso para decidir la causa, la inactividad
produciría la perención de la instancia.

En el art. 16 del C.P.C., el legislador, deja por sentado, que según los
derechos conferidos a las personas por el ordenamiento jurídico de proponer
demandas (derecho de acción), éstas deberán tener un interés legítimo en la
causa, bien sea para ejercer un derecho subjetivo o para exigir el cumplimiento de
una obligación derivada de una relación jurídica preexistente. En cualquiera de los
casos, deberá comprobar dicho interés y que la satisfacción del mismo sólo puede
realizarle por la vía judicial y no por otra diferente.

PRINCIPIO DE LA ESPECIALIDAD EN MATERIA PROCESAL

Sustentado en el art. 22 del C.P.C., éste principio plantea que lo que de


forma especial contempla el Código, prevalece sobre lo que dispongan las normas
generales, dependiendo de la materia (especialidad). No queriendo decir con ello,
que no puedan observarse los procedimientos dispuestos de forma general en el
resto del ordenamiento jurídico, sino que en cuanto al ámbito de aplicación del
código y el establecimiento de los procedimientos que en él se establecen, han de
realizarse de forma preferente. Pudiendo entenderse, que las normas generales,
son de carácter complementario ya que el código tiene carácter prevalecente, pero
en ningún caso excluyente.

Hay que tener presente, que cuando la ley especial nada determina para
ciertos actos, por fuerza y para evitar la desarmonía y arbitrariedad, se han de
consultar las reglas generales y las formalidades que ellas contengan sobre el

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caso en particular. Esta afirmación parte de la idea, de que ambas leyes deben
provenir de la misma fuente para que no se interprete equívocamente.

El mismo código en el art. 338 exhorta a las partes, para que en ausencia
de un procedimiento especial, diriman sus controversias por vía ordinaria.

PRINCIPIO DE DECIDIR CONFORME A LO ALEGADO Y PROBADO EN


AUTOS. OBLIGACIÓN DE DECIDIR

Este principio guarda relación con el principio inquisitivo, en cuanto que una
vez realizada la demanda a instancia de parte (p. dispositivo), el juez deberá
impulsar de oficio el proceso hasta su culminación, que en este caso, sería el
pronunciamiento a través de la sentencia.

El art. 12 del C.P.C., además de consagrar el principio inquisitivo, establece


los deberes que el juez tiene frente al proceso. Para estos efectos, se encuentra
obligado a decidir, si el proceso se ha desarrollado con normalidad, es decir, si no
se ha paralizado por causas imputables a las partes o al Tribunal; y por ende,
limitarse a resolver la causa conforme a lo que se ha alegado y probado en autos
durante los actos procesales.

No puede el juez, ir más allá de lo sustanciado porque estaría desvirtuando


el proceso y decidiendo de forma arbitraria el asunto requerido. Debiendo
prevalecer en todo momento, la equidad, la verdad y la buena fe entre las partes.

En el art. 19 del C.P.C., se observa el principio de denegación de justicia,


para lo cual, se impone una sanción al juez que se obtuviere de decidir bajo
pretexto de cualesquiera de los supuestos que en el dispositivo se señalan. Esto
se debe a que en el ejercicio de sus funciones y reiterando lo plasmado en el art.
12, el juez “está obligado a decidir” y que en caso contrario, será sancionado (Art.
139 CRBV y 207 C.P.).

PRINCIPIO DE LA EJECUCIÓN DE LO DECIDIDO

Este principio versa sobre la cualidad que posee el juez para cumplir y
hacer cumplir lo que se decida, puesto que tiene poderes en orden al
cumplimiento de las sentencias, autos y decretos que dicte en el ejercicio de sus
funciones jurisdiccionales. Esta potestad le está constitucionalmente conferida,
según lo dispone el art. 253 de nuestra carta fundamental, donde se le ordena a
los órganos del Poder judicial, conocer las causas y asuntos de su competencia
mediante los procedimientos preestablecidos y ejecutar o hacer ejecutar sus
sentencias con la colaboración, de ser necesaria, de las demás autoridades de la
República.

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De igual y especial modo, el art. 21 del Código de Procedimiento Civil
confiere al director del proceso, las atribuciones antes señaladas.

PRINCIPIO DE LA APLICACIÓN PREFERENTE DE LA CONSTITUCIÓN

Similar a lo que ocurre con el principio de especialidad, sobre la


prevalecencia de la ley especial sobre una general, sucede en el caso de que la
ley aplicable contravenga lo dispuesto constitucionalmente. En este caso, se
adopta el principio de supremacía Constitucional y será la Constitución la que
apliquen los jueces de forma preferente.

Está demás establecerlo en el Código, más sin embargo, este principio está
recogido en su art. 20.

PRINCIPIO DE LA LEGALIDAD DE LOS ACTOS PROCESALES

El principio de legalidad es enemigo de la arbitrariedad, asegura Calvo


Baca (2001).

Todo acto que se ejecute debe estar contemplado en el código de


procedimiento civil o en las leyes especiales que han de aplicarse para que
conserven su legalidad. En caso, de no existir un procedimiento jurídicamente
establecido, se decidirá conforme al arbitrio del juez, de la forma que lo considere
pertinente.

Este principio, al igual que el de las formas procesales, se consagra en el art. 7


del C.P.C y fue desarrollado con anterioridad, en el principio in comento.

Los principios procesales son máximas o reglas que dan forma, estructuran y
limitan las diferentes fases del proceso de forma tal que se logre el reconocimiento
de derechos consagrados en la norma sustantiva.

Dentro de este tipo de proceso, se requiere una función protagonista, que se


demuestre la iniciativa, que las cosas se decidan dialogando con las partes, como
gestor social, incentivando la comunicación entre víctima y ofensor.

Entendemos que los principios procesales son comunes a todos los procesos,
con ciertas excepciones y variantes cuya función es la de orientar al proceso a fin
de obtener el reconocimiento del derecho consignado en la ley sustancial. Las
normas que rigen la mediación están en consonancia con los principios
Constitucionales que garantizan el debido proceso, el acceso a la justicia, la
bilateralidad del proceso y la defensa en juicio, entre otros.

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BIBLIOGRAFICAS:

← CAVANELLAS DE TORRES, Guillermo. DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE


DERECHO USUAL. 30ª. Edición. Editorial Heliasta, S.R.L. Tomo 4 (F·K). Buenos
Aires, Argentina. 2008.

← CAVANELLAS DE TORRES, Guillermo. DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE


DERECHO USUAL. 30ª. Edición. Editorial Heliasta, S.R.L. Tomo 6 (P·Q). Buenos
Aires, Argentina. 2008

← CUENCA, HUMBERTO. DERECHO PROCESAL CIVIL. TOMO I. 5ª Edición.


Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Caracas,
Venezuela. 1986.

← COUTERE, EDUARDO J. FUNDAMENTOS DEL DERECHO PROCESAL


CIVIL. 3ª. Edición. Ediciones Depalma. Buenos Aires, Argentina. 1981.

← CALVO BACA, EMILIO. CODIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL DE


VENEZUELA. TOMO I (artículos 1 al 117). Ediciones Libra. Caracas, Venezuela.
2001.

LEGALES:

← CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA. Gaceta


Oficial 5.453 de fecha 24 de marzo de 2000 (segunda publicación).

← CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL. Gaceta Oficial N° 4.209 Extraordinario


de fecha 18 de septiembre de 1990 modificada en Gaceta Oficial N° 39.264 de
fecha 15 de septiembre de 2009.

ELECTRONICAS:

← http://www.derechoprocesalcivilenlinea.com/

← http://html.rincondelvago.com/derecho-procesal-venezolano_1.html

← http://es.wikipedia.org/wiki/Jurisdicci%C3%B3n

← http://www.eumed.net/rev/cccss/07/eerb2.htm

← http://principiosdelprocesocivil.es.tl/Principio-Inquisitivo.htm

← http://jca.tsj.gov.ve/decisiones/2009/marzo/2271-23-JS-51201-69-.html

← http://www.letrasjuridicas.com/Volumenes/8/delahuerta8.pdf

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