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10/10/2019 El Mediterráneo, zona cero de la crisis climática: se calienta más deprisa que el resto del planeta | Sociedad | EL PAÍS

Lo quieran o no, 500 millones de personas de tres continentes están unidas por un mismo problema: el cambio climático. La
cuenca del Mediterráneo es uno de los puntos calientes de esta crisis global y algunos de sus impactos “golpean” a esta región
de “forma más dura que a otras partes del mundo”, apunta el profesor Wolfgang Cramer, director científico del Instituto
Mediterráneo de Biodiversidad y Ecología, radicado en Francia. Por ejemplo, el aumento de la temperatura de la región
mediterránea ha llegado ya a los 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales, lo que supone que el calentamiento en esta
cuenca es un 20% más rápido que en la media del planeta.

Lo que viene —si no se toman medidas adicionales de reducción de los gases de efecto invernadero que sobrecalientan el
planeta— es mucho peor: para 2040 ese incremento llegará a los 2,2 grados y posiblemente superará los 3,8 en algunas zonas
de la cuenca en 2100. Además, en solo dos décadas 250 millones de personas sufrirán pobreza hídrica en la zona por las
sequías.

El Mediterráneo, zona cero de la crisis


climática: se calienta más deprisa que el resto
del planeta

Estos datos se incluyen en un informe cuyos primeros resultados se presentan este jueves en Barcelona durante un encuentro
de la Unión por el Mediterráneo, una organización internacional en la que están representados los países de esos tres
continentes que comparten las aguas del emblemático mar. Desde 2015, un grupo de más de 80 científicos coordinados por el
profesor Cramer ha estado trabajando para esta organización en el estudio, que se titula Riesgos asociados al cambio climático
y los cambios medioambientales en la región mediterránea. El informe aspira a ser el gran retrato del cambio climático en esta
zona a partir del conocimiento científico actual. “Nunca antes se ha hecho una síntesis tan completa”, explica Cramer sobre un
documento que está cargado de datos, muchos alarmantes.

El coordinador destaca la vulnerabilidad de mucha de la población de la región “porque vive muy cerca del mar y también
porque son pobres y tienen pocas opciones para protegerse o alejarse”. El informe advierte: habrá más olas de calor “más
significativas y duraderas” y “las sequías extremas serán más frecuentes”.

Nivel del mar. De entre todos los impactos, Cramer destaca la subida del nivel del mar. Para 2100 el informe apunta que
superará el metro, lo que supone situarse en el escenario más pesimista que planteaba para el conjunto del planeta el reciente
informe del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), los científicos que asesoran a la ONU. Ese incremento de un
metro tendrá impactos en un tercio de la población que vive en la costa del Mediterráneo; solo en el norte de África el sustento
de al menos 37 millones de personas estará en peligro. A los daños en las ciudades por inundaciones, Cramer añade otro riesgo
más: “la salinización de los suelos utilizados para la agricultura en los deltas y estuarios de los ríos como el Nilo, pero también el
Ebro, el Ródano y el Po”.

Agua dulce. El otro gran impacto que más preocupa a Cramer es el aumento de la intensidad de las olas de calor y sequías,
que golpeará con dureza a España. Desde 1950, la frecuencia de las sequías ha aumentado. Y el informe señala que aunque el
calentamiento se quede por debajo de los dos grados —el objetivo que fija el Acuerdo de París—, los habitantes de las cuencas
fluviales en Oriente Medio y Oriente Próximo estarán expuestos a una dura escasez de agua. El estudio destaca que la
disponibilidad de agua dulce puede caer un 15% en las próximas décadas en el conjunto de la región mediterránea, lo que
tendrá graves consecuencias en la agricultura. Y calcula que en 2040 alrededor de 250 millones de personas de la zona sufrirán
pobreza hídrica —dispondrán de menos de 1.000 metros cúbicos por cabeza al año—. Esta situación, advierten los científicos,
puede hacer que aumenten los conflictos e, incluso, las migraciones masivas.

Impactos en la salud y seguridad alimentaria. El equipo científico encargado de este gran retrato del calentamiento global
enumera también los riesgos para la salud: “Se espera que las enfermedades y muertes relacionadas con el calor sean más
frecuentes, especialmente en las ciudades debido al efecto de las islas de calor y para los grupos de población vulnerables”.
Más allá del cambio climático, los científicos destacan que el deterioro de la calidad del aire, los suelos y el agua por la

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El Mediterráneo, zona cero de la crisis climática: se calienta más deprisa que el resto del planeta

Agua dulce. El otro gran impacto que más preocupa a Cramer es el aumento de la intensidad de las olas de calor y sequías,
que golpeará con dureza a España. Desde 1950, la frecuencia de las sequías ha aumentado. Y el informe señala que aunque el
calentamiento se quede por debajo de los dos grados —el objetivo que fija el Acuerdo de París—, los habitantes de las cuencas
fluviales en Oriente Medio y Oriente Próximo estarán expuestos a una dura escasez de agua. El estudio destaca que la
disponibilidad de agua dulce puede caer un 15% en las próximas décadas en el conjunto de la región mediterránea, lo que
tendrá graves consecuencias en la agricultura. Y calcula que en 2040 alrededor de 250 millones de personas de la zona sufrirán
pobreza hídrica —dispondrán de menos de 1.000 metros cúbicos por cabeza al año—. Esta situación, advierten los científicos,
puede hacer que aumenten los conflictos e, incluso, las migraciones masivas.

Impactos en la salud y seguridad alimentaria. El equipo científico encargado de este gran retrato del calentamiento global
enumera también los riesgos para la salud: “Se espera que las enfermedades y muertes relacionadas con el calor sean más
frecuentes, especialmente en las ciudades debido al efecto de las islas de calor y para los grupos de población vulnerables”.
Más allá del cambio climático, los científicos destacan que el deterioro de la calidad del aire, los suelos y el agua por la
contaminación supondrá más enfermedades respiratorias y cardiovasculares y una disminución del acceso a los alimentos
saludables.

Relacionado con esto, los expertos indican que puede peligrar la seguridad alimentaria, ya que se puede ver afectada por el
aumento de la población y la bajada en el rendimiento de los cultivos, la pesca y la ganadería. “El 90% de las poblaciones
comerciales de peces ya están sobreexplotadas en el Mediterráneo”, recuerda el informe. “Y se espera que el peso medio de los
peces se reduzca hasta en un 49% para 2050”, se pone como ejemplo.
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El Mediterráneo, zona cero de la crisis climática: se calienta más deprisa que el resto del planeta

Pérdida de ecosistemas. Los especialistas no solo se centran en los impactos sobre los seres humanos y sus medios de vida.
Se advierte de que “muchos de los ecosistemas están amenazados por el cambio climático, los cambios de usos del suelo, la
contaminación y la sobreexplotación”. Por ejemplo, el proceso de acidificación del agua de mar —causado por la absorción del
CO2 procedente de las emisiones humanas— y el aumento de la temperatura del agua “ya han causado una pérdida del 41% de
los principales depredadores, incluidos los mamíferos marinos”. El informe cita algunos casos concretos, como la proliferación
de las plagas de medusas por el incremento de la temperatura del agua, la invasión de mosquitos tigre y la aparición de
especies invasoras como los peces león que dañan a las autóctonas.

Respecto a los impactos en la tierra, los científicos alertan del aumento que ya se está dando de los “megaincendios” debido al
calentamiento y a los cambios en el paisaje. En el futuro, las áreas quemadas podrían crecer hasta un 40%, incluso, en el
escenario más optimista de un aumento de la temperatura de 1,5 grados.

Es complicado no caer en el pesimismo cuando se lee el informe que ha coordinado Cramer. Pero este profesor resalta que el
objetivo es “proporcionar información equilibrada sobre los riesgos para toda la cuenca mediterránea” para los responsables
políticos y sus asesores. Y pide acción: “El norte necesita ayudar al sur a adaptarse para garantizar que la economía de los
países del sur tenga estabilidad”. Cramer resalta la importancia de reducir los gases de efecto invernadero, porque cada
reducción ayuda a limitar el aumento global de la temperatura. “Todos los países, y en particular los del norte, deben aplicar
políticas compatibles con el Acuerdo de París. Cada tonelada de CO2 que se reduzca cuenta”.

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“SI NO NOS ADAPTAMOS, EL CAMBIO CLIMÁTICO DESESTABILIZARÁ LA REGIÓN”

Grammenos Mastrojeni, vicepresidente de la Unión para el Mediterráneo. JOAN SÁNCHEZ

El diplomático Grammenos Mastrojeni (Milán, Italia, 1965) insiste en el valor que puede tener este informe para los gobernantes a la
hora de tomar decisiones. En una entrevista telefónica, el vicesecretario encargado del área de clima de la Unión para el Mediterráneo,
resalta las oportunidades que puede conllevar la adaptación al calentamiento.

Pregunta. ¿Por qué es importante este informe?

Respuesta. No estamos acostumbrados a incorporar en las políticas y las planificaciones el clima y la naturaleza. Pero si no lo hacemos
seremos víctimas de una dinámica muy fuerte que cambiará las bases de los intereses sobre los que hemos construido todo el equilibrio
del Mediterráneo. Este no es solo un problema del Mediterráneo, es del mundo entero, pero en el Mediterráneo es particularmente
delicado y fuerte. Si no planificamos teniendo en cuenta esto, puede volverse un factor de desestabilización muy importante. Pero si
logramos incorporarlo en nuestras políticas, paradójicamente, puede transformarse en una oportunidad para mejorar nuestra
cooperación y conseguir un progreso económico justo, duradero y equitativo en toda la región.

P. ¿Qué le preocupa más?

R. Todos los impactos nos preocupan porque suponen que la manera de vivir en este territorio va a cambiar y esto exige una política de
adaptación. Hay datos que son muy preocupantes, aunque sería un error concentrarse solo en ellos. Sabemos que estamos yendo en
una dirección de inseguridad hídrica para casi 250 millones de personas. Esto es muy preocupante, pero es también una oportunidad:
porque tenemos que trabajar todos juntos para proteger el ecosistema que hasta ahora nos ha permitido que nuestras tierras sean aptas
para la agricultura. El nivel del mar va a aumentar bastante. Para el gran público 10 o 20 centímetros no es mucho. Pero el problema no
es que el mar vaya a cubrir ciudades —en algunas zonas, como en Venecia, sí se da ese riesgo—; el problema es que el agua salada
entra en la tierra. Si consideramos que el 42% de la población mundial vive cerca de las costas, que el agua se salga significa volver
yermas las tierras. Y en el caso específico de los deltas de los grandes ríos significa que se puede prácticamente paralizar la agricultura.
Si ignoramos el problema, se podrían propiciar, por ejemplo, flujos migratorios importantes.

P. Migrantes climáticos.

R. Sí, son ellos. Pero es una expresión errada. Las personas que se mueven por razones del clima no son migrantes. Migrante es
alguien que puede escoger en cierta manera ir a otro lugar para mejorar sus condiciones de vida. Y normalmente tienen un nivel de
renta suficiente para escoger aún si llega una sequía. Pero el problema es que los más pobres, aquellos que no pueden escoger, son los
que se mueven cuando hay problemas climáticos. Son movimientos forzados de población, un problema mucho más peligroso que las
migraciones. Es un fenómeno que afecta a personas muy frágiles cuya única alternativa es la ilegalidad, ya sea a través de las redes de
tráfico de personas o el terrorismo. Este fenómeno no está ocurriendo aún en la región, pero sí, por ejemplo, en la zona del lago Chad.
Allí Boko Haram gana muchos seguidores por el colapso del ecosistema, que no da más posibilidades de vivir.

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P. ¿Los gobernantes del Mediterráneo son conscientes del reto climático?

R. Los Gobiernos están mucho más adelantados de lo que el público cree. El problema es que no hay soluciones mágicas y todo está
llegando a una velocidad enorme y debemos adaptarlo todo. La ciencia nos da la idea de lo que puede acontecer pero la cuestión es
cómo integrar estos datos en la acción política y en un circuito de decisiones democráticas.

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