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ANTECEDENTES DE LA ENFERMERÍA COMUNITARIA

Aunque el concepto de enfermería comunitaria, tal y como la entendemos


actualmente, es relativamente moderno, los antecedentes del equivalente a los
cuidados de enfermería en la comunidad se remontan al comienzo de la vida misma y a
la noción de supervivencia del ser humano, cada vez que una persona ha ayudado a
otra a realizar actividades cotidianas como moverse, alimentarse o asearse, estaba
realizando, aunque de manera empírica, cuidados de enfermería; actividad que, antes
de que existiesen los hospitales, siempre se llevó a cabo en la comunidad.

La mayoría de los autores coinciden en citar la carta de San Pablo a los romanos
en el año 60 de la era cristiana, donde se cita a Febe, una mujer que luego de
enviudar, se hizo diaconisa de la religión cristiana y tomo como misión la visita de los
enfermos en sus domicilios, hecho por el que se le considera como la primera
enfermera visitadora.

Este origen religioso influirá luego, durante siglos en la consideración de los


cuidados de enfermería como un servicio vinculado a principios caritativos, y en la
figura de la enfermera como la de una mujer consagrada cuyos cuidados se limitan a
personas enfermas y necesitadas.

Durante parte de la Edad Media, el Renacimiento y hasta el siglo XVIII siguen en


Europa numerosas órdenes religiosas con vocación de brindar atención y ayuda a los
problemas espirituales y físicos de las personas, tanto en el hospital como en el hogar.

Existe un amplio consenso en considerar el nacimiento de la enfermería


moderna en la mitad del siglo XIX, de la mano de Florence Nightingale, que abrió para
esta profesión horizontes nuevos, basados, sobre todo, en formación sistematizada. La
escuela de enfermeras fundada por Nightingale tenía como objetivo formar
profesionales no solo para hospitales, sino para ejercer la enfermería en los domicilios
de las personas necesitadas. El programa formativo incluía temas de prevención de
enfermedades y ponía especial énfasis en atender al estado mental del enfermo tanto
como su aspecto físico. De igual modo se presentaba especial atención a la higiene de
la familia y de la comunidad, a los cuidados del niño y la educación para la salud.

La formación más profesional y especifica de ejercicio de la enfermería de salud


pública, la encontramos por primera vez, en el marco del movimiento sanitario ingles
del siglo XIX, después del informe Chadwich (1837) sobre las condiciones sanitarias de
la población trabajadora. Entre los diversos intentos de establecer una mayor
implicación de la enfermería en actividades de prevención y de atención a la
comunidad, destaco el proyecto de William Rathbone, filántropo influyente de Liverpool,
que pudo apreciar por su mismo, en la persona de su esposa enferma, la asistencia
hábil y eficiente que le había prestado la enfermera Mary Robinson. Impresionado por
los resultados pidió a la enferma que hiciese extensivo su trabajo a otras familias
pobres del lugar.

Fruto de la colaboración entre Rathbone y Nightingale, aparecieron los primeros


documentos escritos sobre enfermería de salud pública y se creó en Liverpool la que
podría considerarse primera escuela de Enfermeras Comunitarias. La experiencia de
Liverpool se extendió luego por el resto de Inglaterra, Europa y América, dando lugar a
la creación de nuevas escuelas y cuerpos de enfermeras que tenían como principal
objetivo la protección de la salud, la educación sanitaria y atención a la persona
enferma.