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COLEGIO DIVINA PASTORA – ÑUÑOA

Departamento de Religión – Filosofía


Profesora: Patricia Araya M.

C.R.E.M. – III MEDIO


UNIDAD I – El Credo Apostólico, síntesis de la fe cristiana.

APUNTE 2: LA EUCARISTIA: FUENTE Y CUMBRE DE LA VIDA CRISTIANA

¿Te imaginas mirar el cielo y la nieve que baja hasta el valle desde lo más alto de una montaña? ¿Cuántos
andinistas han llegado a estas cumbres majestuosas?

Ahora comprenderás mejor la expresión que se refiere a la Eucaristía como la fuente y cumbre de toda la vida
cristiana.

La iglesia afirma que la Eucaristía contiene todo el bien espiritual del cristianismo, es decir, a Cristo mismo,
que da ka vida a la humanidad y nos deja el Espíritu de Dios para continuar su misión. Por eso, la mirada de la
Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en la Eucaristía, en la cual descubre la plena
manifestación de su inmenso amor como fuente de vida.

Ahora bien, es muy importante conocer cómo se fundamenta la vida eucarística en un mundo global y
posmoderno. Juan Pablo II, en su encíclica Ecclesia de Eucharistia, afirma:

“Muchos son los problemas que oscurecen el horizonte de nuestro tiempo… Y ¿qué decir, además, de las tantas
contradicciones de un mundo globalizado, donde los más débiles, y los más pequeños y los más pobres parecen
tener bien poco que esperar? En este mundo es donde tiene que brillar la esperanza cristiana. También por eso el
Señor ha querido quedarse con nosotros en la Eucaristía, grabando en esta presencia sacrificial y convival la
promesa de una humanidad renovada por el amor.
(nº 20)

Estas palabras del Papa permiten comprender la importancia de la Eucaristía en el ámbito de la vida real. La
Eucaristía es esperanza, transformación y vida. Vivirla en el presente supone estar conscientes del mundo en
que los cristianos y cristianas celebran su fe.

Eucaristía y mundo actual


 En la uniformidad que impone el mundo globalizado, la Eucaristía se presenta como un reducto de libertad
donde la persona se puede encontrar consigo misma en su originalidad y en su ser social, participando en la
“gran cena” de los elegidos por Dios.
 En esta cultura, marcada por el pragmatismo y el mercantilismo, el espacio eucarístico nos sitúa en la esfera
del misterio, de la gratuidad, y de la apertura hacia el horizonte del Absoluto de Dios, frente a los ídolos
humanos que “tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen”, y del “dios dinero”, que marca fuertemente las
relaciones humanas.
 En la Eucaristía cada pueblo puede encontrar y expresar esa identidad que es absorbida en el anonimato por
el mundo globalizado. En la celebración de la Pascua del Señor el cristiano halla la posibilidad de cambiar su
rumbo y mejorar su existencia. Las comunidades, pueblos y naciones encuentran motivos para seguir
caminando en esperanza hasta que “el Señor vuelva”.
 La Eucaristía engendra lazos de fraternidad muy diversos a los creados por los intereses económicos que
denominan las relaciones financieras y las culturales de la globalización. En la Eucaristía el cristiano se hace
uno con Cristo, uno con la Iglesia, uno con los más pobres. Es por eso que el Memorial del Cuerpo y la
Sangre del Señor robustece a las personas y potencia la creatividad de los pueblos, como se puede ver en
las manifestaciones sobre la Eucaristía que revelan el arte, la música, la literatura, la pintura a lo largo de los
siglos y en las diversas culturas.
Juan del Río Martín.
LA VIDA EUCARISTICA

San Alberto Hurtado decía “¡Mi vida es una Misa prolongada!” y recordaba que “sin la Eucaristía, la Iglesia de
la tierra estaría sin Cristo”.

Los pastores de la Iglesia han acuñado la expresión coherencia eucarística. Con ella quieren expresar que la
Eucaristía no es solo un acto privado que se reduce a un momento de la semana, sino que tiene
consecuencias, día a día, en la vida de los creyentes, es decir, crea ciertas “competencias” o habilidades
espirituales. Estas son algunas de ellas:
1. Mirada de fe sobre la realidad.
2. Actitud optimista ante la vida
3. Valentía en la reconciliación.
4. El sentido del agradecimiento.
5. El sentido social.
6. El sentido del ofrecimiento.

 MIRADA DE FE SOBRE LA REALIDAD

Una de las cualidades que se adquieren con el sacramento eucarístico es mirar lo que sucede –y nos sucede-
con los ojos de Cristo, se comienza a percibir la vida con otro grado de profundidad, las experiencias felices,
las tristes, los actos humanos, etc. Las luces y sombras de la realidad adquieren un sentido espiritual a la luz
de la fe y demandan un compromiso con el mundo.
Jesús demostró esta cualidad cuando la gente se le acercaba a pedirle algo. Nunca tuvo prejuicios respecto de
las apariencias; por ejemplo el pobre y el rico tenían las mismas oportunidades de seguirlo, porque todos son
hijos del mismo Padre. Cuando acogía a sus predilectos –los necesitados, los pobres, los enfermos-, antes de
satisfacer sus necesidades inmediatas los reconciliaba condigo mismos y los liberaba de las cadenas de que
eran víctimas. Por medio de Él, encontraban alivio a sus desdichas y esperanzas en una felicidad plena al
escuchar hablar del Dios Amor.

La participación eucarística permite que los problemas de los jóvenes sean asumidos desde una mirada
espiritual: hay menos rencores, menos insatisfacciones, inseguridades, desencantos existenciales, porque a la
luz de Jesús descubren la verdad de lo que son capaces de hacer y de vivir.

No es lo mismo ver a un mendigo en la calle y quejarse de la desigualdad social, que ver en ese mendigo el
rostro de Cristo, como lo hacía el Padre Hurtado, y comprometerse, desde las posibilidades de cada uno tiene,
para remediar la injusticia por amor a Jesús, el “pobre” que da su vida por nosotros. La fe debe cambiar la
mirada superficial sobre nuestro entorno, poniendo en nuestros ojos la mirada de Cristo; se trata de
uno de los desafíos más importantes par el creyente. La Eucaristía fortalece esa mirada de fe sobre la
realidad.

 ACTITUD OPTIMISTA ANTE LA VIDA

El mundo, por sí mismo, no propicia una visión satisfactoria y alegre sobre la realidad. El ser humano mismo,
en su condición finita, y agobiado por los afanes cotidianos, puede cerrar sus ojos al milagro de la existencia y
encerrarse en un fatalismo desesperanzador que se expresará en sus actitudes, gestos y acciones ante los
demás. ¿Quién no escucha a menudo la palabra “depre”, o se entera del incremento de patologías que
entristecen la vida de las personas, incluso de los jóvenes? ¿Quién no se sorprende, en cambio, con aquellas
personas que muestran una talante positivo, entusiasmante, que no se asimilan ante las dificultades e irradian
una sonrisa en la que se expresan toda su alegría vital?
Los jóvenes están llamados por el Señor a sembrar ese optimismo, más allá de los errores y frustraciones
pasajeros que los acompañan en esta etapa de la existencia. Por eso sin un fundamento que se enraíce en lo
más profundo del corazón humano, no hay alegría. La vida eucarística fortalece la fe con optimismo para
vivir y para transmitir a los demás, aún en circunstancias donde pareciera que ya nada se puede hacer.
Precisamente el sacramento de la Eucaristía es la actualización constante de Cristo resucitado que venció a la
muerte. La resignación ante la condición finita del ser humano, no es cristiana.
 VALENTIA EN LA RECONCILIACION

Las culturas basadas en modelos económicos competitivos tienden a crear vínculos y comunicaciones de
competencias entre los individuos, lo que puede traer como consecuencia que se debiliten valores
fundamentales asociados a la fe, como la solidaridad, la justicia, la equidad.
En el ámbito de la vida religiosa, sucede como si se pudiera profesar una fe desvinculada de una plataforma
ético-valórica operativa, que le dé expresión concreta; es decir, la necesaria coherencia entre la fe y la vida de
los creyentes.
Así, gestos y actitudes que deberían caracterizar a los cristianos y cristianas, distinguirlos, como la amabilidad,
la cordialidad, la honestidad y el respeto por todas las personas y por el medio ambiente, entre otros, pierden
presencia en tal contexto cultural.
Cuando las personas atropellan a alguien, en cualquier sentido que se dé a esta palabra (físico o moral), ya no
se pide excusas. Por el contrario, en la vida, especialmente en la urbana se ha caído en el equívoco de
considerar el perdón como una debilidad; o bien, en la otra incoherencia: frecuentar el sacramento de la
reconciliación ante Dios, pero actuar en la vida sin pedir perdón cuando se ofende ni perdonar al hermano
ofensor.
Recuperar el valor de la auténtica reconciliación es una tarea urgente para los cristianos y cristianas, que
supone valentía en un mundo que ensalza la soberbia, el poder y un “éxito” que se valora menos por el propio
esfuerzo y más por ser conseguido a costa de otros. De ahí que dar sentido a la vida eucarística implica
desarrollar competencias o habilidades para promover la reconciliación y aceptar el perdón de los demás. Esto
no es fácil, pero justamente la fortaleza que se recibe en la Misa capacita espiritualmente para oponer, al
rencor, el perdón y la reconciliación.
En la Eucaristía se expresa la reconciliación de diversos modos: nos reconciliamos entre nosotros para luego
reconciliarnos con Dios, en la medida que recibimos su perdón y lo derramamos en la comunidad.

¿Cuántas veces hay que perdonar a los demás? Jesús es muy exigente al respecto:

Pedro se acercó entonces y le dijo: “Señor ¿Cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me
haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?” Le dijo Jesús: “No te digo hasta siete veces, sino hasta
setenta veces siete”
Mt 18, 22-23

El perdón, vivido desde el punto de vista cristiano, fortalecido eucarísticamente, supone una cuota de
gratuidad y empatía que nos reconcilia con el mundo, con nuestros hermanos y con Dios.

 EL SENTIDO DEL AGRADECIMIENTO

Carlos Balaguer, señala: “El secreto de la felicidad no está en obtener lo que anhelamos, sino en amar lo que
tenemos. No en lo que pedimos a la vida, sino lo que ésta nos otorga. Reconocer lo grande y lo pequeño, lo
fugaz y lo perdurable. No lo mucho, sino lo esencial. No lo tanto, sino lo maravilloso. Agradece por tanto, todos
los instantes de tu vida. Puedes poseerlo todo con la sabiduría del corazón. La riqueza del ser humano está en
lo que ama. La fortuna de tus profundidades nadie puede robarlas ni comprarlas. Agradece la dicha de ver un
amanecer, pues un día ya no lo verás. Da gracias al Padre por el amor que encontraste, pues mañana ya no lo
tendrás. El canto de las aves, el verdor de los montes, la risa de un niño, la luz de los ojos amados…”

La Eucaristía es el sacramento de la acción de gracias por excelencia. Es la fiesta del agradecimiento porque
Dios cumplió su promesa de liberarnos de la muerte. Y lo ha hecho a través de su Hijo Jesús, el primero en
resucitar y trazarnos el camino hacia el Padre.
Pensar el porqué hay que agradecer, animados por la Eucaristía, lleva a mirar el entorno y tomar conciencia de
lo que se es, lo que se tiene, lo que se ha logrado construir.
La vida es una acción de gracias por sí mismas. En la etapa de la juventud hay energía, ganas, tierra
abundante donde puede germinar el valor de la donación de sí mismo, la alegría de la entrega, la generosidad,
del sacrificio, la libertad para darse, la solidaridad para compartir, la paz que se regala y el agradecimiento a
Dios por la maravillosa vida que nos ha dado.
 EL SENTIDO SOCIAL

La Eucaristía es sacramento de comunión que expresa la necesidad de asumir un compromiso concreto para
construir un mundo más justo, promoviendo el respeto de la dignidad del varón y la mujer, de los jóvenes y de
los niños, y especialmente de los más necesitados.
Particularmente importante es que los cristianos y cristianas vivan eucarísticamente su fe asumiendo su
responsabilidad social, denunciando desigualdades que encuentran a diario en las familias, en el trabajo y
en las estructuras económicas, en la medida que estas produzcan inequidad y discriminación social. Vivir en la
vida cotidiana la Eucaristía capacita para compartir los bienes, como se simboliza en la colecta de la misa, y
estimula a realizar un trabajo audaz para proponer un nuevo modo de relacionarse socialmente de acuerdo
con la fuente inagotable del don de Dios.

 EL SENTIDO DEL OFRECIMIENTO

El modelo es Cristo, quien se ofreció en sacrificio por el bien de la humanidad. Vivir la Eucaristía en la vida
de cada es vivir ofreciéndose a quien necesita ser acogido, perdonado o animado. También consiste en
ofrecer el cansancio del estudio y el trabajo de cada día para fecundar el esfuerzo realizado y obtener frutos de
progreso y de satisfacción.
Participar frecuentemente en la Eucaristía permite que se desarrolle el interés por ser voluntario o voluntaria en
diversos servicios. El espíritu eucarístico es contrario al egoísmo y al inmovilismo infecundo y pasivo.

ACTIVIDAD: Trabaja con tu compañera

1. ¿Cuál es la misión de los cristianos en la sociedad? ¿Cómo ayuda la Eucaristía a potenciar esta
misión?
2. ¿A que se refiere la frase “hacer una vida Eucarística”?
3. Señala la importancia de la reconciliación para tu vida. ¿Tienes valor para reconocer cuando debes
pedir perdón? ¿Y cuando debes perdonar?
4. ¿Hace cuánto que no te sorprendes por el regalo que es la vida? ¿Cuál fue la última vez que
agradeciste a Dios? ¿Cuándo agradeciste a alguien? ¿Cuál es el sentido de la canción “Gracias a la
Vida”, de Violeta Parra?
5. Explica en qué ámbitos puedes expresar tu sensibilidad social y en qué ámbitos de la vida nacional
falta que se exprese la solidaridad social con los más desposeídos.
6. ¿Cuál de las dos aseveraciones es verdadera? Justifica tu respuesta con argumentos basados en el
material de apoyo entregado la clase anterior y el presente documento:
a) “La Eucaristía es importante porque es obligatoria”
b) “La Eucaristía es obligatoria porque es importante”