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Neuropsicopedagogía infantil: bases neurofuncionales del aprendizaje cognitivo y emocional. Ferré, J. y Ferré, M Editorial Lebón, Barcelona, 2013. pp. 83-97 ISBN: 9788492785339

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ACTIVIDAD POSTERIOR DEL CUERPO CALLOSO, ÁREAS OCCIPITALES Y SISTEMA VISUAL

En el bebé neonato y hasta los siete u ocho meses, los dos hemisferios funcionan por separado, de forma alternante, es la que llamamos fase homolateral alterna.

Cuando el niño empieza a arrastrarse, se activa la fase duolateral. Los dos hemisfe- rios se activan al mismo tiempo y empiezan a comunicarse entre sí. Poco a poco, gracias al proceso de mielinización y la maduración de las respectivas conexiones, la comunicación es cada vez más directa y más veloz.

Se v,an permeabilizando los circuitos responsables de la organización de los movi- mientos contralaterales. Todas las vías sensitivas y motoras de orden superior cru- zan la línea media y comunican un lado del cuerpo con los dos lados del Sistema Nervioso. Unas fibras van directas al hemisferio del mismo lado y otras, la mayor- ía, cruzan la línea media para dirigirse al hemisferio contralateral.

De esta forma, cuando se activan las vías de coordinación cruzada, se activan am- bos hemísferios.

Este proceso de unificación, que empieza con el arrastrado contralateral y se per- fecciona con el gateo contralateral, conducirá a la maduración de las vías cruzadas sensoriales y motrices, que hacen posible que los dos lados del Sistema Nervioso (zonas subcorticales) participen en cada una de nuestras acciones.

Los dos lóbulos occipitales se comunican a través del tercio posterior del Cuerpo Calloso y son los responsables del control del sistema visual y la integración e in- terpretación de lo que vemos o leemos. El lóbulo occipital del hemisferio izquierdo es el responsable de la percepción de imágenes verbales discriminadas y de las imágenes visuales epicríticas, de la per- cepción y decodificación de las imágenes simbólicas y contribuye a elaborar las imágenes discriminadas de lo consciente. Es el primer decodificador del lenguaje escrito alfanumérico. El lóbulo occipital del hemisferio derecho interviene en la percepción de imágenes visuales no verbales y en la elaboración de las praxias perceptivas como son la identificación de los rostros, las expresiones, los objetos y las imágenes globales no simbólicas. Elabora las imágenes globales de las percep- ciones y es el que construye las imágenes asociadas al subconsciente. Tal como hemos dicho, a nivel general, elabora el contexto de lo decodificado y construye la imagen global de lo que hemos percibido.

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Neuro-psico-pedagogía infantil Fig. 8: La activación de las vías de movimiento cruzado permite relacionar la función
Neuro-psico-pedagogía infantil Fig. 8: La activación de las vías de movimiento cruzado permite relacionar la función

Fig. 8: La activación de las vías de movimiento cruzado permite relacionar la función sub- cortical de los dos hemisferios y facilitar la activación del Cuerpo Calloso comunicando las áreas corticales (imágenes de gateo contralateral). El cerebelo se va mielinizando progresi- vamente hasta los 4 ó 5 afios e interviene en el aprendizaje de movimientos nuevos.

Pero no nos cansaremos de insistir en la idea de que ambos hemisferios funcionan juntos, de manera sincronizada gracias a la función integradora del tercio posterior del Cuerpo Calloso que sincroniza las dos vertientes del análisis visual y elabora una imagen unificada, y relaciona las imágenes conscientes y subconscientes y hace que podamos comprender el significado de las percepciones decodificadas. Las alteraciones de· esta función integradora y del equilibrio funcional de los dos lóbulos pueden producir defectos en la organización del campo visual, dificultad para localizar objetos en su entorno o para identificar formas, tamaños y colores, pueden llegarse a producir alucinaciones o ilusiones visuales, ceguera relativa o incapacidad para reconocer símbolos, letras, números o palabras, dificultades para reconocer la imagen de los objetos o para interpretar el movimiento, problemas para ubicar elementos en el espacio y, en suma, alteraciones de la lectura y la escri- tura o incluso trastornos tan específicos como el de la alexia pura. Recordemos que es la incapacidad total para leer con una capacidad conservada para la escritura.

Para entender mejor la forma en que se integran los dos lóbulos occipitales y el valor que damos a la lateralidad diestra o zurda, vamos a analizar someramente

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cómo se organiza la vía visual y cómo llega la imagen que percibimos del exterior a ambos lóbulos occipitales.

La proyección del campo visual sobre la retina está organizada de forma que el campo visual que está a la derecha del punto de visión central se proyecta en la mitad izquierda de cada retina y el campo visual que queda a la izquierda se pro- yecta en la mitad derecha de la retina de cada ojo.

Cada campo visual se proyecta sobre la mitad nasal de la retina del ojo del mismo lado y sobre la mitad temporal de la retina del ojo del lado contrario.

Los receptores de la retina transforman los estímulos visuales en estímulos nervio- sos y transmiten la información a las células ganglionares. Las fibras de cada ojo transmiten la información de ambos campos visuales y en el quia ma óptico se produce un cruce parcial. Las fibras procedentes de la mitad nasal de ambas retinas se cruzan y pasan al otro lado, mientras que las procedentes de la mitad temporal de ambas retinas siguen su camino por el mismo lado sin cruzarse.

Desde el tálamo, la vía visual sigue su camino de forma que las fibras de la mitad temporal de la retina del mismo lado y la mitad nasal de la retina del otro ojo viajan juntas. Eso explica que cada lóbulo occipital reciba la información del campo vi- sual contralateral.

/

Así, podemos dirigir la proyección de un estímulo visual al hemisferio que desee- mos situando el estímulo en un determinado lado del campo visual. Es uno de los principios que explica los resultados que se obtienen en las experiencias del cere- bro dividido. Podemos mostrar imágenes, símbolos o palabras en el campo visual derecho y se proyectarán en el hemisferio izquierdo o viceversa. Ésta es la forma simplificada de funcionamiento en el caso de que los dos lados del cerebro funcio- naran por separado.

Pero no podemos olvidar la existencia de la transmisión interhemisférica y, por tanto, la unificación de la imagen y de ambos campos formando el campo común que corresponde a la visión central.

Es importante conocer estos procesos para obtener mejores resultados al aplicar programas de estimulación o de terapia, porque así podemos estimular un hemisfe- rio o el otro de forma selectiva. Podemos activar y estimular más un hemisferio o el otro usando las distintas posiciones de la mirada y colocando los estímulos en dis- tintos lugares del campo visual.

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Los estudios realizados con las pruebas de visión dicótica han puesto de manifiesto la ventaja del campo visual derecho para los estímulos verbales (letras, palabras, dígitos) y del campo visual izquierdo para las imágenes y los estímulos no verbales (brillo, color, movimiento, localización, orientación, discriminación de formas y caras). Estas diferencias son las que hay que considerar al hablar de la dominancia lateral.

Hasta los ocho o nueve meses, el sistema funciona en monocanal: El bebé activa un canal visual, uno auditivo, uno motriz y un lado del cerebro.

Después, en la fase contralateral del desarrollo psicomotriz ( etapas de reptado y gateo contralaterales - ver fig. 8), los dos canales se activan simultáneamente y preparan la conquista de la bipedestación.

La bipedestación bien organizada supone un gran avance para el niño, porque el hecho de mantenerse erguido sobre las piernas significa liberar las manos de las funciones de soporte y poder desarrollar una manipulación discriminada, dirigir los ojos y los oídos hacia delante, percibir la profundidad del espacio y las distancias y poder abarcar un campo perceptivo mayor.

Estos cambios periféricos no serían posibles si no fueran íntimamente unidos a los cambios que experimenta el Sistema Nervioso. La maduración de las vías cruzadas, la contralateralización motriz, el gran desarrollo que experimenta la corteza cere- bral y el trabajo combinado y simultáneo de los dos lados del Sistema Nervioso abren la puerta hacia el desarrollo de la visión tridimensional, la escucha estereofó- nica y el lenguaje.

La coordinación contralateral sigue evolucionando y, alrededor de los dos años, empieza a incorporar el patrón de desplazamiento contralateral a la deambulación.

La corteza cerebral va madurando de atrás hacia delante, de las áreas occipitales a las áreas frontales.

El Cuerpo Calloso y la visión.

El segmento posterior del Cuerpo Calloso (tercio posterior) une las dos zonas occi- pitales e interviene de forma muy directa en el proceso de binocularización y en el análisis de la información visual. Percibimos una imagen con cada ojo y el cerebro tiene que integrarlas, unificarlas, fusionarlas y construir una unidad, una sola ima- gen.

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Hemos visto que las vías visuales se cruzan en varios niveles (quiasma óptico), pero el Cuerpo Calloso es el responsable de la integración superior de la informa- ción visual. El Cuerpo Calloso, conectando las dos áreas occipitales, cumple dos funciones importantes:

Interviene en la construcción de la visión binocular, que empieza a desarrollarse en la fase del arrastrado contralateral y se consolida a par- tir del momento en el que el niño domina la bipedestación y nos permi-

te

desarrollar la capacidad e percibir el espacio en tres dimensiones.

Y

hace posible el análisis simultáneo del detalle de una imagen (hemis-

ferio izquierdo - analítico) y el contexto de dicha imagen (hemisferio derecho - global y contextual).

El hemisferio izquierdo, a nivel visual, interviene en:

La percepción de imágenes verbales discriminadas. La percepción de las imágenes visuales epicríticas (visión de detalle). La percepción y decodificación de las imágenes simbólicas. Elaboración de las imágenes discriminadas de lo consciente. Decodificación del lenguaje escrito alfanumérico.

El hemisferio derecho, desde el punto de vista de la función visual, aporta:

La percepción e interpretación de imágenes visuales no verbales (área fusiforme) Interviene en las praxias perceptivas (rostros, expresiones, objetos e imágenes globales no simbólicas). Elabora las imágenes globales de las percepciones. Construye las imágenes asociadas al subconsciente. Elabora el contexto de lo decodificado y construye la imagen global.

Pero la realidad visual se compone de la integración de estas dos vertientes y es el Cuerpo Calloso el que hace posible:

Percibir las imágenes como una unidad. Relacionar las imágenes conscientes y subconscientes. Comprender las imágenes que percibimos y decodificamos. Comparar las imágenes nuevas con las que forman nuestra base de da- tos.

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Ya hemos dicho que una imagen adquiere significado completo cuando la interpre- tamos dentro de su contexto y eso requiere la participación de ambos hemisferios.

Si utilizamos solamente la visión central y epicrítica del hemisferio izquierdo, nos podemos convertir en grandes especialistas en algo muy concreto, pero perderemos de vista la globalidad.

Si sólo utilizamos las áreas occipitales del hemisferio derecho, captaremos la glo- balidad y el contexto, pero no percibiremos el detalle de los estímulos.

También hemos visto el papel funcional del Cuerpo Calloso en los estudios que realizó Roger Sperry. En el caso del cerebro dividido, si mostramos estímulos vi- suales en un solo campo visual, los estímulos sólo se proyectarán en el hemisferio contralateral. La falta de función del Cuerpo Calloso impide que la información pueda llegar al otro hemisferio.

La imagen proyectada en el campo visual derecho llega sólo al hemisferio izquier- do porque, al estar seccionado el Cuerpo Calloso, la imagen no puede llegar al otro lado, pero el paciente es capaz de nombrar lo que está viendo porque conserva la conexión entre las áreas occipitales y las áreas de decodificación lingüística.

Por el contrario, si la imagen se proyecta en el campo visual izquierdo, llega sólo al hemisferio derecho y el paciente no puede nombrar lo que ha visto porque la in- formación no pasa al otro hemisferio y no puede conectar con las áreas de control del lenguaje.

En cambio, cuando se secciona sólo el quiasma óptico y se conserva el Cuerpo Calloso, el paciente puede reconocer y nombrar la información que percibe en el campo visual derecho, porque la información del hemisferio derecho puede entrar en contacto con el izquierdo.

En condiciones normales, el cerebro tiene que funcionar como una unidad integra- da, de modo que cualquier alteración patológica o funcional de la visión que com- prometa la relación interhemisférica, como las disfunciones binoculares, puede fragmentar la información audiovisual y producir alteraciones de la lectoescritura y del aprendizaje en general.

Las áreas occipitales y la estereopsis.

Otra de las propiedades derivadas de la visión binocular es la estereopsis. El cere- bro utiliza las pequeñas señales de disparidad de un ojo y el otro para construir una

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percepción de profundidad, gracias a la cual percibimos e interpretamos las tres dimensiones del espacio. El Sistema Nervioso trabaja con dos imágenes casi igua- les, pero no idénticas.

Para construir imágenes con profundidad del campo, necesitamos pasar las imáge- nes bidimensionales a tridimensionales, gracias a los mfcanismos de integración interhemisférica, porque la retina es una estructura bidimensional y no puede ela- borar imágenes tridimensionales por sí misma.

Cuando las imágenes procedentes de ambos ojos no son muy similares, aparece la supresión de una de ellas como mecanismo de defensa. Si son suficientemente similares, el cerebro sintetiza una imagen única que es tridimensional, cualidad fundamental para percibir correctamente el espacio, el relieve de la figura sobre el fondo y la distancia que existe entre los objetos.

Los niños de cinco o seis años que tienen problemas de estereopsis son incapaces de coger una pelota al vuelo, bajar unas escaleras corriendo o saltar sin miedo des- de escasa altura y, cuando son más mayores, son incapaces de dibujar con perspec- tiva y profundidad.

Podemos resumir diciendo q u e las funciones más importantes del tercio posterior del Cuerpo Calloso tienen una relación muy directa con la visión y son:

Permitir que la información almacenada en cada hemisferio esté dispo- nible para el otro. La sección del Cuerpo Calloso impide la transferen- cia de información desde el hemisferio derecho al área de Wemicke del hemisferio izquierdo y empobrece la función visual y la de asociación audiovisual (lectura y lateralidad).

Las áreas visuales específicas de los dos hemisferios están diferencia- das y es el Cuerpo Calloso el que comunica y compara las informacio- nes de las estructuras homólogas.

La integración visual es consecuencia de la función integrada de áreas de los dos hemisferios mediante el Cuerpo Calloso.

La eficacia de la visomotricidad barriendo el campo visual de izquierda a derecha requiere un trabajo coordinado de los dos hemisferios.

La estereopsis es la resultante directa de la fusión de las informaciones sensoriales procedentes de cada ojo a través del rodete del Cuerpo Ca- lloso.

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La percepción visual y el análisis de lo percibido implican una buena visión binocular y una correcta integración de los dos hemisferios ce- rebrales. Cuando la visión binocular está bien establecida, se produce un análisis completo de la información y una correcta integración de la misma (memoria visual, memoria secuencial, figura-fondo, constancia de forma, posición en el espacio, etc.)

Los niños que presentan alteraciones de la binocularidad y tienen dificultades para utilizar las dos vías visuales como una unidad, leen mejor con un ojo que con los dos porque, cuando trabajan en condiciones binoculares, ambos ojos compiten, se interfieren y la información se percibe fragmentada o poco nítida, porque el Cuerpo Calloso no puede unificarla.

Cada uno de los dos hemisferios accede sólo a una parte de dicha información y, en estas condiciones, la lectura se convierte en una decodificación excesivamente analítica o excesivamente global: Esta es una característica que puede permitir a los maestros descubrir que el niño que presenta esta sintomatología, más que un pro- blema primario de lectura, probablemente padece un trastorno de la función visual o del Cuerpo Calloso.

Recordemos una vez más que, en condiciones de distrés, la capacidad de integra- ción disminuye de forma importante, porque el estrés bloquea o satura la función del Cuerpo Calloso y se produce una pérdida de sincronía o una disparidad de in- formaciones entre ambos hemisferios que impide la unificación. Y recordemos también que el estrés es una respuesta generalizada, que afecta todas las funciones vegetativas.

Y no olvidemos que todas las áreas del cerebro están comunicadas entre sí y que todos los sentidos, y por supuesto la visión también, debemos entenderlos íntima- mente relacionados con el equilibrio, la función del cerebelo, el tacto, las sensa- ciones propioceptivas, el esquema corporal y las distintas áreas de integración de cada hemisferio.

Eso explica la existencia de diferentes tipos de agnosias visuales, que son una alte- ración del reconocimiento visual de los objetos en personas que conservan la agu- deza visual, los campos visuales, las funciones de rastreo visual, la función lin- güística y las funciones mentales superiores.

En el procesamiento cortical de la información visual, intervienen, entre otras, dos grandes vías: La que conecta el lóbulo occipital con el frontal pasando por el lóbu- lo parietal, también llamada vía alta o del Where, que nos informa de la posición

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que ocupan los objetos en el espacio y si se mueven o no y la vía baja o vía del What, que conecta el lóbulo occipital con el lóbulo temporal, que interviene en el análisis de las formas.

Las lesiones de la conexión temporal producen déficits de discriminación de los objetos, pero no alteran la percepción visoespacial, mientras que las lesiones parie- tales producen alteraciones de la percepción visoespacial.

,En los casos de alexia agnósica, alexia pura o alexia sin agrafia que afectan al adulto, la causa estriba en la falta de reconocimiento visual de las letras, sílabas o palabras debido a la lesión (ictus, traumatismo, etc.) del tercio posterior del Cuer- po Calloso. El paciente no las reconoce de forma visual, pero las puede reconocer por vía táctil. Eso explica que no pueda leer y, en cambio, pueda escribir, porque en su, memoria interior posee los grafogramas de cada letra, pero no los puede comparar con lo que percibe cuando lee.

Si la lesión se produce en las fibras de conexión de las zonas visuales del hemisfe- rio derecho con la zona del lenguaje del hemisferio izquierdo, cuando pedimos al paciente que clasifique piezas de colores (bloques lógicos), el agnósico cromático puede agruparlos bien porque percibe los colores, pero no los reconoce, y el acromatópsico no puede clasificar las piezas por colores porque no los percibe.

Pues bien, en la práctica clínica, nos encontramos con muchos niños que presentan trastornos del aprendizaje instrumental, que muestran signos de este tipo, aunque menos marcados o menos intensos, que son debidos a una inmadurez, una disfun- ción o una falta de suficiente permeabilización y mielinización de estas vías.

El tercio posterior del Cuerpo Calloso, la lectura y la escritura.

Si el Cuerpo Calloso no transfiere la información correctamente y de forma rápida y sincronizada, aparecerán las élisfunciones de integración interhemisférica, con las graves consecuencias que encontramos en el campo de los trastornos de aprendiza- je de causa neurofuncional (dislexia, discalculia, disgrafía).

El resultado, entre otras alteraciones, es una interferencia de la comprensión lecto- ra, porque el cerebro no registra la información completa y, al fallar la compren- sión, los datos no se registran en la memoria inmediata.

Cuando leemos y escribimos, movemos nuestros ojos de izquierda a derecha cru-

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zando la línea media. La lectura, desde el punto de vista motor, requiere una elabo- ración interhemisférica para que el movimiento visual de izquierda a derecha sea ·uniforme, para que el campo de visión central esté totalmente unificado.

Cuando un niño tiene dificultades para cruzar la línea media, se presenta un con- flicto de percepción e integración entre los dos hemisferios cerebrales que produce saltos de los ojos al cruzar la línea media, con muchas repercusiones al leer y escri- bir. Hemos de tener en cuenta que la lectura se realiza precisamente en la zona central del campo visual, en la línea media y, si el campo central no está unificado, la base perceptiva de la lectura no puede funcionar bien.

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Los fallos de sincronía contralateral, las disfunciones binoculares y los bloqueos del Cuerpo Calloso, generalmente, impiden alcanzar el grado de. armonía requerido para que este movimiento de barrido sea continuo, armonioso, eficaz y automático.

Del mismo modo, el fallo de la relación interhemisférica y de la función binocular hacen difícil que la escritura sea horizontal y paralela.

Los niños con tendencia a realizar un trabajo monocular porque padecen una am- bliopía (ojo vago) o anulan un ojo en visión próxima suelen inclinar mucho el pa- pel o las líneas al escribir, porque la horizontalidad de las líneas al escribir depende directamente del nivel de desarrollo del esquema corporal y de una función binocu- lar equilibrada.

Cuando leemos con los dos ojos, la información visual se convierte en lógica y lineal en el hemisferio izquierdo, mientras que el hemisferio derecho integra todo el flujo de palabras y las convierte en conceptos comprensibles.

Como hemos dicho, en el hemisferio izquierdo, decodificamos los datos, las cifras, las letras, las sílabas y las palabras, pero el verdadero significado depende del con- texto en el que se encuentre cada uno de los elementos y eso es tarea del hemisferio derecho. Así que para que la lectura sea comprensiva, es fundamental contar con un sistema visual bien organizado y conectado a las áreas de asociación y decodifi- cación.

En el hemisferio izquierdo, además, la información visual y la auditiva entran en resonancia, se sincronizan y, de esta forma, a los cinco o seis años, los niños ini- cian la lectura fonética y pueden entender lo que leen.

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Algunos niños que tiene problemas visuales y tienen que realizar grandes esfuerzos para obtener la información visual de la lectura se ven obligados a inhibir la infor- mación que les llega por vía auditiva y, aunque estén leyendo en voz alta, no se oyen a sí mismos porque el cerebro inhibe la ruta audio-verbal. Hacen algo pareci- do a la persona que está conduciendo y necesita disminuir el volumen de la radio del coche para leer el cartel de la autopista o para aparcar, algo que no debería ser necesario.

Lógicamente, en estas condiciones, además del gran esfuerzo que significa leer, el niño no obtiene el refuerzo de la información verbal y el nivel de compresión lecto- ra decae.

Desarrollo de la capacidad para construir imágenes mentales.

Gracias al cerebro visual, podemos construir una imagen mental de los objetos. La palabra imaginar viene precisamente del concepto de imagen. Imaginar es construir imágenes mentales a partir de la experiencia perceptiva y de la memoria.

La imagen mental es una recomposición de la realidad a partir de informaciones internas. Es el mecanismo que utilizan los niños cuyo pensamiento es predominan- temente visual.

El Sistema Nervioso procesa la realidad gracias al tacto, la vista, el sonido, las sensaciones de olor y de sabor. Recibe sensaciones, compone imágenes, las archiva en la memoria y las relaciona con una o varias palabras.

Está claro que, desde el punto de vista neurológico, la realidad no es la misma para todos y, como consecuencia, a nivel psicológico y pedagógico tampoco. Lo prime- ro que hacemos con las percepciones es descomponerlas y después recomponerlas de nuevo. Es algo parecido a lo que debemos hacer con los alimentos, descompo- nerlos en sus principios inmediatos para utilizar los elementos básicos y construir nuestros tejidos.

Pensemos que, si nos injertan un trozo de músculo de una vaca en un brazo, nues- tro organismo lo rechaza, mientras que, si nos comemos un filete, no. Eso es así porque el sistema digestivo y el metabolismo se encargan de desmenuzar la carne hasta llegar a los componentes básicos (carbono, oxígeno, nitrógeno, iones, ami- noácidos, etc.), que ya no tienen valor ni capacidad antigénica.

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RELACIONES ENTRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN VISUAL, EL DESARROLLO PSICOMOTRIZ Y EL PROCESO DE MADURACIÓN VISUAL.

- PERCEPCIÓN DIRECTA - ETAPAS NEONATAL Y DE SUELO. El bebé activa las agudezas y la acomodación. Esta etapa forma parte de la fa- se monocular alterna. El TACTO y la VISIÓN se relacionan entr.e sí.

- PERSISTENCIA DE LA IMAGEN MENTAL. Se desarrolla en'la ETAPA DE SUELO, durante las fases de REPTADO O GATEO. El bebé activa las agudezas, la binocularidad y la visomotricidad.

- EVOCACIÓN DE LA IMAGEN MENTAL. Corresponde a la etapa de BIPEDESTACIÓN. La visomotricidad, la fusión y la estereopsis siguen desarrollándose.

- CAPACIDAD PARA EVOCAR Y REPRODUCIR LAS IMÁGENES MENTALES. Se desarrolla durante la MONOPEDESTACIÓN, con una vi- sión ya muy discriminada que permite DESARROLLAR EL DIBUJO.

- LA VISIÓN SE CONVIERTE EN SOPORTE Y REFERENCIA DE LAS IMÁGENES MENTALES

- LAS IMÁGENES CADA VEZ MÁS DISCRIMINADAS permiten que el DIBUJO TENGA UNA INTENCIÓN MÁS EPICRÍTICA. Corresponde a la fase de LATERALIZACIÓN.

Fig. 9: En este esquema, se explica la correlación que existe entre la maduración del siste- ma visual, el desarrollo psicomotriz y la evolución del cerebro visual. Las percepciones y el aprendizaje están íntimamente vinculados al movimiento.

La frase de Steinbach cuando dice: "el sonido no existe, lo que percibimos es energía, movimiento y vibración" podemos aplicarla a todos los sentidos. De ahí la importancia que tiene el ritmo en los procesos de percepción y análisis de la infor- mación.

El Sistema Nervioso, como hemos visto al hablar de los estilos de pensamiento, procesa la información, fundamentalmente, mediante el movimiento, las imágenes, las palabras y su contenido emocional.

Gracias a su sistema sensible, el niño percibe la información, construyen imágenes mentales y las asocia a las palabras correspondientes.

La información se integra, guarda, compara y relaciona gracias a la maduración de una estructura que, muy pronto, aprende a diferenciar un estímulo conocido de otro desconocido, la Sustancia Reticular Activadora Ascendente (S.R.A.), y a asociar sensaciones que proceden del mismo objeto, como por ejemplo el tacto, el sabor, la

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consistencia y la temperatura del chupete (áreas de asociación parieto-temporal).

Primero, discrimina y analiza y, gracias a la función de la S.R.A. puede diferenciar estímulos nuevos de los que ya son conocidos. Después, integra la información en el hipocampo, que almacena los datos de la memoria inmediata, los datos llegan a la corteza cerebral y ésta unifica la información.

Los niños son muy sensibles a la información, sobre todo la audiovisual, porque el Sistema Nervioso acaba organizando todas las unidades perceptivas discriminadas alrededor de dos puntos de referencia básicos: La imagen del objeto (forma, tama- ño y color) y el sonido que emite el objeto en cuestión o la palabra que lo represen- ta. Por este motivo, desde el punto de vista pedagógico, es tan importante conside- rar el valor que tiene proporcionar al niño la posibilidad de moverse y una infonna- ción lo más completa posible, con el fin de activar al mismo tiempo los dos hemis- ferios y el Sistema Límbico.

Cuando introducimos un concepto nuevo o desarrollamos un tema nuevo, hemos de conseguir que el niño construya en su cerebro la imagen mental de lo que estamos explicando. Hemos de ayudarle a convertir las palabras y las explicaciones en imá- genes de representación mental. Así es más fácil entender qué es una elipse, los movimientos que realiza la Tierra, qué es un volcán o cómo funciona y qué signifi- ca la ley de la palanca.

De hecho, de forma automática, cuando nos enfrentamos a una situación o a un aprendizaje nuevo, que es lo que detecta en primera instancia la S.R.A., nuestro cerebro siempre activa los dos hemisferios.

También es importante considerar que intervienen otras vías:

El laberinto o la información vestibular y la información propiocetiva, que participan en la construcción del esquema corporal. El propio cuerpo es el punto de referencia inicial que utiliza el niño para medir y conocer el tamaño de los objetos y las personas, su colocación en el espacio y su carácter estático o dinámico.

Gracias al movimiento y al desarrollo del control corporal, construye las coordenadas espaciales internas que, más adelante, le permitirán re- ferenciar los valores espacio-tiempo y convertirlos en una unidad per- ceptiva tridimensional.

Y el tacto, que aporta datos volumétricos antes de que la visión sea tri-

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dimensional. La vía táctil también es una vía muy importante de esti- mulación del cerebro visual durante la etapa de suelo y nosotros la uti- lizamos frecuentemente en los programas de terapia neurofuncional.

En la interpretación de la imagen visual intervienen el resto de informaciones per- ceptivas. Por este motivo, la pedagogía es más rica y completa cuanto más pluri- sensorial y experimental es.

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Las imágenes de representación mental y el lenguaje.

El niño empieza a pronunciar nombres que asocia a imágenes, aprende a poner nombre a lo que ve.

Más tarde, a medida que desarrolla su vocabulario, empieza a utilizar palabras rela- cionadas con las imágenes mentales que es capaz de construir y evocar, al mismo tiempo que sigue ampliando el lenguaje que deriva de las percepciones (arriba y abajo, delante y detrás, dentro y fuera, alrededor de, cerca y lejos, etc.)

Por tanto, existe una íntima relación entre las habilidades audioverbales dependien- tes del hemisferio izquierdo y las imágenes de representación mental que compone en el hemisferio derecho.

Gracias a la capacidad de imaginar algo que no está viendo en ese momento (lo que en psicología se ha dado en llamar la persistencia del objeto permanente), el niño llega a construir imágenes mentales que se basan en toda la experiencia perceptiva previa y en la mielinización de las vías implicadas.

La capacidad para elaborar imágenes varía con el desarrollo y con la edad de modo que la imagen mental de una naranja no es la misma para un bebé de ocho meses que para un niño de cuatro años o para un adulto.

En un primer momento, el cerebro aprende a diferenciar y discriminar percepcio- nes. Conforme se repiten, se convierten en conciencia de algo conocido y memori- zado. Después, estas sensaciones se relacionan con otras en los lóbulos parietales y, poco a poco, se van formando unidades de información más complejas.

Primero, las imágenes mentales hacen de soporte de la capacidad que tiene el niño para dibujar. Después, el dibujo le ayuda a construir imágenes más complejas y más detalladas. No concedemos al dibujo el valor que tiene. El papel que juega esta capacidad de representación mental en el desarrollo y en el aprendizaje queda pa-

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tente a la hora de aprender a dibujar y de representar gráficamente las letras y los números.

Veremos más adelante que el dibujo es un instrumento tan válido como los núme- ros y las letras para valorar el nivel de desarrollo de esta capacidad, para detectar problemas funcionales que pueden interferir el aprendizaje y para preparar al sis- tema para el aprendizaje de la lectura y la escritura.

Un ejemplo muy significativo del papel que juega el lóbulo occipital respecto al lenguaje escrito es el de la lesión cerebral occipital que cursa con un cuadro de

alexia

de los potenciales evocados está ausente cuando se estudian eventos relacionados con tareas de discriminación fonética, pero sí que se registra cuando el paciente realiza tareas de discriminación gráfica.

tipo de alteraciones, se comprueba que la onda P-300

sin agrafia 13 En este

Las imágenes de representación mental y el dibujo.

Podemos distinguir varios tipos de representación mental mediante la imagen.

Los objetos concretos y estáticos, como un vaso, una mesa o un plátano tienen una representación mental muy clara, una especie de fotografía mental. Las palabras silla, hamaca, sofá, taburete, descalzadora, butaca, mecedora, etc. tienen perfecto sentido cuando tenemos una imagen mental distinta para cada una de ellas.

Cuando pensamos en verbos y acciones, como saltar, correr, comer o gritar evoca- mos una especie de clips de video y, cuando pensamos en adjetivos, como triste, alegre, melancólico, pensativo, etc., visualizamos escenas.

Inicialmente, para el niño pequeño, las palabras "agua" y "pan" representan todo lo que bebe y come. Después, a medida que es capaz de imaginar la leche, los zumos, las galletas, el chocolate, etc., va teniendo necesidad de ampliar el vocabulario para poder expresar de forma más precisa lo que desea en cada momento.

La imagen visual actúa como soporte de las palabras y un vocabulario más extenso requiere la capacidad para construir y evocar imágenes mentales más discrimina- das. Así, por ejemplo, es más fácil entender las palabras parábola u órbita cuando somos capaces de imaginarlas.

13 Dejerine fue el primero en publicar un caso de alexia sin agrafia, en 1892.

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