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LA BATALLA DE AYACUCHO

Casi 300 años después de que Francisco Pizarro conquistara el Imperio Incaico, la colonia fue suprimida para siempre desde
el 9 de diciembre de 1824 en la batalla de Ayacucho. El rey Fernando VII se debilitó en Europa por las revueltas ocurridas en
España, el levantamiento logró asegurar la independencia de Perú y el resto de la América dominada por España.

Los primeros indicios de problemas para la Corona se produjo en 1807, cuando Napoleón empezó a propagarse en Europa
central y occidental, empezó a desestabilizar los regímenes de la Península Ibérica a Austria. Perú se mantuvo leal al
gobierno español en ese momento, dándose cuenta de que tendrían que manejarse con gobernadores locales nombrados
por el virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa. Mientras que la España escribió la nueva Constitución española de
1812 con la monarquía en el exilio, las pequeñas rebeliones fueron suprimidas 1811-1815.

FUERZAS DEL EJERCITO INDEPENDISTA

 Comandante: El general Antonio José de Sucre Jefe de Estado Mayor: General Agustín Gamarra
 Caballería: General Guillermo Miller ( Húsares de Junín, Granaderos de Colombia, Húsares de Colombia, regimientos
de caballería Granaderos argentinos).
 1ra División: General José MarCa Córdoba (2.200 hombres)
 2da División: General José de La Mar (1.550 hombres)
 Ejercito de Reserva: General Jacinto Lara (1.600 hombres)

BATALLA DE JUNIN

La Batalla de Junín ocurrió el 6 de agosto de 1824, fue el penúltimo enfrentamiento armado que tuvieron los ejércitos
españoles y patriotas, a lo largo del camino a la Independencia del Perú.

El Ejército Patriota, comandado por el general venezolano Simón Bolívar, se enfrentó a los realistas liderados por el general
español José Canterac.

Bolívar arengó a su batallón diciendo: “Soldados, vais a completar la obra más grande que el cielo ha podido encargar a los
hombres... El Perú y la América entera aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria. ¡Vosotros sois invencibles!”.

Al inicio de la batalla, la caballería patriota, al mando de Mariano Necochea, atacó a la española, pero sufrió muchas bajas y
emprendió la retirada.

Cuando los realistas ya cantaban victoria, el batallón Húsares del Perú, al mando de Isidoro Suárez, los atacó por sorpresa.
Entonces un escuadrón, al mando de Guillermo Miller, regresó y embistió a los españoles, provocando su huida.

Esta victoria permitió a los independentistas tomar Huancayo y avanzar al sur del Perú en busca del ejército del virrey La
Serna.

Los españoles perdieron dos jefes, 12 oficiales, 245 soldados entre muertos y heridos, 80 prisioneros y más de 400 caballos
ensillados.

Los independentistas sufrieron la baja de 45 soldados y 99 heridos. De ese total, 64 eran del regimiento Húsares del Perú, al
mando de Andrés Rázuri.

BATALLA DE TUMUSLA

El general Olañeta, al saber de la defección de Medinaceli, se puso en movimiento para ir a sofocarla en su cuna. Retrocedió
del punto donde estaba y se dirigió a Cotagaita con 700 hombres. Mientras tanto Medinaceli había tomado posiciones en el
río Tumusla, donde lo atacó Olañeta a las 3 de la tarde del 1 de abril de 1825. El combate fue reñido. Herido por una bala de
fusil el día 1 de abril, Olañeta cayó en tierra, a cuya vista sus soldados se dispersaron, entregándose algunos al jefe
vencedor. Olañeta fallece al día siguiente, el 2 de abril.

Segun Medinaceli, tomó 200 prisioneros de tropa y más de 20 oficiales, bagajes, municiones, etc. Segun testimonio del
coronel británico Francisco Burdett O'Connor los muertos fueron 96 y los prisioneros 856.

Fue este el último combate de tropas regulares por la independencia de Bolívia.

Días después, el 7 de abril, José María Valdez se rindió en Chequelte, ante el general Urdininea, poniendo fin al dominio
español en el Alto Perú. Tres meses más tarde, Fernando VII concedió al fallecido Olañeta el nombramiento de virrey del Río
de la Plata.

Años más tarde, en 1829, el último foco de resistencia del coloniaje español en Sudamérica dirigido por el general español
Aguilera, famoso por dar muerte a los patriotas Manuel Asencio Padilla e Ignacio Warnes, fue derrotado en Vallegrande
(Santa Cruz, Bolivia) por una división dirigida por el coronel Anselmo Rojas y todos sus líderes fueron decapitados. Sus
cabezas fueron expuestas en la plaza.

Algunos historiadores, entre ellos Teodosio Imaña, afirman que en Tumusla sólo hubo un aislado intercambio de balas,
donde muere Olañeta, y por lo tanto consideran que una batalla propiamente dicha no existió. Urcullo, quien tenía la
misión de intimar la rendición de Olañeta, declaró que tan sólo se disparó el tiro que mató a Olañeta, hecho por un soldado
que vengó la honra de su esposa. Estas sospechas son avaladas también por el poco común mensaje de Medinacelli a Sucre,
en el cual informó que "la acción fue decidida a las siete horas" sin dar el parte de la batalla ni los términos de rendición,
tampoco hubo una lista de muertos, heridos, prisioneros, ni demás detalles de rigor que debí seguir un oficial de carrera
como Medinaceli.