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Mg. Rodrigo Martín Salgado. Los límites de la igualdad. Cambio y reproducción social en el proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores.

Tesis para optar por el título de Doctor en Ciencias Sociales. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires.

Director: Dr. Julián Rebón. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

2012.

Resumen

La Tesis aborda un análisis de relaciones distributivas existentes en un conjunto de empresas recuperadas por los trabajadores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a partir del análisis de sus transformaciones desde 2003 hasta 2010. Se afirma que la capacidad de

sostenimiento productivo evidenciado por estas empresas tiene como correlato una reversión

de los procesos de igualación respecto de las formas distributivas. Este proceso de reversión

supone la existencia de mecanismos de explotación y/o de acaparamiento de oportunidades que evidencian las modalidades desigualitarias observadas: la distribución según categoría laboral, según condición de socio y según la antigüedad en la cooperativa. Estas modalidades se encuentran vinculadas a un elemento de origen, “la conflictividad”. Aquellas empresas

cuyo origen remitía a situaciones de baja conflictividad expresan situaciones de desigualación

en la distribución, con un criterio centrado en la categoría laboral. En cambio, aquellas que en

situaciones de intenso conflicto conformaron altos niveles de igualación, con el desarrollo productivo conforman su propio camino a la desigualación en la distribución. Las empresas que distribuyen según condición de socio de la cooperativa expresan un mecanismo de explotación y de exclusión de carácter exógeno, fundado en la posesión de activos productivos de carácter alienable -propiedad y/o control sobre los medios de producción-, es decir en función de la relación laboral constituida por una escisión entre propietarios socios-

y no propietarios empleados- de la cooperativa. Dicha escisión supone también el

establecimiento de límites categoriales entre los grupos resultantes de la configuración

distributiva: los trabajadores socios y los contratados. En la medida en que este tipo de desigualdad categorial emulada entra en contradicción con la naturaleza jurídica del vínculo asociativo, esta desigualdad genera problemas que ponen en riesgo la organización misma. En segundo lugar, aquellas empresas que distribuyen según la antigüedad expresan mecanismos

de explotación y de acaparamiento de oportunidades de carácter endógeno. Dicha modalidad

distributiva se funda en activos productivos de “organización”, donde el control de los recursos organizacionales de producción es la base material para la expropiación por parte del grupo que controla dichos recursos. Este mecanismo supone la escisión y el establecimiento de límites categoriales dentro del colectivo de trabajadores entre los socios fundadores que participaron del proceso de recuperación en el momento instituyente, y los trabajadores nuevos. En este sentido, se afirma que las diferencias en los grados de cohesión e integración entre los grupos favorecen la institución de desequilibrios de poder a favor de los grupos más cohesionados e integrados. Las retribuciones pueden ser un reflejo de ese diferencial de poder

entre los grupos, que es a la vez resultante del diferencial de cohesión interna y control de los recursos que tiene origen en el proceso de recuperación de la empresa. El carácter no emulado de las categorías implica la necesidad de una legitimidad interna basada en criterios equitativos, pero esta modalidad no posee mayoritaria legitimidad al interior del colectivo laboral, por lo que no se resuelven favorablemente los problemas organizacionales que trae aparejado la innovación categorial, emergiendo disputas sobre lo justo del criterio que otorga legitimidad a la distribución. Respecto a las modalidades basadas en la categoría laboral, los análisis no permiten afirmar que dichas modalidades expresen mecanismos de explotación. Sin embargo, se afirma sobre la existencia de un control de activos productivos referidos a los recursos de producción que dispone la organización que permite una distribución diferencial instrumentada a partir del acaparamiento de las categorías más redituables. Se observa que son los trabajadores socios que participaron de la recuperación los que ocupan puestos de mayor calificación -de “mando y promoción”- lo cual les permite una distribución diferencial respecto al resto de trabajadores que ocupan centralmente agrupamientos laborales de menor calificación. El ser resultante de una baja ruptura organizacional, el resolver organizacionalmente de manera favorable los problemas generados por la apropiación diferencial, el no constituir una modalidad que implique una contradicción con la naturaleza jurídica de las experiencias - elementos que coadyuvan a que posean una fuerte legitimidad-, permiten considerar a estas modalidad con amplia capacidad de sostenimiento. Por otro lado, la Tesis avanza en la exploración de las concepciones de lo “justo” o “injusto” de las distintas modalidades asumidas. En este sentido, se constata que existe una adecuación entre la modalidad distributiva existente en la empresa y los grados de legitimación que posee entre los trabajadores, tal que permita su utilización. Sin embargo, a la par de esta adecuación se encuentra su opuesto en tensión. Dichas tensiones expresan en las disputas distributivas, las categorías desigualitarias resultantes de los mecanismos de desigualación. Por último, la Tesis avanza en el análisis del carácter social del orden socio- productivo. Se afirma que la emergencia de desigualaciones sociales en las relaciones de distribución establecidas entre el colectivo laboral, y aquellas resultantes del ejercicio de la función de dirección, expresan la construcción de jerarquías y desigualdades sociales al interior del colectivo laboral que tensionan el carácter interpenetrado social- mercantil que las experiencias expresaban en sus génesis. Estas desigualdades emergentes pueden yuxtaponer a la lógica socializada existente al interior de la unidad productiva, otras lógicas, configurando

nuevos caracteres híbridos en algunas de estas empresas, que expresan una tensión entre la existencia de espacios de igualación no organizados a su interior por el criterio de propiedad o de control de activos productivos, y la existencia de jerarquías y desigualaciones. En este sentido, se afirma que las transformaciones en las dimensiones de los mecanismos de apropiación del excedente de trabajo así como las transformaciones en la dimensión política de las relaciones de producción constituyen observables de centralidad para dar cuenta de las transformaciones en los componentes de hibridación de las interpenetraciones.

Abstract The Thesis analyzes the existing distributive relations on a set of recovered enterprises by their workers of the Autonomous City of Buenos Aires. It is claimed that the capacity of production evidenced by these enterprises is associated to a reversal of the egalitarian distributional forms. This implies the existence of mechanisms of exploitation and hoarding opportunities expressed in three inequality modalities: labor category, according to the cooperative membership; and the antiquity in the cooperative. These modalities are linked to a source element, "the conflict". The enterprises whose origin it referred to low conflict situations expresses inequality in the distribution, focused on the labor category. In contrast, the enterprises that in situations of intense conflict formed high levels of equalization, with the development of production make their own way to inequality distribution. The enterprises that distribute according to a cooperative membership express an exogenous exploitation and exclusion mechanism based on the possession of alienable productive assets, property and / or control over the means of production, i.e. in terms of the employment relationship formed by the division between owners - employees. This division also involves the establishment of categorical boundaries between groups resulting from the distributive configuration: the cooperative member workers and the employees. In the way that such categorical emulated inequality contradicts the legal nature of the economic link, this inequality generates problems that threaten the organization. In second place, the enterprises that distribute according to the antiquity in the cooperative express endogenous exploitation and exclusion mechanism. This modality it’s based on organization productive assets, where the control of the organizational productive resources is the material base for the expropriation by the group that controls those resources. This mechanism supposes the division and establish of categorical boundaries between founder workers that participated in the recovery process and the new workers. This Thesis states that the difference in the degree of cohesion and integration between groups favors the institution of power imbalances for the most cohesive and integrated. The not

emulated character of the categories implies the necessity of an internal legitimacy based on egalitarian criteria, but this modality doesn’t have majority legitimacy, so it not favorably resolves organizational problems, emerging disputes about the justice of the modality. Regarding the modalities based on labor category the analysis don’t let us affirm that this modality express exploitation mechanism. But it does express a mechanism of control of the productive assets that allow to an inequality distribution base on the hoarding of the more profitable categories. The cooperative members that participated on the recovery who occupy the command and promotion pools that allows them to get a differential distributive income. Furthermore, the thesis advanced in the exploration of the concepts of "just" or "unjust" of the different modalities. It finds that there is a match between the distributive modalities at and the degree of legitimacy that has among workers. However, parallel to this adaptation is its opposite in tension. Those tensions express in the distributive disputes the inequality categories resulting from de inequality mechanisms. Finally, the Thesis examines the social character of socio-productive order. It is claimed that the emergence of social inequality distribution relations established between the labor collective, and those resulting from the direction function express the construction of hierarchies a social inequality in the collective that tensions the interpenetrated social- mercantile character that this experiences expressed on their genesis. These emerging inequalities can juxtapose to the socialized logic on the inner collective others logics, setting new hybrid characters on this enterprises, that can express a tension between inner inequality spaces not organized by a property or control criteria and the existence of hierarchies and inequalities. In this sense, its affirm that the transformations in the dimension of surplus appropriation mechanisms so that the transformations in the political dimension of productive relations constitute the central indicators to analyze the transformations of the hybrid components of the interpenetrations

Índice.

Página

Introducción………………………………………………………………………….

7

Nuevas preguntas para la construcción del Problema de Investigación………

14

Los antecedentes investigativos sobre la temática a la luz de nuestro Problema de Investigación………………………………………………………………………

22

Objetivos de la investigación y metodología empleada………………………

37

Parte 1. Las recuperaciones: sociogénesis y desarrollo.

Capítulo 1. La reproducción ampliada del proceso. Génesis y desarrollo…… Capitulo 2. La reproducción simple del proceso. De la imposibilidad teórica a la

44

práctica de la posibilidad……………………………………………………………. 73

Parte 2. La tensión igualdad - desigualdad

Capítulo 3. La igualdad y la desigualdad social………………………………

87

Capítulo 4. La tensión igualación-desigualación. Análisis de las transformaciones en las formas de distribución de los ingresos en las empresas recuperadas……………………………………………………………………

112

Capítulo 5. La desigualdad distributiva, la entropía democrática y el conflicto…….

161

Capitulo 6. Desigualdad y carácter socio-productivo……………………………….

182

Parte 3. La tensión Igualdad-desigualdad en la conciencia de los trabajadores

Capítulo 7. La fuerza del trabajo…………………………………………………….

200

Capitulo 8. Desigualdades sociales y legitimaciones…………………………

218

Capítulo 9. Las legitimidades en tensión y los grupos………………………………

258

Conclusiones………………………………………………………………………

284

Bibliografía……………………………………………………………………

303

Anexo: instrumentos de registros y cuadros…………………………………………

312

Agradecimientos.

La presente Tesis es el resultado de un proceso de investigación iniciado hace al menos ocho años atrás, del cual han participado varios compañeros. Mi agradecimiento entonces, a mis compañeros y colegas, Juan Ainora y Gustavo Quintana. También a los compañeros que forman o formaron parte del Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas, colectivo de investigadores que integro, y con los cuales que compartí un interés investigativo específico sobre la autogestión, Melina Ons, Gabriel Fajn; Natalia Bauni, María Eugenia Díaz, Marcela Ferramondo y Candela Hernández. Con todos ellos compartí, de diferentes maneras, momentos que me ayudaron a lograr un mayor pertrechamiento para encarar este desafío investigativo. Especialmente quiero agradecer a Denise Kasparian, compañera con quien compartí tareas investigativas, y que tuvo la amabilidad de oficiar de lectora de los borradores de esta Tesis, ayudándome a que la misma tuviera mayor claridad e inteligibilidad. Mis agradecimientos también al director de la Tesis, Julián Rebón. Esta Tesis pudo ser disfrutada en su realización gracias a los constantes desafíos intelectuales instalados por Julián en cada encuentro, demostrando a la vez, que la cooperación basada en una relación entre pares, no sólo es fructífera investigativamente en términos productivos, sino también en términos afectivos. También agradezco a los trabajadores de las distintas empresas, por haber comprendido -a su manera-, el valor de uso de nuestras investigaciones e intervenciones. Esta Tesis es ejemplo de la importancia de una serie de relaciones y vínculos que estos colectivos de trabajadores entablan con otras identidades ajenas a la unidad productiva, relaciones que escapan a la mera lógica mercantil y que tienen como interés central un aspecto de reciprocidad solidaria. Por último, quiero agradecer profundamente también a mi gran familia, a Soledad a Juli y a Emi, por aguantar mis ausencias; y por comprender, sostener y alentar lo que quiero hacer y ser. Y a mis padres y hermanos porque hacen lo mismo, pero desde hace mucho más tiempo. A todas estas últimas personas no sólo les agradezco, también les dedico este trabajo.

Introducción.

El presente trabajo es resultado de una proceso investigativo que tiene origen en el año 2003, pero que en los sucesivos años fue modificando y reformulando sus objetivos investigativos. Para entender las preguntas de investigación que orientan este trabajo, es necesario remontarse a los orígenes del propio proceso investigativo, que iniciado en una etapa y contexto diferente al actual, y generado por preguntas diferentes a las presentes, de alguna manera terminó orientando nuestras preguntas actuales. El proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores constituyó uno de varios escenarios de investigación emergentes de la crisis social con que comenzaba el nuevo milenio. Atraídos en un comienzo por el carácter innovador e incluso romántico que nos brindaba la imagen de trabajadores asumiendo por cuenta propia la tarea de reconstruir una unidad productiva y recuperar fuentes de trabajo, nuestros primeros esfuerzos se orientaron en el desentrañamiento y análisis de los elementos constituyentes de la sociogénesis del proceso, análisis que nos permitiera a la vez, avanzar en la construcción de un marco hipotético causal de las recuperaciones de empresas, al menos en la localización geográfica referente a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante CABA). Con el correr de los años y los avances investigativos emprendidos, nuestra mirada sobre el proceso empezó a focalizarse en la capacidad evolutiva del mismo, así como en las transformaciones en una serie de dimensiones que nos parecían sustantivas para desentrañar el carácter social del proceso. Nos interesaba observar qué expresaban dichos procesos productivos en su relación con el ordenamiento social, sobre qué elementos se innovaba, y qué innovaciones se revertían. En este sentido, las investigaciones desarrolladas desde 2003 a esta parte, nos permitían afirmar que al desobedecer al desempleo avanzando sobre la dirección de la producción, los trabajadores de estas empresas recuperadas producían cambios e innovaciones en los espacios físicos y sociales que entraban en su posesión. Este avance poseía en lo inmediato una implicancia sustantiva: conformaba un proceso de igualación creciente. La empresa resultante transformaba significativamente el carácter de las relaciones de apropiación, el consumo productivo de fuerza de trabajo asalariada no era lo dominante en la génesis de la nueva empresa (Rebón: 2004 y 2007). Por otro lado, se alteraba parcialmente el carácter social de la unidad productiva al generarse condiciones para una crítica práctica, no deseada previamente por sus protagonistas, al orden socio-productivo (Rebón: 2007). Dichas proposiciones constituyeron nuestras premisas de investigación. Consideradas como el punto de partida, nos interesaba observar las transformaciones en dichas

dimensiones. En este sentido, entendíamos que estas proposiciones referían a un estadío particular del proceso, es decir a un momento que tenía más que ver con su sociogénesis -el momento constituyente-, más que con su forma acabada. Es decir, más allá de estos avances relevantes vinculados a la sociogénesis del proceso, entendíamos que éste no podía ser comprendido en sus alcances sin investigar que acontecía con el mismo una vez pasada su etapa inicial de emergencia. La presente Tesis entonces, intenta desentrañar con rigor las transformaciones en los procesos de igualación observados en la etapa instituyente del proceso y sus implicaciones respecto del carácter del orden socio-productivo. La investigación aquí desarrollada, refiere así, a la temática de la igualdad, los obstáculos para su sostenimiento, las formas en que emerge la desigualdad, los mecanismos que las sustentan, los criterios sobre los cuáles se apoya, la concepción que de ellas/s tienen los trabajadores. Ahora bien, nos interesa enfocar la mirada sobre las relaciones de igualdad/desigualdad desde una perspectiva centralmente sociológica, esto es entender a la igualad y a la desigualdad social como una relación social, como un tipo específico de configuración de acciones en correspondencia de encajamiento de acciones- realizada por individuos o grupos de individuos. Esto implica despojar el análisis de una mirada esencialista y moralizante y centrarnos en los vínculos que se entablan en estos colectivos de trabajadores. Centrar nuestra mirada en la forma que adquieren los vínculos sociales, o dicho de otro modo en la socio-dinámica de la relación entre grupos sociales (Elías: 1996), nos permite reflexionar sobre la existencia de “regularidades estructurales”, es decir, de estructuras de relaciones que se expresan en diferentes contextos y grupos sociales. Así por ejemplo, como explicitaremos a lo largo de la Tesis, consideramos que los grados y las formas que asume la cohesión grupal, juegan un rol central en las relaciones de desigualdad analizada, ¿es posible entonces, pensar que este elemento puede jugar un rol preponderante también en muchos otros contextos sociales? Así, este énfasis sociológico circunscribe el análisis de las relaciones de igualdad/desigualdad a una perspectiva que trasciende los debates o las reflexiones filosóficas, o más precisamente de la filosofía política. No es pretensión de esta Tesis entonces, relegar el análisis sociológico de los procesos, e instalarnos en un debate sobre una base ético-política sobre la conveniencia o inconveniencia de la igualdad o la desigualdad en los procesos analizados. Nos interesa primero conocer los procesos, para luego reflexionar sobre los mismos a la luz de nuestros valores y nuestros principios sobre la igualdad. Esto

entonces implica reconocer que el investigador posee valores y principios morales sobre una realidad deseada, pero no atribuimos a los procesos analizados esos valores deseados. En este sentido, nos inscribimos en una perspectiva que entiende la producción de conocimiento en términos de una ciencia social emancipadora (Wright: 2006), la cual trata de generar conocimiento relevante para un proyecto colectivo democratizador e igualitario. Entenderla como una ciencia social y no una mera crítica o filosofía social, supone reconocer la importancia para esta tarea del conocimiento científico sistemático sobre la sociedad. Llamarla emancipadora supone señalar que su principal objetivo moral es la eliminación de la opresión y la creación de condiciones para la prosperidad humana. Y llamarla social indica considerar que la emancipación depende de la transformación de las relaciones sociales, y no sólo de la subjetividad (Wright: 2006). Nuestro punto de partida entonces, recoge estos principios sobre la ciencia social emancipadora. En este sentido, dicha ciencia no implica sólo revelar los padecimientos y desigualdades del mundo, sino demostrar que la explicación de esos procesos reside en las relaciones sociales existentes, que no son naturales, sino histórico-concretos, lo cual implica que la construcción de un diagnóstico sobre la realidad social contiene un elemento de crítica. Ahora bien, el diagnóstico crítico de nuestras realidades sociales desde una perspectiva emancipadora implica tomar en consideración una teoría normativa, es decir, tomar en consideración una concepción sobre la “justicia social”. Afirmar que un determinado orden social genera “daños”, supone añadir al análisis un juicio moral. El trasfondo de una teoría emancipadora es una teoría implícita de la justicia: una concepción sobre las condiciones que deberían satisfacer las instituciones o relaciones sociales- de una sociedad para que se pueda considerar “justa”. En formaciones sociales de carácter capitalista, una exploración a fondo de la teoría normativa que subyace a la crítica de dicha formación se basa en una concepción radicalmente igualitaria y democrática de la justicia (Wright: 2006), y más concretamente en dos cláusulas normativas en sentido amplio, una que refiere a las condiciones necesarias para una justicia social, y otra que remite a las condiciones necesarias para una justicia política: a) Justicia social: en una sociedad justa, todos y todas gozan del mismo acceso, en general, a los medios materiales y sociales necesarios para vivir y llevar una vida satisfactoria. b) Justicia política: en una sociedad políticamente justa, todos y todas deben contar con el mismo poder para contribuir al control colectivo de las condiciones y decisiones que afectan a su destino común, lo que debe entenderse como un principio de igualdad política y de poder colectivo democrático. Tomadas en conjunto, estas dos cláusulas proponen una sociedad que profundice

la calidad de la democracia y amplíe su ámbito de acción, en condiciones de una igualdad social.

¿Cómo adecuar esta perspectiva que aborda sociológicamente un problema de investigación pero con un trasfondo normativo respecto a las consideraciones de justicia en el territorio social que nos interpela? Consideramos justamente, que en el campo de una ciencia social emancipadora, los procesos de recuperación de empresas por sus trabajadores nos proporcionan un invalorable laboratorio social para la construcción de conocimiento universalista. Por una parte, el análisis de sus condiciones socio-genéticas nos pertrecha en la capacidad de utilización de formas sociales análogas en otros contextos para enfrentar de forma exitosa el cierre empresarial. Por otra parte, en su dimensión de avance sobre la producción nos provee de un indispensable material empírico para conocer más acerca de los problemas a enfrentar, en sus diferentes dimensiones y escalas, en la perspectiva de configurar un orden socio-productivo post-capitalista. Esto constituye nuestro horizonte valorativo, puesto que consideramos que uno de esos problemas a enfrentar refiere a cómo es posible el sostenimiento de las relaciones igualitarias, cómo se revierten dichas relaciones, por qué, mediante qué mecanismos y bajo qué criterios. Y principalmente, que implican dichas transformaciones respecto al carácter social del orden socio-productivo. En este sentido, consideramos que el carácter que adquieran las relaciones sociales de producción en estos espacios socio-productivos dependerá en buena medida de las transformaciones que puedan acaecer entre los elementos que las constituyen y las relaciones que establecen, es decir, en la “figura” que adquiera el complejo de acciones en correspondencia. Desde esta perspectiva, luego transcurridos varios años del momento de emergencia de las recuperaciones de empresas, es pertinente preguntarse por las transformaciones que han sufrido y sus implicancias hipotéticas- respecto del orden socio-productivo. Preguntarse por las tensiones de la igualdad en estos espacios socio-productivos es preguntarse si estas innovaciones introducidas -si el carácter más igualitario de apropiación-, han podido sostenerse. Ahora bien, la igualdad en plano de la distribución material no está exenta de tensiones y disputas, incluso desde la perspectiva de los protagonistas directos de estas experiencias. Desde un inicio, en nuestro primer acercamiento a este “universo de las recuperadas” realizado en 2003, el igualitarismo distributivo se encontraba tensionado por otras perspectivas. No constituía desde la perspectiva de los trabajadores la modalidad que mejor se adecuaba a sus exceptivas y deseos, era más bien una modalidad transitoria, adecuada a un contexto instituyente en el cual se encontraban las experiencias en aquel momento. Otros investigadores, principalmente de otras localizaciones geográficas, nos

alertaban sobre similares tensiones. La distribución de lo producido era uno de los debates que atravesaban a diferentes organizaciones autogestionadas, y era “el eje principal en torno al cual se representan los conflictos de clase típicos de la sociedad capitalista. La estructura de clases, la composición del sistema de status social, el dinero, la estructura de consumo y es sistema escolar, propician una tendencia a la promoción de la desigualdad, y el florecimiento de ésta lleva a la corrosión de la democracia en las organizaciones de trabajo autogestivo” (Dal Ri y Vieitez: 2009). Así entonces, como nos sugieren las observaciones de estos investigadores, es en su relación con el ordenamiento social donde encontramos las implicancias de las transformaciones en las relaciones de igualdad. Por último, consideramos que el análisis de estos elementos es de sumo interés en el contexto actual. La presente Tesis focaliza sobre un análisis de las transformaciones en las relaciones de igualdad a partir de registros realizados en diferentes contextos temporales. Pues bien, nos encontramos ahora ante un contexto que comienza a interrogar sobre la “estabilidad” y el “crecimiento” económico y social, a partir del impacto que una crisis económica de nivel mundial puede tener el territorio nacional. Ante este nuevo escenario, el desarrollo futuro de las diferentes experiencias autogestionarias, así como la posibilidad de que nuevas experiencias de este tipo puedan emerger, constituye un interrogante que nos compele a investigar qué expresan estas heterogéneas experiencias de defensa de fuentes de trabajo en su relación con el ordenamiento social, qué aportan en tanto construcción de conocimiento- en la reflexión o teorización sobre la posibilidad de un ordenamiento social pos-capitalista. La presente Tesis pretende ser un aporte en la dirección de interrogar a la realidad social, a sus procesos, desde la perspectiva de una ciencia social emancipadora. En tal dirección, he pensado en una estructura de presentación con tres principales partes analíticas. La primera parte de la Tesis tiene por objeto realizar una lectura contextual de las recuperaciones de empresas, a partir del análisis de de su capacidad reproductiva ampliada y simple- así como su capacidad productiva. Se toman como fuente de datos principalmente los registros sistemáticos realizados en el marco del Observatorio Social sobre empresas Recuperadas y Autogestionadas (IIGG) que involucra el análisis de 36 procesos de recuperación de empresas relevadas hasta 2009 en la CABA. La segunda parte de la Tesis introduce una serie de herramientas conceptuales de centralidad para el análisis de los procesos de interés. Principalmente los aportes que brindan Wright (2010), Elías (1996) y Tilly (2000b) a partir de sus investigaciones respecto a la desigualdad social. Luego de dicha presentación, explicitamos el análisis en profundidad de las transformaciones en las formas de

distribución de los ingresos, los mecanismos mediante los cuales se producen las apropiaciones y los criterios subyacentes, así como la relación entre las formas distributivas y otras dimensiones relevantes, como la función de dirección de la unidad productiva y la forma de incorporación de nuevos trabajadores. La hipótesis central de esta parte, refiere a que existe un proceso de reversión en la igualación distributiva cuya forma se encuentra relacionada con elementos de origen: la historia social de los grupos constituidos en el momento instituyente de la organización. Dicho análisis nos permite concluir sobre una hipótesis que plantea la hibridación del carácter social de estos emprendimientos. La tercera parte de la tesis, tiene por objetivo analizar cómo se expresan en las conciencia de los trabajadores las distintas formas distributivas analizados en la parte anterior de la tesis, y qué criterios se explicitan para legitimar o deslegitimar una u otra forma. En un primer momento analítico, se realizará un análisis descriptivo de las consideraciones de los entrevistados distinguiendo entre atributos adscriptos y atributos socialmente adquiridos de la fuerza de trabajo. En un segundo momento, se analizaran dichas consideraciones tomando como criterio de corte los tipos de configuraciones distributivas existentes en las empresas. La hipótesis central que recorre esta parte de la tesis, refiere a que existe una tensión en la expresión - desde la perspectiva de la conciencia de los trabajadores- de las legitimidades de las formas distributivas. Esta tensión implica que la legitimidad de cada forma distributiva asumida por cada tipo de empresa coexiste con una forma antagónica. Este antagonismo se corresponde a la vez con diferentes formas de escisión del colectivo laboral y la conformación de grupos sociales categorialmente diferenciados, de los que resultan las configuraciones distributivas desigualitarias (Elías: 1996; Tilly: 2000b). Antes de comenzar con el desarrollo analítico propuesto presentaremos tres apartados. En primer lugar, presentamos un apartado que tiene por objetivo exponer las preguntas investigativas, sus recorridos y transformaciones hasta llegar al problema de investigación contenido en la presente Tesis. En segundo lugar, presentamos antecedentes investigativos que consideramos relevantes en relación a la temática que queremos abordar y al problema investigativo formulado. Constituyen una serie investigaciones recientes sobre los proceso de recuperación de empresas que han analizado, desde diversas perspectivas y enfoques, dimensiones referidas a las relaciones socio-productivas al interior de las unidades productivas, sus transformaciones, y los conflictos latentes o manifiestos- inherentes a esas transformaciones. Por último, presentamos exhaustivamente los objetivos generales y específicos- de la tesis, las formas de abordaje metodológico, la definición de los dos

universos de análisis (unidades productivas, trabajadores de esas unidades productivas), y las estrategias y técnicas utilizadas.

Nuevas preguntas para la construcción del Problema de Investigación.

La presente Tesis constituye una continuación y profundización de los avances investigativos objetivados en mi tesis de Maestría 1 . Los resultados obtenidos en dicha Tesis me permitieron caracterizar las transformaciones distributivas enfatizando descriptivamente sobre el proceso. Una serie de proposiciones centrales constituyeron la resultante de dicho avance. Es menester mencionar entonces, al menos sucintamente, dichas proposiciones. Las primeras investigaciones desarrolladas hasta 2006 me permitieron afirmar que en su desarrollo productivo, las distintas experiencias analizadas evidenciaban una reversión de los procesos de igualación en la dimensión referente a la distribución de los ingresos generados por las cooperativas. Esto significaba que las empresas que en origen distribuían igualitariamente los ingresos, con el desarrollo productivo comenzaban a modificar sus formas de distribución, pasando de igualitarias a diferenciadas. De dichos avances emergieron una serie de preguntas iniciales de investigación que fueron reformulándose en sucesivos trabajos de campo. En primer lugar, considerábamos que el proceso de recuperación de empresas expresaba una transformación en la identidad socio- laboral de los trabajadores. Éstos, en la defensa de su identidad, con el proceso de recuperación de la unidad productiva dejaban de ser asalariados para ser socios. Nos preguntábamos ¿en qué medida elementos de esa misma identidad social asalariada -que refieren a sus concepciones y valoraciones- constituían un obstáculo en la profundización y/o el sostenimiento de varias de las innovaciones socio-productivas resultantes de esa acción defensiva? ¿En qué medida las transformaciones en las modalidades distributivas eran un observable de dicho obstáculo? En este sentido, poder rastrear elementos referentes a una “cultura asalariada” nos parecía sustantivo para sucesivas investigaciones. En segundo lugar, emergía como inquietud la relación entre las desigualaciones en las formas distributivas y las referidas a la dimensión de la función de dirección de la unidad productiva. Si en un proceso cooperativo de carácter capitalista las funciones clásicas que el capital productivo ejerce en el proceso de producción asumen un carácter dual respecto a su contenido y un carácter despótico respecto a su forma (Marx: 2002), ¿es posible pensar que elementos de la cultura asalariada, que refieren a relaciones propias de las formas sociales capitalistas, constituyen un

1 Salgado, R. (2009) “Entre la innovación y la reproducción social: el carácter emergente del orden socio- productivo en las Empresas Recuperadas de la CABA.” Tesis para optar por el título de Magister en Investigación en Ciencias Sociales. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires. Director: Dr. Julián Rebón. CABA. 2009. Inédito. Fecha de defensa: Diciembre de 2009. Calificación: Aprobada con mención especial sobresaliente- y recomendación de publicación.

obstáculo para trascender dicha dualidad de contenido y despotismo de la forma? ¿Qué

relación existía entre las formas distributivas y las formas que asumía la función de dirección

de la unidad productiva? Estas preguntas emergieron como resultante de mi primer avance

investigativo. Avanzar en dar respuesta a estas preguntas fue considerado necesario para

entender cuál era el carácter que asumía el orden socio productivo.

Ahora bien, como afirmé anteriormente, estas primeras inquietudes surgidas como

resultado del proceso investigativo involucrado en mi Tesis de Maestría fueron

reformulándose en los meses subsiguientes a su finalización, principalmente a partir de

nuevos acercamientos al “campo”. Así, durante 2009 me encontraba realizando nuevas

entrevistas a referentes de empresas recuperadas y referentes de movimientos o nucleamientos

de empresas recuperadas. Algunas de dichas entrevistas estaban focalizadas en indagar la

percepción que estos actores tenían sobre una serie de elementos que referían a lo que yo

consideraba que constituía en aquel entonces mi problema de investigación. Es decir, en los

intercambios y “charlas” intentaba probar si “mi” problema era un problema percibido sólo

por mí, o si era compartido -de alguna manera- como “problema”, según la mirada de los

protagonistas de las propias experiencias. Había también una segunda intención en estas

pesquisas: explorar dimensiones que pudieran ser mencionadas por mis “informantes clave”,

y que yo no estuviese tomando en consideración. Por supuesto, no asistía a esas entrevistas en

absoluto “desarme”, existía ya una acumulación y pertrechamiento investigativos, una serie de

análisis sobre la temática, una serie de hipótesis construidas. Desde el año 2003 -momento en

que participé del primer relevamiento a trabajadores de empresas recuperadas-, había sido

explicitado por los propios trabajadores que los criterios y formas distributivas que asumían

las experiencias en aquel momento se encontraban en disputa, tensionadas, discutidas. Lo que

no teníamos en claro en aquel entonces y que adquirió mayor claridad en 2009- eran las

dimensiones asociadas a las formas distributivas, sus mecanismos y las configuraciones que

expresaban, así como los agrupamientos que dichas configuraciones construían (o

expresaban).

Como resultado de esas entrevistas obtuve una serie de testimonios que ejemplificaban

muchas de las cuestiones que quería investigar, es decir mi problema de investigación. El

intercambio que sigue efectuado en el marco de una entrevista a un integrante de una

federación de cooperativas- constituye una de esas ejemplificaciones.

- Entrevistador: Bueno, yo estoy ahora también con mi tesis de doctorado. Mi tesis de doctorado es también profundizar un poco sobre lo que te acabo de comentar: retiros, criterios, etc. Profundizarlo y completarlo. A ver, como decirlo… la percepción de los

trabajadores en torno a eso, o cuáles son los criterios que legitiman una u otra forma. Si hay una cuestión cultural que es la que obtura o promueve una forma u otra.

- Entrevistado: Yo te voy a contar una experiencia de esto, que nos pasó a nosotros. Hace poco, vino una fábrica recuperada de San Martín, y vinieron a pedir ayuda porque se peleaban entre ellos. Entonces fuimos con mi compañero, y nos armaron una asamblea donde estuvieron todos los trabajadores, y eran 40 o 50. Entonces la experiencia es la de no sé si 8 o 9 años que los patrones pagaban en negro y los delegados no hacían una mierda. Estaba la UOM metida ahí. Nosotros hicimos nuestro planteo, explicamos lo que es una cooperativa, el tema de la necesidad de la asamblea, el hecho de que desaparezca el patrón nos da mejor la posibilidad de idear algunas cosas, reformularlas… nos mandamos un speech bárbaro. Pero cuando se disolvió la asamblea y nos pusimos a hablar más en grupo, entonces uno te decía: “¡No! Porque el sector nuestro tiene tanta antigüedad y nosotros cobramos menos. Estos ahora se agarraron la empresa”. Y los otros te decían: “Bueno, yo tengo 30 años de antigüedad acá, ¿por qué voy a ganar igual que él?”. Nosotros decíamos: “Bueno compañero, pero esto dejó de ser una empresa capitalista”….Cuando vos les planteás que ellos pueden cambiar las cosas, se producía un abismo y aparte miraban a los delegados, ¿viste?, que ahora son los que dirigen la experiencia. No fue que armaron esa cooperativa porque hicieron una asamblea y dijeron: “Vamos a armar una cooperativa”. ¡No! Armaron una cooperativa ellos. Y los demás se quedaron ahí. Entonces, esa gente ahora va a trabajar en relación de dependencia desde otro lugar. Y nosotros habremos contabilizado una empresa recuperada…

La experiencia comentada por el entrevistado me parecía sumamente interesante. En

principio el relato refería a una empresa en proceso de recuperación, es decir a una empresa

que se encontraba en un momento “instituyente”, de creación -o recreación- de sus propios

diseños institucionales, una empresa que hacía poco había dejado de “ser capitalista”, en

palabras del entrevistado. Por otra parte, resumía varias de las dimensiones que, a priori,

consideraba que constituían el entramado explicativo de las configuraciones distributivas que

estaba analizando. Primero, en el relato del entrevistado se hacía referencia a un “nosotros” y

a un “ellos”, es decir, se refería a la construcción de una diferenciación. En segundo lugar, el

entrevistado enunciaba criterios que subyacían a la diferenciación y que constituían a la vez,

asimetrías: la antigüedad en el trabajo. En tercer lugar, el entrevistado refería a un elemento

cultural, o con otras palabras, a una cultura política de la no participación. Este elemento

cultural de la no participación implicaba una direccionalidad política, que era a la vez una

direccionalidad productiva, los antiguos delegados eran quienes asumían la función de

dirección productiva de la experiencia, el resto de los trabajadores “va a trabajar en relación

de dependencia desde otro lugar”.

Ahora bien, mi interés en la realización de la entrevista con el referente de la federación

tenía otra arista. Quien comentaba su experiencia había atravesado también una experiencia

de recuperación, había sido un referente de una empresa recuperada de la CABA, una de las

pocas experiencias fallidas, empresa que cerró y se disolvió. Me interesaba preguntar sobre

esa experiencia, su mirada de “por qué no funcionó”, pero a la luz de mi inquietud inicial, las

transformaciones en las modalidades de retiro. Lo que sigue es su relato:

- Entrevistado: Cuando nosotros vamos al proceso de distribución de tareas -después de un año y medio de resistencia con todo el tema legal en el medio, muy desgastante, muy desgastante entre nosotros, la confianza, la desconfianza… sacar a los tipos que nos robaban, compañeros-, allí también se da un nuevo reagrupamiento entre aquellos que fueron siempre leales al patrón y consideraban que conocían el negocio. Eso era un aspecto, y después el otro aspecto era el tema de no comprender el funcionamiento de una cooperativa, digamos. De pronto llegábamos a una asamblea, llegábamos a un acuerdo, tomábamos una decisión e inmediatamente a la semana siguiente cuando recabábamos qué había pasado con eso que habíamos logrado resolver, la respuesta era “no se pudo hacer, por esto por aquello, por lo otro, por lo que fuere”. Siempre se llevaba para atrás el acuerdo. Después también una visualización de la disciplina, del orden, cosas muy metidas, por parte de la gente más joven estoy hablando. Y una búsqueda de ocupar el lugar del patrón, porque creían en la ventaja de manejar la computadora. Fijate vos, ¿no? Y manejaban la posibilidad de hacer las boletas y todo eso, pero porque ellos se pusieron ahí y nosotros dijimos “está bien, no hay problema”, pero después no se podía socializar nada mas a partir de ese hecho. A la gente no le interesaba la relación de la cooperativa hacia fuera, le interesaba más bien el tema de lo que se podía obtener como ventaja frente a eso. Siempre fue una discusión, permanente… Y después bueno, incorporamos a dos compañeros nuevos que en vez de ayudar a todo esto, enquilombaron más. Entonces llegó un punto de ruptura de mucha pelea entre ellos, y yo en un punto dije “Bueno, ¡me voy! Ustedes no entienden lo que es cooperativismo, esto no es así” Hacía un año y medio que estábamos trabajando…

- Entrevistador: Esta cuestión que mencionabas sobre quien manejaba la PC y que expresa también cierto conflicto entre formas de pensar. ¿Se plasmó en algunas discusiones que tuvieron que ver con la forma en que se retiraba lo producido?

- Entrevistado: No. De movida nosotros dejamos claro que todos teníamos las mismas obligaciones, las mismas responsabilidades, los mismos derechos, y que todos íbamos a cobrar lo mismo. Lo que pasa es que allí interviene todo el tema del personalismo, todo el tema de la cosa cultural que está tan instalada.

- Entrevistador: O sea, que esta cuestión cultural que decías… una vez que no está el patrón, querer ser patrón. ¿No se plasmó en el tema de los retiros?

- Entrevistado: Lo que pasa es que lo de los retiros fue puesto de prepo. Fue en el momento que estábamos armando la cooperativa. Pero después vino la puja a ver quién, usando esa relación que teníamos prioridad con algunos proveedores o conocimiento de alguna cosa, asumía el “ahora el patrón soy yo”.

El relato de la propia experiencia del entrevistado sobre el proceso fallido compartía

varios elementos del relato sobre la experiencia de un proceso ajeno. Aquí también se

encontraba una diferenciación, un “nosotros” y un “ellos,” una diferenciación que pujaba

hacia una desigualdad. “Ellos” habían sido leales al patrón, y acaparaban lugares de poder,

accesos a recursos de poder: tenían relación con proveedores, conocimiento sobre lo facturado

y no socializaban la información. “Ellos” tampoco entendían de cooperativismo, expresaban

en palabras del entrevistado “ahora el patrón soy yo”.

Sin embargo, esta diferenciación en puja hacia la desigualdad, no se expresaba en la

distribución de los ingresos. Este elemento definido “de prepo”, en el momento instituyente,

en la creación de la nueva empresa, no aparecía -según el relato- como elemento de disputa.

Mi inquietud era cómo ese igualitarismo distributivo, podía convivir con las disputas en torno

al establecimiento de desigualaciones en la función de dirección de la unidad productiva.

Quizás, el que se haya truncado tan pronto la experiencia evitó que esa disputa emergiera.

Pensé entonces en preguntar directamente sobre la opinión del entrevistado respecto a

las transformaciones en la dimensión distributiva que yo estaba observando y analizando en

un conjunto de empresas recuperadas de la CABA.

- Entrevistador: … Y ahora encuentro que uno encuentra formas igualitarias, sigue encontrando formas diferenciales. Pero ahora lo más novedoso que no estaba antes, es algo que refiere a la antigüedad.

- Entrevistado: Eso para mí está mucho más vinculado a esta idea de “soy patrón”. Es decir, “si yo me apropié de este lugar, y después te di lugar a que vengas vos, vos no podes ser más que yo. Y si yo no puedo lograr que vos ganes menos que yo, entonces lo que yo voy a lograr es que yo voy a hacer lo que a mí se me da la gana y vos tenés que hacer lo que yo digo”. Si vos analizas más de cerca algunos procesos, el tema del individualismo está referido más a la reivindicación propia como un derecho superior al del otro. Hay todo un contexto, y digamos una normativa de formación que todavía impide que eso se rompa, pero por ejemplo: hay lugares en los que los socios fundadores son perfectos vagos, que no hacen una mierda y lo toman como un derecho. Inclusive en algunos lugares se ponen algunos mangos más que el resto porque son los fundadores.

En el relato del entrevistado se refería a la desigualdad distributiva de los ingresos en

relación a una desigualdad en la función de dirección. La desigualdad material tenía que ver

con una desigualdad en el plano del poder. Pero ese poder era personificado por un grupo

particular, los “fundadores”, los que llevaron “el proceso adelante”, los iniciadores.

Grupalidad escindida y diferenciada de otra grupalidad, los “nuevos”, los que llegaron

después con el crecimiento de la empresa.

Las consideraciones del entrevistado me parecían muy sugerentes. En primer lugar, en el

recorrido de su relato existía una referencia a la construcción de una diferencialidad que se

transformaba en desigualdad, pero con un énfasis en la función de dirección de la unidad

productiva, en el poder de tomar las decisiones, en la transformación de la personificación de

esa función: “ahora el patrón soy yo”. Pero la personificación de la nueva patronal no era

individual, sino colectiva, refería a un grupo, a una grupalidad construida sobre la base de un

“nosotros” que se definía por la singularidad de ser los “primeros”, derecho que parecía

esconder un privilegio. En segundo lugar, las opiniones del entrevistado me eran sugerentes

debido a la cantidad de elementos y dimensiones enunciadas, así también por el contexto

donde emergían, la entrevista era desarrollada en una empresa cuya modalidad de retiro

poseía elementos que referían a la antigüedad.

Tuve la posibilidad de participar en una serie de reuniones que desde el Observatorio

Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas el cual integro- tuvimos con quien

era el presidente de dicha cooperativa. Dichas reuniones fueron realizadas a partir de un

trabajo conjunto que realizábamos la empresa y el Observatorio para analizar problemáticas

que atravesaba la cooperativa y que tenían que ver, entre otras cosas, con conflictos al interior

del colectivo de trabajadores, grados de implicación diferentes, niveles de participación

diferentes, etc. Problemáticas complejas que se desarrollaban en esta empresa con gran

cantidad de trabajadores ingresados luego de la recuperación y a diferencia del caso fallido,

con varios años de desarrollo productivo. Le presentamos al presidente de la cooperativa el

resultado de un relevamiento efectuado a los trabajadores de la empresa. Lo que sigue es el

intercambio disparado por dicha presentación:

- Entrevistador: El otro tema es la distribución en los ingresos. Lo que nosotros encontrábamos en el relevamiento sobre todo es que en las opiniones respecto a qué es lo más justo en términos de distribución de los retiros, y qué es lo más eficiente… aparecen una serie de tensiones. Cuando preguntamos sobre cuál sería la forma más justa, el 32% dice el criterio de haber participado o no en la recuperación, el 32% dice todos por igual y un 22% dice según la calificación. Sin embargo, cuando preguntamos sobre cuál sería la más eficiente se da vuelta y la mayoría responde que el igualitario seria más eficiente.

- Entrevistado: Hay una cosa que se fue dando. Viste en ese 32% que había participado en la recuperación o no. Acá se llaman “los que rompieron el candado” porque acá fue literal, había un candado con una reja… Es una medalla, ¿viste la batalla de San Lorenzo? Hay de parte de los que rompieron el candado eso, y de parte de los otros un hastío con eso, están hartos de escuchar eso. Y después se fue dando que todos los encargados terminaron siendo los “fundadores” y ahora se empezó a discutir eso desde hace un tiempo y quedó medio como flotando la idea de que cuando renovemos el consejo, que falta un año, todos los encargados pongan a su disposición -no del consejo nuevo, sino de todos los trabajadores de la cooperativa- su cargo para ser revalidado o no, porque hay una cosa de… hay compañeros que son fundadores, que tienen la “medalla”, que rompieron el candado pero que no van ni para atrás ni para adelante en ese lugar. Pero que, por una cuestión de necesidad, se niegan a salir de ese lugar, y siempre tratan de justificar lo que hicieron mal, y bueno hay relaciones de fuerza interna, que vos tenés que trabajar, porque si no viste…

- Entrevistador: También por ahí forma parte de las responsabilidades…

- Entrevistado: Vaya a saber. No sé con la próxima renovación del consejo, ponele que nosotros no quisiéramos seguir, qué va a pasar. Si se va a manifestar de la misma manera con compañeros nuevos o si va a haber un retroceso para que vuelvan los

fundadores… por ejemplo todos los chicos nuevos les dicen “fundidores” a los fundadores. Se pudre todo y son los fundidores. En joda pero te la mandan. Son los fundidores, ¿entendés?

En este relato, nuevamente una serie de grupalidades emergían de las consideraciones

sobre lo justo de distintas formas distributivas. Dichas grupalidades, en la dimensión

distributiva, se constituían sobre la base de la legitimidad que otorgaba el atributo valorizado

de “haber roto el candado”. Pero también, -los socios fundadores, y los nuevos trabajadores-

expresaban una tensión en la relación, un conflicto al menos latente que ponía a las

legitimidades construidas en disputa -el hastío de los nuevos respecto a la medalla de los

fundadores-, que implicaba incluso una transformación en las categorizaciones: así los

fundadores pasaban a ser los “fundidores”.

Estos elementos que emergían de las entrevistas sugerían una nueva serie de preguntas

investigativas. En este sentido, las entrevistas expuestas permitieron enriquecer enormemente

las preguntas de investigación que surgieron luego de la realización de mi Tesis de Maestría.

En primer lugar, surgía de la necesidad de analizar en profundidad las transformaciones

en las modalidades distributivas que había observado y continuaba observando-. Entonces,

¿en qué medida las formas distributivas desigualitarias expresaban configuraciones cuyo

basamento lo constituía la conformación de un “grupo” categorialmente definido? Si esto era

así, ¿sobre qué elementos se constituía dicha definición? Es decir ¿qué constituía al “grupo”

en tanto tal? Por otro lado, ¿qué relación podía establecerse entre la desigualdad en esta

dimensión y la desigualdad en la dimensión referente a la función de dirección?

En este sentido, tanto los avances realizados como los nuevos elementos y dimensiones

que surgían de las nuevas entrevistas realizadas me conducían a seguir analizando las

transformaciones en las formas distributivas, pero avanzando en desentrañar aspectos que

hasta ese momento se encontraban ausentes en análisis previos. ¿Cuáles son los mecanismos

por los cuales se asignaban diferencialmente los ingresos, cuáles son los criterios sobre los

cuáles subyacían, sobre qué categorías estaban construidos y cuáles eran las grupalidades a las

que hacían referencia? Por otro lado, no descartamos aquellas inquietudes surgidas como

resultado de mi Tesis de Maestría. En este sentido, consideraba que era necesario analizar

estas dimensiones pero en su expresión en la conciencia de los trabajadores, el grado de

legitimidad de las modalidades distributivas, su relación con distintos atributos de los

trabajadores, entendiendo que dicho análisis podía colaborar en discernir cuáles eran las

grupalidades en hipotética tensión. Estas preguntas nos compelían a construir, junto con la

evolución de las formas distributivas asumidas por las unidades productivas, un marco

hipotético conceptual que abarque las transformaciones en las relaciones distributivas en las empresas recuperadas. En suma, la presente Tesis tiene como problema investigativo las relaciones de igualdad, sus transformaciones, obstáculos y las posibilidades de su sostenimiento, así como la vinculación entre las transformaciones en dichas relaciones y el carácter del orden socio- productivo. Este problema adquiere relevancia al considerar el universo sobre el cual se interroga. Como explicitaremos a continuación, este universo es constituido por un conjunto de unidades productivas con una historia social particular: el de ser la resultante de una acción colectiva emprendida por un conjunto de asalariados que en defensa de sus puestos laborales construye un incipiente proceso de igualación social e innovación institucional.

Los antecedentes investigativos sobre la temática a la luz de nuestro Problema de Investigación.

La literatura sobre los procesos de recuperación de empresas por sus trabajadores es bastante extensa. Distintos avances de investigación y ensayos surgieron en paralelo a la emergencia del fenómeno de las recuperadas, intentando dar cuenta entre otras cosas- de los elementos referidos al marco causal de las recuperaciones, así como las características más salientes de las nuevas empresas. Aquellos análisis que intentaron avanzar en la causalidad del proceso se centraron en dos grandes hipótesis explicativas. Una primera hipótesis refería al activismo como explicación del proceso (Martínez: 2002). Las otras hipótesis, con mucha mayor presencia en la producción académica sobre el tema, hacían énfasis en la “crisis y la protesta social” como factor explicativo central (Magnani: 2003; Martínez y Vocos: 2002; Fajn et al: 2003). Frente a estas dos grandes explicaciones dominantes como factores determinantes del proceso, Rebón (2007) avanzó en la construcción de un nuevo marco hipotético-causal que pudiera captar las mediaciones entre la crisis y la “autogestión” de la producción, describiendo las identidades sociales involucradas y sus posibles articulaciones y correspondencias entre sí, y con la totalidad social, a partir de su secuencia causal diacronía- y en sus implicaciones -sincronía-. Avances investigativos posteriores (Salgado: 2009 y 2010; Ruggeri et al: 2010; Palomino et al: 2010; Hudson: 2011) incorporaron elementos referidos a la “instalación cultural” de la recuperación de empresas, es decir a su instalación como repertorio de acción de los trabajadores, como factor interviniente en el desarrollo del proceso más allá de la reversión del contexto de crisis de su emergencia. En este último sentido, también surgieron investigaciones que centraron el análisis del proceso a partir de la estructuración de la “recuperación de empresas” como repertorio de acción colectiva y los sentidos asociados al mismo (Dávalos y Perelman: 2003, Fernández Álvarez: 2004, Gracia y Cavialleri: 2007, Trinchero: 2009). Más relacionado a nuestro problema de investigación, muchas investigaciones avanzaron en desentrañar las características asociadas a las empresas recuperadas, en tanto innovación socio-productiva. En este sentido, se ha afirmado que el proceso de recuperación de empresas implicó la introducción de una serie de innovaciones en los espacios sociales y físicos que entran en posesión de los trabajadores produciendo un proceso de igualación en relaciones socio-productivas en diversas dimensiones (Campione: 2003, Petras y Veltmeyer:

2003; Rebón: 2004 y 2007, Fajn et al: 2003, Dávolos y Perelman: 2003).

Así también, desde los primeros estudios sobre el proceso de recuperación de empresas se han abordado las implicancias del mismo en la subjetividad, en la conciencia y en la cultura de los trabajadores participantes de las mismas. Diversos trabajos buscaron describir cambios y rupturas en la subjetividad; en particular, en la conformación de una identidad colectiva (Fajn et al: 2003, Palomino: 2003, Fernández Álvarez: 2004). Así también, en 2003, se indagó con base en una encuesta las formas de conciencia de clase operantes entre los trabajadores de fábricas recuperadas, así como sus representaciones y preferencias en torno a la naciente gestión productiva (Rebón: 2004 y Rebón: 2007). Más allá de la abundante literatura sobre la temática, nos interesa ahondar en una serie de avances investigativos de más reciente producción, que trataron desde perspectivas diversas y con énfasis diversos, en las temáticas referidas al problema de investigación de la presente tesis. En primer lugar, algunos trabajos abordaron el proceso desde la perspectiva de la invención de nuevas formas de habitar la fábrica basadas en la construcción de vínculos solidarios y personales que instituían la posibilidad de la regulación colectiva del espacio, y “clausuras” a las formas delegativas de democracia representativa (Fernández y otros: 2006; Fernández y Borakievich: 2007) Dentro de estos avances rescatamos el de Fernández y Borakievich (2007) referido al carácter social de estos emprendimientos en su función de dirección. Este trabajo caracteriza a las formas de gestión en estas experiencias en tanto resultantes o expresión de una tensión entre la autogestión y la delegación. Las experiencias de trabajo autogestivo así, son posibles por estas tensiones que a su vez las configuran y motorizan. La “autogestión” para estos autores es entendida como un “momento”, no como un lugar, modo o estado, ni como definición del accionar del colectivo. Existe una lógica colectiva de la multiplicidad: se va de la autogestión a la delegación sin que ninguno de los modos se vuelva un estado definitivo. La lógica es múltiple, no es inmodificable. Las condiciones de posibilidad de la autogestión la constituyen dispositivos asamblearios autogestivos. Estos dispositivos son modos de operar ante las tensiones, permiten el accionar del colectivo, producen subjetividad-autogestiva (dignidad, imaginación, acción, obturar la disciplina asalariada). Esta acción colectiva es sólo posible por la horizontalidad. Una nueva lógica horizontal hace al crescendo de intensidad de potencias deseantes, desnaturalizando la lógica tradicional jerárquica y de delegación, legitimada por la propiedad de la fábrica. Así para los autores, estas experiencias expresan una anomalía fabril. En las sociedades capitalistas los sistemas de delegación -Estado, partidos políticos, etc.- disciplinan

las lógicas de multiplicidad, limitando al accionar del colectivo. Para lograr la autogestión es necesario un “desborde” de la organización delegativa-representativa. El obrero autogestionado se transforma: recupera productividad y surge otra identidad del trabajador, recupera su propia dignidad, los lazos sociales, crea otra forma de construcción política, de circulación de poderes. Se desnaturalizan construcciones tradicionales: propiedad privada capitalista, decisiones en manos del patrón-experto, relación disciplina-eficiencia. Así, las organizaciones autogestionadas operan una “clausura” derrideana de la delegación, esto significa que la delegación se suspende -quedando latente-, no que se suprime definitivamente. Por lo tanto, siguen existiendo tensiones en juego que plantean algunos riesgos. En este sentido, los autores marcan que las anomalías provocan desconfianza y saboteos. La eficiencia en la autogestión está ligada al logro del “compromiso compartido”, existiendo la posibilidad de caer nuevamente en lógicas delegativas, burocráticas, disciplinarias. Emergen entonces, discusiones entre los trabajadores sobre reinstalar o adoptar modalidades ligadas a la lógica de mercado. Sin embargo, los procesos colectivos atravesados resistirán esas tendencias. También desde una perspectiva que centra el eje en las tensiones expresadas por estos procesos, los análisis de Dicapua et al (2011) sobre las empresas recuperadas del Gran Rosario, intentan reflexionar sobre situaciones de tensión que emergen entre los trabajadores, al indagar los cambios realizados en la división funcional del trabajo de acuerdo al nuevo tipo de cooperación productiva. Estas tensiones derivan en una conflictividad que puede ser un obstáculo para el desarrollo de estas experiencias, pero que también se constituyen en interpeladoras de prácticas anquilosadas por donde la invención colectiva puede desarrollar nuevas formas de cooperación en un proceso de permanente transformación de identidades colectivas. Los autores hacen hincapié en cómo los cambios estructurales que derivaron en la recuperación de la unidad productiva, incidieron sobre la subjetividad de los trabajadores. Para éstos, las huellas de una subjetividad asalariada tienden a persistir y devienen en obstáculos para la cooperación autogestionada. Las empresas recuperadas analizadas no modifican la organización del trabajo de la empresa tradicional en la división de áreas productivas y área administrativa y de gestión. La razón de ello reside en que esa es la división del trabajo que conocían y por lo tanto, en un momento de incertidumbre, les da seguridad. Sin embargo, los cambios más profundos se dan precisamente en el área administrativa y de gestión donde aparecen nuevos roles y funciones.

Más allá de esto, los autores caracterizan al desarrollo de las empresas recuperadas como procesos autogestionarios, definido en sus límites por el polo de la autogestión y el de la delegación. Estos procesos autogestionarios se constituyen como entramados de tensiones no resueltas, en los que el peligro a afrontar por la empresa recuperada es la cristalización en el polo de la delegación. Estas tensiones se manifiestan en conflictos en el seno de los colectivos de trabajo. Para los autores el conflicto empleador-trabajador ha mutado en una tensión entre dirigentes y dirigidos, investidos los primeros con la figura fantasmagórica del patrón. A su vez, prevalecen prácticas de resistencia que conducen a la adopción de conductas anómicas por parte de algunos trabajadores y que obliga, al consejo de administración a la aplicación de distintas formas de disciplinamiento. Entre los trabajadores hay diferentes grados de compromiso/sentido de pertenencia: algunos toman una postura activa y están involucrados, en cambio otros optan por una postura pasiva, de acompañamiento. De esta manera, puede observarse la continuidad de prácticas individualistas propia de un “habitus” asalariado que, amparado en criterios de jerarquía y división funcional del trabajo típicas del modelo anterior, trae como consecuencia una distribución desigual de la carga del trabajo, restringiendo su participación a lo estrictamente exigido por el puesto y desentendiéndose de la labor colectiva que implica la organización del trabajo en este nuevo paradigma. Se generan así, distintos grados de compromiso respecto a la acción colectiva de los miembros de la empresa. El compromiso oscila entre dos extremos: el involucramiento en el proceso autogestionario o una actitud de acompañamiento. En ese compromiso se juega el sentido de pertenencia, ya sea en el hecho de contribuir activamente en su construcción (participación creativa) o como simple identificación con el proyecto colectivo (inclusión pasiva). La actitud de acompañamiento pasa por reducir la participación a lo estrictamente acordado (las tareas según el puesto de trabajo), acentuando la división del trabajo entre producción y gestión, a la vez que los vínculos asociativos se estructuran a partir de la idea de “contraprestación”, forma individualizada de la participación. Lo novedoso en estas experiencias, pese a las tensiones y sus conflictos, son los mecanismos colectivos de discusión y planteo de las problemáticas, las asambleas, la posibilidad de discusión, los valores alternativos que estas prácticas instalan. Otra serie de dificultades se manifiestan también en la persistencia de la separación tradicional de la empresa capitalista: entre Trabajo Manual/Producción (trabajadores) y Gestión/Administración (patronal). Para los trabajadores de producción, las tareas de gestión no son trabajo: tal como pensaban a su patrón, como no-trabajador. No se trata sólo de una

cuestión funcional sino que en la misma entra en juego la construcción de su identidad como trabajadorproductor que se define por la oposición al patrónno productor. Otro interesante avance investigativo respecto a las transformaciones en la gestión que expresan las experiencias de recuperación de empresas lo encontramos en Bialakowsky et al (2004). En este trabajo se discute sobre el sentido tradicional del término gerenciacon la finalidad de construir un concepto más próximo a la experiencia reciente de lo que acontece con el movimiento social emergente de empresas recuperadas en Argentina después de la crisis de los ´70. El texto vertebra tres ajes analíticos: poder, saber y cooperación. Se concluye que las empresas recuperadas redescubren dimensiones ocultas de la gerencia tradicional, lo que hace que adquieran mayor plasticidad y creatividad a partir del colectivo, cuando éste asume su identidad como colectivo antitaylorista. Los autores intentan comprender qué significa gerenciar desde un punto de vista alejado de la concepción tradicional de gerencia (Management). La pregunta es: ¿es posible gestionar una empresa sin apropiarse de atributos verticales de mando? Para dar respuesta a tal inquietud se elabora un análisis del sentido de la gerencia en los procesos productivos de las empresas recuperadas. Para los autores, el Management resume las formas de distribución y apropiación de la energía psico-bio-socialaplicada al proceso productivo. De ahí que el plan de gerencia, de jefatura sobre la producción, distribución e intercambio, traduce el status social al cual se ha arribado históricamente. La gerencia en un sentido tradicional entabla la disposición-imposición de los recursos con un movimiento cuya densidad tiene varios planos: el de los recursos, el de la combinación del colectivo de trabajo, la introyección subjetiva del plan, se libra una tecnología de gobierno sobre los cuerpos y la materia. La cooperación se descubre así, bifronte para obtener el verdadero trabajo que es la colaboración, de ahí que todos los métodos del proceso de trabajo se muevan entre formas de premios y castigos, de compensaciones y sanciones. Al descubrir la gerencia desde un punto de vista social, como directorio del proceso de trabajo, se descubre un conflicto frente a la fuerza social colectiva, la apropiación de los recursos y productos dirigidos hacia una única dirección, que resulta históricamente asimétrica. Pero, al mismo tiempo, siempre el plan produce en su propio movimiento resistencia del colectivo y del sujeto, resistencia que es necesario subordinar al proceso productivo y ser utilizada en el sentido del producto, que aparece de esta manera ajeno al productor.

El gerenciamiento dirigido a la producción instaura un programa global de flexibilidad, que opera tanto por fuera de las empresas como dentro de las mismas, a través tanto de prácticas de contratación precarizadas de hecho como por medio de legislaciones ad hoc, que formalizan el empleo temporal y terciarizado. La flexibilidad como dimensión interna en la empresa asume un papel dominante en la distribución del trabajo. Por otra parte, se encuentra la difusión de un discurso que intenta cooptar la cooperación, otorgando autonomía al equipo y las distintas variantes para crear membrecía y liderazgos. Bajo esta apariencia para la obtención de consenso laboral, se encuentra un rígido plan de gerenciamiento ya que las decisiones importantes sobre la producción conciernen como antes a la gerencia y a los departamentos de planeamiento, investigación y control. El control se inviste de autocontrol pero finalmente queda depositado en la red central. Para explicar el nuevo tipo de gerencia desarrollada en empresas recuperadas, los autores toman como supuesto teórico que este fenómeno nace justamente como consecuencia de la implantación masiva de una modalidad productiva y gerencial que tiene dos niveles de determinación: a) un nivel macro por la aplicación de políticas productivas o sociales que se inspiran en los lineamientos trazados por el Consenso de Washington y las sucesivas Cumbres de las Américas aplicadas luego a nivel local, y b) un nivel empresario con la puesta en práctica de programas de flexibilización laboral y productiva que concluyen socialmente con resultados desindustrializadores y un aumento sin precedentes de desocupación, trabajo informal, pobreza y exclusión social. Los trabajadores protagonistas de la recuperación de empresas realizan su gesta empresaria en un descubrimiento cotidiano. Este descubrimiento es un descubrimiento de auto-gerenciamiento. Desde esta perspectiva, resulta una nueva gerencia, por cuanto que subvierte muchos de los métodos canonizados acerca de la división vertical y horizontal del trabajo, la resistencia al proceso de trabajo, la cooperación y el plan autoritario. La gerencia ya no es objeto que se presenta ante el trabajador como un objeto ajeno, sino como una propuesta que le es propia y apropiable. En este sentido, la alienación es invertida, reinvertida en el colectivo, en casi todos sus niveles. Por ello, esta nueva gerencia necesita apropiarse y desarrollar el negativo, como reverso, de ese otro positivo que era el método gerencial antecedente, poniendo en evidencia constructiva lo invisible del soporte productivo: el poder, el saber y la cooperación como motivo o como atributos gerenciales. Respecto al saber en las empresas recuperadas, los autores plantean que no sólo se produce una renovación de la identidad del trabajador sino que además se emprenden otros desafíos vinculados con la acumulación y distribución de conocimiento necesario para

planificar y gerenciar el proceso productivo. El saber de la gerencia concierne a dos planos: el proceso productivo y la gestión del trabajo. En ambos casos, y con diferente grado, la intervención del colectivo es determinante. En cuanto a la distribución del saber, los autores señalan dos pasajes: a) el pasaje del conocimiento individual al colectivo, y b) la lucha política colectiva que trasciende las puertas de la fabrica y redefine la relación entre el afuera y el adentro. El saber se constituye en una materialidad interna y externa ya que el objeto de trabajo y la producción puede ser transferido a la comunidad. De esta manera, trabajar resulta una actividad múltiple y compleja de construcción del saber, de construcción subjetiva y colectiva. Esta nueva complejidad es denominada por los autores como co-trabajo, porque en su práctica diluye códigos e imposiciones que segmentan al trabajador y al colectivo succionando su saber en desmedro de su potenciación. La materialización de la cultura laboral y la sustentabilidad del co-trabajo radican en la posibilidad de crear nuevos conocimientos y de distribuir los acumulados, traspasando los muros de la fábrica. Se descubre el saber como colectivo y la posibilidad de diálogo con otros actores sociales tales como la comunidad y los consumidores. El co-trabajo no sólo recrea el saber técnico en relación a la producción sino que también recrea las relaciones entre trabajadores, su vínculo con la organización del trabajo y la conformación del colectivo y del nuevo proceso de cooperación. Respecto a la cooperación, los autores plantean que los sistemas de autogestión bajo formas cooperativas plantean un rediseño de los procesos productivos y de las articulaciones laborales al interior de las empresas. Se introducen una serie de elementos vinculados con: a) la participación; b) la disolución de las relaciones jerárquicas y las nuevas formas de cooperación; c) la disciplina, el control, la autonomía y el consenso en el proceso social de trabajo y d) la rotación de tareas. La gestión para la sustentabilidad empresaria transforma los atributos de la gerencia en un rol expandido que comprende vínculos con la comunidad, el contexto local y los propios movimientos organizativos de las empresas recuperadas. Esta expansión se refiere también a la gestión social directa. Por otro lado, la producción en la nueva gerencia está ligada con el autodescubrimiento del poder y de su distribución. En estas nuevas circunstancias se trata de gestionar empresarialmente la distribución del saber, la potenciación de la cooperación participativa consensuada. Estas dimensiones en la gerencia no resultan secuenciales sino intercambiables y simultaneas por cuanto la diferencia se establece entre la monopolización precedente y el intento de distribución actual, en esto consiste en gran medida la renovación de la gerencia en estas experiencias. La nueva gerencia trabaja sobre dos materialidades simultáneamente. Una materialidad referida a los recursos y otra materialidad referida a las

relaciones sociales y sus intercambios simbólicos, ambas integrando una misma realidad. El gerente se proyecta como un co-trabajador por excelencia, dedicado a la distribución de las cosas pero especialmente a mantener la continuidad entre estas dos materialidades, disolviendo como parte de su trabajo las rupturas alienantes que produce la amenidad de los planes de producción. La gerencia adquiere así nuevas formas de producir y de producirse en un nuevo desafío. Otro interesante avance investigativo relacionado al problema que nos compete lo encontramos en Hudson (2011). El trabajo aborda centralmente las consecuencias de las vinculaciones de las empresas recuperadas con los mercados. El autor afirma que las recuperaciones no se han detenido a pesar del crecimiento económico industrial, esto se debe a que las recuperaciones ya forman parte del repertorio de lucha de los trabajadores. Se instituye la ocupación como una alternativa definitiva y no transitoria. El paso de los años demostraron la notable capacidad de planificación y gestión obrera. En este sentido, el interrogante no se centra en la capacidad de llevar adelante las fábricas, sino en torno a las consecuencias que traen aparejadas las vinculaciones con los mercados. La hipótesis principal refiere a que una vez que los obreros se sacan de encimala disciplina patronal, se topan inmediatamente con otro tipo de controles y ataduras quizás menos visibles que la férrea disciplina impuesta por los jefes y los capataces en las jornadas diarias, pero no por eso menos materiales y asfixiantes. Para poder salir de la crisis, las cooperativas tienen como principal objetivo reinsertarse en los respectivos circuitos de comercialización. Como consecuencia hay una seria dificultad para construir temporalidades propias; los tiempos se determinan al compás de las demandas mercantiles. El control obrero de la producción, soberano en el plano interno (reglas internas), queda a merced de las dinámicas que imperan en los escenarios en los que deben llevarse los intercambios económicos y comerciales (deben adaptar las reglas para no quedar fuera de las reglas y condiciones del mercado). Esto trae aparejado una serie de consecuencias, como por ejemplo, extensas jornadas de trabajo de obreros en línea de producción y un carácter esporádico de las asambleas que se limitan a diseñar respuestas urgentes a las demandas del mercado. De esta manera, se va gestando una distancia entre los consejos de administración y los obreros que cumplen tareas en la línea de producción que está vinculada con la dificultad para construir tiempos propios y modos de organización del trabajo que no estén determinados por los requerimientos del mercado. Estas situaciones borran las fronteras entre el interior y el exterior planteando interrogantes sobre los alcances de la autonomía lograda.

Ahora bien, para el autor el crecimiento y sostenimiento productivo ha implicado la incorporación de trabajadores. En este sentido, incorporar nuevos trabajadores se torna en requisito indispensable para aquellas cooperativas que, habiendo conseguido estabilizarse en el plano económico, productivo y comercial, se disponen a dar un salto cualitativo de crecimiento. El autor plantea en este punto una serie de proposiciones respecto a la modalidad de contratación que han empleado las experiencias por él analizadas. Dichas ccontrataciones traen aparejadas una serie de tensiones generacionales ante la perplejidad y el malestar que provocan en los obreros que recuperaron la fábrica el comportamiento de los trabajadores más jóvenes recientemente incorporados. Para el autor, el comportamiento de los “pibes” no está determinado necesariamente por el modo contractual de inclusión. En tanto los contratados no forman parte de la cooperativa, e incluso, en múltiples casos, se los incluye de manera precaria, no encuentran motivaciones ni aspiraciones para una real implicación en su trabajo. Para estos jóvenes el empleo en estos procesos de autogestión obrera es una experiencia laboral más en un marco de movilidad permanente. De esta manera el autor concluye que lo que antes educaba, socializaba y producía un tipo específico de obrero fabril, en la actualidad devino obsoleto. Así, emergen disímiles imaginarios en torno al mundo del trabajo: hay una subjetividad en juego en los jóvenes que se aleja del imaginario dominante que prevalece en los socios sobre las características del obrero fabril; de allí la distancia y los conflictos generacionales. Por otra parte, estos conflictos devienen de trayectorias laborales disímiles. Los jóvenes poseen trayectorias de empleos en negro, contratos temporarios, largos períodos de desocupación, etc. Los socios por el contrario, poseen décadas de trayectoria en estas mismas fábricas que recuperaron. Así, los desencuentros y conflictos entre socios y jóvenes ponen de manifiesto disímiles imaginarios en torno al mundo del trabajo. Otro interesante avance investigativo relacionado a nuestro tema lo encontramos en un capítulo de la Tesis de Doctorado de Wyczickier (2007). En dicho capítulo la autora analiza cinco casos, tres de los cuales son empresas recuperadas por sus trabajadores. La temática abordada refiere a la creación y recreación de vínculos sociales de nuevo tipo al interior del espacio laboral en la organización autogestionaria del trabajo. Se revisan aspectos vinculares que se encuentran estructurando el proceso de trabajo. Analiza las dimensiones del ejercicio de la autoridad, la cooperación, la disciplina, las rutinas de trabajo, los modos en que los colectivos de trabajadores deciden cómo distribuir los ingresos y la incorporación de nuevos trabajadores, y criterios valorativos y de justificación subyacentes a estas dos últimas dimensiones.

La idea central del capítulo refiere a que los procesos autogestionarios suponen nuevas formas de sociabilidad al interior de los espacios productivos. Estas nuevas formas de sociabilidad combinan y rearticulan y funden- antiguas y novedosas maneras de interactuar y organizar el proceso de trabajo. Esto redunda en que el reinicio de sus labores se viera facilitado. En algunas casos incluso se traslada la organización jerárquica aunque matizada-. En otros casos, se desmanteló esta estructura, por dos razones: 1) el conflicto por el que debieron atravesar significó que sólo permanecieran operarios de igual nivel de calificación, 2) fue una opción interpretativa de cómo debían rearmarse las relaciones entre pares en el nuevo escenario. Entonces, reinstalar ciertas condiciones de trabajo de la experiencia formal anterior disciplina laboral y rutinas de trabajo- se orientó a otorgar un nuevo “orden”, y a contextualizar los vínculos interpersonales que la pérdida del ordenamiento laboral anterior había jaqueado. El haber transitado un pasado común como obreros y empleados en una misma unidad productiva configura parte de la oportunidad que tuvieron las empresas recuperadas de continuar operando en el mercado. Asimismo, dicha reinstalación se orientó también a establecer previsibilidad y confianza colectiva, teniendo en cuenta que tanto la solidaridad como el conflicto en sus interacciones cotidianas se encuentran entrecruzados cuando la autoridad transmuta de un sostén individual y vertical a otro colectivo y horizontal. Esta reactualización o reinstalación posee una artista negativa: conduce al enquistamiento y solidificación de acciones y opiniones sobre cómo conducir estos procesos de autogestión. Se observa así, una tendencia al aplacamiento y opacamiento de las potencialidades de alteración de hábitos y condiciones laborales anteriores. Esto se observa en ciertos aspectos productivos y políticos que caracterizan a estas experiencias autogestivas. Respecto a la cooperación en estos espacios socio-productivos. Los lazos sociales secundarios que caracterizan las relaciones en los espacios de trabajo, en el caso de las empresas recuperadas tuvieron una carga de afectividad y confianza propias de los lazos primarios. El proceso conflictivo desplegado durante la recuperación y la vuelta a la producción desarmaron todos aquellos mecanismos tendientes a la distinción, y a la distancia que se habían reproducido en las empresas anteriores. Las barreras materiales y/o simbólicas que aquello establecía fueron desactivadas, y las relaciones personales estimuladas. Las relaciones tendieron a igualarse y horizontalizarse, entre otros motivos porque en muchos casos permanecieron sólo los obreros y operarios de producción, y porque en los casos en los que había disparidad de calificación y categorización, los vínculos de trabajo luego del conflicto se concibieron con igualdad y horizontalidad.

El proceso autogestivo supuso de este modo, con mayor o menor profundidad, una combinación de criterios de igualación de compromisos y responsabilidades en las labores, con el sostenimiento de algunas experiencias de una cierta jerarquía y verticalidad en la organización productiva. En general, cada trabajador ha tendido a ocupar el puesto de trabajo que ostentaba en su relación salarial antecedente. En estos casos, continuar con las rutinas de trabajo facilitó la puesta en marcha del proceso de trabajo. Ahora bien, esta igualación no se encuentra exenta de conflictos. El control que partía del individuo para posarse sobre el colectivo, y descansaba sobre relaciones desiguales, fue reemplazado por el control que el colectivo pueda ejercer ahora sobre cada individuo, trayendo este nuevo esquema de organización variados conflictos. Solidaridad y conflicto comenzaron a entremezclarse, pudiendo afectar el desempeño productivo y las relaciones entre iguales. El equilibrio entre lograr una eficiencia en la efectivización de las tareas en combinación con la liberación de una relación desigual capitalista al interior de la empresa, pero constreñida dentro de las obligaciones y compromisos ahora colectivos y equitativos, se convierte en un aspecto problemático a resolver. Para contrarrestar estos conflictos, restablecer y reactualizar una serie de rutinas laborales que eran propias de las experiencias salariales anteriores, proveyeron en parte de cierto marco de seguridad y certidumbre para encaminar estas empresas. Dejar asentadas pautas disciplinarias que acompañaran el cumplimiento de una serie de reglas como los horarios y turnos de ingreso y egreso de los establecimientos de trabajo, conserva uniformes, tiempo de descanso-, ha sido usualmente considerado en estas estructuras colectivas. Según la autora, el sostenimiento de estas rutinas no debe ser apreciado desde una visión meramente instrumental, y tendiente a promover la eficiencia productiva. El haber compartido una organización productiva conjunta en sus vínculos de trabajo dependientes, facilitó luego que cada quien pudiera ocupar un lugar en principio ya establecido anteriormente, y de esta forma, organizar los espacios de trabajo. Estos comportamientos se inscriben en la dinámica recolectivizadora porque se trata adicionalmente de reconstruir ciertas condiciones del escenario laboral conocido y transitado para muchos de estos trabajadores durante gran parte de su trayectoria laboral. Promovió la confianza interpersonal e individual, permitiendo a estos trabajadores a través de la reproducción de formas de sociabilidad de distintas características a las que vivenciaban anteriormente, enfrentar el temor que los riesgos de la individualización y el enfrentamiento autónomo de la crisis de la descolectivización dispusieron consigo. La autogestión laboral no busca en estos casos cuestionar y transformar relaciones de alienación laboral, sino que

persigue reafirmar la condición de ser un trabajador con derechos a la seguridad y al bienestar social que pueden proveer las protecciones colectivas propias de la sociedad moderna. Un mecanismo central para establecer la autoridad y la regulación colectiva en estas empresas sociales según la autora, es el de las asambleas. Esta situación se complementa con el intercambio de opiniones cotidiano. Las conversaciones informales suelen ser asiduas y se convierten en mecanismos adicionales para establecer finalmente los consensos colectivos. El desarrollo de estas instancias micropolíticas si bien no garantizan por sí mismas procesos de horizontalidad, crea condiciones de posibilidad para desnaturalizar las tendencias a delegar, y limita la conformación de relaciones burocráticas al interior del espacio de trabajo. Por último, la autora avanza en un análisis sobre criterios de creación y redistribución de recursos colectivos. En este sentido, encuentra los siguientes tipos de retribución al trabajo:

a) Igualdad de los retiros (2 casos). En un caso obedece a instalar una lógica asociativa. Se proponen diferenciales por grado de responsabilidad, pero no hay ingresos suficientes para sostener estos diferenciales. En otro caso, es producto del conflicto en común atravesado que tiende a eliminar las jerarquías. Sin embargo, se proponen diferenciales según calificaciones y antigüedad previa del trabajador, y hay diferencias para los trabajadores que ingresan una vez reiniciado el proceso productivo. b) Modalidad mixta. Esta modalidad supone una base igualitaria, más el establecimiento de una diferenciación según la antigüedad, presentimos y turnos rotativos. El objetivo común de viabilizar la empresa bajo gestión colectiva resultó un estímulo importante para que la nivelación -base igualitaria- fuera asumida sin agudos conflictos inter-grupales. c) Diferenciada (2 casos) en un caso refiere a categorías laborales heredadas. En otro caso, refiere a las distancias salariales dispuestas por el gremio gráfico. Los criterios para justificar estas diferencias se sostienen en la observación de la calificación diversa que requieren las distintas tareas realizadas en el espacio productivo, así como se disponen ciertos mecanismos propios del mercado para legitimar las diferencias. En suma, nos parece importante rescatar de estas investigaciones más recientes, algunos aspectos que resultan de centralidad para el avance investigativo de la presente tesis. En primer lugar, nos parece necesario interrogarnos sobre la forma que asume la nueva auto-gerencia (Bialakowsky et al: 2004), y principalmente si ésta subvierte muchos de los métodos canonizados acerca de la división vertical y horizontal del trabajo, la resistencia al proceso de trabajo, la cooperación y el plan autoritario. En similar sentido, nos preguntamos sobre la “clausura” de la delegación (Fernández y Borakievich: 2007), indagando en qué medida es posible dar cuenta en estas experiencias de una suspensión de la delegación y un despliegue de la autogestión. Y si esto no es así, con qué elementos puede estar asociado el

retorno a lógicas delegativas, burocráticas, disciplinarias, y en qué medida los procesos colectivos resistirían esas tendencias burocratizantes. En segundo lugar, y ligado a lo anterior, nos interesa preguntarnos sobre la transformación en la dimensión de lo conflictivo en estas empresas (Dicapua et al: 2011). ¿Es posible pensar que el conflicto empleador-trabajador ha mutado en una tensión entre dirigentes y dirigidos? ¿Existen otras personificaciones expresadas en las disputa? Así también, nos parece sugerente preguntarnos si esta conflictividad puede ser explicada principalmente por las huellas de una subjetividad asalariada (Dicapua et al: 2011) que tienden a persistir y devienen en obstáculos para la cooperación autogestionada, o si existe otro elemento, referido a la naturaleza del vínculo de interdependencia entre las grupalidades existentes, más que a las subjetividades en juego. En similar sentido, nos parece interesante preguntarnos por la relación entre la emergencia de la conflictividad en el seno de las empresas recuperadas y la forma de incorporación de nuevos trabajadores. En este sentido, es sugerente preguntarse si es la distancia generacional derivada de subjetividades e imaginarios disímiles en torno al trabajo fabril, es la dimensión que explica dicha conflictividad (Hudson: 2011), o si esta se debe a otros elementos que refieren a la socio-dinámica de la relación entre los grupos, la cual se encontraría determinada por la forma de su vínculo -es decir, por el tipo de relación contractual resultante de la incorporación- y no por las características que poseen los grupos afectados con independencia de dicha socio-dinámica, como por ejemplo, la edad. Por último, nos parece importante preguntarnos por las implicancias de estas dinámicas “recolectivizadoras” expresadas en las distribuciones de los ingresos (Wyczykier:

2007). Nos preguntamos en qué medida la “reconstrucción de condiciones del escenario laboral conocido y transitado por estos trabajadores durante gran parte de su trayectoria laboral” para de este modo, dar sentido y certezas a las prácticas vitales, no constituyen en realidad una expresión organizacional de una serie de mecanismos distributivos desigualitarios. En este sentido, consideramos que estos elementos, interpretados como “recolectivización”, deben en realidad analizarse en relación con el carácter que asume el orden socio-productivo específico, dado que es en éste donde residen los elementos que nos permiten dar inteligibilidad a los clivajes organizacionales que se desarrollan en estas experiencias. Con todas estas interpretaciones iremos dialogando a lo largo de la tesis. Antes de presentar los objetivos de la Tesis y la metodología empleada, resulta significativo explicitar al menos sucintamente, un antecedente de investigación que resulta del propio avance investigativo (Salgado: 2009 y 2010). Dicho avance exploratorio se centró en

el análisis de las dimensiones distributivas, es decir cómo distribuye el colectivo de trabajadores los ingresos que genera. Respecto a esta dimensión como resultado de la investigación afirmamos que la capacidad de sostenimiento productivo evidenciado por estas empresas tuvo como correlato una reversión de los procesos de igualación respecto a las formas distributivas. Este proceso de reversión asumía dos formas o modalidades: la distribución según categoría laboral, y la distribución según condición de socio. Estas modalidades se encontraban vinculadas a un elemento de origen, “la conflictividad”. Aquellas empresas cuyo origen remitía a situaciones de baja conflictividad y por ende menor grado de ruptura institucional con la empresa fallida (Rebón: 2007)- expresaban situaciones de desigualación en la distribución, con un criterio centrado en la categoría laboral 2 . En cambio, aquellas que en situaciones de intenso conflicto conformaron altos niveles de igualación, con el desarrollo productivo conformaban su propio camino a la desigualación en la distribución. Por último, existía también una relación entre las formas distributivas y los niveles de funcionamiento. Aquellas empresas con niveles de funcionamiento precario se asociaban a distribuciones igualitarias. Por el contrario, mejores niveles de funcionamiento de la unidad productiva expresaban diferenciaciones en la distribución. De esta manera, la igualación inicial era seguida por un embrionario proceso de desigualación respecto a otros trabajadores los no asociados a la cooperativa-. Hipotetizábamos entonces, que la solidaridad construida al calor de la lucha, asumía un carácter mecánico, fragmentando y diferenciando al colectivo laboral, configurando potenciales antagonismos al interior de la fuerza de trabajo. Nos preguntamos a partir de dichos avances qué identidades y grupalidades sociales se constituían en las relaciones distributivas, mediante qué mecanismos estas relaciones se desarrollaban, cuáles eran los criterios que subyacían, y si estos antagonismos se expresaban en las distintas valoraciones que los trabajadores poseían sobre las formas que asumía la distribución. Ahora bien, resulta importante señalar que, exceptuando los propios avances investigativos y en parte los avances desarrollados por Wyczykier (2007), no se ha encontrado en las investigaciones sobre las empresas recuperadas una vez desplegado el desarrollo productivo, análisis que profundicen o intenten profundizar- sobre las transformaciones en lo atinente a la dimensión de las relaciones distributivas, así como las tensiones y conflictos asociados a dichas transformaciones. Los análisis en este sentido, han sido más bien descriptivos, sin profundizar sobre los mecanismos por los cuales dichas transformaciones

2 “Fallida” es el término más difundido que se utiliza para nombrar a la empresa antes de su recuperación.

operan, los criterios subyacentes a las distintas modalidades distributivas, su relación con otras dimensiones y mucho menos con su expresión en la conciencia de los trabajadores - cómo se consideran, cómo se legitiman o deslegitiman dichas formas distributivas-. En este sentido, la perspectiva brindada en esta tesis, que amplía los avances investigativos anteriores, constituye un aporte a la amplia literatura existente. Y esto principalmente debido a dos elementos. Primero, por la posibilidad de analizar un conjunto amplio de empresas, lo cual rompe el “molde” de las perspectivas dominantes de abordaje del fenómeno, ancladas más bien en estudios de caso. En segundo lugar, por la posibilidad de realizar para ese mismo conjunto de empresas, un análisis que contemple las transformaciones en una serie de dimensiones sobre las cuales se tiene registros en diversos puntos temporales, lo cual nos permitió establecer una perspectiva diacrónica de análisis. En este sentido, nos interesa a los efectos investigativos, el análisis desde una perspectiva diacrónica de las transformaciones en las relaciones existentes entre los elementos constituyentes de un proceso (García: 1986), sin que dicha perspectiva nos obture un análisis sincrónico del mismo, es decir, una análisis de las relaciones entre los elementos en sus mutuas implicaciones. El trabajo aquí presentado constituye la objetivación de un nuevo estadío de conocimiento, resultante de las sucesivas relaciones establecidas con nuestro objeto de investigación. Pero de un objeto que en su devenir también se ha transformado, producto de las transformaciones en las relaciones entre sus elementos constituyentes.

Objetivos de la investigación y metodología empleada.

Empresas recuperadas por sus trabajadores, es la conceptualización que refiere a un conjunto heterogéneo de procesos en los cuales empresas en crisis son puestas a producir por sus trabajadores (Rebón: 2007). Avances de investigación anteriores objetivados en mi Tesis de maestría anteriormente mencionada- se centraron en la construcción de un marco hipotético causal de estos procesos, avanzando en la exploración de las transformaciones emergentes en las formas distributivas asumidas en estos espacios socio-productivos. La presente Tesis intenta continuar con esta línea investigativa focalizando sobre el análisis de los mecanismos de asignación de los recursos por los cuales se producen las distribuciones diferenciales. A su vez, se indaga sobre estas transformaciones distributivas, pero en la perspectiva de su expresión en la conciencia de los trabajadores, analizando la relación existente entre las transformaciones en las formas distributivas y las formas de legitimación/des-legitimación de las mismas. De esta manera, se avanza en la precisión de la relación existente entre el carácter socio-productivo que estos emprendimientos asumen, y el carácter social que expresan las percepciones y valoraciones de los trabajadores partícipes de estos emprendimientos 3 .

Objetivo general:

Analizar la relación existente entre las transformaciones en las formas distributivas asumidas en los procesos de recuperación de empresas en la CABA., su expresión en la conciencia de los trabajadores y el carácter que asume el orden socio-productivo en los emprendimientos. Objetivos específicos:

1) Describir las formas distributivas existentes en las unidades productivas que fueron recuperadas hasta el año 2003 en la CABA. 2) Analizar los mecanismos distributivos y criterios subyacentes a cada forma distributiva.

3 Según Fromm (1976), el carácter social refiere al núcleo de la estructura de carácter, compartida por la mayoría de los individuos de una misma cultura, en contraposición al carácter individual, que difiere en cada uno de los individuos pertenecientes a una misma cultura. El carácter social, refiere entonces, a un conjunto de actitudes y comportamientos que moldean formas de socialización, afines al mejor funcionamiento de una sociedad. Por otro lado, entendemos por carácter socio-productivo el conjunto de relaciones sociales que ordena un proceso productivo, y su relación en términos de funcionalidad con el orden social en el cual se encuentra inmerso. En este sentido, se toman en cuenta atributos o caracteres, pero en función de las configuraciones sociales que expresa y su efecto respecto al resto del ordenamiento social (Rebón: 2007).

3) Reconstruir descriptivamente la evolución de las formas distributivas asumidas por las empresas analizadas en el punto anterior. 4) Establecer la relación entre formas y mecanismos distributivos (objetivo 1) con: a) Modalidades y mecanismos de incorporación de nuevos trabajadores. b) Nivel de funcionamiento de las empresas. c) Nivel de conflictividad en origen. d) Relaciones de propiedad. e) Articulaciones no mercantiles. 5) Indagar en la fuerza de trabajo involucrada en las empresas analizadas en los puntos anteriores: a) Grado de acuerdo con las formas distributivas. b) Consideración de justicia sobre las formas distributivas. d) lógica reflexiva subyacente a cada consideración de justicia. d) Conceptualización sobre el proceso. 6) Identificar en las empresas analizadas, las vinculaciones entre las formas distributivas, y las formas en que éstas se expresan en la conciencia de los trabajadores. 7) Elaborar un marco hipotético conceptual que dé cuenta de las transformaciones de las formas distributivas en las empresas recuperadas analizadas y sus vinculaciones con el carácter que asume el orden socio-productivo en estas experiencias.

Metodología empleada:

Las diversas partes que conforman la presente Tesis involucran análisis basados en distintos sub-universos de empresas. La primera parte de la Tesis enfatiza el análisis sobre la evolución y el desarrollo del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores en la CABA, tal que permita contextualizar el desarrollo analítico posterior. En esta parte, el universo de referencia lo constituyen la totalidad de los procesos de recuperación existentes en la ciudad, sobre los cuales se tiene registro hasta el año 2009. Hacia el final de la primera parte de la Tesis presentamos un perfil socio-productivo de las empresas que conforman el sub-universo de análisis de la segunda parte de la Tesis. Se trata de quince empresas recuperadas de la ciudad que iniciaron sus procesos de recuperación antes de 2004. La segunda parte entonces, enfatizará el análisis de las transformaciones en las formas distributivas sobre ese sub-universo. Por último, la tercera parte corresponde a un análisis sobre un sub-universo constituido no ya por empresas, sino por trabajadores de empresas recuperadas. Esta última parte de la Tesis enfatiza su análisis sobre las opiniones y consideraciones de los trabajadores respecto a las distintas formas distributivas. El análisis de las transformaciones en las formas distributivas en las empresas cuyos procesos de recuperaciones son anteriores a 2004, implicó un abordaje metodológico que

avanza en una perspectiva diacrónica (procesual) con base en registros realizados en tres momentos. Como se observa en el siguiente cuadro, un conjunto de los objetivos planteados suponen un análisis comparativo de un mismo grupo de empresas recuperadas a partir de información recogida en tres momentos: 2003, 2006 y 2010 4 .

Cuadro A. Análisis comparativo de las dimensiones involucradas en el análisis del orden socio-productivo en los procesos de recuperación de empresas. 2003, 2006, 2010.

 

Empresas X

Empresas X

 

Empresas X

en

momento

1

en

momento

2

en

momento

3

(2003)

(2006)

(2010)

Dimensiones relevantes (endógenas y exógenas)

A

 

A´´

 
Análisis comparativo entre A, A´, A´´

Análisis comparativo entre A, A´, A´´

 

Para el análisis de estas dimensiones, y con respecto a la información relevada, se utilizaron tanto fuentes primarias como secundarias. Respecto a las fuentes primarias que sirven al cumplimiento de los objetivos propuestos, se elaboraron las siguientes:

1) Entrevistas sobre las unidades productivas realizadas a referentes de empresas recuperadas. a) Se realizaron entrevistas semi-estructuradas a informantes clave de las empresas recuperadas de la CABA anteriormente mencionadas, en tres momentos (2003, 2006 y 2010). La técnica de entrevista semi-estructurada es la que mejor se adecuó a los objetivos 1, 2 y 3 de la presente tesis. Otorga la posibilidad de establecer relación de empatía tal que posibilite abordar temáticas con amplios grados de libertad, permitiendo que el entrevistado se explaye en sus argumentaciones. De este modo, se promovió la emergencia de información no considerada previamente, sin perder el hilo conductor de la entrevista, ni los ejes temáticos que la estructuran. Lo semi-estructurado de su formato, deriva en que se espera que ciertas

4 Se trata de las siguientes empresas: Artes Gráficas el Sol, Bauen, Brukman, Campichuelo, Chilavert, Cooperpel, Diógenes Taborda, IMPA, Instituto Comunicaciones, La Argentina, La Nueva Esperanza, Monte Castro, Patricios, Vieytes y Viniplast. Las empresas Clínica Salud Medrano y 26 de septiembre, también fueron entrevistadas en 2003 y han dejado de existir para 2006.

temáticas sean abordadas indefectiblemente en la relación entrevistado-entrevistador, pero permitiendo libertad en las argumentaciones. Estos registros permitieron el análisis de las trayectorias, modalidades y mecanismos distributivos de las empresas, así como las variables asociadas. Los relevamientos efectuado son los que se detallan a continuación. En el marco del proyecto UBACyT “Sociogénesis del proceso de recuperación de empresa por sus trabajadores” 5 , se realizó un relevamiento en el mes de julio de 2003 en diecisiete empresas recuperadas de la CABA. Para el análisis realizado en la presente Tesis se utilizaron, de aquella información recogida, entrevistas semi-estructuradas realizadas a informantes clave en cada una de las empresas recuperadas de aquel período, así como entrevistas a doce dirigentes de los distintos agrupamientos de empresas recuperadas. En el marco del proyecto UBACyT “Transformaciones emergentes en el Proceso de recuperación de Empresas por sus Trabajadores” 6 , se avanzó en un segundo relevamiento de las empresas recuperadas que implicó la realización de entrevistas semi-estructuradas a informantes clave de la totalidad de las empresas existentes en la CABA para ese período. Este relevamiento incluyo a aquellas relevadas en 2003, lo que permitió construir, para estas empresas, el registro de dos momentos diferentes, 2003 y 2006 7 . En el marco del proyecto UBACyT “La cultura de la recuperación en la conciencia de los trabajadores” 8 se realizó en 2010 un tercer relevamiento sobre la totalidad de empresas existentes en la CABA pare ese período. Se relevaron nuevamente las mismas 15 empresas relevadas en 2003 y 2006, mediante entrevistas semi-estructuradas a informantes clave de las unidades productivas, lo que permitió construir, para estas empresas, el registro de tres momentos diferentes, 2003, 2006 y 2010.

el registro de tres momentos diferentes, 2003, 2006 y 2010. 5 Proyecto UBACyT S050. Director: Dr.
el registro de tres momentos diferentes, 2003, 2006 y 2010. 5 Proyecto UBACyT S050. Director: Dr.
el registro de tres momentos diferentes, 2003, 2006 y 2010. 5 Proyecto UBACyT S050. Director: Dr.

5 Proyecto UBACyT S050. Director: Dr. Julián Rebón.

6 Proyecto UBACyT S831. Director: Dr. Julián Rebón.

7 De las 17 empresas relevadas en 2003, para 2006 continuaban funcionando 15. Por otro lado, corresponde destacar que durante esta etapa investigativa (2006) se realizaron entrevistas no sólo a las empresas recuperadas hasta el 2003 sino a la totalidad de las empresas recuperadas en ese momento. La obtención de información de la totalidad de las empresas recuperadas en la Cuidad de Buenos Aires, posibilitó la realización de una lectura global del proceso.

8 Proyecto UBACyT 20020090100035. Director: Dr. Julián Rebón.

Tomando como referencia los tres relevamientos, en su totalidad el análisis de las transformaciones en las formas distributivas involucra a cincuenta y cinco (55) entrevistas semi-estructuradas a informantes clave 9 . En relación a los criterios utilizados para la selección de individuos entrevistados, se buscó que todos los actores entrevistados sean informantes clave, esto es, individuos que por su cargo u ocupación en la empresa poseen información relevante a los efectos de la presente investigación. Los individuos entrevistados informantes clave- constituyen unidades de registro, las unidades de análisis corresponden a las unidades productivas (empresas). 2) Observaciones participantes. En menor medida, también se utilizó la información recogida de las observaciones in situ sobre el proceso productivo en las empresas recuperadas. Este tipo de observación permitió la presencia y observación en directo de elementos referentes a los procesos productivos en cada empresa. La elección de esta técnica residió en que resulta adecuada en estudios exploratorios, descriptivos y orientados a generar interpretaciones teóricas a partir de las situaciones observadas. Por otro lado, se realizaron observaciones participantes en distintas actividades que involucraron a empresas recuperadas (marchas, reuniones de movimientos, exposiciones de empresas, jornadas de debate, reuniones informales con referentes). Estos procedimientos de observación estuvieron dirigidos a la acción o interacción de los actores en situaciones sociales de diversa complejidad, pero que poseen el denominador común que refieren a experiencias colectivas realizadas por fuera del espacio socio-productivo específico. La observación se enfocó a la acción de actores en espacios colectivos de intercambio con otros actores que trascienden la unidad productiva, sea este intercambio la deliberación o debate sobre la experiencia de la recuperación, el planteo de los problemas productivos que poseen las empresas, o incluso acciones de protesta o demostración ante algún hecho puntual. 3) Encuesta a trabajadores de empresas. A principios de 2011, se efectuó un relevamiento mediante la aplicación de una encuesta a trabajadores de empresas recuperadas de la CABA. El muestreo de entrevistados se realizó en dos etapas. En la primera etapa, se seleccionaron las empresas que formaron parte del relevamiento. Del universo de quince empresas sobre las cuales se realizaron relevamientos sistemáticos en 2003, 2006 y 2010, se seleccionaron diez en función de que

9 La importancia de la información brindada por estos informantes radica en que poseen un conocimiento global de la situación de las empresas, sus situaciones legales, comerciales y productivas, así como las estrategias articuladoras de cada movimiento y su influencia en cada unidad productiva.

estén representados los distintos tipos de empresas. El tipo de empresa se definió según los siguientes criterios: año de recuperación, tamaño, criterio de retribución y nivel de funcionamiento. Estas diez (10) empresas constituyeron un sub-universo con las siguientes características: Todas son empresas con la mayor antigüedad (recuperadas con anterioridad a 2004), dos de ellas poseen niveles de funcionamiento precario, cuatro poseen niveles de funcionamiento medio y las otras cuatro alto; dos empresas han tenido niveles de conflictividad bajo y las restantes medio/alto, dos empresas poseen formas igualitarias de distribución de los ingresos, las restantes diferenciadas; dos empresas son pequeñas (menos de 20 trabajadores), cinco empresas son medianas (entre 20 y 60 trabajadores) las restantes tres son grandes (más de 60 trabajadores). La segunda etapa implicó el muestreo de los entrevistados. Se establecieron cuotas de entrevistados para cada empresa en función de los valores paramétricos -por sexo y edad-. En cada empresa se seleccionaron los individuos correspondientes a la cuota asignada. La muestra de trabajadores tuvo características no aleatorias, no obstante se corrigieron posibles sesgos en el momento de la selección de casos teniendo en cuenta parámetros antes mencionados. Se realizaron en total ciento treinta y ocho (138) casos sobre un total de quinientos ocho (508) trabajadores involucrados en esas empresas. Estos registros permitieron el cumplimiento de los objetivos 4, 5 y 6. Respecto a nuestro esquema de abordaje de las entrevistas a informantes clave de las empresas se realizaron las siguientes actividades:

i. Incorporación de las entrevistas a la unidad hermenéutica del Atlas Ti (objetivos 1 y 2).

ii. Análisis preliminar descriptivo de las distintas modalidades y trayectorias distributivas (objetivos 1 y 2).

iii. Codificación de las nuevas entrevistas en la unidad hermenéutica señalada, según las dimensiones relevadas (objetivos 1, 2, 3).

iv. Construcción de base de datos según codificación realizada en el punto anterior, análisis multivariado y tablas de contingencia según dimensiones relevadas.

v. Construcción de tipología en función del análisis multivariado realizado en el

punto anterior (objetivos 3 y 5) Respecto a nuestro esquema de abordaje de las encuestas, se realizaron las siguientes actividades:

i. Codificación inicial de la base de datos y un procesamiento descriptivo de las distintas variables involucradas (objetivo 4).

ii.

Análisis multivariado y tablas de contingencia para avanzar en identificar elementos estructurantes de las distintas consideraciones respecto a las formas distributivas (objetivo 4).

iii. Incorporación a la base de datos de los trabajadores, de las variables resumen

de la tipología de empresas (resultante del punto v anterior) y análisis multivariado y tablas de contingencia “controlados” por “tipo de empresa”, con el objeto de dar cumplimiento al objetivo N° 5. Es necesario remarcar que, en relación al análisis referente a las consideraciones y opiniones de los trabajadores sobre las distintas formas distributivas, nos encontramos ante el limitante de la ausencia de un listado completo de trabajadores que permitiera construir criterios de representatividad de la muestra, por lo que se privilegia y se enfatiza un análisis

de tipo exploratorio, que intente aportar en la construcción de hipótesis sobre las vinculaciones entre las formas y mecanismos distributivos, y las distintas consideraciones encontradas entre los trabajadores respecto a éstas. En este sentido, el carácter exploratorio implica la indagación sobre la existencia de distinción en las opiniones y consideraciones (legitimaciones-deslegitimaciones) asociadas a la distinción en las formas distributivas. De esta manera, y por último, se espera que los análisis desarrollados permitan la elaboración de un marco hipotético conceptual que dé cuenta de la dimensión distributiva en las empresas recuperadas para la etapa analizada. Por último, también se utilizaron fuentes secundarias, como por ejemplo, notas de la prensa escrita, información de las empresas en la web, leyes sancionadas (tanto nacionales como de CABA), reglamentaciones del INAES, así como producción bibliográfica realizada por referentes de empresas o movimientos de empresas recuperadas.

Parte 1. Las recuperaciones: sociogénesis y desarrollo.

Capítulo 1. La reproducción ampliada del proceso. Génesis y desarrollo.

Durante el transcurso de los últimos 10 años, trabajadores en todo el país se han hecho cargo de empresas en procesos de quiebra, cierre y/o importantes incumplimientos del contrato salarial con sus trabajadores. Según un relevamiento realizado por el Programa Facultad Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, entre los meses de septiembre de 2009 y marzo de 2010 se contabilizaron 205 empresas recuperadas en la totalidad del territorio nacional, que ocupan a 9362 trabajadores (Ruggeri et al: 2010). Según un informe presentado en Octubre de 2010 por el Programa de Trabajo Autogestionado del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en el territorio nacional existían para aquel período, 280 empresas recuperadas que involucraban a más de 11000 trabajadores (OSERA: 2010). En la CABA, un relevamiento realizado durante el 2010 en el marco del Observatorio sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas, arrojó que existen 42 empresas recuperadas (OSERA: 2010). Tomando en consideración dichos datos, el presente capítulo avanza en el análisis de una serie de dimensiones que refieren a la capacidad reproductiva de la experiencia en su forma ampliada, es decir a la incorporación al “universo de las recuperadas” de nuevas unidades productivas a lo largo de los años, a la posibilidad de “recurrencia” de los procesos aún revertido el contexto de su sociogénesis.

1.1. Sociogénesis de los procesos de recuperación de empresas por sus trabajadores.

En su sociogénesis la recuperación de empresas por sus trabajadores refiere a un proceso que encuentra su principal elemento estructurante en la crisis del comando capitalista sobre la producción en condiciones sociales de significativos niveles de desempleo de tipo estructural (Rebón: 2007; Salgado: 2009; Rebón y Salgado: 2009). En estas condiciones de crisis del comando capitalista sobre la producción expresada en la imposibilidad de la reproducción del capital, el empresario -personificación del capital- pone en crisis la relación salarial reduciendo salarios o conduciendo la empresa al cierre cuando no la considera rentable. En la perspectiva de la fuerza de trabajo, la crisis de la unidad productiva es vivida como la vulneración de su identidad como trabajador estable (Rebón: 2007; Salgado: 2009). En condiciones de importantes niveles de desempleo, una alternativa para defender su condición de trabajador es cambiar su condición laboral: dejar de ser asalariado es la alternativa para continuar trabajando (Rebón: 2007). Sin embargo, “trabajar sin patrón”, lejos

de ser la realización de un deseo utópico de la fuerza de trabajo, es el mecanismo operante para realizar la defensa de su identidad (Fernández Álvarez: 2004; Rebón: 2007). Defensa paradójicamente operativizada a través de una ofensiva táctica, alterando las relaciones de posesión sobre la unidad productiva y transformando parcialmente, el carácter social del orden socio-productivo. La amenaza del desempleo y de la movilidad social descendente asociada a ésta, es enfrentada a partir de la autonomización de las heteronomías tradicionales del espacio productivo. En estas condiciones logra viabilizarse la táctica de la fuerza de trabajo de avanzar sobre la dirección de la producción colocando el proceso productivo bajo su gestión. 10 Si bien se producen algunas experiencias aisladas a lo largo de la década del 90 - período en el cual crece significativamente el desempleo y se experimenta un proceso de desindustrialización en el país producto de la consolidación de un modelo de acumulación basado en la valorización financiera (Basualdo: 2001; Kulfas: 2003) 11 -, es recién a partir de 2001 y durante 2002 cuando el proceso se difunde súbitamente. Esta época marcada por la descomposición de dicho modelo de acumulación a través de una inédita crisis social -que altera significativamente las relaciones sociales en el campo económico, político y cultural-, es el período en el cual el proceso encuentra las condiciones para difundirse. La crisis social potencia el proceso a través diversas vías:

a) Económico-laboral: Durante los años 2001 y 2002 crecieron significativamente el cierre y la quiebra de empresas (Briner y Cusmano: 2003) acrecentándose así el elemento estructurante del proceso. En paralelo se produjo un crecimiento exponencial del desempleo y la pobreza. Se debilitaron marcadamente los mecanismos institucionales compensatorios a los despidos -por ejemplo, se encontraban dificultades por parte de los trabajadores para percibir las indemnizaciones-. De este modo, encontramos un marcado empeoramiento de las

10 El proceso de autonomización hace referencia aquellos procesos de crisis y ruptura de relaciones heterónomas preexistentes, y la adquisición creciente de mayores grados de libertad (Rebón: 2007). La libertad refiere aquí a amplitud del grado decisorio respecto las acciones a realizar, es decir es libertad de decisión y de acción, en definitiva, autodeterminación. Por otro lado, estas crisis de relaciones heterónomas implican crisis de las obediencias anticipadas que sustentan dichas relaciones unilaterales, coactivas. La crisis de este tipo de relaciones implica también una crisis del contenido de autoridad presente en dichas relaciones, y por lo tanto, refiere a un acto de desobediencia (Milgram: 1984). 11 Durante la década de 80 y principios de los 90 tuvieron lugar una serie de experiencias de recuperación en las que asalariados de empresas en crisis conformaron asociaciones, en su mayoría cooperativas. En ocasiones, estas constituían una estrategia de presión al empresario, en el marco de un conflicto laboral; en otras, significaba un avance sobre la dirección de la producción, al pasar el colectivo laboral a conducir la empresa. Este proceso fue impulsado por la Seccional Quilmes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), concentrado básicamente en la zona sur del Gran Buenos Aires. Durante este período, se conformaron alrededor de 15 cooperativas. No obstante, no todas llegaron a producir. Luego de unos años el proceso tiende a estancarse y no logró una mayor difusión (Rebón: 2007).

posibilidades de los trabajadores para reinsertarse en el mercado laboral posteriormente a un despido, así como para afrontar la situación misma del desempleo. En suma, el contexto de crisis aumenta la cantidad de unidades productivas en crisis -territorio potencial para la recuperación-, y altera en forma regresiva las alternativas tradicionales de los trabajadores de enfrentar el desempleo, convirtiendo en más favorables los costos de oportunidad para experimentar una medida hasta ese momento no convencional, como la recuperación de la empresa (Rebón y Salgado: 2009; Salgado: 2009). b) Político-cultural: En condiciones de marcada crisis política se produjo un inédito proceso de movilización y protesta social (Fajn: 2003), que en su punto más alto desencadena procesos de autonomización. Distintos grupos, desprendimientos de diferentes fracciones sociales, pusieron en crisis sus lealtades y obediencias anticipadas, ampliando sus grados de libertad. Distintas identidades sociales no hallaban en los mecanismos institucionales preexistentes los canales para satisfacer sus intereses (Rebón: 2007). Así, una porción de la ciudadanía dejó de delegar en las autoridades la resolución de sus problemas. La acción directa entonces, con una fuerte originalidad y creatividad, se convirtió en la forma de expresar la disconformidad social 12 . Precisamente, los trabajadores de las empresas recuperadas formaran parte de este proceso de autonomización que expresa y retroalimenta la crisis de los mecanismos de control social. Este contexto de crisis proveerá a los trabajadores de promotores, aliados y puntos de apoyos necesarios para llevar adelante la recuperación. La acción colectiva de avanzar en la dirección de la producción, expresa una incipiente y embrionaria alianza social estructurada en el modo en que la crisis del orden social altera las condiciones de reproducción de las identidades involucradas (Rebón: 2007). Este carácter de alianza social está en el origen mismo del proceso, la recuperación como determinación no nace espontáneamente de los trabajadores de cada empresa, sino que surge de su articulación con otras personificaciones. La pérdida del puesto de trabajo, en un contexto de virtual desaparición de la indemnización e imposibilidad de conseguir otro empleo, era vivida por estos asalariados como una realidad injusta y catastrófica. Sin embargo, esta percepción colectiva requería la demostración de que era posible constituir una alternativa ante el destino que se presentaba como ineludible. Esta fue la tarea central de los diversos destacamentos de promotores y organizadores. Recién a partir de su intervención, la crisis muta en oportunidad (Rebón: 2007). El rol de los

12 El concepto de acción directa nos refiere a formatos de acción contenciosos que no se encuentran mediados por la institucionalidad dominante. A diferencia de las acciones institucionalizadas, a través de la acción directa los actores sociales procuran lograr sus objetivos desbordando los canales institucionales del orden social para el procesamiento de las demandas (Rebón: 2009).

promotores es ejecutado centralmente por cuadros periféricos al sistema político y sindical, que en el período de crisis política encontrarán en la acción colectiva un modo de acumulación de poder. Por lo general, estos cuadros no son trabajadores originarios de estas empresas y su función central se concentra en la transmisión del conocimiento indirecto (Marín: 2009) necesario para difundir y sustentar la experiencia. Por otro lado, la lucha de los “recuperadores” por “trabajo digno”, uno de los valores más preciados en la sociedad argentina de la crisis, los convertía en acreedores de la solidaridad de muchos otros. 13 Al enfrentar uno de los efectos centrales del proceso expropiatorio que asumía la crisis capitalista, van a recibir la solidaridad de distintos movimientos sociales que resistían el mismo fenómeno en otras dimensiones y localizaciones sociales. En suma, en su sociogénesis la recuperación de empresas representó una de las respuestas esbozadas por los trabajadores ante la posibilidad de pérdida del trabajo en un contexto inédito de crisis económica, política y social. No obstante estas apreciaciones, otros elementos tienen que ser tenidos en cuenta para esbozar un marco hipotético causal que pueda dar cuenta de la evolución del proceso. Luego de 2003, es decir, luego del cierre parcial del marco de depresión económica y crisis política,

la posibilidad de ampliación del proceso y la sostenibilidad del mismo deben ser contrastadas

a la luz de las modificaciones contextuales. ¿Han podido los trabajadores recuperar nuevas

empresas? ¿Qué factores intervienen en esa ampliación? ¿Han podido sostenerse productivamente en el tiempo sin modificar su forma social inicial? Dar respuesta a estos interrogantes implica realizar un análisis de la reproducción del proceso de recuperación de empresas, tanto en su forma ampliada -la forma e intensidad con que se expande el proceso a nuevas unidades-, como en su forma simple -la continuidad y sostenimiento productivo de las unidades productivas recuperadas-. La importancia de realizar este análisis radica en que permite contrastar una serie de postulados que han sido esgrimidos sobre el “futuro” y el “destino” de las experiencias de recuperación productiva de empresas en manos de sus trabajadores. Así por ejemplo, varios de los discursos sobre el proceso de recuperación de

empresas señalaban la imposibilidad de un funcionamiento sostenible de estas unidades productivas y pronosticaban así, su destino al fracaso. Unos -desde el conservadurismo liberal- argumentaban la ineficiencia e inviabilidad del funcionamiento de las empresas conducidas por trabajadores. Naturalizando la relación entre capital y trabajo, argumentaban

13 Entre los aliados podemos destacar los estudiantes y profesionales universitarios, las asambleas vecinales y los movimientos de desocupados. Por otra parte, en el contexto de crisis política, grupos de políticos y funcionarios estatales, principalmente de nivel local, van a mostrarse tolerantes ante las recuperaciones y propensos a su apoyo (Rebón: 2007; Salgado: 2010).

que una empresa sin “patrón” no podría conformar otra cosa que un “paraíso de los vagos” (Kleidermacher: 2003; Aleman: 2003). Otros, desde una perspectiva anticapitalista, advertían -con base en la argumentación teórica de Rosa Luxemburgo- que indefectiblemente la experiencia cooperativa estaba condenada al fracaso o a la degeneración en nuevos capitalistas (Martínez: 2002) 14 . Ambas perspectivas desde vertientes opuestas convergían en desmerecer la perdurabilidad del proceso, basados en una imposibilidad teórica, y señalaban que su existencia sólo podría ser explicada por la situación coyuntural de crisis. Ambos incurrían así en un error habitual en el campo del ensayismo “político” o “académico”, es la confusión entre teoría y conocimiento. En nuestra perspectiva la teoría sólo nos sugiere qué y cómo observar, nada nos dice acerca de la “realidad” concreta. En tal sentido, no se puede reemplazar al conocimiento, es decir a la articulación entre teoría y realidad, a partir de una mediación instrumental (Marín: 2009). Por otra parte, la realidad social, en tanto está compuesta por una solución de adición y mezcla de relaciones, nunca podrá ser axiomatizada plenamente en un cuerpo teórico (Piaget: 1988). Más allá de estas consideraciones, no debemos desmerecer estos postulados teóricos trasplantados al proceso, sino que nos interesa discutir con ellos, pero sobre la base de un avance sobre el conocimiento del proceso mismo. A continuación, en dialogo con estos postulados, daremos cuenta de la evolución de las recuperaciones a lo largo del período de referencia.

1.2. El desarrollo del proceso: la reproducción ampliada.

Ante la reversión del marco general de depresión económica y crisis política que el país evidenció desde 2003 en adelante, la ampliación del proceso a nuevas unidades productivas parecía enfrentar distintos obstáculos. Como se expuso en el subcapítulo anterior, dicho marco de crisis fue un elemento central en la génesis del proceso, posibilitando la conformación de una embrionaria fuerza social que logró avanzar sobre la tenencia de las unidades productivas y la dirección de la producción (Rebón: 2007). Nos interrogábamos entonces, en qué medida el fin de aquel marco impactaría en el desarrollo del proceso.

14 Luxemburgo (1975) es quien en el campo del marxismo mejor ha planteado estos obstáculos. Para la autora las cooperativas son unidades de producción que deben sobrevivir en el seno de una economía mundo capitalista. Según la autora, las cooperativas dentro del capitalismo se circunscriben a sus reglas, desvirtuando su razón de ser original, y por lo tanto, están condenadas a desaparecer. Por esta razón según la autora, las cooperativas en el campo de la producción no pueden ser consideradas seriamente como instrumentos de una transformación social general. Las consideraciones que surgen de este planteo refieren al carácter social que adquieren las unidades productivas, cuestión que será abordada en profundidad más adelante en esta tesis. Lo que remarcamos aquí, es que estas consideraciones sobre el fracaso de las empresas recuperadas estuvieron permeadas también, por su vinculación con una situación coyuntural de crisis.

Estos obstáculos hipotéticos, referían a diversos cambios ocurridos respecto al período más agudo de la crisis. Por una parte, el fortalecimiento de la heteronomía clásica del ámbito fabril, ante la reversión del proceso de abandono capitalista de la producción por cambios en los niveles de rentabilidad, contribuyen a que ante situaciones de crisis de las unidades productivas puedan constituirse nuevos capitalistas dispuestos a recuperar la empresa 15 . Desde la perspectiva de la fuerza de trabajo, la mayor facilidad para obtener otro trabajo por parte de los asalariados, en especial los más calificados, así como el aumento de la posibilidad de cobrar indemnizaciones, aminora la tensión social. Según los datos del INDEC-EPH para el total del país (total de aglomerados) la tasa de desocupación descendió del 20, 4% en el primer trimestre de 2003 a 8,4% en el primer trimestre de 2009. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, en los últimos años la recomposición económica pos-crisis marca una significativa tendencia al descenso del desempleo, descendiendo del 18% en el primer trimestre de 2003 al 8% en el mismo trimestre de 2009. 16 Otro elemento es el cambio de poder y posición de los actores sociales y políticos. Antiguos aliados como el movimiento asambleario o el piquetero han visto disminuido su capacidad de movilización 17 . Por otra parte, algunos cuadros políticos y sociales que habían encontrado en la organización de los diversos nucleamientos o movimientos de recuperación de empresas su estrategia de acumulación de poder social, han logrado ingresar a la institucionalidad política, lo que podría implicar una transformación en la fuerza social originaria de las antiguas recuperaciones 18 . Diversos integrantes de la institucionalidad política que en el momento de la crisis estaban dispuestos a apoyar adaptativamente a un fenómeno de alta legitimidad social que contrastaba con su baja legitimidad, ante el cambio de contexto, podrían dejar de brindar apoyos a las experiencias de recuperación. Teniendo en cuenta dichos obstáculos hipotéticos. ¿La experiencia fue solamente una expresión coyuntural de la crisis?

15 También, la reciente recuperación del poder sindical, la otra gran heteronomía del ámbito fabril, funciona, al menos en algunos casos, como un obstaculizador al desarrollo del proceso. Acerca del papel del sindicato en las recuperaciones de la CABA hasta el año 2003 puede consultarse Rebón (2004 y 2007).

16 Fuente: INDEC-EPH continua trimestral. www.indec.mecon.ar (desde el tercer trimestre de 2006 el total de aglomerados computados pasó de 28 a 31).

17 Sobre las transformaciones en los movimientos de desocupados durante el período 2000-2010 y las dinámicas de protestas asociadas a éstas ver Antón, Cresto, Rebón y Salgado (2010). Otro sugerente trabajo realizado por Maneiro et al (2009) que plantea el desarrollo de las nociones de “piquetero” y “corte” a partir del análisis de la utilización de estas nociones en la prensa escrita. Por otra parte, estas transformaciones en particular y su impacto sobre el proceso de recuperación de empresas serán tratadas en los próximos puntos del presente trabajo.

18 Para nombrar sólo un caso por ejemplo, Diego Kravetz, antiguo abogado vinculado a uno de los movimientos de recuperación de empresas más importantes en un primer período de las recuperaciones, el MNER, desde 2003 hasta 2011 ocupó un cargo como legislador en la Legislatura de la CABA. Hasta el año 2009 integró el bloque del Frente para la Victoria (FPV), luego conformó y presidio el bloque “Identidad Porteña” y más tarde “Encuentro Progresista”.

Gráfico1: Distribución de las recuperaciones de empresas en la CABA por año de inicio de la recuperación (en porcentajes) 19

año de inicio de la recuperación (en porcentajes) 1 9 Fuente: Elaboración propia sobre la base

Fuente: Elaboración propia sobre la base del Relevamiento Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas Autogestionadas, 2010 N: 52.

Más allá de estas modificaciones en relación al contexto de crisis presente en el período inicial de recuperaciones y los obstáculos hipotéticos planteados, como nos muestra el gráfico precedente, el proceso en la CABA, se ha desarrollado en forma ampliada 20 . Se pueden distinguir tres etapas en la periodización expuesta. En principio, encontramos una etapa inicial de las recuperaciones a la que podríamos denominar como etapa de “pre-crisis”, que va desde 1992 hasta 2000 inclusive. Este período concentra algo menos de un 6% de los casos (3 casos) y constituye el estadío que precede a la “ola” de las recuperaciones. Sin embargo, más allá de la poca magnitud de los procesos de recuperación existentes, esta etapa posee una importancia significativa. En este período comienza a

19 Para realizar esta curva se construyó una variable denominada “año de inicio de la recuperación”. Esta variable hace referencia al año en que comienza un proceso de recuperación independientemente de la durabilidad del mismo y de la resultante en términos de éxito o fracaso de la recuperación. Como observable principal se tomó la fecha en que los trabajadores asumen en forma parcial o total, el control de la unidad productiva. 20 Esta capacidad de ampliación evidenciada por la evolución de las recuperaciones también pueden encontrarse en otros análisis e investigaciones (Rebón y Salgado: 2009; Programa de Trabajo Autogestionado: 2010; Programa Facultad Abierta: 2010). Así por ejemplo, de un informe presentado por el Programa de trabajo Autogestionado del MTEySS en Octubre de 2010 sobre la evolución de las recuperaciones de la totalidad del país afirmaba: “De acuerdo con la información que surge del Registro de Unidades Productivas Autogestionadas, entre los años 2000 y 2003 se constituyeron 75 cooperativas de trabajo y desde el año 2004 a la fecha se conformaron aproximadamente 80, lo que estaría indicando que, tal como se mencionó anteriormente, la recuperación de empresas por parte de los trabajadores se constituyó en una alternativa válida frente a la amenaza de pérdida de sus puestos de trabajo.” (OSERA: 2010. Pág. 2).

configurarse cierta infraestructura político-organizativa que servirá de soporte y promoción de futuras recuperaciones. Esto ocurre específicamente desde 1998, año en que se recupera IMPA, fábrica que será emblema de los procesos de recuperación de empresas, y espacio que servirá de base para las articulaciones sociales que luego conformarán los diferentes nucleamientos o movimientos de recuperación de empresas. En segundo lugar, podemos distinguir una segunda etapa “aluvional” de las recuperaciones, que denominamos como etapa de “crisis”. En este período, que comprende el año 2001 y 2002, se concentran algo más de un tercio del total de recuperaciones en la Ciudad, (34,6%). El año 2002, por otro lado, es el que concentra la mayor cantidad de procesos de recuperación (17 casos que representa un 32,6% del total de las recuperaciones). Tomadas en conjunto la etapa de “pre-crisis y la de “crisis”, concentran algo menos de la mitad de las recuperaciones (40%) magnitud explicada mayormente por supuesto, por el año 2002. El pico de la curva en este año se encuentra asociado al contexto de crisis económica, política y social y sus manifestaciones. Las recuperaciones se difunden en la Ciudad, en un contexto donde la recesión existente desde fines de los 90 se transforma crecientemente, a partir de 2001, en depresión. En otras palabras, 2002 fue el año más profundo de la crisis, siendo particularmente acentuado en la industria, el sector en que se concentra la mayoría de las recuperaciones (Rebón: 2007) 21 . Desde la perspectiva de la inserción de la fuerza de trabajo en el mercado laboral, el año 2002 también presenta el índice más alto de desempleo. En este contexto, la recuperación de empresas se relaciona con una defensa de la fuente de trabajo en contextos sociales de desempleo estructural y generalizado. 22 Por último, encontramos una tercera etapa, a la que podemos denominar de “post- crisis”. Este período va desde 2003 en adelante, en paralelo a la recomposición económica y política. Así, la curva cuyo pico máximo se manifiesta en 2002 tiende a descender hasta 2006. El año 2007 presenta un nuevo ascenso en la curva. En general, esta etapa presenta un declive respecto a la anterior, con movimientos descendentes y ascendentes que se dan dentro un marco de relativa estabilidad y le otorga una forma más “mesetada” respecto al período anterior. La ausencia de una direccionalidad claramente marcada ascendente o descendente, brinda cierta imagen de carácter de impredecible en relación a su evolución, hace que adquiera una forma relativamente estable, sin movimientos bruscos. Por otro lado, la ausencia de un crecimiento en la intensidad de las recuperaciones luego de 2007 indicaría que la crisis

21 Algo más de dos tercios de estas empresas pertenecen al sector de industria (67%), el tercio restante al sector de servicios (33 %)

22 La asociación entre evolución de recuperaciones y evolución de la tasa de desempleo en la CABA puede observarse en Rebón (2007. Pág. 48).

financiera internacional desarrollada durante ese período no tuvo mayor incidencia en la intensidad de la evolución de las recuperaciones. 23 Dos conclusiones podemos realizar respecto a la reproducción del proceso en forma ampliada. En primer lugar, la tercera etapa aglutina la mayor cantidad de procesos de recuperación (60%). Es decir, aún luego de transcurridos los períodos más agudos de crisis, protesta y conflictividad social, el proceso se extendió a nuevas empresas 24 . En segundo lugar, si bien la intensidad en este último período es marcadamente menor al pico de la crisis, se mantiene en valores superiores a los obtenidos en los años anteriores a 2001, es decir, la etapa de “post-crisis” es mayor en volumen e intensidad respecto a la etapa de “pre-crisis”. Entonces, más allá de las modificaciones contextuales el proceso ha continuado en su ampliación a nuevas unidades. Pues bien, ¿cuál es el factor causal que se presenta invariante en todas las experiencias? ¿Cuál es el elemento que estructura las recuperaciones? Investigaciones preliminares nos permiten afirmar que en su evolución y desarrollo el proceso de recuperación de empresas ha presentado elementos causales similares y de intensidad también similar 25 . Estos elementos refieren directamente a una crisis a nivel de la unidad productiva cuya primera manifestación es la vulneración de la relación salarial. A su vez, esta vulneración presenta dos formas centrales. En primer lugar, el incumplimiento de la relación salarial, y dentro de esta dimensión las deudas y atrasos salariales como causales significativos que se han mantenido a niveles similares durante toda la evolución. En segundo lugar, una dimensión que refiere al abandono de la función de dirección capitalista de la empresa, es decir a su retiro productivo. Estas dos dimensiones no son excluyentes entre sí, el incumplimiento de la relación salarial puede indicar ya, una crisis de dirección de la empresa

23 Las investigaciones sobre la evolución de las recuperaciones realizadas por otros investigadores irían en el mismo sentido. El informe presentado por el Programa Facultad Abierta antes señalado (Ruggeri et al: 2010) indica la inexistencia de un fuerte impacto de la crisis financiera internacional de 2008 en la evolución de las recuperaciones, sino más bien el mantenimiento de un flujo regular de nuevas recuperaciones.

24 En este sentido es importante señalar que esta mayor cantidad de recuperaciones ocurre en una etapa que contempla una mayor cantidad de años. Lo que queremos enfatizar aquí es que la reversión del contexto crisógeno no implicó la clausura del proceso.

25 Al respecto ver Salgado, R (2009) Entre la innovación y la reproducción social: el carácter emergente del orden socio productivo en las Empresas Recuperadas de la Ciudad de Buenos Aires. Tesis de Maestría no publicada, Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires. Una versión sintética puede encontrarse en Salgado, R (2010) Empresas recuperadas por sus trabajadores: sociogénesis y desarrollo del proceso en la CABA. [en línea].Buenos Aires: Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2010 [Citado FECHA]. (Documentos de Jóvenes

Investigadores, Nº

Web:

http://www.iigg.sociales.uba.ar/Publicaciones/JI/ji24.pdf. Es necesario mencionar que dicho avance investigativo no toma en cuenta a la totalidad de los factores causales involucrados en el proceso de recuperación de empresas. Una serie de factores relevantes endógenos al proceso no son tomados en cuenta por dicho análisis, como por ejemplo, las identidades socio-productivas y socio-culturales de los trabajadores involucrados en estas experiencias. Sin embargo existe producción investigativa importante sobre estas temáticas (Fajn: 2003, Rebón:

2004 y 2007, Palomino: 2003).

24).

Disponible

en

la

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por parte del antiguo propietario. Sin embargo, consideramos que refieren centralmente a cuestiones diferentes. En primer lugar, los atrasos y deudas salariales, pueden constituir mecanismos de amortiguación y/o salida de crisis empresariales. Incluso en determinados períodos han sido instrumentos de prácticas flexibilizadoras que permitieron una acumulación creciente de capital para muchas empresas. Así, deuda salarial refiere aquí a situaciones de incumplimiento del contrato entre capital-trabajo que no necesariamente acompaña a situaciones de crisis de la dirección de la empresa. Con crisis de la dirección de la empresa queremos señalar la imposibilidad de la reproducción del comando capitalista de la producción (Marx: 2002). Esta imposibilidad puede ser resultante de diversos factores que pueden trascender la relación entre las partes de la relación contractual específica entre capital y trabajo. En conclusión, los análisis sobre los elementos causales presentes en los procesos de recuperación de empresas durante todo el período (1992-2009) nos habilitan a afirmar que dichos elementos refieren a una noción de crisis, pero esta crisis ocurre a nivel o escala de la unidad productiva. En este sentido, desde nuestra perspectiva, las condiciones de “crisis general” pueden amplificar la resultante de las disputas en el mercado y ampliar así la “intensidad” reproductiva de las recuperaciones. Sin embargo, el elemento que estructura los procesos de recuperación de empresas refiere a la crisis a nivel de la unidad productiva, a partir de una vulneración de la relación salarial, en origen realizada por el capital. Esta crisis a nivel de la unidad productiva -y el tipo de relación social que vulnera-, se mantiene a lo largo de todo el ciclo de la evolución de las recuperaciones, y si bien no es independiente del contexto, no se encuentra subordinado al mismo (Salgado: 2009). La mortalidad de unidades productivas es un elemento estructural en formaciones sociales de carácter capitalista, y aunque el ritmo y la intensidad de dicha mortalidad se encuentren asociado a los ciclos económicos, las unidades productivas pueden entrar en crisis y desaparecer, aún en contextos en que no ocurran crisis generales. La crisis de la unidad productiva es entonces, el elemento necesario para el desarrollo de los procesos de recuperaciones. 26

26 Como afirmamos anteriormente, una serie de factores relevantes endógenos al proceso como por ejemplo, las identidades socio-productivas y socio-culturales de los trabajadores, así como las características particulares de las unidades productivas involucradas- deben ser tomados en cuenta para realizar un análisis exhaustivo del marco causal. Por otro lado, existen a nuestro entender otros procesos sustantivos que median entre estos factores causales del proceso y la acción de recuperación de la empresa. Desde nuestra perspectiva, estos procesos refieren a la crisis de la legitimidad del capital en la unidad productiva ante el incumplimiento de la relación salarial y el retiro capitalista de la producción- y la posibilidad de la emergencia de la desobediencia y la constitución de un proceso de autonomización como resultado de esa crisis de legitimidad del capital en contextos de pérdida del empleo. Es decir, la vulneración de la relación salarial, en origen realizada por el capital, tiene como resultante una crisis de su legitimidad, lo que habilita en circunstancias de pérdida del empleo- una acción de desobediencia y un proceso de autonomización (Salgado: 2009)

Ahora bien, lo anteriormente señalado es válido siempre que existan aún niveles de desempleo significativos, de lo contrario difícilmente el colectivo de la fallida no se dispersaría ante la existencia de otras oportunidades laborales. En este sentido, y como habíamos afirmado, la disminución del desempleo podía constituir un obstáculo al desarrollo ampliado del proceso. La mayor facilidad para obtener otro trabajo por parte de los asalariados aminoraría la tensión que resulta de la pérdida del empleo y la consideración de la “recuperación” como única alternativa de inserción laboral. Si bien, como explicitamos anteriormente, durante el período 2003-2009 el desempleo ha disminuido alrededor de 10 puntos tanto a nivel nacional como en el AMBA- existen aún niveles significativos de desempleo estructural. Por lo tanto, la existencia de niveles de desocupación no meramente friccional, constituye un elemento que ante el cierre empresarial hace viable la recuperación y favorece la reproducción ampliada del proceso. 27 En suma, el proceso aunque sin forma aluvional- continuó en su ampliación. Esta ampliación tiene dos características principales: en etapas de “post-crisis” se han manifestado mayor cantidad de procesos que en la etapa aluvional de “crisis”, y por otro lado, esta etapa manifiesta también mayor intensidad anual en la cantidad de procesos que la etapa de “pre- crisis”. Por último, y en relación al marco causal, los análisis realizados sobre las recuperaciones del período nos revelan que el elemento que estructura los procesos de recuperación de empresas refiere a la crisis a nivel de la unidad productiva, a partir de una vulneración de la relación salarial, en origen realizada por el capital. Ahora bien, ¿por qué pese a la reversión del contexto de crisis que estructura el proceso, aunque con una baja intensidad, continúa expandiéndose? Consideramos que dos hipótesis pueden formularse al respecto. En primer lugar es posible hipotetizar que existe un vínculo directo entre el contexto de crisis y la reproducción ampliada del proceso, de manera tal que las empresas recuperadas desde el año 2003 es decir, de pos-crisis- constituyen en realidad, el “coletazo” de la crisis, es decir, son empresas que se vieron seriamente afectadas por la misma y que alargaron su agonía, para perecer luego. La consideración de esta hipótesis enfatiza sobre los aspectos eminentemente económicos de la crisis y a nivel de las unidades productivas, y no refiere directamente a aquellos aspectos vinculados con la protesta y conflictividad social asociados

27 La existencia de niveles de desempleo no meramente friccional no impacta de la misma manera para todo el colectivo laboral, encontrando las recuperadas dificultades para retener aquellos trabajadores con oficios calificados de importante demanda en el mercado actual.

al contexto de 2001 y 2002. Es decir, la crisis seguiría siendo un factor determinante, pero por las huellas económicas que dejó en las unidades productivas. En segundo lugar, en 2004, en nuestro primer avance de investigación, se advertía que la recuperación se incorporaba a la “caja de herramientas” de los trabajadores como un modo de enfrentar el cierre empresarial (Rebón: 2004 y 2007). Se transformaba así, en una configuración de acciones existente, conocida y valorada positivamente por los trabajadores. Desde este punto de vista, consideramos como hipótesis, que en la reproducción ampliada del proceso intervenía un factor que refería a la instalación cultural de la “recuperación” como un repertorio de esquemas de acciones posibles ante determinadas situaciones. Hipotetizábamos entonces que, en tanto la desaparición de empresas era un elemento estructural de formaciones sociales capitalistas, una vez que esta alternativa se instala socialmente -aún cuando se reviertan parte de los factores que conformaron su génesis- su difusión podía continuar mientras no se cuestione dicho repertorio, o las condiciones políticas se vuelvan abiertamente hostiles a la experiencia. Estas hipótesis serán retomadas en los siguientes puntos.

1.3. Empresas recuperadas y crisis económica. Como afirmamos anteriormente, las causas desencadenantes del proceso de recuperación refieren a la vulneración de la relación salarial. Es posible asociar este elemento de vulneración de la relación salarial, con aquel que refiere a la “puesta en crisis” de la unidad productiva fallida. La crisis en una formación social de carácter capitalista, en su dimensión económica y desde una perspectiva sistémica, refiere a una discontinuidad de un proceso de crecimiento continuo de producción mercantil 28 . Esta discontinuidad implica una reversión de la coyuntura que hace que a una fase de expansión regular en un período prolongado, le suceda una fase de depresión de la producción y, por consiguiente, de quiebras y caída de la circulación (Attali: 1979). Una de las formas posibles de tornar observable un proceso de crisis -entendida como discontinuidad en un proceso de crecimiento continuo de la producción mercantil- es tomando como indicador la evolución del Producto Bruto Geográfico (PBG). De esta manera también,

28 Junto a esta dimensión de discontinuidad, para Attali (1979) la crisis, como concepto, refiere también a procesos de instauración de un nuevo orden, de reabsorción de los desequilibrios acumulados durante un momento precedente de crecimiento, sin el cual el modo de producción no podría incluso mantenerse.

descendemos a una escala de análisis que nos permite observar su vinculación con la evolución del proceso de recuperación de empresas.

Gráfico 2. Evolución de PBG y evolución de los procesos de recuperación de empresas, CABA, 1993-2009 (en porcentajes).

recuperación de empresas, CABA, 1993-2009 (en porcentajes). Fuente: Para empresas recuperadas: Elaboración propia sobre

Fuente: Para empresas recuperadas: Elaboración propia sobre la base del Relevamiento Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas Autogestionadas, 2010 N: 52. Para PBG: Dirección General de Estadística y Censos / MINISTERIO DE HACIENDA / Gobierno de la CABA (1993=100).

Como se puede observar en el gráfico precedente, los procesos de recuperaciones de empresas se difunden en la Ciudad en un contexto donde la recesión existente desde fines de la década del 90 se transforma paulatinamente en depresión. En 2002 por ejemplo, la producción de bienes y servicios apenas alcanza la de 1993, de esta manera muchas de las fábricas sobrevivientes a la reestructuración de la década del 90 ven dificultadas sus posibilidades de continuidad. Es también durante 2002, año de una de las mayores depresiones económicas en la historia del país, cuando las recuperaciones se expanden fuertemente. Desde 2000 hasta 2003 la curva de evolución de las recuperaciones acompaña la del PBG pero en sentido inverso. Mientras el PBG cae fuertemente hasta 2002, de manera inversa las recuperaciones aumentan. Sin embargo, desde 2003 en adelante el comportamiento de la curva de recuperaciones no sigue estrictamente, y en sentido inverso, la curva del PBG. Mientras esta última sube paulatinamente desde 2002 en adelante, en 2003 la curva de recuperaciones se estabiliza, luego decrece hasta 2006 para volver a subir luego. Así, desde 2003 en adelante la curva de las recuperaciones parece manifestar un carácter más independiente, autónomo, respecto a la direccionalidad asumida por la curva del PBG. Este

comportamiento de la curva de evolución de las recuperaciones nos aclara mejor algunas de las consideraciones vertidas en nuestro punto anterior. En primer lugar, los procesos de recuperación de empresas continuaron expandiéndose, aún atravesado el contexto económico de crisis, de manera tal que en contextos de aumento de la actividad económica, el proceso no ha disminuido paulatinamente, sino que se ha mantenido primero, descendido luego, para volver a crecer nuevamente, aunque con mucho menor intensidad que en el período anterior. En segundo lugar, la curva de las recuperaciones, una vez atravesado el contexto de crisis, parece adquirir autonomía o independencia relativa respecto a la evolución económica. Ahora bien, este último comportamiento más errático y autónomo de la evolución de las recuperaciones, ¿hasta qué punto no expresa tardíamente, elementos del contexto anterior? Así, podría hipotetizarse que si bien estos procesos de recuperación se desarrollan con posterioridad a 2003, son en realidad, el resultante directo de la crisis económica que se evidenció desde fines de la década pasada y que mostró su máxima expresión durante 2002. Desde esta perspectiva, existiría una vinculación directa entre la crisis económica general y los procesos de recuperación de empresas, de manera tal que estas últimas son el “coletazo” final de la primera. Dar cuenta de esta hipótesis implica centrar la observación no sobre los momentos iniciales de los procesos de recuperación, sino sobre los momentos anteriores, aquellos de crisis de las empresas fallidas. Si bien es difícil establecer el real impacto que la crisis económica de esos años tuvo en estas empresas, es posible acercarnos a algunas caracterizaciones que remitan indirectamente a esa asociación 29 . En primer lugar, los procesos de recuperación analizados son el resultante de procesos heterogéneos de crisis de unidades productivas cuyos orígenes en algunos casos, pueden remitirse a varios años anteriores a la recuperación.

Cuadro 1. Período de inicio de crisis de la empresa fallida en las empresas que iniciaron sus procesos de recuperación desde 2003 en adelante. (En absolutos) 30 .

29 La dificultad estriba en la carencia de datos que permita tal vinculación. Dado que nuestro registro se basa en informantes clave de las empresas recuperadas, los mismos no necesariamente son informantes clave de la fallida en la dimensión referida.

30 Los datos refieren a 24 de las 26 empresas recuperadas existentes en la actualidad que iniciaron sus procesos de recuperación desde 2003 en adelante, según un relevamiento realizado en 2010, quedan excluidas de este análisis las empresas Famel y Punto Gráfico por ausencia de datos.

Período de inicio de la crisis de la empresa fallida

antes de 2001

2001-2002

2003 en adelante

3

8

13

Fuente: Relevamiento UBACyT Transformaciones emergentes en el proceso de recuperación de empresas, 2008, y Relevamiento Observatorio Social Empresas Recuperadas Autogestionadas, 2010. N: 24.

Como se puede observar en el cuadro precedente, en once de las veinticuatro empresas que iniciaron procesos de recuperación en atapas de “post-crisis”, los orígenes de las crisis económicas de las fallidas son anteriores a 2003 (en tres casos son inclusive anteriores a 2001, en un caso se remonta a 2000 y en dos a 1998). Estas empresas manifiestan por lo tanto, una mayor distancia en el tiempo entre el momento de crisis de la unidad productiva y el inicio de la recuperación. En los trece casos restantes la crisis de la empresa fallida se origina desde 2003 en adelante. En estos casos existe una mayor inmediatez entre la crisis de la fallida y su posterior recuperación en manos de los trabajadores. Entonces, la hipótesis que vincula en forma directa los procesos de recuperación de empresas que se dieron desde 2003 en adelante, con el contexto de crisis de inicio de la década pasada, es por lo menos incompleta. Puede ser sustentada en algunos casos, no en todos. Una porción sustantiva de las recuperaciones (54%) ocurridas en períodos post-crisis, no inician sus crisis en contextos sociales “crisógenos”, sino en momentos de reversión de la crisis a nivel sistémico, en el momento ascendente de la curva de evolución del PBG. Se puede afirmar entonces, que así como las empresas recuperadas en la CABA no comparten en su totalidad- el contenido “crisógeno” del contexto de su emergencia, las crisis de las empresas fallidas de las cuales surgen estas recuperaciones, tampoco comparten ese contenido (Salgado: 2009). Pero más allá de estas diferencias, estas empresas presentan un elemento común, entran en crisis por la propia identidad del capital, cuya direccionalidad es la maximización de la ganancia y su reinversión. Al no existir condiciones favorables para la realización del ciclo de acumulación, la alternativa “capitalista” a seguir es el retiro con los menores costos 31 .

31 Se pueden tomar diversos casos para ejemplificar lo expuesto. Un caso, por ejemplo, se trata de una empresa alimenticia que manifiesta elementos de crisis en 2000 a partir de generación por parte del propietario, de deudas salariales que con los años llegará a alcanzar el millón y medio de pesos deuda desconocida por el juez que interviene en la quiebra por la ausencia de libros contables y registro de deudas-. Luego de 5 años la empresa quiebra pese a mantener buenos niveles de productividad. Sin embargo, un año antes el dueño cede en forma gratuita la empresa a sus hijos (quienes se desempeñaban como gerentes hasta ese momento) quienes son lo que efectivizan la quiebra. Se trata así de un caso de quiebra deliberada y vaciamiento fraudulento. El objetivo fue generar deuda deliberadamente con el fin de construir capital inicial para otro emprendimiento, es decir,

Como nos advierte Marx (2002) -y hemos explicitado anteriormente-, el cierre de unidades productivas es un elemento estructural en formaciones sociales de carácter capitalista 32 , y si bien los ciclos económicos tienen incidencia sobre la intensidad de la mortalidad empresarial, las unidades productivas pueden entrar en crisis y desaparecer, aún en contextos no crisógenos. Las condiciones de “crisis general” agudizan la competencia intercapitalista, constituyendo la derrota de una porción aún más significativa de los capitalistas, es decir amplifica la resultante de las disputas en el mercado. En este sentido, y como se afirmó anteriormente, el elemento que estructura los proceso de recuperación de empresas refiere a la crisis a nivel de la unidad productiva en contextos de desempleo no meramente friccional, ya que su resultante es la vulneración de la relación salarial. Este elemento -y el tipo de relación social que vulnera-, se mantiene a lo largo de todo el ciclo de la evolución de las recuperaciones, elemento que como afirmamos anteriormente, si bien no es independiente del contexto, no se encuentra subordinado al mismo. Consideramos necesario recalcar estos argumentos ya que la lectura de algunas investigaciones nos puede sugerir que este elemento de crisis a nivel de la unidad productiva refiere sólo a las recuperaciones más recientes de pos-crisis. Así por ejemplo, leemos en otras investigaciones sobre la temática que: “En los casos más recientes, las quiebras y ocupaciones no se relacionan directamente con un contexto crítico (salvo que pensemos en la más reciente crisis financiera global) y sí con procesos internos de la empresa” (Ruggeri et al: 2010, Pág. 15). Si bien como afirmamos con anterioridad en esta Tesis, el contexto de crisis generalizada es un elemento de centralidad en la sociogénesis del proceso, esto no implica la inexistencia de crisis a nivel de la empresa -vinculada a procesos internos- en las

capitalizar una nueva empresa libre de deudas, a partir del quebranto y vaciamiento de una anterior. En otro caso por ejemplo, la crisis de la unidad productiva refiere a las intenciones del propietario de cambiar de actividad comercial y el intento de vaciamiento y cierre de la antigua firma. Aquí también la crisis en estos casos es generada por la construcción de deuda deliberada por parte del propietario con el fin de construir capital inicial para otro emprendimiento. En otro caso, el accionista mayoritario de una S.A. presenta quiebra personal en 2003, los trabajadores recién se enteran de la crisis de la unidad productiva en 2005 cuando la AFIP retiene los cheques la AFIP era el principal acreedor de la deuda-. Se trataba de una práctica habitual del accionista para vaciar empresas había hecho lo mismo con otras 13- mediante la generación de deudas. Otro caso refiere a un laboratorio de capitales extranjeros que en 2004 vende sus dos principales marcas. De ahí en más se produce un proceso de desinversión progresiva que lleva al colapso de la firma. Aquí se trata de capitales extranjeros que luego de invertir en la Argentina, venden sus principales activos para trasladar capitales a otras localizaciones productivas que aseguren mejor rentabilidad. 32 Para Marx (2002) la imposibilidad de reproducción del ciclo de acumulación es la expresión de una derrota en el ámbito del ámbito del mercado. La competencia intercapitalista es inherente al proceso mismo de valorización de capital, a su misma naturaleza. A su vez, esta competencia relación social establecida entre productores individuales- se efectúa en el mercado, que constituye un ámbito caótico, anárquico. Así, la planificación “racional” en la empresa convive con una economía que a nivel de la sociedad en su conjunto se presenta como carente de plan, regulada a posteriori del proceso de producción de mercancías. La resultante de esta competencia en las condiciones caóticas en que se realiza, es la derrota o desaparición de una porción de los capitalistas.

recuperaciones del primer período. Lo que queremos subrayar es que todas las empresas que han atravesado procesos de recuperación manifiestan una crisis a nivel de la unidad productiva – no sólo las más “actuales”-, y, por otro lado, no todas estas manifestaciones de crisis a nivel de la unidad productiva que derivaron en recuperaciones se correspondieron con contextos sociales “crisógenos”. En suma, el cambio a un contexto no “crisógeno” no implica entonces, la imposibilidad de la reproducción del proceso. Hipotetizamos que el contexto social parece constituir en las nuevas recuperaciones, un elemento que opera constituyendo gradientes diferenciales de permisibilidad, es decir, ampliando o restringiendo la posibilidad del desarrollo del proceso en su forma ampliada. O mejor dicho, como desarrollaremos a continuación, el contexto social actuará de otro modo en la permisibilidad de ampliación del proceso. Si antes fue la crisis social generalizada el elemento que potencia la difusión de las recuperaciones, ahora este rol será reemplazado -al menos parcialmente- por un elemento cultural del contexto, la generalización de la recuperación como un repertorio de acción conocido y valorada entre los asalariados.

1.4. La difusión de la experiencia. Construcción e instalación cultural de la “recuperación de empresas”. El proceso de recuperación de empresas ha podido desarrollarse pese a la reversión del contexto de crisis que lo estructuró en su sociogénesis. Esta expansión conserva un elemento crisógeno, pero a nivel de la unidad productiva. Sin embargo, más allá de los análisis desarrollados hasta aquí, consideramos que otro elemento debe ser introducido para dar cuenta de la reproducción del proceso en forma ampliada, de su extensión a nuevas empresas. No basta sólo con la existencia de una crisis de la unidad productiva, sino que además, la recuperación de empresas debe considerarse como una alternativa posible y viable de continuidad laboral y productiva. Así, una segunda hipótesis sobre la reproducción ampliada del proceso considera que el proceso ha podido ampliarse debido a la instalación cultural de la “recuperación” como un repertorio de esquemas de acciones posibles ante determinadas situaciones. En 2004, en nuestro primer avance de investigación, se hipotetizaba que la “recuperación” era incorporada a la “caja de herramientas” de los trabajadores como un modo de enfrentar el cierre empresarial (Rebón: 2004 y 2007). Se transformaba así, no sólo en una herramienta, sino en una configuración de acciones existente, conocida y valorada positivamente por los trabajadores.

Otras investigaciones parecen ir en la dirección de la hipótesis planteada. El siguiente cuadro muestra los grados de conocimiento y valoración sobre los procesos de recuperación de empresas a partir de un relevamiento representativo estadísticamente de la zona metropolitana. En dicho relevamiento se observa que más del 90% de los encuestados conoce el proceso de recuperación de empresas. Pero por otro lado, el alto grado de conocimiento de la experiencia se encuentra asociado también a un alto grado en su valoración positiva, del conjunto de los encuestados el 80% la valora positivamente, si tomamos en cuenta sólo aquellos que conocen la experiencia este porcentaje asciende a un 85%. 33

Cuadro 2. Conocimiento y valoración sobre los procesos de recuperación de empresas. 34

Opinión sobre las empresas recuperadas por sus trabajadores

Cantidad

Porcentaje

No lo conoce

16

2,6

Positiva

480

80

Negativa

64

10,7

Ni positiva ni negativa

22

3,7

Ns/Nc

18

3

Total

600

100

Fuente: Encuesta de Predisposición al cambio social y la acción colectiva - Centro de Investigaciones en Estadística Aplicada/UNTREF, dirigida por Marcelo Gómez (Universidad Nacional de Quilmes - Proyecto PICTO06 36771 "Transformaciones de la relación entre acción colectiva contestataria y régimen político en Argentina").

33 En este mismo sentido, hemos explorado con detenimiento entre distintos grupos de trabajadores asalariados la hipótesis de la incorporación de la “recuperación” como repertorio de acción. Los resultados de una encuesta entre trabajadores del Subterráneo de la CABA y trabajadores no docentes de la Universidad de Buenos Aires - dos universos con distintos niveles de movilización y experiencia organizativa- nos permite también sostener la hipótesis. Según este relevamiento la recuperación de empresas también es conocida en ambos casos por alrededor del 90% de los encuestados. Entre los mismos, la inmensa mayoría valora positivamente al proceso. Este relevamiento también nos ha permitido explorar las razones de dicha valoración. Esta valoración positiva se funda centralmente en la relevancia social que le otorgan los encuestados al hecho de recuperar una fuente laboral y productiva. Sólo para una minoría la importancia del hecho radica en demostrar la posibilidad de producir sin patrón. No obstante, es ampliamente mayoritaria la opinión de que una empresa dirigida por los trabajadores puede funcionar. Más aún, dicha capacidad productiva es considerada igual o superior a la del capital. Si bien estos datos no pueden ser extrapolados al conjunto de los trabajadores, nos están indicando la existencia de un conocimiento y valoración positiva del proceso entre grupos diversos de trabajadores. Y al mismo tiempo, nos muestran la creencia que producir en forma autogestionada es posible, y que dicha forma puede ser tan o más eficiente que la capitalista.

34 Encuesta domiciliaria sobre predisposición a la acción colectiva y al cambio social, realizada entre los días 16 y 29 de noviembre de 2007. Se relevaron 600 casos de mayores de 18 años residentes en Capital Federal y Partidos del GBA seleccionados por muestreo probabilístico en dos etapas con ajustes de edad y sexo. El nivel del error de estimación muestral para 95.5 % de confianza es de +- 4.1 %. Se realizó una prueba piloto por tandas en un total de 105 casos para el testeo de preguntas.

Resumiendo, registros propios y ajenos parecen ir en el sentido de la hipótesis propuesta. La instalación cultural en grados crecientes de la recuperación dentro del repertorio de acciones de los trabajadores, posibles de ser utilizadas ante determinadas situaciones, adquiere fuerza creciente al indagar sobre el conocimiento y valoración en otros conjuntos de trabajadores 35 . Esta hipótesis de la “instalación creciente” nos conduce a indagar sobre el rol del conocimiento directo en la determinación de los procesos analizados. Como se afirmó anteriormente en esta tesis, la recuperación de empresas en su sociogénesis, como determinación, no nace espontáneamente de los trabajadores de cada unidad productiva, sino que surge de su articulación con otras personificaciones sociales (Rebón: 2007). La posibilidad de recuperación de la unidad productiva requería la demostración de que era posible constituir una alternativa ante el cierre empresarial y el desempleo. Esta fue la tarea central de los diversos destacamentos de promotores y organizadores (Rebón: 2007). En este sentido, y retomando a Lenin (1981) en su tesis acerca del rol del conocimiento indirecto en las acciones de lucha, podemos afirmar que espontáneamente los obreros poseen herramientas necesarias para luchar por las condiciones de la venta de su fuerza de trabajo, pero carecen de los conocimientos necesarios para luchar por la superación de las relaciones salariales. Se puede hipotetizar entonces, que históricamente la lucha por las condiciones de la venta de fuerza de trabajo entre la clase trabajadora argentina ha logrado instalar culturalmente una serie de herramientas, estrategias y formas organizativas que permiten que los trabajadores “espontáneamente” -por su propia identidad- puedan afrontar los conflictos resultantes de la lucha por las condiciones de la venta de su fuerza de trabajo. Sin embargo, y respecto al proceso de recuperación de empresas, la fuerte incidencia de un conocimiento indirecto en la determinación del proceso en sus orígenes, muestra las limitaciones existentes en la conciencia de los trabajadores respecto a las herramientas necesarias para otro tipo de conflicto: el de cierre de la unidad productiva (Rebón: 2007). El papel desempeñado por los promotores es un indicador de estas limitaciones. De esta manera, podría hipotetizarse que si la recuperación logra instalarse en la caja de herramienta de los trabajadores, reestructurando la conciencia obrera, posibilitaría una mayor prescindencia de

35 El repertorio de acciones hace referencia a un conjunto relativamente limitado de rutinas o acciones que son compartidas, aprendidas y ejercitadas mediante un proceso de selección relativamente deliberado. Implica la combinación de libretos históricos, esquemas de acciones heredadas, e improvisación o innovación que caracteriza a los instrumentos de lucha (Tilly: 2000a). Con el término repertorio, queremos enfatizar en este momento, la instalación cultural que implica el logro de mayores grados de conocimiento, difusión y utilización de estos esquemas de acción.

promotores en futuras experiencias, existiendo un mayor rol del conocimiento directo por sobre el indirecto. Tomando en cuenta estas consideraciones, la instalación cultural de la “recuperación”

-como conocimiento y difusión de este tipo particular de acciones-, puede ser analizada indirectamente a partir del análisis del surgimiento de la “idea originaria” de la recuperación de la empresa. Al respecto, nuestros análisis nos muestran que en los procesos de recuperaciones de empresas surgidos en etapas de pre-crisis y crisis es decir, aquellos ocurridos antes de 2003-, este rol de los promotores como inductores centrales de las recuperaciones implicaba la introducción de la idea de la recuperación en la gran mayoría de los casos (87 %). Para los procesos ocurridos desde 2003 en adelante, este rol se circunscribe

a algo más de la mitad de las recuperaciones (57%). Dos consideraciones pueden hacerse en relación a estas transformaciones. Primero, en este último período se encuentran presentes mediaciones y vinculaciones sociales que refieren

a actores e identidades sociales que instalan la recuperación como alternativa frente al cierre

de la empresa, que no son específicamente los antiguos promotores. Esta “idea originaria” es producto de una serie de relaciones y vínculos que los trabajadores van estableciendo durante el conflicto en su intento de resolverlo. Estos actores y relaciones son diversas: parientes o familiares -que en algunos casos trabajan en empresas recuperadas, en otros casos en cooperativas no recuperadas y que conocen la experiencia de las recuperaciones-, o vecinos que conocen sobre el proceso que en algunos casos tienen vínculos personales con alguna empresa recuperada o referente de algún movimiento-. (Salgado: 2009 y 2010). En segundo lugar, a diferencia de los primeros períodos, en la etapa de “post-crisis” existe una mayor incidencia de un conocimiento directo sobre la experiencia; en algo menos de la mitad de las empresas (43%) la idea de recuperación surge del propio conocimiento de los trabajadores involucrados directamente en la acción de recuperación (Salgado: 2009 y 2010). Sin embargo, la existencia de estas mediaciones no invalida la intervención de promotores. De hecho, aún cuando la idea de la recuperación no surja de estas personificaciones en forma directa, siguen incidiendo en el desenvolvimiento del proceso, permitiendo su viabilización. Es decir, los promotores participan activamente viabilizando las recuperaciones, aunque el conocimiento de la existencia de la experiencia y la demostración de su viabilidad, así como su difusión como alternativa frente al cierre empresarial, no es de su exclusividad. Así, el rol central de los antiguos promotores ha mutado de “difusor” a “viabilizador” (Salgado: 2009 y 2010). Esto implica que su centralidad radica en el aporte del know how necesario para “recuperar una empresa”, es decir, el aporte de los conocimientos

técnico-políticos, así como las articulaciones sociales necesarias para que la alternativa de recuperación adquiera viabilidad 36 . Por otro lado, esta mayor difusión, conocimiento y valoración positiva de la experiencia, parece ir acompañada por una modificación en las lógicas de agregación que han experimentado estas experiencias. Como han sugerido otras investigaciones (Palomino et al:

2010) las lógicas originales centradas en las organizaciones de empresas recuperadas - surgidas de la confluencia entre promotores ajenos a las unidades productivas y trabajadores de las recuperadas- dan paso a formas más amplias de agregación federativas, confederativas, sectoriales, ente otras- permitiendo una articulación mayor de estas organizaciones con el cooperativismo tradicional, con experiencias de autogestión ligadas a emprendimientos de la Economía Social, o incluso con algunos sindicatos (Palomino et al:

2010). En este sentido, y según nuestros registros efectuados en 2010 en la CABA encontramos la presencia e incidencia de los siguientes movimientos o nucleamientos de empresas recuperadas: MNER (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas); MNFRT (Movimiento Nacional de Fabricas Recuperadas por sus Trabajadores); FACTA (Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados); la Red Grafica; y la CNCT (Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo). El MNER creado en 2001- constituye el primer movimiento de fuerte incidencia tanto a nivel local como nacional, cumpliendo hasta el año 2003 el doble rol de inductor y soporte central del proceso en la mayoría de las empresas de la Ciudad (Rebón: 2007). De dicho movimiento surge como escisión en 2003 el MNFRT. Desde 2004 en adelante el MNER pierde protagonismo en la Ciudad, tanto es así que para el año 2006 según nuestros registros, sólo dos empresas participan explícitamente en el MNER. Para dicho año cobra relevante presencia el MNFRT y surge un nuevo nucleamiento antes ausente y resultante de una escisión del MNER, FACTA. Esta Federación inicia en diciembre de 2006, actualmente cuenta con más de 30 cooperativas de trabajo afiliadas en todo el territorio nacional 37 . Esta última Federación agrupa a empresas Autogestionadas no necesariamente “empresas recuperadas”, sino también cooperativas no recuperadas que se auto-identifican como Autogestionadas. También en 2006 se constituye la Red Grafica, clúster constituido por 15 cooperativas algunas de las cuales radican en CABA- todas vinculadas a la rama gráfica. La

36 Recordemos que, según investigaciones precedentes (Rebón: 2007), los promotores constituían una de las identidades centrales dentro de un conjunto de articulaciones sociales que conformaba una embrionaria fuerza social alianza de diferentes identidades sociales- que permitía el avance de los trabajadores sobre la función de dirección de la unidad productiva.

37 Fuente: www.facta.org.ar.

Red expresa una articulación productiva y comercial entre distintas cooperativas, algunas de ellas empresas recuperadas -como Gráfica Patricios, Chilavert y AGS entre otras-, y otras de origen en el cooperativismo tradicional -como Ferrograf, entre otras-. Por último, en 2009 se constituye la CNCT, organización de tercer grado que agrupa a más de 25 Federaciones de cooperativas de trabajo de toda la Argentina. Dicha Confederación expresa la vinculación entre experiencias productivas de empresas recuperadas -FACTA y Red Gráfica- con Federaciones del cooperativismo tradicional FEECOTRA- o vinculadas a la Economía Social y a la Economía Popular -FECOOTRAUN, por ejemplo. Federación que aglutina a cooperativas surgidas a partir del Programa “Argentina Trabaja” del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación-. Por otro lado, también se desarrolla una mayor apertura de diversas instituciones del Estado, en particular el nacional, hacia el proceso, promoviendo su desarrollo. En esta misma línea, nuestros análisis de los procesos desarrollados en la CABA muestran que tres identidades principales son las que constituyen los apoyos recibidos durante el proceso de recuperación. En primer lugar, trabajadores de otras recuperadas o movimientos de empresa recuperadas. En segundo lugar, apoyos gubernamentales. Y en tercer lugar, la solidaridad vecinal espontánea, no referida al movimiento asambleario (Salgado: 2009). 38 Las transformaciones sobre el rol del conocimiento directo -e indirecto- en la determinación de los procesos, así como las transformaciones en las lógicas de agregación, nos interroga sobre las transformaciones en la fuerza social expresada “en” y “por” las recuperaciones. Según nuestros análisis, todas las experiencias de recuperación de la CABA expresan articulaciones sociales que involucran identidades sociales exteriores o ajenas a la unidad productiva. Se encuentran tres tipos de entramados sociales constituyentes de las fuerzas sociales en los procesos de recuperación. En una porción significativa de los casos, esta embrionaria fuerza social entendida como expresión en el terreno de las confrontaciones sociales de una alianza social- implica la articulación entre los propios trabajadores insertos en el procesos de recuperación, más el apoyo de otros trabajadores que atraviesan o atravesaron experiencias de recuperación y/o sus movimientos, mas identidades cuyas relaciones fueron construidas en torno a relaciones de cercanía socio espacial. En otro

38 Es pertinente destacar que el análisis del proceso realizado por el Programa Facultad Abierta (Ruggeri et al:

2010) a escala nacional muestra similares transformaciones. Respecto a las solidaridades que estos colectivos de trabajadores reciben durante el proceso, dicho análisis especifica que las siguientes identidades se constituyeron en el principal sostén de las recuperaciones que se dieron desde 2004: otras empresas recuperadas, seguidas por el Estado visto como un punto de apoyo que ha crecido en importancia -tanto a nivel nacional, provincial o municipal, siendo los municipios los que justifican la mayor parte de esas menciones, con las provincias en segundo término y por último la Nación-, y luego la comunidad -el barrio, pero también los familiares-. (Ruggeri et al: 2010. Pág. 20)

conjunto de procesos, esta fuerza social es la expresión de una alianza social entre los trabajadores de las unidades productivas, más otros trabajadores de otras recuperadas y/o los movimientos, con personificaciones de la institucionalidad política y/o sindical. Por último, encontramos un grupo de procesos cuya articulación se encuentra constituida por una diversidad mayor de identidades sociales. Aquí las identidades sociales no se excluyen como en los procesos anteriores, sino que se incorporan, articulando también a otras identidades externas a la unidad productiva. A diferencia de los casos anteriores, esta articulación se expresa o materializa en contextos de alta conflictividad, incorporando solidaridades crecientes de asambleas barriales, estudiantes universitarios, profesionales, partidos políticos, trabajadores no pertenecientes a empresas recuperadas, etc. (Salgado: 2009). Existe entonces, una manifestación diferencial de las articulaciones sociales que se encuentra relacionada al grado de conflictividad que presenta cada caso. Esta “diferencialidad” nos refiere a un proceso de adecuación de los instrumentos de confrontación expresados por una embrionaria fuerza social a un contexto particular. Así, el entramado social constituido y la materialidad que adquiera la alianza social- dependerá de las tareas y obstáculos que el proceso encuentre y deba resolver, para la recuperación exitosa de la empresa. Por lo tanto, la recombinación de identidades se produce en función de los obstáculos que cada caso en particular presenta y el grado de conflictividad que exprese. A partir de los elementos señalados la instalación cultural creciente de la recuperación de empresas como alternativa conocida y valorada positivamente; la ampliación de las identidades que fungen como difusores de la experiencia; el mayor peso del conocimiento directo en la determinación de los procesos; la modificación de las lógicas de agregación que evidencian formas más amplias de agregación trascendiendo el universo de las “recuperadas”; la mayor participación de la institucionalidad política en los apoyos recibidos; la capacidad de ampliar los entramados sociales constituyentes de las alianzas que viabilizan la recuperación- se podría hipotetizar que la embrionaria fuerza social no expresa en las recuperaciones de post-crisis un mayor aislamiento social respecto a la etapa anterior. Por el contrario, estos elementos nos permiten hipotetizar sobre un salto cualitativo en la densidad moral de esta embrionaria fuerza social 39 . Esto posibilitaría mayores niveles de viabilización

39 Según Durkheim (1997) la densidad social refiere a aquellas propiedades del medio social que son susceptibles de ejercer una acción sobre el curso de los fenómenos sociales. Según este autor, la vida social se encuentra afectada por el número (volumen), la forma de la distribución (densidad material), así como de la intensidad de los vínculos establecidos entre los individuos que participan de esa vida social (densidad dinámica o moral). Este último elemento alude al grado de concentración de la masa, es decir no sólo la unión puramente material de los individuos, sino la unión moral. La densidad dinámica se puede definir, en igualdad de volumen, en función del número de individuos que están efectivamente en relaciones morales; es decir, que viven una vida

de la experiencia, facilitando la incorporación de nuevas unidades productivas al universo de las recuperadas. Así, las recuperaciones lejos de expresar una excepcionalidad fugaz anclada en una etapa de crisis, evidencia la instalación de una forma socio-productiva con capacidad de reproducción y ampliación. Por último, es necesario señalar que la ampliación del proceso ha sido hipotetizada también por otras investigaciones como el resultado de una mejoría en las políticas de reconocimiento al sector desarrolladas mediante leyes de expropiación y moderadas políticas públicas de apoyo (Ruggeri et al: 2010). De esta manera, dicha investigación concluye que son principalmente las condiciones socio-políticas las que influirían en la ampliación y la forma de distribución de los casos en el territorio nacional. Al respecto consideramos que si bien es posible hipotetizar sobre un mejoramiento en las políticas de reconocimiento o en el reconocimiento hacia el sector a partir de políticas específicas dirigidas al mismo-, esto refiere en realidad a la existencia en la actualidad de una estructura de oportunidades políticas más favorables a la institucionalización del proceso que redunda en un achicamiento en la brecha existente entre legitimidad y legalidad del mismo. Sin embargo, y desde nuestra perspectiva, el factor de relevancia que influye en la ampliación a nuevas unidades productivas refiere a una mayor difusión, conocimiento y valoración positiva del proceso de recuperación de empresas por sectores crecientes de la población. En este sentido, el mayor reconocimiento por parte de las instituciones políticas y sus reflejos político-institucionales constituirían manifestaciones de esta “instalación cultural” creciente. Sobre esta temática tratará el próximo punto.

1.5. La recuperación: Acción directa y “convencionalización” de la acción. Retomemos lo hasta aquí señalado. Sostenemos como hipótesis que un factor interviniente en la ampliación del fenómeno refiere a la instalación cultural de la recuperación, como conjunto de esquemas de acciones posibles de ser utilizadas ante el cierre empresarial. Esta hipótesis adquiere fuerza creciente al indagar sobre el conocimiento y valoración en otros conjuntos de trabajadores, así como al comparar el surgimiento de la idea de recuperación entre los procesos de recuperación de empresas en los diferentes contextos. En primer lugar, la difusión de la recuperación de empresas como alternativa al cierre

común. Así, lo que mejor expresa la densidad dinámica de una sociedad -o segmento de una sociedad- es su grado de coalescencia o unión. Rescatamos este concepto porque la fuerza social en los procesos de recuperación de empresas ha sido la expresión de una alianza social entre identidades sociales diversas. Las transformaciones que pudieran haber ocurrido en las formas de expresión de esa fuerza social a partir de las identidades sociales involucradas puede indicarnos transformaciones en su densidad social.

empresarial ya no parece ser exclusividad de las mismas identidades sociales que la personificaban en su sociogénesis, sino que parece ampliarse a nuevas identidades sociales. En segundo lugar, existe mayor incidencia del propio conocimiento directo de la experiencia en la idea originaria de recuperación en los procesos más recientes. Por otro lado, estas experiencias se adecúan a nuevas lógicas de agregación, lo que implica una construcción de entramados y alianzas no focalizadas sobre el “fenómeno de las recuperadas” – cooperativismo clásico, sectoriales, de la economía social y solidaria, de la Economía Popular, etc.-, y con mayor articulación con instancias del gobierno del Estado principalmente nacional-. Estas transformaciones parecen expresar cierta “convencionalización” de la recuperación, cuyo conocimiento trasciende a los trabajadores 40 . La “recuperación” pasa de ser un elemento ajeno a la cultura de los trabajadores, a ser una alternativa conocida y valorada positivamente para enfrentar el cierre de empresas. Ahora bien, es posible argumentar que esta “convencionalización” ha implicado una disminución de los formatos más disruptivos de acción empleados en las recuperaciones, de tal manera que ya no serían necesarias acciones más “radicalizadas” para la continuidad productiva bajo gestión de los trabajadores. En este sentido, nos parece sugerente comparar los formatos de acciones utilizados en los distintos procesos tomando como consideración los diferentes contextos en lo que emergieron y poder desentrañar si el cambio contextual y la “convencionalización” del proceso implicó la transformación de los formatos de acción efectivamente empleados. La recuperación es un proceso conflictivo cuyo inicio va estar marcado por la decisión de los trabajadores de iniciar la defensa de sus fuentes de trabajo. Como todo conflicto, la recuperación refiere a un determinado tipo de relación social, de configuraciones de acciones en correspondencia, en la cual las acciones de al menos uno de los actores van dirigidas a intentar obstaculizar las del otro. Como hemos afirmado anteriormente, la configuración de acciones particulares que buscan resistir los trabajadores varían de acuerdo a las distintas experiencias, sin embargo estas acciones tienen en común que todas refieren a acciones cuya

40 En Palomino et al (2011. Pág. 5) se caracteriza de similar forma la ampliación del proceso: “En este escenario pos crisis operan nuevas políticas públicas impulsadas por diversas instancias estatales, lo que refuerza la legitimidad para la recuperación de empresas. Así, mientras en las primeras experiencias el origen de la recuperación constituye una respuesta no convencional de los trabajadores ante la crisis, en el caso de las nuevas experiencias la recuperación opera ya sobre un mecanismo cuasi-institucional”. Sin embargo, como analizaremos en las siguientes líneas, nos parece que resulta necesario realizar una mejor distinción entre “convencionalización” e institucionalización, ya que refieren a procesos que si bien se encuentran relacionados, pueden ser analíticamente diferenciados.

resultante es la vulneración de la relación salarial realizada por el capital en su retiro

productivo.

Ahora bien, como se ha argumentado en investigaciones anteriores (Rebón: 2007),

aunque la toma u ocupación se presenta como la forma de lucha paradigmática del proceso

tanto es así que se ha tendido a asimilar los procesos de ocupación o toma con

“recuperación”-, estos no son exactamente homologables 41 . Como muestra el siguiente

cuadro, en aquellos procesos iniciados con anterioridad a 2003 en CABA la ocupación o toma

en sentido estricto, esto es, apropiarse de una unidad productiva encontrando oposición en

esta acción, poseía un peso importante entre las recuperadas, pero no era dominante.

Cuadro 3. Acción principal orientada a hacerse cargo de inmueble en los procesos de

recuperación hasta 2003. CABA 42

Acción principal orientada a hacerse cargo de inmueble

Absolutos

Porcentaje

Ocupación

6

40

Permanencia consensuada

6

40

Permanencia ante abandono

2

13

Acampe y movilización

1

7

Total

15

100

Fuente: Elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto UBACyT “Sociogénesis del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores” (2003) Director Julián Rebón. N: 15.

El 40% del conjunto de las unidades productivas recuperadas que han iniciado sus recuperaciones en contextos crisógenos, atravesaron procesos de ocupación o toma de la empresa. La ocupación tiene una serie de funciones de centralidad en los procesos: evitar el vaciamiento asumiendo el control de la planta, tener una mejor posición de fuerza para negociar con la patronal, funcionarios o jueces, impactar simbólicamente al instalar socialmente el problema, y por último, el control de la unidad productiva en ausencia del capital es un facilitador del inicio productivo bajo gestión de los trabajadores (Rebón: 2007).

41 Muchas veces esta asimilación refiere a que son justamente los casos más conflictivos y que han necesitado de la utilización de acciones directas las que han cobrado mayor visibilidad social. En este sentido, la ocupación o toma ha sido una de las formas dominantes de representación social de los distintos repertorios de acción utilizados en las recuperaciones. Desde nuestra perspectiva la toma refiere: “al control de una situación social. Representa una relación de control de un territorio alterando las relaciones jurídicas de propiedad, parcial o totalmente. Es una forma particular de apropiación de un territorio ajeno. Varía en relación con el carácter social del territorio ocupado, la fracción social que lo manipula y el objetivo perseguido. Es una forma de lucha cuya personificación la hace potencialmente inclusiva; todos pueden participar de la misma en principio. Por otra parte, como ya señalamos, transita el territorio de la acción directa y como tal se convierte en relativamente difícil su institucionalización.” (Rebon: 2007. Pág., 142)

42 Se contemplan aquí las 15 experiencias de recuperación que han podido sostenerse como tales, es decir que no han cerrado o modificado su forma social.

Sin embargo, ya en las primeras recuperaciones se encuentra una alternativa importante a la ocupación (40%) que ha sido denominada como “permanencia consensuada” (Rebón: 2007). En estos casos, no se produce una apropiación por la fuerza, sino que predomina la negociación, pactando la permanencia de los trabajadores dentro de la unidad productiva. Los trabajadores permanecen en la empresa, pero a partir de un acuerdo con el patrón, el síndico o el juez. 43 Por otro lado, una serie de casos se encontraban relacionados a acciones que implicaban la permanencia de hecho en la empresa ante el “abandono” o desaparición de la patronal. En estos casos no existía ocupación por la fuerza del espacio, sino que, sólo se continúa “concurriendo” al lugar de trabajo ante el abandono patronal 44 . Pese a que en aquel momento constituían sólo un 10% de los casos, esta forma era relevante ya que muchas experiencias ocupadas comenzaban a partir justamente de una permanencia, que luego se transforma en ocupación al desencadenarse un proceso de respuesta contra-acción- por parte de la patronal o del Estado. Pasemos ahora a analizar los formatos de acciones empleados en las recuperaciones posteriores.

Cuadro 4. Acción principal orientada a hacerse cargo de inmueble en los procesos de recuperación desde 2004 hasta 2009. CABA. 45 .

Acción principal orientada a hacerse cargo de inmueble

Absolutos

Porcentaje

Ocupación

8

42

Permanencia por abandono

6

31,5

Permanencia consensuada

2

10,5

Acampe y negociación

0

0

Retiro de la empresa

3

16

Total

19

100

Fuente: Elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto UBACyT “Transformaciones emergentes en el proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores” (2010) Director: Julián Rebón. N: 19.

Como se observa en el cuadro precedente, el análisis de las recuperaciones de pos-

crisis nos muestra dinámicas que no excluyen el conflicto, ni la utilización de formas directas

43 Rebón (2007) hipotetizaba que la concurrencia de estas acciones marcaba la existencia en aquel período, de un embrionario proceso de institucionalización y de construcción de normatividades en los hechos, muchas de las cuales sentarían jurisprudencia sobre cuándo era posible “permanecer” en la empresa sin violentar la normatividad vigente. 44 La existencia de estos casos contrastaron con las propias prenociones respecto al proceso, con las que concurríamos en aquellos años a indagar las distintas experiencias. En este sentido, nuestras primeras guías de preguntas aplicadas a los informantes clave de las distintas unidades productivas empezaban con la pregunta:

¿cómo se inició el conflicto en la empresa? La respuesta en estos casos apuntó a: “acá no hubo conflicto”.

45 Se contemplan aquí las 19 experiencias que ha diciembre de 2009 se han sostenido como tales sin modificar su formas social inicial y sobre las que se poseen registros. Quedan excluidas del análisis Famel y Arcucci por ausencia de datos.

de acciones. De hecho, la ocupación como acción principal que da inicio a la recuperación se presenta en similar porcentaje en estas experiencias más cercanas en el tiempo respecto a las experiencias más antiguas. Por otro lado, la permanencia “consensuada” y la permanencia por “abandono” varían en sus porcentajes tomando como referencia ambos períodos. Es decir, más allá de la difusión creciente de las experiencias y su valoración positiva, las dinámicas de los procesos han involucrado acciones directas dentro de los formatos de acción utilizados en los procesos de recuperación de empresas. En este sentido, consideramos que “convencionalización” e institucionalización no refieren a los mismos procesos. Desde nuestra perspectiva el primero refiere a una instalación social creciente a una difusión, conocimiento, valoración positiva o legitimidad-. Es decir, una institucionalización pero en el campo de la cultura que implica la incorporación en los repertorios de acción de una serie de formatos de acción por parte de un grupo social determinado. El segundo concepto, refiere a la manera en que esta “instalación social” se “acomoda” y opera sobre la normatividad dominante, y ésta a la vez la “asimila”. Es decir, la institucionalización refiere al reflejo del proceso en las modificaciones del marco jurídico legal.

Hipotetizamos que este proceso de “convencionalización” -que evidencia la posibilidad de reproducción ampliada de las experiencias- no elude la conflictividad, en la medida en que el proceso expresa aún una institucionalización en el marco jurídico-legal parcial, inconclusa. Es decir, la instalación creciente nos refiere específicamente al logro de mayores grados de conocimiento, visibilidad y de legitimidad del proceso. Sin embargo, esto ocurre en connivencia con un desfasaje a nivel de su “legalidad”. Precisamente, el proceso de recuperación de empresas, nacido de la acción directa de los trabajadores, en su relación con el orden legal institucional configuró embrionarios procesos de acomodación y asimilación que constituyen una incipiente institucionalización, nuevos equilibrios adaptativos en la dirección de una mayor regulación institucional. Desde su origen, el usufructo de la acción directa por los trabajadores no se restringe a sus efectos inmediatos. La toma forma emblemática de la acción directa del proceso- no sólo representa la apropiación en los hechos de un espacio, sino que es también la forma de acumular fuerzas para incidir en la institucionalidad, superando la precariedad de la tenencia de hecho expresada por la ocupación. Las leyes de expropiación de unidades productivas que habilitan su cesión en comodato a cooperativas conformadas por trabajadores serán inicialmente la expresión institucional más acabada del apoyo adaptativo al proceso por parte de diversos poderes ejecutivos y legislativos locales en contextos de crisis política. Al producirse cambios

legales y políticos que facilitan la tenencia legal de las empresas, se potencia la estructura de oportunidades políticas favorable para las recuperaciones. Se podría hipotetizar que esta institucionalización jurídico-legal permite atenuar la distancia entre legalidad y legitimidad y su brecha sobre lo “convencionado”, tal que varias experiencias no requieran apelar a la acción directa. Sin embargo, hasta el momento el carácter parcial de la institucionalización jurídico-legal, conduce a que la acción directa vuelva a emerger en más de una oportunidad, en tanto no se logra conformar una institucionalidad más universal que legisle a la recuperación como un derecho de los asalariados frente al cierre empresarial. Así por ejemplo, la resolución definitiva del problema de la propiedad de la unidad productiva, una década después del inicio del ciclo de recuperaciones, continúa siendo una asignatura pendiente para la mayoría de las empresas. Si bien son una minoría aquellas que permanecen ocupadas, muchos de los casos que cuentan con leyes de expropiación no logran superar el carácter precario de la tenencia (Ruggeri et al: 2010). En ocasiones porque se trata de leyes provisorias cuyos plazos de concreción vencen, en otras porque el Estado no avanza con los pasos administrativos necesarios para efectivizar las expropiaciones ni realizar los pagos correspondientes. Incluso en el caso de las expropiaciones definitivas sancionadas en la CABA, éstas tienden a no efectivizarse. En este sentido, las situaciones respecto a la tenencia de los bienes muebles e inmuebles son heterogéneas entre las empresas recuperadas de la Ciudad. Si bien este tema será tratado con más profundidad en la próxima parte de la Tesis, en este punto cabe mencionar que las formas más avanzadas de tenencia del inmueble han sido mediante la sanción de leyes de expropiación denominadas “definitivas” –denominadas así, ya que en última instancia implican ceder definitivamente los bienes a la cooperativa-. En la Ciudad, para fines del 2010 existían 17 empresas con este tipo de leyes -son las leyes 1529 y 2970-. Dichas leyes expropian a favor del Estado los bienes, que son cedidos luego no gratuitamente- a las cooperativas. Ahora bien, dar cumplimiento con las expropiaciones, es una tarea de atribución específica del ejecutivo porteño, según lo estipula ley 238, la cual a su vez, estipula plazos dentro de los cuáles las expropiaciones deben efectivizarse. Desde fines de 2004 fecha en que se sancionó la primera ley- hasta principios de 2011 sólo se ha avanzado en la expropiación de los bienes inmuebles de dos cooperativas y los muebles de una, es decir se ha avanzado poco en los pasos administrativos necesarios para efectivizar las expropiaciones. El incumplimiento de los plazos de la expropiación abre la posibilidad de que se vuelva a la situación anterior a la sanción de la ley de expropiación, es decir, a que los antiguos dueños reclamen por los bienes no expropiados, o a que los síndicos de las quiebras -

en el caso de que la haya- avancen con la liquidación de la empresa y el remate de los bienes en cuestión. Por otro lado, la recientemente sancionada reforma a la Ley de concursos y quiebras promueve una salida institucional de orden jurídico para resolver el problema de la propiedad al facilitar la continuidad inmediata de la producción a través de los trabajadores organizados en cooperativas de trabajo, jerarquizando los créditos laborales y habilitando la adjudicación directa de las empresas a las cooperativas, lo cual constituye un significativo aliento político- institucional para el proceso 46 . Sin embargo, dicha reforma no resuelve todos los obstáculos que se les presentan a estos trabajadores. Así por ejemplo, la vía institucional jurídico legal de acceso a la tenencia de la unidad productiva contempla sólo a los casos en que existe quiebra de la antigua empresa, y entre éstos, aquellos en los cuales los trabajadores tienen condiciones en el mediano plazo de financiar con sus acreencias laborales, gestión productiva y otros recursos la compra de los bienes. Si bien resta evaluar el funcionamiento práctico de la reforma de Ley de quiebras, podemos augurar una mayor institucionalización, aunque por lo previamente señalado, no podemos esperar que las nuevas recuperaciones se limiten a acciones institucionales. La suerte de aquellos procesos de recuperación que no puedan hacer uso de esta norma quedará -como hasta ahora- sujeta a la voluntad del gobierno local, la discrecionalidad de los jueces y avatares diversos. En la medida en que aún exista una brecha entre legitimidad y legalidad en el proceso, la emergencia de acciones directas es más factible. Por ende, una “convencionalización” con menores grados de conflictividad implicaría un acompañamiento de una institucionalización jurídico-legal creciente, es decir, una asimilación dentro de la normatividad dominante de la instalación e institucionalización cultural de la recuperación de empresas.

Capítulo 2. La reproducción simple del proceso. De la imposibilidad teórica a la práctica de la posibilidad.

A partir de lo analizado hasta este punto, se puede afirmar que más que una expresión efímera anclada a un contexto de crisis, el proceso de recuperación de empresas ha mostrado capacidad de ampliación a nuevas unidades productivas en crisis. Ahora bien, más allá de la reproducción en forma ampliada del proceso, ¿qué sucede con las empresas una vez que los trabajadores han asumido el control de las mismas? ¿Logran sobrevivir como empresas sin

46 Nos referimos a la Ley nacional 26.684, sancionada en 2011 que modifica la Ley de concursos y quiebras

24.522.

modificar su forma social inicial? El presente capitulo avanza en responder estas inquietudes,

a partir del análisis de algunas dimensiones referentes al sostenimiento productivo: el nivel de

“mortalidad”, los niveles de “funcionamiento” y el crecimiento de la dotación de trabajadores.

2.1. El sostenimiento productivo.

Como hemos presentado en anteriores líneas, durante el transcurso de los años, desde

la emergencia del fenómeno hasta el año 2009, nuevas experiencias se han incorporado al

“universo de las recuperadas”. Queda sin embargo aún por desentrañar, si más allá de la

posibilidad de reproducción ampliada del proceso, estas experiencias logran sostenerse

productivamente sin modificar la forma social inicial. Observemos entonces en qué medida

estas experiencias han mostrado capacidad de lograr su reproducción simple.

Cuadro 5: Conservación de la empresa según período de recuperación. CABA, 1992-2009.

(En porcentajes) 47

Período de inicio de recuperación

etapa de pre- crisis (1992-

2000)

etapa de

crisis (2001-

2002)

etapa de post- crisis (2003 en adelante)

Total

Permanece

como

recuperada

si

67

79

92

85

no

33

21

8

15

Total

100

100

100

100

Fuente: Elaboración propia sobre la base del Relevamiento Observatorio Social Empresas Recuperadas Autogestionadas, 2010 N: 49.

El cuadro precedente nos muestra la existencia o conservación de la totalidad de las

empresas recuperadas relevadas, a partir de su período de surgimiento. Las empresas nacidas

en los distintos períodos del proceso (“pre-crisis”, “crisis” y “post-crisis”) en una amplia

mayoría continúan existiendo como recuperadas. El porcentaje fluctúa entre el 67% y el 92%

entre los diversos períodos. Carecemos de estadísticas de cierre de empresas capitalistas con

47 Teniendo en cuenta que el objetivo aquí es analizar la viabilidad de la conservación de estas experiencias en términos productivos, se tomaron en cuenta para este cuadro sólo aquellos casos que habían logrado algún tipo de inicio de producción. Quedaron excluidos dos casos que no cumplían con este criterio. Son casos en que se inició un proceso incipiente de recuperación (uno de los casos de carácter muy conflictivo) y que si bien asumieron un control parcial de la unidad productiva, la experiencia se truncó antes de poder dar inicio a la producción. También quedó excluido un caso en el que, si bien existe una recuperación de la unidad productiva, al momento del relevamiento todavía no había iniciado, ni siquiera parcialmente, la producción.

características similares para poder realizar un análisis comparativo. No obstante, no pareciera ser mayor a la “mortalidad” empresarial del país. 48 De un total de 49 procesos de recuperación que tuvieron como resultante la puesta en funcionamiento -al menos parcial- de las unidades productivas, 7 han dejado de existir como empresas recuperadas. De estas, 4 desaparecen como empresas y 3 cambian de forma social. De estas últimas, 2 se transforman nuevamente en empresas privadas capitalistas y 1 pasa a ser estatizada por el gobierno de la Ciudad incorporándose a los socios de la cooperativa como asalariados de planta permanente del Estado local. A partir de estas consideraciones, y según nuestros datos relevados, para fines de 2010 existían 42 empresas recuperadas en CABA.

En suma, las tesis acerca de la coyunturalidad del proceso y de la imposibilidad de su sostenimiento productivo deben ser cuestionadas en función de los datos. El proceso, aunque con menor intensidad, continúa ampliándose a nuevas unidades productivas y la “mortalidad” de estas empresas se muestra alejada de la supuesta imposibilidad teórica. Finalmente, debemos destacar otro elemento adicional: las empresas recuperadas han sido generadoras de nuevos puestos de trabajo. Como se desprende del siguiente cuadro, tomando en cuenta la totalidad de la cantidad de empresas recuperadas en la CABA existentes durante el período 2003 2010 según nuestros relevamientos, existe un mayor aumento relativo en la cantidad de trabajadores de empresas recuperadas que en la cantidad de empresas. Esta variación diferencial se debe centralmente a la incorporación de nuevos trabajadores a las empresas. 49

Cuadro 6. Cantidad de empresas recuperadas y de trabajadores de empresas recuperadas. CABA, (2003-2010).

48 Entre 2003 y 2009 la relación entre apertura y cierre de empresas arrojó en promedio un 4% a nivel país a favor de las primeras (MTEySS: 2011), mientras que nuestro ejercicio exploratorio estimó para las recuperadas un promedio de 14% para igual período. Por otro lado, el cierre de unidades productivas durante el período 2003 -2007 en el país promedió el 7,2% anual (MTEySS: 2007), mientras que nuestro ejercicio exploratorio estimó para las recuperadas una tasa de cierre anual del 4,5% durante idéntico período (Salgado: 2009). El bajo porcentaje de mortalidad de estas empresas es constatada también por otras investigaciones sobre el proceso de recuperación de empresas a nivel nacional, incluso mostrando porcentajes casi exactos a los encontrados en CABA. Así por ejemplo, Palomino (2010) constata que “la reducida cantidad de empresas recuperadas que se disolvieron (aproximadamente 16 casos) indica de por sí una baja “tasa de mortalidad”: sólo el 7% de las empresas recuperadas habría dejado de funcionar, mientras que el 93% continúa operando” (Palomino et al:

2010, Pág. 30)

49 Este crecimiento también es constatado por otros registros e investigaciones realizados a nivel nacional. Al respecto ver Ruggeri et al (2010) y Programa de Trabajo Autogestionado. MTEySS. (2010).

 

empresas

Trabajadores

Año

relevamiento

     

2003 base

absolutos

2003 base 100

absolutos

100

2003

17

100

575

100

2010

42

252

1776

309

Fuente: Elaboración propia en base a Relevamiento UBACyT “Transformaciones emergentes en el proceso de recuperación de empresas”. Director: Julián Rebón. N: 42.

Ahora bien, la capacidad de sostenimiento productivo de estas experiencias productivas nos plantea el interrogante sobre la forma en que éste se desarrolla. Es decir, ¿qué capacidad tienen estas empresas de reproducir a sus socios como trabajadores estables? El sostenimiento productivo, ¿se produce a costa del empobrecimiento, inestabilidad y precariedad de sus trabajadores? Sobre estas temáticas trataran el siguiente subcapítulo.

2.2. La producción: entre la marginalidad degradada o la reversión de la pauperización. Hemos afirmado anteriormente que pese al cambio del contexto de crisis que estructuró al proceso de recuperación de empresas en sus inicios, el proceso ha continuado desarrollándose. Por un lado, se ha desarrollado en su forma simple -la continuidad productiva de las empresas recuperadas han mantenido su forma social original-. Y por otro lado, se han desarrollado en su forma ampliada -la forma e intensidad con que se ha expandido el proceso a nuevas unidades productivas-. En este apartado nos interesa explorar sobre una serie de dimensiones referidas a la reproducción simple de estas experiencias, es decir, a su capacidad de sostenimiento y desarrollo productivo. Antes de comenzar a desentrañar las preguntas específicas planteadas, presentamos un perfil socio-productivo de las empresas recuperadas que formarán parte del análisis siguiente. Se trata de las 15 empresas recuperadas en la CABA que iniciaron sus procesos de recuperación antes de 2004 y sobre las cuáles se pudo realizar relevamientos sistemáticos durante 2003, 2006 y 2010. La posibilidad de realizar registros sobre una serie de dimensiones en un mismo conjunto de empresas en distintos puntos temporales, nos permitió captar elementos que acompañan el sostenimiento productivo. 50

50 La presentación del perfil de estas empresas posee otra importancia a los efectos de la presente tesis. Estas 15 empresas constituyen el sub-universo de análisis de nuestra próxima parte de la tesis.

Cuadro 7. Distribución del sector a la que pertenecen las empresas recuperadas analizadas

(2010).

Frecuencia

absoluta

Sector

Industria

13

Servicios

2

Total

15

Fuente: Elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto UBACyT “Sociogénesis del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores” (2003) Director Julián Rebón. N: 15.

Cuadro 8: Distribución de la rama a la que pertenecen las empresas recuperadas analizadas

(2010).

Rama

Frecuencia

Gráfica

5

Alimenticia

4

Metalúrgicas

2

Plásticos

1

Servicios

2

Textil

1

Total

15

Fuente: Elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto UBACyT “Sociogénesis del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores” (2003) Director Julián Rebón. N: 15.

Con respecto a estas unidades productivas cabe destacar que pertenecen

predominantemente al sector industrial. Salvo en dos casos, los restantes (85%) pertenecen a

ese sector 51 . Este carácter industrial debe ser destacado por dos razones que potencian el

fenómeno. Por un lado, el industrial es uno de los sectores de la economía donde la

destrucción de capital y la expulsión de fuerza de trabajo fueron más intensas. Por otra parte,

es también uno de los sectores con mayor experiencia organizativa de los trabajadores -

particularmente sindical- (Rebón: 2007).

El carácter predominantemente industrial se asocia también a la antigüedad de las

empresas recuperadas. En términos generales la mitad de las empresas poseen 40 años de

antigüedad o más, y sólo 1/4 posee menos de 20 años, estas empresas con menor antigüedad

son a la vez las que corresponden al sector servicios.

En relación con su división particular la rama-, encontramos que las ramas gráfica (5

casos) y alimenticia (4 casos) aglutinan la mayor parte de las recuperaciones, el resto de los

procesos involucran a unidades productivas de las ramas metalúrgicas (2 casos) textiles (1

51 Esta característica de las empresas respecto al sector de pertenencia es presentada también a nivel nacional. Al respecto ver Ruggeri et al (2010).

casos) plásticos (1 caso) y los servicios refieren a la rama hotelera (1 caso) y a la rama

educación (1 caso).

Por otra parte, algo más de la mitad de las empresas destinan su producción a consumo

final. El resto produce bienes intermedios, es decir forman parte de cadenas productivas

produciendo insumos para otras unidades empresariales que utilizan estos bienes como

insumos. Así, sus productos son consumidos productivamente por otros capitalistas. 52

Tomando ahora como eje la cantidad de trabajadores ocupados en estas 15 unidades

productivas y sus modificaciones, podemos destacar dos elementos. El primero refiere al

fuerte proceso de achicamiento de la fuerza de trabajo empleada por las unidades productivas

fallidas antes de la recuperación. El segundo, refiere al crecimiento relativo de la cantidad de

trabajadores desde el inicio del proceso de recuperación bajo la gestión de los trabajadores.

Cuadro 9. Evolución de la cantidad de fuerza de trabajo ocupada en las empresas que fueron

recuperadas hasta el año 2003 en la CABA (En absolutos).

Cantidad máxima de trabajadores en la fallida

Cantidad trabajadores último mes de la fallida

Cantidad

     

trabajadores

Cantidad

Cantidad

Cantidad

inicio del

trabajadores

trabajadores

trabajadores

proceso

en 2003

2006

2010

2812

839

356

507

734

711

Fuente: Elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto UBACyT “Sociogénesis del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores” (2003) Director Julián Rebón. N: 15.

Como se observa en el gráfico precedente, frente a los más de 2.800 trabajadores que

tuvieron en su mejor momento las empresas en conjunto, un mes antes del cierre de la fallida

no alcanzaban los 900 trabajadores, disminuyendo de este modo casi 2/3 su dotación. Resulta

importante observar también, el descenso de la cantidad de trabajadores entre el último mes

antes del inicio del proceso y el momento del inicio del mismo. Solo el 42% de los

trabajadores que producían bajo la gestión privada capitalista continúan durante el inicio del

proceso de recuperación. También durante el desarrollo mismo del proceso ocurren casos de

52 Este elemento el cual retomaremos también más adelante- nos resulta importante señalar, ya que se ha argumentado que estas experiencias de recuperaciones de empresas se tratan de “nuevas actividades de marginalidad económica” (Salvia: 2007), articuladas –algunas de ellas- a procesos de acumulación dinámico.

abandono de la “lucha” 53 . De este modo, los procesos de recuperación ocurren no sólo en un contexto general de creciente desocupación, sino también en contextos más inmediatos en las propias unidades productivasde expulsión de mano de obra. Las problemáticas surgidas a partir del desempleo formaron parte de las experiencias y vivencias más inmediatas de estos trabajadores que padecieron el proceso de expulsión y el destino de sus propios compañeros. De esta forma, se facilitó un proceso de toma de conciencia sobre las consecuencias sociales de la desocupación. Nuestros análisis nos muestran entonces, que respecto a la fuerza de trabajo empleada en estas unidades productivas, ocurren dos tipos de procesos. Primero, un proceso de achicamiento si se toma en cuenta el punto máximo de cantidad de trabajadores y la existente en los inicios del proceso de recuperación. Pero, por otro lado, una recomposición parcial de esta fuerza de trabajo desde el inicio de la recuperación en adelante. Desde el inicio del proceso de recuperación hasta el año 2003 se ha elevado la fuerza de trabajo en un 42% 54 . Desde ese punto temporal en adelante, muestra un crecimiento significativo hacia 2006, donde duplica la cantidad de trabajadores ocupados en relación al inicio de los procesos, y se mantiene estable hacia 2010 55 . Si tomamos en cuenta la totalidad del recorrido que muestra el cuadro 9, desde el inicio de la recuperación hasta 2010, estas empresas duplicaron en conjunto- la cantidad de trabajadores iniciales. Sin embargo, la intensidad y magnitud de incorporaciones ha sido heterogénea en las empresas. En este sentido, cabe señalar que en dos casos la cantidad de trabajadores ocupados en 2010 era menor que la existente al inicio del conflicto por la recuperación. De esta manera, estas empresas recuperadas de CABA que poseen mayor antigüedad en su desarrollo productivo, aunque todavía se encuentran muy por debajo de la capacidad máxima de ocupación de fuerza de trabajo, han sido generadoras de nuevos puestos de trabajo.

53 Esta disminución obedece a que en la recuperación no participan todos los asalariados de las fallidas. Las razones de la no participación son heterogéneas. Entre los motivos aducidos por los informantes clave se encuentran la falta de confianza en la posibilidad de la recuperación, el desánimo, la obtención de otro trabajo, la jubilación o el estar comprometido con la política de la patronal. (Rebón: 2007)

54 El aumento en la cantidad de trabajadores en este punto temporal no ha sido homogénea para estas recuperadas. La recuperación del 36% de la fuerza de trabajo desde el inicio del conflicto hasta 2003 es explicada casi en su totalidad por el crecimiento de una sola empresa.

55 La tasa de crecimiento de la cantidad de trabajadores en el conjunto de las recuperadas registra -según una estimación logarítmica- un valor superior a la tasa de crecimiento del empleo registrado privado por expansiones, contracciones y cierres en el período 2005 y 2006 en el país (un 11,3% en recuperadas contra un 7,3% en el país). Esta tasa supera en todos los años del período inter-relevamientos al conjunto de las tasas de crecimiento neto del conjunto del país, aún incorporando la creación de empleo por nuevas empresas. (Rebón y Salgado: 2009; Salgado: 2009).

Resumamos lo señalado hasta este punto. En condiciones de crisis generalizada se difundió la recuperación de empresas como una alternativa de los trabajadores para enfrentar el cierre de empresas y el consecuente desempleo. Más allá de la superación de la crisis, esta acción de avance sobre la dirección de la producción por parte de los trabajadores evidencia elementos que permiten hipotetizar sobre su desarrollo. En primer lugar, porque su elemento estructurante -cierre de empresas en contextos de niveles significativos de desempleo estructural-, son características que marcan al capitalismo argentino en el período. En segundo lugar, porque dicho proceso se ha instalado embrionariamente en la cultura de los trabajadores y en la de la sociedad en general. Mientras no se produzca un cambio en el contexto político a nivel general que aumente los costos de “recuperar empresas”, o los niveles de desempleo alcancen niveles meramente friccionales, pareciera que dicho proceso continuará en el futuro, aunque expresando una intensidad menor a la del período crisógeno de su sociogénesis. Por otra parte, las empresas recuperadas han logrado en su inmensa mayoría sostenerse productivamente y han crecido en la dotación de trabajadores. En este sentido, podría considerarse a esta acción de enfrentar el desempleo y el cierre de unidades productivas como exitosa. Pero llegado este punto corresponde preguntarse: ¿el proceso puede considerarse exitoso respecto a la posibilidad de que sus trabajadores reproduzcan elementos referidos a una identidad de trabajador ligada a su antigua condición de asalariado, como por ejemplo niveles de ingresos similares al promedio de su rama, estabilidad laboral, o aspectos ligados a la seguridad social y derechos laborales? En otras palabras, ¿en qué medida este crecimiento implica también la posibilidad de que los “recuperadores” alcancen a reproducir elementos ligados a su antigua condición de trabajadores asalariados? ¿El proceso puede considerarse exitoso en esta dimensión? Antes de adentrarnos en los análisis de los datos, resulta sugerente presentar un ejemplo en el cual se analiza a la recuperación de empresas como una “estrategia de supervivencia”. Para este tipo de análisis, la resultante de los procesos de recuperación de empresas es la conformación de nuevas economías de la pobreza. Las fábricas recuperadas representarían una forma de marginalidad económica a través de las cuales los trabajadores prolongan situaciones de pauperización y precarización laboral, convalidando una situación de pérdida de derechos políticos y sociales (Saavedra et al: 2007) 56 .

56 El principal problema metodológico de estos trabajos reside que en función de algunas entrevistas efectuadas en un conjunto limitado de empresas, en un único registro temporal, se pretende extraer conclusiones generalizables para el conjunto del proceso en sus distintas etapas.

En primer lugar, consideramos incorrecto el señalamiento que afirma que el proceso de recuperación de empresas expresa una mera “lógica de supervivencia”. Como se ha señalado en trabajos precedentes (Rebón: 2007; Rebón y Salgado: 2009, Salgado: 2009), no se trata de “sobrevivir” de cualquier modo, sino de una forma particular de satisfacer necesidades sociales. Se pretende satisfacer las mismas a partir de la actividad como trabajador, personificando un oficio o un espacio ocupacional, y una relación con una localización productiva concreta. En el sentido mentado de los actores, la recuperación aparecía como una forma de evitar tener que “vivir de los planes sociales”, el “cartoneo” o el “robo”. No se busca entonces, la mera sobrevivencia, sino reproducir una identidad social, aunque para hacerlo debieran transformar el carácter de su relación laboral dejando de ser asalariados (Rebón: 2007). Ahora bien, más allá de este señalamiento acerca de los sentidos atribuidos a la acción, ¿alcanzan a realizar la reproducción de esta identidad social como trabajadores que personifican una ocupación en una localización productiva específica? ¿Prolongan la situación de precariedad y pobreza, a las cuales se vieron empujados por la crisis capitalista? Cualquier respuesta con pretensiones generalizantes, nos conduciría a perder la riqueza del proceso, atribuyendo a los hechos conceptualizaciones que soslayan la heterogeneidad existente. Sobre la base de nuestro relevamiento realizado en 2010 pudimos configurar una tipología de situaciones diferenciales de funcionamiento entre las quince empresas recuperadas de la CABA cuyo inicio del proceso de recuperación es anterior a 2004. Como resultante se conformaron tres agrupamientos con el objeto de poder explorar analítica y descriptivamente al conjunto del universo. El eje ordenador del agrupamiento “nivel de funcionamiento” es en qué medida las cooperativas logran reproducir en los socios características que refieren a su antigua condición de trabajadores estables 57 . El primer conjunto está compuesto por cuatro empresas, algo menos de un tercio de este universo, que alcanzan a realizar una reproducción de modo parcial y precario. Lo

57 El nivel de funcionamiento de las empresas fue construido con base en tres dimensiones: Estabilidad empresarial, remuneración directa y remuneración indirecta a los socios. Estas dimensiones incluyen indicadores como: a) Estabilidad empresarial: grado de utilización de capacidad instalada, grado de diversificación, principales problemas productivos identificados en cada empresa, formas de tenencia legal de la unidad productiva, evolución en la cantidad de trabajadores. b) Remuneración directa: cantidad de horas trabajadas, la comparación de la remuneración de cada empresa en relación al promedio de remuneración de la rama a la que pertenece y pago de aguinaldos. c) Remuneración Indirecta: responsabilidad de la cooperativa en el pago de cargas sociales e impositivas de los trabajadores y existencia de seguro de accidentes. A partir de la ponderación sobre las combinatorias de estos elementos se construyó una variable tricotómica con las categorías: bajo, medio y alto nivel de funcionamiento de la empresa, respecto a la capacidad de la reproducción de las condiciones de vida y existencia de sus socios.

dominante aquí son situaciones de vulnerabilidad productiva, en las cuales los retiros son menores o iguales a los de la rama, sin existencia de pago de jubilación y obra social por parte de la cooperativa 58 . Son empresas que han decrecido en su cantidad de trabajadores respecto al año 2006 y poseen importantes niveles de trabajo a façon 59 . Un segundo conjunto de empresas, que está compuesta por un tercio del universo (5 casos), alcanza la reproducción social pero con algunos problemas y vulnerabilidades. Se trata de empresas que en la mayoría de los casos han crecido en su cantidad de trabajadores respecto al año 2006 y en el nivel de utilización de la capacidad instalada. Sus socios obtienen retiros de bolsillo iguales o inferiores a la media de la rama. Sin embargo, el aporte a la cobertura social es heterogéneo, variando según cada cooperativa. En algunos casos la cooperativa paga la obra social, los aportes impositivos y jubilatorios, y en otras esto queda sujeto a la voluntad individual. La presencia del trabajo a façon está casi ausente. Una de estas empresas tiene serias dificultades con la tenencia de la unidad productiva lo cual le otorga cierta vulnerabilidad. Por último, encontramos el conjunto de empresas restantes (6 casos) que podríamos denominar de “reproducción exitosa”. En este agrupamiento los retiros son en casi la totalidad de los casos, significativamente superiores a la rama y las cooperativas aportan a la seguridad social. Son empresas en crecimiento, que presentan mayores niveles de utilización de la capacidad instalada y cuentan con leyes de expropiación definitiva de bienes muebles y/o inmuebles. En suma, vemos una situación diferencial en cuanto a la capacidad de estas empresas de realizar la reproducción social de sus socios de características asociadas a su antigua condición de asalariado. La forma cooperativa sólo en una minoría de los casos ha fracasado o encuentra graves problemas para esa realización, logrando sólo la subsistencia de los trabajadores. En otros casos, se alcanzan los ingresos medios de la rama, o incluso se superan,

58 Según la resolución N° 784/92 de la ANSES en su artículo 1° los asociados a las cooperativas de trabajo no revisten la calidad de dependientes de la misma, debiendo considerárselos como trabajadores autónomos. Por otra parte en la resolución N° 183/92 de la INAC en su artículo 2, inciso “A”, estipula que las cooperativas deben cumplir con las aportaciones necesarias a los fines del régimen previsional en el sistema de trabajadores autónomos. En este sentido, es necesario destacar que la falta de un régimen jubilatorio especial para las cooperativas de trabajo es un obstáculo para una mejor seguridad social para los asociados. Al no existir este régimen, se tiene que aportar como cuentapropista autónomo. Esto encarece, en muchos casos, el aporte y trae aparejado el problema de quienes están pronto a jubilarse, ya que verán sustancialmente reducidos sus futuros haberes jubilatorios. 59 En tres de estas cuatro empresas encontramos trabajo a façon. Esta es una fórmula recurrente para obtener una acumulación mínima cuando se carece de capital de trabajo. La modalidad de trabajo a façon consiste en vender el servicio de procesado industrial a clientes que proveen la materia prima y retiran el producto para su comercialización o transformación posterior. Si esta forma se prolonga como dominante en el tiempo, se corre el riesgo de ser subsumido por otra empresa en el ámbito comercial.

pero persisten vulnerabilidades en relación con la empresa en su conjunto, o en relación con la seguridad social del colectivo laboral asociado. Por último, en un conjunto de casos pareciera producirse a través de la recuperación, una reproducción social ampliada en la cual los trabajadores ven incrementados sus ingresos y cubiertos derechos laborales básicos como la obra social y la jubilación. Pero aún en esta heterogeneidad, como sostuvieron investigaciones precedentes, el enriquecimiento en formación y actividades laborales y políticas, y sus mayores niveles de articulación con otras identidades sociales, representan mejoras en las condiciones de vida, que tienden a atravesar -con diferentes gradientes-, a toda la experiencia (Rebón: 2007). Por otra parte, la mayor igualdad en la distribución de los ingresos de la cooperativa en los inicios y la atenuación de diferencias de retribución entre el conjunto del colectivo laboral, hace que aquellos trabajadores ocupados en puestos de trabajo menos calificados vean disminuir el riesgo de percibir ingresos que no superen el umbral de la pobreza o de la indigencia (Rebón:

2007; Salgado: 2009). Señalar entonces, a las empresas recuperadas como una forma en la cual la lucha de los “marginados” por “subsistir” trae aparejada una acentuación de su precarización y pauperización, empobreciendo su capacidad política, es cuanto menos inexacto para la mayoría de las empresas. La recuperación ha sido exitosa en la mayoría de los casos- en revertir procesos de pauperización 60 , y en menor medida de precarización. En este sentido, y según nuestros análisis, las recuperaciones de empresas, más que expresar la lucha de “marginados”, que con su acción de recuperación acentúan su pauperización social, expresan en realidad, acciones cuya resultante es la reversión de procesos de pauperización social que originaba el retiro capitalista de la producción. Por otro lado, señalar los aspectos de precariedad laboral y la dificultad de acceder a beneficios sociales propios de las relaciones laborales de dependencia asalariada no nos puede conducir a una apologización de la relación salarial. Como han señalado otras investigaciones, desobedeciendo las heteronomías clásicas del ámbito fabril han ampliado sus niveles de participación política y social, conformando nuevas libertades en el ámbito de trabajo (Rebón: 2007; Fajn et al: 2003). Resumamos lo señalado a la largo de esta primera parte de la Tesis. En condiciones de crisis generalizada se difundió la recuperación de empresas como una alternativa de los trabajadores para enfrentar el cierre de empresas y la consecuente pérdida de trabajo. Más allá

60 A valores de 2010, en sólo tres empresas la retribución media no alcanzaba a superar el costo de una canasta básica total para una familia tipo (dos adultos y dos menores), en tres la retribución media se situaba algo por arriba de este umbral y en el resto lo superaba significativamente.

de la reversión de ese contexto de crisis, esta acción de avance sobre la dirección de la producción por parte de los trabajadores parece haber llegado para quedarse. Más que una imposibilidad teórica estas experiencias muestran la práctica de una posibilidad. En primer lugar, y como argumentamos anteriormente, desde nuestra perspectiva, las condiciones de “crisis general” pueden amplificar la resultante de las disputas en el mercado y ampliar así la “intensidad” reproductiva de las recuperaciones. Sin embargo, el elemento que estructura los procesos de recuperación de empresas refiere a la crisis a nivel de la unidad productiva, a partir de una vulneración de la relación salarial, en origen realizada por el capital, y si bien no es independiente del contexto, no se encuentra subordinado al mismo. Las unidades productivas pueden entrar en crisis y desaparecer, aún en contextos en que no ocurran crisis generales. En las nuevas recuperaciones de poscrisis, el contexto social es un elemento que opera constituyendo gradientes diferenciales de permisibilidad, es decir, ampliando o restringiendo la posibilidad del desarrollo del proceso en su forma ampliada. En esta permisibilidad del desarrollo de las recuperaciones de empresas, otro factor parece estar interviniendo. Si antes fue la crisis social generalizada el elemento que potencia la difusión de las recuperaciones, ahora este rol será reemplazado -al menos parcialmente- por un elemento cultural del contexto, la difusión de la recuperación como repertorio conocido y valorado positivamente entre los asalariados. Este factor, que se incorpora crecientemente a la caja de herramientas de los trabajadores-, parece intervenir explicativamente en el desarrollo del proceso en contextos diferentes a los de su sociogénesis. Destacamos tres elementos asociados a esta difusión creciente. Por un lado, mayor incidencia del conocimiento directo en la formulación de la idea originaria de recuperación. En segundo lugar, la difusión de la recuperación de empresas como alternativa al cierre empresarial ya no parece ser exclusividad de las mismas identidades sociales que la personificaban en su sociogénesis, sino que parece ampliarse a nuevas identidades sociales. En tercer lugar, nuevas lógicas de agregaciones que trascienden a “las recuperadas” y que permite vínculos con otros actores, principalmente de la institucionalidad política. Estos elementos nos permiten hipotetizar sobre la existencia de un proceso de “convencionalización” de la experiencia -es decir su incorporación a los repertorios de acciones de lucha de los trabajadores-, que no implica en modo alguno el abandono de formatos directos de acciones. Por el contrario, la acción directa emerge en muchas recuperaciones ya que esta “convencionalización” es acompañada por un proceso de institucionalización jurídico-legal es decir su incorporación a la normatividad dominante- que si bien es creciente es aún inconcluso.

Así también, como demostramos en las últimas páginas, el proceso ha demostrado sostenibilidad y continuidad productiva, se trata de empresas que en su gran mayoría han crecido respecto a la dotación de trabajadores, y con capacidad en la mayoría de los casos, de que sus socios alcancen y reproduzcan elementos ligados a su antigua condición de asalariados “estables”. Para finalizar entonces, en esta primera parte de la Tesis hemos presentado elementos de contexto de nuestro objeto de estudio, que hacen también a nuestro problema de investigación. Nos parecía de suma importancia presentar este marco contextual que vincule perspectivas diacrónicas y sincrónicas. A partir de los análisis desarrollados hemos presentado ciertas “premisas” respecto al proceso en su evolución que nos permiten enriquecer la justificación del problema de investigación. En dichas premisas hemos advertido sobre un proceso de innovación cultural. La “convencionalización” de la recuperación de empresas expresa una incorporación creciente en la caja de herramienta de los trabajadores, de repertorios de acciones para enfrentar en forma novedosa el cierre empresarial. Pues bien, nuestros próximos pasos focalizarán sobre cuánto y qué hay de innovación, pero en el proceso productivo mismo, en las relaciones socio-productivas. Avanzaremos así, en desentrañar no ya qué elementos de lo “antiguo” pudieron recuperarse con la recuperación, sino qué elementos de lo “nuevo” pudieron sostenerse con el desarrollo productivo de las experiencias. Esto resulta relevante ya que el proceso de recuperación de empresas no sólo ha implicado una respuesta de los trabajadores ante la pérdida del trabajo y la imposibilidad de la reproducción de sus identidades sociales y sus condiciones de existencia. Se ha señalado también, que el proceso de recuperación de empresas ha implicado la introducción de una serie de innovaciones en los espacios sociales y físicos que entran en posesión de los trabajadores (Campione: 2003, Petras y Veltmeyer: 2003; Rebón: 2004 y 2007, Fajn: 2003, Dávolos y Perelman: 2003). Como se expuso anteriormente, los procesos de recuperación de empresas han tenido como punto de partida una puesta en crisis de la heteronomía capitalista, y un avance de los trabajadores sobre la dirección de la producción. Esta puesta en crisis implicó la constitución de un embrionario proceso de autonomización basado en el modo en que el orden social alteró y vulneró las identidades sociales presentes en esos espacios. Este avance tuvo en lo inmediato una implicancia sustantiva: conformó un proceso de igualación y democratización creciente (Rebón: 2007) que configuró su orden socio-productivo. Entonces, más allá de la posibilidad de desarrollo y ampliación del proceso, ¿qué ocurre con estas unidades productivas cuando avanzan en forma sostenida sobre la producción? ¿Mantienen

dichas innovaciones? ¿Es la igualdad un atributo intrínseco a estas experiencias? ¿Qué transformaciones encontramos y con qué elementos pueden estar asociadas? A la luz de estas últimas preguntas, resulta necesario entonces, avanzar en desentrañar en qué medida el avance sostenido sobre la producción ha implicado la prolongación de la igualación inicial en la distribución de los ingresos o, por el contrario, ha configurado y expresado su reversión. Atenderemos dichas preguntas a partir del análisis de la información recogida en las 15 empresas cuyo perfil socio-productivo hemos presentado ya brevemente en esta primera parte de la Tesis.

Parte 2. La Igualdad y la desigualdad

Concibo en la especie humana dos clases de desigualdad: una, que yo llamo natural o física, porque se haya establecida por la naturaleza, y que consiste en la diferencia de las edades, de la salud, de las fuerzas del cuerpo, y de las cualidades del espíritu, o del alma; otra, que se puede llamar desigualdad moral, o política, porque depende de una especie de convención, y se halla establecida, o al menos autorizada, por el consentimiento de los hombres. Consiste ésta en los diferentes privilegios que unos gozan en perjuicio de otros, como el de ser más ricos, más respetados, más poderosos que ellos, o incluso el de hacerse obedecer.

Jean Jacques Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1999: Pág. 22)

Capítulo 3: La igualdad y la desigualdad social. En un interesante libro que recopila distintas miradas y perspectivas de análisis sobre la desigualdad social, Reygadas (2008) afirma que el debate sobre la igualdad se ha dado en dos planos. Por un lado, desde la filosofía política, la igualdad se ha planteado como un debate ético-político. Por otro lado, desde la indagación sociológica la pregunta ha estado orientada a qué factores incrementan la desigualdad. Así, las discusiones desde la perspectiva filosófica han reposado sobre la conveniencia o inconveniencia de la desigualdad, mientras que desde el plano de la indagación social se han enfatizado los análisis sobre las causas de la desigualdad. ¿Por qué existe desigualdad? ¿Cómo se produce la desigualdad? ¿Cuáles son los procesos y mecanismos que incrementan la desigualdad y cuáles contribuyen a reducirla? ¿Qué papel desempeñan los factores económicos, políticos y culturales en la producción de las desigualdades? De esta manera, mientras que los filósofos discuten sobre cómo debería ser el mundo y aquellos principios que deberían seguirse para alcanzar la igualdad, los investigadores sociales estudian cómo es el mundo y las características de la desigualdad “realmente existente”. Más allá de esta distinción, y de nuestra búsqueda de un énfasis sociológico en el análisis de las configuraciones distributivas, consideramos como buen punto de partida rescatar en principio, algunas primeras reflexiones que han sido aportadas desde la filosofía política ya que permiten situarnos en un tipo de perspectiva para abordar los análisis posteriores. Luego nos centraremos en las consideraciones vertidas desde la teoría social en general y la sociología en particular, las cuales nos brindarán las herramientas conceptuales

necesarias para desentrañar nuestro problema de investigación. El presente capítulo entonces, explora sobre distintas consideraciones de índole teórico-conceptual.

3.1. El problema de la igualdad y la desigualdad: de la Filosofía Política a las Ciencias Sociales. Desde una perspectiva anclada en la filosofía política, Bobbio (1993) afirma que mientras que el término “libertad” puede entenderse como una cualidad o atributo de una persona, la igualdad refiere a un tipo de relación formal. Este carácter relacional de la igualdad tiene implicancias relevantes respecto a su valor. Mientras que la libertad en cuanto valor político- se considera generalmente un bien o fin para el individuo -o ente colectivo concebido como superindividuo-, la igualdad se considera un bien o un fin para los componentes singulares de una totalidad, en tanto dichos entes se encuentran relacionados de alguna manera ente sí. Por este motivo el autor establece cierta dificultad en el lenguaje político, para establecer el significado descriptivo del término “igualdad” debido a cierta indeterminación, de forma tal que por ejemplo, decir que dos entes son iguales no significa nada en el lenguaje político sin otro determinante-, a menos que se especifique de qué entes se trata (igualdad entre quiénes), y respecto a qué cosa se dice que son iguales (igualdad de qué) 61 . Podemos entonces, comenzar con una primera afirmación sobre la igualdad: ésta posee un carácter relacional, refiere al carácter que adquiere una relación social respecto a un elemento tomado como relevante. O dicho de otra manera, la igualdad refiere a una característica que adquiere una configuración específica de acciones en correspondencia. Es la relación social la que puede adquirir un carácter igualitario, no los individuos involucrados en dicha relación. El concepto y el valor de la igualdad presuponen para su aplicación la presencia de una pluralidad de entes de los que se trata de establecer el tipo de relación existente entre ellos. Esta proposición implica tomar en consideración dos dimensiones: igualdad entre quiénes e igualdad en qué, es decir, los sujetos de la relación y el elemento de relación 62 . Si,

61 Por esta razón Bobbio afirma que las teorías igualitarias tiendan a ver en la sociedad una totalidad de la cual es necesario considerar qué tipo de relaciones existen o deben instituirse entre las distintas partes que componen esa totalidad (Bobbio: 1993).

62 Bobbio plantea que, limitando el criterio de especificación de la primera dimensión en todo-parte, existen cuatro respuestas posibles: a) igualdad de todos en todo, b) igualdad de todos en alguna cosa, c) igualdad entre algunos en todo, d) igualdad entre algunos en alguna cosa. Bobbio advierte que la primera opción refiere a un ideal límite prácticamente inalcanzable. Una doctrina igualitaria es, históricamente y según este autor, una doctrina que persigue tendencialmente ese ideal sosteniendo la igualdad para el mayor número de hombres, en el mayor número de aspectos (Bobbio: 1993). En segundo lugar, identifica un igualitarismo parcial o limitado (la respuesta c: igualdad de algunos en todo) que se manifiesta como perfectamente compatible con una concepción no igualitaria de la sociedad en su conjunto. Por último las respuestas restantes: igualdad de todos en alguna cosa

como afirmamos anteriormente, es la relación social la que adquiere un carácter igualitario, esto implica que, luego de establecer la pluralidad de entes de los que se trata de establecer el tipo de relación existente entre ellos -es decir, luego de la definición del ámbito socio-espacial de análisis-, es necesario acotar el concepto a una configuración específica y relevante de acciones en correspondencia, es decir de relaciones sociales. Esta especificidad da cuenta de la pregunta de: ¿respecto a qué elementos son iguales dos individuos o grupos de individuos? Respecto a esta dimensión, Sen (1999) argumenta que no existen dudas de que pretender la igualdad con respecto a algo algo considerado importante- implica una similitud de algún tipo. Desde su punto de vista, argumenta que no es pernicioso utilizar el término “igualitarismo”, si se entiende como afirmación de igualdad en un ámbito específico 63 . Lo central aquí, es la consideración referente a la necesidad de especificación del ámbito de relaciones donde se pretende un análisis en términos de relaciones de igualdad o igualación. Esta necesidad implica la elección del ámbito socio-evaluativo de aplicabilidad conceptual (Salgado: 2009). Es decir, dar cuenta de las relaciones y los elementos involucrados en esas relaciones analizadas en términos de igualación. Una segunda consideración podemos extraer del aporte de Sen (1999). Según este autor la elección del “ámbito evaluativo” implica una selección de variables focales relevantes, y dicha selección conlleva un problema: la selección de un ámbito implica la no consideración de otros ámbitos potencialmente relevantes. De hecho, desde una perspectiva filosófico-política se podría considerar que la igualdad en un ámbito considerado como el relevante contribuye a las exigencias eventuales de desigualdad en otros ámbitos. La justificación de la desigualdad entonces, debería apoyarse en la igualdad en algún otro aspecto, que se considera “base” en un sistema ético-moral. Así la defensa racional de la exigencia de desigualdad en algún ámbito implica admitir que esta desigualdad es consecuencia de la igualdad en algún otro ámbito más importante y sustantivo, lo que implica responder a la pregunta: ¿cuál es el ámbito idóneo para la igualdad fundamental? Los argumentos cruciales de su respuesta estarán circunscriptos a lo “razonable” de las bases elegidas. Esta definición no sólo implica la elección del ámbito concreto de igualdad fundamental, sino que también tendrá consecuencias importantes sobre los esquemas distributivos (incluyendo las desigualdades necesarias). Desde esta perspectiva, Sen (1999)

y la igualdad entre algunos en alguna cosa, pueden considerarse igualitarias sólo si se elimina una desigualdad precedente. 63 Sin embargo, advierte que también es necesario reconocer el alcance limitado de este uso del concepto de igualdad, ya que la exigencia de igualdad en un ámbito específico puede implicar un “anti-igualitarismo” en algún otro ámbito, cuya importancia comparativa tiene que ser juzgada críticamente en una evaluación general.

afirmará que la respuesta a la cuestión de la “Igualdad de qué” se presenta como primordial y trascendental. Por último, como afirma Bobbio (1993) la formulación de una proposición normativa implica el sostenimiento de un principio ético fundamental que no puede derivar de la constatación de la propia existencia de la igualdad en sí, sino de la valoración positiva de ese hecho, es decir de un juicio de valor. Esto nos lleva al siguiente punto relevante. La relación entre justicia e igualdad. Bobbio (1993) afirma que el concepto -e incluso el valor- de la igualdad no se distinguen del concepto y del valor de la justicia en la mayoría de sus acepciones, hasta el punto que “justicia” e “igualdad” se utilizan mayormente como expresiones equivalentes. Esto se encuentra relacionado con uno de los significados clásicos de la justicia, que expresa que una acción es justa, una vez instituida una relación de igualdad. El otro significado clásico de justicia al que refiere el autor, consiste en aquel que identifica justicia con legalidad, y que expresa que una acción es justa cuando es llevada a cabo en conformidad con las leyes. Aunque el autor realiza una distinción analítica de estos dos elementos advierte que se encuentran relacionados, de modo tal que no resulta difícil reconducir uno de los significados al otro, ya que ambas acepciones constituyen las condiciones para la conservación y la armonía del “todo” 64 . La justicia entonces, puede entenderse como un ideal, la igualdad por otro lado, constituye un hecho. Ahora bien, ¿cuáles son las esferas de aplicación de la justicia, es decir, las situaciones de su aplicabilidad? El autor marca cuatro situaciones de aplicabilidad de justicia. Según una primera distinción tradicional aristotélica existen dos grandes situaciones de justicia. La primera refiere a las relaciones sociales entre los individuos o grupos entre sí (justicia conmutativa), y la segunda refiere a las relaciones sociales de los individuos con el grupo, o viceversa, del grupo con los individuos (justicia distributiva) El autor introduce un segundo grupo de situaciones de aplicabilidad de justicia que refieren a los siguientes contextos: a) aquellas situaciones en la que uno se encuentra frente a una relación de dar (o hacer) de la que haya que establecer una correspondencia antecedente con un tener, y subsecuentemente con un recibir; b) aquellas situaciones en la cual uno se encuentra frente al problema de asignar ventajas o desventajas, beneficios o gravámenes, en términos jurídicos, derechos o deberes, a

64 Así, “en una totalidad ordenada la justicia puede introducirse ya sea por la alteración de relaciones de igualdad ya por la inobservancia de las leyes (…) en todo caso, la igualdad constituye solamente una relación: lo que da a esta relación un valor, es decir lo que hace de ella una línea humanamente deseable, es el ser justa. En otras palabras, una relación de igualdad es un fin deseable en la medida en que es considerado justo, donde por justo se entienda que tal relación tiene de algún modo que ver con un orden que hay que instituir o restituir (una vez turbado), con un ideal de armonía de las partes del todo”. (Bobbio: 1993, Pág. 58).

una pluralidad de individuos pertenecientes a una determinada categoría. En el primer caso el problema de la igualdad se presenta como un problema de equivalencia de cosas o igualdad entre lo que se da (o hace) y lo que se recibe (relaciones de intercambio); en el segundo, como un problema de equiparación de personas o igualación en las relaciones entre individuos (relaciones de convivencia). La primera es denominada por el autor como justicia retributiva, la segunda como justicia atributiva. 65 Siguiendo con el análisis referente a la relación entre justicia e igualdad, es pertinente preguntarse por la situación opuesta, es decir, preguntarse por la relación entre injusticia y desigualdad. En tal sentido, tomaré aquí algunos de los elementos aportados por John Rawls (1973 y 1993) principalmente los referentes a los principios de justicia. El objeto primario de la justicia según este autor, es “la estructura básica de la sociedad, o el modo en que las instituciones sociales más importantes distribuyen los derechos y deberes fundamentales, y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social” (Rawls: 1993. Pág. 23). 66 El autor parte de la consideración de un “estado ideal” estructurado desde una perspectiva contractual. Así pues, la idea principal de su teoría es que los principios de justicia son el resultado de un acuerdo original 67 . Entonces, ¿qué principios podrían escogerse si nos encontráramos sujetos a las condiciones de la posición original? Serían principios elegidos por personas racionales, libres e iguales que acordarían en una situación inicial justa y que son fruto de un acuerdo colectivo que refleja la integridad y autonomía de las personas racionales

65 El autor afirma que es difícil especificar los casos de justicia atributiva, ya que son muchas las situaciones en que se puede requerir un “igualamiento” entre individuos, pero sí avanza en especificar situaciones típicas de justicia retributiva: relaciones ente mercancía y precio, salario y trabajo, daño e indemnización, delito y castigo.

66 Por grandes instituciones, el autor entiende la constitución política, así como las principales instituciones económicas y sociales (protección jurídica, competencia mercantil, propiedad privada, familia monógama). Las grandes instituciones definen los derechos y deberes del hombre e influyen sobre sus perspectivas de vida.

67 El acuerdo o contrato no se lleva a cabo efectivamente sino que es hipotético. Dos elementos analíticos resultan significativos para entender esta nueva noción contractual, el primero refiere a lo que denomina “posición original” que constituye un acuerdo al que llegarían personas libres y racionales interesadas en promover sus propios fines en una situación inicial de igualdad. Es decir, esta posición original constituye el contrato mismo. El segundo es el del “velo de la ignorancia”. Esta noción consiste en la suposición de que cuando las personas eligen los principios de la justicia desconocen cuáles van a ser sus circunstancias específicas (que posición social ocuparán). Todas ellas se encuentran cubiertas por un velo de ignorancia, que les impide conocer sus circunstancias particulares, y entre éstas, su propia concepción del bien, sus atributos naturales y su posición social. El velo de ignorancia sitúa así a las personas en pie de igualdad y asegura que las contingencias naturales y sociales no deriven en ventajas ni desventajas al escoger los principios. Tanto la noción de posición original como el velo de ignorancia constituyen así, los dos elementos centrales y necesarios para arribar a la concepción de la “justicia como imparcialidad” que “transmite la idea de que los principios de la justicia se acuerdan en una situación original que es justa” (Rawls: 1993. Pág. 30). Una teoría de este tipo, en la cual se parte de un estado original ideal es entonces relevante, en la medida en que proporciona un cuadro claro de lo que es justo, y principalmente a partir del cual pueden juzgarse las instituciones existentes.

contratantes. Así pues, por medio de este hipotético contrato se establecerán los principios de justicia que regirán la vida social, a través de un método que es justo por sí mismo. El autor establece a partir de su lógica contractual, dos principios que deben caracterizar a una sociedad justa, basados en la posición original según la cual los individuos bajo un “velo de la ignorancia” elegirían los principios de la justicia 68 . Estos principios implican que: 1) “Todos los valores sociales –libertad y oportunidad, ingreso y riqueza, así como las bases sociales y el respeto a sí mismo- habrán de ser distribuidos igualitariamente”, a menos que, 2) “Una distribución desigual de alguno o de todos estos valores redunde en una ventaja para todos” (Rawls: 1973. Pág. 84). Resulta interesante esta aproximación ya que introduce la posibilidad de que una desigualdad sea considerada justa, de hecho la injusticia consistirá en este esquema, en las desigualdades que no benefician a todos.

En suma, el primer principio refiere a la distribución igualitaria de todos los valores sociales -libertad y oportunidad, ingreso y riqueza, etc.- El segundo principio por otro lado, implica que las desigualdades económicas y sociales habrán de ser conformadas de modo tal que: a) se espere razonablemente que sean “ventajosas para todos” (principio de la diferencia), b) se vinculen a empleos y cargos “igualmente asequibles” para todos (principio de la justa igualdad de oportunidades equitativas). Sosteniendo o suponiendo que el primer principio de igual libertad se cumple, existen entonces cuatro posibilidades o sistemas si tenemos en cuenta que hacen referencia a estructuras básicas de la sociedad y por lo tanto a instituciones principales-. La primera posibilidad refiere al sistema de libertad natural, que implica una estructura básica que satisfaga el principio de la eficacia 69 , y en la cual los empleos son asequibles para quienes tengan la capacidad y el deseo de obtenerlos, lo cual conducirá a una distribución justa. El argumento con el cual descarta este tipo de sistema es el siguiente: el sistema natural implica que la distribución inicial está regulada por los arreglos implícitos en la concepción de los puestos asequibles a las capacidades. Pero dado que no se hace ningún esfuerzo para

68 El autor afirma: “sostendré que las personas en la situación original escogerían dos principios bastante diferentes: el primero exige igualdad en la repartición de derechos y deberes básicos, mientras que el segundo mantiene que las desigualdades sociales y económicas, por ejemplo las desigualdades de riqueza y autoridad, sólo son justas si producen beneficios compensadores para todos y, en particular, para los miembros menos aventajados de la sociedad” (Rawls: 1973. Pág. 32).

69 El principio de la eficacia refiere al óptimo de Pareto. Este principio afirma que una configuración es eficaz siempre que sea posible cambiarla de modo que beneficie a algunas personas (al menos una) sin que al mismo tiempo dañe a otras (al menos una). Así por ejemplo, la distribución de mercancías entre un grupo de individuos es eficaz si no existe una redistribución de estos bienes que mejore las circunstancias de al menos uno de estos individuos sin que otro resulte perjudicado.

preservar una igualdad de las condiciones sociales, la distribución inicial está fuertemente influenciada por contingencias naturales y sociales 70 . La segunda refiere a la igualdad liberal. Este sistema intenta corregir las fallas del sistema anterior añadiendo a la exigencia de los puestos asequibles a las capacidades, la condición adicional del principio de la justa igualdad de oportunidades. Esta “interpretación liberal” intenta mitigar así la influencia de las contingencias sociales y de la fortuna natural sobre las porciones distributivas. Pero para alcanzar este fin es necesario imponer condiciones estructurales adicionales al sistema social. Así, aunque el autor argumenta que esta concepción liberal es preferible a la natural, sigue siendo defectuosa. Aún funcionando a la perfección, eliminando la influencia de las contingencias sociales, de todas maneras permite que la distribución de la riqueza y el ingreso fuese determinada por la distribución natural de oportunidades y talentos. Esto ya que las porciones distributivas seguirían decidiéndose conforme a una lotería natural, y desde una perspectiva moral este resultado es arbitrario. El principio de igualdad de oportunidades sólo puede realizarse imperfectamente, el grado en que se desarrollen y fructifiquen las capacidades naturales se ve afectado por todo tipo de condiciones sociales y actitudes de clase. En la práctica es imposible asegurar oportunidades iguales de perfeccionamiento y cultura para los individuos con dotes similares, y por lo tanto, es necesario adoptar un principio que reconozca este hecho y mitigue la arbitrariedad del sorteo natural mismo. La tercera refiere a la concepción aristocrática natural, la cual implica la consideración de que no debe hacerse ningún intento por regular las contingencias sociales que vaya más allá de lo requerido por la igualdad formal de oportunidades. Las ventajas de las personas con mayores dotes naturales habrán de limitarse mediante aquellas que promueven el bien de los sectores más pobres de la sociedad. La situación más ventajosa de los más favorecidos en el sistema es considerada justa sólo en el caso en que los que están “abajo” tuvieran menos cuando se les diese menos a los de “arriba”. Tanto la concepción liberal como la de aristocracia natural son inestables, ya que una vez que se esté insatisfecho por la influencia de las contingencias sociales o de la fortuna natural sobre la determinación de las porciones distributivas, estamos obligados por la reflexión a estar en desacuerdo con ambas. Desde el punto de vista moral ambas parecen arbitrarias. Por último, la interpretación democrática o “igualdad democrática”, que es el resultado de la combinatoria del principio de la justa igualdad de oportunidades con el principio de la

70 La distribución de ingresos por ejemplo, sería el efecto acumulativo de distribuciones previas de talentos y capacidades naturales.

diferencia. Este principio resuelve la indeterminación del principio de la eficacia, al especificar una posición particular desde la cual han de juzgarse las desigualdades económicas y sociales en la estructura básica. Dando por sentado el cumplimiento del primer principio (“igual libertad”) y la segunda parte del segundo principio (“justa igualdad de oportunidades”) las expectativas más elevadas de quienes estén mejor situados son justas, si y sólo si, funcionan como parte de un esquema que mejora las expectativas de los individuos menos favorecidos de la sociedad. Es decir, este principio afirma que las desigualdades inmerecidas requieren una compensación, y dado que las desigualdades de nacimiento y de dotes naturales son inmerecidas habrán de compensarse de algún modo. Esta idea de compensar las desventajas contingentes implica según el autor, ir en dirección hacia la igualdad. Por otro lado, aquellos que han sido favorecidos por la naturaleza pueden obtener provecho de su situación sólo en la medida en que mejoren la situación de los menos favorecidos. La distribución natural no es de este modo justa ni injusta, como tampoco es injusto que las personas nazcan en una determinada posición social. Lo que puede ser justo o injusto es el modo en que las instituciones actúan respecto a estos hechos. La teoría ha sido criticada por varios autores de extracción política diversa y perspectivas diversas. Retomo tres críticas centrales que efectuara Borón (2000). Primero, la teoría de la justicia de Rawls es indiferente ante la naturaleza explotadora o no explotadora de los distintos modos de producción. La extracción de plusvalía no sería injusta suponiendo pleno empleo porque aún los más pobres se benefician de ella ya que les permitiría sobrevivir. Segundo, si bien argumenta que el modelo de teoría es aplicable a cualquier sistema socio productivo independientemente del carácter de posesión de los medios de producción, su inclinación natural es a concebir a la economía de mercado y a una democracia de propiedad privada como los ámbitos más favorables para la construcción de una sociedad justa. Y tercero, la figura del contrato original como momento utópico e hipotético refiere a un momento del pasado y no del futuro. Esto implica un doble corolario: primero, reforzar una idea central del liberalismo de que las sociedades se crean de esa manera, como producto de un contrato firmado por hombres y mujeres libres y racionales; segundo, e inferido de lo anterior, “se oculta el hecho de que la instauración de la sociedad capitalista fue un proceso de una crueldad y una violencia inauditas y que lo que ahora se presenta como resultado de una torpe reflexión fue, en rigor de verdad, consecuencia inexorable de un proyecto que desde sus inicios estuvo caracterizado por la violencia y la explotación. Signado, en una palabra, por la injusticia” (Borón: 2000. Pág. 147)

Ahora bien, más allá de estas acertadas críticas, considero que el segundo principio que genéricamente se denomina de “diferencia” resulta de interés al presente trabajo. Según este principio es posible que determinadas desigualdades sociales sean consideradas como justas, esto siempre que la totalidad de individuos involucrados -según la definición del ámbito socio espacial-, se encuentren en una situación de igual libertad, y siempre que exista igualdad de oportunidades respecto a la cuestión tomada como referencia para la relación de igualdad, así como que sea en beneficio de la totalidad de los individuos involucrados. En suma, rescatamos de los aportes vertidos hasta el momento el énfasis que estos autores han puesto sobre el carácter relacional de la igualdad y por ende la desigualdad-. La igualdad entonces, refiere a un tipo de relación social, lo cual supone poner en situación de similitud a dos entes respecto a algún elemento. Ahora bien, esta similitud de dos entes respecto a algo, ¿qué significa específicamente? Puesto que refiere a una relación social, la igualdad hace referencia al carácter que adquiere la relación entre los individuos a partir de un atributo considerado relevante. La especificación de los atributos es condición necesaria pero no suficiente. Para hablar de igualdad o de igualación hay que especificar la relación existente entre los individuos, sobre la base de dichos atributos. Consideramos que esta especificación sobre el tipo de relación cuando se habla de igualdad- refiere a la ausencia de jerarquización existente en la relación entre los individuos a partir de la consideración de los atributos, es decir, cuando la existencia de “diferencialidad” en los atributos no implica un establecimiento de jerarquización en la relación. De la misma manera, es posible hablar de proceso de igualación cuando la relación entre los individuos (o grupos de individuos) tiende crecientemente a la ausencia o eliminación (que puede ser deliberada) de jerarquizaciones realizadas sobre la base de dichos atributos. Hablar aquí de proceso de igualación implica entonces, realizar un análisis de tipo diacrónico que permita observar la transformación de una relación social en términos de igualdad- a lo largo del tiempo. Dar mayor inteligibilidad a estos elementos es la tarea que compete en las próximas líneas. Para ello, nos serviremos de algunos aportes que han surgido de las investigaciones realizadas desde las Ciencias Sociales. Tomaremos principalmente los aportes de tres autores, Wright (2010), Tilly (2000b) y Elías (1996). Wright (2010) ha escrito un interesante libro cuya temática central refiere a la desigualdad social, desde una perspectiva que aporta elementos para su indagación sociológica. Para el autor, hablar de desigualdad social implica describir un atributo al que se le asigna valor, y que puede distribuirse en cantidades diferentes entre las unidades relevantes de una sociedad. La desigualdad, implica por lo tanto, que las distintas unidades poseen

diferentes cantidades de atributos. En este sentido, el estudio de la desigualdad consistiría en explicar los determinantes y las consecuencias de la distribución diferencial de esos atributos entre las distintas unidades. La primera consideración que se desprende de dichos postulados refiere a la necesidad de especificar justamente dichos atributos. El citado autor construye al respecto, una tipología de atributos distinguiendo entre dos tipos. En primer lugar, encuentra los atributos monádicos, que son aquellos cuyas magnitudes se definen por sí mismos, es decir, sin necesidad de hacer referencia a ninguna otra unidad. Un ejemplo en este sentido puede ser según el autor, el consumo, ya que se puede determinar cuánto consume una unidad individual, ya sea en términos reales o monetarios, sin saber cuánto consume cualquier otra unidad. Lo cual no significa según el autor, que el atributo en cuestión no tenga contenido social. En segundo lugar, el autor distingue aquellos atributos que define como relacionales. Estos atributos son aquellos cuyas magnitudes no pueden definirse independientemente de otras unidades. El ejemplo propuesto por el autor refiere al poder. Así, una “magnitud de poder” se define por el número de personas a quienes se controla, por lo que el carácter relacional del poder según este autor, aparece explícitamente. Carecer de poder es ser controlados por otros, ser poderoso es controlar a otros. De esta manera, resulta imposible considerar el poder de cualquier unidad sin referirse al poder de las demás. El autor establece que más allá de la consideración sobre el tipo de atributo es necesario tener en cuenta los procesos por los cuáles dichos atributos son distribuidos de manera desigual. En primer lugar, establece la existencia de procesos monádicos, que implican que los mecanismos inmediatos que causan la magnitud en cuestión están ligados a las unidades individuales y generan efectos en forma autónoma respecto a otras unidades. Un ejemplo en este sentido lo constituye, según el autor, la distribución del peso corporal. 71 En segundo lugar, el autor establece la existencia de procesos relacionales. Estos procesos implican la consideración de una relación causal entre la distribución desigualitaria de atributos. En este caso, la explicación inmediata de la desigualdad depende de las

71 El autor lo ejemplifica de la siguiente forma. El proceso de adquisición del peso corporal es un atributo monádico resultante de un proceso monádico, es el resultado de mecanismos (genes, hábitos alimenticios, etc.) directamente ligados al individuo. Según el autor, esto no quiere decir que estos mecanismos no estén influenciados por causas sociales. Las causas sociales pueden contribuir a explicar por qué los individuos tienen mecanismos particulares de regulación del peso corporal, independientemente de los mecanismos reguladores del peso de otros individuos. Por lo tanto la distribución empírica de los pesos en la población es simplemente la suma de esos procesos monádicos de los individuos dentro de la distribución. Más adelante en esta Tesis plantearé mis discrepancias respecto a la distinción que el autor realiza sobre los procesos monádicos de la desigualdad, teniendo en cuenta que, desde mi perspectiva, la desigualdad es relacional.

relaciones que ligan a un individuo a otro y no simplemente de mecanismos monádicos. Así, para este autor, describir el proceso que genera las desigualdades relacionales implica considerar que los mecanismos que determinan la magnitud del atributo desigualmente distribuido para cada unidad individual dependen causalmente de los mecanismos que generan la magnitud para otros individuos. El carácter relacional de los procesos supone que “más” para unos es “menos” para otros. Según el autor, la distribución del ingreso podría verse como un ejemplo de un proceso relacional de la distribución de un atributo monádico. Para el autor, el ingreso es un atributo monádico en la medida en que el ingreso de un individuo puede definirse independientemente del ingreso de cualquier otra persona. Pero es plausible que el proceso de adquisición del ingreso sea relacional: los mecanismos mediante los que una persona obtiene un ingreso afectan de manera causal el ingreso de otras personas. Estas consideraciones son similares a las vertidas por Tilly (2000b) sobre la desigualdad, aunque el autor no versa sobre atributos sino sobre bienes. Para este autor, al investigar la desigualdad social los científicos sociales se han dedicado al estudio de la distribución despareja de costos y beneficios, es decir de bienes. Éstos pueden distinguirse en tanto autónomos o relativos. Los bienes autónomos son aquellos que son observables sin referencia a unidades exteriores. Los relativos son sólo observables en relación con otras unidades. Es sugerente destacar que el criterio que el autor establece para la distinción entre los tipos de bienes refiere a la observabilidad, es decir, no a si un bien o atributo se define por sí mismo o en relación a otros, sino que refiere a si un atributo o bien puede ser observado sin hacer referencia a otros o no. De esta manera, la distinción del autor entre bienes autónomos o relativos refiere a distintas escalas de observabilidad de los mismos, aunque las distribuciones de dichos atributos puedan encontrarse íntimamente relacionadas. Así por ejemplo, los bienes relativos sirven como medio de crear o mantener una desigualdad respecto a los bienes autónomos 72 . La desigualdad en los bienes autónomos “gana en fortaleza” a partir de los bienes relativos y genera diferencias paralelas en ellos. Esto resulta importante según mi perspectiva, ya que referirse a cómo es posible observar una diferencialidad de atributos o bienes, y referirse a si esa diferencialidad implica una relación de desigualdad, supone análisis diferentes. En el último caso la desigualdad refiere siempre a relaciones entre individuos o

72 “La posesión de prestigio, poder, clientela y bienes indicadores de status justifica entonces, la posición superior de categorías favorecidas ex post facto, así como las gratificaciones de éstas dan también a los bienes autónomos como las viviendas bien construidas, los automóviles de lujo, los espacios de trabajo confortable, los alimentos de calidad, los buenos licores o los entretenimientos variados la pátina de los bienes relativos” (Pág.

39.)

grupos de individuos- a partir de diferencialidad en los bienes o atributos. Más allá de si un atributo pude definirse por sí mismo o no, o un bien pueda ser observable sin hacer referencias a unidades exteriores o no, hablar de desigualdad implica considerar vínculos entre individuos. En este sentido, la desigualdad es una relación social, un encajamiento de acciones en correspondencia que implica la construcción de asimetrías a partir de la diferencialidad respecto a un atributo o bien. De esta manera, cobra relevancia preguntarse si la desigualdad producto de un proceso monádico es realmente una relación de desigualdad, o refiere simplemente a una relación de diferencia 73 . Nuestro enfoque en esta Tesis supone un análisis de los procesos relacionales en la distribución diferencial de bienes autónomos el ingreso-, pero teniendo en consideración que la distribución diferencial de esos bienes autónomos guardan estrecha relación con la distribución diferencial de bienes relativos poder-.

Relacionado con lo anterior, es menester destacar que este carácter relacional implica también una perspectiva de abordaje analítico de las desigualdades sociales que existe a la par y diferenciadamente de otras perspectivas. Tanto Wright (2010) como Tilly (2000b) dan cuenta de ello, y la propuesta analítica o modelos de análisis- que proponen discuten con otros modelos y perspectivas. Tilly (2000b) da cuenta de ello a partir de la consideración de obstáculos o inconvenientes que encuentra en la literatura sobre la desigualdad. El autor identifica cuatro inconvenientes: el particularismo, la interacción, la transmisión y el mentalismo. Quisiera detenerme principalmente en el mentalismo, el cual se apoya en dos ontologías: el individualismo metodológico y el individualismo fenomenológico. El mentalismo se basa en los intereses y las motivaciones de los individuos como fuentes de la desigualdad. Supone el recurso a los “estados mentales” como fuentes fundamentales de la desigualdad sin dar cuenta de las relaciones de causa y efecto a partir de los cuales, esos estados mentales, producen los resultados desigualitarios. El individualismo metodológico supone que la vida social resulta principal -o exclusivamente- de las acciones de personas “auto-motivadas” que procuran satisfacer sus intereses. Los mecanismos causales derivan aquí, de sucesos mentales: las decisiones. En segundo lugar, el individualismo fenomenológico postula la “mente consciente” como la realidad social última. Para el autor, cuando hay dudas sobre la posibilidad de una comunicación confiable entre las mentes, el individualismo

73 En este sentido, considero que un análisis de las desigualdades que privilegia los procesos entendidos como monádicos tal como la plantea Wright (2010) no logra acercarse a la noción de desigualdad, en tanto ésta supone intrínsecamente una relación.

fenomenológico se transforma en solipsismo. Así, los individuos expresan ellos mismos sus propias identidades al entablar relaciones desigualitarias: “el consumo de mercancías y servicios, por ejemplo, se convierten en una manera de difundir la propia concepción de sí mismo al mundo general. Sin embargo, esa clase de individualismo fenomenológico no ha producido ninguna descripción coherente de las interacciones entre los estados conscientes de diferentes actores o de los procesos mediante los cuales dichos estados provocan alteraciones en la estructura social” (Tilly: 2000b. Pág. 33). Ambas ontologías mentalistas se apoyan en mecanismos causales obscuros, fundados en la experiencia y la acción individuales. Centran la reflexión en la imagen de individuos con atributos variables que atraviesan un proceso de selección, y que de acuerdo con éstos, ocupan los puestos que les otorgan recompensas diferenciales. Esta perspectiva de análisis con la que discute Tilly (2000b) es retomada también por Wright (2010). Este último la denomina perspectiva o modelo- de logros en el análisis de las desigualdades materiales. Este modelo postula que el ingreso es un retorno de los propios esfuerzos, presentes y pasados. Refiere entonces centralmente, a un proceso monádico que produce una distribución de un resultado también monádico. Si bien estos modelos admiten la existencia de procesos relacionales, por lo general lo refieren a desviaciones de un modelo puro. En las versiones sociológicas de los modelos de logros comúnmente denominados modelos estratificados de estatus- las desviaciones derivadas de procesos relacionales son desviaciones del modelo puro, desequilibrios derivados de diversos factores -raza, etnia, sexo, por ejemplo- que actúan como obstáculos para la igualdad de oportunidades. En las versiones de las ciencias económicas -modelos de capital humano-, las desviaciones reflejan desequilibrios transitorios de mercado o tipos de discriminación extra-económica. Tanto en una como en otra versión, los mecanismos de determinación del ingreso que producen desviaciones de un modelo puro implican que ciertas personas no pueden obtener la totalidad del pago por sus esfuerzos realizados. La lógica del proceso es entonces, monádica con perturbaciones relacionales contingentes. Ambos autores optan por una perspectiva relacional en el análisis de las desigualdades. Para Tilly (2000b) los mecanismos causales que subyacen a la desigualdad no consisten en sucesos mentales individuales, estados de conciencia, o acciones autónomas de sistemas sociales, sino que actúan en dominios de la experiencia colectiva y la interacción social. Esto implica un modelo relacional de vida social que se inicia con transacciones y lazos interpersonales. Para Wright la perspectiva relacional en el análisis de la desigualdad implica adentrarse en lo que denomina como modelo de explotación.

3.2. El modelo de la explotación de Wright. En contraposición al modelo de logros explicitado anteriormente, el autor propone un modelo para analizar las desigualdades en el bienestar material a través del ingreso, que denomina modelo de explotación. Dicho modelo se basa en la premisa de que la desigualdad por ingresos es fundamentalmente relacional. Se argumenta así, que los ingresos de los individuos derivan de diferentes tipos de relaciones sociales que dichos individuos entablan. Estas relaciones han variado a lo largo de la historia y pueden clasificarse como relaciones basadas en diferentes modos de producción. A través de distintos mecanismos estas relaciones sociales de producción le permiten a un grupo de personas apropiarse de los frutos del trabajo de otro grupo. A esta apropiación el autor denomina explotación. La explotación implica así, que los ingresos del grupo “explotador” dependen de los esfuerzos del grupo “explotado”. Un concepto central debe incorporarse antes de desarrollar el modelo de la explotación, justamente el concepto explotación. 74 Para Wright (2010) la explotación refleja un patrón de interacciones continuas estructuradas mediante un conjunto de relaciones que ligan mutuamente al explotador y al explotado. Este concepto se define mediante tres criterios o principios. 1) En primer lugar, el principio de bienestar independientemente inverso. Este principio supone que el bienestar de los explotadores depende causalmente de las privaciones materiales de los expropiados. 2) En segundo lugar, el principio de exclusión. La relación causal que genera el principio anterior involucra la exclusión asimétrica de los explotados del acceso y el control de recursos o activos productivos. 3) En tercer lugar, el principio de apropiación. El mecanismo causal que traduce la exclusión en diferencias de bienestar incluye la apropiación de los frutos del trabajo de los explotados por parte de quienes controlan los recursos productivos relevantes. En suma, el primer criterio establece el antagonismo de los intereses materiales. El segundo criterio establece que el antagonismo se determina según la posición de las personas en la organización social de la producción. El tercer criterio establece el mecanismo específico mediante el cual se generan los intereses materiales antagonistas, el bienestar de unos depende del esfuerzo de otros. Esta consideración es de suma importancia porque el autor nos alerta que una relación es de explotación si presenta los tres criterios. Si sólo se dan los dos primeros existe lo que

74 También es menester dar cuenta del concepto “modo de producción”. Daremos cuenta de ello más adelante en esta Tesis, en el apartado sobre Igualdad y Modos de producción que nos brindará elementos para analizar el carácter socio-productivo de las unidades productivas que son objeto de análisis.

denomina como “opresión económica no-explotadora”, pero no explotación. En la “opresión no-explotadora” los frutos del trabajo no se transfieren del oprimido al opresor, el bienestar del segundo depende simplemente de la exclusión del opresor del acceso a ciertos recursos, pero no de su esfuerzo de trabajo. La diferencia sustantiva refiere a que en una relación de explotación el explotador necesita del explotado, dado que su propio bienestar depende del esfuerzo del explotado. Ahora bien, es sustantivo señalar que en ambos casos existe una relación social de desigualdad, y que dicha desigualdad se basa en la propiedad y el control de los recursos productivos. Una desigualdad se sustenta entonces en la explotación, otra desigualdad se sustenta en la “opresión”, toda explotación implica una opresión, pero no toda opresión es una explotación. El Modelo de Explotación supone una relación de desigualdad material sobre la base de relaciones de propiedad sobre diferentes tipos de activos productivos. Por un lado, la propiedad de los medios de producción (activos alienables). La relación de desigualdad se sustenta en la escisión entre propietarios y no propietarios de los medios de producción. La constitución de la condición de no propietario de los medios de producción expresa también procesos expropiatorios de las condiciones de vida y existencia de los individuos constituidos como tales. 75 Así por ejemplo, el capitalismo, como formación social hegemónica, tiene como funcionalidad y vección, no la reproducción del hombre a partir de la producción de valores de uso, sino la reproducción de capital a partir de la producción de valores de cambio 76 . Esta vección de la estructura social -orientada a la acumulación de capital-, ha operado permanentemente con una doble mecánica: formación primaria de capital mediante la expropiación de condiciones de existencia de los individuos y la materialización de la acumulación capitalista propiamente dicha, basada en la explotación de la fuerza de trabajo "asalarizada" resultante de los procesos expropiatorios (Marín: 2004). En segundo lugar, Wright, retomando a Roemer (1985) da cuenta de desigualdades generadas por la distribución desigual de las habilidades (o activos inalienables). La relación de desigualdad en este caso se da en los retornos a las habilidades en forma de ingreso. Estos retornos son “desproporcionales” –es decir que existe un porcentaje de renta del salario-

75 Como afirma el autor en otro texto, el capitalismo no es simplemente una economía de libre mercado, es una economía de mercado con una forma peculiar de relaciones de clase resultante de la separación entre propietarios y no propietarios de los medios de producción. (Wright: 2006). La temática de los relaciones de propiedad se encuentra estrechamente vinculada con el concepto de modos productivos. Sobre esto volveremos más adelante. 76 Utilizamos el término vección y no finalidad, para enfatizar el carácter teleonómico y no teleológico del proceso. Se trata más bien, de lo que Elías (1996) caracteriza como “proceso ciego”, es decir un proceso en el cual la acción racional de sujetos se desarrolla sin que exista una planificación racional de conjunto.

frente a los costos de adquirir dichas habilidades, y se reproducen a partir de la institucionalización de las credenciales. Las credenciales entonces, son la forma legal de propiedad que sustenta la explotación basada en las habilidades. Por último, el autor menciona que la desigualdad puede sustentarse también en activos de organización. Aquí, el control de los recursos organizacionales de producción el control de la planificación y de la coordinación de la división del trabajo- es la base material para la apropiación del excedente del trabajo por parte de los “burócratas” 77 . Esta noción resulta de una crítica y reformulación de las consideraciones de Roemer (1985) sobre lo que denominó “explotación de status”. Ésta refiere a los ingresos que se adjudican ciertos agentes en virtud de los puestos que ocupan, y no en virtud de la calificación necesaria para desempeñar las tareas asociadas con los mismos. Wright redefine esta noción reinsertándola en la dimensión del proceso productivo o de las fuerzas de producción. Para este último el autor, es la distribución desigual y el control de los activos de organización y no específicamente el status el mecanismo que sustenta la desigualación material. Más allá de cada activo productivo en particular, para todos los casos la propiedad o el control sobre estos activos permiten a una clase o grupo- apropiarse de parte del excedente social que producen las otras clases o grupos-. 78 Empíricamente este modelo supone investigar la variabilidad de la forma y grado de la explotación y la desigualdad del ingreso, tomando en consideración así, la distribución de la propiedad de estos activos generadores de explotación, los procesos que determinan los ingresos entre diferentes posiciones de clase relacionalmente definidas y los efectos de las diferentes luchas colectivas que potencialmente puedan contrarrestar -o intensificar- los efectos de los mecanismos de explotación en la desigualdad del ingreso. Este último elemento introduce la noción de conflicto, ya que la lógica inherentemente antagonista del proceso relacional estructura una disputa, un antagonismo. Las clases tienen intereses fundamentalmente opuestos en la medida en que el ingreso de unos depende de la explotación de los otros. El conflicto es orgánico a la estructura de los mecanismos generadores de desigualdad. El reconocimiento del antagonismo resultante de esta relación de desigualdad nos conduce al siguiente punto de centralidad, los grupos que se constituyen o configuran en la relación distributiva. La noción de categoría desarrollada por Tilly nos servirá para ello.

77 Según el autor la distribución desigual de los activos de organización puede verse como la base de la explotación burocrática estatal, forma distintiva de la explotación del “socialismo real” (Wright: 2010. Pág. 54) 78 El autor menciona un último activo productivo que refiere a la fuerza de trabajo, la cual podría verse como la base de la explotación feudal. El derecho de propiedad sobre la fuerza de trabajo del siervo es la base para que el señor feudal fuerce al siervo a trabajar en las tierras de éste, o pague rentas feudales.

3.3. Las categorías y los grupos. La perspectiva relacional de Charles Tilly sobre las desigualdades persistentes (2000b) constituye un aporte relevante para el análisis de los procesos desarrollados en la presente Tesis. Nos interesa ahora presentar algunos de los conceptos que consideramos relevantes y sugerentes a la hora de entender las relaciones distributivas objeto de análisis. Presentaremos entonces, los conceptos de: categoría, límite, y mecanismos de desigualdad (explotación, acaparamiento de oportunidades, emulación y adaptación). El autor define a las categorías como un conjunto de actores que comparten un límite que los distingue de al menos otro conjunto de actores visiblemente excluidos por ese límite, y los relaciona con ellos. Una categoría así, aglutina actores considerados semejantes, escinde conjunto de actores considerados desemejantes o diferentes- y define relaciones entre ambos. En sí mismas, las categorías no producen una desigualdad. Esto depende de su combinación con una segunda configuración: la jerarquía. La desigualdad categorial desigualdad basada en la categorización- depende de la combinación de un límite bien definido que separe dos espacios, con un conjunto de lazos sociales asimétricos que conecten a los actores en ambos. Por último, la desigualdad categorial ocurre, en la medida en que los sitios se asocian de manera desigual a los flujos de recursos que sostienen su interacción. El trabajo categorial implica atribuir cualidades distintivas a los actores de uno y otro lado de los límites de un espacio. Dicha atribución o etiquetamiento implica la constitución de categorías pareadas -formadas de a pares: varón, mujer; calificado, no-calificado; negro, blanco- que refieren a cada uno de los lados del límite. Las formas más dramáticas de categorización implican un estigma. Sin embargo, una categoría viable no necesariamente entraña un perímetro completo alrededor de todos los actores a uno y otro lado del límite. Una categoría viable tampoco requiere homogeneidad entre los actores de un lado determinado. Tampoco hace falta que los límites categoriales se basen en características objetivamente verificables. Las categorías no son conjuntos específicos de personas o atributos inconfundibles, sino relaciones sociales estandarizadas y móviles. Como se puede inferir de lo explicitado, en el establecimiento de las categorías cobran relevancia los límites que escinden los grupos categoriales. El autor marca tres orígenes superpuestos que causan la ubicación de grupos de un lado o el otro del límite. En primer lugar, la “invención”, que refiere a actores o grupos de actores que construyen deliberadamente límites e historias correspondientes para justificar dichos límites. En segundo lugar, la “adopción” que implica la incorporación de límites que ya existen en otros ámbitos

sociales. Y en tercer lugar, los “subproductos de encuentros de redes”. Aquí, las nuevas categorías se forman como subproductos de la interacción social que simultáneamente conecta individuos que comparten o adquieren con ello, rasgos comunes, pero a la vez los segrega o escinde en algún aspecto de otros individuos, con quienes sin embargo, mantienen relaciones significativas. El autor menciona que este tipo de origen implica la existencia de miembros de

grupos ya consolidados de relaciones sociales que compiten con uno o más actores externos a ellos. Esas interacciones solidario-competitivas forman líneas de fallas entre redes, y generan

a la vez, historias que los participantes utilizan para explicar y justificar sus interacciones. Esas historias encarnan nociones compartidas sobre quiénes somos “nosotros”, quiénes son “ellos”, qué nos separa y qué nos relaciona. Los individuos las construyen en el contexto de materiales culturales previamente disponibles: conceptos, creencias, recuerdos, símbolos, mitos, y conocimiento local compartidos. Una vez introducidas estas historias coaccionan las posteriores interacciones a través del límite, y sólo se modifican lentamente en respuesta a ellas.

Tanto la invención como la interacción de las redes producen libretos relacionales 79 , pero lo hacen de diferente manera. La invención de categorías en las organizaciones comienza con libretos y genera luego un conocimiento común que lo modera y enriquece 80 . En la interacción de redes el conocimiento común localizado y las regularidades de conductas generadas por él, forman nuevos libretos relacionales. 81 Retomando la noción de categoría, el autor establece que éstas sostienen desigualdades persistentes cuando se combinan con las jerarquías lazos entre sitios sociales en que las conexiones son asimétricas y los sitios sistemáticamente desiguales-. Cada una fortalece a las otras, ya que una barrera relativamente impermeable reduce la posibilidad de que se entablen

a través de ella relaciones igualadoras, en tanto las relaciones asimétricas basadas en recursos desiguales justifican el límite y lo tornan más visible.

79 Libretos relacionales refiere a modelos disponibles que los individuos poseen para la participación en clases particulares de relaciones sociales. Los libretos van desde las rutinas involucradas en configuraciones generales y complejas como por ejemplo un par categorial- hasta formulas específicas que los individuos adoptan para acciones concretas el autor ejemplifica con una acción específica como retirar dinero de un banco-. Así los seres humanos en interacción “se embarcan en rutinas que oscilan desde las virtualmente universales hasta las activadas por una única situación social” (Tilly: 2000b. Pág. 66). A menor existencia de libretos relacionales para una configuración específica, mayor grado de improvisación en la interacción.

80 Por organizaciones el autor entiende al conjunto bien circunscripto de relaciones sociales en las que los ocupantes de por lo menos una posición tengan derecho a comprometer recursos colectivos en actividades que atraviesan las fronteras. Por definición una organización anexa categorías a sus redes, una organización es cualquier red circunscripta y categorialmente definida en la que algunos actores adquieren derechos a hablar con autoridad por la totalidad.

81 El conocimiento local contiene información recogida por los miembros de una organización a través de la experiencia. Si los libretos aportan modelos para la participación en clases particulares de relaciones sociales, el conocimiento local compartido brinda un medio de dar contenido variable a esas relaciones.

En este sentido, el autor establece que el límite mismo tiene un efecto, ya que contiene el conocimiento local, canaliza los flujos de movilidad, limita la responsabilidad y otorga la influencia a quienes controlan la pertenencia a la organización y por lo tanto, el acceso a sus beneficios. Un límite claro facilita en gran medida, el ejercicio de los derechos de propiedad colectiva. Ahora bien, más allá de los orígenes de constitución de los límites categoriales, cobra relevancia explorar cómo, es decir, mediante qué mecanismos opera la desigualdad categorial. Dos mecanismos principales causan desigualdad persistente cuando sus agentes incorporan categorías pareadas y desiguales en límites organizacionales cruciales. Estos mecanismos son la “explotación” y el “acaparamiento de oportunidades”. La explotación refiere a personas con poder y relacionadas, que disponen de recursos de los que extraen utilidades significativamente incrementadas mediante la coordinación del esfuerzo de personas ajenas, a las que excluyen de todo valor agregado por ese esfuerzo. Por otro lado, el acaparamiento de oportunidades actúa cuando los miembros de una red categorialmente circunscripta, ganan acceso a un recurso que es valioso, renovable, sujeto a monopolio. Ambos mecanismo pueden actuar paralelamente entre sí, pero refieren a procesos diferentes así como la opresión y la explotación explicitada por Wright (2010)-. Otros dos mecanismos sustantivos que el autor menciona son la “emulación” y la “adaptación”. Estos mecanismos refuerzan la eficacia de las distinciones categoriales cimentando los mecanismos anteriores la explotación y el acaparamiento de oportunidades-. La emulación implica la copia de modelos organizacionales establecidos, y/o el “trasplante” de relaciones sociales existentes de un ámbito a otro. La adaptación refiere a la elaboración de rutinas diarias como la ayuda mutua, la influencia política, el cortejo y la recolección de información sobre la base de estructuras categorialmente desiguales. Así, la explotación y el acaparamiento de oportunidades favorecen la instalación de la desigualdad categorial, la emulación y adaptación favorecen su influencia, fijan en su lugar las distinciones y las hacen habituales y a veces hasta esenciales. La desigualdad categorial resuelve problemas organizacionales al establecer un acceso categorialmente desigual a los resultados valorados. Tanto la explotación como el acaparamiento de oportunidades proporcionan medios para lograr la obtención de beneficios a partir de los recursos expropiados. En este sentido, el autor establece que una vez establecidos la explotación y el acaparamiento de oportunidades, éstos plantean desafíos y problemas organizacionales de cómo mantener la distinción entre los de adentro y los de afuera, cómo asegurar la solidaridad, la lealtad el control y la sucesión, cómo monopolizar el conocimiento

que favorece el uso provechoso de los recursos confiscados. El establecimiento de límites explícitamente categoriales ayuda a resolver dichos problemas, en especial si los límites en cuestión incorporan formas de desigualdad que ya están bien establecidas en el mundo circundante. Lo anterior supone la existencia de categorías en “disponibilidad” social, que pueden ser intercambiables o utilizables en diferentes organizaciones. Respecto a este punto el autor menciona que las categorías pueden ser internas o externas. Estas etiquetas de interna o externa no identifican el contenido de la relación categorial, ni a los miembros de un par categorial, sino que señalan la relación de las categorías con la organización en cuestión donde esas categorías se emplean. Así, el contraste interno/externo define puntos finales de un continuum que va desde lo muy local hacia lo socialmente omnipresente. Las categorías internas pertenecen a una estructura interiormente visible de una organización en particular. Los participantes de las organizaciones inventan nombres para los límites y los actores que distingue, imponen rituales, que reconocen las relaciones pertinentes y los representan mediante dispositivos simbólicamente explícitos, como uniformes, distintivos, y estatus organizativos. Aquí se incluyen las categorías que limitan la organización misma y separa a los miembros de los no miembros. Las externas no se originan en una organización dada y establecen diferencias sistemáticas en las actividades, las retribuciones, el poder. Es relevante apuntar que el autor explicita que la armonización de categorizaciones internas y externas fortalece la desigualación dentro de la organización que la efectúa. Las internas bien marcadas facilitan la explotación, al proporcionar explicaciones, justificaciones y rutinas prácticas para la distribución desigual de retribuciones. Pero armonizarla con pares categoriales exteriores -blanco-negro, ciudadano extranjero, por ejemplo- implica importar nociones, prácticas y relaciones ya establecidas que reducen costos de mantener esos límites. Así, la emulación refuerza la explotación y el acaparamiento de oportunidades. De esta manera, según el autor, las distinciones categoriales locales o internas ganan fortaleza y actúan a menor costo cuando se asocian a categorías pareadas y desiguales ampliamente accesibles o externas. Cuando muchas organizaciones adoptan las mismas distinciones categoriales estas alcanzan mayor difusión y son más decisivas en la vida social en general. Así por ejemplo, las desigualdades por raza, género, etnia, etc., se forman mediante procesos sociales similares y son -en gran medida- organizacionalmente intercambiables. En este sentido, las categorías pareadas y desiguales consistentes en relaciones asimétricas a través de una línea divisoria socialmente reconocida se reiteran en una amplia variedad de situaciones y su efecto es la exclusión desigual de cada red (grupo) de los

recursos controlados por la otra. La desigualdad categorial es la resultante de diversas intersecciones de explotación, acaparamiento de oportunidades, emulación y adaptación. Los mecanismos sociales que generan desigualdad en una gama de beneficios (riqueza, poder, ingreso, estima) son similares. Sin embargo, las acumulaciones históricas de instituciones, relaciones sociales, nociones compartidas, producen diferencias en la actuación cotidiana de varias clases de categorías, así como en diversos tipos de resultados. En última instancia, el autor menciona que las interacciones de explotación, acaparamiento de oportunidades, la emulación y la adaptación las explican todas. Así, la desigualdad categorial tiene propiedades generales, sin embargo, posee también la particularidad de que su funcionamiento concreto varía con las nociones, las prácticas, y las relaciones sociales históricamente acumuladas, ya asociadas a un conjunto dado de distinciones. Por último, los sentimientos de identidad por un lado, y la hostilidad inter-grupal por el otro, bien pueden acompañar, propiciar o resultar del uso de diferencias categoriales. Pero el autor menciona que la preponderancia relativa de tales actitudes cumple un papel secundario en la extensión y forma de la desigualdad. Las creencias fortalecen la explotación, el acaparamiento de oportunidades, la emulación y la adaptación, pero ejercen poca influencia “independiente” sobre su iniciación. En este sentido, el autor menciona que la introducción de nuevas formas organizacionales es la que tiene impacto diferencial en la desigualdad persistente. Así, la identificación de dichas formas organizacionales se convierte en desafío significativo para los científicos sociales. Por otro lado, similares problemas organizacionales generan soluciones paralelas muy similares en ámbitos muy diferentes. Los argumentos que justifican las categorías varían mucho más que los mecanismos estructurales recurrentes. En suma, la explotación y el acaparamiento de oportunidades motivan el establecimiento de límites categoriales en las organizaciones, en tanto que la emulación y la adaptación refuerzan sus efectos. A partir de las configuraciones, un punto de vista relacional de la desigualdad destaca la conjunción de la jerarquía y las categorías en el par categorial desigual. Dichos pares difieren en el grado de interioridad o exterioridad a una organización dada. Cuando en una organización dada, un grupo de individuos controla recursos valiosos de los que sólo puede extraer utilidades si aprovecha en su favor el esfuerzo de otros ajenos a él, comúnmente crea o toma prestadas las formas de la desigualdad categorial. Si en muchas organizaciones controladoras de recursos se establece una misma relación generalizada, la relación se convierte en una base dominante de la desigualdad en la población entera. Los efectos directos de las categorías tienen gran importancia aquellos que operan directamente

sobre la organización-, dado que actores con mucho poder establecen relaciones de explotación a través de límites prontamente reconocidos. Pero donde prevalecen ciertas diferencias categoriales, sus efectos indirectos aquellos efectos que traspasan la barrera organizacional- también contribuyen en gran medida en la distribución de las ventajas y desventajas en la población en general, dado que la experiencia categorial acumulada se traslada al promedio de las diferencias sistemáticas de desempeño. Éstas llegan entonces a justificar, reforzar y hasta crear sistemas categoriales explícitos. Así, sigue girando la espiral de la desigualdad categorial.

3.4. De Tilly a Elías: Los recursos organizativos como constitución de las categorías desiguales. A partir del estudio realizado en un barrio de Londres denominado Winston Parva, Elías (2006) analizó las relaciones o configuraciones- entabladas entre dos grupos de individuos de extracción obrera que diferían sólo en términos de la cantidad de tiempo que se encontraban habitando el lugar. Entre los grupos, no había diferencias de nacionalidad, origen étnico, color o raza, tipo de ocupación, ingresos o nivel educativo. Para el desarrollo del análisis, el autor parte de la siguiente observación: de manera recurrente los miembros de grupos que son, en términos de