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La película inicia con la grabación que un periodista realiza en una zona de Bogotá

la que está siendo desalojada. En la zona le hace una serie de preguntas a un


paisa, un hombre que antes había hecho parte de una estrategia.

Todo inicia con el desalojo de la pajarera. La pajarera es una casa antigua que
está ubicada en el centro de Bogotá a cargo de un titerillo que junto a un
empresario deciden recuperar las escrituras de la vivienda.

Cuando se está haciendo el traite sucede una pelea entre los inquilinos y la
policía, lo cual deja a un niño muerto y a las familias sin vivienda.

Al ver este triste episodio los inquilinos de la casa Uribe empiezan a presentar
argumentos para que no les desalojen de la casa:

Uno de los argumentos más importantes fue la protección al lázaro a ser una
persona de la tercera edad, el cual se encuentra postrado en una cama.

Al presentar este argumento le ofrecen trasladarlo a un hospital con todos los


tratamientos a pago, pero su señora esposa se niega con la idea de que lázaro y
ella vivieron su matrimonio en ese lugar, y que por lo tanto querían terminar su
vida ahí.

Pero la respuesta de las autoridades fue darles plazo de diez días para los
inquilinos desalojaran la casa Uribe.

Ante la respuesta al argumento los inquilinos de la casa Uribe empiezan a crear


una estrategia

La llamada estrategia del caracol consistía en desmontar poco a poco y por


completo la casa sin que nadie se diera cuenta, y llevársela lejos del centro de la
ciudad, empezando por quitar las partes del interior de la casa como puertas,
paredes, ventanas entre otras. Todos los inquilinos de la casa participan en
desarmar la casa.

Cuando ya derrumban la casa y la entregan, y aparece en ese lugar una imagen


que dice ahí tiene su hijueputa casa pintada.

ESTO QUE SIGUE ES DE INTERNET____________ SOLO LEELO SI QUIERES

Pero ¿es un trasteo el de la casa Uribe?¿se rearmarán paredes, ventanas y


habitaciones, tal cual, en la colina donde terminan todos reunidos, marcando así el
final de la película? No, lo que se salva no es la estructura física de una casa, es
el mensaje de una historia. Para ser más concretos: dentro de la trama es el
momento en el que la dignidad, aunque etérea, aparece como el valor que motivó
toda la estrategia: El periodista le pregunta al paisa que todo el esfuerzo realizado
“¿para qué”, a lo que el paisa responde bastante enojado: “¿Cómo que para qué?,
¿a usted para qué le sirve la dignidad?”. Pues bien, esa pregunta se le está
haciendo en realidad al público. Ahí reposa la vigencia de este film como lección
de ciudadanía, legándonos más que una respuesta satisfactoria, una pregunta
incómoda: ¿estamos ejerciendo nuestra dignidad? Porque si algo queda claro es
que si los actos de los inquilinos de la casa Uribe constituyen un acto de dignidad,
ah trabajo y osadía la que requirió. La dignidad y la participación aparecen en esta
película como valores sobre los cuales se tiene que hacer un ejercicio en
comunidad arduo y sin desfallecimiento, o como lo mencionaba Estanislao Zuleta
(1992): “Para que el pueblo sea creador de la cultura, es necesario que tenga una
vida en común. Cuando se dispersa, se atomiza, cuando cada uno vive su miseria
en su propio rincón, sin colaboración, sin una empresa y un trabajo comunes,
entonces pierde la posibilidad de crear cultura” (pág. 47).

El punto es entonces que esta cultura de la que habla Zuleta no corresponde, en


buena medida, a los muros y ventanas en común, en el caso de la película, o en
nuestro contexto político actual -que es precisamente a donde apunto- a las leyes
que se nos imponen. Esta cultura excede los contratos, arreglos, referendos, etc.
Implica, más bien, observar “las relaciones sociales, […] la manera como vive la
gente” (pág. 46).

Desde hacía un mes largo, el debate de cara al plebiscito que refrendaría los
acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP se venía dando con
aparente intensidad. Pero ya hace pocos días este país demostró estar más
dividido que nunca en su panorama político: la mitad de los votantes se inclinó por
el SI a los acuerdos de paz con las FARC, mientras la otra mitad, aunque mayoría
en este caso, lo hizo por el NO. Y en este escenario, a este estudiante de
Comunicación Social se le encargó la tarea de revisar si en ciertos textos de
Estanislao Zuleta habían claves para leer analíticamente la película La estrategia
del caracol. Y, por supuesto, las hay. Pero siempre pensé en esta reseña como
una oportunidad para cruzar los maravillosos trabajos del director de la película,
Sergio Cabrera, y de Estanislao Zuleta con una situación que nos interpelara como
ciudadanos que habitamos el presente de nuestro país. Hoy, para concluir, escribo
con suma tristeza que encontré una lección que parece atravesar esos tres
escenarios: No hay más citas que valgan, pues Zuleta señala en el texto El
respeto en la comunicación (1992) lo que diferencia a una cultura de la
violencia de una cultura del respeto, pero ambas se sustentan en operaciones
concretas y entre ellas no aparece la que sentenció el plebiscito del pasado
domingo: el silencio como muestra de indiferencia.
El 62% del electorado colombiano (porcentaje que corresponde al abstencionismo)
calló y otorgó. Y no otorgó el triunfo a los del NO, por más vencedores que ahora
sean. Otorgó a la cultura de la violencia una forma contundente y clara de
expresarse: el silencio.

La película tiene ciertamente un final feliz, por decirlo de alguna forma; o


dignificante, si se quiere: los inquilinos de la casa Uribe padecen, resisten y al final
ven su dignidad intacta cuando logran zafarse de las artimañas de la ley, llevando
la casa Uribe a pedazos y a cuestas hacia donde no se jodan sino entre ellos
mismos. Pero a nosotros los colombianos, los que permanecemos por fuera de las
imágenes de La estrategia del caracol, ya vinieron los tinterillos a tocarnos la
puerta, ya nos la están tumbando y, mientras tanto, adentro, tranquilos, pasmosos,
menos de la mitad se revuelcan en el silencio y la comodidad de sus camas. A
este paso, los de la casa pintada seremos otros. Si no despertamos nos
quedamos sin casa, si no despertamos nos quedamos sin cultura, y solo a través
de ella encontraremos algo de dignidad… o es que ¿a nosotros para qué nos está
sirviendo eso?

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