Vous êtes sur la page 1sur 6

METODOLOGIA DE LA

INVESTIGACION Facultad de
Medicina Universidad Nacional de
Tucumán

Taller Nº 4:
La Exposición
Cientifica Oral

Grupo: Nº 2 (Bis)
Integrantes:
Calizaya, Luciana Rocío
Camacho, Gladis Natalia
Cardozo, Julián Erich
Caro, Victor Hugo
Casserá, Tomás
Martínez, Sol Tamara
Padilla, Antonio Ramón

Profesora: Priscilla Portillo


“Las personas nerviosas tienen la presión alta”

Introducción:

Definiciones:

Hipertensión arterial: Se define como la presencia mantenida de presión arterial


sistólica igual o superior de 140mm Hg o de presión diastólica igual o mayo a 90mm
Hg
Nerviosismo: Estado de agitación psicomotriz transitorio

Estrés: Conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta


física ante determinados estímulos repetidos, como por ejemplo el frío, el miedo, la
alegría, etc.

Objetivos:
Determinar la veracidad del mito “Las personas nerviosas tienen la presión alta”

La presión arterial no es una constante a lo largo del día ni a lo largo de la vida; al


estar gobernada por el sistema nervioso autónomo, puede sufrir variaciones
puntuales con estímulos emocionales, así como a partir de esfuerzos físicos y
mentales. Sin embargo, estas oscilaciones gracias a los mecanismos automáticos
de control del organismo no son demasiado amplias, con lo que se preservan la
integridad de los vasos y la adecuada perfusión de los tejidos. También la PA suele
ser algo más alta en horas de trabajo y más baja con el reposo, descendiendo aún
más durante el sueño. Estas variaciones se pueden reconocer fácilmente por medio
de aparatos especiales que monitorizan la PA durante 24 horas. También es
importante el lugar donde se realizan las mediciones. La PA suele ser algo más baja
en casa del individuo, y más elevada en las consultas médicas e incluso en las
farmacias.[A]

Las emociones y el estrés tienen una importante función adaptativa, sin embargo,
bajo determinadas condiciones, el estrés puede generar estados emocionales
negativos como la ansiedad y la depresión que pueden tener un papel
desencadenante o agravante en determinados trastornos como la hipertensión
arterial esencial (HTA). La hipertensión arterial constituye un problema socio
sanitario de primer orden por su elevada incidencia y su pronóstico negativo. Dos
problemas complican el estudio de este trastorno, su carácter multicausal, que
determina la existencia de diferentes vías etiológicas y obliga a la evaluación de
efectos interactivos de distintas variables sobre la presión arterial y su naturaleza
procesal, que circunscribe la relevancia de los factores implicados a estadios
específicos en la evolución de la patología. Todo ello plantea la necesidad de un
abordaje multidisciplinario que incluya también los factores psicológicos.1

El sistema de estrés desempeña un papel fundamental al generar mecanismos


adaptativos ante el estrés psicosocial al que están expuestas todas las personas
que viven en sociedades industrializadas. Este sistema consta del sistema nervioso
central, incluidas las neuronas productoras de hormonas liberadoras de
corticotrofina, del núcleo paraventricular del hipotálamo y la mayor parte de los
núcleos del tronco cerebral y sus ramas periféricas, el eje hipotálamo hipofisario
adrenal y el sistema autonómico periférico. La activación repetida del sistema de
estrés podría producir como resultado una exposición prolongada a glucocorticoides
o a las catecolaminas y a la producción de interleucina. Esto promueve la obesidad y
la acumulación de grasa visceral que, con dependencia de factores genéticos y
propiedades adquiridas de los órganos, producen hiperinsulinemia, resistencia a la
insulina, hipertensión, hiperlipidemia. 2

Sin embargo, no todas las personas reaccionan ante el estrés de la misma


manera.2 Al evaluar el Cuestionario de Vulnerabilidad al Estrés en el grupo de
estudio, sólo un 16 % de los pacientes hipertensos resultó ser no vulnerable
mientras que un 64 % fue vulnerable; el 8 %, seriamente vulnerable y el 12 %,
extremadamente vulnerable. En relación con los sujetos normotensos se evidencia
un pequeño predominio de sujetos no vulnerables al estrés (13 sujetos) y 10
vulnerables (40 %), 2 seriamente vulnerables (10 %) y ninguno extremadamente
vulnerable. Al comparar ambos grupos mediante la prueba estadística de Wilcoxon
se observaron diferencias significativas de
p = 0,008, se distingue la presencia de estrés de los pacientes hipertensos con
respecto a los sujetos normotensos.1

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido la importancia que puede


representar el estrés en esta alteración cardiovascular y también ha subrayado la
dificultad de cuantificar esa influencia en el desarrollo de esta enfermedad.3

Aunque no se dispone de una evidencia que permita atribuir al estrés per se un


papel determinante en la etiología de la hipertensión, sí se reconoce en mayor o
menor medida cierto grado de responsabilidad en la patogenia de esta enfermedad.
Al respecto, Gutiérrez J plantea que el estrés puede ser un factor de riesgo
cardiovascular y su manejo podría ser beneficioso para el paciente hipertenso. Así,
en la literatura psicológica se recogen acontecimientos y situaciones estresantes de
distinta naturaleza que provocan elevaciones de la presión arterial.3

Según Julios S y Jonson EH, los individuos hipertensos responden a agentes


estresantes estándar de laboratorio (exposición a emociones experimentales
inducidas de miedo y enfado, entrevistas enfocadas sobre conflicto personal y tareas
cognitivas frustrantes), con mayores elevaciones tensionales y de frecuencia
cardíaca que los normotensos, mayor también en individuos con historia familiar de
hipertensión. Shapiro AP, Moustsos SE y Krifcher E publicaron que individuos
adultos con padres hipertensos mostraban mayores respuestas presoras sistólicas a
la prueba de color-palabra de Stroop que los individuos con padres normotensos.
Similares resultados publicó Falkner B, quien apreció que los adolescentes
normotensos con padres hipertensos mostraban mayores elevaciones de frecuencia
cardíaca y presión arterial ante las pruebas de aritmética mental que los individuos
normotensos sin historia familiar de hipertensión.3

Existen investigaciones que ponen de manifiesto la relación entre situaciones


estresantes y la elevación de la presión arterial (PA). Amigo11 hace un análisis de
algunas de ellas, las cuales exponemos a continuación:

Harburg E, Erfurt JC, Hauenstein LS, Chape C, Schull WJ y Schork MA


describieron que aquellos sujetos que vivían en áreas urbanas muy estresantes,
definidas por su alta densidad de población, estado socioeconómico bajo, alta
morbilidad y altas tasas de separación matrimonial, mostraban una presión arterial
más elevada que aquellos que habitaban en zonas de bajo estrés. Por su parte,
Andren L y Asno L encontraron una relación entre el ruido industrial como elemento
estresante y elevaciones agudas de la PA y de la resistencia periférica.3

Otras investigaciones han demostrado la relación de la hipertensión con


situaciones de estrés laboral. Kasl DA y Cobb S observaron que tras el despido y
durante el período de desempleo, la presión arterial de un grupo de trabajadores se
incrementaba y permanecía elevada, si bien posteriormente tendía a normalizarse,
sobre todo entre aquellos que volvían a encontrar un trabajo permanente. De igual
manera, Cobb S y Rose RM observaron una prevalencia de hipertensión 4 veces
mayor en trabajadores que se encargan del control aéreo que en otros de la misma
rama, pero con menor responsabilidad.3

La confrontación es una estrategia ineficaz para hacer frente al estrés, que implica
un cierto grado de hostilidad y agresividad, que hace que se agrave la situación y
actúa como factor de riesgo que puede conducir al incremento de los niveles de
presión arterial, lo cual está muy relacionado con la ira, que puede hacer, al igual
que la ansiedad y a la depresión, a los individuos más vulnerables a desarrollar
problemas cardiovasculares y/o contribuyen a agudizar la enfermedad en quienes ya
la padecen. El mecanismo fisiológico implicado en la relación entre el complejo ira-
hostilidad y los trastornos cardiovasculares podría ser la hiperactivación de los ejes
simpático-adrenomedular y adenohipofisario-adrenocortical; parece ser, que tanto la
alta activación puntual como la hiperactivación mantenida de estos ejes son las
responsables de que los sujetos hostiles tengan una mayor incidencia de
enfermedades coronarias.4

Ante una situación concreta de estrés, en el sistema cardiovascular se producen


una serie de cambios químicos característicos, mediados por la activación del
sistema nervioso simpático. Estos cambios incluyen el incremento de la frecuencia
cardíaca y la constricción de las arterias principales (envueltas en pequeñísimos
músculos circulares inervados por esta rama del sistema nervioso autónomo), lo que
provoca un inevitable aumento de la presión arterial. En particular, las arterias del
sistema mesentérico que canalizan la sangre al tracto digestivo, así como las que
suministran sangre a los riñones y a la piel, se constriñen, lo que facilita el aporte
sanguíneo a la musculatura y al cerebro. Por otra parte, la vasopresina u hormona
antidiurética secretada por el hipotálamo vía hipófisis posterior, hace que los riñones
frenen la formación de orina, lo cual provoca una disminución de la eliminación de
agua, efecto que aumenta el volumen sanguíneo y también la presión arterial.3

En resumen, los mecanismos responsables del aumento de la presión arterial por


el estrés son los siguientes:
1) en el aparato cardiovascular el estrés determina un incremento del gasto
cardíaco por aumento de la frecuencia cardíaca. No se producen cambios en las
resistencias periféricas totales, aunque sí en los flujos regionales, con aumento de la
perfusión en el sistema muscular esquelético, corazón y cerebro, y descenso en las
áreas esplácnica y renal.
2) el aumento observado en la frecuencia cardíaca (FC) se acompaña de un
incremento significativo y paralelo de adrenalina y noradrenalina. También hay datos
que demuestran que el estrés provoca la activación del sistema renina-angiotensina-
aldosterona, así como aumentos de la ACTH, cortisol y vasopresina. Estas
respuestas hormonales pueden contribuir al aumento de las cifras de PA inducido
por estrés.
3) Finalmente, también el sistema nervioso central y el periférico han sido
implicados en la cascada de acontecimientos que determinan el aumento de la PA
ante situaciones de estrés3

Además de los mecanismos psicofisiológicos que evidencian una relación directa


del estrés con la HTA, hay otra razón por la cual se relaciona indirectamente con la
hipertensión arterial: el efecto interactivo del estrés con hábitos y conductas de
riesgo, como son el consumo de cafeína, tabaco y alcohol, la obesidad, el
sedentarismo y otros.3

Metodología

Se realizó una exploración en internet a través del buscador Google Académico en


busca de artículos bajo las siguientes palabras clave: Hipertensión, Adrenalina,
Estrés, Nerviosismo, Factores de riesgo.
Se obtuvieron 5 artículos que fueron seleccionados de a cuerdo a los siguientes
criterios: Titulo, Resumen, Fecha de publicación, Palabras clave, Objetivos

Posteriormente se realizó un análisis integral de los artículos encontrados con el fin


de extraer la información relevante para la elaboración de este articulo final

Conclusión:

Existen pruebas suficientes para relacionar directamente al nerviosismo y estrés


con la elevación de la presión arterial, aunque es necesario aclarar que la
hipertensión arterial es una patología multicausal que los individuos responden al
nerviosismo de maneras diferente dependiendo de la predisposición de cada uno a
tener hipertensión, ya sea por causas hereditarias como por su estilo de vida
sedentaria, con hábitos de tabaquismo, exceso de café, alcohol y otros

Referencias:

1. Molerio Pérez Osana, García Romagosa Georgina. Influencia del estrés y las
emociones en la hipertensión arterial esencial. Rev cubana med [Internet].
2004 Jun [citado 2019 Jun 03] ; 43( 2-3 ). Disponible en:
http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-
75232004000200007&lng=es.

2. Costa de Robert, S, Barontini, M, Forcada, P, Carrizo, P, Almada, L. Estrés


psicosocial y baja resiliencia, un factor de riesgo de hipertensión arterial. Revista
Argentina de Cardiología [Internet]. 2010;78(5):425-431. Recuperado de:
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=305326948013

3. Molerio Pérez Osana, Arce González Manuel Antonio, Otero Ramos Idania,
Nieves Achón Zaida. El estrés como factor de riesgo de la hipertensión arterial
esencial. Rev Cubana Hig Epidemiol [Internet]. 2005 Abr [citado 2019 Jun 03]
; 43( 1 ). Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1561-
30032005000100007&lng=es.

4. Rodríguez-San-Pedro L, Alfonso-Hernández C, Valladares-González A,


Pomares-Alfonso J, López-Angulo L. Estrés y emociones negativas en adultos
medios con hipertensión arterial esencial. Revista Finlay [revista en Internet]. 2018
[citado 2019 Jun 3]; 8(1):[aprox. 9 p.]. Disponible
en: http://www.revfinlay.sld.cu/index.php/finlay/article/view/484
Bibliografía

A. Dr. Santos Casado Pérez. Hipertensión arterial. En: Antonio Lopez Farré, Carlos
Macaya Miguel. Libro de Salud Cardiovascular del Hospital Clínico San Carlos y la
Fundacion BBVA 1° ed. Bilbao: Fundacion BBVA. 2009. Editorial Nerea S.A.