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MODOS DE G. K. CHESTERTON Ha muerto (ha padecido ese proceso impuro que se llama morir) el hombre G. K. Chesterton, el saludado caballero Gilbert Keith Ches terton: hijo de tales padres que han muerto, cliente de tales abogados uefio de tales manuseritos, de tales mapas y de t les monedas, duefio de tal enciclopedia sedosa y de tal bastén con la contera un poco gas tada, amigo de tal Arbol a, de tal rio, Quedan las earas de su fat quedan sus proyeecione inmortales, que estudiaré, Empiezo por la mis divulgada en esta repibliea: CHESTERTON, PADRE DE LA IGLESIA, tiendo que para muchos ar gentinos, el auténtico es ese Chesterton. Desde luego, el mero espec- fliculo de un catélivo civilizado, de un hombre que prefiere la persue: sién a la intimidacién y que no amenaza a sus contendores con el brazo seglar 0 con el fuego péstumo del Infierno, compromete mi gra- titud. ‘También, el de un catélico liberal, el de un creyente que no toma su fe por un método sociolégieo. (Is el caso de repetir 1a buena humorada de Macaulay: Hablar de gobicrnos esencialmente protestan- tes 0 fundamentalmente eristianos es como hablar de wn modo do hacor compotas esencialmente protestante 0 de una equitacién fundamental- mente catdlica). Se me recordaré que en Inglaterra no hay el eato licismo petulante y autoritario qu — heeho y padece nuestra repiiblie 48 — que anula o disminuye los méritos de 1a urbanidad polémica del Ever: lasting Man 0 de Orthodoxy. Acepto la enmienda, pero no dejo de apreciar y de agradecer esos corteses modales de su dialéetiva, Otro evidente agrado: Chesterton recurre a la paradoja y al Aumour en sa vindicacién del eatolicismo. Eso importa invertir una tradicién, erigida por Swift, por Gibbon y por Voltaire. Siempre el ingenio habia sido movilizado contra la Iglesia. EI hecho no es’ ea- sual. La Iglesia — para decirlo eon palabras de Apollinaire — re- Presentaba el Orden; Ia Incredulidad, la Aventura, Mis tarde — para decirlo con palabras de Browning’, si se quiere, del charlatin de sobremesa Sylvester Blougram — Canjeamas, a fuerza de negaciones, una vida piadosa con sobresaltos de ineredulidad por una vida ineré. dula con sobresaltos de fe. Antes deciamos que él tablero era Blan: co; ahora que es negro... Ta obra apologétiea de Chesterton corres: ponde precisamente a ese canje. Desde un punto de vista controver- sial, corresponde demasiado preeisamente, La certidumbre de que nin- gnna de las atraceiones del eristianismo puede realmente competir con su desaforada inverosimilitud es tan notoria en Chesterton, que sus mis edificantes apologias me reeuerdan siempre el Elogio de la Iveura © El asesinato considerado como una de las bellos artes. Ahora diet esas defensas paradgjieas de causas que no son defendibles, requieren auditores convencidos de la absurdidad de esas causas, A un asesino consecuente y trabajador, EU asesinato considerado como una de las bellas artes no le haria gracia., Si yo ensayara una Vindicacién del ca: nibalismo y demostrara que es inocente consumir carne humana, puesto que todos los alimentos del hombre son, en potencia, carne humana, ningéin canfbal me concederia una sonrisa, por risuefio que fuera. ‘Temo que a los sinceros catdlicos les suceda algo parecido con los vastos juegos de Chesterton. ‘Temo que les moleste su ademin de ocu- —49 rrente defensor de causas perdidas. Su tono de bromista cuyo honor est en razin inversa de la verdad de los hechos que afirma. el eristianismo de Chesterton es orginicos Chesterton no repite una férmula con temor evidente de equivocarse; Chesterton esté eémodo, De ahi, su empleo casi nulo del dialecto es- eolistico, Es, ademés, uno de los pocos eristianos que no sélo ereen en el Cielo, sino que estan interesados en él y que abundan, a su res- peeto, en inquietas conj y previsiones. EL hecho es inusual No olvidaré la visible incomodidad de cierto grupo de eatélicos, una tarde que Xul-Solar habl6 de angeles y de sus costumbres y formas. Chesterton — ;quién lo ignora? — fué un incomparable inventor de cuentos fantésticos. Desgraciadamente, procuraba educirles una moral y rebajarlos de ese modo a meras parébolas. Felizmente, nunca Jo conseguia del todo. Cunsrentox, Nanravor pouiciaL, Edgar Allan Poe escribié cuen tos de puro horror fantastico 0 de pura bizarrerie; Edgar Allan Poe fu6 inventor del enento policial. Ello no es menos indudable que el hecho de que no combin6 jamais los dos géneros. Nunea invoed el so- corr del sedentario caballero francés Augusto Dupin (de la rue Du not) para determinar el erimen preciso del Hombre de las Multitudes © para elucidar el modus operandi del simulacro que fulmin6 a los eortesanos de Préspero, y aun a ese mismo dignatario, durante la fa mosa epidemia de la Muerte Roja. Chesterton, en Ins diversas narra eiones que integran la quintuple Saga del Padre Brown y las de Ga- briel Gale el poeta y las del Hombre Que Sabia Demasiado, ejecuta, siempre, ese tour de force. Presenta un misterio, propone una acla racién sobrehatural y la remplaza luego, sin pérdida, con otra de este mundo. Sus didlogos, su modo narrativo, su definieién de los perso 50— najes y los lugares, son exeelentes, Ello, naturalmente, ha. bastado para que lo acusen de “literatura”. ;Aciaga acusacién para un lite- rato! Oigo de muchas boeas la leyenda de que Chesterton, si se quiere, eseribe con mas decoro que Wallace, pero que éste armaba mejor sus intolerables enredos. Prometo a mi lector que estin mintiendo los que tal cosa dicen y que el octavo eireulo del Infierno sera su domici- lio final. En los relatos policiales de Chesterton, todo se justific los episodios mis fugaces y breves tienen proyeceién ulterior. En uno de los euentos, tn desconoeido acomete a un desconocido para que no lo embista un camién, y esa violencia necesaria pero alarmante, prefigura su acto final de declararlo insano para que no lo puedan eje- cutar por un erimen, En otro, una peligrosa y vasta conspiracién integrada por un solo hombre (con socorro de barbas, de caretas y de seudénimos) es anuneiada con tenebrosa exaetitud en el distico: As all. stars shrivel in the single sun, The words are many, but The Word is one que viene a descifrarse después, con permutacién de mayfisculas: The words are many, but the word is Ono. En un tereero, la maquette inicial — la meneién eseueta de a indio que arroja su euchillo a otro y lo mata — es el estrieto rev del argumento: un hombre apuiialado por su amigo eon una flecha, en lo alto de una torre. Cuchillo volador, flecha que se deja empu- fiar... En otro, hay una leyenda al principio: Un rey blasfematorio levanta con el socorro satinieo una torre sin fin. Dios fulmina la torre y hace de ella un pozo sin fondo, por donde se despefia para siempre el alma del rey. Esa inyersién divina prefigura de algtin modo Ia silenciosa rotacién de una biblioteca, con dos tacitas, una de café envenenado, que mata al hombre que la habla destinado a su huésped. (En cl nfimero 10 de Sux, he intentado el estudio de las —st innovaciones y de los rigores que Chesterton impone a la téeniea de Jos relatos policiales) Cumsrentox, mscerror, Me consta que es improcedente sospechar } © admitir méritos de orden literario en un hombre de letras. Los eri | tieos realmente informados no dejan nunca de advertir que lo més ' prescindible de un literato es su literatura y que és e s6lo puede in teresarles como valor humano — jel arte es inhumano, por consi. guiente? —, como ejemplo de tal pais, de tal fecha o de tales enfe medades. Harto incémodam: ! | para mf, no puedo compartir esos | intereses. Pienso que Chesterton es uno de los primeros eseritores de nuestro tiempo y ello no s6lo por su venturosa invenciéu, por su imaginacién visual y por Ia felicidad pueril o divina que traslucen to: das sus péginas, sino por sus virtudes por sus puros méritos de destreza. Quienes hayan hojeado la obra de Chesterton, no pre- a ical cisarfn mi demostracién; quienes la ignoren, pueden recorrer los ti- tulos siguientes y percibir su buena economia verbal: El asesino mo derado, El oréculo del perro, La ensalada det coronel Cray, La fulmi- nacién det libro, La vengansa de la estatua, Kl dios de tos gongs, EL hombre con dos barbas, EL hombre que fué jucves, El jardin de humo, | En aquella famosa Degoncracién que tan buenos servicios presté como antologia de los escritores que denigraba, el doctor Max Nordau pon- dera los titulos de los simbolistas franceses: Quand les violons sont partis, Les palais nomades, Les illuminations, De acuerdo, pero son poco 0 nada incitantes. Poeas personas juzgan necesario o agradable el conocimiento de Les palais nomades; muchas, el del Oréculo det perro, Claro que en el estimulo peculiar de los nombres de Chesterton obra nuestra concieneia de que esos nombres no han sido invoeados en vano. Sabemos que en los Palais nomades no hi 52— sabemos que The oracle of the dog no careceré de un perro y de un oréculo, 0 de un perro eonereto y oracular. Asi también, el Espejo de magistrados que se divulg6 en Inglaterra hacia 1560, no era otra cosa que un espejo alegérico; el Kspejo del magistrado de Chesterton, nombra un espejo real... Lo anterior no quiere insinuar que algunos titulos ms o menos parddicos den la medida del estilo de Chesterton. Quiere decir que ese estilo es omnipresente. algin tiempo (y en Espafia) hubo la distraida costumbre de equiparar los nombres y la labor de Gémez de la Serna y de Chester- ton, Esa aproximacién es del todo inittil. Los dos pereiben (0 re- gistran) con intensidad el matiz peeuliar de una casa, de una luz, de una hora del dia, pero Gémez de la Serna es caético. Inversamente, la limpidez y el orden son constantes en las publicaciones de Ches- terton, Yo me atrevo a sentir (segin la £6rmula geogrifiea de M. Taine) peso y desorden de neblinas briténieas en Gémez de la Serna y claridad latina en @. K. CrsreRron, Ponta. Hay algo més terrible y maravilloso que ser devorado por un dragén; es ser un dragén. ‘Hay algo més extrafio que ser un dragén: ser un hombre, Esa intuicién elemental, ese arre- bato duradero de asombro (y de gratitud) informa todos los poemas de Chesterton, Su error (si es que Io tienen) es el haber sido planeados cada uno como una suerte de justificacién o paribola, Han sido eje- ceutados con esplendor, pero se nota demasiado en ellos el argumento. Se nota demasiado la distribueién, el andamio, Alguna yez, alguna rara ver, hay un eco de Kipling: You have weighed the stars in a balance, and grasped the skies in a span: Take, if you must have answer, the word of @ common man. —58 Creo, sin embargo, que Lepanto es una de las paginas de hoy que las generaciones del futuro no dejarén morir. Una parte de vanidad suele incomodar en las odas heroicas; esta celebracién inglesa de una vietoria de los tereios de Espafia y de la artilleria de Italia no corre ese peligro. Su misica, su felicidad, su mitologia, son admirables. Bs una pfigina que conmueve fisicamente, como la cercania del mar. JORGE LUIS BORGES