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Educación para el desarrollo rural sustentable

Muchas veces ni se considera que la pobreza rural sea una variable dependiente
del analfabetismo, la cultura y la religión. Factores como la desnutrición, la
mortalidad infantil, el poco acceso a servicios básicos como el agua y los bajos
niveles educativos, limitan el desarrollo en el área rural.

A mediados del siglo pasado, el estado benefactor impulsaba la cobertura de


servicios públicos para apoyar la agricultura, educación y salud. Se apoyó
fuertemente la extensión agrícola, la educación sanitaria en el sector rural y la
educación audiovisual, en establecimientos escolares.

En cuanto a la educación rural, se aplicaban estrategias pedagógicas innovadoras


cifradas principalmente en el uso de técnicas audiovisuales. A mediados de la
década de 1990 la mayoría de instituciones estatales como la Dirección General
de Servicios Pecuarios –DIGESEPE-, el Banco de Desarrollo Agrícola –
BANDESA- y la Dirección General de Extensión Agrícola –DIGESA-, entre otros
desaparecieron y los agricultores se quedaron sin mayor instrucción debido al
discurso que debían ser más “competitivos” y dejar a un lado el paternalismo del
Estado, pues había que ser más competitivos.

Con el cambio de modelo de desarrollo entre las décadas de 1980 y 1990 se


empezaron a debilitar las acciones área el desarrollo de la agricultura rural en
Guatemala.

La educación influye enormemente en el cambio social, económico y cultural de la


población rural, por lo que organizaciones internacionales enfocan sus esfuerzos
para lograr los objetivos trazados a principios de este siglo y la pobreza.

Desde finales de 2009, en Guatemala el Ministerio de Agricultura, Ganadería y


Alimentación –MAGA- trata de impulsar el sistema de extensión agrícola que
busca cubrir el vacío que dejo hace más de 15 años DIGESA, con el objetivo de
solucionar problemas comunes en la agricultura de bajo rendimiento y
adaptabilidad al cambio climático.

Las debilidades e ineficiencias de las instituciones educativas en el país, pueden


ser corregidas en la medida que los propios profesores y extensionistas tomen
conciencia y se humanicen con el sector rural. Esfuerzos mayores para impulsar el
desarrollo a través de la educación son necesarios pues la educación es pilar
fundamental para el desarrollo rural.

Es importante establecer que la educación por sí sola no es capaz de generar


desarrollo, pero tampoco una sociedad podría desarrollar sin un programa
adecuado de educación. Las generaciones jóvenes son clave para el desarrollo
rural como fuente de información que se actualizan frecuentemente en los salones
de clase a través de programas como la Telesecundaria y los centros educativos
nacionales.
La educación debe ser parte de la cultura rural y para la educación exige la
formación de una sociedad rural con actitudes individuales y colectivas
emprendedoras con grado de participación y dinamización. La educación para el
desarrollo rural también necesita basarse en un enfoque pedagógico bajo una
perspectiva ciudadana y democrática que promueva reflexiones y acciones para
contribuir a la transformación social.

PARTICIACION SOCIAL PARA EL DESARROLLO RURAL SUSTENTABLE

La participación social debe de generar capacidad de organización que conlleve a


la gestión de procesos de interés de una comunidad y que a la vez se transformen
en actores sociales definidos por su acción e incidencia en el aprovechamiento y
generación de oportunidades para la mejora de las condiciones de vida en una
colectividad.

Dentro del territorio rural debe existir una interacción de los grupos y actores
sociales regulados por normas e instituciones de carácter local y nacional para
tomar decisiones sobre el acceso y manejo de los recursos naturales.

La participación social debe cimentarse en un red duradera de relaciones más o


menos institucionalizadas de reconocimiento mutuo, lo que le llama a tener una
pertenencia de grupo con propiedad común. Incrementar la participación
organizada de los productores rurales debe ser una prioridad en el área rural. Lo
participativo es un proceso basado en el conocimiento de la realidad para unificar
esfuerzos destinados a la búsqueda colectiva de satisfactores comunes que
pueden ser, la educación, la capacitación, la mejora de ingresos y la protección de
su ambiente entre otros.

La participación social ya no debe verse como una herramienta para obtener un


fin, sino como una herramienta de diseño y planificación de desarrollo rural, para
traducirlo en la construcción de mejores condiciones de vida, trabajo dignidad de
una sociedad o comunidad. La participación social en el diseño de políticas no
debe ser más un acto meramente de consulta y de movilización de masas con
fines políticos, sino de intervención directa. Una estrategia de participación
democrática para diversificación rural y el mejoramiento productivo será tomar el
modelo exitoso de comunidades organizadas, comprometidas y con reglas bien
establecidas, lo que guiará el camino hacia el desarrollo sustentable.

El desarrollo rural debe partir de la participación social para cambiar una realidad,
pues es la población la que debe impulsar su propio desarrollo, una sociedad bien
organizada participa activamente desde lo local, identificando problemas sobre
aspectos económicos, sociales, culturales y ambientales que permitan una
planificación de proyectos de desarrollo.

La participación social para el desarrollo rural es una propuesta viable para


afrontar la crisis de la modernidad construyendo de esa manera un real futuro
común y no las promesas que el libre mercado ha dado como la PANACEA del
progreso. Se debe de plantear otras estrategias de desarrollo rural, una de ellas es
la gestión de cuencas y microcuencas hidrográficas pues aborda el manejo y
aprovechamiento de recursos naturales con la finalidad de conservarlos y
protegerlos por medio de la participación social.

El desarrollo rural será sustentable si y solo si, existe una construcción social con
participación de los distintos actores.