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LA INFLUENCIA DE LA TECNICA

MODERNA EN EL DERECHO PRIVADO 1


por el Dr. Roberto Goldschmidt.

El tema de esta primera reunión es “ La influencia de la


técnica moderna en el Derecho Privado” . Los organizadores de
las Jornadas han fijado para las demás reuniones tres subtemas,
dos de los cuales tienen por objeto problemas de la unificación
y de la armonización de los derechos. En tales reuniones se quie­
re estudiar, evidentemente, el papel de la técnica como factor
favorable a la unificación o armonización, con particular refe­
rencia a esta parte del continente. Al tratar hoy el tema general,
voy a referirme también, no sólo incidentalmente, a la unifica­
ción legislativa. Me propongo hacer, principalmente, algunas bre­
ves observaciones acerca de los aspectos negativos de la técnica
en relación al desarrollo del derecho privado, aspectos que, desde
el punto de vista de la unificación legislativa, pueden fundar la
tesis de que las convenciones internacionales tendientes a tal fin
van a tener por objeto, en el futuro, de manera siempre más

1. Del 3 al 5 de noviembre de 1960 se realizaron en Buenos Aires las


Primeras Jomadas Latinoamericanas de Derecho Privado, organiza­
das por la Asociación Argentina de Derecho Privado. El tema general
de las Jornadas fue La influencia de la técnica moderna en el Derecho
Privado. Se discutieron, también, tres subtemas: La unificación legis­
lativa en América Latina; La familia y la técnica actual; El mercado
común y su influencia eá el Derecho Privado. Simultáneamente hubo
una reunión de los directores de los institutos de derecho privado para
tratar lo referente a la Secretaría del Instituto Latinoamericano de
Derecho Comparado. El suscrito, que fue uno de los invitados a par­
ticipar en las Jornadas, no pudo asistir al último momento por razones
de fuerza mayor. Se reproduce a continuación el texto de la interven­
ción que había preparado en relación al tema general. Ella puede servir
a la vez como comentario bibliográfico de la reciente publicación de
Hans Huber, Das Recht im technischen Zeitalter, Verlag Paul Haupt,
Bem , 1960.
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acentuada, la introducción de normas comunes de derecho pú­


blico, en vez de normas de derecho privado. Por otra parte, sin
embargo, ante las conocidas dificultades de llegar a acuerdos
internacionales sobre problemas del derecho público interno,
aquellos aspectos podrían aun constituir, en casos determinados,
un obstáculo a la unificación legislativa.

En un reciente discurso leído por el profesor Hans Huber,


al asumir las funciones de Rector de la Universidad de Berna
(Suiza), intitulado “ El derecho en el siglo técnico” , el orador ha
tratado de la influencia de la técnica, en el sentido de la técnica
dominadora de la naturaleza, sobre el derecho, a saber, sobre
el derecho en general y no especialmente en relación al derecho
privado. Su exposición, vista por un estudioso del derecho pri­
vado, evidencia que esa influencia pone en peligro las bases de
la regulación tradicional de determinadas materias de derecho
privado y, más aún, origina nuevas materias en que los elemen­
tos de derecho privado ya no prevalecen. En efecto, la base para
la regulación de una materia dentro del derecho privado es el
reconocimiento del valor propio del individuo y de las facultades
de éste de desarrollar su propia personalidad. Pero en la técnica
vive, como se ha dicho, una voluntad de poder, en principio, ilimi­
tada, a saber, no restringida por puntos de vista de valores. En
otras palabras, la técnica lleva esencialmente a un despotismo
más o menos fuerte en la vida social, o sea, para expresar este
pensamiento en términos jurídicos, a determinadas regulaciones
de derecho público. En este sentido, sobre todo, el derecho de
las nuevas ramas jurídicas, producto del desarrollo técnico y de
la industrialización, es esencialmente favorable a un orden re­
glamentado y burocrático. Se han citado como ejemplos el de­
recho de las patentes de invención, el derecho de los ferrocarri­
les, automóviles y de la aviación; el derecho de las emisiones de
radio y televisión y de su recepción; los nuevos seguros obliga­
torios relacionados con nuevas responsabilidades por riesgo o
causales; la penetración de la química y de la técnica en el dere­
cho de la agricultura; el derecho de aguas; el derecho del tra­
bajo; el derecho de las agrupaciones industriales; el derecho
de las empresas de suministro, etc., etc.
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Por otra parte, aun en materias tradicionalmente civiles por


excelencia, la técnica cambia totalmente el fundamento de la
regulación. P. ej., a las disposiciones en materia de vecindad
sobre ruidos molestos comienza a faltar la base, a causa de los
ruidos hoy generalmente admitidos en la vía pública y aun en
el aire, originados justamente por el desarrollo de la técnica. En
el derecho de familia puede pensarse en los problemas alrededor
de la inseminación artificial. Pero aun sin tratar ese caso extre­
mo, el desarollo técnico ha aumentado las posibilidades de la mu­
jer fuera del hogar y del marido dentro del hogar, lo que, nece­
sariamente, repercute en las regulaciones jurídicas, como se va
a discutir dentro del segundo subtema de estas Jornadas.
La técnica esquematiza y uniforma, lo que significa que no
toma en consideración lo individual, lo humano. Esta circuns­
tancia que, por cierto, facilita la unificación legislativa, produce
en un estado federal una tendencia hacia la centralización, a
saber, las soluciones de los nuevos objetivos estatales vinculados
a los progresos de la técnica, industrialización, intensidad del
tránsito, ponen en juego el régimen federal mismo. Por otra parte,
ese proceso no admite soluciones de equidad, contrariamente al
pensamiento jurídico tradicional. De tal manera, el derecho y,
en particular, el derecho privado empobrece y el papel del ju ­
rista en la elaboración de las normas jurídicas llega a ser el de
un servidor de la técnica.
Es verdad que las consideraciones jurídicas que una ley
inspiran, aun cuando se apoyen estrechamente en lo técnicamente
dado, se fundan en determinadas valoraciones. Así, la invención
técnica aun no indica el contenido de una justa regulación de la
responsabilidad por el riesgo nuclear. No obstante, Huber, en el
discurso citado, plantea la cuestión de si, dentro de la total es­
tructura del ser del derecho, justamente la técnica no constituye
el campo en que se hace valer una “ naturaleza de la cosa” tan
imperiosa y tan imponente que casi obliga a capitular al derecho
y a la realización del derecho; en otras palabras, si, a menudo,
sólo podrá mantenerse la función inferior del derecho, o sea la
de ordenar, indiferente a los valores.
El derecho, y especialmente el derecho privado, requiere la
estabilidad. El establecimiento de un orden social no es posible
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cuando las normas jurídicas cambian continuamente y no pueden


entrar en la conciencia de los hombres. La revolución permanente
es contraria a la esencia del derecho. Por el contrario, la técnica
tiene un carácter dinámico y el cambio continuo de las condicio­
nes de vida que ella origina se refleja en el derecho en normas
redactadas con precipitación, de duración limitada e inspiradas,
no en principios fundamentales, sino en necesidades del momen­
to. No es casual que las fuerzas revolucionarias en nuestra épo­
ca sean asimismo las más grandes adoradoras de la técnica.

Mencioné ya que las soluciones jurídicas requeridas por el


desarrollo de la técnica dejan poco margen para la aplicación
de principios de equidad. Este aspecto puede aún profundizarse
al pensar que nuestro derecho privado tradicional toma amplia­
mente en consideración principios m orales; es suficiente señalar
la trascendencia del principio de la buena fe. En cambio, en lo
relativo al obrar técnico, consideraciones morales no interesan.
El derecho tocado por la técnica se inspira únicamente en de­
terminadas finalidades materiales y se aparta, como se ha dicho,
del centro de gravitación ético del derecho.

Una de las instituciones básicas del derecho privado es la


propiedad. Sabemos todos que ya no se puede usar libremente
la propiedad — acaso nunca se ha podido hacer— y que existen
determinadas limitaciones en razón de intereses sociales. No
obstante, las planificaciones modernas en materia de edificación
y de utilización del espacio no tienden, como destaca Huber, úni­
camente a establecer tales límites sino que para ellas el núcleo
mismo del derecho, a saber, la libre disposición y el goce del
propietario, junto con la tradición familiar y profesional, cons­
tituye sólo un obstáculo molesto.

Los progresos de la técnica hacen la vida siempre más pe­


ligrosa. El derecho se inclina a hacer responsables, por los da­
ños causados a las personas y aun a las cosas, a las personas
jurídicas o naturales que utilizan los productos de la técnica
causantes de peligro, aun cuando no hubiesen incurrido en culpa
ninguna. Por consiguiente, estas personas sólo utilizarán tales
productos contrayendo un seguro que las libere del riesgo del
cual responden. Así, el derecho, por los intereses del perjudicado,
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se adapta a la técnica, pero, según una formulación muy ade­


cuada, se aparta de las características del obrar humano res­
ponsable. En ciertos casos, ni siquiera el camino indicado es
viable y se tiene que recurrir, como en el caso del riesgo nuclear,
a una responsabilidad subsidiaria del Estado. Por otra parte,
hay nuevos fenómenos técnicos que ponen incluso en duda la
posibilidad de aplicar una responsabilidad establecida por ries­
go. Así, en Suiza, el caso del choque de automóviles causado por
una perturbación de origen técnico en el funcionamiento de las
señales automáticas del tránsito, ha dado lugar a la propuesta
de introducir una responsabilidad especial de derecho público
por tales semáforos.

En razón del desarrollo técnico y de la introducción subsi­


guiente de muchas responsabilidades por riesgo, los casos de
la responsabilidad por culpa quedan siempre más reducidos en
la práctica. Por lo tanto, los problemas relacionados con tal res­
ponsabilidad pierden interés aunque los teóricos no siempre re­
conocen esta situación, p. ej., en un reciente congreso científico
en Alemania, propusieron como tema central la posibilidad de
limitar y reducir en determinados casos la responsabilidad por
actos ilícitos culposos. Por otra parte, se vuelve ilusoria toda
legislación aislada sobre la responsabilidad civil sin planteo si­
multáneo de los problemas del seguro. El resultado de las con­
sideraciones del legislador será, a veces, la introducción de un
seguro por accidentes, en vez de un seguro de la responsabilidad
civil y la limitación correspondiente de la responsabilidad; será,
a veces, la introducción de un seguro social en vez de un seguro
de derecho privado. En fin, la magnitud de los daños posibles,
que pueden producirse más allá de las fronteras del Estado en
que el acontecimiento perjudicial se origina, así, vgr., en mate­
ria nuclear, podrá hacer oportuna la unificación legislativa.

Al considerar todos esos fenómenos debe concluirse que


Huber dice sólo una verdad a medias cuando señala, entre las
instituciones jurídicas tradicionales que hubiesen podido exten­
derse sin cambio de normas al mundo técnico, la indemnización
por actos ilícitos, por poder ser el obrar técnico tan culposo
como toda otra conducta.
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Las invenciones técnicas afectan, a menudo, a la dignidad


del hombre. Los problemas planteados que, vgr., en el proceso
penal, así en lo relativo al detector de mentiras, desempeñan
un gran papel, repercuten, asimismo, sobre el derecho privado.
Las tentativas legislativas recientes en muchos países, p. ej.,
en Venezuela o en la República Federal de Alemania, de dar una
mayor protección a la personalidad humana, especialmente a su
vida privada, constituyen en gran parte una reacción frente a
las modernas conquistas técnicas que facilitan las intromisiones,
p. ej., los instrumentos secretos para oir una conversación o
para grabarla en una cinta, etc.

Igualmente, los proyectos internacionales de proteger, de


manera análoga, a los autores, a los artistas ejecutantes, se ex­
plican por los procesos técnicos que posibilitan grabar sus ac­
tuaciones aun contra su voluntad en discos u otros portadores
de sonidos, repetirlas mediante tales instrumentos numerosas
veces y hacerlas accesibles por medio de radio y televisión a un
número ilimitado de personas. No tengo que mencionar que las
conquistas técnicas han obligado a numerosas modificaciones
de la legislación sobre el derecho de autor, materia predilecta de
los unificadores.

Otro aspecto que en el derecho privado, en verdad, hasta


ahora se manifiesta menos que en el derecho administrativo, pero
que en él tampoco falta, p. ej., en las disposiciones sobre deter­
minadas responsabilidades civiles, es la penetración de muchas
denominaciones y conceptos técnicos en el lenguaje jurídico que
los utiliza sea por conceptos generales empíricos, sea aun por
conceptos jurídicos ordenadores. No obstante, ciertos conceptos
tradicionales pueden aún servir para dar form a jurídica a los
efectos sociales de la técnica, así la propiedad y el contrato. Sin
embargo, aunque el derecho habla de la propiedad de una socie­
dad anónima respecto de las fábricas que forman parte de su
hacienda comercial, en la realidad el carácter de tal propiedad,
en parte por ser el titular del derecho una persona jurídica, en
parte y sobre todo por el predominio de los administradores (ma-
nagers), es bien distinto del tradicional.
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He señalado sólo ciertos aspectos de la influencia de la téc­


nica sobre el derecho privado, dejando fuera la influencia den­
tro de otras materias, p. ej., dentro del derecho internacional
público; allí tal influencia se muestra, vgr., en las recientes as­
piraciones de muchos Estados de ampliar las aguas territoriales,
en razón de los nuevos métodos técnicos de la pesca tendientes
a una explotación total del mar.
Piénsese, también, en los problemas relativos a la extensión
de la soberanía estatal en el espacio aéreo y a la ocupación de
la luna por un Estado.
En conclusión, lo dicho acerca de las relaciones entre la
técnica y el derecho privado hace ver que los progresos de la
técnica y el fortalecimiento del orden social son cosas bien di­
ferentes. El Estado administrador, cuyo origen y desarrollo es­
tán íntimamente relacionados con los de la técnica, con su acti­
vidad intervencionista, poco favorable a la libertad, se inclina
a ver en el derecho sólo un medio para gobernar eficazmente.
El Estado de derecho que, conforme a un postulado elemental
del derecho, tiende a combatir la concentración excesiva de un
poder social irresponsable en determinados grupos sociales, tie­
ne que hacer frente al fenómeno de que, gracias a la técnica,
tales grupos se adueñan siempre más de los medios para dirigir
los hombres y ejercer su influencia y poder sobre ellos.
Termino con la frase de Huber de que la técnica tiene la
culpa de que en los regímenes políticos totalitarios la falta de
una unión libre y la ausencia de la autoridad del Estado, pueden
ser reemplazadas tan “ exitosamente” por la ocupación de las es­
taciones de radio y por los tanques.