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Tema 3
EL ARTE PALEOCRISTIANO-BIZANTINO

1. ARTE PALEOCRISTIANO
1.1. Contexto histórico del arte paleocristiano.
1.2. Las catacumbas.
1.2.1.- Orígenes, función y estructura.
1.2.2.- La pintura. Simbología y escenas.
1.3. La cristianización de la basílica.

2. EL ARTE BIZANTINO
2.1. Contexto histórico del arte bizantino.
2.2. Los edificios bizantinos y la cúpula: Santa Sofía.
2.3. La decoración musivaria.
2.3.1.- San Vital. (Rávena)
2.3.2.- San Apolinar. (Rávena)
2.3.3.- La crisis crisis iconoclasta
2.3.4.- Nuevos temas iconográficos

1. EL ARTE PALEOCRISTIANO

1. Contexto histórico del arte paleocristiano.


El arte paleocristiano es un estilo artístico que se desarrolla durante los cinco primeros siglos de nuestra
era, desde la aparición del Cristianismo durante la dominación romana (siglo I d. C.), hasta la invasión de los
pueblos bárbaros (siglo V d. C.).
En Occidente, Roma es el centro y símbolo de la cristiandad, y es en ella donde se producen las primeras
manifestaciones artísticas de los primitivos cristianos o paleocristianos, recibiendo un gran influjo del arte romano
tanto en la arquitectura como en las artes figurativas.
En el arte paleocristiano se distinguen dos periodos:
 Antes del año 313:
El cristianismo era una religión perseguida. Hasta esta fecha, se suceden periodos de tolerancia con
grandes persecuciones como las de Nerón (año 64 d. C.), Domiciano (81-96 d. C.) o Marco Aurelio (165
d. C.).
 Después del año 313:
- En el 313, el emperador Constantino firma el Edicto de Milán, por el que el cristianismo es
reconocido como religión oficial.
- En el año 380 el emperador Teodosio convierte el cristianismo en religión única y se persigue al
paganismo. Sin embargo con la llegada al poder del emperador Juliano el Apóstata, se legaliza de nuevo el
paganismo y se prohíbe el cristianismo. Se trata tan sólo de un paréntesis, porque a la muerte de este
emperador, termina para siempre el paganismo y el cristianismo se convierte en la religión oficial del
imperio.

1. 2. Las catacumbas.
1.2.1. Orígenes, función y estructura.
El origen de las catacumbas se encuentra en los arenarios que habían
perforado los zapadores romanos en el subsuelo de la ciudad para extraer materiales de
construcción. Cuando se agotaban y abandonaban, los cristianos aprovechaban estas
canteras, transformándolas en cementerios y añadiendo nuevos túneles. El resultado es
un laberinto de estrechas galerías, anárquicamente trazadas, que reciben el nombre de
criptas.
Por tanto, las catacumbas eran lugares de enterramiento subterráneos (hipogeos
funerarios), formadas por galerías de varios pisos. En aquel tiempo también había
cementerios al aire libre en Roma, pero los cristianos, por diferentes razones,
prefirieron los subterráneos:
Tema 3: El arte paleocristiano-bizantino
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- En los cristianos se vivía de un modo muy fuerte el sentido de la comunidad: deseaban encontrarse juntos
también en el "sueño de la muerte".
- Las catacumbas eran enterramientos colectivos de inhumación. Los cristianos rechazaban la costumbre pagana
de la incineración de los cuerpos. Siguiendo el ejemplo del entierro de Jesús, preferían la inhumación, por un
sentido de respeto hacia el cuerpo destinado un día a la resurrección de los muertos.
- Los cristianos se reunían en las catacumbas para celebrar los ritos de los funerales y los aniversarios de los
mártires y de los difuntos.
- Las catacumbas tuvieron sus comienzos en el siglo II y sus ampliaciones continuaron hasta la primera mitad del
V. Las principales catacumbas fueron las de: San Calixto, Santa Priscila, Santa Lucila, Santa Domitila, etc.

Ya hemos dicho que las catacumbas son un laberinto de estrechas galerías, anárquicamente trazadas, que
reciben el nombre de criptas. Encontramos varias partes en su estructura:
 Corredores. La gran mayoría de la comunidad cristiana se enterraba en nichos abiertos en las paredes de
los corredores. Estas fosas podían ser rectangulares (loculi) o
semicirculares (arcosolia) y se superponían en varios pisos
cuando el terreno escaseaba.
 Cubículos. En determinados lugares, las criptas se
ensanchan formando cámaras cuadradas o poligonales,
denominadas cubículos, donde recibían sepultura los restos
mortales de los atormentados, quemados o apaleados. Por
tanto los cubículos (“cuartos de dormir”) eran pequeñas piezas
o panteones familiares, con capacidad para varios lóculos. Los
cubículos estaban con frecuencia decorados con frescos que
tomaban escenas bíblicas y reproducían los temas del
Bautismo, la Eucaristía y la Resurrección.

1.2.2.- La pintura. Simbología y escenas.


Los primeros cristianos vivían en medio de una sociedad mayoritariamente pagana y hostil. Desde la
persecución de Nerón (64 d.C.) se consideraba que su religión era una superstición extraña e ilegal. Los paganos
desconfiaban de los cristianos y se mantenían a distancia, sospechaban de ellos y los acusaban de los peores
delitos. Los perseguían, los encarcelaban y los condenaban al destierro o a la muerte. Como no podían profesar
abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor
frecuencia, grababan en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas. El lenguaje gráfico representado procede
en gran medida de Oriente, de las comunidades helenizadas de Alejandría, Antioquia y Éfeso.

En la etapa inicial, encontramos temas procedentes del mundo animal y vegetal (fauna y flora), a los que
se otorga un significado místico (como a la vid y la espiga). Los símbolos expresaban visiblemente su fe. Los
principales:
 El Alfa y la Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan
que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas. Estas letras se asociaban al
monograma de Cristo o Crismón, que estaba formado por dos letras del alfabeto
griego: la X y la P superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega
“Christós”, es decir, Cristo. Puesto en una tumba, indicaba que el difunto era
cristiano.
 El pez, en griego, ikhthys, sus letras forman un acróstico: Iesus Kristos Theu Yos
Soter (Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador), y simbolizaba que los nuevos cristianos
se convertían también en peces al recibir el bautismo en la piscina.
 El ancla y el delfín, simbolizan el camino a la otra vida y la esperanza.
 La paloma con el ramo de olivo en el pico era símbolo del alma, y posteriormente
del Espíritu Santo y símbolo de la paz.
 El ave fénix o pavo real, ave mítica de Arabia que, según creían los antiguos,
renace de sus cenizas después de un determinado número de siglos, simbolizaba
la resurrección.
 La vid y la espiga, que eran símbolos eucarísticos.
 Hay que destacar que la cruz no aparece sino hasta después de Constantino (313),
cuando ésta pierde el símbolo de ignominia, para convertirse en símbolo de
redención.

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En el siglo III comienzan a surgir los episodios del Antiguo y Nuevo Testamento, y con estos últimos, la
imagen del Señor y la Virgen.
 Escenas del Antiguo Testamento. En las paredes de las catacumbas, se representaban escenas bíblicas. La
escena de Adán y Eva es tomada del Génesis. Eva coge el fruto prohibido engañada por la serpiente, lo
cual provoca su expulsión del Paraíso, junto a Adán. Otras escenas también pertenecientes al Antiguo
Testamento son el sueño de Jacob, Jonás y la Ballena, El arca de Noé.

 Escenas del Nuevo Testamento. En la etapa inicial parece fue prohibida la representación de la imagen
divina. De ahí que al querer realizar la efigie de Cristo, ya en el s. III nadie recordara sus rasgos; no existía
ningún retrato suyo y los evangelistas habían omitido en todos sus escritos la descripción física del
Mesías. Estas omisiones eran fruto de la mentalidad judía, Moisés había prohibido a su sociedad hacer
imágenes para no incurrir en la idolatría desde el momento en que sorprendió a los israelitas en el
desierto adorando un becerro de oro cuando bajaba del monte Sinaí con las Tablas de la Ley. Ante tales
carencias, los pintores de las catacumbas tuvieron que inventar su iconografía, acudiendo a diferentes
pinturas:
En un principio se representa a Jesús como un Cristo Apolíneo es decir similar a la imagen del dios Apolo, un
dios joven, sin barba, como un adolescente. Posteriormente se fue desechando esta imagen y se tomó la imagen de
un Cristo de unos treinta años, barbado, con cabellos largos, oscuros y un nimbo detrás rodeando la cabeza,
amplios ropajes y sentado en majestad.
- Jesucristo “Buen pastor”. Alegorizaba a Jesús salvando el alma del fiel. La fuente literaria era
el evangelio de S. Lucas, cuando refiere la parábola de “la oveja perdida” que, “al encontrarla
la pone sobre sus hombros lleno de alegría”. Su antecedente artístico era la figura del Moscóforo
griego, al que cristianizaron sustituyendo el ternero por una oveja.
- Jesucristo como “Maestro” o filósofo. Representa al guía que imparte la divina sabiduría,
según se reconoce Cristo a sí mismo en el evangelio de San Mateo. Se le representa como un
filósofo romano enseñando a sus apóstoles y discípulos.

1.3.- La cristianización de la Basílica.


Después de la promulgación del Edicto de Milán (313 d. C.),
los cristianos abandonan la clandestinidad de las catacumbas
para practicar la religión confesional del Estado. Iglesia e
Imperio quedan desde entonces asociados. El primer
problema arquitectónico con el que se encuentran los
cristianos es que no pueden aprovechar los templos paganos
porque su culto era al aire libre y sus edificios religiosos eran
solo relicarios para custodiar la imagen mitológica.
La comunidad evangélica necesitaba una iglesia espaciosa, que
permitiera congregar en su interior a fieles y sacerdotes en
asamblea durante la celebración de la Eucaristía. La solución
fue cristianizar la basílica romana, que era un edificio dedicado
a ser tribunal de justicia y lonja comercial. Después de un
breve período de adaptación, los cristianos abandonaron las
basílicas profanas y comenzaron a construir otras de nueva
planta. Surgía así una tipología uniforme y novedosa que ha
llegado a nuestros días debido a su excelente uso funcional.
Sus características son las siguientes:
 Se trata de un edificio alargado, separado por columnas en tres o cinco naves, la central es más ancha y
elevada que las laterales. Esta diferencia de altura permitía incorporar bajo la techumbre una hilera de
ventanas (claristorio) por donde penetraba la luz en el recinto.
 Al final de la nave principal, se abría un arco de triunfo o toral que separaba el presbiterio de la nave
longitudinal principal, que se cruzaba con el transepto (brazo transversal o horizontal) formando una
cruz latina. El diseño cruciforme y el sistema de iluminación responden a un planteamiento
paleocristiano, sin antecedentes en la arquitectura romana.
 Las mujeres se situaban en una galería alta (matronium). A los peregrinos, era necesario proporcionarles
alojamiento en las naves restantes al pie de la basílica. Como prolongación de la nave longitudinal
principal, se disponía un ábside semicircular, que simbolizaba a Cristo como cabeza de la Iglesia. El
ábside era una cabecera redondeada o poligonal de la nave principal de un templo, orientado hacia los
Santos Lugares. En el ábside encontramos el presbiterio, presidido por la mesa del altar y la cátedra del
obispo, a quien flanqueaban los sacerdotes sentados en bancos corridos alrededor del muro.

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 En sus proximidades se construyeron dos dependencias: el diaconicum (sacristía) y la prótesis, donde
se preparaban las especies eucarísticas.
 Antes de entrar en el espacio sacro, se habilitó un atrio porticado con una fuente para los catecúmenos,
ya que solo los bautizados podían entrar en la basílica.
 Dos torres campanario en la fachada señalaban su presencia en el paisaje urbano.
 Los baptisterios estaban separados de las iglesias. Siguen la tradición de la principal sala de baño de las
termas romanas, con planta central o circular. En el interior se sitúa una piscina para el bautismo por
inmersión. Los más importantes son el Baptisterio de San Juan de Letrán, y el Baptisterio de los Arrianos
y el de los Ortodoxos, en la ciudad de Rávena.
 En Tierra Santa en el ábside de las basílicas se dispusieron una rotonda abovedada o martyrium, para
resguardar lugares de la vida de Cristo, ejemplos de ellos son: la gruta de la Natividad (Belén), la casa de
Nazaret, el Calvario y el Santo Sepulcro (Jerusalén).
 Por su parte los mausoleos, fueron lugares de enterramiento de planta circular. Santa Elena y Santa
Constanza son los ejemplos de ello.

Entre las basílicas principales destacan las siguientes:


- San Juan de Letrán (Siglo IV)
- Santa María la Mayor (Siglo IV)
- San Pablo Extramuros (Siglo IV)
- San Pedro del Vaticano (Siglo IV) Fue reformada totalmente durante el Renacimiento
- Santa Sabina. (Siglo V)

2. EL ARTE BIZANTINO

2.1- Contexto histórico del arte bizantino.


El Imperio Bizantino se extiende a lo largo de los más de mil años que transcurren desde el siglo IV hasta
el siglo XVI (caída de Constantinopla, 1453). Su origen se sitúa en el año 330 cuando Constantino el Grande, fija
la nueva capital cristiana del Imperio Romano en la antigua colonia griega de Bizancio, bautizada con el nombre
de Constantinopla en su honor. En el año 395, el emperador Teodosio divide el imperio en dos partes:
- Occidente para su hijo Honorio.
- Oriente para su hijo Arcadio.

La decadencia del Imperio Romano occidental se acelera con las continuas invasiones de los pueblos
bárbaros, hasta que finalmente es destruido en el año 476.
Por el contrario, el Imperio Bizantino (Oriente) se mantendrá durante siglos, recogiendo el legado de la
administración y el derecho romano, la cultura griega y la fe cristiana. Las claves de su pervivencia será su sistema
político, que concentra el poder político religioso en el Emperador (cesaropapismo) y el dominio del comercio
entre Oriente y Occidente durante siglos. El arte bizantino no sólo se desarrolla dentro de los límites del Imperio,
sino también en los países independientes que reciben su influjo cultural. Puede afirmarse que se trata de una
síntesis entre el arte romano, el helenístico y el oriental.

En la civilización bizantina se distinguen tres periodos, denominados Edades de Oro (que se corresponden
históricamente con un mayor auge cultural y sociopolítico) que alternan con dos periodos de transición:.
 Primera Edad de Oro (siglos VI-VII). El momento de mayor esplendor fue el reinado de Justiniano
(527-565). Unificó las leyes en un único código jurídico, reconquistó a los bárbaros los territorios
mediterráneos, y combatió el paganismo y la herejía.
 Primer periodo de transición. Las guerras de los iconoclastas causan la destrucción de múltiples obras, al
prohibirse las imágenes como objeto de culto.
 Segunda Edad de Oro (mitad siglo IX al XII). Durante esta etapa se define la iconografía bizantina.
 Segundo periodo de transición. Constantinopla cae en manos de los cruzados, que fundarán el nuevo
Imperio Latino que durará medio siglo.
 Tercera Edad de Oro (1258-1453). En 1258, Miguel VIII Paleólogo acaba con este dominio, instaura
una nueva dinastía reinante y se inicia un nuevo renacimiento social y cultural, que durará hasta la toma
de Constantinopla por los turcos en 1453.

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2.2. - Los edificios bizantinos y la cúpula: Santa Sofía.
En la Primera Edad de Oro, durante la época de Justiniano, se realizan las más grandiosas obras
arquitectónicas que reflejan los caracteres técnicos y materiales, y el sentido constructivo que caracteriza el arte
bizantino de este período. Se produce la transición de la iglesia de planta basilical, a la iglesia de planta central. Las
principales iglesias de este periodo fueron:
- San Vital de Rávena
- Santa Sofía
- San Apolinar el Nuevo
- Santa Irene
- San Apolinar in classe

El emblema arquitectónico del gobierno de Justiniano será la iglesia metropolitana de Santa Sofía,
iniciada en el año 532 y terminada en el 537. La rapidez de su construcción se explica por los grandes medios
económicos y el ágil sistema constructivo de los albañiles bizantinos, consistente en alternar hiladas de ladrillo con
capas de mortero. Utilizaron tejas porosas con el fin de aliviar el peso de la cúpula y se importaron mármoles de
todas las provincias para prestigiar el monumento.
Los autores de Santa Sofía fueron Antemio
de Tralles e Isidoro de Mileto, geómetras,
matemáticos e inventores de ingenios
mecánicos. En el centro de un rectángulo
plantaron cuatro pilares para sujetar una
cúpula nervada sobre pechinas.
La cúpula de Santa Sofía es el elemento más
llamativo del edificio, tiene la forma de una
semiesfera rebajada y está compuesta por
cuarenta nervios que se unen en el centro, su
diámetro varía entre 30 y 31 m. y está situada a
54 m de altura. La originalidad y grandeza
reside en apoyar la cubierta sobre cuatro
puntos en vez de sostenerla sobre un tambor
circular, como sucedía en el Panteón romano.
Los empujes fueron contrarrestados con semicúpulas y ábsides escalonados en dos
de los flancos, dejando libres los costados restantes para habilitar tribunas. Un atrio
se extendió delante de la iglesia. Además para aligerar el peso al máximo, las tejas
fueron ligeras, fabricadas en Rodas. Para absorber el empuje de su inmenso peso, y
que no cargara hacia afuera sobre los arcos de la esquina, se levantaron enormes
contrafuertes de mampostería sólida, claramente visibles desde el exterior. Por
fuera, la masa de la gran iglesia se eleva no sin cierta armonía, pero sin demasiada
gracia.
En cuanto a la planta, es un rectángulo de 77 x 71 metros. El espacio interior,
lujosamente decorado e iluminado por los rayos de sol, que penetraban a través de
las cuarenta ventanas de la cúpula, producía en el fiel una ilusión óptica que invitaba al dinamismo y le conducía
hasta la cúspide. De este modo se simboliza la imagen del cosmos, la cúpula es el cielo y la sala de oración, es la
tierra.
La cúpula tiene 67 metros de altura y 33 de diámetro, se apoya sin tambor en cuatro puntos y está rodeada por
cuarenta pequeños contrafuertes separados por otras tantas
ventanas, dando la sensación de estar “suspendida del cielo por
una cadena de oro”. Estas ventanas se asemejan a un tambor
cilíndrico, sirven para aligerar su peso y permitir la entrada de
luz. La cúpula imponía una centralización bastante ajena a las
basílicas del pasado, pero gracias a las pechinas y la traslación
de los esfuerzos a las naves laterales, así como un refinado uso
de la luz, “no parece descansar en base sólida”. Completamente
cubierta de mosaicos dorados, armonizaba con los ricos
mármoles de colores y el pórfido de columnas y estribos y con
las vidrieras originales de las ventanas.
Los capiteles de las columnas extraordinariamente diseñados y
tallados, no pertenecen a los órdenes clásicos conocidos, sino
que se trabajan con fino relieve, usando la decoración vegetal y
geométrica.
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El crucero, de sección cuadrada, se prolonga en los lados este y oeste mediante semicírculos que están cubiertos
por semicúpulas, hasta los ábsides, agrupados de tres en tres en torno de los semicírculos y coronados por
semicúpulas más pequeñas.
En total siete arcos en las galerías, cinco en las naves laterales, cinco ventanas sobre siete en las lunetas, cuarenta
ventanas en el tambor de la cúpula, y cinco en cada semicúpula.
Todo ello crea un contraste de luz entre luminosas ventanas y oscuros arcos, con grandes cúpulas rodeadas de
otras más pequeñas, que aumenta el espacio interior y da sensación de flotación de la cúpula principal.
Tras la conquista de Constantinopla por los turcos, Santa Sofía fue reconvertida en mezquita. En 1935 fue
convertida en museo.

En la Segunda Edad de Oro del arte bizantino predominan las iglesias de planta de cruz griega con
cubierta de cúpulas realzadas sobre tambor y con una prominente cornisa ondulada en la base exterior. A este
esquema compositivo corresponden San Marcos de Venecia (s. XI) y Santa Sofía de Kiev (s. X).

Durante la Tercera Edad de Oro, entre los siglos XIII y XV predominan las plantas de iglesias cubiertas
mediante cúpulas abulbadas sobre tambores circulares o poligonales. A esta etapa corresponde San Basilio en
Moscú (s. XVI).

2.3.- La decoración musivaria.


El arte bizantino adoptó el mosaico como revestimiento mural. Hornearon multicolores teselas cuadradas
de pasta vítrea y las combinaron con piezas laminadas de oro, plata y nácar, componiendo una pintura de piedras,
casi incorruptible. Fascinaba al reflejar el brillo del sol o las luz de las velas. Utilizando esta lujosa técnica, los
decoradores fijaron una iconografía oficial y adjudicaron un lugar en el templo para cada asunto sagrado:
 El ábside se reservó a Cristo, que aparece sentado sobre el globo del universo (Cosmocrátor). Le cortejan
ángeles y santos como un emperador rodeado por sus ministros, reproduciendo el protocolo del basileus
bizantino.
 A partir de 431, tras el Concilio de Éfeso, se representó también en la cabecera de la iglesia a la
Theotocos: María sentada con el Niño en brazos. Hacia ellos convergen desde el fondo de las paredes
laterales una comitiva de santos siguiendo el mismo ritual de las procesiones litúrgicas.
 En las paredes laterales también aparecen escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, enfrentadas
simétricamente, que tenían un papel didáctico y de reafirmación de la ortodoxia.
 En la cúpula, los profetas rodean la mano de Dios saliendo de una nube y en las pechinas cuatro serafines
les hacen escolta.
 El testero de los pies se ocupa del Juicio Final.

Los principales mosaicos se realizaron en las iglesias de la ciudad italiana de Rávena:


- San Apolinar el Nuevo.
- San Vital.
- San Apolinar in Clase.

2.3.1.- San Vital. Rávena (530-547).


Justiniano y su séquito. Se trata de una obra maestra del arte bizantino en Italia,
este mosaico está en la iglesia que Justiniano erigió en Rávena para conmemorar la victoria
del Imperio romano de Oriente sobre los ostrogodos, es decir la victoria del cristianismo
sobre la doctrina herética arriana profesada por los invasores. El mosaico forma parte de
un programa iconográfico donde constan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento y
signos litúrgicos. Está
situado en el lienzo
izquierdo del presbiterio,
encima de un zócalo
levantado que tiene delante
otro gemelo con la representación de la ofrenda de
la basilisa Teodora, rodeada de los cortesanos. Se ve
al emperador el día de la consagración de la iglesia.
En el centro aparece Justiniano en actitud oferente,
ofreciendo una patena de oro a San Vital. Está
acompañado de su corte. A la derecha tiene a sus
generales y soldados (un de ellos lleva un escudo
donde se ve el crismón del Salvador, emblema del
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emperador Constantino). A la izquierda se sitúan los representantes de la iglesia triunfante, con el arzobispo
Maximiano a su lado, a quien se identifica por una inscripción latina colocada encima de él y por estar mostrando
la cruz.
El mosaico nos muestra el poder del emperador justificado por Dios y rodeado de la fuerza de su ejército. Varias
de sus características son:
- La noción de espacio y el volumen quedan anuladas.
- Predomina la frontalidad y la disposición simétrica.
- El tratamiento de las figuras, en un entorno falto de perspectiva, preludia el fin del naturalismo clásico y el inicio
del simbolismo de raíces orientales que difundirá el cristianismo por el Mediterráneo.
- En el mosaico de Justiniano, y de manera excepcional, se consiguen ciertos efectos de modelado facial. También
se percibe algún rasgo que individualiza a los personajes. De hecho, el monarca parece más joven de lo que era en
realidad en aquellos días, pero la intención es vincular, a la manera romana, juventud y dignidad. La situación del
emperador delante de un obispo caracterizado ya como anciano, insinúa la supremacía civil sobre la religiosa.

Teodora y su séquito. Se trata de un mosaico situado enfrente del anterior y parecido en


cuanto a concepción espacial, distribución de personajes y potente colorido. En el centro tenemos
a la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano y personaje de gran importancia en el Bizancio del
siglo VI. Está ataviada con un espectacular manto negro y corona con colgantes de perlas, se
encuentra realzada al ocupar el centro de un arco sobre una hornacina. Sostiene un gran cáliz y se
rodea de personajes femeninos a su izquierda y dos masculinos a su derecha. Es curiosa la fuente
con un chorro de agua manando cristalina y la cortina del palacio, anudada y decorada con bellos
motivos.

2.3.2.- San Apolinar. Rávena (594).


El mosaico de San Apolinar el Nuevo representa a
un procesión de santas portando una corona y separadas
por palmeras con dátiles, que se dirigen, desde Classe
(puerto de Rávena) hacia la Virgen María, que está
acompañada por los Reyes Magos. Por su extraordinaria
calidad técnica, libertad compositiva y ritmo se han
denominado como las Panateneas del Cristianismo,
igualándolos así a la magnífica escena del friso del Partenón.

2.3.3.- La crisis crisis iconoclasta


Entre 726-823 se produce la crisis iconoclasta iniciada por León III (726), con
asesoramiento de sus consejeros musulmanes y judíos, decretará la prohibición y destrucción de los
iconos. Se recurrirá a la cruz desnuda, al trono vacío con las escrituras o atributos de la Pasión, y
campos de flores y pájaros.

2.3.4.- Nuevos temas iconográficos


A partir del siglo X se renuevan los temas iconográficos, las figuras pierden hieratismo, sufren cierto
alargamiento y ganan en gesticulación:
- El Pantocrátor, el Dios Todopoderoso, pasa a ocupar la cúpula. Los modelos más repetidos son las figuras de
Cristo con barba partida y edad madura (modelo siríaco).
- La Virgen se mantiene representada en el ábside, pero no como Theotokos
(sedente con niño), ahora se representa bajo diversas advocaciones, como
Hodegetria, apareciendo de pie con el Niño sobre el brazo izquierdo
mientras que con el derecho señala a Jesús como el camino de salvación (será
el modelo desarrollado en el gótico).
Un ejemplo de la Segunda Edad de Oro, podemos observarlo en el retrato
del emperador Miguel VI (1056-1057), prosternado ante la imagen del
Pantocrátor, en el que aparece estar pidiéndole perdón por la recalcitrante
herejía de sus antecesores.

Tema 3: El arte paleocristiano-bizantino


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