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Toda la verdad de mis mentiras, de

Elisabeth Benavent
Es complicado explicar muchas veces
porqué llegas a determinadas lecturas o a
determinados autores… En más de una
ocasión les he dicho que, en general soy
quien recomienda libros a mis familiares y
amigos, pero también tengo que decirles
que me ha salido grata competencia.

Por un lado está mi padre que un día dio el


salto a la novela histórica y en la actualidad
podría nombrar a muchos más autores que
yo en este género. Por otra parte está mi
hija, que cada día me sorprende más en este mundillo literario.

Cuando tienes hijos y te dedicas a esto de amar la literatura, vas


acompañando a tus pequeños lectores, sus primeros álbumes ilustrados,
seguidos de los primeros cuentos, el salto a la novela infantil, el paso a la
juvenil más las lecturas conjuntas de todo lo que se le obliga o
recomienda leer en su etapa escolar… Luego vuelan y se independizan.

Por motivo de sus estudios, he visto a mi hija manejar amplios


volúmenes jurídicos, libros de historia, de filosofía. Con poco tiempo, y
quizá con pocas ganas, de entrar en la novela tradicional… Tarde
descubrí que no le gustaba la novela de ficción. Y entonces llegan esas
nuevas fórmulas, que todos creen que les alejan de la lectura y la
escritura, entre las que se encuentra Internet, y resulta que les acerca no
solo a una nueva novela experiencial y entretenida, sino que además les
arrastra a otros mundos como el de la poesía.