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Universidad Nacional de Colombia

Departamento de Literatura
Literaturas Europeas del siglo XVII y XVIII
Camila Henao Guerrero

Construcción de los personajes en La Tempestad de Shakespeare y Tartufo de Molière

El presente texto tiene la intención de hacer un análisis sobre la construcción de los


personajes en la obra de Shakespeare, La Tempestad (1611), y una de las más controversiales
comedias de Molière, Tartufo (1664). Ambas, en su carácter de comedia, comparten en la
naturaleza de sus personajes características arquetípicas que logran hacer sentir identificado
al público con las situaciones que se presentan.

Por un lado, La Tempestad, como muchas de las obras de Shakespeare, se caracteriza por
tener personajes construidos entre la oposición y el contraste, desarrollados en mundos
polarizados por el poder y la ambición como recurso para retratar los dilemas sobre la
condición humana. En este caso los personajes evolucionan en un mundo fantástico y
apartado, conflictuado por problemas familiares y políticos que se irán resolviendo por medio
de la intervención mágica.

Los contrastes pueden ser vistos desde el comienzo del texto en varios niveles, es decir, como
bien lo dice Luis Pujante en su introducción a la obra, los contrastes entre personajes son
evidentes, pero siempre diferentes si se quiere hacer una lectura relacionando la obra con el
contexto social, político o literario de Shakespeare, si se desea hacer una lectura psicológica
de los personajes o si se quiere ver un reflejo del mismísimo Shakespeare en esta.

El personaje más controversial, sin duda, es Calibán, quien puede ser contrastado con
Próspero, con Fernando o con Miranda, sin embargo, a lo que a mí concierne, el contraste
más fuerte de Calibán es Ariel.

Desde el comienzo de la obra, el protagonista de esta trama, Próspero, nos hace saber que ha
sido el con su “arte” quien ha provocado la tempestad como parte de su plan para vengarse
de quienes le quitaron el ducado y lo echaron a él y a su hija de su hogar y que con este
mismo poder venció a la bruja Sícorax, una malvada que solía gobernar en la isla.
Encontramos la primera oposición clara entre magia blanca y magia negra. Con esta
distinción, son introducidos Ariel y Calibán, ambos sirvientes de Próspero. Por un lado,
encontramos a Ariel, representación de la divinidad y la magia, espíritu fiel y obediente, el
cual da su primera aparición presentando respeto a su amo: “¡salud gran amo! ¡Mi digno
señor, salud! Vengo a cumplir tu deseo…”.

Por el contrario, cuando aparece en escena Calibán, después de ser descrito por Próspero
como “un pecoso engendro” y por Miranda como “un infame al que detesto”, su primera
intervención es una contestación negativa ante las órdenes que le están dando.
Inmediatamente, entra Ariel en forma de ninfa marina a lo que Próspero responde “¡Bella
aparición! Primoroso Ariel, te hablo al oído.” Y continúa refiriéndose a Calibán, “¡Sal ya,
ponzoñoso esclavo, engendro del demonio y tu vil madre!”. De esta manera, durante toda la
obra Ariel y Calibán serán presentados como opuestos al ser la representación del bien y el
mal, y de lo bello y lo feo, uno a cada lado del mismo amo. Por lo que es posible creer que
Ariel representa el poder de la magia blanca, la que manipula los fenómenos naturales,
además de la sabiduría y la consciencia con fines benéficos de Próspero, mientras que Calibán
es la representación noble de los bajos instintos, pues ciertamente al ver su evolución es
notorio que realmente no es un ser vil a propósito, sino que ha sido el trato, la crianza que se
le ha dado y el producto de la magia negra de su madre, proveniente de fuentes diabólicas,
las que han causado su personalidad turbia. Calibán, termina por ser un niño, representación
del romance familiar, quien al no ser educado completamente por Próspero, no comprende
su condición renegada y representa uno de los fracasos de Próspero, su parte cruel y
despiadada.

Entonces, Próspero, entre estos niveles de conciencia, se presenta a sí mismo como un


demiurgo, dispone que los personajes pasen y piensen las circunstancias dentro de la isla tal
como las ha planeado con ayuda de la magia y de Ariel e incluso con los intentos de sabotaje
de Calibán. Durante toda la obra se está esperando que cumpla su venganza, pues es el
objetivo principal con el que se justifica la obra. Sin embargo, al llegar al final y tener este
desenlance inesperado en el que decide perdonar a todos y dejar la magia, es posible ver que
realmente esto también era parte de su plan y que realmente lo que siempre quiso fue restituir
el poder que tenía. Está dispuesto a abandonar las “artes”, pues en sus estudios y su intento
de ascender a la contemplación de la verdad fue desterrado, y sin embargo, con estas mismas
recobra el poder. Quizá se considere a sí mismo completo, después de haber sido invencible
por la magia, será invencible por el poder que esta le ha ortorgado y entonces le es posible
abandonarla, pues posee el verdadero entendiemiento del arte, la magia y la naturaleza.
Próspero representa entonces los limites del hombre cuando tiene poder.

El resto de personajes son costrastados por el mismo Próspero que los divide. Por un lado
están Sebastián y Antonio, que serán los personajes con los que Shakespeare denuncia la
inconsistencia de la condición humana al ser la representación de la maldad: Sebastián al
dejarse seducir por las ideas viles de Antonio, y este al ser el verdadero villano, pues es el
único personaje que no tiene una evolución moral dentra de la obra, a través de sus ojos el
poder es lo único que importa y dentro del final feliz es el único que no tiene una redención.
Dentro de este mismo grupo está Gonzalo, quien por su parte es un ser dulce y lleno de
positivismo, es la contraparte entre los nobles, pues esta moralmente por encima de ellos.
Desde su punto de vista la isla es un lugar hermoso y la nobleza de corazón es lo realmente
importante, contrario a Antonio y Sebastián quienes plenean un asesinato y describen la isla
como un lugar terrible. Son ellos quienes configuran la parte trágica de la obra.

En otro lado de la isla, se encuentra Estaban, Trínculo y posteriormente Calibán. Estos


cumplen la función de cortar la tensión trágica de la obra, son una sátira a su contraparte,
Antonio y Sebastián. Son personajes tipo, quienes al tener características físicas bastante
llamativas y ser de bajo estatus social, y por ende, seres corrientes sin mayor educación,
tratando de realizar el mismo plan que los nobles, resultan ser el efecto cómico de la obra.
Su carácter cómico en escena debió estar lleno de gags gestuales y físicos, de modo que
debieron cortar la situación angustiante que sucedía al otro lado de la isla y le dieron el
carácter híbrido a la obra.

Además de estos, se encuentran Fernando y Miranda, personajes arquetipos de los


enamorados. La situación romántica de estos personajes, aunque le incluye características del
género romántico a la obra, es realmente una excusa para que el plan de Próspero se lleve a
cabo. Miranda cumple su rol típico de damisela indefensa que cumple todos los designios de
su padre, pero se contrapone a este en búsqueda de estar con su enamorado, que en este caso
Próspero hace creer que le disgusta sólo para probar que realmente es digno. De esta forma,
Miranda es usada, como es usual, como canje para obtener poder, en este caso beneficiando
las relaciones políticas con otro noble, que tendrá su padre cuando vuelva a ser duque.
Esto último tiene en común la obra de Shakespeare con la obra de Molière, la cual está llena
de personajes arquetípicos, tomados de la Comedia del Arte, pues con estos Molière lograba
hacer una sátira de situaciones concretas de su contexto inmediato, glorificado por lograr
hacer de estos personajes tipo personajes únicos en cada una de sus piezas.

En esta obra, es mucho más fácil identificar la intención creadora en cada uno de los
personajes, debido a la censura y crítica constante que tuvo el autor para presentarla por su
contenido fácilmente mal entenido, Molière se encargó de hacer explícitas sus intenciones,
por lo que los personajes tienen un fin muy claro. La obra es una representación cómica de
la sociedad francesa del siglo XVII, donde se representa cómicamente las tentativas por llegar
al poder, por parte de la nobleza y de las instituciones religiosas.

Entre la obra es posible reconocer dos tipos de personajes: cambiantes y fijos, es decir, hay
unos personajes que tienen un carácter inmóvil y otros que tienen una clara evolución dentro
de la obra. Entre ellos encontramos a Orgón, el señor de la casa, es él el que presenta ante el
público las consecuencias de la presencia de los falsos devotos. El personaje es construido
como un hombre de la alta sociedad que se percibe a sí mismo como un hombre de carácter,
inteligente y con poder, pero realmente es manipulable, colérico y algo estúpido, sin
embargo, es quien tiene la evolución más evidente al pasar de ser el incrédulo ante la realidad,
a ser a quien no le creen, de ser devoto a no creer en ningún devoto.

Además, entre estos está el personaje eje y problema de la obra, Tartufo, quien se presenta
como un devoto, casto y poseedor de lo sagrado y lo que es bueno. Es una parodia clara al
contrastar lo que para el público ya es evidente: el hombre es gordo y colorado como lo
describe Dorina, lo que no es acorde a su discurso de pobreza y devoción. Su evolución es
un poco menos evidente, en tanto que siempre fue un impostor, sin embargo, al dejarse caer
ante sus instintos pasionales cae todo su plan y al igual que él, poseedor de un discurso
implacable y persuasivo, que usa ante Orgón, muestra las debilidades de los mentirosos
cuando se deja engañar por un discurso igual de persuasivo usado por Elmira.

Por otro lado, hay todo un grupo de personajes que están tratando constantemente de revelar
la verdad y desenmascarar a Tartufo, aquí es donde se crea la comedia: toda la familia
planeando revelar a Tartufo. Entre ellos, el cuñado de Orgón, Cleanto, quien es presentado
como un hombre razonable y se encarga de intervenir a Orgón de la manera más respetable
y educada. Su función en la obra es la de hacer las disertaciones morales, es él quien tiene la
voz de Molière y hace largas intervenciones explicando lo inaceptable y peligroso que son
los falsos devotos, pues se valen de armas que los verdaderos devotos reverencian. Parece
genuinamente bueno, pues él no gana ni pierde nada con la revelación de la verdad.

Otro de ellos es Dorina, la criada, que a diferencia de Cleanto, dice toda la verdad sin tapujos
de la manera más irónica y sin reparo al hablar sin importar quién sea el receptor. Es ella la
portadora del sentido común. Aunque posee algunas de las características del arquetipo de
criada, también posee otras cualidades, al no tener la misma identidad burguesa, parece que
concibe la devoción de otra forma y es la única capaz de decir lo que realmente pasa sin
seguir las normas de conducta aceptadas, lo que la hace, quizás, el personaje más cómico.

Por la línea de los personajes más inteligentes, Elmira parece ser la persona más discreta y
calculadora de la casa. Mantiene la discreción en todo momento y sólo cuando es debido
actúa para revelar la verdad. Es ella quien determina la trama

-La farsa empieza a durar demasiado y ya estoy harta de que me toméis por una impostora.
Os aseguro que, aunque solo sea por gusto y sin pretender llevar las cosas más allá, haré que
seáis testigo de todo cuanto se os ha dicho.

Por otro lado, los personajes de los jóvenes, Mariana y Valerio son los arquetipos de jóvenes
pasionales y testarudos, los típicos jóvenes enamorados que deben ir en contra de la ordenes
del padre para lograr estar juntos, puesto que la joven, dócil, obediente e indefensa, al igual
que Miranda en La Tempestad, es una posesión negociable, en este caso, para cerrar todos
los tratos, religiosos y económicos de Tartufo con Orgón, quien pretende darle por esposa a
su hija.

Finalmente, el personaje de Monsieur Leal tiene la única finalidad de hacer que la obra
termine con un final feliz e introducir dentro de la obra una glorificación al rey, a sus
designios y a su poder justo que todo lo puede y que todo lo ve, sin importar que la obra
pierda verosimilitud, al igual que el final de La Tempestad, donde el vuelco dramático sin
sentido alguno termina en el perdón y la reconciliación. Ambas, permanecen en una
alternancia entre el orden y caos, en La Tempestad generada por la venganza de Próspero y
en Tartufo por la llegada de un externo impostor a la familia, que afectan al mismo tiempo el
mundo material, político y social donde se desarrolla la obra.