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UNIVERSIDAD POLITÉCNICA SALESIANA

Carrera de Teología en línea


Asignatura: Historia de la iglesia lat. y ec. Nombre: Angelo Vega
Número de Unidad: 4 Profesor: Mg. José López
Nombre de la Actividad: Escrito conclusivo Fecha: 14/11/19

LA LITURGIA Y EL SILENCIO: RENOVACIÓN Y FUERZA PARA LA FE DE


LA IGLESIA ECUATORIANA

Introducción

Resulta una tarea difícil dar una propuesta pastoral para la realidad vivida por la iglesia
ecuatoriana desde la época del Concilio Vaticano II ya que, debería ser un plan pastoral
integral que tenga en cuenta varios aspectos. Esta época está marcada por los deseos de
cambio social y político pero también de la grande influencia cultural de las potencias. Todo
esto en virtud de la globalización, pues cuando esta no está al servicio de la humanidad, está
al servicio de los grandes poderes. De esto también se deduce la comprensión de un clero que
deseaba ver cambios. Por eso se comprende su inclinación a una teología de la liberación, con
lo cual perdieron la esencia del Evangelio. Ellos fueron influenciados por los movimientos
políticos que tensionaban el ambiente de aquel entonces. Esto ya se aclarará más adelante.

Uno de los problemas actuales que se ha escogido para este trabajo es el de la vivencia de
las celebraciones litúrgicas carentes de verdadera espiritualidad por parte de los fieles.
Lamentablemente, como algo adicional a esta introducción, esto también sucede en algunos
ministros. La vivencia de la Misa resulta algo sin profundidad, o por otra parte, solo tiene
sentido en cuanto esta me resulte atractiva, ya sea por la algarabía, por la música que llene
cualquier momento de calma o silencio, lo cual hace que Misa termine siendo algo agotador
en vez de consolador.
El presente trabajo tiene como intención exponer la importancia de la formación en
Liturgia para los fieles y elemento del silencio para la vivencia de las celebraciones litúrgicas.
Esta tentativa pretende dar respuesta a la problemática antes planteada.

Ahora bien, para la exposición de la importancia de esta formación en la Liturgia y el


silencio como elemento para su vivencia se desarrollarán las siguientes ideas: 1) se expondrá
de manera breve la historia de la iglesia ecuatoriana desde el Concilio Vaticano II con lo cual
se espera poner al lector al tanto de la realidad; 2) se hablará de los efectos de la globalización
y la secularización en su parte política y cultural; 3) se expondrá lo que es la Liturgia; 4) y se
mencionará la particularidad del elemento del silencio dentro de la vivencia de la Liturgia y la
vida de oración.

De tal modo, se pretende reavivar la belleza de la liturgia y el cuidado que deben poner en
ella tanto los fieles como los ministros. De igual manera, con respecto al silencio, se espera
que este pueda ser un elemento significante y benéfico tanto para los fieles como para los
ministros. También se espera que este trabajo pueda ser benéfico para aquellos que realizan
encuentros, retiros espirituales, convivencias, cuyo fin sea dar un espacio en el cual la gente
se encuentre con Dios.

Desarrollo

La iglesia ecuatoriana en la época pos-conciliar vive momentos de cambios fuertes a nivel


social y cultural. La presencia y la tensión entre los movimientos de izquierda y derecha y su
deseo de acción social es algo que inquieta a la Iglesia y de cierto modo, la persuade a escoger
uno de estos bandos. La historia ya lo contó. Parte del clero se inclinó por la izquierda. Y es
que la realidad de América Latina es una realidad de pueblos oprimidos, que sufren pobreza e
incluso, miseria.

Por ello, se realizan conferencias en donde los obispos de los pueblos de Latinoamérica se
encuentran para discutir aquellos problemas que los aquejan en común. El CELAM fue la
institución requerida para ello: Centro episcopal para América Latina. Las conferencias que
más serán recordadas fueron las de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida, en las
cuales se desarrollaron temas como la evangelización de los pobres, la acción liberadora de
Jesucristo contextualizada en un período de opresión política, la “nueva evangelización” y la
inculturación, respectivamente.

Pues bien, ¿Dónde entra, en este proceso, la teología de la liberación, la globalización y la


secularización que se mencionaron anteriormente? ¿Realmente tuvieron influencia? Sí, y
mucha.

Téngase en cuenta el proceso revolucionario que vivió América Latina. La gente quería ver
cambios. El comunismo y sus ideas marxistas alentadoras para el cambio en el más acá y no
en el más allá –dada su visión materialista del mundo– eran como leña para seguir avivando el
fuego devorador que ardía en el corazón de las masas, deseosas de justicia, de paz, de cambios
sociales aquí y ahora. La teología de la liberación era una mezcla de todo esto con la fe. En
otras palabras, en nombre de Cristo y su acción liberadora, la misma iglesia quiso tomar las
riendas para el cambio social. La evangelización terminó por ser un adoctrinamiento de la
línea de izquierda.

La intención era buena, sin embargo, esa no es la misión principal de la Iglesia y el


problema fue su excesivo énfasis en lo material. La fe, nutrida de este tipo de teología, se
enflaquecía al punto de desaparecer en virtud de la carencia de espiritualidad.

La teología de la liberación convertía a las celebraciones eucarísticas en momentos de


charlas políticas y planes sociales. La presencia de la iglesia evangélica y su mensaje dotado
de espiritualidad fue lo que suplió la necesidad espiritual de los fieles (Andrade, 2004).

En cuanto al tema de la globalización, este es un dato real que se está dando y lo seguirá
haciendo. Este fenómeno hace que los países estén interconectados gracias los medios de
comunicación y transporte que se han ido desarrollando. Esta comunicación ha permitido
establecer relaciones, entablar acuerdos y aprovecharse de los avances en el ámbito técnico-
mercantil, económico, tecnológico, político y cultural entre los países. Esto resulta ser un gran
beneficio. Sin embargo, actualmente, uno de los riesgos que se corre con este gran
acontecimiento, por haber surgido de la libre iniciativa, es que este dato no sea aprovechado
para el beneficio de la humanidad, sino de unos cuantos (Zenit, 2001).

En el ámbito mercantil, el riesgo es que los ricos se hagan más ricos y los pobres, más
pobres; en lo económico, el que haya una sobrevaloración de lo económico y ese sea el único
fin de establecer relaciones con otros; en el ámbito político, el grandes poderes configuren
monopolios y se anule la soberanía nacional; y en el ámbito cultural, el que se extinga lo
propio de cada pueblo y todos sean una única cultura sin diversidad. Sobre este último
aspecto, ¿qué pasa en relación a las ideas, creencias, costumbres, pensamientos? ¿Van a ser
estos también uniformes? Es lo que está pasando.

Si bien este proceso comenzó en Occidente, después de la Guerra fría, se entiende por qué
la cultura uniforme que se tienda a adoptar sea la suya. Ahora bien, a este proceso de
globalización hay que sumarle el proceso de secularización. ¿Por qué? Pues sencillo, si bien
este proceso de globalización nació en Occidente, hay que recordar que su cultura, ya en la
segunda mitad del siglo XX –en la cual se desarrolló el Concilio Vaticano II– era una cultura
que, debido a sus procesos liberales, fue sacando a Dios de todos sus ámbitos. Esto es y hace
la secularización. La secularización es equivalente a una descristianización (mercaba).

Esta es la realidad por la que pasa la iglesia ecuatoriana: una feligresía herida por la
teología de la liberación, influenciada por la globalización y la secularización. Es cierto que la
mayoría de la gente en el Ecuador es católica, sin embargo, ya en el 2011, el diario el
Universo (2011), basándose en los informes de Roma, publicó que de que sólo el 15% por
ciento de los católicos del Ecuador resultan ser católicos practicantes.

Otro aspecto que sufre la parte de la juventud es que no se identifica fácilmente con la
piedad popular: las novenas, el Rosario, las peregrinaciones resultan ser algo extraño. En
cambio, la feligresía de edad adulta lo hace con más facilidad.
¿Qué hacer ante esta situación? El presente ensayo propone exponer la importancia y la
belleza de la Liturgia y el elemento tanto dentro de ella como fuera, específicamente, en la
vida de oración de los fieles.

¿Qué es la Liturgia? La liturgia, según la Sacrosanctum Concilium (1963), es el ejercicio


del sacerdocio de Cristo. Se trata pues de la unión del hombre con Dios, lograda en virtud de
la muerte y resurrección de Jesús. El acto litúrgico donde por excelencia se realiza esto es la
Eucaristía.

Ahora bien, muchos fieles no son conscientes de esta realidad: Es el mismo Cristo que
ejerce su sacerdocio en la persona del sacerdote. Cristo está presente en la persona del
sacerdote. Además, también está en las especies eucarísticas: el vino y el pan. Los fieles
deberían quedar pasmados de tal realidad.

Lamentablemente no sucede así en unos casos. La Eucaristía deja de tener por centro a
Cristo y comienza a tener por centro al hombre. El hombre entre más se vuelva alguien activo
en la Misa, en cuanto tenga más protagonismo, en cuanto quien oficia la Misa logre captar
mejor la atención de la gente, mantenerla animada, la Misa tiene su valor. Eso no es así. La
Misa tiene su valor por sí misma porque es el mismo Cristo quien es el sacerdote, quien es la
víctima que se sacrifica y quien es el altar.

Haciendo referencia a una charla informal del padre español Miguel Muñoz (2019) a un
grupo de peregrinos en Medjugorie, se puede afirmar que la gente está inclinándose hacia un
show. La Misa resulta un show, un entretenimiento. La celebración de los sacramentos, la
primera comunión, la confirmación, tiene ya sus guiones y cuanto surja algo nuevo, donde
quienes reciben el sacramento y sus padrinos digan algo distinto, adicionado al ritual, la
celebración resulta más rica. Con esto se quiere ganar a los fieles, lograr más adeptos. Pero
esto no es la esencia de la celebración litúrgica.

Para los fieles, la real celebración de la Misa es una participación en el misterio. No se


trata de una algarabía que eleve el sentido de fiesta, aunque la Misa sea especial. Allí, ante el
misterio de algo tan grande, vale más callar. Esta es una actitud ante lo sagrado. Se trata pues
de la línea horizontal en la relación Dios-hombre. La familiaridad, en palabras del cardenal
Robert Sarah (2017), no aumenta la intimidad. Al contrario, tomar cierta distancia es bueno
para la comunión profunda.

El autor del presente trabajo reconoce en este punto que es necesaria el encuentro con
Dios, una experiencia con Él para la persona que no es consciente de esta realidad, sea en un
retiro espiritual, en una evangelización espontánea. El gusto por lo espiritual tiene que surgir
en la persona.

Ahora bien, continuando con el trabajo, el elemente del silencio viene a ser el siguiente
punto por tratar. Según Robert Sarah (2017), el silencio es el lenguaje de Dios. ¿Por qué los
santos fueron todos, sin excepción, personas de gran oración de dedicaban horas a la oración
en silencio? Esta pregunta nos da luces con respecto al silencio como lenguaje de Dios. Por
tanto, el silencio es necesario para el encuentro con Dios.

Pero, ¿cómo hacer silencio en una época tan seducida por el ruido? Pues bien, es tiempo de
hacer prioridades y dirigirse al centro, a lo que merece realmente la atención del hombre: hay
que dirigirse a Dios y hacer silencio para encontrarlo. Y dada las circunstancias actuales, hay
que trabajar el silencio y esto es un trabajo, una mortificación. Lo superfluo no cuesta, el tener
una oración parlanchina con Dios no cuesta. En cambio, el silencio, sí. El fruto, sin embargo,
es benéfico para el alma.

El silencio resulta propiciar una actitud de adoración. El Catecismo de la Iglesia católica


dice en su numeral 2628:

“La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su
Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del
Salvador que nos libera del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el “Rey de
la gloria” y el silencio respetuoso en presencia de Dios “siempre […] mayor”. La
adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y
da seguridad a nuestras súplicas”

Ahora bien, ¿qué hace el elemento del silencio en la celebración litúrgica? Pues
proporciona al creyente el tener una disposición de conversión interior. El creyente está vuelto
hacia Dios.

En este punto, el autor del presente ensayo también desea hacer una consideración: dado
que el silencio no es algo común tanto en las celebraciones litúrgicas como en los momentos
de oración, quienes dirijan estos momentos deben proporcionar a los fieles una introducción,
un mensaje claro de la importancia del silencio. Las distintas vivencias del silencio deben ser
acorde a la madurez de la persona y su deseo de encontrarse con Dios. Téngase en cuenta esto
cuando los distintos momentos sean realizados ya sea con niños, adolescentes, adultos, entre
otros.

Prosiguiendo con el propósito del trabajo, finalmente, se presentan unas ideas del cardenal
Robert Sarah con respecto a la importancia de la liturgia y el elemento del silencio dentro de
la misma liturgia. Según el cardenal, la enfermedad del rito romano es la habladuría, el ruido
que resulta hasta agotador. El motiva a preguntarse cómo es que antiguamente, antes de la
existencia del micrófono, eran posibles las celebraciones litúrgicas. La gente hacía silencio.

Además, otra advertencia del cardenal es que el demonio tiene por objetivos la catequesis y
la liturgia. Es por esto, que se vuelve de suma importancia la instrucción de los fieles con
respecto a la liturgia y, obviamente, desde la catequesis o desde un plan pastoral que tenga por
intención instruir a los fieles en este aspecto.

Conclusión

La realidad Cristo-céntrica de la Liturgia convierte al creyente en un sujeto pasivo en la


celebración del misterio eucarístico. Esta realidad tiene una fuerza particular cuando es
acompañada del elemento del silencio. Esta realidad de la Eucaristía y el silencio no son
elementos nuevos, son tan antiguos. Su novedad está en la frescura que trae siempre a los
creyentes. Es la frescura de un corazón con deseos constantes de conversión, de mantener la
existencia vuelta únicamente hacia Dios, origen y fin últimos de todas las cosas.

Como último punto, y a manera de recomendación, el autor del presente trabajo hace un
llamado, una invitación, a la vivencia de estas dos realidades para las personas que desean
hacer entrar al grupo de personas que acompañan a un encuentro con Cristo, un encuentro que
haga que su fe sea profunda y la esencia de sus vidas sea Él mismo.

Además, no se debe caer en la desesperación de quien no entienda esto, debe tener esa
experiencia a cualquier costo, incluso, cometiendo sacrilegios, por ejemplo, el hacer comulgar
a personas en una convivencia al momento de la Eucaristía sin importar que estén preparadas
para el Sacramento. No hay que desesperar con quienes no entienden el misterio.

Bibliografía

Andrade, Susana. 2004. Protestantismo indígena procesos de Conversión Religiosa en la


Provincia de Chimborazo. Editorial Abya-Yala. Quito.

Catecismo de la Iglesia Católica.

Grabación de charla informal del padre Miguel Muñoz a un grupo de peregrinos en


Medjugorie. 13 de septiembre de 2019.

El Universo. 20 de noviembre de 2011. Influencia de la Iglesia católica se ha ido diluyendo en


el tiempo. Recuperado de: https://www.eluniverso.com/2011/11/20/1/1445/influencia-
iglesia-catolica-ha-ido-diluyendo-tiempo.html Guayaquil, Ecuador

Mercaba enciclopedia. La secularización. Diario de Navarra / Casiano Floristán , catedrático


emérito de teología pastoral. Recuperado de:
https://mercaba.org/Enciclopedia/S/secularizaci%C3%B3n.htm
Pablo VI. 1963. Sacrosanctum Concilium. Vaticano

Sarah Robert. 10 de mayo de 2017. La fuerza del silencio en la liturgia. Canal: Diócesis de
Córdoba. Recuperado de:
https://www.youtube.com/watch?v=atGdWKvLwcU&list=WL&index=4&t=1584s

Zenit. 05 de julio de 2001. Libro del cardenal de Génova en vísperas del G-8. Recuperado de:
https://es.zenit.org/articles/libro-del-cardenal-de-genova-en-visperas-del-g-8/