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HIDROITUANGO

Es el nombre del proyecto hidroeléctrico más grande en la historia de Colombia, está ubicado
sobre el río Cauca entre el municipio de Ituango y el corregimiento de Puerto Valdivia. Su
construcción inició en 2010 y se desconoce la fecha de inicio de operación, debido a graves
inconvenientes técnicos, ambientales y políticos.

UBICACIÓN Y CARACTERISTICAS

El proyecto de Hidroituango está ubicado al occidente de Colombia, en el departamento de


Antioquia, a unos 171 kilómetros de Medellín, capital de este departamento, en tierras de los
municipios de Briceño, Ituango y Toledo. Su construcción es con núcleo del suelo, y se espera
que tenga una altura de 220 metros y un embalse de 70 kilómetros de largo, que contendría
hasta 2.720 millones de metros cúbicos de agua. La casa de máquinas tendría instaladas
ocho (8) turbinas capaces de generar 2.400 MW, lo que la convertiría en el proyecto
hidroeléctrico más grande de Colombia.

RESEÑA HISTORICA

El proyecto Hidroituango fue concebido inicialmente durante las décadas de 1960 y 1970 y ya
en 1979 se hicieron los primeros estudios que mostraban la viabilidad de su construcción. Sin
embargo fue en 1997, con la expedición por parte de la Asamblea de Antioquia de la
Ordenanza 35 del 29 cuando se creó la “Sociedad Promotora de la Hidroeléctrica. Mas sin
embargo la empresa Pescadero S.A.”, que se ha venido desarrollando lo concerniente a la
capitalización del proyecto. Actualmente los principales socios del Proyecto Hidroituango en su
orden son el Departamento de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín. Hidroituango
inundará 2 pequeños pueblos; Orobajo en Sabanalarga y el corregimiento Barbacoas
en Peque.

AFECTACIONES SOCIO – AMBIENTALES DEL PROYECTO

Este cañón rocoso, con paredes de hasta 90 grados, conforma abismos que protegen el
bosque seco y el río que baja a alta velocidad. El Cauca serpentea por entre faldas y pliegues,
recorriendo varios municipios antioqueños . De una manera u otra, más de 180.000 habitantes
campesinos, barequeros, pescadores, transhumantes del cañón, viven hoy con desasosiego,
por la puesta en marcha de la represa, prevista para la Navidad del año 2018.

Los desalojos de familias campesinas de barequeros y pescadores son hoy una fuente de
preocupación. Ya se llevó a cabo uno en 2015, que afectó a más de 500 familias, en la playa
La Arenera, donde se pasaron por alto los derechos de las víctimas del conflicto y los
lineamientos de derechos humanos de las Naciones Unidas. En febrero de 2018 vuelven las
agresiones del Esmad para producir más miedo y desplazamiento. Esta situación recuerda el
término de ‘hidrocausto‘, como lo plantea el profesor y diputado español Pedro Arrojo, quien
acuña este concepto en la Nueva Cultura del Agua. Aplica como anillo al dedo al conflicto
socioambiental de los “cañoneros” del río Cauca.

Para los grandes accionistas que financian la represa, Hidroituango será la generadora más
grande del país y una comercializadora de energía altamente competitiva en el mercado
nacional e internacional. Sin embargo, para el Movimiento Ríos Vivos, que agrupa a 15
organizaciones sociales que se oponen a los efectos de la megaobra, los impactos se
evidencian en su vida cotidiana, desde 1997, cuando se inició la Asociación Pescadero
Ituango.

Desde aquel entonces ya acechaban las amenazas. Hoy en el área de influencia del cañón,
están presentes los grupos armados del ELN, disidencias de las Farc, paramilitares
Autodefensas Gaitanistas de Colombia AGC, Esmad, narcos del Clan del Golfo, Ejército,
gamonales y malandrines del oro, unos y otros al acecho de oportunidades ante el revuelo
causado por las organizaciones sociales por la construcción de la represa.

Fenómenos colaterales a la obra florecen con la presencia de todos estos actores: Alza en
precios de la tierra, deslizamientos de sedimentos y rocas generados por la deforestación en
las obras, barequeros y pescadores heridos, afectaciones por la contaminación de residuos
en las aguas, tanto por la minería ilegal como por los materiales residuales de la construcción
de la represa, campos sembrados de minas antipersonal. La vida bucólica del campo perdió la
tranquilidad por estar infestada con el mercado de narcos, protegiendo sus corredores
estratégicos hacia Córdoba y el Urabá. Los desalojos de cientos de familias campesinas se
están produciendo en este escenario confuso, como si no pasara nada. Como dice un senador
con interés en tierras en la región, todo por el bien de la patria.

El clamor de las gentes que habitan este territorio está fundamentado en mil razones. (2) Entre
esas, la ausencia de planes de reubicación, la falta de claridad en el plan de manejo
ambiental pre y post inundación del embalse, en la corrupción y amenaza ante cualquier
denuncia ante la Fiscalía. Nadie confía en nadie. Cuentan que la represa también cala hondo
en los corazones heridos por la guerra, en la búsqueda de familiares desaparecidos. Muchos
quedarán enterrados en el fondo del lago. Otros ya fueron enterrados y adoptados por deudos
anónimos que encontraron los cadáveres flotando en el río Cauca. Las fotografías de Juan
Manuel Echavarría sobre los ‘NN‘ encontrados en las playas del cañón, dan buena cuenta del
drama de tantos desaparecidos, que aún son buscados por sus familiares.

El conflicto socioambiental suscitado en Hidroituango, como en otras represas en Antioquia,


es el resultado de una política minero-energética impulsada por el Estado y avalada por
exgobernadores amigos de las represas, las grandes propiedades y poseedores de una
“exaltada” visión del desarrollo. Está visión ya cumplió su ciclo, con tanta sangre derramada.

Desde la perspectiva científica, ya está comprobado que las emisiones de gases de efecto
invernadero de ríos represados, contribuyen al calentamiento global. Cuando los embalses de
las represas se inundan, alteran los ecosistemas de toda el área de influencia, cambiando el
patrón de flujo de CO2 y metano a la atmósfera. Esto sucederá en diciembre de 2018 al
inundar el cañón del río Cauca: las plantas y suelos que se van a descomponer, van a liberar
todo el carbono almacenado y las consecuencias serán un desastre no natural anunciado.
Experiencias recientes ya demostraron que la mortandad de peces producida por los gases
emitidos por la biomasa que queda en el fondo del lago, genera una crisis alimentaria de
pescadores y campesinos en la zona. El bosque seco tropical (BST) que está en proceso de
desaparecer en Colombia, quedará bajo el agua y dejará de prestar los servicios
ecosistémicos, vitales para la mantener la biodiversidad de especies de flora y fauna
endémicas de la región.

Todos estos efectos retardarán las metas acordadas para la transición energética pactada en
el Acuerdo de París en 2015, frente a la crisis climática mundial. La megainversión en estos
proyectos que modifican la geografía andina, en pro del buen negocio para generar energía
eléctrica, son ya, a nivel internacional, una opción cuestionada. La misma banca multilateral
que ha financiado represas en otras regiones del mundo tropical, expresa sus dudas por los
altos costos sociales y ambientales.

Vale preguntarse entonces, ¿qué tan benéfica será la represa para las comunidades locales,
en territorios donde impera el cultivo de coca? En la región de Sabanalarga, Uitango, Yarumal,
Valdivia, Caucasia, Toledo, Briceño, San Andrés de Cuerquia, Peque, Pescadero y en zonas
de Resguardos Indígenas Embera Katío de San Román y Jaidukama, y otros, ya se evidencia
la dependencia de las drogas en jóvenes rurales y en el desarraigo de la cultura campesina.

A estos pueblos también llegan aguas residuales contaminantes de las obras de la represa, de
los cultivos de coca y de la minería ilegal, afectando ciénagas y afluentes del río Cauca. El
Movimiento Ríos Vivos tiene la valentía de levantar la voz y defender los recursos naturales en
medio de este panorama donde parece que no hubiera vuelta atrás.

INSIDETES DEL PROYECTO

Desde el mes de abril de 2018, se presentaron obstrucciones generalizadas en los túneles de


desviación del río Cauca, por causas aún desconocidas en su totalidad, razón por la cual se
presentó un llenado no programado e incontrolado del embalse, obstruyendo completamente
la vía de comunicación al municipio de Ituango y causando el hundimiento parcial anticipado
de los corregimientos de Orobajo (Sabanalarga) y Barbacoas en Peque, generando
desplazamiento de la población que aún permanecía en el territorio.
La situación se vio agravada días después por un posible riesgo de que el nivel del agua
sobrepasara la presa, aún en construcción y esto generara una rotura que pudiera destruir el
corregimiento de Puerto Valdivia y los municipios de Tarazá y Caucasia, junto con las
cabeceras urbanas de Cáceres, Nechí y varios de sus corregimientos; razón por la cual se
tomó la decisión de inundar la casa de máquinas (aún en construcción) con el fin de hacer que
el río volviera a su cauce natural y evitar una tragedia; esta decisión, acertada desde cualquier
punto de vista; trajo sin embargo pérdidas incalculables al proyecto.
A pesar de todas las medidas tomadas, el 12 de mayo de 2018 hubo un destaponamiento
natural de uno de los túneles originales de desviación, lo que generó una creciente súbita del
río que obligó la evacuación de una gran cantidad de población; al bajar la creciente súbita,
ésta generó graves daños al poblado de Puerto Valdivia, dejando centenares de damnificados
y pérdidas materiales millonarias, entre ellas la destrucción de un histórico puente sobre el río
Cauca que se convertía en su símbolo más reconocible y que permitió por primera vez el paso
por tierra entre los departamentos de la costa atlántica y el interior del país a través del centro
de Antioquia.
El 16 de mayo de 2018 se ordenó la evacuación preventiva de los pueblos de Puerto Valdivia,
Puerto Raudal y El Quince en Valdivia, El Doce en Tarazá, la cabecera urbana de Cáceres y
sus corregimientos Puerto Bélgica, Piamonte y Guarumo, sumados a la cabecera urbana
de Caucasia y sus corregimientos Palanca, Palomar y Margento; además de parte de la zona
urbana de Nechí y su corregimiento Colorado; debido a la alerta de una nueva creciente
súbita, que se originó porque que la estructura de la casa de máquinas no pudo con el peso y
la fuerza del agua del río Cauca, lo que terminó destruyendo el túnel y la caverna donde se
alojaban los equipos. Más tarde la orden de evacuación se extendió hacia los municipios
de Caimito y Guaranda en Sucre, junto con zonas rurales de San Benito Abad escalando la
emergencia a un nivel nacional.
Las aguas del río Cauca que se encontraban represadas y las que estaban en movimiento por
uno de los túneles, causaron una fuerte avalancha que entró por estos canales e hicieron
colapsar la casa se máquinas, considerado el cerebro de la que sería la planta de generación
eléctrica Hidroituango. El presidente de la Asamblea de Antioquia, Santiago Manuel Martínez
Mendoza, confirmó el hecho a través de sus redes sociales.
En la mañana del 17 de mayo de 2018, la gerencia de EPM admitió que existe la posibilidad
de que la presa se rompa debido a que el agua que está golpeando la base podría erosionar y
desestabilizar la infraestructura por lo cual se elevó a 12 la cifra de municipios que deben
iniciar proceso de evacuación en 4 departamentos del país, con una gran cantidad de
corregimientos y poblados que se suman a los ya evacuados el 16 de mayo
El alcalde de Medellín señaló que de romperse la presa, se generaría una ola tipo tsunami.
Que dadas la magnitud del embalse sería de una cota máxima de 150 metros de altura la
pared de agua. Por lo cual se suman a los pueblos y ciudades evacuadas con anterioridad, El
Aro en Ituango, Raudal en Valdivia, la cabecera urbana de Tarazá y sus corregimientos Puerto
Antioquia y Piedras; el corregimiento El Jardín-Tamaná en Cáceres, el corregimiento La
Ilusión en Caucasia, el corregimiento Las Flores en Nechí y las cabeceras urbanas de los
municipios de San Jacinto del Cauca y Achí en el departamento de Bolívar; así como Ayapel y
su corregimiento El Cedro en el departamento de Córdoba, junto con zonas rurales de Briceño
(Antioquia) y Majagual (Sucre).
En total las zonas evacuadas y en alerta se encuentran en 4 departamentos, dentro de 12
municipios, incluidos 25 núcleos urbanos entre municipales y corregimentales, (entre los que
se encuentran las ciudades de Caucasia y Tarazá, unas de las más importantes de Antioquia)
además todas las veredas y comunidades rurales adyacentes al río Cauca aguas abajo del
proyecto. El peligro latente se aumentó debido a la temporada de lluvias torrenciales que está
viviendo el país ya que el río Cauca es receptor de miles de arroyos y quebradas, cientos de
las cuales aportan un gran caudal; añadiendo de que existen casi 100 ríos de proporciones
considerables que desembocan al Cauca aguas arriba de Hidroituango, y que gracias a la
temporada de lluvias, estuvieron haciendo aportes significativamente altos de sedimentos y
agua al Cauca, dificultando las medidas de mitigación y subiendo de manera incontrolada el
nivel del embalse en la presa que aún no se termina. Advirtiendo esto, se ha hablado que
podría convertirse en un desastre sin precedentes en la historia de Colombia, donde algunos
expertos proyectan que tiene el potencial para ser la segunda catástrofe más grande de la
ingeniería mundial en todos los tiempos. Existe un peligro latente para más de 120.000
personas.
El 18 de mayo de 2018, el nivel de caudal del río comenzó a descender cerca de un 20% lo
que mejoró significativamente el nivel de evacuación de la presa y ha acelerado los trabajos
de contingencia. Sin embargo el nivel de alerta sigue al máximo, al punto de que el ministerio
de transporte ordenó ese mismo día el cierre total de la Ruta Nacional 25 (Troncal de
Occidente) entre los tramos Yarumal-Caucasia.
El 21 de mayo de 2018, luego de trabajar en la construcción de la presa, con condiciones del
río especialmente favorables; se presenta un nuevo incidente en uno de los túneles
taponados; de manera que se inician los protocolos en atención a una nueva emergencia.

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