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¿PUEDE UN CRISTIANO PERDER LA SALVACION?

INTRODUCCIÓN

Para el propósito de este ensayo, se definirá al cristiano como un verdadero


creyente, es decir, como un pecador que por la gracia de Dios ha experimentado
genuinamente el nuevo nacimiento y la conversión por haber creído en el sacrificio
de Jesucristo en la cruz, apropiándose de él, entregándole por fe su vida, y
haberle recibido como su único salvador y Señor. Como resultado, Jesús le
asegura el perdón de sus pecados, la vida eterna en su presencia y múltiples
bendiciones asociadas.

Lamentablemente en la actualidad la fuerza del término “cristiano” ha ido


rebajándose y resplandece escasamente la distintiva huella de vivir
comprometidamente en obediencia al Señor del cristianismo. ¿Qué ha pasado con
el cristiano del primer siglo, aquel del cual los pobladores de Tesalónica afirmaron:
“Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá”? (Hechos 17:6).

En varias ocasiones hemos visto a personas que han hecho una profesión de
fe y que luego de haberse involucrado activamente en la vida ministerial de la
iglesia, repentinamente se alejan y no quieren saber ya nada de Cristo ni de la
iglesia y viven en apostasía, como si nunca hubieran conocido a Cristo. ¿Será
posible que un cristiano pueda perder la vida eterna después de haberla
recibido? Por otro lado, si no es posible perderla, ¿podría afirmarse que no
importa vivir en cualquier pecado si esta salvación no puede perderse?, ¿Se
constituye esto en una licencia para pecar?

Ante esta disyuntiva, ¿cómo podemos asegurarnos hoy que al morir iremos a
la presencia de Dios? Este ensayo busca contribuir al discernimiento de esta
antigua controversia, para lo cual estudiará lo que enseñan los principales
sistemas teológicos en cuanto a esta certeza o incerteza de retención de la
vida eterna, y presentará evidencia bíblica que proporcione razones por las
cuales el cristiano puede tener la seguridad de su salvación eterna, y por ello,
mantener una esperanza en las promesas de Dios, tocantes a la eternidad
futura.

1
I. DISTINTAS PERSPECTIVAS TEOLÓGICAS

La seguridad de la salvación del cristiano es un tema que desde el siglo XVI ha


suscitado mucha controversia por parte de la Iglesia Católica de Roma, hacia la
naciente teología protestante. En síntesis, esta doctrina, fruto del
protestantismo, sostiene que Dios preserva la salvación eterna de los
verdaderos cristianos, y que estos nunca la pueden perder.

Los teólogos de las diferentes líneas de pensamiento usaban los medios a su


alcance para hacer prevalecer su posición denominacional. Se dará a
continuación un resumen de las principales posiciones teológicas imperantes
en la iglesia católica y evangélica a partir de la Reforma Protestante.

A. LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA.


La Iglesia de Roma (la Iglesia) negó abiertamente esta doctrina en el
Concilio de Trento (1545-1563) 1 . El canon XVI del Decreto de la
Justificación, dice literalmente: “Si alguno dijere con absoluta e infalible
certidumbre, que ciertamente ha de tener hasta el fin el gran don de la
perseverancia, a no saber esto por especial revelación; sea excomulgado.”

De igual manera, decretó que la gracia de la salvación del creyente podía


perderse por causa de cualquier pecado “mortal”, tal como se indica en el
capítulo XV del Decreto de la Justificación, presentado a continuación:

Se ha de tener también por cierto, contra los astutos ingenios de algunos que seducen con
dulces palabras y bendiciones los corazones inocentes, que la gracia que se ha recibido en la
justificación, se pierde no solamente con la infidelidad, por la que perece aún la misma fe,
sino también con cualquiera otro pecado mortal, aunque la fe se conserve: defendiendo en
esto la doctrina de la divina ley, que excluye del reino de Dios, no sólo los infieles, sino
también los fieles que caen en la fornicación, los adúlteros, afeminados, sodomitas,
ladrones, avaros, vinosos, maldicientes, arrebatadores, y todos los demás que caen en
pecados mortales; pues pueden abstenerse de ellos con el auxilio de la divina gracia, y
quedan por ellos separados de la gracia de Cristo .

1
Biblioteca Electrónica Cristiana, “Concilio de Trento, Documentos del Concilio de Trento”,
http://www.multimedios.org/docs2/d000436/p000003.htm#h18 (consultado el 19 de julio de 2007).

2
Como un atenuante del caso en que los cristianos perdieran la gracia de la
justificación, éstos podían recuperarla por la práctica de las buenas obras,
como fue decretado en el capítulo XIV del referido Decreto de la
Justificación:

Los que habiendo recibido la gracia de la justificación, la perdieron por el pecado,


podrán otra vez justificarse por los méritos de Jesucristo, procurando, excitados con
el auxilio divino, recobrar la gracia perdida, mediante el sacramento de la
Penitencia. Este modo pues de justificación, es la reparación o restablecimiento del
que ha caído en pecado; la misma que con mucha propiedad han llamado los santos
Padres segunda tabla después del naufragio de la gracia que perdió. En efecto, por
los que después del bautismo caen en el pecado, es por los que estableció Jesucristo
el sacramento de la Penitencia, cuando dijo: Recibid el Espíritu Santo: a los que
perdonaréis los pecados, les quedan perdonados; y quedan ligados los de aquellos
que dejéis sin perdonar. Por esta causa se debe enseñar, que es mucha la diferencia
que hay entre la penitencia del hombre cristiano después de su caída, y la del
bautismo; pues aquella no sólo incluye la separación del pecado, y su detestación, o
el corazón contrito y humillado; sino también la confesión sacramental de ellos, a lo
menos en deseo para hacerla a su tiempo, y la absolución del sacerdote; y además de
estas, la satisfacción por medio de ayunos, limosnas, oraciones y otros piadosos
ejercicios de la vida espiritual: no de la pena eterna, pues esta se perdona juntamente
con la culpa o por el sacramento, o por el deseo de él; sino de la pena temporal, que
según enseña la sagrada Escritura, no siempre, como sucede en el bautismo, se
perdona toda a los que ingratos a la divina gracia que recibieron, contristaron al
Espíritu Santo, y no se avergonzaron de profanar el templo de Dios. De esta
penitencia es de la que dice la Escritura: Ten presente de qué estado has caído: haz
penitencia, y ejecuta las obras que antes. Y en otra parte: La tristeza que es según
Dios, produce una penitencia permanente para conseguir la salvación. Y además:
Haced penitencia, y haced frutos dignos de penitencia.

La penitencia se constituyó en la clave para recuperar la salvación. Su


punto de vista era semejante al semipelagianismo, ya que hizo que la
salvación dependiera de las acciones obedientes del hombre; estando así,
la obra salvífica condicionada a su libre albedrío. 2 Puede apreciarse que
este sistema las acciones del hombre penitente son la clave para la
recuperación de la salvación otorgada por la gracia de Dios.

2
Louis Berkhof, Teología Sistemática (Michigan: Libros Desafío, 2002), p. 653.

3
B. LOS LUTERANOS.
Para los luteranos la salvación no depende del hombre sino de la gracia de
Dios. Su medio de salvación sólo por la fe se convirtió en su punto clave de
doctrina. Lutero puso énfasis en la fe del creyente como base de su
justificación e hizo depender la perseverancia del creyente de la continua
actividad de la fe, de manera que tanto la justificación como la salvación
3
pueden perderse por el pecado de apostasía o incredulidad , aceptando
así, que los verdaderos creyentes pueden caer de la gracia.

Para el luteranismo alguien que ha sido salvo y que apostata de la fe, con
toda certeza será restaurado y finalmente será salvo 4. En cierto sentido, los
luteranos se ubican en una posición indefinida, ya que por un lado aceptan
que la fe puede perderse por el pecado de apostasía, llegando a hacer
dependiente la salvación de las obras humanas y no de la gracia de Dios.
Por otro lado afirman que el creyente verdadero que ha perdido la salvación
por causa de incredulidad o apostasía será restaurado y finalmente será
que salvo.

C. LOS CALVINISTAS Y LOS REFORMADOS.


En cuanto a la aplicación de la redención, los reformados siguieron las
enseñanzas de los calvinistas en cuanto a los fundamentos soteriológicos
de sus doctrinas. Los calvinistas pusieron su énfasis en la justificación por
la gracia mediante la fe, basando su doctrina de la perseverancia en la
elección de Dios. Esta doctrina enfatiza que las personas que han
depositado su fe en Jesucristo como su salvador, son salvos,
constituyéndose por ello en verdaderos creyentes que nunca podrán
abandonar la fe, ya que no pueden caer de la gracia y por lo tanto no
pueden perder la salvación.

1. El sínodo de Dort
3
Francisco Lacueva, Doctrinas de la gracia (Barcelona: CLIE, 1987), p. 150.
4
Lewis Sperry Chafer, Teología Sistemática (Dalton, Publicaciones Españolas: 1974), p.1092.

4
Esta doctrina constituye el quinto de los cinco puntos del calvinismo, los
cuales fueron presentados en 1609 por el Sínodo de Dort, 5 detallándose
a continuación:
1. La Depravación total (o inhabilidad total) del hombre: Como consecuencia
de la Caída del hombre, cada persona que nace en este mundo está esclavizada
al servicio del pecado. Según este punto, las personas, por naturaleza, no están
inclinadas a amar a Dios con todo su corazón, mente o fuerza, sino que están
inclinadas a servir sus propios intereses sobre aquellos de su prójimo, y
rechazan el señorío de Dios. Por esto, todas las personas, por sus propias
facultades, son incapaces de escoger el seguir a Dios y ser salvos.
2. Elección Incondicional: La elección de Dios desde la eternidad de aquellos a
quienes Él traerá a Sí mismo no es basada en virtud prevista, mérito, o fe en
dichas personas. Sino que está incondicionalmente fundada en la misericordia
de Dios.
3. Expiación Limitada (o redención particular o expiación definida): La muerte
de Cristo tuvo como propósito quitar la culpa de los pecados solamente de
aquellos a quienes Dios escogió en su misericordia antes de la fundación del
mundo y que posteriormente atraería a sí mismo. Se "limita" en quitar los
pecados de los elegidos, mas no de los de la humanidad, y es "definida" y
"particular" porque la expiación es segura para estas personas particulares.
4. Gracia Irresistible: La salvación de un ser humano se realiza en las tres
personas de la Trinidad, el Padre Eligió a los que habrían de ser salvos, El Hijo
llevó a cabo la redención y propiciación, el Espíritu Santo, llama y persevera a
los santos. Esta llamada, cuando es efectuado por el Espíritu Santo, es eficaz, no
puede ser resistido por la persona, que necesariamente llegará a la Fe en la obra
Salvadora de Jesús.
5. Perseveración de los Santos: (Entiéndase Santos como aquellas personas que
han adoptado la Fe en Jesucristo y por tanto son salvos) Aquella persona que ha
sido llamada por el Espíritu Santo y que por ello es un verdadero creyente,
nunca podrá abandonar la Fe. Esta doctrina es un resultado de la inmutabilidad
del carácter de Dios y de su Omnipotencia, que al proponerse desde antes de la
fundación del mundo tener misericordia para con una persona, El realizará su
propósito sin falla. Por lo tanto un verdadero creyente no puede caer de la
gracia, no puede perder la salvación.
2. La Confesión de Fe de Westminster.
En la misma línea de pensamiento, el Capítulo 17 de la Confesión de Fe
de Westminster6, declara apologéticamente la doctrina de la
perseverancia de los santos la cual, en esencia expresa que los
creyentes “no pueden ni total ni finalmente caer del estado de la gracia,

5
Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Calvinismo#Los_Cinco_Puntos_del_Calvinismo,
(consultado el 21 de julio de 2007).
6
Confesión de fe de Westminster, http://www.thirdmill.org/files/spanish/77072~1_29_01_11-47-
31_PM~Wcf-es2.html#17, (consultado el 21 de julio de 2007).

5
sino que ciertamente perseverarán en ella hasta el fin, y serán salvos
eternamente”7. Se presenta a continuación el detalle de la doctrina de la
perseverancia de los santos, como está contenida en este capítulo.

I. A quienes Dios ha aceptado en su Amado, y que han sido llamados


eficazmente y santificados por su Espíritu, no pueden caer ni total ni
definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en
él hasta el fin, y serán salvados eternamente. (1)
1. Filipenses 1:6; 2 Pedro 1:10; Juan 10:28,29; 1 Juan 3:9; 1 Pedro 1:5,9.

II. Esta perseverancia de los santos depende no de su propio libre albedrío, sino
de la inmutabilidad del decreto de elección, que fluye del amor gratuito e
inmutable de Dios el Padre; (1) de la eficacia del mérito y de la intercesión de
Jesucristo; (2) de la morada del Espíritu, y de la simiente de Dios que está en los
santos; (3) y de la naturaleza del pacto de gracia, (4) de todo lo cual surge
también la certeza y la infalibilidad de la perseverancia (5).
1. 2 Timoteo 2:18,19; Jeremías 31:3.
2. Hebreos 10:10,14; 13:20,21; 7:25 y 9:12-15; Juan 17:11,24; Romanos 8:33-39;
Lucas 22:32.
3. Juan 14:16,17; 1 Juan 2:27 y 3:9.
4. Jeremías 32:40.
5. 2 Tesalonicenses 3:3; 1 Juan 2:19; Juan 10:28.

III. No obstante esto, es posible que los creyentes, por las tentaciones de Satanás
y del mundo, por el predominio de la corrupción que queda en ellos, y por el
descuido de los medios para su preservación caigan en pecados graves; (1) y por
algún tiempo permanezcan el ellos; (2) por lo cual atraerán el desagrado de
Dios; (3) contristarán a su Espíritu Santo; (4) se verán excluidos en alguna
medida de sus gracias y consuelos; (5) tendrán sus corazones endurecidos; (6) y
sus conciencias heridas; (7) lastimarán y escandalizarán a otros, (8) y atraerán
sobre sí juicios temporales. (9)

7
Charles C. Ryrie, Teología Básica (Miami: Editorial Unilit, 1993), p.374.

6
1. Mateo 26:70, 72,74.
2. Salmos 51:14.
3. Isaías 64:5,7,9; 2 Samuel 11:27.
4. Efesios 4:30.
5. Salmos 51:8,10,12; Apocalipsis 2:4; Cantares 5:2,3,4,6,.
6. Marcos 6:52 y 16:14; Isaías 63:17.
7. Salmos 32:3,4 y 51:8.
8. 2 Samuel 12:14.
9. Salmos 89:31,32; 1 Corintios 11:32.

Ryrie define la seguridad eterna como “la obra de Dios que nos
garantiza que el don de la salvación, una vez que es recibido, constituye
una posesión permanente y no puede perderse. Puesto que la
seguridad descansa en la garantía divina y su verdad, entonces no
depende de nuestros sentimientos o experiencias ”8.
De acuerdo a W. Grudem, la mayoría de bautistas han seguido la
tradición reformada en cuanto a la doctrina de la perseverancia de los
santos, sólo que con el nombre de doctrina de la seguridad eterna.9

D. LOS ARMINIANOS.
Este sistema teológico sobre la salvación recibe su nombre del teólogo
reformado holandés Jacobo Arminio (1560-1609). El sistema arminiano
presenta la salvación como el resultado de una relación entre la soberanía
de Dios y el libre albedrío humano. Se basa en las cinco proposiciones
soteriológicas siguientes:
 El decreto divino de la predestinación es condicional, no absoluto;
 La expiación es universal en intención;
 El hombre no puede ejercer una fe salvadora por sí mismo;

8
Charles Ryrie, Una salvación tan grande. Lo que significa creer en Cristo (México: Ediciones Las
Américas, 1990), p.169.

9
Wayne Grudem, Doctrina bíblica (Miami: Editorial Vida, 2005), p.336.

7
 A través de la gracia de Dios, es una condición necesaria el esfuerzo humano, no actúa
de forma irresistible en el hombre y

 Los creyentes son capaces de resistir al pecado, pe ro no están libres de la posibilidad


de perder la gracia divina. 10

Como puede apreciarse en la última proposición, los creyentes “no están


libres de la posibilidad de perder la gracia divina”. Este punto claramente
enseña que el arminiano no tiene la seguridad eterna de su salvación. Un
creyente puede ser capaz de resistir al pecado; sin embargo, en pleno uso
de su libre albedrío, puede escoger pecar y alejarse de la fe, lo cual le
descalifica para retener su salvación por el hecho de perder la gracia divina.

En cuanto a esta posición, Ryrie afirma que esto trae por consecuencia una
clasificación de pecados, y que “si un pecado puede hacer que se pierda la
11
salvación, entonces lo puede hacer cualquier pecado” . De esta manera,
el sistema arminiano hizo la salvación dependiente de las acciones y
decisiones del ser humano.

En esta misma línea de pensamiento, los wesleyanos “han sostenido que


es posible que alguien que de veras haya nacido de nuevo pierda su
salvación”.12

II. ANÁLISIS DE PASAJES BÍBLICOS

Los textos en español presentados a continuación son tomados de la Biblia


Reina-Valera Revisión de 1960 (RV60) 13. Se usará el texto griego de las
10
Wikipedia, La enciclopedia libre, Remonstrantes, http://es.wikipedia.org/wiki/Remonstrantes,
(consultado el 22 de julio de 2007).
11
Charles C. Ryrie, Teología Básica (Miami: Editorial Unilit, 1993), p.377.
12
Wayne Grudem, op.cit., p.336.
13
RV60 usa el Textus Receptus (TR) como base para su traducción por equivalencia formal, no el
UBS4. En Juan 10:28 el TR es:

8
Sociedades Bíblicas Unidas, Cuarta Revisión (USB4) 14 para aquellos pasajes
que se estudien en griego Koiné en este documento.

A. EVIDENCIAS BIBLICAS QUE APOYAN LA DOCTRINA DE LA


SEGURIDAD DE LA SALVACION.
Los pasajes de la Biblia que apoyan la doctrina de la perseverancia son
abundantes, como se detalló anteriormente en el numeral 2 La Confesión
de Westminster, los cuales pueden ser consultados para una extensión de
este tema; sin embargo, se estudiarán solamente tres textos que son
representativos y que son usados principalmente para defender esta
doctrina:

1. Juan 10:27-29.
27
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28y yo les doy vida
eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29Mi Padre que
me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi
Padre.

En el contexto inmediato de este pasaje, Jesús confirma ser el Cristo,


pero la incredulidad de sus oyentes hace que no crean en él y al
rechazarlo, no se constituyen parte de sus ovejas. Se observa también
que el contexto define a sus ovejas como aquellos que creen en él, los
que oyen su voz y le siguen. Esto describe a los creyentes verdaderos,
aquellos que ha ejercitado su fe al depositar su confianza en Jesús y
que llevan una vida de obediencia a su voz.

La afirmación de Jesús de que no perecerán jamás, es una clara


referencia a la vida eterna, y hace un doble énfasis en que a sus ovejas
nadie las arrebatará de su mano, ni de la del Padre. De acuerdo a este

14
Barbara Aland, Kurt Aland, Johannes Karavidopoulos, Carlo Martini, and Bruce Metzger. The
Greek New Testament, Fourth revised edition (Stuttgart: United Bible Societies, 2001).

9
pasaje, la omnipotencia de Dios, Padre e Hijo, garantiza la
perseverancia en la gracia de Dios de los verdaderos creyentes.

A continuación se presenta el texto griego de Juan 10:27-29.

Tres expresiones de este pasaje merecen especial atención por estar


relacionadas con la doctrina de la seguridad de la salvación o
perseverancia de los verdaderos creyentes:

a.
La expresión ou me está compuesta por dos partículas de negación
que modifican la acción del verbo apólontai que preceden.
Apólontai, es la voz media con sentido activo, tercera persona plural
del modo subjuntivo y tiempo aoristo del verbo apóllumi que significa
causar o experimentar destrucción, perecer 15. La doble negación en
griego destaca el fuerte énfasis que Jesús hace al afirmar esta
expresión, la cual se traduce: y ellos nunca jamás perecerán
eternamente. Siendo esta una afirmación concluyente sobre la
seguridad de permanencia eterna con Cristo.

b.

15
Walter Bauer, Frederick Danker, W, Arndt, and W Gingrich, (BDAG). A Greek- English Lexicon of
the New Testament and other early Christian literature, Third Edition (Chicago: University of
Chicago Press, 2002). pp. 115-116.

10
La expresión ouj arpásei es la negación de la acción del verbo
harpádso que significa arrebatar, quitar repentinamente, tomar 16;
estando conjugado en voz activa, tercera persona singlar del modo
indicativo y tiempo futuro; traduciéndose literalmente la expresión: y
nadie arrebatará a ellos fuera de mi mano. Siendo al igual que la
anterior, otra afirmación concluyente sobre la seguridad de
permanencia eterna de las ovejas- creyentes verdaderos- con Cristo.

c.
La expresión oudeis dúnatai harpádsein es la negación de la acción
del verbo harpádso, que como se indicó en el literal anterior significa
arrebatar, quitar repentinamente, tomar; estando el verbo conjugado
en infinitivo, voz activa y tiempo presente; traduciéndose literalmente
la expresión: y nadie puede arrebatar fuera de la mano del Padre.
Siendo esta una tercera afirmación contundente sobre la seguridad
de permanencia eterna del creyente con Dios. Volviéndose esta
declaración una garantía dada por Dios para la eternidad futura del
cristiano.

2. 1 Juan 2:19.

19
Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen
sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para
que se manifestase que no todos son de nosotros.

El contexto inmediato del pasaje hace referencia a personas que habían


surgido en la congregación manifestando un carácter contrario o en
oposición a Cristo, a los cuales denomina anticristos. Acerca de ellos, el
apóstol advierte que esas personas aun cuando habían convivido con
los creyentes a quienes dirige la carta, eran anticristos; ya que usa la

16
Ibid., p. 134.

11
expresión “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros”. El
pronombre “nosotros” se repite cinco veces, constituyéndose en una
palabra clave, que denota a una comunidad de creyentes verdaderos,
de la cual Juan forma parte.

La característica del verdadero creyente que señala el apóstol para


evaluar su conversión, es que “habrían permanecido con nosotros”, en
referencia a permanecer en la fe y obediencia a Cristo. El hecho de que
hayan salido, no debe entenderse como un cambio de iglesia o una
salida por motivos de viaje, sino en base al contexto, los que salieron lo
hicieron para tornarse en anticristos, porque renunciaron a la doctrina, fe
y prácticas cristianas que caracterizan a los creyentes genuinos.

A continuación se presenta el texto griego de 1Juan 2:19:

Dos expresiones de este pasaje merecen especial atención, por estar


relacionadas directamente con la doctrina de la seguridad de la
salvación, estos son:

a.
La cláusula preposicional ex hemon exelzan expresa la separación de
algunas personas que en un tiempo formaron parte de un grupo o
comunidad. El pronombre personal en genitivo hemon “de nosotros”
denota a los miembros de la comunidad a la que escribe el apóstol,
con la cual, en un sentido universal, se identifica.

Esta separación del grupo es intencionalmente enfatizada por Juan


al usar al principio la preposición ek, invirtiendo así el orden normal
de la cláusula. La preposición ek expresa un movimiento de adentro

12
hacia fuera. Como lo muestran Louw y Nida, usada con genitivo es
un indicador del origen de una actividad o estado, con la implicación
de que algo procede de o sale de la fuente de origen 17. También, la
consideran un indicador de disociación, en el sentido de liberarse de
algo o de alguien18 . En ambos casos, la idea es la de una separación
del grupo fuente.

En la segunda cláusula all ouk esan ex hemon, la conjunción


adversativa allá, se usa para indicar el fuerte contraste entre la no
pertenencia del grupo apóstata y la fe verdadera de los creyentes
que integran la comunidad.

El verbo eimi –ser o estar- en su forma esan está en tiempo


imperfecto, denotando una acción continua ocurriendo en el pasado,
lo cual junto con la partícula de negación ouk implica que los que
salieron, en ningún momento del pasado fueron parte de la
comunidad de verdaderos creyentes. Esta conclusión del apóstol,
deja clara la razón por la que finalmente salieron de la comunidad de
fe. La traducción de esta oración sería: Salieron de nosotros pero
ellos no eran de nosotros.

b.
La cláusula preposicional ex hemon esan está precedida de la
conjunción gar, que usa el apóstol para complementar la conclusión
que ha establecido previamente, agregando así una declaración que
constituye el indicador externo de la seguridad de pertenencia a la
comunidad de creyentes verdaderos: la permanencia en la fe. La

17
Johannes P. Louw and Eugene A. Nida, Greek –English Lexicon of the New Testament (New
York: United Bible Societies, 1989), p. 799.
18
Ibid., p. 794.

13
traducción de la oración sería: porque si eran de nosotros, habrían
permanecido con nosotros.

Un último pasaje a estudiar es un texto de Pablo que establece el


fundamento de la seguridad de la salvación en el amor de Dios.

3. Romanos 8:38-39.

38
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
39
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de
Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

El texto en griego que corresponde a la cláusula central del verso 39 –


indicada en cursivas en la versión RV60- se muestra a continuación:

Que se traduce: ni alguna otra cosa creada podrá separarnos del amor
de Dios.

Este pasaje presenta una enfática declaración de que no hay nada en el


mundo, que haya sido creado por Dios; ni ningún ser angélico o
poderoso, más allá de los límites de la vida y la muerte que pueda
separar al creyente del amor de Dios y de sus maravillosas promesas
que están declaradas en su palabra.

Esto constituye una garantía para el creyente, ya que afirma su


seguridad no en su conducta ni en sus obras, sino exclusivamente en el
amor de Dios, el cual fue expresado al ser humano mediante el envío de

14
su Hijo “para que todo aquel que en cree, no se pierda, sino que tenga
vida eterna” (Juan 3:16).

III. PERSPECTIVA DEL AUTOR.

Tomando como base los puntos de vista sostenidos por los sistemas
teológicos antes mencionados, las opiniones de los teólogos que las sustentan,
y el estudio de los pasajes bíblicos que son representativos y claros de la
doctrina de la seguridad de la salvación o doctrina de la perseverancia de los
verdaderos creyentes, presento a continuación las siguientes consideraciones:

A. OBJECIONES A LA DOCTRINA DE LA SEGURIDAD DE LA


SALVACION.
Las principales objeciones a esta doctrina que hacen los sistemas
teológicos que basan su seguridad en el esfuerzo humano, se indican a
continuación:

1. Inducción al libertinaje.
Los arminianos objetan que esta doctrina fomenta o induce al
creyente a la inmoralidad 19, ya que éste se despreocupa de su
santidad, la cual es necesaria para estar en la presencia de Dios.

Creo que la Biblia como nuestra norma de fe y conducta nos


encomienda que como hijos obedientes no debemos conformarnos,
es decir, adaptarnos a la forma y estilo de vida de los deseos que
antes teníamos, cuando estábamos en ignorancia (1 Pedro 1:14). De
igual manera en 1 Pedro 2:11, nos pide que nos abstengamos de los
deseos carnales que batallan contra el alma.

19
Louis Berkhof, op. cit., p. 656.

15
Se concluye entonces que Dios quiere que seamos diligentes para
vivir de acuerdo a nuestra profesión de fe. Dios quiere que seamos
santos, porque él es santo, ya que “ 10… el día del Señor vendrá como
ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande
estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y
11
las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas
cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en
santa y piadosa manera de vivir…!” (2 Pedro 3:10-11)

2. La apostasía como razón para perder la salvación.


Se objeta que creyentes pueden apostatar de la fe y por lo tanto
pierden la salvación. Apoyan esta objeción en textos como los
siguientes:
a. 1 Timoteo 1:19, 4:10
En estos casos, el contexto del pasaje se refiere a hermanos que
abandonaron la fe y que no cumplieron con su responsabilidad de
mantener la fe y la buena conciencia que, como a todos los
creyentes, les había sido demandada como hijos de Dios.

b. Juan 15:1-6.
De acuerdo a Chafer 20, los arminianos consideran este pasaje
como el más formidable testimonio bíblico a favor de su objeción
a la seguridad de la salvación, ya que creen que habla de la
pérdida de la salvación por causa de apostasía.

Me parece que el uso que los arminianos hacen de este pasaje,


es un formidable ejemplo de la mala hermenéutica, ya que
interpretan el texto fuera de su contexto. El contexto inmediato
indica que Jesús no está enseñando sobre la salvación, sino que
está usando la metáfora del de la vid, el labrador y los pámpanos,
20
Lewis Sperry Chafer, op. cit., p.1120.

16
para enseñar a sus discípulos acerca de la necesidad de
comunión con él, para llevar fruto en su vida diaria.

Con relación a los que apostatan de la fe, el texto de 1 Juan 2:19


-como se estudió previamente- establece claramente que aquellos
que apostatan de la fe, nunca fueron verdaderos creyentes, sino
meros profesantes de la fe.

B. ¿QUIÉN TIENE LA RAZON?


Llegando a este punto, luego de haber considerado las proposiciones y
argumentos de los diferentes sistemas doctrinales, es necesario
preguntarse “¿Quien tiene la razón?”, ¿Tengo o no la seguridad de que al
morir iré a la presencia de Dios? Es imperioso por lo tanto, pronunciarse a
favor del sistema teológico que represente fielmente el consejo bíblico.

1. El sistema basado en acciones humanas.


Como puede apreciarse en el estudio de los principales sistemas
teológicos arminiano, luterano, la Iglesia Católica de Roma y sus
respectivos seguidores actuales, han sostenido históricamente el
hecho de que el cristiano puede perder su salvación como
consecuencia de la práctica de pecados graves o de apostasía. De
este modo, hacen la conservación de la salvación dependiente de la
conducta humana.

Esta interpretación basa la seguridad de la salvación en la vida diaria


del cristiano y exige la impecabilidad como única esperanza de
mantenerla. Esta condición es incompatible con la genuina lucha
diaria que el creyente debe afrontar: el nuevo hombre quiere hacer el
bien y agradar a Dios, mientras el viejo hombre busca satisfacer los
deseos de la carne y hacer el mal.
Dios ha basado la salvación no en esfuerzos humanos, sino en su
pura gracia, “ 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto

17
no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie
se gloríe” (Efesios 2:8-9)

2. El sistema basado en la gracia de Dios.


Por otro lado, la posición calvinista y reformada de la seguridad de la
salvación eterna, ha sido adoptada por varias denominaciones
contemporáneas -entre las cuales hay muchos bautistas- y sostiene
que la salvación no puede perderse, aun cuando el creyente haya
caído en pecado grave.

Debemos recordar que el Espíritu Santo mora en el individuo que ha


experimentado el nuevo nacimiento, sellándole y marcándole como
propiedad de Dios, pues ha sido comprado con la sangre de Cristo.
Esto es suficiente para que Jesús, el buen pastor, le traiga de nuevo
al redil, pues sus ovejas oyen su voz y le siguen.

En base a toda la evidencia bíblica examinada en las dos grandes líneas


de pensamiento teológico: obras versus gracia, mi convicción es que el
sistema basado en la gracia de Dios representa fielmente la enseñanza
de la Biblia. Por lo que los creyentes, podemos reposar tranquilos en
que Dios cumplirá sus promesas en cuanto a la seguridad de la
salvación eterna otorgada por Cristo a todo aquel que cree. El apóstol
Juan resume esta gran verdad en los siguientes versículos:
36
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo
no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Juan 3:36) 11Y este es
el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
12
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la
vida. (1Juan 5:11-12)

C. APLICACIÓN DE ESTA DOCTRINA

18
Jesús constituye el corazón del mensaje del evangelio; sus discípulos,
hombres del vulgo, asombraron al mundo por su proclamación poderosa
e impactante del mensaje de salvación. ¿Qué hizo que estos hombres
dejarán todo y siguieran al hijo del carpintero? Juan relata en su
evangelio (20:30-31) que lo que motivó este cambio radical y
permanente de propósito en sus vidas fue que creyeron que Jesús era el
Cristo, el Hijo de Dios, y que creyendo en él, tendrían vida eterna.

Al igual que los discípulos de Jesús, el creyente contemporáneo tiene el


privilegio de gozar de la promesa de vida eterna, la cual será
consumada al momento de nuestra muerte, cuando estemos en la
presencia de Dios.

¿Sería sensato que un creyente que ha nacido de nuevo lleve una vida
de libertinaje gobernada por el pecado? la respuesta es un no rotundo.
Esto sería digno de una mente no regenerada que no ha conocido
personalmente a Jesús como su Salvador y Señor.

Nuestro mundo es generoso para ofrecernos abundantes invitaciones a


pecar; están a la vuelta de la esquina; sean estas a través de la Internet,
de los medios publicitarios, de las amistades, y de tantas fuentes que
hacen del mundo una aldea global.

Pero, de igual manera, la Biblia es generosa para ofrecernos hoy


abundantes invitaciones a descubrir un mensaje fresco cada día, para
instruirnos a cultivar la santidad, y las características del carácter que
deben añadirse a la fe, estas son: virtud, conocimiento, dominio propio,
paciencia, piedad, afecto fraternal y amor; porque si estas cosas
abundan en nosotros, no nos dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto
al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:5-8)
CONCLUSION.

19
En este ensayo se ha presentado dos grandes sistemas de pensamiento
teológico que basan la seguridad de la salvación desde perspectivas
diferentes. El primero se enfoca en las obras que el individuo debe hacer para
ganar o recuperar la salvación que ha perdido, ya sea por haber cometido
pecados graves o por haber apostatado de la fe. El segundo se enfoca en la
gracia de Dios y sostiene que el creyente verdadero nunca perderá la
salvación que Dios le ha otorgado.

¿Cuál de estos sistemas nos garantiza la seguridad de que nadie puede


quitarnos esa salvación eterna y que al morir vamos a ir a la presencia de
Dios? Como se ha visto en el desarrollo de este ensayo, el único medio seguro
para evaluar la validez de uno u otro sistema doctrinal es someter sus
proposiciones teológicas a la luz de la Biblia.

Luego del análisis realizado podemos concluir que el sistema de seguridad de


la salvación basado en la gracia de Dios representa fielmente las enseñanzas
bíblicas, por lo que podemos afirmar con plena certeza que al morir iremos a la
presencia de Dios, pues Cristo ha asegurado nuestra vida con él por toda la
eternidad futura. Damos gracias a Dios por el maravilloso don de la vida
eterna, hecha accesible por los méritos del sacrificio de Jesús en la cruz.
36
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no
verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Juan 3:36)

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