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La Estrategia del Principito

Título de la obra: La Estrategia del Principito. Alcanza tus sueños sin a Maquiavelo.

Derechos reservados © en 2014, por Alejandro Llantada Toscano.

Ilustración: Fernando Bogarin “Niragob”.

Diseño de Interiores: Agencia Plantar- Claudia Flores y Gustavo Aréchiga.

No. Registro: 03-2015-082010344600-01.

Las características tipográficas de esta obra, así como la clasificación temática de textos que la inte-

gran son propiedad registrada. Se autorizan breves citas en artículos y comentarios bibliográficos,

periodísticos, radiofónicos y televisivos, dando al autor y al editor los créditos correspondientes.


La Estrategia del Principito
Alcanza tus sueños sin Maquiavelo

Alejandro Llantada
A Antoine de Saint - Exupéry

Pido perdón a mis seres queridos, que tanto me


han ayudado, por dedicarle este libro al escritor
Antoine de Saint – Exupéry. Lo hago porque,
si bien “El Principito” es un libro de culto para
niños, y por lo tanto sagrado, he tenido el atrevi-
miento de interpretarlo. Pero tengo una excusa
que les quiero explicar: Napoleón y una lista in-
terminable de personas interpretaron y escribieron
sobre otro libro de título similar: “El Príncipe”, de
Maquiavelo. Lamentablemente, muchos adultos
leen este último y lo aplican gracias a esas inter-
pretaciones –penosamente me incluyo–. En vez
de eso, yo quiero que más gente lea y aplique lo
que todos hemos encontrado al platicar con el
Principito. Si encuentran errores en mis inter-
pretaciones, les pido me disculpen. Si eso pasa-
ra, tengan la tranquilidad que me equivoco en la
parte razonada, la que procede de la mente; por-
que lo demás proviene de la misma fuente que es
invisible para los ojos y que no se equivoca: la
del corazón.

Antoine, gracias por inspirarme a vivir mis sueños.


Visita www.EstrategiaDelPrincipito.com y obtén una versión
gratuita de la obra original El Principito de Antoine de
Saint-Exupéry para acompañar esta lectura, así como ma-
terial que puedes compartir con amigos.
11

Contenido

El Príncipe 13

El Principito 15

Prólogo 16

Introducción 19

House of Cards 20

Miss Noemi 34

El Último Café 48

Invisible Para Los Ojos 78

La Serpiente Mordió 100

El Cordero Se Comió La Flor 142

-
13

El Príncipe

1. Un príncipe no debe tener otro objetivo, ni otra


preocupación, ni debe considerar como suyo otro
estudio que el de la guerra, su organización y su
disciplina. Porque éste es un arte necesario exclusi-
vamente para quien manda.

2. El que no coloca los cimientos con anticipación po-


dría colocarlos luego, si tiene talento, aun con riesgo
de disgustar al arquitecto y de hacer peligrar el edi-
ficio.

3. Los hombres, en general, juzgan más con los ojos


que con las manos. Todos pueden ver, pero pocos to-
car. Todos ven lo que pareces ser, pero pocos saben
lo que eres. Y estos pocos no se atreven a oponerse a
la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la
majestad del Estado.

4. La mayoría de los hombres, mientras no se les prive


de sus bienes y de su honor, viven felices; entonces, el
príncipe es libre para combatir la ambición de las mi-
norías.

5. El odio se gana tanto con las buenas acciones como


con las malas. Un príncipe, para conservar el poder,
es a menudo obligado a ser perverso, porque cuando
el grupo (ya sea pueblo, soldados o nobles) del que
juzga necesario para mantenerse está corrompido,
es conveniente seguir su capricho para satisfacerlo,
pues las buenas acciones serían tus enemigas.

Nicolás Maquiavelo
15

El Principito

1. Las personas mayores nunca son capaces de com-


prender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido
para los niños tener que darles una y otra vez expli-
caciones.

2. Caminando en línea recta no puede uno llegar muy


lejos.

3. He aquí mi secreto (que no puede ser más simple):


sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es
invisible a los ojos.

4. Conozco un planeta en el que vive un señor muy


colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha con-
templado una estrella. Nunca ha amado a nadie.
Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día
diciendo, como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un
hombre serio!”, lo que le hace hincharse de orgullo.
Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!

5. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les


habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre
lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre pregun-
tar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere?
¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio
preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos?
¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente
con estos detalles creen conocerle.

Antoine de Saint-Exupéry
16 La Estrategia del Principito

Prólogo

Como casi todas las grandes vidas del Renacimien-


to, la de Maquiavelo (1469-1527) es enigmática, quizá
comparable con la de Cristobal Colón, Miguel Ángel
o Leonardo Da Vinci.

La histórica fortuna de este hombre incapaz (con-


tra el mito generalizado), ha sido que, frente a otros
artistas y genios de la época, sus ideas evocan a la fe-
cha un adjetivo usado por generales, estadistas, presi-
dentes, CEOs y líderes sin distinción de nacionalidad:
“maquiavélico”.

Pero, una historia con 500 años de antigüedad


como la del florentino, es necesario cribarla al tamiz
de la experiencia y el relato íntimo.

Observador privilegiado del Vaticano, de los Me-


dici y los Borgia, de las esferas del poder en turno y
los vericuetos de la política italiana, Maquiavelo ni si-
quiera tuvo la fortuna de disfrutar las recetas que él
mismo escribió y recopiló a lo largo de sus días. Fue
echado de su cargo. Se refugió en los bares. Murió en
pobreza a los 58 años. Así que lo de “maquiavélico”
hay que instalarlo en el baúl de las historias oficialis-
tas y mitos tramposos.

Dicho este breve resumen de vida, hay una virtud


honesta en este libro: su texto no recurre al Príncipe
de Maquiavelo pero no por ello deja de revelar la pro-
fundidad de un Principito realmente poderoso, lejos
17

del cliché de literatura infantil. Un personaje que nos


lleva por los significados más escondidos de la obra
de Antoine de Saint-Exupéry. Símbolos muy poten-
tes, diría que casi junguianos.

Este libro es un ritual de muerte. También de


vida. De quitarse de máscaras y trampas, para abra-
zar discretamente la originalidad de una vida propia,
sin dueños, sin quincenas, libre, frágil sí, pero llena de
posibilidades cuánticas. Transformable.

El texto de Alejandro lo he disfrutado tanto como


lo he releído. Lo sigo descubriendo porque nunca ter-
minará de escribirse ni de leerse. Pero me quedo con
la definitiva invitación del autor, la misma que hace
500 años Maquiavelo nos sugería al final de sus días.

Retirado al pueblo de Sant´Andrea en Percussina,


en plena Toscana italiana, el autor de “El Príncipe”
decide alejarse de su máscara-tatuaje. En una noche
oscura abandona los bares en donde se “embrutecía”,
y arriba finalmente a casa. “Se baja del avión averia-
do”, y tras limpiarse el lodo y ponerse sus mejores ro-
pas, entra en su biblioteca para pasar horas y horas
leyendo. Un ritual de muerte que da vida:

“Al caer la noche, me vuelvo a casa y entro en mi


despacho; y en la puerta me despojo de mi vestido co-
tidiano, lleno de barro y lodo y me pongo vestiduras
reales y curiales; y revestido con la debida decencia
entro en las cortas antiguas de los antiguos hombres,
donde, una vez recibido con amor por ellos, me ali-
mento de ese manjar que es sólo mío, para el que nací;
donde no me avergüenzo de hablar con ellos y de pre-
guntarles la razón de sus actuaciones; y, por su humil-
dad, ellos me responden; y durante cuatro horas no
siento ningún aburrimiento, olvido toda angustia, no
temo a la pobreza, no me desconcierta la muerte, todo
mi ser se transfunde en ellos”.

Al final de sus días, el autor del Príncipe se volvió


un Principito. Nosotros podemos hacerlo desde hoy.

Gustavo Aréchiga

México, D.F., 28 de febrero de 2015


19

Introducción

Para disfrutar un árbol existe una receta infalible. Pri-


mero debe uno ubicarlo, verlo de lejos y compararlo
con los aledaños. Si existe afinidad entre uno y el árbol,
se recomienda acercarse y posarse debajo del mismo,
a su sombra. Puede ser sentado o acostado, como se
prefiera. Se observa desde abajo mientras la ansiedad
del mundo se va desvaneciendo. De ahí en adelante
se sabrá qué hacer según se den las cosas. Puede abra-
zarse sin ningún pudor, subirse en una de sus ramas,
observar sus hojas de cerca, o buscar sus raíces para
imaginar su profundidad. Para disfrutar El Principito
es la misma receta; el método para estudiarlo e inter-
pretarlo es tan particular como nuestra propia intimi-
dad.

Este libro es una interpretación que dista mucho de


tener foco, rigor o seriedad absoluta. Es sólo un sus-
piro desde abajo, un abrazo y la apreciación miope
(o sea, muy de cerca) de algunas hojas que llegué a
oler y a probar. Mi intención es que al describirte esa
experiencia, el Principito se encariñe también contigo
y te ayude a encontrar tu correspondiente camino, tu
particular asteroide y tu propia felicidad, como lo hizo
con el hombre que menciono a lo largo del libro.

Alejandro Llantada

México, D.F., 23 de febrero de 2015


ouse
H
of

Cards
House of Cards 21

C
ierto día, un hombre llegó a su hogar. Cansado
del trabajo buscaba distraerse, y se dispuso a ver
su serie de televisión favorita: House of Cards.
Sacó del refrigerador una cerveza clara de marca ho-
landesa. Todo parecía disfrutable y placentero. Una
cerveza fría acompañada de dramáticos personajes
ficticios sustraídos de la política estadounidense. Con
cada sorbo de su helada bebida, observaba intrigado la
trama de la serie: múltiples traiciones, engaños y egoís-
mos. Mientras tanto, con emoción recordaba todo lo
que a diario sucedía en el trabajo. Comparó esa “politi-
22 La Estrategia del Principito

quería” ficticia de House of Cards con su propia expe-


riencia en la oficina.

Apagó la tele. Ya sin cerveza en la mano y con cier-


ta melancolía, se puso a reflexionar. Entendió desde el
fondo de su corazón que ese camino maquiavélico no
llevaba más que al sufrimiento de los demás y de uno
mismo. Y pensó en sus adentros: “Pocos lo saben,
pero Maquiavelo fue torturado y nada ganó en po-
lítica con su forma de pensar. Es más, el verdadero
príncipe en el que se inspiró prefirió un perro mastín
al libro que Maquiavelo con tanta ilusión le ofreció
como regalo. Las cosas, a veces, no son lo que pare-
cen. House of Cards y Maquiavelo no son la panacea
ni la solución de nada”.

Estiró la mano desde su sillón, con los ojos ce-


rrados en un acto deliberado de fantasía, hacia los
libros que leía de niño. Tenía la esperanza de encon-
trar algo que lo llevara a un lugar mejor, a un mundo
diferente. Un mundo que, sin pena de parecer loco,
pudiera llamar “mágico”. Algo que en verdad logra-
ra disfrutar y compartir.

Abrió los ojos y, con una sonrisa, encontró que


tenía en la mano El Principito. Lo leyó con gusto y con
mirada renovada después de tantos años. Se propuso
diseñar una estrategia general de éxito con una nueva
perspectiva constructiva que sirviera a los demás.

He aquí la primera parte de las conclusiones que


escribió en un viejo cuaderno que reutilizó. Era su
diario de niño.
House of Cards 23

I
Distinguir entre los que entienden
y los que no
En la relación con tus jefes, empleados, colegas y
clientes, aprende a distinguir entre aquellos con los
que puedes hablar de una boa que se comió un elefan-
te, de los que sólo ven un sombrero. A estos últimos
háblales de golf, futbol, política y corbatas. Con unos
se habla con el corazón y con otros, desde la razón.
Sólo si les hablas en su idioma, te entenderán.

II
Atiende a tu niño interno
Estarás muy ocupado en labores serias, armando esa
presentación que urge, haciendo cuentas de los gastos
24 La Estrategia del Principito

en los que incurrirás, escribiendo ese correo de recla-


mo o arreglando tu avión descom-
puesto a la mitad del desierto.
Se te acercará un pequeño
niño y reclamará tu aten-
ción con peticiones y raras
preguntas:

— ¡Dibújame un cordero!...
¡No me gusta!... ¡Otro!...

Si lo ignoras, estarás per-


diéndote de lo más impor-
tante en esta vida: imagi-
nar… dibujar en tu mente
eso que brilla muy den-
tro de ti y que has re-
primido.

¿En qué sue-


ñas?... Tal vez
eres ingeniero,
pero has pensado en aprender a esculpir madera. Tal
vez seas contador, y quieras poner una tienda de dulces.
O quizás sólo eres un piloto al que le gustaría escribir
un cuento sobre un principito, un libro que cambie
la vida de millones de personas (como Antoine de
Saint–Exupéry). Cualquiera que sea el caso, deberías
de escuchar a ese niño que tanto te molesta con cosas
raras y hacerle caso de vez en cuando. Nunca sabes
hasta dónde te pueda llevar.
House of Cards 25

III
Coloca en una cajita las ideas que por su
complejidad son difíciles de describir
¿No sabes dibujar exactamente a un cordero? ¡No
importa! Dibuja una caja con hoyos y mételo ahí; el
Principito sonreirá satisfecho. Vuélvete abstracto y
simplifica. No todo tiene que ser definido con preci-
sión escrupulosa. Si tienes un plan, olvídate de pos-
ponerlo con el pretexto de: “es que quiero aterrizar
la idea, quiero que quede muy bien definida”. ¡Pam-
plinas! Las ideas muchas veces son tan complejas que
uno debe simplificarlas al máximo y así explicarlas.

Steven Spielberg expresó alguna vez, en una lla-


mada telefónica a George Lucas, lo que quería para
su nuevo proyecto: “algo
divertido, como un James
Bond”. Lucas tenía la idea
de un héroe “mucho me-
jor”. En esa llamada, con
ese nivel de abstracción y
simplicidad en el lenguaje,
crearon las bases de la mi-
llonaria franquicia conoci-
da como Indiana Jones (tal
vez la forma de su som-
brero la sacaron del Prin-
cipito –uno nunca sabe–).
26 La Estrategia del Principito

IV
Vestir al turco de europeo para
ganar credibilidad
Un astrónomo turco vestido con pantalón bombacho,
cincho a la cintura y fez (gorrito con una borla colgan-
do), descubrió el asteroide B61, presumible planeta
del Principito. Pero nadie le hizo caso. Hasta que un
dictador turco obligó a su pueblo, bajo pena de muer-
te, a vestirse a la europea, el científico fue reconocido
y le creyeron.

La imagen que uno proyecta tiene que ser acor-


de a la circunstancia para poder influir. ¿Qué traje le
pondrás a tu idea? La verdad, por más verdad que
sea, por sí sola no basta; tiene que ser envuelta para
regalo, y el material de envoltura varía según el recep-
tor: con ositos, para un niño; color rosa, para una mu-
jer; papel texturizado, para un japonés; y yute, para
un mexicano.
House of Cards 27

V
Es importante arrancar a los Baobabs desde
muy pequeños, porque si crecen,
pueden hacer estallar el mundo
El planeta del Principito es
muy pequeño, del tamaño
de una casa o tal vez me-
nor. En él se encuentran tres
volcanes (uno de ellos extin-
to) que tiene que desholli-
nar diariamente como parte
de sus quehaceres de man-
tenimiento. También debe
limpiar la tierra de hierba
mala. Aunque lo que más
le preocupa es la semilla
del Baobab, un árbol que crece rápidamente y es tan
peligroso que puede destruir el pequeño planeta con
sus raíces.

Los “Baobabs” son las ideas negativas sobre ti


mismo y los demás. Son insignificantes al principio;
pequeños miedos e inseguridades que se pueden con-
vertir en fobias y complejos profundos. Cuando em-
piecen a nacer: ¡arráncalos, enfrentándolos apenas se
asomen! Temes correr un maratón y lastimarte: ¡corta
el “Baobab” y corre! Tienes miedo al callejón oscuro de
paso a tu casa: ¡atraviésalo! Temes hablar con tu jefe
de un aumento: ¡pide más de lo que pensabas! Cam-
biar de profesión: ¡toma ese curso de chef, ya! Tienes
28 La Estrategia del Principito

una buena idea para tu empresa, pero te da miedo que


se rían: ¡ve con el director general y explícasela! Corta
de raíz y enfrenta directamente tus miedos; sácalos de
esa tierra fértil llamada mente, porque ella no discri-
mina la hierba mala de la buena, sólo hace crecer lo
que en ella se siembra.

VI
Cuarenta y tres puestas de sol calman
la tristeza
Al Principito le costaba poco trabajo ver una puesta
de sol, ya que su planeta era muy pequeño (sólo tenía
que mover un poco su silla cada vez). De igual forma
que en nuestro planeta, en su pequeño mundo el tiem-
po era la solución a la tristeza.

El tiempo es relativo, no sólo de forma interplane-


taria, sino personal; cada quién tiene su propio reloj
en el corazón. Lo que no cambia es el hecho de esperar
días mejores: si no salió el proyecto, si no me promo-
vieron, si quebró mi empresa o perdí a mi novia. El
Sol siempre ha simbolizado a Dios en la historia de la
humanidad. Sea uno ateo o religioso, tener esperanza
y fe en un futuro mejor es la luz que ilumina el cami-
no.

El hombre toma un sorbo de café, de origen ve-


racruzano esta vez, y reflexiona sobre la segunda
parte de su estrategia de vida anti-House of Cards.
House of Cards 29
30 La Estrategia del Principito

Preguntas del Principito para ti

|. Distinguir entre los que entienden y los que no


Haz una lista de cuatro personas a las que les conta-
rías con toda confianza tus sueños, pecados, miedos
y éxitos. Ellos serán tu equipo de apoyo para brincar
asteroides. ¿Quiénes son?

||. Atiende a tu niño interno


¿En qué sueñas? ¿Qué es eso que harías si no tuvieras
miedo? ¿Qué harías si tuvieras esos “talentos” que a
veces crees tener y otras veces lo dudas? ¿Sueñas o
imaginas algo recurrentemente? Escríbelo.
House of Cards 31

|||. Coloca en una cajita las ideas que por su complejidad


son difíciles de describir
Esa idea, sueño o fantasía que tu niño interno te dice,
¿puedes simplificarla en una frase corta? ¿En un dibu-
jo? ¿En un ejemplo, película, libro, caricatura? Hazlo
aquí.

|V. Vestir al turco de europeo para ganar credibilidad


Visualiza ese sueño que tienes. Imagina que lo puedes
tocar, oler, sentir, probar, ver, escuchar. ¿Cómo es?
¿Cómo te imaginas que tendría que ser para que los
demás también lo pudieran disfrutar?
32 La Estrategia del Principito

V. Es importante arrancar a los Baobabs desde que


son muy pequeños, porque si crecen, pueden hacer esta-
llar el mundo
Haz una lista de tres cosas a las que temas más:

1.

2.

3.

¿Cuál de ellas te limita para realizar tu sueño? Pro-


ponte una solución para arrancarla de raíz.
House of Cards 33

V|. Cuarenta y tres puestas de sol calman la tristeza


¿Tienes algo que te provoque tristeza? Una pérdida,
un fracaso. ¿Extrañas a algo o a alguien? Escríbelo
aquí, y a partir de este momento cuenta cuarenta y
tres días que en la tarde observes el atardecer por diez
minutos. En una hoja (o pared) pon una rayita por
cada día del uno al cuatro y luego una que lo cierre:
Así junta ocho grupos de cinco y un último
grupo de tres rayas. Cuando pongas la última
raya, tu tristeza se habrá calmado de forma
casi total.
Miss Noemí
Miss Noemí 35

E
l hombre continuó tomando café, una taza tras otra,
mientras organizaba su Estrategia del Principito.
Pero no pudo avanzar más porque, por extraño
que parezca, el platicar con su niño interior había sido
un acto desgastante que lo había dejado exhausto.
Muchos años habían pasado desde que por primera
vez leyó ese pequeño y extraño libro. Recordó que, en
secundaria, una maestra de inglés, llamada Noemí, le
encargó que escribiera un ensayo. Él era un niño casi
adulto, pero niño al fin. Aún tenía la inocencia sufi-
ciente para atreverse a hacer cosas raras y diferentes.
36 La Estrategia del Principito

Como cuando tomó un libro pesado de su papá: Las


Obras Completas, de Sigmund Freud, y en un acto que
ni él comprendía, decidió mezclarlo con un deshoja-
do libro de El Principito, y escribir un ensayo llamado
(más o menos): El Principito Desde el Punto de Vista de
Sigmund Freud.

Se apasionó mucho con el tema y tardó aproxi-


madamente veinte horas en total para escribirlo en
español, con su respectiva traducción al inglés (vein-
te horas-niño que equivale aproximadamente a una
eternidad). Se reía y extrañaba de todos los términos
y cosas que exponía Freud. Descubrió lo que era el
“yo”, el “ello” y el “super yo”, y todos esos concep-
tos raros (y seguramente malinterpretados por él) que
aplicaba a manera de juego en los personajes que apa-
recían en El Principito. Al final, estaba muy orgulloso
de su extraña obra. Se dio cuenta que era un poquito
escritor a sus escasos trece años y estaba seguro que le
pondrían un diez. Así que entregó el ensayo el lunes
siguiente a Miss Noemí con la expectativa de su próxi-
ma consagración.
Miss Noemí 37

Pero cuando su maestra se lo regresó, días des-


pués, observó que tenía 7 de calificación.

— ¿Siete? ¡Pero, Miss! ¡Me tardé horas en hacerlo!

La maestra Noemí, como buen espécimen adulto, le


contestó:

— Te debí reprobar. Agradece que te califiqué


con siete, porque es evidente que tú no escri-
biste eso… es muy avanzado para que un niño
de tu edad lo haya escrito. ¿Quién te lo hizo?”.

El hombrecito se quedó sin habla; no pudo res-


ponder por coraje e impotencia. El resultado de eso
fue que no volvió a escribir así en veinticinco años;
desconectó su niño interior y fue ésta su bienvenida al
mundo incrédulo de los adultos.

El hombre despertó de este recuerdo con una lla-


mada de su novia:

— Oye, ya vi lo que escribiste en el blog de


Forbes… ¡dijiste mentiras! Acuérdate que en el
restaurante italiano comentamos sobre el texto
que mencionas, acuérdate que te dije que era
mi libro favorito y me comentaste que escri-
birías un artículo de ese libro. ¡Y pusiste otra
cosa! Aparte, ya vi que… bla bla bla…

Mientras escuchaba el interminable reclamo, el


hombre se quedó con cara neutra y mirada al infinito
pensando:

— Ambas cosas son la perfecta inspiración para


la siguiente parte de la estrategia.
38 La Estrategia del Principito

VII
Las espinas de tu flor son necesarias
El Principito preguntó al piloto, varado en el desierto,
la función de las espinas en una flor. Se preguntaba
de qué servían, si con todo y ellas el cordero se las po-
día comer. El hombre fue brusco y le contestó que no
servían de nada, que eran pura maldad. El Principito
se enojó mucho y le contestó lo que Antoine de Saint-
Exupéry llamó: “El secreto de la vida del Principito”.

Las espinas tienen dos funciones:

1. Entender que no porque ames


algo, no te va a lastimar. Si lo hace,
será levemente y de forma muy
soportable en comparación con lo
mucho que recibes a cambio.

2. Recordar que lo que se ama, no se


posee.

Las flores, como cualquier ser o actividad que se


ame, tienen espinas y pueden lastimarte: tu proyecto
de empresa y todo lo que conlleva ponerlo en marcha;
el hacer lo que te gusta más (correr, escribir, escalar);
el amar a tu novia, madre, hijos; el amar una profe-
sión… TODO lo que se ama tiene esas espinitas.
Miss Noemí 39

“¿Y para qué sirven si de todos modos se las co-


men?”, se pregunta el Principito en una profunda re-
flexión filosófica del nivel de: ¿para qué vivir si de todos
modos he de sufrir y morir?

Tu flor (lo que amas), efectiva-


mente tiene espinas, pero la verdad
es que si no las tuviera, ¡no sería tan
bella! Date cuenta que está para re-
cordarte que su aroma, color, tersura,
y todas las características que adoras, se
aprecian mejor si no las arrancas. Si las sa-
cas de la tierra, morirán lentamente en tus
manos.

Si pensamos que “somos lo que tenemos”, las es-


pinas nos recordarán muy amablemente que tratar de
poseer, sólo lleva al sufrimiento. ¿Qué prefieres: ser o
tener? El amor no se posee. El proyecto que tienes no lo
poseas, sé ese proyecto. A tu novia no la poseas, sé amor
con ella. La otra opción es comerte esa flor como el cor-
dero: la “tendrás”, saboreándola una sola vez, y no más.

VIII
Si alguien ama una flor de la que sólo existe
un ejemplar... basta que la mire
para ser dichoso
Esa frase la dijo el Principito, enrojecido de coraje, al
sentirse incomprendido por el adulto. Cuando parece
que todo es tan común, inmediatamente deja de serlo
40 La Estrategia del Principito

al nosotros interactuar con ese “algo”. Puede ser has-


ta una piedra. El observador es el que hace que algo
tenga valor. El observador, como en física cuántica,
influye en lo observado.

Para eso el zorro enseñó al Principito lo que era


domesticar: se trata de crear lazos. Parecería que es
apego lo que se genera cuando uno crea un lazo con
alguien o algo… y muchas veces lo es. Otras es más
bien amor; el pegamento que une al universo: lazos
entre átomos, personas, planetas, animales, estrellas,
plantas, galaxias, vacío… Todo está girando y mo-
viéndose como agarrado entre sí.

Los lazos que tú generes son lo que conformarán


tu propio universo. ¿Dejarás que te domestique la im-
paciencia o el mal? ¿O prefieres que una estrella y una
flor sean ese mundo en el que giras? Decídelo tú.
Miss Noemí 41

IX
Si es necesario, abandona tu flor especial.
La extrañarás, pero aprenderás como nunca
La flor es vanidosa, exigente, absorbente y complicada:

— ¡Ponme un globo de cristal porque tengo frío!


¡Dame de desayunar! ¡Quiero un biombo!

Para los ojos del adulto común pareciera el ego


mismo molestando. Pero no a los ojos de un niño. Un
niño sabe que es simplemente lo que se necesita para
vivir y experimentar, cuando se ama algo.

Acaso, señores-meditadores-que-hacen-yoga, ¿no


les duelen sus hombros cuando hacen una posición
por mucho tiempo? ¿No sudan? Y tú, señor corredor,
¿no acabas cansado y jadeando? Escultor, pintor, finan-
ciero, empresario, heladero, ¿amas tu trabajo? Si no lo
sabes, prueba lo siguiente. Al final de tu actividad, ob-
serva si puedes exclamar: “¡Me encantó todo este es-
fuerzo! Sudé, lloré, me dolió, pero es lo mejor que me
ha pasado”.

Aun después de este ejercicio, puede ser que si-


gas con dudas, como el Principito. ¡Y está bien! Es mo-
mento de abandonar tu flor. Todo el relato del libro es
acompañado por la melancolía de explorar mundos y
personas sin su vanidosa y exigente compañera.

El Principito dejó a su flor, y en cierta forma fue lo


mejor que pudo hacer; entendió que la amaba y todas
las experiencias valieron la pena. Sin melancolía, el
42 La Estrategia del Principito

Principito no hubiera aprendido tanto. Sin extrañarlo,


incluso, el autor no hubiera escrito sobre el Principito.

¿Vale la pena quedar-


me sin la flor? ¿Qué tal
que regreso y ya no
está? ¿Y si alguien
se la lleva y la cui-
da mejor? ¿Y si se
muere? Todo es
posible, pero la flor
en sí no es lo que amas.
Lo que amas es lo que
eres tú al observarla:
“basta que la mires
para ser dichoso”.

X
Todos somos uno
Tú no estás separado, aunque la flor parezca ya no
estar. Ni siquiera el Principito desaparece al morir por
la mordida de serpiente. Sólo regresa a su fuente, don-
de está la flor y, por lo tanto, el amor. El amor y tu
niño interior siempre están ahí, aunque no los veas.
¿Lo sientes?

— ¡Ring! ¡Ring!

El hombre, sobresaltado, contesta sin ver el núme-


ro entrante: “¿Será mi jefe que necesita algo? ¿Será mi
novia para reclamarme otra vez?”.
Miss Noemí 43

— ¡Hola!, soy Miss Noemí. ¿Te acuerdas de mí?

— ¿Miss Noemí?

— Sí, hablo para pedirte perdón. No era mi in-


tención molestarte de niño. Al menos te sirvió
para abandonar tus sueños de escritor. Gracias
a eso, ahora sabes bien lo que amas.

Una canción suena a lo lejos. Es la alarma del des-


pertador. El hombre abre los ojos; la llamada de la
maestra fue sólo un sueño. Inspirado, se levanta de
golpe y escribe el título de la siguiente parte de La
Estrategia del Principito: “Las cosas importantes son
invisibles para los ojos”.
44 La Estrategia del Principito

Preguntas del Principito para ti

V||. Las espinas de tu flor son necesarias


¿Hay algo o alguien en tu vida que ames pero que te
gustaría cambiarlo porque te molesta o lastima?

1. Escribe si es soportable en comparación con lo que


recibes a cambio.

2. Si es soportable, describe cómo harás para entender


que no lo posees aunque lo ames.
Miss Noemí 45

V|||. Si alguien ama una flor de la que sólo existe


un ejemplar… basta que la mire para ser dichoso
Las flores de nuestra vida se admiran con dicha debi-
do a los lazos que creamos. Escribe la flor que pusiste
en el punto anterior (algo o alguien que ames) y otras
tres flores más. Pon los lazos buenos que creas con ellas
(tiempo de calidad, empeño, dedicación, detalles, estu-
dio, etcétera).
46 La Estrategia del Principito

Ahora escribe tres cosas, situaciones o aspectos ne-


gativos con los que estés creando lazos y que no te
convienen (vicios, personas, objetos, actitudes). Sólo
escribe sin juzgarte, solo para exorcizarlos:

|X. Si es necesario, abandona tu flor especial.


La extrañarás, pero aprenderás como nunca
Eso que dudas si debes hacer o esa persona que du-
das amar, al final de experimentar tu día y a pesar del
dolor que te pudiera causar: ¿te gusta? ¿Te apasiona y
piensas que es lo mejor que te ha pasado?

Sí No

Si la respuesta es “sí” no hagas nada, significa que


aceptas como necesarias las espinas. Si es no, prueba
un viaje imaginario como el Principito.
Miss Noemí 47

Escribe aquí lo que imaginas que pudiera pasar si


abandonas esa flor. ¿Sería el fin del mundo? ¿Habría
cosas buenas? ¿Mejoraría tu vida?

X. Todos somos uno


Observa con tu corazón, no con tus ojos. Respira tres
veces profundamente y observa lo que hay alrededor
sin juzgarlo. Sólo obsérvalo. Después respira otras
tres veces con las manos en el estómago y siente como
suben y bajan tres veces.

Ahora escribe lo que te venga a la mente, serán pala-


bras del universo.
Invisible

para

los Ojos
Invisible para los Ojos 49

E
l hombre llegó un poco tarde al trabajo porque se
había pasado escribiendo gran parte de la noche,
y también discutiendo por horas con su novia,
decidiendo al final, con mucha tristeza, separarse de
ella... Sus ojeras e inflamación de desvelo y llanto eran
tan notorios, que más de una persona se lo hizo saber
en el clásico tono irónico y fastidioso de oficina: “no
dormiste bien anoche, ¿verdad?”. En su mano sostenía
una taza de café chiapaneco de un pungente sabor a
“ligeramente echado a perder” (provenía de una bolsa
que abandonó una “colaboradora” que no colaboraba
50 La Estrategia del Principito

mucho debido a su neurosis). Al sentarse tras su incó-


modo escritorio de metal, que continuamente dañaba
a su zapato o a su corbata, suspiró… pensó que quizás
ya no quería estar en ese trabajo. “¿No será que soy
de esos hombres que nunca se contentan con nada?”
Al decir esto, como por arte de magia… coincidente-
mente… llegaron en forma de papeles de escritorio y
correos electrónicos, una serie de frases relacionadas:

“¿Buscas hacer lo que amas?


Primero, ama lo que haces”.

“Entusiasmo es ser poseído por


Dios para hacer algo”.

“Cuando haces lo que te gusta, das


más a los demás”.
El hombre sabía lo que le gustaba hacer. Le gus-
taba escribir… lo que fuera. Simplemente, escribir. De
hecho, ya había escrito un libro, un tanto raro, pero
que fue un repentino best seller en Amazon. Además,
sus artículos de Forbes tenían una excelente acepta-
ción. Y entonces, ¿por qué parecía que nada había
cambiado? Seguía en el mismo trabajo, el cual le agra-
daba por muchas razones (comodidad y “estatus”,
muy entrecomillas) pero en el que no se sentía del
todo a gusto. Si quería “vivir y no ganarse la vida”,
como decía Oscar Wilde, tenía que amar lo que estaba
haciendo en ese momento y entusiasmarse.

—Mientras esté aquí, debo amar mi trabajo para


después trabajar en lo que amo.
Invisible para los Ojos 51

Rápidamente convocó a una junta con su pe-


queño equipo. Despertó a la gente (y a sí mismo) de
su estado catatónico, e inyectó entusiasmo a la si-
tuación. Tuvieron un día lleno de logros y satisfac-
ciones laborales. Al final del día ya estando a solas,
puedo tener tiempo para lo que le importaba más:
escribir su verdadera estrategia de vida.

Se propuso revivir la forma en que se inspiró


para escribir su primer libro: navegó nuevamente
en su mente y recordó que fue gracias a otro maes-
tro, uno que hizo lo contrario a la torpe Miss Noemí,
la villana involuntaria. Este maestro, el Dr. Basoa,
era uno de una personalidad muy peculiar. Una es-
pecie de militar-empresario, con mezcla de actor y
orador.

Habían pasado muchos años de Miss Noemí,


cuando escribió un ensayo, ya en maestría, solicitado
para la clase del Dr. Basoa. Un ensayo que le fue re-
gresado con algunas correcciones de ortografía y con
la leyenda: “¡Muy bien! Deberías de ser novelista”.

Acercándose al profesor, el cual era “respingado”


como un famoso, éste le confirmó con una breve son-
risa de lado, con desdén (en inglés le dicen contempt),
lo que la nota del ensayo decía:
— Escribes bien, deberías considerar ser nove-
lista.

A pesar de este lenguaje corporal nobiliario, el


profesor era siempre sincero (para bien o para mal) y
por ello el joven hombre creyó en su comentario y, al
hacerlo, volvió a creer en sí mismo.
52 La Estrategia del Principito

Una frase, un abracadabra, fue lo que necesitó para


resucitar a su niño interior, y provino de quien menos
se lo esperaba. Confirmó el hecho de que a las mejores
personas les gusta disfrazarse de quimeras; ésta en es-
pecial se disfrazó de elegante. En algún lado leyó que
Henry Ford atribuyó el éxito a su suegra. “Ella siem-
pre creyó en mí”, decía. El hombre obtuvo la energía
necesaria para reafirmar su propósito en la vida.

—No cabe duda que lo importante es invisible


para los ojos —se dijo nuevamente.

El hombre regresó de su ensueño diurno, agrade-


cido con aquel maestro, y se dispuso a finalizar esta
estrategia de guerra pacífica contra su Maquiavelo in-
terno. En ese despertar sucedió lo que a veces pasa,
una “casualidad afortunada”, algunos le llaman seren-
dipity1. En su escritorio tenía un tarot de Marsella, y no
era que él hiciera lecturas para ver el futuro (no, que
va). Sucedía que recientemente había estudiado sobre
los arquetipos de Carl Jung, y justo ahora se presen-
taban los personajes que conoció el Principito, como
recordatorios mezclados de la sombra que proyecta-
mos.

Recordó que Carl Jung decía que todos tenemos


arquetipos que viven en nuestro inconsciente colecti-
vo. Personajes que representan símbolos ancestrales
que toda la humanidad comparte. Estos personajes

1  Serendipity es una palabra en inglés acuñada por Horace Walpole en 1754 a partir
de un cuento tradicional persa llamado «Los tres príncipes de Serendip», en el que los
protagonistas, unos príncipes de la isla Serendip —antiguo nombre persa de la isla
de Ceilán, la actual Sri Lanka—, solucionaban sus problemas a través de increíbles
casualidades.
Invisible para los Ojos 53

que visita el Principito son, en realidad, la sombra de


algunos arquetipos; la parte oscura de personas que a
veces nos encontramos y otras tantas las “somos”. Por
eso nos parecen familiares.

También tenía muy cerca el libro El Poder del Ahora,


donde Eckhart Tolle dice que el tener conciencia de la
ilusión del ego, le pone fin. Éste sólo persiste cuando
la confundimos con la realidad. “El ver quién no eres,
hace que la realidad de quién si eres emerja por sí mis-
ma”, dice Tolle con autoridad de iluminado moderno
que usa suéter de nerd.

Suena el teléfono… contesta:


—Buenas tardes.
—Oye… ¿cómo va mi artículo? —era su jefe, un
espécimen que sólo hablaba de sí mismo y pedía
cosas para su beneficio personal. Su fachada era
bondadosa con sus pares, pero su personalidad
era vampírica con los empleados. Un auténtico
hijo de...
“¿Cómo va mi artículo?” Esta pregunta que a diario
por cuatro años le hizo su jefe, quien gustaba de ador-
narse con artículos de autores ajenos, taladró su cerebro
y lo obnubiló severamente, como ya era costumbre.
—“Mi” artículo… ¡Qué descaro!… Algún día haré
que descubran quién eres en realidad…—pensó
mientras le contestaba alguna otra cosa por re-
flejo.
El hombre, en un silencio repentino, se observó a
sí mismo; se percató que no era él, sino su ego, el que
estaba molesto.
54 La Estrategia del Principito

—No ganarás, Maquiavelo.


Respiró profundo y escribió en su cuaderno azul
con letra apenas legible:

Observa con tu corazón, no con


tus ojos y conoce ahora mismo
lo que no eres y lo que si eres.
Conoce los arquetipos-sombra y
los arquetipos-luz. Distingue cuáles
viven en ti y cómo actúan.

XI
El Rey (sombra)
Los otros son súbditos

La frase “soy al fin rey de alguien” representa a las


personas que buscan el poder. Es el que da órdenes
por darlas y que manda a hacer lo que de todos mo-
dos es inevitable hacer.

El rey disfruta “poder tener poder”. Le gusta dis-


poner de súbditos que le reporten y pueda darles ór-
denes. Sean éstas útiles o no… es lo que menos impor-
ta; a él siempre le son útiles para su ego.

Para el rey, el “otro”, el que sea, es un súbdito.


Su poder es diferente al de un juez, el cual tiene un fin:
Invisible para los Ojos 55

hacer justicia. Si se ve obligado a impartir justicia, al rey


le gusta más bien juzgar al estilo Amon Göth, el cé-
lebre villano de la película La Lista de Shindler. Juzga,
después condena a muerte y, al final, mata o indulta
despectivamente, no importa si es justo. Shindler (el
héroe) sabiendo que Amon era un psicópata megaló-
mano, le recomienda mañosamente (tratando de evi-
tar más muertes), que disfrutara el indulto del con-
denado, como un Dios todopoderoso que perdona.
Lo mismo hace este rey-sombra, que a veces manda
sobre países, otras tantas sobre empresas y, a veces,
desde su pequeño escritorio de burócrata en un hos-
pital, dispone de la vida de los demás sin derecho ni
razón, sólo por el placer de hacerlo.

En el texto de Saint-Exupéry, el Principito al darse


cuenta de cómo funcionaba la mente del rey le dice:
“Hágame ir, ordénemelo”. Obviamente, esto no iba
de acuerdo a lo que el rey quería y por eso se queda
callado. En ese momento el Principito se va. Hasta que
el rey, en un acto desesperado para que se cumpla su
palabra, le grita: “¡Te hago embajador!”.
56 La Estrategia del Principito

La moraleja: el rey es ciego al hecho de que su or-


den es vana, de que no sirve. Sólo él cree que se cumple.

XII
El Rey (luz)
Guiar proviene de amar

El arquetipo del rey, reina, gobernante o empera-


dor, es aquel que representa al que quiere poder. Y
el poder tiene muchas vertientes, no necesariamente
económicas, sino también políticas, empresariales y
hasta espirituales. Si se cae en ese arquetipo, en-
tendamos que al final lo que se quiere es crear una
comunidad próspera y exitosa, no un poder egoísta.
Se debe contrarrestar la debilidad de ser autoritario
con el saber delegar poder.

El rey tiene fortalezas, como el liderazgo y la res-


ponsabilidad. La única forma de lograr que el poder
sea para bien de todos es amando a los demás.

La vida es libre, simplemente sucede. No pense-


mos en controlar a las personas y a las estrellas. A ve-
ces pudiera parecer que se cumplen las órdenes que
lanzamos, pero al final el poder egoísta no funciona,
se revierte en soledad. Porque el mundo en general
tiende al bien (aunque a veces no lo parezca).

Steve Jobs dijo alguna vez: “No tiene sentido


contratar a personas inteligentes y después decirles
Invisible para los Ojos 57

lo que tienen que hacer”.


Mejor pensemos en libe-
rar a las personas y a
las cosas. Dejemos que
las cosas fluyan confian-
do en nuestra particular
idea de Dios y en la gente
adecuada. Lo mejor se rea-
liza necesariamente cuando
se deja, con confianza, que
en el interior el yo supe-
rior lo cumpla. Después de
nuestro esfuerzo, siempre
es mejor pensar que exis-
te algo o alguien que optimi-
za los resultados y es ajeno a nuestro
corto entendimiento de la totalidad. Por eso, un líder
debe ser sólo un conducto, un escape que ayude a
manifestar lo mejor de esa totalidad. Ese hoyo don-
de escapa el géiser, esa nube desencadenante de tor-
menta, esa chispa que inicia lo incandescente. Ken
Blanchard lo llama una paradoja: el líder debe ser
directivo de la participación.

En otros ámbitos, pensamos que tener tal o cual


cosa, o tal o cual pareja, es lo que necesitamos. Po-
demos forzar las cosas si no escuchamos nuestro
interior. En el conjunto de voluntades, su designio
siempre convendrá más que nuestra razón. Para sa-
ber cuál es el camino, siempre escuchemos nuestra
intuición.

En realidad el ser humano es como una com-


putadora, tiene un hardware y un software instalado
58 La Estrategia del Principito

que sólo puede mejorarse si se conecta a la nube, a


lo que los hindús llaman el Akasha. Ahí se encuentra
lo que Newton y Leibniz encontraron “casualmente”
al mismo tiempo. Ahí se gestan las ideas que llegan
de la nada. ¿Por qué no conectarse a la abundancia
en vez de quedarnos con el software descontinuado y
obsoleto?

XIII
El Vanidoso (sombra)
Los otros son admiradores

El vanidoso quiere ser ha-


lagado a toda costa, aun-
que el halago no sea sin-
cero. El vanidoso le pide al
Principito que golpee sus
manos una con otra (un cu-
rioso truco para lograr que
aplauda en contra de su
voluntad). Este tipo de
personaje sólo escucha ala-
banzas.

Eso es el ego: un invento. Esa invención, que toma


forma como si existiera, quiere que lo falso lo alimen-
te. Es un ser falso viviendo de alimento falso dentro
de nosotros; es un constructo parasitario.
Invisible para los Ojos 59

Dicen los budistas que todos somos budas en po-


tencia. Los budas, al estar iluminados, no halagan
ni critican2. Pero la verdad es que mientras eso pasa y
llegamos a serlo (o no), hay que saber que es diferente
adular falsamente a expresar admiración por algo bue-
no del otro. No demos halagos falsos, siempre deben ser
auténticos y de corazón, o mejor no darlos. Tampoco es-
peremos que todo nos sea validado. Al vanidoso le gus-
ta que le mientan; estando en arenas movedizas, prefiere
que las manos de otros se usen para aplaudirle en vez de
para salvarlo. Elije ahogarse entre halagos.

XIV
El Vanidoso (luz)
La belleza está en todo

Si bien la vanidad es parte del ego, tampoco podemos


negarla. Si ella se escapa del espejo, sólo queda enten-
der eso que se admira de uno mismo y del otro como
belleza. La belleza es verdad y la verdad es belleza.
¿Será vanidad de la naturaleza que la noche parezca
infinita en un tranquilo mar azul turquesa iluminado
por una luna llena? ¿Será también su vanidad que la
música de un gorrión nos llene el alma al igual que la
sonrisa de un niño?

2  Cuento budista: El gurú recibía un montón de críticas por parte de sus alumnos, así
que fue con la tortuga para que le diera un consejo. La tortuga le preguntó: “¿Quiéres
poner fin a la crítica? “ el gurú dijo, “ Definitivamente”. La tortuga respondió: “ Deja
de enseñar”.
60 La Estrategia del Principito

La belleza que emana de la naturaleza también se


presenta en nosotros, ¡y cómo ignorarla!
Seamos todos vanidosos de eso.
No por raza o talla o grado
de inteligencia. No por
saber más que el otro
o por tener la nariz
más respingada o el
pelo más ondulado.
Seamos vanidosos
de que somos parte
de la belleza de la
naturaleza, y en-
tre más grande sea
nuestra comprensión
de esta verdad, mayor
será nuestra admiración
hasta por un insecto, por
una pequeña planta que crece
en la calle más sucia, por nuestra
cara que, sea como sea, refleja eones de
amor y de estrellas que renacieron en ella. Así puedes
verte en el espejo y decir: ¡qué bello ser soy!

Todos necesitamos validación (menos los que ya


son budas o santos) como parte de la necesidad de la
propia realización. Nos motiva que alguien nos diga
que somos buenos, amables o capaces. Hacer esto sin-
ceramente y en su justa medida es benéfico para to-
dos. La famosa Louis Hay, cura enfermedades diver-
sas con el uso de un espejo. La técnica es la siguiente:
Obsérvate a los ojos en un espejo y di: “Yo te acepto
y apruebo tal y como eres. Yo te quiero, te quiero de
verdad”.
Invisible para los Ojos 61

XV
El Bebedor (sombra)
La vergüenza del vicio genera más vicio

El bebedor es aquel con una melancolía que va de ba-


jada… muy de bajada. El vicioso es el estado-sombra
del melancólico. Un ciclo bidimensional que se puede
expresar así:

Parece sin razón para el externo y muy lógico


para el que lo vive. Es un retorno sin fin como vivir
en carne propia algún programa de televisión como
Dimensión Desconocida o Lost.

Se siente mucho, se piensa mucho sobre lo mismo


y lo mismo. Se recuerda con dolor. No es el alcohol, la
62 La Estrategia del Principito

comida o las drogas; la nostalgia y el arrepentimiento


llenan las cantinas y los burós. Llenan los vacíos inter-
nos y externos como un ligero veneno que mata sólo
un poco para poder vivir y seguir sufriendo.

XVI
El Bebedor (luz)
Creer es crear

Cuando seas o veas a un bebedor, no digas: “no be-


bas”. Mejor di: “crea”. Dice Santiago Pando (ex afama-
do publicista, ahora dedicado a ser sólo un auténtico
humano) que “creer es crear”; lo aprendió de los ma-
yas. “Crea” es la conjugación en imperativo de crear:
“usted crea”. También es la conjugación de creer en
indicativo: “usted crea”. Por eso dile
CREA, que implica las dos cosas:
creer y crear.

El bebedor es un melancó-
lico que puede ser creativo en
su estado superior: es el artista,
el poeta, el músico, el empren-
dedor. La naturaleza provee
siempre de energía amoral
que puede ser usada para una
u otra cosa. Como la energía
que se obtiene al comer:
Invisible para los Ojos 63

— ¿Matar es malo? ¿Sí?, y entonces ¿qué comis-


te hoy?

— “Yo no mato… como plantas…” contesta el


vegetariano.

— Y las plantas, ¿no las tuviste que matar para


comértelas?

Matar no es bueno o malo. Los venados, los leo-


nes y muchos seres vivos matan de manera directa o
indirecta. Al matar subsisten para crear y procrear. Si
mataran por placer, sería un poder desperdiciado.

Los melancólicos tienen un poder desperdiciado


si solamente beben. Tienen un alto grado de sensibili-
dad, sentimientos profundos, pensamiento enfocado
y analítico (reiterativo). Los bebedores (o cualquier
persona con un vicio semejante) son por lo general
creativos, y ¡cómo no serlo si se inventan toda una
vida de dolor! “De niño me pegaban, me ultrajaban,
tenía hambre, no me querían”, todo ello cierto y a la
vez no. Según recuerdo, dijo un artista (o me lo inven-
té): “Existe una línea muy delgada entre lo que uno
recuerda y lo que nunca existió”.

Obsérvense los escritores, científicos, músicos,


pintores, creativos, emprendedores. ¡Son melancó-
licos! Bebedores actuales o en potencia. La única di-
ferencia es que algunos logran sublimar ese instinto
destructivo y lo vuelven creativo, lo vuelven virtud.

La virtud es un ciclo multidimensional, no es pla-


na como el vicio, es dinámica y evoluciona en una es-
piral ascendente.
64 La Estrategia del Principito

Creo (de crear) para inventar una realidad de la cual creer; por
eso creo (de creer).

XVII
El hombre ocupado (sombra)
Los otros son posesiones

Cuenta, y cuenta todo en los negocios o en lo que sea.


Los cuenta porque cree que son de él. No le interesa
que hay de fondo, se ocupa, y mucho, en su tarea de
poseer. Y para disfrutar esa posesión la cuantifica,
como el que recuenta su dinero muchas veces.

Una característica de la sombra del hombre ocu-


pado es que no se mueve mucho, le falta ejercicio.
Como su posición mental es fija, su cuerpo lo refleja.
Invisible para los Ojos 65

Cuenta objetos que no sabe qué son. “Cositas que


brillan” (estrellas, planetas, personas). El hombre de
negocios cuenta cuántos teléfonos móviles vendió.
¿Sabe cómo funcionan?... No. Pone acuarios, ¿sabe
cómo funcionan? ¿Qué peces tiene? ¿Qué agua le
ponen?... No.

Cuenta el dinero que sale de esos negocios que de


fondo no sabe qué son. ¿Qué hace con los peces y los
teléfonos móviles?... Nada. Los posee como el hombre
ocupado en El Principito “posee” las estrellas.

— Los peces… ¿son de alguien?... No. Entonces


son míos.

— ¿El mercado de los teléfonos no


es de nadie?... No. Entonces es mío.

Así piensa el monopolista.

¿El dinero qué es? Un papelito que


vale por: una estrella, una parte de oro,
un lápiz o ¡nada!... es un papel.

XVIII
El hombre ocupado (luz)
Hacer lo que amas es lo importante

En la película Pretty Woman, Edward Lewis (Richard


Gere) era un empresario que compraba empresas con
66 La Estrategia del Principito

el único fin de desmantelarlas y usarlas para su be-


neficio, sin importar lo que representaban. Edward
quería comprar una empresa que hacía barcos sólo
para contarla en su haber. Afortunadamente, Vi-
vian Ward (Julia Roberts) lo suavizó tanto que al
final decidió ser más constructivo y ayudar a los
dueños a continuar creando hermosos barcos; dejó
de contar para crear.

Si al final uno quiere seguir creyendo que se


puede poseer “algo”, entonces es mejor creer tam-
bién que en La Estrategia del Principito uno es útil
para lo que posee, no por lo que posee. Así, la cosa
deja de ser cosa; lo aparentemente inanimado ad-
quiere consciencia, como en la historia de Pigma-
lión, en la que la escultura cobra vida. El entusias-
mo de llevar a cabo la actividad lo vuelve a uno
útil para esa actividad, y así esa pequeña obra se
vuelve a su vez útil para la humanidad, el mundo
y el universo.

El Principito nos presenta meramente a un con-


tador público. El verdadero contador de profesión
debe saber que eso que cuenta no es suyo; de ahí su
principio de independencia y el valor que aporta a
quien da servicio. Esa labor, que parece gris y nada
interesante para muchos, es indispensable para la
humanidad. Quien la hace bien y con amor juega
un papel primordial, y lo mismo pasa con cualquier
profesión u oficio. Sin ganaderos no hay zapatos,
sin contadores no hay luz en la calle (o ¿quién cal-
cularía nuestros excesivos impuestos a pagar?).
Invisible para los Ojos 67

El hombre ocupado, mientras se ocupe de lo que


le entusiasma3, es noble. No existe una sola obra valio-
sa que no haya ocupado tiempo y dedicación. Las pi-
rámides que han durado milenios, los estudios de ma-
temáticas, la calle en la que caminamos, el cálculo de
impuestos con el que se paga la luz de la avenida, la
tierra misma y sus estrellas, todos ocuparon tiempo,
esfuerzo y dedicación. La diferencia de las personas
ocupadas con “luz” es que sirven a su actividad, como
el Principito; son útiles por ser ellas mismas, indepen-
dientemente de las posesiones que eso produzca (y no
es que no generen dinero, es que eso viene por añadi-
dura). Si persiste la idea de contar algo, cuéntese me-
jor la llamada utilidad luz:

Utilidad Luz =
(Amor a la actividad X
Satisfacción de beneficiados) –
Daños colaterales.

Colin Shaw es un consultor que asegura que los


KPI tradicionales de las empresas ya no sirven. Hoy
4

en día, las empresas deben medir la CX (Experiencia


del Consumidor). El hombre ocupado (políticos, em-
presarios, empleados) debe fijarse menos en sus “ene-
migos”, al estilo maquiavélico de guerra, y/o en maxi-
mizar la rentabilidad a toda costa. Debe entender que

3  El sustantivo entusiasmo procede del griego enthousiasmós, que significa ‘rapto


divino’ o ‘posesión divina’.
4  Key Performance Indicators.
68 La Estrategia del Principito

su labor y la de la gente que lo acompaña, tienen que


ayudar a los demás, además de apasionarles y afectar
lo mínimo al medio ambiente y su circunstancia.

Al terminar de escribir la palabra “circunstancia”


y poner punto final al párrafo, el hombre sufrió un
tremendo dolor de cabeza.
Invisible para los Ojos 69

Preguntas del Principito para ti

X|. El Rey (sombra)


Los otros son súbditos
¿Qué persona(s) cercana(s) a ti es (son) un rey som-
bra? (Egoístas, que solo piensan en ellos mismos).
Descríbelo(s):

Ahora escribe en qué te pareces a ella(s):


70 La Estrategia del Principito

X||. El Rey (luz)


Guiar proviene de amar
Entre tu familia, trabajo, amigos, escoge dos personas
que te vengan primero a la mente.

¿Existe algo en que los puedas ayudar a realizar sus


sueños? ¿Alguna acción específica?

¿Existe algo en lo que intuyas que ellos puedan apoyar-


te para realizar tu sueño (amor, flor, empresa, aventu-
ra) que tengas en mente?
Invisible para los Ojos 71

X|||. El Vanidoso (sombra)


Los otros son admiradores
¿En qué te gustaría que te admiraran y que no
sucede actualmente? Escribe una lista:

Ahora arránca esta hoja, quémala y entiérrala


bajo una planta. Se cumplirá tu deseo.
Invisible para los Ojos 73

X|V. El Vanidoso (luz)


La belleza está en todo
Recuerda a la persona más desagradable con la que
hayas tenido un encuentro recientemente. Describe
brevemente una cosa buena que tenga:

A solas, ponte frente a un espejo, viéndote a los ojos


pronuncia: “Yo te quiero, yo te apruebo”. Dilo hasta
que sonrías aunque te de pena. Escribe aquí lo que
sientes (hazlo al menos una vez cada mes):
74 La Estrategia del Principito

XV. El Bebedor (sombra)


La vergüenza del vicio genera más vicio
¿Cuál es tu vicio y en qué te avergüenza? Hay más
vicios que el alcohol, drogas o comer, indaga con sin-
ceridad y escríbelo aquí sin pena, esto quedará sólo
entre el Principito y tú.

¿Cuál es el vicio de alguien a quien amas y en qué


crees que pueda avergonzarle?
Invisible para los Ojos 75

XV|. El Bebedor (luz)


Creer es crear
Si pudieras crear algo con tu experiencia en ese vicio,
¿qué sería? ¿Escribirías, diseñarías, pintarías, dibuja-
rías, emprenderías? Con algún recuerdo triste, algo
que te duela, alguna melancolía, ¿crees que puedas
inventar un negocio o construir algo nuevo? Escribe
aquí tus ideas:

¿Existe algo que quieras crear solo porque si? ¿Qué


sería?

Si quieres ayudar a alguien con un vicio, compártele


el ejercicio: www.EstrategiaDelPrincipito.com
76 La Estrategia del Principito

XV||. El hombre ocupado (sombra)


Los otros son posesiones
Haz una lista de tus posesiones más valiosas. Haz un
estimado muy rápido de su valor y suma también lo
que ganas al año:

Si pudieras cambiar toda esa cantidad por una sola


actividad (no cosa), ¿por cuál sería?:

¿Qué estás haciendo por poder acercarte a realizar esa


actividad?
Invisible para los Ojos 77

XV|||. El hombre ocupado (luz)


Hacer lo que amas es lo importante
¿Qué trabajo harías por el resto de tu vida (lo hayas
hecho antes o no) si no te preocuparas ni por el dinero
ni por dejar lo que tienes?
El Último Café
El Último Café 79

E
ra un dolor puntiagudo, no sólo agudo. Hasta en-
tonces se ufanaba de nunca haber tenido dolores
de cabeza, aunque recordaba haber padecido uno
igual cuando tenía diez años. Recordó también que su
abuelo, al verlo sufrir en esa ocasión, le contó que él
había sufrido de dolores parecidos que lo inmovili-
zaron por días y que casi lo matan, encontrándose en
extrema soledad en medio de un gélido invierno de
un lugar alejado al norte de Estados Unidos. Un vecino
altruista, barbado, anciano, y de ascendencia africa-
na, al darse cuenta de sus padecimientos y soledad,
80 La Estrategia del Principito

veló su sueño cada noche desde aquel día, como un


ángel de la guarda, hasta su aparente recuperación.
El abuelo llegó incluso a pensar que ese anciano bar-
bado había sido una alucinación producto de aquel
dolor infernal. El hombre, después de la muerte de
su abuelo, se enteró que fueron varios infartos cere-
brales los causantes de tales sufrimientos.

De regreso a su presente, era tal su dolor, que se


tiró al suelo y lloró. Lloró mucho. En el transcurso
de cuatro horas, fue pasando la molestia poco a poco
para luego volver con intensidad, como un mons-
truo. Así inició un ciclo interminable de tortura: do-
lor en aumento que lo hacía llorar y enfermar del
estómago, calma breve, y de nuevo sufrimiento. Era
evidente que algo grave estaba pasando.

Durante el suplicio, momentáneamente experi-


mentaba una especie de claridad única, una especie
de agradecimiento por vivir y mucha paz. Buscaba
rayos de sol que lo calentaran; se pensaba como un
pequeño perrito o como un indigente en invierno:
“Así deben sentir”, decía delirante y sonriendo cual
escultura Khmer.

Este infierno le duró cerca de un mes. Cuando


le sucedía en el trabajo, se encerraba en el auto y
lloraba, ocultándose para que nadie lo notara. Fue a
ver a médicos de todas las especialidades. Se revisó
los ojos (era muy miope), los oídos (poco tiempo an-
tes perdió el oído y lo recuperó), los dientes (tal vez
era una caries). Fue al ortopedista (su cuello parecía
un arco tensado y tenía un nervio inflamado). Vio a
internistas, a un neumólogo y hasta a un psiquiatra.
El Último Café 81

Trató de ver a su pediatra, el doctor Herrera, y sólo


se encontró con la triste noticia que acababa de falle-
cer una semana atrás. Nadie lo ayudó.

Todo fue caos y dolor, sumado a la ignorancia.


Cuando sufres buscas causas, y si al momento no
las encuentras, entonces buscas culpables (o sueles
inventártelos).

El hombre culpó a su padre:

— Siempre me dejaba jugar con grandes can-


tidades de mercurio. Seguro estoy pagando
las consecuencias. ¡Por Dios! ¿Qué niño juega
con mercurio? ¡Es venenosísimo! Hasta yo sé
que “El Sombrerero” de Alicia en el País de las
Maravillas hablaba así porque los que hacían
sombreros en esa época usaban mercurio.
¡Mira nada más cómo quedé! ¡Qué irrespon-
sabilidad! —alucinaba el hombre.

Culpó a su trabajo:

— Es increíble, tanto trabajo para que crean


que no hago nada. No me entienden porque
son ignorantes y ambiciosos. Mi estrés es mu-
cho y prefieren a otros más tontos y flojos. Mi
jefe sólo piensa en él y es el ser más egoísta
que existe. Él y sus socios sólo piensan en va-
nidades huecas y en controlarme. Y para re-
matar, me quieren poner otro jefe extranjero,
aun peor, que me odia y envidia. ¡Me tienen
harto!

Culpó a una de sus ex novias:


82 La Estrategia del Principito

— Me dejó enfermo, tanto tiempo desperdiciado


con su falta de amor e intereses banales. ¡Vam-
piresa! ¡Traidora! ¡Malagradecida!

Finalmente, culpó a Dios:


— Cómo puedes crear un mundo tan miserable,
lleno de dolor y gente sufriendo. Torturados,
hambrientos, enfermedades horribles, niños con
cáncer, madres hincadas rogándote clemencia
para sus hijos y tú no te inmutas. Tal vez ni exis-
tes, y si existes, eres cruel, peor que el demonio.
Todo esto lo gritaba llorando de dolor. Incluso, un día
tuvo que estacionar su auto a la mitad de la carretera
federal para meter la cabeza en un pozo de agua y ter-
minó revolcándose en la hierba salvaje del acotamien-
to. Escenas dantescas. Pensaba que iba a morir sin que
nadie encontrara cuál era su enfermedad.

Los doctores le daban razones inventadas, por


desconocimiento o por sacarle dinero. Fue una bús-
queda estéril. La muerte le rondaba. Uno de ellos le
dijo que, entre otras cosas, tenía que dejar de tomar
café. “¡Pero, si es la forma en que me inspiro!”, replicó.
Esa noche se tomó varias pastillas de paracetamol
con un trago de agua y se dispuso a beber su última
taza de café; este era colombiano y recientemente se lo
había traido su amigo Jorge (un catalán mexicano con
mente germana y corazón francés). En esa paz y enten-
dimiento búdico que le causaba el intermedio de dolor,
continuó analizando los arquetipos sombra – luz que vi-
vían en el Principito y en él mismo…
El Último Café 83

XIX
El Farolero (sombra)
La consigna es primero y no sabe por qué

El farolero prende y apaga su farol sin saber para


qué. Las consignas no siempre son buenas, sobre
todo si las cosas cambian (¡y qué no cambia!), porque
las labores se vuelven ilógicas y a veces estúpidas.
Por ejemplo, una empresa tiene una política por la
cual los guardias registran en un cuaderno las sali-
das y entradas de laptops de los que trabajan ahí (al-
rededor de 500 personas). No existe un sistema de
detección de metales ni ningún sistema que ayude
a descubrir que alguien la
traiga escondida en la ma-
leta (que no se revisa por
cierto) o debajo del abrigo.
Una persona que un buen
día salió del ensueño de
la consigna, preguntó al
guardia, al jefe de seguri-
dad e incluso al director
general:

— Oiga, ¿de qué sirve re-


gistrar varias veces al día
la máquina? (porque in-
clusive entre edificios de
la misma empresa se te-
nía que realizar el ritual).
84 La Estrategia del Principito

A la pregunta, todos contestaron inteligente-


mente:

— Para que no se la roben.

Esta persona entonces reviró la pregunta:

— ¿Y cómo saben que no la traigo escondida?


Si la oculto no hay forma que ustedes lo se-
pan porque su sistema se basa en que yo se las
muestre.

Ellos sabiamente contestaron:

— Confiamos en que no lo hagas.

Aquí hay un error que va más allá del registro


mecánico de las laptops: las empresas no confían en
la gente, y al final, ¡de todos modos tienen que con-
fiar! Alguien crea una consigna y con ella un sistema
ilógico que no evita que la gente siga haciendo lo que
la empresa quiere evitar. Esto se vuelve un ritual, y
cuando al final se les cuestiona, contestan que “con-
fían” en que la gente no lo haga. Y entonces ¿por qué
tener aparatos, gente y toda una inversión de tiempo
y recursos para hacer algo que no sirve? No hay ra-
zón. Es un rito sin razón.

Este tipo de trámites y consignas está presente


como cáncer en cada área de las empresas y en las fa-
milias. Es la burocracia como enfermedad del desa-
rrollo humano y económico.

Aun con toda esta falta de propósito en la acti-


vidad, es mejor tener consignas sin razón e ilógicas,
como el farolero, a ser egoísta como los demás perso-
El Último Café 85

najes. Este personaje fue uno de los más respetados


por el Principito, ya que se ocupaba de otra cosa que
no fuera de él mismo. Era acompasivo.

Inmoral – “Malo” – Egoísta


Moral – “Bueno” – Compasivo
Amoral – ni “Malo” ni “Bueno” – Acompasivo1

XX
El Farolero (luz)
Hacer algo significa algo

Parece inservible: un farol y un farolero en un lugar


deshabitado, en el planeta más pequeño. Parece ab-
surdo, pero podría no serlo tanto. Tiene cierto sentido:
ilumina y es como si naciera una estrella o una flor. Su
labor era igual de bella en este pequeño mundo (¿y qué
mundo no es pequeño?) a la de un jardinero.

En un sistema ecológico, una bacteria es tan im-


portante como un tiburón. Un día Homero Simpson se
peleó con el que recoge la basura de su casa y ésta se
convirtió en un basurero hediondo. Todo trabajo hon-
rado es sagrado y beneficia a los demás. ¿Qué pasaría
si yo fuera una persona que decide prender un farol en
un desierto?

5  Acompasivo es aquella actitud que en la que no se piensa en el bienestar de uno


mismo, ni en el bienestar del otro. Es automática, mecánica, sin emoción o razón
detrás.
86 La Estrategia del Principito

Prendo esta luz en el desierto oscuro.


Tal vez no la veas.
Tal vez no me entiendas.
Pero la prendo para ti.
Para recordarte.
Y por si alguien lejano la ve,
aun sin yo verlo a él,
que recuerde a su ser amado
como yo te recuerdo a ti.
Viendo en la noche aquella luz lejana,
aquella luz.

El farolero no estaba equivocado en lo que hacía,


sino en “por qué” lo hacía. Si hubiese tenido un pro-
pósito ulterior (romántico, estético, heroico, altruis-
ta) más allá de hacer las cosas por hacerlas, fuere el
que fuere, su actividad adquiriría sentido. Una be-
lla señora de 90 años, prende todos los días una ve-
ladora. Lo hace porque pide a Dios por la salud de
la gente. No tiene familia. Ella es una Farolera-Luz.

Lo bello es útil, como lo es el arte. No existe ar-


tista aficionado o profesional, el artista simplemen-
te lo es. El arte es un puente entre lo inasible del
universo, los sentidos, y el espíritu. Pintar, cantar,
actuar un poema, escribir, hacer un té o prender un
farol: todos son arte si se tiene la intención de que
lo sea.
Quema esas fotos vestido de astronauta; vuela ese
globo rojo a la mitad de la lluvia; desnúdate y deja
que los demás te pongan post-its; cruza la ciudad
El Último Café 87

en línea recta, escalando árboles y


tocando las puertas de desco-
nocidos para pasar a través
de sus casas; prende pun-
tualmente ese farol en un
planeta deshabitado:
no es una locura si ex-
presa “algo”. Si be-
neficia a tu corazón
es probable que be-
neficie también a
alguien más (aun-
que no lo veas), y
si no lo ayuda: ¡no
importa! Hacerlo
con intención es lo
bello.
El escritor George Bernard Shaw dijo alguna vez
que los espejos se emplean para verse la cara, y el
arte, para verse el alma.
Crea espejos de arte; la gente suele usarlos… y
si no, al menos tú podrás peinarte frente a ellos.

XXI
Geógrafo Anciano (sombra)
Vivir a través de otros es mejor

Este personaje vivía en un planeta más grande que los


anteriores y tenía un gran libro. Se limitaba a compu-
88 La Estrategia del Principito

tar, no a explorar, por eso no


sabía si en su planeta había
desiertos, océanos o mon-
tañas. Se sentía importante
y juzgaba “la moral” de los
exploradores como prueba
de la veracidad de lo que le
informaban. Sólo registra-
ba lo “eterno”, como lo es
una montaña o un océano.
Este geógrafo no conocía
nada con sus propios ojos,
ni le interesaba hacerlo.
Prefería registrar en su li-
bro lo que otros le contaban y no ponía un pie en nin-
guna otra parte para corroborar lo dicho por sus explo-
radores… ni por curiosidad.

A pesar de su actitud, este flemático hombre le


es muy útil al Principito, ya que lo ayuda a descubrir
que las flores son efímeras y, al hacerlo, descubre la
finitud de la vida. No sin el costo de que la nostalgia
lo invada. Contrastando lo eterno con lo efímero se
determina el tiempo, aunque si observamos bien, todo
es efímero: hasta una estrella desaparece (no se diga
una montaña). ¿Es entonces el tiempo una trampa o,
quizás, una ilusión?

El geógrafo es quien le recomienda ir a la Tierra.


Finalmente, él fue una sombra que arrojó luz sobre el
entendimiento del Principito.
El Último Café 89

XXII
Geógrafo Anciano (luz)
La teoría ayudará a otros

Bismark citaba una frase que decía: “Los tontos dicen


que aprenden de la experiencia, yo prefiero aprender
de la experiencia de otros”.

Había una vez un teórico militar a quien llama-


ban de cariño Lid. Él decidió no ser un especialista,
sino un “encuestador” de muchas experiencias. Leyó
y releyó muchas crónicas, autobiografías y
libros que trataban de diversas guerras y
batallas. Los estudió para discernir lo que
todo teórico (como el Geógrafo Ancia-
no) desea siempre: desentrañar verda-
des que apliquen en la mayor cantidad
de situaciones. En este caso, Lid quería
la fórmula de cuál era el común deno-
minador de las
victorias.

Conside-
raba que había dos
tipos de experiencias
prácticas: la directa y la indi-
recta; la segunda, más valiosa
en su opinión. En la directa, la
profesión de las armas limitaba el
entendimiento por experiencia, ya
que cada vez eran menos las guerras
90 La Estrategia del Principito

(aunque más grandes) en las que una persona podía


participar y, por lo tanto, experimentar. De la indirec-
ta, el estudio hizo notar que todas las profesiones se
beneficiaban de esa experiencia; aun los médicos que
tienen posibilidad de tener una gran cantidad de ex-
periencia directa, ya que “los grandes avances en me-
dicina se deben a pensadores científicos y a investiga-
dores (todos ellos con experiencia indirecta), no tanto
a practicantes”, contaba.

Liddell Hart cambió la faz de la Tierra desde su


escritorio (para bien y para mal) como lo hicieron
Einstein, Marx, Newton y otros innumerables perso-
najes que se basaron en la experiencia de otros y de
su amplio conocimiento para hacer un alto en lo que
la humanidad llama “normalidad” y rebelarse ante
el statu quo con ideas poderosas. Americanos como
George Patton y alemanes como Erwin Rommel y
Heinz Wilhelm Guderian dijeron haberse inspirado
de las teorías de nuestro amigo Lid.

Pero, ¿cuál fue la gran aportación de Hart a nues-


tra vida práctica?: El concepto de estrategia indirec-
ta. Las Ocho Máximas de la Estrategia, provenientes de
axiomas largamente reflexionados, resumen cómo se
han ganado y cómo ganar indirectamente batallas y
guerras. Puertas de entrada a la victoria que según
Lid pueden utilizarse en prácticamente toda activi-
dad. Algo así como la teoría unificada que buscan los
físicos, pero para la vida práctica. La fórmula univer-
sal de cómo ganar en futbol, ajedrez o en una desafor-
tunada guerra:
El Último Café 91

1. Ajusta el objetivo a los medios


disponibles.

2. Mantén tu objetivo constantemente


en la mente mientras adaptas tus
planes a las circunstancias.

3. Escoge la línea de acción menos


esperada.

4. Aprovecha la línea de menor


resistencia.

5. Toma una línea de operación que


ofrezca objetivos alternativos.

6. Asegúrate que ambos, planes y


disposiciones son flexibles y adaptables
a las circunstancias.

7. No lances todo tu peso en un solo


golpe, mientras tu oponente está en
guardia.

8. No lances un ataque en la misma


línea (o de la misma forma) si antes
ha fallado.
92 La Estrategia del Principito

Lo anterior sólo es un ejemplo utilizable de lo que


producen estos geógrafos ancianos con su aprendizaje
indirecto. Prácticamente todo lo que esta humanidad
tiene tecnológicamente se lo debe a los estudiosos.
No debe despreciarse a estos raros adultos, máxime
si dan luz a los Principitos acerca de dónde y cómo
encontrar un lugar tan exuberante como la Tierra.

El hombre dejó de escribir cuando se terminó el


café y tiró la taza al cesto de basura, el dolor en la ca-
beza empezaba de nuevo.

— Si los doctores no encuentran la solución, lo


haré yo.
El Último Café 93

Preguntas del Principito para ti

X|X. El Farolero (sombra)


La consigna es primero y no sabe por qué
Identifica algo que hagas diario o periódicamente que
no sirva de nada (pasar por un detector de metales
que no sirve, hacer una presentación que nadie verá,
hablar con alguien que no le importa, etc.), ni tenga
razón de ser, y que no aporte valor a nadie. Descríbelo:
94 La Estrategia del Principito

XX. El Farolero (luz)


Hacer algo significa algo
Imagina que eres un(a) famoso(a) arista y te encargan
hacer una obra de arte. El tema de la obra es eso que
pensaste en la pregunta anterior como una actividad
inútil en tu vida. ¿Cómo llamarías a esa obra de arte?
(Puede ser música, pintura, escultura, cine, teatro,
performance).

¿Cómo realizarías esa obra para que el concepto se


volviera bello? Descríbela:
El Último Café 95

XX|.Geógrafo Anciano (sombra)


Vivir a través de otros es mejor
Escribe cinco cosas específicas que te gustaría hacer y
que no has hecho. Alguna experiencia, viaje, aventu-
ra, logro, juego, vestimenta:

Al lado de cada actividad pon en cuánto tiempo has


decidido llevarla a cabo:

Actividad Tiempo


96 La Estrategia del Principito

XX||. Geógrafo Anciano (luz)


La teoría ayudará a otros
Para realizar tu mayor sueño en la vida, escribe tu plan
de estrategia indirecta utilizando las ocho máximas.

1. Ajustar el objetivo a los medios disponibles.

¿Cuál es tu objetivo principal? ¿Cuáles son tus me-


dios?

2. Mantén tu objetivo constantemente en la mente


mientras adaptas tus planes a las circunstancias.

Escribe tres escenarios de circunstancias: el bueno, el


malo y el regular. Haz un breve plan en cada caso.

Bueno:

Malo:

Regular
El Último Café 97

3. Escoge la línea de acción menos esperada.

Si es una empresa, una obra, un servicio, un deporte:


¿de qué manera piensas diferenciarte?

4. Aprovecha la línea de menor resistencia.

En el mercado, industria, familia, rival, grupo: ¿exis-


te alguna necesidad que pocos hayan detectado? ¿Un
punto débil explotable?
98 La Estrategia del Principito

5. Toma una línea de operación que ofrezca objetivos


alternativos.

Después de tu objetivo principal, escribe tres objeti-


vos específicos para lograrlo. Tu plan debe permitir
que al menos uno de los tres se logre para acercarte al
principal.

6. Asegúrate que ambos, planes y disposiciones son


flexibles y adaptables a las circunstancias.

¿Tu plan es flexible? ¿Es adaptable a lo que suceda


ajeno a tu control?
El Último Café 99

7. No lances todo tu peso en un solo golpe, mientras


tu oponente está en guardia.

Si sorprendes es siempre mejor. Si no divulgas a quien


no lo debe saber también. Si concentras tu fuerza, que
no sea a donde todos están preparados, háblese de
mercados, personas, empresas, marcas, barreras de
entrada. ¿Cómo sorprenderás?

8. No lances un ataque en la misma línea (o de la mis-


ma forma) si antes ha fallado.

No pierdas dinero o energía buena en lo malo.

¿Haz fallado antes con este mismo proyecto? ¿Qué


cambiarías?
S erpiente
La

Mordió
La Serpiente Mordió 101

S
e levantó de su lugar y caminó hacia la puerta de-
cidido a encontrar una cura. Antes de que saliera,
sonó el teléfono. Regresó rápidamente y contestó
molesto:

—Sí…

—Hijo, te acaban de hablar. Qué triste… se mu-


rió Mani.

—¿Cómo que se murió, mamá? —contestó des-


concertado.
102 La Estrategia del Principito

— Habló su papá para avisarte que lo velarán


en Monterruss. Ay hijo… sé fuerte, no andas
bien, y ahora esto. Si decides ir, vete con cuida-
do… trata de calmarte por favor, no quiero que
te pase nada…

El hombre, en medio de sollozos y sin aire en los


pulmones, colgó el teléfono.

Mani era uno de sus mejores amigos de la secun-


daria; se distanciaron unos años por peleas de adoles-
centes y se reconciliaron en preparatoria. Estuvieron
en universidades separadas, pero siempre mantuvie-
ron contacto. Años habían pasado y siempre fueron
grandes amigos.

Era una de esas amistades con las que te pasan


cosas aparentemente malas, pero que al final del día
son las aventuras que compartes en las reuniones y te
hacen reír. Mani, Cabo (que ya era un serio abogado
y padre de dos hijos) y el hombre del dolor de cabeza,
hicieron historia en su colegio. La verdad es que la
mayoría de esas travesuras rayaban en la delincuen-
cia.

Recordó cómo incendiaron el techo del invernade-


ro de la escuela (¿invernadero?...un lugar con tres cac-
tus de bajo mantenimiento que un profesor se inventó
para ganar puntos ante la directora). Cómo aventaban
máquinas de escribir (sí… aún existían; eran muy pe-
sadas y letales) por la ventana del tercer piso, en mo-
mentos de total inconsciencia; y cómo sustrajeron las
pistolas que sus padres tenían guardadas para dispa-
rar con ellas a campo abierto a orillas de una carrete-
ra cercana a la ciudad. A partir de ese día dejaron de
La Serpiente Mordió 103

hacer tonterías después del susto que se llevaron: fue-


ron descubiertos por policías federales que los persi-
guieron por varios kilómetros, pero lograron escapar.
Nunca pasó algo “tan malo” como consecuencia de
sus travesuras… pero lo cierto es que fueron unas “jo-
yitas”, como los llamó alguna vez la directora y dueña
de la escuela, Miss Tesse, el día que los encontraron
tomando whiskey que robaron al papá de Cabo. Los
descubrió un profesor de laboratorio al que llamaban
“el simio” por su aspecto “neandertalesco”; personaje
que alguna vez orinaron (sí… orinaron) ) a través de
un agujero que daba a un cuartucho con camastro que
el profesor utilizaba para tomar sus siestas y retozar
amorosamente con la Miss de biología... que era casa-
da.

Ya siendo adultos jóvenes, tuvieron una faceta de


conquistadores fallidos. Sus técnicas eran ineficaces,
pero divertidas (por lo malas que eran).

—Ya no habrá forma de reírnos y arrepentirnos


de esas historias nunca más…

El hombre recordó, con una mezcla de felicidad


y dolor, muchas escenas de situaciones que vivieron
juntos. Hasta la última, que fue la que causó que Mani
le dejara de hablar.

—Qué extraña coincidencia: hoy, hace un año


me dejó de hablar Mani, y ahora esto… no lo
puedo creer.

A pocos podía contar la extraña razón por la que


Mani le retiró el habla. Fue porque éste le pidió di-
nero para una emergencia, y el hombre no se lo dio.
104 La Estrategia del Principito

¿Por qué? Porque pensó que no era justo ni apropiado


prestárselo para un aborto inducido y mal practicado
que le causó una hemorragia a su novia.

—Le dije mil veces que no lo hiciera. Y ya que lo


hizo, ¿por qué no le pidió dinero a su familia?
¿Por qué la llevó al hospital más caro del país si
no tenía dinero? ¿Por qué me pidió dinero y no
ayuda? ¿Por qué ocultar ante sus padres todo
lo que hace para aparentar ser una persona que
no es? Ya está grande para estas cosas, tiene 38
años, por Dios... bueno… tenía.

El hombre se sintió mal entonces, y ahora más con


Mani fallecido.

—Debí habérselo dado. Era una emergencia al


fin y al cabo.
Fue la última vez que supo
de Mani, hasta ahora.
Completamente cons-
ternado y muy solo
en su dolor, ya
que no tenían
amigos en co-
mún, se dis-
puso a escribir
algunas cosas
del Principito
para distraer-
se y encontrar,
tal vez, algún
consuelo.
La Serpiente Mordió 105

XXIII
La Tierra
En ella viven los adultos, como El Príncipe
de Maquiavelo

Este mundo está lleno de ejemplares de todos los per-


sonajes vistos en los otros planetas. El Principito cae
en el desierto y ahí encuentra a una serpiente, un ser
de tierra. La serpiente es símbolo ancestral de poder,
de la divinidad, de la ilustración de la razón; a veces,
de la maldad; a veces, de la sanación: como Esculapio,
dios griego de la curación aún usado como símbolo
por los médicos.

Enseñanzas de la Madre Tierra


1. Encuentra tu serpiente y acepta el cambio que ofrece
La serpiente “devuelve a la tierra” a los seres (con su ve-
neno) e insinúa que al Principito puede devolverlo a su es-
trella. La serpiente representa la muerte, pero más que eso,
representa el cambio. Todo enigma se resuelve con ella,
todo sana, todo se transforma.
Un dolor de cabeza puede ser
mi serpiente, e inclusive la
muerte de mi amigo es,
en sí una transfor-
mación.
106 La Estrategia del Principito

2. Acompaña más y juzga menos


El Principito le confesó a la serpiente su disgusto con
la flor, y hablaron de la soledad propia del ser huma-
no. Se puede encontrar en este diálogo una verdad
importante: algunos adultos no acompañan… están
ahí, que es diferente. Pueden ser los amigos que sólo
están en las fiestas o la esposa que ya no ama, pero
que está ahí porque no queda de otra; es inercia y, a
veces, comodidad malsana. La flor de tres pétalos con
la que se topa el Principito le dice algo relacionado:
—¿Dónde están los hombres? —le pregunta.
—El viento se los lleva, no tienen raíces y les
molesta no tenerlas —contesta la flor.
La raíz está en tu fa-
milia y amigos. No na-
ces con ellas; se forman
con el tiempo, si tú así
lo quieres.
El Principito pensaba
que la Tierra era un planeta
seco, puntiagudo y solitario, sólo
porque era la parte que conocía; se
juzga todo un mundo, por un peda-
zo de tierra. Se juzga a una persona por una palabra y
a un libro por su portada.

3. Di cosas buenas y siempre elije al ángel


Subió a una montaña, pero no pudo ver a todos los
hombres desde arriba. Subir a una montaña, si bien
La Serpiente Mordió 107

es un excelente ejercicio físico y metafórico de lucha,


no te da siempre una perspectiva del mundo, a menos
que tú lo quieras (personas de gran entendimiento,
como Nelson Mandela, la obtuvieron en una celda).
¿Cuántas personas suben a un avión y, en alturas mu-
cho mayores al Everest, no encuentran ni paz ni en-
tendimiento?

El eco le repetía sus propias preguntas y asevera-


ciones. En la soledad, el eco de nuestra mente no con-
testa, sólo responde. Lo que dices, te lo dices. Si bendi-
ces, te bendices. Si maldices, te maldices.

Si preguntas, debes escuchar más allá de tu voz.


Ahí donde existen otras dos: la del ego (el “Diablo”) y
la del Yo Superior (el “Ángel”).
108 La Estrategia del Principito

4. Habla menos y escucha más


El Principito siente nostalgia por la
flor, era siempre la primera en ha-
blar, eso parece desesperarle en
secreto antes de alejarse y después
es lo que extraña. Si bien es bue-
no expresarse en una relación de
cualquier índole (hasta comercial),
siempre es mejor hablar menos y es-
cuchar más.

5. Sé tolerante con las flores, pero no medroso o


hipócrita
El Principito llega a un jardín de rosas y se da cuenta
que su flor es de otra especie. Él y la flor pensaban
que era única y aquí había cinco mil en un solo jardín.
No se trata solamente de una analogía flor-mujer, re-
cordemos que esta flor puede ser cualquier persona o
actividad que tendamos a amar.
La Serpiente Mordió 109

El Principito recuerda los trucos que tenía su flor


para sobrevivir a la vergüenza: toser y aparentar mo-
rir. Y él aparentaba cuidarla porque si no, por humi-
llarlo, sí se dejaría morir de verdad.

Así son las flores, un poco chantajistas, resultado


de su sensibilidad. Si a la tuya la toleras, está bien,
pero si la atiendes diligentemente pensando en el fon-
do que no la soportas, y un buen día la abandonas,
vagarás en varios mundos con nostalgia crónica.

6. Si te comparas, sufres; si te menosprecias, te hundes


El Principito se da cuenta que lo que él posee, tres vol-
canes (uno apagado) y una flor, no es gran cosa com-
parado con la bastedad de la Tierra.

Llora tirado en la hierba pensando que no es el


gran personaje que él pensaba. Y aquí es donde el
Principito se puede convertir en el Príncipe, víctima
del ego terrestre con dos principios de adultez des-
tructiva:

A. La comparación.

B. El menosprecio a uno mismo

Nacimos “principitos”, hasta que nos comparamos y


nos menospreciamos. De niños lo aprendemos así. No
es inherente a nosotros, nos inculcaron ideas:
110 La Estrategia del Principito

“¿Qué posees?”

“¿Comparado con qué es mucho o poco?”

“Lo que importa es quién es la más bonita, el más


inteligente, el más esto, el menos otro…”

Dirán los empresarios que es necesario medir y


comparar todo. También los científicos. Que lo hagan.
Pero si tú haces lo mismo contigo mismo y con otras
personas, algunas veces te sentirás superior y la ma-
yoría de las veces, no. Al final, casi siempre sufrirás
(porque quieres).
La Serpiente Mordió 111
112 La Estrategia del Principito

XXIV
El Zorro
El hombre es un animal amoroso

El Principito se encuentra con un


zorro. Pero lejos de ser el típico
zorro mañoso, éste es uno de co-
razón compasivo y sabio, nada la-
dino o engañoso.

Enseñanzas de un zorro

1. Acepta que eres en parte animal


Él es el astuto de todas las fábulas. El Principito que-
ría jugar, pero el zorro decía que al no estar domes-
ticado, no podía. Le dijo que los hombres sólo cazan
y crían gallinas. El zorro también caza y le gustan las
gallinas. Su burla hacia el ser humano es que es tan
animal como él y como cualquiera otro; hombre
caza zorro, zorro caza gallina ¿Cuándo cazará la
gallina al hombre? No te confíes… es cuestión
de tiempo.
La Serpiente Mordió 113

2. Elimina los apegos, acrecienta el amor


El zorro enseñó que los lazos hacen que alguien se
vuelva especial entre cien mil. La flor sale a relucir
otra vez. ¿Cuál es la diferencia entre apegos y lazos?




¿Te rindes? Es el amor.

Sin estar domesticado, uno se aburre. El estarlo y


tener lazos con alguien llena de sol la vida; el ruido
de los pasos se vuelve música. Los campos de trigo
recuerdan los rizos de oro. Para conocer las cosas se
deben domesticar. Domesticar en este caso es amar.
Cuando amas, todo cambia.
114 La Estrategia del Principito

3. El que quiere amar debe ser paciente, y después


la paciencia paga con amor
Hay que tener mucha paciencia para domesticar, esto
requiere de una serie de pasos:

Al principio, sentarse le-


jos mientras el otro ve de
reojo. Tanto en activi-
dades como con per-
sonas, es necesa-
rio pasar por un
proceso de reco-
nocimiento y co-
nocimiento.

No usar sólo
la palabra; es fuente
de malentendidos. Más que
decir, se trata de hacer. Si crees
amar el tenis: ¡practícalo!, no sólo
hables de él. Si quieres tener un
negocio: ¡empieza con algo!,
no estés sólo hablando. Un
auténtico amigo o pareja se
gana con acciones, no con pa-
labras.

Visitar a la misma hora.


Hasta en el amor la disciplina
es necesaria, con constancia que
nace y no se obliga.
La Serpiente Mordió 115

4. Ten ritos que distingan y mejoren los momentos,


y no costumbres que arruinen tu crecimiento
Los ritos son necesarios. Es lo que hace que un día
sea diferente de los otros días; una hora, de las otras.
Los cazadores bailan los jueves con las muchachas del
pueblo. Así se enamoran las novias. A ellas les gustan
los ritos para abrir regalos, estudiar y ver a sus novios.
Así disfrutan más de la vida.

Recientemente se realizó un estudio que com-


prueba que el hacer ritos vuelve más placentera una
actividad, como comer. (Vohs et al., 2013). Los ritos
son parte importante de la ceremonia. ¿Quién iba a
pensar que los protocolos pueden aumentar lo disfru-
table en un evento? Los perros dan vueltas antes de
echarse; tal vez lo disfrutan más así.
116 La Estrategia del Principito

5. Si amas, transformas lo común en excepcional


El zorro lloró el día de la partida del Principito por
haber sido domesticado.

—¿Y qué ganaste?, le preguntó el Principito.

Ganó con el color del trigo: así siempre recordará


el color del cabello del Principito. El zorro le dice que
vea cómo las rosas no se parecen a su rosa; están va-
cías, aunque sean bellas. Porque el amor lo transforma
todo. Una rosa cultivada con amor, brilla. Un trabajo
que amas, brilla.
La Serpiente Mordió 117
118 La Estrategia del Principito

XXV
El secreto del zorro
Tu intuición

No se ve bien, sino con el co-


razón:

1. Lo esencial es invisi-
ble a los ojos.

2. Hasta el tiempo per-


dido por la rosa hace a la
rosa importante.

3. Eres responsable de lo que


domésticas.

¿Qué ves con el corazón? Pregúntate eso siem-


pre. Sonia Choquette, experta en intuición, enseña
los siguientes pasos para resolver un problema:

1. Pregúntate tres veces: ¿qué pienso?

2. Pregúntate tres veces: ¿qué temo que pase?

3. Respira hondo, ve a tu alrededor sin juzgar,


sólo estando presente.

4. Pregúntate tres veces: ¿qué dice mi corazón?

Una vez que quitas todo lo que el ego te dice, la


respuesta está en lo que tu corazón siente.
La Serpiente Mordió 119

XXVI
El Guardagujas
Tu visión

Los hombres, en general, no persiguen nada. El guar-


dagujas, que cambia las señales de sentido de los tre-
nes, enseña al Principito que:

• Los hombres siempre tienen prisa.


• No están contentos donde están.
• No persiguen nada.

Los niños si saben lo que buscan.


Como con su muñeco de trapo.

Siempre persigue algo, ten una visión.

XXVII
El Mercader
Tu tiempo

Los mercaderes venden lo cómodo, pero no lo necesa-


rio. Un mercader vende píldoras para quitar la sed…
Cosa innecesaria, pero que ahorra tiempo.
120 La Estrategia del Principito

“Preferiría caminar hacia una fuente”, dice el


Principito.

Así como una pastilla no sustituye tomar agua,


tampoco funcionaría una cápsula para dejar de co-
mer, ni Facebook sustituye una amistad cara a cara.
Siempre es mejor tomar un café con alguien.

Si ahorras tiempo usando tu auto en vez de ca-


minar, ¿en qué usas tu tiempo? ¿En ver la televisión?
Mejor, camina. Pregúntate si eres vendedor, mercadó-
logo, financiero o mensajero de una empresa (tuya o
ajena): ¿Lo que vendemos es útil? ¿Tiene o agrega va-
lor auténticamente a la vida de los demás?

Si no, ¡deja de promoverlo, contarlo o entregarlo,


y búscate algo que sí lo haga!

Procura hacer todos los días cosas


simples. Comer y beber tranquila-
mente, respirar, conversar, caminar.
Es la mejor inversión de tu tiempo.
La Serpiente Mordió 121

XXVIII
Octavo día de avería
Tu tesoro escondido

El Principito exaspera al piloto,


el cual critica que no mide el
peligro, que jamás tiene ham-
bre ni sed y que un poco de
sol le basta. Tiene sed, pero
en el corazón: “El agua pue-
de también ser buena para el
corazón”.

Lo que embellece las estre-


llas es una flor que no se ve.
Lo que embellece el desierto es
un pozo que no se ve.
Lo que embellece una casa es el teso-
ro que esconde.
Igual para el Principito; oculto en
su ser vive su amor y su fidelidad
para una flor.

Hay quienes distinguen el alma del espíritu, otros


dicen que es lo mismo. Alma-espíritu es lo que justa-
mente está fuera de la vista. También existen propó-
sitos y amores que no se dicen y no se ven, pero son
122 La Estrategia del Principito

los que nos dan vida, lo que nos inspiran, los que nos
hacen brillar desde dentro hacia fuera.

Tu tesoro secreto está a salvo y


siempre puedes verlo con el corazón.
Hagas lo que hagas, siempre valdrás
por ello.

XXIX
El pozo
Tu fuente de la vida eterna

Un pozo apareció donde los pozos sólo son agujeros.


Éste era como de aldea, con balde y polea.

Los pozos son símbolo de “milagro”; surgen de la


tierra seca. Por eso, antes se les llegaba a considerar
como mágicos o sagrados. Sus aguas y ecos subterrá-
neos esconden misterios de la Tierra.

“Era agua buena para el corazón”.

El antiguo libro y oráculo llamado I Ching, habla


de “El Pozo”. Dice que siempre es igual; cambian las
ciudades y los pozos tienen la misma forma. Así, el
hombre puede tener diversas formaciones o inclina-
ciones, pero su naturaleza fundamental es la misma.
Dice que siempre se puede recurrir a la fuente inagota-
La Serpiente Mordió 123

ble de la naturaleza divina, de la esencia humana. Los


riesgos son dos: que a veces no llegamos a penetrar
hasta ella (no se alcanza el agua del pozo, no se llega
abajo con la cuerda) y uno se que-
da atrapado en convenciones y
en una semicultura; y el otro, que
se rompa el cántaro o el balde, es
decir, que claudiquemos y desis-
tamos de encontrar la verdad.

Decía el Principito: “Tengo


sed de esta agua”.

Muchos niños prefie-


ren tomar agua de la llave,
porque sabe mejor, también
existen adultos sofistica-
dos que toman solamente
la de lugares lejanos como
Fiji; no todas las aguas son
iguales. Los significados son
importantes.

—El agua no era un alimento, había nacido


de la marcha bajo las estrellas, del canto de la
rondana, del esfuerzo de mis brazos — dijo el
piloto al darle de beber.

La temporada que recuerda el piloto cuando el


Principito bebe el agua que le da, es la Navidad. El
árbol, la música, las dulces sonrisas formaban el res-
plandor del regalo navideño. Pero el regalo es lo de
menos. El contexto es la envoltura de la intención (dar
amor), la energía que está detrás: eso es lo importan-
te. El agua, que es sólo agua, se convierte en bendita
124 La Estrategia del Principito

cuando se consagra. Todo objeto, alimento, persona,


se puede volver sagrado por el solo hecho de hacerlo
un conductor de amor, de Dios (universo) y de felici-
dad.

Los hombres cultivan mil rosas y no encuentran


lo que buscan. Lo que buscan podrían encontrarlo en
una sola rosa, o en un poco de agua.

Los hombres se meten en ríos rápidos sin saber lo


que buscan: sólo se agitan y dan vuelta. Es la metáfora
del desperdicio de abundancia, cuando damos vueltas
y vueltas en ficticia miseria y dañina conmiseración.

El pozo de tu yo superior es inago-


table, encuentra tu agua sagrada y
tu rosa amada. Sáciate bebiéndola,
cólmate contemplándola. Con tu
sola intención consagra y cambia al
mundo.

XXX
Aniversario
Tu nostalgia

El Principito cumplió un año de haber visitado la Tie-


rra. Todo ciclo se cumple y se cierra tarde o temprano.
Lo infinito empieza en lo finito. Todos quieren creer
La Serpiente Mordió 125

que lo eterno es padre de lo efímero, pero es al re-


vés: lo efímero es padre de lo eterno. Morir para vivir;
cuando yo muero nace el universo.

El Principito y el piloto se expli-


can la nostalgia que ya sien-
ten anticipadamente. La
música de la ronda-
na del pozo, las
estrellas y
las risas que
el piloto ob-
servará y es-
cuchará.

Toda esa
nostalgia no es apego,
es producto del tejido
de la vida, de lo que
nos une en alma al uni-
verso. La nostalgia es
madre del arte. En el
arte se trata de preservar lo
que ya se perdió en este momento, y en este otro, y en
este otro. Nostalgia eterna del presente.

Extrañar, tener nostalgia, es normal. No te culpes.


Si es amor, no es apego. Es un hueco en lo físico, que
no corresponde a la forma de tu espíritu: de ahí la ex-
trañeza que sientes. Esa evocación aprovéchala para
crear, para imaginar, para echar a volar de nuevo tu
nave.
126 La Estrategia del Principito

XXXI
La serpiente del muro
Tu sufrimiento

Al costado del pozo había un muro, una ruina donde


estaba sentado el Principito. Justo abajo estaba nue-
vamente la serpiente. Coincidentemente, debajo del
oráculo de Delfos corrían aguas subterráneas y había
pozos donde, según el mito, custodiaba una serpiente
llamada Pitón, que fue vencida por el dios Apolo.

La serpiente amarilla representa el oro de la trans-


formación, el relámpago, la alquimia que logra que se
transmute lo terrenal en espiritual. La chispa divina.

Es el Judas que entrega a Jesucristo para su vida


eterna. ¿Villano o héroe? Un meta-héroe y un meta-
villano, porque su función va más allá del reconoci-
miento: en un acto “malo”, logra algo “bueno”. Es una
función invaluable que merecerá el desprecio eterno
de la humanidad, pero en el efecto radica su bondad,
la bondad del verdugo. Sin esa trasformación no ha-
bría Cristo, no habría Principito.

En la vida terrestre sufrirás tres estados necesaria-


mente: serás víctima, otras veces testigo y otras veces
verdugo. La víctima redime, libera, como el Principito
y Jesús; el testigo da testimonio y lo vuelve útil, como
el piloto y los apóstoles; el verdugo es el principio acti-
vo, el que aprieta el botón del caos, como Judas, como
la serpiente. Todos son necesarios. Acepta sin quejas
tu rol cuando así sea necesario y sé útil al universo.
La Serpiente Mordió 127

—Señor, señor... ¿está bien?

—¡Ahhh! ¿Qué pasa? —dando un grito, el hom-


bre levantó la cabeza del escritorio con ojos de
plato.

El vigilante calmó al hombre, eran las once de la


noche y se había quedado dormido en la oficina, sobre
su viejo y deshojado libro del Principito.
128 La Estrategia del Principito

Preguntas del Principito para ti

XX|||. La Tierra
En ella viven los adultos, como El Príncipe de Maquiavelo

Enseñanzas de la madre Tierra


1. Encuentra tu serpiente y acepta el cambio que ofrece

¿Existe algo que parezca letal, extremadamente dolo-


roso o muy riesgoso en tu vida? Si es así, ¿qué trans-
formación te ofrece?:
La Serpiente Mordió 129

2. Acompaña más y juzga menos

Escribe algo en que te hayas juzgado severamente.

¿Fue útil? Sí No

Escribe algo que hayas juzgado recientemente de una


persona que amas.

¿Fue útil? Sí No
130 La Estrategia del Principito

3. Di cosas buenas y siempre elije al ángel

Ponte una liga en la muñeca y cámbiala de lado cada


vez que critiques algo o alguien. Te hará consciente de
las veces que hablas mal de otros y del daño que eso te
causa.

4. Habla menos y escucha más

Siéntate con la persona que más platicas diario y por cin-


co minutos intenta no hablar nada. Solamente escucha
atentamente y sin juzgar.

5. Sé tolerante con las flores pero no medroso o hipócrita

¿Tienes algo importante que decir a alguien? Hazlo hoy


de forma honesta y directa, pero calmadamente, con se-
renidad y cuidado.

Detecta cuando alguien te chantajea; repite lo anterior.

6. Si te comparas, sufres; si te menosprecias, te hundes

Hoy y aquí, compárate con una persona que creas mejor


que tú. Escribe todo en lo que crees que te supera:
La Serpiente Mordió 131

Te sientes mejor escribiendo todas las virtudes en las


que te supera:

Sí No

Si la respuesta fue “no”, acabas de darte cuenta que


no sirve de nada compararte.

XX|V. El Zorro
El hombre es un animal amoroso

Enseñanzas de un zorro
1. Acepta que eres en parte animal

¿Te gustan algunas cosas, personas, situaciones que


no le dirías a nadie?

Sí No

Si contestaste que “sí”, ¡felicidades! Eres humano.


“No” significa que eres androide (espera tu turno
para ser “retirado” por un Blade Runner).
132 La Estrategia del Principito

2. Elimina los apegos, acrecienta el amor

¿Qué aspectos relevantes en tu vida son apegos y cuá-


les son amor? Escríbelos:

3. El que quiere amar debe ser paciente, y después la pacien-


cia paga con amor

¿Quieres conquistar un proyecto, sueño, persona, lo-


gro?

Siéntate lejos mientras el otro ve de reojo:

Primero estudia sobre el tema o persona, de lejos em-


piézalo a conocer.

No usar solo la palabra; es fuente de malentendidos:

En vez de “decir”, mejor “haz”. Actívate e involúcrate


activamente. Como decía Elvis Presley: menos con-
versación y más acción.

Visitar a la misma hora:

Disciplínate, como lavarte los dientes; así debe de ser


La Serpiente Mordió 133

de constante y metódica tu aproximación a ese logro


que buscas. A la misma hora un esfuerzo y un premio,
así se condiciona un ser vivo. Si estás muerto, no lo
intentes.

4. Ten ritos que distingan y mejoren los momentos, no cos-


tumbres que arruinen tu crecimiento.

Invéntate un rito de triunfo. Cada vez que te sientas


bien, tócate la ceja, aplaude o realiza un movimiento
que repitas cada vez que pase un triunfo. En progra-
mación neurolingüística se le llama anclaje y te servi-
rá para sentir confianza, cuando lo requieras, podrás
usarlo.

Si tienes una pérdida, también realiza el rito corres-


pondiente, tal vez tengas que hacer una comida de
despedida de un trabajo, ir a un velorio, quemar fo-
tos y cartas de un amor. Los ritos ayudan y son ne-
cesarios.

5. Si amas transformas lo común en excepcional

Haz los siguientes tres experimentos:

1. Saluda a una persona que veas diario sin que sea


tu amigo, por ejemplo la persona de seguridad, o un
cajero. Hazlo, la primera vez, de forma común y co-
rriente. La segunda vez hazlo pensando: “Somos uno
mismo, yo soy tú, tú eres yo”; sonreirá cuando lo ha-
gas.
134 La Estrategia del Principito

2. Cuando hables con alguien por teléfono, sonríe


aunque no te vea; sonreirá.

3. Antes de ir al trabajo, cuando cierres los botones de


tu camisa y mientras te peinas, sonríe. El día completo
te sonreirá.

XV. El secreto del zorro


Tu intuición
Si tienes alguna consulta que hacer a tu “yo superior”.
Utiliza la intuición:

1. Pregúntate tres veces, ¿qué pienso?

Apunta:

2. Pregúntate tres veces, ¿qué temo que pase?

Apunta:
La Serpiente Mordió 135

3. Respira hondo, ve a tu alrededor sin juzgar, sólo


estando presente.

4. Pregúntate tres veces, ¿qué dice mi corazón?

Apunta, ésta es tu respuesta:

XV|||. El Guardagujas
Tu visión
¿Cómo te visualizas en el futuro? Respira profundo
tres veces mientras estás sentado en un lugar tranquilo.
Cierra los ojos e imagina que bajas unas escaleras que
te llevan a una puerta. Abres la puerta y ves que hay
una persona sentada, te acercas y te sientas en la silla
de enfrente. Eres tú mismo, es como serías si lograras
tu sueño. Platica con él, es tu doppelgänger del futuro,
te dirá cosas importantes. Escribe lo que te diga aquí:
136 La Estrategia del Principito

XXV||. El Mercader
Tu tiempo
Sólo por hoy, camina más lento, come más despacio.
Respira y escucha tu respiración por 3 minutos. Con-
versa con tu padre o madre, con calma, como si hubie-
ras regresado en el tiempo de un futuro donde ya no
existen. También puedes tomar un café con un amigo,
sin prisa, sin teléfono en la mano. Camina un poco y
observa alrededor. Hazlo y al final apunta la diferen-
cia que hizo en tu día el hacer esas actividades con
calma. Ahora pregúntate: “Mi trabajo y el tiempo que
le dedico actualmente, ¿es útil para los demás y es útil
para mí? “. Reflexiona:
La Serpiente Mordió 137

XXV|||. Octavo día de avería


Tu tesoro escondido
¿Cuál es al menos un talento que sabes que tienes pero
pocos lo saben?

Escríbelos aquí:

¿Existe algo que te guste mucho, que sepas apreciarlo


y que pocas personas lo sepan?

Escríbelo:

Estos dos aspectos de ti, son tu tesoro escondido.


138 La Estrategia del Principito

X|X. El pozo
Tu fuente de la vida eterna
Sumérgete en tu tesoro escondido. Dedícale tiempo,
todo el necesario. Esa es una fuente de la vida eterna.

La otra fuente, que tiene agua de otro sabor porque


viene de un lugar más profundo tiene que ver con
ayudar a los demás. El pozo simboliza un milagro,
los mejores milagros son los que nosotros hacemos.
Ayuda a alguien diario, en algo. Ten una obra buena
al día. A veces, tal vez quieras tener una gran obra,
como donar tiempo o dinero a una fundación. Niños,
ancianos, animales, enfermos, discapacitados, colegas
o hasta en tu propia familia está el milagro: trascender
en el servicio a otros.

Escribe aquí al menos un servicio altruista importante


que harás en estos meses:
La Serpiente Mordió 139

XXX. Aniversario
Tu nostalgia
¿Qué extrañas?

Cierra los ojos y vuélvelo a vivir en tu imaginación.


Te tengo una noticia, no lo estas imaginando en tu
cerebro en verdad lo estás viviendo en cierta forma.
Para él no existe diferencia, se activan prácticamente
los mismas conexiones neuronales; la neurociencia lo
confirma.

Recordar es volver a vivir… ya no lo extrañes, vívelo.

¿Qué cambiarías del pasado de tu vida si pudieras re-


gresar en el tiempo?

Cierra los ojos e imagina que viajas a ese momento en


el que puedes cambiarlo. Tómate tu tiempo. Después
regresa al presente y di: “Ya cambié todo, ¿me siento
mejor?”. Si te sientes igual, es que no importaba tanto.
140 La Estrategia del Principito

XXX|.La serpiente del muro


Tu sufrimiento
Escribe aquí en qué eres:

Víctima (sufres por algo)

Testigo (observas inerme que alguien sufre)

Verdugo (haces que alguien sufra)


La Serpiente Mordió 141
El Cordero

se Comió

la Flor
El Cordero se Comió la Flor 143

K
iller, ese era el nombre de uno de los diferentes
tipos de arreglos florales que había en la agencia
funeraria. No es broma, así se llamaba.

—Surrealista. ¿A quién se le ocurrió eso?—


pensó el hombre.

Compró mejor un modelo llamado “Nite”, que so-


naba más apropiado. El hombre no sólo estaba triste,
también aterrado de ver a la familia de su amigo. Pen-
saba en las palabras que podría utilizar para tratar de
144 La Estrategia del Principito

consolarlos. Era una situación muy incómoda porque


la hermana de Mani lo odiaba desde antes que él le
dejara de hablar, y fue porque en la escuela se burlaba
mucho de su enorme nariz: pecados de adolescente.
Mientras se acercaba al lugar, el hombre recorda-
ba todos los seres queridos que había perdido. Cami-
naba recordando el pesar y el dolor de aquellos mo-
mentos que ahora se sumaban a éste. Al llegar a la
sala 8, la sombra del vacío ocupaba el lugar y, en un
espacio visible, la iluminación estaba centrada (como
en una película clásica) en una madre inconsolable
siendo abrazada por oleadas de gente.
El hombre se formó en la fila y el tiempo de espera
le pareció interminable. Hasta que por fin, en un acto
de liberación, pudo abrazar a la madre de Mani. Fue-
ra de formalismos y palabras ensayadas, lo único que
le salió de su ser fue amor por su amigo en forma de
latidos de corazón y lágrimas, y esa fue la única comu-
nicación que se necesitaba.
Al lado estaba Mel, la hermana de Mani. Se acercó
a darle su pésame, pero ella lo evitó saludando a al-
guien más y saliéndose de la sala.
Escuchó una breve misa. Este tipo de misas eran
las únicas que le parecían más sensatas y profundas al
hombre. Siempre se preguntaba por qué la mayoría de
los Padres eran tan aburridos en sus discursos. Tenía
la teoría de que los sermones en situaciones de muerte
hacían revivir su verdadera vocación espiritual y, con
ello, el esfuerzo para ser útiles en el uso de la palabra.

Al salir de la sala pudo respirar un poco y platicó


con Alfonso, primo de Mani. El hombre estaba muy
El Cordero se Comió la Flor 145

nervioso y, de manera involuntaria, decía cosas sim-


páticas y a veces un poco bobas. Un par de personas,
a pesar del dolor de la situación, reían por sus ocu-
rrencias en la plática. Parecía que reír un poco era una
liberación para la tristeza de todos. Bere, la prima de
Mani, estaba en el grupo de risueños en luto. El hom-
bre no la había visto desde que era una niña de cuatro
años y él de dieciséis. Conversaron brevemente recor-
dando buenos momentos con Mani.

Bere fue la persona que abrió los ojos del hombre


de manera definitiva. Fue un coup de grâce para su mo-
ribundo entendimiento del mundo:

—Mani nunca pudo hacer lo que quería. Él siem-


pre soñó con estudiar para chef, y su carrera de conta-
dor lo frustró mucho. —comentó la joven mujer.

Pasaron cuatro días desde aquel extraño y triste


acontecimiento. Esas palabras no se iban de su men-
te. Parecían un extraño regalo que Mani le había de-
jado con quien menos hubiera imaginado. Ese día en
específico, se intensificó al grado de obsesión la frase
“Mani nunca pudo hacer lo que quería”. Sumado al
tema, esa tarde las cosas en la oficina fueron decep-
cionantes: corrupción, traiciones, burocracia… lo de
siempre.

Cansado del trabajo, el hombre fue al refrigera-


dor, tomó una cerveza de una marca holandesa y se
dispuso a ver su serie de televisión favorita: House of
Cards. Apagó la televisión pensando en las intrigas de
la oficina. Pensó que estaba harto de la politiquería
que ahí se vivía. Cerró los ojos y estiró la mano al li-
brero. Vio la portada del libro y, sonriendo, la leyó:
146 La Estrategia del Principito

—El Príncipe de Maquiavelo… ¡Ja!

Lo aventó a un lado. Se levantó de su sillón, tomó


el diario azul de cuando era niño, donde recientemen-
te había apuntado sus conclusiones. Salió de su casa
con una gran sonrisa, sin novia y sin dolor de cabeza.
Después de una hora de caminar, se percató de que
había llegado hasta un parque. Se sentó en la banque-
ta, del pecho sacó un viejo libro deshojado.

—Principito, es hora de saltar de asteroide.

Contestó sobre sus apuntes interrogantes y pre-


misas adicionales que el libro le había sacado del
alma; con letra muy fea que a veces ni el mismo com-
prendía, enlistaba sus ideas con números romanos.
Pasaron tal vez horas hasta que cayó en la cuenta de
que estaba hincado en el piso, usando una banca de
cemento como escritorio. Terminó de escribir y, bajo
el asombro de un par de abuelitas y un perro salchi-
cha que le ladró, dio de brincos y lo celebró con un
baile malo pero “sexy”, iniciando con este espontaneo
y raro ritual, un auténtico y trascendente cambió de
vida.

Abrió su Facebook en la aplicación de su móvil y


después de buscar un rato entre sus contactos y ami-
gos de sus contactos, encontró lo que quería y envió
este mensaje:

—Hola Bere, soy el amigo de Mani. ¿Te acuer-


das de mí? Me caíste muy bien y… bueno, sé
que es raro el cómo nos conocimos, fue en una
situación muy triste y extraña, pero una frase
que me dijiste hizo que entendiera definitiva-
El Cordero se Comió la Flor 147

mente algunas ideas. Te quiero contar algo que


descubrí en un libro. Te invito un café. ¿Puedes
mañana?

Apagó y guardó su teléfono. Tomó una larga ca-


minata a su trabajo, la primera después de 11 años de
usar auto para llegar a la oficina; fueron dos horas de
camino.

Entró al privado del director general y renunció


mientras saboreaba un fresco té verde que traía en la
mano.

Lo último que hizo al retirarse fue dejar un Post-it


en la computadora con la premisa más importante de
La Estrategia del Principito:
148 La Estrategia del Principito

Preguntas del Principito para ti

XXX||.Busca y encuentra; porque mereces ser feliz


Escribe ahora un párrafo de cuál, cómo, dónde y con
quién, construirás una vida feliz. Con lo que tienes hoy
y con lo que ahora sabes de ti mismo(a).
El Cordero se Comió la Flor 149

¿Quieres saltar de este asteroide? ¡Perfecto! ¡Estás


list@!

Imagina tu viaje, los mundos y la vida que tendrás.


Mientras lo haces… hoy procura limpiar los volcanes
de tu planeta, arrancar los baobabs, ver la puesta de
sol, y por supuesto, no olvides regar y platicar con tu
flor... Aunque algún día tendrás que dejarlo todo, hoy
todo ello es tu felicidad, tu único presente, y algún día
también será la estrella en el cielo con la que te recuer-
den desde otro planeta.
¿La gente necesita sentirse más
feliz en el lugar donde trabajas?

¿Crees que todos merecemos


vivir mejor?

¿Te gustaría ayudar a los de-


más?

Invítanos a dar una plática.

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que leíste en La Estrategia del Principito así como
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ma de bienestar que mejora el pensamiento com-
plejo, la regulación emocional y memoria, entre
otros aspectos importantes en el mundo actual de
alta demanda en negocios y situaciones de la vida
diaria. La Universidad de Harvard y la Universi-
dad de Massachusetts lo avalan con estudios cien-
tíficos. Empresas de primer nivel como Apple,
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