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Mélanges de la Casa de

Velázquez
39-2  (2009)
El conde de Floridablanca y su época

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María Dolores Domingo Acebrón
Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a
América. (Libro de documentos)
Oviedo, Universidad de Oviedo, 2007, 358 páginas
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Référence électronique
María Dolores Domingo Acebrón, « Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a América. (Libro de documentos) », Mélanges
de la Casa de Velázquez [En ligne], 39-2 | 2009, mis en ligne le 10 novembre 2010, consulté le 20 juillet 2015. URL :
http://mcv.revues.org/3085

Éditeur : Casa de Velázquez


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© Casa de Velázquez
Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a América. (Libro de documentos) 2

María Dolores Domingo Acebrón

Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a


América. (Libro de documentos)
Oviedo, Universidad de Oviedo, 2007, 358 páginas
Pagination de l’édition papier : p. 293-295
1 En 1908, Rafael Altamira emprendió un viaje a América para difundir lo que podría
considerarse la nueva visión de la idea de España, en un momento crucial para España y para
América como era el primer centenario de su Independencia. En 2008, inicio de las fechas
conmemorativas del Bicentenario de las Independencias de América, la reedición de este libro
es muy oportuna y acertada, y debería servir para un mejor conocimiento de los hombres y
de la obra desplegada por un grupo de intelectuales, profesores y científicos españoles que
desde el mismo momento de la recién conseguida independencia en la tercera década del siglo
XIX desarrollaron una labor estrictamente pedagógica y científica.  Destacamos el papel de
los españoles José Catalá en Argentina, Uruguay y Chile, Valero Pujol en Guatemala, José
Saturnino Yarza en México y el no menos conocido José Joaquín de Mora por su labor en Chile,
Perú y Bolivia, y Sebastián Lorente en Perú. Esta labor fue continuada por otros en el ámbito
político, económico, cultural y científico hasta las primeras décadas del siglo XX. Hay que ser
conscientes también del papel crucial que tuvieron los profesores, intelectuales, científicos y
políticos americanos que trabajaron con los españoles más sensibilizados en lo se denominaba
la cuestión colonial, para lo que hoy llamaríamos la normalización de las relaciones políticas,
económicas, culturales y científicas.
2 La misión del pedagogo, del científico, del historiador Rafael Altamira era la de la
colaboración y el intercambio intelectuales, y sobre todo del conocimiento científico con la
nueva metodología que comenzó a desarrollarse para el conocimiento de la historia y de
la enseñanza. Se trataba de que este relanzamiento de las relaciones intelectuales sirviera a
España para  intentar rectificar y enmendar todo aquello que se había realizado durante los
cuatro siglos de colonización. Por ello, la idea de Altamira era desterrar para siempre «la
influencia absorbente, y dominadora» impuesta por España en los períodos más críticos de la
dominación colonial.
3 Antes de valorar lo realizado y conseguido por Altamira durante su estancia en América, hay
que resaltar que el viaje se realizó sin subvención alguna del Estado, contando exclusivamente
con el apoyo de las universidades americanas donde impartió su magisterio, y de las colonias
de españoles. Pero en cambio, es importante subrayar que, inmediatamente que Altamira
regresó a España, fue llamado por el Rey para que le informara de su estancia en América. Por
consiguiente, es claro que el viaje obtenía su primer éxito, al empezar a encontrar el apoyo
estatal para la creación de instituciones científicas y otras que tendrían mayor protagonismo,
como la Junta para la Ampliación de Estudios, el Museo Pedagógico Nacional, el Centro de
Estudios Históricos, la Residencia de Estudiantes, el Instituto Nacional de Ciencias Físicas
y Naturales o la Escuela Española en Roma, junto a las medidas prácticas para fomentar las
relaciones con Hispanoamérica: créditos especiales para el intercambio de profesores, envío
de pensionados, para estudiar la realidad americana, creación de una Escuela de Emigrantes,
franquicia de aduanas para los libros y material de enseñanza, becas a los estudiantes para
asistencia de congresos, mejora del Archivo de Indias, además de los proyectos de creación
de Institutos históricos Americanos, de un centro oficial que dirigiese las relaciones hispano-
americanas en Madrid y una sección americanista en la Universidad de Oviedo.
4 Los países visitados por Altamira fueron Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México y Cuba, los
cuales atravesaban situaciones políticas muy diferentes, siendo Cuba, la última de las naciones
visitadas en emanciparse en 1898. Por último, la estancia en  Estados Unidos era estrictamente
personal, gracias a la invitación de la American Historial Association, para asistir el Congreso
Histórico Nacional celebrado en Nueva York en 1909.

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5 Altamira subtitula su obra como un «Libro de Documentos», y como tal debemos interpretarlo,
puesto que es un fiel reflejo de cuál era la posición de los centros de educación superior
americanos, universidades, colegios e instituciones como la Asociación Nacional del
Profesorado; y de sus más altos representantes, rectores y destacados profesores que ofrecieron
a Altamira su visión acerca de las futuras relaciones con España, sin olvidar la influencia
que había ejercido sobre estas naciones ya independientes y soberanas. El Presidente de la
Universidad de la Plata, Joaquín V. González, exaltó «la cooperación de la noble ciencia
europea, representada por un maestro ilustre conductor de la España Nueva» (p. 55). Sin
embargo, en muchas de las intervenciones no se dejaba de recordar el pasado impuesto por
España, aunque se manifestaba la esperanza en el futuro: el vicedecano de la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales, Joaquín Carrillo, señaló que «hoy que han disminuido los
motivos de las guerras del pasado por la conquista o el vasallaje […] hoy se difunde un ideal
que vincula a las naciones a la federación amistosa» (p. 60). Se reiteró una idea semejante
en Uruguay, donde el profesor Carlos M. de Pena manifestó el deseo de estrechar «nuestros
vínculos con la España que deseáis “europeizar” y “americanizar”, con la España Nueva que
soñáis» (pp. 123-127). La República de México representada por Rodolfo Reyes, miembro de
la Academia de Jurisprudencia y Legislación, mantuvo una postura más critica: «el paladín de
la ciencia hace hoy mucho más, sí, de lo que hicieron sus compatriotas mandándole galeras de
oro y plata amasadas con su valor y nuestras lagrimas. Él en cambio va a llevar cargamentos
de solidaridad para esa España Nueva, aleccionada por el dolor y el desastre» (pp. 192-203).
En Cuba no hubo reproches: Eliseo Giberga destacó el papel de Labra como líder de la lucha
por las libertades políticas de la isla, enalteciendo la incorporación tanto de España como de
los nuevos estados independientes de América a la civilización contemporánea, con el fin de
elevar el nivel moral e intelectual de las masas (pp. 238-248).
6 Resulta muy importante comprobar cuál fue la repercusión en la propia España. Fue muy
significativo que Altamira incluyera en el libro el artículo titulado, «Dos Españas», en el que
dibujaba la nación progresista y la nación conservadora, la España que apoyaba la decencia
frente a la corrupción, la España formada que apoyaba a sus maestros frente a la España que
consideraba más conveniente mantener al pueblo sumido en la ignorancia. Por ello, no es
de extrañar que algunos de los que se oponían al progreso de España lo manifestasen en el
Senado: el vizconde de Val de Erro se opuso el 7 de julio de 1914 a la progresista Institución
Libre de Enseñanza y a la creación de la cátedra de «Historia de las instituciones políticas y
civiles de América»; poniendo en tela de juicio que Rafael Altamira tuviera cualidades para
desempeñarla.
7 Altamira había tenido allanado el camino por la acción de otros intelectuales y políticos
como la emblemática figura de Rafael María de Labra, pionero del americanismo progresista
y por consiguiente del estrechamiento de las relaciones políticas, culturales y científicas
entre españoles y americanos. Labra promovió, fomentó y trabajó por lo que denominaba
la «Intimidad Iberoamericana». En 1892, cuando se fundó en Buenos Aires el periódico La
Ilustración Sud-Americana, su director Antonio Atienza y Medrano, decía que «aspiraba
a reflejar la cultura de esta parte del continente y a promover y fomentar las relaciones
intelectuales con Europa y especialmente con España».
8 Por último, si importante fue la aportación de Altamira al desarrollo y fomento de la enseñanza,
a la formación de los maestros y al desarrollo de la ciencia y de la cultura en general, en
el epílogo del libro vislumbramos a un Altamira que deja aparte cualquier posicionamiento
político. Aunque pertenecía al Partido Republicano, ello no fue óbice para que aceptara la
invitación del monarca para informarle sobre su viaje a América, y valorara sobre todo que este
primer viaje de un miembro de una Universidad española –la de Oviedo– a las universidades
hispanoamericanas debía tener una proyección nacional y patriótica que representara a todos
los españoles.
9 El balance del viaje de Altamira a América fue muy positivo, primero por conseguir
el establecimiento de instituciones que favorecieron el relanzamiento de las relaciones
científicas, culturales, políticas y económicas, dada la importancia que estaba cobrando
América para el desarrollo económico y político de España. Partía Labra de la tesis de lo

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que denominaba «nuestra obra histórica y nuestro porvenir en América»: afirmaba que las
futuras relaciones con la América independiente y soberana no podían reducirse a intereses
exclusivamente mercantiles. En segundo lugar, trató de señalar una orientación internacional
bien definida apoyada por las campañas en favor de la «Intimidad Iberoamericana», y
determinada por la acción diplomática y por unas relaciones exteriores, sociales, intelectuales
y económicas francas y persistentes. Por último, aspiraba a desarrollar una cultura nacional
acorde con las tendencias actuales del mundo contemporáneo democrático y de progreso,
auspiciado por una vigorosa educación popular.

Référence(s) :
Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a América. (Libro de documentos), Oviedo,
Universidad de Oviedo, 2007, 358 p.

Pour citer cet article

Référence électronique

María Dolores Domingo Acebrón, « Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a América. (Libro


de documentos) », Mélanges de la Casa de Velázquez [En ligne], 39-2 | 2009, mis en ligne le 10
novembre 2010, consulté le 20 juillet 2015. URL : http://mcv.revues.org/3085

Référence papier

María Dolores Domingo Acebrón, « Rafael ALTAMIRA Y CREVEA, Mi Viaje a América. (Libro


de documentos) », Mélanges de la Casa de Velázquez, 39-2 | 2009, 293-295.

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María Dolores Domingo Acebrón
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Mélanges de la Casa de Velázquez, 39-2 | 2009