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Diario Constitucional y Derechos Humanos Nro 135 – 05.12.

2016

Gran Bretaña y la Unión Europea: BREXIT or not BREXIT? PARTE I

Por Osvaldo Javier Fiorilli1

Abstract: El resultado del referendo habido en Gran Bretaña a favor del Brexit, ha conmovido estructuras de modo
impensado. No solo las de la Unión Europea sino también hacia dentro de este mismo país. Las certezas son pocas no
así las incertidumbres, sobre todo aquellas que giran alrededor de cuándo, en efecto, Gran Bretaña dejará el esquema
de integración supranacional más avanzado del orbe. Este punto y demás orbitales de relevancia, serán tratados en esta
primer parte y en su segunda entrega a publicarse la semana entrante.

I.- INTRODUCCIÓN
Si bien el 23 de junio pasado el 51,9% de los británicos se manifestaron a favor del denominado Brexit (Bretain Exit)
que provocará que la salida de Gran Bretaña respecto a la Unión Europea, no se han hecho esperar algunas
expresiones a favor del “Bregret” (Bretain Regret; “regret” significa “lamentar”) frente a un resultado que muchos de
los votantes reacios a la permanencia no imaginaban como factible.
En efecto, pese a los descontentos frente a las políticas migratorias que abarcan a Gran Bretaña, el sentimiento
ciudadano de falta de representación por parte de Bruselas y la sensación de dilapidación de 18 millones de libras al
año para además estar padeciendo años de “austeridad” económica, parece haber generado un porcentaje de
arrepentidos que -a pesar de ello- no podrán evitar que la salida se concrete.

II.- ALGUNOS PRECEDENTES AFINES.


Lo cierto es que los referendos para mantenerse -o no- en el esquema de integración europeo no se inauguran con el
evento bajo comentario.
No es el primero que se ha dado en algún país de Europa como tampoco lo es en Gran Bretaña. De hecho, uno de los
fundamentos esgrimidos por el UKIP2 es que no se ha consultado a ciudadanía sobre su voluntad de permanecer en el
bloque desde el año 1975, ocasión en que el 67% de los votos recayó a favor de la permanencia.
Asimismo, recordamos los referendos celebrados en 2005 en Francia y Holanda cuyos resultados expresaron la
oposición de la ciudadanía frente a la sanción de una “Constitución Europea”, y el celebrado en Irlanda en el año 2008
a fin de la incorporación de tal país del Tratado de Lisboa, dado que su constitución exige la celebración de referendos
para la aplicación de los tratados celebrados por el gobierno.
También ha sido muy mencionado en estos días el caso Noruego, donde este país que no pertenece a la Unión
Europea, llevó a cabo dos referendos (en 1972 y en 1994) donde se consultó a la población sobre la incorporación a la
Unión y en ambas ocasiones triunfó la opción por la negativa. Ello no quita en absoluto que este país –al igual que
otros, como veremos en este artículo- tenga un importante y fluido vínculo con el bloque.

III.- VARIACIÓN EN EL NÚMERO DE MIEMBROS DE LA UE.-


Tampoco será la primera vez que la Unión Europea experimenta una variación en el número de sus miembros por
sustracción, es decir, debido a que algún Estado miembro por diversos motivos y de diferentes formas, haya dejado la
Unión.
Nos referimos en concreto a la unificación de Alemania a partir de la caída del Muro de Berlín, donde se amplió la
extensión territorial de un Estado perteneciente a la Unión a la vez que el sistema contó con un miembro menos, con
los pertinentes efectos en los sistemas de representación y mayorías en los distintos órganos que ello implica.
En el caso de Groenlandia, territorio integrado a Dinamarca, a partir del denominado “Referendo Indicativo” de 1982
dejó de pertenecer a la Comunidad Económica Europea.
Un tercer caso que quisiéramos recordar es el de Argelia. En una mención específica del Tratado de Roma de 1957
figuraba como un departamento francés, es decir, como parte del territorio de la República. La independencia de
Argelia ocurrida en 1962 significó su salida de la entonces Comunidad Económica Europea. Lo cierto es que la misma
no se formalizó. Se dio una especie de modificación no expresa en el Tratado de Roma, pero aceptada por el resto de
los Estados miembros. En lo estrictamente formal, recién en el Tratado de Maastricht de 1992 la mención a Argelia

1
Abogado. Docente “Derecho de la Integración”, Facultad de Derecho, UBA. Docente “Instituciones de Derecho Público”,
Facultad de Ciencias Económicas, UBA. Contacto: javierfiorilli@gmail.com
2
United Kingdom Independence Party.
fue eliminada de los textos. Finalmente Francia modificó el alcance de su territorio con el consentimiento tácito de los
demás Estados.

IV.- LA INCERTIDUMBRE DE LOS TIEMPOS, FRENTE A UN EVENTO INÉDITO.

Con referencia a los acontecimientos dados a partir del Brexit, en las tierras de Shakespeare nada será inmediato, ni
tajante, ni brusco.
Inicialmente, se ha difundido la idea de que la salida de Gran Bretaña se dará inmediatamente en virtud de que así lo
indica la normativa comunitaria vigente. A partir de ello la percepción general es que el proceso se llevará a cabo,
como máximo, en el plazo de dos años.
Estimamos que asirse a ese extremo es un error, dado que no es el máximo posible. Si bien el plazo bienal existe en el
plexo vigente, no es acertado entender que el mismo comienza a correr desde que se conocen los resultados del
referendo “Brexit or Bremain3”, o que se trata de un plazo total y único para que la separación termine por
consagrarse.
Sin perjuicio de las negociaciones y presiones de índole político que muy probablemente acontezcan, este plazo se
encuentra sujeto a algunas variantes que pueden extenderlo, lo cual de hecho ya ha ocurrido.
En efecto el art. 50 del Tratado de la Unión Europea4 (TUE) establece -entre otros puntos- que el Estado que pretende
retirarse debe notificar al Consejo Europeo tal decisión, pero no señala en qué plazo u oportunidad debe llevarse a
cabo tal notificación. Esta es una primera variable –no la única- que se presta a la especulación, a la negociación de
condiciones y a la administración estratégica de los tiempos.
Luego el Consejo en nombre de la “Unión” celebrará con dicho Estado un acuerdo en el que se fijará la forma de su
retirada, teniéndose en cuenta el marco en que se llevarán a cabo las relaciones futuras con la Unión.
Con respecto a dicho acuerdo, el párrafo 2. in fine del mencionado art. 50 TUE precisamente dispone que “El Consejo
lo celebrará en nombre de la Unión por mayoría cualificada, previa aprobación del Parlamento Europeo.”
Como se puede advertir, la conformación de este texto requerirá de reuniones y sesiones a la vez que de aportes de la
Comisión Europea (art. 218, apartado 3. del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea) cuya sustancia no será
de sencillo consenso e insumirá demoras que pueden ser impredecibles.
Además, en el apartado 3. del art. 50 se establece que los tratados dejarán de aplicarse al Estado saliente a partir de la
fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años de la notificación a que se hace
referencia en el apartado 2.-
Entonces, es preciso volver a enfatizar que con respecto a la notificación de la decisión de salida de la Unión Europea
que trata el apartado 2. no hay plazo cierto establecido. El art. 50 del TUE (versión consolidada) no fija el plazo en
que el Estado saliente debe notificar su decisión al Consejo. Con lo cual el momento en el que comienza a correr el
plazo de dos años –en caso que no haya fecha establecida en el “acuerdo de retirada”- no exhibe certeza en el texto de
tal norma, ni mucho menos exige inmediatez. (continúa en publicación de la semana que viene…)

3
“Bremain” es la denominación con la que se ha difundido la opción por la permanencia, Bretain Remain (remain, permanencia).
4
Advertimos al lector que existe una versión consolidada de esta Tratado la cual contempla las modificaciones introducidas por el
Tratado de Lisboa 2007. Ver http://www.boe.es/doue/2010/083/Z00013-00046.pdf El art. 50 del Tratado de la Unión Europea
en su versión consolidada dice: “1. Todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales,
retirarse de la Unión. 2. El Estado miembro que decida retirarse notificará su intención al Consejo Europeo. A la luz de las
orientaciones del Consejo Europeo, la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su
retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión. Este acuerdo se negociará con arreglo al apartado 3
del artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. El Consejo lo celebrará en nombre de la Unión por
mayoría cualificada, previa aprobación del Parlamento Europeo. 3. Los Tratados dejarán de aplicarse al Estado de que se trate a
partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años de la notificación a que se refiere el
apartado 2, salvo si el Consejo Europeo, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo. 4. A efectos
de los apartados 2 y 3, el miembro del Consejo Europeo y del Consejo que represente al Estado miembro que se retire no
participará ni en las deliberaciones ni en las decisiones del Consejo Europeo o del Consejo que le afecten. La mayoría cualificada
se definirá de conformidad con la letra b) del apartado 3 del artículo 238 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. 5.
Si el Estado miembro que se ha retirado de la Unión solicita de nuevo la adhesión, su solicitud se someterá al procedimiento
establecido en el artículo 49.”