Vous êtes sur la page 1sur 7

Fantasma de Rey

En torno a La supervivencia
política novohispana
Andrés Lira

Cuando me invitaron a participar en el homenaje a Como en otros ensayos de O’Gorman, hallamos


nuestro inolvidable maestro Edmundo O’Gorman, lo en ese libro el desarrollo de ideas enunciadas antes y la
que mucho agradezco, recordé una frase de Lucas Ala- simiente de posteriores empresas del entendimiento.
mán que se halla en su Examen imparcial de la adminis- Es clara la relación del “Epílogo” o de La supervivencia
tración del General Vicepresidente Anastasio Bustamante. política novohispana, como se quiera decir, con ese otro
Con observaciones sobre el estado presente de la República y gran ensayo conmemorativo, “Precedentes y sentido de
consecuencias que éste debe producir, texto que situamos en la Revolución de Ayutla”, de 1954, y con México, el trau-
1835 y en el que se advierte al Alamán pesimista —salía ma de su historia, de 1977, obras en las que puede seguirse
del fracaso del gobierno de Bustamante, llamado “Admi- su preocupación por el ser de México como nación,
nistración Alamán” por sus detractores, y del escondite esclarecido por el reclamo “Del amor del historiador a
al que le había llevado la enconada persecución que le su patria”, 1974, para traer a cuento otro título, vigencia
hicieron por la muerte de Vicente Guerrero. En ese escrito clara en la obra de nuestro inolvidable maestro.
más que el centralismo, ya en ciernes, proponía Alamán Ahí está la obsesión ontológica de O’Gorman, mani-
un ejecutivo fuerte y el predominio de los propietarios fiesta en corte más académico en una obra de mayor volu-
en la representación nacional —a tono con ideas de men, como es la que se refiere al ser de América. Este tema
Edmund Burke, con cuya obra estaba ya familiarizado— se anuncia en páginas tempranas, como son las del “Pró-
para contrarrestar la tiranía irresponsable del Congreso, logo” a la Historia natural y moral de las Indias del padre
debida al régimen federal de 1824 y su complicado sis- Joseph de Acosta (1940) y las de Fundamentos de historia
tema electoral, en el que siguiendo en apariencia al nor- de América (1942), para alcanzar entidad propia en La
teamericano se había implantado una asamblea a la fran- idea del descubrimiento de América (1949, publicada como
cesa tomada a través de la Constitución gaditana de 1812. libro en 1951), pasando por “Pedro Mártir de Anglería
Alamán advertía que la debilidad del poder ejecutivo y el proceso de América” de 1951 y que apareció como
procedía “... de las restricciones y ligaduras con las que estudio preliminar a las Décadas del Nuevo Mundo en
los sombríos y desconfiados legisladores de Cádiz suje- 1964, para culminar en La invención de América (1958),
taron al fantasma de Rey que crearon en su Constitu- cuyas ideas resumió y reelaboró en “América” (1963) y
ción”. Esta frase de Alamán, personaje central en La en páginas polémicas como las que escribió a propósito
supervivencia política novohispana, de la que nos habla de la celebración del V Centenario del “Encuentro de
O’Gorman, venía como anillo al dedo para tratar la per- Dos Mundos”.
vivencia o’gormaniana que hoy nos convoca. Estudios todos en los que se manifiesta esa “con-
Ese trabajo de don Edmundo apareció originalmente ciencia harto filosófica de su actividad, el historiar”,
en el libro conmemorativo A cien años del triunfo de la que destacó José Gaos en el estudio “Historia y On-
República, editado por la Secretaría de Hacienda y Crédi- tología”, escrito con motivo de los sesenta años de
to Público en 1967; se llamó entonces “Epílogo. El triunfo O’Gorman y de su merecido emeritazgo en la Univer-
de la República en el horizonte de su historia”. Dos años sidad Nacional, y en el cual hizo ver aquella tendencia
después, en 1969, la Fundación Cultural CONDUMEX nos a “ontologizar la historia” (expresión de Fernando Salme-
lo entregó en la sobria y bien cuidada edición de noventa rón en un comentario que me hizo del texto de Gaos).
y tres páginas, que pese a su escaso volumen no llama- Fue una suerte de reclamo historicista —así lo veo
mos “folleto”. Es, como otros de don Edmundo, un libro ahora— a la preferencia existencialista de O’Gorman,
breve, sin aparato erudito que distraiga del argumento, quien le había dedicado su primer libro de alcance
modelo de ensayo que tanto gustaba a nuestro autor, filosófico, Crisis y porvenir de la ciencia histórica, en
quien solía decir que así deberían ser los libros en los que 1947, con estas palabras: “A José Gaos, maestro de
se quiere decir algo. siempre y siempre amigo”.

18 | REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO


CENTENARIO DE O’GORMAN

Habría para rato en la apreciación de esa amistad al ver “El triunfo de la República en el horizonte de su
que se trasluce en muchos escritos de uno y otro amigo. historia”, es decir, a la república como parte y resultado
Baste recordar que uno de los motivos que decidió a Gaos de un proceso del que se hace cargo destacando opcio-
a permanecer en México, pues pensó seriamente en nes, obstáculos y oportunidades que aparecen en testi-
trasladarse a Argentina donde le llamaba un colega de monios de la época. Esfuerzos, triunfos y derrotas de sus
la talla de Francisco Romero y donde tenía familiares, protagonistas en que se pone de manifiesto la dificul-
fue la aparición de personalidades como la de O’Gorman, tad de esas opciones, por más que en algunos momentos
quien al lado de Justino Fernández, Antonio Gómez se enuncien con claridad, como ocurre con la república
Robledo, entre otros, asistieron a sus seminarios, ha- en versiones tan tempranas como son el Decreto de
ciendo más interesante el diálogo que el profesor espa- Apatzingán de 1814 y el Acta y la Constitución federal
ñol había iniciado con quienes fueron, propiamente, sus de 1824, mientras que la monarquía estaba ahí como
discípulos. Discípulos como Leopoldo Zea, el primero, consecuencia del pasado y de la realidad inmediata de
que lo llevaron a indagar la historia del pensamiento la Nueva España, que habría de manifestarse como pro-
mexicano. Gaos hablaba de O’Gorman y de quienes no yecto en los Tratados de Córdoba y precipitarse, malo-
fueron sus alumnos en esos años llamándoles “allega- grándose, con la elevación de Agustín Primero —y últi-
dos”, poseedores de una formación propia manifiesta y mo en los anales del efímero Imperio. Por más que ocurra
continuada en la relación de colegas. todo eso y tengamos presentes las opciones que podemos
Dejemos ahí esta digresión, pues urge pasar al “fan- discernir haciéndonos cargo del proceso, precisamente
tasma de Rey” en La supervivencia política novohispana, por eso advertimos que la Monarquía y la República (así
objeto de nuestro texto. con mayúsculas, en tanto nombres propios de situacio-
Monarquía y república son las alternativas, posibles nes históricas) no están ahí como un ser íntegro “salido
formas de ser en torno a las cuales discurre O’Gorman como Venus del mar al consumarse la Independencia”,

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO | 19


dice O’Gorman en esa forma tan de su gusto para re- (Lo que muestra la incomprensión del senado con-
cordarnos que la historia, por más que tenga que hacer- servador, cuerpo sin soberanía o poder de iniciativa
se cargo de la mitología y de la exaltación triunfal, no deturpado por Emilio Rabasa, maestro de Edmundo
puede reducirse a figuras intemporales ni a la celebra- O’Gorman en la Escuela Libre de Derecho.) Si lo to-
ción de destinos incuestionables. En el horizonte his- mamos así como lo propone don Edmundo, tal parece
tórico se advierten claros y sombras, supervivencias que el “fantasma de Rey que los sombríos y desconfiados
inevitables y novedades insoslayables, afirmaciones e legisladores de Cádiz crearon en su Constitución de
indecisiones que habrá que asumir valiéndose de una 1812” y que según Alamán había pasado a la desafor-
dialéctica capaz de ponderarlos. Así, el horizonte histó- tunada figura presidencial y a la del vicepresidente, en
rico revelará precedentes y sentido, diríamos apelando al su oportunidad, del régimen federal de 1824, parecería
título del estudio de O’Gorman más cercano en época y pues, que ese fantasma de Rey se conjuraba en 1835
asunto al que ahora nos ocupa. También más a propó- para hacerlo aparecer en 1836 y luego en 1852 y 1853,
sito para preguntarnos qué tanto de supervivencia novo- según la parte final de la Historia de Méjico y la carta
hispana había en el proyecto autoritario enunciado por que el 23 de marzo del último año dirigió Alamán a Santa
Lucas Alamán en los años cuarenta tardíos de su siglo y, Anna y lo establecido en las Bases del 22 de abril, en que
sobre todo, en 1852, al concluir su Historia de Méjico, se dispuso el orden dictatorial del general instalado en
y en 1853, cuando abrió paso a la instalación de Antonio el poder por obra y gracia del desorden y del descon-
López de Santa Anna en la presidencia de la República. cierto que imperaban en el país.
Eso que don Edmundo llamó “La dictadura conserva- Advierto en “el fantasma de Rey” de Alamán una
dora y la monarquía de príncipe mexicano con inter- figura negativa empleada para destacar la monstruosi-
vención no armada”, en las páginas de La supervivencia dad de las Cortes españolas, órgano multitudinario e
novohispana, se parece a la presidencia de Luis Napoleón irresponsable, que tan bien conoció cuando fue dipu-
Bonaparte instalada en 1852. O’Gorman lo advierte tado en 1821, y del Congreso mexicano de 1823-1835,
con claridad, dejando, sin embargo, de considerar que al que hubo de enfrentarse y tolerar cuando fue secretario
Alamán trató de evitar a todo trance el paso al imperio de Estado encargado de Relaciones Exteriores e Interiores
que veía venir en la Francia de aquellos días, como se (1823-1825 y 1830-1832); un órgano sino omnipoten-
advierte en las últimas páginas del tomo V de su Historia te, pues no fue capaz de controlar su desorganización y
de Méjico. desorden interno, sí omnipresente por la beligerancia que
Sé que don Edmundo hubiera desarmado mis argu- en él cobraron los “partidos”, esa suerte de “grupos extra-
mentos, reclamando, probablemente, la cuestión onto- constitucionales” de los que habló y que tan bien conoció
lógica, a la que no pretendo entrar, pero, de cualquier y tanto utilizó Lorenzo de Zavala. Así, al cabo de desen-
manera, me hubiera gustado discutir con él las conside- gaños y esfuerzos frustrados para cohonestar y hacerse
raciones que ahora hago trayendo a cuento la frase de con el dominio de ese monstruo de la democracia, la pro-
Alamán para advertir qué tanto de supervivencia novo- puesta de Alamán como cabeza de lo que vino a ser el
hispana había en la parte operativa y práctica única “partido conservador” monarquista de los años cuarenta
que, como decisión, contaba ya al fin y al cabo en la vida fue, con monarquismo o sin él, una política anticongreso,
de aquel estadista indudable y político frustrado que fue antielectoral, dictatorial, en una palabra. Creo que el
el gran historiador de la insurgencia y de los primeros Alamán monarquista indeciso de los años cuarenta fue
años del México independiente. así no sólo por el talante personal o el carácter y la anti-
Me parece que don Edmundo vio más monarquía de patía que le provocaban personajes de aquí y de allá,
la que había en realidad, si es que la hubo, en un mo- como el plenipotenciario español Salvador Bermúdez
mento republicano como fue el régimen de las siete de Castro y Díez y lo que éste representaba, sino que lo
leyes, cuando nos dice: fue también por desconfianza a la persona “fantasma”
si se quiere “de Rey” que veía en su pasada y presente
Hemos de ver en el centralismo de 1836 una bastarda y experiencia. Desconfió antes, y más en 1853 ante la po-
curiosísima actualización de la posibilidad tradicionalista sibilidad de entronización de un militar, única carta dis-
de México, puesto que se trata de una monarquía disfra- ponible en ese momento, como Antonio López de Santa
zada con máscara republicana, de una máscara republi- Anna. Basta ver las cartas al duque de Terranova y
cana, de una república monárquica, valga la expresión, Monteleone y lo que nos dice en su Historia de Méjico
o, si se prefiere, de una monarquía sin príncipe que con sobre Santa Anna para darnos cuenta del pesimismo
un soberano colegiado (—el Supremo Poder Conserva- tan grande que inspiró la opción por este personaje al
dor—): ingenioso modo de soslayar el grande e indiscu- considerarlo indispensable, pues no tenía otro en aquel
tible problema inherente al establecimiento en México sombrío horizonte, en la instrumentación de un mo-
de ese tipo de gobierno. delo de su siglo como era el del cesarismo demagógico

20 | REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO


CENTENARIO DE O’GORMAN

que resurgía en Francia nutrido por el bonapartismo, movimiento y reunió en estos países (hispanoamericanos)
tradición inaugurada en el siglo XIX y, por un conjunto los primeros elementos de la división y el deseo ardiente
de situaciones recientes, como la revolución de 1848, de la independencia. La fuerza revolucionaria de aquella
la presidencia absoluta de 1852 y luego, en diciembre numerosa nación, organizada por un sistema militar, el
del mismo año, la exaltación de otro “emperador de los más perfecto, y concentrada últimamente en las manos de
franceses” —de Francia era imposible pues como na- un tirano emprendedor y astuto, le proporcionó los
ción era la soberana— en virtud de lo cual se conjuraba grandes sucesos que sabemos; a los que concurrió tal vez
el fantasma de Napoleón, el conocido y temido agitador la mayor ceguera de los demás gobiernos. Ceguera in-
de desventuras del mundo de la Nueva España, de las concebible, pues que ninguno de ellos ha abierto todavía
que se había ocupado Alamán en su Historia. los ojos por escarmientos propios ni ajenos y que sólo puede
Recordemos las palabras de Manuel Abad y Queipo ser producto de un despotismo inveterado y de una
en su Representación a la Primera Regencia del 30 de mayo corrupción general.
de 1810. El electo —nunca confirmado— obispo de La magnitud y brillantez de estos sucesos, que tanto
Michoacán trataba de aportar los medios para evitar el deslumbran a los hombres, granjearon al tirano en todas
estallido de violencia que anunciara una década antes partes del globo una turba inmensa de idólatras admira-
en otra representación escrita por orden de su antecesor, dores, que lo contemplan, el héroe más famoso de la his-
haciéndose cargo de la desigualdad, la injusticia y el ma- toria, el regenerador del mundo, omnipotente e irresisti-
lestar de la sociedad. Ahora agregaba el momento polí- ble en sus empresas, como se preconiza con impudicia
tico, los acontecimientos que sacudían al mundo europeo inaudita...
y al americano, con estas palabras que nos parecen
insustituibles: Tal es la impresión de aquella potencia imperial
emanada de una gran revolución y que desembocó en
El fuego eléctrico de la Revolución Francesa, hiriendo el cesarismo demagógico que ensombreció el siglo XIX,
simultáneamente todas las demás naciones, destruyendo a mediados del cual se situaba Alamán cuando refren-
las unas y agitando y conmoviendo las otras, puso en daba los diagnósticos pesimistas que le conocemos desde

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO | 21


el texto de 1835, Examen imparcial de la administra- tros, por sus actos de gobierno; distritos político admi-
ción del General Vicepresidente Anastasio Bustamante, y nistrativos reducidos como los de las antiguas alcaldías
que le vemos rehacer con más negros colores —pues mayores y de los corregimientos, para deshacer extensio-
no en balde habían pasado la guerra de Texas y la inva- nes como las de las intendencias y los estados de la fede-
sión norteamericana con sus terribles consecuencias— ración, que según Alamán habían resultado de la última
en la Historia de México, escrita entre 1846 y 1852. reorganización colonial; ni qué decir de la exclusividad
Alamán no quería aquel cesarismo, evidentemente, pero del culto católico, pues aun suponiendo que la religión
menos deseaba la tiranía de una corporación irrespon- católica no fuera la única verdadera, era en los hechos
sable como el Congreso, surgida del perpetuo vaivén de el único lazo que unía a los mexicanos, mientras que las
las elecciones; de ahí su rechazo manifiesto a cualquier novedades los desunían; también un ejército regido como
tipo de elección popular, por pequeño y lejano que fuera tal, como fuerza regular, nada de milicias, nada de fuer-
el ámbito en el que se realizara; de ahí también el rechazo zas populares locales y menos, por supuesto, elecciones
a las jurisdicciones territoriales amplias que pudieran de autoridades, nada, en suma, que tendiera a la desar-
reclamar autonomía política, contra las que propuso ticulación del sistema central; usar diseños recientes,
en época temprana y refrendó en 1852 la creación de como el de aquella presidencia pro imperial de la Francia
departamentos reducidos (no menos de cincuenta para de sus días, incorporando los elementos tradicionales que
la República Mexicana, mientras que en la Francia de sus cohesionaran a la sociedad para marchar por el camino
días eran ochenta y seis), regidos por un sistema uni- de la racionalidad modernizadora con sus derechos in-
forme y armónico desde el centro, sin dejar de tomar dividuales, industria y comercio nacional e internacio-
en cuenta diferencias y distancias regionales. En suma, nal; es decir, el diseño adecuado a la economía política
lo que esbozó en 1852 al concluir su Historia y lo que era el fin que perseguía Alamán al proponer, siguiendo
propuso en 1853 en la carta a Santa Anna y en las Bases el ejemplo de Francia, la eliminación del Congreso para
para la administración de la República..., fue un régimen dar paso a comisiones como aquellas de las que se valió
de república central nada democrático: “menos política el tirano Napoleón para elaborar los códigos y la legisla-
y más administración”, había dicho Émile de Girardin ción con los que definió el orden y afirmó su poder. Prue-
cuando se gestaba el régimen de Luis Napoleón Bona- ba de ello era la vigencia de esos códigos y de esos prin-
parte y, queriéndolo o no, sería el lema de quienes postu- cipios en los regímenes de la restauración y ahora en la
laban el orden como posibilidad de la actividad política. presidencia que, contra lo que Alamán deseaba, se iba
Pero un sistema central o unitario como el que pro- convirtiendo en monarquía hereditaria.
puso Alamán a fines de su vida tenía que valerse de fac- Para evitar que eso pasara en México hizo las pro-
tores reales de poder y de modelos que ofrecieran la puestas que vemos al final de su Historia y adelantó lo
realidad probada en lo que se percibía como historia que estuvo en sus manos en las Bases del 22 de abril de
propia. Factores formados de elementos monárquicos 1853. Su muerte, ocurrida el 2 de junio, a menos de dos
como los de la presidencia cortada para Luis Napoleón meses del arribo de Santa Anna a la presidencia, hizo
en la Constitución del 14 de enero de 1852, presiden- imposible cualquier control desde el llamado partido
cia en la que advirtió Alamán el peligroso trance de conservador, control que, por otra parte, se antoja im-
convertirse en imperio, le pareció impracticable. De pensable pues ni la situación ni el temperamento del
ahí que hubiera pensado en la recuperación de ciertas caudillo militar estaban para contemporizaciones ni con-
instituciones de la Nueva España para moderar el régi- sejos. Sin embargo, puede advertirse la calidad moder-
men dictatorial que esbozaba en las últimas páginas del nizante de muchos proyectos, cuando leemos las dis-
tomo V de su Historia: juicio de residencia al lado de la posiciones dictadas por “Antonio López de Santa Anna,
responsabilidad del presidente, no sólo de los minis- benemérito de la patria, general de división, gran maestre

Advierte O’Gorman en México, el trauma de su


historia, los conservadores querían la modernidad sin
modernizarse, querían las ventajas del cambio
sin cambiar.
22 | REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO
CENTENARIO DE O’GORMAN

de la nacional y distinguida orden de Guadalupe, caba-


llero gran Cruz de la real y distinguida orden de Carlos III
y presidente de la república mejicana...” (así, con esas ma-
yúsculas y minúsculas), pues bajo el encabezado oro-
pelesco y en virtud de las facultades otorgadas vemos
disposiciones admirables como el Código de comercio,
la ley y reglamento del Contencioso administrativo de
1853, y la Ley de Instrucción Pública del 19 de diciem-
bre de 1854 y sus reglamentos, referentes a la “Primaria,
Secundaria o Preparatoria, Superior de Facultades y
Estudios Especiales”, y otras que dan idea de las metas
propuestas en la reorganización del país por aquel grupo
de personas afín a Lucas Alamán.
Como haya sido, el que hubiera tomado en cuenta
ciertas instituciones tradicionales para nutrir el decimo-
nónico aparato de una dictadura presidencial, o si se
quiere, una república monárquica sin príncipe heredi-
tario, le ganó a Alamán el prestigio de retrógrado novo-
hispanizante, digamos, y hasta de antiindependentista
(nada más lejos de lo que fue, como se advierte en su
actuación como Secretario de Estado). El temor a la
absorción por los Estados Unidos, a la ocupación y al
predominio de la “raza anglosajona”, lo hizo inclinarse
a la Europa latina, lo que le ganó también la señal de
tradicionalista a ultranza. Como advierte O’Gorman
en México, el trauma de su historia, los conservadores
querían la modernidad sin modernizarse, querían las la supervivencia novohispana era ya posible en el seno
ventajas del cambio sin cambiar, lo cual era imposible de una monarquía paternalista, que el rechazo a la dic-
aquí y allá; es decir, en el lugar del que se trajo el mode- tadura no podía instrumentarse con la restauración del
lo dictatorial modernizante, pues si bien, vemos que a régimen de 1824 complementado con las reformas de
Napoleón III se le fue convirtiendo el Imperio en repú- 1847, sino que la Reforma era el punto de partida para
blica; el senado consulta con los que gobernó, fueron hacer posible la nación en su siglo. Así, con el rechazo
cada vez más leyes elaboradas por un órgano legislativo de la dictadura, un nuevo congreso convocado como
republicano moderado. Cuando en 1870 el Imperio extraordinario se integra como revisor de los actos del
sucumbió, la república estaba organizada ya, los políti- régimen de Santa Anna y como constituyente.
cos que se hicieron cargo de la situación, advierte en Del desenlace de los hechos se ocupa brevemente
algún lugar Justo Sierra —autor tan estudiado y recono- para llegar a lo definitivo: el Presidente Benito Juárez,
cido por O’Gorman— eran monarquistas pero optaron el otro personaje central de la historia, en plena guerra
por la república mostrando que “antes que monarquistas civil asume en Veracruz, el 7 de julio de 1859, la Reforma
eran buenos franceses”. (La Tercera República, recor- como única posibilidad cuando declaró que era indis-
demos, no tuvo propiamente una Constitución. Se pensable eliminar las indecisiones y las contemplacio-
organizó sobre la base de las Leyes constitucionales de nes que impedían el camino a la libertad, sustento del
1875 relativas a los poderes públicos, conservando el orden republicano, pues los principios de ese orden, dice
aparato administrativo construido por los regímenes el Presidente Juárez, “no han podido arraigarse en la
anteriores.) nación mientras que en su modo de ser social y adminis-
Bueno, pues en México, antes que republicano o trativo se conserven diversos elementos de despotismo,
monárquico había que ser buen mexicano puesto que de hipocresía, de inmoralidad y de desorden que los
la existencia de México como nación no admitía retrasos contrarían”. Cita que hace O’Gorman con gusto y subra-
en el cambio. Éste tenía que hacerse, ya que la moder- yando modo de ser social y administrativo, que tan bien
nidad se imponía con o sin monarquía o sistema dicta- viene a su visión ontológica. Advierte así, en plena armo-
torial y es lo que, siguiendo el apunte trazado desde nía con la tradición historiográfica del liberalismo triun-
“Precedentes y sentido del Plan de Ayutla”, viene a fante —que tanto criticó, dicho sea de paso, como visión
mostrar O’Gorman en “El triunfo de la República en sustancialista— que aquella guerra civil era verdadera
el horizonte de su historia”, cuando nos hace ver que ni Guerra de Reforma conscientemente asumida y enca-

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO | 23


bezada no por Juárez “el impasible”, pues ello suponía dos consideraciones con las que terminaré este recuerdo
un hombre inmóvil, indolente ante el drama, sino Juárez que quisiera ser conversación con él.
“el intransigente”, empeñado contra sus enemigos y par- Es evidente la coincidencia con las ideas de Justo
tidarios indecisos en una opción: la del cambio radical Sierra, cuya obra O’Gorman ponderó y expuso con di-
de la sociedad, no sólo del diseño político. versos motivos, reconociendo el valor de haber logrado
Algo insoslayable, pues era vigencia y actualidad una visión benévola, comprensiva y responsable de la his-
política de aquellos días, como habrían de reconocerlo, toria de México. Salta a la vista la forma en la que Sierra
muy a su pesar, los partidarios de la monarquía tradi- advirtió los méritos de Juárez como reformador y lo que
cional con príncipe europeo e intervención extranjera, significó la Reforma para México. El último libro de
pues el príncipe extranjero, Maximiliano de Habsburgo Sierra, Juárez, su obra y su tiempo (1906) fue la reacción
—personaje más de cuento de hadas que de Maquia- ante la negación de los méritos de reformista hecha por
velo, nos dice Luis González y González— resultó par- Francisco Bulnes. Sierra mostró entonces el difícil camino
tidario del cambio social y administrativo. Comenzó por que recorrieron los hombres de varias generaciones para
reconocer las reformas realizadas por los gobiernos re- afirmar la República como posibilidad de México.
publicanos de Ignacio Comonfort y de Juárez y puso en O’Gorman nos ha dado una visión lúcida del curso y
juego ciertos mecanismos conciliadores en la delicada significado de esa lucha. Sin duda la obra de Sierra abona
cuestión de la desamortización de tierras de las comu- éstas y otras de sus páginas y no tendría empacho en re-
nidades de los pueblos de indios, que luego, en ocasiones, conocerlo como lo expresó en 1974 cuando, al recibir
aprovechó el gobierno de la República para dar fin a en- el Premio Nacional de Ciencias y Artes, nos habló “Del
conadas cuestiones. amor del historiador a su patria”.
La república se imponía en el horizonte de su historia. Finalmente, si al hablar de La supervivencia política
Hacía tiempo que era su historia y en ésta no había lugar novohispana he traído a cuento la figura de un “fantasma
para la Nueva España, como lo muestra el último capí- de Rey”, mentado por Lucas Alamán, se me ocurre
tulo de La supervivencia política ..., “Significado ameri- hablar ahora de un fantasma de presidente de la Repú-
canista de ‘El triunfo de la República’: la muerte de la blica creado y animado por todo eso que se ha invocado
Nueva España”, en el que se hace acopio de los enun- como presidencialismo y alegado como antipresiden-
ciados que aparecen en documentos claves y se muestra cialismo. Prueba de ello es que en este momento tene-
lo difícil que fue la adopción de la voz república para mos, gracias a la irresponsabilidad de una partidocracia
definir el ser de la nación mexicana. subsidiada con recursos públicos, a altísimo costo no sólo
Por lo que hemos dicho al comentar lo referente a la económico sino también social y político, tres personajes
dictadura de Santa Anna, nos parece que la Nueva Espa- que aparecen bajo el nombre de presidente: uno cons-
ña como opción en el horizonte de la historia estaba titucional, todavía en funciones; otro electo, y un terce-
muerta hacía tiempo, con o sin monarquía, la dictadura ro que se hizo proclamar, después de su derrota el día de
propuesta era otra cosa, un ser de su siglo en el que no las elecciones, “presidente legítimo”. Eso sí es fantasma
había sino un “fantasma de Rey”. Lo cual no implica de presidente o presidencialismo afectado, porque el
desconocer el significado de la Reforma como afirma- presidencialismo real, la figura y autoridad del presi-
ción de la República en la conformación de México, en dente, ha venido derrumbándose desde hace tiempo y
la concepción de su ser como ente histórico. Enseñanza en este derrumbe han participado activamente quienes
clara de la obra de O’Gorman que me lleva a expresar ahora se llaman presidente.

Monarquía y república son las alternativas,


posibles formas de ser en torno a las cuales discurre
O’Gorman al ver “El triunfo de la República en
el horizonte de su historia”.
24 | REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO