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© Mario Martín Merino, 2017

El eterno debate entre realidad y ficción: el Periplo de Hanón

Introducción
En el Periplo de Hanón se narra el desarrollo de una expedición llevada a cabo en algún momento de la Antigüedad por
una flota cartaginesa dirigida por un tal Hanón a lo largo de las costas atlánticas del Norte de África. Durante el viaje, y de
acuerdo con el relato, se fundaron varios enclaves y se exploró y colonizó parte de esa área geográfica. Pese a la
brevedad del relato, compuesto únicamente por dieciocho parágrafos, este ha llamado poderosamente la atención de los
investigadores, quienes se han pronunciado sobre el mismo de diversas maneras, dando lugar a lo que se podría
denominar como “cuestión hanoniana”, que ha provocado encendidos debates y generado posturas en algunos aspectos,
antagónicas. El Periplo de Hanón y todo lo relacionado con él, constituye uno de los temas de estudio y discusión más
recurrentes en lo que se refiere a la investigación de la presencia feno-púnica en las costas atlánticas norteafricanas.
Aunque los avances logrados gracias a los diversos análisis y estudios realizados sobre el Periplo son apreciables,
desafortunadamente son bastante escasos en comparación con la abundante bibliografía generada a lo largo del tiempo
sobre esta cuestión (Mederos y Escribano, 2000: 77-78).

I. Sobre el Periplo de Hanón


En un manuscrito medieval escrito en griego, datado entre los siglos IX y X de nuestra era, conocido como Codex
Palatinus Heidelbergensis gr.398, concretamente en sus folios 55r-56r, se encuentran los dieciocho parágrafos que
componen la narración del Periplo, que ha llegado hasta nuestros días en una versión griega que algunos estudiosos
consideran una transcripción fidedigna de la inscripción que el propio Hanón debió erigir en el templo de Baal Moloch en
Cartago tras su regreso del viaje exploratorio narrado en el Periplo. Frente a esa postura existe una corriente crítica, cada
vez más numerosa, que pone en tela de juicio la veracidad del relato, y enfocan el estudio del Periplo desde la óptica de
la literatura griega debido a las características del mismo. En lo que respecta a la estructura de la narración, algunos
autores como Desanges (1978), estiman que es posible diferenciar claramente dos partes, las cuales son:

 una primera comprendida por los parágrafos 1 a 8. Gracias a la realización de análisis comparativos con otros
periplos de similar naturaleza, interpretados como expediciones fenicias efectuadas con el fin de ampliar su
conocimiento de las costas atlánticas tanto ibéricas como norteafricanas, se ha llegado a la conclusión
mayoritaria de dar credibilidad histórica a lo narrado en los mencionados parágrafos del Periplo. De acuerdo con
Estrabón, esas expediciones dieron lugar a fundaciones como la de Gadir (Estr. Geografía. III. 5.5), así como a
otros viajes similares al de Hanón, entre los cuales destaca el de su compatriota Himilcón por las costas
portuguesas hacia el Norte de Europa, tal y como recoge Avieno en su Ora Maritima (Avien. Ora.V.117) o el
propio Plinio el Viejo en su Historia Natural (Plin., N.H., II, 169). Sin duda alguna, el texto más útil y completo
para la realización de esas comparativas es el Pseudo Escilax, y concretamente su descripción de las costas
africanas y la mención a expediciones emprendidas por los fenicios en aquellas aguas.
 una segunda y última conformada por los parágrafos 9 a 18. Los hechos narrados en estos han sido
considerados por buena parte de los investigadores como adiciones de época helenística o posterior, en donde
se mezclan elementos fabulosos, referencias míticas y lugares imaginarios. En esta parte se aprecia una
profusión de elementos literarios comparables a otros autores griegos, desde Heródoto hasta otros de época
bajo helenística (Desanges, 1978: 39-85; González Ponce, 2008: 111-113).

II. Posturas y opiniones sobre el Periplo


En opinión de González Ponce, en la primera parte de la narración predomina una actividad eminentemente
colonizadora, mientras que en la segunda se recoge la exploración del tramo de costa situado hacia el sur de la isla de
Cerne (2010: 762), análisis que es compartido por una amplia mayoría de autores, incluso por firmes defensores de la
corriente crítica como Germain, que admitieron que el Periplo tiene un fondo de autenticidad especialmente palpable en
sus seis primeros parágrafos pese a las múltiples manipulaciones y añadidos a los que fue sometido el texto en épocas
posteriores (1957: 206, 215-216, 225, 236 y 238).

Para Peretti, el Periplo de Hanón sería uno de los más destacados exponentes de esos instrumentos náuticos de los
cuales se debieron servir los marinos de la Antigüedad para llevar a cabo sus expediciones marítimas. Este autor basa su
afirmación en la presencia de dos elementos esenciales contenidos en el Periplo: la descripción de la geografía costera
por la cual discurre la expedición y el cálculo de la distancia recorrida en cada jornada de navegación (González Ponce,
1995: 62-64).

Hay otros estudiosos como Segert, que sostienen que la huella del original púnico es evidente en la versión griega que ha
llegado hasta nosotros, apoyando su postura en los nombres de los topónimos mencionados a lo largo de la narración, el
léxico empleado y los giros sintácticos, y en lo que se refiere a la presencia de algunas incongruencias, estas se deben a
la extrema fidelidad de la versión griega, que se preocupó por ser lo más fidedigna posible al original púnico, y por lo
tanto debe descartarse la posibilidad de posibles adiciones posteriores (1969: 507-512). Blomqvist no comparte tal
opinión, y para el no existe dato alguno que permita asegurar que la versión griega se trate de una copia exacta del
original cartaginés, ya que no hay nada en ella que no se corresponda con las particularidades propias de la lengua
griega (1979: 15).
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En lo que respecta a la identidad del protagonista de la narración, parece haber consenso en considerar que se debió de
tratar de un sufete, y por lo tanto, miembro de alguna de las familias aristocráticas más poderosas de Cartago. No
obstante, hay estudiosos que afirman que el nombre de Hanón no es más que un sinónimo de “cartaginés”, empleado por
el anónimo autor de la versión griega (Musso,1989: 959-960), o bien el equivalente griego de un avezado marino
cartaginés, lo cual no dejaría de ser más que una de las muchas estrategias de las cuales se sirvió el anónimo autor de la
versión que ha llegado hasta nosotros para dar credibilidad al relato (Gómez Espelosín,1996: 103; 2000: 149-150).
Germain considera sorprendente la falta de datos identificativos sobre el protagonista del Periplo, sobre todo teniendo en
cuenta que, teóricamente, pertenecía a un distinguido linaje de Cartago, lo cual es, a su juicio, un dato que permite poner
en duda la veracidad del texto (1957: 226 y 230). De acuerdo con Heródoto, la narración habría sido plasmada por escrito
por el padre de Amílcar, el general cartaginés derrotado en Hímera en el 480 a.C. (Herod. VII, 165). En opinión de
Justino, Hanón no fue otro que el hermano de Himilcón y Giscón (Just. XIX, 2).

Otro punto objeto de discusión es la fecha en la que debió llevarse a cabo la expedición. Plinio aporta un dato esencial
para poder establecer una fecha probable al afirmar que esta tuvo lugar durante el momento de mayor apogeo de
Cartago y al mismo tiempo que la del también cartaginés Himilcón (Plin. N.H. II, 169). Tradicionalmente se ha
considerado que el viaje de Hanón debió desarrollarse en algún momento comprendido entre los siglos VII y IV a.C.
(Desanges, 1978: 85, 292; Villalba i Varneda, 1986: 38-39; Musso, 1989: 955), pero una cronología tan amplia dificulta
enormemente cualquier intento para determinar con seguridad una fecha concreta.

Buena parte de los investigadores son partidarios de establecer como fecha más probable los años 510 o 509 a.C.,
coincidiendo con la rúbrica del primer tratado romano-cartaginés de 509 a.C., que supuso el cierre del estrecho de
Gibraltar por parte de Cartago y el control de las rutas comerciales hacia el Mediterráneo occidental y las costas
atlánticas por los púnicos (Kluge, 1829: 1-4; Schrader, 1990: 98, 107). Hay autores que han identificado a Hanón con el
hijo del anteriormente mencionado Amílcar, por lo que la fecha en la que debió realizarse la expedición fue alrededor del
470 a.C. (Garzón Díaz, 1987:82; García Moreno, 1989: 238; Cordano, 1992: 5 y 11; Martín García, 1992: 65; Ottone,
2002: 565), siendo una buena muestra del cambio de orientación de la política exterior cartaginesa, que a partir de ese
momento se centró en reforzar su control sobre el Norte de África y de las rutas marítimas que conducían hacia las
costas atlánticas del área noroccidental del continente europeo. Un tercer grupo de autores considera que el apogeo
cartaginés mencionado por Plinio tuvo lugar entre la firma del segundo tratado romano-cartaginés de 348 a.C. y el
estallido de la Primera Guerra Púnica en el 264 a.C.

Respecto a la expedición propiamente dicha, en general una amplia mayoría de autores acepta su autenticidad, pero no
obstante, no se ha llegado a ningún consenso en lo que se refiere a su destino y objetivo final. Los partidarios de un
enfoque positivista consideran la posibilidad de que se tratase de un “trayecto largo” y que Hanón hubiese llegado a algún
lugar entre Sierra Leona y Gabón (Schrader, 1990: 108 y 145-146, Cordano, 1992: 5-6; Martín García. 1992: 80,
Jabouille, 1994: 57), o incluso haber circunnavegado el continente africano (Oikonomides, 1977: 11-12). Sobre la
finalidad del viaje, se ha planteado la posibilidad de que se hubiese tratado de una auténtica expedición colonizadora, tal
y como se puede leer en el primer parágrafo del Periplo, hecho que estaría en consonancia con la actividad fundacional
reflejada en la primera parte del mismo (Schrader, 1990: 108; Cordano, 1992: 5-6), aunque no deben descartarse motivos
de tipo comercial como señalan Desanges (1999: 23-24) o Mederos y Escribano (2000: 89-91).

Si se tienen en consideración las características técnicas de los navíos que pudieron integrar la flota de Hanón, hay
investigadores que cuestionan las capacidades marineras de estos y la posibilidad de un “trayecto largo” (Mauny, 1955:
96-97; 1960: 1-22; 1970: 98-101; 1978: 298), y que como mucho habrían podido llegar hasta el cabo Bojador, pero según
otros investigadores como Lonis, las embarcaciones púnicas de aquel momento tenían mejores condiciones marineras de
lo que se ha creído (1978: 148-149, 159-160). La ausencia de datos concluyentes que permitan aceptar la hipótesis del
“trayecto largo” ha llevado a que en los últimos tiempos se haya consolidado una corriente contraria que aboga por un
“trayecto corto”, que sostiene que la expedición de Hanón se desarrolló en la costa atlántica del noroeste del actual
Marruecos, llegando como mucho hasta el cabo Solunte (identificado con el actual cabo Espartel), lo cual permite ubicar
todas las fundaciones realizadas en el curso del viaje en el círculo del Estrecho, en una zona comprendida entre el cabo
Espartel y el rio Lixo (Rebuffat, 1988: 85-86).

Gracias al hallazgo de algunas evidencias arqueológicas, se ha podido constatar que los púnicos llegaron a puntos
mucho más al sur de lo que se había pensado, como por ejemplo al islote de Mogador, frente a la localidad marroquí de
Essaouira, en donde desde mediados del siglo VII a.C. existía una factoría fenicia que ha sido identificada con la isla de
Cerne mencionada en el Periplo, lo cual ha llevado a que una importante parte de investigadores apoyen las tesis de
Euzennat (1994: 563-578), que sostienen que como mucho, Hanón pudo llegar hasta el valle del rio Sous o la
desembocadura del Draa (López Pardo: 1991: 62-63; Mederos y Escribano, 2000: 92-93). No obstante, hay autores que
ponen en duda lo narrado en el Periplo. Germain ya había manifestado sus dudas al respecto tras analizar las posibles
motivaciones de la expedición, y estimó que se debió a razones colonizadoras, lo cual a su entender concuerda
plenamente con el punto de vista de un griego, que no concebiría ninguna otra finalidad para una expedición de tal
envergadura. Por su parte, Gómez Espelosín incide en la naturaleza ficticia del Periplo debido a los impedimentos
técnicos para el desarrollo de una navegación de cierta complejidad, la falta de evidencias arqueológicas concluyentes y
la inconcreción de las causas económicas que condujeron a la realización de esa supuesta expedición (1996: 107-109;
2000: 152-154). En una línea similar se ha manifestado García Moreno al considerar que el Periplo no es más que un
ejercicio paradoxográfico basado en las actividades de antiguos pueblos mediterráneos al sur del cabo Juby (1989: 240-
242).
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Conclusiones
El estudio e investigación del Periplo de Hanón constituye uno de los ejemplos más paradigmáticos de lo que se ha
denominado como “arqueología especulativa”, y en opinión de Mederos y Escribano, buena parte de la bibliografía que
ha generado se ha limitado a aportar hipótesis difícilmente contrastables arqueológicamente que permitan constatar la
presencia feno-púnica al sur de Mogador, quedándose únicamente en meras especulaciones más o menos elaboradas
(2000: 91).

A lo largo del pasado siglo XX el número de estudios sobre el Periplo se ha multiplicado, aportando interpretaciones y
conclusiones sobre el mismo muy diferentes entre sí. A mediados de ese mencionado siglo se comenzó a imponer una
corriente escéptica que pone en duda la veracidad de lo narrado, llegando a considerar que se trata de un relato ideado
por los cartagineses con el fin de ocultar información relevante para sus posibles competidores, además de haber
encontrado evidentes préstamos tomados de autores como Heródoto, así como la mención de Hanón en los Relatos
maravillosos, obra atribuida a un Pseudo-Aristóteles (Gozalbes Cravioto, 2014: 509). Desde que Germain inauguró los
estudios críticos de los elementos filológicos contenidos en el Periplo, otros investigadores han profundizado en su
análisis, poniendo de relieve la existencia de algunos términos problemáticos, así como del carácter tardío de la versión
griega, cuyas características no se corresponden con las de una composición del siglo V a.C.

Frente a esas argumentaciones, que han sido puestas en entredicho por autores como Blomqvist (1979) o más
recientemente por Martín García (1992), se ha hecho hincapié en la presencia a lo largo de la narración de paralelismos
que concuerdan plenamente con las particularidades propias del lenguaje griego de época clásica. Para otros
investigadores, la posibilidad de un origen tardío del Periplo no sería un impedimento del cual servirse para poner en
duda la veracidad de los hechos recogidos en la narración.

En opinión de Desanges, es probable que el original púnico reflejase hechos verdaderos, pero estos han sido eclipsados,
cuando no manipulados intencionadamente por autores posteriores que trataron de magnificar lo narrado, o bien
simplemente al mismo proceso de transmisión del texto (Gozalbes Cravioto, 2014: 510). No obstante, ya en la Antigüedad
algunas voces cuestionaron la autenticidad de lo narrado en el Periplo, especialmente cuando se afirma en el mismo que
se fundaron varias colonias púnicas a lo largo del litoral atlántico del actual Marruecos, cuya existencia era desconocida
en aquellos momentos. Algo similar sucede en el momento de identificar muchos de los lugares mencionados en el curso
de la expedición, sobre todo con aquellos situados al sur del cabo Juby. En opinión de Mederos y Escribano, las
dificultades para corroborar arqueológicamente la localización de los mismos no hacen más que incrementar el número
de especulaciones teóricas, que a juicio de ambos autores, son difícilmente contrastables arqueológicamente (2000: 91).
La falta de evidencias arqueológicas concluyentes obtenidas de las diversas prospecciones arqueológicas llevadas a
cabo en la zona comprendida entre los ríos Noun y Draa (Euzennat, 1960: 564) y en la isla de Herné, cuya identificación
con la Cerne mencionada en el Periplo dio lugar a la búsqueda de un supuesto asentamiento púnico en ella (Gran
Aymerich, 1979; Desanges, 1981), es para muchos autores una buena muestra de la desconexión existente entre las
especulaciones bibliográficas y los trabajos arqueológicos, cuyos resultados son muchas veces omitidos ( Mederos y
Escribano, 2000: 92).

Uno de los principales motivos esgrimidos para poner en duda la veracidad del Periplo es la falta de información sobre las
supuestas fundaciones que tuvieron lugar durante el viaje de Hanón, aunque de acuerdo con las afirmaciones de autores
como Pomponio Mela (III, 90) o Plinio (N.H. II, 168), que pudieron conocer el texto del Periplo de primera mano, aportan
cierta historicidad al hecho fundacional de esas colonias., aunque ninguno de ellos menciona que la expedición hubiese
llegado hasta el África ecuatorial. La existencia de esas colonias no ha sido corroborada arqueológicamente, del mismo
modo que tampoco ha sido así en lo que se refiere al templo que erigieron en el cabo Soloeis. Actualmente se cree que el
lugar que se corresponde mejor con Cerne es Mogador, en donde se ha constatado restos de presencia fenicia desde
finales del siglo VIII a.C., estando en plena actividad entre los años 750 a 500 a.C., siendo hasta el momento el punto
más meridional en el cual se han encontrado evidencias arqueológicas sólidas de su presencia. No obstante, no sería
imposible que, excepcionalmente, se hubiese logrado navegar más allá del cabo Juby, tal y como se refiere Herodoto
cuando menciona el Periplo de Nekao (Heród. IV, 42), a lo que habría que añadir el hallazgo de algunas evidencias
numismáticas en algunos lugares del África ecuatorial, aunque no hay pruebas arqueológicas de peso que permitan
apoyar la hipótesis de un “trayecto largo”, siendo más probable que la expedición de Hanón hubiese tenido lugar a lo
largo de la costa atlántica de Marruecos.

Aunque en el Periplo no se aprecia una gran cantidad de elementos fantásticos, sino que más bien se trata de una
descripción bastante sobria de los hechos y lugares a los que teóricamente llegaron, el hecho de que algunos autores
posteriores hayan modificado el texto original con la adición de elementos claramente ficticios, no debería ser una razón
para considerar que todo lo narrado en el Periplo es falso per se. Aunque es posible que haya perdido parte de su
autenticidad original en su versión griega, existen pruebas arqueológicas que permiten constatar que los fenicios, y por
extensión los púnicos, tuvieron conocimientos sobre las costas atlánticas ibéricas y norteafricanas, hecho que ya en la
Antigüedad fue admitido por autores como Estrabón (III. 2,14). Conviene tener en cuenta que las navegaciones
oceánicas a larga distancia fueron efectuadas antes y con mayor profusión por fenicios que por griegos, no siendo
descartable que algunos datos pasasen de unos a otros.
© Mario Martín Merino, 2017

Es indudable que el Periplo de Hanón seguirá provocando múltiples debates e interpretaciones diferentes sobre lo
narrado en esos dieciocho parágrafos que lo conforman, y no faltarán aquellos que cuestionen su validez, mientras que
otros se manifestarán en sentido contrario. En opinión de Domínguez Monedero, se ha llegado a una situación en la cual
nadie es capaz de presentar unos argumentos o conclusiones lo bastante solidos como para permitir alcanzar un
consenso que satisfaga a los investigadores (2010:92). No obstante, y gracias a los hallazgos arqueológicos realizados,
se ha logrado que el estudio del Periplo se realice desde otros puntos de vista que permitan hacer un reinterpretación del
mismo, que de acuerdo con algunos autores, en ocasiones ha sido tratado con excesiva dureza (Tejera y Chávez, 2005:
170).

Quizá con una lectura más crítica des un punto de vista que conjugue elementos históricos, filológicos y los últimos
hallazgos arqueológicos realizados, además del conocimiento geográfico de la costa atlántica del continente africano y de
las condiciones de navegación en la Antigüedad por esas latitudes, ayuden a valorar en su medida un texto que sin duda
debe contener elementos reales, además de un evidente valor histórico y cultural.

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