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Los paradigmas Latinoamericanos.

Alvaro Rivas Castro.

Licenciatura en Historia.

Profesora: María de los Ángeles Varas.

Epistemología: sección 2.
La América no debe imitar servilmente sino ser original, ¡o inventamos o erramos!
Simón Rodríguez.

Durante el desarrollo de la epistemología, desde la Filosofía Clásica de la Ciencia, hasta lo


que nos interesa, la Filosofía Historicista de la Ciencia, nos encontramos con un cambio
radical en donde paso a primer plano la practica científica real, y quedo como problema
derivado la lógica histórica, es decir, estudiar como problema histórico los procedimientos
realizados por los científicos, para definir si hacen progresar a la ciencia o no; si hay dentro
de la ciencia un tipo de racionalidad que la hace funcionar. Ahí nos encontramos con Kuhn
(paradigmas; inconmensurabilidad), Feyerabend (contrainducción;pluralismo) y Lakatos
(teorías refutadas; programas de investigación científica), principales exponentes de esta
etapa de la Filosofía de la Ciencia - que a diferencia de la etapa anterior, que funcionando
bajo un método, una estructura lógica, estaban preocupados por lo que deberían hacer- se
centran en la practica real, para encontrar bajo que modelo racional funciona la ciencia.

Es desde los planteamientos de los autores nombrados anteriormente y de pensadores de


América Latina, Luis Vitales y José Carlos Mariátegui, que desarrollaré cómo a través de la
historiografía latinoamericana de finales del siglo XIX, y gran parte del siglo XX, hemos vistos
dos paradigmas, de amplias y distintas formas de ver el mundo, de distintas perspectivas de
aplicación práctica y teórica para tratar las problemáticas de Latinoamérica, a saber; las
teorías europeizantes y el desarrollo de pensamientos propios en Latinoamérica.

En el primer caso, tenemos la implantación de políticas desde el viejo mundo, la asimilación


de procesos vividos allá para desarrollar la construcción de la república, y el establecimiento
de los estados nación, en nuestra parte del mundo. Y en el segundo caso nos encontramos
con la idea, de autores que pensaron la identidad nacional a lo largo del siglo XIX, hasta los
pensadores de un ala marxista de la historia durante el siglo XX (y digo de una, porque
hubieron muchos de esta misma corriente, que entendieron el marxismo como un paradigma
que era llegar y aplicar) que creyeron necesario analizar las situaciones propias de un pueblo
que se caracterizó por ser principalmente indígena, por tanto, con un desarrollo político,
económico y social, totalmente incompatible a las ideas republicanas europeas , y al proceso
tan “claro” de feudalismo, revolución industrial, que desarrolló al capitalismo vivido en
Europa.

A partir de esto, quiero esbozar, –aunque claramente ha triunfado la implantación de


occidente en gran parte del mundo, y especialmente acá– que es necesario que la
construcción para nosotros, tenga que venir desde nosotros mismos. Sin embargo, esto no
descarta usar teorías de otros lados, como Europa, Asía, etc. que complementen los
resultados de las problemáticas analizadas o los mismos elementos de análisis, pero con la
tarea clara de trabajar desde una perspectiva que contenga elementos propios de nuestra
realidad, y no trabajar con elementos externos que quedan descontextualizados. Como dice
una canción por ahí, más prefiero a poncho ajeno, andrajos del poncho mío.
Latinoamérica y el Caribe, son lugares que en algún momento de su historia vivieron alejados
del desarrollo del viejo mundo, donde convivían comunidades que funcionaban bajo lineas de
parentesco, sin mayores divisiones sociales; luego comenzaron a funcionar bajo formas de
poder centralizado que mas adelante dieron paso a la formación de imperios, como los
aztecas e incas, que luego fueron colonizados por las corona de España y Portugal para
después vivir procesos de independencia y construcción de estados embrionarios, que son
los gametos de nuestras actuales repúblicas. Y es durante este ultimo proceso – que sigue
en continua construcción – vivido desde principios del siglo XIX, que hay dos paradigmas
(dichos anteriormente; teorías europeizantes y pensamientos propios) que luchan por ganar
hegemonía dentro del pensamiento de Latinoamérica. Es decir nos encontramos con teorías
donde las evidencias analizadas son interpretadas y percibidas de manera totalmente
distinta, por tanto, no es posible llegar algún tipo de acuerdo, estas se enfrentan de forma
inconmensurable. De esta manera nos encontramos con autores como Andrés Bello,
Domingo Faustino Sarmientos que son “... pensadores sudamericanos de aspiración
burguesa [que] llegaron pues a hacer suya de tal manera la ideología de las burguesías de
los países capitalistas desarrollados que introyectaron plenamente incluso aspectos de esa
ideología como el racismo y el consiguiente desprecio por los pueblos no occidentales...”1
Pero en el mismo periodo de estos intelectuales hay otros pensadores que cuestionan esta
ideología conservadora, como el cubano José Martí, consciente de que “La incapacidad no
esta en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los
que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes
heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de
monarquía en Francia.”2 Podemos observar que esta ultima postura contradice a la primera
porque trata la misma problemática sobre la construcción de estados e identidades
nacionales, pero elabora hipótesis que son inconsistentes con la teoría, es decir, trabaja de
manera contrainductiva sobre la otra teoría. Como podemos ver actualmente el camino
recorrido por los países de nuestra parte del mundo fue el de las burguesías criollas,
bañadas en el pensamiento europeizante. Pero esto no sucedió por que es mejor una teoría
que otra –diría Feyerabend– si no porque fueron los que triunfaron, los que dominaron las
instituciones que rigen nuestros sistemas de organización, los que pudieron desarrollar su
ideología. Que ésta se mantenga en el poder, no quiere decir que la que vive en las ideas de
identidad nacional haya desaparecido. Porque fueron las mismas ideas venidas desde
Europa o del norte de América, que habían vivido procesos de independencia, pero de mano
de demócratas mas radicales; o mas adelante, en el siglo XX, directamente de ideas de
carácter socialista, que en una especie de fusión, dan como resultado, por ejemplo, el
nacimiento de estados nacionalistas, que tuvieron como objetivos respaldar la industria
nacional, fortalecer las instituciones del Estado, pero “... los roces coyunturales con los
EE.UU y Europa nunca fueron expresión de una estrategia antiimperialista” 3Son por tanto
teorías que conviven, que van cambiando a través del tiempo, viviendo, por tanto, dentro de
un pluralismo.

1 Retamar Fernández, Roberto, Nuestra América y Occidente, página 168.


2 Martí, José. Nuestra América, 1891.
3 Vitale, Luis, Los principales períodos de la historia de América Latina, página 75.
Pero volviendo a la tesis principal, de que la construcción de nuestra parte del mundo tiene
que elaborarse desde nuestros hechos concretos, y ser sus mismos actores quienes los
realicen, nos decidimos por una forma de pensamiento, que se enfrenta de forma directa
hacia al paradigma europeizante refutándolo, debido a que explica más, en tanto, comprende
la problemática de su tierra, de sus tradiciones locales. Y así sucede con Mariátegui, que
comprende que el problema del indio vivido por el Perú en la primera mitad del siglo XX, no
hay que solucionarlo desde una visión moral, que encarna el liberalismo en sentido
humanitario, si no como una problemática económica que reside en la apropiación por parte
de la república de sus tierras, lo cual afecta directamente la forma de vida del indígena ya
que “En una raza de costumbre y raza agraria, como la raza indígena, este despojo [de la
tierra] ha constituido una causa de disolución material y moral.”4 Y desde aquí podríamos,
utilizando lo que Lakatos llama programas de investigación, que la construcción del
pensamiento propio latinoamericano posee un centro firme que se identifica y establece con
las ideas socialistas, a la vez que construye hipótesis ad hoc que luchan contra las
anomalías como las visiones reformistas, reaccionarias, como en el ejemplo visto antes de la
construcción de estados nacionales.

Al haber realizado este ejercicio, de intentar de comprender el desarrollo de pensamientos


latinoamericanos mediante una visión de la Filosofía de la Ciencia, la Historicista, además de
esclarecerme esta parte del curso, y de la epistemología en general, me hizo conducir mi
postura a la visión que tiene Lakatos sobre el progresar de la ciencia. Es que el entiende, en
primer caso que progresa, ya que para los otros dos autores solo cambia, pero lo hace
porque las teorías no son abandonables, ni ninguna es la verdad absoluta, el dialogo entre
ellas y las posibilidades de cambio es constante, en la medida que aportan más información
empírica y teórica a la problemática en cuestión. Y es desde ahí donde entiendo el desarrollo
de las ideas socialistas (marxistas, anarquistas, marxistas libertarias, comunista-anárquicas,
etc.), en la idea que considero pilar de cualquiera que se considere de estas lineas, de que el
análisis de la situación concreta, real, es el que va modificando las formas de actuar del
militante o activista político (en y desde la praxis), obviamente entendiendo que existen ideas
bases, ese centro firme que esta constituido por la lucha de clases como motor de la historia;
la tarea y deber que tenemos como sujetos históricos de construir nuestra propia historia; la
construcción revolucionaria en post de una sociedad sin clases, por nombrar algunos.

4 Mariátegui, Carlos José, 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, pagina 48.


Bibliografía.

Mariátegui, José Carlos, 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Perú, editorial El


Comercio, 2005.

Martí, José. Nuestra América, 1891.

Retamar Fernández, Roberto, Nuestra América y Occidente

Vitale, Luis, Los principales períodos de la historia de América Latina. Contribución al debate del
Bicentenario. Chile, LOM, 2009.