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Una visión desde las Dimensiones del ser humano y la vida.

La educación es el proceso social más generalizado entre los grupos humanos. De allí el

presente ensayo busca indagar algunas posturas con el propósito de realizar un análisis crítico

de la educación, desde una visión dimensional del ser humano y la vida.

Como seres humanos todos somos iguales, como personas todos somos diferente. La

educación conjuga y armoniza estas dos dimensiones. Su base es el ser humano, su finalidad

cada persona.

Por otra parte, cabe destacar que la sociedad moderna otorga la importancia al concepto de

educación permanente o continua, que establece que el proceso educativo no se limita a la

niñez y juventud, sino que el ser humano está en continuo aprendizaje no tan solo académico

sino de todo tipo a lo largo de toda su vida.


Algunos pensadores llegaron a descartar aseveraciones como las propuestas, porque

pertenecían a un estadio inicial, y por lo tanto superado, del proceso evolutivo del saber

humano, debemos recordar la “Ley de los tres estadios del conocimiento”, propuesta por

Augusto Comte (Soto y Bernardini, 2004), en la que las consideraciones de corte teológico

pertenecen a la “niñez”, del desarrollo del conocimiento.

Otros, por ejemplo Descartes, dejando de plano la dimensión espiritual, llegaron a

establecer aún más allá, una división explícita entre cuerpo y mente, entre materia e ideas;

además, puso su acento en el individuo -cogito ergo sum-, con lo que la visión integral,

multidimensional del ser humano y del mundo, no se vio favorecida. Con todo y lo

significativo del aporte cartesiano hacia la rigurosidad en el esfuerzo humano por el conocer.

Desde un punto de vista, no hay que confundir la potencialidad o capacidad con los logros

obtenidos por el desarrollo y empleo de esa capacidad. Educar la dimensión espiritual no es

exactamente educar la dimensión religiosa, que tiene referencia a una tradición concreta (en

nuestra cultura, principalmente la cristiana).

Por consiguiente que en pedagogía prive la dimensión de persona, con su identidad propia,

con su capacidad propia, con su ritmo propio recorriendo el espacio de los conocimientos,

actitudes, destrezas, habilidades, hábitos y valores, activando la estructura psicoafectiva,

autoestima, etc. Y proyectándose al ámbito psicosocial en comunicación e interacción con las

otras personas.

En el ser humano radican sus derechos que son iguales para todos como lo son las

responsabilidades tienen un carácter eminentemente personal.


Todo el aparato educativo esta visualizado y organizado desde una perspectiva general

donde entramos y cabemos todos, pero el proceso enseñanza, aprendizaje se realiza en una

perspectiva personal, individual.

Cada una de las dimensiones del individuo, señaladas al inicio: cuerpo, mente y espíritu,

no son sino subsistemas interactuantes e interdependientes, cuyo supra-sistema es

precisamente la persona. A su vez, no puede entenderse al individuo como un organismo

aislado, sino como parte de una red de relaciones que implica una comunidad; de esta

forma el contexto de las dimensiones individuales, su macro sistema inmediato superior, es

la sociedad. Aquí podríamos hacer una precisión y señalar a la familia como el siguiente

estadio sistémico, pero nos decantamos hacia la sociedad, puesto que compartimos la premisa

de que esta no es posible concebirla en los términos que lo hacemos en este ensayo, si

dejamos por fuera la familia como núcleo fundamental de lo social.

Las interrelaciones que vinculan a los individuos entre sí, son principalmente procesos de

comunicación y todos estos aspectos individuales y colectivos están orientados a una función:

sostener y desarrollar la vida. De tal suerte que en un proceso recursivo, el punto de partida,

desde el individuo, y de llegada, hasta la comunidad y más allá de ella, es la vida. En términos

sistémicos la función u objetivo no es sino la Vida.

En atención a lo antes anotado, el propósito último de lo educativo debería ser el

desarrollo humano, individual y comunitario, en todas sus dimensiones, sus

interrelaciones de comunicación, privilegiando un visión ecológica profunda (Martínez,

1999). A este fin podrían plegarse todos los esfuerzos de las ciencias de la educación, así

como la materialización del acto educativo en sus diferentes facetas: entorno, insumos,

procesos y resultados.
Para empezar, lo primero que considero relevante es intentar definir el concepto de

“Desarrollo Comunitario”, tarea difícil ya que es un concepto amplio y en el que cuesta

delimitar la idea de lo que significa. Partamos de las dos palabras que componen el concepto.

Por un lado tenemos el desarrollo, entendido como progreso, como crecimiento. Por otro,

tenemos comunitario, proveniente de comunidad, como un conjunto de personas de un

entorno concreto vinculadas por intereses comunes.

Cabe resaltar que el ser humano, cuando nace, no tiene patrones de conducta previamente

determinados tal y como sucede con el resto de las especies. Por eso necesita relacionarse con

los demás miembros de su comunidad para configurarse como persona, ya que si ello no

sucediese, desarrollaría formas de comportamiento que poco o nada tendrían que ver con las

de la especie humana.

La comprensión del ser humano ha dado lugar a numerosos debates y planteamientos

teóricos debido a su complejidad y a la pluralidad de sus dimensiones. Desde la perspectiva

educativa también ha ocurrido lo mismo.