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COMENTARIO AL CAPITULO X-“LA ARQUITECTURA EN EL AULA

INTELIGENTE”

Desde los tiempos antiguos en los diferentes modelos sociales, las


viejas generaciones se han ocupado de transmitir los diferentes saberes,
valores y normas… a las nuevas generaciones, posibilitando la continuación
en el tiempo de los diferentes modelos sociales creados. Al mismo tiempo el
afán de superación y cambio del hombre nuevo permitirá que esta evolución
social prosiga, conservando pero al mismo tiempo renovando y avanzando en
la evolución dinámica. La Escuela y la Universidad se han convertido en el
lugar idóneo para la producción y continuad de los conocimientos, la
investigación y la intercomunicación entre las personas. Y cada civilización ha
procurado definir y diseñar sus centros de enseñanza en función de sus
propios parámetros culturales.

Este preámbulo nos lleva a centrarnos en la cuestión clave del capítulo


de Pablo Campos Calvo-Sotelo –“ La Arquitectura en el aula Inteligente”. La
calidad educativa está íntimamente ligada a la del espacio arquitectónico. El
nacimiento del Aula inteligente responde precisamente a esta tesis
fundamental: la calidad arquitectónica justifica la calidad educativa por tres
argumentos básicos, funcional, cultural y de carácter (debe ser el símbolo, el
reflejo del espíritu renovador del docente y del nuevo estudiante).

Esto implica tener en cuenta todas las consideraciones psicológicas en


torno al espacio arquitectónico:

• Percepción y experimentación
• Percepción psicológica. De la arquitectura depende en gran
medida la calidad de los estímulos, motivación que el alumno
recibe durante el tiempo que permanece en ella. El alumno llegará
a identificarse con la arquitectura, le transmitirá emoción poesía,
será el rincón cargado de intereses cualitativos.
• Percepción didáctica. La arquitectura debe cumplir un cometido
consustancial, debe educar en sí misma.
• Y la necesidad de conseguir una autonomía funcional, espacial y
psicológica al mismo tiempo.

Así como un análisis de las propuestas arquitectónicas que mejor pueden


afrontar el diseño específico del aula inteligente:

• La geometría como herramienta proyectual en el Aula Inteligente.


• El estudio de las diferentes tipologias en planta para el aula
inteligente, destacando el esquema en malla o retícula, desarrollo
lineal, planta centrada y escuela abierta.
• Análisis de la célula básica, destacado el rectángulo, cuadrado y
el cubo, como idea de claridad, estabilidad y tranquilidad.
• Cuidando la acústica, los materiales, textura y colores en el aula
inteligente.
• Cuidando el mobiliario…

“El Aula inteligente" va más allá de sus paredes. Tomando el hecho de


que las estructuras espaciales, al igual que las estructuras temporales, la otra
de las dos coordenadas en las que se sitúa toda acción educativa, son
condicionantes, positiva o negativamente, de la aplicación de los principios
psicopedagógicos que están en la base de un modelo de escuela: De toda
estructuración buena para la aplicación de unos buenos principios
psicopedagógicos, puede decirse, que es una estructuración inteligente.

Y eso es lo encontrado en el "Aula Inteligente" del Grupo SEK: un


amplio espacio, capaz para dar cabida al numeroso grupo de alumnos y
profesores de un nivel o curso escolar completo, que, con sus ámbitos
debidamente equipados para la realización de actividades personales o en
grupos pequeños o medianos, resulta un espacio "inteligentemente" concebido
y técnicamente dispuesto para ser el "escenario" de una educación en la que
los alumnos son los actores que protagonizan las acciones de aprendizaje y los
profesores los directores de escena que mueven, como entre bastidores, los
hilos de la representación.

Es un escenario en el que es posible hacer efectivo el gran principio


metodológico de una pedagogía escolar centrada, no en el profesor que
enseña, pretendiendo con prolijas y autoritarias explicaciones dar respuesta a
preguntas tantas veces inexistentes en quienes las oyen y soportan, sino en los
alumnos que aprenden, saliendo a buscar por sí mismos los saberes que
satisfagan su deseo de encontrar respuesta a preguntas planteadas en su
interior, estén o no formuladas verbalmente:

• ¿qué es tal cosa?, en el caso del saber de conceptos o de hechos;


• ¿cómo se hace tal otra?, en el caso del saber hacer o de procedimiento;
• ¿cómo ser?, en el caso del saber ser en el ámbito de los valores, las
actitudes y los comportamientos?

Y es el hecho de hacer viable esta pedagogía lo que constituye, a mi juicio, la


inteligencia de un aula.