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MANUAL DE SACRAMENTOS

pastorali uc
Pastoral
UC
índice
Carta de presentación_ p.2
Reunión 1_ p.3
Reunión 2_ p.5
Reunión 3_ p.7
Reunión 4_ p.9
Reunión 5_ p.11
Reunión 6_ p.15
Reunión 7_ p.17
Reunión 8_ p.21
Reunión 9_ p.25
Reunión 10_ p.28
Reunión 11_ p.30
Reunión 12_ p.32
Reunión 13_ p.36
Reunión 14_ p.39
Reunión 15_ p.41
Reunión 16_ p.44
Reunión 17_ p.48
Reunión 18_ p.51
Reunión 19_ p.54
Reunión 20_ p.55
Reunión 21_ p.56
Reunión 22_ p.57
Bibliografía_ p.58
Querido monitor:
En tus manos tienes el nuevo Manual para la preparación de los Sacramentos, que con mucho cariño
hemos hecho este año para ti. Esperamos que sea una buena guía y profundo apoyo durante este año
como catequista, a partir del cual puedas organizar las reuniones y contar con una fundamentación
concreta para el desarrollo de cada tema.
Nuestra idea es que este texto te sirva como base de los contenidos a conversar semana a semana junto
a tu grupo. Por eso te invitamos a tomarlo no como un modelo estricto del que no pueda faltar ni una sola
palabra, sino como una sugerencia que te hacemos según lo que hemos considerado más importante
estudiar a partir de la Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica, el Youcat, algunas encíclicas, vidas de
santos y muchos otros documentos relacionados. En este sentido, pusimos mucho énfasis en que las
referencias utilizadas en cada tema quedasen explícitas en el texto, así como también hicimos una
sección sobre la bibliografía general utilizada, de modo que cada vez que tengas dudas, que algo no te
haya quedado claro o que quieras profundizar algo aún más, puedas dirigirte a la fuente de la cual lo
sacamos. Siéntete con la libertad de agregar cuantas cosas quieras y que consideres que vale la pena
compartir o conocer por parte de los integrantes de tu grupo. Es muy recomendable darle a cada reunión
un toque de creatividad según sea el carisma que entre ustedes se haya formado. En esa misma línea,
creamos un dropbox especialmente pensado para los monitores de Sacramentos, en el que hemos
subido algunos textos y videos como anexos para cada tema. Para poder acceder a los documentos,
tienes que entrar a www. dropbox.com y hacer click en “Iniciar sesión”. Luego, tendrás que ingresar el
correo electrónico (sacramentos@pastoraluc.cl) y la contraseña (monitores2014). Una vez dentro,
encontrarás organizado el material según número de reunión. Puedes bajar todas las cosas que quieras,
pero te pedimos que tengas mucho cuidado en no borrar nada, ya que otros monitores las podrían
necesitar.
Por otro lado, creemos que lo más importante de todo, y a lo que le hemos querido poner más énfasis
este año, es que cada tema sea siempre fundamentado con la Biblia. Para eso, hemos puesto muchas
citas y pasajes de los distintos libros que la componen, que podrás encontrar en el desarrollo de cada
tema. Al mismo tiempo, hemos puesto como tarea para cada reunión la lectura de alguna cita bíblica
relacionada. En la mayoría de los temas, encontrarás que son muchos los pasajes mencionados. Puedes
partir la reunión leyendo alguno de ellos e ir mencionando el resto a medida que avanza la conversación,
pero ojalá que puedas abarcar la mayoría (o al menos decirles las citas a todos de manera que puedan
leerlas en sus casas con mayor detención).
Te darás cuenta también de que cada reunión finaliza con la entrega de una tarea, que pretende
introducir el tema a tratar durante la semana siguiente. Por lo general, no se trata de actividades
complejas ni que tomen mucho tiempo, sino que sirven para que todos sepan de qué tema se hablará la
próxima vez y así puedan llegar a la reunión con sus dudas y reflexiones un poco más preparadas, y
para que se aprenda un poquito más. Por su parte, al comienzo de cada reunión, después de hacer la
Lectio, la idea es que se introduzca el tema del día a partir de la discusión
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de la tarea que se mandó. Por todo lo anterior es que insistimos en que intentes que esta actividad se
pueda llevar a cabo.
Queremos mencionar además que las últimas cuatro sesiones están pensadas para tratar temas de
actualidad y que fueron un motivo de duda frecuente en muchos jóvenes que ya recibieron sus
sacramentos en años anteriores. Estos serán tratados, idealmente, por expositores invitados que tengan
experiencia en el tema (salvo la última de ellas, en la que la idea es que invites a amigos o conocidos
que puedan hablar sobre lo que les proponemos). Es por eso que para esas reuniones no les
entregamos un texto específico, sino que un esquema de cuáles son los objetivos que pretendemos
alcanzar con ellas y cuáles son los asuntos que se creemos que se debería tocar en cada una. Los
expositores y organización de todo esto les será avisada por los jefes generales más adelante y con la
debida anticipación.
Por último, te pedimos desde ya que cada crítica o sugerencia que tengas respecto al manual la anotes y
nos la cuentes en alguna instancia especial o a final de año, para poder seguir trabajando en la
confección de un manual cada vez mejor para la preparación de los sacramentos de los jóvenes de
nuestra universidad.
Te agradecemos tu disposición a participar de este lindo proyecto y esperamos que lo disfrutes “a
concho”, crezcas aún más en tu fe y al mismo tiempo aprendas más sobre ella. ¡Que tengas un
bendecido año! Y cualquier inquietud que tengas, no dudes en contactarnos.
Con mucho cariño, Encargados de Sacramentos 2014
REUNIóN 1
Jesús te llama por tu nombre (Lc 5, 1-11)
Presentación: Se propone iniciar un diálogo en el grupo en el cual los confirmandos conversen sobre
el camino recorrido para llegar a las catequesis, indicando las personas que los guiaron a ella e
identificando, si es posible, los momentos de encuentro con el Señor en la propia vida. También se
recomienda invitarlos a responder las siguientes preguntas: ¿Por qué estoy acá? ¿Qué espero de esta
preparación a la confirmación? ¿Qué espera Dios de mí?
ACTIVIDAD N° 1 “El dato freak” Se le pasa un papel a cada uno y se le pide que anote su ‘dato
freak’ (los monitores también pueden hacerlo). Puede ser algo raro que le haya pasado, alguna alergia
extraña o cualquier cosa fuera de lo común que quieran contar. Se ponen los papeles en una bolsa y se
tiene que adivinar a quién pertenece. La persona que lo escribió se presenta diciendo su nombre, edad,
carrera, etc.
La llamada de Dios La idea es mostrar como a través de la historia, Dios se ha manifestado y ha
llamado de distintas maneras a personas, que continúen su plan para los hombres.
1. Antiguo Testamento (Ex 3, 1-15): El llamado de Dios a Moisés “1 Moisés, que apacentaba las ovejas
de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la
montaña de Dios, al Horeb.2 Allí se le apareció el Angel del Señor en una llama de fuego, que salía de
en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse,3 Moisés pensó: «Voy a observar este
grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?».4 Cuando el Señor vio que él se
apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!». «Aquí estoy»,
respondió el.5 Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo
que estás pisando es una tierra santa».6 Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a
Dios”. La misión de Moisés “7 El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y
he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos.8 Por
eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y
espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los
perizitas, los jivitas y los jebuseos.9 El clamor de los israelitas ha llegado hasta mi y he visto cómo son
oprimidos por los egipcios.10 Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a
los israelitas».11 Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy
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yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?».12 «Yo estaré contigo, les
dijo a Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo,
ustedes darán culto a Dios en esta montaña»”. La revelación del Nombre divino y la promesa de
liberación “13 Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres
me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?».14 Dios dijo a
Moisés: «Yo soy el que soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: «Yo soy» me envió a
ustedes».15 Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus
padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre
para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros”. ¿Cómo fue el llamado de Dios con
Moisés? ¿Qué rol juega Moisés en el plan de Dios?, ¿Qué características vemos en la zarza ardiente, y
el mensaje de Dios que nos revelen quien es Él y como se relaciona con los hombres?
2. Nuevo Testamento (Lc 5, 1-11): “1En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús
para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.2 Desde allí vio dos
barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.3 Jesús
subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se
sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar
adentro, y echen las redes».5 Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no
hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».6 Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de
peces, que las redes estaban a punto de romperse.7 Entonces hicieron señas a los compañeros de la
otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se
hundían.8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque
soy un pecador».9 El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de
peces que habían recogido;10 y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo,
compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de
hombres».11 Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron”.
Preguntas: ¿Cómo es el llamado de Dios a los pescadores? ¿Cuál es la respuesta de estos? ¿Cómo se
manifiesta Dios en este Evangelio?
Dios tiene una misión pensada para cada uno de nosotros, y cada día, en los distintos acontecimientos
que ocurren en nuestra vida nos invita a seguir esa misión. Al igual que los personajes bíblicos Él nos
pregunta, nos invita, no nos obliga, porque Él quiere que nuestra entrega, que nuestro compromiso sea
libre. “Dios nos ha creado sin nosotros, pero no ha querido salvarnos sin nosotros” (S. Agustín, serm.
169, 11, 13).
Dios nos conoce, sabe lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Así como a Jeremías le dijo
5 «Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había
consagrado, te había constituido profeta para las naciones» (Jr 1, 5), el también tiene un plan preparado
para cada uno de nosotros. Conoce los deseos más profundos del hombre, por lo mismo sabe qué es lo
mejor para nosotros, lo que nos va a hacer felices, nosotros solo debemos confiar en Él.
¿Por qué Dios se “toma la molestia” de crearnos, y acompañarnos, no dejarnos solos, educarnos e
invitarnos a estar con Él? porque Él nos ama7 “Si ustedes permanecen en mí y mis palabras
permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.8 La gloria de mi Padre consiste en que
ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.9 Como el Padre me amó, también yo los he
amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.10 Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi
amor. Como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.11 Les he dicho esto
para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.12 Este es mi mandamiento: Ámense los
unos a los otros, como yo los he amado.13 No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.14
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. (Jn 15, 7-14)
Testimonio: En esta parte, la idea es que los monitores les cuenten sobre su historia de confirmación,
y anécdotas para que los confirmandos los conozcan. ¿Por qué lo hicieron? ¿Cómo eligieron al padrino/
madrina? ¿Cómo han vivido su confirmación? ¿Qué significó la confirmación para ustedes, marcó su
vida de fe? Es importante que puedan motivar a los confirmandos con la confirmación, y que sientan la
cercanía y confianza con ustedes desde el principio.
Tarea: ¿Qué es ser santo?: hay muchas definiciones de santidad, cada santo tiene una historia
diferente, sin embargo todos se caracterizaron por estar abiertos a seguir la voluntad de Dios, y sentirse
profundamente amados por Él. Los invitamos a que cada uno traiga una muy corta biografía de un santo,
más que hablar de las fechas o lugares, que expliquen por qué son santos. Si alguno quiere investigar de
algún santo en particular, que lo haga, sino sugerimos los siguientes santos (o beatos o siervos de Dios):
santa Teresa de los Andes, san Alberto Hurtado, beata Laura Vicuña, siervo de Dios Mario Hiriart,
siervos de Dios Tomás Alvira y Francisca Dominguez (el matrimonio), beata Chiara Badano, santa
Gianna Beretta Molla, santa Josefina Bakhita, beata Teresa de Calcuta, san Pedro Fabro. Hacer una
Lectio divina de Juan 1, 35-51.
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REUNIóN 2
MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES? VEN Y VERÁS. (Jn 1, 35-51)
Introducción: Que cada participante cuente del santo que le tocó investigar, qué es lo que más le
gustó, si se siente identificado con alguna característica del santo, lo que encuentra más valorable.
A cada uno de los santos que estudiamos Dios lo llamó de una manera especial, y le pidió que cumpliera
con una misión. Así como a ellos, Dios nos tiene preparado un plan, que es único, y sólo nosotros
podemos realizarlo. Sin duda el hecho de que estén en Sacramentos es un llamado de Él que supieron
responder, por lo mismo están acá. Pero los llamados que nos hace Dios son muchos, y se producen
todos los días ¿De qué manera podemos estar más atentos a lo que Él nos pide? ¿Cómo podemos estar
más seguros de que las decisiones que tomamos son lo mejor para nosotros?
A continuación vamos a enumerar un par de medios básicos cristianos que aseguran el vínculo con Dios,
no son todos los posibles, sin embargo es importante que en esta primera parte los confirmandos
conozcan las formas básicas que promueve la Iglesia para asegurar el encuentro con Cristo.
1. Los sacramentos: “Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo
y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida divina. Son siete: Bautismo,
Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden y Matrimonio.” 1 Durante el
transcurso del año estudiaremos en mayor profundidad los sacramentos, ahora queremos poner especial
énfasis en la Eucaristía y la Penitencia. En la Eucaristía es Jesús mismo Quien baja a la tierra, en forma
de pan y vino, y se nos regala para poder estar con Él, no sólo espiritualmente, sino también físicamente.
Por eso es importante ir a Misa los domingos, porque nos aseguramos el encuentro íntimo con Él por lo
menos una vez a la semana. Sin duda esta cercanía nos ayuda a poder reconocerlo mejor, en el día a
día, y a estar más atentos a su Voluntad. En esta parte sugerimos preguntarles a los confirmados si
asisten a la misa dominical, por qué lo hacen, por qué no, etc. Por otra parte, el sacramento de la
Reconciliación, nos ayuda a ser conscientes de las faltas que hayamos cometido, que nos alejan de Él,
luego recibimos su perdón, completamente inmerecido y finalmente es Él Quien a través del Espíritu
Santo nos sugiere un propósito de enmienda para poder mejorar en los aspectos en que hemos faltado
al Amor. Los invitamos a preguntar qué opinan de este sacramento, si lo practican, con qué frecuencia,
etc. Muchas veces puede resultar polémico, les sugerimos que no se extiendan demasiado en esta parte,
ya que más adelante se verá el tema en mayor profundidad.
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2. La oración: Para empezar proponemos preguntar qué significa la oración para cada uno de ellos,
cómo rezan, etc. “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el
cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la
alegría” (Santa Teresa del Niño Jesús). La oración es el medio más personal con el que nos
comunicamos con Dios. No existe una forma de oración definida que haya que seguir, no existe una
oración buena y una mala. Lo que define la calidad de la oración es cuan personal sea y cuanto me
ayude a estrechar el vínculo con Dios. Puede ser a través del canto, puede ser con el rezo del rosario,
puede ser a través de una conversación informal, o a través de cartas. Existen tantos tipos de oraciones
como personas existen. De hecho pasa que a veces se tiene que cambiar la forma de hacer oración;
bajo ciertas circunstancias puedo expresarme mejor con Dios a través del silencio, bajo otras a través del
canto y el baile, bajo otras en la lectura de las Sagradas Escrituras. Es sano variar las formas en que nos
comunicamos con Dios en la medida que esto nos acerque más a Él.
3. La vida de la Iglesia: En el encuentro con el Pueblo de Dios también nos encontramos con Él, ya que
es el Espíritu Santo el que nos conduce y nos anima. El testimonio de tantos hermanos en la fe sirve de
gran ayuda para sentirnos acompañados y comprendidos. Para no caer en el desánimo y el sentimiento
de soledad, es importante conocer personas que compartan nuestros ideales, que nos comprendan, y
que luchen por lo mismo que nosotros. Por lo mismo es muy importante que nos hagamos parte, que
participemos de la vida de la Iglesia, en nuestras parroquias y movimientos. En este momento sugerimos
preguntar a los confirmandos si participan o han participado activamente en alguna parroquia, en la
pastoral, en algún movimiento, o en alguna actividad de la Iglesia (peregrinaciones, festivales,
procesiones, etc.) y que compartan sus experiencias con el grupo.
4. Apostolado: El regalo de la fe es para todos, y depende de nosotros que llegue a más personas. En la
medida que veamos el rostro de Jesús, que tengamos una relación con Él, que experimentemos su
cercanía, la fe va a ser un mayor motivo de alegría y la alegría sólo se hace realidad cuando la
compartimos. Por lo que podemos afirmar que una fe sin apostolado, sin salir al encuentro con los demás
es una fe muerta. El regalo de la fe es como un fuego, en la medida que se va expandiendo, crece y se
hace más fuerte. ¿Qué significa ser apóstol? Los apóstoles son escogidos por Jesús, son amigos
cercanos, que tienen la misión de llevar la Palabra de Dios a todas partes. ¿De qué manera se hace
concreto el apostolado? a través
de obras de caridad, de misiones, de transmisión de la fe (catequesis, pastorales, etc.), de ayuda a los
más pobres, etc. Existen muchas formas de hacer apostolado, y cada uno puede tener una distinta, sin
embargo es fundamental ser consciente de que el apostolado más importante no se produce de forma
esporádica, en ocasiones especiales, sino que es el apostolado de la vida diaria, con los compañeros de
universidad, en la familia, con los amigos, en el estudio, etc. Les sugerimos plantear la posibilidad de
realizar un apostolado concreto como grupo, visitar a un hogar de forma periódica, rezar oraciones de
grupo, organizar algún tipo de ayuda a personas pobres, participar de algún apostolado ya existente en
alguna pastoral, etc. La Iglesia chilena durante este año, en respuesta al mensaje de Aparecida en el
2007 y al impulso que hemos recibido del Papa, ha llamado a la misión territorial. “La Misión Territorial
estará inserta orgánicamente en la vida ordinaria de nuestras parroquias y unidades pastorales. No es un
añadido a los programas y agendas del año pastoral, pero tampoco un simple barniz misionero a cada
actividad planificada en los calendarios pastorales. Se trata de procurar un verdadero impulso misionero
desde dentro, en la experiencia comunitaria, en los programas catequéticos, sacramentales, de
promoción humana; en definitiva, en la vida cotidiana de nuestras parroquias y otros centros pastorales,
para ir “provocando” una verdadera renovación en la Iglesia.” 2
La Santidad Existe una misión a la cual estamos todos llamados, a la cual todos los cristianos
debemos aspirar y que nos impulsa a ser mejores: la santidad. ¿Qué significa ser santo? Los santos son
personas de las que tenemos la certeza de que están gozando con Dios en el Cielo, por lo que es
importante destacar que no existen santos en vida. ¿Qué se necesita para ser santo? Para ser santo es
necesario vivir según la vocación de cada uno. No existe una fórmula secreta, o pasos a seguir, cada
uno debe encontrar su camino, según lo que Dios le vaya regalando en el día a día. “La santidad
consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, y
confiados -aun con nuestro cuerpo- en su bondad paternal” Sta. Teresita de Lesieux (santa francesa) A
pesar de que no existe un molde predeterminado para la santidad, si existe un “mínimo común
denominador” en los santos, prácticas que son transversales en los santos:
- En primer lugar, los santos son personas de mucha fe, saben vivir de forma orgánica su fe. Entienden la
vida natural y la sobrenatural no como cosas separadas, sino como una unicidad. Son personas que
actúan y están comprometidas con lo que está pasando, con su realidad y están profundamente
anclados en Dios. Están en continuo diálogo con Él, lo ven en cada lugar, cada cosa que hacen
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1Compendio del Catecismo de la Iglesia católica no 224 2Ignacio Ducasse M., Obispo de Valdivia y Secretario General de la Conferencia
Episcopal de Chile (link: http://www.iglesiaenmision.cl/que-es-la-mision- permanente)
tiene un sentido sobrenatural.
- En segundo lugar, los santos son personas esperanzadas. No tiene sentido insistir en la santidad de la
vida diaria, si no se está convencido de la victoria. Es por eso que los santos viven con la convicción de
que su lugar está con Dios, que pertenecen a Él y que los medios que Dios les dispone son los
suficientes para alcanzar lo más alto.
- Finalmente los santos son personas que viven la caridad con los demás y con ellos mismos. Cada cosa
que hacen está profundamente ligada al Plan de Salvación de Dios y la realizan por amor a Él. Salen al
encuentro de los demás, y actúan como causas segundas, que guían todo hacia la Causa Primera que
es Dios. “Los santos se han hecho santos desde el momento en que comenzaron a amar. Y esta verdad
es correlativa a aquella otra: han comenzado a amar cuando se creyeron, se supieron y se sintieron
amados” Padre José Kentenich (fundador del movimiento apostólico de Schoenstatt) Es importante saber
que los santos no fueron perfectos, fueron personas que se equivocaron tanto como nosotros, la gracia
está en que se supieron parar cada vez que cayeron. Para ser consciente de esto es muy útil estudiar
sus vidas, como lo hicimos en la tarea, porque nos hacemos conscientes de que fueron personas como
nosotros, con dudas, debilidades, pequeñeces, pero que a pesar de todo esto, están gozando ahora con
el Padre en el Cielo.
Tarea: Llevar impresos las dos versiones del Credo (de los apóstoles y el niceno-constantinopolitano).
Hacer Lectio divina de Génesis 1, 1-31
REUNIóN 3
CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO, CREADOR DEL CIELO Y DE LA
TIERRA, DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE (Gn 1, 1-31)
TAREA Comentar la tarea, ¿Qué fue lo que más les gustó de la santidad en pocas palabras? y hablar
de los credos. ¿Son distintos? ¿En qué se diferencian? ¿Se contradicen?
El credo En la historia del cristianismo, las manifestaciones de la fe han adquirido diferentes formas, en
símbolos y oraciones. Los primeros símbolos cristianos eran los pelícanos (que en esa época se creía
que en momentos de necesidad, se sacrificaban a ellos mismos para dar de comer a sus crías, tal como
Cristo hizo con nosotros) y los peces (en griego ICTUS: El acrónimo significa: Iēsoûs CHristós THeoû
hYiós Sōtér; “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”). Así también, a través de los distintos concilios, los
primeros cristianos, guiados por el Espíritu Santo, iban profundizando nuestra fe y trabajando en
símbolos que sintetizaran las creencias del cristianismo. Así lo muestran los siguientes puntos del
catecismo.
Ninguno de los símbolos de las diferentes etapas de la vida de la Iglesia puede ser considerado como
superado e inútil. Nos ayudan a captar y profundizar hoy la fe de siempre a través de los diversos
resúmenes que de ella se han hecho. Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy
particular en la vida de la Iglesia: El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es considerado con
justicia como el resumen fiel de la fe de los Apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de
Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho: “Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue
sede de Pedro, el primero de los apóstoles y a la cual él llevó la doctrina común” (San Ambrosio,
Explanatio Symboli, 7: PL 17, 1158D). El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla debe su gran
autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos (325 y 381). Sigue siendo
todavía hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente. 3 Es fundamental que
conozcamos nuestra fe, a qué adherimos cuando confirmamos nuestra fe, por ello ahora comenzamos
con el estudio del credo Niceno-constantinopolitano que es más explícito y desarrollado que el de los
apóstoles.
Creo en Dios Padre
Uno y Trino Los cristianos creemos en un Dios que es uno y trino, un solo Dios y tres personas ¿Qué
significa esto?, ¿Es que ahora me dicen que hay tres dioses? No, lo que sucede es que estas tres
personas poseen la misma naturaleza, la misma esencia, son LO mismo pero no son EL mismo. En el
caso de los dioses paganos, cada uno de ellos representa diferentes principios que incluso se
contradicen entre sí: uno es el dios del amor, otro de la guerra, uno de la muerte, otro de la vida. Estos
dioses compiten entre ellos y no forman una unidad. Por el contrario, las personas de la
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Santísima Trinidad, a pesar de que actúan de diferente manera en las personas y el mundo, poseen una
misma naturaleza, ellos tres son Amor, Verdad y Bien. Además forman una unidad, están en comunión.
¿Quiénes son Dios? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es bueno aclarar que las personas de la
Trinidad no comparten la divinidad, sino que cada uno de ellos es enteramente Dios. Tampoco que es
que cada uno de ellos sea modalidades del mismo Dios, no es que el creador tenga tres maneras
distintas de actuar, sino que son tres personas que actúan de diferente manera pero con igual
naturaleza.
¿Qué significa que Dios sea Padre?: que Dios es dador de vida, se preocupa de nosotros tal como lo
hace un papá, nos educa y entrega las herramientas para poder seguir a Jesús. “Veneramos a Dios
como padre por el hecho de que es el Creador y cuida con amor de sus criaturas. Jesús, el Hijo de Dios,
nos ha enseñado además a considerar a su Padre como nuestro Padre y a dirigirnos a Él como Padre
nuestro”4 Jesús nos dice:”7 Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. 8Porque
todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Quién de ustedes,
cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? 10 ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? 11 Si ustedes,
que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre de ustedes que está en el
cielo dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! “(Lc. 11. 7-11)
Existen dos grandes consecuencias de este hecho:
1. La paternidad de Dios, nos hace obligatoriamente sus hijos: desde este hecho innegable nace una
profunda espiritualidad de la Iglesia: la infancia espiritual, que no es otra cosa que la vivencia de la
relación padre-hijo con Dios. La patrona de esta corriente de vida de la Iglesia es Santa Teresita de
Lisieux. “No poseo valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuáles escoger,
reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y El siempre me
comprende”. Esta frase de santa Teresita ilustra muy bien como era su relación con Dios, como la de
alguien que se sabe pequeño, con su padre que lo conoce.
2. La paternidad de Dios es la que nos hace hermanos: somos todos hijos de un mismo Padre, es esto lo
que le da sentido a la fraternidad. Él nos hizo iguales en dignidad, y a todos nos ama de una forma
especial, en la medida en que vayamos al encuentro con el otro podemos descubrir el paso de Dios en
los demás y trabajar un auténtico espíritu de fraternidad, esto alimenta nuestra fe. Es por esto que el
cristianismo tiene una fuerte dimensión social, nuestra fe no tiene sentido si no la compartimos, y no
reconocemos que los demás son nuestros hermanos, que somos hijos del mismo Padre.
Todopoderoso, Creador del cielo, de la tierra, de todo lo visible y lo invisible De todos los atributos
divinos, sólo la omnipotencia de Dios es nombrada en el Símbolo: confesarla tiene un gran alcance para
nuestra vida. Creemos que esa omnipotencia es universal, porque Dios, que ha creado todo (cf. Gn 1,1;
Jn 1,3), rige todo y lo puede todo; es amorosa, porque Dios es nuestro Padre (cf. Mt 6,9); es misteriosa,
porque sólo la fe puede descubrirla cuando “se manifiesta en la debilidad” (2 Co 12,9; cf. 1 Co 1,18).
“Todo cuanto le place, lo realiza” (Sal 115, 3) Las sagradas Escrituras confiesan con frecuencia el poder
universal de Dios. Es llamado “el Poderoso de Jacob” (Gn 49,24; Is 1,24, etc.), “el Señor de los ejércitos”,
“el Fuerte, el Valeroso” (Sal 24,8-10). Si Dios es Todopoderoso “en el cielo y en la tierra” (Sal 135,6), es
porque Él los ha hecho. Por tanto, nada le es imposible (cf. Jr 32,17; Lc 1,37) y dispone de su obra según
su voluntad (cf. Jr 27,5); es el Señor del universo, cuyo orden ha establecido, que le permanece
enteramente sometido y disponible; es el Señor de la historia: gobierna los corazones y los
acontecimientos según su voluntad (cf. Est 4,17c; Pr 21,1; Tb 13,2): “El actuar con inmenso poder
siempre está en tu mano. ¿Quién podrá resistir la fuerza de tu brazo?” (Sb11, 21) 5. Dios es omnipotente,
no necesitaba a nadie, sin embargo decidió crearnos: ¿Por qué creen que creó al hombre? ¿Qué
significa haber creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza? Luego de escuchar las
respuestas de su grupo los monitores explican que Dios creó al hombre por amor. Él no necesita de
nosotros y, sin embargo, nos creó y nos amó.
El Génesis dice que Dios creó a nuestros primeros padres para que ‘dominaran’ la tierra y los demás
seres, para que ‘trabajaran el mundo’. El fin inmediato del hombre es, por lo tanto, transformar la tierra
con su inteligencia y su esfuerzo para colaborar con Dios en la realización de un mundo mejor.
Pero no le bastó solamente con crearnos, sino que quiso hacernos a Su imagen y semejanza. Esto
significa decir que nos dio un alma espiritual y facultades superiores, que son la inteligencia y la voluntad.
El tener un alma espiritual quiere decir que el hombre está hecho para la vida eterna y que es capaz de
crecer en interioridad como no lo hace ninguna otra criatura. Además, a través de nuestras facultades
espirituales somos capaces de conocer a Dios y escoger el bien.
De todas las criaturas visibles, solo el hombre es ‘capaz de Dios’. Solo el hombre puede amar y está
llamado a vivir con Dios en el cielo por toda la eternidad.
Pero el amor al que Dios nos llama no es un simple sentimiento. Las facultades superiores (inteligencia y
voluntad), que nos diferencian de las demás criaturas nos permiten elegir el bien al que Dios nos llama,
independientemente de que lo sintamos o no. El hombre al tener razón es capaz de mirarse con
objetividad y proyectarse sobre el futuro, lo que le permite tomar decisiones que no sean meramente
instintivas. Esto es muy importante ya
8
que solo cumpliendo la Voluntad de Dios y eligiendo el bien el ser humano consigue su felicidad temporal
y eterna.
Dios, el primero en nuestras vidas Tal y como hemos conversado a lo largo de esta reunión, la invitación
a darle a Dios el primer lugar en nuestras vidas no es una imposición o una obligación sin sentido, sino
que es un llamado a vivir en plenitud el fin para el que fuimos creados.
Esa pequeña satisfacción que sentimos cuando hacemos el bien no es otra cosa que la huella en nuestro
corazón de ese llamado.
Como decía San Agustín: “Nos hiciste Señor para ti y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse
en ti”.
“En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el
amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra
vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos
corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en
nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este «antes» de Dios puede
nacer también en nosotros el amor como respuesta”. 6
Tarea: Invitamos a que cada uno de los confirmandos haga una Lectio Divina con una de las siguientes
citas bíblicas: La anunciación (Lc 1, 26-38), la creación (Jn 1, 1-18), la predicación de san Juan Bautista
(Lc 3, 15-18).
Catecismo de la Iglesia Católica 4YouCat No37 5Catecismo de la Iglesia Católica 6Catecismo de la Iglesia Católica (n° 17)
3

REUNIóN 4
CREO EN UN SOLO SEÑOR, JESUCRISTO HIJO ÚNICO DE DIOS, NACIDO DEL
PADRE ANTES DE TODOS LOS SIGLOS (Jn 1, 1-18)
Tarea Es importante que hagan las preguntas que se plantean aquí, dejen un tiempo para que los
confirmandos puedan contestar y puedan hacer una reflexión grupal. Todas las lecturas con las que
rezaron tienen algo en común. ¿Qué es? En ellas está muy presente la segunda Persona de la Trinidad,
Jesús. ¿Cómo muestran a Jesús? En la lectura de la anunciación vemos que el ángel se le aparece a
María, y le revela el Plan de Dios, ella muy generosamente, acepta que Dios irrumpa en su vida y en el
mundo. A quien anuncia el ángel es a Jesús. Luego en la lectura de la creación, se nos habla del
“Verbo”, que se encarna, Jesús. Y también vemos en el anuncio del último profeta, Juan el Bautista, que
su predicación se enfoca completamente en la persona de Jesús, que es quien viene detrás de Él y es el
verdadero Mesías.
Verdadero Dios y verdadero Hombre. Es importante que les quede claro que Dios tiene dos
naturalezas.
“El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del Hijo de Dios no significa que
Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo
divino y lo humano. Él se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo
es verdadero Dios y verdadero hombre. La Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los
primeros siglos frente a unas herejías que la falseaban”7.
“Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único de Dios, en dos naturalezas, sin
confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda
suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y
confluyen en un solo sujeto y en una sola persona (DS 301-302)” 8.
Jesús histórico El nombre Jesús significa “Yahvé libera”, salva, ayuda9.
Jesús además de tener naturaleza divina, posee naturaleza humana. Esto quiere decir que nació en una
época determinada, dentro de una familia, cultura y sociedad características. A pesar de que es una
persona que efectivamente existió, los Evangelios contienen pocos detalles sobre su vida porque no
tienen un objetivo histórico, sino que pretenden mostrar las enseñanzas y las revelaciones de Jesús, dar
a entender que de verdad era el Hijo de Dios que se entregó por nosotros 10.
Nació en Belén pero era llamado el nazareno puesto que vivió allí con su familia hasta los 30 años. Esta
localidad no era muy estimada por los israelitas por lo que dudan que el Salvador pueda provenir de esa
ciudad. De hecho se preguntan: “¿De Nazaret puede venir algo bueno?” (Jn. 1, 45) 11.
9
Sus padres fueron María y José (padre adoptivo puesto que no participó en su concepción), quienes
permanecieron vírgenes y castos incluso después del nacimiento de Jesús. Ambos eran personas de
mucha oración, lo que les ayudó a cumplir la Voluntad de Dios y siempre estar en contacto con Él.
“Vivió en Galilea, una nación sometida por el imperio romano y con gran presencia de la cultura griega.
Es decir, vivió en un contexto multicultural, donde además de la existencia de diversos modos de
entender el mundo, cohabitaron muchas religiones, la mayoría de ellas paganas. En un mundo que está
acostumbrado a la presencia de muchos dioses, una religión que proclama la existencia de un solo Dios
Supremo es muy rupturista”12.
Por último, la cultura en la que vivió Jesús, se caracteriza por las grandes brechas sociales. Los pobres,
enfermos, niños, mujeres y viudas eran dejados al margen de la sociedad y no son considerados
importantes.
La actividad pública de Jesús –su anuncio del Reino- empezó a los 30 años, cuando tuvo lugar su
primera predicación en Nazaret, y se extendió por Galilea y Judea hasta la capital Jerusalén.
El Cristo de la fe Jesús fue ‘engendrado’ por el Espíritu Santo dentro del vientre de la Virgen María.
Esto quiere decir que no fue concebido fruto de una relación entre sus padres, sino que Dios mismo y
directamente lo hizo. “El que Jesús no tenga un padre terreno [en el sentido estricto] porque ha sido
engendrado ‘sin intervención de varón’, pone de relieve la verdad de que Él es Hijo de Dios, de modo
que cuando asume la naturaleza humana, su Padre continúa siendo exclusivamente Dios” 13.
A pesar de que fue engendrado, Dios quiso que Jesús naciera dentro de una familia humana, para que
“fuera en todo igual a nosotros, excepto en el pecado”(Heb. 4, 15) y porque “en la actuación del plan de
salvación hay siempre una participación de la criatura. Así en la concepción de Jesús por obra del
Espíritu Santo María participa de forma decisiva” 14.
Es nuestro Mesías o Cristo, es decir el ungido por Dios que viene a entregarse por la salvación de
nuestros pecados. Los judíos esperaban que el Mesías fuese un rey militar y político que los liberara de
la opresión del imperio romano. Sin embargo, Jesús aclara que su Reino no es de este mundo. El viene
para salvar las almas, no para ostentar el poder15.
“¿Para qué se encarnó Cristo? El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios [...].”El
Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo” (1 Jn 4, 14). “El se manifestó para quitar los
pecados” (1 Jn. 3, 5)”16. Esto era necesario porque producto del pecado original el hombre se encontraba
distanciado de Dios.
También vino Jesús al mundo para que “nosotros conociésemos
así el amor de Dios”: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su
Hijo único para que vivamos por medio de él” (1 Jn. 4, 9). “Porque tanto amó Dio s al mundo que dio a su
Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3, 16) 17.
El Verbo se encarnó para hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2 Pe. 1, 4) y pudiéramos ser hijos
de Dios de la misma manera que Él lo era18.
Cristo en mi vida Durante nuestra vida nos encontramos con muchas personas, a algunas las
conocemos más y tenemos una relación más profunda con ellas. Otras, pasan por nuestra vida y casi ni
las recordamos.
Reflexionemos: ¿Cómo ha sido mi encuentro personal con Jesucristo? ¿Cómo vivo este encuentro en los
sacramentos, en la comunidad, con los más necesitados? ¿Conozco a Jesús? La idea es que todos
puedan compartir sus experiencias de encuentro con Cristo.
Tarea Que cada uno investigue sobre el rosario: qué es, su historia, cómo se reza, etcétera, y que
traigan un rosario a la próxima reunión. Hacer Lectio divina de Lucas 1, 26-38
Catecismo de la Iglesia Católica (n° 464) 8Catecismo de la Iglesia Católica (n° 467) 9Cfr: S.S Juan Pablo II (14 de enero de 1987). Ciclo de
7

catequesis sobre Jesús. Audiencia General (n° 3). 10Cfr: S.S Juan Pablo II (14 de enero de 1987). Ciclo de catequesis sobre Jesús.

Audiencia General (n° 6). 11Cfr: S.S. Juan Pablo II (14 de enero de 1987). Ciclo de catequesis sobre Jesús. Audiencia General (n° 5). Cfr:
12

S.S. Juan Pablo II (14 de enero de 1987). Ciclo de catequesis sobre Jesús. Audiencia General (n° 5). S.S Juan Pablo II ( 28 de enero de
13

1987). Ciclo de catequesis sobre Jesús. Audiencia General (n° 7). 14S.S. Juan Pablo II (28, enero, 1987). Ciclo de catequesis sobre Jesús.
Audiencia General. (n° 9). 15Cfr: S.S Juan Pablo II. Ciclo de catequesis sobre Jesús. Audiencia General. (11 de febrero de 1987) (n° 9).

Catecismo de la Iglesia Católica (n° 457). 17Catecismo de la Iglesia Católica (n° 458). 18Cfr: Catecismo de la Iglesia Católica (n° 460).
16

10

REUNIóN 5
Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre (Lc 1,
26-38)
Tarea El Rosario es una oración que se ha hecho parte de la tradición en la Iglesia, al rezarlo se
conmemoran los misterios en la vida de Jesús. Existen 4 tipos de misterios: los gozosos (lunes y
sábados), dolorosos (martes y viernes), gloriosos (miércoles y domingo) y los luminosos (jueves). En
cada uno de estos misterios se rezan 5 episodios de la vida de Jesús. Su popularidad y desarrollo se dio
en el siglo XIII, cuando surgió el movimiento albigense Ante los enfrentamientos entre católicos romanos
y albigenses, Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los Predicadores (más conocidos como
dominicos), parece haber promovido en sus misiones el rezo de una forma primitiva del rosario. Al ser los
dominicos una orden de predicadores y estar siempre en medio del pueblo, su devoción se hizo popular,
generando la aparición de cofradías y grupos de devotos por doquier, junto con relatos de milagros que
acrecentaron su fama. Aunque la devoción decayó durante el siglo XIV, la orden de los Predicadores
siguió fomentándola. El beato Alano de la Roca fue el encargado de hacerla resurgir, tarea seguida por
Jacobo Sprenger, prior del convento de los dominicos en Colonia (Alemania). Para el siglo XVI ya estaba
con su forma manejada hoy: Contemplación de los “misterios”, Credo, Padre nuestro y Ave María como
oraciones principales y las cuentas o granos como medio de llevar la oración. El último gran cambio que
ha sufrido el rezo del rosario fue confirmado por S.S. Juan Pablo II, en la carta apostólica Rosarium
Virginis Mariae donde se agregan los misterios luminosos.
“La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un
modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza
humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la
asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de
algún modo en Él ya en la anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses
sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén,
sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le
acostó en un pesebre» (Lc 2,7)”19 Por lo que contemplar a María, significa también contemplar a Cristo.
El fiat de María A continuación leeremos la lectura en que el ángel se le aparece a Zacarías y le
anuncia el embarazo de Santa Isabel, y posteriormente leeremos la lectura del mismo capítulo del
evangelio de san Lucas en que en ángel se le aparece a María. Luego estableceremos un paralelo entre
la respuesta de Zacarías al ángel, y la respuesta de María. Les recomendamos que turnen las lecturas
ya que son relativamente largas.
11
El anuncio a Zacarías (Lc 1, 5-25)
“5 En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de
Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. 6 Ambos eran justos a los ojos de Dios y
seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. 7 Pero no tenían hijos,
porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. 8 Un día en que su clase estaba de turno y
Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, 9 le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica,

entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. 10 Toda la asamblea del pueblo permanecía

afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a
11

la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. 13 Pero el Ángel
12

le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que
llamarás Juan. 14 El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento,
15
porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu
Santo desde el seno de su madre, 16 y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. 17 Precederá
al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los
rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto». 18 Pero
Zacarías dijo al Ángel: « ¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de
edad avanzada». 19 El Ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido
enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. 20 Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día
en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido
tiempo». 21 Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto
tiempo en el Santuario. 22 Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido
alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque había quedado mudo. 23 Al cumplirse el
tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. 24 Poco después, su esposa Isabel concibió un
hijo y permaneció oculta durante cinco meses. 25 Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor ha hecho por mí,
cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres»”.
Reflexionemos: ¿Cómo es la respuesta de Zacarías al ángel? ¿Cómo responderíamos nosotros si nos
pasara lo mismo?
El anuncio a María (Lc 1, 26-38)
“26 En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a
una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José.
El nombre de la virgen era María. 28 El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de
gracia, el Señor está contigo». 29 Al oír estas palabras, ella
quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. 30 Pero el Ángel le dijo: «No
temas, María, porque Dios te ha favorecido. 31 Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre
Jesús; 32 él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su
padre, 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». 34 María dijo al Ángel:
«¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». 35 El Ángel le respondió: «El
Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será
Santo y será llamado Hijo de Dios. 36 También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la
que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, 37 porque no hay nada imposible para
Dios». 38 María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y
el Ángel se alejó”.
Reflexionemos: ¿Cómo es la respuesta de María? ¿En qué se parece a la de Zacarías y en qué no?
En este Evangelio presenciamos el quiebre en la historia del pueblo de Israel, y de toda la humanidad. La
virgen al aceptar la Voluntad de Dios, se ha hecho la mayor colaboradora del plan de Dios, ha cambiado
por completo la historia, pues generosamente ha aceptado traer al mundo a Cristo. “Dios Padre entregó
su Unigénito al mundo solamente por medio de María. Por más suspiros que hayan exhalado los
patriarcas, por más ruegos que hayan elevado los profetas y santos de la antigua ley durante 4000 años
a fin de obtener dicho tesoro, solamente María lo ha merecido y ha hallado gracia delante de Dios por la
fuerza de su plegaria y la elevación de sus virtudes. El mundo era indigno, dice san Agustín, de recibir al
Hijo de Dios inmediatamente de manos del Padre, Quien lo entregó a María para que el mundo lo
recibiera por medio de Ella.”20 “Tenemos una madre en el cielo. Al estar en Dios y con Dios, María está
cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede
ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como “madre”- así lo dijo el Señor-, a la que
podemos dirigirnos en cada momento”21
En distintos pasajes del Evangelio podemos vislumbrar ciertas características que hacen de la Virgen
María una persona imitable, y querida por todos los cristianos:
Antes de hablar de las características pregúntenles a los confirmandos qué características se les
ocurren. Se puede hablar mucho sobre las virtudes de María, las 5 que se enumeran acá son solo
algunas.
Características de María22
Fe “Su fe es una fe audaz que, en la anunciación, cree lo humanamente imposible, y en Caná impulsa a
Jesús a realizar su primer milagro, provocando la manifestación de sus poderes mesiánicos (cfr. Jn. 2,
15).
12
María educa a los cristianos para que vivan la fe como un camino que compromete e implica, y que en
todas las edades y situaciones de la vida requiere audacia y perseverancia constante”.
Dócil a la Voluntad de Dios “Creyendo en la palabra de Dios, pudo acogerla plenamente en su existencia,
y, mostrándose disponible al soberano designio divino, aceptó todo lo que se le pedía de lo alto. Así, la
presencia de la Virgen en la Iglesia anima a los cristianos a ponerse cada día a la escucha de la palabra
del Señor, para comprender su designio de amor en las diversas situaciones diarias, colaborando
fielmente en su realización”.
Silencio “María transmite al pueblo creyente este silencio- acogida de la palabra, esta capacidad de
meditar en el misterio de Cristo. En un mundo lleno de ruidos y de mensajes de todo tipo, su testimonio
permite apreciar un silencio espiritualmente rico y promueve el espíritu contemplativo”.
Humildad “Todos exigen normalmente, y a veces incluso pretenden, poder valorizar de modo pleno la
propia persona y las propias cualidades. Todos son sensibles ante la estima y el honor. Los Evangelios
refieren muchas veces que los Apóstoles ambicionan los primeros puestos en el Reino, que discutían
entre ellos quién era el mayor y que, a este respecto, Jesús debió darles lecciones sobre la necesidad de
la humildad y del servicio. María, por el contrario, no deseó nunca los honores y las ventajas de una
posición privilegiada, sino que trató siempre de cumplir la voluntad divina, llevando una vida según el
plan salvífico del Padre”.
Compasión “Esta compasión no consiste solo en una ayuda eficaz y concreta ante las miserias
materiales y morales de la humanidad. La Iglesia, siguiendo a María, está llamada a tener su misma
actitud con los pobres y con todos los que sufren en esta tierra”.
Dogmas Marianos Los dogmas son verdades de fe que exigen nuestra adhesión y que tienen su
origen en Dios. La Iglesia Católica reconoce estas verdades y las enseña a sus fieles, para que las
guarden en el corazón y las trasmitan de generación en generación.
La Maternidad Divina (Theotokos El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen
María es verdadera Madre de Dios. Fue solemnemente definido por el Concilio de Éfeso (año 431). El
Concilio Vaticano II hace referencia a este dogma así: “Desde los tiempos más antiguos, la
Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con
sus súplicas en todos sus peligros y necesidades”23 María engendró el cuerpo de Jesús, en el que Dios
infundió el alma, y en el mismo instante, a ese cuerpo y alma, se unió la Segunda Persona de la
Santísima Trinidad: el Verbo. María llevó en su seno a Jesucristo, con su cuerpo, su alma y su Divinidad,
durante nueve meses. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).
La Inmaculada Concepción El dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue
concebida sin mancha de pecado original. Éste fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de
1854, en la Bula Ineffabilis Deus.
“Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la bienaventurada virgen María
fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de la concepción por
singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del
género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los
fieles”24. La Virgen María nació sin pecado original, y por lo tanto en su vida no había ninguna huella de
maldad. Por eso se le puede llamar la Purísima. Esto es un regalo del mismo Dios, que preparó a su
madre preservándola de pecado. Se puede decir entonces, que por los méritos de Cristo, de quien viene
toda la salvación, la Virgen es la primera redimida, la primera salvada. Cristo no quiso que fuera
contaminada con el pecado ni siquiera al momento de ser concebida. Él no quiso que María esperara
hasta que naciera Jesús y muriera en la cruz, sino que adelantó su gracia salvadora en el tiempo, para
que su madre estuviera libre de todo mal.
El primer indicio que podemos hallar de esta verdad lo encontramos en el saludo del arcángel San
Gabriel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”, o bien, cuando la Virgen se presenta ante
Bernardita en la aparición de Lourdes, le dice “Yo soy la Inmaculada Concepción”.
No hay que creer, sin embargo, que la santidad de María hizo para ella fácil la respuesta... María
paulatinamente fue comprendiendo los caminos que Dios había escogido para cumplir su plan de
salvación. Recordemos además que, Eva también nació sin mancha y, sin embargo, pecó.
13
La perpetua virginidad El dogma de la Perpetua Virginidad se refiere a que María fue Virgen antes,
durante y perpetuamente después del parto. La Iglesia afirma este Dogma desde el Credo compuesto
por los Apóstoles. El Catecismo de la Iglesia Católica habla de este dogma:
“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y
perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo
“lejos de disminuir consagró la integridad virginal” de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María
como la ‘Aeiparthenos’, la ‘siempre-virgen”25.
¿Por qué Dios quiso nacer de una virgen? ¿Acaso es mala la relación de los esposos como para que
Dios no hubiera querido nacer así? Nada de eso. Dios quería que la Encarnación se produjera de una
Joven virgen tal como había sido anunciado por los profetas, como un signo claro de que este niño
nacido en Belén era el Mesías. Por otro lado, hay una enseñanza que recorre toda la Sagrada Escritura y
es que Ella tuvo toda la disposición para que Dios solo actuara.
La Asunción El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue
elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1o de
noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:
“Con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la
nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada
Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y
alma a la gloria del cielo”26.
Por último, debemos destacar que Dios quiso que María fuese madre nuestra. De hecho, Jesucristo nos
la dio como Madre; al pie de la Cruz, Jesús le dijo a San Juan (representando a todos los hombres): “Ahí
tienes a tu Madre”. Si bien Ella está en cuerpo y alma en el Cielo, nos escucha, nos cuida y nos quiere.
Tarea Investigar sobre los personajes de la pasión de Jesús: Simón de Cirene, Caifás, Cleofás, Poncio
Pilato, Ma Magdalena, Nicodemo, Herodes, san Juan, san Pedro, José de Arimatea, ladrones
crucificados, centuriones romanos, Verónica (personaje de la tradición, no bíblico). Hacer Lectio divina de
Jn 19 Además que se les mofive a ver la película de la Pasión de Cristo (verla de nuevo los que ya la
han visto, o por primera vez si no la han visto antes). Se les puede mostrar este trailer: http://www.
youtube.com/watch?v=wfUt_o3uL8U
No10. Carta Apostólica: Rosarium virginis mariae, S.S. Juan Pablo II (2002) 20No16. Tratado de la verdadera devoción, Luis Maria Grignion
19

de Montfort. 21S.S. Benedicto XVI (15/08/2005). 22S.S. Juan Pablo II (22 de Noviembre de 1995). Audiencia General. 23Constitución

Dogmática Lumen Gentium (n° 66). 24S.S. Pio IX. Bula Ineffabilis Deus 25Catecismo de la Iglesia Católica (n° 499). 26S.S. Pio XII (1950).

Munificentíssimus Deus.
14

REUNIóN 6
PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO, FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y
SEPULTADO. (Jn 19)
Tarea Cada participante debe contarle al resto sobre el personaje de la Pasión que le tocó investigar.
Luego, tomando lo que cada uno dijo, entre todos pueden hacer un resumen de la Pasión, guiado por los
monitores (pueden hacerlo basándose en la película o las partes del Evangelio que conozcan).
Isaías y la Pasión de Jesús El episodio más sobrecogedor de la vida de Cristo es sin duda su
Pasión, Muerte y Resurrección, un gran misterio de amor. Por los Evangelios conocemos detalles de las
últimas horas antes de que Jesús se entregase para salvarnos, como la traición de Judas, el juicio ante
el Sanedrín, la flagelación, la sentencia de muerte y el camino al Gólgota con la cruz a cuestas.
Los invitamos a reflexionar lo anterior desde las profecías de Isaías -que hablan sobre muchos
momentos de la vida de Jesús, sus padecimientos y su glorificación-, poniendo atención específicamente
en el llamado “Cuarto canto del Siervo de Yahveh”, que en palabras del Papa Juan Pablo II, “si bien
están escritos muchos siglos antes de Cristo, sirven de modo sorprendente para la identificación de su
figura, especialmente en cuanto a la descripción del Siervo de Yahvéh sufriente: un cuadro tan justo y fiel
que se diría que está hecho teniendo delante los acontecimientos de la Pascua de Cristo.”
Sufrimientos y triunfo del Siervo del Señor (Is 52, 13-15, 53)
“13Mi siervo tendrá éxito, será levantado y puesto muy alto. 14 Así como muchos se asombraron de él, al
ver su semblante, tan desfigurado que había perdido toda apariencia humana, 15 así también muchas
naciones se quedarán admiradas; los reyes, al verlo, no podrán decir palabra, porque verán y entenderán
algo que nunca habían oído.

¿Quién va a creer lo que hemos oído? ¿A quién ha revelado el Señor su poder? El Señor quiso que su
2
1

siervo creciera como planta tierna que hunde sus raíces en la tierra seca. No tenía belleza ni esplendor,
su aspecto no tenía nada atrayente; 3los hombres lo despreciaban y lo rechazaban. Era un hombre lleno
de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo
tuvimos en cuenta. 4Y sin embargo él estaba cargando con nuestros sufrimientos, estaba soportando
nuestros propios dolores. Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que lo había castigado y
humillado. 5Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras
maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos salud.
6Todos nosotros nos perdimos como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, pero el Señor cargó
sobre él la maldad de todos nosotros. 7Fue maltratado, pero se sometió humildemente, y ni siquiera abrió
la boca; lo llevaron como cordero al matadero, y él se quedó callado, sin abrir la boca, como una oveja

cuando la trasquilan. 8Se lo llevaron injustamente, y no hubo quien lo defendiera; nadie se preocupó de su
destino. Lo arrancaron de esta tierra, le dieron muerte por los pecados de mi pueblo. 9Lo enterraron al
lado de
15
hombres malvados, lo sepultaron con gente perversa, aunque nunca cometió ningún crimen ni hubo
engaño en su boca.
10El Señor quiso oprimirlo con el sufrimiento. Y puesto que él se entregó en sacrificio por el pecado, tendrá
larga vida y llegará a ver a sus descendientes; por medio de él tendrán éxito los planes del Señor.
11
Después de tanta aflicción verá la luz, y quedará satisfecho al saberlo; el justo siervo del Señor liberará
a muchos, pues cargará con la maldad de ellos. 12Por eso Dios le dará un lugar entre los grandes, y con
los poderosos participará del triunfo, porque se entregó a la muerte y fue contado entre los malvados,
cuando en realidad cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.”
El texto anterior es impresionante. Isaías parece ver con sus propios ojos la Pasión de Cristo, tanto en su
dimensión corporal como espiritual, a pesar de haberlo anunciado 6 siglos antes de su venida. Habla de
un hombre familiarizado con el sufrimiento, que fue menospreciado por los hombres y que aún así cargó
con nuestros dolores y fue castigado, abatido, herido y traspasado por nuestras ofensas, curándonos con
sus llagas. Es posible encontrar en este relato cada episodio de la Pasión de Jesús: la detención, la
humillación, las bofetadas, el juicio injusto, la flagelación, la coronación de espinas, la crucifixión y la
agonía...
Se ve así la tremenda dimensión del sufrimiento de Cristo, que inocentemente carga con los pecados de
todos los hombres de todos los tiempos, en profundidad (gravedad) y en extensión (número). El
sufrimiento de Jesús en la Pasión tiene dimensiones humanas, pero de profundidad e intensidad únicas,
ya que Él es Dios, por lo que así como su amor es infinito, también lo es su sufrimiento. Y es que sólo
hay una diferencia entre el sufrimiento que padecemos todos los humanos en la tierra y el sufrimiento
que significó para Cristo su Pasión y Muerte: que “en esa cruz no fue clavada una persona, sino que en
ella murió el amor mismo, el Hijo de Dios hecho hombre”
¿Por qué y para qué murió Jesús en la cruz? Jesús fue a morir libremente. Él y el Padre así lo
querían. Pero, ¿por qué? Siempre se dice que fue por amor a nosotros, para redimirnos mediante su
pasión, pero ¿qué quiere decir esto? Jesús padeció por todo nuestro odio, maldad, crímenes, impureza,
egoísmos, soberbia, tibieza y falta de amor. Jesús padeció por tiy por mí. Es sobrecogedor tomar
conciencia de eso. De que cada pecado cometido, cada desobediencia al Padre, han sido un latigazo
más para Jesús en su flagelación, un insulto más en su camino al Calvario, una llaga más en sus
misericordiosas manos. Como decía San Francisco de Asís: “Y los demonios no son los que le han
crucificado; eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, cuando te deleitas
en los vicios y en los pecados”. El Catecismo es muy claro al respecto: “Debemos considerar como
culpables de esta horrible falta a los que continúan recayendo en sus pecados. Ya que son las malas
acciones las que han hecho sufrir a nuestro Señor Jesucristo el suplicio de la cruz, sin ninguna duda los
que se sumergen en los desórdenes y en el mal “crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le
exponen a pública infamia (Hb 6, 6).”
Y ¿para qué lo hizo? Lo hizo porque su muerte “es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la
redención definitiva de los hombres por medio del “cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29) y el
sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios, reconciliándole con Él por
la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados”.
“Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios. Ante todo es un don
del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos consigo. Al mismo tiempo es
ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor, ofrece su vida a su Padre por medio
del Espíritu Santo, para reparar nuestra obediencia.”
Y eso sólo podía hacerlo Él. “Ningún hombre, aunque fuese el más santo, estaba en condiciones de
tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerse en sacrificio por todos. La existencia en
Cristo de la persona divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas
humanas, y que constituye la Cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio redentor por
todos”.
Podemos decir entonces que el sufrimiento de Cristo es un sufrimiento “sustitutivo”, en el sentido de que
lo padece en vez de nosotros, y redentor, ya que quita el pecado del mundo.
El sentido del sufrimiento humano “La experiencia nos enseña –y no es necesario trabajar en un
hospital para descubrirlo- que el dolor o sufrimiento constituye un fenómeno universal que acompaña al
hombre a lo largo y ancho de la historia [...]. Efectivamente, ningún hombre escapa a la experiencia del
dolor. Su realidad es tan común como misteriosa. El dolor comienza con la vida (las angustias de la
mujer en el parto y los llantos del recién nacido son sólo el preludio) está presente a lo largo de todo su
desarrollo y termina sólo con la muerte. Afortunadamente no suele ser continuo, sino que suele aparecer
con intervalos. Como dice San Juan Crisóstomo ‘Dios mezcla trabajos y dulzuras... ni los peligros ni los
consuelos nos los da de continuo’”
“No hay ningún hombre que no sufra. ‘Obviamente el dolor, sobre todo físico, está ampliamente difundido
en el mundo de los animales. Pero solamente el hombre, cuando sufre, sabe que sufre y se pregunta por
qué; y sufre de manera humanamente más profunda, si no encuentra una respuesta satisfactoria’ .”.
Pero, ¿por qué debemos nosotros aceptar el sufrimiento en nuestra vida y así “cargar con la cruz” y
seguir a Jesús? “La Cruz es el sacrificio de Cristo, ‘único mediador entre Dios y los hombres’ (1 Tm 2, 5).
Pero, porque en su Persona divina encarnada, ‘se ha unido en cierto modo todo con el hombre’, Él
‘ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida, se asocien a este misterio
pascual’. Él llama a sus discípulos a ‘tomar su cruz y seguirle’, porque Él ‘sufrió por nosotros, dejándonos
ejemplo para que sigamos sus huellas’. Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos
mismos que son sus primeros beneficiarios.”
Dios no creó el sufrimiento -“por el pecado entró el mal en el
16
mundo” (Cf. Rom 5, 12)-. Pero tampoco quiso eliminar el dolor, sino que prefirió vencerlo, y lo hizo en la
cruz. Los cristianos no tenemos que andar buscando el dolor, pero cuando éste se enfrente y no
podamos evitarlo, podemos darle sentido si lo unimos al dolor de Cristo.
Como cristianos, estamos llamados a mitigar el dolor del mundo a través del compartir el amor que de
Dios hemos recibido. Sin embargo, siempre habrá dolor, eso es algo que no podemos cambiar. Lo que sí
podemos hacer es aceptar en la fe nuestro propio dolor y compartir el ajeno. Así, el dolor humano se
hace uno con el amor redentor de Cristo. Lo decía San Juan Pablo II: “Llevando a efecto la redención
mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención.
Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento
redentor de Cristo.”
El sufrimiento es permitido por Dios para purificarnos, para probar nuestra capacidad de amar.
Recordemos siempre que Dios es Padre, y como tal, nos dará la fuerza para todo lo que nos pida. Vivir el
sufrimiento con Cristo no quita el dolor físico ni moral, pero sí quita la angustia y la desesperación, y hace
sobrevenir la paz como don de Dios al alma.
Así, el dolor nunca debe separarse del amor, que mitiga el sufrimiento y lo eleva. El dolor es un
sufrimiento sólo cuando no hay amor, pero se convierte en sacrificio cuando se une el amor y el dolor.
Dios, con la cruz, no quitó el sufrimiento del mundo, pero lo llenó para siempre de sentido.
Tarea Los invitamos a averiguar el significado de cada una de las siguientes palabras: novísimos,
escatología, apocalipsis, resurrección, parusía y encarnación. Hacer una Lectio divina de Lucas 24, 1-12
S.S. Juan Pablo II (Miércoles 25 de febrero de 1987) Audiencia general. 28“El siervo sufriente de Isaías”. Disponible en:
27

http://es.catholic.net/ escritoresactuales/524/1319/articulo.php?id=12865 29“El siervo sufriente de Isaías”. Disponible en: http://es.catholic.net/

escritoresactuales/524/1319/articulo.php?id=12865 30Youcat para la Confirmación, no 5.1, p. 39. 31Les recomendamos revisar el siguiente

link: http://hjg.com.ar/sumat/d/c46.html#a1 32Catecismo de la Iglesia Católica (no 598) 33Catecismo de la Iglesia Católica (no 613)

Catecismo de la Iglesia Católica (no 614) 35Catecismo de la Iglesia Católica (no 617) 36Monge Sánchez, Miguel Ángel y León Gómez, José
34

Luiz (1998). El sentido del sufrimiento. Madrid: Ediciones Palabra, S.A. (p.10). 37S.S. Juan Pablo II (11 de febrero de 1984). Carta Apostólica

Doloris Salvifici. Roma (no9). 38Monge Sánchez, Miguel Ángel y León Gómez, José Luiz (1998). El sentido del sufrimiento. Madrid: Ediciones

Palabra, S.A. (p.10). 39Catecismo de la Iglesia Católica (no618) 40Youcat (no102) 41S. S. Juan Pablo II (11 de febrero de 1984). Carta

Apostólica Doloris Salvifici.

REUNIóN 7
DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS Y AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS
MUERTOS (Lc 24, 1-12)
Tarea Que cada integrante diga el significado de una de las palabras que tenían que averiguar y
comenten entre todos lo que entienden por cada una de ellas.
A continuación les proponemos algunas definiciones para que les sirvan de base a la discusión de la
tarea. Para más detalles, les recomendamos visitar: http://bibliotecacatolicadigital.org/GET/ cartel-
enciclopedia.htm http://ec.aciprensa.com/wiki/Not-Ny#. UyUfQlF5P9s:
- Novísimos: Corresponde a la rama de la teología que trata sobre las cosas que acaecerán al hombre al
final de su vida terrenal, es decir: la muerte, el juicio, el infierno, el purgatorio, el cielo. - Escatología: La
palabra viene del griego “escato” (último) y “logos” (ciencia). Se trata de la rama de la teología que se
dedica al estudio de la doctrina de las últimas profecías en relación al fin del mundo. En un sentido
bíblico, podemos entenderla como las enseñanzas de Jesús sobre las “últimas cosas.” - Apocalipsis: La
palabra “apocalipsis” viene del griego que significa “develar”, “quitar el velo”. De esta forma, corresponde
al llamado “libro de la revelación”, el último libro del Nuevo Testamento y que fue escrito por San Juan
hacia los años 90-95. Este escribió una serie de visiones en un lenguaje vivo, lleno de imágenes (al cual
se denomina “apocalíptico”, y que aparece ya en el libro de Daniel, en el Antiguo Testamento). El gran
mensaje del libro es que Dios es el soberano que lo domina todo y que Jesús es el Señor de la historia.
Al fin de los tiempos, Dios, por medio de Cristo, derrotará a todos sus enemigos, mientras que el pueblo
fiel será recompensado en un nuevo cielo y en una nueva tierra. 42 - Resurrección: Significa “levantarse”,
“alzarse”, volver a la vida habiendo pasado por la muerte. “La resurrección de Jesús es la verdad
culminante de nuestra fe en Cristo, y representa, con la Cruz, una parte esencial del Misterio pascual.” 43 -
Parusía: significa “manifestarse”, “hacerse presente”, y hace referencia a la segunda venida de Cristo al
mundo. - Encarnación: “La Iglesia llama “Encarnación” al Misterio de la unión admirable de la naturaleza
divina y la naturaleza humana de Jesús en la única Persona divina del Verbo. Para llevar a cabo nuestra
salvación, el Hijo de Dios se ha hecho “carne” (Jn 1, 14), haciéndose verdaderamente hombre.” 44
Jesucristo descendió a los infiernos El Nuevo Testamento hace frecuentes afirmaciones de que
Jesús “resucitó de entre los muertos” (Hch 3,15; Rm 8,11; 1 Co 15,20), lo que presupone su
permanencia en la morada de los muertos antes de su resurrección. Esto significa, a su vez, que Jesús
conoció la muerte como todos los hombres, y que se reunió con los muertos
17
en su morada. Mas, no los acompañó como un ser humano más, sino que descendió como Salvador,
proclamando la Buena Noticia a los espíritus buenos que en ese lugar se encontraban. 45
No obstante, al hablar de “los infiernos”, no nos referimos al infierno como hoy en día lo entendemos,
como un lugar de condenación, sino que nos referimos al “Seol”, que es el lugar o reino de los muertos
(similar al Hades), en el que se encontraban todos sin excepción, tanto justos como pecadores.
Los infiernos, distintos del infierno de la condenación, constituyen el estado de todos aquellos, justos e
injustos, que habían muerto antes que Cristo. Con el alma unida a su persona divina, Jesús tomó en los
infiernos a los justos que aguardaban a su Redentor para poder acceder finalmente a la visión de Dios.
Después de haber vencido, mediante su propia muerte, a la muerte y al diablo “que tenía el poder de la
muerte (Hb 2, 14), Jesús liberó a los justos, que esperaban al Redentor, y les abrió las puertas del cielo. 46
De esta manera, además, “hasta a los muertos les ha sido anunciada la Buena Nueva” ( 1 P 4,6).
La resurrección “El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los
aromas que habían preparado, y encontraron la piedra del sepulcro retirada a un lado. Entraron, pero no
encontraron al cuerpo del Señor Jesús. Estaban sin saber qué hacer cuando dos hombres se
presentaron ante ellas con ropas deslumbrantes. Llenas de miedo, hicieron una profunda reverencia.
Ellos les dijeron: ‘¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado.
Recuerden lo que les dijo cuando estaba en Galilea. Que el Hijo del Hombre debía ser entregado en
manos de pecadores, que iban a crucificarlo y que resucitaría al tercer día”.( Lc 24,1-8)
Como nos cuentan los evangelios, Jesús fue crucificado y murió en la cruz. Su cuerpo fue envuelto en
sábanas y llevado a un sepulcro. Cuando las mujeres fueron a verlo, se encontraron con el sepulcro
vacío, y aunque al principio no entendían qué pasaba y estaban asustadas, luego comprendieron que el
Señor había resucitado.
Pero, ¿qué significa esto y qué sentido tiene? “la Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida
terrena, como en el caso de las resurrecciones que Él había realizado antes de Pascua: la hija de Jairo,
el joven de Naím, Lázaro. Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas
por el milagro volvían a tener, por el poder de Jesús, una vida terrena ‘ordinaria’; en cierto momento
volverían a morir. La Resurrección de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa
del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio”. 47
“La Resurrección constituye ante todo la confirmación de lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las
verdades, incluso las más
inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba
definitiva de su autoridad divina según lo había prometido.” 48 Además, la Resurrección confirma la
divinidad de Cristo.49
El sentido de todo esto es doble: por medio de su muerte Jesús nos liberó del pecado, y mediante su
Resurrección nos abrió el paso a una nueva vida. Esta justificación nos devuelve a la gracia de Dios,
para que nosotros también vivamos una nueva vida.50
La resurrección de Cristo es el hecho central de nuestra fe, es la verdad culminante, y representa un
misterio que a veces, con nuestras limitadas capacidades humanas, nos cuesta comprender. Con ella, ya
no nos cabe dudas de que todo lo que Cristo nos dijo durante su vida terrenal es verdad, ya no nos
quedan dudas de que Él es Dios, que todo lo puede, y que nos ama tan infinitamente que se entregó a sí
mismo para salvarnos de nuestros propios pecados. Como decía San Pablo en su carta a los corintios,
“si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe”.( 1 Co 15, 14) El Papa
Benedicto XVI también lo decía: “el acontecimiento de la Muerte y Resurrección de Cristo es el corazón
del cristianismo, el punto central que sostiene nuestra fe, el impulso poderoso de nuestra certeza, el
viento fuerte que aleja todo miedo y toda inseguridad, toda duda y todo cálculo humano”. 51
Con su resurrección, Cristo le devolvió la esperanza a la humanidad, esperanza que estaba perdida por
las consecuencias del pecado original. La resurrección de Cristo nos abre las puertas del cielo y nos
permite el reencuentro con el Padre en la vida eterna. ¡Qué maravilloso regalo nos ha dado, y sólo
porque nos ama hasta el extremo! ¿Cómo podríamos estar tristes, si sabemos esta Buena Nueva?
Dietrich Bonhoeffer, un teólogo evangélico que luchó en la resistencia contra Hitler, y que fue asesinado
en un campo de concentración, decía “quien conoce la Pascua no puede desesperar”.
Nosotros también resucitaremos Así como Cristo, todos los hombres que han muerto resucitarán
al final de los tiempos. “Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el
mal, para la condenación” (Jn 5, 29)
Como Cristo resucitó con su propio cuerpo, a pesar de no haber vuelto a la vida terrenal, del mismo
modo, todos resucitarán en Él con su propio cuerpo.
La vida eterna Los cristianos, que unimos nuestra propia muerte a la de Jesús, vemos la muerte como
un paso que nos lleva hacia Él y es a la vez la entrada a la vida eterna. 52 Por vida eterna entendemos la
vida que comienza inmediatamente después de la muerte de nuestro cuerpo acá en la tierra. Esta vida
no tendrá fin, y será precedida
18
por un juicio particular y el juicio final.53
Juicio particular y juicio final Aunque poco conocemos acerca de lo que nos pasará cuando
muramos, sabemos que nos veremos enfrentados a dos juicios, uno particular, al morir, y otro final, en el
que toda la humanidad será juzgada por sus obras al final de los tiempos.
El juicio particular es “el juicio de retribución inmediata, que, en el momento de la muerte, cada uno
recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el
acceso a la felicidad del cielo, inmediatamente o después de una adecuada purificación, o bien de la
condenación eterna al infierno.54
Por su parte, el juicio final será universal, para toda la humanidad en forma simultánea, todos juntos
delante de Cristo, y consistirá en la sentencia final entre una vida bienaventurada en el cielo junto al
Padre o la condena eterna del infierno, que Jesús emitirá respecto “de los justos y de los pecadores”
(Hch 24,15). Tras el juicio final, el cuerpo resucitado participará de la retribución que el alma ha recibido
en el juicio particular.55 Todo esto sucederá cuando ocurra el fin del mundo, del que sólo Dios conoce el
día y la hora.56 Nosotros no sabemos cuándo ocurrirá, ya que Cristo no nos lo quiso revelar, sino que sólo
insistió en que estuviéramos siempre preparados para recibirle con el alma bien dispuesta.
El juicio final no cambiará en nada la sentencia establecida por Dios en el juicio particular, pero servirá
para que resplandezca la sabiduría y la justicia divina, para premio de los buenos y castigo de los malos.
Ante Cristo, que es la Verdad, será puesto al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada
hombre con Dios, revelando hasta las últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho –bueno o
malo- o haya dejado de hacer durante su vida en la tierra. 57
Jesús también advirtió a la gente de su tiempo: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria
acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas
delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas
de los cabritos.
Pondrá las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha:
‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación
del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y
me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mí’.
Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; o
sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y
acudimos a Ti?’ Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos
más pequeño, a mi me lo hicisteis. Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí,
malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de
comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me
vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te
vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ Y Él
entonces responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más
pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán estos a castigo eterno, y los justos a una vida
eterna.”(Mt 25, 31- 46.)
El infierno En los evangelios podemos ver, en distintos pasajes, que Jesús anunció muchas veces
cómo “enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de la iniquidad (...), y los arrojarán al
horno ardiendo.”(Mt 13, 41-42) Así, a lo largo de las Escrituras, se habla del infierno como un lugar de
fuego eterno, de sufrimiento, “donde habrá llanto y rechinar de dientes” (Mt 13, 50).
Pero, ¿qué es el infierno? El Catecismo lo deja muy claro, cuando dice que el infierno “consiste en la
condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena
principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre
la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.” 59 En otras palabras, lo que se
designa como infierno es el “estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los
bienaventurados”59.
Hay que tener muy claro que Dios, que es infinitamente bueno y misericordioso, no quiere que nosotros
seamos condenados al fuego eterno. No obstante, respeta nuestra libertad, y con tristeza ratifica el juicio
si es que nosotros no hemos obrado en la tierra conforme a sus enseñanzas y al amor. De esta manera,
la condenación eterna no puede ser atribuida a la iniciativa de Dios, ya que en su misericordioso corazón
no hay más que deseos de salvación para sus creaturas. No, es la creatura misma la que se cierra al
amor de Dios y no acepta su misericordia, alejándose de Dios. Precisamente en esto consiste el infierno,
en el alejamiento definitivo de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre
esa opción. La sentencia que Dios nos da en el juicio, no hace más que ratificar ese estado elegido por el
hombre mismo.60
Por otro lado, las constantes alusiones que se hace al infierno en las Sagradas Escrituras no pretenden
ser una amenaza, sino un “llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su
libertad en relación con su destino eterno” 61. Además, es un llamado urgente a la conversión: “Entrad por
la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que
19
lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el
camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran.”(Mt 7, 13-14)
El purgatorio La palabra “purgar” significa, limpiar o purificar alguna cosa, eliminando lo que se
considera malo o perjudicial. De este mismo modo, la Iglesia llama “purgatorio” a la purificación final de
los elegidos, que es completamente diferente del castigo que reciben los condenados en el infierno. 62 Así,
el purgatorio sería un estado transitorio de limpieza y purificación del alma. Los pecados, luego de ser
perdonados en la confesión, van dejando una huella en el alma que afecta su transparencia,
constituyendo un estorbo para la entrada a la felicidad eterna que es el cielo. Es por esto que, a pesar de
morir en gracia de Dios, necesitamos una especie de “definitiva limpieza” antes de ir con Él al cielo, ya
que sabemos que “no entrará en ella ninguna cosa inmunda” (Ap. 21,27).
Entre el infierno, que es el alejamiento definitivo de Dios, y el Cielo, que es la proximidad inmediata, el
purgatorio es un estado de aproximación progresiva. El alma del Purgatorio, consciente de su pecado,
aún no plenamente reparado, experimenta un sufrimiento moderado por la dichosa certeza de su
salvación eterna. Así, “los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente
purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación,
a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría al cielo”.
El Señor hizo algunas indicaciones sobre esto, que podemos encontrar en los evangelios. Una de ellas la
encontramos en el capítulo 12 del Evangelio de San Lucas, en el que Jesús mismo nos habla de que, si
somos débiles a las tentaciones del demonio, que es nuestro adversario, podemos ser arrojados en una
prisión de la cual no es posible salir en tanto no se haya cumplido la deuda hasta el último maravedí.
Es tal vez más claro el testimonio de San Pablo en su primera carta a los corintios: “Hay quien sobre el
fundamento de la fe pone por materiales oro, plata, piedras preciosas, es decir, obras perfectas; otro
también hay que pone maderas, heno, hojarasca, o sea, obras defectuosas. El que edificó del primer
modo recibirá la paga establecida; pero el que edificó del segundo mudo deberá padecer por ello; no
obstante no dejará de salvarse, si bien como quien pasa por el fuego” (1 Co 3, 13-15).
El cielo “En sentido metafórico, el cielo se entiende como morada de Dios, que en eso se distingue de
los hombres (cf. Sal, 104, 2 s; 115, 16; Is 66, l). Dios, desde lo alto del cielo, ve y juzga (cf. Sal 113, 4-9)
y baja cuando se le invoca (cf. Sal 18, 7. 10; 144, 5). Sin embargo, la metáfora bíblica da a entender que
Dios ni se identifica con el cielo ni puede ser encerrado en el cielo (cf. 1R 8, 27); y eso es
verdad, a pesar de que en algunos pasajes del primer libro de los Macabeos «el cielo» es simplemente
un nombre de Dios (cf. 1M 3, 18. 19. 50. 60; 4, 24. 55). A la representación del cielo como morada
trascendente del Dios vivo, se añade la de lugar al que también los creyentes pueden, por gracia, subir,
como muestran en el Antiguo Testamento las historias de Enoc (cf. Gn 5, 24) y Elías (cf. 2R 2, 11). Así,
el cielo resulta figura de la vida en Dios. En este sentido, Jesús habla de «recompensa en los cielos» (Mt
5, 12) y exhorta a «amontonar tesoros en el cielo» (Mt 6, 20; cf. 19, 21)” .
El cielo es la vida perfecta con la Santísima Trinidad, en comunión de vida y de amor con ella, con la
Virgen, los ángeles, los santos y todos los bienaventurados. De esta manera, el cielo es el fin último y la
realización de las aspiraciones más profundas del hombre, en el que viviremos en un estado supremo y
definitivo de dicha. A él llegamos si morimos en la gracia y amistad de Dios, estando perfectamente
purificados.
El cielo, que será el encuentro definitivo con el Padre, debe ser nuestra meta de vida, y el eje principal en
torno al cual rotan las decisiones que tomamos y las cosas que hacemos en este mundo. Y, ¿cómo
llegamos al cielo? Siguiendo de corazón el llamado a la santidad con el que nacimos, intentando con
todas nuestras fuerzas ser lo más agradables a Dios en nuestro actuar y en nuestro pensar, cumpliendo
sus mandamientos y tomando como única regla de vida el amor.
Salvación por la fe y por las obras A diferencia de otras religiones, la Iglesia Católica señala que la
salvación de las personas se alcanza mediante la fe y las obras. Como humanos y pecadores, nuestros
méritos no son suficientes para la salvación, en el sentido de que el cielo es un regalo tan grande que no
hay nada en nosotros lo suficientemente bueno como para que podamos hacer algo para merecerlo. Sin
embargo, si la fe no cambia radicalmente nuestros corazones, haciéndonos cambiar nuestro actuar y
llevándonos cada vez más cerca de la santidad, tampoco alcanzaremos la salvación. Sólo la fe en Jesús
que espera seguir su voluntad y que transforma el corazón del hombre, hace que el hombre pueda
salvarse.
En definitiva, con su muerte y su resurrección, Dios nos abrió las puertas del Cielo. Ahora depende de
nosotros hacer el esfuerzo necesario para que podamos entrar en él para la vida eterna. Sólo si amamos
a Dios y al prójimo podemos alcanzarlo.
Tarea Considerando que en la próxima reunión veremos dos temas (Espíritu Santo e Iglesia), la tarea
esta vez consiste en 2 partes diferentes:
1. Averiguar sobre el nombre y la historia del párroco de cada uno, y el nombre del obispo de su diócesis.
Además, averiguar cuántos cardenales hay en Chile (pueden buscarlo en www.iglesia.cl).
20
2. Pensar durante la semana: ¿en qué cosas del día a día veo la acción de Dios en mi vida? Y anotarlo
en una listita para compartirlo la próxima reunión. 3. Hacer una Lectio divina de Hechos 2, 1-13 ó Mateo
16, 13-20
Diccionario bíblico abreviado, 6o edición. Editorial Verbo Divino, San Pablo. 43Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio (no 126)
42

Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio (no 86) 45Catecismo de la Iglesia Católica (no632). 46Catecismo de la Iglesia Católica (no633)
44

Catecismo de la Iglesia Católica (no646) 48Catecismo de la Iglesia Católica (no651) 49Catecismo de la Iglesia Católica (no653) 50Catecismo
47

de la Iglesia Católica (no654). 51S.S. Benedicto XVI (19-10-2006). 52Catecismo de la Iglesia Católica (no1020). 53Compendio del Catecismo

de la Iglesia Católica (no207). 54Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (no208). 55Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

(no214). 56Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (no215). 57Caminando en la fe. Curso de preparación para la Confirmación.

Jaime Pujol Balcells, Jesús Sancho Bielsa. 1a edición chilena, 2005. 58Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (no212). 59Catecismo

de la Iglesia Católica (no1033). 60El infierno como rechazo definitivo de Dios. Disponible en: http://www. aciprensa.com/Docum/cat-

infierno.htm 61Catecismo de la Iglesia Católica (no1036). 62Catecismo de la Iglesia Católica (no1031). 63Hay un purgatorio, hay indulgencias.

Disponible en: http://www.aciprensa. com/difuntos/difuntos2.htm 64Catecismo de la Iglesia Católica (no1030). 65La existencia del purgatorio

según las Sagradas Escrituras y la Tradición. Disponible en: http://www.aciprensa.com/difuntos/difuntos1.htm 66El cielo como plenitud de

identidad con Dios. Disponible en: http://www. aciprensa.com/Docum/cat-cielo.htm 67Catecismo de la Iglesia Católica (no1023-1025).

REUNIóN 8
CREO EN EL ESPÍRITU SANTO Y EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA (Hch 2, 1-13;
Mt 16, 13-20)
Tarea Que cada uno comente lo que averiguó sobre su párroco (su nombre, alguna anécdota de su
vida y si lo conocía antes) y el nombre del obispo de su diócesis. Después, el que quiera, puede
comentar cómo le fue durante la semana reflexionando sobre las acciones de Dios en su día a día; si
quieren pueden leer la lista o contar alguna vivencia en la que lo hayan sentido presente.
Terminar esta parte reflexionando que es fundamental para nosotros, como cristianos, darnos cuenta de
cómo el Espíritu Santo ha actuado en nuestras vidas. Aunque su labor es silenciosa, si nos ponemos a
pensar nos damos cuenta que ha ido actuando en forma constante y en muchos más ámbitos de los que
nos imaginamos. Por eso, es fundamental que hoy, durante esta reunión, nos demos un tiempo para
conocerlo más y mejor.
El Espíritu Santo Al rezar el Credo, después de afirmar nuestra fe en Dios Padre y en Dios Hijo,
confesamos también la fe en el Espíritu Santo: “Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. Cada
vez que nos persignamos para rezar, decimos: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Sin embargo, para muchos de nosotros el Espíritu Santo es un concepto poco entendible y un gran
desconocido.
Sin embargo, al estudiar la Biblia, nos damos cuenta que varias veces menciona al Espíritu Santo, tanto
en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Sin ir más allá, el primer párrafo de la Biblia lo menciona y
se refiere a Él como el soplo de Dios sobre la Creación: “En el principio creó Dios el cielo y la Tierra. La
tierra era caos y confusión: oscuridad cubría el abismo, y el espíritu de Dios aleteaba por encima de las
aguas”. (Gn 1, 1-2)
En el Nuevo Testamento el Espíritu Santo participa en muchos episodios de la vida de Cristo y de sus
discípulos. El Youcat nos especifica algunos de ellos: “Fue el Espíritu Santo quien llamó a la vida
humana a Jesús en el seno de la Virgen María (Mt 1,18), lo confirmó como el Hijo Amado (Lc 4,16-19), lo
guió (Mc 1,12) y lo vivificó hasta el final (Jn 19,30). En la cruz, Jesús exhaló el Espíritu. Después de su
Resurrección otorgó a sus discípulos el Espíritu Santo (Jn 20,20) y con ello el Espíritu pasó a la Iglesia
(Jn 20,21)”.68
Jesús les habló muchas veces a sus discípulos sobre el Espíritu. Por ejemplo, durante la Última Cena,
Jesús prometió la venida del Paráclito: “Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque
si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga,
convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio. En
lo referente al pecado: porque no creen en mí. En lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya
no me veréis. En lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. Mucho tengo
todavía que deciros, pero ahora no podéis
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con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará
por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y os explicará lo que ha de venir.” (Jn 16, 7-13)
Y Jesús no mentía: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo. De
repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se
encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre
cada uno de ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según
el Espíritu les permitía expresarse.
Residían en Jerusalén hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al
producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor, porque cada uno les oía hablar en su
propia lengua. Estupefactos y admirados, decían: ‘¿Es que no son galileos todos estos que están
hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa: Partos, medos
y elamitas; los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto,
la parte de Libia fronteriza con Cirene; los romanos residentes aquí, tanto judíos como prosélitos,
cretenses y árabes, les oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios?’. Todos estaban
estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: ‘¿Qué significa esto?’. Otros en cambio, decían
riéndose: ‘Han tomado demasiado vino’.” (Hch 2, 1-13)
Como vimos en las lecturas, antes de su muerte Jesús prometió a sus discípulos enviarles al Paráclito
cuando ya no estuviera con ellos en la tierra. En Pentecostés, el Espíritu fue derramado sobre los
apóstoles, y estos entendieron lo que Jesús les había intentado decir sobre su venida: experimentaron
una seguridad profunda, se sintieron alegres por la fe que tenían y recibieron distintos carismas, que les
permitieron profetizar, sanar y hacer milagros. Gracias a este soplo del Espíritu Santo en ellos, se
sintieron con la necesidad de salir a las calles a anunciar la Buena Nueva, sin miedo a la persecución
que había en contra de los cristianos.
Pero, ¿quién es el Espíritu Santo? Es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del amor
entre el Padre y el Hijo. El Papa Benedicto XVI lo explicaba diciendo: “Y ambos son uno en el Espíritu,
que es, por decirlo así, la atmósfera del dar y del amar que hace de ellos un único Dios” 69.
Además, recibe diversos nombres en la Biblia: “Espíritu Paráclito”, “Consolador”, “Abogado”, “Espíritu de
Verdad”, “Espíritu de Cristo”, “Espíritu del Señor”, “Espíritu de Dios”, “Espíritu de la gloria” y “Espíritu de
la promesa”. Como nos enseña el Catecismo, “el Espíritu Santo con su gracia es el ‘primero’ que nos
despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva.”70 Él “coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo
del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Sólo en los ‘últimos tiempos’, inaugurados
con la Encarnación redentora del hijo, es cuando el Espíritu se revela y se nos da, y se le reconoce y
acoge como Persona. Entonces, este Designio Divino, que se
consuma en Cristo, ‘primogénito’ y Cabeza de la nueva creación, se realiza en la humanidad por el
Espíritu que nos es dado: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección
de la carne, la vida eterna.”71
¿Dónde actúa el Espíritu Santo? Así como decimos que Dios Padre es el Creador y Dios Hijo es el
Redentor, el Espíritu Santo es quien nos santifica. Al igual que los apóstoles en Pentecostés, es el
Espíritu Santo quien nos inspira a actuar con amor, según la voluntad de Dios. Muy bien lo decía San
Pablo en su primera carta a los corintios: “Nadie puede decir: ‘¡Señor Jesús!’ sino por el Espíritu Santo”
(1Cor 12, 3) Además, el Espíritu Santo nos ayuda a conocer al Padre y al Hijo, pero no se revela Él
mismo. No podemos conocerlo personalmente como lo hacemos con Jesús, sino que por medio de sus
obras.
La santificación que el Espíritu Santo obra en nosotros consiste en unirnos cada vez más con Dios, y
esto lo hace principalmente por medio de los sacramentos, y en forma privilegiada en la Confirmación.
Y ¿qué hace el Espíritu Santo en mi vida? “El Espíritu Santo me abre a Dios; me enseña a orar y me
ayuda a estar disponible para los demás. ‘El huésped silencio de nuestra alma’, así llama San Agustín al
Espíritu Santo. Quien quiera percibirlo debe hacer silencio. Con frecuencia este huésped habla bajito
dentro de nosotros, por ejemplo en la voz de nuestra conciencia o mediante otros impulsos internos y
externos. Ser ‘templo del Espíritu Santo’ quiere decir estar en cuerpo y en alma a disposición de este
huésped, del Dios en nosotros. Nuestro cuerpo es por tanto, en cierto modo, el cuarto de estar de Dios.
Cuanto más nos abramos al Espíritu Santo en nosotros, tanto más se convertirá en maestro de nuestra
vida, tanto más nos concederá hoy también sus carismas para la edificación de la Iglesia. De este modo,
en lugar de las obras de la carne, crecerán en nosotros los frutos del Espíritu.” 72
Como decíamos al empezar la reunión, muchas veces no nos damos cuenta de las obras del Espíritu
Santo en nuestra vida, y de esa manera, se transforma en un desconocido para nosotros. En la carta a
los gálatas (Gal 5,22-23), San Pablo nos habla de los nueve frutos del Espíritu Santo, que son
manifestaciones del Espíritu de Dios en nosotros: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad,
lealtad, mansedumbre y dominio de sí.
La Iglesia es conducida por el Espíritu Santo Durante toda su historia, la Iglesia también ha sido
bendecida con la guía y acción del Espíritu Santo en ella. Con su venida, la Iglesia se abrió a las
naciones, siendo él quien construye, anima y santifica a la Iglesia. Como nos dice el Youcat, “el Espíritu
Santo construye a la Iglesia y la impulsa. Le recuerda su misión. Llama a hombres a su servicio y les
concede las gracias necesarias. Nos introduce cada vez más profundamente en la comunión con el
22
Dios trino”.73
Es más, “el Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo (1Cor., 3,16;
6,19), y en ellos ora y da testimonio de la adopción de hijos (cf. Gal., 4,6; Rom., 8,15-16,26). Con
diversos dones jerárquicos y carismáticos dirige y enriquece con todos sus frutos a la Iglesia (cf. Ef., 4,
11-12; 1Cor., 12-4; Gal., 5,22), a la que guía hacía toda verdad (cf. Jn., 16,13) y unifica en comunión y
ministerio. Hace rejuvenecer a la Iglesia por la virtud del Evangelio, la renueva constantemente y la
conduce a la unión consumada con su Esposo. Pues el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús:
“¡Ven!” (cf. Ap., 22,17). Así se manifiesta toda la Iglesia como “una muchedumbre reunida por la unidad
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.”74
Jesucristo fundó la Iglesia La Iglesia fue fundada por las palabras y obras de Jesucristo, que a
orillas del mar de Galilea le dijo a Pedro: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino
de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará
desatado en el cielo.”(Mt 16, 18-19)
Cristo comenzó su Iglesia mediante el anuncio de la Palabra de Dios, anunciando la llegada pronta del
Reino de Dos, que había sido prometido hace siglos y que los judíos esperaban con ansias. El germen y
comienzo de la Iglesia fue el pequeño grupo de hombres a los que Jesús eligió como apóstoles, y a
quienes les encargó ir por todo el mundo anunciando la salvación. Esto, porque Él quería que la
Redención que nos había conseguido llegara y fuera conocida por todos los hombres. Cristo fundó la
Iglesia con la misión de que ella continuara en la tierra su obra salvadora.
¿Qué es la Iglesia? “Iglesia viene del griego ekklesia que significa los convocados. Todos nosotros,
quienes hemos sido bautizados y creemos en Dios, somos convocados por el Señor. Y juntos somos la
Iglesia. Como dice San Pablo, Cristo es la cabeza de la Iglesia. Nosotros somos su cuerpo. Charles
Péguy, un poeta francés, decía: “tenemos que ser bienaventurados juntos, unos con otros. Tenemos que
acceder juntos a Dios, entrar juntos a su presencia. No tenemos que encontrar a Dios uno sin el otro.
¿Qué nos diría Él si retornáramos uno sin el otro?”. Eso es ser Iglesia.
Cuando recibimos los sacramentos y escuchamos la Palabra de Dios, Cristo está en nosotros y nosotros
estamos en Él: esto es la Iglesia. La estrecha comunión de vida de todos los bautizados en Cristo es
descrita en la Sagrada Escritura con una gran riqueza de imágenes. A veces se habla del Pueblo de
Dios, otras de la Esposa de Cristo; unas veces se llama madre a la Iglesia, otras, la familia de Dios o se
la compara con los invitados a una boda. Nunca es
la Iglesia una mera institución, nunca sólo la “Iglesia oficial”, que uno podría rechazar. Nos pueden irritar
las faltas y defectos que se dan en la Iglesia, pero no nos podemos distanciar nunca de ella, porque Dios
ha optado por ella de forma irrevocable y no se aleja de ella a pesar de todos sus pecados. La Iglesia es
la presencia de Dios entre nosotros los hombres. Por eso debemos amarla.” 75
Propiedades de la iglesia76 Las propiedades y notas que Cristo confirió a su Iglesia son cuatro: que
es Una, Santa, Católica y Apostólica.
- Una: La Iglesia tiene un solo Señor, confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que
un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza a cuyo término se
superarán todas las divisiones. - Santa: Dios santísimo es su autor; Cristo es su Esposo, quien se
entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica. Aunque comprenda pecadores, ella es
“ex maculatis inmaculata”, es decir, inmaculada aunque compuesta de pecadores. En los santos brilla su
santidad; en María es ya enteramente santa. - Católica: Anuncia la totalidad de la fe, lleva en sí y
administra la plenitud de los medios de salvación, es enviada a todos los pueblos, se dirige a todos los
hombres, abarca a todos los tiempos, “es, por su propia naturaleza, misionera”. - Apostólica: Está
edificada sobre sólidos cimientos: “los doce apóstoles del Cordero” (Ap 21, 14); es indestructible; se
mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás apóstoles,
presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de obispos.
¿Quiénes pertenecen a la Iglesia? En su aspecto visible, la Iglesia está formada por los
bautizados que profesan la misma fe en Jesucristo, tienen los mismos sacramentos y mandamientos, y
aceptan la autoridad establecida por el Señor, que es el Papa.
Organización de la Iglesia A grandes rasgos, la Iglesia se organiza de la siguiente manera:
- Papa: Es el sucesor de Pedro y el vicario (representante) de Cristo en la tierra. “Cristo, al instituir a los
doce, formó una especie de colegio o grupo estable y, eligiendo entre ellos a Pedro, lo puso al frente de
él.”77 “El Sumo Pontífice, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, es el principio y fundamento perpetuo
y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles. El Pontífice Romano, en
efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la
potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad”. 78
- Cardenales: Pertenecen al clero de Roma y colaboran con el Papa, ya sea en la Curia Romana, como
en las
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Congregaciones Romanas (para los Obispos, para el clero, para la vida consagrada, para los laicos, para
las relaciones ecuménicas, etc.). Son elegidos por el Santo Padre por sus virtudes de sabiduría,
coherencia de vida, piedad y prudencia. Se distinguen porque usan el color púrpura en sus vestiduras,
que significa martirio. Además, son los que participan de los cónclaves cada vez que hay que elegir a un
nuevo Papa.
- Obispos: Son los sucesores de los apóstoles, que han recibido la plenitud del sacerdocio y tienen la
misión de regir sus diócesis unidos al Papa. Un obispo es un sacerdote que recibe el sacramento del
orden sacerdotal en su máximo grado, que es el episcopado (del griego epískopos, que significa
“vigilante, inspector, superintendente”). Desde un punto de vista etimológico, es aquella dignidad
eclesiástica encargada del control y la vigilancia del cumplimiento de las leyes de la Iglesia (o derecho
canónico) en el territorio de su jurisdicción, al cual se le llama diócesis. Los obispos pueden ser:
Arzobispos residentes y Metropolitanos (cabezas de arquidiócesis), Obispos diocesanos (cabezas de
diócesis), Vicarios y Prefectos Apostólicos (cabezas de vicarías apostólicas y prefecturas apostólicas),
Prelados (cabezas de una Prelatura) y Administradores Apostólicos (responsables temporales de un
jurisdicción).
- Presbíteros: Llamados comúnmente sacerdotes. Son colaboradores del Obispo en su ministerio, tal
como señala el catecismo en su punto 1562 “La función ministerial de los obispos, en grado subordinado,
fue encomendada a los presbíteros para que, constituidos en el orden del presbiterado, fueran los
colaboradores del orden episcopal para realizar adecuadamente la misión apostólica confiada por
Cristo”. Por otra parte “Los presbíteros, como colaboradores diligentes de los obispos y ayuda e
instrumento suyos, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman con su obispo un único presbiterio,
dedicado a diversas tareas. En cada una de las comunidades locales de fieles hacen presente de alguna
manera a su obispo, al que están unidos con confianza y magnanimidad; participan en sus funciones y
preocupaciones y las llevan a la práctica cada día”. Los presbíteros sólo pueden ejercer su ministerio en
dependencia del obispo y en comunión con él. La promesa de obediencia que hacen al obispo en el
momento de la ordenación y el beso de paz del obispo al fin de la liturgia de la ordenación significa que
el obispo los considera como sus colaboradores, sus hijos, sus hermanos y sus amigos y que a su vez
ellos le deben amor y obediencia.79
- Laicos: “Por el nombre de laicos se entiende aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los
miembros que han recibido un orden sagrado y los que están en estado religioso reconocido por la
Iglesia, es decir, los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo,
constituidos en Pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real
de Jesucristo, ejercen, por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.
El carácter secular es propio y peculiar de los laicos (...). A los laicos pertenece por propia vocación
buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es
decir, en todas y a cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de
la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios a
cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura,
contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás,
brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad. A ellos, muy en especial,
corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente
vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen
y sean para la gloria del Creador y del Redentor.” 80
Tarea Todos (los que ya están bautizados) deben averiguar dónde y en qué fecha se bautizaron,
quiénes fueron sus padrinos y quién los bautizó. Además, deben preguntarles a sus padres o padrinos
por qué los bautizaron. Los que aún no se han bautizado, deben investigar en la Biblia cuándo fue
instituido el bautismo.
Hacer una Lectio divina de Mt 28, 16-20
Youcat (no 114) 69S.S. Benedicto XVI, Vigilia de Pentecostés, 2006 70Catecismo de la Iglesia Católica (no684) 71Catecismo de la Iglesia
68

Católica (no686) 72Youcat (no120) 73Youcat (no 119) 74Constitución dogmatica Lumen Gentium (capítulo I, no 4) 75Youcat (no 121)

Catecismo de la Iglesia Católica (no866-869) 77Catecismo de la Iglesia Católica (no880) 78Catecismo de la Iglesia Católica (no882) 79Punto
76

1567 del catecismo 80Constitución dogmatica Lumen Gentium (capítulo IV, no 31)
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REUNIóN 9
BAUTISMO (Mt 28, 16-20)
Tarea Que cada uno cuente qué es lo que averiguó acerca de su bautismo, o si es que no ha sido
bautizado que comente sobre lo que investigó en la biblia sobre la institución de este sacramento. La
idea es que este ejercicio no quede aquí, sino que de ahora en adelante veamos nuestro bautismo como
una fecha muy importante en nuestra vida de fe, y que cada año recordemos el día de nuestro
nacimiento a la fe con mucho cariño y alegría, así como con tanta emoción conmemoramos nuestro
nacimiento a la vida terrenal en nuestro cumpleaños, así como lo hizo este anciano:
“Después de ochenta años de paganismo, un anciano encontró la luz de la fe, se convirtió y recibió el
bautismo. Dos años después cayó gravemente enfermo; todos se dieron cuenta de que le había llegado
el momento de la muerte. Alguien le preguntó cuántos años tenía, y respondió: En verdad, sólo puedo
contar con dos años de vida. Nadie encontraba explicación a esta respuesta, pero el anciano añadió: ‘No
es cosa difícil de entender como creéis, pues comencé a vivir al recibir el bautismo; mi vida anterior es
como si no existiera”.81
A modo de introducción, les proponemos hablar brevemente sobre qué y cuáles son los sacramentos y
qué importancia tienen en nuestra vida de fe (pueden revisar lo hablado en la reunión 2). Luego, los
invitamos a profundizar en los siguientes temas en relación al bautismo:
Consecuencias del pecado original Según nos cuenta el Génesis (Gn 3), Adán y Eva, tentados
por el demonio, desobedecieron a Dios comiendo del árbol prohibido, y así cometieron el primer pecado:
el pecado original.
Pero ¿qué es el pecado original? El catecismo nos dice que “el pecado original, en el que todos los
hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado
“contraído” y no “cometido” por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa
de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de
Adán con la misma naturaleza humana, “no por imitación, sino por propagación”. Esta transmisión es un
misterio que no podemos comprender completamente.”82
Al ser Adán principio y cabeza del género humano, no sólo él cometió el pecado, sino que toda la
humanidad lo cometió en él. Por eso, “como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana,
aun sin estar totalmente corrompida, se halla herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la
ignorancia, al sufrimiento y al poder de la muerte, e inclinada al pecado.”
Es verdad que todos nacemos con la mancha de este pecado heredado de nuestros primeros padres, y
por lo tanto privados de la gracia de Dios. No obstante, Dios se compadeció de nosotros y nos envió a su
hijo Jesús, quien nos libró del pecado con su muerte
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y resurrección. Su muerte nos limpia del pecado y nos hace morir al pecado, mientras que su
resurrección nos hace renacer y vivir la nueva vida de Cristo. El bautismo es el sacramento que aplica a
cada bautizado los frutos de la Redención, para que muramos al pecado y resucitemos a la vida
sobrenatural de la gracia.83
¿Qué es el bautismo? Al enviar a sus apóstoles a predicar por todo el mundo, Cristo les dijo: “Id,
pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo” (Mt 28, 19). También les dijo: “El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no
crea, se condenará” (Mc 16, 16).
Jesucristo, de esa forma, instituyó el sacramento del bautismo para hacernos discípulos suyos y
regenerarnos la vida de la gracia. Tal es su importancia, que el Catecismo lo describe como “el
fundamento de la vida cristiana, el pórtico de la vida en espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros
sacramentos.”84 Es mediante el bautismo que somos liberados del pecado y renacidos como hijos de
Dios, pasando a formar parte de la Iglesia de Cristo. Es mediante el bautismo también que podemos
gozar del resto de los sacramentos mediante los cuales Dios nos derrama su gracia. Y no sólo eso, ya
que es también mediante el bautismo que hacemos una alianza con Dios, en la que le damos nuestro
“sí”, un compromiso de vida cristiana, de vida en el amor.
Tanto nos ama Jesús, que quiso dejarnos este sacramento como un signo de incorporación en su
Iglesia. Desde entonces, y al tanto de todo lo anterior, todos los católicos nos bautizamos (o somos
llevados por nuestros padres para ser bautizados) y bautizamos a nuestros hijos, conscientes de su
importancia y su significado.
¿Qué diferencia hay entre creaturas e hijos de Dios? “Si queremos expresar de manera
sintética la gracia sacramental del bautismo, podemos afirmar que se trata de la gracia basada en el
misterio de Cristo y en su obra salvífica, por la cual el hombre pecador, al recibir el Espíritu por vez
primera y para siempre, es regenerado, es decir, que es la gracia de la iniciación o del comienzo la que
hace acceder a la vida divina. El catecúmeno es regenerado como hijo de Dios, miembro de Cristo y
templo del Espíritu Santo. Es la gracia propia del nacimiento del cristiano la que hace capaz, la que
«ordena» al hombre a la gloria de Dios. Puede ser descrita con las palabras del concilio de Trento: «Es el
traslado desde el estado en que nace el hombre, como hijo del primer Adán, al estado de gracia y de
“adopción como hijos” (Rm 8, 15) de Dios, por medio del segundo Adán, Jesucristo nuestro salvador; y
este traslado, después de la promulgación del evangelio, no puede tener lugar sin el lavado de la
regeneración o bien con el deseo del mismo. El bautismo es verdaderamente un nacimiento, una entrada
en la vida cristiana; es el don de una vida. Existe un salto cualitativo y ontológico entre el hombre y el
cristiano, entre la humanidad y la Iglesia. A propósito del bautismo, nacimiento del cristiano, afirma D.
Barsotti con toda
justicia: «En consecuencia, no existe continuidad entre la vida de la criatura y la vida de Dios. Poseer en
Cristo una participación en la naturaleza divina hace al cristiano cualitativamente distinto de alguien que
sea simplemente hombre, y asimismo ser en Cristo lleva consigo una diferencia, porque supone la
liberación del pecado que ha dividido a los hombres entre sí»”. 85
El rito del bautismo La liturgia bautismal se compone de varios ritos, siendo el rito esencial el
consistente en sumergir en el agua al candidato o, más comúnmente, derramar agua sobre su cabeza,
mientras se invoca el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (tal como Jesús le mandó a sus
discípulos).
A continuación mencionamos brevemente los ritos y símbolos de los que consta la celebración: 86
- La señal de la cruz al comienzo de la celebración. - El anuncio de la Palabra de Dios, que ilumina con
su verdad revelada a los candidatos (quienes se van a bautizar) y a la asamblea, suscitando en ellos la
respuesta de la fe, que es inseparable del bautismo. - Se pronuncian algunos exorcismos sobre el
candidato, puesto que el bautismo significa la liberación del pecado y de su instigador. Luego se le unge
con el óleo de los catecúmenos y el candidato renuncia explícitamente a Satanás. Así, puede confesar la
fe de la Iglesia. - Se consagra el agua bautismal, pidiendo que descienda el Espíritu Santo sobre ella. -
Aquí viene el rito esencial del bautismo, en el que se inmerge o se derrama tres veces agua sobre el
candidato. Mientras hace esto, el ministro dice el nombre de la persona y agrega: “yo te bautizo en el
nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. - Unción con el santo crisma, que es un óleo
consagrado y perfumado por el obispo, y que marca al recién bautizado como “ungido” por el Espíritu
Santo. - La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha “revestido de Cristo”, y el cirio que se
enciende en el cirio pascual simboliza que Cristo lo ha iluminado. - Se reza el Padrenuestro ya como
hijos de Dios. - Si el bautizado tiene uso de razón, hace también su primera comunión eucarística. - La
celebración termina con la bendición solemne.
¿Quiénes pueden administrar el bautismo? En todo sacramento hay un ministro que lo confiere,
que debe ser un ministro legítimo para que Cristo actúe por él. Los ministros del bautismo son el obispo,
el presbítero y el diácono. No obstante, en caso de alguna emergencia, por ejemplo que un niño muy
pequeño esté en peligro de muerte luego de un accidente automovilístico, cualquier persona puede
bautizarlo, y para hacerlo debe derramar agua sobre su cabeza mientras dice “yo te bautizo en el nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
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Lo anterior refleja la importancia y la necesidad que significa el bautismo, por lo que Dios dispuso que
cualquier persona, incluso algún no bautizado, pueda bautizar a otra persona que se encuentre en
peligro de muerte. Esto, siempre y cuando la persona que bautiza lo haga con intención de hacer lo que
hace la Iglesia. La razón de todo esto es que, como decía San Agustín, es siempre Cristo quien bautiza:
“¿Bautiza Pedro? Cristo bautiza. ¿Bautiza Juan? Cristo bautiza.”
¿Quién puede bautizarse? Puede bautizarse cualquier persona que no esté bautizada. Casi
siempre se bautiza a los niños cuando nacen o cuando son muy pequeñitos, pero eso no significa que si
alguna persona mayor quiere hacerlo ya sea demasiado tarde ni mucho menos, ya que las personas
pueden bautizarse a cualquier edad. La única condición para el bautismo es la fe, que debe ser
confesada de manera pública cuando se celebra este sacramento (en el caso de los niños, lo hacen sus
padres en representación de ellos).
¿Por qué los padres bautizan a sus hijos cuando son niños? Los padres lo hacen porque
saben que todos nacemos con el pecado original marcado como mancha en nuestra alma, y que por lo
tanto necesitamos ser liberados del poder del demonio y llevados al amparo del Padre.
El Youcat lo dice muy claramente: “la Iglesia mantiene desde tiempos inmemoriales el Bautismo de los
niños. Para ello hay una única razón: antes de que nosotros optemos por Dios, Dios ya ha optado por
nosotros. El Bautismo es, por tanto, una gracia, un regalo inmerecido de Dios, que nos acepta
incondicionalmente. Los padres creyentes que quieren lo mejor para su hijo, quieren también el
Bautismo, en el cual el niño es arrancado del influjo del pecado original y del poder de la muerte. El
Bautismo de niños supone que los padres cristianos educan al niño bautizado en la fe. Es una injusticia
privar al niño del Bautismo por una libertad mal entendida. Lo mismo que no se puede privar al niño del
amor, para que después pueda él mismo decidirse por el amor, sería una injusticia si los padres
creyentes privaran a su hijo de la gracia de Dios recibida en el Bautismo.” 87 San Pablo es muy claro al
respecto: “el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la
carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.”(Jn 3, 5-6)
¿Qué efectos produce el bautismo en quien lo recibe? Como ya hemos mencionado, el
bautismo:
- Borra el pecado original. Al bautizar a una guagua, por ejemplo, se le borra el pecado original y su alma
queda totalmente limpia. El bautismo perdona y destruye el pecado original con el que todos nacemos;
cuando el que se bautiza es adulto borra también los pecados personales, así como la pena por ellos
debida, y si el recién bautizado muriese, iría directamente al cielo. - Nos convertimos en hijos de Dios. El
bautismo es un nuevo nacimiento, nos da una nueva vida porque Dios mismo va a estar con nosotros.
Ya no somos sólo criaturas de Dios, ya que con el Bautismo Él nos regala la filiación espiritual. - Nos
hacemos miembros de la Iglesia, con derecho a participar de la Sagrada Eucaristía y a recibir los demás
sacramentos (sin estar bautizado no se puede recibir ningún otro sacramento). La Iglesia es el Cuerpo
Místico de Cristo, y el sacramento nos incorpora a Cristo, que es la Cabeza, y a su Cuerpo, que es la
Iglesia. - Confiere carácter sacramental. Esto quiere decir que entrega cierta señal espiritual e
imborrable, que explica el que este sacramento se pueda recibir sólo una vez en la vida.
¿Qué compromisos adquiere el bautizado? Cuando nos bautizaron, respondieron por nosotros
nuestros padres y padrinos. Ahora que conocemos los efectos del sacramento en nuestra alma,
debemos responder nosotros mismos, firmemente dispuestos a vivir como bautizados. Hemos de
responder haciendo actos de fe explícita (recitando el Credo, por ejemplo), guardando la ley de
Jesucristo y de su Iglesia, y renunciando para siempre al demonio y a sus obras.
Tarea Les proponemos leer detenidamente el testimonio de “la Santa Misa” de Catalina (lo pueden
encontrar en: http://www. tengoseddeti.org/article/testimonio-de-catalina-rivas-sobre-la- santa-misa/).
Ojalá lo puedan hacer antes del domingo, para que cuando vayan a misa se fijen en cada una de sus
partes y luego reflexionen si el texto les sirvió para entenderla un poco más o para ver los distintos
momentos más profundamente que antes. Hacer una Lectio divina de Mateo 26, 26-30 Caminando en la fe.
81

Curso de preparación para la confirmación. Jaime Pujol

Balcells, Jesús Sancho Bielsa. Primera edición chilena 2005. Ediciones Obispado de San Bernardo. 82Catecismo de la Iglesia Católica.

Compendio (no 76) 83Caminando en la fe. Curso de preparación para la confirmación. Jaime Pujol Balcells, Jesús Sancho Bielsa. Primera

edición chilena 2005. Ediciones Obispado de San Bernardo. 84Catecismo de la Iglesia Católica (no 1213) 85Los sacramentos de la Iglesia.

Benedetto Testa. Disponible en: http://www. mercaba.org/TEOLOGIA/SACRAMENTOS/101-131_criatura_nueva_bautismo.htm 86Catecismo

de la Iglesia Católica (no1234-1245) 87Youcat (no 197)


27

REUNIóN 10
Eucaristía (La Santa Misa) (9-13 de junio) (Mateo 26:26-30)
Introducción La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la
dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la
Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del
Señor.88
La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (LG 11). “Los demás sacramentos, como
también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella
se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir,
Cristo mismo, nuestra Pascua”. 89 Eucaristía: Este nombre proviene del griego eucharisteo, y significa
acción de gracias. Es la palabra usada en los evangelios cuando se refieren a la Ultima Cena.
Tradición de la Iglesia En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio entre las
primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero reciben también una nueva
significación en el contexto del Éxodo: los panes ácimos que Israel come cada año en la Pascua
conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá
siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios (Dt 8,3). Finalmente, el pan de cada día es el
fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. El “cáliz de bendición” (1 Co
10,16), al final del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión
escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó su Eucaristía
dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz. 90 Los milagros de la multiplicación
de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos
para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía (cf. Mt
14,13-21; 15, 32-29). El signo del agua convertida en vino en Caná (cf Jn 2,11) anuncia ya la Hora de la
glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el Reino del Padre,
donde los fieles beberán el vino nuevo (cf Mc 14,25) convertido en Sangre de Cristo. 91 El primer anuncio
de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: “Es duro este
lenguaje, ¿quién puede escucharlo?” (Jn 6,60). La Eucaristía y la cruz son piedras de escándalo. Es el
mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6,67):
esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que
sólo Él tiene “palabras de vida eterna” (Jn 6,68), y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es
acogerlo a Él mismo.92
Institución de la Eucaristía La institución de la Eucaristía tuvo lugar durante la última cena pascual
que celebró Jesús con sus discípulos y los cuatro Evangelios coinciden en lo esencial: en todos ellos la
consagración del pan precede a la del cáliz; aunque debemos recordar, que en la realidad
28
histórica, la celebración de la Eucaristía (Fracción del Pan) comenzó en la Iglesia primitiva antes de la
redacción de los Evangelios”.93
Mateo 26:26-30 26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y
dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo:

Bebed de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para

remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel
día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
La acción ritual. Conforme a la tradición judía del rito pascual, el Señor «toma», «da gracias» a Dios
(bendice), «parte» el pan y lo «reparte» entre los discípulos. Son gestos también apuntados en la
multiplicación de los panes (Jn 6,11) o en las apariciones de Cristo resucitado (Emaús, Lc 24,30; pesca
milagrosa, Jn 21,13).
Vídeo “El gran milagro” corto de 18” La idea es que los monitores muestren el video que está en
el dropbox de sacramentos. ¿Cuál fue la parte de la misa que más les gusto/ les llamo la atención?.
Explicación parte por parte.
La Santa Misa Viene de la conclusión latina de la celebración, cuando el sacerdote despide la
asamblea con las palabras: Ite, Missa est, que literalmente significa: “Id, hemos terminado la misión”. El
uso prolongado de este saludo final hizo que la palabra “Misa” significase toda la celebración.
Cuando se asiste a Misa, lo primero que se hace es, la Reunión, que significa IGLESIA - ECLESIA - del
griego = Asamblea Reunida. Todos se reúnen.
La Santa Misa es la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el sacramento de la Eucaristía. En la
Misa va a suceder un milagro: Dios se va a hacer presente y se va a quedar con nosotros.
¿Que celebramos en la Misa? Celebramos el Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor.
Es el Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la
Iglesia; o también Santo Sacrificio de la Misa, “sacrificio de alabanza” (Hch 13,15; cf Sal 116, 13.17),
sacrificio espiritual (cf 1 P 2,5), sacrificio puro (cf Ml 1,11) y santo, puesto que completa y supera todos
los sacrificios de la Antigua Alianza.
“La Misa es la acción más grande que se celebra en la tierra ya que en ella volvemos a vivir el sacrificio
de la cruz. La crucifixión es el hecho que da sentido a nuestras vidas y el acto de amor más grande de
toda la historia, sin el cual no podríamos alcanzar la felicidad eterna en el Cielo. Desde este punto de
vista, la Eucaristía, como actualización de la entrega de Jesús, es el sacramento más importante ya que
podemos participar de la pasión de Cristo”.94
“Cuando asistimos, debemos participar con el mayor interés y devoción, tratando de alcanzar el máximo
fruto. Debemos ser conscientes de que en la Misa se renueva el sacrificio del Calvario, deberíamos estar
presentes con los mismos sentimientos de la Virgen María al pie de la cruz” 95
En resumen, la misa es la oración perfecta, ¿Por qué?: porque pedimos perdón, alabamos, ofrecemos,
pedimos, acompañamos a Cristo en su pasión, lo recibimos, somos bendecidos y enviados a construir su
Reino, y todo esto lo hacemos en unidad como su Iglesia.
La Eucaristía: transubstanciación, un misterio de fe. “Los signos esenciales del sacramento
eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y
el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en la última Cena: “Esto es mi
Cuerpo entregado por vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre...”. Encuentro con Jesús amor”. 96
“La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre que renueva
mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. La Misa es Jesús real y personalmente
presente en el pan y el vino que el sacerdote consagra. Por la fe creemos que la presencia de Jesús en
la hostia y el vino no es solo simbólica sino real; esto se llama el misterio de la transubstanciación (‘más
allá de la substancia’) ya que lo que cambia es la sustancia del pan y del vino; los accidentes—forma,
color, sabor, etc.— permanecen iguales”.97
¿Por qué ir a misa los domingos? Video de razones de jóvenes en el link http://m.youtube.com/
watch?v=hQXI9-CjgzQ&desktop_uri=%2Fwatch%3Fv%3DhQXI9- CjgzQ)
Desde la Creación, por el relato del Génesis, sabemos que Dios quiso instituir un día dedicado a Él: “Y el
séptimo día descansó.” Este es el origen del sabath judío. Como Jesucristo resucitó un domingo, los
primeros cristianos cambiaron el sabath al primer día de la semana, el domingo, dedicándolo plenamente
a Dios.
En los Hechos de los Apóstoles podemos leer que el origen de la misa los domingos se remonta a los
primeros tiempos de la Iglesia, en donde los apóstoles y los primeros discípulos se reunían el primer día
de la semana, recordando la Resurrección de Cristo,
29
para estudiar las Escrituras y compartir el pan de la Eucaristía.
El día del Señor, como ha sido llamado el domingo desde los tiempos apostólicos, ha tenido siempre, en
la historia de la Iglesia, una consideración privilegiada por su estrecha relación con el núcleo mismo del
misterio cristiano. En efecto, el domingo recuerda, en la sucesión semanal del tiempo, el día de la
resurrección de Cristo. Es la Pascua de la semana, en la que se celebra la victoria de Cristo sobre el
pecado y la muerte, la realización en él de la primera creación y el inicio de la “nueva creación” (Cf. 2 Co
5, 17). Es el día de la evocación adoradora y agradecida del primer día del mundo y a la vez la
prefiguración, en la esperanza activa, del “último día”, cuando Cristo vendrá en su gloria (Cf. Hch 1, 11; 1
Ts 4, 13-17) y “hará un mundo nuevo” (Cf. Ap 21, 5). 98
Por esta razón, la Iglesia nos pide que asistamos a misa los domingos como recordatorio de que
debemos dedicarle todo ese día a Dios.
Además, asistir a misa nos trae grandes beneficios, pues es la celebración dentro de la cual se lleva a
cabo el sacramento de la Eucaristía y es el medio de santificación más perfecto, pues en él conocemos a
Dios y nos unimos a Jesucristo y a toda la Iglesia en su labor santificadora.
Durante la misa nosotros participamos estrechamente en la vida y misterio de Jesucristo, por Él, con Él y
en Él, ofreciendo nuestras obras, ofreciéndonos nosotros mismos, pidiendo perdón por nuestros pecados
y, con esto, alcanzamos gracias para toda la Iglesia, reparamos las ofensas de otros y rendimos una
alabanza y acción de gracias de valor infinito porque lo hacemos por medio de Jesucristo.
Tarea Responder las siguientes preguntas - ¿Por qué me quiero confirmar? - ¿Qué significa para mí? -
Además conversar con sus padrinos sobre su experiencia cuando se confirmaron, si todavía no tienen
padrinos hablarlo con alguien que ya este confirmado. - Hacer una Lectio divina de Hechos 2, 1-13)
Catecismo de la Iglesia Católica Nro. 1322 89Catecismo de la Iglesia Católica Nro. 1324 90Catecismo de la Iglesia Católica Nro. 1334
88

Catecismo de la Iglesia Católica Nro. 1325 92Catecismo de la Iglesia Católica Nro. 1326 93www.aciprensa.com. ¿Qué es la Eucaristía?
91

Recuperado el 18 de Octubre de 2011en http://www.aciprensa.com/Eucaristia/queeucaristia.htm 94www.aciprensa.com. ¿Qué es la

Eucaristía? Recuperado el 18 de octubre de 2011 en http://www.aciprensa.com/Eucaristia/queeucaristia.htm 95www.aciprensa.com. ¿Qué es

la Eucaristía? Recuperado el 18 de Octubre de 2011en http://www.aciprensa.com/Eucaristia/queeucaristia.htm 96www.aciprensa.com. ¿Qué

es la Eucaristía? Recuperado el 18 de Octubre de 2011en http://www.aciprensa.com/Eucaristia/queeucaristia.htm 97www.aciprensa.com.

¿Qué es la Eucaristía? Recuperado el 18 de Octubre de 2011en http://www.aciprensa.com/Eucaristia/queeucaristia.htm 98Carta apostólica


sobre la santificación del domingo “Diez Domini”. S.S. Juan Pablo II.

REUNIóN 11
La Confirmación: Espíritu Santo, dones y frutos (Hechos 2, 1-13)
Introducción Que compartan sus respuestas y que los monitores les puedan dar un pequeño
testimonio de su confirmación
Explicación bíblica de la confirmación Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la
Confirmación constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana”, cuya unidad debe ser
salvaguardada. Este sacramento, como todos los otros, fue instituido por Jesucristo, pues sólo Dios
puede vincular la gracia a un signo externo. Existen repetidas predicciones de los profetas relativas a una
amplia difusión del Espíritu divino en los tiempos mesiánicos (cfr. Is 58,11; Ez 47,1; Joel 2,28) y
conocemos el reiterado anuncio por parte de Cristo de una nueva venida del Espíritu Santo para
completar su obra (cfr. Jn 14,16.26; 16,13-15; 1 Jn 2,3). Los Apóstoles, hacen constar la institución de un
sacramento distinto del bautismo, para conferir la plenitud del Espíritu (cfr. Hch 8,14 - 17; 19,6; Heb 6,2;
Tim 4,14).
El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “La confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el
sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina,
incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos
todavía más a su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de
las obras.”99
¿Qué significa confirmarse? “Confirmar” se puede expresar como: CON – FIRMAR Firmar =
Afirmar = Robustecer = Consolidar = Firmeza = Resistir a alguna fuerza que actúa en forma contraria. Es
Dios quien “te” confirma y no eres tú quien “te confirmas”. Se debe decir “he sido confirmado” o “he
recibido la confirmación”. No olvidemos que la iniciativa de la Salvación viene de Dios y que sólo de Él
puede venir.
Símbolos de la confirmación El rito esencial del sacramento. En el rito latino, “el sacramento de la
Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con
estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo” (Pablo VI, Const. ap. Divinae
consortium naturae). En las Iglesias orientales de rito bizantino, la unción del myron (santo crisma) se
hace después de una oración de epíclesis, sobre las partes más significativas del cuerpo: la frente, los
ojos, la nariz, los oídos, los labios, el pecho, la espalda, las manos y los pies, y cada unción va
acompañada de la fórmula: Sfragis doreas Pnéumatos Agíou (“Sello del don que es el Espíritu Santo”)
(Rituale per le Chiese orientali di rito bizantino in lengua greca, Pars I). 100
El beso de paz con el que concluye el rito del sacramento significa
30
y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles (cf San Hipólito Romano, Traditio
apostólica, 21).101
¿Con quién y a qué nos comprometemos cuando nos confirmamos? Nos comprometemos
a ser testigos de Cristo a través de actos concretos, ser testigos es saber algo a ciencia cierta y sin
dudas, alguien que está bien convencido de la verdad de lo que sabe, alguien que está dispuesto a
correr riesgos, e incluso a sufrir si fuera necesario, con tal de afirmar públicamente la verdad de lo que se
asevera. Los actos concretos de un testigo son:
- Tratar de tener una buena cultura religiosa, para poder defender la fe contra sus enemigos. Esto implica
preocuparse por estar formado e informado de lo que nos pide la Iglesia. - A que, cuando hables de tu
religión Católica, no te importe lo que opinan otros de ti. Recuerda, somos soldados valientes de Cristo -
A hacer apostolado, esto es trabajar para ayudar a las otras personas en sus necesidades humanas y a
que conozcan a Cristo y todas sus enseñanzas. - A tratar de vivir en gracia, esto es, vivir sin pecado en
nuestra alma.
El Espíritu Santo, 3era persona de la Santísima trinidad, que irrumpe en la vida de los confirmados y les
regala sus dones para vivir y comprometerse con nuestra fe:
Toda la iniciación bautismal, desde su preparación hasta su consumación, es obra del Espíritu. Nada se
opera fuera de Él: olvidar esto sería caer en una concepción mágica del sacramento. Un recurso a las
fuentes bíblicas permite descubrir en el cuarto Evangelio que el Espíritu da, en el bautismo de agua,
remisión de los pecados, nueva creación, vida eterna. La teología patrística no perdió nunca de vista este
principio fundamental, puesto vigorosamente en evidencia después del concilio de Nicea.
Lo que distingue el bautismo cristiano del bautismo de Juan Bautista, no es que en él el don del Espíritu
se añada a la inmersión, como podría hacerlo creer cierta presentación, sino que él opera toda la obra de
la justificación y de la creación nueva, ya se trate de la Iglesia o de cada uno de sus miembros. San
Ambrosio dice: “sobreviniendo a la fuente bautismal o sobre los que se presentan al sacramento, opera
en éstos verdaderamente la obra del nuevo nacimiento”.
Operando la obra salvífica, la acción del Espíritu señala la unidad y la progresión de las profecías a la
realidad, de los acontecimientos evangélicos a su prolongación sacramental. Las sucesivas
invocaciones, que imploran a Dios o al Espíritu en cada rito, son una confesión de la fe que discierne al
Espíritu que da y se da.
En la persona de Cristo, el Espíritu, que había abandonado a los hombres cuando pecaron, es devuelto
en el nuevo Adán a toda
la raza adánica. Incorporados al cuerpo de Cristo por el bautismo, los cristianos son ungidos a su vez y
“marcados en el corazón con el sello del Espíritu que nos es dado como arras” (2 Cor 1, 21.22). Para los
Padres griegos, se trata de la infusión directa de la vida divina increada: el Espíritu se da.
Esta consagración es la obra conjunta de la Trinidad entera: el Padre es el Unctor (el que unge), el Hijo
es el Unctus (el ungido), y el Espíritu es la Unctio (la unción). Para los Padres griegos sobre todo, poco
importa que la crismación haya relevado a la imposición de manos (después de haberla acompañado, sin
duda), pues los santos óleos, que introducen a Jesucristo, suplen a la mano.
Dones del Espíritu Santo Se puede narrar la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles (Hch. 2,
1), insistiendo en los efectos que produjo en la vida de los discípulos y en celo misionero. (Explicar a los
confirmandos como el Espíritu Santo producirá el mismo efecto en ellos el día de su confirmación)
“Don de sabiduría: antes les costaba ver a Dios en su vida, ahora son capaces de ver las cosas como
Dios las ve, para juzgarlas rectamente; Don de entendimiento: antes no entendían muchas cosas sobre
el Señor, ahora las comprenden; Don de consejo: antes no sabían aconsejar bien, ahora saben decir a
los que les escuchan qué han de hacer para abandonar su mala vida y orientarse definitivamente hacia
Dios; Don de fortaleza: antes tenían miedo, ahora hablan con audacia y sin temor; Don de ciencia:
antes les costaba ver el cariño de Dios hacia ellos a través de su creación, ahora son capaces de ver su
mano amorosa en la naturaleza y lo que los rodea; Don de piedad: antes no eran piadosos -se duermen
en el Huerto de los Olivos, no rezan- ahora actúan como hijos de Dios; Don de temor de Dios: antes no
cumplían siempre la voluntad de Dios, ahora poseen la docilidad para apartarse del pecado, ya que no
quieren disgustar a Dios”102.
Efectos del sacramento103: Dice el Concilio que los bautizados, con la Confirmación “se enriquecen
con una fuerza especial del Espíritu Santo” (Lumen Gentium, 11). Este don responde a la necesidad de
una energía superior para afrontar el ‘combate espiritual’ de la fe y de la caridad (cf. Summa Theologiae,
III, q. 72, a. 5), para resistir a las tentaciones y para dar testimonio de la palabra y de la vida cristiana en
el mundo, con valentía, fervor y perseverancia. En el sacramento, el Espíritu Santo confiere esta energía.
De manera parecida a lo que sucedió a los Apóstoles en el día
31
de Pentecostés, este sacramento produce en nuestra alma lo siguiente: Aumenta la gracia. La vida de la
gracia que recibimos por primera vez en el bautismo, adquiere un nuevo re-sello con la Confirmación.
Imprime carácter. Por la Confirmación somos marcados para siempre como soldados de Jesucristo y
colaboradores de su Reino. Por eso, solo se puede recibir una vez en la vida. Deja un sello espiritual que
no se puede borrar.
Fortalece la fe. La palabra Confirmación significa fortalecimiento. Con este sacramento nuestra fe en
Jesucristo queda fortalecida.
Nos hace soldados de Cristo. El buen soldado debe ser fuerte tanto en la defensa como en el ataque. La
Confirmación nos da fuerzas para defender la fe y defendernos de los enemigos exteriores de nuestra
salvación: el demonio, el mal ejemplo, e incluso las persecuciones -abiertas o solapadas- que se desatan
contra los cristianos. Nos da vigor para confesar con firmeza nuestra fe siendo testigos de Jesucristo,
colaborando en la santificación del mundo y actuando como apóstoles allí donde vivimos y trabajamos.
Tarea ¿Es necesario confesar los pecados? ¿Por qué? Hacer una Lectio divina de Mateo 18, 18 ó
Marcos 6,13
Catecismo de la Iglesia Católica1316.
99 Catecismo de la Iglesia Católica1300.
100 Catecismo de la Iglesia Católica1301.
101 Pujol, Jaime &
102

Sancho Jesús. (1985). Curso de Catequesis. Libro del profesor. Capítulo 36: La confirmación. Navarra: Eunsa. 103Pujol, Jaime & Sancho

Jesús (1985). Curso de Catequesis. Libro del profesor. Capítulo 36: La confirmación. Navarra: Eunsa.

REUNIóN 12
Confesión y unción de los enfermos (18-22 de agosto) (Mt 18,18) (Mc 6,13)
Introducción Ver video del papa Francisco sobre la importancia de la confesión (link:
http://m.youtube.com/watch?v=g7fCv5jutfw&desktop_ uri=%2Fwatch%3Fv%3Dg7fCv5jutfw)
Fundamento bíblico del sacramento de la reconciliación Se le denomina sacramento de
conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf Mc 1,15), la vuelta
al Padre (cf Lc 15,18) del que el hombre se había alejado por el pecado.
Se denomina sacramento de la penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de
conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador. 104
Se le denomina sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los
pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este
sacramento es también una “confesión”, reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su
misericordia para con el hombre pecador. 105
Se le denomina sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios
concede al penitente “el perdón [...] y la paz” (Ritual de la Penitencia, 46, 55).
Se le denomina sacramento de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia:
“Dejaos reconciliar con Dios” (2 Co 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a
responder a la llamada del Señor: “Ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5,24).
La confesión Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros
pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave
y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionada la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia
ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación
Dios, lo que más quiere es que después de esta vida vayamos a gozar con Él en el cielo. Por desgracia,
los hombres a veces desobedecemos a Dios y hacemos el mal; cada vez que pasa esto perdemos la
oportunidad de ir al cielo. Pero Dios ama a sus hijos con un amor tan grande, que quiso dejarles un
medio para que pudieran pedirle perdón: esto que nos dejó es el sacramento de la confesión.
Al hacer partícipes a los Apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también
la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. Esta dimensión eclesial de su tarea se expresa
particularmente en las palabras solemnes de Cristo a
32
Simón Pedro: “A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en
los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16,19). “Consta que también
el colegio de los Apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro (cf Mt
18,18; 28,16-20)” LG 22).106
Las palabras atar y desatar significan: aquel a quien excluyáis de vuestra comunión, será excluido de la
comunión con Dios; aquel a quien que recibáis de nuevo en vuestra comunión, Dios lo acogerá también
en la suya. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios. 107
La conciencia de ser pecador Nadie se acercará a la confesión si primero no se reconoce pecador.
Es la experiencia ejemplar de David, quién después de haber hecho lo que al Señor le parece mal, al ser
reprendido por el profeta Natán, exclama: “Yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces” (Sal 50, 5ss). También fue así la
experiencia del hijo pródigo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti” (Lc 15, 21). Mientras el hombre
no se reconozca pecador, no irá a la confesión. Somos pecadores. No perder nunca la conciencia del
pecado. No deformar la conciencia, no anestesiarla, pues perdería la sensibilidad y el sentido del
pecado. ¿Cómo se deforma y se anestesia? Cuando nos dejamos llevar por vicios, por el ambiente,
libertad relativista, relajado y ligero, abandonar la oración.
Después de reconocerse pecador, el hombre debe acercarse al Dios de la misericordia, con humildad,
sinceridad, arrepentimiento, que le perdonará a través del ministerio de la Iglesia. Acercarse confiado,
consciente de que el “mysterium pietatis” (misterio de la piedad y amor misericordioso de Dios) es más
grande que el “mysterium iniquitatis” (misterio de iniquidad o pecado). Este misterio del amor
misericordioso de Dios se hace visible en Cristo, que suscita en el alma el movimiento de conversión, de
vuelta a Dios en el sacramento de la confesión, que la Iglesia ofrece a manos llenas.
Conversar la tarea y después dar todos los argumentos de por qué si confesar los pecados (mientras se
refutan las típicas razones de por qué no)
El pecado El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor
verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la
naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como “una palabra, un
acto o un deseo contrarios a la ley eterna” (San Agustín, Contra Faustum manichaeum, 22, 27; San
Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 71, a. 6)108
El pecado es una ofensa a Dios: “Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces” (Sal 51, 6). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y
aparta de Él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra
Dios por el deseo de hacerse “como dioses”, pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gn 3,
5). El pecado es así “amor de sí hasta el desprecio de Dios” (San Agustín, De civitate Dei, 14, 28). Por
esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que
realiza la salvación (cf Flp 2, 6-9).109
Antes de venir Jesús, los hombres no tenían seguridad de haber obtenido el perdón de sus pecados. La
seguridad nos la trajo Cristo, que podía decir: «Tus pecados te son perdonados» (Mt. 9, 2)” 110.
Tipos de pecado Se pueden distinguir los pecados según su objeto, como en todo acto humano, o
según las virtudes a las que se oponen, por exceso o por defecto, o según los mandamientos que
quebrantan. Se los puede agrupar también según que se refieran a Dios, al prójimo o a sí mismo; se los
puede dividir en pecados espirituales y carnales, o también en pecados de pensamiento, palabra, acción
u omisión. La raíz del pecado está en el corazón del hombre, en su libre voluntad, según la enseñanza
del Señor: “De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones,
robos, falsos testimonios, injurias. Esto es lo que hace impuro al hombre” (Mt 15,19-20). En el corazón
reside también la caridad, principio de las obras buenas y puras, a la que hiere el pecado. 111
Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible
ya en la Escritura (cf 1Jn 5, 16-17) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los
hombres la corroboran. Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le
dará vida a los que cometan pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por
el cual no digo que pida. Toda iniquidad es pecado, pero hay pecado que no es de muerte (1Jn. 5, 16-
17)112
El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios;
aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior.
«Cuando [...] la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la que estamos
ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa para ser mortal [...] sea contra el
amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc., o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el
adulterio, etc [...] En cambio, cuando la voluntad del pecador se dirige a veces a una cosa que contiene
en sí un desorden, pero que sin embargo no es contraria al amor de Dios y del prójimo, como una
palabra ociosa, una risa superflua, etc., tales pecados son veniales» (Santo Tomás de Aquino, Summa
theologiae, 1-2, q. 88, a. 2, c).113
33
Para que un pecado sea mortal, debe cumplir tres condiciones:
1) Que el pecado sea grave. (materia grave) 2) Que el pecador tenga conocimiento de que lo que va a
hacer ‘es pecado’ (pleno conocimiento) 3) Que a pesar de saber que eso es pecado, decida hacerlo
(pleno consentimiento)
El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere. Se comete un pecado venial
cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece
a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento. 114 El pecado
venial debilita la caridad; entraña un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma
en el ejercicio de las virtudes y la práctica del bien moral; merece penas temporales. El pecado venial
deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal.
No obstante, el pecado venial no nos hace contrarios a la voluntad y la amistad divinas; no rompe la
Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios. “No priva de la gracia santificante,
de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna. 115
Pasos para una buena confesión: Examen de conciencia: Se trata de examinar nuestra conciencia
en oración ante Dios, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, a partir de nuestra última confesión. Es
paso necesario antes de hacer una buena confesión. Además es aconsejable hacer un examen del día
antes de dormir. El fin del examen no es angustiarse con las culpas sino reconocerlas con seriedad y
confianza en Dios para confesarlas sabiendo que seremos perdonados. Todo el proceso se mueve en la
misericordia infinita de Dios manifestada en Jesucristo.
Vemos nuestras faltas en relación con: - Los Diez Mandamientos. - Los Siete Pecados Capitales. - Los
defectos de carácter. - Los dones que Dios nos ha dado para servirle - Las responsabilidades de nuestra
vocación.
El examen puede hacerse mentalmente, pero mucho ayuda hacerlo por escrito. Se recomienda hacerse
diario, o por lo menos una vez a la semana, al final de la noche.
Dolor de los pecados: El dolor de contrición o dolor por haber ofendido a Dios, cuando existe la
imposibilidad de confesarse, reconcilia al hombre con Dios antes de que de hecho se reciba el
sacramento de la Penitencia. Sin embargo, este dolor no hace superflua la confesión oral de los
pecados, sino que presupone su deseo y a ella se ordena por naturaleza. (Lc 7,47)
Sería contradictorio un perfecto dolor de los pecados unido al rechazo del precepto divino de confesarlos
al sacerdote.
Propósito de la enmienda: Consiste en la determinación de no volver a pecar, como se lo indicó Jesús a
la mujer pecadora: “Anda, y no peques más” (Jn. 8, 11). Aunque no sea posible tener certeza de que no
se ofenderá más a Dios, hay que estar dispuesto a poner los medios para no volver a hacerlo. Esto lleva
a quitar las ocasiones próximas y voluntarias de pecado: malas amistades, lecturas, conversaciones,
etc.; a poner los medios sobrenaturales y humanos para fortalecer la voluntad y no volver a pecar (como
aumentar la oración y evitar situaciones de pecado).
Confesión o acusación de los pecados: Para hacer una buena confesión es necesario decir todos los
pecados al confesor. Hay que confesar todos los pecados mortales según su número y circunstancias
importantes, por ejemplo, aquéllas que cambian la especie del pecado haciendo que en un solo acto se
cometan dos o más pecados específicamente distintos. La confesión sería inválida, si se callara un
pecado mortal a sabiendas. Sin embargo, si se olvida algún pecado y uno se da cuenta después, queda
perdonado ese pecado, pero hay obligación de decirlo en la próxima confesión; mientras tanto, se puede
comulgar. Aunque no es necesario, es muy conveniente confesar también los pecados veniales.
Cumplir la penitencia: La penitencia impuesta por el confesor es para satisfacer la deuda debida a Dios
por el pecado. Es muy bueno que, además de cumplida en seguida, el penitente procure libremente
hacer por su cuenta otras obras que le ayuden a sentir y reparar el pecado. Si teniendo intención de
cumplir la penitencia, luego no se cumple, la confesión es válida, aunque este incumplimiento puede ser
grave o leve según los casos.
Propuesta de examen de conciencia: Los pasos para realizar el examen de conciencia, recomendados
por San Ignacio de Loyola, son los siguientes:
Pedir luz y gracia al Espíritu Santo para descubrir a Dios en lo vivido Sereno mi corazón para compartir lo
vivido con un Amigo muy especial. Pido luz para conocer las señales y la acción de Dios en este día.
Agradecer los dones del día Hago un repaso de lo vivido en el día: actividades, experiencias, encuentros,
trabajos, etc. Le doy gracias por todo lo vivido y pienso en qué momentos sentí una mayor cercanía con
Jesús.
Reconocer fallas (lo que sentí, lo que hice, lo que pensé) Pienso en los descuidos que no permitieron
obtener
34
mayores frutos en el día. Reconozco si hubo alguna insensibilidad ante las necesidades que encontré en
el camino. Si hubo fallas graves, hacer una oración de perdón Pido perdón a quienes hoy ofendí. Doy mi
perdón a quienes me lastimaron. Me doy a mí mismo el perdón que Jesús me regala.
Hacer un propósito para cumplir con su gracia Si hubo falla grave, veo la manera de corregirla para el día
de mañana. Renuevo mi amistad y mi deseo de amar y servir: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te
amo”. Le pido la bendición a María.
Unción de los enfermos Origen bíblico «Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo
nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado
por Marcos “expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (cf
Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio
de Trento: DS 1695, cf St 5, 14-15)116.
En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios
de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito. En el transcurso de los siglos, la Unción de los
enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a punto de morir. A causa de
esto, había recibido el nombre de “Extremaunción”. A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de
orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a su salvación (cf. DS
1696).117
«El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en
la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro
aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: Per istam sanctam unctionem et suam
piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus Sancti, ut a peccatis liberatum te salvet atque
propitius allevet (“Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la
gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu
enfermedad”)» (Sacram Unctionem Infirmorum; cf CIC, can. 847, §1). 118
Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave,
recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser
reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una
operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se
debilitan”119. Quién administra el sacramento
Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos (cf Concilio de
Trento: DS 1697; 1719; CIC, can 1003; CCEO. can. 739,1). Es deber de los pastores instruir a los fieles
sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote
para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones,
con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy
especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas. ” 120
Tarea ¿Cuáles son los sacramentos que más especificamente están al servicio de la comunidad? ¿Qué
quiere decir que los sacrmentos están al servicio de la comunidad?
Catecismo de la Iglesia Católica 1423. 105Catecismo de la Iglesia Católica 1424. 106Catecismo de la Iglesia Católica 1444. 107Catecismo de
104

la Iglesia Católica 1445 108Catecismo de la Iglesia Católica 1849. 109Catecismo de la Iglesia Católica 1853. 110www.aplicaciones.info. En la

confesión, Jesús perdona por medio del sacerdote. Recuperado el 02 de enero de 2012 en http://www.aplicaciones.info/

valores/vavc32.htm. 111www.aplicaciones.info. En la confesión, Jesús perdona por medio del sacerdote. Recuperado el 02 de enero de 2012

en http://www.aplicaciones.info/ valores/vavc32.htm. Catecismo de la Iglesia Católica 1854


112 Catecismo de la Iglesia Católica 1856.
113

Catecismo de la Iglesia Católica 1862. 115Catecismo de la Iglesia Católica 1863. 116Catecismo de la Iglesia Católica 1511. 117Catecismo de
114

la Iglesia Católica 1512. 118Catecismo de la Iglesia Católica 1513. Catecismo de la Iglesia Católica 1514-1515.
119 Catecismo de la Iglesia
120

Católica 1516.
35

REUNIóN 13
LOS SACRAMENTOS AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD: El ORDEN SACERDOTAL
Y EL MATRIMONIO
Introducción Comentar la tarea de la sesión anterior: Estos dos sacramentos están ordenados a la
salvación de los demás. Contribuyen a la salvación propia pero lo hacen mediante el servicio que prestan
a los demás.
EL SACRAMENTO DEL ORDEN El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1536 define el
Orden Sacerdotal como el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus apóstoles sigue
siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Por este sacramento algunos bautizados son
consagrados para ser ministros en la Iglesia y continuar la misión salvífica que Cristo dio a los Apóstoles.
Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado. “Él constituyó a algunos como
apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y doctores, a fin de que trabajen en
perfeccionar a los santos cumpliendo con su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta
que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la
medida de la plenitud de Cristo”( Ef 4, 11-13)
¿Cuál es esta misión apostólica? El mismo Cristo es la fuente del ministerio en la Iglesia. Él lo ha
instituido, le ha dado autoridad y misión, orientación y finalidad: «Cristo el Señor, para dirigir al Pueblo de
Dios y hacerle progresar siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que están ordenados al bien
de todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que posean la sagrada potestad están al servicio de sus
hermanos para que todos los que son miembros del Pueblo de Dios [...] lleguen a la salvación» . La
misión de salvación confiada por el Padre a su Hijo encarnado es confiada a los apóstoles y por ellos a
sus sucesores: reciben el Espíritu de Jesús para actuar en su nombre y en su persona.
Los sacerdotes ejercen los tres poderes de Cristo. Son los encargados de transmitir el mensaje del
Evangelio, y de esa manera ejercen el poder de enseñar. “¿Cómo creerán en aquel a quien no han
oído?, ¿cómo oirán sin que se les predique?, y, ¿cómo predicarán si no son enviados? (Rom 10, 14-15)
“La fe viene de la predicación” ( Rom 10, 17) Su poder de gobernar lo ejercen dirigiendo, orientando a los
fieles a alcanzar la santidad. Así mismo son los encargados de administrar los medios de salvación – los
sacramentos – cumpliendo así la misión de santificar. De los sacerdotes depende, en gran parte, la vida
sobrenatural de los fieles, pues solamente ellos pueden consagrar, al hacer presente a Cristo, y otorgar
el perdón de los pecados. Aunque estas son las dos funciones más importantes de su ministerio, su
participación en la administración de los sacramentos no termina ahí. “Luego Jesús les dijo otra vez, ¡Paz
a ustedes! Como el Padre me envío a mi, así yo los envío a ustedes. Y sopló sobre ellos, y
36
les dijo: reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y
a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”( Jn 20, 21-23) “Y que en su nombre se
anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que Él les perdone los pecados”( Lc 24, 47)
“Jesús se acercó a ellos y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan pues
a las gentes de todas las naciones y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte,
yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” Mt 24, 18-20 “Tomó luego pan, y, dadas las
gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en
recuerdo mío.” (Lc 22, 19)
El Sacerdote en la Antigua Alianza Dentro del pueblo de Israel, Dios escogió una tribu, la de Leví, para
ejercer el servicio litúrgico. Un rito propio consagró los orígenes del sacerdocio en la Antigua Alianza
(“Para consagrarlos como mis sacerdotes esto es lo que debes hacer con ellos”( Ex 29, 21 ) La misión
del sacerdote de la Antigua Alianza es la de “ intervenir en favor de los hombres ante Dios, para ofrecer
dones y sacrificios por los pecados (Hb, 5,1). Sin embargo como se señala en Hb 10, 1-4, el sacerdocio
de la Antigua Alianza era incapaz de realizar la salvación.
El único sacerdocio de Cristo Todas las prefiguraciones del sacerdocio de la Antigua Alianza encuentran
su cumplimiento en Cristo Jesús: “único mediador entre Dios y los hombres” (1 Tm 2, 5)
Efectos del Sacramento del Orden Este sacramento configura con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor,
mediante una gracias especial del Espíritu Santo a fin de servir de instrumento de Cristo en favor de su
Iglesia. Se recibe la capacidad de actuar como representante de Cristo, Cabeza de la Iglesia Confiere un
carácter espiritual indeleble, la gracia es concedida de una vez para siempre por lo tanto no se puede
repetir, ni ser revocada. Es Cristo quien actúa y realiza la salvación a través del ministro ordenado, la
indignidad de éste no impide a Cristo actuar
¿Quiénes pueden ser sacerdotes?
1. Varones bautizados: Jesús escogió a varones para formar el colegio de los doce; “Eligió, de entre ellos
a doce, para que lo acompañaran y para mandarlos a anunciar el mensaje. A estos les dio el nombre de
apóstoles y les dio autoridad para expulsar demonios. Estos son los doce que escogió: Simón a quien
puso el nombre de Pedro, Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamó Boanerges
(hijos del trueno); Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, y Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el
cananeo, y Judas Iscariote, que después traicionó a Jesús”( Mc 3, 14-19)
“Por aquellos días, Jesús se fue a un cerro a orar, y pasó toda la noche orando a Dios. Cuando se hizo
de día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a quienes llamó apóstoles. Estos fueron: Simón
a quien puso también el nombre de Pedro, Andrés hermano de Simón, Santiago, Juan, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, al que llamaban el celote, Judas, hijo de
Santiago, y Judas Iscariote, que fue quien traicionó a Jesús”( Lc 6, 12-16) Los apóstoles hicieron lo
mismo cuando eligieron a sus colaboradores que les sucederían en su tarea: “Por eso te recomiendo que
avives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos”( 2 Tm 1, 6) “Cuando te dejé en la
isla de Creta, lo hice para que arreglaras lo que quedaba por arreglar y para que, en cada pueblo,
nombraras ancianos del a Iglesia de acuerdo a lo que yo te encargué”( Tt 1, 5)
2.- Ser llamados por Dios: solamente pueden acceder al sacramento del orden aquellos que han sido
llamados por Dios. “Nadie puede tomar este honor para sí mismo, sino que es Dios quien lo llama y le da
el honor, como en el caso de Aarón.”( Hb 5, 4)
3.- Ser célibes: La Tradición de la Iglesia Latina, sancionada por Sínodos y decretales, así lo ha decidido;
mientras que en Oriente ha prevalecido la costumbre de ordenar presbíteros a laicos que hubieren
contraído matrimonio antes de recibir el sacramento del Orden como presbíteros. El ejemplo del Señor y
de la Virgen María, la doctrina evangélica y de las cartas de los Apóstoles, la tradición unánime de los
santos Padres, coincidían en proclamar la excelencia incomparable de la castidad. Así desde antiguo un
gran número de miembros del Clero observaban la continencia perfecta antes de que fuese declarada
obligatoria.
El SACRAMENTO DEL MATRIMONIO Ver video sobre el matrimonio. www.youtube.com/ watch?
v=WyOrQzdd1kg Sacramento que santifica la unión del hombre y de la mujer del que nace la familia
cristiana como comunidad de vida y amor “Pero en el principio de la creación los hizo hombre y mujer.
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido que no lo separe el
hombre”. (Mc 10, 6-9)
El designio de Dios sobre el hombre y la mujer En el Antiguo Testamento “Dios es amor” (1 Jn 4, 8) y ha
creado al hombre a su imagen y semejanza, “Entonces dijo: hagamos al hombre a nuestra imagen.
37
El tendrá poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos y los salvajes, y sobre los que se
arrastran por el suelo”, cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó” ( Gn 1,
26-27). Dios ha creado al hombre por amor y lo ha llamado a amar. Dios también ha bendecido al
hombre y a la mujer: “y les dio su bendición, “tengan muchos hijos, llenen el mundo, gobiérnenlo,
dominen a los peces y a las aves, y a todos los animales que se arrastran” ( Gn 1, 28) Dios creó al
hombre y a la mujer el uno para el otro, “No es bueno que el hombre esté solo” ( Gn 2, 18). Con Igual
dignidad: “carne de su carne” (Gn 2,23) “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su
mujer, y se hacen una sola carne”(Gn 2, 24) De este designio del Creador sobre el hombre y la mujer se
deducen como fines del matrimonio: -la comunión y el bien de los cónyuges y -la procreación y
educación de los hijos. Tras el pecado original esta unión se rompe: El primer pecado, ruptura con Dios,
tiene como consecuencia la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones
quedan distorsionadas por agravios recíprocos: “la mujer que me diste por compañera me dio de ese
fruto, y yo comí” (Gn 3, 12) Su atractivo mutuo don del Creador, “Tanto el hombre como su mujer
estaban desnudos, pero ninguno sentía vergüenza de estar así” (Gn 2, 25) se cambia en relaciones de
dominio y de concupiscencia, “pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti”( Gn 3,
16) La vocación del hombre y la mujer a ser fecundos, de multiplicarse y dominar la tierra queda
sometida a los dolores del parto y a los esfuerzos por ganarse el pan. (Gn 3, 16-19) Sin embargo el
orden de la Creación subsiste aunque gravemente perturbado. Para que el hombre y la mujer puedan
llevar a cabo el plan original de Dios sobre ellos, necesitan la ayuda de la gracia de Dios, que en su
misericordia nunca les ha negado. “Dios el Señor hizo ropa de pieles de animales para que el hombre y
la mujer se vistieran” (Gn 3, 21)
El matrimonio en el Antiguo Testamento Dios ayuda a su pueblo a madurar progresivamente en la
conciencia de la unidad e indisolubilidad que tiene que darse en el matrimonio. Contemplando la Alianza
de Dios con Israel bajo la imagen de un amor conyugal exclusivo y fiel los profetas, Isaías, Ezequiel,
Oseas, Malaquías... fueron preparando la conciencia del Pueblo elegido par una comprensión más
profunda de la unidad e indisolubilidad del matrimonio “El Señor Dios de Israel, el todopoderoso dice:
¡cuiden pues, de su propio espíritu, y no sean infieles, pues yo aborrezco al que se divorcia de su esposa
y se mancha cometiendo esa maldad”( Ml 2,16).
El matrimonio en el Señor En el Nuevo Testamento Jesucristo no solo restablece el orden original del
matrimonio querido por Dios sino que otorga la gracia para vivirlo en su nueva dignidad de sacramento,
que es el signo
del amor esponsal hacia la Iglesia. “Maridos amad a vuestras mujeres como Cristo ama a la Iglesia” (Ef
5, 25) En su predicación Jesús, enseñó claramente el sentido original de la unión del hombre y la mujer
tal como el Creador la quiso al comienzo. La unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble tal
como Dios mismo la estableció: “lo que Dios unió, que no lo separe el hombre” ( Mt 19, 6)
Efectos del matrimonio Establecimiento del vínculo: El consentimiento consciente por el que los esposos
se dan y se reciben mutuamente es sellado por el mismo Dios.”De modo que el hombre no debe separar
lo que Dios ha unido” ( Mc 10,9) El vínculo matrimonial que es establecido por Dios mismo implica que el
matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás. Este vínculo es una
realidad irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios.
La Gracia del Sacramento La gracia propia del sacramento del matrimonio está destinada a perfeccionar
el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia se ayudan
mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la acogida y educación de los hijos.
Bienes y exigencias del amor conyugal El amor conyugal es un amor de donación personal (no solo
corporal) recíproca y por lo tanto exige la indisolubilidad y la fidelidad. Es un amor que se abre a la
fecundidad.
Unidad e indisolubilidad del matrimonio El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la
unidad e indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos. Esta
comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo dada
mediante el sacramento del Matrimonio
La fidelidad La fidelidad es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos.
Su motivo más profundo consiste en la fidelidad de Dios a su alianza, de Cristo a su Iglesia. Por el
Sacramento del matrimonio los esposos son capacitados para representar y testimoniar esta fidelidad. La
apertura a la fecundidad Dios queriendo comunicar a la pareja humana cierta participación especial en su
obra creadora bendijo al varón y a la mujer diciendo: “creced y multiplicaos” ( Gn 1, 28)
Pecados contra el matrimonio: Son aquellas acciones que atentan contra los bienes y exigencias del
matrimonio. Atentan contra el amor mutuo de donación de los esposos. Divorcio: indisolubilidad
38
Poligamia y el adulterio: exclusividad, la totalidad de la donación entre el hombre y la mujer El rechazo
a la fecundidad: apertura a la vida
Tarea Reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Cómo es tu familia? ¿Qué características la hacen
distinguirse de un grupo de amigos o de un grupo de personas que comparten vínculos afectivos u otro
tipo de vínculos?
Ib. 1534 122Lumen Gentium 18 123Catecismo de la Iglesia Católica 1581-1589
121 Lumen Gentium 11
124

REUNIóN 14
LA FAMILIA CRISTIANA
Revisión de tarea Descripción de la familia. Lo que distingue a la familia de un grupo de amigos que
comparten vínculos afectivos es que la familia es una comunidad de amor y de vida. La familia está
fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer que se aman con un amor específico con
características propias, un amor de donación recíproca de las personas que se aman de este modo y
que por lo tanto conlleva las exigencias de fidelidad y totalidad no solo en un momento dado sino
también en el tiempo y la apertura a la vida. La familia fundada, y vivificada por el amor, es una
comunidad de personas; hombre y mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su
primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de
desarrollar una auténtica comunidad de personas.125
LA FAMILIA Juan Pabllo II en su Carta Magna sobre el tema de la Familia, la Exhortación Apostólica
Familiaris Consortio afirma que la Iglesia es consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno
de los bienes más preciosos de la humanidad. El futuro de la humanidad se fragua en la familia y por eso
la Iglesia se preocupa de ayudar a las familias de orientar a las mismas para que profundicen en su
identidad y puedan cumplir a cabalidad la misión que les ha sido encomendada. Numerosas son las
acometidas a que se ve sometida la familia en nuestros días por las amplias, profundas y rápidas
transformaciones que suceden en la sociedad y la cultura. Benedicto XVI también nos ha recordado que
el futuro de la humanidad pasa por la familia y que su protección no es una cuestión de fe sino de
justicia. El Papa Francisco ha convocado un Sínodo extraordinario de Obispos para este mes de octubre
cuyo tema central es la familia.
IMPORTANCIA DE LA FAMILIA Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de
José y María. La Iglesia no es otra cosa que la “familia de Dios”. Desde sus orígenes, el núcleo de la
Iglesia estaba a menudo constituido por los que “con toda su casa”, habían llegado a ser creyentes.
Cuando se convertían deseaban también que se salvase “toda su casa”. Estas familias convertidas eran
islas de vida cristiana en un mundo no creyente.126 “Y Cryspo, el jefe de la Sinagoga, con toda su familia
creyó en el Señor. Y también muchos de los de Corinto, al oír el mensaje, creyeron y fueron bautizados”
(Hch 18, 8) “Ellos contestaron: cree en el Señor Jesús, y obtendrás la salvación tú y tu familia” (Hch 16,
31) “Él te dirá, como puedes salvarte tú, y toda tu familia” (Hch 11, 14)
¿QUÉ ES LA FAMILIA? En el designio de Dios Creador y Redentor, la familia descubre su identidad
y también su misión lo que puede y debe hacer. Dios que es amor (1 Jn 4, 8) y el prototipo de comunión,
ha creado
39
al hombre como varón y mujer para que conjuntamente sean imagen de su esencia. “Entonces dijo:
ahora hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gn 1, 26). Dios ha hecho al hombre de modo que sea
varón o mujer “Cuando Dios creó al hombre, lo creó varón a su imagen, varón y mujer los creó” (Gn 1,27)
y anhele la plenitud y la totalidad en el encuentro con el otro sexo. Los hombres y las mujeres tienen
absolutamente la misma dignidad, pero expresan en el desarrollo creativo de su ser varón o mujer
diferentes aspectos de la perfección de Dios. Dios no es varón ni mujer, pero se ha revelado como padre:
“Sean ustedes compasivos, como también su Padre es compasivo” (Lc 6,36) y como madre “como una
madre consuela a su hijo así los consolaré yo a ustedes y encontrarán el consuelo en Jerusalén”(Is 6,13)
En el amor del varón y la mujer, especialmente en la comunión del matrimonio, donde varón y mujer, se
hacen una sola carne(Gn 2, 24) los hombres pueden intuir algo de la felicidad de la unión con Dios, en la
que cada hombre encuentra su plenitud definitiva. Así como el amor de Dios es fiel, también el amor del
varón y de la mujer busca ser fiel; este amor también es creador al modo de Dios, porque del matrimonio
brota una nueva vida. La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos.
El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los
hijos. El amor de los esposos y la generación de los hijos establecen entre los miembros de una familia
relaciones personales y responsabilidades primordiales.127
FAMILIA Y SOCIEDAD La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural
constituida por un varón y una mujer llamados al don de si en el amor y en el don de la vida. Es la
primera sociedad en la que se inserta el ser humano. La vida de familia es la iniciación de la vida en
sociedad ya que en la familia se aprenden los valores que más adelante la persona desarrollará en su
vida social. La familia debe vivir de manera que todos y cada uno de sus miembros aprendan el cuidado
de los más débiles. “La religión pura e intachable ante Dios es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas
en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo” (St 1, 27) Si la familia está bien, el Estado
estará bien; si el Estado está bien, la gran comunidad de los hombres vivirá en paz. 128
SOCIEDAD Y FAMILIA En virtud de los principios de solidaridad y subsidiariedad la familia debe ser
ayudada y defendida mediante medidas sociales apropiadas. Cuando la familia no es capaz de realizar
sus funciones, los otros cuerpos sociales tienen el deber de ayudarla absteniéndose de modificar su
identidad, de privar a las familias de sus propios derechos y de inmiscuirse en sus vidas. Dada la
importancia de la familia para la sociedad,129ésta tiene la responsabilidad de apoyar y fortalecer el
matrimonio y de la familia. Reconociendo y fortaleciendo la verdadera naturaleza del matrimonio y de la
familia.
LA FAMILIA CRISTIANA La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específicas
de la comunión eclesial; por eso (...) puede y debe decirse Iglesia doméstica. 130 Es una comunidad de fe,
esperanza y caridad, posee en la Iglesia una importancia singular. La familia cristiana es una comunión
de personas reflejo de imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad
procreadora y educadora es reflejo de la obra creadora de Dios. La familia cristiana es llamada a
participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La familia cristiana es evangelizadora y misionera.
SITUACIONES IRREGULARES
1.- Matrimonio a prueba: La misma razón humana insinúa ya su no aceptabilidad, es poco convincente
que se haga un experimento de este tipo tratándose de personas humanas cuya dignidad exige que sean
siempre y únicamente término de un amor de donación. La Iglesia no puede admitir tal tipo de unión
además por otras razones derivadas de la fe. En el acto sexual el don del cuerpo es símbolo real de la
donación de la persona (unión substancial de cuerpo y espíritu) y tal donación no puede realizarse con
plena verdad sin el concurso del amor de caridad dado por Cristo. Por otra parte el matrimonio entre dos
bautizados es símbolo real de la unión de Cristo con la Iglesia, que no es una unión temporal o a prueba,
sino fiel eternamente. Esta situación es muy difícil que pueda ser superada si no hay una educación
desde muy temprana edad en el dominio de la concupiscencia e instaurar con los demás relaciones de
amor genuino.132
2.- Uniones de hecho: Son variadas y de distinta naturaleza las causas por las cuales las personas
deciden vivir en este tipo de unión, desde condicionamientos económicos, pasando por el desprecio a la
institución familiar o la búsqueda del placer sin compromiso, inmadurez psicológica, ambiente cultural...
Esta situación tiene graves consecuencias morales y religiosas como pérdida del sentido religioso del
matrimonio visto a la luz de la Alianza de Dios con su pueblo, privación de la gracia del sacramento,
grave escándalo. También tiene consecuencias sociales: destrucción del concepto de familia, atenuación
del concepto de fidelidad ya no solo hacia el otro integrante de la pareja sino hacia los compromisos
adquiridos incluso con la sociedad, afirmación del egoísmo, inseguridad. 133
3.- Separados y divorciados no casados de nuevo Motivos diversos pueden conducir tras mucho
sufrimiento a la ruptura de un matrimonio válido. Esta ruptura es con frecuencia irreparable. La
separación debe considerarse en estos casos como un remedio extremo cuando se hayan agotado las
vías posibles de reconciliación. La comunidad
40
cristiana debe ayudar a los cónyuges a que a pesar de la difícil situación en que se encuentran
conserven la fidelidad que se deben mutuamente. También se da el caso del cónyuge que ha tenido que
sufrir un divorcio pero que consciente de la indisolubilidad del vínculo matrimonial no se implica en una
nueva relación empeñándose en el cumplimiento prioritario de sus deberes familiares y de las
responsabilidades de la vida cristiana. Tales personas con su vida son un testimonio de fidelidad y
coherencia cristiana y hacen más necesaria por parte de la Iglesia una acción continua de amor y ayuda,
sin que exista ningún impedimento para la admisión a los sacramentos. 134
4.- Divorciados casados de nuevo: Existen diversas situaciones en este punto. Estas personas no
están separadas de la Iglesia, pudiendo y debiendo, en cuanto bautizados participar de la vida de la
Iglesia. Están invitados a escuchar la Palabra de Dios, a acudir a la Santa Misa, a perseverar en la
oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a
educar a sus hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar la gracia
de Dios. La Iglesia no obstante no puede admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se
casan otra vez. Ellos mismos impiden que se les admita ya que su estado y condición de vida
contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la
Eucaristía. Hay además otra razón pastoral: los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la
doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio. En cuanto al sacramento de la penitencia
solo se puede recibir válidamente cuando existe un arrepentimiento sincero y se está dispuesto a llevar
una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto implica que cuando un
hombre y una mujer en esta situación por motivos serios como por ejemplo la educación de los hijos, no
pueden vivir separados asumen el compromiso de la plena continencia. 135
Tarea Que investiguen en la biblia en donde y en qué contexto surgen los 10 mandamientos. Hacer una
Lectio Divina de Deuteronomio 30,15-20
Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 18
125 Catecismo de la Iglesia Católica 1655
126 Catecismo de la Iglesia Católica
127

2201 128Lü Bu We (300-236 aC) 129Concilio Vaticano II. Const. Past. Gaudium et spes, 47 Juan Pablo II Exhortación Apostólica Famliaris
130

Consortio, 21 131Catecismo de la Iglesia Católica 2205 Juan Pablo II Exhortación Apostólica Familiaris Consortio 80
132 Juan Pablo II Exh.
133

Apost. Familiaris Consortio 81 Juan Pablo II Exh Apost. Familiaris Consortio 83


134 Juan Pablo II Exh. Apost. Familiaris Consortio 84
135

REUNIóN 15
Mandamientos en relación a Dios: 1, 2 y 3 mandamientos (Dt :30,15-20) «AMARÁS AL
SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA Y CON TODAS
TUS FUERZAS»
Introducción Los Diez mandamientos de la Ley de Dios, también llamado Decálogo, son los preceptos
revelados a Moisés en el Monte Sinaí. Fueron escritos por Dios en dos tablas de piedra. Estos
Mandamientos se encuentran en el Exodo 20, 1-17 y Deuteronomio 5, 6-18. El Nuevo Testamento
reafirma la validez de los 10 Mandamientos (Cf. Ap 11,19; Hb 9,4) Los Diez Mandamientos son una
expresión de la ley natural, con la excepción del primero y el tercero. Algunas partes del Decálogo se
encuentran en las leyes de otras religiones antiguas. Sin embargo los Diez Mandamientos superan a los
otros códigos morales de la antigüedad por su monoteísmo explícito, su doctrina sobre la grandeza y
bondad de Dios y por las obligaciones morales que se extienden hasta los deseos íntimos del corazón.
Fundamento bíblico de los diez mandamientos Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si
obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo
sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te
bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla. Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces,
si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin
remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás
muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y
muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios,
escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había
prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.»
1°Mandamiento: “Amarás a Dios sobre todas las cosas” Vídeo motivacional
https://www.youtube.com/watch?v=VLL0cM6EhoA
Necesidad y obligación de amar a Dios. «Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto,
de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen
alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las
aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto» (Ex 20, 2-5). «Está escrito: Al
Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto» (Mt 4, 10). “Un doctor de la Ley se acercó a Jesucristo y le
preguntó: Maestro ¿cuál es el gran mandamiento de la Ley? Jesús le dijo:— «Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Este es el primero y principal
mandamiento»” (Mt. 22, 35-38) “El amar a Dios no es solo una necesidad sino una obligación que atañe
a todo ser humano. El amor a Dios como dulce obligación nace ya en el Antiguo Testamento. Moisés
baja del Sinaí con las tablas de los
41
diez mandamientos, y el primero de los diez mandamientos es el que establece la obligación de amar a
Dios”136.
Efectos de encontrar a Dios: “Cuando el hombre encuentra a Dios, nace en él una imperiosa necesidad
de amarle”137. “Cuando se encuentra a Dios uno se convierte, es decir, se transforma. Con respecto a
Dios, la conversión es la recuperación de un alma por Él y para Él. Se trata de un alma que es llamada
especialmente, que es convocada o elegida por el Señor” 138. “La más importante consecuencia de una
conversión es el ansia de amor a Dios que surge en el alma del convertido” 139. “El hombre necesita amar.
El hombre necesita amar a Dios, porque de Dios procede todo y sobre todo él mismo” 140. “El amor a Dios
es lo único que en definitiva puede dar felicidad al hombre, pues ha sido creado por Dios y para Dios, y
hasta que no encuentre definitivamente a su creador, jamás podrá hallar la felicidad eterna” 141.
Dios me ama: Desde siempre, Dios ha tenido en su mente crearnos a cada uno de nosotros de la nada
y crearnos para una eterna felicidad que hemos de compartir con Él. Y, ¿cuál es la razón y el origen de
esto? Dios nos creó por amor, porque Él es amor. ¿Cómo es el amor que Dios me tiene?
• Un amor personal: Me ama a mí en particular. Me conoce como si fuera su único. hijo. Yo soy valioso y
especial para Él. Se preocupa y se dedica a mí, me protege, me consuela y me exige para que crezca.
• Un amor infinito: El amor que Dios me tiene es tan grande, que ni siquiera se puede medir.
• Un amor constante: Dios, no ama a veces sí y a veces no. Dios me ama siempre, todo el tiempo.
• Un amor tierno: Dios es cariñoso, me ama con dulzura como al más pequeño de sus hijos.
• Un amor gratuito: Dios me ama, no porque yo lo merezca, sino solamente porque Él quiere amarme.
Dios me ama sin condiciones, sin importarle como sea yo. Me ama incluso cuando yo le ofendo y
siempre espera que me arrepienta
¿Cómo debo yo amar a Dios?142 Como Él me ama a mí. Amarlo con:
• Un amor personal: Amar solo a Dios sobre todas las cosas y no a otros dioses: poder, dinero,
comodidad. Amarlo por encima de mi orgullo, vanidad, materialismo, flojera, envidia, temor al qué dirán.
• Un amor fuerte: Amar a Dios no a medias, sino con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis
fuerzas. Un amor decidido.
• Un amor constante: Amar a Dios ‘siempre’, no solo cuando ‘lo siento’, cuando todo va bien. Amarlo
también en las penas, en el dolor, en la enfermedad, en la tentación.
• Un amor tierno: Amar a Dios con cariño, con alegría. A Dios le gusta que le diga ‘Padre’, que le rece y
le diga que lo quiero, que le haga regalos.
• Un amor gratuito: No poner condiciones a Dios para amarlo más o amarlo menos. Amarlo tan solo
porque es mi Padre; Él
me hizo y me ha regalado todo.
Pecados contra el primer mandamiento143: La superstición: Que es tratar a una criatura natural
elevándola al nivel sobrenatural, creer en poderes superiores de un objeto natural. Ej. Creer que por
llevar una pata de conejo, nos hemos librado de un accidente automovilístico. Es una desviación del
sentimiento religioso y pérdida de la confianza en la Divina Providencia. Y más profundamente, es
atribuir eficacia a la sola materialidad de las oraciones y de los sacramentos, prescindiendo de las
disposiciones interiores que exigen, como si fueran mágicos. Es decir, creer que por el mero hecho de
rezar, sin concentrarnos o sin escuchar la voluntad de Dios, tendremos frutos espirituales. Caer en
idolatría: Dando culto a una criatura como si fuera Dios. Es divinizar lo que no es Dios. Ej. La falsa
concepción de la ecología extendida hoy día por el New Age, vuelta al panteísmo o divinización de las
fuerzas de la naturaleza. Guiarse por adivinos o magias, tratando de manejar alguna fuerza natural
esperando que dé resultados sobrenaturales. La lectura de las cartas o del café para saber el futuro,
confía en la supuesta capacidad de manejar poderes que superan la capacidad humana por encima de
Dios y de la libertad del hombre. Pecados de irreligión: Como el tentar a Dios poniendo a prueba su
bondad y su omnipotencia, el sacrilegio que es profanar personas o cosas o lugares consagrados a Dios
y la simonía o compraventa de cosas espirituales.
Ateísmo práctico: Vivir conscientemente a espaldas de Dios. Aquí encaja tanto el que niega a Dios
(ateo teórico), como el que vive como si Dios no existiera (ateo práctico).Lo que es un hecho es que
cuando pecamos contra cualquiera de los otros mandamientos, es porque no estamos convencidos del
primero. Si amáramos a Dios sobre todas las cosas, no pecaríamos.
Así lo ve el Papa: «En nuestros tiempos hay un fenómeno particularmente peligroso para la fe: hay una
forma de ateísmo que se define como ‘práctico’, en el que no se niegan las verdades de la fe o los
rituales religiosos, sino que simplemente se consideran irrelevantes para la existencia cotidiana,
separados de la vida, inútiles». Consecuencia: «A menudo, por lo tanto, se cree en Dios de una manera
superficial y se vive ‘como si Dios no existiera’ (etsi Deus non daretur)». Pero este ateísmo «práctico» no
es menos dañino para el que lo vive, al contrario: «Al final, sin embargo, esta forma de vida es aún más
destructiva, porque conduce a la indiferencia hacia la fe y hacia la cuestión de Dios».
2oMandamiento: “No tomaras el nombre de Dios en vano”. «No tomarás en falso el nombre
del Señor tu Dios» (Ex 20, 7; Dt 5, 11). «Se dijo a los antepasados: “No perjurarás”... Pues yo os digo
que no juréis en modo alguno» (Mt 5, 33-34). El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del
Señor. Pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religión y regula más particularmente el
uso de nuestra palabra en las cosas santas.144
42
El segundo mandamiento nos ordena reverenciar el santo nombre del Señor, y hablar siempre de Dios y
de las cosas santas con profundo respeto que se manifiesta pronunciando e invocando, ya sea el santo
nombre de Dios, ya el de su único Hijo Nuestro Señor Jesucristo, con sentimientos de piedad y
veneración (cf. F. X. Schouppe S.J., «Curso abreviado de religión», París-México, 1906, pp. 370-371). El
segundo mandamiento nos prohíbe: 1) pronunciar el nombre de Dios sin respeto; 2) blasfemar contra
Dios, contra la Santísima Virgen y contra los Santos; 3) hacer juramentos falsos, o innecesarios, o de
algún modo ilícitos.
Pronunciar el nombre de Dios sin respeto quiere decir pronunciar este santo nombre y todo lo que se
refiere de un modo especial al mismo Dios, como el nombre de Jesús, de María y de los santos, con
algún enojo, por burla o de otra manera poco reverente.
Blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios —interior o
exteriormente— palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto en las
expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago reprueba a “los que blasfeman el hermoso Nombre
(de Jesús) que ha sido invocado sobre ellos” (St 2, 7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las
palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al
nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte.
El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión 145.
Juramento es traer a Dios por testigo de la verdad que se dice o de la que se promete. No siempre está
prohibido el jurar; antes bien, es lícito y aún de honra de Dios, cuando hay en ello necesidad y el
juramento se hace con verdad, con juicio y con justicia.
Se jura sin verdad, cuando se afirma con juramento lo que se sabe o cree que es falso, o cuando con
juramento se promete hacer lo que no se tiene intención de cumplir. Se jura sin juicio, cuando se jura sin
prudencia y sin madura consideración o por cosas de poca importancia. Se jura sin justicia, cuando se
jura hacer algo que no es justo o lícito, como vengarse, robar o cosas semejantes. Quien jura en falso
comete pecado mortal, porque deshonra gravemente a Dios, Verdad infinita, trayéndole por testigo de lo
falso.
Voto: que es una promesa hecha libremente por la que una persona se obliga delante de Dios a hacer lo
posible y mejor u omitir algo. Esta promesa tiene que ser formal: es decir el compromiso de cumplirlo se
hace expresamente, considerando que hacemos un voto delante de Dios y no un mero propósito. Tiene
que ser deliberado, no porque se me ocurrió de repente. También tiene que ser libre, no puede haber
coacción ninguna (ser obligado por alguien). Y lo prometido tiene que ser posible y razonable. Dentro de
los votos se encuentran los votos religiosos. Es más que una promesa es un compromiso con una
valoración moral146.
Honrar el nombre de Dios:147 No puedes solo no hacer lo que le desagrada a Dios, debes también hacer
lo que le agrada. ¿Cómo puedes honrar el nombre de Dios? Se honra públicamente el nombre de Dios,
en procesiones, peregrinaciones y otras reuniones de gente organizadas en ocasiones especiales.
Haciendo un acto de reparación cuando oigas que otra persona pronuncia sin respeto el nombre de Dios.
Entonces puedes decir internamente: “Bendito sea el nombre de Dios”. Lo más importante es que si
amas a Dios de verdad, amarás su nombre y siempre lo pronunciarás con amor, reverencia y respeto.
3o Mandamiento: santificaras las fiestas «Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días
trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No
harás ningún trabajo» (Ex 20, 8-10; cf Dt 5, 12-15).
«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del
hombre también es Señor del sábado» (Mc 2, 27-28).
El día del sábado La Escritura hace a este propósito memoria de la creación: “Pues en seis días hizo el
Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor
el día del sábado y lo hizo sagrado” (Ex 20, 11). 148 La Escritura ve también en el día del Señor un
memorial de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto: “Acuérdate de que fuiste esclavo en el país
de Egipto y de que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu
Dios te ha mandado guardar el día del sábado” (Dt 5, 15). 149 El Evangelio relata numerosos incidentes en
que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día
(cf Mc 1, 21; Jn 9, 16), sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: “El sábado ha
sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27). Con compasión, Cristo
proclama que “es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla” (Mc
3, 4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios (cf Mt 12, 5; Jn 7, 23). “El
Hijo del hombre es Señor del sábado” (Mc 2, 28).150 El día de la Resurrección: la nueva creación Jesús
resucitó de entre los muertos “el primer día de la semana” (Mt 28, 1; Mc 16, 2; Lc 24, 1; Jn 20, 1). En
cuanto es el “primer día”, el día de la Resurrección de Cristo recuerda la primera creación. En cuanto es
el “octavo día”, que sigue al sábado (cf Mc 16, 1; Mt 28, 1), significa la nueva creación inaugurada con la
resurrección de Cristo. Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las
fiestas, el día del Señor (Hè kyriakè hèmera, dies dominica), el “domingo” 151. La celebración dominical del
día y de la Eucaristía del Señor tiene un papel principalísimo en la vida de la Iglesia. “El domingo, en el
que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como
fiesta primordial de precepto” (CIC can. 1246, §1).152
43
«Igualmente deben observarse los días de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Epifanía,
Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y
Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, todos los Santos» (CIC can. 1246,
§1).
Los cristianos que disponen de tiempo de descanso deben acordarse de sus hermanos que tienen las
mismas necesidades y los mismos derechos y no pueden descansar a causa de la pobreza y la miseria.
El domingo está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a obras buenas y a servicios
humildes para con los enfermos, débiles y ancianos. Los cristianos deben santificar también el domingo
dedicando a su familia el tiempo y los cuidados difíciles de prestar los otros días de la semana. El
domingo es un tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que favorecen el crecimiento
de la vida interior y cristiana.153
Esta práctica de la asamblea cristiana se remonta a los comienzos de la edad apostólica (cf Hch 2, 42-
46; 1 Co 11, 17). La carta a los Hebreos dice: “No abandonéis vuestra asamblea, como algunos
acostumbran hacerlo, antes bien, animaos mutuamente” (Hb 10, 25).
«La tradición conserva el recuerdo de una exhortación siempre actual: “Venir temprano a la iglesia,
acercarse al Señor y confesar sus pecados, arrepentirse en la oración [...] Asistir a la sagrada y divina
liturgia, acabar su oración y no marcharse antes de la despedida [...] Lo hemos dicho con frecuencia:
este día os es dado para la oración y el descanso. Es el día que ha hecho el Señor. En él exultamos y
nos gozamos» (Pseudo- Eusebio de Alejandría, Sermo de die Dominica). 154
Tarea Leer capitulo de “Fundamento del amor al prójimo”. Pág. 177 del libro: “Un fuego que enciende
otros fuegos” de San Alberto Hurtado.
136Juan del Carmelo (2005). Amar a Dios. Madrid: Voz de Papel (p.17). 137Juan del Carmelo (2005). Amar a Dios. Madrid: Voz de Papel (p.13). 138Juan del
Carmelo (2005). Amar a Dios. Madrid: Voz de Papel (p.14). 139Juan del Carmelo (2005). Amar a Dios. Madrid: Voz de Papel (p.15). 140Juan del Carmelo

(2005). Amar a Dios. Madrid: Voz de Papel (p.16). 141Juan del Carmelo (2005). Amar a Dios. Madrid: Voz de Papel (p.17). 142Conozcamos nuestra fe Católica:

el primer mandamiento. Recuperado el 16 de diciembre de 2011 en http://laverdadcatolica.org/f37.pdf 143Cfr: www.catholic.net Mandamientos de la ley de

Dios: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Recuperado el 16 de diciembre de 2011 en http://www.es.catholic.net/ conocetufe/364/812/articulo.php?

id=1329 144Catecismo de la Iglesia Católica 2142. 145Catecismo de la Iglesia Católica 2148. 146Código de Derecho Canónico (c. 1191).

147www.laverdadcatolica.org. Conozcamos nuestra fe católica: el segundo mandamiento. Recuperado el 28 de diciembre de 2012 en

www.laverdadcatolica.org/index00.htm. 148Catecismo de la Iglesia Católica 2169. 149Catecismo de la Iglesia Católica 2170. 150Catecismo de la Iglesia

Católica 2173. 151Catecismo de la Iglesia Católica 2174. 152Catecismo de la Iglesia Católica 2177. 153Catecismo de la Iglesia Católica 2186. 154Catecismo de la

Iglesia Católica 2178.

REUNIóN 16
«AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»: 4o, 7o, 8o Y 10o MANDAMIENTO
Introducción Comentar muy brevemente el capítulo del libro que leyeron (“Fundamento del amor al
prójimo”), mencionando qué les llamó la atención y reflexionando sobre las formas en las que podemos
aplicar lo que decía el Padre Hurtado en nuestra vida y nuestras relaciones sociales.
Luego, como motivación, les sugerimos mostrar el siguiente video: http://www.youtube.com/ watch?
v=4Zv9vRz4QYM&feature=related o algún otro que conozcan y que sirva de introducción.
A partir del análisis tanto el video como de la tarea, cabe ahora preguntarnos ¿de qué manera nos pide
Dios que vivamos el amor al prójimo?
En respuesta a la pregunta que le hacen sobre cuál es el primero de los mandamientos, Jesús responde:
«El primero es: “Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Amarás a
tu prójimo como a ti mismo”. No existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31).
El apóstol san Pablo lo recuerda: «El que ama al prójimo ha cumplido la ley. En efecto, lo de: no
adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta
fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por
tanto, la ley en su plenitud» (Rm 13, 8-10).155
4o Mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre. El Señor Jesús recordó también la fuerza
de este “mandamiento de Dios” (Mc 7, 8 -13). El apóstol enseña: “Hijos, obedeced a vuestros padres en
el Señor; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento que lleva
consigo una promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra» (Ef 6, 1-3; cf Dt 5 16).
El cuarto mandamiento se dirige expresamente a los hijos en sus relaciones con sus padres, porque esta
relación es la más universal. Se refiere también a las relaciones de parentesco con los miembros del
grupo familiar, de manera que también exige que se de honor, afecto y reconocimiento a los abuelos y
antepasados. Finalmente, se extiende a los deberes de los alumnos respecto a los maestros, de los
empleados respecto a los patronos, de los subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos
respecto a su patria, a los que la administran o la gobiernan. 156
El cumplimiento del cuarto mandamiento lleva consigo su recompensa: “Honra a tu padre y a tu madre,
para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12; Dt 5, 16).
La observancia de este mandamiento procura, con los frutos espirituales, frutos temporales de paz
44
y de prosperidad. Y al contrario, la no observancia de este mandamiento entraña grandes daños para las
comunidades y las personas humanas.157
Deberes de los hijos La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana (cf Ef 3, 14); es el
fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su
padre y hacia su madre (cf Pr 1, 8; Tb 4, 3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une.
Es exigido por el precepto divino (cf Ex 20, 12).158
El respeto a los padres (que es la piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de
la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en
sabiduría y en gracia. “Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre.
Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?” (Si 7, 27-28). 159
El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. “Guarda, hijo mío, el mandato de
tu padre y no desprecies la lección de tu madre [...] en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes,
velarán por ti; conversarán contigo al despertar” (Pr 6, 20-22). “El hijo sabio ama la instrucción, el
arrogante no escucha la reprensión” (Pr 13, 1).160
Así, mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que éstos dispongan
para su bien o el de la familia. “Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios
en el Señor” (Col 3, 20; cf Ef 6, 1). Los niños deben obedecer también las prescripciones razonables de
sus educadores y de todos aquellos a quienes sus padres los han confiado. Pero si el niño está
persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla (es decir, si
sus padres le ordenaran algo que no fuera moralmente correcto, o simplemente malo a los ojos de
Dios).161
Cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. Deben prevenir sus deseos,
solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas. La obediencia a los padres
cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual permanece para
siempre. Este, en efecto, tiene su raíz en el temor de Dios, que es uno de los dones del Espíritu Santo.
El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres.
En la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y
durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento. Jesús recuerda este deber de
gratitud (cf Mc 7, 10-12).
«El Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su
padre expía sus pecados;
como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus
hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al
Señor quien da sosiego a su madre» (Si 3, 2-6).
«Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza,
sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor [...] Como blasfemo es el que abandona a su
padre, maldito del Señor quien irrita a su madre» (Si 3, 12-13.16).
Deberes de los padres La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola procreación de los hijos,
sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación espiritual. El papel de los
padres en la educación “tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse” (GE 3). El
derecho y el deber de la educación son para los padres primordiales e inalienables (cf FC 36). 163
En todo momento de la vida, los padres deben mirar a sus hijos como a hijos de Dios y respetarlos como
a personas humanas. Han de educar a sus hijos en el cumplimiento de la ley de Dios, mostrándose ellos
mismos obedientes a la voluntad del Padre de los cielos. 164
Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta
responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad
y el servicio desinteresado son norma. Asimismo, la familia es un lugar apropiado para la educación de
las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí,
condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las
dimensiones “materiales e instintivas a las interiores y espirituales” (CA 36). Es una grave
responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus
propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos. 165
«El que ama a su hijo, le corrige sin cesar [...] el que enseña a su hijo, sacará provecho de él» (Si 30, 1-
2). «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la
corrección según el Señor» (Ef 6, 4).
7o Mandamiento: no robaras. Especial énfasis en la copia «No robarás» en la mirada del
Antiguo Testamento: Ex 20, 15; Dt 5,19. «No robarás» en la mirada del Nuevo Testamento: Mt 19, 18.
El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicar de
cualquier manera al prójimo en sus bienes. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes
terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común, exige el respeto del destino
universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se
45
esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo. 166
San Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: “No hacer participar a los pobres de los propios bienes
es robarles y quitarles la vida; [...] lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos” (In Lazarum,
concio 2, 6). Es preciso “satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca
como ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia” (AA 8):
«Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino
que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un
deber de justicia» (San Gregorio Magno, Regula pastoralis, 3, 21, 45). 167
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en
sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar,
confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia.
Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo
a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt
25,31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los
principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf
Mt 6, 2-4):
«El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo
mismo» (Lc 3, 11). «Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para
vosotros» (Lc 11, 41). «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y
alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos o hartaos”, pero no les dais lo necesario para el
cuerpo, ¿de qué sirve?» (St 2, 15-16; cf Jn 3, 17).168 Considerando todo lo anterior, los principales
pecados contra el séptimo mandamiento de la Ley de Dios son:
- Robar. - Causar daño al prójimo en sus bienes. - No trabajar conforme al deber o trabajar mal. - No
pagar el justo salario a los empleados y obreros. - Servirse de la miseria del prójimo o de la escasez
pública para acaparar o enriquecerse con injustas subidas de precio. - No cumplir los deberes del propio
cargo, permitiendo que se perjudique al prójimo o al bien común. - Prestar dinero u otra cosa exigiendo
un interés excesivo. - Engañar al prójimo en el comercio con pesos, medidas o monedas falsas, o con
mercancías malogradas o averiadas. - Retener bienes ajenos contra la voluntad de sus dueños. - No
respetar los derechos de autoría (como copiar en una prueba o cometer plagio en un informe, por
ejemplo)
- Sobornar o exigir coimas. - Colaborar en cualquier robo o injusticia contra los bienes ajenos
Los que han robado o han hecho daño al prójimo en sus bienes están obligados, además de confesar su
pecado, a restituir lo mal adquirido y a reparar cuanto antes los daños culpablemente causados.
8o Mandamiento: no dirás falsos testimonios ni mentiras. «No darás testimonio falso contra tu
prójimo» (Ex 20, 16). «Se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus
juramentos» (Mt 5, 33).
Vivir en la verdad El Antiguo Testamento lo proclama: Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es
verdad (cf Pr 8, 7; 2 S 7, 28). Su ley es verdad (cf Sal 119, 142). “Tu verdad, de edad en edad” (Sal 119,
90; Lc 1, 50). Puesto que Dios es el “Veraz” (Rm 3, 4), los miembros de su pueblo son llamados a vivir en
la verdad (cf Sal 119, 30).169
En Jesucristo, la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14), Él es
la “luz del mundo” (Jn 8, 12), la Verdad (cf Jn 14, 6). El que cree en Él, no permanece en las tinieblas (cf
Jn 12, 46). El discípulo de Jesús, “permanece en su palabra”, para conocer “la verdad que hace libre” (cf
Jn 8, 31-32) y que santifica (cf Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu de verdad” (Jn 14, 17) que
el Padre envía en su nombre (cf Jn 14, 26) y que conduce “a la verdad completa” (Jn 16, 13). Jesús
enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad: «Sea vuestro lenguaje: “sí, sí”; “no, no”» (Mt
5, 37).170
Ofensas a la verdad171 Falso testimonio y perjurio. Una afirmación contraria a la verdad posee una
gravedad particular cuando se hace públicamente. Ante un tribunal viene a ser un falso testimonio (cf Pr
19, 9), pero cuando es pronunciada bajo juramento se trata de perjurio. Estas maneras de obrar
contribuyen a condenar a un inocente, a disculpar a un culpable o a aumentar la sanción en que ha
incurrido el acusado (cf Pr 18, 5), comprometiendo gravemente el ejercicio de la justicia y la equidad de
la sentencia pronunciada por los jueces. El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud
y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto (cf CIC can. 220). Se hace culpable de:
- Juicio temerario: aquel que, incluso tácitamente, admite como verdadero un defecto moral en el
prójimo, sin tener para ello fundamento suficiente. - Maledicencia: aquel que, sin razón objetivamente
válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran (cf Si 21, 28). - Calumnia:
aquel que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios
falsos respecto a ellos.
46
Para evitar el juicio temerario, cada uno debe interpretar, en cuanto sea posible, en un sentido favorable
los pensamientos, palabras y acciones de su prójimo, tal como lo recomienda San Ignacio de Loyola:
«Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla; y si no
la puede salvar, inquirirá cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque
todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve» (San Ignacio de Loyola, Exercitia
spiritualia, 22).
La maledicencia y la calumnia. Son afirmaciones que destruyen la reputación y el honor del prójimo.
Ahora bien, el honor es el testimonio social dado a la dignidad humana, y cada uno posee un derecho
natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia
lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.
La vanagloria o jactancia. Constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con la ironía que
trata de ridiculizar a uno caricaturizando de manera malévola tal o cual aspecto de su comportamiento.
La mentira. “Consiste en decir falsedad con intención de engañar” (San Agustín, De mendacio, 4, 5). El
Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: “Vuestro padre es el diablo [...] porque no hay verdad
en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira”
(Jn 8, 44).
La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para
inducir a error. Lesionando la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el
vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el Señor.
La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las
circunstancias, las intenciones del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan
perjudicados. Si la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser mortal cuando
lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.
La mentira es condenable por su misma naturaleza. Es una profanación de la palabra cuyo objeto es
comunicar a otros la verdad conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error mediante
palabras contrarias a la verdad constituye una falta contra la justicia y la caridad. La culpabilidad es
mayor cuando la intención de engañar corre el riesgo de tener consecuencias funestas para los que son
desviados de la verdad.
Al que ha pecado contra el octavo mandamiento no le basta la confesión, sino que tiene obligación de
retractarse de cuanto dijo calumniando al prójimo, y de reparar, del modo que pueda, los daños que le ha
causado.
10o Mandamiento: No codiciaras los bienes ajenos. «No codiciarás [...] nada que [...] sea de tu
prójimo» (Ex 20, 17). «No desearás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada
que sea de tu prójimo» (Dt 5, 21). «Donde [...] esté tu tesoro, allí estará también tu corazón » (Mt 6, 21).
El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, que versa sobre la concupiscencia de la carne.
Prohíbe la codicia del bien ajeno, raíz del robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo
mandamiento. La “concupiscencia de los ojos” (cf 1 Jn 2, 16) lleva a la violencia y la injusticia prohibidas
por el quinto precepto (cf Mi 2, 2). La codicia tiene su origen, como la fornicación, en la idolatría
condenada en las tres primeras prescripciones de la ley (cf Sb 14, 12). El décimo mandamiento se refiere
a la intención del corazón, de manera que resume, junto con el noveno, todos los preceptos de la Ley.
El décimo mandamiento se extiende además a los pecados internos de esta clase, y prohíbe hasta los
deseos codiciosos de poseer los bienes ajenos por medios injustos e ilegales. Se extiende a contener
nuestros inagotables deseos de poseer los bienes terrenos y caducos, para que los dirijamos a poseer
los celestiales y eternos. Nos mandan practicar la virtud de la justicia y también apartar nuestra avarienta
afición de lo que no nos pertenece por derecho y por justicia (Pbro. D. Eulogio Horcajo Monte de Oria,
«El Cristiano Instruido en su Ley», Madrid, 1891, pp. 217-218). 172
El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes
terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder.
Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes
temporales.173
La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo
desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un
pecado mortal:
San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia” (De disciplina christiana, 7, 7).
“De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la
tristeza causada por su prosperidad” (San Gregorio Magno, Moralia in Job, 31, 45). 174
La pobreza de corazón Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a Él respecto a todo y a todos y les
propone “renunciar a todos sus bienes” (Lc 14, 33) por Él y por el Evangelio (cf Mc 8, 35). Poco antes de
su Pasión les mostró como ejemplo a la pobre viuda de Jerusalén que, de su indigencia, dio todo lo que
tenía para vivir (cf Lc 21, 4). El precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en
el Reino de los cielos.
47
“Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de
este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica,
buscar el amor perfecto” (LG 42).175
“Bienaventurados los pobres en el espíritu” (Mt 5, 3). Las bienaventuranzas revelan un orden de felicidad
y de gracia, de belleza y de paz. Jesús celebra la alegría de los pobres, a quienes pertenece ya el Reino
(Lc 6, 20)176
“Quiero ver a Dios” «Allí se dará la gloria verdadera; nadie será alabado allí por error o por adulación;
los verdaderos honores no serán ni negados a quienes los merecen ni concedidos a los indignos; por
otra parte, allí nadie indigno pretenderá honores, pues allí sólo serán admitidos los dignos. Allí reinará la
verdadera paz, donde nadie experimentará oposición ni de sí mismo ni de otros. La recompensa de la
virtud será Dios mismo, que ha dado la virtud y se prometió a ella como la recompensa mejor y más
grande que puede existir [...]: “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (Lv 26, 12) [...] Este es también
el sentido de las palabras del apóstol: “para que Dios sea todo en todos” (1 Co 15, 28). Él será el fin de
nuestros deseos, a quien contemplaremos sin fin, amaremos sin saciedad, alabaremos sin cansancio. Y
este don, este amor, esta ocupación serán ciertamente, como la vida eterna, comunes a todos» (San
Agustín, De civitate Dei, 22,30).
Tarea Que cada uno vea el siguiente video: http://www.youtube.com/ watch?v=iur_Lmb26AQ y que a
partir de él reflexionen sobre el valor de la vida humana: ¿está éste determinado por el tiempo de vida o
las capacidades físicas? ¿Creen que los papás de Elliot serían más felices si hubiesen decidido
abortarlo? Hacer Lectio Divina de Mateo 5, 21
Catecismo de la Iglesia Católica 2196. 156Catecismo de la Iglesia Católica 2199. 157Catecismo de la Iglesia Católica 2200. 158Catecismo de
155

la Iglesia Católica 2214 159Catecismo de la Iglesia Católica 2215. 160Catecismo de la Iglesia Católica 2216. 161Catecismo de la Iglesia

Católica 2217 162Catecismo de la Iglesia Católica 2218. 163Catecismo de la Iglesia Católica 2221. 164Catecismo de la Iglesia Católica 2222.

Catecismo de la Iglesia Católica 2223. 166Catecismo de la Iglesia Católica 2401. 167Catecismo de la Iglesia Católica 2446. 168Catecismo de
165

la Iglesia Católica 2447. 169Catecismo de la Iglesia Católica 2465. Catecismo de la Iglesia Católica 2466.
170 Catecismo de la Iglesia
171

Católica 2477-2485. 172Catecismo de la Iglesia Católica 2534. Catecismo de la Iglesia Católica 2536.
173 Catecismo de la Iglesia Católica
174

2539. 175Catecismo de la Iglesia Católica 2545. Catecismo de la Iglesia Católica 2546.


176

REUNIóN 17
“NO MATARÁS”: 5o MANDAMIENTO (Mt 5, 21)
Introducción Les proponemos comenzar la sesión comentando el video “99 balloons”. ¿Qué
reflexiones tienen al respecto? Como puede ser un tema polémico, les sugerimos intentar limitar la
discusión lo que más puedan, de modo que no se les vaya el tiempo en eso y puedan conversar sobre lo
que viene a continuación. De todas formas, pueden retomar un poco el tema más adelante (cuando se
habla de aborto “terapéutico”).
“Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo:
todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que insulte a su hermano, será reo
ante el Sanedrín; y el que maldiga será reo del fuego del infierno. Por lo tanto, si al llevar tu ofrenda al
altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a
reconciliarte con tu hermano y vuelve después a presentar tu ofrenda”( Mt 5, 21-24).
Este mandamiento protege el bien precioso de la vida humana, la cual “ha de ser tenida como sagrada
porque su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una relación especial
con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie en
ninguna circunstancia puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano
inocente”.177
A nadie le es lícito destruir directamente a un ser humano inocente porque es gravemente contrario a la
dignidad de la persona creada a imagen y semejanza del Creador y a la santidad del Creador.
El respeto a la vida humana en la Sagrada Escritura En Gn 4, 8-12 la Escritura nos relata la
muerte de Abel a manos de su hermano Caín, lo que nos revela la presencia de la envidia, la codicia y la
ira desde los comienzos de la historia humana a consecuencia del pecado original. El hombre se
enemista con el hombre y Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: “¿Qué has hecho? Se oye la
sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió
su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.” (Gn 4, 10-11)
Dios llama al hombre a reconocer la vida humana como un don divino, sin embargo, y como se refleja en
el pasaje anterior, existe una violencia fratricida en el corazón del hombre: “y yo os prometo reclamar
vuestra propia sangre (...) quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida
porque a imagen de Dios hizo él al hombre” (Gn 9, 5-6)
La Sagrada Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: “No quites la vida del inocente y
justo” (Ex 23, 7)
En el Nuevo Testamento, en el sermón de la Montaña el Señor recuerda el precepto de no matar y
añade el rechazo absoluto de
48
la ira, el odio y la venganza (Mt 5, 21).
La legítima defensa La legítima defensa no es una excepción al quinto mandamiento. Una misma
acción puede tener dos efectos: uno querido (que es conservar la propia vida) y otro no deseado, que
está más allá de la intención y es inevitable (la muerte del agresor).
El recto amor a uno mismo constituye un principio de la moralidad. Es por tanto legítimo hacer respetar el
propio derecho a la vida: no es más valiosa una vida humana que otra y tenemos además la obligación
de velar por la propia vida. De este modo, el que defiende su vida no es culpable de homicidio cuando se
ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal.178
Al respecto, el Catecismo nos dice: “si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria
se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita
(...)y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar
matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida, que por la del otro” 179
La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave para el que es responsable
de la vida de otro u otros, como padres, autoridades civiles, etc.
¿Qué prohíbe el quinto mandamiento?
1.- El homicidio directo y voluntario y la cooperación material (comisión del acto) y/o formal (compartir la
intención con el homicida) al mismo.
2.- El aborto directo querido como fin (aborto libre) o como medio (para evitar males mayores), así como
la cooperación (material y/o formal) al mismo, bajo pena de excomunión. Obviamente un aborto que
sucede en forma espontánea no se considera como un asesinato.
3.- La eutanasia, que consiste en poner fin a la vida de un ser humano discapacitado, gravemente
enfermo o próximo a la muerte, bien sea por acción o por omisión de lo necesario, con la intención de
evitarle sufrimiento.
4.- El suicidio y la cooperación voluntaria al mismo, en cuanto es una ofensa grave al amor de Dios de sí
mismo y del prójimo (ya que la vida no es sólo un bien individual, sino que también es un bien social). La
responsabilidad de la persona suicida puede estar atenuada cuando se comete el suicidio por parte de
una persona con determinados trastornos psíquicos o ante graves temores.
El aborto Desde el punto de vista de la biología no existe duda de que desde el momento en que se
unen el gameto masculino y femenino del ser humano, se constituye un nuevo ser humano que inicia su
ciclo vital. Este ser, en principio unicelular (zigoto), tiene unos genes propios distintos a los del padre y a
los de la madre, que se han formado por el entrecruzamiento y no por la yuxtaposición del material
genético procedente tanto del padre como de la madre. Es una entidad biológica nueva que, aunque se
desarrolla dentro del cuerpo de la mujer, no forma parte de este, ya que tiene un genoma distinto a
cualquiera de las células del cuerpo de la mujer.
A lo largo del desarrollo embrionario, los cambios que se dan en este ser son de carácter cuantitativo; no
se puede identificar desde el punto de vista de la biología un hito biológico que, sin correr el riesgo de la
arbitrariedad, nos demuestre que a partir de ese momento tenemos un ser distinto del zigoto que se
formó en la unión del óvulo con el espermatozoide.
De forma natural, este desarrollo embrionario tiene las características de ser continuo, sin saltos
cualitativos, coordinado (sigue un orden) y gradual (las fases posteriores desarrollan, no anulan, las
anteriores).
No obstante, la pregunta sobre la persona humana no es tanto biológica como más bien filosófica. Hay
algunos filósofos para quienes algunos miembros de la familia humana no serían personas o dejarían de
serlo por no tener determinadas características: por ejemplo, para algunos la capacidad de sentir placer
y/o dolor, para otros el estado de conciencia, para otros la capacidad de establecer acuerdos morales,
para otros el ser reconocido como tal por otras personas; todo ello indica que no se puede demostrar de
modo contundente que haya seres humanos que no sean personas.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la
libertad y a la seguridad de su persona.“ 180 El ser humano sólo puede existir como persona, ya que por su
naturaleza racional posee una dignidad que es fuente de su derecho a la vida. Para los cristianos, la
principal fuente de dignidad de la persona humana radica en su ser hecha a imagen y semejanza de
Dios.
El aborto constituye un atentado contra la vida del ser humano y, por lo tanto, un homicidio, con el
agravante de que se da en un ser con unas condiciones de vulnerabilidad extremas, incapaz de
defenderse.
El aborto no es una interrupción voluntaria del embarazo sin más, como se ha tratado de definir
aludiendo al derecho de decidir sobre su vida que tiene toda mujer. Una interrupción voluntaria del
embarazo se puede llevar a cabo por distintas razones, como por ejemplo, por patologías que ponen en
riesgo la vida del feto y que hacen más conveniente la vida de éste fuera del seno
49
materno, y precisamente se decide interrumpir el embarazo para que el feto tenga posibilidad de vivir. En
el aborto el fin perseguido al interrumpir el embarazo es el contrario precisamente que el feto muera.
Los tipos de aborto más frecuentes como medio para conseguir un fin serían los siguientes:
1.-Aborto eugenésico. El término “eugenesia” alude a un intento por la mejora de la raza. De esta
manera, este tipo de aborto trata de justificar la muerte del no nacido porque tiene alguna malformación
congénita. No obstante, el derecho a la vida se da por el sólo hecho de ser persona y no por ser persona
física y/o psíquicamente perfecta. El hecho de no poder ejercer la capacidad racional del ser humano no
implica que esta no se tenga, puede haber situaciones temporales o tal vez definitivas que impidan que
un ser humano exprese sus facultades racionales, pero no por ello deja de tenerlas. Tampoco es razón
para quitar la vida cuando se pronostica que, dado el grado de malformación del feto, su vida
extrauterina será muy corta (como ocurrió con Elliot, en el video que vieron como tarea): no son los más
o menos años de vida los que nos dan derecho a la vida, sino el hecho de ser personas, y no somos más
o menos personas por el hecho de tener más o menos años.
2.- Aborto por “honor” o “ético” ante los casos de violación. La violación supone un trauma muy
profundo para la mujer que ha sido víctima de dicho acto y, con frecuencia, bajo los efectos de dicho
trauma, la mujer quiere deshacerse del modo que sea de las posibles consecuencias del mismo, de todo
aquello que le recuerde ese momento. No obstante, la realización de un aborto no sanaría dicho trauma;
al contrario, puede añadir uno mayor al tomar conciencia de que con el aborto ha quitado la vida a su
hijo, que aunque no fuera querido, no por eso merecía la muerte. Son otros los caminos por los que se
puede ayudar a estas mujeres, a través de la psicología y de la psiquiatría, a superar dicha situación.
El no nacido no tiene responsabilidad sobre el modo en que fue concebido, pero aún así pretenden
transformarlo en un culpable, condenando a la pena de muerte a la víctima más inocente e indefensa, y
dando sólo un par de años de presidio a quien cometió el crimen contra la mujer.
Además, en los casos en que estas violaciones se dan en el seno de la propia familia, se está
exponiendo a la mujer que sufre reiteradas violaciones a poder “borrar” con el aborto impunemente las
“huellas” de tal acto.
3.- Aborto llamado “terapéutico”. Se trata de proponer el aborto en aquellos casos en que la
continuación del embarazo pondría en riesgo la salud y/o la vida de la
madre, de manera que la mejor terapia para la madre es que se mate a su hijo. En el caso de poner en
riesgo la salud de la madre, entre los dos bienes en juego (salud y vida) existe una jerarquía: es superior
el bien de la vida al de la salud, de modo que se puede vivir sin salud, pero sería absurdo hablar de un
cadáver sano. Si buscamos la salud es para poder vivir, y buscamos hacerlo en las mejores condiciones
posibles. Si justificamos el aborto del no nacido por mejorar la salud de la madre estamos anteponiendo
el bien de la salud al bien de la vida, privilegiando la salud de un ser humano mientras pasamos a llevar
la vida de otro.
En cuanto al riesgo para la vida de la madre, habría que definir por qué una vida es más valiosa que la
otra, si todos los seres humanos somos hechos a imagen y semejanza de Dios. No son nuestras
cualidades, ni la actualización de nuestras capacidades, ni lo que estemos aportando al bien de otros, las
que nos dan derecho a la vida, sino nuestro propio “ser lo que somos”. Por ello, no se puede decir que
una vida es más valiosa que otra y, por lo tanto, no se puede elegir una sobre la otra. En estas
situaciones la intervención tratará de salvar la vida tanto de la madre como la del hijo, y aunque
previsiblemente el feto muera, no se trataría de un aborto, ya que se tratará por todos los medios
disponibles de salvar su vida, siendo la muerte del feto una consecuencia no deseada del procedimiento.
La eutanasia La eutanasia consiste en poner término, con una acción u omisión de lo necesario, a la
vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o próximas a la muerte 181, con el fin de
evitarles sufrimientos. Aunque persigue en la intención un fin bueno (evitar sufrimiento a la persona),
utiliza un medio malo (quitar la vida). No obstante, el fin no justifica los medios. Además, existen medios
para evitar o aliviar el sufrimiento sin que sean letales para el paciente.
Los cuidados que se deben de ordinario a una persona enferma o próxima a la muerte no pueden ser
legítimamente interrumpidos. Sin embargo, es legítima la renuncia al “encarnizamiento terapéutico”, esto
es, a la utilización de tratamientos desproporcionados para el paciente y sin esperanza razonable de
resultado positivo. 182
El Estado, a través de sus leyes, debe proteger la vida del ser humano en cualquiera de sus etapas.
Cuando el Estado no pone su fuerza al servicio de todos, y en particular de los más vulnerables, quedan
amenazados los fundamentos mismos del Estado de derecho. Por nuestra parte, podemos intervenir en
el fomento del respeto que se debe a la vida de todo ser humano, participando activamente o
colaborando con asociaciones que defiendan el derecho a la vida de todo ser humano, y actuando
coherentemente con esto en nuestra vida.
50
El respeto a la salud y a la integridad corporal
La persona humana es una unidad substancial de cuerpo y alma. Por lo que por el respeto que se le
debe a la persona, también se debe respetar el cuerpo de la misma ya que éste, además de ser la
expresión de la persona humana, es parte constitutiva de la misma. Por lo tanto, debemos respetar el
cuerpo propio y de los demás, y para ello hemos de cuidar razonablemente la salud física, evitando el
culto al cuerpo y toda suerte de prácticas que lo dañe, por ejemplo, el uso de drogas que dañan, el
consumo excesivo de alimentos, alcohol, tabaco y medicamentos 183, y la práctica temeraria de algunos
deportes.
En cuanto a la integridad corporal, existen prácticas que atentan contra ella, como serían los secuestros
de personas, el terrorismo, la tortura, la violencia y la esterilización directa, entre otras.
Por su parte, las mutilaciones del cuerpo serían legítimas en virtud del principio terapéutico, cuando la
parte del cuerpo afectada pone en riesgo la vida de la persona 184; mientras que el trasplante y donación
de órganos es moralmente aceptable con el consentimiento del donante y sin riesgos excesivos para él,
y siempre y cuando no haya otra solución para la persona enferma. Para la donación de órganos
después de la muerte se debe tener la plena certeza de que el donante ha muerto (es decir, que esté en
estado de muerte encefálica, en el que la muerte del encéfalo impide que la persona pueda respirar por
su propia cuenta, por lo que sólo puede hacerlo mediante un ventilador, y que es por lo demás un estado
irreversible).
Tarea Les proponemos ver el video “Amor sin remordimiento” en Youtube: http://www.youtube.com/
watch?v=2vpMvaKCw70&app=desktop Es largo (dura casi 50 minutos), pero es recomendable que
hagan lo posible por verlo, ya que es verdaderamente muy bueno.
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción Donum Vitae, Introducción 5. 178Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 2264
177

Summa theologiae, 2-2, q. 64, a.7


179 Declaración Universal de los Derechos Humanos Art. 3
180 181 Compendio Catecismo de la Iglesia

Católica 470 182Ib. 471 183Ib .474 184Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. 477 Ib. 476
185

REUNIóN 18
NO CONSENTIRÁS EN PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS. NO COMETERAS
ACTOS IMPUROS: 6o Y 9o MANDAMIENTO
Introducción Para comenzar, comentar el video que vieron (hacer un breve resumen si es que alguien
no lo pudo ver) y compartir las reflexiones que sacaron a partir de él.
La novedad que este video nos aporta es una postura juvenil frente a la sexualidad que no es la que
estamos acostumbrados a ver en la actualidad. Hoy el mundo nos llama a vivir desenfrenadamente las
pasiones de la carne, haciéndonos seres egoístas que sólo giran en torno a sí mismos, olvidándonos del
amor. Por lo mismo, a veces nos resulta difícil entender la pureza. Hoy intentaremos responder a esas
inquietudes mediante la mirada de nuestra fe.
El sexto y noveno mandamientos nos enseñan a valorar y respetar nuestro cuerpo como don de Dios,
guardando siempre la pureza, para así vivir el verdadero sentido de la sexualidad en el matrimonio o en
la vida célibe, según la vocación de cada uno.
San Pablo decía al respecto: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Voy,
entonces, a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? ¡De ninguna
manera! ¿No sabéis que el que se une a una meretriz se hace un cuerpo con ella? Porque está dicho:
“serán los dos una sola carne”. En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él. Huid
de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica
peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está
en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados mediante un
precio. Glorificad, por tanto a Dios en vuestro cuerpo”( 1 Co 6, 15-20).
El sentido de la sexualidad humana Dios ha creado al hombre como varón y mujer, con igual
dignidad: “Esta sí que es de mi propia carne, de mis propios huesos”( Gn 2, 23). Al mismo tiempo, ha
inscrito en él la vocación del amor y de la comunión.
Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen,
Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y por tanto la capacidad y la
responsabilidad del amor y de la comunión.186
La sexualidad abarca todos los aspectos de la persona humana en la unidad de su cuerpo y de su alma,
ya que el ser humano es un ser sexuado, y esto marca todos los aspectos de su vida. También, la
sexualidad incide particularmente en la esfera de la afectividad, de la capacidad de amar y de procrear y,
de manera más general en la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro. 187
Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la
complementariedad físicas, morales y espirituales están orientadas a los bienes del
51
matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. 188 A su vez, la sexualidad está ordenada al amor conyugal
del hombre y de la mujer. En el matrimonio la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y
una garantía de comunión espiritual.189
Por otro lado, el acto sexual humano no es un acto puramente biológico, sino que afecta a la persona
humana en cuanto tal y se realiza de modo verdaderamente humano cuando es parte integral del amor
con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte 190. El acto sexual
humano pleno es la expresión y fomento del amor que el hombre y la mujer se tienen, un amor que es
recíproca entrega y aceptación de la persona del otro; es un amor de la persona y no solo del cuerpo. De
esta manera, la sexualidad es fuente de alegría y de agrado.
Así, sexualidad y amor van inseparablemente unidos. El encuentro sexual necesita el ámbito de un amor
fiel y seguro. La unión sexual es hermosa expresión, corporal y sensual, del amor. Es por esto que las
personas que buscan el sexo sin amar, mienten, porque la cercanía de los cuerpos no corresponde a la
cercanía de los corazones. Quien no mantiene la palabra de su lenguaje corporal, finalmente se verá
perjudicado en su cuerpo y en su alma. El sexo se vuelve inhumano, instrumento de placer. Solo el amor
comprometido y duradero crea el ámbito necesario para una sexualidad vivida humanamente y que
satisface a lo largo del tiempo.191
Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la trasmisión
de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones de los valores del matrimonio sin alterar la
vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia. 192
Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la fidelidad y de
la fecundidad.
El matrimonio constituye una comunidad de vida y de amor fundada por el Creador y provista de leyes
propias. Esta comunidad se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con el consentimiento
libre, personal e irrevocable de los esposos: la alianza contraída por los esposos les impone la obligación
de mantenerla una e indisoluble. La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra
dada. Dios es fiel. El sacramento del matrimonio es signo de la fidelidad de Cristo para con la Iglesia. 193
La fecundidad es un bien, un don, un fin del matrimonio. El amor conyugal tiende naturalmente a ser
fecundo. Dando vida los esposos participan de la paternidad de Dios, por ello cumplirán su tarea con
responsabilidad humana y cristiana. 194 “Salvaguardando ambos aspectos, el unitivo y el procreador, el
acto conyugal conserva íntegro el sentido del amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima
vocación del hombre a la paternidad”195.
Dentro de la responsabilidad, un aspecto de la misma hace
referencia a la regulación de la procreación. Por razones justificadas, los esposos pueden querer
espaciar los nacimientos de sus hijos, siempre teniendo en cuenta que esta decisión no sea por
motivaciones egoístas, sino que conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable, y
conservando íntegro el sentido de donación mutua y de la apertura a la vida en el contexto del amor
verdadero en cada acto conyugal.
No obstante, no todos los métodos utilizados para espaciar los nacimientos de los hijos respetan este
doble aspecto del fin del acto conyugal. “Toda acción que en previsión que, o en previsión del acto
conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o
como medio hacer imposible la procreación es intrínsecamente mala.” 196 En estos casos se contradice la
propia naturaleza del amor conyugal; no se da una donación/recepción total de la persona.
Los métodos naturales utilizados por razones justificadas para espaciar el nacimiento de los hijos, son
conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el amor
entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. 197 Esto, ya que no se cierra totalmente la
puerta a la vida (pues Dios es el único que puede decidir sobre ella), sino que se abren ventanas en las
que la probabilidad de la concepción son menores, más no totalmente nulas (o muy cercanas a esa
nulidad).
Los matrimonios que no pueden tener hijos Los matrimonios que sufren a causa de la esterilidad
pueden acoger toda la ayuda que la medicina les brinde que no entre en contradicción con la dignidad de
la persona, los derechos del niño que se desea concebir y la santidad del sacramento del matrimonio. 198
No existe el derecho al hijo, sino que todo hijo es un don de Dios que se acoge. Por esto, y por respeto a
la dignidad de la persona, la Iglesia rechaza la concepción de un hijo a través de medios que disuelven o
destruyen por medio de una tercera persona la paternidad conjunta de los padres, o cuando la
concepción se convierte en un acto técnico fuera de la unión sexual del matrimonio.
Todo hijo tiene el derecho a tener un padre y una madre, a conocer a ese padre y a esa madre, y si es
posible, a crecer en el ámbito de su amor. Las técnicas de reproducción asistida heterólogas (gametos
procedentes de un tercero ajeno a la pareja) destruye el espíritu del matrimonio en el cual el hombre y la
mujer llegan a ser padre o madre exclusivamente a través del otro cónyuge. También las técnicas
homólogas hacen del hijo un producto de un acto técnico y no el fruto de la unidad amorosa del
encuentro sexual personal. Y cuando el niño se considera un producto, surge la pregunta acerca de la
calidad y garantía del producto.199
52
La virtud de la castidad La castidad es la positiva integración de la sexualidad en la persona y
supone la adquisición del dominio de sí mismo, como expresión de libertad humana destinada al don de
uno mismo. Un hombre casto no es juguete de sus deseos, sino que vive conscientemente su sexualidad
a partir del amor y como expresión del mismo. 200
La dignidad de hombre requiere que éste actúe según una elección consciente y libre, movido e inducido
personalmente desde dentro, y no bajo la presión de un ciego impulso interior o una presión externa.
La virtud de la castidad forma parte de la virtud de la templanza, que ayuda al hombre a encauzar las
pasiones y apetitos sensibles del ser humano, de modo que supongan una fuerza que le ayude a
desarrollarse en plenitud y no un obstáculo para dicho desarrollo.
Este dominio de sí es una tarea para toda la vida, y para ello contamos con distintos medios: la gracia de
Dios, la ayuda de los sacramentos, la oración, el conocimiento de uno mismo, la intercesión de la Virgen
María y la práctica de una ascesis adaptada a las distintas situaciones que uno vive. 201
Modos de vivir la castidad Todas las personas estamos llamadas a vivir el amor. Estamos llamados
a entregar nuestras vidas, unos a través del matrimonio, otros en la forma de celibato o virginidad por el
Reino de los Cielos, otros viviendo solos pero al servicio de todos. Toda vida encuentra su sentido en el
amor. Ser casto significa amar sin división.
Ofensas a la castidad Lujuria. Es el deseo o goce desordenados del placer sexual. Este es moralmente
desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de la unión y la procreación.
Implica un tratar a la persona como medio para obtención de placer y no como un fin en sí misma.
Masturbación. Es la excitación voluntaria de los órganos genitales, a fin de obtener un placer venéreo. El
uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su
finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine. Hay factores que atenúan la responsabilidad de la
persona que realiza este acto: inmadurez afectiva, vicios, estado de angustia, etc.
Fornicación. Es la relación sexual fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las
personas y de la sexualidad humana naturalmente ordenada al bien de los esposo, sí como a la
generación y educación de los hijos.
Pornografía. Es sacar de la intimidad de los protagonistas actos sexuales reales o simulados, para
exhibirlos ante terceras personas de modo deliberado. Se utilizan a las personas como objetos de placer
o de ganancia, se induce a terceros a uso inadecuado de
la sexualidad.
Prosfitución. Atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, quien queda reducida al placer
que se obtiene de ella. El que paga atenta contra sí mismo, mancha su cuerpo que es Templo del
Espíritu Santo.
Violación. Es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Se lesiona gravemente el
derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Produce un daño grave que
puede marcar a la persona para toda la vida.
Homosexualidad La Iglesia, basándose en la Sagrada Escritura, afirma que el hombre y la mujer, en
el orden de la creación, están hechos con necesidad de complementarse y para la relación recíproca,
para que puedan dar la vida a sus hijos. Por eso, la Iglesia no puede aprobar las prácticas
homosexuales. No obstante, los cristianos deben respeto y amor a todos los hombres, con
independencia de su orientación sexual, porque todos los hombres son respetados y amados por Dios.
La Iglesia acoge sin condiciones a las personas que presentan tendencias homosexuales. No deben ser
discriminadas por ello. Al mismo tiempo, y sin contradecirse con lo anterior, la Iglesia afirma que todas
las formas de encuentro sexual entre personas del mismo sexo no corresponden al orden de la
Creación.202 De esta manera, la Iglesia acoge al pecador sin consentir en el pecado.
La tradición ha señalado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados: son
contrarios al designio del Creador, cierran el acto sexual al don de la vida, y no proceden de una
verdadera complementariedad afectiva y sexual. No hay ningún hombre sobre la tierra que no proceda
de la unión de hombre y mujer. Por ello para algunas personas con tendencia homosexual es una
experiencia dolorosa no sentirse atraídos eróticamente hacia el otro sexo y tener que echar en falta la
fecundidad corporal de su unión, como corresponde en realidad a la naturaleza del hombre y al orden
divino de la Creación. Sin embargo, Dios llama con frecuencia a sí por caminos poco comunes: una
carencia, una pérdida o una herida, aceptada y consentida, pueden convertirse en trampolín para
lanzarse a los brazos de Dios, de ese Dios que todo lo hace bien y a quien descubrimos aun más grande
en la Redención que en la Creación.
Según todo lo anterior, los homosexuales están llamados a la castidad. Mediante virtudes de dominio de
sí mismo que eduquen la libertad interior y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de
la oración y la gracia sacramental.203
La pureza de corazón “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8)
El bautizado, con la gracia de Dios y luchando contra los deseos desordenados, alcanza la pureza de
corazón mediante la virtud
53
y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de
los sentimientos e imaginación y con la oración.204
La pureza exige el pudor, que preserva la intimidad de la persona, expresa la delicadeza de la castidad y
regula las miradas y gestos, en conformidad con la dignidad de las personas y de la relación que existe
entre ellas. El pudor libera del difundido erotismo y mantiene alejada a la persona de la curiosidad
morbosa. El pudor no esconde algo que carece de valor, sino que protege algo valioso, que es la
dignidad de la persona en su capacidad de amar. Requiere también de una purificación del ambiente
social, mediante la lucha contra la permisividad de las costumbres, basada en un erróneo concepto de la
libertad humana.205
Tarea Leer las Bienaventuranzas (Mateo 5) y que cada uno explique como esos ideales de vida son
totalmente coherentes con los mandamientos. Quizás enfocarse en una característica e ir explicando una
por una.
Catecismo de la Iglesia Católica 2331
186 Ib. 2332 188Ib 2333 189Ib 2360 190Juan Pablo II Exhortación Apostótica Familiaris Consorito 11
187

Youcat 403 192Catecismo de la Iglesia Católica 2363


191 193Ib. 2365 194Ib.2366 195Pablo VI Encíclica Humanae Vitae 12 Ib. 14 197Catecismo
196

de la Iglesia católica 2370 Youcat 422 199Cfr. Youcat 423 200Catecismo de la Iglesia Católica 2338
198 Ib 2340 202Youcat 415 203Catecismo
201

de la Iglesia Católica 2358-2359 204Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica 529 205Ib 530

REUNIóN 19
Doctrina social de la Iglesia
objetivo La idea es que en este tema se explique cómo y por qué surge la doctrina social de la iglesia
(DSI), y en qué contexto lo hace. También es importante que se explique cuáles son los principios que
dirigen a la DSI. Para que todo esto quede más claro, también es importante que se den muchos
ejemplos de situaciones en las que se cumplan o violen los distintos principios de la DSI. Finalmente, se
busca que los asistentes sepan a que encíclicas o documentos acudir si quieren profundizar con algún
tema en particular (como por ejemplo, “Caritas in veritate”).
54
Dinámica La idea es que sea un experto quien exponga este tema, ya que es complejo. Se propone
que esta reunión se realice por campus, y todos los grupos juntos en auditorios.
REUNIóN 20
Ecología
objetivo El objetivo de esta reunión es clarificar el concepto de Ecología y su definición desde la
perspectiva de la Iglesia Católica, se sugiere hacer referencia a la Audiencia del Papa Juan Pablo II en la
que menciona de necesidad de una ecología humana para hacer más digna la existencia del hombre. Así
mismo se sugiere desarrollar los siguientes temas: - Finalidad de la Ecología - Corrientes ecológicas -
Valor de los seres vivos en la ecología - Ecología humana - San Francisco de Asís y su relación con la
naturaleza.
55
Dinámica El tema será desarrollado por un experto por la especificidad del contenido, se sugiere que
se incorpore en la primera jornada de Sacramentos.
REUNIóN 21
LA IGLESIA HOY
objetivo El objetivo de esta reunión es que se traten temas relacionados a la actualidad de la Iglesia
Católica, tanto a nivel del Vaticano como en nuestro país, de manera que los confirmandos conozcan un
poco más de la vida de la Iglesia y se familiaricen con ella.
El Concilio Vaticano II marcó un hito en la historia de la Iglesia, ya que significó una apertura dialogante
con el mundo moderno, a la vez que una aproximación a la vida y realidad de los laicos. Convocado con
los fines de promover el desarrollo de la fe, lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles y
adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo, el Concilio sin duda se
caracterizó por su gran renovación siempre fiel a la Tradición, es decir, sin transformar lo que siempre ha
sido la doctrina misma. La idea es que se comente cómo con esto la Iglesia empieza a cambiar y por qué
lo hace, a la vez de mencionar algunas interpretaciones que con el tiempo se le ha dado.
Una vez introducido el tema mediante la explicación del Concilio Vaticano II, se propone hablar sobre los
distintos temas que le preocupan hoy a la Iglesia, sin necesariamente ahondar en cada uno, sino que
destacando más bien, y brevemente, cuáles son y por qué son motivo de preocupación. Algunos temas
que les proponemos son: la bioética, el diálogo interreligioso, la nueva evangelización (Sínodo de los
Obispos convocado por S.S. Benedicto XVI y Exhortación apostólica Evangelii Gaudium) y la familia
(Sínodo de los Obispos convocado por S.S. Francisco).
Luego, proponemos hablar sobre la actualidad de la Iglesia en Chile, sobre todo abarcando el tema de
Aparecida, el significado que tuvo para la Iglesia latinoamericana y cómo ella motivó la Misión
Continental. Por último, comentar sobre la Misión Territorial, que en sintonía con Aparecida, pretende
que seamos una Iglesia en permanente estado de misión, que anuncia a Cristo con su testimonio y hace
presente el reino de Dios en nuestras propias ciudades.
A modos generales, la reunión debería pretender responder las siguientes preguntas: ¿qué le preocupa a
la Iglesia hoy? ¿qué se está haciendo hoy en el Vaticano? ¿en qué estamos como Iglesia Católica
chilena?
Por último, proponemos algunas páginas web a tomar como fuente de preparación para la reunión
(obviamente pueden usarse otras):
- http://www.vatican.va/phome_sp.htm - www.iglesia.cl -
http://www.celam.org/doc_conferencias/Documento_ Conclusivo_Aparecida.pdf
56
Dinámica La idea es que haya un expositor preparado para hablar del tema, sugerimos algún
periodista de la arquidiócesis.
REUNIóN 22
CARISMAS
objetivo El objetivo de esta sesión es conocer qué es un carisma, qué carismas existen dentro de la
Iglesia, y la importancia y significado de los distintos carismas para las personas, la sociedad y la Iglesia.
57
Dinámica La idea es que sea un experto quien exponga los primeros 30 minutos de este tema para
hablar de los carismas en general, y continuar la reunión con un video elaborado por los monitores en el
cual distintos representantes de movimientos de la Iglesia, elegidos por los monitores, expongan de
modo breve su carisma.
bibliografía
La Biblia Catecismo de la Iglesia Católica Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica YouCat
YouCat para la Confirmación Caminando en la fe. Curso de preparación para la Confirmación, Jaime
Pujol Balcells, Jesús Sancho Bielsa Encíclica Humanae Vitae Pablo VI Introducción a la vida devota, San
Francisco de Sales Tratado sobre la verdadera devoción a la Virgen María, Luis Maria Grignion de
Montfort. Exhortación Apostólica Familiaris Consortio Juan Pablo II Instrucción Donum Vitae; Sagrada
Congregación para la Doctrina de la Fe. Concilio Vaticano II: Lumen Gentium. Exhortación Apostólica:
Evangelii Gaudium, S.S. Francisco. Carta Apostólica: Rosarium Virginis Mariae, Beato Juan Pablo II.
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Carta Apostólica: Doloris Salvifici, S.S. Juan
Pablo II. Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática: Lumen Gentium Un fuego que enciende otros
fuegos, San Alberto Hurtado Un fuego para la Universidad, San Alberto Hurtado
58