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CAP.

2: LINEAS GENERALES DE LA
RELACION EXPERIENCIA-CATEQUESIS

La atención está dirigida unilateralmente hacia la sola experiencia antropológica, o sea


hacia las formas de experiencia que no están directamente señaladas por el encuentro
con la religión.
Muchas formas de catequesis y de enseñanza de la religión que acentúan la dimensión
experiencial, han dejado en la sombra los grandes principios de la transmisión del
Evangelio. No se niegan, pero tampoco reciben el debido peso en la elaboración
concreta de la catequesis.
Si queremos saber lo que Dios quiere ser en la vida del hombre, no hay que preguntarlo
a la antropología, ni a la sociología, ni a la psicología, ni a los movimientos históricos
de liberación política y social.
Potencialmente cada ser humano puede sentirse interesado por la Palabra.
La Palabra del Evangelio puede encontrar algo en el hombre, que le permite oírla,
experimentar alegría y acogida hacia el mensaje que lleva consigo.
Hay algo de concreto en el hombre hacia lo que el predicador o el evangelizador puede
dirigirse para encontrar interés y escucha.
Por consiguiente, para referir la Palabra de Dios al hombre y a su salvación, es
necesario traducirla.
Si en la catequesis nos contentamos con el hecho de que jóvenes y adultos tengan un
buen conocimiento intelectual de la doctrina cristiana, nos quedamos por debajo de la
medida. La ortodoxia y la integridad son cosas importantes en la catequesis. Pero el que
se preocupa sólo de la ortodoxia y de la integridad quizás enseña teología, pero no hace
catequesis.

CAP. 3, PUNTO III: TRES FORMAS FUNDAMENTALES DE EXPERIENCIA

Cuando se habla de experiencias humanas, por lo general se reduce a lo político y


social. Pero si miramos la larga tradición de la Iglesia vemos que la experiencia abarca
campos más extensos: la experiencia humana en su totalidad, esto es la experiencia del
hombre que busca incansablemente el sentido de la vida y a Dios; la experiencia de los
hombres bíblicos, en especial Jesús; y la experiencia de la vivencia cristiana a lo largo
de toda la historia de la Iglesia.
Hay que aclarar que al hablar de experiencia humana nos referimos a una dimensión que
se conecta con la búsqueda del sentido de la vida. Pero no debemos olvidar que vivimos
en una sociedad secularizada en la que el hombre está alienado y se pasa por alto esta
preocupación. ¿En qué sentido esta problemática antropológica fundamental es
importante para la evangelización y la catequesis?
Si no existiera ya a nivel de la experiencia vivida el problema de Dios, de la salvación,
de la liberación última, de la plenitud del hombre, la religión estaría fuera de la vida.
Por lo tanto, allí donde el hombre no ve con suficiente claridad la conexión entre fe
cristiana y los grandes problemas existenciales, no podrá tener interés por la .religión
como perspectiva de realización humana. La religión se mostrará como separada de la
existencia, como esoterismo, sentimentalismo, ilusión, huida de los problemas reales del
hombre.
El ejemplo de Jesús de Nazaret es iluminador al respecto, como se desprende de la
parábola de aquel hombre que tenía los campos llenos de cosecha y quería instalarse en
sus seguridades terrenas, desinteresándose de los problemas del Evangelio. Jesús le dice
con claridad: «¡Insensato! Esta misma noche te pedirán el alma, y todo lo que has
acumulado, ¿para quién será?» (Lc 12, 13-21). Así, pues, una referencia a la
problemática antropológica para subrayar la seriedad y el significado del mensaje
evangélico.
Se trata de hacer ver que la fe cristiana hace referencia a la problemática más decisiva
de la existencia, es decir, al sentido de la vida y de la muerte.
Para que el argumento religioso pueda tener una base de comprensión y de significación
humana, tendrá que referirse constantemente a los grandes símbolos de la condición
humana. El hombre, en su plena autenticidad y en su verdadero misterio no es un
impedimento para comprender el Evangelio, sino un punto de referencia fundamental
(bajar las escrituras a la vida concreta del hombre y ver en los relatos bíblicos a nosotros
mismos).
No se deben, pues, presentar las cosas de la siguiente manera: partimos del estudio de
los problemas antropológicos. Después descubrimos a Dios y la religión.
Hay que seguir el procedimiento contrario: tenemos la fe en Dios. Tenemos la religión.
Hay que descubrir que están realmente enraizados en el núcleo de la existencia humana.
Para adherirse a Cristo y a la Iglesia intervienen muchos .otros factores, además de la
aportación de los problemas antropológicos. Entra no sólo el factor «gracia», sino
también el factor «libertad», junto con muchas otras cosas que pueden condicionar o
perjudicar el encuentro con el mensaje evangélico y su acogida.
Quien quiera hablar de la dimensión experiencial de la catequesis no puede ignorar que
la más grande y más importante experiencia en el ámbito cristiano es la experiencia de
los hombres bíblicos y cristianos: Una catequesis que se quisiera experiencial, debe
necesariamente confrontarse con esta tradición de experiencia centrada en la búsqueda y
en el encuentro con la salvación que viene de Dios.

CAP. 3, PUNTO II: EXPERIENCIAS RELIGIOSAS- NECESIDAD RELIGIOSA

Los términos «experiencias religiosas», «necesidades religiosas», «motivaciones


religiosas» prácticamente no han aparecido nunca. Se trata de una omisión intencionada
y consciente.
No es éste el lugar para examinar la complicada problemática de la experiencia
religiosa. El problema se estudia en primer lugar en el ámbito de la psicología de la
réligión. Su sede es también la filosofía y la teología.
Sin embargo, no se puede prescindir de formular por lo menos la siguiente pregunta: las
experiencias religiosas de las que de hecho se ocupa la psicología, ¿constituyen un
conjunto de puntos de enganche para la catequesis, ofrecen una estructura experiencial
fuertemente determinante para la acogida y la comprensión del mensaje evangélico?

Tres problemas parece que requieren una cierta atención:


1. Las experiencias religiosas.
2. La necesidad religiosa.
3. Las motivaciones religiosas.

1. Las experiencias religiosas


Las teorías sobre la experiencia religiosa fueron elaboradas por psicólogos Todo el
problema se remonta a una situación de crisis de las religiones institucionales, en las
que la fe en Dios y en Cristo se ve debilitada en su propia credibilidad a causa de la
secularización invasora y de las ideologías (racionalistas y científicas) que se
autoproclaman como explicación radical del hombre y del universo.
La experiencia religiosa aparece desde el principio en el marco del «sentimiento» y de
lo «afectivo» (P. Schleiermacher, W. James) y por lo tanto de alguna manera de lo
irracional.
Además la experiencia religiosa, precisamente porque está aislada de las religiones
objetivas e institucionales, aparece desde el principio como subjetiva e interior
(sentimiento del contacto interior y personal con lo divino o con Dios).

2. La necesidad religiosa

¿Existe una específica «necesidad religiosa» en el hombre? A. Vergote ha demostrado


de modo convincente que para el psicólogo no existe una necesidad específicamente
religiosa. Puede haber otras necesidades, no religiosas, como por ejemplo el deseo
insatisfecho, la frustración, etc., que constituyen motivaciones para interesarse por la
religión o por la práctica del cristianismo o por la oración.
El hombre se interesará siempre por la religión, no ya porque haya una «necesidad
religiosa», sino porque Dios le interpela a través de la creación, el misterio del hombre,
las religiones existentes, el anuncio del Evangelio.

3. Motivaciones psicológicas de la religión

Las motivaciones humanas de los comportamientos religiosos, considerados por la


psicología entran, en general, en las categorías siguientes: el deseo y la impotencia para
satisfacerlo - el miedo a la muerte y el deseo de la inmortalidad y las exigencias de la
convivencia humana, de la que forma parte también el problema de la culpa y de la
culpabilidad - la compensación por las frustraciones de la vida.
No puede haber duda alguna sobre el hecho de que el adecuado conocimiento de las
motivaciones psicológicas de los comportamientos religiosos es importante para la
catequesis y para la evangelización. Para evangelizar al hombre, hay que estudiar a
fondo lo que constituye su realidad y mueve sus comportamientos concretos.
En el plano de la misma psicología, de la filosofía y de la teología, las motivaciones
concretas del comportamiento religioso son ambiguas y problemáticas. Quien, por
ejemplo, recurre a las prácticas religiosas porque vive en la pobreza y en la miseria,
fácilmente abandona dicha práctica cuando se encuentra en el
ienestar. Quien recurre a los sacramentos porque tiene que presentarse a un examen
difícil, fácilmente olvida la religión cuando ha conquistado una buena carrera en la
sociedad.

CAP. 4, PUNTO IV: EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE

Un aspecto de la experiencia humana con el que la religión está enlazada desde siempre
es el problema global del mal - sufrimiento - muerte o la experiencia de la limitación.
1. La religión de la miseria y de la impotencia

Según una difundida posición de la crítica antirreligiosa marxista, la religión viviría


gracias al sufrimiento y a la miseria del hombre. Quitando del mundo el sufrimiento, la
miseria y la muerte, la religión debería perder interés e importancia, y desaparecer.

a) El miedo de D. Bonhoeffer

El piensa en los creyentes que han quedado profundamente impresionados por el


fenómeno de la secularización. En particular el hecho de que en la medida en que la
ciencia clarifica el origen de las enfermedades y sufrimientos, la religión parece perder
terreno y consistencia. En muchas cosas Dios funcionaba, por lo menos en alguna
medida, como tapagujeros, para suplir a la ignorancia y a la impotencia de la
intervención tecnológica.

b) El Dios de las necesidades

El mismo cristianismo, en su larga tradición, ha condenado siempre la explotación de la


miseria ajena, incluso aunque fuese por motivos religiosos.
a no tenemos otras soluciones. La auténtica tradición cristiana enseña que Dios no quita
las miserias, las debilidades y la impotencia del hombre. No le preserva del sufrimiento
y de la muerte. La religión auténtica constituye sin embargo un modo distinto de
afrontar estos problemas. El creyente, pues, no cree en Dios, porque se da con la cabeza
contra la pared, o porque no encuentra ninguna salida. Antes bien, cree en Dios a pesar
de estas experiencias de impotencia y de debilidad. El verdadero creyente no espera
siquiera que Dios intervenga para otorgarle algún privilegio en relación con los
sufrimientos, los males materiales y la muerte.
Así pues, querer hablar del hombre, excluyendo las dimensiones negativas de la
existencia (mal, sufrimiento, muerte) significaría negar una dimensión esencial del
hombre. Sería en el fondo ceder a la mentalidad secularizada, que precisamente quisiera
«remover» la idea de debilidad y de impotencia, porque ella no encaja con la actitud
prometeica, que atribuye al hombre la capacidad de hacer frente a todos sus problemas.