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Las guerras de la Revolución francesa y del

Imperio napoleónico.

Período que comienza en 1792 con la invasión prusiana de Francia y se cierra en 1815 con la
derrota definitiva de Napoleón en Waterloo.
Francia comienza una política de expansión hegemónica sobre Europa, que se acentúa hacia
1792. Para esto se basa en dos principios: el de límites naturales y el de respeto por la
autodeterminación de los pueblos, aunque esta última no es respetada a rajatabla.
Así, según los datos que proporciona el Manual de De Diego, entre 1790 y 1792, los gobiernos
de la Asamblea Nacional y la Legislativa, anexionaron a Francia: Alsacia, Lorena, el Franco
Condado, Aviñón, el Condado Venasino, Saboya, el Condado de Niza y parte de Bélgica y Renania.
Tales anexiones van a mover contra el nuevo régimen al resto de las potencias europeas.
El 20 de abril de 1792 la Asamblea Legislativa declaró la guerra al Sacro Imperio Romano, cuyo
Emperador era hermano de María Antonieta y estaba interesado en proteger a la familia real,
además, las anexiones hechas por Francia afectaban directamente a Austria y a Prusia. A esto se
suma la ejecución de Luis XVI, lo que verdaderamente conmovió al resto de Europa y como
resultado se forma la Primera Coalición.

Primera Coalición

Durante la guerra de la Primera Coalición (1792-1797), Francia luchó contra la alianza formada


por Austria, Prusia, Gran Bretaña, España, las Provincias Unidas (actuales Países Bajos) y el reino
de Cerdeña. El gobierno francés —el Directorio— confió a Napoleón la dirección de las operaciones
militares contra las tropas austriacas en el norte de Italia en 1796. En menos de un año, Napoleón
había vencido a las fuerzas de Austria, superiores en número. En 1798, se le asignó el mando de
una expedición que tenía como objetivo conquistar Egipto para cortar la ruta británica a la India, así
al debilitar el poderío económico de Gran Bretaña en Oriente, podrían luego invadirla con mayor
facilidad. La invasión fracasó tras la batalla del Nilo y Napoleón regresó a Francia. Aunque ambas
campañas se produjeron durante el régimen del Consulado, antes de la asunción del poder por
Bonaparte. Fue en ellas donde el líder francés desplegó por primera vez a gran escala su talento
como jefe militar.

La política agresiva del Directorio acentuó por lo demás, entre 1795 y 1799, la deformación del
mapa Europeo, puesto que conquistaron Holanda, Suiza e Italia, donde instituyeron “repúblicas
hermanas”, bajo gobiernos satélites. Por ejemplo: la República Romana (en 1798, con los Estados
Pontificios), la Helvética (en 1798, con Suiza) y la República Partenopea (Nápoles).

Segunda Coalición

La victoria de Napoleón en la campaña contra los austriacos en el norte de Italia puso fin a la


Primera Coalición. No obstante, durante su estancia en Egipto se formó la Segunda Coalición (24 de
diciembre de 1798) integrada por Rusia, Gran Bretaña, Austria, el reino de Nápoles, Portugal y el
Imperio otomano. Las batallas principales de la guerra de la Segunda Coalición, que se inició a
finales de 1798, tuvieron lugar en el norte de Italia y en Suiza al año siguiente. Los rusos se retiraron
de la Segunda Coalición el 22 de octubre de 1799 alegando como motivo la falta de cooperación de
los austriacos. La Segunda Coalición logra expulsar de Italia a las tropas francesas.

Cuando Napoleón regresó a Francia procedente de Egipto en octubre de 1799, pasó a ser el


líder del Consulado y ofreció la paz a los aliados. La Coalición rechazó esta propuesta y Napoleón
planeó una serie de ataques contra Austria para la primavera de 1800. Bonaparte se adentró en Italia
cruzando los Alpes con un nuevo ejército formado por 40.000 hombres y venció a los austriacos en
la batalla de Marengo el 14 de junio. Mientras tanto, las tropas francesas del general Jean Victor
Moreau habían penetrado en el sur de Alemania atravesando el Rin y tomando Munich. Moreau
también había derrotado a las fuerzas austriacas del archiduqe de Austria Juan de Habsburgo en la
batalla de Hohenlinden, que tuvo lugar en Baviera el 3 de diciembre, y se había aproximado a la
ciudad de Linz (Austria). Las victorias francesas obligaron a firmar a Austria el Tratado de Lunéville el
9 de febrero de 1801, por el que Austria y sus aliados alemanes cedían la orilla izquierda del río Rin
a Francia y reconocían a las repúblicas Bátava, Helvética, Cisalpina y Ligur, además de realizar otras
concesiones. Asimismo, este tratado marcó la disolución de la Segunda Coalición. El único aliado
que continuó la lucha contra Francia fue Gran Bretaña. Las tropas británicas se habían enfrentado
sin éxito contra las francesas en territorio holandés en 1799, pero habían conquistado algunas
posesiones francesas de Asia y otros lugares. Gran Bretaña firmó el 27 de marzo de 1802 la Paz de
Amiens con Francia.

No obstante, esta paz resultó ser una mera suspensión de las hostilidades. En 1803 se produjo
una disputa entre ambos países a propósito de la cláusula del acuerdo que establecía la restitución
de la isla de Malta a la orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén. Gran Bretaña se negó a
entregar la isla, por lo que estalló una nueva guerra contra los franceses. Una importante
consecuencia de este conflicto fue que Napoleón abandonó su proyecto de establecer un gran
imperio colonial francés en Norteamérica, al verse obligado a concentrar sus recursos en Europa. Así
pues, vendió Luisiana a Estados Unidos.

Tercera Coalición

Dos hechos contribuyeron a preparar la reanudación de las hostilidades: la ejecución del duque
de Enghien (un emigrado de la familia de los borbones) tras el descubrimiento de una conspiración
para restaurar a los mismos; y la proclamación del Imperio, por acuerdo del senado. Ratificado por
un plebiscito, la República se transforma en Imperio y la familia Bonaparte fue proclamada dinastía
hereditaria. Pío VII fue invitado a la coronación que se celebró el 2 de diciembre en Nôtre Dame y en
la que el emperador, sugestionado por el ejemplo de Carlomagno, se coronó a sí mismo.

En 1805, Austria, Rusia y Suecia se unieron al conflicto en apoyo del bando británico, y España
se alió con Francia; este fue el inicio de la guerra de la Tercera Coalición.

Napoleón derrotó a las fuerzas de Austria en Ulm, capturó a 23.000 prisioneros y, a continuación,
marchó con sus tropas a lo largo del Danubio y conquistó Viena. Los ejércitos rusos liderados por el
general Mijaíl Kutúzov y Alejandro I, emperador de Rusia, respaldaron a los austriacos, pero
Bonaparte venció a las fuerzas austro-rusas en la batalla de Austerlitz, también denominada de los
Tres Emperadores. Austria se rindió nuevamente y firmó el Tratado de Presburgo el 26 de diciembre
de 1805. Una de las cláusulas del acuerdo estipulaba que Austria debía entregar a Francia la zona
del norte de Italia y a Baviera parte del propio territorio austriaco; asimismo, Austria reconoció a los
ducados de Württemberg y Baden como reinos.

Napoleón nombró a su hermano, José I, rey de Nápoles en 1806; asimismo, nombró a otro de
sus hermanos, Luis I Bonaparte, rey de Holanda (la antigua República Bátava); el 12 de julio
estableció la Confederación del Rin, constituida finalmente por todos los estados alemanes a
excepción de Austria, Prusia, Brunswick y Hesse. La formación de esta entidad política puso fin al
Sacro Imperio Romano Germánico y casi toda Alemania quedó bajo el control de Bonaparte. Los
nobles de los cientos de reinos feudales que englobaba la Confederación, conservaban la propiedad
de sus territorios pero perdían sus anacrónicos y antiguos derechos de soberanía.

No obstante, los éxitos en el continente quedaron contrarrestados en gran medida por la derrota
que el almirante británico Horatio Nelson infligió a la fuerza conjunta de la flota francesa y española
frente a las costas del cabo de Trafalgar el 21 de octubre de 1805. Napoleón implantó en 1806 el
denominado Sistema Continental por el que los puertos de toda Europa quedaban cerrados al
comercio británico. La superioridad naval de los británicos dificultó la aplicación del Sistema
Continental e hizo fracasar la política económica europea de Bonaparte.

Cuarta Coalición

Prusia, ante el incremento de poder de Francia en Alemania, se unió a la Cuarta Coalición


compuesta por Gran Bretaña, Rusia y Suecia en 1806. Bonaparte aplastó a las tropas prusianas en
la batalla de Jena el 14 de octubre de ese mismo año y tomó Berlín. A continuación, derrotó a los
rusos en la batalla de Friedland y obligó a firmar la paz a Alejandro I. De acuerdo con las principales
condiciones del Tratado de Tilsit, Rusia tuvo que entregar sus posesiones polacas y aliarse con
Francia, mientras que Prusia perdió casi la mitad de su territorio, tuvo que hacer frente a cuantiosas
indemnizaciones y se le impusieron severas restricciones al tamaño de su ejército permanente.
Rusia y Dinamarca emprendieron una acción militar contra Suecia que obligó a su monarca, Gustavo
IV Adolfo, a abdicar en favor de su tío, Carlos XIII, a condición de que éste nombrara como su
heredero al general Jean Baptiste Jules Bernadotte, uno de los mariscales de Napoleón. Bernadotte
fue coronado en 1818 con el nombre de Carlos XIV Jean-Baptiste Bernadotte y fue el fundador de la
dinastía actual sueca.

Nacionalismo Antinapoleónico y la Quinta Coalición: 1808-1810

En 1808, Napoleón dominaba toda Europa, a excepción de Rusia y Gran Bretaña. Las principales


razones del posterior declive fueron el surgimiento del espíritu nacionalista en varias de las naciones
europeas derrotadas y la persistente oposición de Gran Bretaña, que, a salvo ya de una invasión
gracias a la superioridad de su armada, no cesó de organizar y financiar nuevas coaliciones contra
Napoleón.

España fue la primera nación en la que Bonaparte tuvo que hacer frente a las insurrecciones
nacionalistas que provocaron su caída. El emperador francés, después de haber destronado al rey
Carlos IV de España, nombró a su hermano José Bonaparte rey de este país en 1808. Los
españoles se rebelaron y expulsaron al nuevo gobernante de Madrid. Se desató la guerra de la
Independencia española (1808-1814) entre los franceses, que intentaban restaurar a José I
Bonaparte en el trono, y los españoles, apoyados por las fuerzas británicas mandadas por Arthur
Colley Wellesley, duque de Wellington. Los franceses fueron derrotados, y el número de bajas que
sufrieron perjudicó seriamente a Napoleón cuando se vio obligado a hacer frente a sus nuevos
enemigos del este y el norte de Europa. Su primera oponente era Austria, que se unió a Gran
Bretaña para formar la Quinta Coalición en 1809. El emperador francés derrotó a los austriacos en
Wagram (julio de 1809) y les obligó a firmar el Tratado de Viena, por el cual Austria perdió
Salzburgo, parte de Galitzia y grandes áreas de sus territorios del sur de Europa. Asimismo, se
divorció de su primera mujer y contrajo matrimonio con la hija de Francisco II de Austria, la
archiduquesa María Luisa (sobrina de Maria Antonieta), con la vana esperanza de que este país no
participara en nuevas coaliciones contra él. Matrimonio favorecido por Metternich, quién era ministro
de Exterior. Este matrimonio lo enfrentó con los revolucionarios, puesto veían que Napoleón dejaba
de lado esos ideales y estaba más interesado por legitimar su dinastía; por otra parte el hecho de
que su nueva esposa fuera sobrina de María Antonieta disgustaba al pueblo de París; además para
casarse tuvo que divorciarse de Josefina, lo que complica la relación con católicos y conservadores y
lo lleva a romper con el Papa Pío VII (tomará Roma y lo obligará a exilianse) y finalmente el zar
Alejandro I quería casar a su hermana con Napoleón y este matrimonio lo disgusta naturalmente.

En el sentido estricto el Imperio Francés estaba constituido por las tierras que están entre el
Atlántico, el Rin, Nápoles, el Mediterráneo y los Pirineos.

Junto al imperio actuaban los Estados vasallos o satélites, aquellas repúblicas preimperiales y las
creadas por Napoleón. En cuya dirección colocó a sus hermanos generalmente u a personas de su
plena confianza. Otras regiones se incorporaban como Confederaciones aliadas.

Y finalmente tenemos a los Estados Aliados, que varió en número durante el tiempo que duró el
Imperio. Por ejemplo en 1807 Rusia y Dinamarca.

Campaña de Napoleón en Rusia y Sexta Coalición:

En 1812, Francia y Rusia entraron en guerra porque Alejandro I se negaba a aplicar el Sistema


Continental, entre otras cosas. Dado que gran parte de sus hombres se encontraban en España,
Napoleón invadió Rusia sólo con 500.000 hombres. Conquistó Moscú el 14 de septiembre de 1812.
Los rusos quemaron la ciudad, impidiendo a las tropas francesas abastecerse. Así Napoleón decidió
abandonar Rusia y se adentraron en Alemania, pero la mayoría de los hombres murieron a lo largo
del camino a causa del frío, el hambre y los ataques de la guerrilla rusa. El Imperio Ruso se unió
entonces a la Quinta Coalición, de la que también formaban parte Prusia, Gran Bretaña, España y
Austria; formando así la Sexta Coalición. Aunque según Villani algunos autores niegan que existiera
una sexta coalición y la consideran una continuidad de la Quinta, Buchrucker habla de una sexta.

Prusia, en un estallido de fervor nacionalista provocado por las reformas políticas y económicas
que se habían implantado desde la derrota de Jena, inició la guerra de Liberación contra Napoleón
en 1813. Éste consiguió su última victoria importante en la batalla de Dresde, donde el ejército
francés derrotó a las fuerzas conjuntas de Austria, Prusia y Rusia el 27 de agosto de 1813. Sin
embargo, durante el mes de octubre, Napoleón se vio forzado a replegarse sobre el Rin tras la
batalla de Leipzig, quedando liberados los estados alemanes. Al año siguiente, Wellington entraba a
Francia cruzando los Pirineos desde España; los ejércitos rusos, austriacos y prusianos invadieron
Francia desde el norte y tomaron París en marzo de 1814; Napoleón abdicó y hubo de exiliarse en la
isla de Elba, situada en el mar Mediterráneo.

Los miembros de la Sexta Coalición se reunieron en el Congreso de Viena para restaurar a las


monarquías que Napoleón había derrocado en Europa. Sin embargo, mientras trazaban el nuevo
mapa europeo, Bonaparte consiguió escapar de Elba, se dirigió a Francia, donde se apresuró a
formar un ejército; tras vencer en Ligny y fracasar en Quatre-Bras, el 18 de junio de 1815 fue
definitivamente derrotado en la batalla de Waterloo, que puso fin a las Guerras de la Revolución
Francesa.

En París las multitudes le imploraban que continuara la lucha pero los políticos le retiraron su
apoyo, por lo que abdicó en favor de su hijo, Napoleón II. Marchó a Rochefort donde capituló ante el
capitán del buque británico Bellerophon. Fue recluido entonces en Santa Elena, una isla en el sur del
océano Atlántico. Permaneció allí hasta que falleció el 5 de mayo de 1821.

Sus restos fueron trasladados a París en 1840 a petición del rey Luis Felipe I de Orleans y se


enterraron con grandes honores en los Inválidos, donde permanecen actualmente

Análisis del periodo y los conflictos:


Causas de la rivalidad entre Inglaterra y Francia:

Según Pasquale Villani, existen motivos puntuales para explicar esta rivalidad:

La oposición inglesa al proyecto hegemónico de Francia, que data desde la época de Luis
XIV. Y con esto la ruptura del equilibrio europeo. Es la razón más importante.
Vencida Holanda y en decadencia España, Francia era el rival más importante de
Inglaterra en el mar y en las colonias. Los puntos de contacto y de discordia se ubicaban
en el mar Caribe, en la zona de Canadá, de Luisiana y sobre las costas de la India. La
cuestión no era tanto el dominio de los territorios coloniales, como el lograr imponer la
producción manufacturada en estas regiones.

El apoyo que Francia dio a la Independencia de los Estados Unidos.

La Revolución Francesa fue ideológicamente incomprendida por los ingleses.

El autor considera que estas guerras fueron de tipo económico. Inglaterra financiaba a sus
aliados europeos con millones de libras, defendía su primacía naval y bloqueaba las costas a sus
enemigos galos. Una guerra de loqueo y contrabloqueo, en otras palabras una guerra económica.

Análisis de Buchrucker:

Parte de la base del equilibrio europeo de 1789, caracterizado por la coexistencia competitiva de
seis grandes potencias: Gran Bretaña, España, Austria, Prusia, Rusia y España.
En esta etapa histórica Francia se revela claramente como la primera potencia militar del
continente, puesto que una y otra vez logra derrotar una combinación de diversos rivales.

Los ejércitos de Gran Bretaña y sus aliados sólo lograron vencer a Francia cuando ya habían
adoptado las innovaciones francesas, y el desastre de Rusia, unido al desgaste de la guerra en
España, redujo drásticamente la calidad y cantidad del aparato militar francés. Recién la unión de 5
grandes potencias pudo terminar con Bonaparte.

Continuidades entre este período histórico y el precedente:

1. Es la octava guerra general en la que, desde Felipe II, se enfrentan dos bandos
antagónicos, uno encabezado por la mayor potencia terrestre y el otro por la mayor
potencia marítima (el “elefante” contra la “ballena”, según el historiador Kennedy). Es,
además, la quinta vez que Francia e Inglaterra asumieron esos roles.
2. Prácticamente en la totalidad de estas ocho guerras generales venció el bando liderado
por la mayor potencia económica y marítima.

Discontinuidades entre este período histórico y el precedente:

a. Fue más intensa y prolongada que las dos guerras precedentes y murió mucha más
gente.
b. Desde la “Guerra de los 30 años” no había pesado el factor ideológico, como sabemos
esta fue la última guerra religiosa.

Bibliografía:

Aróstegui, Bruchrucker y Saborido: “El Mundo Contemporáneo: Historia y Problemas”. Cap 3.

De Diego, E. (Coordinador): “Historia del Mundo Contemporáneo”. 1994.

Villani, P.: “La Edad Contemporánea, 1800-1914”. 1996.