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J. Aróstegui, C. Buchrucker y J. Saborido (dirs.). EL MUNDO


CONTEMPORÁNEO. Historia y problemas. Barcelona. Biblos-Crítica.
2001.

Cap. 1
EL NACIMIENTO DE LAS SOCIEDADES INDUSTRIALES
María Inés Barbero

Desde mediados del s. XVIII se inició en Europa O una etapa de profundas


transformaciones que dieron nacimiento a las sociedades industriales. La “revolución
industrial” comenzó en Gran Bretaña y desde allí se difundió primero hacia Europa
continental y Estados Unidos, y más tarde hacia otros países y regiones.
SOCIEDAD INDUSTRIAL:
 El peso de la agricultura y el sector primario de la economía fue reduciéndose al
tiempo que se incrementó el de la industria y los servicios.
 Alto grado de urbanización e incremento significativo de las grandes ciudades.
 Aceleración notable del ritmo de la innovación tecnológica desde el s. XVIII. La
velocidad del cambio permitió incrementar la producción y la productividad,
aumentando la oferta de energía y de bienes y servicios. En el sector
manufacturero estos incrementos fueron mucho mayores que en la agricultura.
 Aumento notable de la población. Se redujo la mortalidad infantil y creció la
esperanza de vida.
A la par de los cambios económicos y demográficos, tuvieron lugar profundas
transformaciones sociales, políticas y culturales. Con la sociedad industrial nacieron
nuevas formas de organización del trabajo, nuevas clases sociales, nuevas formas de
organización de la familia, nuevas formas de actividad política. Gracias al desarrolló de
los transportes y las comunicaciones creció el contacto entre las diversas regiones del
planeta, la actividad comercial y el movimiento de las personas.
La contraposición entre sociedad preindustrial y sociedad industrial es muy clara en
la medida en que comparemos el mundo resultante tras dos siglos de industrialización
con el mundo anterior al del s. XVIii. Desde este punto de vista es evidente que existió
una ruptura, que comenzó a ser visible para los contemporáneos desde principios del s.
XIX.

1. El significado de la revolución industrial.


Combinando los aportes de Landes, Mathias y Wrigley, se puede definir a la
revolución industrial como un proceso de cambio estructural en el que se combinan:
 La aceleración del crecimiento económico.
 La innovación tecnológica y organizativa.
 Profundas transformaciones en la economía y en la sociedad.
Desde el punto de vista de la innovación, puede hablarse de revoluciones
tecnológicas (Schumpeter): transformaciones profundas en el aparato productivo
originadas en innovaciones radicales cuya difusión termina por englobar la casi
totalidad de la economía, el modo de vivir, la geografía económica mundial, etc.
Así, se puede hablar de 3 revoluciones industriales, cada una identificada por un
paradigma técnico-económico que implica un cierto tipo de organización productiva y
un tipo determinado de innovación tecnológica:
Fines s. XVIII-
Fines s. XIX-1º GM Desde 1970
mediados s. XIX
Nacimiento de la Nuevas formas de Posfordismo, automatización,
fábrica, organización del trabajo: especialización flexible.
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fordismo, taylorismo, prod.
mecanización.
en serie.
Energía: vapor e Energía: electricidad,
Energía: nuclear y alternativas.
hidráulica motor a explosión, etc.
Insumo clave: carbón. Insumo clave: acero. Factor clave: microelectrónica.
Sectores más dinámicos:
Sectores más Sectores más dinámicos:
informática, comunicaciones,
dinámicos: industria siderurgia, química, bienes
biotecnología, nuevos
textil y metalúrgica. de capital, maquinaria.
materiales.

Más allá del concepto de revolución tecnológica, lo que le da un sesgo particular a la


Primera Revolución Industrial es que se pasó de las sociedades agrícolas a las
industriales y que por primera vez se difundió el uso de la energía inanimada y la
mecanización del trabajo, mientras que la segunda y la tercera constituyen momentos
de aceleración de la innovación dentro de la economía industrial.
Este proceso no fue abrupto, fue complejo, gradual y con fuerte diferencias
regionales.

2. La “primera Revolución Industrial”: el nacimiento de la industria


moderna
a. Las formas tradicionales de producción industrial
Desde fines de la Edad Media se expandió en Europa la industria artesanal urbana.
Paralelamente, a partir del s. XVI se fue desarrollando una nueva forma de
organización, la “industria a domicilio”. Era un sistema descentralizado de producción
en que los campesinos realizaban las tareas en sus hogares, con herramientas de su
pertenencia y en los tiempos muertos que dejaban las tareas agrícolas. Trabajaban para
un comerciante-empresario que les encargaba los trabajos, les suministraba la materia
prima y retiraba las piezas terminadas, que eran vendidas en mercados no locales. Se
trataba de un sistema muy flexible, donde no existían vínculos permanentes, y que
fundamentalmente se extendió en la industria textil.
Además de la pequeña industria artesanal urbana y de la industria a domicilio,
existió en Europa también la “protofábrica”, donde las actividades estaban
centralizadas y en unidades mayores, por razones económicas o técnicas o por la
existencia de algún monopolio o iniciativa estatal.

b. La industria fabril
Con la RI nació el sistema de fábrica: la centralización y mecanización de la
producción, el uso de energía inanimada y la presencia de trabajadores asalariados
sometidos a una estricta disciplina.
El rasgo dominante de la industria fue la difusión de las máquinas accionadas por
energía inanimada (primero hidráulica y luego del vapor) que obligaron a sustituir las
formas tradicionales de organización del trabajo y dieron nacimiento al sistema de
fábrica, ya que el tamaño y el costo de las maquinarias hacían imposible que fueran
propiedad de los trabajadores y utilizadas en sus hogares.
Una de las innovaciones principales de la RI fue el acceso a nuevas fuentes
inorgánicas de energía calórica y mecánica, gracias a la paulatina difusión de la
máquina de vapor y el uso del carbón mineral como combustible. La máquina de vapor
de Watt (1769) fue perfeccionada en el s. XIX, permitiendo su utilización en los medio
de transporte. A partir de 1820 se construyeron los primeros ferrocarriles y barcos de
vapor, que revolucionaron las comunicaciones.
Con la fábrica se produjo en primer lugar una intensificación de la actividad laboral,
exigiendo a los trabajadores un horario estricto, una actividad constante y un ritmo
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adecuado al de las máquinas. La nueva disciplina no era fácilmente aceptada por los
adultos, lo que en parte explica que la RI haya recurrido tanto a mujeres y niños. La
jornada laboral era intensa y también muy extensa. A principios del s. XIX en el
promedio de los establecimientos sobrepasaba las 14 hs.
Una segunda característica de las fábricas fue la intensificación de la división del
trabajo. Se trata de una innovación organizativa, que no necesariamente estuvo
vinculada a la difusión de las máquinas, pero que permitió grandes aumentos de la
productividad mediante la reorganización de la actividad laboral.

3. Los primeros procesos históricos de industrialización


a. La Revolución Industrial en Gran Bretaña
LA ECONOMÍA BRITÁNICA DURANTE EL S. XVIII
Varios de los factores que explicarían las ventajas británicas eran comunes a varios
países. A pesar de ello, ciertas condiciones específicas y la combinación de todas ellas
dieron como resultado que la RI se llevara a cabo en Gran Bretaña.
Desde fines del s. XVII la población británica comenzó a aumentar a un ritmo
acelerado, muy superior al de Europa occidental. Este crecimiento se debió al descenso
de la mortalidad y, en mayor medida, al aumento de la fecundidad debida al aumento
de la nupcialidad y de la reducción de la edad del matrimonio, favorecidos por la
expansión económica.
Las previsiones sobre el desequilibrio que a la larga se produciría por el aumento
poblacional (Malthus, Smith) no se cumplieron ya que estaba desapareciendo la
correlación directa entre tasa de crecimiento de la población y tasa de variación de
precios de los alimentos, debido al incremento de la producción y de la productividad
en la agricultura. Este incremento permitió también que aumentara la población que
pudiera trabajar en labores no agrícolas, aumentando la oferta de mano de obra para la
industria y los servicios.
La nueva agricultura consistió en la combinación de 3 elementos de refuerzo
recíproco: la introducción de nuevos cultivos, la alimentación del ganado en establos y
la eliminación del barbecho.
En el caso inglés, las innovaciones agrícolas fueron acompañadas por modificaciones
en el sistema de propiedad de la tierra. La desaparición de los campos abierto fue
consecuencia de las leyes de cercamiento (Enclosure Acts), que se multiplicaron en la
segunda mitad del s. XVIII. Establecían la obligatoriedad de cercar tierras. Las antiguas
parcelas alargadas, distribuidas entre las tierras de cultivo, eran reemplazadas por
nuevas parcelas en las que los propietarios tenían concentrada la superficie de tierra
que antes tenían repartida. Como resultado, la mayoría de los pequeños propietarios se
vio obligada a vender sus tierras a grandes propietarios. Los campesinos expulsados de
las tierras comunitarias se transformaron en jornaleros o arrendatarios con contratos
de corto plazo.
Con los cercamientos se incrementó la cantidad de tierras cultivadas y la producción
agraria, pero la concentración generó una mayor desigualdad social.
A lo largo del s. XVIII la conformación de un mercado interno se vio favorecida por el
crecimiento de la población, por la ausencia de fronteras aduaneras internas y de
cargas feudales, y por las dimensiones y topografía de su territorio. Estas condiciones
se complementaron con el sistema de transportes y comunicaciones. Desde mediados
del s. XVII se habían destinado fuertes inversiones públicas y privadas a la construcción
de canales y de nuevos puentes y carreteras. Este proceso se aceleró en el siglo
siguiente, lo que contribuyó a que los transportes fueran relativamente fáciles y
baratos.
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La población rural en Gran Bretaña estaba más integrada al mercado que la del
continente y gastaba más en productos manufacturados. Pero el incremento de la
demanda interna se debió sobre todo a las necesidades y pautas de consumo de
sectores urbanos, estimuladas por el desarrollo del comercio internacional.
Además del mercado interno, Gran Bretaña contaba con la ventaja de poder acceder
a un amplio y preferencial mercado externo. Había llegado a ser la principal potencia
marítima en el s. XVIII. Comerciaba con sus colonias americanas y con las de España y
Portugal.
En cuanto a lo social, en general las barreras a la movilidad eran menos rígidas que
en el continente, y la distribución de la renta, más equitativa, circunstancia que influía
en las pautas de consumo y creaba condiciones favorables para la producción de bienes
de consumo masivo. También favorecía la versatilidad y el movimiento de las personas
hacia nuevas ocupaciones.

EL PROCESO DE CAMBIO TECNOLÓGICO


En la RI se combinaron 2 factores: los inventos y la iniciativa de los empresarios de
adoptarlos. En la Gran Bretaña del s. XVIII la invención se desarrolló mucho más que en
cualquier otro país.
Los sectores que experimentaron los primeros cambios fueron la industria del hierro
y la del algodón, que pasó en pocas décadas de un lugar insignificante a ser la principal
actividad manufacturera y la primera que utilizó maquinarias en gran escala.
El invento de mayor impacto en la industria algodonera fue la hiladora hidráulica
(Arkwight, 1769), desde un principio destinada a las fábricas. En 1785 se la usó por
primera vez con máquina de vapor. Las constantes mejoras en la mecanización de la
producción de hilados llevaron a que las exportaciones se multiplicaran por 8 entre
1780 y 1800. La mecanización del tejido a gran escala no se generalizó hasta 1820.
Al principio de la RI, el sector metalúrgico tuvo un crecimiento mucho menor que el
algodonero, pero su peso fue decisivo porque la creciente oferta de metal barato
facilitó la mecanización de las otras industrias, la difusión de la máquina a vapor y la
transformación de los medios de transporte.
El reemplazo de la madera y el carbón vegetal por el coque como combustible fue
fundamental para el desarrollo de esta industria. Otras innovaciones muy importantes
de fines del s. XVIII fueron el pudelado y el laminado.
El carbón tuvo una importancia decisiva en la RI ya que se lo utilizó como
combustible de las máquinas de vapor y como fuente de calor en la industria del hierro.
La dotación de recursos naturales cumplió un papel relevante en los primeros tiempos
de la industrialización, pues GB contaba con abundantes yacimientos de hierro y
carbón que le dieron fuertes ventajas comparativas.
Al ser el carbón un producto con altos costos de transporte, se generó una fuerte
presión para el mejoramiento de las comunicaciones. La demanda de carbón fue la base
de la extensión de los canales desde 1760.
Además de estas innovaciones, el proceso de industrialización requería de
empresarios dispuestos a adoptarlas y a introducir nuevas formas de organización del
trabajo. Los empresarios industriales debían hacer frente a problemas estratégicos y al
mismo tiempo resolver problemas concretos de gerenciamiento que en muchos casos
no tenían antecedentes.
Entre los factores que favorecieron la innovación se destaca el bajo costo de las
inversiones necesarias en los primeros tiempos de la RI, debido a que las máquinas
eran en general sencillas y poco costosas. Probablemente más difícil que reunir el
capital necesario era el reclutamiento, organización y control de los trabajadores.
Con la expansión del sistema fabril fue surgiendo un nuevo tipo de empresario, el
capitalista industrial. La mayoría provenían de sectores mercantiles. A mediad que la
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industria fue transformándose en la actividad dominante, la burguesía industrial pasó a
ocupar un lugar destacado junto a la burguesía comercial y financiera.

EL IMPACTO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN
La RI británica no fue un proceso unitario e ininterrumpido, y afectó en forma
desigual a las diversas ramas de la industria y a las distintas regiones. Además de los
recursos naturales, otro factor de focalización de las industrias fue la oferta de mano de
obra, sobre todo de trabajadores calificados.
Una vez comenzada la RI la diferenciación regional se mantuvo, aunque no
necesariamente en las mismas áreas. Ello explica por qué el cambio fue tan
significativo, a pesar de que las cifras a nivel nacional indiquen un crecimiento lento de
la industrialización y la economía.
La industrialización fue modificando muy paulatina pero profundamente la sociedad
británica a lo largo de un proceso largo y complejo, cuyos efectos se hicieron visibles
sobre todo desde mediados del s. XIX. Las consecuencias no fueron uniformes en todos
los sectores sociales.
Respecto de las condiciones laborales, el sistema de fábrica implicó una nueva
disciplina y largas jornadas con bajos salarios y alta inestabilidad. Conllevó también
grandes cambios en el trabajo femenino e infantil, con altísimos costos sociales y el
empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables.
Con el desarrollo urbano y la expansión de los servicios públicos y privados fue
creciendo también la clase media urbana, otro de los sectores característicos de los
nuevos tiempos. La difusión del vapor posibilitó la localización en ciudades de las
industrias y la consiguiente concentración de la población.
La proporción de población empleada en la agricultura fue descendiendo desde
principios del s. XIX. La población rural excedente emigró hacia las ciudades o al
exterior. Hacia 1851, la población urbana superó a la rural, y a finales del siglo casi el
80% de la población vivía en áreas urbanas.
Junto con las fábricas nació también el obrero industrial, que se caracteriza por no
ser propietario de los medios de producción y por vender su fuerza de trabajo en el
mercado a cambio de un salario. También la formación de la nueva clase obrera fue
gradual. Durante la primera mitad del s. XIX los empleos tradicionales se vieron
amenazados por la mecanización y la competencia del trabajo no calificado, lo que llevó
a la radicalización política de artesanos y trabajadores a domicilio.

b. La industrialización en la Europa continental


A comienzos del s. XIX Europa no era un continente estancado o inerte sino un área
conformada por muchas economías diversificadas y contrastantes entre sí, que se
encontraba en un proceso de desarrollo y de cambio, del que la Revolución francesa fue
sólo uno de los ejemplos más sobresalientes.

LA ECONOMÍA EUROPEA EN VÍSPERAS DE LA INDUSTRIALIZACIÓN


La Europa noroccidental, la primera en industrializarse, era aquella que más se
asemejaba a GB, e incluía a las actuales Holanda, Francia, Bélgica y el oeste de
Alemania. Los territorios que se encontraban hacia el E, el N y S formaban círculos
concéntricos cuyo grado de atraso económico era mayor cuanto más se alejaran del
centro. Dentro de cada país existían, además, diversidades regionales.
En estas zonas se había difundido las innovaciones y la economía de mercado. La
producción industrial se llevaba a cabo según los métodos tradicionales. La demanda
interior fue el sector más significativo del mercado para los productos manufacturados.
El intercambio extraeuropeo creció rápidamente a partir del s. XVII, proveyendo
materias primas y en mucha menor medida mercados de consumo.
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Por su parte, la Revolución francesa y las campañas napoleónicas contribuyeron a
crear condiciones institucionales favorables a la industrialización. Abolieron los últimos
vestigios del orden feudal e impusieron un sistema jurídico que garantizó las libertades
individuales y la propiedad privada. Fueron suprimidas las corporaciones e instituida la
libertad económica, y la nueva legislación fue recopilada en los códigos civil y de
comercio, que fueron adoptados por la mayoría de los Estados europeos.

LOS PROCESOS DE INDUSTRIALIZACIÓN


GB se constituyó en el ejemplo que los nuevos países industriales debieron
reproducir. Su industria era mucho más competitiva que la continental. Las nuevas
sociedades industriales absorbieron e imitaron directa o indirectamente la tecnología
británica. Al mismo tiempo, cada proceso tuvo rasgos propios. El proceso iniciado en
GB cambió la situación de los países continentales, que debieron competir con
productos ingleses mucho más baratos dentro y fuera de sus fronteras.
En la industrialización del continente el Estado cumplió un papel mucho más activo
que en GB. Las medidas de intervención incluyeron las barreras arancelarias y la
estimulación del crecimiento industrial, creando un ámbito favorable a la empresa
privada, suprimiendo el poder de las instituciones feudales, aboliendo aranceles
internos y ordenando los sistemas legales. También tomaron medidas directas:
subsidios a las empresas privadas, tasas a la importación, garantías a las inversiones y
concesión de préstamos favorables. Por último, como en el caso de los ferrocarriles, el
Estado podía asumir directamente el papel de inversor y empresario.
Uno de los requisitos de los procesos de industrialización es la disponibilidad de
capitales para la inversión. Pueden proceder de distintas fuentes: de actividades no
industriales, de la reinversión de utilidades, o del sistema financiero. Hasta las
primeras décadas del s. XIX el crédito en el continente era poco adecuado a las
necesidades de la industria.
Con el tiempo, surgieron nuevas formas de crédito. Una de las novedades más
importantes del XIX fue el nacimiento de los bancos especializados en la inversión
industrial. La financiación también se llevó a cabo mediante la inversión extranjera. Los
primeros capitales provinieron de GB y se destinaron a la construcción de ferrocarriles
en Bélgica y Francia. Más tarde, estos y otros países se transformaron a su vez en
exportadores de capitales.

c. Los primeros países industriales. El caso francés


Bélgica y Francia fueron los primeros países del continente en industrializarse.
Comenzaron el proceso a fines del s. XVIII y puede decirse que constituyeron dos
modelos alternativos durante el siglo siguiente. Bé siguió un camino similar al
británico, mientras que F poseyó rasgos más diferenciados.
El caso francés fue una industrialización “sin revolución industrial”, sin una etapa de
despegue claramente identificable. Fue un proceso gradual y sin un ritmo uniforme y
en el que se alternaron períodos de aceleración y desaceleración.
Una primera etapa de expansión económica se ubica en 1815-60, con una
aceleración en 1840-60. El desarrollo de la industria tuvo lugar dentro de las formas de
producción tradicionales y con una mecanización reducida.
Una segunda etapa es 1885-1914, acompañada por una segunda industrialización
más intensiva y una amplia difusión de las innovaciones. A lo largo de todo el siglo la
expansión francesa fue lenta y la agricultura siguió representando una alta proporción
del producto total. Durante mucho tiempo coexistieron distintas formas de producción y
la urbanización no fue mayoritaria hasta bien entrado el s. XX.

4. La industrialización en la segunda mitad del s. XIX


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No resultaría posible explicar el proceso de industrialización en la segunda mitad
del s. XIX sin destacar el papel decisivo desempeñado por el transporte, tanto en la
integración de los mercados como en el incremento de la demanda de bienes
industriales generada por su construcción.
a. La revolución de los transportes y las comunicaciones
Esta expresión se utiliza para nombrar al conjunto de innovaciones que tuvieron
lugar a partir de 1830, momento en el que comenzó a usarse el vapor para accionar
medios de transporte por tierra y por agua.
El descenso de los costos de transporte se tradujo en un incremento sostenido de la
actividad comercial. Con el ferrocarril por primera vez los costos de transporte por
tierra pudieron ser más baratos que por agua. A medida que se fueron construyendo las
redes ferroviarias pudieron incorporarse nuevas regiones a los circuitos comerciales,
integrándose mercados regionales y nacionales. Desde el punto de vista de la
organización empresarial, los ferrocarriles pueden considerarse las primeras empresas
modernas.
La repercusión del ferrocarril fue más allá de las comunicaciones, fue también un
gran impulsor del desarrollo industrial. En Europa y Estados Unidos el ferrocarril fue
un generador de eslabonamientos hacia atrás. Influyó en diversas ramas de la industria
proveedoras de bienes, en especial en la minería del carbón, la producción de hierro y
acero y la industria mecánica.
Mientras que en GB la RI precedió al ferrocarril, en los países noroccidentales y en
EU el ferrocarril llegó junto con la industrialización. En el resto de Europa los
ferrocarriles llegaron antes de que el proceso se hubiera iniciado. Estas diferencias
influyeron en el impacto de los ferrocarriles sobre el desarrollo industrial, ya que
mientras en los primeros países se generaron rápidamente eslabonamientos hacia
atrás, en los tardíos el efecto fue menos significativo, sobre todo porque las redes
ferroviarias fueron financiadas por capitales extranjeros y porque la importación de
materiales a bajos costos obstaculizó el desarrollo industrial local.
Hacia 1880 prácticamente todas las vías férreas europeas estaban unidas entre sí y
la estructura apenas sufriría modificaciones posteriores. Es indudable que las grandes
construcciones ferroviarias fueron el principal impulso a la expansión industrial hasta
1870.
El ferrocarril fue el primer y más dinámico medio de transporte que dio impulso a la
RI. Las transformaciones en el transporte marítimo, que habían comenzado antes que
la locomotora, fueron las que permitieron la conformación de un mercado mundial.
Desde 1840 hubo importantes innovaciones en la navegación a vapor: la hélice, los
cascos de acero (aumento de velocidad y tonelaje) y la turbina de vapor. A ello se sumó
el abaratamiento de la producción del carbón y del acero. Estos cambios implicaron
una sustancial reducción en los costos de los fletes y el consiguiente aumento de los
volúmenes transportados.
Otro elemento central fue el telégrafo, utilizado por primera vez en 1839 y de rápida
difusión masiva. Su uso fue muy importante en el campo militar y político y en la
coordinación de los mercados. Por primera vez la información pudo viajar más rápido
que las personas.

b. La “segunda revolución industrial”


Esta expresión engloba el conjunto de innovaciones técnico-industriales fundadas en
el acero barato, la química, la electricidad, el petróleo, los motores de combustión, la
nueva empresa moderna y las nuevas formas de gestión del trabajo y organización
industrial, que emergen en el último tercio del s. XIX. Es fundamentalmente una
revolución tecnológica, que transforma el sistema en su conjunto y que influye en la
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dinámica del crecimiento económico, en las formas socioinstitucionales y en el régimen
de acumulación del capital.

LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA
El predominio del carbón como recurso energético perduró hasta la 1º GM. En
Europa fue desplazado recién a mediados del s. XX por el petróleo; en Estados Unidos,
antes de la 2ºGM.
El acero se convirtió también en una de las principales industrias a partir de 1860
con la aplicación del proceso Bessemer, los hornos de solera abierta y otras
innovaciones que permitieron elaborarlo en gran escala y reducir su precio. Los niveles
de inversión requeridos por este sector condujeron hacia un fuerte proceso de
concentración.
A pesar de que la máquina de vapor siguió siendo la principal generadora de fuerza
motriz, durante la 2ªRI se desarrolló un nuevo núcleo tecnológico en el predominaron el
petróleo, el motor de combustión interna, la electricidad y la química.
El petróleo tiene mayor poder calórico que el carbón, es de más fácil transporte y
tiene usos mucho más amplios y diversificados. En 1859 empezó su explotación
comercial en EU. Durante mucho tiempo el petróleo, el gas y la electricidad se usaron
fundamentalmente para la iluminación.
La paulatina difusión del motor de combustión interna y de los automóviles
transformó al petróleo en la principal fuente de energía para el transporte. La industria
automotriz se convirtió en el paradigma industrial del s. XX.
La electricidad, gracias a la investigación científica e importantes innovaciones
desde 1860, se transformó con el tiempo en una de las fuentes de energía más
versátiles. Se la utilizó para la iluminación, para accionar motores, para generar calor,
y fue fundamental en los nuevos medios de comunicación.
La industria química adquirió también una proyección económica inmensa. La
innovación de mayor fuerza hacia mediados de siglo fue la de los colorantes sintéticos.
De esta industria se desprendieron nuevos sectores como la industria farmacéutica, los
explosivos, las fibras, el caucho y las telas sintéticas, etc. Otra característica
sobresaliente del sector químico es el efecto multiplicador que sus innovaciones
implicaron en otros sectores.

EL NACIMIENTO DE LA EMPRESA MODERNA


La segunda mitad del s. XIX vio el nacimiento de la empresa moderna: la gran
empresa con una organización burocrática, administrada por gerentes asalariados,
cuya forma jurídica más característica es la sociedad anónima.
Las empresas modernas se distinguen de las tradicionales fundamentalmente por
sus dimensiones y las actividades que desarrollan, se trata de grandes empresas que
han integrado distintas funciones, combinando la producción y la distribución en gran
escala. Con la 2ªRI, las nuevas industrias de punta exigieron mayor escala y dimensión
a las empresas.
Otro factor que contribuyó al desarrollo de la gran empresa fue la ampliación de los
mercados y por ende del volumen de producción demandado. El tamaño también se
amplió como consecuencia de las estrategias de integración horizontal (generando
empresas de mayores dimensiones) y vertical (hacia atrás y adelante). Por último, la
dinámica de la expansión llevó a las empresas a diversificar su producción.
El segundo grupo de elementos que caracterizan a la empresa moderna son las
necesidades de una estructura burocrática, de una administración crecientemente
descentralizada y la dirección de gerentes asalariados. El proceso de separación entre
propiedad y gestión estuvo estrechamente vinculado al incremento de los volúmenes de
capital que las grandes empresas requerían. Debieron recurrir crecientemente al
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crédito bancario y al mercado de capitales mediante la emisión de acciones y
obligaciones.

LAS NUEVAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO: TAYLORISMO Y FORDISMO


Con la 2ªRI se produjeron cambios profundos en el trabajo, cuyas expresiones más
sobresalientes fueron el taylorismo y el fordismo. Ambos se originaron en EU entre los
dos siglos y tienen en común la propuesta de la organización más racional del trabajo
con el fin de aumentar su productividad.
En 1880-90 F. Taylor logró reducir los tiempos muertos mediante la racionalización
del trabajo y el cronometraje de las tareas. La “organización científica del trabajo” se
basa en la sistematización del pensamiento de Taylor y de otros especialistas, orientada
a lograr una mayor economía del tiempo para aumentar la producción y reducir los
costos y precios. Sus principios son:
 Planificación de la producción. Estudio de los tiempos y movimientos para
eliminar los inútiles.
 División absoluta entre la concepción y la ejecución del trabajo.
 Estandarización de las tareas.
 Individualización del trabajo.
 Sistema de remuneración proporcional al rendimiento personal.
 Supervisión estrecha y constante.
En el s. XX se implantó paralelamente otra forma de organización del trabajo, el
fordismo, que se utilizó selectivamente en las empresas que fabricaban grandes series
de bienes de consumo durables de naturaleza homogénea, orientadas a satisfacer un
mercado creciente. El fordismo es el núcleo vital de la producción en masa y consiste
fundamentalmente en la fabricación en serie de bienes estandarizados. Se apoya en la
cadena de montaje sobre la cinta transportadora.
El fordismo se diferencia del taylorismo en que no ve como un peligro el incremento
de los salarios. Los trabajadores pasaron a ser considerados también como
consumidores potenciales. El aumento de salarios de Ford le permitió a la empresa
asegurar el aprovisionamiento de la fuerza de trabajo y romper con la insubordinación
vinculada con el sindicalismo y el radicalismo político. Por último, al asegurar una
mejora sustancial del salario y de su poder de compra, se abría el camino de la
sociedad de consumo.

c. Los nuevos países líderes: Alemania y Estado Unidos


ALEMANIA comenzó su revolución industrial hacia 1840. Fue el país más rezagado en
la primera oleada, pero en vísperas de la 1º GM había superado a GB y se había
transformado en la principal potencia industrial europea.
A principios del s. XIX los mayores obstáculos a la industrialización alemana eran
institucionales: la fragmentación política, las barreras aduaneras, la subsistencia de
rasgos feudales, etc. Como contrapartida, Alemania tenía las ventajas de contar con
hierro y carbón, tener una fuerte tradición en la industria doméstica y un sistema
educativo avanzado.
Al igual que en otros países, en Al fueron muy marcadas las diferencias regionales.
Globalmente, la región occidental fue la más industrializada, en especial Sajonia y
Renania. Con el avance de la industrialización, ambas zonas tendieron a
complementarse: la oriental proveía de materias primas, alimentos y mano de obra, y la
occidental le venía productos manufacturados.
Durante la primera mitad del s. XIX Al pudo aprovechar las ventajas del atraso
imitando a otros países, recibiendo capitales extranjeros e importando insumos
industriales y bienes de capital. Más tarde, la industria local sustituyó las
importaciones y la inversión fue financiada internamente.
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Hay que destacar el papel del Estado. Fue decisiva la liberalización de la estructura
económica y social. Desde 1870 el Estado adquirió los ferrocarriles y los gestionó para
favorecer el intercambio entre las diversas regiones, la actividad industrial y las
exportaciones.
Al fue el país europeo en el que existió la relación más estrecha entre crédito
bancario y desarrollo industrial, sobre todo en las últimas décadas del siglo. Otro rasgo
importante es el papel que desempeñaron las grandes empresas, que dominaron la
actividad industrial.
Entre 1780, momento de finalización de la guerra de independencia, y 1914,
ESTADOS UNIDOS pasó de ser un país con una población reducida y dispersa en un
extenso territorio a ser la nación industrial líder, superando a GB desde fines del s. XIX.
La industrialización se vio favorecida por la disponibilidad de un inmenso mercado
interno y por el extraordinario crecimiento demográfico (inmigración, altas tasas de
crecimiento) que se combinó con una constante innovación tecnológica y organizativa.
El desarrollo de la industria manufacturera se aceleró en 1820-60, con el liderazgo
de la industria textil y fue estimulado por la construcción de los ferrocarriles, iniciada
en 1830.
En 1860-1914 la nueva sociedad industrial se afianzó. La industria incrementó su
participación en el producto total a expensas de la agricultura y la urbanización se
aceleró. El liderazgo en la estructura industrial pasó de los bienes de consumo a los
bienes de capital.
A diferencia de los países europeos, la industrialización estadounidense se basó
exclusivamente en el mercado interno. Su fuerza no radicaba sólo en el número de
habitantes sino también en su capacidad de demanda y en la integración de la
población en la economía de mercado. El proceso de urbanización, la política de
distribución de tierras y la política proteccionista crearon una fuerte demanda que
pudo ser cubierta a medida que las redes de transporte fueron unificando el territorio.
La competitividad de la industria estadounidense no fue producto sólo de la
innovación tecnológica sino también de la organizativa, que a partir de nuevos métodos
de gestión de las empresas y de organización del trabajo contribuyó a una mayor
eficacia y a menores costos de producción.
El proceso en EU no puede comprenderse sin tener en cuenta las regiones que
integraban el territorio y la complementación económica que se dio entre ellas:
 Nordeste: mantuvo la primacía industrial durante todo el siglo. Desde 1860 el
foco se trasladó de Nueva Inglaterra a los Grandes Lagos, donde se
desarrollaron las nuevas actividades industriales, fundamentalmente la
siderurgia y la automotriz.
 Sur y Oeste: fueron esencialmente productoras agrícolas y mercados de
consumo.

d. Los países de industrialización tardía


En la 2ºm.s.XIX la industrialización se fue difundiendo hacia las regiones “periféricas
de Europa”, el E, el S y los países escandinavos. Existían en algunos países regiones
con un cierto desarrollo industrial, no comparable al proceso de industrialización de la
Europa occidental.
En general los países periféricos poseían una economía arcaica y que al
industrializarse más tarde lo hicieron en otro contexto internacional. Por un lado,
tenían la ventaja de que disponían de modelos externos y de que podían disponer de
tecnología y capitales del exterior. Por otro, tenían la fuerte desventaja de tener que
competir con países de los que estaban cada vez más separados.
11
En los países de industrialización tardía el papel del Estado fue mayor,
contribuyendo a crear condiciones favorables para compensar la debilidad de los
mecanismos de mercado y de cerrar la brecha con los países ya industrializados.

5. El crecimiento de la economía mundial hasta 1914


En términos globales y en relación con la etapa preindustrial, el ritmo de
crecimiento de la economía en los países industrializados a lo largo del s. XIX fue muy
rápido. A diferencia del período anterior, con la industrialización se atenuaron las
fluctuaciones de los rendimientos agrícolas, desaparecieron las hambrunas periódicas y
aparecieron nuevos tipos de ciclos económicos.

a. El ritmo de crecimiento y los ciclos económicos


La tasa de crecimiento varió entre los países, no dependiendo necesariamente del
momento de la industrialización. En general se puede hablar de países de crecimiento
rápido (Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Francia, etc.), mediano (Gran Bretaña,
Austria-Hungría, Rusia, etc.) y lento (Europa del sur y Balcanes).
Muchos investigadores aceptan la existencia de ciclos característicos de las
economías industriales:
 Variaciones estacionales.
 Ciclos menores o de Kitchin: de 3.5 años.
 Ciclos cortos o de Juglar: 7-10 años.
 Ciclos intermedios: 18-22 años.
 Ciclos largos o de Kondratieff: alrededor de 50 años.
o 1789-1849 (1814)
o 1849-96 (1873)
o 1896 (1914)
La primera gran oleada de industrialización generó un rápido crecimiento de la
economía mundial en 1850-73. El pequeño grupo de países de industrialización
temprana favoreció el desarrollo industrial prácticamente sin riesgos, con poca
competencia y con mercados casi ilimitados. Esto elevó el volumen del comercio
exterior, favorecido también por un importante aumento de la tasa monetaria y la
vigencia del librecambio.
En 1860-75 surgió un sistema mundial extensivo de flujos de capital, trabajo y
mercancías, prácticamente sin restricciones en Europa. Estados Unidos se mantuvo
proteccionista. Al mismo tiempo, la adopción general del patrón oro simplificó las
operaciones en un solo sistema mundial de comercio libre.
Desde 1873 el sentido del ciclo económico se invirtió. No fue una crisis económica,
sino una etapa de cambios estructurales económicos y sociales y de cierto
desaceleramiento de la expansión económica.
En 1870-90 la industrialización se extendió a Holanda, Italia, Rusia y otros países;
mientras que regiones de otros continentes se integraban al comercio mundial.
La crisis de 1873 puso fin a la época del librecambio, renaciendo el proteccionismo.
Las innovaciones características de la 2ªRI fueron decisivas para que en 1896 se
iniciara una segunda etapa ascendente, hasta 1913. La extraordinaria amplitud de la
expansión, que incorporó a países extraeuropeos proveedores de materias primas,
favoreció una economía mundial cada vez más articulada, según la división
internacional del trabajo.

b. El crecimiento demográfico y la urbanización


La transición demográfica (proceso por el cual se pasa de un régimen de alta
natalidad y mortalidad a uno de baja) del s. XIX se debió principalmente a 3 causas:
 Aumento de los recursos alimenticios.
12
 Progresos de la medicina.
 Difusión de la educación formal.
A medida que crecían los sectores secundario y terciario de la economía, la
población se fue nucleando en las áreas urbanas. El campo no podía absorber el exceso
de población, lo que generó un éxodo rural hacia el extranjero y hacia las ciudades. Los
ferrocarriles tuvieron una gran importancia en la urbanización, abasteciendo a las
ciudades de alimentos, combustibles y materias primas.
Pese a las grandes diferencias regionales, hubo una cierta tendencia a la
segmentación y diferenciación entre los espacios ocupados por los distintos sectores
sociales. A partir de 1850 la situación de los barrios obreros fue mejorando, aunque las
tasas de mortalidad siguieron siendo muy altas hasta el s. XX. Los servicios públicos
comenzaron a modernizarse a finales de siglo: sistemas de transporte, redes de
desagüe, etc.

c. La emigración transoceánica
Las migraciones internacionales fueron un fenómeno característico entre 1815-
1914, en el que aprox 50M de personas, en su mayoría procedentes de áreas rurales,
viajaron hacia América y otros destinos. Muchos más se desplazaron dentro de Europa
y dentro de cada país hacia los nuevos núcleos industriales.
En conjunto, el movimiento migratorio transoceánico se desplaza de oeste a este
hasta afectar a todo el continente, aunque con fuertes diferencias regionales. El retorno
también fue muy elevado y desigual.
Estados Unidos fue el destino americano que recibió más inmigrantes (32.6M),
seguido por Argentina (6.4), Canadá (4.7) y Brasil (4.3).
Los movimientos migratorios no responden a una única motivación económica sino a
una compleja serie de causas:
1. Factores de expulsión de los países de origen (enfoque pesimista).
2. Factores de atracción de los países de destino (enfoque optimista).
3. Cadenas migratorias.
4. Transformaciones demográficas. Duplicación de la población europea. Etc.
5. Lecturas actuales: énfasis en la idea de emigración como estrategia familiar
para encontrar nuevas posibilidades en las economías de ultramar.

d. Hacia una nueva sociedad


Leer del libro.
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Cap. 2
LAS REVOLUCIONES BURGUESAS Y LOS SISTEMAS POLÍTICOS DEL S. XIX
J. C. de Babot y L. de Privitellio

1. La primera revolución burguesa: la independencia norteamericana


Entre las 13 colonias inglesas en América del Norte (Virginia, Maryland, N.
Inglaterra, Massachussets, Rhode Island, N. Hampshire, N. York, N.Jersey, Carolina del
N y del S, Georgia, Connecticut y Pensilvania) que se conforman desde 1607 hasta
1732, se van marcando, por la organización de la tierra y por la mayor o menor
facilidad hacia las manufacturas y el comercio, dos zonas diferenciadas: el N, donde
prevalece la pequeña y mediana propiedad; y el S, con una economía de plantación,
latifundista y esclavista. Estas diferencias influirán en la elaboración de la teoría
política y su aplicación en el s. XIX.
En el s. XVIII, la inmigración, la Ilustración, la prensa y el ejercicio político del
autogobierno, influyen en las colonias y les brindan fundamentos teóricos y jurídicos
para la revolución. Pese a sus diferencias regionales y jurídicas, las colonias poseían
rasgos en común: régimen representativo en base a la propiedad que daba el poder
político a la burguesía (“notables”), y la elección de asambleas de diputados
encargadas de votar las leyes.
Si bien el Parlamento inglés de derecho era el encargado de votar las leyes, en las
colonias norteamericanas esta práctica se había unido con la idea de representatividad,
es decir, con el ejercicio de la soberanía.
La Guerra de los 7 Años (1756-63) fue el desencadenante de la revolución. Las
consecuencias económicas del enfrentamiento fueron la convicción de los colonos de su
autosuficiencia y la necesidad inglesa de ajustar la política fiscal. Las causas
económicas unidas a una ideología y a una práctica política en las colonias conducen a
las transformaciones revolucionarias.
De un problema meramente fiscal se pasó al de la representatividad y legitimidad,
cuestionando el derecho del Parlamento de dictar leyes no emanadas de representantes
norteamericanos; lo que explica la violencia de la reacción de la elite burguesa afectada
en sus intereses económicos. Con las “leyes intolerables” aplicadas a Massachussets se
configura al “otro”, a los ingleses y da inicio una identidad y solidaridad
norteamericanas. Simultáneamente se convoca en 1774 al 1º Congreso Continental,
que convierte a los súbditos en ciudadanos y proclama la igualdad de derechos con los
ingleses.
Iniciadas las hostilidades, en 1775 se celebra el 2º Congreso, que forma un ejército.
El rey Jorge III declara a las colonias en rebelión, lo que radicaliza el proceso hacia la
independencia y el republicanismo. En julio de 1776 se declara la independencia en
cuyos fundamentos, infundidos por T. Jefferson, se condensa la filosofía ilustrada y se
legitima la revolución.
Se abre así un proceso revolucionario burgués con las ambigüedades propias del
liberalismo: se proclama la igualdad y la soberanía popular pero no hay intención de
modificar la sociedad ni de establecer una democracia igualitaria.
Apoyadas por F, las colonias triunfaron en la guerra. El Congreso del ’76 también
debía dictar una constitución y formar un gobierno central. Pero los recelos de los
Estados por su autonomía política y económica condujeron a la formación de un
gobierno débil. La constitución recién se dictó en el ’87. El derecho consuetudinario
británico es superado por la elaboración de un código de derecho positivo que
representa más claramente el contrato de Locke, pues el gobierno reviste el carácter
de usufructuario. Con un texto escrito los derechos individuales se vuelven más
tangibles e intransferibles. Las esferas de poder del gobierno central y de los estatales
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no quedaron claramente delimitadas y dieron origen a permanentes conflictos que no
se resolvieron hasta la guerra civil.
Con Hamilton, ministro de Washington, aparecen los rasgos que se irán afirmando
con el tiempo: el avance del gobierno central y la orientación de la economía hacia el
capitalismo industrial. Esto resentirá la estructura política, diferenciándose con el
tiempo los “partidos” federalista (de Hamilton) y republicano (de Madison y Jefferson).
En la percepción de la época los primeros representaban a las clases altas y los
segundos a las bajas.
En 1800-15 se destaca el crecimiento demográfico y la expansión hacia el oeste. La
depresión provocada por la guerra del ’12 contra GB favoreció el sentimiento nacional,
el cual junto con la revolución contribuyó a crear la nación, y no a la inversa
(Hobsbawm).

5. Definición y consolidación del sistema político en Estados Unidos


(1815-70)
1815 representa un momento de divergencia entre los procesos a ambos lados del
Atlántico, pues Estados Unidos entra en un período de paz, desarrollo económico y
construcción nacional. Sin embargo, la falta de resolución de la cuestión de la
residencia última de la soberanía (los Estados o la constitución federal) es la línea
política que marca el período.
La presidencia de A. Jackson (1825-37) puede incluirse como parte de la ola
revolucionaria del ’30, aunque Estados Unidos sobrepasa sus alcances democráticos.
También se organizan partidos nacionales y hay una profunda transformación
constitucional e institucional, como el sufragio masculino universal (1830-50), la
ampliación de la electividad de los cargos y la supresión de los condicionamientos
religiosos y económicos. A pesar de este proceso de democratización, se agudizan los
conflictos entre el sur y el norte.
Diferentes lecturas se pueden hacer del conflicto:
 Acento en las contradicciones inherentes al sistema político debido a la
existencia de la esclavitud en el sur. La libertad e igualdad proclamadas no
podían sostenerse, con el paso del tiempo y los cambios sociales y económicos,
violando la libertad de otros hombres.
 Prioridad en el antagonismo de los intereses económicos, que se deduce del
enfrentamiento entre 2 estructuras socioeconómicas: la del norte, más rica,
sobre todo a causa de la política fiscal que perjudicaba al sur, más proclive a la
inmigración y con una movilidad social casi ausente en la otra; y la del sur,
basada en una economía agraria, exportadora, con una mano de obra esclava
que afectaba todas las relaciones sociales.
 Partiendo de la disputa de las soberanías estatal y federal, el conflicto no podía
resolverse al margen de los problemas originados en diversos intereses
económicos y los conflictos filosófico-políticos subyacentes desde 1787
respecto a la libertad e igualdad.
En el fondo de la escisión del sur estaba el problema fundamental de la naturaleza
del Estado: mientras que el N consideraba que pertenecía a una nación una e
indivisible, el S consideraba que la Unión era fruto de un pacto voluntario del que
podían separarse.
Aunque al finalizar la guerra (1861-65) aparentemente se habían logrado los
objetivos de A. Lincoln de preservar la Unión, abolir la esclavitud y establecer la
democracia, en realidad la disputa se había resuelto a favor de la posición nacionalista
a partir de la fuerza, y esto tardaría en ser olvidado.
15
Además, el fin de la guerra civil significó el paso de la primera a la segunda
revolución industrial, lo cual iría acompañado por una consolidación del capitalismo
financiero y del imperialismo; entonces, con la concentración del capital, aparecerían
otras formas de esclavitud.

2. La experiencia de la libertad y la inmadurez de la democracia: la


Revolución francesa
En su investigación G. Shapiro demostraría que la revolución fue un acontecimiento
primordialmente político. Observó que el tema dominante en las quejas de la sociedad
francesa se refería al gobierno y a la Constitución, seguido por la cuestión económica
de los impuestos indirectos.
La revolución aborda el problema político esencial: la construcción de un Estado
como medio para alcanzar un determinado tipo de sociedad, economía y vida política.
En 1774-76 se produce una inflexión en la economía francesa: las crisis agrarias
producen una crisis urbana. La aristocracia, afectada en sus beneficios, opta por gravar
más a los campesinos, agudizando la tensión social. Esto explica la violencia alcanzada
por la “guerra de las harinas”. El problema estructural causado por la convergencia de
los dos factores (la organización no capitalista de la tierra y el peso de la estructura
“feudal”) origina una crisis general agravada por el tratado de libre comercio con GB,
por la intervención en la guerra norteamericana y por los excesivos gastos de la corte.
Frente a esta situación el Estado responde de la forma más común e irritante, creando
nuevos impuestos.
Nacida de la riqueza de la burguesía productiva privada del poder político, y de la
miseria de un campesinado agobiado por la reacción feudal y de un artesanado
empobrecido y desclasado por una economía protoindustrial y por la crisis general, la
revolución está sujeta desde el comienzo a la tensión entre libertad e igualdad.
Conceptualizada como revolución burguesa y liberal por sus objetivos y efectos,
pretendía la libertad frente al poder autocrático, lo que conseguiría instituyendo una
monarquía constitucional y una declaración de las garantías individuales. También
había una aspiración a la igualdad civil. De esta forma se va construyendo la realidad
política que será obra de la Asamblea Constituyente (1789-91), pero sobre un equívoco:
la burguesía apunta a una revolución jurídica; el pueblo al cambio gubernamental y
constitucional que dé solución a sus problemas reales, el hambre, las privaciones, el
agobio fiscal y la falta de tierras.
El equívoco también nace de amplio espectro socioeconómico del Tercer Estado:
desde una alta rica burguesía de comerciantes, armadores, “industriales” y
“capitalistas” (proclives al librecambio), hasta los campesinos al borde de la
pauperización. Y también desde el “cuarto estado”, pasando por los profesionales
imbuidos de la filosofía política ilustrada y un artesanado que se convertirá en los sans-
culotte, adherido a un sistema proteccionista y opuesto a las nuevas formas
capitalistas.
Esquemáticamente, el proceso se puede dividir en períodos:
 1789-91: período liberal.
 1792-94: período democrático.
 1794-99: nuevo período liberal que, con la llegada de Napoleón al poder, se
divide ideológicamente en un liberalismo político silenciado y un liberalismo
económico que significó el dominio de los notables.
Desde la simbólica toma de la Bastilla en julio de 1789 el movimiento popular
irrumpe con una fuerza inusitada y con una clara conciencia de las injusticias sufridas
y, aunque no precisan sus objetivos en el lenguaje jurídico, vislumbrando que las
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causantes de su situación son las exacciones señoriales. Ello provoca la ola de furor que
arrasa los campos y quema los castillos y los títulos de los derechos señoriales.
Desde el punto de vista institucional, el primer período representaría la destrucción
del Antiguo Régimen y la construcción del Estado liberal por la Asamblea
Constituyente, cuya máxima expresión es la constitución del ’91. Desde el ’89 los
súbditos se convierten en ciudadanos, la revolución se hace nacional y se construye el
Estado-nación. Aunque incompletas, la libertad y la igualdad comienzan a cobrar
sentido: se suprime la servidumbre personal, los privilegios formales y reales, se
establece la igualdad ante la ley y se consagra la propiedad privada. La burguesía
también impone la libertad económica. Se establece una monarquía limitada,
pretensión de la burguesía por mantener la estabilidad frente al movimiento de las
masas, y la división de poderes, con un legislativo con base censitaria. También se
consagra la libertad de expresión oral y escrita y de reunión.
También existen “partidos”, tendencias y agrupaciones decisivas en la radicalización
de la revolución: fuldenses, girondinos, jacobinos, herbetistas, etc. se despliegan en
cada período y asumen el liderazgo según la presión de las masas, de las ideologías y
de los intereses de los grupos sociales de los que surgen.
Hacia 1791 el hambre que moviliza a las masas populares, la traición del rey y la
guerra profundizan el proceso y dan paso a la etapa democrática, a la República, al
terror y a la dictadura jacobina. La Comuna de agosto del ’92 simboliza la madurez de
los sans-culotte lograda a través de la democratización de los clubes y de los dirigentes
más radicalizados, cuyo objetivo ahora es la ruptura con la burguesía liberal. Adheridos
a la República y al sufragio universal, recelosos de los sistemas representativos y
temerosos de la economía liberal, se vuelcan a la acción directa y al establecimiento del
control estatal de la economía.
En 1793-94 se establece la dictadura jacobina en la Convención, que se expresa en
la Constitución de 1793, que no llega a aplicarse formalmente aunque sí tal vez en la
práctica. Se instala la 1º República Francesa con una asamblea surgida del sufragio
universal, un derecho de propiedad limitado por el derecho social y, junto con las
garantías del ’91, una serie de conquistas jurídicas y sociales como la educción pública,
gratuita y laica, derechos de la vejez, a la salud y al trabajo.
En cuanto a los partidos, el golpe de Estado de junio del ’93 elimina al grupo
girondino y luego a la derecha del partido, a G. Danton y a la izquierda extrema de J.
Roux y J. Hérbert. El silencio de la oposición mutilada y resentida explica la reacción
durante el Termidor y la ejecución de M. de Robespierre y su facción en julio del ’94.
El período jacobino, “lúgubre y sangriento”, es incomprensible sin el movimiento de
las masas nacido de la crisis de la Revolución y de su politización llevada a cabo por los
sans-culotte, los artesanos empobrecidos y resentidos pero de mentalidad pequeño
burguesa, no proletaria, que una vez que conoció el poder de la acción política directa,
desconfió de la representatividad y exigió ir más allá en la Revolución, transgrediendo
todos los límites del poder y del orden. Por otro lado, también resulta inexplicable el
terror sin la guerra, que más que el enfrentamiento entre Estados, significó la lucha de
dos ideologías y sociedades diferentes.

3. La naturaleza del sistema político napoleónico


La época del Directorio (1795-99) se caracteriza por la inestabilidad política y los
golpes de Estado producidos por la debilidad del Ejecutivo frente al Legislativo, tal
como estaba planteada la división de poderes en la Constitución del año III (1795).
Además, la Francia expansiva en el exterior no podía ocultar la agitación social en el
interior, la amenaza contrarrevolucionaria y el ascenso de una nueva burguesía
enriquecida por la guerra. Estos elementos (guerra, fatiga política y ansias de orden)
llevaron al gobierno a Napoleón Bonaparte luego del golpe de noviembre del ’99. Su
17
carrera política fue meteórica (cónsul único, cónsul vitalicio en 1802, emperador en
1804).
Conceptualmente, Napoleón transmite una imagen contradictoria de la Revolución,
tanto en su lenguaje como en la práctica política. El modelo introducido por la
Revolución se caracterizaba por una legitimidad basada en la representatividad, en la
participación y en una nueva relación entre el Estado y la sociedad. Se crearon nuevas
estructuras institucionales, administrativas y jurídicas basadas en la Ilustración.
La rápida evolución del gobierno napoleónico hacia el personalismo y la dictadura
muestra que pronto sus fines no coincidían con la nación ni con la República. Las
características de un gobierno autoritario también llevan a pensar en un modelo
político opuesto al revolucionario.
Sin embargo, la contribución napoleónica a la Revolución consiste en su expansión
continental, además de que conservó la anulación de los privilegios, la supresión del
feudalismo, el reconocimiento de la propiedad individual, la laicización del Estado, la
consagración de las Constituciones y, a través del Código Civil, las garantías
individuales. Según Soboul, Napoleón resulta el fundador del Estado liberal al brindarle
su sostén institucional.
También es posible un análisis de lo simbólico. Hay en Napoleón una preocupación
por legitimar su poder, una alusión a la nación y a la república que resulta eufemística,
y una nueva construcción de la representatividad y de la ciudadanía, produciéndose
una disociación entre la legitimidad popular y los otros momentos de la autoridad
política, combinando el sufragio universal con las listas de notabilidad.
Napoleón de alguna forma depura los equívocos: “el pueblo elige pero no decide” o
“es la fuente sagrada de todos los poderes pero no ejerce ninguno”. Se produce así una
separación entre la legitimación política y las fuentes de la decisión.

4. Restauración, liberalismo y nacionalismo (1815-70)


El eje que atraviesa este período es, en el plano político, el antagonismo de 2
fuerzas:
 Una identificada con la idea de legitimidad, de poder teocrático, sostenida
por una burocracia, una nobleza cortesana y una iglesia, en la que se
manifiesta un extremo temor al desorden social.
 Otra identificada con la idea de libertad, de poder político limitado, de
garantías personales inviolables, y sostenida por elites más modernas cuya
legitimidad es la de la soberanía popular, y con una creciente aceptación del
conflicto normado.

a. La reacción: el Congreso de Viena


El principio que guía a los vencedores en 1814 es la Restauración, verdadera
contrarrevolución con la intención de un retorno integral al Antiguo Régimen, presa de
una actitud completamente antihistórica. La reorganización europea se basa en la
legitimación pero también en el interés, surgiendo una Europa pacificada más propensa
al conflicto por el deseo de libertad política e independencia nacional.
 Bélgica unida compulsivamente a Holanda. Alemania e Italia divididas. Prusia
engrandecida. Inglaterra dueña del mar. Francia respetada en su territorio.
Sin embargo, la influencia de la revolución de ninguna forma podía permitir este
retorno. Además, a la política se había sumado la revolución económica, la impronta de
la doble revolución fue irreversible:
 La política por ser una revolución social y burguesa y haber establecido una
práctica política basada en el constitucionalismo, las libertades individuales y
la igualdad jurídica.
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 La industrial por imprimir a la economía y a la sociedad un dinamismo que al
afianzar también el poder burgués y generar nuevas fuerzas sociales hizo más
difícil al poder del Antiguo Régimen controlar el poder público.

b. Hacia el modelo político liberal (1815-30)


La revolución francesa y la industrial condicionan la política y la economía en este
período, pero de modo distinto en F y GB.
En Francia el restaurado Luis XVIII establece una transacción entre el AR y los logros
revolucionarios. La Carta Otorgada de 1814 establece algunas garantías individuales,
entre las que se destacan la libertad de reunión y prensa, y un gobierno de dos
cámaras.
En Inglaterra es más notoria la influencia de una RI que comienza a competir con las
estructuras rurales, a lo que se suman los problemas causados por las guerras
napoleónicas. A diferencia de F, el sistema político mantiene el predominio de la
aristocracia rural, impidiendo la dinámica de los partidos y una verdadera
representatividad.
Las contradicciones propias de la transición hacia el capitalismo agudizan las
tensiones políticas y la percepción de la exclusión. Así resurgió un partido radical
democrático compuesto por clases medias, bajas y obreros. En 1819 se sofoca un
levantamiento casi revolucionario que termina en la supresión de las garantías
individuales. Luego de una pausa el radicalismo termina optando por la vía política y
reformista, sobre todo cuando las reivindicaciones obreras se canalicen a través del
sindicalismo.
En los dos países la década del ’20 es conservadora, pero mientras que en Francia
se desata una reacción más fuerte, en Inglaterra, y a pesar del dominio tory, un ala
reformista comienza a considerar hacer concesiones parciales para evitar una
revolución abierta.
La característica común de los movimientos de los años ’20 es que son movimientos
de elites y heterogéneos, ya que agrupan a profesionales, estudiantes, ex bonapartistas,
la oficialidad joven del ejército, y tanto a liberales como a republicanos. El objetivo
común es la constitución. Al ser inconexos y espontáneos, resultan fácilmente
reprimidos por las fuerzas internacionales de la Restauración.
El sistema Metternich y su brazo armado, la Santa Alianza, se encargan de sofocar
los movimientos en Europa del E y del S, excepto en Rusia, donde la autocracia se
ocupa de la represión ella misma, y en Grecia, donde el juego de intereses
internacionales contra el Imperio Turco plantea objetivos diferentes que permiten una
mayor libertad política.
En Europa C y E una minoría intelectual surgida de las universidades se manifiesta
a través de reivindicaciones y símbolos (banderas nacionales) que dan cuenta del
“despertar político” de Alemania y Polonia. A las aspiraciones liberales se les suman las
de un nacionalismo surgido de las luchas napoleónicas y de la recuperación de un
pasado basado en la lengua, la historia y la literatura, que busca construir la identidad
de una nación. Ambos movimientos serán duramente reprimidos, por Metternich en Al
y por R en Polonia.
En el caso de Rusia, el atraso económico la convirtió en un país periférico y la
condujo hacia una evolución social y política contraria a la de Europa O. R permaneció
ajena a los cambios revolucionarios o reformistas de los otros países, impidió el
surgimiento y consolidación de una burguesía liberal, mantuvo a las masas analfabetas
en una situación de aislamiento político y como elementos de una nacionalismo
reaccionario. En este contexto, se explica el fracaso del movimiento (en realidad,
complot) decembrista de 1825 y su brutal represión
19
La ola revolucionaria que también sacude a la Europa S comparte algunos rasgos
generales. Lo particular en estos casos es la movilidad sociopolítica que
internacionaliza estos movimientos e impulsa a carbonarios, masones y liberales
radicales a actuar en la Península Ibérica, Italia y Grecia.
En España, sobre un AR prácticamente ileso, se levantan fuerzas ideológicas y
políticas nuevas. Pero frente al retorno de Fernando VII en 1814 y al terror antiliberal,
sólo queda la posibilidad de las logias masónicas, los carbonarios, las sociedades
secretas y los pronunciamientos.
El pronunciamiento del coronel Rafael del Riego inicia el Trienio Liberal o
constitucional (1820-23) que pone en práctica las reformas y la Constitución de 1812
mientras aparecen las limitaciones de la revolución liberal española. El intento
reformista y constitucional fracaso por la permanencia de las viejas estructuras: la
monarquía y la intervención internacional.
En Italia, los movimientos de Nápoles y del Piamonte persiguen el mismo objetivo
del constitucionalismo con métodos similares tomados de su historia insurreccional
frente a la dominación napoleónica. Con Austria tan próxima, los movimientos serán
rápidamente reprimidos.
Grecia constituye un caso excepcional, al ser el único movimiento que triunfa en los
’20 pretendiendo objetivos constitucionales y nacionales. La revolución tuvo éxito
debido a que desencadenó una verdadera insurrección popular y a que se vio
favorecida por el contexto internacional.
En América la revolución también se hizo sentir y tuvo éxito. A ello contribuyó el
interés económico británico y la advertencia de no intervención realizada por el
presidente norteamericano J. Monroe en 1823.

c. Del liberalismo a la democracia social frustrada (1830-48)


1830 marca para los países de Europa O la resolución del conflicto entre liberalismo
y Restauración. Los movimientos de esta época pueden calificarse de revolucionarios
pues en ellos aparecen claramente las fuerzas populares. Los regímenes políticos
triunfantes serán los propios de las sociedades modernas: sistemas constitucionales
oligárquicos, división de poderes, voto censitario. El espíritu burgués se traslada de a
poco a toda la sociedad. La aceptación de los cambios frente a la presión popular
favorece la vía reformista en In y Bélgica, mientras que en F un anacrónico temor al
desorden genera la revolución.

LOS MOVIMIENTOS DE 1830


El éxito del sistema liberal simultáneo en F e In sigue caminos distintos: en F el
liberalismo se ensimisma tornándose conservador; en In el reformismo impregna la
vida política de las décadas siguientes. De todas formas, el proletariado y los
demócratas radicales, decepcionados, se manifestarán por la vía revolucionaria en el
primer caso, y por la sindical y parlamentaria en el segundo.
En Francia la pretensión de Carlos X de reinstaurar el AR en un ambiente de cierta
madurez política por la existencia de cámaras y el desarrollo de una opinión política
mediante la prensa, conduce a la revolución. Su abdicación fue obra del accionar
conjunto de republicanos, obreros, estudiantes e intelectuales; el advenimiento de Luis
Felipe de Orléans, de los liberales. Basada en la legitimidad nacional y popular, la
Carta Otorgada asume la forma de un contrato emanado de esa soberanía; implica la
sustitución de una sociedad aristocrática por una burguesa, y el advenimiento al poder
de una oligarquía de industriales, etc. que se viene gestando desde la época
napoleónica y que se consolida con el desarrollo económico, vinculado al tendido del
ferrocarril.
El poder económico está entrelazado con el político: funcionarios y ministros se
benefician con las empresas y el capital, lo cual torna más irritante la exclusión política
20
de las clases medias y la exclusión social de las bajas; situación que, sumada a la
represión, agudiza las tensiones sociales.
En Inglaterra, nuevamente frente a una revolución francesa se genera un conflicto
político y social, acompañado ahora de una estrategia política que une a los radicales
(partidarios del sufragio universal) con los whig (representantes de una burguesía
industrial que desea llegar al Parlamento). Al igual que en F, la reforma de 1832
perjudica a la democracia en pos del liberalismo.
El liberalismo inglés, flexible y adaptable, evita la revolución optando por la reforma,
“cediendo para conservar”. Paradójicamente, la reforma inglesa termina siendo más
revolucionaria que el proceso francés, ya que el sistema se hace más representativo al
aumentar el electorado (813m), mientras que el sindicalismo madura, se democratizan
los municipios y la iglesia anglicana pierde poder. “Los conservadores están dispuestos
a ceder y a revisar el sufragio porque mantienen su posición en la vida pública; los
radicales, que empleaban la violencia y supieron amedrentar los intereses establecidos,
no se encontraban ante una defensa cerrada; una vez abierta la brecha algún día
lograrían la aplicación de su programa político, económico y social mediante una
ordenada legislación.” (Palmer y Colton)
La década del ’38-48 está dominada por la lucha por el librecambio (supresión de las
Leyes de Granos), cuyo triunfo influirá en la vida económica y política inglesa, y por el
accionar del cartismo, movimiento esporádico y heterogéneo cuya unidad está dada por
el objetivo del sufragio universal.
En Bélgica, al carácter liberal de la revolución se le unió el nacional. El triunfo
compensó las heridas del Congreso de Viena, estableció un sistema parlamentario más
avanzado que el francés y recuperó las fronteras geográficas y culturales.
En Europa C y en Italia, donde las represiones sólo habían logrado acentuar el
espíritu de libertad, los movimientos del ’30 demostraron que tal libertad no se lograría
sin un movimiento de unificación previo.
Rusia sigue siendo el bastión del AR. La censura y la represión abaten la vida
intelectual y política; no obstante, aparecen las 2 corrientes que tendrán consecuencias
en el futuro: eslavófilos (conservadores y volcados a la cuestión social de la tierra) y
occidentalistas (que pretenden la europeización de Rusia). El punto en común y
prioritario es la abolición de la servidumbre.
En España, con la muerte de Fernando VII en el ’33 comienza el camino hacia una
monarquía constitucional con sufragio censitario que reemplazará a la desgastada
monarquía absoluta. Bajo la regencia de María Cristina comienza la lucha entre las 2
tendencias: los liberales moderados que reconocen que el poder recae en último
término en el rey, y los liberales progresistas que sólo reconocen la soberanía nacional
de las Cámaras y defienden las libertades civiles.
Aliados los primeros con la regencia, se instala en el ’34 un sistema liberal-
conservador que deja en pie casi entera la estructura social del AR. La contradicción
parece resolverse con la Constitución progresista de 1837, aunque la inestabilidad
política y los permanentes pronunciamientos conducen a la Constitución conservadora
del ’45.

LOS MOVIMIENTOS DE 1848


La dialéctica dominante en 1815-30 entre reacción y liberalismo se traslada ahora a
la lucha entre el liberalismo y las fuerzas democráticas y socialistas. El viejo temor a la
democracia, siempre presenten en el modelo de los notables y oculto transitoriamente
por una estrategia política frente al absolutismo, reaparece entonces como una
pesadilla recurrente, rápida y violenta, cuestionando ya no los pilares políticos sino
sociales del liberalismo.
21
En Francia, el modelo liberal paradigma de la revolución del ’30 rápidamente fue
perdiendo su contenido, aislando cada vez más a la elite política de la población. Las
profundas fuerzas sociales generadas por las transformaciones económicas agudizan el
desarrollo del republicanismo y del socialismo. La vida de los sectores subalternos
muestra que frente a los ideales del liberalismo han triunfado los intereses de una
clase.
Dentro del sector excluido también se encuentra un amplio sector de la clase media
que, incluso compartiendo los ideales liberales y monárquicos, aspira a una mayor
representatividad a través de la ampliación del voto. La oposición ciega de Luis Felipe
no deja otra posibilidad que la revolución.
Conceptualmente, la República de 1848 sustituye un poder monárquico por uno
auténticamente popular, despersonalizado y desacralizado. No es una repetición de
1830, sus objetivos son otros: más democráticos, patrióticos y sociales. Además del
sistema político, lo que se pretende es una sociedad más humana. Para ello debe
reelaborar en las representaciones colectivas una nueva imagen de la república
despojándola del pasado vergonzante del terror. El ’48 representa la búsqueda de la
realización del contenido inconcluso de las revoluciones pasadas.
El malestar social iba acompañado de un clima intelectual de mayor participación de
las masas en la cultura y de la convergencia de diferentes corrientes políticas y
espirituales que compartían 2 ideas básicas:
 Reemplazar la ineficacia y el conservadurismo del régimen vigente.
 Democratizar el sistema político.
Frente a la oposición insalvable de L. Felipe y su ministro Guizot, el partido
republicano, heterogéneo y confuso, desarmado por la represión, buscó su organización
a través de la Cámara, la prensa y la sociabilidad política. La revolución saldría de los
banquetes que unieron a toda la oposición: reformistas parlamentarios, opositores
dinásticos y republicanos.
Prohibido el banquete del 22 de febrero, estudiantes y obreros deciden seguir
adelante, logrando la adhesión de las masas populares en una gran convocatoria a las
armas que decidirá el conflicto. El 24 el rey abdica a favor de su nieto pero desde la
comuna los revolucionarios ya proclaman la república y establecen el gobierno
provisorio. El peso cualitativo de los republicanos sociales en él logró los grandes
objetivos: sufragio universal, educación pública, gratuita y laica, y disminución de la
jornada laboral a 10 hs.
La inflexión que se produce en la Asamblea Constituyente suprime las dos ramas del
partido republicano. Las sangrientas jornadas de junio, a cargo de Cavaignac, luego de
un levantamiento popular armado, provocaron la eliminación física de los
revolucionarios (10m muertos y 11m prisioneros), con lo cual se descabezó y neutralizó
el movimiento republicano por varios años.
La constitución que surgió creó un poder ejecutivo fuerte en manos de un presidente
elegido por voto universal masculino. En diciembre de 1848 llegó al poder Luis
Napoleón. La revolución, como régimen igualitario, anticlerical de tendencia socialista
y antiburguesa, había muerto en junio, arrastrando consigo el liberalismo y el
constitucionalismo.
En Europa C el eje político predominante hasta los ’70 es el del nacionalismo, liberal
y progresista, que se enfrenta a las fuerzas de la reacción todavía dominantes con
centro en Viena. El despertar y fracaso de las minorías nacionales se explica en parte
por la debilidad y heterogeneidad de las elites intelectuales dirigentes. De esta forma,
resultó sencillo reprimir movimientos como los de Lajos Kossuth en Hungría y
Frantisek Palacky es Checoslovaquia.
Simultáneamente, It y Al se preparan para su unificación, mientras programas
liberales y sociales se imponían en todas partes para luego sufrir también un retroceso
22
desde el ’49. En Alemania lo más significativo es el Parlamento de Francfort, reunido
para concretar la unificación. Pronto se verían las debilidades del proyecto de
unificación liberal, siendo el principal obstáculo la indefinición acerca de si la
organización se realizaría alrededor de Austria o de Prusia. En el momento en que por
fin se ofrece la corona al rey de Prusia y éste la rechaza por su carácter popular y por
no enfrentarse a Austria, el futuro de la unificación queda signado. No se realizaría en
base a la ideología liberal, y la forma de su nacionalismo asumirá un contenido agresivo
de graves consecuencias futuras. La existencia del sufragio universal en Prusia no sería
el rasgo de un Estado democrático sino el instrumento ilusorio de un sistema
autoritario y estamental.
En Italia, a pesar de que nuevamente la represión tendría como instrumento el
ejército austríaco, Cerdeña se acerca a un régimen constitucional con una promesa
cierta de unificación. Pero en última instancia es la inserción de Italia y Alemania en la
política internacional la que permitirá la unidad.
Lo más característico de los movimientos de 1848 es la participación popular, lo que
los distingue de las revoluciones conspirativas y de elites del período anterior. Su
fracaso se debió a 2 factores fundamentales:
 El avance del movimiento radical y socialista provoca la fractura lógica con el
movimiento liberal, temeroso del ataque a la propiedad.
 Las fuerzas de la represión, encarnadas en el ejército, la Iglesia y el nuevo
sistema de represión Bach, conservaban un enorme poder.
Los ideales de la “primavera de los pueblos” fracasaron en toda Europa, excepto en
Cerdeña, Suiza, Holanda, Bélgica y Dinamarca. Nuevos sistemas autoritarios se
impondrían y tanto los sectores populares como los gobernantes optarían por un
análisis y unos métodos más realistas.

d. El nacionalismo y los avatares de la democracia (1851-70)


Un ejemplo de la nueva visión de la política y del autoritarismo imperante es el de
Luis Napoleón en F. Con la legitimidad que le da la elección, el 2/ XII/1851 da un golpe
de Estado acompañado de una represión violenta y de la disolución de la Asamblea, con
lo que se prepara para proclamarse emperador al año siguiente. El sistema político así
instaurado se caracteriza por una fuerte concentración, aunque manteniendo la
apariencia formal de la división de poderes. Su legitimidad se basa en el campesinado y
en los grupos de notables que prefieren renunciar a ciertas libertades políticas (prensa
y reunión) en aras del desarrollo económico.
A pesar de este oportunismo para aprovechar el “bienestar social”, la política
internacional va a producir la caída de Luis Napoleón. La guerra con Prusia condujo a F
a una derrota y a una fuerte conmoción interna en 1870. Reorganizados los grupos
revolucionarios (ausentes hasta ese entonces en gran parte debido al exterminio de
1848) y la oposición bajo el impulso mítico del 10/ X/1792, se establece la comuna
revolucionaria en París integrada por socialistas, anarquistas y republicanos. A pesar
de que la represión dirigida por Thiers sería más violenta que la del ’48, surgiría así la
3º República, basada en el sufragio universal masculino. F se embarca en un proceso
de democratización ligado al imperialismo y al nacionalismo, que culminó con el caso
Dreyfus.
En In hasta 1880 no hay grandes conmociones del sistema político, dominado por el
liberalismo al igual que la economía. El oportunismo y flexibilidad de los conservadores
imponen una importante reforma electoral en 1867: duplicación del padrón, acceso de
la pequeña burguesía y de una elite obrera. El período, dentro de la época victoriana,
es dominado por la “burguesía manchesteriana”, de modo que el sistema político queda
en manos de una elite en que el linaje hizo lugar al dinero.
23
En Al Otto von Bismarck, primer ministro de Pr, va a concretar la unidad por 3
medios:
 Industrialización acelerada de Pr.
 Política internacional agresiva para eliminar a Au del escenario alemán.
 Establecimiento de un sistema político autoritario.
La caracterización de ese sistema es similar a la de Luis Napoleón. Bajo la forma de
un sistema democrático y constitucional el poder está fuertemente concentrado en
Bismarck. Si bien existe una cámara de diputados nacional, de hecho había logrado la
hegemonía prusiana. Incluso el Reichstag, originado en el sufragio universal, no podía
votar el presupuesto. En definitiva, se trata de un régimen sostenido por una elite
surgida de la burocracia y en una legitimidad basada todavía en la herencia dinástica
pero asentada ya en nuevos mitos políticos e históricos, los de una nación germánica
destinada a ser hegemónica en Europa.
En It la figura clave fue Camilo Benso, conde de Cavour, primer ministro del reino
de Piamonte-Cerdeña desde 1852. Había comprendido que para neutralizar a Austria
debía insertar la cuestión nacional italiana en el contexto internacional, lo que logra
tras la guerra de Crimea. Su realismo político se manifiesta en el acercamiento al
movimiento del Risorgimento, de carácter radical y social, siendo él un liberal
conservador. También se manifiesta en el manejo de la situación respecto a G.
Garibaldi, revolucionario radical que había liberado el S de It y que terminó aceptando
la autoridad real.
El paso decisivo en la política internacional fue la intervención de L. Napoleón y la
recuperación de todo el N de It en 1860. Lograda la unificación completa, favorecida
por la retirada de las tropas napoleónicas por la guerra franco-prusiana, Cavour y
Víctor Manuel II, rey desde 1861, se avocan a la organización política de It. El régimen
institucional establece el voto censitario, concedido a sólo el 2% de la población.
Muy diferente del proceso alemán, una It que hasta el momento sólo era una
expresión geográfica, carecía de un proyecto claro de nación. Las profundas
desigualdades entre un S subdesarrollado y un N que iniciaba su industrialización
generarían tensiones políticas que persistirían hasta el s. XX.
Mientras tanto R mantiene intacta su estructura social y política autocrática. En una
sociedad en la que la miseria y el hambre eran estructurales, lo peor de todo era la
servidumbre (40M de personas, 2/3 de la población total) y resultaba una exigencia
eliminarla, como habían planteado los decembristas.
Las reformas en este sentido de Alejandro II desde 1860 no cuestionaron las bases
del sistema ni liberaron al pueblo ruso, ya que la emancipación y el acceso a la
propiedad de la tierra resultaron muy difíciles.
En Es, desde 1845 y acentuado por el golpe de L. Napoleón, un fuerte
conservadurismo marca la vida política hasta la revolución del ’68, última ocasión en
que la burguesía protagoniza un movimiento revolucionario para establecer un sistema
liberal democrático. Esta revolución es un ejemplo más de la dialéctica entre una
burguesía que sólo aspira a un cambio de régimen y un movimiento democrático y
social con principios republicanos. Las reformas políticas liberales conseguidas, aunque
dejan de lado las reformas sociales, resultan en definitiva un avance hacia un régimen
democrático, a pesar del mantenimiento de la monarquía.

6. Las transformaciones políticas (1870-1914)


La historia política del s. XIX es relatada muchas veces como un largo camino hacia
la democracia. Así, con mirada optimista, se estudia la evolución hasta la consecución
de una supuesta democracia verdadera, enfrentándose elementos “progresistas” y
“tradicionales”. En una visión más crítica, como la de Hobsbawm, se presta atención a
24
las hipocresías impuestas por una elite política que intenta a toda la cosa la
participación política de los sectores subalternos.

a. La democratización de la política
Posibles sentidos de democracia en el período 1789-1914:
 Entre las transformaciones del período la que resulta más significativa para los
contemporáneos es que a lo largo del s. XIX la política dejó de ser el horizonte
de grupos más o menos limitados, para transformarse en una práctica y un
conjunto de ideas que, en forma creciente, se involucró en la vida cotidiana
[conciente y explícita] de amplios sectores de la sociedad.
En zonas alejadas a los centros urbanos (así como en Europa C y E) la incipiente
sociabilidad política de las comunidades campesinas se asocia también con la llegada
del ferrocarril. En muchos casos, fueron los mismos partidos políticos los que, para
recolectar más votos, introdujeron a fracciones de la población en la experiencia
electoral. El proceso se ve particularmente acelerado desde fines de los ’70, cuando se
produce una masificación general de la política. Así entendida, la democracia no se
limita a la cuestión del sufragio sino que incorpora muchas otras prácticas, como la
participación en sindicatos y el surgimiento de la opinión pública.
 La comunidad política y la autoridad derivan su existencia y legitimidad de una
instancia contractual que involucra a todos los individuos que la componen en
tanto lo hacen en defensa de los propios derechos individuales.
Los sectores conservadores reaccionaron con desconfianza, si bien de modo dispar,
no sólo por la participación en sí sino también por los riesgos de una creciente
autonomía política de sectores tradicionalmente subordinados. A los liberales se les
planteó la contradicción entre “razón” y “número”. A parir de los ’70 el liberalismo
quedó atrapado entre 2 extremos: la defensa del principio de la soberanía popular, y el
temor a la participación de quienes no daban muestras de “racionalidad”. Los más
temerosos se acercaron al conservadurismo (que estaba experimentando una
importante evolución), mientras que otros dieron al liberalismo el tinte radical que lo
caracteriza durante los 30 años anteriores a 1914.

b. La crisis del liberalismo


Desde los ’50 el liberalismo venía ejerciendo una hegemonía política y cultural. La
filosofía liberal se había impuesto como un modelo integral que abarcaba todos los
aspectos de las relaciones sociales. Su prestigio explica su difusión en países
aparentemente poco propicios, como E y Al. En cuanto a la economía, el librecambio,
basado en el éxito inglés, se consagró como el único camino posible para el desarrollo
económico.
El liberalismo también impuso sus ideales respecto a la centralidad del individuo, la
inviolabilidad de la propiedad convertida en derecho natural y la visión secular de las
instituciones y las relaciones humanas.
La crisis económica de 1873 significó un duro golpe para esta hegemonía liberal,
afectando sus pretensiones de programa universal de progreso. La magnitud del
impacto de la crisis en la política fue proporcional a la duración de una duración que se
prolongó hasta los ’90. La crisis provocó también problemas y deserciones en los
partidos liberales. Desde comienzos de la década de 1880 gran parte de los gobiernos
que surgían de elecciones pasaron a manos de los conservadores, como sucedió en F,
In e It. En R Alejandro III puso fin a las tímidas políticas de reformas de su padre. En Al,
Bismarck abandonó la alianza con los liberales y se acercó al conservadurismo desde
1878. En EU, como lo señalaron los críticos reformistas que proliferaron hacia 1890, la
política quedó al servicio de los grandes intereses industriales.
25
La crisis económica y los cambios sociales provocaron otras consecuencias que
cuestionaron el liberalismo. Para restaurar sus economías, los países aumentaron los
roles y actividades del Estado, dando paso a una burocracia cada vez mayor. Sobre el
final del siglo, se implementaron las primeras medidas de planificación y de desarrollo
de una verdadera cultura tecnocrática. En Al, desde los ’80, se produjeron los primeros
ensayos de seguridad social, para evitar el avance del socialismo. De todas formas, los
mayores gastos se produjeron en el área militar, a medida que la “grandeza nacional”
comenzó a ser asociada con la posesión de colonias y la vigilancia contra la amenaza de
potencias vecinas.
Una de las formas de sostener los espectaculares aumentos de los gastos fiscales fue
la imposición de aranceles al comercio exterior, que rápidamente se convirtió en motivo
de enfrentamiento entre las potencias. Resulta evidente que todos estos cambios iban
en contra de los principios liberales clásicos que defendían un Estado centralizado pero
prescindente, un gasto público reducido y el librecambio. Las divisiones en el seno de
los liberales proliferaron.

c. El sufragio y los partidos


A pesar de su crisis, el liberalismo dejó importantes legados entre los que se
destacan los parlamentos y los sistemas representativos por sufragio.
El parlamento había sido la institución clave en la lucha contra el AR, ya que reunía
al mismo tiempo un límite para la acción del gobierno y un mecanismo de
representación de la sociedad. En cambio, sólo en EU el ejecutivo era elegido mediante
sufragio indirecto. En F e In los ejecutivos emanaban del parlamento, aunque en el caso
inglés el rey seguía cumpliendo un rol importante. En el otro extremo, en Al y Au-Hu los
monarcas habían logrado mantener su autoridad y elegían a sus ministros.
La coexistencia de los parlamentos con la ampliación de la participación política
puso de relieve la importancia de la cuestión del sufragio. La forma institucional en que
se hacía evidente esta creciente participación era la ampliación del voto y el paulatino
alcance del sufragio universal masculino, multiplicándose hacia fin de siglo los
reclamos por el femenino.
Desaparecidos los pilares culturales que sostenían la legitimidad de las monarquías
y de la sociedad naturalmente jerárquica, el sufragio se convirtió en una de las
prácticas que delinearon nuevas imágenes de la sociedad, nuevos criterios de
legitimidad y nuevos actores colectivos. “Las leyes electorales no se proponen de hecho
reflejar la realidad social, reproduciendo su división interna, sino que por el contrario
tienen la finalidad de negar esa división dando vida a algo completamente diverso y
nuevo, que precisamente es lo que llamamos ‘representación política’. La construcción
de la representación política es un instrumento para la construcción de la ciudadanía,
que sirve para introducir al individuo y a la nación como valores fundamentales”.
Sin embargo, la sociedad está lejos de corresponder a los principios individuo-
nación: su estructura es corporativa, desigual y jerárquica. Las discusiones sobre los
mecanismos electorales oscilaban entre la concepción radical de la ciudadanía
igualitaria (F) hasta la preocupación por vincular los parlamentos con intereses sociales
concretos que, de esa manera, eran considerados como legítimos aspirantes a la
representación política (In).

d. La nueva derecha y el nacionalismo


Los cambios experimentados en la derecha fueron tan importantes como la crisis del
liberalismo. Hasta los ’70 los conservadores se definían por su pertenencia a la
aristocracia, a la clase terrateniente y a la alta burguesía; ideológicamente los
aglutinaba el rechazo a las novedades de las revoluciones. Los principios más
reaccionarios eran respaldados por las iglesias oficiales, especialmente en los países
católicos.
26
Insertos en el medio democrático, se vieron obligados a organizarse en partidos,
siendo los más exitosos los de tintes confesionales. Otra señal de cambio fue la nueva
composición social de sus bases electorales, ya que lograron la simpatía de la clase
media de cuello blanco, atraída en particular por el nacionalismo y el antisemitismo.
Estas posturas también lograron atraer a importantes grupos de campesinos,
especialmente en Europa C y E.
Junto con el confesionalismo y el racismo antisemita, el nacionalismo fue el
argumento central de la nueva derecha, que tuvo su origen a fines del s. XIX. Hasta la
primera oleada imperialista, la nación se vinculaba con el nuevo principio de
legitimidad liberal-democrático. Pero la difusión del principio de nacionalidad como
sostenedor de la legitimidad estatal provocó un cambio drástico de ese sentido. La
nación comenzó a asociarse a comunidades que supuestamente compartían ciertos
elementos culturales, en especial la lengua, y que tenían el derecho legítimo a
convertirse en un Estado. Del mismo modo, los únicos Estados legítimos serían aquellos
que abarquen una única nación. Los Estados se esforzaron por construir esa
uniformidad cultural supuestamente existente.
A través del nacionalismo, los Estados consiguieron un considerable principio de
legitimidad laico pero fuertemente irracional. En plena expansión imperialista, el
irracionalismo se vinculó con ideas mesiánicas (el “destino manifiesto” de T. Roosevelt)
y de superioridad racial.
En general, gracias al nacionalismo la derecha había conseguido su mejor
argumento para conquistar un respaldo popular y masivo.

e. La impugnación revolucionaria
La década de 1890 también fue el marco de la consolidación y difusión de la idea de
revolución. Heredera en muchos sentidos de la tradición revolucionaria francesa,
durante la 2ºm.s. XIX comenzó a asociarse con la clase obrera y el socialismo. La
combinación de socialismo y reclamos sociales fue suficiente para que muchos
contemporáneos creyeran que la lucha de clases era la cuestión fundamental de la
política. Así se transformó en uno de los argumentos para justificar la expansión
imperialista.
El elemento común de quienes hacían política en nombre de la revolución era el
repudio por la sociedad burguesa y la creencia en un futuro de redención social. En
algunos casos, el protagonista de ésta se asociaba con la clase obrera (partidos
socialistas y sindicalismo), en otros con el conjunto de los trabajadores o el pueblo
(anarquismo), e incluso con las viejas tradiciones comunales campesinas (narodniki y
socialistas revolucionarios rusos).
En cuanto a los partidos socialistas, el Partido Socialdemócrata Alemán fue el que
más éxitos consiguió, llegando a transformarse en la corriente electoral más importante
del Reich. Su dirigencia estaba compuesta por intelectuales y trabajadores ilustrados
que legitimaban su puesto por su capacidad de manejar los más complicados debates.
El reverso a la rigidez ideológica del partido, era su misma tendencia a adaptarse a las
reglas del juego político electoral y parlamentario. El PSA, al tiempo que era modelo de
organización partidaria, generó fuertes críticas por su tendencia al “reformismo” y al
abandono de toda práctica revolucionaria, como denunciara R. Luxemburg.
En un contexto todavía más autoritario que el alemán, el Partido Obrero
Socialdemócrata Ruso fue fundado en Minsk en 1898 y al poco tiempo tuvo que seguir
sus actividades en el exilio. En el segundo congreso, en 1903, el partido se dividió en
“mencheviques”, seguidores de I. Mártov, y “bolcheviques”, seguidores de Lenin. La
revolución de 1905 no hizo más que acentuar la división al aceptar los mencheviques
participar del juego electoral.
27
En la clandestinidad y el exilio, los bolcheviques fueron consolidando un partido
basado en la idea leninista de estructura pequeña de cuadros activos, contrastando con
la estrategia socialdemócrata de conformar un partido electoral de masas.
En 1914 la postura revolucionaria parecía debilitada por las visiones reformistas y
por el avance imparable del nacionalismo. La guerra volvería a darle un poderoso
espaldarazo.

f. El giro de 1905 y la marcha hacia la guerra


A pesar de la creencia de algunos contemporáneos, el ascenso de la derecha, la
fiebre imperialista y la recuperación de la economía no sólo no acabaron con las
convulsiones sociales sino que provocaron a partir de 1905 un período de crisis y
conflictividad crecientes.
En general, la nueva ola de protestas sociales acentuó la tendencia hacia la
polarización de las ideologías, que de hecho se encontraba presente desde las crisis del
liberalismo de los ’70. La causa general que impulsó esta polarización fueron las
distintas estrategias adoptadas para terminar con la creciente conflictividad. Los más
radicales ensayaron nuevas políticas de seguridad social a escala mucho mayores.
La suma del temor por los conflictos sociales y la preocupación por el avance de la
actividad estatal de tinte radical contribuyeron a dar una nueva unidad a la derecha.
Por más que los objetivos de los conflictos sociales fueran limitados, la sola
movilización bastó para desatar la reacción temerosa de las clases medias y altas,
adquiriendo la forma de un nacionalismo extremo. La política internacional dominada
por la inminencia de una guerra comenzó a determinar los movimientos internos. El
nacionalismo se acentuó y, donde fue posible (R, Al, Au-Hu), también el autoritarismo.
Los socialdemócratas no dudaron en aprobaron nuevos aumentos en los gastos
militares, que crecieron exponencialmente.
Frente a un panorama donde el irracionalismo parecía imponerse, muchos
comenzaron a ver en la guerra la posibilidad de una restauración de la razón y la
civilización asociadas a la propia grandeza nacional.
28
Cap. 3
LAS RELACIONES INTERNACIONALES DE UNA GUERRA GENERAL A OTRA
C. Buchrucker y S. Dawbarn

1. Las guerras de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico


El paso del sistema internacional del AR al de la Edad Contemporánea está marcado
por la sangrienta y prolongada crisis bélica que comienza en 1792 con la invasión
prusiana de F y se cierra en 1815 con la derrota definitiva de Napoleón. En ese lapso
fueron muy cortos los períodos de paz.
El equilibrio europeo hacia 1789 se caracterizaba por la coexistencia competitiva de
6 grandes potencias: Inglaterra, Francia, España, Austria, Prusia y Rusia.
En esta época F constituye la primera potencia militar del continente, logrando
derrotar 5 coaliciones sucesivas en su contra. De la 2ª a la 4ª guerra In sólo consigue
dos aliados principales, lo que permite las espectaculares victorias francesas y la
máxima expansión del imperio napoleónico. Finalmente, en la 6ª etapa los factores
tiempo y espacio se habían tornado claramente desfavorables para F. Los desastres en
R, el desgaste en E y la inédita coalición de 5 GP contra una redujeron drásticamente la
calidad y cantidad del aparato militar francés. La derrota se volvió inevitable.
En este período existen al menos 2 continuidades que revelan importantes líneas
estructuradoras de la historia mundial:
 Esta es la 8ª guerra general. Desde fines del s. XVI estas han involucrado
periódicamente casi la totalidad de las GP. En todos los conflictos se enfrentaron
coaliciones encabezadas por el más fuerte Estado terrestre y el líder económico-
marítimo respectivamente. Las guerras de la Revolución y del Imperio fueron el
5º caso en el que F e In asumieron estos roles (1688-97; 1701-13; 1739-48;
1756-63).
 Al igual que en 6 de las 7 guerras anteriores, el conflicto concluyó con la
victoria de la coalición de la principal potencia económica y marítima.
Los testigos de la época la vivieron como una tremenda ruptura de las pautas
acostumbradas: fue de extraordinaria duración e intensidad, llegando a la cifra de 21m
muertos por millón, rasgos sólo comparables a la Guerra de los Treinta Años. La otra
gran discontinuidad estuvo dada por la importancia del factor ideológico. El desafío de
una monarquía revolucionaria a las monarquías era algo profundamente preocupante
desde la perspectiva tradicional, acostumbrada durante más de un siglo a poner en
juego no más que una parte del tesoro y algunas provincias, pero nunca el sistema
político y su principio de legitimidad.
La proyección de esta era bélica sobre el s. XIX influyó en la modernización de las GP
a partir de 1815. Lograron dar un paso hacia la “civilización” de las relaciones
internacionales, produciendo guerras relativamente breves. Sin embargo, al mismo
tiempo se triplicó la cantidad de bajas extraeuropeas (6M) en consonancia con la
expansión colonial. Mientras los europeos se hacían más prudentes y civilizados en sus
tratos entre sí, no se mostraban igualmente moderados cuando actuaban fuera de su
continente.

2. La Europa restaurada (1815-51)


En esta etapa no hubo guerra general entre las potencias europeas pero se
acentuaron los trastornos revolucionarios que, salvo contadas excepciones, fueron
sofocados. El último acto contrarrevolucionario culminó con el golpe de Estado de Luis
Napoleón en 1851.

a. La trayectoria del sistema de Metternich


Ver cuadro cronológico p. 185.
29

b. El congreso de Viena o el ajuste de Europa


La tarea principal de las potencias victoriosas en el Congreso de Viena era rediseñar
el mapa político de Europa, trastornado por las conquistas napoleónicas. El reajuste
territorial se hizo siguiendo 2 principios:
 El equilibrio europeo. Para que fuera efectivo debía cumplir con 2 condiciones:
o Asegurar la contención de una eventual expansión francesa, para lo que
se crearon “Estados amortiguadores” (los nuevos Países Bajos, una Pr
expandida que servía también para frenar a R, y un agrandado reino de
Piamonte).
o Recompensar los esfuerzos bélicos de los miembros de la alianza
antifrancesa.
A pesar de estas compensaciones, la preeminencia del poder inglés no pudo ser
contrapesada. In era la nación más rica, la única que había iniciado la industrialización,
y además controlaba las rutas marítimas y los mercados ultramarinos. Después de la
derrota francesa no había ningún otro país en condición de disputar su hegemonía en el
plano económico y naval.
 La legitimidad dinástica. Las nuevas asignaciones territoriales sólo se
afianzarían con la restauración de las monarquías de derecho divino, la que
muchos consideraban la garantía esencial del orden. El “derecho histórico” (K.
Metternich) fue una herramienta de legitimación interna y de reconocimiento
internacional.
No obstante, se desconocieron los derechos de más de 300 príncipes destronados
por Napoleón cuando se formó la Confederación Alemana. En F y en algunos Estados
alemanes S se hicieron concesiones constitucionales, admitiendo tácitamente el poder
de las nuevas ideas. Así, se afirma que la premisa legitimista y restauradora estuvo
subordinada al concepto preponderante de equilibrio. Esto explica también la
desatención ostensible que se hizo a las aspiraciones nacionales y liberales en todo el
continente.

c. El Concierto de Europa
Los acuerdos firmados resultarían insuficientes si no se ideaba un mecanismo que lo
sostuviera. La primera propuesta fue la del zar Alejandro I para conformar la Santa
Alianza. Esta logró la adhesión de la mayoría de los Estados, excepto In, los Estados
papales y Turquía. Sin ninguna obligación internacional expresa, fue relegada por la
iniciativa británica.
In propuso el pacto conocido como Cuádruple Alianza para mantener la paz en
Europa. Se establecía así el Concierto de Europa o Sistema de Congreso, que tampoco
establecía compromisos formales aunque ligaba a los firmantes por 20 años. In se
opuso a la utilización de esta alianza para intervenir en los asuntos internos de los
Estados. Su objetivo había sido la concertación para bloquear posibles revoluciones con
poder militar y bloquear cualquier acción unilateral, de R o F, que quebrara los
términos territoriales del CdV. Sin embargo, en el CdTroppau de 1820 Metternich logró
la aprobación del principio de intervención en los países convulsionados por la
revolución. El rechazo inglés marcó la primera fisura del Concierto.

d. Los desafíos revolucionarios


Frente al sólido predominio absolutista, en todas partes los defensores del cambio
optaron por la revolución, apoyando un programa liberal. La otra idea fuerza en todas
las movilizaciones futuras fue el nacionalismo. Durante las revoluciones de 1820-24 los
reclamos nacionales fueron determinantes en Grecia y América, las únicas que
culminaron con éxito.
30
Las pretensiones de los revolucionaros se acentuaron durante 1830. La Revolución
reaparecía en F, el país más temido como fuente de la subversión internacional. El
derrocamiento de la monarquía en F exacerbó la agitación en It, Al y Po. Rápidamente
el nuevo gobierno de L. Felipe tranquilizó a los demás países antes de que actuaran
para restituir a los Borbones, reprimiendo las protestas obreras, contribuyendo
también los disturbios internos en los otros países.
En agosto de 1830 Au, R y Pr acordaron no intervenir en los problemas franceses
siempre que su revolución no se expandiera. Esta declaración equivalía a un
reconocimiento de la disgregación del Concierto y de la consolidación en Europa E de
un bloque conservador, influido por la concepción de Metternich, cuya principal
obsesión eran las demandas liberales y nacionales.
Frente a este bastión legitimista, después del ’30 se formó en Europa NO un grupo
de Estados monárquicos constitucionales (In, F, Bé y Ho), que contemplaban derechos
civiles y políticos restringidos. No es casual que en esta parte del continente la
transformación económica ya se hubiera iniciado y las repercusiones sociales de tales
cambios productivos, aunque todavía débiles, se trasladaban la plano político con más
rapidez en el E. El contraste entre estas dos Europas no es solamente analítico,
también era percibido por los mismo protagonistas.
La última y más profunda oleada revolucionara afectó en 1848 a toda Europa,
excepto In y R. En el caso de ésta, el férreo control zarista impidió la propagación de la
disconformidad. En In en 1846 se derogaron las leyes de granos lo que permitió
abaratarlos y contribuyó a descomprimir las quejas populares.
Las revoluciones del ’48 fueron precedidas por una aguda crisis económica de
origen agrario iniciada 2 años antes y agravada por una depresión industrial. El
estallido inicial se produjo en Suiza por el enfrentamiento entre católicos y radicales a
fines del ’47, seguido por una de las recurrentes rebeliones autonomistas en Sicilia. Se
difundió con un alcance inusitado después de la caída de L. Felipe. Luego de un rápido
triunfo revolucionario, sobrevino el fuerte contraataque: todos los movimientos fueron
vencidos, excepto en F, donde se estableció una república con sufragio universal.
Los cambios logrados aparentemente modestos tendrían una gran influencia a corto
plazo: la supresión de los restos señoriales en Au y Pr y la liberalización de las
constituciones en varios Estados alemanes, el Piamonte y Pr, reforzando sus
respectivas posiciones como núcleos de unificación.
Aunque a largo plazo el arreglo posnapoleónico parece exitoso, la negativa
conservadora a ceder algunas reformas alentó medio siglo de trastornos y rebeliones
internas, precisamente lo que pretendía evitar.

e. Un balance de la época [enfoque analítico-comparativo]


La diversidad de las fuentes de “perturbación” del sistema Metternich
 La preocupación central fue controlar a Francia, con un potencial militar e
irradiación ideológica peligrosos.
 Rusia, dotada de una gran capacidad bélica, ejerciendo su peso sobre el
Danubio y los Balcanes.
 Inglaterra, considerada por muchos conservadores del continente poco menos
inquietante que F por su monarquía parlamentaria.
 Los efectos expansivos de la industrialización inglesa, que desestabilizaban las
bases económicas y sociales del AR.
 Comienzo de la declinación austríaca, a pesar de la aparente solidez del
Imperio.

EL NACIONALISMO COMO NUEVO PROYECTO DE LEGITIMACIÓN DE LOS ESTADOS


31
Entre los años ’20 y 40 el nacionalismo, unido al constitucionalismo liberal,
incrementó sus adherentes, especialmente en la juventud estudiantil y en las ciudades.
Los avances de la educación popular, la difusión del periodismo y el acortamiento de
las distancias gracias al ferrocarril contribuyeron a la apertura de nuevos públicos
permeables al mensaje nacionalista.
Con el tiempo si hicieron visibles las tendencias al separación entre nacionalismo y
liberalismo. La crisis de 1848-49 mostró que muchos nacionalistas levantados preferían
conservar parte del pasado imperial a costa de otros pueblos, como por ejemplo el
nacionalismo húngaro que se manifestaba emancipatorio respecto de Au, pero oprimía
a croatas y eslovenos.

3. La Europa reestructurada (1815-51)


Las GP no se involucraron en un enfrentamiento armado hasta 1854-56, en la guerra
de Crimea, a la que siguieron 12 años de continuas hostilidades en las que participaron
las principales potencias excepto R e In. De modo inverso al anterior, fue un período de
tranquilidad social, sin sobresaltos revolucionarios generalizados, de reformas liberales
y de crecimiento económico. Las 4 guerras que se desencadenaron, rápidas y
localizadas, estuvieron relacionadas con las transformaciones en It y Al.

a. La centralidad de los procesos de unificación de Italia y Alemania


Ver cuadro p. 194.

b. Los condicionamientos externos


Los dos proyectos de unificación fueron el resultado de un plan deliberado y
hábilmente dirigido para transformar reinos menores en estructuras más grandes que
les dieran una mayor capacidad para competir en la escena internacional. 3 factores
facilitaron estos procesos:
 La desintegración del acuerdo posnapoleónico tras la guerra de Crimea. Au y R se
distanciaron.
 In se avocó más a sus asuntos internos y a los coloniales que a los europeos,
donde se preocupó más por una posible hegemonía rusa o francesa.
 El clima general en Europa se mostraba más favorable que antes a las
reivindicaciones nacionales. Cuanto más al O estaban ubicados estos pueblos
mejor disposición hubo a otorgarles el gobierno propio.
Respecto a la economía, la expansión acelerada del capitalismo desde los ’60
demostraría la relación directa entre progreso tecnológico, capacidad militar y
capacidad de injerencia internacional. El tendido de ferrocarriles, el telégrafo, los
buques a vapor provocaron una revolución en los transportes y en las comunicaciones y
transformaron, junto a las nuevas armas y los buques acorazados, las características de
la guerra.
c. Los condicionamientos externos
Pese a las diferencias notorias en ambos procesos, tuvieron semejanzas en cuanto a
los actores fundamentales (Cavour y Bismarck), sus estrategias, sus objetivos
(fortalecer sus respectivos reinos y hacer de ellos la fuerza aglutinante de la unión) e
incluso el mismo enemigo (el predominio austríaco en N y C de It y en la Confederación
Alemana). Además hubo un tercer actor muy importante: Napoleón III, que zanjó el
caminó a los piamonteses y prusianos en 1859 y 66 y le brindó a Pr en 1870-71 la
oportunidad para culminar con éxito su fusión nacional.

d. La unificación italiana
La península era desde 1815 un conglomerado Estados en donde sólo el 2,5% de la
población hablaba italiano.
32
 El reino de Piamonte, gobernado por la casa de Saboya (N).
 La Lombardía, bajo control austríaco (N).
 El Véneto y otros ducados.
 La franja central, bajo el control del papa.
 El reino de Nápoles, gobernado por los Borbones (S).
Aunque la capacidad económica de estos Estados era limitada, superaba a Au y R.
Las limitaciones militares explican la futura alianza de Cavour con F, ya que esta casi
duplicaba la cantidad de efectivos austríacos.
Los intereses económicos promovieron las primeras medidas de unión aduanera. Sin
embargo serían el reino de Piamonte-Cerdeña y su ministro, Camilo Benso, conde de
Cavour, los que dirigirían el programa de unificación. Este territorio era el más
avanzado política y económicamente y el único donde se mantenía un régimen
constitucional que amparaba derechos individuales básicos y la libertad económica.
Cavour era un liberal nacionalista y convencido antidemócrata. Recurrió con habilidad
tanto a la diplomacia como a la fuerza, manipulando también los principios
democráticos. Su contribución en la guerra de Crimea le permitió negociar la paz al
lado de las potencias victoriosas.
Conciente de la desintegración de la Europa de la Restauración, buscó el apoyo de
una gran potencia para suprimir la autoridad de los Habsburgo austríacos.
Aprovechando el respaldo de N III a los reclamos nacionales italianos, en 1858 concertó
una alianza secreta con el emperador. La guerra contra Au al año siguiente fue breve,
pero F se debió retirar rápidamente temiendo por el despliegue de tropas prusianas en
el Rin. En It el activismo fue retomado por los nacionalistas que se levantaron en los
ducados centrales contra las autoridades constituidas sin la intervención del Piamonte.
Allí Cavour se apresuró a arbitrar plebiscitos favorables a la dinastía saboyana.
Con la retirada francesa, Cavour perdió la iniciativa nacional, siendo suplantado por
Garibaldi y los “camisas rojas”, dispuestos a derribar a los Borbones de Nápoles y al
papa. Cavour recuperó la dirección enviando tropas y, en aras de la causa común,
Garibaldi le allanó el camino. El 26/X/1860 respaldó la consagración de Víctor Manuel II
como rey de It. Así, el riesgo de una mayor participación democrática se había reducido
pese a que la presencia popular no implicara una adhesión mayoritaria a la causa
nacional.
Los intentos de Garibaldi de ocupar Roma, punto central del discurso nacionalista,
fracasaron por la negativa del gobierno central y la oposición francesa a evacuarla. En
1866 la alianza militar con Pr contra Au y la Confederación Alemana permitió la cesión
de Venecia a It. Finalmente, en septiembre de1870 la guerra entre F y Pr dio la ocasión
de ocupar una Roma desguarnecida, culminando la construcción de It.

e. La unificación alemana
Desde 1815 Au y Pr compartían su prestigio y poder sobre el conjunto de reinos,
ducados, principados y ciudades libres que integraban la Confederación Alemana. En
este mosaico de 39 Estados el Imperio austríacos ejercía la preeminenencia como
titular de la Confederación. En el CdV además había sido recompensado con el control
de It N. Sin embargo, sufría grandes debilidades. Estaba rodeada de pequeños pero
pretenciosos vecinos, y tenía un ejército grande pero heterogéneo. Su vulnerabilidad no
era menor en el plano económico y, consecuentemente, en el militar.
Prusia era la menor de las GP europeas. Había sido beneficiada por el CdV, incluso
con territorios en la Renania. Desde el punto de vista geográfico, estaba rodeada por
vecinos más poderosos militarmente, y desde el político, la supremacía austríaca era
indiscutible. Sus ventajas procedían del plano económico. En 1818 ya había suprimido
las aduanas internas y desde ’34 amplió la zona de libre comercio a los Estados del N
(Zollverein). Los intereses económicos, favorecidos por un rápido crecimiento, y la
33
actividad nacionalista configuraron el prestigio y la adhesión a Pr. También en el
ámbito educativo la superioridad prusiana era evidente, encabezando en 1870 la lista
de los países europeos en cuanto a cantidad de estduiantes y establecimientos
primarios y universitarios. Este desarrollo en la educación fue, junto con la
urbanización y la extensión del servicio militar, un potente forjador del sentimiento
nacional.
Hasta el nombramiento de Bismarck como presidente del consejo de ministros de Pr
la causa nacionalista fue parte del programa liberal. Cercano primero a Viena, terminó
convenciéndose de la inevitabilidad del enfrentamiento con Au, llegando a hacer suya la
causa de sus opositores. Mejorada la preparación del ejército, estuvo en condiciones de
usar la fuerza después de asegurar acuerdos diplomáticos en el terreno internacional.
Sus primeras medidas fueron el aumento presupuestario para reformar las fuerzas
militares. Así consiguió un ejército numeroso luego de 3 años de preparación regular,
cambios posibles por una educación primaria que hacía más susceptible a la población
para recibir una formación acelerada. Un Estado Mayor preparado y eficiente supo
incorporar los adelantos tecnológicos en transporte, comunicaciones y armamento a las
necesidades de la guerra.
El plan del canciller para consumar la unificación consistió de alguna forma en
prepararse militarmente para enfrentar a Au en cualquier ocasión favorable. La
primera batalla fue diplomática (1864-66) y consistió en desestabilizar la posición de Au
en la Confederación, acudiendo incluso a proponer la elección de la Dieta Federal
mediante sufragio universal, atrayendo así a la oposición liberal.
Paralelamente buscó asegurarse en Europa el aislamiento de Au. Contó con la
neutralidad rusa después de respaldar la represión en Polonia. In se abstuvo de
intervenir. El crucial, aunque precario, acuerdo de 1865 con N III consistió en la
aceptación del dominio prusiano de la Alemania N a cambio de una posterior
compensación territorial. Al año siguiente Pr firmó una alianza con It, su aliada natural
contra Au.
La guerra estalló en 1866. Las consecuencias internas y externas fueron enormes. El
conservadurismo alemán más acentuado (los Hohenzollern, el ejército y Bismarck) se
apropiaron completamente de las banderas del nacionalismo. Las implicancias futuras
de la primacía conservadora, junto con el debilitamiento del liberalismo, tuvieron un
impacto pernicioso en la cultura política alemana.
Por su parte, los Estados del S, aunque fuera de la nueva Confederación, adhirieron
al Zollverein y firmaron una alianza militar con Pr. Con argumentos nacionalistas,
Bismarck terminó rechazando las exigencias francesas de la compensación territorial.
Una nueva coyuntura favorable en 1870 precipitó la unificación. Al estallar el
conflicto franco-prusiano, los cuerpos legislativos franceses se apresuraron por votar la
guerra, en medio de una creciente atmósfera nacionalista. En Al, el agravamiento de
las tensiones y la reacción de F activaron también el sentimiento nacional, facilitaron la
movilización popular y la participación del S, hasta entonces renuente a incorporarse a
una Al unida. Las ventajas francesas no pudieron superar la rapidez, el equipamiento
más modernos, el mejor aprovechamiento de la red ferroviaria y la pericia del Estado
Mayor del ejército prusiano, que puso tras de sí a todos los Estados alemanes, incluidos
los del S. En pocas semanas, la guerra daba fin a un imperio, nacía otro y se
completaba la unificación italiana.

f. Los cambios en el escenario internacional


Los desafíos piamonteses y prusianos alteraron el sistema internacional modificando
significativamente las estipulaciones del CdV. It protagonizó el mayor salto: de ser una
potencia mediana pasó a ocupar el último lugar de las 6 GP. Al pasó del último lugar al
tercero. Ambas pusieron en evidencia las pautas que caracterizaban las relaciones
34
internacionales en el sistema de equilibrio de las GP. Al mismo tiempo, anticiparon
novedosas fórmulas que replantearon las reglas más antiguas:
 Se perfila una nueva regla en el sistema internacional: por encima del
principio de injerencia de las GP se consolidaba el derecho de
autodeterminación de los Estados nacionales.
 Las pretensiones de los Estados menores sólo podían ser posibles con el
respaldo de una GP.
 El sentido de la oportunidad se generaliza, percibiendo y utilizando cada
ocasión propicia.
 Los vínculos ideológicos entre los Estados, especialmente los conservadores,
pierden vigencia gradualmente frente a las ambiciones nacionales y a los
nuevos desafíos.
 La brecha en el desarrollo económico devaluó el poder de los Estados que
postergaron su modernización (el retraso económico de R y Au hipotecó su
futuro a largo plazo pero siguieron disfrutando del prestigio y capacidad de
acción como GP).

4. Una relativa estabilidad: la era bismarckiana (1871-90)


La coherencia del período puede observarse en que los principales actores
internacionales siguieron atacando los principios del “equilibrio de potencias”,
mientras que no hubo grandes cambios territoriales como en la etapa anterior.
Lo fundamental para caracterizar la época como “bismarckiana” es la posición de
poder prácticamente inamovible que el ministro gozó hasta 1888 y el ascendiente
personal sobre Guillermo I.

a. Estadistas, conflictos y alianzas


Frente a las preocupaciones por una posible política exterior anexionista alemana,
Bismarck repitió que Alemania era un Estado saturado, sin ambiciones territoriales. Las
recurrentes tensiones entre Au-Hu y R por la cuestión balcánica ponían a Al en el difícil
rol de mediador. Al pasar los años, la evaluación del canciller se hizo más preocupada,
especialmente por el crecimiento de las tendencias paneslavistas de R, a la que empezó
a considerar como una posible amenaza para Europa. La marcha de los
acontecimientos en Europa SE transformó a In en una pieza cada vez más importante
en los cálculos de Bismarck.
Al renunciar en 1890 dejaba como legado el complejo “3º sistema” de 1887:
 La “Doble Liga” (Al y Au-Hu, 1879), ampliada desde ’82 a It.
 El tratado de reaseguro (Al y R, ‘87).
 Acuerdos del Mediterráneo (In, A-H, It y E, ‘87)
Existía una ambigüedad notoria, pues el tratado de reaseguro contrastaba con la
clara orientación antirrusa del primero y el tercero. Este no era el esquema ideal para
Bismarck, que llegó a considerar la posibilidad de acercarse a R, pero terminó por
reconocer que Au-Hu, In e It eran más “populares” en Al y más convenientes para
mantener el equilibrio internacional. El canciller se sentía más cómodo con la idea de la
tríada imperial (Al, A-H y R), al tiempo que el pragmatismo lo inclinaba hacia occidente.
Esto no impidió una creciente tendencia de las GP hacia la formación de 2
agrupamientos, ya que en ’90 aparecía cierta la posibilidad de un acercamiento franco-
ruso.

b. Los condicionamientos de la época


LA PERSPECTIVA “REALISTA” DEL EQUILIBRIO EUROPEO
Detrás de las alianzas de la época bismarckiana seguían en vigencia algunas normas
implícitas pero ampliamente reconocidas por los estadistas.
35
 La guerra es el último recurso para reajustar el equilibrio entre las GP. El
sentido de la intervención es debilitar la potencia que hubiera pretendido
buscar la hegemonía.
 El árbitro informal. El supuesto básico era que los Estados perseguían sus
intereses particulares y al mismo tiempo la conservación del equilibrio general.
 Los “objetos compensatorios”. Las GP que se reconocían como tales entre sí
consideraban a otras regiones y pueblos como de categoría inferior,
susceptibles de ser convertidos en colonias o de ser incluidos en esferas de
influencia, como forma de compensar los desajustes en el equilibrio.
 La “inseguridad central”. Ningún Estado tenía tantas fronteras terrestres con
otras GP como Alemania, lo que favorecía cierta tendencia “paranoica”,
reconocida como normal por In, que terminó aceptando el gran ejército alemán
como el equivalente continental de su poderosa marina.

EL CÁLCULO DE LOS POTENCIALES


Las grandes potencias se reconocían entre sí como pares, siempre se supo que esto
era una convención diplomática y no un dato de la realidad. El condicionamiento
material de las relaciones internacionales exigía un cálculo de fuerzas que
tradicionalmente se reducía al territorio y los ejércitos, pero que cada vez más debió
tener en cuenta factores relacionados con la economía política. Aplicando el “índice
compuesto de capacidad estatal” (ICCE), surgido de la combinación de datos sobre
tropas activas, gastos militares, consumo de energía (carbón), producción de Fe y
acero, población urbana y población total; el orden de las 5 GP sería:
 Inglaterra: 0.32  Rusia: 0.17  Austria-Hungría:
 Alemania: 0.19  Francia: 0.15 0.12

INCIPIENTES TENSIONES IDEOLÓGICAS


Ningún equilibrio duradero puede descansar en el simple cálculo de las fuerzas y
repetidamente los estadistas europeos habían destacado la necesidad de contar con un
consenso ideológico mínimo que por los menos diese pautas para juzgar cuándo un
gobierno debía ser considerado legítimo. Sobre esta base había operado Metternich,
tratando de revertir la oleada de reivindicaciones nacionales.
Bismarck y los 3 emperadores creyeron que la oleada occidental podía ser detenida
en el Vístula y en el Danubio. En 1868, sin embargo, denunciaba indignado el CdV, que
se había repartido países y pueblos a su parecer. Pero para otros casos no dudaba en
recurrir al tradicionalismo: en Europa E sólo reconoció a los “Estados históricos”
conducidos por alemanes, húngaros y rusos, siendo las demás naciones “pequeños
pueblos eslavos”. Esta era una formulación imprecisa que en definitiva pretendía
enmascarar una Polonia dominada y repartida.
Un peligro prontamente advertido fue el hecho de que en las fuerzas armadas crecía
la idea de guerra preventiva, un proceso que amenazaba la primacía de la conducción
política frente a los criterios castrenses. Bismarck retuvo el control de la situación,
pero expresó su preocupación al gobierno austro-húngaro en relación con militares que
querían convertir en ofensiva una alianza que era defensiva. Las obsesiones
catastróficas todavía no habían ganado protagonismo, pero todas las guerras
imaginadas (y a veces solicitadas) daban testimonio de la fragilidad del equilibrio de la
“era bismarckiana”.

5. Hacia la peligrosa bipolaridad (1890-1914)


a. Crisis recurrentes y nuevas alianzas
A partir de 1890 el cambio más notorio se da en la dirigencia alemana,
incrementando la agresividad y las apuestas de alto riesgo. Ni Guillermo II ni los
36
sucesivos cancilleres impusieron una idea directriz clara en cuanto a la política
exterior. Tentativamente en ’90, y cada vez más aceleradamente desde 1905, Europa
entró en la peligrosa vía de la bipolarización que habría de desembocar en la Gran
Guerra.
[Ver mapa, cuadro y lista p. 210-14]
Hay una serie recurrente de conflictos y temores entre las GP, cada uno con un peso
distinto. Las negociaciones que desactivaron situaciones críticas o establecieron
alianzas fueron las que cumplieron 2 requisitos:
 Que se tratase de conflictos que las elites políticas y económicas no
considerasen “vitales”.
 Que los diplomáticos fuesen capaces de concentrarse en objetivos concretos,
sacrificando otros intereses considerados secundarios o inalcanzables.
En 1904-07 F, In y R terminaron por considerar que sus rivalidades coloniales eran
relativamente secundarias, logrando constituir la Triple Entente. Alemania terminó por
superar tensiones similares con F e In.
Pero incapaces de aplicar el segundo requisito, Guillermo II, Bülow y Bethmann-
Hollweg se obstinaron en considerar el resto de los intereses en conflictos como
irrenunciables y alcanzables. Además durante años tuvieron por irresoluble el
antagonismo entre F e In y entre R e In. Para muchos contemporáneos resultó evidente
que la peligrosa bipolarización sólo hubiera sido posible si Al renunciaba a la escalada
de la carrera naval con In.
Algunas interpretaciones le han dado un lugar muy destacado a la conflictividad
anglo-alemana en el plano económico y comercial. Sin embargo, lejos de cerrarse, los
dos países realizaban excelentes negocios. Las respectivas elites económicas no
empujaron a sus gobiernos a la guerra.
A partir de ’05 las tendencias a las confrontaciones “irresolubles” (carrera naval,
cuestión balcánica, convergencia franco-rusa, etc.) no fueron contrarrestadas
eficazmente e incluso fueron impulsadas por los gobiernos de Al, Au-Hu y R. En esas
condiciones, creció desmesuradamente la capacidad de Estados chicos como Serbia
para manipular a sus grandes protectores (que ponían en juego su “prestigio”) dándole
a la región balcánica una notoriedad totalmente desproporcionada con su peso real en
el equilibrio europeo.
Hacia 1912-13 los dirigentes alemanes (resentidos por el fortalecimiento de la
Entente), austro-húngaros (alarmados por los éxitos rusos y serbios) y rusos (deseosos
de borrar el recuerdo de la derrota frente a Japón) terminaron por creer que no debían
aceptar ya ninguna mengua a su “honor” en la región.

b. Alemania como factor de riesgo bélico “mundial”


Desde fines del s. XVI las relaciones internacionales europeas habían visto el ascenso
y descenso de 2 clases de Estados de posición excepcional en el equilibrio de las GP:
 Los líderes económicos marítimos, que concentraban las principales
innovaciones científicas y tecnológicas y los negocios más prósperos, sobre la
base de un poderío comercial y bélico de tipo naval.
 Los perturbadores militares continentales, que se mostraban capaces de
convertirse en hegemónicos, acumulando ejércitos y territorios mayores que los
de sus vecinos.
En cada época, las guerras generales implicaban 2 bandos conducidos por cada una
de estas potencias, triunfando por lo general la primera.
A fines del s. XIX el panorama se hizo más complejo. In dudó hasta ’05 sobre si
considerar más amenazante a R o a Al, quedando claro que ésta tenía la novedosa
capacidad de poder perturbar los 2 ámbitos al mismo tiempo. Su desarrollo tecnológico
y económico ya estaba superando al inglés y su flota crecía sin cesar, mientras que su
37
ejército parecía capaz de derrotar a R, menos impresionante desde la guerra con Japón
y la revolución de 1905.
Tomando como criterio el ICCE, la Triple Entente todavía parecía capaz de disuadir
cualquier aspiración a la hegemonía, aunque la disparidad no era tan aplastante como
en la etapa anterior. En una guerra larga la población y la superficie territorial sin duda
favorecerían a la TE, pero en un choque breve otras variables podían mejorar las
posibilidades de las potencias centrales. La producción de acero de estas superaba a la
de la TE. La marina alemana era la segunda numéricamente, pero igualaba a la inglesa
y superaba a la francesa y a la rusa en construcción, armamento y dirección de fuego.
En cuanto a los ejércitos terrestres, los mandos alemanes daban por segura una gran
vulnerabilidad rusa.
Si este cálculo “racional” de las fuerzas permitía ciertas dudas sobre la capacidad de
disuasión de la TE, el clima ideológico en las elites decisivas también se orientaba hacia
un mayor riesgo bélico:
 Se desdibujó el concepto normativo de “equilibrio europeo”.
 Surgieron ideas que consideraban a la guerra como solución de las tensiones
existentes.

c. La pérdida del consenso legitimador basado en la idea de equilibrio


A medida que se endurecían las alianzas, las ideas pangermanistas, paneslavistas y
“panserbias” o “yugoslavas” iban logrando más adeptos influyentes en Al, Au-Hu, R y
Serbia. Mientras los pangermanistas difundían la vaga imagen de una Alemania
dominando también Europa E, a costa de R, los paneslavistas seguían convencidos de la
“misión” de liderar a los “hermanitos” balcánicos y controlar los accesos al Mar Negro.
En Serbia creció la fuerza de quienes reclamaban para su país el rol que había jugado
el Piamonte, lo que implicaba quitarle a Au-Hu los territorios habitados por serbios.
A partir de ’09 las propias declaraciones de los gobernantes comenzaron a reflejar
este clima. En este ambiente, quedaron cada vez más excluidas las viejas reglas del
equilibrio.

d. Una guerra imaginada como solución aceptable


En función del “fatalismo”, militares e ideólogos alemanes y austro-húngaros
diseñaron una guerra que creían capaz de superar los fracasos diplomáticos. Como
base filosófica estaba la oferta del “real-idealismo” de la derecha hegeliana, y la del
reciente darwinismo social. Pero lo más atractivo para muchos resultó ser la posibilidad
de un enfrentamiento corto, preventivo y conservador.
Desde 1905 los mariscales alemanes diseñaron la fórmula de victoria en el caso de
una guerra corta contra R y F, siendo el principal punto débil la ausencia de
alternativas frente a una intervención inglesa.
También cobró fuerza la idea de que era necesaria una guerra preventiva: con los
años R se recuperaría de la guerra con Japón y, dado el avance de la agitación serbia
en Bosnia, se supuso preferible desencadenar el conflicto cuanto antes.
Una síntesis de los diversos aspectos materiales e ideológicos de la evolución
internacional en 1908-14 permite llegar a las siguientes conclusiones:
 Los Balcanes se convirtieron en la zona más crítica para las relaciones entre
las GP.
 En Al, Au-Hu, R y Serbia se produjeron las desviaciones más marcadas de la
idea de equilibrio, aumentando la influencia de quienes aceptaban o deseaban
una salida bélica. La responsabilidad de las elites políticas de estos países fue
muy superior a la de In y F, ocupando Al el rol clave.
 La guerra no era inevitable, pero en vísperas del atentado de Sarajevo la
probabilidad de la guerra era mayor que en las crisis anteriores. En el plano
de la estructura de la política internacional, los Estados no dieron el salto
38
desde la competencia bélica hacia un nuevo sistema basado en normas más
clara y mecanismos más efectivos para preservar la paz.
39
Cap. 4
LA TRAYECTORIA DE LA FILOSOFÍA Y LA CRISTALIZACIÓN DE LAS
IDEOLOGÍAS DE LA MODERNIDAD
J. S. Pérez Garzón

1. La ruptura con los poderes del absolutismo teocrático: la fundación


contractual del Estado liberal (1688-1789)
Los “descubrimientos” geográficos, el humanismo renacentista y la reforma
protestante sentaron las bases para los procesos de ruptura política que emergieron en
el s. XVII en Europa. A mediados de siglo también ocurrieron hechos de consecuencias
decisivas a largo plazo:
 La paz de Westfalia (1648) que puso fin a las guerras entre fundamentalismos
religiosos e inauguró la tolerancia, nuevo concepto religioso que de inmediato
se hizo político.
 La república de Cromwell (1649-53), que abolió la monarquía teocrática, llevó
al poder a la burguesía comercial británica y disputó los océanos a la
burguesía holandesa y a España.
Desde estas fechas se puede hablar de imperialismos marítimos que desde Europa
englobaron progresivamente el resto del planeta en los circuitos comerciales de un
capitalismo tempranamente articulado como estructura mundial.
Sobre estos precedentes la “Gloriosa Revolución” de 1688 fue decisiva porque, al
igual que en Holanda y en Suecia, se fundó un nuevo derecho político sobre el principio
del contrato, en lugar de vincularse con el derecho divino. El acceso al trono lo decidió
un parlamento que además garantizaba el respeto a la declaración de derechos (Bill of
Rights). En esta nueva forma de gobierno el gabinete no estaba vinculado a los
intereses patrimoniales de una dinastía sino a los de los capitalistas asentadas en
Londres y a los de la banca de Inglaterra, que canalizaba la actividad comercial y
financiera de un imperio pujante, cuyos más destacados elementos ocupaban la Cámara
de los Comunes.
Así, aparecía el comerciante como el nuevo gentleman de la nación, junto con la
exaltación de la ciencia experimental y de la filosofía empirista que marcó la vida
intelectual inglesa del cambio de siglo (Newton, Locke, etc.).
El periodismo fue el fenómeno cultural de estas nuevas sociedades dirigidas por
burgueses e intelectuales. Los primeros pasos se dieron en In y Ho, donde se
refugiaban los librepensadores de todos los países europeos.

a. De Locke a Rousseau y Paine: el pacto como fundamento de la sociedad


John Locke y su Epístola sobre la tolerancia (1689) inauguraron la idea de
separación de la religión y la política: la religión era asunto privado y personal, y la
política era cuestión pública y tenía fines materiales para la sociedad. Era un modelo de
religiosidad antidogmática, en el que nadie tiene la verdad última, de lo que se deriva
la necesidad del respeto mutuo.
Llevado a la política, Locke aplicó estos principios contra la legitimidad del derecho
teocrático y definió el poder político a partir de un sujeto racional y libre por
naturaleza. Al ser este último un estado arbitrario, se había hecho necesario en el
estado social-civil. En este los individuos delegan los poderes de gobernar y legislar en
el Estado, el cual a su vez los delega en ciertos hombres autorizados. El poder político,
por tanto, es un poder delegado y se basa en el consentimiento de los gobernados, para
lo que se deben salvaguardar prioritariamente los intereses de los propietarios, soporte
de la nación liberal.
La propiedad era el derecho fundamental en tanto era el fruto del trabajo con el que
se había añadido valor a las cosas naturales. La sociedad era el conjunto de estos
40
productores, en oposición a la ociosidad de las clases aristocráticas. La función del
Estado se convierte en protección de los intereses y propiedades de los productores.
Desde este momento surgieron argumentos a favor de una constitución escrita que
protegiera los derechos de los individuos. En este mismo sentido apuntaba
Montisqueieu en El espíritu de las leyes (1748). Su principio de separación de poderes
desde el primer liberalismo fue asumido como la fórmula que garantizaba la
subordinación del Estado a los derechos del Estado y el mecanismo para impedir el
despotismo, así como para equilibrar las tareas del propio poder político.
Por otra parte, en la Escocia integrada al Reino Unido se produjo una intensa
actividad intelectual representada entre otros por D. Hume, A. Smith y A. Ferguson.
Con distintos argumentos, coincidían en asentar la organización de la sociedad sobre el
trabajo y la propiedad, y la legitimidad del Estado en el consentimiento de quienes
delegaban su poder para equilibrar las libertades individuales con el interés común.
En la 2ª m.s. XVIII las críticas al absolutismo y al fanatismo religioso se acentuaron,
destacándose sobre todo la Enciclopedia (1751-80) dirigida por D. Diderot. Fue la
empresa por excelencia de la intelectualidad ilustrada que convirtió a la razón en el
fundamento de la filosofía, de la ciencia, de la organización social y de la realización de
las personas, frente a la tradición y la autoridad representadas por la Iglesia.
Al mismo tiempo Jean-Jacques Rousseau publicaba El origen de la desigualdad entre
los hombres (1753) y El contrato social (1762). Consideraba que aunque no fuera
posible restaurar la libertad e igualdad del estado natural, se puede replantear el pacto
social. En ningún caso puede hacerse desde la fuerza, sino desde la racional igualdad
moral que legitima las cláusulas del nuevo pacto en el que todos abandonan sus
derechos como individuos para constituirse en ciudadanos. Los que están sujetos a la
voluntad general, que se convierte en la voz de la comunidad, depositaria de la
soberanía y única instancia legítima de poder.
Para promover esta síntesis entre voluntades individuales y voluntad general el
Estado debe promover la socialización de los valores cívicos de solidaridad. También
tiene el deber de intervenir para corregir las desigualdades en la distribución de la
riqueza.
Este es el rumbo que tomará el liberalismo cuando se enfrente de un modo radical a
sus propios principios. El inglés Thomas Paine fue más rotundo a este respecto. Fue el
primero en fundamentar la independencia norteamericana, militó contra la esclavitud,
defendió la Revolución francesa y los valores republicanos como refugio de los
derechos del hombre.
Los principios teocráticos, absolutistas, nobiliarios y/o eclesiásticos defendidos en el
CdV entraron en una quiebra progresiva pero irrefrenable. El liberalismo político,
económico y cultural había triunfado con distintas formas e intensidades en Estados
Unidos y Europa, y ya era un modelo para el resto de los países. Se había inaugurado
con las revoluciones inglesas, pero fueron sobre todo las colonias norteamericanas las
que hicieron realidad el pacto de Locke, al proclamar por primera vez esos derechos
del hombre que, desde entonces y gracias al enorme influjo de la revolución francesa,
se convirtieron en paradigma y criterio para valorar la legitimidad de los Estados y sus
gobiernos.
La razón llegó a presidir las relaciones entre los hombres y entre ellos y el mercado;
el contractualismo regía el acceso al poder y las leyes la libre economía, de forma que
las instancias de control social ya no estaban en la autoridad teocrática sino en las
abstracciones de la ley y el mercado.

2. Filosofía y religión: la razón y sus enemigos (1789-1914)


41
Los filósofos ilustrados buscan la verdad que emana de la observación empírica
llevada adelante con los instrumentos de la razón. Sobre los precedentes de R.
Descartes, B. Spinoza, G. Leibniz, F. Bacon, T. Hobbes y J. Locke, se instaura el reino
de la duda, la crítica y el análisis empírico de la naturaleza y la sociedad para descubrir
sus leyes y lograr el derecho supremo a la felicidad terrenal. La razón es el nuevo dios,
con el argumento rotundo de los avances científicos que, desde I. Newton, permiten
una nueva concepción de la naturaleza basada en la aplicabilidad universal de sus
leyes.

a. De Kant a Dilthey: los aportes de los filósofos


Con I. Kant se llega a la culminación del método crítico del racionalismo de la
Ilustración. Resumió las cuestiones filosóficas en 4 preguntas básicas, formuladas en
primera persona y que abrieron nuevos caminos al pensamiento:
 ¿Qué puedo saber?
En Crítica de la razón pura (1781) responde planteando la posibilidad del saber
siempre que se base en juicios que aumenten el conocimiento y posean validez
necesaria y universal, lo que se consigue conjugando los datos empíricos con las
estructuras cognoscitivas racionales.
 ¿Qué debo hacer?
En Crítica de la razón práctica (1788) respondió de un modo rotundo con el
imperativo categórico: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer
siempre, simultáneamente, como principio de legislación universal”. Es el punto de
partida de una ética racional, con un nudo objetivo (necesario y universal) y que postula
tanto la inmortalidad del alma y la existencia de Dios como sobre todo la libertad y la
autonomía (no limitada por circunstancias ajenas) de la voluntad.
 ¿Qué me está permitido esperar?
Kant entra en el terreno de las finalidades. Además de en la Crítica del juicio (1790)
aborda las respuestas en pequeñas obras para desplegar su concepción de la religión
natural, fundamento de la felicidad, triunfo del bien y de la constitución de la
comunidad ética que libera del mal y que nada tiene que ver con la religión positiva:
“Fuera de una buena conducta, todo lo que los hombres creen poder practicar para
hacerse agradables a Dios es pura ilusión religiosa y falso culto”. La política debe
organizarse sobre esta perspectiva ética, ya que la prioridad incuestionable es
desterrar la guerra y organizar la paz perpetua, razón última del progreso y la historia.
 ¿Qué es el hombre?
Kant considera que el hombre puede hacer avanzar la ciencia como conocimiento
válido para todos, debe comportarse con una ética universal y está comprometido con
un futuro de paz y felicidad. Frente al empirismo anterior, se define como idealista
trascendental, porque el acto de conocer implica a priori o trascendentales (el espacio,
el tiempo, las categorías lógicas) a partir de los cuales la conciencia puede llegar a
conocer los fenómenos, estableciendo una relación algo que está fuera del yo.
Kant representa el inicio del llamado idealismo alemán, que incluye también a J.
Fichte, F. Schelling y G.W.F. Hegel, cuyos sistemas han sido calificados como filosofías
de la Revolución francesa y como secularización del cristianismo. Propugnan un
concepto de racionalidad universal que unificaría el destino de la humanidad. La razón
produce todo lo real y contiene como parte de sí a los individuos racionales. Además, la
razón es histórica, se despliega como idea y progresa en un proceso dialéctico en el que
se asume y supera en cada fase para producir nuevas realidades hacia la meta de
síntesis entre libertad y necesidad, entre moralidad y naturaleza. La Historia es la
nueva realidad que suplanta a la naturaleza.
Para Hegel, la historia debe comprenderse teleológicamente, pues todo lo que
ocurre sucede necesariamente como realización de la autoconciencia del espíritu, cuyo
42
fin es su libertad absoluta. La identificación entre razón y libertad se convierte en la
consigna por antonomasia de la época (Schiller, Hölderlin, Beethoven).
De la complejidad del sistema hegeliano, que no permite resumen y que se ha
catalogado como el último gran sistema de la filosofía occidental, se pueden esbozar
algunas cuestiones que aportaron a la transformación cultural de la modernidad. Sobre
todo el concepto clave de infinito, que se concibe como totalidad, como devenir, como
razón y como conciliación de contrarios, una dialéctica cuya consecución es la propia
historia de la humanidad. Tanto la dialéctica de la historia como la consecuente
perspectiva progresista de la historia fueron aportes de enorme trascendencia, sobre
todo a través del marxismo.
Escribe que “la Historia universal no es sino el despliegue de la conciencia de la
libertad”, planteando que el espíritu universal, Welgeist, se encarna en el espíritu del
pueblo, Volkgeist, y este sólo se manifiesta como Estado. “El Estado no existe en
atención a los ciudadanos; cabría decir que el Estado es el objetivo, y los ciudadanos
son sus instrumentos”. Tal perspectiva estatista ha estado presente desde entonces en
la cultura occidental como tensión organizativa.
Al mismo tiempo en F, A. Comte publicaba su Curso de filosofía positiva (1830-42)
en el que ofrecía la perspectiva de organizar científicamente el conocimiento de la
sociedad, gracias al método empírico, creando la filosofía que se conocería como
positivismo. También sentaba las bases de la sociología, la ciencia del hombre con leyes
de predicción análogas a las de la naturaleza. Sin embargo, al contrario que los
ilustrados, Comte pensaba que el hombre no podía cambiar tales leyes, reduciendo al
hombre a una parte cualquiera de la naturaleza, sometido y sin capacidad de modificar
sus leyes ciegas.
Por otra parte, la publicación de El origen de las especies (1859) de C. Darwin
revolucionó la forma de pensar la biología. De inmediato la teoría de la evolución y la
selección natural pasaron a ser tema de debate de toda la sociedad. Junto con sus
contenidos, lo importante del darwinismo, junto con el positivismo, es que sirvió para
reforzar el optimismo evolutivo cuyo eslabón superior se situaba en la sociedad
burguesa occidental que estaba conquistando y dominando al resto de la humanidad.
Al mismo tiempo, del núcleo del pensamiento hegeliano surgió un pensamiento
todavía vigente, el marxismo, cuya conexión con el hegelianismo se puede sintetizar:
“Conócete a ti mismo, tal es, siempre que se apetezcan las implicaciones, el nervio de
la filosofía hegeliana. (…) En la Fenomenología, historia de la aparición del espíritu, el
yo no es otra cos que el espíritu que se comprende a sí mismo. Lo cual significa
concretamente: el yo es el hombre trabajador que, a la postre, comprende la
producción y la arranca de su autoalienación” (E. Bloch). En efecto, K. Marx convirtió la
dialéctica de las ideas en la dialéctica de la transformación de la realidad material. Su
pensamiento, ante las insoportables injusticias de la nueva sociedad capitalista, se hizo
filosofía de la praxis, destinada a cambiar el mundo más que a interpretarlo.
Apeló a lo teórico al servicio de un humanismo, no precisamente el que sus
seguidores han interpretado, sino anclado en una fórmula olvidada: “Que el libre
desarrollo de cada individuo sea el requisito para el libre desarrollo de toda la
sociedad”. Su materialismo no cabe en la reducción de todo a la materia, sino que se
muestra en polémica con el idealismo y con el materialismo clásico, abstracto y
mecanicista. Porque al ser un materialismo práctico e histórico transforma tanto la
naturaleza como la misma sociedad y las condiciones de existencia humana en todos
sus aspectos, que Marx nunca redujo a los económicos.
Hacia el cambio de siglo la razón absoluta hegeliana estaba en retroceso, al que
habían contribuido pensadores como A. Schopenhauer, F. Nietzsche, S. Kierkegaard y
el propio Marx. También recibió el ataque de la perspectiva relativista e historicista de
43
W. Dilthey, para quien el espíritu se subjetivaba siempre en individuos, comprensibles
sólo desde sus respectivos entornos y circunstancias, en esa interacción social que
luego se llamó intencionalidad. En definitiva, en los años del cambio de siglo se
replantearon los valores de la sociedad liberal producida por los principios del
racionalismo ilustrado.
Mientras tanto surgía el pragmatismo norteamericano de C. Sanders Peirce y W.
James, que buscaban en el azar las uniformidades que permitieran formular leyes
probables con vistas a la acción y a su resultado en el futuro porque consideran que “la
verdad de nuestras ideas significa su poder de actuación”.
De hecho, la crisis que afectaba al viejo continente ya no sólo consistía en el
alejamiento del racionalismo fundante de la modernidad sino en el desplazamiento del
centro de la política internacional hacia Estados Unidos, que primero se había impuesto
sobre los restos del imperio español y a los pocos años lo haría sobre una Europa
estancada en la Gran Guerra.

b. La religión y las religiones: la crisis de los dogmas


La modernidad significa ante todo secularización: hacer laico y temporal lo que era
clerical y divino. Pero el hombre ilustrado, salvo excepciones, no es ateo sino deísta.
El debate instalado en este sentido, reducido a las minorías intelectuales de los
países en transición al capitalismo, no impidió el resurgimiento de otros movimientos
de religiosidad popular, sobre todo en los países protestantes, entre los que cabe
destacar:
 El pietismo en Alemania.
 El metodismo en la In industrial, con amplia difusión entre la clase obrera.
 Los mormones, destacados en la expansión de la frontera de EU hacia el O.
 El movimiento de renovación religiosa “Despertar” que, sin ser original, opuso
al racionalismo una mezcla de pietismo y metodismo, resucitó la doctrina de la
gracia de los reformadores y tuvo un extraordinario impacto social al
promover la abolición de la esclavitud y la formación de sociedades de
misioneros que expandieron el cristianismo hacia los territorios coloniales.
Salvo casos excepcionales de acercamiento al liberalismo, el clero católico se
atrincheró y centró sus más profundas críticas contra la teoría de la evolución por
contradecir a la Biblia. Se llegó a los extremos de fechar la creación del mundo en el
4.004 a.C. Al mismo tiempo la antropología analizaba el totemismo y las costumbres
matrimoniales, lo que llevaba a replantear el significado de la religión en la cultura y
las normas morales consideradas intocables.

3. La forja de las ideologías de la modernidad


El mundo contemporáneo es deudor de cuantas ideologías y movimientos políticos se
gestaron en el s. XIX, ya como despliegue de la razón humana o como ataque a esa
misma razón desde posiciones de añoranza del pasado o con propuestas de un futuro
más completo. Es significativo que la proclama universal de la razón dejara afuera a la
mitad de las personas, las mujeres, que, salvo excepciones, siguió estando fuera y se
mantuvo como parte de esa naturaleza que se subyuga con el conocimiento científico.

a. El liberalismo: entre el individualismo y la justicia social


El liberalismo defiende la razón del individuo como fundamento para organizar las
relaciones entre los hombres y entre ellos y el mercado. En política esto significa el
contractualismo o constitucionalismo, con los principios de representación ciudadana y
separación y limitación de poderes; en economía se traduce en la razón del libre
intercambio y producción. En ambos casos la clave es el derecho de propiedad, fruto
44
del valor producido por el trabajo. Por eso la propiedad es tan sagrada como la vida, es
la razón de ser del Estado y el elemento que confiere autonomía real a cada individuo.
En definitiva, el liberalismo era el sistema y la ideología que garantizaba la libertad
en todas sus dimensiones, e hizo del individuo el centro de la sociedad, lo que se
tradujo en las de declaraciones de derechos y en el referente para la legitimidad del
Estado y de la economía.
Con la difusión de la doble revolución se hizo necesario precisar las posiciones del
liberalismo. Ante todo, se pasó del cosmopolitismo de las minorías ilustradas al
nacionalismo de cada burguesía. La libertad en manos de los radicales podía derivar en
excesos. Por eso se repudia la democracia como nueva tiranía. Siguiendo a B. Cosntant
(1819), la libertad termina significando disponer de la propiedad personal y ajustarse a
leyes aprobadas por representación de esos propietarios.
Frente a las desigualdades derivadas de la RI y de la economía de mercado se
plantearon nuevas soluciones. La de David Ricardo se distanciaba necesariamente del
optimismo liberal de A. Smith. En Principios de economía política y tributación (1817)
planteó la oposición entre los intereses de las respectivas clases como parte de la lucha
por la existencia, partiendo de que la división del trabajo era la fuente del crecimiento y
de que la sociedad se regulaba a sí misma sin necesidad del Estado.
La tesis central era que el valor de las mercancías se establecía en un mercado libre
según la cantidad de trabajo incluido en su producción, y por eso un intercambio libre
de una cantidad de trabajo por otra equivalente llevaba automáticamente a una
distribución justa. Sin necesidad de intervenciones (asistencia a los pobres por ejemplo)
que sólo hubiesen sido obstrucciones al libre juego de intereses individuales que
siempre, a pesar de su antagonismo, revertía en un mayor bien para la sociedad en su
conjunto.
Desde el mismo principio de que la competitividad era lo fundamental para la mejora
social, J. Bentham atribuyó un papel decisivo al Estado para que se cumpliera esa
filosofía comercial de la utilidad. Su postura asocia la felicidad del individuo con la del
grupo, lo que justificaba la intervención del Estado, quien, desde el principio de la
utilidad, puede establecer la armonía política según cálculos científicos para garantizar
el máximo de libertad.
Su seguidor James Mill da un paso más y define como tarea de un gobierno liberal la
realización de los intereses comunes, propugna una reforma educativa universalista y
defiende el sufragio universal como garantía para que coincidan los intereses generales
con los de los gobernantes. Sin embargo, este liberalismo no consideraba las
desigualdades surgidas del principio absoluto de la propiedad personal, de modo que su
hijo John Stuart Mill reformula el principio de justicia liberal, en la tradición utilitarista,
que ya no radicaría en la libertad de usar y abusar de la propiedad sino en la división
equitativa del trabajo.
Para J.S. Mill la libertad era un bien social y el estado debía establecer las
condiciones objetivas para lograrla. Sus obras Sobre la libertad (1859) y
Consideraciones sobre el gobierno representativo (‘60) sentaron las bases de una serie
de reformas sociales catalogadas como “liberalismo radical o humanitario”, con amplia
influencia a fines de siglo, cuando resultaron útiles al capitalismo frente al impulso
revolucionario de los sectores relegados organizados en partidos y sindicatos.
En el liberalismo clásico, de Locke a Tocqueville, se sacralizaba la propiedad de tal
forma que el sistema de libertades y de representación política se organizaba desde los
intereses de los propietarios, frente a la aristocracia hereditaria y contra la democracia
de las masas. Se prolongó en lo que se ha llamado “liberalismo conservador” que, con
E. Burke a la cabeza, defendía la primacía del individuo sobre la masa, y valoraba la
experiencia histórica para definir las jerarquías sociales y la autoridad. El liberalismo
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conservador le asigna al Estado un simple papel arbitral entre individuos, siempre para
garantizar el orden, nunca para instrumentar mejoras sociales.
Frente a ello el liberalismo radical plantea la universalización de la individualidad,
entendida como el libre y pleno desarrollo de las potencialidades de cada persona, para
alcanzar esa justicia social que es la tarea del Estado. No plantea al individuo como
preexistente a la sociedad sino como el ideal a desarrollar por esa sociedad. Esto fue
planteado temprana e influyentemente por T. Paine en EU, se prolongó con J.S. Mill y se
reformuló con el pragmatismo de J. Dewey, quien hizo de la educación el requisito para
crear individuos libres para la democracia. Este liberalismo convergería con la
socialdemocracia en las primeras décadas del s. XX para sentar los principios del Estado
de bienestar.

b. El socialismo: el reto de la igualdad y la ética de la fraternidad


Si el liberalismo defendía la libertad, el socialismo subrayó la igualdad y la
fraternidad como requisitos de tal libertad, y, frente al individualismo, se definía por la
dimensión social y colectiva de cualquier recurso para la libertad. La propiedad privada
se convierte así en la línea divisoria para unos y otros, ya que si para los liberales es la
garantía de la libertad, para los socialistas (libertarios, autoritarios, utópicos o
científicos) constituye el origen de las desigualdades y el obstáculo para una libertad
efectiva.
En el concepto de socialismo se incluyen las teorías que propugnan la igualdad como
requisito para el libre desarrollo del individuo, y por eso defienden el principio de la
fraternidad o asociación humana para el beneficio colectivo, frente a la libre economía
y libre ganancia.
Las antiguas respuestas para alcanzar la justicia social, elaboradas sobre todo desde
el cristianismo, no resultaban eficaces para el contexto de la época. En los años ’30 del
s. XIX surgió en Europa un poderoso movimiento intelectual que, aunque no procedía de
las clases explotadas, dio coherencia doctrinal y cohesión organizativa a las
expectativas y exigencias de igualdad.
Se atribuye al empresario inglés R. Owen, filantrópico defensor de la razón, la
primera formulación del socialismo. Owen diseñó un plan de cooperativas
autosuficientes como parte de una sociedad construida sobre el asociacionismo y no
sobre el beneficio. Su teoría de la sociedad daba un papel decisivo a la educación y a la
moral.
Se lo considera el punto de partida del “socialismo utópico”, propio de la primera
mitad del siglo, que pretendía resolver los problemas de la sociedad industrial con
propuestas distintas, aunque convergentes en su posición contra el Estado liberal,
destinado a disolverse cuando los trabajadores tomaran las riendas de la sociedad.
Saint-Simon llevó la fe en la ciencia social más allá que Owen, considerando que se
podía manipular la sociedad con leyes universales, al igual que los científicos de la
naturaleza (Comte fue su secretario). Su distinción entre libertades reales y formales y
su reducción de la propiedad a una función social marcaron a pensadores posteriores,
porque su fe en el progreso se hizo religión, dando en definitiva un marco ideológico a
la expansión del capitalismo francés.
Por su parte, C. Fourier diseñó una utopía rural con los falansterios, basada en un
principio de asociación integral, incluyendo la igualdad absoluta y el amor libre. Una
nueva moral contra la que reaccionó Pierre-Joseph Proudhon, quien se propuso
restaurar la dignidad del trabajo industrial y transformar la sociedad mediante el
desarrollo de una ética basada en el conocimiento científico de la sociedad para
alcanzar la igualdad. El mutualismo y el federalismo fueron notablemente propagados
por Proudhon.
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En la 1ªm.s. XIX aunque los teóricos del socialismo repudiaron los métodos violentos,
hubo luchadores por el socialismo como L.A. Blanqui cuyo pensamiento se centró en
organizar la revolución con una vanguardia de cuadros preparados secretamente para
el golpe, y desde él sacar a las masas proletarias de la alienación. La contrapartida a
este tipo de militancia procedió de otro francés, Louis Blanc, a quien ya Proudhon ya
había calificado de representante de un “socialismo gubernamental”. Blanc defendió la
planificación estatal para organizar las asociaciones industriales, autosuficientes y
autónomas, donde trabajadores y directivos jugasen el mismo papel. Con su
participación el gobierno republicano del ’48 esta idea se plasmó en los talleres
nacionales, cuya disolución no restó validez al experimento como intervención del
Estado. Fue el precedente de la Comuna de Paris del ’71, un experimento socialista de
mayor envergadura y cuya organización y fracaso afectó a todos los pensadores y
políticos de la época.
Llegado el punto de inflexión del ’48 corresponde analizar la doctrina socialista de la
2ªm.s. XIX, cuyo más potente catalizador fue Karl Marx, que imprimió a las múltiples
herencias recibidas un giro con repercusiones prácticas y teóricas de larga vigencia. La
tensión que estableció entre naturaleza e historia, determinismo y libertad, individuo y
totalidad, relaciones de producción e ideología, era intrínseca a la dialéctica con la que
analizó el “laberinto interminable de relaciones e interacciones” que definen la
condición humana y los antagonismos del devenir histórico. Semejante dialéctica se
tradujo en una teoría política sobre el poder y en la transformación del mismo con la
perspectiva de un progreso inevitable que lleva a la sociedad sin clases.
Desde la perspectiva política, se destaca el aporte de Marx a la teoría y al problema
del Estado, desde la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, el desentrañamiento
del contenido de clase del Estado burgués, con su paradigmático estudio de la
economía política del capital; hasta elaborar una propuesta para que el Estado fuera el
instrumento de la transición al socialismo y llegar a la disolución de las clases sociales.
Antes, se confería al Estado un poder arbitral de garante del orden (Locke) o de
expresión de la voluntad general (Rousseau). Con Hegel se lo eleva a categoría
fundante de la sociedad civil, como idea abstracta de una totalidad superior. Para la
tradición de la modernidad el Estado era la superación del estadio de guerra o
naturaleza (Hobbes y Locke), el medio para realizar la coexistencia de libertades (Kant)
o la voluntad racional superior (Hegel). Marx quebró la filosofía política que ponía al
Estado como expresión del progreso hacia una sociedad mejor organizada,
considerándolo la superestructura efímera del reino todavía de la fuerza y la coerción.
El Estado no es la superación del estadio de naturaleza, sino una fase más de la
violencia organizada.
El Estado está destinado a desaparecer ya que sólo expresa las fuerzas antagónicas
y la cohesión de su organización corresponde a la exclusiva racionalidad de las clases
dominantes que lo controlan. Marx subordina el Estado al modo de producción y a los
procesos y relaciones sociales subsiguientes.
El Estado no es en ningún caso neutral y no basta con controlarlo para transformar
la realidad social ya que es una estructura que cada clase ajusta según sus exigencias.
Por eso la dictadura revolucionaria del proletariado era la sustitución de las
instituciones propias del Estado burgués por otras que permitiesen encauzar el proceso
político, económico y cultural hacia la sociedad sin clases. Esta es la propuesta de
futuro más novedosa para la época: a diferencia de los anteriores Estados, el Estado
provisional del proletariado ya no debía ser represivo sino que es el último de la
historia, el que establece las condiciones para su propia extinción.
El Estado y el camino hacia la sociedad sin clases también constituyeron las
cuestiones en disputa con el anarquismo y la socialdemocracia desde que iniciaron su
acción las Internacionales obreras.
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Del anarquismo se destaca la influencia como movimiento de acción directa para
destruir el Estado, fórmula de entrada en la nueva sociedad e inicio de la construcción
del hombre nuevo. Es difícil encontrar coherencia doctrinal dentro del anarquismo.
Mijaíl Bakunin añoraba, frente a los avances industriales, la Arcadia feliz. Piotr
Kropotkin formuló un individualismo tan exaltado que llegó a justificar el posible
perjuicio a otros. En todo caso, la teoría era “sencilla”: la aspiración a una sociedad
libre de cualquier tipo de poder político, religioso, social o económico. Como ideología
tuvo amplios apoyos sociales y de larga duración en países como R, It, E, Mx, Chi, AR y
Br. Expresaba de manera explosiva la rabia contra la explotación y también la urgente
esperanza de resolver de inmediato el presente. Es significativo que hacia 1900 los
mayores centros de difusión del anarquismo fueran Barcelona y Bs. As.
En el otro lado de las propuestas emancipatorias del obrero se situaron distintas
versiones de lo que genéricamente se denomina reformismo o socialdemocracia. Esta
surgió como consecuencia de las tensiones que se produjeron en la II Internacional,
vinculadas con la polémica sobre la crisis final del capitalismo, que no aparecía en el
horizonte. Surgió así un revisionismo que, fundamentado por E. Bernstein, dejaba de
lado el concepto marxista de revolución y abría para la clase trabajadora una
perspectiva de participación dentro de los marcos de la democracia capitalista.
Sólo una minoría, entre la que destacaban Lenin y R. Luxemburg [¿también
Gramsci?] seguía manteniendo la idea de la revolución. En las últimas décadas del s.
XIX la mayoría del movimiento obrero se decantó por la opción reformista, que no sólo
acepta sino que impulsa la democracia liberal.
El proceso tuvo una trayectoria particular en In, donde cabe destacar la importancia
del fabianismo y de las trade unions como sustratos del laborismo, versión inglesa del
reformismo socialista. Los intelectuales fundadores de la Sociedad Fabiana (1884),
enraizados en el utilitarismo de Bentham y en la práctica sindical inglesa, propugnaron
un reparto socialista a partir de las instituciones democráticas estatales, con el objetivo
de alcanzar la igualdad en educación, salud, etc. Rechazaban del marxismo la lucha de
clases, pero defendían el control y la nacionalización de los medios de producción. La
solución debía ser gradualista en política social y económica y radical en el fomento de
la educación.
En síntesis, entre la experiencia laborista y la evolución de la socialdemocracia
alemana, la teoría política había adquirido hacia el cambio de siglo un rumbo distinto al
socialismo preconizado por el Manifiesto del Partido Comunista.

c. Feminismo: el despliegue de la igualdad truncada


Desde fines del s. XVIII hasta el sufragismo de la 1º GM, cristaliza el feminismo como
teoría política y social y como replanteamiento de los contenidos y formas de la
modernidad. El espíritu de emancipación política y liberación moral que impulsaba la
razón ilustrada quedó truncado en la mayoría de los autores al recluir a la mujer al
ámbito de lo privado y doméstico, al estado de naturaleza; la mujer es privatizada como
extensión de la propiedad del hombre público. Sin embargo, los propios argumentos de
la Ilustración permitieron cuestionar la legitimidad de este patriarcado, surgiendo en
su propio seno potentes voces que cuestionaron la irracionalidad de un poder basado
en el género.
Precedentes:
 El Luteranismo, que democratizó actividades hasta entonces monopolizadas
por castas privilegiadas e introdujo la libre interpretación de la Biblia que
permitió que las mujeres comenzaran a ejercer los mismos derechos de
libertad religiosa y civil.
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 La obra de François Poulain de la Barre (1673) que aplicó la crítica cartesiana
a las relaciones entre los sexos, espacio recluido hasta entonces en la
irracionalidad y el prejuicio.
 La Revolución francesa. Las mujeres reclamaron participación en lo público,
tuvieron conciencia de ser “el tercer estado dentro del tercer estado” y
exigieron ser representadas por mujeres y la implementación del divorcio.
Olympe de Gouges, guillotinada en ’93, formuló de modo más radical un
pensamiento alternativo a la jerarquía patriarcal, argumentando el
igualitarismo sobre la propia naturaleza. Arrancaba con ella la modernidad en
su versión más profunda [¡no!] al criticar la cultura de la opresión y de la
desigualdad, también la del antirracismo.
Al mismo tiempo, la obra de Mary Wollstonecraft, A Vindication of the Rights of
Woman (1792), aunque más moderada, tuvo más repercusión en el mundo anglosajón
porque la ejecución de Olympe de Gouges y el cierre de los clubes de mujeres en ’93
cercenaron la reivindicación radical. El mismo año Theodor von Hippe denunciaba al
pueblo francés, que celebraba ante el mundo la igualdad y dejaba de lado a un género
[¡y a las colonias!].
Las ideas de la igualdad de la mujer se desplegaron con mayor fuerza en EU, donde
las exigencias de igualdad vincularon el movimiento antiesclavista y el feminista. Con
antecedentes como los de la pastora cuáquera Lucrecia Mott o de la ex esclava
Sojoourner Truth, se llegó a lo que se puede calificar como el primer congreso
feminista: la reunión en 1848 en Seneca Falls (N. York) para tratar los problemas de la
mujer, a iniciativa de L. Mott y E. Cady Stanton. La “Declaración de Seneca Falls” se ha
equiparado por su valor programático con el Manifiesto del Partido Comunista, del
mismo año. Fue un manifiesto feminista elaborado colectivamente que detalló los
abusos y discriminaciones sexistas existentes y propuso un programa minucioso de
reivindicaciones para lograr la igualdad social, económica, política y moral. Un alegato
contra la jerarquía del varón en todos los ámbitos sociales.
La demanda del voto para las mujeres era de por sí subversiva por lo que se
convirtió desde entonces en la bandera del feminismo. Elizabeth Cady Stanton y Susan
B. Anthony fundaron una asociación prosufragio (‘69) que transformó el movimiento
feminista en una organización política que condicionó la actividad de los partidos.
El libro de E. Cady Stanton, Biblia de la mujer, reinterpretó el texto y elaboró una
visión feminista para demostrar que el Dios cristiano no era misógino. Tuvo una enorme
influencia a finales de siglo, mientras el feminismo se dividía en una vertiente radical,
fiel a sus orígenes igualitarios e interclasistas, y otras posiciones de carácter
conservador que definían a las mujeres desde su papel de madres y esposas en el hogar
aunque sin abandonar la reivindicación sufragista.
El movimiento se extendió a finales de siglo a Europa y sus planteos fueron
integrados tanto en la ideología anarquista y socialista como en la liberal más radical.
En el seno del liberalismo, la obra pionera de M. Wollstonecraft tuvo sus continuadores
en Harriet Taylor y su marido, J.S. Mill, quien escribió el texto canónico del liberalismo
sobre la igualdad, On Subjection of Women (1869). La mujer estaba definida por el
hombre, al haberla reducido a la esfera de lo privado y doméstico y al haberla educado
para ese ámbito desde su nacimiento. Proponía la solución de la educación.
La conclusión a la lucha por la igualdad en esta época la pusieron las sufragistas
inglesas, que protagonizaron la primera década del s. XX con actividades que, gracias a
la prensa gráfica, dieron la vuelta al mundo y contribuyeron a la expansión del
movimiento en otros países. Lograron el voto en 1928. Antes lo habían conquistado en
R con la revolución del ’17, aunque sólo de forma teórica, y en EU desde 1920, tras el
precedente de Wyoming de 1890.
49
d. Los nacionalismos: de impulso revolucionario a coartada reaccionaria
El nacionalismo es una realidad histórica de contenidos políticos e ideológicos de
contornos teóricos de casi imposibles de precisar porque cada autor los aborda de
modo distinto y cada pueblo los ha acoplado a coyunturas dispares. La nación es un
instrumento de la conciencia histórica y de la conciencia política, y el nacionalismo es
su forma ideológica, aunque diversa, contradictoria y ambivalente. Por eso resulta más
útil ajustarse a la explicación de su devenir histórico para comprender sus contenidos y
vinculación con el Estado. En efecto, la nación históricamente surge como concepto
inseparable del Estado liberal. Contra las relaciones políticas “feudales” y contra la
fragmentación jurídica del territorio, el binomio Estado-nación dio cabida a la
racionalidad del capitalismo emergente y precisó el espacio para el pacto social y
político.
El absolutismo de la Edad Moderna concentraba poder sobre un territorio, pero su
legitimación seguía siendo personal y religiosa. El nuevo ordenamiento estatal llegó
con la síntesis de lo natural o nacional con lo político o estatal, al hacerse coincidir el
populus con la natio y nacer así la teoría del Estado nacional soberano. Esta es la
doctrina que dio soporte al Estado liberal que, al ser indefectiblemente nacional,
expandía su carácter revolucionario a todos los ámbitos de la sociedad. Los nuevos
Estados, aunque estuvieran controlados por los propietarios, proclamaban un bienestar
y un progreso colectivos que influyeron en amplios sectores de la población.
Llegada la 2ºm.s. XVIII, aparecen las 2 grandes elaboraciones del concepto de
nación: la romántico-esencialista y la liberal-contractual. Desde esta última perspectiva,
la nación era la unión de voluntades en una asociación libre, fundada en la identidad de
derechos, en la adhesión al contrato social y en la democracia.
Este proceso comenzó en Holanda e In, pero recibió su impulso decisivo al surgir
por primera vez una nación como expresión de la libertad, atributo racional y universal
que establecía para las colonias no un destino “inglés” sino humano. El nacionalismo
estadounidense no miraba al pasado, tenía la conciencia de poseer un presente y un
futro común. Este nacionalismo del contrato social se consolidó y expandió con la Rev.
Francesa.
Casi simultáneamente se fraguaba el concepto de nación romántica o nación-genio
que expresa la forma de ser intemporal de un pueblo. Se oponía al cosmopolitismo
abstracto de la otra concepción y fueron sobre todo los románticos alemanes, con
Johann von Herder a la cabeza, quienes subrayaron la singularidad de cada cultura
como algo que permanece y define a cada pueblo. No son antiliberales sino que ajustan
el liberalismo a la variedad de las culturas nacionales.
Johann Fichte le dio forma política, al identificar patria con pueblo y exaltar el
sentimiento de pertenencia, además de asignarle al Estado la misión de preservar y
expandir ese sentimiento nacional. Sobre todo a través de la educación, vehículo de
transmisión de la cultura de cada pueblo. La nación se plantea como totalidad inclusiva,
no se adquiría voluntariamente sino que se nacía en ella.
En ambas versiones de la nación, el nacionalismo resultó inseparable de la idea de
soberanía popular. Por eso en la 1ªm.s. XIX resultó una ideología revolucionaria que,
como parte del liberalismo, secularizó la sociedad y llamó la atención hacia la vida, el
idioma y las artes de un pueblo porque no sólo pretendía representar a la clase
burguesa, como de hecho ocurría, sino a todo el pueblo. Se pasó al orgullo de la lengua,
a su estudio y hasta su invención. El impacto en las estructuras políticas de este
fenómeno se manifiesta sobre todo en los republicanos de Giuseppe Manzini que desde
1831 divulgaron por toda Europa la idea de soberanía popular y democracia.
Se llegó así a la oleada de ’48, cuando por primera vez convergieron nacionalismo y
democracia. Cuando se habla de la “primavera de los pueblos” se hace referencia tanto
al protagonismo de los sectores subalternos en la política de sus países como a la
50
aparición visible de pueblos aparentemente carentes hasta entonces de una voz
unificada de carácter nacional.
Avanzada la 2ªm.s. XIX, se unieron los dos conceptos de nación y el nacionalismo se
apartó de sus contenidos liberales para convertir la etnicidad y la lengua en criterios
casi exclusivos para ser nación y reclamar un Estado propio. Este viraje fue
resignificado por las derechas políticas europeas. Ante todo, se inventó el término
“nacionalismo” contra el internacionalismo proletario, contra el antiimperialismo y
como freno a las demandas democratizadoras. También aportó argumentos sobre la
superioridad de un pueblo o raza, como justificación del imperialismo de sus
respectivos Estados. Los teorizadores de este viraje exaltaban un nosotros siempre
tautológico y dramatizado, definido como oposición y frente a la amenaza de otros.
Semejante evolución del nacionalismo en Europa O fue el caldo de cultivo de las
ideologías prefascistas.
La nación se convirtió en el fin supremo, al que debía subordinarse e incluso
sacrificarse el individuo, desapareciendo por supuesto los intereses de clase. Esta
ideología alcanzó a los manuales de educación primaria. Potencias como EU, In, F o Al e
It se imbuyeron de un destino universal y desplegaron un “imperialismo nacionalista”
para legitimar sus dominios. El racismo y las argumentaciones sobre la superioridad se
revistieron de evidencias científicas con la sociología y la antropología, se apoyaron en
el extendido y admitido darwinismo social y no hay escrito de las décadas del cambio de
siglo que no contenga cierta dosis de estas ideologías. Se creyó firmemente en la
inferioridad de los pueblos sometidos, como también se justificó dentro de cada país la
inferioridad de las “clases peligrosas”.
El nacionalismo se revitalizó como vía para reforzar lazos de legitimidad y
obediencia interclasista, al identificar nación con Estado y sociedad. El nacionalismo se
hizo ideología oficial para la lealtad y la cooperación en empresas exteriores e
interiores, con independencia de la clase social. Significativamente, fueron simultáneos
los procesos de lucha por el sufragio universal con las decisiones estatales de implantar
los símbolos del himno, la bandera y los monumentos nacionales. Era el preludio de los
conflictos que estallarían en la Gran Guerra.

4. Epílogo: sobre los conflictos ideológicos de la modernidad


La trilogía revolucionaria de libertad, igualdad y fraternidad, así como la declaración
de la universalidad de los derechos del hombre, dieron desde su origen soporte a la
diversidad doctrinal de la modernidad e incluso a la reacción contra ella. Según se
hiciera hincapié en uno u otro elemento, se conjugaron las filosofías individualistas,
socialistas, anarquistas o reaccionarias, con desplazamientos de contenidos y
solapamientos a lo largo de un devenir histórico vinculado al presente.
a. La fuerza ideológica del conservadurismo
La modernidad también alberga en su seno una fuerza que se aferra al pasado y
niega los conceptos liberales de libertad e igualdad sobre los que se asientan los
Estados modernos desde las revoluciones inglesa y norteamericana, pero sobre todo
contra la radicalidad de la francesa. Defienden la desigualdad como consustancial a la
naturaleza humana, pero también como cualidad útil para estructurar la sociedad, por
que sólo si está en manos de la minoría sobresaliente, el rumbo de la historia será el
correcto.
[Leer en el libro p. 255]
51
Cap. 6
LA EXPANSIÓN DE LOS EUROPEOS EN EL MUNDO
E. Hernández Sandioca

La expansión europea del s. XIX es bien distinta de la anterior expansión colonial,


pese a las frecuentes continuidades. La nueva ola expansiva que acompañó la
expansión económica y cultural se destaca por su masividad y el gran avance
tecnológico.
No obstante, la nueva expansión se asienta sobre los espacios y mecanismos de la
vieja colonización comercial capitalista, para ampliarlos y hacerlos lo más rentables
posibles. Llegan así al extremo los territorios ocupados, y se hacen más complejas y
potentes las estructuras de la explotación, la intervención social y el control militar de
las colonias. El dominio político sobre territorio no europeo alcanzaba en 1800
aproximadamente el 35% del planeta; en 1878, un 67%; en 1914, el 85%
A los viejos imperios coloniales del s. XVI (E y Portugal) y del s. XVII (In, H y F), se
añadieron rápidamente otros (Bé, Al e It), y algunos no europeos (EU y J).
Desde el punto de vista de los medios tecnológicos empleados, fueron cruciales en
esta nueva fase los barcos de vapor y la quinina para garantizar la entrada. Llegada la
conquista, el papel principal correspondió a las perfeccionadas y mortíferas armas de
fuego (rifles de repetición y ametralladoras). A causa de ello, los dominios coloniales
quedaron más seguros y más vinculados que nunca con las metrópolis. Fueron muy
importantes las líneas nacionales de navegación regular, el telégrafo submarino y el
ferrocarril, elemento crucial de cohesión política y de transformación material, que
cumplió una importante tarea de extracción mineral y de materias primas en economías
de exportación primaria. En efecto, juega un papel decisivo la comunicación, y sin duda
fueron los ingleses los que más cuidaron este factor.
La confusión e identificación entre dominio técnico (tecnología destinada a la
guerra, superioridad económica y ampliación territorial) y superioridad cultural
(vigente hasta hoy) se produce históricamente en esta etapa de inmensa expansión del
europeo sobre el mundo.

1. Características generales de la expansión europea en el s. XIX


En el juego constante de las interacciones entre nuevas o renovadas metrópolis y
sus colonias se proyecta la imagen que se hacen de sí mismo los europeos al verse
reflejados en una realidad exterior.
Al mismo tiempo, con la expansión se multiplica la posibilidad de que los pueblos
sometidos experimenten expectativas de transformación de su identidad y restituciones
nacionalistas. Sin embargo, junto con la colaboración los europeos, la otra fórmula
clásica de actuación entre las poblaciones indígenas, no son estas las únicas dos formas
posibles de la relación entre colonizador y colonizado. Los intercambios mutuos (bajo la
limitación estructural de servidumbre y dependencia) nunca se limitaron a esta dual y
esquemática forma de relación.
No hay ninguna gran ruptura en el continuo proceso colonial iniciado hacia 1815.
Puede hablarse de dos tramos (1815-73, depresión; y 1878, CdBerlín – 1904 o ‘12) de
un mismo proceso de mundialización de las economías industriales y sus respaldos
financieros, con la correspondiente difusión de su cultura propia. Lo que hace que los
procesos de expansión económica lleven aparejados distintos mecanismos políticos y
den lugar a respuestas concretas de índole ideológica.
No hay en todo el período una uniformidad política ni administrativa en la gestión de
las colonias. Ni siquiera dentro de un mismo imperio, por lo general constituido sobre
la marcha, puede hallarse una relativa homogeneidad administrativa. La complejidad
de los mecanismos coloniales se vio reforzada por la concurrencia entre imperios y por
52
la capacidad de resistencia interior, de manera que estos principios combinados
deciden los diferentes patrones a seguir. En función de un único objetivo: no perder la
colonia por:
o Su potencial económico
o Su potencial estratégico
o En la mayoría de los casos, por los dos.
F terminaría optando por propiciar la asimilación para establecer su propia
estrategia administrativa. In se inclinó por la diversidad, arbitrando maneras
específicas de control político para cada colonia, donde siempre contó con la ventaja de
un muy extendido sentimiento de superioridad. Frecuentemente, cuando los territorios
tenían poca importancia estratégica, la presencia numérica europea era muy reducida,
limitándose a mantener el control militar o asegurar el hinterland de las factorías
comerciales, la exacción tributaria y el orden simbólico y social.
Una característica de gran importancia de la nueva expansión fue que sus
fundamentos teóricos y prácticos no descansan en la esclavitud como eje del hecho
colonial. La abolición legal, no siempre inmediata a la prohibición de la trata de negros,
acontece en el s. XIX, ya sea por razones filantrópicas y liberales o por razones
derivadas de la estricta lógica de la producción. La otra clave fundamental de la
expansión es el libre cambio (free-trade), doctrina impuesta por In, a quien favorece
especialmente.
La abolición, meta ya planteada en el s. XVIII, no fue un proceso fácil. Poderosos
sectores de los negocios coloniales, de las oligarquías locales y de los gobiernos
metropolitanos siguieron durante mucho tiempo aferrados a la idea imperial
mercantilista. Sin embargo, con profundas diferencias entre los imperios viejos y
recientes, la tendencia hacia el doble triunfo del librecambio y la abolición se impondría
claramente tras 1815, siendo una época de descomposición del régimen esclavista y de
colapso de sus circuitos africanos de caza de personas. No obstante, fue justamente el
momento en el que se hicieron los mayores negocios con la trata de negros.

2. La hegemonía británica y las nuevas estrategias de colonización


La expansión inglesa en ultramar superó a todas las demás. Las guerras de finales
del s. XVIII introdujeron cambios en la estructura geopolítica que resultaron muy
favorables en su consolidación como potencia colonial, permitiéndole además conseguir
su imperio a un costo menor al de las otras potencias. La coyuntura de expansión
mundial que impulsa y domina In se vio posibilitada por una inmensa producción en
busca de mercados, una tecnología superior y la creciente demanda de productos de
consumo diario, además del poder naval aplastante, sin rival hasta el s. XX. Toda la
coyuntura está inmersa en un amplio debate político e ideológico sobre la mano de obra
[¿?] que remite en último término a la abolición.
La 1ªm.s. XIX estuvo dominada claramente por In y por la difusión de su modelo de
expansión y crecimiento. Su única preocupación fue ocupar cuando le fue posible los
espacios dejados por los imperios en decadencia. Hacia final del siglo, con la tremenda
oleada imperialista de los últimos 20 años, el equilibrio de potencias cambió. Otros
imperios sólidos (F y sobre todo Al) rivalizaron con el británico, aunque este consiguió
preservar la supremacía diplomática y geopolítica, complementarias ambas y
conseguidas por la doble vía de la superioridad industrial y la difusión y/o imposición de
las nuevas teorías económicas.
La resistencia de otros imperios a esta hegemonía fue bien visible en lo relacionado
con la abolición. A través del Atlántico proliferaron los barcos negreros clandestinos,
amortizados en un solo viaje y destruidos al llegar a destino. Pero In había impuesto su
criterio en el CdV de modo que su flota se expandió por los mares durante todo el siglo
tratando de poner fin a la trata. Gran parte de las relaciones diplomáticas con E y
53
Portugal, y luego Brasil, estuvo marcada por el empeño de las potencias de segundo
orden por mantener la esclavitud en las Antillas y en las inmensas plantaciones
brasileras.
Lograda la independencia de la mayoría de los territorios bajo control español
(culminada en 1824) y de Br (‘22), In logró inundar los mercados latinoamericanos con
sus productos (sobre todo tejidos y artículos domésticos), que se pagaban con trigo,
carnes, cueros, cobre, guano, azúcar, tabaco, café, etc. Junto con las mercancías se
instalaron complejos sistemas de crédito, y en torno del comercio fue creciendo entre
los proveedores el interés por la deuda pública de los nuevos países.
A cambio de su “ayuda” exterior y además de las materias primas que conseguían,
los ingleses cobraron un inmenso prestigio entre los que salían de la colonización
ibérica, despertando veneración por sus formas políticas y comerciales. En general, el
cono sur entero quedó sujeto en un plazo muy breve a las nuevas condiciones de
intercambio, de modo que el comercio libre parecía imponerse por sí solo y sin
competencia visible.

3. La abolición de la trata y de la esclavitud


Las últimas sociedades en suprimir la esclavitud fueron Cuba, en ’86, y Brasil, en
’88. En el mantenimiento de la esclavitud habían convergido (ej. Cuba) los intereses
metropolitanos y el miedo racial, sentimiento compartido por la elite criolla.
No siempre fueron los países donde surgieron las ideas abolicionistas los que
pusieron más énfasis en aplicarlas. Resultó más fácil en un principio aceptar la
supresión del tráfico de esclavos (trata) que poner fin de hecho a la estructura
productiva de la plantación (esclavitud). F se resistió durante mucho tiempo a abolir la
esclavitud luego de haber terminado con la trata durante la Revolución.
Hasta hacerse visible el declive de la trata desde mediados de siglo, la razón alegada
para avalarla había sido económica: lograr bajos costos en medios de consumo y en el
abastecimiento de materias primas que sólo podrían conseguirse manteniendo
constantemente la llegada de mano de obra lo más barata posible. Con el tiempo, los
argumentos se trasladaron al miedo a las insurrecciones o revoluciones (siendo
paradigmática la de Haití en 1791) y a la amenaza de un predominio demográfico negro
que se trasladase al político. Inclusive Ho e In mantuvieron en África la mano de obra
esclava y en Asia se implantó de nuevo.
El ritmo y la frecuencia de la abolición se dieron en paralelo a la imposición de otras
formas de trabajo presentes en África, Asia y la América tropical, donde las condiciones
reales de trabajo, severamente coercitivas pese a su carácter contractual, no se
diferenciaron en la práctica del trabajo esclavo.

4. La definición de los imperios coloniales en el s. XIX


En torno de la plantación azucarera o ingenio y de un comercio con grandes
beneficios volvieron a estructurarse y renovarse en el s. XIX los antiguos imperios, como
lo que quedaba del español en las Antillas. A pesar de su frecuente resistencia a los
modos de gestión inglesas no vieron reducida la rentabilidad de sus colonias. Sólo en
muy pocas ocasiones las colonias perdieron interés para las metrópolis, exceptuándose
aquellas zonas en las que el suelo se agotó por la explotación destructiva.
El viejo pacto colonial entre las elites nativas o criollas y los metropolitanos fue
debilitándose progresivamente frente a las nuevas formas de colonización, forzándose
en ocasiones al máximo los mecanismos de control y coerción. Sin embargo, entre la
“vieja” y la “nueva” colonización se establece un continuo ininterrumpido. A través de
él se hacen visibles los nuevos mecanismos de dominio económico, acordes con el
grado de crecimiento industrial y financiero de cada metrópoli y con las prácticas
comerciales propias que rigen el comercio exterior en las colonias.
54
El ideario completo del librecambio se mostraba como algo más que una regla de
intercambio económico. Era una ideología de fuerza estructurante que sin embargo no
tuvo problemas a adaptarse con el tiempo a la nueva realidad del proteccionismo sobre
las economías nacionales.
En definitiva, parte del “anti-colonialismo” del s. XIX en realidad era muestra del
“anti-mercantilismo”, una condena de las antiguas reglas de la vida colonial
(exclusivistas, monetaristas y esclavistas). La atractiva idea de un imperio informal
(“comercio sin colonias”) y de la posibilidad de hacer un buen negocio (con
implicancias nacionalistas) explican paradójicamente que luego de medio siglo de éxito
relativo del libre comercio se impusiera una segunda oleada de expansión imperial.
Una nueva forma de pensar las colonias, sin graves ataduras, facilitó la transición
entre una etapa y otra. También se difundió la idea de la “carga del hombre blanco” de
llevar a todas partes los adelantos de la civilización. Asia y África fueron añadidas en el
marco de esta nueva concepción. El transporte, el armamento, la tecnología y el libre
comercio cumplieron esta tarea en muy poco tiempo.
Cuando fue preciso también se introdujo el mecanismo de la protección, porque a
este no se lo entendía como un mero remedo del mercantilismo sino como una
regulación circunstancial del libre cambio según las variaciones de la economía
industrial.
Fue responsabilidad europea también la introducción en muchas zonas del concepto
de propiedad privada de la tierra, generalmente junto con la moneda para facilitar la
tributación y agilizar los intercambios.
Hubo sociedades metropolitanas en las que la posesión de colonias se hizo
ampliamente legítima. El caso paradigmático es el inglés, con el apogeo en 1877 con la
incorporación formal al imperio de la India. El “culto imperial” comenzó a revestirse de
costumbres y rituales de neta significación nacionalista, ligada fuertemente al papel del
ejército. A ello se sumó el darwinismo social que, inventando un pasado medieval de
superioridad sajona, sirvió de justificación científica de la guerra y la conquista
colonial.
Mantener las ventajas adquiridas llevó a las GP tanto a constantes conflictos como a
prolijos repartos de las esferas de influencia. Una compleja red de trazos inestables
dividía el mundo en áreas de explotación primaria y en circuitos de redistribución de
mercancías, en redes de captación de la demanda y en líneas de mantenimiento de las
redes financieras, etc. Con un ritmo acelerado las potencias coloniales se obligaron a sí
mismas a incrementar la violencia empleada para mantener la “paz” en las colonias. La
militarización de la vida social se convirtió de a poco en una constante sistemática en
los escenarios coloniales.

5. Espacios y escenarios de la expansión colonial de fines de siglo


Principales espacios afectados por la expansión europea:
En Asia, el Imperio Otomano, extendido por casi todo el N de África, comenzó su
lento derrumbamiento durante el s. XVIII, afectado por la incapacidad para modernizar
la estructura estatal y militar. El resultado fue la pérdida de territorios y la
intervención cada vez mayor de las potencias europeas.
La India se vio afectada desde el s. XVIII por la presencia británica y en menor
medida de Ho, Por y F; pero los mongoles y la Confederación Mahratta siguieron
controlando amplios territorios. El dominio inglés se materializó a partir de la represión
de la revuelta de los cipayos en 1857.
El Imperio Chino vivió un período de estabilidad durante el s. XVIII, perturbado por
los europeos al comenzar el siglo siguiente, interesados en el comercio del opio y del té.
En Japón, el control del shogunato por la dinastía Tokugawa desde 1603, a expensas
del poder del emperador, apuntaló una sociedad feudal prácticamente sin contactos
55
con el exterior. Los europeos llegaron en la 2ªm.s. XVIII
y lograron la apertura comercial
en 1853.
África estaba subdivida en numerosas entidades políticas, afectadas algunas por el
comercio esclavista. En el C y O se constituyeron los llamados “Estados sudaneses”,
entre los que se destacaban el imperio Songay, la Confederación Ashanti y el reino de
Dahomey. En África E se encontraban el reino de Abisinia, el sultanato de Zanzíbar y el
reino de Monomotapa.
En el S fue donde más se manifestó la presencia europea, sobre todo a partir de
conflicto entre boers e ingleses. También se dio allí el reino zulú creado por Chaka a
principios del s. XIX, capaz de poner en jaque a los ingleses.

b. Asia y América
En 1757 la East India Company conquista Bengala y en 1784 se le dio a ésta estatuto
colonial. En 1857 sucede el Gran Motín de los cipayos, finalizando al año siguiente el
gobierno de la compañía. En 1877 la reina Victoria es proclamada emperatriz de la
India.
En China, F e In se habían hecho presentes en sus puertos sin dejar de presionar en
el S y R en el N, mientras Al esperaba la ocasión. De la derrota china en la guerra con
Japón en 1894-95 surgió un reparto en zonas de influencia que quedó reducido a una
política de puertas abiertas y de concurrencia en la penetración comercial. La rebelión
de los boxers en 1900 mostró a su vez los límites internos de esa invasión pacífica que
resultaba en extremo ofensiva para los chinos.
En América, EU también se dejó llevar por la nueva corriente imperialista, ya en los
años ’90, si bien en la construcción de su territorio ya había hecho uso de un
“imperialismo interno” contra los pueblos originarios y contra México. Ahora mostraba
interés por China, sin perder de vista para ello a Filipinas, y por el control del Caribe,
en parte por los intereses radicados allí y en parte en relación con el canal de Panamá.
El primer afectado por esta estrategia fue el viejo imperio colonial español. Tras la
guerra de 1898, España perdía el control sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
También es la época de la expansión rusa en Asia, llegando a Samarcanda en ’65 y a
Bujara en ’68.

c. La partición de África
En el s. XIX la ocupación del continente comenzó a ser un interés de las GP, primero a
través de mecanismos de penetración más informales, y luego con plena incidencia de
la ocupación política y administrativa. Esto se dio de lleno en los años ’80, quedando en
dos décadas los 30M km2 del continente africano prácticamente repartidos entre las
potencias.
F fue la pionera en el N de África ocupando Argelia en 1830 para restaurar la visión
exterior del país y alegando una razón trivial. En 1881 el establecimiento del
protectorado francés sobre Túnez simboliza el arranque de la nueva explosión
imperialista siguiendo pautas del CdBerlín ’78.
En ’82 In ocupó Egipto, dando lugar a un proceso de concurrencia y simetría en el
reparto, sólo perturbado por las ingerencias de terceros, también legitimadas en el
CdBerlín de ’85, y que concluiría con el sometimiento de Marruecos en 1912.
Para Bélgica, combatir la trata, el paganismo y el canibalismo que practicaban los
nativos fue la justificación para adelantarse a franceses y portugueses en el control del
África C. En Berlín en ’85 se le reconocían los derechos sobre el Congo. Para entonces
ya no quedaban prácticamente regiones costeras por colonizar.
En África E, la costa se había hallado expuesta a invasiones árabes y portuguesas
primero, y luego a las inglesas y alemanas. En este último caso, las sociedades de
56
colonización y los capitales de Hamburgo hicieron de Zanzíbar una gran plataforma de
exploración. El reparto de zonas de influencia con In se hizo en ’86.
La cuestión fundamental sin embargo era la línea El Cabo-El Cairo, que hacía casi
absoluta la hegemonía británica en la región oriental y que volvió a plantear conflictos
entre Al e In. Esta última terminó conservando Uganda. La ausencia de F en el reparto
de la región fue compensada con Madagascar.
La aceptación del papel del Estado en los asuntos coloniales (el paso al imperialismo
“formal”) se debió en gran parte al accionar de F, que se remonta a fines de los ’70 al
Sudán occidental. El objetivo era unir esta plataforma de colonización con Argelia, en el
N. A la inversa de In, la estrategia francesa consistía en que el Estado abriera paso al
comercio.
La presencia inglesa en El Cabo se hizo visible desde 1795, siendo uno de los puntos
indiscutibles de interés. Hacia 1835-37 los boers (colonos no ingleses) iniciaron una
migración para mostrar sus deseos de independencia respecto de In y su resistencia a
la abolición del trabajo esclavo. Ocuparon el Transvaal, Orange y Natal. Las tensiones
llevaron a la primera guerra entre británicos y boers en 1881.
No sólo entraban en conflicto viejas y nuevas formas de colonización sino también
intereses económicos, habiéndose descubierto en ’67 los primeros diamantes. El plan
británico a mediano plazo para la región era llegar a la autonomía, en base al
autogobierno de El Cabo. Entretanto, la presencia alemana tensó todavía más la
situación. En ’84 Al ocupaba la zona de Angra pequeña y poco después toda la zona
entre El Cabo y la Angola portuguesa
La segunda guerra de los boers (1899-1902) implicó la actuación de una nación en
armas, que terminó siendo derrotada.
El reparto terminó por donde había empezado, el norte. F fue la beneficiada en este
caso, pasando el Magreb a su control, pese a que en la zona también había intereses de
It, E, In y Al. Precisamente las potentes aspiraciones coloniales alemanas
condicionarían una reconciliación de In y F que, a cambio de Marruecos para los
franceses, permitiría a los ingleses conservar Egipto. La Entente Cordiale de 1904 selló
la situación.
Al se interesó por África N como forma de detener el creciente poder francés. Así,
las crisis marroquíes se convirtieron en alteradoras potenciales de la situación, con
riesgos de guerra internacional, siempre aplazada. Sin embargo, Al no logró romper el
acuerdo que F e In habían establecido sobre el total del continente. F establecería el
protectorado sobre Marruecos en 1912, casi al mismo tiempo que Italia anexionaba
Libia. Salvo Etiopía, ya no quedaban regiones por repartir.
[Leer p. 362]
57
58
Cap. 8
LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS
J. Saborido

La economía mundial desde 1914 hasta fin de siglo está caracterizada por la
dinámica de las transformaciones económicas y de la innovación tecnológica generadas
por el capitalismo, en el marco de relaciones dominadas por el mercado.
El volumen de la producción y de los intercambios experimentaron una expansión
inédita desde la 2ªGM. En 1950-73 el PBI mundial experimentó un crecimiento del 4.9%
anual. En 173-92 se redujo a 3% anual. Sin embargo, esta dinámica se ve afectada por
2 factores perturbadores:
 La inestabilidad del crecimiento.
 La incapacidad para distribuir equitativamente la renta generada en cada país,
como entre las distintas economías nacionales, en el marco del “sistema
mundial”.
Por lo tanto, la evolución económica del período estará vinculada estrechamente con
estrategias y comportamientos sociales y políticos destinados a enfrentar y superar
estas limitaciones. Así, el socialismo soviético propondrá una economía planificada y la
estatización de los medios de producción como punto de partida; el Estado de bienestar
apuntará a la protección de los excluidos y al control de los niveles de actividad; y
desde los países periféricos se intentará salir de la trampa del desarrollismo.

1. Las transformaciones desde 1914


a. El crecimiento demográfico
El comienzo del “s. XX corto” es la continuación de un proceso de revolución
demográfica iniciado hacia 1870, caracterizado por un descenso importante de la
mortalidad y un lento descenso de la natalidad. Mientras Europa crece más despacio,
los otros continentes multiplican su población. La tecnificación agrícola parece romper
el desfasaje entre crecimiento de la población y de los recursos, pero las guerras, las
enfermedades y el hambre siguen haciendo estragos.
Los años de la “2ª guerra de los 30 años” fueron de crisis poblacional para Europa y
de crecimiento para el resto del mundo, en especial América Latina, que en 1920-40
creció a una tasa del 1.73% anual frente al 0.75% de promedio mundial. En 1950-60 la
población creció 32% en EU y Canadá, 14% en Europa, 65% en África y 30% en AL.
La explosión demográfica del Tercer Mundo es el proceso demográfico más
importante del siglo. Asia y África mantienen altas tasas de natalidad mientras van
controlando algunas pandemias, si bien el hambre sigue siendo un problema
generalizado.
Los problemas que surgen de estas realidades opuestas son muy diferentes:
 El bajo crecimiento demográfico afecta a gran parte del mundo desarrollado. La
inserción de la mujer en la vida económica, la difusión de técnicas
anticonceptivas y la elevación de la edad de matrimonio han conducido a que la
fecundidad casi no supere el hijo por mujer. El relevo generacional y la
proporción entre población activa e inactiva no están garantizados.
 Para el resto del mundo, el crecimiento demográfico es un problema que exige
implementar políticas a largo plazo. Por ej., los gobiernos de China, India,
Pakistán e Indonesia han tomado conciencia del problema y aplican planes de
premios y castigos para las parejas.
De todas formas, la cuestión demográfica se relaciona estrechamente con la
distribución de la riqueza. Las relaciones de mercado tienden a reproducir y acentuar
las condiciones de partida (círculo vicioso de la pobreza). La inversión exterior en los
59
países periféricos se guía exclusivamente por los criterios de rentabilidad y seguridad
para el capital, haciendo aprovechamientos puntuales y depredadores de circunstancias
favorables, con una limitada repercusión sobre el aparato productivo local.

b. El aumento de la productividad
LAS TRANSFORMACIONES TÉCNICAS
La importancia de la innovación tecnológica durante el s. XX es decisiva. Hasta los
años ’70 el desarrollo económico estuvo impulsado por el conjunto de transformaciones
técnicas que constituyen el núcleo de la 2ª RI, acompañadas por las nuevas formas de
organizar el trabajo y por las modificaciones en el sector empresarial. La economía se
orientó hacia los cambios técnicos de forma sistemática, incrementando
significativamente la inversión tanto estatal como privada en ese ámbito.
El dominio tecnológico de EU se manifestó de manera rotunda desde 1918 hasta el
fin de la reconstrucción de Europa, disminuyendo relativamente después por el
desarrollo de los países avanzados de Europa y de Japón.
Simultáneamente a la crisis comenzada en los ’70, el terreno técnico se fue
reestructurando hacia la electrónica, la biotecnología y, sobre todo, las tecnologías de
la comunicación, generando las condiciones para hablar de una “3ª revolución
industrial”. Sin embargo, este ciclo de innovación fue acompañado por tasas de
desocupación inéditas para el mundo desarrollado.

EL MEJORAMIENTO DE LAS HABILIDADES HUMANAS


El elemento más utilizado para verificar el mejoramiento del “capital humano” es el
incremento del nivel de educación de la población (medido en años y en eficiencia de
los sistemas educativos en relación con las necesidades de la economía), en tanto se
parte de la idea que cuanto mayor sea este nivel más fácil le resulta al trabajador
aplicar los avances técnicos.
[ver Cuadro 2, p. 423]

LAS MODIFICACIONES EN EL COMERCIO INTERNACIONAL


Desde D. Ricardo los economistas han insistido en las ventajas que implica la
especialización en la producción más eficiente en relación al incremento del comercio
con el exterior. El comercio también ha sido importante para la difusión de nuevas
tecnologías, mercaderías, etc.
La importancia del comercio exterior depende del tamaño de una economía, por lo
que los países de menor tamaño pueden obtener proporcionalmente mayores beneficios
de una mayor integración en los mercados internacionales. En el mediano plazo, la
apertura económica se vincula con un acelerado crecimiento económico.
[ver Cuadro 3, p. 424]

c. El papel del Estado


La economía del período está fuertemente afectada por el creciente papel
desempeñado por el Estado. En este sentido, el surgimiento del llamado Estado de
bienestar es decisivo. La 1ª GM y la crisis de los ’30 obligaron a rotundas
modificaciones en la gestión gubernamental de la economía. En el primer caso, se trató
de enfrentar una situación bélica inédita por la dimensión de la movilización de
recursos que demandaba. Fue la crisis iniciada en 1929 el momento en el que fue
aceptada la intervención estatal como imprescindible, sin mediar una coyuntura
excepcional como la de una guerra prolongada.

2. La “segunda guerra de los treinta años” (1914-45)


En el ámbito económico, la importancia de estos años está marcada por las
transformaciones producidas por la 1ª GM; la estabilización del modelo soviético de
60
control estatal de los medios de producción; y la profunda crisis del capitalismo
occidental durante los años ’30.

a. Aspectos económicos de la 1ª GM
La guerra interrumpió la fase de crecimiento iniciada en la década de 1890 y
algunos elementos que habían caracterizado la economía del período anterior nunca se
restablecieron completamente, como los intercambios multilaterales y el patrón oro. El
estallido de la guerra dislocó las redes de comercio internacional y ambos bandos
establecieron una verdadera “guerra de bloqueos”.
Las necesidades del conflicto obligaron a un esfuerzo importador, en beneficio de los
países neutrales, que además de proveer a los beligerantes, pudieron sustituir
importaciones e incluso abastecer mercados periféricos con producción propia.
Imaginada como breve, esta guerra fue la primera que exigió de los Estados la
intervención en aspectos vitales de la economía como la disponibilidad de los factores
de producción y la necesidad de distribuirlos con los condicionamientos de deudas
crecientes y restricciones de importancia.
Los problemas de la distribución de materias primas y alimentos exigieron de los
gobiernos un accionar cada vez más amplio, tanto para los soldados como para la
población civil. Al, dada su situación de aislamiento, debió recurrir a los controles de
precios y al racionamiento; la situación estuvo cerca de llegar a esos extremos en
algunos países de la Entente. Frente a las dificultades que planteó el comercio exterior,
las autoridades definieron las prioridades y fijando cupos de importación.
Para los Estados involucrados la guerra implicó un enorme aumento del gasto
público, por lo que se vieron obligados a diversificar y modernizar la obtención de
recursos. En teoría, las posibilidades eran 3: emisión de moneda, aumento de la presión
impositiva, y endeudamiento interno. Sólo la Entente tuvo opción a una cuarta
posibilidad: el endeudamiento exterior. En cuanto a este último, In fue el primer
banquero de sus aliados. Cuando las dificultades se hicieron mayores, EU comenzó a
prestar el dinero. Al finalizar el conflicto, las deudas interaliadas alcanzaban los U$S
26.500M, convirtiéndose en un serio problema en los años siguientes ya que EU insistió
en el pago de los U$S 12.000M de los que era acreedor.
El nuevo escenario internacional favoreció a EU. Al ser el único país industrializado
fuera de Europa, cubrió la demanda de los beligerantes y de quienes antes compraban
a ellos. La retirada de capitales británico, en AL por ej., permitió consolidar la
presencia de capitales privados estadounidenses.

b. Las contradicciones de los años 20


El período comprendido entre 1918 y el estallido de la crisis en 1929 está marcado
por la contradicción entre la realidad de los cambios profundos en la economía y la
insistencia de los gobiernos por retornar al mundo destruido por la Gran Guerra. Esta
contradicción, a la que se sumaron la manera de resolver la guerra, la irrupción de EU
como nueva potencia hegemónica y los temores emergentes del triunfo bolchevique,
condujo a una estabilización económica profundamente “inestable”.

LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DE LA GUERRA


El alivio que significó para todo el mundo el fin de la guerra fue acompañado en
Europa por la conciencia de los niveles de declinación demográfica y de destrucción
material. Exceptuando R, murió el 7% de la población, equivalente al total del
incremento natural en 1914-19. F y Bélgica fueron los países con mayor destrucción
material.
61
La situación relativa de Europa en el terreno económico sufrió un sensible retroceso:
su participación en la producción mundial pasó del 43 al 34% y en el comercio, del 59 a
50% (1913-23).
Tan o más significativo que este declive fue la irrupción de EU como principal
potencia financiera: poseía las mayores reservas de oro y era el principal acreedor
internacional.
Los gobernantes de las potencias vencedoras concretaron en los tratados de paz la
mayor remodelación que experimentó Europa. Algunos objetivos fueron: la seguridad
para evitar un nuevo conflicto, severas sanciones para Al y sus aliados, y el respeto a
las nacionalidades, postura defendida por EU.
Los cambios más significativos ocurrieron en Europa C y E, dada la desaparición de
los 3 grandes imperios (Au-Hu, R y Turquía) y la pérdida de territorios de Al. Surgieron
9 Estados nuevos:
 Austria  Finlandia  Letonia
 Hungría  Estonia  Checoslovaquia
 Polonia  Lituania  Yugoslavia
La organización de estos Estados dio lugar a problemas de todo tipo, desde litigios
fronterizos hasta cuestiones étnicas. La idea del presidente estadounidense Woodrow
Wilson de establecer fronteras que respetaran las nacionalidades resultó inviable, y se
produjeron situaciones conflictivas por el carácter heterogéneo de las sociedades de
cada país. El Imperio Austro-Húngaro fue reemplazado por Estados que, salvo
Checoslovaquia, eran inviables económicamente al corto plazo. Además, las fronteras
se trazaron sin tener en cuenta los factores económicos, por lo cual se desarticuló el
anterior mercado común imperial.
La financiación inflacionaria, la devaluación y el control del comercio exterior fueron
los recursos utilizados para controlar la situación. En algunos países el descontrol
financiero condujo a la hiperinflación. El esfuerzo industrializador no alcanzó y todavía
en 1925, salvo en Checoslovaquia, no se alcanzaban los niveles de preguerra.
Los líderes reunidos en Versalles coincidían en que había que castigar a Alemania,
“culpable” de la guerra. Las medidas incluyeron:
 Pérdidas territoriales
 Entrega de activos
 Establecimiento de un sistema de seguridad (desmilitarización y ocupación de
zonas clave)
 Exigencia de reparaciones
Este último punto fue una de las cuestiones cruciales de los años ’20. El principal
interesado, Francia, logró que, recién en 1921, se le exigiera un pago a Al de U$S
33.000, de acuerdo con un plan muy estricto. Junto con el resto de las sanciones, las
reparaciones contribuyeron al nacimiento de un gran resentimiento contra los
vencedores, componente relevante del futuro clima político.

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA POSGUERRA (1919-24)


Los meses que siguieron al fin de las hostilidades estuvieron caracterizados por 3
procesos estrechamente vinculados:
 Expansión económica espectacular.
 Aceleración de la inflación.
 Derrumbe de la mayoría de las monedas europeas.
La demanda retenida durante el conflicto se liberó presionando sobre una estructura
productiva poco adecuada a los nuevos tiempos. Esto se vio agravado por las políticas
gubernamentales que desmontaron de golpe las restricciones, implementaron medidas
expansivas y en algunos casos intentaron financiar la reconstrucción con emisión. El
62
resultado fue una subida de precios que en EU alcanzó el 10%, en F e In 40%, y en Al
250%.
A fines de 1920, la expansión se frenó bruscamente; la producción, los precios y el
empleo experimentaron una caída importante en la mayoría de los países. El retorno de
la desocupación actualizó los temores sobre la aparición de tensiones sociales
incontrolables. Estos eran exagerados para Europa O, pero tenían un sólido
fundamento en los nuevos países de Europa C y en Al. Por ello se implementaron
medidas destinadas a estabilizar las monedas, intentando a la vez encontrar una salida
al problema de las reparaciones.
En Alemania, los gobernantes del período no captaron la real dimensión de los
problemas. Supusieron que era posible encarar la reconstrucción sin realizar ajustes de
fondo. El mantenimiento del mismo sistema impositivo y el aumento del gasto público
(deuda bélica interna, pensiones, reconstrucción) dieron lugar a un fuerte déficit
presupuestario, que se convirtió en un relevante factor inflacionario. Al mismo tiempo,
el deterioro de la balanza de pagos (necesidad de importaciones y reparaciones)
depreció toda la situación con un impacto inmediato sobre el costo de vida.
El resultado fue un alza acelerada de los precios, acompañada hasta ’22 de un fuerte
incremento de la producción que permitió responder a las demandas salariales. La
situación se agravó a fines de ese año cuando F declaró que Al no había cumplido con
los compromisos de la reparación y arrastró a los aliados a la ocupación de la cuenca
minera del Ruhr. La reacción del gobierno consistió en financiar la no cooperación de
los habitantes de la región. Este gasto adicional, sumado a que ya no se disponía de la
principal fuente de materias primas, condujo al estallido hiperinflacionario, llegando los
precios a multiplicarse por 244 en octubre de ’23.
La estabilización fue posible en parte por la creación de una nueva moneda, que fue
aceptada por la población. Acompañando esta operación, se retiraron las fuerzas de
ocupación, se renegociaron las negociaciones, y comenzó la llegada de capitales
estadounidenses.
Las repercusiones sociales de la hiper fueron profundas: en la mente de muchos
alemanes se comenzó a asociar democracia con crisis económica y caos, convirtiendo
en preferible cualquier opción si con ella se retornaba al antiguo orden.

NORMALIZACIÓN Y CRECIMIENTO (1925-29)


Hacia 1924-25 quedaron superados los problemas de la guerra, al menos
superficialmente. Concluida la reconstrucción, afianzada la supremacía de EU, parecían
estar dadas las condiciones para retornar al escenario económico de preguerra,
simbolizado en gran parte por el patrón oro y las medidas implementadas para su
retorno.
Uno de los procesos irreversibles fue el de las transformaciones en la estructura
industrial, resultado de la aplicación cada vez más generalizada de las innovaciones de
la 2ª RI. Hubo una sensible disminución de los costos como resultado del desarrollo de
nuevos métodos de producción que incorporaron ideas como las de productividad y
racionalización. Un aspecto negativo de la nueva realidad fue la instalación de la
desocupación como elemento estructural del sistema.
La repercusión de estos cambios sobre la sociedad fue enorme, comenzando por la
masificación del consumo de bienes industriales. Los electrodomésticos y los
automóviles pasaron a estar al alcance, en EU de modo generalizado, de amplios
sectores medios e incluso de algunos de las bajas.
En Francia se inició una modernización significativa, cuyas actividades impulsoras
fueron los automóviles, el petróleo, las centrales eléctricas y la industria química.
En Alemania la economía recuperó en ’25 el crecimiento anterior a la guerra. Hubo
una continuidad en la concentración industrial y en la aplicación de la racionalización.
63
Las novedades fueron los altos niveles de desempleo y el papel interventor del Estado,
beneficiando a los trabajadores. Esta situación se revirtió de modo definitivo recién con
Hitler.
Italia, atrasada en su modernización económica y política y afectada por profundas
desigualdades regionales, experimentó una crisis generalizada en la inmediata
posguerra. Las clases propietarias y los poderes tradicionales (monarquía e Iglesia)
superaron la situación dando el poder en 1922 a B. Mussolini, líder del Partido
Nacional Fascista. Con importante apoyo de las clases medias, liquidó el socialismo y la
democracia en nombre de una concepción ideológica que ponía los intereses colectivos
por encima de las clases sociales, encarnados en un Estado autoritario.
La visión fascista de la economía puede sintetizarse en la combinación de un Estado
intervencionista, que actúa respondiendo a los “intereses supremos de la nación”,
respetando la propiedad privada y los valores de la economía de mercado.
Inglaterra vio afectada la competitividad de sus industrias y la política
gubernamental consistió en estabilizar el presupuesto (políticas deflacionistas) y en
recuperar el liderazgo financiero. Por ejemplo, restaurando el patrón oro en ’25 al
mismo tipo de cambio de preguerra, afectando esta sobrevaluación las exportaciones.
Su crecimiento fue sensiblemente inferior al de los otros países en el período.
En el resto del mundo, uno de los rasgos significativos de la década fue la expansión
de las exportaciones. Se debió fundamentalmente a 3 factores:
 La expansión de la colonización en África, con el consiguiente aumento de la
oferta de productos exportables.
 Aumento de la demanda de los países desarrollados, en especial de productos
tropicales (café, cacao, maní, caucho, etc.) que con el tiempo se convirtieron
en productos de consumo masivo.
 Crecimiento de la exportación de nuevas materias primas, como el petróleo.

LOS PROBLEMAS DE LA PROSPERIDAD


El primer problema a destacar es que el crecimiento del comercio fue detrás del
crecimiento de la producción, lo que se explica por:
 Participación creciente de EU, economía autosuficiente; ausencia de la Unión
Soviética desde 1917.
 Proteccionismo creciente, que afectó sobre todo a los productos manufacturados.
Otro de los problemas fue el del precio de los productos primarios. Ya sea por una
oferta global excesiva, por la retracción de la demanda o por la baja de costos producto
de las mejoras técnicas, se produjo un sensible deterioro en el intercambio de los
bienes primarios respecto de los manufacturados.
También influyó la declinación de las industrias tradicionales (carbón, hierro,
textiles) respecto de las nuevas (petróleo, aluminio, fibras sintéticas). Al ser justamente
las actividades tradicionales las que se impulsaron en los países de reciente
industrialización, se generó una situación de superproducción relativa que condujo a la
caída de los precios.

LA EVOLUCIÓN ECONÓMICA DE LA UNIÓN SOVIÉTICA


El factor fundamental desencadenante de la revolución de febrero-octubre de 1917
fue la participación rusa en la 1ª GM. Un esfuerzo bélico imposible de soportar por un
Estado atrasado y en situación de inferioridad militar terminó siendo inaceptable para
la mayoría de la población. Los sucesos de febrero condujeron al derrocamiento del zar
y parecieron encarrilar la situación hacia una institucionalización de tipo occidental,
pero la dinámica de la crisis condujo a la toma de poder por parte de los bolcheviques.
Enfrentados a una paz excesivamente costosa con Alemania y a una guerra civil, los
bolcheviques propusieron un tránsito acelerado hacia el socialismo, a partir de medidas
64
como el control obrero de las empresas, efectivizado a través de los soviets, la creación
del Consejo Superior de la Economía Nacional, la nacionalización del sistema bancario
y de las principales industrias, y el reparto entre los campesinos de la tierra expropiada
a los grandes propietarios. A medida que la situación se fue agravando, creció el papel
del Estado en la producción (mediante la supresión del control ejercido por los
trabajadores) y distribución de bienes. El problema principal fue el abastecimiento de
las ciudades y del frente militar, dado que las expropiaciones de las cosechas fueron
resistidas por los campesinos.
Asegurado el triunfo en la guerra civil, hacia fines de 1920 Lenin propuso un cambio
destinado a superar la caída vertical de los niveles de producción. La estrategia se
conoce como “Nueva Política Económica”, NEP, y se sustentaba básicamente en:
 Resistir el aislamiento internacional.
 Restablecer la colaboración entre el Estado y los campesinos.
 Concretar la recuperación a partir del desarrollo de la agricultura.
La decisión crucial era estimular la producción agraria gracias a la libre
comercialización de las cosechas, el traspaso sin restricciones de la tierra y la
utilización de mano de obra asalariada. Se impulsaba un retorno a las actividades
propias del capitalismo. La industria podría incrementar su producción gracias a la
demanda de los campesinos. La idea era disponer a mediano plazo de excedentes para
montar una industria pesada.
Pasados 3 años, el éxito de la NEP se manifestó en un aumento significativo de la
producción agrícola y de la industrial, pero se ahondaron las diferencias sociales entre
los campesinos. Además, la recuperación de la agricultura no se asentó en la
mecanización.
Para los dirigentes bolcheviques, la NEP fue objeto de un profundo debate. Un sector
la defendió: el apoyo a los campesinos significaría más producción, más alimentos para
las ciudades, más materias primas para la industria, más exportaciones, mayor
demanda de productos industriales. La oposición, por su parte, sostenía que había que
subordinar el desarrollo agrario a las necesidades del crecimiento industrial. El triunfo
de la corriente liderada por J. Stalin marcó el rumbo a seguir: se aplicó la variante
propuesta por la oposición, en una variante extrema que implicaba el fin de la
propiedad privada y de la agricultura mercantil, reemplazadas por un rápido proceso
de colectivización y por el control estatal de los procesos de comercialización. Esta
drástica reorientación, componente crucial del llamado “estalinismo”, dejó una
profunda marca en el desarrollo económico soviético.

c. La crisis de los años 30


El crac de la Bolsa de Nueva York de octubre de 1929 fue el punto de arranque de
una depresión que se extendió al conjunto del mundo capitalista. Se caracterizó por
una profundidad y extensión inéditas, puesto que la actividad económica no se
recuperó hasta ’37.
Frente a estos problemas se verificó un avance importante de la intervención del
Estado, desde el New Deal de F. Roosevelt hasta la economía nazi, justificado luego por
el inglés J.M. Keynes (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, 1936) que
cuestionaba las bases de la economía liberal. La crisis puso en primer plano la
inestabilidad del capitalismo, y para algunos incluso su viabilidad.

EL CRAC DE LA BOLSA DE NUEVA YORK


La situación general hacia fines de los ’20 hacía prever la llegada de una recesión
más o menos significativa. La depresión mundial tuvo su origen en EU, en particular por
la política respecto de los tipos de interés y las repercusiones del freno de su
actividad económica.
65
El primer tema se relaciona directamente con el constante aumento del precio de las
acciones desde ’27, que facilitó la especulación en base a créditos baratos y a la
confianza en el sistema. El marco general era el de la coexistencia de 3 centros
financieros mundiales: Londres y, luego de la guerra, París y Nueva York. Esta nueva
realidad hacía más complejas las transacciones y permitía que los fondos se trasladaran
de una plaza a otra (según los tipos de interés, según los problemas de cada moneda o
según la confianza), creando una situación de potencial inestabilidad inédita.
En estas condiciones, la medida de la Reserva Federal para frenar la especulación
fue elevar el tipo de descuento [¿interés?], decisión que trascendió las fronteras al
atraer el dinero de las otras plazas. El flujo de capitales hacia el exterior se redujo a la
mitad en 1927-29.
La interrupción de los préstamos afectó seriamente a los países de Europa C y AL,
que se habían endeudado y dependían del capital importado para mantener su
equilibrio exterior. Estos países debieron adoptar duras medidas: ajustes internos
destinados a obtener recursos para enfrentar las obligaciones exteriores y restricción
de las importaciones. Todo esto repercutió en la actividad interior y en el comercio
internacional.
Cuando empezaban a sentirse los efectos de la disminución del crédito, se produjo la
circunstancia más grave que contribuyó a desencadenar la crisis: el retroceso de la
actividad en EU. Haya sido por causas reales o monetarias, las repercusiones sobre la
economía mundial fueron muy negativas: se produjo una nueva reducción en el crédito
y se redujeron las importaciones norteamericanas. La importancia de estas para el
comercio de las materias primas activó un derrumbe de los precios internacionales, que
ya estaban disminuyendo.
En medio de este proceso se produjo el hundimiento de la bolsa. Se paralizó la ola
especulativa y en un par de días las acciones cayeron verticalmente y no se repusieron.
No hay duda de que el crac no fue la causa de la depresión, sin embargo desencadenó
una tremenda crisis de confianza en el conjunto del sistema: los inversores huyeron de
la bolsa, el dinero fue retirado de los bancos, y la reducción de gastos se extendió a
todos los niveles y afectó los niveles de producción, de operaciones bancarias y de
precios, con el inmediato correlato sobre el nivel de ocupación.
Existe un gran consenso sobre que los problemas del sistema bancario fueron el
factor individual de mayor influencia sobre la depresión.

LA DIFUSIÓN DE LA CRISIS HACIA EUROPA


El derrumbe en Europa comenzó con la quiebra del banco más prestigioso de Au en
V/’31, punto de partida para una fuga de capitales en Al, In y EU, que terminó con el
patrón oro y el sistema financiero montado a su alrededor. Al e In adoptaron salidas
divergentes. En Al descartaron la devaluación del marco por temor a la inflación,
optando por subir los tipos de interés: cayó la actividad y se incrementó el desempleo.
En In, frente a la inestabilidad financiera, por primera vez dejaron libre la libra
esterlina. La decisión fue acompañada por el abandono del patrón oro por más de la
mitad de los países del mundo, que no querían verse descolocados en su posición
comercial.

LA DEPRESIÓN EN EL RESTO DEL MUNDO


Con la importante excepción de la US, la crisis se extendió por todo el mundo y se
manifestó sobre todo en el comercio exterior. El deterioro de los términos de
intercambio fue significativo pero variable.
La mayor parte de los países periféricos adoptó medidas activas: abandono del
patrón oro, control de las importaciones, impulso a la industrialización sustitutiva, etc.
La evaluación es en general positiva, pues la mayoría de los países avanzaron hacia un
nuevo patrón de acumulación en el que la industria ganó importancia. De cualquier
66
manera, los resultados globales fueron modestos: el crecimiento de los ingresos por
habitante fue menor a las décadas anterior y posterior.

LAS REACCIONES FRENTE A LA CRISIS


La depresión produjo una fuerte conmoción en el escenario financiero (ej.
impedimento de la repatriación de capitales) y en el comercio internacional. Las
modificaciones en los tipos de cambio dificultaron los movimientos de capitales. El
comercio se vio afectado también por las restricciones a las importaciones en tanto
cada gobierno perseguía ante todo la recuperación interna.
Los controles fueron de 2 tipos:
 Control de los pagos de importaciones y exportaciones, con regulación estatal.
 Políticas arancelarias, que se aplicaron en todos los países para proteger las
manufacturas propias y, en mayor medida, los productos agrícolas de la
competencia exterior.
El colapso de la economía condujo a pensar que era necesaria la colaboración
internacional para combatir la crisis y para iniciar el proceso de recuperación. La crisis
también afectó significativamente el terreno de la teoría económica. Frente a la
insistencia de los neoclásicos, surgieron cada vez más los heterodoxos que
recomendaban una política activa. La manifestación más elaborada e influyente fue la
de Keynes.

LAS POLÍTICAS NACIONALES


En Estados Unidos, el demócrata Roosevelt (1932) implementó lo que se conocería
como “New Deal”, basado en el intervencionismo: asistencia a los desocupados, precios
regulados para agricultores, grandes planes de obra pública, garantías para los
depósitos bancarios, remodelación del sistema financiero. La consecuencia de esta
política fue un incremento discreto del déficit presupuestario. Los logros fueron
limitados: la desocupación se mantuvo elevada y la inversión privada no se recuperó
hasta que empezó el rearme. Sin embargo, sin su implementación la crisis hubiera sido
peor.
La política económica en Inglaterra estuvo condicionada por el abandono del patrón
oro en IX/’31. Por una parte, hubo una recuperación más pronunciada y sostenida que
en los otros países industriales. Por otra, el desempleo no descendió mucho y la
orientación económica hacia el interior condujo a una pérdida de competitividad y a
una fuerte concentración empresarial. La política de preferencias imperiales potenció
esta situación.
En Alemania, el incremento de la tensión social y de la radicalización política
producto de la crisis fueron algunos de los factores que permitieron el ascenso de A.
Hitler. La política económica de los nazis se caracterizó por un alto grado de
intervención del Estado (creación de empleos, economía de rearme, etc.), en
consonancia con el objetivo del control totalitario del Estado. La evolución económica
fue muy positiva hasta 1939. Esta política, sin embargo, se inscribía en los objetivos
políticos del nazismo, que consistían en la represión de los trabajadores, una estrategia
de dominación europea y una programa racial.
Francia decidió permanecer dentro del patrón oro, obligándose a aplicar políticas de
deflación. Los precios cayeron y aparecieron las tensiones sociales y la retracción de
las inversiones. Los resultados del triunfo de la izquierda en ’36 y de la aplicación de
medidas influenciadas por el New Deal fueron nulos: cuando el aumento de la
producción todavía no se había estabilizado, el traslado de los incrementos salariales a
los precios disparó la inflación, reapareciendo la agitación. La situación no se estabilizó
un poco hasta ’39, junto con el aumento del gasto público de guerra.
67
COLECTIVIZACIÓN Y PLANIFICACIÓN EN LA UNIÓN SOVIÉTICA
El modelo de acumulación que se implantó en la US a partir de ’29 priorizó el
desarrollo industrial a expensas de una agricultura colectivizada que aportaba los
recursos para financiar el crecimiento por medio del manejo del Estado.
La transformación del campo hizo desaparecer la propiedad privada de la tierra,
reemplazada por las cooperativas (koljoses) y las granjas estatales (sovjoses), con
resultados muy modestos. Hasta ’41 se impulsó un desarrollo industrial acelerado con
primacía de la industria pesada.
El crecimiento, concretado a expensas del consumo privado, fue mucho más
“extensivo” que “intensivo”, basándose en la abundancia de materias primas, mano de
obra y financiación, pero sin mejorar su eficiencia. Los recursos fueron obtenidos por
medio de la presión fiscal y de la política de precios (intercambio desigual para la
producción agrícola), la gestión estatal los canalizó hacia las empresas industriales por
medio de un aparato burocrático-administrativo que era el responsable de dirigir y
organizar el funcionamiento económico y social, sometido a la decisión del Estado,
confundido con “todo el pueblo”.

d. La Segunda Guerra Mundial


Además de la profunda crisis económica, en los años ’30 se activó un agudo conflicto
ideológico que culminó en una guerra general. A diferencia de 1914, el enfrentamiento
se extendió a escenarios no europeos e incluyó como rasgo distintivo un componente
racista que condujo a una matanza en los territorios conquistados por los nazis,
situación que no encajaba en la “lógica” de la guerra.
Por otro lado, la invasión alemana de la US y la japonesa de EU trajeron como
consecuencia una alianza (EU, In y US) con enormes consecuencias para el futuro. En
efecto, la debacle nazi fue el punto de partida para el avance del Ejército Rojo sobre
Europa E y la posterior conformación de un bloque socialista controlado por la US. A su
vez, EU tuvo una intervención mucho más activa y prolongada que en la 1ª GM, situación
que se prolongó durante la posguerra para no cometer los mismos errores que no
permitieron la estabilización en ’19. Justamente, el no retorno estadounidense a su
aislamiento tradicional llevó rápidamente a un choque con la US, en lo que casi de
inmediato se denominó “guerra fría”.

LA IMPORTANCIA ECONÓMICA DE LA GUERRA


La preparación alemana para la guerra estuvo pautada por la Blitzkrieg (“guerra
relámpago”) que económicamente implicaba que no se le exigiera al sistema mucho
más que en tiempos de paz. A partir de ’39 no se produjo una reorientación estructural
de la economía, sino recién desde principios de ’42 con el freno del avance en R.
[ver Cuadro 4, p. 447]

LA ECONOMÍA DE LOS PAÍSES COMBATIENTES


Durante la guerra la producción mundial creció 15-20%, pero con grandes
diferencias entre los países.
Ninguna nación involucrada creció tanto como Estados Unidos, que llegó a doblar el
crecimiento de la 1ª GM. Esto se debió a una desviación de recursos hacia la industria.
Todas las ramas se beneficiaron, pero en mayor medida las vinculadas a la guerra.
Inglaterra sustentó su economía en la idea de “guerra total”, por lo que se desviaron
recursos hacia fines militares. La intervención estatal se profundizó: racionamientos,
control sobre la población civil, distribución de las materias primas, reorientación de la
mano de obra. Si bien se desarrolló la industria bélica, se produjo una notable
reducción en el consumo civil. La capacidad exportadora se vio perjudicada, por lo que
68
fue necesario negociar con EU para obtener materias primas, alimentos y armas
gratuitamente durante la guerra.
El abandono de la guerra relámpago llevó a intensificar la producción bélica
alemana. En el último año de la guerra se observó el mayor crecimiento de la capacidad
de fabricación, volcado hacia una producción masiva, dado que el reclutamiento de la
mano de obra calificada obligó a reemplazar cantidad por calidad. De los países
ocupados se extrajeron gran cantidad de recursos.
La Unión Soviética se vio involucrada en la guerra cuando todavía no había
terminado su industrialización acelerada. Ocupadas en poco tiempo las regiones de
mayor dinamismo industrial, el país se vio sometido a un enorme esfuerzo, costeado por
la población: las pérdidas humanas se han calculado en 25M de personas. Mientras la
industria de armamentos creció un 150% en 1940-44, la producción agraria y de bienes
de consumo y los salarios se redujeron a la mitad.

LA GUERRA Y EL MUNDO
El impacto producido por la guerra fue mucho mayor que el de la primera, en tanto
que el conflicto se extendió a casi todo el planeta. Hubo 2 consecuencias principales
sobre el comercio internacional:
 Inversión en los términos de intercambio, en perjuicio de las economías europeas
desarrolladas, importadoras en gran escala.
 Disminución de los “ingresos invisibles” de los países europeos al trasladarse el
control de los mares a EU.
Como en la 1ª GM, se aceleró el desarrollo industrial en los países importadores de
manufacturas, pero el impacto fue más complejo ya que también escasearon las
maquinarias e insumos industriales. La industrialización sustitutiva, salvo en Australia
y Canadá, debió limitarse a la implementación de desarrollo tecnológicos sencillos, sólo
factible en la actividad alimentaria, textil, etc.

LA PREPARACIÓN DEL FUTURO


Hacia el fin de la guerra, la futura situación mundial era casi impredecible. Ningún
enfrentamiento había sido tan destructivo ni había sido precedido por una crisis como
la de los ’30. Por lo tanto, era una demanda generalizada la creación de un nuevo orden
económico internacional. Sin embargo, no estaban claras cuáles debían ser sus
características.
El resultado se concretó en la conferencia de Bretton Woods (44 países) de 1944.
Allí se firmaron los acuerdos de creación del FMI y del Banco Mundial. El consenso
alcanzado se basaba en el establecimiento de mecanismos que aseguraran la libre
circulación de bienes y servicios y en la creación de un sistema monetario a mitad de
camino entre los tipos de cambio fijos y los flexibles. Las dificultades de los primeros
años de la posguerra impidieron que los acuerdos de Bretton Woods se pusieran en
práctica, pero resultaron fundamentales en la etapa de “prosperidad” de los ’50 y ’60.
[ver O. Ferrari, p. 303]

3. La expansión de la segunda posguerra (1945-73)


El período que se inicia en 1945 y finaliza a principios de los ’70 está atravesado por
2 procesos de enorme significación:
 Un crecimiento económico sin precedentes, con profundas repercusiones
sobre el conjunto de la sociedad.
 El enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Ambos están estrechamente vinculados, en tanto el conflicto E-O incluye un
componente económico básico: el capitalismo se enfrenta al socialismo, portador de un
mensaje revolucionario sustentado en un modo de producción radicalmente distinto.
69
Esta situación, sumada a los problemas de la economía occidental de esos años,
determinó que la expansión del capitalismo fuera acompañada por una creciente
presencia del Estado, con el fin de asegurar las condiciones mínimas de reproducción
del sistema.
Uno de los rasgos de la economía fue la expansión de la oferta de una diversificada
gama de bienes de consumo. El “triunfo de la tecnología” fue acompañado por la
necesidad de dar salida a los excedentes de producción, para lo cual el desarrollo de las
técnicas publicitarias condujo a la consolidación de la “sociedad de consumo”.
Frente a estos “logros”, el mundo socialista intentaba, con algunos éxitos
cuantitativamente destacados pero con fuertes desequilibrios, consolidar el desarrollo a
partir del papel casi excluyente del Estado en todos los ámbitos de la economía.
El mundo “periférico” participó también de la expansión, pero el crecimiento
demográfico y la continuidad en muchas regiones de la dependencia de la exportación
de materias primas y alimentos mantuvo y/o amplió la brecha respecto del mundo
desarrollado. Sólo algunos países del sudeste asiático transitaron un camino más
“exitoso”.

a. La “anomalía” en cifras
Las tasas anuales de crecimiento en 1950-73 contrastan claramente con los períodos
anterior y posterior. La tendencia involucró a todo el mundo, con importantes matices:
 Al existir enormes desigualdades en el punto de partida, no se produjo un
acortamiento significativo en las distancias entre los países desarrollados y el
resto.
 El elevado crecimiento demográfico de los países atrasados determinó que el
crecimiento del PBI fuera mucho más moderado.
[ver Cuadro 5, p. 451]

b. El punto de partida: las pérdidas de la guerra y la reconstrucción


Las pérdidas materiales de la 2ª GM fueron mucho mayores que los de la 1ª y
además de Europa las experimentaron África N y Asia SE. La destrucción de viviendas
llegó al 25% en Japón y al 20% en Al, Pol y Gr. Los sistemas de transporte sufrieron una
casi total paralización. En la agricultura, la producción cayó en todas partes debido a la
falta de mano de obra, pérdida de ganado, etc. Los daños fueron mucho mayores en
Europa C-E.
A diferencia de 1918, los vencedores no establecieron tratados de paz inviables.
Luego de las conferencias de Yalta y Postdam, los líderes de In, EU y la US concretaron
una división de Europa en esferas de influencia occidental y soviética, punto de partida
para la conformación de los dos bloques. Los soviéticos quedaron en una posición
inmejorable para presionar sobre sus futuros satélites: Pol, Ch, Hu, Rum y Bul.
EU era el único país capaz de suministrar recursos para la reconstrucción, pero no
sólo había que pagarlos sino que había que devolverle lo prestado durante la guerra. La
limitada ayuda inicial adquirió otra dimensión con el Plan Marshall (‘47), que se
enmarcaba en un cambio trascendental de la política exterior (la “doctrina Truman”)
que implicaba apoyar a los “pueblos libres” frente a la amenaza comunista y que se
efectivizó a través de ayuda económica y financiera “esencial para la estabilidad
política”. Los beneficiarios, Europa O y J, pudieron reducir el déficit en la balanza
comercial e impulsar la actividad industrial; el plan fue también la punta de lanza para
el ingreso de las grandes empresas norteamericanas en el mercado europeo.
70
c. La dinámica del crecimiento occidental en los años 50 y 60
LA OFERTA DE TRABAJO Y CAPITAL
El crecimiento económico se vio favorecido por una oferta abundante de trabajo,
resultado de:
 Crecimiento demográfico significativo.
 Ampliación de la población activa por la incorporación masiva del trabajo
femenino.
En el período, las tasas brutas de inversión en RFA, F e It fueron mucho más elevadas
que en los 50 años anteriores y estuvieron acompañadas por un elevado crecimiento del
PBI.

EL PROGRESO TÉCNICO Y LAS MODIFICACIONES EN LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO Y DE LA


EMPRESA
Después de la 2ª GM se produjo una remodelación del aparato productivo. Los
campos donde se concretó el progreso técnico fueron muy amplios: multiplicación de
las materias primas, desarrollo de nuevas maquinarias y técnicas de producción,
avances en la extracción de recursos naturales, en los transportes, en el tratamiento y
transmisión de la información.
Esta revolución tecnológica era un componente central en los 3 elementos
fundamentales del aparato productivo posbélico:
 La producción en masa.
 La automatización, y luego la computadora, permitieron reducir los costos de
producción de bienes de calidad.
 La industrialización de la ciencia, que se incorporó de manera estructural a la
producción.
El Estado cumplió un papel destacado, siendo las cuestiones militares, la carrera
espacial y el desarrollo nuclear donde se hicieron las mayores inversiones.

EL PAPEL DE LA DEMANDA
La conformación de una sociedad de consumo de masas tuvo como uno de sus
pilares el incremento de los salarios reales, resultado a su vez de la introducción de
innovaciones técnicas y en la organización del trabajo. [ver Cuadro 6, p. 455] Un
elemento adicional en el crecimiento de la demanda fue el gasto social del Estado, que
amplió los sectores que podían participar de la demanda.
Junto con la demanda interior creció el comercio exterior, fundamentalmente por 2
factores:
 Liberalización del comercio exterior, baja sustancial de los aranceles y desarrollo
de formas de cooperación económica.
 Reducción de los costos de transporte, resultado del progreso técnico y del bajo
precio del petróleo.

EL SISTEMA MONETARIO
De los acuerdos de Bretton Woods surgieron las pautas para un sistema monetario
basado en paridades fijas y en el respaldo de monedas fuertes. Su funcionamiento
dependía de la situación dominante de EU, país acreedor del mundo occidental.
El sistema se denominó “patrón de cambios oro”, e incluía la libra esterlina y el
dólar como divisas de reserva, aunque sólo predominó esta última. Se estableció un
valor fijo de U$S 35 por onza de oro. La hegemonía del dólar durante los ’50 y parte de
los ’60 aseguró una estabilidad monetaria que contribuyó al crecimiento económico.

d. El comportamiento de los principales países industriales


71
Al finalizar la guerra, Estados Unidos concentraba la mayor producción
manufacturera y las mayores inversiones en investigación. Rápidamente la industria
bélica se reconvirtió hacia la producción de bienes de consumo, alentada por la
reducción de impuestos y el mantenimiento de un elevado gasto público.
Los ’50 mostraron que la hegemonía estadounidense no iba acompañada de la
estabilidad en el crecimiento, cada 2 ó 3 años se sucedían las recesiones. En 1961
retornaron los demócratas con J.F. Kennedy y su sucesor L.B. Johnson, que tuvieron
como prioridad el desarrollo económico. Una política fiscal activa y la utilización
sistemática del déficit fueron los instrumentos del gobierno. Hubo un crecimiento
sostenido del PBI durante los ’60, sin embargo a largo plazo la inflación no pudo ser
detenida.
El republicano Nixon aplicó medidas ortodoxas de ajuste monetario y
presupuestario, suspendió la convertibilidad del dólar en oro y estableció estrictos
controles antiinflacionarios. El resultado fue recesión y desocupación, sin que pudiera
ser controlada la inflación.
En Inglaterra, el gobierno laborista de 1945-51 planteó una economía basada en los
“principios keynesianos”. La consolidación del Estado de bienestar, el pleno empleo y la
nacionalización de un sector significativo de la estructura industrial, financiera y de
servicios fueron sus componentes principales.
Hacia fines de los ’40 las dificultades de la libra y los problemas de la economía
internacional obligaron a una devaluación del 30% y hundieron a los laboristas. Estos y
los conservadores se alternaron en el poder por los siguientes 30 años, sin producir
modificaciones importantes en la estructura productiva. La inestabilidad y el
crecimiento mediocre, entre otros factores, hicieron que la sociedad atribuyera al
Estado toda la responsabilidad, abriendo el camino al retorno de un liberalismo
intransigente, con M. Thatcher (1979-90) a la cabeza.
Francia es el ejemplo más concreto de desarrollo de una economía mixta,
relacionada con los planes elaborados durante la resistencia, con mayoría de
comunistas y socialistas. C. de Gaulle compartía la idea de atribuir al Estado un papel
mucho más activo. El proceso de nacionalización de la posguerra fue muy amplio. El
pilar básico de la economía fue la planificación estatal, que apuntaba a guiar la
producción más que a controlarla, basándose en los sectores de la industria pesada
considerados prioritarios.
El sector agrario completó su reconversión, disminuyendo la población activa y
aumentando la producción. La industria se renovó totalmente y aumentó su
competitividad.
El llamado “milagro alemán” se produjo en los años siguientes a la división del país,
con un crecimiento promedio del PBI del 14% anual. El elemento clave en este proceso
fue la decisión estadounidense de asegurar su reconstrucción en el escenario de la GF.
La tradicional capacidad de Alemania en la industria pesada le permitió reingresar en
condiciones favorables al contexto de un mercado internacional impulsado por las
tendencias liberalizadoras.
La Unión Demócrata Cristiana gobernó hasta ’66, introduciendo la “economía social
de mercado”, línea rectora liberal acompañada de la cogestión obrero-empresarial,
modestos gastos sociales, etc. La llegada de los socialdemócratas no modificó esta
situación y agregó por ejemplo la financiación deficitaria del presupuesto. Así, la RFA
se alejó de su punto de partida liberal y avanzó hacia una economía mixta. El ritmo de
crecimiento a menor velocidad desde ’53 no le impidió seguir ejerciendo el liderazgo en
Europa O.

JAPÓN
72
El crecimiento económico de Japón es fácil de comprobar pero mucho más difícil de
explicar. En el período 1950-73 creció en promedio 9.2% anual frente al 6% de RFA, el
de mejor comportamiento entre los occidentales.
Desde antes de la guerra, J era una potencia asiática, registrando la tasa más alta de
crecimiento de PBI del mundo en 1913-38. Hay consenso sobre que la “era Meiji” (1868-
1912) fue el período en que se sentaron las bases del crecimiento. Fue el momento de
retorno de la autoridad del emperador, abolición de los clanes feudales, de los gremios
y monopolios estatales, de la creación de un sistema fiscal eficiente y de la
implementación de una reforma agraria que favoreció a los grandes propietarios. El
papel del Estado fue fundamental, compensando la ausencia de una clase empresarial
importante que impulsara el capitalismo.
La 2ª GM fue para J un desastre militar y económico: perdió sus colonias y sus
inversiones en Manchuria y China. La actitud de los vencedores fue variable, según los
cambios en la política internacional. La postura inicial de abandonar a J a su suerte se
modificó por el inicio de la GF y del triunfo de la revolución en China. La
reconstrucción y el apuntalamiento del país pasaron a considerarse fundamentales
como bastión contra el socialismo. La guerra de Corea (1950-53) fue definitoria: la
demanda del ejército estadounidense potenció la recuperación del país colocándolo en
el rumbo del crecimiento acelerado.
[Leer p. 461]

e. Las economías de Europa del este


La guerra afectó de modo dramático la economía de Europa C-E. El control político
que la US se aseguró en la región determinó que se adoptara el modelo estalinista de
desarrollo, a partir de una estatización progresiva de los medios de producción. En un
primer momento la gestión estatal contó con un apoyo destacado de la población.
El objetivo esencial de la política económica fue la industrialización autárquica,
basada en la nacionalización generalizada, casi completa hacia ’49 y ampliada hacia la
banca y el comercio. En la agricultura, en cambio, se reconoció que la nacionalización
generalizada era impracticable, dado el fuerte apego de los campesinos a la tierra. El
resultado de la redistribución fue una fragmentación extrema de la propiedad. El paso
siguiente fue agruparlas en cooperativas. En Polonia subsistió la propiedad privada.
El otro elemento característico fue la planificación centralizada, orientada a obtener
altas tasas de crecimiento. Habría habido un crecimiento promedio del PBI del 7%
anual, superior a los países occidentales. La orientación ideológica determinó que la
industria tuviera prioridad sobre la agricultura, en particular la industria pesada. Al
igual que en la US, hubo un crecimiento extensivo que buscaba el aumento de la
producción a partir del incremento de los factores de trabajo y del capital. La
contrapartida fue el atraso del consumo y las limitaciones de la oferta de bienes y
servicios. La planificación tampoco liberó a las economías socialistas de las
fluctuaciones económicas.
Durante los ’60 se tomó conciencia de la necesidad de modificar el sistema. Sin
embargo, no hubo continuidad ni convicción en estos intentos:
 Introducción de incentivos propios de las economías de mercado.
 Estímulo a la autofinanciación de las empresas.
 Ampliación de la presencia privada en algunas actividades.
 Atenuación del monopolio sobre el comercio exterior.
A partir de esta década se produjo un freno en el crecimiento, mostrando las
limitaciones del modelo basado en la planificación centralizada y en la propiedad
estatal de los medios de producción. Su incapacidad para adaptarse a los cambios
tecnológicos del occidente fue una de las causas del colapso económico que abatió a la
Europa E.
73

f. La expansión económica en el resto del mundo


Los países periféricos en general compartían una situación de pobreza generalizada
y enormes dificultades para producir un despegue económico sostenido. El diagnóstico
que se formuló para superarlo y las medidas tomadas, salvo excepciones, coincidían en
que la producción primaria era insuficiente para sostener el crecimiento de un país, en
tanto sus precios se depreciaban internacionalmente respecto de los productos
manufacturados. La solución consistía en fomentar una industrialización sustitutiva de
importaciones destinada a abastecer los mercados internos y con una fuerte protección
estatal.
Inicialmente, estas políticas dieron resultados positivos. Pero cuando se intentó
pasar de la sustitución de bienes de consumo a la de bienes de capital, se hizo más
visible el atraso tecnológico, por lo que la protección de actividades poco competitivas
llevó a un incremento arancelario. La consecuencia fue el aumento de la inflación, que
desequilibró la balanza de pagos y forzó la devaluación.
Un pequeño grupo de países del sudeste asiático encaró desde los ’50 un
crecimiento sustentado en la exportación de manufacturas. Se expandieron los sectores
intensivos en trabajo (textil, electrónica, etc.) aprovechando la disponibilidad de mano
de obra barata y abundante. El Estado aportó subsidios a la exportación y facilitó la
apertura al capital extranjero. Los resultados fueron excelentes en Corea del Sur,
Taiwán, Hong Kong y Singapur, el núcleo de los países de crecimiento acelerado.
Una situación particular es la de los Estados involucrados en la descolonización del
s. XX. La independencia política de muchos países asiáticos y africanos no fue una
solución para sus problemas económicos: la miseria, agravada por el crecimiento
demográfico, resultó un decisivo condicionante para la estabilización de los gobiernos,
afectados también por la continuidad de la dependencia de las potencias coloniales.
Predominaron las dictaduras de las oligarquías o gobiernos revolucionarios de
inspiración marxista o de alguna variante nacionalista del socialismo.
Los intentos de estos gobiernos de impulsar el desarrollo de la agricultura, la
“revolución verde”, y de procesos de industrialización sustitutivos no dieron resultados
significativos. Hacia los ’70 los países descolonizados se podían clasificar
económicamente en:
 Países productores de petróleo.
 Estados con un nivel de desarrollo intermedio, basado en la exportación de
materias primas o en una estructura industrial más o menos estable, aunque
siempre poco competitiva.
 Países verdaderamente atrasados, agobiados por la carencia de recursos y
aplastados por un mercado interno casi inexistente.

g. La crisis de los años 70 y la inestables recuperación de los 80


El crecimiento mundial se detuvo en la década de 1970 y desde ’74 se produjo una
caída del PBI en la mayoría de los países industrializados. Esta nueva realidad se ha
vinculado casi exclusivamente con la “crisis del petróleo”. Sin embargo, las principales
economías ya estaban experimentando problemas que también explican la transición de
una fase de expansión sostenida a una de estancamiento.
Hacia fines de los ’60 la inflación, acompañante de todo el período de expansión,
empezó a tomar un ritmo preocupante y dio lugar a una oleada de aumentos salariales.
Por otra parte, el déficit en la balanza comercial de EU puso en primer plano la
sobrevaluación del dólar, situación que terminó conduciendo a Nixon a suspender la
convertibilidad de la moneda en ’71, con la consiguiente crisis en el sistema monetario
internacional.
74
Frente a esta situación, la mayoría de los gobiernos “recalentaron” sus economías,
conduciendo a incrementar la inflación. En ese escenario se produjo el aumento de
precios de las materias primas y la rápida subida del petróleo. Los países árabes de la
OPEP cuadriplicaron el precio del barril entre noviembre ’73 y marzo ’74, alegando
motivos políticos debido al apoyo occidental a Israel en la guerra de Yom Kippur. Los
efectos del aumento del petróleo sobre la economía mundial fueron devastadores. Por
una parte, se transformó en un factor inflacionario adicional y, por otra, tuvo efectos
depresivos sobre la producción de los países industrializados.
Durante los ’70 las tasas promedio de crecimiento fueron de menos de la mitad
respecto a los años anteriores, afectadas además por la “segunda crisis del petróleo” en
‘79 provocada por el conflicto entre Irán e Irak. Además, apareció una nueva
consecuencia de la crisis: la desocupación; llegándose a la inédita estanflación:
combinación de estancamiento con inflación. Los años ’80 fueron un período de larga
pero dificultosa recuperación.
Uno de los rasgos de la época fue el cuestionamiento al Estado de bienestar,
insistiéndose en el enorme nivel del gasto público dedicado a las prestaciones sociales,
agravado por el desempleo. La escuela monetarista, encabezada por M. Friedman
(UChicago), fue cada vez más tenida en cuenta a partir de sus recomendaciones de
control de la política monetaria y de mantenimiento de un rígido equilibrio
presupuestario.
Relacionado con éste, otro aspecto significativo de la época es la consolidación en EU
e In de políticas centradas en la reducción del gasto público y en el control de la oferta
monetaria, con el objetivo de mantener el equilibrio presupuestario. R. Reagan y M.
Thatcher marcaron el rumbo, convencidos también de la necesidad de recudir el
tamaño del sector público.
La coyuntura de los ’70 y ’80 marca el agotamiento del modelo de desarrollo basado
en el fordismo, la energía barata, el pleno empleo garantizado por el Estado y su activo
control de la demanda agregada. Simultáneamente fueron apareciendo elementos
inéditos, constituyentes de un nuevo paradigma tecnoeconómico basado en el
desarrollo de nuevos sectores (biotecnología, tecnologías de la información), de
energías alternativas, en la transformación de las prácticas productivas, etc.
Estas décadas fueron también las del hundimiento del modelo económico de la US y
de Europa E. La crisis del petróleo no los afectó de manera directa pero sí la inserción
creciente en un comercio internacional declinante. También hubo conciencia en los
gobiernos de la necesidad de adecuarse al nuevo paradigma, para lo que necesitaban
importar maquinaria y otros bienes de capital. Surgió así el problema de la deuda
externa.
Mientras tanto los problemas de la economía soviética se fueron agravando, signo
claro de que no habían funcionado las reformas implementadas, creando así las
condiciones para realizar profundas reformas que se materializaron bajo la gestión de
M. Gorbachov. Se trataba de modificar el sistema de planificación centralizada sin
aceptar al mercado como nuevo elemento dominante. La contradicción inherente a este
proyecto, sumada a los errores en su implementación y a la oposición, hizo inevitable su
fracaso.

h. Los años 70 y 80 en el resto del mundo. El problema de la deuda externa


La crisis de los ’70 tuvo un impacto diferencial sobre los países periféricos. Los
países petroleros se vieron altamente beneficiados. Para AL la coyuntura estuvo
marcada por el agotamiento del modelo sustitutivo, por el crucial problema de la deuda
externa y por la creciente injerencia del FMI y del BM y sus programas de ajuste
estructural. La situación más dramática fue la de los países africanos. La
75
industrialización iniciada en algunos países y las posibilidades de exportar los recursos
mineros no condujeron a resultados positivos.
El problema de la deuda externa fue determinante en estas décadas para los países
atrasados. La inestabilidad monetaria y financiera, los tipos de cambio flexibles y la
inflación internacional tuvieron una incidencia significativa en su surgimiento. El
aumento del petróleo produjo un cambio en el flujo financiero internacional, siendo
necesario volcar los petrodólares depositados en los bancos occidentales hacia
inversiones rentables. La liquidez internacional y el apoyo de los gobiernos llevaron a
las instituciones financieras a ofrecer préstamos en condiciones altamente favorables.
Las bajas tasas de interés y las facilidades de devolución llevaron a los países de
Europa E, AL y África al endeudamiento.
La coyuntura cambió en los ’80, con la caída de los precios de los productos
primarios, la política estadounidense de aumentar las tasas de interés para contener la
inflación, y la revaluación del dólar. Ya que el endeudamiento se había llevado a cabo
con tasas de interés variables, los países deudores se encontraron de repente con que
los servicios de la deuda eran más altos y que debían abonarse en moneda “dura”.
Polonia fue el primer país que suspendió sus pagos a fines de ’80, pero la situación se
volvió dramática cuando hizo el mismo anuncio el gobierno de México en agosto de ’82.
Se abrió así una nueva coyuntura para los países atrasados, determinada por la
negociación política del pago de una deuda externa que había alcanzado niveles
astronómicos y de imposible cumplimiento para los países que la habían contraído,
llegando en algunos casos al 40% del PBI del país.
76
Cap. 9
UN SIGLO DE GUERRAS Y REVOLUCIONES
C. Buchrucker, S. Dawbarn, J. Saborido y C. Ferraris

1. La Primera Guerra Mundial (1914-18)


No era la primera vez que las GP se encontraban al borde de un conflicto por una
cuestión balcánica. Sin embargo, ante el deterioro del sistema de equilibrio, se había
ido consolidando en algunos gobiernos la influencia del sector militar sobre el político.
Las elites de países como Al, Au-Hu y R soñaron con una guerra que parecía inevitable
y corta. Pero la guerra no era un resultado inexorable, como ya se había demostrado.
Hacía falta una ocasión, pero sobre todo la determinación de los gobiernos de aceptar
el recurso de la fuerza como la única opción.

a. Iniciativas y responsabilidades
Entre el 28 de junio (asesinato del archiduque por parte de una organización serbio-
bosnia) y el 28 de julio (declaración de guerra de Au-Hu a Serbia), se desplegó el
complejo proceso de política exterior que culminó en el enfrentamiento generalizado.
Las decisiones adoptadas en esos días fueron el fruto de una combinación de antiguas
tensiones, miedos acumulados y consideraciones inmediatas que surgieron en la
urgencia de la crisis. Por ello puede admitirse una responsabilidad compartida.
Aunque sin pruebas de la participación del gobierno serbio en el atentado de
Sarajevo, Au-Hu entrevió la posibilidad de castigar a Serbia y restaurar su prestigio de
GP. Con la convicción de que era totalmente necesario hacer algo y contando con el
“cheque en blanco” alemán, no quedaron dudas: el ultimátum se redactó de forma tal
que Belgrado no pudiera rechazarlo.
Al mismo tiempo, y pese a buscar una salida diplomática, el reino de Serbia se había
asegurado el respaldo ruso. Así, se arriesgaba a poner en riesgo el frágil equilibrio
bipolar europeo, ya que en el pedido de protección a San Petesburgo daban por
sentado que R no daría otra oportunidad a Au-Hu de expandirse en los Balcanes como
en 1908. Serbia pretendía dirigir el nacionalismo sudeslavo, cumpliendo el mismo papel
que el Piamonte.
Rusia fue culpable de no participar en una conferencia internacional y de ser la
primera potencia en movilizar la totalidad de su ejército, equivalente a una declaración
de guerra. La mayoría de los dirigentes rusos consideró la guerra como válvula de
escape a la elevadísima tensión social en las ciudades.
En Alemania la elite dirigente también tenía la convicción del inevitable choque
entre las 2 potencias (“no quedaba más remedio que desencadenar una guerra
preventiva”). Berlín consideró vital para su propia seguridad el fortalecimiento de Au-
Hu, que de inmediato debía atacar a Se. A esto se sumaba el deseo de superar las
limitaciones geoestratégicas de la “pesadilla del cerco” franco-ruso, al que su propia
política miope había llevado. Estos miedos estratégicos se plasmaron en el Plan
Schlieffen, de ataque rápido y sucesivo a F y R. La otra razón para ir a la guerra fue el
temor a los socialistas y a las demandas de mayor democracia.
El “segundo cheque en blanco”, el respaldo francés a R, ha dado lugar a toda una
discusión sobre la responsabilidad de F en el conflicto. Finalmente, el temor a una
pérdida efectiva de su posición mundial frente al desafío de una hegemonía alemana
continental y naval, definió la participación británica.
Todos efectuaron cálculos erróneos sobre la actitud que tomarían los demás. En el
caso de las grandes monarquías de Europa C-E fue evidente la falta de moderación y la
confianza desmedida en sus aliados militares. La parte del PBI destinada en los gastos
de defensa hacia 1914 ha puesto en duda el papel predominante de la carrera
77
armamentista en el estallido del conflicto armado, aunque indiscutiblemente
aumentaron la desconfianza y los miedos mutuos.

b. La guerra y sus etapas


Según el plan Schlieffen, Al se apresuró a atacar a F en una maniobra envolvente
que estuvo a punto de triunfar. Dos graves errores de cálculo hicieron fracasar el plan:
la neutralidad británica frente al ataque a Bé y la demora del ejército ruso en atacar el
frente oriental. El repentino ataque ruso obligó a movilizar parte de las fuerzas
alemanas, estabilizándose el frente contra los franceses, que ya contaban con el
decisivo apoyo inglés. Desde XI/’14 y durante la mayor parte de la guerra la lucha se
decidió en trincheras que sepultaron a millares de soldados.
En el E, la campaña contra Se terminó en un desastre para Au-Hu, que también fue
vencida por los rusos. Sólo la ayuda alemana pudo detener a éstos, aunque el continuo
drenaje de tropas desde el O tampoco pudo abatir al ejército zarista. Incapaces de
equiparar la capacidad bélica de sus enemigos, los rusos competían con su principal
ventaja: la superioridad de sus efectivos humanos. La retirada de 1915 utilizando el
método de tierra quemada y abandono de refugiados civiles sería fatal para la
monarquía. Luego de una espectacular ofensiva alemana en V/’16, R se hundió en sus
tensiones internas, intensificadas por la guerra total.
La Entente, pese a la deserción rusa en XI/’17, había logrado atraer a su bando a J,
It, EU, Rum, China y otros Estados menores.
En el O, la ofensiva alemana en Verdún (420m de muertos) y la anglo-francesa en el
Somme (1.2M de muertos) demostraron la ineficiencia de los golpes frontales, por lo
que las potencias decidieron atacar los flancos de sus enemigos. De esta forma, el
ataque anglo-francés en los Dardanelos y el alemán contra It también terminaron en
fracasos. Al se concentró entonces en los métodos indirectos, profundizando la guerra
submarina irrestricta, lo que equivalía a declarar la guerra a EU, principal proveedor de
los aliados. Menospreciando su capacidad bélica, Al desoyó las amenazas de EU, que le
declaró la guerra en IV/’17. La retirada rusa del mes anterior había permitido liberar al
ejército alemán del frente oriental, por lo que reforzaron los ataques en el occidental en
IX/’18. Sin embargo, el contraataque aliado en la segunda batalla del Marne empujó a
los alemanes al repliegue general.
Diversos factores barrieron las últimas esperanzas de las potencias centrales: la
imposibilidad de retirar todas las tropas del O, el refuerzo estadounidense, la rendición
turca, el deseo austríaco de terminar la guerra, la rendición búlgara.
El 28/IX el alto mando alemán reconocía la gravedad de la situación y reclamaba un
armisticio. Pero las condiciones del presidente W. Wilson, deseoso de destruir el
militarismo prusiano, también exigían la deposición de los Hohenzollern. En medio de
la revolución desatada a principios de noviembre, con sus ejércitos en campo enemigo,
sin sufrir una invasión y con su industria intacta, Al fue incapaz de reconocer
reflexivamente su derrota en el frente. Estas condiciones tendrían graves condiciones.

c. Repercusiones políticas internas


En todos los países el entusiasmo patriótico al iniciarse la guerra había disipado los
conflictos políticos internos y hasta los interétnicos. Pero una vez disipada la ilusión de
una guerra corta, los gobiernos hicieron todo lo posible para hacer frente a las
crecientes disidencias internas como a la guerra total.
El impacto de la guerra también agravó las tensiones entre el poder político, el
mando militar y la sociedad civil. La evolución de cada país no dependió sólo de las
armas; también de los condicionamientos políticos, económico-sociales y culturales
previos al conflicto.
Ninguna de las grandes monarquías de Europa C-E logró sobrevivir. En Au-Hu se
exacerbó la tensión entre el régimen autoritario y los reclamos autonomistas eslavos.
78
La tardía aceptación a sus demandas de libertad en el seno imperial ya no fue posible:
los pueblos postergados habían tomado el camino de la emancipación total.
Por su parte, el anacrónico régimen imperial alemán terminó cediendo durante el
conflicto a la autoridad de los mandos militares. El creciente descontento interno
terminaría con las últimas esperanzas de la monarquía.

EL GENOCIDIO ARMENIO
La 1ª GM significó una inédita “industrialización” de la matanza en los frentes de
combate. También el inicio de crímenes masivos y sistemáticos de un gobierno contra
civiles indefensos. Las incompatibilidades entre el nacionalismo turco y la identidad
armenia habían ido creciendo desde fines desde el s. XIX y ya en 1909 las autoridades
habían tolerado el asesinato de 30m armenios.
En el invierno de 1914-15 el gobierno turco decidió poner en marcha un gigantesco
operativo de “limpieza étnica”, considerando a todos los armenios potenciales
traidores. Una organización paramilitar realizó deportaciones en masa, internaciones
en campos de concentración y ejecuciones que dejaron en 1915-16 entre 1 y 1.5M de
muertos, sobre un total menor a 2M de armenios.

d. Las causas del triunfo aliado


Factores de distinta naturaleza aseguraron el triunfo de la Entente:
 Las fuerzas movilizadas (40.7M) superaron ampliamente a los 25M de los
imperios centrales.
 La participación estadounidense, japonesa e italiana le aseguró un poder naval
3.5 veces mayor.
 A fines de ’18 también era superior en tanques, aviones y tonelaje de los
barcos de guerra.
 Los alemanes contaron con los lanzallamas y los gases venenosos, inventos
letales.
 Las armas que demostraron su efectividad fueron la ametralladora
estadounidense y el cañón de 75mm francés, adoptados por los dos bandos.
Desde el punto de vista estratégico, la Entente además de utilizar el ataque frontal
continental, logró privar a sus enemigos de los suministros de ultramar gracias a la
primacía naval. Esto también le permitió a In contar con las tropas coloniales.
La estrategia continental también consistió en buscar la desintegración interna y la
desmoralización del Estado enemigo. Con este fin el ataque se dirigió sobre todo a los
socios más débiles de cada coalición. Los alemanes fomentaron la rebelión y apoyaron
las reivindicaciones nacionales de finlandeses, ucranianos, polacos y georgianos contra
R; de irlandeses contra In; y de flamencos contra Bé. Por su parte, la Entente incitó a la
organización de los nacionalismos polaco, checo y sudeslavo contra Au-Hu; y la
disconformidad armenia y árabe contra el Imperio Turco.
Todos estos factores fueron importantes en la victoria aliada, aunque hasta ’17 los
resultados militares mostraron un cierto equilibrio. A partir de esa fecha, cualquier
intento central chocó contra la supremacía material aliada. Si bien el peso militar de EU
no fue visible hasta ’18, ya se había verificado la importancia de su enorme estructura
productiva puesta al servicio de los aliados.
La guerra sangrienta terminó con las 3 grandes monarquías europeas, las mismas
que habían visto en la guerra un remedio contra los problemas internos y un medio
para fortalecer su posición a nivel mundial.

2. La Revolución rusa
Las dimensiones del desafío planteado por la revolución de 1917 fueron un
componente esencial de la dinámica política del siglo hasta el derrumbamiento de la
79
Europa del este en el proceso de 1989-91. Con independencia de lo ocurrido dentro de
la URSS, su propuesta obtuvo la adhesión de millones de personas en todo el mundo a lo
largo de varias generaciones, y otros millones se manifestaron, actuaron en incluso
desencadenaron confrontaciones sangrientas para evitar que el modelo soviético se
expandiera por el mundo.

a. El impacto de la guerra
La participación rusa en la guerra fue un factor fundamental en el estallido de la
Revolución de 1917. El atraso del país en su desarrollo económico y en el equipamiento
militar lo situaba en inferioridad respecto de los principales combatientes. Además, la
adhesión de la sociedad al Estado era limitada, sobre todo después de la revolución de
1905.
No obstante ello, previo a la guerra la evolución política de R presentaba graves
dificultades: fracaso del sistema constitucional de 1905, agotamiento de la política
reformista, incremento de la tensión social, etc.
Si bien el ejército venía mejorando su preparación, el enfrentamiento con el
poderoso ejército alemán y la prolongación de la guerra demostraron las graves
deficiencias estructurales del imperio. Las consecuencias políticas se manifestaron de
inmediato, sobre todo en la “desacralización” de la figura del zar. Al mismo tiempo, las
clases trabajadoras urbanas manifestaban su descontento por medio de huelgas y
movilizaciones.
En ese escenario, la situación de los partidos de izquierda era muy confusa. La
represión posterior a 1905 había golpeado muy duro a bolcheviques y mencheviques,
que ahondaron sus diferencias hasta separarse definitivamente del tronco
socialdemócrata en 1911. También afectó a los socialistas revolucionarios, herederos
del pensamiento populista con un fuerte arraigo entre los campesinos.
Hacia fines de ’16 el descontento por la marcha de la guerra y por el
comportamiento del zar (Rasputín, manejo personal de las tropas, etc.) era tan
generalizado que comenzó a plantearse seriamente la posibilidad de derrocarlo.

b. La revolución de febrero y la corta marcha hacia octubre


La hostilidad de los trabajadores urbanos hacia el régimen produjo su caída en el
momento en que a las manifestaciones obreras se sumó la negativa de los soldados a
reprimirlas. Fueron los trabajadores y los soldados, sin un encuadramiento definido en
las organizaciones políticas existentes, los protagonistas de la revolución del 23 al 27
de febrero.
Se instauró entonces en Petrogrado una situación de doble poder:
 Se estableció un gobierno provisional encabezado por el príncipe A. Lvov y
compuesto por liberales y el socialista A. Kerenski.
 Se estableció el soviet de obreros, campesinos y soldados, que contaba con el
apoyo de los protagonistas de la revolución.
En ese escenario se verificó un acentuado proceso de politización, incentivado por
una guerra cada vez más rechazada por la sociedad. Los reclamos obreros y
campesinos pasaron rápidamente del ámbito económico al político.
Los partidos liberales pretendían continuar la guerra para obtener anexiones
territoriales. Los mencheviques, continuarla y al mismo tiempo buscar la paz. La
situación se modificó cuando en abril llegó Lenin del exilio suizo, ayudado por los
alemanes a cruzar el frente. Aun con la oposición inicial de los dirigentes bolcheviques,
su postura fue tomar el poder para iniciar la transición hacia el socialismo. Respecto de
la guerra su posición fue una “paz sin anexiones ni indemnizaciones”.
Mientras tanto, el resto de las organizaciones políticas se veían incapaces de
resolver el problema de la guerra. El gobierno provisional continuó la guerra pero no
pudo promover la realización de un acuerdo de paz. En relación a la política interior,
80
postergó innecesariamente la convocatoria a una asamblea constituyente y no tomó
medidas sobre la cuestión agraria, temeroso de que cualquier política de reparto
produjera deserciones masivas en un ejército mayoritariamente campesino.
El clima era favorable a las posturas radicalizadas bolcheviques. Sin embargo, un
intento prematuro de toma del poder en julio terminó con la proscripción del partido.
Sólo la tremenda debilidad del gobierno, conducido ahora por Kerenski, evitó que el
partido desapareciera de la escena política. En ese contexto, y agravado por la crisis
económica creciente, Lenin desde Finlandia comenzó a preparar la insurrección.
Contaba para ello con la influencia de L. Trotsky, de reciente incorporación al partido y
que ejercía el control sobre el Soviet de Petrogrado.
Superada la oposición por la capacidad de Lenin para presionar a sus compañeros,
la milicia bolchevique (la Guardia Roja) se hizo fácilmente con el poder en 24-25 de
octubre, en una operación minuciosa en la que participaron pocos miles de militantes
aprovechando que Kerenski había salido de la ciudad. La toma del Palacio de Invierno
simbolizó el triunfo de los bolcheviques. Reunido el mismo 25 el II Congreso Nacional
de los Soviets, Lenin anunció el triunfo ante la oposición de mencheviques y socialistas
revolucionarios, que se retiraron.

c. Brest-Litovsk, guerra civil y comunismo de guerra


El primer Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), liderado por Lenin, sólo
contó con el apoyo de los socialistas revolucionarios de izquierda. Las medidas iniciales
apuntaban a satisfacer las demandas de las masas:
 Reparto de tierras, sancionando oficialmente lo que los campesinos estaban
haciendo de hecho.
 Establecimiento del control obrero de la producción.
 Inicio de las negociaciones de paz unilaterales con Alemania.
A pesar del derrocamiento del gobierno provisional, la situación permanecía abierta
ya que con anterioridad se había convocado a la asamblea constituyente. Las elecciones
dieron el triunfo a los socialistas revolucionarios con más del 40%, frente al 24% de los
bolcheviques. Por ello sólo permitieron un día de deliberaciones, mostrando su
voluntad de no compartir el poder con nadie.
Los primeros meses mostraron las dificultades a las que se enfrentarían. En el
campo, el reparto de tierras del que participaron los soldados que abandonaron en
masa el frente, produjo una catástrofe económica al no permitir el fraccionamiento la
generación de excedentes. Los campesinos tampoco estaban interesados en producirlos
ya que eran pagados con rublos sin valor. La industria, socializada por los obreros de
los soviets locales, se desintegró.
En el campo político, la ausencia de un control efectivo sobre grandes áreas del país
llevó a la prohibición de los partidos, la creación de una policía política y del Ejército
Rojo. Inmediatamente después del triunfo bolchevique comenzó el peligro
contrarrevolucionario a partir de los “ejércitos blancos” organizados por generales
zaristas. También estallaron los reclamos nacionalistas. Hacia 1897 sólo 44% de la
población hablaba ruso, el resto se dividía en 85 grupos lingüísticos diferentes.
Sin embargo, el principal problema fue terminar con la guerra, mientras se esperaba
el estallido de la revolución en Occidente, circunstancia considerada fundamental por
Lenin. Las negociaciones con Al terminaron el III/’18 con el tratado de Brest-Litovsk.
Las condiciones eran tan duras (entrega de la región báltica, de Finlandia, de Ucrania y
de zonas de Transcaucasia) que Lenin tuvo que apelar a toda su autoridad para que
fuera ratificado por la cúpula del partido.
Las repercusiones fueron enormes: se implantó el “comunismo de guerra”, control
de la vida económica por parte del Estado que incluía requisas sobre la producción
81
campesina, la estatización de la industria y el “terror rojo” (represión de toda disensión
y afianzamiento del régimen de partido único).
Los antes aliados a R se mostraron dispuestos a intervenir: los japoneses en
Vladivostock y británicos y franceses en Odessa, aunque por poco tiempo. En esas
condiciones se desplegó con toda su fuerza la guerra civil de 1918-21. Diferentes
ejércitos (con base en Liberia, Ucrania, Crimea, Estonia) amenazaron por más de dos
años al poder bolchevique. La oposición en el campo contra los bolcheviques a
consecuencia de las brutales expropiaciones de excedentes, no fue aprovechada por los
“blancos”, que actuaron de forma descoordinada, se enajenaron a los pueblos no rusos
con un nacionalismo exacerbado y llegaron a devolver la tierra a sus antiguos
propietarios. También participaron del conflicto los socialistas revolucionarios, los
“verdes” (“grupos campesinos sin jefes ni ideología”), organizaciones nacionalistas y
hasta los anarquistas ucranianos de N. Makhno.
De manera progresiva el Ejército Rojo fue dominando la situación. Tras el fracaso de
la invasión a Polonia (‘20) los bolcheviques se dedicaron a consolidar el triunfo dentro
de R. Hay relativo acuerdo sobre las razones del triunfo:
 Situación inicial favorable, al contar con más territorio y población bajo control.
 Apoyo significativo de la clase obrera urbana.
 Los bolcheviques representaban para los campesinos el mal menor respecto del
crucial tema de la tierra.
Las nacionalidades periféricas, afectadas por la revolución y la guerra civil,
sufrieron modificaciones políticas y económicas totales. Los conflictos en esos
escenarios (Bielorrusia, Ucrania, Transcaucasia, Finlandia, los países bálticos, Asia C)
estuvieron caracterizados por la superposición de cuestiones nacionalistas y sociales.
La “guerra nacional”, la “lucha de clases” y entre ciudad y campo estuvieron presentes
en distintas proporciones en cada región. Trabajadores ucranianos, letones o armenios
estuvieron dispuestos a apoyar a los soviets locales en contra de las elites nacionalistas
locales.
El impacto combinado de la guerra civil y del comunismo de guerra produjo el
derrumbamiento económico y social. Desaparecidas las clases dirigente, la “dictadura
del proletariado” se convirtió en la “dictadura del Partido Bolchevique”. La convicción
de que la razón histórica los avalaba tornó “natural” la prohibición total de toda
oposición y a privar de poder efectivo a los soviets.
Además de los adversarios políticos de siempre, diferentes sectores obreros
comenzaron a manifestarse de forma cada vez mayor. La llamada Oposición Obrera
denunció la burocratización del partido y reclamó el retorno del principio electivo de
los cargos de responsabilidad; otro grupo reclamaba el centralismo democrático. El
telón de fondo era la terrible situación de privación de las ciudades. La situación se
agravó cuando el descontento se trasladó hasta la base naval de Kronstadt, donde los
marineros habían cumplido una notable tarea de agitación a favor de los bolcheviques.
La insurrección (II/’21), en apoyo a una huelga en Petrogrado, se concretó en una
comuna revolucionaria que fue reprimida brutalmente por el ejército.
Al mismo tiempo, las expectativas de Lenin de la revolución en Occidente se
diluyeron. La creación en III/’19 de la III Internacional (Komintern), destinada en
principio a impulsar el modelo bolchevique, se convirtió, tras los fracasos
revolucionarios en Hu y Al, en el ámbito de actividad del comunismo a nivel mundial.

d. La Nueva Política Económica y la construcción de la Unión Soviética


Hacia fines de ’20 los bolcheviques se plantearon la consolidación de su poder en el
ámbito ruso y el manejo de la situación de desintegración del antiguo imperio.
En III/’21 Lenin anunció los lineamientos de la llamada NEP. Básicamente, se trataba
de pasar de una economía de mandato a otra regulada por el mercado, destinada a
82
estimular la actividad agrícola. Los ámbitos principales de la economía (transporte,
bancos y comercio exterior) quedaron en manos del Estado. Con la muerte de Lenin en
’24 apareció con toda su fuerza la disputa por el rumbo económico a seguir.
Si bien persistía el marco autoritario de la dictadura de partido único, el período de
la NEP se caracterizó por un pluralismo contrastante con el pasado inmediato y con el
estalinismo. Subsistía la propiedad privada de los medio de producción y el Estado
tampoco controlaba todas las áreas de la vida social.
En cuanto a las situaciones nacionales, se produjeron situaciones variadas. En
principio, se constituyeron como Estados independientes Polonia, Lituania, Letonia,
Estonia y Finlandia, favorecidos por Brest-Livosk. En los casos de Azerbaiján, Ucrania,
Bielorrusia, Bujara, Kiva y Armenia, Lenin disfrazó de tratados bilaterales la
dependencia respecto de R. En Georgia, donde gobernaban los mencheviques, la
sovietización se hizo por la fuerza, impulsada justamente por el georgiano Stalin y
concretada por una invasión en ’21.
Se crearon así las condiciones globales para que, una vez agotada la posibilidad de
exportar la revolución, se procediera destinar todas las fuerzas a constituir el “Estado
de los soviets”, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

e. La lucha por el poder y el triunfo de Stalin


Hacia 1922 el único ámbito de la vida política era el PC y fue allí donde se
resolvieron las disputas por la consolidación de la URSS y por la sucesión de Lenin.
La estabilización de la situación internacional obligó a un replanteamiento del
objetivo de la revolución mundial. El repliegue se manifestó en el abandono de la
propaganda en Occ. y en la búsqueda de relaciones comerciales más sólidas. En el
marco de la NEP, se estableció una polémica de enorme repercusión entre la
“revolución permanente” (Trotsky) y el “socialismo en un solo país” (Stalin).
En principio, los candidatos a la sucesión fueron Zinoviev y Trotsky, pero ambos
tenían pasados comprometedores. Lenin era el principal impulsor del segundo, pero
nadie lo quería en su lugar pues desconfiaban de su ambición y de sus posiciones
políticas. Mientras tanto, Stalin, un operador poco respetado por su escaso vuelo
intelectual, iba adquiriendo poder desde el puesto de secretario del partido (‘22). Su
férreo control sobre la incipiente burocracia llevó incluso a provocar el rechazo de
Lenin en sus últimos días de lucidez. Sin embargo, logró operar para convertirse en el
depositario del pensamiento de Lenin y se alió con Zinoviev y Kamenev en contra de
Trotsky. El éxito al despojar a éste del cargo de comisario de guerra fue acompañado
de la adopción del principio de socialismo en un solo país.
Con Trotsky alejado, los aliados de Stalin se dieron cuenta del poder que estaba
tomando y conformaron una oposición que terminó llamando a Trotsky. La “Oposición
de Izquierda” pese a contar con los dirigentes más importantes, no tenía apoyo de base
en el partido. Stalin al mismo tiempo iba forjando la “dictadura del secretariado”, en el
marco de una disputa de elites, frente a una nación privada de casi todos los medios de
expresión política.
La discusión teórica giró en torno a la NEP y a la industrialización, considerada la
base de construcción del socialismo. Desde la oposición se propugnaba por una
industrialización acelerada, mientras la dirección del partido se manifestaba a favor de
la política favorable al campesinado. El incremento del comercio exterior se frustró
cuando en V/’27 In rompió relaciones con la URSS argumentando la continuidad de una
política agresiva en Oriente. Al retorno del aislamiento se sumó la derrota de los
comunistas chinos. En ese marco, se acentuó la presión de la oposición. El oficialismo
consideró que la disputa interior agravaba la situación externa, por lo que pasó al uso
de la fuerza. En XII/’27 se expulsó a Zinoviev y Trotsky, y éste fue deportado. Así, se
destruyeron las bases de cualquier tipo de oposición.
83
Volvieron al primer plano entonces los problemas económicos. Las insuficiencias de
la producción agraria agravaron el desabastecimiento de las ciudades que, junto con el
problema de las ciudades, hacían prever un escenario social muy conflictivo. La
reacción del gobierno fue la de realizar un gigantesco salto adelante:
 Colectivización del campo.
 Planificación despótica para acelerar al máximo la industrialización.
 Terror político.
 Dominación violenta de la mayor parte de la sociedad.
 Apoyo en la burocracia, “separada y enfrentada al pueblo”.
El “estalinismo” se constituyó entonces en una “revolución desde arriba”,
concretada en un momento de profunda crisis económica y social, a partir de la
utilización sistemática y ampliada de los métodos violentos de los primeros años de la
revolución.

3. Entre dos guerras


a. Una década de esperanzas (1919-29)
LOS TRATADOS
La serie de tratados que reorganizó el escenario europeo y mundial se centraba en
la nueva realidad surgida de la derrota alemana. El Tratado de Versalles representó un
compromiso entre las aspiraciones máximas de F y los principios universalistas del
presidente Wilson. En lo territorial, Al perdió el 13% de su superficie, todas las
colonias, Alsacia-Lorena, Posnania, partes de Prusia y Memel. El ejército fue reducido a
100m hombres sin armamento pesado.
En lo económico, las reparaciones exigidas por los aliados implicaron la entrega de
buena parte de la flota comercial y la obligación de efectuar pagos anuales, por un
monto total cuya determinación fue objeto de sucesivas conferencias. Como garantía,
los vencedores mantuvieron tres zonas de ocupación en la orilla izquierda del Rhin
hasta 1930.
Las demás paces se ajustaron en muchos sentidos al modelo de Versalles. Au pagó
reparaciones y sólo conservó el 27% de su superficie en ’14. Bulgaria debió ceder
territorios a Grecia y Serbia. Hu, además de las reparaciones y limitaciones, sufrió
grandes pérdidas territoriales en beneficio de una Se convertida en Yugoslavia, así
como de Rum y Che. La paz de Sèvres impuesta a Turquía anuló la preeminencia
otomana en los países árabes.
El principio de autodeterminación nacional había dado un importante paso hacia
delante.
[ver cuadro y mapa p. 497-99]

LA TRANSFORMACIÓN INTERNA DE LOS ESTADOS


Los países más influyentes o representativos muestran 4 tipos de trayectoria.
In, EU y F eran democracias constitucionales, aunque concretamente convendría
denominar sus sistemas como “democracias distorsionadas por residuos oligárquicos”.
En EU el más fuerte de esos residuos era la discriminación y el bloqueo al sufragio de
los negros en el sur; en In, la ausencia de proporcionalidad en el parlamento y el voto
plural; en F, la distorsión a favor del sufragio rural y la ausencia de voto femenino. Otro
obstáculo en los países anglosajones fue la intensa represión policial del sindicalismo
en ’19-20 desencadenada con el pretexto del “peligro rojo”.
Los experimentos democráticos en Europa C, S y E tenían rasgos más
problemáticos. Al había sido hasta 1914 una monarquía constitucional oligárquica con
rasgos democráticos. La constitución de ’19 significó una tardía adecuación a la
avanzada estructura socioeconómica. Sin embargo, en la cultura política había una
continuidad muy grande con el pasado imperial, manifestada en la extrema
84
fragmentación partidaria, el fundamentalismo ideológico y las concepciones
autoritarias presentes en el ejército, la justicia, las iglesias, la educación, etc. En It se
había entrado en una democracia con importantes residuos oligárquicos poco antes de
la guerra. No logró sobrevivir a la crisis de la posguerra. El fascismo, un partido
militarizado, aliado a la Corona y a las fuerzas tradicionales en una coalición
antisocialista y antidemocrática, comenzó en ’22 una experiencia dictatorial que a fines
de la década ya manifestaba claramente una pretensión totalitaria.
Si en Al e It lo llamativo era la militarización partidaria, en Es y J el riesgo para la
democracia lo vino a representar la politización del ejército. Los avances democráticos
no superaron el estadio de las monarquías constitucionales oligárquicas con focos
democráticos, más fuertes éstos en Es que en J, caracterizado por una debilidad
extrema de los partidos políticos.
El caso de la US era único en la década del ’20, planteando un doble desafío:
 Su régimen dictatorial de partido único en una sociedad subdesarrollada la
mostraba como precursora de los autoritarismos del mundo agrario que se
establecerían en Ch y Turquía unos años después.
 A diferencia de ellos, la US se sentía portadora de una misión universal:
o Proponía a los pueblos de la periferia una vía rápida hacia la
modernización.
o Reivindicaba una democracia superior al parlamentarismo de las
potencias atlánticas.
En cuanto a Ch y T, representaron las primeras versiones de un modelo que se haría
frecuente después de la 2ª GM en los países agrarios periféricos: el ejército como
núcleo de un sistema autoritario en el marco de sociedades muy pobres. El discurso
legitimador invocaba la independencia nacional y la modernización, sin oponerse
frontalmente al modelo de los países ricos.

LA POLÍTICA INTERNACIONAL
Utilizando como patrón de comparación el ICCE queda evidenciado el peso decisivo
de EU. Hacia fines de ’29 las cifras aproximadas eran: EU 0.35; In 0.15; F 0.12; US 0.15;
Al 0.12. Otros indicadores significativos lo confirman: EU producía el 43% de las
manufacturas mundiales, el 56% del acero crudo, el 62% de la energía eléctrica y más
del 85% de los automóviles.
Respecto de las cuestiones que determinaban las relaciones internacionales, la
cuestión alemana consistía en definir sus límites definitivos, su maquinaria bélica y su
inserción en el nuevo sistema de seguridad colectiva. Era obvio que el inicial rigor del
Tratado de Versalles no iba a poder sostenerse indefinidamente. En cambio, la cuestión
soviética era totalmente novedosa, dada la ideología del régimen y su liderazgo de una
red mundial de partidos a través del Komintern. A pesar de ello, también se produjo
una cierta distensión. Los acuerdos fronterizos, la regularización del comercio y la NEP
contrarrestaron la estridencia del mensaje revolucionario. Más tradicional, la cuestión
del Asia E y del Pacífico giraba en torno a la expansión de los intereses japoneses en Ch
y del clásico tema del control de la carrera naval. También aquí se lograron evitar crisis
extremas.
La cuestión de las relaciones financieras y económicas internacionales fue de
especial importancia, condicionando muchos rasgos de las otras tres. Con el Plan
Dawes surgió el circuito financiero clave de la época, basado en créditos
estadounidenses para Al, el flujo de las reparaciones para F e In y la regularización de
las deudas de estos países con EU.
85
Las soluciones concretas a toda esta problemático sólo podían desarrollarse en el
marco de un modelo de ordenamiento mundial. En este período compitieron 3 modelos
básicos, con profunda influencia en etapas posteriores:
 El modelo wilsoniano partía del axioma de que las causas de las guerras eran el
armamentismo, los imperios opresores y las economías cerradas. Proponía un
nuevo consenso universal basado en el constitucionalismo democrático, la
autodeterminación nacional, el capitalismo de puertas abiertas y la
institucionalización de la seguridad colectiva (Sociedad de Naciones).
 El modelo leninista consideraba a la inseguridad internacional ligada
intrínsecamente con el capitalismo. La versión original de ’18-20 preveían un
rápido encadenamiento de la revolución rusa con la de los obreros europeos, en
especial los alemanes, y la acción de los pueblos coloniales contra las metrópolis.
Luego se impuso un tono más cauteloso y oportunista.
 La política de poder tradicional no fue totalmente desplazada. Partía de una
concepción pesimista, en la que un régimen “justo” en todo caso se
correspondería con el reparto del mundo entre las GP. Se presentó en 3 variantes:
o Alianzas para lograr una seguridad regional y un cierto equilibrio según la
costumbre del s. XIX.
o Proyectos hegemónicos unilaterales.
o Continuidad del colonialismo, disfrazado por los mandatos de la Sociedad de
Naciones.
Ningún gobierno adoptó estrictamente alguno de los modelos. En todos los casos
hubo combinaciones variables y dosis de pragmatismo. Eu, al no adherirse a la SdN e
implementar el aislacionismo, descartó la visión wilsoniana aunque sin rechazarla del
todo. El continuo intervencionismo estadounidense en el Caribe constituía un
componente importante de política tradicional. Claramente también se insertaban en
esta variante los imperios coloniales inglés, francés, belga, holandés e italiano.
El balance de la época resulta ambiguo. Por un lado, se había dado un gran paso al
crear la SdN como organismo mundial de seguridad colectiva. Por otro, EU no se
comprometió activamente en este sistema y a partir de 1929 quedó claro que el sistema
económico internacional era extremadamente vulnerable a las oscilaciones cíclicas, no
existiendo mecanismos capaces de disminuir sus efectos.

b. Una década de crecientes temores (1930-39)


La repercusión sociopolítica de la crisis económica mundial se manifestó como una
desestabilización de la situación general hasta el desenlace de 1939. En el interior de
cada país se agravaron los conflictos por la distribución de la renta nacional. Las
políticas ortodoxas deflacionistas como las de Al y EU sólo intensificaron la depresión
general. Particularmente en Al la desocupación debilitó el poder sindical,
beneficiándose los partidos antisistema que anunciaban una revolución, proletaria para
unos, nacionalsocialista para otros.
En el nivel internacional la baja de los precios y la desocupación fueron respondidas
por una ola de políticas proteccionistas. La competencia por reservarse espacios
económicos exclusivos se hizo más dura. La cultura política, nexo entre política interior
y exterior, sufrió una regresión, arrinconada por los métodos extorsivos y violentos.
[ver cuadro p. 504]

EL ASCENSO DE LAS DICTADURAS


La nueva ola de dictaduras de la década del ’20 tenía como denominador común que
surgía de coaliciones sociopolíticas antisocialistas y antiliberales. Dentro de esa
tendencia general, en la mayoría de los casos predominaron las fuerzas tradicionalistas
(ejército, terratenientes, clero) sobre los más inquietos imitadores del fascismo italiano
86
(con más apoyo en las clases medias), con lo que se favoreció la aparición de las
dictaduras autoritarias en los países bálticos, balcánicos y mediterráneos.
El proceso más trágico de la década fue el que desembocó en la Guerra Civil
Española (’36-39), con 300m víctimas y 430m exiliados. En el “reparto de
responsabilidades”, la República pecó de exceso de autoconfianza y desorganización,
mientras que “la guerra civil estalló básicamente porque las clases dominantes
españolas se negaron a convivir en un régimen en el que, más allá de las falencias, los
fundamentos de su hegemonía debían se renegociados”.
Los regímenes conservadores y autoritarios a menudo copiaron algunas formas del
fascismo, pero en esencia no fueron más que Estados policiales al servicio del temor
generalizado de las clases conservadoras a “las masas”, movilizadas por la prensa, el
sufragio, el sindicalismo y el supuestamente omnipresente comunismo.
El caso del fascismo italiano es más ambicioso: la pretensión de reglamentar todas
las áreas de la vida social gracias al partido único y de crear un nuevo tipo de humano
nacional, creyente, activista y guerrero (l’uomo fascista), prometiendo su culminación
en objetivos imperiales. En ese camino, el nazismo llegó mucho más lejos y más
rápido. Frente al reparto del poder entre Mussolini y el rey en It, en Al Hitler concentró
todo el poder tras la muerte del presidente von Hindenburg. La enorme mayoría de los
alemanes quedó regimentada, manipulada e intimidada por organizaciones como la SA,
la SS y la Gestapo (cuerpos policiales y paramilitares), la Juventud Hitleriana y el
Ministerio de Propaganda. La efectividad de esta ofensiva general contra los derechos
individuales y la autonomía de la sociedad civil superó todo lo conocido hasta el
momento y sólo presenta paralelos con el régimen estalinista. Hacia 1938, la
desaparición del desempleo, el mantenimiento del Estado social para los trabajadores y
los éxitos internacionales consolidaron la aceptación del régimen por parte de la
mayoría de los alemanes, y entonces apareció la regimentación y la legislación antijudía
como el precio “necesario” que debían pagar por aquellos beneficios.
En el caso de la Unión Soviética, a los ojos de sus simpatizantes, los rasgos
dictatoriales parecían justificarse como el inevitable precio de la construcción de la
primera sociedad socialista. Sumando los muertos en las hambrunas relacionadas con
la política agraria y los de las purgas del PCUS, las cifras más confiables sobre la
cantidad de víctimas del terror estatal oscilan entre 10-12M de personas. Una matanza
de este tipo en tiempos de paz no tiene precedentes.

LA POLÍTICA INTERNACIONAL EN CAMINO HACIA UNA NUEVA GUERRA MUNDIAL


En una década se produjeron importantes alteraciones en el equilibrio de poder. Las
potencias territorialmente “satisfechas” (EU, F e In) vieron reducidos sus ICCE. En ’29
reunían aproximadamente un valor de 0.62; en ’36 habían bajado a 0.48. En el mismo
lapso la US pasó de 0.15 a 0.24 y Al de 0.12 a 0.18. Algunos indicadores claves del
poderío tecnológico y económico seguían mostrando el predominio de EU: 57% del
acero crudo, 55% de la electricidad y 92% de los vehículos. Pero a corto plazo lo que
resultaba particularmente preocupante era el incremento espectacular del aparato
bélico en algunas potencias. [ver cuadro p. 509]
Las cuestiones internacionales conflictivas de la década mostraban una parcial
continuidad con la anterior: la cuestión soviética seguía siendo motivo de preocupación
para las demás GP. En las otras áreas la conflictividad se acentuó rápidamente. La
cuestión Asia-Pacífico se agravó, dada la creciente militarización de la política
japonesa, que culminó en la guerra abierta para conquistar Ch desde ’37. Por último,
impulsado por la It fascista, surgió un foco de tensiones nuevo: las cuestiones africana,
mediterránea y española. Puntos importantes fueron la conquista italiana de Abisinia y
la decisiva ayuda militar prestada a los semifascistas españoles. Todo esto amenazaba
directamente los intereses coloniales y navales de In y F en la región, aunque la opinión
87
más conservadora de esos países veía la victoria de Franco como un precio razonable
para evitar el crecimiento del comunismo en Es.
Así como aumentaron las cuestiones conflictivas, se hicieron más variados e
incompatibles entre sí los modelos de orden internacional que orientaban las políticas
exteriores de las potencias decisivas. La tendencia básica de la década fue el continuo
debilitamiento del componente wilsoniano. Se perfilaron 4 orientaciones:
 Para la Unión Soviética la perspectiva de la revolución mundial proletaria se
alejaba cada vez más, por lo que aceleró su conversión a una política más
tradicional de alianzas. En ’35 aceptó parcialmente el orden de Versalles como
modelo y la novedosa “coalición antifascista”, desde comunistas a liberales, como
estrategia.
 El gobierno conservador de Inglaterra consideró la propuesta soviética con gran
escepticismo. Creyó más fácil domesticar al nazismo que al comunismo. Sobre la
base de ciertas concesiones a It y Al, el conjunto de grandes potencias construiría
un nuevo equilibrio. El mínimo denominador del grupo integrado por Al, It, F e In
tendría como denominador común la exclusión de la US y la renuncia a la
agresión. Se constituyó así la política del “apaciguamiento” que culminó en los
acuerdos de Munich de ’38.
 En Estados Unidos, F.D. Roosevelt mantuvo el aislacionismo que le impedía
participar en la reforma del orden internacional, aunque retóricamente se
inclinaba por Wilson y desconfiaba de las potencias fascistas.
 A pesar de su diversidad, estas orientaciones tenían en común el rechazo a una
alteración violenta de la estructura internacional. Pero un grupo de potencias
comenzó a confluir en una cuarta concepción que acabaría conduciendo a la
guerra mundial. Los proyectos imperiales italiano, alemán y japonés chocaban
con los intereses de otras potencias, pero serían los nazis quienes jugarían el rol
principal.
Los éxitos de la política exterior de Hitler en ’33-38 se basaron en el manejo
propagandístico de:
 El reclamo por la derogación del Tratado de Versalles.
 La necesidad de crear un bloque de Estados anticomunistas capaz de
preservar a Europa de la amenaza soviética. Estos servicios deberían ser
recompensados con una esfera de influencia o “espacio vital” equivalente
a toda Europa C-E.
Los “éxitos” logrados (pacto de no agresión con Pol, acuerdo naval con In,
justificación de la ayuda a Franco como defensa de la civilización occidental contra el
bolchevismo, la retórica del Pacto Antikomintern, etc.) no bastaban. El acuerdo de
Munich garantizaba una Che reducida y ponía estrechos límites al proyecto neoimperial
nazi. En III/’39 Al se apoderó de Che convirtiéndolo en el “Protectorado de Bohemia y
Moravia”, mientras aumentaban las presiones sobre Pol. En estos casos ya no se podía
invocar la retórica nacional como en el caso de los alemanes de los Sudetes y la
violación del acuerdo de Munich produjo el viraje antinazi en la política británica,
condicionada también por la creciente barbarie antisemita. Estos hechos produjeron 3
transformaciones que en seis meses llevaron a la guerra:
 F e In abandonaron las esperanzas de apaciguamiento. Garantizaron la
independencia de Pol e iniciaron negociaciones con la US. Era la tradicional
política de equilibrio frente a un perturbador.
 Hitler era dogmático en su objetivo último (la conquista de R) pero oportunista
en la estrategia para alcanzarlo. Sabiendo la necesidad de evitar la guerra en
2 frentes, jugó cínicamente la opción rusa retomando la vieja tradición
prusiana de repartirse Pol con R.
88
 Stalin se encontró ante la posibilidad de 2 alianzas. En VIII/’39 llegó a un
acuerdo con Hitler, liberándolo de la pesadilla de un segundo frente y
destruyendo el proyecto de contención anglo-francés. Para Stalin este
abandono de la estrategia antifascista era en realidad un recurso para
expandir las fronteras soviéticas hacia el O y también una ganancia de tiempo,
ya que preveía una guerra de desgaste entre Al y las potencias del O, al final
de la cual la US tendría un pesos decisivo.
A fines de agosto, unidades de la SS disfrazadas con uniformes polacos fingieron un
ataque en territorio alemán. El 1/ IX/’39 las tropas alemanas invadían Polonia y el führer
proclamó que era la respuesta ante los ataques.

4. La Segunda Guerra Mundial


[Leer del libro, p. 512-21]

5. Las Naciones Unidas y la Guerra Fría


a. Estructura y dinámica de la confrontación
El orden mundial bipolar comienza con el fin de la 2ª GM, la derrota de los regímenes
nazista, fascista y oligárquico-militar de las potencias del Eje, y los acuerdos de Yalta y
Potsdam. Las decisiones de estas reuniones, especialmente la primera, consagran
también el nacimiento del segundo sistema de seguridad colectivo, la ONU.
Estructuralmente, se puede hablar de 2 ejes. El eje horizontal estaría definido por el
“orden bipolar” y se manifestó en el desafío competitivo de EU y la US, las pretensiones
de sus argumentos mesiánico-salvacionistas y el control sobre zonas de influencia. Es
de destacar el rol de cada potencia en la carrera armamentista, el único ámbito en que
la US se mostró verdaderamente competitiva. En el plano simbólico y sociocultural, EU
heredó las zonas de influencia de las potencias europeas, especialmente In. Contando
con la previa difusión de la cultura anglosajona, logró una ventaja comparativa para
publicitar su estilo de vida. La base territorial más restringida de la cultura rusa,
básicamente por el idioma, implicó una limitación al menos inicial para los esfuerzos
soviéticos de competir como modelo universal. Algo similar ocurrió en la dimensión
económica. [Ver cuadro p. 523]
El eje vertical se define por el proceso de descolonización y la ubicación en el orden
mundial de las naciones emergentes. El entrecruzamiento de los dos ejes da lugar a
otro tipo de conflictos (“conflictos N-S”) donde se desarrollan los escenarios
“calientes”, especialmente en aquellas zonas de importancia estratégica. La
importancia de la “región sur” radicaba en su potencial como mercado para las
economías industriales desarrolladas y como exportadora de productos primarios. El
“Tercer Mundo” no puede considerarse como una estructura coherente, sino sólo como
una categoría analítica con algunos rasgos compartidos, como su conflictividad interna
y las pretensiones de las elites oligárquicas o militares.
La GF se manifestó como un elevado y oscilante nivel de hostilidad entre las 2
superpotencias concretado en diversas facetas: la ideológico-propagandística, la
diplomática, la económica, la formación de bloques militares, el espionaje y la carrera
armamentista. Además, los principales antagonistas y sus aliados se involucraron en
choques armados en el Tercer Mundo.
Se plantea entonces la cuestión que dominará el orden mundial: las pretensiones
pacifistas, equilibradas y democráticas proclamadas por la ONU se verán coartadas
permanentemente por los dos mesianismos. Para reforzar las percepciones de
fragilidad y desequilibrio, el mundo había asistido en VIII/’45 a los devastadores efectos
de la bomba atómica. Sin embargo, el hecho de que el monopolio atómico durara sólo 4
años para EU actuó como disuasor ante el posible estallido de una nueva guerra. Esta
realidad resultó finalmente la garantía de que los niveles de conflictividad se
mantuvieran dentro de límites “razonables”.
89
En este marco, se puede destacar 1946 como año clave en que las posiciones de los
jefes de Estado de las dos superpotencias adquieren mayor rigidez y sus discursos se
hacen más virulentos.
 1945-47: transición de la “gran alianza” a la confrontación.
 1947-69: 1ª guerra fría.
 1969-79: distensión.
 1980-86/87: 2ª guerra fría.
 1987-89 y 89-91: nueva distensión y fin de la GF.
[Ver cronología, p. 524]

b. Los sistemas políticos durante la Guerra Fría


Uno de los puntos en común que tenían ambos mesianismos era la aspiración de ser
cada uno el verdadero defensor de la democracia. Sin embargo, la “democracia
popular” y el “socialismo real” ya no tenían en la segunda posguerra el aura de
novedad desafiante de los tiempos de Lenin. La US representó, en su mejor faceta, un
Estado de seguridad económica mínima, poco seductor para la población de los
capitalismos desarrollados, cuya contrapartida era el hecho de que las opiniones y
libertades personales de los ciudadanos soviéticos se hallaban severamente limitadas
por el régimen.
En el bando de EU, el fundamento estuvo dado por las instituciones democráticas
liberales (derechos individuales, división de poderes, pluralidad de partidos) y por el
Estado de bienestar. Sin embargo, en EU persistieron “deudas” de la democracia, como
la discriminación racial y las “cazas de brujas”.
Respecto de la US y el bloque socialista, las prácticas estalinistas experimentaron un
retroceso con la muerte del líder (‘53). Sin embargo, no desaparecieron del todo y se
mantuvieron en distintas dosis hasta mediados de los ’80. Bajo N. Kruschev y L.
Brezhnev fueron más comunes las técnicas de “tratamiento” en hospitales psiquiátricos
especiales, donde la disidencia política se diagnosticaba como una patología. Kruschev
trató de tomar distancia a través de la “desestalinización” y de algunas medidas
económicas tendientes a la descentralización, pero el descontento por parte de quienes
veían amenazado su poder produjo su caída en ’64. La etapa de Brezhnev se caracterizó
por mantener el inmovilismo ideológico y político y el retorno a la centralización de la
economía.
Con respecto al problema nacional de los países soviéticos periféricos, el punto de
tensión más importante era el control centralizado ruso, ejercido por aparatchiks rusos
trasladados a los puestos clave industriales, políticos y militares. También se destacan
las migraciones artificiales para crear regiones industriales ficticias en zonas en las que
no existían las mínimas condiciones esenciales para ello. En relación a las democracias
de Europa E, en sucesivas etapas y con apoyo del Ejército Rojo, esos países fuero
pasando de los gobiernos de coalición de la inmediata posguerra a la preeminencia
comunista, quienes eliminaron de forma progresiva a sus adversarios. Hacia ’49 quedó
conformado el panorama de las “democracias populares”, con cierto margen de
maniobra mientras no atentaran contra el manejo monopólico del mundo socialista.
Siempre que la US lo considerara necesario, se optaba por el decisivo avance del
Ejército Rojo (Hungría ’56; Praga ‘68).
Sin embargo, hubo dos desafíos al control soviético: la Yugoslavia de Tito y China.
Las tensiones con ésta comienzan en ’59, por las críticas chinas a Kruschev. En los ’60
se consolida el enfrentamiento entre los dos gigantes del comunismo, manifestado en la
rivalidad de sus respectivos partidos, en el enfrentamiento ideológico y en la lucha
entre los dos Estados. A partir de ese momento, Ch inicia un paulatino acercamiento
hacia occidente, cristalizado por el ingreso a la ONU en ’71. Las relaciones con la US
recién se normalizaron hacia ’88. Al año siguiente, en junio tuvo lugar la matanza de la
90
plaza de Tiannamen, que no dejó ninguna duda sobre las intenciones de no permitir
ninguna desviación ideológica.
Análisis comparativo de los diversos tipos de sistemas políticos durante la GF. A
partir de los ’50 se verificó como situación inédita que los principales países
industrializados compartieran una similitud sistémica de carácter democrático: EU, In y
F por tradición; RFA, It y J como intentos ahora más exitosos. Este primer tipo de
democracia sólida (con base socioeconómica adecuada al sistema político) fue
abandonando los residuos oligárquicos y se afianzó en Europa O, América N, Australia,
N. Zelanda e Israel.
El segundo tipo está formado por las democracias frágiles, en las que la distribución
de recursos económicos y educativos era muy asimétrica. En general resultaron
vulnerables a los golpes de Estado. Algunas excepciones a esta regularidad parecen
deberse a factores cualitativos de tipo cultural, como la India.
El tercer tipo serían los regímenes no democráticos sólidos (dictaduras o repúblicas
oligárquicas de hecho). Los países del bloque soviético entran en esta generalización, si
bien su modelo resulta atípico por la extensión de la red de seguridad social y de la
educación. Los casos típicos se encontraban en los Estados africanos y la mayoría de
Asia, y algunos de AL. Algunos ejemplos son Irán en los ’60 e Indonesia, Paquistán y
Arabia Saudí en los ’70. También se ve en la supervivencia en Es y Por de las
dictaduras de derecha de entreguerras.
Por último, los regímenes dictatoriales frágiles o inestables se asentaban sobre una
sociedad con rasgos ya modernos y pluralistas. Algunos ejemplos son Argentina, Chile y
Corea del Sur en los ’70. En estos y otros casos el freno a la democratización lo
representaron generalmente instituciones armadas y sectores aliados a ellas, que se
presentaban como el último recurso frente al avance subversivo de izquierda. También
existieron estas asimetrías en el campo socialista, imponiendo dictaduras a países que
estarían listos para la democratización, como Che, Pol y RDA.
En síntesis, los objetivos securitistas de las superpotencias fueron un fuerte freno
para el pleno desarrollo de sistemas políticos democráticos.

c. La estabilización en Europa y la conflictividad en Asia


En la primera GF, EU desenvolvió una política para “contener” el posible avance del
comunismo. Uno de los momentos de mayor tensión en esta etapa fue el bloqueo de
Berlín en ’48, cuando los aliados occidentales unificaron sus zonas de ocupación en Al,
a lo que los rusos reaccionaron interrumpiendo las vías de comunicación.
Ese mismo año se desencadenó una crisis en el mundo comunista: el mariscal Tito
recibió la condena del Kominform (Oficina de Información de los Partidos Comunistas)
por emprender una vía nacional alejada de las directrices del Kremlin. Esto fue posible
porque el dictador contaba con su propio consenso interno, devenido de su
participación en el movimiento guerrillero organizado contra nazis y fascistas, tornando
riesgosa una intervención del Ejército Rojo.
En Asia se produjo la superposición conflictiva de la GF con problemáticas propias de
la descolonización. En este marco China ocupará un lugar clave con el avance de las
fuerzas comunistas de Mao Zedong a partir de ’46, culminando en X/’49 con la
proclamación de la República Popular, liderada por Mao y rápidamente reconocida por
la US. En diciembre Chang Kai-chek y los restos del Kuomintang se refugian en Taiwán,
bajo la protección de EU. En II/’50 la RPChina y la US firman un pacto de alianza y
amistad, pero quedando claro el rechazo chino a la satelización.
En Asia también se definirá el primer conflicto abierto de la GF. Luego de la retirada
japonesa de Corea se habían establecido dos zonas de influencia en torno al paralelo
38º: en el norte se instaló un gobierno comunista protegido por Moscú y Pekín y en el
sur uno “democrático”, bajo la supervisión de EU. El Consejo de Seguridad de la ONU
91
fue convocado a instancias de EU, exigiendo a Corea del Norte la retirada de las zonas
ocupadas. Frente a la negativa, se envió un ejército unificado bajo el mando del general
estadounidense D. MacArthur, quien logró la retirada norcoreana hacia el norte. La
intervención masiva de fuerzas voluntarias chinas y las amenazas de MacArthur de
utilizar armas atómicas provocaron pánico en la opinión mundial. Finalmente, en ’53 se
logró firmar un armisticio y restablecer la frontera del paralelo 38º.
Paralelamente, el comienzo de la guerra de Indochina se vincula con el retiro de los
japoneses, mientras que F se empeña en la reconquista militar del viejo imperio
colonial. La independencia se declaró en IX/’45 cuando el líder comunista Ho Chi-minh
proclamó la República Democrática de Vietnam. Luego de años de guerra, F se mostró
dispuesta a reconocer a Vietnam siempre que se respetase la independencia de Laos y
Camboya. La conferencia de Ginebra de ’54 trataría los temas de Indochina y Corea,
pero las negociaciones se frustraron por el ataque de combatientes comunistas a Dien
Bien Phu, adonde se habían retirado las tropas francesas. No obstante, en julio se llegó
a un acuerdo por el cual se establecerían dos Estados en torno al paralelo 17º. El plazo
de dos años establecido para convocar a elecciones que reunificarían el país no se
concretó debido a que se desató una nueva guerra por la protección asumida por EU
sobre el territorio del sur.

d. “Coexistencia pacífica” y crisis de los misiles


Pese al endurecimiento que siguió a la guerra de Corea, la muerte de Stalin en ’53
dio un giro a las relaciones internacionales, dando lugar a un tímido período de
distensión. En ’56 Kruschev inicia una política de coexistencia pacífica con las
potencias occidentales. Las negociaciones de ’55 marcaron las divisiones de Al, Corea y
Vietnam.
Simultáneamente se consolidaban los sistemas de alianzas militares a través de los
cuales las superpotencias ligarían a sus órbitas a otros Estados:
 ’47 → Kominform, en reemplazo del Komintern
 ’48 → OEA
 49 → OTAN
 54 → Tratado de Asia Suroriental y Pacto de Bagdad, bajo la tutela de EU
 55 → Conferencia de Bandung, 23 países asiáticos y 6 africanos. Primera vez
que se plantea el subdesarrollo poscolonial como problemática de importancia
internacional, origen de la postura de los no alineados.
 55 → Pacto de Varsovia
 60 → OPEP
En ’62 la coexistencia pacífica se vio interrumpida por un nuevo conflicto que tuvo
en vilo a la humanidad: la crisis de los misiles en Cuba. El 7/ I/’59 F. Castro entró
triunfante a La Habana, estableciendo un nuevo gobierno con un programa radical de
reforma agraria y expropiación de empresas estadounidenses, situándose durante un
año en una posición ambigua de acercamiento a ambos bandos. Ésta concluyó en
VIII/’60 con la vinculación a la US y la proclamación del carácter socialista de la
revolución. Esto fue tomado como un desafío intolerable para EU, enviando J.F.
Kennedy en IV/’61 una expedición anticastrista entrenada por la CIA que terminó en un
rotundo fracaso. El estrechamiento de los lazos con la US se tradujo en envío de armas
y tecnología, culminando con la instalación en Cuba de una base de misiles de mediano
alcance. Semejante provocación llevó a la crisis de X/’62. Las negociaciones culminaron
en la retirada de los misiles y el compromiso de EU de no invadir la isla y retirar sus
misiles de Turquía.
El acuerdo marcó, junto con el muro de Berlín levantado en ’61, una nueva etapa de
estabilidad en el sistema internacional.
92
e. De la década de 1970 hasta el final de la confrontación
A comienzos de la década se produjeron importantes pasos característicos de una
verdadera distensión: la firma de tratados de limitación de pruebas nucleares, armas
estratégicas y misiles. Sin embargo hacia fines de la década se produjeron nuevos
conflictos que darían inicio a la 2ª GF.
Los primeros datos desestabilizadores fueron los económicos: en ’71 Nixon puso fin
a la convertibilidad del dólar, generando alarma en los circuitos financieros; en ’73 y
’79-80 la OPEP aumentó drásticamente el precio del petróleo. Las otras variables se
relacionan con el aparente debilitamiento y aislamiento sufrido por EU (guerra de
Vietnam, guerra de Yom Kippur, escándalo de Watergate, etc.)
Frente a este panorama, la US parecía estar en su mejor momento, impulsada
también por una serie de revoluciones en el Tercer Mundo que parecieron sacarla de su
aislamiento regional y le permitieron adquirir bases militares en varios puntos
estratégicos. Mientras tanto, y a pesar de que en términos reales el poderío
estadounidense seguía siendo claramente mayor, una nueva oleada de anticomunismo
extremo se expandió en EU, abriendo paso a una retórica mesiánica y a una conducta
internacional que pretendía demostrar su invulnerabilidad. Especialmente la gestión de
Reagan estuvo signada por estas tendencias, que se aplicaron en una serie de
demostraciones de fuerza contra blancos fáciles: Granada en ’83, Libia en ’86 y Panamá
en ’89.
El fin de la GF fue posible por las decisiones de una nueva generación de dirigentes
soviéticos, concientes del anquilosamiento y burocratización del sistema. También se
comenzó a dudar de la necesidad de mantener por la fuerza como satélites a los países
de Europa E. Rápidamente se produjo la liberación de las fuerzas centrífugas antes
reprimidas, bajo el amparo de la nueva política de “transparencia” y “reestructuración”
iniciadas en ’86 por M. Gorbachov. Este también jugó un rol clave en el acercamiento a
occidente, avanzando hacia los acuerdos de ’86 y ’87 que terminaron con la carrera
atómica.
El derrumbe del muro de Berlín y la unificación de Alemania fueron el símbolo del
fin del s. XX corto.

f. El derrumbe de la Europa del este (1989-91)


En la 2ª mitad de los ’80 se produjeron movimientos inéditos que llevaron al poder
en la US a M. Gorbachov (‘85). Una evolución inesperada llevó a la desaparición de la
URSS y la reconversión de todo su espacio y el de los países bajo su zona de influencia
directa en un nuevo espacio político y económico de muy directa situación a partir de
su conversión en regímenes de democracia formal y en economías capitalistas.
Los países de Europa E habían vivido desde la muerte de Stalin un proceso de
continua tensión proveniente en gran parte del disconformismo con el rumbo
económico impuesto, que consistía básicamente en la implantación del modelo soviético
de estatización masiva de los medios de producción y una rígida planificación
centralizada. También se cuestionaba el rumbo político adoptado, en nombre de
proyectos autónomos de construcción del socialismo.
El fenómeno de mayor trascendencia fue el de la Unión Soviética. Gorbachov fue la
cabeza visible de un grupo persuadido dentro del PCUS de la necesidad de impulsar
reformas que revitalizaran el proyecto socialista. En occidente estos objetivos se
conocieron fundamentalmente como perestroika (reestructuración política) y glasnot
(transparencia comunicativa).
Pero a mediano plazo las dificultades económicas de un régimen en el que ya nadie
creía realmente y la carencia de una estrategia concreta generaron a fines de la década
una dinámica de inestabilidad que aceleró el derrumbe. Por una parte, la apertura
política, que consistió inicialmente en la creación de un Congreso electivo, fue cooptada
93
rápidamente por los más astutos aparatchiks, reciclándose como demócratas de toda la
vida y creando agrupaciones políticas que perseguían el beneficio propio. Las sucesivas
reformas políticas afectaron el monopolio del PCUS, las relaciones entre las repúblicas
y el sistema representativo. El triunfo de B. Yeltsin en las semidemocráticas elecciones
de Moscú en III/’89 fue ejemplo de la nueva realidad que se estaba instalando.
Por otra parte, las erráticas reformas económicas dejaron a la URSS “sin plan y sin
mercado”. Finalmente, para agravar la situación, resurgió el nacionalismo en las
repúblicas, cuyos dirigentes rápidamente comprendieron las posibilidades del nuevo
escenario.
En el campo de la política exterior, la estrategia se centró en terminar la agobiante
carrera bélica, reduciendo el enorme presupuesto militar. También admitió
abiertamente el derecho de cada pueblo a elegir sus propios sistemas de gobierno. La
idea era que el nuevo papel de la US permitiera la apertura hacia reformas graduales.
Contrariamente, en pocos meses, entre ’89-90, los países orientales lograron casi sin
violencia, excepto Rum, la remoción de los regímenes vigentes desde los ’40. El ejemplo
más significativo fue la retirada de las tropas soviéticas de ocupación, la caída del muro
de Berlín y la unificación de Alemania.
Dentro de la US se vivió desde ’90 una situación de notable descontrol, aumentando
los opositores entre las altas esferas del partido. Institucionalmente, el proceso terminó
en la aceleración hacia la democracia. La nueva realidad legalizó el establecimiento de
un parlamento que eligió a Yeltsin presidente en V/’90. También se creó el cargo de
presidente de la US, que retuvo Gorbachov.
Las transformaciones, que incluían la disolución del aparato militar del Pacto de
Varsovia, dio fuerza a los sectores más conservadores del PCUS, que organizaron un
golpe de Estado en VIII/’91. Su fracaso llevó el proceso a un punto irreversible: se
ilegalizó el PCUS y se desmembró el Estado plurinacional. Los países bálticos dieron
comienzo al proceso al autoproclamarse independientes con apoyo occidental. Poco
meses más tarde, Gorbachov anunció la disolución definitiva de la URSS.
94
Cap. 11
LOS DESAFÍOS IDEOLÓGICOS
C. Buchrucker y S. Dawbarn

IDEOLOGÍA → todo sistema de ideas surgido de la confrontación polémica con los


grandes conflictos de la sociedad y cuyo fin es solucionarlos, ocupando y
redistribuyendo el poder.
Sea bajo la forma de un discurso coherentemente elaborado y expresado en textos o
como mentalidad (mezcla semiconsciente de memorias, intereses, temores y
esperanzas referidos a la sociedad), siempre se encuentra presente como estructura
histórica de mediana o larga duración. Por un lado, surge de la acción y reflexión de los
hombres; por otro, aparece como condicionante de la conducta política de las personas.
Al comenzar el s. XX histórico ya competían entre sí los 3 grandes troncos
ideológicos: liberalismo, conservadurismo y socialismo; así como también sus diversas
ramificaciones. La guerra también aceleró el proceso que transformó a dos de esas
ramas en fuerzas independientes, fascismo y comunismo, capaces de plantear un
desafío total a sus predecesoras. A través de dos conflictos calientes y uno frío las 5
ideologías lograron encauzar los intereses y pasiones de grandes grupos humanos.

1. La era de los proyectos totales: comunismo y fascismo (1917-45)


a. El comunismo: de Lenin a Stalin
Para entender el proceso formativo de la ideología comunista resulta indispensable
ubicar a Lenin (Vladimir I. Ulianov), su figura decisiva, en el marco de su tiempo: una
R atrasada que en el cambio de siglo recién estaba empezando su industrialización.
En esas condiciones, de los zapadniki (“occidentalistas”, sector de la intelligentsia
ilustrada) había arrancado una línea ideológica que, pasando por los demócratas
revolucionarios, desembocó en el primer contacto con el socialismo marxista, al fundar
G.W. Plejanov la agrupación Liberación del Trabajo (1883) y luego el Partido
Socialdemócrata Obrero de Rusia (1898). Lenin fue junto con Plejanov una de las
figuras dominantes del partido, que en 1903 se dividió en bolcheviques y
mencheviques. A lo largo de años de clandestinidad, prisión y exilio, Lenin se convirtió
en el líder teórico y práctico de la primera rama, transformándola en partido
independiente en 1912. Sus principales textos fueron Sobre el desarrollo del
capitalismo en Rusia (1899), Qué hacer (1902), El imperialismo como estadio superior
del capitalismo (1916) y El Estado y la revolución (1917). Con la Revolución su
prestigio creció todavía más, al convertirse en presidente del Consejo de Comisarios del
Pueblo y legar a sus sucesores un edificio doctrinario que incorporaba al bolchevismo
las primeras adaptaciones a la inédita experiencia de encontrarse en el poder.
Lenin y los bolcheviques aceptaron el materialismo histórico desarrollado por K.
Marx y F. Engels. A este legado (básicamente, la combinación de la idea de conflicto
con la de progreso) se sumó la visión del objetivo final al que se aspiraba, el
“comunismo”, y que el partido adoptó como adjetivo en 1925. Concebían el no muy
lejano comunismo como la libre asociación de productores liberados de la explotación
económica y estatal. Lo original de Lenin fue:
 El diagnóstico de la realidad rusa. Rechazaba las posturas revisionistas y
mencheviques que proponían esperar el desarrollo capitalista de R para llevar
adelante la revolución. Para él, el proceso podía y debía ser acelerado.
 La estrategia revolucionaria que propuso. La “maduración” de la clase obrera
debía acelerarse por acción de una minoría capaz de inculcarle al obrero la
“conciencia política de clase”. El partido sería una vanguardia de
revolucionarios profesionales, teórica y prácticamente preparados para liderar
el movimiento de las masas obreras, estrategia que en el caso ruso también
implicaba la alianza por lo menos temporal con el campesinado.
95
 La ampliación del diagnóstico al plano mundial. Lenin alcanzó notable
influencia con su teoría del imperialismo, madurada durante la 1ª GM. En
abierta oposición al optimismo de muchos socialdemócratas occidentales,
Lenin veía en el estadio superior del capitalismo una agudización de las
contradicciones, interpretada como la víspera de la revolución social.
Concretamente, la cadena del capitalismo se cortaría por su eslabón más débil,
R.
El éxito bolchevique en ’17 afirmó a Lenin en su diagnóstico y estrategia. Hasta ’21
creyó firmemente en que el ejemplo ruso desencadenaría la revolución en los países
europeos con fuertes partidos socialistas, en especial Al. Luego se resignó a un período
de coexistencia con los Estados capitalistas. Sin perder nunca su confianza básica en el
proletariado alemán, inglés y francés, Lenin empezó a orientar nuevas esperanzas hacia
los pueblos colonizados.
Dadas las necesidades de la etapa revolucionaria y de la guerra civil, los
bolcheviques justificaron su política como la “dictadura del proletariado”, basada en la
democracia de los soviets. Las libertades sólo se cancelarían provisoriamente. Al
establecerse la III Internacional, federación mundial de partidos afines al comunismo,
en ’19, los bolcheviques abandonaron el tradicional complejo ruso de inferioridad para
reivindicar su experiencia nacional como nuevo modelo de validez universal. Aunque a
partir de ’21 se prohibió la formación de facciones dentro del PC, acentuándose el
centralismo democrático, siguieron las discusiones internas sobre temas
internacionales, culturales y educativos, y polémicas de alto nivel con teóricos liberales
sobre cuestiones económicas, que no fueron dogmatizadas en esta etapa.
La formación de la etapa estalinista, desde finales de los ’20, significó la
consolidación de todas las tendencias dogmáticas y totalitarias ya visibles en el período
leninista, al mismo tiempo que desaparecían todas las figuras de la oposición. Que la
tesis de Stalin triunfara sobre la más utópica de Trorsky respondía a la presión de la
realidad, pero la continua concentración del poder en el partido único y la tendencia
hacia la dictadura de su secretario general fueron procesos derivados de los temores y
ambiciones de una reducida elite dirigente encabezada por el propio Stalin. De la tesis
del centralismo democrático se pasó a la del carácter monolítico del partido
(concepción defendida también por G. Lukács), y se proclamó que eran traidores y
agentes del enemigo todos los posibles críticos.
Aunque teóricamente el estalinismo nunca abandonó la pretensión de estar
realizando el socialismo, en el sentido decimonónico del término, en la práctica designó
la realidad de la US de los planes quinquenales: estatización de los medios de
producción y control rígido del partido único.
A pesar de la fascinación que el comunismo siguió ejerciendo en los ’30 sobre
importantes sectores de intelectuales y trabajadores de todo el mundo, esta influencia
se vio contrarrestada por fuertes rechazos, de los que participaban los partidos
socialdemócratas. En sociedades tradicionalmente más liberales y democráticas que R,
con menos miseria campesina y más amplias clases medias, el modelo soviético
resultaba poco atractivo y las profundas tensiones entre su pretensión ideológica y la
realidad, más evidentes.

b. La “revolución conservadora” y los fascismos


Desde finales del s. XIX se había desarrollado en una parte de la derecha europea un
clima de pesimismo y crítica cultural. Después de ’18 esta corriente se convirtió en el
proyecto ideológico de una “revolución conservadora”, presente en F, In, E y,
especialmente, Al. Sus figuras intelectuales más representativas fueron C. Maurras, H.
Belloc, O. Spengler, A.M. van den Bruck, N. Berdiaerr y R. de Maeztu.
Los temas básicos de esta corriente eran el tradicionalismo, el elitismo, la
idealización de la sociedad estamental del AR, la denuncia de la modernidad como
96
decadencia de los valores y “rebelión de los peores”. Como propuesta, planteaba el
restablecimiento de una sociedad jerárquica y corporativa. La revolución conservadora
no se integró totalmente a los movimientos y regímenes fascistas pero contribuyó a
preparar el ambiente intelectual para la expansión de las dictaduras fascistas y
filofascistas de los ’30. Maurras, Spengler y Berdiaeff expresaron públicamente su
admiración por Mussolini, y Maeztu llegó a desear para Es que fuera un instrumento de
la contrarrevolución, al igual que el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán.
Las fuentes ideológicas del fascismo italiano fueron la exaltación del a violencia
anunciada por el sindicalismo revolucionario (desde G. Sorel hasta S. Panunzio), la
crítica de la democracia de R. Michels y las tesis de los nacionalistas sobre el
corporativismo (A. Rocco) y la “nación proletaria en búsqueda de un imperio” (E.
Corradini).
En el caso del nacionalsocialismo alemán, además de los mencionados
conservadores revolucionarios, hay que destacar el antisemitismo racista de T. Fritsch,
la eugenesia socialdarwinista de A. Ploetz y el imperialismo pangermanista de H. Class.
Más allá de las diferencias, existieron suficientes coincidencias entre It y Al como para
hablar de un fascismo genérico, entendido como un conjunto de respuestas que
pretendieron superar las debilidades de las sociedades pluralistas.
Durante una corta etapa, el fascismo atrajo a personas de variado origen social,
siendo el núcleo duro los ex combatientes resentidos, la clase media arruinada por la
inflación y la depresión, la juventud académica y, finalmente, la burocracia estatal y las
elites conservadoras, a quienes el fascismo les pareció el mal menor. A todos ellos los
arrastró un discurso que atribuía la responsabilidad de la “victoria mutilada” y de la
“humillación de Versalles” y de las dificultades económicas y gubernamentales, a
traidores, internacionalistas, marxistas, masones, plutócratas y, en el caso alemán,
judíos. Todas estas fuerzas sucumbirían junto con sus productos: los mitos
democráticos y los sistemas parlamentarios.
A estas negaciones los líderes agregaron algunas ideas-fuerza que presentaron
soluciones como el “Estado totalitario y corporativo” (It), la “comunidad racial-popular”
y el “Estado de liderazgo” (Al). Hitler y Mussolini planteaban a sus pueblos la
superación de los problemas económicos y sociales a través de la conquista de un
imperio o espacio vital, que deberían cederle los “inferiores y decadentes”. Tales fueron
los mensajes básicos contenidos en los constantes discursos y en los textos impuestos a
sociedades reglamentadas: Mi lucha (‘25) de Hitler, y Doctrina del fascismo (‘32) y El
espíritu de la revolución fascista (‘37) de Mussolini.
Este fenómeno fue el más original de entreguerras, no llegando a constituirse sin
embargo como desafío ideológico universal hasta ’33 con la llegada al poder de la
versión más radicalizada en una de las potencias tecnológica y militarmente más
poderosas del mudo. La derrota militar resultó más catastrófica para el fascismo que
para otras ideologías, no llegando nunca a ser muy efectiva en el debate intelectual y
económico.

2. Liberalismo, conservadurismo moderado y socialismo entre las dos


guerras
a. La etapa de la esperanza (1918-29)
El prestigio de las fuerzas conservadoras, soporte ideológico de las 3 grandes
monarquías derrotadas, se vino a pique con el triunfo democrático en el oeste y el
bolchevique en el este. Aunque el comunismo había triunfado en R, las esperanzas de
una revolución en toda Europa se desvanecieron a los pocos años.
Frente al repliegue conservador y las dificultades comunistas, se afianzó la
credibilidad del liberalismo (de derecha o de izquierda), del socialismo (revisionista o
laborista) y del conservadurismo moderado, en especial en Europa C-S. El denominador
común de todas estas corrientes fue el respeto por las reglas democráticas, frente al
97
rechazo del comunismo, del conservadurismo duro y del novedoso fascismo. Además,
acerca de la necesidad de la reforma del capitalismo coincidían liberales izquierdistas y
socialistas revisionistas, mientras que los demócratas católicos apoyaron una versión
del capitalismo con reminiscencias del corporativismo. La problemática social fue
central en todas las corrientes excepto en el liberalismo derechista.

EL PENSAMIENTO LIBERAL
Max Weber simbolizó en Al el desplazamiento liberal hacia la izquierda y la forma
republicana de gobierno. Se manifestó a favor de la eliminación del sufragio
restringido, de la colaboración entre demócratas burgueses y demócratas socialistas, y
del entendimiento empresarial-sindical para garantizar el desarrollo económico y
social. Consciente de las profundas transformaciones generadas por la
industrialización, concibió una democracia y un capitalismo que distaban de las
posturas liberales clásicas.
Se ocupó de fundamentar una “democracia plebiscitaria de líderes”. En la sociedad
moderna la burocracia se ha expandido por todas las organizaciones a gran escala.
Sostenía que era indispensable, pero que también sus decisiones tendían a hacerse
inflexibles y esencialmente no democráticas. Su preocupación principal fue resguardar
la libertad del individuo frente al poder de la burocracia, señalando 3 caminos:
 Fortalecer el Parlamento, órgano vital para debatir y negociar y ámbito de
evaluación de los líderes y sus programas de gobierno.
 Fomentar un sistema de partidos competitivo, ya que el voto universal había
alterado el concepto liberal del Parlamento. Los ciudadanos, divididos en
políticamente activos e inactivos, son incapaces de comprender y juzgar los
asuntos políticos. Únicamente pueden seleccionar entre líderes posibles y
destituir a los ineficaces. Pese a esta desconfianza, resaltó que el sufragio
universal era el único principio capas de representar las necesidades de las
masas.
 Resguardar el capitalismo de mercado, posibilitador de cambios y movilidad
social.
Sus diferencias con el marxismo, entre otras, se basaban en la presunción de una
profundización de la dictadura de los funcionarios. También discrepaba con la idea de
lucha de clases y el concepto del Estado como instrumento de la clase capitalista.
Según Weber, la tarea económica de la democracia consistía en asegurar ganancias a
los empresarios, aunque no excesivas, al tiempo que permitir la actividad sindical que
permita a los obreros negociar ventajosamente con las empresas. Su trayectoria
intelectual le permitió inspirar en buena medida y colaborar en la elaboración de la
Constitución de Weimar.
Otra versión de la democracia restrictiva fue la de J. Schumpeter. Su modelo de
“liderazgo o elitismo competitivo” resultaba posible en medio de un proceso de
creciente burocratización (que equipara con racionalización), que a largo plazo
reemplazaría el capitalismo de mercado por un sistema económico organizo o
planificado que, al contrario de lo que sostenía Weber, no sería perjudicial para la
democracia. Burocracia, democracia y esta forma de socialismo eran compatibles
mientras se cumplieran determinadas condiciones, en especial la formación de los
dirigentes. Más escéptico que Weber sobre la capacidad del electorado, lo consideraba
propenso a impulsos irracionales y como objeto de la manipulación política-
propagandística-psicológica.
La propuesta de John Dewey repercutió en la elaboración del New Deal.
Básicamente optimista, pensaba que la democracia era más una filosofía que una forma
de gobierno. Formuló una teoría política democrática que combinaba el pluralismo con
el papel relevante del Estado. La educación popular, que aseguraría la igualdad de
98
oportunidades, era una de sus prioridades. Sostenía estar a favor de algún tipo de
socialismo conjugado con las instituciones democráticas.
La perspectiva liberal derechista reunió a diversas figuras. W. Pareto impugnó la
llegada de la sociedad de masas que había invalidado la capacidad del Parlamento para
gobernar. Afirmó que la democracia, el mal menor, era una meta irrealizable dado que
el dominio de una elite resultaba inevitable. Consideró que la historia era una sucesión
de auge, estabilidad y declive de minorías calificadas, dada la imposible realización del
ideal democrático por la desigualdad natural de los hombres. Se vinculó al fascismo
italiano poco antes de morir.
José Ortega y Gasset logró traspasar las fronteras de Es. Su trabajo más conocido,
La rebelión de las masas (1930), destacaba el peligro del advenimiento de las masas al
pleno poderío social por su incapacidad de dirigir la sociedad y su propia existencia.
Preocupadas sólo por su bienestar, sin principios ni proyectos, demostraban la
necesidad de recurrir a minorías selectas inconformistas, las únicas que se valoran y
exigen a sí mismas. Siendo entonces crítico abierto del fascismo, por considerarlo un
movimiento de masas, sin conciencia histórica y con un fuerte predominio del Estado y
del poder personal, verá luego en esas dictaduras la solución a la amenaza roja. El
corrimiento ideológico se profundiza durante el autoexilio, con una inequívoca adhesión
a Franco.
Las reflexiones políticas de Pareto, y en alguna medida las de Ortega y Gasset,
simbolizaron el deslizamiento de la derecha liberal y conservadora hacia el filofascismo.
Este temprano abandono del “centro”, inestable e impreciso, contrasta con la evolución
de Weber, quien desde la derecha desembocó en posturas centristas que valoraron de
manera dispar las reglas democráticas.

CONSERVADURISMO MODERADO
Una de las visiones moderadas y modernizadas del conservadurismo, la democracia
cristiana, tuvo su origen en las corrientes contrarrevolucionarias de tendencia
monárquica y corporativista. Pese a la prohibición de la iglesia de unir catolicismo y
política, ya hacia 1918 Luigi Sturzo había logrado la formación del Partido Popular
Italiano. Primer partido de masas de inspiración cristiana, obtuvo importantes apoyos
electorales en la posguerra. Defensor del sufragio universal, los sindicatos, la libertad
religiosa, Sturzo fue un activo propulsor de la descentralización estatal y enemigo
explícito del fascismo, del estatismo socialista y de la vocación laicista del liberalismo.
En F también se organizó, en ’24, el Partido Demócrata Popular bajo los mismos
principios cristianos, teniendo sin embargo un público reducido. La personalidad
nuclear fue Jacques Maritain, quien terminó adhiriendo al voto femenino y al régimen
representativo, aunque distinto del parlamentarismo tradicional.

EL SOCIALISMO
La 1ª GM produjo 2 graves consecuencias para el socialismo:
 Perjudicó el internacionalismo, al volcarse la mayoría socialista a la
convocatoria nacional y la minoría hacia la revolución.
 Al permitir el triunfo bolchevique, terminó generando la separación con los
comunistas.
Hasta ’35, cuando Stalin promovió los frentes populares (concurrencia socialista y
comunista contra el fascismo) el antagonismo dividió también a la clase trabajadora y le
quitó fuerzas para enfrentar a la extrema derecha, en especial en Europa C-S.
Mientras que el revisionismo surgió desde dentro del marxismo para superar sus
errores, el llamado reformismo tuvo un origen externo, aunque no difirió de los
objetivos y métodos revisionistas. Así, el socialismo de los laboristas británicos
promovió una transformación progresiva en el marco democrático. En In llegó al poder
99
por primera vez en ’23 y en distintas versiones participó durante este período de los
gobiernos de Al, In, F, E, Au, Bé y los países escandinavos.
Los socialistas fueron consecuentes en la defensa de los avances democráticos
obtenidos con las nuevas constituciones posteriores a la 1ª GM, pero consideraban que
el proceso debía profundizarse y extenderse hacia todas las esferas de la sociedad.

b. La etapa del declive y la postración: los años 30


Estas 3 concepciones tuvieron la oportunidad de integrar casi todos los gobiernos de
Europa. Sin embargo, luego de la repercusión del ensayo italiano y sobre todo a partir
de 1929-30, en una parte del continente comenzó a experimentarse el paulatino
retroceso de estas corrientes. Al desmoronarse la incipiente prosperidad se
intensificaron los conflictos por la distribución, arrasando con el prestigio y los votos de
esas corrientes que, divididas, no lograron superar a la extrema derecha. Cada una
pretendió por separada ser el núcleo que integraría a la nación y ensamblaría los
intereses de las diversas clases sociales.
En términos electorales, el bastión más fuerte de la democracia centroeuropea fue el
de los partidos socialistas. La crisis los sometió a una tensión interna que no pudieron
superar: la ambivalencia paralizante producto de que el reformismo no había tenido un
sinceramiento teórico frente al capitalismo. Esta impotencia no fue la única postura
ante la crisis. Dos países iniciaron una reforma capitalista que los orientó hacia el
Estado de bienestar. Suecia implementó desde ’32 políticas sociales exitosas que se
apoyaron en duraderas coaliciones socialdemócratas, liberales y cristianas, en el
rechazo al liberalismo ortodoxo y en la activa participación obrera y empresarial en la
resolución de conflictos. En Estados Unidos se sentaron las bases del New Deal con el
fundamento ideológico de la izquierda liberal (Dewey, Berle, etc, y con la influencia de
Keynes). Las principales medidas consistieron en una amplia legislación social y laboral
impulsada por el gobierno demócrata de Roosevelt.

3. El clima ideológico (1945-89)


a. Los efectos de la Segunda Guerra Mundial
Desde el punto de vista de la historia de las ideologías, la segunda posguerra inició
una época posclásica: los grandes fundadores o continuadores de las concepciones
totalizantes fueron desapareciendo; desde los ’70 también en la periferia, donde desde
entreguerras había comenzado una reformulación ideológica propia.
Con oscilaciones a lo largo de 50 años, una serie de centros alternativos de interés
(deportes, música, religión, actividad económica) captaron a crecientes multitudes de
jóvenes, en especial en los países relativamente prósperos. Esta tendencia a la
despolitización, muy contrastante con la época anterior, se acentuó desde los ’80
(“norteamericanización del mundo”).
En el mundo occidental la generación de la segunda posguerra convergió hacia un
consenso democrático mínimo, con diferencias mucho menos marcadas que las
anteriores. El colonialismo y el militarismo se volvieron indefendibles en público, y el
liberalismo económico clásico se desprestigió casi tanto como la propuestas estatistas
extremas. En su reemplazo, se hizo modelo la propuesta de la economía mixta (Estado
de bienestar, economía social de mercado).
A nivel mundial se podían distinguir 5 perfiles regionales más o menos nítidos:
 En el espacio cultural anglosajón se mantuvo el sistema partidario dualista, con
escasa diversidad ideológica.
 En el ámbito germano-centroeuropeo se redujo la multiplicidad a un esquema
partidario trialista: democracia cristiana-socialdemocracia-liberalismo.
 En la Europa latina y meridional perduró hasta los ’70 un perfil más variado: F e
It con hegemonía democrática y cercanía al caso germánico; Es, Por y Gr con
perduración de regímenes autoritarios.
100
 En Asia y África se dio la más dura confrontación ideológica entre ambos
extremos.
 América Latina presentó una configuración intermedia entre los dos casos
anteriores.

b. El posestalinismo y otros marxismos-leninismos


Para la evolución ideológica de la US fue más importante la muerte de Stalin que el
fin de la 2ª GM, entre otros factores porque antes de morir el georgiano estaba por
desencadenar un nuevo ciclo de “purgas”.

“DESESTALINIZACIÓN” Y RENOVACIÓN IDEOLÓGICA (1953-64)


Los rasgos generales fueron la reafirmación de la jefatura colectiva del PCUS, la
reducción del poder de la policía secreta y de la población en los campos de
concentración y algunas iniciativas audaces de N. Kruschev. El Kominform fue cerrado
y fue proclamada la coexistencia pacífica en el plano internacional y un gran apoyo a
las guerras de liberación colonial.

ESTANCAMIENTO BUROCRÁTICO (1964-85)


Luego de la destitución de Kruschev en ’64 se produjo una cierta regresión,
manifestada en la represión de la tímida disidencia cultural surgida en la etapa
anterior. Los personajes representativos fueron ahora L. Brezhnez y M. Suslov, quienes
prudentemente acallaron el discurso de Kruschev sobre la proximidad de la etapa
comunista, limitándose a designar la US como sociedad socialista desarrollada. En ’68,
al reprimir los intentos reformistas checoslovacos, la dirigencia soviética formuló la
doctrina según la cual cualquier tipo de cambio político en la Europa E podía ser
intervenido por sus “países hermanos”. Aun así, el creciente policentrismo de los PC del
mundo no pudo ser revertido.

“PERESTROIKA” (1985-91)
Tras la desaparición de la generación estalinista, M. Gorbachov inauguró un intento
ambicioso de regresar a las fuentes de un leninismo todavía válido. Cansado de la
pesadez del aparato burocrático y partidario, abrió la puerta a la transparencia en los
medios masivos de comunicación (glasnot) y a una difusa reestructuración estatal
(perestroika).
En los años siguientes, la Federación Rusa, principal sucesor de la US, exhibiría
algunos rasgos de extrema fragmentación política como había tenido la Al de Weimar.
Con un esfuerzo de adaptación a la nueva realidad competitiva, el PC logró mantenerse
como fuerza electoral respetable.
Con otros marxismos el autor pretende referirse a los comunismos europeos, al
maoísmo y al llamado guevarismo. En Europa E, Yugoslavia fue la primera en
independizarse de Moscú. Luego surgieron las versiones “nacionales” de N. Ceausescu
en Rum y el efímero florecimiento del “socialismo con rostro humano” de A. Dubcek en
Che. Especialmente este último demostró que el estalinismo era un fenómeno artificial
y forzado.
En Europa O el fenómeno más interesante fue la aparición de una línea crítica desde
’68 en los PC de It, Es y F.
En China, el ascenso y la consolidación del comunismo conducido por Mao Zedong
confirmó las esperanzas de Lenin respecto de Asia. El maoísmo combinaba la cuestión
anticolonial con una preocupación especial de considerable éxito por la penetración en
las masas campesinas. Por un corto período, el desafío maoísta a Moscú logró fascinar
a sectores de la izquierda, incluso en Europa O. Contribuyó a ello la audaz tesis de que
EU sólo era un “tigre de papel” y que un levantamiento general de las sociedades
rurales periféricas contra los países capitalistas conduciría pronto al triunfo global del
101
comunismo. Al mismo tiempo, Mao decidió desencadenar una “revolución cultural”
para frenar el avance en su propio partido de las tendencias burocráticas y burguesas
que denunciaba en la US. Sin embargo, a su muerte se moderó notablemente el
discurso oficial, reemplazándose el mesianismo revolucionario por un estilo pragmático
y tecnocrático: Deng Xiaoping inició el programa de las “4 modernizaciones” y comenzó
el experimento de inyectar dosis crecientes de capitalismo en la economía colectivista.
En América Latina, el intento leninista más notable fue el de F. Castro y E. Guevara.
En lo esencial puede ser interpretado como una adaptación de las teorías de Mao y de
los vietnamitas Ho Chi-minh y Vo Nguyen Giap sobre la “guerra popular” a las
condiciones latinoamericanas. Mientras que Castro pronto quedó absorbido por la
gestión en Cuba, Guevara se proyectó de manera carismática, persuadido de que la
exitosa experiencia cubana podía ser un modelo para todo el continente. La década del
’70 mostró que el elitismo, el foquismo y el militarismo que caracterizaban la teoría
guevarista no eran una receta infalible. En la mayoría de los casos se produjo una
polarización extrema y una escalada de violencia que fue aprovechada por los
autoritarismos de derecha.
En un balance global se advierten ciertas regularidades que explican los avances y
bloqueos del comunismo durante la 2ª m.s. XX. Fue una ideología que logró fuertes
adhesiones y conquistó el poder en países que reunían como condiciones:
 Capitalismo periférico y marginación social masiva.
 Impacto previo de la guerra y/o de la ocupación extranjera.
 Sistemas políticos autoritarios.
R, Ch, Vietnam e incluso Cuba han tenido estos rasgos. Por eso el comunismo tuvo
presencia histórica real como alternativa hacia la industrialización y la independencia
nacional, pero en ninguna parte se desarrolló como la siguiente etapa de un socialismo
avanzado o de una democracia con mucho tiempo de vigencia.

c. Corrientes ideológicas “terceristas” de la periferia


En la India, en el mundo islámico y en AL se formaron y expandieron corrientes
ideológicas “terceristas”, que toman distancia del modelo liberal-democrático
euroestadounidense y del marxismo-leninismo. En la India el intento más notable fue la
concepción pacifista del Mahatma M. Gandhi, que mantuvo un expreso rechazo frente a
todas las ideologías europeas, a las que consideraba marcadas por un materialismo y
un militarismo ajeno a la civilización india. Desconfiaba también de la industrialización
y la vida urbana, defendiendo en cambio las virtudes de la artesanía tradicional y de la
autosuficiencia en una democracia de base aldeana. Su concepción se sintetizaba en 3
principios: “ahimsa” (no violencia), “satyagraha” (búsqueda de la verdad) y “sarvodaya”
(autogobierno). Con el ejemplo, Gandhi logró convertirse en líder moral de la lucha por
la independencia, pero influyó poco en la marcha posterior de la joven república. A
partir de ’47 el Partido del Congreso se embarcó en la industrialización y desde los ’60
reforzó su aparato militar.
En el mundo islámico, la corriente dominante en los ’50 y 60 fue el socialismo
árabe, difundido desde Egipto por Gamal Abdel Nasser y en Siria e Irak por el partido
Baath (basado en las ideas de Michael Aflak y Salah Bitar). En esencia fue un
nacionalismo que se planteaba la liberación, la unificación y el desarrollo del mundo
árabe, con un enfoque mucho más laico que el de los tradicionales reinos y emiratos.
En términos políticos, estableció regímenes de partido único con un fundamental
componente militar.
A partir de los ’70 la mediocridad y corrupción de estos sistemas llevaron a muchos
musulmanes a considerar como opción el retorno militante a la tradición religiosa. El
primer éxito fue la revolución islámica en Irán, con la figura representante del
ayatollah Khomeini. Pero hasta hoy, ni los herederos del nasserismo y del baathismo ni
102
los fundamentalistas islámicos han logrado resolver las tensiones crónicas inherentes a
las 3 entidades colectivas que compiten en el Medio Oriente:
 “Watan”, el Estado-nación.
 “Kaum”, la comunidad lingüística y cultural de todos los árabes, bloqueada por
la rivalidad entre Egipto, Siria, Irak y Arabia Saudí
 “Umma”, la comunidad religiosa de todos los musulmanes, bloqueada por la
hostilidad entre el Irán chiíta y la mayoría sunnita de los otros países árabes.1
En América Latina los tercerismos más originales fueron los populismos. Surgidos
en los ’30 con el varguismo en Br, el aprismo en Pe y el cardenismo en Mx, siguieron
desarrollándose después de la 2ª GM, especialmente en AR (peronismo), Br, Bol y Pe. En
general, estos populismos representaban una suma ecléctica de elementos doctrinarios
nacionalistas, sindicalistas, socialistas, socialcatólicos y hasta fascistas, con un nivel de
articulación teórica generalmente mucho más modesto que el de las líneas ideológicas
europeas. Su vigencia hasta mediados de los ’70 dependió fundamentalmente de sus 2
ideas-fuerzas:
 La realización de una democracia sustancial, más concentrada en la justicia
social que en el institucionalismo de la denunciada democracia formal.
 La consolidación de naciones modernas e independientes a través de una
industrialización protegida y guiada por el Estado.
La GF y luego la aceleración de la globalización económica terminaron con la
experiencia populista, aunque actualmente sus herederos políticos, con muchas
adaptaciones, siguen teniendo lugares importantes en el escenario latinoamericano,
como en el caso de H. Chávez.

LA EXTREMA DERECHA
Si bien no volvieron a tener un protagonismo como el de entreguerras, las líneas
derivadas de la revolución conservadora y de los fascismos no desaparecieron. El
carácter antidemocrático fue maquillado con la “doctrina de la seguridad nacional”,
según la cual mientras durase la 3ª GM impulsada por la US, las naciones “occidentales”
debían confiar lo esencial del poder político a las FFAA y a los organismos de
inteligencia. Con este pobre bagaje intelectual operaron por lo general los defensores
de las dictaduras latinoamericanas de los ’60 y 70, estimulados también por la
supervivencia de los regímenes en Por y Es. El tema de la seguridad adquirió una
virulencia terrible y sirvió de pseudolegitimación del “estado de excepción” que en
realidad se apoyaba en el antidemocratismo de las clases altas y medio-altas de los
países periféricos.
Con la desaparición del comunismo como enemigo creíble, se asestó un duro golpe a
todas las variantes de la extrema derecha que habían sobrevivido en Europa O. A pesar
de ello, la problemática de los inmigrantes musulmanes y africanos, combinada con las
altas tasas de desocupación de los ’90, han creado nuevos temores y reavivado el
racismo latente de muchos europeos. Los éxitos electorales de, por ejemplo, Le Pen en
F y la difusión de la violencia juvenil xenófoba en Al constituyen señales preocupantes
para el futuro.

LAS CORRIENTES DEL CONSENSO DEMOCRÁTICO


Resultan especialmente significativas 4 trayectorias:
Democracia cristiana de Europa continental. Con Juan XXIII se inició una etapa de
transformaciones profundas dentro del catolicismo: aceptación del sindicalismo no
confesional y apoyo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. El
Concilio Vaticano II terminó de explicitar el apoyo a la democracia y Paulo VI incluyó el
tema del subdesarrollo y del Tercer Mundo en el discurso oficial.
1
[Total nada han tenido que ver las cagadas de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel…]
103
En la efervescencia de los ’60 y 70 la democracia cristiana siguió siendo el principal
receptor político de los católicos europeos, con su mezcla de economía social de
mercado y tradicionalismo cultural en educación y familia. A pesar de todo, las
posiciones integristas y autoritarias no habían desaparecido: en AL combatieron
intensamente contra la democracia cristiana y, fundamentalmente, contra la teología de
la liberación, intento de unión del mensaje evangélico con la revolución socialista. A
partir de los ’80 muchos investigadores han creído detectar un regreso general al
conservadurismo.
Conservadurismo anglosajón. Mantuvo una gran continuidad con el del período
anterior, basado en su particular mezcla de liberalismo económico-constitucionalismo-
tradicionalismo cultural. Siguió caracterizándose por cierta desconfianza y temor a las
“masas” y a gentes de otras culturas, si bien desaparecieron los aspectos más duros del
conservadurismo de la época victoriana. En política exterior, conservadores británicos
y estadounidenses fueron los más consecuentes defensores de una política dura contra
la US.
Liberalismo europeo. A partir de ’45 se encontró con la curiosa situación de que el
discurso de la división de poderes y los derechos individuales ya no le alcanzaba para
darle perfil propio y base electoral propia. El liberalismo de derecha se mantuvo
apegado a la concepción de que todo peligro para el individuo y la libertad provenían
del Estado y las tendencias sindicales colectivistas (ej. F. von Hayek). En cambio, el
liberalismo de izquierda continuaba adherido a la tradición anticlerical y dispuesto a
enfrentar los abusos no estatales, como los oligopolios privados (ej. J.K. Galbraith). No
sorprende que buena parte del electorado liberal de esta corriente terminara cerca de
los cada vez más pragmáticos socialdemócratas.
Socialdemocracia. La tendencia dominante en esta línea durante la 2ª posguerra ha
sido el triunfo de las tesis reformistas de E. Bernstein. La evolución de las sociedades
más desarrolladas ha ido reduciendo los espacios sociales proclives al proyecto
revolucionario. Los temas básicos de las socialdemocracias siguieron siendo el logro de
una mayor igualdad en la distribución del ingreso y del poder, democratizando todas
las instituciones sociales. A fines de los ’60 la juventud estudiantil intentó plantear
alternativas más radicalmente anticapitalistas, pero no fueron acompañados por la
masa partidaria y el electorado.
Es importante también destacar el peso creciente del feminismo y del ecologismo.

4. Ideologías y cultura política democrática: tendencias y


condicionamientos
a. El camino hacia el consenso democrático mínimo
Políticamente, a grandes rasgos, puede entenderse el s. XX como la tendencia
accidentada hacia la consolidación de un consenso democrático mínimo. La definición
“normal” de nuestros días implicaría un sistema de sufragio universal, con una
oposición que tiene oportunidades reales de llegar al gobierno, además de la división
de poderes y una serie de derechos garantizados, en particular los que resguardan a la
población de los abusos de los funcionarios. A nivel global este consenso mínimo se
plasmó en ’48 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. [ver
trayectoria en esquema de p. 623]
Entre 1914-89 el área de cultura democrática (espacio dentro del cual los partidos
de diferentes ideologías pueden competir pacíficamente) se expande, al tiempo que se
enfrenta a poderosos desafíos. Es de destacar que hacia finales de siglo se hicieron más
significativas las ramificaciones relacionadas con las nuevas realidades respecto de las
líneas tradicionales surgidas en los s. XVIII y XIX.
[Leer último párrafo p. 622]
104

b. Elementos para un bosquejo explicativo


CONDICIONAMIENTO → restricciones y oportunidades que se presentan con cierta
regularidad.
Son, en realidad, GENERALIZACIONES HISTÓRICAS → conviene presentarlas más como
hipótesis siempre provisorias (y siempre necesarias) para construir un bosquejo
explicativo complejo (tendencia del s. XX hacia la expansión de la democracia), más que
expresarlas explícitamente.
13 generalizaciones históricas agrupadas según su ubicación en los subsistemas:
a) Condicionamientos de la democracia en el subsistema político:
1. reformismo incompleto: las clases altas tradicionales en general
facilitaron las condiciones sociales necesarias para una democracia, pero
bloquearon sistemáticamente la reforma constitucional en sentido
democrático.
2. ambivalencia revolucionaria: de los períodos revolucionarios surgen tanto
oportunidades como obstáculos para la afirmación de una cultura
democrática. Muchas veces el incremento de la conflictividad termina en
el establecimiento de nuevos regímenes fuertes.
3. espacios geográficos de paz: se crearían por el aumento de los Estados
democráticos, aunque los conflictos seguirían siendo frecuentes entre las
democracias y otros sistemas. [cuak]
4. Estados dentro de los Estados: aparatos burocrático-militares dotados de
recursos y dedicados a misiones de inteligencia, seguridad nacional y
operaciones encubiertas.
5. amenaza externa: la sensación de su disminución es positiva para el
reforzamiento de la democracia. Por el contrario, el incremento suele
llevar a una limitación de las libertades democráticas.
b) Condicionamientos socioeconómicos:
6. niveles de “modernidad” y distribución de recursos económicos y
cognitivos: guardan directa relación con las posibilidades de consolidación
de la democracia.
7. ambivalencia de las clases altas y medias: especialmente los sectores
medios fueron protagonistas de los procesos de democratización del s. XX,
pero en la Europa de 1919-39 y en los países periféricos de la GF fue más
notorio su temor ante el “exceso de demandas” de las clases bajas.
8. ambivalencia de las clases bajas: en particular las urbanas y obreras,
lucharon innegablemente a favor de la democracia. Pero, como en Europa
C-E de entreguerras, a veces optaron por la desmovilización y el parcial
apoyo a sistemas autoritarios.
9. Estados mercantiles (más abiertos al cambio científico-tecnológico):
ganaron todas las guerras hegemónicas de los últimos 400 años. Una
consecuencia de ello fue la difusión de su modelo político teóricamente
más flexible y pluralista (oligárquico y luego democrático). Esta misma
expansión fue responsable de los imperios coloniales y el intervencionismo
crónico en sociedades de alta vulnerabilidad económica y militar.
10. ambivalencia de la globalización:
c) Condicionamientos culturales:
11. asociaciones de la memoria colectiva: la democracia ha sido
asociada en distintos casos con la prosperidad y los triunfos militares, o
con la miseria y las derrotas, etc.
105
12. ambivalencia de la cultura competitiva: integrada
funcionalmente a los países centrales, pero capaz de producir conductas
etnocéntricas y antidemocráticas.
13. desencantamiento y seguridad:
[Leer desde el final de p.626]